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PRESENTACIÓ Deia Azorín en 1941 “…No pensamos en el cuento que hemos de escribir, y cuando no pensamos es cuando el cuento sigue su evolución. Volvemos a él en plena conciencia; quitamos y añadimos; redondeamos lo que estaba esquinado; suprimimos efectos que nos habían placido en el primer instante….¡ Y ya está el cuento!” Des del primer taller em vaig proposar que els alumnes desenvoluparen la seua creativitat a través del relat breu com a repte en el seu desenvolupament personal. Les pèrdues, les pors, els milers de sentiments que han descrit en les seus petites obres han trobat en els seus companys no només oients crítics sinó amics amb els qual compartir situacions que pugnaven per eixir. Amb el vint-i-cinqué aniversari de la Universitat Popular, el repte es transformà en un Certamen de Relats Breus dirigit a alumnes i exalumnes del Taller on la UPG devia aparéixer com a escenari o personatge, i el jurat estaria format pels participants en el darrer taller. Ells han triat amb molta responsabilitat i esforç el millor treball. Aquest LLE3 està dedicat als relats premiats, accèsits i finalistes i amb la seua lectura podrem recórrer mons fantàstics o espectrals que emergeixen i tranformen l’autor i el lector i l’uneixen als seus propis fantasmes bons o dolentíssims. Adriana Serlik, Coordinadora del Taller de Creació Literària de la UPG

Edita: Universitat Popular de Gandia / Ajuntament de Gandia Disseny i maquetació: electrozooer / Igor Gutierrez (16012), Pablo Vila Vaya Copyright dels textos: els autors Copyright de les il.lustracions: Igor Gutierrez (16012) Copyright de les fotografies: Adriana Serlik Imprimeix: Imprenta Segui Gandia, juny 2009


PRIMER PREMI EXALUMNES

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

L

De Sandra Esplugues Mullor

levaba tres semanas yendo a clase y todavía Luis dudaba de si estaba viviendo un sueño. Haber sido admitido en esa prestigiosa universidad de los Estados Unidos era lo que había estado deseando desde hace más o menos un año, momento en el que sus padres le dieron la noticia, se iban a vivir a América, la tierra de las oportunidades. Los jefes de su padre le habían comunicado el ascenso, ahora él ocuparía un puesto de trabajo en las oficinas de Boston, así que toda la familia se trasladó a una bonita casita en un barrio residencial a las afueras de la ciudad. Empezaron también los trámites para la admisión de Luis en las universidades y finalmente fue admitido en la escuela de Derecho. Siempre había sido muy buen estudiante lo que le hizo ganar aceptación entre sus compañeros y a pesar de las diferencias culturales pronto se hizo amigo de sus compañeros de clase, sobretodo de Lindsay, con la que desde el primer momento hubo algo especial. Esa mañana se levantó con unas ganas locas de ir a clase, a pesar de que el día estaba nuboso y no acompañaba demasiado, para él todo brillaba con una luz diferente, el motivo, había quedado con Lindsay en la biblioteca. Debían preparar un trabajo en parejas para la clase del profesor Davis, una de sus asignaturas preferidas, y fue Lindsay quién le propuso trabajar con él, en ese instante, el corazón se le puso a mil, y aunque su inglés era perfecto, se quedó en blanco y fue incapaz de articular palabra. Ella lo encontró muy divertido y rieron los dos. Desayunó con su padre, quién solía acercarle a la facultad siempre que los horarios se lo permitían. Llegó al campus media hora antes de su encuentro, así que sacó un capuchino en la máquina y cruzó toda la facultad hasta llegar a la biblioteca, que estaba al final del todo. Se encontró con Mike, Bryan y Alice, por el camino y le preguntaron algunas cosas acerca del trabajo en equipo, luego estuvieron bromeando sobre su amistad con Lindsay, ya que la atracción que existía entre los dos era tan evidente que todos los compañeros ya eran conscientes de ella. Al llegar a la biblioteca se sentó en una de las mesas del fondo porque eran las que estaban más cerca de las estanterías con los libros que iban a necesitar para hacer el trabajo, no había nadie alrededor, se sintió afortunado al pensar que estarían los dos casi en soledad. A los diez minutos llegó ella envuelta, como siempre, en un torbellino de energía, cosa que a Luis le fascinaba y le intimidaba a partes iguales, porque él era todo lo contrario, la calma y la tranquilidad personificadas. Empezó por soltar la carpeta rebosante de apuntes sobre la mesa, lo que provocó un sonoro ¡plaf! que retumbó por todo el edificio, se sobresaltaron los dos, -¡ups!- exclamó ella, -por un momento he olvidado donde estaba- susurró, los dos rieron bajito. Cuando ya tuvieron listo el despliegue de medios (apuntes, libros, rotuladores, etc.) se pusieron manos a la obra. Llevaban media hora trabajando cuando se empezaron a escuchar a lo lejos unos golpes secos, estaban tan absortos en su tarea que no se dieron cuenta. Los golpes cada vez se hacían más fuertes hasta que al final dos ráfagas les sacaron de su abstracción, sonaron a pocos metros de donde ellos se encontraban, dentro mismo de la biblioteca, eran sin duda disparos a los que siguieron los gritos de quienes quedaron malheridos, que les helaron la sangre. Lindsay se quedó petrificada, él la agarró por el brazo y se echaron al suelo, a continuación varios disparos más y los gemidos cesaron –Los están... – dijo ella, inmediatamente él le puso la mano en la boca. Escucharon pasos de al menos dos personas, así que decidieron esconderse tras una gran estantería, cosa que les salvó de re3


