Issuu on Google+

GUAJIRA S.O.S

ADRIANA DEL PILAR CARVAJAL OCHOA

SERVICIO NACIONAL DE APRENDIZAJE SENA COMUNICACION TECNOLOGO EN CONTABILIDAD Y FINANZAS BOGOTÁ 2.015 GUAJIRA S.OS


ADRIANA DEL PILAR CARVAJAL OCHOA

ENSAYO

JOHAN MONCADA

SERVICIO NACIONAL DE APRENDIZAJE SENA COMUNICACIÓN TECNOLO EN CONTABILIDAD EN FINANZAS BOGOTÁ 2015


El DANE dice que entre 2008 y 2013 en La Guajira murieron 4.151 niños: 278 por desnutrición, 2.671 por enfermedades que pudieron haberse tratado y 1.202 que no alcanzaron a nacer. Eso quiere decir que en los últimos seis años cada día, en promedio, mueren dos niños por abandono. Solo en el Hospital Nuestra Señora de los Remedios, de Riohacha, este año, de enero a abril, habían muerto 14 niños por las consecuencias propias de la falta de comida. La cifra es espantosa y ubica a La Guajira en un promedio no muy lejano al de Ruanda, en África, donde la tasa de mortalidad de menores de cinco años por cada 1.000 nacimientos es de 55, de acuerdo a una tabla que publica el Banco Mundial. La Guajira está en 45. “La experiencia de desnutrición en Colombia es igual que en Etiopía”, dice Alicia Genisca, médica pediatra estadounidense, que ha trabajado en países de África y ahora atiende a los niños con desnutrición crónica en el corregimiento de Mayapo en La Guajira. Y añade: “La diferencia es que por décadas Etiopía ha sido el país que todo el mundo conoce por desnutrición, y el mundo no sabe que también hay una crisis de desnutrición en La Guajira”. Estos números no han estado exentos de controversia. El hasta hace poco director del Instituto de Bienestar Familiar, Marco Aurelio Zuluaga, dijo que era mentira que en La Guajira hubiesen muerto de hambre 4.000 niños en los últimos años. “Están haciendo un gran daño entregando cifras al garete. No hay cifras. No son 4.000 ni 3.000 los muertos, esas cifras hay que ordenarlas”, se quejó. Y tal vez tiene razón. Pero no porque sean menos los niños muertos, sino porque pueden ser más. Un médico pediatra de Riohacha, que pide no publicar su nombre, considera que en muchos casos las historias clínicas de los niños que llegan a los hospitales consignan únicamente como causa de muerte “paro cardiorrespiratorio”. “Pero lo que no dice es cuáles fueron las circunstancias que llevaron al menor hasta allí. El sub-registro es muy grande”, dice. Una investigación que hizo el año pasado César Arizmendi, secretario de Planeación de La Guajira, mostró que solo se registran casos de niños muertos por desnutrición a orillas de las carreteras. La explicación es que desierto adentro los indígenas no recurren a los hospitales, bien porque no tienen carné de EPS, o porque no tienen cómo transportarse. Pero si esto no fuera ya demasiada desdicha, hay un problema aún más grave que el alimento y es la falta de agua, es decir, lo mínimo que un ser humano necesita para vivir. Sin agua no hay chivos, no hay vegetación, no hay nada. Desde octubre de 2012, en toda La Guajira no llueve. Solo cae aire por ventarrones y chorros de sol quemante que se apaciguan solo en la madrugada. El desabastecimiento existe en todo el departamento, pero especialmente en la alta y media Guajira. Uribia, por ejemplo, que está en el extremo norte, tiene


