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descipción de razas:

Humanos: Los humanos han perdido su patria, su seguridad y su antigua gloria. Incluso sus dioses se han retirado. Pero aun así, el espíritu humano sigue siendo inquebrantable. Los humanos de Tyria son una raza orgullosa y asediada. A lo largo de los siglos, han perdido gran parte de sus tierras e incluso a sus dioses, pero su fuerza les ha permitido adaptarse a prácticamente cualquier circunstancia. Hoy en día, la raza humana mantiene su espíritu imperturbable frente a la terrible adversidad.

sylvari: Los sylvari no nacen. Se despiertan bajo la Planta Pálida con los conocimientos obtenidos en el Sueño de una vida pasada. Los sylvari son un enigma. Con forma de humanoides y de naturaleza similar a una planta, son recién llegados al mundo que llevan solo 25 años vagando por el mundo. Nadie sabe por qué han aparecido de repente en el mundo, y menos aún los propios sylvari, que tratan de descubrir su propósito en el mundo. Los sylvari pueden adoptar forma humana, pero al mirarlos detenidamente se aprecia que su carne está formada por enredaderas y hojas, con follaje y pétalos en lugar de pelo, y savia dorada fluyendo por sus venas.

Norn: Esta imponente raza de cazadores sufrió una gran derrota cuando el dragón de hielo los expulsó de su gélida patria. Los norn son una raza valiente de enormes bárbaros de forma cambiante que proceden del helado norte. Son muy independientes, además de tenaces, apasionados y valientes en demasía, y no juran lealtad a nadie. Guiados en este mundo por sus espíritus de la naturaleza, que encarnan las virtudes de las bestias más poderosas, para los norn la vida es una gran aventura. Su historia está plagada de héroes, espíritus y hazañas imposibles. Viven cada día como si fuera el último, pues en el peligro está la gloria, y los norn alcanzan la inmortalidad cuando sus descendientes celebran sus grandes proezas y los escaldos las cantan alrededor de las hogueras.


DESCRIPCIÓN BÁSICA Nombre: ukky Apellido: desconocido Apodo: Verlassene Raza: Humano Sexo: Femenino Alineamiento: Caótico Neutral Orientación sexual: desconocida Edad: 17 (o eso cree) Estilo de vestir: cualquiera que no sea demasiado cara. Voz: Dulce Le gusta: el crepitar de la madera, el silencio, los susurros, el color de la sangre, los ojos de los animales en la oscuridad. DESCRIPCIÓN FÍSICA Tez pálida como la de un cadáver. En una comparación seria difícil a simple vista cual de las dos esta viva. De aproximadamente 1,72cm de altura y un peso aproximado de unos 55kg. Ojos de color gris y pelo negro. Su rostro ha sido marcado por las palizas recibidas por eso se oculta detrás de una mascara. Desde muy pequeña la lleva y desde entonces no sabe como es su rostro. Viste de forma modesta, se podría llegar a decir que viste como una más del pueblo intentado en la medida de lo posible pasar desapercibida. La descripción física puede cambiar de aquí a que salga la versión final del juego.

DESCRIPCIÓN PSICOLOGICA Es bastante inocente y tímida, le cuesta relacionarse con la gente que le rodea porque tiene miedo de que la gente conozca lo que hizo en su pasado y la castiguen por ellos pero no duda en confiar en las personas cuando estas demuestran que van con buenas intenciones. Aun piensa que el mundo es maravilloso y las personas son buenas. Su gran problema son sus reacciones hostiles que demuestra si cree que esta en peligro. No entiende porque necesita dinero para realizar cosas. El personaje una mezcla de personalidades y acontecimientos entre Carrie, Candy Candy, Ayanami y Hanna HISTORIA HASTA EL MOMENTO

Alguien se acerco a mi vera y dijo con voz tranquila. - ¿Qué hace una niña como tú en un bosque tan peligroso como éste? ¿Acaso te has perdido? - Saludos aventurero -dije mientras miraba el fuego. - Saludos ¿Esperas a alguien aquí pequeña? Una pequeña risa burlona salio de mí. - Pareces una buena persona ¿podrías quedarte esta noche y hacerme compañía?, no me encuentro bien. - Claro, ¿Cuéntame qué te ha ocurrido, quizás pueda ayudarte -preguntó. - ¿Hacia donde te diriges? -pregunté mientras me tumbaba en el césped. - Me dirijo a Toque de la Divinidad -respondió mientras se preparaba para tumbarse- ¿Cuál es tu nombre pequeña? ¿O debo de llamarte “pequeña”? - ¿Sabes? Eres la primera persona en muchísimo tiempo que me hace esa pregunta. -hubo un pequeño instante de silencio-. Aún no estoy preparada para decir mi nombre. - No te preocupes pequeña todos tenemos un oscuro pasado que ocultar. -dijo sin preocupación.