cibir un disparo. Se escucharon de nuevo los pasos, pero esta vez se iban alejando, esperaron varios minutos aterrorizados, mientras escuchaban disparos y ráfagas de metralletas cada vez más a lo lejos, sin duda estaban recorriendo todo el campus. La biblioteca no tenía ventanas, ni otra entrada que no fuera la principal, para salir de allí debían cruzar toda la facultad, dudaron si quedarse allí y arriesgarse a que los asesinos volvieran o salir de allí por el primer lugar que les fuera posible. -Espérame aquí, voy a asomarme- salió de su escondite y fue a gatas hasta el hall de la biblioteca, el panorama era desolador, había al menos seis personas muertas, entre ellos la bibliotecaria. Se acercó por si alguien todavía respiraba, pero no. Los asesinos por lo visto se habían propuesto no dejar supervivientes de su masacre. El olor de la sangre le revolvió el estómago, pero aun así se sobrepuso y se asomó por la puerta. La primera aula quedaba a unos veinte metros por el pasillo, tal vez podrían saltar por la ventana. Entró en la biblioteca de nuevo para buscar a su amiga y le hizo un gesto para que le siguiera, ella cerró los ojos y apartó la vista de los cadáveres que se fueron encontrando a su paso, sin querer, tropezó con una silla que cayó al suelo armando un gran estruendo que alertó a uno de los asesinos que se encontraba inspeccionado el pasillo por si quedaba alguien. Ellos apresuraron su marcha, pero nada más salir se encontraron de frente con un encapuchado armado hasta los dientes que les dijo –adiós- y disparó. Se despertó de un salto e instintivamente puso las manos sobre su pecho, donde supuestamente habría recibido el disparo, no había nada. Poco a poco volvía a la realidad, había sido una pesadilla, estaba cubierto de sudor frío, todavía temblaba de miedo y el corazón latía como si hubiese estado corriendo una maratón. Nunca antes había tenido un sueño tan real, se levantó y fue al baño a lavarse la cara y escuchó que sus padres estaban ya despiertos, desayunando. Empezaba a situarse, era sábado y en la mesa su habitación estaba el sobre con los impresos para formalizar la matrícula de la facultad de derecho de Boston, lo había recibido el día anterior y hoy iba a celebrarlo con sus padres. Cogió el sobre y bajó a la cocina, lo dejó caer sobre la mesa –no pienso ir a esa universidad- dijo. Sus padres se quedaron estupefactos y le preguntaron el motivo. Les explicó su pesadilla, cómo había sentido todo lo que ocurría, la cantidad de detalles que había soñado y cómo recordaba todos y cada uno de ellos, seguía realmente asustado. Sus padres achacaron el sueño al estrés de la mudanza y de la espera por ser admitido. Su madre le contó que ella desde que vivían allí soñaba, muy a menudo con las tardes que pasaba en las clases de la Universidat Popular de Gandia, con todos y cada uno de sus compañeros y que incluso mantenía conversaciones con ellos como si todavía estuviera asistiendo y lo que más le sorprendía de todo era que al despertar recordaba todo lo que había soñado, cosa que nunca le había sucedido antes. Lograron convencerle y cuando lo pensó con más calma supo que estaban en lo cierto, aunque su pesadilla no dejó de inquietarle. Llegó el primer día de clase, estaba como un flan, fue el primero en llegar y su mayor preocupación era si el idioma supondría alguna dificultad a la hora de entender al profesor, así que se sentó en primera fila y empezó a sacar las hojas y los libros, tenía la cabeza metida en la mochila buscando una pluma cuando notó una energía de alguien que le resultaba familiar, se escuchó un ¡plaf! de carpeta al caer en la mesa, levantó la cabeza y quedó paralizado, ella le miraba con una sonrisa de oreja a oreja – ¡hola!- exclamó -me llamo Lindsay.

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PRIMER PREMI ALUMNES

REVELACIONS DE NIX

L

De José Giner Bono

´Àlex es va despertar sobresaltat, encara navegant entre el món real i el món il.lusori del subconscient. Era completament fosc. “Encara serà de nit”, va pensar. Buscà l´interruptor palpant a la vora del capçal del llit en un intent d’alliberarse de l´atordiment que l´envaïa. Però al seu lloc va trobar una superficie pètria, humida i freda. Una sensació de terror li va recórrer tot el cos en sentir com anava enfontsant-se en una espècie de sòl fangós. Desesperat, va palpar la paret cercant alguna cosa on agafar-se i trobà uns ferros amb forma d´escala. S’hi va subjectar mentre els seus ulls s´ajustaven progressivament a la foscor i s’adonà que es trobava en un espai cilíndric amb una tènue entrada de llum per damunt d´ell. “Açò pareix l´interior d´un pou, però…com pot ser?”, va pensar l´Àlex. El seu enteniment no arribava a copsar què estava passant, però va traure coratge per a enfilar-se i descobrir què diables hi havia al final d´aquell maleït forat. No s´ho podia creure. Es trobava enmig d´un pati quadrat envoltat d’una arcuació que descansava sobre columnes. Allò semblava un antic claustre. Àlex va reparar en els relleus dels capitells, adornats amb monstres grotescs de dos caps i només un cos, harpies nues, dimonis…éssers surrealistes que a contrallum de la lluna abocada al pati central, en la penombra de les galeries, pareixien eixir de la roca, àvids de destrucció. Trets de mons fantàstics i mitològics, anaren canviant les seues formes, transmutant-se en personatges familiars per a Àlex : aquell pare autoritari que va sofrir durant la seua infantesa i que tanta repressió li va causar, el professor de dibuix de l´institut que mai no el va valorar i menyspreava la seua creativitat i la seua manera d´entendre l´art, aquella antiga xicota amb la qual festejava i que va sorprendre amb el seu millor amic en ple èxtasi sexual…Tal vegada fantasmes seus que simbolitzaven i representaven les seues pors, els seus odis, les seues inseguretats. Àlex va vagar desconcertat i presoner de la por per la foscor, sense ànima, sense pensaments, només amb un dolor punyent molt a dintre seu. Sense saber massa bé per què es trobava a l´interior d´una església. De grans proporcions, amb una llargària i alçada quasi infinites a la percepció, provocava en Àlex una sensació d´insignificància i petitesa que mai no havia experimentat. Aquest temple, de gran solidesa, no pareixia oferir cap punt de comunicació amb l´exterior. A més a més, la foscor densa i penetrant que hi regnava tan sols era parcialment vençuda per la llum d´uns pocs ciris que gairebé no deixaven entreveure l´altar i l´impressionant fresc que decorava l´absis. Aquesta pintura representava un antinatural i solemne Crist en Majestat que destacava per la penetració d’uns ulls terribles. En l´absolut i ensordidor silenci que omplia fins a les més diminutes escletxes d´aquell embalum de pedra, Àlex podia escoltar els seus propis batecs i la seua respiració, accelerats per les emocions que estava sentint. Tanmateix, enmig d´aquell silenci, va poder percebre una tènue melodia que semblava provenir d´una escala situada en el creuer, davant l´altar. Àlex, com embriagat per aquella música, va decidir seguir el seu rastre. L´escala conduïa a una cripta on es trobava un sarcòfag decorat amb símbols religiosos profans esculpits als laterals. Estava 5


