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Testimonios cidos material y anímicamente. Sin embargo: aún así agradecemos a Dios la oportunidad de ser gestores de cordura y de valoración de la dignidad humana. Nuestras vidas están matizadas de luces y sombras. Las primeras sombras las provoca uno mismo: en vez de reflejar la luz de Cristo, proyectamos nuestras propias limitaciones y defectos, porque “la carne es débil”, y el sacerdote no está exento de la debilidad, como ya lo dice S. Pablo ¿Podremos reparar el mal que hicimos y compensar el bien que dejamos de hacer? El Apóstol prefería ser “anatema” por sus hermanos con tal que éstos se salven. ¿Llegará a ese nivel nuestra generosidad? Son tantos los que desconocen todavía a Cristo, que se necesita un nuevo impulso misionero para hacer realidad el mandato de Señor: anunciad a todos los pueblos... Para que en nuestras cristiandades no se apague el ardor de la fe, urge no bajar los brazos (expresiva la imagen de un Moisés orante por la victoria de su pueblo, o la de Francisco Javier, con su brazo cansado por bautizar, etc.). Urge reimpulsar una evangelización siempre nueva y actual en su mensaje. Que sean ellas mismas proyectoras de la luz, misioneras, codo a codo, con sus pastores - proclamadoras con el ejemplo y la palabra. Cada católico ¿podrá tener “su” Biblia? ¿Podrá tener y usar el catecismo? Biblia y Catecismo, sean los libros fundamentales para el cristiano en este año y siempre, aparte de los demás libros de formación. Sombras son la ignorancia religiosa, entre otros motivos, por no poner al alcance de todos la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Biblia

21 y Catecismo, los libros del Año de la Fe. Ediciones económicas. Que se promuevan Círculos Bíblicos con temas en lenguaje sencillo como los “Sepa defender su Fe”, especialmente durante el Mes de María, Navidad, Semana Santa, Virgen del Carmen, o en forma continuada. Que sea la Misa Dominical, verdadera reunión de la Comunidad para, iniciada con el Rosario, celebrar la Eucaristía y hacer una Catequesis sistemática de! Catecismo, además del Evangelio del día. Sombras son el desánimo y a veces el desencanto, al ver que prima lo material o económico, por sobre lo evangélico; una mezcla de intereses espúreos, conductas impropias, exigencias innecesarias. (“Hay de vosotros que imponéis cargas...” ?), abandono, disparidad de criterios, rigorismo y prepotencia (Le prêtre, c’est moi). Sombras son el menosprecio por las obras que con esfuerzo y generosidad, otros han logrado para el bien de la comunidad. Obras que no se utilizan y se permite su destrucción. Sombras son la falta de Pastoral Rural específica, Pastoral de Salud, de Estudiantes secundarios o Universitarios, de Adultos, etc. Sombras son la ampulosidad y el “endiosamiento’’ de algunos jerarcas que convocan al pueblo para asegurarse un auditorio pasivamente receptivo. Sombras son la falta de transparencia, por decirlo con frase actual, de los ingresos, y más aún del destino de éstos. Sombras son los templos y capillas sin reparar o reconstruir después del terremoto, con tres inviernos de Pastoral Popular

deterioro; y otros edificios abandonados a la suerte de los depredadores. Sombras son quienes creen granjearse la simpatía de la gente, calumniando a los anteriores en el cargo. Sombras son el retiro de tantos sacerdotes de nuestra Diócesis, cuyas causas de decepción no se han atendido o estudiado. Sombras son cuando se hace realidad el dicho popular “Dime de qué te alabas, y te diré de lo que careces”. Así camina nuestra Iglesia: Con luces y sombras. Y así caminamos nosotros. Un ruego: no disfracemos la realidad. “Yo para eso he venido al Mundo: para ser testigo de la verdad” (Jesús) Que cada día intuyamos el querer de Dios, y tengamos la voluntad de realizarla. Que el “venga a nosotros tu reino” sea una aspiración y un compromiso. “Enséñame, Señor, a hacer tu voluntad”. Chillán, noviembre 28 del 2012, “Año de la Fe”, medio siglo del Concilio Vaticano. Andrés Lacalle A. Sacerdote desde el 15 de agosto de 1962.


Testimonios

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En esta sección TESTIMONIOS, el presente artículo escrito por un joven católico aporta el resumen de algunas reflexiones que han llevado a que grupos de jóvenes vinculen su fe cristiana con intervenciones políticas y manifestaciones callejeras.

Por un cristianismo comprometido con la construcción de un Nuevo Chile “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano” ISAÍAS 58; 6-7

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omos hoy muchos los cristianos de distintas Iglesias, espiritualidades y comunidades, que desde hace un tiempo nos hemos visto interpelados por esta realidad en la que vivimos: la de un Chile injusto, la de un Chile desigual, un Chile de ricos y pobres, de opresores y oprimidos. Esta realidad tampoco escapa a nuestras Iglesias, ni a nuestra vida cotidiana, nos ha tocado vivirla en distintas situaciones: en nuestras casas, nuestras Universidades y Colegios, nuestros lugares de trabajo, nuestros voluntariados o nuestras poblaciones. Es por esta realidad injusta que nos sentimos llamados a actuar. Algunas/os intentan buscar la manera de demostrar en el actuar esta inquietud, sin encontrar forma, tratando de entonces plasmarla en el día a día. Otras y otros logran plasmar este llamado en la construcción de diversas instancias, como voluntariados y organizaciones, por ejemplo. Muchas de ellas con el objetivo de subsanar la condición de sufrimiento de hermanas y hermanos, pero no pudiendo hacerse cargo efectivamente de ella, al no lograr modificar su origen: el sistema económico, social y político que sostiene esta condición. En este sentido, existe un sector cristiano (aún pequeño en comparación con la totalidad del mundo cristiano, pero no por ello menos importante) que se mueve y que actúa: tiene hambre y sed de justicia; pero así también, muchas/os de este mundo nos hemos visto impotentes

Patricio Rubio

al intentar cambiar esta realidad que nos inquieta. Es por ello que hemos mirado en dirección hacia la política, no sin prejuicios, no sin dudas, no sin miedos, pero con la convicción de que queremos hacer lo necesario para que nuestros pueblos tengan una vida digna, un buen vivir. Es en este escenario que considero necesario preguntarnos, primero, ¿qué es lo que consideramos necesario cambiar, a la luz de nuestra fe y evangelio, en nuestra sociedad? Y siguiendo esta misma línea, ¿cómo es esta nueva sociedad que queremos construir? Creo necesario hacernos estas preguntas en nuestras comunidades, templos, parroquias. Que sea motivo para reflexionar en misas y cultos, para que como Iglesias podamos en nuestra totalidad hacernos parte y cargo de nuestras realidades. Se manifiesta como una necesidad, en el día de hoy, estas reflexiones para poder construir un nuevo discurso, que muestre a esas otras Iglesias que yacen escondidas en la inquietud de muchas/os, inquietud que es signo de estos nuevos tiempos y que viene cargada de una renovación profundamente necesaria para nuestras Iglesias. Un nuevo discurso que esté lleno de ese Cristo que vemos en pobres, en oprimidas y oprimidos, en las y los que sufren las injusticias; y que este discurso irradie también nuestro actuar como cristianas/os y el de nuestras/os prójimas/os en general. De la mano de este nuevo discurso va también la

