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Sumario (4)

Alfonso Cortés

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(44)

Editorial

Poesía en la ciencia

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(10)

(46)

Ramón Acín [ E N S AY O ]

(48)

La metamorfosis de Ulises

La llave de todas las puertas

Pepito Grillo

(50)

José Javier Arrese

(18)

(52) (59)

Enrique Aletá

(23)

(60)

(62)

Manuel Hernández

F. Javier Galán

(28)

Patxi Abadía [ RESEÑAS ]

(101)

De la fruición y otros deleites en el acto poético

Vicente Hernández

(103)

Literatura:un punto de encuentro entre la realidad y la ficción

Ana Alcolea

(106)

La reconquista de Ejea desde una perspectiva jurídica:

la carta de población y la carta foral

Leer para vivir de niño y de joven

• Otra

vuelta de tuerca

• Chilindrinas

Daniel Nesquens

(107)

El palacio azul Juan Manuel González

El emir Manuel Hernández

(66) (68)

Juan Reus: el último impresionista

Danza histórica

(108)

Diabulus in musica Ma. José Bermúdez

Melocotones helados

La vida cotidiana en las Cinco Villas Asunción Gil

Marina Escario

El alcohol

entre los jóvenes de las Cinco Villas

Fernando Gil

Drogas y adolescencia Jesús Claver/Carmen Chóliz

[ LITERATURA • INFANTIL ] [ NARRATIVA ]

[CREACION • LITERARIA ] [ NARRATIVA ]

[ SOCIOLOGIA ]

(37)

Libros contra la guerra

durante la Edad Media

Eduardo Bru

(30)

Mi Quijote

Belén Arbués

La enseñanza del arte en Aragón

(98)

Ma. del Carmen Ruiz Ma. Carmen Chóliz

Ildefonso Manuel Gil

(26)

Parodia de “El Quijote”

[ IX CENTENARIO DE LA INCORPORACIÓN DE EJEA AL REINO DE ARAGÓN ]

La supervivencia de un poeta:

[ ARTE ]

(94)

Los gigantes en el Quijote de Cervantes

Ma. José Bermúdez

Algunos aspectos sobre los atributos con ser/estar (en la gramática del español como lengua extranjera)

[ INVITACIÓN • A • LA • LECTURA ]

Jesús Liso

José Cariñena

(20)

Miguel Angel Longás Rafael Fernández Javier Romeo • Fernando Gil María Carvajal Fernando Aranda

Francisco Acero

El rapto de Europa

[ LINGÜISTICA Y CRITICA LITERARIA ]

Otros poetas

Angel Guinda Angela Ibáñez

Juan Pedro Serrano [ EN CONMEMORACIÓN DE EL QUIJOTE ]

Jugar a barcos Luis Yrache

(90)

La aventura de saber Mila Fernández

[ PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN ]

(16)

2005: Año mundial de la física

[ FILOSOFIA ]

El rincón del neurótico

Firmas invitadas

Esther Royo

Francisco Jarauta

(14)

(88)

Mariano Bericat

Patxi Abadía [ FIRMA • INVITA DA ]

[ POESÍA ]

[ CIENCIA Y CONOCIMIENTO ]

Presentación

(70)

Fernando Sanmartín D. Martos Gallizo Juan José Delgado Isabel González • Iván Pérez Juan Herranz • José Ramos Antonio Ramírez Fernando Pérez

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Premios concurso

(111)

Colaboraciones [ POESIA ]

(113)

Premios concurso

(116)

Colaboraciones


Amigo

lector:

Abril 2005 Edita: Centro de Profesores y Recursos de Ejea Plaza Goya s/n 50600 Ejea (Zaragoza) Teléfono 976677160 Fax: 976677161 Correo electrónico: cprejea@educa.aragon.es Página web: www.cprejea.com Periódico intercentros: www.cprejea.com/pizarrin Consejo de redacción: • Mª Carmen Arcéiz Asesora del Centro de Profesores • Patxi Abadía Profesor de Secundaria • Eva Bajén Profesora Dpto. Lengua IES Cinco Villas • Ma. José Bermúdez Profesora Dpto. Lengua IES Reyes Católicos • Joaquín Bueno Profesor de Secundaria • Asunción Gil Bibliotecaria de Ejea • José Antonio Conde Poeta • Fernado Pérez Escritor • Juan Herranz Escritor • Alfonso Cortés Director del Centro de Profesores Ilustración: Chema Agustín Elena Arrese Gabriel Bueno y Lorenz María Luna Víctor Múgica Cruz Navarro Fernando Pérez Más Marta Soria Portada: José Ramón Alastuey Diseño gráfico y maquetación: Carolina Berga Chini Imprime: Imprenta La Moderna Depósito Legal: Z-1641-2005 El CPR, no se hace responsable, ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores en los diversos artículos.

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ienes en tus manos el número tres de la revista ÁGORA, un proyecto literario que continúa con fuerza, gracias al esfuerzo e ilusión del Consejo de Redacción, a las colaboraciones de nuestros lectores y a la participación económica del Centro de Profesores, los Institutos “Cinco Villas” y “Reyes Católicos”, el Ayuntamiento de Ejea, el Centro de Estudios de las Cinco Villas y la CAI. Seguimos abiertos a todos… El Consejo de Redacción ha procurado dar otro salto cualitativo incorporando nuevas firmas de escritores de prestigio pero sin perder nunca de vista que ÁGORA, que debe ser siempre una revista de calidad, también ha de integrar simultáneamente colaboraciones diversas de los ciudadanos y estudiantes. De esta forma, ÁGORA también será una herramienta docente de animación a la escritura. ÁGORA también se hace eco de acontecimientos importantes del 2005 como el IV Centenario Don Quijote de la Mancha, el IX Centenario de la incorporación de Tauste y Ejea al Reino de Aragón, el Año Internacional de la Física… aglutinando como “cultura” a las ciencias y a las letras Un recuerdo entrañable para la familia y amigos del poeta y pintor Antonio Fernández Molina, pluma invitada de ÁGORA en la edición 2004, que había sido propuesto por la Fundación Cela para el Premio Príncipe de Asturias de las Letras pero que lamentablemente falleció el pasado mes de marzo.

La revista ÁGORA ya ha cumplido tres años. Se mantendrá si los amantes de la cultura la cuidamos y la valoramos. Te invito a participar en este proyecto y mi agradecimiento a todos los que han hecho posible que haya salido a la calle este número tres. El Centro de Profesores, dentro de sus objetivos de dinamización socio-cultural, seguirá colaborando.

Hasta el año que viene.

Alfonso Cortés Alegre Director del Centro de Profesores de Ejea


EDITORIAL “El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante. Ven. Miremos los espacios abiertos. Busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté”. Hölderlin

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GORA sigue adelante gracias al fuego de los dioses y al compromiso de unos seres humanos empeñados en mirar el mundo de una forma distinta y, sobre todo, en buscar todo cuanto de humanidad hayamos perdido en este frenético y soñoliento deambular por tierra baldía. Desde luego, este nuevo número de ÁGORA continúa en sus trece por encarnar esta utopía. Todos nuestros colaboradores, creemos, han concebido sus creaciones, surgidas en unos casos de la más pura conciencia o en otros de la más oscura inconsciencia, como reacción contra el mundo exterior y sus tribulaciones. De igual forma, esa “razón entrañada”, de la que hablaba María Zambrano, cuyo sostenimiento ella ponía en “los ínferos del alma”, rige el carruaje de la escritura en estas páginas. Literatos, ensayistas o ilustradores, de mayor o menor o nulo renombre, vinculados o no con las Cinco Villas, intentan integrar, tal como señalábamos en el ideario programático del primer número, la ética y la estética dentro de la historia colectiva. Sin embargo, siendo esto cierto, ÁGORA en ningún momento apuesta por arrinconar esa concepción de la vida y del arte en general como mero juego o como mera admiración patética por lo visto o leído. En este mismo número hay pruebas de ello. En definitiva, arte serio o farsa, racionalismo o irracionalismo, realismo o antirrealismo, canon o rebeldía…, todo tiene cabida en ÁGORA. Sólo se necesita de vuestra participación, queridos lectores, para que siga dando pasos firmes en esta andadura que comenzamos hace casi tres años. Mayores, jóvenes, chicos…seguro que tenéis algo que compartir para hacer este mundo un poco más bello y más humano. Para terminar, sólo nos queda por señalar que ÁGORA también se suma con varias colaboraciones al homenaje que se rinde en todo el mundo a nuestra obra maestra, El Quijote, en el cuarto centenario de su publicación. No obstante, la mayor distinción que el ser humano podría tributarle es que tuviese incrustadas en su corazón y en su mente estas palabras de Alonso Quijano a Sancho acerca de la libertad: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres…”.

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Ramón

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Acín R

amón Acín nace en Piedrafita de Jaca (Huesca) en 1952. Es doctor en Filología por la Universidad de Zaragoza y catedrático de Lengua Castellana y Literatura, además de escritor y crítico literario. Actualmente se ha convertido en un auténtico dinamizador de la cultura en Aragón. Esta afirmación está sin duda avalada por su amplio currículo en tres facetas de su vida profesional. Así, ha impulsado proyectos de resultados felices como la Asociación de Escritores Aragoneses -de la que fue su presidente en 2003o el Programa “Invitación a la lectura”, nacido en 1985 y en el que han participado más de doscientos escritores (narradores, pensadores, ensayistas, directores de cine...), tanto españoles como extranjeros. Su labor como director se amplía a colecciones tan interesantes como “Crónicas del Alba” (Gobierno de Aragón), “Alba Joven” (editorial Alba, Barcelona) y “Las tres sorores” (Editorial Prames, Zaragoza) o a revistas como “El bosque” (con Javier Barreiro, 19921996) y “La duda” (2000). Su segunda faceta se centra en la erudición literaria con la publicación de diferentes ensayos de literatura contemporánea: Narrativa o consumo literario (1990), Los dedos de la mano (1992), En cuarentena, Litera-

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tura y mercado (1996), Aproximación a la narrativa de Javier Tomeo (2000), La línea que come de tu mano (2000) y la edición didáctica de la famosa obra de Mihura Maribel y la extraña familia. Este aspecto se completa con la crítica literaria en periódicos y revistas especializadas (Insula, Cuadernos Hispanoamericanos, Leer, El Urogallo, Quimera, Letra Internacional, Revista de Libros, Alacet, Argensola, Turia, Rolde, La página...). Y aunque quizá nos quedemos cortos en este espacio para realizar un recorrido completo de sus actividades en premios literarios, ciclos, cursos, congresos… nos interesa especialmente su faceta de creador. Libros de relatos como Manual de héroes (1989), La vida condenada (1994), Los que están al filo (1999), Secretos del tesoro escondido (2005) y las novelas Extraños (2000), La marea (2001) o Cinco mujeres en la vida de un hombre (2004) lo convierten en uno de los escritores más interesantes de nuestra literatura. La narrativa de Ramón Acín presenta un lenguaje rico, claro, directo, lleno de entrañables ecos y con un dominio magistral del diálogo. Y de todo ello es una buena muestra el relato que ha regalado a los lectores de Ágora.

Dar tierra a los muertos Ella me dice que, sobre todo, recuerda al abuelo paterno sentado en el bancal. Con la colilla apagada colgada de sus labios, la mirada perdida y una foto aprisionada entre el pulgar y el índice. Yo también, pero me callo. Es verdad, el abuelo siempre estaba allí, con aquella foto, sobada y llena de grietas, mientras agonizaba la tarde. Un día tras otro durante las vacaciones de aquel verano, ya tan lejano, que, ahora, a ambos, pese a todo, más que una realidad nos parece casi inexistente. Simple añoranza. Ella, rotunda, afirma que siempre le cautivó la evocación del mirar perdido del abuelo, escrutando un horizonte indefinido, con la foto en el regazo, entre los dedos. Y, en especial, que le hipnotizaba su ensimismamiento, abúlico. -“Como si al abuelo no le importase este mundo y bogase solitario por un espacio estelar, en su interior, sin cejar en la rotación maniática y mecánica del cartón quebrado de la foto. ¿recuerdas?” Ella me dice que piensa hacer algo. Un homenaje, por ejemplo. -“ Tú no ¿o qué?”, pregunta de pronto “Se lo debemos”, remarca.


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-“Pero nunca seremos culpables”, le replico “siempre nos ocultaron todo. Hablaban con medias tintas ¿o no era así? Todos ellos son culpables. Sí, ellos. O, incluso, por qué no, el mismo abuelo ¿Acaso no pudo contarnos lo sucedido?”

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Que el nido de víboras más peligroso es el de la familia. O cosas por el estilo. A mí, todas sus peroratas, con la fotografía a cuestas, me olían a confesionario. Sí, aunque ni yo ni nadie podamos insinuar que el abuelo pisase templo alguno. Ni yo, ni Ella, ni nadie puede decir que lo vio una sola vez en la iglesia. Era de esos que no saben salir de la espiral en la que han caído. No sólo por sus ideas fijas, ya sea asentadas en la costumbre o, por el contrario, razonadas a conciencia. Sino porque, para mí,

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-“Nosotros nos reíamos, ¿te acuerdas?”, dice “Nos reíamos mientras él sufría. Sí, hemos tenido que crecer y hacernos mayores para saber lo que en verdad pasó para comprenderle”, remacha mirándome a los ojos.

El abuelo apenas dialogaba. A lo sumo nos miraba desde el fondo de sus ojos, con melancolía, y acariciaba torpemente nuestra cabeza para luego espetarnos un sermón sobre la crueldad de la vida que no venía a cuento. Al menos, así fue para mí en aquel verano. Llegué a odiar sus caricias, sus ojos cuajados de bondad e, incluso, aquel hablar suyo, tan pausado. Yo necesitaba expandirme, gozar agigantando mis ganas de vivir, y no a alguien que me recordase, cada día, que aquí se ha venido a sufrir para acabar diñándola. Que todo suele ser mentira.

Chema Agustín

Pero yo sigo callado. Sé cómo se las gasta si le llevo la contraria. Lo mío siempre ha sido ver los toros desde la barrera, mirar al cielo y esperar a que escampe.

Me mira con desprecio. Como dudando de mi proceder. A punto casi de estallar. Como si dijera: ¿Ni siquiera ante un muerto sabes olvidarte de tu caparazón de acomodado? ¿Ni siquiera ante la sangre de tu sangre sabes comportarte? Y yo siento su alfilerazo. Pero ya es tarde. La verdad es que estoy ya muy acostumbrado a sus lanzadas. Sin embargo, reconozco una vez más que lo mío siempre ha consistido en un sacudirme, con rapidez, las pulgas ajenas; alejar lo no grato y mirar hacia otro lado. Por eso, la imagen del abuelo, pese a su innegable humanidad, jamás ha estado entre mis recuerdos predilectos. Es más, cuando estaba con él – no puedo hacer una excepción - siempre sentía un no sé qué que me anegaba de aflicción. Su compañía me envolvía de tristeza.

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Chema Agustín

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el abuelo paterno era un hombre sin mudanza. Siempre a vueltas con aquella foto que nadie quería mirar para evitar la mezcla de sermón, arenga y panegírico. Todo se escabullían, diga lo que diga Ella. Antes que la verdad, a todo el mundo le podía más la tristeza y el sermón. Y eso es lo que endilgaba siempre el abuelo a quien osaba acercársele. Aquel retrato, agrietado, ajado y desvaído que plantificaba a cinco centímetros de nuestros ojos era un suplicio. -“Mira, es tu tío. Lo fusilaron y ¿sabes quién?” Aquel retrato, en lugar de oler a papel sepia o a emulsiones químicas, olía a sudor de bolsillo, a cuero revenido, a cuerpo de viejo. Aquel retrato en lugar de atraer, repelía. Creo no equivocarme si digo que todos, ella incluida, acabamos odiando aquella efigie que era sangre de nuestra sangre. Ni su sonrisa, ni la pulcritud del peinado, ni el gorro militar que aprisionaba entre las manos, ni su pecho velludo despedían interés alguno para nosotros. Estaba privado de fascinación. Destilaba algo extraño, difícil de definir. Repugnaba. En especial, porque era una eficaz losa para el abuelo. Una tumba en vida. Sí, pese a estar vivo, con aquella foto, el abuelo parecía un muerto. Aunque Ella me lance otra de sus terribles miradas, puedo decirlo en voz alta: “Yo no tuve abuelo paterno”. Claro que él estaba allí, a nuestro lado, sentado en el bancal, mientras jugueteábamos en los charcos de la fuente para combatir el calor de agosto. Estaba, eso creían los padres, cui-

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dando de nosotros. Sin embargo, no era así. Estaba a años luz de nuestro juegos, de nuestras preguntas e, incluso, de nuestros mimos. Sus caricias, a destiempo, eran maquinales, desprovistas de calor, vacías de cariño. Un mohín que quiere y no puede, porque le falta la irrigación del amor.

-“La vida, tía, es futuro. No me vengas con chuminadas de la guerra civil. Tiempos de Maricastaña. Tú, ni siquiera eras un proyecto. Además, lo pasado, pasado está ¿o no?”, le digo con sorna.

-“Pero ¿no te acuerdas? ¡Si a veces hasta tú misma le limpiabas la baba que le escurría! Si no era bobo, lo parecía”

-“Sí todos pensaran así, la humanidad aún estaría en el árbol haciendo el chimpancé. Aprendemos de los errores...”

-“¡ Cómo puedes ser tan bruto! ¡Con lo que el pobre tuvo que sufrir!”

Mis contenidas carcajadas la enfurecen. Es mi táctica. Cuando empieza a darle a la lengua, lo mejor soltarle una traca a los pies. Para que salte. Y lo consigo, la mayoría de las veces. Pero también sé que no debo tensar la cuerda. Para no romperla. Sería mi gran error.

Nuestras discusiones son así. Si uno dice blanco, ya casi se sabe la respuesta del otro: negro. Y, sin embargo, siempre nos hemos apoyado. Somos todo un ejército. Ante los demás, frente unido. “El frente de liberación fraternal” como nos bautizamos emulando titulares de periódicos. Bueno, los emulaba Ella, porque yo no leía casi nada. A decir verdad, sigo sin leer. Habiendo televisión, para que quieres darte esa paliza. No entiendo a la gente que compra periódicos: aprietas un botón y te informas. Y vale. Ningún esfuerzo. No obstante, mi postura con respecto al abuelo no responde a ese perpetuo contraste de pareceres. No. El abuelo es real tal como yo lo recuerdo y no como Ella lo pinta. A mí no me sirven esas historias de la España negra, ni su afición a la leyenda y el ver misterios debajo de la nada.

Sé que le pica. Pues que se rasque.

-“Bueno, vale ¿qué quieres hacer? ¿un monumento familiar? ¿un libro exculpatorio? ¿las memorias de la familia con sus inquinas y desavenencias?...” le expongo. Al principio quiero mostrarme duro. Darle caña. Me conozco. Sé que acabaré haciendo lo que me pida. Puede conseguir que haga el pino si se lo propone. Sin embargo, quiero marcar el territorio. Aunque sea de cara a la galería. -“Simplemente quiero hacer justicia con el abuelo, imbécil. Él le mató, le...le asesinó a su hijo ¿te parece poco”


-“Revolver Roma con Santiago por los entresijos de la familia no me parece una buena idea. No querrás que...” -“A mí esa parte de la familia me la trae floja”, me corta y añade “Siempre ha estado pisando a la otra ¿Acaso no es tiempo ya de hacer justicia y de invertir la situación?” Yo me callo y dejo que hable y hable. Sin embargo, no evito que mi mente bucee en el contraste de mis dos abuelos. Uno, medio

Su habitación producía ahogos. El ahogo físico del asco y el ahogo de la pestilencia como persona cuando el miedo a lo cruel ya

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Temo lo peor.

ha desaparecido. Nadie le visitó. Solamente su reconcomio.

Hay quien dice que pedía perdón a gritos al abuelo paterno cuando veía girar el mando de la puerta.

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-“En primer lugar diciendo la verdad”, me replica.

chiflado a lo largo de su vida porque le mataron un hijo. El otro, por el estilo, puesto que bastante tiempo después acabó igual. Al morir Franco, le entró el canguelo y ya no se levantó de la cama hasta que se lo llevaron con los pies por delante. Temía que cualquiera lo matase en cualquier esquina. Dos años acartonado, apestando a una asquerosa mixtura de colonias mil y de olor reconcentrado, fue su castigo. Sufrió el abandono de todos, incluso de los suyos que siempre habían babeado ante él. Tal vez, porque la bonanza hasta la muerte del dictador nunca removió la tormenta enquistada tiempo atrás.

-“ La gente es así”, suele decir Ella “Se rebela cuando el peligro ya ha pasado. Y mientras a decir amén”

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-“Y eso cómo lo arreglas, ¿dime?”

Aunque no creo que sea bueno seguir levantando trincheras en la familia, algo de razón tiene Ella. Hay diferencia: El abuelo paterno murió loco de sufrimiento. El otro, loco de miedo. Tal vez esté en lo cierto y “no siempre escampa después de la tormenta. Ni todo acaba borrándolo el tiempo. Ni basta, tampoco, con dar tierra a los muertos”.

Para colaborar en ten en cuenta las siguientes direcciones:

• SECRETARIA DEL CENTRO DE PROFESORES Y RECURSOS Plaza Goya s/n. Ejea de los Caballeros. Teléfono: 976 677 160. Fax 976 677 161 • E-mail: cprejea@educa.aragon.es • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S. “REYES CATÓLICOS” Carretera de Erla s/n. Ejea de los Caballeros. Teléfono: 976 660 645. • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S. “CINCO VILLAS” Paseo de la Constitución. Ejea de los Caballeros. Teléfono: 976 660 008

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[ FILOSOFIA ]

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La metamorfosis

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de Ulises

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Francisco Jarauta

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Francisco Jarauta Catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia. Ha realizado estudios de Historia, Historia del Arte y Filosofía en las Universidades de Valencia, Roma, Münster- Westf., Berlín y París. Profesor invitado de universidades europeas y americanas, sus trabajos se orientan especialmente en el campo de la filosofía de la cultura, la historia de las ideas, la estética y teoría del arte. Entre sus numerosas publicaciones citamos los ensayos: Kierkegaard. Los límites de la dialéctica del individuo (1975), La filosofía y su otro (1977), Fragmento y totalidad: Los límites del clasicismo (1988), etc. Es editor de La crisis de la razón (1986), Razón, ética y política (1989), La transformación de la conciencia moderna (1991), Walter Benjamín: tiempo, lenguaje, metrópoli (1992), Pensar el presente (1993), Tensiones del arte y la cultura en el fin de siglo (1993), Barroco y neobarroco (1993), Pensar-Componer/Construir-Habitar (1994), Otra mirada sobre la época (1994), Nuevas fronteras/Nuevos territorios (1996), Globalización y fragmentación del mundo contemporáneo (1997), Escenarios de la globalización (1997), Mundialización/Periferias (1998), J. Ruskin: Las piedras de Venecia (2000), Poéticas/Políticas (2001), S. Mallarmé: Fragmentos sobre el libro (2001), Teorías para una nueva sociedad (2002), Desafíos de la Mundialización (2002), Nueva economía. Nueva sociedad (2002), Después del 11 de Septiembre (2003), L.B. Alberti: Momo o del Príncipe (2003), Oriente-Occidente (2003). Ha sido curator de varias exposiciones internacionales, entre las más recientes, Arquitectura radical (2002) y Micro-Utopía. Arte y Arquitectura (2003). Ha sido vicepresidente del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, siendo actualmente miembro del Patronato del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Forma parte del comité científico de las revistas Iride, Experimenta y Pluriverso. Participa en el grupo de investigación Géo-philosophie de l'Europe y es coordinador del foro de discusión Grupo Tánger. Igualmente coordina el Observatorio de Análisis de Tendencias de la Fundación Marcelino Botín, que reúne a pensadores relevantes de la cultura contemporánea. Dirige la colección Arquitectura.

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ntre las notas que acompañaron las largas conversaciones de Horkheimer y Adorno en el exilio de Santa Monica, notas tomadas por Gretel Adorno y que servirían más tarde para la redacción de Dialektik der Aujkliirung, podemos leer una en la que Adorno se pregunta: "Was ist passiert mit Odysseus?" ("Qué pasó con Ulises?"). Con un énfasis extremado, queriendo condensar en una imposible pregunta todas las dificultades, todos los horrores y violencias, necesitado más que nunca de obtener una primera respuesta a los acontecimientos que acompañaron a la Segunda guerra, Adorno, más que buscar una explicación de los hechos, interroga la época conduciéndola al límite en el que las posibles garantías han desaparecido, los dioses protectores naufragados y aquellos sujetos que, como Ulises, habían sido identificados como los fundadores de Occidente, ausentes de la historia. Una historia que cada vez más tenía visos de catástrofe y frente a la que todas las mediaciones fracasaban, imponiéndose como una fatalidad a la conciencia moderna y a la historia misma de Occidente. Ya sabemos cómo Adorno y Horkheimer orientan el análisis que de alguna forma pueda servir de respuesta a la pregunta por el extravío o desaparición de Ulises. La lectura del Excursus I: Ulises o mito e Ilustración dará cuenta del largo proceso de metamorfosis que el héroe antiguo sufrirá en sus sucesivas adaptaciones a las formas de la experiencia moderna. Un Ulises que, desde su origen había hecho de su propia deriva el método de conocimiento y de configuración de la experiencia moral, desaparece ahora de la escena dejando huérfanos a quienes soportan la impotencia de no poder reconstruir el sistema de las mediaciones y tutelar así un horizonte moral, tal como desde el Ulises clásico Occidente había ido definiendo e interpretando. Esta sugerida centralidad de la figura de Ulises es compartida no sólo por Adorno, sino también por los compañeros de generación. Para unos y otros la historia de Occidente podría ahora representarse por la elipse de un tiempo que discurre del Ulises clásico a


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[ FILOSOFIA ]

Este largo viaje que va del primer Ulises al antihéroe joyciano muestra mejor que ningún otro las serias transformaciones de un referente cultural que adquirió siempre una dimensión simbólica a la hora de articular el sentido y horizonte moral de la experiencia humana. Se trata de un viaje que de tantas formas señala los pasos de un destino cultural y posiblemente también de una historia que aun permaneciendo abierta en los años en los que se dan las conversaciones precedentes a Dialektik der Aujkltirúng anunciaba un futuro dramático. Recorrer aunque sólo sea de forma indicativa estas transformaciones es la intención de estas notas, a la espera de otro desarrollo más amplio y problemático.

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tas", que es pregunta. Esta le dispone a buscar una respuesta que está más allá de las evidencias consagradas y protectoras. No se indica siempre el lugar o la dirección del viaje del que parte. Sí se afirma que se parte, como gesto absoluto, como decisión regida por la insaciable sed y por la inagotable curiosidad. Pero quien parte, quien abandona la transparencia de lo conocido, se encuentra en primer lugar con la no transparencia, lo oscuro, aquello que desde el no conocimiento se resiste y protege con la sombra. El primer viaje es siempre hacia la sombra, el lugar sin-nombre, que se nos oculta, enigma. Es esta proximidad al enigma, al mar de enigmas que despierta a UIises a una nueva curiosidad, otra sed. Una extrañeza por primera vez probada se apodera del viajero que ve como su percepción y su mundo se separan. Es el largo y amplio mundo de lo desconocido que comienza a constituir la geografía extrañada del viajero. Posiblemente sólo el mar –Thálassa o Pélagos– puede ser y acoger el mundo de los enigmas. Ulises es ante todo un héroe del mar. Hay otros que prefieChema Agustín

otro moderno, el Ulysses de Joyce, el Leopold Bloom errante y extraviado que en el breve e inabarcable tiempo de dieciséis horas es capaz de representar la disolución de todos los códigos establecidos, una vez que su aparente naturalidad se convierte en pura ficción, esa manera de la apariencia con la que vienen a justificarse los asuntos de la vida y de la sociedad. Ese largo viaje que va del Ulises homérico al de Joyce representa para Broch el tiempo de la disolución. El viaje clásico se transforma ahora en errancia infinita: un ir y venir, recorrer mil veces los mismos lugares de un supuesto laberinto, fuera del cual paradójicamente sólo existe lo innombrable. Los monólogos de Molly o la ironía de Stephen Dedalus ya no protegen del abismo ni aseguran nuevas evidencias. Son sólo modos retóricos que sostienen el juego arriesgado del sentido. Saben bien Molly y Stephen que el último límite es el de las palabras y quizá el de los gestos.

II En una primera lectura contrastada de los textos, Ulises es "aquel que parte". El viaje, la distancia, la lejanía respecto al lugar natal, a la propiedad, al supuesto familiar, marcan el punto de partida. Y este partir está marcado por dos grandes impulsos: una "insaciable sed" y una "inagotable curiosidad". Sed y curiosidad se corresponden. Hablan de un impulso, un Trieb, una necesidad que recorre el interior de Ulises. "Aquel que parte" es aquel "que se hace pregun-

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ren la tierra y recorren sus vericuetos ensombrecidos. Gilgamesh es uno de ellos, aunque a veces descienda a los ríos. Pero Ulises pertenece por destino al mar, el mar inmenso que lo abraza y frente al que apenas hay la posibilidad de un hablar claro. O el silencio o los ojos ex-orbitados o aquel "balbo parlare" que decía Montale. El mar se impone con su fuerza, su destino. Es la verdadera medida del afuera, de lo otro. Y viajar por él, atravesarlo es tanto como penetrar en el mundo secreto que sólo el viajero podrá descubrir y quizá más tarde conocer. Esta travesía no sólo está protegida por lo oscuro y la no transparencia –esa forma particular de mostrarse lo desconocido– sino que al mismo tiempo está poblada de peligros. No se puede imaginar el viaje como un viaje libre de riesgos y peligros. De ahí que la idea de naufragio pertenece intrínsecamente a la idea del viaje. No se puede viajar sin naufragar. Sólo en el oikós, en el lugar natural, en la casa se puede evitar el naufragio. Pero en el mar naufragar pertenece a la idea misma del viaje. Es el naufragio como el peligro el que muestra la verdadera dimensión del mar y de su mundo. Ulises recorre de peligro en peligro, de naufragio en naufragio, ese difícil descubrimiento del otro. Y son éstos los que comienzan a marcar la edad de Ulises. Dante como Virgilio buscarán superarlos. El Ulises homérico los reconocerá como algo que está ahí inexorablemente. De ahí la poderosa y salvadora extrañeza al reconocer el límite que el mar le impone. Posiblemente ésta sea la primera forma de la utopía, un lugar sin nombre o enmascarado por las sombras, del que todavía no sabemos ni podemos nombrar. Si antes era la extrañeza el resultado del encuentro con el mar de enigmas, es ahora una poderosa atracción la que arrastra y acerca al viajero al mar de sombras. Cada aparición, cada acontecimiento multiplicará la sed y la curiosidad. "Insaciables son los héroes del mar", anotaba Milosz hablando de Don Giovanni o de Miguel de Mañara. Es la pulsión que rige la sed y que se transforma en necesidad, la que orienta los ojos, la mirada del viajero Ulises. Esa mirada extraviada que tantas veces viene representada en los viajeros antiguos, dominados por el pánico del descubrimiento. Insistir en el carácter dramático del viaje es recuperar una perspectiva necesaria para entender la ética de la experiencia del héroe, esa dimensión que lo abre al desafió de lo natural o de lo inexorable y funda el carácter de su excepción, esa irrepetible decisión que lo sitúa en el horizonte de lo posible y utópico.

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Chema Agustín

[ PENSAMIENTO • Y • REFLEXIÓN ]

[ FILOSOFIA ]

Pero es el viaje el verdadero laboratorio del conocimiento. Es él el que sitúa a Ulises en la tarea y el deber del ver y el conocer. Son estas las disposiciones que deciden la nueva relación con los acontecimientos, con las cosas. En ese esfuerzo por escrutar las sombras, por dar nombres –Borges recuerda que los primeros dibujos nacieron en China para atrapar los sueños– por reconocer, la mirada juega un papel decisivo. Sólo ella aproxima y pacifica, detiene y entrega, ilumina y visiona, y sobre todo ayuda a establecer una nueva relación. Es la mirada que se hace conocimiento la que traza la frontera que demarca los límites de la identidad, entendida como "cette limite a quoi ne correspond en realité aucune expérience" que dirá Lévi-Strauss. El viajero Ulises se convierte así en hombre-frontera. Es desde su propia experiencia que puede distinguir lo propio y lo otro. Aquello de lo que no tenemos experiencia pero que ya se anuncia en el mar de las sombras. Quizá debiéramos aplicar la voz extranjero al territorio de todo aquello de lo que no tenemos ninguna experiencia. Es ese mundo sombrío el que poco a poco se iluminará e irrumpirá ante la mirada de Ulises como un mundo real que problematizará la protegida identidad y sus privilegios culturales. Hay un antes y un después del viaje: es el descubrimiento del otro que se nos da desde las sombras tutelares e inquietantes de la lejanía. Sólo lo que está cerca, cae bajo el ámbito de los sentidos, puede damos aquella certeza y seguridad necesarias. La lejanía incuba no sólo las sombras sino también el peligro. Este hombre-frontera, el Ulises de la primera metamorfosis, inaugura un saber ético que reorienta la relación humana, transformándola en un espacio intersubjetivo y de comunicación. Existe el otro, es ya el principio de una tesis que todavía no ha podido definir su alcance moral. Como todos sabemos Ulises regresa a ltaka. No estoy de acuerdo con la lectura sugerida por Levinas que describe "son aventure dans le monde n'il été qu'un retour á son île natale, une complaisance dans le Même, une méconnaisance de l' Autre". Una lectura así olvida el proceso, la metamorfosis que acompaña al viajero, al desconocer el carácter central del viaje. Le


El Ulises que regresa -la diosa le recordará una y otra vez "sólo el mar es tu casa"- sufre una segunda metamorfosis que transforma su ser humano. A la primera metamorfosis –hombre-frontera–, le sucede ahora, tras el regreso, una segunda: Ulises se transforma en Hombre-memoria. Su regreso arrastra el mar de nombres y sombras que inquietan y desestabilizan el mundo ordenado de la vieja casa. Todo se detiene y se abre ante la mirada extraña del que llega de lejos. Nada se corresponde con lo dado y por primera vez las apariencias de la identidad se resquebrajan. Si Virgilio pone todo su intento en garantizar un regreso a todo precio, es decir, hacer posible que la errancia se transforme en feliz regreso, el Ulises antiguo regresa cargado de una herida más profunda que la que Euridea descubriera en su pierna. Una herida que recorría por igual la mirada y el alma, remitiéndolo al mar sin fondo del otro. En su caso –antes y después de Virgilio– no basta con regresar para que todo recomience de nuevo; nadie puede borrar ni amainar el oleaje que la memoria no siempre protectora trae consigo. Es este hombre-memoria el que interroga las evidencias y las somete a la prueba de sus contrastes. Son las preguntas que, como el caso de la Esfinge, suspende la evi-

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dencia para adentramos en la penumbra de las cosas. "Habrá que partir de nuevo", rezaba la predicción que Tiresias hiciera a Ulises. Sí, habrá que partir de nuevo. Pero este segundo viaje ya no será como el primero. Median tantas nuevas circunstancias, nuevos saberes, el antes insospechado descubrimiento del mar poblado de nombres, de islas, de habitantes varios. Y el regreso ha hecho todavía más fuerte su presencia, su inquietante compañía. Ulises pertenece a unos y a otros, y recorre el antes y el ahora sabedor de una transformación radical de su mirada. Y es precisamente este cambio el que no sólo decide el nuevo viaje, sino que lo convierte en una nueva experiencia. Ulises ya no es el viajero de antes, ya regresa al mar transformado en un hombre-ético, capaz de recorrer la frontera de la identidad y la diferencia, sabedor de la pertenencia que reúne y relaciona los extremos, los límites, las fronteras. Esta metamorfosis de la mirada se dibuja como el inicio de una nueva experiencia en la medida que inaugura una nueva forma de relación, de entendimiento del otro. Sin prejuzgar la fortuna de esta intención, lo que aquí cuenta es anotar la importancia que acompaña al viaje a la hora de definir no sólo los nuevos espacios de la experiencia, sino las nuevas formas de percepción que, como E. W. Said muestra, inducen las grandes innovaciones en los registros valorativos de una cultura. La mirada no sólo se adecúa a los intereses del reconocimiento sino también a las exigencias de determinadas políticas de la identidad. Los sistemas de exclusión se articulan tácitamente a las necesidades de defensa o protección de identidades que imaginan o representan uno u otro riesgo de pérdida de las mismas. Esta exclusión, en sus diferentes episodios y aconteceres históricos, podrían ser entendidos como resultado de una defensa a ultranza de la identidad, ajena al reconocimiento ético del otro. Bastaría asomarse a las grandes narraciones del siglo XIX –de Flaubert a Balzac, de Melville a Conrad, etc.– para poder situar en su justo efecto la difícil decisión a favor de una mirada compleja frente a ese mar emergente de las diferencias sociales, étnicas, lingüísticas, religiosas, que siChema Agustín

bastaría identificar los gestos, las palabras, la extrañeza que acompaña al viajero que regresa. No. no es así. Ulises "regresa lleno de espacio y tiempo", afirma Ossip Mandelstam intuyendo el color de la mirada de Ulises. Su regreso no es la narración de peligros infinitos, de naufragios varios, de inenarrables encuentros. Si el Ulises que ahora regresa partió en su día marcado por aquella “insaciable sed” y aquella "inagotable curiosidad", a su regreso –Dante se preocupará de afirmar como la sed de conocimiento se desborda con la experiencia– aquel impulso ha pasado a ser ahora necesidad interior. Ya no se puede existir por fuera de aquella tensión y extrañeza, extrañeza que en su día delimitó la frontera entre lo idéntico y lo otro y ahora arrastra como fuegos del mar todos aquellos rostros que constituyen la primera forma de la memoria.

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[ PENSAMIENTO • Y • REFLEXIÓN ]

Pepito Grillo, alter ego de Joaqui´n Bueno, mantiene desde antiguo una enojosa controversia con su psicoanalista. Nunca queda muy claro si su psicoanalista es un pedagogo rescatado de la noche ]

de los tiempos o si sus palabras son so´lo la reflexio´n de un ser humano en dia´logo permanente con

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su tiempo…

El rincón del

neurótico Pepito Grillo

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as últimas conversaciones que he mantenido con mi psicoanalista me confirman lo que de una u otra manera venía intuyendo desde hacía algún tiempo; es decir, que utiliza su privilegiada posición para volcar sobre mí todas sus frustraciones y todas sus insatisfacciones éticas y sociales. Además, en los últimos tiempos, su arsenal conceptual exhala un cierto tufillo moralista que no acierto a precisar a qué viene... En el correo electrónico que me envió ayer me arrojaba textualmente lo siguiente:

“Querido Pepito, eres un ser semidesarrollado. Básicamente estás impulsado por la codicia y por el afán de poder. Te atribuyes cualidades positivas de las que careces por completo y, así, vives inmerso en una constante subversión de los auténticos valores del ser humano. Permaneces absorto en un mundo virtual en ininterrumpida cháchara sobre lo que es la verdad pero sin vivir con plenitud en ella, acomodado a la rutina imperdonable de denominar civilización al estado actual del ser humano…” El correo de hace apenas diez minutos no tiene desperdicio: “¿Es que todavía no te has percatado de que apenas existen diferencias significativas en lo psíquico, en lo mental y en lo moral –entre otras cosas– entre las personas que vivieron, por ejemplo, en la Edad

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Todos estos correos suelen, como digo, desconcertarme y suelen también generar en mí desconocidas reacciones. No obstante, más que los anteriores, su último e-mail me ha sumido en el estupor, la incertidumbre y el desasosiego: en lugar del enrevesado lenguaje conceptual de otros escritos; frente a la densidad y el lenguaje farragoso de sus recetas morales previas, utiliza en esta ocasión un lenguaje lacónico, frío y preciso, casi diría comercial… :

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Yo, a estas preguntas nunca sé qué responder más que con vaguedades o explicaciones a medias y muy a menudo con enojosas justificaciones que no a otro sitio conducen sino al estupor, sobre todo cuando se descuelga con la milonga de que “el ser humano de verdad se caracteriza por ser un ser consciente, lúcido y sabio que bebe en las fuentes de una auténtica moralidad, que rechaza la burda moral convencional y que no hace de su vida una reafirmación patológica de su ego” ¿Qué le voy a contestar yo a eso…?

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dad” al que él se refiere con tanto énfasis. Le suelo reconocer a continuación que no es lo mismo predicar que dar trigo y que, en ocasiones, a la hora de poner algunos puntos sobre algunas íes, me encuentro un poco desorientado…

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Media y las que viven actualmente? ¿Vas a tardar mucho en darte cuenta de tu pobreza interior, de tu falta de autodominio, de tu multitud de contradictorios intereses, de tus numerosos conflictos internos, de tu frenética carrera hacia ninguna parte?”

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Le contesto, por ejemplo, que yo soy sólo el resultado de un contexto cultural y que la bondad (o la maldad) de las cosas son sólo conceptos relativos a un sistema de valores, al cual yo, como todos los demás, pertenecemos por inclusión y desde el cual podemos, en todo caso, reivindicar las garantías mínimas necesarias para poder llegar a ser ese “ser humano de ver-

“La minuta por las últimas sesiones de introducción al desahogo expresivo y técnicas de insultoterapia asciende a la módica cantidad de 600 euros, I.V.A. no incluido.” Esta nueva dimensión del contexto inicial introduce otros elementos en el problema que nos ocupa, pero voy a dejarlo estar porque me parece que nos estamos desviando del tema.

Si quieres colaborar en

ten en cuenta estas consideraciones: ¿Qué pretende?

Condiciones para participar:

• Ser un lugar de reflexión y de encuentro. • Ser un órgano de expresión cultural democrático. • Cumplir una función social positiva y productiva.

• Calidad • Buen gusto y cordialidad • Originalidad artística • Temática • Creación literaria • Ensayo y pensamiento: reflexiones filosóficas, sociológicas, psicológicas, educativas...

¿Quiénes pueden participar? • Todas las personas interesadas.

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[ PENSAMIENTO • Y • REFLEXIÓN ]

Lo transitorio y relativo del devenir discursivo del ser humano, construido como una alternativa a la nada existencial, se asemeja al tradicional juego de barcos, un juego en el que todos nos solemos ]

jugar la vida y en el que en ocasiones naufragan la soledad y el desencanto.

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Luis Yrache es hoy el cronista excepcional de este juego de barcos; entre sus li´neas percibimos la

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mirada tierna y comprensiva de la tolerancia…

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Jugar a

barcos Luis Yrache

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Chema Agustín

l paseo que nos dábamos ya un rato por ahí y otro por el lado opuesto alrededor de un tipo de discurso humano creador, a través de senderos usados o por los inusitados, paseo en fin, pero nunca acoso, cerco, asalto al arte de escribir o de vivir como fablanes, quiso ser incisivo. No llegaba a canino en mi intención. Íbamos a juzgar, en este caso a jugar. Si he tocado yo, mero rozar a veces, quizá hundir, jugando al habla, alguno de los barcos con que viajamos desde siglos autour del arte, se verá en el acta de la partida. Digo jugar tanto en el uso bastante amplio de los filósofos

lingüistas como también en el empleo infantico y en el peligroso juego con fuego, en el circo y no sólo en él, en todo lugar en que se juegan los artistas las vidas al son de los drums. Diréis, lectores de novelas, si estos entornos fueron nuevos, epatantes, inútiles y encima aburridos. Opinar, intervenir, hacer tratos. Si nos quedamos cómodos en medio, decid si este juego artístico del hablar es de salón mediocre, que no toca mucho, que no afecta. Pensad si era no de manos villanas –jeux de main, jeux de vilain– sino un juego de mesa de ca-

milla de cuarto de estar del burgués de fin de siglo, ¡bof!, cuántas derivadas. ¿Tenían, entonces, interés sociológico, sólo un desahogo? Hablar sería jugar desde hace unos decenios. Nuestra acción lingual seria eso. Así parecía nuestra actitud cuando hablábamos — pensamos, escribimos, monologamos, es lo mismo. O sea que no habría más que deportes. El mundo se ve mientras dura el juego, luego se deshace. Si lo digo pedante, como para un examen, entrevista, conferencia, es así: No hay referente del habla humana. La lengua, yo digo el habla, no era sistema que reflejaba el mundo o que servía para eso. En realidad es lo mismo que decir: Hablamos sólo para entendernos. Algunos ya estábamos suspicaces, la soledad casi se veía venir, la relatividad se iba acercando también al lenguaje. Ya nos la teníamos tragada. No parece que haya muchas cosas al otro lado de nuestra conversación de habladores. Bien vacía anda por ahí la bota. Se veía venir. Pocos besos vas a

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[ PENSAMIENTO • Y • REFLEXIÓN ]

El Conde mi señor se fue a Cherela, Lió el volumen, i picó el vagage, Segouianos de a ocho buen viage, Que no os pienso ver mas en mi escarcela. En lebrel conuertidos, ó en lebrela Os lleuará de la trailla vn page, Que en este ja canicular linage Gasta lo que a presuiteros repela. Perros viuos al hombre, perros muertos Concede a la muger su señoría, Bobo he sido en prestarle mi dinero. Bien que si los refranes salen ciertos Quanto mas bobo he sido, mas espero Se me aparecerá sancta * Maria. GÓNGORA

A S N E [ Chema Agustín

Lo que pasa es que el ensayo sobre esta sobria vida de habladores sin seres detrás está también elaborado, cómo no lo iba a estar, con habla. Y también que con esta expulsión del ser dejamos más importantes a1os discursos. El habla está sola Será obvio que resulte decisiva. Tampoco nos parecería muy mala esta relación única del hombre con su propio producto. Es la referencia exclusiva del hablador que usaba este tipo de lenguajes sin significado. La responsabilidad es mayor, es toda suya, pero no la puede exigir nadie tampoco. El jugador se queda una tarde solo, el escritor ve ahí un rato de soledad lingüística, en broma, en juego.

