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segunda época —a ñ o x i i i , n .º 1 3 —

a s o c i a c i ó n c u lt u r a l ágora cinco villas revista de cultura, ensayo y creación literaria

Firma invitada Luis Alegre Entrevistas con Dolores Redondo y Ana Alcolea

Creación literaria: poesía Manuel Vilas y Víctor Angulo

Música Francisco Javier Millán

y además Crítica literaria, Pensamiento y reflexión, Educación, Historia, Cinco Villas, Ciencia, Música, Arte, Viajar, Jóvenes periodistas cincovilleses, Creación literaria: microrrelatos, relatos, cómic y poesía, Leer para vivir y Literatura infantil y juvenil


Edita Asociación cultural ágora cinco villas NIF: G99370173 N.º Registro: 01-Z-3621-2.013 Dirección: Casa de la Educación; Plaza Goya, s/n; 50.600, Ejea de los Caballeros (Zaragoza) Correo electrónico: revistaliterariaagora@gmail.com Consejo de redacción Patxi Abadía Álvarez. Coordinador de Ágora Profesor Secundaria ies Benjamín de Tudela. Departamento de Lengua Eva Bajén García. Profesora Secundaria ies Cinco Villas. Departamento de Lengua Joaquín Bueno Villacampa. Profesor Secundaria ies Félix de Azara. Departamento de Lengua Alberto Cabello. Ilustrador Carmen Chóliz Montañés. Profesora Secundaria ies Reyes Católicos. Departamento de Orientación Javier Comenge Leonar. Director Escuela Música de Ejea de los Caballeros Alfonso Cortés Alegre. Maestro ceip Mamés Esperabé de Ejea de los Caballeros Enrique Galé Casajús. Profesor Secundaria ies Río Arba. Departamento de Lengua Asunción Gil Orrios. Bibliotecaria de Ejea de los Caballeros Ernesto Navarro Durá. Profesor Escuela de Arte de Zaragoza José Sánchez Usón. Profesor Secundaria ies Ítaca. Departamento de Lengua

Ilustradores David Abadía Elena Arrese Cecilia Bordonaba Gabriel Bueno Patricia Calvano Sara Chóliz Asier Corral Cristina Duesca Alberto Cabello Vera Ferrer Héctor Goñi Félix Loureiro Esther Mazorra de Cos Rosaluz Méndiz Eneas Mínguez Cruz Navarro César Ordóñez Esther Orera Eduardo Ramón Laura Ruiz Chóliz Manuel Serres Beatriz Sumelzo

Ilustración de portada: Ernesto Navarro Durá Diseño y maquetación: Detalier estudio creativo Depósito Legal: Z 1515-2003 ISSN: 1699-3039 La Asociación Cultural Ágora Cinco Villas no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores de los diversos artículos.


índice Editorial

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Firma invitada: Luis Alegre Fútbol, arte y basura. Luis Alegre

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Crítica literaria Sobre juegos posmodernos, de autoficciones y otros menesteres. Isabel Carabantes 2015 y el Quijote. Pilar López Martín Gazapos del Quijote. Manuel Rodríguez Díez Evolución del personaje de novela en la literatura francesa de los siglos xix y xx. Ana M.ª Cerdán Remón

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Entrevista con Dolores Redondo. Susana Hernández Ana Alcolea. Eva Bajén

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Pensamiento y reflexión El rincón del neurótico. Joaquín Bueno La inequidad de la pobreza. Pilar de la Vega El trabajo: entre la adicción y la vela. Fernando Gil #JeSuisRespectueux. Gabriel Bueno Desahucio por conflicto internacional. ¡Stop a la guerra! María Longás Carta desesperada a los terrícolas (Reflexión de una joven de 15 años). Lilian Benítez Ruiz

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Educación La Institución Libre de Enseñanza o la pasión por educar. José Manuel Fanjul Díaz Las huellas de la Institución Libre de Enseñanza. Jesús Claver Giménez A contracorriente. Beatriz Ciria Síndrome de Asperger o síndrome del autismo incomprendido. Natalia Alcalde Herrero TIC'S o Tic's. Carmen Chóliz Proyecto Versicos. Francho Lafuente, Jesús Guallar

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Historia El estatuto jurídico de los exiliados republicanos españoles en Francia. Rubén Pérez Moreno En Luceni en el año 36. Victorino Ortega López La corrupción medieval. Susana Lozano Gracia

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Cinco Villas de Aragón El testamento de doña María de Estada, una ejeana del siglo xiv. Marcelino Cortés Valenciano Las Cortes de Ejea de 1265 y el Justicia de Aragón. José Antonio Remón Aísa La Llana: Historia de un barrio centenario de Ejea. Asunción Gil Orrios Introducción a la Filatelia en las Cinco Villas. J. Manuel Blasco Arasco

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Ciencia Los padres de la mecánica cuántica: la sinopsis. Elisa Ruiz Chóliz Las dos caras de la luz. Jesús Medrano Homobono

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Música Emocionar con la música de cine. Francisco Javier Millán Las bases sobre la iniciación musical. Cristina Corvillo Liébana

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Arte Trazos de un artista en el exilio: Blasco Ferrer. Rubén Pérez Moreno El arte románico del maestro de San Juan de la Peña. José Luis García Llore La cripta románica de San Salvador de Luesia (Zaragoza): nuevas interpretaciones. Javier Cabello García

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Viajar Dharamsala y el Dalai Lama. Isaac Sierra Sagaste

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Jóvenes periodistas cincovilleses Los Don Quijote de la Franja de Gaza. Isabel Pérez Los nervios de María. David Villafranca Pemán El día que reventó la presa de Anás. Esther Orera

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Creación literaria: microrrelatos Susana Andrés Mur Colin Boyd Conn Natalia Alcalde Herrero vi concurso de microrrelatos contra la violencia de género del Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros

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Creación literaria: relatos Fila 54. Alberto Peña Córdova Amnesia. José Ramos Sánchez Las sombras del tripolar. Jesús Claver La fotografía. Susana Andrés Mur Entre tanto ruido. Javier Roncal Pons

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Creación literaria: cómic Ausencia. Alberto Cabello

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Creación literaria: poesía Firma invitada: Manuel Vilas Manuel Martínez Forega Andrés Ricardo Rada Ramiro Jesús Claver Elba Maribel Natalia Alcalde Herrero Lapislázuli Antonio Ruiz Ortego Susana Hernández Poetas de otras comunidades: Víctor Angulo

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Leer para vivir: adultos

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Leer para vivir: infantil y juvenil

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Literatura infantil

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Literatura juvenil

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editorial


editorial

Tal vez algún día la corrupción y la crisis que nos asolan pasarán a ser solo el recuerdo de un mal sueño, pero, cuando eso ocurra (si es que eso ocurre de verdad alguna vez), habrá que preguntarse si esas miserias habrán servido para otra cosa excepto para golpear con saña a la población con las rentas más bajas y a los sectores más amenazados por la exclusión social… A estas alturas ya nadie duda de que esta crisis ha venido de la mano de una política centrada en la austeridad y de que la corrupción no es la consecuencia de algunos casos aislados de personas que se han venido aprovechando de sus cargos para enriquecerse, sino de que durante décadas han crecido a la sombra de la política verdaderos entramados institucionales diseñados para burlar la ley y para defraudar los intereses sociales y económicos de la inmensa mayoría... Cuando esta miseria acabe, habrá que plantearse por qué nuevo modelo productivo y por qué nuevo modelo de sociedad necesitamos apostar, porque desde luego, al margen de la opinión dominante, existen otras opciones más justas y más solidarias. Habrá que escuchar con detenimiento la voz de esas personas que a lo largo de la historia han defendido con rotundidad que la dignidad del ser humano está por encima del sometimiento a unas injustas normas preestablecidas. Habrá que tomar el timón de un barco que hoy por hoy navega a la deriva... En Ágora somos conscientes de que la nuestra es una propuesta utópica, un conjunto de buenas ideas que esa actitud mental y sociológica a la que solemos llamar realismo se encargará de poner patas arriba a la menor ocasión, pero aun así seguiremos acuñando palabras que no se resignen a aceptar como inevitable lo que solo es una imposición coercitiva de las circunstancias políticas y sociales. Las nuestras son, desde luego, palabras que contradicen esa actitud (¿miserable?) que proclama a los cuatros vientos que el ser humano es tanto más sensato cuanto más mira por sí mismo y por sus intereses sin importarle lo más mínimo el precio que han de pagar por ello sus semejantes y, por eso, no pensamos renunciar en ningún momento a llamar a las cosas por su nombre... En fin, que estas cosas las explicaba hace ya algún tiempo y mucho mejor que nosotros el poeta Blas de Otero y os dejamos con ellas...

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra. Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. Si abrí los ojos para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra. •

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firma invitada

Luis Alegre

Fútbol, arte y basura LUIS ALEGRE

luis alegre. Lechago (Teruel, 1962). Periodista, activista cultural, escritor, cineasta y profesor de la Universidad de Zaragoza. Desde los años 80 colabora en numerosos medios de comunicación. Ha publicado diversos libros de cine y, en 2014, presentó Cerca de casa, una antología de sus artículos relacionados con Aragón. Dirige el Festival de Cine de Tudela y la Muestra de Cine de esa ciudad, además de colaborar en otros festivales y eventos culturales. Codirigió con David Trueba La silla de Fernando (2006), una película-conversación con Fernán-Gómez que fue candidata al mejor documental en los Premios Goya y en las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. }

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Durante mucho tiempo, al menos en España, el fútbol fue un bulto muy sospechoso en el mundo de la cultura. Sobre todo durante el franquismo estaba asociado a lo peor: a la ignorancia, los instintos primarios, el odio al rival, el fanatismo, la intolerancia y a su condición de instrumento utilizado por el poder para anestesiar a las masas. Había muchos intelectuales o artistas a los que les encantaba el fútbol pero les costaba confesarlo, si es que alguna vez lo hacían: no era de buen gusto, estaba mal visto. Sin embargo, hoy vivimos una situación paradójica: mientras resulta evidente que el fútbol ha invadido más que nunca nuestra vida y ha generado uno de los negocios más sórdidos del planeta, hay mucha gente de la cultura que admite abiertamente su pasión por este deporte e, incluso, la convierte en alta cultura.

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firma invitada

Tal vez, el primer intelectual de envergadura que en España contribuyó al respeto cultural del fútbol fue Manolo Vázquez Montalbán que, ya en los años 60 y 70, escribía del Barça como si se tratara de un cuadro de Francisco de Goya. También fue a Vázquez Montalbán a quien primero le escuché evocar a Albert Camus para arropar su locura: Camus, que había sido portero de fútbol, sostenía que todo lo que sabía de la vida lo había aprendido en un campo de fútbol. Se comenzó a decir que «el fútbol es una metáfora de la vida», una frase que ya se ha convertido en un cliché pero que está cargada de razón: es muy complicado encontrar otra actividad que de manera tan intensa retrate el cóctel de azar, fatalidad, alegría, tristeza, ilusión, decepción, desengaño, esfuerzo, justicia, injusticia, limpieza, suciedad, crueldad, miseria, grandeza, egoísmo, solidaridad, éxito, fracaso, euforia, tragedia y altibajos emocionales que distingue a la vida. En los años 80 y 90 Jorge Valdano y Miguel Pardeza fueron decisivos para cambiar en España la percepción social alrededor del futbolista. Ellos demostraron hasta qué punto un jugador de fútbol no tenía por qué tener el cerebro vacío. Valdano y Pardeza eran muy cultos, hablaban y escribían muy bien y tenían un discurso muy elaborado sobre el fútbol y la vida. A esas alturas eran multitud los artistas e intelectuales españoles que habían salido del armario y manifestaban sin ambages su adicción a un equipo: Javier Marías, Eduardo Arroyo, Ray Loriga, Borja Casani, Antonio Resines, Rafael Azcona o Luis García Montero proclamaban su amor por el Real Madrid; Enrique Vila-Matas, Juan Cruz, Eduardo Noriega, Pilar Bardem, Juan Diego Botto o Juan Marsé por el Barça; Almudena Grandes, David Trueba, Julio Llamazares, Joaquín Sabina o Agustín Díaz Yanes por el Atlético de Madrid; Luis García Berlanga por el Valencia; Javier Tomeo, Ignacio Martínez de Pisón, José Luis Melero, Rodolfo Notivol, Ismael Grasa, Antonio Pérez Lasheras, José Antonio Labordeta o Antón Castro por el Real Zaragoza, aunque Antón compartía esa debilidad con su cariño por el Barça y el Deportivo. Y, luego, se descubría que Pep Guardiola memorizaba poemas de Marti i Pol o que Ernesto Valverde realizaba fotografías con un ojo sensacional. Un caso aparte era el de Elías Querejeta, un productor crucial del cine español, al que no le hizo falta salir del armario: él había sido jugador en la Real Sociedad de los 50 y, más que de sus películas con Carlos Saura, Víctor Erice, Fernando León, Montxo Armendáriz o su hija Gracia, a él de lo que más le gustaba presumir era del gol que le había marcado al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano. Yo mismo he sido testigo de algunos momentos inolvidables: Ray Loriga mostrando el cromo

PEPE MELERO, VÍCTOR, VILLA, LUIS ALEGRE. JUNIO 2014

de Juanito que aún lleva pegado en su cartera; Ignacio Martínez de Pisón gritándole a Pardeza, «¿Pero no te das cuenta de que mi felicidad depende de ti?»; la cara de ilusión de Manolo Vázquez Montalbán y Juan Marsé en una cena con Pep Guardiola; Antón Castro recitando de memoria alineaciones del Deportivo de los 70; José Luis Melero subrayando que el momento más feliz de su vida, por encima del nacimiento de sus hijos, ha sido el gol de Nayim. Mi disparatado sueño infantil fue jugar algún día en el Real Zaragoza. No lo conseguí pero, quizá por eso, me ha encantado tratar a seres que lo cumplieron por mí. Uno de ellos ha sido el ejeano más popular de la historia, Alberto Zapater, el niño de Delia y Pablo, peluquero de Ejea. Alberto es uno de los grandes futbolistas aragoneses de todos los tiempos y el que más ligas diferentes ha conocido: hasta ahora ha jugado en España, Italia, Portugal y Rusia. Hace años que se marchó de Zaragoza pero, cuando se lo encuentra por la calle, la gente aún le dice: «Zapater, te quiero». Ese era el cántico que le dedicaba la Romareda, el estadio que le consolidó para siempre en el imaginario zaragocista. Alberto es uno de los tipos más singulares que yo he conocido en el fútbol, un micromundo repleto de gente impresentable pero que también incluye gente tan adorable y decente como Alberto. Rafael Azcona admitía que él no recordaba un libro o película que le hubiera producido una emoción más poderosa que ver jugar a Maradona. El fútbol puede llegar a ser un arte muy excelso, como en nuestros días Leo Messi se encarga de recordarnos tan a menudo. Es verdad que si husmeas un poco en su trastienda, el olor a basura resulta insoportable. Pero si solo nos tuviera que atraer lo que está libre de toda sospecha, al final solo nos gustaría nuestra madre. •

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crítica literaria

Sobre juegos posmodernos, de autoficciones y otros menesteres ISABEL CARABANTES

En los últimos años se ha venido detectando la visita, por parte de algunos novelistas, a un territorio común: situar al escritor como personaje de su propia novela. Millás es un periodista, al que se le encarga un reportaje, que narra y protagoniza La mujer loca. Cercas ya nos contaba sus diatribas a la hora de acercarse a Suárez en Anatomía de un instante y parece que vuelve a repetir presupuesto en la reciente El impostor. En El balcón de invierno Landero recuerda a la familia de un escritor, su etapa escolar así como las conversaciones con una madre que evidentemente coinciden con su propia existencia. Sergio del Molino hace lo propio en el recuerdo de su abuelo en A quien nadie le importa. No solo en el ámbito hispánico se encuentran estos casos. Carrere acompaña la biografía de Limonov a su propia vida: encuentros casuales que años después devendrían en conversaciones necesarias para la propia construcción del libro. Binet nos detalla la importancia que el hallazgo de un simple folleto puede tener para el desarrollo del argumento de la trama de HhhH. La mayor parte de la producción de la belga Amelie Nothomb se basa en la recreación de sus experiencias personales y, por último, cabe preguntarse cómo habría simplificado su existencia Michel Houellebecq, si no se hubiera identificado tanto con el peculiar escritor que aparece en alguna de sus novelas. Todas las obras citadas tienen un argumento, más o menos real, más o menos verídico. Algunas rastrean en el pasado cercano, narrando hechos o

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crítica literaria

vidas, propias o ajenas, sobre las que se ha realizado un preciso trabajo de investigación. A este argumento, llamémosle principal, se acompaña una segunda narración: la del proceso de la propia escritura. La de la enumeración de materiales, entrevistas y documentos que el autor ha tenido que consultar para poder vertebrar la trama principal. En algunos momentos, este segundo argumento resulta mucho más interesante incluso que el principal. En buena parte de ellas, la trama es precisamente la construcción de la propia novela. El escritor-protagonista cuenta qué pensó cuando se encontró a un determinado personaje, valora si debería incluirlo o no, cómo llegó hasta él, lo que acarrearía su eliminación de la trama. En estos casos, la novela incluye el cómo se hizo, una suerte de cinematográfico making-of, que a lectores avezados puede acabar enganchando. El lector asiste al siempre atractivo ejercicio de crear —de la nada— un argumento, aunque el argumento sea, precisamente, el proceso de creación de la propia novela. La mayor parte de los lectores cumplen el pacto, no escrito, en el que recrean con su lectura el universo imaginado por el autor. Saben que las narraciones en primera persona no siempre esconden al autor real. Pese a que escritores como Flaubert se identifiquen con sus personajes llegando a exclamar aquello de «Madame Bobary soy yo», los lectores saben deslindar perfectamente al escritor, del narrador y del personaje. Pero los lectores avezados, curiosos impenitentes la mayoría de ellos, no dejan de buscar rasgos verídicos de la vida del autor en sus textos. Cuando se lee, se piensa inevitablemente en cuánto de verdad hay en lo que estamos leyendo. A lo largo de la historia novelistas, o nivolistas como Unamuno, no han dejado de referirse a este extremo con afirmaciones tan taxativas como que en sus novelas él hablaba de sí mismo porque era el hombre que tenía más a mano. En Años lentos de Fernando Aramburu, donde se narra lo que fue la posguerra para un chico de un pueblo navarro en el País Vasco, se reutiliza un unamuniano recurso: el protagonista se dirige al Sr. Aramburu y este incluye esas notas de escritura, esas transcripciones en las que se basa la novela como parte de la propia obra. Por una parte, la dota de verosimilitud y, por otra, introduce al autor como personaje creador que convierte esos recuerdos en obra literaria. Muñoz Molina, en una reciente entrevista a propósito de su última novela Como la sombra que se va, dice sentirse alejado de juegos posmodernos en los que realidad y ficción se entrecruzan. No quiere que

haya duda alguna. Él es el escritor que aparece en su novela, tiempo atrás preparando lo que fue una de sus obras más laureadas: El invierno en Lisboa, con la que obtuvo el Premio de la Crítica y Premio Nacional de Literatura en 1987. Para cualquier lector de Muñoz Molina que en su día leyese aquella obra, ahora, treinta años después, se le están ofreciendo las claves de su escritura. Se añade, como si de una excusa se tratase, el hecho de que el asesino de Martin Luther King pasó poco más de una semana en esa misma ciudad. De este modo, nos encontramos en esta obra ante la revivificación de una novela y el seguimiento de un personaje que coincidió en el tiempo y en el espacio con la creación de aquella. Habrá que ver cuál es el peso de la trama principal y de la trama secundaria o si ambas se equilibran en la lectura de conjunto.

Unamuno en sus novelas hablaba de sí mismo porque era el hombre que tenía más a mano.

Volvemos a un asunto que ya apuntábamos arriba: crear de la nada. Ese es precisamente el hueco que el autor completa en este tipo de novelas. La nada no existe. El momento de arrebato o de inspiración queda disipado en estos textos en los que de forma detallada todo el proceso es descubierto. Lo que cabe preguntarse ahora es si esa nada y ese proceso es real o solo es parte de la historia. Partimos de la premisa de que resulta complicado narrar sin fabular, sin exagerar, sin quitar o poner elementos, aunque sea de forma inconsciente. Pero el escritor se encuentra de forma consciente ante su obra y estas a las que nos referimos tienen como motivo principal el levantar acta notarial de ese proceso creativo. Términos como autoficción aparecen en novelas que tienen mucho de autobiografía. El autor deja de ser un personaje neutro para convertirse en un autor-personaje. En la obra de Vila Matas, los límites de los géneros incluso se desdibujan y el ensayo tiene mucho de ficticio, mientras que en sus novelas hay grandes dosis de desarrollos teóricos. Lo que aúna

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crítica literaria

precisamente a unos y otras es la aparición del autor, al que acompañamos en sus diatribas imaginarias y en sus tramas narrativas. No solo es retratarse o pasearse por la novela, sino contarnos cómo lo hace, cómo lo redacta, cómo la propia experiencia de crear se convierte en ficción. Un último elemento a tener en cuenta. La concepción del héroe ha cambiado a lo largo del tiempo, desde el protagonista de la épica, al antihéroe de la novela contemporánea. Los personajes principales han ido cambiando y los ejemplos a seguir fueron sustituidos por personajes con los que el lector se sentía identificado. Pero en estos momentos y a la vista de las obras que estamos analizando, cabe preguntarnos quién es el héroe que nos encontramos. Sin duda, el papel destacado, el del protagonista, lo toma el escritor, una suerte de demiurgo creador. La opción de que un mero burócrata y gris notario se convierta en un héroe postmoderno es el resultado. Pessoa, agudo creador de heterónimos, dichoso recreador de personalidades complementarias, decía aquello de que el poeta es un fingidor. Quizá se refería solo al poeta, no al novelista, quizá en su ideario de falsificadores poetas y novelistas estaban equiparados, pero a mi juicio da en la clave al introducir la figura del lector: Quienes leen lo escrito, sienten, en lo leído, no lo que el poeta vive, sino aquello que el poeta no ha tenido. Los novelistas a los que nos referimos juegan con la realidad y la ficcionalizan. Introducen un hecho verídico bajo el marbete de novela y, por tanto, lo transforman. Para corroborar este extremo, para justificarse, ofrecen toda clase de detalles sobre cómo han realizado este cambio: nos dicen cómo han

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creado la novela que ahora leemos. Recrean lo que es un proceso, en la mayor parte de los casos, tedioso y gris, notarial, en algo luminoso y novelable, demiúrgico. A los ojos del lector se convierten en héroes de la propia trama. En el último poemario de Benjamín Prado podemos leer: «Lo dice todo el mundo: / Ya no soy el que era. / Me llamo como el otro, uso su ropa, vivo en su casa y firmo lo que escribe, / pero el resto es distinto». La búsqueda de la identidad perdida, problema que parece ser el germen del territorio común de las tramas que venimos analizando nos lleva a pensar que, quizá, la localización del héroe posmoderno no se encuentre en la novela sino en la poesía. Coda: A propósito de la reciente edición del ínclito Quijote —algunos la llaman directamente poda, otros revisión—, que, bajo el auspicio de la rae, ha realizado Pérez Reverte —cítese, si se puede, cualquier otro autor menos sospechoso de posmodernidades—, recordamos que ya fue Cervantes el que mostró los materiales, reales o ficticios, que conformaban su obra. Levantó acta notarial y narró el arrebato creativo, fue, por tanto, el primer autor posmoderno. •

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2015 y el Quijote PILAR LÓPEZ MARTÍN

Es inevitable cuando se hace referencia a Miguel de Cervantes relacionarlo con el Quijote, ya que, a pesar de haber escrito a lo largo de su vida numerosas obras literarias, esta es sin duda la que ha obtenido los mayores éxitos. Sin embargo, no hemos de olvidar que debemos a Alonso Fernández de Avellaneda el que Cervantes publicará en 1615 la Segunda Parte de su novela. Pues, como es sabido, tras el éxito de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, salió a la luz en 1614 una continuación apócrifa de un tal Avellaneda que señalaba en el prólogo: «quéjese de mi trabajo por la ganancia que le quito de su segunda parte». Fue entonces cuando don Miguel, que estaba preparando la continuación de la primera, tuvo que dar fin a su héroe diez años después de su aparición en la imprenta: «[…] que en ella te doy a don Quijote dilatado, y finalmente muerto y sepultado porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios», según nos cuenta en el prólogo al lector. Con esta intención cerraba la posibilidad de que volvieran a usurparle el personaje así como su trama argumental. Es por ello que durante este año conmemoramos el IV centenario de su publicación y, con este homenaje, la Real Academia Española ha presentado una edición «popular y escolar» para acercar a los más jóvenes el libro cervantino de manera adaptada. Los acontecimientos se están sucediendo a tal fin y son muchos los lugares castellano-manchegos en los que se rememora al insigne escritor y su obra

ESTHER MAZORRA DE COS

mediante exposiciones, seminarios o animación a la lectura. El último hito cervantino más destacable ha sido el descubrimiento de unos restos mortales en el convento de las Trinitarias en Madrid, que bien podrían pertenecer al escritor. La polémica está servida ya que, del mismo modo que ocurre con su nacimiento, son varias las ciudades que se disputan el honor de tenerlo como hijo predilecto. Además la efeméride de su muerte tendrá lugar el año próximo, con lo cual continuaremos hablando del universo que rodeó a Cervantes. •

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Gazapos del Quijote MANUEL RODRÍGUEZ DÍEZ

Entre las muchas poesías que mi madre me hizo aprender de niño, una quedó indeleblemente grabada en mi disco duro cerebral. No hace mucho que descubrí (¡bendito internet!) que el autor se llamaba Leopoldo Cano y Masas y que era de Valladolid. La poesía, intitulada «Gloria a Cervantes», decía así: Con extraña habilidad un soldado, poco a poco, queriendo pintar a un loco, retrató a la humanidad. Como dijo la verdad, quedó el mundo descontento y, mendigando el sustento, murió de hambre el pobrecito, acusado del delito de tener mucho talento En obra tan singular, que rival no ha de tener, España aprende a leer y el mundo aprende a pensar. De aquel tesoro sin par, Cervantes, con rica vena, puso tanto en cada escena que, aun siendo la obra española, España la encuentra buena. Hoy dice el mundo —y se engaña— ¿pues no era manco el autor?; mas quien hizo tal primor salió manco de campaña. Si, por la gloria de España, que en el Quijote se encierra, Europa nos arma guerra, decid con desdén profundo: el mejor libro del mundo lo escribió un manco en mi tierra.

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Junto con la poesía aquí reproducida, puso mi madre en mis manos un Quijote, uno de aquellos resumidos para escolares españoles. No mucho después, lector insaciable que era en aquel tiempo, leí la gran obra cervantina completa. Y se convirtió en una verdadera obsesión. Es, ha sido y será mi libro favorito y pienso, sin duda alguna, que «el mejor libro del mundo lo escribió un manco en mi tierra». Esta devoción cervantina me ha permitido descubrir un número considerable de «gazapos», olvidos y contradicciones que he ido subrayando en mis diferentes quijotes y de los que nunca he pensado como una crítica a Cervantes y a su obra maestra, sino todo lo contrario. Son un homenaje al Cervantes-hombre que, como tal, estaba sujeto a equivocaciones y olvidos; al Cervantes-escritor que, quizás porque no vio en su trabajo la importancia que la historia le daría, no se molestó en corregirlos; al Cervantes-mago que, contagiado de su inmortal personaje y dejándose llevar por uno de los amigos encantadores del mismo en un vuelo por el tiempo, previó que en el futuro habría «caza gazapos» como yo, y los puso adrede en su obra para retarnos a encontrarlos. De hecho, mientras escribo esto, veo en mi mente la cara de un hidalgo «de complexión recia, seco de carne y enjuto de rostro» que me guiña picarescamente un ojo como diciéndome que está de acuerdo con mi última aserción. De entre esos gazapillos, selecciono el que, quizás, sea el más famoso de ellos. El robo del rucio de Sancho En el capítulo tercero de la segunda (II/3) parte del Quijote, el socarrón paisano de don Quijote y Sancho, el bachiller Carrasco, informa a nuestros héroes de que sus andanzas corren ya impresas por el mundo y somete a caballero y escudero a un interrogatorio sobre ciertos incidentes que «han puesto falta y dolo en la memoria del autor, pues se le olvida contar quién fue el ladrón que hurtó el rucio de Sancho, que allí no se declara, y sólo se infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de allí a poco le vemos a caballo sobre el memo jumento, sin haber parecido». Ya en estas palabras encontramos uno de los famosos gazapos relacionados con este incidente ya que, cuando en el I/23 se habla del triste incidente del robo del rucio, leemos que «la suerte fatal… ordenó que Ginés de Pasamonte, el famoso embustero y ladrón que de la cadena, por virtud y locura de don Quijote, se había escapado…, acordó de esconderse en aquellas montañas y llevole su suerte y su miedo a la misma parte donde había llevado a don Quijote y a Sancho Panza… y acordó de

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crítica literaria

hurtar el asno a Sancho Panza, no curándose de Rocinante por ser prenda tan mala para empeñada como para vendida. Dormía Sancho Panza, hurtole su jumento, y antes de que amaneciese se halló bien lejos de poder ser hallado». Como la paloma de la copla, se equivocó el bachiller, se equivocaba, pues sí se dice claramente, como acabamos de leer, quién había sido el ladrón del borrico. En el siguiente capítulo, II/4, es Sancho, cumpliendo la promesa que ha hecho en el anterior y que no ha satisfecho antes porque «no estoy ahora para ponerme en cuentas ni cuentos; que me ha entrado un desmayo de estómago que, si no lo reparo con dos tragos de lo añejo, me pondrá en la espina de santa Lucía. En casa lo tengo; mi oíslo me aguarda; en acabando de comer daré la vuelta y satisfaré a vuesa merced y a todo el mundo de lo que preguntar quisieren», descubre cómo se las ingenió Ginés para sustraerle el animal: «Digo: que la noche mesma que huyendo de la Santa Hermandad nos entramos en Sierra Morena, después de la aventura sin ventura de los galeotes,mi señor y yo nos metimos entre una espesura adonde mi señor, arrimado a su lanza y yo sobre mi rucio… nos pusimos a dormir como si fuera sobre cuatro colchones de pluma; especialmente yo dormí con tan pesado sueño que quienquiera que fue tuvo lugar de llegar y suspenderme sobre cuatro estacas que puso a los cuatro lados de la albarda, de manera que me dejó a caballo sobre ella y me sacó de debajo de mi el rucio sin que yo lo sintiera». Vemos aquí que también Sancho se olvida de que bien claro había quedado en la primera parte quién era el ladrón del animal. «No está en eso el yerro —replicó Sansón—, sino en que antes de haber parecido el jumento, dice el autor que iba a caballo Sancho en el mesmo rucio». «A eso —dijo Sancho— no sé qué responder, sino que el historiador se engañó o ya sería descuido del impresor». Pues vamos a ello y hagamos historia del porqué del comentario de Carrasco. El disgusto de Sancho cuando despierta por la mañana y descubre que le falta el «hijo de mis entrañas, nacido en mi mesma casa, brinco de mis hijos, regalo de mi mujer, envidia de mis vecinos, alivio de mis cargas y, finalmente sustentador de la mitad de mi persona porque, con ventiséis maravedís que ganabas cada día mediaba yo mi despensa», es de imaginar. Tras escuchar los piropos que el desconsolado Sancho echa al borrico, Don Quijote le consuela y promete darle tres de cinco que había dejado en casa. Con ello, Sancho se calma un tantico. Pero, mira por dónde, unas líneas más adelante se nos dice que «fue menester que Sancho se

MANUEL SERRES

apease» para alzar del suelo una maleta y un cojín que don Quijote había encontrado y que intentaba, sin conseguirlo, levantar con la punta de su lanza. ¿Apearse de qué? Primera aparición del desaparecido rucio. Siguen su camino, llenos de curiosidad por averiguar quién ha podido perder la maleta en la que Sancho encuentra «un buen montoncillo de escudos de oro» que el magnánimo caballero dice a Sancho que puede guardar para sí. Poco después ven por primera vez, corriendo por unos riscos, al que suponen es el amo de lo encontrado. «Luego imaginó don Quijote que aquel era el dueño del cojín y de la maleta, y propuso en sí de buscalle… Y así mandó a Sancho que se apease del asno y atajase por la una parte de la montaña». ¿De nuevo apearse? Segunda aparición del rucio en un tiempo récord. Dos capítulos más adelante, en el XXV/1, «subiendo don Quijote otra vez sobre Rocinante, mandó a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo, con su jumento, de muy mala gana», debido a que su amo le había dicho que no le hablara más que cuando fuese estrictamente necesario, opinando el caballero que el

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crítica literaria

escudero se estaba tomando demasiadas libertades. Tercera aparición del rucio. Harto del silencio, le dice Sancho a su amo que se va a volver a casa, donde «hablaré y departiré todo lo que quiera… Si ya quisiera la suerte que los animales hablaran como hablaban en tiempo de Guisopete, fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me viniera en gana». Cuarta aparición del asno hurtado. Poco después, y en el mismo capítulo, don Quijote ya se ha arrepentido de haberle dado permiso a Sancho de hablarle y le suelta un «por tu vida, Sancho, que calles y de aquí adelante entretente en espolear a tu asno y deja de hacello en lo que no te importa». Y estamos con la quinta aparición del rucio prestidigitador… que parece evaporarse ya que, unas líneas después y tras oír Sancho los piropos que su amo dirige a Rocinante cuando, tras desensillarlo, decide dejar a este en libertad mientras él, don Quijote, se dedica a hacer penitencia entre los riscos, el escudero, un tantico picado de la perorata que acerca de su caballo tiene su amo, le dice: «Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio, que a fe que no faltaran palmadicas que dalle ni cosas que decille en su alabanza; pero si él aquí estuviera, no consintiera yo que nadie lo desalbardara». O sea, que Sancho no se había apeado porque no había rucio de qué hacerlo. Finalmente, en el capítulo I/30, cuando don Quijote comenzaba a preguntar a Sancho sobre la embajada que, supuestamente, había llevado al escudero a presentar sus respetos a Dulcinea, «vieron venir por el camino donde ellos iban a un hombre caballero sobre un jumento y, cuando llegó cerca de ellos, pareció que era gitano; pero Sancho Panza, que doquiera que veía asnos se le iban los ojos y el alma, apenas hubo visto al hombre, cuando conoció que era Ginés de Pasamonte y, por el hilo del gitano sacó el ovillo de su asno, como era la verdad, pues era el rucio sobre el que Pasamonte venía. Viole Sancho y conociole; y apenas le hubo visto y conocido, cuando a grandes voces le dijo: ¡Ah, ladrón Ginesillo! ¡Deja mi prenda, suelta mi asno, deja mi regalo! ¡Huye, puto; auséntate, ladrón, y desampara lo que no es tuyo!», lo que hace Ginés que, «tomando un trote que parecía carrera, en un punto se ausentó y alejó de todos, recuperando así Sancho su borrico al que, abrazándolo, pregunta: ¿Cómo has estado, bien mío, rucio de mis ojos, compañero mío?». Todo lo cual, prueba una vez más que tanto Sancho como su amo sabían quién era el ladrón. Y con este bienaventurado encuentro termina felizmente la historia de las apariciones y desapariciones del bienamado rucio sanchesco. Vale. •

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Evolución del personaje de novela en la literatura francesa de los siglos xix y xx ANA M.ª CERDÁN REMÓN

El siglo xix puede considerarse como la edad de oro de la novela francesa. La novela se convierte en el rey de los géneros literarios y rebosa de personajes completamente inmersos en la sociedad de la época. Balzac, para construir sus personajes, quiere «competir con el estado civil» dotándolos de todo lo necesario para ser considerados como reales. Va incluso más lejos, y los mismos personajes reaparecen (Rastignac) y entre dos novelas han envejecido, vivido, como en la vida real. Stendhal dirá que la novela es como un «espejo que se pasea con el personaje mismo». Ropa, domicilio, psicología, costumbres alimenticias…, nada escapa ni a su autor todopoderoso ni al lector. Las descripciones se hinchan en exceso, como la galería de personnages con los que comienza Le Père Goriot. En otro tiempo, la descripción del personaje era inexistente: ¿a quién o a qué se parece Perceval? ¿Y Eneas? De Madame de la Fayette no se puede hablar más que de su gracia, pero ¿de su número de pie? De esta manera, el lector acaba a veces por confundir realidad y ficción. Cuando Conan Doyle quiere dejar de escribir las historias de su héroe Sherlock Holmes (1879), es un clamor general en Inglaterra y

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crítica literaria

el novelista cede, lo hace revivir en su domicilio ficticio, novelístico, en la calle Baker 221b, y continúa siendo visitado. Otro ejemplo, la muerte ficticia de Werther en la novela de Goethe habría desencadenado una epidemia de suicidios en Alemania en 1774. La ilusión realista es total. El personaje evoluciona entonces en todas las esferas de la sociedad: la aristocracia (Ráphaël de Valentin, en La peau de chagrin de Balzac), la burguesía provincial (Eugénie Grandet en Eugénie Grandet de Balzac), o bien ambos (Julien Sorel en Le Rouge et le Noir de Stendhal), el mundo obrero (Etienne Lantier en Germinal de Zola), el campesinado (François Le Champi en la novela homónima de Georges Sand). En la obra de Zola, el personaje se convierte en un elemento, parte de una extensa familia, que constituye un cuadro descriptivo de la sociedad de la época: Les Rougon-Macquart. En la primera mitad del siglo xx, este fenómeno se profundiza. Marcel Proust se convierte él mismo en el personaje de una búsqueda familiar: La Recherche du temps perdu, Le temps retrouvé (siete volúmenes entre 1913 y 1927).La historia del pequeño Marcel se confunde con la de Marcel Proust, y habrá otras novelas. Otras sagas familiares verán la luz: Jean-Cristophe (1909) de Romain Rolland, Les Thibault (19201927) de Roger-Martin du Gard, Les hommes de bonne volonté (1932-1946) de Jules Romains. En los años cincuenta se origina la discusión del status «realista» del personaje. Algunos novelistas cuestionan la existencia del personaje y el papel de demiurgo de su creador (el novelista se cree un dios que crea seres). El personaje no es más que un ser de papel, una marioneta manipulada por un novelista que maneja sus hilos. La idea no es nueva. Diderot lo decía ya en siglo xviii en Jacques le fataliste. En La Nausée, Jean Paul Sartre quiere dar a su personaje Roquetin más autonomía, dejarle zonas confusas. Gide imagina en Les Caves du Vatican un personaje, Lafcadio, que comete un crimen sin razón y escapa aparentemente a toda forma de causalidad. El personaje adquiere más interioridad, se convierte a menudo en el propio narrador de la historia y persisten las zonas oscuras. El lector se encuentra así desestabilizado. Este fenómeno ya había sido esbozado en el siglo xviii: La vie de Mariane, de Marivaux o en la novela epistolar (Les Liaisons dangereuses de Laclos). Pero en el siglo xx, esto se convierte en más sistemático bajo la influencia de la novela americana o alemana. El personaje no es más que palabra que se devanea a lo largo de las páginas. El lector no puede más que intentar reconstruir la historia gracias a lo que se le dice, pero sin la seguridad de que resulte creíble.

En Francia nos encontramos con el movimiento del «Nouveau Roman» y con la puesta en tela de juicio, una vez más, de la novela. Los escritores del «nouveau roman» cuestionan más radicalmente el personaje. Es L’ ère du soupçon (1947-1956) de Natalie Sarraute. Ella rechaza la descripción, el narrador omnisciente, la psicología de los personajes. La novela se convierte en una o varias voces que se expresan, movimientos de conciencia, como una especie de subdiálogos que ella llama «tropismos». No se conoce al personaje más que por esta voz, este tropismo. El personaje se limita a veces a no ser más que una función en la novela: no es ya la figura central sino un elemento presente para cumplir una tarea. La del narrador de La Jalousie (1957) de Robbe-Grillet es la de espiar a una mujer, sorprenderla con su amante. Pero ¿es él el marido? ¿Un testigo ocular? ¿Una voz? El personaje pierde entonces toda individualidad, toda profundidad psicológica, se reduce a una mirada que espía a través de las celosías de una ventana. En la inmensa producción novelística actual, todas las formas de personajes coexisten, desde el héroe monolítico al servicio del bien o del mal (los Mangas, Spiderman…) o su alter ego más frágil, más humano (Harry Potter), el anti-héroe, hasta el simple personaje banal de novelas policiacas o el personaje reducido a un monólogo interior que adquiere una profundidad psicológica, como el héroe de la novela Toutes ces vies qu´on abandonne (2008) de Virginia Ollagnier, Pierre, que sobrevive de una especie de coma y no es más que una conciencia que emerge poco a poco… o, simplemente, el héroe que se confunde con la existencia real, la forma más tradicional heredada del siglo xix. Estas transformaciones del personaje constituyen quizás la prueba más evidente de la vitalidad de un género al que no le ha sido nada fácil alcanzar el éxito y el reconocimiento que hoy disfruta en nuestra sociedad occidental. •

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entrevista con

Dolores Redondo POR SUSANA HERNÁNDEZ

Aquí estamos con la autora que más lectores ha generado en los últimos años, Dolores Redondo, que con su Trilogía de Baztán compuesta por El guardián invisible (enero 2013), El legado de los huesos (noviembre 2013) y Ofrenda a la tormenta (noviembre 2014), ha originado, sin duda, el más grande fenómeno literario de los últimos años en este país. Una mujer que ha unido con muchísima inteligencia la novela negra, la magia y la tradición de nuestros vecinos vasco-navarros ¿Quién no sabe a estas alturas algo de Basajaun, de Tarttalo o Ignuma? Hoy y aquí no puedo dejar de recordar el día en que, con toda mi inocencia y toda su sencillez y cercanía, hace algo más de dos años, le pedí que cuando saliera su siguiente libro nos acompañara en nuestro club de lectura de Ejea. Y, naturalmente, aceptó; pero apareció el libro y nos sorprendió un inmenso tsunami literario que todo lo arrasó, y así llevamos un par de años de espera, y nosotros felices por sus éxitos y

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por ese no parar de viajar y de recoger casi todos los premios que una autora puede desear. Pero sabiendo, eso sí, que en un futuro, ya no muy lejano, Dolores Redondo compartirá con todos sus lectores de Cinco Villas un encuentro que haremos que no pueda olvidar. De momento aquí os dejo, como anticipo, esta entrevista que, entre viaje y viaje, tan amablemente nos ha concedido para todos los lectores de Ágora. Susana Hernández.- En Ágora, esta revista literaria para la que te hago la entrevista, escriben y leen muchos niños y jóvenes a los que seguro les interesará saber cuándo y cómo decides convertirte en escritora. Dolores Redondo.- Me parece muy divertida la idea de tomar la decisión de convertirse en algo, lo que sea, soprano, abogada, directora de cine... El proceso no pasa por una decisión consciente, escribo desde los catorce años...

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entrevista con

S. H.- Muchas personas que nunca se habían acercado a Baztán ahora pasean por las calles de Elizondo como si de un gran escenario de tratase, y eso supongo que te alegrará tanto como a los vecinos de la zona; pero ¿eres consciente de que fenómenos literarios como el tuyo crean miles y miles de nuevos lectores? ¿Qué sensaciones te deja este hecho? Dolores Redondo.- Bueno, ahora soy consciente, no tenía modo de saberlo cuando escribí El guardián invisible si tenemos en cuenta que cuando lo hice no tenía editorial, ni editor...Cuando me dijeron desde Elizondo que los lectores aparecían por allí buscando las huellas de Amaia Salazar, imaginaos mi sorpresa, creo que es maravilloso lo que puede llegar a suceder alrededor de un libro. S.H.- Yo no suelo poner una edad mínima para las lecturas que recomiendo, ni tan siquiera para esta trilogía tan negra y tan mágica con la que nos has sorprendido a todos ¿Cuál ha sido el lector más joven que se ha acercado a ti para hablar de Elizondo, de Baztán y del resto de los personajes de tu trilogía? Dolores Redondo.- De tercero o cuarto de la eso. De todos modos, creo como tú que la edad adecuada depende de la madurez lectora y eso se obtiene con lecturas y más lecturas. S.H.- Cuando escribías El guardián invisible, ¿era un libro único en un principio o nace ya como la parte primera de la trilogía? Dolores Redondo.- La trilogía es una sola novela en tres entregas, cuenta una sola historia y un sólo caso, aunque a través de varios asesinatos y criminales diferentes, pero... No puedo contar mucho más sin arriesgarme a privar al lector del placer de descubrirlo. S.H.- Me gusta tu forma de narrar, visual, rápida y sin embargo profunda y cargada de información; pero sobre todo me gustan los diálogos, actuales y muy cercanos a la forma natural de hablar. Tras el éxito inicial de El guardián invisible, con El legado de los huesos ¿ya intuías que esto podía acabar en película? Dolores Redondo.- Lo cierto es que la productora Nadcom, conocida por la adaptación al cine de Millenium de Stieg Larsson, adquirió los derechos de cine mucho antes de que El guardián invisible se publicase en España, lo mismo que otras editoriales internacionales , así que lo sé, casi, desde el principio.

S.H.- ¿Crees que tus novelas enganchan porque todo el mundo tiene miedos enterrados o encerrados en lo más profundo del alma? Dolores Redondo.- Bueno, espero que no todo el mundo; pero es verdad que las heridas del pasado que no fueron bien curadas vuelven a reabrirse cuando estamos bajo presión y duelen como el primer día. No hay miedo tan fuerte como el de volver a sufrir. S. H.- ¿De dónde surge la idea de añadir o mezclar la novela negra con esos elementos mágicos de la cultura vasco-navarra primero, y más universales a lo largo del libro? ¿Nunca tuviste miedo de que resultara poco creíble? Dolores Redondo.- La decisión está bien calculada, y los lectores que lleguen hasta el final entenderán que la inclusión de elementos de este tipo solo es la estrategia necesaria para contar una historia real, un crimen real y todo un universo de creencias por los que muchas personas son capaces de morir y de matar por su fe, y eso no puede ser más autentico. S.H.- Me encantan las mujeres de la novela, todas, las buenas y las menos buenas, y de la ama ni te hablo que aún me da miedo, ¿De dónde sacas semejante elenco de mujeres tan fuertes? Dolores Redondo.- De mi alrededor, admiro a las mujeres (y también a los hombres) valientes que cada día reúnen fuerzas para volver a la carga, muchas veces sin saber siquiera si sirve para algo. S.H.- Cerrada ya esta trilogía, y teniendo en cuenta cómo dejas el cuerpo del lector tras la «nota final» de Ofrenda a la tormenta ¿Volveremos a reencontrarnos con la inspectora Amaia Salazar? Dolores Redondo.- Podéis contar con ella. Termina este caso, pero Amaia regresará a investigar muchos otros. S.H.- Supongo que todos los escritores sueñan con esas primeras entrevistas al lanzar sus novelas, quizá en alguna ocasión incluso las ensayen frente al espejo (risas mías), pero a estas alturas, en tu caso ¿Estás cansada de contestar a tanta pregunta o sigues disfrutando de las entrevistas y los encuentros con tus lectores?

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CÉSAR ORDÓÑEZ

Dolores Redondo.- Es cierto que resulta difícil encontrar alguna pregunta que no me hayan hecho ya, pero los encuentros con los lectores son siempre muy satisfactorios, los pocos minutos que pasamos juntos son realmente intensos, siempre me llevo la energía y el cariño con que me tratan. S. H.- Está claro que tu vida ha cambiado mucho; pero ¿en qué ha cambiado Dolores Redondo tras la Trilogía de Baztán? Dolores Redondo.- Todos cambiamos todo el tiempo, sin duda no soy la misma que hace diez años; pero en esencia intento que las cosas que me trajeron hasta aquí, familia, amigos, modo de vida, no varíen, o lo hagan lo mínimo. S. H.- Ya para finalizar y dejarnos con el cuerpo tranquilo, dinos la verdad, Dolores: ¿alguien te contó cuentos bonitos cuando eras pequeña? Dolores Redondo.- De los bonitos y de los terroríficos y además no me los contó como si fueran cuentos, sino como realidades. Eso sin duda contribuyó a

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desatar mi imaginación y a que durmiese con una luz encendida... Fue mi abuela, pero también otras mujeres de mi infancia, mi madre, vecinas, amigas... Y un gusto muy temprano por la lectura y en particular por los cuentos de Grimm. S. H.- Pues muchas gracias por compartir con nosotros este rato y antes de despedirnos quiero acercarte todo el cariño de «tus vecinos» y el deseo de que muy pronto puedas pasar un rato con todos nosotros. Dolores Redondo.- Muchas gracias, y naturalmente será un placer. Y así me marcho, con las ganas de preguntarle mil cosas más a esta mujer que sé que leyó El padrino con diez años, que escribe de noche, que es muy crítica consigo misma; una mujer simpática, inteligente y muy generosa, que a través de sus libros nos traslada la fuerza de la historia y de sus personajes, esas mujeres fuertes y valientes que ha creado, como la inspectora Salazar, a la que, tal como ella nos ha desvelado en esta entrevista, podremos seguir sus pasos y sus casos por el Valle de Baztán. •

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entrevista con

Ana Alcolea

POR EVA BAJÉN

En esta nueva sección de Ágora tenemos una invitada muy especial: Ana Alcolea, uno de los valores de la narrativa aragonesa más interesantes. A la calidad de su obra, une su trabajo constante y su amabilidad: cada obra suya es recibida con expectación por sus lectores y su gusto por los viajes es puesto a prueba por las numerosas tertulias a las que debe acudir a lo largo y ancho de la geografía española. Ha publicado una buena docena de obras: El medallón perdido, El retrato de Carlota, Donde aprenden a volar las gaviotas, El bosque de los árboles muertos, Bajo el león de San Marcos, El vuelo de las luciérnagas, Cuentos de la abuela Amelia, La sonrisa perdida de Paolo Malatesta, La noche más oscura, Napoleón puede esperar y, más recientemente, El secreto del galeón (reseñada en estas mismas páginas). Profesora de Lengua y Literatura desde 1986, ha tenido que abrir un paréntesis en su profesión, para dedicarse por completo a su otra pasión: recrear la vida con los lectores porque, como explica a menudo, ella escribe una novela, pero cada lector completa el proceso de creación con su lectura e incluso con lecturas posteriores. Entre viaje y viaje, ha conseguido de nuevo un hueco para compartir con Ágora reflexiones sobre el proceso creativo y adelantarnos sus nuevos proyectos.

Ágora.- Seguro que nuestros lectores quieren saber qué te impulsó a escribir y qué dificultades has encontrado para publicar tus obras. Ana Alcolea.- Empecé a escribir mi primera novela después de la muerte de alguien a quien yo quise mucho. Deseé escribir algo que fuera un recuerdo a su memoria, y me salió El medallón perdido. La mandé a una editorial que me contestó que no la iba a publicar porque estaban seguros de que no iba a gustar a los jóvenes, ya que, según ellos, los adolescentes demandan mucha acción, más violencia y más agresividad de la que hay en mi novela. Sin cambiar ni una coma, la mandé a Anaya, y la publicó. Lleva 22 ediciones. Ág.- Muchas de tus novelas se dirigen al público juvenil, ¿qué te atrae de estos lectores? Ana Alcolea.- Me gusta pensar que la literatura no tiene edad, aunque la mayor parte de mis novelas está dentro de colecciones de literatura llamada «juvenil». Quiero contar las historias que me salen en el momento de escribirlas. Nada de lo que demanden las modas. No me interesan las modas literarias. Me

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entrevista con

apetece llevar a mis lectores a lugares y situaciones que no son los de la vida cotidiana. Para eso tienen el instituto, el colegio y los telediarios.

Ág.- Como hemos señalado antes, además de escritora eres profesora de literatura: ¿qué te ha aportado esta profesión para perfilarte como escritora?

Ág.- También has escrito novelas para adultos. ¿Cómo cambia —si lo hace— la actitud de los escritores cuando se dirigen a este sector de público?

Ana Alcolea.- Llevo tres años retirada de la docencia, pero sigo siendo profesora, sí. Eso no desaparece, afortunadamente. Me es fácil ponerme en la piel y el lenguaje de un adolescente, porque llevo muchos años trabajando con y para ellos. Ahora bien, nunca utilizaría a mis alumnos como materia literaria. Ni sus historias. Mis alumnos me son sagrados. Pero sí, creo que un escritor que sea profesor juega con ventaja a la hora de escribir para jóvenes. No nos cuesta tanto trabajo meternos en sus cabezas y sentimientos. Aunque también es cierto, que en nosotros, al menos en mí, permanece la adolescente que fui…

Ana Alcolea.- No hay cortapisas, ni temáticas ni lingüísticas. Si sabes que una novela va a ir a una editorial «educativa», sabes que hay asuntos y palabras que es mejor evitar. En cambio, con otro tipo de novela, el escritor se siente más libre.

Todo es materia literaria. Es la mirada del escritor la que convierte cualquier objeto, sensación…, en literatura.

Ág.- Ahora que te dedicas de lleno a la escritura, ¿qué echas de menos de tus clases?

Ág.- Vargas Llosa, en sus reflexiones sobre el trabajo del escritor comenta que hay una serie de «demonios» y los define como «todos aquellos elementos vitales que se convierten en materia de su reedificación de la realidad y que aparecen una y otra vez, para entenderlos o “exorcizarlos” convertidos en temas…» ¿Tienes también demonios que te rondan y te tientan? Ana Alcolea.- Me temo que no. Soy más simple que todo eso. Me parece que todo es materia literaria. Es la mirada del escritor la que convierte cualquier objeto, sensación…, en literatura. Según esto, todo lo que me rodea formaría parte de esos «demonios». Ág.- En muchas de tus novelas, los personajes deben desentrañar un misterio del pasado para poder entender sus propias incógnitas personales. ¿Crees que esto se debe aplicar a todos los aspectos de nuestra vida tanto personal como social? Ana Alcolea.- El pasado explica gran parte del presente. Más nos valdría aprendernos esta lección. Pero la Historia no la aprende.

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Ana Alcolea.- Si digo que nada, voy a quedar fatal, pero es la verdad. No echo de menos corregir, preparar clases, asistir a claustros, aguantar a algunos compañeros en el Departamento. Echo de menos a algunos compañeros que además son amigos. Y acaso, la rutina diaria, el despertarme en mi cama todos los días y a la misma hora, para coger un autobús y llegar al instituto. Ahora, cada día, o cada semana, me despierto en un hotel y no sé qué ni a quién me voy a encontrar. Es fascinante, desde luego, pero muy intenso. Ág.- Te voy a pedir que hagas un poco de profesora y que recomiendes lecturas a nuestros lectores más jóvenes. Ana Alcolea.- La lista sería muy larga. Pero voy a hacer una selección de libros que a mí me han gustado. De nuestros contemporáneos aragoneses: Morirás en Chafarinas, de Fernando Lalana; Donde surgen las sombras, de David Lozano; Croquetas y wasaps, de Begoña Oro; Hasta casi cien bichos, de Daniel Nesquens; La leyenda de la ciudad sumergida, de Antón Castro; El violín negro, de Sandra Andrés; El libro de Oriana, de Nacho Escuin; El príncipe que cruzó allende los mares, de Roberto Malo, ambos con ilustraciones de David Guirao. De Fernando Marías, Cielo Abajo. De Gonzalo Moure, En un bosque de hoja caduca, y El síndrome Mozart. Y lo que yo leía de adolescente: las series de Los cinco, de Enyd Blyton, y por supuesto Jane Eyre, de Charlotte Brönte.

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entrevista con

ASIER CORRAL

Ág.- ¿Y para los adultos? Ana Alcolea.- Entre lo último que he leído y que me ha gustado mucho, os recomiendo Stoner, de John Williams, y El sentido de un final, de Julian Barnes. Ahora mismo estoy leyendo Lo que a nadie le importa, de Sergio del Molino, que es una gran novela. Ág.- No podemos terminar la entrevista sin que nos cuentes tus próximos proyectos: sé que tus seguidores están esperándolos con ganas. Ana Alcolea.- Acabo de publicar una novelita en teoría más infantil, que se titula Castillos en el aire. Como no creo en la edad para la literatura, creo que es un libro que se puede leer desde los 10 hasta los 100 años. Tiene unas bellísimas ilustraciones de Mercè López. En 2016 espero publicar un libro para público muy infantil, lo que es un reto tremendo. Y una novela que esta-

rá relacionada con El secreto del galeón, que es el libro que publiqué en 2014. Creo que va a haber una serie con los mismos protagonistas: unos arqueólogos que investigan sobre un objeto misterioso… Una nueva mezcla del presente con el pasado. Algo que a mí me emociona siempre pensar: ¿qué ocurrió y quién vivió en el mismo lugar en el que estamos ahora…? Nuestra conversación con Ana tiene que llegar a su término y solo nos queda agradecerle desde Ágora que haya encontrado un hueco para compartir con nosotros su mirada especial de escritora y desearle suerte. Esperamos en los siguientes números de la revista, no solo su colaboración sino poder dar noticia del éxito de sus nuevos retos. •

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GABRIEL BUENO

pensamiento y reflexión

El rincón del neurótico JOAQUÍN BUENO

Mi punto de vista sobre la violencia difiere (en ocasiones de una manera más que notable) de esos conceptos preestablecidos que la sociedad asume sobre ella de una manera maquinal, de la misma manera que asume sin rechistar otros valores que tampoco se digieren sino que se degluten compulsivamente… Siempre me ha resultado paradójico el hecho de que personas o instituciones que se definen día sí y día también contra la violencia, suelen ejercerla sistemáticamente aunque sea de una manera indirecta, sin desmelenarse lo más mínimo. Se diría que esas personas sufren una especie de amnesia sobre la violencia estructural que en nombre de ciertos valores económicos, políticos o sociales algunos colectivos ejercen sobre otros colectivos, grupos o personas… Así que suelo acabar hecho un lío en las conversaciones entre amigos cuando con cierta conmiseración me recuerdan las dependencias que mi calidad de vida mantiene con las guerras en las que inevitablemente todos estamos inmersos; en todas, por supuesto, con un interés exclusivamente humanitario, aunque, desde luego, matizando que sus materias primas o su petróleo o su coltán nos compensan un poco tantos desvelos… A veces (solo a veces, dado que mi psicoanalista me tiene prohibido entrar en depresión…) me dan ganas de salir a la calle y sumarme a las actividades de esos muchachos que se dedican a romper cosas; claro que es solo un momento de enajenación mental del que no suelo hablar mucho con nadie y del que me avergüenzo bastante. Mira, muchacho —me dice— la vida es así y no tiene vuelta de hoja. Todos tus prejuicios pacifistas, altruistas y filantrópicos son solo un producto de conversaciones de salón alejados de las contingencias de la vida social, de la lucha real por la vida. A ver si te crees que eres el único que sufre por la injusticia y por la maldad humana. Que

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sepas que desde que el ser humano existe siempre se ha esforzado por superar como sea, las resistencias de los vecinos y nutrirse de sus despojos. A él le da igual que yo le diga que la vida podría ser de otra manera si se escuchase la voz de quienes a lo largo de la historia han hecho de su vida un ejemplo de dignidad y siempre se va por los cerros de Úbeda. Y sigue… Escuches a quien escuches y hagas lo que hagas, verás que una parte de lo que digas satisfará a unos cuantos y enervará a otros tantos y vas dado si esperas que el otro cincuenta por ciento te escuche o respalde tus iniciativas. Vivimos en un mundo en el que la apariencia y la mezquindad campean a sus anchas… Con tal de que tú percibas tu propia mezquindad y tus propias apariencias y trates de arrancar de raíz los apegos que te conducen a ti y a los demás al dolor, a la tensión y a la violencia, habrás recorrido gran parte del camino en la experiencia liberadora, pero que sepas que contra la codicia y el afán de poder de tus conciudadanos no puedes hacer nada de nada. ¿Estás o no estás? No sé si estoy o no estoy, pero su discurso me trae a la mente aquellas palabras de José Cadalso cuando afirma en sus Cartas Marruecas que el hombre es miserable desde la cuna hasta la sepultura. A estas alturas de la vida, yo también pienso que ningún programa político podrá liberarnos de nuestros males sociales, a no ser que, previa e individualmente, conectemos con una verdad que reside oculta en el corazón del ser humano: aquel secreto de la filantropía del que nos hablaba Antonio Machado, ese secreto que habitualmente suele estar ausente en la mayor parte de las creencias preestablecidas de nuestra sociedad vengan de donde vengan… •

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pensamiento y reflexión

La inequidad de la pobreza PILAR DE LA VEGA

El último informe del Comité Español de unicef pone sobre la mesa una dura realidad. No se trata sólo de los alarmantes datos del riesgo de pobreza infantil — que afecta ya a más de uno de cada cuatro niños en España—, sino del hecho de que tener hijos se está convirtiendo en un factor de riesgo y de desprotección. Estamos ante una situación muy preocupante con indicadores críticos para el desarrollo de un país, tales como el abandono y el fracaso escolar, o el rendimiento y desempeño educativo. Situaciones que afectan a nuestros niños hoy, pero que ponen también en peligro el bienestar de todos a medio plazo. Una preocupación que se refuerza si comprobamos la evolución del comportamiento demográfico en España. Cada vez nacen menos niños y, si no logramos que cambie la tendencia, en tan sólo 10 años, en nuestro país habrá un millón menos de niños menores de 10 años.

