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ÁGORA. AÑO 5.- Nº 5.CURSO 2006/2007 MAYO 2007 EDITA: Centro de Profesores y Recursos de Ejea Plaza Goya, s/n 50600 Ejea (Zaragoza) Teléfono 976677160 Fax: 976677161 Correo electrónico: cprejea@educa.aragon.es Pagina web: www.cprejea.com CONSEJO DE REDACCIÓN: Mª Carmen Arcéiz. Coordinadora. Asesora del Centro de Profesores. Patxi Abadía. Profesor de Secundaria. Departamento de Lengua. Eva Bajén. Profesora Departamento de Lengua IES Cinco Villas. José Sánchez, Profesor Departamento de Lengua IES Reyes Católicos Joaquín Bueno. Profesor de Secundaria. Departamento de Lengua. Asunción Gil. Bibliotecaria de Ejea José Antonio Conde. Poeta de las Cinco Villas Juan Herranz. Escritor ejeano. Alfonso Cortés. Director del Centro de Profesores y Recursos de Ejea. ILUSTRADORES Chema agustín, Elisa Ruiz, Pilar Longás, Laura Santos, Marta Soria, Silvia Marco, Inés Escario, Gabriel Bueno,J.Antonio Sánchez, Marta Arcéiz, María Luna, Mercedes Pascual, Felipe Urribari, Victor Mújica. Portada: José Ramón Alastuey Diseño gráfico y maquetación: Vacaresigns S.L. Grupo Eclipsados Imprime: Vacaresigns S.L. Grupo Eclipsados Depósito Legal: ………………… ISSN: 1699-3039 El CENTRO DE PROFESORES DE EJEA, ni se hace responsable, ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores en los diversos artículos.


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El refranero popular dice que no hay quinto malo. Un curso mĂĄs, y ya van cinco, Ă GORA sale a la calle mostrando un trabajo cooperativo perfectamente coordinado y liderado por su Consejo de RedacciĂłn. Ă GORA quiere seguir siendo una herramienta de dinamizaciĂłn cultural en el ĂĄmbito rural, sin olvidar la vertiente educativa para que esta revista siga siendo un instrumento de animaciĂłn a la escritura y a la lectura en los centros educativos. Tras Antonio FernĂĄndez Molina, RamĂłn AcĂ­n y JosĂŠ Luis Corral, la pluma invitada en esta ediciĂłn es la flamante nueva directora de la AsociaciĂłn Aragonesa de Escritores, poetisa, escritora y actriz Magdalena Lasala. A Magdalena queremos mostrar nuestra gratitud y agradecimiento por participar desinteresadamente, como todos/ as, en nuestra revista Ă GORA. La valiosĂ­sima participaciĂłn de escritores ÂŤfamososÂť, como nuestra pluma invitada, aĂąade categorĂ­a, calidad y prestigio a la publicaciĂłn; enmarcando en oro, las colaboraciones de los mĂĄs de 200 amantes de las letras y las ciencias que ya han desfilado por estas pĂĄginas. Dicen que Ă GORA, poco a poco, va cogiendo un sitio en el ĂĄmbito de la cultura aragonesa. En esta ediciĂłn, observarĂĄn dos novedades: Un nuevo diseĂąo y maquetaciĂłn encargado a la entusiasta empresa EstudioVaca, cuyo responsable editorial es el joven poeta turolense de origen ejeano Ignacio EscuĂ­n, y mucha mĂĄs participaciĂłn en la secciĂłn infantil y juvenil. Los colegios y los institutos se comprometen cada aĂąo mĂĄs con Ă GORA Esto nos llena de satisfacciĂłn y motiva al Consejo en su trabajo y dedicaciĂłn generosa y silenciosa. Publicamos una selecciĂłn de las muchas participaciones que nos han llegado y sentimos no poder publicar todo. Gracias a todos. Pero para poder editar Ă GORA y distribuir gratuitamente los 1.000 ejemplares, hemos de reconocer tambiĂŠn la imprescindible colaboraciĂłn econĂłmica del Departamento de EducaciĂłn, Cultura y Deporte a travĂŠs del Centro de Profesores y Recursos de Ejea, los Departamentos de Lengua de los Institutos ÂŤReyes CatĂłlicosÂť y ÂŤCinco VillasÂť de Ejea, el Centro de Estudios de las Cinco Villas, el Ayuntamiento de Ejea , la Comarca de las Cinco Villas, la Caja Inmaculada y la Cadena SER. La publicaciĂłn y el Consejo siguen abiertos a toda la ciudadanĂ­a, asociaciones, instituciones, bibliotecas, centros educativos...para que el proyecto siga creciendo como hasta ahora. Estamos construyendo un proyecto cultural colectivo, democrĂĄtico y plural. Os animo a todos y a todas a trabajar ya en el prĂłximo nĂşmero para que Ă GORA siga siendo un proyecto global vivo y dinĂĄmico. Y si todos seguimos queriendo... hasta el aĂąo que viene, el famoso 2008. Alfonso CortĂŠs Alegre Director del Centro de Profesores y Recursos de Ejea

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Cinco. Hoy en día el hombre occidental apenas otorga a los números más significado o trascendencia que su mero valor cuantitativo. Sin embargo, esto no siempre ha sido así a lo largo de la historia de la humanidad. Ejemplos hay muchos; con dos, pensamos, será suficiente. El primero: bastaría con leer el capítulo V del libro I de la Metafísica de Aristóteles, que tiene por título «Los pitagóricos y su doctrina de los números». Estos filósofos griegos basaron nada menos que su filosofía y su modo de vida en el culto a los números llevándolo hasta el paroxismo, pues creían que todo era una encarnación del número. Además pensaban que cada número en particular tenía sus propiedades místicas y cabalísticas: al número cinco, entre otros atributos, lo relacionaban con la Pentalfa o estrella de cinco puntas, que era el anagrama supremo de la salud y a su vez símbolo de identificación de los pitagóricos como miembros de una comunidad. El segundo: en numerología — para los profanos, práctica adivinatoria a través de los números — el cinco es, entre otras cosas, el número de la experiencia y aprende por prueba y error. Le gusta avanzar aunque no tenga una visión clara del camino. Busca la libertad y no duda en rechazar lo viejo para sustituirlo por lo nuevo. Cinco. Tras este breve preámbulo sobre la simbología de los números, sólo cabe preguntarnos qué significado tiene el número cinco para Ágora. Cinco es el número del ejemplar de la revista cultural y literaria que tienen en estos momentos en sus manos. Cinco es el

número de años de vida que lleva entre nosotros llenando un espacio, junto a otras publicaciones, del panorama de las letras, el arte y el pensamiento de las Cinco Villas fundamentalmente, pero también, nos consta, del resto de Aragón. Cinco es el número de secciones en que se estructura esta revista. Las recordamos. En primer lugar, la firma invitada. En este número cinco la invitada de honor es la afamada escritora Magdalena Lasala. Los lectores de Ágora van a poder saborear las sabrosas mieles con que nos ha deleitado en esta ocasión: un breve ensayo sobre la novela histórica, un relato y varios poemas. En segundo lugar, el ensayo. Se trata de la sección más variopinta de la revista: en ella el pensamiento de cada escritor, consagrado o no, fluye con total libertad e intenta aportar su granito de arena en aspectos tan distintos como la crítica literaria, la filosofía, la historia, las ciencias en general, etc. Ágora se satisface en cada número de la calidad de los artículos publicados, pero sobre todo de la enorme delicadeza y respeto con que se abordan todos los temas. En tercer lugar, la creación literaria. En esta sección se intenta por un lado canalizar el espíritu creativo de muchas personas, en cierto modo anónimas, que tienen dificultades para publicar sus composiciones, y por otro lado disfrutar de la lectura de otros escritores de prestigio y con obra publicada, y que pueden servir de acicate para nuevos aprendices de este maravilloso oficio. Como novedad, este número cinco de Ágora se congratula con la incorporación por primera vez de dos breves composiciones teatrales, en este caso del dramaturgo aragonés Fernando

Burbano. En cuarto lugar, la invitación a la lectura. Ágora lo tiene clarísimo: la lectura desbroza la senda de la felicidad. Con esta premisa, se intenta que las reseñas y artículos que aparecen en esta sección fomenten el amor por la lectura y por los libros, de niños, de jóvenes, de adultos, de más adultos o de moribundos. Finalmente, la literatura infantil y juvenil. Quizá la sección más mimada de la revista, pues Ágora es consciente de que su futuro se lo juega en estas páginas. Sin cantera y relevo, todos los proyectos, y más los culturales, caen por su propio peso. Estamos formando a las nuevas plumas del mañana. En este aspecto, el consejo de redacción de esta revista, está más que feliz. Hemos recibido más de cien composiciones, entre poesía y narrativa, para el concurso literario que ella misma patrocina junto con el Centro de Profesores y Recursos de Ejea. Por cierto, algunas de mucha calidad. Cinco. Como se puede colegir de las palabras anteriores, algún significado sí que tiene este número para Ágora. Pero podemos añadir otros más. Por un lado, si para los pitagóricos el número cinco era el emblema de salud e identificación para sus miembros, para el consejo de redacción de esta revista también lo es. Este número cinco de Ágora se convierte en la prueba irrefutable de su buen estado de forma y salud. Pues todos sabemos de las dificultades que entraña mantener en el tiempo una publicación de esta índole. Asimismo, este número cinco de Ágora consolida un proyecto ilusionante que se puso en marcha de la nada hace ahora cinco años y con el que todos los que trabajamos


5 en él nos sentimos plenamente identificados. Resulta, sin duda, nuestra mejor carta de presentación. Por otro lado, parece que la numerología en este caso la ha clavado, como coloquialmente se suele decir. El número cinco de Ágora enraíza poco a poco y con vigor «en ese terreno de nadie, que es por definición el terreno de todos», tal como lo definíamos en el editorial del primer número. Compartir con todos ustedes, lectores de esta revista, que casi el único abono orgánico empleado es la libertad, su uso y su búsqueda constante en cada número. Pensamos que es la única manera de sustituir las viejas desconfianzas ante lo desconocido o las excesivas cautelas ante lo nuevo en el campo de la creación y el pensamiento. Cinco. Finalmente, todos los seres humanos sabemos que la salud y la libertad son en definitiva estados de gracia que se disfrutan por más o menos tiempo. Depende de muchos factores. En el caso de Ágora va a depender indudablemente de su colabora-ción: una revista como la nuestra necesita en cada número de gentes que sueñen con la utopía.

5 Cinco


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.BHEBMFOB-BTBMB Poeta y Novelista nacida en Zaragoza. De temprana vocación literaria y vinculada al Teatro desde su juventud, Magdalena Lasala cursó formación en Arte Dramático, Canto, Ciencias de la Información y Psicología Humanística, entre otras disciplinas, estudios académicos y experiencias autodidactas que volcará como finalidad primordial en la escritura. Cuenta con una extensa producción que abarca géneros como Novela, Poesía, Teatro, Relato, Ensayo, Prosa poética y Fábula, gracias a la que siempre ha gozado del reconocimiento del público y el elogio de la crítica. Es autora indispensable en el panorama español de Narrativa Histórica y uno de los valores más firmes, que ha consolidado una carrera literaria de indiscutible calidad con difusión internacional. Sus obras en torno a la Edad Dorada de Al-Andalus, con títulos como La Estirpe de la Mariposa (1999), Moras y Cristianas (en coautoría), Abderramán III, El gran califa de al-Andalus (2000), El Círculo de los muchachos de blanco (2001), Almanzor (2002), y Walläda La Omeya, La última princesa del esplendor andalusí (2003) _con la que fue finalista del premio nacional Alfonso X El Sabio de Novela Histórica_, le han procurado un lugar preferente como novelista de género convirtiéndose en referencia obligada para estudiosos y amantes de la historia de nuestro pasado andalusí, y cuentan con repercusión en América Latina y traducciones en Alemania, Suiza e Italia.

En 2004 vio la luz su novela Boabdil. Tragedia del último rey de Granada, obra de gran éxito editorial también traducida al portugués, que recrea los últimos años de la familia nazarí analizando su historia desde la perspectiva de los personajes que la protagonizaron, descubriendo sus perfiles psicológicos, sus pasiones y las claves esenciales de sus vivencias más personales. En 2005 publicó Maquiavelo: El Complot, novela histórica con la que Magdalena Lasala da un giro en su trayectoria temática abordando otra de las épocas de apasionantes resonancias en su formación: El Renacimiento, y uno de sus personajes más controvertidos y misteriosos, Nicolás Maquiavelo, iluminando los detalles de su verdadera personalidad y aportando detalles apasionantes para comprender su época. En 2006 ha publicado la novela histórica Doña Jimena. La gran desconocida en la Historia del Cid, un recorrido apasionante por la vida de esta extraordinaria mujer, tan desconocida como relevante en su momento, a través del que Magdalena Lasala aprovecha para trazar un fresco soberbio y minucioso de la época y la política del reinado de Alfonso VI, la vida cotidiana de los territorios cristianos de nuestro siglo XI y los entresijos de una de las etapas más importantes y vitales de la Historia de España, descubriéndonos un mundo fascinante de mujeres anónimas que sostuvieron con su día a día los grandes acontecimientos históricos que han pasado a la inmortalidad, arrojando luz so-

bre aspectos que habían estado ocultos hasta ahora y desvelándonos detalles y personajes que nos ayudan a ampliar las perspectivas que completan el conocimiento de nuestro pasado medieval. Como poeta, su voz lírica enlaza con las raíces clásicas del misticismo español y la poética amorosa cortés. En verso ha publicado entre otras obras los poemarios: «Frágil Sangrante Frambuesa» (1990) «Seré leve y parecerá que no te amo» (1992), «Sinfonía de una Transmutación» (1995), «La Estación de la Sombra» (1996), «Todas las copas me conducen a tu boca» (2000) y«Los nombres de los cipreses que custodiaron mi ruta» (2004). Sus textos poéticos han sido traducidos al francés, inglés, italiano, checo, búlgaro y alemán, incluidos en diversas Antologías de Poesía Española publicadas en Europa y utilizados como soporte para creación de obras musicales, escénicas y de danza, colaborando con artistas como los compositores Antón García Abril, Gabriel Sopeña, Luis M. Giacoman y Mariano Ferrández Castillo, entre otros. Próximamente verá la luz su nuevo poemario «Y ahora tú pasas la mano osadamente». Como dramaturga, Magdalena Lasala estrenó más de diez piezas dramáticas. Desde 2000 Magdalena Lasala ha continuado su relación con la escena como autora en experiencias escénicas muy escogidas. Ha colaborado con el Instituto Internacional de Teatro del Mediterráneo, con la pieza El Príncipe Emigrante, que a través de la Fundación


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Legado Andalusí ha sido puesto en escena y representado en España y en varios países del Mediterráneo oriental. Es autora del espectáculo El Trovador, sobre la obra del compositor Giuseppe Verdi, y de la pieza teatral Las Aguadoras, incluida en el homenaje al escultor Pablo Gargallo, de mano del Centro Dramático de Aragón. Es autora de los textos de los espectáculos Tierra de Dragón y Mudéjar, del bailarín Miguel Ángel Berna, ambos estrenados por su Compañía de Danza con gran éxito de público. Sus espectáculos en el formato de Recital Dramático, que sintetizan los aspectos lírico y teatral con gran sensibilidad, han recorrido España e Italia con gran éxito, siendo muy valorada su aportación al conocimiento de la poesía española de diferentes épocas, y sobre todo de autores de la Edad dorada de Al-Andalus. Entre el resto de su producción literaria, merecen especial mención sus obras de tendencia filosófica como Lo que el corazón me dijo y Fábulas de Ahora, declaradas de interés educativo. Conferenciante y colaboradora en diversos medios periodísticos y literarios, fue galardonada en el año 2003 con el Premio «Búho» concedido por la Asociación de Amigos del Libro a su trayectoria artística y literaria. Desde 2004 dirige la revista literaria «Criaturas Saturnianas» que edita la Asociación Aragonesa de Escritores con el patrocinio del Gobierno de Aragón. En 2006 recibió el Premio «Sabina de Plata» que otorga el Club de Opinión La Sabina, en merecido reconocimiento a su compromiso con la literatura y la sociedad de su tiempo. En la actualidad, es Presidenta de la Asociación Aragonesa de Escritores.


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Novelar es hacer uso de la palabra li-

teraria, la que rescata la intuición, el alma creadora, la víscera, ese dolor útil de la implicación sin barreras y que encuentra su propia forma de expresión. El monólogo, el narrador omnisciente, otras formas expresivas, son recursos sólo hasta cierto punto, porque es el personaje quien va a elegir su soporte expresivo. Meterte en la piel del personaje es dolerte con él de sus procesos y vivirlos mágicamente; es una forma de magia que permite que en la propia piel del escritor ofrecido a su escritura se manifieste la gesta del héroe al que ha invocado para hacerlo hablar. La Historia no exime de la Literatura cuando estamos novelando un personaje histórico. No se trata de hacer el personaje actual, sino creíble, humano y carnal. Ahí el escritor es escritor, creador que no es libre de inventar porque ya tiene el esqueleto determinado por datos, acontecimientos, rasgos, anécdotas, palabras, obras y referencias de su personaje. El escritor tiene que entregarse a su personaje para remodelar ese esqueleto con lo que él debe reconstruir, un ser humano vivo y sangrante que va a hablar. Meterse en la piel del personaje. La gestación del personaje vivida y sentida en todas las partes de nuestro ser. Ver a través de sus ojos, sentir a través de sus sentidos, leer las cosas que dejaron dichas con oídos de su mismo sentimiento y de su propio momento existencial. He publicado varias obras sobre la Edad Dorada de al-Andalus, momento muy concreto de la Alta Edad Media Española poco tratado literariamente; he publica-

do relatos sobre la vida cotidiana de sus gentes, estudios sobre la vida olvidada de las mujeres anónimas de al-Andalus, y ensayos sobre la poesía y sobre personajes anecdóticos de una época que comprende los siglos VIII al XII; «los grandes personajes» novelados en mis libros corresponden a un período más centrado en los siglos X y XI, como son Abderramán III, de la Dinastía Omeya, el primer califa de al-Andalus, y Almanzor, el enorme caudillo de la decadencia del califato Omeya; he novelado también a Ibn Hazm de Córdoba, pensador, poeta, inconformista y polemista español autor de la gran pieza El collar de la paloma, y Wällada La Omeya, poetisa que vivió las guerras civiles del final de la dinastía Omeya. En 2004, y trascendiendo la época dorada hispano-musulmana del califato cordobés, publiqué una novela sobre Boabdil, el último rey nazarí de Granada, cuya vida, época y hechos corresponden al siglo XV, como saben. De todos estos personajes, los que podemos calificar de «grandes» son los mencionados Abderramán, Almanzor y Boabdil, porque pertenecen a la cultura popular, es decir, son reconocibles por la mayor parte nosotros, o al menos sus nombres. No estoy hablando de conocimientos acerca de sus vidas, ni de información fidedigna, ni de afinamiento en su situación histórica; son nombres que forman parte de un sistema de tópicos, estereotipos, nociones superficiales y memoria colectiva. Quizá Ibn Hazm de Córdoba tenga una trascendencia igual o superior a la de Abderramán III para

la historia de este país, pero está claro que Ibn Hazm sólo es conocido a un nivel más erudito que el popular, igual que la poetisa Walläda, mientras que Abderramán es conocido como nombre y como personaje histórico ligado a una pasada historia de España. No es lo mismo novelar a Yusef, el visir abencerraje de Muley Hacén, el padre de Boabdil, que hacerlo sobre Boabdil, al que todos conocemos como el desgraciado que lloró frente a una perdida Granada, porque esencialmente, Boabdil, Almanzor, Abderramán, tienen una dimensión épica, ellos «hacen» la época, ellos marcan la historia, el acontecimiento, a veces la anécdota, van unidos a ellos. En los otros casos, novelé un momento histórico; por ejemplo, en Walläda la Omeya, relaté las guerras civiles terribles del gran cambio político de al-Andalus, en todo cuyo proceso ella encarna unos valores de autenticidad ya en desaparición en esa época y de independencia insólita en una mujer del siglo XI. Con Ibn Hazm, me adentré en la decadencia de una institución política, la monarquía o Califato de Córdoba, en cuyo entorno la personalidad de este escritor y filósofo se erige como el gran primer inconformista español, contradictorio, individualista, genial y mezquino a un tiempo, ya lo he dicho, escritor. En la trilogía indicada utilizo diferentes estilos narrativos, son formatos o soportes distintos para la expresión. No es de extrañar, porque cada personaje era dis-


su voz y ellos aceptan, enfrentándome a zonas oscuras de mi propia alma. Una vez iniciado el proceso, ya es tarde para echarse atrás, porque el personaje engancha al autor para vivencias mágicas que le aportan conocimientos insospechados y le llevan a conocer otras realidades y perspectivas de las cosas, otros motivos para los actos, otras conclusiones sobre las causas y decisiones distintas para seguir con la vida. Los personajes así entendidos, se desprenden de ti como un pedazo de memoria, sin posibilidad de enjuiciamiento o de cálculo, que se vuelca en páginas de historia que desea ser contada desde lo más íntimo de un recuerdo. Comparto así las teorías de Marguerite Yourcenar, poeta y estudiosa de la mitología que también como yo cree en la escritura como pretexto a veces de investigación en el alma humana y ciertos conceptos como inmortalidad, amor absoluto y pasión. Habla también de meternos en la piel del personaje y contemplar el momento histórico con sus ojos, los ojos de su emoción y de su carnalidad: «Con un pie en la erudición, otro en la magia, o más exactamente y sin metáfora, sobre esa «magia simpática» que consiste en transportarte mentalmente al interior de otra... El novelista no hace más que interpretar, mediante los procedimientos de su época, cierto número de hechos pasados, de recuerdos conscientes o no, personales o no, tramados de la misma manera que la Historia».

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tinto, y me exigió de planteamientos, paisajes, puntos de vista y de encuentro distintos, porque sus voces eran distintas. Abderramán III fue el hombre más poderoso de su tiempo, entregado a aquello que esperaban de él, una misión de poder, enlazado con la idea del viejo faraón egipcio, el padre de su pueblo, el engrandecedor de su imperio, conductor de almas. Abderramán estaba alejado de sus propios sentimientos, a los que tenía que renunciar para cumplir con su misión. Necesitaba que fuera alguien muy cercano a él que pudiera hablar en su nombre de todo lo que él no hablaría nunca. Por otra parte, tarea difícil encontrar a alguien tan cercano al más poderoso que no planteara competencia y que además no estuviese bajo sospecha de traición. Así nació Hidâd, un alter-ego, esclavo nacido el mismo día que Abderramán que lo acompaña desde sus primeros días de vida, inofensivo para él porque es cojo y tullido y no puede rivalizar con su carrera militar, mudo, por lo tanto no puede traicionarle con la palabra y por eso le permiten estar cerca, y negro, por utilizar ese concepto borgiano de sombra; Hidâd es el otro yo de Abderramán, el hombre más poderoso del mundo mirándose en el espejo cotidiano de su fiel sombra, el esclavo que guarda su alma y todo aquello que ha tenido que relegar al olvido para realizar su mandato. El estudio del poder se relaciona aquí con el estudio del amor incondicional que le muestra Hidâd, como otra forma de poder, el poder no material sino de la vida. Almanzor es un monólogo durísimo, que narra los diez últimos días en la vida del dictador, construido como un diálogo inexistente y obsesivo con sus

propios fantasmas personales, simbolizados en una imagen arquetípica, la muerte. Almanzor me costó mucho, me puso a prueba, me obligó a rendirme a lo que todo novelista no debe olvidar nunca: que sólo se ha de escribir desde la humildad, que nuestros personajes se escriben a sí mismos a través de nuestras palabras, que somos sus autores quienes primero hemos de descubrirlos, los que antes que nadie, hemos de rendirnos a su mandato y abrirnos a su manifestación, que los personajes sólo quieren una mano dócil que acepte su guía. Almanzor me atrapó desde los primeros párrafos con una violencia y una pasión inusitadas y que no había previsto, en un proceso de escritura volcánico y arrollador, completamente físico y multidimensional. Almanzor gritaba, vivía, se contaba a sí mismo y medía su potencia a través de mis dedos, me asaltaba con una escritura compulsiva en un trance que podía durar horas fuera del tiempo. Su experiencia de ambición, de crueldad y de rabia lo cierto es que me dejó exhausta en mis propias experiencias. ¿Hasta dónde llegaba Almanzor? ¿dónde estaba mi yo? Boabdil fue una novela coral, en la que toman la palabra los seis personajes que protagonizan la gran tragedia de Boabdil. Personajes que desde su propia tragedia íntima van desgranando los detalles de una etapa en la historia española que marca el final del mundo antiguo y el advenimiento de la nueva mentalidad. La tragedia de sus personajes es el aferramiento a lo viejo que se marcha, porque tampoco pueden hacer otra cosa que resistirse a lo nuevo que viene, inexorable. La novela está construida como una tragedia griega, en la que a pesar de conocer el desenlace, el público necesita comprender la vivencia íntima del personaje ante la tragedia destínica a la que se enfrenta. Es común a todos estos personajes estudiados mi propio proceso de novelación, en el que yo me ofrezco para ser


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Elevándome sobre el suelo. Así me veía a mí misma, refulgente, incandescente sobre el aire iluminada por el fuego como el Dios semidesnudo, semifemenino, semihumano del cuadro «La fragua de Vulcano» que colgaba convertido en tapiz de la pared frontal del recibidor de la casa de mi abuela. Ella te abría la puerta y te encontrabas de frente con el resplandor de la fragua, con la misma sorpresa mitológica de los musculosos herreros del mito, recibiendo el mensaje de Vulcano. No sé por qué el horno, donde mi abuela iba una vez al mes a hacer sus mantecados y sus magdalenas exquisitas, me recordaba a aquel cuadro; siempre pensé que en cualquier momento, en medio de la penumbra de la trastienda de la panadería familiar de Santa Rosa, saldría despedida la rubicunda divinidad de los fuegos al abrirse el ventanuco del horno, estallada mágicamente de entre sus llameantes fauces y corporeizada sobre las doradas magdalenas. Mezclar el huevo batido, y el azúcar, y la levadura, toda la operación de acompañar a mi abuela al horno era en sí misma un acontecimiento mágico, el único momento cómplice entre mi hermana menor y yo y nuestras dos primas, el único momento sin competitividad malsana porque todas podíamos hacerlo todo, hundir nuestras manos de siete años en el revoltillo de yemas, lamer sin pedir permiso las montañas de clara a punto de nieve, verter la mezcla azucarada más de la cuenta en los gorros rizados metiendo los dedos y probando mil veces su punto de dulce, o mantener abiertas las puertas de las llamas del horno para ver con nuestros propios ojos el efecto material del calor sobre la levadura, ver cómo las magdalenas se hinchaban hasta desbordarse esponjosas sobre las papeletas de papel rizado y se doraban y se tostaban, y luego tirar hacia afuera de la paleta para rescatarlas a tiempo de aquel fuego devorador. Mi abuela era una maga capaz de dominar los elementos, no protestaba de nuestro desorden ni de nuestra alegría, nos hablaba del fuego, del aceite, de la masa y del azúcar como cosas capaces de tomar la forma de nuestros deseos. Sobre todo en febrero. Febrero era el tiempo de los mantecados de formas imposibles. En el horno familiar de Santa Rosa los dueños nos dejaban dispuestas más bandejas y más paletas que de costumbre para facilitar el ritual de todos los años: hacer multitud de pastas todas distintas, que ninguna de las formas inventadas para la masa por nuestra creatividad infantil, fuese igual a la anterior. Era en la penumbra del despacho de pan donde mi abuela recuperaba, cada febrero junto a sus nietas más pequeñas, una parte de su adolescencia cuando Zaragoza, muchísimos años atrás, celebraba los carnavales con músicas en la calle y dulces caseros y España era una República. Mi adorada abuela siempre conservó, aún en su vejez más rotunda de ochenta y nueve años, la devota costumbre de leer diariamente la prensa, en lo que yo sentía como una muestra de pertinaz desobediencia añorante del modo republicano y como si mantenerse informada de la actualidad social de nuestro país fuese, verdaderamente, una muestra de rebeldía, la misma rebeldía dulce y soterrada que amasaba en la pasta para la figuras de mantecado que se horneaban al fuego de todos los febreros, mientras nos contaba sus recuerdos de los Carnavales de épocas pasadas y los significados de las danzas entre don Carnal y doña Cuaresma, y el motivo de que la gente saliera disfrazada a la calle, la verdad albergada en nuestros personajes ocultos, la enorme fiesta del renacer de la tierra y la importancia del humor para vivir la realidad. Su única norma impuesta, en


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aquellos febreros de celebraciones secretas mientras el cierzo poblaba de ecos la parte alta de la casa en la calle Santa Rosa, era no repetir nunca de las formas de las galletas que creábamos bajo el hechizo de sus historias. Imaginar se convirtió en el juego más buscado, la misteriosa libertad de la expresión, modelar con nuestros dedos los personajes que se albergaban en nuestras mentes; crear de azúcar sueños tangibles, escapar de moldes y gorros de papeleta rizada y ver, surgiendo del fuego, nuestros múltiples yos de mantecado. Afuera, febrero seguía pareciendo dormir eternamente, silenciados los ánimos de nuestros padres, que nos recomendaban no preguntar en el colegio sobre los Carnavales, callar la historia del esplendor de la juventud de nuestra abuela, que era como negar que hubo otro tiempo en la historia de España. Pero en la fragua de Vulcano, pintada mi cara con harina y chorreándome la pasta de yema hasta el codo, era posible la maravillosa rebeldía de ver brotar los personajes de mis sueños de entre las llamas y sé que hubiera sido posible recibir la visita de cualquier Dios entre los mantecados y las risas y los recuerdos de mi abuela, como aquella vez en que surgió de las sombras un hombretón corpulento de tez blanca, pelo blanco, delantal blanco, que nos preguntó qué hora del día era, y qué día de qué mes, de qué año. Juró que era un panadero que vivía en el horno, oculto del mundo, despierto de noche y dormido en las horas de luz, que se alimentaba del aceite y la masa azucarada y del pan que hacía; de cuando en cuando los dueños del negocio le dejaban sobre la mesa vino, y algo de queso y a veces un poco de carne. Nos contó que escapó de las ejecuciones donde muchos republicanos como él habían caído, allá por el año cuarenta, y que había salvado su vida gracias a la oscuridad de esa trastienda, a la que ya se había acostumbrado sin remedio. Mientras comía con nosotras las figuritas maceradas de carnaval, dijo que no echaba de menos nada del exterior, sólo a veces, el olor de la tierra en febrero, cuando quieren renacer los brotes de nuevo, pero que allí estaba su sitio, porque él era sólo un panadero... Pero yo no le creí. Sé que él era el Dios del Fuego, Vulcano disfrazado, pendiente del calor de su fragua, que, oyendo nuestras voces, sintió deseos de probar las deliciosas magdalenas de mi abuela y venía para entregarnos su mensaje.


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Casi todo me aburre sin ti. Ahora fumo porque añoro aquellos pitillos viajeros de tu boca a la mía. Tan convencional, todo, sin aquel tú. Murió mi lengua en el último beso de verdad que nos dimos y con ella la única palabra verdad que había en mí pero no tu toxina. Rompí la cadena y no puedo respirar sin aquel aire que me robabas. Guapo mío, probé tu amargura y no hay ya ni sal ni azúcar que pueda saciarme. Magdalena Lasala Y ahora tú pasas la mano osadamente Próxima publicación Huerga&Fierro, Febrero 2007

No lloramos juntos. No parecía que podría llegar, y teníamos que haber llorado juntos tanto mañana que se venía encima. Hoy te he visto lejano como el último paquete de cigarrillos que sabes que vas a fumarte y ni siquiera te apetece abrirlo ya. Yo lloré mucho. Quizá tú también lo hiciste, a tu modo. Pero teníamos que haber llorado juntos y ni siquiera eso hicimos a la cara. Tú no has salido del bar. Yo te he mirado como se mira por última vez un paisaje que sabes que sólo existe ya detrás de ti, y que no volverás a ver. Magdalena Lasala Los nombres de los cipreses que custodiaron mi ruta Huerga&Fierro, Madrid, 2004


No hay pájaros en la memoria de tus besos prohibidos, hay un claxon perdido como un eco de gemido, hay un timbre, un ascensor encabalgado entre dos pisos, camareros de labios sellados y faros suicidas como nosotros. Si tuvieran brazos las calzadas desnudas me estrecharían, como tú, en las noches de verano. Esta ciudad no tiene secretos para mí, ni uno solo de sus rincones me es extraño. Salgo a sus calles y te deseo sin remedio. Magdalena Lasala Y ahora tú pasas la mano osadamente Próxima publicación Huerga&Fierro, Febrero 2007

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Nunca había amado tanto una ciudad, esta ciudad convicta y sabedora -centinela puntual de nuestras huellas-, sus calles secundarias, sus miradores colmados de caricias, sus escaparates apagados por la noche, esos que recorrí con mi espalda recibiendo tu boca descarriada contra la mía, sus bares clandestinos, sus esquinas huérfanas de semáforos y gozosas con nuestro tacto de ciegos depravados, sus parques de madrugada, su silencio de agosto rendido a la gloria sin sábanas y sin prisa de nuestro pecado.


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&OTBZP-JUFSBUVSB A veces este hombre del siglo XXI, que vive ago-

biado por el pulso del tiempo, necesita hacer un alto en el camino y detenerse. Detenerse simplemente para contemplar el revuelo de una bella mariposa de tres colores, por decirlo en palabras de Juan RamĂłn. O detenerse para reflexionar sobre lo humano y lo divino. En este nĂşmero, esta secciĂłn dedicada a la teorĂ­a literaria nos propone aspectos interesantĂ­simos para reflexionar. En tres artĂ­culos, no sabemos por quĂŠ extraĂąa convergencia, sobre la palabra ÂŤcanonÂť pivota el discurso. En primer lugar, EstefanĂ­a Saldias intenta disertar sobre el concepto de lo artĂ­stico: quĂŠ es el arte, quĂŠ es la literatura, quĂŠ es la poesĂ­a, quiĂŠn o quiĂŠnes deciden todo esto y en funciĂłn de quĂŠ criterios...En segundo lugar, van poder leer dos artĂ­culos de dos profesores de Literatura EspaĂąola, Marcelino CortĂŠs y Pablo Lorente, sobre la relaciĂłn entre el canon y la enseĂąanza de la literatura en los centros de enseĂąanza secundaria. Distintos puntos de vista y distintas soluciones para abordar una cuestiĂłn tantas veces debatida sobre cĂłmo inculcar el hĂĄbito de lectura en los niĂąos y en los adolescentes. A continuaciĂłn, otros temas. LuĂ­s Yrache, en una sorprendente pirueta conceptual cuyo tĂ­tulo es ÂŤ Y aĂşn dicen que la seda es caraÂť, se pregunta si los sonetos albergan o no mĂĄs que pueden. Le sigue un artĂ­culo del poeta ejeano, y tambiĂŠn profesor de Lengua castellana y Literatura, Miguel Ă ngel LongĂĄs, sobre el ritmo en el verso a partir de la reseĂąa a un libro de AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo titulado Tratado de RĂ­tmica y Prosodia y de MĂŠtrica y VersificaciĂłn (Editorial Lucina. Zamora, 2006). Finalmente, esta secciĂłn se cierra con una referencia al gĂŠnero teatral. Alfonso Plou, hombre vinculado desde hace muchos aĂąos a la dramaturgia, analiza en su artĂ­culo el estado de salud del teatro aragonĂŠs en la actualidad, y llega a la conclusiĂłn de que goza de una buena salud. Argumentos, sin duda, allĂ­ expone.

%FMDPNQPSUBNJFOUP EFMPBSUĂ“TUJDP Uno de los problemas mĂĄs delicados que se plantea la contemporaneidad en la reflexiĂłn sobre el arte consiste en llegar a saber quĂŠ ha de recogerse en las filas de lo artĂ­stico y quĂŠ no y en funciĂłn de quĂŠ parĂĄmetros. Porque ÂżquĂŠ es el arte? ÂżQuĂŠ es la literatura? ÂżQuĂŠ es la poesĂ­a? ÂżQuiĂŠn decide quĂŠ y quiĂŠn (es) estĂĄn dentro de sus dominios y quĂŠ y quiĂŠn (es) fuera? ÂżA quĂŠ se deben los problemas de identificaciĂłn? Cuando se procede a una denominaciĂłn o determinaciĂłn del elemento artĂ­stico o literario, ÂżcuĂĄles son los parĂĄmetros en los que las distintas manifestaciones se fundamentan para identificarse? ÂżDĂłnde, en funciĂłn de quĂŠ y para quiĂŠn se identifican? Una primera aproximaciĂłn a la problemĂĄtica nos lleva a la identificaciĂłn de lo artĂ­stico como a la localizaciĂłn de una serie de soportes o materiales que repertoriados, por cumplir una serie de cualidades, se conviene en otorgar el grado o estatus de ÂŤartĂ­sticosÂť. Esta indicaciĂłn como tal se supone como resultado de un determinado consenso propiciado por una serie de entendidos o mundo del arte que, con competencias al respecto, permiten la localizaciĂłn de estas manifestaciones dentro de lo que llamamos ÂŤarteÂť. Este mecanismo, sujeto y tamizado por las distintas corrientes de pensamiento, ha estado vigente de una u otra manera a lo largo de la historia de la literatura y del arte en general. El arte es


función del discurso o canon que las ha leído. Decir quÊ es poesía, ha supuesto venir a un repertorio de obras llamadas poesía por responder a la trama de convenciones de la Êpoca que las ha juzgado como tales. La trama de convenciones aludida es lo que como aparato de reflexión recibió el nombre de EstÊtica y mås tarde Filosofía del Arte. La EstÊtica como disciplina o aparato de reflexión sobre lo artístico es una preocupación de Êpoca y fluctúa en atenciones en función de las Êticas y usos del lenguaje en los que se ha ido formulando y en la creación de climas artísticos y/o literarios que ha ido generando. En la Êpoca clåsica existía un equilibrio entre la concepción de lo artístico y en la manera de aprehenderlo. La finalidad de la obra artística, los temas objeto o no de lo artístico aparecían cuidadosamente sostenidos en unos pilares Êticos que contenían y canalizaban la moral en la que debían desarrollarse la creación y la recepción del elemento artístico. Así, desde la PoÊtica de Aristóteles y hasta hace apenas tres siglos, elementos principales de lo poÊtico consideraron la teoría de la imitación como elemento generador del preciosismo, de lo bello, cualidad trascendente, inviolable y perfecta y en ello estÊtica. Mundo cerrado, perfectamente encajado con un uso del lenguaje que hace hablar a Barthes de socialización ya que el arte acude al encuentro de una interpretación de mundo armónico, bien hecho, donde el hombre encuentra un equilibrio con el mundo, con el sistema de las esferas, dentro de una música pitagórica y exacta como pasara en Fray Luis. EstÊtica siempre positiva, moral y condescendiente con el hombre. Le langage classique institue un univers oÚ les hommes ne sont pas seuls, oú les mots n´ont jamais le poids terrible des choses, oÚ la parole est toujours la rencontre d´autrui. Le langage classique est porteur d´euphorie parce que c (1) ´est un langage inmÊdiatement social En el siglo XVIII el orden y concierto clåsicos se ven perturbados, y el canon clåsico cede terreno a la facultad del

gusto, confundiendo progresivamente la relación unívoca de significantes y significados y abriendo nuevos paradigmas en la creación y recepción artísticas. Tratåndose aún de un gusto estÊtico, conforme avanza el siglo de la Ilustración y el pensamiento se va acercando al Romanticismo, la EstÊtica se desvincula progresivamente de la naturaleza y con ella de la armonía hombre-mundo para instaurarse como disciplina autónoma. La atención se desvía del objeto en favor del sujeto que lo mira, considerando entonces que la belleza ya no se encuentra en el objeto sino en la mente de quien lo observa. Con los romånticos, la idea de belleza se desvincula ya de su cariz trascendente y eterno para ser una categoría relativa, ideológica e histórica. Es a partir de entonces cuando estrenamos lo que se ha llamado Modernidad, una idea de arte y de estÊtica que puso en crisis y desbarató el concepto universal de belleza. La creación y la recepción se abren a juegos semånticos y expresivos que integran como dijo Hugo Fiedrich (2) refiriÊndose a la poesía, las cualidades negativas. En la poesía europea, la modernidad, la ruptura con el canon y de la unidirección del lenguaje, se atribuye por distintos aspectos a MallarmÊ, Rimbaud y Baudelaire. Ellos dieron al traste de manera definitiva con la rigidez de formas, de contenidos y subvirtieron lo estÊtico. Cualidades negativas pues que no se entienden como elementos peyorativos constitutivos del arte sino descriptivos, integrantes legítimos del sistema que permiten a su vez otra concepción de mundo mås allå de los ideales clåsicos. DespuÊs, la crisis del signo operada en el siglo XX, hace del lenguaje sema preùado, en el que la poesía se hace sustancia, esquiva a la relación directa entre significantes y significados, y en ello permeable, enciclopÊdica y desocializada. Dice Barthes del lenguaje moderno frente a la descripción de lenguaje clåsico aludido mås arriba: Chaque mot poÊtique est ainsi un objet inattendu, une boÎte de Pandore, d´oú s´envolent toutes les virtualitÊs du langage; il est donc produit et consommÊ avec une curiositÊ particulière, une sorte de gourmandise sacrÊe. Cette Faim du Mot, comme à toute la poÊsie

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sĂłlo y si se presenta como un material fĂ­sico o soporte aliĂąado por una trama de convenciones que lo legitimen como tal y que, por lo tanto, digan:ÂŤesto es poesĂ­aÂť, ÂŤesto es arteÂť por ajustarse o no a este paradigma que se toma como legitimador. Parece automĂĄtica entonces la presunciĂłn de que no hay poesĂ­a sin trama o discurso que la avale, o dicho de otro modo, no existe soporte poĂŠtico si no hay un discurso que lo legitime como tal. En este sentido, tanto el procedimiento de indicaciĂłn y categorizaciĂłn del elemento artĂ­stico como la funcionalidad que se le ha otorgado desde una perspectiva histĂłrica, ha contado con una semantizaciĂłn fluctuante. Pensemos en la poesĂ­a, en el poeta y en la funcionalidad atribuida a lo largo de la historia: hemos asistido por ejemplo al concepto de poesĂ­a como testigo y elemento partĂ­cipe de la armonĂ­a de las esferas, medio de comuniĂłn con dios y la natura; hemos asistido igualmente a la percepciĂłn del poeta como imitador, visionario o fingidor...,denominaciones o atribuciones todas procedentes de una visiĂłn idealista de la literatura, imaginativa y utĂłpica que, en sus discursos, no consideraron que ni el material fĂ­sico referido, y que llamamos poesĂ­a, ni sus caracterĂ­sticas, ni su catalogaciĂłn, ni evidentemente su autor, que llamamos poeta, fueran el resultado de ningĂşn tipo de trascendencia ni de fuerzas quĂ­micas, sino de un comportamiento humano que convenĂ­a en llamarse artĂ­stico. Un comportamiento ademĂĄs, dentro del cual se diferencian distintas manifestaciones y cuya construcciĂłn y denominaciĂłn responden a una organizaciĂłn de convenciones que nos indican que un material ÂŤXÂť por desarrollarse en un determinado soporte comunicacional (escritura, pintura, escultura...) y respondiendo a determinados procedimientos de indicaciĂłn, es susceptible de ser encuadrado dentro del concepto de arte y mĂĄs concretamente, y segĂşn sea, en uno de sus sistemas ya sea el literario, pictĂłrico, escultĂłrico, etc. De esta manera el concepto de arte responde, desde un punto de vista histĂłrico, a una tautologĂ­a por la cual lo artĂ­stico se ha explicado por un conjunto de obras tenidas por artĂ­sticas en


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moderne, fait de la parole poÊtique une de lo artístico va por otros derroteros, parole terrible et inhumaine (3) sin rumbo fijo, eludiendo los mårgenes de lo que corresponde a lo artístico y Una poesía que en lugar de acompa- de lo que no, al menos según procediùar al hombre en su trasiego y en su an- mientos pasados. Incluso ciertos usos gustia participa de ella, y lo dejaba solo. de la lengua contemporånea han lexiUna poesía sin Êtica, desprovista de calizado expresiones que entienden de aquel aura clåsica, y que por lo tanto en- arte y no es difícil escuchar expresiones frenta al hombre a la barbarie, al terror, como esta piedra es una obra de arte a lo grotesco y a lo feo, categorías todas o habla como un poeta o lo que dice negativas que se integran en el arte y en es poesía. La contemporaneidad ya no los conductos estÊticos sin querer per- requiere la intención de hacer arte para tenecer a la noción clåsica de lo bello. que Êste se perciba como tal. Jakobson (5) pone como ejemplo a los dadaístas El arte se emancipa así del bien ha- o surrealistas que dejaban al azar hacer cer de la EstÊtica clåsica, para intro- sus poemas. ducir elementos en cuanto a comportamientos y significados insospechados. Peut-etre peut-on dÊfinir l´ensemble Es en este proceso en el que se entiende des procÊdÊs poÊtiques, des Kunstgriffe la distancia existente como aparato de ? – Non, car l´histoire de la littÊrature reflexión sobre lo artístico entre la Es- tÊmoigne de leur variation constante. tÊtica clåsica y la Filosofía del arte como Le caractère intentionnel lui-même de integradora de elementos antiestÊti- l´acte crÊateur n´est pas obligatoire. cos. La emancipación que entiende la Il suffit de se rappeler combien souvent Modernidad da por sentado ademås que les dadaïstes et les surrÊalistes laissaient el principio estÊtico como coordinador le hasard faire des poèmes. (6) del concepto de belleza y bien hacer no es una propiedad inherente al arte y Pero la artefactualidad que se enmenos esencial: la producción artísti- tiende en estas composiciones tampoco ca puede muy bien no ser estÊtica y el es hoy necesaria y no se requiere la maconcepto de belleza puede igualmente nipulación física de un objeto para que encontrarse en otros åmbitos mås allå Êste se perciba como artístico. del artístico. De esta manera, el arte a lo El camino que va de la catalogación largo del siglo XX se transforma en una de lo artístico de la mano de la estÊtica disciplina sujeta a una crítica continua, a los últimos ejemplos aportados, como que no admite la imposición de sende- arte no estÊtico, deja entrever dos cuesros trazados, no por lo menos de orden tiones: primero, que el discurso sobre lo estÊtica. Timothy Binkley refería así artístico no se resume en la delimitación esta idea: de unas propiedades estÊticas, ademås de no ser ni condiciones necesarias ni Il [el arte] se libÊrÊ des paramètres suficientes; y segundo, que la definición esthÊtiques, et ses produits sont parfois de arte en la modernidad y ya hoy en la la mise en oeuvre directe d´idÊes non postmodenidad, ultramodernidad para mÊdiatisÊes par des qualitÊs esthÊti- otros, pasa necesariamente por otros ques. Une oeuvre d´art est une pièce, conductos en los que los principios eset , en tant que telle, elle n´a pas besoin tÊticos ceden o se transforman en favor d´être un objet esthÊtique ni même un de otros elementos que vienen a suplanobjet tout court (4) tarlos en su función legitimadora. ¿Cuåles? En pleno siglo XXI el arte se ha transNo tenemos mås que pensar en los formado en un caja de Pandora en la bigotes que Duchamp le puso a la Gio- que conviven, objetos estÊticos con no conda o en o movimientos recientes estÊticos, no objetos con artilugios mås en escultura como el junk sculpture o menos definidos abocando en una cri(creación de arte a partir de basuras) o sis de valores y un adiós irrenunciable al el found art (a partir de objetos encon- paradigma. Crisis constante, deslegititrados) para percibir que el discurso mación de valores, superproducción,

narcisismo, mercantilismo cultural, globalizaciĂłn e hĂ­brido... son algunos de los discursos que tienden a asolar el panorama artĂ­stico contemporĂĄneo configurando un mapa confuso, que unas veces se percibe como apocalĂ­ptico, el fin del arte o el todo (nada) vale y otras, como el resultado de un cambio de paradigmas sin proyecto definido. ÂŤEl programa del final de la historia define tambiĂŠn el estado de parĂĄlisis intelectual, la ausencia de proyectos artĂ­sticos o sociales, el vacĂ­o existencial que domina en los centros de decisiĂłn cultural global, define un nihilismo integral ligado a la concentraciĂłn de poder tecnolĂłgico y financiero. Este vacĂ­o exige un cambio radical en nuestra forma de pensar globalmente y en la definiciĂłn de nuestro futuroÂť. Esta crisis de valores hay que ponerla en relaciĂłn con otros elementos propios a la postmodernidad entre los que hay que destacar el supremo poder de los mass media como generadores de una dinĂĄmica cultural dependiente de principios de producciĂłn como son la oferta y demanda. Estos mecanismos unidos al poder sugestivo que provoca toda cadena de producciĂłn encuadrada en una labor de marketing llevan a la contemporaneidad a cuestiones que hacen pensar por una parte en una liberalizaciĂłn del gusto, relativismo para otros, pero tambiĂŠn en una imposiciĂłn generada a partir de una educaciĂłn (o adiestramiento) del gusto traslucida por ejemplo en el concepto de ÂŤcultura globalÂť. ÂŤ...una cultura global perfectamente uniformada, perfectamente interligada burocrĂĄticamente y perfectamente controlada semĂĄnticamente. Las mismas exposiciones, los mismos museos, el mismo pensamiento Ăşnico, se trate de economĂ­a polĂ­tica o crĂ­tica literaria, se reproduce hasta la saciedad lo mismo en las universidades de PerĂş o de Angola, en la Bienal de Sao Paulo que en el Guggenheim de Bilbao. El resultado es la obstrucciĂłn y la destrucciĂłn de memorias, inteligencias y culturas locales, la uniformizaciĂłn de saberes histĂłricos de civilizaciones milenarias, y la creaciĂłn de una nueva burocracia y una nueva


Frente a esto, en el arte se observa el desarrollo de comportamientos narcisistas, que requieren el desarrollo de marcos y discursos diferenciados que eviten su disoluciĂłn en la masa global. FenĂłmenos de contrapeso, de recuperaciĂłn necesaria de memoria que muchas veces tambiĂŠn proceden a la reinvenciĂłn del pasado ĂĄvidos de nutrir el sentimiento diferenciado con distintos fines. Pensemos un momento en determinadas polĂ­ticas culturales llevadas en la EspaĂąa contemporĂĄnea, donde en los Ăşltimos tiempos asistimos como nunca a un resurgimiento de las culturas llamadas regionales, costeadas por los gobiernos autonĂłmicos, y que sostenidas en discursos neorromĂĄnticos vuelven a vincular el elemento artĂ­stico a las ÂŤsupuestas maneras de ser de un puebloÂť, aludiendo sin pudores a los genes y obviando a veces la internacionalidad del arte como caracterĂ­stica inherente al elemento artĂ­stico como tal. Nos hallamos pues ante un panorama artĂ­stico, consecuencia de esta ĂŠpoca que acoge de todo un poco, plural en discursos y cuya sensibilidad no es sino

andar perdida en la abigarrada contemporaneidad. Por ello, como nunca antes en la historia, el panorama artístico es complejo: no sólo por la amalgama de formas, materiales y estructuras utilizados para la construcción de lo artístico, sino tambiÊn en la comprensión de la diversidad de dinåmicas culturales con unos medios de producción y promoción, que las convierten en inabarcables, sin proyecto, sin aparato teórico y a las que se acusa de irritantes, acríticas e interesadas. Curiosamente a pesar de todo ello, seguimos asistiendo a un discurso referido a lo artístico anclado en gran medida en códigos idealistas Decía Darío Villanueva: El viejo discurso cultural sigue moviÊndose en una terminología clåsica –inspiración, creatividad, autonomía – sin caer en cuenta que tales cualidades únicamente pueden ser garantizadas por la existencia de unas fuertes industrias culturales Por ello, cada vez con mås insistencia nos vemos en la obligación de preguntarnos dónde termina la industria, el efecto de los mass media, la estrategia política... y empieza el arte, o si sim-

plemente nos hallamos ante elementos complementarios. Industrias culturales que como tales son movidas por el interĂŠs econĂłmico unas veces; otras, por ejemplo, como es el caso que referĂ­a mĂĄs arriba a propĂłsito de determinadas polĂ­ticas culturales, este interĂŠs se torna simbĂłlico en el afĂĄn de crear espacios identitarios, imaginarios colectivos donde acudir a ratificar la diferencia. Maneras todas ellas que alertan de nuevas resemantizaciones del elemento artĂ­stico ya integrado en un sistema en el que progresivamente el artefacto que se pueda tener como ÂŤarteÂť no es sino un ingrediente mĂĄs de un andamiaje o infraestructura de elementos de lo mĂĄs dispares aunque algunos sigan guardando un cĂłdigo idealista generador de todo tipo de confusiones. El arte, la literatura exigen por ello mĂĄs que nunca su consideraciĂłn no en una presunta autonomĂ­a e independencia, sino ubicados en la tensiĂłn sociocultural como espacio semiĂłtico, laboratorio al que acudir en el anĂĄlisis y comprensiĂłn para su identificaciĂłn, indicaciĂłn como tales, repertorio y admiraciĂłn como elementos artĂ­sticos.

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BibliografĂ­a

Ilustra: MarĂ­a Luna Fago

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censura de alcance mundial�. (7)


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De clĂĄsicos o modernos Entre las personas que trabajamos en inculcar el hĂĄbito de la lectura en niĂąos y en adolescentes surge a menudo un dilema que no es sino la enĂŠsima reediciĂłn de la querella de antiguos contra modernos: trabajar con obras clĂĄsicas o hacerlo con obras modernas. Si bien ninguna de las opciones es excluyente, en estas lĂ­neas vamos a defender la necesidad de que los adolescentes lean tambiĂŠn aquellas obras que forman parte de la literatura universal. LĂłgicamente no todas las obras que integran este inmenso bagaje cultural estĂĄn al alcance de un adolescente, pero sĂ­ algunas de ellas. Pongamos, por ejemplo, La isla del tesoro. La isla del tesoro fue escrita por Robert Louis Stevenson (1850-1894) a finales del siglo XIX. Desde entonces muchos han sido los que se han quedado fascinados no sĂłlo por lo que allĂ­ se cuenta, o por la tensiĂłn de los acontecimientos, o por los giros inesperados de la narraciĂłn, sino tambiĂŠn por la galerĂ­a de tipos que en ella aparecen: canallas, sinvergĂźenzas, perdularios, bebedores de ron, embusteros consumados, codiciosos, personajes que no siguen mĂĄs que sus propias leyes y reglas como, por ejemplo, la ÂŤmota negraÂť.

Mitos y sĂ­mbolos Cuando se programa una obra de lectura, no se pide que obligatoriamente el alumno se fascine o admire por lo que se ha leĂ­do; si la fascinaciĂłn o la admiraciĂłn se producen, mejor que mejor. La necesidad de su lectura se fundamenta en dos razones. La primera de estas razones es elemental. La isla del tesoro debe formar parte de la formaciĂłn de un adolescente, de su bagaje como lector. Efectivamente, con La isla del tesoro se prolonga una manera de narrar sucesos que hunde sus raĂ­ces en las grandes novelas de aventuras del siglo XIX: se trata de la historia protagonizada por un adolescente intrĂŠpido que se ve envuelto en mil y un problemas que le llevan a asumir una serie de responsabilidades que poco a poco le van a ir haciendo madurar. AdemĂĄs de un libro de aventuras, La isla del tesoro es tambiĂŠn una estupenda Bildungsroman o novela de formaciĂłn. Pero la novela de Stevenson es tambiĂŠn el lugar en donde se van a acuĂąar una serie de sĂ­mbolos e imĂĄgenes que, no siendo exclusivas del libro y popularizadas posteriormente por el cine, sĂ­ van a quedar asociadas para siempre a la historia que protagoniza el joven Jim Hawkins. Si todos nosotros conocemos actualmente cuĂĄl es la bandera que usaban los piratas en sus correrĂ­as -la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas- es, en gran medida, gracias a que la obra de Stevenson la popularizĂł. Esta bandera, emblema de la piraterĂ­a, aparece en el texto con su nombre original, la Jolly Roger, y es la seĂąal por la que se reconoce que la goleta Hispaniola ha quedado en manos de los piratas. Por otra parte, la imagen del pirata al que le falta una pierna ha quedado indisolublemente asociada de por vida al personaje de John Silver el Largo, el bucanero que se embarca como cocinero a bordo de la expediciĂłn, todo un experto en el arte de jugar a dos bandas y acomodarse a las circunstancias que van surgiendo


19&OTBZP-JUFSBUVSB QuÊ es una obra clåsica La segunda razón que se alega para poner una lectura como la de Robert Louis Stevenson y otras por el estilo es que se trata de un clåsico. Ahora bien, ¿quÊ es eso de un clåsico? ¿QuÊ es lo que entendemos por una obra clåsica? En ocasiones nos resulta difícil manejar con precisión el sentido de clåsico aplicado a una obra literaria, ya que cada cual entiende el tÊrmino aplicado a un determinado periodo histórico o a un tipo de modelo literario muy concreto. La contestación mås usual a esta pregunta suele ser la siguiente: una obra clåsica es aquÊlla que, habiendo sido escrita hace tiempo, puede ser leída por nosotros como si fuera una obra actual; es decir, aquella obra que ha soportado a las mil maravillas el paso del tiempo. La obra clåsica se opone, por tanto, a otras obras que caducan y que, por decirlo así, se pasan de moda. De manera que podemos decir que La Odisea de Homero (siglo VIII a. C.), La Celestina de Rojas (1499), El Quijote de Cervantes (1605-1615) y otras muchas obras –no sólo literarias– forman parte de esa categoría. Sin embargo, existe otra respuesta, tan poderosa como la primera, para responder a esa misma pregunta. Para responderla, y de paso ver la huella actual de La isla del tesoro, vamos a hacer una excursión por la literatura. Pero no nos vamos a ir muy lejos, ni nos vamos a remontar a Êpocas pasadas para ver su influjo. Tan sólo vamos a fijarnos en la literatura espaùola de los últimos aùos. En 1994 se celebró el centenario de la publicación de La isla del tesoro. Con tal motivo, el periódico El País publicó una serie de pequeùos relatos que homenajeaban distintos aspectos de la novela. Los firmaban algunos de los artistas e intelectuales mås consagrados, como Fernando Savater: unos se fijaban en personajes, otros en el conjunto de la historia, pero todos dejaban constancia de la huella que el relato les había dejado en su primera adolescencia.