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darle a este odre, Sancho, del inundo real Juego, entonces, amigos, todo. Solitario, el hablador. Hace falta entrenamiento para resistir soledades ontológicas, hay mucho inveterado hábito de vivir apoyado en la realidad, que un. lenguaje nos describía, aunque fuera a su manera.

Tardándose el Conde de Villaflor en boluer a D. Luis vnos dineros que le auia prestado en el juego. 621. Faltó el Conde de casa de D. Luis algunos dias, i fuese en casa del Marques de Cherela (donde también se jugaba) i aun que solía hacer esto algunas veces, quiso Don Luis (por burlarse con el) atribuir esta a su emprestido. * Llamauase sancta Maria vn criado del Conde de Villaflor, por cuia mano pagaua todo lo que deuia del juego. La soledad del jugador de hablas viene sin embargos, irá acompañada de reticencias de un ludópata genérico y específico, todo es embeleco y traducción a nadas, por ejemplo el proverbial tratamiento de bobos a los que se les

aparecía la Virgen, la alusión tabaquista del y. dos, el canicular no veraniego sino perruno, la vida es un juego también de cartas, engaños, perros muertos en las bodas de las chicas y perros vivos en el juego y el repelar.

Un lugar de encuentro.

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Los textos con los que el ser humano se relaciona con su entorno son susceptibles, entre otros ana´lisis estructurales y sema´nticos, de un ana´lisis de intenciones. El ana´lisis de intenciones del texto que nos ocupa, El rapto de Europa, una reflexio´n detallada acerca de un acontecimiento de rigurosa actualidad y especial trascendencia sociopoli´tica, nos aporta algunas conclusiones que invitan a no perdcrse ni un punto ni una coma del guio´n de esta peli´cula...

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El rapto de

Europa José Cariñena Burbano “A gente faz o que o coração dita Mas esse mundo é feito de maldade e ilusão” Dorival Caymmi

lamentos nacionales a los mercados financieros en la que la comisión europea jugara el papel de gendarme (véase el caso Izar o las advertencias a las TV públicas).

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En política exterior, existe la amenaza del imperialismo, que no es nueva y sigue siendo defendida por numerosos líderes europeos, como demuestra la defensa de la intervención en Iraq de Tony Blair y su anfitrión en las Azores, Durao Barroso, premiado nada menos que con la presidencia del la Comisión Europea. El propio Durao Barroso es un ejemplo de la falta de democracia en Europa. Ningún votante del partido popular europeo sabía que estaba votando a una rapaz de las Azores como presidente. En su propio país, su partido, el PPD obtuvo 7 escaños, frente a los 12 del PS. Los europeos no sabíamos a quién votar para evitar la guerra.

ecientemente hemos aprobado en España el llamado “Tratado por el que se establece una constitución para Europa”. El tratado ha recibido el apoyo masivo de un 32% de los censados. La frialdad con la que los ciudadanos han apoyado el nacimiento de un sueño no es casual sino causal. Tampoco puede entenderse completamente desde una lógica nacional de oposición al gobierno, sino como un fenómeno europeo producto de una fundada desconfianza hacia una elite que ha raptado el sueño de una Europa social, pacífica, ecológica y solidaria con el sur que pueda dar forma a la globalización.

No es casual tampoco que España haya liderado el proceso de ratificación por referéndum. No en vano España ha sido junto con Irlanda, el país de la UE que más se ha beneficiado de ella a través de los fondos de cohesión. Por eso es sorprendente la pasividad de la ciudadanía ante un tratado que marcará las vidas de los europeos en el siglo XXI y también las de los no europeos, que miran con esperanza a una Europa que acabe con la polarización Norte Sur. En mi opinión, existían razones fundamentales para cuestionar el tratado y siguen existiendo, por lo que será necesario un esfuerzo de los ciudadanos para impedir que la Unión se convierta en una amenaza tanto para los no europeos a través del imperialismo, como para los europeos, merced a una desdemocratización de Europa basada en la transferencia de poder de los par-

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Algunos artículos de la constitución que ilustran estas tesis de imperialismo y desdemocratización son: I 41.3 ...los estados miembros se comprometen a mejorar progresivamente sus capacidades militares. I 41.7 Los compromisos y la cooperación en este ámbito seguirán ajustándose a los compromisos adquiridos en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte... I 221 El Consejo Europeo elegirá a su Presidente por mayoría cualificada para un mandato de dos años y medio. (Y no los ciudadanos, como demuestra que nuestro presidente sea el azor Barroso) Con el número 12 de las Declaraciones relativas a disposiciones de la Constitución Europea y dentro de las Declaraciones anexas al Acta final de la Conferencia de Representantes de los Gobiernos de


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Es decir, existe ley de fugas, y también permiso para reprimir una revuelta a tiros, como por ejemplo la del 13 de marzo o, sobre todo, las de los grupos altermundialistas (los mal llamados antiglobalización). El rapto de Europa es posible pero no seguro. Dependerá de que los ciudadanos seamos capaces de resistir e informarnos, y elijamos racionalmente entre diversos proyectos y no votemos como un acto de fe respecto al partido al que cada cual se sienta mas cercano. No creo que esto haya pasado en este referéndum, y existen razones para pensar que el tedio que acompaña las instituciones europeas es para ellos una “decisión estratégica para evitar la injerencia de las masas” . La constitución también prepara el desmantelamiento del estado del bienestar mediante la implementación y blindaje de unas políticas neoliberales como la prohibición de tasar las transacciones financieras y la preparación de la privatización de los “servicios públicos”. Esta expresión no aparece ni una sola vez en toda la constitución. En lugar de ello, se los rebautiza como “servicios de interés económico general”. Todo un ejercicio de manipulación semántica que revela los planes a largo plazo de los redactores. La orientación neoliberal de la constitución puede probarse observando el número de recurrencias de ciertas palabras claves en todo el texto.

S N E Solidaridad 19 Comercio 12 Banco 180 Protección Social 7 Democracia 7 Pobreza 4 Derechos Humanos 13 Notas:

Mercado 79 Servicios Públicos* 3 Cohesión social 2 Empresas*** 46 Competencia ** 25 Mercancías 11 Protección 100

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"La muerte no se considerará infligida con infracción del presente artículo cuando se produzca como consecuencia de un recurso a la fuerza que sea absolutamente necesario: a) en defensa de una persona contra una agresión ilegítima; b) para detener a una persona conforme a derecho o para impedir la evasión de un preso o detenido legalmente; c) para reprimir, de acuerdo con la Ley, una revuelta o insurrección."Un Estado podrá prever en su legislación la pena de muerte por actos cometidos en tiempo de guerra o de peligro inminente de guerra; dicha pena solamente se aplicará en los casos previstos por dicha legislación y con arreglo a lo dispuesto en la misma...

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los Estados Miembros, celebrada en Bruselas el 30 de septiembre de 2003, en el Titulo I referido al artículo 2-62 apartados 1 y 2 (Toda persona tiene derecho a la vida, y Nadie podrá ser condenado a la pena de muerte, ni ejecutado) afirma que:

* los Servicios Públicos se denominan en el proyecto, "Servicios de Interés Económico General". ** sólo en relación con comercio y mercado *** Empresas y palabras derivadas.

Como puede verse, el resultado del partido económico podría ser Banco 180- Democracia 7. Sin embargo, si se efectúa la búsqueda en el resumen de la constitución basado en las partes 1 y 2 que han aportado los gobiernos nacionales, y que han repartido en España los medios de comunicación, las palabras dominantes sí son “democracia”, “solidaridad”, etc. La palabra que no aparece en estos resúmenes pero que los resume es “retórica”. El rapto de Europa es sólo una hipótesis. La historia no está determinada sino que influyen las acciones de todos los implicados en ella. Los ciudadanos todavía podemos resistir a esta deriva antisocial, imperialista, antiecológica y, en definitiva, antidemocrática. Para ello contamos con la “iniciativa legislativa ciudadana” y otras herramientas. Es necesario definir objetivos que permitan democratizar Europa y convertirla en un agente de paz y desarrollo sostenible. La inconstitucional Tasa Tobin (el artículo 156 indica que "quedan prohibidas las restricciones tanto a los movimientos de capitales como a los pagos entre Estados miembros y entre Estados miembros y terceros países"), la abolición de los paraísos fiscales y la defensa de la fiscalización mundial de los recursos naturales serían, en mi opinión, tres medidas que podrían convertir a Europa en un sujeto de la globalización, en lugar de lo que es actualmente, un objeto de los mercados financieros. Este sueño de Europa es mimético con el sueño americano y está pintado en papel moneda. No desesperen, por fea que se ponga la política, siempre hay espacio para la vida porque: “el ladrón se olvidó la luna en la ventana” Ryokan

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Lingu¨i´stica y Cri´tica Literaria entrelazan sus dedos por primera vez en A´gora. En un primer arti´culo, Enrique Aleta´ nos convida con una clase magistral de grama´tica del espan˜ol. Lengua, por cierto, que deja fascinado a la mayori´a de estudiantes extranjeros cuando la estudian. En un segundo arti´culo, Manuel Herna´ndez evoca la figura del poeta aragone´s, Ildefonso-Manuel Gil, sobre la que va cayendo, en palabras del propio articulista, la losa del tiempo y de la rutina institucional y oficial. Desde luego, los lectores de esta revista no contribuiremos a esta injusticia y permanecera´ siempre vivo en nuestra memoria a trave´s de la palabra de sus versos. Manuel Herna´ndez nos recuerda y comenta alguna de las obras ma´s significativas de su dilatada trayectoria poe´tica.

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Algunos aspectos sobre los atributos con

ser/estar en la gramática del español como lengua extranjera Enrique Aletá Alcubierre

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l español es una lengua que deja fascinados a los hablantes extranjeros que la estudian, dado que observan la capacidad que posee de expresar sutiles matices con estructuras simples que en su lengua materna o no existen o requieren construcciones sintácticas más complejas.

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(ser) o como una circunstancia transitoria (estar). Y, efectivamente, esta es la regla que suele proporcionarse en las gramáticas para explicar el uso de los verbos copulativos en español.

Un magnífico ejemplo de lo indicado lo constituyen los verbos copulativos o atributivos ser/estar. Se trata de dos unidades que en otras lenguas tienen un solo equivalente: to be, être, sein… Por ello, los estudiantes no nativos se quedan asombrados cuando han de aprender que en español no quiere decir lo mismo Juan es alegre que Juan está alegre, puesto que ambas oraciones suelen traducirse a su lengua con una única estructura (por ejemplo en inglés, John is happy).

Sin embargo, esta explicación aparentemente sencilla oculta una realidad muy compleja que se convierte en un obstáculo casi insalvable para muchos estudiantes no nativos. Porque, en tal caso, ¿por qué decimos los hispanohablantes Juan está muerto y no *Juan es muerto, si lo cierto es que se trata de una situación ya irremediablemente permanente? ¿Por qué es posible decir Juan es alegre o Juan está alegre pero, en cambio, lo correcto es decir Juan está contento y no *Juan es contento, si alegre y contento son palabras que suelen utilizarse como sinónimas en el hablar cotidiano?

A partir de lo que acabamos de exponer, parece deducirse que en nuestro idioma podemos presentar una misma cualidad como una característica permanente

La dificultad resulta todavía mayor porque en las gramáticas de español como lengua extranjera suelen darse explicaciones absolutamente inapropiadas,

incluso pueden calificarse de fantásticas, para estas “excepciones”. Y así, es frecuente hallar afirmaciones del siguiente tipo: en español se dice Juan está muerto porque, en realidad, no siempre lo ha estado, antes vivía y, además, la concepción cristiana de la muerte es la de un tránsito hacia la resurrección; o bien, alegre y contento expresan una misma cualidad pero desde perspectivas diferentes, que dependen de la concepción que del mundo tienen los hispanohablantes y, por eso, no admiten las mismas posibilidades combinatorias con ser/estar. Ni qué decir tiene que este tipo de justificaciones para estas aparentes “anomalías” son completamente absurdas y carentes de cualquier rigor científico. Es necesario comenzar por la base del problema: Juan está muerto o *Juan es contento no son, en realidad, excepciones a ninguna regla sino construcciones coherentes con los mecanismos que rigen el uso de ser/estar con adjetivos. En un gran porcentaje de casos, el uso


[ LINGÜISTICA • Y • CRITICA LITERARIA ]

ENRIQUE ALETÁ ALCUBIERRE

de uno u otro verbo no depende de que se mencionen cualidades permanentes o estados transitorios, sino de la clase de adjetivo que aparece como atributo. Las palabras muerto y contento pertenecen a una clase de adjetivos que se denomina “adjetivos perfectivos” porque expresan el estado resultante de una acción acabada o completada -perfecta-. Los adjetivos de este tipo guardan una estrecha relación funcional y de significado con los participios de los verbos que pueden reconocerse en su raíz: contento-contentar, muerto-morir, vivo-vivir, suelto-soltar, lleno-llenar, limpiolimpiar, etc. Muchos de estos adjetivos fueron en su origen participios verbales irregulares, como puede comprobarse en las siguientes oraciones del antiguo castellano1 : Fueron las paredes llenas de sangre (“se llenaron”) Fue suelto de la cárcel (“fue liberado”) Muerto soy (“me han matado”)

Juan es contento/ Juan está contento Con el paso del tiempo, estos participios irregulares sufrieron

Estos adjetivos perfectivos, como es de esperar, presentan un significado muy próximo al de los participios de los verbos con los que están relacionados:

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una profunda transformación. En unos casos (contento, lleno, suelto…) perdieron su carácter de verbos y pasaron a funcionar en la oración como adjetivos, creándose simultáneamente nuevos participios, en este caso regulares, mediante los morfemas -ado/-ido (contentado, llenado, soltado…). En otros casos (muerto, roto…), se sumó al valor verbal de participio el nuevo valor de adjetivo (perfectivo) adquirido en el proceso general de evolución indicado (aunque en los dialectos se crearon también formas del tipo morido, rompido…)2 .

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Fue suelto de la cárcel (“fue liberado”)

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, es Profesor Titular de Lengua Española de dicha Universidad. Además de la docencia en diversas licenciaturas de la Facultad de Filosofía y Letras, ha impartido clases de español como lengua extranjera y colabora en Cursos de Formación de Profesores de Español organizados por instituciones diversas de España y del extranjero. Desde 1992 ha estado vinculado con diversos cargos al Servicio de Cursos de Español como Lengua Extranjera de la Universidad de Zaragoza, del que en la actualidad es Director.

Los adjetivos perfectivos correspondientes, sin embargo, expresan la noción de ‘estado consecuencia de una acción’. Ello implica dos grandes diferencias. En primer lugar, no pueden formar oraciones pasivas puesto que son ya adjetivos y no participios. En

La habitación es limpiada por la mañana/ Ya está limpiada la habitación Contentar-contentado/contento Llenar-llenado/lleno Soltar-soltado/suelto Limpiar-limpiado/limpio Vaciar-vaciado/vacío Pero los participios expresan la noción de ‘acción’, por lo que pueden construir la voz pasiva con ser (expresión de la acción) o estar (expresión del resultado de la acción)3 : La habitación es limpiada por la mañana/Ya está limpiada la habitación Las cajas son vaciadas por el dependiente/Por fin están vaciadas las cajas

segundo lugar, en las oraciones copulativas no son compatibles con ser (verbo de significado nulo, cuya función es la de identificar por medio del atributo la entidad designada por el sujeto de la oración, como puede apreciarse en: Juan es alto, rubio, delgado, feliz, inteligente)4; los adjetivos perfectivos solamente pueden construirse

1. Bosque (1989), p. 173 2. Menéndez Pidal (1904), 121 3. Porroche (1988), cap. IV 4. Matte Bon (1995), p. 49

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[ LINGÜISTICA • Y • CRITICA LITERARIA ]

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La fruta está madura/ María es muy madura para su edad

Bibliografía

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Aletá Alcubierre, Enrique (2003), “Ser soltero o estar soltero”, Instituto Cervantes,

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con el verbo estar, ya que contiene en su significado la noción de ‘estado’: *Juan es muerto / Juan está muerto *Juan es contento/Juan está contento *La habitación es limpia/La habitación está limpia *La cajas son vacías/Las cajas están vacías Para terminar, es necesario indicar que los adjetivos perfectivos pueden sufrir, a su vez, determinadas transformaciones que permiten su compatibilidad con el verbo ser: 1. Algunos adjetivos perfectivos se han convertido en polisémicos, al añadirse un significado muy próximo al de los adjetivos calificativos; con esta nueva acepción son compatibles con ser, dado que hacen posible la identificación del sujeto5 : María está despierta/María es despierta El suelo está seco/Pedro es muy seco

La fruta está madura/ María es muy madura para su edad 2. Otros adjetivos perfectivos pueden utilizarse como sustantivos, lo que, como es natural, los hace compatibles con el valor identificador del verbo ser: Pedro está muerto/El bulto de la calle es un muerto Pedro está borracho/Pedro es un borracho El acuerdo está roto/Eso es un roto

El acuerdo está roto/ Eso es un roto Esta constante evolución de las unidades lingüísticas es lógica e inevitable, si tenemos presente que un sistema lingüístico, si está vivo, se encuentra en un estado permanente de cambio.

http://cvc.cervantes.es/foros/leer1.asp?vId=56823

Aletá Alcubierre, Enrique (2003), “Estar muerto. Explicación laica y aconfesional”, Instituto Cervantes, http://cvc.cervantes.es/foros/leer1.asp?vId=44412

Aletá Alcubierre, Enrique (2005), “Una perspectiva sobre un viejo problema de la gramática: ser no se opone a estar”, red Ele 3, http://www.sgci.mec.es/redele/revista.htm

Bosque, I. (1989), Las categorías gramaticales, Madrid, Síntesis. Bosque, I./Demonte, V. (1999), Gramática descriptiva de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe. Fernández Leborans, M. J. (1999), “La predicación: las oraciones copulativas”, en Bosque, I./Demonte, V. (1999), pp. 23562460. Matte Bon, F. (1995), Gramática comunicativa del español (2 vols.), Madrid, Edelsa. Menéndez Pidal, R. (1904): Manual de gramática histórica española, Madrid, Espasa-Calpe. Molina, J.A./Ortega Olivares, J. (1987), Usos de ser y estar, Madrid, SGEL. Moreno, C. (2001), Temas de gramática, Madrid, SGEL. Porroche, M. (1988), Ser, estar y verbos de cambio, Madrid, Arco/Libros.

5. Fernández (1989), p. 2430

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• SECRETARIA DEL CENTRO DE PROFESORES Y RECURSOS Plaza Goya s/n. Ejea de los Caballeros. • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S.“REYES CATÓLICOS” Carretera de Erla s/n. Ejea de los Caballeros. • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S. “CINCO VILLAS” Paseo de la Constitución. Ejea de los Caballeros.

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La supervivencia de

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un poeta:

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Ildefonso-Manuel Gil Manuel Hernández Martínez

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o es la primera vez que la revista Ágora dedica alguna referencia al poeta aragonés de más dilatada trayectoria vital y literaria, IldefonsoManuel Gil, que nació en Paniza en 1912 y murió hace dos años en Zaragoza. Aunque sus composiciones eran cada vez menos frecuentes, siguió imaginando, escribiendo y dictando textos poéticos hasta unas semanas antes de morir. Fui testigo de cómo en su último ingreso hospitalario, al principio, estaba preparando un nuevo poemario, pues aunque presentó en 1999 un volumen diciendo que no volvería a escribir poesía (Por no decir adiós, Zaragoza, Olifante, 1999), ya había desmentido este anuncio dos años más tarde (Vida, unidad de tiempo... poesía, Zaragoza, Las Tres Sorores, Prames, 2001), y seguía obstinado en seguir contradiciendo aquella despedida. Recordar la personalidad y la obra de este autor es para mí una necesidad natural –el día en que escribo estas líneas cumpliría 93 años –por el afecto que me une a su recuerdo y también a su familia. Y es un privilegio hacerlo públicamente. Esto conlleva una crítica también necesaria al olvido. Acabo de decir –y es una afirmación indiscutible– que ha sido el autor aragonés que más poesía ha

publicado, en cantidad y a lo largo de una larga vida; sus textos críticos, ensayísticos y divulgativos son innumerables –como se dio cuenta en el número sexto monográfico de El Ruejo, reseñado ya en Ágora–; formó parte del triunvirato representativo de la poesía aragonesa de la segunda mitad del siglo pasado con Manuel Pinillos y Miguel Labordeta; participó en la composición de la letra del Himno de Aragón; dirigió la Institución “Fernando el Católico” (28VI-1985 / 30-VI- 1993)... y tantos y tantos cargos, medallas, reconocimientos... Aunque a él lo que realmente le hacía dichoso eran su mujer, su familia, sus amigos, la solidaridad, la justicia social: precisamente los temas poéticos predilectos. A pesar de todo esto, parece que en instituciones, en organismos oficiales, en asociaciones culturales y literarias reconocidas, se haya implantado el habitual e imperdonable olvido que no sé si sólo es propio de esta tierra, o de todo el país. Es un olvido que se aplaca con el consumo de lo inmediato, y ahuyenta el recuerdo de grandes personalidades, modelo no sólo de una manifestación artística, sino también, casi siempre, insignes también por su actuación personal y social. Por eso es meritoria la labor

que una revista como Ágora puede hacer para que lectores y ciudadanos “de a pie” podamos evocar una gran figura sobre la que va cayendo la losa del tiempo y de la rutina institucional y oficial. Y es importante que seamos cada uno de los lectores los que tengamos presente su persona a través de su obra. Esto es precisamente lo que le interesaba a Ildefonso, por encima de los reconocimientos oficiales: quedarse entre nosotros a través de su palabra. Es una figura, por lo tanto, imprescindible en la cultura aragonesa del siglo XX. Y quizá desde esta tierra nuestra deberíamos tener más en cuenta su herencia y testamento literario, agradecidos porque decidió quedarse a vivir en Aragón cuando regresó de Estados Unidos, lugar al que marchó en los años sesenta porque aquí, en Aragón, en España, no podía conseguir un puesto de trabajo de acuerdo con su preparación y expectativas, ya que había sido funcionario del gobierno republicano durante unos meses previos a la Guerra Civil, y porque no estuvo dispuesto a adherirse al Movimiento en la posguerra. Decidió quedarse a vivir en Zaragoza y a participar de la vida cultural aragonesa, no irse a la “corte” madrileña, al epicentro cultural y disfru-

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tar de los laureles de la capital. Sus contactos con la “vanguardia”, personalmente con los autores del “27”, para después ser protagonista ya de la actividad cultural con la “Generación del 31” –como a él le gustaba llamar a la “Generación del 36”– nos lo presentan como testigo vital de unos momentos preciosos para la historia de la cultura con mayúsculas. Así lo dejó demostrado en su segundo libro de memorias: Vivos, Muertos y otras apariciones. Memorias (1926-2000), (Zaragoza, Xordica, 2000). Y el duro encarcelamiento, a punto de ser “paseado” en una de las “sacas” en la cárcel de Teruel en 1936 también ha ocupado su narrativa en algunos poemas, cuentos y en su novela Concierto al atardecer (Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1992), una novela-testimonio que vale como documento histórico de aquellos días. A esos días siguieron los tristes y grises que noveló en La moneda en el suelo (Premio Internacional de Primera novela, 1950, Barcelona, José Janés, 1951, reeditada más recientemente por tercera vez: Zaragoza, Prensas Universitarias, 2002). Ahí comenzó un lastre sólo compensado por la vida familiar y los amigos, y por la creación literaria, sobre todo poética, pero también narrativa y ensayo, ediciones y traducciones. Pero la precariedad de los trabajos, la necesidad de pluriemplearse para malvivir, no poder ejercer la docencia con dignidad, ni disponer de tiempo para la creación, le hicieron marcharse de España con su familia. Dejó de ser un “exiliado interior” para engrosar las filas de los que ya se habían marchado desde 1939. Su regreso en los años ochenta, ya jubilado de la Universidad de Nueva York,

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se hizo notar en la renovada cultura aragonesa de la “Transición”, sobre todo en Zaragoza. En una poesía tan vital y vivida como la suya, este cambio también se manifestó claramente. Con la reubicación física en el espacio originario, también en su poesía hay lugar para la remembranza y para la recuperación de todo el tiempo pasado que acompaña al poeta en un presente en que se considera dichoso. Y así fue escribiendo y publicando sus poemas desde Las colinas de la vida (Zaragoza, Diputación, 1989), y sus antologías de textos ya publicados anteriormente, o sus propias memorias. En los últimos poemarios desnudó todo un interior dichoso y pletórico de vida porque emergía de sus adentros toda la experiencia vital acumulada. Desde el horizonte vital observaba el camino recorrido y lo vertía en palabras a sus poemas. Se encontraba en "las colinas de su ocaso", y sus poemas iban depurando la expresión verbal, llegando en ocasiones a una gran brevedad, epigramática, casi al silencio, simplificando también las enseñanzas de la vida en su propia expresión. Con gran humanidad describe lo cotidiano y lo universal de la vida. Y sobre todo se

reitera un deseo de trascendencia, la verdadera religión giliana: ser retenido en la memoria de los demás, en la de sus seres queridos por su compañía y amor, y en los lectores por su palabra. Es su forma de conseguir la eternización, de esquivar la muerte. Y ciertamente uno de los logros más significativos de ese deseo, de triunfar sobre la propia muerte, fue la publicación del poemario que el autor estaba preparando en los últimos meses de su vida, gracias a la recopilación del trabajo que realizaba su hija Vicky. Con la ayuda de los profesores María Antonia Martín Zorraquino y José Carlos Mainer, amigos también del poeta, salió adelante el Cancionerillo y otros poemas inéditos (Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2003), presentado en un curso realizado en Diciembre de 2003. Este volumen rebasa la propia existencia física del autor y hace realidad sus deseos: que sobrevivan sus palabras a su persona. En este recopilatorio de últimos versos encontramos algunos de esos brevísimos poemas que componen sentencias aplicables a toda una vida, al estilo de Antonio Machado. Componen sencillos y rimados

1. Quiero aprovechar la oportunidad para hacer otra reivindicación que ya apunté en el curso celebrado en diciembre de 2003. Cotejados por entonces los fondos de tres de las más importantes bibliotecas de Zaragoza –Biblioteca Pública de Zaragoza, o de Aragón; la Biblioteca de la Diputación Provincial y la de Humanidades de la Universidad- nos encontramos con la situación de que en ninguna de ellas, ni en el conjunto de las tres, está depositada al completo la obra de Ildefonso-Manuel Gil, ni narrativa ni poética. Sí que encontramos los más importantes estudios filológicos y ediciones del autor entre las tres. El lector no puede encontrar en ninguna de estas tres bibliotecas: Borradores, La voz cálida, Huella del linaje, De persona a persona, Diez poemas de amor ni Vuelta al amor en 54 poemas. La narrativa giliana tiene mejor suerte, eso sí, entre las tres, aunque no se encuentran en depósito las colecciones menores de cuentística: Amor y muerte y Unos cuentos. Los estudios monográficos dedicados al autor o a alguna de sus obras, ya que son más recientes, también pueden consultarse. Son 35 las entradas –algunas repiten el mismo título- que se recogen en la Biblioteca de Aragón, 41 en la Diputación Provincial y 55 en la Universidad, siendo esta última la que también alberga el mayor número obras líricas. Por cierto 29 entradas aparecen en la biblioteca Nacional, más tres con el nombre de juventud, “Ildefonso Manolo”, si bien con el error de atribuirle la obra “Narradores” en confusión con el primer poemario.


María Luna

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enunciados de una gran y compleja verdad, donde el autor encierra toda su experiencia vital para ilustración del lector. También desde la Institución se recuperó una edición facsímil de La voz cálida, libro hasta ahora imposible de adquirir y casi inencontrable en Bibliotecas1 . Hasta donde yo sé también realizaron una publicación en homenaje al autor sus amigos de Rolde, precisamente tomando prestado el título del poemario de 1999; una de las clases del curso de Literatura aragonesa dirigido por Antonio Pérez Laheras y patrocinado por Ibercaja también fue dedicada al autor; y muy emotivamente fue recordado en un recital comentado de sus poemas en la biblioteca que lleva su nombre del Colegio “Juan de Lanuza”, justo un año después de su muerte. También el Colegio editó un bello libro de poemas ilustrados por alumnos. Es encomiable, ciertamente, el esfuerzo de la Institución “Fernando el Católico”, tan relacionada con nuestro autor, por mantener viva su palabra. En el citado curso celebrado en diciembre,

además de presentar el monográfico de El Ruejo –a la espera de otro dedicado a bibliografía crítica sobre la obra de Gil-, se anunció la próxima publicación de una recopilación de estudios que de nuevo ha reunido a los dos investigadores y amigos, María Antonia Martín Zorraquino, como ensayista, y José Carlos Mainer, como prologuista: Estudios sobre la poesía de IldefonsoManuel Gil (Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2004). Es una necesidad seguir recordando su palabra. Y por todo ello, quiero acabar con dos poemas, en los que cualquier lector puede sentirse identificado con la necesidad de eternidad del poeta, y especialmente el lector que ha tenido la fortuna de conocer a Ildefonso en persona. Son dos de los poemas recitados –y rezados– en su funeral. El primero fue publicado en Las colinas, y encierra todos los sentimientos y deseos de ser recordado en plenitud y dignidad: Un día, uno cualquiera, que al principio parecerá lo mismo que tantos otros que lo precedieron,

ante mis ojos quietos será el aire mera envoltura ciega, ámbito de silencio. No lo quebréis con vuestro llanto. Os pido que guardéis en los labios las sonrisas tan amadas por mí desde la cuna. Aislad en la memoria cualquiera de las horas en que fuimos juntamente felices, revivid ese instante y recordadme así, como yo era en aquella incambiable plenitud Y, cómo no, el “Poema final”, ya publicado en Poemaciones, bajo la cita de Bécquer, su primer maestro: “Yo velo mientras tú duermes”. Con este broche esta publicación, Ágora, se suma a la tarea de ejercer el derecho y la obligación como lectores de realizar el deseo más reiterado de nuestro poeta: No me dejes morir. En tanto alientes, víveme en tus recuerdos, llévame de la mano hasta tu muerte, cobíjame en tus sueños donde yo velaré mientras tú duermes

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La vida no espera; las generaciones no cesan de crecer, y nosotros, que sucedemos a los que entraron en la historia y poseemos los resultados de sus experiencias, proclamamos: ningu´n movimiento arti´stico podra´ afirmar la accio´n de una nueva cultura en desarrollo hasta que los mismos fundamentos del arte este´n construidos sobre las verdaderas leyes de la vida.

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MARIO DE MICHELI, Las vanguardias arti´sticas del siglo XX

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La enseñanza

del arte en Aragón F. Javier Galán Pérez

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abiéndome un caso común, igual a tantos muchos a los que su vocación por el Arte les obligó a realizar estudios extramuros en otras comunidades o países, me decido con estas líneas a escribir unas pocas sugerencias para aquellos que tengan a bien diseñar la implantación de la carrera de Artes, o de Bellas Artes en Aragón. Considérenme apto, pues he conocido Universidades de España a Turquía, de Alemania a Polonia o el Reino Unido con resultados y realidades muy diversas. Todas ellas presentaban propuestas que deberíamos tener en cuenta o copiar directamente en el caso de las mejores. Respeto. Joseph Beuys o John Cage entre otros de los artistas que se dedicaron a la enseñanza, afirmaban que del respeto mutuo entre el alumno y el profesor y de su trabajo en conjunto surgía la verdadera razón de la Facultad de Bellas Artes, desapareciendo aquellos roles mientras se lograban las metas proyectadas en grupo. Despreciar por lo tanto, a los grandes maestros de la fotocopia y el estra-

do, acoger a los que se implican en el proyecto personal de cada alumno aportando su experiencia. Orientación. Conocemos Universidades que dominan en tal o cual materia y por citar algunas: Salamanca en los clásicos, Valencia y Bilbao la escultura o Cuenca el audiovisual, abanderando cierto estilo o impronta. Bien, sugiero darse prisa en esto, habida cuenta que ya es indudable la inmersión de las nuevas tecnologías en el arte, amén del vídeo y las instalaciones en la última mitad del siglo pasado, y proyectar una universidad diná-

Chema Agustín

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mica que aúne asignaturas como Pintura, Escultura o Restauración con Instalaciones. Vídeo, Danza o Net.art, donde, al respecto de las últimas mencionadas y al menos en esta tierra, los artistas relacionados con ellas se cuentan con una mano y con exiguas esperanzas de aumentar de número.”¡Qué bien, menos competencia!”, pensarán los más burros. Una Universidad que no planifique el mayor número de salidas profesionales es un centro condenado al fracaso. Yo mismo me he librado de estar desempleado en mi profesión de artista por saber hacer, además de videoarte que es mi especialidad, ilustraciones, fotografías, documentales, decorados, proyectos culturales, maquetas, cuñas de radio o labores de mil tipologías al respecto del arte. ¿Piensan que lo he aprendido solo? No, todo requiere estudio y trabajo previos. ¿No se preparan el Ingeniero o el Economista para hacer frente a trabajos de muy diferentes tipologías? Las BBAA no deberían andar lejos.


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Aragonés de Arte Contemporáneo... siquiera de Arte. Pero si hay un montón, mira, está el Provincial (no tiene ni web), están el Pablo Gargallo y La Lonja… No, y les voy a poner un ejemplo que entiende todo el mundo: Cuando vamos al cine con los amigos y por norma general, al menos uno de todos ha revisado la Cartelera para ver qué películas hay e informar al resto de lo que hay. Al salir, comentamos entre nosotros que si era otra de Marines o que a tal le van a dar el Óscar. Cuando vamos al Museo, ¿Preguntamos si acaso al de delante de la fila qué es lo que nos vamos a encontrar? ¿No? ¿Vemos lo que nos echan y nos vamos? y si nos preguntan ¿somos tan valientes para decir si nos ha gustado o no? Las Universidades de Arte han de ofrecer focos de opinión, de cultura y de reforma, y desde ese punto comenzar a rediseñar puntos tan oscuros en nuestra comunidad autónoma como el de los museos a cuyos directores parece que las sucesivas crisis que ha habido en materia museística

desde hace 200 años les resbalan. ¿Por qué tengo que ir a los Museos si no sé por qué tengo que ir y además para qué me va a servir? Sencillamente porque no existen ni motivos ni educandos y viceversa. En resumen y quedando claro que hay mucho que discutir, pues piensen que llevamos unos cuantos decenios de retraso (sí, también en esto), quede este texto como la simple opinión de éste que sí se atreve a esbozar y discutir líneas para la enseñanza de las Artes en Aragón. Y sin grandes aspavientos porque, si aún me cabe un cuarto punto que subrayar para un buen comienzo de todos en esta empresa, no ha de ser otro que el de la humildad.

Chema Agustín

Globalización: Claro, cada vez más. Una Universidad, es un observatorio dinámico y eficaz, que se adelanta a modas o costumbres, que alerta de desajustes y proyecta actitudes. Las mejores ideas, los adelantos más asombrosos y las propuestas más arriesgadas nacen del trabajo de una facultad española que desarrolla junto a una en el Japón y otra en Venezuela un programa de digitalización de vídeo y sonido a tiempo real a través de la red (aunque esto esté prácticamente conseguido); o de un grupo de alumnos noruegos que siembran en un campo de dunas del Sahara un parque de hielo traído en barcos y que recogen en vídeo la experiencia para mostrarla después en todo el mundo. ¿Es que a nadie en Aragón le suena esto? Ya respondo yo a riesgo de parecer que me voy del tema aunque no sea así. Instituciones del Arte que son las Universidades… un momento, supongo que si ha llegado hasta estas líneas del texto habrá intuido que no existe un Museo

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Juan Reus: el último impresionista Eduardo J. Bru Celma

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ace menos de dos años nos dejaba para siempre en la noche de un sábado, cuando se estaba iniciando el cálido verano valenciano que siempre me acoge como refugio de mis largos veranos mediterráneos, el pintor y gran cartelista Juan Reus. Tuve la sensación de que a partir de ese momento Valencia había perdido para mí todo interés. Reus, maestro de vida, no sólo de los pinceles, era el artista bohemio por antonomasia, uno de los últimos y verdaderos conocedores y diletantes del arte y de las antigüedades. Sé bien que su infancia fue difícil, que su padre murió con tan sólo 29 años y que él pasó por todo tipo de profesiones y aprendizajes, aprendiz de farmacia, empleado de almacén, para terminar en lo que iba a ser su vida, aprendiz de brujo o mejor, aprendiz de pintor. Juan Reus fue cartelista casi 30 años de la casa Ortega, litografía especializada en imprimir los mejores carteles de toros que se han producido en España. Toda su vida artística ha estado siempre vinculada al mundo del toro, pero su radical rechazo

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personal a cualquier tipo de violencia y su desmesurado amor por los animales le llevaron a sentir siempre la fiesta de los toros como algo ensoñado, buscando en ella su parte más lírica. Juan Reus fue heredero de los pintores impresionistas, Sorolla, Pinazo, pero sobre todo fue discípulo de una generación que fue puente entre el XIX y la pintura más moderna de posguerra, me estoy refiriendo a sus maestros Peris Brell, Constantino Gómez o Ruano Llopis. En los años 40 conoció a Roberto Domingo, el que hasta hoy se ha considerado el mejor maestro de la pintura taurina. Roberto Domingo era también un gran aficionado a las antigüedades, a los secretos de la egiptología, figura insigne, que se hizo famoso por sus paseos por el Madrid bohemio de los cafés y los restaurantes como el de Julián Rojo y su asistencia permanente a todas las corridas taurinas en la plaza de Las Ventas donde siempre tuvo una localidad conocida. Es indudable la gran influencia de Roberto Domingo en la obra de Juan Reus y que fue éste quien asentó la vocación de Reus por los temas taurinos.


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Reus fue amigo personal de Manolete, de Martín Vázquez, de César Girón, de Arruza, pero creo que siempre guardó una especial preferencia por el torero de triste semblante, por su buen amigo Manolete. Pronto la obra y los carteles de Reus, los ecos de su trabajo llegaron a Sudamérica y tuvieron su mayor reconocimiento en México. Por entonces los toreros españoles empezaban a triunfar rotundamente al otro lado del Atlántico; todo ello y el conocimiento de la nacionalidad cubana de su mujer, la pintora Isaura Vázquez, que le ha sobrevivido, les valió la apertura de un restringido pero rentable mercado en Venezuela y en el mismo México. Los difíciles años 40 y la llegada de una hija al mundo, le llevaron a trabajar de una forma más entregada y estable como cartelista oficial de la ya mencionada “Litografía Ortega”. Sus carteles recorrieron el mundo y adornaron la fiesta nacional. Toda la obra de Juan Reus se sustenta sobre el conocimiento y el dominio absoluto del dibujo, un dibujo ágil y preciso, de trazo firme y definido, carboncillo, sepia o color. Reus es un gran ilustrador y sus dibujos y pequeñas obras menores, son hoy la expresión más apreciada del coleccionista. Pero también la acuarela y el guash, son sus técnicas preferidas.

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son característicos sus autorretratos, buen conocedor de sí mismo nos mostró en cada uno de ellos, su alma. Atrás quedan para siempre detenidas en mi memoria, las mil experiencias vividas con un hombre excepcional, atrevimientos como el de vestirnos de marineros para cruzar el Canal de la Mancha, organizando un verdadero espectáculo extravagante y carnavalesco, nuestros paseos por la necrópolis del Puig des Molins en Ibiza, nuestras visitas a todos los barrios de anticuarios de París o de Londres, las fiestas hindúes vividas con motivo de la boda de uno de sus nietos o los paseos al atardecer por los caminos de Villafamés, el pueblo castellonense en el que se produjo una de las mayores movidas culturales de los años 80.

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Pero Reus es ante todo el último impresionista valenciano, sus óleos y sus acuarelas marineras, el viejo tema de la “pesca del bou” pintada por él de mil maneras y mil posturas, las versiones del faro de Cullera o los desnudos fauvistas de la propia Isaura nos hablan de un maestro del color, un rupturista que es capaz de pintar la cara de una mujer en tonos completamente verdes. Adivino, visionario, dotado casi de poderes sobrenaturales, acompañaron a sus dotes personales su extensa cultura y su sentido excepcional del gusto y de la estética que lo llevaron a adentrarse de forma excepcional en el conocimiento más profundo de la obra de arte. Existe una línea del maestro casi desconocida y que él mismo pareció ocultar, aunque muchas veces me confesó que era con la que se encontraba más a gusto. Me estoy refiriendo y ya lo he adelantado antes al Reus fauvista, con cuadros en los que el color es todo y los tonos excesivamente cálidos, rabiosamente atrevidos son difíciles de aceptar, pero serán un día su obra más cotizada. De su última etapa y dentro también del dibujo la acuarela,

Aunque es difícil creer en la vida del más allá, hoy sin embargo tengo el convencimiento de que Reus era uno de los inmortales y me reconcilio con Valencia, aunque más lleno de tristeza. “Hasta siempre legionario”, él me habrá entendido ésta despedida desde el más allá. ¿Verdad, maestro?

Un órgano de expresión cultural y democrático.

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En India lo llaman nirvana; en Japo´n, satori; en Me´jico le atribuyen el nombre de Nagual; Aristo´teles lo llamo´ catarsis; el lenguaje cristiano lo denomina beatitud; en te´rminos del lenguaje psicolo´gico se le conoce como serenidad, equilibrio… Mutatis mutandi, en todas estas culturas las palabras citadas recogen una significacio´n comu´n de estado trascendental respecto a la realidad circundante que conlleva una sensacio´n de serenidad y bienestar muy superior a los habituales. Estas palabras condensan percepciones matizadas y complejas de la vida. a las que la cultura de los pueblos pretende se dice- dar cumplida respuesta. Con sus lo´gicas excepciones, el ser humano en todas las culturas ha manifestado masivamente la tendencia a lo trascendente y a lo mi´stico y cuando no lo encuentra en la cultura lo suele buscar en los to´xicos…

El alcohol entre los jóvenes de las Cinco Villas Fernando Gil Villa

Es que no entiendes que lo hacemos por tu bien y en cuanto me descuido ya has vuelto a beber Que no me entere (Tako)

¿Tenemos un problema?

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l alcohol es una droga legal, varios factores potencian su consumo. La tradición lo bendice. Está bien visto beber en ciertas situaciones. Es más, hay casos en los que incluso está mal visto no hacerlo. Hasta hace poco el alcohol tenía un compañero inseparable, el tabaco. Muchos insisten aún en cómo los jóvenes que beben también fuman. Pero esa asociación es cada vez más estéril, sobre todo en otros países. El tabaco es ya una droga menos legal que el alcohol –dada la tendencia a limitar su consumo en los espacios públicos–, y lo será todavía más en un futuro próximo. Si beber se ha bebido siempre, y si precisamente los jóvenes lo han usado como una especie de

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ritual de iniciación desde hace siglos, entonces ¿cómo saber si estamos ante un problema? Cuando observamos que un fenómeno social, como el consumo de alcohol en adultos y en jóvenes, se da no sólo en un pueblo y en un momento dado de su historia sino que se extiende en el tiempo y en el espacio, decimos que es algo “normal”. Podemos registrarlo por ejemplo en curvas y someterlo a las comparaciones. Así por ejemplo, esperamos que la curva suba en carnavales en el mundo entero. En ciertas regiones europeas se estilaba beber en el velatorio. Dependiendo de la pirámide de población de una localidad, podríamos también predecir uno de los factores de la curva. Es decir, algo es normal cuando es predecible, por tanto cuando sabemos las causas. Para ello, como observadores del fenómeno, simplemente tendremos que situarnos en un lugar y en un momento dado de su historia e informarnos de sus costumbres y de los hechos que acaecieron.

Ahora bien, supongamos que la curva se nos comienza a disparar un buen día. Esto es una forma de hablar puesto que sería más bien un “buen año”, uno en el que aparentemente no ha pasado nada en especial. Entonces esperaremos al año siguiente. Supongamos que sigue aumentando, y así año tras año. Al no ver ningún acontecimiento claramente relacionado, al no ver nada anómalo, estaremos desorientados. Todo lo que sabremos es que estamos ante un problema. El consumo de alcohol entre los jóvenes sería un fenómeno problemático justamente desde el momento en el que no lo tenemos controlado, desde el momento en que dejamos de tener la curva, por así decirlo, domesticada. ¿Qué significa no conocer las causas? Obviamente que no podemos poner los medios para resolver definitivamente y con éxito el problema, pero ¿sólo eso? No, significa algo más. Supone que no podemos hacernos una idea de la gravedad del hecho. Es como una gotera en el techo. Si no sabemos qué cosa la


[ S O C I O L O G I A ] FERNANDO GIL VILLA (Ejea de los Caballeros, 1963)

Pues bien, esto que hemos supuesto es justamente lo que ocurre. Los datos de los informes sociológicos nos vienen diciendo año tras año que el consumo de alcohol entre algunos jóvenes los fines de semana aumenta sin cesar. A partir de aquí suceden varias cosas nada positivas en mi opinión. La primera es que no hay mucho orden ni en los datos ni el debate suscitado. La segunda es que parece escasear la imaginación a la hora de interpretar los datos. En ocasiones no se sostienen si aplicamos la simple lógica. Así, en un estudio del CIS sobre el asunto leemos que los jóvenes usan la noche para imaginarse emancipados y “vivir peligrosamente”. O las eternas disculpas psicológicas de la rebeldía generacional, la curiosidad o el impulso a imitar a los demás propio de la edad. Nada de esto explica sin embargo que los jóvenes hayan aumentado el consumo de alcohol en las últimas décadas, y eso que los setenta pasaron a la historia precisamente porque la rebeldía juvenil fabricó ídolos y tomó im-

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Visiting Scholar/Profesor visitante: 1990- Universidad de Chicago 1995- Universidad Pedagógica Nacional (Bogotá) 1996- Universidad Federal de Pelotas (RS, Brasil) 1997- Universidad de Brasilia 1999-2000- University of Portsmouth (Reino Unido)

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causa, aumentará nuestra ansiedad porque podría ir a más o ser una pequeñez de la que no tenemos que preocuparnos. La gotera es como el consumo de alcohol entre los jóvenes: con ambas cosas podemos convivir por ahora, aunque con preocupación. Pero ¿qué pasará en el futuro? ¿Qué tipo de problemas asociados puede traernos? Por ejemplo, en el caso de la bebida, los accidentes en carretera o el aumento del vandalismo. En definitiva, ¿se trata de un aviso?

