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INDICE

1. La belleza interna en la arquitectura prevalece, a diferencia de la belleza. Sara Juliana Mestizo 2. La belleza es una experiencia sensorial. Álvaro Felipe Franco 3. La belleza es una idea independiente de las cosas bellas. Daniel Silva 4. La belleza visible es la manifestación de la belleza original e ideal. Alejandro Gamboa

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5. La belleza externa es subjetiva, la belleza interna es global. Natalia Silva Posada

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6. La belleza exterior es figurativa (forma y materia), la belleza interior es independiente e intangible. María Alejandra Jaramillo

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7. La belleza exterior necesita de un contexto para ser, la belleza interior es orgánica y se percibe por si misma. José Federico Botero

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8. La belleza exterior se moldea a los paramentos y la época, la belleza interna se mantiene en toda época y contexto. Andrés Buitrago

 

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CAPITULO I La belleza interna en la arquitectura prevalece, a diferencia de la belleza externa. Existe una discusión permanente sobre que tipo de belleza impera en la arquitectura. Por un lado, la belleza externa afirma que algo puede resultar agradable solo con mirarlo. Por el otro, la belleza interna afirma que la externa es solo una expresión de la belleza verdadera, la cual se alcanza mediante una experiencia sensorial que resulta amable y/o agradable. Esto, aplicado a la arquitectura, podría dividirse en espacios exclusivamente visuales ( belleza externa) y la manera en la que se desarrolla una composición para generar aquella experiencia de los sentidos (belleza interna). En esta ultima se encuentra el concepto de “alma” en la arquitectura. Este será el punto de partida para proponer que la belleza interna prevalece a través del tiempo, a diferencia de la externa. Entiéndase belleza interna como el alma de un edificio. El concepto de belleza se construye a partir de una proyección de los sentidos, será imperativo que algo tenga emociones y cause diversas sensaciones para que pueda considerarse bello. Y si bien es cierto que el modo de percibir la belleza de algunos lugares puede llegar a ser subjetiva y cambiante, existe un componente que no se altera. A partir de lo enunciado, el enfoque girará en torno a la cabaña primitiva de Laughier (cuatro troncos como columnas y una cubierta improvisada). Esta posición nos permite abordar el alma en la arquitectura como la disposición de elementos compositivos. El exterior puede alterarse dependiendo de la época, el país, las condiciones geográficas y la situación económica. El interior,-es decir la estructura- permanecerá en un principio invariable a través de diferentes periodos históricos (gótico, renacentista, neoclásico, moderno, etc.). Con esto no se pretende afirmar que las estructuras en cualquier lugar del mundo son las mismas. Estas pueden variar en tamaño, disposición y materiales.  

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La diferencia reside en que la forma en la que estos elementos de juntan, elevan el espíritu de la belleza interior, le dan sentido y contenido. Un buen ejemplo de esto son las iglesias. En un recorrido a lo largo de la historia, las iglesias han tenido muchos cambios compositivos. Para ser más específicos, podríamos ver el caso de la iglesia gótica y la iglesia del renacimiento. En términos compositivos y de fachada, la primera se caracterizó por fuertes muros y vitrales situados en las partes superiores. La segunda, se caracterizó por la atención al detalle, la simetría y geometría. Su belleza externa es completamente distinta, la forma en la que se percibe su exterior va a ser completamente diferente. A pesar de esto, el alma de las dos iglesias es la misma. Las sensaciones que produce en los visitantes puede variar, pero la esencia permanece a través del tiempo. Esto significa que, a pesar de que su fachada cambia, la iglesia sigue teniendo los mismos principios. Se entra buscando a dios, creando una experiencia que permita al visitante sentir el espíritu de Dios en un recinto espiritual, se aprecia la calidez o la frialdad del espacio, la iluminación o la falta de la misma, los grandes espacios para orar o los pequeños cuartos, etc. Aunque la experiencia esta ligada a ciertos elementos de fachada (como los vitrales), la belleza no reside en cómo se ve desde el exterior, ya que esto se presenta como un solo sentido en un conjunto de sensaciones. El alma de la arquitectura esta en cómo, esos cuatro troncos y el techo se disponen en el interior para crear un lugar donde (condicionado por el uso) se pueda alcanzar tal experiencia.

