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Año VII  Nº 7  Mayo 2009

EDITA Centro de Profesores y Recursos de Ejea Plaza Goya s/n, 50600 Ejea (Zaragoza) Teléfono 976-677160 Fax: 976-677161 Correo electrónico: cprejea@educa.aragon.es Página web: www.cprejea.com

CONSEJO DE REDACCIÓN Patxi Abadía. Coordinador. Asesor del CPR.

Eva Bajén Profesora de Secundaria «IES Cinco Villas» Departamento de Lengua

Cristina Bunuel Profesora de Secundaria «IES Cinco Villas» Departamento de Lengua

José Sánchez Profesor de Secundaria «IES Reyes Católicos» Departamento de Lengua

Enrique Galé Profesor de Secundaria «IES Río Arba» Departamento de Lengua

Joaquín Bueno Profesor de Secundaria. «IES Cabañas» Departamento de Lengua

Asunción Gil Bibliotecaria de Ejea.

José Antonio Conde Poeta

Juan Herranz Escritor

Beatriz Sumelzo Pintora e ilustradora

Cristina Duesca Pintora e ilustradora

Alberto Cabello Ilustrador

ILUSTRADORES Chema Agustín Elena Arrese Gabriel Bueno y Lorenz Chistian Bufi Alberto Cabello Pérez Cristina Duesca Pilar Longás María Luna Fago Blanca Lles Baruquer Rosaluz Méndiz Mejoral Víctor Mójica Ernesto Navarro Beatriz Sumelzo PORTADA Y MAQUETACIÓN

José Ramón Alastuey IMPRIME a + d Arte Digital, S.L., Zaragoza DEPÓSITO LEGAL: Z-1692-08

ISSN: 1699-3039

El «CENTRO DE PROFESORES Y RECURSOS DE EJEA» no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores en los diversos artículos.


amigos y amigas lectores:

U

no, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y preparando ÁGORA 8. El Consejo de Redacción ha vuelto a ponerse «el mono azul» y nos agasaja con un nuevo número. Gracias. El Centro de Profesores ha conseguido volver a contar con la complicidad del Ayuntamiento de Ejea, la Comarca de las Cinco Villas, el Centro de Estudios y la CAI para sostener económicamente este proyecto y ofrecerles 1.200 ejemplares gratuitos. La cadena SER, Localia, Ayer y Hoy y el programa «Borradores» dirigido por Antón Castro en la televisión aragonesa nos siguen ayudando en la difusión. Gracias. Los colegios y los institutos, los maestros y los profesores, las familias y los chicos participan activamente y cada año más en el concurso literario infantil y juvenil. Gracias. Este año, además de los trabajos premiados, el consejo publica hasta siete trabajos de cada categoría. La parte de la revista dedicada a los niños y jóvenes aumenta de páginas. Así contribuimos a que ÁGORA sea también un instrumento de animación escolar a la escritura. Valoro como imprescindible el compromiso profesional de los Departamentos de Lengua y Literatura de los IES de Ejea y de Tauste y el de un Consejo de Redacción, que se vuelca en dedicación y trabajo para ofrecernos un producto inédito, original y de manifiesta calidad. El mérito es, en verdad, colectivo. ÁGORA sigue siendo una revista de cultura, ensayo y creación literaria bien cimentada en un proyecto cooperativo, democrático y plural liderado por un Consejo de Redacción que sigue abierto en su composición a toda la ciudadanía, asociaciones e instituciones. El Centro de Profesores se siente satisfecho y orgulloso de editar esta revista porque colabora en la dinamización sociocultural del medio rural de las comarcas de las Cinco Villas y la Ribera Alta del Ebro, es un instrumento útil en la dinamización escolar de la lectura y escritura y resulta accesible su lectura a la mayoría de los ciudadanos. En la familia creativa de ÁGORA cabemos todos. Afortunadamente, cada año se van incorporando nuevas instituciones y personas que, sin duda alguna, vienen a enriquecer este proyecto. En este número debemos dar la bienvenida a la Escuela Municipal de Música de Ejea y a su director, Javier Comenge Leonar. Asimismo, nos congraturamos con la publicación de la revista «ADISCIVEXPRESS», con la que seguro podremos colaborar en próximas ediciones. Así pues, os animo ya a preparar colaboraciones para el próximo número, el del 2010, año en el que conmemoraremos el 25 aniversario de la creación del Centro de Profesores y Recursos de Ejea de los Caballeros. Gracias. Alfonso Cortés Alegre Director del Centro de Profesores de Ejea cprejea@educa.aragon.es

ágora

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sumario 

Historia

José Sánchez Usón

44

Españoles en la Segunda Guerra Mundial (IV)

53

Marta Pastor Oliver

 

56 58

La guerra de la Independencia Española

62

12 LAntonio Castellote  15 Bicentenario del  de Darwin 16 D Nacimiento D  José Ignacio Lafuente 20 H

65

España y sus Topónimos (I)

Editorial

6

firma invitada Manuel Vilas

Mariano Gracia

8

Crítica Literaria

Mis años con Julio Cortázar Antón Castro

Contrariedades Luis Yrache

La «Generación Mutante» Marcelino Cortés Valenciano Libros que desmarcan un verano Isabel Carabantes Un verdadero ejercicio de libertad: La lectura Mª. José Burguete Pérez Érase una vez Ramón Aguirre

    

Joaquín Bueno

La niña Laurita Santiago Lasobras

Internet en la educación José Antonio Sallán

¿Qué es la cultura gitana? Asociación Gitana Chachipén.

as fiebres ondulantes

os siglos con

omo domesticus

22

os niños y los jóvenes también

José Guarc Pérez

ideaciones y equivocaciones sobre el

Juego de Rol Gabriel Bueno y Lorenz

El reto de la convergencia educativa en Europa Jesús Claver Giménez

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28 31 34 37 38

74

 

80 81

82

85

88

50 Aniversario pueblos colonización de Ejea

colonizaron las bardenas

   

68 72

arwin

Juan Herranz

 24  L

Narraciones, figuraciones,

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Ana Garcés Aznárez

Pensamiento y Reflexión

El rincón del neurótico

Beatriz Ciria

La Inquisición

Ensayo

Memoria

Soy del agua El Bayo

50 años en Bardenas Antonio Ruiz Ortego

La Tradición Oral en los Pueblos de Colonización de Ejea. Jocabed Bericat Raquel Murillo Juan Antonio Sánchez

Pasado, presente y futuro de los Pueblos de Colonización Emilio Gil

Dos colonos, poetas populares,

41

cantores de la nostalgia y el desarraigo

José Guarc Pérez


Los pueblos del agua de Bardenas, 50 años después Alberto Sabio Alcutén

Colonización Guión y Dibujos: Ernesto Navarro

90

92

creación literaria

Teatro

La Sagrada Aurora en Tauste Enrique Galé

96

Colaboración especial Emilia Oliva

Otros poetas

Micromalajes Huérfanos de guerra Mario de los Santos

La planificación de una idea Natalia Mur Escó

Por primera vez en treinta años Miguel Carcasona

Me lo tragué Daniel Nesquens

La habitación de Amis Alberto Peña Córdova

Les Deux Magots José Ramos

Color fin del mundo Patricia Esteban Sueños de un arqueólogo María Isabel Sabariego Mediel

Y llegó el invierno una noche a las diez

Jesús Claver

Vara de mimbre Antonio Tejedor

Otro día más Fernando Sierra Cortés

cÓmic

102  Cómic O 106 Alberto  151 Cabello Pérez 108 invitación a la lectura 111 Reseñas bibliográficas  156  114 C. Floría Rubén Castillo Luis Borrás 115 José Manuel Garcés Lafuente Luis Beltrán Arrizabalaga 118 Ramón Aguirre Natividad Campos 120 y Mª. Pilar Lagunas José Antonio Gascón Alejandre 122  164  Leer para vivir  127 Eva Bajén.         

 128  130

jos rojos

literatura infantil concurso de narrativa y poesía

 

Poesía Firma invitada Ángel Gracia Fernando Ferreró Tolosa

 138

Rafael Fernández Lorente Luis Fernández Llorente Miguel Ángel Longás José Ramos Elisa Arnal Susana Hernández Rafael Caudevilla Nogué Santiago Lasobras

Narrativa en castellano

Óscar Sipán

 136

 132

 170

literatura juvenil concurso de narrativa y poesía

 190 ágora

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editorial

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รกgora


H

istóricamente, uno de los beneficios ofrecidos por la escuela al mundo rural fue la incorporación al tejido social de los pueblos de un número relevante de profesionales de clase media bien cualificados y especialmente vinculados al mundo de la cultura. En la ciudad, donde el peón de albañil siempre se ha cruzado de forma natural en la calle con el catedrático de Derecho y el médico especialista con el obrero de la fábrica, esta aportación social del mundo educativo es irrelevante pero en los pueblos, durante décadas, la presencia de los maestros, formados en la Universidad, procedente de los ambientes intelectuales donde se educaba a las clases dirigentes, conocedores e interesados por conocer las últimas novedades, aportaban al mundo social al que llegaban destinados, secularmente más cerrado y homogéneo, una riqueza cultural e intelectual imprescindible en el camino del progreso hacia el mundo moderno. No se trataba sólo de lo que el maestro hacía –enseñar, algo ya de por sí insustituible- sino de lo que el propio maestro era. A principios del siglo XXI la sociedad rural en la que se desarrolla nuestro trabajo todavía no ha cambiado tanto como para que olvidemos por completo esta función secundaria de nuestra profesión. Ciertamente, las mejoras en la comunicación, física e intelectual, con el mundo urbano, la generalización de la educación primaria y el acceso masivo a la enseñanza superior o el aumento de los servicios básicos prestados a los ciudadanos hasta en los pueblos más remotos, han elevado el nivel cultural medio del mundo rural a

niveles habitualmente superiores a los de amplias zonas de cualquier ciudad. Sin embargo, desde el punto de vista de la promoción cultural, nuestras escuelas e institutos siguen siendo el más potente foco de ilustración –de pensamiento, de reflexión, de difusión de la cultura- de nuestras comarcas. ¿Qué empresa, por importante que sea, puede presentar una plantilla con más de cuarenta o de cincuenta o de sesenta empleados, todos ellos con titulaciones universitarias medias y superiores, expertos conocedores de idiomas, especialistas en informática, filólogos, economistas, matemáticos, doctores, catedráticos…? La presencia de todas estas personas especialmente cualificadas en los centros educativos de nuestra comarca, gente dedicada profesional y vocacionalmente a la enseñanza y educación de nuestros hijos, es uno de los valores humanos más preciosos con que contamos. Y no ha sido el menor de los aciertos de Ágora y del CPR que ya lleva siete años sacando este proyecto adelante, ofrecer esta revista como un escaparate donde presentar mínimas muestras de esa riqueza cultural que tantas veces queda reservada para el mundo cerrado de las aulas. Ayer fue la Expo, los Sitios o el informe Pisa; hoy, Darwin, los Pueblos de Colonización... Siempre, la opinión, el comentario y la creación literaria. Ágora puede sentirse orgullosa de estar ofreciendo desde las Cinco Villas una muestra significativa del caudal cultural que fluye por nuestros centros educativos.

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FIRMA INVITADA  MIGUEL MENA

MANUEL VILAS

Manuel

Vilas (Barbastro, 1962) es autor de los siguientes libros de poemas: El rumor de las llamas (Olifante, 1990), El Cielo (DVD, 2000), Resurrección (Visor, 2005, XV Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma) y Calor (Visor, 2008, VI Premio Fray Luis de León). Calor fue elegido libro del año por la revista Quimera. Como narrador, ha publicado el libro de relatos Zeta (DVD, 2002) y las novelas Magia (DVD, 2004) y España (DVD, 2008). En el 2009 la editorial Alfaguara publicará su próxima novela.

E

l 8 de abril de 1997 el poeta norteamericano Allen Ginsberg despertó en su celda del Purgatorio. Como era americano, las autoridades del Purgatorio decidieron asignarle la segunda cama en la celda del poeta cubano José Lezama Lima, que también era poeta, americano y homosexual, como Ginsberg. Por otro lado, se pensó que la veteranía de Lezama le vendría bien a Ginsberg. Pronto, Ginsberg y Lezama se hicieron amigos. Se habían leído mutuamente, pero ni a Ginsberg le gustaba la poesía de Lezama ni a Lezama le gustaba la poesía de Ginsberg; sin embargo, eso no era impedimento para la amistad, para la conversación. Conversaban mucho, especialmente hablaban de la suerte que habían tenido de ir a parar al Purgatorio y no a un sitio peor. Se cogían de la mano los sábados por la noche y se contaban los grandes episodios de sus vidas. A Lezama le encantaba la vida llena de aventuras de Ginsberg. La vida de Lezama era, en cambio, tristona y decadente, pero a Ginsberg le parecía fascinante. Y ese era el punto en que se volvían locos de gozo: les fascinaba la vida del otro. Después de cogerse de la mano largo rato, alquilaban un grandioso automóvil y se daban una vuelta por los arrabales del Purgatorio y seguían contándose sus vidas(1). Se contaban sus viejas historias de amor, habla(1)  Solían alquilar siempre el mismo coche: un Ford Skyliner de 1954. 6 cilindros en línea. 3293 cc.115 CV. 12 válvulas. 155 km/h de velocidad máxima. Rinde hasta 165 si se sabe conducir. Los coches siempre estaban nuevos, recién salidos de fábrica, o con muy pocos kilómetros. Estos coches los fabricaban en el Purgatorio, pero esto ya es otra historia.

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FIRMA INVITADA  MANUEL VILAS

COCHES DE ALQUILER Manuel Vilas ban de los hombres que habían tenido. Iban con el coche descapotable a ciento cincuenta y cinco km/h por las circunvalaciones del Purgatorio, en la misma frontera que separa el Purgatorio del Infer(2). Lezama le confesó a Ginsberg que llegó a amar el nazismo y que Hitler le encantaba, que a nadie le había revelado esto, pero que era la verdad. Gisnberg le confesó que llegó a odiar con toda su alma a Bob Dylan.(3) Ginsberg le dijo a Lezama que todo el tiempo que estuvo con Dylan su obsesión era buscar un veneno que no dejase huella y suministrárselo a Dylan. Cuando amanecía, cuando llegaba la mañana de los domingos, Ginsberg y Lezama volvían a su celda, no sin antes devolver en el concesionario el Ford Skyliner. Allí, en el concesionario, se encontraban con otras parejas de amigos, que también devolvían sus coches después de la juerga. Por ejemplo, estaban Reinaldo Arenas y Philip Larkin, que solían alquilar un Mercury Montclair de 1956(4). Reinaldo y Larkin se estaban besando mientras el operario del concesionario se llevaba el Mercury al garaje. Larkin era muy posesivo y, a veces, abofeteaba a Reinaldo. Lezama y Reinaldo se conocían bastante, pues los dos eran habaneros. Reinaldo le echaba en cara a Lezama que en vida hubiera sido tan cobarde con el castrismo en Cuba, y Lezama le decía siempre «vete a (2)  Nunca lo nombraban de forma completa porque traía mala suerte. Lo abreviaban. (3)  Lezama no sabía quién era Bob Dylan, así que Ginsberg le hizo una introducción a Dylan de tres horas. (4)  6 cilindros. 225 CV. Aceleración de 0-100 km/h en 11 segundos. Velocidad máxima: 175 km/h.

la mierda, Reinaldo, pero ¿tú crees que ahora tiene sentido que sigamos hablando de una tontería como esa? De verdad, Reinaldo, ¿no puedes olvidarte de Castro ya?, ¿ni siquiera aquí, donde todo ya ha sido vencido, donde todo ya ha acabado, o como coño lo quieras decir?», y en ese momento Philip le daba una bofetada a Reinaldo y le decía «coño, tiene razón el gordo de Lezama; Reinaldo, eres un niño, eres un crío, eres un puto crío». Entonces Ginsberg invitaba a Reinaldo a un cigarrillo en señal de solidaridad. Reinaldo, que siempre tuvo ese aire de sinvergüenza (el cual seguía conservando perfectamente), le preguntaba a Ginsberg si podía soportar sobre su espalda los 150 kilos de Lezama. Y Ginsberg mandaba a la mierda a Reinaldo, pero luego todos acababan riéndose, porque eran buenos amigos y en el Purgatorio no tiene sentido enfadarse con nadie, entre otras cosas porque no hay nada ni nadie. También coincidían muchas noches con Federico García Lorca y Walt Whitman. Lorca y Whitman solían alquilar un Crane Simplex de 1915(5). Lorca y Whitman no hablaban con casi nadie, pero eran muy educados, fríamente educados. Lorca y Whitman eran la aristocracia del Purgatorio. Ginsberg decía que el Crane Simplex era una mierda de coche. La verdad es que en eso Ginsberg tenía razón. A Lezama y Ginsberg les encantaba adelantar por las circunvalaciones del Purgatorio al Crane Simplex (5)  8 cilindros. 110 CV. Con este modelo, Henry M. Crane da el paso a la categoría de los coches de lujo. En 1917 cesó la producción de este modelo. Existen pocas unidades para su alquiler en el Purgatorio.

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FIRMA INVITADA  MANUEL VILAS

de Lorca y Whitman. Con gran frecuencia acababan encontrándose todos en los mismos bares y restaurantes, como el «Trucha Salvaje», donde bailaban tangos y baladas. Bebían toda la noche. Bailaban llenos de pasión. Siempre estaban sonriendo. Siempre alegres y dichosos. Pero ni siquiera en el «Trucha Salvaje», Whitman y Lorca se desmelenaban completamente. Sabían estar con todos, pero a la vez estaban distantes. Los podías ver en su mesa reservada, bebiendo cócteles cubanos y fumando cigarrillos muy finos y muy humeantes, con sus trajes blancos, con sus sombreros de marineros rusos. Whitman llevaba un bastón elegantísimo, con un león negro en la empuñadura. Lorca llevaba abanico y bolso. A veces sacaba unas castañuelas del bolso y entonaba levemente una canción andaluza que sólo podía oír Whitman, quien, al oírla, sonreía plácidamente. Pero a todos les gustaba bailar muy pegados. Había que verlos: Lezama y Ginsberg, Reinaldo y Larkin, Lorca y Whitman, en mitad de la sala de baile, bailando «Blue Moon» de Elvis, tan pegados que parecía que eran una sola persona, estaban tan enamorados. Era un amor tan denso, tan duro, que hacía daño. «Blue Moon» era la canción del Trucha. Ay, qué maravilla. Apartaban el recuerdo de sus vidas, del dolor antiguo de la vida pasada, para disfrutar bailando, para amar, para besar. Se besaban. Bueno, eran unos impúdicos. Lezama y Ginsberg eran los más babosos, pero eran tan felices, había que verlos. Era un paraíso, porque el paraíso aparece donde menos te lo esperas. Bebían y bailaban, y se besaban; estaban tan felices que casi no hacían el amor, sí, un misterio, cosas del Purgatorio. Un día ocurrió algo gracioso. Apareció por el Trucha Salvaje un tipo que procedía de algún lugar poco prestigioso del Purgatorio, de algún extrarradio de escasa categoría, de algún callejón perdido en los laberintos de la nada. Se llamaba Freddie Mercury. Supieron que se llamaba así porque se lo

dijo al dueño del establecimiento como si ese nombre le tuviera que sonar de algo. Pero nadie había oído hablar de Freddie Mercury a excepción, como luego confesaría en privado, de Ginsberg. Dio la sensación de que Ginsberg sabía cosas sobre ese tipo que se calló interesadamente, pero daba igual. Mercury era bastante guapo y tenía un bigote agresivo(6). Pero era ese tipo de hombres que armaban escándalos sin que esos escándalos estuvieran motivados por alguna causa elevada. Llevaba una camiseta de tirantes y unos pantalones muy ajustados. Se exhibió delante de todos. Hacía posturitas. Se pidió una vulgar cerveza. Intentó ligar con Lorca, pero fue inútil. Cuando Freddie cogió la mano de Lorca y se la llevó a la boca, Whitman le pegó un bastonazo. El bastonazo también le dio a Lorca, así era Whitman. El caso es que el tal Freddie salió del bar muy enfadado. Llevaba una navaja. Y se vengó reventando las ruedas del Crane Simplex de 1915. Y luego se marchó andando por la carretera cantando una canción y saltando. Cantaba una canción de Elvis Presley, pero no era «Blue Moon» sino «In The Ghetto». Se marchó haciendo gestos obscenos, se tocaba el paquete y decía cosas sobre su propio sexo. Cuando Lorca y Whitman salieron del Trucha se encontraron las cuatro ruedas reventadas. Pero ni Lorca ni Whitman pidieron ninguna clase de ayuda a Lezama y Ginsberg, o a Reinaldo y Larkin. Lorca y Whitman se echaron a reír y les dijeron a todos: «esta noche dormiremos bajo la luna». Rociaron el Crane Simplex de gasolina y le prendieron fuego. Lorca y Whitman se reían como dos niños malos. Pero no, ni siquiera esa vez pidieron ayuda alguna. Eran muy estirados esos dos, sí, señor, dos auténticos estirados. Se creían auténticos marqueses. Era una grandiosa noche de verano, había una luna rabiosamente blanca en el firmamento. Se oía el ruido (6)  Les hizo gracia, en todo caso, que se llamase como el coche de Reinaldo y Larkin.

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FIRMA INVITADA  MANUEL VILAS

de las aguas de algún río sin nombre. Lorca y Whitman se fueron abrazados, dándose abundantes besos en la boca, dándose ricas palmadas en el culo, silbando, alegres, con una dicha espeluznante en el alma, cantando canciones andaluzas, y Lorca tocando las castañuelas, mientras el coche ardía en mitad de la noche. Al día siguiente, a las dos de la tarde, todos estaban juntos de nuevo, tomando un vermú en las terrezas del Chez Elvis (otro bar del Purgatorio, célebre y exquisito). Las tres parejas muy elegantes, pero con ojeras. Fumando y bebiendo, charlando animadamente. Nadie se atrevía a preguntarle a Whitman y a Lorca cómo habían acabado la noche anterior, pero se les veía más o menos repuestos e impecablemente vestidos de blanco otra vez. Lorca llevaba un sombrero estupendo, con un toque mexicano en las alas. Lorca sostenía la copa de vermú frío en su mano pequeña. Y ese sol enorme del verano en el Purgatorio calentándolo todo, hasta tal punto que Reinaldo acabó desnudándose y metiéndose en la dorada piscina de Chez Elvis e invitando a todos a que hicieran lo mismo. Y Lezama recriminándole que se bañara desnudo y no con el magnífico bañador que le habían regalado por su santo (los cumpleaños no se celebran en el Purgatorio). Y Ginsberg, al acabarse su dry martini, no se lo pensó dos veces y se metió en el agua, mientras los educados camareros del Chez Elvis les cocinaban unas hermosas langostas cubanas y vestían una mesa con manteles maravillosamente blancos, bajo un parasol grande y robusto, junto a palmeras y sauces. Eso sí, era difícil que Lorca y Whitman se tiraran a la piscina, pero daba igual, porque sólo verlos a ellos, ver a esos dos enamorados, tan aristócratas, tan antiguos, tan pasados de moda, bajo ese enorme sol de las dos de la tarde, ya era un baño de felicidad y de armonía ilimitadas para los ojos de un pobre y solitario camarero del Chez Elvis como yo.

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ENSAYO  CRÍTICA LITERARIA

CRÍTICA LITERARIA El viajero-lector que se adentre en

este reconfortante oasis de la revista Ágora tiene una magnífica ocasión para hacer una alto en el camino y reponer las fuerzas necesarias para continuar su tortuoso peregrinar por el desierto de la vida. Aquí no sólo podrá disfrutar del alivio y frescor que le proporcionan sus exuberantes palmeras, sino que también podrá sentarse a su sombra y leer unos cuantos artículos que otro peregrino ha dejado allí, no sabemos si intencionadamente o no. Lo que resulta seguro es que todos, parece ser, tratan de algo que en el mundo occidental llaman «Crítica Literaria». Es decir, de ese ejercicio de análisis y valoración razonada de una o varias obra literarias en un medio de comunicación actual. Además varios sobre los autores. Antón Castro y Marcelino Cortés se ocupan de autores y obras de la denominada «Literatura hispanoamericana». María José Burguete e Isabel Carabantes justifican el placer provocado por la lectura en general y de algunas obras, ya clásicas, en particular. Luis Yrache reflexiona sobre las contrariedades que provoca el «studium» y nos muestra cómo la poesía tradicional y popular se ha ocupado de este tema. Finalmente, Ramón Aguirre nos adentra en el misterioso mundo del cuento infantil ilustrado y nos da las claves para su creación.

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Mis años con Julio Cortázar Antón Castro

R

ecuerdo muy bien cómo llegué a Julio Cortázar (1914-1984): fue de la mano de un joven profesor, José Toba Quintáns, que vino a la Universidad Laboral de A Coruña fascinado, hacia 1975, por la narrativa latinoamericana. Le gustaban casi todos: Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas, Abadón el exterminador, en particular; Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y un tipo altísimo, que había nacido en Bruselas y que se había educado en Barcelona en su más tierna infancia, Julio Cortázar. Nos dijo de él que padecía el síndrome de la eterna juventud y que había estado casado con una mujer medio gallega: Aurora Bernárdez, una extraordinaria traductora. Entonces, aquellos eran nombres, una cascada de nombres que nos llegaban como una tormenta de incitaciones. Recuerdo que pocos días después me fui a comprar la edición del Círculo de Lectores de Cien años de soledad. Cuando vi a aquella anciana sentada en la portada, le dije al profesor: «Se parece a mi abuela Emilia». Me reveló: «En algún sitio, García Márquez ha dicho que había aprendido a contar desde muy niño oyendo a una abuela gallega». Un día, cuando intentábamos memorizar nombres y nombres y entender el secreto del «boom latinoamericano» a la luz de un libro inolvidable Los nuestros de Luis Harss, el profesor anunció que íbamos a leer un cuento: ‛Todos los fuegos el fuego’. Creo que en un primer momento, no supe quién era su autor. Lo leyó él mismo: fue una lectura tensa y gozosa a la vez con una voz a la que parecía faltarle el aliento y que, de un momento a otro, podía desmoronarse. Lo seguimos con absoluta perplejidad: fue la primera vez en mi vida que oí una narración alternativa, de inequívoco simbolismo, que sucedía en dos lugares muy alejados en el tiempo: un triángulo amoroso sancionado, o perturbado, por un fuego purificador o catártico. Nos costó entender el simbolismo del fuego: creo que puede confesar aquí que entendí porque el fuego es sinónimo de pasión, de amor, de todo un incendio de sentimientos. Las cocinas del


ENSAYO  CRÍTICA LITERARIA

anfiteatro romano se incendian al prender una llama en el aceite y un cigarrillo inicia la devastación de un apartamento por un sofá. Aquel cuento me persiguió durante algunos días. No hacía otra cosa que pensar en aquella estructura simétrica en la que cada pieza penetraba en la otra hasta fundirse en un todo. Toba Quintáns fue algo más allá: nos conminó a que escribiéramos un cuento. Cortázar, dijo, encarna el espíritu del relato: el cuento es a la narrativa como un soneto a la poesía. Así lo dijo. Un cuento es un escalofrío, una acción vertiginosa, algo que te deja sin resuello, como si te parpadease el alma. No estoy seguro si esto lo dijo así o, como si fuera un recuerdo inventado de narrador que no se acomoda a su pasado, he querido pensar años después que lo había dicho así. Aquel fin de semana todos escribimos un cuento. Yo entonces era un poco afectado, tenía una especie de complejo de distinto de los demás que no se veía en mis textos, ni en mis notas ni tampoco en mi éxito con las chicas. Era un estudiante del montón. Algunos leyeron el cuento en voz alta, y recuerdo que un chico de Huesca nos dejó patidifusos a todos, pero especialmente al profesor: narraba la historia de alguien que iba en el coche, de copiloto, leyendo la crónica de un combate aciago de Perico Fernández, al cual todos admirábamos. A medida que se acerca el desenlace, y que todo está más interesante, crece la emoción del texto, y cuando Perico abandonó, víctima de la «puta calor», el coche sufría un terrible accidente. Toba Quintáns halló la huella de Cortázar, elogió el texto por encima de todos los que fueron leídos, y dijo que el paralelismo de la acción era un efecto muy logrado. Ya puesto, se atrevió a decir que el cuento aún habría sido más rotundo si la noticia de la derrota de Perico en vez de leerla en el periódico, la escuchase por la radio. Meses después, Toba y yo nos hicimos muy amigos, y me preguntó cómo era mi cuento. Le dije que narraba la historia de un hombre que estaba en un hospital y recordaba su brutal caída y, casi agonizante, invocaba el nombre de su amada: Fanny. Toba me dijo: «No lo recuerdo. Sospecho que me pasó inadvertido porque tú no habías aprendido la lección de Cortázar». Poco después me invitó a su casa a ver su biblioteca. Me impresionó que un profesor tan joven tuviera tan buenos muebles, una mujer tan hermosa y tantos, tantísimos libros. Me enseñó varias cosas que me conmovieron: varias ediciones de Rosalía de Castro, especialmente la novela La hija del mar, que acababa de verla en la novela de TVE interpretada por Amparo Pamplona, hija de un turolense, Clemente Pamplona, periodista, guionista y director

de cine; y los libros de los narradores latinoamericanos. Me fijé, un poco escocido por mi falta de éxito, en tres libros de Julio Cortázar: Los premios (una novela más bien fallida, observó Toba), Rayuela («una obra maestra que admite varias lecturas: es como un tapiz de historias y de personajes», señaló) y una antología de Cuentos, que había aparecido en el sello Salvat-RTVE. Toba Quintáns tuvo un gesto deliciosos: no me podía dar el libro, porque estaba firmado por Cortázar, se lo había mandado a París y se lo devolvió dedicado, pero me llevó a la librería Arenas y me regaló dos libros diferentes: ese volumen de Cuentos y su colección favorita de narraciones: Las armas secretas. Tomamos un café y me habló de piezas increíbles: Instrucciones para John Howell, La isla a mediodía, y uno de los que más le habían sorprendido: La autopista del sur, que definió como una parábola absurda de la incomunicación y de la soledad de hombre hoy. Toba agregó: «Sin embargo, mi cuento favorito de Cortázar es ‛El perseguidor’, la historia de Charlie Parker. Es una obra maestra». Durante un par de semanas no hice otra cosa que leer a Cortázar. Recuerdo que fingí una enfermedad y estuve tres o cuatro días en la cama. Fueron días de auténtica pesadilla: tenía la sensación de que todo lo que contaba Cortázar me estaba pasando a mí o me había pasado en algún momento. Siempre recordaré que a mí en la adolescencia se me daba por el victimismo y la ausencia de autoestima: leí el relato ‛La caricia más profunda’, y yo me sentía ese personaje que cada día se entierra más en el suelo y al final ni siquiera es capaz de alzarse para besar a su novia. Cortázar me situaba en un estado de duermevela que empezaba a preocupar a mi madre. No discernía la realidad de la ficción. ‛Carta de una señorita de París’, el relato de alguien que vomita conejitos, me pareció una pieza maravillosa: era la irrupción de la excepcional en la vida cotidiana, era la vida cotidiana asaeteada por lo inverosímil contado con absoluta naturalidad. Esa enfermedad cortazariana que yo padecía fue ensanchándose. Dejé el fútbol, los amigos, dejé mi casa. Cuando vine a Zaragoza, a finales de 1978, uno de los pocos libros que traía era una especie de ‛cuentos completos’ de Julio Cortázar, en una edición de 600 páginas de Círculo de Lectores. Aquel libro era casi una biblia: un modelo para armar y para vivir. El descubrimiento de la turbadora morosidad. Aquellas narraciones, el autor aún publicaría algunas más antes de su muerte, reforzaban la figura del cuentista cuentista. En esa clasificación, Cortázar era hermano de Boccaccio, de Geoffrey Chaucer y, sobre todo, era pariente íntimo de Chejov, Maupassant, Felisberto Hernández, Horacio Quiroga, Poe y

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ENSAYO  CRÍTICA LITERARIA

Borges, que siempre había mirado a Cortázar como a un continuador y un cómplice. Él siempre elogió uno de los mejores cuentos de la literatura en español: ‛Casa tomada’, la existencia apacible de dos hermanos sacudida de golpe por una misteriosa fuerza que les va demoliendo la casa. ‛Continuidad de los parques’, ‛Las babas del diablo’, ‛Circe’, ‛La noche boca arriba’, ‛Torito’, ‛La puerta condenada’: Cortázar era un maestro de la narratividad, de la atmósfera, del vértigo. Leí una vez que dijo algo que siempre me ha parecido que condensa muy bien el espíritu del relato. Cortázar decía que el cuento es alguien tocando el clarinete y asomado a la ventana; de golpe, sin que medie nadie, primero arroja el clarinete y luego se arroja él al vacío. Había muchas cosas sorprendentes en Cortázar: era el escritor moderno, que adoraba el jazz y el boxeo (Último round es uno de mis títulos favoritos de él), que fumaba Gauloisses, que amaba a las bellas mujeres, que tenía una mirada contemporánea sin complejos y que incluso podía resumir su poesía en el título Salvo el crepúsculo. Era el hombre de izquierdas que se había marchado de puntillas de la órbita del castrismo, era un viajero permanente, un tipo que adoraba la literatura, los usos de la imaginación y que había coqueteado con el OULIPO. Estaba a punto de ser el.

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CONTRARIEDADES Luis Yrache

Estábame yo en mi estudio estudiando la lición: acordém’ de mis amores, no podía estudiar non. De mayor, el chico llegaría a saber que las contrariedades no se deben permitir en el interior de la cabeza, las vehemencias no iban a conseguir ser permitidas ante una obligacion moral, social, familiar, que iban a ir delante, privilegiadas. Studium es, ciertemente, un gozo, mas cuando no se le aparece el gran querer, como es el de las primeras veces. Las últimas asimismo eran fuertes, veo ahora. Imposible el querer. No puedes quitártelo del alma, de la atención, del deseo o studium. Porque te agobia. ¿En la poesía cantada hasta el siglo XVI, XVII, la que llamamos tradicional, anónima, las soluciones a cuestiones como la del joven escolar, la de la moceta que parece decir que no y no es así del todo, pueden encontrarse todavía? Ojos de la mi señora, ¿y vos qué habedes?, ¿por qué vos abaxades cuando me veedes? ¡Cuando habría habido tantas maneras hábiles de insinuar, aun respetando la famosa modestia de los ojos! Ojos que no ven lo que ver desean qué verán que vean. (Anónimas, siglo XVI) Llegaba a tanto la obsesión, que buscábamos realizar la hipérbole. El tedio era universal. Nada en absoluto veré, nada que vea; si la moceta —y ella, parecido— no se deja mirar. Qué nos queda por ver, si nada vemos.

 Ilustra: Cristina Duesca

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LA «GENERACIÓN MUTANTE»: APUNTES SOBRE LA ÚLTIMA NOVELA COLOMBIANA (1998-2008)

Marcelino Cortés Valenciano

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ste trabajo arrancó de una pregunta que me formulé hace un tiempo y que, enunciada en su más absoluta radicalidad, es la siguiente: ¿cómo escribir después de García Márquez? ¿Qué puede hacer una literatura como la colombiana para sobreponerse al ciclón fabulador de Gabo y seguir fabulando? ¿Qué escribe —o qué deja de escribir— la nueva hornada de escritores colombianos que nació bajo la alargada sombra del premio Nobel? La respuesta a todas estas preguntas es sin duda alentadora a poco que se haga un seguimiento de las novelas colombianas publicadas en esta última década. La superación de la obra de García Márquez está deparando un panorama narrativo de primer orden en las letras colombianas actuales, lo que sumado a la producción literaria de otros escritores hispanoamericanos, configura un panorama muchísimo más rico que el peninsular, dando la razón a todos aquellos que ven el futuro del español en esa zona del planeta y no en el solar patrio que la vio nacer. Estas líneas pretenden abocetar este rico mosaico con algunos de los motivos que la configuran, si bien casi todos ellos tienen algo en común: lo que en términos psicoanalíticos se denomina «matar al padre». Autores con buenas historias que contar y que, además, saben contarlas. LA «GENERACIÓN MUTANTE» En 2002 Orlando Mejía Rivera, crítico y profesor de la universidad colombiana de Caldas, publicó un libro de referencia inexcusable —con sus más y sus menos, todo sea dicho— sobre el tema: La generación mutante. Nuevos narradores colombianos(1). A sabiendas de las controversias que el término generación y la metodología subsiguiente provocan, Mejía acuñó el marbete generación mutante para designar a un grupo de escritores que no reunían ningún requisito generacional común, ni de edad (en algunos casos me(1)  Caldas, Universidad de Caldas, 2002.

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dian más de veinte años de diferencia), ni de temas, ni de estilo, ni de técnicas narrativas, etc. Sin embargo, en todos ellos percibió «una estética de ruptura con respecto a la narrativa colombiana tradicional»(2). Orlando Mejía entrevistó en su libro a un total de siete escritores «mutantes» (Rigoberto Gil Montoya, Octavio Escobar Giraldo, Santiago Gamboa, Jorge Franco, Julio César Londoño, Philip Potdevin y Héctor Abad Faciolince), aunque dejó claro que no se trataba de una nómina cerrada, haciéndola extensible a otros autores como Laura Restrepo o Mario Mendoza. Nosotros, por nuestra parte, incluimos a otros escritores que se han dado a conocer después de 2002: entre ellos, Ángela Becerra, Nahum Montt y William Ospina(3). EL ANTIMACONDISMO La piedra angular de esta nueva novela colombiana está en su posicionamiento con respecto al excipiente narrativo del «realismo mágico»: lo que —a veces con tono despectivo— se ha denominado como «macondismo». Para esta nueva generación de narradores, el macondismo ya no sirve como fórmula narrativa. Como señala Octavio Mejía, «la generación mutante ha leído a García Márquez como se lee a Homero, a Joyce, a Proust, a Balzac o a cualquier otro clásico. Estos escritores […] se han conectado con su propio pasado, con sus auténticos recuerdos liberados del arquetipo macondiano»(4). (2)  La generación mutante. Nuevos narradores colombianos, op. cit., p.31. (3)  Muchos de los citados han obtenido algunos de los premios literarios más importantes en español. A modo de ejemplo y con algunos de los títulos que se citan en este trabajo: Mario Mendoza, Premio Biblioteca Breve en 2002 con Satanás; Laura Restrepo, Premio Alfaguara 2004 con Delirio; Nahum Montt, Premio Nacional de novela Ciudad de Bogotá en 2004 con El Eskimal y la Mariposa; Ángela Becerra, Premio Azorín en 2005 con El penúltimo sueño. (4)  La generación mutante. Nuevos narradores colombianos, op. cit., p.36.


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Todos estos escritores parecen suscribir lo que dos escritores chilenos de la última hornada —Alberto Fuguet y Sergio Gómez— acuñaron a partir de un ingenioso juego de palabras: su literatura está ambientada en «McOndo», porque, como aclaran, «en nuestro McOndo, tal vez como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados»(5). Esto no quiere decir que estos autores abominen de la novela rural, aunque mayoritariamente abundan las novelas desarrolladas en lugares urbanos colombianos (Bogota, Medellín) y no colombianos (como la Nueva York truculenta que se refleja en Paraíso Travel de Jorge Franco). LA MÍSTICA DE LA VIOLENCIA En Rosario Tijeras (1999), otra novela de Jorge Franco, encontramos un diálogo entre la sicaria de Medellín que da nombre a la novela y el narrador en el que se rememora un episodio protagonizado por Ferney, otro sicario caído: «Imagínate que una vez, cuando éramos novios, nos fuimos para el cine a ver una de Schwarzenegger, no nos las perdíamos, pero atrás se sentó un tipo que desde que llegó no paró de comer papitas y el ruidito de la bolsa ya tenía loco a Ferney, me decía que no lo dejaba concentrarse y era verdad porque se la pasó mirando para el frente y para atrás, hasta que no se aguantó más: — Disculpe, jefe, pero nos está perturbando el ruido de la bolsita. El tipo no le paró bolas, ni siquiera lo miró y siguió comiendo. Es más, cuando terminó sacó otra bolsa y Ferney insistió: — Disculpe, jefe, pero creo que no me escuchaste bien. Nos está molestando el ruido de la bolsita, ¿podrías dejar las papitas para después? El tipo ni se inmutó —continuó Rosario—, pero el que sí se emberracó duro fue Ferney. Se volteó del todo hasta que tuvo al tipo de frente, sacó el fierro, se lo incrustó en la barriga y disparó. El hombre apenas se movió, soltó el paquete, se miró la barriga y ahí quedó, con cara de asustado como si la película fuera de miedo. — ¿Y la gente qué hizo? —le pregunté. — Nada. Nadie se dio cuenta porque el balazo de Ferney se perdió en la balacera tan berraca que había en la pantalla. — ¿Y terminaron de ver la película? — No, parcero. Ferney me dijo: «Vámonos de aquí que ya me aburrí»(6).

Se quiera o no, todas las novelas contienen un ingrediente desgraciadamente común en la realidad de Colombia: la violencia como fórmula para la resolución de los conflictos; una violencia que está presente hasta en los actos más cotidianos y que tiene múltiples orígenes. En la novela de Santiago Gamboa Perder es cuestión de método —un relato sobre la corrupción que empapa todo el edificio social colombiano— el reportero Silanpa se excusa ante su amante Mónica: «— Tuve que ir a Sisga. Encontraron un cadáver empalado en la orilla. Una vaina horrible. — ¿Empalado? —Lo miró sorprendida mientras soplaba el humo de la taza—. ¿Y qué es: paramilitares, narcotráfico, guerrilla?(7)». A veces es una violencia gratuita e inesperada, y en otras ocasiones es una violencia ritual como la que se desarrolla en Satanás, la novela coral de Mario Mendoza. Quizás uno de los autores en donde la reflexión sobre esta anomalía cívica colombiana está más presente es Laura Restrepo. En La novia oscura —una historia de amor prototípica entre la puta y el petrolero— reflexiona sobre la naturaleza ambivalente del acto violento: «En este país marcado por la violencia hemos aprendido que a un niño que presencia la muerte atroz de sus familiares puede sucederle una de dos cosas, o las dos a la vez: o se carboniza o se ilumina. Si se carboniza queda reducido a media persona, pero si se ilumina puede ensancharse y crecer hasta convertirse en persona y media»(8). EL ESCEPTICISMO ANTE LA POLÍTICA Los autores anteriores a esta generación estuvieron muy marcados por su toma de posición política y por la exigencia de «compromiso» como forma de presentación ante la sociedad civil y literaria. Los nuevos autores parten no ya del desengaño de sus mayores, sino de un estado ulterior: el escepticismo más absoluto en las posibilidades de la política colombiana para solucionar las lacras seculares de la nación. La política aparece, por ejemplo, en Santiago Gamboa bajo el signo de la ironía y la parodia: «— Permítame una pregunta, jefe —dijo Estupiñán rascándose el mentón—: ¿Usted cree que los liberales son socialdemócratas? — No sé, Estupiñán, ¿por qué me lo pregunta? — Es que el otro día leí en El Tiempo que los

(5)  Cito a partir de O. Mejía, op. cit., pp. 53-54.

(7)  Santiago Gamboa, Perder es cuestión de método. Barcelona, Mondadori, 1997, p. 13.

(6)  Jorge Franco, Rosario Tijeras. Barcelona, Mondadori, 2006, pp. 78-79.

(8)  Laura Restrepo, La novia oscura. Madrid, Alfaguara, 2007, p. 235.

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colombianos no tenemos educación política. Por eso a mí me gusta sacar el tema de vez en cuando a ver qué aprendo. — Pues no sé, el problema es que yo también soy colombiano(9).» En Satanás de Mario Mendoza se reflexiona sobre la realidad colombiana a través de las preguntas que el pintor Andrés, uno de los personajes que trenzan la trama y también la tragedia que se cierne sobre todos los acontecimientos: «¿Qué es lo que pasa en este país que parece irremediablemente condenado a la ruina y la desdicha? ¿Por qué no mejoramos, por qué no avanzamos? ¿Qué complot siniestro nos tiene hundidos en el desorden generalizado, en la corrupción y en la entropía social? ¿Por qué los políticos y los grandes empresarios continúan ordeñando la nación sin darle un respiro, sin otorgarle una posibilidad de organizarse y buscar la redención? Qué mierda, se dice Andrés en voz baja, lo peor es que yo soy proporcional al país: sólo tiendo a empeorar»(10). Una de las reflexiones más agudas sobre la complejidad sociopolítica de Colombia se encuentra en la ya citada novela de Laura Restrepo La novia oscura: «Como colombiana que soy sé que registro un mundo que permanece en combustión, siempre al borde del desplome definitivo y que pese a todo se las arregla, sólo Dios sabe cómo, para agarrarse con uñas y dientes del borde, alumbrando con sus últimos, arrebatados destellos como si no fuera a haber mañana, y sin embargo en el cielo amanece y aquí abajo el delirio cobra nuevos bríos, escatológico, imposible, y el nuevo día transita por un filo de angustia hacia un fin más que predecible y anunciado con estrépito por hombres y mujeres que golpean sus ollas vacías con cucharas. Y sin embargo, a media noche, contra toda evidencia, nuestro peculiar apocalipsis queda de nuevo aplazado. Tal vez por eso estamos muertos, y al mismo tiempo tan vivos: porque cada anochecer nos aniquila, y nos redime al alba»(11). OTRAS NOTAS DESTACADAS Otras notas más se pueden aportar a estos apuntes apresurados. En primer lugar, el libérrimo uso de las técnicas narrativas, muchas de ellas propiciadas por géneros como la novela negra o la crónica periodística, y que en ocasiones están emparentadas con el relato fragmentado y contrapunteado de realizadores cinematográficos como Alejandro González Iñárritu, (9)  Santiago Gamboa, Perder es cuestión de método. Barcelona, Mondadori, 1997, pp. 55-56. (10)  Mario Mendoza, Satanás. Barcelona, Seix Barral, 2002, p. 182. (11)  Laura Restrepo, La novia oscura, op.cit., pp.266-267.

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el director de Amores perros (2000), 21 gramos (2003) o Babel (2006). En segundo lugar, un uso sin complejos de las posibilidades creativas que ofrece el español, sin despreciar, como diría Gil de Biedma, «las experiencias de promiscuidad» con el inglés. En tercer lugar, su voluntad de hacer literatura en español a palo seco, sin etiquetas, no pudiendo hablarse, por tanto, ni de novelas «locales», ni «regionales», ni «nacionales». Por último, se acusa también el influjo de internet, de las redes sociales y de las nuevas posibilidades que los medios digitales ofrecen al escritor. BREVE ANTOLOGÍA DE TÍTULOS INDISPENSABLES Con el único objeto de mostrar qué es lo que se está escribiendo en la reciente narrativa colombina y de iniciar al no iniciado, me atrevo a recomendar una serie de autores y de títulos que, a juicio personalísimo de quien esto escribe, son indispensables no solo para entender las nuevas propuestas narrativas postgarcíamárquez, sino también para pasar unos agradables ratos de lectura que, a la fin y a la postre, es a lo que nos convoca esta revista. Reconozco, por último, mi debilidad por dos de ellos, Santiago Gamboa y Laura Restrepo, razón por la cual están más representados en cuanto a títulos que otros. Ángela Becerra: De los amores negados (2004); El penúltimo sueño (2005). Óscar Collazos: Jóvenes, pobres amantes (1997), Batallas en el monte de Venus (2003). Mario Mendoza: Satanás (2002); Cobro de sangre (2004). Jorge Franco: Rosario Tijeras (1999); Paraíso travel (2001). Santiago Gamboa: Perder es cuestión de método (1997); Los impostores (2002); El síndrome de Ulises (2005). Nahum Montt: El eskimal y la Mariposa (2005). Laura Restrepo: La novia oscura (1999); La multitud errante (2001); Olor a rosas invisibles (2002); Delirio (2004). William Ospina: Ursúa (2006). REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BÁSICAS Mejía Rivera, Orlando, La generación mutante. Nuevos narradores colombianos. Caldas, Universidad de Caldas, 2002. Rodríguez-Bravo, Johann, «Tendencias de la narrativa actual en Colombia». Cuadernos Hispanoamericanos, número 664, octubre de 2005.


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 Ilustra: María Luna Fago

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LIBROS QUE DESMARCAN UN VERANO Isabel Carabantes Quizás no hubo días de nuestra infancia tan plenamente vividos como aquellos que creíamos haber dejado sin vivir, aquellos que pasamos con nuestro libro predilecto. Proust

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omo todos los años, tras el último claustro, tras la firma en el acta de calificaciones de fin de curso, la docente decidió perder el verano y volver a la infancia. Los libros se habían ido acumulando en la estantería, los regalos, las recomendaciones, los préstamos y también alguna que otra adquisición que ya no recordaba de dónde había salido. Era el primer día de vacaciones y todo estaba allí, esperándola. La docente, poco amiga de lo impuesto, tenía que reconocer que había empezado su particular recorrido por el canon del pomposo Bloom. Casi suponía una obligación, todos parecían conocerlo. Lo llevaba posponiendo una y otra vez, pero el preámbulo consiguió atrapar su atención y no soltarla hasta la edad caótica en la que el tratadista parece situarse a sí mismo, y con él a todos. Lo cierto es que el apabullante repertorio de autores hizo pensar a la docente, una vez más, en sus muchas carencias. Cuántos libros por leer, cuántas páginas por disfrutar. Casualmente otro canon, mucho más liviano esta vez, vino a cruzarse en su camino. Acababa de comenzar el mes de agosto y la revista que acompaña la edición dominical de un diario había decidido preguntar a cien escritores por los diez libros que marcaron la vida de cada uno de ellos. Repasando la lista, la docente volvió a suspirar. Cuántos libros por leer, cuántas páginas por disfrutar. Entre las reflexiones que la docente extrajo de aquel reportaje, que había comenzado a leer en una provincia interior y gracias a la alta velocidad terminó aquel mismo día mirando al mar, algunas preguntas no la dejaban tranquila. ¿Alguno de los escritores que aparecían en la lista habrían escrito sus obras con la intención de influir en la vida de otros escritores que, a su vez, influirían en el devenir

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a otros? Desde Homero a Kafka, pasando por Cervantes, Marx, Joyce o Borges, parecían haber influido en los Millas, Matutes, Artxagas, Pombos, Aldecoas, Savaters, Vila-Matas o Vargas Llosa, de turno. Estos últimos, ¿en quien influirían? Se preguntaba mientras sacudía enérgicamente la toalla de arena. A la mañana siguiente, un ratón la atrapó con la historia de sus devenires. El bueno de Firmin deseaba que la crónica de su vida se iniciase con una frase excelente. Muchas veces, decía, esas primeras palabras se recuerdan cuando ya se ha olvidado de qué trataba el libro. Unas pocas palabras, un buen comienzo… La docente, recuerda aquello de que solo hay una oportunidad para causar una buena primera impresión y sonríe mientras se prepara para salir. Un ratón también tiene su propio canon. Al mundo ficticio de Savage, Pligia le da la solución «lo que podemos imaginar siempre existe». Así, si alguien ha podido inventar a un ratón bibliófilo, quién es ella para poner en tela de juicio su interés por un inicio sublime. La detallada descripción de los diferentes tipos de lectores vuelve a sumir a la docente en un sinfín de preguntas. Si Don Quijote era un lector adicto, si Shaw pasaba noches enteras tanteando de descifrar el Finnegars Wake, si el objetivo del Aleph no era otro que leer unas cartas y dos de los mitos del lector de la novela moderna es el que lee en la isla desierta y el que sobrevive sin libros… la docente no deja de preguntarse qué existirá cuando ya nadie imagine. Queda todavía un par de semanas de vacaciones y la docente descubre sorprendida cómo Henry Perowne, el neurocirujano protagonista de la novela de Ian McEwan, reconocía que Ana Karenina y Madam Bovary, fervientes recomendaciones de su hija poeta, no logran transmitirle absolutamente nada.


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La docente recupera aquel volumen amarillento que una vez a ella tampoco le dijo demasiado, hasta que gracias al consejo de una profesora volvió a releer sin perder de vista aquella frase que ahora ve casi borrada en las primeras páginas: Flaubert, claro: «Madame Bovary soy yo». Y así volvemos al principio. Michel, el protagonista con un trabajo anodino, funcionario apocado y apático, típico de los libros de Houellebecq, desarrolla en Plataforma toda una teoría sobre la novela de misterio mientras toma el sol en una playa de Tailandia. Conan Doyle y Sherlock Holmes, Agatha Christie y Poirot de quién destaca una obra en concreto. La docente, que recuerda aquel lejano verano en que disfrutó de todos los misterios de la autora inglesa, no termina de recordar el argumento que se escondía bajo ese título. De hecho, a pesar de que se citan los nombres de los personajes y a ella le resultan familiares, es incapaz de señalar la obra. Una semana después, en los estantes de una librería ojeará nerviosa, uno tras otro, todos los títulos de Christie. Bajo la mirada inquisitiva de la dependienta comprará uno de ellos, mientras, como otras tantas veces, comprobará que las licencias de los traductores le han jugado una mala pasada. Aquella misma tarde, volverá a tener quince años y hasta que no queden mas que unas páginas no llegará a saber quien es el asesino en The hollow. Mientras la docente deshacía su maleta, contenta al ver el hueco que le habían dejado todos los libros leídos, pensaba en que la Residencia de Estudiantes siempre le había parecido un fantástico enclave creativo. Ahora tenía que reconocer que Fabulosas narraciones por historias le había dado una nueva visión de Ortega, de Azorín y de Juan Ramón Jiménez y que probablemente, por muy ficticia que esta fuese, la imagen de estos prebostes de la literatura ya no volvería a ser la misma. Seguramente, tendría que volver a ellos a lo largo del invierno, pero su lectura a partir de ese momento, no iba a ser la de siempre.

Había dejado a Judt para la última semana. Ya iniciado el curso, las nuevas caras han hecho su aparición. Reconoce la docente que ha necesitado papel y lápiz para seguir alguno de sus razonamientos y que, pese a intentarlo, no ha logrado entender todo lo que ha leído. Se siente oxidada. Parafraseando una de las ideas que ha copiado, se pregunta ¿si no sabemos de dónde venimos, cómo vamos a saber hacia dónde vamos? Si los escritores no son sino enanos subidos a la espalda de gigantes y sus alumnos ni tan siquiera distinguen a los enanos, ¿a qué espaldas se esperan subir? Mantiene la docente que su vida, como la narrativa de Tabucci, es una búsqueda constante. Compañeros, alumnos, papeles y páginas que escapan antes de aparecer, en un tiempo nebuloso que nunca puede alcanzar, pautado por el lánguido pasar de los cursos. Como en el caso del autor italiano de corazón portugués, la docente reconoce que tras tan ardua búsqueda solo en contadas ocasiones se logra lo anhelado. Quedan pocos Mastroiannis para el puñado de Pereiras que ella haya podido conseguir. La docente mantiene que de nuevo ha perdido el tiempo. Se reconoce enana con demasiadas espaldas a las que encaramarse. Definitivamente ha pasado el verano leyendo, tratando de aprender algo que enseñar a un alumno que nunca tendrá. BIBLIOGRAFÍA •Harold Bloom, El canon occidental, Barcelona, Anagrama, 1995. • Sam Savage, Firmin, Barcelona, Seix Barral, 2007. • Ricardo Pligia, El último lector, Anagrama, Barcelona, 2005. • Ian Mc.Ewan, Sábado, Anagrama, Barcelona, 2005. • Gustave Flaubert, Madame Bovary, Cátedra, Madrid, 1986. • Michel Houellebecq, Plataforma, Anagrama, Barcelona, 2002. • Agatha Christie, Sangre en la piscina, Rba editores, 2005. • Antonio Orejudo, Fabulosas narraciones por historias, Tusquets, Barcelona, 2007. • Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, 2008

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UN VERDADERO EJERCICIO DE LIBERTAD:

LA LECTURA Mª. José Burguete Pérez

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sta pretende ser una breve reflexión sobre un tema candente: el escaso interés de nuestros jóvenes por la lectura. Pero, si reflexionamos, a la gente, en general, no le interesa mucho la lectura y ellos solo son un mero reflejo de esta sociedad que sigue rechazando la lectura como si «fuese perniciosa para la salud» —recordemos a Don Quijote y a Madame Bovary o a nuestros padres reconviniéndonos por estar todo el día entre novelas, en vez de hacer algo más provechoso—. Desde los centros de enseñanza, todos los años insistimos en lo importante que es que nuestros alumnos lean y se conviertan en grandes lectores, pero sin mucho éxito. Tal vez los aconsejamos rutinariamente y les esgrimimos razones que les resultan poco convincentes. Ellos se preguntan por qué es importante leer. Para divertirnos tenemos la televisión, el cine, los videojuegos, los amigos; para conseguir más información sobre el mundo o la vida tenemos los vídeos o los medios multimedia; después de todo «una imagen vale más que mil palabras». Entonces, ¿para qué gastar el tiempo leyendo libros, si es una actividad lenta, poco efectiva y anticuada? ¿Por qué tanta brasa con que leamos? Pero la lectura no es importante solo porque nos divierta, porque nos transmita información y nos permita conocer otras culturas, otros momentos históricos, o nos ayude a entender el mundo, sino por algo mucho más radical: porque la inteligencia humana es una inteligencia lingüística y, gracias al lenguaje y a la lectura, podemos desarrollarla. Una inteligencia llena solo de imágenes y vacía de palabras —como la que nos promete la era que comenzamos— es una inteligencia mínima y tosca. Para que nuestra inteligencia sea viva, perspicaz, flexible, divertida, racional y convincente, necesitamos de las palabras, de cuantas más mejor. Cada una de ellas es una gran herramienta para analizar la realidad. Uno de los tópicos más comunes y contundentes es que una imagen vale más que mil palabras, lo mismo ocurre con una caricia, con un olor, con una melodía, es decir, con todo conocimiento perceptivo. Pero gracias a la palabra, que es un proceso de conocimiento más lento, completamos y razonamos nuestra percepción. Hacen falta más de mil palabras para ana-

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lizar una imagen, para expresar un sentimiento o para razonar y explicar la realidad. La lectura es mucho más lenta que la imagen, en la imagen lo vemos todo de golpe, en tanto que el lenguaje está expuesto entre líneas y es mediante la lectura de estas líneas, cuando nuestra inteligencia se desarrolla. En ello es donde radica la utilidad de la lectura, nos enseña a explicar y explicarnos lo que somos, lo que sentimos, lo que nos ha pasado, lo que nos gustaría que ocurriera. Desde niños tenemos dentro un potencial lector que permanece inactivo, para desarrollarlo se necesita no solo la enseñanza, sino también la educación y en ella intervienen otros factores —familiares y sociales— ajenos a los centros de enseñanza. En los colegios e institutos enseñamos a nuestros alumnos a leer. Si bastara con ello, a través de tantas promociones de estudiantes habríamos conseguido grandes lectores, no solo niños, sino adultos; pero la realidad social es otra y solo basta con mirar nuestro entorno, muchos de los adultos —y podemos incluir maestros y profesores— no leen. En las generaciones anteriores, el acto de leer era admirado con respeto o visto como una pasión casi transgresora de las normas sociales, leyendo casi a escondidas y aquello que no estaba permitido. Actualmente, hemos pasado a intentar inculcar esa pasión mediante una serie de actividades llevadas a cabo por los centros y apoyadas por las instituciones educativas: libro forum, debates, visitas de autores, adaptaciones teatrales…; se intenta convencer a las familias de la necesidad de que los niños adquieran un hábito lector, que lean un rato cada día; se premia el número de obras leídas en las bibliotecas; se califica las lecturas voluntarias de forma positiva. Pero el imperativo no hace buenos lectores. La lectura es una tarea ardua para quien no tiene la mente preparada para la comprensión lectora. Achacar a la influencia de la televisión o a los videojuegos la falta de lectura, como suele hacerse, es no decir gran cosa, este es solo un factor más. Debemos dejarnos de lamentaciones, para superar el problema es necesario buscar soluciones. Hay niños que por sí solos consiguen ser ávidos lectores, en su familia hay un clima propicio para ello —se lee la prensa, tienen una mínima biblioteca que se usa en


 Ilustra: Blanca Lles Baruquer

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casa, suelen adquirir libros o sacarlos de la biblioteca, secundan y favorecen las iniciativas lectoras de sus hijos—. Pero no nos engañemos, este tipo de familia no abunda. Y el contrapeso de la sociedad es numeroso y pasivo. Los niños siempre tienen opciones preferenciales más fáciles —la televisión, el deporte, los amigos, las actividades a las que los apuntamos por las tardes—. En esta dispersión, ¿cómo va a tener cabida la animación a la lectura? Es obvia la preferencia por aquellas actividades de carácter físico sobre las de tipo intelectual, cuando son estas las que ayudan a progresar realmente en el estudio. Como hemos dicho antes, desde los centros educativos se enseña a los niños a leer, a trabajar la literatura infantil, juvenil o clásica. Sin embargo, la animación a la lectura ha de trabajarse en el campo de la libertad. Es la lectura que no se premia o penaliza con una calificación la que verdaderamente consigue que los niños descubran el libro y se conviertan en lectores. Y esta labor debe hacerse en los centros, pero, sobre todo, en el ámbito sociofamiliar, para que el niño no la identifique con su labor de aprendizaje, sino que sea para él una fuente de placer. Deben ser sus padres, la Casa de Cultura, la Biblioteca… quienes le inculquen en ese ejercicio de libertad, quienes le enseñen a amar los libros y le muestren todas las posibilidades de encontrarlos —librerías, bibliotecas, Internet— ayudándole de este modo a cultivar esa actividad intelectual. Lector y escritor compartimos el mismo espacio de ficción, ambos necesitamos un espacio propio que nos permita situarnos fuera del espacio y el tiempo reales. La escritura de una obra, del mismo modo que su lectura posterior, son gestos tranquilos e inconscientes de rebeldía. Las obligaciones exteriores quedan temporalmente canceladas y autor

y lector nos liberamos del agobio de la realidad. El libro se nos muestra dócil, lo comenzamos cuando queremos y lo dejamos en el momento en que nos apetece, los personajes siempre estarán esperando que les demos existencia, que les pongamos cara y voz, de este modo los lectores pasamos a ser colaboradores del escritor. Leer, hablar, escribir o, lo que es lo mismo, explicar, comprender y disfrutar del mundo de las palabras es una condición indispensable para desarrollar la inteligencia humana. Huir de la letra escrita es huir del argumento, de la razón, del análisis, de la capacidad de crítica. En último término, es abdicar de nuestra libertad, la lectura está en nuestra idea del ejercicio de la libertad. Quien piensa que conectarse a Internet supone un gran progreso y un gran avance en nuestro conocimiento es un verdadero memo tecnológico. En la red se encuentra sólo lo que se sabe leer. El analfabeto funcional seguirá siéndolo, se conecte o no a la red. Es mentira que hayamos entrado en la sociedad de la información, en todo caso hemos entrado en la sociedad «del aprendizaje», en la que saldrán a flote los que sepan realmente aprender, esto es, los que lean más y mejor. Creo que a este respecto son muy ilustrativas las palabras que ya hace unos años escribiera Juan Carlos Onetti: «Tal vez nos convirtamos en servidores de la cibernética. Pero sentiremos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la Tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño […] y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. […] Ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por un mismo veneno, que se parará para rodearlo y escucharlo mentir».

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Érase una vez Pequeñas claves para la creación de cuentos infantiles ilustrados Ramón Aguirre

Consideraciones previas a la hora de plantearse escribir un CUENTO La primera consideración cuando se pretende escribir un cuento infantil es que se trata, precisamente, de un texto para niños y que por tanto, el emisor, debe dar con el mensaje clave que el receptor es capaz de captar y comprender. Es decir, no escribir como adultos pensando para niños sino imaginando y siendo un niño. En el mundo infantil lo real y lo imaginario conviven con total naturalidad; así, por ejemplo, mamá avisa a Caperucita de que tenga cuidado con el lobo. Nadie se cuestiona después que éste pueda hablar con la pequeña, pues es lo «normal» en un cuento. La imaginación infantil hace posible que coexistan seres mágicos con otros reales puesto que todos ellos forman parte de su mundo y reflejan sus anhelos, sus miedos o sus deseos más primarios. Estas historias trascienden más allá de la etapa de la niñez y quedan fijadas y asimiladas de tal manera en nuestra mente adulta permiten dos cosas: facilitan la transmisión oral del cuento; consiguen la pervivencia a modo de recuerdo imborrable de esas historias que a nosotros también nos han sido transmitidas en la infancia y que permiten que sigamos «siendo niños». ¿Quién no tiene en su cabeza algún dragón, un hada madrina, unas habichuelas mágicas o unos enanitos que viven en lo más espeso del bosque? La segunda cuestión que debemos plantearnos es acerca del sentido que queremos dar a esa obra. ¿Con qué fin la estamos haciendo? A lo largo de la historia, en el cuento tradicional, el objetivo fundamental era el didáctico; un claro carácter moralizante con una enseñanza que resume el cuento. Es una manera sencilla de adoctrinar a la población con mensajes muy simples y evidentes. Esas histo-

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rias ni siquiera estaban destinadas en principio a un público infantil. Es más, es una labor posterior la de transformar el lenguaje para adaptarlo a los más pequeños hasta convertirlo en cuento.

El gran viaje de Sir William Dogg

En esa línea didáctica pero mucho más simplificada se siguen manteniendo algunos de los «cuentos» actuales, muy demandados por los padres para ciertas etapas, orientados exclusivamente a promover en el niño el mismo tipo de conducta que el personaje del cuento. Podemos inventar títulos como Manolito se limpia el culito o Lola se acuesta sola que ilustran bien lo que pretendo decir. Otro camino es el que busca una finalidad más literaria. El peligro que corre este tipo de cuento ilustrado es que tanto el texto como la imagen resulten atractivos para los padres, pero muy complicados para los niños, pues abusan de lenguajes excesivamente poéticos en los que el autor da de sí todo lo que puede, en cuanto a lo imaginativo, y deja pocos resquicios al niño para que, a su vez, imagine con el cuento. No resumo aquí todas las tendencias pero con estos ejemplos, el lector puede hacerse una idea de la dificultad creativa. Es una tarea ardua decidir qué y cómo se quiere contar un cuento, pues se tiene que


ENSAYO  CRÍTICA LITERARIA

pensar para una edad concreta. Especialmente interesante es el caso de los más pequeños pues estamos ofreciéndoles su primer contacto con la escritura y de esas primeras experiencias, si son placenteras, podremos tener los fieles lectores y los buenos escritores del mañana. La parte literaria. Ingredientes para cocinar una buena historia Necesitamos una historia que sea el hilo conductor que sostenga todo el cuento. No tiene que ser especialmente rocambolesca sino más bien sencilla, incluso repetitiva pues es una manera ideal de fijarla en la mente y resulta muy agradable conocer parte de lo que va a suceder. En el cuento de los tres cerditos y el lobo las escenas se repiten constantemente y no por eso resultan monótonas. Es más, el niño está encantado con que, una vez le hayas contado el cuento se lo repitas de nuevo; el conocer bien lo que va a pasar les trasmite cierta seguridad y curiosamente los personajes no pierden su valor —el lobo da cada vez más miedo—. Los personajes tienen que ser diversos pues cada uno refleja una o varias ideas concretas. Cuanto más contrastados sean, más posibilidad de jugar con ellos tiene la propia historia. Si existe un personaje que representa la bondad, esta será más evidente si enfrente tiene otro que representa la maldad. Lo mismo con la ternura frente a la crueldad, el amor con el odio... Todas estas facetas se cumplen a rajatabla en cuentos como el de la Cenicienta o Blancanieves y sus respectivas madrastras. La historia tiene que contar con aventuras que hagan actuar a los personajes para convertirlos en héroes o villanos. Es necesario que interactúen para que la dicotomía sea más perceptible. Nuestro imaginario colectivo hace que algunos personajes tengan asignados unos papeles determinados: sería increíble un lobo bueno que salvara a los niños, aunque, en la actualidad, hemos dado tanta vuelta al cuento que lo atractivo es transformar por completo la historia y los roles de cada uno. Tal sería el caso de Shreck, donde el héroe es el ogro mientras que el papel del malvado se asigna al príncipe. Igualmente es la ciénaga y no en el palacio el espacio donde al final “vivieron felices”. Todo es posible cuanto más lejano resulte mientras que, paradójicamente, resultaría increíble que la historia se produjese en nuestra localidad, en nuestra cercanía. La idea de lo desconocido aumenta así la capacidad de comprensión del cuento. Las fór-

mulas más claras que nos acercan a la idea de cuento y que siempre serán válidas en lo que se refiere a esa concepción espacio-temporal son: «érase una vez en un lejano lugar» y «érase una vez hace mucho, mucho tiempo». Aun así, en los cuentos tradicionales, el relato se acerca a lo real en tiempo y en espacio pero hay que entender que en ellos lo desconocido se sitúa muy próximo espacialmente. Ese escenario que se repite constantemente es el bosque, lugar remoto, dominio de malhechores y seres fantásticos que puede albergar cualquier elemento posible, desde la vivienda de un ogro a una casa de chocolate. Para mantener el carácter universal del cuento, la narración tradicional utiliza unos tiempos verbales adecuados: quedan reservados los tiempos pasados —especialmente los pretéritos perfectos e imperfectos— a la figura del narrador neutro mientras que, sólo en las acciones que requieren diálogo, aparecerán los tiempos presentes y futuros que garantizarán la empatía entre los personajes y el niño. Estas fórmulas ya no son utilizadas en la actualidad pues esa empatía se busca precisamente en lo más particular y cercano. Muchos de los personajes de los cuentos de hoy son también niños que se llaman María, Lucas o Miguel y la aventura puede suceder en su propio cuarto o en el colegio; incluso son ellos mismos los narradores: «Hola, soy Miguel y este es mi colegio», o la narración se hace más cercana: «Mira, este es Miguel que va a su colegio». Partes del cuento: La división tradicional es sencilla y con ciertas semejanzas a lo teatral. Este aspecto es interesante también por lo que respecta a cómo afrontar la ilustración, como veremos más adelante. La primera parte es la presentación, donde aparecerá el marco en que se desarrolla la historia, así como los personajes fundamentales. El cuerpo central de la obra es la trama o nudo y el final, el desenlace que, a diferencia de otro tipo de obras, siempre tiene que tener un final feliz pues, como dice Dolores Rodríguez Pedraza «otorgar al niño una fuerte dosis de realismo trágico, sería peligroso, podría causarle traumas insuperables». El cuento pasa al ilustrador La figura del ilustrador resulta fundamental en el cuento infantil. Solo hay que pensar que muchos de estos cuentos están destinados a niños prelectores, de modo que, el verdadero trasmisor de la historia no es sólo la madre o el padre sino la imagen que

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aparece junto al texto y que ayuda al niño a fijar el contenido. El ilustrador se encuentra con la doble tarea de «volver a narrar la historia» sin desmerecerla y por otro lado, hacerla comprensible al niño. Es más, un buen ilustrador debe conseguir aportar nuevos elementos que completen la narración para no ser un mero reflejo de ella. Para ponerse en marcha debe imaginar qué técnica es la más adecuada para ese cuento, bien sean técnicas tradicionales como las secas, las acuarelas, los acrílicos, o bien técnicas más innovadoras que incorporen nuevos elementos y que van desde los collages a las fotografías o a la imagen por ordenador.

Willi y Petrina

Proceso de ilustración

Otro de los problemas que debe afrontar de inmediato es el uso que debe hacer de esas técnicas para que el mensaje llegue con facilidad. Es más convincente, en un niño de cuatro años, una imagen con colores planos, con unas marcadas líneas de delimitación e incluso el uso de ciertas perspectivas diferentes a las que utilizamos para conseguir una visión más próxima a la realidad. También resulta más convincente la ilustración si esta tiene un marcado ritmo narrativo coincidente con el texto y en la que los personajes queden claramente diferenciados por alguna característica distintiva como, por ejemplo, «el pato de pico negro». Pueden existir elementos secundarios que ayuden a la narración o que sirvan de excusa a los padres para tratar temas de tipo trasversal. Así, en la imagen del cuento Willi, el perro casi verde aparecen Willi y Petrina junto a contenedores de reciclaje y a la vez basuras tiradas en la calle. Es un buen momento para educar sin que por ello, el reciclaje en sí sea el leit motiv del cuento y sin que sirva para entorpecer la historia que se está narrando.

