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Foto: Juan Manuel Repetto de nicoperezphotography.

Belén Elgoyhen Doctora en Bioquímica, profesora en la UBA e investigadora del Conicet.

Descubrir la vocación

Reconocida a nivel internacional, Belén Elgoyhen investiga de forma incansable para ayudar a quienes sufren de hipoacusias. Retrato de una mujer de laboratorio que deja huella en todo lo que emprende.

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n 2008, ganó el premio L’Oréal Unesco “For Women in Science”, una suerte de Nobel femenino que se otorga una vez por año a cinco profesionales del mundo. Doctora en Bioquímica, profesora en la UBA e investigadora del Conicet, Belén Elgoyhen es de esas mujeres que trabajan silenciosamente para mejorar la calidad de vida de muchas personas. Tras completar sus estudios de grado y posgrado, partió a California, Estados Unidos, a hacer un posdoctorado en el Instituto Salk. Luego de tres años de especialización, retornó a la Argentina en 1994. “Pese a todas las dificultades que tenemos acá, mi idea siempre fue volver. Quería –y quiero– vivir en mi país, mis afectos están en él. Por eso, decidí regresar”, relata. Pero no por eso renunció a sus proyectos. A su vuelta, se propuso hacer “ciencia del mejor nivel” y estableció su laboratorio. Hoy, se dedica a investigar el proceso auditivo y su funcionamiento a nivel molecular. “Lo hacemos desde dos aspectos: a partir de un lado más teórico para generar conocimiento y desde otro aplicado a la salud humana que busca las causas hereditarias de las hipoacusias, ya que el 50 por ciento de las sorderas son de origen genético”, explica acerca de su labor, que además incluye diagnóstico y asesoramiento a personas con estas patologías. Para ella, irse al exterior fue un momento bisagra: “Sig-

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EL CRONISTA 2017

nificó un antes y un después. Estando allá, trabajaba en el sistema nervioso central, analizando enfermedades como Parkinson y Alzheimer, cuando de repente encontré una proteína que no tiene nada que ver con estas afecciones y se encuentra en el oído”. Ese hallazgo fortuito fue el que lanzó su carrera y sobre el cual basó sus estudios posteriores. En relación al lugar que ocupan las mujeres en la ciencia y la falta de oportunidades –que suele ser un debate

recurrente en el rubro–, la experta sostiene que en los estratos más bajos se observa más cantidad de mujeres. “En mi opinión, se debe a que los sueldos suelen ser bajos y ellos desean ganar bien”, detalla. Pero, según ella, hay más hombres en puestos jerárquicos. “Asimismo, hay campos que son más hostiles para el desempeño femenino, como matemática, física e ingeniería. En química y medicina, en cambio, hay más mujeres”, dice, aunque asegura que nunca sintió que le pusie-

ran trabas en su carrera. “Igualmente, creo que para los hombres es más fácil por el solo hecho de lo que implica ser mujer. Naturalmente, hay que ocuparse de una familia y una casa, aparte de la profesión. Siempre digo que tenemos dos trabajos de tiempo completo que te consumen un montón de energía”, argumenta. Por este motivo, cuando tuvo a su hijo a los 39 años, le resultó difícil compatibilizar la vida personal y laboral. “Cuando sos más grande tenés conciencia de muchas más cosas. Me costó encontrarme en ese nuevo rol. En este sentido, nosotras tenemos un hándicap con respecto a los hombres”, asegura. Si bien destaca que se registraron avances en el último tiempo, considera que todavía falta darle a la ciencia el lugar que se merece. “Es necesario que se establezca como política de estado. Constantemente, los científicos debemos reinventarnos y salir a defender nuestra tarea. Es un poco desgastante”, expresa quien fue convocada junto a otros intelectuales por el presidente Mauricio Macri para integrar el Consejo Argentina 2030, un foro con la misión de crear estrategias de desarrollo a mediano y largo plazo. Pero, para ella, la responsabilidad no solo recae en los gobernantes. “Acá tampoco hay inversión privada”, expresa. “Se logró que la población entienda la importancia de la ciencia, pero quizás nosotros debemos acercarnos más a la comunidad y salir de nuestra zona de trabajo, de las pipetas y los tubos de ensayo, para explicar qué estamos haciendo”, reafirma. ¿Su mayor escollo? “Hacer ciencia en la Argentina”. “Los recursos son escasos y cada vez se ensancha más la brecha tecnológica con respecto a los países desarrollados”, reflexiona sobre el contexto actual, y agrega: “La ciencia no es un gasto, es una inversión. Y lo que perdemos tarda en recuperarse.”. De todos modos, Elgoyhen se muestra optimista: “Hay buenos científicos locales distinguidos a nivel global. Eso se debe a que los argentinos tenemos aún una buena formación, con capital humano valioso. Si tuviéramos las herramientas que tienen otros países, no nos para nadie”. //MqH Agustina Devincenzi.

Mujeres que hacen - Descubrir la vocación  

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