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ANTONIO MARIA GIANELLI TOSO Para Carlos Sanguinetti Villanueva


San Antonio MarĂ­a Gianelli Toso


Nacimiento e infancia Es un hecho sintomático , el que nuestro Santo nazca el mismo año de la Declaración de los DERECHOS DEL HOMBRE , 1789. En adelante se sucedieron una serie de hechos históricos, filosóficos y políticos, que cambiaron el rumbo de la humanidad. Y que nazca bajo éste signo de cambio, no podrá estar ajeno a su influjo, aunque él vea la luz del mundo en un humilde pueblito de la LIGURIA , CERETA y la toma de la Bastilla acontezca en la Ciudad de la luz (París). La Italia de Gianelli era un conglomerado de pueblos que distaban mucho de la unidad. Frediani, en la Historia de su vida, titulada "El santo de hierro" dice: "Gianelli, junto a otros siervos de Dios, reuniendo al Clero en santas Asociaciones. Sencillas mujeres agrupando a sus hermanos en florecientes Cofradías y educando a los hijos e hijas, máxime de los pobres, en la única lengua, trabajaba también en la unidad nacional". Dios elige a los humildes "Cereta , humilde pueblito de la montaña en tí nace un día el alma grande de ANTONIO MARÍA" (Miguel A. Pías)


CASA NATAL. En el momento de nacer,"Mamá María",así conocida por los vecinos ,tuvo una complicación y las vidas de ambos se vieron comprometidas. Ese día, el pueblo acudía a la misa ,alegre por que era el DÍA de la Pascua de resurección y apenados por la suerte delos Gianelli. Iniciada la celebración, cuando todos cantaban el " Gloria a Dios en el cielo", las campanas volvieron a sonar, pero esta vez era de júbilo: mamá María había dado a luz a su niño y la vida de ambos esta fuera de peligro. Por eso la llamaron "Hijo de la Plegaria", feliz presagio de una vida que iba a ser un canto a la gloria de Dios. El 19 de abril, Don Santiago y Doña María llevaron al niño a la iglesia para bautizarlo Dice Jesús: "El agua que yo le daré será manantial que brotará hasta la vida eterna",en ésta palabra está la raíz de la santa y fecunda vida de Gianelli. El niño fue creciendo en un hogar en donde la piedad y el amor al prójimo era cotidianos. Desde muy pequeño recitaba fervorosamente el Santo Rosario, obsequio que ofrecía a la Virgen indecible gozo, y cuando acudía al templo su compostura y devoción llamaban a cuantos le contemplaban .Fue así que, personas autorizadas habiendo visto en Antonio María un predestinado, aconsejaron a sus padres para que recibiera instrucción .A pesar de las contrariedades que la familia tenia que soportar a diario ,el niño comenzó a concurrir a la escuela de Carro Castelo. Toda clase de sacrificios y privaciones se imponían con generosidad, viéndose en él, desde esos primeros años, los rasgos de firmeza y amor, que habrían de caracterizar su vida entera. Entre todas las virtudes que practicaba, dos se iban señalando como características más notorias: la humildad y la pureza; cimentándose así tan sólidamente y acrecentando su amor a Dios, llenó por fin el gran deseo de su corazón, recibiendo a la edad de 10 años la Santa comunión .Desde ese momento se afanó en instruir en el catecismo a las otros niños, siguiendo el sermón de los misioneros que él había aprendido, y que era un modelo de paciencia y conformidad.


Ayuda Providencial Al cumplir las 18 años, el Señor le deparó una bienhechora, la señora viuda de Rebisso, dueña de los campos que arrendaban sus padres; quien apreciando los méritos y cualidades del joven Gianelli, quiso costearle la carrera y convino con sus padres que fuera a su casa de Génova. Primero ingresó como alumno externo pero luego, prosiguió domo interno; destacándose siempre en el estudio obediente a sus superiores, humilde, modesto, fervoroso en las prácticas de piedad y un ser amado y respetado por sus compañeros. Así terminó el curso de filosofía en 1811. y antes de comenzar el de teología se le anunció de parte del arzobispo para recibir el subdiaconado, lo que se efectuó en septiembre, dándosele facultad de predicar pues su palabra convencía, conmovía y obraba estrepitosas conversiones .En marzo de 1812, el Rmo. Arzobispo le confirió el diaconado con intención de elevarlo al sacerdocio. El 23 de mayo, víspera de la Santísima Trinidad a la edad de 23 años, fue ordenado sacerdote y unos meses después, el 15 de febrero de 1813, recibe el nombramiento de cura vicario al sacerdocio de la iglesia parroquial de San Mateo en Génova. Atendió a sus fieles durante dos años y medio, pasando después como profesor al colegio de Cárcare, donde ejerció durante 12 años, dejando huellas imborrables. Su espíritu activo y fervoroso lo hizo alistarse en la Congregación de misioneros suburbanos, llegando a ser su superior en el año 1825. Gianelli contaba entonces, 36 años y ya había predicado, enseñado e intervenido en muchas misiones rebelándose siempre en él ese celo por la gloria de Dios que impulsaba todos las actos de su vida apostólica.

