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Publicación del movimiento Acuerdo Institucional Sanmarquino

Octubre-Diciembre 2010, Nº 6

Nuevos vientos para San Marcos

EDITORIAL

En el presente numero de nuestro periodico universitario, hablamos, del Premio Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa, del triunfo electoral de Susana Villarán, de la resistencia democrática de docentes y estudiantes de San Marcos contra la ineptitud, la arbitrariedad y el mal gobierno instalado en el rectorado desde 2006. Mario Vargas Llosa suma el Premio Nobel a los reconocimientos obtenidos en diferentes partes del mundo por su excepcional producción literaria. Nos congratulamos de contarlo como integrante de nuestra comunidad universitaria, en su calidad de graduado como Bachiller de Literatura con una importante tesis sobre Rubén Dario. En su homenaje, reproducimos el discurso que pronunciara en la ceremonia donde se lo incorporó como Doctor Honoris Causa. En él habla

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de San Marcos, de su vida como estudiante en nuestra universidad, de su lugar como institución en la historia nacional, de lo que implica en términos de responsabilidad institucional nuestra condición de primera universidad del país. Reseñamos también una conversación formal sostenida con Susana Villarán, conjuntamente con docentes y alumnos que apuestan por la pronta reconstrucción democrática de San Marcos. En esa oportunidad, constatamos su voluntad de incluir a la comunidad universitaria sanmarquina en la tarea de renovar la ciudad incorporando en ella un fuerte componente cultural. Supimos de su buena disposición a buscar una salida al problema creado por Castañeda e Izquierdo con el pésimo manejo del tema del intercambio vial Universitaria- Venezuela. Hasta

bromeamos sobre quienes se dan maña para que San Marcos siga siendo un “reflejo” del país, y de quienes podrían pretender el manejo fraudulento de la voluntad electoral de los ciudadanos. Pero, constatamos igualmente que se afirman vientos de cambio. Su victoria en Lima es una muestra de ello., y la fortaleza creciente de la oposición democrática, en San Marcos. Precisamente, hablando de un clima de cambios, destacamos la aparición de un sector democrático de estudiantes, que apuesta por la calidad académica y la transparencia en las decisiones institucionales. Ellos instalaron la exigencia de consultas directas a las bases, a través referendos, como ensayos de elección directa de las autoridades. Ahora exigen el fin de la arbitrariedad en la Facultad de Ciencias Sociales, de cuya Escuela de

Arqueología,literalmente, tuvieron que echar a un personaje que usurpaba la Dirección. No dudamos de que ocurrirá lo mismo con el Decanato usurpado con la anuencia del rectorado. Por otro lado señalar también que el proyecto de elección universal y directa de las autoridades universitarias volvió a cobrar vigencia en el Congreso de la República. Para nosotros, que mantenemos firme aquella exigencia, se trata de una victoria política, más allá de los resultados que esa iniciativa pueda tener. Por último, agradecemos la acogida obtenida por nuestra web institucional, que sostenemos como un espacio de afirmación democrática en la universidad. Hemos sobrepasado ya las 12,000 visitas y la tendencia a consultarla se incrementa. Todo ello nos permite hablar de vientos favorables; vientos de cambio.

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HAROLD HERNÁNDEZ LEFRANC*

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¿Quién es Juana Huamán?

l 17 de junio algunos profesores y estudiantes recibimos un mail de Juana Huamán Córdoba, con el título de Reflexiones de una sanmarquina.

Solo pienso que cualquier sanmarquino ecuánime puede compartir todo lo que dice: deslindar de Sendero Luminoso, pero también de la derecha reaccionaria. Y apuntar al pensamiento crítico y la democracia, y no al sectarismo de extrema izquierda liderado por Abimael Guzmán, quien pactó de modo cobarde con Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos (los tres en prisión; los extremos se juntan). Este mail motivó que un profesor de Antropología, Rommel Plasencia –anuente del rector Izquierdo–, respondiera el mail de la estudiante, con una afrenta: “Juana no seas huamán”. Pero agregó más. En lo que sigue, un segmento: Juana no seas huamán.....en cada periodo electoral un grupo de profesores que no quieren a San Marcos, agitan y blanden el cuco de sendero para aminalar a la oposicion. El gobierno aprista […] utiliza esas mentiras y amenaza con intervenir nuestra Universidad. Pero lo mas lamentable es que hay profesores que odian a San Marcos, son los que dicen que a San Marcos solo lo salva una transfusion de sangre de la Católica, y ese ex-rector (por el que creo que tu simpatizas) utilizó el, poder para beneficiar a sus amigos. Y por ultimo, la gente que fue filmada, son […] posiblemente familiares de algunos presos por terrorismo pero que utilizaron San Marcos porque saben que es una universidad abierta, incluyente y que respeta todas las ideas. Hay gente desclasada, con profundos complejos de inferioridad que odia a San Marcos, porque es una universidad chola, masiva y que en el extranjero tiene un prestigio indeleble […]. Rommel Plasencia EAP de Antropología