Los datos de nuestra comunidad son también preocupantes: 66.313 niños/as en Aragón se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social; 1 de cada 4 niños. En Aragón el 24,7 % de los niños de 0 a 17 años, viven en hogares con una renta por debajo del 60 % de la media de la renta aragonesa, es decir, 60.664 niños. A su vez, un 11,2 % de los niños viven en hogares con baja intensidad en el trabajo, es decir, con miembros que trabajaron el pasado año menos del 20% de su potencial laboral. Un dato revelador es el numero de niños, 7,9 %, que viven en hogares con privación material severa. Es decir, 19.403 niños viven en hogares que no pueden permitirse una lavadora, una tv color, un teléfono, una semana al año de vacaciones fuera de casa. Niños que comen carne, pollo o pescado cada dos días; no pueden hacer frente a gastos imprevistos; no pueden tener la vivienda a temperatura adecuada los meses fríos o tienen retrasos en el pago del alquiler, hipoteca, cualquier otra compra a plazos. La inequidad, es decir, la distancia entre hogares más ricos y más pobres, ha aumentado mucho en los últimos años. Pero además, esta distancia se agranda más entre los niños de los hogares más ricos y los más pobres, y entre los hogares con niños y sin niños. Es decir, esto supone una ruptura total de la igualdad de oportunidades y de igualdad en los recursos. Siempre he pensado que la educación es uno de los mecanismos más poderosos para romper el círculo de la pobreza y exclusión social. España, desgraciadamente, destaca ahora por la inequidad.

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ROSALUZ MÉNDIZ

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En educación los datos del Informe de nuestra comunidad señalan algunos aspectos a considerar, como el marcado descenso del porcentaje de alumnos, que a los 12 años han completado la educación primaria. Actualmente con un 80,8 %, representa uno de los niveles más bajos del conjunto de cc.aa., y más bajo que la media española (83,9 %). Este porcentaje es preocupante en Aragón por dos razones fundamentales: representa uno de los niveles más bajos del conjunto de las comunidades autónomas, solo por encima de Ceuta, Canarias, Baleares, Murcia y Castilla La Mancha; el resto de cc.aa. tienen niveles superiores.

La educación es uno de los mecanismos más poderosos para romper el círculo de la pobreza y exclusión social. España, desgraciadamente, destaca ahora por la inequidad.

sisten son considerables, y amenazan con afectar el bienestar de todos. No podemos permitir que en pleno siglo xxi haya niños que nacen en nuestro país con la losa de la pobreza y la desigualdad, condicionando su presente y amenazando su futuro. Estas cifras evidencian las debilidades estructurales en las políticas sociales y de infancia en España, que se caracterizan por unos niveles bajos de inversión y de eficacia En Aragón, de hecho, ya hemos empezado a recorrer ese camino. El paso 25 de marzo, todos los partidos políticos con representación parlamentaria firmaron un Pacto Autonómico por la Infancia en el que se empezaron a sentar las bases para una acción concertada y sostenida en el tiempo a favor de los niños y niñas que viven en nuestra comunidad. Ahora toca pasar de las palabras a los hechos. Pero es necesario dar un paso más allá. Tenemos que lograr, al igual que se hizo en 1995 en el Pacto de Toledo, acuerdos concretos que logren blindar unos compromisos básicos en aspectos cruciales como la educación y la lucha contra la pobreza y la exclusión social de nuestra infancia. Para ello, es necesario planificar y destinar los recursos necesarios, es necesario invertir en nuestra infancia para garantizar su bienestar y la igualdad de oportunidades, y para construir la sociedad del futuro. •

Por otra parte, se trata de un porcentaje que va en descenso desde 2004 (en que la cifra era del 85,5 %), descendiendo anualmente en un 1 %, manteniéndose en la brecha de años del 2009 al 2011, y volviendo a descender desde entonces un 1% anual. Este porcentaje supone que anualmente 587 niños y niñas aragoneses de 12 años no consiguen completar el ciclo de educación primaria. Otro aspecto a considerar es el abandono escolar, en el que España representa el porcentaje más elevado de la ue, con un porcentaje del 23,1 %, y es superado por Aragón, que se sitúa en un 23,20 %. En 2014 hemos conmemorado el 25 aniversario de la aprobación en Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño. Son 25 años en los que muchas cosas han mejorado para la infancia en España y en Aragón. Sin embargo, los retos que per-

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El trabajo: entre la adicción y la vela FERNANDO GIL VILLA CRISTINA DUESCA

En un mundo donde el cambio social es su rasgo predominante, la falta de anclajes es uno de los grandes problemas. Mudan los entornos en los que se desenvuelve nuestra vida, la fisionomía de los campos donde trabajaban nuestros abuelos, el pueblo, la ciudad, las casas. Con la red se multiplican las relaciones con nuevas personas. Las experiencias son más variadas. Por otra parte, se hacen más imprevisibles las trayectorias. Es difícil saber cuánto va a durar un objeto o una relación. En todo caso mucho menos que hace cincuenta o cien años. Este escenario explica una parte de las nuevas adicciones, que se multiplican justamente en esta última fase de la época moderna. No se trata sólo de los clásicos problemas que algunas personas tienen con ciertas sustancias. En realidad, la adicción se desplaza al campo psicológico de la obsesión y refleja la necesidad desesperada del ser humano de parar el reloj y la imprevisión para lograr centrarse, siquiera por un momento, y recuperar la serenidad ante el remolino en el que al parecer su vida se ha metido. Un remolino gigante, la pesadilla de aquel Maelstron fantástico que describió en su cuento Edgar Allan Poe. Ahora es cuando más conscientes somos de que habitamos una misma nave, de que está acelerada y de que va a la deriva, con un timón que, en el mejor de los casos, responde sólo de vez en cuando. Los destinos de toda la humanidad unidos por la evolución y el progreso en un mundo global. La angustia es doble, porque la conciencia de descontrol afecta a nuestras vidas como miembros de una comunidad o como seres individuales y egoístas. Muchas personas sienten entonces la tentación de meter la cabeza debajo de la tierra, usando la vieja estrategia del avestruz, para así poder olvidarse de tanto entorno volátil, de tanto océano agitado. Meter

la cabeza en la tierra tiene un significado simbólico muy claro: intentar neutralizar con lo sólido lo líquido de ese mar que nos engulle (Bauman), ante la pérdida de anclajes tradicionales como el que proporcionaba la religión (la nave de Noé). De todo lo que nace bajo el signo de la tierra, el trabajo es tal vez lo más sólido. En realidad, hasta el trabajo hace agua hoy en día, lo que refuerza el argumento. Antes el trabajo duraba más, era más dura la tierra de la que se hacía. Incluso la mayor parte de los castellanos y de los españoles trabajaban en la tierra durante toda su vida. Hoy el trabajo menudea, de repente se hace agua, y hay que esperar a arrecie en algún contrato más sólido. El trabajo es, sin embargo, en la mayoría de los países y ante la falta de políticas que garanticen la vida digna de todos los ciudadanos, la única forma de sobrevivir. He aquí, pues, planteadas brevemente las fuentes que informan de la desesperada adicción al trabajo en la actualidad, así como de sus límites. Cuando la gente encuentra un trabajo, se agarra a él como a un clavo ardiendo. Sabiendo que en cualquier momento puede fallar, se concentra en él, hace girar su vida a su alrededor, como si quiera exprimir todo lo que pueda dar para acumular algo de reservas cuando falle. En estas condiciones, la adicción al trabajo no busca tanto el rendimiento, que alcanza pronto, lógicamente, su punto de saturación. Su función es más psicológica, permanecer apegado al ordenador o al despacho (fuera o dentro de casa) el mayor tiempo posible toma la forma de un velatorio. Se vela al enfermo, al trabajo que está enfermo, un enfermo muy querido y necesitado del que se depende, con el temor añadido de que la única herencia que nos deje —en forma de indemnización o de eficaz carta de recomendación— sea escasa o ninguna. •

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#JeSuisRespectueux GABRIEL BUENO

Evelyn Beatrice Hall, la biógrafa de Voltaire, escribió una frase en la que mostraba las creencias de este: «estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Es triste comprobar que, en realidad, lo que abunda en estos tiempos que corren es una versión absolutamente opuesta, en la que «si estás en desacuerdo con lo que digo, más te vale mantener la boca cerrada». Y no es que a la gente no le guste que la saquen de sus errores (algo que también es habitual), sino que el orgullo y la indignación aparecen cuando otra persona cuestiona nuestras creencias, sean erróneas o no. Incluso si esa otra persona busca nuestro propio bien, hacernos reflexionar o buscar puntos de vista alternativos (en definitiva, crecer interiormente o simplemente ampliar miras), depende de nosotros mismos el cómo afrontemos esa crítica. El problema aumenta cuando la crítica es destructiva: puede que no sea cierta la información que nos han dado, pero de momento acaban de poner en tela de juicio nuestros valores y toca empezar a plantearse mucha información que hasta entonces estaba aletargada; o simplemente nos han ofendido; y punto. Y haciendo caso omiso a lo que nos acaban de decir, optamos por enfadarnos para así «demostrar» que el que más gruñe, más razón tiene y que el otro podría haber cogido sus comentarios y haberse ido con ellos a plantar limones. El problema del que hablábamos ya puede considerarse enorme cuando la crítica de nuestras opiniones, además de destructiva, se está

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usando exclusivamente como si de un mal ejemplo se tratase o aún peor: como diversión. Cuando nuestros valores y creencias o nuestra fe se ven ridiculizados, se genera un sentimiento reactivo en nuestra mente que no sólo es que sea muy difícil de apaciguar; más bien al contrario: lucha por defenderse y exteriorizarse de manera intempestiva y radical, con un extremismo conflictivo. Mucho se habla últimamente acerca de la libertad de expresión y del mal tratamiento que se está haciendo de ella, de hasta dónde es lícito mostrarla y cuando hay que castigarla. Recientemente han ocurrido los tristes sucesos de París con la revista Charlie Hebdo, en la cual se satirizaba al profeta Mahoma y que

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a causa de la terrible acogida que esto tiene entre los creyentes musulmanes, desencadenó la tragedia que se saldó con varios muertos. A continuación hemos visto cómo la gente se ha volcado en simpatía hacia la revista con mensajes de «#JesuisCharlie» y han aparecido muchos más dibujos de profetas de los que ya había pululando por ahí… A nosotros nos parece que lo ocurrido es un despropósito, naturalmente, pero ¿podría haberse evitado? Aunque parezca ir a la contra de la opinión general, yo creo que sí. Y, por cierto: algunas voces comienzan a conjeturar con que parte de los hechos que han ocurrido podrían ser un montaje… pero eso es otra historia que no tiene que ver con este ensayo… A pocos les será desconocido que dentro del Islam la representación de humanos, animales o cualquier otro sujeto figurativo está prohibida, reduciendo su actividad pictórica (salvo en contadas ocasiones) a configuraciones geométricas y pautas florales o vegetales. No digamos entonces si es lícita o no la representación de su profeta… Supongo que puede entenderse el descontento de los creyentes musulmanes cuando una figura religiosa tan importante para ellos no sólo es dibujada, sino que además se hace burla de ella… Quienes satirizan con sus lápices al profeta tampoco son ajenos a esta información; amparándose en la libertad de expresión y en la distancia geográfica con la Meca no dudan en plasmar caricaturas que a su sociedad les resultan graciosas mientras ofenden a la sociedad de origen, los cuales han manifestado su descontento en más de una ocasión (incluso de forma pacífica). Pero siguieron apareciendo viñetas y burlas y los hechos se precipitaron como todos conocemos… Muchos nos preguntamos la razón de tal fanatismo sin llegar a entenderla. ¿Qué se esconde detrás de unas creencias tan fuertes? Durante décadas, trazar una relación entre el funcionamiento de nuestro cerebro y la religión era tabú. Lo fisiológico nada tenía que ver con la fe, e intentar explicar lo segundo como una consecuencia de lo primero era

acusado de reduccionista, un producto del materialismo que dejaba fuera de la ecuación elementos tanto culturales como individuales. Sin embargo, la neurociencia ha ayudado durante los últimos años a explicar ciertos comportamientos religiosos, especialmente los relacionados con el fanatismo y con el éxtasis religioso, no tanto como causa sino como consecuencia. En pocas palabras: nuestro cerebro está diseñado para experimentar tanto la necesidad como la defensa de la religión… Parece ser que nos estamos olvidando que la libertad de cada persona termina donde empieza la de los otros y no es raro encontrarnos con cierta frecuencia gente que se sobrepasa en sus opiniones y desprecia las de los demás. Quizá la solución pase por algo tan sencillo como echar la vista atrás, a 1942 concretamente, en la película Bambi, y en el momento en que vayamos a faltar al respeto a otra persona, recordar una máxima que nos ofrecía el simpático conejito Tambor (a instancias de su madre, eso sí): «si al hablar no has de agradar, te será mejor callar». •

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Desahucio por conflicto internacional ¡Stop a la guerra! MARÍA LONGÁS

Rocío tiene miedo, no el miedo de las estúpidas películas de terror que antes miraba semiescondida detrás de un cojín, no el pánico nervioso cuando descendía vertiginosamente montada en una atracción de feria, es un miedo físico que repta por su columna vertebral hasta el cerebro y atenaza sus pensamientos. Rocío vive desde hace un tiempo en una tienda de campaña y la delgada lona de las paredes apenas sirve a para protegerla del frío, del calor y sobre todo de ese miedo. No hay suficientes mantas para quitarle esa sensación de dentro de los huesos, de dentro del alma. Ya tiene 10 años, pero no lo sabe, su último cumpleaños fue en otra vida, el eco de risas de su fiesta de los nueve es solo eso, un eco. El día de su décimo aniversario ni se acordó, no lo sabía, porque los días se han transformado en una gran montaña que hay que escalar, y a la noche, cuando estás en la cima, el día siguiente se presenta como otra montaña, nunca desciende, nunca un tramo donde descansar. Sus padres son un espectro, hace tiempo que se vaciaron, luchaban y luchaban hasta que un día ese pozo que parecía sin fondo se secó, y ahora la miran, la abrazan con grandes ojos vacíos, intentan protegerla pero las frágiles alas bajo las que se guarece son tan delgadas y transparentes que no la resguardan de nada. Ella los mira y esboza una sonrisa tenue que ellos ávidos recogen un alimento que hace que puedan continuar día a día. Jamás pensó que podía estar allí, esto sucedía lejos, no lejos... , sucedía en otro mundo. Alguien les recordaba en el cole que el 30 de enero era el día de la

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EDUARDO RAMÓN

Paz y la No violencia, que en el mundo había refugiados, desplazados de sus casas por la guerra, porque alguien había destruido sus hogares, pero eso eran tan fantástico para ella como las películas de dibujos que veía en la tele. En el cole hacía un mural con los compañeros, compadecían a esos niños, salían al recreo para soltar una paloma de la paz, y al día siguiente estaba olvidado. Ahora ya no puede olvidar, ella es esos niños refugiados, ahora mismo alguien estará haciendo un mural con su cara en algún lugar del mundo. Lo peor era que no estaba solo ella, a lo largo de infinitas hileras, niñas iguales que ella, padres como los suyos arrastraban su situación derramándola sobre interminables días sin esperanza bajo las alas de un inmenso pájaro llamado miedo. •


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Carta desesperada a los terrícolas (Reflexión de una joven de 15 años) LILIAN BENÍTEZ RUIZ

La vida es algo tan complejo... Incluso el insecto o ser humano más despreciable y maligno es algo en sí bello y elaborado. Porque todo lo que conocemos está realmente bien conseguido, y nada se ha creado por arte de magia o fruto de una mera casualidad. La idea en sí es un tanto ridícula, quizás fuera posible que algo hubiese sido formado por azar. Sin embargo, ¿no serían demasiadas casualidades: la evolución de los organismos, la atracción entre masas, que los seres vivos sean una suma de diversas y enrevesadas conexiones...? Lo importante es que todo debe mantener un balance, siempre habrá mal y bien; el bien sólo es algo puro si consigue superar los desafíos de su contrario. Yo conozco la verdad, y me dispongo a contárosla, ahora que me queda poco tiempo, porque para salvaros necesito ayuda, necesitáis que yo viva. Estoy muriendo poco a poco, lenta y dolorosamente, a pesar de ser prácticamente inmortal. Siempre he sido una simple observadora de lo que ocurría en el mundo, también por decirlo de alguna forma me he alimentado y he vivido de él. Yo dependo de las vidas y en mis manos cae vigilar que el balance se sostenga: muerte y vida, mal y bien. Es mi deber informar del... desequilibrio. El protocolo se ha puesto en marcha, el mundo está en un modo de prueba; de forma que puede tener la oportunidad de mejorar, y que el orden sea restablecido. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa más se debilita, encontrando, cómo no, el final del fin. El balance es de suma importancia, porque realmente la totalidad de las acciones llevan a otras indirecta o directamente. Toda la alteración del equilibrio, comenzó hace cientos de años, cuando aún era respetada y amada. Entonces, algo fatal ocurrió, el instinto intolerante del humano salió a flote, y me quisieron dominar. No obstante, sin éxito. Quizá no los traté con suficiente dure-

za, puede ser que hubiese debido influirles temor para educarlos. El caso es que yo me resistí durante cierto tiempo, sin intervenir, pero al final me cansé y cedí, poco a poco, dejándoles hacer todo a su antojo. No hay cosa de la que más me arrepienta. Con prontitud fueron cogiendo más y más fuerza, perdiendo los escrúpulos y formaron un terrible ejército. A pesar de ser yo mucho más poderosa y grande, ellos eran demasiado numerosos y me pisotearon hasta ser capaces de utilizarme a su capricho. Les enseñaron a sus hijos a no quererme, a despreciarme, a considerarme una inferior. Yo por mi parte los intentaba comprender, pero me di cuenta de que eran meros asesinos, que solo trataban de matarme sin poder conseguirlo. Comenzaron relativamente hace poco a tomar medidas más fuertes, a experimentar. Empezaron por cortarme muchas de las partes que me permiten respirar, que me crean aire, y el poco que me quedaba me lo ensuciaban, haciéndolo insalubre. Por otra parte, trataron de explotarme, dejando terribles secuelas que causaron que por años todo lo que me creciese fuese deforme y horrible. No pararon, me despojaron de la capas de piel que me protegían del sol, y me expusieron a éste. Incluso me quemaron. Todo esto sin remordimiento alguno, ni cuando me dejaron sorda, o crearon mortíferas armas, que los poderosos encubrían, de forma que los demás me atacasen todo el tiempo sin ser conscientes. El saberlo tampoco los hubiese echado atrás, ya se han enterado y lo siguen haciendo. Yo ya he vivido demasiado, la inmortalidad no es un regalo, sino una sucesión de vidas sin descanso, que terminan por no hacerte valorar ninguna, todas se parecen demasiado y una acaba entreviendo lo próximo que va a suceder. Un humano, para conseguir ser sabio

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necesita años de experiencia. El conocer los secretos del mundo no es algo muy diferente, solamente una cantidad inimaginable de tiempo. Pero, realmente, que yo sea longeva y ya haya visto suficiente no significa que todos vosotros merezcáis morir. Sé que es demasiado pedir que comprendáis, creéis saber mucho, mas todavía sois como un niño que va a la escuela, si yo fuese vuestra maestra os explicaría que para averiguar los secretos del universo, primero hay que valorar y cuidar de lo que se tiene, pues ¿para qué sirve saber mucho, si con los medios que averiguas te estás autodestruyendo? No es complicado salvarme, no es imposible parar a esos a asesinos, solo tenéis que recapacitar, porque todos me dañáis, me menospreciáis, acabáis con vuestro propio planeta. La única que os da un lugar donde vivir y la vida, soy yo la Tierra. Desesperada-

mente, os pido que dejéis de pensar que el asunto está fuera de vuestro alcance, no me ignoréis y os mintáis a vosotros mismos, porque el débil hilo de la vida está en vuestras manos, ¿se puede comparar eso con el esfuerzo que cuesta conseguir un balance donde estéis presentes? De un momento para otro el equilibrio será restablecido, el quid de la cuestión es si estaréis dentro o fuera del platillo de la balanza. •

ENEAS MÍNGUEZ

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La Institución Libre de Enseñanza o la pasión por la educación JOSÉ MANUEL FANJUL DÍAZ En el plano de la educación no se ha hecho nada en la España contemporánea comparable, ni de lejos, con lo que hizo la Institución.

José Luis López Aranguren.

La tarde iba retirándose lenta pues la luz, que se filtraba delicada a través de las contraventanas, apenas iluminaba algunos objetos depositados encima de la escribanía de envejecido cerezo. Él hablaba en voz baja, pero aquella flojedad sonora de su verbo no impedía que las palabras, firmes y recias, llegasen a mí perfectamente claras. Apoyado en el respaldo del sillón de la recogida alcoba, que había ocupado durante los últimos veintiocho años, don Francisco Giner de los Ríos, el gran maestro, recordaba emocionado los primeros años del nacimiento de la Institución: — Corría el 29 de septiembre de 1876, año azaroso y desventurado, y aún veo despistados a los primeros alumnos que buscaban el aula en que habían de recibir las clases. Ocupábamos el local, número 9, de la calle de Esparteros, en Madrid. Pocos minutos antes, mi amigo, don Laureano Figuerola, pronunció un magnífico discurso de apertura que no dejó indiferente a nadie, mi entrañable y buen amigo. Seis años después nos trasladamos a la calle de las Infantas y desde 1887 ocupamos la actual finca del Paseo del Obelisco. Aquel año, el curso comenzó con 255 alumnos, distribuidos entre los niveles de segunda enseñanza, estudios universitarios y enseñanzas complementarias. Pero luego

las cosas cambiaron y los estudios universitarios no pudimos mantenerlos, mal que me pese, aunque como consuelo abrimos la enseñanza primaria, que habría de ser con el tiempo la cara más próspera de esta institución. Las disciplinas eran las mismas que en la enseñanza oficial, pero la manera de enseñar y valorar los conocimientos de los discentes, la metodología en una palabra, tenían un sello propio. No se olvide que el Ministerio debía convalidar los estudios de la Institución para que tuviesen eficacia pública, de manera que nuestros alumnos estaban adscritos y debían completar los exámenes en el Instituto de San Isidro y en la Universidad Central. Por eso, el contenido de las materias se ajustaba al de la enseñanza pública española. Bebió a pequeños sorbos el agua de un vaso, que estaba sobre la mesilla. El maestro no tenía prisa. Como por fin la noche dejó a oscuras la estancia, hubo de encenderse un quinqué y el fuego de la chimenea. Mi pregunta era la esperada. ¿Por qué el surgimiento de la Institución? Giner se quedó en suspenso, enarcó las cejas y dijo. — Hay una razón más general y otra particular. La historia de la educación española es la crónica de un sonoro, aunque silenciado, fracaso. En España la iglesia católica ha patrocinado, dirigido y controlado la educación desde tiempos inmemoriales. Le hago saber que las primeras escuelas fueron monacales y que los orígenes de la Universidad ocuparon los espacios de las catedrales góticas. Y no hay nada peor para la verdad que la ciencia y el pensamiento estén amordazados por la doctrina. La libertad de aprender y enseñar, ausente en nuestras aulas, es el principio más básico de la educación. No obstante, hablando de causas más concretas, el Ministro Orovio nos destituyó a mí y a otros colegas como catedráticos de la Universidad de Madrid puesto que protestamos su decreto de restricción

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de la libertad de cátedra y de renuncia a la crítica abierta, e incluso me confinó en la prisión militar del Castillo de Santa Catalina, como castigo ejemplar para otros liberales. Aquel día 2 de abril de 1875, camino de Cádiz, fue uno de los más humillantes en mi vida docente. Como ve, joven, este infame acontecimiento precipitó la idea de crear la Institución, cuyos estatutos redactamos en una casa amiga del valle de Cabuérniga, muy cerca de su tierra asturiana, mis colegas Salmerón, Azcárate, Montero Ríos, Figuerola, González de Linares, Moret y yo. El maestro tomó aire y respiró profundamente, fijando sus ojos en un marco que portaba la fotografía de una mujer, podría decirse que hermosa. Supuse que era su madre o alguien muy especial porque no paraba de mirarla. Pero, a pesar de que daba muestras de fatiga, se iba encendiendo poco a poco, como el pábulo de una vela aventado por aire fresco. — Le prometo que no hubiese sido posible la apertura de este establecimiento de ideas si no fuese por el conocimiento que tuve de mi admirado Sanz del Río y del concurso entusiasmado de mis amigos, Cossío, Castillejo y Jiménez Fraud. Sanz del Río me iluminó acerca de la idea del hombre y de su papel social como instrumento de cambio, entiéndaseme humano, que debe trabajar desde la más sencilla base hasta las más altas esferas. Son las ideas conocidas como krausistas pues Sanz del Río viajó a Alemania en 1843 para conocer directamente de los discípulos de Krause esta filosofía tan importante para nosotros. Yo apliqué con toda humildad, pero también con toda mi pasión, las ideas de Sanz del Río al ámbito de la docencia. Luego le explicaré, joven, los principios que informan el funcionamiento de la Institución, si no le aburro, claro está, más de lo normal, y tiene paciencia para aguantar a este pobre viejo. Pero… quiero antes hablarle de Cossío, discípulo y gran amigo. Más joven que yo, lo que acaso ha servido para llenarme de ímpetu juvenil cuando lo necesité, él ha sido mi hermano espiritual sin el que no hubiera hecho nada. Formó parte de la Institución desde el primer día como profesor de Historia Universal y luego como profesor de Historia del Arte, tarea que compatibilizó por su extraordinaria capacidad con la de Catedrático de Pedagogía en la Universidad de Filosofía y Letras de Madrid. Le diré un secreto que anhelo que se desvele de una vez, Cossío descubrió a El Greco en nuestra España actual, cuando no era más que un pintor loco o de defectuosa mirada que alargaba los rostros de sus cuadros. Le repito: don Manuel Bartolomé Cossío es el codemiurgo de esta Institución y tiene, si yo tengo alguno, los mismos méritos que este sencillo servidor que le habla. Le decía que el krausismo inspira los principios fundamentales de la Institución, que pueden resumirse en la triada, laicismo, neutralidad y libertad; y al mismo tiempo

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sienta las normas básicas en que ha de asentarse la verdadera enseñanza, la de la educación integral, activa y unificada. Se hizo un silencio elocuente. Aproveché la oportunidad para insistir en que me explicara con sencillez lo último que había dicho. Lo noté más abatido y pude ver al trasluz la cara iluminada del maestro que transpiraba sufrimiento, acaso la lucha de tantos años empeñados puestos al servicio de una noble causa que tuvo poderosos y encarnizados enemigos en los sectores más influyentes de la época de la Restauración Borbónica. — Muy sencillo, repuso, los contenidos de la ciencia que se imparten solo deben estar sometidos a las normas de la observación y a la leyes que se derivan, pero deben estar libres de las doctrinas, creencias y políticas que se tercien, porque estas son de ámbito doméstico y aquellos de ámbito universal y general. Pero en este proceso de aprendizaje empírico, que no excluye la intuición o la especulación más espiritual, si usted quiere llamarlo así, el alumno no es un mero depositario de conocimientos, es un ser vivo capaz de generar ideas a partir de las que recibe y encontrar respuestas a los problemas que se plantean, es decir, es también creador de la ciencia misma. Y, por último, su formación es total en cuanto los aprendizajes del aula o del laboratorio van acompañados de un quehacer vital, entendido como la necesidad de cultivar el cuerpo, sus posibilidades, las relaciones sociales y familiares, desarrollar el nivel afectivo-amoroso, en definitiva. Eso es la formación integral a la que me refería. Con estos mimbres se hacen estos cestos, concluyó. Observo que Giner ya no puede mantener la espalda recta apoyada en el respaldo, aunque sus ojos no pierden el brillo intenso con que comenzamos la entrevista. Disimuladamente, cuando cree que no lo miro, hace guiños a esa dama de identidad desconocida. ¿Habrá sido la mujer de sus sueños, esa idea femenina que no llegó nunca a materializarse? Pero el maestro prefiere recordar a algunos insignes nombres que pasaron por la Institución. — A pesar de los fracasos que tuvimos, no puedo dejar de estar orgulloso de haber instruido a centenares de personas que han dedicado su vida al servicio de la ciudadanía y de la patria, ofreciendo los valores más altos del hombre, el trabajo, la honradez, la generosidad, el talento y la sabiduría. No puedo mencionar a todos, aunque de todos me acuerdo, pero pues que usted es de Asturias, le citaré nombres como Adolfo Posada, Adolfo Buylla y el nervioso y menudo Leopoldo, quiero decir, Clarín, como a él le gusta ser llamado. Fíjese si conozco a este brillantísimo alumno que yo mismo dirigí su tesis doctoral El Derecho y la moralidad, en 1871. ¡Ah, qué buen amigo, Joaquín Cos-

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FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS ACOMPAÑADO DE DOS INSTITUCIONISTAS

ta! Lo conozco mejor que a mí mismo. Con él mantuve una relación epistolar desde 1878 hasta 1910 de modo regular, y ayer aún recibí una carta suya preguntándome por mi salud. Terco como buen aragonés, salió de nuestras aulas con la moral bien alta para defender la educación por encima de todo. «Despensa y Escuela», es su lema. Tengo conocido que los hermanos Machado y Azorín también fueron alumnos. — A los hermanos Machado los conozco menos. Antonio publicó hace unos años ese gran libro de la España que lucha por olvidar su estrepitoso fracaso histórico, fracaso moral sobre todo, y volver a la senda de una España joven, pujante, de ideas y hechos fecundos, Campos de Castilla, se titula. En cuanto a Azorín, puedo decirle que me dedicó unas palabras emocionadas, «amigo sincero y apasionado», dijo. Azorín aprendió bien nuestra lección: el hombre debe trabajar cada día sin escatimar esfuerzos para mantener viva la creación y la hacienda. Esa es la enseñanza de su espléndida novela La Voluntad. Por cierto, con qué detalle nos transmite el mundo de Castilla, sus plazas, las fuentes, el paisaje. Es el mejor retratista de Castilla, con diferencia. De verdad, son muchos los discípulos de la Institución, los jóvenes Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Manuel Azaña, Ramón Pérez de Ayala, Rafael Altamira, etc., etc., una larga lista. Pero no todo ha sido bueno, don Francisco, también hubo ataques durísimos contra usted.

— No me acuerdo, ya no me acuerdo, hijo. En este momento los enemigos que tuve se me han borrado de la cabeza porque al final del viaje ha de pesar más la luz que las sombras que han formado parte de la vida de cada uno. Yo me quedo con la luz y perdono a quienes no me han comprendido. Y todos en paz. En el mismo instante, se abrió la puerta y un hombre de mediana estatura y barba blanca como la nieve entró en la estancia con aires marciales. Saludó y, amable pero lacónicamente, sugirió que don Francisco debía descansar el resto de la noche porque su salud estaba cada vez más quebradiza. Cerré el cartapacio donde guardé celoso las notas que había tomado y estreché las manos de aquel hombre extraordinario. Nos cruzamos lo que suponíamos que sería la última mirada. Tres días después de esta entrevista, murió en su cuarto de la Institución Libre de Enseñanza, don Francisco Giner de los Ríos, honor y gloria de España. Sucedía este doloroso acontecimiento el 18 de febrero de 1915. Todavía hoy recuerdo con cariño y admiración la figura excelsa del maestro. La Institución, sepa el lector, mantuvo abiertas sus puertas hasta el estallido de la guerra civil española, en el espantoso verano de 1936. Yo, por entonces, partí al frente para luchar por mi país. Dios nos perdone a todos. •

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Las huellas de la Institución Libre de Enseñanza JESÚS CLAVER GIMÉNEZ

A finales del siglo xix la escuela en España era un fiel reflejo de la decadencia socioeconómica y cultural que atravesaba nuestro país, muy alejada de las prácticas de los países industrializados de Europa. No había suficientes escuelas para atender a la población escolar, los maestros estaban mal pagados y con escaso prestigio social, se impartía una educación autoritaria y memorística y no se respetaba el desarrollo evolutivo del alumnado. Ante esta situación surgen varias iniciativas privadas cuyo objetivo es impulsar la renovación educativa: La Institución Libre de Enseñanza (ile), las Escuelas del Ave María de Andrés Manjón, la Escuela Moderna de Ferrer y Guardia, la Escuela Socialista de Núñez de Arenas y otras. Los institucionistas pertenecen a la izquierda burguesa, laica, liberal y demócrata. Conciben la educación como una revolución que, de forma lenta y segura, producirá la transformación de España. Sostienen que el futuro de la nación está en los maestros y en la formación que estos reciban. Los principios pedagógicos que sustentan su labor son los siguientes: la educación como formación del hombre y no solo como transmisión de conocimientos, fomento de la tolerancia y del espíritu crítico, utilización de métodos activos que sustituyan el aprendizaje por coacción por el aprendizaje basado en la libre participación, respeto del desarrollo armónico de la personalidad, impulso de la formación moral y cuidado del cuerpo potenciando la higiene y la educación física. De todas las iniciativas que se pusieron en marcha para la transformación de la enseñanza, será la de la Institución Libre de Enseñanza la que con el tiempo tendrá mayor peso en el devenir de la educación en nuestro país. Esto será así por tres razones: 1) Introduce los nuevos planteamientos pedagógicos que se

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estaban poniendo en práctica en Europa. 2) Algunos de los primeros institucionistas (Giner de los Ríos, Cossío, Azcárate…) tienen una gran influencia en los agentes políticos de la Restauración y esto va a ser decisivo para la creación de dos estructuras educativas: el Museo Pedagógico (1882) y la Junta de Ampliación de Estudios (1907) de la que, a su vez, surgieron el Centro de Estudios Históricos (1910), la Residencia de Estudiantes (1910) y el Instituto-Escuela (1918). 3) El ingreso en el Partido Socialista Obrero Español de varios institucionistas (Besteiro, Llopis, Fernando de los Ríos…) supondrá una simbiosis que marcará la política educativa republicana hasta el término de la Guerra Civil de 1936. El Museo Pedagógico no era un museo propiamente dicho, sino que se trataba de una institución destinada a formar a los maestros en la nueva pedagogía puesto que las «escuelas normales» no cumplían con dicho cometido. La Junta para la Ampliación de Estudios tenía dos objetivos fundamentales: la formación rigurosa del profesorado, condición indispensable para una reforma a fondo de la educación, y el fomento de la cultura española mediante el envío a Europa de los mejores universitarios. El Instituto-Escuela de Madrid se crea en 1918. Abarcaba desde párvulos hasta la universidad y estaba sufragado por los fondos del Estado. Aquí se formaron los hijos de la burguesía más ilustrada de Madrid, aunque también funcionó como una escuela normal donde se formaba a los nuevos docentes. Disfrutó de una amplia autonomía en la aplicación de pedagogías renovadoras: participación de los alumnos en el proceso de aprendizaje, construcción activa de los propios materiales didácticos, supresión de los exámenes finales e instauración de la evaluación continua (valorando las actividades cotidianas, el cuaderno escolar, las prácticas de laboratorio y los exámenes parciales), estudio directo de la naturaleza, relación de la escuela con el medio, diálogo entre profesor y alumno, limitación del número de alumnos por grupo a treinta… Más tarde durante la Segunda República se crearían el Instituto-Escuela de Barcelona (1931), Valencia (1932) y Sevilla (1932). Los Institutos-Escuela, al igual que otras instituciones inspiradas en la ile, dejaron de llevar a cabo sus tareas educativas a lo largo de la Guerra Civil. Durante el franquismo, en Madrid se ponen en marcha algunas iniciativas educativas basadas en los planteamientos pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza que logran superar la normativa impuesta por el régimen y que siguen funcionando en la actua-

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ELENA ARRESE

lidad. Entre ellas están el colegio Estudio y el colegio Estilo. El colegio Estudio fue creado en 1940 por Jimena Menéndez Pidal, Carmen García del Diestro y Ángeles Gasset junto a un pequeño grupo de profesores y antiguos alumnos del Instituto-Escuela. Imparte educación infantil, primaria, secundaria y bachillerato. Allí se han formado hijos de familias burguesas, desde republicanos hasta democristianos. Y los hijos y nietos de estas familias son los que siguen llenando las aulas. Este colegio continúa educando a sus alumnos sin libros de texto, con muchos de lectura y consulta, sin presiones ni amenazas y en un clima de respeto y solidaridad.

El colegio Estilo fue fundado por Josefina Aldecoa en 1959. Acogió desde el primer momento a hijos de intelectuales, escritores, artistas y, en general, a todos los que deseaban una educación diferente a lo que entonces era habitual en España. Abarca la educación infantil y la educación primaria. Desde su fundación hasta la actualidad se trabaja sin libros de texto y son los propios niños quienes ilustran sus cuadernos; el arte es un área fundamental desde los tres años y hay un seguimiento individualizado de cada alumno. Su ideario educativo está basado en el respeto al desarrollo armónico de la personalidad del niño, el estímulo de la creatividad y el fomento del espíritu crítico. •

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A contracorriente BEATRIZ CIRIA

Los humanos estamos capacitados para recibir una ingente cantidad de información. Tan solo un 5 % puede ser procesada por nuestra razón, según E. Punset. En los institutos, la Ética, como tratado sobre moral, es materia troncal en 4.º de eso. Con la loe, a las asignaturas tradicionalmente consideradas filosóficas, salvo Historia de la Filosofía, les fue añadida la coletilla «ciudadanía». Nombre, a su vez, de una asignatura que podía ser impartida, a elección del centro, en 2.º o en 3.º de eso. De una hora semanal, ¡una hora! y, aun así, parece ser el origen de todos los problemas de la enseñanza en nuestro país. Con la lomce desaparece la Ciudadanía y, con la coletilla, la Ética de 4.º de eso. Ética pasa a ser una alternativa a la religión desde 1.º a 4.º de eso con el nombre de «Valores éticos». No sé si desaparece porque también era ciudadanía. Sí sé que aquí hay personas que confunden Ética con moral. No se dan clases de moral en 4.º, sino de Ética. No se dice qué está bien

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y qué está mal. Se reflexiona sobre la libertad; son analizadas las diferentes morales, comparadas, criticadas…; se leen los Derechos Humanos y se objetiva la información de su clamoroso incumplimiento en cada rincón de nuestra sociedad. Se trata de enseñar a pensar en clave moral, no en darlo todo pensado. «Los valores se aprenden en casa», sí. Y también en la calle, en los Mass Media, en los videojuegos, la televisión, el facebook o similares... Porque en la educación de los ciudadanos interviene toda la tribu. Y el 95 % de esta información no la captamos de forma objetiva, pero la procesamos igualmente. Los escolares son discos duros en blanco y son jóvenes, pero no tontos. La Ética viene a ser un espejo en el que se reflejan las acciones de los miembros de nuestra sociedad, a la luz de los Derechos Humanos. Y lo que vemos reflejado parece el retrato de Dorian Gray: la imagen del espejo guardado en los desvanes de las clases de

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LAURA RUIZ CHÓLIZ

Ética es la del mundo tal y como nadie lo quiere ver. Vemos el diablo mundo, que tan bonito parece a nuestros vecinos del Sur, con moral ojo crítico: a la hora de actuar debemos pensar que nuestras acciones tienen consecuencias y que, por tanto, es excusa de imbéciles morales decir que no sabíamos que iba a pasar «esto»; debemos pensar qué pasaría si todos hiciéramos lo mismo y no creernos excepciones con piernas ni todo comportamiento sospechoso de no ser generalizable, por lo que el «yo sí pero los demás no» no sirve; debemos pensar lo que nos advirtió Kant hace algo más de dos siglos: las personas no tienen precio, tienen dignidad. Creía que mi sentimiento de que así se va contracorriente era una percepción subjetiva, una vaga intuición de una profesora que ya está empezando a sentir las dulces heridas de luchar contra grupos cada vez más amplios. Con medidas así, es evidente que no se buscan ciudadanos, personas conscientes de que sus deberes son los derechos de otros; personas que sean capaces que elaborar las cartas de navegación de sus existencias. Seguro que los actuales dirigentes son recordados como cachorros de buenas personas en sus pueblos, barrios, vecindades... de origen. Seguro que saber

En la educación de los ciudadanos interviene toda la tribu.

lo que se debe hacer no supone indefectiblemente hacerlo. La Ética de 4.º es el Pepito Grillo que, con el tiempo, algunos conseguimos acallar. En Ética intentamos sacarnos los colores y sacárselos a una sociedad que podría ser mejor. Intentamos objetivar información, hacer conscientes los sentimientos que invaden a los estudiantes que, siendo víctimas de las decisiones de otros, con las suyas no pueden hacer nada aún. Se trata de que los valores dejen de tener precio. Y para poder realizar esta labor es necesaria madurez. La que no se necesita cuando de adoctrinamiento se trata. •

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Síndrome de Asperger o síndrome del autismo incomprendido NATALIA ALCALDE HERRERO

Tradicionalmente, cuando se nombra la palabra autismo, la gente tiende a relacionarlo con personas ligadas a una infancia eterna, retraso mental y comportamientos extraños. Sin embargo, el concepto de «autismo» es mucho más amplio que todo eso. En general, el autismo es un conjunto de trastornos caracterizados por un grave déficit del desarrollo, permanente y profundo. Afecta a la socialización, la comunicación, la imaginación, la planificación y la reciprocidad emocional, y evidencia conductas repetitivas o inusuales. Pero existen diversos niveles de autismo, así como enormes diferencias cuantitativas y cualitativas entre un autista y otro. Por ello se habla de «espectro autista». Uno de los tipos de autismo menos conocido es el llamado «síndrome de Asperger», trastorno mucho más habitual de lo que la mayoría de gente piensa, como veremos más adelante. Como comenzamos este artículo especificando que el síndrome de Asperger se encuentra dentro del espectro autista y que se trata de un trastorno específico del desarrollo, muchos de vosotros ya habréis dibujado un esquema mental en el que aparezcan las características de retraso mental e incluso discapacidad. Sin embargo, si nombro algunas personalidades famosas que posiblemente se estima que padecen o han padecido este síndrome —Albert Einstein, Tim Burton, Isaac Newton—, seguro que vuestro esquema cognitivo se ve modificado sustancialmente Hagamos un poco de historia… La clasificación médica del autismo no ocurrió hasta 1943, cuando el doctor Leo Kanner estudió a un grupo de once niños con una serie de características muy concretas e intro-

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dujo el término «autismo infantil temprano». Al mismo tiempo, el doctor Hans Asperger, utilizó el término «psicopatía autista», en niños que ofrecían características similares. Sin embargo, el trabajo de Asperger no fue reconocido hasta 1981 por Lorna Wing. Esta, en su estudio, determinó que las interpretaciones del comportamiento de los grupos estudiados por Kanner y por Asperger diferían. En el grupo de Kanner, tres de los niños no hablaban, y el resto no utilizaba las capacidades lingüísticas que poseía. También notó que los niños presentaban un comportamiento autoestimulatorio y extraños movimientos. Por su parte, Asperger percibió que sus niños poseían intereses muy intensos e inusuales, repetitividad de rutinas y apego férreo hacia diferentes objetos. Además, todos ellos hablaban. Asperger llegó a manifestar que algunos de sus niños hablaban como si fueran «pequeños profesores» acerca de su área de interés, y propuso su teoría de que, para tener éxito en las artes o las ciencias, uno debía tener cierto nivel de autismo. Aunque tanto Hans Asperger como Leo Kanner posiblemente observaron la misma condición, las diferentes interpretaciones les llevaron a la formulación del «Síndrome de Asperger», lo cual lo diferenciaba del autismo de Kanner. Por consiguiente, el síndrome de Asperger es un trastorno severo del desarrollo que conlleva una alteración neurobiológicamente determinada en el proceso de la información. El cerebro de una persona con el síndrome de Asperger siente, percibe y vive de manera completamente diferente a una persona sin este trastorno. La principal característica del síndrome de Asperger es una dificultad excesiva en la relación social de estas personas. Por ello, su vida afectiva, familiar y personal se ve claramente modificada y alterada. Cada persona con síndrome de Asperger es diferente, pero todos ellos muestran características similares en algunos aspectos. Una de estas es la dificultad especial para comprender el mundo que los rodea. También presentan alteraciones en los patrones de comunicación no verbal, intereses inusuales o restringidos, inflexibilidad cognitiva y comportamental, dificultades para la abstracción de conceptos, interpretación literal del lenguaje —las ironías no existen para ellos—, dificultades en la planificación, la interpretación de sentimientos y emociones propias y ajenas. Habitualmente tienen una inteligencia normal o incluso superior a la media, ya que hay una alta prevalencia de este síndrome en personas que presentan altas capacidades intelectuales. También tienen un estilo cognitivo particular e intereses específicos y restringidos, a los que dedican mucho tiempo y en oca-

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SARA CHÓLIZ

siones se convierten en una obsesión para ellos. Este último hecho les ayuda, en ocasiones, a destacar en un área de trabajo determinada, especialmente si se trata de los campos de las artes o las ciencias. Como he nombrado anteriormente, algunos de ellos han llegado a ser personalidades muy relevantes para la sociedad. Algunos famosos con el Síndrome de Asperger son los siguientes: –Bill Gates. Cofundador de Microsoft, una de las personas más ricas del mundo. –Dan Aykroyd. Actor canadiense, conocido por sus papeles en diversas películas. –Satoshi Tajiri. El diseñador y creador de videojuegos tan exitosos como Pokémon. –Steven Spielberg y Tim Burton. Ambos directores de cine de numerosas y taquilleras películas. Otras celebridades no fueron diagnosticadas, ya que el trastorno no se denominó como Asperger hasta 1981, pero hay sospechas fundadas de que algunos personajes históricos reunían los síntomas del síndrome, como Isaac Newton, Charles Darwin, Albert Einstein y Andy Warhol. Y en cuanto a los personajes de ficción que también tienen este trastorno y son altamente inteligen-

tes, podríamos nombrar a Sheldon Cooper, de Big Bang Theory, y el Dr. House, de la serie homónima. En cuanto a la prevalencia, se trata de un trastorno muy frecuente, aproximadamente se estima que hay entre 3 y 7 por cada 1.000 niños nacidos, aunque en muchas ocasiones nunca son diagnosticados. En una charla impartida por dos madres de niños afectados por este síndrome, comentaban la importancia del diagnóstico temprano y la intervención educativa. De lo contrario, estos niños sufren verdaderos problemas en su infancia, adolescencia e incluso edad adulta, sin una explicación y sin comprensión por parte de los demás. Según unas de las madres, a su hijo no le diagnosticaron este trastorno hasta los 15 años, momento hasta el cual su hijo había sido tildado, incluso por su familiares, como un «chico raro y friki». El joven había sufrido las burlas de sus compañeros en el colegio y el desprecio de muchos profesores. La madre asumía que su hijo tenía y tiene intereses poco comunes y comportamientos bastante extraños pero, una vez conocido el trastorno, al menos hallaron una explicación y además su hijo pudo conocer, a través de diversas asociaciones, a más jóvenes con características similares a las suyas. Desde entonces, empezó a ver que sí que encajaba en algún sitio…

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Porque esa es precisamente una de las principales dificultades de una persona con el síndrome de Asperger: encajar. Un niño Asperger es diferente. Y aunque actualmente hablar de atención a la diversidad e inclusividad parece estar de moda, todavía nos queda un largo camino por recorrer. Porque un niño Asperger es diferente, repito. Pero tiene la misma necesidad de encajar, de pertenecer a un lugar, de sentirse querido… que cualquier otro niño. Los adolescentes que tienen este trastorno a menudo son incomprendidos por los demás, especialmente por su grupo de iguales. Y tan solo si educamos a nuestros hijos y a nosotros mismos en comprender y respetar la diversidad, podremos ayudarles a encajar. Porque el mundo está repleto de personas distintas a nosotros mismos y, si aprendemos a no prejuzgar sino a escucharnos y observarnos…, lograremos construir un verdadero mundo inclusivo, donde todos tengamos cabida. Lo cierto es que de todas las personas diagnosticadas con el síndrome de Asperger, tan solo un 31 % trabajan o llevan una vida independiente, un 4 % tienen pareja y un 37 % considera que tiene amigos. Cabría plantearnos qué podemos hacer cada uno de nosotros para ayudar a este tipo de personas a tener más amigos, a conseguir una pareja o a encontrar un trabajo que sea acorde a su manera de ser, de comportarse y de comprender el mundo. Porque ya hemos visto que existen muchos Asperger que pueden considerarse grandes triunfadores a nivel laboral y, aunque la suerte también influye, todos podemos contribuir a que su inserción en la sociedad sea más factible. La clave está en la educación inclusiva, que los demás los comprendan y que les permitan encajar en un mundo demasiado encorsetado, diseñado para personas cortadas por el mismo patrón. Debemos comprender que todos somos diferentes, y cada uno de nosotros debemos encontrar nuestro lugar en la sociedad, un rol que desempeñar, que le dé sentido a nuestra vida. Para los Asperger, este viaje es mucho más complicado. Es un viaje lleno de turbulencias, traducidas en experiencias sensoriales intensas, que los mortifican y los asustan. Por ello, atrevámonos a acercarnos a ellos, conozcamos su verdadero valor. Porque una persona Asperger es, además de todas las características explicadas en este artículo, una persona amable, educada, perseverante, sincera… y con muchas más cualidades positivas que solo descubriremos si les damos la oportunidad de mostrárnoslas. •

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TIC'S o Tic'S CARMEN CHÓLIZ

Una sociedad avanza en la medida en la que sus miembros disfrutan de una vida mejor que las generaciones que les preceden, gracias a que estas contribuyeron a ello con sus descubrimientos, conocimientos y creaciones. Así, en la llamada Edad Contemporánea, el desarrollo ha sido espectacular. La revolución industrial y el avance de la tecnología hicieron que nuestro trabajo y las comodidades en casa nada tuvieran que ver con las etapas anteriores. El desarrollo de los medios de transporte y comunicación nos acercó a las personas y a los pueblos; compartimos realidades, cultura y paisajes. No menos importantes fueron las transformaciones en el modelo productivo, político y social en el que jugó un papel determinante el acceso a la educación de los hijos e hijas de obreros y campesinos a los que se nos abrió, incluso, las puertas de la universidad. Todo ello supuso un importante salto generacional para nuestros abuelos, que a finales de siglo no acababan de entender este mundo que no era ni de lejos el de sus años jóvenes. Muchos de ellos murieron convencidos de que el ser humano no había pisado la luna y de que nos habíamos vuelto locos en este afán por llenar el día de actividades y la casa de artilugios. Durante los últimos años del siglo pasado y a partir del nacimiento del siglo xxi, el motor de la historia parece que tenga vida propia. Ha puesto en marcha el acelerador y hoy más que nunca sentimos que nuestro destino está a merced de los vientos del progreso. Nos invade una sensación de inseguridad a la hora de entender el futuro. No hay manuales. La historia no va a repetir ninguna etapa conocida. Quizás hayamos superado esta Edad Contemporánea y estemos ante una nueva Edad del hombre. Nos movemos en un mundo de realidad virtual que ha dinamitado las formas de comunicación del ser humano desde tiempos inmemoriales. Ya no es necesario estar de cuerpo presente para hablar. Nuestras fotografías, imágenes

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CECILIA BORDONABA

y documentos viajan a la velocidad de la luz de un lado al otro del planeta. El espacio y el tiempo son relativos. Hemos traspasado los límites de la física. En las clases de psicología se enseña que el desarrollo de la inteligencia es un proceso activo de nuestra mente sobre el medio que nos rodea. Así el infante aprende las cualidades tocando, chupando, manipulando, en definitiva. Y actuando sobre el medio natural configuramos nuestro cerebro, nuestro pensamiento y nuestro lenguaje. La pregunta de cómo será la maduración cerebral de los niños inmersos en realidad virtual no tiene respuesta todavía, pero no tardaremos en comprobar sus efectos futuros. Lo que sí comenzamos a vislumbrar son los efectos que esta nueva era tiene en la comunicación y en las relaciones humanas. Por un lado, la ventaja importante de poder comunicarnos al instante, tanto con voz como a través de redes sociales, del uno al otro lado del planeta. Nos sentimos más cerca los unos de los otros y más acompañados. Por otro lado, se ha creado una nueva necesidad, la de estar constantemente conectado e informado. Incluso cuando estamos físicamente con otros, el medio tiene prioridad, se cuela e interrumpe. Es habitual la escena de

varias personas al mismo tiempo juntas y aisladas, inmersas en unos frenéticos tics de dedos. O hablando solas por la calle, gesticulando y con la mirada perdida, cuan zombis de una serie de televisión. El teléfono móvil es un miembro más de nuestro cuerpo, del que no podemos desprendernos ni un segundo. Y junto a esta dependencia, la pérdida de espacios de intimidad y libertad, del derecho al descanso o a estar solo por voluntad propia, a no ser llamado más allá de una hora prudencial por la noche, o a no contestar una llamada cuando no deseas hacerlo sin tener que dar explicaciones o crearte una enemistad. En los centros educativos consideramos un problema la prohibición del uso de los dispositivos electrónicos (móviles) durante los periodos lectivos y encontramos una resistencia importante en nuestros alumnos que no se plantean el escenario de estar todo un día sin él. Nos invade la sensación de nadar a contracorriente, tan habitual cuando tratamos de educar en valores humanos y potenciar unas relaciones sociales sanas. Hemos de encontrar de forma urgente el cabal término medio que nos permita beneficiarnos de la potencia de las tic para facilitar el aprendizaje sin que acabemos convertidos en seres autómatas con programados tics. •

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Proyecto Versicos

el reto Todo escritor desea que su obra sea leída. El alumnado nos propuso un reto a los maestros: conseguir que gente famosa leyese sus poemas y nos enviara un vídeo recitando las creaciones. Ha sido un trabajo muy complicado conseguir contactar con actores, actrices, políticos, humoristas, cantantes, presentadores/as, poetas y poetisas, periodistas, escritores… Pero lo conseguimos. Los niños lo consiguieron. Han conseguido que gente como Dani Mateo, Federico Mayor Zaragoza, Gaspar Llamazares, Melani Olivares, Pepe Viyuela, Fran Perea, entre otros/ as se grabasen leyendo un poema escrito por los niños de «Versicos».

FRANCHO LAFUENTE JESÚS GUALLAR

El Proyecto Versicos nace de una idea, tal vez un tanto excéntrica, de dar un impulso a la creatividad literaria de los niños y niñas, desde un punto de vista diferente, alternativo, social e incluso esperpéntico. Creemos que en este mundo todo se merece un poema, un texto, unas palabras, una mención... Desde el ceip Maestro Don Pedro Orós de Movera, creemos profundamente en el aprendizaje social basado en la colaboración entre iguales. Toda la metodología que desarrollamos está basada en los principios de la Escuela inclusiva en la que las tecnologías de la información y de la comunicación (tic) forman una base importante en su desarrollo. De esta manera nos ponemos manos a la obra y damos vida a esta aventura. ¿en qué consiste? En colaboración, el alumnado de tercer ciclo de Primaria del CEIP Maestro Don Pedro Orós crea poemas utilizando diferentes técnicas de creación, basados en una serie de temas propuestos relacionados con el mundo del arte, de la música, sociales... Incluso se apuesta por el esfuerzo creativo escribiendo «Versicos» a objetos que nunca tuvieron uno, entendiendo así que en este mundo «todo se merece un poema». Usamos diferentes técnicas de creación que ponen en juego la creatividad del alumnado que trabaja de forma cooperativa en todos y cada uno de los poemas. Poema paralelo, poemas con sustantivos, a través de imágenes, con música, objetos en el saco, cadáver exquisito... Consiguiendo producciones que son dignas de ser publicadas. El proyecto es desarrollado íntegramente por el alumnado de 3.º ciclo de Primaria (5.º y 6.º), creando pequeños grupos de colaboración que realizan las pequeñas creaciones poéticas en base a las indicaciones establecidas.

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visita «el salón de la fama» el proyecto A menudo nos encontramos con las dificultades propias de la enseñanza: mostrar interés por la lectura, en sus diferentes formas literarias, aumentar el hábito, interés por el significado de las palabras, aumentar léxico, tratar de expresarse por escrito de forma comprensiva… De la misma manera que la expresión oral. Así que una vez propuesto qué es lo que tenemos entre manos y qué es lo que queremos conseguir, hay que analizar el cómo. Una de las palabras mágicas en la enseñanza es «motivación». ¡Qué palabra…! Si «motivar es dar conciencia a los alumnos de que son capaces», ¿cómo conseguir motivar en actitudes lectoras? ¿Cómo conseguir una expresión correcta? De hecho, utilizando formas básicas adecuadas a las diferentes situaciones e intenciones comunicativas, se puede conseguir dar un paso importante para animar a una lectura y escritura en las que predomine la creatividad. Para ello planteamos una serie de objetivos claros dentro del ámbito lingüístico. Fase de inicio: • Se establecen grupos heterogéneos de ambas aulas. (5.º y 6.º) • Valoración de conocimientos iniciales sobre el tema propuesto. • Búsqueda de información sobre el tema y generación de ideas de ideas. • Lectura comprensiva en sus diferentes niveles: literal, reorganizativo, inferencial, crítica y, por último, de apreciación artística y literaria. • Búsqueda de vocabulario. • Debate y lluvia de ideas sobre cómo empezar. • Expresión de los sentimientos que provoca su lectura.