Ese mismo aĂąo el escritor Luis Landero publicaba su segunda novela. La titulĂł Caballeros de fortuna (Tusquets, 1994). Cualquiera que haya leĂ­do el relato de Stevenson asociarĂĄ este tĂ­tulo con el tratamiento que se daban entre sĂ­ los piratas y bucaneros que aparecen en La isla del tesoro. Se cuenta en el capĂ­tulo XI, un capĂ­tulo decisivo en la historia: el joven Jim Hawkins, escondido en un bidĂłn de manzanas, escucha las conversaciones que John Silver mantiene con otros miembros de la tripulaciĂłn. Al principio no entiende a quĂŠ se refieren con esa expresiĂłn: ÂŤLo que pasa con los caballeros de fortunaÂť, explicaba John Silver, ÂŤes esto: llevan una vida dura, y con riesgo de la horca, pero comen y beben como gallos de pelea, y cuando terminan un viaje se encuentran con cientos de libras esterlinas en los bolsillos en vez de cientos de peniques. Luego la mayor parte se va en ron y en juergas, ya la mar otra vez, sin mĂĄs que la camisa puestaÂť. Pero luego, a medida que los va escuchando, Hawkins llegarĂĄ a sus propias conclusiones: ÂŤPara entoncesÂť, se nos dice, ÂŤya habĂ­a empezado a comprender el sentido de sus tĂŠrminos. Por caballero de fortuna entendĂ­an ni mĂĄs ni menos que un vulgar pirataÂť. La carta esfĂŠrica (Alfaguara, 1999) de Arturo PĂŠrez Reverte es una novela de aventuras, pero, sobre todo, un homenaje expreso a la novela de Stevenson. La historia, por supuesto, es la bĂşsqueda de un tesoro; en este caso, lo que esconde un galeĂłn espaĂąol del siglo XVII hundido junto a la costa de Cartagena. Como en la novela de Stevenson, la consecuciĂłn del tesoro no serĂĄ fĂĄcil. Los protagonistas de la historia (una bella y joven investigadora, TĂĄnger Soto; un marino desengaĂąado, impulsivo y sentimental, Manuel Coy, y un viejo pescador a quien apodan El Piloto) tendrĂĄn que superar una serie de trabas y de peligros y enfrentarse a po-


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derosos adversarios: un ambicioso cazador de tesoros, hijo de madre inglesa y padre gibraltareĂąo, llamado Nino Palermo, y un antiguo torturador durante la dictadura argentina, el siniestro Horacio Kiskoros. Como en la novela de Stevenson, al abrir el libro y desplegar las solapas nos encontraremos con dos mapas que nos servirĂĄn de guĂ­a para la localizaciĂłn del lugar y el seguimiento de la historia. Vamos a acabar este recorrido con un ejemplo un poco mĂĄs complejo. Consta de tres piezas, de tres estratos literarios que se superponen. El escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) compuso un poema –en concreto, un soneto, recogido en su libro El hacedor– inspirĂĄndose en una de las figuras mĂĄs tĂŠtricas y siniestras de cuantas aparecen en La isla del tesoro. Este personaje es ciego, como lo era el propio Borges. Se trata de Pew, uno de los personajes que mĂĄs miedo infunden cuando se lee la novela de niĂąo. Basta recordar cĂłmo coge del brazo al pequeĂąo Hawkins en la posada del Almirante Benbow para que le conduzca al lugar donde se encuentra el capitĂĄn Bill: ÂŤJamĂĄs oĂ­ voz tan cruel, frĂ­a y estremecedora como la de aquel ciegoÂť, confiesa Jim Hawkins en el capĂ­tulo III. Dos capĂ­tulos mĂĄs adelante asistiremos a su espeluznante muerte; una vĂ­ctima mĂĄs de la codicia con la que se mueven la mayor parte de los personajes de la obra: - Johnny, Perro-negro, Dirk... No abandonĂŠis al viejo Pew, compaĂąeros... No abandonĂŠis al viejo Pew... En aquel momento el ruido de los caballos sobrepasĂł la cima, y cuatro o cinco jinetes aparecieron a la luz de la luna y se lanzaron cuesta abajo a galope tendido. Pew comprendiĂł entonces su error. Dio la vuelta chillando y echĂł a correr derecho hacia la cuneta, donde cayĂł dando tumbos. Pero en un instante se levantĂł y de nuevo se lanzĂł a correr; ya del todo desorientado, hasta meterse debajo del caballo que venĂ­a delante. El jinete tratĂł de evitarlo, pero fue en vano. CayĂł Pew dando un grito que sonĂł trĂĄgico en la noche: los cuatro cascos del animal lo pisotearon, lo machacaron y pasaron de largo. QuedĂł caĂ­do sobre un costado, despuĂŠs se desplomĂł lentamente, de bruces, y ya no se moviĂł mĂĄs. El poema de Borges, tan tĂŠtrico y siniestro como el propio personaje en quien se inspira, dice asĂ­: Este poema llamĂł la atenciĂłn a uno de los escritores mĂĄs importantes del panorama literario actual y le dio pie para componer una deliciosa novela corta: hablamos de Antonio MuĂąoz Molina y de su libro Carlota Fainberg (Alfaguara, 1999). En esta novela, Claudio, un profesor espaĂąol que imparte clases en una universidad americana, se dirige a Buenos Aires para dar una conferencia sobre el soneto ÂŤBlind PewÂťde Jorge Luis Borges. Retenido por una tormenta de nieve en el aeropuerto de Pittsburg, Claudio conocerĂĄ en la espera a un compatriota apellidado Abengoa, un vulgar ejecutivo de una cadena hotelera, que le contarĂĄ la historia secreta de amor que viviĂł en un hotel de Buenos Aires con una mujer fascinante. Su nombre, Carlota; su apellido, Fainberg: “una mujer para morirseâ€?, le confesarĂĄ Abengoa. Cuando Claudio llegue a la capital argentina se hospedarĂĄ en ese mismo hotel y durante su estancia no dejarĂĄ de buscar a esa mujer que no sabrĂĄ si es real o es fruto de la imaginaciĂłn. Stevenson inspirĂł el poema de Borges; y el poema de Borges fue el chispazo que alumbrĂł la novela de MuĂąoz Molina. Literatura sobre literatura y ĂŠsta, a su vez, sobre literatura: literatura elevada al cubo. QuizĂĄs se entienda mejor ahora quĂŠ es una obra clĂĄsica. Una obra clĂĄsica no es sĂłlo aquella que, habiendo sido escrita hace veintiocho, seis o dos siglos, puede ser leĂ­da en nuestros dĂ­as, sino tambiĂŠn aquella obra que se convierte en la llave que nos permite abrir otras muchas puertas. No importa si todavĂ­a el adolescente no las puede abrir; la lectura es una prĂĄctica que sĂłlo se sedimenta con los aĂąos; pero con el tiempo estarĂĄ en condiciones de poder hacerlo. Con los clĂĄsicos hay que hacer lo mismo que con los objetos mĂĄs preciados: guardarlos en un lugar seguro y a buen recaudo. Si el adolescente almacena, a la vuelta de unos aĂąos se encontrarĂĄ con todo lo que leyĂł. El que guarda siempre encuentra.

Blind Pew Lejos del mar y de la hermosa guerra, Que asĂ­ el amor lo que ha perdido alaba, El bucanero ciego fatigaba Los terrosos caminos de Inglaterra. Ladrado por los perros de las granjas, Pifia de los muchachos del poblado, DormĂ­a un achacoso y agrietado SueĂąo en el negro polvo de las zanjas. SabĂ­a que en remotas playas de oro Era suyo un recĂłndito tesoro Y esto aliviaba su contraria suerte; A ti tambiĂŠn, en otras playas de oro, Te aguarda incorruptible tu tesoro: La vasta y vaga y necesaria muerte.


1BCMP-PSFOUF El 4 de enero de 2007, el diario El Mundo, publicĂł el siguiente titular: ÂŤUn software decide quĂŠ libros quitar de las bibliotecas de Estados UnidosÂť. En esta noticia se da cuenta del sistema que se va a aplicar en la biblioteca del condado de Fairfax (Virginia) para rentabilizar mejor el espacio del que disponen. Si ya quitar un libro de una biblioteca, aunque sea la de nuestro hogar, por ejemplo, es algo peliagudo, mucho mĂĄs lo es el sistema que van a utilizar, algo sencillo y eficaz: los libros que durante 24 meses no hayan sido solicitados, serĂĄn eliminados. Esto no es un hecho aislado, puesto que ya grandes superficies, segĂşn se nos informa en esta noticia, como Barnes&Noble ya lo utilizan. Los responsables de la biblioteca en cuestiĂłn, defienden esta decisiĂłn, amparĂĄndose en el argumento de que la enorme cantidad de libros que se publican saturan el espacio disponible. Y no les falta razĂłn, y es que a dĂ­a de hoy, el mercado editorial es una mĂĄquina imparable, se estima que sĂłlo en EspaĂąa se publican unos 50.000 libros al aĂąo, eso sin tener en cuenta las ediciones ÂŤpirataÂť, personales...Ahora bien, entonces, ÂżquĂŠ es una biblioteca? La RAE, en sus dos primeras definiciones nos dice que es: 1. f. InstituciĂłn cuya finalidad consiste en la adquisiciĂłn, conservaciĂłn, estudio y exposiciĂłn de libros y documentos. 2. f. Local donde se tiene considerable nĂşmero de libros ordenados para la lectura. Si seguimos la lĂłgica de nuestra biblioteca norteamericana, la primera definiciĂłn queda invalidada; la segunda sigue siendo mĂĄs o menos coherente, podemos ordenar esta biblioteca por orden alfabĂŠtico o de gĂŠnero, pero poco mĂĄs. Y es que una biblioteca, precisamente porque el mercado es imparable, creo que sĂ­ debe ser un espacio de conservaciĂłn de la cultura. A menudo nos enfrentamos con la dificultad de encontrar ciertos libros, primero porque las librerĂ­as sĂ­ se deben a esa maquinaria, por la sencilla razĂłn de que viven de eso, es un negocio, cultural, pero un negocio al fin y al cabo. Los libros clĂĄsicos se descatalogan a una velocidad pasmosa, si las bibliotecas no cumplieran su funciĂłn de conservaciĂłn ÂżdĂłnde se podrĂ­an encontrar estos libros? (1) Y es que el problema fundamental de fondo no es nuevo, y no es otro que cĂłmo clasificar y calificar la literatura. Lo novedoso, y lo que llama la atenciĂłn, es que de por medio no hay ningĂşn criterio basado en las ciencias literarias, en la crĂ­tica, en el consejo de los especialistas, sino tan solo un criterio excepcional-

mente democrĂĄtico, el simple gusto del lector reflejado en una tabla estadĂ­stica. Ahora bien, cabe preguntarse si necesitamos para algo estos libros que en un principio van a desaparecer, si sirven para algo. Desde luego puede resultar una pregunta bĂĄrbara, pero si ya un servicio pĂşblico, como una biblioteca, elimina los libros no prestados durante un periodo de tiempo, tambiĂŠn lo podrĂ­an hacer otras instituciones en principio valedoras de la cultura. La acciĂłn de esta biblioteca, con la sola propuesta, es borrar la importancia de ciertas obras, deslegitimizar su valor en la historia, en la cultura. TambiĂŠn, y de paso, inutilizarlas como obras del saber nacional o universal, y, por tanto, invalidar su uso acadĂŠmico en la enseĂąanza media, por ejemplo. QuizĂĄ no sea mĂĄs que la actualidad, y no refleje mĂĄs que una realidad. Y es que a pesar de la buena salud del mercado editorial, numerosas son las voces que se alzan para anunciar la muerte del libro. En el contexto educativo, muchos profesores tenemos la sensaciĂłn de perder espacio al propugnar y enseĂąar un hĂĄbito, el de la lectura, de textos y libros, cuando la realidad social y de los estudiantes es la apabullante victoria de la imagen sobre cualquier otro escenario, muy por encima incluso al de la ficciĂłn, que se ve superada con creces por aventuras grĂĄficas de extraordinario realismo e interacciĂłn. Lo que a continuaciĂłn pretendemos es una mera reflexiĂłn sobre la literatura y su funciĂłn en la enseĂąanza. TambiĂŠn observar cĂłmo y por quĂŠ se enseĂąa, saber si hay una crisis y si esta se podrĂ­a paliar de algĂşn modo.

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EL CANON Y LA ENSEĂ‘ANZA DE LA LITERATURA


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 {103 26² 4& &456%*" -" -*5&3"563" El primer día de curso, comienzo las clases de literatura preguntando: ¿QuÊ es la literatura?. Las respuestas de los alumnos, como se puede imaginar, son de lo mås variopintas, aceptables casi todas ellas porque es una pregunta para la que yo tampoco tengo una respuesta del todo plausible. Y es que la literatura, a pesar de que es objeto de estudio y de conocimiento, por tanto ciencia, presenta ya de por sí numerosos problemas: curiosa ciencia de la que nadie puede hablar sin margen de error y que se define con gran dificultad y generando infinitas diatribas y polÊmicas, la literatura no es lo mismo para todo el mundo. Así pues, asistimos a un hecho del todo insólito, que es la obligatoriedad de la literatura en los sistemas educativos, cuando es algo tan etÊreo, que ni siquiera somos capaces de definir con exactitud. Entre muchas otras, se estudia la literatura por varias razones, a continuación aùado ciertas dudas ante estos objetivos: — Favorece el desarrollo de las capacidades comunicativas para habitar en sociedad y ser un miembro activo de la misma. A pesar de ello, tambiÊn es una capacidad comunicativa la interacción oral y con el estudio del texto escrito, parece poco claro cómo se favorece esta. Sobre todo teniendo en cuenta que el sistema educativo espaùol es muy poco dado a las intervenciones orales. — El conocimiento y buen uso del código lingßístico usado por la sociedad es fundamental para formar parte de ella y estar integrado en la misma. Volvemos al código oral, poco parece aportar la literatura hacia ello, y por otro lado, si bien estå clara la importancia del dominio de ese código, por quÊ la literatura debería ayudar a ello, cuando se podría ejercitar de otros muchos modos. — El estudio de la literatura favorece la actitud crítica con respecto al mundo que nos rodea, continuo emisor de mensajes. Si bien estå claro que los alumnos estån capacitados para leer mensajes, figuras como la del analfabeto funcional son preocupantes, ¿quizå falla la literatura en este aspecto de educador crítico? Teniendo en cuenta, ademås, que hay una enorme cantidad de mensa-

jes que no pertenecen al mundo textual. — El trabajo literario favorece la creación de la sensibilidad y la capacidad para apreciar la belleza. TambiÊn ello parece claro a priori, pero habría otras muchas artes, algunas de ellas ciencias tambiÊn que podrían hacerlo, como las artes escÊnicas, la pintura, la música, la danza... Estas serían tan solo algunas de las características por las que se enseùa esta materia, sin embargo, quedan numerosas incógnitas. La primera de ellas sería discernir por quÊ se estudia el discurso literario y no cualquier otro, como el discurso político, o económico, que quizå pudieran resultar de mayor interÊs para la vida en sociedad. Y aún podemos ahondar mås en este problema, si hablamos del discurso literario, tambiÊn podríamos hablar de la literatura que se elige, quiÊn la elige y por quÊ. {26²-*5&3"563"4&&456 %*" &-$"/0/ La literatura que se estudia viene marcada por el tiempo, es lo que se conoce como canon. En estas líneas vamos a prestar especial atención a esta idea de canon, y en especial a las reflexiones de Harold Bloom en su obra El canon de occidente. El canon estå íntimamente unido a la Historia Literaria puesto que Êsta no hace otra cosa que tratar las obras seleccionadas, compilarla. A travÊs del tiempo y por diferentes razones unas obras han destacado por encima de otras y les han sobrevivido perpetuåndose en nuestras historias literarias y manuales. El canon es una palabra de origen griego, ya utilizada por los filólogos alejandrinos en su tiempo como una lista de obras escogidas y dignas de imitación, mås ampliamente, el canon literario es una lista o elenco de obras consideradas valiosas y dignas por ello de ser estudiadas y comentadas(Sulla: 1998, 11). Estas obras, el canon, tienen varias funciones muy bien determinadas, desde el punto de vista estÊtico, sirve para promover modelos, ideas e inspiraciones. Desde otros puntos de vista, hay que pensar en quiÊn hace esa selección, a quiÊn le pertenece: esa elección de libros por parte de nuestras instituciones de enseùanza (Bloom: 1995, 25). El ca-

non es por tanto el representante de un valor buscado por las instituciones que lo eligen, lo que lo entroncaría con la Historia imperante, que es la política. El valor imperante en la Edad Moderna sería aquÊl que va en beneficio de la construcción de una idea de nación, de ahí la necesidad de marcar unas obras que respondieran a esta formación, que es, en primer tÊrmino, formación lingßística para producir una unidad territorial, económica y al fin, de identidad. Bloom, sin embargo, parece tener una idea mås idealista sobre la formación de este canon. En primer lugar se nos dice que no hay ninguna marca de comunidad en este canon: La manera mås estúpida de defender el canon occidental consiste en insistir en que encarna las siete virtudes morales que componen nuestra supuesta gama de valores normativos y principios democråticos. Para Bloom, la idea del canon es poco política, puesto que enaltece los valores estÊticos de las obras que pudieran formar parte de este conjunto por delante de otras: El canon existe precisamente con el fin de imponer límites, de establecer un patrón de medida que no es en absoluto político o moral. Así pues, el canon no sólo carecería de valores políticos sino tambiÊn morales, el canon no es educativo, sería puramente estÊtico, idea con la que difícilmente podemos estar de acuerdo. Esta concepción estÊtica dejaría de lado ideas tan claramente establecidas en el canon como la transmisión de una herencia intelectual o la creación de marcos de referencia comunes (identidad) entre los miembros hacia los que ese legado cultural y de tradición estån destinados, en primer lugar, nuestros estudiantes. La obra de Bloom, como no puede ser de otro modo, es parcial. En ella realiza una lista no exhaustiva sobre la literatura occidental, incluye a veintisÊis escritores: Chaucer, Cervantes, Montaigne, Shakespeare, Goethe, Dickens, Joyce, Proust... y trata de averiguar quÊ los convierte en canónicos y por quÊ: La respuesta, en casi todos los casos, ha resultado ser la extraùeza, una forma de originalidad que o bien no puede ser asimilada o bien nos asimila de tal modo que dejamos de verla como extraùaese patrón de medida sería así un signo de


13016&45"4 Somos hijos de nuestro tiempo y de nuestra formaciĂłn, en el campo literario, no es distinto, hemos sido formados de un modo particular, y es muy difĂ­cil poder hacer algo distinto. A lo largo de estas pĂĄginas hemos analizado la idea de canon fundamentalmente. Todo ello

queda reflejado en la Historia culturalista que es, ni mĂĄs ni menos, lo que estamos transmitiendo a nuestros alumnos en las aulas. Creo, sin embargo, que no estamos logrando los resultados deseados, porque, a menudo, ni estamos enseĂąando literatura, ni los valores y herramientas asociadas. Uno de los problemas, creo que es la dictadura del libro. Nuestros alumnos se despiertan para acudir al instituto con un politono de su mĂłvil, plagado de mensajes casi indescifrables para los no adeptos a los sms, pasan horas delante de un ordenador con acceso a informaciĂłn ilimitada, con colores, sonidos, widgets parpadeantes y rincones donde pueden encontrar cualquier trabajo ya hecho. Parece poco razonable pensar que van a encontrar atractivo un manual con una foto de una escultura de Cervantes, mucho menos un texto que ni siquiera entienden. Ahora bien, igual de poco razonable parece pensar limitar la lectura de ciertas obras a ver un tebeo en edades, donde la pedagogĂ­a, nos dice que deberĂ­an estar haciendo otro tipo de tareas. La implantaciĂłn de nuevas tecnologĂ­as en el aula puede dar buenos resultados, siempre y cuando se institucionalice este uso y se apoye de manera suficiente. Las pizarras electrĂłnicas, los materiales pedagĂłgicos especĂ­ficos, los recursos bien gestionados... deben convivir con los usos tradicionales en el aula, sobre todo en las primeras etapas del aprendizaje. Porque estudiar literatura debe ser fundamentalmente aprender a leer para crear conocimiento, por ello se debe abrir la nociĂłn de ÂŤliteraturaÂť. Aguirre Romero, en su artĂ­culo sobre las nuevas tecnologĂ­as nos habla del hipertexto: Aunque el Hipertexto es una construcciĂłn que puede ser desarrollada en cualquier ĂĄrea especĂ­fica estableciendo estructuras de conocimientos, en el caso de la enseĂąanza de la Literatura tiene sus peculiaridades especĂ­ficas que se derivan de las propias del texto literario que: a) genera universos de ficciĂłn; y b) representan la vida, es decir, albergan aspectos de la totalidad de la enciclopedia, requieren que se pongan en marcha conocimientos de todos los campos: la Historia, la GeografĂ­a, la SociologĂ­a, la

PsicologĂ­a, la FĂ­sica, la QuĂ­mica, la Literatura misma... Gracias a esta nueva forma hipertextual de estructurar la informaciĂłn se pueden hacer explĂ­citas esas conexiones que existen durante la lectura y a travĂŠs de ella. Aprender Literatura es aprender a leer comprendiendo estas conexiones que el texto establece y demanda. Es decir, la lectura es una forma de re-escritura, una recomposiciĂłn textual en la que primero tenemos que encontrar las piezas identificĂĄndolas, clasificĂĄndolas en interpretĂĄndolas en su nuevo contexto. En este sentido, el Hipertexto es en sĂ­ mismo un instrumento pedagĂłgico en el que su sencillez funcional contrasta con la complejidad estructural que puede llegar a reflejar, que no serĂ­a otra que la del texto mismo devuelto a su plenitud semiĂłtica. (Aguirre, 2002) Lo que se propone es otra lectura de la literatura para hacerla mĂĄs cercana, mĂĄs Ăştil, sin duda otro efecto beneficioso en su aprendizaje, serĂ­a descargar de su poder al canon. Evitar la gran diferencia entre la ÂŤgranÂť literatura y las menores, llamadas habitualmente, incluso, subliteraturas. Los adolescentes no se sienten atraĂ­dos por lo canĂłnico, lo formal, mucho menos si es objeto de estudio en el aula. El primer problema es intentar que la literatura sea placer, que de verdad los alumnos la puedan percibir como un objeto estĂŠtico, y no como una amenaza, una pĂŠrdida de tiempo o una obligaciĂłn. No podemos desdeĂąar lo no canĂłnico, las instituciones no pueden hacerlo, pero sĂ­ podemos encontrar resquicios. Para demostrar el poder del canon voy a seĂąalar varios ejemplos. El mĂĄs bĂĄsico es la dificultad para encontrar en los planes de estudio de una Facultad de Letras, una asignatura que preste atenciĂłn a la literatura no canĂłnica. Por otro lado, el lunes 8 de enero de 2007, el periĂłdico ADN de Sevilla publicĂł una entrevista al escritor Felipe BenĂ­tez Reyes, a la sazĂłn, ganador del premio Nadal con su obra Mercado de espejismos. Esta obra se considera una parodia de los libros de intriga esotĂŠrica al estilo de El cĂłdigo Da Vinci, que tanto ĂŠxito de ventas ha tenido en nuestro paĂ­s. Al referirse a

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originalidad capaz de otorgar el estatus canónico a una obra literaria, es esa extraùeza que nunca acabamos de asimilar, o que se convierte en algo tan asumido que permanecemos ciegos a sus características. Si nos vamos hacia un terreno mås pråctico, tambiÊn los profesores de enseùanzas medias estån sujetos a un canon, basta con abrir un manual por el índice para que Êste quede claro, una serie de autores y obras imprescindibles para comprender nuestra cultura, dominar nuestra lengua, comprender nuestra historia. El problema que surge es que, si bien es algo fundamental en el cursus de los estudiantes es tambiÊn una trampa. No voy a entrar en problemas pedagógicos hacia cómo enseùar esta literatura, ya he seùalado anteriormente algunos de los problemas hacia el mero hecho de estudiar la literatura en esta sociedad de la velocidad y de la imagen, pero es que este canon, impreso en un currículo anual, por tanto de cumplimiento obligatorio, al que le queda asignado un número de horas concretas, este canon, como digo, no puede ser el único protagonista de un programa de estudios. De ser así, no vamos a poder formar a personas competentes en los objetivos båsicos de la enseùanza de la literatura, el dominio de un código, tampoco vamos a crear especialistas en literatura porque para eso, si lo hacen, ya estån las facultades. Mi opinión es muy pesimista al respecto, porque lo que con mås probabilidad vamos a hacer es crear personas resentidas hacia la lectura, personas que han estudiado de diversos modos algo de lo que no tienen siquiera una conciencia clara, la literatura; alumnos que se han enfrentado a un código lingßístico que no comparten ni entienden; un montón de fechas y obras que detestan o que simplemente han olvidado, fracasando así en la mayoría de nuestros propósitos.


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este tipo de libros: Esta es una novela de grandes farsantes. No hace falta nombrarlos para saber de quienes estamos hablando. Pero yo no soy un purista, no estoy en contra de estas obras de consumo y lectura fĂĄcil. La subliteratura tiene un lugar y cumple una funciĂłn. En mi opiniĂłn, en estas palabras se condensa el sentimiento de adoraciĂłn hacia el canon y su enorme fuerza como autoridad, asĂ­ como el consiguiente desprecio hacia las formas ÂŤmenoresÂť de cultura. SegĂşn sus palabras, las obras de consumo, lo cual es bastante vago, no merecen su aprobaciĂłn, es mĂĄs, si son de lectura fĂĄcil, es seĂąal de su falta de calidad, y son denominadas, simplemente, como algo por debajo de la literatura. Si las analizamos como crĂ­ticos, quizĂĄ pudiĂŠramos estar de acuerdo, pero, como profesor, sigo maravillado con el papel jugado por El CĂłdigo Da Vinci. Y es que no son pocos sus logros. Por ejemplo, ha logrado que en el bar donde de vez en cuando juego a las cartas con mis amigos se hable de un libro y de que incluso se lo intercambiaran, de que gente muy poco aficionada a la lectura leyera, con interĂŠs, con gusto. ÂżAcaso esto no tiene mĂŠrito? TambiĂŠn lo tiene, y mucho, la polĂŠmica derivada de ĂŠl, porque consiguiĂł que mucha gente se planteara conceptos literarios e histĂłricos. Hay que aĂąadir, ademĂĄs, que dejĂł una prueba evidente de que la mayorĂ­a de la poblaciĂłn no sabe leer, embaucada por una historicidad que no se puede otorgar a una obra literaria, que sĂłlo es literaria por la ficcionalidad de la misma, por tanto, queda trabajo por hacer. Desde hace tiempo, en los centros de enseĂąanza se vienen dando experiencias positivas en la democratizaciĂłn de los contenidos. Creo que el Gobierno de AragĂłn, hace grandes esfuerzos por llevar a los escritores a los centros de enseĂąanza dentro del programa de ÂŤInvitaciĂłn a la lecturaÂť, los alumnos deben leer obras de actualidad y tienen la oportunidad de tratar de tĂş a tĂş con ese escritor, que, en caso de estarlo, debe descender de su torre de marfil para atender a ese pĂşblico presente y sin duda potencial. Esto es tremendamente

interesante porque hace que se pierda ese falso respeto hacia la instituciĂłn, la literaria, que sĂłlo puede existir si la seguimos fomentando. En esa misma direcciĂłn, los programas se completan con listas de libros que pueden conectar con ese pĂşblico joven, donde se incluyen obra de los mĂĄs diversos autores, por quĂŠ no incluir novelas de Arturo PĂŠrez Reverte, por ejemplo, escritor que a pesar de estar institucionalizado por la Real Academia y de vender enormemente, no goza del favor de los crĂ­ticos. Y es que a menudo crĂ­tica y prĂĄctica no coinciden. En esta misma direcciĂłn seĂąala un artĂ­culo de El PaĂ­s de fecha 11 de diciembre de 2006, donde se pone de manifiesto la necesidad de hacer que los alumnos de cualquier edad lean mĂĄs y mejor, segĂşn sus gustos y necesidades. Se incide por un lado en la inclusiĂłn de nuevas obras en el cursus de los alumnos y por otro lado en la formaciĂłn de profesores y proponiendo, que el tradicional mundo de las filologĂ­as (2) se establezcan cambios para que tanto maestros y profesores conozcan las ÂŤotrasÂť obras, aquellas que pueden interesar mĂĄs a nuestros alumnos: Los especialistas piden incluir la literatura juvenil en la formaciĂłn de los profesores. No basta con leer: hay que saber quĂŠ y cĂłmo se lee. Pero a los maestros y profesores no se les forma adecuadamente para que transmitan a sus alumnos las recetas adecuadas. Los maestros de los niĂąos mĂĄs pequeĂąos reciben clases de literatura infantil y juvenil; pero la materia es sĂłlo voluntaria para los futuros docentes de primaria y prĂĄcticamente inexistente en las enseĂąanzas universitarias para los que serĂĄn profesores de instituto. Y la adolescencia es una etapa clave para consolidar el amor por la lectura entre los alumnos. Por estas y otras razones, la AsociaciĂłn EspaĂąola de Amigos del Libro Infantil y Juvenil ha solicitado al Ministerio de EducaciĂłn que aproveche la actual reestructuraciĂłn de las carreras para incluir la asignatura de forma obligatoria en la carrera de maestro de primaria y en las filologĂ­as. Otra posibilidad puede ser el acercamiento a la literatura por tareas. Este mĂŠtodo puede ser especialmente atrac-

tivo en contextos en los que se trata con alumnos extranjeros, estoy pensando, por ejemplo, en los programas de Institutos bilingßes fuera de Espaùa, pero tambiÊn sería aplicable en aulas con alumnos extranjeros en Espaùa. Existe disponible un manual realizado por Benetti, Casellato y Mesori: Mås que palabras. Curso de literatura por tareas, de la editorial Difusión y publicado en 2004. (3) La obra estå dividida en dos grandes bloques. El primero, en el que se lleva a cabo el trabajo con los textos, se divide en tres módulos que se corresponden con tres gÊneros literarios (poesía, prosa y teatro) y un tema concreto. El segundo bloque lo componen los anexos de referencia y consulta. La metodología, otro de los aspectos mås innovadores del libro, estå basada en la aplicación del enfoque por tareas, herramienta pedagógica para animar a los estudiantes al estudio y disfrute de la literatura, pues tiene en cuenta sus experiencias e intereses y propicia su implicación personal en la realización de las actividades y la cooperación con sus compaùeros. Mediante la concepción de cada módulo como con proyecto dividido en cuatro tareas, las autoras persiguen que el alumno  haga cosas� con la literatura dentro de un espacio de aprendizaje, reflexión y comunicación. Al final, pocas respuestas a tantos interrogantes puedo ofrecer. Tan sólo la reflexión hacia lo que tratamos en el aula, nuestro cometido, lo que estamos haciendo y lo que se podría hacer para que el sistema, profesores y alumnos llegaran a un mejor entendimiento y se pudiera disfrutar mås, tanto de la enseùanza, como del aprendizaje. Como siempre, ante cualquier libro, explicación o palabra, nos queda la tarea fundamental, aprender a leer.


Barthes, Ensayos crĂ­ticos, Seix Barral, Barcelona, 1977. BeltrĂĄn, EstĂŠtica y literatura, Marenostrum, 2004. BeltrĂĄn, La imaginaciĂłn literaria, Montesinos, 2002. Bloom, El canon occidental, Anagrama, Barcelona, 1995. Carr, ÂżQuĂŠ es la Historia?, Ariel, Barcelona, 1985. Carver, Breve introducciĂłn a la teorĂ­a literaria, CrĂ­tica, Barcelona, 2000. DĂ­ez Borque, TeorĂ­a de la literatura, Gredos, Madrid, 1972. Sulla, El canon literario, Arco Libros, Madrid, 1998. Villegas, “TeorĂ­a de la Historia Literaria y PoesĂ­a lĂ­ricaâ€?, Actas del VI Congreso internacional de hispanistas, Centro Virtual Cervantes VV.AA. TeorĂ­as de la Historia Literaria, Arco Libros, Madrid, 2004. VVAA, TeorĂ­a literaria y enseĂąanza de la literatura, Ariel, Barcelona, 2004. VV.AA. La historia de la literatura y la crĂ­tica, Colegio de EspaĂąa, Salamanca, 1999. Wellek, Historia Literaria, “Historia literaria, problemas y conceptosâ€?, Laia, Barcelona, 1983. ArtĂ­culos en la red sobre la enseĂąanza de la literatura: Laura BorrĂĄs Castanyer, “EnseĂąar literatura en la red. Nuevos recursos digitales: “http://www.uoc.edu/in3/hermeneia/sala_de_lectura/borras_icte.pdfâ€? JoaquĂ­n Ma Aguirre, “La enseĂąanza de la Literatura y las Nuevas TecnologĂ­as de la InformaciĂłnâ€?, 2002, EspĂŠculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid: “http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/eliterat.htmlâ€? MarĂ­a Victoria Alzate Piedrahita, “Dos perspectivas en la didĂĄctica de la literatura: De la literatura como medio a la literatura como finâ€?, “http://www.utp.edu.co/~chumanas/revistas/revistas/rev23/alzate.htmâ€? Hermeneia, Grupo de investigaciĂłn sobre estudios literarios y tecnologĂ­as digitales: “http://www.uoc.edu/in3/hermeneia/esp/index.htmlâ€? Pablo Lorente ( 1) No vamos a entrar en las posibilidades del libro electrĂłnico, que al parecer, goza de poco ĂŠxito, quiĂŠn sabe si en el futuro, el problema del espacio se solucionara de este modo. “http://www.elpais.com/articulo/educacion/especialistas/piden/incluir/literatura/juvenil/formacion/profesores/elpepusocedu/20061211elpepiedu_9/Tesâ€? Podemos ver una reseĂąa en: http://www.marcoele.com/num/2/masquepalabras.php

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Ilustra: Felipe Urribari BIBLIOGRAFĂ?A:


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ÂĄY aun dicen que la seda es cara! ÂżPodrĂĄ dar un soneto de sĂ­ tanto que lleguen a caber en su seno pequeĂąo, total catorce, el ejemplo, lecciĂłn, su aplicaciĂłn? ÂżEstamos en el mundo de los pĂşlpitos? SĂ­, porque es buen instrumento para convencer desde arriba. ÂżAlbergan mĂĄs que pueden los sonetos? Epigrama empezĂł siendo. Concentra, lo aquilata, lo reduce, el asunto bien llega a su final, no sobra o falta. En amores, lo mismo, los aprieta, conceptuoso. Veamos en moral, en la musa Polimnia por lo tanto: Con acorde concento o con ruĂŻdos MĂşsicos ensordeces al gusano Para que los enojos del verano No atienda ni del cielo los bramidos. No es piedad confundirle los sentidos, Codicia sĂ­, guardĂĄndole tirano Para que su mortaja con su mano Hile y en su mortaja tus vestidos. NaciĂł paloma y en tu seno el vuelo PerdiĂł. Gusano, arrastra despreciado. ÂżY osas llamar tu vil cautela celo? Tal fin tendrĂĄ cualquiera desdichado A quien estorba oĂ­r del cielo, Con mĂşsico alboroto, su pecado. Quevedo 648

Nos ha gustado, durante esos aĂąos redivivos, que ahora yo reescribo, revisito, aprender a entender, como un filĂłlogo desprendido, perdedor del tiempo, bien a gusto, sopesar lo que dice un escritor. Lo hemos creĂ­do mejor que hacer crucigramas de letras o de arĂĄbigos. Por eso o los hemos dejado o no los hemos probado, respectivamente. Vamos a un buen ejemplo de lectura, Âżde tiempo perdido?, de diversiĂłn. Es poder encontrar o solucionar lo que otro encubriĂł. Era el placer del barroco intelectual. El ejemplo mejor, GraciĂĄn. Lo que en un sermonario se enseĂąaba, entrar con el buen pie, contar pronto el ejemplo, enseĂąar la lecciĂłn, la moraleja, la advertencia final, se cumple aquĂ­ con creces, el soneto lo logra literaria o hĂĄbilmente, como un tĂŠcnico, en fĂştbol preferimos ya a los tĂŠcnicos, los brillantes son pasto del pasado. Y no le falta moral tampoco, es un ejemplo que se da en los mundos de la vida. Al gusano le cantaban para que no se diera cuenta del tiempo, no del cronolĂłgico, sino del climĂĄtico, para que no le distrajeran del trabaxo los meteoros estivales, invernales. A ti te va a pasar lo mismo que al gusano, labrador ciego de tu propio sudario, si ensordeces con mĂşsicas y evitas la voz del SeĂąor. De ser paloma te agusanarĂĄs e irĂĄs arrastrado. ÂĄCĂłmo el cruel empresario te encierra, para que hagas seda y con tu baba bien se vista ĂŠl, tirano!

Ilustra: Mercedes Pascual

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La rĂ­tmica verborrea de AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo. .JHVFMÂŤOHFM-POHĂˆT

Cabe saludar el esperado Tratado de RĂ­tmica y Prosodia y de MĂŠtrica y VersificaciĂłn (Editorial Lucina. Zamora, 2006) del filĂłlogo y escritor AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo como deseo cumplido en el tiempo de RubĂŠn DarĂ­o, padre y fundador del Modernismo poĂŠtico en lengua espaĂąola, casi un siglo despuĂŠs de reflejarlo en Historia de mis libros y bajo el pretexto de explicar la mĂŠtrica de su cĂŠlebre poema ÂŤSalutaciĂłn del optimistaÂť: ÂŤElegĂ­ el hexĂĄmetro por ser de tradiciĂłn grecolatina y porque yo creo, despuĂŠs de haber estudiado el asunto, que en nuestro idioma, ÂŤmalgrĂŠÂť la opiniĂłn de tantos catedrĂĄticos, hay sĂ­labas largas y breves, y que lo que ha faltado es un anĂĄlisis mĂĄs hondo y musical de nuestra prosodiaÂť. Lo extraĂąo, sin embargo, es que el poeta nicaragĂźense utilizara este tono concluyente conocedor como era del Sistema musical de la lengua castellana, libro extraĂąo para su tiempo que no fue reeditado hasta 2001 por el C.S.I.C. y en el que su autor, el erudito y escritor catalĂĄn Sinibaldo de Mas, despuĂŠs de estudiar minuciosamente la cantidad silĂĄbica de las palabras de lengua espaĂąola, habĂ­a llegado a la conclusiĂłn de que existĂ­an sĂ­labas breves y sĂ­labas largas y que, sobre este molde, se podĂ­an alzar las mismas estructuras mĂŠtricas que sustentaban los versos grecolatinos, llegando incluso a listar hasta un total de doscientas palabras como parte integrante del sistema musical de la lengua castellana. Resultante de todo ello es la adaptaciĂłn del hexĂĄmetro a la mĂŠtrica espaĂąola, que han estudiado con detenimiento preceptistas de mĂŠtrica tales que TomĂĄs Navarro TomĂĄs, JosĂŠ DomĂ­nguez CaparrĂłs, Isabel ParaĂ­so y, por encima de todo ellos, AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo, cuyo Tratado de RĂ­tmica y Prosodia y de MĂŠ-

trica y Versificación, aquí reseùado, es la teorización, por así decirlo, de una dilatada y sabia puesta en pråctica por parte de A. García Calvo no sólo del hexåmetro, sino tambiÊn de otros versos grecolatinos, en originales libros de poesía como Relato de amor o Canciones y soliloquios y, tambiÊn, en versiones rítmicas de poetas en lenguas griega y latina, como Homero y su Ilíada, Lucrecio y su De la Realidad, o de autores cómicos y trågicos en estas mismas lenguas, como Aristófanes y su obra Los carboneros o Sófocles y su Edipo rey, llegando, incluso, a hacer incursiones en el terreno de la dramåtica con poemas escÊnicos de verso rítmico como Baraja del rey don Pedro, libros todos ellos, propios y extraùos, aparecidos en Lucina, su editorial de referencia. Así y todo, es oportuno recordar que Agustín García Calvo lleva toda una vida de experto filólogo clåsico estudiando la mÊtrica cuantitativa clåsica, desde su temprano ensayo de 1950 Unas notas sobre la adaptación de los metros clåsicos por D. Esteban Villegas hasta llegar a su libro Del ritmo del lenguaje de 1975, reeditado en 1989 junto a otros trabajos con el título Hablando de lo que habla. Es por ello que conoce de sobra la imitación cuantitativa del hexåmetro por parte del poeta riojano Esteban Manuel de Villegas y del anteriormente citado Sinibaldo de Mas, quienes presuponían que en castellano había sílabas breves y sílabas largas y sobre esta base construían hexåmetros que sonaran como tales al oído castellano, con la particularidad de que cada hexåmetro estå conformado por seis clåusulas de dos o tres sílabas a las que da tÊrmino un pentåmetro con acento en primera y cuarta sílabas, con lo que se consigue imitar la clåusula final del hexåmetro dactílico. Buen ejemplo de todo ello pueden ser los que dan inicio a la Égloga en hexåmetros de Villegas: Lícidas y Coridón, Coridón el amante de Filis,/ pastor el uno de cabras, el otro de blancas ovejas,/ ambos a dos tiernos, mozos ambos, årcades ambos,/ viendo que los rayos del sol fatigaban el orbe/ y que vibrando fuego feroz la canícula ladra,/ al puro cristal, que cría la fuente sonora,/ llevados del son alegre de su blando susurro,/ las plantas veloces mueven, los pasos animan/ y


Ilustra: María Luna

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blando susurro,/ las plantas veloces mueven, los pasos animan/ y al tronco de un verde enebro se sientan amigosÂť; tambiĂŠn conoce, claro estĂĄ, la imitaciĂłn acentual de dicho verso, que es la que sigue al componer hexĂĄmetros propios y al verterlos en castellano y que consiste ÂŤen sustituir la sĂ­laba larga por la tĂłnica y la breve por la ĂĄtona y combinar, asĂ­, pies trisĂ­labos o bisĂ­labos con acento en la primeraÂť, como sostiene JosĂŠ DomĂ­nguez CaparrĂłs y dado que ÂŤes un istrumento (sic) que, por mucho que se acerque tambiĂŠn al (doble) verso de los romances tradicionales, es muy parecido al hexĂĄmetro dactĂ­lico de HomeroÂť, como afirma el propio A. GarcĂ­a Calvo en los ÂŤProlegĂłmenosÂť a su celebrada versiĂłn de la IlĂ­ada, cuyos versos iniciales dicen asĂ­: ÂŤÂĄCanta, diosa, la ira de Aquiles el de Peleo!,/ ira maldita, que echĂł en los Aquivos tanto de duelos,/ y almas muchas valientes allĂĄ arrojĂł a los infiernos/ de hombres de pro, a los que dejĂł por presa a los perros/ y pĂĄjaros todos; y se cumplĂ­a de Zeus el acuerdo,/ desde la vez que primera discordes se despartieron/ seĂąor-de-mesnada el Atreida y Aquiles-hijo-del-cieloâ€?; da por sentado, ademĂĄs, que la imitaciĂłn del hexĂĄmetro tambiĂŠn se puede hacer de forma bĂĄrbara, es decir, creando versos que oscilan entre trece y diecisiete sĂ­labas divididos en hemistiquios y ÂŤque reproducen el esquema de nĂşmero de sĂ­labas y lugar de los acentos de los hexĂĄmetros clĂĄsicos tal como los leemos hoyÂť, al decir de J. DomĂ­nguez CaparrĂłs, que es, precisamente, lo que hace RubĂŠn DarĂ­o en su ÂŤSalutaciĂłn del optimistaÂť, cuyos primeros versos son los siguientes: “Ă?nclitas razas ubĂŠrrimas, sangre de Hispania fecunda,/ espĂ­ritus fraternos, luminosas almas, ÂĄsalve!/ porque llega el momento en que habrĂĄn de cantar nuevos himnos/ lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ĂĄmbitos;/ mĂĄgicas ondas de vida van renaciendo de pronto;/ retrocede el olvido, retrocede engaĂąada la muerte;/ se anuncia un reino nuevo, feliz sibila sueĂąa/ y en la caja pandĂłrica, de que tantas desgracias surgieron/ encontramos de sĂşbito, talismĂĄnica, pura, rĂŻente,/ cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,/la divina reina de luz,

ÂĄla celeste Esperanza!â€?. Pero el Tratado de RĂ­tmica y Prosodia y de MĂŠtrica y VersificaciĂłn sigue analizando “el latido de la Lenguaâ€? con una IntroducciĂłn en la que AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo (a quien pertenecen los entrecomillados citados en estas lĂ­neas) profundiza en los hechos prosĂłdicos, las oposiciones gramaticales, las relaciones de prosodia y mĂşsica y la clasificaciĂłn de sĂ­labas, para continuar trazando una mĂĄs que completa y rigurosa RĂ­tmica, MĂŠtrica y VersificaciĂłn, que alberga Metros Yambo-trocaicos y metros mixtos, El Canto Grande y el Bel Canto, La prosa y Otras formas, donde el curioso y desocupado lector pasa a ser lector atento y ocupado que puede aprender a deslindar la confusiĂłn existente ÂŤentre cosas de la lengua y cosas de las artesÂť, antes de internarse en la intrincada selva ÂŤde mis usos de metros y de versosÂť, en el que A. GarcĂ­a Calvo ilustra, como ya se ha dicho anteriormente, con poesĂ­a propia y poesĂ­a traducida, metros como el hexĂĄmetro de la epopeya clĂĄsica grecolatina o el trĂ­metro o senario yĂĄmbico propio de la tragedia. AsĂ­ queda, pues, establecido el legado de AgustĂ­n GarcĂ­a Calvo, un escritor ÂŤiconoclasta y apasionadoÂť, como fue definido cuando dio a luz su “intrigante y audazâ€? versiĂłn de la IlĂ­ada en 1995, un libro que venĂ­a acompaùåndolo desde hacĂ­a cincuenta aĂąos, por pretender equipararla a un cantar de gesta medieval, tal que el Cantar de MĂ­o Cid, y por asonantar los hexĂĄmetros homĂŠricos sin rima que hacĂ­an del aedo griego un juglar medieval castellano, quizĂĄ sabedor de que ÂŤlos versos de Homero son medicina para el corazĂłn y la presiĂłn sanguĂ­neaÂť, segĂşn dio a conocer el profesor Dirk Cysark, de la Universidad de Witten, en 2004 y para quien los poemas del clĂĄsico griego ÂŤno sĂłlo tranquilizan el alma, sino que ademĂĄs tienen efectos beneficiosos en el ritmo cardĂ­aco y pueden contribuir a bajar la hipertensiĂłnÂť. QuizĂĄ ello explique el secreto de los ochenta heterodoxos y sabios aĂąos del Ăşltimo humanista del convulso siglo XX y de estos no menos azarosos primeros aĂąos del siglo XXI.


El vaso medio lleno

Ilustra: Mercedes Pascual

Como todo depende del color del cristal con que se mira, y el vaso estå medio lleno o medio vacío según el criterio emocional del que observa, hoy me he levantado con buen pie y voy a declarar que el teatro aragonÊs goza de buena salud. Naturalmente que estå en crisis, siempre lo ha estado y siempre lo estarå. Naturalmente que le acechan innumerables males y descompensaciones varias. Pero, como todo buen superviviente, continúa su marcha, produce espectåculos, los presenta a sus paisanos y a gentes de otras tierras y todavía no ha muerto bajo las garras de la unificación cultural telecinÊtica. Es verdad que en los últimos aùos han desaparecido algunas compaùías, pero se han asentado otras. Es verdad que el Centro Dramåtico de Aragón no ha supuesto todavía un recurso que asentase la profesión teatral como todos esperåbamos, pero ha propiciado todos los aùos unas producciones que han supuesto poner a trabajar juntos a gentes diversas y dispersas del fluido teatral aragonÊs, determinando que hay base para configurar una profesión homologable con la producción forånea. Y es que llegados a los treinta aùos de transición política (momento que supuso la creación de un incipiente teatro aragonÊs propio) no podemos dejar de observar que en el teatro aragonÊs hay asentadas una variedad de propuestas propias como para decir que, sin llegar a la mayoría de edad y la independencia, nos acercamos poco a poco a un tejido cultural nuestro resistente a los cambios de tiempo y al flujo y reflujo de las mareas. En primer lugar tenemos un teatro infantil de envergadura con empresas asentadas en el panorama nacional (ArbolÊ, Titiriteros de BinÊfar, Caleidoscopio..., y otras muchas com-

paùías de un åmbito menor) que cubren con creces el papel específico y son dignos representantes de un estilo que combina lo popular con la nueva invención en toda la geografía hispana, presentåndose con frecuencia en festivales internacionales. Hay un circuito de exhibición que, si bien sigue mostrando sus carencias en infraestructuras, estå bien considerado socialmente y al que poco a poco deben irse aùadiendo nuevas poblaciones. Incluso hay un par de iniciativas privadas, Teatro de la Estación y Sala ArbolÊ, que han ganado prestigio en los últimos aùos hasta ser referente nacional del teatro alternativo y del teatro infantil. Hay teatro de calle, teatro de animación y un teatro de sala para adultos, que, si bien sigue siendo el talón de Aquiles de la producción aragonesa, mantiene un discreto poder de producción anual y cada aùo consigue mandar alguna de sus producciones a otros circuitos. Aquí me permito destacar a la compaùía Teatro del Temple, a la cual pertenezco, y que sigue siendo la compaùía que mås incidencia tiene fuera del åmbito aragonÊs. Naturalmente para que esto ocurra tiene que haber un grupo suficiente y de calidad de actores capaces de cubrir diferentes registros y que nada deben de envidiar a los actores de otros pagos. Y tambiÊn deben estar cubiertos y lo estån las diferentes facetas de una producción teatral: dirección, dramaturgia, escenografía, vestuario, iluminación, música... Debe de ser que hoy me he levantado con buen pie, y que prefiero no acentuar las múltiples carencias, que tambiÊn las hay, en el teatro aragonÊs, pero yo diría que es un enfermo que goza de buena salud y que va a seguir en crisis existiendo. Eso sí, bastaría con una pequeùa ración de abono extra para que en esta tierra floreciera con mucho mayor esplendor.

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&OTBZP)JTUPSJB Nuestra secciĂłn de ensayo histĂłrico cuenta esta vez

con tres interesantes artículos: Las ciencias en la II República; Republicanos espaùoles en Francia durante la Segunda Guerra Mundial (2ª parte); y La ley del silencio. El primero repasa el progreso experimentado por las distintas ramas de la ciencia espaùola durante el periodo republicano (1931–1936) y cómo se eclipsó ese desarrollo con el golpe de estado del general Franco. El lector del artículo debe darse cuenta de que el sistema democråtico es consustancial con el desarrollo científico. El segundo nos cuenta la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial con la posterior creación de la Resistencia francesa, integrada tambiÊn por republicanos espaùoles exiliados tras la guerra civil (1936–1939); los sucesos del Plateau de Glières, donde se enfrentaron resistentes y colaboracionistas; y, finalmente, las redes de evasión hacia Espaùa de la Resistencia, donde destacó Francisco Ponzån, asesinado por la Gestapo. Finalmente, el tercero es una reflexión crítica sobre lo que supuso para Chile la dictadura de Augusto Pinochet, fallecido recientemente sin haber sido juzgado por las intolerables torturas y asesinatos contra conciudadanos partidarios de Salvador Allende. La autora se muestra contraria a las dictaduras militares, la intolerancia y la impunidad de que se rodean los regímenes liberticidas. En suma, tres artículos que suponen una dura crítica de los rÊgimenes totalitarios y una apuesta por los sistemas democråticos, pues no es otro el sentido de la evolución histórica de los pueblos, como nos confirman constantemente la historiografía y la ciencia política actuales.

