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liares por encima de la pobreza y la informalidad, pero sin acceder a prestaciones de calidad y en cantidad necesaria. La titularidad de derechos de niños, niñas y adolescentes, reconocido por la Convención de Derechos del Niño y ratificado por todos los Estados de América Latina, interpela a toda la sociedad, especialmente en las dimensiones vinculadas a la universalidad e integralidad, siempre respetuosas de las particularidades culturales, étnicas, de diversidad sexual y de género, en el entendido que no constituyen simples expresiones de deseo sino que imponen obligaciones estatales de efectivo cumplimiento. Es obligación de todos y todas, pero especialmente de los Estados, reconocer que cada niño y niña, cada adolescente y cada joven son sujetos titulares de derechos, a los que se les debe garantizar su ejercicio en condiciones de igualdad y plenitud. Pero sus madres también lo son, y el hecho de proteger a uno –en este caso asumiendo la mayor vulnerabilidad del niño o niña- no habilita a desproteger a su madre, también en condiciones de vulnerabilidad y en muchos casos atravesada por violencia de género. Si no se toma conciencia de manera urgente de la necesidad de avanzar en una articulación interinstitucional para ofrecer un abordaje integral, universal y respetuoso de la equidad de género y de derechos, no sólo no se logrará superar la pobreza en la región y la desigualdad, sino que se seguirá vulnerando el ejercicio de derechos de cada uno de los habitantes. Y esta 86

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

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