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Formación académica: 1987- Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (Ramas Ciencias Políticas y Sociología) por la Universidad Complutense de Madrid 1990- Doctor en Sociología por la UCM 1991- Catedrático de E.U. en la Universidad de Salamanca

Libros científicos publicados en España: Escuela pública o escuela privada (1992) Teoría sociológica de la educación (1994) La participación democrática en los centros de enseñanza no universitarios (1995) Sociología del profesorado (1996) Para comprender el ocio (ed.)(1998) El mundo como desilusión. La sociedad nihilista (1999) Historia oral y desviación (2000) Individualismo y cultura moral (2001) La exclusión social (2002)

pulso amparada por los medios de comunicación y la publicidad de productos comerciales que desde entonces la explotan. Recordemos a James Dean en aquella famosa escena de la carrera de coches hacia un precipicio, ¿no era aquello vivir peligrosamente? ¿No demuestran los estudios de revisión en psicología que efectivamente que la “tormenta” de la adolescencia no es un simple mito que ha hecho mella en la imaginación popular sino que forma parte de la vida real de muchos jóvenes y de sus familias?1 Otra deficiencia. En Aragón, el último informe sobre jóvenes, precisamente titulado La juventud aragonesa a principios del siglo XXI 2, no dedica ni una de las 25 conclusiones al fenómeno a pesar de haber constatado que los jóvenes aragoneses consumen más alcohol que la media nacional y que, a diferencia de esa misma media, su pasatiempo favorito fuera de casa es “beber, ir de copas”. De forma increíble, sin embargo, las conclusiones son una

retahíla de piropos a la juventud aragonesa porque también supera a la media nacional en asociacionismo deportivo y en consumos culturales. De manera que parece que no tenemos un problema. Pero lo tenemos. Y por el otro extremo tenemos el discurso conservador y catastrofista según el cual tendríamos la juventud más pervertida de la historia, la más maleducada y la más “mala”, en el sentido moral de la palabra. En el best seller de los americanos Dimoff y Carper, Cómo saber si tus hijos se drogan, se nos pinta a los adolescentes de los años 40 como angelitos, limitándose las infracciones en los institutos a hablar y comer chicle, mientras que a partir de los 80 sus homólogos se dedican a consumir drogas. El consumo de alcohol estaría además relacionado con los accidentes de circulación y los homicidios3. Y puede que todo esto sea cierto –habría que ver si se dispone de datos 1. Arnett, 1999: 324. 2. Gastón 2002. 3. Dimoff y Carper, 1995:26.

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to”, volvieron a cargar con la culpa en la era moderna de la Alemania nazi. Y hoy en día, precisamente el resurgir en varios países europeos de la ultraderecha parece estar relacionado con la alta inestabilidad social y la sensación de falta de control que caracteriza a nuestra época, una vez superada la frontera de la modernidad.

comparables con los años 40- pero el problema está en que otras cosas muy distintas, otras relaciones, sean también ciertas de manera que hay que tener cuidado con lo que se decide subrayar o entresacar. Hay que recordar que las estadísticas pueden ser fácilmente manipuladas con fines retóricos. Si este año se suicidaron cuatro personas en Zaragoza y el año pasado sólo dos, podríamos decir que el número de suicidios se ha incrementado un 100% y no estaríamos mintiendo, pero es evidente que el aumento no sería significativo. El peligro de las interpretaciones catastrofistas es claro: la criminalización de la juventud. Esta operación es doble. Consiste en forzar la homogeneidad de la categoría –todos los jóvenes en el mismo saco- y por otro lado en definirla más por los rasgos negativos que por los positivos –toman drogas en exceso, no se quieren emancipar, rompen con la norma-. En esencia es el mismo mecanismo que encontramos en cualquier sociedad cuando crea un chivo expiatorio. Los musulmanes, las mujeres, los leprosos, los extranjeros, y sobre todo los judíos fueron chivos expiatorios en las sociedades

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europeas de la Edad Media y aún posteriormente. Se trata de un fenómeno recurrente en la historia que acaece especialmente en fases de transición o de erosión de las creencias colectivas y de las leyes, y ante la aparición de males traumáticos. Aún hoy en día, sucesos como el maremoto del sudeste asiático han sido interpretados por ciertos grupos religiosos como un castigo divino. Si algún estudiante de Ejea o de la comarca está leyendo esto no debe pensar que hablamos de fenómenos lejanos en el espacio o en el tiempo. No mucho después de la reconquista cristiana de Ejea, cuyo IX centenario se celebra este año, y una vez que cuajó la judería en el barrio de la Corona, estaba prohibido a las chicas hablar con los judíos, porque si eso ocurría podían esperarse desgracias.4 Pero la sensación de malestar puede generarse no solamente por acontecimientos extraordinarios negativos, como ocurrió a partir del siglo XIV con la sucesión de epidemias, carestías, guerras y cismas religiosos. Si los judíos fueron uno de los grupos que entonces se llevaron la peor parte, siendo calificados de “mal absolu-

En estas coyunturas, el recurso al chivo expiatorio es más fácil. La angustia colectiva disminuye a través del subterfugio de identificar las causas del malestar en determinados grupos de personas. De esta forma, la figura difusa del enemigo se aclara y puede descargarse sobre ella las culpas. Se proyecta sobre los elegidos los fantasmas que no se quieren reconocer en uno mismo en una especie de ritual purificador.5 Y los elegidos son siempre los más débiles, los que menos recursos tienen para defenderse, así como los menos integrados, los que menos acatan las normas, las escritas y las no escritas, las formales y las informales. Ambas cosas caracterizan a la juventud. Es cierto que esta categoría hoy se ha agrandado, pero existen procesos de definición y selección que permiten distinguir grupos “esencialmente” juveniles, como los adolescentes o menores. Algunos sociólogos famosos creen que las actitudes de los jóvenes ante el alcohol podrían ser consideradas como un indicador de un fenómeno nada halagüeño: la escisión social, la contraposición de dos “subsociedades”, la de los jóvenes extravertidos y mundanos

4. Motis Dolader, M.A. (2003: 54), Judíos y conversos en Ejea de los Caballeros en la Edad Media (Siglos XII –XV) 5. Delemeau, 1989: pp. 276 y 486.


Vemos, pues, cómo parece haber en la actualidad una serie de coincidencias entre diferentes perspectivas que favorecen consciente o inconscientemente cierta reapertura del debate sobre la juventud, cierta lectura sospechosa o negativa de la misma. Cuando menos, anuncia en mi opinión una tendencia peligrosa, la de abandonar el presupuesto de la responsabilidad de los adultos en lo que se refiere a la problemática juvenil.

De nuevo debemos hacer la misma lectura. Es cierto que las figuras de autoridad están en estos momentos en crisis. Es cierto que un reflejo de esa crisis la tenemos en el hecho de que los padres y los profesores se quejan de que los menores no “obedecen”. Sin embargo, la política de “mano dura” puede provocar efectos contraproducentes. Cada medida debería ser cuidadosamente estudiada. Las políticas prohibicionistas en muchos no han conseguido sus propósitos y en otros además han potenciado el comportamiento que querían restringir. Recordemos la famosa Ley seca en los Estados Unidos de los años 30, o a la inversa, la legalización de la venta y consumo de drogas como el cannabis en Holanda, que no supuso de ninguna manera el espectacular aumento de los adictos pronosticados por los malos agoreros. Algo parecido ocurre con el horario de cierre de los bares. Parece que en Inglaterra se ha demostrado que cerrar a las once de la noche en algunos casos induce al consumo de alcohol compulsivo. De ahí que el gobierno quiera acabar con la prohibición. Sin embargo, soy de la opinión que el extremo contrario, es decir, abierto

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hasta el amanecer y aún después, induce igualmente al excesivo consumo en muchos otros casos.

Los datos

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No estoy diciendo, por tanto, que los jóvenes corran el peligro de ser perseguidos como los pobres judíos en tantas ocasiones, pero sí que se conviertan de algún modo y en algún grado en chivo expiatorio de una sociedad adulta que no acierta a identificar las causas de su malestar. Dicho modo podría muy bien materializarse en su criminalización, comenzando por la disminución de la mayoría de edad penal y siguiendo por el aumento de las prohibiciones y de la dureza de las sanciones.

Por lo tanto, buscar pues el equilibrio tanto en la definición del problema como en su interpretación y en las medidas que proponemos como consecuencia, es fundamental. Espero que estos comentarios sirvan de marco de reflexión para situar los datos que figuran a continuación. Se trata de un avance de algunos de los resultados del primer estudio realizado en la Comarca de las Cinco Villas sobre estos temas y que publicamos en la revista Agora con la intención de fomentar el debate social sobre el tema comenzando por el ámbito educativo y como justa contraprestación a la colaboración de los centros de enseñanza con la encuesta.9

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frente a la de los adultos y mayores metidos en casa.6 Algunos filósofos famosos, como Baudrillard siembran dudas con sus comentarios sobre la forma moderna tradicional de pensar en la infancia con la connotación de la ingenuidad: “La infancia no existe”, “El niño, en el fondo, sabe que no es un niño. Y le importa muy poco la afectación de libertad y de responsabilidad con que queréis ennoblecer la diferencia pedagógica del adulto y el niño”7. Algunos criminólogos famosos, en fin y para rematar el círculo, aseguran que lo de la juventud inocente es una falacia si nos atenemos a algunos datos. En las películas famosas, como en El silencio de los corderos se nos muestra al prototipo de asesino inteligente y peligros como un tipo ya maduro. Sin embargo, la realidad es muy diferente, si preguntamos a los funcionarios de prisiones, nos dice Felson, nos dirán que en las cárceles separan a los jóvenes de los viejos es para proteger a los segundos de los primeros, mucho más peligrosos. La mayoría de los delincuentes que cometen varios tipos de delitos tienen de 12 a 20 años. La curva de las personas detenidas por robo en los Estados Unidos cae a partir de los 16 años según las estadísticas oficiales de la policía.8

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Situemos primero brevemente a los entrevistados en varios contextos que vayan de lo general a lo particular. 1) Los informes a nivel nacional nos dicen que, en general, desde los años ochenta los jóvenes

6. De Miguel, A. y De Miguel, I., 2002:91. 7. Baudrillard, 1984:136. 8. Felson, 1998:12. 9. Estudio contratado por el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros con el Departamento de Sociología de la Universidad de Salamanca en enero del 2005, dirigido por mí mismo y con título Informe sobre la Juventud en la Comarca Aragonesa de las Cinco Villas, con especial atención a la ruptura de normas. Se aplicó un cuestionario de elaboración propia en junio del 2004 a la población escolarizada de la comarca, con una muestra definitiva de 771 individuos de ambos sexos y un error muestral de +/- 2,98% (bajo el supuesto de m.a.s).

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beben más y se inician antes en el consumo de alcohol. El porcentaje de jóvenes que consume destilados en los días festivos, habría pasado del 40% en 1980, al 50% en 1986 y al 68% en el 2002. Para el consumo de fermentados, en el caso de la cerveza los porcentajes respectivos serían del 43, 53 y 57% y para el caso del vino de 65, 26 y 37%. 10 2) En Aragón, a principios de los noventa, bebían durante los festivos el 41, 6% de los chicos y el 13,9 de las chicas, sumando los consumo “alto”, “obsesivo” y de “alto riesgo”. En aquel momento, el grupo de menores de 15 años representaba tan sólo el 10% de ese total, mientras que el de 15 a 17 suponía el 47,7% y el de 17 a 20 el 61, 2% .11 Diez años más tarde, las encuestas del Instituto de la Juventud ratifican lo que ya venía señalando el Plan Nacional sobre Drogas, a saber, que los aragoneses beben por encima de la media nacional. Así, “beber, ir de copas” es el primer pasatiempo favorito del 26,8% de los primeros –33,% en el caso de los chicos y 20,3% en el de las chicas– y sólo del 17,7% del resto de los españoles.12 De todas formas, debemos tener en cuenta que, gustarle “ir de copas”, lo que se dice gustarle, es admitido en la última encuesta del INJUVE (2004)nada menos que por el 73,3% de los jóvenes españoles de 15 a 29 años, practicándolo habitualmente nada menos que el 66,6%.13 3) El único estudio específico sobre las zonas rurales de Aragón hasta la fecha y que yo sepa es uno realizado a mediados de los noventa en el que se recogen como “bebedores de riesgo” un 3,2% de los jóvenes de 13 a 15 años y un 10% de los de 16 a 18. Asimismo, en la categoría “problema” habría un 1,1 y un 10,3% respectivamente.14

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4) En algunos estudios se entrevistan a los jóvenes en general, en otros a los escolares. Este último es nuestro caso. Puede servirnos de referencia el trabajo publicado por Comas en 1990 a nivel nacional. Encontró que el 57% bebía habitualmente frente al 11% de abstemios. Sus datos sacaron a la luz unos 25000 escolares alcohólicos y otros 70000 en riesgo de serlo, lo que suponía un 8% de los estudiantes de enseñanzas medias.15 Pues bien, con estas pinceladas quedaría esbozado el cuadro en el que toman vida nuestros datos sobre los jóvenes estudiantes de 14 a 18 años de la comarca. He utilizado diferentes aproximaciones a la hora de medir el consumo excesivo de alcohol, en el cual nos centraremos.

A) Lo primero que hay que saber es cuántos beben, si se trata de una mayoría o de una minoría. Los resultados sugieren lo primero, en sintonía con los datos de los contextos anteriormente señalados. Sólo el 12,2% declara no beber nunca. El 25,2% dice beber una vez al mes o menos y el 48,6% de 2 a cuatro veces al mes. Es importante señalar que esta categoría concentra el mayor número de respuestas en todas las edades, es decir, tanto a los 14 como a los 18 años. La mayor parte pues sale a beber los fines de semana, más del 60% si sumamos los que salen con más frecuencia que los anteriores. Aunque hay más chicas que no salen nunca o salen poco, y menos que salen más de dos veces por semana, las diferencias son pequeñas y sobre todo no se dan en la categoría más importante, la de salir los fines de semana, donde incluso llegan a superar a sus compañeros (50% frente a 46,9%).

B) En segundo lugar, nos interesa conocer cuánto beben los que beben. A la pregunta, “cuántas consume un día que toma alcohol?, el 40,2% responde que más de cuatro. Cuatro es una cifra especial: a partir de ahí el consumo se volvería problemático, si hacemos caso de los límites puestos por la Organización Mundial de la Salud. Esta utiliza la llamada Unidad de Bebida Estándar (UBE) para medir la cantidad de alcohol. Una unidad equivale a 10 gramos de alcohol puro, justamente la cantidad que tendría una bebida fermentada –una cerveza o un vino- o la mitad de la que tendría una bebida destilada –un cubalibre o un licor-. Según la OMS el consumo de alcohol sería arriesgado para los hombres a partir de 40 gramos (por tanto a partir de cuatro bebidas fermentadas o dos destiladas) y de 20 en las mujeres (por tanto a partir de dos cervezas o un combinado). Y sería perjudicial a partir de 60 o de 40 gramos respectivamente.16 Por su parte, el Plan Nacional sobre Drogas considera el límite de 60 y de 50 gramos de consumo de alcohol al día para ellos y para ellas de forma que en el informe referido al 2001 habría detectado un 8,6% de bebedores abusivos o problemáticos. 17

10. Alvira Francisco, 1986; De Miguel, A. y De Miguel, I. 2002:68. 11. Sáez Rodríguez, 1994:54-55 12. Gaston, 2002:100. 13. Juventud en España 2004. Muestra de ámbito de ámbito nacional de 5014 individuos entre las edades señaladas. Datos disponibles en la página del INJUVE en el apartado de “novedades”. 14. Gaston, 2002:146. 15. Comas,1990, Secades, 2001:27 16. Secades 2001:21 17. Los datos han sido consultados de la página web del Observatorio español sobre drogas, sexto informe del PND relativo a la encuesta del 2001.


Es difícil afinar el número de jóvenes que tendrían problemas con el alcohol o que podrían tenerlos si continúan con la misma pauta de consumo. Todo lo más que podemos hacer, que no es poco, es aproximarnos a las cifras que nos indicarían fronteras, es decir, a partir de las cuales podríamos hablar de grupos de riesgo. Esta información es importante porque es un argumento a la hora de debatir si estamos ante un problema social, ante el cual tomar medidas preventivas. Puesto que en nuestro cuestionario no especificamos si se trata de consumiciones de bebidas fermentadas o destiladas, creo que es sensato establecer la frontera de grupo de riesgo a partir de la categoría de “5-6 o más”.18 Esto equivaldría a una cantidad de alcohol consumida “un día que toma alcohol” que oscilaría entre un mínimo de 50 gramos –cinco cervezas– y un máximo de 120 –seis copas–.

C) Por último, se introdujo en la entrevista el cuestionario de alcoholismo AUDIT.19 Los resultados muestran que tendríamos en estos momentos alrededor de un 23,5% de “bebedores problemáticos” –en situación de peligro– entre los menores, un 26,3% de los cuales serían chicos y un 20,9% serían chicas. Por edades, el corte se situaría a los 16 años, como en el caso de los indicadores anteriores.

A modo de conclusión Los datos recogidos deben tomarse con precaución pero tam-

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bién con preocupación. Corroboran las tendencias a nivel nacional y regional expresándolas de forma especialmente intensa. El informe de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas en 1996 observaba que el consumo de alcohol estaba generalizado entre los jóvenes de 14 a 18 años. Al hablar de menores de edad los datos cobran una especial relevancia y deberían fomentar el debate social en todos los niveles posibles: educativo, comunitario, asociativo, religioso, etc. Creo que es importante tomar conciencia del problema y llamar al debate. Para concluir, creo conveniente ofrecer algunas ideas generales que sirvan igualmente de posible guía de las interpretaciones futuras.

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En ese caso tendríamos un 40,2% de los encuestados que admiten beber, un 37% en el caso de los chicos y un 30,9% en el caso de las chicas. Repárese en el hecho de que hemos hecho tabla rasa del sexo. Es decir, aún aplicando el mismo rasero las chicas no se alejan mucho del porcentaje de los chicos, lo cual indica que el problema es especialmente acuciante en el caso del sexo femenino. En cuanto a la edad, la media del 40% de quienes toman más de cuatro puede observarse a partir de los 16 años inclusive, bajando bastante entre los que tienen 14 (un 14,8%) y 15 años (25,6%). No obstante, hay que remarcar que casi no hay diferencia entre los que beben con estos años. Más de la mitad de ellos toman más de dos. Disponemos de otro dato para averiguar la cantidad de alcohol consumido en exceso. Preguntamos con qué frecuencia consumen seis o más en una ocasión. Contestan que una vez por semana, alrededor del 21%, sin diferencias significativas entre chicos y chicas y claramente superior en el grupo de 18 años, que alcanza casi el tercio.

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1) El consumo de alcohol entre los menores está alcanzando niveles preocupantes que justifican el debate social al respecto. 2) Se trata de un fenómeno generalizado, que afecta a todos los tipos de centro, a los dos sexos y a todas las familias, independientemente de la profesión y estudios de los padres. En cuanto a

18. Creo que es visible la interpretación generosa de los datos, es decir, tirando a la baja, que hago, habida cuenta de la tendencia ya señalada más arriba sobre el aumento de destilados desde los años 80 según datos de Alvira y De Miguel. 19. Test de Identificación de Trastornos Relacionados con el uso de alcohol, disponible en la página del Instituto para el Estudio de las Adicciones y elaborado por la Organización Mundial de la Salud. Se trata de un cuestionario breve, de 10 preguntas, lo que facilita su camuflaje en el cuestionario general, con una puntuación que va de 0 a 36. Se trata de un cuestionario utilizado para detectar precozmente bebedores problemáticos. Entrarían dentro de esta categoría aquellos entrevistados que arrojen una puntuación superior a 8.

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la edad, es especialmente preocupante a partir de los 16 años aunque el inicio en el consumo comienza cada vez antes y es notable a partir de los 14 años –la edad media a nivel nacional en el 2004 de los que se inician en el consumo de alcohol semanal es de 15,1 años, prácticamente similar a de 14,9 de 1998. El que nuestros datos indiquen que la barrera en el consumo intenso de alcohol parece situarse a los 16 parece compatible con los datos de la última encuesta nacional, en el mismo año 2004 realizada por el PND ya que el porcentaje de los que a dicha edad admiten haber tomado alcohol en el último mes sube al 71,5%, frente al 38,8% de los de 14 años y al cerca del 60% en el caso de los que tienen 15. 20 3) Se trata de un fenómeno universal. Se da también en otras regiones y países. Sin embargo, los aragoneses superan la media nacional y todo parece indicar que los chicos de las Cinco Villas superan a la vez la media regional. 4) Los menores consumen alcohol tanto en la ciudad como en los pueblos. En las ciudades es bien conocido el fenómeno del botellón: beber en la calle.21 En lugares más pequeños, como Ejea, no es necesario porque se dispone, al margen del circuito de bares, de locales privados –peñas o pipetes–. De acuerdo con nuestros datos, no parece por tanto tener mucho sentido la única conclusión que hace referencia al consumo de alcohol entre los jóvenes aragoneses en el informe La juventud aragonesa a principios del siglo XXI encargado por la DGA. En ella leemos: “mientras los jóvenes aragoneses dispongan de pocas viviendas, es presumible que los fines de sema-

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na se concentrarán en determinadas zonas de la ciudad y consumirán alcohol y otras sustancias”.22 5) El alcohol es la droga más consumida, con mucho, por los menores. El aumento registrado en el consumo de otras sustancias psicoactivas, como el cannabis, la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis debe ser valorado en su justa medida. En general se trata de incrementos incomparables en términos absolutos –no en términos relativos- si nos fijamos en el consumo habitual. Mi hipótesis es que, debido a las campañas de información sobre los efectos perversos del tabaco y del éxtasis, y debido a que el alcohol es la única droga legal bien vista en estos momentos –pensemos en las campañas publicitarias sobre bebidas–, el consumo de esta última se convierte en el único agarradero para quien busca evadirse de la realidad, es decir, para quien busca evadirse pagando el menor coste social posible –el estigma que conduce a la marginación–. En este sentido, parto de la base de que los jóvenes no son tontos ni están mal informados sino que, antes al contrario, son consumidores racionales, que valoran los costes y los beneficios de sus acciones. 20. Encuesta estatal sobre uso de drogas en Enseñanza Secundaria 2004. Aplicada a una muestra de 25521 alumnos de todo el país de 14 a 18 años. Resultados disponibles en la página del Plan en la red, en el apartado de “novedades”. 21. En esto parecen tener razón Amando e Iñaki de Miguel, cuando afirman que “el fenómeno del botellón es esencialmente urbano” (2002:87). 22. Gastón, 2002: 182, 23. Las encuestas del INJUVE y del PND que han sido consultadas en la red no se recogen, aparecen citadas a pie de página.

Bibliografía 23 Alvira,F (1986) “Cambios en el consumo de bebidas alcohólicas en España”, REIS 34. Arnett, J.J. (1999) “Adolescent Storm and Stress, Reconsidered”, en American Psychologist, vol. 54, n. 5. Baudrillard, J. (1984), Las estrategias fatales, Barcelona: Anagrama. Comas, D. (1990) El síndrome de Haddock: alcohol y drogas en las enseñanzas medias, Madrid: CIDE. Delemeau, J. (1989), El miedo en occidente, Madrid: Taurus. Dimoff, T. y Carper, S. (1995), Cómo saber si tus hijos se drogan, Barcelona: Alba. Felson, M. (1998), Crime and Everyday Life, London: Pine Forge Press. Gastón, E. (dir.) (2002), La juventud aragonesa a principios del siglo XXI, Zaragoza: Egido Editorial. De Miguel, A. y de Miguel, I. (2002), Saber beber, saber vivir, Madrid: CIS. Motis Dolader, M.A. (2003), Judíos y conversos en Ejea de los Caballeros en la Edad Media (Siglos XII –XV) Ejea de los Caballeros. Rojas, E. (2004), La ansiedad, Madrid: temas de hoy. Sáez Rodríguez, L. (1994), La juventud aragonesa en cifras, Zaragoza: DGA. Secades Villa, R. (2001), Alcoholismo juvenil, Madrid: Pirámide.


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Drogas y adolescencia:

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la familia como ámbito de prevención Jesús Claver y Carmen Chóliz

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l presente artículo se centra en la familia porque, al ser el grupo donde se desarrolla la socialización primaria de la persona, se convierte en un agente destacado en la prevención de cualquier conducta de riesgo, como, por ejemplo, la drogadicción. Sin embargo, hay tres grandes factores que intervienen en el consumo o en la prevención: los personales, los familiares y los sociales. Por ello, las investigaciones más recientes recomiendan un planteamiento global basado en el modelo bio-psico-social. Es decir, entender la drogadicción como una enfermedad, dando relevancia a la composición química de las sustancias ingeridas y a sus efectos sobre el organismo; como un problema de comportamiento que conduce a desajustes personales en los contextos en los que la persona se desenvuelve; y como la necesidad de modificar y mejorar las condiciones sociales y las actuaciones socioasistenciales.

En Ejea, durante los meses de junio y septiembre, mantuvimos varias reuniones entre los representantes de distintos sectores con fin de desarrollar un programa que permitiera afrontar la prevención de manera integral. A dichos encuentros asistimos una trabajadora social y una educadora social del Servicio Social de Base del Ayuntamiento, los coordinadores del Servicio de Juventud (OMIJ), los orientadores de los dos Institutos de la localidad, una profesional del Centro de Salud y dos representantes del “Proyecto Hombre”. Como resultado, se planteó un programa compuesto por las siguientes actuaciones: tratamiento del tema en los IES (sesiones de trabajo con los alumnos y los padres), realización de un ciclo de charlas-coloquio en el Centro Cívico organizadas por

el Servicio Social de Base del Ayuntamiento, realización de forma cíclica a lo largo del año de jornadas alternativas de ocio por parte del Servicio de Juventud y, para aquellos casos de jóvenes que ya hubieran alcanzado niveles claros de abuso y de dependencia, “Proyecto Hombre” se comprometió a poner en contacto a las familias con servicios especializados en terapia grupal y familiar.

1- Contextualizando el problema. Los medios de comunicación en este final de año han puesto de relieve el incremento del consumo de drogas por parte de la juventud española. Con el fin de ser objetivos al máximo, utilizaremos los datos procedentes de los informes de 2000 (primera cifra del paréntesis) y 2002 (segunda cifra del paréntesis) del Observatorio Español del Plan Nacional sobre Drogas: • Los niveles de consumo de los estudiantes entre 14 y 18 años, referidos a los últimos 30 días, son los siguientes: alcohol (58 %-55,1 %); tabaco (21,628,8); cannabis (19,4-22); cocaína (2,2-3,1); anfetaminas (1,8-1,9); éxtasis (2,5-1,7); y alucinógenos (1,9-1,3). Como puede observarse disminuye el consumo de alcohol, de éxtasis y de alucinógenos; prácticamente se mantiene, aunque con tendencia al alza, el consumo de anfetaminas; y aumenta el consumo de tabaco, cannabis (hachís, marihuana) y cocaína. • La tendencia de los jóvenes consumidores es el policonsumo: combinación de distintas drogas. En una misma noche, por ejemplo, pueden beber canti-

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dades importantes de alcohol, fumar un paquete de cigarrillos y compartir un par de porros.

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2- Algunos conceptos.

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Para abordar el tema no basta con conocer los datos de consumo, además, como mínimo, es preciso conocer el significado de algunos términos básicos y los efectos generales de las sustancias sobre el Sistema Nervioso Central. • Uso: Consumo que no produce consecuencias negativas en el individuo porque no utiliza las drogas habitualmente o las cantidades ingeridas son mínimas. • Abuso: Relación con las drogas en la que se producen consecuencias negativas para el consumidor y/o para su entorno. Uso excesivo o inapropiado de una substancia. • Hábito: Consumo repetido que, aunque no implica el incremento de la dosis, sí puede conducir a la dependencia. • Tolerancia: A medida que el cuerpo se va adaptando a la presencia regular de una substancia, se necesita mayor cantidad para producir los mismos efectos. • Dependencia: La persona necesita consumir la substancia para no experimentar síntomas de abstinencia y/o para afrontar la vida cotidiana. • Trastornos físicos: El abuso de las drogas daña el organismo (por ejemplo, bronquitis por abuso del tabaco). • Trastornos psicológicos: El abuso de las drogas incide negativamente en la relación de la persona consigo misma y con las personas de su entorno afectivo (por ejemplo, conflictos de la pareja por abuso del alcohol). • Trastornos sociales: El abuso de drogas tiene consecuencias negativas para la comunidad (por ejemplo, accidentes de tráfico provocados por los efectos de las drogas). • Drogas depresoras del Sistema Nervioso Central: Ralentizan el funcionamiento del cerebro, lo adormecen. Son el alcohol, heroína, metadona, pastillas para dormir. Drogas estimulantes del Sistema Nervioso Central: Aceleran, activan el funcionamiento del cerebro. Son la cocaína, anfetaminas, nicotina, cafeína. • Drogas perturbadoras del Sistema Nervioso Central: Perturban, trastocan, modifican el funcionamiento del cerebro dando lugar a alucinaciones, distorsiones perceptivas, etc. Son los alucinógenos, éxtasis, cannabis (hachís, marihuana).

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3- Factores de riesgo. Son las causas que facilitan el consumo. No existe un factor concreto que explique por qué una persona comienza a consumir drogas, sino que habitualmente se da la combinación de varias condiciones. Los factores de riesgo se clasifican en tres bloques: factores personales, factores del entorno próximo (familia, amigos, escuela) y factores ambientales. • Factores personales. Factores evolutivos. En la adolescencia son habituales las grandes oscilaciones del estado de ánimo. El adolescente controla mal la tensión y pasa con facilidad, en un mismo día, de la rebeldía al silencio, del enfado a la alegría, de la risa al llanto, de la apatía a la excitación… Podría llegar al consumo de drogas con la idea errónea de que le ayudarán a encontrarse mejor. Otra característica es el afán de independencia. El pensamiento del adolescente se vuelve más crítico y le lleva con frecuencia a enfrentarse con los padres. Le aburre la rutina y necesita experiencias nuevas para ir explorándose e ir conformando su propia identidad. Podría probar para satisfacer su curiosidad. En su desarrollo social, el adolescente se va a mover entre dos polos: por un lado busca la soledad y por otro necesita al grupo o pandilla de amigos. El núcleo familiar suele quedar relegado a un segundo plano. Si el uso de drogas es frecuente en el grupo de amigos, se incrementa la probabilidad de que el joven ceda a la presión de consumir.

Características de la personalidad. La impulsividad, entendida como dificultad para controlar el comportamiento propio y las consecuencias derivadas del mismo, adquiere una gran importancia. La búsqueda de sensaciones es otro elemento que tiene relevancia. Estamos hablando de la atracción por lo nuevo, de la curiosidad, de la escasa tolerancia al aburrimiento. Hay un importante consenso entre los investigadores en el siguiente punto: niveles satisfactorios en autoestima (encontrarse a gusto consigo mismo, va-


Actitudes hacia la salud y el consumo de drogas. La mayoría de adolescentes muestra una actitud global negativa respecto al consumo de drogas, pero, al mismo tiempo, puede mantener creencias erróneas: puedo dejar de fumar cuando quiera, beber alcohol en el fin de semana no crea dependencia, el alcohol me ayuda a tener amigos, etc. Por tanto, es imprescindible la transmisión y el análisis de una información clara y objetiva. • Factores del entorno próximo (microsociales). Cada joven tiene un entorno interpersonal que es único y comprende a sus padres, hermanos, compañeros y otros adultos importantes para su vida y desarrollo. La influencia de este entorno puede ser favorable o desfavorable al consumo de drogas.

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Consumo de los adultos.

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Una investigación llevada a cabo en 1986, 1989 y 1991 arrojó los siguientes resultados: - La mayor asociación entre el consumo del padre y del hijo corresponde al consumo de la misma sustancia. - El consumo de tranquilizantes, vitaminas, etc. por parte de alguno de los progenitores se asocia con todo tipo de consumo del adolescente. En este ambiente lo que los hijos aprenden no es, únicamente, el consumo de una sustancia concreta, sino también la legitimidad de consumir sustancias que alteran el estado físico y/o psíquico del organismo.

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lorarse bien) facilitan el ajuste personal del adolescente a los contextos en los que se desenvuelve, mientras que los sentimientos de autodevaluación (encontrarse a disgusto consigo mismo, autodesprecio) pueden conducir a la implicación en conductas problema.

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Presión del grupo: influencia de los amigos. En las entrevistas, la mayoría de los adolescentes manifiestan que el relacionarse con otros jóvenes que consumen y la presión ejercida por los iguales son elementos importantes para explicar su comportamiento desviado. Otra hipótesis sostiene que el adolescente tiende a asociarse con individuos que son similares a él

ENSE ANZA SECUNDARIA OBLIGATORIA

REYES CAT LICOS

I.E.S. REYES CATOLICOS

BACHILLERATO DE CIENCIAS DE LA NATURALEZA E INGENIERIA BACHILLERATO HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES CICLO FORMATIVO DE GRADO MEDIO DE T CNICO EN ATENCI N SOCIOSANITARIA

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Deficiente comunicación y conflictividad familiar.

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en actitudes y conductas: el individuo selecciona el grupo con el que se relaciona. Según la mayor parte de los investigadores, lejos de ser incompatibles, ambas hipótesis son complementarias.

Si la comunicación entre padres e hijos es escasa, resulta difícil para los padres saber qué piensan sus hijos, cuáles son sus problemas, y éstos recurrirán fundamentalmente a los amigos y se distanciarán más del entorno familiar. Los adolescentes altamente consumidores confirman que el conflicto, las discusiones continuas y la falta de comunicación en la familia han sido factores muy relevantes en el inicio de su consumo.

sentimientos de inseguridad, retraso en el proceso de autonomía y dificultad para asumir conductas de responsabilidad personal en los hijos. Los adolescentes que consideran la disciplina familiar como injusta (porque todo se les impone), inconsistente (ambos padres no mantienen los mismos criterios, o se cambian los criterios continuamente) o permisiva (no hay normas, ni límites, despreocupación de los padres) tienen una mayor probabilidad de involucrarse en conductas desviadas. Las investigaciones muestran que los padres de los adolescentes consumidores y/o delincuentes tienen una menor información sobre con qué tipo de amigos se relacionan sus hijos, las actividades que realizan en su tiempo libre o dónde están cuando se encuentran fuera de casa.

Pautas educativas de los padres.

Inadaptación escolar.

En algunos casos los padres descuidan la educación y delegan en otras instituciones, como el colegio, o en otras personas. En otros casos desarrollan actitudes de sobreprotección que conducen a generar

Son muchos los estudios que han establecido una relación clara entre consumo de droga en adolescentes y bajo rendimiento académico, alto grado de absentismo y abandono escolar. Son alumnos que re-

ENSE ANZA SECUNDARIA OBLIGATORIA BACHILLERATO HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES BACHILLERATO DE CIENCIAS DE LA NATURALEZA Y DE LA SALUD BACHILLERATO TECNOL GICO

I.E.S. CINCO VILLAS Paseo constituci n s/n 50.600 Ejea de los Caballeros TelØfono 976 66 00 08 Fax 976 66 3093 E-mail:iescvejea@educa.aragob.es PÆgina web: http://www.educa.aragob.es/iescveje

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CICLOS FORMATIVOS DE GRADO MEDIO: PELUQUER˝A, ESTETICA PERSONAL DECORATIVA, GESTION ADMINISTRATIVA, INSTALACI N Y MANTENIMIENTO E. DE M. Y C.L. CICLOS FORMATIVOS DE GRADO SUPERIOR: ADMINISTRACI N Y FINANZAS


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Disponibilidad y accesibilidad. A pesar de la normativa, los jóvenes menores de 18 años pueden acceder con facilidad al consumo de tabaco y alcohol. A lo anterior hay que unir su bajo precio, aspecto que todavía potencia más el consumo. Cultura basada en las drogas. La medicación, la pastilla, los productos de herboristería constituyen la solución mágica de todo tipo de problemas. Los hijos están acostumbrados a observar cómo sus padres acuden a la ingestión de sustancias como solución a cualquier desajuste personal; de esta forma pueden generalizar y pasar con facilidad al uso de las drogas.

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Personalidad: Baja autoestima (11), búsqueda de sensaciones nuevas (9), inmadurez (9), impulsividad (2). Actitudes y valores: Creencias erróneas por falta de información (4), desmotivación y pasotismo (3), falta de valores (2), la tendencia al consumismo (2).

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• Factores ambientales (macrosociales).

Factores personales:

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chazan la escuela y la rigidez de su funcionamiento y, por ello, la encuentran poco gratificante. En esta situación pueden buscar la satisfacción que no encuentran en ella en ambientes desviados.

Factores del entorno próximo (microsociales): Consumo de los adultos (2). Presión del grupo: Influencia de los amigos (17). La familia: Estilo educativo permisivo (7), exceso en la cantidad de dinero que manejan (7), conflictos familiares (3), falta de comunicación familiar (2), amplitud de los horarios (2), inhibición educativa de los padres (1). Inadaptación escolar (1). Factores ambientales (macrosociales): Fácil acceso a las drogas (6).

Inexistencia de alternativas. Las preferencias de los jóvenes para utilizar el tiempo libre se inclinan claramente por estas actividades: relacionarse con amigos del mismo y del otro sexo, jugar a los videojuegos y escuchar música. La realidad es ésta: los jóvenes están frente al televisor una media diaria superior a las dos horas; la atracción por el deporte no es mayoritaria, aunque reconocen su importancia y es apreciado por los jóvenes, lo practican poco; y la relación con los amigos se establece en peñas, cafeterías, discotecas, para pasar el rato.

• Los factores de riesgo desde la perspectiva de los padres. En el primer encuentro que se llevó a cabo con los padres en el mes de enero de 2005 en los dos Institutos de Ejea, éstos, a través del debate en grupos reducidos y posterior puesta en común en gran grupo, como respuesta a la pregunta ¿qué causas pueden facilitar el consumo de drogas de los adolescentes?, señalaron las siguientes:

Inexistencia de alternativas de ocio: Los adolescentes pasan su tiempo libre en las peñas (3). Influencia negativa de los modelos y valores que transmiten los medios de comunicación (2).

4-Factores de protección desde la familia. Prevenir las drogodependencias en el ámbito familiar supone desempeñar las funciones de padre y madre con el propósito de mantener un clima adecuado de comunicación y de afecto en el hogar. En educación no hay recetas seguras e infalibles, pero si hay caminos más adecuados y menos adecuados por los que transitar. Teniendo en cuenta lo anterior, algunas de las pautas educativas que los padres pueden poner en práctica son: • Actuar como modelos positivos. Los padres han de actuar como modelos: no ha de haber contradicción entre los hechos y las palabras. Todas las personas realizamos parte de nuestro aprendizaje a través de la observación de otras perso-

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nas que son importantes para nosotros. No podemos criticar de forma creíble el consumo de drogas ilegales, si nosotros consumimos alcohol o tabaco en exceso y si recurrimos al fármaco con frecuencia.

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• Desarrollar una comunicación adecuada en la familia. La comunicación constante con nuestros hijos nos permitirá conocer cómo evolucionan, cuáles son sus puntos de vista, sus proyectos, sus problemas… Para llevar a cabo una comunicación respetuosa y efectiva hay que tener presentes los siguientes requisitos: Utilizando un lenguaje claro y respetuoso. El lenguaje debe ser claro sin ambigüedad para que cada interlocutor sepa qué es lo que el otro está diciendo. Además debemos dar prioridad a los comentarios positivos sobre los negativos. Por ejemplo, decir: “Estoy trabajando, me molesta el volumen de tu aparato de música, cierra la puerta y baja un poco el volumen”, será distinto a: “Tenía que ser ahora, siempre estás molestando, ¿cuándo dejarás de dar el tostón?”. También es necesario atender a la comunicación no verbal: no debemos hablar deprisa y gritando, hacer gestos despectivos, mirar al otro con ojos enfurecidos, fruncir el ceño, etc. Debemos hablar con serenidad y tranquilidad.

• Educar con un estilo moderadamente autoritario. Utilizando la negociación en la implantación de las normas familiares. La disciplina ha de estar basada en el diálogo y en la coherencia: las normas han de ser pocas, las imprescindibles, pero razonadas con los hijos para que comprendan las razones por las deben cumplirlas y que no son un capricho de los padres. En la adolescencia es conveniente que sean consensuadas porque de este modo los hijos se sienten más identificados con ellas y asumen mejor su responsabilidad. Se han de establecer en tono positivo, nunca en momentos de enfado y como castigo. Los padres siempre han de tener la última palabra, lo que significa no ceder ante posiciones o peticiones poco razonables de los hijos. Una vez establecidas, hay que exigir su cumplimiento con constancia. Por otra parte, los hijos necesitan que sus padres se comporten siempre de la misma manera y no de forma variable y caprichosa. El establecimiento de unas normas y límites claros y la coherencia en la forma de educar, dan seguridad a los hijos y constituyen una base firme para el desarrollo de una adecuada autoestima. Fundamentalmente, en la adolescencia, las normas se centrarán en los siguientes campos: horario de estudio, realización de tareas en el hogar, salidas y propinas.

Conversando de forma adecuada. La habilidad más importante para dialogar es la de saber escuchar. Saber escuchar no supone sólo recibir la información que nos da el otro, sino también dar señales al que habla de que se está escuchando (asentir con la cabeza, mirarle a los ojos, repetir alguno de los términos que utiliza, etc.). Además, debemos centrarnos en el tema, no consumir demasiado tiempo y dejar participar al otro, sin interrumpirle constantemente. Hay que reconocer los aspectos positivos de la conducta del hijo y comunicárselo (“Estoy muy satisfecho del esfuerzo que has hecho en este último trimestre”). Hay que ser capaces de expresar críticas y sentimientos negativos (enfado, frustración, etc.) sin disparar las discusiones.

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Un lugar de reflexión.


En todas las edades, hay que fomentar que los hijos afronten los problemas con los que se encuentran y los intenten solucionar. No hay que esperar a la adolescencia para desarrollar esta actitud. Lógicamente a medida que la edad aumenta los problemas cambian, pero éstos siempre son importantes para nuestros hijos. No hay que minimizarlos, sino darles la importancia que merecen. El proceso es sencillo: tener conciencia clara del problema (discuto mucho con mis compañeros de clase), plantearse un objetivo claro con respecto al problema (tengo que discutir menos y aceptar más lo que dicen mis compañeros), buscar varias soluciones posibles, ver las ventajas y los inconvenientes de cada solución (en estos dos últimos pasos los padres pueden colaborar y ayudar al hijo), elegir la mejor solución y ponerla en práctica. Si pasado un tiempo, la elección no funciona le pediremos de forma natural y no autoritaria una nueva elección que pueda ser más adecuada. De esta forma estaremos facilitando que nuestros hijos aprendan a tomar decisiones por sí mismos y ejerzan su responsabilidad personal.

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Es importante conocer los ambientes que frecuentan y manifestar interés por conocer a los amigos de los hijos y a sus padres. Probablemente estos padres tendrán las mismas preocupaciones. Es conveniente intentar motivarles por actividades relacionadas con el deporte, la pintura, la música, asociaciones juveniles, organizaciones humanitarias, etc.

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Enseñando a los hijos a afrontar los problemas.

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- Cambios de humor, con estallidos de cólera o conducta agresiva. - Cambios en la forma de vestir y en la apariencia física. - Cambio en la actitud frente a los estudios, absentismo escolar, bajo rendimiento. - Cambio de amistades. - Alteraciones en el apetito, adelgazamiento. - Mayor demanda de dinero y posibles robos en casa. - Palidez, enrojecimiento de los ojos, dilatación de las pupilas. - Uso de papel de fumar, restos de pastillas.

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Aplicando consecuencias lógicas a los comportamientos de los hijos. Todo comportamiento tiene unas consecuencias positivas o negativas. Cuando un hijo ha hecho algo mal, si el error es pequeño no hay que darle importancia porque no existen los hijos perfectos como tampoco existen los padres perfectos, simplemente se hablará con él para que haya mejora la próxima vez. El elogio y el reconocimiento del cumplimiento de sus obligaciones son dos buenos estimulantes. Pero además, los hijos necesitan saber, con antelación, qué ocurrirá si no cumplen las normas. Las consecuencias negativas han de ser proporcionadas a la falta, nunca excesivas y siempre relacionadas con la conducta inadecuada.

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Implicándose en el tiempo libre de los hijos.

Siguiendo su rendimiento escolar. Puede haber relación entre fracaso escolar e inicio en el consumo de drogas. En este sentido, es importante que los padres se interesen por los estudios de los hijos y atiendan a los problemas que puedan ir surgiendo. Algunas pautas que pueden seguir los padres son: mostrar interés por el trabajo escolar; revisar los cuadernos y trabajos de clase; coordinarse con los profesores; ser realistas respecto a posibilidades del hijo o hija; reconocer el esfuerzo y el trabajo, porque esto le estimulará y le dará seguridad y confianza en sí mismo.

Para profundizar en el tema: • Controlar su conducta fuera del hogar. Disponiendo de información sobre las drogas. Hay que disponer de información objetiva y contrastada sobre las causas de inicio y los efectos de las distintas drogas. Signos que nos pueden hacer considerar la posibilidad del contacto de nuestros hijos con el consumo de drogas ilegales son:

“Drogas: Más información menos riesgos”. Ed/ Ministerio del Interior. Madrid 2001 y 2003. “Detección y prevención en el aula de los problemas del adolescente (capítulo 9)”Saldaña, Carmina (coordinadora). Ed/ Pirámide, Madrid 2001. ”Las drogas: Conocer y educar para prevenir”, Macía, Diego. Ed/ Pirámide, Madrid 1999 (5ª).