LAS CIENCIAS EN LA II REPUBLICA MĂ s luces que sombras

.JHVFM$BSSFSBT&[RVFSSB Se ha escrito y suscribimos que, pese a la brevedad del tiempo que duró, la II República espaùola llevó a cabo en el åmbito de lo público una inmensa labor innovadora y de vanguardia, que situó a nuestro país en primera línea del mundo en lo social y cultural. Algunos han denominado a ese periodo la Edad de plata de la cultura espaùola. Trajo consigo un enorme impulso del acervo cultural, tanto en el campo de la creación artística y humanística como en el desarrollo de la investigación científica y supuso un gran avance en la educación y en la asistencia sanitaria. Produjo esperanzadoras realidades que pudieron cambiar la vida de la población si no hubiera sido por las maniobras obstruccionistas de las tramas negras del capital, el clero y la milicia, que desembocaron en un enfrentamiento fratricida que cercenó las expectativas y condujo a un retroceso que en la educación, la cultura y, especialmente en la separación Iglesia-Estado, todavía no se han superado. Existe un amplio consenso en la afirmación de que en este periodo histórico de esperanzas y conquistas, contradicciones y frustraciones, fueron predominantes las luces sobre las sombras. Tras la contienda, el exilio de los mejores fue masivo, tanto en las aulas como en los laboratorios, redacciones, museos y mundo intelectual, lo que llevó a nuestro país, tras la rebelión militar contra la legalidad republicana, a una de sus etapas mås negras, el largo franquismo. Era tal el número de intelectuales y profesores en el Parlamento que se le llamó la República de profesores. Entre los parlamentarios hubo destacados hombres de Ciencia, como Maraùón,


formaban parte, entre otros, Marie Curie, Albert Einstein y Niels Bohr y en 1933 ocupó la secretaría de Pesos y Medidas. Escribió Principio de Relatividad y murió en el exilio en MÊxico en 1945. Arturo Duperier, catedråtico de Geofísica y especialista en radiación cósmica, marchó durante la guerra al Imperial College de Londres; regresó a Espaùa en 1953 y se reincorporó, no sin problemas, a su cåtedra. El líder de los químicos fue Enrique Moles, director de la sección de Química del anteriormente citado Laboratorio de Investigaciones Físicas, donde incorporó la metodología alemana de Ostwald. Considerado como el mejor químico espaùol de todos los tiempos, durante la guerra dirigió la sección de Pólvoras y Explosivos del Ministerio de Defensa. Tras la victoria de Franco marchó a París y al volver a Espaùa en 1943 fue encarcelado y condenado a muerte, pero no se cumplió la condena aunque se le desposeyó de su cåtedra universitaria. Un instituto de Oviedo honra su memoria. Al zaragozano Miguel Catalån, químico de formación, descubridor en 1921 de los multipletes, claves en el desarrollo de la mecånica cuåntica , la guerra le sorprende con su mujer, hija de MenÊndez Pidal, en San Rafael, donde es controlado por los facciosos con procedimientos que rozan el esperpento. A partir de 1939 sufrió el ostracismo, lo que perjudicó seriamente el desarrollo de la espectroscopía. Se le retiró de su cåtedra, aunque la volvió a asumir en 1946. Un cråter de la Luna lleva su nombre y tambiÊn un instituto de Zaragoza. Otros aragoneses de la Êpoca, como el físico Julio Palacios, experto en anålisis dimensional y notorio antirrelativista, y Antonio de Gregorio Rocasolano, pionero de la Bioquímica, tuvieron mejor fortuna, al apuntarse al carro de los vencedores. En el årea de lo que hoy denominamos ciencias biomÊdicas, destaca Juan Negrín, que llegó a presidir el ejecutivo durante la guerra. Fue catedråtico de la Universidad central y dirigió sus investigaciones al estudio de los enzimas del metabolismo. De su magisterio surgirían excelentes discípulos como Severo Ochoa y Grande Coviån, que tambiÊn se ausentaron de Espaùa. Por sus posiciones republicanas sufrieron exilio biólogos ilustres como los catalanes Durån y Reynals, especialista en oncogÊnesis vírica y Pí i Sunyer, que llegó a dirigir el Instituto de Medicina Experimental de Caracas. TambiÊn hubo de expatriarse el parasitólogo Pittaluga. Entre los discípulos de Cajal, Tello fue depurado, del Río Hortega dirigió investigaciones hepatológicas en Argentina, donde tambiÊn trabajó Felipe JimÊnez de Asúa y Lorente de No impartió docencia en EE UU. JosÊ Giral, catedråtico de Química Biológica, que fue ministro antes del 36, fue presidente de la República en el exilio. Gregorio Maraùón, endocrinólogo clínico y discípulo de Madinaveitia, fundó con Ortega y Gasset y PÊrez de Ayala el

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Pittaluga, Giral, NegrĂ­n, la mayoria de filiaciĂłn izquierdista y republicana. SegĂşn SĂĄnchez Ron, el desarrollo cientĂ­fico en la II RepĂşblica fue continuaciĂłn de la etapa anterior, sobre todo desde la Junta para AmpliaciĂłn de Estudios (JAE), que, imbuida del espĂ­ritu de la InstituciĂłn Libre de EnseĂąanza, habĂ­a sido creada en la primera dĂŠcada del siglo XX y que fue presidida por RamĂłn y Cajal, a quien se otorgĂł la banda de la orden de la RepĂşblica, hasta 1934. Algunos cientĂ­ficos conservadores se sintieron postergados por la Junta, a cuyas directrices siempre se opusieron. Se constituyĂł en 1931, como una extensiĂłn del proyecto de la JAE, la FundaciĂłn Nacional de Investigaciones CientĂ­ficas y Ensayos de Reforma para instruir al personal cientĂ­fico y colaborar con empresas, que trajo como consecuencia un incremento de la vinculaciĂłn universitaria con la innovaciĂłn. Supuso una descentralizaciĂłn de la Junta con la creaciĂłn, entre otros, del Centro de Investigaciones VinĂ­colas, el Laboratorio de HistologĂ­a y Cultivo de Tejidos en la Universidad de Valladolid y el de HematologĂ­a en la de Zaragoza. En 1932 se inaugurĂł, con el apoyo econĂłmico que prestigiosos cientĂ­ficos espaĂąoles de la ĂŠpoca consiguieron de la FundaciĂłn Rockefeller, el Instituto Nacional de FĂ­sica y QuĂ­mica, que en la actualidad lleva el nombre del quĂ­mico conservador aragonĂŠs Antonio de Gregorio Rocasolano, muy crĂ­tico con la Junta y que llegĂł a vicepresidente del CSIC tras el triunfo de Franco. En 1934 se funda la AsociaciĂłn Nacional de Historia de la Ciencia. Algunos proyectos, como el de educaciĂłn pĂşblica de Fernando de los RĂ­os, no se pudieron llevar a cabo debido a la frecuente inestabilidad gubernamental y otros, como el establecimiento del Instituto Cajal, vieron limitadas sus previsiones por el inicio de la contienda de 1936, acontecimiento ante el que la comunidad cientĂ­fica no respondiĂł de forma corporativa en un sentido determinado. La progresista AsociaciĂłn de catedrĂĄticos de EnseĂąanzas Medias habĂ­a tomado el control de la JAE desde el triunfo electoral del Frente Popular. El especialista en paludismo e hijo de OdĂłn, SadĂ­ de Buen fue con JosĂŠ M. Villaverde de los pocos que muriĂł como consecuencia de actos bĂŠlicos. SegĂşn escribĂ­a desde su exilio mexicano el doctor JosĂŠ Puche, colaborador de NegrĂ­n y director general de Sanidad del ejĂŠrcito republicano, fueron fusilados por los alzados ocho cientĂ­ficos, entre ellos dos rectores de Universidad. Resulta imposible rendir homenaje a la plĂŠyade de excelentes cientĂ­ficos que brillaron con luz propia en las distintas disciplinas, asĂ­ que nos limitaremos a destacar algunas figuras representativas. En el campo de las ciencias fĂ­sico-quĂ­micas sobresaliĂł el canario Blas Cabrera, de reconocido prestigio internacional en magnetismo, director del Laboratorio de Investigaciones FĂ­sicas y rector de la Universidad de Verano de Santander. Fue miembro de la Comission Scientifique Internationale Solvay, de la que


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grupo « Al servicio de la República «. Posteriormente, junto a Ortega, protagonizó una relativamente discreta deserción del campo republicano, acaso justificada por la esperanza de que la derrota del nazi-fascismo en la Segunda Guerra Mundial tendría como consecuencia lógica la caída del régimen de Franco. Escribió en 1935 Ginecología endocrina y Amiel , un estudio sobre la timidez. Volvió España y continuó sin dificultades su trabajo científico y literario. El zoólogo Ignacio Bolívar, uno de los fundadores de la Sociedad Española de Historia Natural, que dirigió el Museo Nacional de Ciencias Naturales y presidió la JAE, culminó la edición de Fauna Ibérica y Flora Ibérica y también tuvo que exiliarse. El aragonés de Zuera Odón de Buen, padre de la oceanografía española moderna y fundador del Instituto Oceanográfico Español, independiente de la Junta, tras ser encarcelado en Mallorca y canjeado por familares del dictador Primo de Rivera por la presión de la comunidad científica europea, pasó por Banyuls sur Mer y Toulouse y acabó sus días en México. Sus restos mortales fueron repatriados en 2003 a su pueblo natal. También recaló en tierras mexicanas el zoólogo Enrique Rioja. Uno de los matemáticos más sobresalientes, Luis Santaló, autoridad mundial en geometría diferencial y profesor de los mandos de la aviación republicana, se exilió a Argentina, donde presidió la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. También Pí Calleja acabaría tras la guerra en Argentina. Al exilio en la antigua Unión Soviética, no muy estudiado, marcharon un buen número de médicos de militancia comunista. Los más desarrollaron su profesión en la tierra de acogida, otros padecieron represalias por su disidencia y unos pocos lograron regresar a España. Cabe destacar a José Bonifaci, que en Moscú fue médico de Dolores Ibarruri, Julián Fuster, amigo del compositor Sergei Prokofiev, que padeció por un tiempo los rigores de los campos de concentración siberianos, Juan Planelles, uno de los primeros investigadores españoles en Farmacología y el licenciado en Ciencias por Madrid y en Medicina en Checoslovaquia, Manuel Tagüeña, que con veinticinco años había tenido a su cargo 70000 hombres en la batalla del Ebro. Hay que destacar la edición desde el exilio de la revista Ciencia, considerada como la más importante en su género en lengua castellana. Uno de sus directores fue el mencionado Ignacio Bolívar. La victoria de los rebelados contra la legitimidad republicana supuso para España, una de las mayores diásporas de intelectuales, humanistas, científicos, artistas y profesores de nuestra historia. Dejaron su impronta en los países de destierro donde fueron acogidos y la contribución a su desarrollo ha sido generalmente reconocida. El Magisterio, que tan ingente y abnegada labor había llevado a cabo en el periodo republicano, fue drásticamente depurado al igual que lo científicos que optaron por quedarse o regresar, sufriendo

como mal menor la ignorancia y hostilidad más descarnadas. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tomó el relevo de la JAE, procurando borrar en sus primeros años de andadura cualquier vestigio liberal que había inspirado a la Junta, dedicando sus esfuerzos a la promoción de la ciencia aplicada, en perjuicio de la básica, poniéndose al servicio del totalitarismo del nuevo régimen, sometiendo a los no afectos, como poco, a la marginación y premiando con las prebendas de los vencedores a quienes colaboraron en la implantación de la dictadura o se sumaron a ella. Si con la Institución Libre de Enseñanza, inspiradora de la JAE, surgió un movimiento científico cultural de modernización de España, que propició un fuerte impulso de la ciencia y el pensamiento, la guerra civil y los casi cuarenta años hasta la democracia, arrancaron de raíz aquella esperanzadora apuesta. Apréciese el cambio de la situación en este fragmento del informe del primer presidente del CSIC, el edafólogo del Opus Dei, José María Albareda al ministro de Educación Ibáñez Martín, relativo a la situación del Instituto de Física del Rockefeller: « Los físicos de la escuela de Cabrera están persuadidos de que hoy la Física en España es un coto cerrado, en el que, formado el cuadro, nadie puede penetrar. Dicen que ni siquiera se puede aprobar una tesis doctoral, porque no hay más que un catedrático, Palacios. Y de ahí deducen que es imprescindible la vuelta de Cabrera y el traslado a Madrid de alguno de sus discípulos: de su hermano que está en Zaragoza; de Velasco, que esperó tranquilamente en Inglaterra el desenlace de la guerra y fue repuesto con la sanción de seis meses de suspensión, por lo que está más rojo que nunca, etc. El hecho es que hoy, en la sección de Física del Rockefeller sólo hay una tesis doctoral a punto de ultimar, la de un rojo: Berasáin, que estaba en Canarias y no lo incorporó el Servicio Meteorológico militarizado durante la guerra por falta de confianza. »

Bibliografía: -Cien años de Ciencia en España (Baratas, Casado, Sánchez Ron, Santesmases..). Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. 1998. -Cincuenta años de Ciencia española en el exilio. El exilio de los científicos españoles. Francisco Giral. Editorial Anthrophos. 1994. -La Medicina en el Exilio republicano. Francisco Guerra. Ediciones de Universidad de Alcalá de Henares. 2003 -Miguel Catalán. Su obra y su mundo. José Manuel Sánchez Ron. Ediciones del CSIC.1994. -Mis memorias. Odón de Buen.(Zuera, 1863-Toulouse, 1939) Institución Fernando el Católico. 2003. -Julio Palacios, físico español, aragonés ilustre. Amigos de la Cultura Científica. 1993.


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REPUBLICANOS ESPAÑOLES EN FRANCIA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL (II) Resistencia y redes de evasión

.BSJBOP(SBDJB El origen de una expresión La isla italiana de Córcega comparte con el resto de las regiones mediterráneas tanto el clima como el paisaje asociado a éste. Allí denominan «machia» a una comunidad vegetal densa pero mayoritariamente de porte arbustivo, y solamente con algunos árboles dispersos. La componen matorrales que alcanzan 2 ó 3 metros de altura –quizás algo más–, frecuentemente espinosos, a veces aromáticos, y siempre en formación extremadamente cerrada. Parece imposible poder penetrar en semejante espesura; cuando se adivina una senda –siempre dificultosa– se corre el riesgo de acabar completamente desorientado, en medio de la nada, después de haber recorrido un par de cientos de metros. Los franceses llamaron a este paisaje –presente también en el sur de Francia– maquis, y maquisards a sus habitantes, es decir, a quienes, perseguidos por alguna razón, hallaban allí el escondite y el refugio que necesitaban. Durante la Segunda Guerra Mundial se denominó así a los miembros de la Resistencia que abandonaron sus hogares para vivir ocultos en bosques y montañas, y no necesariamente en la «machia». Cuando los españoles integrados en la Resistencia francesa intentaron «invadir» España y algunos grupos mantuvieron viva la llama de la resistencia armada al franquismo durante los años 40 y 50, también fueron denominados maquis.

La II Guerra mundial. La resistencia. Fuente: TIME-LIFE

La ocupación de Francia Francia fue derrotada rápidamente. Ocupadas Holanda y Bélgica, el ejército alemán pudo evitar el choque frontal con la acerada Línea Maginot, que guarnecía la frontera franco-alemana, e invadir Francia desde Flandes a través de Picardía. Las fortificaciones que componían esa Línea, con profusión de cuarteles y baterías artilleras subterráneas, acabaron abriendo sus puertas cuando el país entero se dio por vencido. Consumada la victoria militar en junio de 1940 –tras cinco semanas de invasión–, los alemanes no aplastaron definitivamente al estado francés. Francia quedó dividida en dos zonas, separadas por la «línea de Demarcación»: el norte y el oeste del país –incluida la capital, París– fueron ocupados y administrados por Alemania (si bien Alsacia y Lorena

fueron directamente incorporadas al Reich, y sus jóvenes –los llamados «Malgré-Nous», «a nuestro pesar»– fueron reclutados a la fuerza por el ejército alemán), y el este y el sur –con capital en la ciudad de Vichy– permanecieron bajo dominio del gobierno de Francia. El gobierno de Vichy fue asumido por el ya anciano mariscal Pétain, que se rodeó de una corte de reaccionarios franceses, simpatizantes de la causa nazi. Pétain y su gobierno títere colaboraron activamente con los alemanes, asumieron en gran parte sus postulados, persiguieron a los judíos, enviaron trabajadores esclavos a Alemania (para sustituir a los alemanes movilizados en el ejército) y reprimieron con gran dureza a quienes se resistían a aceptar la nueva situación. A partir de noviembre de 1942, los alemanes ocuparon el territorio dependiente de Vichy, con el fin de prevenir un desembarco aliado en la


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costa mediterránea de Francia. A continuación, se desarma y disuelve el ejército regular francés, y se instaura el Servicio de Trabajo Obligatorio, para el que se reclutaban jóvenes franceses que fueran a trabajar a Alemania. Exmilitares del disuelto ejército francés y fugitivos del S.T.O. nutrirán inmediatamente las filas de la Resistencia. En el momento de la liberación, los ajustes de cuentas con los «colaboracionistas» se materializaron –en bastantes ocasiones– en ejecuciones y asesinatos a manos de la Resistencia. La Guardia Móvil Republicana y, sobre todo, la Milicia Francesa paramilitar colaboracionista, principales agentes represivos durante la guerra, fueron al final de ésta víctimas de las venganzas más enconadas e inmediatas; no podían esperar cuartel. La Resistencia francesa apareció, pues, en el contexto de un país no solamente ocupado por un ejército extranjero, sino en parte gobernado por políticos franceses absoluta y entusiastamente colaboracionistas. Pasado el terror inicial al ejército alemán, amplias capas de la población francesa acabaron adaptándose a la nueva situación; aunque minoritarios, aparecieron partidos políticos de corte fascista, y Francia contó incluso con su particular «división azul» (la Legión de Voluntarios Franceses) cuando comenzó la campaña de Rusia. Los refugiados españoles, siempre alertas, siempre en peligro –recordemos que, ya en agosto de 1940, el convoy de Angulema había dejado a varios cientos de ellos en Mauthausen–, siempre desconfiados, estimaron en ocasiones demasiado apresurada la confraternización de los nativos con los ocupantes...

Resistencia y resistentes

Plateau de Glieres

Pero Francia no estaba totalmente derrotada. El 18 de junio de 1940 el general De Gaulle, con el apoyo de los británicos, lanza desde Londres un llamamiento a continuar la lucha. Los evacuados de Dunkerque y algunas tropas coloniales le siguen, dando lugar a la creación de las Fuerzas Francesas Libres; mientras tanto, el 11 de noviembre, contraviniendo las órdenes alemanas, algunos estudiantes se acercan al Arco del Triunfo de París a rendir homenaje a la tumba del soldado desconocido. Poco a poco la Resistencia incrementará sus efectivos y sus medios, y se pasará de los pequeños gestos a

los sabotajes y atentados, que tendrán como consecuencia una brutal represión por parte de los alemanes, pero también de la Milicia colaboracionista francesa. No obstante, el movimiento resistente dista mucho de ser algo uniforme y coordinado. Inicialmente formarán parte de él exmilitares y patriotas franceses, además de militantes antifascistas de diversos países: republicanos españoles, pero también alemanes, austriacos, polacos o italianos, que se escapan a la obediencia estalinista, pues la Unión Soviética pacta inicialmente con Alemania el reparto de Polonia y la no intervención... A partir de junio de 1941, a raíz del ataque alemán a Rusia, se unen masivamente a la lucha los comunistas –aunque ya en mayo, antes del ataque a la URSS, el Partido Comunista Francés había creado el Frente Nacional, paradójico nombre para el que sería el primer movimiento resistente y también el más numeroso–, y algo más tarde se empiezan a incorporar algunos de los numerosos fugitivos del Servicio de Trabajo Obligatorio, la mano de obra esclava que Pétain (y también el general Franco) enviaba a trabajar en condiciones infrahumanas en las industrias alemanas. Toda esta amalgama de gentes se articula en numerosos grupos y organizaciones (más de 40), que acaban confluyendo en dos estructuras militares (aunque la actividad de la Resistencia no era solamente «militar»; también era importante su función propagandística: algunos de sus periódicos clandestinos llegaron a tener tiradas de 100.000 ejemplares): el Ejército Secreto (AS, Armée Secrète, que englobaba a todos los grupos de tendencia gaullista o, simplemente, patriótica), y los Franco-Tiradores Partisanos Franceses (FTPF, Franc-Tireurs Partisans Françaises, relacionados con el Partido Comunista Francés). No siempre se llevaron bien ambas facciones; el Ejército Secreto llegó incluso a ejecutar a militantes comunistas, alegando que, a pesar de llamarse resistentes, se dedicaban al bandidaje puro y duro. Todos ellos, no obstante, acabaron encuadrados como Fuerzas Francesas del Interior (FFI). Y todos ellos tuvieron que afrontar el delicado problema de conciencia que suponía saber que sus acciones tenían como consecuencia las represalias llevadas a cabo contra los rehenes retenidos por los alemanes, ejecutados en gran número tras cualquier atentado contra los soldados del ejército ocupante. El Ejército Secreto, dirigido desde Londres por De Gaulle, era el destinatario principal de los suministros aliados, y su actuación servía a la estrategia anglo-norteamericana. Bien armados, pero escasamente activos, esperaban la señal oportuna que anunciara el esperado desembarco para manifestarse con toda su potencia y «liberar», demostrar a la población la ilusión de que eran los propios franceses quienes acababan con el yugo alemán. Mientras tanto, sus tareas se centraban en la propaganda y el espionaje. Los FTPF, por el contrario, apenas disponían de armamento, pero eran partidarios de la realización de atentados y sabotajes continuos, con el fin de evitar que los alemanes trasladasen más tropas al frente oriental: Rusia llevaba el peso de la guerra desde 1941, y los anglonorteamericanos no veían con malos ojos el desgaste del país comunista... Lo malo


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eran, como ya hemos dicho, las ejecuciones de rehenes tras los de la División Azul, integrados aquí en las temidas SS; en los ataques de la Resistencia. El Ejército Secreto intentaba evitar- combates por la liberación de Foix volverían a encontrarse. los, cayendo en una cierta inactividad «militar»; los Franco TiraCuando llegó el momento de la Liberación, la Resistencia dores Partisanos no se andaban con contemplaciones. sustituyó a un ejército regular en la lucha contra los alemanes en el sur de Francia, donde los españoles eran especialLa participación de los españoles mente numerosos. Curiosamente, los alemanes mostraron Inicialmente algunos españoles se integraron en los FTP- auténtico pánico a los republicanos, quizás temiendo una MOI (Franco Tiradores Partisanos – Mano de Obra Inmigran- venganza por todo lo sucedido desde 1936 en España; en alte), que reunía a los resistentes extranjeros, también bajo inspi- guna ocasión los miembros de la AGE se disfrazaron de franración del Partido Comunista Francés. De hecho, no todos los ceses, para que el enemigo capitulara sin ofrecer resistenespañoles implicados en la Resistencia eran exiliados; también cia. Al enterarse los alemanes de que en realidad se habían hubo entre ellos emigrantes económicos, que habían salido de rendido a los españoles, los soldados comenzaron a temblar, España antes de comenzar la Guerra Civil. En cualquier caso, mientras algunos se arrodillaban para rezar y pedir clemenlos republicanos también constituirán una importante agru- cia. No sucedió lo mismo con los grupos de resistentes vaspación propia. A partir de 1942 se constituye la UNE (Unión cos: los nazis consideraban a los vascos como una curiosidad Nacional Española), organización política auspiciada por los antropológica y, de alguna manera, una raza superior, y no comunistas que, sin embargo, intentaba aglutinar a españoles provocaron grandes molestias a los nacionalistas exiliados, de todas las tendencias; los anarquistas, no obstante, se desmar- para disgusto del gobierno franquista. A la hora de rendirse, caron del proyecto, salvo algunos militantes a título individual. confiaron en aquellos a los que habían tratado incluso bien. Paralelamente, se crea el XIV Cuerpo de Guerrilleros EspañoLos sucesos de Glières les, cuyo primer jefe fue el aragonés Jesús Ríos García, como una estructura netamente militar, con Estado Mayor incluido. Hace unos años visité la hermosa región de Saboya. El Sin embargo, hubo también españoles –anarquistas, por ejemplo- que se integraron en grupos franceses de la Resistencia, espectacular macizo del Mont Blanc constituye, al este, una de manera que resulta muy difícil precisar cuantitativamente eficaz frontera natural que la separa de Italia; al norte, el lago la aportación humana española al conjunto del movimiento. Leman, la hermana con la vecina Suiza. Hacia el sur, los AlEn cualquier caso, su peso cualitativo superaba con creces a pes se prolongan en la región del Delfinado, pero por el oessu proporción cuantitativa, dada la experiencia en combate re- te el valle del río Ródano, recién entrado en Francia desde la gular e irregular acumulada desde 1936; frecuentemente otros calvinista Ginebra, pone fin a las montañas con un valle que europeos antifascistas –alemanes, austriacos e italianos entre se resuelve en extensas llanuras. Entre el Mont Blanc y el Róellos–, veteranos de las Brigadas Internacionales, se unían a los dano, los afluentes de este último han excavado valles progrupos de republicanos, viejos –y queridos– conocidos suyos. fundos, a veces casi abismales, que separan e individualizan Se cuenta que cada año, al llegar el 14 de abril, se producía una macizos prealpinos como los de Bornes, Bauges y Aravis. «ola» de atentados y sabotajes... De altitudes más modestas que sus vecinos más conociAl principio del conflicto, y ante la grave carencia de armas, dos, esta circunstancia hace más habitables estos macizos, los ataques protagonizados por los españoles se basaron en el tanto para las gentes de estas montañas como para la vegeuso de explosivos. Resultaban más o menos fáciles de conse- tación: espesos y oscuros bosques de coníferas trepan por guir, dado que muchos exiliados trabajaban en bosques, obras vertientes imposibles hasta mesetas de superficie apaciblepúblicas y minas. Además, los mineros asturianos y leoneses mente ondulada, pero rodeadas de precipicios. La naturaleeran expertos en el uso de la dinamita. Las armas que los aliados za calcárea de estas montañas hizo que en la orogenia alpina lanzaban en paracaídas iban destinadas a los grupos franceses se plegaran intensamente. La erosión posterior abrió en no comunistas, y éstos tardaron en compartirlas. Las voladuras canal los anticlinales e invirtió el relieve, de manera que los sinclinales de suave lecho quedaron colgados en las cimas de de trenes seguirán siendo una «especialidad» hispana. las montañas. Bosques extensos, relieve accidentado, difícil Avanzada la guerra, cuando en diciembre de 1943 se crean acceso, existencia de cuevas y oquedades fruto de la disolulas FFI, el XIV Cuerpo de Guerrilleros se reestructuró para ción de las calizas, población escasa y dispersa, altitud modeintegrarse en ellas (junto a –por fin– todos los movimientos rada, aunque nada despreciable (en torno a 1.500 m. en los de resistencia), dando lugar a la Agrupación de Guerrilleros altiplanos, y cimas que superan los 2.000 ó 2.500 m.), con Españoles (AGE). En esta última fase de los meses previos al inviernos muy rigurosos, pero soportables. Todo ello hizo desembarco de Normandía podemos estimar en unos 10.000 de estos macizos un refugio ideal para diversos grupos de la los guerrilleros integrantes de la AGE, distribuidos en 31 depar- Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial. tamentos franceses. Aunque, lógicamente, será en el sur, con Una de esas mesetas, colgada a 1.400 metros de altitud, la vista siempre puesta en España, donde sean especialmente numerosos. En la región de Périgueux los republicanos coin- es el Plateau de Glières. Aunque no muy extenso, el Plateau cidieron con unos peculiares compatriotas: antiguos miembros es una verdadera fortaleza natural: suavemente ondulado y


Eran demasiados, y las autoridades locales recibieron información al respecto. De manera que, en pleno invierno y con la montaña cubierta por una espesa capa de nieve, los resistentes de Glières se vieron sitiados y asaltados por la Guardia Móvil Republicana y la Milicia colaboracionista (llegaron a aportar 2.000 y 1.500 hombres, a los que se sumaron 800 gendarmes); cuando éstas no consiguieron desalojarlos de su fortaleza natural se enviaron también unidades militares de montaña alemanas, que contaban con apoyo artillero y aéreo. La desproporción de fuerzas y la dificultad para abastecerse hicieron que los resistentes huyeran de aquella ratonera; habían pasado dos meses –en pleno invierno– de durísimo asedio. Aunque muchos murieron o cayeron prisioneros, bastantes consiguieron escapar, y los sucesos acaecidos en Glières se tienen hoy en día por una de las principales hazañas de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial. En el Plateau encontramos en la actualidad un monumento conmemorativo de aquellos sucesos, y durante el verano hay visitas guiadas en las que se recuerdan las peripecias de los maquisards. Además, a los pies del macizo se encuentra el cementerio de Morette, donde se encuentran enterrados los que perdieron la vida en aquel enfrentamiento. Recordemos los nombres de los españoles, su origen y fecha de nacimiento, y las circunstancias en las que murieron: Florián Andujar García. (Torrecampo, Córdoba, 4-5-1912). Muerto en la retirada el 27-3-1944. Félix Belloso Colmenar (Hervás, Cáceres, 2-12-1907). Apresado mientras compraba pan para los refugiados en Glières y fusilado el 30-3-1944 por los alemanes. Manuel Corps Moraleda (Trembleque, Toledo, 22-3-1915). Herido al escapar el 27-3-1944, morirá poco después. Avelino Escudero Peinado (Toledo, 20-4-1919). Apresado en la retirada y fusilado el 29-3-1944 por las S.S. Pablo Fernández González (¿?, 17-11-1912). Detenido el 27-3 en la escapada, fue asesinado el 31-3-1944 por unos milicianos llamados Mongourd y Perrin.

Paulino Fontoba Casas (Tarragona, 4-5-1903). Muerto por la Milicia durante la escapada el 27-3-1944 Patricio Roda López (¿Myla?, 9-9-1905). Apresado mientras compraba pan para los refugiados en Glières y fusilado el 30-3-1944 por los alemanes. Victoriano Ursúa Salcedo (Mendavia, Navarra, 23-12-1918). Detenido el 27-3 en la escapada, fue asesinado el 31-3-1944 por unos milicianos llamados Mongourd y Perrin. Hugo Schmidt (Düsseldorf, Alemania, 24-10-1910). Combatió con el nombre de Hugo González, siempre acompañando a los españoles, desde su militancia en las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. Apresado por los alemanes, fue considerado por sus compatriotas un desertor, juzgado y fusilado en Annecy el 4-5-1944. Zenón Esteban Fernández, superviviente de Glières, murió meses más tarde, combatiendo en la liberación de Ariège (Pirineo).

Monumento a los resistentes de Gliéres en la localidad de Thorens. A la derecha mención a los españoles

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ocupado por praderas en el centro, su perímetro está definido por una serie de pronunciados escarpes rocosos; solamente dos rutas de acceso ascienden a Glières, remontando estrechos y boscosos cañones para salvar un desnivel de 1.000 metros. A principios de 1944 a partir de los últimos días de enero, cuatrocientos cincuenta maquisards se concentraron allí para recibir el material que los aliados les lanzaban en paracaídas.

En el fondo, lo del Plateau fue un desastre, con al menos 150 muertos entre el grupo de resistentes, prácticamente un 30% de bajas mortales sobre el total del grupo. Los Franco-Tiradores concebían la resistencia como una guerra de guerrillas: pequeños grupos en movilidad permanente, con golpes de mano rápidos y retiradas inmediatas; evidentemente, esta táctica resultaba muy familiar –y atractiva– a los españoles. El Ejército Secreto, sin embargo, siguiendo las directrices que De Gaulle marcaba desde Londres, optaba por una estrategia basada en la concentración de grupos numerosos en comarcas de difícil acceso, en las que se establecían «territorios liberados»; ello obligaba a los alemanes a distraer tropas, contribuyendo así a la estrategia de los aliados, inmersos ya en la preparación de los desembarcos en Normandía y Provenza. Pero esta táctica tenía fundamentalmente un efecto propagandístico, que jugaba a favor de De Gaulle al hacer presente entre la población toda la parafernalia patriótico-nacionalista que el general manejaba a la perfección; propaganda por la que se pagaba un alto precio en vidas, como hemos visto en Glières y como sucedió también en Mont-Mouchet, en el Macizo Central, y en el macizo prealpino de Vercors. En todos estos acontecimientos hubo, por supuesto, españoles. Así pues, los miembros del Ejército Secreto recibieron la orden de acudir a la meseta a recibir una importante cantidad de contenedores con armamento, lanzados con paracaídas. Los Franco-Tiradores fueron invitados a acudir también, y algunos así lo hicieron. A ellos se añadieron bastantes desertores del Servicio de Trabajo Obligatorio, mientras los curtidos republicanos –a estas alturas llevaban ya ocho años de


Cuando las cosas se pusieron mal, sin embargo, todos dieron ejemplo de una solidaridad absoluta. Los dirigentes colaboracionistas, encargados inicialmente de la represión, llegaron a proponer a los miembros del Ejército Secreto un trato de favor, a cambio de que entregaran a los Franco-Tiradores comunistas. No hubo trato, aun a sabiendas de la difícil situación a la que se exponían. Sus compañeros comunistas, por otra parte, recibieron instrucciones de sus superiores para abandonar el Plateau, ya que no respondía a su táctica habitual y suponía un grave riesgo para un grupo numeroso de guerrilleros. También se negaron, asumiendo un compromiso personal con sus compañeros, de ideología bien distinta. Este es sólo uno más de los episodios en los que se vieron envueltos los republicanos, principalmente comunistas, en numerosas regiones francesas. Su organización, disciplina y arrojo fueron ejemplares; muchos fueron considerados héroes al final de la guerra y, en algunas comarcas donde la guerrilla española tuvo una presencia mayor, fueron acogidos y recordados con respeto, cariño y simpatía por la población local. En su país, mientras tanto, fueron considerados como traidores y, si eran capturados, el régimen no dudaba en fusilarlos, como sucedió con Cristino García Granda. Marino asturiano, comunista y amigo de Hemingway, al que conoció en la batalla de Teruel, volvió a España para organizar la resistencia armada al régimen franquista en la sierra madrileña. Tras participar en varios sabotajes y atentados, fue detenido, juzgado y condenado a muerte junto a catorce compañeros más, entre los que se encontraban otros dos destacados jefes españoles de la Resitencia francesa: Manuel Castro Rodríguez y Antonio Medina Vega. El gobierno francés intentó inútilmente interceder por ellos. En el juicio, Cristino García se negó a fingir haber sido «engañado» por otros, y se presentó como lo que era: un luchador antifascista y antifranquista, a sabiendas de que con ello se condenaba definitivamente. Días después de su fusilamiento, los franceses cerraron la frontera con España, y en el país vecino se sucedieron los homenajes; en algunas ciudades francesas se le dedicó una calle. En aquellos años terribles, en España las calles se las dedicaban a otro tipo de personajes; y sus nombres, a fecha de hoy, todavía salpican –manchan– los callejeros de algunas localidades.

Las redes de evasión: la historia de Francisco Ponzán Las actividades de la Resistencia no se limitaban a acciones –militares–, sino que comprendían un amplio abanico de tareas: recogida de información (espionaje, al fin y al cabo), difusión de información (sobre los éxitos de la Resistencia, sobre la marcha de la guerra y los reveses alemanes, propaganda, mantenimiento del espíritu patriótico...), apoyo y envío de suministros e información a los fugitivos maquisards, y mantenimiento de redes de ocultación y de evasión de fugitivos. Los Aliados no enviaron a Francia solamente material bélico; también llegaron a tierras galas oficiales de enlace encargados de transmitir instrucciones y formar militarmente a los guerrilleros. Algunos de ellos tuvieron que volver a territorio aliado, y la Resistencia se encargaba también de ocultar y trasladar al exterior, por ejemplo, a los pilotos aliados derribados en Francia, o a huidos de los campos de prisioneros, a judíos, o a cualquier otro personaje que, por una u otra razón, había que trasladar a territorio seguro. Suiza podía representar un refugio en caso de necesidad, pero era un «fondo de saco», era imposible salir de allí. Solamente había dos caminos posibles para llegar a territorio amigo, y en torno a ellos se crearon varias redes de evasión de Francia. Una opción consistía en escapar por mar, cruzando el Canal de la Mancha, pero evitando siempre el Paso de Calais, la zona más próxima a Inglaterra y, por lo tanto, la más vigilada. El punto de embarque se encontraba en la solitaria playa Bonaparte de Plohua, en Bretaña, a donde una cañonera británica se acercaba periódicamente, burlando la vigilancia alemana. La otra consistía en llegar a España y buscar refugio en un consulado inglés, o incluso en el propio Gibraltar. El contrabando más valioso que se ha practicado en el Pirineo ha sido el de personas. Tradicionalmente los montañeses habían practicado esta actividad, con la que nadie se enriquecía; ganado, herramientas, muebles o licores atravesaban la frontera hispano-francesa, pero sin salir apenas de la cordillera. Con la Guerra Civil la cosa cambió; hombres y mujeres comenzaron a atravesar la frontera para buscar refugio en Francia, continuando el flujo migratorio también durante la posguerra. Al invadir Francia los alemanes, los huidos comenzaron a circular en sentido opuesto. Los fugitivos –en ocasiones de posición económica acomodada pero política o racialmente incómoda– estaban dispuestos a pagar fuertes sumas a un guía, y frecuentemente cargaban con sus posesiones más valiosas. De manera que los pasadores –passeurs– podían llegar a ganar una pequeña fortuna. O más; algunos no resistieron la tentación de un enriquecimiento rápido, y no dudaron en dar el paso y convertirse en asesinos. En ambas vertientes de la cordillera se cuentan historias de familias cuya repentina prosperidad se debió –al parecer, sin duda– a estos crímenes execrables, cometidos contra personas sumidas en la desesperación más absoluta.

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guerra– llegaron procedentes de cuatro grupos distintos de maquis españoles, hasta sumar un total de 56 entre los algo más de 450 reunidos. Su papel destacó en los combates (los alemanes llegaron a pensar que se enfrentaban a tiradores de élite en la posición que defendía la llamada Sección Ebro, integrada por los españoles... y que eran bastantes más del medio centenar, dada su efectividad), pero también en la intendencia y la organización de la vida cotidiana: fueron ellos quienes propusieron subir sacos de harina y vacas al Plateau con los que elaborar pan y abastecerse de leche cotidianamente, en lugar de bajar a los pueblos circundantes a conseguir ambos productos. Precisamente dos españoles, Patricio Roda y Félix Belloso, habían sido apresados en una de esas incursiones, y posteriormente serían ejecutados.


El aragonés Francisco Ponzán –François Vidal en la clandestinidad–, anarquista y maestro, había formado parte del Consejo de Aragón durante la Guerra Civil y, tras pasar a Francia en 1939, rechazó ponerse a salvo desplazándose a América–como hicieron otros dirigentes de todo signo político– y permaneció en el país vecino en compañía de militantes de base. Los principales dirigentes de las organizaciones anarquistas no consideraron oportuno participar activamente en los movimientos de resistencia, y optaban por permanecer vigilantes pero inactivos en la lucha, hasta que el pueblo francés se decidiera por una movilización masiva... Bastantes libertarios desobedecieron estas instrucciones, y formaron o se integraron en grupos de «maquisards» o resistentes; Ponzán fue uno de ellos, llegando a colaborar con los tradicionales enemigos de los anarquistas: los comunistas. El grupo de Ponzán utilizaba principamente diversos pasos de montaña en el Pirineo gerundense –también utilizaban el paso de Canfranc–, así como una serie de casas de refugio camino de la frontera. Otros grupos de españoles también utilizaron la vía marítima, usando barcos que transportaban naranjas a los puertos del Mediterráneo francés en su viaje de vuelta –vacíos– a Valencia. Se calcula que más de 1.500 fugitivos alcanzaron España transportados por la red O’Leary –o sea, Ponzán–, pero sus peripecias se vieron salpicadas de delaciones, infiltrados de la Gestapo, redadas, detenciones, torturas, deportaciones a campos de concentración y asesinatos. Como el del propio Ponzán, después de haber sido detenido el 28 de abril de 1943 al ser reconocido por un policía en la calle... Abandonado por sus camaradas –muchos de ellos también detenidos–, su relevancia fue mejor valorada por los alemanes cuando llegó a Toulouse, enviado por el gobierno franquista, el coronel español Emilio Alzugaray. Transferido entonces a la temida Gestapo, ésta lo asesinó y quemó el 17 de agosto de 1944. Muchos dejaron su vida, de una u otra manera, durante la guerra; pero las víctimas del conflicto –o de los conflictos, mejor dicho– no terminaron en 1945. Juan Catalá, uno de los miembros del grupo de Ponzán, fue arrestado en Barcelona e ingresó en la Cárcel Modelo. Liberado años más tarde, volvió a Francia donde, enfermo, sin dinero y desesperado, participó en 1951 en un atraco con delito de sangre. Por ello fue condenado a catorce años de prisión, a pesar del testimonio favorable del máximo responsable del Servicio de Inteligencia francés en el área pirenaica, Robert Terres. Éste alegó la triste situación de algunos de los que se habían

Ilustra: Beatriz Ciria

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Pero, como decíamos, la Resistencia y, sobre todo, los servicios de inteligencia aliados (el MI9 británico), se preocuparon de organizar rutas de evasión gestionadas por gente de confianza. Las dos redes de evasión más activas, que consiguieron evacuar a miles de personas a España y entregarlas en los consulados británicos o estadounidenses de Bilbao, Barcelona o Madrid, fueron las llamadas Comet y O’Leary. Ambas fueron creadas por ciudadanos belgas: la primera por la enfermera Andrée de Jongh, apodada Dédée, y la segunda por el médico militar Albert Guérisse, apodado Patrick O’Leary. Y ambas contaban con pasadores españoles para cruzar la frontera: contrabandistas vascos en el caso de la red Comet, en el Pirineo Occidental, y el grupo de Francisco Ponzán en el caso de la red O’Leary, que cruzaban por el Pirineo Oriental.


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LA LEY DEL SILENCIO

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Cae el silencio teñido de blanco. Almohada que absorbe incluso la luz y la convierte en plomo, tamizado por un aura de paz que pesa como el remordimiento. Como el agravio, la incomprensión, el dolor y la muerte. Como la soledad. Las imperfecciones se empañan de blanco. La vida se calla. El tiempo también. Y teñido huye sin aviso por entre los dedos de la vida. Puro y silencioso se escapa mejor por entre los ocultos pliegues de un paisaje horizontal. Nunca nieva a gusto de todos. Y sigue nevando. Ignorante de nuestros gustos, la nieve cubre nuestras miradas, nuestros pensamientos, nuestras palabras. Augusto Pinochet ha muerto. Para gusto y disgusto. Ha sido el fuego quien ha homogeneizado su materia. Quien ha hecho que el carbono que le ayudó a crecer, el potasio que contribuyó a la elaboración de sus pensamientos... pasen a otro ser vivo, o quién sabe, si a un diamante venidero o a un plátano de Canarias. El agua que constituía, quizá por su edad, el 65% de su cuerpo, entrará de nuevo en su ciclo. Puede que hasta purificada. Ciclos todos impersonales, ajenos al uso que de esos elementos se hizo en el anterior eslabón de la cadena. Y el pedazo de materia del que ahora estoy haciendo uso no entiende que personas jóvenes hicieran el saludo nazi ante su féretro; que personas que se precien de tales no quieran admitir que fue un dictador cuyo eslogan «electoral» en 1973 era: «tendré la mano más dura que puedan imaginar»; que tales partidarios admitan como argumentos irrebatibles las tristes excusas de que luchara contra el triunfo del comunismo en Chile o que evitara la guerra civil. Y, sin embargo, esas mismas mentes no alcanzan a dejarse camelar por argumentos como que la C.I.A. apoyó el golpe porque las multinacionales americanas ambicionaban las riquezas naturales de Chile; que este fin menos espurio que cualquier otro no justifica el medio de acabar con la democracia más antigua de América Latina o que, a ver si estos cafres lo aprenden de una vez, ni la violencia ni la represión forman parte de la solución: son el problema. Argumentos. Palabras que lleva el viento. La mano de Pinochet se dejó sentir en la más dura realidad: miles de desaparecidos. El resto son palabras que no justifican nada y ni siquiera sirven para ayudar a comprender. Porque es incomprensible. Ininteligible. Irracional (o eso deseamos con todas nuestras fuerzas quienes no podemos dejar de sentir un nudo en el estómago cada vez que recordamos la frase de Goya, «el sueño de la

razón produce monstruos». Y así lo están reconociendo los defensores del irracionalismo nacionalsocialista. Credo quia absurdum. No tengo nada en contra de las personas que tienen claras sus ideas. Los problemas vienen cuando las erigen en las únicas verdaderas y algunas de esas personas se yerguen en garantes de su cumplimiento universal. La actitud. En realidad, esas ideas, esas creencias, esas excusas, ocultan como una capa de nieve gruesos escollos que dan miedo: la cobardía, o algo peor, el deseo sin escrúpulos de acaparar el poder. Y por ella y junto a él, el asesinato. Porque pueden. No sé si llegan a creerlas al principio, pero a puro de repetirlas su alma parece un blanco paisaje horizontal. Las palabras se posan, absorben toda voz de protesta y la pierden por entre los escollos profundos y los sinuosos caminos de su negra voluntad, que se hunde bajo el tinte de la fulgurante apariencia. Ahora querrán quemar lo sucedido. Pero las dictaduras multiplican el odio sobre el que se asentaron. Y el odio no se puede convertir en cenizas como nuestros cuerpos. Tampoco se puede enterrar. Sobre las disculpas jamás pedidas, las cenizas nunca halladas, los huesos diluidos en el agua del mar, los desaparecidos, los niños robados, los juicios jamás realizados, las torturas repetidas, las lágrimas vertidas; sobre todo respeto desperdiciado, toda libertad no respetada... no hay capa de tierra lo suficientemente gruesa ni hormigón tan sólido sobre el que poder construir un futuro. Ya vale de alfombras de impunidad. De perdonar a quien no pide perdón. El odio está ahí, intacto. Ya han muerto demasiadas personas. No ha sido posible el exterminio del enemigo. Habrá que derretir la nieve intransigente que no ha tapado nada, encontrar en la medida de lo posible a los seres queridos y seguir luchando para construir un futuro. Sin olvidar que estamos en el mismo barco y que hasta los intransigentes van a tener que ceder. Porque ya hemos comprobado empíricamente a dónde conduce el ansia de poder sin escrúpulos medianamente oculta tras la más insigne intolerancia. A dónde conduce la ley del silencio.


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&OTBZP$JODP 7JMMBT Al pie de las sierras exteriores del Piri-

neo, de llanuras arcillosas, con lĂ­mite oriental en en el rĂ­o GĂĄllego y fundiĂŠndose por el occidente con las Bardenas Reales navarras, se encuentran las Cinco Villas de AragĂłn. Ejea de los Caballeros, SĂĄdaba, Sos del Rey CatĂłlico, Tauste y Uncastillo son las villas histĂłricas que dan nombre a la comarca, tierra cargada de epopeyas, leyendas y tradiciones, fusiĂłn en muchos casos de distintas culturas, reelaboradas a lo largo de los siglos. En esta secciĂłn descubrimos los sĂ­mbolos que la arquitectura popular cincovillesa ha conservado entre sus muros, las historias perpetuadas por la tradiciĂłn oral o los paisajes del entorno, como La Marcuera, cuyo nombre tiene tambiĂŠn connotaciones mĂ­ticas.

La Marcuera +VBO"OUPOJP4ĂˆODIF[ (FPHSBGĂ“B La Marcuera estĂĄ situada al Noreste de Ejea de los Caballeros, constituye la estribaciĂłn mĂĄs meridional de la Sierra de Luna, con una orientaciĂłn Noreste-Suroeste, de escasa altitud (VĂŠrtice GeodĂŠsico de Marcuera, 561 m) y formada en su mayorĂ­a por areniscas. Sus lĂ­mites suroccidentales se establecen entre los relieves llanos de la margen derecha del rĂ­o Arba de Biel, por donde discurren las acequias de OrĂŠs y Turruquiel, el barranco de FarasduĂŠs y los antiguas regadĂ­os de Rivas, es decir, viene a corresponder, de forma aproximada, con la lĂ­nea que marca la cota 400 m y su suave descenso por el Hondazo, Valdescopar, Panadera y Valdebiel. La extensiĂłn de La Marcuera como sierra y terrenos cultivables es de unas 7.600 Has. Sobre esta sierra, en las zonas de arcillas margosas blandas, de fuerte dinamismo y poder erosivo, se han labrado barrancos (con forma de U) que se inician a altitudes inferiores a los 500 m, y acaban rellenĂĄndose en las partes de pendiente mĂĄs dĂŠbiles, formando vales (valles) con orientaciĂłn y direcciĂłn regular, de longitudes aproximadas a los 8 Km. Destaca el barranco de ÂŤSanchortiÂť (Sancho Ortiz) por sus fenĂłmenos de erosiĂłn a modo de sufusiĂłn o piping, consistentes en la disoluciĂłn de las arcillas por aguas de escorrentĂ­a de capas inferiores de suelos jĂłvenes, formando galerĂ­as subterrĂĄneas y chimeneas que a su vez provocan hundimientos. Como podemos ver, los relieves de esta sierra dan formas muy abruptas debido a la resistencia de los materiales, coronados por niveles de arenisca o molaza resistente. En la disposiciĂłn de los estratos, se alternan areniscas y margas, con diferente grado de compactaciĂłn, y el estrato superficial de arenisca el de mayor potencia, llegando hasta los tres metros, y la media inferior a un metro. Las margas que funcionan como ma-


En la Sierra de Marcuera, por encima de los 400 m, podemos encontrar xerorrendzinas sobre margas y areniscas; a veces con niveles de yesos en ĂĄreas de suelo calizo y litosales. Estos suelos estĂĄn formados a partir de la arenisca, que como roca resistente, formadora de suelo en las partes superiores del relieve, y de las margas que se localizan entre las areniscas interestratificadas, al meteorizarse se disgrega, acumulĂĄndose en el fondo de las vales. Pueden encontrarse tambiĂŠn pequeĂąos niveles de yeso, que se concentra y precipita en las partes bajas de las depresiones. La mezcla de arenisca con arenas calizas produce un suelo de mejor textura, estructura y permeabilidad. En la Marcuera tambiĂŠn podemos encontrar unos suelos poco evolucionados (Lehn pardo xerotĂŠrmico= Tierra fuerte de las Cinco Villas) que tapizan los valles de los rĂ­os, en sus llanuras de

inundaciĂłn, desarrollĂĄndose hacia el Noreste y Sur, en las excavaciones de los barrancos que atraviesan la mancha diluvial de las terrazas fluviales. Por su diferente localizaciĂłn se distinguen claramente variaciones en su textura: Areno-limosa, al pie de las laderas de las laderas areniscosas Limosa a limo-arcillosa, sobre las llanuras cubiertas por el arrastre de los materiales de los barrancos y de los rĂ­os. Son sedimentos geolĂłgicos, mĂĄs que suelos propiamente dichos, resultado de las acciones de los cambios del clima: una fase hĂşmeda (tropical) y otra ĂĄrida responsable de su transformaciĂłn en polvo fino. En aquellos lugares donde se concentra el buro (arcillas) existe una alta proporciĂłn de sales, que al ascender por evaporaciĂłn se precipitan en la superficie y determinan costras salinas. La salinidad aumenta en el fondo de las depresiones y va unida a las formaciones en barrancos. Igualmente, la alcalinidad concentrada en alta proporciĂłn de Cloro (Cl) y Sodio (Na) va asociada a estas formaciones. Su pH queda comprendido entre 7-8,5.

7FHFUBDJĂ˜OZGBVOB En la parte sur de la Marcuera, la presencia arbĂłrea brilla por su ausencia ya que sĂłlo encontramos una serie de pinos piĂąoneros, y un matorral de escasa densidad y altura (porte), compuesto bĂĄsicamente de coscoja, romero, enebros, sabinas, escobizo, sisallo, aliaga, tomillo, albardĂ­n (Lygeum spartum) y, de forma bastante rala, Carex humilis. La presencia de Asphodelus fistolusus,

con desigual distribuciĂłn, indica el nivel de degradaciĂłn alcanzado en algunas zonas. Es muy probable que existieran encinas en zonas bajas de la Marcuera por ser enclaves sin nieblas, aunque de poca altitud; de hecho existen algunas encinas testigo. En la parte mĂĄs central y septentrional de estas elevaciones, podemos encontrar con mĂĄs facilidad y frecuencia boj, y una serie de pinares carrascos, la mayor parte de ellos replantados por el hombre. Formaron parte de esta vegetaciĂłn primitiva, grandes sotos de ribera en ambas orillas de los rĂ­os. En cuanto al resto, es decir, las zonas mĂĄs bajas, fuera de la influencia de los rĂ­os, debemos pensar, de forma general, en un bosque de sabinas muy poco denso, a modo de dehesa, con matorral creciendo al abrigo de las mismas (espino negro, escabrĂłn, espĂĄrrago silvestre y una especie de retama primitiva, la ephedra) Entre sabina y sabina, romerales, tomillares y espartales en funciĂłn de la composiciĂłn de los suelos. En cuanto a la fauna, si algo caracteriza a los montes de la Marcuera, es su riqueza animal. AllĂ­ podemos encontrar la alondra de Dupont, el sisĂłn, el jabalĂ­, la ortega, la ganga y el alcaravĂĄn

-BFYQMPUBDJĂ˜OFDPOĂ˜NJDB Las actividades econĂłmicas que se dan en esta zona, son las siguientes: La deforestaciĂłn fue practicada con rotundo ĂŠxito y su explotaciĂłn extensiva por parte del ganado resulta poco satisfactoria.

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terial activo, geomorfolĂłgicamente, son junto con estas los materiales de relleno de las vales, de laderas abruptas pero que no llegan a constituir escarpes verticales. El fondo de los barrancos puede ser plano, desarrollando unos niveles de gradas hasta el cauce actual, que evidencian las alteraciones de los caudales de los mismos. Es el caso del ÂŤbarranco de Santa OrosiaÂť, en su confluencia con el rĂ­o FarasduĂŠs. Esta sierra ha supuesto un obstĂĄculo para el trazado del Canal de las Bardenas y ha tenido que ser franqueada mediante la excavaciĂłn de un aparatoso tĂşnel de cuatro kilĂłmetros de longitud con accesos especiales para las operaciones de camiones y maquinaria pesada.


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En las vales y zonas mĂĄs llanas, de menos pendiente, encontramos naturalmente, la explotaciĂłn cerealĂ­stica de secano, con desigual fortuna. Con la puesta en marcha de Bardenas II se ha puesto en regadĂ­o una extensa zona (sur del canal, prĂłximo a FarasduĂŠs y Sierra de Marcuera). Hay que suponer, por tanto, una transformaciĂłn radical en todos los ĂĄmbitos, desde el fisiogrĂĄfico y paisajĂ­stico hasta el tipo de explotaciĂłn, con las consiguientes consecuencias socioeconĂłmicas. Aunque hay zonas cultivables, la mayorĂ­a del terreno es monte comunal y por lo tanto, no cultivable. En la zona de Valdescopar, Hondazo, Panadera y Valdebiel podemos encontrar una extensa zona de agricultura de regadĂ­o (maĂ­z, cebada, trigo...) AdemĂĄs de la agricultura, La Marcuera, es un coto de caza y hay bastante gente que va a hacer senderismo y ciclismo de montaĂąa. Al haber un estupendo paisaje, es un lugar idĂłneo para practicar la fotografĂ­a ecolĂłgica.

0SJHFOEFMOPNCSFEFMB.BSDVFSB Respecto al nombre Marcuera, el Diccionario de la Real Real Academia Espaùola, recoge la voz morcuero definiÊndola como montón de cantos sueltos, majano y remite para su origen al nombre propio Mercurius, explicando que hace referencia al montón de piedras en honor a ese dios que solía dejarse en cruces de caminos y en determinados puntos de relevancia simbólica. En esta misma línea, Fabiån Gonzålez Bachiller hace proceder la voz marcuera de la expresión acervum Mercuri, utilizada frecuentemente como designación toponímica en potrillos, pasos, collados, etc., que da lugar a las formas diptongadas Marcuelo, Marcuera, Morcuera, Morcuero e incluso a las formas Malcueras y Malcuero, con confusión r-l en el límite silåbico. Bibliografía VV.AA., Ejea de los Caballeros, una villa en su entorno, Ejea de los Caballeros, M.I. Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros, Ibercaja Obra Social, 1999, Påg. 86. VV.AA., Estudio de Ordenación Rural del TÊrmino de Ejea de los Caballeros, Zaragoza, Instituto Agronómico Mediterråneo de Zaragoza, Centro Internacional de Altos Estudios Agronómicos Mediterråneos, 1980, påg. 280. VV.AA., Guía Turística de Ejea de los Caballeros, Ejea de los Caballeros, Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros, 2001, 48 p. CORTÉS VALENCIANO, Marcelino, Toponimia de Ejea de los Caballeros, Ejea de los Caballeros, Institución Fernando el Católico, M.I. Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros, 2005. Servicio Geogråfico del EjÊrcito (Ministerio de Defensa) Instituto Geogråfico Nacional (Ministerio de Fomento) Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta 2006.

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POBLADORES DE LA MARCUERA La Marcuera ha sido un lugar habitado ya desde tiempos prehistĂłricos como atestiguan los restos hallados: raspadores de silex, perforadores, lĂĄminas, hachas pulidas, puntas de flecha, y restos de cerĂĄmica. Estas piezas pertenecen a los perĂ­odos del NeolĂ­tico y Edad del Bronce. En los momentos previos a la romanizaciĂłn autores como FatĂĄs sitĂşan aquĂ­ a los suessetanos , poblaciĂłn de origen indoeuropeo y lengua celtibĂŠrica . DespuĂŠs, esta zona entra en la Ăłrbita romana, de hecho la vĂ­a romana de Farasdues transcurre muy cerca de la Marcuera. En la Marcuera se han hallado monedas de Segia (Ejea) y restos cerĂĄmicos de terra sigillata (estos Ăşltimos de ĂŠpoca flavia). OTRAS HISTORIAS La zona estĂĄ salpicada de cabaĂąas y parideras donde se refugiaban pastores y labradores que iban a trabajar a la zona ya que irse a la Marcuera era ,muchas veces, marcharse para una semana.. Entre ellas se puede mencionar la CabaĂąa del Toro llamada asĂ­ porque en tiempos de la guerra civil, se refugiaron allĂ­ republicanos que huĂ­an y, ante la falta de alimentos, capturaron un toro que pastaba cerca el cual les sirviĂł de alimento. Una de las historias y leyendas que circula acerca de La Marcuera dice que esta zona carece de arbolado de envergadura porque fue talado en ĂŠpoca de Felipe II para la construcciĂłn de la ÂŤarmada InvencibleÂť. Probablemente ,la realidad es que los ĂĄrboles fuesen utilizados por los propios habitantes de las cercanĂ­as para la obtenciĂłn de leĂąa.


Un patrimonio cultural que debemos reconocer y salvaguardar

-VJT.JHVFM#BKFOZ.BSJP(SPT A lo largo del trabajo de recopilación de tradición oral de las Cinco Villas que realizamos durante los aùos 90, entre las muchas bellezas desconocidas de la comarca, nos sorprendieron los signos en forma de esvåsticas y hexafolias que decoraban las puertas de algunas casas. Como se puede comprobar en las fotografías, la mayor parte de estas inscripciones suelen estar talladas en la dovela central de los arcos de medio punto que cubren la entrada principal de las casas cincovillesas mås antiguas. Comenzamos a tomar fotografías de algunas de ellas y comprobamos que dichos emblemas parecían tener un caråcter religioso profilåctico y se repetían en otros espacios y objetos de marcado significado ritual o liminar: pilas de bautismo, piedras de fogaril, ventanas‌ Efectivamente, estos símbolos estån documentados desde muy antiguo y son conocidos por muy diversas culturas. A lo largo de varios viajes hemos podido comprobar la existencia de signos similares, conocidos a veces como religadas, en gran parte del Biello Aragón, norte de la comunidad, aunque casi nunca con la importancia de las Cinco Villas. Es curioso que en el País Vasco, donde son conocidos con el nombre de ´lauburus (cuatro cabezas) y se han convertido en signo identitario, su presencia antigua estÊ muy poco documentada. De ahí que consideremos que este primer acercamiento a las muestras de la esvåstica curva en las Cinco Villas pueda ser clave para entender realmente, mås allå de mistificaciones nacionalistas, las características de este símbolo mågico universal y de su implantación y evolución en Europa. Por otro lado, el desconocimiento sobre su importancia testimonial ha dado lugar a que, en muchas ocasiones, estas inscripciones hayan sido maltratadas o, incluso, destruidas. Su dignificación como muestras culturales de importancia y su inclusión en el inventario del Patrimonio Etnológico de Aragón permitirå su conservación y cuidado, y ademås, por quÊ no, favorecerå su aportación al atractivo turístico de la comarca. Valor simbólico e histórico de la esvåstica Este símbolo gråfico, en el que resaltan la concreción y el dinamismo, aparece en casi todas las culturas primitivas y antiguas del mundo, en las catacumbas cristianas, en Irlanda, Bretaùa, Micenas; entre los etruscos, hindúes, celtas, germanos; tanto en Asia Central como en la AmÊrica precolombina, y, por supuesto, en la Península IbÊrica. Según Juan Eduardo Cirlot, su poder sugestivo es grande

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LAS RELIGADAS O ESVĂ STICAS ARAGONESAS EN LA COMARCA DE LAS CINCO VILLAS


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porque integra dos símbolos muy efectivos: la cruz de brazos iguales (griega) y los cuatro ejes en una misma dirección rotatoria. La tetraskelion o esvåstica de cuatro ramas en ångulo recto se llama cruz gamada o gammadion porque puede constituirse juntando cuatro letras gamma. Hay que distinguir entre la esvåstica recta y la redondeada, y entre la dextroversa y la sinistroversa, según sus brazos giren en dirección derecha o izquierda. Según Ludwig Mßller, en la Edad del Hierro la esvåstica representaba al dios supremo. Para Mackenzie este símbolo aparece con la agricultura y la noción de los cuatro puntos cardinales. Colley March interpreta la esvåstica como signo específico de la rotación axial. Su significación formal se ha identificado como rueda solar con rayos y pies esquematizados en sus extremos. La interpretación mås generalizada, ya en la Edad Media, es que corresponde al movimiento y a la fuerza solar, aunque por otra parte se ratifica que es un símbolo de la cuaternidad, como figuración de un movimiento descompuesto en cuatro tiempos, hallåndose en relación con el polo y las cuatro direcciones. Malvert lo explica como imagen representativa de la primera herramienta que sirvió al hombre para producir fuego: dos bastones cruzados y frotados circularmente. La esvåstica mås antigua conocida corresponde a un sello encontrado en Harappa (India), de hacia 2000 antes de Jesucristo. Otros ejemplos son las urnas cinerarias itålicas anteriores a Roma, las de una hoja de espada en Vers-La-Gravelle y la que aparece en el fondo de una vasija galorromana del tesoro de Graincourt-les-Havrincourt (Museo del Louvre). Erróneamente se relacionan las religadas o esvåsticas de Aragón con la cultura vasca, cuando ya hemos seùalado que su presencia documentada es mucho mås profusa y antigua en Aragón que en el Pais Vasco. Por otro lado, el tÊrmino lauburu aparece citado en autores del siglo XVII en relación al låbaro cåntabro, tÊrmino que se refiere al signo de una cruz precristiana, y no precisamente una esvåstica, venerado por los habitantes del norte de Espaùa y que fue adoptado como distintivo por las milicias romanas. Por suerte, en la actualidad es sabido que las afirmaciones identitarias tienden a legitimarse en los orígenes, cuanto mås ancestrales y telúricos mejor, alentando a menudo las invenciones fantasiosas que pisotean la compleja verdad histórica y la honestidad científica. En el caso que nos ocupa, es reveladora la coincidencia de la Alemania nazi y el nacionalismo vasco en su interÊs por este símbolo, tal como desvela una anÊcdota en torno, precisamente, a un pintor aragonÊs. En La marquesa de Santa Cruz, de Goya, aparece una esvåstica redondeada en una labor de marquetería de una guitarra-lira neoclåsica. El nacionalista bilbaíno Ramón de la Sota adquirió el cuadro porque veía en Êl un lauburu vasco; poco despuÊs los franquistas, que interpretaban el símbolo como una cruz gamada, se lo incautaron con la intención de regalårselo a la Alemania nazi‌


Las Ripas del Arba (Basado en la leyenda del desterrado)

Cuentan los viejos que hace muchos, muchos aĂąos, un caballero volvĂ­a a Ejea acompaĂąado de su fiel criado despuĂŠs de una larga jornada de caza y, viendo que no llegarĂ­an a tiempo para asistir a la misa, ordenĂł a ĂŠste que se adelantara con el recado para el cura de que retrasara la celebraciĂłn. Cuando llegĂł el criado a la iglesia, ya estaban todos los fieles congregados y el cura no considerĂł oportuno retrasar el oficio. El caballero se presentĂł en la iglesia en el momento en que ya estaban saliendo de la misa y al preguntar a su criado por la razĂłn de que ya estuviera acabado el oficio, ĂŠste le contestĂł que el cura se habĂ­a negado. El caballero, enojado, dio al criado la orden de matar al cura ahĂ­ mismo o, caso de negarse, ĂŠl mismo serĂ­a ejecutado. El criado que era un buen cristiano, vacilĂł un momento, pero viendo la actitud de su amo no dudĂł en atravesar con su espada al cura. Acto seguido el caballero llamĂł a la justicia y denunciĂł a su criado que fue sentenciado a morir en la horca. Llegado el dĂ­a del ajusticiamiento y reunido todo el concejo para contemplar la ejecuciĂłn, se dieron cuenta de que no habĂ­a hombres suficientes para levantar la horca, ya que todos eran caballeros, hidalgos o infanzones y entre todos decidieron desterrarlo donde no se oyera campana sonar, ni carro chirriar, ni gallo cantar, ni rana croar. El sentenciado se quejĂł de que esa pena era peor que la muerte y exigiĂł la horca. La justicia no encontrĂł otra soluciĂłn que atenuar las condiciones del destierro donde no se oyera ni campana sonar, ni carro chirriar, ni gallo cantar y fue desterrado a las ripas del Arba donde al menos oirĂ­a cantar las ranas. Y cuentan las viejas que unos cuantos aĂąos mĂĄs tarde una seĂąora muy principal que estaba acompaĂąada de su doncella acabando una primorosa labor y viendo que no podrĂ­a tenerla terminada para la hora del rezo del rosario enviĂł a la muchacha al convento con el recado de...

