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CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS AVANZADOS DE VERACRUZ

MAESTRÍA EN EDUCACIÓN Sede: Álamo Temapache, Ver.

COMPILACIÓN DE INVESTIGACIONES ASIGNATURA: SEMINARIO DE TESIS II

CATEDRÁTICA: DRA. GUILLERMINA RODRÍGUEZ ROSAS


La inclusión de los valores en la práctica docente diaria por los profesores del Instituto Tecnológico Superior de Álamo Temapache como fortaleza de los procesos formativos de los alumnos.

Humberto Lezama Olivares La persona como sujeto histórico – social hace valoraciones y al hacerlo crea los valores, y los bienes en los que aquellos se representan. Es decir, los valores son construcciones que subsisten y se realizan en el ser humano, por y para éste. En consecuencia, las cosas naturales o creadas por el sujeto, sólo adquieren un valor al establecerse la relación entre aquellas y éste, quien las integra a su mundo. Al referirse a los valores, Izquierdo (2003) reconoce que “el sujeto valora las cosas, y el objeto ofrece un fundamento para ser valorado y apreciado”. Ello determina, según Moleiro, (2001) que: Las cosas no son valiosas por sí mismas, sino que tienen el valor que nosotros les damos y, por eso cada persona tiene su propia escala de valores. Este escala de valores se va adquiriendo diariamente en la familia, célula principal de la sociedad, en donde a través de los buenos hábitos, comportamiento, la conducta, el ambiente familiar y el entorno en general, van haciendo que esta escala vaya ascendiendo o descendiendo. Se reconoce así, que los valores son cualidades peculiares, que poseen ciertas cosas llamadas bienes, y se originan en la relación que se establece, entre el sujeto valorante y el objeto valorado. Sin embargo, es necesario reconocer la existencia de valores con respecto a los actos representativos de la conducta humana, esencialmente de la conducta moral. Todo acto humano implica la necesidad de elegir entre varios actos posibles, por ende, hay selección, pues preferimos uno a otro acto, el cual se nos presenta

como un

comportamiento más elevado moralmente. (Zambrano,2003). Retomando la situación de los valores en el ambiente familiar, es preciso mencionar, que a pesar de que la familia se considera como la primera responsable de la enseñanza de los valores y normas en la sociedad, el centro escolar, y en especial el grupo clase, es uno de los núcleos de integración de valores y normas de grupo. La integración de


valores relacionados con la formación y la educación es sumamente importante dado que el grupo – clase es uno de los fundamentos del grupo escolar donde se inician, estabilizan y modifican los valores de los alumnos. En este proceso, el profesor es un elemento activador importante para incidir en la enseñanza aprendizaje de valores y normas. Por consiguiente, la valoración moral se nos presenta como un requisito esencial para conferirle valor moral a los actos o productos humanos. Sólo lo que tiene significación humana puede ser valorado moralmente. Esto permite al sujeto valorante asumir una actitud aprobatoria o de rechazo a un acto u otro y lo hace como ser, que pertenece a un grupo social y está inmerso en un contexto histórico- social determinado. A su vez, la valoración favorece la creación de valores que actúan como directrices para la conducta humana, pues son los que dan sentido y finalidad a la persona tanto individual como social. Al respecto, Izquierdo (2003) expresa que los valores son “los ejes fundamentales por los que se orienta la vida humana y constituyen a su vez, la clave del comportamiento de las personas”. El autor admite que, los valores “dinamizan nuestra acción y nuestra vida; dignifican y ennoblecen a la persona e incluso a la misma sociedad”. Esto reafirma la idea de que en la perspectiva de toda conducta humana, subyacen los valores, los cuales dirigen y dan sentido al proceder individual y social de cada persona. La vida de relación con los demás surge originalmente en el grupo familiar y se amplia progresivamente con los demás grupos estructurantes de la sociedad. Moleiro, (2001) identifica al menos cuatro colectivos que tienen gran influencia en la formación de nuestros valores: “la familia, la escuela, los medios de comunicación y el grupo en los cuales varían según la edad”

Los valores son parte del acervo cultural de nuestros

mayores. Es la verdadera herencia que nos legaron nuestros padres, maestros, o quienes ejercieron un rol significativo en nuestras vidas. Desde la concepción

hasta su muerte, l

ser humano vive una constante

correspondencia con su ambiente, mediante una interacción de influencia mutua. Tal interacción se produce en su relación con el cosmos, la naturaleza y con la sociedad de la cual forma parte. De ésta, la persona recibe las normas y los valores sociales; los asimila de acuerdo con sus inclinaciones y los utiliza para enriquecer y/o modificar su propio comportamiento.


