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AUTORA: SUNDARI AMALIA

ALQUIMIA ESPIRITUAL -LA EPOPEYA DE LA TRANSFORMACIÓN-

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ACLARACIÓN Y DEDICATORIA: Con amor y respeto, dedico este trabajo y mi trayectoria vocacional al Maestro Vicente Beltrán Anglada, cuya obra y enseñanzas han sido una de mis principales referencias y me han servido de guía certera. La claridad y precisión de su lenguaje, junto con la lucidez de su pulsación, revelan la calidez de su alma y me han hecho sentir siempre su proximidad. No podría concebir una guía más veraz que la que surge de una asociación de estas características, porque lo que él transmite es mucho más que información meramente intelectual. Él ofrece la enseñanza desde el corazón, y yo he podido recibirle desde el corazón. GRACIAS, Vicente Beltrán Anglada. Sundari Amalia.

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LA TRANSFORMACIÓN DESDE EL CORAZÓN La mayoría de nosotr@s estaríamos de acuerdo en afirmar que vivimos en un mundo que en la actualidad está sufriendo una profunda metamorfosis. Más allá de las terribles apariencias de lo que está sucediendo, muchas personas están despertando a la verdad de que nuestro planeta, nuestro Universo, nosotr@s mism@s y todo lo creado, es mucho más que el aspecto material que los humanos percibimos. Estamos empezando a reconocer que toda vida o toda manifestación de la Vida surge de una Fuente común, tiene un mismo Origen y que cada una de las partes que compone esta insondable creación es una expresión más de esa misma Verdad, única en sí misma y enriquecedora de la Totalidad. Cada vez más personas estamos empezando a darnos cuenta de que la apariencia de nuestra realidad esconde mucho más de lo que hasta ahora habíamos percibido, muchísimo más de lo que nos han querido hacer creer que había. La vida es mucho más profunda y misteriosa, estimulante y enriquecedora de lo que nos hemos creído que era. Much@s de nosotr@s hemos estado o estamos aún perdid@s en la búsqueda de nuestra identidad social, o cuanto menos en la búsqueda de la compresión de la consciencia social. Sin embargo, esta búsqueda que nos ha cobrado tanta vida, tanta energía y tanto tiempo no acaba de fructificar del todo y a la mayoría de nosotr@s nos deja en mayor o menor grado insatisfech@s. Parece que esta experiencia infértil, que está arrojando a las estadísticas muchos casos de depresión y enfermedad, está pidiendo ser revisada. Parece también que todo apunta a que necesitamos cambiar el objeto de la búsqueda y empezar a participar de forma consciente y voluntaria en el proceso de la transformación, en el proceso de la búsqueda de nuestra propia identidad, que no es otra cosa que nuestra identidad espiritual, aquella que nos permite descubrir el propósito de ser y nos permite reconocer que todo, absolutamente todo, tiene un propósito. Si bien en cierta forma esta búsqueda de nuestra identidad social nos ha servido y ha tenido su razón de ser, también es cierto que nos ha dejado suspendidos en la parcialidad y en la desazón. Pero creo que puedo afirmar sin equivocarme, que de un tiempo a esta parte se está produciendo una llamada colectiva al despertar, un tirón de la consciencia que nos impele a una nueva búsqueda, la búsqueda de la Consciencia Solar, que se manifiesta como el reconocimiento de la propia Divinidad y se traduce en términos más asequibles como la consciencia del corazón. Es a través de esta consciencia que buscamos la definición experiencial de nuestra relación con la Divinidad y que podemos realizar la comprensión de lo abstracto. Es a través de esta consciencia que podemos comprender de manera práctica que “yo

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estoy en el centro de aquello que creo (de crear) y soy absolutamente responsable de ello”. Y por eso se vuelve absolutamente urgente y necesario participar activamente en el propio descubrimiento, en el conocimiento del propio ser y de la vida a través de esa revelación

prioritaria, para posibilitar a su vez

el

descubrimiento y la realización de aquello que está más allá de lo evidente y aparente, de aquello que nos ha parecido insondable por ser invisible a los ojos mundanos. En realidad, en esta época tan crítica y difícil, se precisa que cada vez más personas despertemos a este concepto que redefine el Universo y todo lo creado como Energético y Sagrado. Todo a nuestro alrededor -también la materia- se origina y está constituid@ por una Energía Divina. Al haber vivido por tanto tiempo ignorando esta verdad y desconectad@s de esta Fuente propia y Sagrada, nos hemos condenado a vivir en un doloroso mundo de dificultades regido por la inseguridad y el temor que nos han llevado a creer en la necesidad de nutrirnos mediante el dominio de l@s un@s sobre l@s otr@s. En un mundo de estas características las personas que han ascendido al poder son aquellas que mejor han sabido ejercer el abuso de poder y la extorsión; sin embargo, bajo esta concepción de las cosas, las personas devoran el mundo, lo destruyen sin escrúpulos, lo reducen a escombros. Pero a pesar de que este panorama aparenta ser desolador, se nos presenta como una oportunidad de cambio radical. Ya no podremos seguir adelante si no nos liberamos de ese falso concepto de poder, de la falsa necesidad de permanecer enfrentad@s l@s un@s contra l@s otr@s, tampoco tendremos oportunidad individual si no nos liberamos de nuestro propio hábito -aun cuando sea sutil- de controlar a los demás. La única solución pasa por cultivar una reconexión personal –individual- con la Fuente propia interna, con nuestra Divinidad, que nos proporciona el suministro de energía divina que en realidad es nuestra, de cada un@ de nosotr@s. Esta Fuente interna pacífica y propia que mana de nuestro corazón, nos suministra toda la energía necesaria y atrae hacia nosotr@s todos los recursos para nuestra propia realización y por ende para la transformación del mundo. Se trata de propiciar una reconexión mística personal, que nos devuelva el poder genuino, basado en el amor, en la paz, en la entrega, en el respeto, en la belleza, en la bondad y en el equilibrio. Una nueva concepción de la vida humana que amplía nuestra visión y nos revela la verdad de nuestro Yo Superior.

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A esta aspiración -que el mundo está empezando a compartir masivamente- de despertar a la verdad propia y entregarse a la Divinidad interior, se puede llegar por muchos caminos, el camino para cada ser es único e individual. Sin embargo, cualquier disciplina o método genuino compartirá necesariamente ciertas premisas. Cualquier camino hacia el despertar espiritual tiene que pasar necesariamente por la revelación de todos los aspectos de la sombra. Ahora más que nunca los aspectos oscuros del ser humano, tanto del ser individual como de la humanidad como grupo, están emergiendo a la superficie para ser examinados e iluminados, para ser reconocidos y abrazados desde el amor y la aceptación, y ya no más desde la vieja y conocida energía del juicio, la culpabilidad y la condena. Esto señala una relevante diferencia a tener muy en cuenta, que nos permitirá descubrir y trascender nuestras limitaciones y aspectos oscuros, nuestros engaños, en lugar de necesitar seguir negándolos y justificándolos. Dadas las circunstancias cósmicas actuales (las conjunciones astronómicas que corresponden al momento del ciclo evolutivo de nuestro universo) en la actualidad estamos experimentando constantemente poderosas irradiaciones aceleradas de energía de altísima frecuencia que provienen del Centro Galáctico. Toda esta actividad cósmica está estrechamente relacionada con el despertar espiritual que está sufriendo la humanidad. Para el planeta y para la humanidad son momentos de profunda crisis y cambio profundo. En este trance no estamos sol@s ni desamparad@s. Estamos siendo asistid@s, por supuesto, desde las Esferas Superiores por la Jerarquía Espiritual. Estas poderosas oleadas energéticas causan un aumento de la intensidad del proceso de limpieza y purificación, poniendo de manifiesto los aspectos que precisan atención. Estamos siendo llamad@s a penetrar en cotas nuevas y superiores de consciencia.

A nivel individual se nos pide un cambio de rumbo, la rendición a

nuestro guía interno en el corazón; se nos pide que nuestro ser espiritual tome el control que por su parte quiere seguir ejerciendo nuestro ego o personalidad humana que se rige por los valores ilusorios del mundo material. Se nos propone la fusión del alma con nuestro Yo Superior, la fusión del alma individual con el alma espiritual. Es imprescindible (nadie se escapa de eso) realizar una limpieza emocional profunda. Esto nos aboca a un proceso difícil y por lo general doloroso en el que las resistencias propias determinarán que este periodo sea más o menos corto o largo, antes de que podamos experimentar lo que es propiamente la fase de liberación, momento en el cual las cosas empiezan a cambiar para nosotr@s y todo empieza a fluir. Las dificultades sólo nos indican que no estamos libres de la

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sombra, los problemas son retos y oportunidades de visión. Nuestro sendero de ascensión es necesariamente un camino de purificación. Se requiere impecabilidad en cada pensamiento, en cada sentimiento, en cada intención, en cada expresión y en cada acción de nuestra vida. Y para ello hay que hacer un profundo y persistente trabajo de revisión. Mas es importante vivir este proceso bajo el concepto liberador de que la meta es el camino mismo, y viceversa, el camino es la meta. Los sistemas de apoyo irán cambiando para nosotr@s a medida que nos vayamos limpiando. La rendición nos conectará con el verdadero apoyo basado en el amor, en la solidaridad, en el compartir. Descubriremos que ese apoyo y el suministro de los recursos en verdad inagotables surgen de nuestro interior. En este proceso iremos soltando nuestras dependencias y descubriremos que nuestras necesidades genuinas van a ser satisfechas sin esfuerzo. En este punto evolutivo se nos sugiere que abracemos nuestra sabiduría. En nuestro interior tenemos todo lo que necesitamos, todas las herramientas y la fuente del conocimiento directo: la intuición. Si la escuchamos, ella nos guía y nos indica cómo proceder. Nuestra naturaleza es en verdad Divina y esta herencia está codificada en nuestro ADN. Sin embargo para activar nuestros códigos y mantenerlos activos necesitamos evitar las interferencias y las distracciones tales como nuestras identificaciones, adicciones y malos hábitos físicos, emocionales y mentales. Los pretextos de las identificaciones y también de las adicciones, pueden ser no sólo cosas reales, sino también cosas ficticias (fantasías, quimeras y falsos conceptos sobre un@ mism@), no sólo físicas, sino también de naturaleza emocional, mental e incluso energética. No somos nuestras identificaciones, esto es algo muy importante que necesitamos comprender; cuando descubrimos y reconocemos nuestras dependencias, adicciones y distracciones, y nos esforzamos en soltarlas en un acto valiente de confianza, nuestra guía interna empieza a actuar para nosotr@s. Entonces aparecen nuevos recursos. Una puerta se abre, y luego otra, y otra. Nos anclamos en una nueva frecuencia de Luz y somos bendecidos por la Gracia Divina con todo aquello que requerimos para fomentar nuestra ascensión y la ascensión de la humanidad toda, para cumplir con nuestra misión espiritual. El principio del cambio pasa necesariamente por que empecemos a observarnos atentamente a nivel individual. Se trata de que entre en acción la entidad que Ramtha llama “El Observador en el punto cero”, el observador silencioso, la Presencia en el Corazón, que no juzga, pero percibe. Entonces el principio del cambio pasa por la experiencia de “la serena expectación”1, pasa por la experiencia 1

Expresión de Vicente Beltrán Anglada.

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de observar nuestros propios procesos mentales, si estos están o no condicionados. Por observar cómo reaccionamos a las situaciones. Cómo son nuestras actitudes, nuestras reacciones, nuestras emociones. Pasa por indagar profundamente en nuestra naturaleza emocional para conocerla y desde la aceptación transformarla, con la intención de no contribuir a seguir creando una realidad profundamente demente y distorsionada como la que hemos creado. El principio del cambio pasa en definitiva por aceptar el reto personal de un profundo compromiso individual para con nosotr@s mism@s y para con la vida toda, compromiso que podemos amplificar en sentido geométrico si nos adherimos conscientemente a este movimiento humano y planetario -pero de carácter cósmico- que está teniendo lugar en los tiempos actuales. Más allá de la carga de nuestro propio pasado o de nuestras vidas anteriores, hallamos que la dinámica de nuestros antepasados, ya sean sus logros o triunfos o bien sus dificultades, fracasos, opresiones y falta de visión, ejercen una influencia mucho mayor de lo que sospechamos. Nuestra energía, si no se utiliza de manera consciente, tiende a ser dependiente de esas dinámicas heredadas. La armonía natural de la Vida (en todos sus aspectos y estratos) ha sido perturbada por nosotros, los seres humanos, a causa de nuestra mente. Hemos pretendido someter la naturaleza desde la idea imposible de la trascendencia del poder mental desconectado de la aspiración espiritual y del uso disciplinado y respetuoso de las energías. Deshacer este camino es posible y es posible hacerlo rápido, sólo si apelamos al uso correcto de las energías espirituales, desde el amor, el respeto y sobre todo, desde el perdón. Suscribo una idea de Eckhart Tolle que afirma que la mente no puede encontrar la solución porque es parte intrínseca del problema. Mas yo quiero añadir a esta afirmación mi matiz personal que interpreta que la afirmación se refiere a la mente egoica o racional -manas inferior. La infelicidad y el desasosiego provienen de una falsa identificación de nuestro ser con una realidad que sólo existe en nuestra mente. No es malo sostener una fantasía, lo nocivo es identificarse con ella y confundirla con la realidad. La meta es el camino mismo: para rendirse a eso se requiere mucho coraje y una dosis importante de entrega o rendición. No somos otra cosa más que la posibilidad de experiencia de vida que nos ha sido brindada para descubrir, validar y expandir los valores del Amor Universal, que como no- pulsan en nuestro corazón individual. Sólo el amor hace de nuestra suma pequeñez el sentido de la participación. A la dimensión del amor, espacio infinito sin

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tiempo dentro del corazón, se accede desde la mente superior –manas superior- el ser puro. En algún sitio leí que hay un único camino, es el camino hacia el centro del ser. Hay muchas maneras distintas de decir lo mismo. En definitiva, el camino hacia el centro del ser, es el camino del corazón, el camino de la aceptación que nos lleva hacia nosotr@s mism@s, que nos permite estar presentes en el aquí y el ahora. Es la búsqueda de la consciencia solar, la que se remite a nuestra Divinidad y la define. Pero cuando hablo del camino del corazón, no hablo para nada en sentido metafórico, sino en un sentido completamente real. Es necesario actuar desde el corazón, y encaminarnos hacia aquello que vibra en nosotr@s venciendo los temores. La vida, sin duda ninguna, nos responderá. Tenemos integrada la idea de que la única redención es el martirio y el dolor. Tenemos el sentido de culpa pegajosamente adherido a nuestras estructuras. Sin embargo la redención sólo llegará desde la liberación de ese sentimiento de culpabilidad y a través de la búsqueda de la comprensión de la experiencia, del descubrimiento

del

error

que

ha

causado

distorsión,

pues

el

verdadero

conocimiento sólo puede llegar así, ganado por la experiencia, para que el error no sea repetido. Buscar el castigo como idea de redención nos aleja de la verdadera redención que sólo llegará después de conocer la causa (la responsabilidad propia) dentro de nosotr@s mism@s, aceptándola e integrándola para poderla liberar desde la intención. El Maestro explica que el dolor es sólo un síntoma del error, un efecto de la enfermedad del pensamiento. Para que se produzca la sanación la causa debe reconocerse dentro, pero tan importante como eso es reconocer el propósito de la experiencia y del error.

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EL SER HUMANO Y NUESTROS VEHÍCULOS DE MANIFESTACIÓN Cada un@ de nosotr@s somos un ser único e irrepetible por nuestras características y único responsable del inmenso, complejo y perfecto sistema que es, no sólo nuestro cuerpo físico, sino el conjunto del organismo que incluye todos nuestros cuerpos de manifestación, además de las circunstancias en las que estos se desarrollan. Sólo el maravilloso universo que es nuestro cuerpo físico humano contiene billones de células vivas, y cada una de las células constituye una galaxia en sí misma, constituida a su vez por innumerables átomos, separados entre ellos enormes

distancias,

mucho

espacio

vacío

que

constituye

una

dimensión

imperceptible a los sentidos corrientes. Cada un@ de nosotr@s es el único ser pensador soberano de la inmensidad de nuestro propio reino, y cada uno de nuestros pensamientos y creencias, así como cada una de nuestras emociones y sentimientos tiene influencia directa en cada una de nuestras células, en cada uno de nuestros órganos y partes que constituyen la totalidad de nuestro organismo, mucho más allá de nuestro ser puramente físico. Nuestro organismo y las circunstancias en las que se desarrolla nuestra vida, son la pantalla de proyección de nuestra consciencia. Nadie más que nosotr@s mism@s, es responsable de cuanto acontece en nuestro cuerpo y en nuestra vida. En consonancia con la estructura septenaria de nuestro Universo, el ser humano tiene también una constitución septenaria. Esto singifica que tenemos siete cuerpos de manifestación y cada uno de ellos está regido por un chakra correspondiente. Cada uno de estos cuerpos de manifestación está a su vez subdividido en siete planos. Lo que esotéricamente se denomina el cuaternario inferior, hace referencia al conjunto de los cuatro vehículos de manifestación que posibilitan la experiencia humana, de denso a sutil son: cuerpo físico (cuerpo material), cuerpo etérico (plantilla energética), cuerpo emocional (constituido por materia emocional) y cuerpo mental inferior (formado por materia mental). Lo que se denomina la Tríada Superior hace referencia al conjunto de los tres vehículos superiores: Mental Superior, al plano Búdico (del Corazón) y por último al plano Átmico (Plano Espiritual); de arriba abajo: Atma, Buddhi y Manas. No nos detendremos ahora en explicar cada uno de los cuerpos porque nos alejaríamos del propósito del libro. Sin embargo destacaremos alguna información importante que nos ayude a comprender posteriores reflexiones. Respecto al cuerpo etérico -llamado también doble etérico por ser un duplicado etérico exacto del cuerpo físico- cabe señalar que es el primer cuerpo sutil del ser humano, es

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prácticamente un cuerpo intramaterial (casi no se extiende más allá del cuerpo físico) está formado por materia etérica y constituye la plantilla energética que vitaliza el cuerpo físico, formada por la vasta red de canales por los que circula la energía vital o prana. De la misma forma que la sangre circula por las venas, la energía electromagnetica del cuerpo circula por los nervios, cuya contraparte es el sistema de nadis o canales de acupuntura por los que circula el prana o energía vital. De la forma y la constitución del doble etérico dependen la forma y el estado del cuerpo físico. El cuerpo etérico es el patrón para el físico y es receptivo a las ondulaciones de los pensamientos y sentimientos que emanan desde los cuerpos emocional y mental. La transformación del cuerpo físico se realiza mediante la transformación del cuerpo etérico, que a su vez es susceptible a la calidad de las energías emocional y mental. Cuando trabajamos de forma activa y consciente para purificar la mente, empezamos a generar una serie de compuestos moleculares de enorme sutilidad que repercuten sobre el cuarto éter. El oxígeno y el hidrógeno que componen los átomos de la energía emocional se purifican, volviéndose éstos más magnéticos y radiactivos. Estos compuestos moleculares que repercuten en el éter acaban por penetrar en nuestro cuerpo físico sutilizándolo, de forma que nos volvemos más receptiv@s a las influencias de las energías superiores 2. Si bien, refiriéndonos a nuestros cuerpos de manifestación, el objetivo de la aspiración espiritual es la integración de los mismos, el triple cuerpo sutil inferior de una persona corriente (vehículos etérico, emocional y mental) se caracteriza porque éstos están claramente definidos por una frontera o “anillo no se pasa” que los delimita. Con visión aural podríamos observar como a medida que van cambiando las emociones y los pensamientos, las estructuras de cada cuerpo se mueven como unidades, pero no pierden su delimitación. Sin embargo, a medida que el ser avanza en su trabajo espiritual y se purifica, esta delimitación se va sutilizando, hasta el punto de desaparecer, de forma que cada cuerpo se funde con el otro. Cuando esto sucede a la persona le es fácil penetrar con su intención en el fondo de cualquiera de los compuestos moleculares de cualquiera de los cuerpos. Es la evolución de la consciencia la que trae como consecuencia la evolución de sus vehículos de manifestación y posibilita la integración de los mismos. Al desaparecer la delimitación de cada uno de los cuerpos sutiles, éstos se vuelven más receptivos los unos respecto de los otros y se armonizan, formando un acorde armónico que

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El contenido informativo de este párrafo y el siguiente está extraido de las enseñanzas de Vicente Beltrán Anglada: “El Control de los Vehículos Inferiores”, conferencia 5 de Noviembre de 1984.

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finalmente resuena con la nota esencial del ser. Concibo el trabajo espiritual con un enfoque y una naturaleza distinta a la que muchas escuelas y corrientes propugnan. No se trata de ejercer el control mental desde la mente racional; tampoco se trata de ejercer un rígido control sobre el cuerpo físico ni someterlo a rígidas y estrictas disciplinas. Ni mucho menos se trata de llegar a controlar las emociones con el fin de suprimirlas, pues como bien dice Vicente Beltrán Anglada, las mismas son consubstanciales a la vida y si las suprimiésemos dejaríamos nuestro cuerpo emocional como una esponja seca a merced de influencias quien sabe de qué naturaleza. Más bien se trata de crear una estructura emocional capaz de contactar y sostener el cuerpo búdico. Se trata de trabajar y prepararse para responder eficazmente a la evolución de los tiempos. Se trata de practicar la observación atenta y sostenida de las propias pulsaciones, de los propios pensamientos, emociones y reacciones que tenermos frente a las circunstancias y acontecimientos de la vida, disociándonos de los mismos. Se trata, por utilizar nuevamente una acertada expresión del autor tantas veces citado, de “aprehender el sentido de la vida afrontando serenamente, pero con indomable energía, el presente inmediato.”3 El trabajo espiritual empieza, desde mi punto de vista, cuando nos proponemos aprender el arte de la presencia. Si estamos presentes estamos serenamente expectantes, y con la práctica, cuando todo lo supérfluo pierde el foco, la atención percibe lo esencial. El pensamiento puede llegar a ralentizarse, la verborrea del pensamiento racional llega a detenerse y la mente abstracta percibe la certeza. El ser humano, cuya intrépida e insaciable mente ha investigado, explorado, conquistado, construido, destruido, explotado y divulgado lo impensable, es, en la mayor parte de los casos, un gran desconocido para sí mismo, se ha olvidado de que el Todo reside dentro de sí. Hemos buscado incansablemente, fuera de nosotr@s, pero, ¿cuánt@s de nosotr@s, por ejemplo, nos hemos ocupado en conocer y comprender a fondo nuestras propias emociones?, o por poner otro ejemplo, ¿nos hemos preguntado de qué forma se establece el intercambio de energía – información – consciencia dentro de nuestro propio ser y fuera de él, en nuestras relaciones y en la relaciones que hay entre todas las cosas? Todos los contenidos de nuestro cuerpo mental, ya sean estos conocidos o desconocidos para nosotr@s, tienen su correspondencia en el plano emocional, y así mismo, su correspondencia en el cuerpo etérico y en el cuerpo físico. Las funciones del organismo, absolutamente todas ellas, no pueden explicarse como 3

Del libro “Estructuración Dévica de las Formas”. V. B. A.

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funciones puramente físicas, puesto que dependen del dirigente de la información al que llamamos la consciencia. Considerando este concepto de consciencia, que no se refiere únicamente a la consciencia de la psicología, la consciencia subyace detrás todas las cosas. Todo es consciencia, todo es mente. La consciencia no depende de la existencia del cuerpo. La salud o la enfermedad, la armonía o la desarmonía de nuestro cuerpo, y de nuestra vida y circunstancias, existen en el ámbito de la mente, en su energía, absolutamente maleable y dúctil, de la cual cada un@ de nosotr@s es propietari@; nadie la moldea por nosotr@s, a no ser que nosotr@s cedamos ese poder por no reconocerlo como propio. Todo ser humano, llegado un momento determinado de su evolución, tiene que descubrir que fue creado “a imagen y semejanza”, y ello quiere decir que somos cocreadores, que compartimos el Poder de la Divinidad a la escala que por nuestra evolución nos corresponde; en definitiva, que no somos títeres, y que podemos elegir cómo utilizamos y aplicamos nuestro poder. Somos portadores del maravilloso regalo de la Vida, de la Vida consciente, de la Vida Creativa. El

camino

del

conocimiento

recorre

necesariamente

el

camino

de

la

fragmentación, de la separación y de las consiguientes infelicidad y enfermedad, que impelen al ser humano incompleto a la búsqueda de las causas de su propia condición, imprimiéndole un deseo creciente de retornar al origen, una creciente necesidad de integración, de comprensión de la globalidad, de sanación y finalmente, de unificación. No hay otra posibilidad para la experiencia que conduce a la realización. El ser humano tiene que vivir y comprender la dualidad, porque sin experimentar los extremos, nunca podrá alcanzar el punto medio que existe en todas las cosas y las armoniza. El camino de la curación transita de la dualidad o polaridad, a la reconciliación de los opuestos, equilibrio y unidad; esto se realiza en el corazón, el centro del ser. En nuestra consciencia residen latentes todos los principios del ser. Para realizarnos tendremos necesariamente que comprender que, a causa de la necesidad de un sistema de valores que nos atan a la dualidad, la mente del ser humano excluye sistemáticamente, necesita decir "no" para reafirmarse en los valores que escoge para sí, pero con esa negación, no hace otra cosa que velar aquel principio que ha negado pero que sigue estando latente en su interior. ¿Dónde y cómo puede realizar el ser humano el proceso de la integración? Para responder necesitamos referirnos al vergel del corazón. El corazón es el punto central de la encrucijada entre la línea de la experiencia humana (tiempo lineal) -

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eje horizontal de la vida del ser- y la línea atemporal de la evolución, origen divino, destino, inspiración y aspiración espiritual –eje vertical de la existencia del ser-. A esta integración completada, que no es otra cosa que la liberación de la experiencia humana limitada, se refiere el misterio de la crucifixión al que se aluden las tradiciones cristianas. Mientras el ser se proyecta sólo horizontalmente, vive a merced de sus creencias y de sus impulsos emocionales, y no es capaz de percibir los condicionantes de su personalidad. Cuando el ser empieza a proyectarse verticalmente comienza la verdadera aventura de vivir, llega la inspiración que fluye a nuestra mente abstracta desde el Corazón de la Divinidad vía nuestro propio corazón; esa inspiración que no es otra cosa que la revelación de las posibilidades certeras, incluyentes y elevadas de vida y experiencia, la revelación de ciertos pensamientos extraordinarios e iluminados que posibilitan esa experiencia. Viciente Beltrán Anglada señala, aproximadamente con estas palabras, que la inspiración es el esfuerzo del Ángel Solar mediante el cual la energía abstracta es transmitida al pensamiento concreto4. Hablaremos incansablemente de los caminos del corazón, de la experiencia de pulsar desde el corazón, desde el suave, silencioso, pero elocuente corazón. Desde allí trataremos de desvelar los maravillosos misterios de la experiencia consciente, esa que conecta, conjuga y armoniza los aspectos de la mente con los sentimientos y anhelos profundos del alma, esa que nos permite vivir desde la Presencia y nos permite sentir el gozo de nuestro propósito de ser y de vivir. Escuchar el suave mensaje del corazón y responder activamente a él, sirve para crear una vida que pulsa y se sostiene en nuevas y más elevadas esferas de pensamiento y acción. Esta forma de participación activa crea nuevas corrientes de vida mucho más incluyentes, que abren caminos nuevos, ricos en posibilidades, satisfactorios, gratificantes y reveladores de la propia verdad.

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“El pensamiento Abstracto” Conferencia de V. B. A. en Barcelona, 19 de Mayo de 1983.

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LA MENTE, MANAS O PRINCIPIO MANÁSICO Al principio de nuestros orígenes, surgimos de la Unidad del Gran Ser al que llamamos Divinidad. Fuimos lanzados a la actividad de ser con la misión de expandir Su Consciencia con el propósito latente de regresar nuevamente a la Unidad enriqueciéndola con los infinitos matices de la experiencia humana. El largo, insondable, periodo de tiempo transcurrido desde que surgimos como almas individuales, dedicado a la construcción de nuestros vehículos –cuerpos- de manifestación, para posibilitar la adquisición de la consciencia egoica o consciencia individual, se denomina involución. El periodo, también incognoscible desde nuestra perspectiva humana, que transcurre a partir del momento en el que el alma individual aduiere la consciencia egoica y progresa hacia la consciencia espiritual, se denomina evolución. En

terminología

esotérica

manas

se

refiere

a

la

mente.

El

principio

individualizante de la vida evolutiva que distingue al ser humano del animal al conferirle la capacidad de pensar. La mente se divide en manas inferior y manas superior. Manas inferior se refiere a la mente inferior, la mente egoica o racional cuya funcionalidad es la mente cocreta, y guarda estrecha relación con el alma animal. Es el factor que ha posibilitado el salto evolutivo del reino animal al reino humano otorgando el sentido de individualidad. Por esta razón es el fundamento de la identidad humana –el yo o ego- que confiere al individuo el sentimiento de percibirse separado. La mente inferior es predominante aún en la mayoría de los seres humanos. No alcanza a comprender la unidad, es secuencial, no percibe por analogía sino por comparación y retiene al ser en una experiencia egoísta que aspira a gratificar los sentidos. Manas superior se le denomina a la mente superior. Es el aspecto más elevado y sublime de la mente humana, que aún en la mayoría permanece en estado latente y raramente se manifiesta. Su funcionalidad es la mente abstracta, capaz de captar la unidad subyacente. A manas superior se le denomina también Cuerpo Causal. Es la identidad imperecedera del ser humano como tal, el principio inmortal en el que atesora las experiencias más elevadas y los frutos espirituales de sus logros, así como los átomos permanentes dentro de los cuales están custodiados los arquetipos de cada uno de los vehículos inferiores del ser: físico, emocional y mental. Cada uno de los arquetipos, relativos a cada uno de los cuerpos, son, por decirlo de alguna forma, el modelo perfecto de lo que llegará a ser cada cuerpo a su

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debido tiempo, es el reflejo de la Divinidad manifestándose en cada uno de estos tres aspectos humanos inferiores. Si no existiese ese arquetipo base, encerrado en cada átomo permanente, no dispondríamos del poder aglutinante e incluyente, capaz

de

atraer

los

compuestos

moleculares

específios

que

posibilitan

la

constitución de cada uno de los cuerpos. Manas superior es la parte elevada del ser humano que le permite a través de la experiencia individual reconocer su identidad espiritual y remontarse a lo Divino que hay en él, accesando al plano búdico -plano del corazón- Buddhi o Alma Espiritual. Cuando el ser empieza a iluminarse por el manas superior, va adquiriendo gradualmente la visión del “ojo interno” y se despierta el sentido de la intuición. El propósito práctico de la aspiración espiritual es la integración de los tres cuerpos mediante el ejercicio sostenido de la serena expectación. La serena expectación en sí misma es una espada de luz mediante la cual podemos atravesar los cuerpos para penetrar finalmente en el cuerpo causal. Esta espada de luz, capaz de penetrar sin dañar, es lo que se denomina Antakarana, el Puente del Arco Iris que comunica los vehículos del ser. Cuando la espada de la serena expectación ha penetrado en el núcleo del átomo permanente mental y ha podido leer –interpretarperfectamente el arquetipo mental, entonces se produce de forma natural la invasión de la fuerza búdica y el ser es imbuido por el silencio creador. (QUE ASÍ SEA). Cuando hablamos del arquetipo del cuerpo mental, estamos hablando del arquetipo que nos es necesario revelar para llegar a establecer contacto con el plano búdico. Si bien el ser humano evoluciona desde la mente precaria -la mente racional incipiente, que despierta la semiconsciencia, proporciona el sentido de ser y constituye el ego- hacia el despertar de la mente superior, hasta alcanzar la consciencia espiritual, esta progresiva expansión de la consciencia no se produce en transiciones repentinas sino de manera gradual. Cuando se produce el despertar espiritual, el ser inteligente transita periodos más o menos largos en los que manas inferior y manas superior se disputan la supremacía. Durante largos periodos de tiempo la mente racional ha identificado al ser a través de las cosas que se derivaban del exterior. Pero llega un momento en la evolución de la consciencia humana que aun cuando estas cosas externas puedan ser refinadas, profundas, coherentes o apasionantes, no alcanzan a proporcionar la plenitud del ser. Es el momento del despertar espiritual, del tirón evolutivo de la cosnciencia que despierta en el ser el recuerdo de la Unidad que lo constituye. El ser necesita inspirarse dentro de sí.