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Una limitación más a su tarea viene dada por el propio soporte. El ilustrador tiene que adaptar la imagen al tamaño del cuento a la vez que se preocupa por no interferir con el texto, de modo que en la composición tendrá que tener muy en cuenta este hecho para que la ilustración no perjudique, en vez de ayudar. Una imagen muy recargada y colorista resulta inapropiada si no hay un espacio reservado previamente a la historia. En este mismo sentido, se deberá igualmente considerar la colocación de personajes y objetos: no pueden ocupar exactamente el centro de la imagen para un cuento a doble cara ni tampoco se puede colocar un elemento relevante muy en el límite del papel pues a la hora de llegar a la imprenta los bordes suelen quedar recortados unos milímetros. Es de agradecer que la ilustración contenga algún elemento también para los adultos con el fin de que el disfrute en la lectura sea compartido. La imagen puede contener detalles secundarios que se encuentren a un nivel de interpretación no infantil que permiten una pequeña sonrisa en los padres. Las creaciones en el cuento infantil ilustrado se perciben cada una a modo individual como un gran marco escénico. Cada vez que se pase la página se debe deslumbrar con una escena completamente nueva y a la vez coherente con el resto. Es una perogrullada pero no es lo mismo ilustrar un cuento y un cómic. Son lenguajes distintos y por ello emplean diferentes recursos. Podríamos decir que el cuento ilustrado es el equivalente al teatro en cuanto a la


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creación de montajes escénicos mientras que el cómic es más similar al cine, montado fotograma a fotograma. La labor de la ilustración en Aragón está siendo recompensada en estos últimos años con importantes premios a nivel nacional. Ilustradores como José Luis Cano, Ferrer, Elisa Arguilé, Alberto Gamón, Oscar Sanmartín, Edu Flores y muchos otros dan muestras muy variadas de lo que se está haciendo bien. Aún así hay otros muy buenos ilustradores que, dadas las características del sector editorial, jamás podrán tener la oportunidad de ver publicado su trabajo, pero eso es una cuestión del funcionamiento de dicho mercado.

culas en el mismo, serán detalles determinantes a la hora de valorar si un cuento es apto o no para unas ciertas edades. Es tan importante que, al final del proceso, una librería puede aceptarlo o rechazarlo de plano en función de las características tipográficas, el título o la imagen de la portada.

Final del proceso Después del trabajo de ilustración quedan tareas importantes antes de llegar a la imprenta, especialmente la maquetación, en la que la utilización de programas adecuados será imprescindible para que, especialmente, la imagen no pierda con respecto a la original. Retoques como los tipos de letra, la colocación del texto o el uso de las mayúsculas o minús-

Princesa en motocicleta con jefe indio

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ENSAYO  PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN

PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN L as propuestas regeneracionistas formuladas

por Joaquín Costa en las últimas décadas del siglo XIX y resumidas en su lema «escuela y despensa» solo se han solucionado en parte. Es evidente que ya hemos superado la parte que hace referencia a la despensa; sin embargo, todavía nos queda por superar satisfactoriamente la parte que hace referencia a la escuela. La nuestra es una sociedad donde todavía anidan severos prejuicios culturales, por eso, la búsqueda de nuevos caminos y de nuevas formas expresivas y el desarrollo de una fecunda imaginación creativa, acorde con el sentir social del momento presente, es algo que todos esperamos y deseamos. Todos estamos de acuerdo también en que es en la escuela como motor de arranque de la cultura social donde deben cimentarse ―hoy más que nunca― los soportes de una manera de entender el mundo más compleja y plural. Es una tarea muy delicada que exige mecanismos sociales nuevos y técnicas rigurosas y contrastadas. En este sentido, y para poder desbrozar de una manera productiva los caminos del conocimiento o llegar a soluciones constructivistas de cualquier problema, sin desdeñar por supuesto otras herramientas de trabajo igualmente productivas, Internet nos ofrece un mundo entero de posibilidades de búsqueda y de transmisión de información… La alegoría de un mundo ―el nuestro― en el que lo individual y lo social siguen en muchas ocasiones caminos diferentes podría ser la de unos niños que siguen jugando a un juego en el que la mayor parte de los jugadores ya hace tiempo que han abandonado la partida. Joaquín Costa ya nos advertía hace algunos años de estos y de algunos otros problemas. Actualmente, Pepito Grillo, el psicoanalista del Rincón del Neurótico, está muy preocupado por la peligrosa deriva a la que está abocada la terminología humanística y por algunas significativas coincidencias entre la Primera y la Segunda Restauración... Las propuestas de Jesús Claver, las reflexiones de Gabriel Bueno o de Santiago Lasobras, las puntualizaciones de Chachipén y de José Antonio Sallán o los devaneos del psicoanalista errante de Joaquín Bueno nos ofrecen sus peculiares puntos de vista sobre estos temas y nos colocan algunos puntos sobre algunas íes…

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EL RINCÓN DEL NEURÓTICO Joaquín Bueno

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abía decidido no transmitir ninguna nueva entrega de las reflexiones y recomendaciones de mi psicoanalista; no obstante, he reconsiderado en parte mi postura y he decidido realizar una última entrega. Me ha parecido entrever que entre tanta hojarasca, tanta plúmbea curiosidad cultural y tanta verborrea retórica con las que abarrota habitualmente la pantalla de mi ordenador anidan algunas hermosas palabras de la terminología humanística en grave peligro de extinción y algunos interesantes comentarios acerca de la salud mental de la ciudadanía que considero que merecen ser rescatados del crepitar de las llamas de la hoguera de las vanidades. Y es que, además, intuyo que tras sus últimos puntos de vista se esconde algo más definitivo que un hasta luego… En sus últimos comentarios reivindica la obra del gradense Joaquín Costa que, como es sabido, en su Oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno en España realiza entre otras cosas una revisión crítica de la élite minoritaria que al margen de las urnas controlaba el poder (los cambios en el poder) en la España de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Conviene aclarar para quienes no suelen hojear con regularidad las páginas de nuestra historia, que la Restauración fue el sistema político que sustituyó al régimen republicano de 1873/74, efímero sistema embriagado por los aromas de la Primera Internacional y de la polémica entre Marx y Bakunin a propósito de si el mundo debía regirse por un sistema comunista o por otro anarquista. La Restauración supuso un largo período de estabilidad social y económica basado en lo que se dio en llamar «el turno de partidos». El precio de esa estabilidad fue una farsa política consensuada entre liberales y conservadores que, bajo la tutela omnipresente de los oligarcas y los


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caciques, garantizaba el «ahora te toca a ti, ahora me toca a mí, y todos tan contentos» Una farsa que beneficiaba a los banqueros y terratenientes y a quienes los bendecían… Ya sabes –me dice- que hubo posteriormente un nuevo proyecto republicano que inicialmente ilusionó a la sociedad española de los años treinta cada vez más crítica con los valores de la Restauración y cada vez más consciente de la dignidad inherente al ser humano. La Segunda República intentó construir una sociedad de «trabajadores de todas las clases». Su constitución establecía desde el principio y a todos lo efectos que aquella no era una república de vagos y/o desocupados. En ella el trabajo personal confería credenciales de dignidad social a sus ciudadanos y también se establecía en ella con meridiana claridad que las incógnitas intelectuales y las morales iban a ser resueltas al margen de los dogmas: un adiós definitivo al oscurantismo intelectual y a la moral del doble lenguaje de épocas anteriores… Aquellas repúblicas -sobre todo la segunda- representaron  momentos especialmente significativos en la historia de la cultura española. Si algo las caracterizó «ab initio» fue su filantropía, su deseo de ser de utilidad para el desarrollo integral de sus ciudadanos: un ejercicio colectivo y solidario de emancipación de la pobreza física  y de las tinieblas de la ignorancia; una apuesta colectiva de una sociedad viva y palpitante. Ahí está la historia y quien quiera mirar en ella puede hacerlo cuando quiera... De todos es sabido cómo aquel proyecto estalla y que parte, tal vez la mejor parte, se desvanece en el aire. Aquí y allá se encuentran diseminados algunos restos de aquella explosión, fragmentos inconexos del pasado, material del historiador y del anticuario... Si algo pudo sobrevivir a la traumática ruptura de las leyes, los derechos y las inquietudes de aquella ilusionada sociedad española y a la posterior involución de su dinamismo cultural, mediatizado hasta la asfixia por un teocentrismo de nuevo cuño, languidece hoy en los geriátricos y en los anaqueles de las bibliotecas… Hoy nos ocupa otra página de la historia. Viajamos por caminos nuevos y aunque debamos observar con interés los recovecos y controversias del pasado, en el actual estado de cosas el dilema monarquía/ república como forma de gobierno en España no reviste importancia especial alguna. Es el sistema parlamentario y la transparencia democrática en la elección de nuestros representantes y en la toma de decisiones lo que valida y legitima el sistema. Y serán igualmente las actitudes morales de los ciudadanos y de sus entidades políticas y culturales las que nos dirán si estamos en el camino correcto o si, por el contrario, simplemente avanzamos en círculo reactivando lamentables errores del pasado. No es una cuestión de etiquetas…

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Mira, si uno de los valores dominantes de la sociedad es, por ejemplo, la codicia, ¿cómo podrán sustraerse a ella las personas que gestionan las «cosa pública»? Dicho de otra manera, ¿qué más da que te levante la pasta un  monárquico listo o uno republicano que también sea muy listo? Creo que convendrás conmigo en que los sistemas políticos son buenos o malos según las acciones que realizan y que los juicios apriorísticos acerca de su bondad o de su maldad resultan en cualquier caso ineficaces o inoperantes. En ese orden de cosas, ¿no te parece que las situaciones sociocomunicativas en las que nos vamos dejando la vida son, cada vez más, enajenantes realidades virtuales donde en lugar de ser protagonistas de la historia somos meros figurantes que desempeñamos con envidiable precisión el papel de un guión que no hemos escrito y del que desconocemos sus entresijos? ¿No pertenecemos al decorado de una representación en la que unos pocos situados más allá del bien o del mal  (esos oligarcas de los que hablaba Joaquín Costa)  programan y determinan  los intereses de  los demás?. Esos pocos que consideran que el poder siempre es mejor cuanto más grande sea...  Como sabes, las teorías que Charles Darwin publicó hace ahora exactamente 150 años  nos explicaron con propiedad el largo camino ente los primates y el ser humano.  A día de hoy las teorías científicas hablan de un posible nuevo estado evolutivo en la humanidad que genéricamente y de una manera coloquial llaman poshumanidad; sin embargo, si se observa con cierto interés el entorno se percibe -Erich Fromm dixit- una profunda insatisfacción existencial del ciudadano medio de las sociedades desarrolladas que determina en muchos casos una perceptible regresión a anteriores estados mentales de la humanidad. Comer, beber y fornicar si procede parecen ser los lemas que  focalizan gran parte de su filosofía existencial... Así, pues, querido amigo, supongo que, si no cambian mucho las cosas, abundantes palabras de nuestro vocabulario activo cargadas de profunda y trascendente significación humana se retirarán definitivamente al vocabulario pasivo, es decir, al que habitualmente  la gente reconoce cuando lo ve escrito pero que no se usa en la comunicación habitual. ¿Que por qué? Pues porque parece más que probable que pronto no habrá personas que actualicen la experiencia existencial que esas palabras atesoran,   ni que las cuiden con el interés suficiente para garantizarles una saludable calidad de vida… Estas han sido sus últimas reflexiones que me limito a transcribir con la mayor precisión posible. Excepto un «cuídate mucho» no he recibido mensaje o recomendación posterior alguna y no sé qué pensar pues de esto hace ya algún tiempo…


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La niña Laurita Santiago Lasobras

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aurita no quiere ver. Laurita va de un lado para otro, caminando por aquí y por allá, cubriéndose la cara con las manos. Escondida está tras ellas, tras sus manos, y escondidos allí también están sus ojos. Cerrados. Así, con ese gesto, esconde la cara casi en su totalidad además de sus totalmente inutilizados ojos. Esos mismos oscuros y pobres ojos de Laurita que, aunque continuaban siendo bonitos, no podían ya ser contemplados. La Belleza está compuesta por lo Bello más el Esplendor que, a modo de radiación, propaga ésta a su alrededor. Por lo tanto, algo se ha apagado en el mundo con la actitud de Laurita. Laurita camina dando tumbos, pegándose contra todo. No quiere detenerse. Siempre hacia delante aunque con paso corto y lento, y con paso torpe también. A puro de no ver, la mente de Laurita ha perdido todas las referencias visuales. Con ellas, mi querido lector, nos situamos las personas en esa especie de tiovivo que es la vida. Me refiero, querido y atento a partes iguales, a ese mismo tiovivo vital que, como usted sabe bien, te tira al suelo en cada despiste y un día tras otro obliga a todos aquellos que subieron a no relajarse lo más mínimo. Así de cruel y exigente es esta Gran Feria, que es la vida. Sin embargo, muy de cuando en cuando, sin mediar explicación ni motivo, y, de repente, alguien grita por la megafonía de la tómbola que has ganado un peluche, de lo más soso, por cierto, y que aborreces al momento. Ahí andaba Laurita. De un lado a otro y con el rostro tapado por sus mismas manos. Así, y en el más absoluto de los silencios. Así, y sin la más mínima muestra de expresión emocional. Así, se dejaba llevar. Así, a merced de la extraña deriva en la que estaba sumergida. Y continuó ante la indeferencia de propios y extraños, así del todo. Totalmente al margen del resto de las personas, pues éstas andaban ocupadas con las relaciones que mantenían en-

tre ellas, unas con otras, dentro de un algo extraño y dictatorial, que llamaban Sociedad. Llegados hasta aquí existe la posibilidad de que opine usted, mi querido lector, que quizás la actitud de nuestra amiga Laurita forma parte de una de una de tantas interpretaciones hechas de esos Libros, de los que llaman Sagrados, y que mejor podrían llamarse Libros Sangrados, por las terribles aportaciones que han hecho a la Historia de la Humanidad. Pero, no. De ninguna manera, no lo es. Aunque también puede que haya pensado usted por un momento que quizás, y sólo quizás, la niña Laurita, al comienzo, estaba jugando. Los niños juegan y puede que ella vaya con los ojos tapados, porque le toca sacar del escondite al resto de amigas. Sí, Laurita vivía en una espera tensa el final de la cuenta hasta diez; la señal establecida en las reglas del juego que indicaba que sus amigas ya estaban escondidas; el aviso pactado a partir del cual ya podía comenzar a buscar. Pero Laurita se había quedado atrapada en ese punto del juego y de la vida. ¿Cuánto tiempo lleva así La niña Laurita? En realidad, una Eterna cuenta hasta Diez. Pero, ¿por qué esa amarga tensión? Y es que nadie avisó a la pequeña de que ya acabó el juego de la gallinita ciega en el que ella anda; que nadie le dijo que ya acabó la cuenta hasta diez; que nadie avisó a nuestra pequeña del final del juego. Y, asimismo, ninguno de entre todos, hizo nada que avisase a la niña de que el bullicioso grupo ya se disolvió. Nadie alertó a la pobre Laurita de que aquel verano ya pasó y de que todos regresaron ya a sus ciudades de origen. Nuestra amiga seguía esperando esa señal, sigue esperando ese ansiado aviso y seguirá haciéndolo. Cuando por fin ésta llegue, la niña Laurita, con la misma firmeza con la que soportó la tensa espera doblegará ese terrible acoso que recibe, sin la más mínima tregua, de sus propias manos. Con total autoridad sobre sí misma, se destapará la cara. La pequeña Laurita, al acabar la cuenta hasta diez, tras la dichosa señal, podrá ya abrir los

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 Foto del autor

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ojos. Podrá por fin empezar a jugar. Podrá abrir los ojos y, jugando, empezar a relacionarse con las otras niñas. Destaparse la cara y abrir los ojos le permitirá entrar, de esa manera, en ese algo extraño y dictatorial que llaman Sociedad. Piense, mi fiel y atento lector, el drama que supone que nadie preguntara por ella; el terrible hecho de que nadie en ningún momento notara su ausencia. Y qué decirle al respecto, a usted, querido lector, hábil como es a la hora de valorar cualitativamente todos los finísimos matices, de la terrible dimensión que adquiere nuestro caso si, con la habilidad del científico, introducimos en la ecuación el hecho de que tampoco nadie avisó a Laurita de que había caído en el más absoluto de los olvidos; de que nadie en ningún momento va a tener el más mínimo recuerdo de ella y, en consecuencia, para todo el mundo, había dejado de existir. O piense usted, que quizás ella sea más lista de lo que pensamos. Quizás Laurita ya haya sabido, antes que nadie, que todo esto sucedería. Quizás ella lo sabía bastante antes de que ocurriera. Quizás por eso nuestra pequeña Casandra no quiere quitarse las manos de la cara. Precisamente, por el hecho mismo de conocer de antemano lo inevitable de la tragedia que se le avecinaba al empezar a jugar, al abrir los ojos, quizás por eso mismo, alargará eternamente esa terrible cuenta hasta diez. La niña Laurita, al comienzo, todavía bajo la atenta mirada de todas las niñas del grupo, tomó la decisión. Se armó de la necesaria, triste y dura resignación y se cubrió los ojos con ambas manos. Para siempre. Con firmeza, pero sin

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acritud, oyó totalmente inmóvil cómo el infantil coro de voces contaba hasta diez. Tal y como exigen las universalmente aceptadas reglas del juego, sagradas e incuestionables, y que para ella eran la cuenta atrás de su propia Extinción. La cuenta atrás para abandonar aquel algo extraño y dictatorial llamado Sociedad y salir al total y absoluto olvido que reina en el vacío exterior. Laurita, con voluntaria tozudez, se niega a abrirlos. Sabe que al hacerlo se topará de frente con toda esa cruda y triste Realidad de su no existencia. Ella, La Realidad, esa mala zorra, será la que susurrará, una y otra vez, y con tono burlón, que ha sido cruelmente abandonada. Abandonada entre las reglas de ese estúpido juego. Será ella, esa vieja alcahueta, la que con todo lujo de detalles va a demostrarle a Laurita, de una manera totalmente inapelable, que su ser, que la esencia más pura de ella misma no ocupa el más mínimo espacio en la memoria de ninguna de las personas con las que se ha relacionado en su vida. La Realidad, mala víbora donde las haya, logra con sus artes, las mismas que imitan todas las demás alcahuetas, proyectar los hechos en la cara de las personas con una efectividad asombrosa produciendo, así, el máximo dolor a su víctima. El Olvido significa La Nada, que es el terreno que ha sido sembrado con La Extinción. La Realidad, por su parte, cocina todos los elementos y los sirve en una deslumbrante bandeja de plata. A pesar de que en su memoria cada una de las personas que ha ido conociendo ocupa una parcela


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propia, para ella, sin embargo, no hay ni rastro de propiedad alguna en la memoria de nadie. A pesar, como digo, de que en el cerebro de Laurita, cada una de sus relaciones personales, ocupan en propiedad un terreno cuyas medidas son directamente proporcionales a la importancia dada por ella. ¿Cómo es posible? ¿Dónde ha guardado entonces Isabelita el recuerdo de aquellas tardes en las que paseaban por el parque hablando de los chicos de clase? ¿En qué momento arrojó todo aquello fuera de sí? ¿Tan insignificantes fueron para Raquelita todas esas tardes que, con la excusa de estudiar mates, pasaban en casa de su madre probándose las ropas de los mayores? ¿Es posible que cayesen por el sumidero del olvido todas aquellas risas, y más risas, que echaron juntas? ¿Siempre ha sido así o es que acaso han tenido un valor caduco que no ha sabido renovar? Ni sabe contestar, ni quiere saber hacerlo. Ni tampoco quiere verlo. Es por todo esto por lo que camina Laurita tapándose los ojos con las manos, aunque ello suponga ir dando tumbos. Laurita va alargando hasta el infinito de los tiempos aquel juego de la gallinita ciega que empezó hace ya semanas y meses. El juego que empezó en una tarde de verano, de uno de esos felices veranos repletos de tardes de

juegos. Veranos de juegos felices por la tarde y de felices grupos de niñas. Juegos protagonizados por aquellas niñas que no reservaron el más mínimo rinconcito de su memoria para la triste, sola y olvidada niña Laurita.

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INTERNET EN LA EDUCACIÓN José Antonio Sallán

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l mundo en el que vivimos evoluciona a una velocidad cada vez mayor. Los descubrimientos científicos se suceden a una velocidad sólo comparable con la cantidad de aplicaciones prácticas que la ingeniería ha conseguido hacer de ellos. Uno de los aspectos donde más claramente se puede apreciar este desarrollo vertiginoso es Internet. Internet es un sistema global por el que diferentes tipos de redes de ordenadores ubicadas en cualquier lugar del mundo pueden intercambiar información utilizando un protocolo de comunicación llamado (TCP/IP). Internet es pues una red de redes, formada por millones de redes de todo tipo conectadas entre si. Sin embargo pensar que los beneficios que se pueden obtener de Internet se limitan a la gran cantidad de información disponible sería un error. La revolución principal que supone Internet dentro del ámbito de la educación está en las nuevas formas de trabajar que posibilita. Por otro lado, hay que comprender que estamos hablando de una herramienta que en muchos casos forma parte de la propia realidad del alumno. Las personas que este curso estén estudiando 1º de E.S.O. han nacido en 1996, es decir no han conocido un mundo sin computadoras conectadas a Internet. La red es algo suyo, propio, que utilizan habitualmente aunque sea como forma de diversión y aprender a través de cosas cercanas a uno mismo es más atractivo y fácil. La aplicación que primero nos viene a la cabeza cuando pensamos en el uso de Internet en la enseñanza es la consulta de sitios web a través de un navegador para obtener información sobre un tema. Es ésta una herramienta impresionante. La tarea que hace unos años habría consistido en una laboriosa sesión de trabajo en una biblioteca se ha reducido de repente a teclear una palabra en un buscador. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas. Si se teclea la palabra «célula» en el buscador Google aparecen 6.100.000 entradas relacionadas con ese término, para ello el ordenador ha empleado menos

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de un segundo. La cuestión pasa a ser «¿Cuál es la información que yo necesito?». Por un lado, habrá que filtrar la información para que sólo nos aparezca la referida al tipo de célula que nos interese (¿se está hablando de célula en un tema de biología o en uno de control de mecanismos?). Por otro lado, hay que tener en cuenta que Internet es un medio de comunicación libre, cualquier persona puede publicar en ella información. Esto, que es una de las grandes bondades de la red, es simultáneamente uno de sus grandes inconvenientes. La falta de control hace que mucha información pueda ser no muy rigurosa o que incluso incluya grandes disparates. Así pues, el uso de la Web ha de ir precedida de una labor de aprendizaje de técnicas de búsqueda, filtrado de la información y de un esfuerzo por parte del docente en dejar claro qué es lo que se espera que el alumno encuentre en la red. En ese sentido también deben cambiar las pautas de las tareas que el profesor encarga al alumno. Una actividad como elaborar un resumen sobre un libro de lectura ha pasado a tener poco sentido hoy en día cuando basta con acudir a un buscador y teclear el título del libro seguido de la palabra resumen. Esas tareas han de ser sustituidas por otras que nos aseguren que es el alumno el que ha realizado el trabajo a partir de su propio esfuerzo y que así éste ha sido útil para construir su propio aprendizaje. Respecto a las técnicas de búsqueda la mayoría de los usuarios utiliza habitualmente aplicaciones


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buscador, siendo la más utilizada en la actualidad la de la compañía Google (http://www.google.es). Sin embargo son pocos los usuarios que emplean esta herramienta con todo su potencial. Así por ejemplo son pocos los que saben que al realizar la búsqueda en la forma «define: palabra» el buscador nos da la definición del concepto «palabra» o que son capaces de refinar la búsqueda utilizando la opción de búsqueda avanzada o que saben utilizar el impresionante banco de imágenes al que se puede acceder a través de la opción «Imágenes». Otra de las herramientas que ha ido tomando fuerza estos últimos años han sido las enciclopedias virtuales. Estas enciclopedias ofrecen al usuario la ventaja sobre las tradicionales de añadir a la información clásica cualquier tipo de contenido multimedia que permita mostrar la red. Así nos podemos encontrar con un fragmento de una obra de un compositor sobre el que estamos buscando información o bien con una animación flash en la que se nos muestra el funcionamiento de un motor de cuatro tiempos. Entre todas ellas destaca Wikipedia (http:// es.wikipedia.org). Es este un proyecto de enciclope-

dia libre cuya principal característica es que los propios usuarios son capaces de editar los contenidos que se publican en ella. Llama la atención la calidad que generalmente tiene la información mostrada en esta enciclopedia. Difícilmente nos encontraremos con artículos escritos por boicoteadotes, los sistemas de autocontrol del medio hacen que la vida media de estos artículos dentro de la red sea muy baja. Otra forma de trabajo que tiene muchas posibilidades y que generalmente es muy bien recibida por los alumnos es la elaboración de sus propios sitios web, que luego colgarán en la red. Los tipos de sitio y las formas de elaboración son muchas y muy diferentes. El método tradicional utiliza programas de edición de sitios web, siendo el más importante de todos ellos Dreamweaver de la compañía Adobe, es este un programa profesional que permite realizar sitios web de gran calidad, sin embargo no es una aplicación sencilla de dominar.

Periódicamente van apareciendo en Internet aplicaciones basadas en ideas originales y que nos pueden llegar a ofrecer recursos y formas de trabajo nuevas. Así en el año 2005 un grupo de programadores creo Youtube (http://www.youtube.es) un sito

web en el que los usuarios podían colgar sus propios videos. Estos videos pasaban a ser públicos y podían ser visionados por cualquier usuario de la red. La idea que en principio podía no haber pasado de ser una curiosidad se convirtió en un negocio que al año siguiente fue comprado por 1.650 millones de dolares. La cantidad de videos colgados en este sitio es ingente, podemos encontrar en él información de todo tipo y su uso puede enriquecer el proceso de enseñanza en gran medida. Partiendo de la idea de Youtube han nacido un gran número de aplicaciones que nos permiten acceder a contenidos de todo tipo. Así por ejemplo Slideshare (http://www.slideshare.net/) nos permite

colgar y visionar presentaciones PowerPoint, mientras que Scribd (http://www.scribd.com/) funciona de manera similar con documentos en formato de texto o pdf. Hasta ahora hemos hablado de recursos de Internet enfocados a la actividad del alumno. Aunque todos ellos podrían ser utilizados por el profesor, podríamos citar las plataformas educativas como un recurso orientado específicamente hacia los docentes. Una plataforma educativa es un sitio web corriente pero en él nos podemos encontrar información de

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todo tipo relacionada con el mundo de la enseñanza. Los usuarios pueden compartir y descargar materiales, apuntes, ejercicios y experiencias. Dentro de Aragón son varias las plataformas de este tipo que funcionan desde hace unos años, así por ejemplo Aratecno

(http://catedu.es/aratecno) nació hace 3 años como Web de recursos para profesores de Tecnología. Por último y englobando muchos de los elementos anteriores tenemos las plataformas educativas, (e-learning). Una plataforma educativa es un sistema de software diseñado para que un grupo de alumnos pueda realizar un curso de formación en forma no presencial sino a través de Internet. Normalmente una plataforma educativa va a tener la apariencia de sitio web corriente. El alumno accede a la misma a través de un nombre de usuario y una contraseña. Una vez dentro de la plataforma el usuario se encuentra con una serie páginas web en las que de forma secuencial se van mostrando los contenidos a aprender y las actividades que tendrá que ir realizando para conseguir alcanzar los objetivos planteados. Actualmente los sistemas educación en línea han evolucionado mucho. Uno de los sistemas más difundidos son las plataformas montadas sobre Moodle, cuya primera versión apareció en el año 2002. Estas nuevas plataformas basan su diseño en una concepción constructivista del aprendizaje según la cual el conocimiento se construye en la mente del estudiante a través de su propia actividad y habilidades, en lugar de ser transmitido por el profesor a partir de libros o clases magistrales. Así dentro de una plataforma actual es posible encontrar no sólo módulos de contenido sino que se incluyen cuestionarios, ejercicios de verdadero-falso, selección múltiple, completar huecos que son corregidos automáticamente por el sistema sin necesidad de intervención inmediata del profesor. Esos resultados se muestran al alumno, siendo él capaz de realizar una autoevaluación de su proceso de aprendizaje. Otro aspecto que se consigue trabajar a través de Internet en general y a través de estas plataformas en particular es el aprendizaje cooperativo. Los

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alumnos pueden acceder a secciones de foros y chat mediante las cuales van a ser capaces no sólo de ponerse en contacto con el profesor cuando lo necesiten, sino que van a poder comunicarse con el resto de alumnos de la plataforma compartiendo con ellos dudas, soluciones, métodos de trabajo y materiales. Las últimas versiones de estas plataformas llegan a permitir que sean los propios alumnos los que publiquen materiales que pueden ser utilizados por el resto de los usuarios. La evaluación final de estos cursos sigue siendo responsabilidad de un «profesor real» y puede realizarse de muy diversas formas que no tienen por qué dejar de incluir la entrega de actividades o un examen presencial. Sin embargo la misma plataforma sirve como ayuda al profesor evaluador, ya que cada vez que el alumno entra dentro de la misma, todas sus acciones, desde leer un artículo hasta realizar una actividad de autoevaluación, quedan registradas y en su caso evaluadas (por ejemplo quedará registrado el número de veces que un alumno ha tenido que realizar un cuestionario para contestarlo de forma adecuada). El uso de esta herramienta puede dirigirse hacia la enseñanza a distancia, así en estos momentos varios grupos de profesores están construyendo las plataformas educativas que utilizarán los alumnos de bachillerato a distancia en Aragón a partir del próximo curso. Sin embargo también puede plantearse como una herramienta de apoyo a la enseñanza presencial. En ese sentido y en el ámbito de Aragón el CATEDU (Centro Aragonés de Tecnologías para la Educación) presentó durante el curso 2007/08

la plataforma e-ducativa. Esta herramienta se ofrece a los centros de enseñanza y dispone de todos los módulos mencionados, es el propio profesor el que decide cuáles y cómo quiere utilizar. En resumen, podríamos decir que las posibilidades que ofrece la red son muchas, muy variadas y continuamente cambiantes. Cada docente tendrá que pensar cuáles son las herramientas que se adaptan más a sus necesidades y hacer uso de ellas como un complemento útil a su actividad cotidiana.


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¿Qué es la cultura gitana? Asociación gitana Chachipén

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a asociación gitana independiente Chachipén formada por el 80% de la comunidad gitana en Ejea de los caballeros, y con varios años en funcionamiento, ha sido creada para resolver los problemas que plantea el tema del gitano en esta localidad. Para intentar resolver esta problemática que se nos plantea vamos a empezar hablando de una manera muy resumida de las raíces del gitano. Las raíces del pueblo gitano no se sabe con certeza de dónde procede, pero nosotros, por varias investigaciones realizadas, creemos que el gitano viene de una tribu israelita y fue expandiéndose por el mundo. Pero siempre intentando mantener la base de la cultura gitana y acomodándose en los lugares donde se le ha permitido estar y sobrevivir. En España los gitanos entran haciéndose pasar por condes de Egipto Menor, llegándonos hasta nosotros un documento que certifica la entrada por parte del Rey de la comunidad gitana en el reino de Aragón. Entran miles de gitanos por los Pirineos, pero, poco tiempo después, tras la unión de los Reyes Católicos y formarse la temible Inquisición, los gitanos están en busca y captura siendo llamados herejes. Un ejemplo de ello es que en Sos del Rey Católico mataron a una gran multitud de gitanos y los que quedaron fueron esclavizados y maltratados. Pero, a pesar de todo, el gitano no tenía lugar donde vivir y entraron más gitanos en la Península creando nuevas leyes gitanas y el famoso idioma caló. La primera y fundamental ley que regía entre los gitanos era que el gitano no se mezclara la sangre con otras razas. Durante mucho tiempo el gitano ha estado marginado de la sociedad española y sobreviviendo a duras penas y con mucha calamidad y miseria, pero no todos prejuzgaron al gitano de malas maneras. Había pueblos donde el gitano encontraba cobijo y alimento, especialmente con la ayuda de

la Iglesia Católica. Con los años el gitano fue denominándose español, obligándole a cumplir con el servicio militar. Con el paso de los años los gitanos están dejando de serlo, pues la cultura gitana está sufriendo la aculturizacion: las demás culturas están absorbiendo a la pequeña y marginada cultura del gitano. Hoy en día no es muy raro de ver gitanos casados con payas y viceversa. Tampoco es muy raro de ver cómo gitanos desprecian y desvaloran la cultura gitana. La asociación gitana Chachipén no estamos en contra de la libertad de pensamiento que tienen muchos gitanos, pero sí queremos realizar dos objetivos: ― Uno: es demostrar al pueblo que tras el nombre del gitano hay un mundo lleno de historia, leyes, valores etc. Transmitidas de forma oral de padres a hijos. ― Dos: es que los gitanos se integren en la sociedad española y que tengan la misma oportunidad en la educación escolar y a la hora de buscar trabajo, como cualquier otro ciudadano español. Hoy hay un verdadero problema con el gitano. Muchas veces son juzgados justos por pecadores. Nosotros le echamos toda parte de culpa a los medios de comunicación, que no hacen más que enseñar al mundo al gitano como una raza delincuente y salvaje, cuando muchos, que dicen los medios de comunicación que son gitanos, no lo son y son simples vagabundos. Para teminar, queremos decir que si hay algún gitano que haga mal que actúe la policía haciendo su trabajo y sobre todo que el pueblo no generalice ni juzgue justos por pecadores. Aquí en Ejea la asociación gitana Chachipén no está para dar cobijo a los delincuentes sino para luchar por la verdad, la libertad y la igualdad.

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NARRACIONES, FIGURACIONES, IDEACIONES Y EQUIVOCACIONES

SOBRE EL JUEGO DE ROL Gabriel Bueno y Lorenz

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e pregunto qué pensarían los célebres hermanos Grimm si supieran que la actividad que llevaron a cabo durante tanto tiempo, escribir historias y cuentos, les fuera echada en cara como algo malvado, pecaminoso y producto de una enajenación mental irreversible. Cuál sería la expresión del «manco de Lepanto» si ahora se dijera que el chalado no era don Quijote, sino su creador. Cómo se sentiría Shakespeare si sus coetáneos hubieran pensado que la violencia de sus obras se debía a algún tipo de esquizofrenia o de trastorno de alguna otra clase, el cual plasmaba con su pluma por un mecanismo de proyección (con el permiso del señor Freud). O más recientemente, puestos ya a suponer, me gustaría saber cuánta gente cree que George Lucas, Steven Spielberg, Fernando Trueba... o quizás Leonardo DiCaprio, Penélope Cruz, Brad Pitt o George Clooney suelen frecuentar los psiquiátricos... La verdad es que imagino que pocos lectores habrán encontrado sentido a estas preguntas. Sólo un nexo común entre los escritores y los directores de cine: la narración de una historia. Y otro entre Romeo, único heredero de los Montesco, y Leonardo DiCaprio, actor de la gran pantalla: la interpretación de un papel. Nadie pone el grito en el cielo porque unos escriban sus obras y otros las interpreten, ¿verdad? Bien, ahora que hemos llegado al punto importante de la narración, podemos pasar a hablar sin rodeos del tema que nos ocupa. A finales de los años 60 del siglo XX se desarrolló en Estados Unidos un nuevo concepto de juego. En este juego no había ni fichas, ni tablero, ni siquiera unas reglas estrictas; tan sólo se basaba en la interpretación, en el diálogo, la imaginación y en el sentido de empresa y de aventura. Este concepto de juego fue tomando forma hasta que en 1974 fue publicado Dungeons & Dragons, que, cosa curiosa, fue publicado a cuenta propia de sus autores porque ninguna editorial confiaba en que se vendiera con suficiente éxito. A esta nueva modalidad de juego se la llamó juego de rol, de la palabra francesa rôle, que significa «papel» en el sentido del papel que interpreta un actor.

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[Extracto de la Wikipedia]. Efectivamente: un juego de rol se basa en la interpretación (menos teatral, si se quiere entender así) de un papel en una obra que es la narración del director de juego. El mentado director de juego no es más que un narrador que se ha inventado una historia y ha ubicado a ciertos personajes en ella para que los jugadores (por lo general amigos personales del narrador) formen el hilo argumental de la misma. Y digo bien: formen. Pues en un juego de rol no suele haber guiones que seguir al pie de la letra, textos que leer o escenificaciones que montar, sino que cada cual obra y habla como se imagina que el personaje que interpreta haría. Las cosas no se desmadran, ni por asomo lo piensen. Al escuchar hablar de rol la gente suele pensar en katanas, dagas voladoras y sacrificios de vírgenes a la luz de la luna por orden del jefe de la secta a la que pertenecen los incautos jugadores que el rol ha convertido en adeptos... Pues bien, el utensilio más peligroso que van a encontrar ustedes en una partida de rol seguramente sea un lápiz y les puedo asegurar que se le da el uso para el que fue ideado, escribir, no para empalar corazones... Otros dirán que no se fían de esos dados poligonales de cientos de caras que determinan lo que el fanático jugador sediento de sangre debe hacer para congraciarse con la deidad del inframundo a la que adoran... Cualquiera diría que no han jugado al parchís y han necesitado un cuatro para meter la ficha en casa... Así es: los dados son usados exactamente para lo mismo que en el parchís, para conseguir objetivos. Cualquier juego, coincidirán conmigo, debe tener aunque sea una mínima dificultad que lo haga interesante y debe estar sujeto a la posibilidad de fallo, de que otros nos ganen..., en definitiva: de no cumplir nuestros objetivos. En un juego de rol resultaría muy aburrido que el narrador concediera cualquier cosa que los jugadores pidieran; los dados indican cuánto éxito tiene la acción que se quiere realizar. ¿Y por qué dados de ocho, diez o doce caras? Bueno, no todo en la vida se concibe como una oportunidad entre dos, como las que daría una moneda.


 Ilustra: Gabriel Bueno y Lorenz

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La estadística, si bien no es excesivamente importante en la mayoría de estos juegos, es lo que permite que de vez en cuando se genere una situación graciosa o épica (que es al fin y al cabo lo que más atrae a los jugadores). Por ponerles un ejemplo claro y prototípico: imaginen una princesa de un reino muy lejano secuestrada por un malvado villano diestro en manejar la espada. Ahora imaginen que tras enfrentarse a numerosos peligros, los jugadores que habían ido a liberar a la princesa llegan por fin a las puertas del tenebroso castillo en el que el secuestrador la mantiene cautiva. Los personajes reducen a los guardias, matan al dragón que custodia la cámara de la princesa y justo en ese momento aparece el antagonista. Tras un aterrador discurso en el que les cuenta lo bien que sabe manejar la espada y que no dejará de ellos ni un pedazo del tamaño de una moneda, el villano desenvaina. Inciso. El Narrador hace una tirada y el resultado es una pifia. Se cierra el inciso. Al desenvainar, el villano se rebana una oreja y pierde la concentración. Toda la tropa de bienhechores lo tiene facil para acabar con él. Inciso de nuevo. Todos los jugadores se carcajean de que el malvado, que seguramente ha llevado unas cuantas horas de desarrollo al narrador, y que teóricamente iba a plantarles cara en un desigual combate, no ha durado ni dos minutos. Todos se lo pasan bien. El juego ha entretenido, que era su función. Se acaba la partida. Todos siguen tranquilamente con sus vidas, como si acabaran de leer una novela o de ver una película. Estas líneas me sirven como medio de pedir al respetable que no asesine al mensajero. Sí que es cier-

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to que ha habido, de todos es tristemente conocido, casos en los que algún tipo de psicópata ha cometido actos vandálicos y luego sus abogados han espetado que la causa subyacente eran las partidas de rol a las que el acusado jugaba. O los videojuegos, con su enorme diversidad temática, no siempre dedicada a los juegos de rol (me permito añadir que el suceso que a todos les viene a la mente se debía precisamente a un videojuego). Pero me gustaría saber cuántos de ustedes, después de jugar una partida al conocidísimo Super Mario Bros han ido buscando setas por su casa con la intención de hacerse más grandes o se han dedicado a pegar saltos rompiendo ladrillos... y no me vale esta vez el caso de Alice Liddell, la Alicia en el País de las Maravillas... Ahora que por fin, ya tengo su atención completa, quisiera pedirles que no preparen ninguna pira en la que quemar a todos los actores y guionistas con los que nuestros cines y teatros cuentan actualmente; y que tampoco tiren ni rompan las videoconsolas de sus hijos. La realidad a veces es demasiado asfixiante y la posibilidad de ser durante una fracción de tiempo alguien distinto, con unas cualidades extraordinarias, es una vía de escape maravillosa con el regusto más agradable que se pueda imaginar. Como dijo Kristian Wilson (Nintendo Inc. 1989), «Los videojuegos no afectan a los niños: si Pacman nos hubiera afectado, estaríamos todos moviéndonos por habitaciones oscuras, tragando pastillas mágicas y escuchando música electrónica repetitiva». Quizá esta vez no he encontrado un buen ejemplo...


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El RETO DE LA

CONVERGENCIA EDUCATIVA EN EUROPA

Jesús Claver Giménez

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a Unión Europea estableció, en el año 2005, un conjunto de competencias básicas para el aprendizaje permanente. Consideró competencias básicas o clave aquéllas que todas las personas precisan para su realización y desarrollo personales, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo. Al término de la educación obligatoria, los jóvenes deben haber desarrollado estas competencias básicas y seguirán desarrollándolas y poniéndolas al día en el contexto del aprendizaje permanente. En concreto las competencias que se establecen son: lingüística, matemática, científica y tecnológica, digital, de aprender a aprender, interpersonal y cívica, de espíritu emprendedor, y cultural. Si observamos detenidamente, vemos que detrás de estas palabras está el concepto de educación integral, entendida como la formación cognitiva, social y personal del alumnado. Hacia este marco deben caminar todos los países europeos, buscando la convergencia en el año 2010. Según Francesc Raventós, profesor de la Universidad de Barcelona (La crisis de los sistemas educativos europeos), el punto de partida señala la presencia de puntos comunes pero también la existencia de divergencias entre los distintos países. Europa vive inmersa en un período de cambios sociales, económicos, demográficos, tecnológicos y laborales. Para afrontarlos se necesitan nuevas respuestas educativas que requieren abrir el debate a toda la sociedad, como ya está ocurriendo en algunos países de nuestro entorno, por ejemplo en Francia. Salvo excepciones, la opinión pública de los países manifiesta descontento con el funcionamiento de sus sistemas educativos. Hay seria preocupación por diferentes aspectos como el fracaso escolar, el abandono, la convivencia escolar, el respeto a los derechos humanos y la relación entre la formación y el mundo laboral. La educación secundaria, tanto inferior como superior, no está destinada para una élite, se concibe como prolongación de la educación básica. Por ejem-

plo, en Bélgica, Alemania y Holanda la educación obligatoria se extiende hasta los 18 años, tan sólo Italia mantiene la obligatoriedad hasta los 14 años. Con respecto a la educación secundaria inferior o básica, en la antigua Europa de los 15 hay más de 150 millones de personas que no la han alcanzado. El fracaso escolar en esta etapa afecta en mayor o menor medida a todos los países, pero de forma especial a España, Italia y Portugal. La secundaria superior (postobligatoria) no es solamente un trampolín para la universidad sino para toda la vida activa, por ello el aumento de alumnado en bachillerato y formación profesional es continuo año tras año. En el año 2005 tres cuartas partes de los jóvenes entre 18 y 24 años alcanzaban un título de secundaria superior, aunque había variación entre casi la totalidad de la juventud de Suecia y el cuarenta y cinco por cien de Portugal. En ese mismo año, según la Oficina de Publicaciones del Eurostar, los países con más alumnado por cada mil habitantes en la educación superior (estudios universitarios y no universitarios) eran, por este orden: Reino Unido, Alemania, Francia, Polonia, Italia y España. La universidad en algunos países mantiene una importante masificación que hace que el título universitario sea condición necesaria, pero no suficiente, para ejercer ciertos tipos de trabajo. Las reformas de los sistemas educativos europeos intentan potenciar la formación para toda la vida, porque la competitividad de la economía y la asunción de los derechos y deberes como ciudadanos exigen la formación permanente de las personas para poner al día sus capacidades, destrezas y actitudes. La participación de la población adulta en la educación continua también es variable, está más fortalecida en los países nórdicos y Reino Unido y menos en los países mediterráneos, así varía desde la cuarta parte en el Reino Unido hasta apenas el uno por cien en Grecia. A lo largo de los últimos años, se está apostando por la autonomía de los centros con el fin de

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dar más participación a la comunidad educativa en la toma de decisiones porque la educación integral (competencias básicas) de la persona requiere el compromiso de todos los agentes educativos. Se reclama, cada vez con más insistencia, que en los centros escolares se relacionen los contenidos de las áreas con la vida real de los alumnos, para que comprendan la utilidad de lo que aprenden. En algunos países, como Noruega y Finlandia, se considera que la forma en que el profesorado interactúa con el alumnado es importante para su rendimiento escolar y cuidan con esmero tanto la comunicación verbal como la no verbal. El desarrollo del aprendizaje significativo y funcional, la convivencia escolar, la educación de valores y actitudes no pueden ser abordadas por el profesorado individualmente, requieren el trabajo en equipo y la implicación de todo el profesorado de los centros. Los nuevos retos educativos de Europa no atañen sólo a los centros escolares, también a las familias, al alumnado, al mundo del trabajo y a la sociedad. La familia tiene que hacer frente a sus responsabilidades educativas: en muchos países hay preocupación porque la dejación de este tipo de funciones va en aumento en los hogares. Es necesario un mayor compromiso de los ayuntamientos, organizaciones sociales y empresas con el mundo educativo. En cuanto a los medios de comunicación, deberían conjugar las políticas de búsqueda de mercado audiovisual con la difusión de valores como el respeto, el civismo y la tolerancia. El enfoque de las competencias básicas supone un cambio importante en el papel del alumnado. Éste debe jugar un papel más activo en la adquisición de conocimientos, destrezas y actitudes, adquiriendo el grado de autonomía y compromiso con su propio proceso de aprendizaje que corresponda a cada edad, siempre con el apoyo del profesorado y de otros agentes educadores, entre los que se incluyen los propios compañeros. ¿Cómo afrontar los nuevos desafíos educativos en nuestro país? Desde el Consejo Escolar del Estado ―organismo compuesto por representantes de profesores, padres, alumnos, organizaciones sindicales, organizaciones empresariales, universidades, administración del Estado, etc.―, en su informe anual de 2008, con respecto a la educación básica y obligatoria, que en nuestro país se extiende hasta los 16 años, se dan las siguientes claves: • Potenciación de la actuación conjunta de la escuela y de la familia para favorecer el proceso educativo del alumnado, la construcción de la perso-

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nalidad, la educación en valores y la convivencia escolar. Mejora de la formación psicopedagógica del profesorado para aplicar de forma adecuada las competencias básicas en el aula y utilizar criterios e instrumentos variados de evaluación de las mismas. Reducción de la ratio (número de alumnos por profesor) a 20 alumnos por aula tanto en primaria como en secundaria y combinación de esta medida con una mayor utilización de metodologías activas y centradas en el alumnado (aprendizaje cooperativo, proyectos, planes de trabajo, etc.) que permiten una atención más individual y personal al alumnado, al tiempo que favorecen la socialización. Flexibilización de los agrupamientos, de los espacios y de los tiempos escolares. La asignación del alumnado en grupos cerrados y la utilización rígida de los espacios y tiempos reducen considerablemente la atención a las diferentes necesidades e intereses del alumnado. La reducción del porcentaje de alumnos que no alcanzan el título de Graduado en ESO exige actuar cuando comienzan las dificultades, generalmente en las etapas de Infantil y Primaria. Con este fin se debe dotar a los centros de suficientes maestros generalistas y especialistas de forma que se puedan llevar a la práctica medidas eficientes. La formación integral del alumnado exige que cada centro haga un análisis de su situación concreta y desarrolle planteamientos basados en el trabajo cooperativo de los equipos docentes, buscando la cooperación con las familias y con otros centros educativos e implementando actividades sociocomunitarias en coordinación con los sectores sociales e institucionales del entorno.

Desde este mismo organismo, con respecto a la educación secundaria postobligatoria, se señalan las siguientes directrices: • Aumentar la oferta de las enseñanzas profesionales y del bachillerato de los centros educativos en régimen nocturno y a distancia, con el fin de facilitar el acceso al alumnado mayor de 18 años. Hay que recordar que con respecto a los países de la Unión Europea, el alumnado matriculado en bachillerato en España está en porcentajes similares pero la matrícula en los ciclos formativos de grado medio se encuentra claramente por debajo. • Potenciar los estudios profesionales. Es necesaria una mayor cooperación del mundo empresarial, los centros educativos y otros agentes sociales y económicos en la planificación de las enseñanzas profesionales.


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• Los centros educativos deben dar a conocer los objetivos del bachillerato haciendo hincapié en que uno de ellos es capacitar al alumnado para acceder a la educación superior de carácter profesional. Las Pruebas de Acceso a la Universidad deberían adecuarse a la estructura y funciones del bachillerato y no a la inversa como ha venido sucediendo hasta el momento. En relación a la participación social y la convivencia en los centros escolares, el Consejo Escolar del Estado manifiesta que son urgentes tres líneas de actuación: • Fomentar la participación de los padres y de los estudiantes en los centros. • Legislar un nuevo marco de los derechos y deberes del alumnado que equilibre el desigual desarrollo de la normativa de convivencia. • Controlar los conflictos que perturban la vida escolar como primer objetivo, pero al mismo tiempo desarrollar los principios básicos de la convivencia: responsabilidad, respeto y solidaridad. Hacia el futuro con tesón y compromiso Llegar a la convergencia educativa en Europa no va a ser un camino fácil. Ir avanzando en la superación de los retos recogidos anteriormente exige que cada uno de nosotros (profesores, padres, agentes sociales, administradores, alumnado, etc.), desde su rol social, se esfuerce y se comprometa con la formación de nuestros niños y jóvenes, pero este empeño verá sus frutos sólo si somos capaces de trabajar codo con codo en proyectos comunes. El objetivo merece la pena porque, en palabras de Jaume Carbonell (Una educación para mañana, pág. 29): «La educación, la buena educación, es la mejor inversión. No sólo en términos económicos y para acceder al mercado de trabajo. También para poder vivir con dignidad y participar más eficazmente en la sociedad. Porque brinda la oportunidad de pensar, de disfrutar de los bienes culturales, de mejorar las relaciones con los demás, de comprender en qué mundo vivimos, de protegerse de abusos y de manipulaciones y de tomar decisiones con más criterio». El camino que tenemos por delante lo debemos andar desde la esperanza y el optimismo. Como manifiesta Luis Rojas Marcos (Nuestra incierta vida normal, pág. 31): «Los individuos esperanzados, cuando se enfrentan a situaciones difíciles, las analizan confiando en encontrar una salida y, por ello, perseveran con más tesón que las personas desesperanzadas que han perdido el sentido del futuro».

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HISTORIA En este número de Ágora publicamos este año

seis interesantes y documentados artículos históricos de temática variada que esperamos sean del agrado de los lectores atentos. En el primero, José Sánchez explica el origen del nombre de España, el de cinco de sus comunidades autónomas con sus respectivas provincias (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria y Castilla y León) y el de sus capitales si tienen un nombre distinto. En el segundo, Mariano Gracia nos habla de la figura de Juan Pujol, republicano español que trabajó como espía a la vez para los alemanes y británicos (Garbo lo llamaban estos últimos) durante la 2ª Guerra Mundial. Fue él quien hizo creer falsamente a Hitler que el desembarco aliado no sería en Normandía, sino en el Paso de Calais. Por ello, el desembarco triunfó, siendo el comienzo del fin del nazismo en Europa. En el tercero, Beatriz Ciria reflexiona sobre la ley de la Memoria Histórica, que pretende dignificar a aquellos españoles que fueron asesinados durante la Guerra Civil y represaliados durante el franquismo por tener una ideología política distinta a la del bando vencedor de la cruenta contienda. En el cuarto, Marta Pastor nos cuenta la historia de la Inquisición, institución que, para ser entendida plenamente, debe ser analizada en un contexto histórico marcado por tres comunidades culturales enfrentadas (cristiana, musulmana y judía) y por una mentalidad muy diferente a la del mundo contemporáneo. En el quinto, Ana Garcés nos sintetiza los distintos episodios y protagonistas de la Guerra de la Independencia: Tratado de Fontainebleau, Motín de Aranjuez, Abdicaciones de Bayona, el Dos de mayo, los sitios de Zaragoza, sus héroes populares (incluida la ejeana Juliana Larena Fenollé y el cincovillés Ginés Marcos Palacín), la llamada «corrida extraordinaria de Ejea» y quiénes eran los patriotas y los afrancesados. En el sexto, finalmente, Antonio Castellote nos hace un repaso de la arquitectura modernista de Teruel. En concreto, nos habla de sus edificios más emblemáticos, ya sean públicos (civiles y religiosos) o privados (casas de ciudadanos burgueses), de estilo modernista llevados a cabo por el arquitecto catalán Pau Monguió, que, contratado por su Ayuntamiento en 1898, estuvo trabajando en esa ciudad hasta 1923.

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ESPAÑA Y SUS TOPÓNIMOS (I) La palabra España significa unidad en la diversidad. La esencia de España es la diversidad. (Luis Racionero)

José Sánchez Usón

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a finalidad de este artículo es explicar el origen del nombre de España, el de sus diecisiete comunidades autónomas, el de sus provincias respectivas con sus capitales (si tuvieran nombre distinto) y el de sus dos ciudades autónomas. Como en total son 84 los topónimos explicados, he dividido el artículo en tres partes: en la primera (nº VII de Ágora), explicaré el origen de España y los de estas comunidades autónomas peninsulares: Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria y Castilla y León. En la segunda (nº VIII de Ágora), abordaré las siguientes: Castilla-La Mancha, Cataluña, Euskadi, Extremadura, Galicia y La Rioja; finalmente, en la tercera (nº IX de Ágora), serán las restantes comunidades peninsulares: Navarra, Madrid, Murcia, Comunidad Valenciana; las insulares: Baleares y Canarias; y las dos ciudades autónomas: Ceuta y Melilla. Como se aprecia, tanto los nombres de las comunidades como los de las provincias están puestos por orden alfabético para poder encontrarlos más rápidamente. En cambio, los nombres distintos de las capitales de provincia van tras su provincia respectiva. Querido lector, como autor del artículo te recomendaría que leyeras, en primer lugar, el origen del nombre de tu país; luego, el de tu comunidad autónoma; después, el de sus provincias respectivas; y, finalmente, el de alguna comunidad, provincia o capital por el que sintieras especial curiosidad. Lo que no te recomiendo es leerlo todo seguido al ser algo densa la información de cada topónimo. Léelo con atención, pero en pequeñas dosis. Quiero dejar constancia también de que he tratado de ser claro en todo momento para que toda persona no especialista lo comprenda, aunque


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un lector con una buena formación filológica, histórica o cultural entenderá con mayor profundidad las explicaciones. Precisamente buscando esa claridad, he utilizado los menos tecnicismos posibles para referirme a los fenómenos lingüísticos implicados en cada topónimo. Por tanto, el artículo es un compromiso entre la profundidad y la claridad expositiva. En otro orden de cosas, para entender plenamente el artículo es necesario saber que la Península Ibérica carecía de unidad política, cultural y lingüística durante la Antigüedad, al estar habitada por una multitud de pueblos: los iberos estaban en el valle del Ebro y el litoral mediterráneo desde Cataluña, pasando por Levante, hasta Andalucía y zonas interiores; los tartesios o turdetanos habitaban la zona del Guadalquivir; los celtas se hallaban en el norte,

centro y oeste peninsular hasta el sur de Portugal; los celtíberos (gentes de lengua celta con influencia ibérica) vivían en los territorios limítrofes del Sistema Ibérico; los vascones se hallaban en el País Vasco y Navarra; los fenicios y cartagineses se aposentaban en las Baleares y desde Cartagena por todo el litoral andaluz; finalmente, los griegos ocupaban algunos puntos del litoral catalán y levantino. Por tanto, las lenguas prerromanas eran el ibérico, el tartesio, el celta, el vascuence, el fenicio y el griego. De estas lenguas proceden muchos topónimos españoles. En el s. III a. Cr. vinieron los romanos, que impusieron una unidad política, cultural y lingüística a todos estos pueblos. Los romanos hablaban un latín vulgar del que proceden todas las lenguas de España salvo el vasco, única superviviente del progresivo proceso

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de latinización. Por eso, la mayor parte de los topónimos proceden del latín, aunque muchos son solo una adaptación de otros prerromanos. En el s. V d. Cr. vendrían los pueblos germánicos (suevos, vándalos, alanos y visigodos). Finalmente, en el siglo VIII los musulmanes invadieron la península, permaneciendo en ella ocho siglos y dejando también una profunda huella en nuestra toponimia. Quiero aclarar que este artículo es deudor de la consulta de numerosas obras, de cuyos autores he aprendido mucho. Estos autores son Ramón Menéndez Pidal y su Manual de Gramática histórica española, Rafael Lapesa y su Historia de la lengua española, Emilio Nieto Ballester y su Breve diccionario de topónimos españoles, Josep María Albaigès y su Enciclopedia de los topónimos españoles y Pancracio Celdrán

y su Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios. Si algún lector está interesado en la materia, le recomendaría la obra de Rafael Lapesa y, sobre todo, la de Emilio Nieto Ballester. También le recomendaría el Atlas de Historia de España de Fernando García de Cortázar, del cual he extraído el mapa de los pueblos prerromanos que habitaron la península durante la Antigüedad. Para terminar, explico seguidamente algunos símbolos que aparecen en el trabajo: un asterisco (*) significa que un topónimo es hipotético; el signo >, que la palabra que va delante origina la que va detrás; un paréntesis ( ), que los sonidos que van dentro se pierden; unos corchetes [ ], que lo que va dentro son sonidos; una rayita larga sobre una vocal ˉ , que es larga y un semicírculo ˘, que dicha vocal es breve.

ORIGEN DE LOS TOPÓNIMOS ESPAÑOLES A) ESPAÑA Antes de que la Península Ibérica fuera llamada Hispania por los romanos, los griegos la llamaban Iberia. Así pues, el topónimo actual procede del latín Hispania, atestiguado desde el s. II a. Cr. De todas formas, el nombre es a su vez adaptación de otro anterior, aunque se desconoce su lengua y su significado. Está muy extendida la antigua hipótesis de S. Bochart (s. XVII-XVIII) según la cual procedería del topónimo fenicio * Ishaphanim, que significaría ‘costa, isla, tierra de conejos’. En suma: *I ‘costa, isla, tierra’ + shaphan ‘conejo’ + im ‘plural’ > *Ishaphanim > Hispania > España (top. fenicio) (top. latino) B) COMUNIDADES AUTÓNOMAS PENINSULARES ANDALUCÍA El topónimo Andalucía es de origen árabe: Al-Ándalus, nombre con el que los árabes se referían a todos sus dominios peninsulares. Según Rafael Lapesa, los vándalos, pueblo germánico invasor de la península en el s. V d. Cr., aunque permaneció muy poco tiempo en ella, embarcaron junto a la antigua Julia Traducta (hoy Tarifa) y se supone que ese lugar tomó un nuevo nombre referido a ellos: *(Portu) Wandalus, que los navegantes griegos pronunciaban (Portu W)andalusiu, de donde viene Al-Ándalus. En resumen: *(Portu) Wandalus ‘el puerto vándalo’ > (Portu W)andalusiu > Al-Ándalus > Andalucía (top. latino) (top. árabe) ▪ ALMERÍA Esta ciudad, en la vertiente sur de la sierra de Énix, fue un antiguo asentamiento fenicio y romano. El topónimo procede de la lengua árabe: Al-Merīya, que significa ‘la torre de vigía’, por las muy buenas vistas que hay desde la citada sierra sobre el Mediterráneo. La gente ha relacionado siempre erróneamente el nombre árabe con el antropónimo María. En conclusión: Al-merīya ‘la torre de vigía’ > Almería (top. árabe)

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▪ CÁDIZ Esta ciudad fue una importante colonia fenicia que mantuvo su prosperidad en época romana, aunque decayó bastante con la dominación árabe. El topónimo es, pues, de origen fenicio y se remonta a Gdr (piénsese en la ciudad marroquí de Agadir), que significa ‘recinto amurallado, ciudadela’. Los romanos lo adaptaron al latín como Gadir o Gades (en plural), nombre que a su vez adaptaron los árabes como Qādis, de donde procede el nombre actual. En esquema: Gdr ‘recinto amurallado, ciudadela’ > Gadir o Gades > Qādis > Cádiz (top. fenicio) (top. romano) (top. árabe) ▪ CÓRDOBA Esta ciudad fue la capital del famoso emirato y califato independiente durante la dominación musulmana. El topónimo procede del latín Cordŭba. De todas formas, este nombre es probablemente una adaptación del nombre fenicio Karta-tuba (piénsese en Cartago y Cartagena), que significa ‘villa grande’. En época árabe se llamó Qurtuba, pero el topónimo actual procede directamente del nombre latino. En definitiva: Karta-tuba ‘villa grande’ > Cordŭba > Qurtuba > Córdoba (top. fenicio) (top. latino) (top. árabe) ▪ GRANADA Aunque algunos opinan que el nombre de la ciudad procede del topónimo árabe Garnāda, relacionado tal vez con la palabra gār, ‘cueva’, según otros, dicho nombre es una adaptación del latín-romance granāta, ‘la granada’. Existen dos hipótesis sobre el significado de granāta aplicado a dicha ciudad: a) ‘la ciudad de color rojo o granate como el de esta fruta’ y b) ‘la ciudad fértil y opulenta como los muchos granos de esa fruta’. En suma: Granāta, ‘la granada’ > Garnāda ‘la granada de color o fertilidad > Granada (top. latino-romance) (top. árabe) ▪ HUELVA Su riqueza mineral atrajo a muchos pueblos de la Antigüedad: fenicios, griegos y romanos. Este topónimo procede del nombre latino Onŏba u Onŭba, aunque, en realidad, es prerromano, no pudiéndose precisar ni su lengua de procedencia ni su significado. Por contra, Josep María Albaigès piensa que es de origen fenicio. En época árabe, la ciudad se llamaba Welba. Según Ramón Menéndez Pidal, el paso de [n] a [l] es muy frecuente. En resumen: Onŏba u Onŭba (significado desconocido) > Welba > Huelva (top. latino) (top. árabe) ▪ JAÉN El nombre procede del latín gaiāna con el significado de ‘finca o propiedad de Gaius’, que es un nombre propio latino. Es un ejemplo más de un topónimo derivado de una antigua hacienda o propiedad hispanoromana. El sonido [a] pasa a [e] y [g] a [j] por influencia árabe. Durante la etapa musulmana se llamó Geen o Giyen, de donde viene el nombre actual. En conclusión: Gaius (nombre propio) > Gaiāna ‘finca o propiedad de Gaius’ > Geen o Giyen > Jaén (top. latino) (top. árabe) ▪ MÁLAGA El pasado de esta ciudad es fenicio, romano y árabe. Málaga fue un activo centro comercial en la Antigüedad. El topónimo actual procede del latín Malaca, el cual a su vez es probablemente de origen fenicio: *malaka con el significado de ‘factoría’, según Rafael Lapesa, y de ‘puerto de refugio’, según Emilio Nieto Ballester. En esquema: Malaka ‘factoría, puerto de refugio’ > Malaca > Málaga (top. fenicio) (top. latino) ▪ SEVILLA El nombre aparece en lengua latina y griega a partir del s. I a. Cr. con la forma Hispalis, que es una adaptación de un nombre anterior de origen desconocido. Este topónimo latino se transformó en *Hispalia, el

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cual evolucionó en época musulmana a Išbīliyā por influencia del árabe: [p] pasa a [b] y [a] a [i]. Por su parte, el sonido [a] final es normal en las adaptaciones árabes de topónimos extranjeros. También se ha relacionado el nombre de Sevilla con topónimos hebreos como Šefelah, que significa ‘lugar llano’, lo que es adecuado por su ubicación geográfica. En definitiva: Hispalis > *Hispalia > Išbīliyā > Sevilla (top. latino) (top. árabe) ARAGÓN Según el historiador Guillermo Fatás, se sabe muy poco del viejísimo topónimo Aragón. Este nombre, aplicado al antiguo condado y reino de Aragón, procede de dos ríos pirenaicos: el Aragón Subordán del valle de Hecho y el Aragón del valle de Canfranc. En su opinión, Aragón podría proceder de tres lenguas: el vasco, el ibérico y el celta. En el primer caso, procedería de ar o ara, ‘allá, hacia allá’, de donde vendría arako o arago, ‘más allá, más adelante’, de donde procedería a su vez aragoko, ‘ulterior, al otro lado’. En este sentido, Aragón sería la primera tierra vista desde los antiguos territorios que hablaron vasco. La palabra aragoko pasaría al latín como Aragonem (acusativo de Arago-Aragonis) y de aquí vendría el topónimo actual. En el segundo caso, Aragón vendría del ibérico ara, ‘aquí’, con el significado de ‘el lugar, la tierra, el país’, hipótesis muy difícil de verificar. Finalmente, en el tercer caso, Aragón vendría del celta ar– o ara– con el significado de ‘corriente de agua, río’ (piénsese en ríos como el Arazas, el Ara, los dos Arbas de las Cinco Villas, el Arga de Navarra o en ríos europeos como el suizo Aar), hipótesis más aceptada actualmente al responder a la realidad histórica: Aragón recibe el nombre de los dos ríos de su territorio inicial cuando era solo un condado o un reino pirenaico. En suma: • 1ª hipótesis: ar o ara ‘allá, hacia allá’ > arako o arago ‘más allá, más adelante’ > aragoko ‘ulterior, al otro lado’ > Aragonem > Aragón (top. vasco) (top. latino) • 2ª hipótesis: ara ‘aquí, el lugar, la tierra, el país’ > Aragonem > Aragón (top. ibérico) (top. latino) • 3ª hipótesis: ar– o ara– ‘corriente de agua, río’ > Aragonem > Aragón (top. celta) (top. latino) ▪ HUESCA (UESCA en aragonés) Esta ciudad la habitaron los ilergetes, los cuales fueron derrotados por los romanos. El nombre actual procede del topónimo latino Osca y anteriormente se llamaba Bolskan. Como el problema se halla en saber si Osca es o no una adaptación de Bolskan, solo caben dos alternativas: a) Osca es una adaptación latina de Bolskan y b) El parecido entre Osca y Bolskan es meramente casual. De todas maneras, Osca nos indicaría en ambos casos la presencia de una colonización suritálica de los osci (los oscos) en esta zona. Por su parte, la ciudad se llamó en época árabe Uechca. En resumen: Bolskan (significado desconocido) > Osca ‘ciudad de los oscos’ > Uechca > Huesca (top. ibérico) (top. latino) (top. árabe) ▪ TERUEL Sobre el origen del topónimo existen tres hipótesis. Para la primera, Teruel procede de la lengua ibérica: vendría de itur, ‘fuente’ + el sufijo –ol(u) > –uel > Ituruel, que perdería pronto [i] dando así Turuel y después Teruel. Para la segunda, se partiría de una forma diminutiva *torolu procedente de un supuesto *toro prerromano con el significado de ‘cerro’. El sonido [o] inicial pasaría a [e], [o] central diptongaría en [ue] y [u] final pasaría a [o] y se perdería por influencia mozárabe. Para la tercera, los romanos llamaron a la ciudad Turiŏlum (nombre relacionado con el río Turia que pasa por allí), que evolucionó con los árabes a Teruel. En conclusión: • 1ª hipótesis: itur ‘fuente’ + el sufijo –ol(u) > –uel > Ituruel > Turuel > Teruel (top. ibérico) • 2ª hipótesis: *toro ‘cerro’ > *torolu > teruelo > Teruel (top. prerromano) • 3ª hipótesis: Turiŏlum ‘nombre relacionado con el río Turia’ > Turiuelo > Turiuel > Teruel (top. latino)

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▪ ZARAGOZA Esta ciudad se llamaba antes de la dominación romana Salduie (pronunciado Salduye en lengua ibérica). Sobre ella se fundó entre los años 19 y 14 a. Cr. la colonia militar de Caesaraugusta, formada por legionarios veteranos de tres legiones: la IV Macedónica, la VI Victrix ‘vencedora’ y la X Gemina ‘gemela’. Los árabes la tomaron en el año 714 llamándola Sarakusta y las tropas cristianas del rey Alfonso I el Batallador la reconquistaron de nuevo en el año 1118 denominándola Saragosa, de donde viene el nombre actual. Durante el periodo árabe, los musulmanes la llamaban madinat al-bayda, ‘la ciudad blanca’, por el color de sus casas encaladas. En esquema: Caesaraugusta > Sarakusta > Saragosa > Zaragoza (top. latino) (top. árabe) ASTURIAS El topónimo procede del latín Asturia, con el que los romanos designaban una región coincidente solo en parte con la comunidad autónoma actual. Esta región se llamaba así por estar habitada por los astures, que vivían en las orillas del río Astura, hidrónimo del que viene a su vez el nombre del río Esla. En definitiva: Astura (río Esla) > Asturia > Asturias (top. prerromano) (top. latino) ▪ OVIEDO (OVIEU en asturiano) Este topónimo plantea bastantes problemas. Según Emilio Nieto Ballester, procede del nombre común latino alluvies ‘crecida, inundación’ + sufijo colectivo-abundancial latino en –ētu, que evoluciona a –edo. Se desconoce el nombre alluvies en las lenguas románicas, aunque abunda en toponimia. La evolución fonética sería la siguiente: Ăllŭvĭes ‘crecida, inundación’ > *allŭviētu ‘lugar abundante en aguas, lugar de aguas estancadas’ > *luvietu > *l´uvietu > *uvietu > Oviedo (top. latino) CANTABRIA El nombre procede del topónimo latino Cantabria, el cual deriva del pueblo de los cantabri, que ocupaba en la Antigüedad territorios más o menos coincidentes con la actual comunidad autónoma. Cantabria fue pacificada por el emperador Augusto. Se ignora casi todo sobre la lengua, la cultura y el significado del nombre de este pueblo preindoeuropeo o levemente indoeuropeizado. Según Josep María Albaigès, el nombre podría proceder tal vez de la raíz preindoeuropea cant– con el significado de ‘piedra, roca’, siendo entonces los cántabros ‘los habitantes de zonas rocosas’, o sea, los montañeses. En suma: Cant– ‘piedra, roca’ > cantabri ‘los habitantes de zonas rocosas’ > Cantabria (top. preindoeuropeo) (top. latino) ▪ SANTANDER Esta ciudad fue jurisdicción del monasterio de San Emeterio en el siglo IX. El topónimo procede del latín ecclesia sancti Emeterii, ‘iglesia de san Emeterio’, que aparece como ecclesia Santemder en documentos medievales castellanos con posterior omisión del nombre ecclesia. Emeterio fue un soldado de la legión VII romana al que hicieron santo por ser martirizado al no renegar de su fe cristiana con las medidas de depuración del ejército ordenadas en el s. III d. Cr. por los emperadores Diocleciano y Maximiano. Al recibir culto en España, este santo ha originado muchos topónimos. En resumen: Ecclesia sancti Emeterii ‘iglesia de san Emeterio’ > ecclesia Santemder > Santander (top. latino) CASTILLA Y LEÓN El topónimo Castilla procede del latín castella (plural neutro de castellum‒castelli, ‘fortín, fortaleza’) con el significado de ‘los castillos’. A Emilio Nieto Ballester le sorprende la pervivencia de un plural neutro en la

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toponimia, cuando lo normal ha sido siempre la sustitución del género neutro por el masculino: así castellos ha dado en castellano castillos y en catalán castells. Castilla nació como frontera defendida mediante castillos frente al enemigo musulmán. Se unió y se separó varias veces del reino de León. Antes de la constitución de 1978 se hablaba de dos Castillas, la Vieja y la Nueva, separadas por la cordillera Central, cuyos límites se correspondían con las sucesivas etapas de la Reconquista y, más o menos, ahora vendrían a coincidir con las comunidades de Castilla y León y Castilla-La Mancha. Por tanto, lo dicho aquí vale para ambas. En conclusión: Castella ‘los castillos’ > Castilla (top. latino) ▪ ÁVILA Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre el origen de su nombre. Normalmente, Ávila se identifica con la ciudad de Obila, asentamiento de los vetones citado por el geógrafo Ptolomeo. Según Ramón Menéndez Pidal, el topónimo procede del latín Avĕla. En cambio, el filólogo Joan Coromines piensa que viene del antropónimo masculino germánico Awila, que se halla también en otros topónimos extrapeninsulares. En esquema: • 1ª hipótesis: Obila (ciudad vetona) > Ávila (top. prerromano) • 2ª hipótesis: Avĕla > Ávila (top. latino) • 3ª hipótesis: Awila (antropónimo germánico) > Ávila ▪ BURGOS Su topónimo procede del bajo latín burgus, el cual viene a su vez de las lenguas germánicas, en concreto de bŭrgs, ‘fuerte, pequeña ciudad’. Según Emilio Nieto Ballester, Burgos es, claramente, el plural del nombre común castellano burgo, que antiguamente significaba ‘barrio, arrabal’. Ramón Menéndez Pidal comenta que la palabra germánica era de género femenino y que todos sus derivados románicos son de género masculino. En definitiva: Bŭrgs ‘fuerte, pequeña ciudad’ > burgus ‘barrio, arrabal’ > Burgos (top. germánico) (top. latino) ▪ LEÓN Su nombre no procede del conocido animal africano, creencia que ha originado que el escudo de la ciudad sea un león, sino que viene del latín legiōnem, ‘la legión’, ya que en este lugar se acantonaban los soldados romanos de la Legio Septima Gemina (Legión Séptima Gemela) desde el año 74 d. Cr. Al parecer, la ciudad era la residencia del legado del emperador romano para las provincias Asturica y Gallaecia. En suma: Legiōnem ‘la legión’ > legiōne > legiōn > León (top. latino) ▪ PALENCIA Era la mayor ciudad vaccea en tiempos de las guerras celtibéricas (153 a. Cr.). Los romanos la conocían con el topónimo Palantia o Pallantia, que es una adaptación latina de un nombre prerromano, probablemente indoeuropeo (celta, según Rafael Lapesa). En este caso vendría de la raíz *pal–, ‘agua estancada, lugar pantanoso’. La sufijación en –ntia es un indicio más de su carácter indoeuropeo. Los árabes la llamaron Balancia durante su breve ocupación. En resumen: *Pal– ‘agua estancada, lugar pantanoso’ + –ntia > Palantia o Pallantia > Balancia > Palencia (top. indoeuropeo, tal vez celta) (top. latino) (top. árabe) ▪ SALAMANCA Fue una ciudad vetona en la Antigüedad. En época romana se llamaba Salmantica o Helmantica, que es la adaptación latina de un topónimo indoeuropeo, probablemente precéltico, compuesto por *sal–, ‘lugar de agua bravía’ y el sufijo adjetival –mant, mediante el cual se alude tal vez a una divinidad fluvial y que es conocido en otras lenguas indoeuropeas. Esta divinidad fluvial sería la diosa del río Tormes que pasa por la ciudad. En conclusión:

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*Sal– ‘lugar de agua bravía’ + sufijo adjetival –mant ‘divinidad fluvial’ > Salmantica o Helmántica > Salamanca (top. indoeuropeo, tal vez precéltico) (top. latino) ▪ SEGOVIA Fue una ciudad arévaca en la Antigüedad llamada Segobriga, topónimo compuesto de sego–, ‘victoria’, y del sufijo –briga, ‘fortaleza, ciudad’, o sea, ‘la ciudad de la victoria’, ambos elementos de origen celta y muy frecuentes en otros topónimos españoles. Los romanos lo adaptaron al latín con la forma Segŏvia ya desde el s. II a. Cr., del cual procede directamente el nombre actual. En esquema: Sego– ‘victoria’ + sufijo –briga, ‘fortaleza, ciudad’ > Segobriga ‘la ciudad de la victoria’ > Segŏvia > Segovia (top. celta) (top. latino) ▪ SORIA Como esta ciudad fue celtibérica, se han propuesto etimologías prerromanas como Oria o Uria, aunque posiblemente el topónimo procede más bien de un nombre de finca o hacienda hispanorromana derivado del nombre propio de su propietario, cosa muy frecuente en toponimia. En este caso vendría del latín villa sauria, ‘hacienda de Saurius’, o de villa suria, ‘hacienda de Surius’. Además, el primer nombre propio solo se documenta en Hispania. En definitiva: • 1ª teoría: Oria o Uria > Soria (top. celtibérico) • 2ª teoría: villa sauria o villa suria ‘hacienda de Saurius o de Surius’ > Soria (top. latino) ▪ VALLADOLID El origen del nombre de esta ciudad es básicamente árabe. Procede del nombre árabe wāli, ‘gobernador’, de donde viene el término latino medieval valiātu, ‘territorio sometido a un gobernador’. A su vez, Olid vendría de Walid Abul Abbas, que fue gobernador de la ciudad a finales del s. X, o sea, Valladolid significaría ‘territorio gobernado por Olid’. Los sonidos [li+vocal] de valiātu pasan a [ll] y [wa] de Walid a [o]. Según Emilio Nieto Ballester, la latinización vallis oletum, ‘valle de los olivos’, de donde procede el gentilicio «vallisoletano», es un invento de notarios y escribanos sin el menor fundamento. En suma: wali ‘gobernador’ > valiātu ‘territorio sometido a un gobernador’ + Walid (Abul Abbas) > Vallado + Olid ‘territorio gobernado por Olid’ > Valladolid (top. árabe) ▪ ZAMORA Esta ciudad se identifica con la ciudad vaccea de Ocelodurom u Ocelodurum, topónimos claramente de origen celta, aunque el nombre actual no procede de ellos sino de Semure o Senimure, que aparece ya en el año 596 como una de las iglesias de la diócesis de Astorga. De todas formas, se piensa que estos dos últimos topónimos también podrían ser celtas. Según Pancracio Celdrán, los árabes llamaron a la ciudad madinat zumura, ‘la ciudad esmeralda’ por el color verde de sus campos, de donde viene el nombre actual. En resumen: Semure o Senimure > madinat zumura ‘la ciudad esmeralda’ > Zamora (top. celta) (top. árabe)

(Continuará en Ágora VIII)

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UN AÑO MUSICAL Desde la Escuela de Música de Ejea de los Caballeros, nos queremos sumar a la revista Ágora, con un artículo dedicado a la Música. En sucesivos números tendremos la colaboración de diferentes profesores, músicos o personas relacionadas con el entorno musical que nos aportarán sus opiniones y experiencias, plasmados en cada número de la revista. En esta primera participación, os damos a conocer los nombres de diferentes compositores que en el año 2.009 están presentes en muchas salas de conciertos, publicaciones, nuevas grabaciones, programas de televisión y radio de ámbito musical, bibliografías, debido al aniversario de su nacimiento o conmemoración de su muerte. Comenzaremos por el músico inglés Henry Purcell (1659-1695), se conmemora el 350 aniversario de su nacimiento. Vivió 36 años y escribió 860 obras, destacando «La Música para el funeral de la Reina María II», 24 odas, gran número de obras religiosas y 62 piezas entre estudios y suite para clavecín y espineta. Geor Friedrich Haendel (16851759), músico alemán que junto a J.S.Bach es uno de los músicos más

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Javier Comenge Leonar importantes del Barroco y figura cumbre de este periodo, se celebra el 250 aniversario de su muerte. Escribió más de 600 obras y destacan de sus 43 óperas «Rinaldo», «Ariodante» o «Julio Cesar». De sus 26 oratorios, «El Mesías» es una de sus obras más conocidas, o «Judas Macabeo». Su música orquestal, como conciertos, sonatas y suite, música de tecla especialmente la destinada para clavicémbalo, suite, fugas y conciertos para órgano, grandes suite para clave o los Concerti Grossi. Y dos de sus obras más importantes instrumentales «Música para los Reales Fuegos de Artificio « y «Música Acuática». Otro de los músicos más brillantes de la historia de la música es Franz Joseph Haydn (1732-1809). Se celebra el 200 aniversario de su muerte. Junto a W.A.Mozart, es uno de los autores más importantes del Clasicismo. De F. J. Haydn caben destacar sus cuartetos, su música de cámara y especialmente sus 104 sinfonías. Félix Mendelsshon (1809-1847), 200 años de su nacimiento, de los compositores más destacados del Romanticismo. De su música, lo más conocido e interpretado es la 4ª

Sinfonía, el «Concierto para violín» op. 64 y de los números instrumentales, «El sueño de una noche de verano». Los centenarios de la muerte de los compositors españoles Isaac Albéniz (1860-1909), Francisco Tárrega (1859-1909) y Ruperto Chapí (1851-1909). Albéniz es conocido sobre todo por sus obras para piano, entre las que destaca la «Suite Iberia»; Tárrega por sus composiciones para guitarra, de las cuales «Recuerdos de la Alhambra» es la más célebre ; y del alicantino Ruperto Chapí, destacado compositor de zarzuelas, que le dio una proyección universal, podemos resaltar «La Bruja», «El duo de la africana» y sus dos obras cumbres: «La Revoltosa» y «El Tambor de Granaderos». Y ya, por último, celebramos el cincuentenario de la desaparición de Heitor Villa-Lobos (1887-1959), quien tuvo el gran mérito de haber integrado el folklore brasileño en la música de concierto. Con respecto al la música de jazz celebramos el centenario de Benny Goodman, denominado Rey del Swing, y también se cumple medio siglo de la muerte de la cantante Billie Holiday.


