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arte O VERSIÓN CASTELLANO

E J E M P L A R

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TATTOO

ENTREVISTA A JOTA PAINT ‘ISIS, EL CALIFATO DEL APOCALIPSIS’

STENDHAL O EL VIAJE SENTIMENTAL

LA GUITARRA FLAMENCA I


arte O STAFF Pierre R. Rueda

Mireia Correcher Bernet Malú Rivero Pascual

José Luís Terraza Justes Adriana Sabater

Malú Rivero Sabela Fernández María José Cortes Robles Manel Valles Plasencia Leonardo Hernández Valle Hidalgo Álvaro Sánchez Lamadrid José María Madrid Sanz Lorena Casal Ramón García Valdif FOTO PORTADA: CORTESIA DEL ARTISTA

MALÚ RIVERO

ÁLVARO BERMEJO

Depósito legal: B - 16121 - 2015 ISSN 2385-7927 Títolo Clave: Artepoli (Ed Empresa) Título Abreviado: Artepoli (Ed Empresa) ISSN 2385-7927 Títol Clave: Artepoli (Internet) Título Abreviado: Artepoli (Internet)

ANGEL HERNANDEZ

WWW.ARTEPOLI.com CONTACTO@BARCELONARTE.COM CONTACTO@ARTEPOLI.COM

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arcelonarte

MANEL VALLÉS


ía es Po


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ENTREVISTA A JOTA PAINT

Foto: Jota Paint

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TATTOO


en ilustradores normalmente que en otros tatuadores, porque si no al final acabas copiando. ¿Es difícil innovar en el mundo del tattoo? Sí, a día de hoy ya sí. ¿Por qué? Porque hay mucho nivel actualmente. ¿Cuándo ha dado ese vuelco en España? Yo creo que fue entre diez y cinco años atrás. Cuando empecé yo aún se veía un mundo muy antiguo el del tatuaje, pero también empezaron a meterse los graffiteros y yo creo que ha influenciado mucho la cultura del hip-hop que en esos años estaba en auge. Los graffiteros empezaron a coger un nivel muy alto pero

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¿Un color? ¡Por ideas políticas el rojo! Artísticamente… el negro. ¿Un libro que debería leer la gente para estos tiempos turbios? Un libro que tenga que leer el mundo… me leí un libro en Bali sobre la religión hinduista. ¿Qué valor aprendiste con este libro? A valorar el mundo. Pero no soy de leer libros, leo revistas, blogs de política. ¿Una web que nos recomiendes pues? Podemos. ¿Y una obra de arte que todo el mundo debería ver? Cualquier obra de Bernini, me parece increíble el realismo al que llegaron en esos años, además con la poca tecnología de la que disponían. ¿A lo mejor por eso mismo no? Sí, sí, por el trabajo que llevaba, de hecho es lo que se valoraba en aquellos años en el arte. ¿Y artista contemporáneo? Greg Craola Simkins, es el hombre que me ha inspirado a pintar lo que yo hago. ¿Nos puedes decir en primicia cual va a ser el próximo tattoo que te vas a hacer? El próximo que tengo pendiente es una oveja negra. ¿Te gusta el arte, verdad? Me encanta. ¿Por qué tipo te decantas? Surrealismo… surrealismo-PopArt, es una corriente que hay ahora y viene creada del rock’nroll, el tatuaje, el graffiti, todo ello en cuadros. Es un poco la línea en la que intento pintar yo. ¿Qué no falta en tu estudio, tienes algún amuleto/manía? No, no soy muy de estas cosas. Para mí lo único importante, lo único que vale en la vida es el sacrificio, y cuando vas avanzando en la vida ves que no hay otro camino.

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¿Influencias? En mi caso viene más del graffiti que del mundo del tatuaje. Me he fijado más

Foto: Jota Paint

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tampoco podían vivir de ello entonces yo creo que la gente empezó a buscar otro mundo como el del tatuaje, la ilustración… ¿Fue ese tu caso? Yo empecé en el graffiti y de ahí salté al tatuaje que es lo mismo. ¿Lo mismo?

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No, me refiero a que cuando llevas años pintando graffiti te planteas ‘bueno y ahora a que me dedico?’ Porque realmente viven cuatro del graffiti en el mundo entonces ves un buen camino a seguir, visto que los antiguos profesionales del mundo del tatuaje no tenían un nivel de dibujo muy alto.

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Aparte de por una salida económica por algo más te tiene que gustar…

No tengo un ego muy grande para eso. Normalmente el graffiti tiene ese ego en el que enseñar por eso firman tan grande y firma, y firma, y firma… Yo empecé en el graffiti porque me encantaba dibujar, y empecé a dibujar tan grande y flipé. No te puedo decir es mejor o peor, me aportan distintas cosas. El tatuaje me hace dejar la parte más antisocial del pintor y con el graffiti estas en la calle socializas con muchos tipos de gente porque normalmente viajamos para pintar a Zaragoza, Milán, Barcelona, París, donde sea. Vale, no te mojes, no te mojes no pasa nada. ¿Entonces ese vínculo que creas con el tatuado alguna vez se ha roto, has tenido algún cliente descontento? No, no, eso no me ha pasado.

Te gusta tatuar o no te gusta tatuar. El rollo de marcar a alguien la piel es muy guay, porque creas un vínculo, tú has tatuado a esa persona y eso se lo lleva a la tumba, es de por vida, está muy guay hacer arte en la piel. ¿Cómo es la experiencia del cuerpo cual lienzo? No tiene nada que ver, encerrarte en tu casa a pintar un cuadro en tu estudio que es algo súper personal, sólo para ti, aunque después lo expongas a todo el mundo. Como cuando un cantante escribe sus letras en su casa encerrado en su habitación, pues esto es lo mismo.

¡¿Nunca?¡ Uau eres virgen, ¿por qué crees? Es tener un respeto hacia la gente con la que trabajas. Ahora todo el mundo tatua, entre que no tiene ni idea de tatuar ni que ha dibujado en su vida se creen que con coger un lápiz dos días lo van a arreglar. Y no, tienen que tener un esfuerzo y una dedicación. El que tatua bien es el que estaba en el colegio dibujando las caras de sus profesores y de esos hay uno o dos por clase, no como ahora la cantidad de gente que hay tatuando. ¿A qué tattoo artist le dejarías tu piel?

También el tatuaje es la parte más social del dibujo creo yo, con el que más socializas porque quedas con alguien discutes como lo vas a hacer como no.

Ya lo voy haciendo. Todos los que me lo han hecho son gente de mucho nivel. Nooombres va;

Pero de algo tan intimista como el tattoo después he visto que Jota Paint también hace murales gigantescos para el gran público, ¿con qué te sientes más cómodo?

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¿Nombres? Joan, Victor Chil, Xavi García Bosch, Joaco de Human Fly, de lo mejor que tenemos en España pero hay otra gente.