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Si bien la mente concreta hace esencialmente referencia al mundo de los pensamientos, la mente abstracta hace referencia al mundo de las ideas. Las ideas sólo pueden penetrar en la mente del ser, y pueden ser explicadas o transmitidas, si el pensamiento concreto las deja pasar. La mente racional, pensamiento concreto, manas inferior, ha tenido y aún tiene mucha preponderancia, actividad y fuerza en el ser humano. Esta condición constituye en sí misma un reto para la expansión espiritual, pues la mente humana carga con un enorme bagaje de pensamientos concretos al respecto de todos los aspectos de la vida, y a causa de esto tenemos una gran tendencia a intelectualizar por medio de estos pensamientos e ideas preconcebidas. En cuanto al propósito de calibrar estas dos mentes para posibilitar la penetración en el Cuerpo Causal, podríamos afirmar que se trata de aprender a abstraer lo concreto, a la vez que aprendemos a concretar lo abstracto, práctica esta última que se refiere a la cantidad de pensamientos que generamos para expresar una idea abstracta cuando ésta surge. Se trata así mismo de dejar de pensar por inducción, que es como pensamos la mayoría de las veces, para no sólo aprender a pensar por nosotr@s mismos, sino también para aprender a usar la mente abstracta que es, al cabo, la que nos va a permitir silenciar los pensamientos; si bien podríamos también expresarlo al revés: para abstraer el pensamiento concreto, no hay otra manera que aprendiendo a silenciar la mente, puesto que la consciencia abstracta se aloja en el espacio intermolecular de la energía mental, en el espacio vacío que hay entre los átomos de la energía del cuerpo mental.

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LA CONFIANZA Y EL CAMINO DEL CORAZÓN En estos tiempos que corren, estamos siendo convocad@s a la iniciación del Cuarto Portal Ígneo en nuestro corazón. El órgano físico de nuestro corazón tiene una importancia relevante en nuestra vida, pero el corazón es muchísimo más que un órgano físico y lo cierto es que por mucho tiempo ha sido, para la mayoría de nosotr@s, el gran desconocido. Sin embargo, esto ya no podrá seguir siendo así, se impone ahora para nuestra humanidad la necesidad ineludible de aprender a pulsar desde el corazón, y aprender a sustituir la vieja energía del temor por la energía de la confianza en nuestro ser más elevado. Esta confianza surge del corazón y define para cada un@ de nosotr@s la certeza de ser y formar parte de la Unidad. El corazón es el primer órgano que se forma cuando se forma el feto y el último que se para cuando el organismo fallece. El órgano físico del corazón está situado exactamente en el centro del organismo y su centro energético -llamado en sánscrito Anahata- es el generador central de todo el sistema energético del ser humano. Es el sol de nuestro propio sistema personal en correspondencia con los soles de los sistemas mayores que incluyen el nuestro. Al Centro del Corazón se le ha llamado esotéricamente Sol de Soles por la razón de que es ultrasensible y no sólo vibra en respuesta a las emociones propias sino que reverbera de forma notablemente más fuerte que todos los demás centros energéticos del cuerpo, transmitiendo sus señales a través de cuerdas invisibles como extensiones de los nervios, al interior del sistema sutil del ser. Es así mismo a través del corazón, que el ser puede captar pulsaciones y hechos aparentemente ocultos e incluso hechos ocurridos a distancias lejanas ya sea en tiempo o en espacio, ya sea que hayan ocurrido hacia delante o hacia atrás en el tiempo, esto se realiza mediante el sutil sentido de la intuición y es lo que se ha llamado popularmente tener “una corazonada”. En el interior del corazón humano reside El Ángel Solar; cada ser humano tiene su propio Ángel Solar o Yo Superior que es el guía supremo de sus destinos kármicos y el mediador entre el ser humano y el Espíritu de Unidad. La práctica del Agni Yoga es la rendición a este guía interno que es nuestro Ángel Solar, es nuestra guía dentro del Corazón que habla solamente el lenguaje del Amor, con una voz tan suave

que

es

casi

silenciosa,

y

cuya

energía

se

reconoce

porque

está

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completamente libre de presiones y de juicios, y por lo tanto nos libera de una manera natural de los temores y de la culpabilidad. Es únicamente en el ámbito del corazón que se nos revela o se nos revelará el Propósito y el Plan Divino que se oculta en la estructura del mundo físico para cada un@ de nosotr@s. Es imprescindible saber y recordar que es la vibración de la confianza la que permite que se produzcan para nosotr@s las sincronicidades. Y es nuestro Ángel Solar quien nos alienta a mantenernos centrad@s en nuestro interior en cada momento y circunstancia; nuestro Ángel Solar es el precursor de nuestra consciencia solar. Es en el ámbito del Chakra del Corazón que podemos realizar la comprensión profunda del sentido de nuestra experiencia de vida y en particular de cada una de nuestras vivencias, así como de la perfecta cronología de las mismas. Esta comprensión realizada como un profundo ejercicio de confianza, nos traerá las oportunidades y pondrá en funcionamiento para nosotr@s lo que Kuthumi llama el Reloj Divino dentro del corazón 5, nuestro dispositivo personal para la sincronicidad y liberación del tiempo lineal. El objetivo de ajustar nuestro propósito humano a este Reloj Divino Interno es lo que nos permitirá percibir la Belleza del Corazón reflejada en toda circunstancia y situación de la vida para posibilitar así la transformación y el cambio humano y planetario de paradigma. “Reiterarme en esta intención y en esta necesidad tanto como se requiera, para ir descubriendo las verdades y secretos de nuestras posibilidades de dulcificación de la vida, para que se pueda gestar en cada ser la realidad de su liberación, es mi propósito. Expresar la Verdad Universal que pulsa en la única forma de concluir nuestro proceso, que sin embargo deviene para cada ser abanico de infinitas posibilidades, es remitirse a la necesidad de transitar los senderos del corazón; es ésta la práctica del Agni Yoga, el Yoga del Corazón. Cuando el ser humano ha llegado a un cierto punto de integración espiritual, la semilla de Luz, latente en el Corazón de su ser, germina, y su capacidad de captación y receptividad se incrementa hasta el grado de devenir perfecta guía y guión de su propósito personal que se funde con el Propósito Superior de un Plan Incluyente, constituyendo ésta la Síntesis del Yoga al que nos referimos.

5

He tomado prestada esta idea del Reloj Divino de una canalización del Maestro kuthumi a través de Michelle Eloff: CUARTO PORTAL DE FUEGO

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La Verdad, sea cual sea su forma de expresión, es incluyente y libre por naturaleza. Los dogmas excluyen. Cualquier sistema de creencias o religión que aísle a sus fieles en comunidades separadas y no promulgue la unión, se aleja de la Verdad. Tal es el criterio a considerar por aquellas personas que, motivadas por una

necesidad

interna,

buscan

orientación

espiritual.

Aun

cuando

no

sea

descartable una guía, hay que tener siempre en cuenta, que el camino espiritual es interno, experiencial y único para cada ser humano, en todo caso es siempre un camino de amor. La práctica del Agni Yoga no necesita escuelas. Es una disposición que surge de manera natural como respuesta a la llamada interna espiritual, y se desarrolla gradualmente como una habilidad propia de la consciencia, conduciendo a cada ser por su propio y único sendero de crecimiento. Penetrar en ese espacio extenso, cálido e incluyente que constituye nuestro Centro Cardíaco nos permitirá interpretar acertadamente las cosas, mensajes ocultos, sutiles, verbales y no verbales, así como todo tipo de consignas que pulsan en todas las expresiones de la vida.”6 Se trata de aprender a confiar en nuestro sentido de la intuición, que se va despertando gradualmente a medida que nos aproximamos a nuestra verdad personal. Agni Yoga -o el arte de la presencia- se convierte en la práctica de la lucidez de pensamiento y acción. La práctica de flirtear con el Eterno Amante dentro de un@ mism@, ese que posibilita que la vida esté llena de sentido y significado, ese que se revela como nuestro redentor. Agni Yoga es la práctica de encender el Fuego del Poder Divino en el interior, ese fuego de sabiduría que nos permite acertar y aprobar la experiencia, ese fuego que respalda nuestras decisiones y nos impele a la acción certera. La consciencia de la gran y mayor obra de arte realizable, que es la propia vida, se presenta y permanece en el ser en forma de una inspiración que nos conduce a una experiencia sutil y a la vez extraordinaria. De la misma forma que la Divinidad en el ser, inmanente en todas las expresiones de la Creación, no es perceptible a los ojos mundanos, pero sin embargo es. El aspecto o virtud preponderante del chakra del corazón es el Amor. El Amor es mucho más que una emoción, es un aspecto del que mucho se habla, pero que pocas veces se comprende en profundidad, con frecuencia el amor humano se

6

Los últimos párrafos señalados entre comillas están extraídos de un capítulo del libro de la misma autora titulado: “GESTACIÓN DE AMOR -Ensayo Cabalístico de Misticismo Poético-”, año 2006.

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confunde con la dependencia emocional. El Amor es una Virtud Universal, es la energía cohesiva y unificadora de la vida que en todos los planos de la existencia mantiene las cosas en su justo lugar. Es un aspecto completamente imprescindible en la Creación toda y se le debe otorgar la relevancia que realmente tiene. La vida necesita del Amor, en el más amplio sentido, tanto como el cuerpo físico necesita el aire que respira. Una vida sin Amor es una vida sin sentido ni significado. Pero ahora, especialmente en estos tiempos, tanto el ser individual como el colectivo de la humanidad, requerim@s despertar a la consciencia del Amor, a ese Amor Universal e incondicional que pulsa en nuestro interior. Es urgente comprender que es la energía del Amor la que nos va a permitir realizar el tan necesario proceso de transmutación, la reconexión y la sanación de nuestros seres, de nuestra humanidad y de nuestro planeta. Es la energía del Amor la que nos va a permitir trascender el potencial de la realidad física y crear una nueva realidad, esa que está llamando por doquier a nuestros corazones en todos los lugares del planeta. Se requiere la observación atenta –serena expectación- y la mirada puesta en el corazón y en los pensamientos y sentimientos positivos, manteniendo la intención sostenida de no identificarnos con los pensamientos y sentimientos negativos y destructivos, ni con los temores que todavía no han sido resueltos. Estos se pueden observar cuando surgen, no vale reprimirlos, pero será útil observarlos con la consciencia de que son pasajeros, y de que no nos identifican realmente y ya no les queremos otorgar más poder. Importa sumamente cada uno de los esfuerzos individuales, cada una de nuestras aportaciones de amor y confianza, porque cada un@ de nosotr@s constituimos un campo de energía, un campo generador de fuerza iónica que repercute en el campo iónico de todo el planeta. Si nuestra energía es positiva, amorosa y constructiva nuestro campo energético personal es un potente generador natural de aniones, iones negativos, los iones de la salud y el bienestar. Así contribuimos a sostener y facilitar el proceso de sanación del planeta y de la humanidad, posibilitando la armonía y la liberación. De lo contrario nuestro campo energético se convierte en un generador de malas vibraciones, cationes o iones positivos, los que producen estrés, cansancio y enfermedad, en ese caso no sólo viviremos las nefastas consecuencias en nuestro propio ser y circunstancias, sino que estaremos imposibilitando el cambio y la sanación, reforzando la confusión, la discordia, la distorsión, la densidad y el dolor.

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LA MENTE VACÍA -Surgir cada día renovad@sRetomamos la idea nuclear del libro: el camino del corazón como respuesta a la llamada de la Nueva Era, la Era de Acuario. Está surgiendo con tremenda fuerza una necesidad en cierta manera nueva: la necesidad de vaciar la mente, de detener la mente racional para darle supremacía al corazón, al espíritu, permitiendo así que la mente se convierta en un intrumento del ser en lugar de constituir su dominadora. La disciplina del Angi Yoga es la práctica de desprenderse gradualmente del pensamiento teórico, de la filosofía, de las explicaciones elocuentes de la mente racional, para dejar paso a la experiencia directa, para permitir la conexión que nos trae el conocimiento a través de la revelación. Es el acto sostenido de la presencia. En el acto de ver aquello que se está mirando y oír aquello que se está escuchando no es necesaria la interpretación. Eso es presencia. Angi Yoga elimina las preguntas en el sentido de que las trasciende, desde la certeza de que la vida misma es la respuesta. Hacer preguntas y buscar respuestas responde a la necesidad de construir un fundamento de “seguridades”7. Es el camino ineludible de discernir para discriminar por el cual el ser se aproxima al conocimiento de sí mismo. Hemos estado haciendo esto durante mucho tiempo y para ello hemos vivido anclad@s en la mente racional. La idea de vaciar la mente necesita ser comprendida. No se refiere en primera instancia al propósito de detener el pensamiento, lo cual no es una práctica fácil, y en todo caso sí una habilidad que puede adquirirse como consecuencia natural de practicar otras estrategias previas que nos posibiliten la elección de vivir desde el corazón. La idea de vaciar la mente se refiere inicialmente a la idea de discernir que yo no soy mis pensamientos, ni tampoco las sensaciones o emociones que estos provocan en mí. Mi mente piensa, pero yo no me identifico con mis pensamientos, yo no soy mi mente, soy algo mayor que eso. Si yo no soy mis pensamientos, yo puedo observar mis pensamientos. Desde el momento que yo decido hacer esto estoy poniendo la mente al servicio de algo mayor, evitando así que sea la mente racional

7

Una idea extraida de las enseñanzas de V. B. Anglada.

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la que me domine. Vicente Beltrán Anglada8 distingue entre pensamiento negativo, en el sentido de pasivo y pensamiento positivo, en el sentido de activo. El pensamiento positivo –activo- monopoliza la mente y al ser. El pensamiento negativo –pasivo- conduce a la intuición. Se trata de rendición, rendirse al Espíritu, al Yo Superior. La idea es volverse asequible al plano búdico, el plano del corazón. Para ser asequibles al plano búdico y adquirir la facultad de ser positiv@s –activ@sen el estrato espiritual, necesitamos volvernos negativ@s en el plano del mental inferior donde se genera el pensamiento racional. Pero la pregunta es ¿cómo lo conseguimos? La clave es la observación atenta, lo que Vicente Beltrán Anglada llama serena expectación. Observar atentamente, pero no sólo lo exterior, sino lo interior, el propio pensamiento. Observar el pensamiento nos permite advertir, advertir lo que está sucediendo, lo que nos está sucediendo. La práctica sostenida de la observación conduce a la intrepidez, nos entrena para captar los signos y despertar el sentido de la participación activa; activa en el espíritu, mas liberada de la presión del mundo. Es fácil distinguir cuándo actuamos desde la presencia, porque el corazón nunca presiona, sin embargo la mente racional sí. Cuando actuamos desde el corazón todo fluye naturalmente por afinidad. Mientras permanecemos sujet@s al pensamiento estamos bajo el control de la mente racional, en este estado de ser subyugad@s, necesitamos buscar. Damos supremacía a la pregunta en lugar de fluir en el aquí y el ahora y esto nos lleva a buscar las respuestas que creemos que más nos identifican en dogmas, disciplinas, religiones y prácticas de todo tipo. El camino del corazón nos libera gradualmente de esto para que lo que nos identifique realmente pueda ser el Espíritu, la Presencia en nosotr@s. La práctica del Angi Yoga es una disciplina sin disciplinas, nos propone la estrategia de la observación atenta como medio para disolver los problemas, para fluir con la vida y hacer frente a los retos que ésta nos presenta. La práctica de la observación atenta implica silencio y nos permite permanecer directamente relacionad@s, conectad@s, con el propósito de la Divinidad. Volvemos a la idea de la rendición, pero ahora la llevamos más lejos. Es algo más que practicar el pensamiento negativo, es practicar la no reacción o lo que es lo mismo, es permitir que la acción surja del sentimiento profundo de integridad, de mismísimo centro de la consciencia, que le permite al ser pulsar libre de todos los condicionantes que antes le limitaban. En este estado de ser la propia intención se

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“El control del pensamiento” Conferencia de Vicente Beltrán Anglada imparida en Barcelona el 28 de Junio de 1984.

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sumerge completamente en la Intención de la propia Divinidad y se ha producido la disolución del ego. Recordemos nuevamente que la práctica de vaciar la mente necesita hacerse extensiva al ámbito de los sentimientos y emociones. Se trata de la misma idea de no identificación para llegar finalmente a trascender los sentimientos y emociones negativ@s que nos limitan y retienen en una versión nociva o destructiva de la realidad. Observamos nuestras emociones y sentimientos, están ahí, l@s tenemos, l@s aceptamos, pero no nos identificamos con ell@s, no somos ell@s. Esta es la práctica de dar supremacía a la Presencia, que está en un estrato por encima de nuestros aspectos humanos.

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SED ESPIRITUAL ¿Qué es la sed espiritual? Es el afán humano de responder a la llamada del tirón evolutivo que conduce a toda la Creación a la expansión de la consciencia. En términos terrenales y actuales, esta sed espiritual es algo más que un afán de responder a esta llamada. La sed espiritual es actualmente la expresión de una necesidad que se está revelando vital en la consciencia humana, una auténtica necesidad de liberación. ¿Por qué? cabría preguntarse. Hemos estado viviendo por mucho tiempo en un sistema alienante basado en la extorsión de los que tienen sobre los que no tienen. Un sistema fundamentado en valores falsos, en la mentira, en el miedo, en la culpabilidad y todo tipo de distorsión. Hemos sido sumamente dependientes del temor y por ende nos hemos vuelto casi autómatas dependientes del medio. Pero los falsos cimientos no resisten, no pueden sostener indefinidamente estructura alguna, tarde o temprano aquello que está mal fundamentado se desmorona. Estamos presenciando el declive absoluto de un sistema falso, que tod@s hemos contribuido a perpetuar a causa de nuestros errores de concepto. Pues para la mayoría de nosotr@s esto era lo conocido, lo que nos ha formado, y tenemos muy arraigadas en nuestras estructuras básicas ciertas ideas destructivas, basadas en la competitividad, en la ostentación, en el juicio, en la culpabilidad e incluso en el martirio y el dolor como concepto de redención. Pero el ser humano ha sufrido ya tanto en sus propias carnes... Demasiados seres humanos han experimentado cruelmente cómo el vampiro energético que en realidad es el sistema, les ha succionado silenciosamente los auténticos valores humanos hasta dejarlos vacíos, hasta convertirlos en víctimas de una vacuidad causada por el consumismo compulsivo, deseo de posesión material, ostentación y un hedonismo mal comprendido como meta última, pretextos que han constituido las verdaderas drogas del sistema. Pero ¿qué sentido puede tener todo esto? Contrariamente a lo que pueda parecer, todo, incluso el mayor sinsentido aparente, tiene su sentido. Para nosotr@s -seres humanos asistentes a esta escuela terrenal de experimentaciónesta posibilidad de experiencia de vida nos ha sido brindada para descubrir por nosotr@s mism@s los valores del amor universal, validarlos en el propio corazón y expandirlos. ¡Oh sí! Produce mucho júbilo sentir esta certeza en el interior. Éste es el verdadero sentido y objetivo de nuestra experiencia individual y colectiva.

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Buscar en los escombros de la vida humana los residuos de los valores auténticos, ha llegado a ser para much@s de nosotr@s una experiencia cotidiana. Pero quien busca encuentra. Y aquello que en un momento de dificultad, baja forma o depresión, aparenta ser solamente un residuo, resulta que en realidad es una semilla, una semilla que conserva todo su poder de renacimiento. Pero volvamos con otra pregunta. Vale, hemos buscado desesperadamente en los escombros. Hemos hallado el “residuo” de algún valor humano auténtico; la pregunta que surge es ¿cómo podemos conseguir que germine? Se podrían mencionar muchas cosas aquí, posibles estrategias a seguir. De entrada yo señalaría una cosa importante: Intrepidez versus conformismo. El conformismo se mueve en lo conocido y perpetúa lo que le ha sido dado. La intrepidez va más allá de lo conocido penetrándolo profundamente y atravesándolo. Abre caminos nuevos y distintos, y recrea, crea e innova. Ésta es una de las condiciones fundamentales para descubrir que los residuos eran mucho más que residuos, eran semillas, y por supuesto, para descubrir que hay muchas, muchísimas e incontables semillas. El apoyo de un profundo deseo de sinceridad conduce al autoconocimiento, es el mínimo calor humano que necesita cualquiera de estas semillas para germinar. Porque los seres humanos tenemos una tremenda necesidad de encontrarnos a nosotr@s mism@s, tenemos una tremenda necesidad de volvernos responsables. Tenemos una tremenda (urgente, diría yo) necesidad de descubrir nuestr@ Maestr@ Intern@. De dar, recibir, realizar y poner en práctica. De armonizar nuestras vidas. De descubrir y validar nuestros intereses legítimos (derechos) y desactivar y descartar los intereses ilegítimos (extorsión y abuso). Much@s de nosotr@s vamos en búsqueda de aquel método que nos pueda redimir y que contemple la trascendencia del alma. Mas en realidad, con frecuencia nos olvidamos de algo verdaderamente importante: aquello que está a nuestra disposición es suficiente para encontrarnos a nosotr@s mism@s. Tod@s tenemos un profundo deseo de sanación. Tenemos este profundo deseo porque es una necesidad profunda, individual y colectiva. Es imprescindible confiar. Está todo bien, aunque aparente estar mal. No es fácil. Y no para tod@s es igual, ya lo sabemos. Sin embargo, sí que hay algo común en tod@s nosotr@s. Un corazón. Un corazón en el que pulsa el Amor, el Poder personal y la Sabiduría de la Intuición. En el corazón guardamos las semillas de la compasión y de la aceptación. Estas semillas son nuestro mayor tesoro. Brindémosle a nuestro propio corazón el calor que necesita para que estas semillas germinen. Éste es el verdadero camino de la redención: permitir que la experiencia de la vida sea como es, con sus sinsentidos, dolores, momentos vacíos y fragilidades, aceptando la naturaleza transitoria de

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estos estados que son los que finalmente nos permiten distinguir lo que verdaderamente permanece. Un paso más allá de estas experiencias difíciles y en muchos casos dolorosas, pulsa el sentido de las mismas: el aprendizaje personal, nuestra evolución espiritual. Las experiencias son efímeras, pasajeras, temporales, pero nos dejan en el alma la impronta del aprendizaje que encierran. Hemos perdido el sentido de la participación de “Algo” –Algo en cuanto que indescriptible- mucho mayor que nosotr@s mism@s, nos hemos desconectado del Todo y de nuestro propósito divino y a causa de esa desconexión nos hemos vuelto dependientes de lo inmediato, hemos perdido de vista la trascendencia de lo esencial. Pero ahora, nuestra verdad nos llama de nuevo a la consciencia, en much@s de nosotr@s se está despertando la sed espiritual y ya no podemos seguir adelante sin saciar nuestra sed.

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¿QUÉ NOS ALEJA DEL SENTIDO DE UNIDAD? Por definición la Unidad lo contiene todo. Puesto que la Unidad lo contiene todo, la Unidad no necesita valorar, no necesita juzgar, todo lo abarca, y todos los aspectos de la existencia están realizados en ella. Puesto que no necesita valorar porque lo abarca todo, La Unidad es el Todo y la Nada, es decir, la condición de abarcarlo todo implica necesariamente la condición de no necesitar nada, la Unidad todo lo tiene, y no tiene nada (aunque ello nos plantee de un dilema dialéctico). Pero vayamos a la clave del asunto, la Unidad no evalúa y no distingue, no necesita hacerlo porque es Aceptación Realizada. Sin embargo el ser humano -aun cuando surge de la Unidad- como ser escindido de la Unidad y sometido a la consciencia dual del ego que ha posibilitado su individualidad, ha necesitado irremediablemente regirse por una escala de valores, ha necesitado valorar. El bien y el mal, que en sí mismos son inexistentes, constituyen una polaridad consecuencia de la necesidad de evaluación. Siempre, en cualquier caso, el bien y el mal son dos aspectos relativos que tienen que integrarse en la unidad del ser. El ser humano, para evolucionar, se precipita de la Unidad a la polaridad; esto se relata en El Génesis como “la caída del ser humano”. Como consecuencia de su caída vive sometido a una consciencia polar, camina entre elementos opuestos hasta que en su evolución aprende a integrar las partes y a asumir que forman parte del Todo para regresar a la Unidad. La duda aparece como una consecuencia de la necesidad de elección, pero es a su vez la causa que divide los complementarios

en

elementos

opuestos.

La

duda

y

la

elección

acarrean

culpabilidad. En nuestro largo proceso de aprendizaje, cada elección nos identifica, nos ayuda en nuestro objetivo de realizarnos. Pero su la vez, con cada elección rechazamos un polo y lo descartamos, aunque en realidad no lo anulamos, es sólo que no lo admitimos en nuestra identidad. Este aspecto rechazado de la existencia es lo que constituye lo que Jung denominó nuestra sombra. La sombra es lo contrario de aquello que la psicología denomina la consciencia, y la consciencia (en el sentido psicológico del término) es la suma de todos aquellos aspectos de un@ mism@ de los que la persona tiene conocimiento. Esta zona oscura que constituye nuestra sombra, esta parte humana de nosotr@s que también es nosotr@s pero que no se ha iluminado por la luz del conocimiento, con

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frecuencia nos resulta mala y amenazadora; pero sólo es “mala” en sí misma mientras permanece oculta, velada a nuestra consciencia, razón por la cual tiene poder sobre nosotr@s. En el momento en que una zona oscura se ilumina, deja de resultar amenazante y constrictora. Mientras la sombra es sombra, nos angustia, nos induce a temer y rechazar aquello del exterior que la refleja; mientras la sombra permanece en nosotr@s, nuestra aparente integridad es simulación, ficción. Todo aquello que rechazamos del mundo exterior es un reflejo de nuestros aspectos reprimidos. Todo aquello que mantenemos reprimido, que constituye nuestra sombra, nos mantiene incompletos, y es, originariamente, la verdadera causa de nuestras enfermedades, problemas y dificultades. La autoimposición de un código de conducta para obrar el bien y redimirnos de la culpa sólo conduce a una evasión de la verdadera responsabilidad para con nosotr@s mism@s de descubrir nuestra sombra, para poder vivir en la integridad; un código de conducta autoimpuesto conlleva la falta de sinceridad. Pero nuestro verdadero objetivo es conquistar la integridad. La observación atenta y la contemplación son los medios a través de los cuales las sombras pueden irse iluminando. El ser humano desea el poder para cambiar las cosas, aspira a la sabiduría y a la iluminación, pero lo único que realmente precisa para conseguirlo es practicar el sencillo y simple acto de la contemplación de las cosas y observar qué relación tiene con ellas. Cuando a partir de la práctica de la contemplación y de la observación las zonas oscuras de nuestro interior se iluminan, sintonizamos con el sentido mágico de las cosas. Se hace la luz en nosotr@s, avanzamos en el conocimiento y reconocemos que todo está bien como está. Finalmente podemos entender que aquella parte oscura que tenía poder sobre nosotr@s ha resultado ser, solamente, el motor para la transformación y la realización personal. Es importante aprender a contemplar sin juzgar, practicando la serenidad del espíritu, puesto que cada una de las valoraciones que hacemos nos ata al mundo de las formas en el que seguimos percibiendo desde sensación de estar separad@s. La aceptación es el sentido incluyente del corazón, que nos permite ser, que no juzga, que no se escandaliza, que no sentencia. Aquello que sentenciamos en los demás, nos proporciona una pista fiable de aquello que mantenemos reprimido en nuestro interior. Creemos que necesitamos redimir al mundo, porque percibimos el mundo como imperfecto; mientras

nos

aferramos

a

esta

ilusión

seguimos

sin

entender

que

lo

verdaderamente imperfecto es nuestra forma de mirar, que no nos permite ver la totalidad y la perfección que ella encierra. La Creación es perfecta Totalidad, infinita en sus posibilidades. Es el filtro de nuestra percepción lo que describe un aspecto

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determinado, conformando una realidad para nosotr@s. Lo verdaderamente importante es el compromiso con un@ mism@, la forma práctica de implicación es única para cada un@ de nosotr@s, hay infinitos caminos, porque no hay dos individuos iguales en el mundo. Cuando los opuestos hallan su equilibrio, entonces se complementan. Hay en todo, siempre, un punto medio entre los extremos, y por eso mismo, hay en todas las conductas un punto medio que se denomina ecuanimidad. Para llegar a la ecuanimidad, al equilibrio, es del todo imprescindible transitar por el conflicto, por la línea de tensión que se mantiene entre los extremos. Para hallar el punto medio es imprescindible conocer a fondo ambos extremos. Esta es la condición de la dualidad, que desde el punto medio se puede trascender. El equilibrio, la unidad, se realiza en el centro del ser. El centro del ser es el corazón. “Cuando el ser humano encuentra su propia ley en sí mismo, ésta lo desvincula de todas las demás. La ley más íntima de cada persona es la obligación de encontrar y realizar su verdadero centro, es decir, unificarse con todo lo que es.”9 Cuando la persona lo reconoce de esta forma, entiende que no hay más autoridad que la propia, entonces, nada ni nadie están por encima de su voluntad y empieza a fluir y a participar de la Voluntad Divina. El poderoso instrumento para la unificación de los opuestos es el Amor. El Amor es la fuerza cohesiva del Universo. Cuando el Amor fluye a través de nosotr@s, la sanación comienza. Para ello, basta con descubrir que nuestra sombra oprimía nuestro corazón. Cuando descorremos el velo de la opresión para permitir que el poderoso centro del Amor en nosotr@s funcione, el Amor se expande desde nuestro interior y lo abarca todo, porque el Amor no tiene fronteras.