 

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CAPITULO 2 La belleza: una experiencia sensorial. En la mayoría de culturas cuando se hace alusión a la palabra belleza, se evoca una hermosa mujer o un paisaje cautivador. Esto se debe a que la mayoría de personas considera la belleza un concepto externo dependiente del factor visual. Es apenas natural que se considere la belleza como una idea visible pero es ahí donde las personas se quedan y no reflexionan mas allá hacia el por que una visible les parece bella. Al analizar este razonamiento detenidamente se hace evidente que mas allá de la visual hay otra dimensión sobre la cual se desarrolla la verdadera belleza. Si se profundiza un poco queda al descubierto que el anterior postulado acerca de la belleza como concepto visual es apenas correcto mas no universal. Dependiendo de la cultura, las costumbres, y la crianza la idea de lo que se puede definir como bello tiene múltiples variaciones. La belleza de una mujer en occidente es muy distinta de la belleza de una mujer en oriente, mas sin embargo ambas tiene algo en común y es que por mas diferentes que sean estética y visualmente ambas producen en las personas de su cultura algo que las hace pensar que son bellas. Pero ¿qué es eso que hace pensar a las personas que algo es bello? Johann Goethe, escritor y filosofo alemán del siglo XVIII, escribió en su libro Las Afinidades Electivas que la belleza humana actúa con mucha mayor fuerza sobre sentidos interiores que sobre los externos; acercándonos de esta manera al concepto de belleza en un plano abstracto. Así mismo desde Platón desde el siglo IV antes de cristo ya Platón hablaba de la belleza como una idea, la cual era independiente de las cosas bellas. Pero dicha relación no funcionaba en ambos sentidos pues también decía que la belleza en el mundo tangible es visible por todos, sin embargo esta belleza es solo producto de la materialización de la verdadera belleza, la original, la que se encuentra en el interior y el alma de las cosas bellas.

 

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La definición de belleza en el diccionario dice: Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. A pesar de la idea que tiene las personas del común a cerca de la belleza, esta no es un concepto visible y restringido al sentido estético, es como dice su definición una propiedad que infunde deleite espiritual. Es este el verdadero motivo que define algo como bello, es ese sentimiento que nos producen las cosas bellas. Claramente hay algunas cosas que se consideran bellas por como se ven, como una linda mujer, una construcción monumental, o una pintura impactante, mas no todo lo bello lo es por su apariencia. La belleza es una experiencia sensorial, tanto por como se percibe a través de los sentidos como por los sentimientos que evoca. Hay cosas consideradas muy bellas que son intangibles e incluso invisibles. Un claro caso de esto es por ejemplo una canción, un poema, el sonido relajante del agua fluyendo naturalmente, o la sensación de estar enamorado. Estas son cosas que no se pueden ver, no se pueden tocar, no se pueden señalar con un dedo pero que sin embargo son consideradas cosas muy bellas. Mas allá de lo que se ve esta lo que se percibe, y lo que se siente. Es por esto que los ejemplos mencionados anteriormente se consideran bellos, mas allá de la ausencia de una visual definida está la sensación que generan en las personas a través de los sentidos. Es esa magia que se genera por dentro al percibir algo bello donde realmente reside la belleza, en el interior de las cosas, en su alma misma.

 

