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...construyendo consenso universitario

Homenaje a Charles Darwin 150 años de El origen de las especies EDITORIAL La universidad y el Perú, la violencia política y la Conferencia Mundial sobre Educación Superior

E contenido - Editorial, pag. 1 - El dedo en la llaga: La Conferencia Mundial sobre Educaci— n Superior, de Par’ s, pag. 2 - Conferencia Mundial sobre Educaci— n Superior - Par’ s 2009, pag. 2 - Grandes cambios sacuden la Educaci— n Superior Por: Burton Bollag, pag. 3 - El problema de la Universidad como reserva moral e intelectual del Pa’ s Por Harold Hern‡ ndez Lefranc, pag. 4 - El origen de la especies de Charles Darwin Por: Harold Hern‡ ndez Lefranc, pag. 6 - Charles Darwin en Lima, pag. 7 - La democracia representativa caduca Por: Marcelo L— pez Torres, pag. 8 - Universidad, educaci— n y mercado laboral Por: Carlos Fern‡ ndez Fontenoy, pag. 9 - La tesis de licenciatura: Experiencia fundamental del historiador Por: Virgilio Freddy Cabanillas, pag. 10 - Desborde popular de junio y perspectivas Por: Manuel Valladares Quijano, pag. 11 - BagŸ a revisitada Por: Gustavo Solis Fonseca, pag. 12

n el editorial del primer nœ mero, de abril del presente, nos manifest‡ bamos contra el des‡ nimo y el escepticismo que cunde en la Universidad, manifestados en la inacci— n frente a los desafueros y la ineptitud de las autoridades, y en general, frente a la situaci— n de polarizaci— n, quiz‡ ya endŽ mica, que vive el pa’s. Los episodios de Bagua son un golpe al entusiasmo y la confianza. M‡ s aun por el hecho del escaso requerimiento que la sociedad y el Estado tienen de la Universidad para hallar soluciones a los problemas estructurales del pa’s. La Defensora del Pueblo, ante los luctuosos hechos, reclamaba insistentemente la presencia de especialistas: soci— logos y antrop— logos, entre otros profesionales del espacio de la universidad; pero con escaso Ž xito en su insistencia. Y esto, podemos entender, por dos razones: la primera, la suspicacia del Estado, virado previsiblemente hacia el neoliberalismo, respecto a profesiones que podr’an apuntar sin temor a la soluci— n de los problemas; la segunda, el hecho m‡ s estructural, que tiene que ver

con la escasa articulaci— n entre el Estado y un segmento del mismo, la universidad pœ blica, vista como lejana y peligrosa. Hasta podr’amos entender esta desconfianza con respecto a nuestra Universidad: una instituci— n que ni siquiera puede solventar el problema de la inexistencia de su cerco perimŽ trico; y una autoridad que con su firma del convenio con la Municipalidad de Lima, sentenci— a su propia alma mater a la mutilaci— n de su espacio f’sico. Insistimos, no obstante, en el entusiasmo y la confianza. Y esto porque quienes nos adscribimos a este peri— dico no creemos que la mayor’a de estudiantes y profesores puedan aceptar que la prebenda sea palabra leg’tima, que movilice el comportamiento pol’tico de sus integrantes. San Marcos es m‡ s que aquellos que merecen como destino la antenora. Luto es lo que primero nos debe unir ante los episodios. No solo por los muertos, sino por los deudos, que sufren, tanto de los polic’as como de los civiles. Polic’as Ðd e Ô polisÕ - y civiles Ðd e Ô civitasÕ - parti-


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cipan del mismo cuerpo social. Unos como otros deben ser cercanos a nosotros. Pero lo segundo que debe unir, es una respuesta inteligente: en el caso de los universitarios, estudiantes y profesores, propuestas articuladoras que apunten a la paz y a la justicia sociales. Pero debemos empezar por casa, por el alma mater, por la peque–a patria que es nuestra Universidad, o mejor dicho, por la Universidad en general. El œ nico l’mite a la concordia, la prebenda -no se puede pactar con ella, porque contamina.

CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE EDUCACIÓN SUPERIOR - PARÍS 2009

En el presente nœ mero, y para ver la realidad m‡ s cercana a nosotros desde cierta distancia cr’tica y comparativa, una suma de textos que enfocan el problema de la Universidad a nivel mundial, a partir de las conclusiones de la Conferencia Mundial sobre Educaci— n Superior, de la UNESCO. Cu‡ n interesante ser’a el que en distintas instancias de San Marcos se discutiera el Comunicado, del 8 de julio, resultado conclusivo de esta Conferencia. Nosotros adjuntamos una s’ntesis de FLAPE, una recensi— n hecha por el periodista estadounidense Burton Bollag, y un texto que contextualiza estos problemas en nuestra Universidad.

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El problema es sumamente complejo, tiene muchas facetas: escaso interŽ s por la investigaci— n; escasa producci— n de tesis de licenciatura y creciente nœ mero de titulaciones por examen o cursos de actualizaci— n, como soluci— n encubierta a la escasa remuneraci— n docente, so excusa de que los estudiantes requieren prontamente su t’tulo; la competencia de las universidades privadas, que gracias al decreto legislativo N¼ 882, funcionan con otras reglas de juego; el incumplimiento de parte del propio Estado de la homologaci— n de los docentes universitarios; la exigencia de una moderna ley universitaria que supere las limitaciones de la forma de gobierno de la universidad pœ blica, que fomenta la prebenda, la canonj’a y el clientelismo, etc. En el peri— dico, los profesores Carlos Fern‡ ndez y Freddy Cabanillas, de las facultades de Derecho y CC.SS., discurren sobre algunos aspectos puntuales, que explican la crisis estructural. Y sumamos otro texto, de Marcelo L— pez, que explicita el tema del gobierno universitario y cuestiona las particularidades de este sistema, que permite su desnaturalizaci— n. Sobre los hechos de violencia en la selva, los profesores Manuel Valladares y Gustavo Sol’s, de las facultades de CC.SS. y Letras, discurren, uno desde una perspectiva social, el otro, m‡ s cultural, pero ambos con optimismo, a pesar de que la evidencia exige pesimismo. A nivel mundial tambiŽ n nos interesan los 150 a–os que cumple El origen de las especies, de Charles Darwin, obra tan fundamental y revolucionaria, que supone involucrar al hombre en la historia de la tierra y del resto de la vida. Recordamos que este revolucionario pas— por el Perœ , vivi— seis semanas en Lima, y por razones de inestabilidad pol’tica, no pudo desarrollar gran labor de inspección científica. Su perspectiva del Perœ , en los inicios de la Repœ blica, puede hacernos reflexionar cuánto no hemos cambiado como Naci— n. No desmayamos en la bœ squeda de una Universidad abierta al futuro.

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...construyendo consenso universitario A– o 1 N¼ 2 septiembre 2009 En una publicaci— n del Movimiento Docente Acuerdo Institucional Sanmarquino

El dedo en la llaga:

La Conferencia Mundial sobre Educación Superior, de París

ntre el 5 y el 8 de julio, se ha desarrollado la Conferencia Mundial sobre la Ense–anza Superior 2009, de la UNESCO, en Par’s. El comunicado resultante revela problemas serios a nivel mundial respecto a la adecuaci— n de la universidad a las

exigencias de las nuevas generaciones y de la acelerada tecnolog’a. Aqu’, una s’ntesis hecha por el FLAPE, un resumen cr’tico de Burton Bollag, y un texto de Harold Hern‡ ndez que apunta al problema a partir de San Marcos.