Entonces, Sendero no existe en San Marcos. Pero lo fundamental es la presencia de profesores que odian a San Marcos, que tienen afinidad con la Universidad Católica, y que supuestamente proponen una transfusión de sangre de esta. Aquí debe

recordarse que los términos médicos o biológicos suelen ser usados por extremistas que llevan a entender la realidad en términos biológicos o raciales. A eso le suma el que supuestamente Manuel Burga, ex rector, solo fue rector para beneficiar a sus amigos. Pero es sintomático que sobre el rector Luis Izquierdo, del que hay abundante evidencia de malos manejos y que ha destruido San Marcos, no diga nada. Y a pesar de su crítica a la PUCP, lo curioso es que este sujeto, en ciertas ocasiones se solaza en decir que hizo su Maestría en la PUCP, y de haber sido discípulo de Juan Ossio, flamante ministro de Cultura del gobierno aprista, de marcada derecha. Algo así como jamonearse de la PUCP o denostarla, dependiendo de la situación y el auditorio. Justifica la marcha prosendero porque San Marcos es incluyente. Pero no dice que Sendero no exponía sus ideas, sino que asesinaba a los opositores, tanto a blancos o limeños, cuyas muertes no lamenta, como a campesinos pobres, de lo que no dice nada. Pienso San Marcos debe respetar ideas, pero ser inclusivo no significa incluir a criminales, ni de izquierda ni de derecha. Finaliza acusando a los críticos de gente desclasada con complejos de inferioridad, porque odian a San Marcos, en razón de ser chola, masiva y de prestigio. No imagino profesores o estudiantes que odien a la propia universidad, peor aún por ser “chola”. Más bien esto de “cholo” lo veo como disfraz. Imagino que Plasencia sería, en esta fantasía racista, una suerte de “supercholo” defensor de lo popular y masivo; y lo hace guardando silencio sobre Sendero Luminoso, asesino de “criollos” y “cholos”. Más bien lo que veo es que hay profesores que, teniendo complejos de inferioridad, se justifican con un San Marcos mediocre y cuyo prestigio va deshaciéndose por avalar a rectores como Luis Izquierdo o decanos como Bernardino Ramírez, a quienes de manera cómplice no denuncian. Pero Volvamos a Juana Huamán. Ella replicó ante esta diatriba, con lo siguiente:

