Agricultura Moderna #63

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Abril/Mayo

Biodiversidad

Semillas y sustentabilidad Un recurso esencial y un factor calve Enriqueta Molina Macías, Santamarina y Steta, S.C.

L

a agricultura enfrenta diferentes desafíos: garantizar alimentos y bienes suficientes, saludables, nutritivos y asequibles para una población en crecimiento (9 mil millones para 2050); se estima que se requiere incrementar un 70% nuestra producción de alimentos, adicionalmente a otros productos de interés, como los cultivos industriales, ornamentales, medicinales y otros bioproductos. Satisfacer estas necesidades, con cada vez menos recursos: superficie agrícola, calidad de suelos, disponibilidad de agua, reducción (y envejecimiento) de la población rural, además de reducir el impacto al ambiente, requiere innovación en la agricultura, en las formas de organización, en las políticas institucionales, en el aprovechamiento de las tecnologías de la información, y en los diversos elementos que pueden incidir en la mejora de los sistemas productivos para beneficio del propio sector rural. Es así que debe buscarse la sostenibilidad no sólo productiva, sino de las comunidades agrícolas. Para conseguir este propósito de manera sostenible, mejorando los medios de vida para el sector rural, la semilla es un factor clave, como origen de la producción. La semilla es esencial para la sostenibilidad, en particular para los pequeños agricultores y la agricultura familiar; la semilla encierra identidad, calidad, salud, productividad. La semilla es fuente de genes y diversidad para la selección y reproducción para la adaptación a las condiciones climáticas cambiantes. Pero no solo eso: la semilla es un patrimonio cultural y por esta razón la visión de las políticas públicas debe comprender los diferentes sistemas y fuentes de semillas: las variedades locales de uso común, de autoconsumo, o que se intercambian y producen artesanalmente, con gran adaptación a las condiciones agroecológicas, de cultivo, y estrechamente vinculadas a la

herencia cultural regional. Y las semillas resultado de procesos de mejoramiento genético, con un mayor grado de homogeneidad, vinculadas a esquemas intensivos, comerciales, regulados. Considerando los diferentes elementos y tipos de agricultura, incluyendo la cadena de valor de las semillas, existe una interacción y coexistencia entre la conservación y el aprovechamiento sustentable de los recursos fitogenéticos, las nuevas variedades vegetales como resultado de la selección y el mejoramiento, y la producción de semillas. La complementariedad de las regulaciones para cada uno de estos elementos es fundamental para una política integral que atienda las particularidades y niveles de acción. Así se refleja en los diversos acuerdos internacionales para cada una de estas materias: el Convenio sobre la Diversidad Biológica para su conservación y uso sostenible; el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (del cual México no es miembro); el Protocolo de Nagoya sobre acceso a los recursos genéticos y participación justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización, y el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales. No obstante, a nivel nacional, es necesario desarrollar las normativas necesarias para el acceso, intercambio, conservación y uso de los recursos fitogenéticos, asi como para la participación de beneficios. Semillas locales Las semillas locales seleccionadas por los agricultores y adaptadas por la respuesta a las condiciones de cultivo son un mecanismo importante para preservar la diversidad y enfrentar el cambio climático. Habitualmente, los agricultores seleccionan su propia semilla de acuerdo con las características sanitarias y productivas en el