La familia como célula formadora de la sociedad, juega un papel determinante en el proceso de formación de valores. Allí se gestan valores tales como: la colaboración, el compartir, la solidaridad, entre otros. De ahí la razón, por la que Moleiro (2001) señala que la familia es la “primera escuela de valores donde se forman los primeros hábitos”. A su vez, la autora especifica que la escuela es “un medio de formación de valores, es el lugar donde el educador debe mantener una actitud transmisora de valores, siendo lo más importante el ejemplo coherente entre lo que el docente dice y lo que hace”. Vivimos en una época sedienta de paz, compromiso, convivencia social, igualdad social y donde a diario escuchamos decir que hay crisis social, crisis de valores. Ante esta contingencia, la educación es el protagonista central para formar en todos los ámbitos y niveles educativos sobre: educación en valores, formación personal, formación ética y otros temas vinculantes. Pero realmente, ¿De qué hablamos cuando decimos educación en valores? Al respecto, Garza, y Patiño (2000) al definir la educación en valores lo hace como “un replanteamiento cuya finalidad esencial es humanizar la educación”. Los mismos enfatizan que “una educación en valores es necesaria para ayudarnos a ser mejores personas en lo individual y mejores integrantes en los espacios sociales”. La educación en valores debe ser en forma continua y permanente con la responsabilidad de todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa. Esto ayuda a la formación integral del estudiante, quien requiere no sólo la adquisición del conocimiento científico, sino también el aprendizaje de patrones culturales impregnados de valores, que lo ayuden a ser una persona útil para sí misma y para los demás. En consecuencia, la visión y la acción de la educación en valores, favorece que sean mejores los actos de los sujetos educativos, modelos para otros, portadores de cultura para un mundo mejor. Traspasando las fronteras conceptuales, se llegaría a proponer dimensiones de cambio, en un plan optimista, futurista y dinámico. Es necesario que la educación inspire y fundamente la transmisión de la cultura con una cosmovisión centrada en los valores, y esta cosmovisión es la que debe unificar las mentalidades científicas, técnicas y humanísticas pertenecientes a un establecimiento educativo. Asimismo, la educación debe llevar a poner


en su justo reconocimiento lopositivo, bello, afectivo, solidario, honesto, verdadero, que trascienda en el tiempo y el espacio; el rescate y el fortalecimiento de los valores para la convivencia humana, dentro y fuera de las comunidades educativas. Garza y Patiño (2000) refieren que: La escuela y sus aulas se convierten en una excelente oportunidad de educar para la paz, al enseñar y promover los valores que fortalecen el respeto a la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, y es por esto que se presta especial atención al proceso de socialización que ocurre entre todos los miembros de la comunidad educativa, y se pretende orientar la formación de los niños y jóvenes hacia los valores y actitudes que posibiliten un desarrollo social más justo y equitativo.

Los valores son la columna vertebral de una convivencia sana entre seres humanos. Pero esa columna vertebral se construye con nuestros valores familiares, incluso con nuestros valores regionales y nacionales, pero todo comienza con la persona. Ante esta situación es conveniente preguntarnos sinceramente ¿Cómo andan mis propios valores?, ¿soy confiable?, ¿soy leal?, soy generoso? Pero no solo eso, también debemos hacer un ejercicio y cuestionarnos ¿Cómo afectamos a los demás cuando no vivimos con valores? Es necesario hacerse esta serie de cuestionamientos con cierta periodicidad con la finalidad de hacerse una autoevaluación a este respecto y poder tener actualizada la escala de valores. A este respecto destacamos que la educación en valores se requiere para:  Promover cambios significativos que conduzcan a la formación de un ser humano capaz de desenvolverse en una sociedad plural, en la que pueda practicarse como norma de vida la libertad, la tolerancia, la solidaridad, la honestidad, el respeto, la paz y la justicia social.  Sensibilizar al ser humano a

relacionarse con los demás de forma pacífica,

respetuosa y productiva, aceptando y reconociendo que las diferencias individuales, por lo que cada individuo es un ser respetado y aceptado tal y como es.