- Hacía tiempo que no me trataban así de bien, es gratificante y por ello te contaré algo de mí, algo que llevo en mi interior y necesito sacármelo como sea. Después me juzgarás y sabremos si aun quieres saber mi nombre.

Nunca olvidaré la triste mañana de aquel invierno de hace aproximadamente catorce años cuando mi hermana mayor abrió la puerta y un mensajero le hizo entrega de un carta. En su mirada me di cuenta que no eran noticias alentadoras. Mi padre había muerto, el último vínculo que me quedaba a excepción de mi hermana. Primero murió mi madre, al darme a luz, y ahora mi padre. Sobre mi madre apenas sé nada, lo poco que me contó mi hermana fue que durante mucho tiempo fue una hipnotizadora. Sin nuestros padres que se hiciesen cargo de nosotras pasamos al cuidado de los parientes más cercanos, el hermano de mi madre, el cual me odiaba porque según él yo la maté. Por suerte para mi hermana, mis tíos estaban orgullosos de ella, ya que se preparaba día a día para ser una gran Serafín como mi padre. Sin una infancia feliz, sin un apoyo familiar, sin amigos en los que apoyarme y sin un ápice de libertad era sometida a duros trabajos desde muy pequeña en la granja de mi tío. El único momento de libertad eran las escasas horas de descanso que tenía una vez por semana, en las que me unía al mundo exterior. Desgraciadamente esa libertad se disipaba cuando algún niño de la aldea me veía. Quizás fuese por mi extraña tez pálida con cierta semejanza a la piel de un cadáver o quizás mi cara inexpresiva o simplemente porque les infundía temor. El problema empezaba nada más verme, todos empezaban a correr tras de mí tirándome piedras e insultándome -¡¡Ukky la muerta, Ukky la muerta, fuera de aquí asesina de madres!!Crecí con aversión, resignación y vesania a todo lo que me rodeaba, y más aún cuando me enteré por mis tíos que mi hermana se había marchado sin despedirse, había sido escogida como Serafín. Había aceptado que mis tíos me tratasen así, que la gente me insultase, que mi hermana fuese distante conmigo, pero no podía comprender qué había ocurrido para que mi hermana no se despidiera de mí. A los 11 años de edad ya había perdido toda relación que pudiese tener con mi hermana. Esa misma noche, en mi habitación, algo dentro de mi despertó algo que estaba oculto en mi interior. Se escapaba a mi entender, pero me satisfacía enormemente la sensación. Algo misterioso me envolvía pero a la vez era reconfortante. Esa noche fue muy extraña. A la semana siguiente ocurrió algo de lo que fui inconscientemente participe. Al salir a jugar como cualquier otra semana uno de los niños de la aldea me vio, en particular el hijo de un guardia de renombre importante de la aldea, el niño insidioso que siempre llamaba al resto para insultarme e incitarles a tirarme piedras. Éste me insultó y me lanzó una piedra con tal mala suerte que golpeó mi cabeza haciéndome caer al suelo. Entre sollozos e ira cogí la piedra y me lancé hacia él, tirándolo al suelo, inmovilizándolo y golpeándole en la cabeza una y otra vez. Cada vez que alzaba la piedra para volver a golpear su cabeza podía oír balbuceando un ruego, un ruego el cual hacía caso omiso por el sonido tan agradable que sonaba cuando la piedra golpeaba su cabeza. El silencio que se respiraba, el chirrido de sus dientes, el crujir de sus huesos, la sangre que salpicaba sobre mi cara y mi cuerpo, y sus susurros balbuceantes, todo eso era música para mis oídos. A cada golpe que asestaba una sonrisa se iba haciendo cada vez más y más grande. Sentía que alguien me observaba. Cuando dejó de balbucear me percate de unas risas apenas perceptibles, alcé la mirada a mi alrededor y pude ver como unas copias de mi misma me observaban. - ¡¡Eeeeh, tú!! ¡¡Alto ahí!! -una voz gritaba desde el final del camino- ¡¡Sé quien eres!! Sin pensármelo dos veces solté la piedra y salí corriendo, hasta perderle de vista. Horas más tarde llegué a casa de mis tíos. Como pude intenté limpiarme la sangre en el abrevadero e irme a dormir como si no hubiese ocurrido nada. Días más tarde cuando todo parecía que iba con normalidad la guardia se presentó en casa de mis tíos buscándome, el niño al que creí que había golpeado hasta la muerte no lo estaba.