nombres no interesen, sino porque su clamor del primer mail se replica en miles de estudiantes de San Marcos. Alguien podría argumentar cobardía Es una lastima que usted se dirija a por la seudonimia, pero solo lo sería mi -en su respuesta a mi carta abier- si usara el ocultamiento para zaherir ta- con  desprecio  y desdén hacia mi y agredir, que es lo que hacen alguapellido. “Juana no seas huamán”. nos profesores y operadores eternosSeñor Plasencia ese es mi apellido, estudiantes. como el de muchos peruanos y perua- Cuando los estudiantes, personas renas de origen popular y provinciano. cién en el umbral de la vida adulta, Mi origen ayacuchano, de padres mi- se dan cuenta de qué hizo Sendero, grantes, de abuelos dirigentes campe- pero también de lo que hicieron las sinos de la CCP, de bisabuelos peones Fuerzas Armadas, podrían compartir y siervos de hacienda, que recorda- la frase de su mail, y pensar en “lo ban con lagrimas en los ojos al chino nefasto que fue la presencia de Sendero Velasco ya que los sacó de la edad de así como la represión de las fuerzas del piedra. Si se da el trabajo de revisar el estado en San Marcos.” Informe de la CVR, encontrará que el apellido Huamán es uno de los más Ante esto, su discurso es proposirecurrentes entre las víctimas fatales tivo:  “demostrarle al país y a los sectores reaccionarios de derecha que el de Sendero y las FFAA. […] San Marcos de ahora, el nuestro, sigue Sobre su análisis, que no calificaré de siendo un espacio de lucha y resistencia, político, solo me queda decirle que de pensamiento crítico, que buscamos la está atravesado por su resentimiento formación científica y rigurosa, que soétnico-clasista, el rencor, la paranoia, mos sensibles y solidarios con las luchas la mala leche, la injuria, la ignoran- del pueblo”. No creo que haya gente cia y por supuesto por sus propios ecuánime que no esté de acuerdo intereses. Que quede claro ante los con esto. estudiantes y docentes de antropología  que usted apoya abiertamente al Termina con una frase, que podría señor Waldemar Espinoza y que aspira ser ingenua y hasta onírica para el a ser director de la escuela de antro- “realismo”, o más bien diremos, cipología y llegar a ser profesor principal nismo, de los extremos de izquierda en base a la presión y el chantaje de su y de derecha: “pensemos todo el tiempo en la universidad y facultad que quevoto, y no en la meritocracia. […] remos y soñamos. Que ese sea siempre … sin duda el que muestra  proyec- nuestro horizonte: el futuro.” Creo que tivamente profundos complejos de no es casual que el texto termine con inferioridad y de odio es usted. Nos la palabra ‘futuro’. habla de “tranfusión de sangre” de la Católica (me alarma que alguien Yo no sé si Juana Huamán es una esque se dice antropólogo nos hable de tudiante o no, mujer u hombre, de “sangre”), precisamente de aquella Antropología o de otra EAP. Imagino universidad donde usted estudió una que este no es su nombre; pero eso tampoco me importa en lo fundamaestría en antropología […] Juana Huamán Cordoba  mental. A la pregunta de este artículo, ¿quién es Juana Huamán?, creo No se necesita glosar el texto indig- que podemos responder que todos, nado de la estudiante. Todo esto su- más precisamente, casi todos los sanpuso el apoyo abierto de profesores marquinos somos Juana Huamán, si fundamentalmente de Antropología, por eso se entiende distancia de las e imagino de muchos estudiantes, violencias de los extremos, intento por el oprobio de tan ruin insulto. de evitar los prejuicios racistas, preLo cierto es que más tarde nos dimos tender los valores de justicia, democuenta de que Juana Huamán era cracia y meritocracia en nuestra vida un seudónimo, de una estudiante de universitaria y laboral en general, y Antropología, cuyo nombre quizá fi- respeto y dignidad en las relaciones nalmente no interesa, no porque los políticas en el Perú. … Me referiré a usted como  señor Plasencia, pues dejeme decirle que usted no califica como profesor, mucho menos como maestro universitario.

* Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM.

Año 2 Nº 6 Octubre - Diciembre, 2010 En una publicación del movimiento docente Acuerdo Institucional Sanmarquino

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Comité Editor Zenón Depaz Toledo Marcel Velázquez Castro Harold Hernández Lefranc Hugo Sánchez Díaz Editor Marcelo López Torres

Email: acuerdo.institucional.unmsm1@gmail.com

Pag. Web: acuerdosanmarcos.edu.pe

Los textos se pueden reproducir citando la fuente y consignando los créditos. Las fotos de esta edición pertenecen al Arxhivo de AIS

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ENTREVISTA

Entrevista a “Juana Huamán Córdova”

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El cuestionario de preguntas fue enviado por e-mail el 25 de julio, y ella envió sus respuestas por esa misma vía el 31 de julio de 2010.