9

Del libro “La enfermedad como camino” de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke

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ABRAZANDO LA SOMBRA Ya hemos señalado más arriba que cualquier camino hacia el despertar espiritual tiene que pasar necesariamente por la revelación de todos los aspectos de la sombra: los aspectos oscuros y distorsionados del ser individual y colectivo que tanto rechazo suscitan y que por tanto tiempo hemos estado evitando ver y mostrar por miedo al juicio y a la condena. La elección de empezar a pulsar desde el corazón despliega para nuestro ser unos parámetros nuevos y diferentes de observarción, puesto que la energía del corazón nada tiene que ver con el juicio, la condena y el castigo. En lugar de ello, la energía amorosa del corazón nos abraza desde la aceptación, y de una forma nueva y diferente nos permite mirar hacia dentro, superando nuestro temor al rechazo, para observar con honestidad y verdadero deseo de desvelar los propios aspectos distorsionados de la conducta humana, que han formado parte de nuestra condición y que pese a todo lo feos que nos parezcan, han tenido su razón de ser. El corazón nos permite observar, aceptar y abrazar desde la aceptación todos esos aspectos. Nos permite indagar en ellos y comprender a qué causa se remontan, permitiendo este proceso volvernos más completos, por cuanto nos lleva al conocimiento profundo de nuestra naturaleza y a la revelación de nuestra verdad. Sé que en la evolución humana -aunque muy lenta ha sido y nos haya agotado verdaderamente- hay una fuerza que nos impulsa al perfeccionamiento. A causa de la energía del viejo paradigma fundamentado en la mente racional, a su vez regida por la dualidad y el juicio, esa misma aspiración al perfeccionamiento se ha convertido en un pretexto de engaño. Tod@s hemos querido ser mejores de lo que éramos, y de forma inconsciente hemos abusado del recurso de vivir en una fantasía sobre nosotr@s mism@s, a la vez que esa misma fantasía nos ha impedido poder observar hacia fuera para ver la verdad desnuda de los hechos y de la vida en general, generando así un continuo de fantasías que se han convertido en los falsos cimientos de la existencia humana y que nos ha ido desconectando de nosotr@s mism@s y de la vida. Sin embargo, en los últimos tiempos, las cosas están cambiando muy deprisa. Estamos en pleno proceso de crisis profunda y transformación, y podemos afirmar sin lugar a dudas que hemos entrado ya en la era del corazón. Éste no es únicamente un cambio planetario, es mucho más que eso, es la derivación de un proceso cósmico, un ciclo evolutivo que situa nuestro Sistema Solar en conjunción con los soles de otros sistemas mayores que a efectos prácticos está aumentando la frecuencia vibratoria de todo nuestro Sistema Solar y por lo tanto de nuestro planeta. Estamos siendo bombardeados con fotones de altísima frecuencia; por decirlo de una forma coloquial, hay una nueva luz, y a

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consecuencia de ello todo lo que antes permanecía oculto está emergiendo a la superficie. En el viejo sistema de valores, ya obsoleto y decadente, basado en el juicio, la condena y la culpabilidad, la hipocresía y la mentira han sido el traje de riguroso uniforme de los mandatarios, a la vez que dos ejes de rotación para el sistema, dos antecedentes de la sombra con los cuales nos hemos uniformado todos a pesar de que para la mayoría el ropaje luciese deslucido. La mentira consistió en manipular y distorsionar algunas verdades fundamentales del ser humano y de su historia. Nos mostraron un mundo y un paradigma falso en el que el deber, el tener y el consumir estaban por encima del ser; nos acostumbramos a vivir en el engaño, dejando incluso de cuestionarnos no sólo los aspectos profundos de la existencia, sino muchos aspectos importantes de nosotr@s mism@s, de nuestra forma de vida y de nuestras relaciones. La vida dejó de ser una experiencia de vida y pasó a ser una experiencia de muerte inconsciente. Mas ¿de qué forma podemos volver a nuestra experiencia real de vida? ¿cuál sería, para cada un@ de nosotr@s, esa experiencia real? Nuestra experiencia de vida, lo mismo a nivel individual como a nivel colectivo, está directamente relacionada con la revelación de aquellos aspectos que más nos cuesta aceptar, por eso, cuanto más conscientes sean las experiencias, más facilitamos nuestro propio crecimiento. Por eso también, cuando percibimos cosas que no nos gustan en otras personas, en realidad sucede que esos aspectos que los demás reflejan para nosotr@s, están ahí para mostrarnos algo de nosotr@s mism@s que necesitamos aceptar e integrar para que se produzca la sanación y la trascendencia. Rendirse y aceptar equivale a abrazar los aspectos oscuros del ser humano, individual y colectivo, como parte constituyente que son de la experiencia humana. En nuestras condiciones humanas la perfección no existe. La perfección es sólo un arquetipo hacia el que se dirige la evolución de la raza y la expansión de nuestra consciencia. La perfección de la Creación incluye, abraza y acepta la imperfección consubstancial de la experiencia terrenal y humana. Podemos ser íntegr@s, pero no perfect@s. Sólo cuando abrazamos la sombra estamos en disposición de mejorar como personas hasta alcanzar la integridad. Y para llegar a abrazar la sombra necesitamos practicar la serena expectación, la observación atenta.

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SOMOS CREATIV@S Y CREADOR@S -Ley de AtracciónA toda acción y concreción en el plano físico le precede un pensamiento, con frecuencia detrás de un pensamiento se oculta una creencia. Las creencias son aquellas consideraciones -a priori ajenas a nosotr@s- a propósito de la vida, que a lo largo de nuestras experiencias, hemos ido incorporando a nuestra valoración de las cosas y que han determinado nuestra posición en relación a ellas. Las creencias no son convicciones, no tienen porque ser experiencias, puesto que son valoraciones y como tales nos condicionan, algunas veces de forma positiva, otras veces de forma negativa. Una creencia nos puede conducir a la experiencia, acertada o no y a la confirmación o a la rescisión; otras veces puede que nos aleje de la posibilidad de la experiencia, que es la única forma posible de llegar a la realización del yo. La creencia no es fe, porque fe es convicción, fe es reconocimiento, y sólo se puede reconocer aquello que se conocía con anterioridad. Las creencias constituyen la formación del ego. El ego es, estrictamente, una creación de la mente humana que refleja nuestro sistema de valores y que condiciona nuestra vida. El ego nos condena por lo que somos, y nos encapsula dentro de sus propios parámetros y creencias. La Vida es creación y cambio constante. Nuestra naturaleza humana tiene un origen divino, es divina y es creativa desde el momento en que tenemos un corazón y una mente. Mas es preciso comprender bien la ley de atracción: En la ejecución de cualquier plan creativo se conjugan dos factores fundamentales, por un lado la proyección mental del pensamiento cargado con la fuerza y por el otro el poder de la emoción o del deseo. Es el impulso mental validado y fortalecido por un impulso sensible de carácter emocional, algo así como el combustible de la idea mental. La ley de atracción es la ley que gobierna la fuerza magnética y ese principio de coherencia que construye las formas que posibilitan la manifestación creativa, así como la estabilidad que permite la persistencia de las formas en su ciclo de existencia. Somos seres creativos, estamos creando constantemente, ya sea de forma consciente o inconsciente. Es importante tener esto en cuenta. Nuestra mente no es toda autoconsciente (todavía no), muchas veces, muchas más de las que pensamos rige nuestro subconsciente. Pero eso no nos resta responsabilidad en lo que hemos creado o estamos creando. La comprensión de la ley de atracción implica la consciencia sobre el uso correcto de la materia y de los recursos materiales. Implica comprender que la sagrada función de la materia es constituir un medio de expresión y un campo de acción para la Divinidad Interior. Se trata de

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la aspiración a la pureza del propósito del alma y de que ésta se libere de la servidumbre de la materia. Logrando así una vida equilibrada basada en las correctas relaciones entre las personas y entre las personas y los recursos. A través de la correcta orientación, a través del uso correcto de los recursos y de la energía espiritual, a través de las correctas relaciones, nuestra existencia se llenará de luz y será el alma iluminada la que nos guiará. En pocas palabras, nos hace falta la aspiración

superior

para

conseguir

que

nuestros

procesos

humanos

de

substanciación creen realidades armonizadas. Retomando una idea de la que hablábamos con anteriroridad, se trata de que aprendamos a crear desde la consciencia para posibilitar y favorecer el cambio evolutivo que está ya aconteciendo y llamando a la puerta de cada consciencia individual. Se trata de tomar consciencia de los distintos estratos de nuestro ser para permitir a nuestra observadora silenciosa que pueda realizar justamente su función: la de observar con atención. Se trata de que ella pueda observar nuestros procesos mentales condicionados, nuestras creencias, para que una parte elevada de nosotr@s pueda mantenerse al margen de ellos, para que podamos tomar consciencia de que no somos nuestros procesos mentales, de que tampoco somos nuestras emociones. Se trata de que dejemos de identificarnos con nuestras máscaras y empecemos a posibilitar nuestra Verdadera Identidad Divina y Multidimensional. Se trata de aceptar y de asumir de una vez para siempre que somos cien por cien responsables de nuestras creaciones y corresponsables de todo lo que percibimos. Esto sólo lo podremos hacer cuando desplacemos el centro de nuestra pulsación desde la mente racional que nos ha estado rigiendo hasta ahora, al corazón, lugar de la presencia y aliado de la mente superior. La mente racional no podrá nunca percibir la totalidad. Fragmenta, segrega, disgrega, para poder analizar por medio del contraste e identificarse por medio de las creencias. Tiende a enjuiciar y a condenar. El corazón es completamente distinto, el corazón percibe, posibilita la experiencia directa. No juzga, no condena, simplemente acepta. Es el corazón el verdadero creador holístico de la vida y el dador de las oportunidades que la posibilitan. Es nuestro centro solar, es nuestra síntesis.

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CONSCIENCIA Y SUBCONSCIENCIA Necesitamos hacer una distinción entre lo que es consciencia y lo que es autoconsciencia. Podemos afirmar que en la Creación todo es conciencia y energía, la energía es el potencial que subyace al servicio de la consciencia. Si consideramos el término consciencia en su acepción más ámplia, será necesario señalar que la Consciencia no siempre es autoconsciente. La psicología denomina consciencia a todos aquellos aspectos, causas y procesos de la vida de los cuales el ser tiene conocimiento. La subconsciencia sería la suma de aspectos y causas que actúan en la vida del ser de las cuales éste no tiene conocimiento, es decir la subconsciencia la constituyen aquellas partes o causas que no se han iluminado con la luz de la consciencia. Pero yo haría incluso una distinción entre el concepto psicológico de consciencia y lo que yo denomino autoconsciencia; en cierto modo se pueden considerar términos sinónimos, sin embargo podríamos decir que el término autoconciencia enfatiza el reconocimiento de una causa última, una Causa Superior o Divina que subyace detrás de todo lo creado, de todos los procesos de la vida y por lo tanto de todos los procesos conscientes del ser. Es decir, la consciencia en términos de psicología, no implica necesariamente la aceptación de la Divinidad o de esta Causa subyacente a la que yo llamo Consciencia (con mayúsculas) considerada en su sentido más amplio. Pero después de esta aclaración previa vamos a retomar la idea del apartado anterior aunque nos reiteremos un poco. Verdaderamente somos creadores, pero es importantísimo tener en cuenta que salvo algunas excepciones de personas que han alcanzado ya cierto grado de conscinecia, una buena parte del tiempo nuestro proceso creativo no se produce en la mente consciente sino en el estrato profundo de la mente subconsciente. Ya se ha mencionado que el hecho de que esto sea así, no nos redime en absoluto de la responsabilidad de nuestras creaciones, puesto que la Ley de Causa y Efecto (Ley del Karma) nunca cesa en su actividad. Aceptar que las cosas son de esta forma, nos predispone a mantenernos alertas para realizar un trabajo de revisión, limpieza y refinamiento de nuestro ser y de todos los aspectos de nuestra vida. El esfuerzo sostenido de perfeccionamiento personal realizado en la mente consciente va incorporando a nuestro subconsciente información de carácter constructivo en un proceso que ilumina gradualmente nuestras partes inconscientes. Una buena disposición de ánimo y una actitud mental

positiva

son

indispensables

en

cualquier

proceso

de

sanación,

de

crecimiento, de creación positiva y expansión de la consciencia. En un momento determinado se torna imprescindible el dominio del pensamiento así como el

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dominio de los impulsos emocionales, no desde la represión, sino desde el reconocimiento de que el subconsciente actúa por instinto en respuesta a nuestros impulsos emocionales básicos, que suelen permanecer sujetos a una gama muy estrecha y limitada del

espectro disponible de percepción, determinado y

condicionado por creencias implantadas o adquiridas. Pero estos impulsos se pueden liberalizar y reeducar positivamente reconociendo que nuestro espectro de percepción se inscribe en un espectro infinito de frecuencias que no halla limitación. Creer es crear, como diría Santiago Pando. Creer en una realidad escasamente limitada a nuestros cinco sentidos es mantenerse recreando esa realidad opresiva que nos han querido hacer creer que la vida es. Creamos nuestra realidad en base a la información que recibimos, y recibimos la información en base a lo que creemos sobre la realidad. Nuestro subconsciente está al servicio de un sistema que ha creado una realidad distorsionada y que para nada es fruto del azar, una versión de las cosas completamente manipulada en la que nos han hecho creer para que continuemos siedo manipulables. Mientras no somos autoconscientes otras mentes crean por nosotr@s. Cuando llegamos a serlo la creación propia adopta automáticamente un carácter positivo, constructivo y mucho más expansivo y lleno de posibilidades, es entonces cuando empieza nuestro verdadero proceso de creación.

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DOS ENTIDADES ESOTÉRICAS EN EL SER HUMANO10 Me parece interesante y necesario también, hacer alusión aquí a dos entidades esotéricas, surgidas de la consciencia del ser, una en oposición a la otra, que ilustran de manera muy gráfica lo que vulgarmente llamamos la lucha interna entre el bien y el mal. Vicente Beltrán Anglada afirma que la iniciación es el paso en la consciencia del ser que transita del Guardián del Umbral al Ángel de la Presencia. Ambas

firguras

son

entidades

energéticas

creadas

individualmente

por

la

consciencia del ser, a merced de su grado evolutivo. El Guardián del Umbral es una entidad energética elemental, creada por el ser por la acumulación de poder psíquico inferior en su aura etérica a través del tiempo y que se convierte en un peso específico que impide al alma elevarse y levitar, es decir, ascender hacia las alturas espirituales. Esta entidad personaliza para el ser los apegos, defectos y vicios que limitan la expresión humana de su alma. El Ángel de la Presencia es la otra entidad energética, de naturaleza más sublime, creada también por el ser a través del tiempo, por la acumulación de los poderes psíquicos superiores adquiridos a partir de sus cualidades, sentimientos elevados y acciones más nobles. Es el mensajero del Yo Espiritual. Llega el momento evolutivo en la vida individual del ser humano, que por inspiración hace su aparición en escena el Ángel Solar o Yo Superior. Esto sucede cuando existe una buena adecualción de valores y cualidades. Entonces, esta Potestad Superior que es la Divinidad individual humana se revela al corazón individual y bajo su influencia la personalidad se decanta hacia el lado del Ángel de la Presencia. En este momento el Guardián del Umbral empieza a perder fuerza y se van eliminando del aura del ser las lavas energéticas y egregores adheridos a ella; las fuerzas psíquicas superiores se robustecen, y el ser renace con una nueva cualidad en su vida. Puede suceder que el ser renuncie a la iniciación y vuelva a descender a la cualidad energética del mundo profano de lo material, el mundo de las tentaciones, acarreando así un nuevo karma que cargará sobre sus hombros.

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Una parte de la información ofrecida es una síntesis extraida de las enseñanzas de Vicente Beltrán Anglada. Particularmente, V. B. Anglada hace una alusión específica de estas entidades en una conferencia ofrecida por él en Barcelona el 14 de Julio de 1979, titulada La energía, el pensamiento y la forma. Las conferencias de V. B. Anglada, así como muchos de sus libros, están disponibles para el público de forma gratuita en el siguiente enlace: www.asociacionvicentebeltrananglada.org

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Estas dos figuras esotéricas que adquieren cualidad de entidades en la consciencia individual del ser, ilustran claramente la experiencia de dualidad por la que transita el alma en evolución antes de experimentar la iluminación o cristificación. Estas entidades no son otra cosa que la expresión de la consciencia dual de nuestra naturaleza humana. El Guardián del Umbral es la figura personificada de nuestro demonio interior, de nuestro ángel caído (nuestro representante personal del diablo) que preserva nuestro ascenso a los cielos. Por su parte El Ángel de la Presencia es la parte sublime de nuestra consciencia que nos invita al ascenso. Es el servidor de nuestro Yo Superior, la parte de nuestra consciencia humana que nos vincula a nuestra Divinidad Esencial. En el proceso de la involución humana, la figura del Guardián del Umbral adquiere fuerza y es atraído a la experiencia del ser a través del hemisferio izquierdo del cerebro que rige la mente concreta del ser. El Ángel de la Presencia permanece en estado latente ejerciendo su influencia ocultamente hasta que llegado a un cierto punto de concretización, el alma individual puede empezar su camino evolutivo, el camino del ascenso. Esta entidad de la consciencia es atraída a la experiencia a través del hemisferio derecho del cerebro humano, el que rige la mente abstracta, ésta es la que está conectada con el corazón, con el Ángel Solar que reside en él y que guarda perfecta sincronía con el Inefable Corazón de la Divinidad. La corriente continua de Energía Vital que emana del la Divinidad Creadora se expresa (lo mismo que nuestro corazón humano sólo que en un grado infinitamente mayor de grandeza) en movimientos de dilatación y contracción. Diástole y sístole respectivamente. El movimiento de diástole impulsa el descenso de la Energía Vital Divina desde el Corazón de la Divinidad a través de la cadena jerárquica de los soles hasta llegar al sol individual del ser humano que es su corazón. Además de ser el movimiento que impulsa la involución, el descenso, es el movimiento que transmite esa Energía Vital que nutre la vida toda. El movimiento de sístole es el flujo o corriente que sustenta el retorno de la Energía a su fuente, al Corazón de la Divinidad, posibilitando el ascenso y la evolución del alma a niveles más altos de consciencia. El propósito de la experiencia humana es la expansión y el florecimiento de la consciencia Divina expresándose a través de las consciencias individuales. Para que se produzca esta expansión de la consciencia, ésta necesita haber descendido a las profundas densidades de la materia en las cuales las virtudes de la Unidad se pierden

completamente

de

vista

temporalmente

y

sólo

se

percibe

por

contraposición la dualidad y la separación; en este largo periodo involutivo las

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Cualidades Divinas se desvirtúan gradualmente y se tornan imperceptibles casi por completo para la consciencia, al haber quedado el alma aprisionada en las densas vibraciones de la materia. Pero por Ley Universal toda creación retorna a su origen, pues lleva la impronta energética de su esencia. Expresado en palabras llanas, no podemos ascender al Cielo si antes no hemos descendido a las profundidades de la experiencia terrena, lo que vulgarmente conocemos por el infierno, con sus peligros, oscurecimientos y desvirtuaciones de la vida y del ser. Mas hay un hilo vital oculto para l@s profan@s que mantiene siempre conectada a la criatura a Su Divinidad Creadora. Este hilo o corriente dorada conecta los corazones interiormente entre sí preservando para cada sol o corazón de cada sistema inferior y de cada alma individual una medida cualitativa de la Grandeza del Sol Central, de manera que esta medida cualitativa de grandeza, preservada en cada corazón, mantiene un pulso simultáneo de Vida Unitaria. Es en el nivel del corazón que somos Un@ con la Vida toda. Es en el nivel del corazón que podemos vivir la experiencia de la conexión. Y es a través de la experiencia del corazón y no a través de la experiencia del intelecto, que el ser humano experimenta el crecimiento interior y el ascenso y expansión de su consciencia individual.

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EL SENDERO DE RETORNO11 Hemos divagado por la vida durante eones, naciendo una y otra vez, adict@s a una dependencia, inmovilizad@s por el yugo de la ignorancia. Pero la vida está destinada a volver del lugar de donde procede, y en una de esas vidas nuestras, en un momento determinado, se produce un punto de inflexión; esto sucede cuando del interior surge un intensísimo deseo de comprender, una ferviente necesidad del conocimiento de aquello que ha de remitirnos a la verdad individual, nuestra verdad personal que no es sino una nota más que armoniza y enriquece la Verdad Universal. Esa intensa necesidad de entendimiento se convierte en una amonestación que no se puede eludir, de manera que los errores de percepción que se cometen durante la búsqueda nos devuelven –a veces dolorosa y violentamente- a la verdad. Y la necesidad de verdad y honestidad se convierte en una prioridad. Y en esa prioridad se percibe una belleza sin parangón. Esa profunda y exquisita belleza que se percibe va alimentando y llenando nuestra vida de un renovado y creciente sentido de plenitud. En ese creciente sentido crece el fervor. Se llama Sendero de Retorno, y a medida que avanzamos por él la llamada es cada vez más dulce, la certeza del cumplimiento es el sello del compromiso y el exquisito descubrimiento de una promesa que es nuestro legado. En ese proceso inicialmente difícil, la expansión de nuestra conciencia desarrolla un sentido agudo de la prudencia, pues el ser ha llegado a descubrir la tremenda prepotencia de la soberbia humana y el cortante y amenazador filo de la misma. Entonces la satisfacción por el logro propio se conjuga equilibradamente con la humildad, y de esa conjunción crece el verdadero amor por la vida, y se comprende que para cada un@ de nosotr@s el máximo exponente de la vida es un@ mism@, pues sólo en lo más profundo de un@ mism@ reside Dios Diosa Todo lo que es. Y el ser aprende a estimarse y a comprender la justa medida del amor propio. Ha aprendido a creer en sí mism@, a pesar de que l@s demás puedan no haber creído en él; ha alcanzado la verdadera fe. En este punto hemos aprendido a vencer los temores, y la valentía del ser ya no actúa por temeridad, sino desde la conciencia de una infalible protección que sólo la

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Este capítulo está transcripto íntegramente del libro “EL DIAMANTE DE LO FEMENINO, Expansión de conciencia y crecimiento espiritual” de la misma autora.

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propia verdad puede brindar. Los actos que emprende el ser son entonces vibrantes, cargados de sentido y riesgo, pero certeros. Cuando el ser ha llegado a este punto dispone ya de las herramientas de luz que necesita para precipitar su retorno, y entonces se abandona a la vida, dulcemente, preparad@ y dispuest@ para dejar atrĂĄs el dolor. El pasado se ha transformado en luz por el profundo conocimiento que se ha adquirido de ĂŠl, y la luz ya no hiere, pues se ha tamizado del dulce sentido del mĂĄximo propĂłsito.

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EL PODER DE LA PALABRA12 Las palabras (lo mismo las palabras pensadas como las verbalizadas) son un instrumento de poder. Con las palabras expresamos nuestro poder creativo y fertilizamos los éteres con la fuerza de la precipitación a la materia, con las palabras lo revelamos todo y mediante las palabras cualquier cosa es susceptible de ser revelada o de sernos revelada. Las palabras son semillas que tienen fuerza generativa, y por eso yo escojo ser impecable con las palabras. Yo Soy impecable con las palabras La palabra impecable (im-pecable) quiere decir “no pecable” “que no peca” “sin pecado”. Más allá de la distorsión o de la manipulación que puedan haber hecho las religiones del sentido de la palabra pecar, yo interpreto que pecar es arremeter contra la vida en cualquier sentido posible, hacer o pensar cualquier cosa que vaya en contra de la vida; da lo mismo si es contra la propia vida, contra la del prójimo o contra la vida de cualquier ser vivo. Cuando yo soy impecable, asumo la responsabilidad de mis actos con reflexión y penetración pero sin juicio, condena ni culpabilidad. Pecar o no pecar deja de ser una cuestión de moral o de dogma y pasa a ser una cuestión de responsabilidad. En el libro “Un curso de milagros” hay una idea muy sencilla y profunda que dice que cuando abrigamos resentimiento nos olvidamos de quien somos, no estamos conscientes de nuestra verdadera identidad. Es nuestro ego quien gobierna nuestra mente y mientras esto es así, nuestro espíritu no puede gobernar. En realidad cuando entramos en conflicto con alguien se dispara en nosotr@s el resorte de la visión negativa de nosotr@s mism@s, la cual siempre se remonta a un pasado lejano y socava nuestro sentido de ser felices y complet@s. El rechazo hacia mi misma (hacia el sí mism@) es el principio donde se fundamenta el pecado, esta idea me parece fundamental, porque en el amor y la aceptación no hay pecado posible. El rechazo de l@s demás es un reflejo del autorechazo. Rechazar a l@s otr@s es rechazarme a mí misma. Si escojo la impecabilidad en mis palabras y mis pensamientos, el veneno emocional acabará por desaparecer de mi vida y de mi persona. La impecabilidad me proporciona inmunidad frente a posibles ataques, pues la mente sólo es fértil a

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Alguna de estas ideas sobre la impecabilidad con las palabras las expresa el autor Miguel Ruiz en su libro de sabiduría tolteca “Los cuatro acuerdos”.

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la negatividad cuando no es impecable. Cuando es impecable sólo es fértil a las expresiones del Amor. Por eso yo acuerdo conmigo misma ser impecable con mis palabras, porque las semillas de la impecabilidad crecen en nuestra mente y generan frutos de Amor y abundancia, que en poco tiempo van remplazando el miedo, la angustia y el sinsentido. Para llegar a ser impecable con mis palabras y mis pensamientos, yo me observo, sin ningún tipo de presión ni juicio, pero rectifico cuando por descuido emito distorsión de algún tipo, cancelando desde la intención todas las emisiones distorsionadas.

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NO EXISTE LA CULPA13 Quisiera gritar bien alto a los cuatro vientos: ¡No existe la culpa! ¡Que el ser humano consiga desprenderse de ese lastre que arrastra en sus sentimientos! Abogo completamente por la inocencia del ser humano, toda la confusión del mundo no es más que una artimaña artificiosa producto de la mente caída, que persigue embaucar con el engaño. Es imprescindible llegar a comprender esto, y desde el corazón sentir cálidamente la certeza del perdón. El corazón que sabe de la certeza de la inocencia, reproduce para sí mismo y para su prójimo aquel espacio y circunstancias en las que el ser humano puede realmente desarrollar, vivir y sentir su verdad. Finalmente, su verdad humana es la inocencia, y todo lo que no sea inocencia es producto de la confusión, que ciertamente, puede llegar a ser muy grande. Que se produzca un cambio en las apreciaciones del ser humano -no sólo en las propias, sino también en las ajenasdepende de nosotr@s, pues aquello que apercibimos deviene finalmente la realidad, en aquello se transforma nuestra realidad maleable. La desconfianza hacia un@ mism@ se proyecta hacia los demás, y eso crea una respuesta. Y dentro de ese marco es difícil que el ser humano pueda experimentar felicidad y pueda demostrar su verdad. La confusión se extiende de manera fácil y rápida, y desde un foco que proyecta culpabilidad las circunstancias se enrarecen y las mentes se intoxican. En el momento que se conoce y se comprende el funcionamiento de estas cosas, se puede erradicar con facilidad esta tendencia si perseveramos en una postura de firmeza y en nuestro verdadero deseo de bienestar y prosperidad para nuestro prójimo y para nosotr@s mism@s. Una vez hemos conseguido formular nuestro mejor deseo, ese deseo de prosperidad y justicia que custodiamos en lo profundo del corazón, no nos resultará tan difícil ejercitarnos en la observancia de nuestras propias tendencias de pensamiento y sentimiento, para reconducirlas y liberarlas de las proyecciones de la culpabilidad. No se trata de no ver o de eludir los análisis de las tendencias del ser, sino permanecer en la profunda comprensión y certeza de que las desviaciones son producto de la confusión. Necesitamos sustituir el concepto de culpabilidad por el concepto de responsabilidad. Aun cuando cometemos acciones erradas y perjudiciales, en el ser humano permanece una inocencia no reconocida, y es el desconocimiento de esto, junto con la ignorancia al respecto de otros aspectos de la vida, lo que lleva al ser humano a

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Este capítulo ha sido extraído íntegramente del libro de la misma autora titulado: “GESTACIÓN DE AMOR -Ensayo Cabalístico de Misticismo Poético-”.

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cometer y perpetuar los errores de percepción, los errores de acción y las injusticias. Insisto en este mensaje que quiere transmitir que depende de nosotr@s mism@s, de cada un@ de nosotr@s, que se erradique de nuestros cuerpos y sistemas el yugo de la culpa. Pues es éste el peor de los sentimientos humanos, motor y causante de todas las desgracias de la humanidad. Si el ser humano es culpable (lo cierto es que nacemos con ese sentimiento hábilmente enmarañado en nuestros registros) entonces llegamos a este mundo condicionad@s y predispuest@s a demostrar nuestra culpa, y tendremos que caer las veces que haga falta en aquellas paranzas que nos permitan argumentarla. Hay una sola manera de escapar de esta trampa, de empezar a desatarse de sus maliciosas e intrincadas redes, y esta única manera es repudiando el sentimiento de culpa, posicionándonose firmemente en la afirmación contraria desde un deseo voluntario, profundo y consciente: el ser humano es inocente, el ser humano es inocente, el ser humano es inocente, y precisa recuperar completamente esta verdad, para dejar abierto de una vez para siempre el portal de su liberación, que está llamando a gritos al ser para que lo atraviese en estos tiempos que corren.

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ATENCIÓN E INTENCIÓN Mantener la atención sostenida en aquello que realmente es importante para nosotr@s es lo que posibilita que llegue a manifestarse. Es algo así como “si tengo la intención de crearlo debo mantener enfocada mi atención en ello”. Cuanta menos dispersión haya en nuestra mente, es decir, si conseguimos mantenernos enfocad@s desde el corazón en aquella meta importante para nosotr@s, tendremos muchas más posibilidades de lograr nuestro objetivo que si pretendemos hacer sonar muchas flautas a la vez; demasiadas cosas a la vez es imposible hacerlas bien. Cuando andamos detrás de un proyecto, una meta, un objetivo, es normal que aparezcan dudas y temores, no obstante es importante decidirse a no tomarlos en consideración, es una cuestión de valentía y de fe en un@ mism@ no identificarse con ellos. La actitud personal es también fundamental. Es preciso disciplinar nuestro pensamiento y nuestro discurso, no sólo el interno, sino el que mantenemos con l@s demás, de forma que lleguemos a ser capaces de sostener silenciosamente aquello que realmente nos interesa para no dispersar la energía; se trata de dejarlo reposar el tiempo necesario, de hablar de ello sólo lo justo, y siempre en un tono respetuoso y constructivo. Es así mismo imprescindible velar por la calidad de nuestros sentimientos, rechazando la crítica, el juicio, la negatividad, el desánimo, la pereza o cualquier otra actitud negativa. Pero no desde la represión, sino desde el amor de la aceptación. Están ahí, los veo, los distingo, pero yo los voy a transformar porque deseo gratificar la vida. Todas estas tácticas nos servirán para ahorrar la energía y utilizarla sólo de manera eficiente. La palabra atención significa “sin tensión”: “a-tención”. El significado de la propia palabra ya sugiere lo que representa vivir una vida atenta. La palabra intención, por su parte, significa “en tensión” y yo diría que más concretamente significa “tensión en”. Es decir, la intención es la acción de mantener la tensión justa y necesaria en un punto u objetivo determinado, ni más ni menos. Ambas cosas necesitan estar bien conjugadas en la vida para favorecer la creación.

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INTELIGENCIA DIVINA -La disciplina del Agni YogaYo Soy el principio del cambio alrededor de mí. Mas no me olvido nunca de que formo parte de una Totalidad gobernada por una Inteligencia Divina. Esa Inteligencia Divina es la que establece el lugar exacto de cada cosa y ser creado, es la que permite que mi ser, mi organismo, mis células, mis ciclos, etc. funcionen sin necesidad de que yo interfiera. Por eso me resulta fácil comprender que existe esa Inteligencia Divina, porque ella me dirige y la vida pulsa en mí sin necesidad de que yo me esfuerce. Entonces, me parece inteligente y apropiado sintonizarme cada día voluntariamente a esa Inteligencia Divina que en verdad me rige. Y todos los días decreto cuando me levanto: Yo me reconecto voluntariamente a la Inteligencia Divina Universal, para que en el día de hoy sea Ella quien actúe para mí sin que mi ego interfiera. Yo Soy la Inteligencia Universal. Agni Yoga -la disciplina del corazón- suscribe el principio que se conoce esotéricamente como Ley de Economía Universal. La ley de Economía Universal se basa en que la Creación toda se fundamenta en la sinergia, principio según el cual las causas se suman para producir un efecto mayor a la sumatoria de los efectos de las causas individuales. La naturaleza también se basa en esta ley que se podría mencionar, sin ningún sentido peyorativo, como la Ley del mínimo esfuerzo. La evolución o plasmación siempre busca el camino de menor resistencia. Es una opción inteligente observar cuáles son las premisas humanas necesarias para aplicar esta ley de economía en nuestras vidas.

Si conseguimos asentarnos sobre los pilares fundamentales del Agni Yoga, estamos aplicando la Ley de Economía Universal. Estos pilares fundamentales son: Amor  Visión  Aceptación  Responsabilidad  Compasión  Perdón  Gratitud. Una cosa nos lleva de manera natural a la otra, y a la otra, instruyéndonos para vivir en el aquí y el ahora.