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CAPITULO 3 La belleza es una idea independiente de las cosas bellas. La belleza experimentada por el hombre, produce más que un éxtasis de sentimientos que recorren el cuerpo. Queda en la memoria como una de las mejores experiencias. Una experiencia que no depende del objeto o espacio, depende realmente de la manera en que el hombre experimenta con él y la manera en que interactúa con cada uno de sus detalles. Muchos lugares logran producir emociones cuando una persona lo habita o recorre; es en esto, en donde reside la verdadera belleza, en el sin número de emociones y buenos sentimientos que logra producir un espacio y que hace que el hombre lo tenga en su memoria por largo tiempo. De igual forma, existe una relación muy estrecha entre lo que conocemos como “bueno” y lo que consideramos bello. Esta relación se debe a que por experiencia la belleza tiende a producir sentimientos de alegría, satisfacción y bondad. También, esta relación se aplica a la Arquitectura, pues consideramos buenos los espacios y construcciones que nos producen mejores sentimientos y experiencias, aquellos que tienen una relación más pura con la sensibilidad humana, esos que nos obligan a experimentar nuevas y mejores emociones y que son capaces de dejar una marca en la historia como referencias de belleza, sin importar el momento en que se llevaron a cabo. Trascienden en las épocas. También la belleza es subjetiva a la persona y a cada una de las cualidades y características que la componen, es decir que la belleza está sujeta a ser experimentada de forma diferente por cada persona y en cada momento. Sin embargo existe un tipo de belleza universal que es única e igual para todos, nace de la forma en que el alma del ser humano experimenta e interactúa con el alma y la esencia del edificio. En arquitectura, La verdadera experiencia de belleza nace del interior de cada espacio (sin dejar de lado así los espacios abiertos pues  

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estos también tienen una arquitectura exterior un poco más perceptual y una interior donde reside el alma); del alma del edificio y la manera en que esta es capaz de trascender al exterior hasta en los mínimos detalles, produciendo así el mejor sentimiento y la mejor experiencia. La búsqueda constante de belleza a producido que el hombre, pierda el verdadero sentido de la misma, pierda su foco e intente buscarla en los detalles del exterior, pero nunca logra encontrar la verdadera esencia, pues esta se encuentra contenida al interior del espacio. Ese espacio que solo el hombre es capaz de descubrir, entender y extraer. Todo esto para aclarar la forma en que todo principio de belleza nace del interior y trasciende al exterior. La búsqueda permanente de esta, no tiene resultado de forma diferente que por la experiencia y el sentimiento que produce la interacción entre el alma del hombre y el alma y la esencia de cualquier espacio. La verdadera belleza es universal y trasciende sobre cualquier época, teoría o percepción. Belleza es por sí misma, una sensación abstracta que produce al hombre un éxtasis de sentimientos.

 

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CAPITULO 4 La belleza visible es la manifestación de la belleza original e ideal. La belleza está ligada a los sentidos más básicos del hombre como la vista. Esta es mediadora entre el exterior y el interior, y se vuelve la primera forma de juzgar la belleza dentro de una sociedad tan superficial como la nuestra. En la arquitectura, esta tiene gran importancia a la hora de proyectar, y de pensar un espacio. De hecho, la vista es un elemento primordial a la hora de crear un proyecto, sobretodo en la época actual donde toda la arquitectura está dirigida para que mire hacia algo, generando relaciones con el entorno que la rodea. Se considera bello aquel objeto que resulta agradable a la vista. A pesar de que puede haber una similitud dentro de estas percepciones, la belleza (exterior) se vuelve un elemento subjetivo, cambiante. Así como las formas de pensar acerca de que es lo correcto, esta percepción cambia según la época, según la región y las costumbres de quien la observe. Sin embargo, la belleza interior de una obra arquitectónica, su esencia, así como el alma del hombre, es inmortal y trasciende a través del tiempo. La arquitectura es, en muchos elementos parecida al hombre. Requiere de una organización geométrica que configure lo espacios, así como el cuerpo se divide en funciones (respiratorias, nerviosas, etc.). Se rige por un orden jerárquico entre sus componentes, los espacios servidos y servidores; el corazón, y los nervios. Se rige por un principio geométrico de proporción entre sus elementos, y está envuelto en una fachada, en un cuerpo, que le permite tener relaciones con su entorno. Así como dar una percepción de belleza a priori a quien lo ve. La cual, generalmente no refleja la belleza interior que alberga en sus espacios, o en su personalidad. El alma humana, que si bien, en principio es la esencia del hombre, y por tanto donde reside su verdadera belleza, es un elemento ligado al  