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&OTBZP1FOTBNJFOUP La vida humana se deja contemplar desde muy diferentes puntos de vista y son mĂşltiples los enfoques y las perspectivas desde las que se puede abordar el conocimiento del ser humano. AsĂ­, cada experiencia cognoscitiva, cada perspectiva vital, es susceptible de ser integrada en un nĂşmero infinito de posibles actualizaciones... Los escritos ensayĂ­sticos nos acercan aspectos de la realidad desde un peculiar punto de vista, iluminando aspectos novedosos o poco conocidos de ella: los problemas e incĂłgnitas de la nueva realidad multicultural a la que nos vemos abocados, los vericuetos de los procesos educativos, el trabajo como un mito social a lo largo del tiempo, la vacua retĂłrica al uso o el fraude sistemĂĄtico en la comunicaciĂłn interpersonal y social. Estas perspectivas pueden ampliarse notablemente si tĂş, como interlocutor del ensayo, tomas cartas en el asunto y manifiestas tambiĂŠn tu punto de vista...

Multiculturalidad y multiculturalismo (1)

&EVBSEP#FSJDBU"MBTUVFZ

We tend to take the speech of a Chinese for inarticulate gurgling. Someone who understands Chinese will recognize “language� in what he hears. Similarly I often cannot discern the “humanity� in a man. Ludwig Wittgenstein, Culture and Value, 1929.

Cuando hace diez aĂąos los ejeanos salĂ­an de su casa a la calle, a este espacio pĂşblico de trĂĄnsito pero tambiĂŠn de encuentro, la probabilidad que tenĂ­an de vislumbrar una presencia extranjera era prĂĄcticamente nula. Sin embargo, es evidente que hoy, cuando salimos a la calle, no sĂłlo divisamos en ese horizonte social a ejeanos, sino tambiĂŠn a muchas personas procedentes de otros paĂ­ses que han decidido en los Ăşltimos tiempos fijar su residencia aquĂ­. Si tratamos de verificar estas impresiones con los datos de poblaciĂłn procedentes del PadrĂłn municipal, comprobaremos que en 1996 tan sĂłlo estaban empadronados en el municipio de Ejea 15 extranjeros, nĂşmero que ascendiĂł a 44 en el aĂąo 2000. Ahora bien, en la revisiĂłn del PadrĂłn de 2001 la cifra se elevĂł a 456, y en tan sĂłlo un aĂąo, en 2002, el nĂşmero de extranjeros era ya de 838. En Enero de 2005, Ăşltimo dato disponible, la poblaciĂłn extranjera residente en Ejea ascendiĂł a 1.611. Considerando que la poblaciĂłn total es de 16.941 personas, se deduce fĂĄcilmente que en la actualidad


En Ejea están empadronados 612 europeos (488 búlgaros, 61 rumanos, y otros), 727 africanos (88 marroquíes, y otros), 255 americanos (65 ecuatorianos, 33 colombianos, 19 argentinos, 16 bolivianos, 16 Peruanos) y 16 asiáticos (15 chinos). Dado que el empadronamiento es un registro oficial de carácter voluntario, el número real de residentes extranjeros de hecho no tiene por qué coincidir exactamente con estos datos oficiales. Pero lo que sí nos ofrecen estos datos es un panorama aproximado del intenso cambio demográfico experimentado por el municipio de Ejea. El problema de las estadísticas no estriba tan sólo en la precisión de las cifras que nos aporta, sino también en las etiquetas que utiliza para nombrar la realidad. Por ejemplo, ¿hasta qué punto puede considerarse extranjero a una persona que haya decidido quedarse a vivir aquí?, ¿cuánto tiempo debe transcurrir hasta que dejemos de considerar «extranjera» a esa persona?, ¿debemos calificar como extranjeros a los hijos de estas personas, aunque hayan nacido aquí? Para la estadística oficial el problema es muy simple: «extranjero» es quién no tiene la nacionalidad española. Pero la realidad social y personal es mucho más compleja. La ambigüedad de la posición social del extranjero, reseñada tanto por Simmel como por Bauman, estriba en que el extranjero «es/viene de allí« pero «vive/está aquí». Los autóctonos, sean nacionales o locales, pueden subrayar cualquiera de estos polos, esto es, pueden mirarlos y relacionarse con ellos como si fuesen foráneos («son y vienen de allí»), o bien pueden verlos y tratarlos como a un lugareño más (viven y están aquí). Es evidente que la actitud que adopten los ejeanos tendrá importantes consecuencias tanto sobre la convivencia futura, como sobre la cohesión social y cultural del municipio. Es evidente que tal convivencia dependerá

también de la actitud que adopten los propios inmigrantes. Así sucede siempre en todo juego social de interacción: ambas partes contribuyen el resultado final. El sentimiento de extrañeza que los extranjeros pueden llegar a suscitar está relacionado con muchos factores. El tiempo es uno de ellos. El hecho de que la inmigración sea un fenómeno muy reciente contribuye al desconocimiento y a la desconfianza que genera la ausencia de trato personal. Múltiples investigaciones han demostrado que la «opinión personal» que se tiene de los inmigrantes conocidos es siempre mucho más positiva que la «opinión general» sobre ellos, frecuentemente cargada de múltiples estereotipos. Otro factor que incide en la extrañeza es el miedo. La inmigración en España ha sido muy rápida e intensa, de ahí que algunas personas estén abrumadas por una cierta sensación de avalancha. Otras sienten el atávico temor e inseguridad que nos inspiran los cambios radicales. Ahora bien, un factor fundamental que determina la percepción del inmigrante como un «otro» extraño es la diferencia cultural. Cuanta mayor sea la distancia entre su cultura y la nuestra, más difícil nos resultará percibir su humanidad. Esta es precisamente la idea que nos transmite el gran filósofo austriaco con su certero aforismo. Cuando escuchamos a un chino tendemos a tomar sus palabras por un gorjeo incomprensible. Pero alguien que comprenda el chino reconocerá una lengua en lo que escucha. De la misma manera –termina diciéndonos Wittgenstein- me sucede que a menudo no puedo discernir la humanidad en un ser humano. Somos seres culturales, barro moldeado por la educación recibida y cocido desde la más tierna infancia en el crisol de una particular cultura. Aunque la materia de la que estamos hechos es siempre la misma, las formas que adoptamos son infinitamente diversas. Alguien pudiera pensar que los «ejeanos» se fraguaron en un molde maestro con el cuál todos los demás debieran compararse. Nosotros somos lo que hay que ser y como hay que ser. Los otros, tanto más extraños cuanto más diferen-

tes. Con este rumor de fondo, según la profesora Stolcke, se construyen los nuevos discursos que postulan un rechazo a la inmigración basado en el miedo a que su cultura pervierta la nuestra. Quienes defienden estos discursos piensan que es absolutamente necesario preservar la uniformidad cultural de nuestro país, y creen que cualquier mezcla o hibridación cultural será una fuente segura de problemas. Verena Stolcke denomina a esta actitud fundamentalismo cultural, y está muy vinculada con la valoración del monoculturalismo, esto es, con la idea de que es mucho mejor para un país que todos sus ciudadanos compartan una misma lengua, una religión, idénticas tradiciones y costumbres, y un mismo modo de vida. Frente a quienes apuestan por una defensa a ultranza de la homogeneidad cultural, encontraremos personas que valoran positivamente la diversidad y apuestan por la promoción de la coexistencia, el contacto y el diálogo intercultural como único modo de garantizar en el futuro la convivencia pacífica entre diferentes etnias y comunidades culturales. También valoran la hibridación como una excelente oportunidad de desarrollo y de enriquecimiento de nuestras propias raíces culturales. Estos últimos, como es obvio, defienden el multiculturalismo. Como sociólogo, tengo la plena convicción de que la actitud ética que adoptemos frente a la variada y nueva composición social y cultural presente en nuestros lugares de vida determinará el futuro de todos. En este sentido, el multiculturalismo constituye la necesaria respuesta moral a la que nos enfrenta el reto de la multiculturalidad. Hemos dejado de ser sociedades monoculturales, y todo parece indicar que la recién estrenada multiculturalidad permanecerá entre nosotros durante bastante tiempo. No dispongo de datos sobre el número de ejeanos, incluidos los ejeanos nacidos fuera, que defienden el mono o el multiculturalismo. Sin embargo, tomando información empírica procedente de la Encuesta Social Europea, 2002, podemos conocer la posición general de los europeos (Tabla 1).

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uno de cada diez ejeanos (exactamente el 9,51%) es extranjero. Y esto significa que Ejea de los Caballeros, en un brevísimo período de siete años, al igual que España y antes Europa, ha pasado de ser una sociedad monocultural a ser una sociedad multicultural.


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Tabla 1. La valoración de la uniformidad y de la diversidad cultural en Europa. Tipo de uniformidad Es mejor hablar todos al menos una misma lengua común. Es mejor compartir todos mis-mas costumbres y tradiciones Es mejor que convivan gentes de distintas religiones

Grado de acuerdo Ni Ac. DesaNi Des. cuerdo

Muy de

Muy Desac.

Ns/Nc

42,2

48,6

5,7

2,2

0,3

1,1

15,3

35,6

21,6

21,4

4,4

1,6

6,3

31,8

29,5

22,8

6,5

3,1

(0-12) Nada

(3-4)

Escala (5)

(6-7)

(8-910) Muy

Ns/Nc

59,0

1,6

Importancia de que inmigrantes adopten 5,6 5,0 9,5 19,3 nuestro modo de vida Los extranjeros: empobrecen o 13,6 22,0 25,5 enriquecen la vida cultural Fuente: European Social Survey, 2002. Elaboración propia.

5,1

De la tabla precedente podemos extraer algunas importantes conclusiones. La primera nos indica que existe un consenso casi absoluto a la hora de valorar la homogeneidad cultural tanto en el conocimiento de una misma lengua (90,8% de acuerdo), como en la importancia de que los inmigrantes adopten nuestro modo de vida (78,3% por encima del «5»). Incluso más de la mitad de los europeos (exactamente, el 50,9%) señala que sería mejor que todos los habitantes de un país compartieran las mismas costumbres y tradiciones. En consonancia con el grado de secularización de nuestras sociedades, el porcentaje de apoyo a la uniformidad religiosa desciende al 29,3%, un porcentaje similar, aunque algo inferior, al de los defensores de la pluralidad religiosa (38,1%). Por último, quienes creen que los inmigrantes enriquecen la vida cultural del país constituyen una clara mayoría relativa (48,1%), frente a quienes piensan que la empobrecen (24,6%). En suma, todos estos datos nos indican que los europeos valoran intensamente la homogeneidad cultural y que, por tanto, seguirán manteniéndose las presiones de la opinión pública a favor de la integración, cuando no de la pura asimilación cultural, de los extranjeros que decidan vivir aquí. De hecho, según los análisis multivariables que hemos realizado, podemos decir que tan sólo el 17,3% de la población europea manifiesta tener unas convicciones genuinamente multiculturales. De otra parte, existe un 51,7% de europeos a quienes podríamos calificar de «fundamentalistas culturales», esto es, claros defensores del monoculturalismo. La multiculturalidad nos enfrenta a una situación socio-política compleja y delicada. De ahí que los discursos éticos, ideológicos o morales también lo sean. La gente puede defender la uniformidad o la diversidad cultural por muy diferentes razones, desde muy distintas perspectivas o con intenciones muy dispares. Si queremos llevar a buen puerto el debate, tendremos que escuchar con mucha atención los argumentos. Así, es muy importante saber qué concepción tenemos cada uno acerca de la cultura, bien una concepción conectada intelectualmente con la Ilustración francesa y con la obra de Montesquieu, bien una conectada con el Romanticismo alemán y la obra de Herder. Si nuestra concepción de la cultura es pragmática, otorgaremos mucha mayor importancia a la uniformidad de la lengua y del modo de vida, que al hecho de que todos compartan nuestras costumbres, tradiciones o, incluso, nuestra religión. Cuando se cree que la cultura está constituida por el poso secular que la existencia de una comunidad o país ha ido filtrando a lo largo de los tiempos, entonces se tiene una concepción esencialista, y se defenderá con mayor ahínco la uniformidad de los componentes tradicionales de la cultura. De aquí surgen cuatro tipos de posicionamiento moral. Los monoculturales esencialistas establecen una defensa a ultranza, radical y cerrada, del núcleo esencial de su cultura frente a cualquier otra. Para ellos, cualquier riesgo de contacto constituye un riesgo de contaminación y de empobrecimiento cultural. Los monoculturales pragmáticos no defienden numantinamente las esencias culturales del país, pero sí exigen con rigor que se respeten sus pautas de vida y sus modos básicos de organización social. En general, estas personas están convencidas de la superioridad de la cultura y del modo de vida occidental. Los multiculturales pragmá-


(1)

(Footnotes) 1 La versión íntegra de este artículo (“La valoración social del multiculturalismo y del monoculturalismo en Europa”) puede consultarse en: http://www.centrodeestudiosandaluces.es

Ilustra: Marta Arceiz

Cada uno de estos cuatro posicionamientos éticos arrastra sus propias paradojas y contradicciones, de ahí que algunos pensadores, como Salvador Pániker, aboguen por la superación del multiculturalismo proponiendo un interculturalismo orientado a la comprensión de las otras culturas, al enriquecimiento mutuo y al cultivo de la confianza. Ahora bien, más allá de la complejidad de este debate ético, existe un acuerdo a la hora de entender que el diálogo entre culturas, entre seres humanos de diferentes culturas, constituye la clave para poder ver en el «otro» y en el «diferente» la humanidad que compartimos. Si no entendemos su lengua, no podremos leer su alma, nos dice Wittgenstein. Kant nos dice que todo hombre constituye un fin en sí mismo, nunca un medio. Así que, sea cuál sea nuestra posición en el debate, lo más importante es que nunca olvidemos tratar a un ser humano como un ser humano. Esta sencilla regla es fundamental.

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ticos valoran positivamente la existencia de diversidad cultural en el seno de un país, si bien condicionan el respeto, el reconocimiento y el valor que cada cultura pueda merecer. Desconfían de las identidades culturales fuertes, que en cualquier caso tratan de circunscribir al estricto ámbito de la vida comunal y privada. Por último, los multiculturales esencialistas defienden el respeto y el reconocimiento pleno e incondicionado de cualquier identidad cultural, así como el papel público al que tienen derecho todas las comunidades culturales. Defienden una exaltación no epidérmica de la multiplicidad de las esencias culturales producidas por todas comunidades y pueblos.


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AUTONOMÍA, RESPONSABILIDAD Y PARTICIPACIÓN. +FTÞT$MBWFS Autonomía y responsabilidad son dos rasgos que están estrechamente relacionados en el comportamiento humano. Si consultamos un diccionario hallaremos que autonomía significa «capacidad para gobernarse por sí mismo», mientras que el término responsabilidad se define como «capacidad de compromiso de una persona para con los problemas que tiene planteados». El hombre es social por naturaleza: sus actos y sus compromisos adquieren pleno sentido cuando desembocan en la participación, entendida como colaboración o cooperación con los demás buscando la construcción y el desarrollo de proyectos colectivos. La autonomía, la responsabilidad y la participación deben adquirirse y ejercitarse en cada uno de los ámbitos en los que se desenvuelve el ser humano.

dumbres y sus emociones. Es recomendable, por ejemplo, que el padre piense por un momento en su propia adolescencia. La negociación exige que el padre escuche y valore las peticiones e ideas del hijo. El padre tiene una opinión, el hijo otra, pero pueden hablar e intentar entenderse. Una buena negociación no debe llevar a que el hijo imponga siempre sus necesidades personales. Una buena negociación será aquella que establezca normas consensuadas y que el hijo adquiera responsabilidad sobre su propio comportamiento. Si el hijo no acaba de cumplir lo negociado, se le dará un aviso para que rectifique, si continuara sin cumplir, entonces el padre asume el control y el chico hará las cosas del modo que el padre le indique.

Si el chico siguiera sin cumplir entonces deberán aplicarse Don Fleming, psicoterapeuta especializado en la psico- consecuencias negativas a su comportamiento. Por tanto, las logía del niño y del adolescente, en su libro Cómo dejar de consecuencias se aplican tras haber fracasado el proceso de nepelearse con su hijo adolescente, donde recoge las experien- gociación. cias de veinticinco años de trabajo, señala que los padres Varios profesores de primaria, secundaria y universidad exsolo pueden fomentar la autonomía y la responsabilidad del adolescente si tienen en cuenta los siguientes aspectos: co- ponen sus experiencias y reflexiones en el libro Aprender autómunicación clara , comprensión de los sentimientos de éste, nomamente. Estrategias didácticas. Es enriquecedora su lectunegociación y utilización de consecuencias en función de la ra porque aportan ideas e indicaciones en aras a desarrollar la autonomía y responsabilidad del alumno y, a su vez, confieren conducta del hijo. seguridad y responsabilidad al profesor en su quehacer profeSer capaz de comunicarse de forma clara con el adolescen- sional. te supone: no hablar con él cuando estemos demasiado disVivimos en la sociedad de la información, nunca el hombre gustados, fijarse en los pequeños cambios positivos en lugar de esperar a que se produzca un cambio total en su conduc- había dispuesto de tanta información como en la actualidad. ta y pedirle menos cosas pero comprobando que realmente Por tanto, es acuciante la necesidad de adquirir procedimienobedece y las cumple en lugar de pedirle muchas cosas y no tos para buscar, seleccionar y elaborar información con el fin de transformarla en conocimiento útil. Estudiar de forma incontrolarlas. dependiente no es lo mismo que hacerlo de manera autónoma Comprender los sentimientos del adolescente supone: ser y estratégica. Mientras que en el primer caso el alumno realiza capaz de ponerse en su lugar y sentir como puede encontrar- sus tareas sin ningún mecanismo o ayuda que le permita autose él en las diferentes situaciones que vive, esto no significa rregular su aprendizaje, en el segundo, el estudiante es capaz estar de acuerdo con su conducta sino tener en cuenta que es de planificar, supervisar y evaluar sus actividades de estudio una persona con sus necesidades, sus problemas, sus incerti- gracias a las estrategias que ha conseguido interiorizar.


a los alumnos que escriban en una hoja las ideas principales que se han tratado, sistematizando después en la pizarra los puntos esenciales de los contenidos abordados en la sesión a partir de sus aportaciones. La clase expositiva no es adecuada para que los estudiantes desarrollen capacidades como buscar, seleccionar, organizar y presentar información. Por tanto, es necesario complementar la clase expositiva con otros métodos didácticos. Los métodos interactivos se caracterizan porque el elemento central de una o más clases consiste en resolver un caso o un problema, responder un interrogante, poner en práctica una simulación, realizar una investigación o un proyecto. Para ello el alumnado ha de analizar la demanda, pensar, organizarse, buscar información, trabajar en equipo y tomar decisiones. La interacción requiere cooperación; es algo más que la simple agrupación de mesas, sillas y alumnos; significa tomar parte junto a otras personas en las tareas necesarias para realizar algo en común, ayudando y recibiendo ayuda, es decir, con reciprocidad. Cuando se expresan diferentes puntos de vista, se contrastan ideas y se elaboran conjuntamente posibles soluciones o alternativas, los resultados del grupo suelen ser mucho mejores que los que obtendría cada componente individualmente; por otra parte, no sólo mejora la comprensión y dominio de los contenidos sino que también se desarrollan las habilidades sociales y de comunicación. En este contexto, el alumnado se convierte en el centro de la actividad y el profesorado ayuda y facilita el proceso. Cuando se ponen en marcha métodos interactivos al profesor le corresponde realizar las siguientes funciones: presentar la tarea, dejar claro el proceso de trabajo, organizar

el espacio y los materiales, proporcionar información y/o recursos para conseguirla, favorecer el intercambio entre los alumnos en el proceso de trabajo, proporcionar instrumentos y criterios de valoración del grupo y gestionar el tiempo. En la sociedad de la información en la que vivimos estamos predestinados a aprender durante toda la vida. Por tanto, la mejor labor que como profesores podemos hacer con nuestros alumnos es enseñarles a ser autónomos, a que aprendan por ellos mismos, es decir, a que autorregulen su aprendizaje y se responsabilicen cada vez más del mismo. El mejor profesor será aquel que ceda progresivamente el control de los procesos de aprendizaje al propio estudiante. En el último trimestre del año 2006, desde la administración educativa aragonesa, como antes se hizo desde la administración central, se han impulsado debates y foros de participación de padres y profesores con respecto a la futura «ley de educación para Aragón». Evidentemente esta línea de actuación es positiva porque la educación es un tema de interés común y es necesaria una amplia reflexión social sobre la misma. Sin embargo, este modelo de participación no es suficiente. Para los movimientos de renovación pedagógica, si se opta por defender un modelo de escuela pública en el que puedan convivir niños y niñas de diferentes clases sociales y culturas, es necesario profundizar en la participación social y en la organización democrática en aras a alcanzar el principal objetivo educativo para nuestra sociedad: educar a las personas en igualdad para participar y decidir sobre sus vidas. Este concepto de participación está estrechamente relacionado con la autonomía de los centros educativos. Beltrán Llavador y San Martín Alonso, profesores de Organización Escolar de la Universidad de Valencia, señalan que la autonomía escolar tiene su razón de ser cuando cada centro desarrolla

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A través de las investigaciones, se ha constatado que un número considerable de alumnos de secundaria obligatoria entiende el estudio como la memorización de la información con el objetivo de repetirla del mismo modo que la tienen recogida en sus apuntes o en el libro de texto. Desde esta posición todo es importante, no hay nada que buscar o priorizar. Pero el estudio puede también entenderse como contraste entre lo que está escrito y lo que uno sabe o lo que otros dicen. En este contexto la búsqueda y análisis de la información adquieren pleno sentido porque la finalidad es crear un significado propio del contenido. ¿Qué estrategias podemos utilizar como profesores para favorecer el aprendizaje autónomo y crítico de nuestros alumnos? Los métodos de aprendizaje que se utilizan en el aula dependen de distintos factores, entre ellos: las concepciones del docente, las finalidades educativas que pretende, la complejidad de las tareas y el número de estudiantes a los que debe atender. La clase expositiva sigue siendo un método muy utilizado en las distintas etapas educativas. Suele combinarse con preguntas que el alumnado responde y también con la realización y corrección de ejercicios que permiten procesar la información y aplicar conocimientos. Estos ejercicios o actividades pueden tener una orientación de mera reproducción, fomentando así comportamientos pasivos, o plantear situaciones más creativas que favorezcan el desarrollo del pensamiento crítico. La clase expositiva es un método adecuado para presentar informaciones, explicaciones y síntesis. Una lección bien presentada facilita la comprensión. Ahora bien, también en las exposiciones del profesorado pueden utilizarse recursos para favorecer la participación de los estudiantes. Algunos de ellos son: comenzar la clase con una pregunta, promover el diálogo y comentar las respuestas; detener la clase cuando vemos que la atención recae y plantear una cuestión concreta sobre lo explicado, se dejan unos minutos para pensar y se pide una respuesta a mano alzada; al final de la clase pedir


Cada sector de la comunidad educativa ha de hacer un uso democrático, en su sentido más profundo, de la autonomía, eligiendo lo que es bueno para sus intereses pero sin que, a su vez, resulte injusto para los demás. Se trata de conjugar lo particular con lo general, con el fin de que la escuela sea un espacio habitable para todos porque el proyecto educativo del centro exige la responsabilidad de cada uno de los agentes que intervienen en la educación. Por ello, el entramado educativo, desde la administración hasta cada centro concreto, debe hacer suyos los principios de igualdad, libertad, equidad, tolerancia y diálogo, recogiéndolos en la legislación y en los proyectos educativos, pero, sobre todo, desarrollándolos en la práctica del día a día que es donde tales principios adquieren su verdadera fuerza y vigor. Luis Gómez Llorente, catedrático de enseñanza secundaria, veterano sindicalista de U.G.T. y defensor de la escuela pública, manifiesta que la participación de los alumnos es importante para su formación cívica porque a través de ella comparten intereses con todo el colectivo del centro y cooperan en la consecución de los fines de éste; el derecho de los padres a velar por la educación de sus hijos no se limita a elegir centro, sino que dentro del centro tienen que asumir responsabilidades reales; y la participación de los profesores supone un peldaño para llegar al ideal de la autogestión, entendida como autogobierno de los profesionales de la enseñanza. Para este autor la participación actual es insuficiente y esto se debe a tres razones: 1) La actitud individualista y dependiente de las personas en la sociedad de consumo: por ejemplo, la inmensa mayoría en política se limita a votar y a murmurar y en las aficiones a ser espectadores. 2) Los que ostentan algún poder, aunque sea mínimo, se suelen oponer a que una parte de esa parcela de poder la administren los colectivos mediante la participación. 3) Finalmente, y muy relacionada con las razones anteriores, la escasa vinculación y comunicación entre los representantes y representados en todos los ámbitos. La competitividad de las sociedades desarrolladas fortalece la mentalidad individualista. Se busca el éxito personal y este fin es el polo opuesto a participación para alcanzar logros sociales y comunitarios. Salirse de los cauces tutelados por los órganos y personas que ostentan el poder suele generar desconfianza. En todo caso, la autonomía es un concepto que conduce a la participación. Esto supone impulsar el ejercicio de los derechos y deberes, repartir poder y responsabilidades entre todos y es válido para todos los ámbitos en los que se desenvuelve el ser humano.

Cómo dejar de pelearse con su hijo adolescente. Fleming, D. Ed/ Paidós. Barcelona, 2001. Aprender autónomamente. Estrategias didácticas V.V.A.A. Ed/ Grao. Colección: Claves para la innovación educativa. Barcelona, 2005. Los movimientos de renovación pedagógica y la lucha contra la mundialización liberal. Llorente, Mª Ángeles. <http://www.pangea. org/jei/edu/tab» www.pangea.org/jei/edu/tab> La participación: por qué y para qué. Una cuestión de principios. Gómez Llorente, L. <http://www.mec.es/cesces/” www.mec.es/cesces/> Diseñar la coherencia escolar. Beltrán, F. y San Martín, A. Ed/ Morata. Madrid, 2000. Educar en tiempos de incertidumbre. Carbonell, F. Ed./ Los Libros de la Catarata. Madrid, 2005.

Ilustra: Juan Antonio Sánchez

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un proyecto educativo que responde a las características y necesidades del contexto, cuando se busca una mejor distribución y racionalización de los recursos y cuando se pretende potenciar la participación de los diversos sectores de la comunidad educativa.


+PBRVÓO#VFOP La práctica de la redacción epistolar ha sido una actividad en la que mi psicoanalista ha encontrado todo un mundo de posibilidades comunicativas y a la que le ha dedicado una atención especial a lo largo del tiempo. Es consciente de que en un mundo tecnificado donde lo que predomina es la velocidad y el vértigo en la comunicación la carta es un vehículo de comunicación social obsoleto pero, aun así, todavía escribe cartas a algunos de sus amigos contándoles sus cosas o solicitándoles su punto de vista. Habla siempre con un cierto entusiasmo del «sonoro silencio» que desprenden las cartas y de la «ausencia de interferencias comunicativas» de la que goza el discurso epistolar y opina que, entre las herramientas de la comunicación, la carta se distingue por su profundidad comunicativa, por su funcionalidad y por su expresividad.

iguales». Por eso cree a pie juntillas en el valor primordial de la solidaridad en los procesos humanos de desarrollo individual y social y, parafraseando a Roussau, sostiene que el hombre es bueno por naturaleza, y que la sociedad, una babel de intereses egoístas, a menudo lo corrompe y lo destruye. También es sabido que no pudo esperar a que se proclamase la esperada revolución social y que les comunicó a todos sus amigos que pensaba vivir en libertario el resto de sus días. Por toda justificación de su extraño comportamiento siempre emite su lacónica frase: «¿Pero es que se puede «vivir» -aquí siempre enfatiza bastante la expresión- de otra manera?»).

Ensimismado en la superficialidad o en la profundidad de los planteamientos epistolares propios y ajenos han transcurrido para él largos años de un deliberado retiro y de una sosegada reflexión existencial, intentando darle un cierto sentido al «conjunto de sinsentidos que estructuran la vida» y se ha dedicado a investigar lo que el llama el «poder terapéutico de la conversación humanista». Y así, a la manera de un diálogo, sin interferencias comunicativas reseñables y embebidas de una cierta atemporalidad, ha elaborado un considerable número de cartas cordiales y comunicativas que los servicios de correos amablemente han hecho llegar a sus destinatarios. Sólo muy de cuando en cuando su apacible reflexión se ha visto quebrada por la súbita acidez de una desgarrada crítica social y ha utilizado en su discurso la sal gruesa del improperio. No son muchos los asuntos que lo inducen a este estado de cosas y casi siempre están ligados entre sí de una u otra manera. Estos asuntos son siempre los mismos: la manipulación ideológica, la involución social, la tergiversación interesada de la historia, el manso sometimiento a los dictados sociales imperantes. Muy en su línea de siempre...

En fin, que en su última misiva, no sé si porque ha decidido ausentarse por tiempo indefinido del panorama social o porque me ha visto cara de gilipollas, me ha volcado toda su verborrea ideológica de una tacada y ha decidido vengarse de mí antes de desaparecer de su residencia habitual. Se ha tomado la molestia de ponerle un título: La involución ideológica en España. Aproximación teórica al fraude del doble lenguaje social. Por no cansar, suscribo literalmente sólo sus palabras finales que se comentan por sí solas: «... el anarquismo fue un sistema de pensamiento que tuvo en España durante un considerable período de tiempo una gran influencia entre la clase obrera y suscitó las simpatías de otros sectores de la sociedad que, aun sin ser militantes activos de su ideología, sí que estaban muy cercanos a sus planteamientos vitales. Su mundo lo conformaban tres grandes palabras heredadas de la Revolución Francesa en las que se asentaba el edificio conceptual de la utopía. A partir de las palabras-madre libertad, igualdad y fraternidad, el diccionario se fue llenando de palabras esperanzadoras, cordiales, saludables y creativas, ligadas a un contradictorio campo semántico común al pacifismo y a la revolución social.

Es sabido que mi psicoanalista dice que piensa, siente y vive en libertario, idea que para él, muy sencillo en sus planteamientos vitales, se resume en «vivir la vida de forma que las cosas las hagan cada uno según sus posibilidades, que cada uno se beneficie del bien común según sus necesidades, teniendo siempre en cuenta que el universo es de todos sus habitantes a partes

Tal vez fue un sueño, pero hubo un período de tiempo en el que muchísimas personas de este país iban más allá de sus limitadas perspectivas sociales y se embarcaban en sorprendentes aventuras ideológicas. Los protagonistas de este sueño eran seres humanos solidarios y cosmopolitas que luchaban por una comunidad de ciudadanos libres de la incul-

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EL RINCÓN DEL NEURÓTICO.


ahora no he sabido captar...

En estas circunstancias, la codicia ha sustituido al desinteresado altruísmo, la singularidad y la madura lucidez individual han dado paso al adocenamiento, a la uniformidad social y al afán desmedido por el consumo de cosas, favoreciendo la aparición de las partes más miserables de la naturaleza humana que suelen esconderse entre los recovecos de la personalidad: entre otras, el cainismo, la imbecilidad y la mala fe... Por eso y porque, hoy por hoy, no aguanto esta situación que tan tremendamente me estomaga, he decidido por la presente nombrarte mi albacea testamentario y enrolarme en una apacible y sosegada vuelta al mundo de la que no espero grandes cosas; aunque, si puedo, y, si todavía hay tiempo para hacerlo, pienso proclamar en cada lugar por el que pase el comunismo libertario. Ciao.» No encuentro ninguna lógica en esta nueva perorata de mi psicoanalista, salvo su tono panfletario. Por ciertas noticias que circulan en torno a su clínica -tal vez malintencionadas- últimamente se levanta muy temprano y se le ve muy inquieto y algo desmejorado. Posiblemente necesite de verdad esas vacaciones totales que dice que se va a tomar, pero yo pienso que esto es algo de más calado: me parece que esta vez está enviando un mensaje entre líneas que yo hasta

Ilustra: Gabriel Bueno

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tura y de la enfermedad. Les caracterizaba su radical oposición a la prepotencia de los poderes establecidos al margen del control de la asamblea de los ciudadanos... Tal vez soñaban despiertos, pero en sus sueños se vislumbraba siempre la dignidad del ser humano y una manera de vivir al límite. No pudo ser, ya se sabe... Pasó el tiempo y en el mismo lugar donde se acabó la utopía se codificó otro edificio social que utiliza con cierta regularidad el desplazamiento semántico, el olvido de los orígenes y la creación de nuevos roles sociales. El ser humano que la actual sociedad está creando se ha desvinculado de puntos de referencia estables, no conoce muy bien ni su historia ni su lugar en el mundo, está inmerso en la incertidumbre y sus contenidos mentales deambulan dispersos por ahí... El ser humano actual ha naufragado en un mar de legalismos despersonalizadores y es absolutamente permeable a la manipulación ideológica. ¿Qué quieres que te diga?


+PTÏ.BSÓB-BIP[1BTUPS Una de las funciones de la Filosofía, tal vez la principal, es el análisis y la crítica de las ideas vigentes. La idea de trabajo es una de las más antiguas y se ha ido cargando de tantas connotaciones religiosas, económicas, psicológicas, políticas, éticas e, incluso metafísicas, que se ha convertido en un concepto confuso y ambiguo que manejamos sin ser conscientes de ello. Esto es, funciona como un mito que se da por supuesto para explicar amplias parcelas de la realidad de nuestras vidas cotidianas. En este artículo quiero, primero, hacer una síntesis de las teorías de los filósofos que han tratado esta idea y, después, realizar una breve crítica de las mismas y exponer unas conclusiones personales. La idea filosófica de trabajo está muy relacionada con otras ideas como: acción (operación de un agente humano; los animales no realizan acciones sino que tienen conductas), técnica y arte (ambos son: habilidades que siguen unas reglas, un oficio, por las que se hace un objeto o producto artificial; desde este punto de vista, el arte y la artesanía serían técnicas poco desarrolladas). Veamos lo más importante que sobre estas ideas se ha argumentado en la historia de la filosofía:

el entorno. Además, defienden que no hay un actuar u obrar previo al ser: sólo si antes hay un ser, éste puede actuar (la filosofía moderna y contemporánea pensarán lo contrario, como ahora veremos). De modo breve, por que creo que es muy relevante para la formación de la idea moderna de trabajo, voy a recordar las posiciones enfrentadas que se produjeron durante esta época en el seno de la religión cristiana en Europa: –Según el catolicismo, todos somos iguales puesto que todos somos hijos de Dios ( en la conquista de América, a los «indios» se les considera, al menos teóricamente, personas); y uno se salvará (irá al cielo) según las buenas obras o acciones que realice en su vida (por esto defiende el sacrificio, no el sacrificio productivo o trabajo, sino el sacrificio ético: sufrir por lo que me suceda o les suceda a los otros, lo que nos mande Dios). El catolicismo postula que el trabajo es un castigo divino por el pecado original (si Adán no hubiese pecado en el paraíso, no tendríamos que trabajar: «te ganarás el pan con el sudor de tu frente») El desprecio al trabajo se extiende a la riqueza: «no atesores en la tierra», «deja todo y sígueme», «los ricos no entrarán en el reino de los cielos» y Filosofía Griega: Aristóteles distingue entre acción (praxis) el llamado «voto de pobreza» de los sacerdotes (aunque la riy producción (poiesis). La acción es el proceso y el resultado de queza y las propiedades de la Iglesia parecían contradecirlo). actuar, consecuencia de una elección deliberada (por ejemplo: Trabajar para vivir. la ética y la política son acciones o prácticas). La producción es el proceso y el resultado de hacer, fabricar o elaborar algo –Con la reforma protestante de Lutero la perspectiva siguiendo ciertas reglas racionales que se aplican sistemática- cambia: para el protestantismo «sólo tu fe te salvará, no mente (por ejemplo: las técnicas – del zapatero, del albañil, del tus obras». Y Calvino llega aún más lejos, pues dice que la médico o del ingeniero -, el arte y la artesanía son productivas voluntad divina es omnipotente y que Dios puede salvar o o «poéticas»). condenar a los que Él quiera, independientemente de las Aristóteles considera que la actividad contemplativa o racio- acciones que hayan realizado (puedes matar o robar, pues nal es superior a la actividad manual porque esta se guía por las si estás predestinado por la voluntad divina a ir al cielo, irás reglas que da la razón; además, hay que recordar que en Grecia hagas lo que hagas). Según Calvino, la única manera de sael trabajo manual estaba menospreciado porque lo realizaban ber si uno es un elegido por Dios es el éxito económico en los esclavos, no los ciudadanos libres. el trabajo. Hay que luchar y trabajar duro, puesto que si uno se hace rico trabajando o en los negocios sabrá que es un Filosofía de la Edad Media: en la Escolástica se diferencia elegido por Dios para ir al cielo (los pobres son despreciaentre acción inmanente y acción transitiva. En la primera, la ac- bles tanto económicamente como moralmente, porque están ción permanece en el sujeto, como cuando se piensa o siente condenados por Dios). Según el protestantismo, no todos (subrayo que pensar o sentir también son actividades o accio- los hijos de Dios son iguales: hay buenos y malos, elegidos y nes). En la segunda, la acción sale del sujeto, éste interviene en condenados, previamente, independientemente de su com-

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EL MITO DEL TRABAJO


po porá Filosofía moderna y contemporácon nea: ya antes, en el Renacimiento,, co el descubrimiento de la cultura griega ante se clásica y con la reforma protestante ítico, desarrolló el libre pensamiento crítico, mo; y, el humanismo y el antropocentrismo; en plena Edad Moderna, durante la Ilustración, se promueve la socie-dad libre, el uso de la razón y el individualismo. Sólo desde la época moderna ha habido un creciente interés por las artes mecánicas y por el trabajo, y una verdadera meditación sobre la técnica (se introduce la idea dee que el saber es técnico). Para la Filosofía Moderna algo es real sólo en ión la medida en que ejerce alguna acción (en contra de la idea escolástica del ser he dice previo al obrar). El propio Goethe en su Fausto: «en un principio fue la acción». atado Pero, sin duda, el autor que ha tratado bajo más profundamente la idea de trabajo en su filosofía es Marx y, después, las múlfluenflu tiples corrientes filosóficas con influencias marxistas. bre los El marxismo es una teoría sobre mbre mb res mecanismos sociales: «Los hombres entran en la producción social de su nadas, na existencia en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad. Estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas

Ilustra: Marta Soria

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portamiento ético. La competitividad en el trabajo es una idea protestante. Vivir para trabajar. Dice Max Weber que es evidente la influencia de estas ideas en el desarrollo del capitalismo y de la industrialización en los países en los que prendió la fe protestante: Alemania, Países Bajos, nidos, Inglaterra y, después, Estados Unidos, ómico óm paradigma del capitalismo económico y social (aún hoy, vemos el poder de las test te stanideas y de las sectas religiosas protestannos y tes en los dirigentes norteamericanos on ssu en el «modo de vida americano» con emplo distinción vital prioritaria, por ejemplo entre en las películas norteamericanas, en es hay ser un perdedor o un ganador, pues que descubrir trabajando si uno es un elegido de Dios; y recuerdo que en los USA hay más de treinta millones de pobres miserables).


rá todo el trabajo (como los esclavos en la antigua Grecia). Y, por último, citamos al Situacionismo (Debord, Ratgeb, Sanguinetti, etc.), surgido en el último tercio del siglo XX, corriente de orientación marxista, existencialista y anarquista. Recordemos que el anarquismo rechaza la autoridad de todo tipo: política (el Estado y las leyes), económica (el capitalismo), religiosa (la Iglesia) y cultural (el patriarcado y cualquier otra forma de opresión contra la plena libertad y autonomía de los individuos) y propone sociedades basadas en la asociación voluntaria, la autogestión y la ayuda mutua. Los situacionistas denuncian la conversión de la mercancía en espectáculo (la dominación de la sociedad por objetos convertidos en símbolos), la cuantificación de todo que ha unificado la tierra como mercado mundial. La vida se ha convertido en subsistencia para obtener mercancías, y el obrero en consumidor. Una sociedad de la supervivencia en la que todo es tiempo de trabajo, ya que hasta el tiempo libre está determinado por el trabajo: en los horarios, en el consumo (el ocio es el tiempo para gastar el dinero que se ha conseguido trabajando, en productos o servicios, en mercancías), etc. Proponen luchar por una sociedad en la que cada cual disponga de su tiempo y de su espacio (critican la arquitectura y el urbanismo mercantilista actual y proponen sustituirlos por una ciudad libre donde puedan producirse situaciones interesantes): «Nos aburrimos en la ciudad. La arquitectura es un medio para articular el tiempo y el espacio. La ciudad será modificable siguiendo la voluntad de sus habitantes, creando lugares reservados a la libertad del juego». Expuestas las principales teorías filosóficas sobre la idea de trabajo, vemos que se enfrentan dialécticamente entre sí, como era de esperar (el filósofo Gustavo Bueno dice que sólo se puede pensar a la contra). Quiero ahora criticarlas, en la medida de lo posible, y obtener algunas conclusiones propias: Tomo como base de la crítica la filosofía de Marx: por su importancia y porque resume gran parte del «problema» del trabajo para el pensamiento moderno y contemporáneo. Pienso que no es el trabajo la esencia del hombre sino la actividad, productiva o no (incluida la pereza que decía Lafargue, y pensar o sentir que decían los escolásticos). Veamos por qué: Marx define el trabajo como «la acción ejercida, directa o indirectamente, sobre la naturaleza con objeto de satisfacer algún tipo de necesidad humana». Según esto, es trabajo tanto el onanismo como la minería. La definición de Marx es confusa, es más, es inválida pues no cumple con la función de una definición, que es delimitar las actividades que son trabajos para distinguirlas de las que no lo son. En la situación actual la definición más adecuada de trabajo (y la que presupone la mayoría de la gente y el capitalismo) me parece que sería: actividad obligada por la que me pagan y que es un medio, no un fin. Sólo aquellas actividades que realiza el ser humano que sean (en cierta manera, como veremos) obligadas por otros, por las que reciba un dinero, y que se realicen buscando un fin distinto de ellas, serán trabajo.

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materiales. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual. La realidad productiva material es la que determina la conciencia de los hombres y no al contrario». Podemos decir que la filosofía marxista es objetivista pues, es la estructura económica la que determina la estructura ideológica. Para Marx, el hombre es un ser activo que transforma al mundo y a sí mismo mism por medio del trabajo. El trabajo es la esencia del hombre. Pero, Pero Pe ro en el capitalismo el hombre se encuentra alienado de su trabajo y del producto del mismo por la propiedad tra privada. priv pr ivad ada. Por esto, odia su trabajo, que es ya, trabajo forzado. Y ad todo, to incluso inclus uso el propio hombre, se ha convertido en mercancía us conn un valor v or de cambio medido en dinero, en las horas/hombre necesarias para p producirla; y el beneficio (la plusvalía, en terminología de Marx) se lo queda el capitalista. M Para el (Peirce, Dewey, James, etc.) todo coe Pragmatismo Pr nocimiento lugar en vista de la acción (el pensamiento es noci no cimi ci mien mi ento to tiene t válido sólo si tiene uso práctico). El hombre es un agente, un artífice artífic fice que fic qu actúa ac en el mundo y entre sus semejantes. El Existencialismo afirma que la existencia humana consiste Existenc en estar enn el mundo: el hombre debe hacer y hacerse a sí mismo. Para Sartre Sar la acción es intencional, es proyecto, está unida a la libertad y es imposible no actuar. Jaspers dice que la técnica surge su cuando el hombre trabaja y que el trabajo es el comportamiento fundamental del ser humano. funda En Heidegger Heideg el trabajo coincide con la existencia porque es He transcendencia, lo que el hombre ha decidido ser. Pero, este tran anscen ende autor es hostil a la técnica porque traiciona la relación del h hombre homb ho mbre con c la verdad: el objeto técnico, útil, fuerza a la Naturaleza turale leza za y oculta la verdad. La Escuela de Frankfurt de orientación marxista y freudiana reivindica los ideales de la Ilustración (sofr ciedad libre fundada en la razón o la razón como base de la libertad). Pero, piensan que la razón se ha convertido en técnico-instrumental y que la Filosofía, actividad racional, debería buscar la emancipación o liberación del hombre, no su sumisión a la técnica. El sistema económico actual es irracional con la idea de progreso que ha degradado al hombre y ha deteriorado la naturaleza. El hombre está alienado en todas las facetas de su vida, porque la productividad destruye el libre desarrollo de las facultades humanas. Y la opinión púdesa de blicaa está dominada por unos medios de comunicación sumisos sumiso al capital que les respalda. La Escuela de Frankfurt (Marcuse, Adorno, etc.) fue la Esc base ideológica ide deológ del mayo de 1968 en París y de la revolución de hippie. Me parece relevante para conformar la idea filosófica del trabajo jo citar c a Paul Pa Lafargue, yerno díscolo de Marx, que escribe un libro llamado llama Derecho a la pereza contra el libro de su tío Derecho al trabajo. En él, defiende que no es el trabajo sino el t placer el objetivo máximo del ser humano, que todo trabajo es obje ob je enajenado y embrutecedor. Hay que trabajar lo menos posible y disfrutar lo más posible: « al día siguiente de la revolución habrá que pensar en divertirse».Y piensa que en el futuro, se podrá vivir sin trabajar gracias al desarrollo de la maquinaria que realiza-


casa y un artista realizan producción o «poiesis» pues, hacen o fabrican objetos o productos (como un zapatero o un médico) pero, no según la idea actual de trabajo porque lo que producen parece no tener valor en el mercado. Pienso que esto es totalmente erróneo: la actividad del ama de casa o del artista sí que producen bienes y beneficios económicos y sociales (nada menos que la «intendencia» física y mental de los ciudadanos: lo que producen los artistas o las amas de casa lo consumimos con necesidad urgente). Es vil despreciar su actividad sólo porque no tienen jefe y no trabajan fuera de casa. En muchos trabajos no hay jefe (agricultores o autónomos) o se realizan en casa (periodista de opinión) y los respetamos como trabajos. Por otra parte, el trabajo es un medio para conseguir un fin ajeno al mismo: normalmente el dinero para vivir («trabajar para vivir, no vivir para trabajar» dice el aforismo español); si el trabajo fuese un fin, uno estaría dispuesto a trabajar sin cobrar. Pero, el arte o el juego son fines, se hacen por sí mismos no buscando otros fines ajenos a ellos. Es decir, aunque estén sujetos a normas o reglas – que pueden parecer obligaciones-, no son trabajos (excepto que el artista haga una obra sólo para venderla o que el jugador se convierta en profesional; pero entonces, dejan de ser artistas o dejan de jugar, porque una actividad se define por su finalidad y el fin del arte es crear y el del juego es jugar no cobrar, que es el fin del trabajo). El hombre es un ser activo, un sujeto operatorio que realiza acciones libres (en vez de conductas determinadas como los animales) eligiendo entre varias alternativas, movido por razones o causas y que elabora planes o proyectos. Según estos presupuestos, el hombre actúa cuando toma decisiones, en el ejercicio de su libertad y responsabilidad. No actuamos por motivación (dice Gustavo Bueno que sólo se motiva a los animales como en el aprendizaje por premios y castigos) sino porque así lo hemos decidido y aceptamos las consecuencias de nuestra decisión. Motivar a alguien es empujarle a hacer algo que no quería porque sino ya lo hubiese hecho, es lo contrario a la libertad con responsabilidad, a la decisión. Uno puede,

Ilustra: Marta Soria

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Tenemos así tres criterios ( obligación, remuneración y medio para otra cosa) para distinguir el trabajo de otras actividades que no lo son. Ahora bien, la obligatoriedad del trabajo no significa que sea obligatorio tener un trabajo ( uno puede decidir libremente ir a trabajar o no: aceptando las consecuencias de que lo despidan o de no cobrar) pero, una vez aceptado trabajar no puede elegir las actividades que debe realizar en el trabajo y, en la mayoría de los casos, ni el horario en el que debe hacerlas (uno tiene que cumplir un horario, unos objetivos, hacer tales cosas, etc.). A esta obligación nos referimos en la definición: no puedo hacer lo que quiera en el trabajo. Así, tenemos actividades obligadas y remuneradas, esto es, trabajos: minero, camionero, profesor, abogado, albañil, etc. (y recordemos que hoy no se paga en función del esfuerzo realizado o de las horas invertidas en el trabajo, como decía Marx, sino de los beneficios o la actividad económica que se produce: un futbolista famoso cobra mucho más que un minero). Y actividades que no son trabajos porque no son obligadas ni pagadas, aunque muchas de ellas requieran más esfuerzo físico o mental que muchos trabajos (ama de casa, padre, poeta, resolver crucigramas, leer, pasear, cazar, hacer senderismo, cavar en el jardín, esquiar, etc.) pero, no son trabajos porque no son obligadas o no pagan por ellas (uno paga por ir a cazar o a esquiar). Tenemos así, el absurdo de que, en la sociedad actual, un ama de casa no trabaja porque no le pagan (aunque no deje de realizar actividades durante veinticuatro horas al día), o un artista no trabaja porque crea, no obligado por nadie (aunque esté toda su vida pensando y elaborando su obra); tal vez, un artista sólo trabaja realmente, cuando realiza obras por encargo. Según la definición actual, Mozart no trabajó en su vida (ni Jesucristo), aunque su actividad creativa fuese inmensa; pero, si a mí me pagasen por estar tumbado en la hierba contando nubes de ocho a tres y de lunes a sábado, estaría trabajando. Creo que la razón de esta absurda interpretación deriva de no tener en cuenta la distinción que hizo Aristóteles entre actividad y producción. Un ama de


que así lo hemos decidido (podríamos haber decidido no trabajar e irnos a vivir al monte con unas cabras). En internet, muchas personas realizan páginas web en las que «cuelgan» información y conocimientos para los que quieran acceder a ellos, gratuitamente. Es una actividad deliberada que les ha supuesto esfuerzo y dedicación, una intensa actividad no obligada y no remunerada. Todos los que hemos colaborado en esta revista al realizar nuestros artículos no hemos trabajado (porque no nos han pagado por ello) ni nadie nos ha motivado. Tal vez, sea para abrir un nuevo espacio poético (productivo, según Aristóteles) no laboral.

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muchos días, ir desmotivado al trabajo, o un estudiante no estar motivado hoy para estudiar, o en una relación de pareja tener momentos de poca motivación, o los jugadores de fútbol estar desmotivados para un partido; pero, uno va a trabajar, el estudiante estudia, se sigue la relación de pareja y los jugadores (no todos) se esfuerzan porque así lo han decidido, estén motivados o no. La motivación en el trabajo es irrelevante. Es más, pienso que a uno no le puede gustar su trabajo. Dice Aristóteles que «toda acción obligada se hace desagradable» y recordemos que uno de los criterios que hemos dado en la definición de trabajo para distinguirlo de otras actividades humanas es que es obligado luego, va contra la libertad y la decisión y se hace desagradable, trabajo forzado decía Marx (aunque alguno parezca gozar en esta especie de esclavitud, que decidan por él sin tener que enfrentarse a su libertad y responsabilidad; incluso, hay quien no sabe que hacer en su tiempo libre, en sus vacaciones: es «el miedo a la libertad» que denunciaba Erich Fromm en su famoso libro o, peor aún, el ocio como trabajo y el aburrimiento en la ciudad mercantilista, que todos hemos sentido, y que destacaban los situacionistas). A uno le pueden gustar algunas actividades que realiza en su trabajo pero, no le puede gustar tener que realizarlas obligatoriamente todos los días y con un horario impuesto (estamos esclavizados por el tiempo, que es una entidad abstracta; pero, éste es otro tema). Entonces, los «mejores» trabajos serán aquellos que menos se parecen al trabajo: por su libertad de horarios, porque uno es su propio jefe, o porque son creativos (agricultor, algunos trabajadores autónomos, artista, etc.) ya que son menos obligados, en ellos uno es más libre y responsable. Para concluir: el hombre es un ser activo, pero su esencia no es el trabajo sino la actividad deliberada (incluso la pereza como decía Lafargue). Trabajar es necesario en la sociedad actual para sobrevivir (puede que en el futuro los robots realicen todos los trabajos y las personas nos dediquemos a actividades creativas: cultivar la tierra, charlar, pintar, estudiar, poner enchufes, pasear, sentir, pensar, etc.) y lo hacemos por-


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PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS... .BSÓB&VHFOJB4F×BT(ØNF[ De lo que no se puede hablar, hay que callar. Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, 7

Palabras, palabras, palabras... ¡Qué contrariedad no encontrar las palabras adecuadas para comenzar este artículo! Quizás este hecho se deba principalmente a que lo primero que habría que hacer es distinguir entre «ser capaz de hablar» y «tener capacidad para hablar». La primera, ser capaz de hablar, hace referencia a la necesidad de estar plenamente desarrollado tanto física, como psíquicamente en dicha facultad, es decir, ser capaz de hablar, es la capacidad de «poder hablar» verbalmente gracias a estructuras y elementos psicofísicos. En este sentido, únicamente los seres humanos estamos preparados para ello, y esa es una de las cosas que nos distingue de nuestros hermanos «animales» La segunda, tener capacidad para hablar, hace referencia a algo que tiene que ver, no tanto con lo físico como con lo cognitivo, es decir, no tanto con poder hablar, sino con el hecho de «saber hablar», con el hecho de tener los conocimientos necesarios para hablar con propiedad. Es aquí donde queremos ahondar, en la capacidad que tiene el hombre, el ser humano, para hablar. Por eso no nos proponemos realizar un análisis del lenguaje, sino de la palabra como vehículo de comunicación que permite al ser humano expresar ideas y pensamientos. En nuestro siglo es frecuente escuchar en todos los ámbitos de la vida cotidiana la idea de que todos tenemos derecho a la libertad de expresión, lo que nos hace ser en ocasiones personajes, que no personas, libres para decir cada vez más alto y más claro estupideces. Hoy en día todo el mundo se jacta de decir lo que piensa, está de moda, y como es una opinión, todos debemos respetarla y, más aún, escucharla. Lo que olvidamos constantemente es que si nos pertenece de forma legítima el derecho a hablar, también, y no en menor grado, nos pertenece el de-

ber de argumentar. En definitiva, si hablamos, si nos expresamos, no sólo hemos de hacerlo porque tenemos boca, es decir porque somos capaces, sino que debemos hacerlo porque, ante todo -y esto es lo que nos distingue como animales racionalestenemos la capacidad de fundamentar con rigor y con argumentos nuestras palabras. Es curioso cómo la palabra ha pasado de ser algo importante en épocas pasadas, - no hay más que mirar poco tiempo atrás para percatarse que quien daba su palabra, ya sea en un trato o en otra cuestión, daba casi su vida- a ser algo en nuestros días puramente relativo, que hace referencia a todo sin decir más, aunque en casi todos los casos lo dicho tenga más relevancia que quien lo dice. La palabra se ha tornado vacía de contenido, ambigua, ha perdido su sutilidad, su belleza representativa, su capacidad sublime de definir con acierto los hechos más extraordinarios de la naturaleza humana. La palabra es un globo hinchado que cuando nombra se vuelve aire. Ya la Filosofía se preocupó de este tema. Tanto que, desde sus comienzos hasta nuestros días, es una de las disciplinas que más ha utilizado y analizado las palabras para, en principio, argumentar todo aquello que pretendía contar. Podemos observar cómo toda la historia de esta disciplina está impregnada de pensadores que buscaron la solución en las palabras, pensadores que creyeron incluso que encontrarían el fundamento y la esencia de las cosas en el decir razonado y pensadores que establecieron que el decir y el ser se identifican de tal modo, que todo «lo dicho» «es», y todo «lo que es» «puede ser dicho». La filosofía comienza con el Logos, palabra que hace referencia tanto al lenguaje como al pensamiento. En aquellos siglos pensar y decir eran cuestiones similares; hoy en día casi resulta una tarea de imbéciles que no tienen otra cosa mejor que hacer. Todo esto ya lo sabían los Sofistas, grandes oradores de la Grecia Clásica, que sentaron su pensamiento en el aparentar saber decir, grandes maestros del envoltorio, más preocupados por el cómo decir, que por lo dicho. Los sofistas disputaban con un Sócrates, maestro de Platón, decidido a encontrar el concepto objetivo que le permitiera expresar con propiedad todos sus pensamientos. Y es que fueron los maestros de la mentira, de la manipulación y la persuasión, pero siempre siguiendo las


Ilustra: Inés Escario

baucadores grotescos, el momento de mirar atrás para ver qué hemos dejado de decir, qué hemos perdido, qué nos ha sucedido para que en la época donde más medios de comunicación existen, (TV, móvil, ordenador, mp3, mp4...), donde más, mal llamada, libertad de expresión existe, no tengamos la capacidad de hablar. ¿Qué nos sucede para que nuestros políticos no sean capaces de acordar qué han de decir, para que sus discursos se tornen livianos, añejos y bárbaros, en un país donde la educación en el diálogo, en el respeto, en la libertad, en definitiva, en los valores, es más abundante que nunca? ¿Qué nos sucede para que admiremos con fervor programas y personajes televisivos que más que informar parecen recrearse en la bíblica Torre de Babel, para que cada día nos entreguemos al absurdo, al esperpento y a la falacia como si estuviéramos predeterminados a no ser capaces de responder? ¿Qué hemos perdido? ¿Qué capacidad se ha alterado? ¿Por qué la razón nos ha abandonado? La razón, esa diosa que todos quieren y muy pocos poseen, esa que cuando no abunda hace a los hombres rugir, esa tan locuaz, tan hábil y tan capaz de llegar a tener la capacidad para hablar.