mig obert i a l´interior no descansaven les restes de cap sant ni res paregut, sinó que hi havia un estret passadís d´on procedia aquella misteriosa música. Àlex es va introduir en el sarcòfag amb certa dificultat i, una vegada dins, es va veure obligat a moure´s a palpons a causa de la foscor. Però, en prosseguir uns metres més, va veure una llum i va resoldre seguir-la. A mesura que avançava, la llum es tornava més brillant i la música s´escoltava millor. Aquell passadís ombriu i misteriós el va dur fins al lloc més fascinant que podia imaginar. Era una gran sala on la llum quasi enlluernadora semblava emanar no de l’exterior sinó dels propis tresors que s’hi trobaven, dels diamants, l’or, les escultures de bronze i marbre, i les pedres precioses que cobrien tota l´estança. Però el que va deixar bocabadat l’Àlex va ser l´escena que s’hi vivia: una espècie de bacanal orgiàstica pròpia dels ritus dionisíacs en la qual els balls, cants i crits d´hòmens i dones completament ebris i nus es descontrolaven en una espiral d´alegria i frenesí. L´escena era presidida per una jove i bonica dona nua sobre un elevat altar. “No pot ser”, va pensar Àlex. “El seu rostre…és el d´Ariadna”. Aquella xicona bellíssima, amb aspecte de sacerdotessa verge en trànsit, mirava fit a fit a Àlex en actitud obscena. I sense apartar la mirada li va dir: - Ha arribat l´hora de la metamorfosi. Beu de la copa de la vida i ofegat en mi! –va ordenar mentre li oferia el seu sexe. L´Àlex, contagiat per l´èxtasi que regnava en l´ambient i encisat per aquelles paraules, no va dubtar en cap moment i es va apropar a ella per a submegir-se en el seu centre creador, en un viatge que anava més enllà de la pell i el cos. - Àlex!, Àlex! –va cridar la professora que impartia el curs de Patrimoni Artístic de la Safor a la Universitat Popular de Gandia. Àlex es va despertar de sobte. –Què passa? On estic? –va preguntar atabalat. - T´has adormit? Potser t´avorreix la meua classe de hui sobre l´art religiós? - No, no, per cap cosa en el món me la perdria, Ariadna. La veritat és que estic gaudint moltíssim amb tu –va contestar Àlex amb un somriure irònic.

PRIMER ACCESIT ALUMNES

FAIRY SONG

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De Blas Cabanilles Folgado

os destellos que reflejaba la roca se abrían paso a través de los dulces nervios que fluían por el agua de la cascada. Henry estaba sentado bajo ella, con las piernas cruzadas. Las gotas surcaban los lindes de su figura remarcando una anatomía bien formada y voluminosa. El hombre meditaba cada mañana soportando el peso del agua, y luego se zambullía en el lago. Todo lo que se podía ver alrededor era verde. Árboles, arbustos, flores, musgo. Un sinfín de variedad imposible, como una burbuja natural de vida. Durante el ritual, la vegetación le acompañaba, acariciándole y susurrando en su oído las nuevas del lugar, se contemplaban mutuamente y estrechaban los lazos de su origen. Infinidad de veces se había confundido como uno más de los muchos troncos, dejándose caer sobre un manto de hierba, surcando los sueños. En su puesto de trabajo nunca hubieran sospechado de las escapadas de Henry. Iba y venía sin trascendencia y a la vista de sus superiores solo era un número. Un día, alguien se dejó la ventana de la oficina abierta, y se levantó un viento momentáneo que hizo que se le escapara de las manos un importante recibo. Nadie se dio cuenta. Henry se abrió paso entre las quejas de todos sus compañeros, persiguiendo el papel que parecía no querer parar. Cruzó media oficina y se lanzó sobre el re6