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Editorial

Renuncia papal y muerte de un Presidente

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o inusual de que un Papa renuncie ha arrojado nueva luz sobre la naturaleza bien humana del Papado. El nombre de “Vicario de Cristo” ocultaba parcialmente lo humano. Si a “Cristo” se lo ve más bien como “Dios” que como “hombre”, es casi natural que sobre su Vicario se proyecten también rasgos que lo elevan a un rango superior, como partícipe más inmediato de la “divinidad”. Por eso se le llama “Su Santidad”, lo que evoca distancia o separación. Lo “santo”, como esfera de lo divino, se opone a lo “profano” como espacio de una vida sencillamente humana. La renuncia nos remite, pues, a la simple y común humanidad de quien ejerce la función. Y las razones alegadas por el Papa son efectivamente tan humanas como la vejez y la consiguiente pérdida de fuerzas. Pero sobre todo, la “humanidad” de un Papa que renuncia por no podérsela con la Iglesia, echa una nueva luz sobre la “humanidad” de esta institución. Los portavoces oficia-

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les persisten en no verlo, pues se defienden de las actuales filtraciones de escándalos y corrupción, llamadas “Vatileaks”, como si fueran calumnias o maledicencias tortuosas de sus “enemigos” tradicionales, y no atisbos de una investigación seria. La casi “divinización” del Papado es una construcción social: la de grupos de poder que se apoyan en ella para sobrevivir y medrar. En cambio, la constatación de la pura y simple humanidad de la Iglesia nos remite también a la del hombre Jesús de Nazaret. Él nunca pensó ni pudo pensar en un Vaticano y una institución papal. Si le dijo alguna vez a Pedro, su amigo, que cuidara de ese pequeño grupo de seguidores al que sentía tan frágil, era para que lo hiciera sólo con los medios al alcance del pescador que era por oficio. Nada más. Lo demás se lo fueron poniendo los poderes fácticos con los que las iglesias cristianas de generaciones posteriores se acomodaron durante siglos. *** La muerte de Chávez lleva también la marca de otra construcción social. Ésta es semejante a la del Papado, aunque de signo opuesto, porque apuntaba a levantar al pueblo empobrecido. Pero fue igualmente construida por una “narrativa” muy propia y una acción consecuente. Chávez quiso construir una sociedad sobre otras bases y con otros objetivos, distintos de los consabidos en Latinoamérica: una orientación política hacia una sociedad más igualitaria, donde el pueblo multiétnico venezolano, tradicionalmente postergado, se diera su propia organización institucional en diversos niveles y participara en las decisiones que le conciernen. Para ello era necesario

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Editorial

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La construcción de un grupo societario – por ejemplo, una nación y dentro de ella una iglesia – necesita de una “narrativa” creíble, un “cuento” capaz de decirles a todos y a cada uno y cada una por qué y para qué vale la pena vivir. Porque no es evidente que la vida les valga la pena ni a mucha juventud que recién al despertarse a la vida se la fuma en un “pito”, porque está ya sin esperanzas, ni a muchos grupos sociales postergados, oprimidos, explotados o simplemente olvidados en las afueras de todos los sistemas financieros, económicos o sociales.

Mural en las calles de Venezuela

reorientar los destinos de las ganancias provenientes de los abundantes recursos petroleros, alejándolas de una acumulación capitalista en provecho de las castas tradicionalmente dirigentes y de los grupos de poder en ellas, para emplearlas en provecho de los grupos tradicionalmente postergados. Todo esto, en el marco de una integración latinoamericana y caribeña en perspectiva “bolivariana”. Tal vez estos objetivos eran en buena parte, “utópicos”. Hay quienes entienden la utopía en el sentido de que tales objetivos todavía no podían tener lugar, pues faltaban varias etapas preparatorias. Otros la entienden en el sentido peyorativo que le dan a la palabra los grupos dominantes, lo que les permite desacreditar y descalificar a Chávez como “populista” y reírse de las que llaman sus “payasadas” mediáticas. ***

La “narrativa” o el “cuento” de Jesús de Nazaret - su “utópico” Reino de Dios - se ha perdido en los meandros de las intrigas vaticanas y otras corrupciones eclesiásticas, como también en las teologías exsangües que repiten monsergas añejas y recocidas. La “narrativa” o el “cuento” socialista se había perdido también en los avatares de los países que llevaban ese apellido. Es que todo lo humano se corrompe y necesita regenerarse. A una regeneración de lo político apuntaba la construcción “utópica” de Chávez: lo que él llamaba “nuestro socialismo” bolivariano. A una regeneración de lo “utópico” y del sentido llama implícitamente la renuncia papal, en la que hubiéramos querido por cierto percibir una denuncia más explícita. En nosotros está reconstruir un “relato” o una “narrativa” creíble y practicable de la “utopía” de Jesús, relato capaz de animar e inspirar el que todos juntos demos pasos hacia una sociedad distinta donde valga la pena vivir. Caminar así, sería haber ya comenzado a llegar. Pastoral Popular

En la siguiente sección RENUNCIA PAPAL, compartimos varias reflexiones escritas antes de la convocatoria del Cónclave, pero que, a nuestro parecer, merecen ser consideradas por parte de las comunidades cristianas de base de cualquier confesión cristiana. Pastoral Popular

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Renuncia Papal

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Manifiesto de cristianos y cristianas U