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Fase de desarrollo: • Ordenación de las ideas que ha generado la investigación. • Escribir borrador del texto colaborativo. • Lectura y revisión para introducir correcciones necesarias • Texto definitivo. • Montaje, edición y publicación en el blog. el libro El pasado 18 de junio del curso 2013–14 realizamos la presentación del libro (en papel) Noche de luz del Proyecto Versicos. En esa presentación acudieron Manuel Martínez Forega (poeta) y Daniel Sancet (escritor y cantante de rock del grupo Insolenzia). Entre los asistentes acudieron numerosos directores de otros centros educativos, miembros del Gobierno de Aragón, Alcalde de Movera, y toda la comunidad educativa y de la localidad. Podéis descargar el libro en formato pdf o epub para libro electrónico.

más cosas Contamos con un canal de televisión (el cole te ve) http://www.ustream.tv/channel/el-cole-te-ve y de radio (radio–motriz) a través de los cuales emitimos las entrevistas y visitas a los «Versicos» de aquellos famosos que han colaborado con nosotros/as recitando alguno de nuestros poemas. Además, tenemos el canal de YouTube en el que vamos colocando la edición de los vídeos, realizada íntegramente por los niños, de todas las colaboraciones. • más información en: http://nochedeluz.blogspot.com.es/ Twitter: @Pversicos www.facebook.com/proyectoversicos Francho Lafuente • @francho2punto0 • franlafuente.fl@gmail.com Jesús Guallar • @JGUALLARLES • jguallarles@gmail.com

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El estatuto jurídico de los exiliados republicanos españoles en Francia RUBÉN PÉREZ MORENO

Con la ofensiva de las tropas fascistas sobre Cataluña iniciada el 23 de diciembre de 1938 y la caída de Tarragona el 14 de enero de 1939 y Barcelona el 26 del mismo mes, se aceleró un éxodo sin precedente en la Historia de España. En total, cerca de 500.000 personas habían atravesado la frontera a comienzos de 1939, la mayor parte de los cuales, especialmente los hombres civiles y los antiguos combatientes del ejército republicano, pasaron a campos de internamiento o concentración creados al efecto. Se puede decir que es el 14 de febrero la fecha en la que, momentáneamente, Francia presentaría mayor número de refugiados españoles, habiendo ya accedido prácticamente todos ellos. En todo caso ha de notarse cómo esta masa de españoles se reducirá con cierta rapidez, bien por las repatriaciones a España, bien por la diáspora a otros países y continentes, lo que decantará la verdadera emigración a Francia con motivo de la Guerra Civil en alrededor de 180.000 o 190.000 personas, según autores. A pesar del progresivo aumento de la xenofobia en el país galo, que vive a finales de los años 30 una «crisis de identidad nacional»1, se mantuvo la tradición republicana del derecho de asilo. Pero los exiliados españoles pisaron suelo francés en un momento en que, con la llegada de Édouard Daladier a la je1  La cuestión de la crisis de identidad nacional la plantea Pierre Laborie y es recogida por PESCHANSKI, Denis, La France des camps. L'internament 1938–1946, Gallimard, París, 2002, p. 95, y continuada por casi todos los autores que han tratado el tema.

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fatura de un Gobierno de «concentración» orientado hacia el centro-derecha y con Albert Sarraut como ministro del Interior, Francia se había dotado de un cuerpo legal destinado a controlar y reprimir extranjeros2, que dará lugar al internamiento de los republicanos en campos de concentración. En el presente texto pretendemos analizar el paraguas jurídico bajo el que los exiliados españoles permanecieron desde su llegada a Francia y cómo este fue variando a lo largo del tiempo. Las autoridades francesas se negaron a concederles la condición de refugiados políticos conforme al estatuto internacional de 28 de octubre de 1933 (en vigor en Francia desde fines de 1936), ya que su artículo 1.º solo era aplicable a rusos, armenios y asimilados, reconociéndoles el estatus de «asilados temporales», categoría jurídica ambigua e insegura, en virtud de la tradicional actitud francesa de dar asilo a los emigrantes políticos. Los republicanos españoles consideraban que su exilio era pasajero y, durante este periodo inicial, su instalación tuvo un carácter voluntariamente provisional. Debido a la permanencia de Franco al frente del Gobierno español y la aceptación del nuevo régimen por las potencias occidentales ante la nueva situación política generada tras la II Guerra Mundial, pronto se vio un proceso de integración progresiva en Francia. En palabras de Phryné Pigenet, inicialmente «los refugiados españoles no son reconocidos como apátridas, ya que el gobierno franquista reclama su regreso a España, y Francia ha reconocido a ese Gobierno. Esta circunstancia les coloca en una situación muy incómoda: son «asilados», pero se hallan excluidos de toda protección nacional si no solicitan en su consulado un certificado de nacionalidad»3. El cuerpo legal surgido en 1939 determina que los refugiados o personas sin nacionalidad deben prestar unos servicios iguales a los de los franceses, lo que llevará a la creación de las Compañías de Trabajadores Extranjeros (cte). Con el avance alemán sobre Francia serán considerados presos. Unos 40.000 republicanos españoles fueron trasladados forzosamente a Alemania a trabajar en las industrias de guerra y muchos de ellos acabaron en campos de concentración nazis, sobre todo en Mauthausen, donde murieron 5.000 de los 7.000 que fueron internados. La situación cambia durante un tiempo tras el Armisticio, volviendo a la situación anterior a la 2  Decreto ley de 2-05-1938, leyes de 14-05-1938, decreto ley de 12-11-1938. 3  Recogido en VILANOVA, Francesc, “Entre la espada y la pared. El franquismo, la III República Francesa y los exiliados republicanos en 19391940”, en MATEOS, Abdón (Ed.), ¡Ay de los vencidos!. El exilio y los países de acogida, Editorial Eneida, 2009, p. 16.

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creación de las cte, «desmovilizados», salvo si tenían contrato de trabajo y recursos que les permitieran alojarse. Es más, el Gobierno de Vichy creará desde el 27 de septiembre de 1940 las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (gte), no mejores que las anteriores cte4. Trascurrida la guerra, cinco años tras «la Retirada», la opinión pública respecto a los exiliados ha cambiado mucho, aunque habrá que esperar hasta el 15 de marzo de 1945, bajo el Gobierno Provisional de De Gaulle, para que su estatuto jurídico sea precisado, haciendo extensivo para los republicanos españoles el mecanismo de protección establecido antes de la guerra para los refugiados rusos y armenios. En ese decreto de 15 de marzo, se concederá, por fin, la condición de refugiado a los españoles que de hecho o derecho no disfrutaran de protección del Gobierno español5. Desde ese momento quedarán amparados por el estatuto internacional de los refugiados según lo establecido en la Convención de 28 de octubre de 19336, que entre otras cosas dispone la imposibilidad de rechazo por parte del país de acogida7, y se establece que cuenten con un certificado de identidad y de viaje8. No obstante, la equiparación del derecho de refugiado derivado del decreto de 15 de marzo para los españoles, presentaba algunas diferencias respecto al convenio de 1933 (fundamentalmente en lo referido a los rusos). Y esta deriva de que los segundos son apátridas y han de recibir un pasaporte Nansen, mientras los españoles siguen conservando su nacionalidad española, aunque a efectos laborales la homologación era total9. Mediante decreto de 3 de julio de 1945, se creó una Oficina Central para los Refugiados Españoles (ocre), bajo la tutela de los ministerios de Justicia, Asuntos Exteriores e Interior, encargados de proporcionarles protección jurídica y administrativa. Primero el Comité Intergubernamental para los Refugiados (cir) y luego en 1946 el oir, Organización Internacional para los Refugiados, serán los responsables de dicha oficina10. 4  MARTÍNEZ COBO, José, “El estatuto administrativo de los exiliados republicanos en Francia”, en VV. AA, Republicanos españoles en Midi-Pyrénées. Exilio, Historia, Memoria, Presses Universitaires du Mirail, Région Midi-Pyrénées, Gobierno de Aragón, 2006, p. 215. 5  DREYFUS-ARMAND, Geneviève, El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, Barcelona, 2000, p. 182. 6  El 28 de octubre de 1933 en el seno de la Sociedad de Naciones, solo ocho, pero entre ellas Francia, firman el Convenio sobre “La Condición de los refugiados, rusos, armenios y asimilables”, incorporándose más tarde a esta condición de refugiados los sarros. 7  CERVERA, Javier, “De Vichy a la liberación”, en MATEOS, Abdón (Ed.), op. cit., p. 46. 8  MARTÍNEZ COBO, José, op. cit., 2006, p. 216. 9  RUBIO, Javier, La emigración española a Francia, editorial Ariel, Barcelona, 1974, pp. 246-247. 10  DREYFUS-ARMAND, Geneviève, op. cit., 2000, 182-183.

Certificado de refugiado expedido por la opra.

Este decreto prevé la creación de un Fondo Humanitario para los españoles, cuyos recursos procederán de los derechos percibidos en concepto de documentación consular por la Oficina Central de Refugiados y Apátridas, que certificaba la condición de refugiado político, así como de las ayudas de organizaciones humanitarias. Este se destinará a la ayuda sanitaria de los refugiados, bajo la tutela del Ministro de Asuntos Exteriores y formado por exiliados. La delegación de la oir desaparece en 1951, siendo sustituida en 1952 por la Oficina para la Protección de Refugiados y Apátridas (opra), bajo la autoridad del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Esta concedía un permiso de residencia privilegiado frente a los extranjeros no refugiados. Estos beneficios, bajo el amparo de la Convención de

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Tras el paso por la frontera, los hombres civiles y los antiguos combatientes del ejército republicano marchaban a los campos de concentración; mientras, mujeres, enfermos, ancianos y niños eran trasladados a departamentos del interior o centros de acogida.

Ginebra de 28 de julio de 1951, les permitirán residir, trabajar y fundar una familia, pudiendo sus hijos seguir estudios superiores con la ayuda estatal y adquirir esa misma condición. No obstante, quedaba la posibilidad de la naturalización, opción que aumentará a partir de los años 50. Para la adquisición de la nacionalidad francesa de esta forma, no solo era necesario el deseo del solicitante, sino pasar positivamente una encuesta en la prefectura correspondiente. En ella se tomaban en cuenta tanto cuestiones de índole personal, tales como la asimilación en la sociedad francesa, como el adecuado conocimiento del idioma, requisitos estos que los refugiados españoles en aquellas fechas cumplían fácilmente11. Otra forma de asimilación en el país receptor hubiera sido el matrimonio mixto con un nacional francés. En 1957, cifras oficiales y de organizaciones de ayuda no siempre concordantes, arrojaban todavía un número de cien mil refugiados, disminuyendo 11  RUBIO, Javier, op. cit., 1974, pp. 255-256.

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desde entonces bien por defunciones, bien por las naturalizaciones comentadas. En 1968 quedaban poco más de la mitad12. Sucesivas amnistías declaradas por el régimen de Franco atrajeron a un determinado número de exiliados, que regresaron a España. En 1969 hubo una amnistía general, salvo para unos pocos «indeseables», regresando un número de refugiados mayor. Muchos otros solo regresarían para visitar a sus familias. En 1979, el Gobierno francés cambió el estatuto español de «refugiado» a «nacional español»13. •

12  LLORENS, Vicente, “La emigración republicana de 1939”, en ABELLÁN, José Luis (Dir.), El exilio español de 1939, volumen 1, Taurus, 1976, p. 100. 13  STEIN, Louis, Más allá de la muerte y exilio. Los republicanos españoles en Francia, 1939–1955, Plaza y Janés, 1983, pp. 261-262.

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En Luceni en el año 36 VICTORINO ORTEGA LÓPEZ

Se libró una batalla muy sangrienta, parafraseando los versos de Bertolt Brecht («En Polonia en el año 39 se libró una batalla muy sangrienta, que convirtió en ruinas y desiertos las ciudades y aldeas...»): hubo 100 fusilados por la represión fascista tras el golpe del 18 de julio, en un pueblo de escasos 2.000 habitantes. El 85 % de los muertos eran menores de 40 años, y casi todos jornaleros, que compatibilizaban el trabajo en el campo con las campañas en la Azucarera como peones temporeros (unos 100 días en los inviernos)... i) antecedentes Era una vida dura pero estaban acostumbrados. Temían más no tener trabajo. Muchos se habían trasladado a Luceni de otros pueblos cercanos (Pradilla de Ebro, Novillas) o de otras zonas de Aragón, Navarra y Soria, atraídos por los jornales de la Azucarera, pero ya empezaba esta industria a fallar (campañas de molienda cada vez más cortas, cierres estacionales, etc.) por sobredimensionamiento de la oferta1, y el paro se cernía el primer semestre de 1936 sobre 250 jornaleros. Sentían en sus carnes las contradicciones del capitalismo y no acababan de aparecer las promesas de «tierra y libertad» que había ofrecido la II República. La ugt —a la que pertenecían casi todos los asesinados— había conseguido de los comerciantes locales que bajasen el precio del pan y leche de 0,60 a 0,55 pts. (el kilo y litro, respectivamente), pero la cosecha de cereal del 36 había sido bastante floja — por el frío y las lluvias— acumulándose a la malísima campaña azucarera del invierno anterior, y el futuro se veía preocupante. Soluciones de verdad no se atisbaban en el horizonte, por lo que el ambiente político se radicalizaba, especialmente por parte de un amplio sector de jóvenes luceneros militantes de Juventudes Socialistas 1  Incremento del cultivo de remolacha y auge del establecimiento de fábricas en Castilla-León y Andalucía.

que tratan de explotar el desencanto con la República de las masas proletarias. Esta organización tenía milicias uniformadas que practicaban instrucción regularmente2, dando por sentado que era inevitable una conflagración armada contra las fuerzas derechistas, y denostaba a los «reformistas» del psoe (Julián Besteiro, Indalecio Prieto, etc.). A este último le interrumpieron e increparon en un mitin que dio en Ejea el 17 de mayo de 1936 bajo una pertinaz lluvia. Casi todos los miembros de js se pasaron luego al pce después de la unificación con las juventudes comunistas (jsu), fusión sellada en el gran mitin de la Plaza de toros zaragozana el 31 de mayo de 1936, con intervención de Santiago Carrillo (jsu), José Díaz (pce) y Largo Caballero (psoe) . ii) el pueblo de las viudas En Navarra llamaban así a Sartaguda, localidad de unos 1.200 habs. en 1936, cerca de Lodosa y junto al río Ebro. Después del 18 de julio eliminaron a 86 personas, casi todos braceros en tierras del Duque del Infantado3. La mitad fueron obligados a alistarse en la Bandera Sanjurjo de la Legión y fusilados en la A.G.M. de Zaragoza —octubre del 36— antes de entrar en combate, con la excusa de que había riesgo de una amplia deserción. En la provincia de Zaragoza bien podría llevar Luceni este penoso título: muere un 5 % de la población (en Sartaguda el 7 %). En Uncastillo eliminaron a 140 personas, pero tenía el doble de población que Luceni. ¿Cómo explicarnos esto? ¿Qué hay de excepcional en este pueblo azucarero? Alagón (5.000 habs.) y Épila (5.800), sedes de fábrica azucarera, tuvieron 70 fusilados cada pueblo. Terrer —misma población que Luceni y también con azucarera— «solo» registra 20 muertes en actos no de guerra. Y si acudimos como explicación a la notable implantación sindical en Luceni (261 afiliados de ugt), Gallur contaba con 463 y padeció 79 muertes (teniendo 3.900 habs.). Y en Alagón la agrupación local de ugt tenía 246 afiliados, más 300 la cnt. Epila, la otra gran factoría azucarera, también era más proclive a la Central anarquista (370 altas). Si repasamos los resultados de las elecciones generales de febrero de 1936, se observa que el Bloque Derechista (ceda, especialmente) gana en Tauste —ampliamente— Remolinos y Boquiñeni. Las candi2  Instrucción sin armas, aunque reivindicaban armar al pueblo como -vía Somatén- conseguían armas las milicias derechistas. 3  El mismo que poseía 12.000 hectáreas en Marinaleda (Sevilla) que el pueblo reclamó y consiguió su tenencia en uso.

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daturas de izquierda —Frente Popular— vencen en Pradilla, Gallur, Uncastillo, Ejea y Luceni —aquí ampliamente—. No hay que olvidar que en la provincia de Zaragoza las candidaturas conservadoras obtuvieron 5 actas de Diputado (Cremades y Sánchez Ventura entre ellos) y el fp solo 2. Sopesando los antecedentes próximos en «fervor revolucionario» (huelga campesina de junio y revolución de Octubre del 34), Luceni no destaca especialmente con respecto a otros pueblos como Uncastillo, Sos, Ejea o Mallén, por citar localidades con un electorado mayoritariamente de izquierdas también. Así que, sobre parecidas —y no mayores— coordenadas de conciencia social y activismo político que en otros lugares de la zona Ribera Alta-Cinco Villas, solo se encuentra como rasgo distintivo la presencia comunista que se percibe en Luceni... y quizá el hecho de tratarse de una localidad relativamente pequeña, donde los enconos y las rivalidades puedan avivarse y agrandarse más. También es de reseñar que bastantes luceneros se echaron a la calle tras el 18 de julio, redujeron a la Guardia Civil —que tuvo que refugiarse en el cuartel— e hicieron frente en desigual combate (armados con algunas escopetas de caza y viejos trabucos) a una Sección de guardias de asalto mandada de Zaragoza el 23 de julio, defendiéndose incluso con barricadas. Perecieron en la refriega seis paisanos. Con Sartaguda («el pueblo de las viudas») tenía Luceni en común que había sido señorío territorial de la antigua Grandeza de España —aquí, del Conde de Fuenclara.

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iii) sentado sobre los muertos... “...para hacerme ruiseñor de las desdichas... y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere” (Miguel Hernández, Viento del pueblo, Socorro Rojo Internacional, Valencia, 1937). La consigna en las primeras semanas del levantamiento era clara: uso desmedido de la violencia para anular toda resistencia e intimidar a la población, eliminando sin escrúpulos ni vacilaciones a todos los que no piensen como nosotros (General Mola dixit). En Luceni, antes del Pilar de 1936 (o sea, en 3 meses) habían fusilado a 80 personas. Hubo hasta eminentes penalistas del régimen, como Sánchez Tijerina4, que formularon una «innovadora» causa de justificación de las citadas conductas: elaboraron el concepto jurídico-penal de «legítima defensa del Estado frente a sus enemigos interiores» (sic). Estos habrían provocado previamente la situación, atacando a la Patria, por lo que no era de apreciar la nota de «antijuricidad» al existir una causa de justificación (legítima defensa) para las fuerzas nacionales. O sea, las víctimas victimarios, una vez más. Y respecto al papel adoptado por la mayor parte de la Iglesia católica, me remito al libro de Julián Casanova La Iglesia de Franco, Temas de Hoy, Madrid, 2001. • 4  Isaías Sánchez Tijerina era catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Salamanca en 1936. Luego sería premiado con una cátedra en la Universidad Central de Madrid. Valdría traer aquí el aforismo «Quod natura non dat, Salamanca non prestat».

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La corrupción medieval SUSANA LOZANO GRACIA

Historiadores y sociólogos coinciden en destacar las conexiones que existen entre la corrupción y el poder, más bien con el abuso del poder que incluye conductas impropias e incluso delictivas de muy diversa índole. En la documentación medieval no aparece el término archiconocido con esta connotación sino para referirse a un estado de deterioro o de cambio, que tampoco parece desencaminarse de su concepto contemporáneo. Las palabras son imprecisas y a lo sumo aparece fraude, «falsias», «faltas», «abusos» incluso «en detrimento de la cosa pública». Si bien la aproximación al tema desde las fuentes escritas muestra una realidad confusa y sesgada. Y con esto me refiero a lo que podemos leer aunque sea entrelíneas. Ahora hay que pensar también en toda la información que deliberadamente se omite. Y pongo un ejemplo evidente de lo que estoy planteando. En las actas municipales del siglo xv figuran reuniones de los jurados en los que consta «mañana y tarde se reunieron todos los jurados según las ordenanzas de la ciudad» sin añadir nada más de los negocios tratados en la sala. ¿Qué podemos pensar? Tampoco es cuestión de ver corrupción ahora en todas partes. Demos también la presunción de inocencia. El nepotismo con todas sus variantes constituía un mecanismo de reproducción propio de una elite. Desde luego que los relevos generacionales en el ámbito político podían ser meritorios pero la conducta generalizada resulta demasiado casual. Sirva de ejemplo la familia Cerdán de Escatrón que a lo largo de tres generaciones ofrece una presencia casi permanente en las esferas de poder urbano de Zaragoza y además parientes y amigos de las familias Palomar, Gordo, Santángel o Ruiz, refuerzan sus actuaciones o cubren ausencias. Más alarmante supone la compra y venta de cargos o simonía a la que sucumbían familias humildes y ricas. Abunda la legislación para evitar una práctica abusiva, no obstante, los cargos

de designación directa se vendían al mejor postor y por unas cantidades considerables, el cargo de lugarteniente del sobrejuntero, una especie de policía o matón de un recaudador podía llegar a costar el sueldo anual de un jurado (una especie de concejal de la época). Este tipo de inversión solo tenía su razón de ser si se rentabilizaba con otros ingresos procedentes de sus actuaciones, lícitas o no. Otra casuística habitual consiste en el uso incorrecto de información privilegiada y el tráfico de influencias como sucede con la concesión de negocios urbanos, cuando todos los servicios se concedían en arriendo, pero también con las propias remodelaciones urbanas que favorecían a personas poderosas muy concretas. En Teruel, el judío convertido al cristianismo Gil Ruiz Najaría logra que se cambie el portal de la judería1. No tiene otro nombre salvo cohecho la concesión de licencias a personas muy concretas. Seguramente fuera una manera de agradecer algún favor el permiso para llevar armas dado en 1467 al escudero Pedro Cerdán justo seis días después de que redactaran una prohibición para portar armas extensible a todos los vecinos de la ciudad. Ligada a las prácticas mencionadas se añade la extorsión y el abuso de la fuerza. En un proceso penal abierto en 1477 en el tribunal del arzobispado de Zaragoza aparece una denuncia contra el jurista Luis de Castellón por ordenar el arresto de un vecino dentro de la iglesia de La Seo, violando la inmunidad del templo2, un atreviendo para aquella época. Esta acusación poco debe importar en la ciudad cuando al año siguiente el rey nombra al acusado zalmedina, una especie de justicia urbano. Extorsión se deduce también en cargos que no tenían un sueldo fijo como el juez del mercado o almutazaf. Según las ordenanzas, su retribución procedía de las multas que recaudaba y tal vez para evitar abusos en esta práctica el rey Alfonso V el Magnánimo prohibió que haga negocios con terceros y mandó a los jurados de la ciudad que vigilasen sus actuaciones. Tampoco falta la prevaricación o infracción por dictar una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial. La confianza en los tribunales era mínima y por ello proliferan en los protocolos notariales las sentencias emitidas por árbitros conocidos como «amigables componedores», personas conocidas y reputadas elegidas por las partes. En 1453 el escudero Juan de Cuenca se presenta ante notario para dejar constancia de su irá contra el tejedor Leonis de Molinos con el que debía saldar unas deudas y el juez que había 1  VENDRELL GALLOSTRA, Francisca. "Concesión de nobleza a un converso", Sefarad, VIII. Madrid, 1948, pp. 397-401 (doc. I, pp. 399-400). 2  M. I. FALCÓN PÉREZ; M. A. MOTIS DOLADER, Procesos criminales en el arzobispado de Zaragoza. Zaragoza, 2000, doc. 26.

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DAVID ABADÍA

arbitrado entre ellos por no haber procedido «según fuero y razón» añadiendo que el juez era el propietario de los bienes de la parte favorecida (por vía de venta o donación). Otra práctica corrupta muy propia de esta época medieval son las malversaciones y los fraudes de los recursos públicos. Los oficiales de gobierno contaban con un sueldo correspondiente a su cargo pero este no parece satisfacer lo suficiente. De hecho las ordenanzas de Zaragoza prohibían a los jurados percibir otra cantidad por su trabajo que no fuese su sueldo, con la salvedad de las dietas de viaje dejando una puerta abierta bastante conocida. Aquellos que defraudan no lo proclaman a los cuatro vientos y en los testamentos de la época incluyen por razón de peso o por puro formulismo que sean saldadas todas las deudas.

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A diario un sinfín de intereses se entrecruzan con el cumplimiento del deber. En ocasiones chocan. ¿Cuáles son las condiciones favorables que se producen para que en estos casos prime el beneficio o la utilidad particular al deber? Los factores básicamente son humanos, sociales e institucionales. Respecto al primer factor, el hombre siempre ha ambicionado un instinto muy primitivo, que deriva con facilidad en la codicia, uno de los pecados capitales. Pero actuar de forma egoísta o desear lo del prójimo no es corrupción hasta que implica el mal uso del poder público y, peor aún, de lo público. La composición de la sociedad resulta clave en la medida que las prácticas ilícitas se practican con mayor facilidad en las sociedades jerarquizadas y con grandes desigualdades. En este contexto se extendía una red clientelar en todas las direcciones a través de vínculos familiares (consanguíneos, políticos y espirituales a partir de los padrinos del bautizo) y de amigos y allegados que implicaba fidelidad a personas (y no a cargos como hoy en día) y compensaciones a través de legados, favores y sobre todo de parcialidad en asunto de negocios personales. En cuanto al tercer factor institucional, las oligarquías de las ciudades aragonesas disfrutaban de un marco jurídico favorable en la medida en que contaban con mayores cotas de autonomía que las de ciudades castellanas. A lo que se debe sumar la relajación en las tareas de control y, como es lógico, la complicidad de la justicia oficial. En la Edad Media, gobernar equivalía a impartir justicia, de forma que se cerraba pronto un círculo de permisibilidad. Y, por si fuera poco, las familias más importantes acababan emparentados con juristas o funcionarios de justicia ordinaria, incluso disfrutaban de cierto «aforamiento político». El caso más flamante se refiere a Sevilla o Toledo, donde los jurados contaban con varios privilegios como la exención de hueste y del pago de pechas, además de no participar en la asistencia en la Corte (equiparándose a caballeros), pero además los jurados sevillanos contaban con estatuto judicial especial desde 1394 ya que sus pleitos solo podría juzgar un juez elegido por el Adelantado Mayor quedando al margen de la justicia municipal. Las abundantes denuncias y requerimientos de los jurados constituyen el mejor testimonio de los abusos e irregularidades que llevaban a cabo los regidores3. Y estas no eran las únicas prebendas que podía lograr. En Zaragoza aunque los jurados tenían prohibido ausentarse sin licencia y, en tal caso, de uno en uno, en 3  ASENJO GONZÁLEZ, María. “El pueblo urbano”, Medievalismo, 13-14, 2004, pp. 181–194.

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tiempo de peste eran los primeros en conseguir pasaporte para salir. Para reforzar la complicidad judicial más, si cabe, la legislación aragonesa castigaba con especial severidad las injurias contra los Justicias y jueces con el fin de proporcionarles la suficiente autoridad4. El hecho de que existan factores más que favorables para las prácticas corruptivas no explica este comportamiento. Un elemento clave de este panorama lo constituye el consenso de una gran parte de la comunidad. Los poderes laicos y religiosos unían los medios coercitivos disponibles para un control y una represión eficaces. Desde las cofradías, desde las parroquias, desde cualquier forma de asociación se repetía un modelo jerarquizado que imponía unas normas tradicionales sobre el comportamiento. Así, los ciudadanos gradualmente interiorizaban la situación de subordinación. De esta forma, bastaba con aparentar el cumplimiento de las obligaciones primordiales de defender el bien colectivo. Así que actos como mantener las calles limpias, los mercados abastecidos y en orden, asistencia caritativa, la construcción de puentes y caminos, la organización de festejos o el embellecimiento de la ciudad, etc.,5 servían de argumentos para demostrar el buen hacer de los oficiales y consolidar la imagen de un buen gobierno. Al parecer, mientras el sistema funcionase no había problema alguno. En 1507 ante notario, los cuatro jurados de la ciudad de Jaca deciden firmar un acuerdo con siete cláusulas sobre el reparto de los beneficios recibidos por el ejercicio de sus cargos en los siguientes términos: que todo lo que por vía directa o indirecta, pública u ocultamente tengan o reciban por el ejercicio de su cargo deberán declararlo y entregarlo al común del grupo (compañía) en el plazo de tres días; y que de todo ello sea reparta en partes iguales, y para asegurarse que cada uno cumple con su parte añaden que jurarán sobre la cruz y los evangelios no malversar las cuantías y se tratarán con «amistad y concordia…como buenos amigos y compañeros…dejando de lado toda pasión, malicia y fraude»6. ¿Entonces no hay límites? Al margen del cumplimiento de los deberes mencionados existe un

perjuicio grave que se deriva de la corrupción generalizada y es el robo y el fraude. Estas prácticas repercuten negativamente en el desarrollo económico de las ciudades. Es por tanto que la reacción contra las malas prácticas del poder se produce sobre todo ante un creciente endeudamiento y, por tanto, una mayor carga fiscal. Basta con ver la emisión de deuda pública que se generaliza a finales de la Edad Media a través de censales que no provocan sino una mayor carga fiscal. Y otro momento de estallido se derivaba cuando se incumplían aquellos acuerdos que afectaban directamente a la supervivencia como era el abastecimiento de la ciudad. Sirva como ejemplo la acusación que en el año 1471 se emprende desde la parroquia de Santa María de Zaragoza contra los jurados y consejeros de la ciudad exigiéndoles que se anule el contrato de arriendo de las carnicerías de la ciudad por el «gran danyo de la cosa publica» alegando ciertas irregularidades como la de no respetar el precio acordado de ocho dineros la libra de peso y ya, de paso, no realizar el sacramento de homenaje (juramento) que debían prestar los beneficiarios. En la actualidad, la corrupción implica un escándalo que asumimos que hay que erradicar. Sin embargo, en la Edad Media cuesta creer que pertenecía a lo cotidiano y no se consideraba una problemática que debiera eliminarse. En Castilla, de hecho, uno de los motivos para convocar las Cortes era cuando se advertía la corrupción de costumbres. Y la propia corrupción formaba parte de la costumbre. ¡Qué paradoja! En algo sí que hemos progresado. • bibliografía utilizada LOZANO GRACIA, Susana. Las elites urbanas de Zaragoza en el siglo xv. Tesis publicada http://zaguan. unizar.es/record/7400/files/TESIS-2012-063.pdf

4  PÉREZ MARTÍN, Antonio. Una colección desconocida de observancias aragonesas. Estudio y edición. 1992, pp. 200–201. Cit. ABELLA SAMITIER, Juan, “Elecciones, poder municipal y violencia política en las villas aragonesas de la Valdonsella en el siglo xv”, La convivencia en las ciudades medievales, coord. Beatriz Arizaga Bolumburu, Jesús Ángel Solórzano Telechea, Logroño, 2008, pp. 133–148. 5  MARTÍN CEA, Juan C. y BONACHÍA HERNANDO, Juan A “Oligarquías y poderes concejiles en la Castilla bajomedieval: balance y perspectivas”, Revista d’historia Medieval, 9, 1998, p. 33. 6  GÓMEZ DE VALENZUELA, Manuel. La vida de los Concejos aragoneses a través de sus escrituras notariales (1442–1775), Zaragoza, 2009, doc. 59 http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/29/50/_ebook.pdf

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El testamento de doña María de Estada, una ejeana del siglo xiv MARCELINO CORTÉS VALENCIANO

la pequeña historia de las gentes La Historia se ha escrito siempre a través de los grandes sucesos y en torno a los grandes personajes. Fue el escritor Miguel de Unamuno uno de los primeros en llamar la atención sobre la existencia de esa otra historia, a la que llamó intrahistoria, que día a día protagonizan esas personas anónimas que nacen, viven y mueren sin que sus nombres queden impresos en las enciclopedias, ni sus biografías se estudien en las escuelas. Si en el anterior número de Ágora conocimos las andanzas y desventuras de Francisco Cambila, un sastre ejeano judeoconverso que fue perseguido por la Inquisición en 1490, en estas líneas vamos a rescatar del olvido a una ejeana del siglo xiv llamada María de Estada. Y lo vamos a hacer gracias al testamento que realizó en la villa el 17 de marzo de 1382 y que se conserva en el Archivo Parroquial de Ejea de los Caballeros. Pero antes de acercarnos al personaje, será necesario dar cuenta de algunas claves históricas en las que enmarcar al personaje. la ejea del siglo xiv Johan Huizinga bautizó al siglo xiv con el nombre de «Otoño de la Edad Media» por el agotamiento paulatino de las formas de vida medievales y por un cierto decaimiento del tono vital de estas sociedades. Este lánguido otoño medieval se dejó sentir también en

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Ejea. Del esplendor medieval de los siglos xii y xiii se pasa en los siglos xiv y xv a un cierto estancamiento en todos los órdenes de la vida que anticipa la crisis que afectará a la villa durante la Edad Moderna. Durante los siglos precedentes Ejea ha ido creciendo dentro del espacio que marca el segundo cinturón amurallado, el que va desde la iglesia de El Salvador hasta cerca de una pequeña ermita conocida como la Virgen de la Oliva, delimitando lo que ya entonces se conocía como el Muro. Por esas fechas algunos ejeanos todavía viven en lo que queda del Barrio de San Pedro, un antiguo barrio que estaba situado junto al Arba de Luesia frente al Puente de San Francisco. En el siglo xiv la influencia de Ejea en el Reino de Aragón se ha debilitado, aunque los reyes, uno tras otro, han ido confirmando los privilegios reales concedidos a la villa, entre ellos, el derecho de uso sobre el agua de las Arbas. Pero por esas fechas la frontera militar de la Reconquista queda muy al sur y Ejea ha dejado de ser desde hace años el lugar estratégico que desempeñó hacia 1100 y comienza a entrar en una fase de estancamiento que es el anticipo de la decadencia económica y demográfica en la que se sumirá a lo largo de toda la Edad Moderna. Es también a finales de este siglo xiv cuando al nombre medieval de Exea comienza a añadírsele en los documentos el adyacente «de los Caballeros» que desde entonces lo acompaña. La única finalidad de este adyacente es la de especificar el estatus de la villa en el seno de la organización jurídica de la Corona de Aragón: Ejea figuraba desde 1366 en el brazo de los Caballeros en las Cortes del Reino. doña maría de estada Pocos datos conocemos de doña María de Estada y los que conocemos lo son gracias a su testamento. El análisis de la onomástica nos ofrece uno de los patrones habituales del sistema antroponímico aragonés de la Edad Media: en primer lugar, su nombre de bautismo (María) y después la designación toponímica que nos indica su lugar de origen (de Estada, localidad del Somontano oscense). Sabemos que en marzo de 1382, cuando hace el testamento, era viuda y que su esposo se llamó Sancho Sentia. Fruto de este matrimonio, y hasta donde tengamos constancia, nacieron dos hijas, llamadas María Pérez de Algarán y Sancha Ferrández de Sentia. La primera estaba casada con Andrés de Aibar y tenían dos hijos, Jimeno y Pedro; la segunda desposó con Lope de Luna.

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cinco villas de aragón

«Elijo sepultura donde mi cuerpo sea enterrado en el cementerio de la iglesia de Santa María de la villa de Exea»

CRUZ NAVARRO

El matrimonio tenía su casa familiar en el Barrio de Santa María, un barrio creado en torno a la iglesia del mismo nombre que fue consagrada el 14 de abril de 1174. Como vamos a ver, por la cantidad y la calidad de los bienes y de las propiedades que legó en el testamento deducimos que era una familia riquísima y bien posicionada dentro de la oligarquía que rige los destinos de la villa. el reparto de sus bienes «En el nombre de Dios y en el de su gran amor. Por aqueste documento sepan todos que yo, doña María de Estada, vecina de Exea, mujer que fui de Sancho Sentia, yaciendo en el lecho a causa de la enfermedad, temiendo las penas infernales y codiciando la gloria celestial, ordeno mi alma y mis bienes y hago este mi último testamento». Así comienza el testamento que hizo María de Estada el 17 de marzo de 1382 ante el notario ejeano Jimeno de Aibar, siendo testigos de este acto los también ejeanos Lope Ximénez de Narvaiz y Juan Royo. La primera disposición del testamento es la elección del lugar en donde quiere ser enterrada: «Elijo sepultura donde mi cuerpo sea enterrado, cuando a mi Señor Dios plazca que mi alma pase de este mun-

do al otro, en el cementerio de la iglesia de San María de la villa de Exea, en la misma tumba en donde fueron puestos los cuerpos de mi madre y de mi padre». El testamento continúa con la relación de bienes tanto materiales como espirituales que deja. Dentro de los bienes materiales destacan las numerosas propiedades agrícolas que lega, casi todas situadas en la huerta vieja de Ejea. Entre sus hijas reparte los siguientes campos dedicados al cultivo de cereal: dos en Luchán, uno en Turruquiel, uno en Facemón, uno en Areños y uno en la Estuertica; deja también dos huertos uno en Tramacet —topónimo desconocido en la actualidad y que no hemos podido localizar— y otro junto al Puente de la Almozara, es decir, en el entorno de lo que hoy conocemos como Bañera. Mención especial merecen las viñas: a sus hijas entrega dos viñas en Camarales, una en Luchán, una en Tramacet y un malluelo (o viña recién plantada) en el término de Río de Molinos, lugar que situamos en una zona de Luchán. Les deja también «todo su vino» que almacena en dos enormes cubas de vino subterráneas, una de catorce metros de altura y otra de diez, ambas situadas en los bajos de su casa del Barrio de Santa María. Les concede, por último, los derechos sobre un molino llamado de Vietón, situado en el Saso de San Julián.

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Sus hijas son también las herederas de su casa de Santa María y de las posesiones de la casa, algunas de ellas sorprendentes por cuanto revelan el acceso a una serie de bienes extraordinarios: varias vajillas de plata, una taza de plata esmaltada que heredó de su madre, un mortero de latón, unas toallas dobles, una litera, un arcón de pino, un cobertor de tafetán verde, varias sobrepellizas de rica piel, cuatro trajes de lino, una capa bermeja de Perpiñán —ciudad francesa famosa por sus telares— y una pelliza de paño granate traída de Londres. Los datos menudos corroboran los hechos históricos: los «paños de Londres» era la denominación genérica de los paños de procedencia inglesa que se generalizaron más tarde, durante el reinado de los Reyes Católicos, desplazando a los que venían de Flandes y del Norte de Francia. A la iglesia de Santa María doña María de Estada le deja un incensario de plata, un paño de oro por valor de 350 sueldos y un arcón de ropa con ricas prendas; ordena también que compren un campo por valor de 300 sueldos para rentas de los racioneros y reparte 20 sueldos a los frailes de la Orden de San Francisco y otros tantos sueldos a las iglesias —hoy desaparecidas— de San Andrés, de San Marcos y de Santa Lucía. Asimismo, perdona las deudas que habían contraído con ella algunas personas, cuantificadas en especie y no en monedas: diez cahíces de trigo y cinco de avena a uno; treinta cahíces de trigo y veinte de ordio a otro; cuatro cahíces y dos arrobas de trigo a otro, etc... Todo ello teniendo como referencia las medidas oficiales del cahíz y la arroba en la villa de Ejea. Dentro de los bienes espirituales María de Estada se hace perdonar todas las injurias que hubiera podido cometer; deja pagadas misas de réquiem durante dos años y encarga que con su dinero se vista con sayal a veinte pobres. Por último, María de Estada encarga unas misas por el alma de Pedro Atrián, «un nietecico mío que murió». •

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Las Cortes de Ejea de 1265 y el Justicia de Aragón JOSÉ ANTONIO REMÓN AÍSA

Fruto del impulso conquistador del rey aragonés Alfonso I el Batallador, en el año 1105 Ejea se incorporaba al reino de Aragón y se integraba en el occidente cristiano. Cinco años después, Alfonso I concedía a Ejea la Carta Puebla con una amplia extensión de terreno y le otorgaba los fueros que liberaban a sus habitantes de importantes cargas y servicios para favorecer el asentamiento de la población. A partir de entonces, la villa, que dependerá directamente de la autoridad real, constituida en villa de realengo, tomará parte activa en la vida del reino y adquirirá un protagonismo especial en ciertos momentos, como en el que aquí abordamos. En el reino medieval aragonés se irán forjando instituciones propias como las Cortes, reuniones de los representantes de los estamentos que regían la sociedad, que en Aragón se dispondrán en cuatro brazos —de la nobleza y ricoshombres, del clero, de las universidades, que incluía a ciudades y villas, y de los caballeros—. Precisamente los representantes ejeanos reivindicaban su inclusión en el brazo de los caballeros, en razón del título de infanzonía que ostentaban, en vez de pertenecer al de las ciudades y villas, aspiración a la que se oponían los delegados de éstas, por considerar que era un honor que no les correspondía a los ejeanos. El sobrenombre «de los caballeros» tiene, pues, unas raíces históricas en las que se reconocían y reivindicaban los habitantes de la villa. Las reuniones a Cortes, que convocaba el rey, no tenían una ubicación fija, sino que iban celebrándose por distintos lugares del reino. En la primavera del año

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Las Cortes de Ejea de 1265 recreadas por José Luis Cano.

Iglesia de Santa María de Ejea donde se institucionalizó la figura del Justicia en 1265.

1265, Jaime I convocó en Ejea unas Cortes que pasarían a la historia por la importancia de los acuerdos que en ellas se tomaron. Era una época de pugna entre el poder real y el de la nobleza y ricos hombres, que Jaime I conocía muy bien. Él deseaba acabar con el sometimiento a las presiones y manejos de la nobleza que había sufrido durante su juventud. Por ello, tras la conquista del territorio valenciano, quiso limitar el poder de la nobleza aragonesa creando el reino de Valencia, a pesar de que en la empresa conquistadora tuvo el apoyo decisivo de los nobles aragoneses que aspiraban a hacerse presentes en ese territorio. Aragón, por decisión de Jaime I, completó sus límites sin que se le permitiese llegar al mar con el que tanto habían soñado los aragoneses. Tras el descontento por no incorporar Valencia al Reino de Aragón, Jaime I convoca cortes en Huesca en 1247 y encomienda a Vidal de Canellas una compilación de los fueros de Aragón y un intento de aproximación al derecho romano. No obstante habrá una pugna entre una visión del derecho más apegado a la

costumbre y a la tradición y otra romanista, más cercana al derecho romano y más proclive a la autoridad real. Esa pugna se fue manifestando en el plano político especialmente en la segunda mitad del siglo xiii. Diversos episodios fueron jalonando esas tensiones, pero fue la rebelión de 1264 y la solución pactada en las Cortes de Ejea del año siguiente, lo que determinó cambios trascendentales para Aragón, en un proceso que culminaría en 1348. En ese ambiente de pugnas, de manejos y de intereses cruzados entre la monarquía y la nobleza o entre los propios nobles, que caracterizaba a la monarquía feudal, hay que enmarcar las Cortes que Jaime I el Conquistador convocó en Ejea en 1265. Su conocimiento nos permite comprender mejor las circunstancias en las que se desarrollaron las Cortes ejeanas y la importancia que adquirieron sus acuerdos, especialmente después de las reuniones fracasadas en Huesca y Calatayud a comienzos de ese mismo año. La de Ejea va a suponer un intento de llegar a una concordia entre los nobles y el rey. Las reuniones tuvieron lugar en la iglesia de Santa María de la Corona de Ejea. Los acuerdos logrados fueron validados el 26 de abril de 1265 por juramento del rey sobre los evangelios, por sí y sus sucesores, ante el obispo de Zaragoza, Arnaldo Peralta, y un nutrido grupo de hombres como el maestre de la orden del Temple fray Guillen de Pontons, Blasco de Alagón, Pedro Martínez de Luna, Pedro Cornel, Artal de Luna, A. de Luesia, F. de Borja, R. Ximenez de Luna, Berenguer Guillen de Entenza, M. de Azagra y otros ricos hombres, caballeros e infanzones que habían acudido hasta Ejea y que juraron custodiar y defender al rey. El debate se centró fundamentalmente en seis temas sobre los que el rey y los nobles aragoneses tuvieron posiciones enfrentadas y que en este acto solemne se convertían en seis pactos forales que ayudaban a configurar el sistema político y a limar las desavenencias surgidas entre los nobles y la autoridad real: 1. Los nobles reclamaban que Valencia fuera aragonesa y que sus tierras se repartieran entre aragoneses y además acusaban al rey de haber legislado sin contar con ellos cuando le dio fueros a Valencia. La respuesta del rey fue que en la conquista no solo participaron aragoneses y que su deseo era hacer un reino nuevo en este territorio de su corona, separado de Aragón, por lo que no estaba obligado a contar con ellos para legislar. Por otro lado se pedía también que la Ribagorza fuera aragonesa en contra de la opinión del rey que la incluía en Cataluña. Mientras que Valencia acabaría siendo independiente, la Ribagorza sería objeto toda-

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para aconsejar al rey como administrador de justicia, convertidas por tanto, en el tribunal más cualificado de todos. 5. La rebelión de los nobles en 1264, iniciada con la protesta por los impuestos de bovaje (sobre bueyes) y herbaje (por utilización de pastos), no quedó resuelta en Ejea. No obstante se llegó a un acuerdo de limitar los tributos a quienes ya los pagaran antes. Ello motivó una discusión que tendría continuidad en años siguientes sobre la carga fiscal que exigía la monarquía para sufragar sus fuertes gastos.

Últimos momentos del Justicia Juan de Lanuza V en 1591, por Eduardo López del Plano.

vía de pleitos y disputas hasta que en 1300 Jaime II reconoció la pertenencia a Aragón de este condado en las Cortes de Zaragoza. 2. Los nobles acusaban al rey de legislar sin contar con su corte, por ello exigieron la anulación de los fueros aprobados sin su participación. El rey respondió que no podía esperar a reunir la corte para tomar decisiones y que consultaba a los nobles que le acompañaban. 3. Los nobles pedían al rey que no juzgase los pleitos entre ellos y que terminase con su costumbre de juzgar él sus causas o de hacerlo a través de un justicia nombrado por él que aplicaba unas normas ajenas al fuero, por lo que pedían la anulación de los juicios celebrados de esa manera. El rey respondió que el que juzgaba era él y sus jueces aplicando los fueros de Aragón o, en su ausencia, la razón. Sin embargo, aceptó una interesante transacción consistente en nombrar un justicia o juez medio para juzgar los pleitos entre el rey y los ricos hombres, caballeros e infanzones (con asesoramiento de los ricos hombres que se hallasen en la corte siempre que no fueran parte interesada), así como en todos los demás pleitos que surjan entre los miembros de la nobleza. 4. Los enfrentamientos entre el rey y la nobleza se manifestaron en Ejea con numerosos agravios o quejas, ante las cuales las Cortes también actuaban como tribunal de justicia. En Ejea se consolidó en lo sucesivo esta potestad de las Cortes, como asamblea en la que estaban representados los grupos de poder del reino,

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6. En las Cortes de Ejea se tomaron medidas sobre el estatus de los nobles, pactadas en las duras negociaciones sostenidas entre el rey y los ricos hombres. Entre las ventajas particulares se encuentran las referidas a la conservación de sus «honores» (jurisdicciones otorgadas por el monarca a los nobles sobre tierras y gentes), a las obligaciones militares de los nobles para con el rey, a la adquisición de tierras o a los privilegios de la nobleza. El mantenimiento de un estado de enfrentamiento entre la alta nobleza aragonesa y el rey se plasmaría en el llamado Privilegio de la Unión y en el Privilegio General. Con éste, en 1283, se le atribuirá al Justicia el control de la retirada o el embargo de las «honores». De entre los acuerdos alcanzados en Ejea, destaca el de perfilar y consolidar un juez o mediador entre esos intereses enfrentados, propiciando la monarquía pactista. Esa figura —con antecedentes detectados ya en 1162 y que irá acentuando su presencia hasta recibir su mayor impulso en Ejea como Justicia de Aragón—, acabará convirtiéndose en una de las instituciones más definitorias de la identidad aragonesa. Trascendida a la categoría de mito, según la leyenda de los Fueros de Sobrarbe, incluso anterior al propio rey. El Justicia será un juez medio que intervendrá en los pleitos entre el rey y los nobles o entre los nobles entre sí. La solución es una transacción: el Justicia es de nombramiento real pero debe tener la condición de caballero. La posición del Justicia se afianza en el Privilegio General de 1283, donde como presidente de las Cortes, se encarga de juzgar los pleitos que le llegan. El Justicia se erige en principal defensor del ordenamiento foral y en su intérprete. En 1442 la institución es reconocida como oficio vitalicio e inamovible, carácter que es suprimido en las Cortes de Tarazona en 1592. El Justicia es ayudado en sus tareas por sus lugartenientes y consejeros, en número variable según los diferentes momentos. A finales del siglo xvi, el enfren-

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La Llana: Historia de un barrio centenario de Ejea ASUNCIÓN GIL ORRIOS

Monumento al Justicia de Aragón en Ejea.

tamiento entre el sistema foral y la monarquía autoritaria se evidencia en el enrevesado suceso del prófugo secretario del rey, Antonio Pérez, acogido al derecho de manifestación de Aragón, que acabará con la ejecución del Justicia Juan de Lanuza el 20 de diciembre de 1591 en la plaza del Mercado de Zaragoza, por orden de Felipe II. A partir de entonces, el papel de la institución aragonesa del Justicia fue languideciendo hasta que, con el triunfo de la causa borbónica en la Guerra de Sucesión y su concepción centralista y uniformadora del Estado, fue disuelta por los decretos de Nueva Planta en 1707. Actualmente, con la recuperación de la democracia tras la dictadura franquista, la figura del Justicia se ha convertido en un símbolo que aúna, por una parte, el reconocimiento de unos derechos históricos aragoneses a través de una institución propia defensora de los fueros y, por otra, la protección de unos derechos ciudadanos frente a posibles abusos, dando voz y cauce a sus intereses. Así se enlaza el sentimiento reivindicativo de pertenencia a una comunidad histórica con el de profundización en la práctica democrática propia de una sociedad moderna. Es un ejemplo de adaptación del pasado al presente, con unos parámetros actuales que fortalecen nuestra identidad haciéndola plenamente vigente al servicio de las libertades1. • 1  Para saber más: Ángel Bonet [et al.]: El Justicia de Aragón: Historia y Derecho, ed. Cortes de Aragón, 1985; Ángel Sesma y Esteban Sarasa: Cortes del Reino de Aragón: 1357–1451 IFC; Miguel Martínez Tomey: Las Cortes de Ejea de 1265, Diario Aragonés, Radio Ebro; Justicia de Aragón, GEA Online.

En tiempos medievales, cuando aún no había casas en su suelo, ya las gentes de Ejea se acercaban a La Llana en romería hasta su ermita, aquella que situada en su lisa superficie le dio su antiguo nombre: La Plana o Llana de San Sebastián. Los vecinos se encaminaban allí para cumplir con el voto hecho a San Roque en 1496 para librarse de la peste y conseguir la sanación de los maltrechos cuerpos de los ejeanos afectados por ella. Con este fin prometieron levantar en la ermita un altar en su honor, ayunar el 15 de agosto y guardar fiesta el 16, festividad del santo. Su imagen sería portada por las calles de la villa en procesión rogativa o de acción de gracias en numerosas ocasiones durante varios siglos, siendo muy festejada su intervención contra plagas y otros males. Otras enfermedades, como el cólera, que acosaron a la población a lo largo del siglo xix, dieron ocasión a que las gentes de Ejea tuvieran que acompañar, más frecuentemente de lo habitual, a sus seres queridos a su última morada en el primer camposanto construido en las afueras de la población, en La Llana, que seguía siendo una colina aún despoblada, en 1834. Apenas una veintena de años después, en 1855, coincidiendo con una segunda oleada de cólera morbo, dejaría de utilizarse esta necrópolis de La Llana, por su lejanía y difícil acceso. Se reemplazó por una nueva situada en la vega de Luchán, próxima a la carretera de Zaragoza, hoy también desaparecida. Otros males los curaron o paliaron los vecinos gracias al pozo del hielo de La Llana. Construido en

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Uno de los primeros pobladores de La Llana, Plácido Laborda, con los adobes para construir las casas en primer plano.

piedra, en época moderna, pertenecía a los bienes propios de la villa y era arrendado en subasta pública por el Ayuntamiento, con la condición de que el arrendatario diera gratis el hielo a los pobres incluidos en la lista de beneficencia. Tenía una capacidad de 100 carretadas de cuatro caballerías, dispuesto el hielo en capas separadas por paja para su conservación. De allí lo extraían durante todo el año para calmar las fiebres o tercianas, aliviar torceduras, inflamaciones y muchas otras dolencias. También permitía a los vecinos el lujo de disfrutar de refrigerios en los tórridos veranos. Si el hielo era muy importante para paliar enfermedades y para refrescar las bebidas de quien podía permitírselo, la bebida más popular y consumida era, sin duda, el vino, que se producía en cantidad

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en Ejea. El barrio de la Llana estuvo también plantado de viñas. Después de la invasión de la filoxera que devastó las plantaciones a finales del siglo xix, hacia 1909 se pretendía un resurgimiento de este cultivo y volvieron a plantarse cepas, aunque ya nunca tuvo la importancia anterior. La Llana aún conservó algunas viñas hasta 1944. A la estanca del Gancho de La Llana se acercaron los ejeanos para preparar los riegos de sus campos, en el invierno para trabajar, a veces a comunal, recogiendo hielo que almacenar en el nevero, y en el buen tiempo para disfrutar, surcando sus aguas en una barca. Porque las posibilidades de La Llana como lugar de ocio se consideraban ya en 1899, cuando Manuel Fernández Galván solicitaba establecer en la Estanca una barca para recreo público. Hasta los niños y niñas de las escuelas de Ejea tuvieron La Llana como lugar de asueto para sus excursiones. En 1907, en la gira escolar programada para celebrar la Pascua de Resurrección, acudían allí a merendar chorizo riojano y pan mientras amenizaba el acto la Banda de Música local. Pero, los habitantes de La Llana, sus primeros pobladores, llegaron a comienzos del siglo xx, gentes atraídas por las roturaciones, por la pujanza de la agricultura ejeana y la llegada del tren. Modestos labradores, braceros, albañiles, pastores y empleados del ferrocarril comenzaron a construir sus casas a partir de 1915. El primer testimonio documentado de las demandas de terreno para construir allí es del 15 de junio de 1915, cuando se adjudicó un solar sito en la cantera de La Llana a Juan Villanueva, de doscientos metros cuadrados de extensión, por la cantidad de 200 pesetas. El 22 de junio se adjudicó otro de 330 m2 a Mariano García Bericat, por 330 pts. El 27 de noviembre de 1917 Nicolás Les Sarría obtenía en venta una parcela de terreno de 200 m2 por 100 pesetas. Unos meses antes, el 10 de julio de 1917, Peralta Dualte obtenía la autorización para instalar en la cantera de La Llana dos hornos de cocer teja, ladrillo y otros artículos de arcilla. Sin embargo, la mayoría de las primeras casas, levantadas con adobes fabricados por sus mismos moradores en la cercanía de la estanca del Gancho, estuvieron sin escriturar hasta 1921. Fue entonces cuando el Ayuntamiento autorizó la formalización de los contratos de venta de los terrenos ya ocupados por las viviendas. Se vendieron por la cantidad de treinta y cinco céntimos de peseta el metro cuadrado. Los propietarios de esas casas eran: Miguel Moreno Montes, Santos Tolosana Ferrer, León Ruiz Cortés, Jesús Sumelzo Zavia, Santos Espés Blasco, Segismundo

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Gallizo López, Segismundo Checa Segarra, Federico Nelia Zeya, Jacoba Lorente Lorente, Juan Martínez Calvo, Santiago Burgos Leranoz, Felipa Lacambra Barrena, Plácido Laborda Abadía, José Mesalles Miret, Teodoro Chueca Segarra, Manuel Rey Villa, Santiago Aranda Sánchez, Felipe Fago Pérez, Pedro Fago Pérez, Francisco Millán Casado, Florencio Uchaga Ibáñez y Anselma Cerete Vicente. Aquel primer núcleo de casas, el germen del barrio, ha convertido a La Llana en centenaria. En 2015 se conmemoran esos 100 años de convivencia, esfuerzo e ilusiones en común. También de reivindicaciones, porque muy pronto comenzaron sus vecinos la lucha para conseguir la luz eléctrica (hasta 1920 no llegó la instalación del alumbrado eléctrico a la barriada), el agua (al principio no tenían agua en las casas, la cogían de la acequia o de la estanca del Gancho hasta que se instaló una fuente frente a la escuela), la pavimentación de sus calles y otras infraestructuras y servicios. Un gran logro fue la construcción de su escuela, en 1933, de asistencia mixta y residencia de la maestra, proyectada por el arquitecto Regino Borobio. Dos años antes se había solicitado su creación, en 1931, así como la ampliación de las escuelas existentes en el pueblo. Para que fuera autorizada, el Ayuntamiento tuvo que habilitar antes en La Llana un local-escuela con buenas condiciones higiénicas y pedagógicas y adquirir el material necesario para su funcionamiento. Albergaba a 49 alumnos, entre los 28 chicos y 21 chicas de entre 6 y 14 años del barrio. Cuatro décadas más tarde, Auxilio Social instaló en La Llana una Guardería Infantil, para el cuidado de los niños de la clase obrera, en un edificio pensado además como espacio de reeducación o «Centro de Adaptación de Subnormales». Entre 1971 y 1972 tuvo lugar la construcción y comenzó a funcionar en el curso 1972–73. En el mismo trabajaron unos años las monjas. La Llana pronto se convirtió en el lugar apropiado para la práctica del deporte, con la afición futbolera de las primeras décadas del siglo xx. En 1923 se formó el primer equipo, que se llamó «Setia» y ese mismo año se le concedió a la «Sociedad Numantina» de Ejea el terreno necesario en la partida de La Llana para establecer su campo de fútbol. En él se batieron equipos de trabajadores, de estudiantes e incluso de asociaciones políticas ejeanas, y acabó cediéndose en 1935 a la Sociedad Deportiva Ejea. Todos tuvieron en La Llana su campo, aquel mismo terreno que sirvió de improvisada zona de aterrizaje en la primera exhibición de vuelos en avioneta durante las fiestas patronales de La Oliva de 1931.

Antiguo campo de fútbol de La Llana hacia 1945.

