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Las dos caras

Las dos caras de la Costa Recopilación de leyendas de Santa María Huatulco

Diseño de portada e ilustraciones: Mario Alberto Gómez Rivera.

© Iztacxochitl Adela Alarcón Romero © José María Filgueiras Nodar (del prólogo) © Letras del Lobo, S. de R. L. de C.V. Eufemio Zapata, 22 Cuernavaca, Morelos, México Primera edición: octubre 2019 ISBN: 978-607-98222-2-4

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Índice 6 Prólogo 10 La leyenda de la Santa Cruz 12 Los tres pueblos 17 Animales malditos 20 El ataúd vacío 25 Invasores 28 Las brujas voladoras 33 El hombre misterioso 36 Las dos caras de la maldad 41 Introducción

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46 La casa de los duendes 51 El juego de no volver 54 La mujer del camino 59 Las bolas de fuego 64 La llorona de Bahías 69 La Matlacihua 72 En busca de esposa 77 El Vigía 80 La niña 85 Los niños 88 Venados del inframundo 93 ¿Quién es esa mujer? 96 Conclusiones 100 La carreta de Fierro

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Introducción Cuando un familiar o amigos cuentan historias de fantasmas, brujas, duendes o aparecidos, nos hacen sentir miedo, pero a la vez curiosidad por conocer cómo termina el relato. Estas historias llenas de misterio y fantasía, han permanecido gracias a la tradición oral y con el paso de los años se han convertido en leyendas que generalmente se vinculan a creencias, prácticas, actitudes, valores y tradiciones que dan identidad a la región donde habitan los informantes.

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Para los especialistas, la leyenda es una manifestación literaria en el ámbito de la oralidad que posee elementos de verdad, pues los informantes que narran, se caracterizan por agregar al relato componentes de credibilidad. Marco Antonio Molina (2018) dice

que son los llamados deícticos, expresiones como: “aquí cerca”, “hace algunos años”, “en aquella calle” etc., los que dan ese toque de certeza a la historia que se cuenta. Asimismo los informantes agregan intención a sus palabras para dar vida al relato, llamado performance. Además, se añade la característica de la familiaridad; los emisores son personas conocidas, son del pueblo o son familiares, por lo tanto, dice Molina, se debe creer en lo que se cuenta, porque es difícil pensar en el engaño, a esto le denomina “pacto de verdad”. Por lo anterior, las narraciones que usted leerá en esta recopilación surgen de las experiencias que vivieron los pobladores del municipio de Santa María Huatulco. Las dos caras de la costa, es el título asignado a partir de un ejercicio de escritura de leyendas con estudiantes de primer semestre de la carrera de Comunicación, generación 2018-2023 de la Universidad del Mar campus Huatulco. El nombre alude a la magia de la región, que se ubica entre la belleza natural de la costa y el misticismo que envuelve la tradición oral. También debo añadir, nació por el interés particular de conocer cómo se construye una parte de la identidad de los habitantes de esta región.

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El trabajo de campo inició en agosto de 2018 y culminó en mayo de 2019. Para ello se decidió buscar a personas, familiares y amigos que por medio de la oralidad contaran una historia alusiva a experiencias sobrenaturales. Ubicada la metodología, se estableció que los relatos fueran propios del municipio, el total de la recopilación resultó en 22 leyendas. Las narraciones incluyen nombre del recopilador y lugar, con la intención de contextualizar al lector y vincularlo con el contenido del relato (sólo en un caso, a petición del informante, se omitió el nombre de la persona que vivió el suceso y el lugar). Los informantes se dedican a diferentes oficios, entre los que destacan; campesinos, maestros y amas de casa, sus edades oscilan entre los 19 a 83 años, estas características hacen interesante a la tradición oral, ya que el tiempo es un componente importante que permite conocer cómo vivían las anteriores generaciones y cómo se vive en la actualidad. Por ello, las historias que se cuentan van desde leyendas fundacionales de los pueblos, animales embrujados, aparecidos y fantasmas, hasta personajes vinculados con la tradición mesoamericana como: La Llorona, La Matlacihua y seres del inframundo.

El criterio de edición para este ejercicio; en primer lugar fue transcribir la narración oral a texto y para que éste pudiera leerse con claridad, se eliminaron repeticiones de palabras, se ordenó la sintaxis, se respetaron reglas gramaticales y ortográficas, sin alterar la historia, todo ello, con la finalidad de que los estudiantes comprendieran la importancia del mensaje transcrito en la comunicación. Aparte de transcribir, los alumnos se organizaron para realizar los bocetos de las ilustraciones que acompañan a cada leyenda, este proceso comenzó con el apoyo del maestro Mario Alberto Gómez Rivera, adscrito al Instituto de Comunicación, de la Universidad del Mar. Después, se elaboraron los fondos, enseguida con el software de diseño se digitalizaron. Al final, la maquetación, el producto artístico y digital de todas las ilustraciones, corrió a cargo del profesor. Debo puntualizar, que este es un trabajo digno para representar el tesoro intangible que los pueblos costeños poseen a través de la tradición oral. Iztacxochitl Adela Alarcón Romero (Universidad del Mar)

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Prólogo Huatulco es mucho más que playas y selva. Desde luego, tiene docenas de playas maravillosas, enmarcadas en uno de los ecosistemas más delicados del planeta, la selva baja caducifolia. El marketing de Huatulco destaca estos elementos, junto al aire limpio y las excelentes instalaciones. Por eso, cuando uno busca Huatulco en Internet, se encuentra fotos de albercas en hoteles de lujo o de parejas avanzando por la arena de la playa hacia una puesta de sol “de postal”. Pero quienes vivimos aquí, sabemos que es mucho más que todo eso.

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Huatulco es una zona de enorme riqueza cultural. Desde tiempos prehispánicos ha sido un lugar de frontera y cruce entre diversos pueblos originarios. Posteriormente, ya sea como uno

de los puertos más importantes de la Nueva España en el siglo XVI, como lugar de latifundios cafetaleros en el siglo XIX o como centro turístico de clase mundial desde finales del siglo XX, Huatulco ha sido siempre un lugar con alma cosmopolita. Y esto ha dejado huella en el territorio huatulqueño y en el espíritu de sus gentes. Los relatos que se presentan en este libro, reunidos por estudiantes de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad del Mar, utilizando las más modernas técnicas de la expresión oral y escrita proporcionadas por su profesora la Mtra. Adela Alarcón, ejemplifican a la perfección lo que hemos venido expresando hasta aquí. Leyéndolos, podremos acercarnos a una comprensión más completa de lo que es Huatulco. Algunas de las narraciones que se presentan en este libro pueden encontrarse también en otras zonas de Oaxaca (como la referida a la Matlacihua), de México (caso de la Llorona) y del mundo (como sucede con algunas anécdotas sobrenaturales, que me recordaron literalmente anécdotas y leyendas urbanas escuchadas en mi infancia, al otro lado

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del charco). Hay narraciones en las que se perciben ecos de las culturas presentes en la zona desde la época prehispánica; así sucede con “Venados del inframundo”, cuento que parece relacionar un tema presente en los pueblos originarios de Oaxaca, el Dueño o Señor de los Animales, con la negativa consideración católica, posterior a la Conquista, de que estos seres son de naturaleza demoníaca. Otros relatos, en fin, pertenecen a lo más propio de la identidad huatulqueña, como la leyenda de la Santa Cruz, que aún se sigue venerando hoy día. Por todo ello, se trata de una lectura obligatoria para quienes quieran profundizar en la realidad y la densidad cultural de Huatulco.