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ESPAÑOLES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (IV) Españoles en los ejércitos aliados: Garbo Mariano Gracia

Garbo: Juan Pujol Hitler contaba con espías muy eficientes en el Reino Unido, cerca de los órganos de decisión de los aliados. Cuando en la madrugada del 6 de junio de 1944 llegaron las primeras noticias que daban cuenta del desembarco de Normandía, el Führer consideró durante varios días que se trataba de una maniobra de distracción. Puntualmente informado de los proyectos del enemigo por un agente cuyo nombre en clave era Arabel, había decidido desplazar el grueso de las tropas alemanas a otra zona costera (el Paso de Calais) en la que se esperaba el verdadero ataque aliado. Cuando el alto mando alemán comprendió la auténtica magnitud de la operación de desembarco, ya era demasiado tarde para detenerla. Arabel era, en realidad, un agente doble que trabajaba para los británicos y transmitía las informaciones que estos le dictaban. Demostró, eso sí, una extraordinaria habilidad para convencer a los alemanes —y al mismo Hitler— de la fiabilidad de sus comunicados y de su lealtad personal. Arabel era un español –catalán, por más señas— llamado Juan Pujol, y hoy en día no resulta difícil hacerse a la idea de la relevancia de su papel en aquellos acontecimientos… Nació el 14 de febrero de 1912 en el seno de una familia de la alta burguesía catalana, empresarios del ramo textil. Su educación fue católica, liberal y pacifista. Al comenzar la guerra, rehusó incorporarse a filas; sin embargo, en la primavera de 1938, acogiéndose a una amnistía para los desertores, se incorporó al ejército republicano. El 10 de octubre del mismo año, no obstante, se fugó hacia las líneas franquistas, en una acción de la que posteriormente se arrepentiría. En el bando faccioso fue nuevamente alistado, pero consiguió terminar la guerra sin haber dispara-

do un tiro contra nadie. Y descubrió que el régimen franquista, versión local de los fascismos europeos, casaba muy mal —peor que la España republicana que había conocido— con su ideal liberal y pacifista. Pujol decidió actuar y, al igual que sus compatriotas exiliados, consideró que, si Hitler y Mussolini caían, Franco sería también depuesto por las potencias vencedoras. Pero…¿cómo colaborar con los aliados? En un principio, se dirigió a la embajada británica en Madrid para ofrecerse como espía, pero no lo aceptaron; el MI-5 reclutaba a quien consideraba de confianza y no a desconocidos. Cambió de estrategia y pergeñó un plan asombroso: ganarse la confianza de los alemanes, mucho más receptivos a los colaboradores surgidos de la España franquista, y volver a ofrecerse a los británicos como agente doble. En la embajada alemana consiguió hacerse pasar por un fanático franquista admirador del nazismo, siendo incorporado al servicio secreto alemán (la Abwehr) con el nombre en clave de Arabel (los alemanes también utilizarían el de Rufus). En 1941, los alemanes lo trasladaron a Londres, aunque él se quedó en Lisboa, donde volvió a presentarse a los británicos, a los que consiguió convencer de la utilidad de sus contactos con los nazis. A pesar de que para los aliados su nombre en clave fue Bovril, su capacidad de fabulación hizo que sus superiores —que lo consideraban el mejor actor del mundo— acabaran rebautizándolo como Garbo, en honor a la actriz Greta Garbo. Durante su estancia en Lisboa, Pujol se valió para redactar sus informes de un mapa de Inglaterra, un diccionario de términos militares, la Guía Azul de navegación marítima, revistas consultadas en la biblioteca de Lisboa y noticiarios cinematográficos. Aunque la información era falsa o evidente, Garbo redactaba con suficiente habilidad

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Playa de Omaha

como para hacerla pasar por relevante. Con ayuda de una guía de ferrocarriles británicos simulaba viajes imaginarios por Gran Bretaña, llegando a enviar partes de gastos por tal concepto, que los alemanes abonaron escrupulosamente. Como desconocía las equivalencias del sistema de monedas inglés, enviaba los gastos por separado y sin sumar. Dado que los matasellos de sus comunicaciones eran portugueses, se inventó a un colaborador, piloto de la compañía holandesa KLM, quien, según Pujol, enviaba los informes desde Lisboa para más seguridad. Los alemanes nunca sospecharon nada y su confianza en el presunto fascista español fue progresivamente en aumento. Por otro lado, el MI-6 (la rama del servicio secreto británico para la que trabaja 007) autorizó por fin en abril de 1942 su traslado a Londres, adonde acudieron también su esposa e hijo. En esta ciudad actuó bajo el control del Comité XX («Doble Cruz»), una iniciativa de la Inteligencia Británica basada en la captura de agentes alemanes y su posterior conversión en agentes dobles. Su trabajo principal era el de convencer a los alemanes de que había conseguido reclutar a un gran número de agentes en Gran Bretaña, algunos de ellos personas de mucha influencia y con información valiosa. Para cumplir

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con su objetivo, inventó un grupo de dos docenas de colaboradores —todos imaginarios—, a los que dotó de personalidad, de un historial profesional, un estilo de prosa y una caligrafía particulares, así como de ficticias tareas de espionaje. El presunto equipo envió unas 400 cartas secretas y cerca de 2000 mensajes de radio a los alemanes. Y ni uno solo de ellos existió más que en la imaginación del propio Garbo. En realidad, transmitía a los alemanes lo que los británicos le indicaban. Tan importante era el espía español para los dos países para los que trabajaba (y tan convincente para los alemanes) que en 1944 los ingleses le condecoraron con la Orden del Imperio Británico y, casi al mismo tiempo, recibía la Cruz de Hierro de una Alemania agradecida. Su ficticia red de espionaje, pues, estaba compuesta por 14 agentes y 11 contactos importantes. Contaba, según él, con un lugarteniente, un operador de radio y varios ayudantes en todo el Reino Unido. Entre los más curiosos «agentes» estaban un alcohólico piloto de la RAF, un lingüista de Inteligencia y una agente a la que llamó Wren por las siglas de «Women’s Royal Naval Service». Pujol informó a la Abwehr que Wren había sido enviada al Cuartel General británico del Sureste Asiático en Ceilán, desde


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donde ella le enviaría los informes para ser transmitidos a la Abwehr. Los alemanes pasarían esa información a la embajada japonesa en Berlín, que a su vez la retransmitiría a Tokio. En ocasiones debía inventar una explicación si alguno de sus agentes había sido incapaz de informar sobre una operación, para no descubrir que todo era una farsa. En una ocasión informó que uno de sus agentes había caído enfermo justo antes de un gran movimiento de la flota en la que estaba destinado. Al caer supuestamente enfermo, le fue imposible a ese espía transmitir aquella información. Para mayor credibilidad, incluso tuvo que fingir la muerte de ese agente y el Servicio Secreto británico publicó una esquela falsa en un diario local. De esa forma, los alemanes creyeron su historia y hasta pagaron una compensación a la «viuda» del agente muerto. La operación más importante en la que participó fue el engaño sobre el Desembarco en Normandía. Convenció a los alemanes de que las fuerzas aliadas disponían de 77 divisiones y de 19 brigadas en la costa sur de Inglaterra, es decir, un 50% más que en la realidad. Arabel informó a los alemanes de que semejantes preparativos se iban a emplear en un desembarco en el Paso de Calais, cuando, en realidad, el objetivo eran las conocidas playas de Normandía. Para dar credibilidad a la idea de un desembarco en el norte de Francia, los británicos hicieron flotar en esa zona barcazas de aglomerado falsas, y construyeron puertos de cartón-piedra y tanques de caucho. Como consecuencia de todo ello, los alemanes concentraron sus tropas en el lugar equivocado, desprotegiendo la verdadera zona de ataque. Una vez desencadenada la auténtica maniobra de desembarco, Garbo debió seguir un día más con la farsa, convenciendo a los alemanes de que se trataba de una acción distractora, mientras los generales aliados hablaban confusamente en la radio de «los primeros desembarcos de una serie», dando a entender que la operación de más peso podría estar por venir. Sin embargo, el general De Gaulle, en un inoportuno alarde de protagonismo, casi da al traste con la operación de engaño al hablar claramente de Normandía como la «batalla suprema». Consultado urgentemente por los alemanes, Arabel respondió invirtiendo la realidad: los mandos aliados habrían cometido la torpeza de desvelar la verdadera estrategia de los desembarcos, mientras De Gaulle era el único que seguía las directrices secretas para distraer a los defensores alemanes. Y añadió datos acerca de un enorme y ficticio depósito de armamento al sur de Londres, comunicado mediante un tren subterráneo. Los alemanes creyeron sin dudar a Pujol; quizás este sea el mejor ejemplo de su enorme capacidad per-

suasiva. En el Imperial War Museum de Londres, se expone información sobre estos hechos, que incluye material altamente sensible ya desclasificado. Tras la guerra, y por motivos de seguridad, fingió su propia muerte y se marchó a Venezuela bajo identidad falsa. Ni siquiera su mujer y sus hijas supieron de él hasta casi cuarenta años más tarde, cuando se dio a conocer en los años ochenta. Fue dado por muerto incluso por el MI-5 —burlando así a los Servicios Secretos británicos—, hasta que un periodista británico, Nigel West, lo encontró en 1984 y descubrió al mundo quién era el espía que había engañado a Hitler. Sus propios hijos fueron los primeros sorprendidos con la revelación; Juan Pujol había guardado su secreto durante cuarenta años —tal vez temeroso de los nazis huidos y escondidos en América—, pero en aquel momento sintió la necesidad de contar su historia. Juan Pujol fue un hombre sencillo que nunca hizo gala de sus indudables méritos, calificado por sus biógrafos como noble, buena persona, muy inteligente y astuto, con un don innato para las relaciones personales. Quizás con un punto de quijote, pues comenzó a desarrollar sus acciones en solitario (pero contra enemigos bien reales) y nunca militó en ninguna organización. Pacifista a su manera, se mostraba orgulloso de haber pasado por dos guerras sin disparar un tiro ni haber matado a nadie; seguramente, sus actividades evitaron bajas notables. Su actuación fue importante a lo largo del conflicto y fundamental en los días del desembarco de Normandía, uno de sus momentos más críticos. Su relevancia histórica y su calidad humana posiblemente superen con creces a las de muchos personajes que tienen dedicadas calles, edificios, parques o monumentos. Y ya hace veinticinco años que su peripecia salió a la luz; quizás sea ya hora de rendir, de alguna manera, homenaje a su memoria. En 1985 recibió la Medalla del Imperio Británico de manos de la Reina de Inglaterra; murió tres años más tarde (el 10 de octubre de 1988) en Caracas. Además de Nigel West, el periodista español Javier Juárez también le dedicó una documentada biografía: Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler, Madrid, Ed. Temas de hoy, 2004. En el sitio web del MI-5 (http://www.mi5. gov.uk/output/agent-garbo.html9) se recuerda el importante papel de Garbo en el desembarco de Normandía y se incluye una biografía de Juan Pujol. Curiosamente, el MI-5 lo considera el modelo de espía por excelencia y plantea incluso actividades para escolares basadas en los mensajes que Garbo enviaba a los alemanes: http://www.mi5.gov.uk/ output/agent-garbo.html.

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MEMORIA Beatriz Ciria

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élix Conde introduce el encantador relato de Ateh, princesa de los Khazar, pueblo intermediario entre escitas y bizantinos, que controlaba minas de sal y con ellas la moneda y las encrucijadas, con el fin de que la dialéctica hegeliana se transformara en algo asequible al común de los mortales. Ateh era portadora de la muerte cuando dormía. Para evitar que matara o muriera, unos servidores ciegos pintaban por las noches sobre sus párpados cerrados un alfabeto. Mortal para quien lo leyera, pero, si no era leído, conservador de vida. Todas las mañanas era borrado, para que la vida normal pudiera continuar. Una primavera la princesa se quejó de que su vida era, entre pintada y pintada, de una homogeneidad demoledora. Así, un día, para evitar que se aburriera, los servidores de la princesa le trajeron dos espejos de sal pulimentada, uno adelantaba y el otro atrasaba. Todo lo que el espejo veloz recogía en el futuro reflejando el mundo por adelantado, el espejo lento lo devolvía, porque era tan lento en relación con el presente como el otro rápido. Cuando los sirvientes trajeron los espejos a la princesa Ateh, esta dormía y las letras no habían sido borradas todavía de sus párpados. Ateh se vio a sí misma en los espejos con los ojos cerrados y murió instantáneamente. Murió la primera vez que leyó las letras letales sobre sus párpados, porque había cerrado los ojos el momento anterior y el posterior, y los espejos lo habían reflejado. Cayó muerta simultáneamente por letras que venían del pasado y del futuro. Somos hijos del siglo XX, el más sangriento de la historia. Este lo es de las dos Guerras Mundiales. Estas, de crisis; y la Segunda, de la del 1929. Así, la Europa de los años 30 se la disputaron entre los que disfrutaban sin freno de la Belle Époque y los que se acordaron el resto de sus vidas de las cenizas de sus Ángelas particulares. En España, la crisis se manifestó en una guerra civil. En Europa, en la denominada IIª Guerra Mundial.

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En una guerra civil no hay victoriosos. Europa está, todavía, restañando sus heridas. Los lugares en donde fueron tapadas, sin desinfectar, sin usar antibióticos, sin asimilar… ha habido más guerras. Incluso stasis: término griego usado para designar situaciones de conflictividad social larvaria, existente, pero sin declaración formal de guerra. Aquí, se han tapado las heridas sin boina, como decía Gila. 36 años de victoria, 30 años de prudencia transitoria y una ley de Memoria Histórica. Los adolescentes comentan que ya están hartos de tanta Guerra Civil. Los vencedores y sus hijos, también. Pero en los enfrentamientos dialécticos nunca gana de manera absoluta ninguno de los dos polos enfrentados. Si tal sucediera, desaparecería la contradicción y, con ella, los opuestos. El tiempo sería un homogéneo presente. La historia es como el mar, siempre devuelve los muertos arrojados en sus mareas. En España murieron personas y de algunas de ellas se intentó que sus nombres fueran olvidados; las hojas de sus vidas, arrancadas; las lágrimas de su sangre, reprimidas; marginada, e incluso extinguida, su descendencia. Tras 70 años de silencio, la marea de la historia nos devuelve intacto el deber de asimilar una victoria sabiendo que el oponente no puede ser destruido. Sabiendo que no debemos olvidar. No hemos podido en 70 años. Hacía falta una ley de memoria histórica u otra similar. La que ha sido elaborada tiene sus defectos, pero redactar una ley tiene la ventaja de que ordena una necesidad. Y, al estar redactada, puede mejorarse, dejarse como está o sustituirse. Debemos ser conscientes de que el presente que estamos viviendo es hijo de nuestro futuro. Letal si no aprendemos de nuestros errores y nos empeñamos en ocultar las macabras letras del alfabeto de una guerra civil debajo de los enormes párpados de nuestra interesada ignorancia.


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 Ilustra: Cristina Duesca

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LA INQUISICIÓN Marta Pastor Oliver

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ué es la Inquisición y a qué nos referimos cuando hablamos de ella? En principio, se trata ni más ni menos de un concepto jurídico muy claro que se refiere a la actitud y actividad de un juez que toma la iniciativa en un proceso, dirigiendo una investigación sin la necesidad de la participación de ningún promotor externo o sin que las querellas se incoen a instancia de parte, pero, cuando hablamos normalmente de Inquisición, nos referimos al Tribunal del Santo Oficio y, más en concreto, al Tribunal español fundado por los Reyes Católicos en Castilla en 1478 e instaurado en Aragón en 1484. Se olvida con frecuencia que, a iniciativa del Papado, ya se creó un Tribunal semejante en 1230 para Europa Occidental en defensa de la ortodoxia doctrinal y del poder del Pontífice en los siglos XIII y XIV, sobre todo para perseguir a la herejía cátara o albigense, que había arraigado en el sureste de Francia. Los que hayan leído El Nombre de la Rosa, una de las más célebres novelas históricas de Umberto Eco(1), entenderán bien a qué tipo de institución me refiero. Esta había sido encomendada por el papado a los dominicos, también llamados los perros de Dios, quienes, fundados por Santo Domingo de Guzmán, tuvieron entre ellos a uno de los más ilustres filósofos de la Baja Edad Media, Santo Tomás de Aquino, profesor de teología en la Sorbona e intelectual encargado de adaptar el pensamiento de Aristóteles al marco del cristianismo y de expresar la doctrina cristiana según las categorías de la filosofía griega en su momento de mayor esplendor, el período de la polis clásica en los siglos V y IV a. de C. Pero tras un período de firme persecución y violencia en Europa, la “Inquisición” languidecía bajo la dirección, en ocasiones indolente, de los obispos al mando de sus diócesis. Esto ocurrió en el reino de Aragón. Bastante tuvo que sufrir Europa la crisis del siglo XIV, viendo diezmada su población por la peste (1)  Eco, Umberto, El Nombre de la Rosa, Barcelona, Lumen, 2003.

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bubónica y la tragedia de la subalimentación, viendo crecer el poder de una nobleza asalvajada con la que apenas podían hacerse los monarcas legítimos, quienes reaccionaban encastillándose en sus feudos, viendo crecer también la violencia de un pueblo empobrecido y enardecido contra las comunidades judías, con las que convivía de un modo inestable y a las que hacía responsables como chivo expiatorio de todos sus males y miserias. El siglo XV en los reinos hispánicos terminó con la boda secreta, o al menos discreta, de dos flamantes representantes de la dinastía de Trastámara, Isabel y Fernando, quienes, inmersos en su juventud en cruentas guerras civiles —véanse si no los casos del Príncipe de Viana, heredero al trono en Navarra, o el de Juana la “Beltraneja”, supuesta hija del rey Enrique IV, en Castilla— no tenían in mente más que dos ideas muy claras: imponer la paz y el orden en la península para controlar y hacer prosperar sus reinos. Con tal propósito establecieron en los mismos las tres Santas: la Santa Hermandad, la Santa Cruzada y la Santa Inquisición o Tribunal del Santo Oficio, que arrancaron al Papa(2) como concesión especial para convertirlo, como tribunal de nueva fundación, de tribunal eclesiástico en un tribunal polisinodial, dependiente a la vez del rey y del Papa. De esta manera se podía emplear tal institución como arma política a favor del monarca, embarcado por entonces en el magno proyecto de fundar el Estado Moderno o establecer la monarquía autoritaria, basada en una burocracia eficaz, una diplomacia estable y preparada, y un ejército permanente al servicio de la Corona, compuesto por mercenarios y no por vasallos armados reclutados por la levantisca nobleza. ¿Y qué papel jugaba en este proyecto el Tribunal del Santo Oficio? El papel muy claro de ser el instrumento privilegiado del rey para compactar una sociedad heterogénea y compleja y, (2)  El 1 de noviembre de 1478, cuando el Papa Sixto IV concedió a los Reyes Católicos en su bula Exigit sinceras devotionis affectus la posibilidad de nombrar a los eclesiásticos que ejercieran de inquisidores en las diócesis de sus reinos.


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para hacerla más dócil a sus mandatos, permitiéndole ir mermando los particularismos medievales en un momento en que no se distinguían política y religión y en el que la tolerancia se consideraba el vicio de los débiles, de aquellos que no tenían nada en que creer y, por tanto, nada que defender(3). El Tribunal se estableció en Aragón pocos años después, en 1484, no sin grandes resistencias por parte de este antiguo reino y de su oligarquía judaica, quien acabó por facilitar el terreno a don Fernando, volviendo a la población en su contra con el torpe asesinato de Pedro Arbués mientras oraba en la Catedral de la Seo, siendo nombrado el célebre maestre Épila inquisidor de Zaragoza. El Tribunal fue dirigido desde su Consejo al servicio de los monarcas y establecido como única institución común a los reinos de Castilla y de Aragón. Se organizó en Tribunales de distrito, controlados primero desde Valladolid (efímero período de la época de Felipe III en que la Corte se trasladó a esta capital) y más adelante desde Madrid por el Consejo de la Suprema. Al mando de los mismos había tres inquisidores, generalmente clérigos regulares (dominicos, jesuitas) o seculares, según las épocas, con una gran formación jurídica en los mejores Colegios Mayores de la Península. Más versados en derecho (3)  Recomiendo en este sentido leer dos artículos acerca de la intolerancia extendida por toda Europa en los siglos XVI y XVII: “La represión intelectual y religiosa en la Inglaterra de los Tudor”, de Thomas R. Hartman, y “Tolerancia e intolerancia en el protestantismo centroeuropeo: Sebastián Castellion frente a Lutero y Calvino”, de Elizabeth Feist Hirsch, ambos en Alcalá, Ángel y otros, Inquisición española y mentalidad inquisitorial, Barcelona, Ariel, 1984, pp. 575 a 587 y 557 a 575.

canónico y común que en teología, muchas veces tenían que ser asesorados por consultores expertos en tal materia. También contaban con el fiscal, el secretario del secreto, nuncios y alguaciles, médico, capellán y alcaide de las cárceles en la propia sede del Tribunal de distrito. Fuera, eran asistidos por comisarios (siempre eclesiásticos) y familiares del Santo Oficio, que eran oficiales laicos, hombres mayores de edad, cristianos viejos y casados, a quienes se permitía llevar insignias y armas en defensa de la fe. Hacían posible la presencia del Tribunal en todo el territorio y eran a la vez temidos y odiados por la prepotencia con que se conducían entre sus vecinos una vez que accedían al cargo. Se premiaba su apoyo remunerándolos por cada encargo hecho y protegiéndolos con la jurisdicción especial que les ofertaba el Tribunal, siendo el único competente para juzgarlos tanto en materia civil como penal, tanto acusando como defendiéndose. Tal especialidad en la jurisdicción sería objeto de concordias y de diversas quejas, tanto en el reino de Castilla como en el de Aragón, del mismo modo que había quejas por parte de las Diputaciones y autoridades acerca del excesivo número de familiares que, según ellos, ocupaban el territorio, asunto sobre el que también había que negociar(4). El Tribunal del Santo Oficio solo podía actuar contra los bautizados y en su actividad habitual co(4)  Sobre está cuestión, los familiares del Santo Oficio, recomiendo consultar la obra de José Enrique Pasamar Lázaro, Los familiares del Santo Oficio en el distrito inquisitorial de Aragón, Institución Fernando el Católico (C.S.I.C.), Zaragoza, 1999, y en especial lo referido a la introducción y al estado de la cuestión sobre este tema, pp. 15 a 24 y, para entender la figura del familiar, pp. 27 a 31.

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menzó por perseguir con intensidad a los criptojudaizantes o falsos conversos, siendo esta la razón por la que el Tribunal había sido establecido en Castilla por los Reyes Católicos. Una vez que, tras la expulsión de marzo de 1492, un intensa actividad persecutoria había logrado controlar este problema, se planteó con urgencia, durante el siglo XVI, el tema de los moriscos, obligados a bautizarse masivamente en 1502 y 1525. Sublevados en las Alpujarras contra Felipe II, fueron finalmente expulsados por Felipe III a instancias del Duque de Lerma, su valido (1609 ‒ 1614), por temor a que los moriscos en España fueran, o llegaran a ser en el futuro, una quinta columna del turco que hostigaba y hacía peligrar la estabilidad del Imperio desde las costas del Mediterráneo. Una vez efectuada la expulsión y protegidos los conversos por el Conde Duque de Olivares en el período de 1621 a 1643, poco trabajo le quedaba ya al Tribunal, que desde ese momento se dedicó a vigilar la ortodoxia y la estricta observancia en el decir y el actuar entre una población de cristianos viejos de muy escasa formación, a los que había que inculcar los principios y decretos establecidos en el Concilio de Trento (1545 ‒1563). El número de procesados disminuía y con ellos también disminuían los ingresos del Tribunal, que vivía de las confiscaciones y penas impuestas a los reos, pues pocos fueron los calvinistas y protestantes procesados (sobre todo tras el desmantelamiento bajo el reinado de Felipe II del círculo luterano de Valladolid, narrado en la magnífica novela de Miguel Delibes, El Hereje(5), que resulta ser muy útil e ilustrativa para entender el ambiente de la época) y muchos de ellos fueron condenados por su autodelación espontánea tan sólo a confesarse y a ser instruidos en la fe católica. Durante el siglo XVIII la nueva dinastía borbónica pareció prestar menor atención al funcionamiento del Tribunal e incluso se dice que Felipe V rehusó participar en el Auto de Fe con el que se pretendía inaugurar su reinado, aunque actualmente hay autores que señalan que la Inquisición no cayó en esos días en el letargo que se presupone. Es al final del reinado de Carlos III, quien intentó controlar el Santo Oficio dentro de su postura regalista, y del de Carlos IV, al perseguir la ideología de la Ilustración (como en el caso de los procesos de Melchor de Macanaz, de Gaspar de Jovellanos o de Pablo de Olavide), cuando la Institución dio sus últimos coletazos antes de desaparecer, primero con la llegada de José I, el rey intruso y su Estatuto de Bayona, después en las Cortes de Cádiz y, restaurada de nuevo por (5)  Delibes, Miguel, El hereje, Barcelona, Ed. Destino, 1998.

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Fernando VII, se abolió en el Trienio Liberal (1820 ‒ 1823), se volvió a restablecer en la década ominosa y, finalmente, desapareció de un modo definitivo con el decreto real que la reina Mª Cristina de Borbón, regente de Isabel II, firmó en julio de 1834. ¿Cómo debemos enjuiciar a esta institución y a la sociedad que la sostuvo y apoyó? En primer lugar, sin anacronismos y sin aplicar las categorías morales ni la mentalidad propia de nuestra época a un pasado del que nos sentimos solidarios por el sufrimiento de tantos semejantes nuestros y, acto seguido, con la comprensión del que quiere acercarse a la verdad sin prejuicios. La Inquisición fue hija de su tiempo, apoyada por la mayor parte de la sociedad a la que vigilaba, y, aunque ejerció la misma justicia cruel que todos los tribunales de su época, sostuvo un sistema carcelario mucho más humano que los demás, un control mucho más riguroso sobre la aplicación de la tortura para evitar abusos, un tratamiento mucho más racional del tema de la brujería que otros tribunales eclesiásticos y civiles, y una aplicación mucho más justa de la legislación vigente, aunque se debe confesar en su cargo que estableció la pedagogía del miedo, forzando a la delación de los convecinos y manteniendo en secreto a los testigos que declaraban en contra del acusado, lo cual hacía enormemente difícil defender adecuadamente al detenido. Por lo demás, fue muy escasa la ejecución de la pena de muerte, o relajación al brazo secular por orden de la Inquisición, y lo más corriente es que esta castigara con la abjuración, el destierro, la confiscación de bienes o en algún caso con el sometimiento del reo a la vergüenza pública, es decir, siendo azotado sobre un borrico con manto y coroza de hereje. Y para terminar, ojalá la historia nos enseñe a respetar la intimidad de los demás, sus creencias y opiniones, su visión particular de la vida y de las cosas, con la virtud de la tolerancia, que debemos aplicar también en la mirada con que nos acerquemos al pasado, sin juicios de valor ni preconceptos, sino con el ánimo de buscar la verdad para construir cada vez un mundo más humano, más justo y mejor. BIBLIOGRAFÍA Para saber más, son textos muy asequibles y con suficiente información para comprender bien esta Institución de la Edad Moderna los siguientes: ‒ Bennassar, Bartolomé, Inquisición española: poder político y control social, Barcelona, Ed. Crítica, 1984. ‒ García Cárcel, Ricardo, La Inquisición, Madrid, Anaya, 1990. ‒ Kamen, Henry, La Inquisición española, Barcelona, Ed. Crítica, 1985. ‒ Pérez, Joseph, Breve Historia de la Inquisición en España, Barcelona, Ed. Crítica, 2003.


 Ilustra: Beatriz Sumelzo

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LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA. ARAGÓN Y LAS CINCO VILLAS Ana Garcés Aznárez

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ue el conflicto armado que opuso a España con las fuerzas del Primer Imperio francés entre 1808 y 1814. Aunque el monarca español Carlos IV había firmado la alianza con Francia en 1796, Napoleón, interesado por las riquezas españolas de América, por la lana que se producía en la península, apremiado por la petición de los pañeros franceses que deseaban que los ganaderos españoles les suministrasen toda su producción de lana merina y sus agricultores las variedades de algodón que necesitaban y, además, considerando a España como pieza esencial para el dominio del Mediterráneo, fue cambiando sus propósitos con respecto a España después de que la flota española, conjuntamente con la francesa, fuera derrotada en Trafalgar (1805). Sin barcos, su socio español era de poca ayuda frente al poderío naval inglés. El emperador ideó un plan de intervención primero, después, uno de ocupación y, por último, otro de sustitución de la monarquía de los Borbones por otra encabezada por un miembro de su propia familia. Napoleón pensaba que la ocupación de España iba a ser fácil por la debilidad de la monarquía española originada por las disputas entre Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, por el trono. Pero estaba equivocado ya que confundía esta con la actitud del pueblo español que no estaba dispuesto a aceptar la presencia francesa en su suelo. El emperador mostró un tremendo error de cálculo cuando declaró: «si aquello fuera a costarme 80.000 hombres, no lo haría, pero creo que no me harán falta más allá de 12.000». No tardaría mucho en comprobar que no iba a poder conseguirlo ni con un ejército de 200.000 soldados. Algunos episodios preliminares de la guerra ocurrieron en las siguientes fechas. 27-X-1807 27-X-1807 Tratado de Fontainebleau: firmado en Fontainebleau por el valido de Carlos IV, Manuel Godoy, y Napoleón Bonaparte. Se estipulaba la invasión mili-

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tar conjunta franco-española de Portugal y se permitía para ello el paso de las tropas francesas por territorio español, siendo el principal antecedente de la Guerra de la Independencia. 17-IV-1808 17-IV-1808 Motín de Aranjuez: levantamiento popular en esta comunidad madrileña debido al descontento popular por la presencia de tropas francesas en España que van ocupando (sin ningún respaldo del tratado) diversas localidades españolas (Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona…) y también a las intrigas de la corte, ya que los aristócratas, recelosos del poder absoluto de Godoy, apoyan al futuro Fernando VII, lo que produce la abdicación de Carlos IV en su hijo. Abril1808 1808 Abril Abdicaciones de Bayona: Carlos IV pide ayuda al emperador francés, quien, con engaños, los atrae a él y a Fernando VII a Bayona, donde obliga a ambos a abdicar en su persona y nombra rey de España a su hermano José Bonaparte, José I. 2-V-1808 2-V-1808 Dos de mayo: nombre por el que se conocen los hechos violentos acontecidos en Madrid aquella jornada, surgidos por la protesta popular ante la situación de incertidumbre política generada tras el motín de Aranjuez y reprimida por las fuerzas napoleónicas presentes en la ciudad. Se extiende por todo el país una ola de proclamas de indignación y llamamientos públicos a la insurrección armada que desembocarían en la Guerra de la independencia española. Muchas ciudades españolas estaban ya bajo el dominio francés. Con respecto a Aragón, la intención de Napoleón era ocupar Zaragoza, clave del valle del


 Ilustra: Elena Arrese

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Ebro, por ser un cruce fundamental de comunicaciones. Por ese motivo salió de Pamplona una división del ejército francés, los zaragozanos salieron a su encuentro para frenar su avance, pero fueron derrotados en Tudela, Mallén y Alagón y el ejército francés se presentó ante Zaragoza el 15 de junio, dando lugar al primer sitio de Zaragoza. SITIOS DE ZARAGOZA. El alzamiento lo organizaron gentes pertenecientes a todas las clases sociales: políticos, aristócratas, hombres del pueblo, antiguos militares, el bajo clero y los religiosos. En el verano de 1808 las poco numerosas fuerzas militares enviadas para ocupar Zaragoza se encuentran con la sorpresa de tener que asediar la ciudad ante la feroz resistencia de sus habitantes: hombres, mujeres y niños, guerra que conmovió las raíces de Aragón. PRIMER SITIO. Moncey, mariscal francés, se aproxima a Zaragoza el día 15 de junio de 1808, la ciudad se resiste y da lugar al primer asedio, pero las fuerzas francesas no eran suficientes y tuvieron que limitarse a un bloqueo ineficaz del Arrabal. La lucha fue encarnizada, dirigida por gentes como Lorenzo Calvo, Mariano Renovales, Santiago Sas y la condesa de Bureta. 15.000 soldados franceses se enfrentaban a una plaza abierta y no muy fortificada en la que había apenas 2.000 soldados profesionales y más de 10.000 voluntarios. Tras una larga noche de lucha

en las puertas de la ciudad (el Portillo, la puerta del Carmen y la de Santa Engracia), los defensores logran detener el ataque. El asedio dura hasta el 13 - 14 de agosto de 1808. SEGUNDO SITIO. El 21 de diciembre de 1808, el mariscal francés Lannes, con más de 36.000 hombres y sesenta cañones, ataca nuevamente Zaragoza, defendida por los bravos aragoneses a las órdenes de Palafox. Después de un mes de infructuosos ataques, el 1 de febrero de 1809 habiendo caído el Monte Torrero, los franceses penetran en la ciudad luchando durante tres semanas calle por calle, casa por casa. Se ataca al enemigo desde tejados y ventanas, se producen innumerables casos de heroísmo, pero el hambre y la peste hacen acto de presencia. De 55.000 habitantes solo quedaban 18.000 y de estos 14.000 enfermos, el mismo Palafox estaba enfermo. Finalmente, el 21 de febrero la bandera blanca apareció en la Torre Nueva de la ciudad indicando su capitulación. La caída de Zaragoza supuso para Aragón un gran abatimiento, nadie lo esperaba. Aun con todo, la resistencia y el acoso por parte de los aragoneses fueron continuos ya que hicieron en todo momento una guerra sin cuartel, al acecho, especialmente los guerrilleros hasta el final de la guerra. Un hecho que remarcar fue la valiente actuación de la mujer en el conflicto, ya que participaron

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activamente en él. Como ejemplo, la condesa de Bureta, que formó y dirigió un cuerpo especial femenino al que denominó Cuerpo de Amazonas, que se encargaba del socorro de los heridos y del aprovisionamiento de víveres y municiones a los combatientes y que no tenían reparos en empuñar un arma en ocasiones de excepcional peligro. De estas mujeres destacamos algunas como Casta Álvarez o Juliana Larena Fenollé, nacida en Ejea de los Caballeros, que actuó como enfermera atendiendo a los heridos en primera línea y estuvo en la defensa de El Pilar, uno de los lugares de mayor peligro. Sin olvidarnos de Agustina de Aragón, que ha pasado a la historia como heroína indiscutible de los Sitios de Zaragoza tras protagonizar el siguiente hecho: tras haber caído heridos o muertos todos los defensores de la puerta del Portillo, las tropas francesas se aprestaron a tomarla al asalto. La situación era desesperada y entonces Agustina, que formaba parte de un grupo de mujeres que atendía a los heridos, consiguió disparar un cañón sobre las tropas francesas. Los asaltantes, temiendo una emboscada, se batieron en retirada y el boquete pudo ser reparado. En todo Aragón la guerra se vivió intensamente, también en las Cinco Villas, donde los habitantes de Tauste, Sádaba y Ejea formaron tercios de voluntarios para hacer frente a la presencia de las tropas invasoras. Estas codiciaban las tierras de las Cinco Villas por el ganado que en ellas se criaba. Uno de los episodios más famosos en esta zona fue el conocido como «corrida extraordinaria en Ejea de los Caballeros»: el gobernador militar francés de Zaragoza había ordenado el pago de una contribución de guerra en todo Aragón, orden que los ejeanos acordaron ignorar. El gobernador francés envió un escuadrón que hiciera saber y obligara a cumplir su orden. Advertidos los ejeanos, prepararon una encerrona a los soldados de Napoleón. Cuando el escuadrón formó en la plaza, que hoy es la de España, y fue leído en voz alta lo dispuesto por el gobernador, los ejeanos dieron suelta a buen número de toros bravíos que tenían encerrados en los zaguanes de las casas que daban a la plaza, al mismo tiempo que impedían la huida de la mayor parte de los jinetes, que murieron a consecuencia de las heridas por asta de toro. Buena parte de la sociedad española estaba en contra de la dominación francesa, pero no toda, por eso podemos hablar de: Afrancesados: aquellos españoles que, durante la ocupación francesa, colaboraron con la misma o con

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la administración del rey José, ya por interés personal o por la creencia en que el cambio de dinastía redundaría en la modernización de España. La mayoría constituía la clase intelectual y pensante del país. Participaron en la elaboración del Estatuto de Bayona de 1810. El rey José I estaba convencido de ser capaz de llevar a cabo una reforma política y social de España, aún anclada en el Antiguo Régimen, los intelectuales y funcionarios creían en él. Leandro Fernández de Moratín le animaba a construir una sociedad basada en la «razón, la justicia y el poder». Tras la derrota del rey en la batalla de Vitoria a mediados de 1813, toda la corte pasó a Francia y con ellos fueron camino del exilio los que habían colaborado con el régimen: militares, juristas, escritores, miembros de la nobleza, etc. Patriotas: el rey José I se encontró con un pueblo que no aceptaba la invasión ni el cambio de dinastía, que consideraba un atropello la ocupación por tropas francesas y que estaba dispuesto a luchar. Con este sentimiento surgieron los guerrilleros. Debido a la superioridad aplastante del ejército napoleónico apareció una nueva táctica militar de asalto, destrucción y veloz retirada. Las organizadas tropas francesas iban a ser hostigadas con pequeñas escaramuzas e incursiones por sorpresa hasta la extenuación, en acciones tanto en el área rural, donde intervenían también bandoleros y contrabandistas, como dentro de las ciudades organizadas por la guerrilla urbana. Bajo el término «guerrilla», hubo una enorme variedad de grupos de procedencia, origen y fines muy diferentes, como, por ejemplo, los bandoleros y contrabandistas que, pese a estar fuera de la ley, desempeñaron un papel importante por su conocimiento del terreno; otros, formados por eclesiásticos y seminaristas (cruzada); algunos desertores del ejército, que eran los más peligrosos ya que se comportaban con una violencia brutal; partidas de ciudadanos, que se echaban al monte para combatir al mando de un líder, etc. Algunos grupos acabaron formando unidades militarizadas de gran eficacia, como los «húsares» o «cazadores francos», destacando los de Burgos, Cantabria y Navarra. Algunos famosos guerrilleros en Aragón fueron el general Villacampa, el labrador Manuel Sarasa, «el cantarero», del cual se cuenta que repartía el botín entre los vecinos depredados por los franceses, algunos no aragoneses, como Juan Martín «el empecinado» y sobre todo el navarro Espoz y Mina. En la zona de Cinco Villas destaca Ginés Marcos Palacín y muchos otros que contribuyeron a dar fin al conflicto en 1814.


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Las fiebres ondulantes Antonio Castellote El modernismo es una aspiración general a la belleza. Juan Ramón Jiménez

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n 1898, el Ayuntamiento de Teruel contrató al tarraconense Pau Monguió. A partir de entonces y hasta 1923, en dos estancias y casi veinte años de trabajo, este arquitecto modernista conquistó la estética de la ciudad: diseñó asilos para huérfanos y ostentosas fachadas burguesas, claustros de conventos y escuelas para niños, pórticos de catedrales y ermitas diminutas. No hay estamento social o edad del hombre que no tenga un reflejo modernista en el Teruel de aquella época. Podemos hacernos a través de sus edificios la idea de una estética integral del territorio, el decorado suficiente para todos los escenarios de una vida, como era, por otra parte, el fundamento del ideario modernista. Es posible que a Pau Monguió, discípulo de Puig i Cadafalch, le hubiese gustado colonizar otra plaza más significativa para él como Tortosa, de cuyo Ayuntamiento fue también arquitecto, o como Reus, donde trabajaba a destajo Pere Caselles i Tarrats, quien también había trabajado en Teruel durante una breve temporada. Es decir, cabe imaginar que el destino de Teruel fue para Pau Monguió una especie de obligado destierro. Digamos que prefirió una vida sin quebraderos económicos ni desengaños artísticos lejos del centro del Modernismo catalán y se marchó al sur. Por aquel entonces, Teruel era una mezcla monótona de adobe y sillería. Entre hileras de casas encorvadas se enseñoreaban palacios de piedra de estilo severo y, por encima de todo, sufridas y exquisitas, quedaban las cuatro joyas mudéjares. Este debía de ser el punto de partida para un modernista que creía en la arquitectura como expresión del ámbito que ocupa. Un paseo por el Teruel modernista sigue dando esa sensación de que los edificios obedecen a su emplazamiento. Muchos se han fundido con el entorno de tal modo que no hay reparos en señalarlos como ejemplos de arquitectura propia, autóctona, de cómo son los edificios que mejor nos reivindican.

Entre las bases del Modernismo está este respeto a los elementos propios del lugar, a las formas de sus montes y a la inclinación de sus callejuelas, a su patrimonio histórico y a los materiales del terreno, a los colores de la luz. Por eso sigue sorprendiendo la versatilidad de Pau Monguió, su elegancia interpretativa. En distintos grados y combinaciones emplea todos los materiales del lugar: yeso, piedra, forja, cerámica y ladrillo, y de paso vuelve a elevar los oficios cotidianos a categoría artística. Herreros como Matías Abad entregaron su sabiduría a un universo de golpes de látigo y motivos florales con que llevar al extremo la delicadeza de un pistilo y la fortaleza del hierro. Nunca desde entonces los artesanos han tenido motivos más que sobrados para sentirse artistas en Teruel y, desde luego, nunca formaron parte tan sustantiva de su desarrollo arquitectónico. En realidad, ni Monguió ni los otros arquitectos modernistas que compartieron o continuaron su tarea utilizaron más materiales que los antepasados mudéjares, pero tampoco sobrepasaron esa sensación de dulzura en mitad del frío que tienen las torres medievales. Este mudéjar no llevaba los arcos apuntados, como era el Modernismo que se llevaba en Barcelona y que el propio Monguió había practicado; era un arte de proporciones cercanas, no un desparrame flamígero. El juego de azulejos de la portada de la Catedral nunca traiciona los principios decorativos del arte al que acompaña. Las hojas de cardo bendito de la reja parecen arroparse más que arder. Aun así, y como corresponde, es una portada egregia. Pero también es de dimensiones perfectas la deliciosa iglesia de Villaspesa, a dos pasos de Teruel, que parece el templo de un cuento popular, una fachada que se anima en gestos afables de gótico rural, levantado sobre piedras, rematado con livianas torrecillas. Y, si se trata de un convento como el de los Franciscanos, Monguió respeta el espíritu, diseña

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suaves ojivas, acompaña al edificio primitivo y conserva su entorno austero. O bien, como en el claustro de San Pedro, eleva un poco el punto y ese aire neogótico le permite un magnífico bestiario modernista para las ménsulas de las arcadas. Cuando sale de los templos, Monguió trabaja en el Ayuntamiento y ahí también el objeto determina el contenido. Sus edificios públicos son particularmente atractivos. Sus asilos para huérfanos y para ancianos y sus escuelas de primera enseñanza están tocados de un encanto recogido, como si Monguió hubiera utilizado las proporciones de la piedad. El asilo de San Nicolás de Bari tiene algo de abrazo solidario, de fraternidad frugal. Todos sus adornos son de punta mellada, todos están limitados, ablandados y, sin embargo, luce la rúbrica de una reja de tallos flexibles, la puerta de un lugar que trata de ser dulce, a pesar del frío. Y algo parecido le ocurre al asilo de ancianos que baja del Teruel antiguo por las laderas de la rambla de San Julián. El edificio, visto desde arriba, tiene algo de gallina clueca, de madre superiora. Hay una delicada tristeza en sus tejados, como un manteo que lo cubre todo y una, en su momento, hermosa galería que aprovecha los últimos rayos de sol de las últimas mañanas de la vida. De todos estos edificios municipales quizá el más hermoso sea el de las Escuelas del Arrabal, el actual Archivo. No hay nada severo en sus ventanas, todo es firme y variado, con esa fruición con que la infancia busca combinaciones nuevas. El Modernismo tiene algo de arte infantil,

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deliberadamente ingenuo, y una escuela es para sus adeptos el gran reto de la sencillez. En esos curiosos ajedrezados, en esas líneas blandas de ladrillo, en esos remates caprichosos se ve la idea de la educación primaria que tenía el arquitecto, un ámbito ameno y protegido donde casi se ven colgando de las paredes los mapas del mundo, donde casi se escuchan las tablas de multiplicar. Estas escuelas sirvieron de pauta para otras que Monguió proyectó en Rubielos de Mora o en Santa Eulalia del Campo, y podrían haber continuado su condición de modelo, si en algún momento antes de finales del siglo XX se hubiese ponderado su auténtico valor. Hoy son monumentos, pero es de temer que las escuelas nuevas no lo hayan de ser en el futuro. El diálogo que Monguió entablaba con la tradición arquitectónica quedó interrumpido como esa línea férrea que discurre por el río Alfambra y cuyas ruinas algo deben también a su forma de interpretar el hombre y el paisaje. Todos estos edificios públicos están en el Teruel humilde, extramuros, al pie de la villa, levantados en páramos ventosos, en cuestas y barrancos cubiertos de barro. Un carburo de arcadas elípticas o unos almacenes de ladrillo junto al río también eran lienzo para la imaginería modernista y poco a poco emergen de las zarzas con una permanencia estética que sobrevive a su función y la recuerda. Pero no todo era trabajar e ir a la escuela. Lo que suele entenderse por Modernismo genuino, esa exhibición floral de las fachadas, esa extrema sofisticación del barandal, esas fastuosas galerías onduladas eran, también, el mejor modo de retratar a los burgueses que las habitaban. Vecinos de posibles trascendían la casa monda y lironda sin llegar a la rancia sillería. Eran frondosos y modernos, abrían sus casas al sol para que brillase su destino. Es posible que se limitasen a confiar en la modernidad, pero el hecho es que ninguna de estas casas, pasado el tiempo, puede considerarse vulgar. En el delicioso búcaro de líneas y guirnaldas de La Madrileña, en sus balcones con mariposas se ve guardar ese mismo sentido de la proporción, la misma condición del sitio. Edificios más austeros que esa pequeña fachada resultan mucho más ostentosos. El minúsculo templete del mirador que se eleva, en la plaza del Torico, por encima de un hermoso edificio de rejerías, azulejerías y columnas delgadas floreadas es como su unidad métrica y espiritual. Todo es, sigue siendo traducible al lenguaje amable que pasea por las calles. En este género total que no abarcaba solo las fachadas, donde hasta los suelos exigían destreza de acuarelista y los radiadores un artista del hierro,


ENSAYO  HISTORIA

Monguió dejó en el centro de Teruel sus piezas más admirables. Estén donde estén, parecen ser lo único que queda de algo que pudo ser igual de hermoso. Pero hay un caso especial, el de la casa Ferrán, metida en una estrecha callejuela, en una de las cuatro esquinas que articulan la curva cuando sube hacia la plaza del Torico. Solo puede mirarse en un contrapicado abrupto desde la acera de enfrente, o emerger digna y sinuosa desde la plaza, o erigirse allá arriba como un barco encallado, si se la ve desde el arranque de la calle Nueva, sus varios cuerpos de cristaleras ondulantes y rejas de fantasía coronados por un espectacular mirador de grandes óculos tristones y una fachada deliciosamente asimétrica, un concierto de líneas curvas que, sin embargo, nunca se desparraman. Monguió usó todos los materiales, todos los oficios, todas las funciones. Fue también un excelente acuarelista y supo sacar los trazos íntimos, la curva que nos define, blanda y sobria, elegante y discreta, irónica y desprendida. A cada lugar, a cada ciudadano supo construirle su edificio. Hoy en día es conservado, estudiado e incluso venerado. Pero su concepto integral del arte y del oficio, del espacio y de la tierra, no ha tenido continuación. Lidió con su tiempo y elevó el Modernismo a una altura solo comparable por estos pagos con el sagrado mudéjar. Pero ya no ha habido una tercera pacífica invasión de arte. El paseante ya no goza el edificio y lo interpreta, ni mira curvas que parecen vidas. En un tiempo en que Gaudí caía víctima de las fiebres ondulantes, Monguió infectó Teruel con sus miasmas de modernidad, de perfección artística y respeto al entorno y a la tradición. Retomar la senda de Monguió significaría plantearse la ciudad como una unidad estética, volver los ojos a ella, hurgar en las líneas de la tierra, construirla.

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ENSAYO 

BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

DOS SIGLOS CON DARWIN

Coinciden este año dos aniversarios

conjuntos, el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, probablemente el científico moderno que más ha influido en nuestra concepción del mundo, y el ciento cincuenta aniversario de su libro fundamental, El origen de las especies. Y, fieles a la cita, las páginas de Ágora recogen dos artículos muy distintos a la hora de acercarse a esas conmemoraciones. El primero, Dos siglos con Darwin, presenta una aproximación enciclopédica al momento culminante de la formación intelectual del gran naturalista, su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle. El segundo, Homo domesticus, se deja llevar, mejor, hacia las implicaciones morales y filosóficas latentes en la teoría de la evolución. Ciencia para la literatura y literatura de la ciencia.

José Ignacio Lafuente

M

ucho se ha escrito sobre Charles Darwin, de su figura y de su obra, y mucho más se va a escribir a lo largo de este 2009 en el que se celebra el segundo centenario de su nacimiento. Darwin puede ser considerado, junto con Albert Einstein, uno de los científicos más conocidos por el público en general. La figura de Darwin se ha manifestado durante estos dos siglos como un referente básico para el desarrollo de la ciencia en general y de la biología en particular. Acercarse a la figura de Darwin supone encontrarse con un hombre de una sorprendente personalidad, llena de matices diversos, sorprendentes y en ocasiones casi antagónicos. Hijo de la sociedad británica de comienzos del siglo XIX, Darwin fue en su etapa juvenil inconformista, mal estudiante, aficionado a las fiestas nocturnas, un burgués rico que coqueteó con la vida fácil, lector empedernido, gran conversador, inquieto, curioso, reflexivo, con una extraordinaria e innata capacidad de observación y una gran pasión por el estudio de la naturaleza. Estas últimas características son las que le permitieron ser acogido por la élite intelectual de las universidades por las que pasó, ya que se relacionó con profesores y expertos naturalistas muy competentes, asistiendo a sus clases, seminarios y estudios de campo. Esta etapa juvenil de Darwin constituye el embrión de lo que más adelante será el hombre de ciencia que elaboró la teoría que actualmente constituye uno de los ejes más sólidos en torno a los cuales gira el progreso en todos los ámbitos de la investigación científica. Pero por otro lado, pocas figuras como la de Darwin resultan tan polémicas por la trascendencia, más allá del mero campo científico, de sus descubrimientos.

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ENSAYO  BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

Desde el mismo día de la publicación de su libro más famoso, El origen de las especies, se inició un encendido debate en el que participaron tanto sectores religiosos, como sociales y académicos y que continúa en nuestros días. Darwin no fue el primer científico en defender que las especies podían transformase en el espacio y con el tiempo. El propio abuelo de Darwin, el doctor Erasmus Darwin, planteó esta misma idea en un tratado que llevaba por título Zoonomía, pero sin establecer una explicación razonada de la causa de tal transformación. El propio Darwin hace referencia, en el prólogo de la tercera edición de El origen de las especies, a la existencia de hasta una veintena de antecesores y el mismo año en que naciera Darwin, el naturalista francés Jean Baptiste de Lamarck publicó Filosofía zoológica, que contenía abundantes especulaciones, poco o nada fundamentadas, sobre la transmutación de las especies. Incluso algunos de sus detractores consideran que Darwin, en realidad, solo era un hombre de mediocres capacidades que se hizo famoso por lo afortunado de su situación en el tiempo y en el espacio. Según ellos, su revolución se palpaba «en el aire» y Darwin simplemente tuvo la paciencia y la tenacidad necesarias para desarrollar las implicaciones evidentes; era, escribió una vez Jacques Barzun, «un gran recolector de datos y un pobre hilvanador de ideas…, un hombre que no tiene lugar entre los grandes pensadores». Nada más lejos de la realidad. Darwin era una persona serena, reflexiva y gran amante de la ciencia. Consciente de la trascendencia de su teoría, temía las respuestas o consecuencias que acarrearía su publicación. Por este motivo buscó pruebas y más pruebas, realizando observaciones hasta la saciedad, experimentos y cruces genéticos de razas o variedades domésticas con plantas y palomas. Desde su visión personal, tan perfeccionista, no veía el final de su argumentación ni de las pruebas en una materia ciertamente compleja y tan espinosa que levantaría ampollas en la sociedad victoriana. La teoría darwiniana, argumentada en El origen de las especies, integra múltiples variables muy complejas, pero las presenta de una forma ordenada, clara y racional. El estilo expositivo, próximo y coloquial, junto con una estructura racional y argumentada, hace que El origen de las especies sea un libro de ciencia único, mezcla de sabiduría rigurosa y de sensibilidad poética. En su libro, por primera vez, Darwin hace acopio de datos reales experimentales, todos ellos innegables y esclarecedores, que demuestran que los seres vivos evolucionan. A la par, y también por primera vez,

propone un mecanismo racional, el de la selección natural, contrastado a base de experimentos, pruebas y datos precisos, que explicaba la transmutación de las especies. Charles Robert Darwin vino al mundo el 12 de febrero de 1809 en una ciudad inglesa próxima a Gales. Era el segundo hijo varón y el quinto vástago de una familia acomodada. Su padre era médico de profesión y, en opinión del propio Darwin, «el hombre más bondadoso que he conocido jamás, un ser cuya memoria venero con todo mi corazón». Su madre, Susannah Wedgwood, murió cuando Darwin contaba sólo ocho años de edad por lo que los recuerdos que tenía de ella eran más bien escasos. Con nueve años de edad ingresó interno en el colegio del doctor Butler. Darwin consideró su paso por este colegio como poco adecuado para su desarrollo intelectual al recibir una enseñanza basada únicamente en un poco de geografía e historia antigua. Las propias aficiones de Darwin, entre las que se encontraban el coleccionismo de minerales, escarabajos, mariposas, sellos e insectos, la observación y caza de pájaros, los largos paseos a solas… le valieron las reprimendas tanto del doctor Butler como de su propio padre al considerar que perdía el tiempo con materias inútiles. Sin embargo, su carácter inquieto, imaginativo, curioso y reflexivo le proporcionaba unas excepcionales dotes para observar el mundo natural. Con 16 años, Darwin es enviado por su padre a Edimburgo a estudiar medicina con la esperanza de que continuara la tradición familiar iniciada por su abuelo. Sin embargo, tampoco se muestra conforme con el tipo de enseñanza recibida en la Universidad de Edimburgo, lo que supuso un paulatino abandono de sus estudios. Darwin fue consciente también por esas fechas de que su padre le dejaría una herencia suficiente para subsistir con cierto confort, lo que le frenó aún más cualquier esfuerzo persistente por aprender medicina. De esta manera, Darwin fue sustituyendo las clases de medicina por las de historia natural. De la estancia de Darwin en Edimburgo es de donde proceden las semillas de todo su pensamiento posterior. El padre de Darwin desaprueba las actividades ociosas a las que dedicaba su tiempo y su conducta frívola e irresponsable y le propone hacerse clérigo. El joven Darwin ve en esta opción una posibilidad de compartir la sacristía con la botánica y la naturaleza e ingresa en la Universidad de Cambridge para

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ENSAYO  BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

cursar estudios humanísticos y teológicos. Pero de nuevo Darwin muestra una opinión negativa sobre la enseñanza oficial recibida en Cambridge. Otra vez son las conversaciones y paseos con diversos estudiantes con los que coincidió en Cambridge y la asistencia a conferencias los que satisfarían su interés por la naturaleza. Los logros posteriores de Darwin pueden considerarse como una mezcla de las ideas de Edimburgo y Cambridge. Durante su estancia en Cambridge asiste de manera espontánea y extraacadémica a las charlas sobre botánica del profesor Henslow. Este párroco y profesor de Botánica de Cambridge supo estimular el interés del joven Charles por la historia natural y lo admitió en su compañía en sus excursiones para recolectar especímenes florales, así como en sus famosas tertulias sobre temas botánicos. Finalmente, fue Henslow quien persuadió a Darwin para que estudiase Geología, materia que hasta entonces lo tenía poco menos que cohibido. El contacto con Henslow introdujo a Darwin en el ambiente intelectual y elitista de Cambridge y le abrió las puertas de su futura dedicación profesional al recomendarle al poderoso Francis Beaufort, geógrafo e hidrógrafo del Almirantazgo de la Armada Real Británica, para el puesto de naturalista en el buque «Beagle». Darwin se muestra decidido a hacer ese viaje, pero una vez más su padre se opone a sus intenciones al considerar ese proyecto como «escandaloso» para su futura condición de clérigo. Solo la mediación de su tío materno, Josiah Wedgwood, y del reverendo John Hensolw logra convencer al doctor Robert Darwin. El 27 de diciembre de 1831 el «Beagle» zarpó desde Plymouth y el entusiasmo que mostró el joven naturalista inglés por el viaje desde sus preparativos y a lo largo del mismo fue enorme. Darwin embarcó con el libro Principles of Geology de Sir Charles Lyell, profesor de Geología en la Universidad de Oxford. Era este el primer volumen de la obra de Lyell y el profesor Henslow ya se lo había recomendado leer con anterioridad. Cuando los tomos segundo y tercero se comercializaron, ya en plena travesía del «Beagle», el profesor Henslow se los envió. Durante su viaje, Darwin estudió atentamente la obra de Lyell y fue abriendo su mente a la idea de una evolución gradual en la naturaleza. A la vuelta del viaje, Darwin haría una gran amistad con el eminente geólogo. El 7 de septiembre de 1832 el «Beagle» fondea en Bahía Blanca, una pequeña guarnición situada a 650

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kilómetros al sur de Buenos Aires. Allí Darwin decidió explorar la pequeña eminencia arcillosa de Punta Alta. Fue en ese lugar en donde hizo los primeros descubrimientos que años más tarde le llevarían a formular su teoría de la evolución de las especies. Allí encontró Darwin, mezcladas con la grava y los guijarros, osamentas fósiles de un tamaño gigantesco. Las múltiples piezas óseas encontradas sugerían enormes formas vivientes desconocidas por los zoólogos de su tiempo, esqueletos pertenecientes a seres prehistóricos que se habían extinguido milenios atrás. Ante semejante avalancha de rarezas fosilizadas, Darwin no dejó de advertir el detalle más significativo de todos, el hecho de que casi todas aquellas criaturas desaparecidas guardaban pasmosas similitudes con sus parientes de menor tamaño y que vivían en el presente. A partir de estos descubrimientos de Punta Alta, las certezas de Darwin sobre un mundo estático e inmutable desde el comienzo de las edades empezaron a tambalearse ante la sospecha de una naturaleza dinámica y sujeta a un perpetuo cambio. Pero, si hay un lugar característico en el viaje del «Beagle» por la trascendencia que ha tenido en la difusión y explicación de la teoría de la evolución de las especies, han sido las islas Galápagos. Lo primero que llamó la atención de Darwin sobre este lugar fue el extraordinario número de seres vivos que se concentraban en el conjunto de las islas, habida cuenta de su reducida extensión. Un segundo detalle era aún más sorprendente, la mayor parte de los animales y plantas eran endémicos y raros: existían allí y solo allí, a pesar de que presentaran parentescos más o menos marcados. Pero lo que, finalmente, atrapó por completo su interés fue el asunto de la diversidad. Darwin observó que de una misma especie había tantas formas como islas en las que esta especie habitaba y eso a pesar de que las distancias entre unas y otras nunca superaban los cien kilómetros. Durante su estancia en las Galápagos, el caso más determinante para Darwin fue, probablemente, el de los pinzones. A la vista de tal diversidad de estos animales la pregunta surgió de inmediato: ¿Por qué la forma y el tamaño de sus picos eran tan variables? Evidentemente, los pájaros habían encontrado diferentes alimentos aprovechables en las distintas islas y, a lo largo de sucesivas generaciones, se habían adaptado al medio. Ahora Darwin tenía pruebas palpables que avalaban su corazonada sobre el carácter variable y mutable de la naturaleza. Y, sin embargo, no supo reconocerlas. En realidad, enton-


 Ilustra: Beatriz Sumelzo

ENSAYO  BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

ces ni siquiera dio a sus observaciones la importancia que requería el caso; no sería sino después de transcurridos muchos años cuando utilizó las diferencias existentes entre las especies de pinzones, galápagos y sinsontes de cada una de las islas como uno de los puntos fuertes de la argumentación a favor de su teoría de la evolución. El viaje del «Beagle» supuso para Darwin madurar como persona y como hombre de ciencia. Él, que siempre se había mostrado crítico e insatisfecho con la educación académica recibida, llegó a considerar esta travesía a través del mundo como «la primera instrucción o educación real de mi mente» y durante la misma perfeccionó su ya innata y bastante desarrollada capacidad de observación así como el gusto por la investigación. El poder desarrollar la profesión que le apasionaba y que además se encontraba acorde con sus intereses y dones naturales fue el detonante de esta evolución intelectual de Darwin. Muchos otros naturalistas acudían a conferencias o

recogían especímenes de plantas, animales o fósiles, pero pocos de ellos se plantearon las preguntas que se formuló Darwin; y muchas de estas cuestiones fueron analizadas con detalle únicamente cuando el barco regresó a Inglaterra en 1836. El viaje del «Beagle» sembró en la mente de Darwin la idea de que las especies sufren transformaciones por el principio de la selección natural; sin embargo, como el propio Darwin admitió, no será hasta mucho tiempo después cuando proponga la divergencia de los organismos a partir de un mismo tronco a medida que se modifican como consecuencia de la adaptación a los variados lugares de la naturaleza. Tuvieron que transcurrir veinte años hasta que Darwin, convertido ya en un conocido y afamado naturalista, publicara el libro en el que expondría su teoría de la evolución de las especies a partir de la selección natural.