Otros deportistas y cazadores demostraron sus habilidades en el Campo de Tiro al Plato de La Llana, participando en concursos en los que rivalizaban los tiradores más destacados de la provincia. Las necesidades educativas, formativas y lúdicas de sus vecinos se fueron poco a poco cumpliendo, incluso las espirituales, ya que, en la celebración del bicentenario del Voto, en 1973, se decidió construir la iglesia-capilla de La Llana. Más arduo fue conseguir mejorar el acceso al Barrio. Era bastante complicado, a través de la calle que ascendía desde la carretera hacia Tauste, nada más pasar el puente de San Lázaro, o bien por Luchán, al final de la avenida Cosculluela, primero saltando de piedra en piedra y después atravesando un puente de tablones sobre el río Arba. Cuando se instaló “La Embotadora” en 1966 se acometieron los nuevos accesos a La Llana porque tenía que pasar por allí mucha gente que se dirigía a trabajar a la fábrica durante las sucesivas campañas. Muchos vecinos de La Llana, sin embargo, tuvieron muy cerca el trabajo tras la construcción de esta industria conservera, pues junto a su solar la Obra Sindical del Hogar había levantado en 1965 bloques de viviendas sociales que acogieron a gentes llegadas de distintas comunidades huyendo de la pobreza y en búsqueda del trabajo que deparaban las grandes obras hidráulicas. Hoy, es un barrio de población joven, moderno y con atractivas instalaciones, que sigue mirándose en las aguas. Desde la plataforma de su terraza fluvial se asoma La Llana a las del Arba que la limita al norte y a las de la Estanca del Gancho, por el sur, matriz del actual «Parque Lineal de la Estanca del Gancho–Ciudad del Agua». •

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Introducción a la Filatelia en las Cinco Villas J. MANUEL BLASCO ARASCO

El mundo de la comunicación ha existido siempre, desde que los seres humanos emitimos sonidos estos se han ido transformando y perfeccionando. Además de la comunicación oral tenemos otra que es la escrita, los sumerios fueron los primeros en utilizarla. Los soportes que unas civilizaciones u otras han podido utilizar fueron la piedra, arcilla, papiro, papel, etc. La información que nos transmiten es muy variada y puede ir desde un tema comercial hasta felicitaciones. Pensemos que a veces esa información era para llevarla a otros lugares lejanos, ¿qué medios utilizarían?, está claro que animales de carga como equinos; después, ya a partir del s. xviii se servirían de coches de viaje y diligencias. Es en el Imperio Romano donde más importancia toma la comunicación, ya que es un vasto Imperio en el que hay que trasladar información de unos lugares a otros, para mantener comunicadas todas las provincias. En la Edad Media es el poder de los reyes, quienes mantienen correos a su servicio sin formar una red organizada ni centralizada, y más adelante será el comercio y los mercaderes. La escritura durante gran parte de la historia ha pertenecido a las clases dominantes pero en estos últimos siglos, ciertos grupos sociales como la burguesía fueron adquiriendo poder económico y social, por lo que la escritura se difundió en mayor medida y finalmente en el siglo xx alcanzó a todas las capas sociales. En España, tanto con los Austrias como con los Borbones, se crea un sistema de correo que va evolucionando. En los primeros momentos es un hom-

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bre el que va con las cartas de unos lugares a otros realizando paradas —postas—; después pasan a ser varios hombres quienes se relevan en las postas, realizando cada uno una parte del recorrido. A finales del siglo xviii aparecen los primeros carteros. Los primeros sobres llevan unas marcas —tampones a modo de matasellos— y las cartas podían estar costeadas bien por el que las enviaba o por el destinatario. Aragón era la demarcación número 4 y existía una carrera de Zaragoza a Sos, cuya distancia era de 22 leguas. Las primeras marcas van en tinta negra generalmente, su forma va a ir variando según los tiempos. Con el ferrocarril, las comunicaciones postales adquieren mayor velocidad y las cartas en pocos días están en su destino. En 1874 se crea la Unión General de Correos, hoy en día conocida como Unión Postal Universal —upu—. Volvamos a los entornos de 1850, unos años antes se han inventado los sellos en Inglaterra, a España llegan el 1 de enero de 1850. La primera imagen que se difunde es la de la reina Isabel II y la intención de que aparezcan estos «papelitos» es meramente recaudatoria. En los primeros sellos la moneda oficial es el real, que se divide en cuartos para los sellos. En el año 1872, con Amadeo de Saboya, se instaura la peseta y esta se divide en céntimos y permanece hasta el año 2002, con la aparición del euro y vuelta a los céntimos. Casi todos nosotros conocemos los sellos dentados pero existen sin dentar, con recargo, incluso sin valor postal, también existen emisiones locales, etc. A través del sello podemos conocer muchísimas cosas de la historia de un país, podemos transmitir ideología, religión, cultura, conocer a reyes, personajes famosos y un largo etcétera. Quién con más de 40 años no ha visto en los sellos a Goya, Ramón y Cajal o la Virgen del Pilar. El coleccionismo es el arte de acumular, en el caso de la filatelia son los sellos. La filatelia comenzó como mera acumulación de sellos, pero los coleccionistas se han ido especializando con el tiempo, pudiéndose ver hoy en día multitud de temáticas. Los momentos de mayor auge en España se dieron durante los años 60 y 70 del siglo pasado, donde muchos niños coleccionaban sellos. En Ejea se celebró un concurso-exposición filatélica de coleccionistas aragoneses en el año 1974 y antes, para la inauguración del Pantano de Yesa, en 1959, se realizó un matasellos especial. Con los años, esta afición ha ido decayendo por la aparición masiva de pegatinas, el alto precio de los sellos y la poca circulación de los

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Arriba: Sobre conmemorativo de la inauguración del Canal de las Bardenas, 1959. Abajo: Sellos dedicados al arte en las poblaciones de Ejea, Erla y Marracos.

mismos, debida en gran parte a la irrupción de internet y el teléfono móvil, infinitamente más rápidos en transmitir la información. Circunscribiéndonos a nuestro entorno más cercano como son las Cinco Villas, se han emitido algunos sellos de tirada nacional, sea el caso del Castillo de Sádaba (1970) y el Parador de Sos (2000). También se han realizado tiradas especiales previamente solicitadas a Correos de la iglesia del Salvador en Ejea, Santa María la Mayor en Erla, Santa Catalina en Marracos y un largo etc., que son tiradas pequeñas. La temática de estas tiradas puede ser todo lo variada que uno quiera aunque existen algunas limitaciones.

Antes de terminar me gustaría hacer una mención al valor de los sellos, muchas personas piensan que por su antigüedad tienen mayor valor y se equivocan ya que este depende de su tirada, no es lo mismo emitir 10.000 sellos que 10.000.000 sellos, y el valor sentimental es a veces lo más importante. En Ejea, el servicio de Correos se uniría a la primera Estación de Telégrafos, que se instaló el 15 de enero de 1888. A principios del siglo xx estaba instalada en la actual plaza España. La estafeta de Correos que la mayoría hemos conocido estaba situada en la calle Coso n.º 8, a finales de siglo. Actualmente se sitúa en la calle Justicia Mayor n.º 19. •

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ciencia

Los padres de la mecánica cuántica: la sinopsis ELISA RUIZ CHÓLIZ

Puedo afirmar lisa y llanamente que las máquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles.

Lord Kelvin

A finales del siglo xix y principios del xx la mayoría de los físicos del momento, entre ellos Lord Kelvin, pensaba firmemente que ya no quedaba nada más por descubrir en física. Todo lo que faltaba era «hacer medidas cada vez más precisas». Precisamente Kelvin, en una conferencia en 1900, hizo hincapié en dos lagunas existentes en la comprensión del universo: el movimiento de la tierra por el sólido elástico que conformaba el universo, y que llamaban éter lumínífero, y la doctrina de Maxwell-Boltzmann con respecto a la equipartición de la energía. Precisamente estas dos lagunas dieron lugar respectivamente a la relatividad y a la teoría cuántica. En este panorama histórico en el que la física no tenía grandes salidas laborales nos encontramos a Max Karl Ernst Ludwig Planck. En 1879 obtuvo el doctorado sobre termodinámica en la Universidad de Berlín, donde aprendió de grandes físicos como Helmholtz o Kirchhoff. A partir de entonces ejerció la docencia primero en Kiel y más tarde en Berlín y llevó una vida sociable en la que siempre tenía tiempo de reunirse con intelectuales como Einstein. En 1894 una compañía eléctrica le encargó un estudio sobre cómo afectaba la frecuencia a la intensidad de las bombillas. La ley que explicaba la radiación de un cuerpo negro era la ley de Rayleigh-Jeans, pero no daba buenos resultados a altas frecuencias. Por ello, experimentos adicionales habían llevado a una nueva ley que enca-

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jaba con las observaciones para radiación de alta frecuencia, pero era incorrecta para bajas. Plank tuvo la idea de interpolar entre ambas leyes y obtener una expresión matemática que se aproximara a ellas en los límites de altas y bajas frecuencias. Sin embargo, esto inquietaba a Plank ya que su expresión era puramente empírica, pero no derivaba de ningún proceso físico. No será hasta 1900 que Plank se da cuenta de que su ley podía deducirse mediante un cálculo similar al usado por Rayleigh y Jeans. La diferencia era que, para cada frecuencia, la energía de la radiación no sería continua, sino que vendría dada como un número entero de paquetes de tamaño fijo, que además debían ser proporcionales a dicha frecuencia. Plank había cuantizado la luz. Esa constante de proporcionalidad, que hoy conocemos como h, es tan pequeña (6 · 10-34 julios·segundo) que los valores de energía no permitidos por la física cuántica no habían sido advertidos experimentalmente. Sin embargo, en 1905 apareció un fuerte apoyo para la teoría cuántica de Plank: el trabajo de Einstein sobre el efecto fotoeléctrico. Por esas fechas ya se conocía que la electricidad es en realidad movimiento de electrones. Así, dado que el efecto fotoeléctrico explicaba cómo la luz puede transformarse en electricidad, Einstein dedujo que la luz también debía darse en paquetes discretos. A partir de este momento la teoría cuántica empezó a tomarse más en serio: Niels Bohr dio con un modelo cuantizado del átomo y Louis de Broglie argumentó que, ya que los fotones pueden ser a la vez ondas y partículas, así debía ser con el resto de la materia. Además, de Broglie desarrolló una fórmula para describir la materia a escalas minúsculas de forma que las partículas se comportaban al mismo tiempo como onda y como partícula. Esta fue la línea de salida para el físico Erwin Schrödinger. Una vez pasada la primera guerra mundial, en 1926, Scrhödinger publicó la ecuación que da los niveles correctos de energía para el espectro del átomo de hidrógeno. En 1933 recibió el Premio Nobel junto con Paul Dirac. A partir de ese momento Schrödinger vivió en Oxford, Princeton y más tarde en Austria. Debido a complicaciones por la segunda guerra mundial se trasladó a Dublín, donde acabó su carrera intentando aplicar la física cuántica a los seres vivos y vaticinando la existencia de la molécula del adn. Schrödinger es bien conocido por su experimento mental del gato. Este experimento se basa en que las partículas-ondas pueden superponerse, es decir, coexistir en varios estados potenciales sin existir en cualquiera de ellos. De hecho, según Bohr, en mecá-

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1. Peter Debye / 2. Irving Langmuir / 3. Martin Knudsen / 4. Auguste Piccard / 5. Max Planck / 6. William Lawrence Bragg / 7. Émile Henriot / 8. Paul Ehrenfest / 9. Marie Curie / 10. Hendrik Anthony Kramers / 11. Édouard Herzen / 12. Hendrik Antoon Lorentz / 13. Théophile de Donder / 14. Paul Adrien Maurice Dirac / 15. Albert Einstein / 16. Erwin Schrödinger / 17. Arthur Holly Compton / 18. Jules-Émile Verschaffelt / 19. Paul Langevin / 20. Louis-Victor de Broglie / 21. Charles-Eugène Guye / 22. Wolfgang Pauli / 23. Werner Heisenberg / 24. Max Born / 25. Charles Thomson Rees Wilson / 26. Ralph Howard Fowler / 27. Léon Brillouin / 28. Niels Bohr / 29. Owen Willans Richardson

nica cuántica ese es el estado natural de las cosas: solo cuando observamos una magnitud física la obligamos a entrar en un estado definido. Schrödinger intentó aplicar este razonamiento a un gato, suponiendo la superposición de estados vivo y muerto. De esta forma, al abrir la caja se obliga al gato a estar en uno de los dos. Sin embargo, existe un término conocido como decoherencia, que nos dice que un gato contiene tantas ondas-partículas que todas están entrelazadas y destruyen la superposición. Por tanto, un gato no se comportará como un sistema cuántico y no podrá estar vivo y muerto a la vez. Pero a escalas adecuadamente pequeñas, el universo se comporta como dicta la física cuántica.

A esta complejidad de la realidad microscópica se unieron las investigaciones de Werner Heisenberg. En 1923 obtuvo el doctorado en la Universidad de Múnich y trabajó con Max Born para concebir una teoría del átomo. A Heisenberg se le ocurrió representar el estado de un átomo en términos de las frecuencias observadas en su espectro. Para ello utilizó un tipo peculiar de matemáticas: las matrices. En 1926 Schrödinger descubrió que la teoría de Heisenberg era idéntica a la suya: eran dos representaciones matemáticas distintas de los mismos conceptos. Heisenberg siguió por su línea de pensamiento y descubrió que en teoría es posible medir la posición de una partícula con tanta exactitud como se quiera,

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pero cuanta mayor es la precisión para la posición, menor es para el momento. Y lo mismo ocurría con el tiempo y la energía. Esto era una característica inherente a la teoría cuántica, y adquirió el nombre de «principio de incertidumbre». En 1933 ganó el Premio Nobel de Física. Otro de los creadores de la teoría cuántica es Paul Adrien Maurice Dirac. Estudió ingeniería en la Universidad de Bristol. Empezó a estudiar relatividad en 1919 cuando los periódicos aparecieron con un titular que auguraba una revolución en la ciencia al haber surgido una nueva teoría del universo como un espacio curvado. La relatividad general predecía que la gravedad curva la luz, y se realizó un experimento basado en la observación de las estrellas próximas al borde del sol durante un eclipse que lo corroboró.

Para un investigador es muy importante, no solo sentir pasión por lo que se estudia, sino tener la capacidad de abrir la mente hacia nuevas explicaciones y nuevos horizontes. Tras años de estudiante en investigación, en 1925 Dirac encontró la física cuántica. Una de sus importantes conclusiones fue que el conmutador de dos matrices cuánticas es igual al paréntesis de Poisson de las correspondientes variables clásicas multiplicado por la constante ih/2π. Este descubrimiento decía cómo convertir sistemas mecánicos clásicos en sistemas cuánticos. Otra importante contribución a la física cuántica fueron las «matrices de espín», en 1927, que permitieron a Dirac formular un modelo cuántico relativista del electrón. Este modelo daba todos los resultados que se esperaban y además precedía soluciones de energía negativas, lo que condujo a Dirac al concepto de «antimateria». Enlazando con la incursión de Dirac en la teoría de grupos nos encontramos a Jenö Pal Wigner. Estudió ingeniería química animado por su padre, pero al encontrarse cerca de la Universidad de Berlín asistía

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asiduamente a conferencias de físicos importamtes como Plank o Einstein. En 1926 fue ayudante de investigación de un cristalógrafo, por lo que desarrolló sus conocimientos en matemáticas de la simetría y de teoría de grupos. Se interesó sobre los artículos de Heisenberg sobre mecánica cuántica, y utilizando teoría de grupos Wigner desarrolló una teoría del espectro de átomos con cualquier número de electrones. Partía del hecho de que todos los electrones son idénticos, y las ecuaciones que describen la radiación emitida por un átomo deben ser simétricas bajo todas las permutaciones de dichos electrones. A partir de 1930 se trasladó a Estados Unidos, donde trabajó en las Universidades de Princeton y Wisconsin. En esta etapa de su vida Wigner dirigió su atención a las fuerzas nucleares y descubrió que estaban gobernadas por el grupo de simetría SU(4). También hizo un descubrimiento básico concerniente al grupo de Lorentz y que publicó en 1939. Fue galardonado con el Premio Nobel de Física en 1963. De esta sinopsis sobre los padres de la mecánica cuántica podemos ver el cambio de mentalidad que hubo en la comunidad científica a finales del siglo xix y principios del xx. Pasamos de tener una realidad en la que la física está descubierta y solo quedan pequeños matices por resolver a un «nuevo mundo» lleno de incógnitas y de nuevos métodos para resolver esas incógnitas. En un panorama que parecía conocido, como afirmaba lord Kelvin, ocurrieron las dos revoluciones en física más importantes en mucho tiempo. De este texto podemos concluir que para un investigador es muy importante, no solo sentir pasión por lo que se estudia, sino tener la capacidad de abrir la mente hacia nuevas explicaciones y nuevos horizontes. Y así el ser humano ha conseguido hacer posibles las máquinas voladoras más pesadas que el aire. • bibliografía [1] I.Stewart, «Un quinteto cuántico», en Belleza y verdad: una historia de la simetría.

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Las dos caras de la luz JESÚS MEDRANO HOMOBONO

Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. (Genésis 1:3,4)

Bendito Aquel que ha dispuesto en los cielos grandes constelaciones, y ha colocado entre ellas una lámpara radiante y una luna luminosa.

(Corán 25(61))

Queridos lectores, quizás os estéis preguntando por qué un profesor de Física y Química comienza un artículo con dos citas procedentes de dos libros sagrados como la Biblia y el Corán. No os dejéis engañar, mi intención sigue siendo la de compartir con vosotros la visión que las distintas disciplinas científicas nos aportan del mundo. Ese inicio se debe a que tanto el versículo bíblico como la «sura» coránica hacen referencia a la luz, fenómeno natural al que voy a dedicar el presente artículo. Esta elección se debe fundamentalmente a que la onu ha seleccionado 2015 como Año Internacional de la Luz para conmemorar así una serie de importantes aniversarios: los primeros estudios sobre óptica de Ibn Al-Haytham en el año 1015; la naturaleza ondulatoria de la luz propuesta por Fresnel en 1815; la teoría del electromagnetismo propuesta por Maxwell en 1865; la teoría del efecto fotoeléctrico y la inclusión de la relatividad general y la luz en la cosmología realizados por Einstein en 1905 y 1915 o los desarrollos de Charles Kao sobre la tecnología de fibra óptica en 1965. La onu reconoce así la importancia de las tecnologías basadas en la luz y cómo estas ofrecen soluciones a los problemas mundiales en energía, salud, agricultura y educación.

No obstante, hay otro motivo fundamental para elegir la luz como tema para esta disertación. Pocos relatos sobre historia de la ciencia son tan interesantes como el que narra los debates y controversias de la comunidad científica en busca de la respuesta a una pregunta aparentemente simple: ¿qué es la luz? Los seres humanos hemos indagado sobre esa cuestión desde los albores de nuestra civilización y, de hecho, muchos de nuestros mejores científicos y pensadores han dedicado parte de sus esfuerzos tratando de contestarla. Prepárate para seguir las huellas de Platón, Aristóteles, Newton, Maxwell, Planck o Einstein en busca de la respuesta a una pregunta que al final ha demostrado ser enormemente compleja pero extremadamente útil para el desarrollo actual de nuestra especie. Sin más dilación, pongamos en marcha nuestra máquina del tiempo para viajar hasta la Grecia clásica en busca de los primeros pensadores que dedicaron parte de su tiempo a intentar comprender la naturaleza de la luz. Retrocedamos hasta el siglo V a.C. para conocer al filósofo Empédocles, autor de la primera teoría sobre la luz: tanto los objetos como nuestros ojos emiten «efluvios de fuego» que van en ambas direcciones. Años más tarde Demócrito y Platón caracterizan estos «efluvios» como chorros de partículas de diferentes características. Medio siglo después, un discípulo de Platón, Aristóteles, explica la sensación visual a través del cambio que estos «efluvios» provocan en las propiedades del medio. Así, en las ideas aristotélicas sobre la luz se encuentra ya el germen de los futuros modelos ondulatorios. Los tratados de Euclides y Ptolomeo completan la visión griega sobre los fenómenos ópticos, fundamentalmente sobre la propagación rectilínea de la luz y la descripción de los fenómenos de reflexión y refracción. Con la decadencia de las civilizaciones griega y romana, el mundo árabe toma el relevo en el estudio de la luz. El principal personaje de este período es Ibn Al-Haytham, que en el año 1015 publica su tratado sobre Óptica. En él estudia, entre otras cuestiones, el sentido de la vista y la fisiología del ojo o el funcionamiento de los espejos y las lentes. Sin embargo, transcurrirá mucho tiempo hasta que aparezcan nuevas ideas sobre la naturaleza de la luz. Las primeras hipótesis realmente científicas y merecedoras de atención surgen a finales del siglo xvii cuando Christiaan Huygens publica en 1690 su obra Tratado de la luz. En ella este científico holandés defiende la idea de que la luz es un fenómeno ondulatorio de tipo mecánico. Al igual que el sonido, se tra-

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ELENA ARRESE

taría de ondas longitudinales que se propagan en un medio material. Huygens considera la luz como ondas esféricas y concéntricas con centro en el foco luminoso. Esta teoría describe correctamente los fenómenos de reflexión y refracción pero, por el momento, no da una explicación satisfactoria a un hecho experimental tan conocido como la formación del arcoíris. Por ese motivo Sir Isaac Newton retoma la idea del carácter corpuscular de la luz, recogida en su obra Óptica publicada en 1704. Newton afirma que los focos luminosos emiten pequeñas partículas de diferentes colores que se propagan en línea recta en todas las direcciones y que chocan contra nuestros ojos. Esta teoría explica perfectamente la propagación rectilínea de la luz, la formación del arcoíris y el fenómeno de la reflexión. Este último se puede interpretar como el choque de las partículas luminosas sobre una superficie y su posterior rebote. Sin embar-

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go, aunque es capaz de justificar la refracción como el cambio de velocidad y dirección que sufren las partículas al cambiar de medio, Newton debe suponer para ello que la luz viaja a mayor velocidad en los líquidos y los vidrios que en el aire. El mayor prestigio y fama de Newton provocó que su teoría se impusiera a la de Huygens, aceptándose la validez de la naturaleza corpuscular de la luz. Durante los siguientes cien años esta teoría reinará sobre la teoría ondulatoria; pero el siglo xix será el momento en que esta última regrese con fuerza para reclamar el trono. Así, el médico y físico inglés Thomas Young realiza en 1801 sus famosas experiencias sobre interferencias luminosas, entre ellas el conocidísimo experimento de la doble rendija en el que Young hace pasar un haz de luz por dos rendijas muy próximas para obtener un resultado que se ajusta al principio de superposición de las ondas: cuando dos rayos de di-

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ferentes orígenes coinciden en la misma dirección su efecto es una combinación de ambos. Una vez superado el lugar de la superposición siguen con su forma original, comportamiento claramente ondulatorio. Debido a las diferentes situaciones de interferencia se observan franjas luminosas y franjas oscuras, lo cual no puede explicarse con la teoría de Newton. También a principios de siglo, el físico francés Augustin Fresnel estudia experimentalmente el fenómeno de la difracción, que puede ser observado a simple vista cuando la luz pasa a través de las hojas de un árbol o cuando vemos un halo de luz rodeando a la luna o una farola en la calle. De nuevo, sólo el carácter ondulatorio de la luz permite explicar este comportamiento. Además, en 1808 Étienne Louis Malus estudia otro fenómeno luminoso muy característico y típico de las ondas, la polarización. Con todos estos datos, Augustin Fresnel deduce que la luz es una onda transversal y tridimensional oscilando igualmente en todas las direcciones posibles perpendiculares a la línea de propagación. Finalmente, y para acabar de asentar la supremacía de la teoría ondulatoria, los franceses Armand Fizeau y León Focault determinaron a mediados de siglo la velocidad de la luz tanto en el aire como en el agua. Contrariamente a lo predicho por Newton la luz viaja significativamente más deprisa en el aire que en el agua. Sin embargo, quedaba un gran problema por resolver: cualquier onda necesita un medio material para propagarse pero, ¿qué medio material llena el espacio entre el Sol y nuestro planeta para que su luz llegue hasta nosotros? Los científicos de la época llamaron a esa sustancia «éter» y dedicaron grandes esfuerzos a intentar descubrirla y caracterizarla sin resultado alguno. La solución a este problema llega en el año 1864, cuando el físico y matemático escocés James Maxwell establece la teoría electromagnética de la luz, una de las maravillas de la ciencia; pues en una única teoría se unifican los conocimientos de la época sobre electricidad, magnetismo y la naturaleza de la luz. Las leyes de Maxwell predicen la posibilidad de obtener ondas de naturaleza electromagnética que se pueden propagar por el vacío o cualquier medio material a una velocidad que depende únicamente de las propiedades eléctricas y magnéticas de dicho medio. Se trata de ondas transversales en las que el campo eléctrico y el campo magnético son perpendiculares entre sí y, a su vez, perpendiculares a la dirección de propagación. Aplicando esta teoría al cálculo de la velocidad de la luz en el vacío, Maxwell obtenía

¿Qué medio material llena el espacio entre el Sol y nuestro planeta para que su luz llegue hasta nosotros? Los científicos de la época llamaron a esa sustancia «éter».

un valor similar al obtenido en los trabajos de Fizeau y Focault, pudiendo así concluir que la luz es en realidad una onda electromagnética que se propaga en el vacío, sin soporte material alguno. La teoría electromagnética se ve refrendada cuando en 1888 cuando Heinrich Hertz consigue producir por primera vez ondas electromagnéticas, luz, a partir de circuitos eléctricos alternos y realiza con ellas reflexión, refracción e interferencias. Así, a finales del siglo xix parecía que la Ciencia había conseguido por fin la explicación definitiva sobre la naturaleza de la luz. No sabíamos aún lo equivocados que estábamos. Pues, en los albores del siglo pasado, dos hechos fundamentales condujeron a una nueva revisión de nuestras ideas sobre la luz: la radiación térmica y el efecto fotoeléctrico. La radiación térmica es un fenómeno bien conocido: cuando calentamos el hierro, primero brilla, luego se pone rojo y finalmente blanco. Es decir, si se calienta un cuerpo se observa una emisión de radiación. En realidad, un cuerpo emite radiación a cualquier temperatura aunque nosotros sólo la observamos cuando el aspecto del cuerpo cambia progresivamente. Esa radiación depende también de la composición del cuerpo, excepto en el caso de un cuerpo negro, que depende únicamente de la temperatura. Aunque el cuerpo negro ideal no existe, sí se pueden realizar aproximaciones experimentales muy válidas. Cuando se analizó la radiación emitida por estas superficies, nos encontramos con que la teoría ondulatoria sólo podía explicar este fenómeno de una forma parcial, pero no del todo satisfactoria. En el año 1900 el físico alemán Max Planck aportó la idea

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clave para poder interpretar los datos experimentales obtenidos al suponer que la luz no es emitida de forma continua, tal y como predecía la teoría electromagnética, sino que lo hace en paquetes de energía que llamó «cuantos». En relación al efecto fotoeléctrico, detengámonos brevemente para describir sus características fundamentales, pues quizá alguno de vosotros no las conozca. Cuando se hace incidir una radiación luminosa de la frecuencia adecuada sobre determinadas superficies metálicas, se produce un desprendimiento instantáneo de electrones. Este fenómeno fue descubierto en 1888 por Heinrich Hertz y analizado y caracterizado posteriormente por el físico alemán Phlipp Lenard. De nuevo, una concepción ondulatoria de la luz no permitía explicar adecuadamente este comportamiento. Para poder justificar de forma completamente satisfactoria este efecto, el físico alemán Albert Einstein retomó, en el año 1905, la hipótesis de Planck suponiendo que las ondas electromagnéticas pueden ser consideradas como un conjunto de partículas, que él denominó «fotones», cada uno de las cuales tiene una energía que se corresponde con la de un «cuanto». Es decir, las teorías de Einstein y Planck afirman que la luz está «cuantizada». Tras estos descubrimientos, la comunidad científica se hallaba nuevamente ante la misma vieja contradicción, ya que la radiación electromagnética presenta a veces un comportamiento similar al de una onda y otras veces al de una partícula, no quedando claro cuál es su carácter. En 1924 el físico francés Louis De Broglie fue el primero en plantear un comportamiento dual no sólo

para los fotones sino para todas las partículas. De forma breve, el principio de De Broglie postula que toda partícula material en movimiento lleva asociada una onda cuya longitud de onda puede calcularse mediante la expresión matemática correspondiente. Este principio fue una deducción teórica que implicaba que partículas pequeñas como los fotones, pero también los electrones o los protones, debían presentar un carácter ondulatorio. Esto no ocurría con las partículas macroscópicas debido a que su tamaño sería demasiado grande como para que se observase el fenómeno. La confirmación experimental de esta teoría llegó cuando se reprodujo el experimento de la doble rendija de Young con chorros de electrones, obteniendo también patrones de difracción. A partir de ese momento la comunidad científica acepta que la luz presenta una doble naturaleza: se propaga mediante ondas electromagnéticas y presenta los fenómenos típicamente ondulatorios pero, sin embargo, cuando interacciona con la materia e intercambia energía se comporta como una partícula. Además, la luz siempre nos muestra una de sus caras, pues no puede utilizar ambas de forma simultánea. Sin embargo, la rueda de la ciencia nunca se detiene y la dualidad onda–corpúsculo ha supuesto el comienzo de una nueva era de la Física con el nacimiento de la teoría cuántica. La Física cuántica ha abierto para la humanidad las puertas a un maravilloso mundo de descubrimientos asombrosos que en sólo 100 años ha revolucionado nuestra forma de entender el Universo. Así que estad atentos, pues quién sabe qué se esconde tras el velo que estamos empezando a descorrer. •

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música

Emocionar con la música de cine FRANCISCO JAVIER MILLÁN

El cine le debe mucho a la música, ambos discurren en paralelo. Los cineastas que han sabido manejar este recurso han llegado a estrenar grandes obras. Una película sin música es algo inconcebible. Todo el mundo asocia la música de cine con el concepto de «Bandas Sonoras», pero, realmente, bajo el mismo no solamente discurren las notas salidas de la mente de un compositor sino también otros elementos como los efectos sonoros o la música que proviene de un aparato de radio, un instrumento musical o la televisión. En este último caso se le llama «música diegética», algo que ocurre cuando vemos por ejemplo a Marty McFly en Regreso al futuro (1985) de Robert Zemeckis tocando la guitarra eléctrica o a Jeremy Irons utilizando el oboe para comunicarse con los indígenas en La misión (1986) de Roland Joffé. Mientras Marty canta la popular canción Johnny B. Goode de Chuck Berry, Irons interpreta una tonadilla compuesta de propio para la película por el maestro italiano Ennio Morrincone. Este sonido, aparentemente sencillo en sus primeras notas, se convierte como introducción al tema principal, transformándolo en el leitmotiv emocional de todo el relato. El cine ha dado grandes melodías, muchas de ellas muy populares desde hace décadas. La mayor parte del público puede llegar a tararear los sonidos del spaghetti western de Morricone, o las fanfarrias de Indiana Jones o Superman de John Williams. Pero no todo son temas reconocibles. La mayor parte de la música que se compone para cine es la denominada «música incidental», que viene únicamente a subrayar una escena, para a su vez remover ciertas emociones en el espectador.

Cuando Hipo cabalga a lomos de Desdentao en Cómo entrenar a tu dragón (2010), el público vibra en sus butacas no solo por las poderosas imágenes animadas, sino también por la estela musical que hilvana John Powell. O lo mismo ocurre cuando Indy descubre la ubicación del Arca de la Alianza en la sala de mapas de En busca del arca perdida (1981) de Steven Spielberg. También la música clásica ha hecho su aparición en el cine, llegándose a utilizar de una manera bastante efectiva. El ejemplo más radical fue el de Stanley Kubrick y la obra de Strauss, siempre emparentada con el Danubio, la nobleza austriaca y el concierto de Año Nuevo. Pero desde 1968 partituras como la del Danubio Azul entraron a formar parte del imaginario de las películas de ciencia-ficción y todo gracias a su inserción en algunas de las escenas más recordadas de 2001 una odisea en el espacio. Kubrick logró hacer bailar literalmente a sus naves espaciales, utilizando de una manera rompedora los acordes de los valses vieneses. Pero por regla general la mayor parte de las películas contienen música completamente original, lo que ha provocado una ingente producción musical desde que el cine se convirtió en sonoro. La música es capaz de hacernos soñar y viajar a historias y partes del planeta que quizás no pisemos nunca en la vida real. Los grandes compositores saben canalizar sentimientos tan humanos como el amor, el humor, la compasión e incluso el terror utilizando el poder de las notas. A veces todo ello se provoca realizando composiciones absolutamente diferentes a lo que uno puede ver en pantalla. El compositor Henry Mancini, popular por la música de La pantera rosa y Desayuno con diamantes, logró poner ritmo de jazz al divertido caminar de los bebes elefantes en el clásico Hatari (1962) de Howard Hawks. Mientras que otros como Jerry Goldsmith lograban asustarnos con una dulce nana, que a su vez escondía una amenaza sobrenatural, en la terrorífica Poltergeist (1982) de Tobe Hooper. El cine se aprovecha de la música para hacernos viajar desde nuestra confortable butaca a países y periodos históricos de una manera asombrosa. Parte de ello se puede ver y escuchar en Braveheart (1995) de Mel Gibson, donde las gaitas y los motivos escoceses nos catapultan directamente a la época de William Wallace y a su lucha contra los ingleses. Lo mismo ocurre en Parque Jurásico (1993) y en El mundo perdido (1996) de John Williams. En la primera, el maestro compone una música jovial y aven-

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música

Star Wars: In concert interpreta la banda sonora de las películas de la saga mientras estas se proyectan (en la foto: Star Wars V: El imperio contraataca en Londres) por una orquesta filarmónica ante un auditorio lleno.

turera, propia de la visita a un parque temático, pero se transforma en tribal y primaria, con las sonoras percusiones que parecen llevarnos directamente a la prehistoria, en su mucho más oscura continuación. El arte de componer para el cine también obliga a los directores y compositores a saber en qué momento es más apropiado incluir o no la música. Hay casos curiosos donde ambas partes no estaban de acuerdo en su utilización. Alfred Hichchock en Psicosis (1960) quería dejar en silencio la célebre escena de la bañera, mientras que Bernard Herrmann insistió para que apareciera un sonido chirriante. Finalmente la opción del compositor fue la que se tomó en cuenta. De no haber sido así, el maestro del suspense nos hubiera privado de uno de los temas más conocidos de la historia del cine. En Tiburón (1975), el director Steven Spielberg tenía muchos problemas para hacer creíble a la criatura marina que provoca el terror en las playas de Amity. El ingenio mecánico que reproducía al escualo tuvo múltiples averías durante el rodaje, lo que provocó que los minutos en pantalla fueran mucho más reducidos. Para ello, John Williams compuso solamente dos notas, que con sus respectivas variaciones y su rasgado en las cuerdas del violonchelo provocó que la música viniera a completar lo que los efectos especiales no lograban conseguir.

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De todos los compositores actuales, Williams es el único activo con mayor número de nominaciones al Oscar. Toda una leyenda en el universo cinematográfico, con una celebrada relación con el director Steven Spielberg y con otras producciones como la saga de La guerra de las galaxias. Williams es un hacedor de grandes temas, con los que subraya la personalidad de innumerables personajes como Yoda, Darth Vader, Han Solo, E.T. y Superman, por poner algún ejemplo. Su música tiene la extraña habilidad de traspasar la pantalla grande, siendo su escucha en cd algo muy habitual. Incluso numerosos auditorios y orquestas han programado eventos sinfónicos en los que su música puede ser disfrutaba de manera completamente aislada a las imágenes. Es en ese momento cuando la audiencia logra recordar aquellas películas que le emocionaron y que le hicieron vivir una experiencia sensorial gratificante. Y es que, según Steven Spielberg, «yo puedo hacer que las bicicletas se eleven. Nosotros podemos hacer eso. Pero John reescribe la película musicalmente. Con su música hace que sean verdaderamente aéreos, porque el público se eleva del suelo con las notas que salen de sus violines». Y si no, que se lo digan a E.T. y a Eliot. •

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música

Las bases sobre la iniciación musical CRISTINA CORVILLO LIÉBANA

No me gustaría empezar haciéndome eco de los numerosos artículos y estudios que demuestran y hablan de los beneficios de la música en edades tempranas. No quiero hablar de autores ni de pedagogos que respaldan estos beneficios. Quiero hablar de mi experiencia, de mi labor para con mis «pequeños grandes músicos», empezando por lo bebés, que con sus primeros balbuceos, gestos y expresiones hacen que cada día me sienta más orgullosa de mi trabajo como docente. Y como el hombre es un ser sociable, todo proceso de socialización comienza nada más nacer en el seno de la familia, pero poco a poco se va ampliando en su extensión a la escuela, haciendo posible que sea uno más, signos claros de una identidad propia a nivel cultural y musical. Gracias a la evolución de la sociedad, hemos podido apreciar ciertos cambios en lo que a la educación extraescolar se refiere. No voy a entrar en el debate de cuántas y cuáles han de ser estas actividades, lo que sí que he podido observar en estos años son los diferentes motivos por los que los progenitores apuntan a sus retoños a música con un claro objetivo. A veces, las actividades extraescolares se convierten en los sueños y deseos frustrados de los padres. Están por otro lado los que los apuntan simplemente porque el niño esté ocupado. Y, por último, pero no menos importante, están los que han hecho de la música una forma de percibir la vida. Ahora bien, no podemos olvidarnos de que el objetivo de todos ellos es que los pequeños sean felices, se relacionen y hagan actividades que los ayude a ser mejores personas. Las escuelas de música son instituciones recreativas y culturales de la que podemos aprovechar de

forma positiva y útil todas sus funciones para contribuir en el desarrollo de la personalidad del niño mediante la música y todo lo que le rodea. De 0 a 6 años es una etapa muy importante ya que se desarrollan y asientan las bases de la futura personalidad del niño. Antes de nacer, y para ser más exactos, en el cuarto mes de gestación, el oído del bebé es sensible a estímulos sonoros empezando por la propia voz de la madre que lo acuna. Así que en cada periodo evolutivo podemos ver todo lo que conlleva acompañar su desarrollo cognitivo, motor, etcétera. Es, por esto, que la escuela de música posibilita, favorece y estimula el aprendizaje por medio de un sinfín de actividades ofreciendo a los más pequeños los elementos materiales necesarios como las orientaciones, ayudas y compañía que requiere dicho aprendizaje.

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música

No solo quiero trabajar «lo cotidiano» sino educar, es decir, cultivar en los niños la sensibilidad, la tolerancia, el respeto hacia los otros, el entorno y en ellos mismos; trabajando el sentido del espacio, la orientación, el ritmo, el movimiento, la escucha y el tacto a través de ejercicios semanales con el fin de sensibilizar al niño/a aumentando su seguridad, autoestima, autonomía, todo ello a través de la música. Guiarlos de forma adecuada, a su ritmo, para extraer todo su potencial de pensamiento, acción y sentimiento, orientando a los padres en esta etapa tan importante para tener una futura y positiva comunicación en edades tan complicadas como la pre-adolescencia y adolescencia, porque todo, de alguna manera, está conectado. Las sesiones suelen ser dinámicas, variadas y divertidas haciendo que una tarde en la escuela se convierta en toda una aventura transformando un simple paracaídas de colores en un mar en el que los pequeños piratas al son de las estaciones de Vivaldi trabajan la intensidad, el ritmo, la dinámica… Haciendo de lo más pesado lo más divertido, aprendiendo el pentagrama y la ubicación de las notas con simples brochetas y golosinas, utilizando las escaleras del centro para solfear la escala musical, convirtiendo materiales de estar por casa en improvisados instrumentos, experimentando con las cualidades del sonido con globos de helio o talleres sensoriales con diferentes materiales, convirtiendo un taller de plástica en una sesión de relajación donde la concentración y la atención van de la mano de

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la música, convirtiéndonos en domadores de pulgas (globos) para trabajar el soplo, teniendo una tarde de cine viendo Frozen para aprender a entornar… y así con cualquier propuesta. Hagamos posible aprendizajes que realmente sean significativos, que no solo los llenemos de contenidos sino de sensaciones, emociones, creando recuerdos para que al rememorar esas épocas sean llenas de nostalgia placentera. No me gustaría terminar sin antes comentar que la formación de un músico es continua y sacrificada, ya que requiere de mucha constancia y dedicación. Es por esto que, ya que empezamos con una formación temprana, debemos mantener en los primeros años de lenguaje musical que los niños sean niños y que, por tanto, no olvidemos que lo que quieren es jugar, generando con nuestro trabajo curiosidad e inquietud para seguir aprendiendo y creciendo como músicos. Alentar finalmente a todas las familias, respetando también los gustos y preferencias de los pequeños, ya que si los niños tienen habilidades musicales es conveniente apoyarlos y ayudarlos para que las desarrollen. •

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Trazos de un artista en el exilio: Blasco Ferrer RUBÉN PÉREZ MORENO

Largo es todavía el camino por recorrer en la recuperación historiográfica de nuestros artistas exiliados en la gran diáspora de 1939. Hasta fechas muy cercanas, la figura de Blasco Ferrer permanecía prácticamente en el olvido. Sin embargo, y a pesar de las incógnitas que todavía el personaje nos suscita, podemos congratularnos de haber recuperado para la historia del arte a este insigne creador aragonés. Corría el año 1907 cuando en la madrugada del 20 de enero nacía en la pequeña localidad turolense de Foz-Calanda Eleuterio José Blasco Ferrer, en el seno de una familia numerosa. Nada hacía pensar en la odisea que le iba a deparar la vida a un joven Blasco que pronto se sintió atraído por la escultura y la pintura. Su infancia y juventud estuvieron marcadas por la pobreza, recorriendo junto a su familia los pueblos del Bajo Aragón y el Maestrazgo turolenses vendiendo vasijas de barro que ellos mismos hacían. Es desde muy joven cuando «con los pies desnudos y el estómago vacío de no comer», se empieza a gestar una conciencia social en torno a los desheredados de la fortuna, grupo al que él pertenecía. No sin dificultades, con el apoyo incondicional de su madre Lucía y la férrea oposición de su padre José, Blasco consigue marchar a Barcelona para estudiar Bellas Artes. Contaba con 19 años. Barcelona habría de ser la ciudad donde Blasco se hizo artista y donde emergerá con fuerza el compromiso social y libertario que irradia de una buena parte de su obra. Allí trabajó en los más variopintos empleos y se matriculó durante dos cursos en un par de asignaturas en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y Bellas Artes de la Llotja, donde no encajó bien las enseñanzas

académicas. También asistió a la Academia Martínez, hasta que fue llamado a filas a Madrid, donde estuvo destinado en el Cuerpo de Ferrocarriles. A su regreso, en 1929, la personalidad artística de Blasco empieza a afianzarse. Continuó su formación en la Academia Alemany, donde conoció a algunas importantes amistades, como el alcorisano José Aced, o el también artista Buenaventura Trepat, con el que junto al escultor anarquista José Clavero compartirá taller. Además ingresa como socio en el Centro Obrero Aragonés, entidad que se fue acercando a la causa republicana y al ideario anarquista. Su primera exposición individual se celebra en la sala Parés en 1931, a las que seguirán sendas muestras en las galerías Layetanas en 1932 y 1934, apadrinadas por el tratadista Josep María de Sucre; además de en el Círculo Turolense (1933) y numerosos centros y ateneos culturales (Agrupación Faros, Ateneo Popular de Gracia, Asociación de Idealistas Prácticos, etc.). El meridiano cronológico de su trayectoria acaece hacia 1931, cuando se adentra en la poética surrealista, a través de la cual explora los vicios y males de la sociedad capitalista, al servicio de unos ideales libertarios. Su producción en papel se acerca a la obra revolucionaria de otros dibujantes vinculados la mayoría al Sindicato Único de Profesiones Liberales de la cnt de Barcelona. Pero Blasco siempre tuvo un especial interés hacia la escultura en barro y fundamentalmente en hierro, sin bien las mayores dificultades económicas del trabajo de este material hicieron limitar su producción. De hecho, tenemos que ir al año 1934 para hallar por primera vez obra tridimensional expuesta. Se trata de terracotas muy influenciadas por la escultura catalana, con una tendencia realista asociada a la modernidad de entreguerras, expresivas y con ciertos elementos de primitivismo; y obras en chapa de hierro, donde consciente del valor escultórico del material en sí mismo, explora valores plásticos nuevos, siguiendo la senda abierta por Picasso, Gargallo y Julio González, o, sin el mismo grado rupturista, por Manolo Hugué o Julio Antonio. Durante la mayor parte de la Guerra Civil Blasco realizó tareas de dibujante cartógrafo en la propia Barcelona, en el Estado Mayor. Todavía en marzo de 1938 participó en una muestra colectiva en el Estudio Libre de Bellas Artes de la ciudad Condal. Debió de ser en esas fechas cuando se incorpora a la 26.ª División del Ejército Popular Regular de la República, antigua columna «Durruti», con cuartel general en

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Bujaraloz, como Miliciano de la cultura. Con la ofensiva de las tropas franquistas sobre el Norte del Ebro, la división, desbordada, se reorganizó en el frente del Segre. Pero durante la campaña de Cataluña, iniciada el 23 de diciembre de 1938, y con la caída de Tarragona y Barcelona, los miembros de la división se dirigieron hacia Puigcerdá cubriendo la retaguardia de la población civil que huía hacia la frontera francesa. El 10 de febrero de 1939, apenas unas horas antes de la llegada de las tropas fascistas, Blasco atravesaba la frontera franco-española por Bourg-Madame. Tras pasar por Latour-de-Carol, fue trasladado junto al resto de división al Castillo de Mont Louis, y de allí al campo de concentración de Vernet d'Ariège, donde permaneció siete meses. No detuvo su reclusión su actividad artística, realizando un abundante número de dibujos, el grueso de los mismos realizados dentro de la poética surrealista o en la periferia de la misma. La guerra con Alemania se avecinaba y tras ser trasladado al campo de Septfonds, fue contratado por la empresa Motobloc de Burdeos, cuya actividad se había reorientado hacia la industria bélica. En junio de 1940 las tropas nazis llegaban a la ciudad portuaria, iniciando el autor uno de los perio-

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Arriba izda.: Blasco Ferrer fotografiado en Barcelona hacia 1933. Archivo particular (Barcelona) Arriba dcha.: Sin título, hacia 1932-1936, carboncillo sobre papel, 29x24 cm. Colección particular (Zaragoza). Abajo dcha.: Pan y trabajo, hacia 1934, paradero desconocido. Archivo particular (Barcelona).

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dos más difíciles. A pesar de las circunstancias, del hambre y del peligro constante, no dejó de trabajar. En aquellos días se puso de manifiesto la solidaridad y el apoyo mutuo defendido entre los españoles refugiados junto a Blasco, caso del escritor Benigno Bejarano, Antonio Casanova, Abel Paz o Mateo Santos. El turolense viajó a París en dos ocasiones con otros refugiados que serían apresados por la Gestapo. Gracias al pintor belga Van Montfort, gestionó en plena ocupación alemana una exposición individual en la Garerie de Berri, la primera en suelo galo, para el año 1942, fecha en la que se establece de forma definitiva en París. Y no tardará en entrar el contacto con Picasso, el cual en su papel benefactor ayudó al aragonés en los momentos más difíciles. Será con la liberación cuando Blasco empiece a ser un habitual de numerosos salones artísticos y a ser una referencia dentro del exilio republicano en el país vecino. Ese año 1944, expone en el Salón de Otoño, presidido por Denys Chevalier, llamado triunfalmente para la ocasión Salón de la Liberación. Y a partir de ese momento la actividad expositiva de Blasco va en aumento, de forma que entre 1947 y 1958, celebra 11 exposiciones individuales: cuatro en París; dos en Marsella; y una en La Haya, Ámsterdam, Bagnols-sur-Cèze, Nimes y Barcelona. La obra pictórica deja de tener interés, desde los años 40, centrándose su éxito en sus obras en hierro. Blasco trabaja habitualmente sus esculturas a partir de una única lámina de metal donde ha de prever de antemano el resultado final de unas piezas que poseen una intensa y sincera carga emotiva. Las muestras celebradas en la Reyn Gallery de Nueva York a fines de 1964 y en la Galerie Grands Augustins de París en 1967, suponen el canto del cisne de la trayectoria artística de Eleuterio. Una especie de despedida artística. Tan solo tiene 60 años, pero ralentiza enormemente su actividad. Aquejado de numerosos achaques, Blasco prácticamente desaparece de los medios artísticos franceses. Blasco regresa a España definitivamente en 1985, anciano y enfermo. Cuenta con 78 años, 46 años después de que atravesara la frontera. Es más, su primer viaje a España, con grandes dudas y miedos todavía, data de 1968, 29 años trascurridos desde el aciago 10 de febrero de 1939 en que abandonó suelo español. Y durante 28 años fue administrativamente un refugiado, hasta que en 1967 el Consulado General de España en París le emitió un certificado de nacionalidad. En su humilde y solitaria habitación de un hostal barcelonés, desconocido por unos, olvidado por

Arriba: Sin título, hacia 1939, tinta sobre papel, 31x24,7 cm. Museo de Molinos. Abajo: El vagonero, hacia 1940-1942, hierro, paradero desconocido. Archivo particular (Barcelona).

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otros, Blasco guardaba una vieja maleta llena de recortes de prensa, fotografías, revistas, cartas… retazos de una vida dedicada al arte. Recuerdos de un París que le abrió sus puertas. Apenas los últimos dos meses de su vida, Eleuterio residirá en la Residencia para la Tercera Edad de Alcañiz. Allí fallecerá a los 86 años de edad, el día 29 de julio de 1993. El cadáver fue velado en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Molinos, localidad natal de su madre, donde se halla enterrado. El Museo de dicha localidad conserva el legado que el autor realizó a mediados de los años ochenta, excelente oportunidad para contemplar in situ la interesante producción de este aragonés. •

Arriba: Mujer llorando, hacia 1950-1951, hierro, paradero desconocido. Archivo particular (Barcelona). Abajo: Maternidad, hacia 1950, hierro, paradero desconocido. Archivo particular (Barcelona).

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El arte románico del maestro de San Juan de la Peña

La portada de la iglesia de San Miguel en Almudévar y su relación con la portada norte de San Salvador de Ejea de los Caballeros y otras portadas de las Cinco Villas JOSÉ LUIS GARCÍA LLORE

Si usted es vecino de Almudévar o está familiarizado con el paisaje urbano de esta población de la Hoya de Huesca quizá se haya hecho una pregunta al encarar este artículo: ¿a qué iglesia de San Miguel se refiere el título? Porque en Almudévar hay tres iglesias: la parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, que es la más grande e importante; la primitiva iglesia parroquial de estilo románico tardío, situada en el recinto del castillo, en ruinas, dedicada a Santa María; y la ermita de la Corona, también situada en la zona alta de la población junto al castillo. No se trata de un error. Tenemos la certeza de que en Almudévar existió durante muchos siglos otra iglesia de estilo románico, dedicada a San Miguel Arcángel, ricamente decorada, que debió constar de una sola nave terminada en ábside semicircular, cubierta con bóveda de cañón apuntado sobre arcos y columnas, similar otras iglesias de la tierra media aragonesa construidas en el siglo xii. La existencia de la iglesia de San Miguel está demostrada documentalmente. No se conserva testimonio alguno sobre su fecha de su construcción o sobre la identidad de sus comitentes, pero, en cambio, sí que hay constancia documental de su destrucción, que fue decidida por el concejo de Almudévar en la segunda mitad del siglo xviii. Los motivos eran de índole práctica: en 1750 se decidió trasladar la parroquia de la localidad, que hasta entonces se encontraba en el castillo de la Corona, hasta la zona baja de la población. Y el lugar escogido fue la iglesia de San Miguel, que en la Edad Media había sido parroquia

de un burgo de repoblación, ubicado alrededor de la actual calle Arrabal. La iglesia de San Miguel debió resultar demasiado pequeña para la población de Almudévar en el siglo xviii, por lo que acabó siendo derribada y sustituida por una nueva construcción de estilo dieciochesco, realizada entre 1759 y 1763, que cuadruplicó el tamaño de la anterior, que además cambió su advocación original por la de Nuestra Señora de la Asunción. Por suerte, los constructores de esta nueva obra tuvieron la delicadeza de respetar e integrar un fragmento del anterior templo: su portada románica principal, que entonces debía lucir una primorosa decoración escultórica. Esta portada románica, importante testimonio material de la desaparecida iglesia de San Miguel, se conserva aún hoy día adosada al muro sur de la parroquia de la Asunción, en estado ruinoso. Su decoración escultórica se encuentra muy desfigurada, aunque conserva numerosos detalles que permiten atribuirla a un taller que operó a finales del siglo xii en el ámbito geográfico de la actual comarca de las Cinco Villas en la provincia de Zaragoza y en su entorno inmediato, en las provincias de Navarra y Huesca. Se trata del taller del maestro de San Juan de la Peña, escultor y arquitecto que realizó diversos trabajos en iglesias localizadas en las poblaciones de Uncastillo, Luna, Ejea de los Caballeros, Tauste, Luesia y El Frago en la provincia de Zaragoza, en Sangüesa en la provincia de Navarra y en Agüero en la provincia de Huesca, así como la construcción y decoración de dos

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Columna izquierda: San Miguel de las Huertas, Almudévar (Huesca). Columna derecha: San Salvador, Ejea de los Caballeros (Zaragoza).