nas treinta personas nos reunimos el lunes pasado, 11 de marzo de 2013, en el Centro Diego de Medellín, para conversar e intercambiar opiniones sobre la iglesia en la actual situación de renuncia papal. Sentimos como un regalo el solo hecho de juntarnos. Pero del grupo que se juntó, salió algo más. Parece que estuvimos haciendo iglesia, porque en las varias etapas de nuestro caminar dialogal, sentíamos que de algún modo “nuestro corazón ardía”... Nos dimos cuenta de que la renuncia a ser Papa de Joseph Ratzinger nos había conmovido profundamente. No sólo por lo inusual del hecho, sino por el trasfondo de profundo malestar del que tal acto fue expresión. Aunque no lo dijo, a nuestro hermano debió dolerle la Iglesia Católica Romana que él dejaba de presidir en ese acto. Nos hacemos cargo de ese dolor, porque es también el nuestro. Nos duele esa iglesia en la que se han frustrado las esperanzas levantadas por el Concilio Vaticano II. En vez de definirse como pueblo de Dios, en la línea del Concilio, esa iglesia oficial ha reforzado su carácter jerárquico y autocrático. En vez de abrirse a una participación femenina activa en todos los niveles de las llamadas funciones pastorales, se ha mantenido como una organización en último término dominada por varones. En vez de escuchar a los jóvenes y sensibilizarse a sus inquietudes, les ha opuesto una moral negativa y poco realista. En vez de favorecer la igualdad de todos y el respeto a la diversidad de las personas, se ha obstinado en discriminar a muchos en razón de opciones sexuales diferentes. En vez de oponerse claramente a la dictadura del neoliberalismo, - un modelo pensado para que existan pobres y que vive de generar pobreza, desigualdad y opresión -, la iglesia oficial convive y negocia con el mismo, haciéndose su cómplice y contrariando en los hechos sus declaraciones de doctrina social. Somos responsables de ello como cristianos. Dejamos para el último y aparte la mención de los abusos sexuales cometidos y largo tiempo silenciados, y los

manejos financieros oscuros en que se han visto implicados muchas personas e instituciones eclesiásticas. Sentimos que esa forma de ser iglesia está agotada y se ha vuelto irrelevante porque se ha separado del evangelio y por lo mismo no tiene mensaje para el mundo de hoy. En este encuentro del lunes 11 de marzo y en los de muchos otros grupos cristianos, estamos viviendo un momento nuevo. La renuncia papal ha gatillado la conciencia de que ésta es nuestra hora: la de tener la audacia de los primeros cristianos para volver a Jesús solo, al darnos cuenta de que la mediación que debería ser la iglesia no está a la altura de su cometido. Cuando la mediación falla, hay que rehacerla, reformarla, como se dijo hace ya tiempo. Y se constató que aún “reformada”, el proceso de reforma debía recomenzar siempre de nuevo. Esto es parte de lo que se expresa con el término más amplio de conversión. Lo experimentamos en esta misma reunión autoconvocada y en la esperanza que se despierta en muchos y se muestra en numerosos grupos que se están manifestando como éste. La visión de muchos jóvenes cristianos es que el Papa no es el “papá” de la iglesia. No hemos quedado huérfanos. Y en este encuentro hemos comprobado que los mayores estamos sintiendo igual que los jóvenes. Sentimos el vigor nuevo del espíritu que hoy nos anima a todos y todas, y que, confiamos, sea el mismo de Jesús. En ese espíritu queremos seguir caminando, pues percibimos que la iglesia de Jesús es otra cosa y que esa otra figura de iglesia deberá acontecer, llegar hasta nosotros, nacer en nosotros, volverse palpable y experimentable algún día. En un momento tan desolado de la historia de nuestro pequeño gran mundo, Jesús es nuestra opción, no el Jesús de dogmas lejanos e incomprensibles hoy, sino el que vieron gente como Oscar Romero, Helder Cámara o Enrique Alvear, quienes nos lo han mostrado a él, viviendo en medio de los pobres, pobre con ellos, desheredado, apartado y excluido del banquete de Epulón,

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4 como el resucitado en una nueva dignidad que no se compra, sino se adquiere en la firmeza de la conciencia y de la lucha. Una iglesia que ponga así sus ojos en Jesús y en el pobre, es nuestra iglesia verdadera. Ella es la católica, por estar llamada a ser universal, y en ella queremos cobijarnos, para construirla desde adentro y recibirla como regalo cuando acontezca de veras. Nos integramos a ella incluso aquéllos que parecemos estar afuera: quienes atribuimos el ser incrédulos a esa forma de ser iglesia que nos ha impedido creer; nos integramos también quienes nos hemos apartado o hemos sido excomulgados como herejes, por no aguantar la ínfulas romanas ni sus arbitrios. Es una iglesia en que ya no habrá distinción de confesiones, porque protestantes, luteranos, reformados, evangélicos… caben también en ella y pueden sentirse en su casa y autónomos. Todas y todos descubrimos hoy una nueva, abundante y colorida manera de ser católicos. Ayer silabeamos algunos de los rasgos de este nuevo catolicismo que entrevemos. Aquí van algunas de las sílabas que dijimos como ensayando, y que poco a poco se irán convirtiendo en palabras creadoras y en hechos históricos. • Liberados del clericalismo, empoderados o investidos del poder que somos y tenemos como grupo - “donde hay dos o tres reunidos en mi nombre…” - y creyendo, pues, en esa presencia ausente, la de Jesús con nosotros y en el vínculo que nos une, nos comprometemos a tomar nuestra responsabilidad a dos manos, para hacer iglesia allí donde nos encontremos, por ejemplo, como lo hacen ya los jóvenes quienes llevan el evangelio a la calle donde se manifiestan por una nueva educación, por la igualdad de trato y de respeto por las opciones sexuales, por la aceptación magnánima de la diversidad. Porque somos iglesia para que exista solidaridad en el mundo. • Nuestra posición es de desobediencia en aquellas cosas que no son de Jesús. Y eso lo discernimos comunitariamente. Tenemos poder de decisión fundado en el evangelio Creemos que también nosotros somos iglesia. Porque amamos la iglesia, queremos luchar por y dentro de ella en el cambio de sus estructuras. • Nos comprometemos a hacer una iglesia de Jesús a contracorriente de las “iglesias” que en los hechos han dejado de serlo, por haberse aliado con los “poderes y potestades” de este mundo que son la finanzas especulativas, los capitalismos expoliadores y los señoríos políticos.

• Hacer iglesia es mirar hacia fuera y estar en el mundo real, metidos y comprometidos en las luchas ciudadanas, para impedir la acción de quienes dicen construirlo y en los hechos lo destruyen y para instaurar la verdad y la justicia allí donde el poder económico ejerce violencia a través de las instituciones militares y policiales. Esa es la iglesia viva, la que vive con el pueblo y en el pueblo, porque nace de él. • Hacer iglesia es diseñar, elaborar y comenzar desde ahora a vivir, poco a poco, con paciencia y tenacidad, pero también con gozo y humor, la figura de una sociedad nueva. Quisiéramos ganar para esta forma de ser iglesia a todos, incluso a los que ahora se llaman Obispos o Papas, en ejercicio o eméritos. No condicionamos nuestro proyecto y nuestra acción a un cambio inmediato en estas personas o funcionarios. Iremos preparando el camino para que tenga lugar en plenitud una mutación que ya se está gestando. En el futuro, nuestros dirigentes, acompañantes espirituales, liturgos, orientadores o profetas serán igualmente mujeres que hombres. Tal vez no se llamarán sacerdotes ni obispos ni pastores ni padres o madres, sino quizás compañeros y compañeras, hermanas y hermanos, conductores o facilitadores de las iniciativas que, como sujetos autónomos, procuremos tomar decisiones comunitariamente... No recibirán más honores ni dignidades que la propia dignidad de todo ser humano. A medida que se desarrollen sus carismas, iremos encontrando la manera de nombrarlos. Las y los iremos reconociendo en el ejercicio mismo de sus funciones, aprobándoles en sus cargos por votación de todas y todos, o, cuando sea necesario, revocando sus funciones o pidiéndoles hermanablemente su renuncia. Tal vez llegará un día en que el Papado, como función de la unidad de la fe en la variedad de los dones, sea ejercido colegiada y hermanablemente por hombres y mujeres dialogantes que serán escogidos por el extenso pueblo de Dios de todas las lenguas y colores de esta tierra. Conversado en Santiago, el 11 de marzo de 2013, antes de la elección del Papa Francisco, y ratificado algunos días después por la siguiente lista de personas que participaron en dicha reunión: Vicente Morales, José María Jarry, Ana María Olguín, Luisa Caro, Verónica Salas, Sandra Segovia, María Inés Urrutia,  Juan Subercaseaux, Raúl Rosales, Hervi Lara, Verónica Espinoza, Corina Varela, Manuel Ossa, Luis Ramírez, Manuel Hidalgo, Abelardo Ahumada, Juan Bautista Gatica. (Las adhesiones continúan llegando tras cierre de redacción).

