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ver marcadas a fuego por esa discriminación existencial de la que son víctimas por el mero hecho de vivir su autopercepción en sociedad. Es más, el enfrentamiento constante y la victimización a la que se exponen hacen que el tema a tratar sea más complejo, pues

las variantes y sus vertientes como grupo vulnerado, discriminado, estigmatizado, como movimiento social empoderado, como sociedad ahuyentada, como modelo patologizante, entre otras cuestiones hacen que las personas trans, a pesar de la progresividad en el reconocimiento de sus derechos sean al día de hoy víctimas de violencia institucional y social por la ausencia de la percepción del «otro» por fuera del binarismo. En términos científicos se estableció que la identidad de género es una patología, es sinónimo de enfermedad tal como fuera establecido por las máximas autoridades sanitarias, como lo son la Asociación de Psiquiatría Americana y la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud, que incluye a las personas trans dentro de sus parámetros como «disforia de género», es decir, la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino; mientras que el CIE-10 conserva la conceptualización de trastorno de identidad de género1. En efecto, resulta clara la postura de «la “ciencia” biomédica [al postular que] la intersexualidad, la transexualidad, el travestismo y la transgeneridad son resultados de procesos esen1  v. Saldivia Menajovsky, Laura, Subordinaciones Invertidas: sobre el derecho a la identidad de género, Los polvorines: Universidad Nacional de General Sarmiento; Ciudad de México: Universidad Nacional de México, Buenos Aires, 2017, p. 52 y ss.

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Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

Nº6 | Igualdad, autonomía personal y derechos sociales  

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