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reglas del buen orador: una retórica tan eficaz que hace de un texto trivial un discurso ejemplar. Pero no sólo la palabra fue analizada por los clásicos griegos, también los escolásticos y los lógicos modernos intentaron llegar a lo que ellos llamaban un Ars Magna, un arte grandioso que permitiera mediante la palabra y la razón descifrar y derivar todo hecho posible. Sin embargo, la época más preocupada por lo que se puede decir y lo que no se puede decir, es la época de la filosofía contemporánea. Autores como Frege, Russerl, Wittgenstein analizaron sin cesar todas estas cuestiones con la ilusión de establecer un lenguaje lógicamente perfecto que nos dispensara de la embriagadez retórica del sofista. Un lenguaje que estuviera construido sobre la base más efímera que existe en nuestros días: la Razón. Y ya en pleno S. XXI, imbuidos en el pensamiento débil de la postmodernidad, los pensadores recurren a un lenguaje, que aunque no sea tan lógico, rígido y objetivo como el de la modernidad, sí que ansía poder argumentar y expresar. La palabra es la base de cualquier teoría, principio y final de cualquier proyecto, es aquello que nos engrandece y que sin embargo nombramos con total impunidad. Y así es, hoy más que nunca, en este siglo de maleantes y em-


LA FALSA PRODIGIOSA

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(Fantasía escénica)

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'FSOBOEP#VSCBOP

Para María de Ávila, Carmen de La Figuera y Arancha Baselga, tres generaciones de bailarinas, tres generaciones de sueños. «¡Oh nuevo y espléndido Mundo, qué bellas son tus gentes!»

PERSONAJES: Pierrot………………….Bailarina………………………PIE.. Melusina………………..Actriz………………………...MEL. Mecedor o mecedora…...Actor o Actriz……………….MEC. (En un añoso desván, depósito de todos los trastos, gloriosamente soleado por una gran claraboya, casi un tejado de cristal, póngase todo lo viejo que se nos ocurra. Pero eso sí, dejando libre todo el centro del escenario. En primer plano derecha (la del espectador) un mecedor, cuanto más clásico, mas escénicamente efectivo. Al fondo del escenario, un gran arcón de viejo marino en el que quepa holgadamente una persona. Y además de una anticuada radio aparecerá un gran espejo. Todo lo demás a discreción del escenógrafo. Por supuesto, mientras el mecedor habla, éste se moverá desde bambalinas mediante un sencillo artilugio.)

Por fin el mundo del escenario

irrumpe en las páginas de Ágora. Y los hace con fuerza, pues, al levantarse el telón veremos desfilar en el espacio mágico criaturas fantásticas y heroicas. Es el juego dramático -_—que no es un juego—, aliado de la música y la danza, de los ritos y las celebraciones, que sirve para soñar y, cómo no, para purificar nuestras emociones.

MEC.-¡Hola!... ¡Hoolaaa…! Sí, soy yo… la mecedora… ¿quién iba a ser si no?... aquí no hay nadie más… bueno, sí, el viejo arcón, pero ese no cuenta porque no sabe hablar como tú o como yo… por ello, como el polvo o el espejo, no vale nada… ¡No sabe hablar!... Por cierto: qué inconsecuentes sois los humanos… sí, sí, no me miréis así… in-con-secuen-tes… Primero me enseñáis a hablar vuestro idioma…, qué feliz era yo con mi viejo plim-plom-va-y-ven-plom-plim… Y yo tan contento… Pero sin embargo ahora, lo que son las cosas… me tomo la molestia de aprender vuestra jerga…, me la enseñó el viejo profesor gotoso y solitario… mas, desde que el viejo murió, no he podido abrir el pico… sin que al hacerlo, no huyera todo el personal despavorido… desde luego, así, no hay quién practique un idioma…, ¡uy! Y menos aún estar a la última. … Veintisiete… no, veintiocho familias de inquilinos, han pasado por aquí, desde que ocurrió la desgracia del profesor… Todo marcha bien mientras que aquí arriba, no suben más que niños… (creg, creg, resuena un crujido del baúl) ¡Calla!, trasto antipático…, más te valiera asustar ratones, que no a las criaturitas…, envidioso…, mentecato… palurdo… burro… ¿Qué decía? ¡Ah, sí!, bien, pues eso, que todo va a las mil maravillas, en tanto que sólo suben hasta aquí los pequeños…. Pues en cuanto sube un mayor, y se me ocurre saludarle… menuda zarabanda se organiza… Sí, sí, no os riáis… yo, como me enseñó mi maestro, les saludo en cuanto llegan…. «buenos días, linda señora»… o «buenas tardes, caballero»… ¡Y no quiero contaros la que se organiza!... Después, siempre es lo mismo, durante


Ambas son, sin embargo, maravillosamente humanas y comprensivas). MEL..- ¡Ayayayayayayayayay…! Mis pobres riñones, y mis costillas, y mis sabañones… y todo por culpa de esa dichosa aspiradora volante… con frenos de disco… y por hacer caso de la ‘teletonta’… y por no seguir con mi vieja y queridita escoba… como es lo mandado… Y a ti qué te pasa ahora, con tanto chillo, y tanto socorro, y y y … MEC..- Vamos, Melusi, bonita, Melusinita buena, serénate y fíjate en ese pobre Pierrot… MEL..- Me serenaré, si me sale de la varita mágica…, faltaría más…, y a este montón de trapo con forma de helado de nata, ¿qué le pasa? MEC..- Pues nada. Que estaba tan pimpante bailando y saltando… cuando de repente le ha dado un como así…, cómo te diría yo… MEL..- Bueno, bueno; mejor te callas y no mientes más, o te van a salir callos en los balancines. ¡Estos aprendices de Pinocho!... Vamos a ver hasta dónde ha llegado este… (Empieza a sacar trastos y más trastos de su bolsón de viaje. Sacará distintas cosas que deshecha o tira, según le indica el texto, hasta dar con un extraño fonendoscopio que se atusará en las orejas, para auscultar a Pierrot). Esto, no… Esto, esto tampoco… Esto no sirve… Esto se tira… Esto es una entrada de fútbol gastada… Caramelos… No, no, no… ,¡ajá!, esto es MEC..- Pero Melusina, que esto es… MEL..- Tú, chitón. Voy a auscultarle. El aquí, a mis orejas… y el aquesto al cogote de Pierrote… MEC..- Pierrot, Melusina… MEL..- Pierrote, y punto en boca. A ver, a ver… Perfecto. Pienso y dictamino, que según mi sabia ciencia solo una cosa curará a Pierrotiño, a saber: después de un pase mágico, el beso de un niño. He dicho. MEC..-¿Y eso se vende en las farmacias? MEL..-Pero qué burro más burro que eres. A un niño se le llama y viene. ¡Qué farmacia, ni qué don Potingues como tú necesitamos! MEC..-¿Y a dónde lo llamamos? MEL..-Pues ahí delante, cegatón; según mi largo ojo, ahí veo un montón. MEC..-Oye, ¿y crees que querrá subir a ayudarnos?

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una o dos semanas no suben a verme ni los niños…. Luego, al cabo de poco, a escondidas, eso sí, vuelven. Pronto empiezan las broncas y los chillidos de los mayores… e indefectiblemente, en dos o tres semanas… la familia, mis nuevos amiguitos, toman ‘las de Villadiego’… y siempre, siempre…, con el mismo motivo: buscar mejores aires para los pequeños…. Como si no supiéramos todos que este lugar da el índice de contaminación más bajo de toda la ciudad… En fin, un mes o mes y medio, a lo sumo…, Y gente nueva. ¡Ay, señor que paciencia!... (suena el baúl, crujiendo fuertemente, y se medio levanta la tapa) …No te lo digo a tí, chalado… creg-creg, creg-creg…, siempre con el mismo gori-gori… Ya podías cambiar de repertorio… Bueno, ¿por dónde iba?... (se abre bruscamente el baúl, apareciendo Pierrot desperezándose). ¡Anda , qué le pasa ahora al viejo sapo tripudo!... Seguro que se le han helado las bisagras… No, si ya se lo decía yo: apártese de la humedad, señor Creg-creg, …. Apártese de ese hueco, o le pillará el reuma…. Pues nada, él erre que erre… (durante este parlamentillo, Pierrot ha saltado del arcón poniéndose inmediatamente a danzar. Sería ideal que Pierrot, con un danzar absolutamente moderno, bailara sobre las palabras pronunciadas por el Mecedor. Si la voz humana , es el instrumento musical más hermoso, esto debe poder hacerse con fantasía y sapiencia. Por lo menos así yo lo concibo. Si esto fuera extremadamente difícil, el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven o el Segundo Movimiento del Tercer Cuarteto para cuerdas de Dimitri Shostakovich servirían. En este caso la bailarina tendría como primera secuencia encender un viejo aparato de radio que habrá entre los cachivaches del polvoriento desván. Por supuesto el vetusto aparato no se enciende, pero sí hace música por sus ancianas tripas. No olvidar nunca que la magia funciona con su propia lógica.) ¡Hola!, ¿qué ha sido eso?...¡ay madre, qué susto!... Vaya, vaya, a quien tenemos aquí… nada más y nada menos, que al más constante realquilado de la casa… el pobre es como los balcones o las paredes… va incluido en el contrato de alquiler… hay quien le echa doscientos años… desde luego, cuando yo subí aquí, él ya estaba… y se lleva cada desilusión…, siempre, algún pequeño, le dice que se lo va a llevar, pero siempre al final vuelve al mismo sitio… Anda, ¿qué hace ahora? Esto es completamente nuevo… Está un poco … bueno, ya me entendéis… pero esto es completamente nuevo para mí… ¡mas aguardad!, juraría que sus actos tienen como una secuencia determinada… ¡claro!... primero… llora… después… se ríe… ¡es como una película!... una vieja película… ahora buscará compañía… es ¡la vieja danza de la vida!... así, más o menos, consigue la vitalidad todo ser vivo… (se oye un extraño ruido como de descacharramiento. Pierrot se derrumba). Pero, ¿por qué se detiene ahora? Vamos, Pierrot, ya casi lo habías conseguido… Un esfuerzo más… Un pequeño esfuerzo más, y serás … Pero no, claro. El último paso es el más difícil y complicado… No puedes darlo sin ayuda… Pero no te apures… ¡Melusina!, ¡Melusinaaaaa, bruja buena! … Ven a ayudarnos…¡Melusinaaaaaaaaaaaaaaa! (Por la ventana, y sin romper los cristales, que naturalmente no hay, entra la bruja Melusina, a caballo en una extraña ‘escoba’ fabricada con la inequívoca manguera de un aspirador moderno. Melusina, es una bruja del siglo XXI, minifaldera, rockera y pizpireta; todo lo contrario que su oponente, la mecedora, clásica y pretenciosa.


Ilustra: Chema Agustín

MEL..-Pues claro que querrá. Ya verás. (Llama a un niño en general) (Caso de que ninguno quiera subir)

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MEC..-Ves, ninguno quiere ayudarnos; tendremos que arreglárnoslas solos. MEL..-¡Espera! Voy a bajar a buscar uno, y lo convenceré. (Bajará al patio de butacas y tratará de convencer a un niño/ niña para que le ayude a revivir al muñeco escacharrado. Una vez lo convenza, subirá con él o ella al escenario y tras hacer que dé un gran beso al maltrecho títere lo acompañará y despedirá a su asiento. Evidentemente Pierrot revive vivamente) MEL..-Muchas gracias, chaval/chavala. Y como esto ya está resuelto, me voy a escape a ver si aún los cojo en la fiesta; me lo voy a pasar bomba. Don Mecedor, pásatelo mejor. ¡Ah!, y recuérdame la próxima vez que te traiga el ‘Manual de primeros embrujos y emplastos mágicos’. MEC..- Hasta otro día, Melusina, que te lo pases muy bien. Oye, ¿por qué no te llevas a Pierrot a recorrer mundo contigo? Aquí, solo con un pobre mecedor viejo, se aburrirá. MEL..- ¿Te apetece, Pierrot? (Pierrot dice sí con la cabeza) MEL..- Decidido, pues. Adiós buen mecedor. Hasta otro día. ¡Y cuida tu lumbago! Hop… hop… hop. (Salen Melusina y Pierrot de un gran salto) MEC..- Bien, bien… Otra vez solo. ¡Qué le vamos a hacer! Así es la vida, unos vienen y otros van, tilín-tilán… (Creg-crog-creg. Suena el arcón y cae su tapadera de repente) MEC..- ¡…Y por qué no! ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes? Si le enseño a hablar, y por muy tapa dura que sea lo conseguiré, ya nunca estaré sin quien poder charlar. Ea, manos a la obra, amigo arcón; primera lección: mamá, papá, ay, ay, ay… TELÓN

LOS ORÁCULOS DE TROYA (Didascalias: se trata de enmarcar el mito en el puro rito; hacer teatro real de lo literario. La escena se apoya totalmente en los pases mágicos rituales del artista-oráculo. El director de escena insistirá, una y otra vez, en que el actor memorice unos movimientos rituales de evocación y conjuro. El oráculo-mago pone en escena el pasado, pone en escena la historia, y por tanto no adivina, crea lo que va a suceder.)

Escena única. (Sobre un ara roja por la sangre derramada, casi fresca, y sobre un pebetero grande, el oráculo arroja en pases mágicos una sustancia que hace revivir la llama. A la vez que habla, y respondiendo al conjuro de su voz profunda, aparecen las siluetas de diversos guerreros griegos, así como también, un apiñado grupo de mujeres troyanas.)

ORÁCULO.- Peisteon de tois eirkosin emproscen ecgonois men ceon oisin os afasan gue auton progonous eidosin… (Pausa, y más pases mágicos. Van apareciendo siluetas a contraluz) ORÁCULO.- He aquí que al conjurado empuje de mi voz ciega, reviven los héroes, los tristes héroes, cuya palabra sola fue inicio y postrimería de toda la trágica historia. He aquí que ellos no pudieron más, he aquí que ellos no pudiesen menos (El oráculo canta y baila, a la vez que conjura y se extasía.) ORÁCULO.- Los brazos cálidos y fecundos de la memoria acunan amorosos al tiempo en su regazo funesto… (Extático.) Piedras troyanas…: ruinas terribles…; orgullosos destinos… El presente deviene pasado reciclando el futuro sin pausa…

Ilustra: Chema Agustín


( El oráculo se dirige hacia la silueta del conglomerado femenino, dictando otra imprecación.) ORÁCULO.- Tettaraconta tote einai eumeke de kai jarienta idein kai legueszai kata ten enaten kai ( A partir de aquí aparece una Hécuba joven y preñada que sale de detrás del siluetado grupo femenil troyano. Sale lenta, muy lentamente.) ORÁCULO.- (Sigue hasta el final con su conjuro directamente dirigido a la figura que emerge.) Execoten olumpiada dokei de moi kai di ekeinous kai eti proteros eunomenas

( Reaccionando.) HÉCUBA .- Mas no, nunca me resignaré a este cúmulo de dolores. ¡Ah, crueles!: bien conozco que no hay penas en el vasto mundo, que no me esperen agazapadas; unas tras otras, todas serán mías. Era reina y esposa de rey; hoy apenas gobierno en mis desdichas. Di a mi marido los príncipes más hermosos, ¡desdichados!, hoy yacen en tierra víctimas de la larga lanza aquea. ¡Ay de las malditas armas!... Y Príamo, mi rey y esposo, allí estaba yo mirando impotente cómo, degollado por la cruel espada, manantiales de negra sangre brotaban de su cuello altivo, ¡oh diós Zeus!, y regaban tu altar sacrificial. ¡Oh maldita hecatombe! ¡Oh terrible silencio olímpico!... Y mis hijas, mis níveos pimpollos, criadas para los más grandes reyes de Asia, hoy esclavas y meretrices de los insaciables y lúbricos griegos. ¡¡Ay de la carne de mi carne, raza mía guerrera y deiforme!!, ahora yaces conmigo en la tierra que creíste siempre tuya, tuya, tuya…

(Hécuba avanza hacia el proscenio. Una vez en primer plano se tumba en la tierra, en posición ginecológica. Mima inconfundiblemente un parto.) ( Hay un cambio de ambiente repentino, cambio de luces) ORÁCULO.- Preciso te fuera morir apenas nacido, Paris divinal, priamida funesto, Si tu vida extingue tu casa y tu casta…

HÉCUBA.- El viento. El viento ha callado, y tú, vela orgullosa, henchida de majestad y gloria, te hundes en la nada… …Y vosotros navíos de afiladas proas, Hécuba, de tu vientre surge fuego inextinguible ¿hacia qué terrible fin navegabais que arrasará tus entrañas hasta la consumación. hace ya diez largos años, diez largas vidas…? No podrán tus lágrimas clementes, ¿Cómo no crujieron y estallaron sofocar el dolor ardiente que traerá rebeldes vuestras cuadernas cuando tu ahora jubiloso parto. con alegría insensata hendíais el mar proceloso Troya entera se muere al solo oído buscando dementes a la esposa infiel? de su vivo llanto infantil; ¡ay de ti, ¿Cómo regresasteis, taimadas y nocturnas, la más mísera de todas las madres! con la indefectible muerte para todo un pueblo? ¡Oh asesinas!, hoy partiréis de nuevo (Aquí el oráculo cae en un extático ensueño postrado, pero en singladura triste, y yo serviré evidentemente vigilante. Mientras, la joven madre desaparece, de esclava a un impredecible amo… surgiendo en su lugar una vieja algo semejante a aquella; vieja, por demás, desarrapada, sucia y ojerosa. Sus vestidos son ( El oráculo se duerme perceptiblemente y la escena se oscurece jirones y sus ojos ascuas de lágrimas y odio.) con su sueño hasta apagarse. Oscuro) HÉCUBA .- ¡En pie, desgraciada!, endereza tu humillada espalda. La rueda ha girado, y tu suerte cual prostituta esquiva, te es infiel. Preciso es que aprendas el dominio de la dulce virtud de la paciencia.

TELÓN

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De mi vientre estremecido surge el oráculo, yo soy el oráculo… Cantaré y hablaré de la acción ajena. A mi sola nombradía, en mi voz, sin fallo surgirá respuesta, monotonía, a la más vieja obsesión del desvalido humano: el mañana… Mas he aquí que os digo: ayer, es; hoy será.


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LE TEMPS DE VIVRE

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«Se nace ,se muere y entre medias están todos esos días llenos de vida»

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ALBERTO JIMÉNEZ «Dos no es el doble, sino el contrario de uno, de su soledad» ERRI DE LUCA

Bienvenidos al apartado de la narrativa. Ejercicios de prosa lúdica. Ficciones que se construyen sin la medida, el ritmo o la cadencia de la poesía. El adorno de la prosa es, como máximo, la metáfora. En la literatura, como en cualquier otro ámbito, todo se debe a un equilibrio. En otras páginas de esta revista habréis podido encontrar muestras de delicada poesía; ahora, bajo estas líneas hallaréis curiosos relatos, sugerentes cuentos, narrativa pura al fin y al cabo. Pese a que prosa y poesía sean disciplinas de la literatura bien distintas, tan sólo se trata de una diferencia en las formas. En el fondo, ambas se surten de un mismo lenguaje, aportando al lector imágenes, sensaciones, ideas. De esta consideración se entresaca que la verdadera diferencia aparece en el estilo del poeta o del escritor. En este apartado hay varios estilos de relatos donde elegir. En la diversidad está el gusto.

Sabía que no debía hacerlo, que desataría la tormenta una vez más, pero el coche estaba a punto de calarse: le dije que cambiase de marcha. Sara me miró inflamada de ira, se detuvo en el arcén de la carretera y salió. Físicamente no se había distanciado tanto de la niña con disfraz de mujer que me deslumbró, de la muchacha de barbilla afrancesada y ojos luminosos que, como dice Abelardo Castillo, se parecía a la noche en las plazas. Se sentó en el quitamiedos y encendió un cigarrillo. Nos dirigíamos a la costa. Le habían encargado escribir un artículo sobre Chester Himes, un novelista norteamericano que pasó sus quince últimos años en Moraira, en la provincia de Alicante. Se cumplía el vigésimo aniversario de su muerte y se iban a reeditar todos sus libros en Francia (la Biblioteca Chester Himes), país donde sus obras habían tenido una gran aceptación. Además, el viaje era un intento por arreglar lo nuestro, por librarnos de la insoportable sensación de desgaste –un desgaste de rueda de molino— y, al mismo tiempo, de quietud; en aquel momento veía más asequible convencer a Lee Harvey Oswald para que volviese a disparar sobre el presidente Kennedy que detener la imparable caída de nuestra relación. Me sentía muy lejos de aquella mujer que me miraba con los ojos nublados de reproches y apagaba el cigarrillo contra el pretil metálico. Y supongo que Sara de mí. En los últimos tiempos lindábamos con la indiferencia. Nosotros, que en las discusiones nos comportábamos, sin escatimar insultos ni golpes bajos, como enemigos encarnizados, que conocíamos el sabor de la sangre fresca, que no ignorábamos lo que era tener la piel del otro bajo las uñas y arrastrarnos todo el día como sombras desterradas, avergonzados, enfermos de esa bacteria que se alimenta de silencios, limpiando la casa sin mirarnos ni poder recuperar la ternura evaporada. Nosotros, que horas más tarde administrábamos, por vía oral y sexual, el contraveneno, deshaciendo la cama y el nudo en el estómago, pidiendo perdón con los cuerpos, reconciliándonos. Sólo los psicópatas y las parejas pueden infligir tanto dolor. Llevábamos más de una década juntos. Entre los dos habíamos derrocado la figura de un padre enfermo de soriasis y de locura,


Sara conoció a otra persona y una parte de nosotros murió. ¿Quién podía imaginar que la princesa del cuento interpretaba varios papeles? Perdí la inocencia a golpe de machete. En realidad, era normal, no había por qué hacer un drama de aquello. Sólo disponíamos de una vida y resultaba algo mareante pensar que la ibas a pasar con el mismo hombre o la misma mujer; hasta los pingüinos antárticos tenían derecho a dudar. La curiosidad por el universo del otro se nos secó. Lo meditó un tiempo y decidió volver conmigo. Pero lo que no sabíamos ninguno de los dos era que la infidelidad no caducaba. El perdón era una cualidad de los santos y los etéreos. Los mortales no perdonaban, disminuían el odio hasta un límite tolerable. La imaginaba regresando a casa en autobús, el semen de su amante goteándole por las medias. Es un hecho comprobado: la verdad gotea. Su amante, esa figura enmascarada me atormentaba muy a menudo, cuando la dejaba entrar en mi cabeza y jugaba a ponerle cara y atributos y sentía la náusea y la pena ascendiendo por mi interior como un géiser. Entonces me veía instalado en la periferia de su vida, preguntándome cuándo mis defectos le habían ganado el pulso a mis virtudes, sintiéndome muy solo, un mueble viejo del que nadie sabe cómo desprenderse, y pensaba en empaquetar mis cosas y marcharme a algún lugar donde me necesitasen, conductor de ambulancias en Palestina, un hospicio en Sudáfrica, el regazo de una dependienta ecuatoriana, algo así. Pero luego no hacía nada y utilizaba la navaja del rencor. Regresó al coche y se acercó a la ventanilla: ahora conduces tú. Lo dijo con lasitud, en un tono neutro, utilizando ese lenguaje jurídico que da la servidumbre de los años. Quise pedirle disculpas, pero me situé en el asiento del conductor y arranqué. Encendió la radio. España y Portugal ardían como piras funerarias: los incendios, mayoritariamente provocados por especuladores locales con contactos políticos y pirómanos que no sacaron la plaza en bomberos, se extendían de norte a sur. La ballena que apareció varada en la playa de Oriñón, Cantabria, había muerto. De nada habían servido los intentos desesperados de los vecinos y biólogos por reanimar al animal y devolverlo al mar. El mamífero, un rorcual de veinte metros de longitud y setenta toneladas, tenía alojado en el estómago, entre otros desechos, una bola de cincuenta kilos de plástico. Continuaba la avalancha de pateras en las costas andaluzas. El Huracán Darling amenazaba la ciudad de Manila. Un boxeador ucraniano había perdido la vida en un combate celebrado en Oslo. Dos boxeadores, eso es lo que somos, pensé. Dos boxeadores cansados y aturdidos buscando una mano ganadora para fulminar al contrario y acortar el sufrimiento. Dicen que

ese golpe definitivo toma forma de ruptura o de proyecto de futuro: casarte, tener hijos, formar una familia. Balas de paja para amortiguar la caída, implosiones de tristeza, teorías de cobardes para perpetuarse en la infelicidad. Para los boxeadores el futuro es la próxima pelea. Era muy raro, que la literatura sólo se pudiera explicar con literatura. La mala acogida de mi segunda novela, Exantropía, una sucesión de ficciones encadenadas que transcurrían en la colonia penitenciaria rusa de la Isla de Sajalín y que Chéjov había descrito con tanta crudeza en 1890, me habían llevado al insomnio y a las puertas de la depresión. Debía resultar terriblemente complicado vivir con alguien que jugaba a ser escritor y nacía y moría con cada historia y tenía el grave defecto de verlo todo desde una óptica literaria, alejada, pedante. Lo leí en Plataforma, de Michel Houellebecq. Hablaba de esa incapacidad de ser realmente feliz o desgraciado, de sentir el odio, la desesperación, el júbilo o el amor; esa especie de filtro estético que se interponía, irremisiblemente, entre el creador y el mundo. Entre Sara y yo. Llegamos a nuestro destino. Moraira era la típica población de la Costa Blanca, una sucesión de atentados urbanísticos sin condena, rotondas ajardinadas y calles impersonales. Aparcamos junto a uno de esos coches descapotados, de plástico naranja, que tan de moda estuvieron a comienzos de los ochenta. La brisa trajo al mar, amagado tras los edificios. Lo recibimos con alivio, como la mano helada del médico en un día de fiebre. Acababan de inaugurar un monumento en memoria de Chester Himes pero, por mucho que preguntamos, nadie supo ubicarlo. Estaban demasiado ocupados vendiendo recuerdos, que terminarían en las vitrinas del comedor, clases de flamenco o de paella valenciana a los turistas extranjeros para preocuparse por una escultura. ¡Resultaba tan irónico! El personaje más ilustre que había tenido y tendría el pueblo en su miserable existencia y nadie, salvo el concejal de turno o la bibliotecaria a punto de jubilarse, parecía conocerlo. Callejeamos sin brújula y, junto a un torreón defensivo, por pura casualidad, dimos con ella. La escultura era el trabajo más kistch y espantoso que habíamos visto nunca: la fotografía de un negro fino (Chester Himes), ya cruzando la ancianidad, sosteniendo un gato en brazos sobre un fondo azul (el mismo azul en el que las sectas pintaban a sus dioses o a sus líderes espirituales; un azul esotérico, el azul del limbo) y todo ello incrustado en un bloque de cemento con dos manos en relieve, a un lado. Lo firmaba la artista alemana Donna Rothraud Meindorfer. Sara sacó la cámara y, mientras inmortalizaba la escultura desde diversos ángulos, me explicó que, en 1969, recién cobrados los derechos de autor de las últimas novelas, Chester Himes y Lesley Packard, la inglesa con la que se había casado en terceras nupcias, blanca y bastante más joven, decidieron instalarse definitivamente en España, tras flirtear con Mallorca y alrededores. Adquirieron tres parcelas en una urbanización llamada Pla del Mar, en Moraira, un microcosmos de expatriados e indígenas racistas, según

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habíamos superado los desórdenes de la adolescencia, el vértigo a vivir, el pánico a casi todo, habíamos enterrado seres queridos y trabajos absurdos, habíamos perdido el norte y la virginidad. Y ahora nos encontrábamos al final de algo, escudándonos en las malas rachas y en el estrés, achicando agua de un barco que se hundía por varios frentes. Le teníamos miedo a la soledad y le teníamos miedo a la vida en otros brazos, compañeros de piso portadores de esa apatía doliente de los que no viven ni dejan vivir, hormigas extrañas guardando provisiones de odio para el invierno.


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las memorias de Himes, y construyeron una casa con el nombre del gato (Casa Griot). Era curioso, el término Griot hacía referencia a la disciplina milenaria de los trovadores, los poetas, los historiadores o los hombres sabios de África. Lesley Packard todavía residía en la zona, concretamente en Benitatxell, a pocos kilómetros de allí, y no quiso acceder a una entrevista porque, según le dijo a Sara, «tenía que vigilar las obras del jardín».

de «si Dios no existe todo está permitido». Y en vacaciones, Dios no existía. Un holandés con aspecto de abogado barrigudo, que olía a habitación sin ventanas y a prohibido fumar, cansado del frío, la niebla y los intercambios de pareja, recibía una transfusión de sol con la mirada de un hereje ante la Santa Inquisición. No podían evitarlo: ante este clima se ponían místicos o cachondos. El vuelo de regreso borraría erecciones y sonrisas y les devolvería a sus disciplinados suicidios.

Una vez cumplida la primera misión, nos dirigimos a la playa. Habíamos planeado pasar la mañana tumbados al sol y acercarnos, poco antes de comer, al cementerio de Benissa, donde se encontraban los restos del escritor. Atravesamos una avenida inmensa de bloques de apartamentos construidos en los años setenta y orientados al mar. Había algo diabólico en esas moles de ladrillo barato y toldos carcomidos por el sol. Con tan sólo imaginarlos en invierno, mudos, vacíos, sin un alma, empapados de una vida que ya no estaba, un escalofrío me recorrió la espina dorsal. En los bajos se habían instalado heladerías exóticas y bares con terraza donde británicos, embutidos en camisetas de tirantes con dibujos soeces de cerdos fumando marihuana y mujeres desnudas formando palabras, bebían sangría o agua manchada de café. En uno de esos locales, reconvertidos en cafetería por la mañana y pub por la noche, habían colgado un cartel que rezaba: GRAN FIESTA DEL DAIQUIRI. Me acordé de Hemingway, que tomaba entre ocho y doce daiquiris diarios en su etapa cubana, compuestos, según su receta de experto bebedor, de hielo frappé, un doble de ron Bacardí, limón y nada de azúcar. Apostaría mi brazo derecho a que en la GRAN FIESTA DEL DAIQUIRI el alcohol sería de garrafa y, al igual que con Chester Himes, nadie habría oído hablar del autor de El viejo y el mar.

Todo el mundo llevaba en sus bolsas la biblia del hombre moderno: el padre Brown y su Código Da Vinci. Era una lástima que sólo encontrasen en manos de asesinos (Mark David Chapman-John Lennon, John Hinkley Jr-Ronald Reagan, aunque no consiguió terminar el trabajo). El guardián entre el centeno de J.D. Salinger; otros libros merecían más esa suerte. Dos niños rubios, probablemente hermanos, acarreaban arena en cubos de plástico y la vertían en la orilla de un mar espejeante, manso y antiguo, incapaz de generar olas rabiosas y mucho menos tsunamis, ante la atenta mirada de una madre en top less. Apoyando la barbilla a ras de suelo observé sus tetas pequeñas o empavesadas o astutas o desafiantes o curiosas o caídas o electrizadas o llenas de leche. No importaba, me empalmé de inmediato. No era más que un hijo bastardo de la transición española, un provinciano de interior que nunca había abandonado la idea de que dos pechos al aire eran una fiesta. Me educaron para dormir la lujuria y despertaron la mirada sucia del monstruo. Deseaba a todas las mujeres que podía recordar. Todavía me masturbaba con un delicioso sentimiento de culpa.

En la playa, los socorristas, enriscados en sus torres de vigilancia, utilizaban el silbato para llamar la atención de los bañistas que se acercaban peligrosamente a las motos de agua o se subían a las rocas para pasar el rato. Las avionetas rompían la bóveda del cielo arrastrando largas fajas publicitarias de parques temáticos y nuevas urbanizaciones. Siguiendo el camino de tarima de madera alcanzamos la orilla y extendimos las toallas en un hueco. Le ayudé a ponerse crema por la espalda y se quedó dormida de inmediato. El enjambre de problemas nos acompañaba adonde quiera que fuésemos. Tarde o temprano contestaríamos llamadas en la madrugada con monosílabos y besos urgentes o dejaríamos caer un nombre por equivocación. Y el polvorín saltaría por los aires. Fijé la vista en el mar: las olas eran como enaguas de ama de llaves. Tumbado boca abajo miraba a la gente para no asomarme a mi propio patio interior, aplicando el Código Deontológico de los Tristes del que habla el poeta Ángel Petisme, elucubrando vidas para no pensar en la mía: siniestros obreros de lánguidos ojos azules de vikingo muerto, mecánicos de maquinaria pesada cubiertos de tatuajes, conductores de autobús con sombrero de paja, mudaban la piel por la de sonrosados turistas, ávidos de cerveza y de sexo, ebrios de luz y de fiesta, siguiendo la máxima de Dostoievski

Por curiosidad, para matar el tiempo, tomé el dossier de Chester Himes. La documentación era fantástica, e incluía entrevistas, textos autobiográficos y perfiles de escritores y críticos. Apenas sabía nada del novelista. Chester Himes había llevado una vida muy dura. A los dieciséis años se cayó por el hueco de un ascensor y se fracturó la columna vertebral. Poco después dejó ciego accidentalmente a su hermano. Asistió a la universidad de Ohio durante algún tiempo, hasta que fue expulsado como consecuencia de una pelea en un bar clandestino. Trabajó de botones en algunos hoteles de Cleveland y se fue involucrando como recadero en la prostitución, el juego, la bebida y las drogas. Después de dos condenas por robo y emisión de cheques sin fondos, en 1929, fue sentenciado a entre veinte y veinticinco años de trabajos forzados, en la penitenciaría del estado de Ohio, de los que cumplió siete. «Comencé a escribir en prisión. Eso me protegió de los convictos y de los carceleros. Los convictos negros tenían un respeto instintivo, e incluso miedo, por alguien que podía sentarse a escribir a máquina y cuyo nombre aparecía en periódicos y revistas. Los carceleros no podían tocar a quien pensaban era una figura pública». Me vino a la mente otro caso similar que había leído en una necrológica, Edward Bunker, que pasó dieciocho años preso —entre 1951 y 1976—y que estuvo en la lista de los diez más buscados por el FBI. Bunker vendía su sangre dentro de la prisión para poder conseguir sobres y sellos y así enviar sus manuscritos a editoriales y revistas. Himes salió de la cárcel con la firme decisión de convertirse en escritor profesional,


Ilustra: FALTA NOMBRE ILUSTRADOR

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pero tuvo que trabajar de encargado de mantenimiento de centros de turismo, clubes de campo y fincas, además de portero y maletero de hoteles. En aquella época conoció personalmente a Malcolm X. En 1952, tras la publicación de su novela Tira la primera piedra, escrita quince años antes bajo el título de Black Sheep, y los numerosos ataques de racistas blancos, negros, fascistas y comunistas, decidió abandonar para siempre Estados Unidos y se instaló en París donde, al igual que los componentes de la Generación Perdida y los músicos de jazz, descubrió el auténtico significado de la libertad. Aquél tipo, egocéntrico, insociable y combativo, enfurecía a todo el mundo, a Montescos y a Capuletos, y no pude más que sentirme cercano a él. Por dinero, terminó en el género policíaco; era lo que demandaba el mercado. En El absurdo de mi vida, dejó escrito: «Me sentaba en mi cuarto y me ponía histérico pensando en la salvaje e increíble historia que estaba escribiendo. Pero pensaba que era sólo para los franceses y que ellos se creerían cualquier cosa de los americanos, blancos o negros, si era lo bastante perverso. Además, creía que lo que estaba escribiendo era realismo. Nunca se me ocurrió pensar que estaba escribiendo absurdo. El realismo y el absurdo son tan parecidos en la vida de los negros americanos que no se puede decir dónde está la diferencia». En París dio vida a dos de los detectives negros más importantes del género: Sepulturero Jones y Ataúd Ed Johnson. Sepulturero, siempre con su eterno traje negro de alpaca y su sombrero de fieltro echado hacia atrás, y Ataúd, con su rostro desfigurado por el ácido, merodeaban por las calles de Harlem en un destartalado Plymouth con el motor retocado, con el aspecto de dos criadores de cerdos pasando el fin de semana en la gran ciudad, relacionándose con una amplia red de drogadictos, chivatos, putas y chulos de toda clase, y manteniendo la ley y el orden con sus revólveres niquelados del 38 y cañón largo o disparando a las ratas que escapaban de los edificios en demolición. Excepto por su primer matrimonio con una mujer de color, nunca dejó de buscar la compañía de las blancas, con las que tuvo relaciones muy turbulentas. «Yo mismo me sorprendía de que el sexo y la literatura fuesen mis dos obsesiones: la literatura era mi profesión, mi ambición, mi meta y mi salvación; el sexo era mi espada y mi escudo contra las heridas y frustraciones de la primera. Aquello resultaba puro masoquismo». Renunció a sus dos patrias (la de origen, Estados Unidos, y la de adopción, Francia, de la que se negó a aprender su idioma) y se instaló en la dictadura moribunda que era España.

incorporó de repente, dejando resbalar una gota de sudor por su escote, y la montaña rusa volvió a ponerse en marcha: montó uno de sus famosos escándalos. El tiempo había volteado los imanes de nuestros cuerpos y ahora nos repelíamos. Intenté calmarla, pero me equivoqué. «No me digas que me tranquilice, sabes que no hay nada en el mundo que odie más». Se quitó el anillo que le regalé por su último cumpleaños, me lo arrojó a la cara (lo atrapé al vuelo) y luego se adentró en el mar, sorteando jugadores con palas de madera y zonas de algas y basura; corrían tiempos aciagos para las ballenas. Miré el anillo por última vez y lo enterré en la arena, imaginando que estaría mejor en manos de esos buscadores de tesoros, que se dejaban ver con sus detectores de metales al caer la tarde, que en el dedo índice de una desconocida. Porque la Sara de la que yo me había enamorado ya no estaba allí, hacía mucho tiempo que se había ido. Una vez superada la verja de hierro, la entrada del cementerio de Benissa era fresca y luminosa, el suelo ajedrezado, limpio como para bailar un vals, y el techo alto, propenso para el eco y las lamentaciones. El viento pasaba las páginas de un New Yorker olvidado en un banco de madera. Sara conocía el dato de que Chester Himes estaba enterrado en el nicho 56, pero daba la casualidad que cada sector, ordenado por letras, poseía su nicho 56. Y como no localizábamos a ningún empleado municipal y faltaban pocos minutos para que cerraran decidimos separarnos, uno por cada lado. Me detuve en los detalles. Los apellidos hablaban de numerosas colonias de ingleses, alemanes, franceses o daneses que habían optado por la tranquilidad, el sol y los precios razonables en sus últimos años en la tierra. Los Ivars, Bertomeu o De la Sal convivían en la muerte con los Knaak, Tróscio o Wolting. Las lápidas de nacionales venían acompañadas de una fotografía del fallecido; las de extranjeros no. Me impresionó profundamente contemplar el retrato de un niño en su lecho de muerte, enterrado en el mismo nicho que su madre, los labios morados y entreabiertos y las manos cruzadas sobre el pecho. Instintivamente canalicé esa tristeza hacia mí. Me adentré en la treintena con las mismas dudas que en la veintena, pero más desencantado: la espuma de los días resultó ser detergente industrial, la vida que se prometía tras los escaparates no era más que un truco publicitario. Y ahora estaba allí, tarareando el estribillo de Le temps de vivre de Moustaki que escuchaba en el tocadiscos de mi padre en aquellas mañanas de sábado de mi infancia, tan desorientado como un estudiante polaco de intercambio en casa de la Familia Panero, mirando a una extraña a la que quise hasta la locura buscar una lápida negra, muy sencilla, construida por Mármoles Benissa S.L, Avenida del Caudillo 169. Una lápida en la que se podía leer: CHESTER BHIMES ESCRITOR MISSOURI, U.S.A— 1909 MORAIRA —1984 SU ESPOSA LESLEY

Sara se despertó con un espasmo, como volviendo de una pesadilla o de un mal presentimiento, y le acaricié la espalda para serenarla, intentando poner en funcionamiento la máquina de la ternura, rodando de mi toalla hasta la suya. Buscaba la luz de los días felices. «¿Me das un beso?», dije poniéndole ojos tiernos. Me regaló uno de esos besos cumplidores, mezcla de escarcha de diciembre y de aburrimiento, que me dejó perplejo y triste. Herido en mi Llamé a Sara, le di un último beso y le dije que habíamos orgullo, regresé a mi toalla: «No sé quién eres, de verdad que no sé quién eres». Mis palabras incendiaron su cabeza. Se terminado.


EL PRIMER MINUTO »TDBS4JQÈO

Ilustra: Aurora Suárez

ABELARDO CASTILLO

1.- Buenos días, pronuncia al adentrarse en la habitación. Sus palabras se vuelven dulces al rebotar en el paladar. Las utiliza como placebo. Con mimo. Con extremada delicadeza. Como si acariciase los testículos de un hombre abandonado. Un ademán del exterior se convierte en una sonrisa. Si le sonríe así a todos los desconocidos su reino será el mundo. 2.- Intento clasificarla, pero me doy cuenta de que es única: Dios encendió los focos sobre ella. 3.- Me está mirando. Me mira. Como se estudia una parada de metro en una ciudad nueva. Ni una viuda encinta lo haría con tanta intensidad. Y sé que acabo de iniciar un extraño viaje del que no saldré bien parado. No puede existir mayor satisfacción que envejecer dentro de esos ojos. Es una de esas mujeres por las que vale la pena llorar al nacer, la cara ideal para llevarte a la guerra y esperar el silbato antes de saltar los sacos terreros de las trincheras, atravesar las alambradas y caer abatido por el fuego cruzado de una ametralladora. 4.-Te lo habrán dicho mil veces, pero eres viagra sin encapsular. 5.- Es la zíngara por la que el Jorobado de Notre Dame se sintió humano, la camarera que sujetó tu cabeza en las Torres Gemelas, la voz dulce en el oído que arrebató a Marco Polo las ansias de viajar, los ojos que contempló el Conde Drácula en el momento en que la estaca le atravesó el corazón. Valió la pena perder la vida eterna, pronunció antes de convertirse en polvo y sombra. 6.- Después de ver las fronteras del paraíso, allí donde no llega la Coca-Cola, ya sólo le asombran las cosas insignificantes. 7.- La imagino arrojando las cenizas de su padre desde un puente herrumbroso, sujetando la urna con ambas manos y, susurrando, antes de inclinarla al vacío, una palabra que contiene a todas: lo siento. 8.- Lo daría todo por arrebujarme en ella y descansar. 9.- Mirándola uno puede apreciar las reprimendas que recibió de niña: los jarrones rotos y las preguntas inoportunas, los juguetes desperdigados y las risas en clase de música, el

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«Todo lo que nos va a pasar con una mujer se sabe siempre en el primer minuto»


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incendio de la casa de muñecas y los que hacen de la espera su profesión: piel de múltiples lenguajes, todos ellos vestidos manchados de mermelada. prefiere la sangre a la inmovilidad, el comprensibles. Si una mujer así te destroza el corazón ya no habrá forma Todo está allí. dolor a la ausencia. de casar las piezas. Seguirás teniendo 10.- Las madres sienten pánico a 14.- Un parpadeo suyo genera una pulso, pero estarás muerto. traspasarles a sus hijas la mala suerte adrenalina similar a abatir un arcángel en el ADN, pero depositan sus en pleno vuelo o atracar un banco el día 19.- Desvístase, por favor, me dice con la misma calidez que anunciaría un frustraciones, como tortugas desovando de tu jubilación. embarazo largamente buscado. en las playas del Pacífico. De su madre, que ya guardaba el luto antes de la 15.- Ante ella sufro de incontinencia muerte de su padre, heredó una frase de verbal: Todos los hombres tenemos un 20.- No me harás daño, ¿verdad?, le la que no puede escapar: Estamos solos gineceo en la cabeza donde almacenamos respondo intuyendo el final del viaje. en el mundo, las cartas que recibimos a las mujeres que quisimos o querremos; Pero una mujer así, capaz de domar la carecen de remite. siempre he mantenido limpio y ordenado mirada de un hipnotizador o de robarle tu cuarto. Entra, te gustará, le digo muy la sonrisa a un verdugo, siempre te hace daño. Una vez desnudo, me pone un 11.- Es una veleta contra el viento, un serio. paño estéril entre las piernas, me coge girasol rebelde que se complicó la existencia rechazando matrimonios 16-. Un cuello así justifica la licantropía. el pene y lo embadurna con lubricante, introduce la sonda, evitando la próstata, perfectos y vidas excesivamente 17.- Me gustaría contener en una todas que me quema, me araña y me hace ver luminosas: la lucidez tiene un precio. las noches en las que fui feliz para poder las estrellas, hasta anclarla en la vejiga. Y allí me quedo yo, viejo, ridículo y 12.- Desde que patentaron el beso de regalártela. enamorado de la nueva enfermera que, Judas, ya no confía en nadie. 18.- ¿Cuántos hombres la habrán soñado tras cubrirme con una sábana, me desea 13. – Dueña de un galgo friolero y mil en el asiento contiguo de un tren? Miro un buen día. corazones, no es una de esas mujeres la fuerza centrífuga de sus pasos y esa El mundo es precioso e injusto.

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MORITURI TE SALUTANT +PTÏ3BNPT ¡Dios! Me entra el baile de San Vito en cuanto me coloco aquí arriba… Tengo que calmarme… Lo mejor será concentrar la mirada en un punto fijo. En el platanero de enfrente, en ese corazón del tronco que ya no es corazón ni nada. ¡A saber quién coños lo dibujó! Gustav y... No hay quien lea el otro nombre. Estarán ya los dos criando malvas o se habrán tirado mil veces los trastos a la cabeza… A ver si aguanto un rato más que ayer. ¡Con tal de que no me lloren los ojos! Cualquier cosa menos ponerse a parpadear. Eso y un bonito disfraz es el secreto de los que triunfan en este oficio… Lo bueno de colocarse aquí en las Ramblas es que no deja de desfilar gente ante tus narices y, a la fuerza, más de uno se para. Esos de la derecha ponen cara de preguntarse, «¡qué puñetas pinta semejante vejestorio disfrazado de mequetrefe en vez de estar comprándoles piruletas a los nietos!” Es acojonante la cantidad de gente que desfila por este sitio. Negros, japoneses, gordos, viejos, feos, sudamericanos, tíos vestidos como adefesios, señoronas, furcias… El que seguro que no lo hace es el Fredy. No estará en Barcelona, el muy cabrón. ¡Daría cualquier cosa por ponerle la mano encima! ¿Dónde se habrá largado? Morituri te salutant. Ya picó uno… ¿Qué coños miran? ¿La nuez? ¿El pecho? No. No. Me buscan los ojos. A ver si parpadeo o si se me escapa alguna lágrima… Si supieran lo duro que resulta hacer la cigüeña en un pararrayos, sin menearse un momento. Aunque peor era andar por las calles sin trabajo y sin un euro en el bolsillo. Claro que lo mismo hacía yo con el Hombre Invisible, el tío que me dio la idea de dedicarme a esto. ¡Nadie hacía la estatua como él! ¡Y qué soberbio era su disfraz! Aquella preciosa túnica metálica de aluminio hasta los pies con el sombrero negro y la cara tapada por un vendaje blanco… ¡Hostias! Una pareja de polis. ¡Menos mal! Han pasado sin mirarme siquiera. Morituri te salutant. Si me vieran mi mujer y las hijas. Les daría un patatús. Después de un año sin dar señales de vida, ¿me habrán dado por muerto...? ¿Cuántas personas me miran ahora? ¿Veinticinco? ¿Treinta? No está mal para un principiante. El doble de gente

tenía siempre alrededor el Hombre Invisible. Se volvían locos intentando cogerle en un parpadeo, en un movimiento. El muy cerdo no movía un músculo. Igual daba que estuviera una hora o toda la mañana… ¿Qué coños es ese jaleo que oigo detrás? Lo de siempre, algún susto de muerte al cruzar el paso de cebra… ¡Qué guapo ese chicazo de ojos verdes! Me dan ganas de cucarle un ojo. ¡Y cómo me está mirando la entrepierna! Me recuerda a Darío, el compañero de camarilla en el colegio. ¿Qué habrá sido de sus huesos? Si no hubiera sido con él, hubiera sido con otro. Morituri te salutant. La vida es una mierda. Años y años disimulando, trapicheando, tragando quina sin rechistar. Y un buen día, sin saber por qué, lo mandas todo al carajo… Desde luego me gusta este sitio delante del Liceo. No paran de filmarte estos jodidos guripas. Lo mismo filman la estatua de Colón que a un borracho tirado en la calle. La cosa es llevarse algo enlatado… No me lo creo. Media hora aquí arriba y no me hormiguean las piernas… Ahí vuelve el niño rubiete que le montó el cisco a su mami porque no le daba propina. Morituri te salutant. ¿A quién se parecerá mi nieto? Ya tendrá cuatro o cinco meses. ¿Llegaré a conocerle algún día? «Tu abuelo Jaime se fue de cabeza. Nos salió rana»… ¿Qué coños tramarán ese par de loros que no paran de cuchichear? Deben estar poniéndome a caer de un burro. No. No es eso. Están admirando mi palmito y mi disfraz. ¡Qué coños! No está tan mal. No soy Kird Douglas, ya sé. Pero tampoco es para echarse a correr… ¡Cuidado que son molestas las palomas! No paran de ir y venir y cualquier día me cagarán encima… ¡Quién iba a decirme que aquellas horas que metí en el gimnasio, me iban a venir como anillo al dedo! Morituri te salutant. Ese chico con el buldog pasa todos los días. Más vale que no se acerque mucho. ¡Valiente cagancho es el menda! ¡Como para sacarme a los leones! ¡Chungo oficio el de pelearte a muerte y que tu vida dependa del dedo de Nerón!.. Estoy


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lagrimeando… Necesito concentrarme… A ver. Palabras que empiecen por jota. Jamón. Jarabe. Joder. Cojones. No. Cojones no empieza por jota. Judío. Jamás. Jurásico. Juez. Jalar. Lo que me ocurre últimamente. No me jalo una rosca… ¿Qué estará dándome a entender ese joven barba chivo con el pulgar hacia abajo? Nada. Un listillo. Morituri te salutant. ¿Cuánto recolectaré hoy? ¿Treinta euros? No es mucho pero podré comer caliente y terminar de pagar los atrasos en la pensión… A los que tampoco les va mal es a los del puesto de al lado. No deja de pararse gente delante de las jaulas de jilgueros y pájaros exóticos... ¡Cómo suena esa trompeta! ¡Otro artista callejero! ¡Imposible que llegue a todos la propina! Morituri te salutant. Entre tal mogollón de gente desfilando para arriba y para abajo no sería raro que pasara algún conocido de Aranjuez. Cada dos por tres venían excursiones a Barcelona… ¡Menos mal que con el casco puesto y este chisme en la boca es difícil verme la cara...! ¡Cómo me duelen ya los brazos de sujetar el escudo y el espadón! ¡Cómo sudo! Si aguanto un cuarto de hora más podré darme con un canto en los dientes. ¡Con qué gusto me bajaría y echaría un trago de agua en la cafetería de enfrente, debajo del anuncio con el cachas de la colonia! Está para comérselo. Yo también hubiera hecho carrera como modelo. Por algo me apodaban el Rock Hudson. Morituri te salutant. ¡No tengo perdón de Dios! Veinticinco años con la Martina, dos hijas estupendas y me largo sin chus ni mus y con todos los ahorros. Tendría que escribirle de una puñetera vez… ¡Ya está aquí el hormigueo de piernas y el picor en el cogote...! La verdad, nunca le di pie para sospechar, ni a ella, ni a las hijas, ni a nadie… Lo de aprovechar los viajes al Bernabéu para echar la canita al aire era una excusa perfecta. Morituri te salutant. Me vendría de perlas asistir a alguna clase de yoga o entrenarme en la Barceloneta. Como esos piraos de las artes marciales y el haikidu… ¿Qué coños puede ser ese zumbido? Sí. Es una avispa. Dios quiera que no se acerque. Si se me mete entre la ropa o por dentro del casco, mandaré todo a tomar por culo… Y pensar que nada de esto hubiera pasado si no hubiera conocido en el gimnasio del barrio a Fredy, el culturista… Desde luego, la vida es una tómbola. Lo

más duro es no poder abrazar a las chicas de vez en cuando. Menos mal que la Lucía se casó con un chico formal. ¿Y la Inés? ¿Habrá acabado la carrera de medicina...? Lo que no echo de menos para nada es el curro. ¡Menudo coñazo ponerse el mono y aguantar horas y horas tras el mostrador los pies recocidos, soportando impertinencias!: «Déme una docena de tuercas del 14, un bote de titanlux para imprimación y una brocha de cerdas suaves»… No me explico cómo pude dejarme embaucar por el Fredy. Lo de abrir juntos una peluquería en Barcelona, no fue más que una milonga para ponerle la mano encima al dinero. Morituri te salutant. ¡La de vueltas que da la rueda de la fortuna! Aquí estoy encima de un cajón repitiendo como un lorito la frasecita del padre Rogelio. Parece que lo estoy viendo, la sotana llena de lamparones y el dedo pulgar hacia el suelo… ¡Dios! ¿Qué estoy viendo? ¡No puede ser! ¿Esa pareja? Son de Aranjuez. Sí. Sí. Julián, el pollero, y su mujer, Dorita. Vivían en nuestra calle y hacíamos la compra en el mismo supermercado. Se me están acercando y no me quitan ojo. Gracias a Dios eran un par de cegatones y llevan aún las viejas gafas de toda la vida. ¿A ver si puedo oír lo que se están diciendo? «Julián, te digo que es él. Jaime. El Rock Hudson. El de la Martina. Vivía a doscientos metros. No volvió a casa después de irse a un partido del Madrid.» «No hace falta que me expliques quién era el Rock Hudson. Lo sé mejor que tú. Y que no pisaba el Bernabéu. Pero no se parecen en nada. Éste es mucho más flaco.» «Quizás tengas razón. Hasta en la tele salió una tarde la Martina para denunciar su desaparición. Pocos días antes de que le diera el patatús.» «Así es la vida. Ella, criando malvas, y, en cambio, él, bien vivito y coleando. Todo el mundo sabía que perdía aceite, menos su familia. Se encapricharía con alguno y andarán por Benidorm pelándose el dinero.» «Bueno, sea quien sea, pinta de mamarracho sí que tiene, con ese disfraz de Cid Campeador.» «¡No digas burradas! No es el Cid Campeador. Lo vimos en una película de la tele hace poco. Lo tengo en la punta de la lengua. Sí. Es Conan el Bárbaro. Y muy logrado, por cierto. Vamos a echarle un euro.» Morituri te salutant. Ilustra: Elisa Ruiz Cháliz


EL VENDEDOR DE ALFOMBRAS -VJT'FSOÈOEF[-MPSFOUF En aquella calle desierta un hombre joven paseaba con su carga de alfombras. Se movía despacio, la espalda doblada bajo el peso de la mercancía. No muy lejos se oían los motores de los coches en la gran avenida, pero ahí, en aquel rincón apartado, nuestro personaje se hallaba solo, solo con su fatiga y sus brazos maltrechos. Se paró un instante y alzó la vista hacia un cielo que gradualmente perdía parte de luz. Sobrecogedores nubarrones se desplazaban sobre su cabello ensortijado. Suspiró, depositó la carga en la acera y relajó los músculos. El cuerpo le exigía un descanso, así que se apoyó en el portal de un edificio sin número y suavemente se dejó caer. De esta guisa se quedó, sentado en un escalón mugriento en una callejuela de la que ignoraba hasta el nombre. Sacó una botella de agua de la mochila, bebió un sorbo y, con la manga de la sudadera azul, se limpió la boca. A continuación se desprendió de los zapatos, volvió a suspirar, esta vez con alivio, y, parsimonioso, se acarició las plantas de los pies. Un golpe de viento le azotó la cara, sintió frío en el pecho y tembló involuntariamente. –¿Qué haces ahí, negro? –La voz parecía provenir del más allá, una voz de ultratumba que chirriaba como un clavo rasgando las tinieblas del crepúsculo. El joven en el portal se sobresaltó, miró hacia el fondo y creyó divisar, a contraluz, tres siluetas recortándose en el sombrío paisaje urbano. La de más envergadura, en el centro, repitió con un deje de premeditado desdén: –¿Qué haces y quién eres? Aunque a duras penas alcanzaba a distinguir los rostros de los recién llegados, en un destello de clarividencia, reconoció las botas militares, los vaqueros ceñidos y las cazadoras oscuras. Olfateó el peligro y trató de incorporarse, pero, al darse cuenta de que sus calcetines estaban rotos, se contuvo. –M… me llamo Salif –tartamudeó en un español con pronunciado acento–. Soy de Senegal. La figura que había hablado adelantó dos zancadas. Ahora sí, ahora ya podía verle la cara, el pelo extremadamente corto y las

facciones de niño perverso. –¿Y por qué no estás en tu país? ¿No sabes que aquí no te queremos? No queremos basura. Y Salif, mientras se calzaba torpemente, explicó: –V… vendo alfombras… bonitas alfombras… baratas… El perdonavidas bufó con hastío y declamó para los dos compinches que aguardaban en un aparente segundo plano: –Que vende alfombras, dice, alfombras de mierda llenas de pulgas… Me voy a mear en las alfombras de este cerdo… Los secuaces rieron a carcajadas en tanto que el otro, al parecer con el propósito de cumplir su amenaza, avanzaba con resolución. Salif, imaginándolo erguido, orinando sobre su única posesión terrena, su único tesoro, se levantó con los cordones todavía desatados. –Eso no –se opuso–, por piedad… Pero el matón no bromeaba. Se giró hacia el africano en un gesto que resumía toda la furia del universo. Su puño en alto centelleó como un arma mortífera. –¿Qué murmuras, negro? –Mis alfombras no… Ahí concluyó su alegato. De pronto los tres asaltantes se encontraban junto a él, rodeándolo, aullando cantos de guerra que recordaban tiempos primitivos. Cuando recibió el primer golpe, golpe directo a la mandíbula, Salif pensó que el cielo se desplomaba sobre él. Se protegió con las manos en un acto reflejo, como si así fuera posible ahuyentar a esos seres que lo odiaban nada más porque necesitaban creerse importantes. Oyó más risas y notó más impactos, en el vientre y en las costillas, hasta que ya no pudo continuar de pie. Resbaló agarrándose a los pantalones de uno de ellos. –¡Suéltame! Salif ya no escuchaba, ya ni siquiera se percataba del dolor. Ahora, ante él, extendiéndose hasta el horizonte, una planicie de arena bañada por un sol luminoso como el trigo, la tierra de su aldea, allá, más allá del mar azul, su aldea y su precaria casucha, donde madre padecía las primeras

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Ilustra: Laura santos Sanz


Ilustra: Silvia Marco

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fiebres. Salif cuidaba de ella, traía agua de la fuente, le enjugaba el sudor. Después vino el entierro en aquel paraje desolado, vinieron el miedo, la sequía y la esperanza de una vida mejor, vinieron la gran marcha hacia la costa y aquella travesía que otros no lograron superar. Y ahora que por fin empezaba a salir a flote, ocurría que lo estaban matando tres desconocidos. Al menos ya se consideraba muerto cuando se produjo el milagro: –¡Dejadlo en paz! Se trataba de un anciano. Pelo blanco y dedos temblorosos, expresión atónita y piernas arqueadas. Desde la esquina, presenciando aquella escena incomprensible, se había visto en la obligación de intervenir: –Cobardes. Tres contra uno… El jefe de la banda, enorme y desafiante, se volvió hacia él. –No te metas donde no te importa –aulló–. Esto no va contigo. –¡Qué vergüenza! Se me cae la cara de vergüenza sólo de veros ahí, tan valientes, maltratando a ese pobre muchacho… –Lárgate, viejo. ¿O es que quieres ocupar su lugar? Pero el viejo no se amilanaba. Al revés, dio un paso firme y exhibió con orgullo el teléfono móvil que escondía en el bolsillo de la chaqueta. –Acabo de avisar a la policía –declaró–. Estarán aquí más pronto de lo que suponéis. –Maldito seas. Olvidándose de Salif y de las alfombras, los tres matones iniciaron una carrera enloquecida. Sobrepasaron al anciano y aprovecharon la circunstancia para darle un buen empujón. El hombre perdió el equilibrio, se tambaleó, rodó sobre el asfalto como un pelele. La sirena del coche patrulla, en la lejanía, atenuó el terrorífico ultimátum del cabeza rapada: –Me he quedado con tu jeta, viejo. Volveremos a encontrarnos. Y entonces te lo haré pagar, lo juro… Luego silencio. Salif lentamente empezaba a reaccionar. Arrastrándose a cuatro patas, acudió en ayuda de su salvador. Le extendió una mano y entonces, cuando éste le devolvió la mirada, pudo comprobar que estaba llorando.