Mis tíos aterrados al enterarse de lo que había sucedido me entregaron a la guardia. Ese día no lo pase en ningún calabozo, ni ese ni los siguientes. En su defecto fui entregada al padre del chico, un Norn con los brazos tan anchos como árboles él cual se tomó la justicia con su mano, castigándome día si y día también hasta que su hijo se recuperase. Fui castigada severamente, a base de torturas, vejaciones e incluso violaciones por parte del padre del chico y seguramente alguna persona más. Cuando su hijo se recuperó, éste me marcó de por vida abrasándome parte de mi cara. Al tiempo salí de ese sótano aterrador, con una capucha que me impedía ver a mi alrededor para ser vendida a una caravana de mercaderes. En la que realizaba trabajos, desde dar de comer a los animales, cargar y descargar los carros, hasta ofrecer servicios de forma obligada. El día que me negaba a realizar cualquier tarea que se me encomendaba, ese día lo pasaba realmente mal, prefería que me diesen 50 latigazos a tener que caminar por esos senderos llenos de barro y piedra o pasar hambre durante un día. Un día paramos cerca de un lago donde había un grupo de aventureros bebiendo y cantando. Con la excusa de que habíamos sido asaltados un par de veces hicimos noche con ellos y así mi amo podía ofrecer mis servicios y el resto de utensilios que tenían a la venta. Ese grupo era un tanto extraño, a ninguno le llamó la atención lo que le ofrecía el carro de mercaderes. Entre sus grandes y sonoras carcajadas, sus ridículos bailes y sus caídas inesperadas, se me escapó un pequeño atisbo de felicidad y una tímida risa. Esa noche comprendí que también hay personas buenas en este mundo que me ha tocado vivir. Esa noche hubo cuatro palabras que me marcaron “La Banda del Halcón”. Desconocía lo que significaba pero tenía la necesidad de saber qué o quiénes eran. Durante mucho tiempo esas cuatro palabras estuvieron presentes en mí, a cada persona distinta con quien me veía le preguntaba sobre “La Banda del Halcón” pero oía historias infundadas que no llegaban a ningún lugar. Con el tiempo la esperanza de saber el significado de aquellas palabras fue desapareciendo hasta que un día lo olvidé por completo. - ¡Woooooooaaah! ¡¡Toque de la Divinidad es impresionante!!, es mil veces mayor de lo que había oído. Después de estar dos semanas de trabajos en las afueras había llegado el momento tan ansiado, con unas pocas monedas de cobre, mi amo me dejó que visitara la ciudad hasta el anochecer. Tan grande, tan imponente, tan majestuosa, ahí está la gran Toque de la Divinidad. Todo lo que había oído se quedaba corto. Durante unos minutos no podía parar de andar con la mirada puesta en el palacio real o en las casas que estaban en la parte alta de la ciudad pero a la vez las detestaba. Caminando sin rumbo y sin prestar atención oí una voz de una anciana que decía. - Pss, pss, Verlassene, pequeña, ven aquí –dijo la anciana con voz misteriosa. - ¿Cómo sabes que me llaman así? -dije desconcertada. - Si vienes te contaré eso y mucho más. La anciana esbozó una pequeña sonrisa. Interesada en lo que me quería contar miré a mi alrededor y di un paso hacia delante seguido de otro, conforme yo me acercaba, la anciana retrocedía hasta que giró una esquina y la perdí de vista en un callejón tan oscuro como una noche sin luna. Me adentré por aquel tétrico callejón lleno de cajas y con un fuerte olor a azufre que me producían arcadas cuanto más penetraba en aquella oscuridad. Hacía tiempo que había dejado de oír el bullicio de la gente y el sonido de los pájaros -¿cuán dentro estoy?-. Otra vez, aquellas risas burlonas que oí hace años cuando golpeé a aquel chico, volvieron a aparecer pero esta vez solamente oía risas. Asustada, me di la vuelta y corrí en dirección contraria para salir de aquel lugar pero por más que corría aquel callejón era interminable. Cansada y fatigada caí de rodillas al suelo. Mareada y apunto de perder el conocimiento una mano cálida se puso bajo mi barbilla y ésta me inclinó la cabeza. - ¡Levántate y lucha! -la voz me era familiar. - ¡Esa voz! ¡Esa voz es la de mi hermana! ¡Hermana! -dije rebosante de ilusión. - Tienes un gran potencial -conforme decía estas palabras su voz iba cambiando a una recientemente conocida- sólo tienes que buscar dentro de ti y dejar que fluya. - ¿Que? No entiendo lo -un ruido a mi espalda hizo que me girase- que quieres de... pero que.