cibo, cogiéndolo del suelo. Sin quererlo había llegado al pasillo que conectaba con las escaleras, y mientras se levantaba, poco a poco la conversación del otro lado de la puerta se iba haciendo más nítida. -A las 22:00 no puede faltar la mercancía. Nos vemos en el parque de siempre. Llama a Wells- la voz sonaba ronca. Cualquiera simplemente se hubiera extrañado, pero Henry detectó algo en la conversación que le podría involucrar; Wells era su hermano. Lo sabía perfectamente, ya que hacía un mes que había desaparecido con la única pista del nombre de un parque. Todo podría estar relacionado. ¿Pero qué haría él en una situación así? No estaba preparado. Dejó la oficina sin dar explicaciones, necesitaba respirar. Salió a la calle desatándose la corbata, empezaba a sentirse mareado y se le secaba la boca. Necesitaba apoyarse en algo. Encontró un árbol y no dudó en acercarse a él. Cuando lo tocó, Henry empezó a calmarse. Los impulsos nerviosos del árbol se entremezclaban con los de Henry, calmándole. La respiración se ralentizó lentamente y parpadeó para volver a mirar la luz. El árbol soltó un par de hojas que zigzaguearon en el aire. Henry estaba calmado, pero el shock aún le privaba de ciertos pensamientos, así que no apartó la mirada de esas hojas. Su suave baile le apasionaba, dejando ver en sus ojos la alegría del movimiento sutil. Los bordes picados de las hojas jugaban con los pequeños rayos del sol como si fueran marionetas, distorsionándolos a placer. Y para cuando quiso darse cuenta, Henry se encontraba en la puerta de un café, en una pequeña plaza de ciudad. Aturdido miró alrededor y vio una fuente llena de preciosas plantas en el centro de la plaza, que parecía un pequeño cubo de rubik sin empezar. Al intentar coger las dos hojas que le habían llevado hasta allí, éstas se desvanecieron. Desconcertado, no pudo más que sentarse en una mesa a pensar, pero el alboroto de un grupo mediano en la mesa de al lado se lo impedía. Un hombre de pelo blanco instaba a todos a comer galletas, con lo que recordó que no sabía qué hora era, ni si había comido. Miró el reloj y se asustó; su brazo se estaba poniendo verde, pero al parpadear se dio cuenta que no era más que su imaginación. Eran sobre las siete y media de la tarde, así que tenía tiempo de tomarse un café y escuchar alguna información sobre la universidad popular, que parecía estar cerca. Aburrido, decidió dar una vuelta, pero antes quería contemplar más de cerca la fuente. Su música le distrajo tanto que no se percató de la figura que aparecía tras él. Una mujer bajita de pelo corto y sonriente le tendió una margarita del tamaño de su mano, y se fue. Henry estaba empezando a creer que todo era un sueño, como cuando se tumbaba en su lugar secreto a olvidar, pero en uno de los pétalos de la margarita había algo escrito: a las diez, aquí encontraras a tu hermano, no desfallezcas. Cuando quiso decir algo, ya no había nadie. ¿Cómo iba a aguantar dos horas de espera? Se sentó en un banco de los que rodeaban la fuente a descansar, y en un parpadeo le pareció tornarse verde otra vez, lo que no le sobresaltó lo suficiente, creía que estaba volviéndose loco. Lo que había empezado como la simple búsqueda de su hermano al oír una conversación, se había transformado en algo medio extraño, que no le permitía concentrarse. De pronto sintió la hierba bajo sus pies. El recuerdo de sus sesiones matutinas le relajó e hizo que olvidara todo mal que podía haber en su ansiosa mente. Al abrir los ojos la plaza estaba oscura. Parecía que se había traspuesto otra vez, así que con miedo miró el reloj. Eran las 21:30. El único sitio donde podía ir sin levantar sospechas, era a la calle del bar, metiéndose en cualquier portal sombrío. A la hora exacta de la reunión, un grupo de tres hombres se acercó a la fuente, saltando la pequeña valla que la protegía, y unos minutos después, apareció otra figura, ésta solitaria, por el otro callejón. Desde donde se encontraba era imposible ver nada, así que decidió acercarse para comprobar cuál de todos era su hermano. -Sácala Trevor, dejemos que nuestro cliente vea calidad7


Con un estallido la plaza se tornó rojo pasión, los colores inundaron paredes y la noche desapareció. Los matones sujetaban a una joven que parecía sufrir, y de sus gritos nacían las luces y los colores que danzaban por el aire, como un espectáculo de magia. Las bolas de luz correteaban y el naranja se fundía con el amarillo. La joven era preciosa. Conforme vino el día se fue, y con él la muchacha. ¿Qué había pasado?¿Qué era todo aquello? Henry se acercó casi hasta la valla. La chica estaba tumbada inconsciente en el suelo, por eso no la había podido ver antes. ¿Quién o qué era? En ese momento, el cliente se levantó el sombrero, y Henry pudo reconocer a su hermano Wells. Era el traficante, y eso le enfureció. Ya nada podía calmar su ansiedad, y gritó. De él empezó a emanar una tenue luz verde y sus ojos parecían focos oscuros. Todos se sorprendieron. Las plantas que rodeaban la fuente crecieron desmesuradamente de tal manera que los vendedores quedaron ahogados y enterrados, con lo que Henry pudo llegar de un salto hacia su hermano. -Henry cálmate. La chica está bien, y yo soy de los buenos. Imaginé que vendrías algún día, pero no tan pronto. Supongo que A tuvo algo que ver-Necesito una explicación- el aire salía de sus pulmones sin haber entrado apenas. -La tendrás cuando me sueltes el cuelloEl sonido del agua al caer sobre sus hombros recordaba a una bella canción de cuna. La zambullida desde la roca hasta el lago fue perfecta, y las ramas le dieron paso al salir para poder tumbarse sobre una hoja enorme, hecha a medida, blanda y esponjosa. Del tronco de un árbol descendió su hermano. Era la primera vez que lo llevaba y parecía como si hubiera nacido allí. Ahora todo estaba bien. La chica había vuelto con su familia y los vendedores se lo pensarían dos veces antes de volver a traficar con humanos. Bueno, con hadas. -Wells, no entiendo nada- dijo Henry como si fuera a solucionar algo. -Es muy fácil. En este mundo existen las hadas desde siempre, escondidas en la naturaleza, aunque son como las chicas normales. Los bosques las crearon para proteger el oxígeno del planeta, por eso cuando dañaron al hada que rescataste, el aire a su alrededor cambióLos dos hermanos estaban ahora tumbados contemplando las nubes, como no hacían desde que eran pequeños. -¿Y nosotros Wells?- era la única pregunta que le quedaba para acabar de desquiciarse. -Hijos de hada. Aparte de ellas mismas, es lo único que existe que un humano podría llamar fantástico. La naturaleza nos sonríe, hermano-No sé si me quedo totalmente convencidoA la mañana siguiente volvieron al lugar secreto antes de trabajar, como harían desde el momento del reencuentro para siempre.

SEGON ACCESIT ALUMNES

ALGÚ DIFERENT

A

De Vicent Fenollar quella nit tampoc havia pogut pegar ull. Senzillament, no podia. El dormitori en penombra, el llit desfet, la roba escampada pel terra i els llibres –alguna vegada amics seus- estesos sobre un escriptori que s’havia convertit en la seua cel.la.