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PAREN LA ELECCIÓN DEL PAPA (Se ha traducido este artículo desde el sitio web de la asociación austríaca “¡Somos Iglesia!”, http://www.wir-sind-kirche.at/. Fue publicado también en la revista católica Publik Forum, 20 febrero 2013. Trad. por Manuel Ossa para la Revista Pastoral Popular)

Por una moratoria de dos años de meditación y reforma

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a anunciada elección papal levanta una ola de deseos, expectativas de reforma y propuestas de candidatos. Así es dentro y fuera de la iglesia. Señal de que la gente espera todavía mucho de esta institución. Al mismo tiempo, se sobrecarga la figura del nuevo Papa con esperanzas sobrehumanas, casi mesiánicas, irreales y contradictorias para un “ministerio petrino” acorde con la Biblia. De allí mi demanda de aplazar en dos años la elección del Papa, pues no se dan hoy las condiciones necesarias para legitimar tal acto.

Hermann Häring

Menciono las razones siguientes. 1. No se debe aceptar una elección papal sin que toda la iglesia participe, lo que no es posible en el corto plazo

El autor, nacido en 1937, es teólogo católico y profesor emérito de teoría científica y teología en Nimega, Holanda. Desde hace algunos años es consejero académico en el proyecto “Ethos mundial”, vive actualmente en Tubinga y colabora con Hans Küng, teólogo conciliar y fundador del mencionado proyecto.

Los miembros del Colegio Cardenalicio con derecho a voto no pueden arrogarse la representación de la iglesia entera, porque son todos varones, fueron nombrados por los Papas y tienen una edad promedio de 72,5 años. Lo mismo vale de la mayor parte de los Obispos. A esto se agrega que la comunicación dentro de la iglesia se encuentra en una situación catastrófica. Mientras los obispados y las conferencias episcopales no puedan enviar representantes fidedignos de sus iglesias y no se hayan determinado de manera convincente los criterios

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Hermann Häring

de participación, el ministerio papal llevará el lastre de un enorme déficit de autoridad. Todo esto tiene que ser previsto antes de que se proceda a una nueva elección papal. Diferir esta elección no es contrario al derecho canónico, pues los principios jurídicos parten del supuesto de que debe ser elegido un Papa que sirva prudente y cristianamente al bien de la Iglesia. En la actualidad esto es imposible. 2. La forma actual del ministerio papal es un legado de épocas medievales y absolutistas que no debe aceptarse hoy por razones de fraternidad cristiana. Es imposible desempeñar hoy el servicio de Pedro en su sentido originario. Volver a configurarlo es algo que necesita un tiempo de profunda meditación, apertura espiritual y fantasía jurídica. En el actual ministerio papal se concentran monopólicamente los más diversos poderes, lo que es contrario al espíritu bíblico y a la tradición de la iglesia como totalidad. Es una situación insostenible por razones bíblicas, teológicas y de política contemporánea. Según el Nuevo Testamento, Pedro tendría que fortalecer y no controlar a sus hermanos y hermanas (Lc 22, 32), tendría que ser considerado como el primero entre colegas del mismo rango y no como un súper apóstol (2 Cor 11, 5). La iglesia tendría que actuar de manera descentralizada y abjurar de todo centralismo (1 Cor 9, 20). Se requiere reflexionar a fondo para no perder esto de vista. Sin un trabajo previo como éste, no tiene sentido elegir un Papa.

3. Una reforma profunda del Papado requiere revisar los fundamentos no solo disciplinarios, sino también teológicos y dogmáticos. Para ello se vuelve indispensable la cooperación de un equipo jurídico-canónico de alto nivel cuya autoridad tendría que parangonarse con la de un Concilio o anticiparse al mismo. Hay que relativizar o al menos flexibilizar el primado del Papa definido en 1870, para ponerlo a tono con la Escritura y la práctica de la primera iglesia. Hay que abolir categóricamente la desigualdad del trato que se les da a las mujeres específicamente en lo que se refiere a los ministerios eclesiásticos, en el sentido de Gal 3, 28. Hay que declarar inválida la ética sexual objetivista de la neo-escolástica con sus graves consecuencias (para la moral del matrimonio y el tema de su indisolubilidad, el control de los nacimientos, la prohibición del condón y la homosexualidad), porque esta ética no tiene apoyo bíblico. Hay que darles un valor distinto a las definiciones doctrinales que se refieren a estos temas, algunas de las cuales son tenidas por infalibles. Para ello hay que revisar la tradición y la Escritura. Estos puntos atañen no solo a la calidad sino a la legitimidad de una constitución eclesiástica adecuada a nuestros tiempos. Por ello, es inválida una función papal que siga aferrándose a soluciones antiguas y teológicamente caducas.

