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cialmente anormales. Es por ello que la anormalidad/enfermedad debe remediarse circunscribiéndola en alguna de las dos categorías de género/sexo normales/naturales aceptadas y autorizadas por los parámetros sociales vigentes sobre la normalidad del sexo y del género»2. Es claro entonces la anidación de preconceptos y prejuicios sociales discriminatorios, estigmatizantes y selectivos respecto a las personas trans cuya patologización se inserta inclusive en el derecho3. Aquí se torna evidente la falacia de la ciudadanía que nos inserta el discurso de la «igualdad formal»4. Ello así, toda vez que el abordaje de la situación de las personas trans no pue2  v. Saldivia Menajovsky, Laura, “Contexto y originalidad del derecho a la identidad de género en Argentina, en Fiss, Owen [et. al], SELA, 20 años pensando en los derechos y la democracia, 1° ed., Libraria, Buenos Aires, 2015, p. 263 y ss. 3  Cabe destacar aquí que «la recurrencia de la patologización que tiene lugar en contextos jurídicos-normativos, donde el diagnostico se transforma en un requisito indispensable para el acceso a derechos. La demanda de ese diagnóstico, así como las pericias destinadas a establecerlo, disminuyen y vulneran el estatus como sujetos de derecho de las personas transexuales», v. Saldivia Menajovsky, Laura, “Contexto…”, op. cit, p. 264. Es importante aclarar que en la Argentina previo a la sanción de la ley 26743 las personas que deseaban realizar una operación por autopercepción de género debían presentar un test psicológico-psiquiatrico a los fines de demostrar su condición. Asimismo, dentro de los delitos enumerados por el Código Penal se encuentra penado el delito de lesiones en la salud, sentido órgano, miembro, etc. (art. 90 y 91). Además, dentro del Régimen Legal del Ejercicio de la Medicina se prohibía y penaba las cirugías de modificación genital (art. 19, inc. 4°). 4  «En el discurso liberal se hace hincapié en la distinción entre la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados. (…) Lo primero que llama la atención es su concepción singular, puntillista, del tiempo social. La oportunidad suele medirse en un punto específico de la vida de una persona: en el nacimiento o primera infancia, cuando se miden el género, la pertenencia étnica y el lugar de nacimiento, así como la educación y la ocupación del padre (y a veces también de las madres). Los estudiosos de la movilidad ocupacional suelen tomar en cuenta dos puntos del tiempo: el nacimiento y la finalización de estudios. Después del nacimiento, o al menos después de los estudios, los individuos con iguales oportunidades quedan librados a su suerte, dependientes solo de su propio esfuerzo, cuyo resultado es responsabilidad exclusiva de ellos.» Therborn, Göran, Los campos de exterminio de la desigualdad, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de Buenos Aires, 2015, p. 49 y ss.

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Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

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