Tenia l’esquena dolorida. Estava cansat, fatigat, avorrit. Cinc minuts més –es va dir a ell mateix. Però eixos cinc minuts mai no passaven ni mai arribaven. I continuava allí, mirant fit a fit la pantalla, colpejant les tecles mandrosament mentre al seu interior s’enfonsava, s’abandonava. 8


Per la seua ment circulaven milers d’imatges, milers de records. D’amors que mai ho havien sigut. D’amistats que mai no deixaren de ser-ho i de les quals ja no se sentia digne. D’una vida que se li fugia entre els dits de les mans sense poder evitar-ho. El sol començava a aguaitar per les llàmines de la persiana hindú que li havia regalat son pare en un dels seus viatges de negocis per Àsia. Els rajos de llum l’animaren. De sobte va sentir que podia canviar, que volia canviar i que sabia de quina manera fer-ho. Així, va decidir que abans de res havia de dormir una mica, descansar la vista i la ment. I se n’anà al llit. A les poques hores es va despertar. L’habitació continuava bruta, desendreçada. De l’escriptori no havien desaparegut les restes de galeta ni de xocolata que havia devorat la nit anterior. Però ara el dormitori estava ple de llum. Igual que ell. Se’n va a anar a la dutxa. Es va llavar tot el cos de cap a peus. Es va afaitar. Havien passat massa dies des de la darrera volta que ho havia fet i no va poder evitar tallar-se la cara. Però donava igual. Després va tornar al dormitori, tot nu. Somreia. Se sentia bé, satisfet amb la decisió que acabava de prendre i amb el nou rumb que prenia la seua vida . Des d’aqueix dia tot anava a ser diferent. Ell era diferent. Trià la roba que millor li parava. Uns texans que li cenyien el darrere i una camisa Lacoste de color blau que li agradava d’arromangar-se i que el feia sentir-se un xic bé. Va seure a l’escriptori, lliure de molles i de restes de tot que s’hi havien acumulat els últims dies i va treure un full en blanc i un bolígraf blau, com la camisa. Començà a escriure. Un horari per a aprofitar les hores del dia, bons propòsits, coses que li agradaria de fer, objectius, somnis. Tot va quedar molt endreçat, molt net. Aquella havia de ser la guia per a la seua nova vida. I va somriure. Quan hagué acabat d’escriure, tornà a repassar el que havia escrit, a llegir en veu alta la classe de persona que volia i que de segur anava a ser. Se sentia feliç i volia aprofitar cada minut d’aquell meravellós dia que algú li havia regalat. Perquè del que estava ben cert era de què aquell dia havia estat un regal per a ell. Va caminar pel passeig de les Germanies, pel carrer Major i per la plaça Loreto fins la Universitat Popular. S’hi va detenir una estona per tal d’assabentar-se dels cursos i activitats que n’oferia. Després tornà a casa. Al camí de tornada es va aturar a comprar el dinar. També les postres. Un tros de pasta de merengue que tant li agradava. Aquell dia calia celebrar-lo. Quan s’hagué empassat la darrera cullerada de merengue engegà la televisió. Era diumenge, i les pel.lícules de la vesprada no eren especialment atraients. Se’n va anar a l’habitació i va jeure al llit. Des d’aquella postura podia veure la pantalla de l’ordinador. Va restar una bona estona així, mirantla, els músculs relaxats, la ment en blanc. Havien passat hores. Se sentia cansat, esgotat. Començava a eixir el sol, era dilluns. Però el rajos que començaven a escalfar-li la cara el van fer sentir bé. Aquell dia ell anava a canviar. Anava a ser una persona diferent.

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FINALISTES ALUMNES

UNA TRANQUILA VIDA

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De Iván Parra Ampuero

mparo Boluda Serratosa quedó viuda hacia ocho años. Al recordar aquellos tristes momentos pudo ver como sus amigos se habían volcado para acompañarla y arroparla continuamente. Pero, cuando dimensionó lo ocurrido y la soledad se hizo más difícil, se dio cuenta que sólo podía contar con sus amigos más íntimos. Pensó volver a Valencia y reunirse con su familia y reiniciar los contactos que allí tenía. ¿Volver y empezar todo de nuevo? No, debía sacudirse de su propia tristeza, lograr reunir las fuerzas necesarias para afrontar la vida junto a sus hijas por muy doloroso que fuera. Había sido precisamente su espíritu independiente el que la había hecho dejar a su familia y trasladarse a Madrid. El comparar ambos períodos de su vida la hizo sentirse mejor. Recordó sus viajes y el momento de conocer a su marido. Su vida juntos fue perfecta hasta que él le propuso volver al País Valenciano. El anzuelo para el retorno fue el mantener la casa de Madrid que les era tan querida e instalarse aquí. Así podrían viajar constantemente pero radicados en Gandía. Con el tiempo, su marido y sus hijas llenaron su vida y con unos pocos amigos se sentía feliz. Hacía realidad el refrán que dice que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Se sentía satisfecha atendiendo a su familia, visitando a los suyos en Valencia, saliendo de compras, leyendo, paseando, llevando una vida tranquila. Después de la muerte de su marido, había dejado la casa grande para irse a vivir a un piso en el Paseo de Germanías. Allí había logrado reencontrarse consigo misma después de unos años y ahora se sentía plena y volvía a experimentar la necesidad de la autenticidad; el peso consolador de lo real. Una de sus grandes amigas le propuso un día asistir a la universidad a uno de los cursos que ofrecían. A ella le pareció un poco extraño, a su edad, volver a la universidad. Su amiga le explicó que la Universidad Popular tenía como predicamento ofrecer cursos a nivel de divulgación, justamente para aquellas personas que ya habían dejado la universidad hacía tiempo o incluso para aquellos que nunca hubiesen asistido a una, como era su caso. Y Amparo volvió a mezclarse con diferentes tipos de personas sentadas en una sala de clases atendiendo a un profesor. La experiencia le gustó y de allí en adelante se convirtió en una asidua alumna conociendo a diferentes personas con los mismos intereses que ella. Una noche se encontraba leyendo cuando escuchó un ruido sospechoso. Sin encender la luz, se levantó e incluso sin ponerse la bata por el calor, se acercó a la fuente del ruido. Cual no sería su sorpresa cuando encontró en el salón a una persona que le pareció ser un chico joven que se alumbraba con una linterna. -Buenas noches, señor – dijo Amparo, tratando de no tartamudear y encendiendo la luz. La persona que tenía enfrente, con la sorpresa, dejó caer la linterna y lo que tenía en las manos. La miró y dijo: -Usted, perdone. Tenía entendido que usted no se encontraba en casa. -¿Así? ¿Y cuál es el motivo de la visita? (tartamudeando) - Bueno, llevarme algunas cosas. - ¿Y cómo pudo entrar? - Por la cocina. Las puertas de servicio no presentan para mí ningún problema Amparo se sonrió, le pareció un ladrón de lo más ingenuo y sin ninguna apariencia de tal. - ¿Puedo preguntar si va armado? 10