Hay estilos, en este momento coincide bastante con la moda. Mi estilo es el new school que en el mundo del tatuaje no esta tan de moda como a lo mejor el old school o el neotradicional. Puede que tenga más éxito el que se pone hacer neotradicional que el que hace new school pero si el que hace newschool tiene un nivel alto también tendrá su camino. ¿Cómo has creado tu estilo? ¿Y la iconografía; como el timón, las llaves, la nube con un ojo…? Bueno eso lo has visto en cuadros y en algunos tatuajes ¿no? A ver cosas como las llaves son cosas que me han pedido, pero las nubes con los ojos llorando reflejan la tristeza del momento. ¿Un momento personal no? Es lo que te decía cuando pinto un cuadro es muy personal, con el tema de la nube tengo un cuadro con una rana sentada encima de un bar, de una caseta que pone “Bar Olvido”, y está lloviendo. Después tengo momentos más felices en los que pinto cosas marineras, me gusta mucho el mar. ¿Porqué, de dónde eres? Soy de aquí (Barcelona), vivo en Cunit y allí hay mar. Me gusta el surf, lo practico, mi padre es pescador de toda la vida. Somos una familia muy vinculada al mar, por eso hago sepias, pulpos, hago muchos animales de mar. Animales humanizados, la ironía de la idiotez humana pues se la paso a un pulpo haciendo algo humano muy tonto, cuotidiano. (…) Y así el que lo entiende lo ve y el que no pues no se entera.

sólo eso, como la pintura son técnicas y lo importante es saber dibujar y tener un estilo propio. Así que, ¿el dibujo a lápiz es lo más importante para un tatuador? Sí, el paso uno es dibujar. Aunque tu hagas estilo tradicional, más básico, de líneas gordas da igual tienes que saber cómo son las formas, las superficies… ¿Cuál es el siguiente paso del mundo del tattoo? Está en auge, se ha normalizado en muchos países como España, no era como EEUU, Holanda, Inglaterra que estaba normalizado hace más años. Cuando yo llegué allí a trabajar te sorprende que te venga un niño de 18 años a hacerse uno y la madre le diga ‘no háztelo más grande’ cuando aquí te dice ‘no hijo háztelo más chiquitito’, y es que allí saben que cada tattoo tiene su tamaño porque ya llevan más años. Mientras más años pasan más cultura hay sobre algo. Y el tatuaje está en cambio, han cambiado hasta las máquinas, antiguamente eran de bobina, rotativas, y acabaremos tatuándonos por láser seguramente como en las películas, aplicación tatto iphone por láser por ejemplo. ¿Realmente puede quedar un buen trabajo en una piel negra? Sí, lo que pasa es que no es tan visible. Yo te puedo hacer un realismo súper oscuro pero se va a ver una mancha negra, cada uno tiene que saber lo que le queda mejor. A lo mejor una persona oscura de piel tiene que tatuarse cosas más cónicas y no un realismo que no se vaya a apreciar, en cambio un maori sí que se va a ver mucho mejor.

¿Entonces cuál es el don más importante de un tattoo artist?

¿Un gasto de dinero inútil?

La mano, el lápiz, el trabajo duro con el lápiz. Todo el mundo cree que para ser un buen tatuador tienes que tatuar mucho pero no

Es un juego profesional de decir que sí y que no. Yo tengo amigas de color, y muy oscuras, y les he tatuado cosas muy pequeñitas y a ellas les

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¿Por qué también hay estilos, no?

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encanta, están enamoradas. Y yo se lo digo, ‘si es que no se ve!’, pero ellas están súper contentas, al final es la actitud. ¿De dónde sacas las tipografías? ¿Qué piensas de las frasecitas? No me gustan mucho. Pero a cualquiera que se dedique al dibujo no le gustan mucho. Y en el graffiti tampoco era muy fan de hacer letras.

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A mí me hace gracia cuando la gente se tatua cosas en idiomas que no conoce…

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A mí me han llegado a pedir una cosa muy cutre; ponme una cosa en tailandés y abajo me pones la traducción en castellano. También considero que en un tatuaje tienes que saber hacer las letras con un dibujo, porque al final las letras son muy evidentes. A mis clientes les intento decir ‘oye pues en vez de hacerte el retrato de tu hija hazte algo que tengas en común con ella’. Yo intento no poner nombres de parejas, si quieren algo en común pues hazte tu una llavecita y el otro el corazón con la cerradura. Porque hay cosas que se pueden representar de otra manera y el día que lo dejas pues mira llevas un corazoncito con una cerradura, y al próximo novio le haces tatuarse otra llave. Claro que no tengas que cortarte una mano. ¿Hay algún tatuaje que hayas dicho no? Sí, bastantes cosas, tipo un Pinocho en un miembro viril.

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Foto: Jota Paint


¿No tatúas genitales? No. ¿Tattoos por estética o por significado? Por significado. Pero si te digo la verdad cuando llevas un tiempo en el mundo del tatuaje lo normalizas todo.

la política y seguramente acabe en ello en unos años y no pasa nada. Me parece muy feo que te condenen por llevar tattoos, lo que pasa es que hablan de las personas, seguramente mirándolos sabré cómo eres, tus inquietudes… Si llevas tattoos muy mal hechos, no valoras mucho las cosas en la vida y tampoco a tu persona… pero bueno que a lo mejor el tatuador no estaba en su mejor día.

¿Qué quieres decir?

¿Al final toda estética tiene un significado no, una moda? Bueno pero yo intento concienciar que sea por algo. No sea porque se quieran tatuar mucho como estos chavales jóvenes que me dicen; ‘quiero un brazo entero’, ¿y qué quieres?, ‘un brazo entero’ ¿perooo lleno de pichas voladoras o de calaveras o qué? Y lo que quieren es verse cubiertos, no les interesa el valor que puede tener ese trabajo ni estéticamente es una pena. ¿Ha podido convertirse en un complemento de moda? Sí, y es un problema porque entonces es una moda ya no es un tatuaje, como las estrellas. Entonces cuando pasen unos años estarás cansado del tatuaje, por muy bien que este hecho, pero es que no tiene un significado para ti. Yo jugaba a saber qué edad tenía la gente o cómo eran por sus tatuajes… Ya hay gente que me dice ‘ostia los tatuajes para el trabajo…’ pero yo creo que es una tontería. Yo llevo tatuajes y podría ser político, me encanta

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Me hace gracia que le das mucho valor a lo que haces pero tanto el tattoo como el street art son obras efímeras, como mucho un cuerpo va a curar unos 100 años, ¿cómo lo digieres esto? Me gusta. Me gusta porque le estás haciendo a alguien una cosa que va a lucir allá donde vaya, son cien años de publicidad. Y que a mí me gusta que la gente diga ‘este trabajo me lo ha hecho Jota’ y estén contentos. Pero también me gusta que dure poco, un graffiti mío dura una semana o dos porque hay unos muros legales en Barcelona y sólo se puede pintar ahí. Pero tiene su rollo, o lo ves o no lo ve, también tiene su parte artística si pasaste y viste el muro bien y si no también. ¿Entonces tú que aportas?, si lo que aportas no te importa que desaparezca, a mí me preocupa que el arte de un tatuador se quede sólo en un contexto. Es que hoy en día no se pierde nada ya, está todo informatizado, queda todo registrado. Y cuando yo salgo a pintar un graffiti lo que busco es diversión, porque al final el arte es muy… yo lo veo como una pintura más de las mías y ya está. ¿Los diferentes tipos de máquinas tatúan diferente, cambia el trazo? Me he informado de que la primera era un diseño del mismo Thomas Edison.

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Porque al principio yo le daba mucho valor sentimental, pero cuando va pasando el tiempo y te van diciendo ‘oye vamos a tatuarnos así de chorra’ y de momento voy diciendo que no pero llegará un día que diré ‘venga va vamos a tatuarnos la chorrada esa’.

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No, realmente la máquina antigua es la más versátil y completa porque tiene tanta regulación que puedes jugar mucho más. Las máquinas modernas tienen menos ángulo para jugar pero son más rápidas, más fáciles de utilizar… La gente que empieza usa las rotativas por no complicarse, que es una pena porque lo bonito también es la tradición del manual, de lo mecánico, yo en mi caso trabajo con ambas. Tres palabras que te describen: Currante, es que todo lo resumo ahí.

Empatizo, están en todos lados. Todo el día postureando, estoy aquí con tal, yo he conocido a gente famosa y no me he hecho fotos con ellos, prefiero tomar una cerveza. No quiero vivir de los demás, quiero vivir de lo que hago. Yo estoy harto de conocer a chicas y chicos “soy modelo alternativo”, hay mucha gente que va de modelo, de cantante o de tatuador y los miras y dices si es que no vales, venden un producto que no son. Bueno no te preocupes que les dura poco tiempo.

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¡Oh! ¿Talentoso no? D’on no n’hi ha no en raja… dicen.

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Es que no me lo creo lo del talento de verdad, considero que… …Que tú lo tengas no quiere decir que sea fácil…! ¡Pero es que yo no lo tengo! Yo lo he desarrollado, no he dejado de dibujar desde pequeño. Me decía un profesor; normalmente a una persona mayor le pides que te dibuje un humano y te hace bolas y palos… eso te indica a que edad dejó de dibujar. Es sólo porque no has seguido con ese trabajo.