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Desde luego, creo que el libro es más un inicio que un final. El Dr. Juan Manuel Domínguez Licona encontró una cantidad impresionante de mamíferos, concretamente un 12% de las especies existentes en todo el país, mientras indagaba con su equipo en los escasos 50 km2 que conforman la cuenca del río Cacaluta, ello entre otros muchos hallazgos relativos a la fauna y la flora del área. Y afirmaba estar convencido de que ulteriores

investigaciones arrojarían multitud de descubrimientos. En el caso de la cultura, la situación es semejante. Queda mucho por estudiar en el terreno de las leyendas, tradiciones, cuentos, etc., que soportan la identidad huatulqueña. Mientras tanto, el trabajo hecho por la Mtra. Alarcón y sus prometedores estudiantes de Ciencias de la Comunicación, junto con el impresionante trabajo gráfico realizado por el Mtro. Mario Alberto Gómez Rivera, representa un logro encomiable. Por eso sólo me queda decirles: “¡enhorabuena!”, tanto a quienes recogieron, redactaron e ilustraron los relatos como a quienes ahora mismo podrán disfrutarlos.

José María Filgueiras Nodar (Universidad del Mar)

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La leyenda de la Santa Cruz Entre los pobladores de Santa Cruz se dice que el nombre de Huatulco significa “lugar donde se adora o reverencia al madero”, sin embargo, esta versión puede cambiar ya que transita de generación en generación.

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Algunos lugareños cuentan que hace mucho tiempo llegó a la costa de Huatulco un hombre viejo, de aspecto sereno, con una barba larga de color blanco y una vestimenta extraña, cargando una grande y pesada cruz de madera.

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Narran que enterró la cruz en la arena de la playa sin esfuerzo alguno; además, dicen que aquel hombre con voz misteriosa e intrigante les dijo a las personas que se encontraban en el lugar que esa cruz debía quedarse ahí y, por ningún motivo, debían moverla, debían adorarla y venerarla, ya que tenía el don de sanar.

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Se piensa, por el parecido físico, que aquel hombre era Santo Tomás, uno de los 12 apóstoles de Jesús. A la par de este acontecimiento, los pobladores relatan, que tiempo después arribó a las

playas un pirata llamado Thomas Cavendish, su objetivo era saquear el lugar y llevarse todo lo que encontrara de valor, pero su sorpresa fue que no encontró mucho, se enfureció y quemó el lugar, al descubrir la cruz, también intentó quemarla, pero no se prendió, probó desenterrarla de varias formas, pero todo fue inútil. Estos acontecimientos aumentaron la fe de los lugareños, las comunidades cercanas al enterarse de la fortaleza de la cruz, comenzaron a visitar el lugar con mayor frecuencia, incluso guiados por su fe, le quitaban pequeñas astillas porque, decían, eran milagrosas.

La noticia pronto llegó al Obispo de la ciudad de Oaxaca y él junto con otras personas, visitaron aquella cruz milagrosa. Al llegar y ver las condiciones en las que se encontraba, decidieron retirarla y trasladarla a un lugar mejor en la ciudad. Al llegar a la ciudad de Oaxaca, fue dividida en partes para llevarla a diversos lugares, sólo una parte se quedó ahí, otra la enviaron al Vaticano y una pequeña parte se regresó a su lugar de origen en Bahías de Huatulco. Con ese pedazo, se elaboró una nueva cruz y es la que actualmente se encuentra en la parroquia de La Santa Cruz.

Rodrigo de La Cruz Oropeza.

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Los tres pueblos El señor Nicolás me cuenta que hace mucho tiempo no había muchas carreteras ni viviendas; abundaba la hierba en Santa María Huatulco y sólo vivían de 10 a 15 personas dedicadas a la pesca pues no había otra clase de trabajo en aquella época.

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Relata que cerca había una laguna, pero que, con el tiempo se llenó de basura, desechos de comida y excremento, entre otras inmundicias, con ello, el agua se contaminó sin que se dieran cuenta.

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Sin saberlo, muchas personas iban y acarreaban agua para consumo personal.

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Al poco tiempo, ocurrieron muertes repentinas, tanto de adultos como de niños, la razón era el agua contaminada. La gente asustada por estos acontecimientos migró hacia otro sitio en busca de un buen territorio para asentarse, fue entonces cuando encontraron un lugar y lo nombraron Pueblo Viejo. Pero, con el paso del tiempo, hubo conflictos entre los habitantes, lo que causó que se dividieran en dos comunidades a las que llamaron San Miguel del Puerto

y Santa María Huatulco. Un tercer grupo de personas encontró un espacio que no tenía las condiciones adecuadas que ellos necesitaban, aun así, decidieron establecerse. Los pobladores de este grupo llamaron al lugar Erradura ya que decían que habían errado por mucho tiempo hasta que por fin se establecieron en aquel terreno. Así es como relata el establecimiento de los tres pueblos, que hoy conocemos como: San Miguel del Puerto, Santa María Huatulco y Erradura.

Reyna Elena Gutiérrez Gómez

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Animales malditos Esta historia sucedió hace más de 20 años en el pueblo de Santa María Huatulco. En aquel entonces, se decía que existían brujas que solían adueñarse de algunos animales callejeros con el fin de sacrificarlos.

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Debido a que estos animales merodeaban por las calles, los habitantes les dieron a los perros el mote de “Macua” y a los gallos (que también eran utilizados por las brujas) “Kai”, estos nombres les servían para diferenciar a un animal normal

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de uno “embrujado”. Se decía que su rostro parecía humano y sus cuerpos eran grotescos; hacían ruidos extraños; se sostenían en dos patas (raro en el caso de los perros), y solo aparecían por las noches en caminos solitarios y baldíos.

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También se creía que podían transformarse y convertirse en humanos, incluso cuentan que durante el día caminaban entre las personas. Cuando estos peculiares animales estaban presentes ocurrían cosas extrañas, el aire se sentía denso, aparecía niebla, se

abrían puertas y ventanas de manera repentina, pero lo más sorprendente era el sonido de violines que provenían de diferentes partes, aunque en realidad no eran tocados por nadie. Esto tenía a la gente consternada y asustada, ya que pensaban que las brujas dejarían de usar animales para después robarles a sus hijos, destruir sus hogares y en un futuro desaparecer personas. Su existencia, así como su desaparición hasta la fecha es un misterio, pero lograron encontrar maneras de protegerse o ahuyentarlos para así dormir tranquilos.

Elizabeth Ordaz Hernández..

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El ataúd vacío Yo pensaba que eso de los duendes malos y traviesos era puro cuento, hasta que mi abuela, habitante de Santa María Huatulco, me contó que sí existen.

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Dice que hace muchos años cuando ella era pequeña, su abuela le dijo que tuviera cuidado con los duendes, pues a estos les gusta llevarse a los niños. Mi abuela relata que en su infancia salía a jugar con su prima, la cual era muy cercana, corrían y se divertían día a día hasta que todo cambió. Este relato lo vivió en carne propia.

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Narra que era normal que su prima y ella salieran a jugar, incluso no se les hacía raro a sus padres que desaparecieran por horas. Pero llegó el momento en que ella comenzó a salir sola, tiempo después la notaron algo extraña, estaba más delgada, su semblante ya no era el de la niña risueña que solía ser, lucía triste y deprimida.