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cuerpo (que responde a la belleza externa) y no independiente de este. Por lo cual, el cuerpo es una representación externa, y palpable de la belleza del alma. En arquitectura se expresa de forma clara, puesto que la belleza exterior no solo responde a los elementos de cerramiento como la fachada, sino a elementos como los materiales, que dan un carácter determinado espacio. Así, la percepción de un espacio hecho en concreto, transmite sensaciones totalmente distintas a las que se pueden dar si el mismo espacio está hecho de madera. La obra arquitectónica, a diferencia de otras artes, no puede ser considerada bella a partir de su belleza exterior. Puesto que también debe responder a ciertas necesidades del hombre, por lo cual no basta con ser agradable a la vista, sino que debe ser agradable al habitarla; respondiendo a la función que va a albergar, a los problemas climáticos y topográficos, así como a los problemas sociales, y relaciones exteriores debe tener con su entorno. La disposición de estos elementos resueltos en un conjunto es lo que hacen que una obra arquitectónica sea verdaderamente bella. Para que la arquitectura logre resolver estos problemas en un conjunto, debe remitirse a elementos externos, como materiales, texturas, y cerramientos (fachadas). A partir de estos se generan sentimientos y sensaciones a través de los sentidos que permiten que el hombre pueda identificarlos. Y de esta forma volviéndolos la representación palpable de la belleza interior (en esencia) de la arquitectura.

 

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CAPITULO 5 La belleza externa es subjetiva, la belleza interna es global. Nosotros como personas estamos destinados a dejarnos influenciar por nuestros alrededores. La forma que fuimos educados, los lugares en donde hemos vivido, las autoridades que nos han dado ejemplo, las amistades y demás relaciones que hemos construido, cada evento de nuestra vida aporta a nuestras personalidades y a nuestros puntos de vista y de opinion. Poco a poco, mientras vamos creciendo, formamos un criterio de juicio que define la manera en que evaluamos lo que nos rodea. Aprendemos, en la mayoría de los casos, a evaluar inconscientemente a primera vista. El criterio de juicio que hemos ido formando se convierte en el inquisidor de todo lo que cautiva nuestros sentidos; y luego, juzgamos. Nuestra crianza empezará a definir el juicio, primero por lo que se ve, el sentido más utilizado. La visual, lo que vemos, lo que es puesto en frente de nosotros, son cosas que se pueden juzgar en base a nuestra opinion entrenada. Lo que nos han enseñado a interpretar como positivo lo juzgaremos bien, aquello que juzgamos negativamente será, probablemente, porque es desconocido o porque hemos sido entrenados para hacerlo, y ese juicio no cambiará hasta entrenarnos de nuevo a apreciarlo o despreciarlo. El criterio de juicio del que hablamos es diferente para cada individuo. Por eso es que la opinion de la belleza [externa] es subjetiva. No depende únicamente del objeto observado, sino del criterio de juicio del observador. La belleza externa cambia dependiendo de la persona, la cultura, o la región. Por estas mismas razones, es que un objeto o una obra debe adaptarse a la cultura o region en la cual se está trabajando y exponiendo si quiere obtener una belleza externa. Por otro lado, la belleza interna es constante y global. ¿Por qué? La belleza interna no se percibe únicamente por lo visual. Para interpretar la belleza interna, el alma, se debe usar más que sólo el sentido de la vista. Se empieza a integrar el olfato, el tacto, la audición; y va hasta más allá de eso porque se involucran también las emociones. Estos son sentidos que no se pueden controlar por la crianza y los eventos  