Es una cosa que me molesta, la gente que se metía en el mundo del tatuaje sin saber, intrusismo puro, pero te das cuenta que al final todo se va poniendo en su sitio.

¿Eres autodidacta? ¿Cómo te ves en un futuro? Sí. ¿Cómo en absoluto no te gustaría que te describieran? Mira, hay una tendencia ahora que es el postureo, no me gusta nada. No me gusta cómo va el mundo encaminado con esto, hoy en día da igual lo que hagas, basta con aparentar serlo. Lo veo como un oportunismo, algunas se creen que son Kat Von D porque tienen buen cuerpo, se ponen cuatro tattoos y el pelo lila… Y lo mismo ellos.

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Me gustaría meterme en política, no me gustaba nada pero cuando he salido al extranjero he flipado mucho. Mi primer cambio fue cuando me fui a Indonesia, me hizo crecer bastante por dentro y ves la vida de otra manera. El consumismo que tenemos aquí, cómo vamos… no tiene sentido nada, la política que tenemos es horrible. Ahora no porque sería tirar mi carrera por la borda pero considero que es un servicio social que todo el mundo debería hacer.

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STENDHAL O EL VIAJE SENTIMENTAL


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os abismos del corazón humano le fascinaban tanto como la ambición por ir más allá. No escribió novelas de aventuras, menos aún de capa y espada y, sin embargo, tanto como un implacable cirujano de las pasiones, fue un insaciable devorador de espacios. Del Danubio a San Petersburgo, de Inglaterra a Prusia, de Calabria a Cataluña, de Berlín a Florencia, a Italia entera, fuese en calesa o en diligencia, a pie o caballo, en barco o en ferrocarril, Stendhal fue uno de los más incombustibles viajeros de su tiempo. “Entre dos amores y dos libros”, como le gustaba definirse, el inventor de la literatura del Yo también inventó la palabra “turista” –derivada del Grand Tour-, creó una nueva modalidad de viaje, el viaje sentimental, y hasta dio nombre a un síndrome, el “Síndrome de Stendhal”. Naturalmente murió caminando, una tarde de marzo de 1842, en París, a causa de un ataque de apoplejía. Monsieur Beyle nos dejaba más de treinta novelas, entre ellas obras capitales como La cartuja de Parma o El rojo y el negro. Todo un itinerario existencial, siempre de viaje en viaje. El de un hombre que jamás se arrepintió de nada y siempre vivió por encima de sus posibilidades.

ambición de conquista no tiene nada que ver con la del Gran Corso. Atraviesa las campañas de Prusia, entra en Viena y, poco después de cruzar el puente de Beresina, deserta porque

EL EGOTISTA IMPACIENTE Todo comenzó en Grenoble, la ciudad donde nació, un 23 de enero de 1783. Los Alpes fueron para él algo más que una frontera natural, un desafío que le proyectaría hacia los cuatro puntos cardinales arrastrado por una fiebre de horizontes solo comparable a su doble pasión narrativa: escribir para los demás pero también para conocerse a sí mismo. Su coartada inicial son las banderas de la Grande Armée, pero su

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© WhyCheese Kasparas FLORENCIA ha entendido que las únicas batallas que le seducen son las del corazón, un vagabundeo incesante de amante en amante, de país en país, pero sin objeto: “Yo no viajo para conocer, sino por puro placer”.

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desde un ángulo furiosamente subjetivo –el famoso Yo que define al “egotista” esencial-. El relato que surge de su pluma cobra así las dimensiones de un retrato en movimiento. Su manera de contar, sus digresiones sin solución

de continuidad, su libertad absoluta para saltar de un tema a otro, son las de un escritor que escribe como respira, sin cuidarse de que está inventando la literatura moderna. Bajo el imperio de la primera persona el viajero se convierte en el centro del relato, por encima del viaje mismo.

VIAJO, LUEGO EXISTO En honor a la verdad, todo eso ya estaba en Lawrence Sterne. Antes de su Tristram Shandy, el excéntrico irlandés compuso un Viaje sentimental en orden a una revolucionaria declaración de principios: “viajo por necesidad, por la necesidad misma de viajar”. Pero la sentimentalidad de Sterne tiene bien poco de sentimental. Es esencialmente paródica, bastante más volteriana que romántica, más cercana a las sátiras de Swift que al análisis de sí mismo. Stendhal, por el contrario, no pretende hacer literatura –no en vano el viaje como tal apenas existe en su obra novelesca-. Escribe como Montaigne, o quizá más como componía Rossini, solo para él y sus amigos. Lo que ve le importa menos que su mirada, la perspectiva más que el panorama, el yo más que el objeto o el objetivo… y su viaje no admite ninguno. “No pretendo contar las cosas, solo las sensaciones que me producen”. A partir de Stendhal el viaje deja de ser un descubrimiento del mundo para convertirse en una experiencia íntima que tiene mucho que ver con la alquimia de los sentidos, el viajero se erige en el gran protagonista del relato, y este dinamita el género. En adelante se escindirá en dos vectores: el de los cronistas que transcriben lo real y el de los escritores que narran una experiencia personal, en su caso regida tanto por la pasión como por el capricho. Para él la individualidad no es tanto un fin como un medio. Tampoco es el mejor, simplemente el único. Vivir en viaje permanente, sin otro extremo que la degustación de lo diverso, define la máxima manifestación del Yo stendhaliano.

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Tanto es así que, a partir de entonces, ese renuente oficial de caballería llamado Henri Beyle se inventa una nueva personalidad y elige el extraño seudónimo de “Stendhal”. Yo soy otro, parece decirnos. Y esa transmutación electiva de sí mismo es precisamente lo que diferencia a Stendhal tanto de de los viajeros ilustrados del XVIII como de los del XIX. Cierto, también Rousseau celebraba el viaje por el viaje, pero su objeto era la reflexión filosófica que, ya con el XIX y los grandes viajeros del siglo romántico, se trocará en la búsqueda del exotismo. Stendhal no busca una terra incognita, se deja llevar guiado por una fascinación particular y genuina, atenta a los pequeños detalles, cuenta las cosas

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Se trata de un Yo caótico, nómada, asistemático, fragmentario, convulso a veces, pero decididamente hedonista y bonvivant, que prefigura la sentimentalidad contemporánea. Un siglo antes de Peter Handke o Bruce Chatwin, el viaje stendhaliano engendra una novedosa “no-forma” y una manera de pensar deliberadamente peleada con toda norma. Tan libérrimo como su propio estilo, su relato se configura como una digresión permanente. La arbitrariedad de su Yo marca la ruta, pero su prosa opera como una máscara. Nada le complace más que esa metamorfosis, pasar inadvertido, ser solo ese otro Yo anónimo que cuenta: “Mi mayor felicidad es pasearme por una ciudad extranjera a la que acabo de llegar y donde nadie me conoce”. A la libertad de olvidarse del personaje suma la de no ser reconocido. Deliberadamente extraño a sí mismo, en sus diarios de viaje encontramos al Stendhal más esencial y genuino.

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EUROPA EXÓTICA, ESPAÑA PARADÓJICA Lejos de la tentación romántica, hipostasiada en la inmersión en el exotismo, Stendhal no viaja para perderse en los Mares del Sur o en las cumbres del Tíbet. El oriente de las mil y una noches apenas le interesa, América le da pereza. Para él la aventura requiere un cierto raccord con su propia cultura y, en este sentido, Europa resume para él la quintaesencia de lo maravilloso. En 1820, tras visitar Berlín, Viena y Moscú, y a la salida de su enésima representación de las obras de Shakespeare en Londres, se pregunta qué más puede interesarle. Ya había estado en España con las tropas de Napoleón. Devoto bonapartista, chovinista sin saberlo, deja unas palabras para la historia: “Aquella guerra sublime contra Napoleón pondrá a los españoles del siglo XIX por delante de los demás pueblos de Europa, ...y les asignará un segundo lugar después de los franceses”. Regresa en 1838. Los tiempos han cambiado, pero él sigue siendo idéntico a sí mismo. Lejos de caer en la tentación estupefaciente de tantos ilustres compatriotas, como Gauthier o Merimée, tan fascinados por el arabismo misterioso que llegaron a afirmar que la catedral de Barcelona había sido en tiempos una mezquita árabe, Stendhal redescubre España como el “país de lo imprevisto” –“¿qué país merece más la mirada de un hombre sensible?”-, no precisamente por ese pintoresquismo romántico del que huía como de la peste, sino a cuenta de los muchos cambios que advierte en el país y en sus gentes: “Todo está cambiando en España, el progreso avanza. El miriñaque ha desplazado a las viejas sayas, en lugar de bandoleros y guitarras la industria avanza al compás de los ferrocarriles”.