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Un día sus padres la siguieron y se dieron cuenta que los duendes la llevaban al monte, después de unos minutos de seguirla, la encontraron acompañada de estos diminutos seres, quienes, al ver a

sus padres, la arrojaron al río causándole la muerte. La familia no pudo hacer nada para salvarle la vida, desconsolados buscaron el cuerpo, lo velaron durante la noche hasta que comenzaron a sentir una vibra pesada, el cuerpo de la pequeña había desaparecido del ataúd; su madre al percatarse, no supo qué hacer, cerró la caja para que nadie lo notara. Se comenta que el cuerpo fue robado por los duendes y que cada vez que uno pasa por aquel monte se pueden escuchar risas e incluso ver a los duendes jugar con la niña.

Jocelyn Esmeralda Carmona Martínez.

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Invasores ¿Has escuchado hablar de duendes? Son criaturas mitológicas y fantásticas, con forma humana, del tamaño de un niño pequeño.

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En la comunidad de Cuajinicuil, ubicada en el municipio de Santa María Huatulco, desde 1966, se cuenta la existencia de los duendes. Doña Isabel vecina del lugar, relata que conoció a aquellos seres cuando iba con su amiga a lavar ropa al río.

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Cierta tarde, ella y su amiga Carolina fueron a lavar al río, cuando empezó a obscurecer decidieron irse y se llevaron consigo una carga de ropa en la espalda, al caminar en lo alto de la colina vieron una silueta de un niño, cuando estuvieron más cerca, Isabel le preguntó si se había perdido, él no le contestó. Después de observarlo un rato, se dio cuenta que se trataba de un duende, pues sus características eran similares a las que había escuchado. Asustadas, corrieron a sus casas, esa noche ninguna de las dos pudo dormir.

A la mañana siguiente Isabel le contó a la mamá de Carolina lo sucedido, ella le dijo que efectivamente se trataba de un duende y aseguró que solo les hacen daño a los niños, porque son más nobles.

Isabel decidió no volver porque le daba mucho miedo, en cambio, Carolina regresó al río, pero no volvió, se dice que el duende se la llevó. Su familia la buscó por todos lados, tardaron varias semanas para poder encontrarla.

Pasaron algunos días y nuevamente fueron a lavar ropa, pero esta vez pusieron más atención a su alrededor. Al terminar, decidieron volver más temprano a casa, aún estaba el sol, cuando pasaron por un puente que las conectaba con el camino de vuelta, cuando de pronto, a lo lejos, vieron al duende, así que corrieron despavoridas hasta llegar a su hogar.

Cuando la hallaron, Carolina se encontraba en una especie de trance, de inmediato la llevaron con un brujo del lugar para que la trajeran de vuelta de aquel estado en el que se encontraba, poco a poco volvió a la normalidad. Se dice que en ese pueblo no importa si es de día o de noche, si eres joven o viejo, ya que es probable que te encuentres con un duende.

Getsemaní Galán Pacheco.

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Las brujas voladoras 34

Existen dos tipos de brujas, a las primeras se les conoce como “voladoras”; estas son las que se llevan a los niños o hacen travesuras a las personas. Por otro lado, están las “hechiceras”, quienes lanzan maldiciones a las personas. Los habitantes del pueblo de Santa María Huatulco cuentan que, por las noches, las brujas voladoras salen a jugar al panteón del lugar.

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Los pobladores decían que la esposa de uno de los habitantes de aquel lugar era una bruja. Los rumores crecieron y se expandieron por toda la comunidad hasta llegar a oídos del esposo de dicha mujer. Él buscó a las personas que habían propagado los dichos y les reclamó. Uno de los involucrados le dijo: “No es normal que tu mujer siempre ande en el panteón a medianoche”. El señor se negaba a creerles, entonces alguien más le dijo que si quería comprobarlo fuera a dicha hora pero que se colocara la ropa al revés, incluso sus huaraches, así las brujas no lo verían.

Llegada la medianoche el hombre y otras personas que lo acompañaron fueron al cementerio para comprobarlo. En el lugar se escuchaba mucho ruido, el suelo estaba lleno de vestimentas de mujeres, encontró las de su esposa y se asombró de esto, un amigo que lo acompañaba le dijo que las enterrara y regresaran a casa. Al otro día, el señor como de costumbre se levantó a hacer sus tareas habituales y como su esposa se tardó en despertar fue a ver lo que pasaba, en la habitación se encontraba la mujer en la cama, tapada de pies a cabeza, él hombre la destapó, vio que su cara

era distinta, tenía el rostro completamente diferente, estaba desfigurado, entonces él le acercó un espejo para que se viera. La mujer al ver su rostro se espantó, comenzó a retroceder en la cama y a gritar como si le hubieran prendido fuego. El señor quedó sorprendido ante tal situación y únicamente retrocedió algunos pasos. Así siguieron los gritos de aquella mujer por unos minutos hasta que finalmente murió.

Elizabeth Ordaz Hernández.

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El hombre misterioso Esta historia comienza con un hombre que esperaba un taxi en el sector U2 para ir a su trabajo en Tangolunda, aquí en la zona hotelera de Bahías de Huatulco. Hizo la parada de costumbre, se detuvo un taxi, él se subió y le dio la dirección del lugar al que se dirigía.

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Al principio todo estaba normal, platicó con el chofer y éste le ofreció un cigarro, amablemente aceptó, eran aproximadamente las 7:00 de la mañana y el clima de diciembre era frío.

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El joven sacó de su bolsillo un encendedor y comenzó a fumar. Tras unos minutos de viaje el conductor preguntó: ¿Cómo has estado Francisco? El joven se sorprendió, pero a la vez se asustó, ya que era la primera vez que veía a aquel hombre. Respondió con titubeo que se encontraba bien, al mismo tiempo que respondía comenzó a bajar las ventanas del automóvil por si la situación ameritaba escapar del vehículo. Se comenzó a acercar más a la ventana por miedo, y preguntó: “¿Nos conocemos?” El conductor con una sonrisa un poco extraña res-

pondió: “No me conoces a mí, pero yo a ti sí”. El chico estaba listo para salir del taxi, echarse a correr y pedir ayuda, pero por alguna razón no lo hizo, continuó hablando con el conductor, le volvió a hacer la misma pregunta, a lo que el conductor respondió de la misma manera: “No me conoces a mí, pero yo a ti sí”. Terminó su cigarro y tiró la colilla por la ventana. El conductor le contó detalles de la infancia de Francisco, los lugares que solía visitar, así como los momentos más significativos de su vida. El chico estaba muy asustado, creyó que se trataba de un secues-

tro, por lo tanto, observó bien al señor para recordarlo, según describe, era un señor de tez negra, con una camisa blanca y pantalones negros. Después, el joven preguntó: “¿De dónde vienes?”, a lo que el señor respondió: “No soy de aquí”. El pasajero trató de calmar su nerviosismo, intentó hacerlo diciendo algo chistoso: “¿Acaso eres un extraterrestre?” Nuevamente, el conductor respondió lo mismo, pero esta vez con una sonrisa inusual. Cuando llegaron a su destino, Francisco se bajó del taxi, no sin antes preguntar cuánto le iba a cobrar. El chofer

lo volteó a ver y con una sonrisa le dijo que no era nada, agregó que le saludara a su esposa, pero que especialmente saludara a su hijo. Una vez que el taxista se fue, el joven por curiosidad anotó el número de la unidad y decidió investigarlo, más tarde se dirigió a la base de taxis del pueblo, y allí le dijeron que ese vehículo ya no existía en el registro, debido a un terrible accidente donde el conductor perdió la vida y el coche quedó totalmente destrozado, el joven al escuchar esta situación se sintió anonadado y dio las gracias.