- Señora, no me ofenda usted. Las armas sólo te causan problemas y no tengo intención de cargarme a nadie. Además, estaba seguro que usted no estaba. - ¿Pero, usted me conoce? - Bueno la he visto varias veces, es difícil olvidar a una mujer tan guapa. - ¡Pero, esto es el colmo! ¡Un ladrón diciéndote piropos! -por dentro se sonrió, el chico también estaba muy bien. - Perdón, señora, no quise ofenderla. - Tengo la alarma en la mano, no voy a hacer nada. Puedes largarte ya con un televisor, un cuadro o con lo que puedas. - Gracias, señora. Pero las cosas grandes no me interesan. Cuesta mucho venderlas. - Parece que lo tienes todo muy calculado. ¿Desde cuándo te dedicas a esto? - Tres años, señora. - Y si no quieres llevarte cosas grandes, ¿qué tenías pensado robar? - Señora, eso de “robar” es muy fuerte. - ¿A qué te refieres? ¿No es eso lo que estás haciendo? - Si, pero en labios de una señora suena muy fuerte. - En todo caso, qué pensabas “birlar” cuando entraste aquí. Por cierto, ¿cómo te llamas? - Andrés. - No parece el nombre de un ladrón, o tampoco te gusta, ¿ladrón? - Tiene toda la razón, señora. Las palabras son ladrón y robar. - ¿Qué pensabas llevarte? - Joyas, dinero u otra cosa pequeña. - Andrés, tu no hablas como un ladrón… Te expresas como alguien que ha estudiado. - Soy casi maestro, señora. - Jaja ja ja. ¿Y esto es lo que pensabas enseñarle a los críos? - ¡Por favor, señora! - ¡Vaya, un ladrón con sensibilidad! - Solamente me faltan tres asignaturas y … - Andrés, recuerda que tengo la alarma conmigo. Me decías que te interesaban las cosas pequeñas como joyas o dinero. ¿No te interesaría mi camisón? - ¿Cómo? - Sí, mi camisón, debajo de él no llevo nada. - No comprendo… - Te parezco demasiado vieja, antes me llamaste guapa. - Por supuesto, señora. Usted es guapa y su cuerpo debe estar muy bien. - De acuerdo, mi camisón y ahora tutéame, y ya agregaremos algunas joyas a tu “saqueo” de esta noche.

FINALISTES ALUMNES

VOZ DE AMOR

C

De Trinidad Revert Mascarell

uando voy a la universidad, mi marido disfruta de verme tan feliz. Hemos vivido muchos momentos juntos, algunos de ellos difíciles (una posguerra que nos hizo mucho daño). Pero sin embargo ahora, estos duros momentos han quedado atrás, ahora disfrutamos de nuestros nietos, y de este regalo llamado jubilación. He comenzado una nueva etapa, quiero aprender todo lo que el tiempo no me permitió, y él, mi marido Faustino, es mi principal apoyo, mi pilar fundamental. Cuando yo tenía 22 años iba por el paseo con unas amigas, veníamos de una comunión y nos dirigíamos hacia el teatro. Íbamos a comprar las entradas del estreno de “Lo que el viento se llevó”. 11


Pronto se avecinó una tormenta inesperada, y un joven seductor y elegante nos abrió la puerta de un comercio cercano al teatro para poder resguardarnos de la lluvia. En ese momento se me presentó, yo me sentía emocionadísima, me sorprendió aquel lenguaje tan correcto y agradable con el que hablaba. Pronto entablamos una conversación, y le conté que era de Xeresa y él me preguntó que en qué calle vivía. Al domingo siguiente se presentó en la puerta de mi casa alrededor de las 11 de la mañana. En ese momento mi tía se encontraba tomando el fresco en la calle. Él, muy respetuoso, preguntó por mí. Le preguntó a mi tía si realmente yo vivía allí. Mi tía rápidamente me llamó, yo bajé las escaleras apresuradamente, y al salir, me encontré con el que sería el hombre de mi vida. La persona con la que iba a compartir el resto de mis días. Ese mismo día por la tarde nos fuimos al baile y ahí comenzó una amistad y un cariño que ha durado 59 años. En aquel entonces Faustino y yo tan sólo sabíamos sobre aquello lo que la dureza de la vida, el día a día y las largas jornadas de trabajo nos había enseñado. La historia, el arte y las letras estaban relegadas para personas de un mayor nivel económico. Aún recuerdo a mi profesora Doña Vicenta Gavarda cuando decía que el “Don es para las personas con carrera”. Yo no tuve la oportunidad de ir a la escuela más que durante poco más de un año, pero ahora el tiempo y las circunstancias me han permitido ir a la Nau Gran, la Universidad para mayores que la Universitat de València ha instalado en Gandia y asistir a las clases que imparte la Universitat Popular. Aprendo a nivel general todo aquello que una dura posguerra no me dejó saber: nociones de arte, historia, memorización, información… Pero disfruto sobre todo con las clases de literatura, ya que me permiten expresar mediante las letras aquello que siento. Sé que mi nivel es inferior al del resto de mis compañeros, pero aprendo mucho de ellos. Además, la profesora me transmite mucha confianza. Sinceramente, estoy muy contenta de esta oportunidad que me brinda la Universitat Popular. He trabajado mucho, y ahora es el momento de aprender y disfrutar. ¿Podría pensar ese joven tan serio, que con tanta caballerosidad me acogió, que su mujer sería alumna de la Universitat Popular con la edad de 78 años y contaría a sus compañeros como me enamoré de él?