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Foto: Michelle Maria

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Eso no le impide sentenciar que Madrid se le antoja “una inmensa oficina”, mientras se reserva su predilección para Barcelona: “delicioso placer de ver lo que nunca había visto”. Pero añade un apunte que parece escrito ayer mismo: «En Barcelona predican la virtud más pura, el beneficio general y a la vez quieren tener un privilegio: una contradicción divertida. Los catalanes piden que todo español que hace uso de telas de algodón pague cuatro francos al año, por el solo hecho de existir

Cataluña. Con esta excepción, estas gentes son de fondo republicano y grandes admiradores del Contrato Social. Dicen amar lo que es útil y odiar la injusticia que beneficia a unos pocos. Es decir, están hartos de los privilegios de una clase noble que no tienen, pero quieren seguir disfrutando de los privilegios comerciales que con su influencia lograron extorsionar hace tiempo a la monarquía absoluta. Los catalanes son liberales como el poeta Alfieri, que era conde y detestaba los reyes, pero consideraba sagrados los privilegios de la nobleza.»

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Stendhal en estado puro, podríamos decir. O quizá más bien Julian Sorel, el jacobino incombustible, hablando por la pluma de Stendhal –no escribiré que acaso también adelantando las corrosivas agudezas de Josep Plà-. Sea cual sea el registro, ese otro Yo también formaba parte del multiforme yo stendhaliano. Al tiempo que reinventaba la escritura de viajes estaba forjando la literatura moderna en todo lo que tiene de híbrida: cruce de visiones donde el paisaje incluye una mirada que lo mismo puede ser social, económica y hasta política. Lo esencial es la impresión instantánea, la urgencia por registrarlo todo, esa grafomanía adictiva que excluye por igual las retóricas de lo literario y las construcciones demasiado rígidas de lo novelesco. Cuando no tiene pluma escribe a lápiz, si acaso en el tiempo que tardan los postillones en cambiar los caballos de la diligencia. Stendhal, grafómano incurable, siempre tiene prisa por llegar al siguiente descubrimiento. Y el crisol de todos ellos no es otro que la Italia de sus sueños.

EL VIAJE A ITALIA A comienzos del XIX el viaje a Italia consistía una experiencia obligada para un diletante con aspiraciones culturales: el mito romántico marcaba la ruta. Stendhal se atiene a ella, pero carece de paciencia y hasta de método para sujetarse a lo previsible. Al poco de unas páginas lo que comienza siendo una crónica de un concierto de Cimarosa, acaba derivando en una confesión de los amoríos de los que ha sido testigo en el palco de al lado. No puede evitarlo, su pluma solo se afila en los márgenes del lugar común y de todo lo previsible, en la promesa entrevista en una mirada galante o en una discusión entre dos paisanos a cuanta de cualquier nimiedad, tanto más empáticos cuanto más ridículos. Los grandes monumentos, el gran arte a la vuelta de cada esquina, le apasionan, sin duda, pero no tanto como frecuentar a las bellas mundanas de cada lugar. ¿Qué nos cuenta de aquella sesión en la Scala? No precisamente la obra que se representaba, sino apuntes

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como este: “Acudí tres noches seguidas, qué espectáculo tan encantador: cada mujer acude cuando menos con uno de sus amantes”. De Milán se desplaza a Bolonia: “tiene más carácter, más fuego, más originalidad que la ciudad del Duomo”. ¿Es el mismo Stendhal que hará escribir sobre su tumba en Montparnasse el epitafio “Arrigo Beyle, Milanese”? Por supuesto que sí, pues la contradicción permanente nunca dejó de ser otro de sus tributos. En Milán, en Bolonia, en Florencia, en Roma, no se pierde las citas obligadas, pero a condición de poder visitarlas solo: “He contemplado las perspectivas de Florencia tantas veces que prefiero caminar sin guía”. Rendido a sus vagabundeos, Stendhal vive intensamente la noche y todos sus sortilegios. Una suerte de caza de la felicidad siempre con los ojos bien abiertos, pluma en ristre. Escribe como se pasea, y hace de ello toda una propedéutica: “Como verdaderos filósofos, haremos cada día solo aquello que nos apetezca”. Su mirada, sin embargo, sin dejar de ser absolutamente personal, no se sustrae a la tentación de ordenar el paisaje. Roma la ve como un hojaldre de tres capas: La Roma de la Antigüedad, la Roma del Arte y la Roma de los Papas, “con el gobierno y las costumbres que la caracterizan”. Hasta se detiene en contarnos los días que necesitaremos para que la visita sea completa: “En cinco o seis mañanas vuestro cochero os paseará del Coliseo a las salas de Rafael en el Vaticano, del Panteón al taller de Canova. Os aconsejo que seáis vosotros mismos quienes toméis las riendas”. Él lo hizo de una manera tan completa como arrebatada. Quería conocerlo todo, vivirlo todo, experimentarlo todo. Temiendo sus debilidades, se previene a sí mismo: “Roma es una ciudad tan infinita en todas sus grandezas que puede haceros enfermar. Pretender verlo todo puede abocaros a la locura, pues la saciedad no acaba con la ansiedad volviéndoos incapaces de disfrutar de cada momento”. Antes de inventar el síndrome de Stendhal concibió su antítesis más avanzada: el hastío de la admiración.

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“Afortunadamente” –escribe-, “también hay una antídoto para eso: perderse por las calles de la ciudad vieja, entre la gente, sus pequeñas cosas y sus conversaciones”. Lástima que no lo recordase cuando visitó Florencia. El antídoto estaba apenas a cuatro pasos de Santa Croce, pero beberse tanta belleza de un solo trago podría provocarle un delirium tremens hasta al David de Miguel Ángel.

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EL SINDROME DE STENDHAL Parte de la culpa la tuvo su ambición por estar a la última. Sus diarios de viajes respondían a un mercado en alza. Una nueva clase social, la burguesía emergente, reclamaba guías detalladas donde se les señalara todo lo que debían visitar para ser considerados cultos, refinados, elegantes. Más que guías al uso, como las de la agencia Cook, Stendhal escribe “récueils de sensations”, compendios de sensaciones, donde intenta abarcarlo todo: lo obligado y lo electivo, lo sustancial y lo personal,

lo efímero y lo inmortal. El método le falla por la base, pues el trabajo se le duplica: trasnocha en un café perdido a la sombra de la cúpula de Brunelleschi pero al día siguiente ya queda sin aliento ante el desfile de maravillas de los Ufizzi. Un 27 de enero de 1817 su pasión por Florencia le llevará a un paso de la tumba: “Al fin había llegado a Santa Croce. A la derecha la tumba de Miguel Ángel, un poco más allá la de Alfieri tallada por Canova. Luego la de Maquiavelo, y en frente la de Galileo ¡Qué grandiosa reunión! Me sentí caer en una suerte de éxtasis, absorto en la contemplación de tantas bellezas sublimes. Había llegado a ese punto de emoción donde las sensaciones celestes otorgadas por las bellas artes despiertan los sentimientos más profundos. Al salir de Santa Croce sentí un fuerte latido de mi corazón. Sentí que se me acababa la vida, caminé unos pasos con la sensación de que iba a caer”. Stendhal acababa de poner nombre a un conjunto de manifestaciones patológicas que, todavía hoy, llevan a decenas de turistas al dispensario de urgencias psiquiátricas del