María Guadalupe Teresa Mora Rivera.

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Las dos caras de la maldad En la localidad de Erradura, ubicada en Santa María Huatulco, Oaxaca, se cuenta desde hace mucho tiempo sobre la existencia de brujas voladoras y hechiceras.

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En noches de luna llena, las brujas voladoras hacían largos recorridos en busca de bebés que se encontraran solos en sus habitaciones, dormidos en sus pequeñas cunas y sin atención de sus padres. Incluso, en ocasiones, estas brujas dormían a las madres para no llamar la atención.

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Cuando encontraban un bebé indefenso, lo tomaban y se lo llevaban hacia los cerros de la localidad con la finalidad de maltratarlos, lanzándolos de un extremo a otro, solo por diversión.

todo el cuerpo, en algunos casos los devolvían a sus hogares, pero en otras la suerte era distinta, ya que les arrancaban la cabeza para después colocarla sobre cruces que ellas mismas fabricaban.

Los habitantes relatan que podían reconocer aquellos macabros juegos a la medianoche cuando en los cerros se observaban los movimientos de las bolas de fuego. Podrás preguntarte ¿qué ocurría con aquellos bebés? Se dice que cuando las brujas los tenían en su poder solían hacer todo tipo de maldades, les dejaban marcas en

Cuando regresaban a los bebés, estos no volvían a ser los mismos, los dejaban mudos, con problemas de respiración o algún otro malestar físico y con el paso del tiempo morían sin importar cuánta atención médica se les brindara, pues no encontraban una solución, se decía que en cada hogar donde habitara un bebé había una bruja acechándolo.

Aunque eran sucesos lamentables, los habitantes de Erradura tenían ciertas costumbres que afortunadamente servían para prevenir la aparición de estos seres. Por ejemplo: prender copales o poner hojas de romero macho por la casa, con esto se ahuyentaba a lo que se conoce como “aire malo” que era la tensión y malas vibras que se sentían cada vez que una bruja estaba cerca.

ternativas más arriesgadas, como pagar a hechiceras por protección. Aquellas eran mujeres que aparentaban ser personas buenas y amables, ofrecían conjuros a cambio de un poco de dinero. Ayudaban a curar enfermedades crónicas y de espantos, hacían amarres, lanzaban maldiciones o hechizos. Todo esto era posible gracias a su magia negra.

También esparcían agua bendita en sus casas por fuera y por dentro, debían tener fe para que esto funcionara; aunque todos estos remedios eran eficaces, la mayoría optaba por otras al-

Cuando una bruja hechicera maldecía a una persona, los primeros síntomas eran pequeños dolores en la garganta o en todo el cuerpo, otro hechizo era convertirlos

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en personas inútiles, quitándoles la movilidad. Los habitantes reconocían a las brujas por su apariencia, sus ojos eran grandes y torneados de color rojo, orejas largas y solían ser muy calladas. Se dice que se adueñaban de las almas de los habitantes, solían aparecer en el mes de octubre y en Semana Santa, en estas fechas acostumbraban hacer rituales en una casa abandonada en la cual rinden tributo a su único amo y señor, el diablo.

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La gente recuerda testimonios que aseguran la existencia de estas brujas. Narran que se encerraban en sus casas, rociaban agua bendita, hacían limpias, asistían con curanderos para conseguir amuletos de protección, vertían grasa de res en sus hijos para protegerlos, usaban ropa al revés, ya que dicen que así ellas no notaban su presencia. Lo más importante era no descuidar a los niños pequeños, ya que estos seres podrían capturarlos y llevárselos para nunca volver.

Elizabeth Ordaz Hernández.

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La carreta de fierro Se dice entre los pobladores de Santa María Huatulco que hace muchos años existió un hombre de piel morena, alto y robusto que tenía fama de ser peligroso. Dicen que asesinaba a la gente del pueblo porque esto le producía satisfacción y placer.

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Se decía que después de matarlos, envolvía los cuerpos en trozos de manta, los subía a una carreta de fierro y se los llevaba con el propósito de enterrarlos. Los vecinos dicen

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que todas las noches, a la misma hora, se le escuchaba pasar por el centro del pueblo con dirección al río.

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Poco a poco, los habitantes comenzaron a percatarse que hombres, mujeres, niños y ancianos desaparecían, por lo que un grupo de vecinos se organizó para averiguar lo que sucedía. Una noche decidieron esconderse en el mercado antiguo y otros en los árboles para vigilar si algo raro pasaba y pasó: vieron la carreta de fierro conducida por un hombre de sombrero y sarape negro.

En ese momento, detuvieron aquel transporte, le preguntaron qué llevaba y a dónde se dirigía. El hombre que se veía muy tranquilo, dijo que llevaba carga de azúcar y que se dirigía al pueblo de San Pedro Huamelula. No conformes con su respuesta, revisaron la carreta, vieron las mantas y al quitarlas encontraron los cuerpos de sus esposas e hijos degollados y torturados. Asombrados ante la imagen, amarraron al hombre y llamaron a los demás habitantes, entre todos lo lincharon y lo quemaron vivo. Antes de morir lo único que dijo fue: “Mi cuerpo desaparecerá, pero mi alma nunca se irá de aquí”.

Los pobladores dicen que hasta el día de hoy a las 2:00 de la mañana se escuchan gritos de personas, al igual que el chillido de las llantas de aquella carreta que pasa por el pueblo y se dirige al río. La gente que vive en el barrio Tamarindo, dice que se escucha cómo pasa esa carreta y se estaciona en algunas calles. Varios han visto al hombre cargar bultos envueltos en una manta, dicen que, si te llega a mirar fijamente, morirás y tu alma le pertenecerá.

Enid Leilani Bernardino Rosales.

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La casa de los duendes En Santa María Huatulco, en la costa de Oaxaca, existen diversas leyendas e incluso algunos mitos, pero en esta ocasión les contaré acerca de lo que sucede en la casa de la cultura del pueblo.

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Todos pensarían que esta casa de la cultura es como cualquier otra, se imparten diversos talleres de danza, música y pintura. Ver a los danzantes que toman clase de folklore es una maravilla y no se diga del ballet y la música, las cla-

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ses de piano o violín, y las pinturas expuestas en las paredes dan brillo y color al recinto. Pero, en realidad, lo que la hace especial y escalofriante es la presencia de duendes. Dicen que en esta casa habitan unas criaturas pequeñas, del tamaño de niños y con un aspecto atroz. Los jóvenes del club de danza cuentan que han visto a estos seres.

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Pero el señor Miguel que es velador del lugar, cuenta su experiencia. Dice que todas las noches desde las 21:00 horas en adelante se escuchan risas, como si jugaran ni-

ños, narra que una noche en punto de las 22:00 horas escuchó a unos niños que lo llamaban y lo invitaban a jugar, él se espantó y se dio cuenta que esas voces venían del parque de juegos, enseguida se dirigió allá y cuando volteó estaban unos niños desnudos, con la cara arrugada, nariz grande y fea. Al observarlos con detalle se percató que eran aproximadamente nueve duendes, algunos estaban en la resbaladilla, otros en los columpios y los demás sentados en el pasto del parque, cuando se dieron cuenta que los veía, lo llamaron para que fuera con ellos, en ese momento empezó a temblar de miedo y mejor se fue.

Más tarde regresó, pero no encontró nada, eso lo tranquilizó por un momento, pero los duendes seguían manifestándose, pues se escuchaba como si alguien tocase los instrumentos musicales.