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Ya el Humanismo defendi´a que todo conocimiento, de cualquier a´rea del saber, era necesario para el desarrollo del ser humano. La dicotomi´a ciencias letras es relativamente joven, y engan˜osa. Ciencia ]

y poesi´a pueden y deben ir de la mano. Las visiones abiertas, la curiosidad, el mestizaje son las claves

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para nuestra continua evolucio´n.

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Poesía en la ciencia Mariano Bericat Alastuey

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ecuerdo, siempre lo recordaré, cuando comprendí y experimenté un buen día que un juego de palabras, una ordenación de ellas aparentemente arbitraria, podía producir un vértigo, una diversidad de sensaciones, de emociones, que desbordaban con mucho el análisis simple de la frase. Fue Pablo Neruda que con su libro de preguntas supo capturar mi mente o, mejor dicho, abrirla: ”¿Por qué las hojas se suicidan al sentirse amarillas?” inquiría, y ¡zas! el toque mágico me embriagó literal y figuradamente. Me atrapó para siempre esa sensación de eternidad condensada, esa sensación voluble que aparenta irse, y queda, y queda… A eso le llamaban “poesía”y me suscribí, me zambullí en esa fuente de conocimiento, en esa orgía que se me ofrecía sin restricción. Jugar con las palabras y crear universos impredecibles sin censura y gratis era un ejercicio que no me podía perder. Desde entonces busqué la poesía en todas mis actividades. Me rodeaba de poetas que con sus miradas ebrias escudriñaban el tiempo y el espacio. Decían haber tocado las esencias de lo intangible para desmayarse instantes después producto del éxtasis. Decían investigar mundos y emitían hipótesis con más o menos gracia pero siempre con igual desatino. Daba igual, lo que importaba realmente era el juego, “la respuesta” era mejor no encontrarla, “la respuesta”, decían, es siempre aburrida. Y eso, aburrimiento era lo que empezaban a producirme aquel atajo de visionarios cuando me cercioré de que a través de sus ropas tejidas con frases de retorcida profundidad, tan

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solo el vacío insípido se traslucía de su incompetencia intelectual. Un tanto decepcionado me refugié de nuevo en la “Ciencia” a la que una vez abandoné porque mi anhelo de encontrar “la verdad” en ella se había estrellado con la provisionalidad que de ésta se me ofrecía. Pero cuando volví ya no era el mismo. Un “Poeta” me había cambiado para siempre. Me había adiestrado sin yo saberlo, sin él pretenderlo, para rescatar de los fríos símbolos de la matemática esos perfiles ocultos de belleza. Muchas fórmulas que antes habían pasado desapercibidas, que antes para mi sólo eran magnitudes o relación entre magnitudes correspondientes a conceptos más o menos precisos, ahora se manifestaban con significados enloquecidos que parecían atropellarse o, contrariamente, danzar en medio de un compás estricto. Redescubrí, por ejemplo, a un científico llamado Schrödinger. Decía que a un mismo tiempo la materia se desparramaba en un espacio ondulante y se colapsaba en un punto sin dimensiones. Tras esta solemne majadería, su autor, incapaz de explicarla coherentemente la expresó mediante una fórmula que, según dicen, le fue murmurada en un arrebato amoroso: “ ” y hete aquí que, incomprensiblemente, el universo parecía reflejarse en ella. Nadie la entiende, pero cuando uno se acerca a ella y se la queda mirando, y le da la vuelta, y va arañando poco a poco sus costuras y con cuidado la dobla y la mira adentro y más adentro, y no acaba, y más… y más…y entonces, de pronto, el estómago se te llena de belleza y ¡zas¡ ya está ahí, ese vértigo que


te produce lo concretamente incierto, lo precisamente ambiguo. La misma sensación que me produjera, años atrás, el verso intrigante de Neruda. Pero sería tremendamente injusto si no mencionara el que para mí es el poema más hermoso, el poema más absoluto de todos cuanto se hayan escrito. Fue de la mano de un científico austriaco, Ludwig Boltzmann, que en un ataque de romanticismo depresivo pudo escribir: ” ” Pero ¿qué significa? En palabras, viene a decir que el tiempo se detiene si el mundo no sucumbe al “caos”.Y que si el tiempo no nace, o no fluye, el “espacio” se resiente y la artritis hace de él un anciano lento y sin futuro. También nos dice que en un orden total las preguntas carecen de sentido y la realidad carece de matices. Nadie ni nada puede permanecer porque nada existe, o mejor, nadie desearía permanecer porque se aburriría eternamente. Tan sólo si ese orden se rompe en mil pedazos es cuando la piedra tiene alguna posibilidad de ser piedra, es cuando ese universo en miniatura que es la célula podrá independizarse de su entorno, eso sí, ¡cuidado!, con la única condición, con el único mandamiento de que su existencia contribuya eficazmente a seguir despedazándolo. ¡Qué maravillosa paradoja!: El “desorden” creará criaturas ordenadas con la perversa y única intención de que éstas escupan más y más desorden. Él dejará aparecer a los artistas charlatanes si con ellos se fomenta la idiotez y la energía mental se esparce en un océano inofensivo. El “desorden” es entonces como la madre del que se amamanta toda transformación. La madre de la que pende toda existencia. Todos nosotros también nos agarramos a sus ubres para permanecer, para lograr vivir. Y cuando falto de fuerzas nos desasimos, ella nos recoge y al mismo tiempo nos devora en un ritual amargo donde el tiempo recobra con virulencia su sentido irreversible. Y todo esto fue expresado mediante una raquíti-

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ca pincelada. Con un significado conciso y con implicaciones abrumadoramente diversas. Con tan solo una restricción las posibilidades creativas que se te permiten son infinitas. El determinismo se desvanece y la libertad se zafa de aquellos científicos que con sus mentes estrechas la habían maniatado. Aquellos mismos que hicieron que a Boltzmann se le helara el alma, aquellos que hicieron que su sien reventara y que un charco de tristeza ensuciara las paredes de su dormitorio. Aquellos mismos que tras su desaparición inscribieron en su lápida aquel verso que le inmortalizó y que le mató para siempre. Han pasado noventa y nueve años desde entonces y continúa habiendo preguntas, y respuestas, y preguntas sin respuestas, y respuestas sin preguntas, y todavía hoy las hojas se suicidan al sentirse amarillas y yo aún no se por qué, y sin embargo en este acto presiento su belleza, al igual que en cada una de esas fórmulas que indago con atención, y no poco esfuerzo, para a veces conseguir rescatar de entre la aparente lógica inconmovible de los signos, las finas sombras de un poema.

¿Quieres colaborar en ? • SECRETARIA DEL CENTRO DE PROFESORES Y RECURSOS Plaza Goya s/n. Ejea de los Caballeros. • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S. “REYES CATÓLICOS” Carretera de Erla s/n. Ejea de los Caballeros. • DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA DEL I.E.S. “CINCO VILLAS” Paseo de la Constitución. Ejea de los Caballeros.

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2005: Año Mundial

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de la física Esther Royo Madre

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l año 2005 ha sido declarado por la UNESCO el año mundial de la Física. La resolución aprobada por la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada y adoptada posteriormente por la UNESCO contiene cuatro puntos; vamos a analizar cada uno de ellos. 1. La Física ha sido la base de un conocimiento, aún en desarrollo, del mundo físico y de la naturaleza como un todo.

2. Sus aplicaciones son la base de la mayoría de la tecnología actual. ¿Os habéis parado alguna vez a pensar cómo sería nuestra vida sin el desarrollo de la Física? Tal vez ahora sea el momento: alguno de vosotros no podría leer claramente este texto al no disponer de las lentes adecuadas a nuestros defectos ópticos; no dispondríamos de electricidad; aparatos tan familiares como la TV, ordenadores, no habrían sido inventados. La medicina no tendría las posibilidades de diagnóstico actual (rayos X, escáner, ecografías…). Estos son sólo algunos de los muchos ejemplos que podríamos enumerar.

3.En el año 2005 se cumplen 100 años de la publicación de cinco artículos que modificaron radicalmente la concepción del mundo natural escritos por Albert Einstein. El primero de ellos titulado: ” Sobre un punto de vista heurístico acerca de la creación y de la transformación de la luz “, trata sobre los cuantos de luz y el efecto fotoeléctrico. Este fenómeno descubierto por Planck fue explicado por Einstein considerando que la luz está formada por un conjunto de partículas.

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Para que nos hagamos una idea de la importancia de este hecho, vamos a enunciar algunas de sus aplicaciones: las células solares o fotovoltaicas que nos permiten transformar la energía luminosa en energía eléctrica; el láser y en general todos los dispositivos electrónicos que controlan o responden a la iluminación, como las células fotoeléctricas, que permiten la apertura automática de las puertas en cuanto nos acercamos a ellas. Einstein en 1921 recibió el premio Nobel de Física por sus trabajos sobre el efecto fotoeléctrico. El segundo de los artículos publicados en 1905 por Einstein se titula: ”Una nueva determinación de las dimensiones moleculares” que permitía deducir el tamaño de las moléculas. Y el tercero, muy relacionado con el anterior: “Sobre el movimiento que viene impuesto por la teoría cinética del calor a las partículas en suspensión en líquidos en reposo”, en el que proponía que una partícula se mueve sin rumbo aparente en un líquido debido a que las moléculas de éste la bombardean por todos lados, favoreciendo la hipótesis, entonces cuestionada, de que el calor se debe al movimiento aleatorio de las moléculas. Estos trabajos nos permiten en la actualidad describir la difusión a través de líquidos o gases y recientemente se ha diseñado un método para separar virus, fragmentos celulares, hollín u otros contaminantes sólidos, de fluidos en circulación continua. En el cuarto: “Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento” introduce la teoría de la relatividad especial, en el que extendió el principio de la relatividad de Galileo al electromagnetismo, estableciendo que la velocidad de la luz es constante, y con ello una nueva forma de ver el espacio y el tiempo.


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María Luna

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años más fecundos en Física, tan sólo comparable a 1665 con las aportaciones de Newton: ley de la gravitación, teoría de los colores y cálculo integral.

Estos dejan de ser conceptos absolutos, como se creía desde Aristóteles. Si nosotros, sentados tranquilamente en el sofá de nuestra casa, contempláramos el reloj de una nave espacial veríamos que marcha más lento. También apreciaríamos que la nave se contrae en la dirección del movimiento. Experiencias con partículas subatómicas han confirmado esta dilatación del tiempo y la contracción de la longitud. Si un palo de un metro de longitud se moviese a una velocidad igual a la de la mitad de la luz, la longitud que tendría para nosotros, que seguimos sentados en el sofá de nuestra casa, sería de 0’866 m. Con el quinto y último trabajo de su Año Milagroso “¿Depende la inercia de un cuerpo de la energía que contiene? “, completa la teoría de la relatividad especial. Si desde el sofá de nuestra casa pudiéramos medir la masa del astronauta que viaja en la nave espacial, veríamos que su masa es mayor que antes de despegar y tanto mayor cuanto más lo sea la velocidad de la nave, resultando por tanto más difícil acelerarla. A velocidades próximas a la de la luz cualquier aceleración adicional exigiría una cantidad de energía descomunal e inasequible; la velocidad de la luz es, por tanto, el límite superior de la velocidad de propagación que puede alcanzarse. El incremento de la masa está tan bien establecido y tan aceptado en la actualidad que se incorpora al diseño de los aceleradores de partículas, que de otra forma no podrían funcionar. Las implicaciones que la teoría de la relatividad especial ha tenido en otros campos del saber han sido numerosas. La importancia de los contenidos de estos artículos es tal, que 1905 se considera como uno de los

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4-Una educación en Física es esencial para que los países en desarrollo puedan crear su propia infraestructura científica. ¿Qué podemos decir nosotros en nuestro país y en nuestra comunidad con respecto a la enseñanza de la Física? En la E.S.O. la Física se estudia junto a otra disciplina –Química– en una única materia de dos horas semanales en 3º de ESO; en 4º de ESO es una materia troncal que se elige entre varias. El número de horas asignado a la Física en la etapa obligatoria es, pues, insuficiente. En bachiller la situación no mejora; hay modalidades de ciencias en las que la Física sigue siendo optativa y se da la situación de alumnos que llegan a la Facultad de Ciencias sin haberla cursado. ¿Cómo nuestros alumnos pueden de esta manera entender el mundo en el que viven? ¿Cómo es posible que en el futuro sean ciudadanos que tengan capacidad para opinar con criterio en aspectos tan importantes ligados a esta disciplina? Como veis, la situación no es muy halagüeña, y por eso es tan importante que aprovechemos este acontecimiento para promocionar el conocimiento de la Física. En nuestra Comunidad se ha creado un Comité formado por representantes de las instituciones académicas más importantes: Departamento de Ciencia, Tecnología y Universidad del Gobierno de Aragón, Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, CSIC en Aragón, Colegio Oficial de Físicos, Asociación de Profesores de Secundaria de Física y Química... que va a proponer y coordinar numerosas actividades –conferencias, exposiciones, concursos escolares– durante el año 2005. Todos deberíamos participar en ellas contribuyendo de esta manera a que se cumplan los objetivos del Año Mundial de la Física: aumentar el conocimiento de la misma, valorar su importancia en el desarrollo de los países, saber que forma parte de nuestra herencia cultural, conocer sus retos para el futuro y ayudar a aumentar la comprensión y el atractivo de la Ciencia en general, especialmente entre los jóvenes.

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Beatriz Sumelzo

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La aventura de

saber Mila Fernández

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ace unos días les pregunté a mis alumnos cuál era el mayor proyecto en el cual se había embarcado la humanidad como tal. Las respuestas fueron de lo más variopintas: desde la conquista de la Luna hasta la conquista de América, pasando por la carrera de armamentos y otras realizaciones históricas de este tenor. Sin embargo, algunos –con una perspectiva más amplia- apuntaron otros temas como la convivencia pacífica y solidaria, los derechos humanos o la conquista de las libertades. Aunque sus respuestas eran excelentes, mi propuesta era otra: el mayor pro-

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yecto en el que el hombre como hombre se ha implicado ha sido la aventura de saber. El hombre desde sus albores ha buscado conocer: un ansía y una curiosidad que le ha corroído desde dentro y que le ha impelido a una búsqueda tenaz y sacrificada de la verdad de sí mismo, de la verdad del universo que le circunda e incluso de la verdad de Dios. Esa búsqueda del conocer no es algo ajeno a nuestra experiencia cotidiana: queremos saberlo “todo” de aquellos que queremos y amamos, queremos


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Los griegos supieron reconocer esa excelsitud de saber, destacando que la capacidad de pensar es la que nos distingue del resto de los seres vivos, aclarando cómo la admiración es la que nos mueve a intentar comprender, explicando la naturaleza de la contemplación como conocimiento amoroso y proponiéndonos una conducción racional de nuestra vida. Un profesor andaluz que me dio clase en la universidad decía con frecuencia que el hombre es el único animal que sabe que sabe que muere. Y aunque es un conocimiento que podíamos calificar de trágico, sin embargo, nadie querría renunciar a esa sabiduría en pro de una vida sin pensamiento –y consecuentemente sin “tragedia”-. La excelsitud del saber ha de mover nuestra curiosidad intelectual. La palabra curiosidad ha sido con frecuencia malinterpretada. Sin embargo los medievales la ponían en relación con la “estudiosidad”,

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la virtud de tomarse los problemas en serio. La sociedad actual, con su afán explicativo y solucionador, ha adormecido en muchas personas esa inquietud por saber. Mis alumnos piensan que la ciencia ha resuelto todos los problemas y que lo único que hay que hacer es aprenderla. En cierto modo, tienen tan facilitado el acceso al conocimiento que lo ven más como una imposición que como una aventura. El tipo de juegos que se desarrollan actualmente no facilita la invención y la imaginación. Y muchas personas no sienten por dentro ese cosquilleo, ese deseo de saber. La curiosidad intelectual es ese afán por descubrir, ese interés por saber que muchas veces surge cuando un amigo te explica algo nuevo relacionado con la ciencia que él trabaja o cuando ves una película y te sientes atraído por la figura del personaje histórico o cuando un profesor va a comenzar una nueva lección. La curiosidad intelectual es una actitud ante la vida, un interés profundo por ella. Es una actitud que se transmite con el ejemplo. Es una actitud que nos hace humanos. Es una actitud que debemos fomentar en nosotros mismos. Es una actitud que da una dimensión nueva a nuestra vida.

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saber cómo funcionan los electrodomésticos de nuestra casa, queremos saber lo que ha pasado en las antípodas de nuestra tierra, queremos saber qué son los agujeros negros o las supernovas. Saber es la necesidad básica del hombre. De hecho, siempre se considera como la mayor desgracia la negación de esa posibilidad de conocer o porque una persona se ha quedado en estado vegetativo o porque es un disminuído psíquico o porque tiene una enfermedad psiquiátrica.

Querido lector, al final de estas líneas, solo puedo desearte como Kavafis a su Ulises, que el camino de tu vida sea largo y este lleno de muchas experiencias, y que cada una de ellas sea para ti sabiduría y riqueza.

A enchaquia d ista nota ye dar a conoxer una nueba asoziazi n cultural, creyata con esprito de redolada, cuya misi n ye la de reafirmar a la nuestra luenga; l aragonesa. Por una serie de motibos, no ye l inte ta desembolicar-los ast , l aragonØs ye estau maltratau, i y lebau, d ixas trazas, enta la cuasi desaparixi n. Ye por ixo, que nos emos arroclau una chen, af en as Zinco Billas, ta dar vida a tot iste repui de a luenga aragonesa que encara se fabla en Exea redolada. Q ueremos potenziar a luenga en toda la suya magnitœ, ta lo cual pretendemos reyalizar, dentro de muga que nos permita nuestra econom a y saper fer, toda mena d autos culturals a o consonÆn. Por l inte, como punto de partita, tenemos un curso de luenga aragonesa, de do, prezisamØn, en ha surtiu a ideya y a empenta ta fer l asoziazi n cultural. Ta cualsiquier informazi n u sucherenzia me meto a la suya disposizi n en l adresa eleutr nica dende lo que mando iste correyo y en iste telefono: 615311663 . G razias por a suya atenzi n. Me despido en nombre de l asoziazi n Boira. Ligallo de Fablans de as Zinco . billas

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La llave de

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todas las puertas José Javier Arrese Pellón

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ara qué me va a servir eso? me preguntó una alumna en clase de educación física cuando intentaba explicarle el golpeo con el interior del pie a un balón de fútbol. Me quedé pensando y rápidamente me di cuenta de que para nada. Ella jamás jugaría al fútbol ni siquiera en un remoto momento de ocio. Mientras caminaba por la calle y veía a la gente pasar, me pregunté cuántas personas valorarían lo suficiente el golpeo con el interior como para introducirlo en su vida, y con ese pensamiento llegué a la sala de profesores del instituto. Parecía que muy poca gente, ni siquiera los dedicados a educar, y que tanto insisten en que el saber no ocupa lugar, estarían dispuestos a perder un minuto de su tiempo con el fútbol, y mucho menos con el golpeo con el interior. Será que no es importante. El fútbol no es un contenido obligado en clase. Mucho menos lo es el golpeo con el interior. Podríamos explicar cualquier otra cosa y no pasaría nada en absoluto. No es importante. Ahora le doy vueltas a lo que explico en clase y comienzo a pensar que todo da igual. Nada importa. Ni el golpeo con el inte-

rior, ni el saque de tenis, ni bailar el tango, ni nada. A según quién, seguro que esto no va a servirle para nada. Sigo hacia delante y salto a otras asignaturas. He olvidado los logaritmos neperianos. Ni siquiera recuerdo para qué sirven. No recuerdo casi ninguna lección de historia y qué vamos a decir del análisis sintáctico. No tengo ni idea de inglés ni de alemán ni de ruso. Espero que no sea demasiado importante. Tengo una remota idea de solfeo, pero ni mucho menos soy capaz de tocar ningún instrumento. Al final resuelvo que probablemente no sería capaz de aprobar ninguno de aquellos exámenes y lo curioso es que no me importa demasiado. Por mucho que me empeñe en recordar o aprender, hay tantas cosas que voy a seguir desconociendo, que es mejor no preocuparme. Es más: parece gustarme la idea de no saberlo todo. Si no hubiese seguido estudiando quién sabe cómo me hubiera ido. Imagino que sabría de árboles frutales, sulfatos, abonos, maquinaria agrícola, etc. Seguro que hubiese aprendido muchas cosas de las que ahora no sé nada. Pero tampoco dejo que eso

me preocupe. No me importa no saber de agricultura igual que no me importa no saber latín. Los datos son curiosos, pero lo importante no es tener la memoria llena de ellos. A menudo escucho buenos argumentos de compañeros defendiendo su disciplina. Incuso tengo los propios para defender la mía. La pasión es la pasión. Nos encanta nuestra materia y la amamos. Vivimos de ella y disfrutamos con su desarrollo. Igual que Zidane o Zapater con el golpeo con el interior o un fruticultor podando sus perales. Pero no hemos de caer en el error de pensar que tener eso en la cabeza es lo importante. Lo que me preocupa cuando estoy en clase es que alguien no sepa implicarse en el curso; que solamente esté viendo pasar las horas y no se apasione por nada. Me preocupa que alguien no sepa motivarse, que no sepa crear expectativas, que tenga miedo a molestarse, que se asuste delante de la adversidad y se retire o que no sepa postergar la gratificación a la hora de perseguir un objetivo. Pocos datos que se den en clase van a ser vitales. Pero todos serán curiosos y con un poco de apasionamiento hasta pueden


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convertirse en importantes. Así es como hay quien ha llegado a la luna, trasplanta un corazón o juega en primera división. El apasionamiento por una disciplina es lo que ha hecho que aparezcan personajes como Albert Einstein, Mozart o Maradona. Dominan lo suyo mejor que nadie, saben poco de lo demás y nada de otras cosas. Lo fundamental es que los alumnos sientan cosas. Lo fundamental es que sepan sentir y sepan gobernar sus emociones para que despierte en ellos esa actitud que convierte a una persona en alguien que quiere vivir cada momento aprovechando el máximo de todo. Desde ahí disfrutarán de la lengua, del inglés, del arte, de la cultura, y hasta del golpeo con el interior. Desde ahí disfrutarán del esfuerzo, disfrutarán de la gente, disfrutarán de los viajes y disfrutarán de la vida. ¿Pero esta asignatura quién la da? Si tan importante es la im-

plicación vital, la motivación, la perseverancia y saber templarse ante la adversidad; ¿quién enseña esto? ¿Cómo se llama esta asignatura? Dicen que es en casa desde niño o en la escuela. Otros dicen que la propia vida te la enseña. Hay quien piensa que todos los profesores debemos trabajar con eso. Que está en los temas transversales, que si el departamento de orientación o que los tutores se encargan. Pero al final me preocupa enormemente que algo que es fundamental se haya dejado en manos de no se sabe quién. La llaman inteligencia emocional. Es la capacidad de percibir y comprender qué sientes y qué sienten los demás. Es la capacidad de comprender lo que te pasa y así poderlo controlar. Si comprendes algo y lo controlas, sin duda podrás intervenir para cambiarlo y dirigirlo. Se ha hablado mucho de la inteligencia matemática, del pen-

samiento abstracto, de las áreas prefrontales del lenguaje o de la kinestesia y de eso han estado ocupándose asignaturas como las matemáticas, la lengua, la historia, la educación física, etc. Pero falta una. Hay una asignatura que no está y resulta que cuanto más la conozco más grande me parece. Es la asignatura que te enseña a quedarte en casa disfrutando mientras haces los deberes. Sirve para gozar de las clases. Sirve para gobernar el miedo, la ira o la tristeza y así poder enfrentarte a la vida con menos inseguridad. Sirve para eliminar el racismo o el sexismo. Puedes usarla para gobernar los enfados o para saborear la naturaleza. Vale para conducir más tranquilamente y hasta para dejar de fumar. Hay una asignatura que es la llave de todas las puertas y no la da nadie. Ni siquiera tiene nombre.

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En el cuatrocientos aniversario de su publicacio´n, El Quijote sigue siendo fuente inspiradora, pretexto o motivo de honda reflexio´n para escribir, lanzarnos al mundo de la literatura y la vida. La lectura de El Quijote puede dar lugar a una gran cantidad de emociones, impresiones o interpretaciones, de las cuales los siguientes arti´culos son so´lo un ejemplo. Desde la impresio´n personal que su lectura causo´ en M Jose´ Bermu´dez, hasta la parodia del Quijote llevada al escenario de un centro educativo, de Jesu´s Liso, pasando por el ana´lisis de la figura de los gigantes en la literatura caballeresca y su reflejo en la obra de Cervantes a trave´s del trastornado juicio de Alonso Quijano, del estudio de Francisco Acero; todo cabe entre las amplias posibilidades que nos ofrece esta obra cumbre de la literatura universal.

Los gigantes en el Quijote de Cervantes: revisión de un motivo de la literatura caballeresca Francisco Acero Yus

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n el poco probable aunque posible caso de que un escritor actual decidiese elaborar un libro de caballerías, bien fuese al uso medieval, bien como las narraciones caballerescas posteriores del siglo XVI, debería ceñirse a unos cánones establecidos a través de la práctica de la escritura de tales obras. Es decir, que debería respetar un patrón estructural del libro de caballerías que fue configurado por los autores de éstos al escoger reiteradamente ciertos motivos. Cuando Cervantes escribe su conocida crítica paródica de los libros de caballerías no deja de mostrar a cada capítulo su profundo conocimiento al respecto, de forma que el mejor ejemplo para ilustrar lo dicho es un parlamento del propio don Quijote: [...] es menester andar por el mundo, como en aprobación, buscando

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las aventuras, para que, acabando algunas, se cobre nombre y fama tal, que cuando se fuere a la corte de algún gran monarca ya sea el caballero conocido por sus obras [...] “Éste es –dirán– el que venció en singular batalla al gigantazo Brocabruno de la Gran Fuerza; el que desencantó al Gran Mameluco de Persia del largo encantamento en que había estado casi novecientos años.” [...] Sucederá tras esto, luego en continente, que ella ponga los ojos en el caballero, y él en los della, y cada uno parezca a otro cosa más divina que humana [...] y entrará a deshora por la puerta de la sala un feo y pequeño enano, con una fermosa dueña que, entre dos gigantes, detrás del enano viene, con cierta aventura, hecha por un antiquísimo sabio, que el que la acabare será tenido por el mejor caballero del mundo. [...] Y lo bueno es que este rey, o príncipe, o lo que es, tiene una muy reñida guerra con otro tan poderoso como él, y el caballero huésped le pi-

de (al cabo de algunos días que ha estado en su corte) licencia para ir a servirle en aquella guerra dicha. Darásela el rey de muy buen talante, y el caballero aquella noche se despedirá de su señora la infanta por las rejas de un jardín [...] Ya se es ido el caballero; pelea en la guerra, vence al enemigo del rey, gana muchas ciudades, triunfa de muchas batallas, vuelve a la corte, ve a su señora por donde suele, conciértase que la pida a su padre por mujer, en pago de sus servicios. No se la quiere dar el rey, porque no sabe quién es; pero con todo esto, o robada, o de otra cualquier suerte que sea, la infanta viene a ser su esposa, y su padre lo viene a tener a gran ventura, porque se vino a averiguar que el tal caballero es hijo de un valeroso rey de no sé qué reino, porque creo que no debe de estar en el mapa. Muérese el padre, hereda la infanta, queda rey el caballero en dos palabras [...]. 1

1. Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, ed. Instituto Cervantes, I, cap. XXI, pp. 250-53. Véase vol. II, apéndice 3 por Mari Carmen Marín Pina “Motivos y tópicos caballerescos”. En lo sucesivo las referencias de las citas de esta edición del Quijote irán insertas en el texto, mostrando entre paréntesis la parte, capítulo y página.


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pasada por el tamiz del amor cortés en la literatura medieval con la leyenda de Tristán e Iseo o al encarnarse en la figura de Ferracutus, gigante a quien vence Rolando en la Historia Turpini o De vita Caroli Magni et Rolandi. En tales gigantes medievales se echa de notar asimismo la influencia de la tradición bíblica, según la cual a todos los rasgos negativos provenientes de la mitología hemos de añadir el predominante de la soberbia: Nemrod constituye el paradigma (Génesis X, 8-10) por ser el gigante fundador de Babilonia y su primer rey, quien llevado de su extraordinaria soberbia inicia la construcción de una torre con la que llegar al cielo, la Torre de Babel. Por este acto los babilonios sufren el castigo de la confusión de lenguas, rasgo que pervive en, por ejemplo, el Infierno de la Comedia de Dante Alighieri (Canto XXXI: Pozo de los gigantes), cuando entre los gigantes condenados en el infierno figura Nemrod hablando una lengua ininteligible. También el Amadís de Gaula como la Divina Comedia ilustra el sermón contra los soberbios con los ejemplos de Lucifer (el ángel caído por su soberbia) y de Nemrod. Otro iracundo gigante bíblico que encarna la soberbia y la maldad es Goliat, filisteo derribado por David con una honda y un guijarro.

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caballero leal, valiente, humilde, religioso, el caballero de Dios que invoca a la Divinidad antes del combate y da las gracias después del mismo 5 , no como el gigante Ardán Canileo, quien antes de la pelea llevaba a cabo “grandes alegrías e danzas e bailar” (Amadís). Hemos de ver entonces de dónde proviene esta atroz imagen simbólica de los gigantes 6, ya que esos rasgos que los caracterizan han de figurar obligatoriamente en las fuentes de las que bebieran los autores de los libros de caballerías. Dos son principalmente los caminos por desandar: la mitología y la tradición bíblica. Si ahondamos en primer lugar en el aspecto mitológico, hallamos a los gigantes puestos en el mundo por la Tierra para vengar a los Titanes encerrados por Zeus en el Tártaro. Los gigantes son la imagen de la desmesura en provecho de los instintos corporales y brutales, y no pueden ser vencidos sino bajo los golpes conjugados de un dios y un hombre, aspecto este último muy a propósito para ser cristianizado. Hay alguna excepción en esta caracterización tan negativa de los gigantes, como Hércules, que presenta aspecto giganteo y sin embargo muestra cualidades de héroe 7. Así pues, la imagen del jayán mitológico se renueva al ser

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Como podemos apreciar en esta relación de topos caballerescos, junto a enanos, hermosísimas doncellas, magos, etc., el gigante constituye motivo relevante y obligado dentro de un tipo de narraciones llenas de maravillas destinadas a provocar la sorpresa en el lector, a romper el orden natural de las cosas 2 y también cómo no, a funcionar como resorte para las aventuras y encarnizados combates que los caballeros andantes protagonizan 3 . Si tomamos como ejemplo un texto paradigmático, el Amadís de Gaula –recordemos que es uno de los pocos libros de caballerías que se salva en el expurgo de la biblioteca, y ello por ser “el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto” (I, VI, p. 84)–, veremos que en él aparecen infinidad de gigantes y gigantas, formando en ocasiones entre sí auténticos linajes 4, y nominados siempre de forma feroz y sonora: Albadán, Andandona, Ardán Canileo el Ducado, Bandaguido, Endríago, Basagante, Famongomadán, Madasima, Mandafabul, etc. No sólo coinciden los jayanes en su tamaño, sino sobre todo en su perverso comportamiento: rapto de doncellas, captura de prisioneros, traición, usurpación de reinos, amores incestuosos... existen excepciones como la de Balán, que llegará a cambiar tanto en su conducta que será quien arme caballero al propio Esplandián (Amadís, IV, p. 133). Actos semejantes los convierten en la encarnación de lo anticaballeresco y anticristiano, de la traición, el orgullo y la soberbia; infamias éstas que contrastan fuertemente con el

2. Bouza, Locos, enanos y hombres de placer, p. 12. 3. J. M. Lucía Megías, “Sobre torres levantadas, palacios destruidos,...”; X. Luna Mariscal, “El gigante ausente”. 4. Es algo que reflejará posteriormente, por ejemplo, Rabelais en su Gargantúa y Pantagruel. 5. J. M. Cacho Blecua, Amadís: heroísmo mítico cortesano, 1979, p. 237; F. Olmedo, El Amadís y el Quijote, pp. 57-60. 6. X. Luna Mariscal, “El gigante ausente”. 7. J. Chevalier, Diccionario de símbolos; F. Márquez Villanueva, Fuentes literarias cervantinas.

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Aún podríamos explorar en la búsqueda del origen de la terrible imagen de los gigantes una tercera vía que influye, si bien con menos intensidad, en la literatura caballeresca, como es el folklore: encontramos a los malísimos y brutales ogros de los cuentos infantiles, pero también –quizá como reflejo de los gigantes de buen obrar como Hércules– jayanes benévolos, tutelares, que protegen al pueblo contra los abusos de los poderosos. Un ejemplo: Otro gigante poblador de las altas tierras aragonesas será el “home grandizo” de la Val d’Onsera, el pirenaico valle de los Osos. Pastor y dios protector de la virginidad de las jóvenes montañesas, acompañado de su hacha de piedra y de uno de aquellos osos del valle recorre desde hace trece mil años aquellos agrestes lugares empeñado, y no siempre triunfante, en evitar descarríos amorosos. 8

Si en los cuentos infantiles hallamos feroces ogros, al folklore carnavalesco ha llegado también la imagen del gigante como encarnación de las fuerzas malignas,

por lo que tanto en las comparsas de carnaval primero como en las procesiones después, desfilan los gigantes y cabezudos como signo de que toda criatura –benigna o maligna, grandes o pequeñas– está sometida al poder de Dios.9 Todos estos rasgos de la tradición mitológica y bíblica hasta aquí señalados se conjugan en la literatura caballeresca, conformando esos personajes llamados gigantes. Sus lacras morales –ya definidas– se reflejan a veces en su aspecto: pueden mostrar rasgos semibestiales (colmillos, garras, pilosidad...), vestir pieles o también armadura, no obstante, así como manejar la espada, aunque lo común es que utilicen armas primitivas (maza 10 , tinel o tronco de árbol, un badajo de campana, como Morgante, quien, tras recibir bautismo, se tornará auxilio del Orlando carolingio); y pueden cabalgar unicornios, alfanas, camellos o elefantes11. La sociedad del momento también se hace eco de la giganto-

8. J. Domínguez Lasierra, Aragón legendario, p. 60. 9. M. Gómez Tabanera ed., El folklore español. 10. La maza aparece asociada a la fuerza brutal y primitiva. Es el arma de Heracles, quien –como ya se ha dicho anteriormente– comparte rasgos de gigante y de héroe. La maza incide en la dicotomía simbólica “perversidad aplastante / perversidad aplastada”: Chevalier, Diccionario de símbolos. 11. Márquez Villanueva, Fuentes literarias cervantinas, p. 302. 12. Antonio de Torquemada, Jardín de flores curiosas, Giovanni Allegra ed., Madrid, Clásicos Castalia, 1982, p. 153 y ss. Para lo relativo a la equivalencia de las medidas, véase DRAE.

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maquia y de la caballería. Dos obras de gran fama que Cervantes muestra conocer como son el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada (I, VI, p. 85; II, XXXVIII, p.1031 y LXV, p. 1275) y la Silva de varia lección de Pedro Mexía (I, XXV, p. 308; II, XII, p. 787, LIX, p. 1217 y LXV, p. 1275) presentan menciones de gigantes, siempre dentro de ese ámbito de lo maravilloso y extraño: sobre todo se habla de huesos enormes (20 codos: 8’36 m; o hasta 40 pies: 11’2 m), o se alude también a Roncesvalles y a los huesos de combatientes en la batalla en que Carlo Magno fue vencido por el rey Don Alonso de León, y en la que Bernardo del Carpio mató a muchos de los Doce Pares de Francia12. Sin embargo, los gigantes de los libros de caballerías no son tan grandes que no puedan recibir golpes en el yelmo; el mismo don Quijote lo razona así en una digresión sobre el asunto: En esto de gigantes –respondió don Quijote– hay diferentes opiniones, si los ha habido, o no, en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo, contándonos la historia de aquel filisteazo de Golías, que tenía siete codos y medio de altura, (tan sólo 3'135 m.) que es una desmesurada grandeza. También en la isla de Sicilia se han hallado canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que fueron gigantes sus dueños, y tan grandes como grandes torres; que la geometría saca esta verdad de duda. Pero con todo esto, no sabré decir con certidumbre qué tamaño tuviese Morgante, aunque imagino que no debió de ser muy alto; y muéveme a ser deste parecer hallar en la historia donde se hace mención particular de sus hazañas que muchas veces dormía debajo de techado; y pues hallaba casa donde cupiese, claro está que no era desmesurada su grandeza (II, I, pp. 693-94) (El paréntesis en cursiva es nuestro).

Los gigantes y las gestas caballerescas van unidos, en fin, de


[...] que los caballeros corriesen a la lanza según los capítulos que había fijado una desconocida princesa y que guardaba, bajo un abeto, su fiel servidor Margalant el gigante, quien debía dar a conocer las reglas de la justa a todos aquellos aventureros que deseasen participar en el combate. El encargado de representar al jayán era Antoncico, para ello, el enorme arquero apareció fiero, barbudo y espantable, llevando en la mano una estaca o fuste de madera a manera de árbol, que manejaba tan cómodamente como manejaría un hombre un palo de tres pies de largo. Del cuello llevaba colgado en banderola, un muy potente chafarote turco o cimitarra curvada. Se había puesto, aderezado o plantado, una cofia de damasco de los colores de la divisa de su dueña: en parte amarillo y en parte rojo. Desde la escenografía hasta la indumentaria del gigante, aquí todo recuerda a los libros de caballerías, cuyos jayanes se presentan de tan espantable manera, cimitarra berberisca incluida. 13

Si bien es cierto que media casi un siglo entre este torneo y la publicación de la primera parte del Quijote, no lo es menos que hubo otras muchas justas hasta bien entrado el siglo XVII 14 que constituyen un ejemplo clarificador de hasta qué punto el universo de la caballería andante puebla la realidad de las gentes. Don Quijote se hubiese alegrado caso de encontrarse con este Antoncico de “dieciséis o diecisiete pies de

13. F. Bouza, Locos, enanos y hombres de placer..., p. 171. 14. A. Egido, Cervantes y las puertas del sueño, cap. II: El Quijote. “La Cofradía de San Jorge y el destino de don Quijote”. 15. F. Bouza, Locos, enanos y hombres de placer..., p. 50. 16. H. Mancing, The Chivalric World of Don Quijote, pp. 46-48. La aventura de los dos rebaños, por poner otro ejemplo de sobras conocido, presenta una estructura y características idénticas a la de los molinos de viento. 17. A. Redondo, Otra manera de leer el Quijote, 1997, p. 332.

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ma la realidad; Sancho Panza puntualiza lo equivocado de la situación; don Quijote le refuta, se encomienda a Dulcinea y arremete ciegamente contra el adversario; si no se resuelve con una victoria, el desenlace constituye un infortunio para don Quijote, quien invariablemente lo achaca al influjo de algún encantamiento16 : “que yo pienso, y así es verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento” (I, VIII, p. 105). Si el vencedor de don Quijote fuese un auténtico gigante, un ser animado, la aventura no pasaría de ser un suceso triste y desafortunado; sin embargo, el hecho de que sea un objeto movido por el viento (el mismo viento que ayudará al también falso –en este caso cuerda y conscientemente falso– Caballero de los Espejos a vencer a la giganta Giralda de Sevilla: II, XIII, p. 801), reitera el aspecto grotesco y ridículo de la situación. Parece pertinente, llegados a este punto, poner de relieve lo atinado de la elección de Cervantes para representar al contrincante de don Quijote, ya que si por un lado el loco tiene la cabeza vacía, llena de aire, y por otro –como dice la Pícara Justina– la cabeza es un molino, la conclusión a la que llegamos es clara: la cabeza del loco es un molino de viento17 , como bien señala el propio Sancho: “¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?” (I, VIII, p. 104). En el proceso de la metáfora entre gigante y molino hay un paso intermedio: la torre, identificación que plausi-

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altura”15 (unos cuatro metros y medio, aplicando los 28 cm que mide el pie de Castilla), porque debía ser incuestionable –según lo visto hasta ahora– para Cervantes y para cualquier mediano conocedor de la vida caballeresca que nuestro buen desfacedor de entuertos tenía que vivir alguna aventura con gigantes. En efecto, a lo largo de la novela hay numerosas alusiones a gigantes o jayanes y el propio don Quijote aclara con total literalidad lo que los gigantes representan: “Hemos de matar en los gigantes a la soberbia” (II, VIII, p. 754). Pero son tan sólo dos los momentos en que los gigantes cobran relevancia absoluta: las llamadas aventura de los molinos de viento (I, VIII, pp. 103-6) y aventura de los cueros de vino (I, XXXV, pp. 45458). En la primera de ellas caballero y escudero topan con “treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo”, contra los cuales arremete don Quijote creyéndolos gigantes que agitaban “más brazos que los del gigante Briareo” que tenía cien y cincuenta cabezas. Ganan el combate los felones gigantes, que con un mandoble de un aspa hacen astillas la lanza del manchego paladín (I, VIII, p. 104). La estructura de esta aventura ha sido analizada por H. Mancing, para quien contiene todos los elementos que son característicos de la aventura quijotesca: don Quijote transfor-

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forma inseparable; tanto es así que Bouza da noticia del torneo celebrado en Valladolid en 1523 con motivo de las fiestas por la venida del emperador Carlos V a Castilla:

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blemente proviene de un pasaje de la Comedia de Dante dedicado a los gigantes que ya conocemos: el Canto XXXI 18 . También apunta A. Redondo algunas respuestas al porqué Cervantes elige un molino como representación del gigante19. El planteamiento gigante-torre-torres de viento-molinos de viento deriva en considerar a don Quijote como representación carnavalesca de la Locura y de ahí en exponer que “el combate del cuaresmal don Quijote contra los carnavalescos gigantes-molinos de viento no es más que otra modalidad de la simbólica contienda entre don Carnal y doña Cuaresma”. Señala asimismo cómo el folklore asigna al ámbito de la molienda caracteres peyorativos, considerando el molino como centro de robo y de erotismo: molinos, gigantes, todo ello en el mismo saco de las fuerzas del mal. Y aún nos proporciona una tercera interpretación: Alonso Quijano, hidalgo venido a menos que sobrevive como epígono de otras épocas con otros valores y mentalidades, embiste contra el progreso, contra la modernidad técnica –representada en unos molinos traídos de los Países Bajos hacía unas décadas20– que tan perniciosos cambios ha acarreado al modus vivendi de los hidalgos. Según lo visto, podemos dar otra vuelta de tuerca y considerar que don Quijote ataca el símbolo de su locura –tan consciente parece mostrarse a veces de ella– y que cuando carga contra esas torres de viento cuyas aspas al girar nublan su entendimiento acaba derribado y vapuleado por efecto de su propia insania, como va a ir ocurriendo indefectiblemente a lo largo de sus aventuras. Lo que queda fuera de toda duda es la estrecha relación que para

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Cervantes se instituirá a partir de esta aventura del capítulo VIII no ya entre gigante y torre, sino entre molino y gigante: el cura, en un tímido expurgo literario, dice de la Crónica del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba y Aguilar, con la vida del caballero don García de Paredes ser “historia verdadera”; y a propósito del último –y para darle autoridad sorprendentemente como personaje real frente a los ficticios Felixmarte y Cirongilio– que fue “valentísimo soldado y de fuerzas naturales que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia”. Y en respuesta a lo enunciado por el cura, asociando ya claramente la victoria sobre el molino con la victoria sobre el gigante, dice el ventero que tendría que “leer lo que hizo Felixmarte de Hircania, que de un revés solo partió cinco gigantes por la cintura” (I, XXXII, p. 407). Para concluir lo relativo al enfrentamiento de don Quijote con los molinos-gigantes, sólo resta señalar que una vez resuelto éste nuestro buen caballero decide reemplazar su rota lanza por un tronco de encina o roble, a imitación de un tal Diego Pérez de Vargas, caballero español que luego sería apodado Machuca por este hecho: “de la primera encina o roble que se me depare pienso desgajar otro tronco tal y tan bueno como aquel que me imagino, y pienso hacer con él tales hazañas [...]” (I, VIII, p. 105). Habida cuenta de lo irrisorio del aspecto de

don Quijote (I, I y nota 60), este propósito de emplear un arma propia de toscos gigantones constituye un rasgo de comicidad añadida a las vetustas y trasnochadas armas de nuestro mal armado caballero. La segunda aventura que hemos de abordar en lo que al motivo del gigante respecta es la de los cueros de vino. En ella la acción viene propiciada por el relato de Dorotea, quien en connivencia con el cura y el barbero se hace pasar por la princesa Micomicona que “viene en busca de vuestro amo –dice el cura a Sancho– a pedirle un don, el cual es que le desfaga un tuerto o agravio que un mal gigante le tiene fecho” (I, XXIX, p. 368). En este caso Sancho, dado que en la imaginería caballeresca ínsula y gigante van unidos21 , lo cree a pies juntillas: “Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es cosa de nada: sólo es matar a un gigantazo” (I, XXIX, p. 370). Dorotea, al igual que barbero y cura, conoce bien los resortes de la literatura de caballerías, y así “desde aquí adelante creo que no será menester apuntarme nada; que yo saldré a buen puerto con mi verdadera historia.” (I, XXX, p. 380). En efecto, hija de un rey versado en magia de un reino lejano pide ayuda al caballero manchego, puesto que su padre, antes de morir la previno contra un descomunal gigante, señor de una grande ínsula, que casi alinda con nuestro reino, llamado Pandafi-

18. W. Avery, “Elementos dantescos del Quijote”; Gargano, “Gigantes, torres, molinos...” 19. A. Redondo, Otra manera de leer el Quijote, 1997, p. 329 y ss. Es interesante la alusión que se hace a un cuadro pintado por el Bosco, La tentación de San Antonio, donde aparece una torre agitando sus brazos. 20. J. M. Lucía Megías, “Sobre torres levantadas, palacios destruídos,...” 21. J. M. Lucía Megías, “Sobre torres levantadas, palacios destruidos,...”