Nacen las hijas de Maria del Huerto En el año 1826 fue nombrado Arcipreste de Chiávari, donde fervorosamente predicó durante 12 años. Al año siguiente ya había instituido una congregación de misioneros a la que tituló Obra Pía de Sacerdotes Seglares de San Alfonso María de Ligorio. Al año siguiente, desbordando su corazón el amor grande que tenía a la Santísima Virgen María piensa en fundar una nueva congregación que honrando a María estuviera sobre su especial protección .Se lanza así a su empresa, exhortando a algunas jóvenes a fin de que santificándose a si mismas, procuraran el bien espiritual y material del prójimo. Su palabra caldeada en el amor grande que tenía a Dios tuvo toda la eficacia deseada y encontrando corazones generosos dóciles y bien dispuestos pudo contar muy pronto


con varias jóvenes que siguiendo sus santos consejos se mostraron resueltas a dejar a sus padres y a todo la del mundo para dedicarse por entero a Dios. Los trabajos exigidos en la humilde casita destinada a albergar a las fundadoras y muy especialmente la instalación de los telares que debían proporcionarles el principal elemento para atender las primeras necesidades de la vida, obligaron al Arcipreste Gianelli a retardar algo la fundación. Por fin, se fijó la fecha: 12de enero de1829. En esa humilde casita, en la vía de San Antonio, 12 jóvenes después de recibir la bendición del padre fundador y por él acompañadas, celebraron la Santa Misa, en donde se les asignó a las postulantes, sus primeras labores basadas en la práctica de la piedad y el horario que debían seguir, exhortándolas a su fiel y exacta observancia. Asimismo, Gianelli debió acrisolar en sí las virtudes de la paciencia y la caridad, pues muchas fueron las pruebas que se presentaron y sólo su firmeza de ánimo y constancia en seguir la inspiración del cielo pudo llevar a cabo la obra. Allí, en esa la primera casa de las hermanas, el padre iba poniendo sólidos cimientos de fe, humildad, paciencia y gran confianza en Dios. De esas 12 jóvenes, Gianelli, vio con serenidad que sólo cuatro serían las fundadoras, pues las otras, por falta de salud, no pudieron perseverar en aquella vida de sacrificio. Estas cuatro hermanas, contagiadas del espíritu de hierro del fuero: Hna .María Teresa Basigalupo, Hna María Roas Devoto, Hna. María Jerónima Daneri y Hna. María Cándida Peirano. Al año siguiente, y cuando todavía eran doce las hermanas quisieron saber como se llamaría su Congregación y que nombre se les daría a ellas. Y fue así un 13 de enero 1829 que el padre fundador mirando al cielo dijo " Os llamaréis Hijas de María Santísima del Huerto ", dándoles con el nombre una protectora que había de velar incesantemente por el Instituto. La pobreza como estandarte Las cuatro hermanas eran sostenidas en la fe por el padre fundador y bien pronto se acercaron otras, quedando así establecido el noviciado en esa primera casa. Su lema era : Oración y Trabajo. Les dio su Fundador como distintivo la santa pobreza y sobre la base la humildad hizo que estas primeras Hermanas practicaran todas las virtudes. Por indicación de Gianelli abrieron una escuela externa gratuita, dedicándose con fervoroso empeño a instruir y educar niñas pobres. Bien pronto se tuvo conocimiento de la abnegación y virtudes que practicaban Las Hijas de María del Huerto, la dirección del Hospital Chíavari quiso confiar a su asistencia y cuidado aquel establecimiento y por eso el padre compuso un reglamento especial para las Hermanas destinadas a los hospitales. Reglamento que aún hoy rige, lo que demuestra la prudencia y caridad de Gianelli. Fue así que el 29 de diciembre de 1831 se hicieron cargo del hospital de Chiávari. Llevando a esa obra a gran prosperidad. En ese mismo año, comenzó el Padre a escribir las reglas y constituciones