Se dice que la casa de la cultura pertenece más a los duendes que a las personas que van a practicar sus actividades, ya que siempre hay una historia que contar acerca de ellos.

Con el paso del tiempo, el señor Miguel ya no les tomó importancia a estos ruidos y se fue acostumbrando a ellos. Él afirma que son seres traviesos, que únicamente se dejan ver en ciertas ocasiones con la intención de asustar a los humanos.

María de Jesús García Cruz.

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El juego de no volver 56

Los duendes son criaturas sumamente traviesas, les gusta llevarse a los niños y en general hacen maldades a las personas. Los pobladores de Barrio Nuevo Magdalena, ubicado a 45 minutos de Santa María Huatulco, Oaxaca, cuentan lo que vivió la señora llamada Felipa, quien vivía cerca de la capilla del pueblo y tenía a su cuidado a su nieta de cuatro años.

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Una tarde, la niña salió a jugar a la calle, pasaron las horas, empezó a oscurecer y la niña no volvía a casa de su abuela, la señora se preocupó pues la pequeña nunca tardaba mucho tiempo fuera de casa. Doña Felipa comenzó a buscar en los alrededores y preguntó a los vecinos si habían visto a su nieta, pero las respuestas no eran positivas.

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A la mañana siguiente, doña Felipa acudió al municipio a pedir ayuda para buscar a su nieta. Los vecinos comenzaron a buscar a la niña, y cerca de donde vivía,

un señor llamado Federico encontró su rebozo, siguieron el rastro que los condujo a una loma cerca de allí. En la cima vieron grades rocas que formaban una cueva, se acercaron y encontraron a la niña que decía que jugaba muy alegre con los duendes. Doña Felipa quiso agarrar a su nieta, pero ella se escapaba. La señora le dijo que se fuera pues ya llevaba un día desaparecida y sin comer, la niña respondió que ya había desayunado pues sus amigos le habían llevado comida, pero lo curioso es que nadie veía a ninguna persona más que a la niña. Asombrada por la respuesta de

la pequeña, la señora le preguntó dónde estaban sus amigos y ella respondió: “Andan por allá jugando y aquí me traen comida, anoche me trajeron de cenar”. Doña Felipa nuevamente le dijo que se fueran de aquel lugar, pero su nieta insistía en quedarse a jugar, hasta que entre cinco personas lograron llevarse a la niña. Al llegar a casa de doña Felipa, la dejó libre, pero siempre la tenía que cuidar pues ella siempre regresaba a la cueva; la señora cansada de ir a buscarla, la mando a Ejutla de Crespo, cerca de la

ciudad de Oaxaca de Juárez donde se encontraban los padres de la pequeña. A partir de esto, todas las personas del pueblo tienen cuidado de no dejar a sus hijos jugar tan tarde y fuera de casa pues los duendes traviesos podrían llevárselos y nunca devolverlos.

María Getsemaní Méndez Pérez.

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La mujer del camino La historia se desarrolla en una comunidad llamada Piedra de Moros, ubicada a 15 minutos de Bahías de Huatulco. Así comienza el relato en voz del autor:

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Mi nombre es Manuel Pérez Santos, soy taxista en Bahías de Huatulco, y soy originario de Salina Cruz, pero tengo familia en Piedra de Moros.

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Todo sucedió la noche del 2 de noviembre, día en el que todos los mexicanos recordamos a nuestros seres queridos y construimos altares donde les dejamos ofrendas para tener un acercamiento con ellos.

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Aquella noche conducía mi taxi, recuerdo que estaba tranquilo, algunos de mis compañeros no trabajaron puesto que estaban con su familia, además se decía entre taxistas que era peligroso manejar en la noche durante estas fechas. Cuando manejaba hacia mi casa, inesperadamente recibí una lla-

mada telefónica por parte de mi tío Saúl. Me pedía que fuera a su casa al siguiente día para platicar; su vivienda se encuentra en la comunidad de Piedra de Moros. Durante el día no hubo mucho trabajo, así que decidí ir a visitar a mi tío esa misma noche. La carretera estaba sola, no se veía ni una luz, yo era el único que transitaba por ahí. Casi llegaba a mi destino, cuando a lo lejos, apareció una mujer, decidí acercar el coche para saber si necesitaba ayuda. Cuando llegué junto a ella bajé el vidrio de la ventana y pregunté: “¿Te puedo ayudar en algo?”, ella respon-

dió que, si podía llevarla a su casa, ubicada en Piedra de Moros. Acepté, ya que me dirigía al mismo lugar, subió al taxi y se sentó en la parte de atrás, en el momento que cerró la puerta, una sensación extraña invadió mi cuerpo, la temperatura descendió drásticamente, no le quise dar mucha importancia, pero en mi interior estaba atemorizado. Unos metros más adelante llegué a la comunidad y decidí preguntarle su nombre. Pero, algo inesperado ocurrió, no escuché respuesta alguna, miré por el retrovisor: aquella mujer había desaparecido.

Mi piel se erizó, era algo que no podía explicar, el miedo invadió mi cuerpo, así que me apresuré a llegar a casa de mi tío. Cuando llegué, le conté lo que me había ocurrido, creí que le sorprendería mi historia, pero no fue así. Me contó que en la comunidad hay varias personas a las que les ocurrió lo mismo. Dicen que en la entrada se aparece una mujer vestida de blanco, que pide transporte para llegar a su casa, pero no te debes detener, ya que si lo haces podrías, incluso, morir.

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Se dice que hace algunos años atrás, en ese lugar atropellaron a una mujer que esperaba transporte para llegar a su casa, ella gritó para que alguien la auxiliara, pero nadie la escuchó, por lo que murió en la carretera, es por eso que cuando alguien pasa por ahí, ella espera que la suban para saciar sus ganas de venganza por dejarla morir sola en ese lugar, pero si tienes un alma buena solo desaparecerá.

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Diego Arturo Martínez Santiago.

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Las bolas de fuego 66

¿Has escuchado historias de brujas? Se dice que son mujeres de aspecto envejecido y oscuro, con alma perversa y risa inolvidable. Además, se cuenta que se alimentan de sangre de los niños, la cual extraen directamente del ombligo o del dedo gordo del pie. Aquí, en Oaxaca, en todas las comunidades se cuentan historias de brujas que fueron descubiertas en pleno vuelo. En esta ocasión les contaré la historia que le sucedió al padre de una amiga mía.

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Esta historia comienza en 1988, aquí en Bahías de Huatulco, antes de que existiera la unidad habitacional Infonavit. En aquellos tiempos, se comenzaba a construir el canal que se encuentra actualmente cerca de la calle Guelaguetza. Cierto día, Juan de aproximadamente 39 años, salió de su casa a las 8:00 de la mañana, como era costumbre, se dirigió a realizar un trabajo de plomería y construcción donde ahora se le conoce como Fraccionamiento Los Mangos.

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Él cuenta que, por la noche, como a las 20:00 horas le dieron ganas de ir al baño, así que se dirigió al frente de la construcción donde había un lote baldío, era el lugar donde todos los trabajadores hacían sus necesidades. Mientras Juan hacía lo suyo, se aparecieron tres bolas de fuego del tamaño de pelotas de basquetbol o incluso más grandes. Espantado, se subió los pantalones mientras corría, sabía que eran las brujas y temía que se lo llevaran. A partir de ese día jamás volvió a ir al baño en ese lugar. Se dice que no todas las brujas son malas, existen otras que tratan de cui-

darte, pero debes tener cuidado con las que buscan lastimarte, éstas tienen forma de guajolote, entran a tu casa para chuparte la sangre, misma que al regresar a sus guaridas, la vomitan y la guardan. Si algún día te encuentras solo y de pronto escuchas que vuela un ave grande arriba de tu casa es porque una bruja ha decidido visitarte, pero si no quieres que vuelva, hay una costumbre efectiva, típica de los pueblos, la cual consiste en poner machetes en forma de cruz debajo de la cama o unas tijeras, usar la ropa al revés o pintar una cruz con cal en paredes y puertas.

