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reparar en la conformación de uniones homosexuales, inclusive en aquellos países en donde ha avanzado la legislación reconociendo los matrimonios igualitarios –en otros aún mas adelantados con la identidad de género- pero sin que estos avances ingresen aún en las burocracias asistenciales. Pueden incorporarse situaciones de diversidad sexual, como en el caso de Uruguay, Estado Plurinacional de Bolivia o Argentina, pero aún no con la suficiente fuerza para romper con el presupuesto de la hetero-normatividad. Este sesgo es todavía más marcado en los casos de prestaciones de la seguridad social identificadas al inicio, donde las asignaciones familiares formales se comportan a la luz de su diseño de más de cincuenta años, sin haber evolucionado sobre los distintos matices que significa en la actualidad cubrir las contingencias vinculadas con el crecimiento y expansión del núcleo familiar. Lo anterior cobra aún mayor relevancia en países con altos índices de migración femenina, lo que en muchos países conforman las denominadas “cadenas globales del cuidado” (Ecuador, Bolivia y México de los seleccionados) que a grandes rasgos se caracterizan por el desplazamiento de mujeres en edades activas hacia los países centrales, o en el caso del cono sur de América Latina entre países, para permanecer realizando labores de cuidado y prestando servicios de limpieza, mientras sus hijos quedan al cuidado de algún pariente (generalmente otra mujer) y sostenidos por las remesas de la trabajadora migrante. Si se consideran los datos que proveen las encuestas de hogares en el Estado Plurinacional de Bolivia, Chile, Ecuador, México y 71

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

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