nter-actuando: ¿Por qué has decidido esconder tu identidad? Juana Huamán Córdoba: La respuesta es muy simple. Porque no veo condiciones de establecer un debate político abierto, ya que existen indicios de represalias de parte de algunos docentes, y mucha inmadurez política de mis compañeros estudiantes. ¿Para qué decir mi nombre? Considero que decir mi nombre real no es una necesidad, y mucho menos impedimento para la expresión de mis ideas, no es necesario mostrar mi ADN para debatir. En todo caso, me refugio en la idea de la representación, como en la película V de Vendetta y la mascara de Guy Fawkes. Un juego, aunque serio. De lo que se trata es de debatir ideas, que muestren fuerzas y corrientes de opinión. I: ¿Cuál es tu análisis de la situación actual de la facultad y la universidad? J. H. C. : La cosa es complicada pues nos encontramos en momento de quiebre, al menos un quiebre respecto a lo que era San Marcos hasta los años ochenta y noventa. En los ochenta la cosa se debatía entre Sendero, la crisis económica y la izquierda Unida. En los noventa es clarísimo que el asunto de los estudiantes era enfrentarse al fujimorismo y las nefastas comisiones interventoras y militares. En ambos casos, era necesaria la política porque se jugaban otras cosas. ¿Y ahora qué? No hay proyecto, no hay partidos, y menos sentidos críticos de investigación. La política se ha reducido a un simple toma y daca entre profesores-caudillos que arman listas y que tienen como meta

La política se ha reducido a un simple toma y daca entre profesores caudillos que arman listas y que tienen como meta estratégica llegar a ser rectores o a lo mucho decanos...

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estratégica llegar a ser rectores o a lo mucho decanos, sin saber qué hacer una vez que llegan a sentarse en sus oficinas, todas feas por cierto. Y por otro lado, estudiantes-dirigentes que se dedican a jugar este juego, pero no con música propia sino al ritmo de la orquesta de los profesores-caudillos. Los estudiantes a los cuales llaman operadores, no son compositores, sino simples ejecutores, no crean, solo repiten, hacen cover. La Facultad de Sociales es una de las más golpeadas por esta transición. Aquí hemos vivido cosas realmente impensables hace unos años: acuerdos, pactos, alianzas, y traiciones entre profesores que solo los mueve el mero calculo oportunista de ganar elecciones, ocupar cargos, recibir y repartir prebendas y por supuesto actos de corrupción, pero ni siquiera corrupción grande, sino la menuda, casi como coimas de policía de tránsito, que dice mucho de lo trágico y patético de la crisis en que nos encontramos. Y la última coyuntura de las elecciones en la facultad demuestra los extremos a que puede llegar este tipo de arreglos. Yo decidí oponerme a la elección del profesor Waldemar Espinoza pues creo que su alianza política representa lo más retrogrado de la facultad (mira en antropología qué profesor nefasto lo apoyaba), pero también es justo decir que la alianza ganadora tampoco tiene brillos propios, no tiene cuadros nuevos y de futuro que soporten su trabajo. Pero sobretodo es una alianza débil, sin planes, y que ahora no saben qué hacer con la facultad. Pero al menos se le debe dar la duda del tiempo, porque en política el tiempo es la medida. I: ¿Tienes actualmente alguna afiliación política, militancia, agrupación? J. H. C. : Provengo de una extraordinaria experiencia feminista que se crea en Sociales después de la salida de las comisiones interventoras. Y digo extraordinaria para lo que era San Marcos respecto a este tema: muy conservador, los marxistas-leninistas eran los peores, conservadores, reaccionarios. Tuvimos peleas terribles para posicionarnos,

Banderola en Ciencias Sociales, UNMSM.

sobre todo con los compañeros de Historia que repetían las chácharas del finado profesor de historia Carlos Lazo, quien nos acusaba de pequeño burguesas, desviadas, lesbianas locas, machonas, posmodernas; lo peor del conservadurismo marxista-leninista. Hasta arrancaban nuestra publicidad de los muros, ocultaban nuestros pizarrones, era la época previa al Facebook. Pero una vez organizadas, armamos muchas actividades, grupos, colectivos, publicaciones, mucho activismo. Debo reconocer que mi acercamiento al feminismo fue primero, como siempre, por un asunto personal, de descubrir un universo cultural que me fue prohibido en la familia y en el colegio religioso. Provengo de una familia muy conservadora, una típica familia de clase media conservadora que siempre votó a la derecha. Pero una vez que me acerco al feminismo me voy orientando rápidamente por sus corrientes de izquierda ya que me parecen las más coherentes, y específicamente con las propuestas de las feministas socialistas que pedían derechos y distribución. Me influyó mucho la lectura de Flora Tristán, de lo avanzada que fue pero también de las limitaciones obvias de su tiempo. Esta experiencia fue decisiva en mi formación y opciones de vida. Pero en mi lectura, la experiencia de los colectivos feministas en San Marcos se van agotando hace tres años por una sencilla razón: muchas iban terminando la carrera, otras nos ponemos a trabajar, y no