que habrían de regir el Instituto, comenzando con estas palabras " Las Hijas de María han sido instituidas para atender a su propia santificación y cooperar a la del prójimo; debe observarse que las Hijas de María están destinadas principalmente a prestar sus servicios a aquellas instituciones y en aquellos lugares en los cuales por falta de medios no se puede tener el socorro de otras hermanas", en otros artículos inculca: "Gran confianza en Dios, profunda humildad, sencillez y prudencia evangélica, pobreza constante vida común perfecta, obediencia ciega, desprendimiento en todo modestia universal amor al trabajo, amor al retiro, amor al silencio, caridad paciente oración continua y deseo de perfección". Posteriormente escribió un reglamento particular para las maestras en general, atendiendo así a todo e infundiendo más y más su espíritu.

Decididas Misioneras

En agosto de 1834 las Hermanas se hicieron cargo del hospicio de caridad y labor de Chiávari obra que en poco tiempo se vio transformada y que dio muy hermosos frutos. El 5 de diciembre de 1836 las hermanas abrieron otra escuela completamente gratuita para niñas pobres y abandonadas para que, convenientemente instruidas, fueran buenas y fervorosas cristianas virtuosas madres de familia y miembros útiles a la sociedad . Gianelli seguía infundiendo su espíritu en aquella primeras Hermanas, cuya vida era toda piedad y oración, abnegación y trabajo; en sus conferencias espirituales enaltecía la santa pobreza, sobre la cual llegó a decirles: "Con la pobreza por compañera y por guía creceréis en número y no me causaría maravilla si os esparcieseis por todo el mundo. Quiero haceros notar que la pobreza es el verdadero distintivo de vuestro Instituto; Dios os amará con preferencia por que bien sabéis cuanto se complace con la pobreza y en los pobres". Viendo el Siervo de Dios los maravillosos progresos del Instituto pensó en la necesidad de dar a su obra una sede propia . A comienzos del año 1837 tuvo lugar al ceremonia de la colocación de la piedra fundamental del edificio. Este gran edificio, llamado El Conservatorio de las Hijas de María del Huerto, fue la segunda sede del Instituto. Ejemplar muestra de amor al prójimo Entre 1835 y 1837, el cólera morbus sembró el espanto y la desolación en Chiávari, en Liguria y en Casarza. Fue en estos


lugares donde las Hermanas siempre acompañadas y sostenidas por el Fundador, asistieron a los enfermos. Fue tanto el heroísmo que demostraron que las Hermanas Superioras fueron condecoradas por el rey Carlos Alberto que ya conocía la labor realizada por ellas. Una nueva fundación llama a las Hijas de María Santísima del Huerto a Marinasco, donde abren un colegio y aunque la obra llenaba grandes fines fundadas razones hicieron que poco tiempo después tuvieran que dejar dicho colegio y también el hospicio de Spezia . En el año 1838 el Arcipreste Gianelli fue electo Obispo de Bobbio; se habían cumplido las palabras del Arzobispo Mons. Lambruschini, quien le había dicho al nombrarlo Arcipreste de Chiávari: "Valor valor y haga de cuenta que emprende una misión de 10 ó 12 años. Efectivamente 12 años estuvo Gianelli en Chiávari y nunca se ha visto misión más fructífera. El Instituto de María Santísima del Huerto seguía extendiéndose de manera prodigiosa y Gianelli desde Bobbio con sus cartas seguía cultivando los Huerto de Marí

Santuario y Casa Generalicia de la congregación Hijas de María Santísima del Huerto

Decididas Misioneras En agosto de 1834 las Hermanas se hicieron cargo del hospicio de caridad y labor de Chiávari obra que en poco tiempo se vio transformada y que dio muy hermosos frutos. El 5 de diciembre de 1836 las hermanas abrieron otra escuela completamente gratuita para niñas pobres y abandonadas para que, convenientemente instruidas, fueran buenas y fervorosas cristianas virtuosas madres de familia y miembros útiles a la sociedad . Gianelli seguía infundiendo su espíritu en aquella primeras Hermanas, cuya vida era