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ENSAYO  BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

HOMO DOMESTICUS Juan Herranz

O

culto entre la maleza de la sabana africana, el homo sapiens acecha a un monstruoso animal de cuello largo y piel moteada que alcanza a comer las hojas de las copas de los árboles. El cazador respira sigilosamente, no quiere que la gigantesca pieza huya. Muchos años después, un descendiente de aquel protohombre observa, en el zoológico de una gran ciudad, la peculiar anatomía de la jirafa dentro de su jaula. El hombre moderno sabe que el largo cuello de ese animal es una forma de necesaria supervivencia evolutiva. Desde uno a otro individuo, la inteligencia del ser humano se fue extendiendo a sus anchas en un creciente cerebro. Pasó de utilizar su materia gris para la caza o para curtir las pieles, hasta darle otros múltiples usos. El aumento potencial en el uso de esa inteligencia evolutiva parece que perfeccionó a las personas. El humano que observa a la jirafa estornuda repetidamente, saca de su bolsillo un tubo de pastillas para el resfriado y toma una, asumiendo una nueva clase de vulnerabilidad del hombre moderno. En claro contraste, su antecesor, el homo sapiens vivía en la cueva, se mojaba la piel con la lluvia, pasaba frío en invierno, no tomaba pastillas al estornudar y de una certera lanzada era capaz de matar a la jirafa. Comportamientos de la misma criatura en distintas etapas, misterios de la evolución que, como primera premisa, supone un cambio, un reparto constante de genes, como un crupier que mezcla la baraja de la herencia para disponer, sobre el tapete del mundo, nuevas formas de vida. Como cualquier juego de cartas, se pueden ejecutar mágicos trucos. La mágica teoría de la evolución nació rompiendo moldes para el momento histórico que se vivía. Darwin, haciendo gala de su inteligencia y con el fin de que todos los idearios morales tuvieran cabida, planteó una paradoja que le disponía éticamente en tierra de nadie. Para él, los grandes cambios que diferencian al ser primigenio del ser evolucionado se producen porque en un momento dado aparece la diferencia,

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el salto evolutivo, Darwin no acierta a discernir cómo se perpetúa el cambio positivo, sabe que estadísticamente es prácticamente imposible que lo distinto subsista entre lo uniforme; sin embargo, es evidente que la evolución parte de esa diferencia que surge un buen día. Dios, azar, sea lo que fuere lo que permite que lo raro prospere entre la medianía de una especie, es algo que se escapa a nuestro entendimiento. Pero este desconocimiento no nos exime de un poder de intervención sobre nuestra propia evolución. Constantemente hemos producido nuestros propios cambios, uno de los más destacados es la medicina, que nos previene desde un simple resfriado a dolencias otrora fatales; también hemos desarrollado costumbres que anteponen el raciocinio a la fuerza y hemos tomado hábitos donde prevalece la ergonomía al esfuerzo. Se ha preconizado el valor absoluto de la inteligencia por encima de cualquier otra mejora evolutiva basada en algo más físico. H. G. Wells barajó esta influencia propia de nuestra evolución. El escritor, como muchos otros, también sucumbió al influjo de Darwin, mamó desde joven las teorías de este gran científico y, trece años después de su fallecimiento, Wells se atrevió a plantear, tomando como fundamento la teoría de la evolución, una posibilidad de nuestro progreso en el futuro por medio de una novela: La máquina del tiempo. En ella nos presenta a un ser humano en una situación muy distinta a la actual. El viajero de la máquina del tiempo avanza miles de años hasta el 802.701 y se encuentra con que la situación del ser humano ha cambiado mucho, el aprovechamiento de la inteligencia como arma evolutiva ha sido sobreexplotado, proponiendo estilos de vida centrados en la comodidad, careciendo del espíritu de superación, degenerando en una humanidad débil, fácilmente vencible, a expensas de cualquier especie y cediendo el pico de la pirámide depredadora. Otra interpretación cercana a ese vistazo pesimista del futuro se puede vislumbrar considerando que actualmente todos tenemos claras opciones de supervivencia. Los humanos, fuertes o débiles, hemos adquirido el derecho natural y moral a subsistir y pro-


 Ilustra: Víctor Mójica

ENSAYO  BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DARWIN

crear. La evolución se convierte en una miscelánea caprichosa en manos del propio ser evolucionado. Evidentemente, lo más común es la debilidad; lo especial, esa chispa divina, ese golpe de azar, favorece nuevas formas de fortaleza. Con nuestra tendencia a potenciar la mediocridad, lo común de la especie, pudiera ser que estuviéramos multiplicando lo ordinario hasta el infinito, anulando el salto evolutivo. En ese sentido, tras el fantasioso viaje de la máquina del tiempo de Wells, se anticipa el declive de nuestra estirpe, avanzando a la deriva hacia una especie débil, sumisa, temerosa, supeditada a la voluntad de individuos más fuertes. Mientras te imbuyes en la lectura de La máquina del tiempo descubres esa clara y lastimosa involución, la fantasiosa hipótesis interpreta el proceso de nuestra democratizadora moral social del presente como un flaco favor para un futuro lejano. Todos los animales evolucionan en constante adaptación y sintonía con el cambiante entorno, esa especie de azar o ese Dios poderoso que marcan la evolución hacen brotar la diferencia positiva y mágicamente la preservan ante nuevas exigencias ambientales con el propósito firme de que la vida continúe. Parece que el ser humano ya no confía en el azar, o tiende al agnosticismo y decide tomar sus propios medios para defenderse de los cambios.

Como expone Darwin en uno de sus ejemplos, un ave que nace con un nuevo pico curvo puede mejorar la especie. La curvatura le puede otorgar alguna facilidad frente al pico recto. Nuestro pico curvo, nuestra arma evolutiva es la inteligencia, pero es un arma de doble filo, una virtud que podemos controlar, encauzar y manipular a nuestro antojo. Nosotros, el homo domesticus, puede que estemos haciendo de la comodidad, del ideal de la sociedad fácil un sistema a alcanzar. La meta a conseguir es superar el esfuerzo. La culminación de nuestra evolución es conseguir que nuestros mecanismos, nuestros inventos, frutos de nuestra inteligencia, hagan el trabajo por nosotros. Ante la adversidad, frente a un cataclismo natural o una variación inesperada del entorno, la especie inicial, el homo sapiens, se dispondría con más fuerza y posibilidades que un homo domesticus que, una vez despojado de su comodidad, se transforma en la presa fácil, en el último nivel de la escala evolutiva. En ese caso, frente al planteamiento fatal de un futuro inquietante, tendría que ser Dios, o esa especie de azar (la chispa que no alcanzó a explicar Darwin), quien haga surgir una mejora frente a la ineptitud de nuestra engreída inteligencia.

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ENSAYO 

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ANIVERSARIO PUEBLOS DE COLONIZACIÓN DE EJEA Este número de la Revista Ágora, quiere

hacer un merecido homenaje a los pueblos de colonización que cumplen cincuenta años, en especial, a aquellas personas que emprendieron un intenso camino hacia la colonización de El Bayo, Bardenas (La Bardena del Caudillo), Santa Anastasia y posteriormente Pinsoro, Valareña y Sabinar. No solo encontramos ensayos históricos o poemas que rememoran aquel vivir y aquel hacer de sus gentes. La tradición y el testimonio personal afloran a lo largo de estas palabras, unas veces trazadas en verso, otras en prosa concluyendo con un cómic que nos ilustra la llegada de los colonos. Estos relatos se aúnan en una sola voz, tan personal y humana como los protagonistas que no hace mucho tiempo, plagaron estas tierras de esfuerzo y trabajo con el fin de crear y alzar sus nuevos hogares.

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LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES TAMBIÉN COLONIZARON LAS BARDENAS José Guarc Pérez A Pedro y Mercedes, a María Pilar y Francisco, y a todos los maestros colonos. A Milagros R. de Eguilaz, asistenta social, y a todos aquellos niños, niñas y jóvenes que comenzaron, desde 1959, su tarea colonizadora.

Unos pueblos que se llenan de niños y jovencitos El ocho de abril de 1959 comenzaba la aventura, que ahora cumple los cincuenta años, de la colonización de los seis nuevos pueblos afincados en el municipio ejeano: Bardena del Caudillo, El Bayo, Santa Anastasia y, un tiempo después, Pinsoro, Valareña y Sabinar. La colonización de un territorio requiere la concurrencia de múltiples esfuerzos. Unos agentes humanos, los colonos, que van transformando unas tierras (en nuestro caso su transformación de secano en regadío), y van asentando las costumbres y pautas de comportamiento por las que se regirán las nuevas comunidades formadas por ellos y que, a la vez, van vertebrando la organización social de los nuevos poblados que se van afianzando. En este sentido colono es toda aquella persona que interviene en el proceso colonizador sea


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hombre o mujer, adulto o joven, campesino, obrero, artesano, o cualquier otro agente de cualquier profesión liberal. Colonos, es decir, colonizadores a pie de obra, fueron los guardas y mayorales del Instituto  Nacional de Colonización (INC), los maestros, los curas o el personal sanitario de los nuevos poblados y lo fueron en primer lugar los agricultores, hombres y mujeres. Ya que desde Ágora se nos ha pedido una colaboración para esta revista del Centro de Profesores y Recursos de Ejea, nos ha parecido que podíamos detener nuestra atención en el sector juvenil de la población que vivió la primera etapa del asentamiento de los colonos en estos pueblos. También los niños y los jóvenes, como vamos a ver, fueron colonizadores, a su manera, en los nuevos poblados del INC. Por otra parte, sobre la colonización realizada por los adultos en la zona hay ya información escrita abundante a la que remitimos al interesado en nota a pie de página (1). El municipio ejeano experimentó en las décadas de los cincuenta a los setenta una tasa de crecimiento espectacular. Al general crecimiento poblacional español de los años sesenta del siglo pasado, conocido como el «boom baby», fruto de los inicios de la etapa desarrollista promovida por los ministros del Opus Dei que liberalizaron en alguna medida el Régimen de Franco, se unió en Ejea el fenómeno de la colonización. Es sabido que, aunque no era un requisito determinante para el acceso al lote (2) de los aspirantes a colono,  el hecho de ser familia numerosa primaba de alguna forma la concesión de una parcela. Es por eso que los pueblos se llenaron de niños y muy pronto de jovencitos. En Pinsoro, por ejemplo, vivían más niños solamente en la Plaza Mayor del pueblo en 1965 que los que suma el conjunto de todo el pueblo en la actualidad. Hubo en este poblado varias familias con un número de hijos que oscilaba entre 10 y 17 vástagos. Los pueblos se llenaron de  niños y adolescentes que asistían, sin saberlo, al inicio de la flor de la vida en unos lugares que serían sus pueblos. La tarea de las madres de familia era ímproba, sin agua corriente para beber y lavar la ropa, sin luz en ocasiones, atendiendo las tareas del hogar y acudiendo además al trabajo en la parcela. Los niños y los jóvenes venidos a los poblados habían dejado, con dolor por la separación, compañeros y amigos en sus pueblos de origen. Es verdad que la nueva vida que iniciaban, pronto les iba a reportar nuevas ilusiones, caras y relaciones nuevas con otros jóvenes o niños de su edad que les daban la posibilidad de ilusionarse con una nueva vecindad.

Llegan a los nuevos poblados con sus padres. En ocasiones con la mula y el carro cargado con todos los enseres imprescindibles que pueden transportar e incluso con algunas gallinas de su abandonado corral. Para los niños y jovencitos llegados a los nuevos poblados todo constituía una novedad: unos pueblos nuevos, a estrenar, con amplias calles y cuidados jardines.Vienen de sus viejos pueblos, de Uncastillo, Sos, Ibdes, Ejea…, pueblos de trazado medieval esbozado, siglos ha, por judíos y musulmanes. Aquí, en la zona de Bardenas, les esperaba una vivienda nueva, a diferencia de las casas viejas que habían dejado, tras una última mirada de despedida, en sus lugares de origen. Muchos de aquellos muchachos bajaban de la montaña al llano y entre melancólicos y fascinados, empapaban sus miradas de los amplios horizontes de la llanura ejeana, que parecía todavía un paraíso dormido. Jóvenes, apenas adolescentes, llegaron con sus padres desde Ibdes, Nuévalos o Carenas, en la zona de la Tranquera, hasta su nuevo pueblo de El Bayo: ciento sesenta kilómetros recorridos con sus mulas y carros hacia su nueva residencia. Tal fue el caso de Francisco Rubio acompañado de su hijo Paco. Dos días y dos noches de camino separan Ibdes de El Bayo. En medio de la noche, Francisco le pide a su joven hijo, de 15 años, que se siente en el pescante para guiar la mula mientras él echa una cabezada tendido en el carro. El sueño vence también al muchacho. La mula, desorientada, se ha apartado de la carretera y padre e hijo despiertan sobresaltados en un lugar sin salida en lo hondo de un valle. A la luz de la luna recuperan la carretera empedrada. La toman de nuevo pero en dirección equivocada; solo con la llegada de las primeras luces descubren que el camino que han tomado les está llevando de nuevo a su punto de partida. Unas horas perdidas. Pero su meta es El Bayo, dan la vuelta y continúan. Los niños y niñas llegados a El Bayo desde Tiermas, Ruesta, Ejea, Uncastillo o Biota se vuelven, en sus juegos, exploradores de unas tierras nuevas. Por los caminos recién estrenados, a los que el Instituto Nacional de Colonización (INC) denominaba «caminos generales», con sus bicicletas, salían algunas tardes, nos cuenta Ángeles Beguería,  a la aventura de acercarse a dos pueblos fantasmas, Pinsoro y Valareña, que vacíos, silenciosos, con sus calles llenas de hierbas y los relojes de sus torres parados y sin tiempo, permanecen todavía sin habitar esperando con impaciencia las risas de sus propios niños y las ilusiones de futuro de unos jóvenes todavía por llegar.

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De la escuela al lote Cuando llegan los niños a los pueblos nuevos los edificios escolares, en algún poblado,  todavía no estaban terminados. En El Bayo, Modesta de Marco, maestra en Tiermas, trasladada también al nuevo poblado como cincuenta y cinco familias más del lugar, tiene que reunir a los niños  para la clase en los locales de  Acción Católica de la parroquia de San Rafael, en el local ocupado hoy por el consultorio médico. Niños y niñas acuden a la escuela en aulas separadas. Se puede ver todavía hoy, en los rótulos azulejados de la entrada a las escuelas de los pueblos: «Escuela de niños» y «Escuela de niñas». Cuando llegan los primeros niños, en algunos poblados, todavía utilizan algún aula como dormitorio los obreros de la construcción que trabajan en las calles y casas de las ampliaciones que se efectúan. Cada grupo escolar consta de dos aulas, una para niños y otra para niñas. En algunos poblados son cuatro las clases preparadas: dos de niños y dos de niñas. Con el paso de los años, en Pinsoro, el núcleo con mayor población que en 1971 llegó a tener 1.032 habitantes y donde la llegada de los colonos se extendió desde 1962 a 1970, se van levantado nuevas aulas, incluyendo además salas de biblioteca y laboratorio. El complejo escolar de Pinsoro llegaría a semejar una «pequeña universidad» llena de niños, maestros y vida (3). El censo escolar de este poblado, a fines de la década de los setenta, superó los 170 niños. En el nombramiento de los maestros para los poblados el Instituto Nacional de Colonización (INC) juega un papel importante. El INC había sido creado por el Régimen de Franco en el año 1939 y todo su desenvolvimiento y actuación estuvieron marcados por los tintes autoritarios de la dictadura. En el nombramiento de médicos o maestros para los poblados intervenía, al principio, directamente el Instituto. Digamos entre paréntesis que el INC construyó en España 304 pueblos nuevos, adjudicó a los colonos 170.328 hectáreas de tierra en las que asentó a 22.967 familias y edificó 30.144 viviendas. Todo ello en Aragón, Andalucía, Castilla-León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Galicia, Navarra, Valencia, Murcia y Madrid. Las principales actuaciones del INC fueron en Andalucía, Extremadura y Aragón. Los maestros se sintieron frecuentemente incorporados, también ellos, a la tarea colonizadora. A diferencia de los momentos presentes en los que es rara la participación de los profesores en la vida extraescolar de los pueblos ya que no residen en ellos,

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algunos de aquellos maestros y maestras vivieron con ilusión y dedicación su presencia en los pueblos y su compromiso en sus organizaciones. Pensamos en Sabinar y en su maestro Juan José Alastuey, pero también en el resto de los poblados en sus primeros años y  pensamos muy particularmente y hasta tiempos bien recientes, en Pinsoro. Vivían en los pueblos y convivían entre sus gentes. Loas merecen aquellos maestros y maestras a los que los pueblos de Colonización tanto deben.   No fueron tiempos fáciles para los padres y los hijos. La economía familiar era muy deficiente y los padres llevan a los niños al campo incluso en período escolar. El tomate, el maíz recogido también a mano y la remolacha, requerían mucha mano de obra para su recogida y un número significativo de niños son llevados por los padres a colaborar en las tareas del campo. Las madres son las primeras que acuden también a estas faenas agrícolas. Tal es el número de niños que en los poblados de la zona no acuden al colegio que el hecho constituye una importante preocupación para los maestros. Los curas reconvienen también a los padres su despreocupación por la educación de los niños. Cuando en el mundo rural español muchos niños comenzaban ya a salir, a realizar estudios medios y aún superiores, en los poblados priman todavía otras urgencias y valores. El analfabetismo había crecido en la España de la posguerra. El 7 de septiembre de 1954 el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó un decreto referente a la obligatoriedad de la asistencia a las clases de todos los niños en edad escolar. La escasa asistencia de los niños a las escuelas no escapó a la percepción del Instituto Nacional de Colonización. El ocho de febrero de 1957 el INC envió una circular a sus diversas delegaciones territoriales sobre «La obligatoriedad de asistencia de los hijos de los colonos a las escuelas». La circular señalaba que a pesar de la comprensión de los inspectores de Enseñanza Primaria y de las disposiciones del Instituto para que en épocas de cosecha se puedan modificar horarios escolares, adaptándolos a las necesidades agrícolas, y ante la actitud pasiva de los padres a la hora de llevar a sus hijos a la escuela, la Dirección General de Colonización está dispuesta a intervenir. La circular del INC no prohíbe la ayuda de los niños en las tareas agrícolas familiares sino que faculta a los maestros para que, de acuerdo con el inspector provincial, puedan modificar el calendario escolar y los horarios. Los maestros deberán comunicar mensualmente a las delegaciones del Instituto las faltas no justificadas y la Jefatura im-


 Ilustra: Ernesto Navarro

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pondrá multas a los padres. Hasta 20 faltas pagarán una multa de una a diez pesetas por falta; de 20  a 40 faltas se multará con entre diez y veinticinco pesetas por falta; entre 40 y 60 faltas  pagarán multas de veinticinco a cincuenta pesetas por falta. El número de faltas se computa a nivel de todo el año escolar. Hay que tener en cuenta que en el momento del Decreto señalado la asistencia obligatoria a clase sólo comprendía a los niños entre 6 y 12 años. Entre los 12 y 21 años se establecía la asistencia obligatoria a clases nocturnas. Es por eso que los maestros daban clases nocturnas en los pueblos. Posteriormente se ampliaría la edad escolar. El importe de las multas impuestas, por faltas injustificadas de los niños a la escuela, iría a crear un fondo destinado a los premios de aplicación, de asistencia y comportamiento que daban a final de

curso. El Instituto notifica también en el decreto que premiará  a los maestros que, con menos sanciones, consigan mayores porcentajes de asistencia y les dará preferencia en los traslados que haya para cubrir las vacantes que se produzcan en las escuelas del Instituto. Niños y jovencitos, de ambos sexos, trabajaban y colaboran en todas las tareas familiares: en el pesado trabajo de recoger en capazos y transportar desde los bancales de los lotes hasta los caminos, cantidades ingentes de ruejos (piedras) que van aflorando cuando una labor más profunda de las tierras con el arado va rompiendo, en el saso, la capa superficial de «mallacán» situada a escasa profundidad. También colaboran en la recolección de las mazorcas de maíz que han de ser arrancadas de las matas una a una para transportarlas desde los remolques familiares a los silos o jaulas metálicas existen-

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tes en cada poblado donde las piñochas se dejaban a secar. Bien jovencitas, las niñas ordeñan las vacas del establo familiar. La leche es recogida en cada poblado por el camión que acude a las instalaciones de la «sección lechera» que en algunos poblados se ha constituido de modo comunitario. Posteriormente, en los tiempos del tomate, la remolacha y el pimiento los niños seguirán aportando su trabajo en la recolección aunque cada vez será menor el absentismo escolar y los niños acudirán   a los campos después de salir de la escuela. También los niños van fundando pueblo: juegan por las calles y las siembran de rincones y carasoles, se abalanzan sobre los caramelos lanzados al aire a la salida de los bautizos de los bebés que van naciendo, organizan su club infantil en algún pueblo. Un canto de la época, con letra compuesta en los poblados, incluía a los niños llamándolos colonos. Con la música de «Guadalajara en un llano, Méjico en una laguna…» surgió esta nueva versión local: «En Ejea ya no hay curas ni tampoco monaguillos, pues los han hecho colonos de Bardena del Caudillo». Niños y jóvenes estaban aprendiendo a  crear ese imaginario simbólico y social que constituye el alma de un pueblo. Los muchachos jóvenes se emplean en las tareas más arduas del lote familiar. Coger la dalla, hacer gavillas, cargar los remolques o camiones de transporte, requieren una estructura ósea adecuada. No siempre los muchachos la tenían. Pero la necesidad no espera y con el paso de los años aparecerían las secuelas de aquellos duros trabajos. Los colonos apenas llegan al pago de la aparcería a Colonización con los productos de sus cosechas y las cuentas deudoras al Instituto crecen para muchos de ellos de manera alarmante. Se hace necesaria la búsqueda de otros trabajos complementarios a los de la parcela. Algunos jóvenes acuden a trabajar al vivero del INC, cercano a Santa Anastasia, o a hacer hoyos y a plantar pinos en pueblos, bosquetes, caminos y carreteras. Los poblados siguen ampliándose con nuevas viviendas y no es difícil conseguir trabajo en ellos. Pasados unos años también muchas muchachas tendrán que buscar trabajo fuera de su hogar: en las embotadoras de tomate y pimiento de pueblos navarros, como Carcastillo, Falces o Lodosa a donde acuden cada temporada y permanecen durante toda la campaña; en las playas mediterráneas de Lloret de Mar; en los pueblos turísticos del pirineo oscense, como Panticosa y en el servicio doméstico en Zaragoza.

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Niños y jóvenes que se organizan El Instituto Nacional de Colonización construyó en cada uno de los poblados dos edificios pensando en los jóvenes. Lo hace con la vista puesta en las dos organizaciones del Régimen que, en teoría, están dedicadas a la instrucción de los jóvenes en el pensamiento y el ideario falangista: el Frente de Juventudes y la Sección Femenina. Mientras la Sección Femenina se hace presente en los poblados con sus «instructoras rurales», muchachas que durante años vivieron en algunos de los pueblos, el Frente de Juventudes no llegó a tener una presencia en ellos de una manera continuada. Los curas de los poblados y el ingeniero José Lostao no veían con buenos ojos que el ideario de la Falange se hiciera presente entre los muchachos y aunque el Instituto está dispuesto a entregar las llaves de los edificios construidos para los jóvenes a esta organización y así lo acuerda la Comisión de Cultura de los poblados en junio de 1966, la presencia del Frente de Juventudes  en los pueblos se limitó a alguna visita esporádica a los clubs juveniles del delegado de la Organización Juvenil Española (OJE) en Ejea, Luciano Varea, hombre por otra parte de talante abierto y liberal. El ingeniero Lostao piensa que de la Sección Femenina sí se puede sacar algo y sus instructoras rurales se trasladan a los pueblos. Viven en algunos de ellos de dos en dos. Son muchachas jóvenes que realizan su labor principalmente entre las chicas. En el decir de algún cura de la época las instructoras de la Sección Femenina «viven como monjas y aún así son criticadas» y expiadas cuando vuelven de Ejea, algún domingo en el que salen a dar una vuelta por sus calles o bares. Sus quehaceres son compartidos con la asistenta social del Instituto que reside en El Bayo pero con envío para todos los pueblos de la zona (4). Las instructoras deben cuidar los parques infantiles que se van construyendo en algunos poblados a partir de 1964. Atienden las guarderías y organizan diversos tipos de cursos y charlas: cocina, confección, jota, bolillos y otros. En el Bayo organizan incluso un curso de curtido de pieles para los muchachos. Milagros Ruiz de Eguilaz, la asistenta social, era  de ideas muy distintas a las de las chicas de la Sección Femenina. Permanece en los poblados hasta 1976. Es crítica con el Régimen y con el paternalismo y autoritarismo de los jefes de Colonización. Sintonizará en este aspecto con el grupo de curas venido a los poblados en 1970, curas que han permanecido en ellos hasta el presente en ellos. A la asistenta so-


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cial le preocupaba el tema del absentismo escolar de los niños, habla con los padres y organiza charlas de educación de los hijos, de alimentación, nutrición y puericultura. Visita las casas de los colonos en diversos poblados y aprovecha su paso por las casas para realizar un censo para las parroquias para entrar en contacto con las distintas familias y acercarse a sus problemas sociales. Los jóvenes pronto se organizan. Casi desde el principio se dan iniciativas de asociación juvenil en El Bayo y Santa Anastasia y más todavía en Bardena como luego diremos. Promovidos por los curas y a partir de 1967 comienzan a consolidarse los clubs juveniles en los todos los poblados. Los jóvenes los organizan con ilusión en Valareña y Pinsoro. Escogen las juntas los clubs, abren los libros de actas, preparan salas con juegos de mesa y futbolines. Compran un televisor ya que hasta ese momento acudían con los mayores a ver la televisión en los locales del Hogar Rural, televisores que los colonos habían comprado en cada poblado con la aportación de un saco de maíz por familia. Colonización envía a cada club juvenil un centenar de libros para que organicen su biblioteca. Pronto los niños comenzarían también a organizarse como club en algunos de los poblados, con la iniciativa de los curas y el apoyo de algunas madres y muchachas jóvenes. Pinsoro sería el pueblo con una más larga trayectoria en el funcionamiento de un club para ñiños (5). Como decimos en Bardena y por iniciativa de un grupo de chicas inquietas y activas nació el club que se asoció a la red de teleclubs que, en esa época, el Régimen estableció por numerosos pueblos de España. Le dieron el nombre de «Viva la gente». Pilar Sagaste, que fue la primera presidenta, nos dice que este nombre quería reflejar la ilusión de los colonos de Bardena en aquel momento. Bardena era un pueblo soñador y esperanzado ante un futuro que se les presentaba halagüeño: sus buenas tierras habían comenzado a producir desde el principio y junto con Santa Anastasia introdujo el cultivo del pimiento y el tomate, una riqueza inesperada. Los jóvenes decoraron el club, situado no en el lugar destinado a los edificios juveniles, que en Bardena se ubicaban junto a la carretera, sino en la plaza de la Iglesia. Organizaron salas para la televisión, biblioteca, juegos de mesa, futbolín y ping-pong e impartían cursillos diversos. Al estar asociados a la red de teleclub gozaban de algunas ventajas adicionales. En su sala de lecturas tenían diversas revistas gráficas con algo más de contenido que las fotonovelas que, a finales de los sesenta, comenzaron a ser en toda España el consumo basura para entretenimiento general, un anticipo de muchos programas de la televisión actual.

Pilar, aunque presidenta del teleclub, no pudo realizar un viaje a Alemania organizado por las casas alemanas Mercedes (automóviles) y Klas (cosechadoras) a través de la red de teleclubs. Era mujer y en esa época apenas comenzaba a despertar entre las jóvenes mujeres el sentimiento reivindicativo de igualdad. Pilar se quedó con la rabia y con las ganas. Mandaron a Alemania al vicepresidente, Jesús Pérez. Bardena fue pionera en el folklore de la zona. Pilar Tonda, de la Sección Femenina junto con José Manuel y Jesús Sagaste, que se habían iniciado en la rondalla de Ejea, promueven un grupo folklórico de canto y baile de jotas. En el teatro «María Guerrero» de Madrid  el grupo de jotas de Bardena ganó dos galardones consecutivos en los festivales nacionales organizados por el INC: un año el primer premio y en 1964 el tercero. Los clubs juveniles permanecieron anodinos o cerrados durante algunos años, convertidos en ocasiones en simples peñas de amigos. Valareña tuvo un nuevo despertar. Al comienzo de la década de los noventa los niños se comenzaron a reunir, apoyados por sus madres, en un club parroquial. Aquellos niños, ya crecidos, serían posteriormente los iniciadores de un importante movimiento juvenil surgido en el pueblo y los promotores de «Valareña convive» que ha realizado varias jornadas anuales en las que han logrado que participe todo el pueblo (6). La Asociación juvenil ha realizado también un vídeo sobre la historia del pueblo. En el momento presente hay un nuevo resurgir de los clubs en Pinsoro y en El Bayo. Con apoyo del ayuntamiento de Ejea y las juntas vecinales se han abierto algunos locales. Sabemos de lo efímero en el tiempo de los clubs juveniles pero estos no pueden subsistir y desempeñar una tarea a la vez cultural y recreativa si no es con una autogestión tutelada o apoyada por los mayores que les aporten sostén e iniciativas constantes. También en esto los padres tienen un reto. (1) Guarc Pérez, José: Pinsoro, un pueblo en los riegos de Cinco Villas (1987) y Los colonos pioneros de las Bardenas (1992). (2) Aunque la palabra lote designaba en principio el conjunto de los bienes que el INC entregaba a los adjudicatarios: parcela, vivienda, huerto, vaca, yegua y herramientas, este término pasaría posteriormente a designar a la parcela. (3) Ver Guarc Pérez J. Pinsoro, un pueblo en los riegos de Cinco Villas, 1987 pp. 199-207. (4) Para un conocimiento a la Comisión de Cultura de la zona promovida por Colonización, ver Guarc Pérez J. Los Colonos pioneros de las Bardenas 1992, pp. 175-178. (5) Ver Guarc Pérez J. Pinsoro, un pueblo en los riegos de Cinco Villas 1987, pp. 209-213. (6) Ver Marichu Murillo. Revista «Militante Mundo Rural» MRC. Nº 413, noviembre 2008.

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SOY DEL AGUA El Bayo

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oy del Agua. Ella es mi madre.

A todos sus hijos los parió entre desgarrados dolores de recuerdos, vidas y paisajes inundados bajo su frío manto, dolores silenciados de expropiación forzosa que nunca serán suficientemente pagados ni agradecidos. Estos dolores fueron los que nos dieron vida a mis hermanos y a mí. Numerosa familia que desparramó a lo largo de secos y baldíos paisajes, llevando esperanza y futuro allá donde ella puso su mano. Soy del agua. Ella es mi madre. Como en todas las familias, a veces, cada uno de nosotros mantenemos una distancia incomprensiblemente fría y distante pero somos hermanos y compartimos un apellido que nos honra y del que estamos profundamente orgullosos a pesar de que, en demasiadas ocasiones, se ha nombrado con desprecio; nosotros somos colonos y unido a este apellido, están grandes palabras que lo engrandecen como lucha, trabajo, sacrificio, generosidad, humildad... Somos del agua. Ella es nuestra madre. Somos colonos. Entre salitres, mallacanes, sasos y tierras fuertes, hombres, mujeres y niños fuimos capaces de arrancar vida a la tierra. Entre nosotros están los pilares que llevaron a nuestro entorno al desarrollo. Aquí, con nuestro trabajo nació la pequeña industria, el comercio y el crecimiento social. Aquí, entre nosotros, están también los pilares de la lucha campesina, el cooperativismo agrario y el asociacionismo vecinal. Somos del agua. Ella es nuestra madre. Somos colonos. Formamos hoy una gran familia unidos a dos viejos hermanos y a un padre que nos tutela a todos. Una

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vez más nos enfrentamos a tiempos difíciles ¿cuando no lo han sido? Escasa es la ilusión y reina la incertidumbre. Pero, si miramos bien, aún hay pequeñas luces encendidas: • Caballos de esperanza renacen queridos caminos y viejas calles olvidadas. • Más de 125 años desgranando notas musicales de alegría, amor y tradición marcan un carácter que lucha por sus costumbres. • El mas grande, reivindicativo con asociaciones envidiables y luchadoras que arropan una forma de ser emprendedora. • Desde la Val de Arena hasta las Sabinas, miran entre arroces y tierras duras a una Bardena de esperanza, con humildad callada y esforzada y una juventud solidaria. • Fértil saso desde Santa Ana a El Bolaso se ilusiona con la cercanía a polígonos industriales y buenas comunicaciones que son promesa de futuro. Y yo, a quien todavía hoy, después de 50 años, recuerdos de aquél difícil parto llenan los ojos de añoranza sigo aquí, al abrigo de las viejas torres que me pusieron nombre, deseando dar la mano a todos. A todos los hermanos que me rodean para poder convertir mi casa en el salón familiar donde, todos juntos, podamos marcar nuevos caminos. Somos del Agua. Ella es nuestra madre. Somos una gran familia. Felicidades Bardenas, Pinsoro, Santa Anastasia, Valareña y Sabinar, que junto con Rivas, Farasdués y Ejea formamos una gran familia. Juntos vamos a celebrar estas 5 décadas y muchas, muchas más. Los viejos colonos que iniciaron esta preciosa aventura merecen que sigamos luchando sin perder la esperanza.


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50 AÑOS EN BARDENAS Han pasado cincuenta años, que vinimos a estas tierras; con los bolsillos vacíos, y el alma llena de penas.

Pa esos hombres y mujeres, pa ellos es, este homenaje; por su tesón, y su lucha, por cambiar este paisaje.

Hasta aquí fuimos llegando, gente de Rivas y Egea; y también de los pantanos, de Tiermas y La Tranquera.

Los abuelos, nuestros padres, cuánto amor y abnegación; yo siempre voy a llevarles, dentro de mi corazón.

Esto era casi un desierto, no había, ni agua ni luz; pero lo más importante, fue lo que trajiste tú.

Han pasado cincuenta años, que llegó el agua a Bardenas; a regar unos secanos, sedientos de esa agua buena.

Mucha ilusión, muchas ganas, por mejorar estas tierras; y mucho compañerismo, al acarrear en la siega.

Pero de aquellos baldíos, surgió el vergel, de la vida; para traer el progreso, a Egea y las Cinco Villas.

Qué difícil aquel tiempo, para sembrar el mañana; pero se fue superando, con cosechas de esperanza.

Santa Anastasia y El Bayo, El Sabinar y Bardena; con Valareña y Pinsoro, seis torres, que al cielo miran.

Hoy queremos recordar, a los que se han ido yendo; los que tanto trabajaron, mientras íbamos creciendo.

Han pasado cincuenta años, que llego el agua, a Bardenas...

Antonio Ruiz Ortego de La Tranquera

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La Tradición Oral en los Pueblos de Colonización de Ejea de los Caballeros

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a han comenzado los actos para conmemorar el quincuagésimo aniversario de los Pueblos de Colonización de Ejea de los Caballeros (19592009), y por este motivo, el pasado curso escolar, dentro de las actividades de impulso a la investigación puestas en marcha por el I.E.S. Cinco Villas, decidimos abordar la tradición oral en estos nuevos pueblos. Las gentes de los pueblos de Colonización, o también llamados del Agua, conforman una encrucijada en la que desembocan personas de muy variadas procedencias. La mayoría proviene de Ejea y la comarca, aunque también hay migraciones interprovinciales y regionales. Los principales motivos que les llevaron a establecerse en estos pueblos son los económicos: unos se vieron obligados a dejar sus pueblos de origen, al ser inundados por la construcción de embalses, y otros buscaban un mejor porvenir, y aquí se les facilitaban hogar y tierras de cultivo. Los nuevos pobladores trajeron con ellos su cultura, sus costumbres y, por supuesto, su tradición oral. Como hay una gran diversidad de orígenes se han entremezclado diferentes culturas con lo que nos hemos encontrado ante un mestizaje en el plano social, cultural y literario, cuya importancia ha sido demostrada en nuestro trabajo. Este mestizaje lo podemos ver reflejado en esta composición recogida en Sabinar cuya informante, Josefa Moya, procede de un pueblo de Guadalajara.

Hemos visto reflejarse en las composiciones temas muy habituales en la tradición oral antigua, como el trabajo del campo, el amor, la ronda y, como no podía faltar en estas tierras, el tema del agua. Como ejemplo veamos las siguientes composiciones, que fueron recogidas en Valareña del informante Teofilo Lasilla.

Soy nacida en Castilla y casada en Aragón me vine a las Cinco Villas y aquí tengo mi mansión.

También hemos encontrado composiciones que hacen referencia a temas históricos, como por ejemplo la siguiente composición, ambientada en la Guerra Civil, recogida en Bardenas de la informante Natalia Les.

Nuestra labor ha consistido en recopilar los textos de la tradición oral. Para ello hemos entrevistado a personas de todos los pueblos y después se ha trabajado sobre lo recogido. Hemos reunido un total de 1.123 composiciones por lo que el manejo de tanta información nos ha resultado difícil. Los géneros con los que nos hemos topado en la recopilación han sido acertijos, anécdotas, adivinanzas, canciones, poemas, jotas, chistes, trabalenguas, romances, cuentos, fábulas, villancicos y aguinaldos, entre otros.

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Jocabed Bericat Raquel Murillo Juan Antonio Sánchez

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Segadora, segadora qué aborrecida te ves todo el día en el rastrojo y aun agua puedes beber. … Mira siseando al mar pero más alto está el cielo pero más grande será ese querer que te tengo. … Maña cuando voy de ronda siempre paro en tu ventana para poder contemplar la hermosura de tu cara. … El Canal de las Bardenas ni lo han hecho ni lo harán porque los ricos no quieren que los pobres coman pan. …

…En el fragor del combate te hirió en la pierna una bala y no podías moverte que tu vida peligraba. Dos jóvenes socialistas intentaron rescatarla era una vida preciosa la vida de libertaria.


 Ilustra: Elena Arrese

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Preguntan los enemigos ¿cómo te llamas muchacha? y les podía contestar: socialista y libertaria. No acabó de decirlo su voz quedó en la garganta y su joven cuerpecillo fue acribillado de balas… Ha sido una labor muy enriquecedora con la que hemos aprendido mucho sobre nuestro entorno y su tradición. Pero también nos hemos divertido con algunas anécdotas que nos han contado. Son interesantes las que se refieren a la situación inicial con la que se encontraron los primeros pobladores, como narra la siguiente que nos contó en Santa Anastasia el informante José Luis Carbonell. En el año 1959 en Santa Anastasia no había luz (electricidad) y los vecinos decidieron ponerla a vecinal (los mismos colonos) para el día de Navidad. Aunque la mayoría de los vecinos participaron hubo dos esquiroles, lo que sentó mal a los que sí colaboraron. Mientras se estaban realizando estos trabajos un poste cayó sobre Luis Lacima Sierra quien estuvo a punto de morir. Según dicen, gracias a San Isidro, la Virgen de Agosto o San Pedro, no pasó nada. A pesar de que el hombre se encontraba atascado en el buro (arcillas de la zona) el poste sólo le rozó ya que milagrosamente se desvió. (…). Si los esquiroles hubieran colaborado quizá no habría sucedido. Incluso los niños pusieron su esfuerzo para poner la luz. También nos parece interesante señalar cómo varían las formas de entretenimiento. Muestra de ello es la siguiente canción, que nos proporcionó Gregorio Atrián, de Santa Anastasia, en la que nos cuenta la costumbre de salir a bailar a la plaza con un tocadiscos. …En los porches de la plaza enchufamos la gramola y allí acuden las mocicas pa jolgorio de la Peña. En los días muy lluviosos ponemos el tocadiscos y al son del Aventurero salen pa lucir el tipo… También se observan estos cambios en las costumbres de los jóvenes los fines de semana. Antes permanecían en su pueblo y se divertían en él; hoy en día, la mayoría de ellos los sábados se desplazan principalmente a Ejea. Esto queda reflejado en la siguiente anécdota que nos cuenta Rafael Laita de Santa Anastasia. Los jóvenes solían hacer recenas los sábados. Un día dice Luisito Foro: «Esta noche voy a poner el conejo

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yo». Va a casa abre la conejera, agarra una coneja, en el medio del corral la despelleja. Así que se fueron a hacer recena con la coneja y unos huevos que trajo Morón. Al día siguiente se levanta Felisa (madre de Luisito) y se encuentra con que Luisito había cogido a la coneja que estaba recién parida. La mujer comenzó a gritar a Luisito a la vez que lo iba encorriendo con la escoba por el corral: «¡¡(…) que ahora los conejitos no tienen madre!!». A pesar de tener tan solo 50 años de vida, estos pueblos experimentan ya un fuerte arraigo por parte de sus pobladores. Este hecho se refleja en la tradición oral y en sus composiciones, como en esta canción recogida en Pinsoro y Valareña que hace mención a la colonización de dichos municipios. Por el 62, unos hombres llegaron aquí, Valareña era un desierto a los pies de un monte gris. El pueblo estaba sin luz y el agua por venir. Todo un mundo desierto y un incierto porvenir. Aquellos hombres sólo tenían amor al campo y una ilusión: decir al mundo que los del campo somos capaces de hacer surgir miles de flores, miles de frutos y unos pueblos con porvenir. Miles de amores, miles de cosas y esperanzas por compartir. Vamos a finalizar este artículo con una composición de José Murillo, que hace referencia al 50 aniversario de los pueblos de colonización, aunque se ciñe sólo a su pueblo: El Bayo. No es una composición de tradición oral, pero suponemos que le habría hecho mucha ilusión que se diese a conocer ya que la escribió con motivo de esta conmemoración. …Y los pueblos que se hicieron desde Sangüesa hasta Tauste en El Bayo fue el primero que empezó a vivir la gente. Todos veníamos de Tiermas Ya nos habían expropiado, y teníamos que marcharnos la presa la habían cerrado. Pueblo nuevo y sin historia que la estamos haciendo en estos 50 años, que estamos viviendo. Que aquellos primeros años más mal que bien lo pasamos sin agua, luz ni servicios y en Tiermas todo teníamos…


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PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LOS PUEBLOS DE COLONIZACIÓN Emilio Gil

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i bien no es fácil hablar del pasado y del presente, mucho menos fácil resulta ofrecer ideas, propuestas y/o puntos de vista sobre el futuro de una zona y de unas gentes que, generación tras generación, han visto su futuro condicionado por acontecimientos sociales de gran magnitud. Porque la vida de los pueblos de Colonización en general, y la de los pueblos de la zona de Bardenas en particular, ha ido siempre ligada a grandes cambios o acontecimientos sociales que indefectiblemente marcan el devenir de un pueblo y sus gentes. En estos cincuenta años de vida, plena infancia para un núcleo poblacional pero más de media vida para las personas, sus gentes han vivido hechos tan importantes como una emigración obligada por diversas circunstancias (construcción de pantanos en sus zonas de origen y abandono de sus hogares, búsqueda de nuevos horizontes sociales…), épocas duras de dictadura política, transición a un régimen democrático, incorporación del país a la Unión Europea, Políticas Agrarias de reconversión en muchos casos difíciles de soportar, periodos de crisis económica como el que en estos momentos nos toca vivir..., muchos e importantes acontecimientos que sin duda han marcado ese carácter intrínseco de la segunda y tercera generación de «colonos» que son, y deberán serlo en el futuro, motor de estas tierras ahora verdes y productivas que antaño no fueron más que desiertos salinos azotados por ese inseparable compañero que es el cierzo. Según el Diccionario de la Real Academia Española, el término «colono/a» tiene dos acepciones: Persona que coloniza un territorio o que habita una colonia o Labrador que cultiva y labra una heredad por arrendamiento y suele vivir en ella. En ambos casos la definición es clara y directamente pueden identificarse con ambas todos los habitantes de los llamados «pueblos de colonización» (antes barrios, antes pueblos, antes…) sin que en ningún caso el término encierre connotaciones despectivas, pese a que, lamentablemente, con más frecuencia de la debida, el término se haya utilizado en contextos no demasiado afortunados. Porque colono, o colonus en latín, no es otra cosa que labrador,

y eso es lo que han sido y son las gentes de estos pueblos, labradores en los inicios de unas tierras de escasos rendimientos, labradores de un presente incierto y difícil, y labradores de un futuro para sus descendientes, las nuevas generaciones que hoy debemos motivar entre todos para que no quede en saco roto todo ese esfuerzo realizado y puedan, dentro de otros cincuenta años, celebrar un centenario de una zona y de unas gentes amantes de su tierra, orgullosas de su trabajo y esperanzadas ante el futuro. Hablar de labradores puede retrotraernos a imágenes en algunos casos bucólicas, pero siempre duras, de hombres y mujeres tratando de extraer el máximo provecho a unas tierras otrora yermas, a duras e interminables jornadas en las que las piedras eran el único fruto de estas tierras, a inviernos fríos de remolacha, a agostos sofocantes de siegas manuales o a primaveras lluviosas dallando esa alfalfa que mucho prometía. Pero también podemos pensar en el labrador como un profesional de la agricultura, una agricultura moderna y tecnificada como la actual, con sus dificultades, sus altibajos propios de un contexto globalizado, pero una agricultura que exige unos profesionales cualificados, formados e informados, capaces de adaptarse a las situaciones cambiantes de un sector primario y fundamental. EL PASADO Aquí llegaron desde muy diversas partes con todas sus pertenencias. Aquí llegaron con la esperanza de un futuro esperanzador. Y aquí llegaron en busca de una tierra fértil que cultivar. Y empezaron las dificultades. Y las primeras y más importantes derivadas de la escasa calidad agronómica de la mayoría de las parcelas entregadas. El planteamiento de expropiación de tierras para su posterior distribución fue siempre beneficioso para el terrateniente, que logró en la mayoría de los casos cobrar la correspondiente indemnización por la cesión de una parte pequeña de sus posesiones, casi siempre las más pobres e infértiles. Y fueron estas las que formaron parte del lote que se le

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entregó a cada colono. Porque el lote comprendía la parcela, el huerto, la vivienda, algún animal (yegua o vaca) y unas cuantas herramientas para trabajar la tierra. Y de ahí derivó la utilización de la palabra lote para designar únicamente a la parcela de tierra. Parcelas de escasas dimensiones en muchos casos que con posterioridad fueron incrementadas con el denominado «reajuste» para compensar la precariedad agronómica de muchas de ellas (tierras fuertes, salitrosas, con poca arena y muchas piedras). Aún recuerdo aquellos primeros colonos hablando en el bar del Hogar Rural en aquellas partidas de guiñote de las tardes de agosto, mientras el sol calentaba sobremanera todos los rincones de El Sabinar, hablando sin parar de sus idas y venidas al «reajuste», mientras yo imaginaba no se qué al oír esa palabra. En cualquier caso, y como se comprobó mas adelante, ni siquiera esa compensación en superficie consiguió garantizar, para muchos de ellos, unos rendimientos mínimos para la subsistencia familiar. Y se inicia la dura adaptación al medio. Las tierras de saso comienzan a dar buenas cosechas a pesar de la existencia del mallacán y se inicia entonces el proceso de mecanización, proceso que va a marcar el futuro y la rentabilidad económica de las explotaciones. Poco a poco fueron evolucionando las alternativas tradicionales cerealícolas y se plantearon otras de mayor rentabilidad. Estamos a finales de los años sesenta, con grandes zonas sembradas de remolacha, esa remolacha de la que aún no se conocía la semilla monogermen, y que obligaba a la dura tarea de esquejar. Un cultivo que en aquella época significó una alternativa económicamente viable, aún a pesar de sus elevadas exigencias de mano de obra durante la recolección. Muchos recordaran todavía los largos viajes con remolques cargados de remolacha hasta la Azucarera del Ebro en Luceni. Pero un cultivo, como muchos otros, que desapareció de nuestras parcelas en la década de los ochenta, como consecuencia del cierre de la última azucarera que todavía subsistía en la Ribera del Ebro. Pero no sólo la remolacha ha sido un ejemplo de adaptación y desilusión. Atrás quedan los benignos tiempos del pimiento y del tomate, cuando a pesar de las largas jornadas de trabajo manual familiar en la recolección, antes de la llegada de las cosechadoras de tomate, ambos cultivos se erigían como las «perlas» de la explotación, con márgenes brutos interesantes que compensaban los escasos rendimientos de los cereales. Rotaciones en las que los hortícolas compartían espacio con el maíz y la alfalfa, junto con precios interesantes de los productos, convierten las explotaciones de los colonos en actividades prometedoras. Pero como siempre llegaron los nubarrones. En este caso en forma del inexplicable cierre y «huída» de Heinz

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Ibérica, la popular «embotadora» con el consiguiente efecto dominó, no solo en la disminución progresiva hasta la práctica desaparición de la superficie de tomate en nuestros pueblos, sino también en la importante pérdida de puestos de trabajo directos, muchos de ellos afectando también de forma directa a las economías de muchas familias colonas. Y si hablamos del agua y sus problemas… campañas con incertidumbres por la escasez de agua para completar el ciclo del maíz; el girasol como alternativa menos exigentes (y con menor rendimiento), inversiones en modernización de regadíos con nuevos sistemas mucho más eficientes en el uso del agua, eso sí acompañados de restricciones en la superficie de siembra…Nuevamente problemas y nuevamente de manifiesto la capacidad de adaptación. Ha sido, en fin, una lucha constante contra las adversidades y situaciones particulares. Una lucha que se inició con la andadura de estos pueblos en unas condiciones ciertamente precarias (falta de servicios mínimos como agua, electricidad…) y una planificación agrícola tutelada y dirigida, aunque no siempre acertada, que obligó a los primeros habitantes a esfuerzos ímprobos hasta llegar a lo que hoy son, núcleos poblacionales con los mismos problemas, las mismas perspectivas y las mismas inquietudes que cualquier otro pueblo en cualquier otra comarca y/o


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comunidad. Y así se ha llegado a la situación actual, con una gran experiencia en la lucha contra las adversidades, con graves problemas en algunos como consecuencia de la disminución de la población, pero con un potencial agrícola envidiable, con una experiencia agronómica digna de las mejores zonas productivas y con unas posibilidades intactas en cuanto a un futuro adecuado y atractivo para su población. EL PRESENTE En este recorrido entre pasado y futuro nos encontramos con el presente. Un presente salpicado por acontecimientos políticos y económicos que sin duda van a marcar los próximos años de la vida de nuestros pueblos. Inmersos cono estamos en una crisis económica mundial de dimensiones no esperadas, el sector agrícola, motor de esta zona, se ha visto también gravemente afectado. La situación actual de los pueblos de Colonización, cincuenta años después de su puesta en marcha, no es precisamente muy alentadora. La evolución de la población ha experimentado, en la mayoría de ellos, un descenso alarmante. Las ofertas de empleo escasean. La superficie agrícola necesaria para garantizar una rentabilidad adecuada es ahora mucho mayor que aquella que caracterizaba a los «lotes». La figura del agricultor a tiempo parcial ha crecido también de forma considerable. La agricultura como segunda actividad, junto con las subvenciones hasta ahora recibidas, supone un complemento interesante a la actividad principal. Pero no es precisamente este tipo de agricultura a tiempo parcial la que se debe convertir en el motor de los pueblos. No es el agricultor de fin de semana el que debe buscar alternativas, iniciar proyectos empresariales interesantes y relanzar la situación actual. Otro aspecto que marca de forma clara el presente de los pueblos es, en mi opinión, el cambio generacional. Tras cincuenta años de vida de los pueblos, de sacrificios y luchas para alcanzar el nivel productivo que tienen ahora las parcelas, el problema del cambio generacional se ha manifestado estos últimos tiempos. Las nuevas generaciones, atraídas por la ficticia situación económica que hemos vivido hasta hoy, la dificultad de supervivencia con dimensiones de explotaciones reducidas y la difícil situación del campo, no se han interesado por la actividad agrícola, lo que ha hecho peligrar en muchos casos la continuidad de la actividad. PROPUESTAS PARA AFRONTAR EL FUTURO Los pueblos de colonización, los que hoy cumplen medio siglo de vida, son ejemplo de zonas de producción agrícola en las que todos estos problemas

han influido de forma determinante en su pasado y en su presente. Modificación de las actividades agropecuarias, inestabilidad de precios, limitaciones en la producción, abandono obligatorio de tierras debido a excedentes, incertidumbre de mercados… han hecho que las perspectivas no sean tan atractivas como desearíamos. La disminución de la población en muchos casos, con éxodos importantes de los más jóvenes, la dificultad de plantear alternativas viables y la falta de inversión agroindustrial han provocado en muchos casos el abandono de la actividad. Pero es necesario enderezar el rumbo de esta nave, plantear soluciones, nuevos objetivos, dar al colono herramientas ―distintas al lote recibido hace cincuenta años― que le permitan garantizar un futuro en condiciones equiparables a las del resto de las actividades económicas. Pero estas acciones, estas propuestas y estas iniciativas no deben ofuscarse en una defensa a ultranza de la agricultura familiar, la instalación de jóvenes per se y unos programas de modernización que no deriven de una iniciativa empresarial. El futuro de los programas de desarrollo rural deberá dirigirse a corregir los efectos perversos que la liberación de los mercados van a provocar sobre el territorio y el medio natural. Estos programas van a orientarse a vigilar la sostenibilidad de los sistemas productivos, la restauración y conservación del medio natural, así como del patrimonio histórico y cultural. Sin olvidar en ningún caso aspectos claves como la formación, la reducción de costes, la sostenibilidad, las nuevas tecnologías y las posibles alternativas a la situación actual. CONCLUSIONES A lo largo de estos cincuenta años, El Bayo, Valareña, El Sabinar, Santa Anastasia, Pinsoro y Bardenas, los pueblos de Colonización que ahora celebran medio siglo de existencia, han pasado por situaciones diversas y nunca fáciles. Y ahí han estado siempre sus gentes, dispuestas a hacer suyo aquello que un día les fue extraño. Hombres y mujeres de otra generación que han pasado la mayor parte de su vida luchando para ver producir a estas tierras otrora eriales, generando riqueza y garantizando un modo de vida y un futuro para nuestra generación y las generaciones venideras. Un futuro que ahora se plantea como incierto pero que entre todos debemos hacerlo interesante y atractivo. La agricultura del siglo XXI no tiene nada que ver con la que hemos conocido estas últimas décadas. Y el agricultor tampoco. Y serán esos nuevos agricultores, esos profesionales del campo, los que permitirán con su esfuerzo que dentro de otros cincuenta años alguien celebre el centenario de los Pueblos de Colonización.

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Dos colonos, poetas populares, cantores de la nostalgia y el desarraigo José Guarc Pérez

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osé Murillo Navascués, nació en Tiermas el 20 de mayo de 1920. «José, el Artillero» tenía su casa abajo, junto al río, ya en un extremo del pueblo. Arriba, en lo alto, vivían menos familias. Sólo la inseguridad de las guerras había obligado a los vecinos de Tiermas a edificar en lo alto un pueblo fortificado. Abajo estaba el balneario de aguas termales. José y sus vecinos de casa sólo subían arriba los domingos, para la misa y en momentos de alegría o de dolor. Una fértil huerta de 10 kilómetros junto al curso del río ofrecía los mejores frutos a las gentes de Tiermas, Escó y Ruesta. José «el Artillero» bajó con cincuenta familias más, tras la inundación de sus tierras por el pantano de Yesa, al nuevo pueblo de El Bayo. José falleció en el mes de enero pasado. Sebastián Ruiz Moreno, colono de Bardena, había sido el propietario de una posada y un merendero en La Tranquera, a ocho kms. del Monasterio de Piedra. La Tranquera no era un pueblo, solamente la posada de Sebastián de la que, merced a la piqueta de Confederación, únicamente quedó el nombre, traspasado precisamente al pantano cuyas aguas cubren el lugar. Sebastián y los suyos fueron una de las 49 familias de aquella comarca afectadas por el citado pantano, que se vieron obligadas a trasladar su residencia a la zona de Bardenas. Sebastián murió hace unos años. José y Sebastián, como muchos otros, venidos de tierras lejanas o

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de pueblos más cercanos han guardado para siempre la nostalgia de su tierra abandonada. El caso de Sebastián o José fue particularmente doloroso. Mientras muchos de los colonos han podido volver a sus pueblos de origen, recorrer sus calles, contemplar la casa donde nacieron a la vida, a José y Sebastián esto les ha estado vedado. Sus casas terminaron bajo las aguas1. Sebastián y José vinieron, como el resto de los colonos, con ganas de trabajar y emprender una nueva vida, ¡qué remedio! Se integraron en sus nuevos pueblos sin especiales dificultades. Cuando alguna vez, en Ejea, eran mirados como forasteros, Sebastián y José, sentían con un dolor especial la nostalgia de sus tierras y sus casas cubiertas ya por las aguas. Sebastián había dejado su posada de tres plantas en La Tranquera, dentro quedaban algunos enseres. Cuando pasados unos días volvió a recogerlos, ni enseres, ni muros, ni paredes. Hasta los cascotes de su vivienda habían sido barridos por Confederación en un sospechoso intento de borrar toda memoria. José, como los ochenta vecinos de Tiermas, que tenían casas junto al río, debieron abandonarlas precipitadamente. Sebastián y José han tenido alma de poetas. Y han cantado el desarraigo, la nostalgia de sus tierras de origen, los problemas del campo, la añoranza, Sebastián, de su joven mujer muerta... Queremos

traer hasta los lectores de Ágora algunos de sus versos que espigamos de entre sus abundantes poesías. José Murillo se manifiesta contra el trasvase: «Nadie queremos se lleven el agua a otra región, menos, si nace y discurre en nuestra tierra, Aragón» Canta a los pueblos abandonados de Aragón: «Aragón tierra querida tierra rica, tierra hermosa, tierra de grandes talentos tierra noble y generosa. Nuestro siglo veinte ha sido para muchos desastroso; ver tu pueblo abandonado es muy triste y doloroso. Unos por hacer pantanos que estos no lo abandonaron, se marcharon porque fueron expropiados y expulsados. Donde no hicieron pantanos sí fueron abandonados y fue porque los gobiernos no supieron conservarlos. Rabia me da no saber detallar bien lo ocurrido, sólo los interesados saben bien lo que han sufrido». José Murillo expresa que no siempre se valoró el sacrificio de los afectados por el pantano: «No hay que extrañar que haya envidia se ha creado un gran contraste,


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pueblos que hablan de grandezas y a los que han borrao del mapa que hablan sólo de desastres. Los que ahora viven tan bien y que tanto han prosperado, nunca olviden que por ellos a otros han sacrificado».

Sebastián Ruiz, en La Tranquera, atendía con mimo en los años cincuenta a los clientes que se acercaban a su casa camino del Monasterio de Piedra o de los baños de Jaraba y Alhama de Aragón. Escaseaba ya el tradicional paso de arrieros y mulas por la vieja posaClaro que José Murillo no olvida da, pero por allí pasaban los transla crisis actual de la agricultura: portistas de remolacha azucarera para la fábrica de Terrer. En casa de «Con la tierra que les dieron Sebastián, en La Tranquera, no falhoy se han quedao desfasados. taba el adobo de cerdo, las perdices ¿Tendrán que irse por dos veces escabechadas y los típicos fardeles a trabajar a otro lado?». de la zona. Nuestro poeta se hace eco de la Sebastián tuvo la sensación de necesidad de dar nueva vida a Tier- venir de un oasis a un desierto. De mas mediante el aprovechamiento una casa con el río a diez metros de de sus aguas termales: la puerta, a un pueblo nuevo de regadío en el que paradójicamente «Teníamos aguas termales había que recorrer un largo trecho, usándolas cuando queríamos hasta la venta Chela, para lavar o nos bañábamos de buenos acarrear el agua. Pero le sobraban y si estábamos enfermos. motivos para superar el cambio: Hoy se hacen, son necesarias, una esposa joven y cuatro hijos que piscinas climatizadas, sacar adelante. Pero la esposa mu¡cuántas podrían hacerse rió al poco tiempo dejándole con en Tiermas sin calentarlas!. los cuatro chiquillos. Pueden servir de placer, Y Sebastián expresaba en vercantidad de aplicaciones, sos sus sentimientos: haciendo grandes prodigios en muchas enfermedades. «Sueños, ilusiones, Se admiran y nos critican dolor, sufrimiento, los que ahora van a bañarse en toda mi vida y dicen, ¡que abandonados eso es lo que tengo. son estos aragoneses!. En el árbol de mi vida Por no elevar esas aguas no faltaron ilusiones y que cumplan su misión, y entre sus ramas cantaban el estar abandonadas cual si fueran ruiseñores. desprestigia a la nación». Y el dolor tiró una piedra cubierta de sacrificios José Murillo hace de todas sus y llena de sinsabores; abundantes poesías un canto al ya no brillaban sus hojas pueblo perdido. Veamos este fini cantaban ruiseñores». nal de una de ellas que puede ser un resumen de todos sus sentiSebastián dedica numerosas mientos: poesías a sus cuatro hijos pequeños que han perdido la madre: «Mi pueblo es como mi madre, que habrá más guapas, más feas, «Cuatro ángeles buscan madre para mí, como hijo, no hay porque la suya perdieron, ninguna otra que más quiera». se fue para no volver se marchó pensando en ellos».

Cuando llegan las primeras reivindicaciones agrarias Sebastián mece su pensamiento con la poesía mientras en los pueblos de colonización de Cinco Villas se va fraguando el sindicalismo agrario. Sebastián lo vive de cerca gracias a su hijo Antonio: «El mal duerme al pimiento, y más tarde le da el mustio, luego nos lo pagan tarde para quitarnos el susto. El tomate es una planta que por el suelo se cría por eso van tan tirados el precio y la mercancía». Sebastián va siendo entrado en años pero esto no impide que acompañe a los agricultores más jóvenes en las marchas y protestas agrarias: «Estamos en democracia dicen que hay ‘libertad’ no se si ‘pal’ que trabaja o pa quien leches será. Sólo se que a los del campo una vez en Zaragoza nos impidieron gritar defender nuestros derechos y el mendruguillo de pan. Nos echaron a los ‘grises’ disfrazados con caretas como soldados romanos anunciando el carnaval... Quiero ser libre por todo menos para hacer el mal, quiero ser libre por todo y no sólo para hablar, que hablar si nadie te escucha es ser como la gallina, sólo hace cacarear». Hasta aquí unos trazos nada más de los versos de dos colonos venidos a estas tierras cargados de la nostalgia de su tierra natal pero con toda la ilusión del mundo, ilusión compartida por el resto de hombres y mujeres que tanto empeño pusieron en levantar estos pueblos.

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Los pueblos del agua de Bardenas, 50 años después Alberto Sabio Alcutén

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esa se inauguró en abril de 1959, pero sus antecedentes se remontan a 1909, cuando la Dirección General de Obras Hidráulicas encargó un anteproyecto que terminó Manuel Abascal en 1912. Posteriormente tuvo varias modificaciones: la primera, fechada en 1923 y aprobada en 1926 por los ingenieros De los Ríos, Vicente y Colom; y la segunda fue acometida por el ingeniero Petit en 1934. A su vez, la principal infraestructura de transporte dependiente del río Aragón y del embalse de Yesa, fue el canal de Las Bardenas. En realidad, la idea de regar las Cinco Villas se remonta al siglo XV y los proyectos privados acometidos durante los siglos XVIII y XIX sirvieron de base a los primeros esbozos que se recogieron en el Plan Nacional de 1902. El proyecto del canal fue redactado en 1924, poco después del realizado para el pantano de Yesa, por los mismos ingenieros que diseñaron éste. Para la ejecución de las obras se había previsto un plazo de ocho años pero hasta 1932, en plena Segunda República, no quedó aprobado el proyecto por la Dirección General de Obras hidráulicas. En abril de 1959 empezó a funcionar. Al calor de estas aguas se instalaron en la provincia de Zaragoza 1.353 colonos en poblados construidos entre 1953 (Santa Anastasia, Bardena) y 1960 (Alera). A su vez, los municipios de Ejea y de Tauste se reservaron 2.433 hectáreas de riego. El Instituto Nacional de Colonización llegó a un acuerdo con estos ayuntamientos para comprar terrenos pertenecientes a sus comunales y propios. El Instituto desembolsó un dinero por esas tierras que luego, a su vez, pagaron los colonos al Instituto. En otras zonas zaragozanas, como la Violada, poco de esto pudo hacerse porque los montes comunales estaban enormemente deteriorados en los años de posguerra. Lo mismo pasó en Sádaba o en Layana. Ya no pudieron recuperarse esas tierras. En Ejea todavía fue posible que Colonización intentase llevar el riego a los comunales. Pero, además, pagó generosamente las expropiaciones de sus fincas a antiguos propietarios (en número de 25 en Ejea, 19 en Tauste).

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Al secano rabioso de muchas zonas se añadieron inicialmente unas deficientes nivelaciones que no cuidaron de mantener la cubierta vegetal, con lo cual los colonos se encontraban en los bancales con «tierra cruda», que producía muy poco, aunque se regara. En Bardenas, por ejemplo, la calidad de las nivelaciones resultó defectuosa tanto por la celeridad con que se hicieron los trabajos como por el escaso presupuesto destinado a ellas. Se volteó la tierra y no se tuvo cuidado con la capa fértil, se dejó al descubierto mucha tierra yerma y ello provocó un retraso en la maduración del regadío. A menudo los propios colonos se vieron obligados a realizar nuevas y costosas renivelaciones.


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Construyendo el canal

Y es que los colonos fueron los auténticos protagonistas, tanto si medimos su actuación en términos de esfuerzo como de reinversión sistemática de rentas agrarias. Sobre estos colonos, a los que ponemos «caras y ojos», y sobre el lado más humano de la colonización hacemos hincapié en el libro que saldrá publicado en los meses finales de 2009. Fueron esos colonos quienes asumieron una enorme carga de trabajo, particularmente en los años iniciales de enorme precariedad, subrayando el crucial trabajo femenino, a menudo invisible en las estadísticas y en los discursos oficiales, y luego no siempre valorado en su justa medida. Hablando de esos colonos, no nos resistimos a transcribir el «ideal» que de ellos tenían algunos funcionarios de Colonización: «Su carácter es más bien duro, pero no apático ya que se entrega del todo o vuelve altivo el rostro. Habla poco, sin prisas. Son más bien silenciosos o taciturnos y ocultan muy bien su natural ignorancia, teniendo pocas sorpresas para su credulidad y cualquier charlista parlante, creyendo deslumbrarles, cae fácilmente en las redes de su aguda ironía (...) Es hombre respetuoso, cortés, amante de sus jefes o superiores, resumiendo: carácter correcto» (El Bayo, 1967). Eso sí, este tutelaje paternalista demostró falta de previsión en lo concerniente a creación de una industria agroalimentaria, que absorbiese los excedentes lógicos de mano de obra sobrante y que transformase los productos elaborados en la zona. Los colonos de Bardenas lo suplieron, en parte, creando sus propias cooperativas y canales de comercialización, siguiendo un camino que a menudo fue paralelo a la revitalización sindical agraria. En un contexto de creciente dependencia del mercado, se pasó de la conflictividad por la tierra

a centrar las reivindicaciones en los precios y en la comercialización. De hecho, las primeras movilizaciones de la década de 1970, como las llamadas «guerras del pimiento o del maíz», se enfrentaron a este conjunto de problemas, canalizando al tiempo demandas de contenido político en las que la lucha por la democracia se convirtió en un referente irrenunciable. El tema no está cerrado ni a efectos de investigación ni para los propios pueblos de Colonización en el siglo XXI, que necesitan de reconducciones urgentes en el marco de un medio rural debilitado. No queda más remedio que ser imaginativos, pero también realistas, a la hora de calibrar las perspectivas de futuro en los pueblos de Colonización, a la luz de la nueva ley de desarrollo rural sostenible y de la imprescindible clarificación del régimen jurídico de la propiedad en estos municipios y territorios.

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Guión y Dibujo: Ernesto Navarro

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TEATRO Traemos

a este número de Ágora algunos fragmentos selectos de una pieza teatral que al menos por sus orígenes debemos llamar «clásica». El auto sacramental del padre Rodríguez La sagrada Aurora en Tauste fue publicado en Zaragoza en el año 1704 para conmemorar la consagración de la capilla recién construida en la iglesia de Santa María de Tauste en honor de la virgen de Sancho Abarca. Se trata, por lo tanto, de un texto que cuenta con más de tres siglos de historia pero con una única representación en su haber, la que de una adaptación modernizada del texto original se hizo en Tauste el año 2005 dentro de los festejos conmemorativos del IX centenario de la incorporación de la villa al Reino de Aragón. Ahora, además, y a la espera de una edición completa, podemos acercarnos a su contenido a través de las páginas de nuestra revista.

LA SAGRADA AURORA EN TAUSTE Enrique Galé

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ste auto sacramental del padre Francisco Rodríguez y Sánchez, publicado en el año 1704 en Zaragoza, es una de las rarezas bibliográficas más llamativas de cuantas se conocen relacionadas con nuestra comarca. Tal y como el propio autor recoge en su «Dedicatoria al gobierno eclesiástico y seglar, los ilustres señores vicario y racioneros, justicia y jurados de la noble villa de Tauste», que abre el impreso, su origen está en la inauguración de la capilla barroca de la Virgen de Sancho Abarca:

«Habiendo de celebrar vuestras señorías el siguiente año de 1704 la solemne translación de esa sagrada y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Sancho Abarca, a su nueva y sumptuosa capilla, que ha labrado la devoción de sus hijos, (…) me he determinado escribir este Auto Sacramental y ponerlo en manos de vuestras señorías para que así pase, como lo deseo, a los pies de la Madre de Dios, Reina del Cielo y tierra, venerada con religiosisíma piedad debajo de la invocación de Nuestra Señora de Sancho Abarca». Y su contenido, dividido en dos partes, desarrolla de forma dramática dos de las tradiciones más antiguas de la localidad: la reconquista de la villa por Alfonso I el Batallador y el hallazgo de la talla de la Virgen de Sancho Abarca en la muga con Navarra. Aunque el propio autor se refiere en sus escritos prologales a otras piezas suyas similares, no ha llegado hasta nosotros ninguna otra obra de teatro del periodo clásico escrita con una finalidad tan concreta y que tome como motivo temático las leyendas fundacionales de una localidad de nuestra comarca. Al tratarse aún de un texto inédito, pese a su representación parcial en el año 2005, repasaremos a continuación el contenido de la obra a la espera de una edición moderna que permita su lectura completa.

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PRIMERA PARTE: DE LA CONQUISTA DE TAUSTE [Dejando de lado una serie de textos incorporados al final del impreso y ajenos al auto sacramental en sí, La Sagrada Aurora en Tauste consta de un total de 2075 versos, divididos en dos partes. La primera, que desarrolla el motivo literario de la toma de Tauste por los ejércitos del rey Alfonso I, es más breve, con solo 660 versos, es decir, un poco menos de la tercera parte del total. La pieza se abre con un largo diálogo entre los generales del ejército cristiano que se dispone a tomar Tauste. La mayoría de los personajes son alegóricos, como corresponde a un auto sacramental, pero junto a ellos intervienen dos personajes históricos: Alfonso I y el noble aragonés Bacalla. Junto a los razonamientos habituales justificativos de la Reconquista desde el punto de vista cristiano, el discurso del rey Alfonso va a ofrecer, sobre todo, una detallada lección de historia aragonesa medieval:]

Tocan dentro un clarín y, si no hay clarín, un pífano, y cajas de guerra. Corren la cortina y salen Bacalla, el rey don Alonso y, después del Rey, los capitanes Pío, Desiderio, Theótimo, Modesto, Iberio y Celtíbero. El Rey con bastón de Capitán General en la mano izquierda y espada desnuda en la derecha. Los capitanes todos con botas, espuelas, bengalas y espadas. DESIDERIO …Nuestro grande don Alonso, cuya siempre heroica fama rey de Aragón te ilustra, y emperador de la España, pues sé ya que con tus tropas sacaste de la tirana servidumbre de los moros muchos castillos y plazas, Zuera, Almudébar y Ejea, sin otras de la montaña, y cuando infante asististe de Alcoraz en la batalla, en la conquista de Huesca y otras de aquella comarca, tremolen ya tus banderas y tus valerosas armas sobre Tauste la antigua, que escriben fue cimentada por Túbal, de Noé nieto, primer poblador de España, y, después que la gran seca la dejó inhabitada, de los celtíberos nobles fue después reedificada. Ea, señor, arrojad de Tauste y sus comarcas a los moros sarracenos de la secta mahometana.