tenemos la suficiente capacidad y perseverancia para formar nuevas compañeras y compañeros que tomen la posta. Y en ese camino me relaciono con compañeras y algunos docentes de Sociales que provienen de experiencias políticas más antiguas, digamos de los noventas, algunas de los ochentas, y me voy adentrando más fuertemente en los debates de la izquierda propiamente dicha, y me vuelvo una lectora voraz, diría casi obsesiva, de la historia de las distintas corrientes socialistas, hago una lectura muy personal de toda la experiencia socialista. Y entre discusiones y lecturas encuentro que el asunto de la ecología ha sido la gran debilidad del pensamiento y experiencia socialista, su talón de Aquiles, su zona oscura. Y algo que marcó intelectualmente mi autoformación fue cuando un profesor amigo de antropología me regaló el 2009 el libro de Joan Martinez Alier, El ecologismo de los pobres. Su lectura me emocionó muchísimo, pues con su lectura pude encontrar mayor sentido a mis propias búsquedas políticas e intelectuales, y desde entonces he orientado mi formación como antropóloga en esa dirección. Tuve un paso, felizmente muy fugaz, por el Partido Socialista de Javier Diez Canseco, pero me aburrió su burocratismo, su falta de ganas para hacer cosas novedosas, todo tenía que pasar por evaluación y comisiones (hasta lo espontáneo), y la Juventud del PS -donde quedé

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ENTREVISTA

afiliada- estaba plagada de pequeños Lenin que me parecían de lo peor. Actualmente estoy afiliada a una organización política nueva “Tierra y Libertad”, pero debo aclarar que esta entrevista como mis comunicados anteriores lo hago a titulo personal. En “Tierra y Libertad” he encontrado un espacio de confluencia de intereses políticos diversos, un espacio nuevo que se construye con gente nueva, y existe un sentido de que esto tiene para tiempo, pero que debemos avanzar peleando coyuntura por coyuntura. En resumen, emocionalmente me considero una feminista de izquierda, socialista por vocación histórica, y ecologista por sentido de futuro. Siento que esta vez nos la jugamos todo, si no la luchamos en esa dirección estamos lejos de cualquier posibilidad de intervenir en el Perú y en el mundo. Si la ecología fue por mucho tiempo (y de cierta manera lo sigue siendo) el talón del Aquiles del socialismo, lo es más aun ahora para la reproducción del capitalismo: es su horror, su espanto, el factor negado, lo impronunciable, su limitación. I: ¿Cómo ves la relación de la universidad con la sociedad?  ¿Aún es posible establecer relaciones y en qué dirección(es)? J. H. C. : Esta es una pregunta clave, pero por sus limitaciones. Creo que la universidad peruana, y San Marcos en particular, ha perdido hace ya bastante tiempo sus relaciones reales con la sociedad, por una sencilla razón: no conocemos la sociedad realmente existente. ¿Qué relación pretendemos establecer sino sabemos de qué sociedad se trata? Yo propongo algo contundente al respecto. Que los estudiantes nos volquemos a la sociedad pero para conocerla, que salgamos de los muros (bueno, muros es un decir, casi una alegoría) de San Marcos y nos atrevamos a pensar de otra manera, pero desde la sociedad, desde el punto de vista de lo social. La universidad nos adormila. Al menos esta universidad. Con esto no quiero decir que no estudiemos, que no nos preparemos académicamente con aquellos/as profesores/as que aun les preocupa la cosa académica seria, que son los pocos, pero los hay. Yo sí leo antropología que se pretende seria, pero porque uno o dos profesores me orientan o me facilitan información, el resto es desierto. Pero mi punto es que los nuevos sentidos de la política están fuera de la universidad, no en las elecciones universitarias para decano o rector. Quedarnos en ello es nefasto y agobiante. Solo así le encontraremos sentido a nuestros estudios en CCSS y más aun en antropología. Por ejemplo, el CEAN es un desastre desde hace años, no tienen ideas ni propuestas, y ahora más se parece a un club de amiguitos de colegio.