EL LABERINTO DE LA DICHA +PTF7FSØO(PSNB[ El profesor Midas Walcott, millonario por herencia y emérito por años, quiso recuperar la felicidad a cualquier precio. Como primera medida ordenó la publicación en los periódicos de un anuncio escrito y destacado: «Compro felicidad. No importan el precio ni la naturaleza del bien». En su mansión de Black Rock Street, el profesor recibió innúmeras ofertas de objetos, métodos, servicios y disparates destinados a obtener la felicidad. Sólo contempló con esperanza algunas de estas propuestas, y en verdad que le proporcionaron algunas satisfacciones pasajeras, incluso épocas memorables que sólo la volubilidad de la condición humana impidieron perpetuar. Un pintor neoyorkino de origen francés introdujo a Walcott en el placer secreto de la creación plástica. El gozo de plasmar los sentimientos con los pinceles le hizo pensar al emérito profesor que había alcanzado, por fin, la felicidad. Pero la realidad se presentó de súbito y le mostró su rostro oscurecido por lo inevitable: las obras pictóricas creadas durante aquellos días eran deplorables, indignas de cualquier contemplación. La decepción creció en la conciencia del profesor, a pesar del esfuerzo adulatorio del sagaz pintor neoyorkino, que le recomendó, como terapia y enseñanza, la fundación de una pinacoteca con obras maestras del arte actual. Accedió Walcott, dispuesto al riesgo y al dispendio para lograr


le obligaron a vender la mansión de Black Rock Street y trasladarse a un humilde piso de alquiler. Entonces reparó en la escasa cuantía de la pensión mensual que el Gobierno le pagaba como profesor emérito.

Tras un periodo de languidez y abandono, Midas Walcott abordó otra de sus tentativas memorables para conquistar la felicidad. Aconsejado por un elegante súbdito libanés, en la mansión de Black Rock Street se instaló un exótico harén formado por jóvenes bellezas de origen muy diverso. La experiencia, agradable al principio, movió las dormidas pasiones del profesor, atrapado en las redes ocultas de los espejismos del amor urgente. Al fin, tras frecuentes disputas y diversos incidentes tragicómicos, el proyecto de felicidad amatoria se desmoronó, provocando el disgusto de Midas Walcott y la desaparición de otro buen pedazo de su estimable fortuna. Buscó refugio en la inactividad y la meditación, pero los remordimientos por los fracasos anteriores no le permitieron recuperar la verdadera calma. Herido por el sentimiento de culpa, aún admitió otra propuesta para alcanzar la felicidad: la vía mística. Aconsejado por un joven profesor de ética llamado Clark Bent, buscó en la contemplación religiosa esa paz interior que hace dichosos a los seres humanos. El modelo adoptado, que se inspiraba en el quietismo del español Miguel de Molinos, funcionó satisfactoriamente. Parecía que el camino que llevaba hasta la felicidad era el adecuado. Pero el profesor de ética Clark Bent escondía entre sus íntimos deseos el crecimiento propio; y para ello necesitaba que sus discípulos crecieran y se multiplicaran. Con esta sola idea, convenció a su colega emérito para que financiara la construcción de un pequeño templo destinado a las reuniones piadosas y a la práctica del misticismo común. Así se hizo, tras lo cual el ambicioso Bent, una vez logrado su verdadero propósito, se apartó tajantemente de su generoso y sorprendido benefactor.

Olvidado su afán de comprar la felicidad a cualquier precio, hubo de concentrarse solamente en sobrevivir. Volvió al estudio sistemático, a la investigación bibliográfica que le permitía redactar conferencias y artículos como método más adecuado para vivir con dignidad, aunque lejos de su encumbrada posición económica anterior al desastre. Midas Walcott se sometió al esfuerzo, a la disciplina intelectual y al interés por la sabiduría, y consiguió dormir sin pesadillas. Un día de noviembre, camino de la Biblioteca Central, divisó en la lejanía, como un vago espejismo entre la niebla, los tejados de la antigua mansión de Black Rock Street. Recordó el pasado opíparo y la búsqueda tardía de la felicidad. “Creo que debería sentirme hundido y desafortunado”, pensó. Siguió caminando y, con un gesto súbito, golpeó suavemente el poblado lecho de las hojas otoñales. Miró, después, hacia las alturas en las que la niebla se disolvía con lentitud.

La depresión, hija de la decepción y el desánimo, cayó sobre Walcott como un muro de sombra. La fortuna, aunque lejos de la amenaza inquietante de la ruina, quedó bastante disminuida tras esta nueva aventura quebrada por el fracaso. Pasaron los días. A pesar del aguijón constante de un molesto sentimiento de culpa, la tristeza se trocó en languidez. Los días le parecían eternos, y acabó por buscar alivio en el ejercicio físico, representado por largos paseos matinales o vespertinos, según le aconsejara el ánimo. En una de estas caminatas, Midas Walcott llegó hasta el hipódromo de Charing Cross y quedó fascinado por el animado rumor de la gente que se disponía a disfrutar de las carreras. Fue el principio de una apasionada afición a los caballos, que llevó al emérito profesor hasta la interesada excitación de las apuestas. Los vientos imprevisibles del azar transformaron al buscador de felicidad en un esclavo del juego y sus incertidumbres. Antes de acabar la temporada del hipódromo, los corredores de apuestas más oscuros habían caído sobre Midas Walcott y lo habían encaminado hacia la perdición. Al fin, la fortuna del profesor se diluyó en la nada, y aún le quedaron deudas que la gente del hampa estaba dispuesta a cobrar sin demora. Las crueles amenazas de los criminales

«Al mediodía saldrá el sol», dijo sin palabras. Volvió a mirar hacia la parte visible de su antigua y suntuosa mansión, apenas unos tejados abiertos por ventanas altas y alguna chimenea de piedra. Sonrió sin dejar de caminar, y esta vez no pudo contener las palabras: «La felicidad me ha resultado verdaderamente cara», le dijo a la bruma, mientras sentía cómo el universo le llenaba los pulmones al respirar y le hacía volar sobre el otoño, tan ligero y feliz como los nuevos días.

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lo que se proponía. Cuando comprendió que aquello no servía para colmar sus deseos, ya había consumido una buena parte de su fortuna, aunque a su patrimonio se añadían algunas obras pictóricas de nuevo cuño y dudoso valor.


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EL RÍO

+BWJFS%FMHBEP&DIFWBSSÓB El cielo es negro. La tierra es amarilla. Encerrado hacia ambos lados por empinadas murallas de tierra devastada, este río no puede beneficiar aquello que lo rodea: entre orillas enhiestas, el agua, masa encrespada y rugiente, avanza sin obstáculos hacia un horizonte siempre impredecible. Sobre las balsas, empapados y exhaustos, nuestros cuerpos permanecen derrotados bajo esta lluvia insistente con la que también las nubes han querido castigarnos desde que comenzamos la marcha. ¿Cuándo la comenzamos? Toda esta agua parece haber borrado el rastro de nuestras propias acciones y en este húmedo inquieto espacio que es el río el movimiento ha devorado también nuestra memoria. Y si nosotros no sabemos de nosotros mismos, quién sabrá. No podemos esperar ayuda de nadie. No hay nadie que pueda ofrecernos ni un instante de ayuda, ni un instante. Cuando a pesar del intenso dolor vuelvo el rostro hacia la parte trasera de la balsa mis ojos ven unos ojos fijos en los míos, unos ojos en los que todo un cuerpo se resume. Sobre el lomo del río cabalgamos hacia quién sabe qué abismo, pero él no tiene ojos sino para mirarme. La lluvia se adueña de sus rasgos y hace de todo él un espectro de agua en el agua, pero es un espectro de ojos brillantes cuya luz negra se clava en mi mirada y parece querer detener mi mirar, hacerlo un mirar muerto, fijo en aquel lugar de


Eso es lo que él no comprende, lo que no hay forma de hacerle comprender: que la marcha irrefrenable de estas aguas vivas pueden por todas las aguas que haya podido conocer antes. Que este río no es cualquier río, eso sí lo sabe. Acaso porque lo sabe me mira como me está mirando, como lleva mirándome desde que me recuerdo mirándole sobre los lacerantes troncos de esta balsa en cuya corteza queda ya más piel de nuestra piel que sobre nuestras propias carnes. Pero no comprende qué hay en estas aguas que me hacen desearlas incluso más que la bendita tierra de la que hace tiempo nos separan y nos alejan. En sus ojos no hay luz, pero encienden en los míos un fuego que me daña. Más que la lluvia, más que la fiera rugosidad de los troncos, más que la loca carrera del agua, incluso más que la inquietud que la tierra y el cielo me producen embarcado en esta balsa, ese mirar de sus ojos a través del agua y del viento y del ruido me atemoriza. Sin voz me dicen esos débiles ojos desfallecientes lo que las gargantas de un millón de atletas se atreverían a decirme a la cara. De todas formas, no hacen sino adelantarse a una decisión que ellos mismos animan con su mirada. El mundo es la cuenca de un fragoroso río en el que llueve salvajemente a todas horas. Mi vida se ha convertido en este sobrevivir entre aguas en la oscuridad. Percibo el movimiento, que me excita. Bajo mi cuerpo hay una

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quietud del que hace tiempo salí para ser yo mismo. Pero si sus ojos me convocan a esa mirada que nunca vi allí dentro y por la que suspiré después durante tantas horas que me la hicieron tan deseada, yo sé que salí de allí precisamente para saber si existía en verdad esa mirada, y no existía. Por mucho que me mire ahora este mirar arrasado en lágrimas no avanzaré hacia él, no haré ahora el camino inverso al que la fuerza del río quiere que hagamos, esa fuerza a la que no sé desde cuándo me he rendido.


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fuerza capaz de destruirme y que sin embargo ha preferido llevarme consigo hacia delante, siempre hacia delante, a una velocidad cuya magnitud soy capaz de medir en el temblor de mis músculos, en la tensión de todos mis tendones, en la presión de mis muelas contra mis muelas, mis propias uñas entrando en la carne de mis manos. Presa de excitación, no distingo ya el pánico del placer. Me dejo llevar por una experiencia cuyo verdadero y acaso único protagonista es el movimiento. No soy sino un ser que desfallece ya, obligado testigo de una monstruosa maravilla natural. El río. A veces pienso, si eso es pensar, que soy yo mismo el río. Y eso suma placer a placer. Hace tiempo que no escucho voces ni cantos ni sonidos que no sean el agua del río y el agua de la lluvia. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que no sabía ni lo que fuese un río ni un agua de lluvia que hiciese tal ruido. Que no es ruido pero tampoco ninguna otra cosa que pueda nombrarse con otra palabra sino ruido. Voces de aguas, aullidos, rugidos. También temblores, choques, estremecimientos. También el deslizarse continuo de un sonido brutal que acariciase muy dentro de los oídos. Es este tipo de caricia, porque lo es, lo que me tiene anonadado. Su presencia en mi cuerpo: ¿dónde se concreta? ¿Qué órgano afecta esta incesante sensación? A veces hay un punto. A veces es todo el cuerpo, su interior y su exterior, el que reacciona. Otras veces me siento insensible y entonces sí me asusto, como si despertase súbitamente de un buen sueño. Ahora mismo no sé si me he dormido, si desperté hace un momento y encontré como siempre sus ojos en los míos. ¿Qué imploran esos ojos hundidos, arrasados de lágrimas y lluvia? Acabo de saber, pues es saber, lo que tengo que hacer con ese de ahí atrás, con esa figura que amarga mis horas aún más que la terrible potencia del río. Cortaré las cuerdas que unen las dos partes de la balsa, cortaré las cuerdas y quedaré libre de él, definitivamente libre. Las corto y me da igual que grite o que llore o que me insulte, qué otra cosa iba a hacer. No puede ayudarme ni defenderme ni


desaparecer. Así que soy yo quien ha de hacer el trabajo.

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Ya está hecho, ya se aleja su imagen fastidiosa. Las olas de este río furioso hacen un subrayado espumoso bajo su mirada cada vez más humillada. Hierven las aguas y hierven sus ojos. He de hacer acopio de toda mi entereza para soportar esa mirada que se acaba entre burbujas y espuma. Ahora cae, ahora cae lentamente de la balsa y el agua lo engulle. El río es un animal que devora en un instante su famélica sombra de ojos enrojecidos. Se acabó. Hace tiempo que avanzan las dudas, tantas dudas entre tanta tormenta, pavor con pavor. ¿Y si quedó allí engullido lo mejor de los dos? ¿Y si era yo y no ese otro quien debió acabar en el fondo del río? Nunca lo podré llegar a saber. Remordimiento es poco: un tormento en las venas que asalta el corazón lo angustia, le hace bombear desesperado para multiplicar el tormento más y más hasta que parece que voy a estallar pero no estallo sino que sigo sufriendo el tormento en las venas que angustia el corazón que se ha hecho mi enemigo en medio de mi cuerpo, en medio del río, en medio de la tormenta, en medio de un mundo de tierra amarilla bajo un cielo negro. Y quiero morir.

Ilustra: Chema Agustín

Sobre las aguas, bajo las aguas, encerrado en estas aguas que son mi muerte, mi mortaja y mi ataúd, sigo viajando hacia quién sabe dónde, si es que hay un dónde más allá de la furia de estas aguas que me agotan. En este ataúd el río me lleva, este río que acaso es ya mi ataúd. Puedo sentir el movimiento, su movimiento, única sensación en la que ya descanso. Y el río me lleva...


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¿Qué pretendéis, y…, por qué tengo que ser precisamente yo?...Por qué repetís lo que bulle en mi cabeza…¡¡Queréis callaros de una vez!! Ya sé, queréis llevarme con vosotros al infierno, ¡me tenéis envidia porque soy más feliz que vosotros y queréis vengaros haciéndome a mí también infeliz! Pero no lo vais a lograr..., porque estoy pensando en volverme loco y no me vais a poder coger ni hacerme daño alguno: a los locos, como no saben lo que hacen, no les podéis hacer daño como sería vuestro deseo…Sí, eso es lo que voy a hacer, ya lo tengo decidido, ¡me oís!... Os voy a fastidiar bien, ¡eh!

CÓMO ME VOLVÍ LOCO 'FSOBOEP4JFSSB$PSUÏT Si encontrase un principio, escribiría algo…, algún texto aunque fuera corto, pero, por desgracia, hoy no me siento inspirado. Ahora mismo no soy capaz de pergeñar tres o cuatro frases seguidas y menos aún de elaborar una historia. Si fuese capaz de dar con solamente una pequeña frase para comenzar, ésta podría llevarme a otra y luego a otra más, para ir encadenando, como quien no quiere la cosa, un bonito relato. ¿Cómo sería? No puedo saberlo, no sé empezar. Podría ser triste, alegre, dramático, grotesco, anodino, interesante, divertido, aburrido…, no sé, como no encuentro un comienzo, nada puedo contar…, y es una pena, pues presiento que mi relato habría sido bueno…, por lo menos interesante.., y, sin lugar a dudas, digno. ¡Eso es! Digno. Tampoco puedo pretender que mi primer relato sea un dechado de perfecciones, pero un papel decoroso seguro que hubiera hecho. Es una verdadera lástima que sea incapaz de hallar tres o cuatro miserables palabras para empezar a escribir. Mañana quizás esté más inspirado. Lo mejor que puedo hacer ahora es irme a dormir y cuando me levante volver a intentarlo. Seguro que entonces se me ocurrirán un montón de frases y así podré elegir la más adecuada para iniciar una historia.

No vais a conseguir vuestro propósito pues voy a empezar ahora mismo a volverme loco y cuando lo haya logrado no podréis hacerme nada. -Esperad un poco, no me llevéis todavía… -¡¡Queréis dejar de ser mi eco!!...¡Me volveré loco!...¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! ¡¡Ja, ja, ja…, por fin. Ya estoy loco!! - Mirad, mirad mis cabriolas, ya veis que no estoy bien de la cabeza…, no me digáis que esto lo hace una persona en sus cabales, no os voy a creer…, o a lo mejor sí, como estoy loco… Leed si queréis mis pensamientos, a los locos se nos puede hacer todo lo que os venga en gana, no nos importa ¡para eso estamos locos!... Podéis manejarme a vuestro antojo; haced lo que queráis de mí, yo no me voy a oponer, y si me opongo da igual, como estoy loco….Repetid si queréis todo lo que pienso, gritadlo si os place todo lo fuerte que queráis, atronad con vuestra voz todos los rincones de la Tierra: gritad, murmurad…, o si lo preferís, no digáis nada. Ya podéis hacer de mí lo que os plazca, no debéis hacerme caso aunque proteste, grite o chille, sabéis perfectamente que mis protestas no tienen absolutamente ningún valor. Ahora estoy a vuestra merced y no debe importarme, y si me importa, da igual. Si todavía estuviera cuerdo, creo que ya podría contaros esa historia que no he podido escribir, ahora creo que ya tengo la palabra, una sola palabra…, era tan sencillo…, servía cualquiera… Por ejemplo, «azul», «música», o «luz» o «amor»:

Azul. Todo era azul. Color inmenso de cielo y mar. Puntitos pardos con cromatismos insinuados destacaban en la monotonía dominante balanceándose rítmicamente sobre las olas. Más Pero, ¿quién está ahí?, ¿quién habla?..., ¿quiénes sois?..., lejos, una línea continua separaba cielo y mar. ¿por qué repetís lo que estoy pensando?…,¿o acaso estáis Música. Sonidos esparcidos, ensartados en la armonía intentando leer algo que no existe?... No podéis, no hay universal. Discordes y anárquicos, sin la domesticación de un nada escrito…, ya os he dicho que me hacen falta un par de instrumento, un director o una partitura. Era la monótona y palabras para poder empezar y no las encuentro, ya lo he dicho antes, lo entendéis, ¿verdad? No puedo escribir nada siempre nueva sinfonía natural. Como cada mañana el concierto y vosotros tampoco podéis leerme, así de sencillo… Si lo comenzaba en los acantilados. Olas rompientes y gaviotas eran podéis hacer es que no sois hombres, tendríais que ser otra sus principales protagonistas. cosa: magos o brujos o acaso…, demonios. Tendríais que Luz. Creadora de formas y colores, de vida y alegría, tener poderes sobrenaturales, ser ángeles..., o santos, pero de dinamismo y volúmenes. Marco obligado en toda estoy seguro de que no lo sois. Ni los santos ni los ángeles causan sufrimiento y vosotros sí que me estáis empezando a representación. Poco a poco iba incrementando su intensidad hacer sufrir. Todos sabemos que la brujería no es más que una descubriendo un fastuoso escenario marino. patraña…., entonces vosotros tenéis que ser forzosamente… Amor. La gran palabra mil veces pronunciada y nunca demonios. A lo mejor sois varias legiones enteras de diablos. definida. Se intuía que todo este decorado no era más que una


Sí, ya veis, cualquier palabra podía servir, hasta las más humildes y anodinas, las hinchadas y grandilocuentes o los monosílabos descarnados.¡Valían todas!...Ahora lo sé y lamento no haberos legado nada, aunque hubiera sido una pequeñísima parte de mi espíritu para que al menos me hubieseis conocido un poco: ya veis qué deseos y qué sentimientos tan buenos tengo. Hubieseis compartido conmigo algo de mi vida, no soy tan egoísta como vosotros que queréis ser los únicos y por eso tratáis de eliminarme. Me habéis obligado a volverme loco para que no pudiera haceros la competencia. Ya no me asombro de que repitáis mis pensamientos, soy yo el que debe asombraros y divertiros, incluso despertar en vosotros una cierta compasión. Ahora que estoy loco podéis hacer todo eso y mucho más, cuanto queráis; y si no estoy de acuerdo, sabéis perfectamente que mi opinión no tiene ningún valor y hacéis bien en ignorarla, ¡De sobra estáis enterados de cómo tratarnos!...Hacéis bien en no hacernos caso… Posiblemente vuestra cordura se podría ver amenazada ante muchas de nuestras sinrazones. Todo vuestro edificio lógico podría venirse abajo poco a poco. Vuestro «sentido común», muchas veces artificial y lleno de convencionalismos se iría disgregando poco a poco como un azucarillo en el agua…, y entonces a lo mejor podríais llegar a mostraros como realmente sois de verdad. Nada tengo ya que perder, me habéis quitado lo que creéis más importante: la razón…, pero ¿realmente es lo más importante?..., ¿no sois vosotros los que no os cansáis de repetir que los locos somos felices?...¿Qué sabéis de nuestra vida para afirmar semejante abominación? Gratuita es esa felicidad que graciosamente nos regaláis. No sois capaces de dárosla a vosotros mismos porque sentiríais envidia unos de otros. Nosotros, todo ese inframundo del que formamos parte los chiflados, los tontos y los niños, sí que podemos recibir esa felicidad, puesto que apenas tenemos eso que os es tan caro… ¡Qué bien compensado está todo!...A los idiotas y perturbados nos queda, a falta de razón, la felicidad para consolarnos. Y a los niños también, pero ¡qué sabéis vosotros de las hondas penas infantiles! No las veis porque las miráis con ojos tan manchados que necesitan cada vez visiones más horrendas e inconfesables para conmoveros…Haceos niños, intentad pensar como ellos, en lo inmediato, en lo simple, en lo primitivo y, quizás entonces, tengáis una ligera idea de sus sentimientos y emociones. Conoceréis la amargura del menosprecio, la rabia que nace de la rebelión ansiada, pero siempre vilmente reprimida, el miedo, las severas normas «paternalistas» a las que se ven continuamente sometidos y que deben de acatar ciegamente aun sin comprenderlas… Si de verdad queréis comprenderlos pensad en ellos como lo que son, sólo niños. Y ahora ¿qué opináis de nuestra felicidad?...pero…qué estoy diciendo, perdonadme, me había olvidado, por favor, no tengáis en cuenta nada de lo que estoy diciendo. No sé para qué hablo, escribo o pienso, ¡qué más da ya! Los locos no somos dignos

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manifestación de él. El amor lo englobaba todo y era además, algo más…, algo que insuflaba un hálito vital a todo el conjunto, haciendo que todo concordara armoniosamente…


Ilustra: Mercedes Pascual

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de ser escuchados, nada de lo que hacemos o decimos debe ser tomado en consideración…, eso lo sabéis vosotros mejor que yo, el que os lo recuerde otra vez, es una prueba más de mi incapacidad… todavía no he aprendido la lección…, y es que nosotros nunca aprendemos las lecciones. Todos los esfuerzos por enseñarnos resultan baldíos, ya sé que lo sabéis, y comprendo vuestra postura inhibitoria ante nuestra educación, ya sé que no merece la pena que malgastéis vuestras energías en ello y os justifico cuando nos lanzáis esas miradas de reproche, entre condescendientes e irónicas, que paralizan completamente nuestras hipotéticas ansias de saber. Hacéis bien en hacernos comprender lo vanas e impropias que son nuestras aspiraciones…¡Qué loco más compresivo soy!...Pienso que mi comportamiento bien merece un premio, una medalla…, una de esas que acostumbráis a dar a quienes teméis o a aquellos que os pueden servir en alguno de vuestros manejos…. Estoy seguro de que nunca os habéis topado con un loco tan educado, comprensivo y tan modoso como yo…, claro que puede ser que sólo sea al principio; recordad que soy un loco «recién estrenado», a lo mejor, cuando vaya adquiriendo «solera», me vuelvo peor…¡Quién sabe!...¿Vosotros lo sabéis acaso?... Seguro que sí, ¡sois tan sabios!... Preguntad si no a los psicólogos y psiquiatras, nuestros ángeles guardianes, puede que quizás ellos tengan la respuesta…, aunque ya sé que si no os satisface no la vais a tener en cuenta. ¡Hacéis bien! Tenéis ya la solución para todo lo que concierne a nosotros. Nuestros actos no tienen la menor importancia porque no están regidos por la diosa razón. En consecuencia: ¿qué os importa lo que podamos pensar, sentir o desear? Se nos puede explicar perfectamente con unas pocas palabras, acaso las mismas que no he sido capaz de encontrar y por las que me encuentro en este estado: «Déjalo. El pobre está loco».


BAJO LOS PALOS +VBO)FSSBO[ Nunca entendí ese extraño gusto por colocarse bajo la portería en el patio del recreo. Mientras todos los chavales corríamos hacia el campo, sin miedo a partirnos los huesos, abrirnos brechas y rompernos las gafas, Juancho andaba tranquilo en dirección a la portería pintada en tiza sobre la pared del recreo. Durante su firme caminar, se colocaba pausadamente sus viejos guantes oficiales, con los que detenía balones imparables porque alargaban artificialmente el tamaño natural de sus manos. A Juancho le gustaba el fútbol. Sin embargo, estaba incluido dentro de ese escaso porcentaje de gente a los que les encanta ser portero. En la escuela la estadística siempre se reducía a la hora de encontrar un buen guardameta. Se hacía muy difícil, aparecía en una proporción inferior al número de zurdos, cojos, mancos o miopes que pudiera hallarse en cualquier aula. Los chicos de Tercero B tuvimos suerte. Ya podía lapidar la dura sorna o llover a cantaros, Juan siempre se ubicaba tranquilo bajo los palos. Como máxima protección se ajustaba su gorra del mundial 82, bajo la cual nunca se discernía su mirada. Únicamente por un gesto de sus labios podías entender que disfrutaba siguiendo el transcurso del juego. Se desplazaba a saltitos, en cuclillas, atisbando, entre los remolinos de piernas de los jugadores, su objetivo más preciado: el esférico, como lo llamaban los locutores en las retransmisiones del domingo. Juancho destacaba por su tranquilidad, y en esa especie de seriedad se escondía. Sólo le veía sonreír abiertamente cuando atrapaba un balón y alguien gritaba: «¡Buena parada, tigre!» Por eso, creo que la fecha más triste de Juan se señaló la tarde en que abandonó todas las porterías del mundo. Ocurrió un caluroso sábado. El partido final de la temporada se fijó muy temprano, a las tres de la tarde en la pista central del pabellón deportivo. Yo acababa de meterme un buen plato de macarrones

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y mi estómago pesaba como un saco de patatas. Aunque sólo jugué cinco minutos, sudaba a cantaros. Me alegré de que concluyera el partido con empate a cero, por mi cansancio y por mi fe ciega en los guantes de Juancho; la tanda de penaltis nos daría la victoria de la temporada. Así lo sentía, con esa seguridad infantil en un padre, o en un ídolo. Pero el otro portero no era manco. Al ver cómo se arrojaba hasta la base del poste en el primer penalti ya no me animé a lanzar desde el punto fatídico. Y menos mal que no tiré. Aquella ronda de penales fue la más sorprendente que he visto nunca. Todos los jugadores fallaron los primeros nueve disparos. Antes del último lanzamiento, Juancho pasó a mi lado para dirigirse a la puerta, una portería de las de verdad, con postes metálicos y red al fondo. Le animé: «¡Venga, tigre!». Poco después volvía a verlo entrar en escena, desde esa distancia que separa la acción de la cómoda reserva. Para el último intento, Juancho ejecutó sus movimientos habituales, esas oscilaciones de cadera que habría visto a Vitaller o que simplemente le disponían para el salto del tigre. El lanzador contrario, un corpulento defensa que se había dedicado durante todo el partido a empujarnos y amedrentarnos, apoyaba sus manos sobre sus caderas, con el pie derecho deslizando levemente el balón, esperando a que el árbitro diera la señal. Cuando el pito sonó, aquel chico anduvo hacia atrás para coger carrerilla. Se lanzó como un toro y chutó con todas sus fuerzas. Juancho la paró sin problemas. «¡Tigre!» grité incorporándome en un alborozado salto. Desde mi ángulo no pude discernir cómo aquel condenado esférico se colaba bajo el sobaco de nuestro portero. Cuando vi el balón alojarse lentamente en la malla, girando sobre sus pentágonos negros, con mala sangre, con ironía, volví a sentarme desarmado; igual que yo, el resto de los chicos. El otro banquillo quedo desierto, sobre éste,alguna chaqueta de chándal quedó en suspenso en el aire, su propietario había saltado hasta el centro del campo para celebrar la apurada victoria. Mi vista recorrió caprichosa todo el campo, aquel cuidado terreno cubierto del pabellón municipal, nuestro Bernabeu particular. Al final mi visión se detuvo en Juan, permanecía tumbado, casi en la misma posición en la que inicialmente creí que había detenido el balón. Su gorra bien ajustada mantenía con decoro la imprevisible mueca de la derrota. Hay que ser de una pasta especial para ser portero, siempre se ha dicho. Aquel día la pasta de Juancho se deshizo como plastilina. Nunca más se colocó los guantes y el grupo de amigos de Tercero B se quedó sin arquero oficial. Desde entonces nuestros partidos en el recreo se disputaron en medio de continuas broncas por dilucidar a quién le tocaba colocarse bajo el marco de tiza. Por supuesto, ante el desconcierto generado, nunca más jugamos una final del pueblo. Poco tiempo después de aquella final, España se enfrentó a Francia en un mundial, o una Eurocopa, ya no me llega la memoria. Tan sólo recuerdo con certeza el momento en que Platiní lanzó un penalti, tal vez una falta. Arconada también


Ilustra: Victor Mújica

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detuvo el balón en primera instancia, hasta que su propio cuerpo cayó a peso sobre su axila, aplastando el balón, dándole como única opción la puerta hacia dentro. «!¿Dónde vas tú ahora?!» Preguntó mi padre entre fastidiado por la cantada y sorprendido por mi repentina prisa. Le contesté que tenía que llamar a un amigo. Cogí el teléfono del pasillo y llamé a Juan. «¿Has visto, Juancho? Arconada, tío, Arconada». Con aquellas palabras sin sentido quería expresar muchas cosas: que hasta los mejores fallaban, que se diera otra oportunidad, que todos deseábamos que volviera. Sin embargo Juancho, el tigre, nunca volvió a enfundarse los guantes. Nunca entendí su actitud, y, tras conocerle, siempre he ratificado que los porteros son tipos peculiares. Sinceramente, sigo sin compartir esa pasión del arquero. Hoy, cuando contemplo un partido en el campo, pienso en el contradictorio deseo macabro que gobierna a estos jugadores definitivos. Una parte de sí ansía mostrar sus capacidades, y para ello necesitan el peligro, que un jugador contrario chute a puerta. Mientras ellos se lanzan a por el balón, los corazones se contraen de puro miedo, los porteros juegan con eso. Debe ser una sensación peculiar, sin duda. Amantes del morbo, del juego al borde del precipicio. Voluntarios que salen a la pista del circo para regocijarse cuando el cuchillo se estampa a su derecha, en la diana. Pero hay un problema básico para este puesto, cualquier jugador puede hacer un pésimo control, perder el balón en un mal regate, incurrir en fuera de juego, cometer una falta. Un portero no puede fallar. Por eso no cualquiera vale para colocarse bajo los palos. Juancho lo entendió demasiado pronto, quizás antes de que su personalidad madurara y llegara a adquirir la fortaleza que necesitan esa clase especial de personas. Aquellos que, sin saber muy bien porqué, mientras el resto de los chavales corren, se dirigen a paso lento a colocarse bajo un marco pintado con tiza.


89/BSSBUJWB 'FSOBOEP1ÏSF[.BT Aquel día se levantó con ganas de no hacer nada. Había remoloneado por la cama y tenía la impronta, aún visible, de las sábanas en su rostro. Con voluptuosidad se desperezó y pensó que un día como aquel no se podía desaprovechar. Tenía ganas de salir, de hablar con la gente, de sonreír y de ver cómo los enamorados se besaban detrás de los setos del parque. Tenía ganas de vivir, de gritar, de rozar la piel de su amada, de poseerla y volver a rozar su piel anacarada. Se sentía pletórico, lleno de vida. Tal vez, pensó, mientras el agua de la ducha lo terminaba de espabilar, María estaría en esos momentos preparando el café o tal vez fumando en la cama, mientras las volutas de humo se difuminaban y desaparecían por la puerta abierta de la habitación. Necesitaba la palabra amable y el beso acogedor y en aquel momento decidió que tenía que volver a encontrarse con María. Mientras se secaba, con lentitud, demorándose entre los dedos de los pies, insistiendo bajo las axilas con la vista perdida entre el vapor, recordó que unas simples palabras, un gesto displicente y no meditado, una caricia olvidada fueron la causa de la ruptura. Era todo demasiado fácil, eran como almas gemelas unidas por un vínculo invisible. Los silencios no se pactaban y entre ellos la simple miraba bastaba para conocer los más íntimos secretos del otro. Poco a poco, aquel amor fue creciendo entre las barras de los bares y las copas del licor del olvido. De aquel encuentro fortuito en las calles de Madrid una noche fría e inclemente, de aquellas primeras palabras y de aquel primer beso surgió una relación cada vez más fuerte y

Ilustra: Pilar Longas

LA ETERNA SONRISA

vital. Eran una fuerza contenida que había encontrado, por fin, una vía de escape. Sus encuentros se fueron haciendo más frecuentes y temerarios. Se necesitaban y sin poder resistir las miradas inquisitivas de los otros, se refugiaron en el enorme piso de María. Un piso heredado de sus abuelos, de techos altos y enormes molduras barrocas. Se perseguían por estancias cerradas, desenfundaban los sofás de seda, cubiertos todavía por sábanas que empezaban a amarillear. El sol, que con dificultad se filtraba por aquellas ventanas, dibujaba extraños arabescos sobre los parqués milenarios. Y jugaban entre brillos de plata y los destellos de los grandes espejos. Las horas en el trabajo se dilataban interminables. Y el crepúsculo que tiñe de púrpura los tejados de Madrid era el preludio del deseado encuentro. No necesitaban de nadie para ser felices. Las noches se unían con los días y demoraban sus salidas hasta que tenían que comprar comida. Hasta esto les parecía prosaico y vulgar. María, habituada a los lujos, a la buena mesa, a los Etros y a los Patek, a los Jaguar y a los Louis Vuitton, se dio cuenta de que no necesitaba nada de todo aquello, y como las personas que todo lo han tenido, se desprendía de todo con la elegancia de quien está por encima del bien y del mal. La sola presencia de Manuel le bastaba, sus besos eran el mejor caviar y sus caricias la excitaban más que la coca. Siempre descubría en el cuerpo de María rincones nunca antes explorados. Manuel sabía cómo demorar el momento deseado, sabía recrearse en los pliegues más ocultos, aspirar el olor a lavanda de sus axilas, palpar los pechos


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turgentes, lamiendo los pezones erizados. Palpitaba aquella carne dispuesta al contacto más íntimo y sutil. Y a la luz del fuego que crepita en aquella chimenea vetusta, conoció los cambiantes tonos de su piel. El blanco anacarado de sus tobillos, el lechoso blanco de sus brazos, el impúdico blanco de sus muslos. Sus cuerpos se unían en un abrazo tumultuoso y los querubines de los techos miraban insomnes cómo los amantes gemían y se fundían sus cuerpos exaltados, indiferentes al ruido que les llegaba desde la calle. -No necesito nada, le susurraba al oído. Siempre seré una Ponce de León y Rodríguez de Valcárcel, con mis brillantes o sin ellos, con mi Porsche o sin él. Manuel no habituado a aquellos lujos, deslumbrado por aquellos alardes de riqueza, se sentía como un pájaro perdido entre las tinieblas; aquella vorágine lo había asustado. Hasta que descubrió que aquella mujer de profundos ojos glaucos lo había cautivado. Descubrió que tras aquella fachada de seguridad se escondía un alma perdida y solitaria. Una noche, mientras la luz de la luna cubría sus cuerpos desnudos, intuyó que aquella sería la última que pasarían juntos; la novedad se había convertido en rutina. Nada satisfacía a aquella mujer, se había desvanecido la corriente de afecto que los mantenía unidos. Manuel era sólo el semental bien dotado que satisfacía las ansias de carne de María. María dormía plácidamente y en su muñeca el Patek, que nunca se quitaba, marcaba las doce. Aquel Patek, decía, la mantenía unida a su padre, era el único recuerdo que conservaba. Manuel, no quería ser el albacea de confidencias ajenas, de confidencias que lo atarían a un destino que no era el suyo. Inmerso en un mutismo sin fisuras dejó fluir aquellos descargos de conciencia. Aquel día el humo se iba espesando en torno a las facciones de María, que hablaba como poseída por un espíritu maligno. Mi madre murió de cáncer cuando yo tenía seis años y padre vivió a partir de aquel día sin rumbo, como un barco a la deriva que se aleja de la costa sin posibilidad de retorno. Recuerdo sus mocasines italianos, su rostro de perfil griego, sus trajes a medida y la cintura que hacía suspirar a las amigas de mi madre, recuerdo sus risas cuando me aupaba sobre sus hombros y el perfume limpio de sus cabellos. El Porsche que le regaló mi madre el día que se casaron, se empotró contra la tapia de una carretera de Extremadura, se iba a cazar a la finca de mis abuelos, se aburría en la junta de accionistas y escapaba de aquel ambiente opresivo, descargando su furia sobre las perdices y ciervos. No pude verle la cara, no pude acariciar sus cabellos ni jugar otra vez con sus largos dedos. Lo trajeron dentro de una caja de cinc y me dieron este reloj que todavía funcionaba. Fue lo único que se salvó del accidente. Aquel reloj de oro lo había comprado mi madre. Fueron una tarde a Aldao, todavía eran novios y no podía el novio de una Ponce de León ser lucido en las fiestas de la jet sin

su correspondiente uniforme reglamentario. Aquel pobre ingeniero de notas brillantísimas y buena planta se transformó en un perfecto caballero. Las mejores familias se disputaban su compañía y pronto aprendió a apreciar los buenos vinos y los mejores coches. Mi madre lo lucía y se pavoneaba de su marido delante de todas sus amigas. Y sus amigas miraban con lascivia mal contenida cómo se marcaba el culo de mi padre dentro de sus pantalones bien planchados. Manuel se dio cuenta de que él era también un juguete en manos de María. Era su pequeño bufón de buena planta y mejores polvos. Era el maniquí vestido de Ferragamo y Prada, que sabía sonreír y deslumbrar a las mujeres con anchos pectorales. Perder a María sería como perder su vida, sería volver a entrar en un túnel sin salida. Sería volver a las noches oscuras sin más compañía que la de los cuerpos comprados a bajo precio. Era volver a las noches donde afloraban los instintos más arteros y solitarios. Consuelos bastardos, monótonos a los que se recurre con dolorosa insistencia. Desahogos fáciles y privados, y a la postre poco reconfortantes. Sintió como si una mano arrancara sus tripas y pensó que iba a morir, le faltaba la respiración, el corazón le golpeaba con furia, con rabia. En aquel momento, sin poderse contener depositó con fuerza la almohada sobre el rostro que plácidamente reposaba a su lado. Cuando dejó de luchar, cuando el último hálito de vida se escapó de aquel cuerpo, Manuel quedamente sollozó. Tenía que ver a María. Aquella mañana el sol brillaba sobre los tejados de Madrid, la primavera se asomaba, tímida aún en árboles de los parques y Manuel se vistió con la camisa que habían comprado en París. Eligió con cuidado la corbata y se dio brillo a los zapatos. Ella seguía allí, en el salón de aquel enorme piso heredado de sus abuelos. Sentada en el sofá de seda, con la eterna sonrisa que nunca se borraría del rostro. El Patek seguía marcando las horas puntual, insensible al paso de las horas y de los días. Y en la muñeca inmaculada de María el oro brillaba con una fuerza telúrica. Había sido un buen trabajo, tal vez el mejor. Manuel, de profesión taxidermista, se había superado. Era su obra maestra. Con cariño acarició sus mejillas un tanto pálidas y le dio los buenos días.


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(Notas biobibliográficas)

La poesía establece una

grieta en el lenguaje y explora las posibilidades del pensamiento como forma de reflexión sobre el mundo.Crea espacios textuales que permiten infinitas interpretaciones en la imagen y constituye un caudal inagotable de hondura estética y emocional.La palabra se reproduce a sí misma, se transforma en algo valioso, dispuesta a ser tocada.

Tú, palabra de mi boca, animada de este sentido que te doy, te haces mi cuerpo con mi alma. Juan Ramón Jiménez

----------------------------------------------------------------------Rosendo Tello nace en Letux (Zaragoza), en 1931. Es catedrático de Lengua y Literatura Españolas y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. La creación literaria de R. Tello se distingue por su producción lírica. Tras la publicación de sus dos primeros libros. Ese muro secreto ese silencio (1959) y Fábula del tiempo(1969), su obra en verso se vertebra en dos pentalogías. A la primera pertenecen Paréntesis de la llama (1970-1975), Libro de las fundaciones (1972), Baladas a dos cuerdas (1979), Meditaciones de Medianoche (1982) y Las estancias del sol (1990). La serie viene a describir un recorrido simbólico del poeta al encuentro de su ser en fusión con la naturaleza y la historia de su tierra; recorrido en sucesivos viajes al centro de la tierra, al mar, por los infiernos de la existencia hacia la Montaña de la iluminación. La segunda serie comprende: Más allá de la fábula (1998), Augurios y Leyendas (2000), Confesiones en vísperas de Domingo (posterior a los anteriores, pero publicado en 1996), Hacia el final de laberinto (2005) y Consagración al alba (publicado un año antes, 2004), en correlación estrecha con la primera etapa. De la fabulación mítica se desciende, en la segunda etapa, a un orden de obsesiones más realistas, en consonancia con la decadencia y declive de la edad. La obra poética de Tello se publicó en Prames, en 2005, con el título Obra poética reunida (1959-2005). El poeta ha simultaneado la creación literaria con el ejercicio de la crítica en distintos colectivos, revistas y periódicos. Recientemente acaba de otorgársele el Premio de las Letras Aragonesas, refrendo de toda una vida dedicada a la poesía.-----------------------------------------------------------------------


¿De dónde llega ahora, inesperada y alta, esta serena plenitud? Un sol ebrio y gozoso se lanza, dando tumbos, por todos los caminos, y hay un clamor de cosas que se sienten al fin reconocidas en la gracia risueña de sus nombres, en su espacio sin tiempo, en las primicias de su revelación. Voy a ver, a ver y a saludar al mundo que ahora llega, un mundo virginal aún no pensado ni vivido y que aún no conozco, con cortejo de nubes alazanas, doradas azoteas con sus ladrillos verdes verdeantes y sus rejas de oro abiertas frente al mar. Voy a decirle ahora que estoy aquí esperándole y que estoy preparándome para ese largo abrazo de la luz y la sombra, en los festejos de mi conciliación. No tardaré como en los lentos días de mi espera. Atento estaré a los rumores, a las palabras libres que no mienten, a las dulces tormentas de la sangre, a los graves avisos que me llegan de allá, del lugar del que vuelven los amores perdidos, de la tierra en que cesa de golpear el mundo. De allá donde la luz se da de frente con el alma y empiezan a cantar, invisibles, los pájaros azules que nunca oí cantar. Aquí estaré esperando, mas no sabré que estoy, pues otro más seguro, más fuerte y poderoso, de mí recién nacido, alimentado al fuego de mi perseverancia, habrá de adelantarse a estar por mí, como en el tiempo aquel glorioso y soberano en que el amor hablaba y ponía los nombres a las cosas que hablaban. Y todos, habladores; todos, fabuladores, animales y cosas y hombres, de mirar extasiados, romperán los espejos y callarán al verse de frente y de rodillas en la serena luz, en la restablecida intimidad del tiempo. El tiempo que ahora llega y resplandece en esta palpitante y serena plenitud.

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SERENA PLENITUD


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LA LENGUA DE LOS DIOSES

Fascinante y terrible es el lenguaje humano, oscuro y balbuciente a un mismo tiempo, pues no acierto a expresar sentimientos que un día me conmovieron tanto. Así desconocemos aun lo que más amamos. Si el amor me enajena y me pongo a cantar, la sangre me transforma la voz y el corazón y me siento heredero de una lengua perdida, la que hablaron los dioses, la que sopla en mi oído su inspiración de fuente. Mas si el canto se nubla y se apaga el sonido, la música que funde sentimiento y palabra, se entenebrece el mundo y entro en el claro ausente del pensamiento abstracto, como se entra en la tierra de la cal y el olvido. Olvidamos la lengua un día familiar, que, dando vida al signo y voces transparentes a las cosas, hizo de lo sagrado asunto cotidiano visible lo invisible, real y verdadera la existencia de un mundo que aún no ha sido soñado. Seres que tanto amamos y nuca comprendimos, rosas que la luz besa y mañana se mustian, la nieve que decora las pasiones humanas, los pasos silenciosos que mide el corazón ya son eco lejano, vuelo del pensamiento al fondo de un espejo. Hay palabras hermosas con las que designamos cuanto no comprendemos: gracia, amor, poesía, palabras que dibujan la sombra de los pájaros o el resplandor del agua, el fervor de la fuente o la forma del aire. Mil lenguas no podrían expresar el enigma del sueño del amor o el sentido del sueño. Tratando con las cosas no acierto a darles nombre, deseando me pierdo en un mar de arrecifes; así que toda lengua me lleva a un territorio inexplorado aún, donde sólo es real el silencio que mentan el olvido y la muerte. Fascinante y terrible es la lengua del hombre, pues, surgiendo del claro en que hablaron los dioses, al rozar nuestros labios brilla y desaparece, aparece y se oculta, nos llama desde lejos y nos burla cegándonos los ojos con el reflejo de sus resplandores.


Había sido todo dispuesto con amor antes de mi regreso. El cielo suspendido con las nubes varadas en sus calas azules, cielo bajo de un día renaciente y sol joven desnudo en la ladera que daba sombra al río. Dejaba de cantar el ruiseñor del alba y la luz, de mirada elemental, tejida con el mirar radiante de mis ojos abiertos a la infancia, destellaba en su fuente. Dormido como estaba bajo el árbol frondoso del amor y la vida, no oía yo otra cosa que el sonido purísimo del corazón de un tiempo aún sin vivir, ajeno a la traición de cualquier experiencia, con la mañana dentro del sueño de la luz. Mañana silenciosa en que pronto se oirían pasos de un caminante que habría de venir a despertarme un día y ocupar mi lugar. A la hora en que bajan a la fuente cantando las mujeres, por sendero de rosas, después de haber oído al pájaro del alba. Alguien silbaba lejos. Conozco ese silbido y esa manera extraña de despertar del sueño a los que andan dormidos, de cambiarles el paso, de doblarles la voz y el corazón y transformar los vientos de tormenta en aire familiar. Desperté en el momento en que aquel ser extraño que venía de lejos, caminando en mi sueño y madurando en él, llegado de una tierra donde el cielo enloquece, se tendió a descansar para soñar el tiempo que quedó sin vivir. Yo fuera y él ya dentro, contemplándonos cara a cara, sin pronunciar palabra, en el instante lúcido de entrar a renacer. Se oía una canción no sé si son de un ave, voz o llanto de niño o sonido del río que suspiraba al aire de la mañana, con el sol moreno bañándose en la fuente. Los pájaros volaban alrededor del monte, resplandecían todos los caminos y en el cielo doblaban las campanas.

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REGRESO A LA FUENTE


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Nacido en Tarragona en 1943. Estudios universitarios: Ingeniero Industrial en la Universidad de Barcelona. Primer libro de poemas Los círculos del tiempo. Colección Devenir de poesía (Madrid, 1998) dirigida por Juan Pastor. Traducido al árabe fue publicado por la Institución Universitaria para las Civilizaciones (Madrid-El Cairo, 1998) Versión en catalán, inédita. Segundo libro de poemas Hacia la mar de ítaca se publica en Huerga & Fierro Editores (Madrid, 2002). Poemarios inéditos: Museo de soledades y Antífonas para un cántico. En prosa: Un camino de santiago para no olvidar Edición no venal (Zaragoza, 2003). Ha publicado poemas en la revista literaria Turia. Ensayo y relato en Criaturas Saturnianas, revista de la A. Aragonesa de Escritores. Colabora en diversas publicaciones jacobeas: revistas Peregrino y De monjes y peregrinos, y en el boletín informativo Caminamos a Santiago. Premio 2005 José María Savirón a la Divulgación Científica.

Poemas publicados Homenaje A mis padres.

Olvidadas vidas. Parecen que no fueron Pero estoy aquí.

Epílogo Todo en el tiempo pasa en sucesión de círculos ondulando la tersura del espacio, uno envolviendo a otro, mientras el último se desvanece en el infinito anillo del olvido. Del libro Los circulos del tiempo. Colección Devenir de poesía (Madrid, 1998) (Primer y último poema)

Poema LVIII Nos quitamos la ropa mientras subíamos, había que despojarse de todo y llegar desnudos de ataduras a tu encuentro. ¿Para qué queríamos el vestido impuro si conoces como somos? Cuando te sentimos cerca, nos cubriste con un velo tibio. Así quedamos, esperando que nos penetraras con tu rayo de tiniebla, hasta el dolor del amor en el sueño. Del libro Hacia la mar de ítaca. Huerga & Fierro (Madrid, 2002).


Beatae illae

En la madrugada del 13 de marzo de 2004

¿Qué fue de ti, soledad, en aquellas ciudades imposibles? Corriendo a consumir la vida entre ruidos de motores y sirenas, con hirientes disparos virtuales en la imagen continua de las pantallas.

Tu pena acompaña mi noche entre las sombras del sueño. Siguen cayendo tus lágrimas, y mis ojos no pueden cogerlas.

¿Qué fue de las ciudades que dejaron de ver la luz? Si en ellas no se sueña, ni se ven estrellas, el sol molesta y nadie sabe cuando la Luna les vela. ¿Qué fue de la vida en su breve inmortalidad, de tantas promesas al nacer, de aquellos regalos de la primera luz? ¿Qué fue de su historia que nadie quiso guardar? ¿Qué fue, de aquellas ciudades imposibles? Soledad, de ti, qué fue.

Era la pena de muchas penas, de muchas noches caídas a las que no volverá el día. Y te sientes sola en tu casa cerrada. Y la angustia te cubre. Manto invisible de luz dolorida. Te acompaña mi insomnio que llega lejos hasta tu casa vacía.

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J.María Barceló


Pedro Emilio Gómez

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POETA ADENTRO Tuve amantes que confundían el amor con la pasta de dientes. Las hubo que albergaban fragmentos de cilicio o una mueca románica en el sexo. Mas conocí también la autoridad de un cuerpo hermoso independiente silencios de una piel tumultuosa. Amantes que sabían duplicar la juventud y el sida (con alguna de hurañas apariencias rocé el Adán del paraíso). Pero tú estabas honda y siempre.

Sumido en la belleza de las sílabas -inaccesibles confidencias interiores a la luz más oblicua del lenguajenunca sudó mi mano el sudor colectivo de otras manos, jamás nombré «exterminio», «Sarajevo», «tortura»..... ¿Es genocida mi silencio? ¿Acaso las víctimas no son mis acreedores? Si gané la palabra he perdido la voz. Ahora lo siento. ...... y se quedó esperando para siempre Cesar Simón

Ahora que no estás nunca me faltas. Sucedes a través de lo desconocido: el átomo infinito la dulzura sin dueño.... Has dejado en mis manos un hueco de paloma que respira.

Poema incluido en el libro Sílabas Blancas


Ilustra: Marta Soria

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Ignacio Escuín Borao

Gris es el color de los días tristes la mirada perdida de un escritor que me persigue en sueños y en la vida supongo. Gris es el color de las heridas producidas por el tiempo y ya borradas, o al menos, en un intento, olvidadas, y que retornan hasta atenazar tus músculos y enviarte al vacío, a los días de lluvia, a la mirada perdida de los sueños y a la ropa blanca, demasiado blanca, que gracias al roce y al sexo libre queda ya manchada. Gris como tu vida y aquellos días en Londres o la imagen inmóvil de la lluvia de tres días en Nueva York sin dejar que los problemas cruzaran el océano. Los ojos de Pilar y una enorme gama de tonalidades que cercanos a la vida van de la alegría a la desdicha pasando por el amor, la bendición de los días fríos de otoño, la mirada perdida de un escritor que te persigue en sueños y te atrapa.


Marrón como la letra o son los ojos de aquella mujer que prefirió tu compañía a la mía por una cuestión tan simple como no romper las tradiciones, las sanas costumbres adquiridas mientras tú besas y yo me entrego al marrón suave del ron en su mezcla necesaria y justa con los cítricos. Como cada noche, como cada uno de los días que rompo lanzas y me sueño valiente hasta que aparece la vida tal cual es, la mirada del cazador herido, los ojos de Pilar, la sangre reseca vertida sin motivo y, en fin, las tardes de otoño de hojas caídas, pisadas y guardadas luego en bolsas demasiado grandes para ser llamadas bolsas pero que poseen el nombre igual que tú tienes los besos y yo más heridas y rechazos que copas mezcladas y bebidas en una noche, y ya es decir, pues igual que sólo existo cuando me lees, sólo te resisto en la ebriedad.

Ilustra: Marta Soria

Poemas incluidos en su libro inédito Couleur, que se publicará próximamente en Prensas Universitarias de Zaragoza, 2007; dentro de la colección “La Gruta de las Palabras”.

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Ignacio Escuín Borao


José Ramos LECCIÓN DE HISTORIA

I. Dibujar enorme en la pizarra una cruz gamada. Localizar en el mapa la ciudad de Auschwitz. Situarse en los coletazos de la 2a guerra mundial. II. Trasplantar al alumno al ambiente del campo con su Arbeit Mach Freit, las púas electrificadas, las letrinas malolientes al aire libre, los crematorios y las cámaras de gas, el incesante caer de los copos de nieve. Introducirlo en un barracón, y por una rendija del tiempo, en el simulacro de vida allí dentro. Esqueletos en uniforme a rayas, pelados al cero, trabajando a destajo, peleándose por un mendrugo de pan, en ratoneras hacinados. Golpeados, degradados y como cerdos tratados. III. Ante una diapositiva de la vía muerta imaginar in situ, la llegada desde Holanda, Francia, Hungría, de un tren con vagones para ganado atestado de judíos, cualquier gélida mañana del 44. Sobre el andén, rememorar la escena de la ruleta. La ruleta de la vida y de la muerte. A la izquierda, palpados sus músculos, las bestias de trabajo en el campo, muerte diferida, muerte gota a gota. A la derecha, los inservibles, los viejos, los niños, los tullidos. Con el pretexto de la ducha en rebaño e inmediatamente gaseados.