Hay personas que dicen que lograron capturarlas y aseguran que al momento de hacerlo quisieron saber su verdadera identidad, pero esperaron hasta el amanecer, ya que cuando sale el sol vuelven a su forma humana. Otros cuentan que cuando llueve y al mismo tiempo está el sol, en algún lugar cercano, una bruja está al acecho.

María Guadalupe Teresa Mora Rivera

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La llorona de Bahías ¿Alguna vez te ha levantado por la madrugada el grito desgarrador de una mujer?

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A este suceso se le conoce como el lamento de La Llorona. Según se cuenta, es el alma en pena de una dama que mató a sus hijos, se dice que recorre lugares solitarios y asusta a quienes la ven o escuchan.

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Este espíritu es conocido en todo México, por lo tanto, hay muchas historias sobre ella, pero en esta ocasión te hablaré de una anécdota que le pasó a la mamá de una amiga cuando se le apareció una noche afuera de su casa en Bahías de Huatulco.

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En aquella ocasión la mamá de mi amiga calentaba leche para más tarde alimentar a su hija de tres meses de edad, la arrulló, se aseguró que estuviera completamente dormida, la dejó en su cuna y se fue a descansar.

Como era costumbre, la pequeña despertó por la madrugada, su madre se levantó y se dirigió a la cocina por el biberón. Lo extraño era que su bebé no paraba de llorar, de modo que la señora se preocupó, su bebé no se encontraba bien, tocó su frente y se aseguró que no tuviera fiebre. Entonces, la mujer volvió a agarrar el biberón e intentó dárselo a su hija, quien lo rechazó y continuó llorando. Al paso de unos segundos se escuchó un lamento muy prolongado y grande que decía: “¡Ayyy!”, la mujer pensó que era alguien que gritaba en la calle, así que fue a despertar a su espo-

so. Cuando el señor se comenzaba a despertar el lamento finalizaba con “… mis hijos”, fue entonces que la señora pensó que se trataba de La Llorona y le dijo a su esposo. Él le contestó que se durmiera que se trataba de niños o jóvenes que jugaban en la calle y que regresara a dormir. La señora asustada, abrazó a su hija; estaba segura que se trataba de La Llorona, entonces recordó algunos consejos que había escuchado de sus familiares; colocó unas tijeras debajo del colchón de la cuna y acostó a su bebé.

A la mañana siguiente, el esposo fue a trabajar, pero la señora debido a que no pudo dormir toda la noche, decidió quedarse en la cama todo el día. Su hermana y su cuñado se ofrecieron a cuidar a la bebé mientras ella descansaba. Cuando despertó aún sentía miedo, aseguraba que la casa no era la misma, se sentía tenebrosa, mantenía las luces encendidas todo el tiempo porque la casa se volvió oscura.

María Guadalupe Teresa Mora Rivera.

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La Matlacihua Esta historia le sucedió a un amigo de la familia.

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Hace mucho tiempo, en el pueblo de Santa María Huatulco, un joven y su novia planearon ir a pasear y comer algo más tarde. Mientras conversaban, la chica sugirió que su próximo encuentro fuera en un río que estaba cerca del pueblo, él no accedió ya que la idea se le hacía peligrosa, y le sugirió que se vieran en otro lugar, pero ella insistió y lo convenció con la idea de que el río era un lugar tranquilo y seguro.

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Quedaron en verse a las 10:00 de la noche, el chico se dirigió al río para encontrarse con ella. Al llegar al lugar logró ver a lo lejos a una mujer, pensó que era su novia, se acercó, pero notó que era más bonita de lo común. Él muy confundido no dejaba de admirar su belleza y pensaba “ella no puede ser mi novia”.

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Cuando volvió a observar con detalle, bajó su mirada para verle los pies, en ese momento se dio cuenta que la chica tenía patas de guajolote. Horrorizado de ver aquello se quedó pasmado, los

cabellos se le erizaron, gritó y huyó despavorido. Cuando volteó a ver, se dio cuenta que ella venía tras él, trató de correr más rápido, pero al voltear la mirada en dirección al camino se dio cuenta que ya se había transportado a un lugar desconocido, como si aquella mujer lo hubiera hecho a propósito, después de esto aquel joven se detuvo, no sabía dónde estaba parado, no tenía idea de cómo regresar al pueblo. Después de unas horas, durante las que buscó el camino, pudo regresar a su casa, le contó a su familia lo que

había ocurrido, ellos le creyeron ya que era común escuchar este tipo de anécdotas entre los pobladores que deambulaban por aquel lugar en las noches, le dijeron que esa mujer era un ser al que llamaban “La Matlacihua”. Lo más irónico fue que su novia nunca llegó a aquel río, ya que la chica contactó a la madre del joven para decirle que no llegaría a tiempo y que le dijera a su hijo que se retirara de aquel lugar, definitivamente es un suceso que nunca tendrá una explicación

Reyna Elena Gutiérrez Gómez.

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En busca de esposa Vecinos de la comunidad Santa María Magdalena, ubicada a una hora de Santa María Huatulco, Oaxaca. Cuentan que hace mucho tiempo existió un hombre que había quedado viudo y estaba en busca de otra mujer para no estar solo, sin embargo, todas las mujeres lo rechazaban.

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Un día, fue a la montaña a cazar animales y mientras caminaba se encontró un arroyo, cerca se encontraba una mujer que lavaba ropa, el hombre le preguntó por qué estaba sola, ella respondió que era porque las personas que le acompañaban

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se habían hartado de esperarla a que terminara de lavar, él de manera atrevida le preguntó si quería ir a vivir con él, la muchacha respondió que sí, con la condición de que este de verdad no tuviera esposa.

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Sellado el trato, se fueron a la casa del señor, la mujer comenzó con la limpieza del hogar y el hombre preparó café y nixtamal. Al otro día la mujer hizo tortillas y preparó comida, luego de un rato el hombre le dijo que se quedara un momento en casa en lo que iba al pueblo a comprarle ropa.

Muy contento se dirigió al centro del pueblo, pues al fin había encontrado una esposa. Después de dos horas regresó a su casa y le dio a la joven la ropa que le había comprado. Así fue como duraron muchos años juntos. Las personas curiosas del pueblo querían ver a la mujer que hacía feliz a aquel hombre, así que fueron a la casa del señor, pero no veían a nadie. Siempre pasaba lo mismo, cuando iban a visitarlo nadie podía ver a aquella joven, únicamente él afirmaba vivir con una hermosa mujer.

Un viejo del pueblo decía que quien vivía con aquel señor era “La Matlacihua” y que tenía mucha suerte pues ella no era muy amable con los hombres, ya que si no le gustaban físicamente se los llevaba al monte y los perdía e incluso los volvía locos. Antes, habían ocurrido casos similares, esta mujer se llevaba a los hombres presentándose como la amada de los varones. Hacía que los hombres la siguieran hasta que ya no recordaran la manera en regresar a casa. Pero esta vez algo raro sucedió, ya que se quedó con él hasta su vejez.

María Getsemaní Méndez Pérez.