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Yo creo que los estudiantes debemos viajar y conocer el país, hasta por un mínimo sentido de aventura y curiosidad, conocer sus gentes, paisajes, sus sabores, sonidos, colores, sus olores, plagarnos de diversidad, debemos romper conscientemente con nuestro sentido centralista, con nuestras autoreferencias consumistas e individualistas. Y no lo digo por vocación populista, ni romántica y mucho menos exotista. El Perú de ahora no está para nuevos capítulos de populismo o romanticismo antropológico. Lo digo más bien por un sentido de experiencia vital. Solo desde esas bases será posible que como estudiantes y comunidad universitaria nos acerquemos a la sociedad. Pero debo agregar que tal vez esta idea de la relación entre un centro universitario (San Marcos) y la sociedad, puede que ya esté totalmente desfasada para los tiempos actuales, puede que ahora todo esté mezclado, abigarrado, casi como una pintura barroca colonial. I:  ¿Qué piensas de la relación de Sendero Luminoso con la universidad, y su actual presencia en San Marcos? J. H. C. : Este es un tema delicado.  Debo empezar manifestando mi total rechazo al senderismo, por todo lo que ha significado para la historia reciente del país, para el retroceso de las luchas democráticas del pueblo, por su dogmatismo, su ortodoxia, su discurso criminal y práctica asesina. Pero sobretodo recargo las tintas en la responsabilidad de su ideólogoasesino que fue y es Abimael Guzmán. No haré aquí el recuento de sus crímenes y asesinatos hechos en nombre del pueblo, la crueldad y vesania con que lo hicieron. Sendero fue nefasto y retrógrado por donde se mire. Pero debo decir que fue un Sendero que apareció en el Perú, en nuestro sistema político, en nuestras universidades, en el propio campo de la izquierda, no eran de Marte o de Saturno. Y eso debe quedar muy claro en cualquier evaluación. ¿Cómo avanzó un dogmatismo asesino de ese tipo en el Perú? Esa es una pregunta parcialmente respondida en el Perú, y que nosotros como científicos sociales debemos comprometernos en responder. Diría que es una obligación académica e intelectual seguir avanzado en la respuesta, pues no solo responderemos acerca de qué fue y es Sendero, sino además sobre qué somos como sociedad. A lo que voy es que Sendero debe ser comprendido, no justificado, pero también combatido política e ideológicamente. Y su permanencia y avance en espacios como la universidad se debe a dos asuntos clásicos de la política moderna: la producción

de discursos totalizantes, y la perseverancia. Lo primero lo proveyó el discurso marxista-leninista-maoístaPensamiento Gonzalo, que se repite y se reinventa luego del Acuerdo de Paz. Lo segundo, la perseverancia, es lógico: los senderistas son los únicos que se quedan en la universidad haciendo política de ese tipo día tras día: tienen disciplina, recursos, y no por casualidad se han quedado o han regresado a los comedores, las viviendas, en comités de lucha, frentes estudiantiles, grupos culturales de danza y música, allí se mueven como peces en el agua y remueven resentimientos y prejuicios que están a flor de piel en una país muy discriminador. Todo esto ocurre frente el repliegue absoluto de los partidos políticos de las universidades públicas, el constante desprecio del Estado y las elites por la universidad pública, y la complicidad de autoridades y profesores que establecen pactos nefastos y clientelistas con Sendero para mantenerse en el poder universitario. Es un cuadro trágico, pero real. A Sendero no le interesó ni le interesa la universidad como institución de conocimiento, pero tampoco le importa a la tecnocracia neoliberal hegemónica. A los primeros, solo le servimos de caja de resonancia, como espacio de formación y captación de militantes. A lo segundos, solo les importamos como remedo de sistema democrático, de simple apariencia de una “educación pública para todos” pero en la práctica solo para pobres, y condenada hace décadas a la postración por su desinterés y abandono. Siempre he pensado que para las elites neoliberales, la universidad pública les significa el excedente y el costo inevitable que tienen que asumir para seguir manteniendo este remedo de sistema liberal, porque si fueran liberales de verdad, harían algo serio por la educación pública. En el modelo actual, la educación es excluyente, solo algunos se enganchan, la mayoría se jode. Ahora, el Sendero que apareció hace poco en San Marcos, creo que se debe más a una estrategia calculada que ha servido para fortalecerlos en la medida que se proyecta una imagen de presencia en la universidad, pero que no la tiene en lo absoluto. Yo creo que eso fue una provocación calculada, con consecuencias desfavorables para ellos en la coyuntura, pero favorables a su lógica de expansión en el mediano plazo. Los otros beneficiados de su aparición fueron también los sectores de derecha reaccionaria, los militaristas, los sectores conservadores pro-fascistas que pedían intervención policial y militar, sanciones, mano dura. Eso no me sorprende para nada. Y no me sorprende tampoco que en coyunturas como es-