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4. Se puede objetar que no hay tiempo para responder a estas exigencias, pues se necesitarían años para llevarlas a cabo. Por ello se propone diferir por dos años la elección papal. Aplazar una elección papal es algo muy inusual y no está previsto en el Derecho Canónico. Sin embargo, hay razones para un aplazamiento, dado que estamos ante una situación también desacostumbrada. Se trata de la crisis catastrófica a la que Juan Pablo II y Benedicto XVI han conducido a su iglesia a pesar de constantes advertencias. Ellos han frenado tercamente los impulsos de reforma emanados del Concilio Vaticano II, no se han mostrado para nada dispuestos a reflexionar, lo que ha dañado de la manera más grave a la comunidad de fe y se ha puestoen tela de juicio cualquier forma de autoridad. Solo la jerarquía eclesiástica es culpable de la inacción, pues hace decenas de años que están listos los correspondientes análisis, requerimientos y soluciones teológicas. Es posible, por tanto, inventariar rápidamente los pasos que hay que dar hacia la deseada reforma. 5. El Sínodo de Obispos funcionando como asamblea plenaria podría ser el gremio impulsor y organizador de la reforma. Dada la urgencia y lo dramático de la situación, esta asamblea tendría que ser convocada por los tres más antiguos presidentes de las conferencias episcopales. Mi propuesta para la actual situación excepcional es la siguiente: que el Sínodo de Obispos se reúna sin tardanza, actúe autónomamente, se dé una orden del día y tome sus propias decisiones. Tiene que preocuparse de que sus miembros sean representantes legitimados por los fieles en cuyo nombre actúan. Este gremio debe hacer suyos los impulsos de reforma del Concilio Vaticano II en el sentido de la Escritura y de las primeras tradiciones de la iglesia. Mediante un trabajo transparente, y, dejándose asesorar por expertos en teología, derecho y ciencias humanas, diseñará un programa de reformas que pueda servir como base para la elección de un Papa. Debe procurar que la discusión, pese a la premura del tiempo, sea lo más amplia posible en las iglesias locales, con todas sus diversidades culturales y nacionales . Luego de esta discusión, planteará una propuesta de reforma como base para la elección del Papa. La comunidad eclesial amplia podrá medir la legitimidad y autoridad del próximo Papa de acuerdo al grado en que éste reconozca y adopte dicha propuesta.

6. En el sentido de la Escritura, el servicio de Pedro debería aspirar a una validez ecuménica universal, y sin embargo constituye el obstáculo ecuménico más importante. Por ello es necesario que su nueva configuración se diseñe en diálogo y acuerdo con otras iglesias, como paso previo a la designación de quien o quienes deban asumirlo. Ni los Anglicanos, ni los Ortodoxos como tampoco las Iglesias de la Reforma rechazan en principio un “servicio petrino”. Pero descartan su supremacía jurídica y sobre todo su estructura de poder monárquico y concentrado en una sola persona. Habría que darse un tiempo para conversar sobre tales preguntas con estas iglesias, de manera que el servicio de Pedro deje de ser el obstáculo mayor para el ecumenismo. 7. Pero si, no obstante la situación de la Iglesia, el cónclave eligiera un Papa, el elegido carecería definitivamente de autoridad, a menos que anunciara reformas fundamentales en el sentido dicho. Atendiendo a las graves fallas señaladas, sería irresponsable ocupar hoy día la sede vacante. Pero si esto sucediera, habría que prestar atención a lo que la persona elegida declara en su discurso inaugural y el día de su investidura. Según ello, será cuestión de prudencia si se le reconoce o no una verdadera autoridad. 8. Quien piense que una solución como ésta es inaceptable, tendría que reflexionar sobre el hecho de que desde hace más de cincuenta años la jerarquía se ha negado porfiadamente a cualquier reforma en el sentido de la Escritura, la tradición y la ecumene. Sobre ella recae la culpa de la situación actual. Debido a esta negativa, la jerarquía ha arrasado con la credibilidad de la Iglesia católico-romana, ha ofendido a las muchas víctimas de su administración y ha preferido su propio triunfo a la solidaridad con los perdedores. Después de cincuenta años, la paciencia de la comunidad eclesial debe terminarse, por el bien de la misma iglesia. “Lo que hicisteis a uno de los más pequeños de mis hermanos y hermanas, me lo hicisteis a mí” (Mt 15, 40). Quien ha reconocido el significado central de esta palabra de Jesús, no puede ver que la actual vacancia de la sede papal sea un problema real, porque Jesús no ha anunciado la llegada de la iglesia y del representante de Cristo, sino la del Reino de Dios. 19 de febrero 2013

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Ivone Gebara  

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espués de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana han aparecido entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el Brasil. Sin duda, un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de todo tipo, principalmente de sospechas, intrigas y conflictos dentro de los muros del Vaticano, que habrían acelerado la decisión del Papa. En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma como algunos sacerdotes entrevistados, o sacerdotes conductores de programas de televisión, respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente. Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como si fuera el elemento del que dependería la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la Iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada de escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.

La formación teológica de estos sacerdotes comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto, ya bien conocido, que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, en cierta forma, confirman su propio poder. La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar conflictos internos que ha vivido la institución. La teología del Espíritu Santo continúa siendo para ellos mágica; expresa explicaciones que ya no pueden hablar a los corazones y a las conciencias de muchas personas que valoran el legado del Movimiento de Jesús de Nazaret. Es una teología que sigue provocando la pasividad del pueblo creyente ante las múltiples dominaciones, incluida la manipulación religiosa. Continúan repitiendo fórmulas... como si éstas satisficiesen a la mayoría de la gente. Me entristece el hecho de comprobar una vez más que los religiosos y algunos laicos que trabajan en los medios de comunicación no perciben que estamos en un mundo en el que los discursos tienen que ser más asertivos, y que tienen que basarse en referencias filosóficas consistentes, más allá de la tradicional escolástica. Un referencial humanista los haría mucho más comprensibles para el común de las personas, incluidos los no católicos y no religiosos. La responsabilidad de los medios de comunicación religiosos es enorme e incluye la importancia de mostrar cómo la historia de la Iglesia depende de las relaciones e interferencias de todas las historias de los países y de las personas individuales. Ya es tiempo de abandonar ese lenguaje metafísico y abstracto, como si un Dios fuese a ocuparse especialmente de elegir al nuevo Papa, independientemente de los conflictos, desafíos, iniquidades y cualidades humanas. Ya es hora de afrontar un cristianismo que admita el conflicto de las voluntades humanas. Es hora de reconocer que, al final de un proceso electivo, no siempre la elección realizada puede ser considerada como la mejor para el conjunto. Hay que afrontar la historia de la Iglesia como una historia