- ¡APARTA DEL CAMINO NIÑA! -una voz tosca salía de la oscuridad. Volví a abrir los ojos y digo volví porque pensaba que ya los tenia abierto. -¡APARTATE DE AHI!- Me gire de nuevo pero era demasiado tarde unos caballos me golpearon empujándome contra el suelo. Desconcertada me levanté y miré a mi alrededor. Ya no estaba en Toque de la Divinidad, en su lugar estaba en un lugar ya conocido y en un camino aun más conocido. El lugar donde empezó todo. Mi mano izquierda se aferraba a algo, algo que cogió en algún momento. Despacio y con la mirada temblorosa fui bajando la mirada hasta ver lo que sujetaba. En mi mano había lo que parecía una mascara, la cual tenia una bonita sonrisa de felicidad y alegría -¿qué significaba esto? ¿qué quería decir esta mascara?- Con recelo me puse la mascara, esperando que ocurriese algo pero no ocurrió absolutamente nada era una mascara normal y corriente. El sonido de las campanas hizo que parase de pensar para dirigir mi vista hacia el campanario pasando mi mirada por el resto del pueblo. -Esa casa...- Decidida me acerqué y llamé a la puerta. Toc toc. No hubo respuesta. Miré al suelo a mi izquierda y a mi derecha y vi un palo de no de 40 cm el cual cogí y me escondí a mi espalda. POM, POM. Esta vez llame con mas rudeza y repetidas veces. - ¡¿Quien es a estas horas?! -dijo una voz furiosa que ya conocía. POM, POM. - ¡¿Eres imbécil o que te ocurre?! ¡Estas no son horas de llamar! POM, POM, POM - ¡Voy a tener que darte una paliza para que entiendas que no son horas! -dijo alterado el Norn mientras abría la puerta. Alcé el palo entre el y yo y como si de una pistola se tratase disparé, un rayo de tonos morados salió de la punta del palo e impactó sobre su pecho desplazándolo varios metros, cayendo y rompiendo una mesa que había en ese lugar. Entre con paso firme y cerré la puerta. - ¿Quien demonios eres? -dijo dolorido. - ¿Tanto tiempo ha pasado que no me recuerdas? -dije con voz burlona. - ¡Hace mucho que dejé de combatir para tener una vida sosegada!. Intento levantarse en vano para volver a recibir más descargas. - ¡¡Sólo deja que me ponga en pie, coja mi espada y veras lo que te ocurrirá cría del demonio!! - Eso me gustaría verlo - ¡Papá, papá! ¡¿Que esta ocurriendo?! -dijo una voz infantil mientras bajaba las escaleras. Giré mi cabeza y lo vi ahí al pie de la escalera, aterrado y tembloroso, -¿me temía o simplemente temía por lo que pudiera hacerle a su progenitor?-. Seguía teniendo la cara marcada por los repetidos golpes que le aseste aquel día. Una pequeña risa burlona se me escapó y empecé a caminar hacia él, levanté mi brazo y volví a disparar, empujándolo contra la pared y perdiendo el conocimiento. - ¡Zorra te mataré! Vete ahora sino quieres morir -dijo cabreado poniéndose en pie y andando hacia un armario. - ¿No sabes que hay que ser educado con tu adversario? ¿O es que nunca te han enseñado buenos modales? Dicho esto unas copias de mi misma aparecieron y se dirigieron hacia él. Golpeándole repetidas veces y tirándolo al suelo. Mientras que mis copias lo entretenían me dirigí a la cocina a por un cubo de agua, no pude evitar fijarme en un cuchillo que había sobre una mesa el cual desprendía un fuerte olor a cebolla. Con el cubo en una mano y el cuchillo guardado en mi cinto me dirigí hacia el niño. Sujeté el cubo de agua y vertí el agua sobre él -despierta chico, éstas no son horas de dormir-. Recobrando el conocimiento y viéndome allí, intentó huir, un intento en vano el cual me vino perfecto