Waterloo Place, 1830. Pall Mall, Londres 18

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En ningún otro de sus libros el autor de La cartuja de Parma dejó una constancia tan fieramente humana de que su corazón no era precisamente de mármol. Pocos días después, a la salida de un baile, anota en su cuaderno: “la belleza suprema no es otra cosa que una promesa de felicidad”. Y en pos de esa promesa siguió entregado a su errancia –“me oculto cuidadosamente de los ministros, esos eunucos que están en cólera permanente contra los libertinos”-. Su mundo era el suyo, libérrimo y caótico, una conquista cotidiana del azar a la caza de un milagro, sin más ambición que seguir viajando, de país en país, de mujer en mujer, de pasión en pasión, sin más ambición que ser obstinadamente uno mismo. “Pues no hay nada que me produzca más placer que viajar. Y, en cuanto a todo lo demás”, escribe como si se dirigiera a cada uno de nosotros, “¿quién sabe si el mundo durará tres semanas?”. Toda una declaración de principios, la de un diletante exquisito, más liberal que libertino, cosmopolita por elección, para quien la belleza y la felicidad siempre fueron sinónimos de una mirada fieramente personal, pero siempre en tránsito.

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hospital de Santa Maria Nuova. Lo llaman el Síndrome de Stendhal: un trastorno que se manifiesta con una aguda crisis de ansiedad e intensos desequilibrios somáticos provocados por la contemplación de tanta belleza. La terapia recomendada comienza con una buena dosis de ansiolíticos y un billete de vuelta al país de origen. Stendhal hizo justamente lo contrario: tan pronto como recuperó el sentido se sentó en un banco y se puso a leer los versos de Hugo Foscolo, uno de los primeros poetas de la Italia moderna, cuyo culto a los muertos le insufló la energía suficiente para seguir sintiéndose vivo.

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e se a que el color del Islam es el verde ellos enarbolan banderas negras, la enseña de guerra del Profeta, la que señalará el advenimiento del Mahdi en la Batalla Final, y visten uniformes negros, los del cuarto caballo del Apocalipsis. El Corán también tiene el suyo, sus hadit cifran claves escatológicas que apuntan a la Consumación de los Tiempos. Los muyahidines del Califato Islámico se aplican a cumplirlas a sangre y fuego, pues se consideran heraldos de un inminente Fin del Mundo.

UNA UTOPÍA REGRESIVA 20

Tanto bajo su acrónimo árabe –Daesh-, o en su versión occidental –Islamic State of Irak and Siria-, el nombre de Isis nunca se pronuncia en vano. No hablamos de un movimiento de liberación tercermundista ni de una revolución árabe más, nada tiene que ver con la que llevó al poder a Jomeini, ni con la que practican Al Qaeda o Hamás. Para ellos el chiísmo o el alauismo suponen apostasías merecedoras de las mismas decapitaciones que practicaron sobre el periodista estadounidense James Foley o el cooperante británico Alan Henning. Su lectura del Corán es tan literal como estricta, cualquier innovación doctrinal supone negar su perfección original. Su mesianismo augura la parusía del duodécimo imán, el Imán Oculto, cuya misión soteriológica se completará con el advenimiento de un Anticristo Tuerto (Al-Dajjal) y un Redentor (Al-Mahdi), que coincidirán con la segunda venida de Cristo (Isa) sobre la Tierra. La aparición de La Bestia será la señal. El campo de batalla, un Armagedón coránico que ahogará de sangre la ciudad de Dabiq, cerca de Alepo, en Siria, donde se enfrentarán los

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PLAYOFFS SOBRE UN ARSENAL ATÓMICO Sea a cuenta de la toma de ciudades tan significativas como Nínive, Bosrah o Palmira, o del marketing viral que retransmite sus atroces performances, por más que se habla de él a diario en los medios de comunicación, apenas sabemos nada acerca del Estado Islámico. Con una frivolidad impropia de su relevancia, Barack Obama declaraba hace un mes a The New Yorker: “Si un equipo filial se pone la camiseta de los Lakers, eso no le convierte en Kobe Bryant”. Para él los Lakers del terror islámico son Al Qaeda, y Kobe Bryant, Osama bin Laden. El presidente se equivoca. Esto no es la final de la NBA, pero los playoffs del Daesh pueden acabar jugándose sobre un arsenal atómico. Sin duda, el error más grave pasa por intentar entenderlo desde conceptos y maneras de pensar propias de Occidente. Para nosotros la religión es un capítulo de la existencia reservado al ámbito de las creencias privadas. Ellos la viven como un absoluto, poseídos de una formidable fuerza de fe que les lleva indistintamente a la guerra como a la inmolación. Se consideran personajes centrales del guión de Dios a partir de una interpretación literal del Corán según la cual hemos entrado en el periodo escatológico que precederá al Apocalipsis. En su credo la palabra Al-Din –la enseñanza sagrada-, se entrelaza con otra, AlDunia, que se traduce como el Mundo de las

Sus objetivos capitales pasan por la destrucción de la Asiria bíblica –un territorio que comprendería Babilonia y Mesopotamia-, sin importarles que sus habitantes sean musulmanes, pues los consideran apóstatas. También el arrasamiento de Turquía, entendida como el lugar donde impera la Bestia – concretamente en la ciudad de Pérgamo, cuyo altar, no por nada hoy en Berlín, fue uno de los tesoros más codiciados del III Reich-. Y finalmente, una batalla final contra los ejércitos de la Nueva Roma, en Dabiq, para la que les resulta imprescindible que EE.UU. despliegue sus tropas sobre el terreno. Cada una de sus sanguinarias ejecuciones transmitida urbi et orbe implica una provocación evidente: aguijonear a la Casa Blanca para desencadenar el Apocalipsis. Dabiq supondrá el Holocausto de los infieles. Sabemos lo que nos dicen a nosotros: “Conquistaremos vuestra Roma, romperemos vuestras cruces y esclavizaremos a vuestras mujeres”. No resultan más halagüeñas las amenazas que vierten sobre sus correligionarios extraviados: “Caiga la desgracia sobre los Árabes del Mal, pues entre ellos y el Mahdi no cabrá más que el filo de la Espada.” () AL-DUNIA, LA HORA DE LA PRUEBA Antes de su presidencia, cuando era un discreto senador del partido Demócrata, Barack Obama visitó por primera vez Jerusalén la noche del 9 de enero de 2006. El 9 de Zu Al-Hijja, según el calendario musulmán. Se trataba del mismo día en que, sobre el monte Arafat, cerca de la Meca, le fue revelada al Profeta la conjunción en que se produciría, trece siglos adelante, la apertura de la Al-Dunia, la

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Postrimerías. Casi las mismas letras, apenas permutadas sus vocales. Tan cerca una de otra como la Consumación de los Tiempos. En los hadit del Profeta se afirma que “Su Misión y la Última Hora están tan cerca como el dedo medio y el dedo índice” (). Cuando alza su mano Abubaker Al-Bagdadi, el líder del Califato Islámico, sabe dónde apunta.

ejércitos de la Nueva Roma y los del Último Califato. Más allá de todo el horror que puedan inspirarnos, los iluminados del Estado Islámico son verdaderos creyentes que predican vía Internet un concepto medieval de la Yihad en aras de una utopía regresiva: hacer retroceder la civilización actual al siglo VII y culminar la llegada del Apocalipsis. La suya no es otra que una guerra cósmica en nombre del Islam.

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Hora de la Prueba, el tiempo previo a la eclosión de las Postrimerías. Seis meses después, siempre dentro de ese mismo año, nacía al norte de Irak el Dawla-Al-Islamiya, una rama del sunismo salafista –de Salaf al Salih, los devotos antepasados-, que sería el embrión del Estado Islámico, en principio auspiciado por Al Qaeda.