 Que la persona identifique su propia escala de valores, que le permita asumir su compromiso personal en la toma de decisiones éticas de manera tal que, cada uno seleccione lo que debe hacer en cualquier situación.  Humanizar más al viviente humano a mejorar la calidad de sus acciones, tendentes a solucionar conflictos que surjan en la sociedad, como ente participativo de la misma.  Concienciar que el cuidado de la salud es una responsabilidad individual y única de cada persona, cuando se es autónomo, y que puede mantenerse, si adoptamos patrones saludables que lo enriquezcan.  Formar hombres y mujeres integrales capaces de dar respuesta a la crisis social y a la desvalorización humana que se vive actualmente.  Crear una conciencia ambiental generada a través de su propio actuar desde la familia misma, la práctica diaria de la docencia y el efecto que en la sociedad tiene la ecoeducación. La crisis de valores, es un tema que cuando menos desde hace dos décadas se viene poniendo sobre la mesa de debates en distintos foros sobre educación, pero igualmente cuando se han abordado aspectos que tienen que ver sobre sociedad y gobierno, inseguridad, responsabilidad social, responsabilidad ambiental, sustentabilidad, justicia y otros. Lo anterior obedece a que en todos los temas referidos está inmerso el aspecto valoral, y la educación superior no escapa a esta situación, al contrario cobra cada vez mayor importancia, ya que la sociedad demanda a profesionistas íntegros, con los conocimientos de vanguardia y con valores como la ética, la responsabilidad social, la responsabilidad ambiental y el respeto, como parte de su formación integral, mismos que se deben fomentar en el hogar, continuar aplicando en la educación básica y fortalecer en la educación media superior y superior. Ante esta situación, es necesario destacar, - para el caso que nos ocupa - hasta donde los docentes transmiten estos valores en la práctica docente diaria, ya que muchos de ellos cuando tuvieran que ser transmitidos de facto, en la mayoría de los casos están ausentes.


El caso de la educación superior es una situación sui generis, - al menos en cuestión de valores - ya que nos hemos percatado, que muy pocas veces, sobre todo si se cuenta con el apoyo económico de la institución o de algún organismo como el CONACyT para continuar preparándose, sea con un diplomado, especialidad, maestría o doctorado, el docente se niega a seguir preparándose;

empero, en muchos casos es a todas luces

observable la falta de aplicación de los valores, mismo que queda demostrado en las actitudes de los alumnos: falta de respeto, de tolerancia, de solidaridad y otros, que a un paso de terminar la carrera profesional, es necesario reforzar, para que ello no minimice las competencias del futuro profesionista, si no al contrario, los valores le permitan en la empresa, ganarse la confianza de sus superiores y transitar con ello, de ser un profesionista con capacidad comprobada a un profesionista con competencias, valores, liderazgo y humanismo. Para contribuir al logro de lo anterior, el Sistema Nacional de Educación Superior Tecnológica (S.N.E.S.T.), ha incluido las asignaturas de Taller de Ética y Desarrollo Sustentable, de manera transversal en todas las carreras que se ofertan, con la finalidad de fortalecer esta área: el aspecto valoral, no menos importante que otras tareas a las cuales se les ha dado un mayor peso específico como es: la educación por competencias, las Tecnologías de la Educación y Comunicación (TIC’s), la innovación tecnológica, la formación de emprendedores, el aprendizaje del idioma inglés y otras. Hasta ahora el primer paso se ha dado, incluir en el mapa curricular de todas las carreras del sistema tecnológico, asignaturas que refuercen el aspecto valoral, situación que igualmente está ocurriendo en otros niveles educativos; sin embargo eso no es suficiente, es necesario hacer un verdadero compromiso a nivel individual como docentes, y obligatorio a nivel institucional, de incluir en la práctica docente diaria, los valores como un aspecto más de la formación profesional, ya que debemos estar conscientes que solamente se dará una educación para el cambio, cuando los valores que los niños y los jóvenes adquieran sean aquellos que los conviertan en personas conscientes de la realidad que viven, críticas y comprometidas con una acción transformadora, en donde se practique sobre todas las cosas el respeto mutuo, la tolerancia, la ética, la responsabilidad social y ambiental, y es a partir de la educación valoral que se generará este cambio, estando el docente en el centro de este proceso.