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El Vigía En 2017, mi hermana tenía dos trabajos, en el primero tenía un turno de 10:00 a 16:00 horas, en el segundo entraba a las 17:00 y salía a las 23:00 horas, en un hotel de Bahías de Huatulco.

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En aquel tiempo, ella aún vivía con mis padres en una pequeña ranchería llamada El Vigía, a una hora del centro de Bahías de Huatulco, por lo cual todos los días viajaba de regreso a casa por las noches. El camino para llegar a su casa se

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conectaba con la carretera principal de donde ella bajaba del autobús, para luego caminar cuesta arriba, ya que vivía en la cima de un cerro, dice que en varias ocasiones escuchó ruidos extraños, pero cansada por el trabajo lo único que pensaba era llegar a casa a dormir, así que no le tomaba importancia y seguía su camino.

bre alto vestido de negro salió de una casa que se encontraba cerca de ahí, éste comenzó a caminar hacia ella, al verlo decidió cambiarse del otro lado de la banqueta, ya que la presencia de aquel hombre era muy extraña. Caminó y, al momento de cruzar el camino se siguió de largo, ella sintió un temor profundo así que aceleró el paso rumbo a su casa.

En una ocasión, llegó tarde a su segundo trabajo, por lo cual regresó más tarde a casa. Al llegar a su destino bajó del transporte y empezó a caminar como siempre lo hacía, cuando de pronto un hom-

Llegó a su domicilio, pero no quiso asustar a sus padres contándoles, así que decidió olvidarlo. Después de esto, los días volvieron a ser normales y continuó con su rutina.

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Dos meses después, por cubrir unas horas extras salió tarde nuevamente, para esto ya se le había olvidado lo que había vivido, regresó a casa por el mismo lugar de siempre, el autobús siguió su camino y ella el suyo. Eran aproximadamente las 2:00 de la mañana, caminó solo unos metros cuando de pronto de una casa abandonada salió una persona con una linterna en mano, se empezó a acercar a ella alumbrándola directo a los ojos, se asustó y empezó a retroceder sin quitar la mirada a esa intensa luz, de pronto el sonido del claxon de un automóvil la hizo reaccionar, se dio cuenta

que se encontraba en la carretera. Asustada le hizo señas pidiendo ayuda a aquel vehículo que era un taxi, este se logró detener, le contó lo ocurrido, después le pidió al taxista que la llevara a su casa, pero por otro camino. El chofer le platicó que en ese camino siempre ocurren cosas extrañas por lo que ellos tienen prohibido pasar ahí después de la medianoche.

Erik Vázquez Altamirano.

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La niña 86

Hace muchos años en una escuela cercana a Bahías de Huatulco, los alumnos jugaban en la planta alta, cuando de repente uno de ellos empujó a una niña y esta cayó al suelo golpeándose muy fuerte la cabeza. Todos comenzaron a gritar aterrorizados y buscaron a los profesores para contarles lo que había pasado, pero cuando llegaron a ver, la pequeña ya había fallecido, así que llamaron a sus padres para dar a conocer lo sucedido.

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Desde entonces, la han visto aparecer en diferentes partes de la escuela. Cuenta la maestra Cleo que un lunes de homenaje sintió que alguien jugaba con su cabello, volteó y no había nadie.

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Al terminar el programa cívico fue directo al laboratorio de química, cuando intentó abrir se dio cuenta que la puerta estaba atascada, llamó a los conserjes y les preguntó por qué habían cerrado el laboratorio a lo que ellos respondieron que no había sido así, la maestra se asomó por la ventana y vio que había una mesa atravesada, la

cual impedía que la puerta se abriera, encima de ella había una máquina de escribir muy vieja junto con algunos libros que supuestamente se encontraban bajo llave. Una persona dijo haber visto salir de ese lugar a alguien y por las características con las que la describió, pensaron que pudo haber sido aquella niña. Ese mismo día, la maestra regresó a la escuela por la tarde a recoger unos libros que había dejado en su salón de clases, después fue al baño y se percató que alguien la veía por un orificio

de la puerta, salió rápidamente pero no vio a nadie. Al salir, sintió que alguien la miraba, fue entonces cuando en el fondo del baño vio a una niña con el cabello largo, negro y lacio que tapaba todo su rostro, pero a pesar de eso pudo sentir su mirada. Finalmente, la maestra salió y corrió muy asustada, sofocada y casi sin aliento, llegó a buscar al único maestro que se encontraba dando clases de francés, le preguntó si había dejado salir al baño a algún alumno y él respondió que no.

Al día siguiente, platicó con las maestras lo sucedido, entonces le contaron la historia de aquella niña que murió en el trágico incidente.

Gema Lizeth González García.

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Los niños 90

Mis padres y yo llevamos 10 años viviendo aquí en Bahías de Huatulco. Cuando recién llegamos, mi papá comenzó a trabajar en un hotel llamado, en aquel momento “Flamboyant”, era el encargado del área de administración y recepción, por lo que había ocasiones en las que le tocaba el turno de la noche. Constantemente las personas que laboraban en ese horario no podían durar más de una noche y renunciaban sin dar explicaciones.

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La primera vez que mi papá cubrió aquel turno, tuvo una sensación diferente comparada a otras ocasiones que estuvo en el hotel. El ambiente era pesado, y había un silencio extraño, increíble, tan abrumador que no podía entender cómo la gente podía dormir allí. En ese horario no había gran cosa que hacer, por lo cual las horas pasaban lentamente, se podía escuchar y sentir cada segundo de las manecillas del reloj.

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Un día como a las 3:00 a.m. escuchó ruidos que provenían de

los pisos de arriba, se podía oír como si alguien moviera los muebles, después como si niños jugaran y corrieran de un lado a otro. A mi papá no le llamó la atención, pensó que eran los hijos de algún huésped. Pasaron varias noches, todas eran iguales, ya aquellos ruidos eran cotidianos y hasta cierto punto molestos, lo único que captó la atención de mi padre fue que todo sucedía a la misma hora. Fue hasta que tuvo el turno de la mañana cuando investigó quiénes eran los huéspedes del cuarto donde pro-

venían los ruidos. Vaya sorpresa que se llevó cuando descubrió que hace meses no se ocupaba esa habitación y no había sido abierta al público por lo que había ocurrido tiempo atrás. Sucede que una familia había ocupado esa habitación hace cinco años. Cierta noche, los padres de dos niños pequeños decidieron salir de fiesta y dejaron a sus hijos en el cuarto, sin supervisión de alguna persona mayor, así que cuando sus padres salieron comenzaron a jugar; la tragedia llegaría cuando el niño mayor empujó a su hermano menor provocando que éste cayera de cabeza por el balcón,

rompiéndose el cuello y por consiguiente murió al instante, el hermano mayor, en shock no supo qué hacer y optó por suicidarse. Fue hasta la madrugada cuando llegaron sus padres que descubrieron aquella trágica y devastadora escena. Algunos visitantes mencionan que aún se llegan a escuchar pasos y risas por los pasillos del hotel, incluso, otros aseguran que los han visto, no es raro para ellos pues piensan que son los hijos de algún huésped.

Rodrigo de La Cruz Oropeza.

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Venados del inframundo El Encinal es el lugar de donde son originarios mis abuelos paternos, se ubica a una hora del centro de Bahías de Huatulco en Oaxaca. Allí existen diversos tipos de relatos, así que elegí uno que me contó mi abuelo Mauro hace tres años.

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Él se sabe las historias de dicho lugar por el tiempo que ha vivido allí, ha acumulado experiencias propias y de otros habitantes. Mi abuelo siempre termina por contarles todas estas historias a sus nietos.