toda piedad y oración, abnegación y trabajo; en sus conferencias espirituales enaltecía la santa pobreza, sobre la cual llegó a decirles: "Con la pobreza por compañera y por guía creceréis en número y no me causaría maravilla si os esparcieseis por todo el mundo. Quiero haceros notar que la pobreza es el verdadero distintivo de vuestro Instituto; Dios os amará con preferencia por que bien sabéis cuanto se complace con la pobreza y en los pobres". Viendo el Siervo de Dios los maravillosos progresos del Instituto pensó en la necesidad de dar a su obra una sede propia . A comienzos del año 1837 tuvo lugar al ceremonia de la colocación de la piedra fundamental del edificio. Este gran edificio, llamado El Conservatorio de las Hijas de María del Huerto, fue la segunda sede del Instituto. Ejemplar muestra de amor al prójimo Entre 1835 y 1837, el cólera morbus sembró el espanto y la desolación en Chiávari, en Liguria y en Casarza. Fue en estos lugares donde las Hermanas siempre acompañadas y sostenidas por el Fundador, asistieron a los enfermos. Fue tanto el heroísmo que demostraron que las Hermanas Superioras fueron condecoradas por el rey Carlos Alberto que ya conocía la labor realizada por ellas. Una nueva fundación llama a las Hijas de María Santísima del Huerto a Marinasco, donde abren un colegio y aunque la obra llenaba grandes fines fundadas razones hicieron que poco tiempo después tuvieran que dejar dicho colegio y también el hospicio de Spezia . En el año 1838 el Arcipreste Gianelli fue electo Obispo de Bobbio; se habían cumplido las palabras del Arzobispo Mons. Lambruschini, quien le había dicho al nombrarlo Arcipreste de Chiávari: "Valor valor y haga de cuenta que emprende una misión de 10 ó 12 años. Efectivamente 12 años estuvo Gianelli en Chiávari y nunca se ha visto misión más fructífera. El Instituto de María Santísima del Huerto seguía extendiéndose de manera prodigiosa y Gianelli desde Bobbio con sus cartas seguía cultivando los Huerto de María . Primer viaje de las Hijas de María a la América del Sud - 1856 Las primeras en partir fueron: la Madre Clara Podestá acompañada por las Hermanas :María C. Rebuffo , María E. Celle, María I. Prefumo , María A. Covino, María P. Ansaldi y Sor Clara Adami. Las Primeras Hijas de María del Huerto, Americanas Ingresaron en el Instituto en 1857. La primera Casa de Formación fueron las dependencias del Hospital de Montevideo. Las Hijas de María Santísima del Huerto se establecieron en Buenos Aires en febrero de


1859. La historia de pastoral educacional de las Hermanas en América del Sur , comenzó en 1860 y constituyó una de las dimensiones más fuertes del propio carisma fundacional. Los Colegios constituían la principal forma de actuación de las religiosas , en las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del siglo XX . La eficiencia de estas escuelas, hizo que muchas familias se comprometieran a trabajar junto a las Hermanas y así multiplicar la enseñanza en los colegios religiosos.

Camino a Chiavari: año 1826 "Os envio la flor más hermosa de mi jardín" Con estas palabras, el Cardenal Arzobispo de Génova, Mons. Lambruschini presenta a GIANELLI, a los Chiavareses. Y al P.Antonio le dice: "Haga la cuenta de emprender una Misión, no de 10 días sino de 10 años". Fueron palabras proféticas. El 24 de junio, el pueblo lo recibe, con gran alborozo, campanas al vuelo, saludo a los niños...Gianelli, se presenta al pueblo y les dice: "Un párroco no es otra cosa, sino un padre de una gran familia, él tiene que regirla, gobernarla y nutrirla, sobre todo en el espíritu, pero como padre de los pobres y como primer custodio del Templo y del Altar...para converger a tan alto fin ora y predica el Evangelio..." Allí, su devoción a MARÍA, llegó a su más alto grado, junto al Santuario de la Virgen del Huerto, a ella acudía a cada instante y pone en ella su confianza.


Camino a la plenitud sacerdotal En otoño de 1837, Gianelli, gran misionero se encontraba en San Bartolomé de la Ginestra. Le llega un pliego, lo abre...palidece y exclama:

"Yo nacido pobre. Yo de la nada. Yo,Yo Obispo: No, No..." Es consagrado Obispo, el 6 de mayo de 1838. Presta juramento, en manos del Rey Sardo. Entre los saludos, oye una maternal: "Hijo mío , Bobbio, no es para tí".

Lo que Gianelli responde: "No tengas miedo, querida mamá. Si los bobbienses son buenos, iremos de comun acuerdo. Y si no lo son, yo cumpliré con mi deber, poniéndome en las manos de Dios".