Cuando no aceptamos algo, sea lo que sea, sea una persona, una situación, una característica personal, etc. en un grado u otro nos mantenemos en contra de... Cuando estamos en contra de cualquier cosa en realidad estamos en oposición al Universo, bloqueamos el flujo de la energía, somos una barrera para ella. Aceptar implica responsabilidad. Si algo no nos gusta lo podemos cambiar. Pero siempre desde dentro, siempre desde la aceptación, asumiendo que lo que percibimos es una creación propia. Asumiendo también que podemos y necesitamos practicar el

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acto del perdón cada vez que percibimos algo que no nos gusta, que nos lastima, que degrada la vida de una manera u otra. Nuestra propia vida es nuestra mayor obra creativa. Eckhart Tolle dice algo así como que todo esfuerzo creativo nace de un lugar de paz. Toda obra creativa, digo yo, es el fruto de un esfuerzo creativo. Y añado que una obra de calidad y que consiga perdurar en el tiempo, se me antoja que pueda ser una obra gestada en un lugar completamente pacífico. Para que nuestra mayor obra creativa, nuestra propia vida, sea de la mayor calidad posible, tiene que empezar por gestarse en un lugar de paz. Si hay paz hay obra, si hay obra hay paz. Aquí no hay expectativas. Es simplemente pulsar en el presente. Es simplemente “el poder del ahora”. El camino se convierte en la meta y la meta es el camino mismo. Cuando nos rendimos al corazón –a la guía espiritual de nuestro corazónconseguimos mucho más de lo que nuestra capacidad humana nos hubiera permitido. No es el ego el que triunfa en los grandes logros, sino el espíritu. Todos los caminos que recorremos nos llevan al corazón, si esa es la intención y el pensamiento que sostenemos. La práctica del Agni Yoga es la práctica sostenida de la “serena expectación” (para utilizar una vez más las tan acertadas palabras de Vicente Beltrán Anglada) o de la observación consciente y atenta desde la presencia. A través de la serena expectación establecemos contacto con el yo. El yo humano alineado con el Yo Divino o Yo Superior. La mente superior queda fusionada con el Plano Búdico (la dimensión etérica del corazón); es el estado del ser inspirado, eternamente presente en el aquí y el ahora; el sentido de la intuición despierto. Agni Yoga enfoca la intención de la mente del ser a un nivel superior de observación profunda o serena expectación, sintonizándola de manera consciente con la Frecuencia de la Mente Universal. Fruto de esta práctica sostenida, llega el momento en que la persona deja de tener voluntad individual, y de forma completamente natural se produce la rendición y la entrega; el ser ha rendido su voluntad a la Voluntad Cósmica; ya no se equivoca porque ya no es el ego quien decide. Ya no se pelea, su mente humana ya no presiona; ya no duda. Porque en la Presencia del aquí y el ahora el karma no existe, ho hay karma. Las circunstancias y los eventos fluyen en perfecta sincronía estableciendo de forma fluida el camino por el que trasita el ser, no hay consecuencias kármicas. Está bien saber y comprender que finalmente las cosas suceden así para el ser. Puesto que puede llegar un momento en la evolución personal en el que sintamos

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que ya no nos toca decidir. Los anhelos profundos del ser siguen ahí, reflejando nuestra la misión interna; pero es la vida la que se encarga de dirigirnos, el ego ha perdido vigencia. El significado de Agni Yoga es Yoga de Fuego o Yoga de síntesis. Agni Yoga o Yoga de síntesis es la experiencia de hallar el punto medio exacto en el centro, donde se produce el equilibrio de las tensiones de los extremos. Es la síntesis de todas las posibilidades, el equilibrio entre ellas. La práctica inmediatamente anterior a la práctica del Agni Yoga es la práctica mental del discernimiento y la discriminación. La discriminación separa los elementos delimitando el campo de percepción. Después el discernimiento elige. Discriminación y discernimiento van casi juntos. A copia de experiencia la práctica se sutiliza y se produce una síntesis. Al término de revelarse la realidad o la verdad que se está buscando se despiertan el sentido de la intuición y surge la práctica del Agni Yoga. Cuando el ser ha practicado los suficientes esfuerzos de lógica correcta e impersonal a lo largo de sus encarnaciones y experiencias de vida, se despierta la intuición; todo se desenvuelve y surge a su debido tiempo para el ser. Vicente Beltrán Anglada dice “cuando el tiempo es cero y el es espacio es infinito se produce la liberación”. La única posibilidad humana de experimentar el tiempo cero está en la práctica de la presencia, de la completa rendición al presente, en este acto de entrega todo espacio pierde su acotamiento, no hay presiones de ningún tipo, y la extensión espacial para la experiencia de ser es infinita. Agni Yoga, la práctica de pulsar desde el corazón, es para nuestras vidas la validación de la Energía Crística, la energía de unificación que disuelve todas las polaridades en la unidad, que trasciende todas las conclusiones de la mente racional humana, la cual nos ha permitido vivir la experiencia de la dualidad con el objetivo del crecimiento espiritual y la expansión de la consciencia. Practicar Agni Yoga es vivir la vida de forma inteligente. La inteligencia es el equilibrio entre el corazón y la mente, la síntesis entre los aspectos del Amor y la Razón. La conjunción perfecta entre el Centro Coronario, sede de la voluntad perfecta de acción o inteligencia perfecta de síntesis –Inteligencia Divina- y el Centro Anahata, Corazón, sede de la Sabiduría Divina.

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SOBRE LA SERENA EXPECTACIÓN Y LA OBSERVACIÓN ATENTA Quizás necesitemos hacer una distinción entre lo que es la serena expectación y lo que es la observación atenta. La práctica de la serena expectación implica serenidad. Mantener siempre la serenidad emocional es una práctica difícil. Cuando las circunstancias se ponen difíciles, se disparan los resortes emocionales, y no es tan fácil mantener la serenidad emocional. En estas circunstancias quizá no podamos hablar de serena expectación, sin embargo, la práctica de la observación atenta puede seguirse manteniendo, porque siempre hay un estrato superior en el que nos podemos posicionar para observar, y en ese estrato sí que hay una parte de nosotr@s que se mantiene serena. Quizás sea una cuestión de práctica, pero la observación atenta es una proposición quizás más realista que la propuesta de la serena expectación, si observamos esta última en su sentido literal. Observarse sin juicio pero sin egaño es una necesidad vital que tiene un enorme poder redentor. Es importante observarse sin juzgarse y sin echar más leña al fuego de la consternación, pero tan importante como eso es sostener una actitud de veracidad, es decir, puede que sea fácil que se disparen densas emociones en nosotros en los momentos en los que las dificultades de vida nos atañen directamente, pero si las podemos observar con veracidad, situándonos en un estrato por encima de ellas, entonces hemos creado ya una disociación entre las emociones densas y nuestro ser real. En momentos de dificultad, es muy fácil que se dispare de forma automática el resorte de la vieja y pegajosa asociación entre la observación de nuestras reacciones emocionales de baja densidad y actitudes distorsionadas, y el juicio y consiguiente sentimiento de culpabilidad. Esto es así porque las emociones de baja densidad nos arrastran –literalmente- más abajo a una densidad cada vez mayor; y es así también porque la inercia de esta práctica social e históricamente masiva de juicio/condena está cobrando una fuerza mayor en estos tiempos de crisis profunda. Hay una gran cantidad de personas que han sucumbido a la manipulación emocional y se encuentran en la actualidad sumidas en la confusión de los profundos lodos emocionales del ser humano; todo esto tiene mucha fuerza y tira de nosotr@s con facilidad. Si conseguimos observar esas emociones en nosotros y refrescar la consciencia de que deseamos trascenderlas, hemos dado un paso de gigante en nuestra trayectoria. Esta práctica de la observación atenta es la antesala de la serena expectación. Una cosa nos conduce de la mano a la otra.

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Cuando estamos en estos trances difíciles, y sucumbimos momentáneamente a estas reacciones “descontroladas” de nuestras emociones, si las hemos podido observar ya podemos afirmar de forma práctica y consecuente que no somos las emociones ni tampoco los pesamientos asociados a ellas. Pero además, lo mejor y más útil de todo es hacer entrega, voluntaria y consciente, de esas limitaciones a La Divinidad, al Espíritu Santo, o a nuestro Yo Superior, buscando la fórmula que mejor le vaya a cada un@. El ser humano, a razón de las limitaciones consubstanciales a la condición humana, no puede alcanzar por sí solo a dominar sus limitaciones y condicionantes emocionales, sólo nos será posible hacer esto en virtud de nuestra relación consciente con la Divinidad, sostiniendo la práctica activa de la cominicación con Ella.

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TODO SE AJUSTA A UNAS LEYES Todo se ajusta a unas leyes, todo, sin excepción. Todo el Universo, todo lo creado, visible e invisible, se rige y se ajusta a unas leyes universales, algunas de ellas son inmutables. Estas leyes inmutables, conocidas como los siete principios del hermetismo, se encuentran recopiladas en un documento llamado Kybalion, redactado a principios del s. XX por tres personalidades anónimas, aunque la autoría del mismo se atribuye a Hermes Trismegisto –El tres veces grande-. En él se postulan y se describen los Siete Principios Universales que lo rigen todo. En él se reseña que, a la persona que llega a integrar la verdad que contienen estas Leyes se le abren todas las Puertas a las Realidades Superiores, es decir, que integrar estas verdades es la clave para trascender la experiencia en el plano material y acceder así a la multidimensionalidad. Este Tratado metafísico y su contenido ha sido considerado por las escuelas de misterios y diversas corrientes espirituales en occidente en el correr de los tiempos como el fundamento metafísico por excelencia. Estas leyes o principios son las siguientes: -

Ley de Mentalismo: todo es mente, el universo es mental.

-

Ley de Correspondencia: como arriba es abajo y como abajo es arriba.

-

Ley de Vibración: nada es inmóvil, todo se mueve, todo vibra. Todo, incluso la materia que a simple vista parece estática e inmóvil es energía en vibración constante. Sólo hay grados de densidad o de sutilidad y grados de frecuencia vibratoria en función del grado de densidad o sutilidad de la materia.

-

Ley de Polaridad: todo tiene su polaridad, dos polos, su par de opuestos. Los opuestos o antagónicos son idénticos en naturaleza pero distintos en grado de manifestación. Los extremos se tocan. Todas las verdades son medias verdades y todas las paradojas pueden reconciliarse.

-

Ley del Ritmo: Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende en un movimiento incesante. Todo se ajusta a un movimiento pendular, la medida del movimiento hacia la derecha, es la medida del movimiento hacia la izquierda. El ritmo es la ley de compensación. El ser humano debe reconocer su propio ritmo y aprender a respetarlo.

-

Ley de Causa y Efecto: se la conoce también por la Ley del Karma. Tiene mucha relación con la ley anterior. Toda causa tiene su efecto, y todo efecto tiene su causa. Nada sucede por casualidad, lo que llamamos azar es sólo la consecuencia de esta ley no reconocida que actúa en todos los planos de

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causalidad. A cada acción le corresponde una acción opuesta de igual magnitud. -

Ley de Generación: Es la ley de polaridad que posibilita que la generación se manifieste en todos los planos. Todo tiene su principio masculino, o Yang y su principio femenino o Yin, que unidos producen la generación.

Muchos seres humanos son capaces de reconocer que existen unas leyes que rigen la naturaleza de las cosas, y sin embargo, no son capaces de plantearse que son esas mismas leyes las que rigen sus vidas. Nada de lo que nos sucede está sujeto al azar, nada sucede por casualidad, todo responde a determinadas causas, seamos conscientes de ellas o no. Formamos parte de la Naturaleza y del Universo y es un acto de ignorancia y prepotencia pensar que lo que nos sucede es producto de la casualidad o de la fatalidad. Por la importancia de conocer estas leyes, ofrezco algunas reflexiones sobre el Aspecto Séptuple del Principio o Ley Universal:14 Principio de Mentalismo El Principio de Mentalismo es el primero de los Siete Principios Universales de la Creación. “Todo es Mente; el universo es mental”. “El Principio fue el verbo” (Génesis). El Principio de Mentalismo es una Ley invariable que no falla jamás. Los pensamientos son cosas en un estado primigenio, materia en un estado potencial. El Principio de Mentalismo actúa cargado por el Principio de Generación: El Amor. Las cosas se convierten en sucesos, lo que pensamos se manifiesta. Cada mente por sí misma es sustentadora de esta Ley, representante de la Mente del Todo. Cada un@ de nosotr@s es el generador de aquello que nos sucede. Aquello que pensamos y decretamos, que surge de nuestra convicción, es aquello que sucede. Cada condición y situación de nuestra vida es la encarnación de una creencia que tenemos, ya sea en la consciencia o en la subconsciencia, que produce su igual en el exterior, en el mundo visible de la materia. Las verdaderas creencias son las que se ven manifestadas. Somos creadores puesto que fuimos cread@s a Imagen y Semejanza de La Divinidad. Dios crea los universos en Su Mente. Nosotr@s creamos nuestro mundo con nuestra mente. San Pablo dijo: “Somos transformados por la renovación de nuestras mentes”.

14

Lo que sigue en el resto del capítulo está tomado de un libro anterior de la misma autora: “Maestr@s del Despertar”.

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La oración es la expresión del pensamiento más puro y alto que se pueda pensar. Orar es polarizar la mente en el grado más altamente positivo. Las vibraciones de Sonido y Luz que elevamos cuando oramos, transforman en perfecto y bello las condiciones oscuras que nos rodean. La Voluntad de Dios para toda vida es el bien, la salud, la paz, el bienestar, la prosperidad, la felicidad, en definitiva todo lo bueno que Él ha Creado. La mente humana contiene y sostiene una acumulación de oposiciones, convicciones o conceptos errados, contrarios a la Verdad Experiencial, y en conflicto con los Principios Básicos de la Creación; éstos contaminan y condicionan negativamente

nuestra

existencia

y

nuestra

circunstancia,

produciendo

los

sufrimientos que aquejan al ser humano. Felizmente nada de eso se ajusta a la Verdad Última del Ser, y por lo tanto existe la manera de borrar todas la creencias falsas y sustituirlas por las creencias correctas, las convicciones adquiridas por la experiencia. Esto puede hacerse cuando el ser humano adquiere conciencia de esta Verdad: la verdad del conocimiento que se adquiere por la experiencia. El Gran Maestro Metafísico Jesucristo dijo: “Conoced la Verdad y ella os hará libres”. La Verdad Suprema es La Armonía Perfecta –El Equilibrio-, La Belleza, La Bondad, La Justicia, La Libertad, La Salud –perfecta expresión de La Vida-, La Dicha. Todo lo opuesto es apariencia, contrario a la Ley Suprema de la armonía perfecta, luego, es mentira. Este Principio, postulado en la antigüedad, que afirma que todo es mente, halla en la actualidad científica, de la mano del científico, biólogo, investigador y escritor Rupert Sheldrake, no sólo una explicación muy aproximativa y gráfica de esta verdad, sino también, demostraciones experimentales, propuestas y realizadas por él. Rupert Sheldrake ha dado más dimensión y resonancia al concepto científico de los campos mórficos y morfogenéticos. Éstos son estructuras inmateriales no perceptibles empíricamente, que sin embargo R.Sheldrake se propone demostrar y definir en la medida de lo posible. Los campos mórficos son campos existentes en algún lugar “invisible” de la existencia, que sostienen patrones y sus espacios en base a unas estructuras de orden que se van formando en el transcurso del tiempo, a partir de información acumulativa, susceptible de transformación. Estos campos mórficos no existen sólo para los organismos vivos –éstos serían los morfogenéticos- sino también para todos los cuerpos materiales y expresiones de la vida en este plano de la materia. Los campos mórficos son los que dirigen y ordenan la acción de los Elementales de la naturaleza, dando lugar a la formación de las cosas. Pero así mismo, estos campos determinan la tendencia inteligente que archiva la serie de acontecimientos que suceden, hallando su expresión en este plano de existencia, influyendo así en

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las sucesiones futuras. Es decir, existe una causación formativa que pone énfasis en que la memoria es inherente a la naturaleza. La resonancia mórfica define que el pasado se hace presente en los campos mórficos por propagación, siendo el hábito de la repetición imprescindible para que este proceso se manifieste, puesto que estos campos poseen memoria acumulativa, así mismo susceptible de transformación. En los años 20, un grupo de biólogos propuso el concepto de campos morfogenéticos para explicar los patrones de crecimiento y formación de los organismos, pero se pensó que este campo se desvanecía cuando el organismo moría. Sin embargo, Rupert Sheldrake sostiene que los campos mórficos incluyen los morfogenéticos y que éstos no desaparecen cuando el organismo muere sino que permanecen en la naturaleza evolucionando y modificándose. A mi modo de entender, existe una total y directa relación entre la existencia “invisible” de estos campos, como la plasmación de la principal característica mental del Universo, con el poder de las proyecciones mentales de la vida, que cuando deviene autoconsciente dirige voluntariamente la formación de los patrones mórficos y morfogenéticos. Principio de Correspondencia “Como arriba es abajo; como abajo es arriba”. Toda acción y toda condición tienen su analogía en todos los demás planos de existencia, sólo que a medida que la vida consciente asciende por los planos, los poderes y los potenciales de las experiencias se multiplican. La humanidad vive, en su gran mayoría en la “conciencia

material”,

existimos

entre

planos

viviendo

y

aprendiendo

las

condiciones del plano mental, para desarrollar la “conciencia espiritual”. Este Principio permite, a partir de la observación de aquello que está a nuestro alcance y de las leyes que lo rigen, alcanzar la conciencia de las Verdades Superiores, pues las Leyes Universales, Principios y Aspectos que conforman y sostienen la Creación Toda, son inmutables, y rigen en todos los planos de existencia por igual. Por el Principio de Correspondencia el ser transita de lo conocido a lo desconocido. Principio de Vibración “Nada está inmóvil; todo está en movimiento; todo vibra”. Todo, hasta aquello que guarda una apariencia de total solidez, está constituido por átomos y moléculas en vibración constante; y aun en la materia sólida, la distancia o espacio vacío que hay entre los átomos y moléculas es inmenso. La rata vibratoria de los cuerpos, es

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decir, la frecuencia a la que vibran los átomos y moléculas que los constituyen, es lo que determina su densidad. A mayor densidad de los cuerpos, más lenta es la rata vibratoria de éstos. A mayor sutileza, más alta es la frecuencia de la vibración de los mismos, de manera que aquellos cuerpos que tienen una alta frecuencia de vibración se tornan invisibles a nuestros ojos; tal es la verdad que mantiene fuera de nuestra visión a l@s Maestr@s Espirituales que sólo se manifiestan visibles en el campo energético de aquellos seres que por su propia vibración están preparad@s para soportar vibraciones tan elevadas. También los pensamientos emiten vibración, los pensamientos positivos vibran a una frecuencia elevada, sus colores son brillantes, claros y luminosos, y las formas geométricas que crean son bellísimas. Por el contrario, los pensamientos negativos vibran lentamente, son densos, sus formas son grotescas y sus colores opacos, cuanto más negativos, tanto más sombríos son y más bajo es el tono de su sonido. El pensamiento positivo que surge de la mente polarizada en un plano positivo, no puede ser dominado por una vibración baja, a menos que haya algún concepto o idea intoxicante “agarrada” al individuo. Jesús dijo: “el dios de este mundo viene a mí y no encuentra nada en mí para asirse”. Todo, incluso lo que es materia en su estructura básica, está siempre en movimiento circular, girando sus electrones en torno a algo mayor. Sosteniendo siempre un esquema similar al de los planetas girando alrededor del sol. Éste es el patrón universal para todo lo material. Los estados de ánimo o estados emocionales son estados vibracionales que se emiten y lanzan al espacio generando color y sonido. Los estados mentales son lanzados al exterior del cuerpo que los crea y entran resonancia con los cuerpos afines, afectando de determinada manera, en bien o en mal, los cuerpos de otros seres, estimulando así en positivo o negativo sus estados emocionales y mentales. Principio de Polaridad “Todo es dual. Todo contiene dos polos. Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado. Los extremos se tocan. Todas la paradojas pueden reconciliarse.” Este Principio Hermético encierra la verdad de que todas las cosas manifestadas tienen dos aspectos, dos polos, son un par de opuestos con innumerables grados entre ambos extremos. La Ley de Polaridad explica que lo que existe entre cosas diametralmente opuestas es solamente cuestión de grados y afirma que todo par de opuestos puede reconciliarse mediante la comprensión y aplicación de esta Ley. Siguiendo las líneas de polaridad se puede transmutar un estado mental en otro.

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Las cosas diferentes no pueden transmutarse unas a otras, pero sí las cosas de la misma naturaleza, cuya potencialidad de transmutación reside en la posibilidad de ser repolarizadas y finalmente equilibradas, aplicando una transformación gradual a las mismas. Espíritu y materia son polos de la misma cosa, ambos extremos responden a la Paternidad y Maternidad de nuestro ser, y los indeterminados planos que median entre ellos responden a un estado gradual de dichas expresiones. Podemos cambiar a voluntad la polaridad de nuestros propios estados mentales, e influir en los estados de nuestro prójimo, elevando nuestra vibración interior; de esta forma dejaremos de ser esclavos de las energías densas. Reconocer e integrar el Concepto Inmaculado es aprender a vivir pasando por alto los defectos que hayamos visto en los demás, a sabiendas de que la verdad del prójimo, así como la verdad propia, es el Yo Superior, el Yo Soy, cuya expresión es perfección, belleza y vida eterna. Ley del Ritmo “Todo fluye y refluye, todo tiene sus periodos de avance y de retroceso, todo asciende y desciende, todo se mueve como un péndulo, la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.” En todo se manifiesta una oscilación media, un flujo y reflujo que determina que todo aquello que va, vuelve. En este sentido esta Ley está relacionada con la Ley de Causa y Efecto, así mismo mantiene una estrecha relación con la Ley de Polaridad, en el sentido de que la oscilación de las cosas se produce primero hacia un polo y después hacia el otro, determinándose un ritmo. Hay un avance y un retroceso, una elevación y una caída. Esta Ley rige para todo: soles, mundos, mentes, energía, espíritu, materia... Sin embargo, rara vez se produce la oscilación entre los extremos más alejados. En el Plano Espiritual siempre hay una emanación seguida de una absorción. Emanamos de Dios, descendemos a la conciencia material, y tras nuestra experiencia somos absorbidos nuevamente a la Conciencia Espiritual; esto puede producirse mediante la muerte física, mientras seguimos encadenados por nuestra condición a la rueda de muerte / reencarnación, o bien mediante la Ascensión que sucede cuando el ser ha integrado plenamente sus vehículos de manifestación, estado

en

el

que

el

ser

ha

trascendido

la

muerte

que

reconoce

como

verdaderamente inexistente. Este ciclo es para nosotr@s nuestro Gran Ritmo. Es la Respiración y la Aspiración de Brahma. El Árbol de la Vida de los cabalistas es una

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representación muy clara y gráfica de este principio. Este principio es inmutable, se cumple siempre. Pero conociéndolo se puede aprender a controlarlo, se puede aprender a eludir sus efectos hasta un cierto grado. Podemos aprender a polarizarnos en el punto donde deseamos permanecer y de esta forma elevarnos por encima de la oscilación pendular. Todo ser que ha adquirido un cierto grado de dominio sobre sí mism@, ejecuta este arte hasta cierto punto. Simplificando podríamos decir que existen dos planos en la manifestación de los fenómenos mentales, uno superior y otro inferior. Cuando el ser se eleva en conciencia al Plano Superior, escapa a la oscilación pendular, esto llega a producirse cuando el ser conocedor de este Principio, lo ha practicado de forma voluntaria y consciente lo suficiente como para haber aprendido a polarizarse a sí mism@ en el polo requerido y por el procedimiento de rehusar o negarse a participar en la oscilación retrógrada, permanece lo más próximo posible a su centro. Ley de Causa y Efecto “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley.” A esta Ley se le ha llamado también Ley del Karma. La mente es un motor. Las vibraciones emitidas tanto por los pensamientos que genera nuestra mente, como por nuestras acciones, regresan a nosotr@s por la línea de este Principio, trayéndonos el fruto de lo sembrado. Existe la causalidad, pero no la casualidad; se le llama casualidad a la causalidad ignorada. El Planeta Tierra, que junto con la humanidad constituye un todo, soporta una enorme cantidad de deudas kármicas que expresa y desahoga en forma de cataclismos y todo tipo de fenómenos naturales, compensando a marchas forzadas los tremendos desequilibrios generados por el ser humano. Mientras el ser permanece generando karma, la reencarnación constituye para él una condición a la que está sujet@, siendo ésta la única explicación lógica a las aparentes injusticias a las que se ve sometid@, él individualmente y la humanidad colectivamente. Todo ser humano es el único causante de sus propias condiciones, tanto de su infortunio como de su fortuna y bienestar. Las emanaciones de su mente rigen su destino y sus circunstancias. El ser humano, hasta que no llega a un determinado nivel de conciencia que le permite reconocer el funcionamiento de ésta y de las otras Leyes, busca siempre a quién culpar y a quién hacer responsable de su condición, e incapaz por el momento de comprender el porqué de sus

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circunstancias, se flagela y se tortura mentalmente, creándose sentimientos de culpabilidad. Esta Ley, estrechamente vinculada a la Ley de Polaridad y a la Ley del Ritmo, se trasciende cuando el ser por voluntad y dominio consigue repolarizar su mente en un estado de conducta intachable, de forma que los efectos que generan sus causas o conductas son efectos de Amor, redundando así su existencia en beneficio de la Vida Toda. Principio de Generación “La generación existe por doquier. Todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”. Como los demás, este Principio está siempre en acción en todos los ámbitos de la existencia y en todos los aspectos de la Creación. El Principio de Generación es la Acción de la Causa Universal del Aspecto del Amor. Nada podría existir sin el Principio de Generación, sin una causa masculina y una causa femenina, sin un padre y una madre o bien un aspecto masculino y otro femenino. Este Principio es la confirmación y aplicación de la Ley de Polaridad al servicio de la Creación. A lo que determina el género en el plano de la vida fisiobiológica y orgánica se le llama sexo. El ser humano ha buscado reconocer la esencia del Amor, contenido en el Principio de Generación, a través de su sexualidad. Generar significa crear, concebir, producir...

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INDEPENDENCIA EMOCIONAL NO ES AUTOSUFICIENCIA Muchos de nosotr@s, cuando llegamos a adult@s, nos exigimos una apariencia de autosuficiencia que para nada se corresponde con la realidad de nuestras posibilidades humanas personales. Se nos ha entrenado para aparentar que estamos bien, que no tenemos problemas, que somos dur@s y resistentes, y que no es bueno mostrar nuestra vulnerabilidad. Se nos ha entrenado para servir a un propósito que la mayoría de las veces no es verdaderamente el nuestro, sin que nos podamos permitir apenas mostrar desfallecimiento. Nos acostumbramos a vivir ocultando nuestra debilidad, nuestra vulnerabilidad, nuestro temor y también la soledad que produce necesariamente esta exigencia tirana que adoptamos como nuestra. En mayor o menor grado, a tod@s nos ha afectado esta exigencia distorsionada de las cosas. Creemos, ya sea de forma consciente o inconsciente, que si mostramos nuestra fragilidad y debilidades seremos rechazad@s, o bien que abusarán de nosotr@s y nos dañarán, cuando en realidad, al hacer esto empequeñecemos más, nos debilitamos y nos volvemos más vulnerables. Mientras seguimos sin enfrentarnos cara a cara a esa condición humana y mantenemos una apariencia

de

autosuficiencia

que

solapa

nuestras

carencias,

debilidades

y

necesidades, permanecemos inconscientes de nuestros límites, nuestro poder personal no crece todo lo que podría y en realidad permanecemos verdaderamente dependientes emocionalmente, a pesar de que nos pueda parecer lo contrario. Sin embargo, cuando el crecimiento y el propio deso de superación se asientan en la consciencia de nuestro verdadero estado y en la aceptación de nuestros límites personales, entonces nuestros valores humanos se fundamentan bien y nuestro potencial puede empezar a crecer, no desde la prepotencia, sino desde el agradecimiento. El reconocimiento de la propia vulnerabilidad lleva asociado el sentido del respeto hacia el resto de la vida, y un sentimiento humano de solidaridad y lo que es más importante, un sentido constructivo de superación. Cuando nos rendimos y descubrimos la inutilidad de seguir escondiendo nuestra fragilidad

al

mundo,

nuestra

fortaleza

empieza

a

multiplicarse,

porque

interiormente hemos abierto las compuertas francas a la energía desde el reconocimiento de nuestras necesidades humanas y de nuestra fragilidad. Eso nos fortalece, verdaderamente, y nos catapulta a descubrir nuestro mejor potencial. La independencia emocional no puede sino fundamentarse en el reconocimiento de nuestra condición humana que nos predispone a desarrollar el potencial divino latente en nuestro interior. Si ya nos creemos Dios, y no estamos respetando la vida, algo se ha fundamentado mal en nosotros, en ese caso nuestra prepotencia antes o después se cobrará su precio. El reconocimiento de nuestra fragilidad

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tampoco significa que debamos permanecer siempre acomodados en la víctima y lamentándonos todo el tiempo de nuestra condición; eso sería malograr los recursos humanos y persistir en la postura cómoda de que los demás vengan a hacer por nosotr@s lo que a nosotr@s nos corresponde, en tal caso estaríamos tiranizando la vida y ahí también se estaría expresando una medida de la prepotencia humana. El reconocimiento de nuestra fragilidad nos permite tomar consciencia de los propios límites humanos y desde esa consciencia podemos predisponernos a superarlos. Formamos parte de un Todo y necesitamos reconocer nuestra necesidad de ser asistid@s por él. Somos interdependientes y en la aceptación de esa condición intrínseca a la vida subyace nuestro crecimiento y la conquista de nuestra independencia emocional.

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TODO TIENE UN PROPÓSITO Todo tiene un propósito, también nuestra vida y cada uno de los sucesos y experiencias de la misma, todo sin excepción. Hay un Orden Superior y un Ritmo Perfecto que rigen la vida en todos sus aspectos. También nuestra vida personal está regida y dirigida ocultamente por este Orden, Ritmo y Sentido Superiores. Todo lo que nos sucede en la vida tiene sentido, a pesar de que muchas veces no lo sepamos ver. También los problemas, las dificultades, las enfermedades, el dolor e incluso la negatividad que ello genera, tienen su propósito. Cualquier dificultad del tipo que sea, contiene un mensaje de alerta, en términos generales nos está indicando que no hay claridad en nuestro propósito, que hay elementos ocultos actuando a la sombra de nuestro subconsciente. Los fracasos parciales (y digo parciales porque todo fracaso representa un cierto logro interior cuando se transita el camino hacia la verdad) indican que estamos en el camino de la búsqueda trabajando desde el plano mental. Desde esta perspectiva no es útil, a mediano o largo plazo, querer dirigir nuestra vida mediante una serie forzada de objetivos, esto es lo que nos han enseñado a hacer y lo que hemos estado haciendo por mucho tiempo: vivir bajo el control de la mente racional, la cual dispone y se considera capaz de dilucidar dónde está la solución o por lo menos se siente segura de encontrarla planificándolo todo en función de unos objetivos que suelen estar desconectados del propósito del alma. De nada sirve ya, y cada vez servirá menos, seguir forzando las cosas desde el control de la mente racional. En lugar de eso, en base a la gran colección de ficultades, fracasos y frustraciones que arrastramos, podemos empezar a reconocer que ella ya no tiene el control, aunque se lo crea. Nuestra guía está verdaderamente en nuestro corazón y nuestro verdadero propósito es rendirnos a esta guía interior cuyo objetivo es descubrir al ser y fundirse con este Orden Superior. Esta percepción de las cosas señala una diferencia sustancial en la perspectiva. Nos obliga a rendirnos a una Fuerza Mayor que todo lo dirige y lo gobierna y de La que formamos parte. Nos invita a tomar consciencia de nuestra posición jerárquica. A comprender que en la aceptación de nuestra pequeñez reside nuestra grandeza, y que nuestra grandeza se despliega para nosotr@s si somos capaces de invocar a esas Fuerzas Superiores que nos preceden, mas no de una forma egoísta. El más necesario de nuestros propósitos ahora es el de desenmascarar completamente

la

sombra.

Limpiar

completamente

nuestras

intenciones

de

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rencores, rencillas, todo tipo de sentimientos negativos o de deseos e intenciones solapadas. Toda dificultad personal indica que este trabajo no está terminado, nos lo revelan en especial la negatividad, los estados de ánimo decaídos y el sufrimiento. Sin embargo esos estados negativos o dificultades pueden ser un motor para la personalidad psicológica en busca de la veracidad. Dado el grado de evolución humana alcanzado por much@s de nosotr@s, esta necesidad de veracidad se ha vuelto urgente e irrevocable. El más necesario de nuestros propósitos individuales es el de sostener la intención de limpiarnos completamente, de llegar a ser íntegr@s, si lo que deseamos realmente es crear una realidad pacífica y harmonizada con la Vida. Insistimos una vez más en la necesidad de observarnos con verdadera atención e intención. Si acaso la mente racional, calibrada desde el corazón, puede sernos útil aún en este propósito. Y tan necesario como el trabajo de observación atenta es el de invocar la ayuda de Maestr@s y Seres Angélicos. Los tiempos actuales son más propicios que nunca para practicar la invocación de manera correcta, esto es: liberada de condicionamientos serviles y de cualquier residuo de intención egoísta. La mente humana está suficientemente despierta, sólo nos falta abrir el corazón. Cuando el ser en su evolución consigue ascender emergiendo de las aguas del deseo al fuego de la aspiración espiritual, las invocaciones adquieren una fuerza inconmensurable. Las respuestas a sus evocaciones allanarán su camino, le dotarán de recursos insospechados y se le abrirán las puertas. Bajo el influjo de la iluminación, cuando el alma ha conseguido liberarse de las intenciones egoístas y ha despertado al discernimiento, todo se ha ordenado milagrosamente y sólo la sincronía es la pauta. La velocidad de plasmación progresa a un ritmo milagroso cuando el alma ha conseguido liberar todas las resistencias. Es entonces cuando nuestro propósito personal se ha fundido con el Propósito Superior.