Que una hermosa doncella solicitase su favor para vencer a un gigante tan malvado y soberbio ha de excitar necesariamente el magín del de la Triste Figura y por lo tanto no es de extrañar que más adelante, alojados en una venta, al calor del fuego y a punto de acabar la lectura de la novela del Curioso impertinente oigan a Sancho dar voces en auxilio de su señor, que en su aposento “daba grandes cuchilladas por las paredes” (I, XXXV, p. 454) con su espada tinta en una sangre que no es sino “alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.” (I, XXXV, p. 455). Ya había aparecido en la novela mención a la costumbre de don Quijote de dar mandobles a imaginarios enemigos: Sepa, señor maese Nicolás –que este era el nombre del barbero–, que muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de desventuras dos días con sus noches, al cabo de los cuales arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y andaba a cuchilladas con las paredes, y cuando estaba muy cansado decía que había muerto a

Donde ya aparecen los elementos del combate imaginario contra uno o varios gigantes, y el de algún elemento líquido –sudor– como sangre. Además, al igual que con los molinos de viento, se lleva a cabo una personificación de objetos esta vez también por proximidad, al relacionar las cerdas de los cueros de vino con el aspecto piloso de los gigantes. Pero el proceso metafórico que lleva a Cervantes a identificar cueros de vino y gigantes probablemente tenga también y sobre todo una raíz literaria: Las Metamorfosis de Apuleyo22 , en uno de cuyos relatos el protagonista, Lucius, narra cómo totalmente ebrio acuchilla tres odres de vino. Hay no obstante alguna diferencia: don Quijote no solapa fantasía y realidad bajo los efectos del alcohol, sino llevado de la perniciosa lectura de libros de caballerías, con la salvedad de que Cervantes añade al fabular de don Quijote el sonambulismo: “Y es lo bueno que no tenía los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el gigante;” (I, XXXV, p. 455). En el primer caso se produce un distanciamiento humorístico y así la aventura de Lucius se convierte en una broma que mueve a risa a todos, incluido el mismo protagonista; e incluidos nosotros, lectores. En el segundo, el dislate de don Quijote y Sancho a la larga hace reír asimismo a quie-

22. M. Bambek, “Apuleyo y la lucha de don Quijote contra los cueros de vino”; W. Quiroga Salcedo, “Ecos de Apuleyo en el Quijote”. 23. H. Mancing, The Chivalric World.... 24. E. Williamson, El Quijote y los libros de caballerías, p. 167 y ss.

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nes los hallan en un aposento anegado en vino y con un aspecto ridículo, en ropa de dormir; aunque caballero y escudero no logren discernir entre realidad e invención con tanta facilidad como Lucius. También en esta aventura hay un distanciamiento humorístico pero ahora ríen todos salvo los protagonistas; ¿y nosotros, lectores? El episodio que en la obra de Apuleyo reviste una comicidad patente adquiere en la de Cervantes un carácter tragicómico que torna en amarga la sonrisa que la comicidad provoca en nosotros, ya que por otro lado el rasgo trágico sólo puede augurar un final funesto.

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cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de las feridas que había recebido en la batalla, [...] (I, V, pp. 80-81)

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lando de la Fosca Vista (porque es cosa averiguada que, aunque tiene los ojos en su lugar y derechos, siempre mira al revés, como si fuese bizco, y esto lo hace él de maligno y por poner miedo y espanto a los que mira), digo que supo que este gigante, en sabiendo mi orfandad, había de pasar con gran poderío sobre mi reino (I, XXX, p. 381)

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Otro aspecto destacable de este acontecimiento, anteriormente apuntado, es que Sancho también cree de veras en la lucha contra los gigantes; ahora no desengaña a don Quijote como en otras ocasiones23 sino que en este caso él ha de ser desengañado, lo cual constituye uno de los hitos en la evolución de Sancho, tratada normalmente respecto del concepto de “quijotización” de Madariaga24 : Ya yo sé que todo lo desta casa es encantamento; [...] y ahora no parece por aquí esta cabeza que vi cortar por mis mismísimos ojos, y la sangre corría del cuerpo como de una fuente. –¿Qué sangre ni qué fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? –dijo el ventero–. ¿No vees, ladrón, que la sangre y la fuente no es otra cosa que estos cueros que aquí están horadados y el vino tinto que nada en este aposento, que nadando vea yo el alma en los infiernos de quien los horadó? –No sé nada –respondió Sancho–: sólo sé que vendré a ser tan desdichado, que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado, como la sal en el agua. Y estaba peor Sancho despierto que su amo durmiendo [...] (I, XXXV, p. 456).

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Bibliografía

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Podemos concluir entonces que ambas aventuras, la de los molinos de viento y la de los cueros de vino, responden a la necesidad de Cervantes de incluir en su obra enfrentamientos con gigantes según la preceptiva de la literatura de caballerías, preceptiva que los lectores de la época (como el cura, como el barbero, como Dorotea, como el ventero, etc.) conocían bien. No obstante, si bien el autor debe introducir gigantes en la narración para que el Quijote sea una novela de caballerías no puede hacerlos aparecer como reales, ya que esto contravendría de todo punto el espíritu y la intención de la obra de combatir los disparates de los (malos) relatos caballerescos. Cervantes recurre entonces al trastorno en el juicio del personaje para transformar la realidad que lo rodea –una realidad contemporánea, con lo cual la verosimilitud ha de guardar una delicada armonía con las fabulaciones caballerescas para que éstas no sean las de un loco simplemente–, no muy a propósito para gestas de caballería, de suerte que para don Quijote molinos y cueros cobran vida y se transforman en gigantes; e introduce así el aspecto paródico, tan importante a lo largo de una novela que se hilvana sobre el cañamazo del humor. En cualquier caso, loco o cuerdo, caballero andante o hidalgo trasnochado, risible o admirable, Cervantes logra imprimir en don Quijote un tierno e inocente desvalimiento que lleva al lector a encariñarse irremediablemente con este infortunado émulo de Amadís.

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Parodia de

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“El Quijote”

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Jesús Liso Lasilla De lo que aconteció no ha mucho tiempo en este ilustre Centro, Institución de todos y aprovechamiento de unos pocos, cuando, después de la batalla, enceldada la pueril compaña y retirada la guarda a su aposento, sólo queda entre las aulas un rumor, un sueño de palabras y fantasmas.

L

a hora era en que las tripas recuerdan a las viandas y hacen alarde de humano retorcimiento cuando un bachiller, cuyo nombre no diré, viéndose en necesidad, pidió micción, si no algo más, al cátedro esparcidor de alimento intelectual. Negóse el ínclito en principio, mas al escuchar acrecentados los truenos y al ver las muecas y aspavientos que la pobre criatura hacía sin poder remediarlo, paró con desgana sus trabajos y accedió a los deseos del membrillo, no sin antes aprovechar la ocasión de aleccionar al que osó perturbar sus agudas disquisiciones:

No escuchó el pobrecillo la diatriba del docente, pues de que vio confirmada la licencia, saltáronle las lagrimas, aulló cual bestia inmunda y, sujetándose tripas

Enrique Navarro

- Proceda, señor... ( omitiré su gracia, pues así pidió que yo lo hiciera ), proceda y, mientras tanto, recuerde en el escancie de qué materia somos y adónde devenimos de contino y a la postre, que de deleites y ... y calzones, perdida la color, el gesto demudado, arrambló entre los bancos cual poseso, buscando una salida a su tormento. Digna de olímpico laurel fue la carrera por pasos, galerías y

escaleras. Quedó todo en suspenso y, sólo al cabo, oyóse un alarido que decía: - ¡ Pardiez, que ya me acabo, ... que no llego! (Continúa en la página siguiente)

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Llegóse y procedió, y en ello estaba, dando gracias al cielo, resollando, recobrando sentido y compostura, cuando vino a escuchar entre el silencio como un rumor de pasos que venían...Sintió presencia extraña llenando el escusado y, al instante, al tiempo que la puerta derribaban, un espectro y su voz de ultratumba le espetaban: - ¿ Qué sois vos, caballero, qué sois, insensato? ¿Sois hombre o garabato?

Allí lo encontré yo, el seso ido, y los ojos como platos de cocido. - Era él, señor, -balbucía sin sentido- ... que yo lo he visto, ... era el hidalgo, señor, ... o su fantasma, ... seco de carnes..., rocín flaco..., y lanza en astillero... De su mano un billete me entregó y en él, con grafía estirada, se leía:

“Nada entendéis, infames criaturas que de humana condición os pensáis. Burláis de mi locura sin daros cuenta de que es la vuestra la que causa mis trabajos y desvelos. Yo soy sueño de todos, razón del común, la UTOPÍA posible y verdadera que faltando voluntad, siempre es negada; lo demás, lo imposible es la QUIMERA “.

Mi

Quijote María José Bermúdez

Eran libros muy viejos, de tapas recias, oscuras y sucias en las que había que hacer un esfuerzo para descifrar el relieve gastado del título. Quedaban también en la portada algunas manchas descoloridas de lo que habían sido un día dibujos. Las esquinas abiertas eran como un abanico suave de capas de cartón finísimas. Daba gusto hacerlas pasar por las yemas de los dedos. Las hojas, más que amarillentas, a mí me parece que eran marrones, como su olor, rancio y polvoriento. Unas veces crujían un poco al pasarlas y otras eran rugosas y gruesas. Eran libros muy viejos. Se parecían a otros libros muy viejos que tenía mi abuelo. Si serían viejos que los tenía desde su juventud. Tenían aquel misterio y aquel respeto de los libros muy viejos.

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La mía era una escuela de pueblo, de las que llamaban “unitarias”. Un grupo de chicas –los chicos estaban en el aula contigua– a las que la maestra organizaba como solo ella sabía hacerlo. Íbamos saliendo de una en una y nos poníamos allí de pie, a un lado de su mesa y leíamos en voz alta, mientras ella, la maestra, corregía deberes y organizaba el trabajo de otras alumnas.

Chema Agustín

C

uando era pequeña me obligaban a practicar la lectura en voz alta usando los pocos libros que había en mi escuela. Uno de ellos era Don Quijote de la Mancha.


Chema Agustín

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Nadie hacía ningún caso de lo que se leía. Y yo misma tampoco comprendía apenas nada de lo que ponía aquel libro. Sin embargo, recuerdo que me gustaba leerlo. Las palabras fluían como si de música se tratara. Y al final, la impresión que me quedaba evocaba un universo distinto, antiguo, lejano... Mi experiencia del Quijote está ligada a aquella impresión evocadora, infantil. Hasta que me explicaron su significado y su contenido en el bachillerato, aquel libro había tenido para mí, en mi mente infantil, la grandeza y el misterio de lo que no se alcanza a comprender. Todavía hoy, cuando pienso en ciertos episodios del Quijote, me veo a mí misma leyendo, enterándome a medias, muy poco, de la desdicha de Andrés, de la brutalidad de Juan Haldudo. En aquellos años escolares, Don Quijote tenía entidad propia al margen del ignorado Cervantes, comparable casi a la entidad abstracta e incomprensi-

ble de la Virgen María o de Isabel y Fernando, cuyo espíritu imperaba según decía una canción que entonábamos al entrar. En el bachillerato lo que más me gustaba de los libros de texto eran los fragmentos sueltos de novelas que solían acompañar, en el libro de literatura, a los autores y las épocas. A través de esos fragmentos componía yo toda una atmósfera personal, imaginada, de cada novela. Después, cuando las he leído, esa atmósfera se ha ido desvaneciendo en la mayoría de los casos. Pero no me ocurre así con el Quijote. ¿Tal vez porque era más niña? Me felicito por ello, desde luego. Aunque también ahora lamento no haber tenido acceso además a otras historias que me hubieran dejado así otras felices impresiones. Siento envidia de algunas personas cuya niñez está ligada, además de al balón y a la bici, a Salgari, a Julio Verne... En mi escuela no había nada más que varios ejemplares muy viejos del Quijote. Nada más y nada menos que del Quijote.

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[IX CENTENARIO â&#x20AC;˘ DE â&#x20AC;˘ LA â&#x20AC;˘ INCORPORACIĂ&#x201C;N â&#x20AC;˘ DE â&#x20AC;˘ EJEA â&#x20AC;˘ AL â&#x20AC;˘ REINO â&#x20AC;˘ DE â&#x20AC;˘ ARAGĂ&#x201C;N ]

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El IX Centenario de la incorporacio´n de Ejea y Tauste al Reino de Arago´n 1105-2005 resulto´ decisiva para la historia de nuestra comarca. Uno de los objetivos de su conmemoracio´n es conocer nuestro pasado y reflexionar sobre nuestro presente para poder proyectar nuestro futuro, abordando con e´xito los retos del porvenir. La historiografi´a habitual se ha centrado en el estudio de los grandes acontecimientos, gestas o personajes, pero pocas veces a descendido al detalle cotidiano, a la vida diaria de la gente que formaba parte del reino y contribuyeron a crearlo. Los siguientes arti´culos pretenden ofrecer una visio´n panora´mica de las poblaciones de nuestro entorno centrada en el quehacer cotidiano de sus habitantes, en el orden econo´mico y social, pero tambie´n en su status juri´dico, con un claro objetivo de divulgacio´n. Asuncio´n Gil se aproxima al vivir cotidiano de aquella e´poca en sus distintos aspectos: la ordenacio´n de las ciudades, la vida hogarenË&#x153;a, el ajuar dome´stico, la indumentaria, la muerte o las celebraciones; Bele´n Arbue´s se centra en la danza y la evolucio´n musical, y Carmen Ruiz y Carmen Cho´liz en las connotaciones juri´dicas y sociales.

La reconquista de Ejea desde una perspectiva jurĂ­dica:

la carta de población y la carta foral Ma. del Carmen Ruiz Conde Ma. Carmen Chóliz MontaùÊs

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menudo, cuando nos referimos a la identidad aragonesa, no reparamos suficientemente en su interesante tradiciĂłn jurĂ­dica que, referida a â&#x20AC;&#x153;la bĂşsqueda de un marco legal justoâ&#x20AC;?, ha caracterizado a esta tierra desde hace varios siglos. Popular es la fĂłrmula â&#x20AC;&#x153;nos, que valemos tanto como vosâ&#x20AC;? con que se nombraba a los reyes, o los muchos aforismos sobre el no sometimiento que pronuncia Pedro SAPUTO. Y bien estudiados, como autĂŠntica fuente del Derecho, han sido los ÂŤFueros de AragĂłnÂť, promulgados en 1247 durante el reinado de Jaime I, Derecho del Reino de AragĂłn y para todo AragĂłn,

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que perduraron hasta el siglo XVIII, con la aprobaciĂłn por Felipe V de los Decretos denominados de ÂŤNueva PlantaÂť. No obstante, justo es reconocer que antes de 1247 tambiĂŠn hubo ÂŤFuerosÂť en AragĂłn, Derecho aragonĂŠs propio que podemos referir a las cartas de poblaciĂłn y privilegios otorgadas, preferentemente, por los Reyes a muchas ciudades, villas y aldeas de los lugares reconquistados a partir de la segunda mitad del siglo XI, con la intenciĂłn de atraer poblaciĂłn hacia tales asentamientos. En este contexto, la repoblaciĂłn se iniciĂł con el otorgamiento de una â&#x20AC;&#x153;Carta de PoblaciĂłnâ&#x20AC;? que

especificaba el territorio real donado a los pobladores â&#x20AC;&#x201C;presentes y futuros, segĂşn los casosâ&#x20AC;&#x201C;. AdemĂĄs, ordinariamente, a dicho otorgamiento se acompaùó el de un â&#x20AC;&#x153;Fueroâ&#x20AC;?, â&#x20AC;&#x153;Carta de Ingenuidadâ&#x20AC;? o denominaciĂłn similar, en el que se describĂ­an los privilegios o concesiones que incitarĂ­an el buscado establecimiento poblacional. Ejea no fue ajena a este fenĂłmeno: entre finales del siglo XI y comienzos del XII, se encontraba situada en un ĂĄrea fronteriza que serĂ­a tomada a los musulmanes, segĂşn referencias indirectas, en 1105 por el Rey aragonĂŠs Alfonso I, conocido como â&#x20AC;&#x153;el Batalladorâ&#x20AC;?. Tras su paso a manos cris-


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Carta Puebla del término de Ejea. Año 1110. Archivo Histórico Municipal de Ejea de los Caballeros.

tianas la plaza continuaría constituyendo un importante asiento militar, al que 5 años más tarde, en 1110, el mismo monarca otorgó, en dos documentos diferenciados, una Carta de Población y un Fuero, que continuarían vigentes hasta su derogación formal en 1247 por los antes mencionados “Fueros de Aragón”. Escritas en latín medieval, se conservan copias de ambos documentos. El Archivo Histórico Municipal de Ejea de los Caballeros conserva una copia de la Carta de Población, datada el mismo año de su concesión. Por su parte, las dos copias del Fuero de Ejea que han llegado hasta nuestros días se encuentran en el Archivo de la Corona de Aragón, la más antigua del siglo XIII. Aprovechamos la oportunidad que nos brinda la celebración del IX centenario de la incorporación de Ejea al Reino de Aragón para dar algún tipo de publicidad a la citada Carta y al Fuero, previo ajuste de su contenido en términos breves.

II. LA CARTA DE POBLACIÓN 1. SIGNIFICADO En la época a la que nos referimos, el rey se convertía en dueño de las tierras conquistadas, y una de las formas de disponer de sus propiedades fue la cesión de algunas de ellas, estimulando así la repoblación de ciertos lugares del reino. Dicha operación se formalizaba a través de la expedición de una carta de población. En el mes de julio de 1110, el rey concedió Carta de Población a la localidad ejeana, precisando en dicho documento el ámbito territorial del que podían disponer los pobladores presentes y futuros, dejando a salvo, eso sí, la fidelidad al conquistador y a sus sucesores. Algunos de los lugares mencionados pueden ser localizados con facilidad en la actualidad (ej. Castejón de Valdejasa), no así otros. La delimitación menciona una serie de torres, cada una de las cuales lleva adscrita una superficie medida en yugadas (la yugada sería

el espacio de labor que puede arar una yunta en un día). Dichas edificaciones serían retenidas por el rey, quizás para su directa explotación o para su concesión a otras personas. Pero la Carta, además de concretar el territorio ejeano, establece el derecho de los pobladores a escaliar (roturar), permitiendo así poner en marcha explotaciones agrícolas, lo que haría más atractiva la instalación humana en términos económicos. A continuación se expone la traducción de dicho documento, conforme a la bibliografía consultada. 2. EL TEXTO En el nombre de Dios y su divina clemencia, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Yo, Alfonso, emperador por la gracia de Dios, hago esta carta de donación y confirmación para vosotros pobladores de Ejea que estáis en ella, o para los que de ahora en adelante vengáis a poblarla, de todos vuestros términos: de

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Barcaona hasta Castejón de Valdejasa; y desde Castejón hasta Sentía, y desde Sentía hasta el fresno del río Ores, y del fresno del río Ores, hasta el fresno del río de Aoona y de Aoona hasta Ribarroya, y de Ribarroya hasta el extremo de Aquisillo. Y, asimismo, toda la Bardena hasta Barcaona según vierte el agua. Asimismo, la Torre de Escorón sólo tiene VII yugadas; el resto del término pertenece íntegramente a Ejea. Igualmente la Torre de Canales posee VI yugadas. Asimismo, la Torre de Añesa tiene IIII yugadas; el resto del término pertenece a Ejea. Y la Torre Longa II yugadas. Asimismo, Fraginatiello posee III yugadas; el resto del término es de Ejea. Fraxineto de arriba tiene V yugadas. Almalel II yugadas; el resto es de Ejea. Asimismo, la Torre de Sentía tiene III yugadas. Y la Torre de Ribas IIII; el resto es de Ejea. Asimismo, Gurrea tiene II yugadas; el resto es de Ejea. Asimismo, El Bayo tiene X yugadas, el resto es de Ejea. Asimismo, todos los términos arriba escritos os los dono y confirmo para que cada uno de vosotros, estando en Ejea, roturéis en tiempo de guerra o en otro, y lo tengáis así como tenéis las otras heredades. Salvo las torres, todo lo demás os lo dono y confirmo para que lo tengáis y lo poseáis, vosotros y vuestros hijos y toda vuestra descendencia, franco, ingenuo y libre como vuestra propia heredad para hacer allí vuestra voluntad, vosotros y vuestros hijos y vuestros descendientes, salvada mi fidelidad y la de toda mi posteridad, por los siglos de los siglos, amén. Hecha esta carta de ingenuidad, en la era MCXLVIII, en el mes de Julio, en la villa que se llama Ejea, antes mencionada. Rei-

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Ramiro II, rey de Aragón, confirma el término de la villa de Ejea. Siglo XII. Archivo Histórico Municipal de Ejea de los Caballeros.

nando nuestro señor Jesucristo y bajo su imperio yo, Alfonso, en Aragón, en Pamplona, en Sobrarbe, en Ribagorza y en Castilla. El obispo Esteban en Huesca. El obispo Pedro en Pamplona. Don Ramiro en Monzón y en Buil. Don Calvet en Olsón y en Abizanda. El señor Iñigo Sanz en Calasanz. Fortún Juan y Galindo Juan en Tamarite y en Alquézar. Pere Petit en Loarre y en Bolea. Castan en Biel y en Chalamera. Yo, Sancho, por orden de mi señor, el rey esta carta he escrito y de mi mano este signo (cruz) he hecho.

II. EL FUERO 1. SIGNIFICADO El Fuero, originalmente denominado Carta de Ingenuidad y Franqueza, fue de tipo militar, puesto que conllevaba la aceptación de unas obligaciones milita-

res por los súbditos, no obstante lo cual también iba dirigida a la puesta en marcha de cultivos mediante la roturación. Se ha constatado que este mismo Fuero fue concedido a otras localidades y aplicado con éxito, lo que lleva a pensar en el acierto de sus términos. No obstante, faltan datos acerca de la organización del reparto de bienes entre quienes acudieron atraídos por los beneficios forales, y también con relación a cuántos fueron los que acudieron o a su procedencia. En cuanto a su contenido, el fuero declara libres viviendas y todo tipo de bienes de los pobladores presentes y futuros, reiterando la libertad para trabajar y roturar la tierra expresada en la Carta de Población. Asimismo, el texto contiene referencias a la disposición de los pobladores de caballero armado o peón armado, según los casos, vinculadas a la movilización militar, como también al privilegio de los mismos


2. EL TEXTO En el nombre de la santa Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén. Yo, Alfonso, emperador por la gracia de Dios, hago esta carta de ingenuidad y franqueza para todos vosotros, pobladores que estáis poblando en Ejea, y para los que de ahora en adelante vengáis a poblarla. Me plugo de buen grado, óptimo corazón y propia voluntad, y por el deseo de que Ejea sea poblada y de que todos vengáis a poblarla, os hago francas e ingenuas vuestras casas y todas las heredades que tenéis en Ejea, a todos los que en ella estabais poblando el día en que esta carta se hizo y para todos los que en adelante vengáis a poblarla, para que todos las tengáis ingenuas, libres y francas durante todos los siglos y os concedo cuanto podáis trabajar y roturar en los términos de Ejea. Por otro lado, todo esto, según está escrito más arriba, os lo apruebo, concedo y confirmo de manera que permanezca firme y que tengáis y que poseáis todo ingenuo, libre y franco como vuestra propia heredad, para hacer de ello vuestra voluntad, vosotros y vuestros hijos y toda vuestra generación o descendencia, salvada mi fidelidad y la de toda mi posteridad,

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del conde de Barcelona, que apruebo y confirmo lo antes escrito. Signo del conde Ramón. Signo del rey Ramiro. Signo de Pedro, rey de Aragón y conde de Barcelona. Por otro lado, yo, Sancho, por mandato del rey, mi señor, he escrito esta carta y de mi mano este signo he hecho. También que ningún hombre que comprara casas o tierras o viñas, hasta después de un año y un día más, sin haber tenido ninguna reclamación, no demande a un hombre de Ejea que sea poblador de Ejea, el cual no responda a ningún hombre ni a ninguna mujer. Éste es un traslado fielmente hecho.

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por los siglos de los siglos, amén. Asimismo, que los que sois caballeros tengáis allí cada uno en todo momento durante el tiempo de guerra un caballero armado, y los que sois peones, cada uno un peón armado. Asimismo, que ninguno de vosotros sea fiador de ningún otro hombre de otras villas ni de otra tierra. Asimismo, que quien os tome prendas estando vosotros en Ejea, pague quinientos sueldos de dineros. Signo de Alfonso. Asimismo, que si un homicidio o algún daño sucediese a vuestros hombres o a vuestras casas, recibáis por ello la pena pecuniaria de 500 sueldos y no respondáis a ningún otro señor o a ningún merino. Hecha esta carta de ingenuidad [fecha rascada} en el mes de julio, en la villa que se llama Ejea antes mencionada. Reinando nuestro señor Jesucristo y bajo su imperio, yo, Alfonso, en Aragón y Pamplona, en Sobrarbe y Ribagorza y en Castilla. El obispo Esteban en Huesca. El obispo Pedro en Pamplona. El obispo Raimundo en Barbastro. Don Ramiro en Monzón y en Buil. Don Calvet en Olsón y en Abinzanda. El señor Iñigo Sanz en Calasanz. Fortún Juan y Galindo Juan en Tamarite y en Alquézar y en Azara. Pere Petit en Loarre y en Bolea. Castán en Biel y en Chalamera. El señor Aznar Aznárez en Funes y en Sangüesa. El señor López Garcés en Aibar y en Estella. El señor Jimeno Fertuñones en Punicastro y en Gallipienzo. El señor Fortún Garcés de Biel, mayordomo en la corte del Rey. Galindo López, merino, en Uncastillo y en la antes mencionada Ejea. Signo del rey Alfonso, hijo

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con relación a la prestación de prendas y fianzas, a la penalización de los homicidios (que equivaldrían más bien a «delitos», no necesariamente vinculados al quebranto de vidas humanas y que supera la pena tradicional del Derecho aragonés, relacionada con la «venganza» por la familia afectada), y a la adquisición de la propiedad mediante la posesión por compradores no foráneos.

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Danza

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histórica

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Belén Arbués Gallego

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n el año del IX Centenario de la incorporación de Ejea de los Caballeros al Reino de Aragón, echamos la vista atrás para tratar de conocer el modo de vida de las gentes que vivieron la época medieval. Es innegable que la danza ha existido en todas las épocas y culturas, desde las danzas rituales a las más elaboradas. También en nuestra comarca se bailaría, pero sería prácticamente un milagro saber el qué y el cómo. Por eso voy a centrarme en lo que se ha investigado en cuanto a danza histórica, que es, sobre todo, danza de corte europea. Hay diferentes escuelas que han estudiado la manera en que se bailaba desde la Edad Media hasta el siglo XIX. Los primeros escritos sobre danza histórica son del siglo XV. A partir del siglo XVI hay tratados de danza, sobre todo franceses e italianos, que explican las posturas y los pasos pero hasta entonces no había fuentes escritas que instruyeran en cómo bailar. Por tanto, la labor de investigación para conocer la danza medieval es muy ardua y compleja, requiere un estudio minucioso de los testimonios de la pintura y la escultura de la época y de las referencias en literatura y música. Sobre la danza medieval sólo se sabe que existía. Algunos apuntes hablan de quién bailaba y durante cuánto tiempo, incluso quién bailó mejor, pero nada se dice de cuáles fueron las danzas y cómo se hicieron.

Hoy en día tenemos instrucciones de danza medieval gracias a los investigadores, que han extrapolado la información de los primeros escritos que tratan del tema a épocas anteriores, estudiando los aspectos conductistas del contexto histórico, a las fuentes pictóricas, literarias o musicales ya mencionadas, y a los cronistas de la época (siglo XIV). En lo referente a España, la danza histórica apenas ha sido estudiada. En el campo teórico el ma-

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terial disponible es escaso y en el práctico es casi inexistente. Parece que en la Edad Media la danza y el canto iban unidos. En la época de los trovadores entre los distintos tipos de canciones (canción de la aurora, de amor, pastoral, del sirviente...) estaba también la canción para bailar o CAROLA. La danza simbolizaba la felicidad, la alegría y la armonía con los demás. La carola parece haber tenido dos formas: la BRANLE, o danza en corro, y la FARANDOLA, o danza en línea. Estas son las danzas más antiguas. La farandola consistía en una hilera de bailarines que avanzaban haciendo diferentes figuras y era ejecutada al aire libre. Los propios bailarines cantaban y tocaban. Éstas eran danzas populares. Las danzas de corte se ejecutaban en salones ante una personalidad importante de la época, a la que llamamos PRESENCIA, y a la que dedicaban los bailarines una reverencia al final de la danza. En el siglo XIII aparecen las ESTAMPIES. Éstas son ya música de baile tocada con instrumentos. Son danzas procesionales para una sola pareja, que avanza hacia la presencia. En el siglo XIV y procedentes de Alemania llegaron las ALEMANDAS, danzas en las que las parejas se disponen a avanzar en círculo unas tras otras en sentido contrario a las agujas del reloj. En el siglo XV la danza más representativa es la BASSE DANSE francesa. Al igual que la alemana, es una danza procesional en la que las parejas avanzan en la sala en el sentido contrario al reloj.

En cuanto a los pasos en los que se basa la danza histórica, y en concreto la medieval, son los simples y los dobles. Un simple es un paso y un cierre y un doble son tres pasos y un cierre. Los pasos se hacen caminando y por tanto respetando la alternancia natural de los pies. Estos pasos se pueden realizar ha-


Víctor Múgica

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cia delante, atrás o lateralmente. Cuando avanzamos iniciamos el paso con el izquierdo y cuando retrocedemos, lo hacemos con el derecho. El estilo para bailar estas danzas es elegante pero natural, sin hacer movimientos forzados ni exagerados. Los movimientos, distancia entre los bailarines y figuras estaban condicionados por el vestuario de la época. A partir del siglo XVI los simples y dobles tienen elevaciones y se introducen algunos otros pasos en Francia y en Italia. Aparecen manuales de instrucciones para la danza, Arbeau en Francia con su tratado Orchésographie, y Caroso con Il ballarino o Domenico Ferrara en Italia. En estos manuales no hay referencias a épocas anteriores. En este siglo el centro de la danza era Italia. Aparecen pasos más complicados, algunos de los cuales han derivado en el ballet, y nuevas formaciones como por ejemplo los tríos formados por dos mujeres y un hombre o por tres hombres. Hay una gran influencia italiana de manera que músicos y maestros de danza fueron contratados en la corte francesa. Continúan las BRANLES y ALEMANDAS en Francia y se empiezan a emparejar danzas que se basan en el mismo tema musical pero contrastan en el tempo (velocidad), siendo la primera de ellas majestuosa y lenta y la segunda más rápida y

compleja. Ejemplos son la PAVANA y TORDIÓN en Francia o la PAVANA y GALLARDA en España. En Inglaterra aparecen las COUNTRY DANCES. En el siglo XVII aparece el ballet en Francia. Se complica mucho la danza con el MINUÉ de Rameau y todavía más en el XVIII con la SARABANDE. El centro de la danza pasa a ser Francia mientras que Italia se inclina más por la ópera. En el siglo XIX el baile de corte por excelencia es el VALS. La música de danza es sencilla, con frases musicales claras para facilitar al bailarín el aprendizaje de la coreografía.

Es indudable que, a lo largo de la historia, el baile y la danza han sido y siguen siendo una actividad social para disfrute y deleite del que lo practica y del que lo ve, como se demuestra en los talleres de danza histórica que se realizan para acercar a los jóvenes el conocimiento de esta disciplina, así como para enmarcar estos aprendizajes en Jornadas Culturales cuyo tema sea, cómo no, la Edad Media.

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La vida cotidiana

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en las Cinco Villas

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durante la Edad Media Asunción Gil Orrios

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a creación o revitalización de los núcleos urbanos en la comarca de las Cinco Villas se inició al compás de la Reconquista, con la repoblación para poner en explotación las tierras conquistadas, constituyendo, a la vez, la base de una nueva organización política y social. Muchos campesinos en busca de una nueva vida para ellos y sus familias acudieron a colonizar estos territorios, atraídos por las exenciones y privilegios de las Cartas Pueblas y Fueros otorgados por los monarcas. Los nuevos pobladores se asentaron en los recintos amurallados de carácter estratégico, situados en alto y fortificados. A medida que el dominio hispanocristiano se afianzó y la demografía lo requería, el núcleo se expandió hacia la zona llana. Alrededor se extendían los campos de cultivo.

El caserío estaba construido con materiales ligados al entorno gegráfico –madera, adobe, piedra– y apenas resaltaba del paisaje. Unas pocas calles formaban un entramado irregular, en torno al que se disponían las casas, confluente en un espacio más amplio donde se instalaba la plaza. La estratificación social de la comunidad estaba aún poco acentuada, por lo que la distribución de las gentes por el pueblo no estaría condicionada por la condición y actividad, aunque es posible que los vecinos pudientes tendieran a agruparse en la zona “noble” del lugar, junto a la plaza. La plaza es el único lugar donde se da algún momento de ocio y convivencia, en ella se celebraba el mercado. Otros lugares de encuentro y reunión entre los vecinos eran el abre-

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vadero, el molino o la fragua, siempre al hilo del trabajo. La mujeres en la fuente, el lavadero o en el horno comunal. Una de las primeras ocupaciones femeninas consistía en amasar y hacer el pan necesario para el consumo de la familia, que luego se cocía en el horno público. La base de la alimentación era el pan y el vino la bebida cotidiana, por su poder calórico y de complemento. Se consumían huevos, leche y queso, carne de cordero o aves de corral, y pescado en los días de vigilia. Sólo en las sonadas ocasiones se hacía más complicada la lista de viandas. No había tenedores ni cuchillos, sólo cucharas de madera. Los miembros de la familia no solían comer juntos, los hombres por un lado y mujeres y niños aparte. Las casas solían tener patio y las dependencias principales eran la cocina, el comedor, la despensa y los dormitorios. El mobiliario era escaso y fácilmente transportable de una a otra habitación. Se concentraba en la cocina, con apenas taburetes o bancos y alguna mesa, los enseres del fogaril y la vajilla corriente de barro. Sólo el dueño de la casa tenía las llaves de la despensa con las provisiones, conservadas en orzas de barro vidriado tapadas. Las camas se colocaban en las alcobas situadas en los extremos de las salas, a veces eran simples jergones de paja que se situaban junto al hogar en el crudo invierno. La ropa se guardaba en grandes arcas cerradas con fuertes candados. La rudimentaria iluminación consistía en velas de sebo o cera o en candiles de aceite.


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Generalmente, la casa albergaba a una sola familia, pero entre las clases más pobres de la población distintas familias podían compartir techo, no disponiendo cada una más que de una habitación, lo que suponía la permanente promiscuidad de los arrendatarios y era una fuente de disputas y altercados entre vecinos. Personas y animales compartían la vivienda, a veces buscando en su proximidad una fuente de calor. El hacinamiento, la falta de higiene y la enfermedad provocaban estragos. La iglesia encarnaba la señal de identidad y convivencia colectiva de la comunidad, por lo que su edificio era el más notable de la localidad. Destacaba por sus dimensiones y por ser uno de los pocos edificios construidos en piedra sillar. El cementerio la rodeaba y se llenaron de enterramientos el atrio y el claustro, pero también el ábside y el interior del templo. Las tasas de mortalidad, sobre todo la infantil, eran muy elevadas. Nacían muchos niños, pero pocos llegaban a la edad adulta. La esperanza media de vida apenas alcanzaba los cuarenta años. La población musulmana se marchó tras la conquista cristiana, sólo en Tauste parece que quedaron mudéjares. La comunidad judía vivía separada de la cristiana y agrupada en un mismo sector, como forma de mantener y proteger sus creencias y costumbres. En las afueras estaba su propio cementerio. A pesar de pertenecer a diversas culturas, en muchos aspectos coincidían. En cuanto a la indumentaria general, los hombres usaban manto o capa, saya,

túnica, camisa, bragas, calzas y caligas o calzado, en forma de zapatos abotinados de tela o cuero y “abarcas”. En las mujeres, la ropa interior se reduce también a la camisa, la saya llega hasta los pies, usan pellizón y el manto cubre la cabeza. Los nobles poseían un ajuar más rico y variado. Las mujeres contraían matrimonio entre los quince y los diecisiete años, los hombres solían esperar hasta los veinte. En la familia el varón adquiere la autoridad absoluta sobre la mujer y los hijos, apoyada en el propio derecho medieval. Las distintas cofradías, aunque sometidas al control de las autoridades municipales, marcaban el ritmo de la vida económica de agricultores, ganaderos, artesanos o comerciantes. En cuanto al trabajo agrario, continuaron los métodos antiguos en la roturación de la tierra y la puesta en cultivo de las parcelas, individuales o colectivas. Se usaban aperos rudimentarios como el arado (aladro) romano simple y con manejo humano, sin arrastre animal en principio. Las sequías y otros desastres naturales ponía a la sociedad en los márgenes de subsistencia. Todas sus relaciones sociales, fiestas, actividades o faenas giraban en torno al lento ciclo de las estaciones del año. Ésta es la síntesis apretada y apenas esbozada de muchos años de la vida de varias comunidades, cuya sociedad y economía se deja traslucir en una base documental de emocionante, pero ardua, tarea de investigación en los archivos. En muchos aspectos se prolongó hasta fechas muy próximas a nosotros.

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Segu´n Mario Benedetti, ...las tristezas son como los gallos canta una y enseguida las otras se inspiran y solo asi´ uno se da cuenta de que la coleccio´n es enorme e incluso de que uno tiene tristezas repetidas. Algunos de estos relatos son una pequen˜a muestra de esas tristezas que hacen que despierte nuestra propia coleccio´n. Otros, en cambio, nos divierten con un te´trico sentido del humor, o nos hacen parti´cipes de la pasio´n por el juego literario o por el calor de la vida. Y casi todos nos recuerdan que a menudo triunfa la esperanza.

El cariño

de la noche Fernando Sanmartín

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uando llego a casa, me coloco siempre un batín granate que lleva, en el bolsillo superior, un pañuelo blanco. Es algo que copié de un gangster de película. A mi chica actual la llamo Glenda. También lo copié. Pero hay días que me siento un desgraciado, como si llevara la chaqueta llena de harina. Otros días se me pone alma de zíngaro y nada es capaz de atormentarme. Glenda es un desafío. La conocí una noche llena de repeticiones, de supervivencia, de sexo hacia cualquier orilla. Glenda tiene un cuerpo delgado, y cuando me besa me convierto en un héroe. Yo leo en sus ojos, veo su colegio de monjas, sus primeros baúles, el espejo donde se mira, el cobertizo de los sueños y la caja de aspirinas con la que convive.

A Glenda la conocí en un bar de alterne. Yo era más desgraciado que ahora. Yo era un barnizador, un atrapafiebres, un tipo salido de una barriada donde los muros se llenaban de graffiti, de pintadas contra el poder, contra el tiempo, contra casi todo. Glenda es un remanso para mí. Le cuento cosas y me escucha. Borra mis pesadillas, mis temores, me llama Richard y camufla mi mediocridad con su belleza. Una noche me dijo que había visto en la televisión un reportaje sobre un hotel construido en el hielo. Y que era caro estar allí. Luego añadió que ella también es cara, pero que los buenos caprichos hay

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FERNANDO SANMARTÍN (Zaragoza, 1959). Licenciado en Derecho. Es autor de los libros de narrativa Apuntes de París (2000) y La infancia y sus cómplices (2002), así como del dietario Los ojos del domador (1997). También ha publicado varios libros de poesía, entre los que destaca Antes del hielo (2001). Sus últimos libros han sido Viajes y novelerías (2004), con el que obtuvo el XI Premio Café Bretón, y Hacia la tormenta (2005), un dietario que acaba de publicar recientemente. Fue codirector de la revista literaria “La expedición” y actualmente es director de la colección de poesía “La Gruta de las Palabras”, de Prensas Universitarias de Zaragoza.

que pagarlos. Esa noche yo le dije que había trabajado de carterista, y que antes había sido apoderado de un famoso torero, y que tenía experiencia en el oficio de falsificador. Ella reía con todo eso que yo le contaba. Para mí, era una forma de construir una rampa, de subir hasta Glenda, de acercarme más a ella cuando se reía. Glenda siempre se echa perfume Y sus pantalones ajustados tienen mucho de balanceo que uno mira sin descanso. En el bar de alterne donde ella trabaja, las consumiciones son caras. Una vez me invitó, lo cual es algo excepcional porque lo tienen


prohibido. Cuando llego a casa, tarde, y me pongo el batín granate, el recuerdo de Glenda es un cortacésped que rasura mi abatimiento. Hoy me ha dicho que me está cogiendo cariño y que eso no es bueno. Me gusta que me diga eso. Quizá porque ya tengo pensado escribirle una carta para despedirme. Antes lo hice con Florence, con Brigitte y con Ursula, chicas de bares de alterne que me desconcertaban, que me

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tomaron cariño, que me llamaban amor y dulzura porque yo les decía que soy un papel arrugado, un violín roto, una bolsa de plástico llena de cristales. Chicas que una noche, después de pagarles varias consumiciones, me decían que tomarme cariño es peligroso. Y dejaba de verlas como quien se tapa un tatuaje, dejaba de verlas como dejaré de ver a Glenda. Aunque otro bar de alterne me acogerá pronto. Con la esperanza y el deseo de lograr en él, de nuevo, que

Gotas de lluvia D. Martos Gallizo

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quel hombre coleccionaba gotas de lluvia. Las tenía de todos los países que empiezan por la letra c. En uno de estos países se enamoró perdidamente de una mujer que coleccionaba copos de nieve. Se conocieron por casualidad, los dos esperaban el mismo tren, el tren que les tenía que llevar a un pequeño pueblecito del norte de aquel país de color uva. En aquel pueblecito había nacido el gran novelista Jens Water.

Justo cuando bajaron del tren, comenzó a nevar. Era una nieve menuda. La nieve comenzó a cubrir lo que encontraba a su paso. Ella apretó los puños, cerró los ojos y reconoció con voz de narrador de cuentos que le gustaba lo blanco. La nieve remitió y dio paso a la lluvia. Gotas casi invisibles. Él, con el

F. Pérez Más

Ambos llevaban en la mano una maleta, también el libro (el de él más subrayado que el de ella) por el que Jens Water traspasó fronteras y alcanzó el reconocimiento internacional. Sonrieron. Él, caballerosamente, le cedió el paso. Compartieron el mismo vagón, también horas de charla. Ella le confesó su pasión por lo blanco, él reconoció su debilidad por las viejas grabaciones de las Bigs Bands. Ninguno admitió sus verdaderas pasiones: las gotas de lluvia, los copos de nieve.

abrigo colgado del brazo, mirando como una lágrima le descendía por la mejilla, sintiéndose algo ridículo por lo que iba a decir, abrió la boca y se descubrió: A mí me gustas tú.

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Marta Soria

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La raya

del alba Juan José Delgado Delgado

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ntre los sentimientos que he visto más poderosos en el ser, estoy seguro que sentir la raya del alba, el comienzo del día es doblegar la angustia de la noche y conferir toda la frescura a una existencia ajada, maltrecha, despeñada... Pero, ¿qué es realmente lo fundamental de ese sentimiento? No es el anhelo de eternidad de los creyentes, ni el miedo de los ateos a su noche eterna, sino una cierta liberación del miedo/anhe-

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lo de todos, que radica en que cada alba es distinta en sí y en ti. El abrir del día provoca una imagen desnuda, inocente, que nos otorga la tersura de lo nuevo, el efímero consuelo del tiempo por delante. La puerta de la taberna estaba entreabierta y una tenue luz salía desdibujada por la niebla de aquel invierno de perros. La estancia era pequeña; cinco mesas desvencijadas amenazaban con el desplome inminente de sus table-

ros maltrechos. Olía a una mezcla de alcohol, moho, humo de tabaco y una falta de ventilación que se hacía patente por el cerrojo mugriento y apelmazado de la pequeña y única ventana que existía. En este pueblo se aguanta todo menos el frío. A pesar de ser un pueblo del sur, la proximidad de la sierra del Padre Caro, conocida vulgarmente como el Pecaro, le proporcionaba un invierno corto, no más de mes o mes y medio, pero intenso y húmedo. La hume-


dad les calaba los huesos y la sensación de frío era difícilmente soportable para estos hombres que estaban acostumbrados a aguantarlo todo. Luis el tabernero estaba preocupado esa mañana. Tenía la punzante sensación del sobrevuelo de la tragedia, quizás porque eran las cinco y veinte y El Goyo aún no había aparecido. Su excepcional tardanza hacía todavía más difícil mantener la serenidad en un pueblo donde cada demora era un sobresalto, donde la costumbre se comportaba de manera tan lineal que cualquier alteración solía ser dramática. - ¡Qué raro! En treinta años entre el tajo y el bar siempre ha estado aquí a las cinco como un clavo, dijo mientras limpiaba la barra manchada de aguardiente . - ¿ Le habrá dado algo? En los últimos meses no parecía tener buena cara, se escuchó al final de la barra. - ¿Ese? Ese es más duro “quelnabunsanto”, espetó un minero de edad indefinida con el rostro macilento y arrugado, testigo más del sufrimiento y la “mala vida” que del tiempo. Sus ojos, inyectados en sangre a causa del alcohol y del insomnio, miraban fijamente la copa de aguardiente que se tornaba blanca conforme iba añadiéndole agua. Tras un breve sorbo la vació en su garganta de un latigazo seco, costumbre poco habitual en estos pagos ya que lo corriente era degustar la copa,”rebuchearla” como decían ellos. Aunque el autobús que los llevaba al tajo tenía la parada junto al bar a las cinco y media, casi todos los mineros mantenían la costumbre de llegar a las cinco para tomarse dos o tres copas de aguardiente antes de comenzar la

jornada. Para ellos era como un ritual, una catarsis que sustituía la sensación renovadora del alba, el hálito que liberaba del miedo. El rebucheo de las sucesivas copas constituía el único amparo de estos hombres atenazados, algunos por la somnolencia, muchos por el insomnio. Cuando iban a trabajar jamás podían disfrutar y nutrirse del amanecer. Antes de que éste pudiera rayar en el horizonte, estos cíclopes del siglo XX con su único ojo luminoso en el casco bajaban a las innumerables galerías del Pozo Alfredo. El chirriar de las carruchas de la jaula les volvía a sumergir en una noche de la que nunca habían salido y les convertía en los Sísifos de una maldición descarnada. Aquella mañana la noticia de la muerte del Goyo inundaba las galerías del pozo. Un joven con un mono azul muy remendado y las botas llenas de barro rojizo la había traído al mentidero: - Al pasar por la plaza, me he encontrado al alguacil y me ha dicho que El Goyo se ha muerto de repente. Se acostó con un dolor muy malo en el pecho y ya no se levantó más. ¡No somos nadie! Un día estás bueno y al día siguiente no eres nada. - ¡No somos nadie!, contestaban todos en cascada mientras ponían rostros de afectación. El ruido de las perforadoras acabó con la conversación y los mineros acudieron a sus puestos. A pesar de la costumbre, siempre les resultaba desagradable la entrada a causa del acre olor a sulfuros y óxidos. Era tan intenso que se apoderaba de la pituitaria incluso hasta algunas horas después de haber terminado la faena. En el exterior, la frescura de

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los primeros albores renovaba el aire y proporcionaba la ilusión de lo nuevo; en el interior, el eterno retorno se cifraba en la penumbra y la podredumbre. Carlos estaba bregando en la quinta galería, arrancando con un taladro los agudos filamentos de una veta de pirita. Todo su cuerpo temblaba al ritmo del percutor y el calor y el esfuerzo se reflejaba en su rostro sudoroso. Después de trabajar toda la noche (el jefe de la planta le había pedido que hiciera unas horas extras y no se había podido negar), el cabreo del trabajador se iba incrementando conforme la resistencia de la veta lo llevaba casi a la extenuación. - ¡Me cago en los muertos del puto mineral! Me voy a hacer polvo los riñones. Al final me arrancará la vida. Tiró al suelo la taladradora y se bajó los pantalones para apretarse bien la faja. Se limpió el sudor de la frente y la nuca con un pañuelo manchado del rojizo mineral y después echó un larguísimo trago al botijo que estaba siempre al principio de la galería. El capataz, testigo de toda la secuencia, se le acercó rápidamente y le dijo: - Pero, ¿ qué cojones haces? Te vas a cargar la taladradora. Ya no te acuerdas que los ingleses te castigaban por eso mismo con una semana sin sueldo. - Que se vayan a la mierda los ingleses. La mina se está muriendo y tú me vienes recordando a esos cabrones limpios y educados, a esas sanguijuelas que nos han sacado hasta la última veta de mineral y han dejado el cadáver para que lo enterremos los españoles. Todavía incluso hay algún anormal que les está agradecido por lo que “hicieron” por nosotros.