cobertura de acueducto y alcantarillado apenas para el 5,3 por ciento de la población. Desde las alcaldías mandan carro tanques con agua, pero son insuficientes. Lo más curioso es que hace 15 años un concejal logró que construyeran allí en Mapashira un tanque de concreto que durante todo este tiempo ha permanecido vacío. Como si se tratara de una burla del destino, las paredes exteriores del tanque solo han servido para colgar la publicidad de políticos en campaña. La respuesta de las entidades siempre ha sido que no hay disponibilidad. Por eso, mientras siguen esperando el carro tanque, los indígenas recorren todos los días 2 kilómetros para traer el agua con la que cocinan acurrucadas en el piso, con las manos enlodadas, al lado de un fogón insalubre que han incrustado en la arena. Los pocos lugares de donde los indígenas sacan agua están llenos de bacterias. La comunidad de Mamonal, es el ejemplo más notable. La pregunta frente a todos estos desastres es, ¿quién está haciendo algo? ¿Qué soluciones hay a la vista? Tres de cada diez niños menores de 5 años de La Guajira sufren desnutrición crónica. El ICBF dice atender a 80.000 niños en esa edad. Un informe de la Contraloría General, que indagó sobre el Programa de Alimentación (PAE) que hasta el año pasado era operado por el ICBF, desentierra algunas irregularidades que podrían verse representadas en un detrimento patrimonial de 2.800 millones de pesos. En las pesquisas la Contraloría encontró niños fantasmas en las planillas del año 2012. Los hallazgos son corroborados por líderes indígenas en la zona, que denuncian que los censos para la entrega de comida no son reales. “Lo que tienen que revisar las autoridades con urgencia son los listados de los niños que en su totalidad no corresponden con la realidad. Las interventorías han encontrado inconsistencias en el gramaje y en la calidad de la comida que les dan a los pequeños”. Incluso, si no hubiera negligencia ni corrupción de por medio, con solo leer la dieta que suministra el ICBF, en un programa llamado Recuperación Integral, se puede entender por qué no se cura el hambre. A cada niño le entregan cada mes, en teoría, 500 gramos de maíz blanco, 500 gramos de queso costeño, seis huevos, 132 gramos de leche, 180 gramos de azúcar y cuatro panes de 100 pesos. El exgobernador Kiko Gómez, hoy capturado y acusado de varios homicidios y relaciones con bandas armadas, inauguró el Plan de Alimentación y Nutrición de La Guajira (PAN), con un presupuesto de 35.000 millones de pesos, que viene en su mayoría del Sistema General de Regalías. Todo un botín si se tiene en cuenta que la Gobernación está quebrada. El departamento tiene hoy un déficit de 63.000


millones, producto de los pasivos que se han acumulado en esta y otras administraciones. La queja más notoria de lo que ha significado el PAN es que el programa se concentró únicamente en Riohacha. Solo el 10 por ciento de la comida se supone llega a los municipios. Es decir, casi nada. Este año, la Red Nacional de Veedurías del Caribe denunció que varias toneladas de esta comida se estaban pudriendo en una bodega a la salida de Santa Marta. Según el informe de Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios, de las Naciones Unidas, los niños indígenas de La Guajira sufre las peores consecuencias. Allí las tiendas han cerrado también como consecuencia de la escasez en Venezuela. Un frasco de aceite que antes costaba 2.100 pesos, ahora se consigue en 9.000. Un aumento del 328 por ciento. Y es que La Guajira, ese enorme desierto que corona el mapa, no es sostenible desde el punto de vista alimentario. El país nunca se enteró de un acuerdo que hicieron las cancillerías de Colombia y Venezuela durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez para tratar de atenuar el hambre. Chávez autorizó que camiones colombianos compraran productos subsidiados de los mercados de su país para vender al pueblo guajiro. El acuerdo tenía dos ventajas: los alimentos valían una quinta parte y era más fácil proveer ciertas zonas de La Guajira que son muy distantes de cualquier ciudad intermedia de Colombia. Pero también acarreaba un problema, pues el negocio era tan bueno, que el número de camiones creció y se podía encontrar queso salado de Zulia en Córdoba. En abril de este año, debido a la crisis alimentaria en Venezuela, se puso fin a ese acuerdo. Los wayúu son esencialmente pastores. Los chivos, por la falta de agua, se han ido muriendo. Hace 15 años, Francisco dice haber tenido más de 30 animales entre caballos, chivos y otras reses. Pero con los años, este hombre que en su cuerpo también lleva las marcas del trajín, los fue enterrando, así como a sus cinco hijos: de uno en uno, de dos en dos. Por el corral de la ranchería de Mapashira deambulan hoy apenas tres gallinas a las que pronto les llegará su día. Y queda también un burro flaco, forrado en los huesos, que ahora está bajo la sombra de un árbol de trupillo, respirando, quién sabe hasta cuándo. Hasta que aguante.

http://www.semana.com/nacion/articulo/los-ninos-de-la-guajira-mueren-dehambre/396290-3


Ensayo guajira s o