Conferencia Mundial sobre Educación Superior - París 2009*

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‡ s de 1.000 participantes de unos 150 pa’ses se congregaron entre el 5 y el 8 de julio para discutir sobre la problem‡ tica de la educaci— n superior. La Conferencia realizada en la sede de la UNESCO finalizó con un llamamiento a los gobiernos para que incrementen sus inversiones, promuevan la diversidad y refuercen la cooperaci— n internacional a fin de satisfacer las necesidades de la sociedad. El diagn— stico de los œ ltimos a–os evidencia un incremento en la matr’cula de la ense–anza superior en el mundo de aproximadamente un 50% entre el 2000 y el 2007. Sin embargo, este aumento presenta diferencias muy marcadas entre las regiones y pa’ses. En AmŽ rica del Norte y Europa occidental la participaci— n de los j— venes en la educaci— n superior es del 71% y a pesar del r‡ pido crecimiento, en ç frica la tasa de participaci— n es de s— lo el 6%. Hoy en d’a, un ni–o en el ç frica Subsahariana tiene menos posibilidades de llegar al final de la escuela primaria que un europeo de entrar en la universidad. De aqu’ que el tema de la ense–anza superior en ç frica fuera observada particularmente, entendiendo la urgencia de prestar mayor atenci— n a diversas ‡ reas de conocimientos tŽ cnicos y a la movilización del financiamiento privado. Brasil, China y la Repœ blica de Corea se han comprometido a contribuir

al reforzamiento de la educaci— n superior en el continente africano. El comunicado final de la Conferencia enfatiza la relevancia que tiene la ense–anza superior como vector importante en la construcci— n de una sociedad del conocimiento diversa e integradora y del progreso de la investigaci— n, la innovaci— n y la creatividad. Se subraya la importancia de los mecanismos reguladores y de garant’a de calidad para responder a los objetivos de equidad, pertinencia y calidad que debe perseguir la educaci— n superior. Asimismo, se se–ala que es necesaria la integraci— n de las tecnolog’as de la comunicaci— n y la informaci— n con el fin de satisfacer la creciente demanda de los estudiantes y facilitar el aprovechamiento compartido de la investigaci— n científica. Haciendo hincapiŽ en la necesidad de reforzar la cooperaci— n regional, el comunicado resalta la importancia de establecer ‡ reas regionales de ense–anza superior e investigaci— n y pone el Ž nfasis en ‡ mbitos como convalidaci— n de t’tulos, garant’a de calidad, gobernanza, investigaci— n e innovaci— n. La escasez de docentes y la problem‡ tica de su formaci— n, mereci— en esta Conferencia una discusi— n especial y la sugerencia de intensificar y ampliar la formaci— n inicial y permanente de docentes con planes de estudio orientados a los conocimientos y competencias que necesitan las personas en el siglo XXI.

* Infonovedades Nº 83 - 15 de julio de 2009, de FLAPE (www.foro-latino.org).

ComitŽ Editor Zen— n Depaz Toledo Carlos Garc’ a-Bedoya Magui– a Harold Hern‡ ndez Lefranc Hugo S‡ nchez D’ az

Email: acuerdo.institucionalunmsm1@gmail.com Web: acuerdoinstitucionalunmsm.edu.pe Los textos se pueden reproducir citando la fuente y consignando los crŽ ditos.


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Lima, septiembre de 2009

POR: BURTON BOLLAG*

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Periodista estadounidense

Grandes cambios sacuden la Educación Superior*

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n el mundo entero, la ense–anza superior se ve sacudida por importantes cambios. La explosi— n de las inscripciones durante el œ ltimo decenio somete a los sistemas de la educaci— n superior a fuertes tensiones financieras. Al mismo tiempo, las computadoras e Internet permiten un intercambio mundial de conocimientos hasta ahora inimaginable. Los centros educativos son cada vez m‡ s competitivos. Pelean por obtener recursos financieros cada vez m‡ s escasos y para atraer a los estudiantes, cada vez m‡ s numerosos, que desean matricularse en el extranjero. Las universidades pœ blicas, y privadas, cuyo nœ mero no cesa de aumentar, firman convenios internacionales y abren programas de estudios o filiales en el extranjero, a un ritmo nunca antes visto. Estas tendencias se debatieron en la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Educaci— n Superior celebrada en 1998, pero durante el œ ltimo decenio se intensificaron, creando nuevas oportunidades y nuevos desaf’os para los participantes en la Conferencia Mundial sobre Educaci— n Superior 2009, que tuvo lugar del 6 al 8 de julio en la Sede de la UNESCO, en Par’s. Las preguntas son a menudo complejas y las respuestas controvertidas. Cuando los sistemas pœ blicos se ven desbordados por la cantidad de inscripciones, À c— mo encontrar fondos para responder a tal demanda de estudiantes, para mantener o mejorar los est‡ ndares educativos? À La educaci— n superior debe considerarse un bien comœ n, esencial para el desarrollo económico y financiado por el erario pœ blico? À O es un bien privado que ayuda al progreso individual, y que s— lo puede dar resultados si los estudiantes pagan? À El acceso a los estudios superiores puede depender de la riqueza m‡ s que del mŽ rito? El paso hacia la econom’a postindustrial condujo a una demanda masiva de ense–anza superior. Las inscripciones progresan a una velocidad vertiginosa. En 2007 hab’a 152,5

millones de universitarios, es decir, globalmente 50% m‡ s que en 2000. Hace solamente medio siglo, en la mayor’a de los pa’ses los estudios postsecundarios estaban reservados a una peque–a Ž lite, principalmente masculina. Pero hoy, ’ndices de 40 a 50% de j— venes estudiantes se consideran vitales para el crecimiento econ— mico. En el plano mundial, el porcentaje de j— venes en edad de ir a la universidad, inscritos en la ense–anza superior aument— de un 19% en 2000 a un 26% en el a–o 2007. Las mujeres representan, actualmente, la mayor’a de los estudiantes y se prevŽ que su predominio aumente. Este promedio oculta sin embargo algunas discordancias regionales: 71% de los j— venes en edad universitaria de AmŽ rica del Norte y Europa Occidental son estudiantes, 26% de los de la regi— n de Asia Oriental y el Pacífico, 23% de los de los países árabes, 11% de los de Asia del Sur y del Oeste, y, a pesar de una alza r‡ pida, solamente 6% de los de ç frica. Un ni–o del ç frica Subsahariana tiene menos posibilidades de finalizar la primaria que un europeo de entrar en la universidad.

crecientes de los sistemas pœ blicos. Y el resultado frecuente es una falta de medios importante: aulas y salas de conferencias repletas, fondos de bibliotecas que no están al día, financiamientos para la investigaci— n en decadencia y deterioro de las infraestructuras. El problema, que ya es muy perjudicial para el ç frica Subsahariana, se siente tambiŽ n en todos los pa’ses en desarrollo y en transici— n. Las universidades pœ blicas, en otros tiempos fuertemente dependientes del financiamiento estatal, se ven obligadas a compensar por s’ mismas una parte cada vez m‡ s importante de sus costos. Para lograrlo, en numerosos pa’ses donde la ense–anza era gratuita o casi gratuita, se incorporaron gastos de escolaridad, como por ejemplo en China, en 1997. Europa conoce el mismo proceso, a pesar de haber sido por mucho tiempo el basti— n de la educaci— n superior gratuita (en el Reino Unido comenz— a pagarse en 1998, y en Austria en 2001). Adem‡ s, varios pa’ses africanos aumentaron de manera sustancial los costes de alojamiento, comida y otros servicios que corren a cargo del estudiante

Dentro de un mismo pa’s, algunos grupos de poblaci— n no tienen las mismas oportunidades de acceso que otros a la educaci— n superior. Las personas con ingresos bajos o las que viven en lugares alejados, las minor’as Ž tnicas, los inmigrantes y los minusv‡ lidos est‡ n menos representados en la educaci— n superior. Algunos responsables de la educaci— n introdujeron medidas para mejorar esta situaci— n, tales como prŽ stamos estudiantiles, becas para los estudiantes con bajos ingresos, programas culturalmente enfocados y cuotas reservadas para miembros de las minor’as o de castas inferiores a la poblaci— n desfavorecida.

Los centros educativos desarrollan cada vez m‡ s pol’ticas empresariales. Realizan investigaciones pagadas para empresas o administraciones y desarrollan formaciones que se pagan para responder a las necesidades de las empresas locales. A veces es preocupante. Al poner tanto empe–o en recaudar fondos, pueden socavarse las actividades universitarias tradicionales. Los programas y la investigaci— n en ciencias humanas, por ejemplo, no tienen aplicaciones comerciales. Los grupos de teatro, peri— dicos, radios y televisiones no comerciales de los campus por lo general no producen ningœ n ingreso. Pero tales actividades hacen de las universidades centros de la vida intelectual.