[…] 30

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REY Mi padre, don Sancho el cuarto, con valor y con constancia, les quitó a Barbastro y Luna, Loarre y Monzón, que baña 320 el undoso río Cinca, y otros pueblos de importancia: Bolea, Alquézar, Marcuello y Graus, que es fuerte plaza, y aunque murió sobre Huesca 325 de una saeta tirada de los moros sarracenos, pero, su muerte preclara fue para extender la fe de nuestra ley sacrosanta. 330 Mi hermano, don Pedro, en Huesca los destrozó en la batalla de Alcoraz, en que San Jorge se vio con lanza enristrada, donde cuarenta mil moros 335 quedaron en la demanda, entre aquestos cuatro reyes, de Mahoma vil canalla, que con la cruz de San Jorge son hoy de Aragón las armas… 340

[A continuación tiene lugar la escena más interesante desde el punto de vista dramático: el combate entre cristianos y musulmanes. El movimiento escénico, que a lo largo de toda la obra es lento y pesado, en este momento se vuelve dinámico, tratando de reflejar la violencia de la batalla. Los musulmanes intentan inútilmente resistir la plaza pero deben retirarse. La primera parte de la obra concluye de forma solemne con una serie de cánticos religiosos con los que el ejército cristiano da gracias a su Dios por la victoria al mismo tiempo que convierte la mezquita musulmana en una iglesia cristiana dedicada a Santa María]

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Vanse y sale Agá, gobernador de la plaza de los moros y tres capitanes moros: Africano, Mahometano y Árabe, vestidos de turcos con cimitarras o alfanjes corvos. AFRICANO Agá valiente, sabed que entre las otras hazañas que del rey de Aragón cuentan, el emperador de España, es la toma de Barbastro y Huesca, que Isuela baña, sin otras muchas conquistas y toma de varias plazas. He sabido que sus tropas ya vienen a largas marchas y a Tauste se encaminan y embestirán las murallas; si no mostramos valor, perderemos vida y fama. AGÀ ¿Qué me dices, Africano? ¿Que ese rey se nos atreva? Toca tambor a marchar, hágase luego reseña. Toca, toca ya esa caja. Óigase estruendo de guerra, convóquense las milicias, todos luego se prevengan. Seguid, valientes soldados, porque mi valor ordena el no perder a Tauste y el salir a la defensa, que si Alá está propicio no se perderá una almena, que Tauste no es plaza para dejarla y perderla. MAHOMETANO Y ÁRABE Nuestras fuertes cimitarras están para defenderla.

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Entran todos de tropel y se ven moros sobre la muralla y dentro hay estruendo de armas y tocan clarín y cajas de guerra y se oyen voces dentro.

OTRO ¡Y viva la fe de Cristo!

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(Dentro) [AGÁ] Africanos valerosos, por esta parte venid a la muralla, que embisten, y con valor resistid. OTROS Mueran los bárbaros, mueran y viva la fe de Cristo.

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[TODOS ¡Viva la fe sacrosanta!] REY Eso sí, soldados míos.

[…]

UNOS ¡Guerra, guerra, arma, arma! Mueran los bárbaros moros de la secta mahometana.

TODOS ¡Viva la fe sacrosanta!

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Salen moros huyendo por una puerta del teatro y entran por la otra y los cristianos tras ellos, dándoles de cintarazos, y dice el capitán Theótimo: THEÓTIMO A ellos, cristianos valientes. Viva nuestro rey invicto, don Alonso de Aragón. Ved ya los moros rendidos.

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Dejan algunos moros las armas y se rinden y van huyendo como en demostración de ir huyendo de los cristianos y de Tauste. Salen los capitanes y otros y, trayendo al rey en peso, salen diciendo. MODESTO Victoria por don Alonso y nuestra fe sacrosanta. BACALLA Victoria por los cristianos. Ya Tauste restaurada ha sido por don Alonso, nuestro ínclito monarca.

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THEÓTIMO Y OTROS ¡Viva, viva nuestro rey y su valerosa espada! Se verá el rey con manto imperial, corona y cetro y a sus lados dos prelados para consagrar la mezquita en iglesia, dedicada a la santísima Virgen en su nacimiento.


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Segunda parte: la milagrosa aparición de Nuestra Señora de Sancho Abarca [La segunda parte de la obra es mucho más extensa y compleja. Es un primer momento el autor se limita, como en la primera, a poner en forma dramatizada la versión más conocida del hallazgo de la imagen de la Virgen de Sancho Abarca. Pero a continuación y aún dentro del texto dramático, va insertando una serie de elementos literarios que poco tienen que ver con la representación: una nueva versión romanceada del hallazgo, unas llamativas «paranomasias», un largo excurso teológico —justificado por el género utilizado, el autor sacramental— sobre el sacramento de la comunión y varias piezas de tipo epilogal que comentaremos más abajo. Por lo que al hallazgo en sí se refiere, los movimientos escénicos son sencillos y se ciñen a la tradición transmitida: un pastor halla la imagen; un montero avisa a la villa mientras el pastor lo hace en Fustiñana; debate entre aragoneses y navarros sobre la propiedad de la imagen y traslado final a Tauste. Solo un largo poema inicial de corte culterano parece ser creación original del autor de la obra].

Se figura un castillo sobre un eminente monte, desde donde se descubre al occidente Moncayo, al norte, los Pirineos, al mediodía el río Ebro y hacia oriente, declinando al mediodía, la ciudad de Zaragoza. El monte estará matizado de floridos romeros. FILOTHEA …¡Oh, qué monte tan alto y deleitoso! Sin duda que es Moncayo muy hermoso. En el invierno todo está nevado y después de las flores matizado. Aquel es Ebro: corre a Zaragoza que millares de santos por sí goza. De los Pirineos las altas cimas su nieve yo mirando canto rimas. En estos montes y de aquí no lejos perdices, miro, ciervos y conejos. De las fragantes flores del romero, que en estos montes florece el primero, qué bien las oficiosas abejitas para la miel fabrican sus casitas. Hoy a siete de abril ya los rigores del invierno pasaron y las flores se miran en las selvas y collados alegrándose todos los ganados…

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Sale un pastor mirando hacia la cumbre de un monte y dice entre sí, con voz que sólo se pueda percibir a cinco o seis pasos: PASTOR Hacia este castillo era donde yo vi los reflejos como unas luces del sol: mas allí una imagen veo y tiene capilla hermosa de florecientes romeros. Yo la adoro reverente, que es la Reina de los Cielos,

que tiene al niño Jesús como joyel junto al pecho.

Va caminando y corren una cortina y se ve la santa imagen de Nuestra Señora de Sancho Abarca y le besa los pies y se pone un poco en oración y después se levanta y dice: Mas no es bien que en este monte combatida de los vientos se quede esta santa imagen de la Reina de los Cielos. 725 ¿Qué haré solo en este monte sin poder tomar consejo? Quiero ver si, por fortuna, alguna persona encuentro por aquestas soledades 730 porque confuso y perplejo me veo en aqueste lance y podrá ser que los Cielos me deparen quien me diga en este mi desconsuelo 735 el medio que he de tomar. Voyme el monte discurriendo y hacia el término de Tauste mis pasos dirigir quiero. Camina entrándose por la una puerta del tablado y por la otra sale un Cazador y luego viene el Pastor por la misma puerta tras de él. PASTOR Amigo, ¿de dónde es usted?

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CAZADOR De Tauste soy, montero o cazador, que es lo mismo. […]

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… entra el Vicario de Fustiñana y seis hombres en forma de cazadores y para la procesión y dice el Vicario de Fustiñana al Justicia, Jurados y Vicario de Tauste: VICARIO DE FUSTIÑANA Al señor de la heredad donde el tesoro se halla, según las leyes disponen, se ha de dar, es cosa clara. Este tesoro del Cielo también es cosa averiguada, apareció en estos montes, término de Fustiñana, luego no toca a Aragón sino al reino de Navarra y a mi iglesia parroquial del lugar de Fustiñana.

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EL JUSTICIA DE TAUSTE Señor cura, saber debe

que también es cosa clara que el que posee en buena fe se mantenga hasta que salga de la duda por sentencia o por conjeturas claras; demás que también las leyes quieren que antelación haya a los que mucho madrugan y antes que no Fustiñana vino Tauste a estos montes y halló la imagen sagrada. En fin, señor cura, es cierto su justicia no está clara: se estará a lo que decidan los jueces en esta causa.

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Prosigue la procesión y se entra por la puerta del tablado y colocando la santa imagen sobre un bufete con las luces en demostración de colocarla en la iglesia de Tauste…

[En realidad, en este punto concluye la versión auténticamente dramática del texto. Sin embargo, el autor, como ya se ha anotado, añade una serie larga de excursos literarios de muy diferentes tipos. Hemos seleccionado para terminar esta breve aproximación a la obra del padre Rodríguez, tres de los más llamativos: las paranomasias, la intervención de la propia Villa de Tauste y los poemas bilingües. Las «Paranomasias» son una serie de catorce cuartetas construidas de forma por lo general muy rebuscada mediante el artificio retórico de que las dos últimas palabras de cada verso son paranomasias, es decir, se pronuncian de forma casi idéntica. Nos limitamos a reproducir las cuatro primeras como ejemplo del recurso. En el propio texto se informa al lector de que el autor de estas coplas es un «hijo de Tauste» y no el autor de la obra. Inmediatamente después, y tomando como punto de partida un texto de Calderón, el autor hace salir a escena a un personaje alegórico muy especial, la propia villa de Tauste, con el objeto de volver a recordar la justificación de todo este artificio dramático: la inauguración de la capilla de la Virgen, construida por todo el pueblo, para conmemorar el hallazgo de la imagen de la Virgen de Sancho Abarca. Y por ultimo, recogemos también los dos poemas bilingües que cierran la obra. El primero es un pintoresco constructo retórico que, según el autor, podría ser leído indiferentemente en latín o en castellano pues a cualquiera de los dos lenguas correspondería. El segundo, más obvio, consiste en la mera traducción al castellano de unas coplas escritas originariamente en italiano].

Paranomasias a Nuestra Señora de Sancho Abarca. 1 Un hijo de villa bella, alegre su vena vana, de incendios con llaga llega, haciendo a la Salve salva. 2 Mi pluma, pues, muda modo de elogiar y el rasgo rasga a la que es, en suma, sima y fuente que manná mana 3 Alegre su lugar logra celebrarle fiestas faustas

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a María, risa y rosa, del monte que abarcó Abarca. 4 Entre unas de piñas peñas que sus plantas hollan, hallan tesoro que oculto oculta un monte que mina mana.

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…Sale la Villa de Tauste en traje de capitán con botas, espuelas y bengalas, espadín en cinta y en la mano derecha un escudo o pavés con las armas de Tauste, que son las del reino de Aragón; o, si pareciere, saldrá el justicia de Tauste vestido de negro con golilla y espada, acompañado de los cinco jurados. Dirá al feliz hallazgo y milagrosa


CREACIÓN LITERARIA  TEATRO

aparición de la sagrada imagen de Nuestra Señora de Sancho Abarca, año mil quinientos sesenta y nueve, a siete de abril, día en que por ser Jueves Santo, se celebra la institución del santísimo sacramento, el romance siguiente… TAUSTE … Para Tauste este día es de grande devoción y de hacimiento de gracias al supremo Criador, no sólo pues Jueves Santo fue la sacra institución del augusto sacramento sino por otro favor que sucedió en este día, pues con luces como sol se halló la sagrada imagen y en él fue la aparición de la Reina de los Cielos debajo la invocación de la Virgen de Sancho Abarca y la trasladamos hoy a otra sumptuosa capilla labrada por devoción de los nobles taustanos que con afecto y fervor asistieron con limosnas para su nueva erección con generosa largueza, siendo glorioso blasón de esta villa siempre ilustre atender siempre a su honor y tributarle rendida en muestras de su afición festejos, aclamaciones cultos y veneración. MÚSICA Tribute Tauste rendida, en muestras de su afición, festejos, aclamaciones, cultos y veneración.

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[…] Poema bilingüe en veneración de la Reina del Cielo, María Santísima, bajo la invocación de Nuestra Señora de Sancho Abarca, en lengua española y latina. Salve gloria de Hesperia, María de Sancho Abarca, que tantas difundes luces cuantos tú cristianos armas. Musa superior inspira, de María viola sacra,

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que cuantos ilustra orbes tantas comunica gracias. Tauste, gloriosa villa, que devota, pía, grata, te venera forma pronta sacras, eminentes aras. Salve divina María, que de copiosa abundancia fértiles campos fecundas, clara luna taustana, Sol de Tauste felice luces comunica faustas, errores disipa obscuros, ánimas pías inflama.

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Un español y un italiano, cada uno canta en su lengua. Se advierte que en italiano las dos ll se pronuncian como una. ITALIANO O, Virgine molto bella, del sol isteso vestita e coronata di stelle, difendinos, Madre pia. El español, traducida, la misma: Eres, oh, Virgen, muy bella, bien del sol mismo vestida y coronada de estrellas: defiéndenos, Madre pía. ITALIANO Del Cielo mistica rosa, che ogni languor risana, a noy impetra il perdono, Virgine di Sancho Abarca. El español la misma: Del Cielo mística rosa, la que todo mal bien sana, alcánzanos tú el perdón, oh, Virgen de Sancho Abarca…

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Salen todos los interlocutores y se ponen en ala, Theótimo en medio, y dice: THEÓTIMO Aquí, concurso devoto, aqueste auto se acaba TODOS de la más brillante aurora, la Virgen de Sancho Abarca.

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Finis

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CREACIÓN LITERARIA  NA

NARRATIVA EN CASTELLANO

micromalajes

Buscar una idea e inventar una his-

toria. Puede ser seria o divertida, real o ficticia. Un buen comienzo puede ser inventar algo que tenga que ver con lo que sucede a su alrededor o no. Eso apenas importa. No es más que el mero punto de partida. Lo que sí importa realmente es cómo están contadas estas historias. Aquí es donde el escritor se la juega de veras. Para ello no escatima esfuerzos y pone a disposición de la palabra los mejores artificios de su oficio. Los escritores que traemos a continuación en esta sección de Ágora se la han jugado de verdad, pero la verdad es que el producto obtenido ha sido magnífico. No cabe otro calificativo. Autores consagrados en nuestras letras aragonesas y autores menos consagrados, pero con un enorme potencial y de los que pronto se hablará en los medios de medios de comunicación, han logrado incrementar la calidad de la narrativa en castellano de la revista. Basta simplemente con fijarse en el cortejo de narradores que pasean por este séptimo número de Ágora: Óscar Sipán, Patricia Esteban, Mario de los Santos, Alberto Peña, Daniel Nesquens, Miguel Carcasona, Natalia Mur, José Ramos, Antonio Tejedor, Fernando Sierra, María Isabel Sabariego y Jesús Claver. Disfruten y saboreen cada una de sus palabras, por favor.

Óscar Sipán

malaje: desagradable, que tiene mala sombra y es malintencionado.

TIEMPOS MODERNOS Las madres de la Plaza de Mayo se manifiestan los lunes y los miércoles. Los desaparecidos que buscan a sus madres, los martes y los jueves. Es difícil coincidir en estos tiempos.

PREMIOS LITERARIOS Añoro aquellos tiempos en los que concursaba en los Juegos Florales. Ganar el premio literario acarreaba una serie de obligaciones: leer el pregón, coronar a la Reina de las Fiestas y bailar con ella durante la cena de gala. Pero aquel año ampliaron las bases. Acabamos de tener nuestro segundo hijo y vamos a por el tercero.

PROBLEMAS DE VISIÓN Nada más verla en el tren, me quité el anillo de casado. Ahora estoy soltero.

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MAYO DEL 68

EL PUNTO CIEGO

Bajo los adoquines de la ciudad estaba la playa, ese infierno de sombrillas y turistas sonrosados.

Todos tenemos un punto ciego: los curas mentían, Dios no me ve en todo momento.

Mejor no levantar los adoquines.

DEPRESIÓN Para curar a un chimpancé con depresión confeccionaron una película pornográfica simiesca, con actos de diversos monos. Y funcionó. Puedo asegurar que conmigo no ha funcionado: los monos todavía me deprimen más.

EXHUMACIÓN Decían que en la fosa común encontrarían a Federico García Lorca, pero allí descansaba Charles Chaplin. En la de Charles Chaplin, Mahatma Gandhi. En la de Mahatma Gandhi, Josef Mengele. En la de Josef Mengele, Walt Disney. Resultó escalofriante descubrir en la de Walt Disney, que nunca fue criogenizado, a Joseph Stalin, vivo y con renovadas energías.

OJO POR OJO Cuando el grillo se durmió, los vecinos cantaron todo el día.

MI HERMANO No es posible: acabo de ver a mi hermano muerto en el Belén viviente.

ESTATUAS ECUESTRES En las estatuas ecuestres, si el animal tiene las dos patas al aire, la persona murió en combate. Si tiene una de las patas delanteras elevadas, la persona murió de heridas recibidas en combate. Si el caballo tiene las cuatro patas en el suelo, la persona murió por causas naturales. Y si el caballo no tiene patas, deberías visitar un psiquiatra.

PATERAS En menos de 24 horas, tres pateras han sido interceptadas en las costas africanas: los constructores y banqueros serán repatriados a sus urbanizaciones de inmediato.

OTRA MUJER Nada más verlo, Antonia supo que su marido había muerto con otra mujer en la cabeza. Le pidió que se vistiera.

HACKER RELIGIOSO Un día recé con tanta intensidad que conseguí introducirme en la cabeza de Dios.

DUDAS Antes de inmolarme en esta embajada enemiga, me pregunto: ¿Y si no le gusto a ninguna de las 72 vírgenes que me esperan? ¿Y si roncan?

LA BALA MÁGICA Que se preparen los detractores de la bala mágica: acaba de abandonar el cuerpo de Kennedy en busca de Obama.

MITOS El holocausto judío fue un mito, le dijo el Capitán Trueno a Pinocho.

EL EJEMPLO Tomando el ejemplo del maestro Abreu, pero con un sentido capitalista del mundo, dedicaré mi vida a convertir a los músicos en delincuentes.

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DENUNCIA POR PLAGIO

INTERCAMBIO CULTURAL

Su denuncia contra el Sr. Homero por presunto plagio de La Odisea, presentada en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Irún, ha sido admitida a trámite.

El actor que convivió durante un año con la tribu amazónica de los Yalalag acaba de ganar un Oscar.

EDUCACIÓN

MÚSICA PARA EMBARAZADAS

Lo que te cuento, que la vieja no paraba de gritar en el cajero, tapándose el careto con cartones, gimiendo como una perra, hasta que el bate de béisbol la ha dejado tiesa. Bueno tío, me marcho, que llego tarde a Educación para la Ciudadanía.

A mi hermano se le ocurrió componer música para embarazadas.

Los jóvenes de la tribu de los Yalalag matarían ahora por unas Nike.

Ahora las embarazadas nos siguen a todas partes.

EDITOR LA CHICA DE LA CURVA «Las muertas no hacen autostop», le digo a la chica de la curva. «Los cuerdos no viven para trabajar», me responde la muy hija de puta.

Cada mañana abro la ventana y los veo acechando, entre la angustia y el ego, con sus manuscritos debajo del brazo.

MANUSCRITO ENCONTRADO EN UNA BOTELLA Me aburro.

DE POETAS Y BALAS Hace falta fusilar a 1.000 poetas para descubrir una bala que no sea de fogueo. La poesía es un arma cargada de mediocres.

UN DESEO El genio de la lámpara no pudo satisfacer mi deseo: los derechos de autor de la Biblia estaban embargados por una multinacional.

EL MODELO ANA FRANK Entramos en la casa por la fuerza y, aparentemente, no hay nadie. Cuánta inocencia: en el IV Reich las imitadoras de Ana Frank se siguen escondiendo en las buhardillas.

CARACOL NACIONALISTA El caracol se cree libre, independiente y nacionalista en su hoja de lechuga.

LA VIDA LARGA GENTE DE CIRCO Mi madre decía que la gente de circo vivía de otra manera, a otra velocidad. Tenía razón: nada más llegar al circo quedé embarazada del hombre bala.

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¡¡¡Ratón, lo hemos conseguido, el experimento ha sido un éxito: vivirás un 40% más!!! El ratón mira al científico y luego la siniestra rueda oxidada, la amalgama de papeles amarillentos, los barrotes de la jaula, y se echa a llorar.


 Ilustra: Christian Bufi

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Huérfanos de guerra Mario de los Santos

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bservaba las ruinas de las dos calles desde la ventana de su casa mientras rogaba a Dios por las almas de los difuntos. Era espantosa aquella guerra. El ser humano había olvidado la decencia de hacerse matar sin incomodar a los demás. Recordaba la anterior guerra contra los alemanes, contra el Kaiser. Entonces era una niña y su padre le hablaba de los jóvenes muertos en las trincheras, en Francia. Pedía al mayordomo que trajera el mapa del mundo, y le enseñaba el país rodeándola con su brazo. Mira, decía, ésta es la vieja Inglaterra; y aquí —su dedo traspasaba el mar— está Francia. La guerra apenas sonaba como un rumor, un fantasma que se sentaba a la mesa. Su madre preparaba comidas campestres para conseguir mantas que luego enviaba a los pobres muchachos que dormían en el barro; su hermana acudía los fines de semana para leer a los heridos del hospital. La guerra era una excusa para que la diversión tuviese sentido. Pero ahora no era así, ahora llegaba la modernidad. Esta vez, los alemanes no se conformaban con llegar a Francia. Los alemanes volaban y traían las trincheras a las calles de Londres. Resultaba verdaderamente molesto. La ciudad estaba paralizada, el metro se había convertido en un refugio antiaéreo. Ella debía acudir a la parada de Stinghollow cuando sonaban las alarmas, pero no lo hacía. Había hecho que Robert, el mayordomo escocés, preparase en la bodega todo lo necesario para resistir varias noches si era necesario. En perfecto orden, en las estanterías se encontraba caviar enlatado, carne de ternera, frutas escarchadas, huevos, vino y champaña. Se le revolvían las tripas de imaginarse en un refugio lleno de gente asustada. El miedo huele a sudor rancio, a orín, a niño sin cambiar. El gobierno decía que había que resistir. Clamaba la radio que los muchachos hacían todo lo que estaba en sus manos, pero ella sabía que no era así. ¿Desde cuando, si efectivamente fuese de ese modo, esos comecoles alemanes podrían volar sobre su

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amado cielo inglés impunemente? Robert entró en la estancia. Estaba ayudando a Marie a limpiar la plata. Quería dar una fiesta. Se aburría, deseó que la guerra regresase a Francia. Acudir de nuevo a leer a los muchachos ciegos de los hospitales, pasear en el coche por las carreteras, acudir al teatro. O a la ópera. Se dejaría cortar un dedo por pasar de nuevo una velada en la ópera, pero ¿quién podía pensar en acudir al Royal con aquellas malditas sirenas amenazando con interrumpir a cada momento? El gobierno pedía ayuda, mantas, comida, medicinas… Ella ayudaba. Era su deber. Mantenía un piso de huérfanos de guerra. —Señora Condesa —ella no respondió—. La plata está reluciente. ¿Desea comprobarlo? Dijo que sí. Sabía que no hacía falta, pero a los criados no había que darles confianza. Su padre solía decir que los criados eran fieras que únicamente obedecían a la autoridad. Bastaba una simple duda en la orden para que perdieran el respeto. Su madre solía darles la comida que sobraba en las cenas del club. Se la llevaba personalmente al cuarto del mayordomo y no regresaba hasta tiempo después. Antes de darse la vuelta lo descubrió. Avanzaba, inmaculado, saltando entre los escombros. Caminaba muy peinado, casi sonriente, por la acera opuesta a las brigadas de bomberos que se empeñaban en apagar el incendio que provocaba el fósforo. Se llamaba Chris y era un muchacho muy apuesto. Todos los días le guiñaba un ojo al despedirse. En cualquier otro le hubiera resultado enojoso, pero Chris tenía mirada de pozo de los deseos. Darle el penique diario por traer la leche era un talonario para imaginarlo desnudo y sudoroso. —Una cosa, Robert: prepara el baño. Marie abrió la puerta a Chris, recogió la cesta de leche y, en el momento que iba a cerrar la puerta, la duquesa bajó por las escaleras. Saludó a Chris y despidió a Marie. Ésta corrió al cuarto de la bañera. Él dijo que la condesa se encontraba especialmente hermosa aquella mañana, ella fingió ruborizarse.


 Ilustra: Chema Agustín

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Ella le invitó a tomar el té algún día de estos. Él dijo que por supuesto. Ella le dio una propina. Él le guiñó un ojo. Cerró la gruesa puerta. Su madre desaprobaría aquellos juegos con un lechero. Pero su madre había muerto poco antes de que el anterior mayordomo se despidiera. Fue a la habitación de la bañera. El fuego templaba la leche de la tina. Metió una mano en el líquido blanquecino. El baño olía a desayuno. Pidió a Robert que saliera, se desnudó y se metió en la bañera. Se dejó cubrir por la leche. Cerró los ojos. Imaginó a Chris entrando en la habitación, le imaginó metiendo su mano en la leche, acariciando sus piernas; imaginó que subía la mano. La leche cuidaba su piel, su aliento; la leche le acariciaba los

pechos mientras se masturbaba. Cuando llegó el orgasmo sumergió la cabeza para que los criados no la oyeran gritar. Todavía permaneció unos minutos más allí, disfrutando de los últimos coletazos de placer que huían de su cuerpo a sacudidas. Las entrañas se recolocaron para resistir la vida, la tregua se había roto. Salió de la tina, se secó con el albornoz y se vistió de nuevo. Tocó la campana. Robert acudió solícito, ella señaló la tina antes de salir de la habitación. Tenía que revisar la limpieza de la vajilla de plata. Robert retornó la leche a las botellas ayudado de un cazo y un embudo. Llamó a Marie y, como cada mañana, llevaron el desayuno a los huérfanos de guerra.

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La planificación de una idea Natalia Mur Escó

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se era el momento exacto, o lo hacía entonces o ya no lo haría jamás. La duda era, ¿sería capaz? La idea hacía mucho tiempo que le rondaba la cabeza. Y ahora debía convertirla en acción. Llamó a su madre y le dio las instrucciones precisas para poder seguir su plan. Todo estaba demasiado detallado para ser una improvisación. Hace ya años que había abierto un archivo en su ordenador y había minuciosamente explicado todos los pasos a seguir. En un principio ella se sorprendió, lo había oído hablar tantas veces de su idea, pero nunca pensó que sería capaz de llevarla a la práctica. Tenía todos los teléfonos necesarios, los del banco, de la inmobiliaria, incluso de unos futuros inquilinos. René se sintió seguro, sabía que podía confiar en ella, se ocuparía de los grandes y pequeños detalles. 1) La puesta en marcha: Metió en cajas todos sus recuerdos, junto a papeles, libros y dvds. Su colección de coches de juguete, y aquellas cartas que un día escribió. Lo demás lo dejaría allí, no era preciso recoger todo, estaba convencido que la pareja a la que le iba alquilar la casa lo cuidaría todo como si de sus posesiones se trataran. Si alguna vez le preguntaran cuál había sido el desencadenante de poner el plan en acción no estaría muy seguro de qué responder. Quizás su improvisada partida, el haberse quedado solo cuando mejor se encontraba. El aburrimiento de la rutina, leer, copiar y pegar; revisar y criticar. En los últimos años no sólo había hecho amigos sino también enemigos, era su trabajo pero nunca le había gustado. «Corrector de estilo y lector de originales», eso es lo que era, y gracias a eso había convertido su afición en un trabajo. Pero también había llegado a odiar y a ser odiado. Detestaba a aquellas personas que se creían grandes escritores cuando no tenían ni idea de juntar varias palabras en una frase con sentido. Aunque también sentía envidia de aquellos que habían conseguido lo que él muchas veces había soñado, escribir un libro que pudiera cambiar el curso de la historia. Era odiado, desde luego, como todos los compañeros de su

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gremio, había roto esperanzas, y frustrado aspiraciones literarias. Aún recordaba la noche en la que ella le estaba esperando en la puerta de su casa. Había leído hace un mes su libro, le había parecido sencillo pero cautivador, no sería un bet seller pero qué novela hoy en día llega a serlo. Decidió darle el visto bueno, pero por problemas de presupuesto el libro nunca llegó a ser publicado. Ella le había llamado insistentemente y él siempre le había dado excusas, al final con mucho dolor tuvo que darle la dolorosa noticia. Pero esa noche estaba allí, esperando su llegada, pidiéndole las explicaciones que él nunca se había atrevido a darle. Le invito a un café y le expuso todos los problemas por los que pasaba la editorial, los cuales eran la causa de que su obra no hubiera visto la luz. René decidió ayudarla y le puso en contacto con amigos, que aunque poco influyentes, trabajaban en grandes editoriales. Las llamadas, las visitas, las horas juntos corrigiendo su original, todo esto les unió. Además los dos tenían un sueño común, escribir. Pasaron de una relación de amistad a un apasionado noviazgo, y después de unos años tenían previsto crear una familia. Pero todo se vio truncado. 2) Las despedidas: Había pasado una semana desde que recogiera todas sus pertenencias, alquilado su piso y limpiado la casa de todo rastro de ella. Fue a trabajar como todos los días, pero algo hacía presagiar que esa no sería una jornada normal. Lo tenía previsto, a las tres en punto entraría en el despacho de su jefe, y con una voluntad férrea daría su carta de dimisión. Nada podía hacerle cambiar de parecer. Llevaba muchos años en su puesto de trabajo, y sabía que Hugo, su amigo y director de la editorial, intentaría convencerlo para cambiar de idea. Tras largas horas de discusión, al final pudo pasar a formar parte de la población inactiva de la sociedad. La segunda parte del plan ya había acabado, sólo le quedaban pequeños flecos que solucionar. En la entrada de casa de su madre había 4 cajas, en todas había un nombre común: «Alicia». Su musa, su


 Ilustra: Rosaluz Méndiz Mejoral

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confidente, su correctora literaria, su pareja y amiga. Había sido todo para él, pero había llegado la hora de olvidar, dejar el pasado y vivir su futuro. Le había costado tres años hacerse a la idea de que ella nunca volvería, pero ahora había llegado el turno de la despedida. Antes tenía que decidir qué hacer con las cajas, tirarlas en un contenedor le parecía la más deprimente de las ideas. La mejor opción era la que le había propuesto su madre, darlas a alguna ONG o a la Iglesia. Teniendo en cuenta que hacía unos cuantos años que no pisaba una y que se había convertido en ateo, agnóstico y todo lo que pudiera aplicarse a lo no religioso, la segunda opción era la más inadecuada. Así que busco en internet direcciones a las cuales mandar sus cajas para que pudieran ser usadas por gente con ínfimos recursos. Más tarde René fundió sus sueños con la reparadora verdad. Un día menos, el tiempo iba pasando en su calendario particular. Hoy tenía sus dos últimas citas, primero analizaría su pasado y después dejaría atrás el resentimiento. Dos calles más abajo, ese sería su camino. Un trayecto que había recorrido tantas veces, más de las que nadie había esperado. El dolor tarda en sanar, pero lentamente sólo va quedando una cicatriz que nos recuerda que una vez caímos

tan profundamente que necesitamos ayuda para salir de ese agujero. Llamó al timbre y Eva le abrió la puerta: — Entra, René, hoy traes muy buena cara, adelante, te está esperando. Qué hubiera sido de él sin la ayuda de Ernesto, por mucho que dijera la gente que acudir a un psicólogo era demasiado alarmista, sólo él le había ayudado a ver esa luz, a atisbar el final en la oscuridad de su camino. Con correcta cortesía se saludaron, aunque después de tres años y siendo esa su última cita, René atrajo a su guardián protector y le dio un abrazo. No hacían falta palabras, los dos sabían a qué había venido, y solo dos frases dieron fruto a su intercambio verbal. «Me alegro de que por fin hayas vencido el dolor», dijo Ernesto, pero antes suspiró y acabó con un «no estarás bien hasta que des la última despedida». Dispuesto a seguir las recomendaciones de su ex psicólogo subió al autobús que le llevaba a las afueras de la ciudad. Desde la ventanilla observó cómo los grandes edificios daban paso a barrios del extrarradio, y más tarde a campos y bosques. Bajó en la última parada y se quedó parado en la puerta, estaba decidido a entrar. Sólo había vuelto una vez

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pasados esos tres años. En esa ocasión el miedo y un ataque de ansiedad habían frustrado su visita, ni siquiera había llegado a entrar. Y allí estaba otra vez, recordaba el camino lleno de gente, los cipreses a un lado y a otro del sendero. Incluso si hacía memoria podía ver mentalmente los panegíricos escritos en las dos sepulturas vecinas. Como un autómata se dirigió al final de su camino, allí estaba ella. Alicia Beltrán Corrales, muerta a los 28 años a causa de un accidente de tráfico. Su viudo, padres y amigos que no la olvidan. Eso es lo que ponía en su esquela, y eso es lo que le había costado tres años vencer. Pero allí estaba ahora, de pie junto a su tumba, no dejó un ramo ni siquiera una flor. Solamente dijo dos palabras, «te perdono», y se marchó. En la soledad del cementerio, encima de la tumba se podía ver desde lejos un libro, comienzo y final de su historia. 3) La idea: Abrazó a su madre que se tenía que ir a trabajar, ella contenía sus lágrimas, sabía que existía la posibilidad de que no lo volviera a ver, pero debía mostrar su entereza. Al cerrar la puerta René miró su mochila, y entonces volvió a recordar el pasado. Era viernes y él estaba haciendo la maleta, habían previsto un fin de semana en una casa rural pero Alicia le había llamado para posponer la salida hasta el día siguiente. El motivo, había argumentado ella, era una cena con sus antiguas compañeras de universidad. A las cuatro de la mañana le despertó el sonido de un teléfono, al descolgarlo sólo escuchó

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unas palabras grises y frías. El parte policial decía que Alicia había tenido una accidente de tráfico, había arrollado a una persona que cruzaba un paso de cebra y se había empotrado contra un edificio, su tasa de alcoholemia era muy alta. El parte médico a las 3:45 la daba por fallecida al tener múltiples contusiones en el cuerpo y la cabeza. A partir de allí su mundo se desmoronó, no sólo la había perdido, sino que también le echaba la culpa por haber cogido el coche, por haber bebido y por haberle dejado solo. Pero todo eso había pasado y hoy sería su primer día en busca de lo que tanto había ansiado. Cogió su mochila, dejó las llaves en el recibidor y cerró la puerta. Por el camino fue haciendo memoria de todo lo que llevaba, ropa, un par de mudas, y por supuesto dos cuadernos y unos cuantos bolígrafos. Su sueño había sido siempre escribir un libro, pero simplemente le faltaban experiencias vividas que contar. Así que una noche se le había ocurrido la idea, escribir una crítica a la sociedad desde abajo. Se convertiría en un vagabundo, ni casa ni dinero le acompañarían, y a partir de allí iría escribiendo sus desventuras y penurias haciendo una crítica constructiva al mundo materialista y consumista en el que nos ha tocado vivir. Por eso se había deshecho de sus bienes materiales, o más bien los había guardado para cuando tuviera previsto volver. Y esto no sería antes de ver cumplido su sueño, de escribir su libro.


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POR PRIMERA VEZ EN TREINTA AÑOS Miguel Carcasona

La pregunta es un ruido inútil en el idioma que sucede a la juventud. Antonio Gamoneda

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or primera vez en treinta años no la había acuciado para que le sirviera la cena. Más que sentado, permanecía encogido sobre la silla de jisca desde la que le rebatía las pequeñas decisiones comunes, petrificado en un silencio que no había roto ni para insultar a los conductores que le pitaban en los semáforos, como sucedía cada vez que subían con el coche a Huesca. A ella tampoco le apetecía hablar durante el viaje. Sin mirarlo, se había acomodado en el asiento, abrochándose impasible el cinturón de seguridad, consciente de que, esta vez, él no le reprocharía su torpeza para fijarlo. Después se había colocado el bolso encima de las rodillas, sujetándolo con las manos, había clavado la vista en el parabrisas delantero y, con los labios apretados por la rabia, había repasado su existencia junto al hombre que conducía a su lado, casi a la misma velocidad con que la repasa un agonizante. Eran del mismo pueblo, él tres años mayor, labrador e hijo de labrador, como ella. Hasta que cumplió los diecisiete y comenzó a frecuentar el salón que Paulino había adecentado como baile, anexo al bar, sólo fue un compinche de juegos en la escuela y de conversaciones en la fuente, diluido entre la cuadrilla que jugaba a marro o esperaba bajo el chopo a las mozas que iban por agua y se demoraban en la vuelta. A partir de esa edad empezó a singularizarlo. Los domingos de misa por la mañana y baile por la tarde las amigas la picaban, señalando lo envarado que se ponía cuando Justo de Lerín, el moderno del pueblo que le tiraba los tejos con descaro, la hacía girar con tanta fuerza en los roncanroles que casi enseñaba las bragas; o cómo no la perdía de vista cuando ella iba y venía por el salón, igual que

un lobo al acecho pero indeciso en el salto. Un día de noviembre, en el tocadiscos comenzó a sonar el «Mirando al mar» de Jorge Sepúlveda, él se acercó al rincón donde las mozas aguardaban y le tocó el brazo. — ¿Quieres bailar conmigo? Bailar una lenta con cualquier mozo del pueblo, salvo Luciano y José del herrero, que nunca salían de la barra, implicaba una batalla sorda entre las ganas de él por ceñirse al cuerpo deseado, sintiendo los senos aplastados contra el pecho y la verga engordando en cada acorde, perfectamente encajada en la pelvis de mujer que se cimbreaba al mismo compás que la suya, y los esfuerzos de ella por mantenerlo a la distancia exacta, ni encastrados el uno en el otro, ni tan lejos que lo ahuyentara. Pero esa vez se mantuvo rígido durante toda la pieza, incluso pisándola en un par de ocasiones, él que era de los mejores bailadores, carraspeando y tragando saliva al intentar una conversación. — ¿Qué te pasa hoy, Fabián? Pareces nervioso. — A mí nada, qué quieres que me pase. Si ella hurgaba, él se revolvía hosco. Optó por callar y así transcurrió la canción. Cuando terminaba, Fabián le pidió repetir con la siguiente. — Contigo todas las que quieras, hombre. Lo conocía bastante para saber que si ella no daba el primer paso, la primera muestra de confianza, él sería capaz de agotar el repertorio de discos de Paulino sin soltar prenda. La siguiente no fue un bolero sino un twist juguetón que lo dejó parado, dudando entre cogerla o bailar sueltos. De reojo vio acercarse a Justo de Lerín, descoyuntándose como un loco

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 Ilustra: Alberto Cabello Pérez

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pero decidido a sacarla al centro de la pista. En un arrebato, cuando lo tenía a metro y medio, agarró a Fabián del brazo y, sin soltarlo, se plantaron al ritmo del twist en la otra esquina, dejando a Justo tieso como una estatua y a las amigas sonriendo por lo bajo. Aquella noche la acompañó hasta casa. Ahora, recordar el primer beso o los primeros escarceos bajo la blusa le producía asco en lugar de las risas que afloraban en la cama, ya casados, cuando iniciaban algún juego y aquello salía a colación. Al llegar de Huesca se había recluido en el baño, sin mediar palabra, mientras él aparcaba el coche junto a la puerta, a la intemperie, sin ánimo siquiera para encerrarlo en el garaje. Frente al espejo se había desnudado, examinando centímetro a centímetro ese cuerpo que no sentía como el soporte de su ser sino como una masa de carne sucia y envejecida. Palpó las arrugas de la

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cara, los pechos caídos, la barriga prominente que arrinconaba el vello del pubis y, por un instante, se sintió culpable; su dejadez había empujado a Fabián porque era imposible que un cuerpo así le atrajese. También a él daba pena verlo, pero en un hombre es distinto. Sólo al recalar en los brazos manchados que habían criado dos hijos y sostenido la casa, una descarga de furia la recorrió de nuevo. Se había metido de inmediato en la ducha, abriendo el agua caliente más allá de donde podía soportarla, escaldándose la piel, soportando el dolor con lágrimas en los ojos pero sin que un gemido alterase el ruido de las gotas al chapotear. Al salir a la cocina lo halló abatido sobre la silla, sin percatarse de su presencia. Lo estuvo mirando en silencio durante un par de minutos, apoyada en el marco de la puerta. Si no fuera por el miedo, lo habría abofeteado. Una bofetada seca, de las que due-


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len en el orgullo. Pero no olvidaba que él era más fuerte y alguna vez le había levantado la mano, sin llegar a descargarla, si la discusión se enconaba y no vencía con argumentos. Se sentó enfrente y le habló con voz áspera. — Al menos, me dirás con quién fue. Fabián alzó la vista con una mezcla de vergüenza y sorpresa, como si aguardase la pregunta pero, al mismo tiempo, estuviera muy lejos y no la entendiese bien. — No sé cómo se llama. Fue en algún viaje a Zaragoza con el equipo. «La mierda del equipo», masculló ella. A él nunca le había entusiasmado el fútbol, pero la temporada pasada el club del pueblo subió a Preferente y Luciano, que por no bailar se había quedado soltero, lo convenció para hacerse socio y cambiar las partidas de guiñote de los domingos por un partido en La Mascarada o un viaje a cualquier punto de la región, según si tocaba de local o de visitante. Un ramalazo la sobresaltó. «También Luciano estará así». Rememoró los primeros síntomas: el cansancio, los vómitos nocturnos. La primera visita al médico de cabecera para combatir lo que parecía una gripe más virulenta de lo normal; el ceño fruncido de éste que, inmediatamente, les extendió un volante para hacerse análisis en el hospital. Los quince días de espera angustiosa y la llamada urgente; la cita sin falta en la consulta de esta tarde y los circunloquios mareantes, los términos clínicos vagamente conocidos por la televisión y el temblor de su voz cuando le pidió que, por favor, les explicase qué significaban esas palabras, qué mal encubrían. Dijo mal, no enfermedad, porque identificaba ésta con algo benigno e intuía que esas cifras delataban algo terrible y definitivo. El doctor miró a ambos, ella manteniendo la apostura y él ya cabizbajo y desarmado, antes de carraspear. — El sida. El teléfono sonó en el pasillo, pero ninguno de los dos hizo ademán de levantarse. «Será Nuria, que llama para preguntar por los resultados», pensó. Por primera vez se alegraba de que los dos hijos se marcharan a Huesca al casarse, y de que los nietos y el trabajo les impidieran acompañarlos al hospital. Al cabo de un minuto, las manecillas del reloj volvían a ser el único sonido en la estancia. — ¿Cómo piensas decírselo a Pedro y a Nuria? ¿Y cuando se enteren los vecinos, qué cara les pondrás? Aunque nosotros no lo pregonemos, estas cosas se acaban sabiendo. — A la mierda los vecinos. — ¿Y los hijos, también los mandas a la mierda?. Fabián se quedó mirando el reloj que marcaba

las nueve de la noche, sin contestar. «Ni siquiera me ha pedido perdón o me ha preguntado qué tal me encuentro. Lo único que le importa es su propio sufrimiento», pensó con despecho más que con tristeza. Tampoco esperaba demostraciones de un amor hace mucho sofocado entre pucheros y monotonía, pero sí, al menos, un poco de solidaridad por tantos años compartiendo el mismo techo. Apartó la vista de esos ojos extraviados y dio con los dedos un golpe seco sobre la mesa. — ¿Quieres cenar algo o vas a seguir toda la noche ahí, como un pasmarote? — No tengo hambre. Ella tampoco, pero sabía que la rutina es la mejor arma para encajar los golpes morales. Fue a prepararse una ensalada y a encender la pequeña televisión que, apoyada en la encimera, los acompañaba durante las comidas. A esa hora emitían el programa de las desgracias ajenas que cada semana seguían desde la cocina, primero, y luego arrebujados en el sofá, congratulándose por librarse de ellas. Hoy no tuvo valor para soportarlo y cambió de cadena. Antes de poner la lechuga en remojo, le vino un último acceso de ira y soltó un puñetazo sobre la mesa. — Dios, ¿pero te das cuenta de que por liarte con una zorra nos vamos a morir los dos? Fabián comenzó a hipar y bajó la vista hacia el hule. — Yo no quiero morirme, Mercedes. — Pues haberlo pensado antes. O si te la tirabas, haberte puesto algo, que por lo menos ahora no estaríamos condenados. Ya es cojonudo que me muera porque me hayas puesto los cuernos con una puta enferma, desgraciado. Se dio media vuelta y fue directa a la fregadera. Al remangarse, vio de nuevo las manchas violáceas que cubrían sus brazos. «Al verano que viene tendré que llevar mangas largas, aunque me cueza», pensó al tiempo que sacaba el escurridor del armario. En la pantalla, unos adolescentes discutían con su padre, delante del abuelo. Se acordó de los tres nietos. El mayor tenía cuatro años; el más pequeño, unos meses. Se preguntó si llegaría a ver una disputa así. El médico había intentado tranquilizarlos, asegurándoles que la enfermedad podía estancarse durante años, se conocían casos de hasta una década, y quién sabe si para entonces ya existiría un fármaco eficaz. «Dentro de diez años, Pedrito tendrá catorce, Nurieta doce y Carlos casi once. Quién sabe». Abrió el grifo y removió la lechuga con los dedos durante un largo rato, sin reparar en que, entumecidos por el frío, los tendría torpes para sacar el pañuelo y enjugar las lágrimas que ya no retenía.

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ME LO TRAGUÉ Daniel Nesquens

U

el Funiculí, Funiculá de Luigi Denza. Comencé a mover la cabeza de un lado a otro. Acompasado. Lentamente. Me rasqué la cabeza. Mis manos parcialmente cubiertas de plumas, mis dedos como garras. Miré mis garras y vi un pico curvado, ganchudo. Y las plumas de colores (¿se podrían lavar en caliente?) Aleteé. Mi primo Sebastián me miró como si no hubiese visto un loro en su vida con la boca abierta, mostrando su aparato dental. Estiró su mano y me atrapó. Me metió en una jaula. Me subí al columpio. Me balanceé. Mi primo me miraba y yo le miraba a él. Di un salto a uno de los barrotes y me quedé inmóvil. Inmóvil. Escuchando en mi nueva condición de ave. Oí cómo sus tacones cruzaban la calle, cómo se encendió un cigarrillo, cómo buscó algo en el bolso… Sonó el timbre y mi primo abrió. «Pasa, estamos solos», le dijo. «¿Y ese loro?», preguntó ella. No hubo respuesta. Se besaron delante de mí. Un beso apasionado, tierno, largo, denso, entregado, plateado… Subieron las escaleras.

 Ilustra: María Luna Fago

n día me tragué una radio. Con antena y todo. Sabía que era un aparato de radio y que, por lo tanto, no era comestible. Pero me la tragué. Hay gente que se traga carros; otros, sapos; yo me tragué una radio. Atravesó mi esófago que se fue dilatando como se dilatan las serpientes cuando se tragan un asno. Pero yo no me había tragado un asno. Me había tragado una radio, por burro. «¿A que no te la tragas?», me dijo mi primo Sebastián. «¿Qué me das?», le pregunté. «Las pilas», me contestó. «Las pilas ya van puestas.» Mi primo no supo qué decir. «Da igual. Me la trago y ya está». Y me la tragué, como me tragué que Adela y mi primo solo eran buenos amigos. Me tragué la radio, atravesó mi esófago y cayó a peso sobre mi estómago. Allí que se quedó, sin poder avanzar por el intestino delgado. Se ve que era eso: delgado. Noté un pequeño, casi imperceptible temblor. De forma instintiva me puse a tararear

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LA HABITACIÓN DE AMIS Alberto Peña Córdova

«O

tra vez he vuelto a acostarme tarde y a levantarme temprano. A dibujar un círculo en el vaho de la ventana, a oler a hojas de hierba, a oír dos ladridos secos de un perro que nunca consigo ver.» Rafael salió de casa, cerró la puerta sin hacer ruido y bajó las escaleras. Saludó con la cabeza a Josefa, la vecina del primero, que siempre estaba con la llave metida en la cerradura de su casa, pero nunca sabía si estaba entrando o saliendo. — Ah, Rafael ‒dijo Josefa, cuando ya había bajado unos siete escalones‒, ayer vino un mensajero a entregarte un paquete, pero no estabas. Te dejó el resguardo debajo de la puerta, ¿ya lo habrás visto, no? —¿Eh? Sí, sí ‒le contesté. La verdad es que no había visto nada, así que bajé hasta el portal y esperé un par de minutos a que Josefa bajara a la calle o bien se hubiera metido en casa. Al ver que no bajaba nadie, subí sigilosamente y, al abrir la puerta, vi el recibo de mensajería, leí la dirección y me lo metí en el bolsillo. A la bajada, de nuevo estaba Josefa con la llave en la cerradura, ni me miró. En el bar de abajo comentan que es sonámbula y alguna noche la han visto andar de espaldas, deshaciendo el camino que hace por las mañanas. Volví a leer la dirección y fui a la oficina de mensajería, allí había una maleta que creí reconocer, la misma que llevaba mi padre aquel atardecer en que le vi marchar y me dejó en compañía de mi madre. — Mamá, mamá, papá se vuelve a ir. — Déjale, yo ya no puedo retener…, ya no puedo retener a quien nunca ha estado. Una vez en casa, puse la maleta encima de la mesa, venía atada con una cuerda que formaba una cruz en ambos lados, llevaba destinatario, pero no remitente. La abrí y en su interior tan solo había una cámara de fotos Leica de 35 mm., un molinillo tibetano de oración, una matrioska y una libreta con todas sus páginas en blanco, de un blanco amarillento. Observé que la cámara llevaba carrete y decidí llevarla a revelar a Javier, un fotógrafo aficionado del barrio. — Hola, te traigo esta cámara para ver si… — Chisstt ‒me interrumpió Javier, que estaba

escuchando un LP de The Clash al revés‒, escucha, escucha, ¿oyes algún mensaje secreto? Tras escuchar un rato, le contesté que no, que lo único que conocía al revés era el cuento de Caperucita roja. Javier se me quedó mirando, apagó el tocadiscos y me preguntó qué quería. Le enseñé la cámara y dijo: «Oh, el ojo certero de Cartier Bresson, de Capa, de…» «Lo que quiero es preguntar si me puedes revelar el carrete», le interrumpí. «Eso está hecho, me contestó, vente mañana a la misma hora y no te retrases». Al día siguiente, Javier me entregó las fotos en sobres numerados del uno al siete, me dijo que solo habían salido bien esas, el resto estaban oscuras. «El que ha hecho esas fotos no ha captado bien la luz, pero ha sabido captar el alma», apostilló cuando me iba. Ya en casa, abrí el sobre número uno y vi que era yo el día en que los Reyes Magos me trajeron la bicicleta que tanto había deseado y que todavía conservo en el desván. Me quedé extrañado. Abrí el segundo sobre y también era yo, jugando con Sísifo, un gato que todos los mediodías me esperaba en la puerta de casa, para que le lanzara una pelota que me devolvía una y otra vez. La tercera fotografía éramos Teresa y yo dándonos un beso, mi primer beso. Cada vez entendía menos, no podía comprender cómo me podían haber hecho esas fotografías. Volví a mirarlas por si era alguien parecido a mí, pero no, no había duda. La impaciencia hizo que, al abrir la cuarta fotografía, rasgara una parte de ella, esta ya no trataba del pasado, sino de un momento aún por suceder. En la instantánea, junto a mí había un doctor con una bata blanca ante un fondo lleno de grabados de Goya. Observé que en el bolsillo de la bata había un nombre, busqué una lupa y vi que decía Dr. Berroce. Tardé un momento en reponerme y dudé si abrir más sobres, pero me dije a mí mismo que no debía temer nada, que solo eran fotografías. Abrí el quinto sobre y de nuevo estaba presente, agachado junto a un perro mestizo de talla mediana, lamiendo algo en mi mano. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y no quise ver las restantes. No quise mirarlas. Al día siguiente, sin haber dormido ni desayunado, cogí las páginas amarillas y busqué al Dr. Berroce y sí, sí que estaba. Anoté la dirección y me dirigí allí.

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Por el camino, se me cruzó un perro igual que el de la fotografía, se paró ante mí y, conforme me iba acercando, él se iba alejando, haciendo que me adentrara en un laberinto de callejuelas, hasta que me tropecé con un indigente que compartía su comida con él. Al acercarme, comprobé que el hombre tenía los ojos vidriados por las cataratas. Este gritó con voz entrecortada: «¡Quién anda ahí!, ¡cómo es que no ladras, Estrella!, ¿es alguien conocido?». «Disculpe, soy yo, dije, soy…». «Ah, eres tú, qué susto me has dado, Rafael», me respondió. «¿Me conoce?», le pregunté sorprendido. «¡Claro!, tú me diste el perro», me respondió. «¿No te acuerdas?, tenías que salir y me preguntaste si te lo podía guardar, pero no querrás ahora, después de tanto tiempo, llevártelo. ¡Por favor, no te lo lleves!, es lo único que tengo». —¿Recuerda si le han hecho últimamente alguna foto? ‒le interrumpí. — No ‒me contestó‒, no me gusta que me hagan fotos, el flash ciega mi mundo de sombras, de caverna. Respecto a Estrella, vamos a hacer una cosa, vamos a llamarle los dos y a quien le ladre, se lo queda. Despacio y en silencio me fui marchando, allí le dejé con su monólogo. A lo lejos oí dos ladridos secos de un perro. Me dirigí a la dirección del Doctor. Una vez allí, el portal me pareció familiar, en una placa ponía Dr. Berroce, debajo una firma grafitera impedía distinguir su especialidad. La puerta de entrada no estaba cerrada, supongo que para que se fuera el olor a humedad. Subí por unas escaleras de madera hasta el primer piso, donde una tenue bombilla parpadeaba. Al fondo, una puerta entreabierta… Al acercarme, se abrió y una persona con bata blanca apareció ante una pared llena de grabados de Goya. Se me quedó mirando fijamente, hasta que detrás de mí una

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chica rubia, de media melena y labios pintados en un carmín intenso me susurró al oído: «Ven, sígueme». La persona vestida de blanco cerró contrariada la puerta, pero sentí que nos observaba a través de la mirilla. — Hola, ¿me conoces? —pregunté. — Claro que te conozco y tú puede que me conozcas a mí. — Ahora no caigo, ‒le contesté mirándola de arriba abajo con alguna parada por el camino. — Ven, sube y hablaremos ‒volvió a decirme con voz segura y pausada. Subimos al piso superior y me señaló una silla, dejó el bolso de charol negro en la percha y se sentó frente a mí, me miró estudiando mi reacción. Mi inexpresividad hizo que tras unos segundos se quitara la peluca y con un pañuelo de papel se limpiara los labios. «Y ahora, ¿me conoces?» Negué con la cabeza. «Bueno, me llamo María» prosiguió, para a continuación puntualizar: «Por la mañana soy Mariano, pero no me gusta que me nieguen, por eso tú llámame María». «Sólo dos veces al día la luz es la misma, esa en que no sabes si amanece o anochece.» — Entonces algo ha fallado ‒murmuró‒, yo tengo una foto en la que estamos juntos tú y yo, yo y tú. Se levantó, abrió un cajón de un armario y de un sobre marcado con el número seis sacó una fotografía en la que ambos estábamos juntos, en esta misma sala en que ahora estamos sentados. — Esperaba que me dieras una explicación, que me dijeras quién eras tú y qué habías venido a hacer aquí, pero creo que estoy equivocada. — No, no estás equivocada ‒le repliqué con cierta compasión‒, yo también tengo fotografías, pero solo


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Las hice a un niño con una bicicleta roja nueva, a otro jugando con un gato y una pelota, a unos adolescentes besándose, a un indigente y a su perro, a un desconocido, a ti.  Ilustra: Rosaluz Méndiz Mejoral

me he atrevido a abrir cinco. El miedo, para bien o para mal, suele impedir hacer lo que deseamos. — Entonces, te quedan dos por abrir ‒me dijo‒. Comprueba si el sexto tiene algo que ver conmigo, si es así, vienes con el último sobre y, si quieres, nos los intercambiamos. Yo tampoco me he atrevido a abrir el último. Me levanté y me fui a casa. Encima de la mesa estaban los dos sobres. Sin pensar, abrí el sexto y apareció una fotografía igual a la que me había mostrado. Pero, al observarla bien, vi que María estaba con los ojos cerrados. Ya solo quedaba un sobre sin abrir, pensé en quemarlo, en abrirlo, en romperlo en mil pedazos. Como esa noche tardé en conciliar el sueño, no madrugué. Había dormido plácidamente, el vaho no empañaba los cristales y los dos ladridos del perro no sonaron. Parecía un nuevo día que nunca había vivido. Sin pensarlo dos veces, cogí el último sobre y me dirigí a casa de María, dispuesto a cambiárselo. En la escalera me tropecé una vez más con Josefa, acompañada de un hombre con una ridícula gorra de marinero y una maleta atada con una cuerda que formaba una cruz en ambos lados. Llegué al portal, subí las escaleras de madera y, al pasar por el primer piso, me sentí observado, pero no quise mirar a la puerta del doctor. Subí al piso de María. La puerta estaba entreabierta, llamé al timbre, pero nadie salió a recibirme. No sabía si entrar o irme, pero un maullido salió de dentro del piso. Empujé la puerta y vi un gato igual que Sísifo, le seguí y observé que habían desaparecido todos los muebles, a excepción del espejo del recibidor. Las ventanas estaban sin cortinas, el piso parecía estar vacío y deshabitado. Todas las puertas de las habitaciones estaban abiertas salvo una. La abrí y un ligero olor a vinagre impregnó el ambiente. Le di al interruptor y una bombilla roja iluminó un pequeño habitáculo que hacía las funciones de cuarto oscuro. Dentro había una ampliadora, unas cubetas, un póster de The Clash y carretes colgando de una cuerda, sujetos por una pinza de madera y otra de contrapeso. No quise ver ningún negativo. Al salir, junto a la puerta, había una fotografía boca abajo. Me dirigí hacia ella, pero, al pasar por delante del espejo, el corazón me dio un vuelco, el que se reflejaba en el espejo era yo, con peluca rubia y labios rojos pintados en un carmín intenso, giré la cabeza y no vi a nadie detrás de mí. La fotografía seguía boca abajo en el suelo. Me miré los pies y me vi con zapatos de tacón alto. Lo único que se me ocurrió fue salir a la calle. Abrí el bolso de charol negro y saqué una cámara digital y empecé a hacer fotografías.

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LES DEUX MAGOTS José Ramos

S

on las cuatro de la tarde del último fin de semana de julio. Viernes. Como tantas veces, la mañana parisina ha sido soleada. Salgo del edificio con ventanas al cementerio de Montparnasse, donde vivo compartiendo habitación con Carlos, amigo y compañero de facultad, al otro lado del pasillo en el que también están de alquiler otros dos amigos asturianos, Arturo y Javier. Sólo entonces me doy cuenta de que el cielo se ha encapotado y quizá hubiera sido prudente coger el paraguas, ponerse calcetines y alguna chaqueta. Aún resuenan en mi cabeza los consejitos de Carlos, consumado mujeriego: No hay mujeres frías sino hombres inexpertos. Esa italiana es una calentorra y le has caído bien. A poco que la cameles puedes acabar la estancia en París, poniendo una pica en… Flandes. He quedado con Nicoletta a las cinco, en el famoso bar de la place de Saint Germain, Les Deux Magots. Morena, pechugona, pelo y ojos muy negros a lo Claudia Cardinale, es una compañera de las clases de francés en la Alliance, con la que, menuda suerte la mía, he ido cogiendo confianza al final del cursillo, tan al final que llevo en la cartera ya los billetes de vuelta a Oviedo. Atravieso la plaza de Montparnasse y camino por la rue de Rennes, cuyos edificios uniformes de cuatro plantas, balconadas de hierro y fachadas doradas me hacen pensar en las piedras de mi ciudad. Aunque todavía queda casi media hora para la cita, me siento en la terraza de Les Deux Magots. No faltan, entre los franceses de rigor, los extranjeros con pinta intelectualoide en actitud exhibicionista semejante a la de las flores en las macetas de los balcones por encima de sus cabezas. Pido un café solo al bigotudo del camarero. Me encanta sentarme en esas sillitas de anea alrededor de un velador, que me recuerda con su mármol y su pie de hierro a los de casa del bar de mi abuelo en Luarca. Aquí, además de la sombra de unos tilos de un verde restallante, tengo a la vista la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, su campanario, su reloj, su historia milenaria. El camarero

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deposita en la mesa una bandeja blanca redonda sobre la que se disputan el espacio una tacita roja de café negro terciopelo, dos sobrecillos cuadrados de azúcar, una jarrita con más café y un vaso de agua. La clavada, coup de fusil dicen los franceses, va a ser de órdago, intuyo. No me explico el motivo para haber quedado con Nicoletta en Les Deux Magots. Quizá hubiera sido mejor y, desde luego más barato, haberlo hecho en el rincón del Jardín de Luxemburgo en el que han transcurrido nuestras charlas durante los intermedios de clase o haciendo pirola. Bueno, sí lo sé. Para fardar dando muestras de mi erudición sobre los incontables escritores que por este local han pasado y, si procede, para deslumbrarla, como le leas alguna de tus cursiladas no conseguirás tocarle un pelo, ha insistido Carlos, con la lectura de alguno de mis poemas.


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A las cinco menos cuarto, el reloj de la torre de Saint Germain es tan aparatoso que se vislumbran los saltos de la aguja al cumplirse los minutos. Rebosante de buen humor y magnanimidad, le echo un franco en el vaso de aluminio a la mendiga con el niño pegado a su teta que circula entre las mesas. Se aleja bisbiseando jaculatorias, espero, de buena suerte. Aunque espesos nubarrones se concentran tras el campanario de la iglesia, brilla el sol y la terraza se ha ido llenando de gente. Una especie de lord inglés, arrugado y amarillento, con pañuelo anudado al cuello al estilo de Oscar Wilde, lee el Dayly Mirror. Unos tortolitos sentados en la parte pegada a la fachada no dejan de hacerse arrumacos. Así puedo estar yo con la italiana dentro de un rato, imagino, y eso me lleva a pensar en la estrategia de la tarde. Le dejaré que disfrute un rato de la terraza. Le entregaré el libro Les Mots de Sartre que le he comprado, ni se te ocurra comprarle flores, me ha repetido Carlos, y, de paso, le contaré cómo en ese edificio de ahí enfrente, en la ventana de la esquina vivió el famoso escritor con la Simone. Le leeré el poema a ella dedicado: a Nicoletta, no a Simone, claro. Luego nos iremos hacia Notre Dame, hacia la punta de la isla de la Cité, a contemplar el paso de los bateaux mouche sobre el Sena y luego la invitaré a cenar en alguno de los tugurios de la rue de la Huchette, a la luz de las velitas. Por una noche será Carlos el pagano: deberá dejarme la habitación libre e irse a dormir al otro lado del pasillo, como he hecho yo la semana en la que se ha estado trajinando a la sudamericana. A las cinco menos tres minutos veo una chica morena, vestida de negro, los pechos insinuantes bajo la blusa, cruzando el Boulevard de Saint Germain en dirección hacia la terraza. El corazón me da un vuelco, pero no es ella. Majestuosas, suenan las cinco campanadas en la torre de Saint Germain. Me he bebido el oloroso y buen café, el agua acompañante y tengo la impresión de que el camarero, dadas las apreturas, me mira torvamente mientras se atusa las puntas encrespadas del bigote. Pido una cerveza. A las cinco y diez, empiezo a revolverme inquieto en el sillón de anea, una de cuyas tiras, rota o a mala sombra, me está dejando magullado el trasero. A las cinco y veinte, tengo ganas de hacer de vientre, pero me retengo, no sea que Nicoletta llegue y, al no verme, se pierda de nuevo entre el gentío. Ya no brilla el sol. El lord inglés se aleja por la acera sobre unos zapatos de tacón, apoyado en el paraguas, con

paso amariconado, lo que me confirma en su parecido con Oscar Wilde. A las seis menos veinte, el lanudo perro de una madame pintarrajeada que se ha parado a comadrear con otra madame no menos estrafalaria, tirando de la correa, se acerca a la mesa donde estoy sentado, brujulea alrededor, me olfatea el pantalón y las sandalias, este bicho está ciego o borracho, y alza la patita como si mi pierna fuera la rueda de un coche o el tronco del tilo, en evidente ademán de meárseme encima. Lo espanto con un gesto no muy aparatoso, pero las sonrisas a mi alrededor son tan evidentes como el subidón de ridículo que me agarrota. Por la puerta abierta del bar, percibo dos esculturas orientales pegadas a la columna. ¿Se están riendo? Sí. Oigo además las carcajadas del camarero, del vagabundo tumbado sobre la acera, de los Hemingway, Picasso y Boris Vian que en este apestoso lugar pusieron el culo, de Carlos en la habitación y de los habitantes de Padua convencinos de Nicoletta. Una vez más, una tía, el mundo entero me han dado plantón. Pago al camarero sin saber ni lo que me pide ni lo que le doy. Las seis menos cuarto. Estas italianas son igual de zorras que las demás, me digo. Empiezan a caer unas gotas frías como puñales de hielo, que me atraviesan la piel de los brazos y se cuelan bajo la camisa recién estrenada. Mis gafas de culo de vaso se cubren de riachuelos y se empañan. Arrecia la lluvia. Se produce una desbandada general de clientes en la terraza. Corren de acá para allá los transeúntes desplegando los paraguas. Salpican los coches siseando las ruedas al deslizarse sobre el pavimento. Como no sé dónde protegerme del chaparrón, corro hacia la puerta de la iglesia de Saint Germain y me cuelo dentro. Mojado y tiritando, me siento en un banco del fondo. No tengo pañuelo para limpiarme las gafas. Me viene a la mente la única frase que conozco en italiano. ¡Porca miseria! Todo está oscuro. Alguien se sienta a mi lado y me da un golpecito cariñoso en el muslo con una mano blanca y delicada.

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COLOR FIN DEL MUNDO Patricia Esteban

T

uvieron la última discusión exactamente cinco minutos antes del fin del mundo. Cinco, ni uno más, ni uno menos. Ella acababa de estrellar contra la pared un jarrón azul que nunca le había gustado mucho y permanecía parada en medio de la sala, con el rostro enrojecido y los puños cerrados, conteniéndose para no echar a andar hacia la cocina en busca del cepillo y el recogedor. No soportaba el desorden y esos fragmentos de vidrio desperdigados le dolían en las puntas de los dedos, pero tampoco se decidía a abandonar aquella postura, como si temiera que andar o pestañear fueran decisiones irrevocables. Él preparaba un equipaje de urgencia para marcharse al hotel, moviéndose frenético de un lado a otro del dormitorio abriendo cajones, eligiendo camisas, intentando pensar a contrarreloj qué cosas son verdaderamente necesarias cuando uno se marcha con intención de no volver. Entonces ocurrió. Hubo un bramido de animal marino que atravesó el aire y dentro del piso temblaron los cuadros y los relojes. Hubo gritos en otras casas, hubo sollozos. Y luego aquel olor lo inundó todo. De pronto la ciudad olía a quemado, a cielo en llamas. Ella giró la cara hacia el cristal de la galería y le horrorizó descubrir un color indescriptible extendiéndose sobre los tejados. A él se le resbaló de entre las manos una camisa blanca cuando a través del ventanal vio desmoronarse el edificio de enfrente, justo un segundo antes de que se hiciera la oscuridad en toda la casa. Los cristales azules del búcaro quedaron esparcidos por el suelo. La maleta, a medio hacer sobre la cama, como una garganta abierta. Ella miró la puerta del salón. Él, la puerta entornada del cuarto en el que ya no pensaba dormir aquella noche. Los dos se sobresaltaron cuando escucharon cómo se hundía un tabique en la habitación del hijo que no llegaron a tener. Después permanecieron quietos mucho rato, hasta que comprendieron que lo que había pasado entre los dos no tenía nada que ver con aquella inesperada fractura del universo. Ella se dijo entonces que seguía viva. Mientras los techos se venían abajo y familias enteras se tomaban de la mano en el alféizar de una ventana antes

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de lanzarse al vacío, ella seguía viva. Él pensó en la sonrisa cómplice y en el cuerpo desnudo de la mujer que amaba, en esa fotografía clandestina, oculta en el compartimento más secreto de su billetera. No volvería a verla. No iba a poder llamarla según lo convenido para decirle que todo el tiempo que quedaba era suyo, de los dos, y lo supo justo entonces. Los gatos callejeros continuaron debajo de los coches, mirando con ojos perezosos los cuerpos destrozados tendidos en la acera, sin espantarse de los sonidos y el aire cargado de llamas, como si aquella catástrofe no fuera con ellos. En la oscuridad, ella se sintió espiada por todos los muebles redondeados y aparentemente amables de la sala donde él le confesó una verdad que hacía tiempo se deslizaba como una sombra en los espejos, pasando de largo si ella levantaba la cabeza, sobresaltada por una sospecha repentina. Él cerró los ojos con la esperanza de que al abrirlos aparecería sentado en la parte trasera de un taxi, mirando caer una lluvia desganada en el cristal delantero y sin necesidad de cruzar media palabra con el conductor, vagando sin más de noche, al compás de metrónomo de los limpiaparabrisas y con un murmullo de jazz casi inaudible latiendo en la emisora de radio. Murieron los mejores amigos de todo el mundo; murieron, también, los peores enemigos. Sólo quedaron ellos dos en aquel octavo piso que compraron después de su boda y que ambos estaban a punto de abandonar cuando el universo se partió por la mitad. Pasadas unas horas, la luz del sol se desplomó con alegría de borracha en el salón intacto y tropezó con ella, que seguía tumbada en el sofá, esperando el día siguiente con los ojos abiertos. Él también había pasado la noche en vela, sentado en la orilla de la cama, pero de pronto sintió un nudo de hambre en la boca del estómago. Se puso en pie, dio unos pasos cautelosos en dirección a la puerta, (pasos como de hombre recién llegado a la luna), sin dejar de temer que alguno de ellos pudiera ocasionar el fin de aquella calma precaria. Salió al pasillo. A través del hueco que dejó el cuarto de los trastos al hundirse pudo ver que ella caminaba en dirección a la cocina, y sintió un enorme alivio.


 Ilustra: Christian Bufi

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SUEÑOS DE UN ARQUEÓLOGO María Isabel Sabariego Mediel

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a neblina se había instalado en las calles de Londres, algo tan habitual como la llovizna intermitente y las nubes grises que ocultaban el sol. El clima desapacible no fue impedimento para que Bryan McKenzy sucumbiera al deseo de visitar el Museo Británico. Solía hacerlo periódicamente, así que lo conocía a la perfección. Enfiló sus pasos lanzando fugaces ojeadas a ambos lados hasta detenerse frente a su pieza favorita: la Piedra de Rosetta. La había observado tantas veces, que su magnífica memoria podría reproducir cada centímetro sin el menor error. Se ajustó las gafas empujando el puente con el dedo índice, se metió en la boca un chicle de pipermín y se deleitó con la visión del texto inscrito en griego y egipcio sobre el granito negro en tres clases de escritura: jeroglífica, demótica y griego uncial. Permaneció más de quince minutos admirando aquella joya histórica. Después dio un par de pasos para leer la inscripción lateral. Esbozó una irónica sonrisa ante las letras pintadas en blanco: «Captured in Egypt by the British Army». Se sintió orgulloso de estar directamente relacionado con la Piedra de Rosetta. La historia se remontaba más de doscientos años atrás en la rama materna de su árbol genealógico y el protagonista era el tatarabuelo de su abuela, que fue uno de los soldados del ejército que Napoleón Bonaparte capitaneó en la expedición con el objetivo de conquistar Egipto. Y, según se aseguraba en el relato transmitido fielmente a través ya de seis generaciones, el intrépido antepasado de Bryan ayudó a transportar la roca de más de un metro de largo y setecientos sesenta kilos de peso, descubierta por un capitán francés en Rashid, el pueblo situado en el delta del Nilo, cuando las tropas de Napoleón luchaban contra las de Gran Bretaña. El hallazgo de la Piedra de Rosetta resultó fundamental en el estudio del lenguaje y supuso el punto de partida para descifrar los jeroglíficos egipcios. Los ejércitos ingleses se la arrebataron a los franceses, aunque Bryan sabía que el mérito correspondía a la tropa de la que su antepasado formó parte.

