Issuu on Google+

ENCUENTROS DE JUVENTUD A Dios no se le llama con la voz, sino que se le llama con el corazón (Enarraciones 30, 2, 3, 10), de esta frase de San Agustín me acordaba cuando con gran alegría compartí con tantos jóvenes reunidos para celebrar tanto el EJA (Encuentro Juvenil Agustiniano) como la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud), jóvenes de más de 60 países dispuestos a compartir su alegría, entusiasmo, experiencias, pero sobretodo su fe. Es muy emocionante ver esta gran cantidad de personas que vienen con generosidad y entusiasmo a compartir sus propias experiencias enriqueciéndolas a la vez con las de otras personas. El 24 de Julio el Papa Francisco nos decía: “Hay que mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría.” Y yo pensaba en esas veces que en nuestras realidades escuchamos y/o decimos frases desalentadoras frente a la actualidad de nuestra sociedad y luego miraba a mi alrededor ¡cuántos jóvenes de todo el mundo gritando su fe, su esperanza en Dios, en la Iglesia! ¡Cuántas personas dispuestas a luchar por el mismo Reino de Dios!, fue una experiencia maravillosa, que no contemplaba cansancio, ni lluvia, ni aglomeración, solo permitía saborear el gozo de sentirnos hermanos en un mismo Dios Padre. Dulce es la palabra amor, pero más dulce es amar. (S.A. Comentario carta San Juan 8, 1), y esto lo comprobé una vez más desde el primer día que llegamos a Brasil y con el paso de los días se acrecentaba el compartir con los y las jóvenes, sus experiencias, sus riquezas como personas, su creatividad.. Tuvimos la posibilidad de compartir una semana como familia Agustiniana el valor de la fraternidad, sentir que aunque vivimos lejos compartimos un mismo legado y somos portadores de una de las riquezas de la Iglesia: “la espiritualidad Agustiniana”. Luego después de recibir la bendición y protección de la Virgen de Aparecida nos dirigimos a Rio de Janeiro a encontrarnos con otro gran número de jóvenes que llegaban de su semana de misión a vivir con gozo la JMJ. Después de conocer la organización y el programa que se tenía para la semana llegó el tan esperado encuentro con el Papa Francisco quien en uno de sus mensajes del 25 de Julio nos decía: “Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle”, palabras como estas, eran seguidas por un momento de aplausos y voces que


expresaban alegría e identificación con el mensaje y que además eran motivo de posteriores conversaciones cuando ya dejábamos la playa de Copacabana y nos dirigíamos a nuestros hospedajes. Todos salíamos entusiasmados con aquellas expresiones sencillas y claras con un gran contenido e invitación al compromiso propio para construir un Reino común, el Reino de Dios donde todos cabemos. Uno de los momentos maravillosos para mí fue el viacrucis, cada una de las estaciones que todos los años recordamos en cuaresma y Semana Santa, pero ésta vez enriquecidas por experiencias diversas y acompañadas por la escenografía que los organizadores de la Jornada prepararon, en este momento el Papa nos dijo: “Llevemos nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestros fracasos a la Cruz de Cristo”, “Todo aquel que se acerca a la Cruz de Cristo queda transformado” aquellas palabras me llenaron de emoción porque sentí que han sido verdad en mi vida y además me sentí con la obligación y compromiso de colaborar en el acercamiento a la cruz de las personas con quienes comparto mi vida, empezando por mi familia que también fue una invitación del Papa “¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!”, por tanto cada uno de los días de la JMJ y del EJA fue una oportunidad de recrear mi propia experiencia de fe vivida en comunidad. Una vez más comprobar que no importa nuestra lengua o diferencias físicas cuando nos une un mismo Padre de amor y misericordia. Me siento agradecida con Dios y con la Provincia por permitirme compartir esta bella experiencia, también la posibilidad de que uno de los jóvenes con quienes trabajo en mi actual lugar de misión (Sabaneta- Republica Dominicana) haya podido ir y abrir sus horizontes compartiendo desde su propia vida lo que va construyendo cada día. Ahora nos resta a todos los que vivimos aquella experiencia hacer vida el mensaje que el Papa Francisco nos dirigía el 28 de Julio en el cierre de la JMJ: “Vayan, sin miedo, para servir.”, siempre contando con la fuerza que nos da Dios a través del Espíritu Santo y dando todo lo mejor de nosotras para construir comunidad. Con agradecimiento

Hna. Zorayda López


Jmj