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MENSAJE DEL DIRECTOR

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ecía el ilustre pensador y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson que “Al tratar del Estado debemos recordar que sus instituciones no son aborígenes, aunque existieran antes de que nosotros naciéramos; que no son superiores al ciudadano; que cada una de ellas ha sido el acto de un solo hombre, pues cada ley y cada costumbre ha sido particular; que todas ellas son imitables y alterables, y que nosotros las podemos hacer igualmente buenas o mejores”. Una gran lección. En la escena política, económica y social del México contemporáneo, encontramos cuatro tipos de grupos de poder. El primero, aquellos que saquearon las instituciones; el segundo, aquellos que tras verlas saqueadas ahora las desmantelan; el tercero, aquellos que utilizan a las instituciones como moneda de cambio o chantaje político; el cuarto, los que a pesar de todo las defienden y están seguros de que respetándolas se podrá tener un país con mejores ciudadanos y autoridades. No todo en las instituciones es bueno, pero tampoco malo. Al final de cuentas, éstas siempre pasan por tres períodos: el del servicio, el de los privilegios y el del abuso, tal y como decía el diplomático y escritor francés René de Chateaubriand. Hoy, en medio de la desazón

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ciudadana con sus autoridades, es necesario replantearse la posibilidad de nuevos escenarios y organismos gubernamentales con otra visión y misión, tal vez menos política y con más vocación de servicio. Y es que el estado de las instituciones no debe de ser excusa para dejar de brindar servicio a los mexicanos que así lo requieren. Pareciera como si toda la estructura gubernamental federal se hubiera detenido desde el 01 de diciembre y no hubiera fecha de reinicio. Y no hay en particular alguna dependencia a la que citemos puntualmente, pues todos los sectores se quejan de lo mismo: no hay quien atienda el “changarro” y todos los programas y obras se fueron al “recorte”. El gobierno requiere de austeridad, es cierto, pero también está obligado a atender sin distingo las necesidades de la población. No es cuestión de tener otros datos, o de lealtades, sino de tener en cuenta que un país no se puede detener mientras se trabaja por demostrar la corrupción. Como bien lo decía el político e historiador francés Alexis Tocqueville, “lo que acostumbramos a llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado”

Agosto 2019

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EDICIÓN AGOSTO 2019  

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