La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo Pastoral Popular


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construida por nosotros, todos y todas, y de testimoniar respeto para nosotros mismos/as mostrando la responsabilidad que tenemos todas/os los que nos consideramos miembros de la comunidad católica. La elección de un nuevo Papa es algo que tiene que ver con el conjunto de las comunidades católicas esparcidas por todo el mundo y no sólo con una élite de edad avanzada, minoritaria y masculina. Por lo tanto, es necesario ir más allá de un discurso justificativo del poder papal, y enfrentarse a los problemas y desafíos reales que estamos viviendo. Sin duda, para esto las dificultades son muchas, y abordarlas requiere nuevas convicciones y un deseo real de promover cambios que favorezcan la convivencia humana. Me preocupa, una vez más, que no se discuta más abiertamente el hecho de que el gobierno de la Iglesia institucional sea entregado a personas ancianas que, a pesar de sus cualidades y sabiduría, ya no son capaces de hacer frente con vigor y desenvoltura los desafíos que estas funciones demandan. ¿Hasta cuando la gerontocracia masculina papal será como un doble de la imagen de un Dios, blanco, anciano y de barbas blancas? ¿Habría alguna posibilidad de salir de este esquema, o al menos de iniciar una discusión de cara a una futura organización diferente? ¿Habría alguna posibilidad de abrir esta discusión en las comunidades cristianas populares que tienen derecho a la información y a una formación cristiana más ajustada a nuestros tiempos? Sabemos en qué medida la fuerza de la religión depende de desafíos y comportamientos que son fruto de convicciones capaces de sostener la vida de muchos grupos. Sin embargo, las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones, ni a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas, igualmente, no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes y astutas en relación con la Iglesia. Sin embargo, estos sacerdotes comunicadores creen estar tratando con personas pasivas, entre ellas muchos jóvenes que mantienen un culto romántico alrededor de la figura del papa. Los religiosos mantienen esta situación, a menudo cómoda, por ignorancia o avidez de poder. Probar la interferencia divina en decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo es un ejemplo flagrante de esta situación. Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es, en primer lugar, el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales habría conferido el poder de elegir un nuevo papa, y que ésa es la

voluntad de Dios. A los millones de fieles les corresponde sólo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor, y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el habemus papam. De manera hábil, por el recurso a fuerzas superiores que dirigirían la historia y, la Iglesia siempre están tratando de hacer que los fieles ignoren la verdadera historia, y que no puedan plantearse su responsabilidad colectiva. Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente, y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. Es desolador ver cómo la conciencia crítica en relación a sus propias creencias infantiles no haya sido despertada, para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana. Parece que hasta rescatamos los muchos obscurantismos religiosos de épocas pasadas, mientras que el Evangelio de Jesús, por el contrario, continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros. Conociendo las muchas dificultades afrentadas por el Papa Benedicto XVI durante su corto ministerio papal, las empresas de comunicación católica sólo destacan sus cualidades, su entrega a la Iglesia, su inteligencia teológica, su pensamiento vigoroso, como si quisieran, una vez más, ocultar los límites de su personalidad y de su postura política, no sólo como Pontífice, sino también, como presidente por muchos años de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio. No permiten que las contradicciones humanas del hombre Joseph Ratzinger aparezcan, y que su intransigencia legalista o el trato castigador que caracterizaron parcialmente su persona sean recordadas. Hablan desde su elección, principalmente como un papado de transición. No hay duda que es así. Pero, ¿transición hacia dónde? Me gustaría que la encomiable actitud de renuncia de Benedicto XVI pudiese ser vivida como un momento privilegiado para convidar a las comunidades católicas a repensar sus estructuras de gobierno y los privilegios medievales que esta estructura conlleva. Estos privilegios, tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, hacen aparecer al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual. Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los an-

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10 helos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Ess estructuras deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y las mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones. Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo. Y, para terminar, quiero volver al Espíritu Santo, a este Viento que sopla en cada una/o de nosotros. Este aliento en nosotros es más grande que nosotros. Nos aproxima y nos hace interdependientes con todos los vivientes. Un soplo de muchas formas, colores, sabores e intensidades. Soplo de compasión y de ternura, soplo de igualdad y de diferencia. Este aliento o soplo no puede ser utilizado para justificar y mantener estructuras privilegiadas de poder y tradiciones antiguas o medievales, como si se tratara de una ley o una norma indiscutible e inmutable. El viento, el aire, el espíritu sopla donde quiere y nadie debe atreverse a querer ser ni por una sola

vez su dueño. El espíritu es la fuerza que nos acerca a unos con otros, es la atracción que permite nos reconozcamos como semejantes y diferentes, como amigas y amigos, y que juntos/as busquemos caminos de convivencia, de paz y de justicia. Estos caminos del espíritu son los que nos permiten reaccionar ante las fuerzas opresivas que nacen de nuestra propia humanidad, los que nos llevan a denunciar a las fuerzas que impiden la circulación de la savia de la vida, quienes nos llevan a des-cubrir los secretos ocultos de los poderosos. Por tanto, el espíritu se muestra en las acciones de misericordia, en el pan compartido, en el poder compartido, en la cura de las heridas, en la reforma agraria, en el comercio justo, en las armas transformadas en arados, en fin, en la vida en abundancia para todas/ os. Éste parece ser el poder del espíritu en nosotros, poder que necesita ser despertado en cada nuevo momento de nuestra historia, y ser despertado en nosotros/as, entre nosotros/as y para nosotros/as.  

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UN NUEVO PASTOR Pablo Fontaine ss.cc.

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uando se anunció la singular noticia de que el Papa renunciaba, algunos amigos me daban el pésame. Se encontraron con la sorpresa de verme contento. Mi buen humor no era por falta de aprecio hacia el Papa. Eran otros los motivos, a saber, admiración por la audacia y franqueza de su actitud, deseo de ver el papado más cerca de las formas democráticas actuales, esperanza de una renovación de la Iglesia. Respecto a lo primero, sigo admirándolo cuando veo la tremenda reacción mundial ante el paso dado. Lo cual tiene que haber sido previsto por él, como es lógico. Lo que es posible decir sobre este hecho parece

ser inagotable a juzgar por el voluminoso e interesante contenido de los comentarios que ha suscitado. En cuanto a acercarse a formas más democráticas es lo que muchos deseamos, es decir, que el servidor de la comunidad católica mundial no sea mirado como un ángel o un extraterrestre. Su humanidad, como la de Pedro, resalta mejor en alguien que puede dejar el poder y ocupar otro lugar de la Iglesia sin mayor drama. Y más todavía, por causas tan humanas como son la ancianidad y el cansancio. En cuanto a una renovación de la Iglesia, es algo que debemos pedir con lágrimas, sin pesimismos ni ilusiones. Es posible que este hecho sea el comienzo de un camino inesperado hacia una fidelidad mayor a Jesús, a su forma de vida y a su mensaje. La pregunta que debemos hacernos todos es: leyendo las páginas del Evangelio, mirando el modo de actuar de Jesús, escuchando con el corazón sus palabras, ¿qué debe cambiar en mí, alrededor y en todo el mundo para que esta Iglesia refleje el rostro de Jesús?

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¿Cómo vivir para que los que no saben leer o no tienen posibilidad de acercarse a la Biblia, conozcan a Jesús leyéndolo en sus seguidores? ¿Cómo pueden encontrarse con él los que sólo divisan la cáscara de esta vieja Iglesia? No es una pregunta muy nueva, pero se hace más urgente cuando este gesto papal nos anima a mirar la Iglesia de Jesús con renovada esperanza. Como digo, en este interrogante entramos todos. El distanciamiento de muchos respecto a la Iglesia católica no viene sólo de su ejercicio del poder ni de su apego a viejas costumbres. Viene de todos los que no amamos suficientemente a Cristo y a nuestros hermanos. Debemos pedir especialmente el regalo de tener un corazón nuevo. Y para ello no es menor la ayuda que puede llegarnos de una renovación iniciada por el nuevo Pastor de la Iglesia.