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LA EXPERIENCIA PROFUNDA DE LA ACEPTACIÓN Cuando he conseguido integrar que todo tiene un propósito, entonces puedo aceptar que todo lo que sucede en la vida -en mi vida- es perfecto aun en su apariencia de imperfección o de contratiempo. Puede que en nuestra obstinación (el ego es muy obstinado) en el momento en que se nos presenta una situación que nos contraría no sepamos ver dónde está la perfección. Pero justamente, la superación propone hacer de la aceptación una práctica espiritual constante. A los ojos de la aceptación, cuando hacemos una lectura retrospectiva atenta y positiva, encontraremos sentido a todo lo sucedido, y sabremos comprender y aceptar la lección que encerraba el problema o la aparente fatalidad vivida, cuyo objetivo suele ser la toma de consciencia. Los problemas persisten hasta que aprendemos la lección que estos encerraban y la integramos, después de eso desaparecen, pues ya no tenemos nada que aprender de ellos. Cuando hacemos una lectura retrospectiva

de

un

capítulo

difícil

y

problemático

de

nuestra

vida,

es

verdaderamente útil llegar a comprender cuál era el propósito del problema que se nos presentó, sin embargo, aun en el caso de que el intelecto no alcance a distinguir cuál era tal propósito, si somos capaces de sostener la disposición de ánimo positiva de la aceptación –una práctica que se consuma en el corazón- el aprendizaje se realizará en las esferas internas y nuestro avance y mejoría personal estarán garantizadas. No obstante, es importante puntualizar una cosa que podría ser motivo de confusión: La aceptación y la resignación no son la misma cosa. Existe un punto de equilibrio en el que se concilian la aceptación por lo sucedido y la capacidad de acción para cambiar y mejorar las circunstancias y las situaciones. La aceptación no es parálisis, no es pasividad necesariamente. Sin embargo, sólo el corazón sabe con certeza cuándo la aceptación requiere acción y cuándo requiere “pasividad”, quietud, simplemente observación. Cuando no podemos actuar para cambiar una situación determinada, sólo la aceptación tiene el poder para transformarla. Pero incluso, cuando sí está en nuestras manos cambiar algo, las oportunidades fluirán muchísimo mejor desde la aceptación de la circunstancia que se quiere cambiar que si nos seguimos resistiendo a la situación dada, porque toda actitud de resistencia o de enfrentamiento se nos lleva una enorme cantidad de energía y limita nuestra capacidad de visión y percepción; es una actitud que nos mantiene a la defensiva y/o a la ofensiva y refuerza nuestro sentimiento de víctima, así como el sentimiento de “estar separad@s de”. Con eso no quiero decir que no haya cosas o condiciones que verdaderamente no sean admisibles (como por ejemplo cualquier situación que

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nos degrade) esas cosas inadmisibles son, justamente, las que hay que cambiar prioritariamente; pero para ello primero necesitaremos aceptar que pese a la apariencia contraria, somos nosotr@s mism@s quienes hemos creado todo cuanto percibimos en nuestra vida. Con este enfoque, volvemos nuevamente a la profunda cuestión de la aceptación y de lo que implica. La profunda experiencia de la aceptación sólo puede producierse cuando admitimos que aquello que percibimos reflejado fuera y formando parte de nuestras circunstancias externas, es nuestra responsabilidad directa, lo hemos creado nosotr@s, ya sea que la causa pueda hallarse en la vida actual, ya sea que la causa de esa creación provenga de nuestras acciones de vidas anteriores. En todo caso siempre está actuando la Ley de Causa y Efecto, conocida como la Ley del Karma. Todo efecto tiene su causa y toda causa produce un efecto, si la causa es harmonizada y pacífica, el efecto será positivo, constructivo y alentador, si la causa es una acción distorsionada, el efecto será distorsionante, destructivo y más o menos doloroso. Aquello que percibimos no es algo ajeno a nosotr@s, sino que forma parte de nosotros. Sólo si somos capaces de admitir esto en nuestro corazón, somos capaces de aceptar la situación, y es entonces cuando estamos en disposición de transformarla. Para poder incidir con éxito en el exterior y cambiar una circunstancia que afecta a nuestra vida de manera definitiva, hay que hacer primero un cambio en el interior, siempre desde la aceptación de que aquella circunstancia que no nos gusta está reflejando algo que reside en nuestro interior. Si previamente no hemos realizado este trabajo interno, puede que en el momento consigamos cambiar la circunstancia en cuestión, pero lo más probable es que la vida nos la vuelva a traer de nuevo bajo otro escenario. Pelearse compulsivamente con la vida no es precisamente la fuerza que la transforma, por el contrario, suele representar una fuga que nos aleja más y más de la presencia y nos deja vací@s de sentido. La plena aceptación de nosotr@s mism@s -la cual tiene absolutamente que ver con amarse a un@ mism@ incondicionalmente- es la única disposición de ánimo que nos capacita para cambiar y mejorar. Para perfeccionar nuestros pensamientos y transformar nuestras emociones negativas en emociones positivas, lo primero que tiene que suceder es aceptar que se tienen esas emociones. Desde la aceptación somos capaces de observarnos sin juicio ni condena, con una disposición compasiva y mirar de frente nuestras emociones negativas y bajas pasiones. Si no las aceptamos, las solapamos o las reprimimos, esas emociones adquieren fuerza

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en nuestro interior y se van apoderando de nuestra soberanía, se convierten en el monstruo de la negación. Cuando nos amamos a nosotr@s mism@s desde la plena aceptación de lo que somos (lo cual no quiere decir que nos lo tengamos que consentir todo) nos resulta mucho más fácil aceptar al prójimo, aceptar a las personas tal como son. La medida de la dificultad para aceptar una determinada conducta en alguien, nos indica un cierto grado de falta de amor propio y falta de aceptación propia. La parte inmadura en nosotr@s, la que necesita apoyo, cuidados, guía y amor, es nuestro niñ@ interior. Cuando hablo de amarse a un@ mism@ me refiero a la necesidad común en la mayoría de nosotr@s de atender, amar y reeducar a nuestr@ niñ@ interior, observándol@ silenciosamente y atendiéndol@ desde la firmeza cuando lo necesita, mostrándole sus aciertos, pero también sus errores de percepción, apoyándol@ y alentándol@ a seguir, de la misma forma que cualquier persona adulta y capacitada haría con su hij@, siempre desde la firmeza, la veracidad y el amor, nunca desde el juicio y la condena. Este propósito sólo puede cumplirse desde la Presencia, es decir, con la energía del corazón. Estamos mucho más carentes de lo que admitimos, somos aún tremendamente inmadur@s, estamos sólo en el ABC de la aspiración espiritual, hay demasiada inmadurez emocional, demasiada confusión. Pero nadie puede coger las riendas por nosotr@s, no podemos seguir esperando que alguien venga a rescatarnos emocionalmente. La firmeza y el potencial para realizar este trabajo de rescate emocional están en el corazón. No se puede eludir este paso en el propósito del crecimiento espiritual. Alguien dentro de nosotr@s tiene que sostener de forma consciente la Llama de nuestra realización, la certeza del logro. Ese alguien en nuestro interior es el Ángel de la Presencia, quien siempre está en contacto directo e inmediato con nuestro Yo Superior (la Divinidad en nosotr@s). Es ésta la parte más elevada de nuestra personalidad

humana,

y

la

única

capacitada

para

amar

y

amarnos

incondicionalmente, porque es la única que puede penetrar en el espacio atemporal de la dimensión del Corazón. Es importante tener esto en consideración para no malinterpretar el propósito de amarnos incondicionalmente.

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EFECTO ESPEJO Vamos a dedicar este apartado a una idea que ya se ha expresado desde distintos ángulos, pero que por la relevancia que tiene el conocimiento de la misma para el crecimiento y la expansión de la consciencia, será útil reseñarla de manera especial. Vamos a referirnos nuevamente a la Ley de Polaridad que describe que todo es dual y contiene dos polos, continúa afirmando que los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado, que los extremos se tocan, y por último, que todas las paradojas pueden reconciliarse. El conocimiento, comprensión y aceptación de este principio puede ayudarnos muchísimo a observar, a observarnos y a obtener información sobre nosotr@s mism@s, que es de lo que realmente se trata. En virtud de esta Ley de Polaridad, todo cuanto vemos reflejado fuera es un reflejo de algo que tenemos dentro, esto siempre es así, no hay excepciones. La realidad, los comportamientos y conductas que observamos en l@s demás, y especialmente, el efecto emocional que estas conductas producen en nosotr@s, son un reflejo de algo propio, y un claro indicativo o pista de por dónde van los tiros. Cuando sabemos esto podemos utilizar el ejercicio de la observación y la reflexión para profundizar en el propio conocimiento. Nos será muy útil considerar que aquello que más nos irrita, aquello que más rechazo nos suscita, es justamente algo que tenemos que revisar atentamente. Detengámonos en en un punto del postulado de esta ley: “Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado.” Me parece importantísimo considerar esta idea en profundidad para llegar a comprender el ejemplo de una manifestación común en la conducta humana de esta ley de polaridad. Sucede con frecuencia en las relaciones –ya sea que seamos conscientes o no-

que

encontramos en las conductas de nuestro prójimo, y especialmente en las relaciones con nuestr@s allegad@s, el reverso de nuestra propia moneda. La víctima y el verdugo son dos roles opuestos de idéntica naturaleza, con grados de manifestación distantes. Lo podríamos explicar con el ejemplo de una persona que recibe un trato vejatorio por parte de otra (no importa si se trata de un caso más grave o evidente o si se trata de una de las muchas situaciones que pasan desapercibidas). La persona que se halla en la situación de la víctima tiene dentro de sí ese un desequilibrio de la misma naturaleza que la persona que la agrede o victimiza. El punto de equilibrio entre estas conductas opuestas sería el de las relaciones correctas y respetuosas; cuando hay distorsión en las conductas –algo del todo frecuente- el desequilibrio de una hacia el polo negativo (inseguridad, carencia de autoestima) se refleja en el desequilibrio de la otra hacia el polo

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positivo (prepotencia, abuso). Cuando hay un desequilibrio en la conducta, los roles son susceptibles de intercambiarse con facilidad; una persona que es víctima vive resentida, y es muy fácil que en un momento determinado ese resentimiento arremeta contra alguien. El caso contrario también es posible: una persona que tiende a ser agresora y prepotente expresa un desequilibrio que en un momento determinado la puede colocar en la situación de ser victimizada. En todo caso se cumple el efecto espejo: aquello que nos encontramos en el exterior es un reflejo de algo que pulsa en nuestro interior. Vayamos a otro ejemplo distinto: Hay una frase popular que dice “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. El significado de este dicho bien se puede equiparar a las frecuentes reacciones de rechazo ideológico que los seres humanos experimentamos frente a las conductas ajenas. Podríamos darle la vuelta al dicho y decir: “Dime lo que criticas y te diré lo que tienes que revisar”. Aquello que más rechazo nos suscita (ya lo hemos dicho más arriba, pero lo repetimos) es significativo,

nos

está

señalando

directamente

algo

de

nuestro

propio

comportamiento, algo que está en nuestro interior y que nos negamos a ver. El efecto espejo no devuelve siempre el reflejo literal. Algunas veces puede que sí, que el reflejo nos esté indicando idéntico comportamiento entre el reflejo y lo reflejado. Otras veces el efecto espejo nos muestra el reverso de nuestra moneda, en este caso el comportamiento reflejado y el reflejo son antagónicos, pero de naturaleza idéntica. Cualquiera que sea la situación, el efecto espejo indica siempre que lo que vemos proyectado en el exterior es un reflejo de algo que pulsa en nuestro interior. Cuando sabemos esto y lo aceptamos, la observación se convierte en una magnífica guía.

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CONFUSIÓN DE PROPÓSITOS Era o es realmente muy necesario el descubrimiento de nuestra capacidad creadora así como el conocimiento del funcionamiento de nuestro proceso creador, capacidad intrínseca del ser humano que hemos estado utilizando todo el tiempo sin dominarlo. Es realmente fundamental conocer y dominar el proceso creativo para que el proceso creativo no nos domine a nosotr@s. Tan importante como este descubrimiento es supervisar y analizar profundamente nuestro propósito de vida y nuestras intenciones, a lo sumo cuando hemos alcanzado ya cierto grado de consciencia, puesto que cada vez será más catastrófico seguir alterando el orden de importancia en nuestros objetivos. Cuando queremos que suceda algo que no pasa, o queremos que se manifieste algo que no se materializa, podemos empezar a pensar que la vida nos está protegiendo o bien que nos etá indicando que ha habido y hay en nosotr@s confusión de propósitos. Si ponemos por delante de nuestro objetivo de integridad y limpieza personal que debiera ser fundamental para empezar a crear en armonía- el objetivo de crear abundancia material o plasmar algo de carácter material, y este objetivo se materializa, muy pronto volveremos a manifestar la distorsión en nuestra vida y la inarmonía hallará rápidamente su cauce para surgir y hacerse visible. Me parece importante señalar esto en este libro, en virtud de la corriente pseudoespiritual que se ha puesto tan de moda en el mundo, que pretende fomentar o potenciar el poder mental. En mi opinión el principal problema que tenermos las personas y la humanidad en términos generales, es la propia mente, pues ésta ha estado dominada por la mente racional desconectada del corazón. Confundimos el ser con la mente, y el ego existe en función de esta confusión. Creo sinceramente que dadas las características de nuestra sociedad racional, el poder mental, la mayoría de las veces, nos aleja del ser esencial. Muchas propuestas terapéuticas o de crecimiento personal ponen énfasis en fomentar justamente este aspecto del ser que más desequilibrio ha causado. Y creo también sinceramente, que el dominio ulterior iluminado de nuestro proceso creativo no pasa por la aplicación mecánica del conocimiento del mismo. Los dominadores del mundo (la clase dominante que está detrás de los políticos manipulando y distorsionando la realidad para su beneficio material) han llegado muy lejos, justamente porque conocían el mecanismo del proceso creativo y el poder de la mente; pero es obvio que estaban desconectados del corazón, y cuando digo desconectados del corazón quiero decir desconectados de la Presencia, la

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Divina Presencia, el Espíritu vivo en el corazón. El propósito del verdadero progreso, aquel que va en la línea del crecimiento espiritual, es la iluminación gradual que se encamina a la iluminación completa del ser. La iluminación gradual es el descubrimiento progresivo de aquellas partes de la consciencia que aún no son autoconsciencia, a las que llamanos inconsciente o subconsciente. Este propósito prioritario es, desde mi punto de vista, el trabajo previo a cualquier proceso creativo armonizado. Porque si hasta ahora ha estado funcionando – relativamente- este poder creativo de la mente desconectado del corazón, ahora ya no funcionará más, puesto que el paradigma energético, frecuencial y evolutivo ha cambiado, está ascendiendo –aumentando- la frecuencia de nuestra energía planetaria y humana, y las consecuencias son por un lado que la sombra, el subconsciente, emerge a la superficie plasmando su creación distorsionada, y por el otro que se acelera la temporalidad de la Ley del Karma. Esta es la razón por la que nos encontramos inexorablemente con la realidad desnuda de nuestras creaciones, y mientras sigamos desconectados de la Presencia, esto no cambiará, es más, las dificultades continuarán aumentando. Todo ello forma parte de nuestro propio y también colectivo proceso de crecimiento ¿Cómo se explica si no, el afán infructuoso de mejorar nuestra situación personal que en muchos casos no parece avanzar? No estoy afirmando que no sea fundamental conocer nuestros mecanismos metales para aprender a dominarlos, creo sinceramente que esto es muy necesario. Sin embargo, creo también que deberíamos preguntarnos qué es más fundamental, si conseguir que nuestro poder mental sea capaz de generar súbitamente los éxitos a los que aspira la personalidad y la abundancia material que todo el mundo desea y merece, o ser capaces de descubrir aquellas pautas mentales y partes subconscientes causantes de nuestra distorsión y de la distorsión colectiva. ¿Qué es más importante, seguir enfocados en la mente y fomentar el poder mental o aprender progressivamente a parar el discurso incansable de la mente para dejarle espacio a la Presencia? Eckhart Tolle dice algo así como que la mente no tiene la solución porque es parte intrínseca del problema. Me parece una afirmación magistral. No nos damos cuenta de que el énfasis que se pone en el poder de la mente en toda esta corriente pseudoespiritual que está tan de moda, continúa siendo una trampa del ego. Ahora justamente, lo que está sucediendo en el mundo nos indica que es el momento de trascender el ego. Sólo así cambiaremos el paradigma personal y favoreceremos el cambio colectivo. Se me ocurre una reflexión que nos puede ayudar a comprender un poco mejor lo que quiero decir: Pongamos el ejemplo de alguien que desea materializar una casa como una de sus aspiraciones prioritarias. Para conseguirlo

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utiliza técnicas de visualización, afirmaciónes, decretos, etc. en definitiva utiliza el poder de la mente. Pero resulta que después de largo tiempo de perseguir este objetivo tan anhelado, éste no se materializa. La pregunta clave es ¿por qué? ¿qué es lo que está sucediendo? Cuando esperamos ansiosamente algo que no llega, es porque no estamos en sintonía con el propósito del alma. Nos estamos resistiendo a una realidad regida por una fuerza más inteligente y más poderosa que nosotr@s. Pueden estar sucediendo muchas cosas, entre ellas puede que eso que no conseguimos materializar encierre para nosotr@s una protección al servicio del verdadero propósito del alma. Cuando las técnicas de visualización y los esfuerzos de materialización no funcionan, es el momento de revisar atentamente nuestro propósito y nuestra petición. Con frecuencia, esta manera de enfocarse queriendo forzar la realidad trae implícita una queja sutil. La persona no está conforme con lo que ya tiene, siente la carencia. Aunque sea de una forma silenciada la persona se queja interiormente de no tener aquello que cree que necesita. Este mecanismo alimenta el ego, porque el ego crea la sensación de tener la razón utilizando constantemente la queja y si hay queja hay resentimiento. El resentimiento alimenta nuestra falsa identidad que es el ego. Esta parte interna, resentida, que se identifica con la carencia, puede que sea la que esté creando la realidad de esta persona imaginaria, en última instancia puede que sea lo que esté dificultando que la abundancia aflore a su vida de forma natural. Pero hay una razón más profunda aún que podría ser aceptada sin requerir siquiera este tipo de reflexiones; se refiere a la aceptación humilde de que hay un Orden Superior e Inteligente que se ajusta al propio karma, que atrae las situaciones justas, los eventos y las circunstancias precisas a la persona. Porque en la vida del ser humano continúa habiendo un propósito implícito de expansión de la consciencia, de crecimiento y regreso al Origen, cuyo Centro está dentro del ser y no fuera. El propósito del karma del ser es el de despertar gradualmente la sensibilidad del ser hacia la vida, en su sentido más amplio e incluyente, alcanzado cierto punto en nuestra evolución personal, la vida nos traerá aquellas cosas y circunstancias que cumplan con este propósito, sin que haya ya necesidad de carencias y sufrimientos. La reflexión más destacable al respecto de este tipo de situaciones como la del ejemplo u otras muchas que reflejen dificultades de plasmación, es que enfocarse en el poder mental sin haber integrado antes la idea de que no crearemos nada que no corresponda, es caer una vez más en la prepotencia, uno de los principales “pecados” del ser humano. En mi caso particular, en respuesta a una petición

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profunda y sostenida que expresa que no quiero nada que no tenga que ser para mí, estoy convencida de que no conseguiré crear nada que no corresponda y gracias a Dios que es así. Más importante que dominar el proceso creativo para crear abundancia material es el propósito de desarticular el ego. Dejar de identificarme con el dolor. Confiar en que hay una Inteligencia Divina que vela por mí mientras yo estoy aún en el proceso crítico del crecimiento interior. Y consciente de mis limitaciones humanas, yo le pido a mi Presencia que vele por mí para que mis creaciones se armonicen y pueda llegar a manifestarse aquello que mi corazón anhela. Que vele por mí para que no me falten los mínimos necesarios para seguir viviendo dignamente. Que vele por mí y me conduzca a aquellas posibilidades de subsistencia económica dignas, que no degraden mi persona ni la vida en general. Le pido a mi Presencia que me sostenga desde el Amor, para que el miedo a la carencia y la dependencia del miedo no se apoderen de mí. Le pido a la Presencia que haga de mí un instrumento de su Paz y de su Armonía. Este és en mi opinión el enfoque correcto y el verdadero sentido de la oración. Cuando llegamos a ser totalmente la Presencia, ya no necesitamos la oración, porque nuestra vida toda y todas sus expresiones, ha llegado a ser por sí sola una aclamación viva y espontánea de gratitud. Por supuesto que la Creación es abundancia y no carencia, y no pretendo en ningún momento hacer apología de la carencia o de cualquier estado carencial del tipo que sea. Sin embargo, creo que cualquier estado carencial es el reflejo del ego, es el indicativo de que hay aspectos internos por resolver. Huelga decir que si no tenemos satisfechas nuestras necesidades básicas seguiremos identificándonos con la carencia, persistirá el dolor en nuestra vida y lo más seguro es que, aun cuando no lo deseemos, seguiremos emitiendo negatividad.

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EL POTENCIAL DE LA VERDAD Para empezar a perfilar la idea a la que quiero llegar, primero será necesario responder a qué verdad nos estamos refiriendo. Hay una Verdad Última que engloba todas las verdades, esa Verdad Última óbviamente no se puede describir, pero podemos decir de Ella que es el impulso que subyace detrás de cualquier proceso comprometido con el destino evolutivo de la vida y del ser. Sin embargo, cuando hablamos de verdad en este contexto, nos referimos a una verdad más asequible: a la veracidad de ser, al aprendizaje de desmantelar las ficciones, de descubrir gradualmente los encubrimientos, falseamientos y engaños que suelen ser consubstanciales a la experiencia egoica y que, antes o después, será necesario trascender. Para iniciarnos en el proceso de descubrir el propio ser y todos sus aspectos, es necesario primero plantearnos la intención de comprometernos con la propia verdad, esta intención es un deseo que nace de dentro y suele indicar que estamos preparad@s y madur@s para sostener el impacto que nos pueda causar la visión del descubrimiento de ciertas facetas de nuestra personalidad. Comprometerse con la propia verdad no se refiere sólo a no mentir, porque el engaño, el falseamiento o el encubrimiento de la verdad implican mecanismos mucho más sutiles que la tosca mentira. La mente es muy hábil y sutil, estamos tan habituad@s a nuestras máscaras y subterfugios, que las confundimos con la realidad del ser, y tan apegad@s a nuestras dependencias emocionales y costumbres, que desarrollamos unos mecanismos de conducta que nos permiten creer en la necesidad de mantener las cosas tal y como están y creemos que son. En estas circunstancias tan comunes en nuestra condición humana, pasamos por alto, no sólo los estados de ánimo que nos indican que algo no funciona bien en nuestra realidad, sino muchas veces incluso, sufrimos una y otra vez las consecuencias, más o menos graves, de los desajustes y errores de nuestra vida sin hacer la lectura profunda del mensaje que la situación nos transmite, provocando así que tales consecuencias sean cada vez mayores y más graves. Pero a copia de sufrimiento, a tod@s nos llega, antes o después, el momento de despertar a ese deseo de veracidad. Lo cierto es que somos muy lent@s porque estamos muy acostumbrad@s y apegad@s al sufrimiento y al viejo paradigma, pero esto no va a impedir que la vida cumpla finalmente con su propósito y su plan de evolución.

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El compromiso con la propia verdad es un proceso que no suele ser rápido, pero que se va acelerando a medida que avanzamos por la senda del descubrimiento de nuestro propio ser. La herramienta imprescindible es la observación atenta de todo cuanto conforma nuestra vida. Hacia el interior, la observación atenta de los pensamientos, sentimientos, emociones, reacciones, hábitos, temores, resistencias, rechazos, etc. Hacia el exterior, la observación atenta y expectante de las conductas, de las circunstancias, escenarios, relaciones, oportunidades, etc. Lo cierto es que cada descubrimiento sobre nosotr@s mism@s es una compuerta que nos permite acceder a una realidad mayor, más incluyente, más expansiva. No obstante, se requiere valor para transitar por la línea que describe la intención de descubrir la propia verdad; no sólo por el sufrimiento que nos causa desmantelar nuestras propias ficciones, sino también por el temor que nos suscita lo desconocido y la sensación de vacío que nos deja el derrumbamiento de aquellos fundamentos, que aunque eran falsos o parcialmente falsos, nos servían en cierto modo y sobre todo, nos eran conocidos. En este camino de compromiso, lleno de obstáculos, soledades y dolores, suele suceder que los engaños se van sutilizando a medida que avanzamos, pero la vida misma se encarga de forma implacable de disparar los resortes que nos obligarán a ver la realidad al desnudo y reestructurar nuestro ser, nuestra vida y circunstancias, a esa nueva verdad descubierta. Aunque inicialmente las consecuencias puedan parecer crueles, este es el precio que necesitamos pagar para alcanzar una vida de plenitud. Porque cualquier vida que desee vivirse en plenitud tiene que estar necesariamente exenta de engaño. Las fantasías y ficciones son fantasías y ficciones, podrán proporcionar temporalmente una falsa felicidad o bienestar, podrán ejercer temporalmente una cierta función de protección, pero en realidad nos estarán impidiendo la plenitud, el contacto pleno de todo nuestro ser con la vida, nos estarán impidiendo la presencia. Es interesante y necesario observar cuántas y repetidas veces buscamos la causa de nuestros sucesos e incidentes en el exterior, creyendo firmemente que se encuentra allí. Estamos poco o nada acostumbrad@s a buscar con veracidad, lo cual implica reconocer que la causa de todo lo que nos pasa siempre es interna. Cuando buscamos la causa externa somos víctimas del sutil mecanismo del ego de huida de la verdad. Nos hace falta asumir completamente que somos creadores de nuestra realidad, que nada de lo que nos sucede se escapa a esta condición universal. Que aquello que pensamos y sentimos se materializa y que por lo tanto cobra suma importancia el foco de nuestros pensamientos, aquello que pensamos y sentimos al respecto de lo que vemos y oímos. Se trata por lo tanto de participar activamente en el descubrimiento de la propia verdad, en el descubrimiento y el conocimiento del sí mism@.

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Finalmente, a través de las múltiples secuencias de nuestras pulsaciones energéticas, de la infinidad de pensamientos y sentimientos emitidos, hemos creado y creamos la realidad en la que vivimos, pero es una realidad que se puede transformar por el proceso de la creación cosnciente. Cuando nos convertimos en aliad@s de la veracidad, en un cierto punto de este camino de compromiso, el ser puede alcanzar la integridad. El engaño ha llegado a devanecerse para el ser. Entonces avanzar ya no implica descubrir engaño, sino simplemente conquistar una verdad mayor. El ser se ha convertido en su propio conquistador y la intrepidez es el estímulo mismo. Cada nuevo descubrimiento es la conquista de una dimensión nueva y más elevada de ser. Esto no tiene final. Cada verdad conquistada nos abre una nueva puerta, revela para nuestra vida un potencial mayor. No hay límite en la belleza y amplitud de lo que podemos descubrir, pero lo cierto es que nuestro poder de realización se incrementa con cada revelación.