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Después de admirar el resto de las piezas expuestas y detenerse de nuevo ante la Piedra de Rosetta, dio por finalizada la visita al Museo Británico. Caminó bajo la llovizna, subió en su coche y condujo envuelto por los compases de los Nocturnos de Chopin, que sonaban majestuosos desde el reproductor de cedés. Aparcó su utilitario junto al Mercedes Benz de su padre, cruzó el jardín y entró en la residencia familiar. Bryan era el único hijo del popular miembro de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, Sir Henry McKenzy, y de la abogada laboralista Linda McKenzy. Entró en la cocina para tirar el chicle en el cubo de la basura y coger una lata de cerveza de la nevera. Atravesó el hall y golpeó con los nudillos antes de abrir la puerta del despacho de su padre. Se sentó en el borde de la mesa para charlar con él. La relación entre ambos era casi perfecta, pero Sir Henry no terminaba de comprender ese espíritu rebelde y soñador de su hijo, que rechazaba la vida lujosa que ponía a su alcance para preferir una vida bohemia. Sir Henry lanzó a Bryan una de sus miradas condescendientes, recriminando sin palabras el pantalón vaquero desteñido, la holgada sudadera y el pelo largo. Se consoló pensando que al menos había sido capaz de terminar una carrera, aunque Arqueología no era la licenciatura que él hubiera preferido para su hijo. Durante la cena, Bryan comunicó a sus padres que tenía todo a punto para emprender al día siguiente el viaje a Egipto. Sir Henry y su esposa sabían que no podían hacer nada para evitarlo, como también era inútil intentar disuadirle de que lo hiciera junto a su amiga Cathy. Antes de acostarse, Bryan preparó su equipaje, que se reducía a una bolsa de viaje con el equipo básico de arqueología y una mochila con la ropa imprescindible, un par de gafas de repuesto y una buena provisión de chicles de pipermín. Dedicó los últimos minutos del día a la impresionante colección de arte arqueológico que colmaba los anaqueles de


 Ilustra: Pilar Longás

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la vitrina en una de las paredes de su habitación. Algunas de las piezas eran herencia familiar, las que su antepasado logró conservar a su regreso a Francia tras la expedición napoleónica a Egipto. Bryan y Cathy habían sido compañeros en la Universidad, pero fue en el último curso cuando comenzaron a intimar. Su relación nació a lo largo del viaje de estudios a Stonehenge, la construcción megalítica al suroeste de Inglaterra, en la llanura de Salisbury. De un modo natural y espontáneo, permanecieron juntos durante la visita y compartieron su vocación por la arqueología y la fascinación ante el monumento neolítico. El misterio y el encanto del lugar los sedujo tanto que, un mes después, decidieron repetir el viaje los dos solos. Se sintieron parte de la Historia, admirando el conjunto y tocando cada una de las piedras, inmersos en otro mundo, que los atrapó en el instante en que el utilitario de Bryan abandonó el abundante tráfico de una de las dos carreteras que encerraban Stonehenge. Recorrieron despacio cada estructura. Comenzaron por el foso exterior, para pasar al círculo de treinta metros de diámetro formado por grandes columnas rectangulares de arenisca amarillenta. Originariamente, estaban coronadas por dinteles, en la actualidad solo algunos de ellos permanecen. Cathy y Bryan accedieron al segundo círculo de bloques de piedra, sintiendo que cada paso los aproximaba al Neolítico. Acariciaron los menhires de reflejos azulosos, más pequeños que los anteriores pero igual de admirables. En su interior, cinco trilitos en herradura, de piedra azul, rodeaban una hilera de menhires de menor tamaño, en forma de obeliscos, del mismo color. En el centro brillaba la Piedra del Altar, de arenisca verde. Cathy bromeó fingiendo ser la víctima que los druidas se disponían a sacrificar y ofrecer a los dioses. Bryan se explayó aclarándole a su amiga que aquella Piedra del Altar no era más que un megalito caído en posición horizontal y que Stonehenge fue levantado dos mil años antes de la existencia de los druidas, por lo que no pudieron ser ellos quienes lo construyeran. Era una de las leyendas que alimentaba la magia y la seducción que en-

volvía Stonehenge. En realidad, el monumento debió de ser un observatorio astronómico para predecir los solsticios, pues el día en que comienza el verano los primeros rayos del sol atraviesan el eje exacto de la construcción. Allí, en la Piedra del Altar, Bryan besó por primera vez a Cathy. Y, al anochecer, abandonaron Stonehenge paseando por el camino de piedra que conduce hasta el río Avon. Retozaron en la orilla, se amaron bajo la luna llena, el embrujo del misterioso monumento megalítico y el rumor de las aguas. Dos meses después, Bryan descubrió una inscripción en el interior de una pieza de cerámica, uno de los restos arqueológicos conseguidos por su antepasado. Era un rudimentario dibujo que Bryan identificó con Stonehenge, junto a lo que su sobrada imaginación vio como un lago, y un fragmento de un jeroglífico, del que solo pudo descifrar las palabras «fuente de la eternidad». Bryan mantuvo en secreto su descubrimiento, comunicándoselo únicamente a Cathy. Ambos se dedicaron a investigar y recopilar información sobre la Fuente de la Eterna Juventud. Según la leyenda, existe un lago que proporciona la inmortalidad a quien bebe de él o se baña en sus aguas puras y transparentes. No hallaron pruebas ni testimonios que garantizaran la veracidad de los innumerables relatos en torno a ella. A Cathy le encantó la versión que aseguraba que la Fuente de la Eterna Juventud se encuentra en la antesala del Olimpo, el hogar de los dioses, y está custodiada por las Hadas, que permiten el acceso a quien lo merece. Además, hay que tomar el agua del lugar donde las Hadas indiquen, pues, de lo contrario, su efecto será opuesto y quien la beba envejecerá y morirá. Tras el estudio de las grabaciones en el interior de la vasija, Bryan dedujo que se trataba de un mapa que indicaba el lugar donde se hallaba la Fuente de la Eterna Juventud y que debía de estar en las inmediaciones de Stonehenge. Visitó de nuevo el lugar, acompañado por Cathy, pero no encontraron ningún indicio de estar en el camino correcto. Lo más parecido que vieron fue el río Avon. No tuvieron necesidad de pensar demasiado para saber que sus

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aguas no proporcionaban la inmortalidad, dada la cantidad de animales que las bebían y de personas que las tocaban o se bañaban en ellas, y ningún ser vivo había experimentado sus efectos. Llegaron a la conclusión de que si la Fuente de la Eterna Juventud era real, debía de estar en un lugar menos evidente y, añadió Cathy, más propicio para ser protegido por las Hadas. Durante el trayecto de regreso a Londres, un súbito pensamiento obligó a Bryan a frenar bruscamente y detener su coche en el arcén de la carretera. Sin dejar de mascar el chicle de pipermín, explicó su teoría a la sobresaltada Cathy. Se equivocaban al realizar la búsqueda en Stonehenge. La conclusión era muy lógica. La pieza arqueológica en la que estaba la inscripción del supuesto mapa había llegado a él a través de sus antepasados, hasta remontarse al que la consiguió, luchando con el ejército francés en Egipto. Si el origen de la vasija era egipcio, también había de serlo lo que en ella se representaba. Como recién licenciados en Arqueología, ambos sabían que el lugar en cuestión no podía ser otro que Playa Nabta, el Stonehenge de Egipto. Tenía sentido, Napoleón habría deseado la inmortalidad para perpetuar su imperio y su propia vida, y su expedición a Egipto, además de la intención de colonizar el país, pudo tener otro objetivo oculto: hallar la Fuente de la Eterna Juventud. No la encontró, pero descubrió la Piedra de Rosetta y un importante conjunto arqueológico, algunas de cuyas piezas heredó Bryan, entre ellas la vasija con las inscripciones en el interior. Sir Henry no pudo negarse a financiar el viaje de su hijo, dados los importantes motivos científicos que, según él, lo motivaban. Aquella noche, la víspera del viaje, Bryan apenas pudo pegar ojo, repasando mentalmente la historia de Playa Nabta. El monumento megalítico, al sur de Egipto, en los límites del desierto líbico, fue descubierto recientemente por un equipo internacional de arqueólogos. El lugar del emplazamiento, hoy desértico, estuvo ocupado por un enorme lago. En sus orillas fue levantado, mil años antes que Stonehenge, el conjunto de megalitos con fines astronómicos más antiguo que se conoce. Los prehistóricos habitantes del sur de Egipto construyeron viviendas, tumbas y un círculo con piedras de hasta tres metros de altura. El Cairo, Giza, Luxor, Alejandría, el Valle de los Reyes, Tebas, Aswan… Egipto es un país con un enorme atractivo, pero Bryan y Cathy desestimaron las visitas turísticas para centrarse en el motivo que los llevó hasta allí. Se trasladaron hasta Abu Simbel y, al fin, unos cien kilómetros al oeste, encontraron Playa Nabta.

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El agobiante calor del desierto y el cansancio del viaje quedaron anulados frente a la emoción de estar ante aquellos restos arqueológicos. Se sintieron privilegiados por poder sentir el tacto de lo que hasta entonces solo eran líneas en los libros de texto. Además de los menhires que formaban un círculo, vieron cuatro grupos de losas. Dos de ellas estaban alineadas en dirección norte‒sur, otras dos se encontraban orientadas de este a oeste y señalaban el punto por el que salía el sol en el solsticio de verano, el resto de las piedras, situadas en el centro, tenían diversas inclinaciones. Los antiguos pobladores de Nabta fueron, sin duda, grandes estudiosos astronómicos y representaron con el conjunto megalítico la relación entre el sol, la tierra, el agua y la muerte. También se le suponen fines ceremoniales y funerarios, y es posible que realizaran sacrificios rituales con animales, vigentes en la actualidad en la tribu Massai. La vasija de cerámica heredada de su antepasado era demasiado valiosa para trasladarla a Egipto y lo que Bryan llevó consigo fue la copia exacta de las inscripciones de su interior. Extendió el papel y comenzaron el estudio comparativo del dibujo y las piedras dispersas ante ellos. El esquema era incompleto y no contenía todas las rocas que ellos podían ver sobre la arena, pero la similitud del círculo de menhires era considerable y era obvio que las líneas centrales representaban a las piedras erigidas con el fin de determinar el solsticio. Miraron a su alrededor en busca de lo que, según la inscripción, era la Fuente de la Eternidad. Solo vieron el horizonte desértico. Ambos compartían la teoría: algo tan extraordinario como la Fuente de la Eterna Juventud no podía estar al alcance de cualquiera, debía ser un lugar de difícil pero no imposible acceso. Bryan se metió en la boca un chicle de pipermín. Cathy se pasó una mano por la frente para retirar los rizos humedecidos por el sudor. Lanzó un par de ojeadas consecutivas al monumento y a la réplica del grabado. Orientó el papel hasta hacer coincidir las piedras dibujadas con las reales. El esbozo del lago quedó situado en el noroeste. No necesitaron pronunciar en voz alta la evidencia. No cabía duda de la dirección que debían seguir. La incógnita era la distancia a recorrer. Tomando como referencia el diámetro del círculo de menhires, establecieron la escala. Midieron los centímetros que separaban en el papel el complejo de Nabta con la Fuente de la Eternidad. Obtuvieron la distancia y las coordenadas a seguir. Emprendieron el camino de inmediato. Después de recorrer algo más de un kilómetro sobre la arena ardiente en una marcha agotadora en la que a punto estuvieron de consumir sus reservas de agua, se


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 Ilustra: Pilar Longás

detuvieron en el lugar donde, según el dibujo, debía hallarse la Fuente de la Eterna Juventud. Giraron sobre sí mismos en busca de algún indicio. Hasta donde su vista alcanzaba, todo era arena desértica bajo un sol asfixiante. Comprobaron la exactitud del cálculo y el correcto funcionamiento de las brújulas. No había ningún error y Bryan confiaba en la autenticidad de la vasija y en su interpretación del dibujo grabado en su interior. No estaba dispuesto a rendirse. Murmuró una frase incomprensible, en cuyas palabras se fundían plegarias y juramentos pronunciados en perfecto árabe. Los aspavientos de sus manos provocaron que la brújula escapara de entre sus dedos, elevándose por encima de su cabeza antes de aterrizar a cinco metros de distancia. Se acercó a la huella circular y removió la arena con la bota. Sólo consiguió que la brújula se hundiera más en el hoyo. Se arrodilló y comenzó a retirar la arena con ambas manos. Cuando emitió un gemido al tropezar con un objeto sólido, Cathy ya estaba arrodillada junto a él. No se trataba de la brújula, era el extremo de una lasca. La emoción se apoderó de ambos. Procedieron a desenterrar la piedra. Las escasas herramientas con las que contaban y el intenso calor ralentizaron su trabajo. Exhaustos, descubrieron el extremo inferior de la roca, que se ensamblaba en otra colocada en posición horizontal. Continuaron la excavación hasta dejar al descubierto una buena parte. Una grieta cruzaba la piedra de lado a lado y se tambaleaba con cada uno de sus movimientos. Bryan pensó que, ejerciendo presión sobre ella, se resquebrajaría por completo y podrían ver lo que ocultaba. Cathy observó cómo su amigo, haciendo acopio de las últimas energías, saltaba una y otra vez, jadeando con cada impulso de su cuerpo. De súbito, la roca se abrió bajo sus pies. Ambos cayeron al vacío, envueltos en un ensordecedor estruendo. Aturdida y magullada por el golpe, Cathy se puso en pie y buscó en la penumbra. Vio a Bryan tendido en el suelo. Sangraba abundantemente por una herida en su ceja derecha. Bryan aseguró que se encontraba bien y tanteó buscando sus gafas. Fue Cathy quien las encontró, rotas y con los cristales hechos añicos. Sus mochilas habían quedado en la superficie del desierto, así que tampoco podía contar con sus gafas de repuesto. Cathy se sacudió la ropa y se pasó las manos por la frente, en un vano intento por deshacerse del polvo arenoso. Bryan escupió el chicle y retiró los largos mechones que el sudor y la sangre adherían a su rostro. Examinaron su entorno. En el centro del habitáculo, un sarcófago se alzaba sobre un pedestal. Bryan tuvo que acercarse para mirar las inscripciones

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de la tapa sin la ayuda de sus gafas. Varias piezas de cerámica ricamente decoradas y algunas joyas de oro rodeaban el féretro. Dedujo que debía de tratarse de la sepultura de un gobernante egipcio. Un rayo de luz se colaba a través de una de las pétreas paredes, en cuya superficie perduraban las líneas de un jeroglífico. Utilizaron un fragmento de la roca caída para hacer palanca en la fisura de la pared de arenisca, que cedió para ofrecer una pequeña abertura. Agrandaron el orificio hasta hacerlo del tamaño suficiente para permitir el paso a través de él. Una vez al otro lado de la pared, se encontraron en una angosta cueva. Avanzaron a cuatro patas hacia el punto de origen del haz luminoso. Tras doblar un recodo, la gruta se ensanchaba y el techo se elevó lo suficiente como para permitirles ponerse en pie. La intensidad de la luz les impedía ver más allá de la estrecha grieta vertical al fondo de la caverna. Cruzaron al otro lado. La sorpresa y el asombro los mantuvieron inmóviles y boquiabiertos durante unos minutos. Un gigantesco lago se extendía ante ellos. Sus aguas eran cristalinas y permanecían en completo reposo. Las paredes de la cueva eran de arenisca iridiscente y fulgían en un brillo espectacular. El aire era puro y olía ligeramente a humedad. El silencio absoluto transmitía una placentera sensación de paz. Cathy percibió un ligero movimiento en una orilla del lago. Distinguió dos figuras etéreas y luminosas que se desvanecieron ante su desconcertada mirada. Rompió el silencio para gritar a Bryan que dos Hadas acababan de indicarles el lugar de donde debían tomar el agua. La difusa visión de Bryan sin sus gafas y el dolor provocado por la herida de la ceja le aturdían, pero sintió la certeza de hallarse ante la Fuente de la Eterna Juventud. Cathy le tomó de la mano y le condujo hasta el punto exacto en el que se habían manifestado las Hadas. Ambos se agacharon a un tiempo y tocaron el agua. Bryan formó un cuenco con sus manos, lo llenó con el líquido mágico y bebieron de él. Su sed se calmó al instante y un profundo bienestar físico los invadió. No resistieron al deseo de bañarse en el lago. La sangre desapareció del rostro de Bryan y su herida sanó al contacto con el agua. Chapotearon y rieron a carcajadas, se abrazaron y besaron ardientemente, unidos para siempre por el secreto que compartían. La eternidad sí era una realidad para Cathy y Bryan a partir de ese instante. Apenados por tener que abandonar aquel paraíso subterráneo, emprendieron el regreso. Recorrieron la gruta en sentido inverso hasta llegar junto al sarcófago. Colocaron algunas lascas de piedra a

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modo de escalera en la pared y consiguieron alcanzar el agujero excavado en la arena del desierto. Encajaron una losa horizontal sobre la abertura, la cubrieron y alisaron la superficie. Se colgaron sendas mochilas a los hombros y, brújula en mano, regresaron a Nabta. Las huellas intactas de sus propios pasos indicaban el itinerario. Bryan y Cathy no recapacitaron acerca de su futuro. Eran dos arqueólogos en Egipto. Había cientos de lugares que visitar. Empezarían por Abu Simbel. Sin prisas, tenían tiempo para disfrutar del país del Nilo, el río de la vida. Una sonrisa se dibujaba en el rostro de José Martínez mientras escribía las últimas letras de su relato. El espíritu aventurero era el único punto en común con su personaje. José Martínez no fue a la universidad, tenía treinta y nueve años, y desde los diecisiete trabajaba en una fábrica de envases de plástico. Su familia no pertenecía a la alta aristocracia, como la de Bryan McKenzy, y nunca estuvo en Inglaterra ni en Egipto. Viajar era una de sus pasiones, pero jamás había cruzado las fronteras españolas. Todo lo que su situación económica le permitía era visitar los museos y exposiciones de su ciudad y realizar alguna excursión durante el fin de semana. Dinópolis, la Ciudad Encantada de Cuenca y el Acuario de San Sebastián eran los lugares a los que había viajado en el año que finalizaba dentro de un par de semanas, además de pasar diez días en un hotel de tres estrellas de Salou con su mejor amigo, un celador de hospital, soltero como él. Lo que más le gustaba hacer a José Martínez era escribir. A través de la literatura vivía aventuras en países lejanos, investigaba misteriosos asesinatos, sufría con amores imposibles o estudiaba períodos históricos. Se metía en la piel de cada uno de los protagonistas de sus relatos y novelas y, eventualmente, se convertía en detective, abogado, galán de cine, científico o arqueólogo. Se sintió satisfecho de la historia que acababa de concluir y que podría suponer su primera publicación en la revista de un instituto de su ciudad. Consiguiera o no que su relato fuese editado, nunca abandonaría su pasión. De hecho, ya estaba rumiando desde hace unos días el argumento de su próxima novela. Nada en la vida le resultaba tan satisfactorio como escribir y seguiría haciéndolo, aunque la repetida respuesta negativa de los editores continuara en el futuro. Quizá algún día cumpliera su sueño de verse convertido en un afamado escritor, alabado por la crítica y el público. Tal vez aquella revista era el comienzo de una brillante carrera.


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Y LLEGÓ EL INVIERNO UNA NOCHE A LAS DIEZ Jesús Claver

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 Ilustra: Elena Arrese

aminaba con lentas y cansadas pisadas sobre la nieve del arcén. Yo, que me había hecho a mí mismo, que había crecido desde la nada, había olvidado mis dos máximas: valora más tus éxitos que tus errores, piensa más en ti y menos en los demás. Mi psiquiatra afirmaba que eran los pilares de la autoestima y del bienestar. Entonces recordé el cuento «Ulrica» de Borges. Dos seres solitarios se cruzan en sus vidas por azar. La narración se desenvuelve en una atmósfera de frío y soledad, pero el contexto no se apodera de los personajes y, tras un breve paseo matinal, la noruega, consciente de que pronto va a morir, y el viejo profesor funden sus cuerpos ardientes en un pequeño ático de la ciudad de York. Saben que el placer es pasajero, que todo lo que se posee se pierde, si es que algo se puede poseer. «Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres», dice Ulrica. Seguí caminando por la estrecha senda al lado del tren. Pensaba en mi mujer y en mis hijos. Nadie ha amado tanto y tan cruelmente a las mujeres cuando la noche cubría con su manto señorial los reservados «cinco estrellas» de Berlín. Me gustaba que se hicieran ilusiones y hacerlas sufrir. Sabía lo que estaban buscando. A mi mujer no, a mi mujer siempre la he querido. Ella siempre estaba allí. Mi hijo mayor —quería que fuera arquitecto para ponerlo a la cabeza del negocio familiar— se marchó de casa una noche de abril cansado de decir «sí» y trabaja de cooperante en ACNUR. Yo tenía el poder, me sentía dueño y señor. Si esto fuera un sueño, al llegar el año negro del crack, no hubiera invertido al alza en el precio del maíz y del arroz y, para colmo, se hundió el fondo piramidal de Nueva York. No distingo la senda, todo se torna borroso a mis pies. Veo luces y sombras, sombras y luces, y un pasajero esquelético me mira con ojos desorbitados cuando estoy a punto de caer.

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Vara de mimbre Antonio Tejedor

—¿Puedo cortar una mimbre, Rafael? La pregunta pilló a mi padre con la espalda curvada sobre la tierra. Siempre había alguna hierba que eliminar en aquella viña con tintes de exposición. Él gustaba de contemplarla como el cura la patena. La mimaba con mano suave. Hasta la época de la vendimia, nadie más hollaba un terruño al que su celo confería un carácter casi sagrado. Cualquier rato era bueno para dar un paseo entre las cepas de garnacha centenaria que heredó del abuelo. Después, el fruto, por supuesto. Un caldo capaz de codearse en la mesa de más alto copete aunque las alabanzas jamás salieran de su boca. A la entrada de la viña, en un rincón, tenía plantado un mimbrero. Para fabricar sus propios cestos en invierno, a ratos perdidos. O reparar el deterioro de los utilizados el año anterior. A mano, como todo. Mientras fuera posible y las fuerzas no abandonaran su cuerpo, la maquinaria moderna no profanaría aquel lugar que él cuidaba como la niña de sus ojos. Eso siempre lo tuvo muy claro. La podadora, la azada, unas tijeras. Y cestos donde acarrear la uva. Hasta ahí los utensilios. —¿Puedo cortar una mimbre, Rafael? Mi padre giró la cabeza. Don Francisco, el maestro, esperaba de pie, tapando los últimos rayos de sol de la tarde. —Buena tardes, Don Francisco Un cumplido inevitable, el saludo. Por aquello de que lo cortés no quita lo valiente ni la buena educación está reñida con la verdad de cada uno. Y volvió a su tarea. Cortó un par de matas de abrojos que había cerca de la cepa. Después inspeccionó unos zarcillos con la atención y el mimo de quien sabe leer en ellos. Sentado en el suelo, a cuatro pasos de él, yo repelaba los escasos nudos de las mimbres seleccionadas. Esa era mi tarea antes de comenzar a tejer un cestillo en el que llevar a casa las primeras uvas, por San Lorenzo más o menos. —Cuida con esa navaja, me advirtió.

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Eché una mirada furtiva al maestro. Lo vi allí mismo, ¡ya!, con la vara en la mano. Amenazante. Una vara de mimbre, larga, delgada. El sonido de la serpiente antes de atacar. ¡Zas! ¡Zas! En las manos, en las piernas. Quemaba como una brasa. La veíamos cimbrearse sobre un fondo de película de terror. Las vibraciones del miedo. El símbolo del castigo. La tortura de las lecciones no aprendidas. Mano dura. Mi padre lo sabía muy bien. En tiempos viejos, los suyos, después de la guerra, habían sido peores. Bofetones, reglazos sobre las uñas heladas, alguna descalabradura. Y sin la posibilidad de quejarse. La letra con sangre entra —Vamos a tejer una cesta, Don Francisco. Si espera hasta mañana… Después se tragó unas cuantas palabras que le hubiera gustado añadir. Las dejó en el tintero de su pensamiento. Por una especie de pudor o respeto mal entendido. Porque él tenía claro que la vara de mimbre no era el embudo del saber. Ni del comportarse. Mejor una palabra amable. Aunque hubiera que dar muchos rodeos para llegar al objetivo. Esa era su norma. Don Francisco, a pesar de su profesión, gastaba menos paciencia. Quizás la habría consumido a lo largo de los muchos años de servicio Procuraba ganar la meta por el camino más corto sin despreciar los medios. Una vía cómoda y ágil. Y con buena prensa entre la gente del pueblo. A mi tío Eladio, por ejemplo, más de una vez le oí relatar el cabezazo que dio en la pizarra por un mamporro de Don Francisco. Por lo visto, el cogotazo tenía la propiedad de la clarividencia instantánea y el aporte de sabiduría suficiente para resolver un kilómetro de quebrados. Y más que le hubieran puesto. Lo contaba como una gracia. —Aunque entonces no me reía, aclaraba al final. Tras la contestación de mi padre, imaginaba que el maestro no volvería a poner un pie en la viña. Incluso que le miraría con cara de pocos amigos de


 Ilustra: María Luna Fago

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cruzarse con él en el pueblo. Me equivoqué. Al día siguiente, también al atardecer, se presentó como si nada hubiera oído. Ya sé que no era de los que se dan por vencidos al primer contratiempo. También, que gustaba del reconocimiento de su autoridad. Como si esa autoridad y la honradez fueran sinónimos. Mi padre tragó saliva. Me di cuenta del fastidio que le producía la inevitabilidad de soltar las palabras calladas la tarde anterior. El gesto del rostro se le contrajo en una mueca de contrariedad. —No le voy a dar la mimbre, don Francisco, dijo, de frente. —Los niños necesitan disciplina, Rafael. Se tomaban su tiempo antes de hablar, buscaban con la mirada en el suelo, hacían rodar alguna piedrecilla bajo la bota. La gestualidad de las dudas. Cada milímetro de palabra, medido. Las rumiaban antes de regurgitarlas. Mi padre le miró un par de veces, como si faltara valor o seguridad a su idea. O no quisiera hacer sangre. Hasta que volvió a hablar como él acostumbra, directo. —La disciplina es el fracaso de la educación, señor maestro. El rostro de don Francisco se contrajo en un rictus que a mi me pareció amargo, pero encajó el

golpe con la experiencia de un fajador. Notó que las palabras apropiadas para refutar la última frase huían en desbandada, como si quisieran obligarle a la rendición ante la evidencia del razonamiento. Después sacó del pecho un suspiro hondo que relajó la severidad de las facciones. Algún punto, de los sensibles, acababa de vibrar en su mente. Miraba al cielo y al suelo, alternativamente. Con la puntera de la bota dibujaba unos signos extraños en la tierra que luego borró. Mi padre, mientras tanto, había regresado a la sala de exposición de sus cuadros, a sus cepas, a leer en cada zarcillo la calidad de la próxima vendimia Don Francisco se levantó y dio media vuelta hacia el pueblo, caminando muy despacio. Unos metros más adelante se detuvo y volvió sobre sus pasos. Desde la linde que separaba la viña del camino gritó: —Adios, Rafael. Este año espero catar la fama de ese vino. —Descuide, don Francisco. Siempre hay un vaso para un amigo. Le vi alejarse en dirección al pueblo, el paso cansino. En mi pequeña cesta sólo faltaba el remate del asa. Corté las últimas mimbres y comencé a repelar los nudos.

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OTRO DÍA MÁS Fernando Sierra Cortés

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stos días norteños y grises encienden el fuego melancólico del alma. Sentimos nuestra vida inmersa en una suave angustia, en una suerte de alegre tristeza muy parecida a la melancolía. Son días propicios para sopesar experiencias analizando sus facetas ocultas desde un prisma intimista, incluso a veces, soñador. Son momentos idóneos para flotar en un clima irreal amargamente suave, delicado, frágil. Hace un rato el sol lucía esplendoroso en un purísimo azul salpicado de blancos algodones. Poco a poco estos fueron uniéndose tornándose cada vez más grisáceos y, con la colaboración del viento de altura, fueron convirtiéndose en nubarrones cada vez más compactos. Al rato, casi sin darnos cuenta, el cielo apareció completamente gris, un gris azulado con pequeñas gradaciones de color. Sobre este fondo iban pasando nubes cambiantes de un blanco sucio movidas por el viento. Cayeron unas cuantas gotas, las suficientes para que la tierra desprendiera sus característicos aromas eléctricos y evocadores: el suave olor a la tierra mojada, que yo, encerrado dentro de estas cuatro paredes, no he tenido el placer de disfrutar. El tiempo pasa lento, cansino. Los relojes nos están mintiendo una vez más; siempre nos mienten pero habitualmente los perdonamos, en cambio ahora todo son reproches para este fiel compañero mecánico que desde mi muñeca me mira irónico señalándome siempre la misma hora. Para completar el engaño, una fina saeta da vueltas y vueltas incansablemente en la esfera impasible. La melancolía se convierte en tedio, en cansancio de no se sabe qué, en inquietud inmotivada. Pasa muchísimo tiempo que en mi reloj solo es contabilizado con apenas unos pocos minutos. La fiera enjaulada dentro de mi cuerpo se rebulle incesantemente sin llegar a rugir, reclamando algo que se me antoja que ni ella misma conoce. La mañana transcurre lenta, monótona y sobre todo previsible. La rutina diaria de lo cotidiano estira y estira el tiempo que discurre vacío e insustancial, tiempo que sin embargo, a pesar de su vacuidad, se escapa irremisiblemente dejando una intensa

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sensación de frustración ante lo que pudo ser y no ha sido. Hora de comer. Paréntesis en las tareas cotidianas. Enésima repetición de rituales y gestos, aunque a pesar de todo lo que tiene de repetitivo, la hora de la comida supone un pequeño respiro, una pequeña novedad en la insulsa rutina, capaz de disfrazar por un rato el tedio con un ropaje de cierto optimismo. Me acerco caminando hasta un pequeño restaurante cercano, haciendo cábalas en el trayecto sobre lo que habrá de comer. Es una de las pocas «alegrías» que me depara la jornada. Me siento a la mesa, solo como de costumbre. La sorpresa del «menú del día» está a punto de desvelarse. Como con apetito intentando prolongar la grata sensación que es para mí el hecho de sentarse a la mesa y degustar lo que el camarero me va trayendo. Qué poco dura lo bueno, apenas veinte minutos y ya he comido; qué pronto se ha pasado, aunque el reloj me diga otra cosa. Ahora, como de costumbre, me toca reposar un poco mientras me bebo el café, uno de los pocos «lujos» que me permito, que además me ayuda a combatir el sopor que me invade tras la comida. Después, un pequeño paseo para hacer tiempo y luego, como de costumbre, otra vez al tajo. Aquí estoy otra vez entre estas cuatro paredes blancuzcas ribeteadas de gris. Siento pasar las horas lentas de un tiempo infinito y anodino. Mi mente está vacía de pensamientos funestos o lisonjeros. Mi hastío, ya crónico, se hace notar con más intensidad en esta cárcel gris que es mi oficina; una oficina fea e impersonal como muchas otras: dos mesas marrones llenas de raspados, otra más pequeña donde reposa una arcaica máquina de escribir, artefacto de museo que milagrosamente aún funciona. Indudablemente es lo más interesante de la estancia. Ese artefacto negro, a trozos niquelado, conserva la ternura de lo viejo, de lo entrañable, de lo que vive y perdura aunque solo sea en nuestro recuerdo. Completan el mobiliario los sempiternos ficheros metálicos grises y un viejo armario en el que se guardan expedientes atrasados, legajos amarillos y polvorientos que per-


 Ilustra: Alberto Cabello Pérez

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manecerán allí años y años guardando en su interior antiguos trámites burocráticos que ya no han de servir para nada. También hay una ventana grande que da a un patio trasero, en el que se yergue un gran depósito de agua en forma de cáliz, como si fuera un monumento olvidado; siempre me ha impresionado esa mole de cemento en medio del frío patio desnudo, con su lepra de años en sus paredes desconchadas en las que campean tonos de colores tristes, desvaídos, amorfos…Parece implorar al cielo no sé qué anhelos imprecisos e impenetrables para nosotros. Una alta tapia de ladrillo en la que se abre una pequeña puerta metálica cierra el limitado horizonte. Pasa el tiempo, aunque parece detenido. El reloj va despacio como contagiado de mi sopor indiferente. Las manecillas brillantes permanecen estáticas, mientras que otra más larga y fina da vueltas incansablemente, contando una por una las rayitas del borde de la esfera. Otra mirada, ya van tres en cinco minutos. Me voy a proponer no volver a mirarlo hasta que oscurezca. La velocidad del tiempo se debería medir en realidad por el número de miradas al reloj en una determinada fracción de tiempo «oficial». Ese número es el que verdaderamente nos daría la justa medida del tiempo «real», el que estamos viviendo en ese momento determinado. De vez en cuando el timbre del teléfono me aparta momentáneamente de mi letargo, lo cojo rápidamente y contesto maquinalmente con mi bien aprendida lección de cortesía comercial. La tarde pasa minuto a minuto vaciando

horas de luz que se va tornando cada vez más tenue, y anodina. Llega la hora del crepúsculo, pero a través de mi ventana sólo penetra la misma luz blanquecina e impersonal, privándome del disfrute del cálido colorido que precede a la llegada de la noche. Por fin anochece. Mi jornada laboral termina; solamente media hora más y saldré de aquí. Como cada día, iré caminando a la pensión donde vivo, demorándome a propósito en el trayecto para dilatar un poco la llegada a mi exiguo habitáculo, total, allí no me espera nada ni nadie que merezca la pena; una pequeña habitación con cama, mesilla y armario, además de mi televisor portátil que me ayuda a matar el tiempo…, por lo menos, me hace compañía. Luego llegará la hora de cenar. Cenaré solo, como siempre, no me gustan demasiado los huéspedes de mi pensión, aunque para ser sincero debo decir que lo que no me agrada es la compañía de la gente en general. Tras la cena, me despediré cortésmente de mi patrona y de los otros huéspedes y me iré de nuevo a mi habitación, mientras que ellos se quedarán aún un rato más charlando o viendo la tele. Yo mataré un poco el tiempo, es muy pronto aún para irse a dormir, y me aburriré un poco más con alguno de los programas que pongan en la tele o saltando de un canal a otro con mi mando a distancia, ¡qué gran invento! Y ya pronto, «cumplida la faena», habrá que irse a dormir pues al día siguiente habrá que madrugar otra vez para de nuevo afrontar, otro día más.

ágora

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Ángel Gracia

POESÍA L a poesía como género literario es mucho más de lo que cuentan los libros de teoría literaria, es decir, un conjunto de textos caracterizados formalmente por unos recursos métricos como la medida de unos versos (o su ausencia), su rima (o su falta), su ritmo (acentual o de otro tipo) y por un aparato retórico más o menos visible (paralelismos sintácticos, metáforas, comparaciones, etc.) que es susceptible de abordar una temática variada: la naturaleza, todo lo divino y lo humano. Aparte, la poesía es una de las pocas fuentes de espiritualidad que nos va quedando en el mundo tan materialista en que vivimos. La poesía es fundamental para la vida cotidiana de los seres humanos porque sirve para poner en contacto directo dos intimidades, la del autor y la del lector, que probablemente buscan una autenticidad que no logran encontrar en la sociedad tan despersonalizada que padecemos. Finalmente, la poesía es una fuente de placer estético que satisface la necesidad de encontrar la palabra bien expresada, precisa, cosa que también va camino de perderse en una sociedad repleta de palabras huecas y ruido intrascendente. Precisamente para satisfacer este deseo de espiritualidad, autenticidad y placer estético que nos proporciona el género poético, hemos seleccionado para este número de Ágora a once escritores que esperamos sean la delicia de nuestros inquietos lectores. Ocho son poetas: Ángel Gracia y Fernando Ferreró (que además son las firmas invitadas), Rafael Fernández, Luis Fernández, Miguel Ángel Longás, José Ramos, Rafael Caudevilla y Santiago Lasobras; y tres son poetisas: Emilia Oliva, Elisa Arnal y Susana Hernández. Tanto en prosa poética como en verso este plantel de excelentes poetas nos va desgranando su mundo personal y literario con una gran sensibilidad que no pasará desapercibida al lector que trate de acercarse a los textos escogidos pensando precisamente en él, en ti. Léelos con atención, disfruta con ellos y que el mundo que te rodea quede en un segundo plano, como un lejano rumor que se va apagando en el horizonte.

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NOTA BIOGRÁFICA: Obras y premios

• Valhondo, Diputación Provincial de Zaragoza, 2003. (Premio Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal). • Libro de los ibones, Aqua, 2005. (I Premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón/ Cajalón). • Incluido en la antología El viento dormido, Nuevos prosistas en Aragón, Editorial Eclipsados. 2006. • Incluido en la antología Los chicos están bien, Olifante, 2007. • Pastoral, Prames, 2007. • Incluido en la antología 20 poetas expuestos, Expo 2008/Olifante, 2008. • Poesía de miedo, Olifante, 2008.

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ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Ángel Gracia firma invitada firma invitada firma invitada firma invitada

Señor, tú que velas para no ser descubierto, rogando al tiempo no existir ya más.

Donde se acerca la muerte puedo reconciliarme conmigo, allí la luz del ojo incendia el paisaje que cambia y que huye.

Señor, tú que eres nadie y todos los hombres, que eres un hombre y todas sus muertes.

Por allí, regresa mi cuerpo y su perro que ya no me custodia. Lo que me separa del aire, corteza y savia, yerra como cometa a la deriva.

Tú, el de infinitas cabezas y una sola corona, piensa al menos en uno de nosotros.

Este árbol que ha volado, anunciador y marino, me hace tala en ausencia de corona y de flor.

(De Valhondo).

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Fernando Ferreró Tolosa firma invitada firma invitada firma invitada firma invitada

NOTA BIOGRÁFICA

Nacido en Zaragoza el 5 de diciembre de 1921. Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Salamanca. Ha sido catedrático de Literatura de Enseñanza Secundaria en Levante , La Rioja y Zaragoza. Ha publicado poemas, artículos y narraciones en algunas revistas y periódicos. Aparece en diversas antologías españolas y extranjeras. Viaja con frecuencia por España y Europa. Es pintor, escultor y amante de la música. Su poesía encierra una mezcla de ideas y sentimientos contenidos, siempre dentro de un tono lírico.

OBRAS

• Acerca de lo oscuro, Zaragoza, Orejudín, 1959. • Hacia tu llanto ahogado, Zaragoza, Coso aragonés del ingenio, 1960. • De la cuestión y el gesto, Zaragoza, Colección Poemas, 1982. • La densidad implícita, Madrid, Libros de Doña Berta, 1988. • El texto mínimo, y Perfiles, Barcelona, Seuba, 1988. • El paisaje continuo, Madrid, Endimión, 1989. • Falacia, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1992. • Ácromos, Zaragoza, Rolde de estudios aragoneses, 1944. • Revisión prospectiva, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2003. • Libro de Pigmalión, Zaragoza, Lola Editorial, 2004. • Secuencias y escenarios, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2006.

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ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Fernando Ferreró Tolosa firma invitada firma invitada firma invitada firma invitada

Revisión prospectiva (2002)

Para José Antonio Conde

Otoño en este lienzo. Nos amenaza el susto de acabarse el verano. Oro, azul, vides rojas. Escalofrío en ropa ligera. Transitoria ansiedad de otro modo de ser que considera, satisfecho, esta muestra

Mar de acero... El fresco atardecer excita la memoria. Contemplo en Levante diseños de otro tiempo: los juegos que fueron la sustancia de aquel viento en las ramas.

plástica. Noto el precio, el título y el tema. Asumo la ceguera de no haber inmediato espectador. Al cabo, un modelo que mueve imágenes, fracciones de lo mismo. Son polos de un circuito que se abre y cierra en otro ajeno... En el ser decisivo, una granada abierta, una avellana conceptual entre los dedos. Fernando Ferreró, Revisión prospectiva (2002)

Todo se ha caído. Ruedan en cercanía cuerpos lacios, pupilas en la noche, algunos viajes con barcas que volvían por luces de horizonte y sombras de habitual desarreglo. Es un abril lluvioso. Sólo una deleznable partícula responde desde adentro y solo algún objeto innegable te habla sin interés de ti mismo.

Fernando Ferreró

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Emilia Oliva colaboración especial poetas de otras comunidades NOTA BIOGRÁFICA

Emilia Oliva (Malpartida de Plasencia, Cáceres, 1957), licenciada en Filología Románica y en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, es actualmente profesora de francés en el IESO Cáparra de Zarza de Granadilla en Cáceres. Ha sido profesora en Escuelas de Idiomas y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura. Ha colaborado en la prensa regional con artículos de opinión, ha realizado la crítica de arte en el suplemento cultural Arrago, ya desaparecido, y ha publicado poesía, artículos, relatos en las revistas Alabastro, Experimenta, Barcarola, Correspondance, COrRESPONDEnCIA, En Sentido Figurado, Alcántara... Con el poemario (re)fracciones logró el 1er Premio Ciudad de Zaragoza en 1997. Después salieron TorSiones y Figuraciones 7/77, donde se internó por el terreno de la experimentación poética. Tiene obra visual en diferentes revistas y antologías (Tod@s o casi tod@s, Antología de la poesía visual en España). Los ecos y las sombras. Música para un instante antes de morir es el último poemario publicado. Actualmente es editora de la revista literaria digital En Sentido Figurado.

pasa el arado abre surcos en la tierra revolotean garcillas en la estela húmeda que deja no sospecha el llanto que tuvo aquí lugar voltea la tierra arranca flores y hierbas deja las raíces desgarradas las lombrices y larvas expuestas a los picos voraces también entonces la tierra dio sus frutos cebos para la pesca alimentos para los días y los cuerpos bruñidos al fiero sol de agosto curtidos en las aguas de arroyos y de acequias también entonces dio sepultura para los días extintos yacen aquí pasa el arado y no sospecha el hueco que dejaron los huesos en la roca tal vez una mujer y un hijo diminuto dos tumbas adyacentes ya sin tibias ni calaveras

Malpartida de Plasencia, 7 de enero de 2009, Tumba de la princesa

extremadura

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ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Emilia Oliva colaboración especial poetas de otras comunidades

GEMINACIÓN

viene del rojo del frío de lo concentrado opaco de lo sin luz

es en el rojo en el verde en el azul purísimo en el blanco

se esboza diminuto invisible despreciable en peso y altura

apenas amalgama opaca de sentido traza de tejido por hacer

apenas una viscosidad latente una cristalización sin forma todo silencio y casi nada aún

no está tapado, sepultado, oculto aunque sí, también de momento no es todavía empieza a ser

viene del azul purísimo del verde, del rojo del blanco, que no es un color

ya antes de ser engendrado se prepara el clima que lo acoja y sostenga lo enraíce y lo afirme le permita esbozar una forma concreta de vida planta árbol batracio niño pantera

como no es todavía esa apenas intención de ser que se oculta en el germen oscurecido aún de sombra precario endeble imposible pudiera ser de tan frágil aleatorio sin conciencia de tiempo

ser

imposible imaginarlo allí en su inicio en su salto enorme del vacío de la nada que es a lo que será que empieza a ser en el momento mismo ¿pero cómo delimitar ese instante preciso? A raíz de la serie de fotografías, Cromatismos, de Josep Vilaplana, ESF, enero 2009.

extremadura

ágora

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Rafael Fernández Lorente

TÍTULO:

POEMA DESCONSOLADO A UNA MUERTE QUE, COMO TODAS, CAUSA LLANTO, DOLOR Y UN SINFÍN DE SENTIMIENTOS TODOS ELLOS SUSCEPTIBLES DE COMPONER EL MÁS TRISTE Y COMPUNGIDO POEMA QUE JAMÁS SE HAYA ESCRITO

POEMA:

odio vivir vivir ahora

TÍTULO:

TÍTULO:

POEMA:

si existiese ese dios de humo si pudiera hacer lo que yo quiero si no se me escapasen las lágrimas si cantara o escribiera mejor si soñar fuera cierto si te tuviera cogida a mi mano si mi pelo mis ojos no estuvieran si todo fuese a mi manera hoy no sería hoy sería nunca y precisamente dos cosillas las habría cambiado

POEMA:

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POEMA POTENCIAL EN SI MENOR

LA MARIPOSA VUELA EN LA MUERTE CLAVADA EN SU ALFILER la mariposa vuela en la muerte clavada en su alfiler sin miedo espeluznante o quebradizo se contonea imposible tirabuzón mirando al cielo ora azul ora negro y sus ojos (ahora trémulos) no hallan dedo alguno que apartar quisiera tan aparatosa compañera de vuelo en su alfiler

ágora

SIN TÍTULO nada


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Rafael Fernández Lorente

GALATEA Y POLIFEMO

SEGÚN LLEGAS, SEGÚN ERES

galatea con pubis horadado aceptando estertores continuados sobre el tálamo verde cómplice y hórrida visión ciclópea contempla el cíclico himeneo tormenta vesania ruge en ira tremolan las rocas a sus pies y en llanto resentido huye a su gruta donde canto sortilegio se confunden furia y lágrimas funde... amor mientras dura el galanteo agónico del dulce acíbar con la muerte

ahora mismo ahora ya te lo digo cuando no eres más que un poco más que puro concepto en boca de algunos cuando eres nomás luz que viaja que viene a quebrar oscuridades allá donde el tedio lo cotidiano imponía su ley tu simple mención inocula todo de blanca dicha ahora mismo ahora ya te lo digo eres parte de mí albor trémulo paz sin límites vienes nomás y ya tu calor rodea mis días suaviza líneas vitales acompasa todo lo que roza no tienes ni nombre da lo mismo y has roto de luz todo lo que alcanzo a pensar ahora mismo ahora ya te lo escribo digo te lo digo mi amor es tuyo bendita condena entregártelo gota a gota según llegas según eres

ágora

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Luis Fernández Llorente

Ojo de buey

Amor eterno

Me viste lejano, me viste asomado al ojo de buey de un barco, y me llamaste con tu perfume de caracola, y no te oí, continué contemplando mis manos, mis pies, las llagas en mi vientre que se cubre de parásitos.

Amémonos eternamente sobre este lecho de cenizas y de fango.

Una sirena, el humo de un incendio en medio del Océano, agua de fuego, soy de lava y de carbones, soy llorando, y me hundo en tu risa, me ahogo en tus bordes y de pronto te llamo. Te vi lejana, asomada al ojo de buey de un barco.

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Que nos entierren juntos bajo este océano de lava, bajo este ojo inmóvil de justicia, debajo de este muro eterno de pared petrificada en que durante un segundo que durará más de mil años se detuvo el tiempo, se detuvo el tiempo, dejándonos unidos para siempre amándonos en esta ciudad roja sepultada, este volcán inaudito que se incendió sobre nuestra culpa de amores traicionados.


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Luis Fernández Llorente

Azul y Verde

Casas rojas

Rugen verdes en el circo, desprecian, insultan a la niña que camina temblorosa sostenida por la mano de su madre. Rugen verdes ignorantes de las vueltas de la rueda, aflora el odio de facción mientras otros contemplan con asombro la injusticia.

–Voy herido de tormenta, me desangro bajo el poncho, mi caballo va sin riendas.

Azules enmudecen en las gradas, compadecen a la joven prostituta que se humilla arrodillada en la dolorosa arena de las bestias. Azules enmudecen como el viento sobre la tristeza de la dama que suplica, se enfrentan a los gritos infamantes inflamado el vientre de pasión. Y te vas, muchacha, viajas lejos con el pago de tu piel vendida, prestada, tantas veces como hombres hay en los caminos. Y te vas, muchacha, y vuelves con un sueño apretado en la garganta, y vuelves y esperas y tejes, rezando aguardas en tu choza fabricada con ladrillos de belleza, hasta que transcurre el tiempo, se cumple el ciclo y acude el rey atraído por tu fama. Y se harán verdad los cuentos, reinará la que lloró, será reina generosa, azul atribuyendo recompensas, inflexible verde pagando con venganza su venganza.

A las doce de la noche, cuando cantan los vampiros y resuenan las cadenas de los presos de la horca, llegará el jinete enfermo, cabalgando sobre el fiemo. –¿Dónde está el prostíbulo? Bajará el caballo a los burdeles con su hombre a cuestas moribundo. –Dadle vino, limpiad con vino los agujeros de las balas. Detened la sangre. Dadle pan, vino y agua. Mujeres duras oirán sus quejas, mujeres grandes como madres lavarán la sangre de las llagas. Las casas rojas de la noche se pueblan de asesinos en la hora del quebranto, asesinos que recelan abrazándose a la hembra como niños. Reposará el bandido, sudará su fiebre con un ojo abierto y la pistola entre las mantas.

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Miguel Ángel Longás

LA MIEL DE LO VISIBLE Somos las abejas de lo invisible. Libamos desesperadamente la miel de lo visible para acumularla en la gran colmena de oro de lo invisible. RAINER MARIA RILKE

UN FUTURO EN COMPLETA SOLEDAD

RETÓRICA ANTE LA MUERTE DE UN JOVEN

Un hombre solo en una casa sola JORGE TEILLIER

Joven sucumbe el que los dioses aman MENANDRO DE ATENAS

Un hombre solo en una casa sola estoy acostumbrado a ser sin más compañía que campos de ceniza en los alrededores de mi mente. Un hombre solo en una casa sola estoy acostumbrado a ser sin fuego en un hogar que así no me calienta y que me impide conciliar el sueño. Un hombre solo en una casa sola estoy acostumbrado a ser estando despierto pero negado a un futuro que no me espera como lo hace el vino. Un hombre solo en una casa sola estoy acostumbrado a ser sin otra historia que la que suelo contarme mirando mi apagada chimenea. Un hombre solo en una casa sola estoy acostumbrado a ser brindando a la nada una copa ya vacía junto a una flor que muere arrinconada.

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Lo mejor para el hombre es no nacer TEOGNIS DE MÉGARA No acabo de creer lo que decía el poeta cómico griego en una célebre frase suya cuando acabo de volver del tanatorio en que se halla el cuerpo de un hombre joven y lleno de vida al que le ha sido arrebatada. No acabo de creer que el monoteísta Dios de los cristianos quiera la muerte de un hombre bueno en la flor de su edad que desolados deja a un tiempo a padres, mujer, hija y hermanos, por este orden o por cualquier otro ante lo fatal. No acabo de creer que ningún dios, sea éste politeísta o no, pueda admitir la siega de una vida joven sin haber granado aún su mies, por lo que lo mejor para el hombre es no nacer como decía otro griego.


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Miguel Ángel Longás

ÚNICA REINA DE MI SOLEDAD ¿Dónde estás, reina de mi soledad? JAIME URRUTIA Esclavo del amor

LA NOSTALGIA DEL PROFESOR TURISTA Qué bonito que tú puedas sentir nostalgia. Eso significa que tienes recuerdos que merece la pena retener. CANDELA PEÑA

BRYAN FERRY Mi mente es trono que vacante ha estado hasta que en reina de mi soledad te has convertido por derecho propio ante la ausencia de un amor dinástico. Es así como al convertirte en reina de mi soledad me convierto en súbdito que lealtad debe guardarte en todo momento sin pensar en derrocarte. Por ello sólo aspiro a ser seguro servidor tuyo bajo la bandera de una monarquía que has bordado para servirla con ardor guerrero. Ese ardor te dedico como reina de mi soledad que eres transformada en fuente donde apagar mi honda sed como esclavo fiel del amor que soy.

Cuando vuelvo en calidad de turista a las ciudades del norte de nuestro país donde he ejercido la enseñanza y también a sus pueblos, la nostalgia se enseñorea de mí ante la ausencia prolongada de una tierra lluviosa en la que fértil matrimonio ofician un litoral de cristalinas playas con una montaña que nombre da a sus aposentados habitantes. Cuando vuelvo en calidad de turista a las ciudades del norte de nuestro país donde he ejercido la enseñanza y también a sus pueblos, los recuerdos de una extraña felicidad se agolpan en mi mente evocando a las personas que he tratado junto con los lugares que he frecuentado para acabar yendo en busca de un tiempo ya perdido que recuperar resulta imposible.

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Miguel Ángel Longás

ASPIRACIÓN LEGÍTIMA A UN ENGAÑO MENOR El menos engañado PHILIP LARKIN Aspiro a ser el menos engañado en un mundo convertido al engaño como quien se convierte a un nuevo credo con el furor de una fe inédita que acostumbra a alumbrar con nueva luz al converso. Aspiro a ser el menos engañado haciendo uso de mi romanticismo en las constantes vitales que definen mi ser al objeto de entregar lo mejor de mí mismo como ebrio don al mundo. Aspiro a ser el menos engañado en la vida como en el amor tras grabarme en la piel su huella indeleble con el hierro candente que sirve a los desbravadores para marcar sus reses. Aspiro a ser el menos engañado en un mundo que en subterráneos templos escucha la moral del rebaño predicada a modo de evangelio negro para arrebatarme mi libertad única. Aspiro a ser el menos engañado en un mundo del que sólo me evado en el poema teniendo los pies en el suelo pero sirviendo al amor con la miel en el corazón antes que en los labios.

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ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

José Ramos

PRIMER AMOR

Así la encontraron: tendida en la cama, el vaso tirado en el suelo, apenas vestida con su Chanel del cinco, teléfono en mano, revuelto el cabello, sus senos altivos. ¿La mató la CIA por saber demasiado o llena de asco y de cien nembutales lo hizo ella misma? Sin padre conocido, la madre demente, en adopciones de frío orfanato creció dando tumbos. ¿La violó algún padrastro? Rubia y lujuriosa, deliciosa y desvergonzada, con faldas y a lo loco, amada sin amor, desnuda paseó por camerinos y platós, posando y rodando, rompiendo pantallas, colándose en sueños, la tentación vive arriba, metiéndose en la vida, de machos a gogó. Se casó varias veces: con un pobre tipo, con un deportista y hasta con un escritor. Se acostó con mafiosos, con cantantes y actores, con los dueños de la Fox. Le cantó a un presidente por cuya cama pasó. Cual tonta adolescente, de su hermano ministro, ciega y drogada, se prendó. Yo la respeto mucho: fue mi primer amor.

ágora

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Elisa Arnal

EUFORIA Hoy es uno de esos días en que mis pieles muertas se pegan al colchón, imantando mi cuerpo contra él. Durmiendo se me cura todo, pero todos los pronósticos y el hombre del tiempo se equivocan si creen que no voy a ser capaz de levantarme, de salir de este estado de abatimiento contenido tras una euforia superficial. Son los altibajos de la consciencia. Los aviones surcan el cielo y destrozan mi cerebro, mientras la carne se desangra, descongelada, en mi nevera. Vuelvo a la cama, afuera hace demasiado frío para andar sin piel.

AHORA, PRECIOSa La vida es preciosa: compartir, conversar, convivir, alegrarse por los detalles, como un regalo cotidiano de la bondad que llevamos dentro. Nuestro es el mundo y la felicidad no debería tener medida, ni límite, ni sustitutivo. Conocernos, querernos, abrirnos en el milagro de la naturaleza cuando por fin nos diferenciamos de los animales. La ilusión de apreciar que merece la pena por lo que estamos aquí. «Tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos...» Tendrás vida, tendrás interior, tendrás vida... Ahora, preciosa la vida, por fin me doy cuenta. El empleo del tiempo, lugares comunes, poder sacar el sol de la oscuridad de la noche, dar una patada al dolor y crecer, crecer y crecer, y levantarnos conforme caemos; sonreír entre las lágrimas más amargas... Toda edad es la edad de los posibles. Ahora, preciosa la vida, y el amor es la única forma de no morir nunca. La feliz, completa seguridad de renacer una y otra vez, en la vida, la preciosidad, el mundo.

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ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Elisa Arnal

LLUVIA VIOLETA Qué silencio, Violeta. A veces, cuando caigo, las gotas hacen un daño atroz, culpa de los demás o de los miedos que solidifican en mi interior. Qué silencio, Violeta. Otras veces, cuando caigo, me convierto en una lluvia dulce, esfuerzo por agradarte, retenerte y/o demostrarte todas mis virtudes. Qué es una violeta comparada con la inmensidad del silencio; qué es el silencio comparado con la inmensidad de una violeta. Qué es el tiempo comparado con la inmensidad del mar; qué es el océano comparado con la inmensidad de una hora. Me alegro de que la lluvia haya desaparecido, desde ti y hacia ti. Espero que siempre me pienses como lo que somos: un amigo, un compañero, un paraguas. Llegaste a mí intentando que las palabras no me hirieran; querías hablarme con silencios y con gestos. Lo importante son los actos y no las frases volubles. Espero poder guarecerte siempre. Espero que me perdones por lo que somos: humanos, hipersensibles, grandes. Qué silencio, Violeta. A veces, cuando me equivoco, las voces hacen un daño atroz, dolor en la piel y en las heridas que no puedo sacar más que gritando sin razón. Qué silencio, Violeta. Otras veces, cuando me equivoco, me convierto en un susurro dulce, reflejo de la preciosidad de tu mundo, de tu sonrisa y/o de su luz. Qué es una violeta comparada con la inmensidad del silencio; qué es el silencio comparado con la inmensidad de una violeta. Qué es el tiempo comparado con la inmensidad del mar; qué es el océano comparado con la inmensidad de una hora. Qué silencio, Violeta.

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Susana Hernández

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DESENVOLVIÉNDOME

TE COMPLACÍA

He desatado el nudo de mi vida como cuando se abre el lazo de un regalo, y he apartado el papel que me envolvía, poco a poco, con cuidado, y era sólo por saber si me gustaba lo que había.

Te complacía tu belleza desgarbada de los quince años, desdeñando la sabiduría que siempre corría tras de ti, sin alcanzarte. Hoy te sientes burlado por el tiempo, y desolado por no tener un alma grande que sujete tu viejo y arrugado pellejo.

ágora


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Susana Hernández

CORRÍA ... Corría la sabiduría tras la juventud, a la que normalmente alcanzaba, pero algunos lograban zafarse de ella. Son esos que pasan por la vida mirando al frente y pisando fuerte, a los que nunca se les plantea la más mínima duda. Esos hombres que exhiben una extraña felicidad.

ARRÍMATE Tengo el alma ronca y tengo ronco el gemido de música traidora... Arrímate a llorar conmigo a un tronco. MIGUEL HERNÁNDEZ Arrímate conmigo... Antaño jornalero o bracero, ayer proletario, obrero, y hoy técnico de servicios. Qué ironía amigo mío, nos dan un nombre bonito, unos tomos de hipoteca y nómina de bolsillo. ¡No me deis más que me asfixio!

ágora

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CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

Rafael Caudevilla Nogué

TRÁNSITO

Siento el rumor del alba y recorro cada instante de tu

avasalladora sed, improviso una eternidad a la orilla de tus explosivas curvas y me pierdo entre tu borrascosa agilidad que me absorbe. Siento el rumor de tu escandaloso peregrinar, que se abalanza sobre el iceberg de mi estancia, me conmueve tu apabullante anatomía pronunciada sobre una misteriosa luz envolvente que persigue tu salvaje libertad. Siento el rumor del alba acariciando tu primitiva pose, el paraíso de tu jocosa adolescencia compartida con el más bello y afrodisiaco paisaje, que recorre toda la hermosura de tu provocador tránsito.

LA SOMBRA DEL PÉNDULO

Acaricio la silueta de tu delicada sombra que me

devuelve el trasiego de miles de años soñándote bajo la losa de mi estancia. Acaricio el paisaje de tu embrujada soltura y persigo eternidades… que no encuentro. Acaricio la ventolera de tu despertar en el arsénico de la imaginaria Patagonia. Acaricio cada instante del absurdo, cada una de las fronteras hacia la nada sobre el albatros de lo desconocido, de lo inusualmente bello, de la sutileza de lo no encontrado.

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ágora

TE MARCHASTE… COMO ESE CIERZO QUE ESCAPA

Sigo tus pasos que fluyen desde el vacío de tu capacidad lograda, desde el último resquicio por alcanzar. Sigo tus pasos, tu fría alborada, con esa voz que te susurra desde el arsenal de tu mirada. Se serena la luz soportada a través del maltrecho camino, las blancas nubecillas se elaboran en arcángeles, las avecillas se funden en perfumadas aureolas y cantan… Cantan y cantan como el más bello de los corales y persiguen la inaccesible lujuria de tu movimiento. Sigo tus pasos como piltrafa desbocada que elabora su presa, que se vence como flor rota por los arañazos del salvaje vendaval… por los arañazos del destino incongruente y bestial.


CREACIÓN LITERARIA  POESÍA

CÓMIC  CÓMIC

Santiago Lasobras

CÓMIC te quiero decir... quiero decir que te amo, pero no sólo quiero decir eso. quiero decir que te quiero, pero eso, no es sólo lo que quiero decir. te quiero decir, pero no sólo quiero eso. te quiero amar, pero eso, no sólo.

El cómic en España cuenta con una

gran tradición lectora y en la actualidad vive un momento de gran auge, debido a la creatividad de los autores que lo cultivan y a la expansión de su industria editorial. Bastan algunos datos: en nuestro país se editan alrededor de quince millones de ejemplares, más de mil ejemplares distintos de cómic y hay más de ciento cincuenta librerías de distintos tamaños especializadas en este mundo de las historietas ilustradas. Ágora, siempre atenta y con ojo avizor a todo cuanto ocurre a nuestro alrededor, no podía permanecer impasible ante tal realidad. Por eso, en el anterior número ya creó una sección dedicada a este género literario y artístico. En este número 7º no sólo la hemos mantenido, sino que la hemos incrementado. Una primera colaboración cuyo autor es Ernesto Navarro la han podido ver y leer en la sección dedicada al cincuenta aniversario de los pueblos de colonización de Ejea. Aquí, la segunda. Por segundo año, repite nuestro magnifico contador de historias e ilustrador gráfico, Alberto Cabello. Él es el guionista e ilustrador de “Ojos Rojos”. Disfruten, por favor.

ágora

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Guión: Noelia Cabello  Dibujo: Alberto Cabello


 Guión y Dibujo: Alberto Cabello Pérez


INVITACIÓN A LA LECTURA  R

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

«Imagínate ahora que tú y yo, muy tarde ya en la noche hablemos de hombre a hombre, finalmente, en una de esas noches memorables de rara comunión con la botella medio vacía, los ceniceros sucios, y después de agotado el tema de la vida».

L os versos de Gil de Biedma traen a

la memoria esas conversaciones entre amigos en las que, entre otras muchas cosas, se habla de los placeres que la lectura de ciertos libros nos ha proporcionado. Esa experiencia compartida es mucho más agradable cuando se rememora, entre risas y con otra persona, en esos momentos en que no hay prisa por terminar la velada. Así queremos que esta sección sea acogida por los lectores: un momento para la complicidad en la que no están excluidos géneros, autores o edades, desde la princesa en motocicleta hasta los versos más íntimos, pasado por la amenaza terrorista, el amor, los libros de viajes o sobre la evolución. Lo importante es esa comunicación que amplía la propia interpretación del libro. Invitamos a los lectores a esta íntima velada.

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ágora

MI PLANETA DE CHOCOLATE MANUEL CORTÉS BLANCO IRREVERENTES, 2008 200 PÁGINAS.

C. Floría Siete relatos convertidos en novela. Un homenaje al cuento sin ser cuento. Una historia dulce dentro de la Historia más amarga.

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iércoles, 26 de mayo de 1937. No hay frase del día. El buque Mexique, perteneciente a la Compañía Trasatlántica Francesa, se hace a la mar desde el puerto de Burdeos con 455 menores a bordo, rumbo al continente americano. Son niños españoles que huyen de los bombardeos, en busca de una paz que les acoja. De entre ellos, Benito Expósito Expósito. Ese pequeño abandonado a las puertas de un hospicio, que superó combates, la condición de


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refugiado, el exilio y mil vicisitudes amparado por una máxima. Manuel Cortés Blanco vuelve a encandilarnos con una historia entrañable que apunta al corazón: Mi planeta de chocolate, con la que ha sido finalista del II Premio Internacional Vivendia de Relato. En palabras del Jurado, la obra aglutina «extraordinarias descripciones del alma infantil, la intrahistoria del pueblo o de la guerra, muerte y espíritus conturbados por la violencia del mundo. Todo a tra-

Cuatro veces fuego LARA MORENO TROPO EDITORES, 2008 248 PÁGINAS.

Rubén Castillo

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n uno de sus versos, publicado por la revista Almiar en número de marzo-abril de 2007, dice la escritora Lara Moreno: «El pie tropieza, es carne fresca lo que ha encontrado». Esa sentencia podría valer, y de he-

vés de la vivencias de un huérfano que podría ser cualquiera de nosotros o cualquiera de la generación de nuestros padres, y una forma de ver la vida: ante cualquier dilema, tomar siempre la opción que tenga chocolate». Desde un estilo realista y directo, Manuel nos invita en sus renglones a muchos verbos: pensar, sentir, sonreír, reflexionar... A tantos, como cosas podrían reseñarse de este libro. No obstante, diremos sólo una, la más sincera: léanlo. Seguro que les sabe a chocolate.

cho vale, para resumir el eje central de su libro «Cuatro veces fuego», que le ha publicado Tropo Editores. Vemos ahí cómo, mediante pinceladas cortas y frescas, nos dibuja todo el abanico de sentimientos que puede rodear al ser humano: el deseo, la soledad, el desorden, la tristeza, la búsqueda. Sus criaturas son tan humanas que produce un auténtico vértigo contemplarlas tan de cerca, y por eso Lara Moreno las diseña con la acuarela de su ordenador, recortándolas de nieblas y haciéndolas latir sin ambages. Así descubrimos a la anónima mujer que, saciada de todos los futuros imperfectos que le estampó en la cara alguien que se fue, se refugia en la soledad tétrica de un váter de bar para masturbarse; y nos encontramos con Jacobo, que atesora desde la infancia un buen número de cajas con cráneos de roedores; o acompañamos a esa chica que no sabe si viajar a Dubrovnik, Split, Benarés, Zanzívar o Lisboa, y que guarda un secreto en el agujero cariado de su muela. Tantos seres breves, tristes, recortados y cálidos, hechos no de la materia de los sueños, sino de la materia de la vida: calor, desesperanza, desconcierto, ilusiones, lágrimas y sexo. Lara Moreno, cuentista, poeta, editora y correctora, que declara su fervor por Julio Cortázar como quien reconoce su pertenencia a un territorio físico (ya dijo Pessoa que su patria era la lengua portuguesa), acaba de entregarnos un libro delicioso, de perfume denso (dulce o agrio, según las páginas) y de sólida escritura, que contentará a todos los amantes del género breve.

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CuANDO TU ROSTRO ERA NIEBLA MARIO DE LOS SANTOS ONAGRO EDICIONES, 2008 368 PÁGINAS.

Luis Borrás La última partida

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os juegos de cartas siempre me han producido indiferencia. Desconozco sus virtudes y no comprendo sus emociones. Ni tan siquiera sé jugar al guiñote. Pero lo que sí conozco –y bien– es la niebla. Lo que significa vivir dentro de ella. La niebla puede ser invisible o hacerse evidente. Cuando es invisible resulta peligrosa, vive en nuestras entrañas y no la vemos. Cuando se hace evidente es demasiado tarde. Estás perdido, desorientado, y no ves la salida. Muchos viven y mueren atrapados por ella. Pero también algunos consiguen salir. Esta es la historia de un hombre afortunado que consiguió salir de esa maldita niebla. Salvarse. Escapar. El resto es magia. Misterio. Leyenda. Y un final que no voy a desvelar y que, les aseguro, no va a dejar indiferente a nadie. Hay mucha vida en esta novela. Hay personajes y humanidad. Un padre separado, una ex mujer y una hija adolescente en la edad del pavo. Hay

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amor, timidez y dudas, y un secreto que guardar. Hay lugares conocidos, casas vacías, bares y ríos; y hay ciudades y filosofías por descubrir. Hay desencantos, supervivencia, madres y vecinas, abuelos y palomas, amistades y borracheras. Sueños envueltos en niebla. Hay un perro guardián llamado Arcángel. Hay juego, avaricia y orgullo. Hay aventura, misterio, azafatas, vagabundos y sombras. Hay muerte, miedo, una huida, llamadas telefónicas y un viaje en barco. Hay objetos, una navaja de afeitar, pasaportes falsos y naipes con alma. Hay preguntas, un destino y un beso sincero. Pero, sobre todo, hay dos citas fundamentales. La primera es que «La verdadera felicidad consiste en conocer las propias capacidades y ser capaz de expandirlas. Conocerse a uno mismo y trabajar por mejorar. Pero hay un problema, eso cuesta esfuerzo y dolor». Y la segunda es que hay que «creer en una victoria. Si te preocupa perder, perderás». Un jugador profesional de póquer recibe el encargo de jugar una partida. Acepta el trabajo porque puede ganar dinero suficiente para retirarse definitivamente. Se trata de un perdedor, un derrotado, un viejo maestro que sobrevive a base de oficio, habilidad y un par de trucos. Ese trabajo es para él la partida final, su última oportunidad para redimirse, romper con el pasado, recuperar la dignidad. Encontrar la salida. Salvarse. Jugar esa partida para ganarla. Esa última oportunidad le llevará a comprender que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. A conocer el dolor y vencerlo. A beberse todas las botellas del mini-bar de la habitación de un hotel y dejar que el dolor le hable. La vida de un jugador: partidas, noche, ausencia, silencio. Y el precio que hay que pagar: soledad, camas vacías, alcohol, adulterios. Un matrimonio roto. Puertas que se cierran. Abandonos. Y la consecuencia: vacío y ansiedad. Cometer un acto desesperado. Destruirse. Dejarse ganar la partida que le hubiera otorgado la inmortalidad. La renuncia. La derrota en la final de la serie mundial de póquer. Descubre también que hay algo más que puede salvarle. Un sentimiento poderoso: el amor. La emoción de las primeras citas, los nervios, volver a tener veinte años. Vencer el miedo a defraudar al amor, el miedo a no saber qué pasará, qué hacer. Encontrar la esperanza y la calma del amor compartido. El sueño en los brazos de otro. El tacto de su piel. La vida que queda. La sonrisa que deja el amor. Todos tenemos nuestro lugar guardado en el mundo. Unos lo encuentran, otros no lo hacen nunca. Algunos tienen la magia de su lado. Esta historia nos hace creer que a los luchadores les llega su recompensa. Que los que creen en el amor, lo encuentran.


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Lo importante es saber quién eres aunque viajes con pasaporte falso. Que la vida es como arrimarse a un cerezo japonés en primavera. Todos mereceríamos que esa maldita niebla se deshiciera, nos permitiera encontrar nuestra alma, nos dejara volver a encontrar el amor que creíamos perdido. Todos mereceríamos tener suerte. Conocer la magia de nuestro destino, la razón de estar en este mundo. Todos deberíamos tener la oportunidad de jugar esa partida y ganarla. La suerte de recuperar tu alma.

SÁBADO Ian McEwan CÍRCULO DE LECTORES, 2008 336 PÁGINAS.

