Antes que el árbol se cierre puede también leerse como un entrañable símbolo de la huidiza memoria que busca atrapar aquello que está a punto de disolverse en el olvido. O sea, mediante palabras envolventes, capturar entes fugaces y volátiles que el poeta evoca valiéndose del tacto de la piel (ahí está ese elocuente poema a las manos de Clarice Lispector), el sueño de un beso inolvidable, unos ojos que miran sin pestañar, los cataclismos del deseo, unos senos que se yerguen desafiantes. En otras palabras, la anatomía femenina segmentada, dividida en sus partes adorables, y que el poeta va reunificando hasta configurar una totalidad que exprese las conmociones de su desbocado corazón. [José Alcántara Almánzar]