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EL APEGO Y LAS EXPECTATIVAS Me hago eco de una idea metafórica de Paul Ferrini que me parece muy buena y apropiada para ilustrar lo que sigue: no se puede poner el carro delante del caballo, porque de nada sirve. Tendemos a pensar -y aunque no sea de manera consciente con frecuencia sostenemos esta idea de manera inconsciente- que si nos sucede tal o cual cosa seremos felices, estaremos bien, nuestros problemas se solucionarán... En realidad es exactamente al revés. Si somos capaces, por lo menos eso, de comprender que la única posibilidad de vida está en el presente, que de lo que se trata es de aprender a vivir en el aquí y el ahora porque esta es nuestra única oportunidad real de sentir dicha, entonces es cuando podemos llegar a las cosas que anhelamos, pues es así que despejamos el camino que nos las traerán o nos llevarán a ellas. Pero si no fuera así, si aquello que deseamos no llega, no nos importará, pues hemos adoptado la aceptación como nuestra disposición de ánimo. En ese caso somos capaces de vivir liberad@s de las expectativas. Es una regla de oro de la aspiración espiritual, predisponernos a realizar el trabajo de liberarnos de las expectativas. Y digo predisponernos a realizar el trabajo, porque no basta con hacerse una proposición de carácter intelectual para conseguirlo. Hay que sentir profundamente esa necesidad y tomar consciencia de que es algo que lleva su tiempo, como cualquier otra propuesta que requiera doblegar el ego a la voluntad del espíritu. El ego se resiste a ceder y se aferra a la parte inmadura de nuestra personalidad infantil para imponer su supremacía. Pero lo cierto es que la liberación de las expectativas es una necesidad de primer orden para vivir en el presente y para permitirnos la opción de la felicidad. No obstante, liberarnos de las expectativas no significa liberarnos de los deseos o anhelos, porque la energía emocional del ser, que se expresa mediante deseos y sentimientos, es nuestro combustible. Entonces, liberarse de las expectativas no es reprimir un deseo. El deseo en sí no es ni bueno ni malo, es simplemente ese estímulo o motor necesario para ir hacia delante. Liberarse de las expectativas es proyectar ese deseo sin apego ninguno a la respuesta que obtendremos de la vida, es decir, con la consciencia de que la Inteligencia Divina sabe cuál es el momento para que nuestro anhelo se cumpla o no se cumpla. Porque hay un Orden Perfecto que lo regula todo, y no es exactamente la personalidad humana ni su intelecto la que sabe qué, cómo y cuándo llegará lo que realmente necesitamos, sino la Divinidad en nosotr@s, que se rige por ese Orden Perfecto que gobierna todas las cosas. Liberarse de las expectativas es pues rendirse voluntariamente a ese Orden Perfecto que tiene Poder por sí mismo, al que nos vamos sintonizando a medida

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que aprendemos a pulsar desde el corazón. Al aproximarnos a este objetivo nos vamos liberando poco a poco de las batallas internas. Nuestra vida se suaviza a medida que nuestras resistencias se van disolviendo. La energía está disponible para nosotr@s, es inagotable, pero se rige por unas leyes imponderables, esas leyes no son manipulables. Cuanto mayores son las expectativas, mayor es el grado de tensión al que nos autosometemos. Este estado de tensión dificulta el flujo de sentimientos y sensaciones, codiciona nuestra percepción y en consecuencia nos resta libertad. Nuestra experiencia se halla debilitada en estas condiciones. Lo cierto es que es prácticamente imposible de repente cambiar los hábitos de pensamiento, sentimiento y acción. No es suficiente con formular mentalmente la intención de liberarnos de las expectativas, a lo sumo cuando estamos en un proceso vital, para quedar completamente liberad@s de ellas. Lo más probable es que cayéramos en el engaño si afirmáramos que estamos libres de las mismas. Sin embargo, nos será más fácil comprender y aceptar la siguiente proposición mental: Es importante aprender a liberarse de las expectativas porque no poseemos todavía la habilidad de crear exactamente aquello que deseamos en cosnciencia, ni tampoco sabemos si aquello que deseamos es adecuado para nuestro perfecto progreso. Por lo tanto, es muy posible que aquello que deseamos que se manifieste en la ejecución de un proyecto o de cierta aspiración no llegue, o tarde mucho más en llegar de lo previsto, o incluso es posible que cuando llegue no nos satisfaga como habíamos creído que lo haría. Quizá no nos podemos liberar completamente de las expectativas pero nos podemos aproximar a ello reconociendo que la realidad no depende de nuestro anhelo solamente. Reconocemos que hay un Orden Perfecto que rige las cosas y en ese reconocimiento aceptamos intelectualmente que puede que las cosas no sucedan cómo y cuándo nos gustaría. Desde mi punto de vista los dos únicos problemas reales son el apego y las expectativas. Concuerdo con la idea que expresa que “la iluminación es la capacidad de vivir con la realidad tal cual es ésta” 15. Estamos mucho más apegados a las cosas, personas, hábitos y fantasías de lo que sopechamos. Puede que algunos de nuestros apegos sean adicciones. Puede que algunas de estas adicciones sean muy evidentes y por ello nos resulte fácil tomar consciencia de las mismas, sin embargo, sobre todo en lo que se refiere a los apegos emocionales o adicciones a nuestras fantasía y sueños, puede que no sean tan evidentes, en ese

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“El abrazo que lleva al amor” por Laura Rincón Gallardo, Tulku Tarthang

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caso son más peligrosos, por cuanto no los hemos descubierto aún como adicciones. Los apegos y máxime las adicciones, nos condicionan enormemente. Mucho más cuando estos apegos o adicciones son de carácter ideológico. Puede resultar mucho más caústica una adicción de carácter ideológico que una ludopatía, o la adicción a un alimento determinado, entre otras cosas por lo que ya se ha señalado antes: una ludopatía es una adicción visible, la adicción a una fantasía no es visible. No existen tales cosas como los problemas. Un reto cualquiera se convierte en problema en función de nuestro sentimiento y disposición hacia el mismo. Son los apegos y las expectativas lo que determinan que un imponderable de la vida sea sentido y experimentado como un problema. Lo que habitualmente representa un problema no es el imponderable en sí, sino nuestro anhelo de liberarnos de él. Nunca las cosas se presentan sin una significación o un sentido (ya sea visible u oculto). Con frecuencia cuando surge una dificultad la vivimos con ansiedad e inmediatamente proyectamos el deseo compulsivo de liberarnos de ella. Nos olvidamos de que cada reto encierra una lección de aprendizaje perfectamente ajustada a nuestra necesidad espiritual. Es un gran paso hacia delante reconocer que este mecanismo responde a ese Orden Perfecto al que ya hemos aludido antes. La idea de que “la iluminación es la capacidad de vivir con la realidad tal cual es ésta” se da por lo general de bruces con nuestra concepción occidental de las cosas. Por lo general esta proposición se calificaría de conformismo. Los occidentales (hablando en términos generales) pecamos de prepotencia. Está muy bien que hayamos expandido nuestra consciencia al punto de haber llegado a reconocer que somos creadores de la realidad; esto en sí mismo nos brinda la oportunidad de responsabilizarnos de la totalidad de nuestra vida. Lo que desde mi punto de vista ya no es tan favorable es esa tendencia pseudoespiritual que se ha puesto muy de moda que se encarga de fomentar y de explotar el poder de la mente para crear la realidad deseada. El “si quieres puedes” es susceptible de arrastrar una gran carga de prepotencia. Más arriba hemos mencionado la ley de atracción, hemos dedicado un capítulo a ella. La ley de atracción es la ley que gobierna la fuerza magnética y ese principio de coherencia que construye las formas que posibilitan la manifestación creativa, así como la estabilidad que permite la persistencia de las formas en su ciclo de existencia. El gran reto es lograr la correcta comprensión de esta ley y el uso correcto de la materia y de los recursos materiales. La sagrada función de la materia es constituir un medio de expresión y un campo de acción para la Divinidad Interior. Se trata de la aspiración

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a la pureza del propósito del alma y de que ésta se libere de la servidumbre de la materia. Logrando así una vida equilibrada basada en las correctas relaciones entre las personas y entre las personas y los recursos. La correcta comprensión de la ley de atracción trasciende el deseo de triunfo material o logro personal. Supedita el poder mental a las aspiraciones del corazón. Ese es el aspecto que con frecuencia se pasa por alto en muchas propuestas terapéuticas y de crecimiento personal. Es importante no confundir las metas con las expectativas. No proyectar expectativas

no

significa

que

no

podamos

proponernos

metas,

éstas

son

necesarias. Con frecuencia solemos sobrecargar nuestras metas con asociaciones muchas veces inconscientes tales como prestigio, reconocimiento, ganancia, dinero, etc.

El

reto

consiste

precisamente

en

proponerse

metas

liberadas

de

condicionamientos serviles y de cualquier residuo de intención egoísta. La mente humana está suficientemente despierta, sólo nos falta abrir el corazón. Los fracasos parciales (y digo parciales porque todo fracaso representa un cierto logro interior cuando se transita el camino hacia la verdad) indican que estamos en el camino de la búsqueda trabajando desde el plano mental. Puede que éxito o fracaso sean conceptos mucho más relativos de lo que parecen. El ego personal es nuestro verdadero opresor. Nos aprisiona en los aspectos aparentes de la vida material, en sus múltiples y engañosos aspectos. El poder de la supremacía del ego está profundamente anclado en el subconsciente. Si la vida nos esclaviza es sólo porque él nos esclaviza. No hay culpables, la única responsabilidad es nuestra. El ego domina al ser con sus impulsos temerarios, con sus caprichos e impulsos fundamentados en la inmadurez emocional. Nos arresta en la comisaría de nuestras necesidades insatisfechas y nos somete a una voluntad ajena bajo el pretexto de una falsa promesa de aceptación. Pero esto que suena terrorífico está condenado a llegar su fin antes o después, aunque el proceso haya resultado largo e inevitablemente doloroso. La conquista de la libertad personal es una cuestión de responsabilidad. No tiene nada que ver con poseer, no tiene nada que ver con disponer de muchos recursos materiales. Sólo tiene que ver con ser. Ser -en ese estado de aspiración sincera a la propia libertad- nos sintoniza con los recursos disponibles. Vida es Abundancia. Vida es Plenitud. Vida es Consonancia, Sintonía, Amor. Disponemos de muchas herramientas, las más válidas no son las más costosas, en mi opinión. Están ahí, disponibles, asequibles para tod@s.

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¿CON QUÉ ME IDENTIFICO? Para abordar la idea que quiero transmitir aquí necesito recurrir nuevamente a la afirmación de que para crear desde la consciencia se precisa la observación atenta. Esto equivale a decir en cierta forma que para crear desde la consciencia es imprescindible el conocimiento de un@ mism@. Es interesante y útil observar que nuestro ser pulsa, se desenvuelve y se desarrolla simultáneamente en diferentes estratos, planos o dimensiones de existencia. Por ejemplo, es útil observar que mientras estoy hablando con otra persona, hay alguien por encima de mí capaz de observar y percatarse de la situación global. Yo no soy solamente la persona que está aquí escribiendo; hay alguien más que conforma mi ser que es capaz de observar a la persona que está aquí escribiendo (que soy yo o por lo menos una faceta más de mi misma). ¡Guau! Mientras realizo el acto de escribir que implica coordinar, ordenar y expresar el pensamiento, hay alguien capaz de observarme todo el tiempo. ¿Esa debo ser realmente yo? ¿O no? ¿O quizás todos mis yos somos realmente yo?... Esto parece un galimatías, pero yo diría que hay más. Sé que hay aún un aspecto más elevado de mi misma que transciende esa parte de mí capaz de observarme mientras estoy escribiendo. Esa parte de mí no se inmuta. Esa parte permanece, esa parte, simplemente, es una con todo. Es inmanente pero a la vez trascendente. Esa es la parte inefable de mí misma que recurre al alma (a mi alma) para aglutinar en mí los dos aspectos fundamentales de la creación: la materia y el espíritu. Lo trascendente o externo, único e individual y lo inmanente o interno y propósito creador. Nuestro aspecto humano está constituido por muchas partes o aspectos diferentes del ser. Somos materia, somos emoción, somos pensamiento, somos espíritu. Tenemos también un ego y nuestro ego tiene muchísimas máscaras o disfraces. Somos consciencia, subconsciencia y supraconsciencia. En fin ¿cuál de esos aspectos es realmente yo? Pero mi propósito aquí es venirme un poco más acá de estos conceptos filosóficos para suscitar la reflexión sobre una situación mucho más cotidiana. He intentado explicar, no sin propósito, que nuestro ser se desenvuelve en diferentes estratos de ser. Y ahora la pregunta sería ¿cuál de esas partes de mí es la relevante? A esta pregunta yo respondería que no hay una parte más relevante que las demás, sino que aquella parte de mí con la que me identifico es la que toma relevancia en ese momento. Si yo estoy viviendo un proceso doloroso y me identifico con el dolor, entonces sufro; soy una víctima de la situación, mi ego domina mis planos emocional y mental. Si viene alguien a mí con una provocación irritante, pueden

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pasar dos cosas: una que me identifique con la propuesta de conflicto y por lo tanto escoja ser protagonista del mismo. La otra es que decida no identificarme con la propuesta, en cuyo caso estoy más allá de mi propia mente, más allá de mi ego, y no estoy dividida por mi mente, simplemente soy, libre y sin condicionamientos. Poner en práctica estas observaciones nos explica que la suma de todos y cada uno de nuestros aspectos constituye esa totalidad que somos y que es mayor que la suma de las partes. Si nos identificamos con las partes o con otras personas o sucesos externos, nos alejamos de nuestra identidad, nos hemos separado de la totalidad y hemos elegido vivir fragmentad@s. En realidad estamos haciendo esto que dicho así pareciera una tontería- todo el tiempo. Cada vez que nos identificamos con algo, le damos fuerza, le damos vida y lo estamos perpetuando. Vale la pena planteárselo. Nuestra identidad esencial, nuestra Presencia, no necesita de las identificaciones. La necesidad de identificación es una condición del ego, de la personalidad. Saber esto nos puede ayudar mucho en nuestro proceso de crecimiento. Cuando estamos familiarizad@s con la práctica de la observación y nos vemos a nosotr@s mism@s con mucha facilidad, nos será fácil comprender que no somos las emociones que las cosas, personas y sucesos nos suscitan. Aun cuando estemos experimentando una emoción intensa del tipo que sea, estemos viviendo una situación de dificultad, o incluso situación de éxito o prosperidad, habrá algo de nosotr@s que será capaz de sostener la consciencia de la Esencia Imperturbable. Toda situación es pasajera y mutable en el mundo de la forma, sin embargo en el núcleo de toda experiencia está la Consciencia, el Corazón, la Causa Última.

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EL DOMINIO DE LA ENERGÍA Lo primero de todo tendríamos que preguntarnos ¿Qué es la energía? La energía es la causa que subyace detrás de toda expresión visible o invisible, capaz de transformarla y generar trabajo, movimiento, cambio, etc. La energía obece al pensamiento -Ramtha diría que es la eterna servidora de la consciencia- y esta asociación es la responsable de la substanciación, concentración de la substancia, materialización. Entiéndase que esta definición quiera trascender la definición meramente física del concepto de energía. La energía –en su más amplia acepciónes un bien común, universal e ilimitado que no tiene dueño, sino que pertenece a tod@s por igual, cuyo dominio sólo puede estar en función del grado evolutivo de consciencia del ser. Al término energía se le atribuyen sinónimos como: fuerza, vigor, eficacia, poder, etc. Aplicado al ámbito de lo personal se le describe como fuerza de voluntad, entereza de carácter, etc. En resumen, la energía es esa causa infinita, insondable que subyace detrás de toda expresión, que lo vivifica todo y que está ahí disponible para la creación y para el uso de la vida toda. Sin embargo, esto que parece tan evidente, en realidad no lo es, pues la energía, aquello que nos pertenece por derecho propio y que constituye nuestra naturaleza, nos ha sido arrebatada y nos está siendo arrebatada constantemente, hasta que alcanzamos a reivindicar nuestro propio poder y derecho sobre ella, y aprendemos a preservarla. Los poderes fácticos han negado la existencia de la energía libre por un mero fin lucrativo de dominio y control. Utilizo aquí el término energía libre en su acepción más amplia, refiriéndome a dos aspectos distintos que en realidad van muy unidos. La energía en realidad es libre. Por eso -refiriéndome al primer aspecto- contrariamente a lo que se nos ha hecho creer, cada un@ de nosotr@s tiene su propia fuente de energía en su interior, cada un@ de nosotr@s es un ser completo en sí mism@ que para potenciar, expresar, expandir y usar la energía libremente sin restricciones y hacer un buen uso de la misma, necesita primero de todo conocer esa verdad. En realidad nadie necesita controlar o dominar a nadie para subsistir, desarrollarse y progresar. Sin embargo, a causa del egoísmo y de la ambición, los seres que controlan ocultamente el sistema y el mundo, han estado robando la energía de los seres humanos valiéndose de la mentira y de la manipulación. El segundo aspecto se refiere a los recursos energéticos para mantener el mundo en movimiento, en este sentido, el término energía libre alude a aquellos recursos energéticos libres, disponibles, gratuitos, y que por supuesto, existen. Nos han educado en base a una serie de de dogmas limitados y limitadores que nos presentan la información relativa a todos los aspectos de la vida,

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completamente manipulada. Este plan oscuro de control, que lleva centurias funcionando, ha creado un ciudadano promedio con un sistema de creencias limitado al que se le puede seguir oprimiendo y extorsionando mediante desinformación, intimidación, amenaza, temor, en parte gracias a su propia pereza para madurar, crecer y asumir su responsabilidad, y en parte gracias a su ignorancia. Mas a pesar de todo este panorama aparentemente desolador un cambio no sólo es verdaderamente posible, sino que se está produciendo. Este cambio pasa necesariamente por darle supremacía a nuestra consciencia espiritual (tanto individual como colectiva) para elevar nuestro espíritu, activar la transformación personal y contribuir así a transformar el mundo derrocando el viejo paradigma basado en el control la extorsión y la manipulación. Un nuevo mundo está surgiendo basado en el amor, el respeto, las correctas relaciones y el poder genuino. Las individualidades necesitan unirse en grupos afines para incrementar su poder y potenciar al máximo la energía de la transformación. Hay que partir de la base de que somos seres completos, de que todo nuestro potencial está en nuestro interior y que es sólo desde la integridad que podemos unirnos a nuestro prójimo de una manera arSundari; cuando somos capaces de realizar y sentir esto en nuestro fuero interno, fluyen hacia nosotr@s de forma automática aquellas personas y propuestas que nos complementan y que posibilitan que llevemos a cabo nuestra función; nos hemos aliado con la energía, la energía es nuestra aliada. Hay que aceptar también nuestra responsabilidad en la creación del mundo, es este un factor imprescindible. Porque aunque hemos sido manipulados a nivel mental y energético, no hemos perdido nuestro poder creador, y la realidad en la que vivimos es fruto directo de nuestra creación, aunque ésta sea una creación inconsciente en la mayoría de los casos. Por eso es necesario aceptar, por un lado, que necesitamos expandir nuestra consciencia y por el otro, que necesitamos mucha limpieza a nivel personal; es imprescindible esforzarse mucho en este sentido. Se trata de retomar el poder y reestablecer el dominio de nuestra propia energía. Hay algunos sistemas metafísicos muy eficaces de limpieza, el uso de la Llama Violeta de transmutación y la técnica hawaiana del Ho´oponopono son los dos más poderosos que yo conozco. Pero hay una premisa esencial para empezar a transitar este camino: un profundo deseo de veracidad, lo cual implica: liberar el egoísmo y aceptar el estandarte del amor, en resumen, hacerse el propósito de aprender a vivir desde el corazón.

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CURSO INTENSIVO DE HONESTIDAD Aunque repitamos más de lo mismo, no lo repetiremos nunca lo bastante. Estamos asistiendo a un parto cósmico de luz que alumbrará un cambio radical en el paradigma de la consciencia humana. Los fantasmas personales a los que hemos estado alimentando con ahínco, afloran con fuerza para mostrarnos la naturaleza del ego de forma clara y contundente; el propósito de este trance es la limpieza, el discernimiento y la veracidad. Sin Embargo, es difícil, molesto y hasta muy doloroso. La resistencia -reacción totalmente previsible de la inercia del ego- sólo acarrea más dolor y más dificultad. Esto que está sucediendo es algo así como una enseñanza que se presenta acelerada. Un cursillo intensivo que nos puede permitir acceder a nuestra verdad que por lo general, poco o nada tiene que ver con la realidad creada por nosotr@s. La tozudez de nada sirve. Es sensato y aconsejable comprender por lo menos el mecanismo: cada dificultad, problema o reto nos está indicando algo de nosotros mismos que necesitamos revisar. A veces –las más de las veces- las dificultades están indicando un simple problema de aceptación. El ego se reafirma en una versión de las cosas completamente parcial y tendenciosa. Al ego no le interesa la aceptación, porque cuando se produce la aceptación, el ego empieza a desinflarse. Desde la aceptación empezamos a observarnos sin presiones, ni juicios, ni condenas. Desde la aceptación -actitud que no es otra cosa que una disposición del amor- nos capacitamos para ver con claridad, pues nos predisponemos a ello. Esta simple pero poderosa disposición, es el paso previo a cualquier descubrimiento revelador a cerca de nosotr@s mism@s. Otra cosa importante ocurre desde la aceptación, desde la aceptación podemos rendirnos. Si nos rendimos dejamos de oponer resistencia. Cuando dejamos de oponer resistencia afirmamos con todo nuestro ser que hay un Orden Superior e Inteligente que lo rige todo, del cual podemos participar desde el corazón; entonces el agradecimiento surge solo. En definitiva, sobre este mecanismo hay una lectura que a simple vista podría parecer simplista por lo sencilla que es, pero sin embargo es profunda: Si fuéramos capaces de sostener emocionalmente activa siempre esta idea: la idea de que hay un Orden Superior e Inteligente que lo rige todo, ya no nos haría falta preocuparnos por nada, la vida nos traería lo mejor en cada momento. Las resistencias bloquean este flujo perfecto, las resistencias son el reflejo de nuestra falta de aceptación, de nuestro temor. Son la señal inequívoca de que vivimos desde el ego y no permitimos que la supremacía del espíritu se manifieste. Si nos falta aceptación no podemos agradecer, pues no percibimos la totalidad y la

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perfección, sino la parcialidad y la carencia. Es un pez que se muerde la cola: Si percibimos parcialidad y carencia no podemos agradecer, si no podemos agradecer, percibimos parcialidad y carencia. Pero resulta, que si hastiad@s, cansad@s de tanta dificultad, decidimos cambiar este paradigma, descubrimos que este mismo mecanismo funciona en positivo: cuando agradecemos, percibimos la totalidad y la perfección, aunque sólo sea en ese preciso instante. Cuando percibimos la totalidad y la perfección, entonces agradecemos de una forma natural. Para percibir la totalidad y la perfección hay que haber llegado previamente a la aceptación intelectual de esta idea: hay un Orden Superior e Inteligente que lo rige todo y que, si así lo queremos, nos hace partícipes conscientes de esa experiencia significativa. Nuestra participación activa en este propósito es velar por la sostenibilidad emocional

de

esta

idea

intelectual

en

nuestra

mente.

Procurar

que

este

pensamiento vuelva una y otra vez desechando de nuestros mecanismos mentales las ideas, consignas y disposiciones que lo niegan. La idea de que un parto es siempre doloroso puede ser revisable y tiene mucho que ver con lo que hemos señalado más arriba. Mientras persisten las resistencias persiste el dolor, que por acumulación se puede ir intensificando. Si somos capaces de rendirnos, el dolor cede o por lo menos cede el sufrimiento asociado a él. Pero también la aceptación del dolor como algo transitorio nos ayuda mucho a seguir hacia delante. Identificarse con el dolor es una maniobra más de la resistencia del ego. Aceptarlo bajo la idea de que sólo es un estado transitorio que cumple con la función

de

estarnos

indicando

algo,

nos

ayuda

a

rendirnos.

Observarlo

disociándonos de él, es decir sin identificarnos con él, tiene el poder de empezar a disolverlo. La aceptación nos posibilita salirnos del rol de la víctima. Cuando no hay víctimas no hay culpables, cuando no hay culpables no hay víctimas. Esto nos conduce de forma natural a otra disposición que es la piedra angular de todo este proceso de limpieza: El Perdón. Si no hay víctimas ni culpables ¿Qué sucede con toda la distorsión patológica que se percibe en el mundo? Desde una nueva posición que nada tiene que ver con la culpabilidad, que nada tiene que ver con el victimismo, que todo tiene que ver con la aceptación, estamos ya en disposición de aceptar nuestra responsabilidad en la realidad distorsionada que hemos creado. En el momento que podemos aceptar la responsabilidad por lo creado, podemos pedir perdón. Cuando somos capaces de pedir perdón ya estamos perdonando. Vuelvo hacer mención aquí de la sencilla y profunda técnica de sanación hawaiana que se conoce como Ho´oponopono que se basa en pedir perdón cada vez que percibimos distorsión. Algo tan sencillo y tan simple, cuyo

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efecto es insospechadamente profundo y poderoso, nos habla y atestigua la simplicidad de la sabiduría ancestral que por lo general brota de los corazones puros y sencillos. En definitiva se nos está proponiendo un camino de corazón que parte de un sincero sentimiento de responsabilidad hacia la compasión. La vida propia se transforma, dejamos de vivir en la condena y empezamos a vivir en la compasión, el fundamento del amor humano. De todos los agravios que la vida nos hace somos responsables en última instancia. Pero quizás haya llegado el momento de afirmar con todo nuestro ser que ya no tenemos necesidad de que la vida nos siga agraviando en sentido ninguno, porque si permitimos que la vida nos agravie seguimos teniendo pretextos para el victimismo. En realidad podemos decir que si permitimos que la vida nos agravie, somos nosotr@s quienes estamos agraviando a la vida, no nos llevemos a engaño. En lugar de eso hay que predisponerse a la Gracia. Es también una disposición de ánimo permitir que la vida nos agracie. Es cambiar la tan bien conocida energía del victimismo por la decisión de experimentar, desde la veracidad, la fascinante aventura de vivir. Sólo es verdad para mí aquello que comprendo en profundidad, reconozco como mío y resuena dentro de mí, reververando y enriqueciendo la vida y posibilitando la expansión de la consciencia.

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HUIR O PERMANECER EN MÍ Sucede que tenemos una tendencia a la ignorancia. Tenemos tendencia a ingnorarnos a nosotr@s mim@s y por ende ignoramos en un grado elevado nuestra realidad intrínseca y extrínseca. Vivimos sumidos en un estado de desconexión que tiende a disminuir nuestra consciencia. Elegimos formas de vida alienantes, limitadas y a la vez limitantes. Acostumbramos a movernos en parcelas reducidas, desarrollando zonas de comodidad en las que los movimientos son previsibles, ignorando nuestro centro y muchas de nuestras partes y por lo tanto negando la totalidad y favoreciendo el aislamiento, la separación, el vacío existencial. Hacemos esto -aunque sea de forma inconsciente- en parte para protegernos, y en parte por egoísmo. En este estado de cosas no hay claridad, es imposible que la haya. Una gran parte de nuestro tiempo vivimos ocupándonos de los conceptos o ideas sobre las cosas que hacemos o pasan, en lugar de ocuparnos de las cosas en sí mismas. Huímos sistemáticamente del presente y permanecemos desconectad@s de la realidad. Cuando no hay equilibrio entre el ser y la consciencia las cosas no fluyen para nosotr@s y experimentamos “problemas”. Sin embargo, cuando somos capaces de entrar en contacto directo con las características y los efectos de la situación, damos con la clave que nos brinda el conocimiento y la consciencia de lo efímero de la misma, en contraposición despertamos a la consciencia de la Esencia que permanece. La mayor parte del tiempo colocamos el eje de la existencia fuera de nosotr@s, en lo externo, lo cual es un imposible, un completo sinsentido. El centro sólo puede estar dentro. En cualquier cosa o situación, el centro está dentro, en el interior de la situación, nunca fuera. También en nuestra propia vida, el centro, Origen, Destino y sentido de nuestra vida está dentro, nunca fuera. La mayor parte del tiempo solemos centrar la atención en cosas, personas y estímulos externos a nosotr@s, buscando nuestra identidad en eso. Esta práctica deja un permanente sentimiento de vacío, frustración y sinsentido. Refiriéndome a una gran mayoría, vivimos o bien sumidos en una resignación destructiva acomodados en un sufrimiento conocido, o si no vivimos sumidos en un estado constante de anhelo de un “suceso mágico” que nos rescate, de anhelo de algo que “está por suceder” que nos reporte dicha y nos agasaje. Este estado -para algun@s permanente- de estar anhelando “eso” tan ilusorio e inconsistente, nos mantiene

consecuentemente

encarcelados

en

un

sentimiento

perpétuo

de

frustración. A medida que las frustraciones se van acumulando en nuestra mente / ser y coleccionamos dolores y sufrimientos, la mente insiste cada vez más en ir en

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pos de su quimera. Hemos caído en la Rueda de la Mala Fortuna y vivimos en un estado de huída constante generando con ello una retención de aquello que no se puede detener: nuestra energía creativa. El resultado es que esa energía que no fluye hacia su dirección natural, se vuelve destructiva, aunque en última instancia, la finalidad ulterior de esa destrucción sea la de desarticular esa mente egoica en la que hemos estado viviendo por tanto tiempo. Somos víctimas de una gran confusión, de un engaño colectivo que está llevando al planeta y a la humanidad al colapso destructivo. Seguimos persiguiendo quimeras y produciendo más y más espejismos que nos causen algún grado de fascinación y cierta gratificación de los sentidos. Pero lo cierto es que este mecanismo cada vez funciona peor, al punto de que muchos seres humanos han perdido el sentido y ya no sienten motivación por nada, sosteniendo para sí y para su prójimo un estado mortífero, un castigo permanente y destructivo que arremete contra la vida toda. Un estado de no vida que nos densifica, nos oscurece, nos enquilosa, abortaga nuestros sentidos y termina por bloquearnos y bloquearlo todo. Estos

estados

de

confusión

con

los

que

estamos

tan

familiarizados,

necesariamente se oponen a los estados de la plenitud de la consciencia. Emborronan nuestra visión natural de continuidad y nos desconectan del nuestro sentido de unidad y totalidad. ¿Pero cómo podemos hacerlo si cuando nos concentramos en tratar desesperadamente de cambiar una situación, por lo general ganamos en estrés y perdemos aún más la claridad de visión? Intentar conocerme a mí misma, comprenderme y aceptarme, es una causa continua de experimentarme atentamente a mí misma en relación al mundo, de forma que se vaya aclarando y sanando esa relación en un proceso en el que el fin y el medio, el camino y la meta, son la misma cosa. No hay final ni principio, sólo continuidad. Atención sostenida y observación de mí misma, de cuál es mi foco, de mis propios procesos mentales y sensaciones, a la vez que me mantengo atenta de lo que sucede a mi alrededor, es la actitud de la llave mágica. Se trata de observar en la medida de lo posible sin entrar en valoraciones ni juicios, desde la consciencia de que toda medida de lo bueno contiene una medida de lo malo y viceversa. De que las dicotomías existen finalmente para equilibrarse, que sin esas dicotomías no existiría creación, y que sin embargo la finalidad esencial es trascender esas dicotomías, hallar ese punto de equilibrio donde reside la Esencia. La Presencia es vivir en ese Ser Esencial que es inmutable, que no se identifica con ninguna de sus

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características y sin embargo las contiene todas. El Ser Esencial no se identifica ni con lo bueno ni con lo malo, porque ya experimentó todos esos estados y los trascendió. Ese Ser Esencial vive en nuestro interior y siempre estuvo ahí. Su mensajero es nuestro Ángel de la Presencia. Ese Ser Esencial, nuestro Ángel Solar o Yo Superior, vive en el sagrario secreto de nuestro corazón, esa zona de Puro Amor dentro de nostr@s mism@s sin espacio y sin tiempo en la que se produce la experiencia de la aceptación, la aceptación de todos los aspectos, tanto los que nos parecen agradables como los que nos parecen desagradables. El ego no puede aceptar. La energía preponderante del ego, atinente a esta realidad terrenal distorsionada a la que nos hemos acostumbrado, tiene su propia inercia que nos impide la clara visión de la naturaleza de la realidad. Despertar a un interés genuino de autoconocimiento suscita temor por la razón de lo que representa enfrentarse a la inercia de la mente egoica, que por otro lado es la fuerza preponderante que mueve el vasto sistema de valores que hemos conocido, la compleja maquinaria de este despiadado mundo. Se requiere valentía, decisión y perseverancia, pero cuando la llamada surge es casi imposible desoírla. Atender a la llamada del Espíritu con decisión y entrega no es tarea fácil. La primera dificultad es vencer la inercia de las interpretaciones egoicas. Éstas no nos permiten observar con atención y sin juicio; los tirones del ego nos retienen en interpretaciones tendenciosas de los sucesos, de las personas con las que nos relacionamos y de nuestros propios estados. La estrategia es mantenernos alerta a esta dificultad y perseverar en la intención de observar la dificultad misma con libertad y claridad haciendo distinción siempre que nos sea posible de la naturaleza de las interpretaciones. Al principio nos desalentará muchas veces nuestra aparente incapacidad de mantener una visión clara. Sin embargo iremos aprendiendo a distinguir la gran diferencia entre las energías del ego y las energías del espíritu, mente racional (instrumento del ego) y corazón (ámbito del espíritu). El corazón no juzga, ni valora, ni puntúa. Sólo siente y capta desde la aceptación enseñándonos a abrazar aquello que es afín a nuestra naturaleza. La mente egoica nos juzga, nos culpabiliza y se empeña en sostener que aquello es bueno y nos conviene, y lo otro es malo y hay que rechazarlo. La mente egoica cree en un sitema de premios y castigos. El corazón simplemente comprende, acepta y elige desde la claridad sin discursos. El ego sale una y otra vez en defensa de su autoimagen. Se identifica con mucha facilidad con las creaciones de su mente con sus logros y también con sus fracasos.

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El corazón no necesita identificarse, simplemente es, su percepción es directa, sin filtros ni interpretaciones. El corazón simplemente nos permite conectar sin más con la experiencia que nos ofrece cada situación, sabedor de que esa es la única realidad que nos mantiene presentes. El corazón nos predispone a vivir en un estado de meditación activa, que no es otra cosa que mantenernos atent@s a la vida, a nuestra vida en especial, y a nuestros estados. En ese espacio del estar atent@s y permanecer en el presente que se circunscribe en el corazón hay un portal dimensional. Estar atent@s y pulsar desde el corazón es simplemente un estado de ser que abre gradualmente ese portal a una dimensión más elevada y refinada de existencia. El ego no nos permite acceder a ese espacio. El ego a lo sumo creará fantasías de logro y liberación, y podemos distinguirlas porque el sentimiento de triunfo del ego se halla empañado de una cierta vanidad y siempre va acompañad@ de un sentimiento más o menos sutil de ser diferentes, mejores y más avanzad@s que l@s demás. Los logros del espíritu son avances sin más. El corazón no se apega a ellos, de la misma forma que no se apega a los fracasos. Los logros del espíritu están en la línea de una expansión continua, de un avanzar sin otra finalidad que la de ser, sin otra finalidad que la de participar. El ego es desconfiado y temeroso por naturaleza pues se fudamenta en rangos que fomentan la separación. Desde ese sentimiento de estar separad@s, el ego necesita asegurarse de poseer, así cree que asegura su supervivencia y preserva su rango. La experiencia del corazón es completamente diferente, el corazón es confiado por naturaleza. El corazón alberga la cualidad universal de la confianza como algo intrínseco a la naturaleza de la Creación. Pues el corazón es para cada ser el espacio personal, intrapersonal y extrapersonal de la unicidad. En el corazón no hay separación, por lo tanto no hay desconfianza. La confianza del corazón no está fundamentada en los logros de la experiencia personal, sino en el aspecto del Amor Supremo que subyace en todo. A medida que aprendemos a pulsar desde el corazón la confianza se va afianzando en nosotr@s y creamos de forma espontánea una atmósfera propicia que nos facilita la percepción consciente, gozosa y participativa. Frescura y apertura nos permiten el acceso a lo novedoso en una experiencia que constanta una y otra vez que lo novedoso sólo se refiere a un grado mayor de consciencia de la Esencia Inmanente.