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claustros, en los monasterios de San Juan de la Peña y San Pedro el Viejo de Huesca. La portada de San Miguel de Almudévar se abría en el muro sur de la iglesia románica y constituía el acceso principal a este desaparecido el templo. Sus fragmentos ofrecen grandes semejanzas con las portadas realizadas por el maestro de San Juan de la Peña en iglesias de las Cinco Villas, siendo una de las de mayores dimensiones del grupo, junto con la portada norte de San Salvador de Ejea. Sólo conserva tres arquivoltas visibles (las tres externas), al estar tapiado su vano con ladrillo, aunque es muy probable que tuviera en origen otras dos más (internas), rodeando un tímpano con una escena evangélica, según el modelo de la portada norte de San Salvador de Ejea, aunque manifiesta también grandes similitudes con el diseño de la portada sur de San Nicolás de El Frago, que así mismo consta de cinco arquivoltas. Tan solo conserva seis capiteles, tres en cada lateral, con relieves muy destruidos, que representaban figuras del bestiario medieval, el tema más habitual para este tipo de soporte en las portadas del taller, con representaciones muy cercanas a las que se localizan en las portadas meridionales de Santiago de Agüero, San Nicolás de El Frago y San Miguel de Biota. El capitel mejor conservado permite reconocer dos cuadrúpedos enfrentados a los lados de una palmeta con fruto esférico en su vértice, con un estilo de talla y un lenguaje formal muy característicos del taller. Lo mismo cabe decir de la imposta que coronaba los capiteles, igualmente muy destruida, pero con fragmentos que muestran una decoración de granadas entrelazadas, que se repiten en casi todas las obras del maestro y su taller. Pero quizá el detalle que mejor manifiesta la huella estilística del maestro de San Juan de la Peña sea la decoración de su arquivolta interna, que constaba de 22 dovelas talladas con escenas narrativas, que se disponían en sentido concéntrico y radial al desaparecido tímpano, exactamente con la misma distribución que se aprecia en las arquivoltas de la portada norte de San Salvador de Ejea y de la portada sur de San Nicolás de El Frago. Estas dovelas han sufrido un desgaste muy similar al que afecta a la portada de El Frago, que ha diluido los contornos de los relieves haciendo muchas escenas irreconocibles. No obstante, el ojo familiarizado con el estilo del maestro reconocerá que las dovelas de la portada de Almudévar representaban en origen temas del Nuevo Testamento, que se leían de izquierda a derecha, pudiéndose apreciar todavía las escenas del Nacimiento de Jesús, el Anuncio a los pastores, la Cabalgata de

los Reyes Magos, parte de la Epifanía (falta una dovela), la Huida a Egipto y, al parecer, diversas secuencias de la Matanza de los Inocentes, con modelos que se repiten en la portada norte de San Salvador de Ejea y en el claustro de San Juan de la Peña. Para datar la construcción de la iglesia de San Miguel de Almudévar debemos saber primero que esta población, que fue uno de los últimos reductos musulmanes en la reconquista del Altoaragón a finales del siglo xi, fue definitivamente tomada por los cristianos en 1118, concretamente por tropas gasconas y bearnesas, que al parecer arrasaron el lugar cuando se dirigían hacia el sur para prestar apoyo en el sitio de Zaragoza. De modo que la repoblación de Almudévar no debió haberse efectiva hasta bastante más tarde, estando testimoniada en 1170, cuando el rey Alfonso II otorga carta puebla a sus habitantes y les cede el cerro de la corona para que construyan una parroquia. Este dato indica que la iglesia de Santa María, primera parroquia de Almudévar, tuvo que construirse a partir de entonces, lo que confirma el estilo románico tardío de sus ruinas, localizadas en el recinto del castillo. Por el contrario, la construcción de la iglesia de San Miguel parece obedecer a un momento un poco posterior, relacionado con el éxito del proceso repoblador, como indica su ubicación en la zona llana (ocupaba el mismo lugar que la actual parroquia de la Asunción) y su proximidad a la calle Arrabal. Este progreso de la actividad repobladora en Almudévar se encuentra testimoniado por un documento de 1184, por el que Alfonso II ratifica la carta puebla de 1170, coincidiendo con el reparto de tierras entre sus 300 pobladores, procedentes en su mayoría de la Jacetania y del somontano oscense. 1184 es por tanto un excelente punto de referencia para situar la construcción de San Miguel de Almudévar. Fecha que no se contradice con la actividad del maestro de San Juan de la Peña, artista vinculado precisamente a la repoblación de la «tierra nueva» aragonesa, que en la actualidad se data hacia 1165–1190. •

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La cripta románica de San Salvador de Luesia (Zaragoza): nuevas interpretaciones JAVIER CABELLO GARCÍA

La portada meridional de la iglesia de San Salvador de Luesia, aunque tapiada, muestra una decoración muy sencilla —y lamentablemente también muy deteriorada por la erosión— que se circunscribe a unos capiteles con decoración vegetal estilizada salvo uno de ellos, historiado con relieves, que muestra a tres personajes, de los que se advierte que son dos ángeles o seres celestiales flanqueando una enigmática figura central vestida con unos largos ropajes. Lamentablemente, nada se ha conservado de los detalles de sus rostros, consumidos por el paso del tiempo… Tradicionalmente, se ha venido atribuyendo a este capitel como una Anunciación, sin embargo resulta muy curiosa la presencia de dos ángeles flanqueando a la supuesta Virgen María además de que este mismo motivo ya está representado en la magnífica portada occidental ejecutada por el taller del maestro de Agüero, por lo que sería extraña su reiteración iconográfica en ambas puertas de acceso al templo; por ello, sugiero como hipótesis la posibilidad de que se trate de una escena del tipo elevatio animae o de elevación del alma a los cielos transportada por los ángeles. Este tema iconográfico además fue utilizado, al menos desde finales del siglo xi, por difuntos de las más altas estirpes, como muestra el sarcófago de Doña Sancha (hermana del rey Sancho Ramírez) de Jaca, originario de Santa Cruz de la Serós, o se puede apreciar decorando uno de los nichos del Panteón de Nobles del monasterio oscense de San Juan de la Peña… ¿Se trataba de una especie de señal simbólica o signo distintivo funerario de la más alta nobleza aragonesa? En este sentido, tendría lógica la decoración del resto de capiteles de

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esta portada con motivos vegetales, como trasunto de puerta del Paraíso Celestial y camino de salvación que tienen los templos cristianos. Tampoco debemos olvidar que esta puerta estaba situada en su día muy cerca del camposanto o cementerio parroquial medieval, es decir, los alrededores exteriores en torno a los ábsides y también, tal y como veremos luego, con un uso funerario de la cripta ya que, nada más cruzar el umbral de la puerta se podía descender fácilmente a la cripta al girar a la derecha (véase figura 1) por lo que esta iconografía de esperanza de la salvación eterna de los difuntos y su ingreso en el Reino de los Cielos sería muy oportuna. Al interior del templo, en la cripta recuperada por los luesianos siguiendo la iniciativa del recordado Mosén José Luis Lobera Salvo, se documentó en el desescombro de los años setenta del pasado siglo una interesante inscripción de cronología medieval ubicada en la parte baja de una pared de la sala principal, que fue leída en su día como donaiatae, atribuyéndose a una mujer, una tal «Doña Ata», y que considero que debiera ser reinterpretada en su transcripción y lectura. Siempre se ha pensado que esta inscripción pudiera tener algo que ver con una misteriosa tumba que se encuentra ocupando un lugar central o destacado en la nave principal de la cripta y que se consideró, por tanto perteneciente, a modo de epitafio, a la ya referida «Doña Ata». En efecto, esta tumba en su momento estaría posicionada alineándose bajo el mismo altar románico que se situaría en la nave principal superior de la iglesia. Debo destacar que resulta del todo punto extraordinario para la época medieval que una tumba se sitúe de un modo tan absolutamente privilegiado,

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ya que en los templos cristianos el altar, donde se desarrolla el principal sacramento de la eucaristía, es el punto que emana sacralidad y salvación hacia todo el templo. Lamentablemente, los restos de esta tumba están todavía sin ser investigados en profundidad, y ciertamente debieron haber sido alterados durante el desescombro de los años setenta, ya que fueron removidos y volvieron a ser sepultados de nuevo con un cierre de sencillas tablas de madera que es el que todavía podemos ver hoy. Pero volvamos a la inscripción. Su situación, tan cercana al suelo de la cripta, excluiría una reseña fundacional, por lo que estaría en conexión o con la identidad de la tumba de la cripta, humildemente señalada (aunque también es posible que, al ser necesario agacharse para ser leída, indicara justo lo contrario, una buscada forma de respeto por parte del lector hacia lo que indicaba la inscripción) aunque muy privilegiadamente situada bajo el altar mayor de la iglesia, indicaba algo que estaba situado inmediatamente sobre ella (¿algún tipo de estandarte o armas dejadas por alguien como acto votivo?). En mi opinión, la clave de su lectura se encuentra en las dos primeras letras, (d-o) minúsculas y, más concretamente, en la línea marcada sobre la vocal, que es el modo habitual durante la Edad Media para indicar una abreviatura a desarrollar. A partir de la o minúscula, aumenta el tamaño de las letras de la inscripción, marcando una diferenciación muy clara respecto a las dos primeras letras de la abreviatura, y haciéndose todas ellas aparentemente mayúsculas que terminan normalmente en ápices triangulares, destacando entre ellas una letra de difícil lectura, que desde su descubrimiento se había interpretado como una T con el travesaño superior angulado hacia la izquierda, pero que creo correspondería mejor a una letra K con el trazo inferior apenas visible y la última letra, a modo de L invertida, que en mi opinión contiene al menos dos líneas transversales más a modo de E. El tipo de letra utilizado en la inscripción es poco definido, pero, por la forma especial que muestra la letra A, con marcado travesaño superior, parece corresponder a una cronología difusa comprendida grosso modo entre los siglos xii–xiii. Por tanto, y a tenor de lo previamente señalado, la propuesta de lectura y transcripción que propongo como hipótesis sería la siguiente: doMAIAKAE que desarrollando la abreviatura (do: dominus o dompnus) en minúscula inicial y la última letra (nexo de E+L) del conjunto de letras en mayúsculas, quedaría como sigue:

do(minus/dompnus) MAIAKAE(L) Es decir, Dominus Maiakae(l), posible variante medieval latino del antropónimo Michael-Miquel-Miguel. Actualizado: Don Miguel. La última letra E podría ser un nexo de E+L y la L, en posición invertida, como parece indicar el trazo más alargado de la parte superior, y marcar a su vez el final de la propia inscripción, algo usual en la epigrafía medieval. Que esta inscripción, según creemos, haga referencia a un tal Don Miguel, (siguiendo, eso sí, una extraña variante quizá influenciada por el ámbito vasco-navarro), no es una cuestión menor, ya que podría referirse al conocido Don Miguel de Luesia, sin duda el principal personaje de este linaje que en la época de Pedro II de Aragón (1196–1213) ocupara cargos tan importantes como la Mayordomía Real o el enorme honor de ser el Alférez Real de Aragón, portando el señal real junto al propio rey en las batallas. En efecto, en su testamento, fechado en julio de 1212 y conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, Don Miguel de Luesia no indica lugar de enterramiento alguno, aunque deja establecido el pago de miles de misas (¡en número de 20.000!) para salvar su alma y la de su esposa, ayuda a pobres (dar de comer a dos mil menesterosos, vestir a otros doscientos más…) y otras obras pías, destacando el pago al monasterio de Roncesvalles para que unos clérigos rezaran siempre por la salvación de su alma y la de su esposa, Doña Mayor, aunque sin constatar su deseo explícito de ser enterrado en este enclave navarro. Se aprecia aquí el papel jugado por el testamento como un instrumento de salvación por parte de los más ricos y poderosos, que intentaban transformar sus riquezas terrenales en méritos y beneficios espirituales que les permitieran obtener el anhelo más sagrado y profundo existente en la Edad Media: ser uno de los elegidos para entrar en el Reino de los Cielos. Este proceso de transfiguración purificadora del alma podría también tener que ver con las ménsulas de la Portada Occidental del Maestro de Aguëro y que indican precisamente que para salvarse hay que luchar contra el mal y el pecado (un enigmático caballero lucha contra un fiero dragón clavándole su espada), y aunque finalmente se sucumba ante él por la inexorable muerte (en la segunda ménsula el caballero aparece devorado y muerto entre las fauces del dragón) y el natural carácter pecador humano existe la posibilidad de salvarse tras pasar por el Purgatorio (¿al ser engullido simbólicamente por el dragón?) y purificarse. Por ello mismo eran necesarias las obras pías, las misas y oraciones que podemos ver en los testamentos de los ricos y poderosos… En febrero de 1247, Lope Jiménez de Luesia, posiblemente

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1. planta de la cripta de San Salvador, con la ubicación de la tumba, las escaleras de acceso, la portada tapiada y la inscripción. Todo parece relacionado en torno a un espacio funerario privilegiado o nobiliar situado originariamente bajo el altar mayor. 2. vista general de la portada románica tapiada marcando la posición del único capitel figurado (recuadrado y señalado con un pequeño círculo en la planta anterior). 3. Detalle. Posible representación de la elevatio animae, tema recurrente en la iconografía funeraria nobiliaria medieval peninsular. 4. detalle de la inscripción (¿epitafio?) medieval de la cripta de San Salvador de Luesia: la lectura propuesta es: doMAIAKAE siendo la transcripción: do(minus/mpnus) MAIAKAE(L)-(¿Don Miguel de Luesia?)

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sobrino-nieto de Don Miguel, se hizo con la propiedad del castillo y la villa de Luesia a cambio de unas alquerías ganadas en Mallorca y Valencia y previo pago de una importante suma de dinero al rey Jaime I. Hasta entonces, Luesia había sido una villa de realengo, por lo que cabe suponer que el linaje de los Luesia siempre había tenido como objetivo último apoderarse de una tenencia histórica que, aunque propiedad real, daba nombre su propio linaje. Por esas fechas la abadesa de Sigena, —donde al parecer fue enterrado Don Miguel junto al rey Pedro y otros nobles aragoneses tras morir en la infausta batalla de Muret en septiembre de 1213— era Oria Jiménez de Luesia, tía de Lope Jiménez y sobrina de Don Miguel de Luesia, ya que su padre Jimeno de Luesia era hermano suyo. Incluso aparece como beneficiaria en el testamento de Don Miguel de Luesia anteriormente citado. Es decir, quizá fuera este el momento más propicio u oportuno para exhumar los restos de Don Miguel en Sigena y ser trasladados a Luesia al lugar más honorable posible, esto es, bajo el altar mayor de la iglesia del castillo, donde siempre recibiría los beneficios espirituales de los oficios divinos. Para un linaje de la nobleza, la mejor manera de reivindicar la gloria de su estirpe era promocionar a los representantes que más hubieran destacado al servicio de la Corona de Aragón y este es el caso más que evidente de Don Miguel de Luesia, quien fuera Mayordomo y Alférez Real de Pedro II. Es decir, los restos mortales de Don Miguel eran el principal símbolo o mejor, evocación simbólica del poder alcanzado por su propio linaje. Don Miguel de Luesia fue una auténtica celebridad en su época; nombrado por destacados trovadores, al parecer fue amante de la poesía provenzal y su figura y nombre es citado por autores tan significativos como Peyre Vidal, cuyos versos recordamos en la fiesta medieval luesiana de la Don Miguelada, de la que ya llevamos celebradas tres ediciones, y que la Asociación Cutural Fayanás de Luesia inició en el verano de 2012 coincidiendo con la efeméride de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Por tanto, y ya

para concluir, no debemos descartar, al menos como hipótesis, que los restos mortales de Don Miguel terminaran finalmente en Luesia, en el lugar principal y más destacado posible para ganar la salvación eterna: bajo el mismo altar mayor de la iglesia del castillo, cuya portada magna occidental realizada por el prestigioso taller del famoso Maestro de Agüero, tal vez sufragó con sus amplias riquezas antes de morir en la batalla de Muret. Si esto fuera así, la inscripción de la cripta cobraría entonces todo su significado histórico, sirviendo como evocación simbólica y recuerdo constante de la fama y de la gloria del linaje medieval de los Lusia/Luesia, una vez que se hicieron con el castillo y villa homónimos en febrero de 1247, y de los que precisamente Don Miguel fue su principal representante histórico. •

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viajar

Dharamsala y el Dalai Lama ISAAC SIERRA SAGASTE

Desde hace 25 años hago realidad mi sueño: conocer el mundo desde la bicicleta. A lo largo de todo este tiempo he pedaleado más de 250.000 kms, recorriendo España, Francia, Italia, Eslovenia, Bosnia, Serbia, Croacia, Bulgaria, Turquía, Noruega, Marruecos, Mongolia, Nepal, India, China y Tíbet. He visitado enclaves maravillosos como el Himalaya, los desiertos del Gobi y el Sahara, la jungla del Terai en Nepal, los fiordos noruegos, Cabo Norte y un sinfín de ciudades mágicas y sagradas. Aunque, a decir verdad, lo que más me impactó fueron las gentes del camino, conociendo de primera mano valores universales como la hospitalidad, la amistad, el respeto, la tolerancia, la superación y el trabajo en equipo entre otros muchos. Les dejo con un fragmento de mi llegada a Dharamsala, destino final del viaje de 2011, entre Katmandu (Nepal) y la residencia del Dalai Lama en el exilio indio, tras veinte días de esfuerzo y soledad, pero también de innumerables recompensas en forma de vivencias únicas e irrepetibles. 19-10-2011. himalaya indio Atravieso el bullicio de Kangra para entrar de lleno en las zonas rurales situadas a las faldas de las montañas. Silencio y pastoreo. Los gaddis, pastores seminómadas de este enclave del Himalaya, aparecen en escena. Han pasado el verano en las partes altas y ahora buscan el refugio de los valles para resistir el duro invierno con su ganado. Las terrazas con campos de arroz y té preceden a los khads y nallahs, como aquí llaman a los precipicios y gargantas. Las primeras rampas aparecen sin avisar, preludio de los próximos 25 km. Son las 11:00 de la mañana y el calor me funde contra el asfalto; durante al menos tres horas deberé poner mi

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cuerpo al límite a base de golpes de riñón y cara de perro. No hay otra. Voy ganando altura enseguida hasta cotas por encima de los 1000 metros. India, como un devastador e interminable océano, va quedando a mis pies. Subo la música del reproductor para escuchar «Don't Give up» del magnífico Peter Gabriel. Un impulso preciso para darme moral. «Pedaleo, sigo pedaleando». Uno tras otro. Golpe de riñón, dientes apretados, respiración profunda. Gesto fruncido, mirada al suelo y dolor en las articulaciones. «¡Vamos, el último esfuerzo! ¡Un poco más!», me repito constantemente como buscando un empujón extra, quizá como el que me dio en su día la mano de mi abuelo, mientras aprendía a montar en bici por las descorchadas y empinadas callejuelas del Mesón Viejo ejeano. Un puzzle de pensamientos, recuerdos y anclajes emocionales se pasean a su antojo por mi aturdida mente. Llevo 9 km desde Kangra y una visión imponente de la India, bajo la clara luz del mediodía, me emociona. Empujo el manillar hacia adelante en cada golpe de espalda para vencer la fuerza de la gravedad. Las piernas duelen mucho, pesan, sudan, crujen y parece que van a explotar en cualquier momento. Un hilillo de voz suelta, de vez en cuando, lamentos agónicos de forma instintiva. Varios buitres del Himalaya planean sobre mi cabeza proyectando su sombra en la carretera, mientras una maraña de flashes de todos y cada uno de los viajes pasan por mi mente, tras tantos días de vivencias únicas y emociones al límite: «los primeros kilómetros en una bici de carreras con mi padre, amanecer en una Yurta con familias nómadas de Mongolia, el estruendo de la jungla nepalí, la grandeza de los Annapurnas y el Dhaulagiri, la espiritualidad de Tansen y Baktapur, la dureza de los sherpas, la insultante pobreza de los intocables, el silencio de Kongor Els en el desierto del Gobi, la espectacular belleza de Cabo Norte, la llegada a Estambul y todos los rostros amigos del camino». Hoy todo cobra sentido. Por fin entro de lleno en las escarpadas calles de Dharamsala. Las gentes cruzan a su antojo formando tumultos que debo sortear como buenamente puedo; autobuses y camiones bajan de las montañas rumbo a Kangra y hacen maniobras imposibles para atravesar el cuello de botella del corazón de la ciudad. Quedan 10 km de regalo hasta la residencia en el exilio de los tibetanos, Mcleod Ganj. Me hidrato bien y como un plátano y un gel de glucosa. Debo echar el resto, como se suele decir, ya que son los últimos 10 km del viaje. Rechinan las cigarras bajo el aplastante sol de mediodía. Su «cha, cha, cha…» penetra hasta mi hipotálamo, trasladándome hasta los veranos de

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las Cinco Villas, tórridos y eternos, buscando tras los juegos y correrías, la limonada helada de mi abuela. Los sonidos, como los olores, nos transportan en un segundo hasta los momentos vividos en otro tiempo y en otro espacio. Parecen naves del tiempo. Las cumbres, de hasta 6.000 metros, se elevan frente a mí, con ligeras trazas de nieve por sus aristas norte. Más arriba y tapados por los primeros frentes montañosos, se esconden el fantástico Nanga Parbat (8.126 m) y el Kanchenjunga (8.598 m), tercer pico más alto del mundo tras Everest y K2. «De nuevo en los himalayas», pienso para mis adentros. Me introduzco en bosques cerrados de rododendros y cedros del Himalaya, agradezco la sombra que me regalan y también el olor a conífera tan refrescante. Me levanto sobre la «burra» y estiro la espalda anquilosada de tanto golpe de riñón. Estoy cerca de

superar mis límites de resistencia, pero apenas 3 km me separan del final, por lo que una voz interior me anima a no desistir: «¡Una pedalada más!». En un claro del bosque adivino el templo Tsuglag Khang y el resto de edificios que lo rodean. Me da un vuelco el corazón. Agacho la cabeza y aprieto más los dientes, es difícil contener la emoción. Cada pedalada me acerca al final y a la vez me separa del espíritu errante del viaje, ya no hay vuelta atrás. «Esto se acaba muchacho». Pasan diez minutos de las dos de la tarde cuando me recreo con los últimos metros de un formidable viaje y una experiencia marcada a fuego en mi interior para el resto de mi vida. Solo las lágrimas de alegría sirven para expresar lo que siento en esos momentos. Pasado y presente, amores y pasiones, todo mi mundo y todo cuanto soy me parece maravilloso, espléndido, magnífico. Insuperable.

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Desde el espolón sur del valle Dhauladhar puedo otear el horizonte con una irremediable recompensa tras el brutal esfuerzo. Muy abajo queda Kangra, como un punto en la quebrada orografía del valle y más allá, la inmensidad de un país único, la India. varios días después, en el templo tsuglag khang… 9:00 horas de la mañana. La expectación ante su inminente llegada es enorme. La gente corre de lado a lado buscando su sitio reservado. Los nervios se palpan en el ambiente, cargado de una mezcla de paz y frenesí. Debo pellizcarme para creerme que estoy allí, en un lugar sagrado y a punto de ver al premio Nobel de la Paz y guía espiritual de tantos millones de personas en el mundo; un ser humano excepcional que ha llenado de esperanza y ganas de vivir a un pueblo

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maltratado por la historia, expulsado de su hogar y olvidado por el resto de la humanidad. Me tiembla todo el cuerpo y no es para menos. Los nervios provocan un llenado súbito de mi vejiga, hasta tal punto que tengo que abandonar mi diminuto espacio reservado y acceder a los urinarios del templo, situados en una zona exterior. Mientras micciono, observo las cumbres nevadas del Himalaya Indio. La frescura de la mañana se cuela hasta lo más profundo de mis huesos. Dos lamas de avanzada edad se disponen a hacer pis a ambos lados de un servidor. Engalanados con sus túnicas granas, hacen verdaderas peripecias para realizar el acto de micción sin derramar ni una gota sobre sus oriundas vestimentas. Suspiran y miran al cielo. En mi vida hubiera imaginado compartir urinario con dos lamas ti-

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betanos, la verdad. Finalizo rápido. Varios monjes exaltados hacen fila para entrar. Al parecer no soy el único al que los nervios le juegan una mala pasada. La ceremonia de iniciación al budismo tibetano impartido por el XIV Dalai Lama está a punto de comenzar. Acelero mi marcha con el fin de llegar lo antes posible a mi pequeño puesto de audición, atravesando con sobrealiento las correspondientes dependencias y pasillos que preceden a la sala acondicionada para el evento. De repente y sin esperarlo, al tomar una de las curvas de los pasillos a toda velocidad, me doy de bruces con el mismísimo Tenzin Gyatse, el Dalai Lama. Casi nos chocamos ante la incredulidad de su séquito de guardaespaldas y lamas. Nuestras miradas se cruzan. Él sonríe, yo tiemblo. Él asiente, yo tiemblo. Él prosigue firme y rápido,

con pequeños y decididos pasos hacia el gentío que aguarda impaciente en la parte superior del templo. Yo permanezco en mi estado de shock, durante varios segundos hasta que, súbitamente, vuelvo a la realidad, empujado por los monjes que regresan de los urinarios velozmente con su vejiga ya vacía. Una vez en mi puesto, tomo los auriculares y me acomodo en mi diminuto espacio. Vuelvo a pellizcarme para asegurarme de que no es una ensoñación. Estoy agotado y con fiebre, pero me siento mejor que nunca. «¡Estás aquí, maño testarudo!», me repito una y mil veces para mis adentros, mientras respiro hondo y contengo las lágrimas. • A mi querida madre. Extraído de mi diario de viajes.

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Los Don Quijote de la Franja de Gaza ISABEL PÉREZ

La figura del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha... Lo recuerdo como un hombre aventurero que, dando rienda suelta a su imaginación, logró vencer a gigantes y ejércitos. Todo lo imposible lo hacía posible, con una valentía soberbia. Aquí en Gaza también hay muchos don Quijote que, aplicando el enloquecimiento que surge tras más de ocho años de bloqueo israelí, encerrados, sin poder salir ni encontrar trabajo, crean sus fantasías e intentan materializarlas. Son los don Quijote gazatíes cuyas hazañas superan la ficción y la imaginación... Estas son historias reales. el beduino rojo Basel es un palestino beduino, natural del desierto del Negev, y es rojo, porque es comunista. Pasó tres años en la sombra en cárceles israelíes como prisionero político. Su altura sobrepasa la normalidad. Es demasiado alto pero no por ello torpe, al contrario, es ágil con sus piernas y con sus manos. Hace obras de arte usando cemento, piedra, ladrillos, pintura o papel... con los pocos materiales existentes en Gaza. Pasa días enteros terminando encargos artísticos, aunque a duras penas le pagan unos shekels. Una tarde cualquiera, Basel y un amigo suyo del campo de refugiados palestinos de Yabalia, deciden buscar un rincón tranquilo en la playa y disfrutar del atardecer. Evitando, eso sí, los lugares donde las aguas residuales de la ciudad desembocan en el mar. De repente dice Basel: «Me voy a Malasia. Allí me han dicho que encuentro trabajo seguro. Tratan muy bien a los palestinos». Su amigo, extrañado y a la vez acostumbrado a estas quijotadas de Basel le contesta: «Pero, ¿cómo saldrás de la Franja? Necesitas un visado o una carta de invitación». Basel le responde

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tranquilamente: «Conseguiré una invitación y, si no la consigo, saldré por un túnel». Su amigo le mira asustado, es una hazaña muy peligrosa. «Basel, salir por un túnel hoy por hoy es un suicidio. Te meterán en la cárcel y ya sabes cómo son las cárceles egipcias...». Basel comienza a incomodarse, cambia de tema y comienza a hablar de cómo modificar los estatutos del Frente Popular para la Liberación de Palestina. A los pocos meses, Basel, acercándose con grandes zancadas, declara felizmente: «Me voy a Cátar». Su amigo le replica con un largo «¿Queeeé?». «Me voy a Cátar —repite Basel—. Han dicho en la tele que van a ofrecer trabajo a más de mil palestinos.» Su amigo muestra cierto hartazgo. Bien quiere y aprecia a Basel, pero cada día llega con ideas más ingenuas. «Y, ¿por qué te van a coger a ti? La tasa del paro aquí en la Franja es del 50 %. Hay cientos de palestinos que querrán ir». «Me escogerán a mí, lo harán —afirma inamovible Basel—. Soy buen trabajador. Aguanto más que los demás». Dos años después de esta conversación, Basel, ni ha conseguido salir de la Franja para ir a Malasia ni el gobierno catarí le ha llamado para trabajar de jornalero. A pesar de todo, cada semana a Basel, que tiene ya 35 años, le surgen ideas de proyectos nuevos que nunca cuajan, que nunca encuentran una salida, que suenan imposibles solo por la condición de vivir en la Franja de Gaza. el padre de mohammed Mohammed es un hombre de familia, con trabajo fijo, coche y casa. Los martes, jueves y sábados lleva a su anciano padre al hospital A-Shifa, en la ciudad de Gaza, para su sesión de diálisis. El viejo Zohdi fue comisario político y combatiente palestino. Luchó contra la ocupación israelí junto a las filas armadas de Fatah del que era miembro del Comité Central. Zohdi es admirado y recordado como uno de los mejores, quizás, porque siempre terminaba peleándose con el actual presidente palestino, Mahmud Abbas. Ahora sus ojos brillan de cansancio, sus manos tiemblan, su mente es lenta, pero su testarudez quijotesca sigue siendo la misma. Un día, Mohammed recibe una llamada inesperada de su hermana: «Papá se muere. Su riñón no puede más, el médico ha dicho que necesita una operación urgente en Egipto.» Mohammed no pierde ni un minuto. Habla con su esposa e hijos, hace las maletas, recoge a su padre y se lo lleva a la frontera con Egipto. La mujer de

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Zohdi, la madre de Mohammed, es egipcia por lo que logran salir de la Franja sin mucha dificultad. En Egipto, a Mohammed no le convence ninguna de las clínicas a las que van. Piensa que solo quieren dejar morir a su padre y cobrar el dinero. Finalmente, lo interna en una clínica donde pasa varios días bajo observación. El viejo combatiente tiene demasiados males para operarle de uno solo. Mohammed decide llevarlo de vuelta a casa. En el largo camino que separa El Cairo del paso fronterizo con la Franja de Gaza, el taxista propone un descanso y tomar un té. Están muy cerca de la frontera. Zohdi comienza a gritar: «¡No, no, no!». Mohammed intenta persuadir a su padre de que necesitan descansar. «¡No, no! ¡Seguimos, seguimos!», insiste el obstinado padre. Ya a las puertas de la frontera, Mohammed mira a su padre. Está pálido, con la mano en el pecho y con una expresión de preocupación. Mohammed entiende todo: su padre siente que se está muriendo. Cuando el guardia egipcio le devuelve los pasaportes, se apresura con su padre al otro lado del paso, a territorio palestino. Su padre quiere morir en Palestina, por eso no quería repostar en el camino. «Papá, ya hemos entrado a Gaza. Estamos en la Franja. Llegaremos a casa en 45 minutos en cuanto encuentre un taxi». Pero Zohdi ya no responde. En su cara se dibuja una sonrisa: ha muerto en Palestina, y lo ha hecho igual que vivió: resistiendo. •

Arriba: Basel (derecha) con un amigo suyo. Abajo: Jóvenes pescadores con la bandera de Palestina.

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Los nervios de María DAVID VILLAFRANCA PEMÁN

La noche antes de su viaje, María estaba tan nerviosa, tan excitada, con tantas ganas de contar sus planes y las mismas de comerse el mundo, que en un momento concreto dio una vuelta sobre sí misma sin dejar de hablar. Fue un movimiento elegante, armónico, un gesto muy plástico, como si escuchara en su cabeza a una diminuta orquesta tocando un vals vienés. Estaba recordando cómo había sido la despedida de Uncastillo y no interrumpió su relato con el giro. Tenía tanta energía en el cuerpo que no le bastaba con soltar y soltar palabras como una cascada en primavera: no podía estar quieta ni un solo instante. Al día siguiente, María cogería un vuelo que la llevaría primero a Ámsterdam y luego a México DF. Era el primer paso de su gran aventura: cinco meses de prácticas en un hospital de Guadalajara. Durante mucho tiempo estuvo planificando todo, apuntando los lugares que quería visitar, los platos que debía probar, las cosas que tenía que conocer en México. Hacía tiempo que a María el cuerpo le pedía volar. Intentó conseguir un intercambio en Argentina pero no se lo dieron; se tuvo que conformar con un curso de un par de semanas en un hospital rumano. Quiso irse de Erasmus, pero su nota no era suficiente. Varias de sus amigas de Medicina están ahora de intercambio en la República Checa. La noche antes de su viaje, María pudo haber pensado en el largo camino que la llevó desde Uncastillo hasta ese día. Tal vez recordó la desilusión de la selectividad, cuando no consiguió la nota necesaria para estudiar Medicina. Entonces decidió parar y tomar aire, prepararse un año entero y volver a presentarse a la selectividad. Algunos pensaron que era una locura, una jugada muy arriesgada, una auténtica te-

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meridad, pero ella estaba convencida de lo que quería y de que si no lo hiciera siempre se arrepentiría. Al segundo intento mejoró su nota, pero tampoco fue suficiente. En octubre empezó Biología Sanitaria en Alcalá de Henares. A las pocas semanas, le llamaron de Huesca porque una de las plazas libres de Medicina tenía su nombre. «A ti, del que todos se ríen cuando dices que quieres ser periodista». Esta dedicatoria es de Iñaki Gabilondo, pero si al final pusiera «médica» quizá le gustaría a María. Le costó llegar a Medicina y se ha esforzado para ir aprobando las asignaturas. Fue a algunos septiembres, se acostumbró a perderse fiestas y navidades por estudiar y se apuntó a las jornadas completas de biblioteca, pero ahora ya ve cerca el final de la universidad. Tanto trabajo sólo se explica por una vocación genuina y la aventura de Guadalajara era una guinda ideal. La noche antes de su viaje, fuimos a cenar con un par de amigos a un bar de Lavapiés, que es casi como volar a Marruecos o la India dentro de Madrid. Huevos rotos con jamón fue lo último que María probó en España. Luego bebimos cervezas, bastantes cervezas, y hablamos de México, de México y de México. Cuando María vuelva en julio a Uncastillo no será la misma María. No es que viajar abra la mente: viajar agita cabezas, las descoloca, les da la vuelta y el cóctel resultante suele ser una catarsis anfetamínica e inspiradora. Cuando aterrizas en un lugar que no es el tuyo, te das cuenta de que la comida de tu abuela no es la mejor, de que tu pueblo no es el más bonito y de que tus fiestas no son las más divertidas. Lo diferente, para el que quiere verlo, siempre es enriquecedor. La noche antes de su viaje, María contaba con ilusión que espera convencer a su padre para que vaya a visitarla a Guadalajara. Ojalá lo consiga, pero María cambiará y, aunque no vaya su familia, también ella hará que cambie Uncastillo. El escritor Julio Llamazares dice que «cuando vuelves ya no eres el mismo, y lo que encuentras ya no es igual que lo que dejaste, aunque lo parezca». De vuelta en el bar Toperas, o en su pipete, o en una comida familiar, María contará mil historias, quizá mientras da giros sobre sí misma, y sus más cercanos participarán también de su viaje, de todo lo que aprendió y de todo lo que vivió. Uncastillo no será igual, de la misma manera que cambia Ejea cuando una periodista ejeana vuelve de Colombia o cuando un músico de Santa Engracia regresa de Holanda a su casa.

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Tolouse Pau Oloron

SAN SEBASTIÁN PAMPLONA

Jaca

LOGROÑO

HUESCA

UNCASTILLO BARCELONA

ZARAGOZA

MADRID

VALENCIA

María tiene suerte porque sabe que Uncastillo la espera, pero muchos de la generación «más preparada» de España se van sin billete de vuelta. Un país que empuja a los más jóvenes a irse para no volver es un país quebrado, con un corazón podrido, que desprecia su futuro, que no ve más allá del dato del paro de este mes y del IPC del siguiente. Ellos lo llamaron «movilidad exterior». Enfrente los acusan de «cortoplacismo». Tal vez debamos empezar a llamar las cosas por su nombre: ceguera, ineptitud, vergüenza, miseria. María me escribe por whatsapp desde el otro lado del océano. Acaba de regresar de un viaje de diez días por Cuba y cuenta que le habría encantado perderse en La Habana. Ahora está en Cuernavaca, la ciudad de «la eterna primavera», y ya se ha rendido a

delicias mexicanas como el pozole o los chilaquiles. También ha tenido tiempo para sufrir sus primeros percances. Al bajar de la pirámide del Tepozteco se torció el tobillo y tendrá que andar con muletas durante algunas semanas. Gajes del aventurero, pero que no le hacen perder el optimismo: es incapaz de disimular que le encanta vestir tirantes en febrero. Dentro de poco comenzará sus prácticas en Guadalajara y María dice que tiene «miedillo» sobre cómo se desenvolverá en el hospital. Tal vez no lo sepa aún, pero seguro que lo aprenderá en nada: su «miedillo», sus nervios, son el mejor presagio de que todo le va a ir de maravilla. •

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El día que reventó la presa de Anás ESTHER ORERA

Sucedió el 20 de octubre de 2012, en Sádaba, pasadas las tres de la tarde, durante el postre. Uno de los comensales alertó a sus compañeros de mesa que su hijo había leído en Twitter que «había reventado la presa de Anás», en Uncastillo, aguas arriba del río Riguel. El efecto fue inmediato. En unos se manifestó la histeria; en otros, la preocupación. Bastaron cuatro llamadas para comprobar que el embalse seguía en su sitio. Aquel tuit fue lo suficientemente creíble en un día en el que no dejaba de llover para que volvieran a la retina las imágenes vividas el día anterior: las catastróficas inundaciones en Sádaba, la pérdida del anexo del colegio (que sigue sin solución) y los cuantiosos daños que se produjeron en numerosos pueblos de la comarca. Imaginemos que empieza a propagarse, como sí pasó en octubre de 2014 y que hizo reaccionar a los

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perfiles de Twitter de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Durante las horas siguientes al conocimiento del contagio por ébola en España de la enfermera Teresa Romero, fueron varios los bulos que recorrieron la red: se infectó un joven extremeño en Cáceres o la Universidad San Pablo–CEU «canceló» sus clases por «motivos sanitarios y de nuestra propia seguridad» (sic), previa orden del Ministerio de Sanidad. Al menos, eso sí, los profesores seguirían subiendo contenidos a la web para «no perder el ritmo de las asignaturas gracias a las nuevas tecnologías» (sic)1. No todo lo que se publica por las redes sociales es cierto pero no se puede obviar que han supuesto una revolución en las comunicaciones interpersonales y en la forma de informar e informarse. No obstante, una mentira compartida cincuenta, cien, mil veces se convierte en una verdad casi irrefutable. Mientras escribo este texto, la actriz Uma Thurman ha pasado de hacerse una operación estética que la ha dejado irreconocible a tratarse de una mera cuestión de maquillaje. El paso intermedio ha sido publicar en buena parte de la prensa internacional qué se había hecho, criticando o alabando al cirujano. Incluso algún medio se atrevió a elaborar una compleja infografía para explicar cada uno de los retoques. ¿Alguien llamó a Uma Thurman o a su representante? La confusión se generó al saltarse un concepto básico del Periodismo: contrastar. Lo reconocía el director de El Periódico de Cataluña, Enric Hernández, en el artículo «Las arrugas del Periodismo»2, publicado en ese mismo diario, al 1  Se pueden consultar varias actualizaciones en el perfil @guardiacivil de Twitter. 2 http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/thurman-lasarrugas-prensa-3933684

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ESTHER ORERA

señalar que contaban con una fotografía de la actriz distribuida por la agencia Associated Press y el revuelo que se armó por las redes sociales. Contundente se mostraba Hernández al señalar que «la distribución de información vía internet y redes sociales brinda a los periodistas valiosa información sobre los gustos e intereses de los lectores, lo que no implica que el tráfico deba dictar nuestra oferta editorial. Ni mucho menos que, por la urgencia de contar los primeros una historia, renunciemos a verificarla y contextualizarla. Nos queda mucho por aprender». Uma Thurman ha dado un toque de atención. Es algo básico: llamar, preguntar, contrastar. Y, aun así, te puedes equivocar. Hasta artículos de humor y satíricos, como los que publica diariamente el sitio El Mundo Today, han pasado por ser creíbles, conexiones en directo incluidas3. No es un caso exclusivo de España: The Onion, en Estados Unidos, también acumula unas cuantas de estas anécdotas4. Por eso, es fundamental no perder la esencia de este oficio, en una etapa 2.0 (¿o ya hemos subido de nivel?) en la que, cada vez más, todo alcanza una velocidad vertiginosa y se consumen noticias y propaganda de forma compulsiva. Las redes sociales permiten el acceso a historias, a testimonios, a convertir videos de gatitos en virales, a que el «Ecce Homo» de Borja haya llegado 3 https://www.youtube.com/watch?v=Ajn0CnTP048 4 http://noticias.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/ internet/the-onion-cuando-un-medio-se-cree-una-de-nuestras-noticiasfalsas-lo-tomamos-como-un-cumplido_JwhPODTnIaH294nbvA82c7/

a muchos rincones del mundo o que nos unamos a la causa #BringBackOurGirls tras conocer el secuestro de alrededor de 200 niñas en Nigeria por parte de Boko Haram. Son tanto una nueva fuente de información, y como tales hay que tratarlas y trabajar con ellas, como una nueva herramienta para la difusión de contenidos informativos. Deben ser, en primer lugar, los propios periodistas lo que deben autoexigirse y ofrecer un plus en un tuit. Es decir, que el tuit sea lo último de una información elaborada. Pero, además, las redes sociales permiten interactuar directamente a medio y receptor, conocer los gustos y las opiniones de aquellos que participan en estas plataformas, lo que supone una mayor exigencia por parte de los lectores. Eso sí, sin olvidar que lo que pasa en el mundo digital no tiene por qué corresponderse con el mundo real. Entre un Smartphone y la calle, debería ganar la segunda opción, es decir, el tú a tú. Nos queda mucho por aprender. Atrás han quedado los tiempos de las rss o de aquellas primeras páginas web de los periódicos que vertían sus contenidos del papel al digital. Cambian los formatos, cambian los lenguajes, cambia el continente… pero el contenido debería seguir siendo elaborado con un método artesanal, mimado y cuidado. Y como mejor se hace es con redacciones nutridas en las que se combine veteranía con juventud; memoria e innovación. Pero eso ya es otra historia. •

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creación literaria: microrrelatos

ALBERTO CABELLO

SUSANA ANDRÉS MUR

De la gratitud De la ingratitud «... y embistió con el primer molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que la hizo pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, y fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho a socorrerle a todo el correr de su asno y, cuando llegó, lo halló que no se podía menear; tal fue el golpe que dio con él Rocinante.» En cuanto el jumento se vio libre del peso de su amo, miró a Rocinante, dolorido y los ojos espantados, que intentaba ponerse de nuevo en pie, y dio gracias a los cielos que le habían dotado de una naturaleza de la que no se esperaba que fuese más que un simple asno, y, por lo tanto, no llamado a acometer tan grandes empresas como aquel noble equino. •

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«No llamará. Dijo que lo haría y ya es viernes. No llamará. Siempre la misma historia. Y yo siempre pienso que va a ser diferente. No podía seguir así, aquí sentada, junto al teléfono, esperando que suene. Menos mal que me decidí a poner un inalámbrico que me acompaña por toda la casa. Antes no me atrevía ni a ir al baño por miedo a que llamara y no llegar a tiempo de cogerlo. Ahora puedo comprobar cada minuto si hay línea. Cada dos como mucho. Aprieto el botón, me lo acerco a la oreja y en cuanto llega a mis oídos el zumbido de que sí funciona cuelgo deprisa. No quiero dar comunicando. Lo acabo de comprobar. Sí que funciona. Pero no va a sonar. No llamará. Y sé que no es culpa mía, lo que pasa es que soy la madre de un ingrato.» •

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creación literaria: microrrelatos

COLIN BOYD CONN

COLIN BOYD CONN TRADUCCIÓN: IRENE VILLA ORDUNA

When I look with the eyes of investigation, I put on this mask. I look at the world through this mask, it looks different. When I see the world in this way, I become different with the reflection that I have just seen. When I become different, I continue to wear the mask. When I want to investigate the world. When I wear the mask, I change with the reflections I see. When I undergo so much change, I forget that I'm wearing the mask. •

Cuando observo con ojos de investigador, me pongo una máscara. Miro al mundo a través de esta máscara, se ve diferente. Cuando observo el mundo en este sentido, me convierto en alguien diferente por el reflejo de lo que acabo de ver. Cuando me hago diferente, sigo llevando la máscara. Cuando quiero investigar el mundo. Cuando llevo la máscara, me transformo con los reflejos que observo. Cuando me someto a tanto cambio, me olvido de que sigo llevando la máscara. •

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creación literaria: microrrelatos

NATALIA ALCALDE HERRERO

PATRICIA CALVANO

El viaje Dicen que te fuiste un día con tus maletas. Alguien me lo contó. Pero yo nunca me lo creí. Estás aquí, tiñendo mi atmósfera de azul, poniendo sonido a mi risa, frenando mis lágrimas y cantándome al oído. Escucho tus pasos tras de mí, te imagino sonriendo y felicitando mis logros. Me dices que me quieres en un susurro veraz y melancólico. Besas mis mejillas y abrazas mi soledad enferma. Escucho tus pasos tras de mí, sé que estás ahí, aunque jamás torne la cabeza para comprobarlo. Te siento. Estás conmigo. Años de esperanzas y sueños cumplidos. No te eché de menos, no añoré tu compañía. Ayer estaba muy triste. Desolada. Desesperada. Quería abrazarte y recibir tu consuelo. No me bastaba con imaginarte. Decidí girar sobre mis talones. Busqué tus ojos. Y no los encontré. Ayer comprendí que sí te habías ido. Y, por primera vez, te odié. •

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Nostalgia y colores Colores. Azul. Verde. Sosiego, tranquilidad. Energía, vitalidad. Así sentí yo el mar siempre, formando parte de mí… Aunque jamás tan vivo, juguetón y adolescente como antaño. Mis vacaciones en la playa. Con mi madre, mi hermana, mi familia. Mi padre del que solo podía disfrutar tres días. Las cuatro horas de viaje en tren. —Ya estamos en Tolosa —decía mi madre, mientras me tiraba del pelo para peinarme y acicalarme—. Solo quedan dos estaciones y… ¡Mirad, ya se ve el mar! ¡El mar! La sonrisa alegre de mi hermana pequeña, mis ansias de llegar. La yaya esperando en el andén. Lágrimas y abrazos. Las maletas, más besos y abrazos a la gente del barrio. Aventuras sin fin con mis primos. Complicidad, fantasías que solo se hacían realidad en aquel recóndito lugar llamado infancia. El mar. Tranquilidad y vitalidad. Mosaico de colores. Ahora… solo nostalgia. •

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creación literaria: microrrelatos

VII CONCURSO DE MICRORRELATOS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO DEL AYUNTAMIENTO DE EJEA DE LOS CABALLEROS

Suspiros

I PREMIO GEMMA ARASCO SÁNCHEZ

El mundo lanza suspiros al aire. A veces, solo a veces, dos suspiros se encuentran. Dos suspiros se entrelazan. Dos suspiros que se empujan entre ellos para seguir avanzando, porque siempre que el uno mira al otro ve que el miedo en sus brillantes ojos se disuelve, se escapa. Siguen corriendo, quieren llegar al cielo. Los demás suspiros los miran, porque ellos son todavía recientes y porque aún queda mucho camino para ambos. Algunos ponen mala cara, otros susurran por lo bajo que nunca llegarán hasta el final; demasiado prematuros, dicen. Pero no les importa, nunca les ha importado. No pidieron la aprobación de nadie. En ocasiones, dos suspiros llegan a entenderse, llegan a aceptarse. Se completan y juntos logran ascender y ascender, evitando que las nubes se traguen al otro o que el viento se aleje de su meta, que han convertido en la misma los dos. A veces, solo a veces, dos suspiros se toman de la mano y llegan a conquistar estrellas. •

No sé si sé II PREMIO DARÍO MARCOS CASALÉ No sé si sé qué es el amor. Tengo 13 años y todavía no me he enamorado. En el diccionario hay decenas de acepciones. Muchas las conozco y las siento, pero amor, amor de pareja… aún no lo he experimentado. A veces, en la calle, en el parque, en el instituto, en el cine, en los libros, veo parejas que se aman. Se miran, se dicen palabras bonitas, se besan, se acarician, se ríen, se hacen el amor. Me imagino que algún día yo viviré experiencias parecidas. Lo más cercano a mí que observo y que conozco son mis padres. Un día mirábamos juntos el álbum de su boda. Estaban felices y en algunos momentos emocionados. Yo creo que se quieren de verdad. Me gusta verlos abrazados. Me gusta oír sus palabras amorosas. Me gusta escuchar sus conversaciones. Me gusta cuando se hacen bromas. Me gusta cuando se dan ánimos… Me asusto cuando discuten y sobreviene una tormenta. Cuando amaina, los tres nos abrazamos en círculo y hacemos un circuito de besos. Durante un rato voy buscando en sus ojos una mirada como la del álbum de boda. Cuando la descubro, me siento seguro porque ha vuelto a salir el sol. •

Amar de verdad III PREMIO ELISA NAVARRO NAVARRO Música, ruido, gritos, alboroto, gente y una mirada. No fue una mirada cualquiera, sino de esas miradas que aparecen sin ser esperadas, sin ningún porqué. Y es que el amor es eso, algo que no se espera, que no se planea ni tiene una causa exacta. Que viene sin ser llamado, en el momento menos esperado. Desde aquel momento todo empezó entre los dos; cariño, confianza, respeto… una diferente y gran amistad entre Ana y Pablo. Pasaron meses y meses hasta que por fin demostraron realmente sus sentimientos, se dieron cuenta de que siempre se cuidaban el uno al otro, dejaban cualquier cosa de lado para tan solo sacarse sonrisas en los momentos más difíciles, se protegían y, lo más importante, ninguno ponía normas ni condiciones. Han pasado exactamente sesenta y cinco años, y Pablo, cada mañana, revisa las fotos que guarda de los grandes momentos junto a ella, aunque, sin duda, sabe que los más especiales no se pueden mostrar, pues están en el corazón, y siente que ella los recuerda desde ahí arriba. •

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Fila 54 ALBERTO PEÑA CÓRDOVA

«Si al bajar ves que ya me he ido, no me esperes. Pero, si me esperas, hazlo en silencio, por si escucharas el sonido de tus propios pasos».

Los últimos rayos de sol prolongan las sombras de la terraza de un viejo café, un perro mestizo ladra a un gato que cruza la calle, Rafael mira sin ver, la dueña del perro tira de la correa, el rosa y naranja del atardecer se funden con los azules verdosos de la noche en plata, el perro mestizo calla y mira a su dueña, el cartel de la pensión de enfrente empieza a parpadear sin un ritmo concreto. Entiende que es la hora de recogerse. Llamó al timbre y la puerta no se abrió, esperó y volvió a llamar. Se retiró hacia atrás y elevó la vista, en una intermitencia del luminoso creyó observar la silueta de una persona en la ventana del primer piso, se alejó para intentar ver mejor la figura, pero el letrero dejó de parpadear y el cristal reflejó la calle. Al instante, la puerta se abrió. Valerio, un hombre alto, americana azul con botones dorados, desgarbado y cara afilada picada de viruela le hizo una señal para que entrara. Atravesaron un angosto pasillo entarimado. A cada paso la madera les devolvía el sonido de sus pasos. Al fondo, el halo de una lámpara difuminaba todas las formas. Conforme se acercaba, recostada en un sillón, creyó adivinar otra vez la misma silueta que había visto en la ventana. Esa imagen se desdibujó cuando Rebeca fue a su encuentro, una mujer de mediana edad, delgada y esbelta. Iba enfundada en un traje negro ceñido, la luz de costado realzaba su melena rubia ondulada hasta los hombros. Cortésmente, con una voz dulce, le ofreció un café. Rafael dijo que acababa de tomar uno. Tras un silencio, Raquel, mirándole a los ojos, le dijo que le estaba esperando. Rafael intentó disimular su asombro, inconscientemente metió la mano en el bolsillo y les mostró una llave.

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Raquel, con la misma voz pausada, le dijo que le acompañara. Valerio los seguía. En el trayecto se encontraron con dos inquilinos: uno de mediana altura, traje gris raído y ojos saltones, que les saludó con dos inclinaciones rápidas de cabeza; el otro, un hombre pequeño, de complexión fuerte y gafas de pasta negra que le disimulaban una cicatriz en el pómulo, les hizo un gesto con el dedo índice como para preguntarles algo pero pareció arrepentirse. Llegaron frente a la puerta de una habitación y Valerio hizo una indicación para que abriera. Sin apenas girar la llave, la puerta se abrió. Una fragancia atemporal, mezcla de polvo y soledad, invadía la estancia. Rafael entró y quisieron venirle recuerdos borrosos. En lo primero en que se fijó fue en un estante con un zootropo, una cámara de fotos estereoscópica antigua, un reloj parado a las diez menos diez y un marco en plata crepuscular con el retrato en blanco y negro a contraluz de una joven. Debajo, un espejo con una esquina rajada y un tocador con la cabeza de un maniquí sin labios ni facciones, con pestañas postizas y una peluca rubia ondulada. Junto al balcón, un escritorio con una lata llena de lápices, varios papeles con los dibujos de una mujer que se parecía a la de la foto y una rosa roja marchita. Al lado del escritorio, un armario y un sillón en el que un gato dormía plácidamente. Valerio abrió el balcón para ventilar y una corriente de aire peinó al unísono la melena de Raquel y la de la cabeza del maniquí. El gato se desperezó y fue a rozarse con las piernas de Rafael. Raquel se agachó, lo cogió entre sus brazos y con delicadeza susurró al gato en voz baja: «Sísifo, ¿así que es aquí donde te refugias cuando te escapas?». Se fueron y Rafael se recostó encima de la cama. Al despertar, lo primero que observó fue la cámara de fotos que parecía retratarle a cada instante; pensó en darle cuerda al reloj y sintió frío. Se levantó a cerrar el balcón pero, antes de que le diera tiempo, Sísifo se introdujo en la habitación y volvió a frotarse con sus piernas. Una música confusa, de sonido metálico y lento, como de gramófono de campana, se empezó a escuchar y el gato se puso a arañar la puerta. Rafael abrió y le siguió. Cada vez el sonido era más perceptible y limpio, una mezcla entre música irlandesa y blues que le quiso recordar su infancia. Descorrió unas cortinas de terciopelo azul y contempló un amplio salón de fiestas decimonónico, donde el tiempo parecía haberse detenido. El gentío se sentaba en filas alrededor de un escenario circular. En la penúltima fila, el hombre de traje gris volvió a saludarle de la misma forma que antes, su compañero le hizo un gesto de bienvenida con el dedo índice. Las luces se

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VERA FERRER

atenuaron y se hizo el silencio. Un foco iluminó a una señorita envuelta en velos de diferentes colores saturados. El escenario, lentamente, empezó a girar y ella, cadenciosamente, a ritmo de swing se los fue quitando, hasta que se quedó con un corsé de seda roja y unas medias grises a rombos que perfilaban sus largas piernas. El escenario se detuvo y la señorita se quedó justo de espaldas al público mientras un

solo de trompeta alargaba su agonía. Un espectador que estaba en la primera fila se levantó y se dirigió hacia el escenario. Valerio se interpuso y acompañó al hombre fuera. La bailarina no se inmutó y siguió contoneándose mientras se desabrochaba el corsé. Gradualmente fue aflorando una rosa roja sin espinas tatuada en medio de la columna. La trompeta volvió a sonar, al compás se quitó las medias. Lentamente,

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el escenario fue girando ciento ochenta grados y se detuvo. Un único velo, el último velo, le cubría el rostro. Rafael imaginó que detrás se ocultaba la mujer más bella que pudiera existir. Se encendieron las luces y se apagó el foco. Hubo un breve y penetrante silencio, luego el público se sumió en una algarabía de comentarios y gestos. En un lateral había una barra de bar y Rafael se acercó. Una chica joven que estaba de camarera le sonrió y le dijo: «Me alegro de volver a verte, ya te estábamos echan…». Valerio pasaba al lado y la chica dejó de hablar. Le pregunté: «¿Por qué te has callado, si aún no he escuchado una sola palabra de Valerio?». «Ni la escucharás», me replicó, «dicen que cuando era joven le cortaron la lengua». Raquel, enfundada en su vestido negro ceñido, se acercó y se puso a mi lado; la camarera volvió a guardar silencio. Rafael siguió mirando a la camarera, su expresión risueña, mezcla de miedo e inocencia. Las luces volvieron a palidecer; sobre el escenario apareció un hombre joven con el torso desnudo, pelo engominado y bigote inglés. Dos señoritas le ponían una camisa de fuerza atada por hebillas de cuero a la espalda, le envolvían en un saco de lino blanco y le ataban con cadenas. «¿Te está gustando el espectáculo?», me preguntó Raquel. «Sí, aunque creo que está muy visto», le contesté. Ella me miró sorprendida y dijo con voz profunda: «tú eres parte de él». Al estar en un lateral podía ver el escenario y al público al mismo tiempo. Vi cómo los espectadores observaban con miedo y sufrimiento las peripecias del escapista, como si fueran niños, tapándose los ojos y mordiéndose las uñas. Cuando el escapista se liberó, se escuchó un suspiro general de alivio y un aplauso atronador. Me fijé en la cara de los presentes; todos estaban felices, como si la única preocupación hubiera sido la suerte del escapista. Sin dar tiempo, un mago vestido con frac y chistera hizo su aparición e hizo desaparecer a una joven a la que previamente había introducido en un baúl. El público se quedó con la boca abierta de incredulidad. Raquel sonreía. El mago sacó del interior de su chaleco un ramo de rosas rojas que transformó en una paloma; el grito de perplejidad del público hizo que la paloma revoloteara, el hilo que la ataba de la pata al chaleco se rompió y la paloma alzó el vuelo al sol, subió alto hasta que chocó con el foco y cayó abrasada entre los asistentes. Una señora que estaba al lado se levantó, la recogió como si fuera su niño y la entregó al mago. Este, con lágrimas en los ojos, la estrechó contra su pecho y se retiró. Los asistentes estaban confusos, Raquel hizo una señal a Valerio, las luces se encendieron y

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sonó música de baile. Retiraron las sillas y se pusieron a bailar como si nada hubiera pasado. «Me abandono entre todas las formas posibles de existir, Te recibo igual que ayer y que antes de ayer, Mil estrellas tapan el negro del firmamento, Renazco entre tus labios que son mis labios». Raquel me miró a los ojos y me cogió de las manos, con esa voz suave y pausada me dijo: «La llave que llevas en el bolsillo es la que abre todas las puertas de esta pensión, la de tu habitación, la de la entrada y también la de salida. Todo el público que has visto es gente que ya nació condenada, gente desdichada, gente maldita. Gente que ya tuvo su infierno. Para ellos este es su mejor mundo, su único mundo. Aquí tienen todo lo que una persona puede tener y yo les puedo dar, un techo, alimento, diversión, pero sobre todo paz. Ahí afuera ¿cuánto crees que durarían?, que duraríamos. Han aprendido a vivir solo el momento presente, sin su pasado, sin pensar en el futuro». «¿Y los sentimientos?», le pregunté. «Claro que tienen sentimientos, pero han sufrido tanto que prefieren olvidarlos, solo quieren el presente, el instante preciso que les toca vivir». «¿Y alma?, ¿tienen alma?», le insistí. «¿Tienes tú alma?», me devolvió la pregunta. Se hizo un silencio, me dio un beso en la mejilla y me soltó las manos. «Espero verte mañana». La vi marcharse. A la mañana siguiente me levanté tarde, estuve dibujando una y otra vez el mismo dibujo hasta el ocaso. Sísifo entró por el balcón y se rozó entre mis piernas ronroneando, le miré y le acaricié. Abrí el armario y me cambié de ropa. Me senté delante del espejo, me puse las pestañas postizas, la peluca rubia ondulada de media melena y me pinté de carmín los labios. Me estaban esperando. •

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Amnesia JOSÉ RAMOS SÁNCHEZ

Se hace llamar Ignacio pero no ha sido posible conocer su verdadera identidad. Se dice nacido en Nueva Orleáns, aunque ni ha pronunciado una palabra en inglés ni hay el menor rasgo de acento en la manera de hablar español. Fue ingresado vía urgencias tras ser atropellado por un coche que se dio a la fuga cuando atravesaba la calle por un paso de cebra. Permaneció cinco días en UCI como consecuencia del fuerte traumatismo craneoencefálico —tuvo la mala suerte de que su cabeza impactara con la base metálica del semáforo— en la zona occipital izquierda. Viene ocupando desde hace tres semanas la habitación 221 de la planta de traumatología para ser tratado de una luxación en la clavícula izquierda. Ningún familiar ha dado señales de haber leído la nota enviada a la prensa por la dirección del hospital. En ella se señalaban sus rasgos físicos más relevantes —1,80 de estatura, fuerte complexión, pelo de zanahoria, piel lampiña y blancuzca, ojos azules con mirada de miope— y se mencionaba su atuendo en el momento del accidente: botas de cuero negro por encima del tobillo, pantalón de pana verde, jersey de lana en tonos grises de cuello enrollado con cremallera y gafas redondas de acusada miopía. Después de cuatro semanas de hospitalización, tras los últimos análisis clínicos, el equipo médico de planta estima necesario proceder al traslado del enfermo a neuropsiquiatría, en base a las siguientes razones: a) no presenta trastorno orgánico de consideración y sus constantes vitales son correctas: ingiere alimento, defeca, orina, duerme y se desplaza con normalidad, b) se ha recuperado de los problemas óseos antes citados, c) persisten, no obstante, las secuelas derivadas del shock cerebral que no le han permitido recobrar la memoria, o, mejor dicho, le ha llevado a recobrarla pero adoptando los rasgos de una personalidad que no parece ser la suya o es la suya pero mezclada con elementos ajenos.

Cabe añadir que el citado paciente se mantuvo los primeros días después de la salida de la uci e ingreso en planta en mutismo absoluto, manifestando de manera violenta su hostilidad al gotero y a los tubos que lo agobiaban, al vecino de cama que roncaba a todas horas y al capellán del hospital. Cuando éste pretendió informarse sobre el estado de sus relaciones con Dios, le arrancó el crucifijo del pecho y lo agredió con la botella de agua de la mesilla rompiéndosela en la cabeza. De manera paulatina, en brotes cada vez más delirantes, ha ido exhibiendo un rosario de comportamientos extravagantes: mínima preocupación por la higiene; glotonería al comer patatas fritas y carne; asco al pescado; desprecio hacia las recomendaciones del facultativo de turno con aspavientos y malos modos; rechazo de la medicación; agresión a una enfermera de color cuando lo preparaba para el aseo; fijación malsana por los uniformes blancos y las gorras de cualquier tipo; entrada inopinada en las habitaciones de los pacientes compañeros de pasillo haciéndose pasar por el capellán. Ante el médico de guardia pronunció la primera frase coherente: «dígale al doctor Mendoza, se refería a mí, que se meta esas grageas por donde le quepan.» El episodio más grave tuvo lugar el pasado jueves. Después de robar la mesa metálica con ruedas a una encargada del reparto de desayunos, de quitarle el uniforme blanco, de maniatarla y encerrarla en el cuarto de la limpieza, el paciente bajó a la planta de cocina. Allí se apoderó de dos docenas de botes de salchichas y un cesto de barras de pan recién traídas de la panadería, se instaló en el exterior de la puerta del hospital —el gorro con orejeras bien encasquetado en la cabeza le daba un aspecto más de loco que de vendedor— poniendo a la venta perritos calientes al precio de un euro. Fueron necesarios tres enfermeros y camisa de fuerza para devolverlo a su habitación, hora y media más tarde, donde recuperó la tranquilidad bajo los efectos de los sedantes. Alertado por el compañero médico doctor Camaño, mejor lector que el que esto suscribe, de la posible influencia sobre el paciente de Ignatius, personaje central de la novela americana, La conjura de los necios, he procedido durante los últimos días a lectura de la misma. En efecto, el estrambótico personaje así llamado (la mugre, la gabardina, el poblado bigote, la gorra con orejeras son su distintivo), pasea su obesidad y su desmesura por las calles del barrio francés de Nueva Orleans detrás de un carrito, comiéndose las salchichas que no es capaz de vender, entre otros muchos trabajos y decenas de aventuras

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y peleas con su madre y el amante de ella, el policía Mancuso… Confirmando el buen tino de la apreciación del doctor Camaño, con las naturales reservas y a título orientativo, estimamos que, de la misma manera que nuestro caballero de la triste figura se volvió loco a causa de la afición a los libros de caballerías, el paciente de la 221 se ha ido de cabeza influido por la lectura de la novela americana, o bien reciente o bien lejana en el tiempo, pero de tal impacto, que quedó esculpida a fuego en su cerebro: borrados por el golpe los demás recuerdos, solo han aflorado, a borbotones, los relativos al personaje protagonista del libro mencionado. En consecuencia, creemos que corresponde a nuestros colegas de psiquiatría hacerse cargo en adelante de dicho paciente.