La ense–anza superior es cada vez m‡ s vista como un motor de desarrollo econ— mico. Pero con la expansi— n del nœ mero de estudiantes, los ingresos fiscales de los Estados no consiguen estar a la altura de los costes

Los poderes pœ blicos reemplazan cada vez más los financiamientos presupuestarios cl‡ sicos de la investigación por financiamientos sometidos a la competici— n. Todos estos desarrollos refuerzan la competencia y crean

diferencias entre universidades. Muchas de ellas prestan mucha atenci— n a su rango en las clasificaciones internacionales. El impacto es particularmente evidente en los sistemas pœ blicos o hasta donde recientemente las universidades supuestamente eran m‡ s o menos equivalentes. Ciertos establecimientos y ciertos sistemas nacionales introducen m‡ s programas tŽ cnicos y profesionales en su propuesta de ense–anza. Es una pregunta crucial en las econom’as en desarrollo que a la vez necesitan de diplomas en las disciplinas tŽ cnicas pero tambiŽ n de profesionales y de cuadros dotados de una cultura general, de un esp’ritu y de un pensamiento cr’tico. Por otro lado, se vuelve urgente la necesidad de investigaci— n centrada en las necesidades locales de desarrollo. MUNDIALIZACIî N Y PRIVATIZACIî N Las facultades, particularmente en los pa’ses industriales, rivalizan fuertemente para llamar la atenci— n de los estudiantes extranjeros que son cada vez m‡ s numerosos. M‡ s de 2,8 millones de estudiantes eligieron estudiar en un pa’s diferente al suyo en 2007. El mayor nœ mero procede de China (421.100), de India (153.300) y de la Repœ blica de Corea (105.300). Escogieron como destinos principales los Estados Unidos (595.900), el Reino Unido (351.500) y Francia (246.600). La mundializaci— n afecta a la ense–anza terciaria de otras maneras tambiŽ n. El œ ltimo decenio vio una verdadera explosi— n de programas y centros universitarios que operan a escala internacional. Surgen nuevos pa’ses que funcionan como importantes centros internacionales de ense–anza superior, tales como Qatar, Singapur o los Emiratos ç rabes Unidos. Nacen tambiŽ n acuerdos regionales para la promoci— n de la cooperaci— n y los intercambios en materia de ense–anza superior comienzan a ver el d’a. El Proceso de Bolonia, adoptado en esta ciudad ita-

* http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=831%3Agrandes-cambios-sacuden-la-educacion-superior-&catid=11%3Aiesalc&Itemid=258&lang=es


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liana en 1999, armoniza la multitud de sistemas de diplomas diferentes de m‡ s de 40 pa’ses europeos mientras siguen pendientes esfuerzos similares en AmŽ rica Latina, ç frica, el sureste asiático y la región de Asia-Pacífico. Uno de los mayores desaf’os actuales es conseguir comparar instituciones y diplomas de diferentes pa’ses. Los nuevos mecanismos nacionales que garantizan la calidad dependen de la opini— n de centros hom— logos y no de organismos gubernamentales. Y se centran en los resultados Ð capacidades y conocimientos adquiridos por los diplomadosÐ m‡ s que en la cualificación de los docentes o los fondos de las bibliotecas. Al mismo tiempo, hay expertos que han comenzado a trabajar sobre la manera de comparar los resultados de evaluaci— n de un pa’s a otro. Otro desarrollo destacable: la r‡ pida expansi— n de la educaci— n superior privada. Las universidades privadas, que siempre han tenido un papel importante en Asia Oriental y en los Estados Unidos, absorben actualmente 30% de las matr’culas a escala mundial. Las instituciones privadas fueron la clave del alza r‡ pida de inscripciones en pa’ses como Brasil, Chile y numerosos pa’ses africanos, donde la demanda sobrepasa de lejos el nœ mero de plazas disponibles en los centros pœ blicos. Numerosos proveedores privados con fines lucrativos plantean el problema de la calidad de la ense–anza y de la emergencia de Ò despachantesÓ de diplomas fraudulentos. El alza de la ense–anza a distancia se suma a la necesidad de una fortalecer la cooperaci— n internacional, ya que Internet permite a estos programas cruzar f‡ cilmente las fronteras.

POR: HAROLD HERNÁNDEZ LEFRANC*

El problema de la Universidad como reserva moral e intelectual del país

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todos los que estamos vinculados a la Universidad, profesores, y sobre todo estudiantes, nos es evidente, lo aceptemos o no, que la instituci— n vive una crisis aguda. Esto a un doble nivel: el m‡ s estructural, que supone un problema mundial, que hizo eclosi— n en la œ ltima dŽ cada del siglo pasado; pero tambiŽ n el m‡ s cotidiano, cercano y particular, el de San Marcos. El Comunicado de la Conferencia Mundial sobre la Educaci— n Superior 2009, de la UNESCO, Par’s, nos habla de realidades que ya conocemos por experiencia propia a partir de nuestra Universidad. Pero revela que el problema, lejos de ser circunscrito, es mundial. As’, quienes tenemos alguna responsabilidad en ella, debemos pensar en tŽ rminos no parroquiales, sino estratŽ gicos, estructurales y de connotaciones mundiales. El problema planteado es el siguiente: siendo la Universidad instrumento para el desarrollo con

equidad de los pueblos y para la superaci— n de problemas econ— micos, pol’ticos y sanitarios, el logro es muy dif’cil, pues es desbordada por las condiciones que intenta superar. Puntualmente, el sistema pœ blico de la ense–anza ha sido desbordado en tŽ rminos de demanda. Ante ello, la educaci— n privada es una alternativa. A este problema se suman otros m‡ s: el que la globalizaci— n exige estandarizar el sistema de diplomas y curr’culos, y algunas instituciones no est‡ n a la altura; el que la calidad de las instituciones no es garantizada a nivel de Estados nacionales, sino a nivel de pares, que se hallan fuera de territorios nacionales (aquello a lo que se le denomina acreditaci— n) y por tanto se exige pensamiento estratŽ gico y apertura institucional; el que un segmento de su presupuesto, cada vez m‡ s menguado, debe lograrlo con recursos propios obtenidos entre otros, de la investigaci— n para privados; esto en principio es interesante, pero la limitaci— n se halla en que la

Es evidente que las inscripciones en la educaci— n superior continuar‡ n creciendo r‡ pidamente y que las poblaciones estudiantiles continuarán diversificándose, integrando a un mayor nœ mero de personas que trabajan, estudian a tiempo parcial o vienen del extranjero. Esta tendencia es ciertamente bienvenida, pero conlleva serios retos, particularmente en los pa’ses en v’a de desarrollo con bajos ingresos. Debido a la necesidad cada vez mayor de docentes, es previsible que sus calificaciones continúen siendo frágiles. Al mismo tiempo, las autoridades deber‡ n responder a la demanda, cada vez m‡ s acuciante de asegurar que la educaci— n superior no estŽ reservada s— lo para los m‡ s ricos, sino abierta a todos.

* Docente Auxiliar de la EAP de Antropolog’a, Facultad de CC. SS. UNMSM

investigaci— n deber’a apuntar tambiŽ n al servicio de la sociedad en general, y no solo de intereses privados. Se llama la atenci— n de prestatarios fraudulentos de servicios, de calidad mediocre; y se hace referencia a los Ò mercaderes de diplomasÓ (problema serio que no se hallar’a solo en la l— gica privada o fuera de la universidad): el fraude es vicio y delito que hay que erradicar valientemente. Un asunto caracter’sticamente sensible es el de la calificación de los docentes, especialmente en aspectos pedag— gicos, y que merece acciones urgentes. Se suman otros problemas, igual de importantes que los mencionados. Parece ser que nuestro pa’s no est‡ lejos de otros en cuanto a las limitaciones del sistema educativo; agravado esto por la internacionalizaci— n y el mayor acceso a las tecnolog’as de la comunicaci— n y las limitaciones organizativas de los Estados nacionales frente a la presencia de transnacionales e intereses privados.


