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Querida amiga, allí donde estés.

Sé que nunca podrás leer esto, pero de todas maneras me siento obligado a decírtelo. Siempre te recordaré, te echaré de menos.

Todavía me acuerdo de la primera vez que te vi. Desconfiaba, eras rara, distinta, diferente. Pero me caíste bien. No había otra como tú.

Poco a poco te fui conociendo. Vi que tenias cosas buenas y cosas malas, pero ¿quién es perfecto? Nuestras similitudes nos hacían tener una mejor relación y nuestras diferencias nos enriquecían. Me abriste los ojos en muchos sentidos y me animaste a cambiar, a ser yo. Me presentaste a amigos tuyos que pronto también fueron míos. Otros, simplemente conocidos.

Nuestra relación fue corta, pero intensa.

Al poco, me enteré de la mala noticia. Tu vida se apagaba.

Ya dejaste de ser la misma. El mal humor y las discusiones iban apoderándose de ti. Cada vez salías menos, no querías tener relación alguna con el mundo exterior; y mucho menos con tus amigos.

Yo te entendí, sabía que era normal, pero no me gustaba verte así, distinta. Te apartaste de mí como de los demás: poco a poco, sin apenas notarlo. Tu salud empeoraba a medida que te alejabas del mundo que te rodeaba. Era un círculo vicioso.

Hasta ese día.

Ahora ya eres recuerdo para todos los que realmente te conocimos. Con tus cosas buenas y tus cosas malas, como se debe recordar todo en esta vida, como es.

Tu vida no fue en vano. Han nacido muchas cosas gracias a ti; muchas amistades, muchos buenos momentos…

Siempre te recordaré.

Juan Vidal

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Ágora Pinto n.015  

Revista digital con la actualidad de Pinto

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