José Manuel Garcés Lafuente

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al vez convenga decir en primer lugar que Sábado, parece ser, entre la más reciente producción novelística de McEwan, la obra menos valorada por los críticos. Nada que ver, por supuesto, con la magnífica y magnificada Expiación o con su última Chesil Beach, elegida en algún suplemento literario como mejor libro del año. Pero incluso quienes con más frialdad se han acercado a esta novela de McEwan han reconocido que el punto de partida, al menos, de la obra es digno de ser valorado. Sábado, y toda la crítica arranca sus análisis de ello, quiere ser una respuesta novelada a la amenaza

Esta historia es como prender una cerilla. Rascas y la llama surge despacio, después, coge velocidad, crece imparable hasta que llega al máximo: azul, negra y amarilla; triangular y afilada. Deslumbra. Durante un instante mantiene la esperanza de su luz ante tus ojos, después se apaga. Queda un diminuto rescoldo que parece infinito y un humo azul que pretende ser llama. Parece algo simple e inútil, pero la cerilla prendió, dio luz, iluminó, y su calor consiguió disipar la niebla.

terrorista que pesa actualmente sobre la civilización occidental, materializada por un lado en los atentados de Nueva York y Madrid ―los de Londres tuvieron lugar pocos meses después de la aparición de la novela― y, por otra, en la invasión anglonorteamericana de Iraq. Contra este telón de fondo ―un aparente atentado terrorista en el aeropuesto de Heathrow, una manifestación antibelicista en Londres―, McEwan disecciona la vida familiar de un, en principio, anodino sábado de la vida del doctor Henry Perowne, eminente neurocirujano británico felizmente casado y padre de dos hijos. Y ese sábado, que un acontecimiento dramático convierte en una auténtica pesadilla para el protagonista, recoge, de forma indirecta y sutil pero contundente, la que probablemente sea la mayor apología de la cultura occidental que se haya escrito en nuestros días. McEwan convierte a la famlia del doctor Perowne en un resumen selecto de lo mejor de nuestra cultura: una madre socialmente activa e independizada, unos hijos apasionados por el arte ―la música, la poesía―, un padre científico volcado en la curación de sus enfermos. Arte y ciencia, pensamiento y sensibilidad occidentales se reúnen en un entorno familiar en el que las dificultades inherentes a la convivencia no impiden sino que enriquecen el crecimiento de cada uno de los individuos. Pero además, el autor se ha esmerado en convertir la respuesta del protagonista a la agresión que está a punto de destruir ese nucleo familiar en un modelo de dignidad y de orgullo: frente a la violencia, reflexión e inteligencia; frente a la agresión, respuesta contenida pero firme; frente a la barbarie, humanidad compasiva y superioridad moral. Vista desde esta perspectiva, la terrible peripecia vivida por la familia del doctor Perowne ese Sábado se convierte en un modelo a escala de los acontecimientos históricos que enmarcan el momento en que la novela fue escrita, y la reacción de los protagonistas frente a esa agresión irracional e inesperada, en una posible pauta de conducta de la sociedad oc-

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cidental frente a la amenaza terrorista. Es cierto que la situación social del protagonista es priviliegiada ―como lo es, por otra parte, la situación de Europa en el contexto mundial―; también es cierto que su posición frente a la invasión de Iraq peca de conformista y poco crítica ―como lo fue en su momento

el tiempo de los regalos: a pie hacia Constantinopla Patrick Leigh Fermor

Barcelona, PENÍNSULA, 2008 416 PÁGINAS.

Luis Beltrán Arrizabalaga

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os libros de viajes habituales suelen reconstruir para el lector un itinerario exótico pero contiguo en el tiempo, un trayecto tras cuya lectura queda siempre latente la atractiva posibilidad de revivir en persona ese camino abierto en la páginas por el autor. No sucede así en El tiempo de los regalos ni en su continuación Entre los bosques y el agua y, curiosamente, los motivos que impiden al lector la reproducción

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la de casi todos los gobiernos occidentales― pero el resultado final de la novela, una defensa sin complejos de la cultura abierta, racional y humanística que tantos siglos y sufrimientos ha costado construir en Europa, merece figurar entre nuestras lecturas de cabecera en estos tiempos de confusión ideológica.

del viaje son los que dotan de su especial atractivo a la magna trilogía aún incompleta que abre este primer volumen. En primer lugar, las circunstancias del viaje. El autor, un aventurero, escritor y militar británico de prestigio, reconstruye desde sus 62 años (1977) su primera escapada, cuando acababa de cumplir los 18 (1933): un trayecto a pie desde Holanda hasta Turquía de casi dos años a través de toda Europa Central, siguiendo las rutas fluviales del Rhin y del Danubio. En resumen, un joven «vagabundo» de buena familia recorre medio continente andando, sin apenas dinero y sin ningún plan premeditado. En principio, parece tratarse de una atípica variación sobre el motivo del «grand tour» europeo con el que concluían sus estudios los universitarios británicos más pudientes; pero son demasiadas las diferencias: El viaje no es el colofón a unos estudios universitarios sino su sustituto, pues el joven viajero ha sido expulsado de todos los colegios donde su familia le ha internado y su vagabundeo va a ser, sobre todo, una forma de poner tierra de por medio entre una sociedad opresiva y un individuo inadaptado; además, no hay en el viaje plan cultural alguno: el «vagabundo» viaja sin guías, sin mapas, sin ninguna referencia más allá de sus lecturas de instituto; no le interesan los grandes centros artísticos ni las rutas consabidas; no busca constatar lo sabido. Su único interés es moverse por un espacio desconocido, conocer gente diferente, probar nuevas formas de vida, disfrutar de lo inesperado tal y como se presente… Y en segundo lugar está ese mundo nuevo que el «vagabundo» recorre. Este joven inglés que se mueve en los años treinta por el corazón del continente recorre un paisaje histórico imposible de recuperar después de la II Guerra Mundial. Por un lado, está la ebullución política provocada por el auge del nazismo que encuentra ocasionalmente en los pueblos de la Selva Negra; pero más que ese testimonio histórico, lo que ha hecho de este libro un clásico de la literatura de viajes es, sobre todo, el inesperado contraste entre el mundo rural y el nobiliario que da forma repetidamente a muchas de sus páginas, una combinación sin duda banal en su momento, desde


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el punto de vista histórico, pero que hoy, totalmente desaparecida, nos devuelve un aroma añejo de tiempos perdidos. El joven Leigh Fermor recorre los campos renanos gozando y padeciendo la vida real del mundo rural que atraviesa andando: una noche de tormenta ha de dormir en un almiar semiderruido y en otras ocasiones campesinos bávaros le harán cómplice de sus cantos y sus borracheras. Pero de forma inesperada, al día siguiente, sus contactos familiares pueden hacerle recuperarse de su resaca

en la casa de campo de un miembro de la nobleza en Munich, o entablar una educada conversación sobre la obra de Marcel Proust en la biblioteca de un atildado barón eslovaco. De este modo, ese viaje en origen absurdo y desesperado, concebido más como huida que como placer, se convierte finalmente en una fuente inesperada de regalos, el regalo de nuevas amistades, de nuevas experiencias, de nuevas razones para disfrutar la vida.

UNA PRINCESA EN MOTOCICLETA

de las aventuras más arriesgadas. No puede ser de otro modo tratándose de una princesa que va en moto. La mezcla de lo clásico con lo más moderno se conjuga perfectamente y da un aire fresco a la aventura. Se percibe desde la imagen de la portada que no es una princesa al uso. La misma ilustración, sencilla en su concepto, nos esconde el contenido del cuento y sólo trata con la dirección que marca la princesa, de invitarnos a adentrarnos en él. El contenido se divide en las tres partes clásicas: ● La presentación, en la que nos muestran el marco en el que se desarrollará la acción. Una estantería de libros que se cae. La consecuencia que produce; algunos personajes acaban en otros cuentos a los que no pertenecen. Y entre ellos, el dragón de un cuento titulado precisamente “la princesa y el dragón”. Fin de la presentación y desarrollo de la acción: algún voluntario caballero debe encontrar al dragón y traerlo de nuevo a su cuento. Nadie dispuesto salvo ¡La princesa! ● La trama que se presenta en el nudo es muy repetitiva: la princesa Celia se va adentrando en diversos cuentos, donde encontrará personajes desubicados a los que devolverá a sus respectivas historias gracias a que cuenta con una moto. Esta parte central da mucho juego al ilustrador, quien puede manejarse en registros distintos gracias a que aparecen cuentos de diversos estilos. A su vez, la narración juega con el cuento dentro del cuento y da cabida, en la misma historia, a piratas, indios, enanitos o fantasmas. ● El desenlace es divertido, feliz, novedoso y con un apéndice. El «príncipe» sólo aparece en la escena final, no es protagonista. La frase última juega de nuevo con esa mezcla entre lo clásico y lo original que hacen de este cuento algo más contemporáneo.

RAQUEL GARRIDO

Ilustrador: CARLOS VELÁZQUEZ APILA, 2008 36 PÁGINAS.

Ramón Aguirre

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ste cuento parte de un título más que convincente que invita a hojear el interior. Una princesa es un personaje arquetipo de los cuentos; su papel suele ser pasivo y es la finalidad última de la acción. Sin embargo, este título, nos está indicando que la protagonista es ella y que va a ser el agente activo de la obra, la heroína capaz

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CALOR VI PREMIO DE POESÍA FRAY LUIS DE LEÓN MANUEL VILAS

Madrid, VISOR, 2008 63 PÁGINAS.

Natividad Campos Mª Pilar Lagunas

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alor, calor… una constante en la obra de un hombre que demuestra ser cercano a su tiempo eligiendo temas actuales para crear una miscelánea de poemas en prosa y verso. Mezcla de realidad y de ficción, su obra refleja una sensibilidad extraña al convertir los objetos, las situaciones, las pasiones del ser humano y también sus bajezas en centros de su trabajo ¿por qué no dedicarles un poema? El tempus fugit es otra constante en su obra, pero mirado desde una perspectiva en la que el pasado es pasado, tanto para el que ha vivido más años como el que ha vivido menos; es como un abrir y

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cerrar de ojos en el que los recuerdos van y vienen y se hacen incluso transparentes en nuestra memoria. El primer mundo del que formamos parte es preocupante para los que ven cómo se destruye a sí mismo y es incapaz en el siglo XXI de superar lacras como las drogas en «Cocaína», una enfermedad actual en «SIDA»; el abuso sexual, en «Walk on the wild side»; la falta de sensibilidad ante la inmigración en «Los chicos están bien»; la violencia de género —tema tan actual—, en «Amor mío». A todas ellas, Manuel Vilas dedica poemas en los que coincide en la falta de aire, nos ahogamos a nosotros mismos, el calor nos está venciendo y ante eso, el ser humano sólo tiene el recurso de seguir hacia delante. Además, en el libro podemos ver también temas de menor alcance social, en donde Vilas descubre cuestiones íntimas; por ejemplo, en «HU-4091-L», nos muestra la clase de sentimientos que le produce su viejo coche; sus propios pensamientos cuando va a dar una charla en un instituto en «MAZDA 6» o una lejana y negativa experiencia del servicio militar en «1985» Todo ello ambientado en lugares próximos de nuestra geografía, como Monzón, Barbastro, Zaragoza, nombrando barrios como el de Torrero o el Actur…, utilizando el verso libre y el poema en prosa. Y cercano, con un tono informal, incluso coloquial. Por esta cercanía de los temas de Calor, podemos decir que es un libro «realista» y directo con unos temas actuales y una gran capacidad para cautivar a los lectores.


INVITACIÓN A LA LECTURA  RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

EL GEN EGOíSTA LAS BASES BIOLÓGICAS DE NUESTRA CONDUCTA RICHARD DAWKINS

SALVAT, Barcelona, 2002 424 PÁGINAS.

José Antonio Gascón Alejandre

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segmentándose y volviéndose a unir, construyendo con su información codificada seres cada vez más complejos que les han asegurado nuevas segmentaciones y uniones más adecuadas aún para perpetuar eternamente ese proceso. Dawkins encuentra la última razón y el punto de partida básico de la evolución de las especies en el mundo de la genética. La vida entendida como una vasta competición entre las múltiples y aleatorias modificaciones genéticas de los individuos esforzándose siempre por una única causa: construir máquinas de supervivencia cada vez más perfeccionadas que les permitan reproducirse y sobrevivir. Además, y de acuerdo con los más modernos acercamientos a las teorías de Darwin, Dawkins rechaza el concepto único de la «lucha por la supervivencia» como motor del proceso evolutivo. Por el contrario, resalta en buena parte del libro el papel transcendental que pueden tener comportamientos altruistas, abnegados o solidarios para la supervivencia de los genes más cualificados para la reproducción. Como el lector puede suponer, este punto de partida ha sido objeto de fuertes polémicas en el mundo de la ciencia. Por un lado se ha hecho acreedor de las iras de quien detrás de la vida sobre la Tierra quiere ver siempre la mano directora de un dios externo. Dawkins considera innecesaria esa hipótesis y por lo tanto la obvia. Pero también ha sido especialmente discutido el propio punto de partida de su teoría, que da primacía al gen sobre el individuo, reducido a esa compleja «máquina de supervivencia» gobernada por las proteínas sintetizadas en sus células. Ciertamente, la teoría genética de la evolución de Richard Dawkins, como metáfora de la oscura realidad de un universo mínimo pero poderoso e inabarcable ha pasado a convertirse en otra de esas magníficas imágenes que viene proporcionándonos la ciencia moderna.

n este año dedicado a Charles Darwin, en el segundo centenario de su nacimiento y ciento cincuenta años después de la publicación de El origen de las especies, la lectura de este libro de Richard Dawkins, profesor de etología en la Universidad de Oxford, puede seguir siendo, como desde hace ya treinta años, un descubrimiento magnífico para lectores dotados de curiosidad científica, ávidos de retos intelectuales y libres de prejuicios dogmáticos. La perspectiva intelectual desarrollada en él es sorprendente, prácticamente poética, como viene siéndolo toda la ciencia moderna: desde el origen de la vida, millones y millones de genes han ido

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INVITACIÓN A LA LECTURA 

LEER PARA VIVIR L as siguientes palabras de José Anto-

nio Marina extraídas de su libro La inteligencia y la palabra pueden ayudarnos a entender por qué Ágora cuida con tanto mimo e ilusión desde su primer número esta sección: La lectura no es importante porque divierta, ni porque nos transmita información, sino por algo más trascendental: porque la inteligencia humana es una inteligencia lingüística. Sólo gracias al lenguaje podemos desarrollarla, comprender el mundo, inventar grandes cosas, convivir, aclarar nuestros sentimientos, resolver nuestros problemas, hacer planes. [...] Para que nuestra inteligencia sea viva, flexible, perspicaz, divertida, racional, convincente, necesitamos, en primer lugar, saber muchas palabras. No dejen de mirar el deslumbrante escaparate de libros que este séptimo número les ofrece Ágora para todas las edades.

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LEER PARA VIVIR DE NIÑO Y DE JOVEN

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Eva Bajén

ecía Daniel Pennac que todo el mundo tiene derecho a no leer. Desde estas páginas podemos añadir que todo el mundo debería conocer lo que esta elección conlleva. Aquel que elige no leer, elige separarse del mundo. Y no sólo del mundo del conocimiento, del mundo de la información y de la formación, sino también del mundo de la belleza, tanto física o sensual como intelectual. Porque el que no se informa se queda constreñido al pequeño mundo que le rodea y, por lo tanto, ajeno a las mil posibilidades que el conocimiento le abre. Pero también se pierde que un beso puede venir de «la boca que a gustar convida un humor entre perlas destilado», que muestra la realidad, sí; pero con una visión más bella o, por lo menos, sugerente. Nuestro lector podría haberse sentado a «escribir los versos más tristes esta noche» o «mientras el viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas, que se rasgaban al correr hacia el norte». Podemos contemplar una iglesia, o ese «índice de piedra que señala el cielo» o sugerir que si los grandes ejércitos se enfrentan en los campos de batalla, «a batallas de amor, campos de plumas», como nos dice Góngora; podemos desaparecer de la faz de la tierra convertidos «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada» o nuestro restos «serán ceniza, mas tendrán sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado». Y así hasta el infinito. Y más allá. Recientemente leía en un artículo de Víctor Gómez Pin que «si la palabra es lo que da significación, sin la palabra todo es insignificante». Y todos, científicos y poetas, buscan dar con la palabra precisa para poner orden en el caos que percibimos, para representar el mundo o para explicar sus sentimientos. Tan precisa es aquella palabra que pretende la información objetiva, como aquella enriquecida de connotaciones y que lleva en sí misma, o en su combinación con otras, toda la carga significativa de la experiencia personal. Tan precisas son las palabras que describen la «grafiosis» del olmo —esa enfermedad que casi nos deja sin este tipo de árboles en Europa—, como aquellas con las que Antonio Machado cifraba su esperanza personal en el resurgimiento de la vida: «Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido,/ con las lluvias de abril y el sol de mayo,/ algunas hojas verdes le han salido». Y esas palabras precisas, las mejores que se han encontrado, nos llegan a los lectores a través de los libros. Por ello, volvemos al comienzo de nuestro artículo: el que elige no leer, elige cerrar sus ojos y su mente a esas explicaciones del mundo y de los sentimientos que tantos autores nos han dejado y que están ahí, en los libros, para que las podamos compartir y disfrutar o para que las podamos comparar, refutar y sustituir. Y está en nuestras manos que continúe ese milagro de la comunicación: optemos, pues, por la lectura como liberación y desarrollo personal. Aquí tienes, lector, un pequeño escaparate donde elegir.


INVITACIÓN A LA LECTURA  LEER PARA VIVIR

ESCAPARATE DE LIBROS LIBROS DE 0 A 5 AÑOS

Autor: Varios autores

Autor: Michael Grejniec

Título: La rueda mágica. Colores y formas.

Ilustraciones: Michael Grejniec

Autor: Raquel Garrido y Ramón Aguirre Ilustraciones: Edu Flores

Editorial: Susaeta - Madrid, 2008

Título: ¿A qué sabe la luna?

Título: Willi en Zaragoza. El gran enigma.

Qué mejor que iniciar este escaparate con un libro titulado así. Se trata de un libro adecuado para abrir a los más pequeños las puertas del mundo de las palabras, los colores y las formas. O, mejor, abrirles el mundo a través de la palabras. Pertenece a una colección que combina el aprendizaje y el juego, haciendo girar una rueda para descubrir nuevas formas y palabras. El libro tiene, además, una adecuada presentación con tapas duras, pero de tacto agradable, perfecta para las jóvenes manos.

Editorial: Kalandraka - Pontevedra, 2008

Editorial: Apila - Zaragoza, 2007 Del 2008 tenemos otra aventura de Willi: Willi en las ferias

La luna se ve tan apetitosa en el cielo que a todos los animales les gustaría probarla, pero para conseguirlo deberán aunar sus esfuerzos. Desde el cielo nuestro satélite los contempla con diversión. Un hermoso libro sobre el valor de la colaboración… y de los sueños alcanzados.

Hacemos una excepción en nuestra exposición de libros para presentar este libro que sirve como homenaje a la Expo Zaragoza 2008: Willi, el perro casi verde llega a la ciudad para resolver el gran enigma: ¿Cuál es el elemento fundamental de la vida?. Los pequeños podrán recorrer con nuestro simpático detective lugares emblemáticos, informarse sobre ellos y rememorar sus visitas al recinto de la Expo.

LIBROS A PARTIR DE 6 AÑOS

Autor: Leo Lionni

Autor: Chih-Yuan Chen

Autor: Daniel Nesquens

Ilustraciones: Leo Lionni

Ilustraciones: Chih-Yuan Chen

Ilustraciones: Claudia Ranucci

Título: La casa más grande del mundo

Título: Rugidos y orejas

Título: Marcos Mostaza no

Editorial: Kalandraka - Sevilla, 2008

Editorial: Thule - Barcelona, 2008

Editorial: Anaya, 2008

La realidad enseña a nuestro pequeño caracol que no siempre lo que deseamos es lo mejor. A veces los deseos se hacen realidad y tenemos que sufrir las consecuencias. A lo mejor, si hacemos caso de las historias que nos cuentan nuestro mayores…

Rugidos, el león, y Orejas, la coneja, están destinados a vivir como enemigos, como cazador y presa; pero por circunstancias de la vida, se hacen amigos. Está claro que los padres no deben imponer enemistades. Dos hermosas historias en una que nos enseñan a no dejarnos llevar por los prejuicios.

Un libro tremendamente divertido. Marcos Mostaza es un niño de 10 años y el protagonista de una serie de historias de la vida cotidiana, pero contadas en clave de humor. Desde luego, a ningún lector le dejará indiferente y seguro que más de uno, tras su lectura, querrá ser Marcos Mostaza.

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INVITACIÓN A LA LECTURA  LEER PARA VIVIR

ESCAPARATE DE LIBROS LIBROS A PARTIR DE 8 AÑOS

Autor: Juan Manuel Aragüés

Autor: Chris Riddell

Autor: Francesca Simon

Ilustraciones: Manuel Marteles, Inés Aragüés

Ilustraciones: Chris Riddell

Ilustraciones: Tony Ross

Título: El laberinto de los dioses. Historias y mitos para niños ateos

Título: Ottoline y la Gata Amarilla

Título: Pablo diablo anda suelto

Editorial: Edelvives - Zaragoza 2008

Editorial: SM, Colección El Barco de Vapor Madrid, 2008

Ottoline y su mejor amigo, el Sr. Munroe, son tan listos que no hay misterio que no puedan resolver. Un divertido libro lleno de estímulos visuales, pues no tendría el mismo significado sin las magníficas ilustraciones, planos, guías y hasta tarjetas postales que aparecen en sus páginas.

En este caso, además de estímulos visuales, contamos con los auditivos, pues una pedorreta nos recibe al abrir el libro. Sin duda es otra broma del travieso muchacho que nos divierte con varias aventuras en que pone a prueba su ingenio para hacer lo que no debe.

Editorial: Mira. Colección Sonrisas Zaragoza, 2008

Dioses, héroes y monstruos desfilan por estas páginas para dar a conocer a los lectores las distintas interpretaciones que, del mundo, han dado las diferentes culturas y miologías en hermosas historias llenas de aventuras. Un viaje que podemos emprender solos o en compañía de la familia.

LIBROS A PARTIR DE 10 AÑOS

Autor: Sarah Prineas

Autor: Rick Riordan

Autor: Ana Alonso y Javier Pelegrín

Ilustraciones: Antonio Javier Caparo

Título: El mar de los monstruos. Percy Jackson y los dioses del Olimpo

Ilustraciones: Marcelo Pérez

Título: El ladrón mago Editorial: Mondadori y Círculo de Lectores Barcelona 2008

Aventuras y peligros en la ciudad de Wellmet donde un pequeño ladrón aprende los rudimentos de la magia en el barrio de Crepúsculo tras un intento de robo al más famoso mago del planeta.

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Editorial: Salamandra - Barcelona, 2008 Ya sabemos que los dioses tienen las mismas –o más– debilidades que los humanos. Y el Olimpo también se ha rendido a Estados Unidos y se ha situado en la cúpula del Empire State Building. Un nuevo héroe, Percy Jackson, sufre el acoso de los enemigos de su padre, Poseidón, que, como siempre, está inmerso en distintas rencillas con diversos dioses. Divertida relectura de la mitología griega en clave contemporánea, se trata de la continuación de las aventuras iniciadas con El ladrón del rayo.

Título: El secreto de If Editorial: SM. Colección El Barco de Vapor Madrid. 2008

Hermoso libro con cuidadas ilustraciones que nos muestra un cuento de hechura tradicional magníficamente construido. Príncipes, oscuros malvados, dragones, encantamientos… harán disfrutar a los niños y adultos que se acerquen a esta bella historia.


INVITACIÓN A LA LECTURA  LEER PARA VIVIR

LIBROS A PARTIR DE 12 AÑOS

Autor: Anne McCaffrey

Autor: Jordi Sierra i Fabra

Autor: Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron

Título: El vuelo del dragón

Ilustraciones: Oscar Lombana

Ilustraciones: Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron

Editorial: Roca juvenil Barcelona, 2008

Se trata de una esperada reedición de una clásico de la literatura fantástica que ya recibiera, en el año 1968, los premio Hugo y Nebula, muy prestigiosos en el mundo de la literatura de ciencia ficción y fantástica. En el planeta Pern, que en su tiempo fue colonizado por los hombres, sobrevive Lessa, que quiere vengar a sus familiares asesinados. En su ayuda acuden los antiguamente célebres jinetes de dragones y…

Título: La mansión de las mil puertas

Título: ¡Viva la ciencia!

Editorial: Planeta & Oxford. Colección Camaleón Madrid, 2008

Editorial: Crítica - Barcelona, 2008

Nos esperan tres historias de terror, un subgénero que no podía faltar en el escaparate que mostramos, en una época, además, en que tanto atrae el lado oscuro, o algunas criaturas atractivas que caminan por la delgada frontera entre el bien y el mal. Intrigas, sorpresas, situaciones aterradoras pueblan las páginas de este libro esperando que el lector las disfrute.

Para acercarse a la ciencia con ojos risueños, tenemos este excelente texto en el que se unen el rigor de Sánchez Ron con los dibujos de Mingote. Acerca la ciencia no sólo al público joven sino a todo aquel que quiera ver cómo evoluciona la sociedad, en perfecta sintonía con el avance de las ciencias, o descubrir las inquietudes y preocupaciones de los más grandes científicos de la historia.

LIBROS A PARTIR DE 14 AÑOS

Autor: Miguel Ángel Mendo

Autor: Javier Arias Artacho

Ilustraciones: Javier Zabala

Título: Náufragos

Título: Con vistas al cielo

Título: Aeternum. Memorias de un inmortal

Editorial: Planeta & Oxford. Colección Nautilos Madrid, 2008

Editorial: SM - Madrid, 2008

Editorial: Anaya - Madrid, 2008 Premio LAZARILLO 2008

«Pues, señores, empezaré por decir que el que esto escribe tuvo conocimiento de que era inmortal cuando contaba dieciocho años de edad». Así comienzan las memorias de este joven inmortal, en un libro, que, como él dice, le ha quedado un poco «magro» o «enxuto», pero por razones que sólo la lectura del libro puede explicar. Especialmente interesante es la mezcla de registros que usa el protagonista, pues no en vano compendia quinientos años de evolución también lingüística.

África es un continente que está llamando a las puertas de Europa y del mundo para pedir ayuda. La demanda viene en este caso de la voz de Marcos Mbá Obama en cuyos cuadernos manuscritos encontramos las claves para entender la tragedia de los once cadáveres que se han hallado cerca de las Islas Barbados.

Autor: África Vázquez Beltrán

Premio Jordi Sierra i Fabra 2008

Esta jovencísima autora mezcla en esta novela el relato histórico y la novela de fantasía. Alba, la protagonista, está decidida a saber todo lo que le sucedió a su abuelo que, tras luchar en nuestra guerra civil, murió en un campo de concentración nazi. En sus investigaciones le ayuda un joven extraño que ha llegado al pueblecito del que es originaria la familia. Pero ¿quién es realmente Noah?

ágora

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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL 

NARRATIVA DE 1º A 4º PRIMARIA

LITERATURA INFANTIL

1er PREMIO DE NARRATIVA

EL OSO

L os niños son en sí mismos creativos

y comunicativos. Se hallan liberados de restricciones e inhibiciones convencionales por lo que nos permiten, con su originalidad y su sensibilidad, recrear escenas e imágenes o adentrarnos en divertidas aventuras en las que cualquiera puede convertirse en protagonista. Los siguientes textos que hemos seleccionado en el Concurso de Literatura Infantil de Ágora dan buena muestra de ello.

Había una vez un oso que vivía en la montaña. Cuando llegaba el invierno, hibernaba como todos los osos. Pero ese año, antes de que llegara el frío, vio cómo llegaban muchas máquinas y hombres a su montaña. ¡Iban a construir una carretera! El oso se dio cuenta de que iban a cortar árboles, contaminar el río, destruir las madrigueras de sus amigos los conejos… En fin, destruir su mundo. El oso llamó a todos los animales del bosque y tuvieron una reunión. En ella decidieron que tenían que hacer algo, no podían permitir que destruyeran su montaña. Hicieron carteles y los pegaron en todos los pueblos y ciudades de alrededor, explicando la construcción de la carretera. Los habitantes de los pueblos decidieron ayudar a los animales porque también querían mucho a la montaña. Pero no se les ocurría nada para salvar el bosque. Entonces a un niño se le ocurrió que todo el mundo supiera lo bonita que era la montaña. El alcalde del pueblo llamo a la televisión y a los periódicos, todos acudieron al pueblo. Esa misma noche la televisión dio un reportaje sobre lo hermosa que era la montaña, el bosque y todos los animales que vivían en él, y que la construcción de la nueva carretera iba a destruir todo. Al final, todos acordaron, aunque costara más tiempo y dinero, construir la carretera en otro sitio. Fue así como, gracias a un oso, sus amigos los animales y la idea de un niño, la montaña se mantuvo tan bella y tan limpia de humos y de ruidos como siempre había estado. Los seres humanos tenemos que aprender a respetar el medio ambiente porque, si no, nos quedaremos sin bosques, sin ríos, sin animales… y el mundo sería mucho más feo que ahora y nosotros también moriríamos. Sergio Valero Carabantes

3º Primaria CEIP «Miguel Artigas» —Pinseque—

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2º PREMIO DE NARRATIVA

LA SIRENA Y EL MAR Érase una vez que en el océano vivían muchísimos peces, animales marinos de muchas clases y hasta una gran familia de sirenas. Todos vivían muy felices, aunque pronto empezaron a tener problemas. Los pescadores pescaban demasiados peces pequeños y, cuando veían los barcos los animales marinos, tenían que huir a esconderse. Después también tenían el problema de la contaminación, que cada vez era peor, porque la gente tiraba mucha basura al mar y los animales marinos empezaron a enfermar. Marina era la sirena más buena y guapa del océano. Un día un joven que navegaba en un barco descubrió a Marina. Enseguida se hicieron amigos y ella le contó cómo era la vida en el océano, pero también los problemas que tenían. Pasaron unos días y el joven, que se llamaba Roberto, volvió al mismo sitio otra vez a buscar a Marina. Roberto no la encontró, pero vio a un chico que era su hermano y le dijo que Marina estaba enferma y que necesitaba medicinas para poder curarse. Roberto le dijo que no se preocupara porque él se las conseguiría. Al día siguiente volvió el joven con un montón de medicamentos. Marina estaba allí y se las tomó.

Ella le dijo que había muchos animales enfermos y que si la gente no dejaba de contaminar el mar y los ríos, al final no habría remedio. Roberto lo entendió muy bien y le dijo que haría todo lo que pudiese. Habló con mucha gente, presidentes, reyes y con muchos más. Hicieron manifestaciones y hasta salieron por la televisión y los periódicos. Poco a poco las personas empezaron a entender la situación y decidieron cambiar la forma de tratar el agua, ya que vivían animales. Los pescadores también decidieron no pescar demasiado y sobre todo no pescar peces pequeños. Roberto fue de nuevo a ver a Marina, la encontró mucho mejor y le dijo que poco a poco todo se iba a solucionar. Marina se puso muy contenta y fue a contárselo a todos los animales que pudo. Y así fue. A los pocos días, el mar parecía otro, mucho más limpio y todos los seres del océano estaban felices gracias a Roberto.

Sandra García Gallizo

3º Primaria CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 1º A 4º PRIMARIA

OTROS RELATOS

CONTRA EL CALENTAMIENTO GLOBAL Un niño llamado Roberto oyó en la tele que había tsunamis, terremotos y en algunos sitios sequía. Le pregunto a su padre: ¿Por qué ocurren estas cosas? Su padre le dijo que debido a las emisiones de CO2 se estaba calentando el planeta. El niño se preocupó mucho y pensó qué podía hacer él. Le preguntó a un experto y le dijo: Tienes que reciclar, no tienes que producir CO2 y tenemos que utilizar todos energías renovables. Roberto desde ese día recogió los papeles y los echó al contenedor de papel para reciclar, no dejó el cargador en marcha del coche teledirigido y por la noche apagaba los puntitos de los televisores, de los DVD y de la pantalla del ordenador. Habló con sus padres para cambiar las bombillas sencillas por unas fluorescentes, que gastan menos electricidad, y la electricidad produce gases de efecto invernadero o CO2. Luego le preguntó al director de su colegio, si usaban papel reciclado y le dijo que sí y también le pidió que pusieran paneles solares en el tejado del edificio, para que la luz que se gastase en el colegio no produjera gases de efecto invernadero.

Entre todos los niños hicieron una fundación de ayuda al medio ambiente. Escribieron una carta al alcalde de su ciudad pidiéndole que colaborase, cambiando las bombillas de las farolas de toda la ciudad, para poner bombillas fluorescentes, que gastan menos electricidad. También le pidieron que pusiera placas solares en la ciudad, para producir electricidad que no contaminase, y poder utilizarla para el alumbrado de las calles y monumentos. El alcalde pensó lo importante que era aquello y decidió hacerles caso. Los alcaldes de otros pueblos y ciudades, al enterarse de lo que habían hecho en esta ciudad, decidieron hacerlo ellos también y así entre todos cada vez se emitían menos gases de efecto invernadero y el planeta dejó de calentarse. A los niños de este colegio los entrevistaron en la televisión, y dijeron que la idea había sido de Roberto, pero él dijo que sin la ayuda de todos no lo podría haber conseguido nunca. Entonces les dieron un premio para todo el colegio, y cuando llegaron al «cole» sus profesores les habían preparado una fiesta y todos lo pasaron muy bien. Pero Roberto pensó que lo más importante era que… ¡¡HABÍAN SALVADO EL PLANETA!!

Luego le pidió a su profesor que hiciera una reunión en el colegio. Y al profesor le pareció buena idea hacerla. A la reunión acudieron todos los niños del colegio y Roberto les habló de la importancia que tenía nuestro planeta y que lo estábamos destrozando. Entonces les explicó lo que había hecho él y que ellos también podían hacerlo. Y los niños le dijeron que lo iban a hacer. Rubén Martínez Angoy

Y pusieron carteles por toda la ciudad, y en los carteles ponía: ¡¡¡Ayúdanos a salvar el planeta!!!

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3º Primaria CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—


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BALTO Y BALÚ Había una vez un león pequeño que se llamaba Balto. Un día se alejó de la cueva donde vivía con sus padres, vio una lagartija y se puso a jugar con ella y a seguirla. Se alejó tanto de la cueva que no sabía volver y se hizo tan tarde que anocheció. Balto estaba tan asustado que se puso a llorar, temblaba de frío y un oso que estaba cerca lo oyó llorar y se acercó para ver qué le pasaba. Balto le contó que se había perdido. El oso le dijo: —Como ahora es de noche, te puedes quedar conmigo y mañana buscaremos a tus padres. El león tenía hambre, y el oso le dio truchas que había pescado en el río y moras, pero a Balto no le gustaron las moras porque los leones no comen fruta. Estaban tan cansados los dos que se durmieron muy pronto y muy juntos para estar calentitos. A la mañana siguiente Balto se levantó muy contento, pensó que todo había sido una pesadilla hasta que se dio cuenta de que estaba solo y que no era su casa .Entonces recordó lo que le había pasado y se preguntó dónde estaría el oso. En ese momento vio una sombra que entraba con un gran pescado, era Balú, porque así era como se llamaba el oso. —Después de desayunar iremos a buscar a tus padres— dijo el oso. —Muchas gracias por ayudarme. Y tus padres, ¿dónde están?— le preguntó el león. —No lo sé, no lo recuerdo. Siempre he estado solo. —Ahora vamos a buscar tu casa.

Iban caminando por el sendero del bosque mientras el león le contaba cómo era el lugar donde vivía, para ver si lo conocía. Había grandes montañas, un río que bajaba de la montaña y se convertía en un lago, grandes prados con muchos animales y al pie de la montaña estaba su casa. Entonces dijo el oso: —Ya conozco el lugar. No está muy lejos de aquí. Entonces dijo el león: —Bien, bien, pronto encontraré a mis padres. El león se tropezó con una rama y se cayó, empujando al oso y los dos rodaron colina abajo. Cuando por fin pararon y se pudieron levantar, vieron que estaban junto al lago y al lado de la cueva de Balto. Balto entró corriendo a ver a sus padres, que se pusieron muy contentos de ver que estaba bien. Entonces Balto les presentó a Balú y les contó cómo le había ayudado. Los padres de Balto le dieron las gracias. Y cuando se enteraron de que el oso vivía solo le dijeron si se quería quedar a vivir allí, que había muchos peces en el lago, muchos animales para jugar y mucho sitio en la cueva. Y así vivieron todos juntos felices y contentos.

Víctor Biota Lacosta

3º Primaria CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 1º A 4º PRIMARIA

OTROS RELATOS

TALADORES DE ÁRBOLES Érase una vez dos árboles que estaban hablando, vivían en el bosque. Se llamaban Lunero y Mechas. Estaban muy preocupados porque habían oído que iban a venir a talarlos. Una noche fueron los taladores a cortarlos cuando estaban durmiendo. Lunero y Mechas tenían mucho miedo porque escucharon el ruido de la motosierra. Los señores terminaron su trabajo por esa noche, pero volverían al día siguiente. Lunero y Mechas pensaban muy preocupados lo que podían hacer. Hicieron un plan: todos los árboles juntos asustarían a los taladores, tenían que estar preparados. Así que cuando se hizo de noche, hicieron muchos ruidos, se movían con mucha fuerza. Los taladores corrían y corrían, y tanto miedo tenían que cayeron en una trampa, y cuando se escaparon, nunca más volvieron.

Adrián Balta Blasco, Carlos Círez Álvarez, Montse Clemente Ciudad, José Carlos Cuenca Garcés, Carmen Fernández Álvarez, Goizeder Pascual Almandoz, Esther Gimeno Ribera, Ricardo Romeo Bisecas 1º Primaria C.R.A. «Luís Buñuel» —Pinsoro—

CUIDAMOS LA NATURALEZA Sara, Pablo y sus amigos se fueron a jugar como todos los días después del colegio. Cada día iban a un sitio cerca del pueblo, y les gustaba descubrir sitios nuevos. Un día descubrieron un sitio precioso, ellos nunca lo habían visto. Había muchas plantas, encontraron algunos animales: conejos, ardillas, pájaros… Había un río con el agua transparente. Allí se veían peces, renacuajos, ranas, insectos… Jugaron con los animales y lo pasaron muy bien. Les gustó tanto que se lo contaron a todos los niños del colegio. Al día siguiente, todos querían ir a ese lugar. Cogieron sus meriendas y algunas bicicletas y fueron allí. Algunos niños se divertían molestando a los animales, doblaban las plantas, arrancaban las ramas. Tiraban basura al suelo, al río. Cada día ese lugar estaba peor. Los animales estaban asustados y ya no se ( 174 )

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atrevían a asomarse. El río estaba sucio. El suelo estaba sucio. Las plantas se estaban muriendo. Sara, Pablo y sus amigos no sabían qué hacer para salvar ese lugar. Se arrepintieron de habérselo dicho a todos. Un niño trajo una noticia. Habían puesto columpios nuevos en la plaza del pueblo. Todos querían ir ahora a los columpios. Nadie se acordaba ya del lugar que habían estropeado entre todos. Sara, Pablo y sus amigos aprovecharon para limpiarlo todo, cuidar las plantas y cuidar a los animales para que volvieran a salir a jugar con ellos. Desde entonces van todas las semanas a cuidar ese lugar y no se lo dicen a nadie. Elisa Caudevilla López

3º Primaria CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—


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EL LINCE ECOLÓGICO Érase una vez un lince que vivía en un bosque contaminado y quería cambiarse a otro bosque que no estuviera tan mal como en el que él vivía. Ese mismo día cambió de opinión y pensó que si se marchaba, el bosque corría peligro. Así que llamó a sus amigos y propuso que le ayudaran a quitar todo lo contaminado y hacer un bosque mejor. Todos dijeron que estaban dispuestos menos la mofeta, que era muy vaga y le daba igual que el bosque estuviese contaminado. Entonces, el lince y sus amigos fueron a limpiar el bosque, aunque no lo terminaron. Al día siguiente, fueron a otro bosque que también estaba contaminado y el lince les dijo: -Si nos ayudáis a limpiar nuestro bosque, nosotros os ayudaremos a limpiar el vuestro. Los animales se quedaron pensando y al final aceptaron y se hicieron muy amigos. Al día siguiente todos fueron a limpiar el bosque del lince, limpiaron todo el bosque menos la casa de la vaga y contaminadora mofeta. Y, claro, la mofeta se enfadó porque sus amigos dejaron de limpiar su casa. La mofeta se enfadó tanto que decidió que por la noche iba a ir a ensuciar el bosque de nuevo. Por la noche fue a la ciudad más cercana y cogió latas, bolsas de basura, vidrios, botellas, etc. Le preguntaron a la mofeta la razón de haber ensuciado el bosque y dijo: -Lo he ensuciado por no haber limpiado mi casa. Después limpiaron su casa y los dos bosques. Una noticia insólita llegó al bosque. El rey tortuga les concedía un trofeo a los habitantes de los bosques más limpios y solidarios, y también el premio consistía en una gran suma de dinero para invertirlo en mejorar los bosques de la zona. El trofeo lo colocaron en medio del bosque en forma de monumento. Todos los periódicos de todos los bosques del mundo publicaron la noticia. Esto les dio más publicidad y cada vez tuvieron más turistas. Todos los habitantes del bosque, incluida la mofeta, intentaron a partir de entonces mantener limpio y cuidado su entorno, ya que se dieron cuenta de las ventajas que les traía. Todos estuvieron muy orgullosos de lo que habían hecho Elisa Montañés Rodrigo Adela Navarro Pueyo Clara Navarro Villarreal 4º Primaria CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—

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POESÍA DE 1º A 4º PRIMARIA

1er PREMIO DE POESÍA

En el año de la ASTRONOMÍA, un universo queremos construir. En el que haya soles, estrellas y planetas donde vivir. Llegaremos hasta el sol y viviremos mejor. Llegaremos hasta las estrellas y soñaremos las cosas más bellas. Y cuando lleguemos a los planetas uno a uno los visitaremos un montón. En la Tierra buscaremos ilusión. En Marte la comprensión. En Venus el amor. En Júpiter la razón. En Saturno destruiremos el odio. En Urano acabaremos con el tirano. En Neptuno lucharemos contra el mezquino. En Plutón, sea planeta o no, buscaremos tu corazón Alumnos de 1˚º Primaria. Grupo A. CEIP «Cervantes» —Ejea de los Caballeros—

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2º PREMIO DE POESÍA

ENCADENADOS DE PAZ Paz con cariño, cariño con amor, amor entre amigos, amigos de corazón, corazón con esperanza, esperanza con libertad, libertad bajo el arco iris, arco iris con rosas, rosas de paz, paz con ternura, ternura entre rosas, rosas de valentía, valentía con ilusión, ilusión con besos, besos de paz, paz para todos, todos por la paz. Alumnos 1˚ºA y 1˚º B Primaria

CEIP «Mamés Esperabé»

—Ejea de los Caballeros—


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OTROS POEMAS

LA RECICLADORA Esta casa tan molona se llama Recicladora. El medioambiente cura o por lo menos lo procura. Sus habitaciones de colores evitan los errores. Con el vidrio conseguimos otras botellas y cristalillos. Con el papel y cartón otros libros y cajas de valor. Con el plástico reciclado viviremos más años. Si todos contribuimos una larga vida recibimos. Alberto Martínez Laborda

4º Primaria C.R.A «Los Bañales» —Alera—

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POESÍA DE 1º A 4º PRIMARIA

OTROS POEMAS

IMITANDO A BÉCQUER III

IV

Tus manos son suaves y, cuando vengo, me abrazan.

Tus cabellos son como la luz de la mañana y, cuando saltas, parece que van a tocar el sol o los planetas.

Tus manos son como el mar y, cuando me acaricias la cara, sueño con estrellas de mar.

Tus cabellos son ondulados como las olas del mar y, cuando te bañas, brillan en el agua

Tus manos son como la nieve y, cuando sueño, brillan en las oscuridad.

Tus cabellos son negros como la noche y, cuando duermes, se reflejan en tu almohada.

Ana Celia Vásquez, Mar López, Denisa Neagu, Fernando Milchov, David Franco. 1º Primaria CEIP «Mamés Esperabé» —Ejea de los Caballeros—

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IMITANDO A BÉCQUER

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Paula González, Manuela Gómez, Javier Sancho, Pablo Marcellán, Adrián Lambán, Daniel Osanz. 1º Primaria CEIP «Mamés Esperabé» —Ejea de los Caballeros—


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MI PUEBLO

LA TIERRA ESTÁ LLORANDO

Desde mi ventana veo los árboles moverse, me saludan con sus ramas y me dicen: ¡No me tales!

La Tierra está llorando. El Mundo está llorando. La Tierra y el Mundo con naturalezas grises andando.

El suelo quieren tener limpio, no les gusta la porquería bolsas, botes y papeles, todo a la basura.

Han perdido sin querer sus zonas de verdes coloridos. ¡Ay, sus arbolitos de madera, ay, sus arbolitos maderos!

Cuando llueve se alegran. ¡Qué agua tan fresquita! Sus hojas se alborotan. ¡Por fin, agua limpia!

Un cielo grande y sin humo reforestar árboles querrá .

Todos juntos podemos cuidar de los árboles un poco más.

El sol brillante y redondo los colores les mandará. ALICIA CASTILLO PUEYO

4º Primaria C.R.A «Los Bañales» —Alera—

¡Miradlos qué sucios están! ¡Qué sucia está la Tierra! ¡Ay ,cómo lloran y lloran! ¡Ay ! ¡Ay! ¡Cómo están llorando! Alumnos de 2˚ Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 5º A 6º PRIMARIA

1er PREMIO DE NARRATIVA

OTRA OPORTUNIDAD Me llamo Joel, tengo 9 años y vivo en un pueblecito situado en el monte que se llama Desor. Yo no tengo amigos ni tampoco voy al colegio porque está muy lejos y mi madre no puede llevarme, ya que se va todos los días a trabajar vendiendo verdura y me quedo solo en casa. En cuanto a mi padre no lo he visto hace siete años, yo no sé por qué se fue. No recuerdo nada de él, sólo que por las noches mis padres gritaban mucho y otras veces no lo veía casi nunca en casa, pero creo que era porque no se llevaban bien. — ¡A desayunar!— grita mi madre y yo voy corriendo. Desayuno un poco de leche y me despido de mi madre dándole un beso en la mejilla porque ya se va a trabajar. Después voy a dar de comer a los animales, a coger verduras y a ordeñar las vacas. A la hora de comer me como unas cuantas zanahorias y un poco de leche con pan duro. Más tarde, voy a mirar a las gallinas e intento tocar sus pollitos, pero nunca lo consigo porque me pican y se me quedan las manos rojas. Pero no me duelen. Mi madre llega por la noche, pero solo cena ella, que no ha comido en todo el día. No sé, veo que me mira con cara cansada y me dice: — Anda, toma un poco de leche y vete a dormir.— Yo me encojo de hombros y le digo que sí con la cabeza, le doy un beso y me voy al colchón en el que dormimos los dos. Ella tiene que preparar todo para el día siguiente, así que vendrá luego a dormir. He notado un poco rara a mi madre, como si estuviese aún más cansada. — ¿Qué te pasa mamá?—le preguntó cuando llega. — Nada, cariño. —Me contesta— Solo que me estoy volviendo mayor y ya no aguanto tanto como antes— sigue diciendo, pero de todas formas le veo más rara y está más cariñosa conmigo. A la mañana siguiente me levanto, pero solo oigo los gallos que cantan, luego miro a mi lado y encuentro a mi madre dormida, la intento despertar pero no despierta. — ¡Mamáa, mamáa!— le grito un buen rato hasta que abre los ojos tocándose la cabeza. — ¿Qué te pasa?— le pregunto. — Nada, Joel, nada— me vuelve a responder. — Mamá, ¿no será mejor que hoy no vayas a

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trabajar?— pero no me contesta, me da un beso en la mejilla y se va a trabajar sin decirme nada. Luego me voy a desayunar y me pongo a pensar por qué mi madre está tan rara. ¿Será porque se aburre de mí? ¿O por qué ya no me quiere? ¿O también porque se está haciendo viejita?, me digo a mí mismo. Luego hago lo mismo que todos los días, es decir: dar de comer a los animales, coger las verduras y ordeñar las vacas, pero esta vez no tengo ganas de jugar con las gallinas ni de ponerme las manos rojas con sus picotazos. Cuando ya ha oscurecido espero a mi madre, pero no llega. Al cabo de un rato llegan unos hombres raros y uno de ellos me dice: — ¿Tú eres Joel?— yo digo que sí con la cabeza. — Ven con nosotros un momento— me dice el otro. Luego me llevan a un sitio raro y una señora me hace muchas preguntas: — ¿Cómo te llamas? ¿Cómo se llama tu madre?...— Yo no le respondo porque estoy muy asustado. Más tarde me llevan a una casa o una escuela donde hay muchos niños. Después de unos días me llevan a una casa grande y con muchas cosas, luego me presentan a unos señores que ya los había visto en la escuela, yo no entiendo nada y sigo esperando a mi madre, que no llega. Estos señores me cuidan muy bien y me dicen cosas bonitas. Después de unos días me dicen: — Joel, tu madre falleció el mes pasado. Yo no sé lo que significa fallecer, pero luego lo descubro y no me gusta nada. Quiero volver con mi madre y me echo a llorar, además echo de menos mis animales y la leche recién ordeñada. Pasan unos años y mis «padres» me dicen: — Joel, te diremos cómo falleció tu madre cuando seas más mayor, aún eres muy pequeño y no lo comprenderías. Esta nueva familia es muy buena, me compran lo que quiero y me dan de comer lo que me apetezca para que no me disguste, pero nunca olvidaré a mi madre. MONTSERRAT MERCHÁN RIVERA

11 años C.R.A «Los Bañales» —Alera—


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2º PREMIO DE NARRATIVA

AHORA SÉ QUÉ ES LA GUERRA Voy vagabundeando por las entrañas llenas de maleza de mi lúgubre ciudad. Está, mi ciudad enfrascada en un conflicto lleno de odio y rabia de unos, de angustia y pesar de otros, y nada bueno de ninguno... Es fácil de saberlo, vivo en Gaza, ese recinto rodeado de muros de hormigón. Desgraciadamente, todos los días sale en la tele reflejando la angustia y el dolor de familias como la mía, trabajadoras y justas que no merecen estar viviendo barbaries como esta. El otro día iba caminando por las calles de todavía mi bonita ciudad con mi buen amigo Ibrahim: —¡Mira, Adam! He encontrado un revólver— me dijo Ibrahim lleno de entusiasmo—. Luego ya no sería tan sorprendente, pues veríamos muchísimos. —Cuidado, no sabemos si tiene balas, mejor será no tocarlo. Deberíamos irnos a casa, ya está oscureciendo— decía yo, con tono de saberlo todo. —Vale, pero mañana volvemos— continuó Ibrahim. — Sí, de acuerdo— repuse yo. De este modo los dos nos fuimos caminando por nuestro particular recorrido, aunque el suyo más largo porque vivía en la periferia de la ciudad .Ibrahim vivía con su madre y su hermana mayor. Su padre había muerto por culpa de un ajuste de cuentas por dinero. Sin su padre su familia tuvo que seguir para adelante, y por tanto su madre se puso a trabajar en el mercado vendiendo pescado. Yo, en cambio, había tenido más suerte. Pues mi padre era un empresario rico y con fama. Por eso mismo vivía espléndidamente bien.

Por la noche oí un gran estruendo. Mi familia y yo nos levantamos rápidamente y, corriendo, salimos a la calle. Parecía ser de un cañonazo tremendo. Y así fue, era un cañón. A los pocos segundos ya se oían gritos y sollozos de la multitud. Mi familia y yo nos levantamos y salimos corriendo a la calle. De repente lo vimos todo. Gente corriendo, gritando, llorando al ver a sus conocidos ensangrentados, suspirando difícilmente y viéndoles por última vez. Muchos estaban muertos, otros heridos graves que inútilmente podían ser salvados por los esfuerzos de los médicos de la Media Luna. Me pregunté por qué. ¿Por qué esto a nosotros? ¿Qué habíamos hecho? ¿Por qué ese cañonazo, ese derrumbamiento y ese horroroso final? Después de ese suceso no pude dormir en toda la noche. Di vueltas a la cabeza. Una vez oí a mi padre hablar algo sobre la guerra pero no lo entendí, sólo sé que hablaba algo de guerra, nada más. Hoy lo he entendido todo. Y también he entendido por qué mi padre me ocultaba día tras día por mi bien lo que significaba la palabra GUERRA.

David Abadía Ramón

5º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 5º A 6º PRIMARIA

OTROS RELATOS

EL BOSQUE UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO Érase una vez, o dos o cinco, bueno eso no importa ahora. En un pequeño bosque a tres o cuatro millas del bulevar de los sueños rotos… ¡Uy!, esto de escuchar música mientras escribes no es buena idea. A tres o cuatro millas de Ejea, a dos millas de las casas de los nobles, se hallaba el bosque. En ese bosque vivían tres personas: Ángel, Diego y Andrés. No estaban muy contentos porque los nobles habían pensado mandar a diez u once leñadores a talar el bosque. Ángel pensó en tenderles trampas y Diego preguntó que de dónde iban a sacar el material. Ángel respondió que del bosque sacarían todo. Diego dijo que después de que los leñadores cayesen en las trampas les robarían las hachas y las tirarían al río. Andrés propuso llevar una carta diciendo que ya lo habían talado y así se hizo. Durante ocho años o meses o días, la verdad es que no se sabe muy bien cuánto duro exactamente, pero el bosque estuvo a salvo por lo menos durante dos días y medio, o al menos eso creo. Bueno, me despido como es habitual con el... fin o the end. Andrés Burguete Arbués

6º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

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PERDIDA EN EL BOSQUE Yo era una pequeña niña de siete años cuando vine aquí, a vivir a España. Antes vivía en Argentina, un lugar hermoso, pero tuvimos que venir por motivos económicos. España no es tan bonita: hay gente que tira basura al suelo, surgen más incendios que en Argentina y hay talas de árboles, o al menos eso creo yo. Yo me llamo María, soy una niña de nueve años, de estatura normal, soy morena y tengo los ojos verdes, soy curiosa, alegre y respetuosa, me encanta el medio ambiente y también me gusta cuidar de él. Un día soleado de primavera me fui de excursión con mis papás a dar un paseo por el bosque, no me gustaba nada la basura que veía en el suelo. Aunque fuese poca, estropeaba el bonito paisaje. Unos minutos más tarde me entretuve mirando un pájaro, mis padres me llamaron para que viniese corriendo, pero yo metida en mis profundos pensamientos no les escuchaba. Luego intenté volver, pero no sabía cómo y me perdí en el bosque. Sin saber qué hacer busqué un lugar cómodo y mullido para descansar, estaba muy cansada y también asustada, intenté dormirme pero no podía, así que salí a explorar un poco. Me encontré con un zorro, tenía un pelaje largo rojizo, era precioso. En ese momento el zorro me empezó a hablar y yo creía que deliraba, para mí era imposible, pero seguí escuchándole. Decía: —María, tienes que ayudarnos, tú eres el único ser humano que tienes el don de poder hablar con los animales. —Pero cómo podría yo ayudarles a ustedes, estoy perdida aquí, y no tengo a nadie que me eche una mano para salir de este lugar. —Oso Soso, yo, que soy Calixto, y los demás animales del bosque te podríamos ayudar a encontrar a tus padres… Calixto iba a terminar la frase, pero de repente le interrogué, diciendo: —¿Cómo sabes tú que me he perdido en este bosque intentando buscar a mis padres?


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—Porque te vimos escondidos entre los árboles, te estuvimos espiando —me respondió con un tono arrepentido—. Hagamos un trato. —Vale — respondí. —Mira, tú primero nos ayudas, y nosotros por la mañana, cuando acabes de echarnos una mano, te diremos un atajo para que puedas salir del bosque y poder encontrar a tus padres. —Vale, será un placer ayudaros —añadí— Bien… ¿y ahora qué he de hacer? —Un humano vino aquí de camping, y se dejó la fogata encendida, ayúdanos antes de que ésta se extienda. ¿Después nos podrías hacer otros dos pequeños favores? —¡Sí, pero vamos a darnos prisa, corre! En ese instante corrí como nunca había corrido, cogí unas botellas del suelo para llenarlas de tierra y agua. Después, le pregunté a Calixto dónde había un estanque en el que llenar las botellas, y fui tan rápido como pude. A continuación, volví donde se encontraba el fuego, eché el agua y la tierra. Menos mal que se apagó, porque no tenía más ganas de correr de noche en el oscuro y profundo bosque. —¿Qué más tengo que hacer? –pregunté. Oso Soso respondió: —Mañana por le tarde intentarán talar árboles, no lo podemos permitir, los árboles nos dan comida y hogar en el que vivir. —Tienes razón, pero eso no sé cómo podré detenerlo, así que lo dejaré para el final y de esta forma tendré más tiempo para pensar cómo hacerlo. —El siguiente favor no es complicado: tienes que salvarnos de las trampas de los cazadores, oí hablarles de que pusieron dos trampas en la zona Este del bosque. Saqué mi brújula y nos dirigimos hasta ahí. Una vez allí, cogí las dos trampas, y como no eran muy grandes las guardé en mi mochila. —Ya sé lo que vamos a hacer con lo de la tala de árboles. —dije con tono misterioso.

Cogí los tablones en los que ponía «COTO DE CAZA» y de la fogata que apagamos tomé un trozo de carbón para escribir detrás de los tablones: NO DESTRUYAS LAS CASAS DE LOS ANIMALES, LES DAN Y NOS DAN ALIMENTO Y AIRE QUE RESPIRAR. Ya era la una y cuarto de la tarde según mi reloj, así que como había ayudado a los animales, ellos fueron a buscar comida para mí, me dieron almendras, nueces, cerezas y una manzana para que recuperase fuerzas. Después me fui a descansar y a esperar si mi plan de los tablones funcionaba. Cuando vinieron los hombres con las motosierras, leyeron el mensaje que dejé. Unos minutos más tarde se lo pensaron, (debieron de pensar que no talarían el bosque) y se marcharon. Los animales me felicitaban y me lo agradecían, después se despidieron y Calixto me acompañó hasta el huerto al que le quitaban la fruta y los frutos secos. Allí me dejó, y un señor me preguntó qué hacía en su huerto, yo le conté que me perdí en el bosque intentando buscar a mis padres. Me preguntó dónde vivía, y nada más responderle me llevó hasta su coche y me trajo al pueblo en el que me alojaba. Observé desde la ventanilla que la policía me estaba buscando por los alrededores. Ese señor me dejó enfrente de la iglesia, la policía me vio y me llevó a mi casa. Mis padres abrieron la puerta con mala gana, pero al verme a mí les cambió el humor a los dos, brincaban y saltaban de alegría, y dijeron: —Bienvenida, cuánto nos alegramos de verte, hija, llevas casi dos días fuera de casa.

Pilar Palacio

6º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 5º A 6º PRIMARIA

OTROS RELATOS

EL LIBRO MÁGICO Laura y Pedro son hermanos. Laura tiene diez años y Pedro tiene ocho. Viven en un pueblo cerca de una gran ciudad. Normalmente, están aburridos porque son los únicos chicos de su edad en el pueblo. Aunque hoy, están muy contentos porque su abuela les ha traído un regalo. Es un libro sobre la naturaleza y tiene muchas fotos de animales, plantas y árboles. El libro les gusta mucho y en menos de diez minutos ya han llegado casi al final. Allí hay una llave y en la página siguiente una puerta dibujada. La llave entra en la cerradura. Los chicos se miran asustados, no saben qué hacer, pero deciden girar la llave, la puerta se abre y una voz les dice desde el interior: «pasad, pasad». Pedro no quiere, pero Laura decide asomarse y entonces se encoge y el libro se la traga. Pedro está asustado, no sabe si avisar a sus padres o seguir a su hermana, al final, decide asomarse también y sin darse cuenta aparece al lado de su hermana. Los dos están en el suelo, con los ojos como platos, nunca habían visto un lugar como aquél. Están rodeados de árboles, al fondo ven un río y una cascada, hay animales por todas partes, unos bebiendo, otros comiendo y los cachorros jugando. Pedro se frota los ojos, no puede creer lo que está viendo. De repente, un león se les acerca, pero pasa por su lado como si no los viera, y así es, porque descubren que los animales no pueden verlos. Se lo pasan en grande viendo de cerca todos los animales. Hay leones, rinocerontes, ciervos, conejos, cocodrilos... El agua es cristalina, los árboles están llenos de pájaros cantando. Parece que están en el paraíso, hasta que de repente ven a lo lejos árboles cayéndose y un gran Tiranosaurio Rex acercándose hacia ellos. Los chicos se asustan mucho aunque saben que no puede verlos. Pero se equivocan, el dinosaurio sí puede verlos, se ponen a correr y el dinosaurio los persigue.

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Entonces oyen una voz conocida, su abuela les está llamando porque ha encontrado el libro y la puerta mágica abiertos. Justo cuando el dinosaurio está a punto de aplastarlos, la abuela gira la llave haciendo que regresen a la habitación. Laura y Pedro no pueden creer lo que les ha pasado, en el libro no había ninguna foto de un dinosaurio, pero justo en ese momento una corriente de aire hace pasar una página del libro y aparece la foto de un Tiranosaurio Rex. Los tres se abrazan, su abuela tiene mucho que contarles.... CARLOS MAURERA ERTA

6º Primaria CEIP «Cervantes» —Pedrola—


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LA CAPTURA Había una vez un circo que era muy famoso. Un día, por la mañana, malabaristas, payasos, acróbatas y todos los demás del circo hicieron una gran reunión. — Nos falta algo — dijo el jefe. — Es cierto —dijo uno—. Podríamos contratar domadores de fieras y capturar algunas. — Es verdad — dijeron todos. — Pues mañana iremos a por fieras salvajes, que serán la nueva actuación. Mientras tanto, en el bosque la familia león y tigre vivían juntos y eran amigos. — A cenaaaaaaaaar — dijeron las madres. — Bieeeeeeeeen — contestaron los niños al unísono (dos tigres, Mika y Duna, y dos leones, Basim y Cala). Después de un rato llegaron los del circo. — Por fin estamos en el bosque, ahora dividíos y si veis algún felino lo cogéis, y si os pasa algo tocáis esta bocina que os voy a dar a cada uno. — Yo tengo un gatito — bromeó el payaso. — Nooooo, necesitamos un león o un tigre o un guepardo, da igual —le corrigió otro payaso. — Ja ja ja , seguro que cojo alguno y me suben el sueldo— dijo el forzudo. — Ja, no te lo crees ni tú — dijo el hombre de fuego. Mientras, los pequeños cachorros jugaban. — Mamá — dijo Cala ¿Por qué hay tanta gente por el bosque? — No lo sé, pero por si acaso venid todos. Mika, Duna, Basim ¡venid ahora mismo! — ¿Qué pasa? ¿Por qué estamos todos en casa? — dijeron padres y niños. — Porque han venido unos humanos y no creo que quieran ser nuestros amigos—dijo la madre león. Nos pondrán en jaulas o nos harán pasar por anillos de fuego como a mi tío Chal. — Estad callados y no pasará nada — dijo en voz baja el león. Al cabo de diez minutos los del circo se volvieron a reunir.

— Ya estamos todos, ¿alguien ha encontrado algo aunque sea una cría de león? Nooo, no, yo no. Yo tampoco, ni yo… Nadie había encontrado ni rastro de fieras. — Si no salen, nosotros haremos que salgan. Y eso fue lo que hicieron. Como los animales sabían lo que iban a hacer enviaron a dos mosquitos a ver qué pasaba en los camerinos del circo. Los mosquitos se enteraron de todo lo que tramaban los del circo. — Oh, no me digáis eso mosquitos, tendremos que ponerles una trampa — dijo la leona Al día siguiente fueron los del circo con una motosierra. —Ja, ja, ja, ja, tontos animales, talaremos todo el bosque. Pero de repente el forzudo se cayó en un hoyo, al payaso le saltó un mono en la cabeza, al acróbata se le cayó un árbol…Y así uno a uno se fueron yendo del bosque. — Pepepero… no me podéis dejar aquí solo, ¿no? ¡Aaaaaaah, yo me voy pitando! —dijo el jefe. — Yupiiiiiiiiiiiiiii — gritaron todos los animales del bosque. — Y ahora iremos a salvar a todos los animales que fueron atrapados por esos del circo — dijo la leona. Y así termina felizmente esta historia con el siguiente mensaje: No hay que maltratar a los animales porque ellos

Elena Melero Planas

6º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 5º A 6º PRIMARIA

OTROS RELATOS

EL ÁRBOL LUMINOSO Érase una vez un bosque dejado de la mano de dios. Un día estaban preparando el árbol de navidad y dijo el alcalde: — Estas navidades serán especiales, pondremos el abeto lleno de luces y estará todo el bosque lleno de luz y color. Entonces Fox, el zorro del bosque, no estaba de acuerdo con la propuesta del alcalde y dijo: — Alcalde, me parece bien que quieras poner luminoso el bosque, pero la energía y el dinero no son fáciles de conseguir. —Está bien. —dijo el alcalde— Buscaremos una solución. Estuvieron varias horas buscando una solución lógica hasta que saltó Fox: — ¡Ya lo tengo! Podríamos generar energía con movimiento, así no gastamos energía y no cuesta mucho dinero. — Bien Fox, has buscado una buena solución para la navidad, además los árboles y ciudadanos estarán contentos porque habrá menos contaminación. — Sí y además las ardillas son hiperactivas y las ruedas de hámster les vienen perfectas. — Bien, construyamos los «bártulos» necesarios para hacer energía.

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— Rudolf, llama a las nutrias, ellas saben construir bien. Vosotras, ardillas, calentad para que no tengáis agujetas y usted, señor conejo, llame a la banda de música La Cigarra Cri Cri. — Pasaron varias horas... — ¡Ya está! —exclamó Fox— Estas navidades serán chulas. Todos se pusieron en movimiento y parecía magia. ¡El árbol se iluminó! El bosque destacaba en toda la zona lleno de luz y color. Todo el bosque estaba alegre y la navidad salió ecológica y económica.

Sergio Gómez Crespo

6º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—


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POESÍA DE 5º A 6º PRIMARIA

1er PREMIO DE POESÍA

PREPARANDO LOS DEBERES Con un gesto muy pausado voy abriendo mi mochila, lo primero que he sacado mi cuaderno color lila.

2º PREMIO DE POESÍA

LA SUERTE ESTÁ ECHADA En un bosque sin flores y sin robles una bella doncella se escondía entre las sombras. Huía de unos sueños que la amaban y la mataban.

Poco a poco voy quitando todo lo que me conviene, de esta forma voy vaciando casi todo lo que tiene.

La bella doncella llegó a un poblado y les contó a sus lugareños por qué huía de unos sueños.

Tengo todo ya apartado y comienzo a revisar los deberes que han mandado, para luego irme a jugar. Sofía Villa Bernad.

5º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

Después de largas deliberaciones decidió que se unían a la batalla de los 1500 años. Cuando estaban a punto de empezar a pelear, un lugareño le dijo a su rey: «No podremos con ellos, son unos sueños, sus reyes son crueles, son cual jinetes fuertes que se enzarzan en la batalla sin dar cuartel, son como sombras, desaparecen sin dejar rastro. No podemos con ellos.». Y el rey le contestó: «No estoy seguro de que ganemos, pero de una cosa estoy seguro, de que, como dijo Julio César, Alea iacta est. La suerte está echada.» Víctor García Bernal

5º Primaria «Colegio Bajo Aragón (Maristas)» —Zaragoza—

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POESÍA DE 5º A 6º PRIMARIA

OTROS POEMAS

MI AMIGA LA NIEVE

EL MEDIO AMBIENTE

Con la nieve a mi alrededor que todo lo cubre con su blanco color.

Nos preocupa el medio ambiente, debemos ayudar a toda la gente. Es bueno ser consciente antes de que la Tierra se caliente.

Blancos los prados, blancas las flores, blancos los setos, antes de colores.

Hay que cuidar la naturaleza pronto y con destreza, colaborar para quitar la maleza siempre utilizando la cabeza.

Jugamos los niños con gran alegría. ¡Nos gustas, nieve, aunque estés fría!

Evitar el desastre de la Tierra es nuestra obligación. Más medio ambiente y menos guerra, menos contaminación.

Pasarán los días, la nieve se irá, pero mi amiga la nieve pronto volverá. Javier Zalba

6º Primaria CRA «Los Bañales»

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Álvaro Aguerri Galindo

5º Primaria CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—


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EL HELADO

MENUDAS CASTAÑAS

Son de todos los colores y de todos los sabores.

Menudas castañas hay en la castañada. Hay calentitas para las abuelitas. Los abuelitos comen pastelitos. Mientras nosotros jugamos a futbito. Los padres comen sin parar y parece que van a reventar. Nosotros les decimos ― ¡Que os vais a empachar! Menuda castañada hemos organizado. Espero que nadie se vaya enfadado. Me parece que todos se han alegrado. y nosotros más porque mañana es sábado. Nos vamos con la moral muy alta, y yo aún con las castañas en la garganta.

Como blanco, negro o rosado, yo de helado me pongo morado. Los hay en forma de estrella, de espiral o de fantasma y se los come Mariano en forma de pie y de mano. A mí me gusta el helado porque me lo como bailando.

Talía Herranz Carnicer.

5º Primaria. CEIP «Ferrer y Racaj» —Ejea de los Caballeros—

Luis Mené Manero.

5º Primaria CP «Santa Engracia» —Santa Engracia—

EL GRIFO Hay grifos de color plata y están en la pared como una lapa. Hay grifos de color dorado, como el que tiene mi tía en el prado.

Con ella regamos las plantas y flores y salen de muchos colores. Nos bañamos en la piscina y también en el baño de mi prima.

Lo que sale del grifo es trasparente, con lo que limpia mi abuela las lentes. Es inodora e insípida y mi madre hace la comida.

Cuando voy a la peluquería, sale del grifo agua caliente y fría. Y termina esta poesía porque se me ha roto la tubería.

Bernardo Mayayo

5º Primaria CRA «Los Bañales»—Sádaba—

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NARRATIVA DE 12 a 15 AÑOS 1er PREMIO DE NARRATIVA

LITERATURA JUVENIL

2 DE MAYO, MI HISTORIA María Espés Vega 4º ESO. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

¿Quién mejor para animar o incitar

a un joven a leer que un joven creador con quien poder identificarse y sentir cercanas las peripecias de sus personajes de ficción?. Su literatura es apta también para todos los jóvenes de espíritu. Con sus relatos nos hacen viajar al mundo de la fantasía, al pasado o al futuro y nos hacen vivir lo que nunca viviremos. Otras veces nos sorprenden por su cotidianeidad no exenta de lírica. Con sus poemas llenan nuestro corazón de sentimientos, con esa magia que sólo las palabras pueden suscitar.

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Y

o, Agustina Raimunda María Zaragoza Doménech, una zaragozana sencilla y normal, me encuentro en Madrid, por un contratiempo familiar, ante un hecho insólito. Hoy, 2 de mayo de 1808, el pueblo se está enfrentando a los franceses al ver que se llevan a nuestro último infante en el palacio Real, Francisco de Paula, que es arrestado por dos soldados franceses. Intentamos sublevarnos contra su poder ya que quieren que esté al frente de nuestro país un francés, José Bonaparte, hermano de Napoleón, y no lo podemos permitir. Yo soy mujer pero ante todo española y no pienso permitir que los franceses gobiernen a sus anchas mi país. Lucharé por mi patria y por su libertad hasta el día en que muera, ya sea luchando o por cualquier otra cosa, pero nunca tiraré la toalla. Juntamos todo lo que podemos, armas, hombres, mujeres, reclutamos a cualquiera que quiera defender sus derechos y ser libre. Constituimos así partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos, algunos de ellos militares. Aunque de momento esto no parece suficiente, los franceses aprisionan y fusilan a nuestros soldados y matan a todas sus familias, roban nuestras provisiones y se apoderan de nuestras armas y munición. El grupo en el que yo me encuentro está comandado por el militar Luis Daoiz. Intentamos sobrevivir a los ataques franceses y de momento lo conseguimos. Creo que esta noche vamos a refugiarnos en las afueras de la ciudad en un pequeño escondrijo conocido por el capitán, que es imposible que conozcan ningún francés y muy seguro. Mi capitán me ha aconsejado que vuelva a Zaragoza y que reclute soldados, hombres, mujeres, y que salga a la batalla, que luche y que venza a todo francés que se ponga por delante, y eso es lo que voy a hacer. Mañana junto a otros compañeros volveré a Zaragoza a luchar por mi patria, por un sendero que mi capitán ha dicho, «seguro y rápido». Esperamos no encontrarnos ninguna tropa francesa pero vamos a la aventura sin saber lo que nos deparará el futuro, sin saber si algún día llegaremos a nuestra meta, ser libres.