DAVID ABADÍA

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En el momento de acabar la redacción de este informe me comunica la enfermera encargada de la planta de traumatología que hoy se ha despertado raro e impertinente. Ha hecho trizas el termómetro tronchándolo por la mitad como si fuera un palillo, le ha dado un manotazo a la bandeja del desayuno tirando al suelo la medicación, no ha querido levantarse de la cama y se ha puesto furioso cuando la enfermera lo ha llamado Ignacio. A grito pelado le ha dicho que su nombre no era ese, que se llamaba Gregorio. A mi sugerencia de que tal circunstancia pudiera ser el primer paso en la recuperación de la memoria del paciente de la 221 en vías hacia su pleno restablecimiento, el doctor Camaño, nuestro experto literario, ha objetado: «¡Ojalá! pero deberemos ser cautos no sea que mañana se nos levante y se nos ponga a andar a cuatro patas como el protagonista de La Metamorfosis de Kafka, el más famoso de los Gregorios. Por la noche se acuesta hombre y por la mañana se despierta escarabajo». Doctor Emilio Mendoza, jefe de planta de traumatología del hospital F. V. •

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Las sombras del tripolar JESÚS CLAVER

Se trata de un individuo de mediana edad, sin ningún rasgo que permita diferenciarlo claramente de los demás, sin embargo, su historia, su forma de vestir (luce un vistoso frac) y su ubicación hacen de él un ser excepcional. Vive, desde hace unos años, debajo de un andamio de un bloque de pisos en construcción, paralizado cuando los bancos decidieron pasar de la fiebre de la especulación propia a la fiebre de la austeridad ajena. Como el edificio en cuestión está situado al lado de una sala de música especializada en el estilo folk-rock, nuestro hombre todas las noches cierra los ojos sonriendo con las baladas de un prodigioso cantautor pero, por las mañanas, se levanta aterido de frío y, como él dice, «sumido en la ceremonia de la confusión». Una de sus sombras, la más gregaria, vaga indolente por las tierras antaño de barbecho, ahora transformadas en agricultura industrial, mares de plástico donde los siempre escurridizos hombres de negro, venden frutas y verduras al por mayor y compran voluntades a granel mediante el ingenioso razonamiento de «esto es lo que hay, lo tomas o lo dejas, no hay más». En algunos diarios digitales hablan abiertamente de «llanura sin ley». Otra de sus sombras, la más solidaria, se yergue altiva entre los rascacielos de la gran ciudad, donde reinan las palabras huecas, sin sentido, como peces de papel que engordan en las cloacas. La mayoría de la gente ha optado por evitar las conversaciones de tú a tú y se comunican a través de un pájaro electrónico que les permite escribir ciento veinte caracteres. Nótese que el concepto «palabra» les provoca tan poco entusiasmo que evitan hasta su pronunciación. Sería como una creencia ancestral, según la cual lo que no se nombra no existe. Pues bien, en este clima, la segunda sombra dona su voz a la multitud con el fin de tejer un clamor que, algún día, invada el horizonte de sol a sol.

BEATRIZ SUMELZO

La última, la más creativa, penetra en los túneles del metro y se sumerge en el blues nostálgico de los subterráneos, donde los tiempos están cambiando en la granja Mary y la respuesta, según un señor que toca el tambor, está en el viento, como un canto rodado que, bajo el cielo rojo y tras la dura lluvia, inexorablemente llegará al mar. Por cierto, a nuestro protagonista, ya desde pequeño, los psicólogos le diagnosticaron «labilidad emocional», un término técnico que sus familiares más próximos jamás llegaron a comprender. •

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La fotografía SUSANA ANDRÉS MUR

El señor Liu Li es chino y vive en España, pero no tiene un restaurante de comida cantonesa, ni tampoco se dedica a la venta de artículos de importación; tiene un negocio más interesante y rentable: es un doble. Ya no recuerda la de colas que ha hecho en embajadas, comisarías, ayuntamientos y registros, a la espera de la documentación que iba a solicitar en nombre de otros ciudadanos chinos que no podían ausentarse de sus trabajos. Saca provecho de la circunstancia de que a los occidentales todos los chinos les parecen iguales. Ha obtenido el carné de conducir en siete ocasiones, en otras tres ha acudido a declarar como testigo en un juicio, e incluso, en uno de ellos, en el que el acusado fue condenado a un año de prisión, se encargó de presentarse una vez por semana en el juzgado cuando fue puesto en libertad bajo fianza. Este fue su trabajo más prolongado y lucrativo. Ahora el señor Liu Li se encuentra cumpliendo su último encargo. Está en el Aberdeen, un bar escocés, tomando una pinta tras otra acompañadas de chupitos de whisky. Lleva allí desde las nueve de la noche y son cerca de las once. Ha hablado largo y tendido con el camarero, fingiendo estar muy borracho. Le ha contado que se llama Chen Xing y que es agente comercial, que está casado con una bella mujer de la que está muy enamorado y que se encuentra celebrando un importante negocio que ha cerrado esa noche. Después ha sacado una cartera del bolsillo interior de la chaqueta y ha buscado una fotografía que muestra al camarero. — Es una foto de ella. — Muy guapa, sí. —concede su interlocutor. — Sí, en cuanto la vi supe que cambiaría mi vida. El camarero aprovecha el momento en que su cliente guarda la fotografía para escabullirse de la conversación que ya le empezaba a parecer pesada. Pero no le pierde de vista, presiente que le va a causar problemas. Y así es, al poco rato, el talante abierto y conversador del hombre se va volviendo espeso, molesto.

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El camarero se teme lo peor e intenta evitarlo, sin embargo, el objetivo de nuestro protagonista, esa noche, es montar un buen escándalo. Sabe, por experiencia, que no le faltarán voluntarios para provocarlo y espera, cerveza tras cerveza, chupito tras chupito, a que algún estúpido héroe local lo rete a una pelea de kung fu. Cuando esto suceda, piensa ponerse violento, salvaje, y causar cuantos más destrozos mejor. Sufrirá algunos golpes, pero merecerá la pena. Se trata de pasar la noche en comisaría. Para eso lo ha contratado el señor Chen Xing. Aquella noche el señor Chen Xing tiene planeado matar a su mujer y qué mejor coartada que haber estado detenido las horas en que se cometió el crimen. Y, puesto que el asesino es él, jamás podrán encontrar al culpable. Un plan perfecto. A no ser que alguien decida cambiarlo. Por ejemplo, un hombre y una mujer que se han conocido por el azar de una fotografía. A la mañana siguiente, en un extremo de la ciudad, una jueza decreta el levantamiento de un cadáver. Se trata, según la documentación que lleva encima, de Liu Li, emigrante chino, sin ocupación conocida y con domicilio en la calle Buenaventura número 34. El móvil del asesinato parece el robo, pero el caso será archivado por falta de pruebas o de interés. El cadáver, que no será reclamado por nadie, será enterrado en la fosa común. En ese mismo instante, en el otro extremo de la ciudad, la señora Xing acude a una comisaría donde su marido ha pasado la noche acusado de alterar el orden público. En cuanto el detenido sale a la calle la ve. Lo está esperando junto a la puerta del taxi que ha utilizado para llegar hasta allí, con el rostro hermoso y sereno, igual que el de la fotografía que el señor Xing guardaba en la cartera. Nada más verla comprende que todo ha salido según lo previsto, sin embargo, cuando la besa, siente en los labios un ligero entumecimiento, como si ya no le pertenecieran. •

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HÉCTOR GOÑI

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Entre tanto ruido JAVIER RONCAL PONS

Me veo llegando al instituto con mi barba y mi melena descuidadas, agotado ya antes siquiera de haber entrado en el aula y odiándome a mí mismo, olvidados en el corazón los buenos tiempos. En esos días de un solo amigo que ya ni estudiaba y parecía vivir en Marte mientras yo me moría de asco en Júpiter, abrasado por un fuego silencioso en el alma que amenazaba con enviarme al círculo de asteroides transneptuniano. Que fue más o menos lo que acabó ocurriendo. No obstante, eso ahora, quizá por tratarse solo de cosas circunstanciales de la existencia, me resulta en parte trivial y es por ello que se me cruza velozmente por esa mutación de la realidad que llamamos recuerdo. Lo que realmente llega a mí con la viveza de un sueño lúcido no soy yo concretamente sino aquellas mañanas frías en que quizá a escasos cien metros de la puerta del instituto, tras doblar la última esquina, en ciertos días del invierno, podían verse las nubes rosáceas y rojas del amanecer sobre unos majestuosos Boalares que se erguían imperturbables sobre el horizonte. Incluso el propio sol rojizo podía verse algunos días en ese breve par de minutos de la mañana en que uno iba pensando en qué asignatura tocaba a primera hora y miraba ansiosamente el reloj para saber cuántos minutos se retrasaba esa vez. No prestaba atención a esos amaneceres pero algo en mí quería hacerlo y siempre me empujaba los ojos hacia ellos. Creo que eran para mí un símbolo poético de libertad y que deseaba poder soltarlo todo y perderme volando en aquel hermoso horizonte hacia el país de Nunca Jamás. Pero había que cumplir con la obligación y enredarse en la tediosa rutina porque, aunque en mi vida reinaba la laxitud, andaba como todos delimitado por los raíles de la vía férrea de la vida para un día ser alguien en ella. Y ¡qué narices! «Quién soy» no es una pregunta de

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Trivial Pursuit. La respuesta no son pocos los que no la encuentran a lo largo de su vida. Difícil ha de ser para un adolescente entender siquiera qué significa. Al margen de mis tempranas preguntas existenciales, hoy pienso que aquello de «ser alguien en la vida» no significa tener éxito profesional sino encontrarse a sí mismo entre las dificultades que impone el ruido y averiguar para qué ha venido uno a este enjambre de mundo y una vez averiguado dedicarle a ello toda la motivación y las energías de que se disponga. Algunos lo llaman «seguir el camino del corazón» y otros más pragmáticos dicen «dedícate a lo que mejor se te dé hacer en la vida». No importa, pero lo que no puedo obviar es el ruido, pues es mucho, nos determina y además nos aleja de lo que sea eso que somos. Y de eso no tengo duda. El ruido de voces disonantes y contradictorias por doquier, de las voces fingidas y frívolas de los medios; el ruido del tráfico y el del simple trajín diario; el de las conversaciones fugaces con gente igual de fugaz; el de las canciones que malforman la sensibilidad musical y banalizan absolutamente todo, lo mismo que el ensordecedor ruido para el espíritu de la psicopatía de Tarantino y del cine monstruoso, que no siempre es el de Terror. Lo espantoso ya nos es costumbre como entretenimiento. Y también está el ruido de los cotilleos y el marujeo, que es insignificante como el ruido blanco del televisor y aunque ni mención debería merecer sirva para compararlo con el verdadero ruido peligroso de los estigmas, y más aun el de los autoestigmas y las falsas nociones acerca de uno mismo y los demás. Sí, el ruido del autoengaño. Y qué decir del ruido de la voz interior en general que nos dice «haz esto y no hagas aquello». El ruido de «porque me lo dijo mi abuelito y me lo dijo mi papá»; el de las malas influencias y el pegajoso y asqueroso ruido de los vampiros energéticos. Un amigo, una novia, un familiar. Da igual. El foco puede venir de cualquier lado pero su luz mortificadora es siempre la misma. Y el ruido de las ideologías mal asimiladas. El fanatismo. El extremismo. Y todos los ruidos de los miedos en la sociedad del miedo. El ruido de las ideas, la de fracaso, la de éxito, la de la muerte. Sé que me dejo muchos ruidos sin enumerar pero creo que yo mismo estoy haciendo ya suficiente ruido. Parece que ya solo la naturaleza, intachable, es la única que no hace ruido. Por más que cuando se manifiesta violentamente, Gaia haga más ruido que todos los ruidosos del planeta unidos. Pero

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eso es así, sin querer ser insensible, desde millones de años antes de que existieran el resto de los ruidos. Solo tu perro, tu gato y esas palomas que nos destrozan los tejados no hacen ruido, al menos del que va rebotando en tantas cabezas. Solo la hierba, los insectos y ese sol que yo podía ver a veces salir desde detrás del Instituto en algunas mañanas de invierno y del que no me paraba a escuchar ni dos segundos… su silencio. •

FÉLIX LOUREIRO

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ALBERTO CABELLO

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creación literaria: poesía FIRMA INVITADA: MANUEL VILAS Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta y narrador. Entre sus libros de poesía destacan El cielo (DVD Ediciones, 2000), Resurrección (XV Premio Jaime Gil de Biedma, Visor, 2005), Calor (VI Premio Fray Luis de León, Visor, 2008) y Gran Vilas (XXXIII Premio Ciudad de Melilla, Visor, 2012). Su poesía completa se publicó en 2010 (Visor) con el título de Amor. Es autor de las novelas España (DVD Ediciones, 2008; Punto de Lectura, 2012), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI, Aire Nuestro (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio de la Librería Cálamo, Los inmortales (Alfaguara, 2012) y El luminoso regalo (Alfaguara, 2013). Recientemente ha recopilado sus estados de Facebook en el libro Listen to me (La Bella Varsovia, 2013) y acaba de reeditarse su primer libro de relatos titulado Zeta (Salto de Página, 2014). Su obra figura en las principales antologías nacionales tanto de poesía española como de narrativa. Escribe habitualmente en prensa nacional como ABC Cultural y El Mundo. En noviembre de 2014 se hizo con el XVII Premio Internacional de Poesía «Generación del 27», uno de los premios más importantes de la poesía en español, y en mayo del 2015 Alfaguara publicará su próxima novela.

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creación literaria: poesía

Materia Creo en los ríos sin nombre, en las piedras que yacen bajo las aguas de esos ríos. Creo en todos los órganos que inventan mi cuerpo cada día. Creo en mi rebeldía, en mi agotamiento, en mi desgobierno. Creo que no fui engendrado, creo que mis padres fueron una ilusión, actores de teatro. Creo que todo muere. Creo en mi nerviosismo. Creo que el sufrimiento es más grande que el amor. Creo en la aceleración política, en la celebérrima maldad de la Historia. Creo en los cientos de trasatlánticos y en los cientos de petroleros y en los cientos de portaaviones que cruzan en este instante todos los océanos de la tierra. Creo que las nubes me aman. Creo en todos los trenes de altísima velocidad que atraviesan ahora mismo Japón a quinientos kilómetros por hora. Creo en los bares de esos trenes, donde la gente bebe cerveza japonesa y come cacahuetes dulces importados de un país que se llama España. Creo en las dilatadas conversaciones de negocios de esos hombres asiáticos, sentados en los sillones de cuero de primera clase. Creo en la noche. Creo en La Habana, en su impertinencia histórica, en su diminuta estrategia. Creo en la prolongación de la bondad de los muertos. Creo en la felicidad de los muertos sobre cuyas tumbas la lluvia cae tercamente. Creo en las confesiones de los presos políticos chinos, en las descargas eléctricas que convierten sus cuerpos en un Ecce Homo que es anterior, simultáneo y posterior a Cristo. Creo en los que se ahogaron en los mares, tratando de nadar bajo una luna incompasiva. Creo que soy el hombre más maravilloso de este mundo y de cualquier mundo posible. Creo que debería ser amado siempre por todas las cosas y por todos los seres. Creo en los perros.

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creación literaria: poesía

Creo en Rusia. Creo en mis dolores inconmensurables. Creo en los teléfonos móviles sumergibles de última generación. Creo en los turistas, en su terror al incumplimiento de lo que la agencia de viajes les prometió. Creo en las nobles alcobas donde murieron los zares antiguos. Creo en las poderosas drogas paliativas que suministraron al cuerpo agonizante de un hombre que se llamaba como yo la tarde del diecisiete de diciembre del año dos mil cinco en un hospital del norte de España. Creo que he amado demasiado y demasiadas veces no he sido correspondido. Creo en la usura, si es mía. Creo en Dios, en un Dios distinto al vuestro, no infinitamente mejor sino infinitamente distinto al vuestro, sarracenos. Creo que estoy vivo en tanto en cuanto creo y escribo que creo. Creo que yo no recibí una educación exquisita como sí la recibió la escritora Irène Némirovsky, que nació en Kiev y murió en Auschwitz. Creo en el dorado hígado de Jesucristo, en su elevación, en su lujuria, en su idolatrada y veloz ascensión a los reinos de la nada. Creo que yo no pasé noches enteras en los duros asientos de tercera clase de los trenes franceses de mil novecientos cuarenta y uno como sí las pasó Irène Némirovsky. Creo que la tierra jamás, absolutamente jamás, fue redonda. Creo que no existe la raza de los hombres. Creo que mi soledad es más real que mi persona o mi existencia. Creo en los delfines, en los caballos y en los rinocerontes. Creo que sí existe el Mal. Creo en el Mal, en su imperio inabarcable, en sus vastas extensiones de superficies orgánicas e inorgánicas de este mundo y de millones de otros mundos, en sus océanos, en sus peces negros, en sus aves rojas, y en sus elevadísimas montañas donde todo es dolor y vacío, anunciación y prestigio, codicia y soledad. Creo en la infelicidad del Universo. Creo en Anna Karenina, en su general hundimiento, en su festivo hundimiento.

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creación literaria: poesía

Creo en Jay Gatsby, en la suave y blanda oscuridad de la bala americana que lo mató. Creo en Berlín, en una triste canción que lleva ese nombre y cuya letra contiene, cifrada, la historia de mi existencia. Creo que la luz es un milagro destinado a nuestra credulidad. Creo en el viento de la tarde que acaecerá en esa tarde en que el mundo termine. Creo que la muerte nunca creyó ni creerá en mí como sí cree en ti y en todos vosotros. Creo que me he vuelto profundamente sabio, delicado y frenético. Creo que estoy encima de una montaña de viento, tomando el venenoso sol. Creo en mi demolición, como creo en la demolición de los grandes edificios envejecidos. Creo en los degollados, en los torturados, en los ejecutados en la silla eléctrica, en el acre semen de la cristiandad, en la sutil y casi invisible erosión del sistema nervioso de aquellos hombres buenos que padecen incurables, feroces trastornos psicológicos que acabarán siendo, con el paso de los años y la llegada inesperada de un envejecimiento prematuro, visibles descomposiciones neurológicas, severos trastornos mentales. Creo que acabaré solo, en un piso de alguna circunvalación perdida, con una pensión de cuatrocientos euros, en un piso de cuarenta metros que ni siquiera serán cuadrados sino tal vez redondos, sin ascensor, bebiendo cerveza barata como el último de los sabios asesinos. Creo en el hundimiento de todos los hombres y de todas las mujeres, de todas las formas de gobierno, de toda forma de intención política, de todo bien y todo mal, de todos los países, de todas las razas, de todas las florecientes ciudades del Universo. Creo en el fuego, que creó al fuego. Creo en el agua, que creó al agua. Creo en la desaparición, en las brujas vencidas, en el Mediterráneo inhóspito antes de la llegada de las trirremes romanas. Creo en el mar que vio el hundimiento de la Armada invencible, que vio el hundimiento del acorazado California en Pearl Harbor, que vio la oxidación imparable de los bellos submarinos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial que vigilaban el Mar del Norte. Creo en las grandes transformaciones que han de venir mañana y en el derramamiento de la sangre de los canallas, creo en la muerte de la Historia tal y como la conocemos y creo en el nacimiento de un nuevo hombre, cuya vida será inalterable e ilimitadamente erótica y perfecta. Creo en Satanás, en Jesucristo, en Lenin, en el dólar, en la guillotina y en el sexo duro de la loca de tu hermana, que nunca tiene bastante. Creo que nunca moriré. •

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creación literaria: poesía

MANUEL MARTÍNEZ FOREGA

Batalla de Mobile Epaminondas (Alabama), 1864 Para observar del mejor modo posible las operaciones, Farragut, en un hecho único para un almirante en pleno combate, trepó a la jarcia de su nave y se ató con un cabo para no caer en caso de ser herido. Anónimo (Enciclopedia de la marina)

Ya no existe, sino trocado en agresión soberbia, aquel valor puro que reñía contra la devastación y el lucro haciendo de la liberación de los desposeídos el fin último de una existencia convertida en arte, porque arte es verter la vida toda en el deseo incólume de ser libre. No aprobaría Whitman la ruin ralea que ahora ostenta el báculo de la insolencia y el crimen porque Walt alentó en sus versos el éxtasis sublime de la rebeldía revelada en hecho que hoy evoca un ardor latino: David Farragut escaló en el «Hartford» los muros de la noche y ganó la batalla sorteando las minas y torpedos de la aristocracia; hundió el «Tennessee» y ganó Fort Morgan para el Norte. Cuando Mobile se rindió, regaló a Messumbe, [ex esclavo, un sotabarba de cuero y perlas que su padre Guiem fabricó a orillas del Sóller, junto a la nieve del [Puigmayor. Antes de comenzar al alba el combate, había hablado así a su guaita: «Cuando un negro de la costa angoleña muere en la pelea, los compañeros lanzan al mar su biricú. Si ve mañana mi tahalí teñido de sangre, corta con el sable la cincha y al agua arrójala.»

Ignoraba que transcurridos dos mil trescientos años desde su muerte un hombre solo le increparía. Rescató a Pelópidas de la muerte, triunfó sobre los lacedemonios en Leuctres y antes de morir en Mantinea, izado a la gloria por vientitrés mil hombres, balbució: «He vivido bastante, pues dejo a mi patria victoriosa.» Quien se entrega a la muerte en las batallas es un desdichado, soldado estúpido que abandona por la guerra ajena la autoconquista, la victoria sobre sí, incluso el deseo de su propia muerte aun en el lecho de su casa a la plácida penumbra. Fue infausto su fulgor y ahora muerde el polvo de las enciclopedias. No se reveló el general ni permitió rebelarse a sus soldados. Ignoraba que los Estados, como los dioses, basan su [causa en ellos mismos. (Cuerpo de la edad, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1985)

Ley del Talión (acción directa) A la República Enciende hogueras, fragua tu armadura y la limpia espada; ármate y agrede, ciñe la hermosa diadema de llamas que prende en el combate de las calles.

(He roto el mar, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985)

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creación literaria: poesía

Sociedad de consumo A Félix Fernández, pescador brillante Esperamos de la vida cosas sorprendentes y solo nos entrega la muerte por sorpresa.

I can’t get not (satisfaction) Nosotros: Vástagos de la autarquía, hijos del cuando seas padre comerás huevos, crías de la supervivencia y de los exilios, mendrugadores, lábiles canallas, tímidos púberes arreando mocos, engullendo meriendas de pan con chocolate, catecúmenos de jueves y sábados, devotos de las calles, ladrones de los huertos extrarradios, de la cáncana discentes eximios, copuladores de confesionario, adoradores a hostias del copón, clandestinos leedores de Candy, bachilleres eruditos a la violeta: (Ce que j’aime c’est la lutte. My psicodelic doll. Je connais Cohn Bendit. Sympathy for the Devil). Nosotros: Divinos Beatles o Stones, onanistas del Je t’aime, moi non plus, rayones de vinilos de Serrat, aprendices de idiomas, aspirantes a Ginsberg, a Burroughs, a Kerouac, farsantes ilustrados con Nietzsche en bandolera, remedos de Cioran, plantillas de Freud, irredentos suicidas, balubas de la guerra, apóstatas, agnósticos, ateos, diletantes de la revolución, moradores de los ergástulos por el morro, apéndices de Ortega, estetas de Bergson y de Bataille, inocuos seguidores de Jean Paul,

espadas de Bergman, de Berlanga, de Bardem, mansos hippies de Ibiza, de Goa y Euroville. Nosotros: Incendiarios mutados en bomberos, padres de los más hermosos junkies e insumisos, opositores, mentidos, volubles censores, domadores de adolescentes bestias, altos funcionarios sinecúricos, porreros, cocainómanos, acídicos, reciclados por Kraftwerk y la Velvet, tardíos revelados en Negri y en Deleuze, diputados, alcaldes, herméticos maricas... Eternos deudores del deseo insatisfecho. Nosotros: los de en medio, los eclécticos. (Ademenos, Zaragoza, Olifante, 2008)

Horizonte En la bóveda el crepúsculo acude a su coma. En esa tan cercana expiración, impresa en los ojos del voyeur dispuesto en dos mitades, una imagen por un instante en la mancha vaga y acierta a revelar en la línea oscura la irrigación de la luz: sus rayas de sal. Vítreo el rostro del arúspice, un cuerpo yace en el mármol y se alza su sombra —o una sombra— para hundir la mano que duda y allí en el ara abatir la carne. (Inédito)

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creación literaria: poesía

Daga Hay una daga en el muro abriendo una herida en su herida y gotea la sangre decisa entre las grietas, entre los pliegues de una materia insomne; firme hacia el suelo gotea y gotea antes de que el sol le impida el paso. Presurosa, hacia ese suelo aún indemne corre, resbala, se desliza antes de que la luz transe su liquidez... Siempre esa daga es vigilia, siempre esa herida en la sombra honda, reticente, celosa de la dúctil carne, adicta a las auroras. (Inédito)

ANDRÉS RICARDO RADA RAMIRO

Impostura radical Naces. La Sociedad te acoge. Falso. La Sociedad te exige logros. Rendimientos. Normas, leyes, disposiciones... Desde tus padres hasta los extraños pasando por todos y cada uno de los rincones de tu Vida. Seguir haciendo siempre lo mismo lo llaman «Tradición», y «Lo que yo te diga» será la frase que no dejarás nunca de escuchar. ¿Y quién eres tú, y tú o tú, o vosotros, o ellos? ¿Quiénes sois? El Espejo de una mentira asumida. Una Impostura poderosa. Ley de las apariencias. La verdad siempre los otros. Tú escribes mas no eres escritor. Eso lo deciden y determinan... los otros, los que no escriben. Impostura Suprema. Pero es una cuestión de ventas. Es una cuestión del público. ¿Y quién es el público? Los demás, los restantes... los otros. ¿Has nacido para eso? ¿Para ser de los demás? Crees que no. Todos lo creen. Y, sin embargo, tú eres «los otros» para esos otros que lo son para ti. Círculo vicioso (y viciado), juego circular, infernal. Impostura agónica. Agónica y circunstancial. Porque luego mueres. ¿Sacaste algo en claro de tu paso por aquí? No importa. No importa ni lo que fueses a contestar. Pues ya no estás. Impostura Total. Mediocridad Vital. Por y para eso escribes ¿Verdad? Pues... los Otros decidirán. Impostura Radical.

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creación literaria: poesía

Visiones del presente El poeta es consciente de una Verdad, relativizada por los modernos tiempos y la moda, o por la ignorancia asumida de su necesidad. El Mal existe. Es un hecho. Un poder real. Es todo aquello que hiere la dignidad humana, y que, además, ya ni siquiera se esconde últimamente. Se justifica engatusando al que duda, y ya está. Y lo que es peor, el Mal triunfa y domina. Guía a la humanidad. Tiene prestigio. Y nombra un ejemplo contrario a ello, alguna excepción ... y, sin querer, le permites avanzar sin resistencia alguna. Los Corazones negros cabalgan veloces ante el autoengaño de muchos y la quietud de los más (para eso sirven esos ejemplos y excepciones). El Mal ha crecido y es el Hombre mismo. Llamamos evolución a nuestro vivir como Especie, mas el poeta grita al vacío... Desde el Gladiador que asesta golpe fatal a su contrario, y las largas filas de Estrellas de David en Auschwitz, desde el leproso expulsado de la Aldea, al deshaucio violento, ayer mismo, de una familia amiga... ¿Qué clase de evolución proclamamos? La del Mal, sin duda, la de esta Humanidad.

Algo va mal Quiero ser un niño. Quiero un mundo lleno de alegría y risa. Pero algo va mal... Un avión con trescientas personas desaparece entre el cielo y la mar, Nadie sabe dónde está. Trescientas familias rotas, destrozadas y llenas de un interrogante fantasmal. El mundo se encoge de hombros y, saturando las noticias, todo queda cubierto en ignominiosa oscuridad. Algo va mal... No buscas razones ni silogismos, solo un poco de normalidad. En una parte el problema son niños con sobrepeso, no paran de comer, en la otra parte el problema se llama hambre, bocas cerradas y vacío estomacal. Pero no hay partes. Todos somos uno. Todo es la misma parte. La solución parece fácil. Es fundamental. Lo que en un sitio sobra, allá donde falta ha de llegar. «Voilà». Nada mágico, tan solo elemental. Pero un «eso es imposible» queda como nota y decisión final. Algo va mal...

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creación literaria: poesía

En la ciudad, la mía, la tuya,... la de todos. Casas vacías y gentes sin hogar. El valor humano es el trabajo y mañana hemos de ir al Paro a fichar. Demasiado joven para una ayuda, demasiado viejo para laborar. Y entre estas contradicciones ilógicas, el Mundo no descansa y desahucia, suicida, elimina, destroza, arruina toda risa, toda alegría, toda paz. Algo va mal... La Televisión vende consumo imposible en un espacio irreal, el obrero frunce el ceño, el parado ya no mira y el estudiante ríe irónico sin más. ¿Qué nos están contando? —parecen preguntar. Mas te acercas a las tiendas y las gentes, como robots, no paran de entrar. Algo va mal... Los Bosques, antaño paseo, juego y sentimiento son hoy Grandes Almacenes cual Casinos sin cerrar. Las religiones siguen matando en nombre de no se sabe qué Paz y, en vez del apoyo mutuo, se vuelve al desprecio y a la caridad. Algo va muy mal... Políticos y poderosos desde sus oropeles y lujos cuentan que todo va bien, si no fenomenal y, como siempre, ellos en coches y aviones, los restantes, siempre a pie. No sabrán nunca el peso de las botas en un duro caminar. Y la verdad, las redes, medios y televisores dicen que en el fondo, todo esto les da igual. Mas seguimos dándoles votos y aplausos como monos de circo en un cristal. Algo, algo, va muy mal... Pobreza, paro, sufrimiento, incomprensión, desigualdad... todo ello tapado, de nuevo, por los medios, con su ignominiosa y lúcida oscuridad. Quiero ser un niño. Quiero un mundo lleno de alegría y risa... pero todo es viejo e injusto en el Mundo real. Algo, algo, desde luego... va muy, muy Mal.

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La nueva trinchera Sales a la calle. Al hormigueante avanzar de las gentes, allí donde la indiferencia de los «todos» hace sentirse solo al ya de por sí solitario. Estamos alerta. Alerta y cansados. Cansados de esperar el fin, cansados de vivir. Y entonces lo sabes, lo sabemos... Esta es la nueva trinchera en una oscura y nebulosa guerra infernal. Luces de neón, televisiones y computadoras, un truco ignominioso o simples ganas de distraer. Ya no lo sabes. No confías en nada ni en nadie. Y haces, hacemos bien. Porque los grupos se van formando, y poco a poco cada uno ocupa su lugar. Esta vez el enemigo no está de frente, a las afueras, preparado para atacar. Peor. Está dentro, en las aceras, en los adoquines, en las puertas, en las esquinas, en cualquier lugar. El enemigo quizá sea tú vecino, y va a ser difícil de parar. Corrompe todo desde dentro. Hiere por la espalda y sin piedad. Salgamos compañero, tú y yo, a la calle normal, pues esa y no otra es la nueva trinchera, en la que luchando moriremos, junto a muchos más.

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creación literaria: poesía

La valla de Melilla (quizá una canción para Laya & Martín) De mis manos surge la sangre. Brilla enloquecida, entre los cristales. Estuve cerca del Paraíso, pero, al intentar saltar, puñales afilados hicieron trizas mis ilusiones. ¿Por qué tengo que ir allá? —me atreví un día a preguntar... Porque aquí no hay nada y allí está Todo. ¿Y eso por qué? —insistí cabezón, como niño que era. Entre otras cosas porque lo que aquí había, se lo llevaron allá. Pero además... Tienen médicos y no epidemias, comida y no hambre, igualdad y no soldados que golpean porque sí, libertad y no Tiranos que exterminan al azar. Era, es, pues, el Paraíso. Sin duda alguna. Y miro mis manos, y mis laceradas costillas, siento los latigazos del Amo en mi espalda, y vuelvo a mirar mis rojas manos. Sangran. Y miro al frente, a la Valla, a lo alto. Y os juro, Ángeles cancerberos, Custodios de lo prohibido, que aun sin manos... lo volveré a intentar... o quedaré siempre clavado y muerto en Esperanzas de Cristal.

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creación literaria: poesía

JESÚS CLAVER

Hoy podría expresarte

Donde habite tu memoria

Hoy podría expresarte, por ejemplo, que la vida es un regalo, que el color inunda mis ojos, que tu estela es la certeza en el camino, que el tiempo transcurre velozmente, que el amor es un océano inmenso…

Donde habite tu memoria, cabalgaré sobre los recuerdos y, juntos, desde el balcón de los sueños brindaremos al otro lado del sol.

Pero, a veces, las palabras sobran, incluso pueden parecer obscenas. Me basta con contemplarte en tus sueños y saber que respiras profundamente.

A veces, la mañana alzaba su perfil de cuchillo y no había aire que respirar, entonces disipabas las nubes negras con tus brazos y tus lágrimas, arropando mi cuerpo de niño, que zigzagueaba entre las sábanas como un pez agónico dentro de la red. El eco de tus pasos decididos, desde la más tierna edad, erigió la fortaleza de tu ser: en el campo, en la huerta, en la tienda de ultramarinos, cuando adquirir víveres era un enigma sin solución, en los largos pasillos del hospital compañera infatigable por enésima vez, Noche buena, Navidad, los hijos, los nietos, madre en tu pedestal. «Muchas gracias, estoy bien» decías, mientras lentamente te devoraban los pies, hasta que, un jueves, cuatro de septiembre, te fuiste caminando por la orilla sin volver la vista atrás. Donde habite tu memoria colmaré de afecto la estancia y mi mirada navegará agradecida por el océano intangible del reloj.

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creación literaria: poesía

ELBA MARIBEL

Mujer-es desierto

Elegía por Ciudad Juárez

(Poema para el IV Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, septiembre 2014) Dime dónde mueres y te diré quién eres, Eva sin pecado perdida en la ciudad que nada mira: la muerte ahí es desaparecer dos veces. Criatura despojada, sombra partida, lengua de arena, nuevo silencio que se añade al desierto. Mujer-es desierto: carne abierta las grietas rojas del desierto, que más que tu lecho fue tu bandeja, y ahí se fue amoldando al espacio inmenso tu alma que pierde su cuerpo y su frontera, y sale, y se levanta, como una bella serpiente camuflada en el silencio... Ciudad, ¿dónde está tu norte? ¿Qué coordenada te puso a los pies de la mala estrella? (Y ahora el sueño de la vida está en dólares...) De parir tanta muerte, ¡ay, ciudad herida, ciudad rajada! Muerte sin milagro ni despedida: albas deshechas en luz terminal. Sangre sin sacrificio ni ofrenda, que no pide ninguna deidad, aquí en tu alfombra de arena (y allá por el campo algodonero); surgió del suelo de tu corazón —tan seco ya como el desierto— muñeca rota, hueso que de su pulpa se separa, almíbar amargo la sangre que se derrama como una larga lágrima en el recuerdo. ¡Oh ciudad sin centinela, nadie que te prenda velas en medio del desierto! Pero la luz se subleva mejor, entre más tiniebla y lo mismo la voz, entre más silencio: aquí tu grito apagado que se enciende en mi palabra como una lámpara en el rojo infierno.

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creación literaria: poesía

NATALIA ALCALDE HERRERO

Duro y esclavo

Valiente

Hay en tu mirada una gota de lluvia, se queda estancada cada vez que alguien mira. Sabes ser muy duro, mostrarte seguro, y tus ojos de cristal reflejan el sol, que impiden sentir el calor en tu cuerpo. Te busco y te abrazo..., prefiero soñarlo... Sé que si te rozo sentiré tu rechazo. Crees que tú eres libre, te sientes el amo, pero sabes que en el fondo no eres más que un esclavo, un esclavo del odio, de la humillación y el miedo..., que asolaron tu vida, que llenaron tu cuarto, mientras tú dormías... escuchando los insultos, los gritos y el llanto.

Cuando veo en quién te has convertido, Recuerdo aquel día en el que afirmaste rotundo: «No quiero ser como ellos, no quiero robar ni dar [palizas. No quiero ser un monstruo». La sombra de tu padre y hermano Pesaba más que tu cuerpo de niño de diez años. Te ofrecimos la mano y lloraste. Sabías que no estabas solo. Las piedras cayeron sobre tu casa, Las cadenas te amarraban al suelo, Pero tu valentía y arrojo Les dieron alas a tus sueños de loco. Y ahora te veo y te admiro, Venciste tan difícil batalla sin dejar heridos. Ahora ya eres un hombre, aunque con alma de niño Que sabe muy bien... lo que ellos se han perdido.

Once años de lunas Sentada en el incómodo asiento del autobús, Miras el paisaje con ojos de vidrio, Dejas atrás las montañas y ríos, Los juegos, los cantos, las gymkhanas y caminos, Aquellos caminos que recorriste durante diez días En solitario o con tus amigos. Tu corazón baila con el recuerdo, Tu sonrisa pinta tu cara, Observas a tu alrededor: Los demás niños aún ríen y cantan. Piensas que no se puede ser más feliz, Realmente lo piensas. Tus once años de lunas boxean con la amargura, Los diez días de soles tocan una guitarra alada. Bajas del bus. Tu padre aguarda en la acera. Un fuerte agarrón y a casa. Ya no hay lunas ni soles. Solo realidad amarga.

Habitación 403 Ya estás harta del olor a medicamento. Hoy otra compañera nueva de habitación. —¡Bah! No te apetece mirarla. Tu amiga se fue. Pero no le dieron el alta. Se fue lejos, te han dicho que al cielo. Regresa la enfermera y te mide la fiebre. Parece que el fin de semana irás a casa. —¡Ojalá! El oso de peluche te lanza miradas inertes. Sonríes a la enfermera. Te haces la fuerte. Las flores alegran tu cuarto. Suspiras. Nunca habías tenido tantos regalos. La enfermera se despide con otra sonrisa. Tus padres te abrazan. Preguntas si podrás marcharte. Ya. Para siempre. Tus padres se miran. Suspiran. Te dicen que el fin de semana vas a casa. —¡Bien! Y el lunes empiezas un nuevo ciclo.

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creación literaria: poesía

Quieres llorar. Cómo odias la quimio. —... Aguantas las lágrimas y sonríes. «Tienes que ser fuerte», te han dicho. Y, además, en unas horas estarás en casa. (Retratos de niños sin nombre)

LAPISLÁZULI

Puerta a la esperanza Mariposas negras revolotean a mi alrededor, oscuras nubes tiñen de gris mi horizonte. Siento un nudo en el corazón y en las entrañas. Mis pies se hunden en la tierra como las gruesas raíces de un viejo sauce y mis lágrimas surgen descontroladas, como cuando el cauce de un riachuelo no puede contener sus impetuosas aguas. La sensación de tristeza, de pena y desesperanza inunda mi mundo y me ahoga el alma. Intento salir del profundo pozo, de esta oscura trampa que el fatal destino me tenía reservada. Me aferro a mi mundo, a lo cotidiano, a lo que más amo. Con paso cansado avanzo despacio hacia la salida y quiero creer que al final del túnel podré abrir de nuevo mi puerta a la esperanza.

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creación literaria: poesía

ANTONIO RUIZ ORTEGO

La tierra está herida Tiene la Tierra una herida y está en peligro la vida, nos hemos de concienciar... Que los recursos se agotan y es importante una gota para la tierra y el mar. El planeta es un ser vivo y son sus venas los ríos que no hay que contaminar. Y también tiene una piel, debemos plantar más bosques que ayuden a respirar.

Somos agua Somos agua y nacemos al romper nuestra madre las aguas de la vida. Somos agua y crecemos bebiendo de las fuentes de amor en el camino. Somos agua y vivimos recorriendo los ríos que llevan al destino. Somos agua y partimos con el agua en los ojos de los seres queridos. Somos agua...

Porque aún estamos a tiempo de crear conciencias nuevas y poder recuperar...

(Noviembre de 2011)

un planeta sostenible, donde florezca la vida, donde estén en armonía sol y viento, tierra y mar. Donde cada primavera sea un grito de esperanza, porque seamos conscientes de lo que hay que respetar. Donde lo más necesario sea lo más importante y haya un cambio de talante en eso de progresar. (Junio de 2008)

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creación literaria: poesía

Somos luz

Somos luz y llegamos con un rayo de amor que partió de una estrella. Somos luz y sabemos que amando con pasión se renace a la vida. Somos luz y brillamos, despertando conciencias, compartiendo la dicha. Somos luz y esa luz, transformada en amor, da sentido a la vida. Somos luz y crecemos con los rayos del sol al mirar su salida. Qué importante la luz, qué grandioso el amor, qué preciada la vida. Somos seres de luz y no existe el final... hay entrada y salida. (Enero de 2015)

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creación literaria: poesía

SUSANA HERNÁNDEZ

Llorar poemas

Al filo del presente

Habrá que llorar poemas para empañar dolores. Habrá que soñar palabras. Habrá que inventar historias y habrá que seguir viviendo. Aunque de vivir, para muchos, sea morir el premio.

Una vez más me encuentras sentada al filo de unos versos aquellos con los que huí del pasado. Aquellos que hacen habitable este presente. Aquellos que me llevan inevitablemente hasta el abismo de la vida. Allí donde más y mejor disfruto del sonido del poema porque en los límites de la libertad estalla mi pasión

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creación literaria: poesía

POETAS DE OTRAS COMUNIDADES: VÍCTOR ANGULO Víctor Angulo (Soria, 1978) ha publicado los libros de poesía Nos vemos en noviembre (2012), Cierra despacio al salir (Premio Nacional de Poesía «Fundación Cultural Miguel Hernández», 2012) y Son airadas las cigüeñas (2015).

Óxido Desde que sé que a veces solo se trata de justificar las horas, es decir, el tiempo; que a veces toca levantarse a las 4 o las 5 de la madrugada para asistir a jornadas que en sí no justifican nada, ni siquiera la vida; desde entonces, hace años, con frecuencia me embarga el olor de lo humilde. El frío que se instala en casa de madrugada y su silencio que otorga por no callar; que me arropa a estas horas inciertas de tanta prisa y confusión para que luego los días no dejen nada. Yo, a decir verdad, tampoco sé si espero algo. Simplemente, entre tanta ingratitud casi ridícula; entre tanto ruido y predilección, me defiendo en lo humilde. En lo que sobrevive de puro precario, como yo.

La agonía Hacia mediados de semana el cansancio se me hace evidente en la cara de mis compañeros. Lo advierto tangible en sus rostros dominados por la amargura y el desconsuelo; observo cómo se ha ido adueñando de ellos hasta hacerse irreversible, cómo en sus gestos hay un miedo que presagia lo innegable. En realidad, todas las mañanas los miro y me veo a mí mismo al cabo de unos años, no muchos. Me veo igual y sin expresión, andando a la deriva en un tiempo que no es de nadie aunque esté remunerado. Mal, pero remunerado. Con eso pagan por estar aquí, en este mundo y en este momento. Con eso salen adelante. Pagan la hipoteca todos los meses, el coche y el colegio de los niños. Con eso hacen planes de futuro en un tiempo que no les pertenece, que se lo han robado y que está dirigido hacia lo que hoy se entiende por felicidad, ya se sabe, fines de semana libres y veranos con vacaciones en la playa. Sin lugar a dudas, así nos resta el tiempo de esta vida; así nos sume en el abandono porque de ser, será pasajera. La agonía, digo.

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creación literaria: poesía

Retales de quietud A eso de las seis, todas las mañanas, cuando el día comienza a precisarse, me salgo a los muelles y me dejo embargar por lo que mis ojos nunca entenderán, nunca comprenderán en su quietud mayestática. Aunque me empeñe en lo contrario, a estas horas casi todo duerme y es insignificante; casi todo descansa en el sosiego oculto y mi labor, desde luego, es prescindible e inútil. Diga lo que diga o haga lo que haga, por más que lo intento, a estas horas no soy nada. A estas horas solamente puedo apostar a la apariencia con gesto furtivo, a todo lo que escapa a mis limitaciones y me acoge en su indiferencia. •

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leer para vivir: adultos

La búsqueda de la sombra de Lorca Philip Levine Madrid Visor, 2014 184 páginas

POR VÍCTOR ANGULO

Durante un momento miro la foto de un Philip Levine todavía joven, entusiasta, y después la de un Levine envejecido, próximo al poeta que en la actualidad era hasta su muerte en febrero de 2015. Entre ambas ha pasado el tiempo, la poesía, pero también la historia de nuestro país, este libro, La búsqueda de la sombra de Lorca, publicado por la editorial Visor y donde se recogen los poemas que este vate norteamericano dedicó a España, una inquietud, una constante a lo largo de su trayectoria lírica. De nuevo miro la foto del Levine joven y en esta ocasión la de quien ha llevado a cabo esta labor, el también poeta Andrés Catalán. El parecido es dudoso, y sin embargo algo hay que les unía, algo que desde la distancia les acercaba, el amor a un país y sus contradicciones, o el misterio mismo de la poesía. Supongo que en todo lo demás se diferenciaban, fundamentalmente porque entre ellos existía un margen de 55 años de edad. Pero también porque el primer poema que escribió sobre España lo hizo en 1965, una fecha, por lo demás, bastante lejana al nacimiento del encargado de llevar a cabo la edición y traducción de este libro, el ya mencionado Andrés Catalán.

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Tras una infancia marcada por las penurias económicas, a los 14 años Levine empezó a trabajar en el importantísimo sector automovilístico de su ciudad, Detroit. Esto no impidió que posteriormente cursara estudios universitarios para dedicarse finalmente a la enseñanza. Estamos hablando de los años 50 del siglo pasado, aunque será en el 65 cuando decida viajar a nuestro país tras la concesión de un año sabático. Lo hará con toda su familia y se establecerá en Barcelona, concretamente en Castelldefels, ya que el precio de los pisos de alquiler es más barato que en la propia ciudad condal. Aun así, enseguida se le quedará corto el dinero ahorrado y tendrá que aprender español para encontrar trabajo. Si la elección de establecerse en Barcelona es premeditada (su parecido industrial con Detroit, el entusiasmo por el Orwell de Homenaje a Cataluña o sus filias con el anarquismo), la casualidad hará que como profesor de español tenga al también poeta catalán Juan Rusiñol. Éste, entre otras cosas, le ilustrará en el conocimiento de algunos poetas esenciales como Antonio Machado o Juan Ramón Jiménez. La admiración que muestra por Federico García Lorca

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le viene ya de lejos, atraído por la deshumanización reflejada en Poeta en Nueva York, bastante cercana a su experiencia en las fábricas de automóviles. Pero también porque su familia había sentido un gran interés por el desarrollo de nuestra Guerra Civil, acontecimiento histórico, por otra parte, estrechamente vinculado a la muerte de Lorca y que contribuyó, entre otras cosas, a ensombrecer la de por sí oscurecida figura del general Franco más allá de nuestras fronteras, de ahí que el propio dictador llevara cuidado en las formas para que no se produjesen más Lorcas. Lo que durante este año va a descubrir Levine es una nación pobre, extremadamente pobre en algunas zonas, por lo que este libro se puede leer también como un viaje. O mejor dicho, como dos viajes, porque en 1988 otra vez volverá a España, aunque la que ahora encuentre poco tenga que ver con la de entonces. Discípulo de Robert Lowell, su poesía es cercana a la experiencia. Con un estilo directo, en sus poemas lo que busca es transcender la anécdota a través del propio lenguaje poético. Es lo que sucede, por ejemplo, en el primer poema que inaugura este libro, «Una visita», donde relata una escapada familiar a Barcelona y el posterior encuentro con un piloto con el que mantiene una conversación totalmente superflua. En esta poesía de la sencillez, como dice Wislawa Szymborska, «lo importante es más importante que lo insignificante», aunque lo que busca en estas situaciones cotidianas (y esto es una característica de toda su lírica) es un punto de encuentro entre la vida y el tono de la escritura. Parafraseando a Jean Genet, el lenguaje le va a ofrecer los medios para hablar de la vida y evocarla. «No las anécdotas, sino la obra de arte. No la vida, sino su interpretación». Es lo que se puede ver en «El enano», un poema que trascurre en el café Durruti. En relación con el anarquismo español y sus figuras emblemáticas, ésta no es la única mención a lo largo de estas páginas. De hecho, hay dos poemas donde el autor se acerca al cementerio de Barcelona para visitar las tumbas de Durruti y Ascaso. Por otro lado, tampoco faltan las referencias a la Guerra Civil española. Se puede pensar, desde luego, que las secuelas eran todavía bien visibles en aquellos años, pero también hay que tener en cuenta que su familia había seguido el desarrollo de este conflicto bélico y que el propio poeta se había educado en este ambiente familiar. Es decir, cuando decide establecerse en Barcelona, Levine era alguien determinado ideológicamente, y es lo que hace al reivindicar la muerte de un soldado republicano durante la Guerra Civil, o al tratar de convertir en «Lección de español» a Juan

Rusiñol en el Antonio Machado profesor, con su tristeza profunda y en medio de un espacio frío y poco propicio al aprendizaje del castellano pese al calor luctuoso de las estufas. No obstante, en estos poemas el tono cercano y la humildad narrativa sobresalen por encima de cualquier supuesto ideológico, e incluso la ironía que se puede apreciar en el uso que hace de «bueno» para referirse a Antonio Machado, es prácticamente imperceptible en relación con su hermano Manuel y su adhesión al movimiento nacional. Pero ya hemos dicho que este libro no es la historia de un viaje, sino de dos. En 1988 volverá otra vez a esta parte de la península y lo primero que podrá comprobar es que, como país, ha cambiado mucho España a lo largo de estas tres décadas. Ha cambiado, aunque también Levine, por lo que ahora vamos a encontrar a un poeta «harto de la mediana edad, de la poesía, la vida»; a un poeta que si al principio escribía un poema como «Salchichón», donde explicaba cómo se elaboraba este embutido tan característico de la gastronomía hispana, sobre todo antes del colesterol y de las dietas Light, o una bebida como el vino negro de Alicante, en los poemas correspondientes al segundo viaje describirá las inconfundibles viejas enlutadas junto a algunas referencias a la cultura pop. Es decir, la imagen triste y oscura de la España de mediados de los 60 —y que todavía perdura a finales de los 80— no es precisamente lo que en esta ocasión le llamará la atención, sino la forma en que se ha introducido la cultura de masas, la aceleración de las comunicaciones o la mejora de los medios de transporte, nada que ver con los viajes interminables «bordeando la costa» por «carreteras pésimas» que aparecían en la primera parte de este libro. Aun así, tampoco están claros los poemas que pertenecen a una época y otra. En ocasiones hay poemas que están escritos con anterioridad y que sin embargo han sido recogidos en libros posteriores. Por ejemplo, cuando «En la ciudad blanca» menciona a los nacionales, aclara: «tengo la precaución de no decir los ‘fascistas’; es 1965» (p. 167). ¿Se trata de un recurso poético o la fecha mencionada es la de la escritura? No se sabe, aunque de lo que no cabe duda es de que en la poesía última se acentúa el recuerdo, un descubrimiento clave desde el que realizará continuas rupturas espaciotemporales, como se podrá ver a continuación. Por otro lado, en toda su poesía hay una reivindicación de aquellos escritores (poetas, fundamentalmente) que defendieron la causa republicana durante el desarrollo de la guerra. Las figuras que se exaltan son las que tradicionalmente han estado uni-

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das a la injusticia de este acontecimiento histórico. Son, como no podía ser de otra manera, Lorca, Miguel Hernández y Antonio Machado. En lo referente a Lorca, hay tres poemas que hablan directamente de él. No tengo en cuenta aquél donde el hijo del poeta confunde a Machado con el granadino y, hablando de aquél, le pregunta por la fosa en la que está enterrado. Y no lo menciono, porque precisamente es en el poema que da título a este libro, «La búsqueda de la sombra de Lorca», donde se produce una visita al barranco de Víznar. Allí imagina cómo pudo ser el fusilamiento de Federico, y, aunque han pasado los años, por un momento parece que el tiempo se hubiera detenido ya que consigue crear un ambiente quieto, una atmósfera emocional y envolvente donde podemos ver a las hormigas devorándolo todo. No obstante, son los otros dos poemas los que me gustaría destacar en este espacio: «Mi madre y su bolso el verano que asesinaron al poeta español» y «Acerca del encuentro de Lorca y Hart Crane». En el primero, la madre se dispone para visitar la tumba de su marido el mismo día que asesinan a Lorca, por lo que está metiendo en el bolso todo lo que necesita para salir a la calle. La simultaneidad de personajes, tiempos y espacios hacen que sea éste uno de los poemas más emotivos del libro, pero al mismo tiempo uno de los más intensamente sobrios en el uso de los sentimientos y recuerdos. A través de una pregunta —«¿quién pondrá en duda que vemos más claramente / allí donde no hay un solo ojo?»— deja de hablar de su madre para hablar de Lorca, aunque en el último verso logrará unificar los dos tiempos y espacios. De esta manera, cuando al fin «su bolso se cierra con un golpe», Granada es el tiempo donde todo «se detuvo». Como decía Azorín, el espacio y el tiempo son las dos grandes preocupaciones de un poeta, y esto lo podemos reconocer sobre todo en Levine. Ya el título elegido para esta antología incide en ello, y así lo podemos ver en el siguiente poema. En él se narra el encuentro entre dos gigantes de la poesía de ese momento, Hart Crane y García Lorca. Un encuentro donde ninguno manifiesta ningún interés por el otro. Cada uno desconoce la lengua de su interlocutor (en el caso de Lorca, de sobras es conocido que se vino de Estados Unidos sin aprender ni una palabra de inglés) y de mediador hace un supuesto primo del poeta que después se dedicaría a la venta de pianos. Aunque al final descubrimos que es una historia inventada —«¡qué gran imaginación la de Arthur!»—, una vez más se pone de manifiesto esa capacidad para disolver espacios y tiempos, para unificarlos a través de

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personajes reales e imaginarios en el único tiempo y espacio donde todo es posible, es decir, en el poema. Como hemos podido ver hasta aquí, la poesía de Philip Levine está muy vinculada a nuestro país. Desde el punto de vista editorial, sin embargo, se le ha relegado a un segundo plano, incluso cuando aparentemente contaba con algunas cosas a su favor: la defensa de una ideología de izquierdas y un quehacer poético en sintonía con la poesía que se escribía a mediados de los años 60 y, en particular, a partir de los 80 en España. Pero el hecho de desarrollar su obra mucho tiempo después de la Guerra Civil, seguramente lo haya silenciado hasta el momento. Si en el caso de algunos autores extranjeros como Vallejo o Hemingway este hito histórico contribuyó a que su obra se enalteciera todavía más, en el caso particular del poeta de Detroit ha servido para todo lo contrario, al menos en la percepción que tenemos desde aquí. Sólo cuando las llamas de los primeros se han atenuado, se puede reivindicar a un autor como Levine. Sólo cuando la influencia de Faulkner se ha ido apagando, algunas editoriales se han permitido recuperar a autores olvidados y tan interesantes como Erskine Caldwell. Esto, que ha sido una constante en los últimos años, en el caso de Philip Levine creo que era una deuda pendiente, principalmente por su contribución a la renovación de la poesía a través de la prosa, pero también por su estilo sobrio; porque «de todas las aguas claras —como decía René Char— la poesía es la que menos se detiene en el reflejo de los puentes». •

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Los estudiantes y la democracia. Reinventando Mayo del 68 Fernando Gil Villa Plaza y Valdés, Colección Dilemata Madrid, 2014 124 páginas

POR DAVID DONCEL

El libro presenta una reflexión sobre el papel de los movimientos estudiantiles en las últimas décadas y su relevancia en un futuro próximo, tomando como punto de apoyo las revueltas de Mayo del 68. Fernando Gil Villa, profesor de Sociología en la Universidad de Salamanca, cuenta con una marcada trayectoria en el estudio de los problemas que acechan a la juventud, especialmente los ligados a la desigualdad social y la educación. Esta formación, consolidada en los últimos años con la publicación de numerosas obras, aquilata el presente escrito. El principal objetivo del libro consiste en subrayar el importante papel que juegan los estudiantes para la regeneración democrática. El autor, mediante un paralelismo histórico entre la realidad actual y la de Mayo del 68, resalta la importancia que tuvo entonces la acción de los estudiantes como contrapeso a las perversiones del neoliberalismo, y que, ahora más que nunca, debería ser rescatada en un mundo cada vez más globalizado. En este sentido, el autor ilustra constantemente su argumento con los movimientos estudiantiles mexicano, chileno y español contemporáneos. Esta comparativa le permite vislumbrar las luces y las

sombras de cada uno de ellos, como la de demostrar el paralelismo histórico entre la realidad de entonces con la de ahora. Insistiendo en este punto, no sólo se detiene en ensalzar las bondades sociales del movimiento estudiantil, sino que, además, lo apoya. ¿Cómo? Apuntando los caminos que el movimiento estudiantil debe encauzar en aras de la consecución de una sociedad más justa en un mundo global. A partir de la conjunción de estos elementos, el libro se articula en siete capítulos a lo largo de los cuales, desde una estrategia desmitificadora de Mayo del 68, el autor se adentra en los principios humanistas que guiaron la revuelta estudiantil francesa, para rescatarlos como metas a alcanzar en el presente. Los primeros capítulos se encuentran trabados por el fuerte compromiso de Gil Villa por enmarcar su análisis a través de un enfoque no distorsionado de la realidad. En consecuencia, desde el inicio deja claro que, aunque el asidero del movimiento estudiantil contemporáneo deba responder a los valores sesentayochistas, no hay que descuidar el riesgo de convertir Mayo del 68 en un fetiche. Para ello, ajustando su análisis desde un plano no desvirtuado de la realidad, destaca los problemas no solucionados en

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aquella primavera, que ahora, agudizados, requieren de nuevo su reivindicación: la recuperación de una educación humanista, de una mayor igualdad y libertad. Actualmente, el autor encuentra un desequilibrio en las funciones que debe cumplir el sistema educativo, escorado sobremanera hacia una función económica utilitarista descuidando la humanística crítica. Esta oscilación orientada al mercado genera una universidad adormecida. Una somnolencia general inducida por una configuración muy burocratizada de la enseñanza, que somete al estudiante a una disciplina narcotizadora. Por ejemplo, la exhaustiva programación de las tareas a realizar, tanto fuera como dentro del aula, derivada del Espacio Europeo de Educación Superior, no dan cabida al ejercicio de la reflexión crítica. Estas actividades, diseñadas más por su futura utilidad económica que humanística, orientan el esfuerzo del estudiante hacia una formación propia de dóciles trabajadores, más que de activos ciudadanos. Círculo que hay que romper reivindicando los valores humanistas de la educación. El sobrepeso de la función económica del sistema educativo y sus consecuencias sociales, a juicio de Gil Villa, requiere de la acción de los estudiantes para el cambio. Ellos son los que deben abanderar los ideales de una conciencia crítica, y luchar para reequilibrar la balanza hacia una función cívica del sistema educativo. Porque de este modo se acercarán a los que sufren, a los que corren el riesgo de ver vulnerados sus derechos y libertades y, sobre todo, se acercarán a la meta de una sociedad más equitativa. En los últimos capítulos, aunque el autor insiste en el reclamo de que hoy más que nunca el movimiento estudiantil debe luchar contra la tendencia a la burocratización, especialización y privatización de la educación como los problemas del sistema, da un paso más y se adentra en la necesaria reforma de un sistema educativo que no genera voluntades críticas. Para ello esboza una guía con la que orientar la acción. Fija unos objetivos específicos, señala los peligros a evitar y unas funciones a desempeñar. Es decir, pergeña, en líneas generales, cómo se debe articular la lucha para reivindicar cambios con los que alcanzar una educación humanística compatible con valores democráticos modernos. En suma, nos encontramos ante una obra a tener en cuenta para reflexionar y ser críticos con el mundo que nos rodea. Desde mi punto de vista, Gil Villa entiende bien cuál es una de las funciones sociales más relevantes de la Universidad en una sociedad necesitada de regenerar la confianza. Ante los des-

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varíos del neoliberalismo, la angustia provocada por la incertidumbre de sociedades en cambio, la clase política desacreditada y unas desigualdades crecientes, la institución educativa y los agentes implicados en ella deben erigirse como el faro que ilumine en la oscuridad a una sociedad que pierde el rumbo. Otro punto fuerte de la obra estriba en que el autor llega a concretar objetivos, funciones y propuestas, dando sustancialidad a un discurso que, sin esta exigible concreción, perdería persuasión para aquellos a los que va dirigido, los estudiantes, quienes no deben olvidar que son la mejor garantía para la democracia. No sólo porque su oficio consista en cuestionarse el funcionamiento de la sociedad, sino porque, por su carácter y condición, son los más adecuados para representar el papel principal en la dura lucha por la libertad y la igualdad. En definitiva, este libro se hace eco de que lo que se requiriere en las sociedades azotadas por la desigualdad no es bienestar material, sino justicia social. •

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La Banda Municipal y la historia musical de Ejea de los Caballeros Asunción Gil Orrios Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros 2015 253 páginas

POR ASUNCIÓN GIL ORRIOS

Ejea celebró en 2014 el centenario de su Banda Municipal. La actual formación tuvo sus orígenes en el año 1914, cuando el Ayuntamiento de Ejea acordó establecer una banda de música municipal, financiándola con cargo a sus presupuestos y asegurando así la formación musical de los educandos. Este libro es fruto del deseo de poner en valor los 100 años vividos como Banda Municipal por esta agrupación esencial en la vida local, por la que han pasado varias generaciones de músicos ejeanos. Si bien su trayectoria es el hilo conductor, su contenido va más allá, aventurándose en periodos pretéritos y descubriéndonos datos inéditos de otras manifestaciones musicales perdidas hoy en la memoria colectiva. Hubo otras músicas, otras orquestas y otras bandas de música de aficionados que hicieron más grata, y también más protocolaria, la vida de nuestros antepasados. Rescatarlas y sacarlas a la luz es ilustrar a su vez la historia de Ejea. En palabras de la autora, Asunción Gil Orrios, investigadora e historiadora apasionada en temas locales, «Acercarnos a las manifestaciones culturales de nuestro pueblo es una buena forma de conocernos mejor, pues la historia de la Banda es fiel reflejo de la vida de la Ejea que la vio nacer y le dio forma y razón de ser». •

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leer para vivir: infantil y juvenil Desde el Consejo de Redacción queremos agradecer especialmente a todos los lectores y lectoras, niños y adultos, que hacen posible que estas páginas de «Leer para vivir» tengan sentido. Y a estos mismos lectores, pero también a las bibliotecarias y bibliotecarios, libreros y libreras que con sus recomendaciones conformamos el escaparate de libros que año tras año presentamos en Ágora.