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T

RETAZOS EN BLANCO Y NEGRO De Mariví Ramos

enía 10 años, era la primavera de 1956, mi vida transcurría feliz como la de cualquier niña de esa edad y en mi memoria quedan un tanto difuminados los largos veranos, entre la playa y el huerto, los juegos con mis hermanos, de los que me separaban 5 y 10 años respectivamente. Era la pequeña, y ellos ejercían sobre mí las dos posturas: Santi, el mayor, el de la protección –claro, yo le adoraba-, y Manolo, más próximo a mí por la edad, era el que me “chinchaba”, el que me hacía gritar antes de la “aguadilla”. Como en un ritual, por las noches nos reuníamos toda la familia en la terraza, a la luz de las estrellas y con el suave murmullo del mar como fondo… La charla surgía distendida y amena, y era entonces cuando repasábamos las anécdotas del día. 12


No había televisión, por supuesto. Había comunicación familiar. Como mucho, alguna noche nos agrupábamos alrededor de la radio para escuchar “Cabalgata fin de semana”. Era el momento de los chistes, de los cuentos, de las historias de la guerra… La suave brisa de la noche venía cargada con el olor del cercano mar, el olor de mi playa de Gandía, que por muchas playas y mares que he conocido, ninguno se le parece. Adoro aquellos recuerdos de mi niñez… En aquella primavera en que todo parecía ser igual a las otras, sucedió algo que marcó mi corta vida. Santi llevaba 2 años en Madrid, preparando lo que antes llamaban el examen de Estado, para poder acceder a la Escuela de Ingenieros Agrónomos, y llevaba ya dos pruebas superadas. En esos días, mis padres recibieron la llamada del Colegio Mayor, para que se desplazaran a Madrid, pues mi hermano no se encontraba bien. Según el director del colegio mayor, mi hermano se había presentado al último examen, y durante el mismo, se desvaneció. Lo vio el médico, y dijo no saber muy bien la causa del desvanecimiento. Le realizaron una analítica y un reconocimiento y parecía que una de las causas fuera un proceso infeccioso, producido por una muela del juicio. Era el mes de Mayo, concretamente el día 6. Santi llegó a casa con mis padres, parecía cansado y más pálido de lo normal, pero con ganas de estar con todos. En los días siguientes a su llegada, empezó un ir y venir de médicos amigos de la familia. El médico de cabecera era tío nuestro y en él depositaron mis padres su confianza. Mi hermano empezó a ser tratado de una posible enfermedad cardiaca, consiguiendo con el tratamiento que, una persona fuerte, deportista, alegre, guapo como un sol, se fuera apagando lentamente. Mis padres tuvieron que traer de Suiza una medicación cara que en España no se podía conseguir. Uno de los pocos recuerdos que conservo, es el dolor que le producían aquellas maravillosas inyecciones, que cuando se las ponían, él decía que parecía que le metían fuego en el pecho, un fuego que poco apoco iba ahogándole. Ya era Mayo avanzado y hacía calor. El médico de cabecera quería que Santi hiciera algo de deporte, que fuera en bici, por ejemplo, al Monasterio de San Jerónimo, porque el aire allí era más sano. En ese momento, a mi corta edad, yo supe que mi hermano estaba muy mal. Nos fuimos toda la familia, como en una excursión, al Monasterio. Intentó subirse en la bici pero su cuerpo joven, y hasta ese momento atlético, se dobló literalmente sobre el manillar de la bici, no se tenía sentado sobre el sillín. Mis padres le habían regalado recientemente una moto Vespa, de la que él estaba muy orgulloso, y alguien sugirió: “¿Y en la moto, no iría mejor?”. Lo intentó de nuevo con la moto y el resultado fue parecido: las lágrimas brotaron de sus ojos, y su cabeza se ladeaba de un lado a otro, con rabia e impotencia decía continuamente: “No puedo, no puedo, me estoy muriendo”. Esta fue una de las últimas imágenes que recuerdo de mi hermano vivo. Los días siguientes fueron de gran ajetreo en casa: uno de los muchos médicos amigos de la familia -entre los que estaba Don Tomás Mut-, se puso en contacto con un famoso catedrático de Medicina de la Universidad de Valencia, que inmediatamente recibió a mis padres y a mi hermano en el Clínico. A partir de este momento, ya no sé nada más. Nos trasladan a mi hermano Manolo y a mí a casa de unos amigos en Rafelcofer. Allí permanecimos un mes más, y yo preguntaba todos los días “¿Cómo está Santi?”. Ellos me decían “Bien…”, pero sus caras me decían que no estaba bien. De casualidad oí hablar a los mayores de un comentario que por lo visto el catedrático hizo en algún momento “¿Qué han hecho con este chico…?”. Manolo y yo queríamos volver a Gandía, estar con nuestros padres y con Santiago, pero la situación en casa era dramática y no nos dejaron. Santi se moría. El contraataque del catedrático llegó tarde: atacó a sus pulmones, lo cual además hizo que la aorta se le llenara de ganglios, y finalmente murió el 9 de julio de 1956. 13


Yo tenía 10 años y no podía entender que la muerte es el fin, que es una ausencia real y total, que el dolor que produce es insustituible e insufrible. No tenía consuelo, quería verlo pero no me dejaban, y yo insistí. Me colgué del cuello de Manolo, y los dos, acompañados por los amigos de mis padres, nos trajeron a Gandia. Los portones grandes de mi casa estaban entreabiertos, la casa respiraba silencio y dolor, todos temían nuestra llegada. El salón de casa estaba lleno de coronas, y allí en el centro, Santi, que parecía dormido, tan guapo como siempre. Me acerqué muy despacito, avanzando entre las numerosas personas que llenaban el salón, y cuando llegué me abracé a él. Besé su fría cara, y mis lágrimas, por un momento pensé que eran las suyas. Era mi primer desgarro, mi primer dolor, y una circunstancia que me hizo madurar en una edad muy temprana. A los dos días llegó un telegrama de Madrid: le habían admitido en la Escuela de Ingenieros Agrónomos. Toda esto ha estado siempre presente en mi vida, pero nunca había podido hablar de ello como lo he hecho ahora. Surgió cuando Adriana nos pidió que hiciéramos un relato relacionado con la Universitat Popular de Gandia, viendo los carteles que cuelgan de las paredes del aula del taller de literatura, uno de ellos habla sobre esa década que ha marcado una época tan triste de mi vida.