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EL PROBLEMA DE LA UNIVERSIDAD COMO RESERVA MORAL E INTELECTUAL DEL PAÍS

Siendo que la Universidad debe colaborar en la mejor comprensi— n de los problemas sociales, econ— micos, científicos y culturales o ideológicos, y de mejorar nuestra aptitud para encararlos, especialmente en aquello de responsabilidad de los Estados nacionales, el problema se halla en que, al menos para el Perœ , el Estado recela de la Universidad. Se trata de un c’rculo vicioso que no permite un punto de partida sin retorno hacia este mejoramiento. À C— mo puede una instituci— n que adolece de severa crisis, como es la universidad pœ blica, y especialmente San Marcos, contribuir al desarrollo de una instituci— n mayor, que es el Estado y la sociedad peruanos; peor aœ n, siendo que la instituci— n mayor debe financiarla? Comparto la idea de que la Universidad deber’a ser la reserva moral e intelectual de un pa’s, si no de la sociedad humana. Pero vemos con preocupaci— n c— mo puede suceder esto si en la propia instituci— n hay severos problemas en estos niveles. Deteng‡ monos solo en un asunto: la gobernabilidad. C— mo puede ense–ar la Universidad gobernabilidad, si el gobierno en la Universidad es, por decirlo con elegancia, marcadamente imperfecto. Evidencia anecd— tica (y puedo citar mucha) es un episodio de la Asamblea Universitaria, en la formalidad m‡ ximo — rgano de gobierno de la Universidad, convocada para el viernes 19 de junio del presente. Ni en el primer ni en el segundo llamado estuvieron presentes los decanos, a excepci— n de dos de ellos. Las especulaciones apuntaban a que a la mayor’a no le conven’a la sesi— n; y que los veinte decanos fueron llamados para que no acudieran. Obviamente la obediencia se vincula a la prebenda. Y este tipo de episodios, bochornosos, de falta de qu— rum, calculado por celular, se repiti— varias veces en 2008 y 2007. La recurrencia agrava esta actitud, de quienes deber’an asumir su responsabilidad de gobernar sin prebenda o intereses espurios. A esto se suma la presencia de personajes lamentables, denominados eufem’sticamente operadores; se trata de estudiantes Ò eternosÓ que, premunidos de medios econ— micos ofrecidos por eventuales clientes (intereses espurios y subalternos de docentes que tornan

autoridad), operan a favor de estos, distorsionando la l— gica de democracia y representatividad de alternativas pol’ticas en libre competencia. El chantaje de la falsa denuncia o de la burla a partir de panfletos cobardemente an— nimos es el mŽ todo de propaganda de estos c’nicos. As’, una instituci— n que se practica cabe a s’ misma, para el medro de particulares, no puede ser modelo digno de seguir por los j— venes que se forman intelectual y moralmente, y tampoco ejemplo para otras instituciones del Estado. Lesi— n moral es la caracter’stica, en nuestro concepto, de la universidad pœ blica en estos d’as. A esto se suma un Estado administrado temporalmente por una alternativa de marcada e indolente derecha pol’tica, insensible a las exigencias de mayor presupuesto, dada la escasa fe en los administradores de la Universidad, ni siquiera ideologizados por doctrinas pol’ticas, sino solo por el ciego lucro particular. Visual y palmaria evidencia de una instituci— n que no sabe gobernarse a s’ misma es la ausencia de si quiera cerco perimŽ trico, fruto de una descabellada decisi— n que no ha tenido la necesaria sanci— n de la comunidad universitaria: estudiantes, docentes y administrativos, se han acostumbrado ya a contenedores y cercos de pœ as improvisadamente

colocados en los l’mites de la menoscabada ciudad universitaria. Sobre las implicancias de la Conferencia de la UNESCO, preguntamos c— mo una instituci— n tan dŽ bil como la Universidad puede hacer frente a los problemas que plantea el documento del Comunicado: Ò Él a ense–anza superior tiene la responsabilidad social de hacernos conocer mejor los problemas en sus mœ ltiples aspectos, que comportan dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, y de mejorar nuestra aptitud para hacerles frente.Ó Yendo m‡ s all‡ , si concebimos la Universidad como fuente intelectual y profesional, pero sobre todo moral, que alimente al pa’s, c— mo debe ser ese primer paso para evitar seguir siendo como el perro que se muerde la cola. Quiz‡ el camino empiece por poner orden en casa: revisar la Ley Universitaria y superar las deficiencias en la estructura y formas de gobierno que permiten pr‡ cticas desnaturalizadas en su seno: prebenda, operadores, sectas pol’ticas, ausencia de meritocracia, chantaje, cinismo. Revisar los planes curriculares con arreglo al mercado laboral y sus exigencias profesionales y tŽ cnicas, pero manteniendo los aspectos cr’ticos y reflexivos que son propios de la Universidad y permanentes en su interior, sin sectarismos o compadrazgos de ningœ n tipo, y sin excusas a la

mediocridad. Abrir la competencia intelectual y tŽ cnica sin temor, utilizando los mecanismos de la propia contemporaneidad: mejorar mŽ todos pedag— gicos, aprender mejor las TIC, practicar intercambios interuniversitarios de estudiantes y profesores, incluso a nivel internacional, abrir m‡ s espacios de becas transparentemente administradas. Pensar m‡ s all‡ de San Marcos es pensar en San Marcos. Pensar que la Universidad no debe ser el espejo del pa’s, sino su proyecci— n es empezar a hacer que el pa’s crea en su Universidad y se vea reflejada en ella, y la requiera y la apoye y fomente todos los requerimientos, vistos no como gastos, sino como inversi— n. A San Marcos la veo exigida de ser reserva moral del pa’s, espacio donde buscar respuestas a los problemas regionales, Ž tnicos, nacionales y aun mayores, humanos. Pero no se puede ense–ar igualdad si se practica prebenda; no se puede ense–ar meritocracia si se practica nepotismo; no se puede pretender excelencia si se teme evaluaciones sistem‡ ticas; no se puede asumir la internacionalizaci— n si se practica cerraz— n de parroquia; no puede ense–ar a solucionar problemas de fraccionamientos Ž tnicos o regionales, si ella misma est‡ fraccionada. Sabemos quŽ debemos hacer y quŽ no debemos hacer.


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Lima, septiembre de 2009

POR: HAROLD HERNÁNDEZ LEFRANC*

El origen de las especies, de Charles Darwin

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ste a–o, 2009, se cumplen 200 a–os del nacimiento de Charles Darwin y 150 a–os de la primera edici— n de El origen de las especies. Esta publicaci— n, fruto de una ardua labor inductiva a partir de un largo trayecto científico por el mundo a bordo del HMS Beagle y de un proceso deductivo y de acopio de informaci— n de centenares de otros científicos, es una de las más importantes para la ciencia. Y lo es tanto, que se puede hablar de una Revolución Científica. Pocas publicaciones científicas han decidido un cambio tan radical en el modo de ver el mundo por parte no solo de los hombres de ciencia, sino del vulgo en general. Este texto, El origen de las especies mediante la selecci— n natural o la conservaci— n de las razas favorecidas en la lucha por la vida, merece ser m‡ s ampliamente conocido, no solo por parte de aquellos vinculados con las ciencias biol— gicas, o en general f’sicas y naturales, sino tambiŽ n por aquellos vinculados a las ciencias humanas y sociales. Esto por dos razones: la primera, no se puede explicar el Ž xito de la publicaci— n solo por su contenido, sino por un proceso social e hist— rico preciso y complejo: desarrollo importante de la geolog’a, que empieza a convencer del hecho de que la existencia de la tierra ten’a mucho m‡ s de 5,000 a–os, que era lo que propon’a la ortodoxia cristiana; expansi— n de las fronteras de los imperios coloniales a partir de aquello a lo que en el siglo XX se va a llamar geopol’tica; desarrollo incontenible de la sociedad industrial y la consecuente necesidad de materia prima y productos primarios no ya en territorios nacionales, sino en el orbe: carb— n, petr— leo, caucho, guano, etc.; invenciones científicas que transformaron definitivamente la Europa de rural a urbana; y descubrimientos que empiezan a legitimar la pretendida superioridad europeo-norteamericana sobre el resto del mundo:

el Ž xito de la ciencia depende de las condiciones hist— ricas y pol’ticas. La segunda raz— n, el conocimiento en el presente ya no se concibe como segmentado en ‡ reas especializadas del saber: la genŽ tica es pertinente en las explicaciones hist— ricas; la historia es condicionada por desarrollos econ— micos; estos explican ideolog’as religiosas (p.e. la relaci— n ideolog’a calvinista y desarrollo del capitalismo); motivaciones no seculares, sino religiosas deciden, en parte, los descubrimientos de la Revoluci— n Científica (Copérnico, Kepler, Descartes, no fueron irreligiosos). A este respecto, debe tenerse presente que, contrariamente a lo que el sentido comœ n cree, la inspiraci— n de la teor’a de Darwin remite no a alguna teor’a limitada a las Ciencias Naturales, dentro de una supuesta preeminencia de estas en el siglo XIX, sino a lo que en el presente llamar’amos demograf’a, es decir a las Ciencias Sociales: a Robert Malthus y su Ensayo sobre el principio de la poblaci— n (1798). Lo reconoce el propio Darwin: Es Ž sta la doctrina de Malthus aplicada al conjunto de los reinos animal y vegetal. Como de cada especie nacen muchos m‡ s individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vidaÉ se sigue que todo ser, si var’aÉ de algœ n modo provechoso para Ž l bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendr‡ mayor probabilidad de sobrevivir y de ser as’ naturalmente seleccionado.

Ahora bien, Darwin matiz— las implicancias en la estirpe humana de sus argumentaciones biologicistas, en The descent of man (1871). Este œ ltimo texto no llega a tener un car‡ cter propiamente antropol— gico (adem‡ s, ningœ n antrop— logo reputado del siglo XIX, y mucho menos del siglo XX, asumi— la perspectiva de Darwin): los valores morales, fun-

* Docente Auxiliar de la EAP de Antropolog’a, Facultad de CC. SS. UNMSM

Caricatura de Darwin aparecida en la revista sat’ rica Hornet, de 1871. Pretendida afrenta contra el científico revolucionario.

damentalmente el altruismo, exclusivos de la humanidad, son para el naturalista, estrategias de la selecci— n natural del gŽ nero humano. Agregar que el aporte de Darwin no aparece gratuita e incondicionadamente en el espacio intelectual europeo. No se explica a Darwin sin los antecedentes de Charles Lyell, J. B. Lamarck, John Hutton, el conde de Buffon, el propio Carlos Lineo; pero también del filósofo J.A. Condorcet y del economista y p‡ rroco rural R. Malthus. Adem‡ s, tener presente que el naturalista public— su cŽ lebre obra empujado por el hecho de que otro naturalista, Alfred Wallace,

hab’a propuesto de manera independiente la idea de selecci— n natural y de transmutaci— n de las especies. El conocimiento transdisciplinar se hace exigencia nuevamente. Los compartimentos estancos del conocimiento no permiten la visi— n globalizada requerida por una perspectiva finalmente más humana y universalista. Este 2009 puede ser la excusa perfecta para leer o releer El origen de las especies, importante para absolutamente todas las disciplinas del conocimiento, y para que cada uno de nosotros sepamos de nuestra historia, no ya pequeña, biográfica y parroquial, sino la de nuestra especie.


Lima, septiembre de 2009

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CHARLES DARWIN EN LIMA

Charles Darwin en Lima

El H.M.S. Beagle estuvo en el puerto del Callao por seis semanas en 1835.

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Lima, septiembre de 2009

POR: MARCELO LÓPEZ TORRES*

La democracia representativa caduca

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sector los llamaremos los indiferentes.

a Ley Universitaria vigente consagra la democracia representativa como la forma que utilizan los ciudadanos de la comunidad universitaria (docentes, estudiantes y graduados), para elegir mediante el sistema electoral de lista incompleta a sus representantes en los diferentes — rganos de gobierno.

Estos indiferentes son los responsables de que con apenas el 10% del electorado total, es decir contando entre 3000 y 4000 votos, una lista preparada a œ ltima hora, sin contar con proyecto universitario y menos aœ n con programa, acceda a la representaci— n de los — rganos de gobierno para actuar indebidamente. As’, de esta manera, si lo pensamos bien, s— lo basta una promoci— n de ingresantes para poder ganar cualquier proceso electoral.

El sistema de lista incompleta permite que la representaci— n se dŽ en tŽ rminos de mayor’a y minor’a; en el caso universitario se utiliza la primera y la segunda votaciones en porcentajes para otorgar la representaci— n. Es decir, quien obtiene el primer lugar de la votaci— n podr‡ tener el 80% del nœ mero de representantes, mientras que quien obtenga el segundo lugar, tendr‡ el 20% de la representaci— n. Como se observa, en la democracia representativa los electores delegan la soberan’a en representantes elegidos generalmente por sufragio universal de forma peri— dica mediante elecciones libres. Estas autoridades electas, en teor’a deben actuar en representaci— n de los intereses de quienes los eligen para representarlos. Pero esta forma de democracia en la UNMSM no funciona adecuadamente. Analizaremos al sector estudiantil en su rol como agente electoral. Los casos de docentes y graduados ser‡ n tambiŽ n analizados en su oportunidad. Se presenta un problema importante y urgente: el alto grado de corrupci— n en algunos sectores de los tres estamentos que cuentan con representaci— n en los — rganos de gobierno. Esto se evidencia en el abuso de poder derivado de aprovechar el puesto de representante para obtener beneficios personales. Esto se vincula al costo de las campa–as electorales, determinante en las elecciones estudiantiles. Algunos grupos, al carecer de programa o proyecto universitario, priorizan, * Ex Jefe OCPT UNMSM.

As’, la gran mayor’a de estudiantes no se siente representada por quienes se presentan a las elecciones. La mayor’a de estudiantes, pues, tiene un m’nimo de capacidad de indignaci— n ante el conocimiento de la conductas inadecuada de los operadores pol’ticos.

sin embargo, el costo de la campa–a electoral. Esto genera -en el caso de algunas organizaciones estudiantiles, sus candidatos y m‡ s aœ n en los llamados operadores pol’ticos-, que se establezcan acuerdos econ— micos permanentes con quienes financian las campa–as, en el sentido de apoyos incondicionales para su elecci— n como autoridades, aœ n a costa de atentar contra los intereses de los electores. Este es, lamentablemente, el escenario de la democracia representativa en la universidad en los œ ltimos a–os. No existen organizaciones estudiantiles, sino Ò listasÓ que se al’an o Ò cierranÓ , utilizando la fraseolog’a al uso, para enfrentar con diferentes nombres para sus listas en los procesos electorales. Desde 2001, a–o del retorno de la democracia en la universidad, los diferentes grupos estudiantiles participantes de los procesos electorales, de la mano con sus respectivos operadores, olvidaron la discusi— n

ideol— gica, acadŽ mica, pol’tica y gremial, como referente necesario para el debate; y optaron como pol’tica de acci— n el clientelaje. Esto se agrav— m‡ s cuando la elecci— n del rector en 2006. Hoy se discute como tema central, o mejor dicho, se negocia, cu‡ ntos funcionarios o bolsistas le corresponde a los operadores de las representaciones de mayor’a o minor’a. Peor aœ n, esta forma de hacer pol’tica universitaria ha llevado a la gran mayor’a de estudiantes a la indiferencia total respecto de quiŽ nes son elegidos como sus representantes. Prueba palmaria de esto son las estad’sticas electorales con que se cuenta en los archivos de la oficina del ComitŽ Electoral. Desde el 2001, si se suman los estudiantes que votan blanco, nulo, y los que no acuden a votar (a pesar de la multa prevista en el Reglamento General de Elecciones la cual ahora s’ se hace efectiva), estos llegan a alrededor del 60% de todo el electorado. A este amplio

Pero todo esto es tambiŽ n expresi— n del individualismo imperante en las generaciones actuales, a las cuales les cuesta mucho sumarse a un colectivo, m‡ s aun si los Ò representantesÓ de estos colectivos carecen de calidad acadŽ mica, adem‡ s, obviamente, de calidad moral. Por tal raz— n, cada vez es m‡ s necesario que la comunidad universitaria participe activamente en la elecci— n de sus representantes y de sus autoridades. Ante ello, el voto universal para la elecci— n de las autoridades universitarias, dejar’a a estos operadores pol’ticos con una tarea ineludible: construir verdaderas organizaciones que tengan necesariamente ideario, organizaci— n y genuinos representantes. Aquellos que quieran representar a sus facultades deber’an establecer debates y discusiones para que sus electores conozcan sus propuestas. Esto constituir’a el inicio de la recuperaci— n de la democracia en la universidad, así como el inicio del fin de los Ò operariosÓ de la infamia y la desinformaci— n.