para agarrarle fuertemente del pelo y clavarle el cuchillo en una pierna para evitar que huyese. Sus gritos de dolor eran desgarradores, otra vez esos gritos, música para mis oído. No podía comprender cómo este niño crease tal sinfonía entre llantos y gritos. Los gritos se podían oír hasta en el ultimo rincón del pueblo. - Deja a mi hijo en paz o juro por mi nombre que tendrás la muerte mas horrible que puedas imaginar – dijo lleno de ira. - Claro que lo voy a soltar, toma. Antes de soltarlo le saque el cuchillo de la pierna -¡¡aaahhh, padre!!- se lo pasé suavemente por el cuello para que notase el frió acero de la muerte subiéndole por la mejilla y los labios. Separé el cuchillo de su rostro y limpié la sangre de el su ropa. - ¡Suéltalo! -el padre gritaba de rabia una y otra vez, e intentaba levantarse inútilmente para ser pateado de nuevo. Acerqué nuevamente el cuchillo al rostro esta vez lo puse de perfil y dejé que mi reflejo se reflejase en el canto del cuchillo, él podía ver mi mirada de sed de venganza y yo a él su cara aterrada. Acerqué mi boca a su oído y le susurre –sshhh, no temas pues tu vida aun no ha llegado a su fin y yo no seré quien te la quite- acerque el cuchillo más y más a su cara a la altura de la vista cuando sólo quedaban escasamente unos centímetros gire el cuchillo con la hoja hacia su rostro y le volví a susurrar -ahora si tienes motivos para llorar, ¡PARA LLORAR SANGRE!- y con un movimiento rápido y seco le corte los ojos. - Toma –y di un empujón- aquí tienes a tu hijo. - ¡¡¡¡TE MATARÉ!!!! -dijo su padre. PAAAM!! un fuerte ruido partió la puerta y antes de que pudiese darme cuenta estaba rodeada por unos cinco guardias. Con las manos llenas de sangre y sin ver ninguna salida deje caer mi cuchillo y baje la cabeza, aceptando mi castigo. - ¡AGARRADLA, QUE NO SE MUEVA! Yo mismo le arrancaré los ojos con este palo. Los guardias se apresuraron a mí y me inmovilizaron tirándome al suelo. Sorprendida me di cuenta de que ya no poseía mi palo. En el suelo, y sin poder hacer absolutamente nada, esperaba mi destino. - Tú coge a mi hijo y llévalo al curandero, ¡rápido! - ¡Si, señor! - Vamos a ver quién se oculta detrás de esta mascara. El Norn se arrodilló ante mí, acercó su mano hacia mi mascara, intentaba en vano soltarme y que no me tocase, fue entonces cuando tocó la mascara y una risita burlona me invadió. Acto seguido hubo tres explosiones haciendo lanzar por los aires a los soldados y al Norn. Mire a mi alrededor y vi todos los muebles de la habitación hecho trizas, a los soldados malheridos y yo intacta. En ese momento descubrí el gran potencial de mi poder y lo que podía llegar a hacer con un poco de entrenamiento. Me agaché, cogí el palo y me dispuse a salir por la puerta, pero justo antes de cruzar el umbral, una voz que ya reconocía me dijo -Dime al menos quien eres para que pueda buscarte y dar justicia a todo lo que has hecho- Durante unos minutos me quede ahí parada, pensativa... si lo mataba o lo dejaba con vida. Me giré, me acerqué a él y le dije al oído -me podéis llamar Verlassene, adiós-. Con estas palabras di media vuelta y salí de aquella casa corriendo. Robé unas cuantas prendas de una casa adyacente, ya que las mías estaba manchadas de sangre y salí corriendo para adentrarme en el bosque. - Eso fue hace cuatro lunas, desde entonces no he parado de correr sin mirar atrás, huyendo de mi pasado hasta hoy que ya no podía más. El sonido de la noche nos inundaba que se entrecortaba con el crujido de la madera al arder. - ¿Crees que los Sylvari también crepitarán como lo hacen estos leños? - dijo en voz alta mientras miraba la lumbre para luego quedarse dormida.

verlassene  

un nuevo humano

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