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Todo eso sucedía mientras un oscuro doctor en teología islámica cumplía una condena de dos años en Camp Bucca. Entonces se llamaba Ibrahim Awwad Al-Badri. Pero ocho años después, el 5 de julio de 2014, cuando subió al púlpito de la mezquita de Mosul para proclamarse como el Último Califa Verdadero, eligió el nombre de guerra de Abubaker AlBagdadi, el honor al primer califa del Islam -el suegro de Mahoma-, declaró infieles a los chiítas y rompió sus vínculos con Al Qaeda. Hoy la revista Time lo considera el hombre más peligroso del mundo y tiene sus razones: en apenas dos años de Yihad controla un territorio más grande que el Reino Unido, con más de ocho millones de personas bajo su mando, sus llamamientos a través de la Red no dejan de captar a centenares de hombres y mujeres que desde todos los puntos de Europa ponen rumbo hacia el Califato –solo con billete de ida-, sus franquicias se multiplican por todos los países del sur del Mediterráneo, codicia por igual el arsenal atómico de Pakistán como las plantas enriquecedoras de uranio de Irán, y hasta se comienza a hablar de células del Califato implantadas en México () , a las puertas de EE.UU. Debe ser por eso que según un sondeo reciente de la CNN, el 59% de los norteamericanos creen firmemente estar viviendo los umbrales del Fin de los Tiempos, mientras el Washington Post habla del “Nacimiento de una Edad del Apocalipsis”.

EL TERCER SELLO Para el Apocalipsis coránico resulta prescriptivo que el Último Mahdi posea un territorio, un Califato homologable al primero, regido por una

aplicación estricta de la Sharia, la ley islámica. El mismo Osama bin Laden consideraba su actividad terrorista como el preámbulo de ese Califato escatológico que no esperaba ver en vida. En clave soteriológica, tanto él como Al Qaeda, diseñada como una organización terrorista convencional, ubicua pero no ligada a un territorio concreto, simbolizarían el Caballo Bermejo, aquel que según el texto de Juan aparecería tras la apertura del Segundo Sello –“Le fue dado el poder de quitar de la Tierra la Paz, y se le dio una gran espada . El siguiente caballo, el del Tercer Sello, será tan negro como los colores emblemáticos de los yihadistas de Al-Bagdadi, y quien lo monte llevará “una balanza en la mano, donde pesará dos libras de trigo por un denario” ¿A qué alude esta balanza? Sin duda a algo que se puede pesar en bienes contantes y sonantes –trigo y denarios-, lo que bien admite traducirse por una alegoría de la economía mundial. El Caballo Bermejo derribó las Torres Gemelas del WTC, el Negro tiene el color del petróleo. No parece accidental que la primera gran conquista del Califato fuera la ciudad de Mosul, la antigua Nínive de los asirios, donde se encuentra la tumba del profeta Jonás, que no vacilaron en destruir, pero también el punto nodal del oleoducto Kirkuk-Haifa, el más relevante de Oriente Medio. Con petróleo se financia el Estado Islámico, por el petróleo se desencadenaron las guerras del Golfo, y el oro negro puede ser el desencadenante de una nueva Recesión global -¿de magnitudes apocalípticas?-.

U.S. ARMY, MILITIA CHRISTI Según El Corán, la codicia es el emblema de Al-Dajjal, el Anticristo que los ulemas del Califato encarnan en el presidente de los EE.UU., casualmente de raza negra. De su destrucción, paralela a la de los hebreos, dependerá la

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Herbert Röttgen es un prestigioso investigador de las religiones que suele firmar sus libros con un seudónimo muy elocuente: Víctor Trimondi –¿Victoria sobre los Tres Mundos?-. En su último ensayo –“Guerra de religiones, la fe y el terror en los signos del Apocalipsis” ()-, va un paso más allá de las teorías de Fukuyama sobre el Fin de la Historia, las concilia con las tesis de Samuel Huntington sobre el Choque de Civilizaciones, y habla directamente de la emergencia de un “mesianismo militante”, en las tres religiones monoteístas. La progresiva autoidentificación de la US Army como una nueva Militia Christi, las legitimaciones bíblicas esgrimidas por los sionistas del Likud tendentes a la creación de un Gran Israel, desde el Nilo al Eufrates, comparten una misma “matriz apocalíptica” con los muyahidines del Califato. La ecúmene mundial y cualquier forma de diálogo político o interreligioso no tendrán efecto alguno si el mainstream que sustenta las tres grandes creencias globales no pone en cuestión los contenidos destructores de sus escrituras apocalípticas y mesiánicas. Muy lejos de todo eso, la multiplicación de los focos de conflicto parece conducir hacia una escalada bélica cruzada con una self-fullfilling prophecy. Una profecía autocumplida, un delirio apocalíptico que comportaría la inversión del milenio americano en su peor pesadilla.

LOS DIEZ SIGNOS MAYORES En los Malahim, los relatos de naturaleza escatológica de la tradición musulmana, sus exégetas distinguen entre los Signos Menores -(Alamat Sugrah)-, y los Signos Mayores – (Alamat Kubrah)-, que precederán a la Hora de

la Prueba. Entre los sesenta menores destacan señales tales como la guerra entre las naciones musulmanas -¿Primavera Árabe?- pero también el hecho de que “la sierva dominará a la madre” -¿preeminencia de Occidente sobre Oriente?-, o la “construcción de casas cada vez más altas por los pastores” –¿el skyline de Manhattan?-. Los mayores no resultan menos inquietantes. El hadit 6.931 cuenta cómo el Profeta sorprende a un grupo de fieles preguntándose cuándo será la Hora. Mahoma responde: “Sucederá cuando veáis Diez Signos: la Gran Confusión y el Djaal (El Anticristo), la Bestia y el Falso Profeta, alzarse el sol por donde se pone, el descenso de Jesús, hijo de María, la aparición de Gog y Magog, y tres grandes seísmos: uno en Oriente, otro en Occidente y el último en la Península arábiga. Finalmente, un Gran Fuego surgirá de Yemen y será el comienzo del fin”. De los seísmos económico-políticos que afligen a Occidente y a Oriente ya está todo dicho. Pero, mientras escribo estas líneas, las casas torre de Sanáa, patrimonio de la humanidad, se derrumban bajo los bombardeos de la aviación saudí. Como la Nigeria de Boko-Haram, la Somalia de Al-Shabah, o el Túnez de los salafistas, Yemen, por medio de las milicias Huthi, configura un nuevo frente de batalla para el Califato que, entre tanto, no deja de desafiar a EE.UU. como a Siria, Jordania, Arabia Saudita o Irán.

AL-ANDALUS, PUERTA DE EUROPA Tanto como librar una guerra apocalíptica, expandir el territorio es un deber esencial del Califa. Para el Estado Islámico las fronteras son anatema: en su credo no cabe más que una sola nación, hacer ondear el estandarte del Islam sobre los cinco continentes. Esto se traduce en su fanática voluntad de que las huestes del Profeta vuelvan a Europa vencedoras, después de haber sido expulsadas

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aparición del mesías islámico, el Mahdi. El Imán Oculto tiene ya escritas las palabras que habrá de pronunciar: “La Hora Suprema no llegará hasta que se produzca una batalla final entre dos ejércitos que predicarán la misma cosa” (). ¿De qué estamos hablando?

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dos veces. “¿Qué ciudad será la primera en ser conquistada?” –preguntaba recientemente un periodista de The Observer al jeque Qaradawi, una de las voces más influyentes del Islam suní-. La respuesta no pudo ser más perturbadora: “Volveremos a la ciudad de Heracles, y la otra ciudad, Romiyya –Roma-, también será nuestra”.

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El periodista apenas acertó una clave, y solo a medias: identificó la nueva Roma con Manhattan, algo relativamente plausible, aunque el propio Al-Bagdadi no se cansa de repetir que hará ondear sus estandartes sobre la cúpula de San Pedro. Se equivocó, clamorosamente, al ubicar la ciudad de Heracles en Estambul. ¿Qué confín de Europa se precia de alzar las columnas de Hércules, cuál lo muestra en su bandera autonómica, verde y blanca? Los estrategas del Daesh tienen a Al-Andalus en su punto de mira.