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POR: CARLOS FERNÁNDEZ FONTENOY*

Universidad, educación y mercado laboral

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as continuas huelgas de los sindicatos de docentes de las universidades pœ blicas condicionadas por el incumplimiento del actual gobierno en aumentar los sueldos en un 35%, de acuerdo a ley, merecen algunas reflexiones. Si reconocemos que no es posible el desarrollo sostenible de un pa’s sin una educaci— n pœ blica de calidad, debemos reconocer igualmente que Ž sta no ser‡ posible sin una remuneraci— n digna para los docentes universitarios. Sin embargo, durante el reciente boom econ— mico, los sueldos de los profesores no han aumentado de acuerdo a la ley, ni al crecimiento de nuestra econom’a; permanecen deplorables. Desde la dŽ cada del 70, por lo menos, la universidad pœ blica entr— en un proceso de crisis, que dura hasta el presente. Uno de los rasgos m‡ s notorios, fue el deterioro de los sueldos de los profesores universitarios. Esto produjo una permanente migraci— n de muchos buenos profesores del sector pœ blico a las universidades priva-

das, las que fueron aumentando a una velocidad cada vez mayor. De esta manera, paulatinamente, las universidades privadas empezaron a superar acadŽ micamente a las pœ blicas. La oferta de mejores sueldos del sector privado, jug— en contra del nivel acadŽ mico del sector pœ blico. Uno de los resultados de este proceso lo apreciamos en el mercado laboral, en el que la demanda de estudiantes egresados de universidades privadas de prestigio acadŽ mico, acapara generalmente los mejores puestos laborales. La primera conclusi— n es que las universidades con mejores salarios tienen una planta de mejores profesores, que las prestigiar‡ n; y lograr‡ n que sus egresados sean m‡ s competitivos en el mercado laboral. En el presente, la brecha que separa a las universidades pœ blicas de las privadas a nivel acadŽ mico, reproduce las diferencias sociales existentes, al condicionar que una mayor’a de egresados de las universidades pœ blicas ocupen puestos subalternos en el mundo profesional. Hay quienes afir-

* Docente, director de la EAP de Ciencia Pol’tica, Facultad de Derecho, UNMSM

man que, incluso para ciertos puestos tŽ cnicos, algunos institutos privados estar’an gan‡ ndole los puestos a las universidades pœ blicas de mayor renombre. Por esta raz— n, los estudiantes menos pudientes ser‡ n los grandes ganadores de decidirse una elevaci— n del nivel acadŽ mico en las universidades pœ blicas. Por ello deber’an contribuir a la lucha para hacer de esto una realidad. Desde esta perspectiva, elevar los sueldos de los docentes de las universidades públicas, puede significar un avance importante en la recuperaci— n de la excelencia acadŽ mica de este sector venido a menos. Los mejores sueldos atraer‡ n a profesores mejor calificados a intentar ingresar a la universidad pœ blica, especialmente los m‡ s j— venes, que est‡ n bastante actualizados y con muchas ilusiones en mejorar la realidad. No basta, sin embargo, con elevar los sueldos a los docentes universitarios del sector pœ blico para nivelar a las universidades pœ blicas con las privadas -e incluso, superarlas-; pero es uno de los grandes pasos en esta direcci— n.

Otro gran tal— n de Aquiles es la pŽ sima gesti— n administrativa, en la que, como en el resto del Estado, a veces se cuenta con el financiamiento, pero no hay capacidad de inversi— n. A falta de un plan de reforma universitaria integral conocido y dirigido al sector pœ blico por parte del gobierno central, este deber’a guiarse por lo estipulado en el Acuerdo Nacional, y aumentar gradualmente el presupuesto para el sector educaci— n. La homologaci— n de los sueldos a los docentes es una oportunidad, no solamente para cumplir con lo prometido y firmado por el Estado, sino para acercarse a los objetivos del Acuerdo Nacional. TambiŽ n, es una posibilidad para que el partido de turno evidencie un gesto que nos haga recordar que su supuesto socialismo democr‡ tico todav’a apunta hacia una sociedad m‡ s igualitaria. No cabe la menor duda de que la educaci— n es el m‡ s efectivo instrumento de igualitarismo social.


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Lima, septiembre de 2009

POR: VIRGILIO FREDDY CABANILLAS*

La tesis de licenciatura:

Experiencia fundamental del historiador

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n historiador es esencialmente un investigador. Por eso nos preocupa la excesiva facilidad que ofrece la universidad para conceder el t’tulo de licenciado en Historia, sin pasar por la exigencia de la tesis. En el perfil profesional del historiador sanmarquino, se considera que el egresado debe tener las siguientes cualidades: 1. Condiciones profesionales que lo capaciten en el trabajo de la ciencia pura y aplicada. 2. Manejar herramientas b‡ sicas, te— ricas y metodol— gicas que le permitan el desarrollo de un trabajo acadŽ mico serio y de alto nivel. 3. Estudiar, analizar y comprender los hechos socio-econ— micos, pol’ticos e ideol— gicos del pasado en funci— n del presente y futuro, acorde con el avance científico, tecnol— gico y human’stico. El perfil profesional también incluye estos aspectos: interŽ s vocacional, aptitudes y rasgos de la personalidad: Ò Debe poseer razonamiento l— gico e interpretativo, capacidad anal’tica y de s’ntesis. Estar dispuesto a combinar el trabajo en archivos y bibliotecas con el de gabinete. Poseer interŽ s por la historia y rigor científico”.

La investigaci— n es la actividad fundamental del historiador. Es una actividad met— dica, pero sobre todo creativa. En ella se sustentan otras labores, como la docencia y la gesti— n cultural. En cada una de sus etapas -la elaboraci— n del proyecto, la recolecci— n de la informaci— n, su procesamiento, y redacci— n del trabajo-, el investigador se enfrenta a problemas que debe resolver usando al m‡ ximo todas sus capacidades. Por eso no podemos prescindir de la tesis. Es la primera investigaci— n realmente seria y de largo aliento en la vida de un profesional de la Historia. Se ponen a prueba los conocimientos adquiridos, se aplican los mŽ todos y las teor’as a hechos y procesos concretos; incluso se descubren las habilidades o limitaciones para la redacci— n. Creemos que no hay manera de desarrollar los aspectos considerados en el perfil profesional mencionado, pasando por alto la tesis. Umberto Eco lo explica de manera clara y sencilla:

Luego de leer el perfil profesional del historiador sanmarquino, creemos urgente plantear la obligatoriedad de la tesis de licenciatura. El viejo argumento de las facilidades se basa en el origen socioecon— mico del sanmarquino. La mayor’a venimos de hogares humildes y resulta sacrificado dedicar largo tiempo, esfuerzo y dinero a la elaboraci— n de la tesis. Pero para darnos una mano tenemos el bachillerato autom‡ tico. Somos pobres, pero no incapaces. * Docente auxiliar, Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM. 1 C— mo hacer una tesis. Barcelona: Gedisa, 1992; pp. 23 - 24.