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2º PREMIO DE NARRATIVA

LA RUEDA DE LA VIDA Marina Viñerta Tomás 3º ESO. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

E

l comienzo de esta historia es el comienzo de la historia de la vida, de cómo se formó el mundo y qué pasará cuando este termine. El principio del fin y el fin del principio. Ángeles y demonios, siempre unidos, siempre separados, distintos objetivos y un mismo destino: el equilibrio. Ángeles con el poder de crear, curar, volar, destruir y crear agua y aire… Demonios con el poder de destruir, escalar y moverse bajo tierra con facilidad, crear y destruir: fuego y tierra… Sus poderes principales son los de crear, para los ángeles y destruir, para los demonios; solo pueden usar los poderes principales de la raza contraria con sus elementos de la naturaleza: agua, fuego, tierra o aire. Entre ellos se distinguen fácilmente. Los ángeles tienen alas y una corona de oro flota sobre su cabeza y los demonios tienen cuernos y una cola que termina en cabeza de flecha. Por una casualidad de la vida se habían relacionado entre ellos y habían creado una nueva raza a la que denominaron raza humana. Al crearla, pensaban que formarían una raza con los poderes de las otras dos, pero, por el contrario, se creó una raza sin ningún poder: ni siquiera tenían cuernos, ni alas, ni colas, ni coronas. Era una raza neutral y secundaria, pero tenía algo que las otras dos no tenían: los sentimientos de ambas, el odio y maldad de los demonios, y el amor y bondad de los ángeles. Hubo una vez un ángel hembra y un demonio macho que tuvieron trillizas, pero no fueron trillizas normales. Lo esperable es que hubieran sido tres humanas, pero, en realidad, fueron una humana, una demonio y una ángel. Los padres de las trillizas mintieron. Hicieron creer que tenían diferentes edades y que eran de diferentes padres. Por ejemplo, de la pequeña ángel dijeron que era de su madre y de otro ángel, y así con sus otras dos hermanas. Las tres sabían desde el principio que eran hermanas. Se decía que, antiguamente, tres reinas de las tres razas cambiaron el mundo y el nombre de esas tres reinas fueron los que sus padres les pusieron a las trillizas: Gisella la ángel, Dallan la demonio y Lisdanlad la humana. Había grandes peleas entre las razas, todas vivían sobre la tierra y el espacio escaseaba. Cuando las trillizas eran aún adolescentes, crearon un plan

para que todos vivieran en armonía y fue aceptado. El plan consistía en asignar un reino a cada raza. El reino de los cielos se asignó a los ángeles, a los demonios el reino de los infiernos y a los humanos, al ser una raza neutral, el de la tierra. A las razas les pareció una idea tan maravillosa que las nombraron reinas: cada una, reina de su raza. Para reconocer su puesto en la sociedad, les fabricaron unos brazaletes únicos: finas láminas de plata que rodeaban el brazo y acababan en espirales. La plata que se usó no era una plata común; fue forjada con los cuatro elementos. Cada brazalete contenía en su mayoría dos elementos, excepto el de la reina humana, que contenía la misma cantidad de cada uno. El de la reina ángel contenía más agua y aire que el de la reina demonio, que contenía más fuego y tierra. Las tres reinaban siempre con mucha inteligencia. Cada diez años se reunían para debatir sobre el funcionamiento de sus reinos. Llegó el día y Gisella y Dallan se encaminaron hacia la sala de reuniones, que se encontraba en el reino de la tierra, ya que era el más accesible para las tres razas. Cuando las tres estuvieron solas para debatir, Gisella tomó la palabra: ― Dally, Lis, ¿os acordáis de lo que os conté en el centenario de la separación? ― ¿El qué? ¿Lo de que uno de los edificios de nube que encontrasteis en el reino de los cielos, cuando os trasladasteis, era una biblioteca? ¿A eso te refieres Gise? ―preguntó Dally. ― Hace ya ciento diez años que nuestros reinos se separaron y nos nombraron reinas… y lo que nos queda, porque aún somos muy jóvenes ―dijo Lis melancólica, fuera de la conversación de sus hermanas. ― Bueno, el caso es que en esa biblioteca encontré un libro muy interesante. Parece ser que, antiguamente, los reinos también habían estado separados y que ya existía la raza humana, pero que, en un momento de la historia, desapareció y la gente se olvidó de ella. Después, sin saberlo, volvieron a crearla. Mirad lo que pone en este párrafo ―dijo Gise y le pasó el libro a Lis. ― «Cuando la tierra se suma en el olvido y muera, los seres de cielo e infierno revivirán y les darán vida a ellas. Las tres serán una y la una lo será

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NARRATIVA DE 12 a 15 AÑOS 2º PREMIO DE NARRATIVA

todo ―leyó Lis―. Después, la rueda seguirá girando hasta que la una que lo es todo muera y la historia volverá al principio: el principio del fin y el fin del principio». Las trillizas se miraron unas a otras sin acabar de entender el mensaje. Pasaron un buen rato intentando comprenderlo, pero terminaron por dejarlo. A lo mejor no era importante y se estaban rompiendo la cabeza para nada… Pasaron los días y las tres no dejaban de pensar en la misma frase una y otra vez: «Las tres serán una y la una lo será todo», una frase que lo decía todo y a la vez no decía nada. A Gisella le llegaron informes de varios asesinatos cometidos por demonios sobre ángeles y humanos. Decidió hablar con sus hermanas, pero solo contestó a la llamada Lisdanlad. ― ¿Se puede saber qué está pasando? Ángeles y humanos están muriendo a manos de demonios y Dallan sin dar señales de vida ―dijo Lis. ― Y que lo digas…, pufff..., ¡oh, no, no, no, no…! ―respondió Gise nerviosa. ― Ni lo pienses, no lo digas, que no se te pase por la cabeza… ―dijo Lis. ― ¿Y si es Dallan la que está matando a los ángeles y humanos? ―preguntó Gise, como si al decir eso fuera a ocurrir una catástrofe. ― Te dije que no lo dijeras. No querían decirlo, no querían ni pensar que su hermana pudiera llegar a hacer algo así. ― Decidlo, no pasa nada. Además, os contaré por qué lo hago; porque creo que estáis un poco perdidas ―dijo de repente Dally―. Lo que estaba escrito en el libro quería decir que las tres razas formarán una que dominará el mundo y yo voy a crear esa raza. Solo necesito sangre pura de ángel, de humano y de demonio. ― ¿Y para eso tenías que matarlos? Seguro que no has matado ningún demonio ―dijo Gise. ― No. Porque la sangre de demonio es la mía ―dijo Dally. ―¿Y por qué los matas a ellos y a ti no? ―preguntó Lis. ― En la mezcla de las tres sangres no puede predominar la de demonio. Tenemos la sangre muy roja y, en lugar de una raza ideal, podría provocar la destrucción del mundo. Solo la sangre de un ángel especial y un humano especial puede mezclarse con la de un demonio a partes iguales, si los tres son hermanos o hermanas.

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― ¡Oh, no! No, no y no. ¿No pretenderás que…? Ni pensarlo, me niego rotundamente y Lis también se niega, ¿verdad, Lis? ―dijo Gise, dirigiéndose a Lis. ― Sí, claro que me niego ―dijo Lis. ― Si os negáis, declararé la guerra y podéis estar seguras de que venceré ―dijo Dallan. Y desapareció por la puerta. Se miraron impresionadas. Gise, muy enfadada, dijo: ― Una guerra entre nosotras… Somos trillizas, no podemos… Entre nosotras, no. Pero, al final, tuvieron que prepararse para ella, Lis no podía luchar porque pertenece a una raza neutral. Por lo tanto, su raza no pelearía. Ángeles contra demonios, demonios contra ángeles, otra vez y para siempre. Ambas razas se prepararon para la batalla. Los humanos supervisaban la guerra, puesto que se celebraba en su reino. Los ángeles son pacifistas, así que en las guerras solo se defienden: no luchan. Todo lo contrario que los demonios, por supuesto. Gisella, montada en un caballo alado, el animal más representativo de los ángeles, descendió de su reino seguida de todo su ejército. Dallan, montada en un unicornio, el animal más representativo de los demonios, ascendió del reino de los infiernos seguida también de todo su ejército. La batalla duró 65 días y 65 noches sin descansar. Muchos ángeles murieron por heridas causadas por los mejores combatientes demonios y muchos demonios murieron por el agotamiento de pelear contra los mejores defensores ángeles. La última noche, minutos antes del amanecer del día 66, Dallan frente a Gisella, Gisella frente a Dallan. Todas las fuerzas de ambas razas se encuentran listas para lanzarse contra la contraria. Dallan corre hacia Gisella, Gisella hacia Dallan y, antes de que las fuerzas colisionaran, Lisdanlad aparece en medio sobre un caballo y… La tierra se sume en el olvido y muere. Las tres reinas yacen sobre el suelo, formando lo que parece una rueda que gira, pero esta rueda está inmóvil. De repente, los seres de cielo e infierno renacen. Como zombis arrastrados por una fuerza extraña, se acercan a sus reinas y colocan su dedo sobre su brazalete monárquico: los ángeles en el de la reina ángel y los demonios en el de la reina demonio. El brazalete de la reina ángel comienza a brillar y desprende una luz azul cegadora, muy luminosa, al mismo tiempo que el brazalete de la reina demonio desprende una luz roja de la misma intensidad. Cuando las dos luces chocan, se fusionan


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OTROS RELATOS

y convergen sobre el brazalete de la reina humana, el cual comienza a desprender una luz de un color amarillo muy brillante. La luz que surge del brazalete de la reina humana baña todo el campo de batalla y devuelve a la vida a todos los humanos que allí yacen. La rueda que forman las tres reinas empieza a girar y las tres se hacen una y esa una lo es todo. Las tres se fusionan en una sola persona que se recubre de luz de los tres colores. La Una Que Lo Es Todo eleva los brazos hacia los tres animales en los que estaban montadas las reinas: el caballo alado, el unicornio y el caballo, y los une formando un único animal con el cuerpo del caballo, el cuerno del unicornio y las alas del caballo alado. Ella cabalga y desaparece en la luz. Durante generaciones se la ha llamado de diferentes formas GLD, La Una Que Lo Es Todo, La diosa, La salvadora, Ella…, pero nunca por su nombre verdadero: Gisella‒Lisdanlad‒Dallan. Esto es lo que pasó en realidad, este es el origen de la vida. La vida es una rueda que gira y siempre sucede lo mismo, pero nunca nos acordamos de lo que fuimos en la otra vida, eso solo lo sabe Ella. Podéis considerar esto una leyenda, una creencia diferente, esto puede ser lo que en verdad pasó o puede ser una historieta que, en un momento de aburrimiento, ha escrito una niña de 14 años que tenía papel, bolígrafo y un poco de imaginación.

EL ENAMORADO DE LA FLOR Edurne Iriondo Aznárez 3º ESO. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

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e llamaba Paulo y desde niño sentía un gran amor por las flores. De pequeño, le gustaba ayudar a su tío Henry. Él era un gran jardinero y también le gustaban mucho las plantas; sabía muchos cuentos y leyendas, cada cual más alegre y sorprendente. A Paulo le encantaba pasar las tardes de verano en el jardín, con Henry escuchando los más bonitos relatos. Su preferido era el que hablaba de la Flor de la Vida, «posee el perfume más embriagador jamás conocido», solía contar su tío. «Además se dice que su perfume te hace inmortal; imagínate Paulo, ¡inmortal!, el sueño de cualquier hombre.» Ya siendo un joven, Paulo empezó a interesarse por la jardinería y, especialmente, por aquella flor del relato. Preguntó a cuantos conocía y buscó información, mucha información. Un día, decidió partir en su búsqueda. Recorrió el planeta durante muchos años. Conoció hombres, mujeres y familias enteras, de distintas razas y religiones, cada una con su forma de pensar. Hizo amigos, enemigos e incluso creyó haber encontrado la persona con la que compartir su vida; pero siempre recordaba su Flor, su único amor en este mundo. Soñaba con flores, buscaba flores y hablaba de flores, su vida giraba en torno a la Flor, pero nunca la encontró. Buscando la Flor de la Vida, se olvidó de vivir. Dejó de relacionarse con su gente, entonces ya solo pensaba en cómo y dónde conseguirla. Regresó a casa y se encerró en su invernadero, pasó dos años sin salir prácticamente de ahí. Con sesenta y ocho años cumplidos, se empezó a dar cuenta de que olvidaba cosas importantes en su vida. Acudió al médico y este le comunicó que tenía Alzheimer. Pronto se olvidaría hasta de quién era, por fin en toda su vida se olvidaría de aquella Flor. Se alegró; ahora podría vivir la vida que había desperdiciado, mejor incluso que la que cualquier perfume hubiera podido concederle.

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NARRATIVA DE 12 a 15 AÑOS OTROS RELATOS

FANTASMAS DEL RECUERDO Javier Murillo Magdalena 4º ESO. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

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espertó con el periódico entre las manos. Un haz de luz marcaba el inicio de un nuevo día, se había quedado dormido leyendo los titulares sensacionalistas de todas las portadas. Consiguió ponerse en pie no sin dificultad acompañado del ruido oxidado de los muelles del sofá. Una fría ducha y una buena taza de café caliente sirvieron para afrontar un nuevo día. Salió de casa guiado por la rutina de su trabajo. Como un autómata se subió a su coche y puso en marcha un día lleno de incertidumbre. Era la misma ruta de todos los días que bien podría hacerla con los ojos cerrados, nada parecería que fuera a alterar un día tedioso como los otros tantos en lo que se había convertido su vida. De repente, ante sus ojos, se reprodujo el fantasma de su pasado: una muchacha de corta edad yace tendida en el asfalto mientras el responsable del atropello se da a la fuga. El bullicio de la gente que contempló el atropello se entremezcló con los duros recuerdos del pasado. Siete meses atrás vivió en carne propia esa misma situación, su hija murió por culpa de un temerario e irresponsable conductor que se dio a la fuga omitiendo su deber de socorro. Paralizado ante el inesperado golpe, no fue capaz de continuar al volante y volvió a casa. La oscuridad se apoderó de nuevo de su vida. En ese momento de desasosiego, el sonido del timbre le volvió a la realidad. Sin poder andar abrió la puerta, sin ninguna esperanza de que algo cambiase. Ante él, la figura conocida del comisario que años atrás había llevado el caso de su hija le hizo sentir multitud de sensaciones. Por un lado le entristecía volver a recordar todo lo vivido y por otro se aferraba a la esperanza de encontrar al culpable que había destrozado su vida. Y así fue, el comisario le notificó que gracias a un testigo ocular habían podido reabrir el caso y dar con el causante de la muerte de su hija. De pronto, una sensación difícil de explicar invadió todo su cuerpo, sentimientos encontrados luchaban en su interior. Una especia de paz amarga se adueñó de él, ya podía morir en paz, pensó. Por fin se había hecho justicia.

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PERDIDA POR LA BELLEZA 23 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Estoy desesperada, no aguanto más. No entiendo cómo una amante de la naturaleza y del deporte como yo puede encontrarse enjaulada entre estas cuatro sucias paredes. En esta celda me siento enlatada y todo huele a una asquerosa humedad. Además, tengo que compartirla con otras dos reclusas, Julieta y Mina, condenadas por tráfico de drogas. Las literas no dejan de crujir en ningún momento y su rechinar penetra en mi cabeza causándome una terrible histeria. No disponemos de baño en la celda y la angustia y el miedo hacen que continuamente tenga que bajar a la planta de abajo para orinar. Esto causa un atroz enfado en Julieta y Mina. Solo tengo un pequeño espacio íntimo donde colgar mis fotografías. En una aparezco paseando por mi tierra y siempre que la miro me produce mucha nostalgia. En otra aparezco en la Fontana di Trevi sonriendo. Echo de menos pasear por Roma y también por mi tierra, Figueras. Nunca habría pensado que siendo policía me habrían metido en este infierno. No lo soporto. Mónica 24 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Hoy no tengo muchas ganas de escribir. La angustia puede conmigo. Siento un dolor que me ahoga en el pecho. ¿Cómo he podido caer tan bajo? Aquí la gente me mira mal porque se han enterado de mi profesión y me han puesto un mote: «La polizia enamorata». Mis dos compañeras de habitación, dentro de lo que cabe, son bastantes majas. Te dejo ya porque es la hora de cenar y aquí la puntualidad es del máximo rigor. Mónica 25 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Quiero desahogarme contigo. Te voy a contar todo lo que me sucedió antes de llegar aquí. Yo trabajaba de policía en una de las comisarías de Roma. Antes vivía en Figueras, Cataluña, pero me gustó tanto Roma cuando vine de vacaciones que decidí trasladarme aquí. Empezó mi desgracia un día normal y corriente como otro cualquiera. Yo me fui a la comisaría. El día comenzó sin ningún altercado, pero después de tres horas sin trabajo llamaron de un gran banco donde se estaba perpetrando un atraco. Nos dirigimos al banco. Dos de mis hombres detenían al presunto ladrón, mientras yo estaba afuera esperándolos. En ese mismo instante salía el hombre más bello que jamás había visto. Él era bastante alto,


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Ana Abadía Ramón 2º ESO. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

estaba fornido, tenía el pelo rizado, castaño y tenía unos ojos verdes que eclipsaban a cualquiera. Parecía un modelo, era impresionante. Para mi desgracia, él era el ladrón. Me lo trajeron y, cuando me miró, se me cortó la respiración. Su mirada se clavó dentro de mi corazón. ¡ERA MOLTO BELLO! Lo siento, pero te seguiré contando mañana, es como de costumbre la hora de cenar. Mónica 26 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Te quiero seguir contando desde donde lo dejé. Trasladamos al ladrón a comisaría para hacerle algunas preguntas. Se llamaba Giuliano, tenía mis años, treinta; estaba en paro, era soltero y era su primer delito. Aparentaba estar arrepintiéndose de lo que había hecho desde el mismo instante en que lo apresamos. También daba el pego de ser una buena persona. Cuando le tomamos declaración, contó que el motivo del atraco había sido la enfermedad de su madre, se encontraba enferma y en una situación de miseria. Yo todo me lo creí, quién podía dudar de esa belleza y bondad que demostraba. A la semana, el juez impuso la condena. Le condenó a diez años de cárcel. Giuliano estaba destrozado, no paraba de llorar. Su desesperación se convirtió en la mía desde ese mismo instante. Te dejo, mañana te sigo contando. Mónica 27 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Giuliano me dio mucha pena. Su madre, enferma y él, en la cárcel. A veces pedía algún permiso para ir a visitarlo. Conforme iba conociéndolo, me caía cada vez mejor. Tengo que reconocer que me enamoré de él cuando su mirada penetró en mi corazón y por su considerable belleza. Un día Giuliano pidió que fuera a visitarle y fui. Yo pensaba que para hablar o algo por el estilo, pero no fue eso. Nada más entrar, me abrazó fuertemente y me besó con pasión, menos mal que nadie nos vio. Giuliano me confesó que se había enamorado de mí, que yo era su apoyo y que era bellísima. Le respondí que también sentía algo por él, pero que nuestro amor era como el de Romeo y Julieta, imposible. Me marché pronto, no quería hacerle daño a Giuliano, ni a mí misma. Hasta mañana. Mónica 28 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Cuando llegué a mi casa estaba desorientada, no sabía qué hacer. Me martirizaba la idea de dejar a Giuliano solo en la cárcel. Por la noche no pude dormir,

mi cabeza empezó a desarrollar planes para sacarlo de ese infierno. Por fin supe qué hacer, sacaría a Giuliano de la cárcel y los dos nos iríamos a Figueras. Su madre recibiría todas las atenciones para curarla de su enfermedad. Ahora tenía que averiguar cómo sacarlo. Después de varias horas pensando supe qué haría. Sabía que Giuliano debía comparecer de nuevo ante el juez porque su abogado había conseguido revisar su caso. Ese era el momento. Allí tendría que estar yo. Había leído en un libro antiguo de mi padre que existía un gas llamado de la risa. Sólo tenía que conseguirlo y echarlo en la sala. Giuliano lo sabía y debía aprovechar la ocasión para huir. Después se escondería en mi casa y me esperaría para escaparnos juntos. Así lo hice, lo liberé, fue a mi casa y volví para terminar mi trabajo en comisaría. Sin embargo, nada salió como deseé, fue un auténtico desastre. Cuando regresé a casa, ¡Giuliano no estaba!, se había fugado. Me dejó una carta en la que ponía textualmente: «Mónica, nunca te fíes de nadie. Hasta que el destino nos vuelva a juntar». Se me cayó el mundo encima, pronto vendrían por mí. ¿Cómo me pude creer todo? Fui una verdadera ingenua, las cartas se volvían en mi contra. Siento vergüenza hasta contándotelo. Adiós. Mónica 29 ‒ Mayo ‒ 2008, cárcel de Roma Así fue, me detuvieron. Desde hace un mes estoy aquí, pero aún me quedan cinco años más y encima estaré suspendida de empleo cuando salga. Menos mal que me he desahogado, no podía más. Me pregunto un montón de veces qué habría pasado si Giuliano no hubiera sido tan guapo. ¿Me habría enamorado de él? ¿Si no me hubiera besado, estaría aquí? ¿Dónde estará Giuliano? ¿Por qué fui tan tonta, después de años de experiencia? Supongo que, si no hubiera sucedido el día del atraco, no estaría aquí. Lo malo es que hay que aceptarlo, lo hecho hecho está, no hay marcha atrás. Cuánto daría ahora mismo por estar paseando tranquilamente por Roma o Figueras. Notando cómo mi cabello se mueve al ritmo del viento y notando la brisa fresca por mi cara. Los recuerdos habrá que guardarlos, porque ya nada va a ser como antes. Te dejo con una frase de Arthur Schopenhauer que describe el error que cometí. De momento solo te puedo decir un hasta pronto. Que nunca te equivoques como yo me equivoqué. «La belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones». Mónica

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NARRATIVA DE 12 a 15 AÑOS OTROS RELATOS

La luciérnaga Lilí Rebeca Pola Coba

¡H

ola!, me llamo Lili y estoy en la casa de Lucas, un humano. Pero antes de seguir con la historia quería deciros una cosita más sobre mí: soy una luciérnaga, sí, sí uno de esos bichitos que brillan por las noches. Todos pensaréis: «¡qué chulo!», pues no, a mí me parece horrible que tengamos que ser todas iguales. Los humanos sois todos diferentes y mostráis vuestros sentimientos y vuestra forma de expresaros con vuestras ropas e imagen. Pero ahora os voy a contar la historia de cómo conocí al pequeño Lucas: Todo empezó en una noche calurosa de verano. No sé si los humanos lo sabréis pero las luciérnagas no dormimos durante el día, sino por la noche. Eran malos tiempos y la gente no tenía apenas para comer, pues hacía mucho calor y hacía mucho tiempo que no llovía. Por esta razón, los cultivos eran muy malos y escasos. Mi pueblo se llamaba Tauste, o así era como lo llamaban los humanos, pero nosotros siempre lo llamábamos Villa Luz. Dentro de Villa Luz nosotros vivíamos en un matorral cerca de un río, donde, cuando estaba lleno y hacía mucho calor, mis amigas y yo nos bañábamos. Pero ahora el río estaba vacío. Yo tan solo era una niña cuando mis padres me mandaron a trabajar. Mi padre era el hermano del jefe de la fábrica: mi tío Nico, que es muy rico pero nunca nos ha ayudado en nada. Sin embargo, esta vez dejó que yo trabajara para él. Mi padre estaba muy contento, pues era la mayor fábrica de bombillas traseras, es decir, ganaría bastante sueldo. El tío Nico nunca había dejado que mi padre trabajara allí porque creo que tenía envidia. Pues mi padre siempre había sido el ojito derecho de mamá. Al día siguiente fui muy contenta a trabajar, llegué a la enorme puerta de la fábrica y llamé al timbre. ‒–Nombre, por favor –me contestó el portero automático con su dulce voz. ‒–Lili Luz. ‒–Lo comprobaré. Y seguidamente dijo: ‒–Adelante. Y la puerta se abrió dejando ver millones y millones de luciérnagas con carretillos transportando bombillas traseras. Me imagino que vosotros no sabréis lo que son, así que os lo voy a explicar. Estas bombillas son las que por las noches nos hacen brillar, y se colocan en la parte trasera del cuerpo: en el culo. Me recibió mi tío Nicolás muy amablemente y me dijo: ‒–Acompáñame, por favor.

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1º ESO. IES «Río Arba» —Tauste—

Me llevó a lo largo de la fábrica explicándome en qué consistía cada trabajo, las partes que tenía la fábrica… Íbamos subiendo plantas de aquella enorme fábrica hasta que llegamos a la última y me dijo con una sonrisa maligna: ‒–Bueno, pues aquí tienes que trabajar. Tienes que coger las bombillas que van saliendo por este tubo y rociarlas con tinta. Adiós. «Esto es muy fácil», pensé. ‒–Se me olvidaba: cuando llenas un carretillo tienes que bajarlo hasta la primera planta, que es la planta de revisión. Era más difícil de lo que pensaba, pero yo muy contenta de poder ayudar a mi familia me puse a hacer mi trabajo. Cuando llené un carretillo de bombillas bien luminosas bajé por las escaleras. Era mucho peor de lo que imaginaba. El carretillo iba dando saltitos y era una escalera muy estrecha. No, no la pude controlar y la carretilla se cayó. Una luciérnaga que trabajaba en la planta novena al oír el fuerte estruendo vino a socorrerme. Yo le expliqué lo que había sucedido y me explicó que en la parte trasera de todas las habitaciones había una cinta transportadora y que allí era donde tenía que dejar las bombillas. Hice caso. Yo llevaba a casa el dinero justo para mantener a la familia. En mi pequeña cabecita le estaba todo el día dando vueltas al asunto de que éramos todas iguales y, un buen día, en vez de echarle tinta normal a una bombilla le eché un tinte rosa y así conseguí ser diferente a los demás. Yo en ese momento no di ninguna importancia al haber hecho esto, pues no sabía lo que me podía suceder si me pillaban. Me puse la bombilla rosa en el trasero y fui a casa saltando, bailando y cantando porque estaba muy contenta. Todo el mundo me miraba muy sorprendida pero, justo entonces, apareció un policía muy robusto y me cogió del brazo mientras sonreía con malicia. Yo tenía miedo, mucho miedo. ‒–Tú te vienes conmigo, parece que eres muy traviesa. Vas a ir a un sitio que no te va a gustar nada: ¡la cárcel! Yo no contesté: estaba muy asustada y tenía mucho sueño, pues ya casi era de día. Me puso unas esposas y me llevo a la cárcel. Me metió y me dijo: ‒–Aquí tienes tu cama‒– y me tiro un viejo zapato de un humano pequeño. Entonces yo le pregunte: ‒– ¿Qué he hecho de malo? ‒– Mira detrás de ti.


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Y entonces comprendí que había alguna ley que prohibía hacer bombillas de colores o algo así parecido. Muy triste me metí dentro del zapato y me dormí. Cuando todavía era de día y teníamos que estar durmiendo, me desperté porque había oído unas vocecillas. Eran unos niños y hablaban de mí: ‒–¡Lucas!, mira qué jaulas hechas con palillos de dientes y dentro hay una luciérnaga con el culo rosa. Todos rieron y pensaron que el niño les había gastado una broma, pero poco después lo comprobaron con sus propios ojos: ‒–Yo la quiero; será mi mascota y la cuidaré. Y Lucas me cogió. En ese momento yo no sabía que Lucas iba a ser mi gran amigo y pensaba que se me quería comer. Yo gritaba pidiendo ayuda pero nadie me hacía caso. Todo el mundo corría de un lado para otro buscando refugio. Bueno, pues así es como conocí a Lucas. Pero aquí no se acaba la historia. Lucas me llevo a su casa y me construyó una a mí en una caja enorme de cartón. Me puso un trozo muy grande de algodón para que yo durmiera, y todos los días al acostarse me traía frutas y mucha comida: caramelos, chucherías, dulces… «Ya nunca volveré a pasar hambre y no tendré que volver a trabajar», pensé. La verdad es que allí se estaba muy bien. Me puso una radio que construyó él mismo, estanterías, televisión, sofás, baño, piscina, en fin, toda clase de comodidades. Pero un día me pregunté: «¿Y mi familia? ¿Cómo estarán?» Yo no lo sabía, pero mi familia estaba destrozada. Pasaban los días y yo me iba haciendo más preguntas hasta que un día decidí hacer lo que nunca jamás había hecho una luciérnaga: ¡comunicarse con un humano! Yo sabía que hablaba el mismo idioma que yo pero nunca había intentado hablarle. Me puse a gritar muy fuerte diciendo su nombre para que él me oyera pero resultó inútil. Lucas se acercó a darme de comer y yo volví a gritar. Esta vez yo pensaba que me había oído, pero se fue. Al poco rato volvió muy entusiasmado con un aparato bastante grande, lo puso cerca de mí y me dijo: ‒–Ahora ya puedes hablarme. Esto es un amplificador del sonido. Yo me quedé parada y muy asombrada pero comencé a hablar: ‒– ¿Me oyes? Para mi completo asombro, Lucas me respondió: ‒–Sí, a la perfección.

‒– Necesito ver a mi familia y darle algunas de tus comidas, por favor. ‒– Prométeme que no te intentarás escapar. ‒–Te lo prometo, aquí se está muy bien ¿Por qué querría yo escaparme? ‒–Pues… ¿a qué esperamos? Manos a la obra. Lucas fue a por su coche teledirigido y me metió dentro. Me llevó hasta Villa Luz y me robó una bombilla sosa e igual que todas las demás para que no llamara la atención. Llamé a la puerta de mi casa y mi madre me abrió con miedo. Pero al verme exclamó: ‒–¡Eres tú! ¡Qué alegría! Y me abrazó muy fuerte. ‒–Creíamos que habías muerto. Pero, hija mía, si te ven por aquí te van a meter a la cárcel. Vaya, qué mayor te has hecho ‒–decía mi madre mientras me daba besos. Lucas sacó la comida del maletero del coche teledirigido y se la dio a mis padres. Mi madre me dijo: ‒–Gracias, hija mía, pero yo quiero lo mejor para ti. Tú ya te has hecho mayor y tienes edad para irte de casa. Ve con Lucas y él te cuidará. Mi madre estaba llorando y me abrazó fuerte. Yo decidí que era lo mejor para todos y salí de casa. Justo cuando me iba a montar en el coche, Lucas les dijo a mis padres: ‒–Yo cuidaré de ella. Estad tranquilos. ‒–Adiós ‒–me dijeron mis padres. ‒–Adiós ‒–les dije llorando. Y me monté en el coche de Lucas. Lucas nos llevó a su casa y fue a su cuarto de inventos y se llevó su coche. Después de un rato vino con el coche, y me dijo: ‒–Lo he modificado para que se dirija desde dentro y en el maletero tienes un regalo. Abrí el maletero y ante mis ojos apareció la bombilla más preciosa del universo, en color rosa con rayas de colores. Lucas me dijo: ‒– No te mereces estar encerrada aquí, en esta casa. Ve con mi coche por todo el mundo y recuerda siempre que tú eres diferente. Lucas me sacó a la calle con el coche y yo muy contenta arranqué el coche y me fui a ver mundo. Recorrí casi todos los países y en cada uno de ellos tuve una aventura magnífica, pero eso ya es otra historia. La vida es preciosa y siempre está sonriendo. El día que la vida no tenga motivos para estar contenta, tú puedes hacerla reír.

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NARRATIVA DE 12 a 15 AÑOS OTROS RELATOS

VOCES

Carlos Murillo Almuzara 2º ESO. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

L

uis había recibido una grabadora como regalo de cumpleaños. Era un aparato pequeño, de bolsillo y en el que había centrado su atención los últimos días. Además de para jugar, Luis había encontrado en la grabadora otras utilidades. Una de estas consistía en grabar el tema que tenía que aprender y luego escucharlo una y otra vez, hasta memorizarlo. Era una tarde soleada, decidió salir al parque con ella y su libro de historia para grabar un tema. Había un lugar del parque al que le gustaba ir a sentarse, era un lugar junto al río en el que había unas grandes piedras dispuestas en círculo. El parque estaba muy tranquilo y pudo terminar la grabación sin interrupciones ya que nadie pasó por allí. Como solía hacer, después de cenar, en la cama puso en marcha la reproducción de la grabación y comenzó a escuchar. No había transcurrido la mitad de la cinta cuando escucho algo extraño. Rebobinó y escuchó atentamente, su voz se interrumpía y otra voz decía: «no me dejes Mónica» y nuevamente volvía a escucharse su voz recitando el tema. Después de volver a escuchar otras tantas veces esa frase, decidió dejarlo de lado y seguir escuchando el tema, pero al rato volvió a ocurrir: «Si me dejas no podré seguir viviendo». El tono de la voz sonaba apenado y triste y se escuchaba con toda claridad. ¿Cómo podría haber ocurrido esto?, se preguntaba una y otra vez. Pensó que tal vez la cinta sobre la que había grabado tendría alguna grabación anterior que no se borró del todo, pero por otro lado no recordaba haber grabado antes algo parecido. Aunque el resto de la cinta ya no tenía ninguna otra voz extraña, se quedó muy impacientado y al día siguiente hizo toda serie de pruebas de grabación sobre la misma cinta, pero ya no volvió a ocurrir nada anormal, por lo que poco a poco fue perdiendo el interés. Otra tarde soleada, Luis volvió al lugar del parque que le gustaba con otro libro y la grabadora. Por la noche al reproducirlo, se quedó de piedra,

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nuevamente surgían frases como «Mónica te lo ruego», «no lo soportaré»… Esta vez la cinta utilizada era diferente y las únicas coincidencias eran la propia grabadora y ese lugar del parque, ya que si realizaba la grabación fuera de ese lugar no ocurría nada extraño. Al día siguiente, nada más despertarse, buscó en Internet, concluyó que eran psicofonías, sonidos registrados en aparatos de audio, interpretados como voces de los muertos. Al leerlo, un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar en aquella posibilidad, por lo que al instante guardó la grabadora por un largo tiempo.


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POESÍA DE 12 a 15 AÑOS 1er PREMIO DE POESÍA

2º PREMIO DE POESÍA

VETE

MAR

Vete. Que no quiero ver tus ojos crueles. Que ya no quiero que hables, que digas que me quieres.

Soy de la religión del mar, la que predican las olas. Disfruto con los peces al nadar y al escuchar a las gaviotas.

No me engañes. No sonrías. No me abraces. No… Y ahora… vete.

Ana Cosculluela Bajén

Ana Cosculluela Bajén

2º ESO IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

2º ESO IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

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POESÍA DE 12 a 15 AÑOS OTROS POEMAS

TARDE DE INVIERNO Tarde de invierno, una gota cae sobre mi cuaderno. Hoy llueve, veo caer las gotas de la nube.

Yo no sé qué hacer en este lugar. Tal vez seguir o tal vez parar. Yo no sé qué hacer,

La nube llora. Llora y nace la lluvia. Agua y nada más. Que cae sin parar.

tal vez reír o tal vez llorar. Yo no sé qué hacer

Choca contra el suelo y se produce ese sonido único. ¡Oh tarde de invierno! Cuántas he vivido.

en este lugar.

Alejandro Fago Rubio

Ana Carmen Andreu

2º ESO IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

2º ESO IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

LA GUERRA DE GAZA Sus lágrimas son como el agua del mar, saladas. Su sangre es como un río bajando de la montaña. Los niños preguntan: «¿Dónde está mi familia?, ¿dónde está mi padre?, ¿dónde está mi madre?, ¿dónde está mi hermana?, ¿dónde está mi hermano?, ¿dónde está mi casa?, ¿dónde estoy?». «Estáis en la guerra». No saben dónde van, ni de dónde vienen. Niños y mujeres exhaustos, no tienen culpa de nada. El palpitar de sus corazones es como el de una máquina. Todos gritan: «PAZ, PAZ…». Nadie contesta, nadie puede hacer nada. Por caridad, por caridad…

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Zineb Mimouni 2º ESO. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—


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QUERIDO ABUELO ¡Ay!, abuelo, tú no te imaginas cuánto te echamos de menos. Levantarnos y ver que no estás, acordarnos de ti y pensar que te has ido, que nos has abandonado en este mundo maldito. ¡Ay!, abuelo, nos gustaría que no te hubieras ido, que aún estuvieras aquí para demostrarte nuestro cariño. Nos acordamos de ti cuando vemos tu foto y nos ponemos a pensar lo bien que te portaste con nosotros. ¡Ay!, abuelo, tú no te imaginas cuánto te echamos de menos. Aquí dejaste a tu mujer solitaria y entristecida que se acuerda de los días que pasasteis juntos en vuestra vida. ¡Y qué decir de tu hija que se acuerda de ti como cuando tú aún vivías! Tus nietas también nos acordamos y recordamos aquellos bellos momentos en los que te acompañábamos. ¡Ay!, abuelo, tú no te imaginas cuánto te echamos de menos.

Lorena Auría Soro 2º ESO. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

LA MADRE Cuando contigo me encuentro no me doy cuenta de que te tengo, sin decírtelo me ayudas a disipar todas mis dudas. Eres como una buena amistad que aunque no la veas siempre está.

Marina Abad Pérez 2º ESO IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

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NARRATIVA DE 16 a 20 AÑOS 1er PREMIO DE NARRATIVA

RECUERDOS

Paula Portero López 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

M

i abuela, como muchas otras, ha sido siempre una mujer muy fuerte. Tuvo que sacar adelante nada menos que a seis hijos, aunque eso era normal para la época, cuando por aquel entonces no se podía contar con la lavadora o el microondas. Mi abuelo trabajaba en un taller cerca de su casa, en un local situado en la misma acera y, cuando mis tíos comenzaron a crecer y a ayudar a mi abuelo, mi abuela tenía que estar siempre preparando sus deliciosas tortillas de patata, bien para los almuerzos o bien para cuando mis tías venían de estudiar. Mi madre fue la última en nacer de todos sus hermanos. Como mi abuela solía decir cuando me lo contaba de pequeña: «Pensé que era ya el retiro…». Y tras muchas tortillas llegué yo. Durante mis primeros cinco años de vida, su casa fue la mía. Jamás podré olvidar el sonido de sus zapatillas al pasar por la baldosa suelta del pasillo o cuando, sin querer, pisó un pequeño huevo de paloma que yo mantenía cerca de la estufa en un vano intento por incubarlo… Mi abuela, como muchas otras, tenía una obsesión: mi alimentación. Yo era una niña bastante delgada ya que no comía mucho, cosa que la frustraba, dado el apetito que ya le habían demostrado sus hijos. «Con lo guapa que eres, con lo lista que eres…, ¡solo te falta que comas un poquico más!», solía decirme casi todos los días… Cuando crecí y mi apetito adoptó un cambio radical, gozaba muchísimo viéndome rebañar el plato (casi siempre de su tortilla) y yo gozaba con ella. Cuando mi abuelo murió, algo de ella se fue con él, aunque trataba de ocupar su tiempo tanto como podía: pintaba, hacía manualidades, cosía… Todavía guardo varios pares de una especie de pantuflas que ella me hizo de punto…, bueno, a mí, a media familia y, por supuesto, a mis muñecos.

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Luego comencé a estudiar, ya no la veía tanto como antes y eso nos entristecía a ambas. Fue entonces cuando, como muchas otras abuelas, incluso aunque me hubiera visto el día anterior, decía que algún día no me iba a conocer… Hace poco, mi madre llegó a casa diciendo que mi abuela estaba un poco triste, así que decidí ir a verla un rato. Cuando llegué, pensé que mi madre nos había gastado una broma, mi abuela estaba eufórica. Me contó que acababa de volver de viaje. Se había ido con unas cuantas amigas y había hecho otras nuevas, quienes, aunque no se habían gastado ni una perra, lo habían pasado fenomenal y habían visto muchas cosas. También me dijo que había estado buscando algún regalo para nosotros, sus nietos, pero que no había visto nada que le gustase y que, para otra vez, ya nos traería algo. Yo la escuchaba embobada, hacía mucho tiempo que no le escuchaba hablar con tanto entusiasmo… En ese momento, llamaron a la puerta y mi tía salió a abrir. Al entrar, mi abuela señaló y dijo: «¡Es la monitora!». Me la presentó como la monitora de su viaje, con la que se lo habían pasado tan bien y quien había sido tan amable, y estuvimos charlando un buen rato. Al salir, la monitora y yo nos miramos y nos sonreímos. Por lo menos, mi abuela estaba feliz. Ya lleva varios meses sin salir de casa, no había ido a ningún viaje. Además, aquella monitora no era otra que mi madre, quien, como mis tíos y demás familia (así como muchas otras), nos hemos tenido que hacer a la enfermedad y a disfrutar de los escasos momentos que nos deja con mi abuela. De todas formas, yo tengo suerte, mi abuela, no como muchas otras, todavía hay momentos en los que se acuerda de mí…


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2º PREMIO DE NARRATIVA

ANA

Leticia Gayán Serrano 2º Bachillerato. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

S

e había levantado cansada, las ojeras en su rostro ya demostraban lo evidente, y desde hacía unos días su amor por Ana se había convertido en obsesión, obsesión por alcanzar la perfección. Tenía mareos, le dolía el estómago… pero a pesar de todo estaba feliz… feliz porque Ana estaba más presente que nunca, feliz porque la báscula marcaba dos kilos menos que la semana anterior y porque, a pesar de que todavía se veía enorme y de que todavía se encontraba lejos de su meta, ya empezaba a verse los huesos marcados en su piel, y además iba en muy buen lugar en la carrera de kilos. La comida le daba asco. Siempre tenía algún truco para esconderla delante de sus padres; pero, a veces, no tenía más remedio que comer, odiándose a si misma. Y en cuanto podía se escapaba al baño para vomitar lo poco que había comido. No todos los días se sentía satisfecha. Había días en los que rozaba la depresión y en los que su reflejo en el espejo se le hacía insoportable. A pesar de que la imagen que veía distaba mucho de la real, se preguntaba si todo ese sacrificio por Ana merecía la pena, si merecía la pena continuar, y sí, lo merecía, o al menos eso era lo que las demás princesas le habían dicho. Princesas se denominaban a sí mismas… la perfección, la extrema delgadez… todo por Ana o quizá por Mia... sí, los sacrificios eran muchos… pero, ¿quién dijo que ser una princesa fuera fácil? En su blog se comunicaba siempre que podía con las demás princesas y todas contaban sus progresos con Ana, se daban consejos sobre cómo esconder la comida, cómo disimular la delgadez para ocultar a sus padres la realidad… «Hola mis princesas, hoy me siento enorme, quiero ser por fin como nuestras thinspiration, quiero que se marquen mis huesos, quiero llegar a los 40 kilos, es mi meta más próxima, creo que he engordado y ayer, al estar con

mis amigos tuve que comer, fue horrible, princesas, pero hoy no va a ocurrir… hoy ayuno todo el día… todo sea por la perfección». Ese era el lugar donde podía desahogarse y mostrar realmente quién era, donde compartía experiencias, y donde las princesas se daban ánimos unas a otras, todas pasaban por lo mismo, millones de chicas que podrían tenerlo todo, pero que lo estaban perdiendo, todo por Ana: «Hola me llamo Anorexia, mi nombre completo es Anorexia Nerviosa, pero tú puedes llamarme Ana, pronto estaré contigo siempre, quizá hasta que la muerte nos separe. Entraré en tu vida despacio, comenzarás comiendo menos y con ejercicios suaves, pero pronto no podrás pensar en otra cosa que no sea yo. Estaré en tu colegio, en tu casa, en la calle, allí donde vayas, donde estés, estaré yo. Me convertiré en tu única amiga, en tu única confidente, en tu única creencia. Tu vida será la mía y yo seré tu vida. Juntas alcanzaremos la perfección y quizás llores cuando veas tu horrible cuerpo en el espejo, pero la satisfacción será mayor cuando al tocar tu abdomen descubras que donde antes había grasa, ahora sólo hay hueso. Pero necesitarás más, querrás que la báscula marque menos cada día, consumir menos calorías, hacer más ejercicio, querrás ser como aquellas que admiras, tu inspiración, no las olvides, este es tu camino para alcanzar la perfección» Continuamente escuchaba esas palabras en su cabeza, palabras que Ana le contaba. Pasaron los meses y las demás princesas se preocuparon porque ya no escribía en su blog ¿había dejado a Ana? No, la realidad era mucho más dura. Un día no volvió a subirse a aquella báscula que impaciente la esperaba en el baño, no volvió a observar su débil cuerpo reflejado en el espejo y distorsionado en su mente, no volvió a ocultar la comida ni a fingir que comía, Ana fue más fuerte. Alcanzó lo que para ella era la perfección, ser una princesa no es fácil y su precio es demasiado elevado: la vida.

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NARRATIVA DE 16 a 20 AÑOS OTROS RELATOS

AGONÍA ENTRE CUATRO PAREDES Sonia Abadía Labena 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

S

e oye un fuerte y acelerado latido de un corazón encerrado en una habitación, una respiración profunda e intensa, el temblar de todo un cuerpo y el sonido de unas desgarradoras lágrimas al caer. Pero aun así todo es silencio, porque él no se puede enterar, no hay que molestarle. Ella tiene miedo, está asustada, ya que siente que esta vez va a ser diferente. Busca refugio, ayuda, pero lo único que encuentra es soledad, porque él ya se encargó de que fuese así. Nunca llegó a pensar que la soledad doliese y a la vez asustase tanto. Acurrucada en un rincón, piensa por qué nadie la avisó, por qué nadie la advirtió de aquello. Recuerda todo lo que dejó atrás y de qué sirvió. Ya no encuentra explicación alguna ni motivos por los que seguir adelante. Cómo iba a pensar que todo acabaría así cuando él todas las semanas le regalaba un hermoso ramo de rosas, cuando él era el marido perfecto, su tan deseado príncipe azul. Pero ahora no puede dejar de pensar en la temida frase: «El que trae el dinero a casa soy yo», porque sabe que, cuando estas palabras se hacen un hueco en el oscuro y aterrador ambiente de su casa, nada bueno viene después. Y ahora, más que nunca, sentía el ardor en su cara marcada, pero solo podía callar y aguantar, callar y aguantar… (palabras que machacaban una y otra vez su mente). Pero, sin quererlo, sin poder evitarlo, la presión se apodera de ella, la estruja con su fuerte mano y se le escapa un pequeño gemido de dolor concentrado. Lamenta su mal acto porque sabe que él la ha oído. Cada vez los pasos son más intensos, más fuertes, preludio de lo que le espera cuando aquel monstruo cruce la puerta, ya se lo había advertido:

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«¡No me molestes! O te tengo que volver a recordar que, si no fuese por mí, no tendrías un techo bajo el que dormir». Tal como la había avisado, sus amenazas se convirtieron en hechos; con su sangre fría no le importó dejarla tirada en el suelo, casi sin poder moverse, pero los golpes recibidos durante los últimos meses han sido tantos que apenas le duelen. Tras desahogar sus puños, aquella temible fiera abandona la casa. Ella consigue sacar las pocas fuerzas que le quedan para ir hasta la cocina, coger el cuchillo más grande que tenía y esperarlo tras la puerta. Pasa el tiempo y, apoyada en la pared, se derrumba; se da cuenta de su extrema debilidad y de que nada podrá hacer para conseguir enfrentarse a aquella persona que tanto le hacía sufrir, que lo único que ganaría sería otra derrota y el dolor sería tan fuerte esta vez que ya no podría soportarlo. Sentada en el suelo y cabizbaja, observa su reflejo en la hoja del cuchillo y ve cómo una lágrima recorre su cara llena de marcas que muestran el calvario vivido el último año y medio. Sin pensarlo, levanta el arma y se dice a sí misma que hoy es su último día de sufrimiento, que nunca volverá a escuchar aquella frase que tanto la aterra, jura que ese desgraciado no le volverá a poner ni un solo dedo encima y que no le va a dar el placer de que sea su verdugo. Aprovechando el último suspiro, el último esfuerzo que podía realizar, hundió el cuchillo en aquel corazón que tanto había sufrido y que tanto había aguantado; apenas sintió dolor cuando el largo y frío acero atravesó su cuerpo insensible. Al poco tiempo, su corazón dejó de latir, pero, por fin, su alma se liberó de su maltratado cuerpo y pudo descansar en paz.


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UNA TARDE LLUVIOSA Iván Borja Pellicena 4º ESO. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

E

ra una tarde lluviosa de finales del mes de septiembre. El viento arrastraba a su paso las primeras hojas caídas que anunciaban la llegada del otoño. Desde la ventana de mi habitación veía a los guardias buscando todavía alguna pista que les condujera al paradero de Lawrence, el niño desaparecido hacía cuatro días. Aún recuerdo cuando me encontré con él el sábado, regresando a su casa después de una divertida tarde de juegos con sus amigos. Lloraba desconsoladamente. Yo le pregunté: ―¿Qué sucede? Pero él echó a correr sin mirarme siquiera. Me quedé parado en mitad de la calle y entonces escuché unos ruidos y unos gritos. No hice caso porque pensé que sería algún animal o alguien intentando asustarme y seguí mi camino. Al día siguiente vi unos carteles que decían: «Niño desaparecido» y debajo una foto de Lawrence. Me eché la culpa a mí mismo por no haber acudido en su ayuda cuando oí los gritos el día anterior. Los días siguientes ayudé a buscarlo por los alrededores del pueblo después de salir de clase, pero siempre sin éxito. El lunes los guardias nos interrogaron; a mí como posible testigo de la desaparición y a los amigos de Lawrence también, sin embargo no sacaron conclusiones. El martes pasó con relativa normalidad, pero la noche del miércoles fue una de las más extrañas de mi vida. Cuando los guardias se marchaban al anochecer, salí de casa, a pesar de la lluvia y de no saber muy bien mi propósito.

Me acerqué al lugar donde desapareció Lawrence. Caminé hasta un pequeño bosque con mucho follaje. Me adentré en él y tropecé con lo que parecía una alcantarilla. En realidad era un pozo subterráneo de no más de tres metros de profundidad. Estaba cubierto por una lona y oculto por la maleza que lo rodeaba. Me metí dentro y me quedé pensando sentado hasta que me dormí. Cuando me desperté estaba amaneciendo y pude ver una caja en la penumbra. Estaba cerrada con candado y camuflada con hojas. La conseguí abrir a golpes. Dentro había un montón de documentos. Eran papeles en los que aparecían todos los habitantes del pueblo junto a sus datos y sus fotos. Seguramente esos papeles eran de una sociedad que nos espiaba. Rebusqué en los documentos hasta dar con el de la familia de Lawrence. Había una «X» en rojo escrita en el borde superior derecho. Posiblemente lo hubieran escrito los secuestradores. Miré otros papeles con esa marca. Sólo había uno más: el de mi familia. Corrí a mi casa y me preparé el desayuno. No les conté nada a mis padres. Esa noche se fueron a cenar fuera y aproveché ese momento para avisar a la policía. Vinieron dos agentes a los que les conté la historia, pero parecía que no me creían. Cuando acabé llegó un agente más que les susurró algo al oído a los otros dos. Me cogieron, me taparon la boca y me metieron en su coche. Una vez dentro, me vendaron los ojos y me llevaron al lugar donde estoy ahora, esperando a que llegue alguien y me rescate, o escapar yo mismo cuando descubra dónde estoy.

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NARRATIVA DE 16 a 20 AÑOS OTROS RELATOS

COLIBRÍ

Ángeles Marco Torralba 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

M

i historia es como la de tantos otros colibríes que vuelan en mitad de un huracán. Como la de un pedazo de hielo acercándose a la luz, derritiéndose rápidamente, así es mi historia. Nací una mañana invernal en un pequeño pueblo de Aragón, el lugar poco importa ya, en una familia acomodada, todos esperaban de mí que fuera médica como mi tía, la típica mentalidad atrasada de esperar lo que se quiere de los hijos. Recuerdo vagamente el día en que me despedí de mis padres, lloraban, después de eso no recuerdo nada más de ellos. Fui internada en un colegio de Madrid, todas las tardes salíamos a pasear por el Retiro, cansada de andar, me senté en un banco y algo me llamó la atención, un joven pintor, pero no como los demás, pintaba círculos rojos manchados por otros grises. ¡Era su alma lo que pintaba! ¡Magia tenía que ser! Los colores bailaban ante mí, lo sentía, lo miré a los ojos y comprendí su dolor, él estaba en mi corazón. Me enamoré perdidamente de esa pintura, de ese hombre que desnudaba su alma en un papel, desde ese momento supe que jamás volvería a ver el mundo igual y que jamás amaría a otro ser como lo amaba a él, sentí que no quería marcharme, quería conocerlo. Me acerqué. «¡Enséñame!», le dije. Me miró despacio, recogió sus cosas y dijo: «Ven conmigo». Nunca más me separé de él. Esa misma noche ya no volví al internado, fui a su casa. Mario vivía en un pequeño ático en un viejo edificio, estaba desordenado y mugriento, lleno de pinturas, tablas, lienzos, esbozos..., una cama deshecha, una mesita baja y una discreta cocina eran el mobiliario de la casa. Después de unos instantes, y con varios cigarrillos de por medio, empezó a relatarme su historia. También había nacido en una familia acomodada y en cuanto pudo huyó de ese mundo muerto y gris para vivir en el que consideraba suyo. Un mundo vivo, colorido gracias a la pintura, un mundo en el que se vive de noche y en los garitos, en el que la música tiene algo que decir. Mario hablaba de cambio, de romper con todo lo viejo, quería destruir el arte antiguo, tan atrasado, y reinventarlo todo, las personas, la vida…; era, sin duda, un soñador. Esa misma noche salimos a los garitos, los Nikis tocaban, bailes, alcohol, porros…, todo daba vueltas a mi alrededor, la música, las personas, seguíamos

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fumando y bebiendo, todos sonreían, eran felices, se abrazaban, se besaban. ¡Una locura! Cuando llegamos al ático, me puse a pintar como nunca, ahora era yo quien desnudaba feliz su alma, quien rasgaba el papel del lienzo constantemente, incesantemente en un devenir de vida y sentimientos. Al amanecer, cinco piezas esparcidas por el suelo eran el fruto de mi noche de inspiración. Vivíamos para la noche, Dinarama y los Pistones eran el trasfondo de esa locura, yo, como cada noche, embriagada por las drogas y el alcohol, pintaba cuadros sin cesar, las emociones eran tan fuertes que Mario decidió quedarse todas las noches en vela conmigo. Unas noches lloraba, otras reía, otras pataleaba o destrozaba cosas, todo dependía de lo que quisiera expresar, de lo que sintiera, de lo que ese cuadro respirara, esos cuadros se llevaban pedacitos de mi alma y cada vez necesitaba sumergirme en esa noche de velos y colores. Un día, Mario vino eufórico a nuestro ático. Mis cuadros, que discretamente se los quitaban de las manos, habían sido comprados por un ricachón de Nueva York que, enamorado de España, quería hacer una colección con los nuevos pintores que había en Madrid. ¡Se había enamorado de mis cuadros! Salimos a celebrarlo con nuestros compañeros de fatigas, Cascorro Factory, los cuadros daban dinero y teníamos toda una noche para quemarlo, los garitos se nos quedaban pequeños. Ya no solo fumábamos porros, el éxtasis también nos corría por las venas, todo era un frenesí de colores y sonidos, de fondo música de Fahrenheit 451, los bailes imposibles de Goyo y los piropos e insinuaciones de Adela, las risas constantes y ligeras, la fraternidad entre todos, éramos verdaderos hermanos. Amaba la noche de Madrid, sus bares, sus canciones, a mis amigos travestidos, que eran mucho más femeninos que yo, a las putas como Adela, que me divertía con sus historias, y las inspiraciones que venían en forma líquida y fumada. Éramos muy felices, creíamos que la vida era un sueño, un regalo que nos pertenecía, pero, como se dice, los sueños sueños son. Esa felicidad duró poco, Mario apareció muerto una noche, tirado en una callejuela cerca de un garito. En la autopsia el forense dictaminó que había sufrido una sobredosis de éxtasis. Su familia


LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL  LITERATURA JUVENIL

sueño de una mañana no quiso hacerse cargo, lo repudió, se avergonzaba de él, pero allí estaba yo, para amarlo, protegerlo y darle la despedida que mi gran amor se merecía. Con todo mi dolor lo enterré una mañana de abril, el sol era frío, el vaho me salía por la boca, era yo quien ahora estaba inerte, él había sido mi salvador, había puesto color a mi vida y ahora, metido en una caja de madera, tan fría, tan fea…, seguro que habría preferido que lo hubiese tirado al mar o que hubiera pintado todo su cuerpo como un indio, con muchos colores antes de ser enterrado. No estoy loca, él había sido todo un soñador… Los días pasaban lentos, no salía de mi ático, me negaba a ver la luz del sol y solo tenía la visita de mis peculiares amigos: Adela, mi vieja amiga puta, que, pese a que la vida la había tratado tan mal, se la comía con mordaz ironía y con buen corazón, y Goyo, mi niño grande travestido, mucho más femenino que Adela y yo juntas, el cual rendía tributo al carmín rojo de labios. Pese a que no eran la compañía más idónea del mundo, para mí eran mis hermanos, los únicos que ponían algo de colorido en mi vida gris. Una tarde le dije a Adela que quería volver a pintar y esa misma noche salimos a buscar mi inspiración con los brazos y los dientes bien abiertos. Era el concierto de primavera y no quería perdérmelo, esa noche representaba el momento cumbre en la vida de Mario y mía, el cambio por el cambio, el alumbramiento del niño buscado, esa noche se haría la luz, mi luz. Adela y Goyo reían y bailaban animadamente conmigo, nos acompañaban nuestros amigos inspiradores de papel y nuestro amigo líquido, que, como otra noche más, volvía a correr por nuestras venas, pero quedaba el toque final, reservé un poquito para mis pinturas, esta inspiración era la más feroz y brava, la más bella y dolorosa desde el momento en que la tuve en mi mano. Corrí hacia mi ático, cogí el primer pincel que tuve a mano y apunté hacia el lienzo, lo rasgué, lo golpeé, la pintura resbalaba por él, sería el definitivo, era mi testamento, el que se llevaba mi alma, en él escribiría mi amor por el mundo y por el cambio venidero, de cómo yo había sido aspirada por esa luz que lleva el huracán y cómo el color es lo que mueve el mundo. La aguja cayó al suelo, mi corazón se paró y yo me liberé.

María Gallizo Sánchez 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

D

an las ocho y media. Como todos los días, toca ir a trabajar. Llueven recuerdos de hace no muchos años, cuando mi guitarra y un puñado de ilusiones eran todo lo que necesitaba para comerme el mundo. Por mucho que el despertador sonara, no había motivo por el que dejar de soñar. Tal día como hoy hace ya una década, sonó el teléfono al alba. Yo, todavía adormecido, lo descolgué y sin apenas fuerza dije: «¿Sí?». Al unísono mis amigos respondieron: «Ven tan pronto como puedas, es algo importante». Bastaron esas palabras para saltar de la cama como nunca lo había hecho. Con el desayuno todavía en la boca y a medio vestir, me apresuré a ir al local de ensayo. Todos los demás estaban allí en un insólito silencio y, junto a ellos, dos señores trajeados a los que no conocía. Poco tardamos en enterarnos del porqué de su visita. Resultó ser que aquellos tipos habían escuchado nuestra maqueta y estaban interesados en el grupo. Nos propusieron trabajar con ellos. Era aquello con lo que llevábamos soñando mucho tiempo, así que aceptamos sin pensarlo. Por fin, veíamos recompensados esos tres intensos años en los que habíamos recorrido todas las ferias y fiestas de los alrededores con la siempre fiel compañía de nuestros amigos. Concierto tras concierto sin recibir la ayuda de nadie, aunque desde esa visita tan inesperada el curso de los acontecimientos iba a cambiar bruscamente. Recuerdo el día en que llegamos a la gran ciudad. Todos estábamos emocionados. Pensábamos que aquello nos iba a conceder el reconocimiento con el que todos habíamos soñado. Pasamos un mes entero trabajando en lo que iba a ser un superéxito con el que íbamos a ser mundialmente conocidos, aunque aquello difería bastante de nuestra idea inicial. No eran las canciones que todos componíamos las tardes de los sábados junto a los amigos. Allí había que hacer lo que aquellos señores decían. Como nosotros solo éramos unos niños, lo hacíamos con toda la ilusión.

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NARRATIVA DE 16 a 20 AÑOS OTROS RELATOS

Empezó el verano y con él los conciertos. En pocas semanas recorrimos gran parte del país. La canción que habíamos grabado se podía escuchar en las emisoras más importantes. En cada nuevo lugar al que íbamos a tocar recibíamos una acogida mejor. Fueron momentos que jamás olvidaremos. Sin darnos cuenta, habíamos llegado al último concierto de nuestra primera gira, quién nos habría dicho entonces que iba a ser el final definitivo… Tras un apoteósico final, fuimos de fiesta con todo el equipo, incluidos los señores trajeados mencionados al inicio. Fue allí donde les reclamamos aquella remuneración de la que no habíamos recibido ni un mínima parte, a lo que respondieron: «Mañana tendréis todo lo que os habíamos prometido». Cuando despertamos a la mañana siguiente y preguntamos por ellos, habían desaparecido. Nadie los vio volver al hotel. Sus números de teléfono ya no existían… Con ellos se marcharon nuestros sueños y nuestro dinero.

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EL CAMINO DE CRUCES

¿C

uánto falta para llegar? Llevamos cinco horas andando o… ¿tal vez son diez? No lo sé. El dolor en mi espalda es cada vez más fuerte, el peso que tiene que soportar va a acabar con ella. Mis piernas se han hecho autónomas y mi alma y mis pensamientos…, no sé si voy a llegar a alguna parte. ¿Llegaremos al mismo lugar de partida? Todo me parece igual…, todo es tan grande, tan verde, tan diferente a casa y a todo lo que he conocido hasta ahora… Exuberante vegetación, inmensas flores de colores, sonidos extraños, olores nunca percibidos…, belleza salvaje, todo un regalo para los sentidos, pero me siento fuera de lugar. Mis compañeros avanzan unos metros delante de mí, formando parte del paisaje. Acabamos de pasar por un lugar complicado y el grupo se ha dispersado. El calor está presente durante todo el camino y un sentimiento de agobio se va apoderando de mí. Me he quedado sin agua y sin fuerzas para beber. El único sonido que escucho ahora es mi respiración y siento mi corazón latir cada vez más rápido, más fuerte…, parece que va a estallar…, me fallan las fuerzas para seguir…, quiero… volver a casa. Empiezo a notar el agua caer sobre mí, cada vez más intensa, una vez más vuelvo a sentir la lluvia tropical. Agradezco que me ayude a refrescarme, me da aliento, sin darme cuenta de que al mismo tiempo me borra el camino a seguir. He perdido la referencia de mis compañeros de delante. Siento cómo la ilusión me va abandonando poco a poco, la impotencia me hace caer, no puedo más, no lo voy a conseguir, necesito… respirar… Me empieza a doler la cabeza, me pregunto si podré levantarme, por mucho que lo intento la mochila me lo impide, ella también quiere descansar… Un ruido capta mi atención. Levanto ligeramente la cabeza, pero no veo a nadie. ¿Habrá sido mi


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Laura Ruiz Chóliz 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

imaginación? No, vuelvo a oírlo. Lo oigo… Intento incorporarme, pero mi cuerpo no me lo permite. Presiento algo delante de mí, pero la luz del sol me impide ver qué es… o quién. Alguien me ha ofrecido la mano y yo, con las últimas fuerzas que me quedan, me aferro a ella y, sin soltarle, me enseña a caminar de nuevo. No distingo muy bien quién es… ¿Será alguno de mis compañeros? No…, no lo es. Es alguien más cercano. Pero… ¿quién? Por mucho que le miro no consigo reconocerle. Sé que le conozco…, lo sé. Intento preguntarle, pero no consigo articular ningún sonido. Le miro y me devuelve la mirada con una sonrisa. Una sonrisa puede transmitir tanto…, confianza, ánimo, seguridad, esperanza… Ahora lo veo claro. ¿Cómo pude estar tan ciega? El temor a la dificultad del camino, a todos los obstáculos presentes en él, ha hecho que desconfíe de mí misma. Pero ya no me van a confundir…, ya no…, porque puedo…, puedo conseguirlo. Siento que mis piernas empiezan a responder con más firmeza, puedo apreciar la lluvia recorriendo mi cara, puedo volver a sentirla, ha venido a acompañarme, al igual que la persona que me sujeta de la mano… Veo mis pies hundiéndose en el espeso barro. La lluvia hace que mis pisadas vayan deshaciéndose en el camino, pero, conforme voy avanzando, estas van sellando una huella cada vez más profunda en mi corazón. La meta que creía inalcanzable está cada vez más cerca y todo gracias a ti. Me gustaría hablar contigo, agradecerte tu apoyo, tu compañía… Pero no me salen las palabras y tú me miras y me muestras esa maravillosa sonrisa…, esa sonrisa que tantas cosas me hace pensar, que hace que mis fuerzas vuelvan a nacer.

Puedo percibir cómo la naturaleza va abriéndonos paso. Hay un pequeño río y, tras él, veo con claridad la puerta de la felicidad. Lo he logrado…, lo hemos logrado. Gracias, gracias, mi querido desconocido, me has hecho abrir los ojos… La satisfacción que siento ahora es inmensa. Hemos ganado, hemos vencido la tan larga travesía. ¿Cómo sabías por donde llegar?… ¿Tan cansado estás que no me contestas? Solo me sonríes… con esa deliciosa sonrisa. Ven, siéntate a mi lado, tenemos que esperar a los demás, aún no han llegado. ¿Por qué no quieres? ¿Por qué te vas? Conforme vas alejándote, vas desvaneciéndote con el calor. No me abandones… Te paras, me miras. Esta vez tu rostro muestra decisión. Corres hacia mí y yo te espero con los brazos abiertos. Llegas a mí, pero no siento el calor de tu cuerpo y ya no te veo. Mi corazón late rápido, al compás de la lluvia. ¿Dónde estás? Te siento muy cerca, pero, por mucho que mis ojos intentan encontrarte, no apareces. Están llegando los demás, me preguntan, me abrazan, ríen, hablan, gritan, lloran… Cada uno de una manera, pero todos con el mismo espíritu, la misma ilusión. Siento que tú ríes también, estás orgulloso. Ahora lo entiendo…, gracias…, gracias por haber despertado, podrás seguir conmigo, dentro de mí, siempre. Construir mi propia senda distinta de la acostumbrada a caminar, recorrerla y, lo más importante, crecer y madurar en el camino… Hace más de veinte días que dejé mi casa, pero parece una eternidad, tanto que no reconozco a esa niña que se embarcó en una aventura buscando la tierra de nunca jamás…

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POESÍA DE 16 a 20 AÑOS 1er PREMIO DE POESÍA

SUEÑOS Cuando entre estrellas solo vueles, cuando el mar ya te tenga, lejos de las leyes de los hombres, cerca del fin, cerca de la omega, siguiendo el camino de recuerdos, verás pasar la vida, sabrás que todo han sido sueños.

Elena Poderós Navarro 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

2º PREMIO DE POESÍA

¿QUIÉN SOY YO SIN TI? No me hace falta el aire, porque respiro de ti. No me hace falta hablar, porque mis palabras son tuyas. No pienso en qué soñar, porque sé que tú serás mi sueño. No preciso ver, porque tú eres mi guía. No necesito buscarte, porque tú siempre estás dentro de mí. Necesito tu amor, porque tu amor es toda mi vida.

Alberto Giménez Guallar 2º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

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OTROS POEMAS

TRISTEZA

EL PASADO

Triste jardín sin flor, triste pájaro sin canto, triste lágrima sin llanto, triste día sin amor.

Ojalá todo volviera a ser como antes, ojalá te pudiera volver a sentir, ojalá este sueño nunca se acabase.

Triste luna sin estrellas, triste beso sin sabor, triste cuerpo sin caricias, triste alma sin calor. Triste sol que no calienta, triste tiempo sin reloj, triste camino sin polvo, triste polvo sin amor. Triste mito olvidado, tristes labios sin razón, triste héroe perdido, triste gato sin ratón. Triste águila enjaulada, triste cuadro sin color, triste niña encantada, triste dulce sin sabor.

No sabes cuántas cosas he hecho por ti, no sabes cuántas cosas volvería a repetir, porque sé que tú nunca me fallarás. Quiero tu mano cuando lloren mis ojos, dame tu aliento en mi tristeza, anima mi alma con tu fuerza, mima mi cuerpo con tus besos, amigo mío, gracias por quererme.

Cristina Muñío Maqueda

Patricia Bericat Tenías

1º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

1º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

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POESÍA DE 16 a 20 AÑOS OTROS POEMAS

AYER SOÑÉ

A un «amigo»

Ayer soñé que me querías y que estabas a mi lado, pero sólo era un sueño, porque al despertar me encontré encogido, triste y solo.

A un varón bocón maleducado, que croando hiere a quien le escucha, más por su timbre que por su bravura: siempre le fue difícil el hablado.

Ayer soñé que me besabas mientras tú estabas con otro disfrutando del momento

Su voz, veneno de oïdo dantesco y su aparición, algo indescriptible, de la humanidad terror visible,

de placer, de gozo.

hiere de lejos cual Amor siniestro.

Ayer soñé que me acariciabas, me abrazabas, me anhelabas mientras él contigo estaba y tú, contenta, lo besabas.

Su buena estrella huyó despavorida, y aun hoy en día, él no le da alcance: a poner un pie tras otro, él no atina.

Ahora, estoy aquí, sufriendo y escribiendo la pena de este amor fatídico; amor por el cual daría vida y alma, mientras tú piensas en él, en su ropa, su olor…

No hay armada que entorpezca su avance, en huir del hedor les va la vida, pues no hay nada más insoportable.

Luigi Puccini Lecompte Pero sigo teniendo la esperanza de volver a estar entre tus brazos, calientes y llenos de amor como el que yo siento.

1º Bachillerato. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

Andavelo 2º Bachillerato. IES «Cinco Villas» —Ejea de los Caballeros—

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APROVECHA Y qué si estamos lejos y no me puedes ver. Piensas en mí cada minuto, hora, día, mes… Y no estoy. En tu cabeza vueltas y vueltas dan nuestras palabras, actos, imágenes. Pero no estoy. Y qué si no nos podemos ver, la distancia no es problema si nos queremos… Pero no estoy. Esperarás a que llegue el día nervioso, asustado, rebelde y te volverás loco, al igual que yo. Y llegará el día en el que te vaya a ver, a decirte que estoy por ti, que por fin juntos estaremos. Y entonces me cerrarás la puerta y sabré que el amor se acaba y ya nunca nada vuelve.

Ana Cristina Cortés Otal 1º Bachillerato. IES «Reyes Católicos» —Ejea de los Caballeros—

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Comarca de las Cinco Villas

Centro de Estudios de las Cinco Villas

IES “Cinco Villas” de Ejea

IES “Río Arba” de Tauste

IES “Reyes Católicos” de Ejea


Ágora nº 7  

Séptimo número de la revista Ágora del Centro de Profesores y Recursos de Ejea de los Caballeros

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