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- Cállate ya Carlos. ¿Qué coño te pasa?, replicó secamente el capataz. La presencia de tres mineros con el rostro afectado acabó con la conversación. - Carlos, tu padre ha muerto, dijo el más alto de los tres. En el exterior, el murmullo del alba inundaba el espacio y proporcionaba un aura de calma que hacía aún más agónico el frenesí de las máquinas en lo más profundo de la galería. La aurora despejaba los últimos titubeos de la noche y la luz comenzaba a taladrar el negro mineral de la existencia, caricia superficial y estéril de una noche eterna, efímera. Aún recuerdo el negruzco y altivo malacate desafiando a los primeros rayos del amanecer y la presencia inminente de ese cerro rojizo que las máquinas rebaña-

ban y cambiaban de fisonomía por el continuo trasiego de tierra. ¡Hay que remover muchas toneladas de tierra para encontrar unos kilos de oro! Sobre un manto cobrizo aparecían, como setas, las formaciones sulfurosas de un color amarillo que al contrastar con el fondo, daban la apariencia de un bosque irreal. Pero, sobre todo, como un cadalso en espera permanente, se encontraba el malacate, oráculo impenitente de la tragedia de Carlos: - ¡Tu padre ha muerto!, parecía decir el malacate con la misma expresión que cuando vociferaba que vivía, que era un joven trabajador de la mina, que se había casado, que había... Los rectos maderos del malacate siempre habían despertado una cierta sensación de cordón umbilical; no obstante, era el nexo

de unión entre la superficie y la herida de la producción minera. Su carrucha en movimiento expresaba como nada el concepto del tiempo en estos lugares. Los movimientos siempre acompasados y chirriantes engarzaban las vidas que bajaban en las jaulas, vidas siempre con proyecciones distintas, pero que nunca se podían sustraer a su continuo devaneo circular. ¡Tu padre ha muerto! En la actualidad está el malacate de adorno, a la entrada del pueblo, como si, a pesar de que la mina se está acabando, pudiésemos parar la carrucha, la herida (aún más grande) y los maderos umbilicales. El gran titán que se tragaba a los hombres y vomitaba mineral había dejado de vomitar pero no de tragar. ¡Tu padre ha muerto!

Guirlache Isabel González

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cababa de caer una tromba de agua cuando subí en el ascensor con la vecina del quinto. La chica estaba tan mojada que el sostén de mariposas se le transparentaba a través de la blusa. Estuve por avisarle antes de que se metiera en líos, pero soy un hombre discreto. Lo recuerdo perfectamente porque ese mismo día descubrí mis poderes.

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Me bastaba pronunciar la palabra guirlache a menos de tres metros de otra persona para que cualquier rasgo que ella poseyera y yo deseara pasara a formar parte de mi cuerpo. Empecé por algo sencillo. “¡Buenos días guirlache!”, saludé al portero de mi casa e inmediatamente, al mirarme en el primer escaparate de la calle, vi su cabellera negra aposentada sobre

mi calva. Me tiré de los pelos para comprobar que no era un peluquín que el viento había arrastrado por casualidad y entonces descubrí que mis poderes funcionaban de verdad. ¡Funcionaban! ¿Os dais cuenta de lo que quiero decir? ¡Cualquier cosa con soltar la palabra guirlache! No pude resistirme. Fue ver las manos de ese pianista dentro de la tienda de


Cruz Navarro

música y desearlas. Entré en el establecimiento, pregunté por unas armónicas guirlache y antes de que el dependiente comprendiera qué modelo de armónica buscaba, ya tenía las manos del músico encajadas en mis muñecas. Me despedí y seguí mi camino hacia el trabajo. Lo mismo me pasó con ese pintor que se ganaba la vida haciendo retratos en la plaza España. Jamás me había fijado en sus ojos pero aquel día… Aquel día relucían como nunca. “¡Menudo día, guirlache!”, le dije al pasar; solté unas moneditas en su bandeja, me di media vuelta y supe que ya estaba viendo el mundo a través de aquellas pupilas claras. En fin, ¿qué mas puedo contaros? Al guardia jurado de mi oficina le sustraje sus abdominales, a mi jefe, sus blanquísimos dientes y al catador de vinos, su perfecta nariz, entre otras de mis numerosas adquisiciones. De manera que esa tarde, de regreso a casa, me sentí soberanamente bien conmigo mismo aunque no del todo, porque existían las piernas de un futbolista que me gustaban en especial y ya tenía pensado acudir al día siguiente a su entrenamiento para apoderarme de ellas. “¡Guirlache, más que guirlache!”, le gritaría desde la banda y no me importaría que él se acercara a darme un puñetazo porque yo volvería a gritarle en la cara “¡guirlache!” y me iría pitando de allí corriendo con sus propios muslos. Pero eso sería mañana. Quiso la bendita casualidad que en el portal de mi bloque volviera a cruzarme con la vecina del quinto. Más sequita, pero igualmente apetecible. “Guirlache, usted primero”, le abrí la puerta. Ella me sonrió. Un gesto amable consecuencia de mi impresionante apostura, pensé y subí a casa donde mi mujer me espe-

[ CREACION • LITERARIA ]

[ N A R R A T I VA ]

raba, ajena al pedazo de hombre que iba a irrumpir en la salita. En efecto, en cuanto me vio se echó a temblar, soltó las agujas de tricotar y se escondió detrás del tresillo. ¿Juguetona, eh?, me dije a mí mismo y di un paso hacia ella. Demasiado tarde porque mi mujer ya había llamado a la policía. Desde entonces sigo tratando de demostrar que yo soy Rodolfo Agui-

rre, pero ni mi madre me ha identificado en las ruedas de reconocimiento, así que permanezco a la espera de juicio con el agravante de que el cadáver de Rodolfo Aguirre no ha sido hallado. Y lo peor es este sostén de mariposas que no consigo despegarme del pecho ahora que ni guirlache ni mazapán de nueces, mis poderes se han acabado.

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[ CREACION • LITERARIA ]

Elena Arrese

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No

me rindo Iván Pérez Garro

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oetas, farsantes, soñadores, incrédulos, maltratadores, fracasados y sobre todo casados. Yo parecía ser un imán para cualquier hombre que se ajustase a alguno de estos perfiles. La verdad es que una vez pasada la cuarentena –no hace mucho por cierto–, no confiaba en conseguir ningún otro compañero de viaje que no fuese capaz de demostrar sobradamente su capacidad para fracasar o hacerme fracasar. De cualquier modo no dejaba de tener un espíritu soñador –adolescente más bien–, y esto me llevaba a seguir anhelando un hercúleo y apuesto joven que montado en su alado caballo me llevase a conocer todas esas maravillas que la vida me había negado. Mas cada soñadora tiene su antípoda realista que se encarga de abofetear moralmente a la crédula y manejable que suele tomar las decisiones. Como era habitual, acababa de salir de una “movidita” relación, que, como todas, había acabado con gritos, lloros y amenazas. Cuando una está acostumbrada a sufrir, ser feliz es sólo un pensamiento divertido. La dinámica de mis relaciones me llevaba inevitablemente a trasladar este fracaso a mi vida laboral –y como se podrá suponer, a cualquier faceta de mí gris vida–. Trabajando como química en un laboratorio cosmético la emoción laboral era mínima pero gracias a esa capacidad para atraer problemas, sobre todo si te-

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nían pantalones, había conseguido que ese modesto laboratorio hubiese sufrido varios líos de faldas y hasta un escándalo de espionaje industrial. He de explicar que no soy una mujer con una belleza exagerada, ni una hembra avasalladora que merienda hombre de cinco a siete. La cierto es que tengo bastantes defectos adornados con alguna que otra virtud. Esto último no es mío, me lo dijo la otra noche un tipo en una coctelería. La cuestión es que el iluso o ilusionista, no sabría calificarlo exactamente, me dijo: “Cariño eres una cajita de encantos envuelta en esparto”. Claro está, que después de una sonora bofetada y un par de gritos y una vez que el individuo de ágil lengua abandonó mi lado, comencé a pensar en su “dulce” frase. Y así, cuando apuraba mi enésimo Margarita en aquella rutinaria noche, y justo mientras brotaba de mi diestro ojo una etílica lágrima, comprendí que nunca nadie había resumido mi ser con tan pocas palabras. Así que decidí que, por aquella noche, ya era suficiente la cantidad de alcohol ingerido. Recogí mis capas y emprendí camino hacía mi piso. Bueno, habría que hacer una película sobre mi piso, pero claro, no es ni el momento ni el lugar. Como decía, emprendí camino hacía el refugio de mi soledad física. Al menos este tipo de soledad era soportable, la otra, la soledad con guarnición, era, gracias a Dios, pasajera. Me

explico, la guarnición no es más que el tipo ese que se rasca la entrepierna acostado a tu lado dos minutos antes de empezar a eructar camino del baño. Y es que es tanta la soledad que se siente al lado de un ser creado, según se demuestra diariamente para fornicar –por cierto, bastante mal en la mayoría de los casos– y ser adorado sin mérito alguno, que a veces una se siente más sola al lado de aquel recipiente de egoísmo que si estuviese perdida en mitad del espacio. Nada más poner un pie en la calle, tomé conciencia de la pura realidad. Estaba borracha como una cuba. Ante esta situación, una dama de mi posición social solamente puede hacer dos cosas. O se coge un taxi y vuelve a casa con la mayor dignidad intentando no molestar al vecindario, o por el contrario, se toma dos margaritas más y después de un lavado de estomago, pernocta en el hospital y a la mañana siguiente regresa a casa. Tras reñida votación salió sorprendentemente la primera opción. Pensé que era una decisión sabia y que un gramo de cordura, o quizás locura, se había alojado en mi. Pero realmente lo que ocurría es que estaba deprimida como nunca, hasta el punto de saber que el alcohol no iba a cumplir su función anestésica y cegadora con la realidad. Había tocado fondo. Es más, estaba sentada en él. El recorrido del taxi se me hizo eterno –creo que dimos más


vueltas que una noria–, pero me sirvió para ir ordenando mis ideas. Al llegar a casa, extenuada física y moralmente, me derrumbé sobre mi cama. Me alegré de estar tan cansada. No tardaría en dormirme y así evitaría que mi cabeza me machacase intentando hacerme ver todas las miserias de mi existencia. Incluso me causó placer pensar que por la mañana lo vería todo de otra manera, que las ideas no se cobijarían maliciosas entre la noche y que a la luz del día todo tomaría un cariz menos melodramático. Lo que no esperaba era tener esa noche un sueño que creo que hasta ese momento nunca había tenido. Soñé que al llegar a casa después de estar trabajando descubría que había alguien en ella. Luego la sorpresa era mayús-

cula ya que la persona que encontraba no era otra sino yo misma. El otro yo que encontraba era feliz y emanaba esa felicidad sobre todo y principalmente en mí. Le preguntaba qué hacía allí y me decía que yo la había traído y que el amor que podía sentir en aquel lugar era todo el amor que yo sentía por ella. Aturdida desperté y emprendí veloz camino hacía el baño. Tras vomitar y sudorosa aun del sueño, intenté analizar el significado de ese extraño sueño. Recordé una teoría de Sigmund Freud que explicaba que todos los personajes de nuestros sueños somos nosotros mismos. Pero aquello tenía que significar algo más. Pensé que a veces la explicación a cosas fantásticas o como en este caso a sueños, se encuentra en la propia realidad. Esta tarde mi médico me ha

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dado una pequeña sorpresa. Es curioso como de un plumazo ha dado con la solución a varios de mis problemas. Desde esta tarde ya no fumo, ni bebo y, por fin, no tengo que buscar unos vaqueros apretados que contengan un tío. Hoy dormiré tranquila porque sé que no tendré otra vez ese estúpido sueño y fundamentalmente porque ese otro yo que me encontraba ya sé quien es. Es esa persona que llevo dentro de mis entrañas. Es mi bebe, el único ser que querré más que a mi misma. Es curioso, que el último “capullo” que se recostó a mi lado en la cama y, que mientras daba un portazo me decía que me acordaría de él toda mi vida, me haya dado lo que más quiero. Creo que quizás y por esta vez he dado con algo bueno en mi vida.

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Víctor Múgica

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La casa

en el bosque Juan Herranz

N

o recuerdo quién habitó aquella casa, si es que en algún tiempo estuvo habitada. Tampoco comento con nadie mi extraña atracción por aquella decadente casucha que se esconde, como un refugio encantado y lúgubre, entre los brazos del frondoso y sombrío bosque. Mis ociosas tardes, de estos desocupados días en el pueblo, se reducen a alguna partida de dominó en el bar y a mis reiterativos paseos hasta la casa abandonada. - Estás más delgado, Manuel. –Me dice Miguel, uno de mis compañeros de partida en el bar.

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- Camino mucho, el ejercicio es bueno para el cuerpo. –le respondo. - El cuerpo ya no importa para nosotros, viejo leñador, lo importante es ejercitar el alma. –me asegura Ricardo desde dentro de la barra mientras, ridícula e inútilmente, se empeña en sacar brillo a una vajilla roñosa y polvorienta. Al final los dejo, el eco de sus voces me persigue cuando salgo por la chirriante puerta del bar. Camino despacio entre el silencio de un pueblo que está demasiado callado últimamente, como si una tormenta de verano hubiera arrastrado los gritos de los


niños y las voces de sus inquietadas madres. Mis pies parecen andar solos, se dirigen con naturalidad hacia la misteriosa casa del bosque. No hay quien los detenga, parecen ser conducidos por una magia incontrolable o, más sencillamente, por una rutina mecánica. A lo lejos veo a Calixto, camina cabizbajo junto a su mula. Conforme se acerca descubro que va silbando una canción. - ¡Ey! Manuel. ¿Dónde vas? –me pregunta al levantar la vista y descubrir que me tiene a escasos metros ya. Mientras me habla, lo miro de arriba abajo y descubro que va absurdamente vestido con elegante traje de domingo, siendo que viene con la mula de faena. - A dar una vuelta –aseguro soslayando la risa. - Cuando puedas ya me traerás un buen fajo de leña, que me he quedado sin nada. - De acuerdo –asiento con la cabeza agachada para que no descubra la burla y estupor en mi rictus. Prosigo con la caminata y, a la salida de mi viejo pueblo, encuentro a una pareja foránea cargada con unos macutos inmensos que les sobrepasan las cabezas. Les saludo, pero ellos no dicen nada, me ignoran completamente. No sé qué van hablando de un pueblo fantasma. Los olvido pronto, he llegado hasta la vereda que conduce a la casa y, tras echar un vistazo a dies-

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tro y siniestro, me adentro en el sendero, que enseguida es devorado por la arboleda. Mi profundo respirar se confunde, en aquel bosque, con los sonidos lejanos del río y el zumbido incesante de los mosquitos. Al final, en un claro, aparece la casa… atractiva, encantadora, embaucadora, hipnotizante. Mis pasos siguen conduciéndome más cerca. En un recibidor natural y exterior de la casa puedo ver un tocón de roble y sobre él clavada un hacha. Me planto frente a la puerta y llamo, con la vaga idea de ser la primera persona que llama a esa puerta en los últimos cien años. Marina, mi mujer, abre la puerta y me recibe con alegría. Es ella la que siempre me devuelve a la realidad. De repente, recuerdo que esa es mi casa, ahí fuera está mi hacha, donde cada mañana corto la leña. Por la tarde ya es otra cosa. En cuanto cojo la vereda para ir al pueblo a jugar mi partida de dominó, me quiero olvidar de todo. Por unas horas quiero creer que mi pueblo sigue siendo el mismo, que nada está abandonado, que nada está perdido. En el breve periodo vespertino que pasa desde que salgo de mi hogar hasta que regreso, me obceco con que nada ha cambiado desde aquellos años, aquellos magníficos días en que, Miguel, Ricardo, Calixto e incluso Marina y yo, estábamos vivos.

El

clavo Antonio Ramírez Ortega

M

i nombre es Martín Martínez Sánchez. Mi nombre no es nada excitante, lo reconozco, es como si un inglés se llamara John Jonhson Smith. Igual de excitante podríamos decir que era mi vida: ocho horas en una cadena de montaje,

realizando mecánicamente el mismo gesto (recoger, embalar, soltar), un matrimonio en el que ambos cónyuges hacia tiempo que no tenían cosas que contarse, y pocas expectativas que hicieran mirar hacia el futuro con optimismo. Esa era mi vida hasta que

ocurrió algo impresionante, algo que cambiaría mi vida para siempre y que, ironías del destino, comenzó de la forma más insospechada y podríamos decir, poco notoria. Debió salirme algunos días antes, pero el día que lo noté ya tenía un tamaño considerable. En la

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palma de mi mano derecha, en una posición más o menos central, me había salido un clavo, una dureza blanquecina, que se hacia notoria cuando cogía alguna cosa. En un principio no le di mayor importancia, pero con el paso del tiempo se me hacía doloroso hasta cerrar la mano. Además a mi mujer le daba asco y no podía soportar que la acariciara. Así uno de nuestros pocos lazos de unión, el contacto físico, se fue deteriorando. Ante esta situación decidí ir al médico, a ver si podía quitarme esa cosa de alguna manera. Me recetaron decenas de compuestos, la mayoría de carácter ácido. Todos, al principio, hacían que el clavo se hiciera más pequeño y llegara casi a desaparecer, y digo casi, ya que al final el condenado “brotaba” con más fuerza. Estuve unos dos años echándome potingues en la mano, obteniendo como único resultado un cada vez más hermoso y rollizo clavo. La explicación que me dio un celebre especialista coreano, Ho Chu, fue convincente, aunque sin expectativas de mejora: “tener raíces profundas, seguir echándote esto... ¡Suerte!” Y yo no seguí echándome eso. Dejé al clavo estar hasta aquella tarde... Había salido a dar una vuelta al campo, ya que en casa los silencios cada vez eran más insoportables. Sin saber por qué, cuando me di cuenta estaba tirando con fuerza de mi clavo y, para mi sorpresa, empezó a desprenderse, hasta salir completamente. Fueron unos segundos de un dolor inmenso, seguidos de una gran sensación de felicidad y victoria. Había sacado fuera de mí a un molesto compañero de viaje que me torturaba desde hacía cin-

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co años atrás. Cuando arrojé lejos de mí el trozo de carne seca, con una especie de raicillas blancas, tuve la sensación de que nunca más volvería a verlo ni a acordarme de él. ¡Qué equivocado estaba! Regresé a casa triunfante, con una sonrisa de oreja a oreja, ansioso de contar a mi esposa cómo me había librado del dichoso clavo. Se me debió quedar cara de tonto cuando descubrí a mi mujer en la cama con mi mejor amigo. Lo primero que pensé fue: “anda que no me podía pasar esto días y me tiene que pasar justo hoy, cuando había eliminado a mi pesadilla y un nuevo futuro parecía plantarse ante mí”. Me fui en silencio, regresando al “campo de batalla”, allí donde yo, Martín Martínez, y el clavo habíamos luchado en desigual batalla. Extrañamente necesitaba alguien con quien poder hablar, y ese alguien parecía ser el clavo, ahora visto como un amigo inseparable. A medida que me acercaba al lugar, me estaba entrando un gran desasosiego, una creciente turbación, algo iba a ocurrir. Mis temores parecían cristalizar cuando vi aquella cosa: tenía unos dos metros de altura, con una forma parecida al saquito que tejen las larvas de mariposa, pero visiblemente hecho de carne. En cuanto lo vi , sabía que era mi clavo, que en el breve espacio de una hora se había convertido en eso. Me acerqué sigilosamente, conteniendo la respiración, en un absurdo intento de parecer invisible... Cuando, de repente, la cosa se resquebrajó y algo saltó hacía mí. Ese algo era, créanme o no, yo mismo, completamente desnu-

do y con una expresión no muy amistosa. Eso era lo que recordaba cuando abrí los ojos y me toqué la cabeza dolorida. ¿Ha sido una pesadilla o qué?... Eso es lo que quería creer, pero el hallarme en medio del bosque, el dolor y el que me encontrase totalmente desnudo me hizo comprender la dura realidad. Me puse torpemente en pie y comencé a analizar la situación. La conclusión a la que llegué fue que esa cosa, ese nuevo Martín Martínez, quería sustituirme, ya que si no, cómo se explica que me atacara, me quitara la ropa y la documentación. Si era un ente nuevo en este mundo (no quería ni plantearme su nacimiento o procedencia), qué mejor forma de empezar que teniendo una vida aquí (trabajo, mujer...). En ese momento, el único consuelo que tenía era que el “clavo” volviese a mi/su casa, y se encontrara con el tomate de mi/su mujer y mi/su mejor amigo, y que al menos pusiera una cara de tonto más grande de la que yo puse originalmente. Tras este breve –y sorprendente para mí– pensamiento lúdico, empecé a ver la verdadera situación: estaba solo en el bosque, desnudo, mientras que alguien “clavado” a mí pululaba en la ciudad, no sé si con actitud amistosa o guerrera. Como allí no hacia nada encamine mis pasos hacia la ciudad, pero antes buscando algo que ponerme. No era plan de aparecer desnudo en una ciudad que ya no sabía si era mía o si de era del clavo. No encontré nada que pudiéramos considerar ropa desde un punto de vista occidental, pero decidí dejarme de zarandajas y buscar la funcionalidad, así que con un


saco me hice un vestido tipo "Picapiedra". Si alguien me preguntara de qué iba, respondería que de hombre-anuncio, pues a la altura del pecho lucía unas letras muy "apañadas”: "Nitrato Amónico 33%. Piensos de Castilla". Para los pies tuve más suerte, encontré un par de zapatos viejísimos: una alpargata de cañamo y un zapato de tacón, que sin duda daba un toque de elegancia al conjunto. De todas maneras, el tacón lo quité, teniendo cuidado de enterrarlo bien, ya que puestos a tener mala suerte (como con el clavo), podría surgir de ahí una tonelada de zapatos que bien podrían arrasar el bosque. Mi llegada a la ciudad coincidió con la llegada de un convoy militar. La situación fue bochornosa. Los soldados, apretados en los camiones, me tiraron toda clase de flores dialécticas, que harían enrojecer a la cebolla más blanca del universo. Al menos, mi atuendo comenzó con buen pie, pues alegró

a unos pobres reclutas, que sabe Dios por qué fango habrían estado revolcándose esos días. La noche poco a poco fue cerrándose, haciendo mis desplazamientos un poco más llevaderos, aunque más de un susto se llevaron las parejitas que se achuchaban amparadas por la tranquilidad del parque. Escuché a alguien decir: “¡Mira, el hombre del saco!”. Cuanta razón llevaba. Cerca del parque estaba mi bloque de pisos, por el que sospechaba habríaa pasado mi doble. Y no había pasado, sino que aún estaba allí, ya que al mirar hacia mi piso, vi que Clavo estaba en el balcón poniendo boca abajo al amante de mi mujer, el cual chillaba histéricamente, mientras que mi doble le tenía cogido de los pies. “¡Vaya, parece que a este condenado le molestan más los cuernos que a mí mismo!”, pensé mientras corría hacia el patio de la casa. La gente comenzaba a asomarse a los balcones al oír el rui-

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Marta Soria

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do, y pude ver cómo la vecina del 2º izquierda, Doña Ofelia, la cotilla, se desmayaba al ver que quien tenía a ese hombre por los pies y el adefesio con saco que corría por allí, o sea yo, eran el mismo. Después de todo, la única manera que tenía de reivindicarme ante futuras culpas era esa, es decir que se me viera interactuando con Clavo. Todavía hoy me parece imposible que cogiera al que fuera mi mejor amigo al vuelo, cuando Clavo le soltó desde el 4º piso. Es de las pocas cosas afortunadas que me habían pasado en mucho tiempo. Ezequiel, que así se llamaba el desgraciado, empalmó un “MARTIN, NOOOOOOO!” con un “¡Pero Martín, qué haces ahora aquí abajo ...!” para desmayarse del susto poco después, a la vez que vaciaba el contenido de sus esfínteres en su extrañamente vestido salvador. Subí las escaleras a toda velocidad, gritando con todas mis fuerzas: “¡Yo soy Martín Martínez! ¡É1 es un impostor!” En esto se empezaban a oír sirenas de policía, señal inequívoca de que doña Ofelia se había repuesto del vahído para llamar al 091. La puerta de mi casa estaba cerrada e intenté derribarla, como hacen en las películas, pero pasó lo que tenía que ocurrir, la puerta no se abrió y yo me di la costalada padre. Clavo debió oírme y abrió la puerta, diciendo; "O tú o yo, esta personalidad es demasiada pequeña para los dos". Entonces nos liamos a mamporros. No sé si Clavo era humano o no, pero la verdades que sabía muy bien dónde golpeaba, pues me estaba moliendo a palos las costillas.

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Mi salvación era que la policía subiera a tiempo. Cosa que hizo, subió a tiempo, sí, pero para ver cómo Clavo se desvanecía en el aire, quedándome yo allí en el suelo, ensangrentado y dolorido, pero solo. Intenté contar lo ocurrido, pero, claro, todos los testigos coincidieron en que fue Martín Martínez el que apaleó a su esposa e intentó matar a su amante. Aunque

otros dijeron que vieron a dos martines, enseguida lo negaron, dándose cuenta de la bobada que eso representaba. Conclusión: nadie me creyó y me metieron en el calabozo. Conté mi historia cientos de veces, pero todos me decían que estaba loco. ¿Me pregunta usted cómo es mi vida ahora? Bueno, no me pue-

do quejar. En este psiquiátrico estoy muy a gusto. Tienen muchas zonas ajardinadas, los viernes comemos pollo y los otros internos se ríen mucho cuando les cuento mi historia con el clavo. Se ríen mucho, aunque no creo que la entiendan. Posdata: En el psiquiátrico me he hecho muy amigo del podólogo, que sabe mucho de callos y de clavos.

Las alucinaciones

de Macario José Ramos

(Aviso al lector: Macario, el protagonista de esta historia, es un personaje de ficción. Lo mismo que las situaciones y demás personajes. Cualquier parecido con la realidad es producto de la imaginación desbordante de su autor. Gracias a Dios nuestra educación goza de una salud envidiable y el caso aquí descrito es absolutamente excepcional.)

C

argado con la abultada cartera negra repleta de libros que desequilibraban su cuerpo hacia un costado, Macario corría espeluznado por un nebuloso pasillo decorado con piza-

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rras, mapas y carteles, en medio de las siluetas difuminadas de chiquillos gritones y excitados colocados en doble fila. Le perseguían amenazantes cinco o seis de caras reconocibles, armados con estacas y garrotes. ¡Cabrón, que eres un cabrón!, gritaban. A punto de alcanzarle con sus mandobles, sumergido en un griterío ensordecedor, el pasillo se cortó bajo sus pies... ¡Riiing! Riiing! Las siete y media en el despertador. Mal se presentaba la mañana. Pegado aún a la tibieza de la almohada rememoró Macario el bello sueño de unas noches atrás.

Disfrazado de Flautista de Hammelin se adentraba por los recovecos de un centro escolar y al mágico toque de flauta centenares de alumnos entonando el “alouette, gentille alouette” le seguían por aulas y pasillos, se peleaban por entrar en su clase, le escuchaban embobados y sin bostezar horas y horas, se mostraban ansiosos por expresarse en la bella lengua de Molière. Macario, supersticioso como un torero, extremó el cuidado en levantarse con el pie derecho para tratar de enderezar la mañana. En plena euforia de ducha, menudo susto, la cebolla se des-


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No olvidó tomar en el desayuno la pastilla que le había recetado el médico, aún a sabiendas de que podían provocarle sudoración, palpitaciones y, sobre todo, episodios alucinatorios y de visones descontroladas. El maldito boxer de ojos saltones y morro babeante del adosado del vecino no se privó de ladrarle con furia detrás del alambre del jardín mientras sacaba el coche del garaje. Aparcó en un agujero de niebla frente a la puerta del instituto. El edificio parecía un barco bamboleante de grises contornos y luces opacas varado junto a un puente del Támesis. Al bajar del coche, el frío daba navajazos en la cara y la humedad se hacía burbuja en el aliento de la boca. Un manto de vaho escarchado y sucio se pegaba al cristal del parabrisas.

Chema Agustín

prendió escandalosa del gancho y golpeó su mojado cogote. Un movimiento demasiado brusco con la cuchilla de afeitar terminó con un tajo sangrante en la barbilla cuyo brote le costó parar un buen rato. Miró por la ventana y el tiempo no podía ser más espantoso. Una niebla espesa flotaba sobre los tejados, se pegaba a las aceras de la calle. El resplandor anaranjado de las farolas le daba a la atmósfera ese aire irreal de película inglesa en la que uno no se sorprendería al ver aparecer la silueta encorvada del destripador de Londres. Macario no tenía la más mínima gana de incorporarse un día más al, en los últimos tiempos, estresante trabajo. Profesor de Enseñanza Secundaria, le apetecía tanto ponerse en camino hacia al instituto como a un minero encerrarse en el ascensor que le ha de bajar al tenebroso túnel de la séptima galería.

Afectuoso, casi almibarado, Macario dio los buenos días a los fantasmas embutidos en chaquetones que se amontonaban ante la puerta. Su respuesta se les heló en las gargantas antes de hacerse audibles. Hojeó El Heraldo y se topó con la noticia de que el gobierno se empecinaba en retrasar la jubilación a los 65 “y, yo, pensando, que con la jubilación a los 60, solo me quedaban tres cursos para retirarme y darme el gustazo de acudir a la entrada del instituto a dedicar pedorretas y firmar autógrafos”. La clase de las ocho y media con los de primero A de la Eso transcurrió sin sobresaltos. Si no era motivo para sobresaltarse, rumió Macario, comprobar que tras

dos meses de curso, aún chapoteaban por la primera unidad, un buen número de alumnos desconocía el presente de avoir y la mayoría, a pesar del machaque —en francés cundo “oi” vemos escrito // pronunciamos “ua” como un patito—, seguía soltando “aboir” en vez de “avuar”, “trois” en lugar de “trua.” La tutora de un segundo había recibido la llamada de una madre muy descontenta, no con su maleducada hija, objeto de apercibimientos unánimes, sino con Macario, el “maestro” de francés. Un grosero de tío que la abroncaba y no la trataba “con cariño”. Dos compañeros polemizaban en una esquina:

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- Son los profesores los responsables del fracaso educativo. No están sabiendo adaptarse a las exigencias de una sociedad cambiante, que requiere un nuevo papel. El de educador, mucho más amplio y comprometido que el de mero instructor. — decía el jovenzano de filosofía con voz meliflua. - Sin un esfuerzo tenaz por parte del alumno no es posible aprender. Ni lo ha sido, ni lo será. Lo demás son pamplinas. —le respondió la de historia con voz tan avinagrada como la mueca de su cara. A tercera hora Macario tenía clase con los de segundo de la Eso. Dos o tres de los alumnos reconocibles de la pesadilla nocturna pertenecían a este grupo. Irrumpieron en el aula entre carreras, tizazos y un poético intercambio de frases; - ¿Eh tú? ¡Inútil! - ¡Tu padre, cabrón de mierda! Se sentaron en las sillas lo más desparramadamente que les daba de sí el cuerpo, las piernas estiradas bajo el pupitre, mirando a Macario con asco infinito. Evidentemente no era el Flautista de Hammelin ni ese profesor de película americana que en un plis plas se mete a sus alumnos en el bolsillo, les enseña jugando y los hechiza para siempre pasando al Olimpo de los personajes inolvidables, al lado de Tarzán y la mona chita. Como tampoco se sentía Juan Tamarit capaz de enseñar francés con abracadabrantes trucos de chistera ni consideraba que el aula fuera un circo o el chalet de Gran Hermano, no se le ocurrió otra frase que:

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- Abrid los cuadernos, poned la fecha y preparad estos ejercicios sobre el partitivo en francés. Exclamaciones de hastío, rugidos de tedio, bisbiseos y susurros se adueñaron del aula: - ¡Halaaa! - No sabemos hacerlo. - Eso no lo dimos el año pasado. - ¿Para qué nos sirve aprender el partitivo? Macario se hundió en el remolino de las aprensiones. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Eran los alumnos más inmaduros, más zotes o es que su capacidad para enseñar se encogía cada curso como un filete de vaca loca en la sartén? Quizás tuvieran razón los sindicatos docentes y los muy sabios representantes de las asociaciones de padres. Los profesores eran unos mostrencos incapaces de enseñar divirtiendo. Se atocinó con Sonia en Babia toda la clase, con Merichel que charlaba y bostezaba y se había puesto a mascar chicle. Sonó el timbre. Se esfumaron cinco minutos en captar la atención. En cabreos se volatilizaron seis o siete. Al final, antes del timbrazo del fin de la sesión, entró en el aula una chica de otro grupo, desolada porque el Real Madrid había perdido con el Bayern. Cansado, deprimido, Macario subió las escaleras en dirección a la cuarta de la mañana mientras dos merluzos desmelenados se revolcaban por el suelo. No tuvo fuerza para llamarlos al orden agobiado por el peso de la cartera en la que por fuera se posaba el polvo de la tiza y por dentro se llenaba con el plomo de la impotencia.

A quinta hora faltaban dos colegas. A Macario le tocaba guardia en la biblioteca. Los diez primeros minutos no ocurrió nada inhabitual, es decir fueron llegando expulsados de diferentes clases. Sergio Ramírez por no querer sacar el libro en la clase de inglés. Juana Alcalde por estar haciendo deberes de biología en la hora de latín. Pedro Recio que pululaba por los pasillos y patios del centro exento de cualquier obligación y al que, desde del Departamento de Orientación se había recomendado no reñir, no castigar, empezó a hablar en voz alta, a molestar, a tirar al suelo y pisotear una revista. Macario se subía por las paredes, pero calló, el pensamiento puesto en el santo Job y las manos aferradas a la silla. La puerta de la biblioteca se abrió bruscamente. Daniel Basurto, uno de las perlas del centro, —record de cinco expulsiones temporales en sus dos, iba para tres cursos— se sentó con cara inocente y depositó en el centro de la mesa una caja de zapatos. La destapó y, ¡oh cielos!, sobre la superficie de formica, cual si de verde prado se tratara, empezó a corretear un ratón de considerable tamaño y de sucio y alborotado pelaje. A la profesora que leía placidamente “EL hereje” de Delibes —el ratón le debió parecer un mihura de más de seiscientos kilos saliendo de los chiqueros— se le mudó la color, se le desencajó la faz y se le contrajo el cuerpo en imparables convulsiones. Gritos, risas, aspavientos. Macario se levantó, reprimió su impulso de agarrar por la pechera al insolente muchachote y explotó en un alarido: - ¡Condenado caradura!


¡Recoge ese asqueroso bicho y lárgate a tu casa inmediatamente! La vocecita interior de otras ocasiones, machacona y curiosa, como una de esas máquinas que para entrenar a los jugadores de tenis lanza las bolas a ritmo endiablado por cualquier lado de la pista, empezó a atosigar a Macario con impertinentes preguntas. - ¿Por qué te hiciste profesor? - Porque la carrera de Filosofía y Letras no tenía otras salidas. - ¿No fue lo tuyo entonces una gran vocación? - ¡Hombre! Si por vocación entiendes una especie de enamoramiento místico o ser señalado por el dedo de Dios, pues no. - ¿Te arrepientes de haber escogido esta profesión? - Últimamente sí. No puedo librarme de la sensación de estar perdiendo el tiempo. - ¿Y por qué tanta amargura? - Pues porque se ha roto el equilibrio. - ¿De qué equilibrio hablas? - Del que se necesita para enseñar. Tan delicado como el del acróbata sobre el alambre. - Explícate - Verás. La eficacia del aprendizaje se basa en un medido reparto de funciones. A los profesores corresponde “enseñar” con inteligencia y buen criterio. A los alumnos quemarse las pestañas estudiando para interiorizar lo enseñado. - ¿No es eso lo que está sucediendo? - Más bien no. El platillo de la balanza del profesor está demasiado lleno: se le atribuyen pode-

res mágicos. El del alumno cuasi vacío: no se le exige esfuerzo. - Dedícate a otra cosa. - Ya es demasiado tarde. Lo llamaron de Jefatura de Estudios. Daniel Basurto no se había ido a casa, había ido a contar su versión afirmando que estaba dispuesto a denunciar a Macario por haberlo insultado. El jefe de estudios reprendió a Macario. - El chico tiene razón. Le has faltado al respeto. - No le he faltado al respeto ni a él ni a ninguno. Me limito a cumplir con mi obligación de reprender al que no se comporta como debe sin esconder la cabeza bajo el ala, deporte que está muy de moda. En dirección al aula del segundo piso, Macario refrenó el deseo de salir corriendo. Le lloraban y dolían los ojos, se le nubló la visión unos segundos y las cabezas de los alumnos que subían o bajaban por las escaleras tomaron la figura de atolondradas gallinas. Buscó los servicios en el fondo del pasillo, abrió el grifo y dejó correr el agua fría sobre el cogote. A dos o tres minutos del final de la sexta hora, Macario, en la pizarra, cambió los acentos de la palabra “évènement”, no supo recapitular los verbos que se conjugan con el auxiliar “être”. Mientras escribía le pareció que no era su mano la que movía la tiza sino una pata peluda y negra en forma de pezuña de perro. Y que como perro, con un ladrido, se había vuelto descargando su furia sobre un bisbiseo. Sí, había ladrado, mientras el aluvión de alumnos, sacudidos por el último timbrazo de la mañana le miraban impertérritos camino de la puerta, trans-

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formados ahora por arte de birlibirloque en alborotado rebaño de ovejas siniestras y atontadas. Buscó su reflejo opaco en el cristal de la ventana para convencerse de que era víctima de una nueva alucinación. A Dios gracias, el cristal le devolvió su imagen de siempre. No, no se había convertido en buldog ni su cuerpo había sufrido ninguna extraña mutación. Lanzó una mirada a los dos o tres alumnos que abandonaban el aula. Ya no eran ovejas. De nuevo se habían reencarnado en su humana personalidad. A duras penas consiguió mantenerse en pie apoyado con el brazo en el respaldo del sillón inundado por una oleada de nauseas y una taquicardia acelerada. Se sentó de nuevo en la mesa. La mirada perdida en los pupitres, logró murmurar: - ¡No sé si son las pastillas o esos condenados mocosos los que me están volviendo loco! Cabizbajo, apagó las luces del aula y se adentró en el pasillo, ahora silencioso. Se ahogaba, le faltaba el aire, como si el largo pasillo se hubiera convertido en la galería tenebrosa de una mina hundida en la tierra y Macario en un minero tiznado de negro buscando la salida tras muchas horas de tinieblas. Aunque, bien pensado, los mineros eran unos tipos afortunados. Palpaban la utilidad de su trabajo. Extraían carbón. Mientras que él… Salió a la calle. En la gasa de vaho que cubría el cristal delantero del coche un dedo nervioso había tejido una frase que se deshilaba, ya ilegible. Mejor no intentar adivinar su sentido. “¡Seguro que no se trataba de un piropo!”

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El canto

de las sirenas Fernando Pérez Más

C

omo todas las tardes, y aquella no iba a ser una excepción, Ulíses el portugués, que había dejado su Lisboa natal hacía más de veinte años –por motivos políticos decían las malas lenguas–, se desabrochó los zapatos y dejó los calcetines negros hechos una pelota. Miró la dilatada superficie del mar que aquel día de primavera parecía una hoguera inmensa que hería la pupila de aquellos ojos habituados a trabajar en una oficina sórdida y maloliente y sonrió de forma misteriosa.

A Ulises, siempre taciturno y con el gesto huraño de los solitarios, se le iluminaba la cara cuando, por fin, llegaba la hora de cerrar el libro de cuentas, de ordenar su despacho y de salir a la calle sin despedirse de sus compañeros de oficina, sin tan siquiera un “ubrigado” de cortesía al portero que le conseguía los cigarrillos de contrabando que traían, nadie sabía cómo, desde Turquía. Era posiblemente el único vicio que tenía, y esta pasión por el tabaco turco le venía de sus años de marino en los grandes barcos que desde Faro cruzaban todo el Mediterráneo. Por suerte, su oficina estaba muy cerca del Paseo Marítimo. No tenía que tomar ningún autobús ni perder tiempo andando largas calles para llegar a las cálidas aguas que acariciaban sus pies descalzos. Aquellos momentos, casi mágicos, le hacían olvidar las horas pasadas entre cuatro paredes cubiertas de un papel manchado y ajado, en un ambiente cada vez más cerrado y claustrofóbico, donde el olor de los cuerpos sudados se mezclaba con el de la tinta de las impresoras. “¡Por fin las cinco!”, suspiraba, dejando escapar por entre los dientes toda la tensión y el asco, toda la amargura y desengaños que se le iban precipitando en el fondo de su alma ahora tan vacía. El mar, su mar, la mar que amaba más que a nada en el mundo, siempre atenta y fiel, que sabía escu-

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charle sin hacer preguntas, que le susurraba al oído, como en aquellas noches, ya tan lejanas, tan llenas de suspiros y encuentros escondidos, de abrazos y besos primerizos… Aquellas noches no volverían, pero su mar siempre sería su compañera eterna y dulce, como fue su primer amor, cubiertos los cuerpos por la espuma salada y la brisa marina que traía cantos del pueblo lejano. ¡Qué maravilla fue descubrir el misterio que se hundía en los ojos de aquella mujer! Y allí, junto al mar, cautelosamente, con miedo, sin atreverse a mirarse, con la vista perdida en las estrellas, encontró a su otro amor, tan frágil, tan puro, aquel amor que lo siguió al exilio sin dudarlo siquiera, y que fue languideciendo de «saudade», aquel amor al que llevó al mar de hielo y plata para sepultarlo… Y todas las tardes, a las cinco, acudía, puntual a su cita, con el corazón golpeando el pecho, hundía sus pies en la arena milenaria, y dejaba que las olas rozaran sus pies desnudos y volvía a sentir las manos que un día le acariciaron y de nuevo podía ver reflejada en aquellas aguas encendidas el pelo salvaje de su amada. Y solo, delante de aquella inmensidad líquida, se persignaba fugazmente y seguía andando por la orilla solitaria. Los pocos muebles que tenía en su piso los había comprado a un chamarilero a muy buen precio: una televisión y un frigorífico era todo lo que poseía. Sin olvidar su radio portátil en la que escuchaba todas las mañanas, mientras se afeitaba, las noticias de Portugal y algún fado lánguido y amargo, de desgarradas notas que le llenaban los ojos de lágrimas. Allí, con el rostro medio cubierto por la espuma, la maquinilla en el aire, suspensa la mano, dejaba que la voz de Amalia Rodrigues lo sobrecogiera, lo envolviera de nostalgias que creía perdidas en la oscuridad de los puertos.


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Fernando Pérez Más

[ N A R R A T I VA ]

Los bomberos subieron agarrándose al pasamanos, pues la fuerza del agua les hacía muy difícil mantener el equilibrio y los arrastraba dando tumbos escaleras abajo enredados con las mangueras. Por fin tras una árdua ascensión, consiguieron llegar al cuarto piso donde con varios golpes de hacha derribaron la puerta por la que se filtraba toda aquella catarata.