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La experiencia sobrenatural que me platicó le sucedió en el campo cuando iba a cazar un venado. Pero antes de que comenzara con el relato, me hizo las siguientes preguntas: – ¿De quién crees que sean los venados? ¿De Dios o del diablo? A lo que contesté. – De Dios.

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Él me dijo que existía una posibilidad de no ser así, ya que había escuchado que los venados eran del diablo y que muchas personas habían tenido experiencias ate-

rradoras al ir a cazarlos, mi abuelo no lo creía hasta que algo le sucedió.

camente se escuchaban los ruidos de los grillos y las lechuzas.

to. Fue ahí que mi abuelo pensó que eso no era “cosa buena”.

Una noche, alrededor de las 11:00 pm, fue al monte con su escopeta a cazar uno de estos animales, llevaba ya alrededor de una hora y media y no encontraba nada; la noche parecía tranquila con una luna grande y luminosa. Mi abuelo ya fastidiado de tal serenidad se dirigió a su sembradío de frijol. Él estaba seguro que encontraría un venado comiendo en aquel lugar, al llegar a aquel sitio no había nada, por lo que decidió recostarse bajo un árbol de mango que se encontraba a un costado. La noche era silenciosa, úni-

De repente, a lo lejos vio un bulto, estaba seguro que había llegado un venado y efectivamente era uno, mientras se iba acercando se dio cuenta que tenía los cuernos más grandes de lo normal. Mi abuelo apuntó con el arma y cuando quiso disparar no sirvió su escopeta, era como si se hubiera descompuesto.

Al intentar correr para salir del lugar, el venado se le aventó, dejó a mi abuelo tendido en el piso, inconsciente un buen rato por el golpe que recibió en la cabeza. Cuando despertó eran las 3:00 de la mañana y el venado ya no se encontraba junto a él, regresó a su casa pensativo por todo lo que le había pasado.

En ese momento, el venado volteó rápidamente hacia donde él estaba, cruzaron miradas, el animal tenía los ojos grandes y rojos, tenían un brillo insóli-

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Cuando llegó con su familia les contó lo sucedido y fue entonces que entendió por qué las personas decían que los venados no eran de Dios. Esa fue la historia que vivió mi abuelo y se convirtió en parte de las leyendas que relatan las personas que van a cazar a altas horas de la noche al campo.

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María de Jesús García Cruz.

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¿Quién es esa mujer? Hace varios años, en el pueblo de Santa María Huatulco un joven proveniente de la ciudad de Oaxaca, llegó de visita a la fiesta del pueblo, eran días en los que se sentía feliz y a la vez emocionado.

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Al llegar el día de la fiesta, el joven salió a recorrer la plaza del lugar, caminaba por los puestos, conoció a nuevas personas y vio cosas que le llamaban la atención, pero nada como una bella dama que lo cautivó, no lo pensó ni dos veces y la invitó

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a bailar, cerca de ahí, pasaron varios minutos cuando optaron por ir a un lugar más tranquilo para poder charlar un poco. Después de una larga plática, se hizo de noche y la joven tenía que irse, él muy amablemente la acompañó hasta su casa, la noche ya era algo fría, así que caballerosamente le ofreció su chaqueta para que se cubriera del frío, al llegar a la casa se despidió, pues al día siguiente se regresaría a su hogar en Oaxaca, así que le dejó la chaqueta de recuerdo para cuando regresara al pueblo.

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Pasado un mes, volvió a Santa María Huatulco, sin perder tiempo, fue en busca de la muchacha, tocó la puerta de la casa, pero ella no salió al llamado, en cambio, una señora de edad avanzada respondió y él le preguntó por la chica, la señora le contestó que ella era su hija, pero tenía un año de haber fallecido. Él no podía creer lo que había escuchado, la señora lo llevó al panteón, buscaron la tumba y al encontrarla se sorprendió al ver lo que había ahí, sobre la lápida se encontraba la chaqueta del joven.

Jocelyn Esmeralda Carmona Martínez.

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CONCLUSIONES

En nombre de la asignatura de Métodos y Técnicas de Expresión Oral y Escrita, debemos mencionar que hubo momentos buenos y malos. En primer lugar, el principal problema que tuvimos fue la falta de unión del grupo, por lo tanto fue complicada la organización. Después, poco a poco nos fuimos adaptando a la estructura, logramos unificarnos y trabajar en armonía.

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En segundo lugar, nos dimos cuenta que debíamos esforzarnos en la redacción, así que lo hicimos y poco a poco logramos avances significativos. Otro problema fue la falta de tiempo, esto nos impedía dedicarle largas sesiones para afinar detalles. Pero, a pesar de estas dificultades, se logró el objetivo con éxito. El esfuerzo y trabajo en equipo, fueron suficientes para se-

guir adelante. Además, logramos identificar debilidades y fortalezas de cada integrante del grupo, cada uno desempeñó un rol en función de sus habilidades. Esta actividad nos hizo reflexionar sobre la importancia del trabajo en equipo, ya que unidos conseguiremos grandes triunfos. Por otro lado, consideramos que es de vital importancia el rescate de la tradición oral, como motor principal para la elaboración de este proyecto, observamos que existe falta de interés por parte de las nuevas generaciones en preservar los valores que forjan la identidad de la comunidad, en este caso de la región Costa. La tradición oral debe asumir mayor importancia, sobre todo en la actualidad, en donde la globalización de la comunicación y los medios tecnológicos satisfacen los espacios de la sociedad y dejan atrás la posibilidad de que se desarrolle la comunicación verbal entre los individuos que construyen su identidad mediante experiencias.

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Como estudiantes, también nos hemos visto envueltos en espacios donde interaccionamos con tecnologías y redes sociales, gran parte de nuestro tiempo lo usamos para estar tras la pantalla del celular y olvidamos las conexiones entre nuestros semejantes, así que revalorar la tradición oral nos permitirá volver a sentir las historias, al mismo tiempo dejar volar la imaginación. Los seres humanos nos construimos a través del lenguaje, es nuestro principal e indispensable medio de expresión. Las palabras habladas tienen el poder de diferenciarnos del resto de los animales ya que requieren de capacidades cognitivas fundamentales para transmitir emociones.

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Es por eso que la tradición oral debe mantenerse con vida, de no hacerlo perderemos nuestras capacidades sensoriales que nos hacen vibrar con el estímulo de las palabras. De modo que consideramos que este trabajo nutre en gran medida nuestro progreso, no sólo académico sino personal.

Finalmente, agradecemos la ayuda de los habitantes de la costa que amablemente accedieron a compartirnos cada historia a través de sus experiencias. María Isabel Romero Franco, Juan Pérez Ramírez, Kevin Avendaño González, Ricarda Soriano Cosme, Ambrosia Martínez Ruiz, Alfredo De la Cruz Villafranca, Amalia Soriano, Joaquín Martínez Zárate, Natividad López Fuentes, Mauro García Romero, Israel García Méndez y Juan Manuel Rodríguez. Gracias por transmitirnos magia a través de las palabras. Asimismo extendemos nuestro reconocimiento a Iztacxochitl Adela Alarcón Romero, el principal motor de este trabajo. Grupo 111 de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (Universidad del Mar)

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Profile for adela.alarcon.romero

Las dos caras de la costa.  

Recopilación de leyendas de Santa María Huatulco, Oaxaca, México.

Las dos caras de la costa.  

Recopilación de leyendas de Santa María Huatulco, Oaxaca, México.

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