Obispo de Bobbio El 5 de julio, dejaba su querida CHIAVARI. El 15, se presenta a su nueva grey, con palabras de padre: "Jesús, buen pastor, será mi único modelo..."(15-VII1838). Y realmente da la vida por cada diocesano. Nada se escapa de su ferviente amor por la humanidad y su vida espiritual. Tampoco deja, el trabajo de las misiones.

Vida austera y dura... El arduo trajinar, mal alimentado, lo fue debilitando, día a día. Su mamá, (se domiciliaba en su casa) lo amonestaba diciéndole: "Demasiado trabajo, hijo mío, demasiado trabajo". Dedicaba largas horas en el Confesionario. Su mamá, María Toso, era una santa: se durmió en el Señor, el 21-XI-1844. Venid benditos de mi padre...(Mt. 25,34) "Porque tuve hambre y me diste de comer..." Gianelli, cada día estaba más débil. A fines de abril de 1845, sintió un fuerte mareo. En primavera de 1846, se le aconseja un cambio de aire y fue llevado a Piacenza. Nostalgia de paraíso...

Gianelli repetía: "No hace falta que yo viva, mejor es así, que cualquier otro modo: pero es del todo necesario, que yo cumpla con mis deberes". El 7 de junio de 1846, a las 5 y 30 hs., cerró los ojos, para abrirlos a la luz infinita de Dios, haciendo su entrada jubilosa al reino eterno. Sus restos descansan en una cripta, en la catedral de Bobbio.


La iglesia lo declara santo El Papa LEON XIII, dijo: "Lo sabeis? GIANELLI, es un santo. Lo pondremos en los altares" (julio1893). Y el Papa PIO XI: "GIANELLI, es una verdadera joya del episcopado" (8 de julio de 1925). Aprobó los milagros y lo beatificó, en el Año Santo de 1925. Y el Papa PIO XII. Lo canoniza, el 21 de octubre de 1951. Día en que se declaró oficialmente su fiesta. Este Santo amó tanto a Dios y a los hombres, que hoy: VIVE EN SUS HIJAS...


Virtudes heroicas de San Antonio María Gianelli

“El Beato Gianelli” del Canónigo Luis Sanguinetti (pág 366 y ssg.)

1. FE.

Si pasamos a considerar en particular una por una las virtudes de Gianelli, veremos ante todo que su vida entera estuvo informada de la fe, de acuerdo con lo que se dice en la Escritura: El justo vive de su fe (Gál. 3,11). Monseñor Regio lo llama “varón de vivísima fe,


impulsado por la caridad a hacer siempre lo mejor”. Otro afirma que su fe era tan arraigada que estaba siempre dispuesto a sacrificar la vida en su confirmación.

La fe se traslucía en todos sus actos, brillando en la exactitud con que cumplió todos sus deberes de párroco y de obispo, en el fervor con que celebrara el santo oficio y en el recogimiento con que rezaba ordinariamente de rodillas el oficio divino, no dejándolo nunca ni aun durante las misiones, no obstante tener la dispensa de él tanto para sí como para sus compañeros, de modo que, cuando durante el día no hubiese podido rezarlo no hacía durante la noche.

Su fe ardiente y sentida era la que le hacía hablar en sus sermones con aquella sencillez y sagrada unción que tanta eficacia tenían sobre las almas…

De esa fe viva procedía la gran veneración que profesaba ala santa Iglesia y al Sumo Pontífice, como se echa de ver en todos sus escritos, que llevan el sello de la más perfecta ortodoxia romana. Sus cartas demuestran asimismo el celo con que tutelaba los derechos de la Iglesia y la integridad de la doctrina católica. Si tenían tan gran aprecio de las doctrinas morales de San Alfonso no fue solamente porque las encontraba más razonables y provechosas para las lamas, sino también y sobre todo porque tenían la explícita y solemne aprobación de la Iglesia, maestra y depositaria de la verdad. Por eso inculcaba sui enseñanza en el seminario, las recomendaba a sus sacerdotes como justa norma en las cuestiones de moral y no quería que fuesen discutidas.

Algunas circunstancias de su vida proclaman bien alto cuán viva era su fe.