EL BAUTISMO DE FUEGO La conquista del reino visigodo a cuenta de los bereberes de Tariq Benzema ibn Ziyad –El Golpeador-, fue un proceso sorprendentemente rápido. En apenas quince años llegaron a ocupar buena parte de la Península. Una conquista tan fulgurante sólo puede explicarse desde la complicidad o la anuencia de los territorios ocupados. Sucede algo semejante con la expansión del Califato de los Últimos Días. Miles de musulmanes sunitas de Siria, Jordania, Somalia, Arabia e Irak se suman a los salafistas de Marruecos, Libia y Argelia con la misma euforia fanatizada que lleva a centenares de europeos a dejar atrás todas las comodidades de una vida a la sombra de la Tour Eiffel, el Bundesbank o el Big Ben, a cambio de retrotraer sus campanadas a la fe de los primeros seguidores del Profeta. Las mujeres aceptan someterse a la dura regla de la Sharia que consideran un modelo de comportamiento, así en el vestir como en su vida familiar, a veces en condiciones de semiesclavitud. Los hombres no cesan de salmodiar suras coránicas mientras alzan sus AK-47, con tanta hambre de matar como

de morir para ascender al séptimo cielo de la Yanna –el Paraíso musulmán-, donde moran los profetas y los mártires. Allá les servirán las huru ein, las doncellas creadas en la perfección que deparan “un placer cientos de veces mayor que el terrenal”. Así como Abd Al-Rhaman hizo de Córdoba un califato independiente, separándose la tutela de Bagdad, las huestes de Al-Bagdadi aspiran a conquistar los dos extremos del Arco Islámico, incluso a “liberar” La Meca, pues también será aquí donde se manifestará la Bestia de los últimos días, concretamente sobre una de sus colinas, la de Safa. Además de una Guerra Santa, la suya es una conflagración ecuménica propia de una mentalidad medieval que aplican sin fisuras en el presente. Las excomuniones de musulmanes herejes – tafkir-, las decapitaciones, las crucifixiones, concuerdan con el modelo de las guerras de religión que vivió Europa en el tiempo de los anabaptistas. También los “verdaderos creyentes” del Daesh aspiran a construir una sociedad nueva y a un Nuevo Bautismo en la fe del Corán. El bautismo de fuego que precederá al Cierre de los Tiempos. Los telepredicadores de Iqraa TV –la cadena sunita de El Cairo-, no se equivocan cuando afirman que el Califato no es una mera entidad política sino, fundamentalmente, un “Vehículo de Salvación”.

ISIS PACTA CON ISA Presunto descendiente de la tribu del Profeta – quarish-, condición indispensable para ser califa, Al-Bagdadi, es plenamente consciente de los genocidios que implementa. Ha retrocedido al primer Islam y reproduce al pie de la letra sus normas bélicas, sin cuidarse de garantizar su supervivencia, decidido a la inmolación, pues se considera un demiurgo del inminente Fin del Mundo. Las señales comenzaron a producirse durante la ocupación estadounidense de Irak –“el sol que sale por donde se pone”, según la profecía: la

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La segunda señal nos lleva a descodificar el nombre del presidente de los Estados Unidos. Pocos saben que Barak o Buraq es un nombre islámico, que se traduce como Rayo, el nombre del caballo de Mahoma. Y concuerda con el primer caballo del Apocalipsis, el Blanco. Según la escatología coránica, el siguiente paso lleva a la emergencia de un Mahdi –Al Bagdadi-, y a la segunda venida de Cristo. Cristo en el Islam es conocido como el profeta Isa. También él juega un papel decisivo en esta historia. Ya hemos apuntado que la batalla final se producirá en la ciudad siria de Dabiq. Casualmente, es el mismo nombre de la revista de propaganda que difunde las ideas de Isis desde Londres () en cinco idiomas y en alta definición. Ya no es noticia afirmar que, pese a su genealogía medieval, el Estado Islámico se sirve de las más avanzadas tecnologías de la comunicación configurando una suerte de Cibercalifato paralelo, tanto más poderoso que el analógico. Lo sorprendente es que, según la profecía, su victoria dependerá de que Isa –Cristo-, venza a Dajjal –el Anticristo-, erigiéndose, en su rango de profeta coránico, en el restaurador de un “Islam de Justicia” en el mundo entero.

HACIA LA BATALLA FINAL Por más visionarios que nos parezcan, Isis no oculta sus planes. Los difunde de una manera explícita por Facebook y YouTube, a través de sus masacres en vivo y en directo. El pasado junio, apenas inaugurado el Ramadán que

conmemoraba la creación del Califato, cuando el yihadista francés Yassin Salhi decapitó a su jefe en la central gasística de Isére y se hizo un selfie junto a su cabeza cortada, operaba dentro de la misma lógica macabra que sancionó la decapitación del estadounidense Peter Kassig un año atrás -esta acompañándola de un desafío al presidente Obama en un inglés genuinamente british-, o al video donde se quemaba vivo, dentro de una jaula, al piloto jordano Muath al-Kasabeh. Si Jordania les declaró la guerra a cuenta de ese crimen, EE.UU. tarde o temprano tendrá que decidirse a una nueva ocupación terrestre de Irak. La proclamación de una Cruzada –en muchos de sus comunicados siguen llamando “cruzados” a los más de cinco mil asesores que el Pentágono mantiene en Bagdad-, seguida de una nueva operación Tormenta del Desierto, ayudaría a reclutar miles de nuevos yihadistas en todo el mundo. Desencadenar la Guerra Total es un deber esencial del Califa, pero también un arma de doble filo: porque si es derrotado y pierde el territorio, este dejará de ser un Califato y la Profecía quedará nuevamente postergada.

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ascensión del imperio americano de Occidente-. Fue entonces, precisamente en 2006 –fecha de la creación del Daesh-, cuando irrumpió en la república vecina, Irán, un oscuro ayatolá, Hossein Kazemenyi, que predicaba la separación entre política y religión, es decir, la apostasía suprema. Kazemenyi tenía una particularidad física que lo hacía acreedor de los títulos del Anticristo coránico (Al-Dajjal): era tuerto. “Vosotros debéis saber que el Falso Profeta es tuerto” –dicen los hadit-, “pero Alá no lo es”.

EL CABALLO PÁLIDO El fundamentalismo mesiánico de Isis supone su mejor arma de destrucción masiva, pero también su talón de Aquiles. Por más que el credo sunita englobe a cerca del 90% de los musulmanes del mundo, repudiar al 10% restante equivale a condenar a muerte a doscientos millones de creyentes. No serán pocos los que se pregunten quién es el verdadero Anticristo y quién su Mahdi. Pues el mismo Profeta ha dicho: “Su Paraíso será un Infierno, y su Infierno un Paraíso” (). Pero El Corán también valida un viejo mito bíblico según el cual “la emergencia de Gog y Magog devastará Oriente” (). Algo que corrobora Zacarías al recordarnos la simbología sísmicopolítica de Jerusalén: “El Eterno aparecerá y combatirá a las naciones. Sus pies se posarán sobre el Monte de los Olivos y este se partirá por la mitad, cayendo una parte sobre Oriente y la otra sobre Occidente”

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De toda esta historia para no dormir solo nos cabe la certeza de que millares de musulmanes se han entregado a un escenario milenarista fundado en una teocracia expansiva y abocado a la dominación mundial por parte del Islam. Si hemos entrado en los Tiempos Proféticos ya solo nos queda por mentar al cuarto caballo, el Caballo Pálido, cuyo jinete se llama Muerte, “…y el Hades lo seguía”. “Dios me ha enviado con una espada para preparar la Hora del Juicio” –dice Mahoma en El Corán-. La espada ha sido desenvainada, los caballos galopan desbocados, hasta la Biblia contempla el ascenso del Islam durante la Edad de las Tinieblas. Todos tenemos la sensación de que se multiplican los signos de una cuenta atrás. Por más que este panorama apocalíptico nos parezca delirante, Occidente no debería permitirse ignorarlo por más tiempo. El choque de civilizaciones vaticinado por Huntingon puede derivar en el fin de la civilización tal como la conocemos. Tal vez en el estricto Fin del Mundo.