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que nos han formado como personas, son sentidos que se asemejan en gran cantidad en todos los individuos, independientemente de su personalidad, cultura o región. ¿Cómo se aplica este principio a la arquitectura? Es importante aclarar, antes que todo, que con la belleza externa en la arquitectura, para evaluar este caso, nos estamos refiriendo a las fachadas del edificio y a lo que está en contacto con lo exterior. Mientras tanto, vamos a interpretar la belleza interna de dos maneras diferentes: La belleza interna de la arquitectura como la belleza de lo que esta al interior del ‘cascarón.’ Es decir, la estructura, los materiales del interior de los muros y entrepisos, la cimentación, etc. La belleza interna de la arquitectura como su alma: el sentimiento que evoca, el relato que deja a través de la historia, el aporte emocional y anímico que le hace al observador. La belleza externa en la arquitectura es un claro ejemplo de la belleza externa cambiante, influenciada por la persona, la cultura o la region. Se ve claramente en el cambio de las fachadas y los diseños del aspecto físico de los edificios a través de los años y en diferentes regiones del mundo. Por ejemplo, con sólo comparar el Taj Mahal (tumba para la esposa de un emperador musulmán) con las pirámides de Giza (tumbas para el faraón y sus relacionados) podemos ver las grandes diferencias que hay en el aspecto físico exterior de las estructuras debido a la region y la cultura. Sin embargo, a pesar de su variedad de diferencias, ambas son consideradas estructuras con belleza externa, por ende la belleza externa es cambiante. En cambio cuando analizamos la belleza interna desde ambas formas de interpretación, podemos ver como es constante y similar en las dos estructuras. Siendo ambas estructuras destinadas para un mismo uso, ambas tienen cuenta de ciertos materiales para conservarse y conservar lo que se mantiene adentro. También, para cumplir sus funciones de tumba para un personaje importante, se analizan ciertas especificaciones de materiales que aluden a la adoración de estos personajes. Por encima de todo, el uso de técnica que lleva al correcto funcionamiento de las estructuras aporta a la belleza interna.  

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Analizando la belleza interna de la segunda manera, claramente podemos imaginarnos, en base a la importancia histórica y turística que tienen estas estructuras, que los sentimientos que evoca estar en ellas son positivos y grandiosos. Podemos finalmente entender como la belleza interna no depende de demás factores, no es perjudicada por la region, o por la cultura, ni por la personalidad del observador o el creador; la belleza interna no es cambiante, como lo es la externa.

 

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CAPITULO 6 La belleza exterior es figurativa (forma y materia), la belleza interior es independiente e intangible. La belleza exterior, es un concepto figurativo es decir, necesita de la materia y la forma para ser representada y vista así por otros, por esta razón cambia según el tiempo y la cultura, ya que la forma y la materia se acoplan al tiempo y al lugar donde estén y quien lo realice, por ejemplo para un hombre de la época clásica no hay nada de bello en una catedral gótica realzada por un arquitecto de la Edad Media. Ya que los conceptos de belleza cambian y evolucionan, la belleza externa, en la mujer, en el arte, la arquitectura, la manera de vestir, etc. Cambia según el progreso, un arquitecto de la revolución industrial quien busca sobretodo suplir una necesidad por medio de la funcionalidad de los espacios, diseña con sencillez y poco ornato, mientras un arquitecto del barroco, quien se ayuda del ornamento en todas sus obras y la sobreutilización de este, para expresar su reacción en contra de Renacimiento y intentar por medio de este afectar sensorialmente a las personas, no tienen el mismo concepto de belleza, ni buscan el mismo resultado de perfección y belleza. Los hombres siempre, en su naturaleza de ser humano busca los defectos de su alrededor e intenté a veces sin mayor escandalo , compensarlos componiendo para la hacer mas evidente la belleza exterior de las cosas. Por otro lado, la belleza interior es inherente al hombre, esta dentro de cada ser humano, queramos o no mostrarla a otros; la belleza interior no necesita de la forma ni de la materia para mostrarse, los hombres la exteriorizan por medio de las acciones que realizan en sus vidas cotidianas, y aunque culturalmente hay acciones que cambian, o que algunas culturas consideran buenas y otras no, o que con el paso del tiempo han ido cambiando, es solo la exteriorización de la belleza lo  