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Después de Auschwitz ya no es posible la poesía.


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IV. Y así varios trenes al día, decenas de trenes en un mes, hasta el exterminio de más de un millón de seres humanos. V. Para romper del todo la costra de incredulidad aún pegada a ciertas miradas, proyectar 3 ó 4 diapositivas nada inocentes. La ropa de los recién gaseados en sus imponentes y siniestros montones. Unos cuantos cuerpos, macabro revoltijo de tibias y fémures sobre una carretilla, a punto de ser arrojados a un horno crematorio. Las montañas de cadáveres descubiertos en las fosas, faltos de tiempo para ser incinerados. VI. Hundir al alumno en el remolino del horror. Escuchar los pitidos de las locomotoras, los ladridos de los perros. Taparse la nariz para no oler el olor a vómitos, a letrinas, a la pestilencia de las chimeneas crematorias, aquella pestilencia masticable que flotaba sobre el campo como una niebla de muerte. Taparse las orejas para no oír los aullidos y los gemidos en las salas de gas. Ponerse de pie. Guardar un minuto de silencio. Llorar... VII. Explicar la significación de genocidio, holocausto y el sentido profundo de ciertas expresiones: “El hombre es un lobo para el hombre”, “Después de Auschtwitz ya no es posible la poesía.”

VIII. Hacer que los alumnos uno a uno se acerquen a la pizarra y borren un trozo de cruz gamada. Hasta su desaparición. IX. Visionar La vida es bella, El Pianista. Recomendar la lectura de Anne Frank o Primo Levi.

José Ramos


José Ramos ¿RECUENTO MACABRO? En barbitúricos se intoxicaron Pavese, la Pizarnik, Reinaldo Arenas.

La morfina en dosis de caballo dulcificó quizás las postreras miradas de Jack London y Walter Benjamin Cirróticos y el hígado machacado, borrachos ciegos, esperando que en la otra orilla tampoco les faltara el lingotazo, abandonaron la escena Allan Poe, Dylan Thomas, Malcom Lowry. Desde un puente del Sena se tiró Paul Celan. En el río Ouse, cerca de su casa, de pedruscos los bolsillos llenos, se hundió Virginia Wolf. Con arsénicos y cianuros, a mejor vida pasaron Stephan Zweig, Horacio Quiroga, Chatterton. El haraquiri se hicieron Salgari y Yuko Mishima. Maupassant, tres veces el degüello ensayó. Silvia Plath introdujo la cabeza en el horno casero. Kennedy O’Toole aspiró en el garaje los gases de su coche, agarrado al manuscrito de La Conjura de los Necios. ¡Estremecedor Gabriel Ferrater! En su trigésimo cumpleaños, a bombo y platillo lo anunció. No celebraría jamás los 51. Una simple bolsa de plástico anudada a su cabeza le bastó. Otros escritores a los que admiro quedan fuera de este recuento que algunos calificarán de macabro... Yo no. Allá cada uno con su forma de cerrar el paréntesis. Me hago solamente la siguiente reflexión: ¿De cuántas obras maestras su muerte adelantada nos privó?

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Larra, Sandor Maray se reventaron la sesera de un pistoletazo, Hemingway con la escopeta de cazar leones.


Ilustra: Marta Soria

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Juanjo Parcero

Me siento atónito ante la fórmula insensible que escapa y matiza en retención de soberanos dedos que vuelven a escapar. Microcosmos te han contado piedras desde el umbral de tu bautismo al final de los cumpleaños, como cuando, todavía pequeño, remirabas la lista de amigos antes de invitar a los de siempre. Mientes cuando sabes que esta repisa sabe de tus vuelos, más allá de las persianas del colegio, del recuerdo. Como corrías con miedo al diferente, retirabas tu impresión de identidad con renuncios muy pequeños para intentar ser quien nunca fuiste.


DONDE SIEMBRAS TERROR. Donde siembras terror oculto a manos llenas, cuando del amor tu ansia esclavitud espera, y del rencor la oscura raíz crece en tus venas, agonizan los gritos secos tras la tormenta y un callado clamor invade las fronteras, desvelando la noche la soledad inmensa. Entonces, a tu ser su dolor envenena y añoras el candor de una mirada tierna, la cálida humedad del beso que enajena, la esencia del afecto, sublime, sin cadenas. Eres frágil y en sueños de poder centelleas, mostrando a cada instante la luz de la condena. Recuerda estas palabras si la pasión te ciega, ángel del exterminio: la libertad serena, dádiva de los dioses, no duele ni cercena.

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Jesús Claver


Susana Hernández

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ASÍ SERÁ Tiene que decir mi boca las palabras, y tendrá mi mano que tomar la pluma y acercarse al papel, y mi cerebro mandar el mensaje que le transmite el alma, sólo así, las frases tendrán algún sentido, y los fantasmas del silencio de ayer, serán, (ya por fin entregado a este juego íntimo), vencidos, o cuando menos, asumidos. Pero tendrán que ser tus ojos los que miren, tus oídos los que escuchen y tu alma la que fluya hacia la mía

Ilustra: Marta Soria

Encuéntrame, y aparta los fantasmas que no dejan aflorar la fantasía, pero déjame el dolor y el sufrimiento, sólo por sentir, -de vez en cuando-, que no estoy muerto.


David Paricio

Me planto en la raíz del desierto, para recordar cuanta agua he derramado. Cuantos espejismos, cuantas dunas huecas, cuantas tormentas de viento, El sabor de la arena vive entre mis dientes. El dolor mira a través de mis ojos, y la sed, la tremenda sed, quema mi interior. Y ahora, bajo este sol, mi piel se ha curtido. Lloro mis últimas gotas de sudor y pienso en la inutilidad de la huida

Ilustra: Marta Soria

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REFLEXIÓN


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*OWJUBDJĂ&#x2DC;O BMBMFDUVSB Un aĂąo mĂĄs, querido lector, desde

este rinconcito de Ă gora nos atrevemos a hacerte una proposiciĂłn. Por supuesto, se trata de una proposiciĂłn â&#x20AC;&#x153;muy decenteâ&#x20AC;?, divertida y asequible. NiĂąo, joven, o no tan joven, apasionado de la realidad o de la fantasĂ­a, amante de las aventuras o de las peripecias psicolĂłgicas, incondicional del misterio o del terror, cualesquiera que sean tus preferencias, en los libros que te presentamos en las siguientes pĂĄginas seguro que encuentras mĂĄs de uno que te satisfaga. No lo dudes, rompe con la rutina, hazte un regalo despuĂŠs de otra jornada de trabajo, concĂŠdete una tregua tras horas preparando el prĂłximo examen. No encontrarĂĄs evasiĂłn mĂĄs saludable ni terapia mĂĄs econĂłmica. Elige un libro, ponte cĂłmodo, relĂĄjate y disfruta leyendo.

LEER PARA VIVIR DE NIĂ&#x2018;O Y DE JOVEN Isabel Carabantes y Eva BajĂŠn Hace mĂĄs o menos quince aĂąos me enfrentĂŠ por primera vez a la bĂşsqueda de un libro infantil. Asidua visitante de librerĂ­as, descubrĂ­ que muchos de aquellos establecimientos, que me habĂ­an venido abasteciendo de ficciones y realidades durante gran parte de mi vida, dedicaban una olvidada estanterĂ­a para los mĂĄs pequeĂąos. AlgĂşn hĂ­brido entre cuento y bolsa para aprender las primeras letras mientras se toma un baĂąo, junto a los volĂşmenes clĂĄsicos de maravillosos dibujos, pero de tapa demasiado dura y de lomo demasiado ancho como para que pudiese ser sostenido por unas manos infantiles. Por supuesto estaban los cĂłmics â&#x20AC;&#x201D;novelas grĂĄficas que los llaman ahoraâ&#x20AC;&#x201D;, algĂşn que otro libro para colorear y unos poemarios de Gloria Fuertes mezclados con tĂ­tulos como Mujercitas o Los viajes de Gulliver. Hace quince aĂąos, en aquellos tres escuetos anaqueles, una de las librerĂ­as mĂĄs grandes de una capital de provincias recogĂ­a toda su oferta para los niĂąos. Poco a poco aquellos tres estantes se fueron llenando y se dio paso a un cuarto. Colecciones como El barco de vapor empezaron a llenarlos. Los Sendas dejaron de ser en exclusiva la lectura en los colegios, aparecieron las adaptaciones de textos clĂĄsicos y alguna que otra traducciĂłn. La moda de los premios tambiĂŠn llegĂł a los autores que escribiesen para niĂąos y el mercado editorial pareciĂł darse cuenta de que allĂ­ habĂ­a un filĂłn. En las pasadas navidades, la misma librerĂ­a que visitĂŠ hace quince aĂąos dedica la mitad de una de sus cuatro plantas a la literatura infantil y juvenil. A lo largo del pasado aĂąo muchas han sido las novedades que han inundado las estanterĂ­as de las librerĂ­as en la secciĂłn de libros para niĂąos y adolescentes. Suplementos literarios y revistas especializadas mantienen un espacio fijo, y ya consolidado, a las novedades que aparecen. Alguna universidad se enfrenta al reto de organizar las terceras jornadas sobre Literatura Infantil y Juvenil y el acrĂłnimo lij se ha empezado a utilizar de manera habitual en muchos de estos cĂ­rculos. En definitiva, las editoriales estĂĄn haciendo un gran esfuerzo para captar y fidelizar, casi desde la cuna, a estos futuros lectores por medio de una gran variedad de tĂ­tulos. El filĂłn de lo por-venir ha estallado y progresa adecuadamente. Demasiadas estanterĂ­as, demasiada oferta, libros para que los padres lean a sus hijos, audio-libros, libros para que los niĂąos lean solos, libros para los que no son tan niĂąos, libros para el baĂąo, para la cuna, para esos dĂ­as en que la PSP no es suficienteâ&#x20AC;Ś La selecciĂłn de Ă gora es la siguiente:


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De 0 a 5 años

Autor: Pablo Neruda Título: Libro de las preguntas. Un poema de Pablo Neruda Editorial. Media Vaca, Valencia, 2006. 180 páginas.

Autor: Voutch Título: Por quéééé Editorial: Dandelion. Madrid, 2006. 24 páginas Ilustraciones del autor.

Autor: Oliver Jeffers Título: Perdido y encontrado Editorial: Fondo de Cultura Económica. México D.F., 2006. 34 páginas

Escrita por el poeta chileno en 1973, el mismo año de su muerte, se trata de una de sus obras más singulares. Edición ilustrada por Isidro Ferrer, este año ha recibido el premio Libro del año en el concurso que anualmente votan los lectores de la librería Cálamo de Zaragoza.

¿Qué padre no se ha enfrentado a esta pregunta repetida sin descanso ante cada nueva experiencia? En este cuento la inquisidora es una pequeña rana que lleva a su madre a divertidas situaciones en las que encontraremos sin duda el parecido con la realidad.

Un niño encuentra un pingüino y quiere devolverlo al Polo Sur. Emprenden juntos un viaje que les demuestra el valor de la amistad y del compañerismo. Las ilustraciones aparentemente sencillas acompañan de forma muy expresiva este entrañable relato.

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Autor: Ranucci, Claudia; Antón Blanco, Rocío; Núñez, Dolores Título: Ramiro, el príncipe miedoso Editorial: Edelvives. Zaragoza, 2006. 30 páginas

Autor: Fernando Lalana Título: El malvado sacamuelas Editorial. Bruño, Madrid, 2006. 30 páginas Ilustraciones de Violeta Monreal

Autor: Francesca Lazzarato Título: Magia. Cuentos y fábulas del mundo. Editorial: Everest. León, 2006. 240 páginas

Se trata de uno de los títulos de una divertida colección que muestra pequeñas debilidades de los héroes de siempre. Por supuesto, para conseguir sus propósitos deberán superar estos pequeños defectos. El recurso del icono es ideal para aquellos niños que ya avanzan en la lectura acompañados de una adulto.

A través del humor, este libro también de una colección más amplia , ayuda a los niños a manejar las emociones, provocadas en este caso por la visita al dentista. Sus protagonistas, Ramón Cagón y Renata Jabata consiguen en sus aventuras hacer disfrutar a niños y adultos.

Ochenta cuentos procedentes del folklore de todo el mundo protagonizados por criaturas fantásticas y misteriosas de la tradición popular. Libro ideal para leer con adultos, pero también para aquellos niños que ya disfrutan solos.


Autor: Lolo Rico TĂ­tulo: NikolĂĄs Malencovich. Editorial. Mondadori, Barcelona, 2006. 240 pĂĄginas

Tani ha visto algo que preferirĂ­a no haber visto: su querido tĂ­o Daniel, su preferido, se va llevando a escondidas algunas cosas de valor de su propia casa. De hecho, a ratos trata de convencerse de que se ha equivocado. Sin embargo, algo en su interior le exige que llegue hasta el final de esta historia. Para esta difĂ­cil tarea contarĂĄ con la ayuda de Paco, su mejor amigo.

Lolo Rico, responsable del mítico programa La bola de cristal, presenta esta novela en la que Nikolås, un niùo de Macedonia, y debido al conflicto bÊlico que sufre su país, es enviado a Barcelona, donde llega escondido en el interior de una caja de embalaje. Antes de comenzar esta peculiar travesía, tendrå un encuentro con un zíngaro que le regalarå un objeto mågico, en el que podrå ver reflejados sus pensamientos, recuerdos y deseos, así como los peligros que le esperan. Nikolås viajarå en compaùía de un dragón del lago Ohrid y en el barco conocerå a sus primeros amigos, que le ayudarån en su nueva vida lejos de casa. A partir de ese momento, la adaptación a las nuevas costumbres serå solo una de sus aventuras.

Autor: James Breller TĂ­tulo: Nino Puzle. El hĂĄmster desaparecido Editorial: Edelvives, Zaragoza, 2006 80 pĂĄginas El protagonista de los tĂ­tulos de la colecciĂłn se llama Paulino, aunque prefiere que le llamen Nino Puzle, nombre mĂĄs acorde con su profesiĂłn: investigador privado. En esta ocasiĂłn es su vecino TomĂĄs el que pide su ayuda. El lector acompaĂąarĂĄ a Nino en el seguimiento de las pistas y en la resoluciĂłn del caso.

Autor: Luc Bessoln TĂ­tulo: Arturo y la ciudad prohibida Editorial: Ediciones B, Barcelona, 2006. 190 pĂĄginas. ContinuaciĂłn del famoso libro â&#x20AC;&#x153;Arturo y los minimoysâ&#x20AC;?, en esta ocasiĂłn nuestro protagonista busca a su abuelo para desbaratar los planes de sus enemigos. AdemĂĄs, deberĂĄ salvar al pueblo minimoy, amenazado con la destrucciĂłn total. La aventura y la fantasĂ­a estĂĄn servidas.

Autor: Joan Llongueras y Mercè Masnou Título: Kadingir. El cetro de zink Editorial: Roca, Barcelona, 2006. 353 påginas

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TĂ­tulo Las cosas perdidas. Editorial. Edelvives. Madrid, 2006. 116 pĂĄginas Premio Ala Delta 2006.

Se trata de una muestra de la vitalidad de la literaturas fantĂĄstica en nuestro paĂ­s. Ishtar, una niĂąa a la que no le gusta la verdura, un poco malhablada, a sus once aĂąos descubre la existencia de mundos paralelos y no tiene mĂĄs remedio que cruzarlos para cumplir su destino.


Autor: Matew Skelton Título: El secreto de Endymion Spring Editorial: Salamandra, Navarra, 2006. 317 páginas

3)Autor: Paul Maar Título: El señor Bello y el elixir azul Editorial: Siruela, Madrid, 2006. 245 páginas. Ilustraciones de Uke Krause Paul Maar es uno de los autores más existosos de LIJ en Alemania. En esta ocasión nos presenta a Max un niño de doce años que desea tener un perro y finalmente lo consigue. Pero también aparece por la farmacia de su padre una señora con un extraño elixir azul, que accidentalmente bebe… el perro. A partir de ahí todo es posible.

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El nacimiento de la imprenta unido al descubrimiento en Europa del papel aparece en este libro envuelto en misterio. En una cuidada edición, Skelton nos muestra alternativamente la historia de Endymion Spring, aprendiz de Gütenberg, y la de Blake, jovencito contemporáneo nuestro, a cuyas manos llega un misterioso libro en el que aparecen y desaparecen extrañas palabras y dibujos entre los que se puede leer “Endymion Spring”. Saberes arcanos y poderosos se han dado cita en Oxford.

Autor Joan Manuel Gisbert Título: Algo despierta en secreto Editorial: Edelvives, Zaragoza, 2006. 193 páginas Un misterioso señor compra una vieja casa abandonada en la que vive una pequeña temporada con su criado. Al marcharse, todos aquellos que pasan por aquel lugar empiezan a sentir tales sensaciones que huyen agobiados por un terrible temor. Los principales personajes de Los espejos venecianos –--otro interesante libro del autor--- se encargarán de resolver el enigma.

Que los libros pueden servir para descubrir nuevos mundos y abrirnos los horizontes nos lo demuestra Raimon Portell que nos hace viajar a Cabo Verde con la joven Rita. Allí descubriremos otras realidades y nuevos secretos.

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Autor: Raimon Portell Título: Una canción de Cabo Verde Editorial: La Galera, Barcelona, 2006. 133 páginas


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fantĂĄ popu pero disfru a Car

Autor: Fernando Lalana TĂ­tulo: Perpetuum mobile. Editorial: Alfaguara Serie Roja, Madrid, 2006. 214 pĂĄginas

Autor: PenĂŠlope Lively TĂ­tulo: En busca de una patria La historia de La Eneida Editorial:V.Vives,Barcelona, 2006. 189 pĂĄginas.

Novela que se ha alzado con el premio JaÊn 2006, en ella se combinan una buena dosis de enigmas, teatro y humor con constantes referencias a Vicente Blasco Ibåùez. Una compaùía teatral investiga una misteriosa biblioteca en la que descubren un extraùo manuscrito sobre las måquinas de movimiento continuo.

Eneas, hĂŠroe troyano hermano de Paris, conduce a los supervivientes de la guerra contra los aqueos a la bĂşsqueda de una nueva patria. Para ello deberĂĄ cruzar el MediterrĂĄneo y, tras mĂşltiples aventuras, llegarĂĄ a las costas de Italia donde sus descendientes construirĂĄn el imperio mĂĄs brillante de todos los tiempos. AsĂ­, el pueblo romano tiene sus raĂ­ces en la antigĂźedad mĂĄs heroica.

En las alcantarillas de una ciudad se pueden encontrar muchas cosas. La desapariciĂłn de un joven obliga a sus amigos a embarcarse en una aventura en la que deberĂĄn navegar por la red, los juegos de rol y un recĂłndito subsuelo que hasta ese momento les habĂ­a resultado anodino. TensiĂłn y misterio desde la primera hasta la Ăşltima de sus pĂĄginas.

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Autor:David Lozano Garbala TĂ­tulo: Donde surgen las sombras Editorial: SM, Madrid, 2006. 288 pĂĄginas Premio Gran Angular. 2006.


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ásticas y misteriosas de la tradición ular. Libro ideal para leer con adultos, también para aquellos niños que ya utan solos. rreras de Sosa,

Ayuntamiento de Ejea de las Caballeros


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ESCENAS DE CINE MUDO DE JULIO LLAMAZARES: MEMORIA PERSONAL Y COLECTIVA DE LOS AĂ&#x2018;OS SESENTA El escritor Julio Llamazares es uno de los novelistas mĂĄs consolidados del panorama narrativo espaĂąol contemporĂĄneo. Nacido en el desaparecido pueblo leonĂŠs de VegamiĂĄn en 1955, se licenciĂł en la carrera de Derecho, pero abandonĂł muy pronto el ejercicio de la abogacĂ­a para dedicarse por entero a la literatura y al periodismo escrito, radiofĂłnico y televisivo en Madrid, ciudad donde reside en la actualidad. Su obra abarca los siguientes gĂŠneros literarios: en poesĂ­a destacan La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982); en literatura de viajes, El rĂ­o del olvido (1990), TrĂĄs-os-Montes (1998) y Cuaderno del Duero (1999); en novela, Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994) y El cielo de Madrid (2005); en crĂłnicas, El entierro de GenarĂ­n (1981); en relatos cortos, En mitad de ninguna parte (1995); y, finalmente, en artĂ­culos periodĂ­sticos, En Babia (1991) y Nadie escucha (1995). De todas estas obras la mĂĄs famosa es La lluvia amarilla, en la que el Ăşltimo habitante de un pueblecito pirenaico llamado Ainielle recuerda con nostalgia a sus antiguos familiares y convecinos. En relaciĂłn al libro que nos ocupa, Escenas de cine mudo, existe la polĂŠmica acerca de si se trata solamente de una novela o un libro de memorias, o, dicho en otros tĂŠrminos, de si la obra es meramente imaginativa o autobiogrĂĄfica. El mismo autor trata de clarificar la cuestiĂłn en el preĂĄmbulo titulado ÂŤNovela o memoriaÂť, donde nos confiesa que la mayor parte de la obra es producto de su imaginaciĂłn, lo que ocurre es que la imaginaciĂłn es la memoria fermentada, como decĂ­a el escritor portuguĂŠs Antonio Lobo Antunes. En suma, el libro es una mezcla indiscernible de realidad y ficciĂłn, importando poco la dosis de una u otra pues el resultado final es totalmente convincente para el lector. El tema principal de Escenas de cine mudo es el recuerdo por parte del narrador (identificable en gran medida con el propio autor) de su infancia y primera adolescencia en Olleros, localidad minera de LeĂłn donde viviĂł los doce primeros aĂąos de su vida antes de marcharse a estudiar a Madrid. El narrador contempla unas fotografĂ­as (en blanco y negro y en color) que su madre guardĂł y nos comenta los momentos vividos que reflejan. De esta forma llegamos a conocer distintos aspectos de la vida cotidiana de esa localidad y, de paso, conocemos tambiĂŠn la realidad de la EspaĂąa de la dĂŠcada de los sesenta. AsĂ­ pues, se trata de un ĂĄlbum de fotos comentadas por el autor que reflejan un determinado momento histĂłrico de nuestro paĂ­s. AdemĂĄs de este tema principal aparecen otros muchos como el del paso del tiempo y su recuerdo, el cine de la ĂŠpoca (con alusiones constantes a actores y tĂ­tulos de pelĂ­culas), la fotografĂ­a, la importancia de la radio (gracias a ella su familia se enterĂł del asesinato del presidente Kennedy) y mĂĄs tarde de la televisiĂłn (por ella contemplaron la llegada del hombre a la luna), la mĂşsica y el baile (especialmente en la pista de baile de Martiniano), la estricta educaciĂłn de la ĂŠpoca, el sexo casi clandestino practicado por los habitantes de Olleros, la inmigraciĂłn ĂĄrabe, la rivalidad entre Olleros y Sabero (en la primera localidad vivĂ­an los mineros y en la segunda los ingenieros), la polĂ­tica (la guerra civil, el maquis y el franquismo), los viajes al extranjero del autor ya adulto (BerlĂ­n, Lisboa, Nueva York, Chicago,


en nuestra opinión, los siguientes: «La colina del diablo» (nº 3) sobre el nazismo, la caída del muro de Berlín y los montículos de esta ciudad formados por escombros tras la segunda guerra mundial; «Se vive solamente una vez» (nº 5) sobre el primer baile con una chica en la pista de Martiniano; «Extraños en la noche» (nº 8) sobre la importancia de la radio de aquella época y de cómo se enteró del asesinato del presidente Kennedy; «Música árabe» (nº 10) sobre la llegada a Olleros de los primeros inmigrantes árabes y sus costumbres; «El mundo en la barbilla» (nº 11) sobre este forzudo que lo sostuvo sentado en una silla sobre su barbilla durante una noche inolvidable; «Pulmones de piedra» (nº 12) sobre la terrible enfermedad de la silicosis; «La memoria enterrada» (nº 13) sobre su primera entrada en una mina y el miedo que allí pasó; «Viaje a la luna» (nº 14) sobre la importancia de la televisión a través de la cual contempló la llegada del primer hombre a la luna; «Esperando a Franco» (nº 18) sobre la profunda decepción causada por la no parada del vehículo del Caudillo para saludar a las gentes que lo esperaban desde hacía horas en Sabero; «La orquesta compostelana» (nº 19) sobre esta orquesta que amenizaba las fiestas del pueblo y que contaba con más músicos que las contratadas por Sabero; «La huelga» (nº 20) sobre la primera huelga minera tras la guerra abortada por la empresa y la guardia civil tras un chivatazo; «Judas en la carretera» (nº 21) sobre el presunto traidor que ayudó a abortar dicha huelga; «Tango» (nº 22) sobre este joven mujeriego y gran bailador que se estrelló con su moto contra un árbol; y «El camino de la adolescencia» (nº 25) sobre los conocimientos útiles para la vida que aprendía de los chicos mayores en su caminata diaria de Olleros a Sabero. En conclusión, nos encontramos ante una notable novela de Julio Llamazares, que, sin estar a la altura de La lluvia amarilla, no defrauda al lector que se acerca a ella con curiosidad. El libro es breve, ameno, entretenido, interesante en muchos momentos, está bien escrito, se entiende sin dificultad, contiene meditadas reflexiones sobre diversos temas y, además, es un documento que refleja con acierto aspectos políticos, sociales y culturales de la España de los años sesenta, la cual va quedando cada vez más alejada de las nuevas generaciones. En este sentido sería interesante que los jóvenes actuales efectuasen el ejercicio intelectual de comparar la España atrasada y autoritaria de aquellos años con la España moderna y democrática de hoy en día. Compárese por ejemplo el sistema educativo que refleja la obra con el sistema educativo actual. Aunque la obra sirviera sólo para hacer reflexionar a las nuevas generaciones sobre la positiva evolución experimentada por nuestro país en las últimas décadas, ya valdría la pena el hecho de haberla escrito nuestro admirado autor y el esfuerzo de haberla leído el público interesado en ella.

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Bagdad, Argentina, Laponia) y sobre todo la dureza de las condiciones de vida en la mina (las explosiones de grisú, los derrumbamientos de las galerías, la muerte de los mineros, la silicosis, las huelgas reprimidas), etc. En cuanto a la estructura, el libro consta de tres partes: 1) un interesante preámbulo teórico titulado «Novela o memoria», al que ya hemos aludido anteriormente, fechado en 2006, o sea, doce años después de su publicación; 2) una introducción titulada «Mientras pasan los títulos de crédito», que, tras plantear esta inquietante afirmación: «La pregunta no es si hay vida después de la muerte; la pregunta es si hay vida antes de la muerte», nos cuenta el progresivo desarrollo de la industria siderometalúrgica en Olleros desde comienzos del siglo XIX; y 3) veintiocho breves capítulos narrados en primera persona que nos cuentan las peripecias vitales de la infancia y primera adolescencia del autor. El tiempo cronológico de estos capítulos no es estrictamente lineal al haber cierto desorden que en ningún momento dificulta la comprensión de la historia que se nos cuenta, la cual se sigue con gran interés. El autor en modo alguno se ha propuesto escribir una autobiografía por orden cronológico de sus primeros años de existencia sino que, por el contrario, ha pretendido ofrecernos un esbozo de su periplo vital inicial haciendo pequeñas calas en momentos importantes de esos años. En relación a los personajes, aparecen muchos que no alcanzan a tener una personalidad muy definida, aunque algunos son sin duda más importantes que otros: el señor Mundo (dueño del cine cuyas películas veía nuestro escritor), Martiniano (dueño de la pista de baile cuya música aprovechaban los chicos para bailar en las colinas de los alrededores), Barbachey (el forzudo que sostuvo en su barbilla a nuestro protagonista sentado en una silla), Luis (el minero enfermo gravemente de silicosis), Judas (el pobre hombre sospechoso sin razón de ser el delator de la primera huelga minera tras la guerra civil), Tango (el joven que tenía un gran éxito con las mujeres por saber bailar bien este baile y por tener una moto estupenda), don Vicente (el autoritario director del instituto de Sabero), Ñito (el joven que se jactaba de sus conocimientos sexuales ante sus compañeros) y Francisco Franco (por cuya culpa el narrador recibió un buen tortazo del profesor al atreverse a chupar su foto en el libro de texto). De todas formas, el personaje mejor caracterizado de la novela es Julio Llamazares, el cual evoluciona a través de sus experiencias desde la infancia hacia la adolescencia. Dos momentos claves marcarán al autor en este sentido. El primero fue el descubrimiento del amor y del tiempo al bailar con una bonita muchacha cerca de la pista de baile de Olleros. El segundo fue durante sus viajes diarios al colegio de Sabero donde estudiaba bachillerato, viajes en que sus compañeros mayores le enseñaban aspectos básicos de la vida como copiar en los exámenes, fumar, masturbarse o relacionarse con las chicas. Por eso el narrador es plenamente consciente de la aceleración que estaba experimentando su existencia: «La vida se estaba abriendo ante mí como un fruto maduro y atractivo, pero, a la vez, un tanto inquietante». De los veintiocho capítulos del libro los más interesantes son,


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LA LLUVIA AMARILLA Hay una nota al comienzo del libro, justo antes del primer capítulo. Son sólo tres frases, pero no las lean. Comiencen directamente la lectura en el capítulo uno. AndrÊs y Sabina son los últimos habitantes de Ainielle, un pueblo abandonado del Pirineo aragonÊs. Tras el suicidio de Sabina, AndrÊs queda sumido en una profunda melancolía que le mantiene en pie durante aùos, con la única compaùía de su perra, solo en un pueblo vacío. Para sobrevivir a la soledad, AndrÊs evoca a los vecinos ya desaparecidos, su familia, sus hijos, los fantasmas y temores de su infancia, resucita a todo aquello que una vez fue importante en una profunda y triste reflexión que constituye el hilo argumenta! de La lluvia amarilla. Sin embargo, lo mås hermoso de La lluvia amarilla es su lenguaje. Julio Llamazares se sirve de un vasto y preciso lÊxico para crear un clima poÊtico ideal para los recuerdos personales de AndrÊs, así como para las bellísimas reflexiones sobre la muerte, el tiempo o la memoria, confundidas a veces entre delirios y locuras que la vejez y la soledad comportan. A lo largo de casi ciento sesenta påginas, la lluvia amarilla, metåfora del tiempo y el olvido, difumina lentamente la vida y las palabras de AndrÊs, reduciÊndolo a una simple sombra, un fantasma mås entre tantos otros, un fantasma que vive de recuerdos. Privado de toda compaùía humana, la naturaleza cobra una gran importancia en la vida de AndrÊs, quien ve en ella su continuación, aquello que le sobrevivirå, lo único que quedarå tras Êl. Se trata de una novela tristísima, pero tambiÊn muy bella, casi poesía, gracias al dominio del lenguaje del que Julio Llamazares hace gala. Y es que la tristeza puede ser bella, siempre y cuando no sea cierta. Isabel Gimeno Landa


Ignacio Escuin Borao, Aqua, Zaragoza, 2006, 51 páginas. Suele resultar agradable, quizá por lo inhabitual del hecho, el descubrimiento de un poemario que no necesite mayor explicación que la que encierra el propio conjunto poético que plantean sus páginas. Ya el mismo título actúa como perfecta y acertada síntesis de este hecho: todo termina y empieza con un sincrónico nudo. Estructural y temáticamente el epígrafe que aglutina estos presupuestos es certero y eficaz y, a vuela pluma, viene a la cabeza la bíblica inicial que nos refiere a aquel ínclito y eterno polvo del que venimos y al que iremos, tras el que se recoge ese eterno retorno, principio y final. Que el texto que abre este poemario se denomine «Causa» y el que lo cierre se titule «Efecto» no hace sino revalidar esa búsqueda de un prosaico alfa y omega que encierre este conjunto poético. Encabezando cada uno de los poemas, las diferentes citas funcionan, al mismo tiempo, tanto como constante y puntual referencia al título del poemario como substanciosa invitación a cada uno de los textos que las suceden. Como en el caso de Borges estos incipit, en principio arte y parte de inocuos y asépticos estribillos, se convierten en llave y clave de cada uno de los poemas. Por otra parte y con la lectura de cada una las líneas, compuestas y estructuradas como correctos excipit, el poema explota en toda su intensidad, recreándose en cada una de las páginas la estructura adelantada ya con el título: principio y fin en una sola página, en un solo poema, creando los veintidós -número asimismo simétrico- microcosmos independientes que conforman este práctico y recurrente universo. Surrealistas imágenes en torno al encuentro con un elefante se mezclan con la gloria al ganar un concurso literario o aparecer en un periódico nacional; mientras que futuras exposiciones y la tópica nostalgia por aquello que ya no volverá, rodean a los amantes que se separan. Todos estos elementos independientes configuran cada uno de los mundos que Escuín evoca, creándose y limitándose en cada una de las líneas de sus poemas. Más allá de evidentes reminiscencias musicales, este Pop no habría podido ser nunca ni un rap ni un rock; ni tan siquiera acercarse a los también melódicos canon, cadencia y fuga faulknerianos, mucho más melódicos y complejos para estos tiempos de síntesis, simplicidad y rapidez que refleja esta, con el permiso de Falla, «filosofía popera». Porque, a fin de cuentas, lo que importa en estos tiempos en los que la lírica se practica y se distribuye a través de cenáculos y circuitos expertos es que Escuín muestra y demuestra que la poesía sigue viva, que ya no habla de la posteridad, ni de lo eterno ni se adapta a complicados serventesios o a quebrados pies. ¿O es que mutis mutandis quizá la poesía ha doblado su cerviz ante los repetitivos, multitudinarios y efímeros estribillos de la radio fórmula? Isabel Carabantes

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POP


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ENTREVISTA A JULIO LLAMAZARES

- DespuĂŠs de haber cultivado casi todos los gĂŠneros, Âżen quĂŠ campo te sientes mĂĄs cĂłmodo escribiendo? Depende del momento, tema y situaciĂłn. A mĂ­ me gusta, como dicen los flamencos, â&#x20AC;&#x153;tocar todos los palosâ&#x20AC;?. De hecho, El pasado 9 de noviembre, Julio Llamazares, una de las he probado todo menos el teatro. Todos son instrumentos para figuras mĂĄs importantes de la narrativa espaĂąola actual, contar y transmitir lo que piensas y sientes sobre la vida. cuyo nombre asociamos automĂĄticamente con la novela que, sin duda, lo ha inmortalizado, La lluvia amarilla, visitĂł los - Hablas de ciudades contrapuestas como Nueva York y institutos de Ejea. Bagdad, y a ambas las relacionas con la noche, Âżes la Ăşnica Algunos alumnos de 2Âş de Bachillerato tuvimos el placer relaciĂłn existente entre ellas? de hacerle una entrevista. Durante unos minutos, antes Bueno, son iguales, en realidad, todos los sitios del mundo de entrar en el salĂłn de actos, donde lo esperaban todos son iguales. Cambia la forma de vivir, la actitud de la gente, el los compaĂąeros para iniciar la charla-coloquio, respondiĂł color de la piel, pero todos los hombres y mujeres pensamos amablemente a todas nuestras preguntas, centradas muchas igual sobre los grandes temas. Da igual que vivas en Ejea de ellas en su libro Escenas del cine mudo. He aquĂ­ el resultado o en Navarra, en Melbourne o en Montreal, como decĂ­a un de nuestros ÂŤpinitosÂť como periodistas. cantautor irlandĂŠs: ÂŤla obra que todos interpretamos es la vida y el escenario es el mismo, el mundoÂť. - ÂżCĂłmo surgiĂł la idea de escribir este libro? Uno escribe sobre las historias de la vida, las cosas que te - ÂżQuĂŠ te aporta el cine que no te aporta la Literatura? obsesionan o que te interesan especialmente. Cuando vas a Son dos lenguajes diferentes, pero muy interesantes. Las dedicar dos o tres aĂąos a escribir un libro, no escribes sobre historias se cuentan de diferente manera por escrito que con cualquier cosa. Cuando escribes con voluntad literaria, con imĂĄgenes. Por ejemplo, en mi primera novela Luna de lobos, yo voluntad de hacer pensar, escribes de las cosas que realmente cuento que el guerrillero estaba en una montaĂąa, viendo cĂłmo te interesan, y estas son las historias que yo vivĂ­ de pequeĂąo. amanece, cĂłmo llega el invierno, cĂłmo empieza a nevar y lo que Pero no querĂ­a hacer una autobiografĂ­a, sino una reflexiĂłn piensa y lo que siente. Porque no nieva igual para el que estĂĄ sobre lo que significa la memoria: por quĂŠ recordamos sentado en casa al lado de la calefacciĂłn que para el que estĂĄ unas cosas y otras no, por quĂŠ cuando quieres recordar no escondido en las montaĂąas. Todo esto en el cine es un plano, recuerdas y cuando quieres olvidar no olvidas. En realidad es son dos segundos, no puedes tener la cĂĄmara tres minutos una reflexiĂłn sobre la memoria, la fotografĂ­a y el cine. mostrando cĂłmo nieva o cĂłmo amanece. Cuentas lo mismo, pero de diferente manera, hay que adaptar un lenguaje a otro, - ÂżEn quĂŠ te inspiras para escribir sobre fotografĂ­as que te como cuando pasas una grabaciĂłn de vĂ­deo a ordenador. recuerdan el pasado? No es que me recuerden el pasado, las fotografĂ­as son - ÂżPor quĂŠ has elegido la pelĂ­cula Horizontes lejanos y no el pasado. Recuerdo una vez que visitĂŠ, tambiĂŠn con este otra? programa de ÂŤInvitaciĂłn a la lecturaÂť, un instituto en AragĂłn. Es una pelĂ­cula simbĂłlica, como nos sugiere el tĂ­tulo. En Los alumnos habĂ­an hecho una cosa que me pareciĂł muy realidad, la novela tiene una estructura muy sencilla, es lo que bonita y que era la mejor lecciĂłn de Literatura. Pues bien, todos hacemos cuando te plantas delante de un ĂĄlbum de fotos y estos chicos de AragĂłn habĂ­an hecho una rueda de lo que es empiezas a pasar las hojas, la memoria y la imaginaciĂłn vuelan. la Literatura, y le habĂ­an mandado a un chaval traer una foto En este libro hay un homenaje implĂ­cito al cine, de hecho se suya de pequeĂąo y escribir un folio a partir de ella. Pues eso habla de varias pelĂ­culas, porque yo era un niĂąo fascinado por es escribir, es ver a travĂŠs de lo que hay en las imĂĄgenes. el cine. Porque, claro, la Literatura tiene que ir asociada al placer, Tened en cuenta que vivĂ­a en un pueblo minero, de donde pero como es una asignatura los chavales terminan viĂŠndola prĂĄcticamente no salĂ­amos hasta que no Ă­bamos a estudiar a la como un ÂŤcoĂąazoÂť, o como una materia que hay que aprobar. ciudad, la Ăşnica manera de alejarte de allĂ­ era a travĂŠs del cine. Yo no intento hacer sufrir a nadie; al contrario, pretendo que Estoy hablĂĄndoos de los tiempos anteriores incluso a la llegada se disfrute, como se puede disfrutar con la mĂşsica o viendo de la televisiĂłn. El cine era una fĂĄbrica de sueĂąos y una cĂĄmara un partido de fĂştbol, si eso es lo que te gusta. que te permitĂ­a salir del espacio reducido y concreto en el que vivĂ­as.


- ¿Qué diferencia Escenas de cine mudo de otras novelas tuyas? Todas son muy distintas, tanto en la temática como en la estructura. Esta es aparentemente más sencilla, pero me costó más escribirla. Lo más difícil fue conseguir la trasparencia, la sencillez. Escribir de forma oscura y compleja es más fácil, es como hablar, hay muchos que dicen muchas cosas y no saben lo que dicen. Lo complicado es llegar a la gente con palabras «normales». - ¿Hasta qué punto son reales las historias que cuentas? Hay de todo, hay un porcentaje muy alto de ficción. Lo que ocurre es que cuando escribes vas mezclando las historias reales con las imaginadas y, al final, a mí lo que me sucede es que ya no sé si son reales o imaginadas, porque, incluso cuando recuerdas algo tiendes a inventar los recuerdos o, por lo menos, a adornarlos. Así que llega un momento en el que te lo acabas creyendo y ya no sabes qué era real y qué inventado.

Alberto Fernández, Santiago Ontaneda Adrián Almuzara, Jorge Dieste Sandra Aguilar, Ángela García David Villafranca, Jesús Marín Rafael González

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- Imagina que eres pianista y tienes que poner música a tu obra. ¿Qué música le pondrías? Pues varias de cine, pero en especial música árabe. Porque yo fui a la escuela con árabes y portugueses, cuyos padres habían ido a trabajar a las minas. En verano, cuando estábamos con las ventanas abiertas, se oía música árabe. Era un tanto surrealista que allí, en un pueblo como del Pirineo, igual de montañoso, sonara este tipo de música en las noches estivales.


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Por encima de todo: la dignidad literaria y humana 1BUYJ"CBEĂ&#x201C;BÂŤMWBSF[ El alma literaria resulta extraĂąa. A veces no sabemos quĂŠ profusas corrientes subterrĂĄneas se suscitan en su interior para que empecemos a leer, casi de manera obsesiva, determinados libros. QuizĂĄ alguien en el prĂłximo nĂşmero de Ă gora pueda escribir un artĂ­culo tratando esta cuestiĂłn. De momento, y a la espera de que esa voz generosa nos ilumine, sĂłlo puedo compartir con ustedes, queridos lectores, cuĂĄles han sido algunos de esos libros cuya lectura ha sido de veras gratificante en todos los sentidos, tanto en los estĂŠticos como en los humanos. No prorrogo por mĂĄs tiempo su curiosidad. AhĂ­ van, todos de una atacada y por el orden en que los he leĂ­do: El lector de Bernhard Schlink (Anagrama); Los girasoles ciegos de Alberto MĂŠndez (Anagrama); Mala gente que camina de BenjamĂ­n Prado (Alfaguara); La higuera de Ramiro Pinilla (Tusquets); Los libros arden mal de Manuel Rivas (Alfaguara) , Los peces de la amargura de Fernando Aramburu (Tusquets) y El pintor de batallas de Arturo PĂŠrez Reverte (Alfaguara). ÂżQuĂŠ tienen en comĂşn todas estas obras? Lo primero de todo: son un homenaje a la literatura, aspecto que por sĂ­ mismo ya debe encandilar a cualquier lector empedernido como puedo ser yo. Desde luego, estĂĄn muy lejos de esa literatura klinex, de usar y tirar, tan de moda hoy en dĂ­a. Son un canto al escritor con mayĂşsculas y de oficio: su lectura en sĂ­ embelesa, embriaga, extasĂ­aâ&#x20AC;ŚEn segundo lugar: estas novelas se convierten tambiĂŠn en una suerte de documento histĂłrico que puede ser muy efectivo a la hora de transmitir una serie de valores morales entresacados del conocimiento y las revelaciones de verdades que permanecĂ­an ocultas o al menos camufladas y agazapadas en y por el tiempo. Por

eso, a su vez, se convierten en saludables ejercicios de catarsis colectiva que una sociedad debe realizar en determinados momentos de su historia para purificarse y seguir adelante. En tercer lugar, estas siete propuestas literarias logran mantener un equilibrio entre posturas enfrentadas y equidistantes a travĂŠs de la empatĂ­a y el profundo conocimiento del alma humana que presumen tener quienes las han escrito. En cuarto lugar, en esta serie de relatos se trasluce en cada lĂ­nea la vida cotidiana, de espacios y tiempos diferentes, donde conviven vĂ­ctimas y verdugos, sin demagogia ni excesos. La verdad es que no hace falta: lo narrado es suficientemente elocuente. Por Ăşltimo, si tuviera que escoger un solo tĂŠrmino para calificar estas joyitas de la literatura actual, sin duda elegirĂ­a: dignidad. Seguro que ustedes sabrĂĄn descubrir con su lectura en silencio y de forma reflexiva de quĂŠ les estoy hablando. El lector nos ayudarĂĄ sin duda a entender mejor la historia reciente de Alemania, quĂŠ sienten los alemanes respecto al holocausto nazi y por quĂŠ resulta tan difĂ­cil vapulear un pasado del que, de alguna forma, todos somos culpables. Pero, sobre todo, con un estilo sencillo y directo, sus pĂĄginas encubren deliciosas y profundas reflexiones sobre la felicidad, el amor o el sentimiento de culpa. Los girasoles ciegos fue la Ăłpera prima y pĂłstuma de un completo desconocido hasta la fecha de su publicaciĂłn (2004). Pero fĂ­jense quĂŠ calidad mana de sus escasas ciento y pico pĂĄginas para que ese mismo aĂąo pudiese obtener el premio al mejor libro de cuentos publicado en EspaĂąa, el Premio de la CrĂ­tica y el Premio Nacional de Literatura. Para que despuĂŠs algunos crĂ­ticos consideren al cuento como un gĂŠnero menor. Se trata de cuatro historias reales de la posguerra espaĂąola, contadas por distintas voces narrativas, pero exquisitamente engarzadas entre sĂ­. Mala gente que camina me la leĂ­ prĂĄcticamente de un tirĂłn. Con eso les digo todo. BenjamĂ­n Prado con esta novela nos muestra cĂłmo la ficciĂłn puede contribuir a llenar espacios vacĂ­os que encontramos en los libros de Historia. La literatura, en este caso, nos aporta su particular punto de vista para comprender nuestra mĂĄs inmediata realidad: los cuarenta aĂąos de franquismo y la TransiciĂłn espaĂąola, en una trama en la que superponen varias lĂ­neas discursivas. Seguro que nos les dejarĂĄ indiferente. La higuera es la Ăşltima obra de un escritor con muchos aĂąos de andadura en el panorama literario espaĂąol, pero que ha logrado un reconocimiento unĂĄnime a su labor en los Ăşltimos aĂąos. En el 2006 obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la CrĂ­tica de Euskadi con su aclamada trilogĂ­a Verdes valles, colinas rojas. Ramiro Pinilla utiliza igualmente la alternancia de voces narrativas para sumergirnos en una historia de un personaje, Rogelio CerĂłn, que decide enterrarse en vida para expiar su sentimiento de culpa tras haber matado a un maestro republicano y su hijo mayor de diecisĂŠis aĂąos ante la mirada del hermano menor de diez aĂąos. De esa mirada


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no logrará desprenderse de por vida y pasará el resto de sus días al cuidado de una higuera, que no es más que una metáfora de la imposibilidad del olvido y de la memoria. Los libros arden mal es quizá la obra de mayor envergadura y ambiciosa del autor gallego Manuel Rivas. En sus seiscientas páginas el lector va a poder encontrar de todo: junto a su médula narrativa se adhieren otros géneros como la poesía, la crónica, el ensayo, el relato histórico…Multitud de personajes, reales o imaginarios, y de distinta condición y época, jalonan cada una de las páginas de esta novela, que el propio autor ha definido como un «viaje a las tripas del fascismo español y a la capacidad de resistencia del ser humano frente a los totalitarismos». Los peces de la amargura son diez historias dramáticas que nos presentan la realidad profunda del País vasco. Desde mi punto de vista, lo más interesante de este libro es el fluir de su prosa, de una sencillez subyugante y sin concesión alguna al dramatismo, por muy tristes y truculentas que puedan resultar las particulares vidas de sus personajes protagonistas. Cada línea te sobrecoge, te emociona: aparentemente sin elevar la voz y sin poner un adjetivo de trazo grueso nos refleja las consecuencias del terrorismo etarra. Se trata, sin duda, de un eficaz fresco del presente, pero también de un necesario ejercicio de reflexión para el futuro de las próximas generaciones de vascos. El pintor de batallas ha recibido el favor de la crítica española especializada. Favor, sin duda, que Pérez Reverte no consiguió con otros conocidísimos títulos del gran público. En esta ocasión, el autor murciano se aleja de la novela histórica o de acción y se adentra en el alma humana de un fotógrafo, Andrés Faulques, que ha convivido, durante casi treinta años y en lugares tan diferentes como la ex-Yugoslavia, El Salvador o el Líbano…, con los horrores del la guerra. Aunque sí pienso que en esta novela algunos personajes resultan un poco esquemáticos y esteriotipados, o que a veces las descripciones son demasiado detallistas, o que a los diálogos no están del todo bien logrados, todo esto no obsta para leer una gran obra literaria. Y, desde luego, responde muy bien a la intención primera de su autor al narrar esta historia, que en sus propias palabras consiste en «cómo se hace para sobrevivir y cuáles son los mecanismos de consuelo que posee el ser humano». Para finalizar, sólo espero y deseo que esta breve reseña no sea más que un punto de partida para descubrir la infinidad de posibles lecturas que entraña cada uno de estos bellísimos productos de orfebrería literaria. Disfruten de estos “delicatessen”.


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NARRATIVA 1º PREMIO

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Águila dorada

La infancia es sin duda la época más feliz de nuestra vida. A través de estas creaciones estos pequeños escritores (aunque sólo en estatura) nos muestras su realidad, que una vez fue la nuestra. No dejemos que los niños dejen nunca de ser niños, y por qué no, tampoco dejemos nosotros los adultos de recordar nuestra niñez...

Esta historia comienza en un poblado indio llamado Ankawa. Aquí vivían muy tranquilos y felices respetando la Naturaleza. Los hombres se dedicaban a la caza y a la pesca. Las mujeres a cuidar a los niños, cocinar, coser y hacer collares. Había una niña llamada Luna Plateada. Esta tenía nueve años, era muy linda y llevaba el pelo muy largo que se recogía con dos trenzas. Luna Plateada estaba muy triste porque ella quería ir a cazar con los hombres y los niños, pero por ser niña no le dejaban. Un día decidió que de todos modos iba a aprender por su cuenta y cuando salían de caza ella les seguía de lejos. Tenía un lugar secreto al que iba cuando se sentía triste. Este lugar era precioso, estaba escondido por montañas y entre ellas había un lago. Una tarde se estaba bañando en el lago, cuando se dio cuenta que en la orilla había una potrilla bebiendo agua. Se acercó a ella silenciosamente y le dijo: —¡Oh, que hermosa eres! No te asustes, no te haré daño, si quieres podemos ser amigas. La potrilla relinchó dándole a entender que estaba de acuerdo y así es como se hicieron inseparables. Cada día esperaba el momento para reunirse con ella y tenía que ser muy cuidadosa para que no la descubrieran. La llamó Águila Dorada. Se lo pasaban juntas de maravilla. Luna Plateada un día pensó: -¿Qué te parece si me dejas montar en tu lomo? Así podríamos correr juntas y sería muy divertido. Así lo hizo. -¡Esto es estupendo! Un buen día Toro Sentado estaba dando un paseo y se dio un susto de muerte, pues al ver a un caballo con Luna Plateada en su lomo pensó que eso no podía ser real. Hicieron una asamblea y llamaron a la niña, ella les contó que un caballo podía ser muy beneficioso para todos ya que aparte de ser amigos también podría ayudarles a llevar carga. Sería mucho más fácil y menos peligrosa la caza al lomo de un caballo. Quedaron tan asombrados de que ella hubiera descubierto


Cuando llegó a casa su madre pensó: —Esta niña necesita disciplina... Y entonces la niña gritó: —¡Mama la cena! Quiero sopa y flan de plátano. Al día siguiente Luisa se fue a comprar cacahuetes y plátanos. Cuando llegó a casa, se había comido todos los cacahuetes y plátanos que había comprado. Y su madre dijo: —Luisa, la comida ya está preparada. Pero Luisa le contestó: —Mamá ya he comido, no tengo hambre. Me voy al parque a saltar por los árboles. —¿Por los árboles?, se preguntó su madre. Cuando Luisa se iba a ir, su madre le interrumpió _Luisa, el desayuno Y Luisa oyó ¡ring! ¡ring! Y de pronto despertó de un profundo sueño. —Menos mal que sólo era un sueño. Y desde entonces Luisa estuvo contando a todo el mundo su terrible sueño. Y Luisa desde esa noche se portó bien para toda su vida.

Otros relatos (FNB1ÏSF[.BSUJOF[

La niña inmigrante 2º PREMIO

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La niña que se convirtió en mono Había una vez una niña muy traviesa que comía con las manos, masticaba con la boca abierta e iba siempre al colegio sin lavarse. Cuando llegaba al colegio olía muy mal y sus compañeros le decían que se parecía a un mono. La niña se quedó pensando por qué todos se lo decían, pero dijo: — ¡Bah!, No saben lo que dicen. Aunque no se daba cuenta de se comportaba como un mono, pero cuando pasaba el tiempo se notaba cada vez más rara y pensó: — ¿No será verdad que me estoy convirtiendo en un mono? Un día se fue al parque con su amiga Laura y cuando vio un árbol empezó a colgarse por sus ramas y su amiga le preguntó: —¿Te pasa algo raro Luisa? —No, ¿Por qué lo dices? —Porque te estás colgando de las ramas de los árboles. —¿Ah! No me había dado cuenta. Aunque Luisa se fue a casa tan contenta que estuvo cantando todo el camino.

Érase una vez una niña inmigrante que llegó a los EE.UU oculta en la bodega de un barco junto con otros inmigrantes provenientes de diferentes países. El país de Cloe estaba en guerra y sus padres decidieron meterla en un barco para sacarla de aquel horror y que se salvase. Una vez llegó al puerto de New York, los dejaron solos y el barco zarpó de nuevo. La niña comenzó a caminar sin saber a dónde ir. Toda la gente que pasaba por la calle se reía de ella. Esta niña se llamaba Cloe. Cloe tenía 8 años, el pelo castaño claro, largo enredado y despeinado, los ojos azules y utilizaba gafas, se vestía con ropas muy oscuras y como calzado llevaba unas sandalias muy desgastadas. Pasaron días y semanas y Cloe pedía dinero a la gente para poder comer. Los Smith, eran una familia del barrio muy amable. Solían pasar cuando Cloe no estaba y sólo se veían cosas pobres. Un día por casualidad pasaron los Smith y Cloe estaba allí sentadita en su banco habitual y la señora Smith le preguntó sus datos personales. Después la invitaron a ir a su casa y ella aceptó muy gustosamente porque le recordaban a sus padres. De camino a casa le compraron ropa y un juguete que ella eligió y que era un peluche. Se parecía mucho a uno que tenía en su país y con el que se dormía cuando su mamá le contaba cuentos por la noche.

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tal cosa sola, que a partir de ese momento todos la respetaron muchísimo y le pidieron consejo. La chica encantada de la vida, pensó que tendrían que hacer un corral para que viviera Águila Dorada. Les dijo a los hombres que lo mejor sería que cogiesen otro caballo para que la potrilla se sintiera acompañada. Así lo hicieron. Los indios respetaban a los caballos, les daban cariño, ya formaban parte del poblado. Al cabo del tiempo empezaron a notar cambios en las yeguas. Nunca habían observado a los animales tan de cerca. Lo que sucedía era que estaban preñadas. Y tuvieron unos cuantos potrillos más a los que atender. La vida del poblado mejoró mucho con la ayuda de los caballos. Los niños jugaban con los potros y los cuidaban. El tiempo fue pasando y Luna Plateada se convirtió en una joven y hermosa mujer. Y como siempre todas las mañanas salía cabalgando a Águila dorada que ya se había convertido en una hermosa y veloz yegua. Y un día que andaba cazando cerca del lago vio que la misma presa que ella perseguía también era perseguida por otro indio, entonces aceleró la caza para ver si se podía hacer con la presa antes que él, pero cual fue su sorpresa cuando vio que el joven y apuesto indio con un impresionante lanzamiento con el arco de una flecha hábilmente fabricada y a una larga distancia la batió primero. El joven se llamaba Pájaro Veloz. Se enamoraron, vivieron felices por siempre y tuvieron muchos hijos a los que quisieron por igual sin hacer diferencias por ser chico o chica.


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Enseguida llegaron a su casa y le enseñaron como era. Cuando fue a la habitación de sus nuevas hermanas y vio los juguetes se puso a jugar con ellos muy contenta. Los padres vieron con agrado como Cloe estaba jugando con Mary, Ellen y John. En ese momento decidieron que Cloe era una más de la familia. A Cloe le encantaron las literas. Ella decidió que iba a dormir en la de arriba. Al principio en el colegio se reían de ella pero enseguida hizo amigos Cloe les contaba historias de su antigua familia y también de miedo. Cloe pasó muchas aventuras con sus nuevos hermanos. Os voy a contar una de ellas: Fueron de excursión a una ciudad y se perdieron en

ella. Vieron a una señora, que parecía muy amable, en una tienda. La señora les regaló a las cuatro hermanas 5 y fueron a unas tiendas a comprar y en la última que estuvieron, dio la casualidad que se encontraron con sus padres. Así acabó esta última aventura. Después del colegio llegaron a casa y contaron todo lo que había sucedido durante el día a sus padres. Cloe cada día estaba más contenta. Le gustaba mucho merendar bollos con leche y cacao. De repente Laura se despertó en la cama. ¡Todo había sido un sueño! Al momento lo recordó todo y pensó en volver a dormirse para continuar con la historia de Cloe.

POESÍA 1º PREMIO SE EQUIVOCABA EL MEJILLÓN Se equivocaba el mejillón. Se equivocaba. Por colonizar la tierra, fue al agua. Creyó que Aragón era su casa. Se equivocaba. Creyó que el río Ebro era su nido; que la Margaritífera su presa. Se equivocaba. Que el casco del barco su guarida; que las tuberías, su cama. Se equivocaba. Que la almeja asiática, que el mejillón cebra. Se equivocaban. En peligro de extinción porque se equivocaba. ALUMNOS DE 1º Y 2º DE PRIMARIA VALAREÑA


OTROS :

UN MUNDO DE PAZ

LOS DINOSAURIOS

LA ESCUELA

¡Qué bonito sería... un mundo de paz y bondad!

Dinosaurios Grandes, aterradores Marrones y grises.

Me gusta la escuela la escuela es divertida el tiempo va que vuela entre números y poesías.

Donde no hubiera violencia, Y todos tuviéramos inocencia. Nunca guerras habría Y todo el mundo se amaría. Las bombas y los cañones Se convertirían en polvorones. Nadie tendría necesidades Porque todos seríamos iguales. No habría ricos ni pobres; Todos y cada uno, seríamos los mejores. El miedo no existiría. ¡El mundo sería de fantasía!