tas, los extremos se toquen: Sendero y los fujimoristas. Ambos sectores están por la amnistía, ambos tratan de llevar viento a su molino pero desde la matriz de la amnistía y la impunidad para sus respectivos caudillos, sus jefes supremos, el filósofo asesino del Acuerdo de Paz, y un expresidente corrupto y también asesino. I: ¿Cómo ven los estudiantes las ciencias sociales en San Marcos y sus estudios universitarios? J. H. C. : Responderé en términos muy personales para no caer en la soberbia de hablar en nombre de todos los estudiantes. Para mi estudiar antropología en San Marcos es casi una opción de locura. Invierto mucho de mi tiempo en lograr una autoformación adecuada pues lo que me ofrece la facultad y mi escuela es muy limitado. Considero que en antropología hay pocos profesores, diría que tres, que valen la pena escuchar, aprender y charlar con ellos, son guías amables aunque muy directos, te prestan libros y te orientan en la medida que tengas algo pertinente que decirles; sino te chotean. Como decía antes, el resto es como desierto sin agua, incluyendo a mis amigos estudiantes que andan preocupados la mayor parte de las veces por cosas sin sentido, al menos para mí. Yo me he volcado a aprender sobre antropología y ecología, leo mucho, todo lo que puedo, y pienso especializarme en un postgrado que tenga que ver con desarrollo ecológico y antropología, siempre desde la perspectiva del activismo progresista. No me veo en otro escenario profesional y académico que no sea el del compromiso social. Ahora voy terminando de aprender francés, pues la antropología francesa ha avanzado mucho sobre temas de ecología para la zona de la Amazonía y África central, y es formidable, aprendo mucho. Por el momento creo que ya tengo avanzado mi proyecto de tesis y estoy trabajando de asistente de investigación de un profesor de antropología, aunque sobre otro tema, quien además me enseña en conversaciones y con consejos de lectura, mucho de teoría antropológica pues los cursos que llevé en la escuela fueron muy limitados. El próximo año debo terminar la carrera. Pienso avanzar de inmediato con la tesis, y luego conseguir una beca para estudiar un doctorado en antropología. La política seguirá siendo para mí una gran pasión. Ser sanmarquina es mi otra pasión, y como toda pasión, tiene algo de irracional. (Fuente: Revista virtual Inter-actuando)

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PABLO SANDOVAL LÓPEZ*

La Escuela de Antropología en Debate

Reproducimos pasajes de una carta abierta, del profesor Pablo Sandoval, enviada al nuevo Director de esa escuela. Estimado Pedro:

Coordinación de un docente de la Escuela, que monitoree su desarrollo y vele por el cumplimiento de sus objetivos y metas.

Nos encontramos en una etapa de profunda crisis en la Facultad de Ciencias Sociales. Que esta vez se haga más palpable, no la hace menos antigua. Tiene como denominador la persistencia del desprecio de algunos docentes hacia sus colegas, pero sobre todo hacia los estudiantes que buscan obtener una formación académica crítica, rigurosa y de calidad.

V. Reorientación de los estudios hacia líneas de investigación etnográficas: Debemos promover nuevos temas y agendas de investigación entre los docentes, incentivar la creatividad e ir más allá del desfasado criterio de lo urbano, andino y amazónico. Esta distinción está totalmente desfasada en estos tiempos en que la propia realidad se hace más compleja y atestiguamos nuevos e inéditos procesos culturales y sociales que no conocemos en lo absoluto.