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EL IMÁN OCULTO Así como los cristianos esperan la segunda venida de Cristo y los judíos la del Mesías, los musulmanes aguardan a su duodécimo Imán. Las tres creencias sostienen que regresará al final de la historia –en un tiempo de caos y confusión-, pero solo el Ungido por Alá demanda un camino violento para redimir al mundo. Según sus ulemas permanece oculto en una cueva de La Meca, a la espera del Día del Juicio, aunque otros sostienen que saldrá del pozo de la mezquita de Jamkaran, en Irán. Cuando se manifieste, conquistará el Medio Oriente, destruirá Jerusalén, y finalmente establecerá la sede de un Califato Mundial en Irak. Si Al-Bagdadi cree fervientemente en la profecía, no resulta menos inquietante que los ayatolas iraníes sostengan haber “firmado un contrato” con el Imán Oculto, cuya escatología se cifra en su progresiva capacidad nuclear .

EL PAPA EN EL PUNTO DE MIRA

En septiembre de 2014 el International Business Times llevaba a portada un titular muy poco rentable: “Un diplomático iraquí advierte que el asesinato del Papa es inminente”. Se trataba de Habib al-Sadr, el embajador iraquí ante el Vaticano, quien, en vísperas de la visita de Francisco a Albania, alertaba de la presencia de veteranos yihadistas de la guerra de Bosnia al servicio del Califato. El diplomático iraquí afirmaba textualmente que “El Estado Islámico anhela establecer el califato en Roma y erigir sus banderas negras sobre la cúpula de San Pedro”. Lo subrayaba el periódico italiano Il Tempo, bajo otro titular de impacto: “Italia es un trampolín para los muyahidines”, y a renglón seguido desvelaba que entre las filas del Califato se cuentan decenas de estadounidenses, franceses, británicos, “e incluso italianos”, lo que podría facilitar el magnicidio del sumo Pontífice.

Las alarmas volvieron a dispararse en noviembre del mismo año, durante su viaje a Turquía. Pero fue en el transcurso de su visita a Filipinas, en enero de 2015, cuando una célula de la Jemaah Islamiyah intentó asesinar a Francisco con una bomba al paso de su comitiva por la Kalaw Street de Manila. No consiguieron su objetivo, aunque volvieron a intentarlo dos días después, en Leyte. En esta ocasión, fue la tormenta tropical Amang la que impidió activar los explosivos. Salvado por la Providencia. ¿Pero hasta cuándo?

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Álvaro Bermejo –Madrid – 18 de Junio de 2015

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Para los egipcios, el más allá está poblado de lagos de fuego en el que son aniquilados quienes carecen de conocimiento y la llama de la diosa lejana devora al profano. A los criminales y a los malos magos se les hunde en la hoguera de la muerte. Sin embargo, el fuego del origen ilumina el trono del faraón durante la coronación y brilla en el interior del templo; el capítulo 162 del libro de los Muertos es una fórmula para hacer que nazca una llama bajo la cabeza de los bienaventurados bajo la forma del hipocéfalo, disco de tela, papiro, bronce o madera situado bajo la cabeza de la momia y que produce una llama simbólica, brillo que diviniza la muerte y que encontrará en el limbo su forma simbólica última. Esta no es una exposición ni remotamente cercana a la imaginería egipcia, sin embargo, la civilización contemporánea posee sus propios recursos para que la historia se repita. Así, al igual que los elementos han sido utilizados a modo de salvación, en Occidente y Oriente, ayer y mañana; se encarna el proceso de sacralización del tiempo, al que escapa el cuerpo de luz por medio de la eternidad del instante; donde el hombre de conocimiento debe lograr el dominio de los cuatro elementos que son las potencias de la formación del ser y de la naturaleza y que constituyen la realidad y en particular la realidad material. Es un tema complejo; pero si eso fuera así, estaríamos hablando simplemente de un orden de cosas y factores cerrado a unos pocos elegidos y a una gran mayoría de iguales. Por lo menos sería así para mi, así que si hubiera de haber un punto de partida, iría a la raíz del asunto, entendiendo la materia abstracta como la expresión de la realidad en la cual se encuentra o se baña una entidad o concepto determinado. Estas pinturas pretenden ser esa serie de elementos contemporáneos expuestos al determinismo actual. Utilizo el simbolismo y la metáfora (como en el caso de mujer y planetas) e intento atravesar la era industrial y ahora digital a través o por medio de lo orgánico expresado, principalmente, como un fin en sí mismo. Sustitución y comparación pueden ser en este caso representaciones de la psique en un intento único de alejarse de los viejos pilares desechando aquel saber innato que nos sobra siempre en un sentido metafórico. Así, todo artista debe sobreponerse a todo aquello que se espera de él y presentar batalla donde el frente lo requiera; frente al posibilismo y la inercia se requieren de nuevas actitudes capaces de taladrar las conciencias inertes y perentorias.

MANEL VALLÉS

RESEÑA DE LA EXPOSICION DE MANEL VALLÉS EN LA GALERÍA BERNET 2012

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C

omo Guitarrista y amante de la Guitarra Flamenca, siempre he tenido curiosidad por conocer el origen de la Guitarra y la historia que la ha llevado a ser tal y como hoy la conocemos, vamos a emprender una búsqueda en estos artículos de investigación, para resolver nuestras dudas y conocer en lo más profundo que podamos, llegar al pasado de nuestra gran desconocida la Guitarra Flamenca.

ANGEL HERNANDEZ

En primer lugar los orígenes de la Guitarra, no están demasiado claros, ya que en la antigüedad había muchos instrumentos similares, pero poco a poco vamos a ir conociéndolos, para poder sacar nuestras propias conclusiones.

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En Alaca Huyuk al norte de Turquía, nos encontramos con un antecesor de nuestra Guitarra, es un instrumento documentado, que Los Asirios crearon ,muy parecido a la Lira, pero con una caja de resonancia y llamado “Citara”. Este bello instrumento puede ser una de las sendas a seguir para buscar el origen de la Guitarra, ahora conoceremos alguno más, que como comprobareis, también pueden ser otro camino a seguir en nuestra búsqueda. La “Fidicula” es otro instrumento en el cual podemos situar la procedencia de la Guitarra, es parecido a la “Citara” pero este de origen” GrecoRomano”. Pero la versión más conocida de la procedencia de la Guitarra, es la que introdujeron los árabes durante la Conquista Musulmana de la Península Ibérica y que fue evolucionando en nuestro país. Ya en la Edad Media podemos distinguir dos tipos de Guitarras con algunas diferencias entres ellas, por un lado la Guitarra Latina que evoluciono de las “Cítolas”, “Cedras” y “Citaras” con el fondo plano y unida por aros, con el mango largo y clavijero como el de los violines reforzando la hipótesis de origen “Greco-Latino”, está también en su evolución dio lugar a dos tipos de instrumentos. “La Guitarra de Cuatro Ordenes” y la “Vihuela” que estaba dotada de seis Ordenes (Cuerdas dobles). Por el otro lado nos encontramos con la “Mandora” o llamada “Guitarra Morisca” con forma ovalada de media pera, con gran parecido a la “Mandolina” y al “Laúd Árabe”, esta hipótesis concuerda con el origen Oriental de la Guitarra, que se habría extendido por Arabia y Persia llegando a España a través de la estancia Árabe en la Península Ibérica.

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LA GUITARRA FLAMENCA I Foto: ML991

Si observáis una Mandora se puede apreciar que este instrumento ya incorpora trastes, lo cual acerca más al comportamiento de los instrumentos Occidentales, donde la octava musical queda dividida en doce partes, o notas musicales. Espero os haya gustado este primer viaje, que emprendemos en la búsqueda de nuestra amada “Guitarra Flamenca”, en los siguientes artículos seguiremos disfrutando de este bonito viaje. Un saludo y hasta pronto

Continua en el próximo ejemplar

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TALLER JOIERIA 1946

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