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BRINDIS De Cris García Be, amiga meva, avui m’has dit adéu! El teu cos, esgotat, ha dit prou! Per fi ja descansa, encara que el teu esperit romandrà sempre amb mi. Mentre jo visqui tu viuras en mi. Avui ja no he pogut donar-te el sopar, tampoc he hagut d’anar a la 312, aquesta nit ja ni decidiem nosaltres, aquesta nit estimada Júlia, ja ens dirigien al seu gust; a tu a la camara frigorífica i a mi, en arribar, em diuen: vagi directament al Tanatori de l’Hospital a la planta baixa. Quina fí més il.lògica per tota una vida! No ho havíem previst, ens ha agafat per sorpresa! Sí, sí, ja sé que a tu a qui més, també amb això estarem d’acord. M’has guanyat! Haig d’acceptar que per a mi ha estat mes fàcil, jo de les dues era l’espectadora i tu la protagonista. Quants cops havíem comentat que els bous es veuen millor des de la barrera? Això no va amb nosaltres. Ens agrada torejar des de dins la plaça, donar la cara, i si cal posar-hi el cor, però…, però Júlia aquest cop a tu t’ha enganxat sense capot i “aquest bou” que desafiant et rondava t’ha donat avui l’última cornada. Jo ja ho veia des de fora, t’observava meticulosament, ja feia molts dies que al dutxar-te (per cert mai et cansaves d’estar a sota l’aigua) t’eixugava i al pentinar-te et deia: em sembla que t’escapes per les canonades, i tu reies. Cada cop, cada visita desapareixia com per l’art de birlibirloque aquell tros de dona que havies estat. No hem tingut temps d’acomiadar-nos. Això no es fa, ja sabies que m’emprenyaria, ja em coneixies i malgrat tot…has marxat. Lluny deixarem aquells projectes de matricular-nos a la Universitat de Gandia, recordes? I no tan sols això, aquella mariscada que tan t’agradava i que jo prometia compartir, ja no podrà ser. 14


Estigues alerta! Ho sento, però em veig amb l’obligació d’avisar-te perquè un altre cop la següent fase no t’agafi per sorpresa. Estàs a punt? T’explico; aquests homes de vestit fosc, camisa blanca i corbata negra que m’han rebut amb la família al Tanatori per decidir si la caixa havia de ser clara o fosca, que si vestida amb l’hàbit , que si maquillada o no, que si tenies “l’ultim viatge” pagat o no, etc. Ja veus, aquests pardals de mal auguri ho tenen tot a punt per a demà al matí abans de dur-te de València al Tanatori, el de debò, el de la Nostra ciutat d’adopció. T’han de posar ben guapa per l’últim tram. Ja tenen instruccions. No et preocupis de res, dorm, descansa, ja m’ocuparé de controlar-los i que llueixis com el que ets, una reina! Sé que tindràs moltes visites, tu i jo diríem: i ara, ja que poc importa! Ja sé sap, en aquests moments qui és hipòcrita exerceix de sí mateix, com si amb la seva bona actuació s’hi jugués la vida. Això de fer el paperot, de voler quedar be els va de perles, tan sols per allò del que diria la família si no fessin acte de presència. Aquests personatges vindran amb bons i cars rams de flors, ja t’ho contaré. Per tots els que per una o altra raó mai van venir a veure’t a un o altre hospital i ara vinguin a fer el paripé, vull que et vegin moreneta, amb bon color, tal com lluïes sempre. El color dels tarongers al mig camp de Marxuquera, aquesta es la Júlia sana, noble, guerrera i lleial i no la resta del que va quedar a la fi. ¿O potser prefereixes aquella Júlia que vaig coneixer a Brusel.les a la seu del Parlament Europeu batallant per els indefensos xofers de camió empresonats? Tu contra el món. Ets moltes Júlies en una. Totes juntes són el que vull que retinguin a les retines per sempre els que vagin a donar-te l’últim adéu. Quan llegeixis aquestes ratlles sé que somriuràs i pensaràs: ni després de morta em pot deixar en pau aquest cony d’amiga! Ja, ja. Doncs si, si, ja ho veus, no cal que li donis voltes, ja em coneixes. Ens estimem perquè som com som i no penso deixar-te tranquil.la fins que tapin el forat del cementiri amb ciment i ja no pugui fer res més que escriure’t all a on vagis. Creus en les casualitats? Diuen que no existeixen però si més no, ja és curiositat: haver nascut i viscut a la mateixa ciutat, el mateix any, haver-nos conegut tan lluny de casa i ara fa pocs anys la vida m’ha portat a viure aquí, prop de tu. Ja saps que mai em va passar pel cap, això no entrava en els meus plans i ara sóc aquí….potser per acompanyar-te en aquest últim tràngol? Demà serà la teva posada de llarg. Allí hi seré amiga meva, no em vull perdre detall. Ah! Quan em senti sola, i ja no pugui anar a veure’t ni trucar-te per telèfon ni escriure’t e-mails, ¿saps que faré?, doncs sí, exactament això que estàs pensant. Quan arribi a casa i et trobi tant a faltar que no pugui fer-hi res més…què bé em coneixes, un cop més has fet diana. Bé, no tenim secrets, ja ho saps, quan em trobi sola, brindaré per la nostra AMISTAT, pel nostre AMOR, aquests sentiments que ni es compren ni es venen, aquests de bo i millor, i dels que tant en sabem nosaltres, aquests que no esperen res a canvi i ho donen tot, els que no entenen de traicions, aquests que projecten la felicitat tan sols pel reflex de l’altre. Per la immensa joia d’haver-te conegut, BRINDO!!!!!!!!!!

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LLE3 Nº3  

Magazin literari de la Universitat Popular de Gandia