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que esta cambiando con estos conceptos, porque la belleza interna siempre esta hay, quiera o no el hombre que la posee en su alma exteriorizarla o no. Esta comprobado que cuando morimos, nuestro cuerpo pierde 23 gramos, lo que se cree es el alma, que ya sea para reencarnar o para ir a un lugar mejor, abandona el cuerpo dejándolo con una belleza exterior que pronto desaparecerá y llevándose consigo la belleza interna con la cual seguirá su camino sea el que sea. Igualmente en un edificio, la belleza interna y el alma de este esta en la idea, el concepto y lo que quiere el arquitecto que suceda en este, y esta idea y belleza interna, puede, muy bien exteriorizarse en los espacios internos o el la fachada, pero sobre todo es demostrada por medio del vinculo que crea el arquitecto entre el edificio y su época, y asimismo exteriorizada con la relación sensorial que este logra. La belleza exterior de este edificio puede estar al alcance de cualquiera con un par de ojos, puede ser bello o no figurativamente, en su forma y con su materia, pero algún día toda caduca y el edificio se caerá, en este momento sabremos que tan bello era el edificio en su interior (en su idea, concepto) ya que la materia igual que un cuerpo humano desaparecerá, pero el alma del edificio puede prevalecer en la memoria de las personas y ser tan relevante que podría así mismo el concepto del edificio ya inexistente replicarse en otro edificio, ya sea de manera muy similar o muy diferente, como la reencarnación del alma del ser humano e igualmente lleno de belleza interna, que se materializa de manera igual o distinta. Por esto nosotros como defensores del alma y su belleza interna, buscamos convencer la mundo que la belleza interna no muere en el tiempo ni cambia por el lugar, lo que sucede es que se exterioriza de diferentes maneras, ya sea en una persona o en un edificio, el alma prevalece en el tiempo, aunque se demuestre o no. La belleza externa por el contrario es temporal y figurativa, cambia y tiene fecha de vencimiento según cada época que sea vivida, cada época y parámetro de belleza es distinto y la belleza externa es moldeada según estos parámetros que demuestra, en una mujer, en una pintura o en un edificio, cumplir los parámetros de esta estética temporal.

 

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CAPITULO 7 La belleza exterior necesita de un contexto para ser, la belleza interior es orgánica y se percibe por si misma. Cuando se habla de belleza exterior en una composición arquitectónica se hace referencia principalmente a la fachada, pues finalmente mediante ésta es que tenemos el primer acercamiento con el edificio y esa primera noción es la que sin duda queda en las mentes tanto de quienes lo visitan como de los que lo perciben exteriormente. En la medida en la que un edificio, que es una intervención humana dentro de un espacio, es capaz de mezclarse con su entorno y al mismo tiempo de cumplir su función, podemos hablar del concepto de armonía. La importancia de este concepto gira entorno a la imagen que pueda generar la composición. Pues es en si, esa fraternidad con el espacio, lo que hace que el edificio se haga notar y no se pierda dentro de su contexto, que le permite tener una especie de personalidad a pesar de ser una pieza más. Al hablar de belleza exterior, resulta fácil compararlo con otras áreas en donde se tenga el ideal de belleza, es decir, por ejemplo cuando se visita un bosque y nos topamos con un árbol de tallo grueso y de hojas grandes y brillantes, aparentemente muy hermoso para nuestros ojos, no es en realidad más que los demás y su contexto no lo hace extravagante ni diferente, simplemente lo reconocemos por unas características que lo hacen especial pero no anormal. Por lo tanto en el ámbito constructivo ( y también en todo lo demás), la armonía depende intrínsecamente del contexto, pero además es éste el que le permite a las edificaciones contrastar y generar un carácter también. De alguna manera la arquitectura moderna es la arquitectura del blanco y negro, del contraste, de las irregularidades, totalmente contraria a la arquitectura clásica que estaba regida por unos cánones específicos y que se desarrollaba en un contexto especifico y de acuerdo a los parámetros establecidos ya fuera por el rey, la iglesia o  