Hacer una tesis significa: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma org‡ nica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quer’a decir y pueda, si as’ lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta.1 Hacer una tesis significa aprender a poner orden en las propias ideas y a ordenar los datos: es una especie de trabajo met— dico; supone construir un Ç objetoÈ que, en principio, sirva tambiŽ n a los dem‡ s. Por eso creemos que licenciarse sin tesis no es una ayuda. Por el contrario, es hacerle al estudiante un da–o irreparable. Es una irresponsabilidad de la universidad titular historiadores con ex‡ menes o cursos de actualizaci— n. Los estamos privando de una

de las experiencias intelectuales m‡ s enriquecedoras: la creaci— n de conocimiento. Los sanmarquinos est‡ n acostumbrados a lidiar con dificultades para lograr sus objetivos acadŽ micos y profesionales. Hemos visto a muchos estudiantes dedicados a desarrollar sus tesis, con todo en contra; pero con la actitud necesaria para alcanzar sus objetivos. No es ninguna ayuda brindar facilidades enga–osas. Adem‡ s, su obligatoriedad significará un mayor compromiso de los profesores. Como asesores o como miembros de jurado, la revisi— n minuciosa de las tesis implica una entrega generosa de tiempo, un esfuerzo adicional que ser‡ asumido por una autŽ ntica vocaci— n docente. Significará también tener los ojos muy abiertos para detectar una de las formas m‡ s infames de la corrupci— n en nuestro pa’s: el plagio. Corresponde a las autoridades reconocer el valor que tiene una licenciatura con tesis. Nunca m‡ s debe ocurrir lo que pas— en una reciente evaluación para ratificación docente. Su reglamento consideraba igual puntaje para los licenciados con tesis y los colegas que optaron por otros caminos (Reglamento de evaluaci— n para ratificación docente. Resoluci— n Rectoral N. 01137-R-07, 13 de marzo de 2007). Demos un paso adelante eliminando las alternativas a la tesis. No dejemos que nos suceda lo que vemos en muchas universidades particulares: la proliferaci— n de cursos de Ò actualizaci— nÓ , con los que pr‡ cticamente se compra el t’tulo. Adem‡ s, tarde o temprano el historiador estudiar‡ una maestr’a; y ah’ no podr‡ evitar la tesis. Entonces se dar‡ cuenta de que esa experiencia es insoslayable.


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POR: MANUEL VALLADARES QUIJANO*

Desborde popular de junio y perspectivas L

as movilizaciones populares de junio de 2009, protagonizadas fundamentalmente por las comunidades nativas de la selva y de campesinos de las regiones andinas, constituyen probablemente el mayor de los cuestionamientos al gobierno aprista y al mismo Estado. Tal como fueron sucediŽ ndose aquellas movilizaciones, expresando sus protestas, denuncias y reclamos, desafiando y poniendo en aprietos al gobierno, ocupando de esa manera los primeros planos de la escena pol’tica nacional, llegaron a configurar lo que se ha denominado desborde popular. Se podr’a prever que este es apenas el primer desborde de esa naturaleza y dimensi— n que tiene lugar en el pa’s en lo que va del siglo XXI temprano. Los hechos se inscriben en un contexto nacional e internacional cuyos principales rasgos son bien conocidos: plena crisis del capitalismo neoliberal, la misma que comenz— en los Estados Unidos, con la bancarrota bancaria y financiera de septiembre del 2008, que luego se ha ido generalizando y profundizando a nivel mundial. Es la crisis del orden econ— mico neoliberal que, en los œ ltimos 25 o 30 a–os se apoder— del mundo entero y que sistem‡ ticamente ha arrebatado a los trabajadores derechos fundamentales que hab’an sido adquiridos en m‡ s de un siglo de luchas. En el Perœ este orden fue impuesto sin mayor resistencia por el gobierno fujimorista. Por otro lado, asistimos en el mundo entero a una amplia y profunda derrota sindical y pol’tica de los trabajadores y masas populares, la que viene prolong‡ ndose, tambiŽ n, por espacio de 25 o 30 a–os. Es decir, corresponde de manera simult‡ nea al triunfo mundial del neoliberalismo. El caso peruano es una de las mayores derrotas en el contexto latinoamericano. Resistencia en la Selva ante la invasi— n destructiva del capital Los pueblos originarios de la Selva, organizados fundamentalmente en

AIDESEP, durante a–os han denunciado el car‡ cter destructivo de las empresas capitalistas que los invaden para explotar gas, petr— leo y otros recursos y, a su vez, han reclamado la defensa de la biodiversidad, del equilibrio ecol— gico, de la propiedad comunal y de las culturas originarias. Se trata no s— lo de la resistencia al capital privado invasor, sino, sobre todo, a la ofensiva del Estado, que lo promueve y respalda. En este sentido, ya en agosto de 2008 los pueblos originarios se declararon en huelga, se mantuvieron movilizados, bloqueando carreteras y tomando algunas estaciones clave del gaseoducto. Su impacto se sinti— en el pa’s. La prensa y todos los medios de comunicaci— n dieron cuenta de los acontecimientos. Algœ n columnista dec’a que lo que estaba ocurriendo era un levantamiento ind’gena. El gobierno se vio obligado a derogar los decretos leyes que demandaban los huelguistas. Pero eso no supuso la soluci— n de problemas sustantivos. Este a–o, a partir del 9 de abril, dichas poblaciones nuevamente se declararon en huelga y se mantuvieron movilizados, con bloqueos de carreteras y tomas de estaciones mucho m‡ s enŽ rgicos. Exig’an la derogatoria de los Decretos Legislativos 1064 y 1090, que consideraban atentatorios. Las relaciones tensas y conflictivas durante semanas entre el gobierno y el liderazgo y bases de AIDESEP, se caldearon cuando en el Congreso fue aprobada solamente la “suspensión indefinida” de esos DL. Los l’deres ind’genas y la oposici— n de izquierdistas y nacionalistas reclamaron airadamente la derogatoria de esos DL. En esos instantes, el 5 de junio, se produjeron los brutales enfrentamientos entre ind’genas nativos y la polic’a en la provincia de Bagua, llevando a la muerte a 34 personas. Las noticias de irracionalidad y de sangre traspasaron las fronteras nacionales. ReciŽ n despuŽ s de esos graves sucesos, el gobierno se vio obligado a decidir la derogatoria de aquellos DL. Esta medida constituye

* Docente de la EAP de Historia. Facultad de CC. SS. UNMSM.

sin duda la primera victoria importante de los pueblos originarios frente al Estado. Movilizaciones campesinas, obreras y populares En las semanas siguientes a los tr‡ gicos acontecimientos de Bagua y en cierta medida bajo su impacto, se desencadenaron masivas movilizaciones campesinas y populares en Andahuaylas, Canchis y Puno, con bloqueos de carreteras y marchas a las ciudades. En todos los casos, se reclamaba presencia del Estado para resolver problemas postergados. Por las mismas razones, podr’a haberse movilizado todo el sur andino. El premier Yehude Simon, aœ n en funciones, viaj— a cada uno de esos lugares y presidi— reuniones o asambleas pœ blicas con los delegados de los sectores y organizaciones movilizados. Fueron firmados acuerdos tendientes a la soluci— n de los problemas planteados. Casi simult‡ neamente, los obreros de Doe Run, en La Oroya, se declararon en huelga y bloquearon varios kil— metros de la Carretera Central, reclamando la intervenci— n del gobierno para impedir que dicha empresa suspendiera sus labores o cerrara al declararse insolvente o en quiebra. El ex premier Jorge del Castillo intervino en las negociaciones con los trabajadores. Se propuso que la administraci— n de Doe Run, empresa tramposa y deudora mœ ltiple, pasara a manos de una Comisi— n fiscalizada por un tribunal especial. Se levantaron las acciones de fuerza para dar paso a las negociaciones. Ante aquellas luchas, las acciones de apoyo y solidaridad han sido significativas. En Lima y otras ciudades, principalmente del sur peruano, tuvieron lugar en la primera quincena de julio, convocadas y coordinadas en especial por la CGTP, masivas marchas populares que esgrim’an duras cr’ticas al gobierno y reclamaban la soluci— n de los graves problemas planteados.