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¿POR QUÉ HUIMOS? Huimos a causa del miedo, esta afirmación es la síntesis causal de cualquiera de los matices o aspectos de nuestro reflejo inconsciente de huida. Nos volvemos adict@s a múltiples objetos de huida de la realidad a causa de una impronta traumática de separación que se remonta a nuestros orígenes de la experiencia individual humana en los que la chispa de nuestra alma fue escindida de la Llama de la Unidad. Ese reflejo condicionado de huida, que en el fondo refleja una huida de nosotr@s mism@s, se expresa como una reacción de miedo a múltiples facetas de la experiencia terrenal, miedos irracionales a situaciones, personas y cosas; muchas de las veces miedo a lo desconocido, temores que se remontan de forma inconsciente a un temor a la muerte, ese temor ancestral a revivir la escisión, la separación. Me atrevo a afirmar que

arrastramos un trauma

ancestral

y

subconsciente de abandono que enturbió para nosotr@s en mayor o menos grado la visión del aspecto del amor. Lo contrario del amor es el miedo, no cabe duda. Los temores, en su mayor medida subconscientes, sean del tipo que sean, son el reflejo de nuestra falta de amor, del grado de la negación a despecho que en un nivel profundo de nuestra alma hemos hecho del mismo. La experiencia consciente de recuperar el amor en nuestro corazón nos rescata del temor. Porque ese reencuentro con el propio amor sólo puede realizarse dentro. Es necesario liberar esa “necesidad” que tiene el ego de querer llenar los espacios vacíos de nuestra existencia humana con cosas, sucesos o personas para seguir huyendo de la experiencia de encontrarnos con nosotr@s mism@s y con el verdadero sentido de nuestra vida, que no es otro que renacer interiormente en la experiencia del amor. El reencuentro consciente con nuestra alma profunda es una experiencia evolutiva que hemos ido haciendo de forma gradual, pero que ahora se presenta para much@s como una necesidad imperiosa, como el requisito imprescindible para ingresar en este nuevo mundo que renace y ser capaces de sostener y catalizar la nueva energía emergente de alta frecuencia vibratoria que caracteriza la próxima etapa de la experiencia humana. La verborrea de nuestra mente racional es el síntoma más representativo de nuestro reflejo de huida. Lo mismo que en nuestros orígenes posibilitó la individualización de nuestra alma y que nos ha permitido evolucionar, es lo que se presenta en este momento de la evolución como la mayor causa de dificultad en nuestra experiencia de ser. La mayor parte del tiempo la racionalización de la experiencia nos aleja del sentir, de la experiencia directa; por no mencionar la tendencia destructiva del pensamiento, reflejo de nuestros resentimientos. Cuando

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el pensamiento se nos desboca, cosa que sucede con frecuencia, es muy fácil que nos arrastre torrente abajo hasta el punto de perdernos en el adebacle de la densa dimensión de las emociones destructivas. En algún lugar leí que “renacer es el proceso de soltar las energías negativas y permitir que el amor ocupe su lugar”, algo fácil de expresar y comprender, pero difícil de de poner en práctica. Se presenta como una necesidad cada vez más urgente el afrontar este periodo de prueba, limpieza profunda y tranmutación para liberar todo lo que no esté en completa armonía con nuestra Esencia Divina. Pero esto, por lo general, no es una tarea fácil, sino todo lo contrario. Rehuimos esta experiencia por temor al sufrimiento sin darnos cuenta de que esa es la forma de seguir sufriendo.

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CONSCIENCIA Y EXPANSIÓN DE CONSCIENCIA Habitualmente nuestra consciencia se encuentra limitada y controlada por nuestros hábitos mentales, emocionales y de comportamiento, restringiendo y acotando las posibilidades de vida a parcelas muy reducidas de expresión. Pero ese acotamiento que le ponemos a la consciencia es una experiencia de carácter absolutamente personal y para nada refleja la ilimitada e inabordable naturaleza de la consciencia. La consciencia subyace como una característica de vida y expresión ilimitada en todo lo creado. Está ahí disponible conteniendo el potencial de todo lo creado y todo lo “por crear” para capacitar a la energía de su poder. Los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Nuestros Progenitores Divinos, custodiamos en nuestro interior el potencial latente de la Integración a la Consciencia Pura, mas estamos en fase de desarrollo evolutivo y nuestra divina característica de autoconsciencia se despliega hacia delante en grados o niveles de consciencia. Sin embargo, el hecho de que nuestra capacidad sólo alcance para manifestar niveles aún muy limitados de consciencia, no condiciona para nada el potencial de la consciencia en sí. La autoconciencia o consciencia de la identidad propia se define en base a esa capacidad observadora que permanece inalterable aun cuando el foco cambie, que de hecho lo hace constantemente. Es el observador-a imperturbable y silencios@ en el corazón, que está detrás del drama de la incesante transformación de un@ mism@ y de las circunstancias de la vida. Dada nuestra condición de creador@s de la realidad, la realidad se manifiesta para nosotr@s en base a nuestras formas pensamiento, reflejo de nuestro grado de consciencia. Las formas pensamiento de nuestra mente racional con mucha frecuencia son caóticas e inarSundaris y generan caos e inarmonía; las formas pensamiento de los pensamientos nobles -a lo sumo los pensamientos puros que surgen de la mente abstracta- son formas geométricas puras, armonizadas, de gran belleza y vívidos colores que enriquecen la vida, son pensamientos expansivos que superan cualquier limitación y allanan la senda de la vida, no sólo de la propia. Cuando hemos alcanzado el punto de sentir con fuerza la necesidad de liberación, estamos ya en disposión de contribuir voluntaria e intencionadamente a liberar nuestra consciencia personal de las acotaciones a las que está sometida. Es una elección libre que responde a la llamada del Espíritu, a la que dificilmente nos podemos resitir, en virtud de las consecuencias cada vez más insoportables de las resistencias (aunque realmente parece que somos huesos duros de roer).

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Esta decisión implica ciertos ejercicios que se inauguran con el ejercicio primordial

de

observar

con

atención

nuestro

ser

en

todos

sus

estratos:

pensamientos, emociones, estados de ánimo, comportamiento, uso de la palabra, etc. Señalaría una premisa esencial para hacer este trabajo de observación atenta: obsevar desde la consciencia de la transitoriedad de los aspectos terrenales: Todas las condiciones de la personalidad son estados transitorios y efímeros. Nada que no sea lo Esencial permanece en nuestra condición de vida terrenal. Esta consideración nos ayuda muchísimo a desapegarnos a nuestros estados y condiciones propias, y nos transmite un sentimiento de liberación cuando se trata de estados dolorosos, difíciles o desagradables. El desapego es también un ejercicio necesario, porque nuestros apegos a determinadas pautas de comportamiento, nuestros apegos emocionales, nuestros apegos a ciertos conocimientos, a los recuerdos, etc. son parámetros limitantes de nuestra consciencia. La mente racional es la responsable número uno de la limitación de nuestra consciencia. Ella es la identidad del ego y la comentadora incesante que ahoga la voz de nuestr@ observador-a silencios@. Su discurso es verborrea pura. Esta mente racional, causante de nuestra experiencia de separación, no puede concebir la unidad y la fragmenta de manera automática para poderla analizar. Está constantemente comentando, etiquetando, juzgando y condenando. Es ella la que nos impide la experiencia directa y dificulta nuestro sentir y apercibir. Ella ha tenido, durante tiempo indefinido de nuestra evolución, total protagonismo en nuestra experiencia de vida terrenal; una fuerza aplastante que ha estado y aún está interfiriendo en nuestra vida en forma de esa voz a través de la cual vivimos y experimentamos

la

vida

y

nuestras

relaciones,

interfiriendo

en

nuestras

experiencias en todo momento. Es un filtro para nuestra experiencia, pero además es un filtro tendencioso. Es muy interesante observar de qué drástica manera esta mente racional condiciona nuestras relaciones con sus juicios y prejuicios proyectándolos todo el tiempo sobre nuestro prójimo. Si vamos trabajando el hábito de observarnos atentamente, podremos llegar a distinguir

fácilmente

experiencias

en

conscientes.

la La

propia

experiencia

experiencia

cuándo

consciente

-la

conseguimos presencia-

es

tener esa

experiencia directa que se establece desde el corazón y conecta la mente abstracta. Es la experiencia de captar, apercibir y sentir –intuir- sin necesidad ninguna de interpretaciones. Esta es la experiencia natural de nuestro ser esencial. Dada la imperiosa necesidad actual de fomentar esta experiencia, podemos otorgarle el

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carácter de una disciplina de vida que ya existe como tal y se llama Yoga de Sítesis o Agni Yoga: La experiencia de pulsar desde el corazón. L@s bebés y l@s niñ@s la practican todo el tiempo antes de que su ego empieze a desarrollarse y adquiera gradualmente protagonismo. A copia de largos interminables periodos de tiempo de esta experiencia de vivir en la mente racional, que ha estado reteniendo, acontando y limitando nuestra consciencia, nos hemos insensibilizado. Hemos perdido la consciencia de Unidad y de pertenecer a ella, se ha marchitado nuestro sentido de la compasión. Hemos olvidado en gran medida la experiencia del amor, del amor al prójimo, del amor a nosotr@s mismos y del amor a la vida en general. Entonces vivimos calificando constantemente etiquetándolas

las

cosas

muchas

de

veces

buenas

y

malas,

negativamente.

juzgando

Cuando

a

las

juzgamos

personas, a

alguien

negativamente, en realidad es dramático lo que hacemos, puesto que nos insensibilizamos respecto a la persona y no estamos percibiendo la humanidad en ella sino que estamos utilizando una equiqueta mental que creemos que la identifica. De esa forma, en virtud de la no separación real que hay entre las personas, también nos identificamos a nosotr@s mism@s de forma inconsciente con esa misma etiqueta o con ese algo negativo. A la vez sucede que cuando nos identificamos con algo, no dejamos espacio entre lo que percibimos y lo que pesamos al respecto de ese algo y nosotr@s mism@s, y nos convertimos en eso. Este es el mecanismo destructivo de nuestra manera habitual de funcionar desde la mente racional. Este hábito está llamando a ser desahuciado ahora de nuestra experiencia humana. La conscienica clama por su liberación.

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ESTRATEGIA Y VISIÓN GLOBAL Yo plantearía una pregunta fundamental para estos tiempos que corren ¿Cómo me tengo que posicionar yo para posibilitar el cambio de paradigma al nivel de mi propia individualidad y a nivel grupal? Pienso sinceramente, que en la respuestra acertada de esta cuestión se encuentra la clave del éxito, sin duda ninguna. La respuesta a esta pregunta tiene, por supuesto, unos parámetros generales susceptibles de adaptarse a cualquier caso personal, pero cada un@ deberá luego elaborar su respuesta particular fundamentada en esos parámetros generales que son los que abren la puerta. Me hago eco de una idea expresada en el reportaje de Santiago Pando titulado “Creer es Crear”. En un momento dado en él se dice que “es imposible lograr un cambio de paradigma desde el mismo lugar que fue creado”. Hay que salirse fuera de la vieja e inservible visión de las cosas y cambiar de posición. El viejo paradigma se fundamentó en la mente racional. El nuevo paradigma se fundamenta en el Amor, en el corazón. El viejo paradigma, fundamentado en la razón, la mente racional, siempre al servicio del ego, es un sistema de creencias dual y cerrado que fundamenta sus discursos en el juicio. El juicio es la herramienta más poderosa del razonamiento. El juicio conlleva condena y mantiene la vigencia de la separatividad: tú en oposición a mí, yo en oposición a ti. El juicio se opone a la presencia, necesariamente, porque nos impide sentir. El nuevo paradigma nos invita a posicionarnos en el corazón. Ésta es sencillamente la respuesta. La respuesta es el amor. La respuesta es que cualquier cosa

que

queramos

lograr

en

esta

energía

emergente,

necesitará

estar

fundamentada en el amor. El amor no nos percibe separad@s o enfrentad@s. Nos percibe junt@s y por lo tanto nos sugiere que incluso aquell@s que más oposición nos han ofrecido, que más dificultades nos han causado, en verdad nos están brindando las más valiosas oportunidades de cambio. El amor es la energía que posibilita la Presencia, el estar presentes en el aquí y el ahora en el eterno fluir, promoviendo visión activa de continuidad, la cual confiere sentido de unidad y de totalidad. La presencia en el eterno fluir es una Verdad Universal que nos conecta con la verdad personal, el ser sucediendo ahora.

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Se trate del asunto que se trate que queramos resolver o cambiar, si nos cocentramos en tratar desesperadamente de cambiar dicha situación, lo más probable sea que generemos más estrés y perdamos la claridad de percepción y el sentido de continuidad y visión global. Antes que nada, para no dejarnos arrastrar por la vieja energía cuando estamos en proceso de revisión o de cambio, será necesario invocar el poder del amor. Anclarnos en el corazón, reconectarnos con él. Pero esto que parece tan sencillo puede que no lo sea tanto, pues la inercia de la vieja energía nos arrastra a volver a las viejas interpretaciones. Caemos fácilmente en el rol de la víctima, pues hemos estado muy familiarizados con ella, éramos ella percibiendo un sistema opresor y un mundo oprimido. Cuando se lucha por cualquier cambio es necesario hacer un esfuerzo creativo y visualizar el cambio como algo ya realizado. Esa es la verdadera fe. Fe en nuestra propia capacidad de cambio a merced de nuestra enorme capacidad creativa. Pero ante todo es necesario revisar honestamente las premisas de ese cambio, para que guarden sintonía con una verdad fundamental: el bien individual es también el bien común. No prevalecerán los objetivos egoístas.

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EL NUEVO PARADIGMA Y LA SANACIÓN ¿Qué es el nuevo paradigma? ¿Qué nos sucede? ¿Qué nos está llamando? Intentaremos responder a estas preguntas con orden y coherencia. Volvemos una vez más a una cuestión que ya hemos mencionado en diversas ocasiones y sobre la cual podemos hallar multitud de referencias de muy diversas fuentes informativas, todas ellas hablando de una misma cosa, indistintamente de la diversidad de términos y métodos a los que se suscribe. El nuevo paradigma al que nos referimos tant@s de nosotr@s desde tan diversos focos, es esta nueva forma de vida emergente que está surgiendo de manera ostensible y poniendo completamente patas arriba el sistema de vida que hasta ahora hemos conocido y sus fundamentos. Este nuevo ejemplo colectivo de vida emergente se fundamenta en el amor y la compasión y desahucia los viejos métodos basados en la imposición, el abuso, la distorsión y la extorsión. Much@s de nosotr@s, quienes hemos sido llamad@s trabajadores de la luz, hemos llegado a un punto crítico de cambio en el que se nos reta a clausurar un viejo sistema de creencias para inaugurar una nueva etapa de ser. Estamos, un@s más otr@s menos, al término de un proceso evolutivo, finalizando una etapa de nuestra evolución individual y colectiva para promover una nueva forma de vida para nuestra humanidad. Cada un@ de nosotr@s a nivel individual, está en el proceso de alinearse con su Ser Superior, la Divinidad dentro de cada un@ que es independiente del tiempo y del espacio, que no conoce limitación humana. Es esa condición esencial del ser humano que siempre ha estado ahí, pero de la que nos habíamos olvidado, casi por completo, durante mucho tiempo. Es un despertar individual que ahora se produce de forma masiva como nunca antes se haya visto entre los seres humanos. En este proceso que funciona solo y por sí mismo, cada ser individual, antes o después, encuentra sus propias dificultades y se enfrenta a sus propios retos. Este trance genera cuanto menos incomodidad, cuando no dolor y sufrimiento a quienes se resisten a él. De forma paralela, también el proceso despierta necesariamente entre los seres humanos un profundo sentimiento de solidaridad como nunca antes se había visto. Hemos visto surgir y florecer por doquier miles de técnicas diversas de sanación y crecimiento espiritual. Much@s de nosotr@s nos sentimos llamad@s a transmitir, a ayudar a nuestros semejantes en su proceso presonal de admitir en su ser a su Ser Superior, así como nosotr@s mism@s estamos en ese mismo trance

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de compromiso. Aun cuando el propio proceso no se haya completado, much@s de nosotr@s estamos ya capacitad@s por la propia experiencia para asistir a otras personas en esto, ya sea que lo hagamos de forma profesional o de cualquier otra forma. Se precisa hacer una distinción entre lo que es ser un facilitador o facilitadora de una determinada técnica y lo que es ser sanadora o sanador: Mientras que para impartir conocimientos de una técnica de sanación o aplicar cualquier terapia de las múltiples terapias existentes sólo se precisa dominar la técnica en cuestión, para ser sanadora se precisa algo más. La persona sanadora ha avanzado en su propio proceso lo suficiente para haber conectado a un nivel profundo con su propia luz interior. Está consciente de su propio proceso y no es el ego quien la guía, sino su Divina Presencia o Yo Superior. Esta persona, que apela incesantemente a su Divina Presencia, ha generado para sí ese espacio energético benéfico y conciliador de elevada frecuencia, y es por eso que lo puede ofrecer. Ese espacio energético de Amor y conciliación, en el cual la persona sanadora tiene su ser, contiene la frecuencia energética de las soluciones a los retos y problemas que plantea la vida. Es por eso que la persona sanadora puede llevar al campo energético de su paciente esa frecuencia energética de sanación. La persona verdaderamente sanadora no trata nunca de aleccionar, simplemente transmite una vibración de comprensión, paz interior y seguridad. Ella sabe que el verdadero proceso sanador se produce cuando somos capaces de dirigirnos a nuestras partes oscuras con esa vibración sostenida y pacífica de compasión y comprensión. Lo sabe porque lo ha experimentado consigo misma, y por ello lo puede enseñar y transmitir. Sabe que sólo en un espacio de cordialidad se produce la transmisión y sabe también que la clave energética de todo proceso de sanación es la aceptación como el preámbulo indispensable del perdón y que esa misma clave constituye el fundamento del nuevo paradigma de relaciones humanas. La persona verdaderamente terapeuta ha realizado para sí el proceso de distanciarse de la historia, conservando sin embargo la consciencia de que ella misma es creadora de la historia. Ya no se siente parte del problema, es por eso que las soluciones están disponibles para ella y sabe que cuando asiste a otras personas en realidad está continuando su propio proceso de sanción. En realidad para que se produzca la sanación es imprescindible responsabilizarse de todo cuanto nos ha sucedido en la vida, de los problemas, de las dificultades y

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de las heridas que nos han causado personas o situaciones, sin importar la magnitud de las mismas; es necesario cubrirlas con la luz amorosa de la propia consciencia. Es en realidad la habilidad de la autosanación lo que nos otorga el derecho de consciencia para sanar al prójimo, o mejor dicho, para ayudar a las personas a sanarse a sí mismas y nos convierte en potenciales sanador@s o terapeutas. Cada vez se precisa más ayuda, más transmisión, más apoyo y claridad para que cada un@ sepa enfocar su propio proceso de manera correcta. Pero también, cada vez habrá más personas capacitadas para compartir desde el corazón.

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LA FE Antes de empezar a leer, intenta responderte las preguntas ¿qué es la fe? ¿tienes fe? ¿hacia dónde diriges tu fe? El diccionario ofrece unas cuantas descripciones de la palabra fe. La primera descripción que me encuentro en el Diccionario Ideológico de J. Casares de la Real Academia Española es: “Creencia basada en el testimonio ajeno”. Las religiones, mayoritariamente las occidentales, se han apoderado de este término imprimiéndo en él una parcial y tendenciosa interpretación, alejándonos de esta forma de la interpretación y aplicación más creativa, profunda y comprometida del verdadero, amplio y constructivo significado de la palabra fe. Muchas de las religiones, más interesadas en el abuso de poder de unos pocos sobre un@s much@s que en el verdadero crecimiento espiritual de sus fieles, han dogmatizado la fe y han desviado la atención de los seres humanos hacia una confianza ciega en un poder que se situaba fuera del ser, creando para tal fin

un

concepto

de

dios

distante,

enjuiciador

y

condenador,

al

cual

supuestamente se llegaba temiéndolo más que amándolo. Antes de continuar con la esencia de lo que quiero transmitir, a mí me gustaría redefinir el término y alcanzar a describir lo que yo entiendo por fe. La fe es algo más que una creencia ciega. Yo creo que el sentimiento humano de la fe nace de un recuerdo aún inconsciente de la condición primigenia de Ser en la Unidad. Por eso es que puede decirse en cierta forma que la fe es ciega, pero sólo hasta que deja de serlo. Antes de que ningún dogma se apodere del término, la fe es la certeza de la existencia de “algo” mucho mayor que un@ mism@, algo de lo cual provenimos y hacia lo que nos dirigimos, e incluso aspiramos, aun cuando sea de forma no reconocida. Cuando el ser evoluciona a un cierto grado, esa aspiración se vuelve consciente. Es comprensible en cierta medida que nos hayamos forjado un concepto de Dios como algo fuera de nosotr@s mism@s, por cuanto la Totalidad es un concepto prácticamente insondable en nuestra condición humana. Sin embargo, la idea de una divinidad inalcanzable es mayoritariamente el fruto del dogma religioso que no nos ha hablado nunca claramente de la esencia de nuestra verdadera naturaleza humana.

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Lo que llamamos Dios es la Totalidad Inefable de todo lo Creado, la Unidad, El Todo mucho mayor que la suma de las partes, pero que deposita su esencia en cada una de ellas. Los seres humanos no somos, cuantitativamente hablando, la Tolalidad a la cual aspiramos o hacia la que nos dirigimos, sin embargo, esa Totalidad forma parte de nosotr@s, en un sentido cualitativo sí somos esa misma Unidad, la Divinidad es nuestra misma esencia. Esencialmente somos la Divinidad, la Unidad, el Amor y todas las Virtudes Divinas. Depositar la fe fuera de un@ mism@, y sólo fuera de un@ mism@, es un error de percepción que nos limita y frena. La Divinidad sólo puede descubrirse dentro. En el propio sentimiento, en la propia aspiración, en el descubrimiento y la aceptación de todos y cada uno de nuestros aspectos humanos. En la revelación de la propia consciencia. Entonces en esa misma medida que se ha reconocido dentro del propio ser, puede reconocerse fuera, en nuestro prójimo. Cuando somos capaces de reconocer y aceptar que somos esencialmente la Divinidad, nuestra fe y devoción a esa Totalidad a la que aspiramos y reverenciamos adquiere necesariamente una dimensión nueva: se convierte en la fe en nosotr@s mism@s, en el propio proceso espiritual. Esto nos conduce al único camino real de llegar a Dios: el camino que transita el autoconocimiento y el compromiso con un@ mism@, con la propia Divinidad interior. El camino hacia la propia Cristificación. En mi opinión, ésta es la interpretación correcta de la frase de jesús expresada en el Evangelio de Juan (4, 16): “Yo soy el Camino, la verdad y la Vida. Nadie podrá ir al Padre si no es a través de mí.” La consciencia de nuestra parcialidad y de nuestra limitación humana nos permite no sólo observar el ejemplo de Quienes nos han precedido, sino también invocar Su Ayuda y Su Guía, éste es el sentido de la oración, y ésta es la invitación que Jesús nos hace como el mejor de los recursos para no sucumbir a la dificultad. Pero ante todo hay que velar por la conciencia de la comunión íntima con la Divinidad, que sólo puede producirse en el recogimiento de la Presencia, esto es ser y estar en el devenir ininterrumpido de la consciencia, el acto de estar en el aquí y el ahora. Ser sin engaños, subterfugios ni disfraces, distinguiendo la realidad de la fantasía. Este es el verdadero reto de la fe: el camino hacia un@ mism@; entonces el camino y la meta se convierten en la misma cosa, la impaciencia se va disolviendo por sí sola. La fe en un@ mism@ no se refiere a la fe ciega en el ego. Se refiere a la fe en el Yo Espiritual. Se refiere a la fe en las cualidades propias del Amor Divino, que

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son las que verdaderamente nos permiten descubrirnos desde la aceptación, sin juicio ni condena. Se refiere a la certeza de la Presencia en el corazón. La Presencia que constituye nuestra Guía, que nos posibilita el sentimiento que precede a la experiencia de ser un@ con Todo, y por lo tanto posibilita la experiencia misma. No hablamos de la fe en el poder personal desconectado del corazón. Eso sería ambición, expectativa y presión sobre la realidad; algo a lo que hemos estado muy acostumbrad@s que se confunde con la propia meta con mucha facilidad y se asocia con triumfo personal: es la voz del juicio exterior que se apodera de la voz propia y se expresa en pensamientos del tipo: “debería”, “tengo que hacer esto”, “tengo que conseguir aquello”, “tengo mucha prisa”, etc. Eso es darle supremacía a la mente inferior regida por el Plexo Solar sin la necesaria conexión con el chakra que le sigue: Corazón, Anahata. Es un hábito demasiado arraigado en tod@s nosotr@s que no tiene nada que ver con la aceptación y el reconocimiento del flujo natural y sabio de la vida que trae todo a su debido tiempo, sino más bien constituye una huida de la realidad, un constante fugarse del presente que se traduce en esa tensión interna tan conocida por tod@s en nuestra experiencia humana, tensión creciente que finalmente puede llegar a resultar insoportable y a estallar en forma de todo tipo de conflictos. La fe positiva confía en “la calmada fuerza del conocimiento dentro de un@ mism@ que está fuera del tiempo y del espacio” 16. Confía en el poder del amor dentro de un@ mism@. El poder personal entonces se transforma en el poder Divino en el interior. La fe entonces deja de ser ciega y se convierte en el calmante espiritual del propio proceso de vida y aprendizaje. Fe es la certeza de la integridad a la cual llegaremos, la propia integridad humana que nos permitirá ingresar en la Unidad. Fe es la alegría de la conciliación con el camino propio, único para cada un@; la conciliación al punto de que ya no hay meta, más que el camino mismo. Ésta es la alquímia de la transformación. Llegar a la comprensión profunda de esta verdad nos libera de la carga y de la ansiedad que produce arrastrarla. La fe en la Jerarquía de Luz, la fe en Dios y la fe en un@ mism@ se funden en un solo sentimiento, en la certeza de ser.

16

Esta maravillosa frase ligeramente adaptada ha sido tomada de un mensaje de Jeshua tranmitido por canalización a través de Pamela Kribe y traducido por Sandra Gusella, titualdo: “Trampas en el camino para llegar a ser un sanador”. Disponible en el siguiente enlace: http://jeshua.net/esp/

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CONCILIAR LOS ASPECTOS PARA CONECTAR CON EL CORAZÓN Bajo este título el capítulo podría dar mucho de sí. Pero antes de extendernos demasiado intentaré señalar el aspecto fundamental de esta idea para luego poder enriquecerla con los matices. La primera pregunta que surge es ¿qué aspectos hay que conciliar? La respuesta genérica a la pregunta es que hay que conciliar las polaridades masculina y femenina. Aspectos masculinos y aspectos femeninos de la existencia del ser deben conciliarse en el interior. Los aspectos del genéro femenino, y la mujer como la máxima representante de los mismos, han permanecido sometidos y degradados durante mucho tiempo en nuestras sociedades y culturas. En esta Nueva Era de Acuario recién inaugurada, se nos brinda la posibilidad de experimentar el retorno a la Tierra Prometida (se refiere a la humanidad transmutada y al planeta Tierra purificado) a la liberación de la vida, mediante el necesario renacimiento de los aspectos del género femenino. Hombre y mujer están destinados en un futuro próximo a actuar en equilibrio y perfecta armonía, esta será la consecuencia directa del equilibrio de las polaridades de la vida en el ser individual y colectivo. Después de esta respuesta tan genérica surge una nueva pregunta ¿para conectar con el corazón, qué aspectos del ser hay que unificar o conciliar? La respuesta a bocajarro sería que hay que unificar los dos aspectos de la mente humana. La mente humana es dual, tiene dos aspectos, uno concreto y otro abstracto, polaridades masculina y femenina respectivamente; es necesario unificar estos aspectos para trascender del plano mental al plano búdico, la dimensión del corazón, cuyo excelso sentido es la intuición. El tercer plano o la tercera dimensión del ser septenario que somos es el plano de la mente; la dimensión de la mente se rige por el Plexo Solar, el tercer chakra, el asiento de la consciencia. El cuarto plano es el Plano Búdico, la dimensión del corazón, este plano del ser se rige por el cuarto chakra, Anahata, el Sol Central del ser, el punto medio, el eje de su existencia. Estos dos aspectos de la mente humana, perfectamente reconocidos por la ciencia y regidos por los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, la mente concreta y la mente abstracta, polaridades masculina y femenina de la mente, tienen que conciliarse. Y esta conciliación de la que hablamos en términos generales, implica la aceptación y la conciliación de todos los aspectos del ser. Lo cierto es que urge esta conciliación en el interior de cada un@ de nosotr@s. La Diosa tiene que renacer en nuestro interior, despertar de su

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sometimiento al dominio del dios macho. Así como el aspecto abstracto de la mente humana está surgiendo y equilibrando el aspecto hasta ahora dominador de la mente racional, los aspectos femeninos de la vida en la existencia humana también están experimentando un resurgimiento. Todos los aspectos femeninos de nuestro ser como mujeres exigen de nosotras su reconocimiento; por su parte los hombres están empezando a despertar a sus propios aspectos femeninos y a brindar reconocimiento y la debida atención a esos aspectos dentro de sí mismos, así como el reconocimiento a las mujeres que les ha sido negado por tanto tiempo. En términos generales, hemos heredado la inercia de una relación entre hombres y mujeres muy desequilibrada. “Cómo fue, la vivencia y relación entre nuestros padres, y la vivencia y la relación de cada uno de ellos con nosotr@s; qué modelos de relación observamos en nuestro entorno infantil, determinó en casi todos los casos cómo nosotr@s establecimos después nuestras relaciones entre nuestras condiciones de género y el género complementario. En la medida que se reestablece la armonía entre los aspectos de género en nosotr@s, en la medida en que se sanan las relaciones entre los hombres y las mujeres, nuestr@ niñ@ interior –nuestro ser prístino- se reestablece también. El Padre, la figura del Padre constitutiva del aspecto masculino del yo, es sobre todo representativa de la autoridad, del sustento social, de la aprobación, del fundamento que representa el mundo exterior, de nuestras circunstancias materiales, de cómo éste nos acoge, nos nutre, nos acepta y nos sustenta. Una relación saludable con el masculino interior determina una desenvoltura óptima con el exterior, así como una relación nutritiva y equilibrada con los hombres; y en las mujeres con su pareja en particular. La figura de la Madre, el femenino interior, es representativa de los aspectos internos del ser, de sus capacidades de introspección, de la entrega, de la desenvoltura emocional y sentimental, de nuestra creatividad y de nuestra capacidad receptiva. El femenino interior es nuestro santuario. Es el recipiente de nuestras emociones, el espacio en el que se concibe nuestra expansión. Es la representación de nuestra tolerancia y permisión. Es esa parte de nosotr@s, que aun cuando haya quedado relegada a un espacio remoto, ha venido custodiando, para el ser individual y para el conjunto de la humanidad y su evolución, la joya del Amor.”

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“La falta de confianza en lo externo, se relaciona directamente con una falta de apoyo que no se recibió de la figura paterna, y esa carencia está a su vez directamente relacionada con nuestra rabia, con las capas de ira que se han ido adhiriendo a nuestro cuerpo emocional. En un sentido más amplio, esa falta de confianza se relaciona con la desvirtuación que ha sufrido la evolución aparente del sistema global en el que una gran parte del mundo se desenvuelve, sistema que ha obliterado los aspectos del género femenino; la deshumanización del mundo, y su crudeza y crueldad, está directa y estrechamente relacionada con la desconexión de La Divinidad, con el Padre, Dios, Quien está representado en el ser individual por el aspecto masculino interno del yo; el mundo ha llegado a estar controlado por los hombres, pero estos hombres han transmitido a su descendencia la desconexión. Es ahora el tiempo de la sanación. Muchos seres humanos en la actualidad anhelan intensamente encontrar su complemento, tod@s estamos necesitados de sanación y compleción. Tod@s añoramos el amor. Necesitamos sanar nuestra relación con el Padre, para apoyar a la Madre, al aspecto interno en nosotr@s desde una estructura externa amable, amorosa respetuosa y considerada con la diversidad de la vida. Necesitamos reconocer la verdadera naturaleza sanadora de la mujer, de la Diosa, de los aspectos femeninos

de

la

existencia,

tan

profunda

e

imprescindible

como

su

complemento.” “¿Cuándo y cómo recupera la alegría nuestr@ niñ@ interior? El estado de nuestr@ niñ@ interior está directamente vinculado al estado de la relación entre nuestro Masculino interior y nuestro Femenino interior, Padre y Madre, Diosa y Dios; reflejad@s

en el exterior en las figuras del padre, de la madre, del

hombre y de la mujer.”17 Unidad y separación. Estos son los conceptos claves y básicos que subyacen detrás de toda polaridad. La unidad se produce en el equilibrio, en el punto medio entre los extremos. La polaridad es la característica fundamental de nuestra concepción del mundo, de este mundo nuestro que ha constituido por milenios, a través del paso de las civilizaciones, el escenario de aprendizaje de la humanidad. La dualidad es la concepción característica del ego humano, que 17

Todos los párrafos entre comillas han sido tomados del libro “EL DIAMANTE DE LO FEMENINO, Expansión de consciencia y crecimiento espiritual” de la misma autora. No siguen necesariamente el mismo orden y se han modificado ligeramente.