Podemos afirmar por lo tanto, que el objetivo fundamental de la educación en valores, es el desarrollo de destrezas, hábitos, actitudes y conocimientos que capaciten a las personas para estar, moverse, intervenir, actuar, aprender, e interrelacionarse con los valores, incluyéndolos en la vida cotidiana y ser parte de la transformación social y educativa que este país requiere. Lo anterior se dará en la medida que los docentes en general, y del nivel superior en particular, autoridades educativas, padres de familia y alumnos hagamos un frente común e incluyamos a los valores como parte central de la educación alternativa y holística generadora de ese cambio social que hemos referido. En suma, los cambios de actitud de profesores y alumnos, de autoridades y padres de familia, no se darán sin el compromiso, la disposición y el sentido de responsabilidad de ellas, como un proceso generador y transformador de la realidad socioeducativa que se vive en la región, el estado y el país. Por ello, el Instituto Tecnológico Superior de Álamo Temapache (I.T.S.A.T.), deberá hoy más que nunca refrendar el compromiso que ha contraído con la sociedad de entregar profesionistas altamente capacitados en sus áreas de competencia, que promuevan el desarrollo regional y nacional, con el agregado importante que estos profesionistas sean hombres y mujeres con espíritu de servicio, honestidad, responsabilidad social y ambiental, como un una necesidad impostergable que la sociedad está demandando, como una necesidad imperiosa y urgente. Luego entonces, los valores no son una moda, su inclusión en la práctica docente diaria en la educación superior es cada vez más necesaria para formar mejores profesionistas, pero sobre todo para formar mejores seres humanos, sensibles a las problemáticas y necesidades sociales y ambientales. Un valor que no podemos soslayar es el que tiene que ver con la responsabilidad ambiental, sobre todo en los últimos años en donde los efectos del cambio climático han y están causando estragos tanto en el campo como en la ciudad, siendo ejemplo de ello los sismos, las prolongadas sequias, los ciclones fuera de temporada y con mayor intensidad, los cambios drásticos de temperatura y el efecto de todo ello en la producción agropecuaria y forestal.


En

razón de lo anterior, es necesario incluir la responsabilidad ambiental

(sustentabilidad) como parte importante de la formación del futuro profesionista, mismo que se enfrentará a un planeta cada vez más contaminado, desforestado, con una fuerte disminución de los recursos naturales en general y mayores necesidades de bienes y servicios. Ante esta situación es apremiante que el profesionista de cualquier perfil, pero en especial los egresados de las seis Ingenierías que oferta el Instituto Tecnológico Superior de Álamo Temapache: industrias alimentarias, ambiental, tecnologías de la información, sistemas computacionales, administración e industrial, transiten por un proceso de reconocimiento y valoración de la naturaleza, de la Tierra, de la importancia que tiene la conservación y el aprovechamientos sustentable de estos recursos. La educación en valores

es algo que no podemos aplazar en ninguna de sus

dimensiones, al contrario, debemos promover el respeto y la armonía con la naturaleza, acatando lo dispuesto en la Carta de la Tierra y en los acuerdos internacionales sobre sustentabilidad y medio ambiente con la firme intención de utilizar los recursos naturales para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes y futuras. En resumen, los valores ética, responsabilidad ambiental, responsabilidad social, respeto y honestidad, deben estar presentes en la práctica docente diaria, en nuestra escala de valores, en los diversos procesos formativos para que como hemos ya referido formemos no solamente profesionistas, sino seres humanos más conscientes de su realidad histórico social y de la necesidad de vivir en armonía, paz social y en equilibrio con la naturaleza.


Bibliografía:

Garza, T.J. y Patiño, G.S. (2000). Educación en Valores. Mèxico. Edit. Trillas. 165 pp.

Izquierdo, C. (2003). Valores de Cada Día. Venezuela. Ediciones San Pablo. 55 pp.

Moleiro, M. (2001). Relatos para Educar en Valores. Caracas- Venezuela. Ediciones San Pablo. 128 pp.

Zambrano de G.A. (2003). El Cuidar de Sì como Valor de Enfermería. Tesis Doctoral en Enfermería. Salud y Cuidado Humano. Universidad de Carabobo. Valencia – Venezuela. 178 pp.


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