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Era un día cansado, lánguido, agotador… acababa de salir del trabajo: otro día mas sobreviviendo con un deplorable sueldo. La rutina finalizaba ya por esta semana, llega el fin de semana, miro al cielo y cojo una fuerte exhalación de aire intentando olvidar la dura jornada de trabajo que he pasado en ese cuchitril. Soy una chica sencilla, con aspiraciones en esta vida pero limitada por falta de tiempo, dinero y no puedo decir que cuente con un gran apoyo familiar y muchísimo menos con un amplio círculo de amistades. Me siento perdida por momentos. El resto del día que no dedico a dormir y trabajar, lo dedico a reflexionar y a leer, a pensar en por qué en un país como este, yo, una chica licenciada en derecho y con dos idiomas, tenga que trabajar 10 u 11 horas diarias cuando solo estoy contratada por 8h. Me parece una aberración. Por estar inmersa en mis pensamientos acabo de tener un incidente con un chico que, sin duda alguna, tenía mejor cara que yo. ¡QUÉ TORPE ESTOY HOY!, grité. El chico con una sonrisa de oreja a oreja me miró con unos ojos color azabache que me aprisionaron por unos segundos, Me preguntó mi nombre y le contesté que me llamaba Diana. Él me respondió diciéndome el suyo, Mariano. Seguidamente me invitó a cenar, ya que sentía remordimientos por el incidente, y yo al tener la nevera vacía no me lo pensé dos veces. Durante la velada me hablo de él. Era arquitecto con varios proyectos en pista. Me contó que había ayudado al arquitecto Calatrava a realizar los planos del auditorio Adán Martín. Me quede asombrada ante su prestigio. Era guapo, con dinero, con un coche último modelo y un trabajo fascinante, era la vida que toda persona quisiera tener. Cuando llega el camarero a tomar nota de nuestro pedido despierto de mis pensamientos: el hombre de gran talante y notoriedad, Mariano, me agarra las manos. En un segundo se me acelera el ritmo cardíaco y empiezo a temblar descontroladamente. Con tantos nervios se me va a salir el corazón del pecho. Miro sus labios, carnosos y voluminosos, subo lentamente y, me freno en sus ojos, me vuelvo a perder en su mirada tan penetrante como desconcertante a ratos. Llega la comida y despierto de mi shock instantáneo. Hemos pedido pasta y ensalada, se ve que este restaurante es el típico local caro en el que te ponen un plato cuadrado con una mínima porción de comida y que te lo venden como manjar de dioses. Sin embargo, con mi sueldo nunca me hubiera podido permitir comer en un lugar como este. Al acabar la cena o cita, todavía estoy por descifrar qué era, Mariano se levanta de la mesa y se retira camino a la salida del restaurante. Por un momento me imaginé que me iba a dejar tirada en este restaurante para que la cena la pagase yo, pero no, al rato volvió con un hermoso ramo de petunias y lirios. Se me vuelve a acelerar el ritmo cardíaco pensando que son para mí. Efectivamente era para mí. Se acerca al lado de mi silla y se arrodilla, por un momento se para el tiempo y fantaseo con lo feliz que sería mi vida a su lado y el cambio radical que sería cumplir mis sueños y dejar ese cuchitril dónde trabajo. Mariano se acerca a mis labios poco a poco mientras por su boca salen las palabras: Quieres…casarte… con… RIIIIIIIIIIING!

¡ME CAGO EN EL DESPERTADOR! Manuel Macías Calcaño 1ºA BACH.

Un suceso inesperado manuel macias calcaño 1a bac  
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