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De 0 a 5 años

¡Soy el lobo! Texto: André Bouchard Ilustraciones: André Bouchard Edelvives Zaragoza, 2014

El nuevo traje del emperador Autor: H. C. Andersen Ilustraciones: Dàlia Adillon Texto: Raquel Garrido Apila ediciones Zaragoza, 2014

Donde viven los monstruos Texto: Maurice Sendak Ilustraciones: Maurice Sendak Kalandraka Pontevedra, 2014

El folklore se ha encargado de atormentar las noches infantiles, pero este divertido álbum demuestra que las peores pesadillas y los más malvados monstruos también tienen sus puntos débiles y que siempre los podemos vencer: solo hay que mantener la calma e introducirse también en sus sueños.

Una revisión del clásico de Andersen ganadora del II Premio Apila Primera Impresión al mejor proyecto de autor novel. Tanto los divertidos textos de Raquel Garrido como las sugerentes y animadas ilustraciones de Dàlia Adillon nos trasportarán al mundo de un emperador que, a pesar de tener todos los armarios llenos a reventar de ropas hermosas, quiere un traje nuevo. ¿Se cumplirá su deseo?

Se trata de una edición especial de este álbum del desaparecido Maurice Sendak, que en su momento creó mucha polémica porque su protagonista no era muy ejemplar: castigado sin cenar emprende un viaje a través del tiempo y el espacio, pero que le sirve de aprendizaje para superar sus miedos. También demostrará que los monstruos tienen pies de barro y que sólo hay que encontrarles su punto débil. Esta edición recupera las ilustraciones originales de la primera edición del álbum, en 1963.

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A partir de 6 años

Enigmas para antes de ir a dormir Texto: Laura Overdeck Ilustraciones: Jim Paillot Montena Barcelona, 2014

De nuevo un libro para leer en compañía y activar las habilidades lógicas e investigadoras de los más pequeños. Con tres niveles de dificultad, la lectura permite viajar por todo el mundo descubriendo sus misterios con ojos matemáticos.

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Batiscafo en el mar Edición dirigida por Cristina Camarena y Nick Kearney Texto: equipo de escritores Ilustraciones: equipo de ilustradores Batiscafo Valencia, 2014

El primer volumen de una colección que tiene a una joven Batiscafo como protagonista: logra salir del aburrimiento de su vida y recorrer autónomamente diferentes lugares donde encuentra cuentos que son recogidos en este volumen. Proyecto colectivo que supone una auténtica antología de lo mejor de la literatura y la ilustración infantiles contemporáneas.

Ícaro Texto: Federico Delicado Ilustraciones: Federico Delicado Kalandraka Pontevedra, 2014

Imágenes y texto se necesitan y se complementan en este volumen que supone una obra maestra dentro del álbum ilustrado. Por eso no se puede considerar un libro solo para niños, de él disfrutarán también los adultos porque admite varias interpretaciones y niveles de lectura. Los colores adquieren significados simbólicos y ya el título nos remite al mito clásico del ser que quiere superar sus propias limitaciones. Una pequeña joya para leer en familia.

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A partir de 8 años

Los futbolísimos. El misterio del robo imposible Texto: Roberto Santiago Ilustraciones: Enrique Lorenzo SM Madrid, 2014

Tea Stilton. El secreto de las hadas de las nieves Autor: Tea Stilton Destino infantil Barcelona, 2014

Una nueva aventura de Pakete y sus amigos que unen fútbol y misterio, en una combinación que lleva a nuestros protagonistas a disfrutar del deporte y desentrañar el misterio que envuelve un robo en la Exposición de Tesoros del Antiguo Egipto justo cuando ellos la visitan. Pero además nuestro protagonista tiene otros problemas: todo el mundo dice que tiene dos novias y su equipo necesita dinero para sobrevivir.

Llaman la atención los libros de esta colección por el cuidado con que se ha elaborado cada una de sus páginas de manera que suponen un regalo para la vista. A ello se unen además las intrépidas aventuras de las componentes del club de Tea. En este caso deben recuperar las flores de loto que han desaparecido del mundo de las Hadas de las Nieves. Y ¿qué harán para recuperarlas? Viajar, que es la mejora manera de conseguir el crecimiento personal.

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La gran aventura de Marilú Texto: Quico Espino Ilustraciones: José Mª Pérez Martell Maresía Madrid, 2014

«Flipas, Marilú»; «estás siempre en las nubes». Son los reproches que siempre escucha Marilú de los adultos y de sus amigos. Pero ella sonríe porque tiene un secreto: sabe que su intervención ha servido para mejorar la humanidad; porque no necesita reconocimiento. Solo necesita que la justicia, la igualdad y la amistad sigan entre nosotros.

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A partir de 10 años

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Diario de Charlie Small. El desafío final Autor: Charlie Small Roca Barcelona, 2014

El bastón maldito. Libro I Texto: Åsa Larsson e Ingela Korsell Ilustraciones: Henrik Jonsson Planeta Barcelona, 2015

Todos en círculo. ¡El libro que hace fácil la geometría! Texto: Anna Cerasoli Ilustraciones: Ilaria Faccioli Maeva Madrid, 2014

Todo lo que se cuenta en este libro es verdad. Charlie tiene realmente cuatrocientos años, pero parece un niño de ocho vestido de explorador. Y es que Charlie se perdió un buen día y desde entonces trata de llegar a casa. Para poder desentrañar su propio misterio ha escrito este diario. Después de once volúmenes, parece ser que todo se va a terminar en este.

Primer volumen de la serie PAX, producto de una interesante colaboración entre los tres creadores citados. Juntos han colocado a los hermanos Viggo y Alrik como protectores de una misteriosa biblioteca, centro de la eterna lucha entre el bien y el mal. Todos sabemos que el conocimiento es poder y ¿qué mayor centro de poder que una biblioteca? Esperamos acompañar a estos muchachos en sus aventuras y en su lucha por la supervivencia.

Acompañamos al protagonista de este libro y a Nube, su perro, en unas aventuras que demuestran que la geometría no debe dar quebraderos de cabeza sino que nos ayuda a mejorar nuestra vida cotidiana. Solo hay que usar la cabeza y no perderla.

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A partir de 12 años

El secreto del galeón Autora: Ana Alcolea Anaya Madrid, 2014

De nuevo visita nuestras páginas un libro de Ana Alcolea. Desde Ágora sabemos que muchos jóvenes lectores esperan con interés el nuevo libro de esta escritora que nunca decepciona. En esta ocasión acompañamos a los protagonistas en una historia que traspasa el tiempo gracias a los restos de un galeón perdido investigado por dos arqueólogos. De nuevo el pasado sirve para explicar el presente.

Odio el rosa. Historia de Dani Autores: Ana Alonso y Javier Pelegrín Ilustraciones: Miguel Navia Oxford University Press Madrid, 2014

La colaboración entre estos dos creadores ha dado a la literatura fantástica, tanto juvenil como de adultos, logros interesantes e historias sugerentes y hermosas. En este caso nos trasladamos a un mundo en el que las grandes multinacionales han salido finalmente a la luz y lo controlan todo. Solo la valentía de unos pocos puede vencer la tiranía. Y aquí aparece Dani, que luchará con sus medios por la libertad. Un libro paralelo a Historia de Sara y juntos componen los dos primeros de la saga «Odio el Rosa». Aunque se pueden leer independientemente, forman parte de un proyecto común en el que las historias se entrecruzan en algunos episodios..

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La zapatilla roja Texto: Karin Gruβ Ilustraciones: Tobías Krejtschi Lóguez Sevilla, 2014

Un libro álbum que invita a la reflexión y al descubrimiento de otras vidas como las nuestras, llenas de deporte y zapatillas rojas de baloncesto, nuevas, flamantes; pero que son en realidad vidas acechadas por un mundo hostil que en cualquier momento puede dejarlas sobre una camillas y luchando contra la muerte. Libros como este también son necesarios para abrir los ojos a la realidad de este mundo, comprometerse e intentar mejorarla.

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A partir de 14 años

La tumba de Aurora K Autor: Pedro Riera Edebé Madrid, 2014

Pedro Riera utiliza un conflicto bélico, sorteado por unos refugiados, para plantearse problemas de candente actualidad: la responsabilidad de la guerra, los lazos familiares, la necesitad de la comprensión de una realidad dolorosa para poder superarla y seguir creciendo como personas. Nuestra protagonista lo logra cuando busca la auténtica tumba de Aurora K.

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Petraluna Autora: Celia Morcillo Alconada Universidad San Jorge Zaragoza, 2014

Una revista como Ágora se tenía que hacer eco del nacimiento de una jovencísima autora que esperamos y deseamos continúe con su vocación y nos regale con historias bien contadas y llenas de los altibajos de la adolescencia. Petraluna es el primer libro protagonizado por Venus Arquero que debe encontrarse a sí misma, a veces luchando incluso contra los que más la quieren.

Miedo Autor: Michael Grant Molino Barcelona, 2014

En el número 12 de Ágora reseñábamos el primer libro de la saga Olvidados de la que el título que nos ocupa es la quinta entrega. Ya ha pasado un año desde que todos los adultos desaparecieron y los adolescentes, protagonistas de esta historia, siguen intentando sobrevivir superando todos los obstáculos con los que se encuentran. En este caso deben luchar contra el miedo que a todos nos acecha en los lugares y momentos más insospechados.

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A partir de 16 años

Alcohol de quemar Autor: Miguel Mena Tropo editores Zaragoza, 2014

Varios miembros de una familia mueren de la manera más inesperada e incomprensible y años después uno de los supervivientes intenta comprender el suceso. Inquietante relato de Miguel Mena basado en una historia real que bucea en la justicia, en la lucha contra el olvido y en la fragilidad del alma humana, que en cualquier momento puede caer en la barbarie. Pero también supone una reflexión sobre la inmensa capacidad de amar y de perdonar que tenemos.

La música del silencio Autor: Patrick Rothfuss Plaza & Janés editores Barcelona, 2014

Patrick Rothfuss ha creado un auténtico universo en sus dos novelas La sombra del viento y El temor de un hombre sabio, protagonizadas por el interesante Kvothe, ya reseñadas en esta revista. Pues bien, en este caso el autor nos enseña el curioso mundo de Auri, uno de los personajes femeninos más sugerentes que acompañan a Kvothe en la saga.

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El peso del corazón Autora: Rosa Montero Seix Barral Barcelona, 2015

Esperada continuación de Lágrimas en la lluvia, primera de las novelas protagonizadas por la replicante o tecnohumana Bruna Husky. Con ella muestra Rosa Montero su maestría para crear, dentro de la ciencia ficción, un universo producto de la posible evolución del nuestro, cuyos problemas y conflictos pueden explicarse por los de ahora y a la vez iluminarlos. Al mismo tiempo, gracias a la protagonista, el libro supone una reflexión sobre la muerte y la aceptación de nosotros mismos, así como una reivindicación de la vida. Esperamos poder reseñar el tercer libro de la saga el año que viene.

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literatura infantil

Narrativa 1.º, 2.º y 3.º Primaria PRIMER PREMIO

SEGUNDO PREMIO

Las hadas de la luz

El arcoíris MARA ZÁRATE PÉREZ 2.º PRIMARIA CRA LOS BAÑALES UNCASTILLO

REBECA ORDUÑA 2.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

¿Las hadas existen? ¡Pues claro que sí! Voy a contaros mi historia. Una noche de verano, íbamos paseando mi abuela, mi mamá y yo cuando, pasando por un jardín, vi entre las flores unas pequeñas lucecitas azules. Yo, que soy muy curiosa, me acerqué a ver lo que eran. Vi unos pequeños bichitos que tenían como una bombillita que se encendía y se apagaba. Le pregunté a mi abuela: —Yaya, ¿qué son esos bichitos? Y ella me contestó: —Son luciérnagas. Yo le contesté: —No, abuela, son hadas. Ella se echó a reír y me dijo: —Hija mía, las hadas no existen. Pero yo me quedé mirando y las vi. Eran preciosas, tenían cuerpecito, cara de niña y unas pequeñas alitas en la espalda. Entonces grité: — ¡Mamá, mamá, mira, son hadas! Y mi mamá me dijo: —No, cariño, son luciérnagas. Yo miré otra vez. Una hadita me guiñó el ojo. Y así supe que existen las hadas, pero solo las podemos ver las niñas. •

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Existió un arcoíris que cada vez que veía algo de color rojo se ponía muy triste porque le faltaba ese color. Sus amigas, las nubes y los relámpagos, se reían de él. El sol siempre le decía que daba igual que no tuviera ese color. Un día el sol le dijo: «Dile a tus amigos que ellos no tienen todos los colores». Y eso hizo el arcoíris. Sus amigos se dieron cuenta de que daba igual que tuvieran una cosa o no, todos somos importantes. Pasaron días, noches… y una tarde el arcoíris y sus amigos salieron a dar un paseo, vieron coches rojos, tomates y hogueras. Decidieron encontrar juntos el color rojo del arcoíris, recorrieron montañas y ríos y no lo encontraron. Al día siguiente, fueron a un bosque muy tenebroso. Tenían mucho miedo pero entraron porque tenían que recompensar al arcoíris por haberse reído de él. En el bosque había murciélagos, árboles con formas terroríficas y serpientes. En lo más profundo del bosque había una casa en la que vivía una bruja. Y tuvieron suerte, porque la bruja tenía pegado en la pared el color rojo que había sacado del interior de un volcán. Cuando se fue a la cocina, el arcoíris y sus amigos entraron por una ventana abierta, lo despegaron de la pared y salieron sigilosamente. Se alejaron de la casa, descansaron y se lo pusieron al arcoíris. El arcoíris estaba muy contento por haber recuperado el color rojo y fueron a su casa. El arcoíris se lo enseñó a su madre, y para celebrarlo la mamá arcoíris hizo una gran cena. Se la comieron entera, y vivieron felices y muy, muy contentos. •

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

SOFÍA FERNÁNDEZ SAMPER 3.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

HUGO MALÓN IRIGOYEN 3.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

A un niño llamado Alberto se le cayó su quinto diente. Estaba muy contento y quería que fuera de noche para colocar su diente debajo de la almohada y así que viniera el ratoncito Pérez. Hizo los deberes, cenó rápidamente y a las nueve en punto se fue sin protestar a la cama. A las siete de la mañana abrió los ojos y miro debajo de la almohada, le extrañó que no había nada y gritó llorando: «¡mamáaaaaaaaaaaaaaaaa, el ratoncito no me ha dejado nada!». De repente, vio a su gato Argui que llevaba un cordón en la boca. Lo intentó coger pero salió corriendo. Alberto lo atrapó de la cola y del tirón salió un pequeño ratoncito blanco que estaba empapado en saliva. No respiraba y Alberto le fue a hacer el boca a boca. De repente, escuchó el sonido de monedas contra el suelo y… ¡se despertó! Se oyó un grito. «¡Soy rico!» Y con la alegría del momento se olvidó de la pesadilla. •

Hasta hace dos años venía a mi barrio un niño llamado Abba. Estaba todo el verano en casa de unos vecinos. Lo que más me chocó fue lo sorprendido que se quedó cuando vio el agua de los grifos y la luz de las bombillas, porque él no tenía nada allí donde vivía. Nos contaba que él y su familia vivían en un campo de refugiados en una gran tienda de campaña y dormían en el suelo todos juntos, apenas tenían para comer y siempre viviendo con miedo a la guerra que la tenían muy cerca de ellos. A mí me gustaría que no hubiera guerras ni campos de refugiados, así los niños como Abba podrían vivir en casas normales, como las de los niños que no están en guerra. •

La pesadilla

Mi amigo Abba

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literatura infantil

DIPLOMA

Pero no consiguieron atrapar a todos. Los que quedaban eran el jefe y los más fuertes. Vieron que se iban en un helicóptero hacia el norte, les siguieron y vieron que los ladrones se metían en una casa. Los niños llamaron a la policía. La poli llegó a tiempo para pillarlos, y a los niños les dieron su recompensa. Durante esa semana fueron los más importantes de su cole. Y colorín colorado este cuento se ha acabado. •

El misterio JULIA FAURE GARCÍA DAVID LABORDA SAGASTE 3.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

DIPLOMA

Había una vez dos niños llamados Jaime y Jara. Eran hermanos y vivían en New York, lo que más les gustaba era descubrir misterios. Su padre les mandó a comprar el periódico y los dos hermanos fueron corriendo. Cuando volvieron se sentaron para leerlo, la portada era muy llamativa porque trataba sobre un atraco cerca de su casa y al que encontrara al culpable tendría su recompensa. Los dos hermanos salieron disparados hacia el lugar en el que se había hecho el atraco y… ¡encontraron una pista! Eran unas huellas y no eran unas huellas cualquiera, sino que eran de la banda de ladrones de la ciudad. Se sabían sus huellas de tantos crímenes que habían hecho. Ya sabían quiénes eran pero faltaba averiguar dónde estaban y Jaime dijo: —Vamos a la cueva oscura. Tal vez estén allí. Los dos hermanos fueron a la cueva pero no estaban y a Jara se le ocurrió tenderles una trampa en su guarida. Jara dijo: —La trampa podría ser así: buscaremos unos pasteles y los colocaremos en su guarida. Cuando los vayan a coger les caerá encima una trampa. Pero hay un problema: ¿dónde encontraremos los pasteles? —Eso es fácil, la abuela nos puede hacer muchos. Fueron a casa de la abuela y le pidieron unos pasteles. La abuela estaba encantada de darles de merendar. También les dio unos plátanos para postre. Rápidamente llegaron a la guarida de los ladrones y pusieron los pasteles bajo la trampa. Como tenían hambre, se comieron los plátanos. El plan no salió como se esperaban, pero algo triunfó. Cuando llegaron los ladrones no se fijaron en que los niños se habían dejado las pieles de plátano, los ladrones se resbalaron y cayeron con toda la cara en los pasteles, a la vez que les caía la trampa encima.

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Lucas y Tila JULIA FAURE GARCÍA 3.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

Lucas y Tila eran dos zorros que vivían en el bosque. Estaban nerviosos porque pronto iban a tener cachorros. Un día Tila iba paseando y se perdió. La encontraron unos leñadores y la llevaron a su granja. Los leñadores tenían dos hijos que se llamaban Martín y Violeta. Eran dos niños a los que les gustaba mucho los animales, así que cuidaron a Tila día y noche. Pasaban los días y Tila seguía muy, pero que muy triste. Martín y Violeta pensaron cómo ayudarle y creyeron que lo mejor era ir al bosque en busca del papá de los cachorros. Al día siguiente se levantaron temprano, desayunaron los tres y se fueron al bosque. Caminaron y caminaron. Tila la pobre estaba agotada, se tumbó y en ese momento nacieron tres lindos cachorros que no paraban de llorar. Parecía que estaban llamando a su papá. Lucas los escuchó llorar y se acercó corriendo. Cuando se encontró con Tila, todos se pusieron muy contentos, los cachorros dejaron de llorar. Lucas y Tila dieron las gracias a Martín y Violeta moviendo muy rápido el rabo, cogieron los cachorros con su boca y los cinco regresaron felices a su madriguera. ¡… y colorín colorado, los cachorros de Luca y Tila ya se han dormido! •

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

SARA BERGES CRA LUIS BUÑUEL SANTA ANASTASIA

NIÑOS Y NIÑAS DE 1.ºA DE PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

Los del campo Un cuento de MIGUEL CASANOVA princesas y JOAQUÍN VALERO PABLO GÓMEZ brujas DAVID GÓMEZ

Érase una vez en un país del norte, vivían cinco niños de nueve, diez once y doce años. Los niños iban con las bicis por los campos cuando vieron un tractor parado en medio de un camino. Los chicos gritaron: «¿Hay alguien ahí?». Pero nadie contestó. Llegaron a sus casas y uno de los chicos le dijo a su padre: «Papá, papá, de mayor quiero ser agricultor». El padre le dijo que vale, pero que para ser agricultor tendría que comprarse herramientas como un arado, una sembradora, una cosechadora, un remolque y un tractor. Cuando el chico mayor cumplió dieciséis años se sacó el permiso para conducir tractores, fue a buscar a sus amigos y todos juntos se fueron al tractor que habían visto hacía años. El tractor seguía allí, parado en el camino, pero, como tenía las llaves puestas, los chicos lo cogieron y se lo llevaron a una nave. Ya en la nave, los chicos repararon algunos cables, lo limpiaron y lo pusieron en funcionamiento. Pasaron unos días y lo sacaron al campo para probarlo… ¡El tractor funcionaba! Los chicos en ese momento decidieron ser agricultores, comprar tierras y herramientas para cultivarla. •

En un reino muy lejano vivía en un castillo una malvada bruja, tenía encerrada en las mazmorras a la princesa del reino. Cerca del castillo había un volcán que encerraba un tesoro. La bruja mandó a la princesa a buscarlo y le dijo: —¡Ve a buscar el tesoro del volcán y, si en dos días no lo has encontrado, morirás! La princesa triste y preocupada marchó hacia el volcán. Sus lágrimas iban regando todo el camino y conforme caían se iban convirtiendo en hielo. Al oler las lágrimas de la princesa, los duendes del hielo acudieron a su rescate y le dijeron: —¡Princesa, no vayas al volcán, no hay ningún tesoro, la bruja te ha engañado! Los duendes del hielo llevaron a la princesa al castillo del príncipe y le contaron lo que había sucedido. El príncipe muy enfadado cogió a su dragón y voló hasta el castillo de la bruja. El dragón echó una llamarada de fuego y el castillo ardió en llamas. La bruja desesperada intentó escapar por la puerta secreta del castillo, que no era ningún secreto, porque el príncipe lo sabía, se lo había dicho la princesa. El príncipe esperó en la puerta y la hizo su prisionera para llevarla a las mazmorras de su castillo. La bruja, con la magia del caldero, sin remedio se escapó y nuestro cuento de princesas en un periquete terminó. •

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DIPLOMA

Haciendo surf NIÑOS Y NIÑAS DE 1.ºB DE PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

En un reino muy lejano vivían un hada y un mago que se querían mucho y tuvieron una hija que la llamaron Princesa. La niña creció y, como vivían al lado del mar, era una gran aficionada a hacer surf. Como cada mañana cogió su tabla y marchó a la playa, allí se encontró con un caballero que andaba buscando su barco. El caballero le contó que su barco había sido secuestrado por una panda de piratas, esqueletos y zombis, y le pidió ayuda. Princesa fue a pedir consejo a las hadas y a los magos del reino, ellos le dieron polvo de hadas y baritas mágicas, aunque sólo los podían utilizar en noches de luna llena. Princesa, mientras llegaba ese día, decidió enseñarle al caballero su reino. Visitaron los mundos de los magos y las hadas, un lugar mágico donde no moría nadie. Fueron al pozo de los deseos donde crecían plantas mágicas, y el caballero echó una moneda y pidió recuperar su barco. Así fueron pasando los días hasta que llegó la noche de luna llena, Princesa y el caballero con el polvo de hadas volaron hasta el barco. Como los piratas estaban dormidos, los pillaron desprevenidos y con las baritas mágicas los mandaron a otra dimensión que se encontraba debajo del mar. El caballero, con la ayuda de Princesa, recuperó el barco y volvió al reino, donde se quedó unas semanas para terminar de verlo. Cuentan que años después coincidieron en las playas de Canarias haciendo surf… •

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literatura infantil

Poesía 1.º, 2.º y 3.º Primaria PRIMER PREMIO

SEGUNDO PREMIO

JUAN DOMÍNGUEZ CAVERO 2.º PRIMARIA NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES EJEA DE LOS CABALLEROS

IRATI NAVARRO MAYO 2.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

En el huerto de mi abuelo hay tomates y ciruelos, lechugas, zanahorias, cardos y cerezo.

En invierno hay nieve y también llueve. Hace frío y está helado el río. Hay que ir abrigado, y el anorak bien abrochado. Nos tenemos que poner bufanda y es mejor no llevar falda.

El huerto

Un espantapájaros en la tierra, si le miras, te da miedo, un vestido con chaqueta , camisa a cuadros y un sombrero.

El invierno

Cuando llega la mañana, el gallo elegante canta; el perro con fuerza ladra y las gallinas se espantan.

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DIPLOMA

DIPLOMA

PABLO PUEYO CORTÉS 3.º DE PRIMARIA CRA LOS BAÑALES SÁDABA

CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

El ratón, el Don Zorro GARCÍA DE LOS HEROS gato y el perro ÁLVARO 3.º DE PRIMARIA

El ratón Ramón se encontró un requesón. Como se lo comió tan rápido le dio un torzón. El gato Martín llegó con su nuevo calcetín, encontró al ratón Ramón y se lo comió con jamón.

Un día, paseando, me encontré con Don Zorro. Era un zorro muy listo, pero algo sordo. Le pregunté por su hermana. Dijo: «No quiero manzana». Comenté que hacía frío y contestó: «No voy al río». ¡Qué bien me cae Don Zorro! Aunque nunca entienda nada, Pero, si le dices «gordo», siempre contesta vbobada».

El perro Merlín asustó al gato Martín, salió corriendo y perdió su nuevo calcetín.

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

ALEJANDRO GONZÁLEZ SÁNCHEZ 3.º DE PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

INÉS MERELLO USÁN 2.º DE PRIMARIA NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES EJEA DE LOS CABALLEROS

Las estaciones Viajar

Un día de primavera los gallos cantaban, las flores escuchaban. Era una noche de verano, los patos se movían, los peces comían. Era un día de invierno, la gente esquiaba, los niños jugaban. Era un día de otoño las hojas caían, las flores morían.

Me gusta viajar por carretera y por mar. De un pueblo a otro para poder disfrutar, viendo a mi familia siempre en Navidad. En coche viajo largas horas Para ver en El Puerto las olas. En barco viajo con mis primos a los que quiero muchísimo. Me gusta viajar por carretera y por mar.

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

SARA RODRÍGUEZ LÓPEZ 1.º DE PRIMARIA NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES EJEA DE LOS CABALLEROS

ENRIQUE ARCÉIZ LABORDA 3.º DE PRIMARIA CRA LOS BAÑALES SÁDABA

Rimas con –ón

Mi gatito

El lechón con el ratón saltan en el colchón. Mi gatito se llama Bombón, me da alegría y diversión, y lo quiero un montón. Es dulce y juguetón, blandito y suavecito, como una bola de algodón.

El león saltó, y se hizo un chichón. Mi amigo Ramón se comió el jamón. Vino el lechón, el ratón y el león y preguntaron: «¿Dónde está el jamón?» Ramón respondió: ¡Está en mi barrigón!

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Narrativa 4.º, 5.º y 6.º Primaria PRIMER PREMIO

La familia de Lucas MARINA GARCÍA LASILLA 6.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

¡Hola! Yo soy Lucas. Tengo nueve años y me gustaría contar lo que nos paso a toda la familia, así que lo primero que haré será presentarnos. Somos dos hermanos, mi hermana Sofía, que sólo tiene tres años, y yo, Lucas. También están mis padres. Mi madre trabaja de médica y mi padre en un taller. la llegada de lara a casa Estas Navidades vamos a traer a casa una niña de acogida. Lara, es del Sahara. Lara viene mañana y tenemos que preparar un cuarto para ella. Le pondremos: una cama, un armario con ropa y un bonito escritorio. Tendrá que estar listo para mañana. La verdad es que estamos todos un poco nerviosos. ¡Hasta la pequeña Sofía! Por fin el gran día, mis padres han ido a recoger a Lara al aeropuerto. Al entrar a casa, vemos a una niña morena con los ojos muy grandes, y parecía simpática. Yo le cogí de la mano y le enseñé su habitación. Lara se quedó con la boca abierta, pero más sorprendida se quedó cuando vio nuestro árbol de navidad. el árbol de navidad Lara jamás había visto un árbol de navidad. Todas las noches se quedaba dormida junto al árbol, mi padre la subía dormida a su habitación.

Estas navidades han sido estupendas, hemos hecho feliz a una niña que no conocía la magia de la navidad. Pero Lara también nos ha hecho felices a nosotros, dándonos alegría y regalándonos sonrisas. El último día que Lara estuvo en casa tenía una sorpresa para nosotros: nos regaló un dibujo, donde aparecíamos toda la familia junto a ella y al lado un enorme árbol de navidad. Nunca olvidaremos estas navidades junto a Lara. •

SEGUNDO PREMIO

La gran alegría de Samir SAMUEL VILLACAMPA SAGASTE 5.º PRIMARIA CEIP CERVANTES EJEA DE LOS CABALLEROS

Había una vez, en un país lejano… Bueno, no tan lejano. —Eso me gustaría a mí, estar bien lejos -me decía mi amigo Samir- el otro día. —¿Qué te sucede, Samir? —le pregunté. Allí comenzó a contarme la historia de su vida. Había venido hace algunos años a España de un país del que yo casi ni había oído hablar. Pobre, muy pobre. Su mamá, que era muy buena, lo había metido en un barco, porque su situación era desesperada. Tenía más hermanos pero él era valiente y su madre sabía que saldría adelante. Cuando llegó a España,

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literatura infantil

estaba solo, triste… Pero aquí lo cuidaron muy bien. Lo acogieron en una familia que lo quería mucho. Pero tuvieron que marcharse a vivir a otro lugar y a él no se lo pudieron llevar. Se volvió a quedar solo. Volvió con otra familia a la que quería mucho, pero por cosas que los niños no entendemos (de papeles, o algo así, me comentó), los tuvo que dejar también. «Pobre Samir», pensé. Yo que tengo a mi familia y todo lo que quiero y aún me quejo. En ese momento decidí que tenía que hacer algo para ayudarle. Pero soy pequeño, ¡qué voy a hacer yo! Entonces pensé que en mi carta a los Reyes Magos les iba a pedir una familia para Samir. Y así lo hice. El día de Reyes llegó y yo solo esperaba ese regalo que les había pedido para mi amigo. Mis regalos llegaron pero de Samir no sabía nada y me puse muy triste. Pero mi gran sorpresa fue cuando al día siguiente apareció Samir en mi casa a darme las gracias porque había recibido su regalo de Reyes. Había venido su mamá con sus hermanos desde su país, para quedarse con él. Estaba contento, no paraba de reír y de saltar de alegría. Así, mi amigo no volvería a estar solo. Muchas gracias, Reyes Magos, ahora sé por qué os llaman así. •

DIPLOMA

Villabasura ANA LAMPÉREZ RUIZ 5.º PRIMARIA CEIP CERVANTES EJEA DE LOS CABALLEROS

En Villabasura vivían alrededor de 250 personas, y en el pueblo sólo había 2 contenedores verdes y 2 amarillos. Por lo tanto, ni el vidrio, ni el cartón, ni las pilas, ni los electrodomésticos tenían un lugar donde tirarlos. En cuanto a papeleras, sólo había 3 y eso suponía una suciedad tremenda. Cada familia consumía al día alrededor de 2 o 3 bolsas de basura, así que los contenedores estaban llenos y lo que no cabía lo tiraban al suelo. Pablo, un día, se hartó y puso una denuncia al pueblo por tenerlo tan sucio. Le resultaba imposible caminar por la calle. Cientos de gatos de todos pueblos de alrededor acudían a desayunar, comer y merendar; los buitres del monte también iban a por alimentos a la basura, por no hablar del montón de moscas. La policía fue a hablar con el alcalde, Benito, y les dijo que no quería comprar contenedores porque valían mucho dinero. Los policías le obligaron a comprarlos, pero les mintió y no los compró. Pablo, que estaba harto, cogió muchas bolsas de basura y en una noche le echó toda la basura que había en el pueblo a su porche. Benito, a la mañana siguiente, muy cabreado, hizo un registro por todas las casas a ver quién había sido. No encontró a ningún sospechoso. El alcalde, ayudado por un compinche, empezó a tramar un plan para que los vecinos no hicieran caso a Pablo. Estaba harto de las protestas del muchacho, y estaba harto de que la policía fuera a controlarle. En el pueblo mandaba él y solamente él. Pablo se dio cuenta y se coló en la casa del alcalde con un móvil y grabó todo lo que decían. Estaban insultando a todos los habitantes del pueblo. Al día siguiente, Pablo se lo enseñó a todos los vecinos, quienes muy enfadados llamaron a la policía. La policía llevó a la cárcel al alcalde y a su compinche. Desde ese día se recicla y nombraron a Pablo alcalde del pueblo. El nombre del pueblo cambió a Villarecicle y Pablo formó una empresa que explica por qué es importante el reciclaje y hace contenedores de basura. Con la ayuda de Pablo ningún pueblo tiene problemas con el reciclaje. •

Un chico llamado Pablo vivía en Villabasura, un pueblo situado al sur de Castilla y León. Llama la atención el nombre del pueblo. Se llamaba así porque había sido nombrado el pueblo más sucio de España. A sus habitantes no les importaba nada el reciclaje ni el cuidado del medio ambiente. Al contrario de Pablo, que vivía enfadado con todos. Él intentaba por todos los medios convencerlos, pero no era nada fácil.

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

ANA SAURAS TRIS 4.º PRIMARIA CRA LUIS BUÑUEL RIVAS

ALBA TIRAPO COMBALÍA 4.º PRIMARIA CRA LOS BAÑALES UNCASTILLO

Un día Alicia estaba muy triste porque había perdido su pulsera preferida, la que regaló su abuela por su noveno cumpleaños. Esta pulsera perteneció a su tatarabuela. Alicia estaba muy preocupada porque no sabía cómo decírselo a sus papás y pensó en buscarla en todos los lugares que había estado. Cuando llego a la plaza le preguntó su amiga Marta: —¿Qué te pasa? —He perdido mi pulsera preferida, la que era plateada con lacitos. Marta le aconsejo: —¿Por qué no le preguntas a la gente por si alguien la ha encontrado? Alicia empezó a preguntar a sus amigos pero ninguno la había visto, y vio a un niño que no conocía que estaba en un banco más alejado y le pregunto si había visto su pulsera. A Alicia le extrañó que no le contestara ni le mirara. Ella se acercó más y levantó su voz para que le escuchara. Otro niño se acercó y le dijo a Alicia. —No grites, no puede oírte. Mi hermano es sordo. Su hermano le preguntó mediante el lenguaje de signos. Luis sacó la pulsera de su bolsillo. Alicia se puso muy contenta y se dio cuenta de que era muy importante saber comunicarse con todo el mundo. Poco a poco Alicia con la ayuda de su amigo Luis aprendió el lenguaje de los sordomudos y se lo enseñó a sus amigos. De esta manera, cuando Luis venía a jugar con ellos, todos se podían comunicar con él. •

Esta es la historia de un niño llamado Mateo. Era un niño un poco diferente a los demás. Su mayor deseo era volar. Un día, Mateo estaba en su casa y se aburría muchísimo. Entonces pensó que podría ir al bosque para ver volar los pájaros. No le dijo nada a su madre para que no le quitara la idea. Cuando anocheció se abrigó y marchó deprisa al bosque. Allí vio a un montón de pájaros distintos: lechuzas, mochuelos, águilas, búhos… Era fantástico ver sus alas y contemplar su vuelo. Mateo con su linterna enfocaba a los pájaros para ver mejor sus alas. El intentaba imitarlos con sus brazos y también repetir los sonidos que hacían. Estaba ya amaneciendo. Mateo se estaba yendo y, de repente, se acercó un pájaro y le picó en el brazo. Cuando llegó a casa se acostó sin que le oyera su madre. No podía dormir, le picaba la espalda, los brazos y la planta de los pies. Pensaba Mateo que era un síntoma de algo, además le entraron unas enormes ganas de volar. A Mateo le empezaron a salir dos pequeños bultos en la espalda. Esos pequeños bultos iban creciendo, creciendo. Eran alas, eran blancas y llevaban plumas. Mateo se echó a llorar de alegría, era lo que había soñado toda su vida. Su madre le llamó a la puerta para que bajara a desayunar. Mateo se puso una bata para disimular las alas, pero aun así se le notaban. Al verlo, su madre le preguntó qué llevaba en la espalda. Mateo se quito la bata y le enseñó sus alas blancas. La madre se puso nerviosa y se desmayó. Mateo voló y voló a buscar ayuda. •

La pulsera de El niño que mi tatarabuela quería volar

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literatura infantil

DIPLOMA

do que cuando yo era joven era mensajero y llevaba una moto. Mi nieto me dijo: «Pero las de antes no volaban» y le respondí: «Tranquilo, yo creo que la podré manejar y así llevar las listas de todo los niños a Oriente». En ese momento a Luis le apareció una sonrisa en la cara. Más tarde fui a pedirle la moto a Pedro y él me la dejó encantado. A las 7:30, como siempre, todos los niños salieron a la plaza del pueblo con la esperanza de que ocurriera un milagro y alguien recogiera sus tablets para llevarlas a su destino, entonces aparecí en la moto. La sorpresa de los niños fue muy grande y no les importó el cambio de mensajero, así que lanzaron sus aparatos al aire y yo los recogí con alegría y los llevé al sitio habitual. Al volver de la entrega, le llevé a Pedro su moto y él me agradeció mi buena voluntad. Desde ese día todos los niños me dan las gracias por haber hecho que sus deseos llegaran a su destino. •

Navidad futura MARTÍN LAPLAZA OSTA 6.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

Ya solo quedaba una semana para que mis queridos nietos recibieran las vacaciones navideñas y vinieran a mi casa. Nada más entrar me darían un beso y rápidamente se pondrían a ojear algún catálogo de juguetes en sus tablets; sin embargo, en mi época no existían ni siquiera catálogos escritos en papel, así que nos teníamos que conformar con ver los juguetes en los escaparates de las tiendas soñando que nos trajeran uno de ellos. Todo parecía normal hasta que llegó el día de Año Nuevo, más conocido como el Día del lanzamiento. Ese día todos los niños lanzan sus tablets al aire con una lista de todo lo que quieren que les regalen los Reyes Noel. Sí, has leído bien, Reyes Noel. En 2060 como los Reyes Magos y Papá Noel ya estaban viejos, decidieron juntarse y pasar el día de Papá Noel al 6 de enero y así tener menos trabajo. Además con las nuevas tecnologías no se manejaban muy bien, entre los e-mails, los whatsapps… ¡se hacían cada lío!, y los niños estaban cansados de que siempre se equivocaran. Por ejemplo, un año a una señora de ochenta años le trajeron un patinete y a mi nieto de tres años una dentadura postiza, y se dieron cuenta de que eso no podía seguir así. Bueno, volviendo a lo de antes; al lanzar las tablets al aire, el mensajero, que iba en moto voladora, las recogía y las llevaba hasta Oriente. Aún recuerdo escribir esas largas cartas y meterlas en el buzón de correos… Pero ese día algo iba mal. Vi a mi nieto Luis llorando en una esquina, le pregunté qué le pasaba y me respondió: «Yayo, es que Pedro, el mensajero, se ha puesto enfermo y no va a poder llevar nuestras listas a los Reyes Noel». Me quedé pensando un momento y le dije que si nunca le había conta-

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DIPLOMA

Black y yo ROCÍO ROLDÁN LAMARCA 5.º PRIMARIA CRA LUIS BUÑUEL RIVAS Black era un gatito que me encontré una mañana del 2004 en un árbol de mi jardín.Le puse de nombre Black porque su piel era negra con una manchita blanca en la cara. A Black le gustaba mucho estar conmigo. Todas las mañanas, cuando me despertaba, venía a mi cama y se me tiraba encima. Le encantaba mi pijama porque tenía un dibujo de una gata.que le gustaba mucho, con su cascabelito y sus lacitos en las dos orejitas. Black se enamoro de la gatita. Cada día íbamos a la tienda de animales porque una gatita idéntica a la de mi pijama estaba allí; por eso a Black le encantaba ir a esa tienda. Un día me levanté y Black no estaba. Asustada, empecé a buscarle por toda la casa. ¡Me daba mucho miedo perder a Black! Pasó una hora y no aparecía. Después de estar un rato pensando le dije a mi madre: —¡Ya sé dónde puede estar!

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literatura infantil

Fuimos a la tienda de animales y estaba allí, al lado de la gatita. Puse cara de buena niña y le dije a mi madre: —¿Podemos comprar a la gatita y nos la llevamos a casa con Black? Mamá no estaba muy segura de tener otro animal en casa, pero al final me dijo: —¡Esta bien, nos la llevamos! Fuimos a casa y se quisieron tanto que tuvieron gatitos, fueron felices y comieron perdices. •

DIPLOMA

El caballito de cartón IRENE ARANDA 4.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS Sucedió en Sierra de Luna hace mucho tiempo, cuando mi abuelo José María era pequeño, tenía cinco años. En aquella época apenas se veían coches y utilizaban caballos para viajar y para las labores del campo. Ese año, al abuelo para Navidad le trajeron los Reyes Magos un caballito de cartón. Se puso muy contento. —Por fin tengo un caballo-, y salió corriendo por la calle a jugar con él. Lo llevó a la fuente del pueblo para que bebiera agua, como hacían los caballos de verdad y lo dejó dentro de la fuente mientras él se iba a jugar con sus amigos. ¿Sabéis qué le sucedió a mi abuelo cuando volvió a la fuente? ¡El caballito había desaparecido! Se fue llorando a casa a buscar a su padre. —Papá, papá, mi caballito ha desaparecido, lo he dejado bebiendo agua dentro de la fuente y ahora no está. Su padre consolándolo le explicó que los caballitos de cartón no se pueden meter en el agua porque se deshacen y eso le había sucedido al suyo. •

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El conejo perdido CECILIA MARTÍNEZ CARDONA 4.º PRIMARIA CEIP ALFONSO I TAUSTE

Hace muchos años en un bosque llamado “Perdertemucho”, donde había muchos animales muy bonitos,mucha gente se perdía por despistarse.Allí vivía un conejo llamado Joaquín,con sus padres.Joaquín tenía las orejas grandesy peludas, los ojos grandes y azules, el cuello pequeño. Era torpe,despistado, pero simpático. Sus padres como sabían que se perdía mucha gente por despistarse, le vigilaban todo el rato y le decían: —Cariño, no te despistes —le decía su madre. —Hijo, ten cuidado —le decía su padre. Pero él no les hacía caso. Después de un rato, Joaquín se despistó con una mariposa y sus padres no se dieron cuenta. Cuando se quiso dar cuenta, ya se había perdido. Bueno, no encontraba a sus padres. Joaquín empezó a llorar, pero comenzó a caminar en busca de sus padres y de su casa. Se sentó a descansar al lado de un árbol y se quedó dormido. Cuando se despertó, había un pato mirándola con cara sorprendida. —¡¡¡Aaaaaaaaaaaaahhhh!!!-gritó el conejo. —Lo siento por haberte asustado. —No pasa nada —dijo el conejo contento. —¿Quieres que seamos amigos? —le preguntó el pato. —¡Pues claro que sí! —dijo muy alegre el conejo—. Una pregunta: ¿Me ayudas a buscar a mis padres? Buscaron un montón, hasta que un día encontraron a sus padres. Y como el pato también se había perdido, se quedó a vivir con el conejo. Se hicieron muy buenos amigos. •

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Poesía 4.º, 5.º y 6.º Primaria PRIMER PREMIO

SEGUNDO PREMIO

MARTA GALLEGO RODRÍGUEZ 6.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

CECILIA CRESPO 6.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

Los plateados rayos de la luna, suaves y delicados como una pluma, te hacen mirar a las estrellas.

Cuando se escucha el ruido del motor, corren por el huerto alegres las dos. Mi Estrella, qué bella, mi Shiva, qué amor. Mas una tarde oscura un fuerte viento me hizo temblar de dolor. Echada en el suelo, encontré a mi Estrella sin vida. Cayeron lágrimas de mis ojos, pero no eran de alegría, sino de un gran dolor, el que deja en mí mi perrita en mi corazón

La noche

Con ellas sueñas un mundo de eterna noche, galana con sus broches, del color de la dulce miel. Cuando ese bonito sueño termina y la noche ya no miras porque el sol la ha robado con sus rayos de color dorado,

Mi estrella

esperas a la noche que está al llegar que hace a los grillos cantar, a las delicadas luciérnagas como estrellas brillar y a ti… A ti, soñar.

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literatura infantil

DIPLOMA

¡Brisa pirata! CARLOTA CAMPOS 6.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

Por el mar doce piratas, sembrando el terror van combatir sus fechorías, todos nos quieren mandar. ¡Que es mi barco el que navega, por este profundo mar! Ya se ve en el horizonte, un mundo nuevo detrás, con presura y valentía , los piratas ciegos van. ¡Que es mi barco el que navega, por ese profundo mar!

DIPLOMA

Ecosistema marino RICARDO BAIGORRI LADRERO 4.º PRIMARIA CEIP FERRER Y RACAJ EJEA DE LOS CABALLEROS

En el mar hay tantos peces que no sé por dónde empezar: la sirena, el pulpo hasta un calamar. En el mar hay arrecifes llenos de coral, con barcos hundidos y tesoros que buscar. En el mar hay secretos que hay que descifrar: la marea, el viento y el sol al despertar.

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

ALBA BERICAT MIGUEL 6.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

DANIEL GIMÉNEZ AZNÁREZ 6.º PRIMARIA CRA LUIS BUÑUEL BARDENAS

He cerrado los ojos y me he puesto a pensar cómo sería un mundo con amor de verdad.

No hay nada más bonito que amar y ser amado. Lo supe cuando nací, y mi mamá me cogió en sus brazos

Bastaría con que cada uno pusiéramos nuestro granito de arena: un poco de comprensión, mucha tolerancia, menos envidias, más colaboración, y sobre todo PAZ.

El amor de padres e hijos, el amor de tu familia, el querer de tus amigos hacen más fácil tu vida.

Mi gran ilusión

No hay nada más bonito

Tengo un corazón pequeño, pero a la vez es inmenso, porque quiero a mucha gente y todos me caben dentro

Le daría vueltas y más vueltas y obtendría mi gran ilusión conseguir un mundo mejor.

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literatura infantil

DIPLOMA

Mi familia MARIO RIVERA ZARRALANGA 3.º E.P. CRA LUIS BUÑUEL PINSORO

Un día vi a mi madre con alegría Y a mi padre con simpatía. A mi hermano con felicidad y yo estaba con paz.

DIPLOMA

Palabras perdidas JAVIER SÁNCHEZ LAURA JASO ESTELA DAUDÉN JONE ESCOBEDO 5.º Y 6.º PRIMARIA CEIP DON PEDRO ORÓS MOVERA

Mi madre le dijo a mi padre Mi familia es numerosa. sólo falta mi mascota que se llama Carlota. Tus palabras perdidas resuenan en mi cajón. Un cajón lleno de sentimientos marchitos, un cajón olvidado entre minúsculos pensamientos malditos. Cajón inundado de lágrimas que bañan mi habitación.

DIPLOMA

Versos encadenados IZARBE LÓPEZ PÉREZ 5.º PRIMARIA CEIP MAMÉS ESPERABÉ EJEA DE LOS CABALLEROS

La misma historia de siempre, esa canción. No quiero acabar con mil gatos enloquecidos ni con recuerdos de cristal que atormenta mi destino. ¡No quiero acabar perdiendo la razón! Sé que soñaré con tristes escenarios, decorados por nubes de sangre que visten los desiertos de un libro bañado en sudor olvidado. Sé que no voy a acabar bebiendo versos de un vaso rebosante de barro porque te traigo cestas repletas de mi tiempo.

Con mi nombre puedes hacer poesías sin parar. Con las poesías puedes hablar. Hablando todo se dice. Diciendo todo se escucha. Escuchando todo se aprende. Aprendiendo puedes inventar. Inventando poesías sin parar.

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literatura infantil

DIPLOMA

DIPLOMA

IRENE NAVARRO LAURA SOGUERO JAVIER IRUELA DANIEL ARÉVALO VÍCTOR BLANCO 5.º Y 6.º PRIMARIA CEIP DON PEDRO ORÓS MOVERA

GUILLERMO HURTADO INÉS ROSALES GUILLÉN LUVUEZO MARIO PÉREZ JACOB PULIDO 5.º Y 6.º PRIMARIA CEIP DON PEDRO ORÓS MOVERA

En la noche oscura la luna está reflejada en un pantano, lleno de tristeza, lleno de dolor. Un árbol desnudo, en el que se encuentra el odio, regala desolación a las estrellas.

Me impusieron un camino demasiado recto donde no podía girar tras el desprecio de los demás. Siempre estuve perdido en un mundo sin más, rodeado de gente con un pastor demasiado perfecto.

Eco mudo

Un bosque lleno de eco mudo, preso en un infierno frío y cruel, amenaza con sus sombras opacas. La vela se ha consumido lentamente  y con ella la memoria. Aquellos recuerdos enjaulados caen en la penumbra del corazón de la que sólo se escapa el olvido.

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El camino

Todo el mundo miraba hacia el suelo, siempre viví dentro de un verso, bebiendo de mi único universo    como pegaso bebía el aire del cielo. Caminé entre poemas transparentes buscando aquellas bellas palabras escondidas entre grietas con afilados dientes. Solté entre las nubes de plástico mis alas y sorbí a cucharadas, la sangre de las fuentes que amamantaban los golpes que me daban.

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literatura juvenil

Narrativa 1.º, 2.º y 3.º ESO PRIMER PREMIO

Cerca, muy cerca DARÍO MARCOS CASALÉ 2.º ESO IES CINCO VILLAS EJEA DE LOS CABALLEROS

Miro las revistas que se han acumulado en casa desde antes de la Navidad. Son dominicales y magazines de los periódicos que compran mis padres. Llevan títulos en las portadas como «El Hada de la Navidad», «Primer impacto», «Navidad de arte», «Caprichos de última hora», «Shopping para regalar y regalarse»… Imágenes de mujeres muy guapas, vestidas lujosamente, con maquillajes y accesorios sofisticados, preciosas fotografías de grandes marcas, de relojes, de perfumes, de cosméticos, de joyas, de menús de diseño, de vinos y cavas, de las últimas novedades tecnológicas. Miro al hombre sentado en la puerta del supermercado. Hace frío y está sentado en el suelo. Tiene a su lado un pequeño recipiente con unas pocas monedas muy pequeñas, de 5, 10, 20 céntimos. Salimos de hacer la compra semanal. Nuestro carro está lleno de comida, de productos de limpieza y de algún que otro capricho. El hombre nos reclama una ayuda con acento extranjero. Es joven, con ojos muy claros y una expresión triste en su rostro. Sus ropas son viejas y descuidadas, con poco diseño, de ninguna gran marca. «Un menú con mucha personalidad», dice el subtítulo de un artículo en el que un famoso chef abre las puertas de su casa y comparte con los lectores el menú que preparará en Nochebuena. ¡Qué aperitivos! Son tan elegantes…: Piedras que se comen, fósiles de pescado, ferreros de foie cubiertos

de oro en polvo. ¡Y qué decir del menú!: carabineros con jugo de crustáceos y jugo de albahaca, canelones de asado de tres carnes con crema de foie y trufa, setas y verduritas, presa ibérica con castañas y cebolletas, milhojas de frutos rojos… Y todo ello sobre una mesa con espíritu navideño, elegantes vajillas, vinos y champagne en botellas de diseño con galardones internacionales. Un menú con poco diseño será el que cada día deguste la mujer a la que veo hurgar en los contenedores que hay cerca de casa. Arrastra con una mano un carro de supermercado oxidado y con la otra tira de un carrito de compra de tela sucia y desgastada. Con un palo, remueve las bolsas del contenedor y saca ropas, cartones, objetos e incluso restos de alimentos. Alguna vez la he visto comer ahí mismo y he sentido pena, compasión, una gran sensación de injusticia. El look de la Navidad está lleno de atuendos seductores. Vestidos con destellos metálicos a 4.175 €, sandalias de piel y polvo de cristal por 1.390 €, bolsos de Bulgari a 3.565 €, visones de Elena Benarroch y joyas con diamantes de precios inconfesables. ¡Y los peinados! ¡Y los perfumes! ¡Qué decir de los maquillajes! Hay tratamientos hidratantes con efectos tensores sobre la piel. Fragancias para hombre o mujer, de olores intensos o florales, atrevidos o clásicos. Peinados imposibles que convierten los cabellos en esculturas extravagantes. Paletas de sombras para los ojos con colores que envidiaría el mismo Kandinsky. El look de la mujer que se para a veces a hablar con mi madre no es de revista de Navidad. Casi siempre lleva una chaqueta de punto grueso, llena de muchas bolisas. Es azul marino y la combina con faldas desfasadas. Recoge su pelo en una coleta y lo enrosca en círculo con horquillas comunes. No usa adornos y un día me impresionó oírle decir que prefería una enfermedad a pasar hambre, que el hambre era muy mala. He ayudado a mi madre a revisar los periódicos y revistas que se han acumulado en los últimos meses. Cuando seleccionábamos lo que íbamos a guardar o a tirar, no hemos dudado con las portadas de mujeres vestidas de plumas, alardes de lujos y maneras de vivir tan lejanas a nosotros. Cerca, muy cerca, hay otra realidad más sencilla y otras realidades más crueles. •

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literatura juvenil

SEGUNDO PREMIO

DIPLOMA

Tengo miedo

Pequeño luchador

ADRIÁN FRANCA VEGA 1.º ESO IES CINCO VILLAS EJEA DE LOS CABALLEROS

NURIA CLEMENTE SERRANO 2.º ESO IES CINCO VILLAS EJEA DE LOS CABALLEROS

Me llamo David Pérez, tengo doce años. Vivo en mi casa con mi madre, mi padre y mi hermana pequeña, María. Cuando estoy en el instituto, no me preocupo por nada, tampoco cuando estoy en la calle. Pero cuando llego a casa, la cosa cambia. Suelen oírse gritos. Portazos y cosas que se rompen. A María le hacen llorar, y suele meterse en el armario, porque se asusta. Yo también me asusto. Normalmente, pasa de noche, cuando mi padre vuelve del bar, y mamá llora, porque dice que ha vuelto a hacerlo. A mamá no le gusta que papá beba. Yo le digo que tendrían que separarse, por su bien, por el bien de María, por el bien de todos. O que le denuncie. He visto las marcas en sus brazos. Y sé que tiene más. Ella dice que son de caídas, pero sé que miente. No entiendo por qué lo hace. Seguramente porque, después de cada noche con golpetazos, él regresa con un ramo de rosas en la mano. Mamá las deja en el jarrón del salón. Me gustaría defenderla, pero no soy lo suficientemente valiente para enfrentarme a mi padre que siempre ha sido grande y fuerte. Hoy, los gritos han vuelto a sonar. María está en el armario, como siempre. De repente, ha habido un grito más fuerte de lo normal. Algo rompiéndose. El sonido de algo contra el suelo. Y la voz de mamá no ha vuelto a sonar. Oigo pasos por el pasillo. Sé que son de mi padre, por las botas de trabajar, que son pesadas y hacen un ruido realmente fuerte al pisar. Le he echado el pestillo a la puerta hace rato, porque me da miedo que papá le haga algo a María. La manivela de la puerta gira, pero la puerta no se abre. Después de un rato intentándola abrir, se oye un golpe contra ella. Otro. Mi padre grita. Me alejo de la puerta. Sigue gritando. Si sigue golpeando la puerta acabará echándola abajo. Cierro los ojos mientras abrazo una de las almohadas. Me llamo David Pérez y tengo miedo. •

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Te he escuchado reír a lo lejos, pero no eras tú. Abrí los ojos y estabas a mi lado. Lleno de tantos tubos, de tantos cables, que apenas podía verte. Te agarré la mano para que supieras que seguía ahí, que no me había ido a ninguna parte, que nunca lo haría… Aunque no sabía si podías sentirme, te susurré al oído tu canción favorita y aunque no sabía si podías oírme juraría haberte visto esbozar una sonrisa. Apenas acabas de cumplir seis años y ya has cambiado los coches de juguete por los goteros y el patio del colegio por cuatro paredes de las que desearíamos salir corriendo. Demasiado para alguien tan frágil… demasiado duro, demasiado injusto. Al verte en aquella cama no podía creer que fueras aquel chico incansable capaz de agotar a cualquiera, corriendo de un lado a otro; y riendo, siempre riendo, que es lo que deberían hacer siempre los niños. No soy capaz de recordar cómo empezó todo… Sé que estabas cansado y que te dolía la cabeza. Las pruebas, los llantos y entre tanta pesadilla, de la que no podía despertar por mucho que lo intentara, escuché la voz de aquel doctor pronunciando leucemia, recuerdo la sensación de un rayo atravesándome de arriba abajo, arrasando todo a su paso, mirarte a través de aquel cristal y desear con todas mis fuerzas ser yo la que estuviera en tu lugar. Cada día desde entonces no me separé de ti, veía cómo aquello que los doctores decían que debería salvarte la vida en realidad parecía quitártela poco a poco. Cada vez menos luz, menos fuerza, menos ganas, menos, aquella a la que nos aferrábamos por aquello que dicen que es lo último que se pierde. Pero nos levantamos, siempre nos levantamos. Recomponemos los pedazos y volvemos a aferrarnos con fuerzas a la esperanza, a la vida, a ti. Luchando, siempre luchando,

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literatura juvenil

rendirse jamás fue una opción; y eso nos lo enseñaste tú sin saberlo si quiera. Acabas de despertarte, miras, sonríes, yo lo hago también. Entra el médico y su tono de voz es diferente, no sé por qué lo sé, pero lo sé. Salgo de la habitación y dice que estas mejor, que el tratamiento está funcionando, que eres fuerte. Que eres un luchador. Pasarán días hasta que podamos tenerte de nuevo en casa, meses y quizás años hasta que podamos decir que te has curado, dicen que puedes volver a ponerte enfermo, pero sé con la certeza más absoluta que no será así… que no sólo hemos ganado esta batalla sino que acabaremos ganando la guerra. Hoy has cumplido diez años. •

se sentó, la cogió y con mucha curiosidad desdobló el papel que había dentro y leyó: De nuevo tengo que abrir los ojos, ¡Qué duro se me hace! ¡Te extraño tanto! Una lágrima comenzó a caer por las mejillas de Marie mientras a su cabeza acudían los recuerdos y momentos vividos con su padre. Guardó el papel en el bolsillo de su pantalón y regresó a casa. Pasaron unos días y Marie, como hacía todos los sábados, volvió a la playa a hacer deporte. Mientras corría vio que a la orilla del mar flotaba otra botella. De nuevo había una nota en su interior: Mi dolor es insaciable Mi pena no encuentra consuelo. ¡Te extraño tanto!