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Nuevo Papa

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La geopolítica del secreto

Ivone Gebara

Escritora, filósofa y teóloga

Adital Traducción para ADITAL: Ricardo Zúniga  ricardozunigagarcia@gmail.com]

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ranscurridas las primeras horas del impacto por la elección del Cardenal Bergoglio de Buenos Aires, de las primeras emociones por tener un Papa latinoamericano con expresión amable y cordial, la vida presente nos invita a reflexionar. A pesar de su valor, los medios de comunicación también tienen el poder de distraer y adormecer las mentes, de impedir que las preguntas críticas afloren en la reflexión de la personas. En estos dos últimos días previos a la elección papal, muchas personas en Brasil y en el mundo fueron ‘tomadas’ por las emisiones en vivo y directas desde Roma. Sin duda acontecimientos históricos como los vividos estos días, ¡no se repiten todos los meses! Pero, ¿por qué ese fuerte interés de las grandes empresas de telecomunicaciones por transmitir cada detalle de la elección del nuevo Papa? ¿A quién sirven los millones de dólares gastados en las transmisiones sin interrupción hasta la llegada del humo blanco? ¿De qué lado están esos intereses? ¿Qué intereses tiene el Vaticano para hacer posible y facilitar estas transmisiones? Estas preguntas tal vez inútiles para el gran público, siguen siendo significativas para algunos grupos preocupados Pastoral Popular

por el crecimiento de la conciencia humanista de muchos/as y de nuestra propia conciencia. Son en gran parte las empresas de telecomunicación las responsables por mantener el secreto acerca de las políticas electorales del Vaticano. El secreto, los juramentos y las sanciones por no respetarlos son parte integral del negocio. Crean impacto y hacen noticias. No se trata de una secular tradición sin consecuencias para la vida del mundo, sino de comportamientos que terminan obstaculizando e impidiendo la búsqueda de diálogo entre los grupos, o excluyendo a otros grupos de un diálogo necesario. No se hace ninguna crítica a este sistema perverso que continúa utilizando al Espíritu Santo para el mantenimiento de posturas ultraconservadoras revestidas con aires y apariencias de religiosidad y amable sumisión. Ningún espacio se abre para que las voces disonantes puedan manifestarse, aún a riesgo de ser apedreadas, en marco de las transmisiones oficiales. Una que otra vez aparecen pequeñas críticas esbozándose, pero pronto son ahogadas por el “status quo” impuesto por la ideología dominan-


El Nuevo Papa te. Del nuevo Papa Francisco se dijo que usaba el transporte público, era cercano de los pobres, cocinaba sus alimentos y que el nombre que escogió como Papa, lo asemejaba al gran Santo de Asís. Inmediatamente fue presentado como una figura sencilla, cordial y simpática. En la prensa católica nada se dijo de las sospechas de muchos con respecto a su postura durante la última dictadura militar argentina, de sus actuales posturas políticas, de sus posiciones contra el matrimonio igualitario y la legalización del aborto. Nada expresó de sus conocidas críticas a la teología de la liberación y de su desinterés por la teología feminista. La figura bondadosa y sin ostentación electa por los cardenales, asistidos por el Espíritu Santo encubrió al hombre real con sus numerosas contradicciones. Hoy los diarios brasileños (Folha de São Paulo, O Estado de São Paulo) delinearon diferentes perfiles del nuevo papa,

13 y tenemos una percepción más realista de su biografía. Además, era posible intuir que su elección es, sin duda, parte de una geopolítica de intereses compartidos y del equilibrio de fuerzas en el mundo católico. Un artículo de Julio C. Gambina publicado en Argenpress vía internet ayer (13 de marzo de 2013), así como otras informaciones enviadas por grupos alternativos de Nicaragua, Venezuela, Brasil y especialmente de Argentina confirmaron mis sospechas. La cátedra de Pedro y el Estado Vaticano deben mover sus piezas en el ajedrez mundial para favorecer a las fuerzas de los proyectos políticos del norte y sus aliados del sur. El sur fue de cierta forma cooptado por el norte. Un jefe político de la Iglesia, proveniente del sur equilibrará las piezas del ajedrez mundial, bastante movidas, en los últimos años por los gobiernos populares de América Latina y por las luchas de muchos movimientos, entre ellos, los movimientos feministas del continente con reivindicaciones que atormen-

tan al Vaticano. Si es en el sur que algo nuevo está pasando políticamente, nada mejor que un Papa del sur, un latinoamericano para enfrentar este nuevo momento político y preservar intactas las tradiciones de la familia y la propiedad. Sin duda una afirmación como ésta, rompe el encanto del momento de la elección y la emoción de ver a la multitud en la Plaza de San Pedro, irrumpiendo en aplausos y gritos de júbilo ante la figura del Papa Francisco. Muchos dirán que estas críticas suprimen la belleza de un evento tan emocionante como la elección de un papa. Quizás, pero yo creo que son críticas necesarias. La tan sonada preservación de la evangelización como una prioridad de la Iglesia parece ser la preservación de un orden jerárquico del mundo donde rigen las élites y los pueblos aplauden en las grandes plazas, se emocionan, oran y cantan pidiendo que las bendiciones divinas caigan sobre las cabezas de los nuevos gobernantes político-religiosos. Es el mismo catecismo, con pocas variaciones se continúa reproduciendo. No hay ninguna reflexión, no se busca despertar conciencias, no se invita a pensar, sino más bien al manteniendo una doctrina casi mágica. Por un lado es la sociedad del espectáculo que nos invade y estimula a entrar en la disciplina del orden/desorden contemporáneo con cierta dosis de romanticismo y, por otro, la sociedad asistencialista identificada a la evangelización. Salir a las calles para dar de comer a los pobres y orar con los presos aunque tiene algo de humanitario, pero no resuelve el problema de la exclusión social que se vive en muchos países del mundo.