Perspectivas del desborde popular Es probable que las movilizaciones de junio constituyan el punto de partida de un nuevo ciclo de luchas de los trabajadores y masas populares en el Perœ , en confrontaci— n con el poder del Estado. Estar’a en marcha de aqu’ hacia adelante un proceso m‡ s sostenido de reactivaci— n de esas luchas, forj‡ ndose su progresiva articulaci— n y centralizaci— n de su direcci— n. Parecer’an estar ya en curso las tendencias de su desarrollo y ascenso en el corto y mediano plazo. Pero hay dos cuestiones que no deben perderse de vista. Por un lado, los impulsos de luchas del conjunto de explotados y dominados por la mejora de sus condiciones materiales de existencia y por sus derechos ciudadanos, son crecientes y dif’cilmente podr‡ n ser contenidos o quebrados desde el poder del Estado. Por otro lado, la oposici— n pol’tica de corrientes de izquierda y nacionalistas es sistem‡ tica, y se expresan fundamentalmente a travŽ s de la prensa y otros medios de comunicaci— n. Constituyen, en cierto modo, la direcci— n ideol— gica de aquŽ llos. En su gran mayor’a, se trata de quienes provienen de la Izquierda Unida, que se derrumbó y se dispersó al finalizar los a–os 80. Ya no sue–an en revoluciones pero est‡ n activos y entre varias cosas desarrollan en sus discursos la idea de la inclusi— n social. Los movimientos sociales como los mencionados y los que vendr‡ n, con su propio liderazgo a la cabeza, podr’an correr riesgos de ser encasillados y sucumbir dentro de los l’mites electorales en las coyunturas de 2010 y 2011. No es que no puedan participar en ellas a travŽ s de alianzas o frentes electorales, pero no deber’an perder de vista que su permanente confrontaci— n es con el Estado. Podr‡ n defenderse de los riegos del electoralismo s— lo a condici— n de afirmar y consolidar su autonomía organizativa y pol’tica. No pueden ni deben repetirse las ilusiones de los a–os 80.


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Lima, septiembre de 2009

POR: GUSTAVO SOLIS FONSECA*

Bagua revisitada N

uestra incomprensi— n de lo sucedido en Bagua deriva seguramente del desconocimiento mutuo entre los peruanos, a pesar de que los otros, los nativos, en este caso, tienen mucho que ver con nuestras vidas, sean urbanas o rurales. En Lima consumimos productos que provienen de la tierra de los ashaninka y de los yanesha; regalamos artesan’a de los shipibos del Ucayali; el gas con que cocinamos es de la tierra de los machiguengas y nanti; y el petr— leo, si no es importado, viene en parte de la selva norte–a, atravesando la tierra de los awajœ n y w‡ mpis. Es dif’cil imaginar nuestras vidas sin ellos, y la de ellos sin las nuestras. Varios pueblos amaz— nicos fueron catalogados por los conquistadores europeos en el Siglo XVI en dos categor’as: behetr’as y Ò gente de polic’aÓ . Los j’baros aparec’an como behetrías. La dicotomía no se refiere sino a la ausencia o presencia del Estado. Sin embargo, la evidencia dice que todos los pueblos tienen algœ n nivel de organizaci— n estatal y, sin ninguna duda, los pueblos awajœ n y w‡ mpis, lo tienen. Pero tambiŽ n hay Estados virtuales, que se hacen patentes cuando son requeridos, despertando como de un sue–o. Esta es la posibilidad del Estado ocasional, que surge cuando se necesita y a la medida. Lo sucedido en Bagua el 5 de junio pasado, desde la perspectiva awajœ n, fue una oportunidad para que el Estado virtual emerja con fuerza. Nos preguntamos quŽ sab’a el gobierno de todo ello. À Sab’a que enfrentaba a pueblos con una fuerza moral alta? La valent’a, por ejemplo, es una de los atributos del hombre que las sociedades awajœ n y w‡ mpis tienen muy en alto, pues no hay indignidad mayor que la cobard’a. La defensa de la familia es un imperativo, y la familia se extiende y deviene en el pueblo, cuando se trata de defenderse de agresiones externas. No se pone la otra mejilla cuando hay una agresi— n. Esto debemos saberlo en el Perœ como parte de nuestro mutuo conocimiento entre peruanos. Un awajœ n debe ser transparente; no es concebible entre ellos las medias verdades. Las personas no deben ser ambiguas. En la forma c— mo el poder se ha organizado en los pueblos ind’genas amaz— nicos y c— mo las habilidades se

reconocen para cada caso, los j— venes son una suerte de relacionadores con el exterior, porque ellos conocen a gente de fuera, saben castellano, saben escribir, etc. Sin embargo, el poder no est‡ en ellos: el arrojo s’, la impaciencia tambiŽ n, pero no saben con certeza ni lo suficiente, porque no han tenido el tiempo para reflexionar, para acumular conocimientos, para tener la experiencia necesaria para tomar decisiones trascendentales. Un awajœ n anciano dir’a que el joven es valiente, es bueno para la guerra; pero hay que tener cuidado de ellos cuando de cosas mayores se trata. As’, en Bagua, los j— venes estuvieron en el frente, pero quienes tomaban las decisiones eran los ancianos, all‡ atr‡ s, en las comunidades, donde pensaban, reflexionaban y decidían. El territorio y la tierra À QuŽ implicaba defender el territorio? No otra cosa que cuidar la tierra contra una serie de peligros y amenazas a la supervivencia, cuando el territorio est‡ en riesgo por pol’ticas de desarrollo agresivas (proyectos petrol’feros, mineros, viales, hidroelŽ ctricos, forestales, agropecuarios, privatizadores de los recursos naturales, como el agua y el bosque). Para los ind’genas lo adecuado es un desa-

* LingŸ ista. Investigador del CILA (Centro de Investigaci— n de LingŸ ’stica Aplicada). UNMSM.

rrollo que lleve a ser m‡ s, no a tener m‡ s, respetando la tierra y la vida en toda su diversidad, reconociendo que todos los seres son interdependientes y que toda forma de vida tiene valor para los seres humanos. Dos maneras de iniciar las relaciones La manera c— mo iniciamos una relaci— n y c— mo la terminamos pueden ser muy contrapuestas si nos comparamos con los nativos de nuestra Amazonía. Para el inicio y el fin, los awajœ n y nosotros hacemos cosas que nos parecen al revŽ s. Para iniciar una relaci— n los awajœ n hacen lo que nosotros hacemos para terminarla. Esto es, enfrentar al otro de modo decidido. Como se ve, la finalidad del enfrentamiento es conocer bien al otro para hacerlo predecible, pues se trata de alguien a quien voy a introducir en mi vida, en la de mi familia, en la de mi comunidad. Como se dir’a, aqu’ no vale ser discreto, fingido, con ocultamientos; lo que vale es ser como se es, sin ambigŸ edad, sin margen para una percepci— n equ’voca o imprevista. El awajœ n con el enfrentamiento no rompe una relaci— n, lo que busca es no iniciarla a ciegas, y enfrentar es un primer paso. En nuestra l— gi-

ca, las relaciones terminan con una pelea; en la de ellos las relaciones o las no-relaciones comienzan con un enfrentamiento. Como era de esperarse, eso lo hemos comprobado en Bagua, donde los awajœ n mantuvieron por m‡ s de 50 d’as un enfrentamiento con el Estado, para conocer e iniciar una relaci— n con supuestos claros. Las acciones del gobierno llevaron a la pelea, para terminar las relaciones, para romperlas. Visto desde fuera, los dos grupos hac’an cosas con significados distintos, siendo que el objetivo de uno era relacionarse; y la decisi— n del otro, romper las relaciones para no tenerlas o para imponerse unilateralmente. Final M‡ s all‡ de los decretos, m‡ s all‡ de su ilegalidad constitucional, lo sucedido ha sido œ til para movilizar nuestra atenci— n y para constatarse que hab’a en el resto de peruanos una parte insobornable, capaz de defender lo justo. Eso lo hemos podido sentir y ver en todos aquellos que reconocieron la justeza de las protestas nativas y que incluso se identificaron abiertamente con sus reivindicaciones. A pesar de la violencia, este hecho ha reducido las distancias y los abismos que aœ n separan a los peruanos.

De acuerdo - Numero 2  

Segundo numero del periodico "De acuerdo"

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