¡Cuántas vidas vividas en una! Y ahora tan solo, con la única compañía de sus conchas irisadas, de sus peces de vivos colores, que alimentaba con insistencia dolorosa, de sus caracolas de mar… Las noches de verano solía acodarse en su terraza y adivinaba el mar que no podía ver oculto tras las altas torres que cubrían el horizonte, pero se consolaba pensando que a las cinco de la tarde volvería a pisar la blanca playa. Sentado en la terraza jugaba como un niño con sus caracolas y podía oír en el fondo de aquellas cocreciones cálcicas el rumor de las olas, las tormentas desatadas y las calmas más chichas, podía sentir, casi físicamente las fuerzas titánicas de los abismos sin fondo, las corrientes telúricas que brotaban de las simas insondables, y así, arrullado por los rumores del mar se dormía en un sueño inquieto y tétrico donde siempre aparecía el espectro de su amada que lo llamaba con un lastimero cántico de sirena. Una mañana de agosto, los vecinos alarmados por la corriente de agua que se precipitaba por las escaleras llamaron a los bomberos. La verdad no podía ser una lavadora rota o un grifo abierto como pensaron en un principio. Aquello era un verdadero torrente que desde el último piso llegaba hasta la calle. Los vecinos no daban crédito a lo que veían, el agua despedía un punzante aroma salino, y es que además nadaban peces de todos los colores, flotaban algas y otros moluscos que no podían identificar. La del tercero, mucho después, afirmaba haber visto corales rosados y hasta algún caballito de mar.

Lo que vieron los dejó atónitos y boquiabiertos, parados sin decidirse a entrar en el interior de la vivienda. Aquello era inexplicable pero era cierto, lo estaban viendo ellos mismos. Las pocas sillas, la mesa del comedor, el suelo, todos los rincones de aquella miserable casa estaban cubiertos de caracolas anacaradas que brillaban con una luz interior que ennoblecía la pobreza de los cuadros, la mala calidad de las maderas, el hule grasiento que cubría la mesa, pero lo más maravilloso era que por la herida de sus bocas dejaban escapar un verdadero río de agua salada, el agua que se estaba desparramando hasta la calle, que estaba perfumando con su aroma todos los rincones de aquel barrio que no podía ver el mar. Ulises el portugués no apareció nunca más por su oficina, tampoco se le volvió a ver por el barrio, y, al no encontrarse el cuerpo por las habitaciones vacías, la policía pensó que había marchado a su país. No supieron nunca que aquella mañana de agosto, poco antes de empezar a inundarse la escalera, se acercó a la playa. A esas horas no había bañistas, y se fue dejando acunar por las olas y por la dulzura maternal del abrazo húmedo y reconfortante de las aguas. Con los ojos entreabiertos apenas, oyó de nuevo la canción lenta y melancólica que le susurraba su amada en las noches cuajadas de estrellas.Al cabo de tantos años volvió a ver su rostro moreno y sus grandes ojos oscuros como las profundidades de su mar, y volvió a acariciar su cuerpo de sirena, y se fundió en un abrazo salvaje y tumultuoso, tantas veces deseado que lo arrastró al fondo para siempre, para la eternidad.

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[ POESIA ]

Firmas

invitadas Chema Agustín

El fuego de la noche Fantasmas de mi amor, decidme ahora dónde la guerra que es el paso de los años ha hecho más destrozos: en la visible piel que nos acariciamos o en el alma invisible que tanto se nos ve. Para qué ya el espejo, si el aire transparenta la belleza de otros cuerpos que eclipsan nuestro cuerpo. Para qué ya el futuro, si el futuro ha pasado y en su velocidad nos arrastró. Digamos sí a todo lo que fuimos. Cuando se apague el fuego de la noche, digamos no y desaparezcamos. Ángel Guinda

A María Zambrano Ando descalza en la vía Sintiendo en los dedos la mañana La piedra abierta, húmeda y fría. María recorre en sus sueños la vida Que huyó en Roma, La Habana Todo posadas de gentes huidas En sueños, palabras, miles de heridas.

Ángela Ibáñez

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[ POESIA ]

Arquitextura [ CREACIÓN • LITERARIA ]

(Apuntes para una Poética)

La belleza es siempre una aparición. La palabra es un ser vivo. Las palabras son semillas cargadas con el silencio de los mundos. La poesía es palabra sin apenas palabras. La poesía es palabra de música. Escribo contra la realidad, no sobre ella. Escribir como se vive. Escribir como se es. Ser poeta no es una profesión. Ser poeta es una posesión.

Anillos de humo

Poesía útil: objeto de belleza, sujeto de conducta.

1 He metido el pie en el círculo blanco del destino Exorcizando todos los magos, todos los sueños Y los arcanos, me he vestido desnuda con tu piel, mi amigo. Se atrapó la tarde el tobillo en un riel, Antiguo tranvía de lluvia, en un pavimento gris Y casi, a pesar de la cálida humedad, muerto. Invoqué a los dioses, llamándome nadie, Y a nadie respondieron. La tormenta parpadeaba amatista en la noche Borrascosa de tus ojos. El humo trepaba -manos tuyas talando el alba, acuosa y fría- por una ciudad despierta y vencida. Y nadie destruyó el silencio Lo había devorado en sorbo de tus labios. El rito se consumó arrasando el vendaval todos los prados. Abrió los ojos y en la inundación de las pupilas Dejó que brotara una eterna primavera. El oráculo dormía la siesta en una campanilla Que sonaba llamando a nadie al silencio. Y nadie se había ido... La cueva retornaba a sus antiguas dimensiones De reino inaccesible y oscuro. Los propios límites de la gruta se integraban Dulces en el cristal de bruma gris. Y en la quietud mágica de la profundidad Nadie Reposaba en ellos.

El poeta, lejos de obsesionarse con la cultura, debe convertir en cultura sus propias obsesiones. Ángel Guinda

Ángela Ibánez

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[ POESIA ]

[ CREACIÓN • LITERARIA ]

El vigor del canto y del sentido aparecen en estos poemas marcados por circunstancias colectivas e individuales. Li´rica que oscila entre la reflexio´n y la revelacio´n, cuidando la arquitectura sema´ntica. Presencia de un paisaje interior, en ocasiones salpicado con derrota y tristeza. Tambie´n bu´squeda a trave´s de lo intangible del alma como una concepcio´n simbo´lica de la realidad. Algo atraviesa, pues, la poesi´a;

la palabra, aquella que da al canto verdadera virtud. Jose´ A´ngel Valente.

Otros

poetas Cielo sin dueño UN MAR DE DUDAS PONE MUROS FRÁGILES a la verdad de los naufragios que otra rebelión busca para alzar la sombra de su bandera condenada al remo. Así lo afirman las cigarras libres que con su canto ponen freno a hormigas para las que hay un laborioso estilo con el que frenan un avance tímido. Pero los himnos como imágenes caen en altas simas de belleza virgen sin ser violados por las mudas rocas donde parecen anidar los ángeles. Las carabelas se abren paso en ciénagas donde el posible embarque hacia otro mundo sonríe a audaces almas libres siempre que eviten toda mordedura fértil. Para acabar con el misterio se alzan rotos cristales que reflejan mundos cuya forma es de laberinto triste tras esplendor de nieve en cumbres frágiles. Una estampida de caballos verdes rige el poema que invencibles manos ponen a salvo de aventuras frías cuyo galope detenido es sordo. La ausencia viste de sirenas libres todas las horas que el reloj recorre tras proclamarse vencedor de un premio cuyo destello ya es leyenda firme. Se abren las puertas de boscosas torres donde aposenta el musgo bases sólidas a la esperanza verde de otras lluvias en un desierto de presagios grises.

POR EL CAMINO DE LA VIDA HAY BOSQUES que al paso salen del asfalto verde latente en toda deserción de túneles cuyo clamor subterráneo es voz mística. Distintos cruces de caminos ponen de manifiesto que la fría máscara del tiempo viene a cubrir otros ámbitos anestesiados por sombrías torres. Tras convertirse en consumado acróbata parece el tiempo no tener ya vértigo para vencer a los abismos ciegos sin arma alguna ni trapecio propio. Salto mortal sobre regiones frías da la palabra ebria de fiebre azul sin concederse tregua alguna dado el silencioso mármol que es la tierra. Un azotado jinete es la vida para el galope de montañas que halla la extraña noria que en la noche gira dándole al mar una explosión de música. En el relato de la aurora no hay sino silencio entre los focos libres que lo iluminan con la paz de dunas saboteadas a la paz del fuego. La existencia en el barro cobra forma definitiva antes de ser visión sin alambrada en la otra orilla viva de unas heridas que supuran cráteres. Verdes llanuras brotan de otros pozos en los que no hay sino potables lluvias que arropan prados de utopías libres abandonadas a un aroma fértil. Para vivir hay que instalar demencia en un presagio de sorpresas quietas en el refugio donde duendes manan de unos andamios que galeras traen.

Miguel Angel Longás

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Poemario pues el mundo es un amago obscuro de nubes sin sentido una suerte de azares que no domino que pueden conmigo pero no pasa nada solo pasa el tiempo y él ya me ha vencido pues el mundo es deseo de alas que se marchan sin haber venido un dios sin barriga ni pelos sin ombligo pues el mundo es sortilegio que no cesa miércoles sosegado en el que nunca pasa nada un vaso al revés un porqué invertido quédate conmigo hoy he comenzado a morir hoy instante incierto configurado de esencias objetos rosas hoy mirada que ciega juega obscura sin perturbarme quédate conmigo que quiero verte conmigo que voy a inocularme de besos y brumas de gestos que gimen quédate conmigo que muero sin sorpresa sin respiro ni aliento sin premura ni acierto a fuer de ser sincero desvelas mis armas he comenzado libros devorado lirios he conquistado esquinas desnudas de tu sexo he vaciado voces bebido por tu espalda pues basta de batallas que no sangran cansado de páginas en blanco sin remedio absurdo trajín jinete aleve sin alas apagado silencio voz de sangre envenenada tal vez debiera callar no decir verbos mentirosos dormir las noches enteras con sus mañanas no dibujar ninfas doradas con su belleza tal vez debiera renegar en silencio de mi persona y conspirarme a traición para dejar desiertas mis entrañas tal vez debí mentir la noche obscura del secreto indigno y haberme escondido entre las brumas para olvidarme poco a poco hacia la nada pero no puedo desdecirme quemar mis pupilas avisadas ni abandonarme así tan fácil al inhóspito silencio que me tienta debo gritar con fuego en la mirada

[ CREACIÓN • LITERARIA ]

Chema Agustín

[ POESIA ]

debo ahorcar mi memoria sediciosa para volar mis verbos con mis dedos para saberme esta noche sin aranas y conocer nomás lo que me atrapa y remorder con fruición el polen de mis entrañas no pasa nada esta noche estúpida ni estrellas ni descensos de rosas por mi rostro ni se mueren los libros que agonizan ni se rozan pasos aleves de gigantes no pasa nada esta noche muda ni crujen los pasquines ni se calan de ósculos los pobres sus espaldas ni se ciegan los rincones de luces insultando ni de suaves voces envilecen y se agravian amores pasajeros maletas condenadas no pasa nada esta noche de mentiras enterradas noche que no es noche si no vuela ensordecida y encrespada que ni los locos baten sangre abovedada no pasa ni la brisa ni pasa el auto sólo el sordo novivir entumecido el candor hórrido que quebranta o la ingrávida mirada de rosarios fementidos pero insisto ya sin fuerzas no pasa nada noche malnacida ni un mal cáliz que llevarse a la boca ni pasa imperturbable un instante de vida

Rafael Férnández Lorente

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[ CREACIÓN • LITERARIA ]

[ POESIA ]

Guiñote Nada diremos. Hemos pisado el cuello a la serpiente

Lo mejor de la aurora es que no sabe nada del día anterior

que a vuestra médula enroscase. Jugamos a jugar, tranquilamente el juego de la vida mostró sus cartas; allí estábamos: ases delirantes,

lo mejor de la aurora es que no sabe nada del día anterior ni el crepúsculo del que viene ni yo de ella si ha de venir cuando vayas conmigo no dejes tu sonrisa escondida no cambies tu mirada a otra parte cuando vayas conmigo no mires a nadie solo a mí como si solo yo existiera aunque sé que hay colores matices esquinas aunque haya palabras que no sean las mías cuando vayas conmigo imagina que el mundo se acaba o empieza es lo mismo y que todo es mentira que sólo hay verdades en mis manos en las tuyas cuando vayas conmigo te pido igualmente olvida no recuerdes ni cifras ni nombres ni amuletos vencidos que no son de nadie cuando quieras ir conmigo no quieras nada ni sabores ni esencias que estén en otra parte deja tan solo tus pies libres de disfraces cargas oscuras que nunca logran ocultarte no mires a nadie que el mundo sea el mundo y yo tu escondite cuando vayas conmigo

Rafael Férnández Lorente

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señoritas de galaxias farmacopeas, tercos closes, seises risueños, treses avizores, tímidos cincos, manjares de cuatros, sietes encantadores, reyes imposibles…

No. No diremos nada. A pies del gran silencio Tributando el escudo, mínimo el roce de la desnudez, Torrentes nos arrastren.

Javier Romeo Estaben


[ POESIA ]

El monstruo se llama río [ CREACIÓN • LITERARIA ]

Olvido

El monstruo se llama río y tiene cara de niño. Por su boca de tigre helado entran profundas ideas de animalillos gastados

Despierta el silencio por el horizonte, se pierde el camino en la encrucijada y muere el rocío, suspiros helados en la rosa blanca. ¡ Cuánta incertidumbre nubia mi esperanza...! Y sueño en mis pasos un nuevo amanecer, llevando en el alma una melodía de llanto profundo, una clara brisa de la mar en calma, un poema interminable y oculto, unas pinceladas de sombra y de luz frente a tu mirada tan bella, tan pura... como el cielo azul.

El monstruo se llama río y en su cabeza bulle un circo. Con una luna de espuma oculta verdades amargas, va regalando olvidos.

Pobre monstruo mi río. Sin los apoyos del viento lo escoltan cigüeñas de piedra, una veintena de antenas y una hiedra en cuarentena.

María Carvajal Lobato Al monstruo lo llaman río por tener las manos sucias, por estar tejiendo siempre las entrañas de la tierra. El monstruo se llama río, de su joroba no me río. Me muerde triste en los dedos con sus encías de niño. ¿El monstruo se llama río? Dadme ese monstruo, que es mío.

Fernando Gil Villa

Caída desde el infinito Caída desde el infinito hunde sus pies en la herida, en la ciénaga del silencio. Va despojándose el alma tiritando de miedo y estupor al comprobar su tullida miseria. ¡Cuántos lastres la juzgan, envilecen y la confirman a su sombra! Libertad en ciernes, desoye el camino de la aurora, antes de que muera el tibio sol en el cristal helado de su destino.

Fernando Aranda

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[ I N V I TA C I Ó N • A • L A • L E C T U R A ]

El escritor y acade´mico, Antonio Mun˜oz Molina, en un arti´culo titulado Un tesoro infinito hace una defensa de la literatura planteada como experiencia vital. Entre otras cosas sen˜ala: La literatura nos ensen˜a a mirarnos dentro de nosotros y mucho ma´s lejos del alcance de nuestra mirada. Es tambie´n una ventana y tambie´n un espejo. Quiero decir: es necesaria. Esta cita condensa muy bien la finalidad primera de A´gora. Por ello, desde su primer nu´mero, incorpora entre sus pa´ginas una seccio´n dedicada a la invitacio´n a la lectura. En este nu´mero, adema´s del apartado de resen˜as de libros, la propuesta gira sobre dos arti´culos: Libros contra la guerra y Leer para vivir, de nin˜o y de joven. En el primero, Juan Pedro Serrano nos muestra la conexio´n entre la guerra y la literatura, y co´mo algunos escritores han prestado su pluma al servicio de las armas o en su contra. Sus recomendaciones, con ti´tulos de libros de los siglos XIX y XX, se inclinan hacia la irracionalidad y brutalidad de la guerra. En el segundo, Patxi Abadi´a intenta inaugurar un nuevo espacio consagrado a la literatura infantil y juvenil. Con e´l, simplemente se pretende que los padres, los educadores, los nin˜os o los jo´venes no vayan a ciegas a la hora de elegir un libro cuyo disfrute este´ garantizado. En este nu´mero, las recomendaciones se hacen sobre libros editados en el an˜o 2004.

Libros

contra la guerra Juan Pedro Serrano

L

a historia de las civilizaciones comenzó hace ocho milenios, con la aparición de los primeros estados. Desde el principio la guerra fue una de las razones de ser de estos incipientes estados, contempló el desarrollo de las civilizaciones junto con sus creaciones técnicas y artísticas, su cultura y sus mitos, pero también trajo consigo en muchas ocasiones su propia destrucción. La historia de la humanidad es, en parte, la historia de sus guerras. Fue a partir de la Revolución Industrial y de todos sus avances técnicos y científicos cuando la guerra tomó una nueva forma, y sus consecuencias empezaron a modificar la percepción que de ella se tenía. El poder mortífero y destructivo del armamento se multiplicó espectacularmen-

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te, sin que ese proceso que dura casi trescientos años se haya detenido todavía. Los Estados, entre todas sus funciones, se convirtieron en máquinas de destrucción, hasta alcanzar su máximo grado en la Segunda Guerra Mundial que aniquiló a millones de civiles mediante bombardeos y deportaciones y culminó con Hiroshima y Nagasaki. Desde ese momento, la civilización es capaz de aniquilarse a sí misma. Resulta lógica pues la conexión que ha existido siempre entre la guerra y la literatura. Desde Homero, que muestra en la Iliada y en la Odisea sus conocimientos militares, hasta muchos autores actuales, el tema de la guerra ha sido uno de los más repetidos en todos los países y en todas las lenguas: al servicio de las armas o en

su contra, los escritores han tomado partido en todos los escenarios bélicos. Ni el Pacifismo ni el Antimilitarismo son fenómenos tan antiguos, pero su importancia fue creciendo al mismo tiempo que aumentaban la destrucción y la barbarie de las guerras. De ahí que el inicio de los movimientos pacifistas, al menos en su versión actual, se corresponda con el final de la Primera Guerra Mundial, confrontación que horrorizó a la sociedad, aunque no lo suficiente para evitar pocos años después su repetición. En los años de la Segunda Gran Guerra, la justificación de la guerra contra la barbarie nazi, y también aunque en menor medida contra Japón, hizo retroceder los movimientos contrarios a la guerra. No obstante, la


Una de las primeras obras en las que se muestra una visión de la guerra contraria a la percepción tradicional del honor y la grandeza de la victoria fue La roja insignia del valor, del norteamericano Stephen Crane, ambientada en la guerra civil de los Estados Unidos. El autor, uno de los primeros representantes del estilo naturalista, nació en 1871 en Nueva Jersey. La roja insignia del valor (1895), fue reconocida internacionalmente como un estudio psicológico, realista y profundo de un soldado joven en la Guerra Civil estadounidense, a pesar de que el autor nunca vivió experiencias militares. Narra la historia de la profunda decepción del protagonista al descubrir la realidad de la guerra, muy alejada de sus pensamientos anteriores, sus sueños y sus ideales. Las descripciones naturalistas de Crane son pesimistas y brutales, pero la crudeza de su realismo está mitigada por el encanto poético y la franqueza de los personajes. Escribió más novelas, ninguna con el éxito de La roja insignia del valor, y murió con sólo 28 años, después de haber viajado a varias guerras como correspon-

sal, entre ellas la hispano-norteamericana de 1898. Todas las guerras del siglo XIX encontraron sus cronistas, pero la Primera Guerra Mundial (19141918) supuso, también para la literatura, un auténtico cataclismo. La Primera Guerra Mundial, hasta 1939 “La Gran Guerra”, provocó hecatombes sin precedentes, afectó a poblaciones civiles y se convirtió en una guerra total. Dejó una enorme cantidad de literatura, tanto de exaltación bélica como de antimilitarismo. Se considera que el Pacifismo moderno nació como reacción de horror a la Primera Guerra Mundial, pero resultaba imposible terminar con tantos años de militarismo. Dos autores alemanes mostraron las distintas visiones de la contienda: Ernst Jünger, que participó en la Segunda Guerra Mundial, defendía las virtudes de la lucha en Tempestades de acero; E. M. Remarque exponía su visión infernal de la contienda en Sin novedad en el frente. Esta obra está considerada una de las más clásicas novelas antimilitaristas de toda la literatura. Erich Maria Remarque empezó a escribirla en plena guerra, en 1917, mientras convalecía en un hospital militar de las heridas recibidas en el frente. La historia que narra la novela es en parte la historia del autor. Remarque, nacido en Osnabrueck en 1898, quería ser maestro, pero la Primera Guerra Mundial le iba a cambiar la vida. Tras ser convocado a cumplir con el

[ I N V I TA C I Ó N • A • L A • L E C T U R A ]

amenaza nuclear tras Hiroshima hizo renacer el Pacifismo. La guerra de Vietnam, y otros procesos de descolonización añadieron nuevos componentes a las posturas contrarias a las armas, el ejército y las guerras. En los últimos años, la política internacional ha provocado un rebrote de estas posturas.

servicio militar, animado por el fervor patriótico y militarista que recorría no sólo Alemania sino toda Europa, se presenta como voluntario y es enviado como soldado raso al frente de batalla occidental, a luchar contra los franceses. Sus espantosas experiencias personales y las de sus compañeros fueron la inspiración de su novela. A las pocas semanas de llegar al frente, en julio de 1917, Remarque resultó herido y fue internado en un hospital militar. La novela describe las experiencias del soldado Brumer, un escolar que va a la guerra como voluntario influido por las patrióticas arengas de su profesor. Allá ve los horrores de la guerra, vive de cerca la muerte de todos sus compañeros, la crisis de todos sus ideales y experimenta el duro choque con su visión de la patria. La frase final del libro expresa la cotidianeidad del horror y la muerte, además de la frialdad con que los mandos militares valoraban los sufrimientos de los soldados en el frente: "...un día tan tranquilo y apacible, que el parte de la comandancia se limitó a constatar, en una sola frase, sin novedad en el frente". La novela no se publicó hasta 1929, tras ser rechazada en varias ocasiones porque "a nadie le interesaba saber algo de la Guerra Mundial". Se convirtió en el mayor éxito literario de la posguerra, causando una honda impresión entre los lectores, conmocionados por la rudeza y la claridad de Remarque en la descripción de la crueldad y el horror de

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la guerra. Esa conmoción se sigue produciendo en el lector de hoy, lo que nos hace comprender el terrible impacto en su época. Esa profunda impresión y la fama consiguiente tuvieron, sin embargo, consecuencias posteriores para Remarque y su novela, pues con la llegada del nazismo al poder en Alemania el régimen ordenó la quema pública de los libros de Remarque, y tuvo que huir del país. Su hermana fue asesinada años más tarde por los nazis. Sufrió pues, el horror de las dos guerras. La obra ha cumplido ya 75 años y sigue siendo uno de los mayores alegatos contra la irracionalidad y la brutalidad de la guerra.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) es el mayor conflicto internacional de la Historia y el que más literatura ha producido. Desde cualquier punto de vista se han escrito grandes obras; ofrecemos aquí tres enfoques diferentes. Los dos primeros desde la mirada de las víctimas del nazismo, y el tercero desde la visión de un pueblo, Japón, que salió de la contienda derrotado y hundido. Primo Levi (Turin, 19191987), es una de las voces que se han levantado para contar a las generaciones siguientes el horror de los campos de concentración nazis. Fue deportado a Alemania durante la II Guerra Mundial, y no olvidó a lo largo de toda su obra su condición de superviviente de los campos de extermino nazis, ni en su obra ni en su personalidad. En 1947 publicó Si esto es un hombre, que junto a La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986) forman la trilogía de Auschwitz. En 1987, Después de más de cuarenta años desde su salida del campo, Primo Levi se suicidó.

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El libro, que comenzó a esbozar durante los meses de cautiverio, refleja con toda la crudeza la realidad de Auschwitz, pero prestando especial atención al comportamiento de los otros prisioneros, ocupados como el autor en sobrevivir, y conviviendo en todo momento con la muerte, hasta tal punto que ésta se convierte en una presencia cotidiana. Según el propio autor: “por lo que se refiere a detalles atroces no añade nada a lo ya sabido por los lectores de todo el mundo sobre el inquietante asunto de los campos de destrucción. No lo he escrito con intención de formular nuevos cargos; sino más bien de proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana.” La impresión que causa en cualquier lector es tan profunda que los sentimientos y las emociones se agolpan. En ocasiones no se pueden apartar los ojos del libro, en otras, tenemos el reflejo de desviar la mirada como si de esa manera soportáramos mejor lo que estamos leyendo. La obra se divide en 17 capítulos, y un apéndice de 1976 (en la edición de Muchnick editores) en el que Levi responde a las preguntas más frecuentes que durante muchos años le hacían sus lectores, muchos de ellos adolescentes. Fue tanto el éxito de la obra que los lectores del Corriere de la Sera consideraron Si esto es un hombre la obra más importante del siglo XX. Una obra imprescindible para todos aquellos que no conocen el horror de los campos de exterminio, y también para los conocedores de la historia. Una visión contemporánea a la de Primo Levi, pero desde una perspectiva diferente es la del


El pianista del gueto de Varsovia es un texto que consta de tres documentos distintos. En primer lugar se reproduce el diario de Szpilman, a través de sus páginas

descubrimos el día a día de la construcción del gueto y los intentos de supervivencia del protagonista y su familia, como una mera sucesión de acontecimientos y crímenes. Las monstruosidades que se cuentan en este diario son soportables sólo porque el autor utiliza un tono sobrio y frío, producto probablemente del enorme asombro que producían los acontecimientos que estaba viviendo. El segundo texto reproduce extractos de un segundo diario, el del capitán alemán Wilm Hosenfeld, escrito entre 1942 y 1944, protagonista también de la historia que nos muestra una visión crítica sobre el totalitarismo nazi y sobre el polémico tema de la responsabilidad de todo su pueblo. Un epílogo añade más interés a la relación entre ambos personajes y al desenlace de la historia. La tercera mirada es completamente diferente. La literatura japonesa es todavía una gran desconocida en occidente, si exceptuamos a unos pocos autores. La visión que los japoneses tenían de la Segunda Guerra Mundial también. Japón terminó la guerra, como todos los países beligerantes, sumido en una profunda crisis espiritual, material y física, pero además, derrotado. El arpa birmana, publicada en 1947, es una de las novelas más importantes del Japón de la posguerra mundial. Un poético y apasionado alegato antibelicista que desde su publicación se consideró un mensaje de aliento y de ánimo para una sociedad que a duras penas podía sobrevivir en la derrota. Se trata de la novela más conocida de Michio Takeyama. Prolífico escritor japonés y gran viajero que visitó numerosos lu-

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autor de El pianista del Gueto de Varsovia, Wladyslav Szpilman. Szpilman nació en 1911. Estudió piano en Varsovia y Berlín. Tras la experiencia en Varsovia durante la guerra que cuenta en su libro, fue director musical de Radio Varsovia y posteriormente prosiguió su carrera como compositor y concertista. Estas memorias relatan cómo sobrevivió a la destrucción de la comunidad judía de Polonia. Wladyslaw Spilman escribió estas memorias al poco tiempo de terminar la guerra. Con una gran sencillez, impregnada no obstante de melancolía, describe en ellas sus experiencias personales y el ambiente de terror que rodeó a la población judía de Polonia durante la ocupación nazi. Szpilman muestra cómo degrada el horror de la guerra a los seres humanos y cómo, en situaciones extremas, cada individuo reacciona de manera distinta. La primera edición de esta obra se publicó sorprendentemente pronto, un año después del final de la guerra en Polonia, y fue inmediatamente retirada y censurada. Han tenido que pasar cincuenta años para que en Europa se haya publicado el diario de un pianista polaco que se ve sorprendido por la guerra en Varsovia y asiste a la creación del célebre Gueto. Como en la obra anterior, este libro produce en el lector incredulidad, horror y vergüenza. La destrucción moral y física de unos seres humanos por otros, y la lucha del hombre por la vida y la libertad.

gares de todo el mundo. La historia de El arpa birmana está ambientada en la II Guerra Mundial. Su tono y su estilo se alejan radicalmente de las narraciones de Primo Levi o de las memorias de Szpilman. El argumento es muy sencillo, y la obra se caracteriza por un profundo lirismo y una deliciosa ingenuidad. Si en las obras anteriores sólo hay horror, en ésta parece que la bondad se eleva por encima de los horrores de la guerra, que por otra parte el autor no oculta. La novela cuenta la historia de una unidad militar japonesa en Birmania en el momento del armisticio, acosada por las fuerzas aliadas. Esta compañía no es una unidad militar cualquiera, sino que a lo largo de la guerra se ha dedicado a soportar mejor las miserias y los sufrimientos interpretando canciones tradicionales; es “la compañía de las canciones”. Uno de sus integrantes, el que toca el arpa birmana, desaparece de manera misteriosa. Frente a la muerte y la desolación, esta obra nos muestra el valor de la solidaridad, la bondad y el compañerismo. Todo ello en un entorno exótico para el lector occidental, que nos abre los ojos a una visión del mundo, la paz y la guerra, desconocida. Desde la segunda guerra mundial hasta hoy se han sucedido las guerras, muchos más autores, desde dentro o desde fuera, han plasmado en sus obras la desolación y la muerte, además de algunos sentimientos nobles que se asoman con dificultades entre la destrucción. La guerra y la literatura siguen manteniendo esa estrecha relación que es ya demasiado larga.

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Leer para vivir, de niño y de joven Patxi Abadía Alvarez

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on este sugerente título, ÁGORA inaugura en este número dentro de su sección de INVITACIÓN A LA LECTURA un nuevo espacio dedicado a la literatura infantil y juvenil. Con ello, pretendemos recomendar la lectura de un puñado de libros que, a bien seguro, hará las delicias de todos aquellos que buscan entre sus páginas valiosísimos tesoros. Pero, ¿sólo para los niños y jóvenes está pensado este espacio? Indudablemente, no. Los adultos son los principales interesados. Sobre todo, padres y educadores. Y tanto más cuanto que hace unos meses hemos conocido los resultados del último informe PISA, donde no salimos muy bien parados que digamos. Recordamos que PISA es el Programa para la evaluación internacional de los alumnos. Cada tres años se ponen a prueba los conocimientos y las destrezas de los alumnos de 15 años en los principales países industrializados. En el apartado que aquí nos interesa, el consagrado a la comprensión lectora, nuestros estudiantes están por debajo de la media alcanzada. ¿Qué primera conclusión debemos sacar de dicho informe?

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Pues que nuestros niños y jóvenes leen poco con respecto a sus iguales de otros países. Los padres y los educadores podemos tener parte de culpa en la medida que no logramos engancharlos desde muy pequeñitos en el placer que generan los libros frente a otros productos de la nueva sociedad posmoderna. Entonces, ¿qué estamos haciendo mal? Responder a esta pregunta requeriría todo un tratado de análisis sociológico, y éste no es el propósito de este espacio. No obstante, lanzamos un pregunta al aire: ¿A veces el rechazo a la lectura no se ha producido por haber ido a ciegas o, simplemente, por haber efectuado una mala selección de los títulos? Cualquier persona acostumbrada a leer entrelíneas sabe que esta pregunta lleva implícita la respuesta. Se presupone un sí. Por eso, si este espacio contribuye a que padres, profesores o maestros puedan echar mano de nuestras recomendaciones, creemos que habremos contribuido a incrementar el número de lectores en las Cinco Villas. Pero, sobre todo, lo que es más importante: tal como se señala en el marco PISA, habrán crecido personal, intelec-

tual y socialmente. Un niño o un joven lector disfruta y aprecia la belleza, descubre nuevos valores en su formación humanística, mejora su aprendizaje escolar, avanza hacia la libertad, despierta su espíritu crítico, se compromete social y culturalmente…¿Acaso no merece la pena intentarlo? Como una humilde tentativa debe concebirse, pues, este espacio. Además la nómina de títulos publicados en nuestro país durante todo un año en esta categoría de literatura infantil y juvenil resulta amplísima. En este número, la referencia es el año 2004. Lo que hace imposible que podamos dominar todo el campo de acción. Vayan de antemano nuestras disculpas. Sabemos de los riesgos y de nuestras limitaciones, pero aun así creemos que nuestra temeridad puede contribuir a los fines señalados. De cualquier forma, percíbanse nuestras sugerencias como algo puramente subjetivo y lejos de cualquier interés espurio. Por último, sólo nos resta señalar que nuestras propuestas de lecturas aparecen agrupadas por edades. Y dado lo limitado del espacio, se ofrece de cada título una pequeña ficha bibliográfica y unas líneas sobre el argumento.


1) Título: EL GRAN LIBRO DE LOS MITOS GRIEGOS Autor: Brian Lee Editorial: Ediciones B Resumen: Con este libro los niños podrán adentrarse en cuatro mitos de la Antigua Grecia: El caballo de Troya, Los Viajes de Ulises, Teseo Minotauro y Dédalo e Ícaro. 2) Título: LOS POEMAS DE PILLO Autor: Varios Editorial: S.M. Resumen: Pillo es un ratoncito que dará a conocer a los más pequeños algunos de los más conocidos autores de poesía infantil contemporánea. 3) Título: ME ENCANTA Autor: Minne/Natali Fortier Editorial: Kókinos Resumen: Los niños disfrutarán reconociendo una serie de actos que les resultan cotidianos.

A partir de los ocho años, ÁGORA recomienda: 1) Título: EL VAMPIRILLO Autor: Renete Welsh Editorial: Espasa-Calpe Resumen: El vampirillo de la señora Lizzi, al chupar la sangre y la bilis de algunas personas, logra eliminar su mal genio. 2) Título: LIBRO DE NANAS Autor: Varios Editorial: Media Vaca Resumen: Para niños y también para adultos, algunas nanas de Lorca, Gloria Fuertes, Gabriela Mistral y Miguel Hernández. 3) Título: MI TESTARUDA BICICLETA Autor: Mariasun Landa Editorial: Edelvives Resumen: La bicicleta Kleta y su dueño recorren juntos las calles de la ciudad. El mayor deseo de Kleta es visitar el zoológico. En un principio su dueño se niega y Kleta se declara en huelga. (Recuerden que esta autora ganó en el 2003 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con su espléndido libro titulado El cocodrilo debajo de la cama)

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A partir de los seis años, ÁGORA recomienda:

A partir de los diez años, ÁGORA recomienda:

1) Título: CUENTOS PARA NIÑOS Autor: Isaac Bashevis Singer Editorial: Anaya Resumen: Treinta y seis espléndidos cuentos para disfrutar unas cuantas horas.

2) Título: EL CEMENTERIO DEL CAPITÁN NEMO Autor: Miquel Rayó Editorial: Edelvives Resumen: Durante varios veranos junto al mar Miguel va despertando a la vida gracias a la ayuda de su abuelo.

3) Título: 35 KILOS DE ESPERANZA Autor: Anna Gavalda Editorial: Alfaguara Resumen: Gregorio es un manitas y sólo se siente feliz en el cobertizo de su abuelo. En todo lo demás es un desatre: no le gusta estudiar, es expulsado del colegio. Sus padres no saben qué hacer. Su abuelo León acabará echándole una mano…

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A partir de los doce años, ÁGORA recomienda:

1)

Título: TRES CUENTOS DE HADAS Autor: Gustavo Martín Garzo Editorial: Siruela Resumen: Con estos tres cuentos el autor introduce a sus lectores en un mundo en el que conviven los hombres y los animales, los duendes y loselfos, las hadas malvadas y las hadas buenas… (Esta obra fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2004)

2)

Título: EL PEQUEÑO CABALLO BLANCO Autor: Elizabeth Goudge Editorial: Salamandra Resumen: María se queda huérfana a los 13 años y se irá a vivir con su asombroso tío sir Benjamín.

3)

Título: LA TRIPULACIÓN DEL PÁNICO Autor: Pau Joan Hernández Editorial: Edebé Resumen: Una estudiante de Cornellá no cuenta cómo su vida se transforma en una peligrosa pesadilla desde que empieza a trabajar para una empresa americana.

A partir de los catorce años, ÁGORA recomienda:

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1)

Título: EL ÚLTIMO TREN DE ZURICH Autor: César Vidal Editorial: Alfaguara Resumen: Un estudiante de arte y un escritor entablan una estrecha relación en los tiempos oscuros del nazismo.

2)

Título: CUENTOS DEL REALISMO Y DEL NATURALISMO Autor: Varios Editorial: Edelvives Resumen: Una selección de cuentos de los autores españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XIX.

3)

Título: LA CASA DEL ACANTILADO Autor: Miren Agur Meabe Plaza Editorial: Edebé Resumen: Joana, una joven adolescente, tendrá que luchar por ser feliz en su vuelta a casa, tras haber pasado una temporada en un centro de salud mental.


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Muestra esta seccio´n el deseo de los propios lectores de hacer parti´cipes a los dema´s de los grandes y pequen˜os descubrimientos; de compartir intimidades y recorridos, de descubrir mundos nuevos, visiones diferentes, de recrear el universo. Aqui´ esta´n, pues, nuestros y vuestros libros favoritos.

De la fruición y otros deleites

en el acto poético Vicente Hernando Ballano Angel Guinda La creación poética es un acto de destrucción. Antología (1980 - 2004) Zaragoza • PUZ • 2004

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rensas Universitarias de Zaragoza tiene la buena y sana costumbre de publicar obras de creación literaria a través de la serie «La Gruta de las Palabras». Mariano Esquillor, Antonio Fernández Molina, José Antonio Labordeta, Magdalena Lasala, Ana María Navales, Ángel Petisme o José Luis Trisán son algunos de los que han publicado en esta colección fundada en su día por Manuel Martínez Forega y que cuenta con el auspicio de la Universidad de Zaragoza. En esta ocasión, el infatigable poeta de fondo que es Ángel Guinda obsequia a sus lectores con La creación poética es un acto de destrucción. Antología (1980-2004). Se trata de una compilación revisada y seleccionada por el propio autor que discurre desde Vida ávida (1980) hasta Toda la luz del mundo (2002), incluyendo un par de poemas inéditos hasta la fecha que no hacen sino confirmar que este espíritu libre literario no ceja en su empeño creador. Como el propio autor cita en el pórtico de esta obra, se en-

carga de actualizar su creación debido a una becqueriana «ansia perpetua de algo mejor», aún a sabiendas de las dificultades que ello entraña para cualquier mortal. Se puede recordar que el Parnaso literario está plagado de osadas plumas que buscan su Obra con mayúsculas, haciendo y rehaciendo, construyendo y reconstruyendo sus textos. Juan Ramón Jiménez o Jorge Guillén son dos de los exponentes más claros de las letras hispánicas. Y en Ángel Guinda este deseo de plenitud poética se vislumbra per se. Así, Luis Felipe Alegre ya recuerda en la solapa de Vida ávida que el autor adopta una postura existencial: “la destrucción como paso previo necesario para el renacimiento del hombre en un universo fuera de este mundo”. Por otro lado, el escritor Carlos Murciano también se hace eco de esta constante en un artículo que lleva un sugerente título, “Construir destruyendo”, y que se publica en Ya en la primavera de 1981. Y, cerrando el círculo, se puede vislumbrar la intención del propio vate aragonés cuando asevera en Breviario (1984) que “la

actividad literaria recrea la realidad inmediata. En tal sentido la creación poética es una acto de destrucción”. Ángel Guinda busca la depuración de sus versos con justeza y prueba palpable de ese anhelo artístico son las distintas recopilaciones y reordenaciones que efectúa de su obra poética. Vida ávida, Claustro y La creación poética es un acto de destrucción refinan y afirman los cimientos literarios del poeta. Desde el primer verso de esta antología, «No siempre la claridad viene del cielo», se vislumbra al verdadero sentir de Ángel Guinda. Aquel que se encarga de revisar minuciosamente su obra. Aquel que desgrana palabra por palabra, verso por verso, para encontrar la raíz definitiva de la poesía, de su poesía. Aquel que reelabora, reconstruye, rehace sus versos para hacerlos nuevamente suyos y aprehender la poesía en sentido pleno. Aquel que considera que la poesía ha de ser útil al escribirla tal y como se vive, dando, de este modo, sentido unitario a la vida. En esta antología asume

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la generalidad de las constantes tratadas en su obra primigenia: la búsqueda de la plenitud poética (“con con”), la obsesión por la identidad del yo (“aunque mi verdadera vida tal vez se inventará”), el paso del tiempo y sus contraindicaciones (“toda la luz del mundo desvayéndose”), la vida y la muerte como ente indisoluble (“todas las vidas trabajan para la muerte”), la poesía como arma verdadera cargada de razón (“y tu obra sea más que tu vida”) o lo efímero del momento

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(“escucho pasar las nubes”). Para ello perfila, recorta y agudiza sus versos hasta extremos insospechados si es necesario —poemas bala que condensan en un verso lo máximo—, pues “el plazo vence demasiado rápido” y con el paso de los años debe ser avizor ante la creación poética. Ángel Guinda es consciente de que las amputaciones que produce este florilegio no merman, en modo alguno, el sentido poético de una obra que se va haciendo Obra con la llegada de otro tiempo. El poeta sigue buscando la guinda que ponga el colofón definitivo a su producción literaria, y no olvidará su empeño por ir depurando su obra, obviando aquellos posos que se queden en el camino para recrearse con lo más granado, lo selecto, lo verdadero de su decir poético. La musa de Ángel Guinda sigue apostando

por la pulcritud de la experiencia mediante una práctica que debe comunicar su sentir ante la vida y la poesía. Una lírica que ha de desmigajarse ante el lector ofreciéndole una alternativa vital ante una sociedad que destruye a pasos raudos. Y punto y seguido, porque la obra de este trovador de la palabra prosigue hurgando con delectación en los recovecos más recónditos del yo poético, sin tregua ni descanso, tratando de descubrir por medio de la palabra hecha poesía los anhelos y sufrimientos del hombre que es poeta y que aspira a lo sublime perfilando su armazón poético brizna a brizna. Su escritura pausada y meditada no es sino la coartada perfecta para poner orden en los muebles de la memoria, tratando, de este modo, de ofrecer lo mejor de sí mismo para deleite y fruición del ávido lector.