En el año 1835, cuando el cólera amenazaba de cerca invadir a Chiavari, su fe en la asistencia divina le dio tanta serenidad de espíritu y tanta confianza, que se impuso a toda la población aterrada, llamándola a hacer penitencia, con la cual se vio la enorme influencia que ejerce sobre las almas de los fieles un cura lleno de fe…


Merced a su fe “parecía, dice Barabino, que no hacínale impresión las cosas más contrarias y arduas a la naturaleza, pues conservaba la mayor ecuanimidad en todas las circunstancias, no mostrándose nunca desalentado, ni turbado, sino alegre y lleno de ánimo particularmente en las dificultades.

“Sufrió grandes y graves contradicciones, fue calumniado, acusado, vilipendiado, amenazado, fue probado con varias enfermedades y la pérdida de las personas más queridas, estuvo muchas veces expuesto a grandes peligros, vio a menudo fracasados y desvanecidos los más bellos proyectos formados para mayor gloria de Dios y para la santificación de su grey, y con todo en lugar de desmayar y dejarse dominar de la tristeza o del mal humor, alentaba a los que estaban con él y que lo sentían por él, de modo que parecía que el mal no le tocara o que se le convirtiera en motivo de contento. Cuentan los sacerdotes que vivieron en su compañía, que cuando alguno de ellos se sentía afligido, bastábale manifestarle su tribulación o ponerse en su presencia o que él lo mirara, para sentirse luego tranquilo y contento”

… De esa fe profunda procedía su ardiente deseo de estar siempre unido a Dios, de vivir siempre en su presencia y de hacer con mucha exactitud todo lo que pudiese acercarlo más a Dios. Esta era la meta de todas sus aspiraciones… Para mantenerse en constante unión con Dios, estaba muy alerta contra lo que pudiera disiparlo…

Todos los años, dejando las ordinarias ocupaciones se retiraba a hacer ejercicios espirituales por ocho o diez días.

En los últimos tiempos practicaba también el retiro mensual con el que deseaba prepararse para la muerte, del que sacaba mucho consuelo en sus enfermedades y más fervor en el cumplimiento de sus deberes.


2. ESPERANZA

Juntamente con esa fe una firme esperanza guiaba a Gianelli en todas sus acciones. Hablaba a menudo de esta virtud en sus conversaciones y sermones, fundando sus argumentos sobre todo en la misericordia de Dios…

Sus aspiraciones se dirigían al paraíso que es el objeto principal de la esperanza… Muy particularmente en la fundación de sus Institutos demostró su gran confianza en Dios, por lo cual lo llamaban el hombre de la Providencia y recomendó siempre a las Hijas de María y a los Oblatos el amor a la pobreza porque Dios acude con mayor gusto en socorro de las almas, que confían y esperan en Él más que en cualquier humano recurso.

Ni las mayores dificultades podían entibiar su esperanza o detenerlo del cumplimiento de sus deberes…


Con sus exhortaciones y ejemplo trataba de infundir en los demรกs el fervor de la esperanza. 2. ESPERANZA

3. CARIDAD


De la firmeza de su fe y de la solidez de su esperanza podemos fácilmente conjeturar cuan ardiente había sido su caridad.

Esta virtud que es la mayor de todas las virtudes, al decir de san Pablo, fue en Gianelli el alimento de su santidad y el secreto de su heroísmo en el cumplimiento de sus deberes. ¿Cómo sin una ardentísima caridad podríamos explicar su constancia en el ejercicio de todas las virtudes, su fervor en el sagrado ministerio sobre todo en la celebración de la santa misa y en la predicación? ¿Cómo podríamos comprender sin un grande amor a Dios su recogimiento en la oración y en la meditación, la serenidad con que soportaba los dolores y las contradicciones, y el celo con que buscaba la gloria de Dios, defendía los derechos de la Iglesia y trabajaba por el bien de las almas?

… El sacerdote José Daneri que vivió con Gianelli varios años, escribió en 1850: “Monseñor Gianelli que tenía solamente a Dios en su corazón, el paraíso en el pensamiento, y la tierra bajo sus pies, me enseñaba a vivir desvinculado de las cosas del mundo”.

Su gran amor hacia el prójimo se manifestaba especialmente en la solicitud con que buscaba y adoptaba todos los medios que pudiesen redundar en bien espiritual y temporal de sus diocesanos.

No perdía ocasión alguna de infundir en los demás la caridad que ardía en su corazón.

Su generosidad para con los pobres era tan grande que en varias ocasiones llegó a privarse de lo necesario para proveer a las necesidades urgentes de familias enteras… Visitaba a los encarcelados, confortándolos con palabras llenas de cariño y tratando con amor aun a los más forajidos, visitaba a los enfermos entrando en los más miserables tugurios, sentándose junto a las camas más sucias y a los enfermos más repugnantes… siempre para consolarlos.