DIPLOMA

Almas gemelas PAULA SALAS 2.º ESO IES RÍO ARBA TAUSTE

Era una mañana de sábado cuando los primeros rayos de sol entraron por la ventana. Marie dormía plácidamente. El sonido de su despertador le asustó a las 8:00. Se levantó, se dio una ducha, desayunó y se puso su ropa deportiva. A sus 20 años era una amante del deporte. Esta afición le venía desde pequeña cuando con su padre salía todas las mañanas de verano a correr. Marie en esos días estaba triste porque hacía un mes había perdido de manera trágica a su padre y todo había cambiado para ella. Continuamente recordaba los momentos vividos con él. El deporte matutino le ayudaba a desahogarse y sentirse mejor. Apenas llevaba 10 minutos corriendo por la arena de la playa cuando a sus pies encontró una botella. Encontrarse una botella no era nada extraño pero aquella botella era diferente a las demás. Marie

Parecían mensajes escritos por ella, reflejaban como se sentía. Sin embargo, era otra la persona que los escribía. Marie empezó a sentir curiosidad por saber quién estaba en una situación similar a ella. Pasaron unos meses en los que ninguna botella llegó. El verano comenzaba a entrar cuando una tarde paseando a orillas de la playa tropezó con el cuello de una botella medio enterrada por la arena. Se sintió nerviosa por ver si esa botella contenía una nueva nota, y así era: Amiga fiel, Compañera siempre agradable, ¡Qué dolor tan grande! ¡Te extraño tanto! Cuando llegó a casa, Marie estaba dispuesta a encontrar a la persona que se sentía como ella. Sentada ante el ordenador, creó un blog al que llamó almas gemelas, y en el que publicó las notas que había encontrado. A los dos días, su publicación fue comentada por una persona.

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Quisiera que estuvieses aquí, Junto a mí. Siempre te recordaré, nunca te olvidaré, ¡Te extraño tanto! ¡Hasta siempre, amor!

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Se trataba de Julián, el joven que había escrito las notas tras sufrir la pérdida de su novia. Marie vio que Julián se despedía de ese amor. Pensó que nunca más recibiría sus mensajes encerrados en una botella y decidió pedirle sus datos por correo electrónico para poder contactar con él porque se sentía identificada con Julián. A partir de ese momento Julián y Marie comenzaron una bonita relación de amistad que con el paso del tiempo pasó a ser una intensa historia de amor de dos personas que habían sufrido la pérdida de alguien querido. •

DIPLOMA

Cartas BÁRBARA NIQUINGA 2.º ESO IES RÍO ARBA TAUSTE

Todavía hay mucho más curso por delante y estoy muy cansada. ¿Qué será de mí cuando sea adulta? Pensar en el futuro me aterra realmente. Últimamente duermo mucho porque el instituto es demasiado agotador para mí. La presión de sacar buenas notas está presente todos los días y sin embargo, yo no hago nada para que se aleje. No tengo una razón específica para alejarla y no sé por qué. Estoy volviendo a ese oscuro agujero de hace un tiempo, ¿no te parece? No sé qué me pasa; es como si lo único que mejora mi ánimo es escribir estas estúpidas cartas y enviártelas anónimamente. Y es que me es imposible hablar con Sam, o con Alice, o con cualquiera de mis amigas, hermanos o familiares. Me gustaría hablar con mi primo Michael, pero lamentablemente él ya no está aquí. Ojalá estuviera, aunque creo que si estuviera todavía vivo ni siquiera él podría detener todo esto. Debería dejar de pensar en eso. No sé qué tengo que hacer ahora. Creo que es hora de que deje de escribirte cartas. Así que si esta acaba siendo mi última carta, quería darte las gracias por estar ahí, leyendo estas estúpidas cartas anónimamente. De verdad, siento haberte hecho perder tu tiempo leyendo estas cartas cuando ni siquiera sabes quién soy, ni dónde vivo, ni si nos conocemos. Pero, aun sin saber nada sobre mí, has estado ahí escuchándome, y aprecio mucho eso. Espero que seas muy feliz en tu vida. Y no te preocupes por mí, porque yo estaré bien, o tal vez no. Realmente no lo sé.

Querido amigo, He vuelto a la rutina. Me siento sola de alguna manera. Voy por los pasillos del instituto sin rumbo y sin mirar a nadie a los ojos. Creo que es lo mejor. Veo a los profesores y me pregunto si de verdad les gusta su trabajo, o nosotros. Personalmente, yo no podría aguantar durante seis horas a adolescentes con las hormonas por los cielos. Pero estoy intentando no juzgar nada ni a nadie, porque realmente no me gustaría que ellos me juzgaran a mí. También veo a toda la gente y me pregunto quién les habrá roto el corazón ese día, si les gustan las clases que tienen hoy, etc. Sé que son cosas sin importancia, pero me gustaría que supieras todo lo que pienso. Mis amigas están todavía para ayudarme y todo eso, pero cuando me detengo y escucho a mi mente me siento sola.

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Con cariño, Anónima. •

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DIPLOMA

Esa ventana indiscreta MIGUEL PASCUAL MATEO 2.º ESO IES BENJAMÍN DE TUDELA TUDELA (NAVARRA)

Nada es igual desde que los blancos consiguieron con esos hierros y ese cristal ver lo que pasa en su país, creo. Las personas que nos juntamos allí, incluida yo, miramos embobadas esa misteriosa ventana. ¡Ah, bueno!, no me he presentado. Soy Amina y tengo 10 años. Mi hermana Kafi está enferma, llevaba días con muchos calores, le ardía la frente, al final se la han llevado a la ciudad de Lunsar, a un centro donde curan a los enfermos. Yo voy todos los días a preguntar cómo está, ahora ya no me dejan verla. Al terminar el colegio recorro el largo camino que me lleva hasta allí, más o menos me cuesta unas dos horas, caminando a paso rápido, ir del cole hasta Lunsar. Era un día como otro cualquiera. Ya había salido del colegio y estaba de camino a la ciudad. Cuando llego allí, veo que los blancos habían puesto en marcha su ventana maravillosa aunque andan tan atareados con sus trajes amarillos y blancos y con la cara toda tapada que no sé cómo pueden ver nada. Yo miraba el cristal pero no entendía lo que hablaban pero todo lo que dicen parece muy interesante. Aparecen hombres y mujeres vestidos con ropas blancas igual que los que suelen venir aquí en sus furgonetas con cruces rojas cuando hay enfermos. Cuando alguien en la imagen sale hablando hacia nosotros, todos nos mandan callar, nos dicen que van a hablar de nuestro amigo Manuel que se lo llevaron cuando cayó enfermo. Todos los días, cuando conversan sobre él se cogen de la mano y después aplauden, yo me quedo al margen, siento algo de miedo y no miro al cristal. Pero hoy nadie se ha alegrado, la tristeza ha invadido todos sus corazones. Estoy volviendo a casa. En mi calle estaba sentado en el barro mi amigo Kafu. Él me espera siempre

fuera porque sabe que vuelvo tarde de visitar a mi hermana. Le invito a entrar, entre los dos nos comemos unos granos de arroz que he encontrado. Siempre compartimos las cosas. Yo, muchas veces, voy a su casa y como de lo que él tiene. Como ninguno de los dos, en este momento, tenemos familia, nos hacemos un poco cargo uno del otro, compartimos todo lo que tenemos. Otro día empieza de nuevo, en el colegio ha ocurrido algo un poco raro, no ha venido nadie. Ya sabemos que todos los mayores están muy atareados, tienen que estar muy pendientes de ayudar a las personas de otros países que colaboran en esta catástrofe, ¡claro!, ¡cómo van a venir al colegio! No sabíamos qué hacer. Yo me he ido al centro a visitar a mi hermana, los demás no sé qué habrán hecho. Por el camino, durante las dos horas, he estado pensando qué le podría haber pasado a Manuel, le tengo mucho aprecio, si no fuera por él seguramente mi hermana no estaría todavía aquí. Con mis padres hizo todo lo que pudo pero, claro, había cientos de personas más, no pudo con todo. Me interesaría saber qué le ha ocurrido. Ya he llegado al centro. Hoy nadie miraba la ventana extraña. La gente estaba más pendiente de otras cosas. Todo el mundo estaba muy triste. Yo le pregunté a un hombre que tenía al lado que por qué todo el mundo estaba tan triste, él me dijo que era por Manuel, había muerto. Me entraron unas ganas inmensas de llorar. Los blancos me dijeron que mi hermana seguía igual, no había mejorado pero tampoco había ido a peor. He vuelto a casa, no estaba Kafú. He mirado un poco por los alrededores de su casa pero tampoco estaba. Es raro. Hoy tampoco hay colegio. Iré pronto al centro. Al salir de casa he oído que alguien me llamaba: —¡Amina! Era Kafú. Me pregunta si me podía acompañar al centro. Yo le digo que sí, que me encantaría su compañía. Por el camino le hablo de la ventana extraña: —Kafú, en el centro hay una especie de ventana que se puede ver todo lo que pasa en la tierra de los blancos. —¿En serio? —respondió Kafú. —Sí, —le dije— salen unas casas con puertas con llave, con jardín, y muy grandes. —¿Casas con jardín? —preguntó, incrédulo, Kafú. —Sí, ya te he dicho que sí, casas con jardín —le repliqué. —¡Qué suerte…! Aunque a nosotros no nos falta tierra para correr —contestó Kafú.

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literatura juvenil

—Ya hemos llegado al centro, Kafú. Fíjate cómo todo el mundo mira asombrado otra vez la ventana. Es raro ya que hacía días que nadie le prestaba atención. Todo el mundo habla de una mujer que está enferma o algo así. En la ventana se ve mucha gente expectante en la puerta de un edificio. Hay algunos que están con una especie de maracas preguntando cosas a la gente de bata blanca que sale del edificio. Por fin, me cuenta un blanco de los de traje amarillo y blanco que la enfermera Teresa estuvo en contacto con Manuel y ahora es ella la enferma. La historia ha vuelto a empezar… Yo ya sé lo que voy a ver. La ventana deja de interesarme. Sin embargo Kafú sigue embobado. Y al rato me pregunta: —¿Y esos, por qué están tan enfadados? —Es verdad esto no lo había visto. Es un grupo de gente gritando enfrente de una casa de blancos. Yo le pregunto a Kukué que lleva tiempo con ellos y sabe un poco de su lengua. —Van a matar a Pedro Excalibur que vivía con Teresa para evitar que contagie a otros. Kafú y yo nos miramos el uno al otro aterrorizados. —Kafú… nonososotrooss… papasasamomoss mumuchochoss didías aal lalado de nunuestra famimilia enenferma… ¡Corre, vámonos de aquí! •

DIPLOMA

Susurros a medianoche AITANA MONZÓN BLASCO 3.º ESO IES BENJAMÍN DE TUDELA TUDELA (NAVARRA)

Aquella tarde tuve que volver al sitio que más pavor me daba sobre la faz de la tierra… Pero ahí iba yo, caminando por el fango, bajo una noche más oscura que la tormenta que estaba cayendo. Mis apreciados zapatitos de charol rojo conocían ya el barro, al igual que mis medias. Mi falda de algodón estaba empa-

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pada por el agua que caía del cielo, además de la que yo misma me salpicaba en los interminables charcos. Solamente portaba una ligera capa de paño negro, demasiado escasa para los cuatro grados centígrados que entraban en mi cuerpo y que calaban hasta mis huesos. Aquel era un invierno espeluznante, el más duro que había conocido Arcadia desde que yo trabajaba en aquel edificio. Demasiado miedo, demasiada impotencia, así como alguna que otra muerte por sobredosis, o simplemente por alguna extraña anomalía todavía sin identificar. En una mano llevaba la cofia, y no sobre la cabeza, ya que los árboles a mi alrededor se movían a ritmos parejos, por un momento iguales, al tiempo que me susurraban canciones de miedo al oído, o de duda, pues incluso hasta llegué a creer que de verdad eran ellos los que me advertían del peligro y del error que estaba cometiendo. Es cierto que yo había dejado el trabajo un par de meses atrás debido a la fatiga, el temor, las órdenes estrictas… e incluso el amor, y que todo eso me indujo a un principio de depresión… Sí, no es fácil tratar con maniacos, psicópatas y demás personas de ese linaje, pero aquella noche, víspera de Navidad, recibí la llamada de mi antes superiora, mrs. Welsh, quien prometió recompensarme si la ayudaba a lidiar con tales energúmenos, monstruos, o simplemente con los pobres desgraciados de aquel edificio. No me pude negar, ya que en esas fechas gran parte de las enfermeras se tomaban un descanso y en mi bolsillo no abundaba precisamente el dinero, así que accedí a ayudarla. Sin más dilaciones, cofia en mano y ropas parcialmente aguadas, me dispuse a empujar la puerta del psiquiátrico Rosewood situada en la mitad de la valla que rodeaba el terreno. No hizo falta cerrarla porque del aire, ella misma lo hizo por mí. Entré en la residencia, que prácticamente estaba más fría que el exterior. Caminé por el pasillo hasta llegar al despacho de mi superiora. Me coloqué la cofia al mismo tiempo que, a través de las numerosas puertas situadas a mis lados, los pacientes —o monstruos—, gritaban, deliraban o incluso sacaban sus brazos por la ancha mirilla rectangular. Me asusté. Nunca habían hecho algo así cuando yo trabajaba aquí. Algo había cambiado. O, directamente, alguien les había hecho cambiar. Me impresionó ver que en una de las sillas de vigilancia nocturna del pasillo hubiera un periódico (algo extraño, pues no solía haber periódicos fuera de la sala de enfermeras). Me apresuré a cogerlo y ojear la portada, pero mis ojos directamente fueron a un artículo ubicado en la parte inferior izquierda:

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22 de octubre de 1952. El psiquiátrico Rosewood, situado en Arcadia, abre sus puertas a un nuevo paciente, Romeo Shelby. Con tan sólo 21 años padece un trastorno psicótico que pone en riesgo su vida y la de quienes le rodean. El pasado 10 de octubre aparecía muerta en su casa una amiga suya, Sully Donovan, de 19 años. El juez Dalton ya tiene escrita su sentencia. Debido a la enfermedad que padece el joven, se verá condenado a ingresar en ese mismo manicomio. Mi corazón dio un respingo. ¿Por qué aún guardaban ese periódico? Me acordaba perfectamente de aquel chico, ya que ingresó justo dos días antes de que yo abandonara el psiquiátrico. Demasiados quebraderos de cabeza en tan poco tiempo, demasiada ira y miedo escondidos en ese cuerpo. Demasiado guapo y joven para estar en una situación como esa. Un nombre demasiado bonito para figurar en las listas de un manicomio. —Por fin llegas, Greta. ¡Dios santo! Ven, anda, entra, que te doy una manta. ¡Estás empapada! —Lo siento, mrs. Welsh; llovía mucho, he venido a pie y ya sabe que no hay cabinas por aquí. Cuando ya me había secado, pregunté por qué me había llamado para venir en una fecha como esta, a lo que ella me respondió: —Sabes que no lo hubiera hecho si no fuera importante… Pero es ese paciente, el número 17, el que me preocupa bastante. Desde que te fuiste los demás enfermos se comportan de otra manera… más monstruosa, más preocupante… más terrorífica. Se han convertido en reales engendros. —Es el nuevo, ¿verdad? Romeo, digo. —El mismo, sí. Justo en ese momento oí unos pasos a lo lejos, e incluso noté escabullirse una sombra por el pasillo. —¿No ha visto eso? —¿Qué tengo que ver? —Nada, nada… Bueno, con respecto al paciente 17… Quédese usted aquí, yo me ocupo de él. Salí de la habitación. Estaba oscuro, pero pude tantear un interruptor del corredor y hacer que los focos se encendieran. Empecé a caminar hacia el piso de arriba, directamente hacia aquella habitación oscura, seguramente llena de rasguños en la pared como muchas otras. Un fuerte sonido procedente del piso inferior inundó el manicomio. Bajé corriendo. Era mrs. Welsh. Estaba muerta. Cerré los ojos con rabia y de un tirón le quité el cuchillo que tenía clavado hasta las entrañas. Estaba equivocada cuando pensé que había muerto, porque ahora simplemente convulsionaba,

tirada en el suelo, y con su propia sangre inundando parte de la habitación y el pasillo. No podía dejar que hubiera otra muerte, ni de las enfermeras de la planta superior ni de las cocineras. Rápidamente volví a subir, y cuando me encontraba enfrente de aquella habitación, varios recuerdos aparecieron en mi mente, sin preguntar, sin querer saber si yo quería volver a encontrarlos. Saqué la llave de mi bolsillo, miré con tristeza el cartel que había delante de mis ojos y con las manos temblorosas abrí aquella puerta. —Un nombre demasiado bonito para estar aquí. —Allí estaba él, sentado en su escritorio, mientras acababa otro de sus dibujos, que colgaban por  la pared. Ya había cientos de ellos, y cada uno era más hermoso que el anterior. —Lo mismo digo. —¿Cómo sabes mi nombre? —No sólo sé tu nombre, preciosa… También sé muchas cosas de ti... Tú y yo nos conocemos, ¿o ya no lo recuerdas? —No sé a qué estás jugando, Romeo Shelby, pero ¡no puedes pretender pasarte encerrado estos meses y asesinar a la persona que ha permitido que no hayas ido a la cárcel y que ahora estés aquí! Y mucho menos, ¡no puedes permitirte el lujo de hablarme como si me conocieras de toda la vida…  porque eres un monstruo! Me propuse a salir de la estancia, pero me agarró del brazo y tiró de mí. A continuación, nos miramos a los ojos y pude comprender todo. «Soy Gaël, ¿no te acuerdas de mí? Romeo es…» —Hola, preciosa —sonó una voz a mi espalda—. Yo sí que soy Romeo, el asesino que buscas. ¿O no te acuerdas de mí? Giré la cabeza hacia él y lo entendí todo. Allí estaba él… Romeo, Romeo Shelby. El causante de mis miedos, de mis visiones, de mis idas y venidas. Romeo, la única persona del mundo que había conseguido que alguna vez le amara. Romeo, el psicópata-esquizofrénico. Romeo, el de ojos verdes. Su hermano Gaël le había suplantado todo este tiempo, preso del miedo, víctima de alguna droga, retenido ahora por Romeo, en una celda de locos, sin que el chico de ojos azules se enterase. Y fue en ese preciso momento donde ocurrió todo. Las luces se apagaron. Oí otro chillido, el mío propio. Una luz al final de un pasaje tenebroso. Un dolor inmenso en el costado, casi en el corazón. Y ahí estaba Romeo, al final de la penumbra, sonriendo maliciosamente, y susurrando lo mismo que susurraron los árboles… «He vuelto… me vengaré». •

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Seis meses, cinco minutos NOELIA TERRÓN RACAJ 3.º ESO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

Cinco minutos. Cinco minutos para resumir los últimos seis meses de mi vida: todo en lo que basé mi existencia dicho de la manera más deprimente posible. Sin casi aliento, aun estando sentada; sin poder mirar a los ojos a la única persona que tenía delante. Ella estaba perpleja, obviamente, pues tanta información y tan inesperada confunde a cualquiera. La verdad es que le agradezco el haber estado ahí, sujetando mi mano derecha que tanto temblaba, mirándome mientras yo hablaba y aceptando lo que oía aun sin tener ninguna obligación de hacerlo. Podría haber salido corriendo sin volver a dirigirme la palabra, pero no, continuó a mi lado. Fue raro, muy raro. Me había pasado otras veces pero nada como esta ocasión. Esta vez no quería que quedara nada en el aire, sin resolver. Quería explicar todo lo explicable, solo por ella. Se lo tomó bastante bien comparado a lo que en un principio yo esperaba. Y es que seis meses dan para pensar, y mucho. Fueron lo de siempre, pero con malestar continuado, algo de insomnio y una pizca de mal humor por las mañanas. Todos mis conocidos debieron estar hartos de mí, pero ellos no sospechaban nada, nunca lo hacen en el buen momento. Tras la pequeña charla en la que me sinceré comenzaron las clases. Normal, todo normal. Nada raro si lo miramos desde un punto superficial. Sin embargo, por mi cabeza, y seguro que por la de ella también, rondaban más ideas que las que se hablaban entre formales alumnos. Ni una palabra entre ejercicio y ejercicio, al contrario de lo que solía ser anteriormente. No me atrevía a mirarla a los ojos, aunque sí me di el placer de observarlos y admirar su color castaño, aunque solo fuera una vez, con eso me bastaba.

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«El descanso, bendito descanso», habría dicho si de un día cualquiera se tratase, pero en aquel momento solo me apetecía llorar, fuera donde fuera, pero sola, sobre todo sola. Ella no pronunció palabra, pero todo lo decía con sus repentinos suspiros. Donde normalmente había una conversación sobre baloncesto y dolores de cabeza, esta vez no había nada. Nada interesante, mejor dicho. Yo, con la cabeza agachada miraba al suelo como si hipnotizada con él me hallase, pensando en todo y en nada. Esa sensación de liberación y encierro mental es la que llevaba sintiendo aquellos últimos seis meses, y sinceramente, me gusta. Es como flotar en tu mente, mientras te ahogas en ella, pero aun así es bonito. Ella debería estar planeando huir o darme un abrazo, porque su cara de preocupación y su silencio seguían siendo para mí indescifrables. La otra mitad de la clase, la otra hora que me quedaba a su lado, por lo menos en esa tarde. En realidad si alguna de las dos quisiera apartarse del todo de la otra, casi le sería imposible, pues nos veíamos bastante y nuestra relación, si se podía llamar así por aquel entonces, era por lo menos agradable y de algo de amistad. Llegaban los ejercicios orales, de hablar, o en otras palabras, uno de los peores ratos que he pasado en mi vida. Supongo que para ella también fue un suplicio, pero por suerte no duró mucho ese sufrimiento, o a mí me pareció que pasó rápido. Se me solían pasar los minutos volando a su lado, y por suerte esta vez la cosa no cambió. Ya llegó, el fin. El fin de una de las clases menos productivas del curso, en gran parte por mi nula aportación. El resto de la clase sí que estaba algo más atento, tanto los jóvenes que como la mayoría de personas de su edad reían y disfrutaban de todo lo que podían, como los más adultos o incluso los de edad algo avanzada, que sabían demasiado de la vida como para dejar pasar cualquier momento. Los que siempre hablaban hablaron, los que siempre preguntaban preguntaron, y nosotras dos no dijimos nada, como de costumbre. Nos solían decir que por qué esas caras tan largas, o se cuestionaban nuestra cara de angustia, pues pensaban que a nuestra corta, muy corta edad no podemos tener problemas, o como mínimo, cosas que solucionar. Yo sabía que se equivocaban, y no les hacía mucho caso, pero ella no sé qué tal se tomaba normalmente los comentarios ajenos. No la conocía mucho, o eso creía yo por aquel entonces, pero ahora me doy cuenta de que conociendo todos sus defectos y virtudes me daba igual el hecho de que me dijeran que no era adecuada para mí.

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Bajando las escaleras que a la calle nos dirigían, cada una de nosotras seguía perdida en sus pensamientos, sin saber cómo salir de ellos, mientras por fuera mostrábamos toda nuestra normalidad, dejando pasar a los apresurados por las escaleras y adelantando a los que por su teléfono escribían a sus familias, amigos o a saber quién. Con las mochilas a la espalda, cualquier peso, por mínimo que fuera, me parecía una odisea. Dos míseros libros, acompañados por un cuaderno lleno de palabras en francés, me hacían sentir rara. Me paré a pensar en ello, eso sí, sin dejar de descender de altura. Unos cuantos segundos bastaron para ello. Unas clases de aquel idioma que me parecía y sigue pareciendo tan precioso me acercaron a la chica que ahora tenía a mi lado, y que podría haber seguido teniendo sin ellas, pero no de la misma manera, y eso es algo que sigo pensando: las cosas de la vida, todas esas cosas de la vida, que tanto nos marcan, y me atrevo a decir que a todos lo hacen. El paso por el marco de la puerta de entrada y salida que siempre hacía recorrer un escalofrío por mi espalda esta vez solo produjo un ligero sentimiento de fría y oscura despedida. Ella me sujetó la puerta, gesto que cada día y más aquel me sigue sacando una sonrisa, por pequeña que sea, y por muy duro que haya sido el día. Unas últimas escaleras, lo que yo consideraba unos últimos pasos a su lado. Sin embargo, me quedaba aún un tiempo contemplando sus ojos, sus labios y su pelo, el cual tan bien se agrupaba en un perfectamente desordenado moño. Me pidió unos últimos momentos, que ella misma afirmó, servirían para hablar todo lo que en aquella tarde no se habló. Nos sentamos en uno de los gélidos bancos de piedra que se situaban cerca del edificio amarillo del que acabábamos de salir. Dejando el material académico de lado, las dos con nuestra chaqueta puesta, ella con su pañuelo a cuadros y yo con mi gorro gris. Me miró a los ojos, ojos que no sabían a dónde mirar. Tanta seguridad reflejaba su mirada que comparada con la mía yo parecía ser la mayor traidora del universo. Se disculpó de antemano por no poder expresar con palabras todo lo que me quería hacer saber en aquel momento, y yo, riendo por no llorar, le recordé que yo me callé mis pensamientos por seis meses por miedo a no expresarme bien, y que no tuviera reparo en decirme lo que tuviera que decir, que ahora le tocaba a ella. Mostró esa sonrisa que tantos días se contagiaba en mi boca, diciendo que yo era una de las pocas personas con las que le costaba expresarse, y preguntándose qué es lo que le pasaba.

Estuvo un rato pensando, pero no hubo manera. Pidió disculpas de nuevo, y yo de nuevo dije que no era culpa suya. Sin dejar de mirarme fijamente, con su dulce mirada para nada amenazadora, dudaba en voz alta, compartiendo su opinión sobre si probar otra forma de expresarse. Yo, confundida, muy confundida, no sabía qué decir ni hacer y en la que puede que fuera la decisión más rápida, tonta, alocada, apresurada y acertada de mi vida se solucionó todo. Solamente aprobé esa decisión de probar suerte con ese posible método de expresión eficaz. En definitiva, todo lo que me perturbaba en esos seis meses se desvaneció en el viento que azotaba la tarde. Esos seis meses que resumí en cinco minutos, continué reflexionando durante dos horas y puse en duda durante un par de segundos. Una sola acción, que solo con ser de intención correcta fue llevaba a cabo exitosamente. Una sola acción, que sin saber muy bien como recibirla, acepté, devolví y disfruté. Solo eso se necesitó para expresar todo lo que ella sentía y pensaba sobre aquella pequeña charla, mejor renombrada monólogo, en la que a mí tanto me costó abrir mi alma. Al fin y al cabo, un beso siempre es bonito, y más la historia que lleva detrás. •

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Poesía 1.º, 2.º y 3.º ESO PRIMER PREMIO

SEGUNDO PREMIO

AITANA MONZÓN BLASCO 3.º ESO IES BENJAMÍN DE TUDELA TUDELA (NAVARRA)

CARMEN CELEMÍN 2.º ESO IES RÍO ARBA TAUSTE

Y ahora recorro la arena con mis manos, manos desnudas, resquebrajadas, que no entienden de amor, sino de daño.

Valiente, bonita palabra, aunque muy difícil de entender y difícil de quererla ser correctamente. Valiente, no es lanzarse desde un puente. Valiente, no es ir por la selva luchando contra tigres. Valiente, no es cruzar un río lleno de caimanes. Valiente, no es vencer a alguien más fuerte. Valiente, no significa no llorar. Valiente, no es ser el «líder». Dime, amigo, ¿qué es ser Valiente? Valiente, es el que se atreve. Valiente, es el que se arriesga. Valiente, es el que se enfrenta. Valiente, es el que, aunque todo vaya mal, sonríe. Valiente, es aquel al que no le preocupan los fallos. Valiente, es el que nunca agacha la cabeza. Valiente, es el que mira siempre hacia adelante. Valiente, es al que le preocupa no haberlo intentado. Valiente, es el que nunca se rinde. Valiente, amigo, es el que reconoce que tiene miedo.

Desengaño

Valiente

Manos que recuerdan lo que nunca pudo ser, que acarician esos oscuros peldaños, esa oscura cueva dentro de tu pecho, al alcance de tu piel. Y no me preguntes el porqué, susúrrame algo que no me duela tanto. Pero date prisa, que tus manos no se encuentren con mis manos.

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DIPLOMA

DIPLOMA

CELIA JERICÓ VALENZUELA 2.º ESO IES CINCO VILLAS EJEA DE LOS CABALLEROS

NOELIA TERRÓN RACAJ 3.º ESO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

Hoy amanece despacio. Hoy voy andando deprisa. Hoy descubro todo el mundo. Hoy quiero escuchar tu risa.

Por el ligero tono miel que aparecía en sus ojos con el resplandor del atardecer que tantas veces se escondía entre los edificios que divisábamos.

Hoy juego con mis amigos. Hoy aprendo muchas cosas. Hoy escucho melodías. Hoy te regalo una rosa.

Por la vuelta a la normalidad de ese color marrón oscuro que me embelesaba al chocar su mirada con la mía, o cuando al fin, al dejar de perderme en su pupila, podía escuchar su voz que me hablaba en tono dulce.

Hoy me marcho de mi casa. Hoy vivo con valentía. Hoy voy a cumplir mis sueños. Hoy comparto mi alegría.

Por el «hola» que le decía con voz aguda y triste, esperando otro con mucha más seguridad; y por el «adiós» con el que me despedía y que yo odiaba por sus obvias consecuencias.

Hoy me relajo en tus brazos. Hoy pienso con añoranza. Hoy la noche va llegando. Hoy la oscuridad me alcanza.

Por los momentos nada incómodos en los que, la una junto a la otra, callábamos sin pronunciar palabra, ya bien por no saber qué decir; ya bien por ni necesitar ni querer hablar.

Hoy es ayer. Hoy es mañana.

Y ella no sabe nada. Y yo no sé hacérselo saber. Y ella no quiere nada. Y yo la quiero a ella.

Hoy

Miel

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DIPLOMA

Así es el amor GUILLERMO SEBASTIÁN 2.º ESO IES RÍO ARBA TAUSTE

Así es el amor: Cuando lo tocas, se expande por tu cuerpo. Así es el amor: Cuando crees que todo lo tienes, se marcha al instante. Así es el amor, que te come la cabeza hasta no dejarte en paz. Así es el amor, que, como viene, va.

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Narrativa 4.º ESO y Bachiller PRIMER PREMIO

Sin aliento ANDREA CORTÉS ARCEIZ 2.º BACHILLERATO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

La habitación incitaba a la muerte, blanca y llena de frialdad. Un hombre con cáncer terminal, al igual que yo, deliraba tras la cortina que nos separaba. Ayer había ingresado en el hospital con muchos dolores. «Cuando no aguante más, venid al hospital y la sedaremos» le dijeron los doctores a mi marido fuera de la sala en la que me hicieron la última revisión pensando que no escuchaba, aunque la tristeza que se reflejaba en los ojos de Carlos al darme un beso, un abrazo y «dicen que has mejorado un poco» también desvelaban aquella horrible verdad. Yo, que tenía miles de ganas de vivir, miles de momentos por disfrutar aún. Sentía la muerte cada vez más cerca solo de pensar que no faltaba mucho para que nos viésemos las caras. Era por la mañana, y las enfermeras trajeron el desayuno. «Buenos días, cielo» escuché. Me giré a la derecha y ahí estaba él, sonriente. El que no se había separado de mi desde los 16 y yo le fallaba dejándole solo 20 años después. Quise sonreírle, pero la enfermedad que se comía mi vida me hizo retorcerme del dolor. Lo último que recuerdo es sentir a Carlos cogiéndome de la mano y un líquido recorriendo mis venas que calmaba el hambre de aquel infierno. Morfina. La verdad es que aquello era el paraíso que hacía meses que no encontraba. Estaba aturdida, miles de imágenes se me venían a la cabeza. La primera fue la semana anterior cuando toda mi familia, amigos y conocidos venían a darme el último adiós. ¿Qué? ¿No tengo suficiente con morirme que

tenéis que venir a recordármelo y a traerme pasteles que ni siquiera podré acabar de comer? En el fondo, muy en el fondo lo agradecía, aunque incluso eso me enfadase tanto. Después de esa imagen, todas las siguientes estaban relacionadas con él, como la de aquel día que de sorpresa trajo envuelto en un regalo aquel jersey que, cuando me lo quise comprar, estaba agotado en la tienda y que tanto me gustaba. También la de aquel día que noté un cosquilleo en mi espalda desnuda y, entreabriendo los ojos, le vi observándome con lágrimas en los ojos y me abalancé sobre él dándole un abrazo. «Yo puedo con esto, Carlos, no te preocupes», le susurré. Mentí. También aquellas navidades de hace cuatro años, tomándonos un buen chocolate caliente y yo apoyada en su costado, escuchando la melodía de los latidos del corazón que ya no voy a tener la oportunidad de escuchar. Así mismo, recuerdo el día en que los médicos me comunicaron la noticia de mi cáncer y él, esa noche, apareció en casa con un ramo de rosas y con la mirada llena de «Juntos saldremos de esta». O cuando fuimos a un karaoke y se subió a cantar «The Best» de Tina Turner. No fue el hecho de que tuviese aquel atrevimiento repentino de cantar el que hizo que la gesticulación de mi cara reflejase sorpresa, sino que a él nunca se le había dado bien el inglés y bueno… con aquella canción tuve bastante. Pero, ¿y el detalle? No se me olvida lo especial que me sentí, y aún más cuando oí a la mujer de al lado decirle a su pareja: «Tú podrías hacer algo parecido, ¡soso!». Sin duda Carlos es la mayor lotería que me ha podido tocar nunca. Noto cómo empiezo a derramar lágrimas cuando recuerdo aquella vez que estuvimos a punto de echar todo a perder por aquella riña tonta, como si no estuviese escrito en el destino que la muerte sería lo único que podría separarnos. Y entonces recuerdo aquel «Hasta que la muerte nos separe» del día de nuestra boda y el arroz enredándose en mi pelo, y la imagen de Carlos buscando con la mirada cuál de sus amigos se delataba a sí mismo riéndose por haber llenado nuestro coche de globos. Luego viene a mí la cajita que sacó del bolsillo de su chaqueta, con un anillo y el «Claro que me quiero casar contigo, tonto» como respuesta. También los debates sobre cómo decorar el piso que habíamos

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decidido comprar y la distribución de las habitaciones. «Esta será la habitación para nuestra niña», dijo Carlos, y yo enfadada le respondí: «Niña no, yo quiero un niño, un mini Carlos», y así estuvimos durante horas hasta dormirnos. Lo que no sabíamos ninguno de los dos es que aquellos planes se quedarían en una simple ilusión porque a nada de casarnos la quimioterapia impidió que se hicieran realidad esos sueños. La tristeza me invadía entera. No podía abrir los ojos, solo sentía una presencia a mi lado deseando que lo hiciese. Pero ya no tenía fuerzas, definitivamente no era yo la que vencía esta batalla. Me entristece saber que a Carlos se le viene el mundo encima porque ya no estaré a su lado. Todo este tiempo él ha sido el que me ha hecho feliz con cada momento que me ha regalado, y espero que sepa que, aunque ya no respire, lo seguiré queriendo. Carlos sale corriendo de la habitación del hospital en busca de médicos, no le salen ni las palabras: el aparato que marca curvas con los latidos de mi corazón se ha convertido en una línea recta y uniforme. Cuando los médicos llegan con la intención de reanimarme ya no hay nada que hacer. Y, cuando pensaba que no tenía nada más que recordar, mi corazón se acelera al divisar a Carlos cada vez más cerca hasta el punto de quedarse a milímetros de la comisura de mi boca. Siento el frío de aquella mañana de enero y a la vez el calor que estaba generando el cosquilleo que invadía todo mi cuerpo. Sonríe y se acerca más hasta que nuestros labios se funden en un beso. Nuestro primer beso, que me deja sin aliento. •

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SEGUNDO PREMIO

Besos de metal LAURA PINARDEL MOLINA 2.º BACHILLERATO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

Otro beso de metal en la muñeca. Una última lágrima amarga. Otra granada floreciendo en la piel. Un último suspiro resignado. Dejas la cuchilla descansar, aparentemente inofensiva, sobre el lavabo. Abres el grifo y el rojo delatador, acusador, se funde en un abrazo con el agua y se fuga en ella por el desagüe, sin dejar rastro sobre el níveo mármol de lo ocurrido hace minutos. Alzas la cabeza y observas el espejo, y este, silencioso, te devuelve una mirada cansada desde las cuencas hundidas de sus ojos azules. Un azul pálido, sin fuerza, que combina tan bien con el morado frío de tus marcadas ojeras. ¿Qué ha pasado con la chica que sonreía al espejo con alegría? La chica que teñía el aire de tonos vivos, sinceros, con el sonido de su risa se ha marchado, y ha dejado en su lugar a una sombra, que ni sabe de dónde viene, ni a dónde va; que no sabe qué hacer con todas las lágrimas que amenazan con ahogarla, ni como recomponerse para no caer. Juntar de nuevo las pequeñas partes de tu quebrada alma es mucho más difícil que soportar el dolor con los dientes apretados. Lo sabes bien, tienes la experiencia suficiente como para comprender que el Ave Fénix no resurge de sus cenizas sin pasar antes por un infierno. Y tú, que ya te has rehecho demasiadas veces, no crees ser capaz de conseguirlo de nuevo. Eres fuerte, dicen. Pero, ¿qué sabrán ellos? Títeres de una sociedad para la que no son más que números, creen hacer lo correcto cuando te miran con pena y te dedican vacías palabras amables que no solventan nada y que no hacen otra cosa sino agravar la sensación de asco que tú misma te produces. ¿Qué le hiciste a la vida para que decidiera torturarte así?

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¿Qué le hiciste a la diosa Fortuna para que te volviera la espalda y se alejase de ti? Nada. O quizá, el mero hecho de tu simple existencia fue bastante razón para ello. ¿Y qué hay de él? Él, que apostó todo lo que tenía para hacerte feliz; él, que te brindaba besos que eran caricias y sonrisas que eran canciones susurradas al oído y, que a cambio, sólo te pidió que no te hicieras más dibujos en la piel con el filo de la cuchilla. ¿Y qué hiciste tú? Promesas falsas, pues, en cuanto despertaron las dudas que dormitaban desnudas junto a ti, te cantaron baladas de desgracia que hiciste tuyas. Una vez tocaste la cumbre de la mano de aquel chico pero, ahora, te encuentras observando un primer plano del suelo de ese palacio de aire que construiste junto a él, abrazada por Soledad, que ha resultado ser tu más fiel compañera. Creíste, ingenua de ti, que él perdonaría tu carencia de fuerza, las palabras vacías y la rotura de promesas, pero no lo hizo. Cuando descubrió el engaño, frunció los labios en una fina línea y sus ojos oscuros se tornaron refulgentes esmeraldas, como siempre ocurría cuando las lágrimas los empañaban. —¿Por qué? —fue lo único que se atrevió a preguntar, con la voz ajada de pena. Podrías haberle explicado todos los años de dolor, de llanto desconsolado, de muerte en vida; podrías haberle dicho, entre lágrimas, tal vez, que prefieres la dulce caricia de la hoja en la muñeca al dolor inhumano que te consume, te ahoga y te rompe por dentro. Pero, en el fondo, sabes que esa no era la razón. Comprendiste que te gusta imaginar que el mercurio rojo que huye a borbotones de tus venas es el de todo aquel que te hace daño. Y, claro, ¿cómo ibas a responder? Así que él se fue, y tú te hundiste en la implacable soledad de la melancolía y el rechazo. A veces, sueñas con parar. Con levantarte, hacerte fuerte y luchar. Buscar al joven que te enseñó a sonreír y volver deleitarte una vez más con el sonido de su aterciopelada voz. Entonces, recuerdas quién eres y los atributos indispensables de los que careces para llevar a cabo las ensoñaciones febriles de tu mente enferma. Y la partida vuelve a comenzar justo donde terminó: Otro beso de metal en la muñeca. Una última lágrima amarga. Otra granada floreciendo en la piel. Un último suspiro resignado. •

DIPLOMA

Arenales JAVIER ADRADA DE LA TORRE ALGETE MADRID

A veces, cuando atravieso la Plaza de España, salta una gota de agua hasta mi pómulo y una ráfaga de suave viento acaricia mi cuello. Entonces, tan solo por un segundo, mi mente se olvida de todo y creo que estoy en el mar, y me veo buscando cangrejos mientras mi hermano, que aún tiene cinco años y no le ha crecido la barba que supongo que ahora luce ni ha perdido su carnosidad facial, me grita que ha visto un ejemplar deslizándose entre las rocas y me informa, exaltado, sobre el sorprendente tamaño del crustáceo que, lamentablemente, ya se ha guarecido entre los escollos y las lapas, y me sigue gritando por la creciente magnitud, esta vez, de las olas que muerden la arena de la costa, esa fina arena de playa con conchas de moluscos y castillos erigidos por arquitectos de cinco años, niños como mi hermano y yo cuando edificábamos almenas de barro que la marea demolía y devoraba al caer la tarde en el litoral, y debido al cada vez más impetuoso oleaje decidimos abandonar a los cangrejos en sus asuntos para irrumpir contra el mar bravío, que nos sacude como si no existiera la gravedad y nos devuelve a la orilla con cada espumosa cresta que rompe, pero a nosotros, incansables y hambrientos de pueril diversión, no hay obstáculo que nos detenga y avanzamos hacia las olas aunque nos arrastren de nuevo hacia la arena y repitamos el proceso; y veo mis manos, mojadas de sal y tiernas como almohadas, desprovistas de la alianza que suele cargar mi anular y del pellejo que enfunda mis huesos, y nuevamente los ojos de mi memoria se posan en mi hermano, que atraviesa las murallas de agua al igual que una bota imprime su huella en la arena del desierto, y en las gotas de agua que se adhieren a la lozana y fresca piel de mi hermano, que son esferas de cristal en que el Sol del cielo azul vierte su caudal de luz, el mismo Sol que ilumina la Plaza de España cuando la gota asalta mi rostro, emperador del mismo cielo

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azul que aboveda Madrid cuando la brisa suspira en mi cuello. A veces, cuando atravieso la Plaza de España, creo que estoy en el mar, pero la sensación apenas dura una décima de segundo, viene a mí fugaz como un halcón, e igual de efímera se marcha. Al instante, me siento estúpido por regresar al pasado en un cobarde acto de evasión de este presente punzante y hostil, y la orquesta de cláxones que interpreta sus jotas en la Gran Vía me recuerda que no, que mi sitio está aquí, en estas calles atestadas de marabuntas y no de caracolas en cuyo interior se puede oír el mar, en este presente que prohíbe la vuelta atrás si no es con las alas de la memoria, en estas carreteras que también restringen el paso pero con señales de metal pintado de sangre y nieve, que destilan aceite de coche y basura urbana, en esta avenida ancha como un río de constante flujo, en la que se halla la peluquería donde mi hermano se rapó la cabeza justo antes de marchar al frente, justo antes de dejar atrás la infancia que había compartido conmigo bajo el Sol y bajo el cielo azul, justo antes de erradicar por completo al niño de cinco años que gritaba al ver cangrejos y olas grandes, que me tiraba arena de playa y me mojaba cuando yo ya estaba seco, justo después de que la llamada de la patria lo llevase a los páramos árabes a defender el orgullo de una nación derramando valentía y sangre. A veces, cuando atravieso Plaza de España, creo que estoy en el mar, y tengo la certeza de que mi hermano, que está bajo el mismo Sol y el mismo cielo azul que yo, cuando siente el viento árido en su cabello incipiente, se acuerda de mí, y de que él también haría cualquier cosa por cambiar la arena de aquellos desiertos por la de aquella playa. •

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DIPLOMA

Bang-Bang MARÍA ABADÍA LABENA 2.º BACHILLERATO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

El miedo volvía a presionarle el pecho y respirar se convertía con cada bocanada en una tarea cada vez más ardua. Llegó a la última esquina y se detuvo antes de doblarla. Puso su mano derecha sobre la parte izquierda de su pecho. Vale, sí, su corazón todavía seguía ahí a pesar de que él sentía cómo se le escapaba por la boca, rozándole apenas sus labios morados por el frío. En las aceras había una fina capa de nieve, aunque su temperatura corporal era más baja que la de la calle. O eso sentía él. Caminaba con las manos en los bolsillos y, de vez en cuando, exhalaba una bocanada de aire y, si esta se condensaba, se aseguraba de que su alma seguía con él. A duras penas, llenó de aire la mitad de sus pulmones y, rasgando sus entrañas, intentando hacer «de tripas corazón», encontró en su interior algo parecido al valor y giró la esquina. Ahí estaba ella, esperando con un cigarrillo apurado en su mano derecha. Su figura delgada lo estremeció igual que el día que la conoció. Intentó repasar todas las curvas de su cuerpo, para memorizarlas por si ya no pudiese disponer de ellas en ninguna otra ocasión, pero se detuvo en sus caderas. El movimiento de estas al apagar el cigarrillo consiguió hipnotizarlo. Los pocos segundos que tardó en romper el silencio se le hicieron eternos. —Se acabó. —Un disparo directo al corazón con el que consumía su último cartucho. La verdad es que prefería la eternidad. Se fue igual que había venido, en todos los sentidos. El ruido de sus tacones alejándose le anunciaba lo desgraciada que sería su vida a partir de ese instante. Un vacío enorme comenzó a crecer bajo su caparazón. Un vacío enorme, oscuro y tan frío que quema-

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ba. Creció tanto en tan pocos segundos, alimentándose del alejado vaivén de sus caderas, que sintió un agudo pinchazo, no supo muy bien dónde. Y después, nada. Y entendió entonces que ya nunca volvería a ser lo mismo. Que ya nunca volvería a ser el mismo. Que ya nunca volverían a ser. Se quedó inmóvil, como esperando a que volviese, pero ella nunca lo hizo. Emprendió el camino hacia alguna parte. Posiblemente un bar. Necesitaba calentarse. Y olvidar. —Lo más fuerte que tengas. —Aquí tienes. —Le dijo el camarero sirviéndole un whiskey que podría tener su misma edad. O incluso más.— La mejor medicina para el corazón, que hoy huele a dolor. Pero ella tampoco estaba en el fondo de aquel vaso. Y la buscó en uno, otro y otro más. Hizo amago de pagar, pero a esa invitaba el infierno. Levantó su cabeza como gesto de agradecimiento y, sin decir nada, salió de aquel sucio antro. Hacía noche cerrada y ni siquiera había familias de gatos buscando en los contenedores. Una mano se posó bruscamente sobre su hombro y, cuando se giró, se vio encañonado a cambio de su dinero y todo lo que tuviese de valor. Exhaló una bocanada que no llegó a convertirse en vapor. Se había esfumado. —Dispárame. —Le dijo.— Yo ya estoy muerto. •

DIPLOMA

Nilo

LUCÍA NAVARRO TENÍAS 2.º BACHILLERATO IES CINCO VILLAS EJEA DE LOS CABALLEROS

Sentada como cada tarde en el banco del Parque de la calle Mayor de París, con el sonido del bullicio de una carretera cercana, pitidos, engranajes y correas chirriantes de motor compiten por hacerle frente al movimiento de las hojas, al zumbar de los árboles y sobre todo al canto de los pájaros. Con los ojos cerrados puedo sentir cada árbol con detenimiento, puedo sentir su forma, su olor, he aprendido a mirar sin poder ver, he aprendido a sentir desde lo más profundo de mí ya que cada arruga que delimita mi rostro no es más que una mera lección que he ido aprendiendo por el transcurso de los años. Respiro, sí, respiro, y cada vez que lo hago intento volver a sentirme viva, cada vez que lo hago me doy la oportunidad de disfrutar de la luz del día y dejar que me embriague el sonido de aquellos columpios oxidados que ahora mismo puede disfrutar mi nieta. —¡Abuela!, ¡abuela! Me enternece escuchar cómo me llama, cómo en cada letra que sale de su boca pone cariño y entusiasmo, y es que ella no recuerda lo que ocurrió hace unos días por estas calles, ella tan inocente, tan despreocupada, no recuerda que aquí, en este mismo lugar privaron a personas inocentes de poder disfrutar de lo que ella ahora mismo disfruta, les privaron de la libertad de vivir, de la libertad de seguir dando amor a sus hijos, sus nietos, sus familias. Acaricio el rostro de mi nieta y la coloco en mi regazo, me abraza con cariño y comienza a hacerme preguntas, un millón de preguntas, un millón de curiosidades insatisfechas, pero lo que me inundan los ojos y los pensamientos son una serie de dudas renegadoras ya que me niego a creer que los humanos, las personas, prefiramos las balas al diálogo y al respeto, me niego a creer en la oscuridad de los corazones y en la putrefacción de las almas. Y esas dudas que me hacen temblar cada vez que siento el latir acelerado de mi pequeña Nilo ha-

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cen que derrame una lágrima tras otra, por todos aquellos corazones que dejaron de latir por la expresión de sus ideas y por todos aquellos corazones que laten por la pérdida de sus familiares, por el atentado que cometieron esos seres irracionales y no personas, sino seres, por el hecho de que respiran, porque ellos carecen de moral, de integridad, de ética y sobre todo de valor ya que arrebatar vidas por ideas sólo los convierte en un despojo social. Lo peor de todo es que no alternan la diferencia entre el bien y el mal, no les cabe la posibilidad de que el delito que cometieron no sólo contra los fallecidos sino contra el resto de la humanidad privó a millones de personas de leer sus escritos, sus caricaturas, de comprar la revista creada por los integrantes tradicionales que la rellenaban cada semana. «Je suis Charlie». ¿Y por qué? ¿Por qué no vivimos en una sociedad donde se respeten las opiniones? ¿Por qué intentamos derribar al otro en lugar de argumentar nuestra postura? ¿Por qué tratamos de imponer? ¿Por qué matamos por ideas? Me dirijo con mi pequeña a los columpios, quiere llegar a lo más alto, y con una tremenda tristeza, desbordando lágrimas por mis ojos, Nilo decide saltar del columpio para darme un cálido beso en la mejilla. •

DIPLOMA

Ráfaga de polvo ANA TENÍAS ARBEA 1.º BACHILLERATO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

Una ráfaga de polvo se hacía ver al trasluz y las grietas que se dibujaban en sus manos repasaban de arriba abajo la cortina que cubría el vidriado. Su debilidad manifestaba suspiros que soltaban todo el oxígeno que en su cuerpo escondía y, sin quererlo, se desvanecía entre los escombros de lo que se hacía llamar hogar. Su cabello castaño se hacía un nudo y, bajo la vestimenta que se repetía cada mañana, levantaba el paso para dar comienzo a un nuevo día. Cuando las rendijas de su puerta parecían abrirse, giraba la vista hacia aquello que el mismo pavor observaba. Escalofríos invadían los rígidos rasgos de su piel y, acercándose por los ruidos que creaba la vejez de su suelo, recogía de la mesa lo que su remordimiento le ordenaba. Sus temblorosas manos adentraban aquello en los bolsillos de su ropaje y cerraba la puerta tan fuerte que los rotos de sus paredes se alargaban. La brisa que aquel día de abril olía a mojado rozaba la oscuridad de su piel haciéndola capaz de respirar el aire que por las calles paseaba. Y, entonces, las nubes de aquel grisáceo cielo comenzaban a evadirse al mismo tiempo que el verde de sus ojos lo vigilaban todo; los callejones se hacían sombríos y el silencio era el protagonista entre las voces que no callaban. Millones de piedras volaban hacia los rostros de personas que se mantenían inmunes y otros tantos eran cuerpos dormidos bajo las pisadas de la gente. Sollozos que maldecían la presencia de la muchedumbre y rogaban mirando hacia arriba oraciones que sólo uno mismo comprendía. Se hacía infinita la calle y a cada paso se repetía; llantos de las almas que bajo capas se escondían. Su tacto rozando con el adentro de su bolsillo, encubriéndolo entre sus manos, lo desenvuelve en un suspiro. De aquella cinta estira un extremo uniéndolo a su comisura, siguiendo hacia la otra convirtiéndola en solo una. Su boca no cede el aire ni sus labios las palabras, se quedan entre el aislante que las mantiene calladas. Nadie lo dice, nadie lo grita. Todas lo saben, todas se imitan. Sigue caminando y deja de ser una, son millones de islámicas atrapadas en un burka. •

Líneas de asfalto se desteñían por la humedad que lloraba el cielo y el aliento que se escapaba de su boca empañaba el cristal de la ventana.

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ágora n.º 13 — revista de cultura, ensayo y creación literaria


literatura juvenil

Poesía 4.º ESO y Bachillerato PRIMER PREMIO

Dámelo

LUCÍA BALLESTER BELLVER UNIVERSIDAD CEU CARDENAL HERRERA VALENCIA

Siempre intentaste salvarme Y casi lo conseguiste, ojos de cielo, Pero hay cosas que simplemente no puedes hacer Yo sufro, tú sufres, ellos sufren Todos sufrimos, sin manías, sin porqués Sé que no soy nada Comparada con otras personas Soy una mota de polvo Que se pierde cuando se levanta un vendaval Me adhiero a las patas sucias de animales vagabundos Y viajo entre el mundo del sueño y el real Trotando como un caballo desbocado Qué malo, qué desgarrador es fantasear como una niña Soñar con tus brazos rodeándome Con tu aliento la nuca rozándome Y con tu risa musical compitiendo con la mía ¿Por qué yo? No quiero luchar contra ti Y mucho menos contra mí Ahora ya espero de tus labios solo dos palabras: te amo Y un beso, si me lo regalas Acércate... y no dudes de que el calor de tus besos Cura hasta las heridas de bala La noche es inmensa sin ti Y ¡qué fácil sería la rendición definitiva en tu pecho! Descargar lágrimas y besos como barco que llega a buen puerto Escucha mi canto herido No puedes darme lo que yo quiero No me abandones en esta tormenta de fuego

No dejes que me lleve Ciérrame la boca con tu dedo Y abrázame. No me sueltes. Yo te quiero. Te quiero y te deseo. Y quien puso eso en mi corazón Me lanzó a la arena como un gladiador Estoy preparada para luchar contra todo Menos contra Dios Quiero amarte bien, que nos amemos bien Que Dios nos ayude Solo sé que puedes darme tu amor Dámelo, ojos de cielo… Dámelo

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literatura juvenil

SEGUNDO PREMIO

DIPLOMA

Te llaman poesía ÓSCAR RODRÍGUEZ MORENO 2.º BACHILLERATO IES REYES CATÓLICOS EJEA DE LOS CABALLEROS

Cigarrillos apagados, botella vacías. Luchando, derrota tras derrota; día tras día. Aquí estas siempre, Poesía. Borrachera llorona, verso olvidado y gloria tardía. Eso significas, Poesía. Llanto, maltrato, y sangre. Sexo y sonrisas mordidas. eso eres, preciosa, te llaman Poesía.

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Alzad las armas, soldados GEMMA ARASCO SÁNCHEZ 4.º ESO NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES EJEA DE LOS CABALLEROS

Alzad las armas, soldados. Pintad de furia las banderas, manchad de ira vuestras manos. Disipad la justicia de la causa borrándola con disparos. Que caigan al vacío las lágrimas por todos aquellos inocentes que por balas cambiaron sus vidas. Que al cielo suban las voces, delatoras de oscuros recuerdos. Alzad las armas, soldados.

ágora n.º 13 — revista de cultura, ensayo y creación literaria


ISSN 1699-3039

Agora 13  

Nº 13 de la revista Ágora, de creación literaria

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