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alguna otra entidad reguladora. Teniendo en cuenta únicamente lo que entendemos por fachada, y en este caso como belleza exterior, en las edificaciones de hoy en día es muy fácil encontrar los dos casos de los que acabamos de hablar, pero específicamente podemos hablar de contraste, con la arquitectura moderna , ya que somos el resultado de la historia y de todas las vanguardias que han ocurrido a través del tiempo, que se han revelado y han dado a luz movimientos expresionistas plenamente liberales que buscan ante todo el carácter de lo único y de la personalidad original. Es entonces clara la importancia de la fachada y su relación con el espacio público y la percepción que pueda dar, ya sea de armonía o contraste. Ahora bien, ¿qué papel cumple la belleza interior, el alma del edificio dentro del estructuramiento urbano? Importante es tener en cuenta que la arquitectura nace desde adentro de la composición, pues es el interior el que sin duda nos da la idea de lo que será finalmente el exterior, pero este puede darse de manera orgánica y plenamente independiente al concepto exterior pues no es fundamental a la hora de la observación parcial de la arquitectura. Cabe aclarar que en ciertos casos el interior ejecuta procesos diferentes en donde el exterior pasa a un segundo plano y deja que las áreas interiores se prioricen dentro de la composición. No hay diferencia entre alma y cuerpo a la hora de ejecutar arquitectura, es precisamente sus relaciones las que hacen que se cumplan proyectos exitosos en donde se planteen relaciones exteriores e interiores gratas. Las fachadas nos permiten un rápido acceso a lo que se quiere transmitir, pero para conocer la esencia de las cosas debemos explorar en su interior, en sus espacios, en sus niveles y detalles. La relación de las construcciones con el exterior están definidas por esta relación alma y cuerpo que permite el ejercicio de la apreciación y el descubrimiento, pues el hombre construye a imagen y semejanza. Bajo los argumentos presentados en este texto, se puede decir que a pesar de que las épocas y los pensamientos cambien, el sentido de la arquitectura seguirá siendo el mismo, el hombre solo cambiara sus pensamiento y la forma en la que concibe.  

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CAPITULO 8 La belleza exterior se moldea a los paramentos y la época, la belleza interna se mantiene en toda época y contexto. Antes de empezar a hacer arquitectura debe existir un por qué. Este por qué es algo que busca dar solución es una necesidad en concreto; dar hogar a una persona, dar un espacio a un espectáculo deportivo, resguardar una gran cantidad de personas para una celebración religiosa. Todos los ejemplos anteriores, y cualquier otro que se pueda dar, tienen en común que buscan una utilidad. Se dice que la arquitectura comienza por el arte de crear espacios habitables. Pues bien, uno de los deberes del arquitecto es darle forma y orden a esa utilidad, lo que resulta en que un espacio interior habitable. Ahora, miremos más allá de únicamente el campo de la arquitectura. ¿Qué otro ejemplo hay sobre la utilidad, vista como lo que impulsa un cambio en la forma? Como siempre, la naturaleza nos da una respuesta. Si se piensa en una flor y se le pregunta, cuál es su por qué, se podría decir que la flor quiere sobrevivir, y para esto necesita reproducirse. Bien se sabe que una de las formas de hacer esto es atrayendo insectos, como las abejas, para que lleven su polen hacia otras flores y así sucesivamente nacen nuevas flores. Pero para lograr lo anterior, deben ser lo más atractivas posibles, y lo logran mediante atributos en su forma, como el color, la simetría, el aroma. Podemos estar de acuerdo en que los anteriores son atributos que le dan belleza a una flor, y estos nacen de la búsqueda de una utilidad. Si bien se está diciendo que la de la utilidad nace la belleza, la verdad es que no se pueden separar estas dos. Ambas están orgánicamente relacionadas. Por belleza no se entiende únicamente lo que atiende y da placer al sentido de la vista. Por el contrario, la belleza es entendida como una experiencia sensorial completa. De la misma manera que no se puede entender la belleza de una flor sin  

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pensar en su textura, aroma, color; y sin conocer la utilidad detrás de su forma, tampoco es posible reconocer la belleza de un espacio habitable únicamente con la vista. La verdadera belleza de la arquitectura se da cuando se responde correctamente a la utilidad, ya que una edificación que no sirva correctamente su propósito ya falló. Pero de la misma manera, una arquitectura que únicamente se limite a responder una utilidad tampoco es concebible. La relación entre la belleza y la utilidad se percibe con más fuerza en el espacio interior, ya que este es el espacio habitable, y por definición el origen de la búsqueda de la arquitectura. Allí, es donde se percibe la belleza que no es un capricho de lo visual; tal como se siente la proporción, o se aprecia la calidez y confort de un espacio.

 

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Arquitectura Clasica: ¿Belleza interna o externa?  
Arquitectura Clasica: ¿Belleza interna o externa?  
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