Su caridad no conocía límites en los sacrificios que se imponía para el bien del prójimo.


BOBBIO DOMO.


4. AMOR A MARÍA


Junto a ese amor ardiente a Dios y a Nuestro Señor Jesucristo no podía faltar en Gianelli una tierna y filial devoción hacia la Virgen Santísima, en su advocación de Nuestra Señora del Huerto.

Su amor a la Virgen se manifestaba muy particularmente en sus sermones…“Era cosa realmente conmovedora oírlo hablar a la Virgen. Fue uno de los primeros propagandistas del mes de María y cuando en privado hablaba con alguno de la Madre del cielo, lloraba de ternura”.

Procuraba promover su culto en toda forma y exhortaba a sus penitentes que la invocaran con fervientes jaculatorias, recordando especialmente el privilegio de su Inmaculada Concepción cuya definición dogmática deseaba ver cumplida canto antes.

Manifestó su amor a la Reina del cielo, en los santuarios más célebres levantados por la cristiandad en honor de María…

En una pastoral que dirigió a sus diocesanos sobre la devoción a María, dice: “Sed tan devotos de María que no se aparte nunca su amor de vuestro corazón. No se aparte nunca de vuestros labios porque quisiera que sólo los abrieseis para alabarla o para invocarla; nunca se aparte de vuestro corazón porque quisiera que después de Dios la amaseis todo lo que puede ser amada la más amable de las criaturas; quisiera que le consagrarais vuestro corazón y todo vuestro ser, que a ella encomendaras vuestra casa, vuestra familia, vuestra hacienda y todo lo que tuvieseis de más precioso y querido… Es menester que todos los días se propongan imitar a su querida Madre María en una virtud particular, como ser, en la humildad, en la modestia, en la mansedumbre, en la paciencia, etc.


Paramenti sacerdotali di S. Antonio Maria Gianelli

5. PRUDENCIA


Las virtudes teologales de las que estaba adornado san Antonio María Gianelli, iban acompañadas por las virtudes morales resaltando entre éstas las que son como el quicio y fundamento de la vida moral.

Gianelli poseía en sumo grado la virtud de la prudencia, procediendo siempre en el servicio de Dios y del prójimo de la manera que enseña nuestra santa religión.

Prudentísimo fue en el aprovechamiento del tiempo no perdiendo, ni un solo minuto y en las manifestaciones de su celo pastoral no permitiendo nunca que se extralimitase… En las adversidades y en las calumnias de que fue blanco, no se dejó abatir por el desaliento ni dominar por la indignación, sino que conservó la serenidad de espíritu con la que llegó tranquilamente a un completo triunfo.

Procuraba que también sus sacerdotes y sus párrocos procedieran con prudencia en sus relaciones con el pueblo…

Procedía con mucha cautela en la admisión de los seminaristas a las sagradas órdenes, pues quería estar seguro de su vocación, y si llegaba a convencerse de que a alguno lo llevaban a ese estado motivos humanos, era inexorable y lo despedía del seminario… Mucha prudencia demostró también en la dirección de los Misioneros, de los Oblatos y de las Hijas de María, las que requerían mayor asistencia de su parte…


6. JUSTICIA

Era un ardiente defensor del derecho de todos, fuese inferior, sirviente, sacerdote o persona distinguida. Jamás habría permitido que nadie abusara de su nombre o de su autoridad para cometer una injusticia.

No toleraba que los derechos de la Iglesia y la buena fama de sus ministros sufrieran el menor desmedro ante la opinión pública, vigilaba severamente para que los bienes de la Iglesia y las rentas del obispado fuesen administradas con toda escrupulosidad, dando así a los pobres no solamente lo superfluo, sino también lo que era necesario, conciliando bellamente las exigencias de la justicia con los deseos grandes de su caridad.

Dio brillantes pruebas de su prudencia y amor ala justicia durante su archiprestazgo en Chiavari…


7. FORTALEZA

La fortaleza fue la virtud característica de Gianelli… Ni los obstáculos, ni las súplicas, ni las amenazas pudieron nunca apartarlo del cumplimiento del deber. Donde se hizo más visible esa fortaleza fue en la serenidad que conservó cuando lo calumniaron, dominando su natural reacción en esos casos y perdonando la ofensa que le había inferido.