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Literatura:un punto de encuentro entre la realidad y la ficción Ana Alcolea Reflexiones acerca de una novela de la escritora argentina Elsa Osorio

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ecía Marx que la violencia es la partera de la historia. La que hace que ésta nazca, se desarrolle y muera, podríamos también decir. No sé si la violencia hace nacer algo, lo que sí tengo claro es que hace morir muchas cosas: ideas, buenas intenciones y personas, sobre todo personas, muchas personas. La historia de España está plagada de guerras civiles. Casi me atrevería a decir que la historia de España es la de una gran guerra civil con algunos paréntesis de paz. Tal vez el más largo de ellos es el que estamos viviendo ahora, aunque también tiene sus paréntesis, esta vez al revés, de violencia. La historia de muchos países de la América Latina también ha estado regida por demasiados episodios violentos: guerras civiles y fronterizas, golpes de estado, dictaduras más o menos organizadas desde fuera. Un largo etcétera en el que se ha aplastado sistemáticamente la búsqueda de la igualdad, de la libertad, de la fraternidad. Uno de esos episodios cruentos pertenece a la reciente historia de Argentina: en 1976 se instaura una sangrienta dictadura militar que dura hasta 1983. Varios presidentes se suceden; algunos, junto con muchos oficiales y suboficiales, serán juzgados años después, condenados, y liberados más tarde en aras de una Ley llamada de la Obediencia Debida y de otra llamada del Punto Final. Hombres que quedaron en

libertad en su país, pero que pueden ser juzgados en otros lugares merced a las leyes internacionales. El caso de Scilingo, presente ahora en nuestros medios de comunicación, es un ejemplo de lo que puede pasar con los criminales de guerra. Muchos querrían ver a los dictadores y a sus secuaces sentados en un proceso emulador del de Nuremberg. Entre los que probablemente querrían ser testigos, las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo. Madres y Abuelas de desaparecidos durante la dictadura argentina. ¿Desaparecidos? ¿Quiénes son los desaparecidos? ¿Cómo puede alguien desaparecer? A muchos detenidos se los llevaron de sus casas, los ingresaron en prisiones, o en campos de concentración. Hubo hasta 400 campos de concentración entre 1976 y 1983 en un país culto y desarrollado como Argentina. Hasta 30.000 personas desaparecidas, cuyas familias no podrán nunca ni siquiera llorar sus cadáveres. Hasta 500 bebés robados a sus madres y entregados en adopciones ilegales a parejas cercanas al régimen militar. Muchos de los desaparecidos lo fueron en los llamados “vuelos de la muerte”: los subían anestesiados a los aviones y cuando la nave llegaba a alta mar, los lanzaban, desnudos, para que no quedara rastro de ellos. Así desaparecieron cientos de jóvenes argentinos. Este año se conmemora el sexagésimo aniversario de la libera-

ción del campo de exterminio nazi de Austwitz. Hasta 6 millones de judíos murieron en los campos durante la Segunda Guerra Mundial; hasta 26 millones de rusos murieron en la misma guerra. No sé si alguien ha contado los muertos de las guerras de la ex Yugoslavia hace poco más de un lustro. No sé tampoco si alguien lleva contados los muertos de la guerra preventiva en Irak. Tampoco sé si alguna vez alguien sentará en un banquillo a los responsables. Seguramente no: se autoconsideran salvadores de la patria, de las patrias, del mundo. Quieren ser Don Quijote, y a mí sólo me recuerdan a los malos de alguna película de James Bond. Sólo que los de película no existen más que en el celuloide, en el plástico, en la pantalla virtual; son mentiras, y los otros son de verdad y crean destrucción que tiene el color y el sabor de la sangre. Cuando Don Quijote salió al campo, lo que quería era vivir aventuras de novela, quería ser un caballero de novela de caballería. No quería vivir realidades. Cuando, en el puerto de Barcelona, se enfrenta a aventuras reales, a muertos de los que pierden sangre de verdad, Don Quijote se echa atrás: la muerte real no se escribe con tinta, sino con sangre. La de los visionarios del siglo XX también escribe con sangre derramada el nombre de sus millones de víctimas. Cuando un país sufre la visita de los visionarios, se tardan años hasta que alguien escribe un

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Marta Soria

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[ RESEÑAS ]

libro sobre ello. Muchas veces el dolor está demasiado cerca, y es demasiado fuerte como para poder verbalizarlo por escrito. (Tal vez la excepción sea El pianista del gueto de Varsovia, de Wladislav Spilzman, que lo escribió un año después de acabada la Segunda Guerra). Eso es lo que ocurrió con Elsa Osorio, guionista argentina de cine y televisión, y escritora que en 1998 escribió una novela titulada A veinte años, Luz. Son los años que ella misma tardó a empezar a escribir un texto que le dolía tanto como la vida. Cuando la escritora estaba embarazada fue detenida por las milicias argentinas. Sabía lo que estaban haciendo con otras mujeres en su estado: las dejaban vivir hasta que daban a luz, y luego las mataban. Sus hijos pasaban a manos de familias de los militares de la dictadura o de simpatizantes. Osorio no vivió esta experiencia en su carne pero conoció casos con muy diferente final. Veinte años después de aquello escribió esta novela. En ella, una jo-

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ven llamada Luz, acaba de tener a su hijo. Es entonces cuando decide investigar sobre su origen. Desde hace años tiene firmes sospechas de que no es hija de Mariana, su supuesta madre, hija a su vez de uno de los más sanguinarios oficiales de la represión. La obra comienza cuando la joven llega a Madrid para entrevistarse con su padre biológico, Carlos. Éste desconocía siquiera la existencia de su hija. Cuando mataron a Liliana, su compañera, le dijeron que su bebé había nacido muerto (ésta fue la versión oficial de 500 partos, de quinientas madres y de quinientos niños), y él partió al exilio. La novela se va engranando en torno a dos ejes fundamentales: el presente, creado a partir de los diálogos entre Luz y Carlos; y el pasado que va reconstruyendo toda la historia de Luz y su familia: la ex–prostituta Miriam, amante de uno de los torturadores, a quien iba en principio destinado el bebé, y el padre adoptivo, Eduardo, al que se le fuerza a mentir a su espo-

sa sobre la niña (su bebé biológico ha muerto en el parto, y la familia materna, para proteger la salud mental de Mariana, le entrega a Luz). Serán ellos dos los garantes de que Luz conozca la verdad. Miriam es obligada a cuidar de Luz y de Liliana, su madre, hasta que Mariana, en coma, pueda hacerse cargo de ella. El conocimiento y el contacto real con la prisionera hacen que Miriam las proteja y les ayude a escapar. Pero todo será en vano y Liliana será asesinada y Luz entregada a la hija del general. Años después, todo se irá descubriendo, pero los hilos de la represión y del terror llegarán hasta el propio Eduardo, que también será asesinado para que la verdad quede oculta, y a Miriam, que encontrará la paz en el destierro forzado. Será cuando Luz tenga esos veinte años cuando la luz salga a la superficie y la joven conozca por fin la verdad sobre su origen. Elsa Osorio crea un tejido novelístico comprometido con la realidad histórico social de la Ar-


gentina de la dictadura y de la posdictadura, pero sobre todo comprometido con la literatura. No hay que olvidar que la literatura tiene un compromiso primordial, que es el compromiso consigo misma. A veces alguna “obra literaria” de denuncia se ha olvidado de esa voluntad original de la literatura, que es serlo. No es el caso de la novela de Osorio. Sus personajes se van tejiendo a través de sus propias palabras y de las de los demás; se juega constantemente con el punto de vista de cada uno de los propios personajes, de los que el narrador caleidoscópico adquiere hasta sus propios lenguajes; hay flash-back: la novela empieza en 1998, cuando Luz viaja a España, y se retrotrae hasta 1976; hay una intención simbólica en el uso de los nombres propios, especialmente en el de Luz, y en la ausencia de nombre en el torturador llamado el Bestia; hay valor simbólico también en la búsqueda de la verdad, de la identidad a través del viaje iniciático que culmina con ese encuentro madrileño con Carlos, el padre biológico. La novela de Osorio es heredera de sí misma, de la vida, pero también de la literatura y del imaginario mitológico y legendario: todo gira en torno a la pérdida y a la búsqueda de un paraíso perdido, en este caso, el de la identidad perdida. La protagonista ha perdido su origen y toda la novela relata su búsqueda, su peregrinaje vital hacia sí misma. Encontrar a sus padres biológicos es encontrarse y conocerse. El nombre también es revelador, Miriam la llamaba Lili, como su madre, pero el nombre también le es arrebatado y será llamada Luz. El nombre lo elige Eduardo, que sabe que no es su hija pero que desconoce que es la hija de una desaparecida. Él dedicará sus últimos

esfuerzos en buscar esa verdad, esa Luz/ luz para ofrecérsela a la niña. En todas las culturas antiguas, el nombre está ligado a la identidad; incluso en algunas civilizaciones cada persona tenía dos nombres: el social, conocido por todos, y el real, secreto, porque se consideraba que el conocimiento del nombre verdadero podía conllevar la posesión, el dominio de la persona. Asimismo, el nombre también se ligaba a la individualidad, es aquello que dota de individualidad a la persona, de humanidad. Al llamar “el Bestia” a uno de sus personajes se le extrae todo aquello que de humano tiene. Y es que es un personaje tenebroso, siniestro, “inhumano”. La propia autora ha dicho que es “simplemente, repugnante”. No olvidemos todo el tema del nombre que rodea a El Quijote, obra de la que toda novela posterior es heredera, de un modo u otro. En este caso, el juego de los nombres es evidente: Alonso Quijano cambia su nombre de hidalgo manchego por el de Don Quijote, que le parece más altisonante y adecuado, por tanto, para su quehacer de caballero andante. Emprende tres viajes y sólo al final del postrero, recupera su viejo nombre, el real, no el del personaje que ha creado. Cuando está a punto de morir y, según él, ha recobrado la cordura dice aquello de: “[...] ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno”. Recuperar el nombre es, por tanto, recuperar la identidad. Y lo mismo ocurre con la tradición literaria del viaje como aprendizaje, como conocimiento, como recuperación del paraíso perdido. Algo que ya aparece en La Biblia, y en La Odisea, de Homero, y de

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[ RESEÑAS ]

lo que ha habido importantes hitos en la literatura universal: recordemos a James Joyce y su Ulises, a Thomas Mann y a su Muerte en Venecia, a Juan Goytisolo y sus Señas de identidad, por poner sólo algunos ejemplos. En este caso, además, se da un viaje al revés de lo que ha sucedido en la realidad: no es la abuela la que busca a Luz, pues todos la dieron por muerta cuando nació. No se trata de un viaje de búsqueda de una Abuela de la Plaza de Mayo, sino de una hija / nieta que busca sus raíces. La novela termina con la frase: “Es la primera vez que encontramos a una Abuela”. El viaje es una peripecia constante, un bucear entre la nada, pues sólo existe una persona capaz de hablar, y esa es Miriam, quien a su vez también ha hecho otro viaje, esta vez para salvar su vida. Los viajes se entrecruzan en la obra: el de Carlos a España, el de Miriam a Estados Unidos, el de Luz hacia sí misma. El de Liliana hacia la muerte, hacia esa oscuridad que sólo se iluminará merced a la luz que lleva Luz en su nombre y en su afán por conocer la verdad. Y es que A veinte años, Luz es una novela que denuncia unos hechos que tuvieron lugar en un momento y lugar concretos. Sus personajes son personas y las personas son personajes. Luz no existe como persona, pero hay muchas personas a las que les pasó lo mismo que a Luz. El léxico coloquial, los rasgos diafásicos de cada personaje, la visión caleidoscópica, la multiplicidad de puntos de vista.... todo ello teje un armazón novelístico en el que la frontera entre realidad y ficción no es más que un velo sutil. Lástima que las visiones fútiles pero fatales de los visionarios del siglo XX no se quedaran en ser un velo tejido sólo por la ficción.

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[ RESEÑAS ]

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Otra vuelta

de tuerca Daniel Nesquens Querido amigo, compañero del difunto Andrei Kurkov Lengua de trapo, 2004 • 160 pág.

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crania está en los periódicos, en los informativos televisivos. ¿Quién no se ha alarmado al ver el rostro del candidato liberal Yushenko? ¿Quién no ha pensado que este favorito a presidente no cuenta con todos los beneplácitos? Es innegable que la situación política en Ucrania no es la mejor. El pueblo que se ha echado a las calles nevadas, con temperaturas bajo cero. “Esta nevando en Kiev como en un cuento de hadas”, esta es la primera frase de un reciente artículo de prensa firmado por Sergei Kurkov en donde aludía a la situación de su país. No deja de ser curiosa esta comparación en este novelista, guionista y periodista comprometido con la “revolución naranja”. Tolia es el protagonista de “Querido amigo, compañero del difunto”. Y lo es en toda la extensión de esta novela a medio camino entre la comedia de enredo y la novela gangsteril. Singular mezcla que el autor resuelve con total éxito. Tolia no está nada satisfecho con su existencia. Lo me-

dita y decide poner fin a su vida. Avanzan las páginas y se desdice. ¿De qué manera o maneras? Aquí está el quid. Aquí es donde al lector se nos dilata el horizonte y el novelista nos descubre su amplio catálogo marca Kurkov: humor, amor, infelicidad, destino, zozobra, casualidad, fatalidad... Con un humor gris oscuro flotando en toda la novela, con un estilo conciso, con unos diálogos directos, Kurkov crea una seductora atmósfera de calles frías postsoviéticas, de cafés sórdidos, de cuerpos que se dan más calor que placer, de corrientes de viento que se cuelan por las juntas mal selladas... Un frió que te cala y que te impulsa a poner la tetera en el fuego, que te incita a pasar la página y pensar que en cualquier momento Andrei Kurkov (San Petersburgo, 1961) será zancadilleado y la novela caerá por los suelos como la moral de su protagonista. Pero no, Kurkov tiene la habilidad de un funambulista y sabe que el nudo que sujeta la cuerda se puede romper en cualquier momento. También sabe que el ser humano es miseria, desesperación, nimiedad, pero también Generosidad. Una logradísima novela que no cae nunca en la tentación de resolverse de forma vulgar, chabacana. Compruébelo, por favor. Y ponga a hervir agua. Un té calentito a nadie le viene mal, pero tenga cuidado no se lo vayan a aromatizar con dioxina.

Chilindrinas Daniel Nesquens Chilindrinas Tomás Seral y Casas Introducción: E. Serrano Asenjo Ilustraciones: Elisa Arguile Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004 “El libro es el paraíso de la hormiga”. D.N.

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i Ramón Gómez de la Serna inventó la greguería en el balcón de su casa, en un día de verano de 1910; Antonio Pérez Lasheras, responsable de Prensas Universitarias de Zaragoza, ideó esta colección de libros ilustrados (Larumbe chicos) en su despacho, en una tarde de mucho cierzo, en 2001. Abrió un cajón y desempolvó textos de autores poco conocidos. Que no desconocidos. Seguidamente, descolgó el teléfono y llamó a los conspicuos ilustradores. Inauguró esta ambiciosa colección “Fábulas”, luego “Romances” y en tercer lugar, que no medalla de bronce, esta joyita: “Chilindrinas”. -“¿Chilindrinas?” -“Sí, chilindrinas.” -“¿Tomás Seral?” -“Y Casas. Tomás Seral y Casas, uno de los eslabones entre el surrealismo de preguerra y el de posguerra.” T. Seral y Casas (Zaragoza, 1908- Madrid, 1975) fue poeta, galerista, colaborador en diferentes medios de comuni-

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cación, fundador de Clan editorial, librero y más cosas. También fue un gran admirador de Ramón del cual obtuvo su bendición. ”Entre las últimas greguerías destaco las del joven escritor Tomás Seral y Casas”, aplaudió Ramón. Porque, para el que no lo haya advertido todavía, las Chilindrinas son greguerías rebozadas con el aire del Moncayo. Son adaptaciones personales de ese género difícil, resbaladizo y minoritario. “Cuando la imagen poética se siente nudista nace la verdadera chilindrina”, afirmaba Seral y Casas. “La greguería es lo más casual del pensamiento”, sentenció Ramón. Y otro día, este emblema de la modernidad añadió: “Metáfora + Humor = Greguería” A cada chilindrina le corresponde una soberbia ilustración de Elisa Arguilé. ¿Alguien, todavía, no conoce el trabajo de, tal vez, la mejor ilustradora de nuestro país? Tal vez algunos editores de Madrid y Barcelona. Amigos, estamos ante la mejor Arguilé. Dibujos que bordean la perfección. Contundentes. Llenos de vida, de sensibilidad. Dibujos que complementan cada chilindrina de forma perfecta, el puzzle encaja. Dan ganas de quedar con ella y estamparle dos besos: mua y mua. Dan ganas de coger la pluma y ponerse a escribir: “Cuando espantamos las palomas, nieva al revés”, página 96. No pierdan el tiempo y háganse con esta joyita que no debe faltar en ninguna de nuestras bibliotecas. Y si su librero se encoge de hombros, insista, persista y no salga de la librería sin esta maravillita. ¡Por Dios, no lo haga!


El palacio azul

El Emir

Juan Manuel González

Manuel Hernández Martínez

El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles Narrativa del Acantilado, Barcelona, 2003.

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l autor utiliza al protagonista, Nalo, para relatar en primera persona la visión de un adolescente durante el proceso de aprendizaje de la vida. La obra se desarrolla en un pueblo de la cuenca minera asturiana entre los años 1.927 y 1.934 y recoge los acontecimientos que tienen lugar en ese periodo de tiempo y que marcaron al protagonista. El asunto principal es la historia de Nalo, un aprendiz de jardinero empeñado en buscar y alcanzar la sabiduría. El protagonista refleja la búsqueda permanente del conocimiento y perfección a través de las enseñanzas que recibe de Eneka, de su hermana o de sus abuelos a quienes considera personas sabias. En el libro aparecen otros temas como la oposición y convivencia de dos mundos opuestos, los ricos y los pobres. Existen unos pocos que poseen todo, como los belgas para los que trabaja Nalo, frente a la mayoría de la población que trabaja en las fábricas o en las minas de los ricos. Otro tema, que está relacionado con el anterior, es el ansia por el cambio y la transformación del mundo. La revolución de Asturias supone para los obreros una esperanza de cambio, un intento de superar la esclavitud con respecto a los ricos para los que trabajan. Por último, el amor es otro tema, entendido como máxima expresión del conocimiento humano, acompañado de la felicidad que supone los momentos satisfactorios de la vida. El autor expresa su visión a través del protagonista y se caracteriza por su objetividad e imparcialidad en la descripción de lo que le rodea. Nalo, ausente de rencor y en continuo asombro, se encuentra en un proceso de crecimiento personal que está determinado por los personajes de uno y otro lado, con los que comparte sentimientos y experiencias y a quienes describe objetivamente. El protagonista se caracteriza por su actitud humilde, por su espíritu de superación y por la imparcialidad con las que afronta su maduración y formación. En este proceso participan otros personajes: Eneka el jardinero que no sólo enseña a Nalo un oficio sino también cuestiones acerca de la vida. Este personaje se convierte en el ejemplo a seguir para llegar a ser sabio. Otro muy influyente en el protagonista es su hermana Lucía. Ella es muy sentimental y le enseña a Nalo aspectos del amor que él descubrirá posteriormente en Elena. El personaje más enigmático e interesante de la obra es el abuelo Cosme que pasa de una actitud ausente a tener un protagonismo significativo con el desvelamiento final de su secreto. El resto de personajes son protagonistas de la posición social que ocupan, desde la posición acomodada y burguesa de los belgas hasta los más humildes obreros que en algunos casos defienden distintas posiciones ideológicas. El estilo del autor se caracteriza por el uso de oraciones largas y por un vocabulario extenso y variado que manifiesta un amplio conocimiento sobre los distintos temas de la obra (botánica, ingeniería hidráulica…), con abundantes metáforas, comparaciones y alegorías. El interés de la obra radica en la historia de maduración del adolescente Nalo y en el proceso de constitución de su personalidad, así como la visión objetiva de la sociedad en la que se desarrolla la obra. La manera de narrar, el magistral manejo de los elementos históricos, la visión de mundo que transmite y el manejo del idioma hacen de esta novela una bella muestra de la narrativa actual.

[ I N V I TA C I Ó N • A • L A • L E C T U R A ]

[ RESEÑAS ]

Propuesta de análisis de una reciente novela de autor aragonés. De cómo una polémica política se convierte en novela histórica y juvenil: El Emir, de José María Andrés Sierra (Editorial: Unaluna).

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finales de 2004 se publicó la segunda obra literaria del profesor y escritor José María Andrés, y quiero aprovechar la posibilidad de publicar en esta estimable revista una pequeña reseña que pueda servir a los que deseen acercarse a la novela. También es este trabajo, naturalmente, un homenaje a este compañero docente y entusiasta, cuya novela me permite unir la pasión de la lectura con la pasión por la escritura, ya que presento esta reseña incitado por la suya, por su escritura, con la finalidad de que otras personas, al leerla, escriban de nuevo sobre esta historia. Y también puedo reunir en estas páginas otra vocación –decir pasión quizá sería demasiado-: la docencia, pues vuelvo a través de este soporte a las Cinco Villas, a Ejea de los Caballeros, a la docencia en secundaria donde trabajé hace no mucho tiempo, otro tiempo con otro tipo de revistas y de posibilidades de difundir las pasiones y vocaciones de cada cual. ¿Pero qué historia nos cuenta José María? Nos cuenta realmente dos historias, dos hilos argumentales que se van complementando con nitidez, con claridad, que se van complicando para llegar al final de la historia de forma trágica. El argumento principal va muy en consonancia con los tiempos de elaboración de la novela: años 2003 y 2004: el problema del trasvase del agua. Pero no es un tema solucionado aunque cuando se cerró la escritura de la novela el pesimismo vencía sin duda al autor y a los demás aragoneses, por aquello de que “se nos llevan el agua”. El problema del agua va a seguir vigente, lo es en las tierras de las Cinco Villas, lo es para el Ebro y lo es mundialmente, parece que cada vez más. Y el escritor traslada esta preocupación a otro momento histórico que permite sin duda identificar a personajes actuales con los de su historia medieval y árabe. Ése es un posible ejercicio –sin duda más divertidoen el que apenas he entrado. El segundo argumento es el que adorna la trama con una historia clásica de amor, o más bien de desamor, porque este sentimiento no se puede compartir con violencia por una de las partes. Aquí el autor ilustra las emociones de algunos de los personajes, sobre todo de la protagonista, con una dosis de libertad muy modernos, con lo que la historia política del trasvase, del poder para dirigir las infraestructuras de un territorio, se va adornando con una historia de dominio amoroso, en que una joven busca la única solución para liberar a su persona de ese mismo poder. De esta forma la lectura llega fácilmente al público joven, y llegan las dos lecturas, las dos historias: la ficción sobre un acontecimiento histórico reciente, llevado a la época de Al Ándalus, y la historia de amor eterna y de búsqueda de la libertad individual. Por todo ello, recomiendo vivamente su lectura, ¡para todos los públicos!

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[ RESEÑAS ]

[ I N V I TA C I Ó N • A • L A • L E C T U R A ]

Diabulus in musica Ma. José Bermúdez Diabulus in musica Espido Freire

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na joven bilbaína, endeble, frágil como el cristal, carente de un fuerte sentimiento de individualidad que le permita sentirse fuerte e independiente, a la búsqueda constante de una relación que la dote de sentido, que le preste identidad. (... lo que más pedía al mundo era un hombre que no me hiriera ni me fuera infiel. Que me aportara sentido, que me diera un nombre.) Un joven músico, extraordinariamente sensible, atormentado por el desencanto, habitado por el fantasma de un personaje cinematográfico de moda. El actor, cuarentón, casi olvidado ya, que encarnó en su juventud a aquel personaje... Estos son los seres que pueblan la novela de Espido Freire Diabulus in musica. Personajes que en lugar de vivir su vida, son vividos por fantasmas creados por ellos mismos. En un Bilbao y un Londres que despiden una visión neblinosa, gris, sucia, permanentemente invernal, que no ayuda mucho a la armonía interior. La felicidad imposible, la soledad, el sentido de la vida, atormentan a los personajes; pero, sobre todo, la identidad per-

sonal. Ninguno de ellos vive una vida propia. De una u otra manera, todos viven una vida prestada. O, mejor dicho, lo intentan. El título guarda relación con la teoría musical antigua. Según la cual, el intervalo entre determinadas notas rompía el orden matemático e introducía una irregularidad, una ruptura de la armonía que se conocía como diabulus in musica. En la vida de la protagonista hay una permanente ruptura de la armonía, una irrupción del caos, un diabulus in musica en ella misma y en todo cuanto la rodea. La estructura es deliberadamente confusa. En el relato autobiográfico de la protagonista se mezclan presente y pasado, vida y muerte, realidad y obsesión... Atraviesan la novela metáforas e imágenes que sólo comprendemos al final de la novela cuando retoma la situación inicial para darle pleno sentido en una estructura cíclica. El resultado es un relato nada verosímil y sí muy poético. Una visión un tanto amarga y poco esperanzada de la existencia y de las relaciones. Pero, sobre todo, la novela es un juego literario del gato y el ratón con el lector. La autora la ha llenado de “trampas” en las que los lectores caemos inocentemente y sólo al final del relato descubrimos con sorpresa la verdadera dimensión de todos los elementos narrativos: personajes, escenarios, metáforas... La impresión que le queda al lector es un tanto pesarosa, pero atenuada notable-

Melocotones helados Marina Escario Melocotones helados Espido Freire

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elocotones helados es una obra inspirada en los temas del olvido y la muerte, en torno a los cuales giran multitud de historias y recuerdos que aparecen disgregados, incompletos y sin orden cronológico durante todo el libro y que el lector tiene que ir ensamblando y conectando para alcanzar el sentido de la novela. Para lograr esta sensación y este sentimiento de participación por parte del lector, la autora emplea el «flash back», el cual consigue acentuar el valor de recuerdos de las historias. Indirectamente la novela trata otros temas como el amor, las relaciones familiares, las durezas y penurias de la guerra y la post-guerra y, por supuesto, esos secretos, “las historias no contadas” que posee cada personaje y que son transmitidas al lector por medio de un narrador omnisciente que logra transmitir perfectamente los sentimientos de éstos, de manera que parece que somos nosotros mismos los que estamos viviendo la historia. Este sentido de participación es el responsable de que Melocotones helados sea un libro que no puedes dejar de leer hasta el final, y de que aun cuando hayas acabado su lec-

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tura, sigas buscando la continuación de esta historia que queda inconclusa tras un final intuido, pero al mismo tiempo sorprendente. El estilo de la narración de Espido Freire es una gran ayuda a lo largo de la obra, pues dota de sencillez a esta gran novela en la que confluyen fragmentadas y mezcladas distintas historias paralelas. La forma de narrar de la autora simplifica todo este conjunto lo suficiente como para una buena comprensión del libro, pero sin acabar con la complejidad y dependencia de unas historias con otras que tanto caracteriza a la novela. En cuanto al tratamiento del tiempo, la autora se aleja del uso lineal del tiempo al que la novela tradicional nos tiene acostumbrados. Nos va desgranando el pasado que explica ese presente en una complicada historia familiar. El narrador alterna presente y pasado en un vaivén de saltos hacia delante y hacia atrás. A la vez que estamos ante un relato de estructura circular o cíclica en la que se repiten los hechos, las huidas, las palabras, las historias, los nombres de los personajes: Elsa grande, Elsa pequeña, la niña Elsa, Antonia, Antonio. Para finalizar, me resta decir que Melocotones helados es una obra digna de lectura, que te acerca a multitud de temas, que te traslada dentro de las historias que narra y que te atrapa hasta el final de una manera sorprendente.


[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

[ N A R R A T I VA : P R E M I O S • C O N C U R S O ]

Enrique Navarro• 10 años

Es en la ima›gi›na›ci n y fan›ta›s a de es›tos lo›cos ba›ji›tos que di› nos en›con›tra›mos con unos he›chos mis›te›rio›sos que irrum›pen en- la co›ti›di dad es›co›lar de un co›le›gio y que per›mi›ten des›per›tar el es›p ›ri›tu tre›ce ni›æos. En el cas›ti›llo no sa›b an lo que iban a en›con›trar, qui›zÆ un hom›bre rea›li›za›do en vi› drio, o una jo›ven mis›te›rio›sa acom›pa›æa›da de su pe›rro Pis›t n, o tal vez en›con›tra›r an a Ana que le de›c a a la po›bre ni›æa ri›ca que lee cuen›tos con su abue›lo an›tesacos›tar›se, de o

El colegio

misterioso 1” PRE›MIO NA›RRA›TI›VA, ALUM›NOS 1”-4” DE PRI›MA›RIA

pue›blo. ra›se una vez un gru›po de ni›æos de diez aæos que vi›v an en un pue›blo. Es›ta›ban - muy preo› Uno de ellos di›jo: Te›ne›mos que sa›ber qu cu›pa›dos por›que en su co›le›gio es›ta›ban ocu› tra›man... rrien›do co›sas muy ex›tra›æas. Un d a es›ta›ban Sin en pen›sar›lo dos ve›ces, se me›tie›ron por cla›se y oye›ron unos gri›tos. Sa›lie›ron al pa›si›lloy pe› tram›pi›lla si›guie›ron el pa›sa›di›zo. Es›ta› ro no vie›ron a na›die. Si›guie›ron dan›do cla›se aun› os›cu›ro y s ›lo se o a el rui›do del agua de un que de›sea›ban que lle›ga›ra la ho›ra de ir›se de final cas›ti›llo, su›bie›ron a- una de la Al lle›gar de se›ma›na. tro to›rres pa›ra vi›gi›lar a los fan›tas›mas. A El lu›nes si›guien›te, al vol›ver a cla›se, se en› ban ocul›tan›do una es›pe›cie de po›ci n ro›ja. con›tra›ron con al›go muy sos›pe›cho›so. Ha›b Al an d a si›guien›te, fue›ron al co›le›gio y e es›ta›do dan›do los mi›ne›ra›les. Cuan›do creo en›tra›ron ha›bla›ron de es›to. To›dos se pre›gun›ta›b to›dos los mi›ne›ra›les es›ta›ban es›par›ci›dos por el quØ guar›da›ban eso. sue›lo, las pi›za›rras des›col›ga›das -y las si›llas, ti›ra› Al›ba, una com›pa›æe›ra lle›g co›rrien›do y das por el sue›lo. Los tre›ce ni›æos se que›da›ron jo: Sien›to el re›tra›so. Fui al mØ›di›co. Me h muy sor›pren›di›dos. sa›do por la bi›blio›te›ca y he mi›ra›do en la s A las cin›co que›da›ron en el par›que. de Uno de bru›je›r a y he ave›ri›gua›do que los fan›tas ellos pre›gun›t : ¿Y si vol›ve›mos a en›trar en el son las al›mas de los hom›bres ma›los. Guar›dan co›le? esa po›ci n pa›ra rap›tar a los hu›ma›nos. To›dos los de›mÆs res›pon›die›ron: ¡Va›le!Te›ne›mos que vol›ver al cas›ti›llo. Si no A me›dia no›che, fue›ron al co›le›gio y vie›ron a la po›ci n rap›ta›rÆn a al›gu›no qui›ta›mos de n unos fan›tas›mas a tra›vØs de las ven›ta›nas. tros Los maes›tros di›jo Cris›ti›na. ni›æos sal›ta›ron la va›lla y co›rrie›ron de›trÆs Lle›gde la no›che y los tre›ce ni›æos que›da› ellos. Pe›ro... era de›ma›sia›do tar›de. - Los fan›tas› en ver›se en la puer›ta del co›le›gio. En›tra›ro mas se ha›b an mar›cha›do por una tram›pi›lla que pa›sa›di›zo y lle›ga›ron al cas›ti›llo. Co›mo el ha›b a en el pa›si›llo. Ba›jo la tram›pi›lla ha›b aen unobras, tres de los ni›æos su›bie›ron es›ta›ba pa›sa›di›zo se›cre›to que con›du›c a al cas›ti›llo del una de las grœas pa›ra vi›gi›lar que los fan›tas

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[ N A R R A T I VA : P R E M I O S • C O N C U R S O ]

[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

El hombre

de vidrio

2” PRE›MIO NA›RRA›TI›VA, ALUM›NOS 1”-4” DE PRI› -

y co›mo era de vi›drio se - rom› a›b a una vez en un- pue› pi . Los ve›ci›nos se fue›ron a blo de un va›lle en›can›ta›do sus - ya es› una fa›bri›ca de vi›drio. En ca›sas pen›san›do que ta›badeel pro›ble›ma re›suel›to, pe› la fÆ›bri›ca vi›v a un mons›truo vi›drio. Lo crea›ron por-ac›ci›den› ro a la ma›æa›na si›guien›te cuan› te dos se›æo›res mien›tras - es›ta› do fue›ron a re›co›ger los tro›zos ban ha›cien›do las bo›te›llas. de Por vi›drio vie›ron que ha›b an las no›ches se le›van›ta›ba ade›sa›pa›re›ci›do des› y si›guie›ron un tro›zar to›das las ca›sas - delras›tro pue› que con›du›c a a-la fÆ›bri› blo, y por las ma›æa›nas-re›gre› ca de vi›drio. El mons›truo pi›di sa›ba muy su›cio y can›sa›do.por fa›vor a los se›æo›res que lo Se en›te›r el al›cal›dearre›gla›ran y le , pro›me›tien›do que man›d que se fue›ra del-pue›no vol›ve›r a a des›tro›zar las ca› blo. No po›d an to›le›rar quesas nun›ca mÆs. des›tro›za›ra to›das las ca›sas. Cuan›do Sus lle›ga›ron los ve› ve›ci›nos es›ta›ban de acuer›do ci›nos a la fÆ›bri›ca, el mons›truo con el al›cal›de. Pen›sa›ron sa›li to›dos a re›ci›bir›les y a de›cir›l da› jun›tos la for›ma de aca›bar que con no vol›ve›r a a ha›cer›les æos, el mons›truo les di›jo que el mons›truo. pa›ra que se lo cre›ye›sen les iba To›dos le ti›ra›ron pie›dras

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La joven

miedosa

1” PRE›MIO NA›RRA›TI›VA, ALUM›NOS 5”-6” DE PRI› -

ra›se una vez una jo›ven que do mie›do por lo que de›ci›di ha› Ma›r a muy tris›te se fue a se lla›ma›ba Ma›r a, te›n a 23 cer›la de ar›ci›lla, por›que aun›q ca›sa, aæos y era ru›bia y ba›ji›ta. Vi›pe›ro te›n a que ha›cer no otra se›r a muy du›ra , si se ca a a ma›rio›ne›ta pa›ra su›pe›rar sue›lo su v a so›la y es›ta›ba muy con›ten›ta no se rom›pe›r a. As que l mie›do. con su ca›sa nue›va pe›ro te›n a un hi›zo muy des›pa›cio. Sa›li al pa As que al d a si›guien›te pro›ble›ma : el mie›do. que muy con›ten›ta, de re›pen›te de›ci›di ha›cer›la de hie›rro. Hi›zo a llo›ver y la ma›rio›ne› Pa›ra su›pe›rar su mie›do em›pe›z to›do igual que la vez an›te›rior. de›ci›di ha›cer una ma›rio›ne›ta se des›hi›zo. la ter›mi›n fue -al par› que le hi›cie›ra com›pa›æ a yCuan›do le que a ju›gar y co›mo era -de hie› Ya har›ta de que se le ale›gra›se el d a. to›das las ma›rio›ne›t rro el res›to de sus ami›gos rom›pie›ran no Ma›r a em›pe›z a ha›cerque›r la de›ci›di com›prar›se un pe›rro o an ju›gar con ella por›que ma›rio›ne›ta. Pri›me›ro le hi›zo la un ga›to. Pen›s que un pe›rro les ha›c a da›æo. ca›be›za, los bra›zos, las ma›nos, se›ria muy bo›ni›to por›que te ha› As que Ma›r a se fue - a ju› el tron›co, las pier›nas y los pies. ce com›pa›æ a y si en›tran a ro›b gar so›la con su ma›rio›ne›ta, pe›ro Des›puØs de for›mar to›do- lo pe› el pe›rro asus›ta mÆs. Pe›ro si es co›mo ju›gar so›la era muy - abu›rri› g . Cuan›do ter›mi›n de ha›cer pe›que›æo no asus›ta y co›me mÆs do, se fue a ca›sa aœn mÆs tris›te to›do fue al par›que a ju›gar con que el ga›to. Pe›ro tam›biØn se›r y de›j la ma›rio›ne›ta en - el ar›ma› su ma›rio›ne›ta, pe›ro se le ca›y bue›no un ga›to por›que co›me rio. al sue›lo de las ma›nos y co›mo me›nos y es muy ca›ri›æo›so. Pe›ro Pe›ro Ma›r a se›gu a- te›nien› era de cris›tal se rom›pi . es ma›lo, ara›æa y te ha›ce mu›cho

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[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

El viaje

alespacio bue›lo, ¿a ti te gus›tan los cuen›tos?- di›jo Ana -mien› tras me›ren›da›ba. - S , Ana- con›tes›t el abue›lo. Ca›da no›che, cuan›do era pe›que›æo, me dor›m a con un cuen›to. - ¿Y a ti? ¿Te gus›tan los cuen›tos?- pre›gun›t el abue›lo. - A m no mu›cho. Ten›go que leer›me un li›bro de -125 pÆ› gi›nas y no sØ c ›mo ha›cer›lo. - No te preo›cu›pes, yo te ayu›da›rØ. Hoy lee›mos un- ca›p › tu›lo, ma›æa›na otro... Los dos jun›tos co›men›za›ron a leer el li› bro que Ana te›n a que leer. ra›se una vez un as›tro› nau›ta lla›ma›do Juan. Un d a, Juan de›ci›di via›jar so›lo al es›pa›cio. Era un d a de sol y la gen›te le es›pe›ra›ba pa›ra ver›lo des›pe›gar. De re›pen›te, se pa›r en un pla›ne›ta por›que se le ha›b a es›tro›pea›do la na›ve. Ese pla›ne› ta era Mar›te. Al ir a arre›glar›la, de re›pen›te... al›guien le to›c por de›trÆs. Era un mar›cia›no que se lla›ma›ba Ma›trix.- Se pre› sen›ta›ron y se hi›cie›ron ami›gos. El mar›cia›no le pre›sen›t a su fa›mi›lia. Des›de su ca›sa vie›ron a Mer›cu›rio, Ve›nus, La Tie›rra... Juan es›tu›vo va›rios d as con Ma›trix pe›ro a la se›ma›na tu›vo que ir›se. Cuan›do re›gre›s a -su ciu› dad con›t a to›do el mun›do lo que... El abue›lo tu›vo que ce›rrar el li›bro por›que Ana se ha›b a dor›mi›do. Al d a si›guien›te, a Ana le ha›b a gus›ta›do tan›to la his›to›ria

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La ardilla

golosa

a›b a una vez una ar›di›lla que le gus›ta›ban mu›cho las nue›ces por›que era muy - la›mi› ne›ra. Le gus›ta›ban tan›to que se co›m a una nuez de cual›quier bos›que. Vi›v a en un Ær›bol con su fa›mi›lia. Al la› do del bos›que pa›sa›ba un r o. Ade›mÆs de ar›di› llas ha›b a otros ani›ma›les y ju›ga›ban to›dos jun tos. To›das las ma›æa›nas ba›ja›ban -al r o a be› ber agua, co›mo vie›ron man›tos de ra›na pen›sa› ron en bus›car ra›nas, re›na›cua›jos y sa›pos. Se ale›ja›ron tan›to que sa›li un sa›po enor›me y se asus›ta›ron tan›to que se echa›ron a co›rrer sin pa›rar. Sus pa›dres les lla›ma›ron pa›ra - que fue› ran a co›mer y les di›je›ron que no se ale›ja›ran tan›to por›que po›dr an per›der›se. Y al d a si›guien›te apren›die›ron que no te›n an que ale›jar›se tan›to de sus -ca›sas y obe› de›cer a sus pa›dres.

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[ N A R R AT I VA : C O L A B O R A C I O N E S ]

[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

La pobre

niæa rica rase una vez una niæa llamada Sus e quebarrer y a acostar a su hermanito. Como cada viv a en una cabaæa del bosque. Ten a noche soæaba siempre lo mismo: que ten an dinero suficiente para que sus padres dejaran nueve aæos y era muy lista y hermosa. Su de trabajar y tuviesen una casa mejor. padre trabajaba mucho pero ganaba poco De repente, se cumpli su sueæo. dinero, y su madre cuidaba de su hermano Apareci un hada y le dijo: pequeæo y de la casa. Cada noche, cuando Susie Ya sØ cuÆl es tu deseo. Maæana por la se echaba a dormir, soæaba cosas muy bellas. maæana Al despertar iba al colegio con Clara, su se habrÆ cumplido. mejor amiga, que viv a en la cabaæa de al lado. Al despertar, se encontr durmiendo en un palacio maravilloso. All estaban sus padres Clara ten a un problema de coraz n por lo que y su hermano que tampoco pod an creØrselo. Su no pod a correr ni saltar mucho. El camino hasta la escuela era largopadre y lo decidi que con el dinero que encontraron en el baœl montar an un negocio. ten an que hacer despacio para que Clara no se Crearon una fÆbrica de muebles porque ellos cansara. viv an en el bosque y podr an conseguir la En la escuela se encontraban con madera fÆcilmente. Contrataron a gente Pamela, una compaæera que era rica y que ten a y como les pagaban muy bien, una casa muy bonita. Su padre trabajaba ennecesitada, una pod an construir mejores casas. fÆbrica de maderas para hacer muebles. Pamela siempre presum a de su dinero para fastidiar a Susie ayud a su amiga Clara llevÆndola al hospital para curar su problema de coraz n. Clara y a Susie. Su amiga no sab a c mo agradecØrselo. Al terminar el colegio, Susie, aunque estaba cansada, ayudaba a su madre a fregar, En el pueblo todos adoraban a Susie

E

¡Ani›ma›mos a par›ti›ci›par

a los mÆs pe›que›æos!

Co›mo ya hi›ci›mos el aæo pa›sa›do, en las pÆ›gi›nas in›te›rio›res de es›te nœ›me›ro ra he›mos in›cor›po›ra›do un es›pa›cio de li›te›ra›tu›ra in›fan›til y ju›ve›nil di› æos con el fin de acer›car›les a es›te mun›do li›te›ra›rio. La no›ve›dad- de es›te nœ ta Ago›ra es›tri›ba en que al›gu›nos de los au›to›res par›ti›ci›pan›tes- han si›do p cur›so li›te›ra›rio que les pro›pu›si›mos en el nœ›me›ro an›te›rior (1” -y 2” pre›mio des de poe›s a y na›rra›ti›va .

Los pe›que›æos es›cri›to›res pre›mia›dos re›ci›bi›rÆn sus pre›mios el d a de la pr re›vis›ta en el CPR.

A to›dos de›cir›les que han rea›li›za›do gran›des e in›te›re›san›tes apor›ta›cio›nes si n es se›guir con›tan›do con sus co›la›bo›ra›cio›nes: Re›la›tos, Poe›s- a , cuen›to de›mos que su par›ti›ci›pa›ci n es un es›la›b n im›por›tan›te en es›ta ca›de›na pa›r cul›tu›ra›les, so›cia›les, as co›mo un ve›h ›cu›lo pa›ra que los ma›yo›res apren›da ob›ser›var la rea›li›dad y no rea›li›dad des›de la pers›pec›ti›va mas pu›ra y lim›pi As

( 112 )

las co›sas, os ani›ma›mos a par›ti›ci›par y a que nos en›viØis vues›tros tra›ba›


[ POESIA: P R E M I O S • C O N C U R S O ]

[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

Nuestros j venes poetas nos recuerdan que este aæo muchas cosas van a pasar, que el agua es magia y es vida y que Sancho Panza es el mejor amigo de D. Quijote. Cantan a la mala pat que tiene el pirata y nos cuentan que dec a un pajarito que

Don Quijote de la Mancha Y dec a

el pajarito... 1” PREMIO-POES˝A, ALUMNOS 1” a 4” DE PRIMARIA

A A A Y

la una canta el gallo las dos el ruiseæor las tres la tortolita a las cuatro canto yo.

¡QuØ bien canta una calandria! ¡QuØ bien canta un ruiseæor! mejor canta una botella en quitÆndole el tap n. Pajarito lisonjero que al r o vas a beber ya se ha secado la rama que te sol as poner. Tres aæos vive un hur n tres hurones un perro tres perros vive un caballo y tres caballos un viejo.

2” PREMIO-POES˝A ALUMNOS DE 1”-4” DE PRIMARIA

Don Quijote, Don Quijote mira aquel lugar saca las manos y empieza a volar. Ve por el aire ve por el mar y hasta llegar a Portugal. Tu amigo es Sancho Panza te ayudarÆ a volar, tambiØn a navegar y a bucear. Ahora vete a tu casa a dormir que maæana tenemos que vivir.

Un pajarito triguero llam en la puerta de un sastre que le cosiera un vestido del pellejo de un tomate.

Alicia GonzÆlez, Marta Arruej, Celia Romeo, Tsvetanova Tsevetelina, Fernando Mart n, Yolanda Larraga y Anabel Lobera. CRA

1” ciclo de primaria Luis Buæuel - Pinsoro-

Jorge JimØnez de Bag es Bernad CRA

10 aæos 4” primaria Los Baæales - SÆdaba-

( 113 )


[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

[ POESIA: P R E M I O S • C O N C U R S O ]

El agua estÆ

en los mares 1” PREMIO POES˝A, ALUMNOS DE 5” Y 6” DE PRIMARIA

El agua estÆ en los mares, el agua estÆ en los r os el agua estÆ en las gotas del roc o. El agua estÆ en la alegr a de cada persona y tambiØn me recuerda a la muæeca Pepona. El agua el agua el agua nuestra

es magia, es vida, es un r o que se cruza en vida.

A mis

mascotas 2” PREMIO POES˝A ALUMNOS DE 5” Y 6” DE PRIMARIA

El agua estÆ en los mares, el agua estÆ en los r os, Misifœ es un gato el agua estÆ en las gotas del roc o. tranquilo y bonach n le gusta comer en su plato Agua que bajas de la montaæa, y dormir en un colch n agua que llegas al mar ¡ quØ mimos n!. la tierra vas a regar. Chispi es una perra El agua estÆ en los mares, juguetona y glotona el agua estÆ en los r os, le gustan las chuletas el agua estÆ en las gotas del roc o. y las sigue por su aroma. ¡ quØ comilona! Platero es un cabritillo pequeæo y juguet n le gusta comer verdura y la leche en biber n ¡quØ glot n!

Juan AtriÆn GarcØs CRA

( 114 )

5” Primaria. Luis Buæuel - Valareæa.


C O L A B O R A C I O N E S

]

[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

[ P O E S Í A :

La mala

suerte

C mo soy

¡QuØ mala pata tiene el pirata! Mete la pata en una corbata.

Soy una niæita con cara de angelita.

¡QuØ mala suerte tiene el agente! Se mete en una cabina llena de gente.

TambiØn soy muy alta y mi altura entre otras resalta.

Tengo mucho flequillo y me lo peino con cepillo.

Tengo un tromb n y toco una canci n.

¡QuØ ladr n! Roba un cami n lleno de jam n y de salchich n

Tengo muchos juguetes, entre ellos divertidos cohetes.

¡QuØ feo equipaje tiene ese personaje! Lo pierde en el pasaje y lo recupera en el aterrizaje.

Soy alegre como una campanilla cuando bailo mi mirada brilla.

Pobre muchachico se cae en un charquico y llora desconsoladico porque va muy mojadico.

En el pueblo hace fr o por eso, a veces, me resfr o.

A veces tengo mal humor, por eso, a veces, me entra ardor. No me gusta la tristeza en esos momentos me entra pereza. Soy una niæita con cara de angelita.

Cristina Cavero Racaj 10 aæos 4” Primaria CRA Los Baæales (SÆdaba)

Alba San Modesto Moreo 10 aæos 4 Primaria CRA Los Baæales- SÆdaba

( 115 )


[ L I T E R AT U R A • I N FA N T I L ]

[ P O E S Í A : C O L A B O R A C I O N E S

]

Muchas cosas En 1605, el Manco de Lepanto escribi una obra perfecta que con mucho encanto hoy me la recomienda mi maestra. Pregunto en la librer a: - ¿Miguel de Cervantes? - En esa estanter a. Lo compro al instante.

van a pasar Universo, Universo hay nueve planetas en el que vivimos hay naturaleza. Podemos soæar un mundo mejor, lleno de vida de paz y amor.

Todos los d as con mamÆ Leemos cada vez mÆs. Recetas de cocina, aventuras, pueblos, Casas, edificios palabras... y suciedad, - ¿QuØ tendrÆ El Quijote que cada si no limpiamos la Tierra d a se contaminarÆ. aprendo mÆs? En el 2005, en un habitaci n de cuyo nombre si guardo mi Quijote - ¿Quieres que te

La prensa y las radios buenas noticias darÆn. TambiØn los telediarios quiero acordarme nos las anunciarÆn. con ilusi n. lo preste hoy? D a tras d a, mÆs cosas por hallar. Un esfuerzo mÆs grande te ayudarÆ. lugar de mi

Juan ArcØiz ArboniØs 10 aæos 4” Primaria CRA Los Baæales (SÆdaba)

Me gusta bailar, cantar y soæar. Me gusta re r, brincar y aplaudir. Al son de las notas bailo la jota. Canto con Ana tambiØn sevillanas.

danzo y me muevo bailando moderno. Toco el clarinete en un taburete y el profe me dice: iVaya moflete!

Me gusta bailar. Me gusta cantar. Bailo un bolero Me gusta soæar con el molinero, y no sØ que mÆs. ( 116 )

Ágora nº 3  

Tercer número de la revista Ágora del Centro de Profesores y Recursos de Ejea de los Caballeros

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