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Conclusión Luego de analizar brevemente las características propias del federalismo argentino, con basamento en nuestra historia y las particularidades de nuestra sociedad, no caben dudas que la fuente y justificación de su existencia reside en la autonomía de los estados que componen la República Argentina, los que cedieron en pos de un gobierno federal determinadas facultades que le era propias, y conservaron las restantes. Dentro de este contexto, la Ciudad de Buenos Aires varió su status, siempre predominante y pasó de ser la capital federal a un ente autónomo que se ubica dentro de este cuadro federal en algún lugar entre los municipios y las provincias, yendo un poco más lejos de los límites de los primeros, sin alcanzar del todo a las segundas; pero, indudablemente con facultades que le son propias y que, por mandato constitucional no pueden ser usurpadas ni turbadas por el Estado Nacional. Sin embargo, pese al designio del art. 129 de la Constitución Nacional -e incluso ante la más reciente doctrina emanada del máximo tribunal nacional-, encontramos que dentro del territorio de la CABA ejercen un conjunto de judicaturas que dependen directamente del Poder Judicial Nacional. Esta circunstancia constituye un atropello liso y llano al principio federal, ya que afecta directamente la autonomía de un ente a quien la Ley Suprema Nacional le otorgó plenas facultades de 135

Nº9 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

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