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14 Escribir sobre la “geopolítica del secreto” en tiempos de euforia mediática es echar a perder la fiesta de los vendedores del Templo, felices con sus tiendas llenas de rosarios, escapularios, botellas de de agua bendita e imágenes grandes y pequeñas de muchos santos. El problema es que si abrimos el secreto se deshace el encanto de humo blanco, se quiebra el suspenso de un cónclave secreto que cierra al pueblo católico el acceso a la información a la que tenemos derecho, se ponen al desnudo los cuerpos purpurados con sus historias tortuosas. Romper el secreto es romper la falsedad del sistema político-religioso que gobierna la Iglesia Católica Romana. Es quitar las máscaras que nos sostienen, para así, abrir nuestros corazones a la real interdependencia y responsabilidad entre todos nosotros. Los juegos de poder están llenos de astucia, ilusiones y hasta de buena fe. Somos capaces de impresionarnos con un gesto público de afecto o de simpatía sin preguntarnos acerca de lo ha sido la real historia de esta persona. No nos preguntamos acerca de las acciones de su pasado, su presente y sus perspectivas de futuro. Basta el momento de aparición de la simpática figura vestida de blanco para quedar impresionados. Somos capaces de emocionarnos ante la expresión cariñoso “Bona sera” (buenas noches) del papa e irnos a la cama como niños bien educados y bendecidos por el bondadoso papá. Ya no somos más huérfanos, considerando que la orfandad paterna en una sociedad patriarcal es insoportable incluso por pocos días. Somos cómplices del mantenimiento de estos poderes tenebrosos que, al mismo tiempo, nos encantan y nos oprimen. Nosotros, especialmente aquellos con más lucidez en

los procesos políticos y religiosos, somos responsables por la ilusión que estos poderes crean en las vidas de miles de personas, principalmente transmitidas por los medios de comunicación religiosos. Somos capaces de enternecernos, hasta tal punto de olvidamos de los juegos de poder, de las manipulaciones invisibles, del cultivado arte teatral, tan importante en estas ocasiones. No podemos hacer predicciones sobre los rumbos futuros del gobierno de la Iglesia Católica Romana. Pero a primera vista no parece que podamos esperar grandes cambios en las estructuras y las políticas actuales. Cambios significativos vendrán si las comunidades cristianas católicas asumieran de hecho, la dirección del presente del cristianismo, o sea, si son capaces de expresar a partir de las necesidades de sus vidas cómo el Evangelio de Jesús puede ser traducido y vivido en nuestras vidas hoy. La geopolítica del secreto tiene altísimos intereses que defender. Es parte de un proyecto mundial de poder donde las fuerzas del orden se ven amenazadas por las revoluciones sociales y culturales que se están desarrollando en nuestro mundo. Pastoral Popular

Mantener el secreto es justificar que hay fuerzas superiores a las fuerzas históricas de la vida y que son más decisivas que los rumbos que le podemos dar a nuestra lucha colectiva por dignidad, pan, justicia y misericordia en medio de los muchos reveses y tristeza que nos acometen en medio del camino. Termino esta breve reflexión con la esperanza de que nosotros no permitamos que se apague la luz de la libertad que vive en nosotros y que sigamos bebiendo en las fuentes de nuestros sueños de dignidad con lucidez, sin impresionarnos con las sorpresas que pueden parecer muy novedosas. Después de todo es solo un Papa más, que inscribe su nombre en esta institución que, a pesar de su historia de altibajos, merecería ser transformada y repensada para el tiempo actual. Siempre pueden ocurrir cambios y es necesario estar abierto a los pequeños signos de esperanza que irrumpen por todos lados, incluso en las instituciones más anacrónicas de nuestro mundo. 14 de Marzo de 2013.


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stos últimos días han estado cargados de emociones para todo el pueblo creyente. Días hermosos, novedosos, esperanzadores. Así los hemos vivido. Con alegría, gozo. Sin embargo, luego escuchar variadas opiniones sobre el Papa Francisco, luego de leer en los diarios y seguir largas conversaciones en las radios; después de vislumbrar los grandes cambios y desafíos que tendrá Francisco en la Iglesia y el mundo; algo me faltaba. Algo extrañaba.  Y me acabo de dar cuenta; siento una nostalgia del Reino. ¡Cuánto extraño el Reino de Dios! El Reino es una categoría fundamental. Profundamente bíblica, fascinantemente evangélica. Tristemente desaparecida del lenguaje cristiano. El Reino es el plan de Jesús, su proyecto, su propuesta. Así como a los gobiernos se les pide un proyecto país; para Jesús y su Comunidad (las Iglesias hoy) el único proyecto y el mejor es el Reino. El Reino traduce la acción liberadora y salvífica de Dios en la historia de todos los pueblos y de todas las culturas (más allá de las Iglesias). Hasta ahora, y es verdad que ha pasado poco tiempo; no he oído hablar del Reino. No he leído nada que tenga que ver con el Reino anunciado por Jesús, vivido, encarnado por Él hasta la Cruz. Pareciera que el desafío de la Iglesia es sumar adherentes y cambiar lo que está viciado. El Reino es mucho más que eso, es mucho más profundo y relevante. El Reino es vivir radicalmente lo anunciado y enseñado por el Maestro Jesús. El Reino es abrirse de manos porque sí. Compartirlo todo. El Reino consiste en buscar a Dios y su justicia.  El Reino es construir la paz, ofrecer amor sin tapujos ni consignas. Amor amistad, amor fraternal, amor de carne y hueso.

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Publicado con esta fecha en Reflexión y Liberación

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Nostalgia del Reino Pedro Pablo Achondo Moya, SSCC 19 08:23:39 de marzo de 2013. Sería hermoso ver al Papa Francisco rodeado de pobres, de gente sencilla, humilde, de gente común y corriente, de marginados, de verdaderos discípulos...(Pedro Pablo Achondo, SSCC).

El Reino es esperanza siempre, porfiada y terca. El Reino es de los niños, de los que confían y no ambicionan poder. El Reino es de los pobres. De los desnudos, de los que sufren. El Reino es de las víctimas. ¡Cuánto extraño el Reino de Dios y al Dios del Reino! ¿Quién hablará de Él? Si fuera así, uno de los desafíos de la Iglesia (que he escuchado) no sería que se preocupara más por los pobres –lo que es loable en sí- sino que la Iglesia viviera su vocación legítima; ser comunidad pobre, ser comunidad de pobres. La Iglesia es de los pobres (no sólo para). Si fuera así, sería hermoso ver al Papa Francisco  rodeado de pobres, de gente sencilla, humilde, de gente común y corriente, de marginados, de verdaderos discípulos; en aquella Eucaristía de entronización el día del artesano José de Nazaret. No irían los presidentes, ni provinciales, ni Pastoral Popular

autoridades políticas, arzobispos, jerarcas o rostros connotados. Estarían los predilectos de Dios junto al Obispo pastor; estarían los que lo dejaron todo sin mirar atrás. Los de corazón limpio, los que luchan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia. Los profetas, apóstoles y siervos de Jesús. ¡Cuánta nostalgia del Reino!  Cada Iglesia local enviaría un cristiano de a pie; trabajadores, ayudantes, auxiliares, líderes del pueblo, jóvenes comprometidos, estudiantes militantes, mineros, temporeros, enfermeras sin descanso, artesanos de Dios, vendedores ambulantes, artistas circenses, gitanos rechazados, cartoneros, pobladores, activistas, barrenderos, niños… de ellos estaría llena la Plaza de San Pedro. Y él, San Pedro, por fin sonreiría lleno de esperanza junto al Señor. Venga a nosotros TU REINO…


Revista Pastoral Popular Nº329  

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