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se opone a la Unidad. La Unidad lo contiene todo en sí misma, todas las polaridades realizadas, equilibradas, todas sin excepción. La Unidad, La Consciencia Cósmica, La Divinidad Creadora, no necesita evolucionar, puesto que lo contiene todo, es El Todo, ese aspecto esencial está en reposo permanente, no tiene límites, ni está sometida al tiempo ni al espacio. Este concepto de Unidad es un concepto al que aspiramos, pero que hoy por hoy se escapa a nuestras posibilidades de percepción. La humanidad, sin embargo, sí necesita evolucionar, y para

evolucionar, precisa necesariamente de la

polaridad, de la división, de la escisión. La consciencia del ego es incapaz de ejercer la percepción simultánea. En su evolución, el ser puede llegar a intuir la Unidad y puede aspirar a ella –lo cual constituye el estímulo de su evoluciónpero el ego no puede captarla. Precisa escindir cada aspecto de la existencia en dos polos, a fin de poderlos contemplar, de poderlos percibir y de poderlos experimentar sucesivamente para así poder ir incorporándolos en su consciencia como experiencias realizadas. Para ello el ego necesita la simulación del tiempo, y esta necesidad le conduce a creer en una ilusión, puesto que le presenta su evolución como el producto de sus procesos, de sus elecciones y decisiones, y no percibe que sólo está ejecutando un modelo que ha existido siempre. En su proceso evolutivo, el ser humano, después de haber separado todos los aspectos de la existencia en contrapuestos, tiene que comprender que por naturaleza todo, incluso él, tiende al equilibrio, y que los opuestos no son aspectos antagónicos, sino complementarios, que se pueden templar, equilibrar, para ser completos. Esta es la clave del asunto que aquí tratamos, y la razón que nos impulsa a buscar esos aspectos que han permanecido irrealizados en nosotr@s por haberlos mantenido reprimidos. La serena expectación es una práctica del aspecto femenino de la existencia, mediante la cual el ser sublima sus sentidos para entrar y permanecer en un estado de receptividad, de profunda observación, sin interferencias de la personalidad, sin sus juicios ni condenas.

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LA NIÑA INTERIOR18 Es importante insistir una vez más en el sentido profundo de este momento tan crítico de cambio que la humanidad está viviendo, junto con el planeta Tierra; cambio que halla su reflejo y expresión en cada ser individual. Hay una única forma de sobrellevar lo más airosamente posible una crisis de estas características, y es a través del conocimiento y de la comprensión. Primero hay que recurrir al conocimiento, y luego viene la comprensión. Con la comprensión no es que esté todo resuelto, ni muchísimo menos, pero sin la comprensión se pierde todo en la confusión. El conocimiento de lo que sucede a un nivel más global abre una compuerta hacia nuestro propio interior, nos ayuda tremendamente en el acto de la comprensión. En un libro anterior incluí un capítulo breve de cosmología para explicar sintéticamente el momento evolutivo de nuestro planeta y de nuestro sistema solar. No es imprescindible reproducirlo aquí, bastará con reseñar que estamos sumergidos en una Banda Fotónica, procedente del Centro Galáctico y que este evento

cósmico

se

repite

con

una

frecuencia

de

26.000

años,

aproximadamente. Este Cinturón de Fotones transporta energía e información de altísima frecuencia que llega de otros niveles dimensionales A medida que vamos penetrando más profundamente en esta Banda Fotónica precisamos ir integrando niveles cada vez más profundos de energía. Ésta es la causa cósmica que se corresponde con nuestro momento evolutivo, pero que a su vez exige un determinado nivel de conciencia y propugna una limpieza profundísima, que debe realizarse. La necesidad de limpieza se hace evidente en todas las señales de desequilibrio que surgen por doquier alrededor del mundo, muchos son los aspectos

que

nos

lo

explican

claramente

todos

los

días.

Esto

exige,

consecuentemente, una limpieza profunda de la conciencia y del alma individual, pues el proceso representa al fin, la reconexión del ser humano con la esencia de su alma, y la conexión sólo podrá establecerse cuando no quede traza alguna de residuo de oscuridad; la intención debe ser clara, pura, al cien por cien. Se precipita en cada un@ de nosotr@s este requerimiento, y aunque no sea fácil, la decisión consciente y personal de fluir con la invitación del momento abre cada vez más las puertas de nuestra liberación, es nuestra salida, por otra parte, la prometedora y tan esperada salida de la densidad.

18

Nuevamente, este capítulo está transcripto íntegramente del libro “EL DIAMANTE DE LO FEMENINO, Expansión de conciencia y crecimiento espiritual” de la misma autora.

107


Lo que quiero destacar en este capítulo, es de qué manera vive este cambio nuestr@ niñ@ interior, este proceso de transformación, profundísimo y acelerado, que se está produciendo en cada un@ de nosotr@s, puesto que si esta parte nuestra, tan bella y vulnerable, es capaz de comprender y se siente protegida por la elevación de nuestra conciencia, resultará todo mucho más fácil. La niña interior tiene que aprender a confiar en lo nuevo. Este tirón ascendente de nuestro momento evolutivo, esta ascensión de la frecuencia energética, infiere, naturalmente, cambios en la conciencia. Estos cambios evolutivos, que estamos experimentando en este proceso colectivo, impugnan nuestro proceso individual, lo remueven, esta remoción hace resurgir, necesariamente,

viejos

patrones

energéticos,

aquellos

que

no

se

han

desactivado del todo, con el fin de que los podamos definitivamente desactivar, desde la voluntad y la resolución consciente. Cuando afloran los viejos patrones, afloran unas consecuencias temporales a manera de crisis, tanto físicas como emocionales, crisis que pueden resultar muy intensas. En este estado de cosas, la niña interior puede llegar a sentirse duramente amenazada, cuanto menos confundida, temerosa e indefensa. Una palabra clave en todo este proceso es la transmutación. Transmutación: equivale a desactivar completamente lo viejo para que pueda entrar lo nuevo. Lo nuevo llega para transformarnos y para que podamos transformar la realidad. Estamos siendo irradiad@s desde un nivel de conciencia muy superior para que podamos realizar el salto cuántico, cuántico en el sentido de que todas y cada una de las partes, las más pequeñísimas partes que nos constituyen, están viviendo la transformación. Muchos retos se nos plantean. Nuestro cuerpo emocional se está removiendo a un nivel muy profundo, nuestro sistema inmunológico tiene mucho trabajo extra que realizar. Nuestro sistema nervioso se está reforzando para soportar cada vez frecuencias más elevadas de energía. Nuestro ADN se está recodificando y se están activando nuevas fibras de acuerdo a nuestra progresiva ascensión espiritual. Cuanto, cuanto jaleo... Cuando aparece la confusión, florece la angustia y se intensifica el dolor, es la niña que sufre; la niña está pidiendo salvación, sanación, reconciliación, atención, aquella que antes no se le brindó. Pero ya no valdrá acallar la voz de su angustia con chucherías, con subterfugios que la despisten, pues en este caso la exigencia de sus necesidades profundas se intensificará, las crisis se agudizarán hasta lo insoportable. Lo que hacía la niña frente a la desatención

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era

huir,

o

patalear,

en

definitiva,

recurrir

a

recursos

infantiles

de

comportamiento; pero esto ya no nos va a servir más. Necesariamente tendremos que escucharla, atenderla, comprender sus comportamientos y sus necesidades, aprender a amarla, calmarla, sanarla en el mismo nivel en el que se le causó la herida. Es así mismo muy desaconsejable persistir en el hábito de la culpabilidad. Culparla y castigarla, cuando descubrimos sus comportamientos infantiles, no nos liberará de los mismos. Más bien todo lo contrario, la culpabilidad es el sentimiento que retiene a l@s niñ@s en sus malos hábitos, en sus conductas inmaduras. Dejar que la niña se exprese es recurrir a nuestra autenticidad. Si la niña encuentra su espacio, aprenderá a expresarse sin temor, nos explicará exactamente lo que le pasa, nos conectará de una forma fluida con nuestra intuición. Si nos proponemos satisfacer las necesidades reales de la niña desde la firmeza, aprendiendo a no ceder a las exigencias de su inmadurez, aceleraremos mucho el proceso de su sanación, de nuestra sanación. ¿Qué podemos ofrecerle, además de mucha comunicación? Lo que l@s niñ@s necesitan: contacto con la Tierra, con las fuerzas naturales, baños de mar, juego, tiempo libre, aire puro, alimentos sanos, amor, coherencia en el comportamiento, transparencia... Que pueda caminar descalza, para que nos podamos arraigar, para que se active nuestra energía desde los pies y nos podamos así mismo descargar de la electricidad estática. Que nuestra conciencia pueda establecer conexión con el planeta y se propicie la sintonía con su proceso de ascensión (que en realidad es el nuestro propio). Cuando surgen sentimientos negativos, no nos servirá de nada juzgar desde la severidad. Estos sentimientos suelen expresar necesidades insatisfechas. Habrá que comprender, por supuesto, comprender con detalle, pero habrá que propiciar unas circunstancias favorables para satisfacer esas necesidades. Reprimirlas, desde un falso sentimiento de madurez, tampoco nos servirá, volverán a surgir, se volverán cada vez más exigentes, y persistir en la omisión de las mismas sólo acarreará más dolor, más confusión, más desequilibrio. Otra cosa que la niña necesita -si es que no se ha realizado aún- es el reconocimiento de sus dones, de sus preferencias, de sus tendencias. Ofrecerle

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a la niña el espacio para que se realice y se recree en ellas, equivale a recalificar la energía de nuestros arquetipos internos, aquellos que nos estructuran. Esto es algo completamente necesario para que se nutra el espíritu, para que nuestro caminar encuentre su sentido placentero y positivo. En general, si escuchamos a nuestr@ niñ@ interior sentiremos la urgencia del alma que clama por su liberación. Esa misma necesidad urgente se constituirá en nuestra guía y nuestras herramientas de trabajo, reflejará nuestras verdades profundas. Aquello que ya no sirve deberá ser abandonado, nada bueno sacaremos de retenerlo. Lo auténtico tomará sentido, lo falso resultará evidente. En la quietud, la introspección y la contemplación se gestará cada nuevo paso. Todo adquirirá un sentido superior y unificado.

110


¿QUÉ ES LO QUE ESTOY SINTIENDO?19 La desazón ¿qué me transmite?... Cuando la desazón persiste durante un día y otro y otro, y no la escuchamos, no somos capaces de tirar de ella para averiguar a qué sentimiento nos lleva, hasta dónde nos conduce, se va produciendo un decaimiento en el ánimo que puede desembocar en una depresión, un mal demasiado común y frecuente en estos días. La depresión es el resultado del autoengaño sostenido y de haber mantenido reprimidas nuestras emociones durante un tiempo excesivo. Por otro lado, mantener reprimidas las emociones durante un tiempo excesivo equivale a un acotamiento significativo de nuestro campo de acción, de nuestros movimientos y acciones, puesto que las emociones son el estímulo de la acción. No actuamos, el apocamiento se va apoderando de nosotr@s, crece el temor. Si no actuamos, atoramos también las respuestas que llegan del exterior, van disminuyendo los estímulos. Hemos caído en un círculo vicioso del que parece difícil salir. La depresión es pues un cúmulo de energía no gestionada de la cual hemos ignorado, no sólo el origen, sino la calidad y la potencia de la emoción en sí misma. Al haber provocado un estancamiento de la energía, ésta se ha ido densificando en nuestro interior, deteriorando nuestro estado de salud física, anímica y mental. No pretendemos tratar aquí la depresión, pero tal vez sí prevenirla, o reflexionar sobre lo que nos sucede. La cuestión tiene mucho que ver con el enfrentarnos o no enfrentarnos a nuestra parte oscura, la sombra, aquello que no

hemos

iluminado

con

el

conocimiento.

Aquellas

emociones,

y

las

convicciones detrás de las mismas, que hemos mantenido reprimidas en el subconsciente, ya sea por temor o prejuicio. Sombra es oscuridad, ignorancia. Luz es conocimiento, autoconsciencia. El conocimiento equivale a liberación, y aunque la mayor de las veces haya que tirar del dolor para extraer el conocimiento, no hay más salida real que la de conocerse a un@ mism@. Cualquier otra estrategia puede representar un avance parcial, una salida temporal de un problema determinado, pero éste volverá a aparecer si no se ha llegado a comprender su causa.

19

También este capítulo está transcripto prácticamente íntegro del libro “EL DIAMANTE DE LO FEMENINO, Expansión de conciencia y crecimiento espiritual” de la misma autora; sólo el último párrafo ha sido modificado.

111


Con demasiada frecuencia acudimos a métodos o terapias que persiguen el objetivo de la iluminación, de la sanación, potenciando un crecimiento energético o lumínico en nuestro ser. Existe un interés muy real y creciente de sanación y liberación. El ser humano está ya fatigado, exhausto, en muchos casos, al límite de sus posibilidades de resistencia. Sin embargo, me parece imprescindible enfocarse con precisión. Por mucho que nos expongamos a un foco de luz externo, nuestro interior no se iluminará. Para que se ilumine nuestro interior –sólo en él están las respuestas- tenemos que sumergirnos en nuestra sombra. Penetrar en ella, aceptando que existe nuestra parte oscura aprendiendo a sobreponernos al dolor, admitiendo que en la vida del ser humano hay autoengaño, consecuencia de los muchos errores de percepción heredados y propios. Sólo se puede iluminar el interior desde el corazón, que es nuestro propio sol. Si trabajamos de una manera activa y real en este sentido, otro tipo de terapias complementarias nos pueden ayudar, pero nunca podrán sustituir el poder y la eficacia de ir hacia adentro ejercitando la serena expectación. El propósito de conquistarse, ir hacia adentro, hasta el fondo del fondo, implica flirtear con la sombra. Imprescindible liberarse del juicio. La sombra no es ni buena ni mala, simplemente, es ignorancia. Es destructiva mientras sigue siendo sombra. Sin embargo, encierra un potencial ilimitado cuyo mecanismo se disparará a medida que la sombra se ilumina, se reconvierte en luz. Es el verdadero camino que nos conduce a nuestro propio poder, el nuestro, el genuino, el más poderoso de todos (valga tanta redundancia)... En definitiva, cuando empezamos a tirar de la desazón, la razón genuina es desear saber qué es lo que sentimos, cuál es la naturaleza del sentimiento, cuál es su causa profunda. Hasta dónde nos quiere remitir y hacia dónde nos quiere impulsar. Es desaconsejable desoír los avisos anímicos que nos están sugiriendo bucear dentro de nosotr@s mism@s. De otra forma el monstruo de la negación seguirá devorándonos hasta que ya no quede nada de nuestra energía vital.

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FLUIDEZ Y ADAPTABILIDAD Hemos mencionado más arriba que hay una Inteligencia Divina que dispone las cosas para cada un@ de nosotr@s de manera individual. Hemos mencionado también que cada una de las situaciones de la vida encierra un propósito. El hecho de que haya una Inteligencia Divina actuando siempre, no implica que no tengamos la absoluta responsabilidad por lo que nos llega, sino sólo que dicha Inteligencia ordena de manera perfecta para cada ser los efectos de las causas establecidas por nosotr@s a merced de nuestras elecciones y acciones. Lo importante de todo esto es cómo y de qué manera lo vivimos, cómo nos posicionamos nosotr@s frente a este flujo de la vida que tiene fuerza propia y fluye solo. La gran mayoría de nosotr@s estamos muy condicionad@s por ciertos conceptos sociales predeterminados en nuestras mentes. Sostenemos una asociación interna preestablecida entre la lucha y el éxito: “para triunfar es necesario luchar”, así lo concebimos. Sin embargo y aunque aparentemente parezca una paradoja, el logro espiritual, la conquista de la plenitud, que atrae a nuestra vida el perfecto fluir, no se consigue mediante la lucha, sino mediante la rendición. No hablamos de indiferencia sino de enfrentar serenamente lo que a cada momento nos llega. Mediante la serena expectación de lo que nos sucede, posibilitamos la participación del yo en todo momento y en toda situación, sin evasivas, sin que sea imprescindible la intelectualización. Es la presencia

lo

que

nos

permite

mantenernos

en

“estado

fluídico

de

20

adaptabilidad” , o a la inversa, si nos mantenemos en “estado fluídico de adaptabilidad” estamos presentes. Quizás sea fácil poner esto en práctica cuando las cosas nos van bien. Es cuando surgen problemas cuando la cosa se vuelve difícil. Los estadios que nos conducen a un determinado objetivo no pueden estar constituidos por metas rígidas e inamovibles, la vida es cambiante y cada situación requiere una respuesta nueva. Aquí es cuando sigue siendo necesario practicar la serena expectación, la atención abierta, ésta que implica mantenerse en estado fluídico de adaptabilidad. Entonces la intención resolutiva se hace carne en cada una de nuestras experiencias de vida, estamos canalizando a nuestro Yo Superior y desaparecen los problemas sociales. Se trata de una experiencia sostenida de renovación constante que tiene como consecuencia la espiritualización de nuestra vida, acciones y aspiraciones. 20

Max Heindel.

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ACTIVIDAD DE SERVICIO -Erigir un Altar en la ConscienciaEl verdadero sentido de la vida está en la entrega, en aquello que podemos aportar a nuestro prójimo y al mundo para mejorar la vida. La máxima entrega que puede hacerse a la Vida es la propia vida, pero voy a intentar explicar a lo que me refiero para no suscitar malas interpretaciones -algo que ya ha sucedido con anterioridad. Cuando yo hablo de entregar la propia vida me refiero a entregarnos a la Vida desde la Presencia. El arte de generar presencia o la práctica de pulsar y vivir desde el corazón es lo que yo llamo entregarse a la vida. Está claro que éste es un largo y arduo camino, un proceso consciente para recuperar lo que en la casi totalidad de los casos hemos perdido en el transcurso de nuestra educación y formación como seres sociales; pues lo cierto es que nacemos con un elevado nivel de presencia que el estilo de vida al que estamos sometidos nos arrebata. Sin embargo, no se puede afirmar que ese nivel de presencia que tenemos en nuestro estado natal esté respaldado por la autoconciencia. De lo que se trata es de aprender a generar presencia desde la autoconsciencia. En este punto surge necesariamente una pregunta ¿Cómo nos encaminamos a ello? Hasta este punto incluido, la finalidad del libro y de todas sus partes es justamente

la

de

ofrecer

información

y

proporcionar

herramientas

de

transformación que puedan posibilitar este propósito. Generar presencia y entregarse a la vida son la misma cosa. “Actividad de servicio” describe de una manera un tanto más específica aquello que una forma más distendida o genérica yo llamaría entregarse a la vida. Servir activamente se refiere a hacer el bien deliberadamente, o a hacer el bien desde la consciencia. Llegamos ahora a un punto crucial: para hacer el bien hay que estar bien, es necesario, imprescindible, sentirse bien. Si no estamos bien, no podemos hacer el bien, es imposible, pues a un nivel inconsciente estaremos generando distorsión aun cuando nuestro propósito sea servir y ayudar. Es por eso muy importante considerar que la mejor actividad de servicio es aquella actividad afín a nuestra naturaleza, a nuestra vocación del alma, aquella que podemos realizar desde la alegría y la entrega, porque resulta nutritiva y constructiva, no sólo para l@s demás, sino también para nosotr@s mism@s. La máxima actividad de servicio es encaminar nuestras vidas de manera práctica para llegar a realizar en nuestra propia vida lo que es nuestra actividad vocacional. Encaminarse hacia esto es responder a nuestra llamada profunda

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del alma que guarda perfecta sintonía con El Proposito y el Plan de la Divinidad. Si es cierto que para realizar el servicio de nuestra actividad vocacional necesitamos estar bien, es cierto también que cuando realizamos el servicio de nuestra actividad vocacional nos sentimos bien. Sentimos desdicha, infelicidad y una enorme sensación de vacío porque no contemplamos esta necesidad prioritaria de la vida como tal. El mayor de los problemas del mundo es el egoísmo del ser humano, pero es una enorme evidencia, que esto ha degenerado hasta producir el tremendo desequilibrio que el planeta, el mundo entero y el ser humano individual sufrimos o hemos sufrido en nuestras propias carnes. Ya no podemos seguir viviendo de manera egoísta, pero yo diría más todavía, no podemos seguir viviendo en la inconsciencia. Entrega y consciencia se convierten en la misma cosa. Por eso es importante y urgente para cada un@ de nosotr@s iniciar nuestra transformación espiritual. Mi propia actividad de servicio se refiere a realizar mi propia transformación y proporcionar ayuda y herramientas para posibilitar esta transformación en mi prójimo. Porque yo he llegado a comprender de manera consciente que mi prójimo y yo somos Un@ con el Todo. Y he sido capaz de interpretar de forma práctica ese amor profundo por la vida y por todos los seres, esa llamada que no se puede eludir de ninguna manera. No hay marcha atrás en el camino de la transformación. Responder desde la presencia a nuestra llamada profunda del alma es erigir un Altar en la Consciencia y ésta es nuestra verdadera actividad de servicio.

115


PRIORIDADES PRÁCTICAS A modo de síntesis me gustaría presentar aquí algunos objetivos prioritarios en este proceso consciente de transformación espiritual. Quizás el primero de ellos sea el de definir la proposición o intención prioritaria personal. ¿Cuál es la intención prioritaria en nuestra vida? ¿cuál debería ser para cualquier persona comprometida con su propia transformación espiritual? Yo respondería a la segunda pregunta de forma contundente con la siguiente respuesta: la integridad, si es que ésta no se ha conquistado todavía. Este opbjetivo prioritario nos lleva a una segunda proposición: veracidad en las interpretaciones. Esto implica la importante necesidad de superar la tendencia a buscar las causas fuera y aceptar de una forma práctica y verídica que las causas están dentro, siempre están dentro. En pocas palabras, implica asumir la responsabilidad y el propósito sotenido de descubrir el autoengaño. En la siguiente proposición podríamos señalar la necesidad de superar la dependencia que tenemos del temor y la necesidad de relativizar la dependencia que tenemos del medio. Tod@s hemos sido en mayor o menor grado dependientes del miedo, hasta el punto de que éste ha condicionado nuestras vidas y en muchos casos aún las condiciona. El temor cierra nuestros corazones, nos reduce y aprisiona, mas es imprescindible trascender el temor para seguir avanzando, esto sólo se consigue llendo hacia delante a pesar del miedo y atravesando el miedo, haciendo entrega de esta aparente limitación al Espíritu Santo (o a la Divinidad en nosotr@s) en una invocación consciente, para no intoxicar nuestro propósito. La dependencia emocional que tenemos del medio guarda una estrecha relación con el condicionante del miedo. Todos somos dependientes en una medida u otra del medio, pero es muy necesario calibrar esa dependencia y relativizarla. La conciencia de la necesidad que tod@s tenemos l@s un@s de l@s otr@s no implica que debamos vivir atemorizados y sometidos por el temor. La interdependencia no tiene porque ser dependencia emocional, ni mucho menos sometimiento. La cuarta proposición consiste en aprender a pedir ayuda desde la aceptación de los propios límites. Nos referimos a la petición de ayuda en dos planos distintos: en el plano horizontal, es importante la petición de ayuda humana cuando la requerimos, si es que nos es posible pedirla. Pero más importante es

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aún proyectar la petición de ayuda en el plano vertical: esto hace referencia directa a la comunicación Espiritual con la Jerarquía de Luz que tanta falta hace y tan poco se practica. Es imprescindible pedir ayuda y guía a nuestr@s Maestr@s, Guías y Ángeles. Invocación, petición y oración son sumamente importantes y necesarias. Seguiría diciendo que es muy necesario también, a nivel individual y colectivo, reforzar el sentido de la participación y de la colaboración. Cuando las intenciones personales y las fuerzas y recursos personales se suman, los efectos se multiplican geométricamente. Es muy importante y alentador tener esto en consideración, pues formamos parte de un Todo y todas las partes son importantes. La gran mayoría de nosotr@s tenemos una asignatura pendiente: aprender a compartir. A gran escala este aprendizaje implicará la justa distribución de los recursos y el uso correcto de los mismos. Por último yo señalaría el propósito prioritario del libro: El Amor y la apertura del Corazón. Ésta es la necesidad práctica de la humanidad actual. Este objetivo, a mi modo de ver urgente, los engloba todos. Este objetivo se refiere a la necesidad prioritaria de conectar con el propio corazón de forma consciente y voluntaria. El corazón es nuestro foco solar, nuestro núcleo, nuestro centro de vida y única puerta dimensional en la que se juntan el Origen y el Destino. Así mismo, en el nivel del corazón somos Un@, lo cual implica que no podemos llegar a conocernos íntegramente si no penetramos en el corazón de nuestro prójimo,

Vicente

Beltrán

Anglada

añadiría

“con

las

debidas

reservas

psicológicas” lo que quiere decir que no es necesario abrazar emocionalmente cualquier pulsación ajena. Nos estamos refiriendo a ver a las personas más allá de las apariencias, a mantenernos conscientes de las personas y de la vida, de la misma forma que es absolutamente imprescindible confiar en el propio proceso y abandonarse a la aspiración espiritual sin juicios ni culpabilidades. Esta es la condición de la vida que nos preserva del egoísmo. Esto es verdaderamente lo que llena la vida de sentido.

117


EPÍLOGO Entrego con amor el dolor ancestral y profundo sufrido por mi historia de mujer. Lo entrego a la vida e invierto toda su fuerza, la perseverancia, la paciencia, el amor y la fe, a la causa justa de la resolución. Ahora. Lo entrego ahora que el fruto ya está maduro y ya se puede recoger. Ahora me entrego y entrego con devoción y sentido de la justicia la certeza pulsante y viva de la resolución que yo soy. Esa resolución que nada tiene que ver con la venganza, pero sí con la justicia. Esa resolución que es reconciliación. Energía de equilibrio, sanción, reconocimiento, amor profundo, necesidad satisfecha, solidaridad, integridad y cooperación. Resolución que es, también, homenaje y bienvenida a las mujeres de la tierra que lo hemos entregado todo con esa capacidad infinita de entrega, propia de nuestro maravilloso e imprescindible aspecto femenino; que es también homenaje al hombre nuevo, capaz de abrazar a la Diosa dentro de él. La resolución que alza una voz dulce, firme y profunda de alabanza a la Diosa que nos ha sostenido en su consciencia.

118


ALQUIMISTA DEL ESPÍRITU Yo Soy la cavidad profunda de la vida. La caverna primigenia de mi vientre. Misterioso y oscuro secreto de paciencia. Alquimista del espíritu. Yo Soy la cavidad profunda de la vida en la que se depositó la semilla fértil la semilla del hombre que me repudió para que yo la gestara con amor de madre. Yo misma Soy el fruto de la semilla esa que nos contiene a ambos esa que conoce las leyes en su lenguaje básico esa que germina siempre. Yo Soy la fuerza que siempre renace que no puede ser reprimida eternamente que surge con más ímpetu después de cada negación. Pues Yo misma Soy la vida creativa. Yo Soy la matriz de tus anhelos, el océano de tus oportunidades, la casa familiar a la que llegaste que te da el reconocimiento de tu nombre. He esperado con la entereza de la casi eternidad, por los siglos de los siglos a que tú me vieses. Y ahora reto tu mirada con mis ojos de mujer: Estoy aquí, siempre estuve aquí, y Soy tu otro yo. Yo Soy la alegría del encuentro, la oración de reconocimiento y gratitud. He custodiado para ambos la certeza sobreponiéndome a todo deseo de venganza. He saciado mi sed incesantemente

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en el manantial inagotable del perd贸n mientras calladamente me alimentaba de las migajas de tu voracidad. Yo Soy la fusi贸n de las dos mitades que constituyen un solo coraz贸n. Y Soy el Infinito que lo atraviesa Celebrando el triunfo de la alianza. YO SOY

Sundari Amalia, Junio del 2009

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ÍNDICE DE CAPÍTULOS -

LA TRANSFORMACIÓN DESDE EL CORAZÓN, p. 3

-

EL SER HUMANO Y NUESTROS VEHÍCULOS DE MANIFESTACIÓN, p. 9

-

LA MENTE, MANAS O PRINCIPIO MANÁSICO, p. 14

-

LA CONFIANZA Y EL CAMINO DEL CORAZÓN, p. 17

-

LA MENTE VACÍA -Surgir cada día renovad@s- p. 21

-

SED ESPIRITUAL, p. 24

-

¿QUÉ NOS ALEJA DEL SENTIDO DE UNIDAD? p. 27

-

ABRAZANDO LA SOMBRA, p. 30

-

SOMOS CREATIV@S Y CREADOR@S -Ley de Atracción- p. 32

-

CONSCIENCIA Y SUBCONSCIENCIA, p. 34

-

DOS ENTIDADES ESOTÉRICAS EN EL SER HUMANO, p. 36

-

EL SENDERO DE RETORNO, p. 39

-

EL PODER DE LA PALABRA, p. 41

-

NO EXISTE LA CULPA, 43

-

ATENCIÓN E INTENCIÓN, p. 45

-

INTELIGENCIA DIVINA -La disciplina del Agni Yoga- p. 46

-

SOBRE LA SERENA EXPECTACIÓN Y LA OBSERVACIÓN ATENTA, p. 49

-

TODO SE AJUSTA A UNAS LEYES, p. 51

-

INDEPENDENCIA EMOCIONAL NO ES AUTOSUFICIENCIA, p. 59

-

TODO TIENE UN PROPÓSITO, p. 61

-

LA EXPERIENCIA PROFUNDA DE LA ACEPTACIÓN, p. 63

-

EFECTO ESPEJO, p. 66

-

CONFUSIÓN DE PROPÓSITOS, p. 68

-

EL POTENCIAL DE LA VERDAD, p. 72

-

EL APEGO Y LAS EXPECTATIVAS, p. 75

-

¿CON QUÉ ME IDENTIFICO? p. 79

-

EL DOMINIO DE LA ENERGÍA, p. 81

-

CURSO INTENSIVO DE HONESTIDAD, p. 83

-

HUIR O PERMANECER EN MÍ, p. 86

-

¿POR QUÉ HUIMOS? p. 90

-

CONSCIENCIA Y EXPANSIÓN DE CONSCIENCIA, p. 92

-

ESTRATEGIA Y VISIÓN GLOBAL, p. 95

-

EL NUEVO PARADIGMA Y LA SANACIÓN, p. 97

-

LA FE, p. 100

-

CONCILIAR LOS ASPECTOS PARA CONECTAR CON EL CORAZÓN, p. 103

-

LA NIÑA INTERIOR, p. 107

121


-

¿QUÉ ES LO QUE ESTOY SINTIENDO? p. 111

-

FLUIDEZ Y ADAPTABILIDAD, p. 113

-

ACTIVIDAD DE SERVICIO -Erigir un Altar en la Consciencia- p. 114

-

PRIORIDADES PRÁCTICAS, p. 116

-

EPÍLOGO, p. 118

-

ALQUIMISTA DEL ESPÍRITU, p. 119

Este libro fue debidamente registrado en el registro de la propiedad intelectual de Girona con el siguiente número de solicitud: GI-0391-2009.

122

ALQUIMIA ESPIRITUAL  

Guía espiritual

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