Cuando fue elevado a la sede de Bobbio, un testigo dijo: “era de tal temple que resistiría aun puesto a la boca de un cañón”… la firmeza de su voluntad, su constancia y su incansable actividad resaltaron tanto, que pronto se le dio el nombre de Santo de hierro… esta energía de voluntad, corroborada aun por la gracia divina, lo sostenía en los trabajos del ministerio, haciéndolo insensible a toda fatiga… “un Obispo debe morir trabajando”, repetía.

Su firmeza en el cumplimiento del deber y en la defensa de la justicia era tal que mucho se habría equivocado el que hubiese pretendido doblegarlo con la prepotencia y amenazas.

Era celoso de la gloria de Dios y de los derechos de la Iglesia, haciéndolos respetar por la autoridad civil, de la que sabía aprovechar y a la que resistía de acuerdo con los principios de la justicia.


8. TEMPLANZA

Su templanza se manifestaba en la sencillez de su tenor de vida… Resaltaba también su templanza en el dormir. Dormía muy poco, consagrando la mayor parte de la noche al trabajo y a la oración.


Además de su templanza en el comer y en el dormir, era muy mortificado tanto interna como externamente, sometiendo su cuerpo ceñido siempre de áspero cilicio, a ruda penitencia.

Observaba muy estrictamente los ayunos y abstinencias prescriptas, ayunando además todos los viernes del año, ayunaba también todos los miércoles y sábados en honor de la Virgen.

También se observó que muchas veces, mientras su salud se lo permitió, dormía sobre un jergón de paja tirado sobre el suelo.

Cuando se celebraron en Bobbio las solemnidades en honor de San Columbano, Monseñor Gianelli cedió su alcoba del palacio a eclesiásticos forasteros, retirándose él a una celda del seminario, mas el que tuvo que dormir en su cama la encontró tan dura que no pudo conciliar en sueño en toda la noche.

No es pues, exagerado afirmar que además de prodigar sus fuerzas y su salud en el excesivo trabajo, abreviaba su vida con la aspereza de las penitencias y mortificaciones. ¿Quién podría hacerle cargo de ello cuando le devoraba un ardiente deseo de ir al cielo que le hacía exclamar con San Pablo:”… siento gran deseo de partir y estar con Cristo” (Fil. 1,23)


9. HUMILDAD

En Gianelli brillaban todas las demás virtudes morales, especialmente la humildad que es fundamento de toda perfección.

Su modestia notable durante toda su vida, se hizo aun más visible siendo obispo. No buscaba en nada en su honor o su provecho, sino la gloria de Dios y el bien de las almas, he ahí el objeto de sus aspiraciones y de los deseos más ardientes de su corazón…

No ocultaba su humilde origen, sino que por el contrario muchas veces dijo en público que era hijo de pobres campesinos… Pronunciando el sermón en la profesión de su hermana que fue conversa terciaria de San Agustín de Génova, le dijo: “Acuérdate, hermana que somos de familia muy humilde y que descendemos de destripaterrones. Y ten muy presente que si no fuese por la misericordia de Dios y la bondad de algunos bienhechores, ni estaría yo aquí como sacerdote, ni tú te encontrarías en medio de estas Hermanas”.

Otra prueba de su humildad era la ninguna estima que tenía de sí y de sus obras.

A veces se confesaba con sacerdotes jóvenes y les pedía consejo aun en cosas de importancia, dice un sacerdote:” Gianelli se reconcilió muchas veces conmigo, no obstante


ser yo un sacerdote joven, y recuerdo que me edificó mucho su gran delicadeza de conciencia y su gran humildad, afirmándose más en mí la convicción de que era un santo”.

En las misiones se manifestaba esa humildad en el trato sencillo y familiar que tenía con los misioneros, a pesar de ser obispo, en la elección del aposento menos cómodo y aun más en las procesiones de penitencia en las que iba descalzo a riesgo de ser lastimado por las piedras y las espinas.

Pedía a menudo consejo para el mejor gobierno de la diócesis a los obispos vecinos y sobre todo al metropolitano.

Su humildad sincera y profunda lo disponía a una obediencia ilimitada a sus superiores, de la que dio prueba aceptando aun los cargos para los que no creía tener aptitudes. Veía en los superiores a los representantes de la autoridad divina y por eso reconformaba dócilmente con su voluntad. Así cuando fue elegido obispo, después de haber intentado todos los medios para evitar esa carga, se sometió exclamando: “Yo que he enseñado siempre a los demás a obedecer, debo obedecer”.



ANTONIO MARIA GIANELLI TOSO