Me gustan los dinosaurios Porque son animales Porque son interesantes Fuertes e impresionantes. Vivieron hace miles de anos Corrían, saltaban nadaban y volaban Enterraban huevos en la tierra, ¡Adoro los grandes saurios!

Es la hora del recreo continua la diversión cogemos aire nuevo y jugamos al balón Hora de volver a casa sola se queda la escuela sola y bien cerrada nadie nadie se cuela.

Dinosaurios ¡Me gustaría ver uno mientras bebo un zumo ! Víctor Estaban Valero (4° Curso)

Todos tendríamos los mismos derechos Y estaríamos satisfechos. Los niños crecerían En un mundo de alegría.

BUSCANDO EN LA SELVA

Los pájaros cantarían Y a todos alegrarían.

Buscando en la selva estoy a un animal muy feroz.

¡Y qué bonitas flores llenitas de colores!

Me encuentro al elefante, que es un animal gigante.

Nuestro planeta... Sería más bonito que un cometa.

Me encuentro al papagayo, que le gustaba a mi yayo.

Ningún niño sin colegio se quedaría, ¡Todos aprenderían!

Me encuentro a la hiena, que de tan feroz, da pena.

¡Qué bonito mundo sería, lleno de amor, color y alegría!

Me encuentro con la jirafa que es difícil ponerle gafas.

¡Qué bonito sería mi mundo! Lo espero desde lo más profundo.

Pero no encuentro al león que es, sin duda, el animal más feroz.

Alba Miranda (2º Curso)

Andrés Casanova Laguarta. (4º Curso)

Marta Rodrigo Fernando Martín Álvaro Casas Yolanda Larraga Óscar Rodrigo (3ºde Primaria)

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2º PREMIO


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NARRATIVA 1º PREMIO ,BSFO-JTP4BEB $VSTP

LA CUEVA Y EL GNOMO MÁGICO En un país muy lejano vivía una niña llamada Alison con sus tres hermanos. Ellos no tenían padres y eran tan pobres que no tenían para comer. Un día su hermano mayor, Aron, se fue al bosque para buscar algo de alimento, pero Aron ya no volvió. Sus hermanos estaban preocupados y Tom decidió salir a buscarlo. Pero Tom se perdió y encontró una cueva, entró en ella y encontró oro, diamantes y muchas joyas, pero cuando iba a coger una moneda de oro, un gnomo apareció y le dijo: - Si coges alguna moneda de oro, te quedarás como una estatua. Pero Tom tenía mucha hambre, cogió una moneda y salió corriendo. Cuando llegó a un camino, un viento muy fuerte se levantó y se le llenó la cara de hojas de los árboles y de repente pasó a ser una estatua. Pasaron los días, los otros dos hermanos seguían en casa preocupados. Asier, salió en busca de Aron y Tom. Asier tenía siete años, era delgado como un palo, tenía el pelo largo y la ropa rota. Así pues, se fue en busca de sus hermanos, pasados unos días encontró la cueva, entró en ella, cuando vio las monedas enseguida fue a por una. Entonces apareció el gnomo y le dijo: - Si coges alguna moneda de oro, te quedarás como una estatua. Asier, lo pensó y lo pensó, pero cogió la moneda y se fue corriendo como una flecha y cuando salió al camino se levantó un viento muy fuerte. Unas hojas le tapaban los ojos y no podía ver y de repente se convirtió en una estatua. Ya solo quedaba la más pequeña de los cuatro hermanos, Alison. Alison era una niña de cinco años, tenía el pelo rubio, los ojos azules y era una niña muy lista. Como sus hermanos no volvían, Alison se puso muy triste y no paraba de llorar y llorar, pero decidió ir a buscarlos. Cogió un trozo de tela, puso un trozo de pan, una botella de agua y se puso en marcha.

Se metió en el bosque y cuando llevaba horas caminando se encontró con un ciervo que estaba atrapado en un cepo que unos cazadores habían puesto. Ella le ayudó a salir, le curó con un poco de agua, le dio un trozo de pan y siguió su camino. Horas más tarde se hizo de noche, Alison tenía miedo, todo estaba muy oscuro y había ruidos muy extraños. Se metió en un tronco hueco que estaba tirado en el suelo y ahí pasó la noche. Al amanecer se comió un trozo de pan y siguió su camino. En medio de un camino vio que había algo, se acercó, era su hermano, Tom que se había convertido en piedra. Ella se fijó que algo brillaba en su mano, cogió lo que brillaba y vio que era una moneda de oro. Alison miró la moneda, ponía algo escrito: «La cueva luminosa». Ella se guardó la moneda. No sabía que hacer y estuvo sentada mucho rato al lado de su hermano hasta que pensó que se iba hacer de noche y que sus otros dos hermanos también se habían perdido. Se puso de nuevo a caminar. Cuando llevaba un rato caminando se encontró con su otro hermano, Asier que estaba igual que su hermano Tom. También tenía una moneda con un mensaje: «El gnomo y sus tesoros». Ya era de noche, todo estaba oscuro a lo lejos vio una luz intensa y muy brillante. Alison se acercó poco a poco, la luz salía de una cueva. Entró muy despacio y vio todas las monedas de oro, joyas, diamantes… se acercó a tocarlas y entonces apareció el nomo y le dijo: - Si coges alguna moneda de oro, te quedarás como una estatua. Alison sacó de su bolsillo las monedas que había cogido de sus hermanos y se las dio al gnomo. El gnomo desapareció. Ella salió corriendo hacia el camino donde estaban sus hermanos y vio que ya no eran estatuas, y los tres volvieron a casa. Aron que también se había perdido por el bosque, también encontró la cueva. Cuando entró vio que estaba llena de


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monedas… pero cuando se acercó a cogerlas el gnomo no apareció. Así que cogió todas las que pudo y salió de la cueva. Cada tres pasos echaba una moneda de oro al suelo para recordar el camino y poder ir a por más monedas. Cuando amaneció, Tom, Asier y Alison salieron en busca de su hermano. De repente vieron que algo brillaba en el suelo, eran las monedas, siguieron el rastro y después de un rato caminando… vieron una sombra a lo lejos. Fueron corriendo, era su hermano. Alison le preguntó de donde había sacado las monedas. Su hermano le dijo que de una cueva, así que ellos le contaron la historia de esa cueva. Los cuatro fueron a la cueva en busca de más monedas y luego regresaron a casa. Un día, Alison se encontró con el gnomo que estaba llorando en un tronco. Ella se acercó, estuvieron hablando, el gnomo estaba triste y Alison lo invitó a su casa. Desde entonces viven los cinco muy felices.


2º PREMIO 5PCÓBT,WBDT $VSTP

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LOS JUGUETES CON VIDA En un día soleado, un niño llamado César, se encontró una caja en el suelo. En un lado de la caja ponía: “Quien meta un juguete en esta caja tendrá la suerte de que el juguete pasará a la vida, con el mismo tamaño de juguete”. César cogió la caja y se la llevo rápidamente a su casa. Sin decir nada a nadie se fue a su habitación y quiso probar su caja misteriosa. Cogió su juguete favorito, que era un indio, y lo metió . Al abrir la caja ¡Sorpresa! . El indio vivía. Esa misma noche el indio y César hablaron. César le preguntó al indio: -¿Cómo te llamas? El indio contestó: -Shao Lin, me llamo Shao Lin.¿ Me puedes decir dónde estoy? -Estás en Europa, no te preocupes yo te cuidaré bien. A la manana siguiente, César puso ocho indios más en la caja. Se llamaban: Saís Lin, bane Lin, Rusti Lin, Sasi Lin, Pon Lin, Sariaso Lin, Oso Lin y Henri Lin. César abrió la caja y todos los indios vivían. Después metió nueve vaqueros que también vivieron. Les hizo un campamento para cada grupo y cuando César se descuidó, los indios y los vaqueros se pusieron a luchar. Murieron seis personas de cada grupo y César a los que quedaban los volvió a transformar en juguetes. Y César pensó que nunca más utilizaría aquella caja porque no había conseguido nada bueno.


Érase una vez una familia que vivía en una ciudad grande, tenían dos hijos llamados Tomás y Mauro. Esa ciudad estaba llena de ruidos y contaminación. Llegaron las vacaciones y la familia decidió marcharse a pasar unos días a otro lugar más tranquilo. Una mañana el padre al leer el periódico, vio un anuncio en el que se alquilaba una gran casa alejada de la ciudad. La familia se interesó y decidieron marcharse. Todos estaban muy contentos de estar allí. Pasaban los días, Tomás y Mauro se entretenían leyendo libros de aventuras en una gran biblioteca que había en la parte baja de la casa. Una tarde Mauro fue a coger un libro que le había llamado la atención, por su extraña forma de abrirse con una llave de cristal, entonces éste llamó a Tomás para decirle que había encontrado un libro muy raro. Los dos juntos querían abrirlo, sentían curiosidad y nerviosismo por leer su aventura. Una vez abierto, los dos estaban muy entusiasmados y debido al poder que tenía este libro, habían llegado a otra ciudad que era de cristal, donde todo era pequeño. Una vez allí se quedaron asombrados por lo que había a su alrededor, todo estaba cristalizado. Los dos hermanos empezaban a interesarse por lo que veían y caminando por la ciudad se encontraron con Berundil, que era un hombrecillo pequeño y parecía asustado. Mauro le preguntó que por qué estaba así y éste le contestó que huía de una bruja malvada que había en la ciudad. Esta bruja había convertido todo en cristal al negarse a trabajar para ella todos los habitantes de la ciudad. Berundil les dijo que para convertir la ciudad en como era antes, había que romper el hechizo de la bruja y para ello tenían que encontrar una planta de color oro, cuyos granos de polen lo destruirían. Los dos muchachos fueron en busca de esa planta a lo más profundo del bosque, había de muchas clases y entre ellas una era distinta por su color dorado. Con cuidado cogieron sus granos de polen en una pequeña bolsa y regresaron con Berundil. Éste les dijo que como ellos eran más altos que le lanzaran el polen a la bruja y ello haría que el hechizo se rompiera. Así lo hicieron y todo el país volvió a ser como antes. Todos estaban felices y los dos hermanos sin darse cuenta se encontraron otra vez en la biblioteca, terminando de leer el libro que les llevó a la ciudad de cristal. Nuria Aranda Gallego (5º Curso)

LA GOTA DE SANGRE Acababa de amanecer, un rayo de sol entraba por una rendija de la ventana... Entonces nací yo. Me llamo Blanqui. Muchos diríais que soy un glóbulo blanco, pero no lo soy. Soy una glóbulo blanca. Nací en una casita al lado del Gran Ojo Izquierdo. Decían que yo les había venido como agua de mayo porque estaban en guerra contra un virus llamado “Gripe”. Mi historia no resultaría interesante, persona que estás leyendo, si no fuera por lo que pasó. Por si no lo sabes, mi labor es defender el organismo, pero ¿qué pasaría si me hiciese amiga de una germen? ¡Justo! Lo has adivinado. Eso me ocurrió a mí. Cuando yo empecé la guerra, los demás estaban con el agua al cuello luchando contra la gripe. A veces el niño tosía y con cada tos todo se sacudía como un terremoto. Fue en mis patrullas cuando la encontré. Ella iba sola y yo la miraba. Entonces la apunté con mi arma, iba a disparar cuando vi que llevaba una bandera blanca: quería parlamentar. Mientras la llevaba al j e f e , el Gran Cerebro, estuvimos hablando y nos hicimos amigas. Pero, cosas de la vida, yo caí en un agujero llamado herida y Grippi (así es como se llamaba) cayó conmigo. Cuento mi historia ayudada por Grippi, convertida en parte de una mancha de sangre seca en el suelo. Ana Coscuella (6º Curso )

EL PAJARILLO Y EL CAZADOR Erasé una vez un pajarillo que tenía una cosa en especial. su color era rojo. Un día como muchos otros, estaba el pajarillo posado en una rama y apareció un cazador, éste lo vio y aunque era una hermosa ave quiso cazarlo, pero el pajarillo que era muy astuto se dio cuenta de que lo querían cazar, y salió volando sin pensarlo dos veces. Se fue volando hacia un cable de luz que estaba al lado de unaventana. De repente vio asomarse a un niño que estaba triste a causa de su enfermedad.El pajarillo empezó a cantar una alegre melodía y el niño que miraba al pajarillo se alegró tanto que cuando su padre llegó a casa le oyó reír y subió a ver qué le pasaba. El padre le dijo al niño: .- ¿Por qué estás tan alegre hoy hijo mio? .- ¡Mira papa, que pajarillo tan guay! Contestó el niño féliz. El padre se quedó asombrado al darse cuenta que era el mismo pajatillo que él había intentado matar. Desde aquel día, le prometió a su hijo que jamás volvería a matar a ningún animal. Raquel Garcés Ibañez (5º curso)

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Otros relatos LA CIUDAD DE CRISTAL


POESÍA

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1º PREMIO

2º PREMIO

LA FLOR EN EL BOSQUE PARA CONCHA En el bosque había una flor,

Concha nos ha mandado trabajar,

La flor cuatro pétalos tenía,

esto de lengua y de mates problemas,

Cada pétalo, un color.

también el libro, pues no puedo más;

La gente que al bosque iba decía: ¡Qué bonita! ¡Qué bonita! ¡Qué preciosa flor! Cada vez que la miro, Un destello hay en mis ojos. Los pétalos reflejan mis sentimientos: Rojo- Amor Verde-Esperanza Azul-Alegría Amarillo-Paz. Flor del bosque, ¡Precioso destellar! En la noche, tú brillas sin cesar y mis sentimientos haces brotar. Nunca pierdas tus pétalos y ayúdanos a encontrar: ¡Amor, Alegría, Esperanza y sobre todo Paz.!

Ana Millán Fernández, (5ºCurso)

no tengo tiempo para festejar. Tampoco lo tengo para peinar mi larga melena y la de Tomás; solo pienso cuantos son los problemas, y marchar con amigos a jugar. El soneto me está volviendo loca, no sé cómo poderlo terminar, cuanto más discurro, más me sofoca. Pienso que lo puedo finalizar buscando algo que tenga sílaba oca, y con todo esto poderme marchar.

Rebeca Castiello Arnal (6º Curso)


La hormiga Miga liga

Cabras, mulos ¡atención!, perros, pulgas, escorpión, caballo, gato o león, escarabajo o dragón, escuchad este pregón: ¡se hace saber, con razón!, que en el bosque, en un rincón, transformado en salón, habrá pronto reunión. Con fiesta, danza, follón a mogollón, música y acordeón, pero en otra ocasión, la hormiga y su jirafón darán la presentación y harán la demostración de bailar a la perfección, premio a la mejor canción, mejor traje y confección. a los de el bosque que haya escuchado este pregón.

Javier Civantos Sánchez (5º Curso)

Los Perros

Me gustan los perros Ladrando sobre los carros. Juegan con la gente Con sus pelos largos. Me gustan sus ladridos Y andar con ellos. Me bajo del carro Y juego con ellos. Son cariñosos Si les haces cosquillas Sobre sus tripas Peludas y suaves. Querría ser veterinaria Para estar con animales. Curarles todas sus heridas Y todos sus males.

Natalia Cavero Clemente ( 5º Curso)

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OTROS :


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NARRATIVA

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Sincera, impulsiva, ocurrente,

natural o divertida, así podría calificarse las obras de nuestros jóvenes creadores, pero también comprometida, inteligente o sensata. La adolescencia es un fluir incontrolada de sensaciones, muchas veces nuevas, si todas ellas las canalizamos en un relato o un poema el resultado suele ser un cóctel maravilloso que debemos disfrutar.

1ºPREMIO POLÍCIA POR UN DÍA María García Aquella mañana, los rayos del sol asomaban tímidamente por el horizonte y las calles de la ciudad estaban casi vacías, solo se veía alguna persona medio dormida, y otras apresuradas para llegar al trabajo. Las tiendas aún estaban cerradas, pero los bancos, por desgracia, abrían así de temprano. Como podéis imaginar, yo trabajo en uno, exactamente en City-Bank, uno de los principales y que más dinero maneja diariamente. Los rayos del Sol no terminaron de salir puesto que una envolvente niebla cubrió toda la ciudad. Yo atendía la caja n° 3, la gente entraba y salía, pero de pronto, todos se pararon. Estaba entretenida buscando unos papeles y no me enteré hasta que los vi. Tres encapuchados con caretas asaltaban el banco. Dos, llevaban metralletas y bolsas, y el otro, que parecía el líder, llevaba una pistola. Este se acercó a mí, puesto que la caja 1 y 2 estaban llenas de gente, Me temblaba todo el cuerpo y no sabía si pulsar el botón de alarma. Entre él y yo, ya sólo había unos centímetros de diferencia cuando levantó la pistola y apuntó hacia mi cabeza. Amenazante me dijo: -¡Sal de ahí!. Obediente abrí la portezuela, toda la gente estaba tirada en el suelo y muy asustada. De nuevo el ladrón me volvió a preguntar con su voz ronca: -¿Dónde está la caja fuerte? Cogí las llaves y me acerqué, temblorosa. La puerta se abrió y los dos nos adentramos en ella. Mientras tanto, los otros ladrones amenazaban a la gente con disparar si se movían. Cuando ya hubo llenado toda la bolsa de dinero, fue hacia la salida, y gritando con voz fuerte dijo: -¡Vamos chicos, ya tengo todo!. El último ladrón, antes de salir, se bajó los pantalones, y nos enseñó un bonito tatuaje en su trasero que decía: Thank You. Nada más perderlos de vista pulsé el botón de alarma, y vino la policía. Les conté todo con pelos y señales, y les enseñé la caja fuerte. Las cámaras de seguridad habían grabado a los otros dos individuos, que amenazando a la gente e insultándoles, les impedían moverse del suelo. Fue aterrador. La agente Susan era la encargada da analizar los vídeos y una vieja amiga del instituto. Me reconoció y me llamó varias veces para interrogarme. En una de esas veces fue cuando se dio cuenta. De la camisa de uno de los ladrones sobresalía


un collar con un extraño símbolo que había que analizar. Dos días después una compañera le dijo a Susan que ese era el símbolo de una banda de bajo New York. Susan llamó para informarme y me dijo: -¿Querrías ser mi ayudante por un día? Quedamos a las 5:00 del día siguiente, esa noche poco pude dormir, habían sido demasiadas emociones por un día y ¡semejante madrugón!. Fuimos en el coche de Susan, que era de policía, pero camuflado para no levantar sospechas. Dejando atrás las grandes avenidas nos adentramos en el Browns. Aquello parecía otra ciudad: casas en malas condiciones, con ratas campando a sus anchas, gente tirada por la calle, bandas callejeras luchando entre ellas... Preguntamos a unas cuantas personas, pero nadie quería ayudamos, estábamos a punto de rendimos cuando un viejo y borracho vagabundo nos dijo: -Ese símbolo me suena, ¡hip! , era de una vieja banda llamada “reclutas”, me dieron una paliza que casi me matan. ¡hip!. Creo que se ha disuelto y sólo quedan dos personas en el barrio. Lamamos a la comisaría con los nombres y las descripciones de esas personas, y al poco tiempo nos dieron las direcciones. Nos dirigimos a una de las dos casas, era pequeña y parecía abandonada, pero llamamos al timbre y un joven muy amable abrió la puerta y nos invitó a tomar un té. Nos dijo que se había rehabilitado y trabajaba en un matadero. También nos dijo que la banda se había disuelto, cosa que ya sabíamos, y solamente quedaba un antiguo compañero del barrio. Cuando se dirigía a hacernos el té, vi que cojeaba del pie izquierdo y se veía una pequeña venda a través del calcetín. También vimos una bolsa negra en un rincón de la casa que nos pareció sospechosa. Yo, muy observadora, le pregunté: -Que bolsa tan rara, ¿para qué sirve?, ¿va a ir usted a algún sitio de viaje? Y él contestó: -¡No!, voy a correr al parque R.J. y como mi perro se ha roto una pata lo llevo en esa bolsa. Nos despedimos amablemente y sin perder un minuto nos dirigimos a la casa del segundo sospechoso. Esta era pequeña pero se veía bien cuidada y con un jardín muy bonito.

Llamamos al timbre y nadie nos abrió, volvimos a llamar y obtuvimos la misma respuesta. Así que Susan tiró la puerta de una patada. Allí no había nadie, por lo que pudimos registrar toda la casa, encontramos una factura de un billete a El Cairo. -¡Se nos iba a escapar! Susan llamó a la comisaría para que detuvieran todos los vuelos a El Cairo. Sólo había que esperar. Cogimos el coche y nos dirigimos a la comisaría, pero a mitad de camino sonó la emisora. Susan escuchaba con la boca abierta y cuando terminó gritó: -¡Claro, como no he caído antes! Dio un giro brusco al coche en dirección al parque R.J. y le pregunté: -¿Qué pasa, Susan? ¿Qué has descubierto? Ella me contestó alterada: -¿No te fijaste que llevaba una venda en el pie? ¿Cómo iba a hacer deporte? A demás, yo no vi ningún perro por la casa. En esa bolsa está el dinero y lo van a repartir en el parque. Susan pisó el acelerador y llamó a comisaría para que enviaran refuerzos al parque R.J. La policía llegó enseguida, con sus perros adiestrados. Miramos por todos los rincones y entonces los vimos. Sentados en un banco se repartían el botín, pero ellos se percataron de nuestra presencia y echaron a correr. Fue entonces cuando yo entré en acción. Solté uno de los perros que tenía a mi lado, y este fue el encargado de aclarar las dudas. El perro se abalanzó sobre uno de ellos, y tirando de él bajó sus pantalones. Y en efecto, allí ponía «Thank You». El caso estaba resuelto, era la misma persona que había atracado el banco. Y así fue como yo me convertí en una auténtica policía por un día.

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2º PREMIO LILI BLAU En un hermoso y pequeño pueblo de 200 habitantes, llamado Ciudad Perdida, corrían tiempos muy difíciles. Acababa de llegar el invierno y una densa capa de nieve lo cubría todo por completo. Lo que nadie sabía, excepto una anciana llamada Lili Blau que vivía en un pueblo cercano llamado Amnesty, era que cuando llegara el invierno número 2000 de la existencia del pueblo, que es justo en el que se encuentran ahora, todas las personas que en el vivieran se irían muriendo una a una por una dolorosa e inesperada enfermedad. Eran las ocho de la mañanaa, la gente se iba levantando para ir a su trabajo, y los niños a la escuela. Pero ya empezaban las consecuencias de la maldición, hacía más frío que nunca la gente no estaba preparada para ello y en el colegio una pequeña niña de tan sólo 3 anos sufrió un desmayo. Afortunadamente fue sin importancia porque a los pocos segundos reaccionó sin necesitar asistencia sanitaria. Lo trágico ocurrió en su casa. La niña no paraba de quejarse de que tenía muchos dolores. Sus padres preocupados llamaron al único doctor del pueblo conocido con el nombre de Jack. El médico acudió sin perder tiempo pero cuando llegó ya era demasiado tarde, la niña acababa de fallecer. Él dijo que la causa del fallecimiento eran los fuertes dolores que había sufrido y que no podía darles más detalles porque no conocía la enfermedad. En el pueblo todos estaban muy tristes por la trágica muerte. Los vecinos no le daban mayor importancia pero Jack sí. Él miraba y miraba los libros de medicina que tenía en casa, aunque sin encontrar respuesta alguna. Esta enfermedad no la conocía nadie de momento. Jack se puso a investigar y a buscar algún antídoto. Vio que las plantas que tenía para fabricarlo no le servían. A la mañana siguiente, en casa Lumiére se oyeron unos gritos espantosos y a las personas que por allí pasaron las dejaron estremecidas y casi sin poder moverse. Por supuesto, Jack acudió a la casa, pero nada pudo hacer mas que certificar la muerte. En apenas una hora Jack se tuvo que desplazar hasta otra casa y como era de prever la mujer había muerto a causa de un dolor extraño. El pueblo estaba alarmado. Jack no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. A él se le ocurrió que a lo mejor la respuesta podría estar en los archivos del ayuntamiento, así que se dirigió allí. Al principio el alcalde se mostró un poco reacio, así que Jack le contó lo que pensaba y el alcalde, por el bien de los vecinos, accedió. Jack se puso manos a la obra y empezó a mirar los miles de papeles que allí estaban, pero a mitad del trabajo se tuvo que marchar a otra casa porque un hombre se estaba debilitando. Por desgracia, éste

sufrió mucho más que los otros, porque tuvo que aguantar los fuertes dolores durante dos días. Jack lo contemplaba, le daba calmantes aunque de nada servían y mientras tanto Jack tomaba muestras de saliva, orina, ... hasta que se murió. Cuando se marchó de la casa se dirigió al ayuntamiento. Después de dos largos, duros e intensos días, su búsqueda empezó a dar frutos. En un viejo papel ponía que la bruja más malvada del universo, conocida como Lili Blau, había maldecido al pueblo cuando éste llegara al invierno número 2.000 de su existencia, pero no decía nada más. Así que Jack se decidió a ir a preguntar por las casa si alguien sabía algo sobre Lili Blau. La mujer de mayor edad del pueblo sabía quién era ella, qué había hecho y lo más importante, su dirección. Durante estos días ya habían muerto 3 adultos y 2 niños. Jack decidió ir a buscar a Lili Blau. Después de una hora cuando se había abrigado mucho, había cogido comida y la poca información que tenía sobre ella, partió hacia Amnesty el pueblo en el que vivía Lili Blau. Tras 5 días sufriendo frío y casi sin provisiones llegó a Amnesty. Efectivamente ahí se encontraba Lili Blau, en una cueva subterránea, muy sucia y poco amueblada. La mujer iba vestida con una gran túnica negra. Ella le dijo que esa maldición la había hecho porque su padre, Cristhofer, la había retado y la única forma de que no muriera nadie más y los muertos revivieran era que Cristhofer se arrepintiera de corazón frente a la cueva de Lili Blau. Rápidamente Jack fue a buscar a su padre, que vivía en ese pueblo. Él se negó rotundamente, así que Jack le dijo que si no lo hacía él también moriría. Al final aceptó y se arrepintió de corazón frente a la cueva. En ese mismo instante apareció una gran luz en el interior de la cueva, los dos estaban atemorizados pero se decidieron a entrar. Cuando se acercaron una fuerte luz se los tragó por completo y los dejó en un nuevo mundo, allí estaban las personas que se habían muerto en el pueblo. Jack y Cristhofer los cogieron a todos y volvieron al mundo de los vivos, todos contentos se dirigieron hasta Ciudad Perdida. Cuando los ciudadanos vieron a sus familiares corrieron a abrazarlos. Todos hicieron una gran fiesta para celebrarlo y ya nadie más murió por causas que no fueran naturales. Gracias a Jack y a Cristhofer el pueblo de Ciudad Perdida se salvó de la maldición y para nadie quedará en el olvido aquel remoto pueblo de las montanas.

Ilustra: Chema Agustín

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Irene Garcés


REGALO DE NOCHEBUENA

Era el día de Nochebuena. Eran las seis de la tarde y Carla ayudaba a su madre a preparar la cena. Todo iba genial, pero a la hora de poner la mesa, se dieron cuenta de que no había pan. Carla tuvo que salir a por pan pronto o le cerrarían las tiendas. Su madre le dio el dinero y salió pitando de casa a por una barra de pan. Entró a una panadería y compró la barra de pan, y como tenía hambre, arrancó el canto y se lo comió. Se le cayó un trozo al suelo. Se dio la vuelta para recogerlo y ¡había un perrito comiéndoselo! Era marrón y estaba muy delgado, en los huesos. Cuando terminó de comérselo, Carla se agachó para acariciarlo. Él la miró con cara triste. Carla le dio otro pedazo de pan. Miró el reloj. Se había hecho tarde. Tenía que volver a casa. Pero no podía dejar allí al perrito. Lo cogió y lo llevó a casa. Como no podía entrarlo a casa, lo dejó en la bodega. Si sus padres se enteraban... echarían al perrito a la calle. Durante la cena, todo fue genial, pero Carla se preguntaba si el perrito tendría hambre y estaba preocupada. Así que decidió bajarle comida. Dijo que iba al baño, se metió en la despensa y cogió unas galletas y algo de pan duro. Mientras bajaba las escaleras del sótano, su madre decía en la mesa: - Se ha acabado el vino. Hay una botella en la bodega. El padre de Carla dijo: - Yo iré a por ella. Bajó las escaleras, y, al abrir la puerta de la bodega, vio a Carla. Junto a ella había un perro comiendo algo que ella le había dado. Enseguida, gritó: -¡Carla! ¿Qué haces? ¿Quién es ese? ¿Qué hace en nuestra casa? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? ¿Por qué... - Carla interrumpió: Es Rocky. Lleva desde esta tarde en la bodega. Nadie lo sabe. Es que... lo encontré en la calle, muerto de hambre, me dio pena dejarlo... Echó a llorar. - Tranquila, no llores. Después de la cena hablaremos con tu madre. Pero no tenías que haberlo entrado a casa sin nuestro permiso. - Ya, pero... Después de la cena, mientras Carla y sus padres recogían la mesa, se lo consultaron a la madre: - Cariño, tu hijo ha traído un perro a casa esta tarde. Está en la bodega. -¿Cómo? ¿Un perro? ¿Por qué? - Es que tenía mucha hambre y me puso caras tristes y... - ¡No hay excusas que valgan! ¡Tenías que haberlo dicho! Si, lo siento mucho, pero... - -- - ¿Nos lo podemos quedar? - ¿Qué? ¡No podemos ,¡Es imposible!. Mañana lo llevaremos a la perrera. Y ahora vete a la cama. Carla se fue llorando a la habitación, se puso el pijama y se acostó. Le costó dormirse. A la mañana siguiente, Carla se levantó a por sus regalos. Debajo del árbol había muchos regalos. Abrió uno pequeñito. Se quedó confusa. Parecía... un cinturón enano... no puede ser... ¡era un collar de perro! Y dentro del paquete también había una nota que decía: Te puedes quedar con “Rocky” hasta que encontremos a su dueño. MAMÁ Y PAPÁ

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Marina Lapuente


LA HUÍDA

Era tarde, muy tarde, los niños corrían y corrían dejando atrás el lugar donde los últimos meses habían permanecido encerrados. Llevaban ya mucho rato corriendo para estar cuanto más lejos mejor de aquel odioso orfanato. Pablo lo había planeado todo. Las noches de las dos últimas semanas se las había pasado maquinando el plan que les permitiría escapar de allí. Junto a él habían escapado más niños, no muchos, unos doce, mas o menos. Todos ellos tenían de catorce a dieciséis y el mismo pensamiento de que fuera del orfanato les iría mejor y por ello habían escapado. En el corto periodo de tiempo que habían pasado en él recordaban haber vivido los peores capítulos de sus vidas: Dormitaban en viejos colchones, duros y sucios y sus comidas se basaban en patata cocida, caldos fríos y pasados y en fruta podrida. Al orfanato lo recordaban grande, enorme, con pasillos muy largos, con muchas salas grandísimas con los techos muy altos. Lo recordaban frío, sombrío y tenebroso y su recuerdo les daba fuerzas para seguir adelante. Aunque llevaban mucho recorrido, la densa niebla los había pillado por sorpresa. La mayoría de ellos llevaban las manos rojas y ateridas por el frío y no eran pocos los que se maldecían por haber elegido esa gélida madrugada para escapar. Sus labios estaban agrietados y cortados y el simple hecho de hablar o reír les producía un dolor insoportable. Llevaban consigo un viejo carro destartalado que se turnaban para llevar aunque se veían obligados a transportar entre dos, debido a su elevado peso, y en el que portaban algunas de sus pertenencias y provisiones. Cualquiera que los viese pensaría que eran unos pobres mendigos o unos vulgares ladrones y rechazarían cualquier tipo de trato con ellos, lo cual no les convenía en absoluto. Quizás por eso habían decidido salir de madrugada aunque también tenían otras razones. El orfanato estaba totalmente incomunicado; el pueblo mas cercano era “Los Juncos” que se encontraba a quince kilómetros de distancia. Javier había pasado allí su infancia hasta que un trágico accidente de tráfico le arrebató a sus padres. En las casi tres horas que llevaban ya de viaje no habían visto ni una sola luz, ni una sola señal que pudiese significar que el pueblo se encontraba cerca de dónde se hallaban. De repente, Clara, una chica tímida que no se había dejado notar en todo el trayecto, le pareció distinguir algunas siluetas de edificios entre la oscuridad. Pronto empezó a amanecer y todos pudieron ver resurgir al pueblo entre las sombras. Nunca antes un amanecer les había parecido tan bonito porque sabían que éste sería diferente, sabían que tras este amanecer les esperaba su nueva vida.

Ilustra: Chema Agustín

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Alicia Begué


1º PREMIO LA FELICIDAD DE UN ABRAZO

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Oía voces a su alrededor. Por alguna extraña razón sabía que no debía abrir los ojos. Allí, en el centro de la sala de un castillo abandonado, se despertaba abrazada a un osito de peluche una niña pequeña, inocente, con el pelo recogido en dos coletas y un vestido blanco de terciopelo. No sabía qué hacía allí. No recordaba ni sentía nada... Paredes altas, piedras antiguas y una enorme puerta cerrada. «¿Dónde estoy? ¿No puedo salir...?” Empezó a sentir algo que no recordaba haber sentido: curiosidad. Una curiosidad tremenda que la obligó a levantarse. Casi al momento la puerta se abrió. Le gustaba ese sentimiento, era divertido. Atravesó la puerta llegando a un amplio corredor lleno de puertas que parecía no acabar nunca. ¡Quería abrirlas todas! Sin pensarlo, se acercó a la que tenía más cerca. Al instante la puerta de entrada desapareció detrás de ella. Un sentimiento nuevo se empezó a formar: miedo. Se había quedado encerrada en ese corredor infinito. No había salida. Miedo y angustia. Esos sentimientos ya no le gustaban. Su pequeña cabeza empezó a dar tantas vueltas que su mente se mareó y rompió a llorar. Las lágrimas corrían por sus mejillas a la vez que ella corría en busca de una puerta abierta. Todas estaban cerradas. No fue hasta que cayó exhausta al suelo cuando se dio cuenta de que alguien la observaba. Parecía humano, pero no lo era, no estaba ni vivo ni muerto. Y se reía de ella. Era una sonrisa extraña, ni alegre ni triste. Ante la mirada de la niña, el fantasma le arrojó una llave que llevaba en la mano y señaló la puerta oxidada que tenía detrás. Los sentimientos amargos que había experimentado la pequeña hacía un momento dieron paso a una nueva curiosidad, alimentada por el deseo de salir de allí. Ese instinto la obligó a abrir la puerta y entrar despacio. Nada más atravesar el umbral, sus ojos brillaron de emoción. Era una sala enorme de terciopelo, llena de juguetes nuevos, todos para ella. Olvidando lo que le había pasado y llena de ilusión, arrojó el osito que llevaba en la mano para lanzarse a una montaña de peluches grandes y suaves. Empezó a jugar y cada vez que veía un juguete nuevo se olvidaba del que llevaba en las manos. Después de un buen rato acabó de jugar con todos. Su ilusión se había convertido en aburrimiento. Ahora miraba aquel montón de juguetes que tanto Ia habían impresionado antes y pensaba que no era para tanto. ¡Quería

más! Desde que había entrado en la habitación, escondido entre la ilusión y la alegría, otro sentimiento se había estado formando a escondidas: avaricia. Sumida en su aburrimiento, alargó la mano para coger un pequeño soldadito que tenía cerca. Al instante, una explosión surgió de la montaña de peluches y todos los muñecos empezaron a arder. El fuego se iba expandiendo por toda la habitación, quemando el terciopelo del suelo y deformando en muecas macabras las caras alegres de los muñecos que la miraban. Todo estaba ardiendo, el humo era cada vez más denso y los juguetes le sonreían mientras eran devorados por las llamas. Aquel sentimiento aterrador que había sentido en el pasillo volvió con renovadas fuerzas. Tanto miedo tenía que cerró muy fuerte los ojos y abrazó a su osito..., dándose cuenta de que no lo tenía. Lo había tirado y ahora estaba ardiendo entre las llamas. Al miedo que la estremecía se le sumó la tristeza de haber perdido el único amigo que recordaba haber tenido. El calor era insoportable y el humo no la dejaba respirar. Sin poder abrir los ojos sintió cómo se ahogaba. Quería gritar, correr, llorar, salir de allí, pero su cuerpo no respondía. En un intento que sabía el último, abrió los ojos para que el humo acabara de devorarla, cuando vio con sorpresa que estaba en el pasillo de las puertas. Poco a poco la niña fue recuperando la respiración. Se levantó intentando inútilmente olvidar lo que acababa de pasar. Mientras tanto, el fantasma la observaba. Mientras se reía de ella le enseñó otra llave. La niña la miró con recelo. No estaba segura de querer atravesar otra puerta. Estaba cansada y aún le dolía al respirar. Su mirada inocente empezaba a desaparecer. Ante su visible indecisión, el fantasma abrió la puerta. Sin saber muy bien por qué, la pequeña se acercó y, con una excesiva tranquilidad, entró... Niños. Más de los que ella sabía contar. Llorando, gimiendo, muriendo. Gritos que escondían hambre desgarraban los oídos. La miraban con desesperación, sin más vestimenta que sus huesos. En vano intentaban alcanzar una única manzana en la copa de un árbol, roja como el dolor que se sentía en la habitación. Se aferraban al tronco tan fuerte como sus débiles brazos les permitían y la corteza de lija les rasgaba la piel como si de seda se tratase. A pesar de la sangre seguían intentándolo, hasta que la luz de sus ojos se apagaba. Cientos, miles de niños y una sola manzana. Otro nuevo sentimiento apareció en el interior de la ya no tan inocente niña: injusticia. De nuevo las lágrimas acudieron a sus ojos. Entonces escuchó y se dio cuenta de que su llanto sonaba ridículo en aquella habitación. El fantasma la había engañado otra vez. Con la mirada buscó una puerta, evitando encontrarse con los miles de ojos vidriosos y demasiado grandes en la cara de aquellos niños. Por fin la vio justo al otro lado de la habitación. Despacio al principio, y cada vez más rápido, pasó por entre la desesperación de niños como ella que habían nacido para morir. “Sólo un poco más”. La

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puerta cada vez estaba más cerca. Su mano casi alcanzaba el pomo. “Un poco más”. En el momento en que la niña tocó el pomo dorado, los niños de la habitación pararon de gritar y llorar, y la miraron. El más cercano le agarró el vestido con su mano pálida y fantasmal. Un instante más tarde, varias manos más agarraban la falda blanca. No podía soltarse, no podía escapar. Un tirón y cayó al suelo. Y, de pronto, nada. La niña se atrevió a abrir los ojos y se encontró de nuevo en el maldito pasillo. Y allí estaba el fantasma riéndose de ella. Una vez más llevaba una llave. Asustada, mareada, con el vestido roto, ya no se sentía con fuerzas de seguir. No más puertas ni sentimientos horribles. Quería salir del castillo y sonreír. Sin embargo, el único que sonreía era el fantasma. Sonreía a la vez que la invitaba a entrar por otra puerta. De pronto, la niña sintió una calidez que le devolvió parte de la energía perdida: ¿esperanza? Caminó hacia él y cogió la llave. La puerta era de plata, excesivamente adornada, y tan grande que casi no llegaba a la cerradura. Sintió que era el final y abrió sin dudar. Al entrar se dio cuenta de que estaba en la cocina de una casa que, no sabía por qué, le resultaba familiar. Estaban cenando tranquilamente tres personas. Un hombre adulto con cara divertida, a su lado un niño rubio que se parecía mucho a él y una mujer con rostro de madre. Al oír que alguien había entrado, los tres se volvieron hacia la puerta, donde la niña estaba de pie sin saber qué hacer. ¿Los conocía? Sin más explicaciones le sonrieron y la mujer de mirada cariñosa le dijo que se diera prisa o la cena se enfriaría. La pequeña se fijó en la mesa y se dio cuenta de que un sitio vacío la esperaba. Otro sentimiento se avecinaba. Ya no recordaba el miedo, ni la angustia, ni el fantasma de las llaves, ni el corredor de las puertas. Una alegría le inundó el alma y una gran sonrisa se dibujó en su boca. Corriendo se sentó en su silla y empezó a cenar con su familia. Allí sentada y rodeada de amor sentía como si su mayor sueño se hubiese hecho realidad. No sabía por qué estaba tan contenta. Al fin y al cabo, era su familia. Hablaron y rieron durante un buen rato. Todos estaban contentos. Muy contentos. Demasiado contentos. De repente un ruido sordo se oyó en el vestíbulo. ¿Un disparo? El miedo se apoderó de la sala. La niña conocía bien ese sentimiento y no le gustaba. Su padre y su madre se levantaron instintivamente. La tensión era tan grande que se hubiera podido cortar con un cuchillo. Se oían pasos fuera. De una patada, la puerta de la cocina se abrió y bruscamente entraron cuatro soldados armados con los fusiles apuntándoles a la cabeza... Un instante más tarde su familia estaba muerta. El dolor se apoderó de ella. Tenía miedo de los soldados, los odiaba. Su alegría había muerto con sus padres. Estaba sola de nuevo. Dolor, miedo y odio. Ya no podía más. Con una rabia incontrolada corrió hacia los soldados. Las lágrimas caían de nuevo por sus mejillas. Unas lágrimas tan amargas que podrían atravesar el acero. Corría con los ojos cerrados, esperando a la muerte de cara. Todo estaba oscuro y daba vueltas, pero ella corría. No oía nada, sólo corría. En su intento desesperado tropezó con algo y se cayó. Tirada en el suelo, abrió los ojos para ver

cómo los soldados la apuntaban, pero no los vio. Estaba en el pasillo infinito. Ya no tenía fuerzas. No podía levantarse, no quería levantarse. Allí tirada, el dolor le recorría cada célula de su cuerpo. No quería seguir. La pequeña ya no parecía una niña. En su cara el dolor había hecho estragos. Por fin se había dado cuenta de que todo aquello en lo que creía era mentira. Estaba sola, encerrada para siempre. No podría salir por muchas puertas que abriese. Todos aquellos sentimientos horribles que aún sentía por dentro la torturarían hasta que muriese allí, sola. Su mente era un huracán de miedo, impotencia, desesperación, dolor, soledad, angustia, tristeza. Sabía que el fantasma seguiría allí, riéndose de ella con otra llave en la mano, una y otra vez. Pero ya no le importaba. Ya nada le importaba. Tirada en el suelo, viendo cómo su última esperanza se esfumaba sin poder oír siquiera su propia voz, sentía su cabeza a punto de estallar. No podía llorar ni gritar. Envidió a los niños hambrientos que nunca se rendían y cuyos llantos se oían por encima de cualquier apuro. Sintió envidia de la tranquilidad de sus padres sin vida y del dolor que habría podido evitar si se hubiese ahogado en el humo de su avaricia. En silencio maldijo el momento en el que había abierto los ojos para despertar en aquella pesadilla. Ya no recordaba a la niña inocente que había abierto la primera puerta. Resignada y cansada de sufrir, decidió no volver a abrirlos nunca más. De pronto, una mano le acarició la mejilla. Sin poder evitarlo, abrió apenas los agotados ojos para ver, con sorpresa, que el fantasma de tierna sonrisa le ofrecía de nuevo una llave. Pequeña y sencilla. Aquel pequeño gesto de cariño despertó en su interior un último aliento que la obligó a levantarse. Casi no se podía mantener en pie. La puerta era pequeña y sencilla, al igual que la llave. Juntó las que sabía que eran sus últimas fuerzas y entró en la habitación... Estaba vacía. No había ni siquiera otra puerta de salida. Paredes blancas, ni una sola ventana y, como único objeto en el centro de la habitación, su osito de peluche. La mirada triste del osito perdido y encontrado hizo un milagro en la niña: sonrió. Una lágrima salió de sus cansados ojillos. Y a esa lágrima le siguieron muchas más. Lágrimas que, como si de polvos mágicos se tratase, revivieron el espíritu de una niña que había conocido la cara de la muerte. Con un nuevo brote de esperanza corrió y abrazó al osito. Fue un abrazo tan puro y tan sincero que el osito se lo devolvió, y juntos consiguieron parar el tiempo. En ese instante la niña sintió algo que no había sentido nunca. En ese instante fue feliz. No era la felicidad que creía haber sentido antes. Era más simple que eso: la felicidad de un abrazo. A su alrededor las paredes se desvanecieron y el fantasma sonrió por última vez. Se mantuvo así lo que a ella le parecieron años. Y, al fin, la niña pequeña abrió los ojos. Se encontró en ese callejón oscuro y mugriento donde se había quedado dormida, con la misma ropa vieja de siempre, abrazada al osito roto y mohoso que había encontrado tirado en la calle unas horas antes. Por primera vez en su vida sonrió de verdad.


2º PREMIO ESPIRAL Te levantas cada mañana atrapado en una espiral de hipocresía que te ahoga. Para aderezar la falsedad reinante, las tinieblas del costumbrismo consiguen dejarte sin cerebro pensante. Y tú, cual oveja bobalicona, entregas tu día al servicio de un sistema basado en el valor de las cosas, y no te engañes, no me estoy refiriendo a ese valor simbólico de las cosas pequeñas de la vida, no, el valor que todo lo mueve, que no deja a la viciosa espiral parar ni un segundo, no es otro que el de tu amigo el billete. Piénsalo. Podrías utilizarlo para limpiarte el culo y, sin embargo, dejas que gobierne a su libre albedrío tu vida hasta el momento en el que decidas suicidarte. Naciste un día lluvioso del mes de abril, quizá como premonición de una vida tan gris como el cielo de aquel día. Ya en tu más tierna infancia decidiste que querías alejarte de la bochornosa realidad de la pobreza y, ¿por qué no?, también de la honradez que te rodeaba. Te pareció que ambos conceptos (pobreza y honradez) iban unidos y que, decididamente, debías dejar atrás esas características presentes en tu genealogía para llegar a ser alguien. Para ti, ser alguien siempre fue sinónimo de tener dinero. “El dinero trae la felicidad”, pensabas cuando veías a un señor elegantemente vestido conduciendo un coche caro en el que iba sentada una rubia despampanante. Así pues, no te comprometiste con ninguna causa noble, pues en tu existencia sólo impera la dedicación a la vil causa de enriquecerte. ¿A costa de qué? ¿A costa de quién? Nunca importó. Viste miles de noticias desgarradoras en el telediario: cruentos conflictos bélicos, individualidades paupérrimas muriendo de inanición, alarmantes catástrofes naturales… pasaban ante ti sin provocar ni el más mínimo espanto. Siempre creíste que tenías unas relaciones sociales inmejorables. Acudes a montones de fiestas y demás “saraos” elitistas, sí, ¿pero crees que si perdieras tu capital, esos amigotes que tanto te pelotean seguirían a tu lado? Yo, personalmente, lo dudo. Tampoco conociste nunca el sentimiento supremo, te creías por encima de él, del amor que tanto daño hacía al resto de los mortales. ¿Para qué conformarse con una sola amante cuando podías tener tantas como quisieras? Desengáñate, llegará un momento en el que te sentirás muy solo. Y en ese momento en el que por fin veas tu vida como la oscura espiral que yo veo, cometerás el suicidio que anteriormente te he anunciado. Porque en ese momento no tendrás otra salida, estarás en el centro del tormentoso remolino, flotando en una frágil patera forrada de billetes de 500, mientras a tu alrededor acechan los tiburones. Cuando éstos se hagan con la valiosa envoltura de tu barquichuela, te dejarán totalmente solo, y puede que de souvenir se te lleven un brazo o una pierna. Y éste es el destino que una servidora cree que te aguarda si continúas con tu despótico y egoísta comportamiento. Pensarás que es irreverente mi atrevimiento al reprochártelo todo. Quizá incluso pienses que es políticamente incorrecta mi manera de exponértelo y que llega a rozar lo descarado. Sonreirás con suficiencia y me sugerirás, de una forma elegante a la par que pedante, que me ocupe de mis asuntos. Y yo me quedaré con las ganas de borrarte esa grotesca mueca de la cara de un simple y conciso manotazo. Pero me quedaré quieta, quizá te preguntes por qué. Yo te contestaré: porque incluso la oveja negra acaba por seguir al rebaño, ya que sabe que si se aparta demasiado vendrá el lobo sanguinario y acabará con sus ansias de justicia y libertad de una cruel dentellada.

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OTROS RELATOS : LOS MAYORES NO ENTIENDEN NADA

Todas las noches, antes de venir a dormir contigo, mi papá, mi mamá y yo nos sentamos en el sofá. Yo me siento en medio y les cojo del brazo. Y el gato, Brom, se tumba en la alfombra. Ayer me quise tumbar con él, pero mi mami no me dejó. Me da pena porque siempre se sienta solo. Entonces mi papi coge el mando y pone a unos señores que se pasan mucho rato contando cuentos raros. No hay príncipes, ni guerreros, ni princesas que rescatar. A mí, en realidad, me gustan más los cuentos de mamá. Además, a veces salen niños llorando y a mí me dan pena. Hoy le he preguntado a papá por qué lloran y si tengo que llorar yo también, pero me ha contestado que no, que llorando no se arregla nada, y que cuando sea mayor lo entenderé. Yo le he dicho que está tonto, que el que no entiende nada es él. Yo ya soy mayor, y si no, que mire al hijo del vecino, que aún no sabe hablar y se pasa todo el día llorando, y su madre diciéndole: “No llores, corazón, no llores”. ¡Jo! Me da un poco de envidia porque tiene un nombre muy bonito. A mí también me gustaría llamarme Corazón porque es largo y suena muy bien, aunque mamá dice que Ana es más bonito. Bueno, al final papá se ha puesto a explicarme unas cosas muy raras. No sé qué de unos niños que no tienen casa, ni comida, ni dinero, ni nada. Yo no sé de qué hablaba porque a todos los niños que conozco en la escuela tienen casa y, además, se llevan un bocadillo para comer. Mamá también me ha dicho que esos niños viven muy, muy lejos de aquí. Yo creo que es por eso por lo que no tienen nada, porque se lo gastan todo en el coche. Cuando nosotros vamos al pueblo del abuelo, que está muy lejos, papá siempre se está quejando de que su coche gasta mucho. “Hija, deja de hablar sola y duérmete ya, ¡¡que mañana tienes que madrugar!!” Ya ves, los mayores son muy raros, ahora mamá piensa que hablo sola. No se acuerda de que siempre duermo contigo. Yo creo que es porque está triste, pero no se lo cuentes a nadie, ¿eh? Hoy, después de que los hombres serios de la tele acabasen de hablar, han llamado al teléfono. Mamá ha ido a cogerlo y luego ha vuelto y le ha dicho algo a mi papi y los dos se han abrazado y se han echado a llorar. ¡Yo pensaba que los papás no lloraban nunca! Han llorado mucho, casi más que el hijo del vecino. Yo iba a llamar a la vecina para que les hiciese callar igual que hace con su hijo, pero les he dado un abrazo, que es lo que hace ella siempre con Corazón. Al ratito, papá se ha puesto más serio, se ha quitado las lágrimas y me ha subido en brazos. Me ha dicho que ya no voy a ver más al abuelo, pero que no esté triste porque el abuelo se ha ido al cielo y que desde allí me estará mirando siempre. Lo que yo no entiendo es por qué no podemos ir a verle allí igual que cuando íbamos a su pueblo. Tal vez sea porque está muy, muy lejos y allí no hay ni casas ni comida… ¿Pues sabes lo que te digo? ¡Que yo en realidad creo que mis papás no se enteran de nada! No se lo cuentes a nadie, pero es que el abuelo no ha podido irse al cielo. A mi yayo le daban mucho miedo los aviones, y el cielo debe estar muy, muy alto. Además, a mi yayo no le gustaba subirse a los sitios altos porque decía que él era bajito y siempre quería estar cerca del suelo por si acaso, que nunca se sabe lo que puede pasarle a uno. Me acuerdo de que siempre que me contaba eso mi mamá le gritaba que no me dijese tonterías, que él lo que tenía era “vigo” o “vetigo”. No sé, una palabra rara que yo no entiendo. A mí me sonaba más verdadera la razón que me daba el yayo José. En fin, … los mayores son muy raros. ¡¡Humm!! Me está entrando un poco de sueño. Mañana cuando vuelva del cole te sigo contando, ¿vale? Además, mañana voy a fijarme muy bien en si todos los niños llevan bocadillo y al que no lleve le preguntaré si es porque no tiene casa y vive muy, muy lejos. Igual le doy un trozo del mío, porque a mí me da mucha penita eso de que pasen tanta hambre… ¡¡Humm!! ¡Qué sueño! Buenas noches, osito.

Ilustra:Chema Agustin

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Elisa Millán


EL VIEJO POETA El viejo poeta, grises los ojos, mira por la ventana. Afuera nieva y el viejo poeta contempla la inmaculada blancura de la nieve sentado en su sillón de cuero, a través del cristal. En otro tiempo cada copo hubiese sido un nuevo verso, un bello adjetivo, una rima consonante. Ahora que la nieve es sólo eso, nieve, el viejo poeta la mira, con sus inescrutables ojos grises, a través de la ventana. La máquina de escribir, también vieja, también gris, descansa sobre la mesa. Sus teclas, otrora autoras de los más bellos versos, acumulan polvo, resignadas a no ser pulsadas jamás, fieles al viejo poeta. Afuera hay un árbol, un enorme sauce llorón que preside el desangelado jardín. Cuandoloscoposcaensobreélparecendeshacerse, difuminarse en el verde de sus hojas. Otras veces las pequeñas ramitas ceden y se curvan ligeramente al recibir algún copo, como si pesasen toneladas. Poco a poco la nieve cubre el jardín, formando una leve capa blanca que parece azúcar. Al viejo poeta, de pequeño, le gustaban el azúcar y los dulces. Cuando tenía la oportunidad de comer uno, lo hacía a escondidas, en el desván, para evitar los sermones paternos. Ahora, al ver la nieve, el viejo poeta recuerda todo aquello. ¡Lo que hubiese dado él por un dulce! Sin embargo, el viejo poeta sigue mirando, impertérrito, la nieve a través de la ventana. Ahora todo el jardín es de color blanco. Al caer, los copos se funden entre el resto de la nieve, sumándose a su blancura infinita. ¿Por qué quiso ser poeta? Tal vez fuese para contar la blancura de la nieve, su misteriosa y profunda blancura, su tacto inalcanzable, para fundirse así en ella, como cada copo que cae y se une a los demás. El viejo poeta ya no lo recuerda. Sus ojos grises permanecen inescrutables mientras ve caer la nieve del otro lado del cristal. Dos niños de la casa vecina, guantes, gorro y bufanda, salen al jardín contiguo. Intentan hacer un muñeco de nieve, pero el pequeño apenas tiene fuerza para levantar la bola que le servirá de cabeza. Su madre, paciente, le ayuda, mientras el mayor corre a por una zanahoria. Una vez, cuando el viejo poeta era pequeño, nevó mucho. El viejo poeta hizo un muñeco de nieve, con dos bolas grandes, un sombrero, una zanahoria por nariz y dos botones para los ojos. El viejo poeta puso nombre al muñeco, aunque ya no recuerda de qué nombre se trataba. De todos modos, ya no importa. Los ojos grises del viejo poeta se trasladan de los niños al sauce llorón, para ver caer la nieve a través del cristal. Un copo cae sobre una de las alargadas hojas del sauce llorón. La hoja se curva bruscamente. Por un momento parece que va a caer al suelo. Haciendo gala de una elasticidad inesperada, la hoja vuelve a su posición original, toda blanca, resplandeciente. El viejo poeta piensa que tal vez debería limpiar la vieja máquina de escribir, que tal vez debería volver a hacer versos. El viejo poeta cierra por un instante sus inescrutables ojos grises. Después, se levanta y corre las cortinas. Afuera nieva. Dos niños admiran su recién nacido muñeco de nieve, y el sauce llorón, en el centro del jardín, se cubre de blanco lentamente. Los ojos grises del viejo poeta, siempre inescrutables, observan silenciosamente la olvidada máquina de escribir que descansa sobre la mesa.

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Isabel Gimeno Landa


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POESÍA 1º PREMIO

NATASYOS Dios, qué haces, no me mires, no quiero falsas esperanzas, ni esperanzas que quiten sueños, ni sueños tiempo atrás ya desesperanzados. El olvido me recuerda, y no sufro, ya lloré mi llegada, sabía que me esperaba. ¿Eres tú quien nos tienta, y luego nos despierta? ¿Eres tú el escritor de esta cruel historia interminable? He aquí la respuesta a tu dudable necesidad, el gran error de tu infinita vida. Arrepiéntete ahora de tu buena voluntad, creadora del hacedor de males. He aquí tu creación, herederos de gusanos. Te seguimos, Dios.

Carlos Torres


LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES He aquí la historia de un joven niño, que tenía por nombre Lazarillo, de servidor en servidor pasó y finalmente se casó.

Entonces Lázaro con un escudero se topó, y dando gracias a Dios le siguió, pensaba que mucho comería y bien viviría, pero bien confundido se encontraría.

Lázaro vivía con su madre, ya que su padre muerto estaba, ésta se casó, y un hermano a Lázaro le dio.

Tuvo que volver Lázaro a la mendicidad, para así poder comer, de esta manera seguía viviendo, gracias a las vecinas a las que iba pidiendo.

Cuando un poco mayor Lázaro fue, criado pasó a ser, primero de un hombre ciego, pero muy listo a la vez.

Pronto al pobre escudero dejó de servir, pero con otros tres amos Lázaro se asentó: un fraile, un buldero y un capellán, a los que pronto dejará, ya que con ellos también sufrirá.

Con él, Lázaro de ser niño dejó, y en joven astuto se convirtió, con el ciego muchas cosas aprendió, y otras tantas aventuras corrió. Después de con el ciego estar, a un clérigo sirvió, también mucho hambre pasó, pero con la llave del arca se salvó. Al descubrir el clérigo que ratones en su casa no había, y que Lázaro el pan se comía, un garrotazo su amo le dio, y ya nunca volvió a servir a su señor.

Finalmente con un alguacil terminó, y muchos trabajos y favores realizó, pregonando los vinos del alguacil iba, y así buen vivir tenía.

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2º PREMIO


Ágora nº 5  

Quinto número de la Revista Ágora del Centro de Profesores y Recursos de Ejea de los Caballeros

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