Quiero compartir contigo algunos puntos que hemos conversado y discutido desde tiempo atrás, pero que ahora creo pertinente poner en blanco y negro, de manera abierta. I. Reclutamiento de nuevos docentes: Debemos hacer esfuerzos para la incorporación de docentes jóvenes que quieran dedicarse a la enseñanza y la investigación en antropología. Sean o no egresados de San Marcos, lo fundamental es que cumplan con los requisitos académicos necesarios, vale decir, con tesis de licenciatura, estudios de postgrado (maestría y/o doctorado), experiencia de investigación y una adecuada formación clásica y contemporánea en antropología. No debemos caer en la improvisación académica, el clientelismo o en el amiguismo. En este sentido, es prioritario fortalecer las siguientes áreas: a. Antropología Amazónica, pues salvo la loable persistencia de Jaime Regan, no contamos en la escuela con otros/as especialistas en el tema. Quién mejor que el propio Jaime para que nos guíe en este esfuerzo. b. Antropología de Género, es vergonzoso admitirlo, pero no contamos con algún docente capacitado y con experiencia de investigación suficiente para el dictado de este importante y estratégico curso, que tanto ha revolucionado las ciencias sociales en las últimas décadas. c. Antropología, Naturaleza y Ecología, tema central y sensible en los últimos tiempos, pero poco desarrollado en San Marcos. Debemos tener claridad sobre la potencialidad académica y política de esta especialidad, y los contac-

Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM

tos necesarios para reclutar a un antropólogo/a adecuado para esta temática. Cuando resolvamos estas deficiencias, podremos facilitar el trabajo a la Coordinación Académica, y el Comité Asesor dejará de ser la mesa de parte de las improvisaciones y/o caprichos de docentes y estudiantes, muchas veces jalonados por la mediocridad y el facilismo académico.

II. Estudiantes: Debemos tomar medidas inmediatas para hacer más atractiva académicamente la carrera de antropología y así poder reclutar a los mejores estudiantes. Tal vez debamos reducir la cantidad de vacantes (80 por año es sólo comprensible por el populismo imperante) y ofrecer a los ingresantes un ciclo básico de calidad, o por lo menos aceptable, que enfrente creativamente las deficiencias de formación de la educación básica. III. Cursos de Titulación: La forma caótica en que se llevan los Cursos de Titulación reproduce la mediocridad. En lo inmediato, se debe encargar una evaluación externa (ningún docente de la Escuela debe participar en el equipo evaluador), y con las conclusiones y recomendaciones que nos entregue debemos tomar medidas drásticas para reorientarla. Mientras tanto, y como medida transitoria, se debe suspender el dictado de estos cursos, hasta que no se

realice la evaluación y se hagan las profundas correcciones del caso. Lo que no podemos seguir permitiendo es que sigan siendo, LITERALMENTE, la venta del título de Licenciado de Antropología. Seguir haciéndolo es meternos un olímpico autogol, pues no incentivamos la investigación y escritura de tesis, y por el contrario, priorizamos el camino al facilismo más ramplón. Por el contrario, tenemos que fortalecer mecanismos meritocráticos de promoción de tesis, y hacer todos los esfuerzos por gestionar y conseguir fondos concursables para que los mejores estudiantes puedan realizar sus investigaciones. IV. Seminarios de investigación: Los cursos de Seminario de Tesis no funcionan y no cumplen con objetivos y metas académicas comunes y claras. ¿Existen criterios compartidos y metas comunes en los cursos de Seminario (urbana, andina y amazónica)? Intuyo que no. Cada profesor hace lo que quiere o puede. Y dada la situación en la que nos encontramos, no podemos seguir dejando a la deriva estos cursos, porque de ello dependerá que los estudiantes lleguen al último ciclo de la carrera con borradores avanzados de tesis. Propongo entonces que los cursos de Seminario de Tesis estén bajo la

En más de una ocasión hemos conversado que lo que impide el desarrollo académico de la Facultad y la universidad es la persistencia política de un grupo de docentes que desde hace 40 años, como también otros/as no tan antiguos que ingresaron a la docencia hace 15 años, reproducen discursos y prácticas arcaicas que se revisten de radicalismo, pero que en el fondo sólo buscan mantenerse en cargos burocráticos para el beneficio personal, sin programas, proyectos ni horizontes académicos. A eso nos enfrentamos. La intención de estas líneas es plantear algunos puntos de discusión en el objetivo de dejar atrás esta persistente sensación de desánimo, indiferencia y complicidad que existe entre los docentes. Aún me considero entre quienes persisten en construir una educación pública de calidad, plural y abierta a los tiempos que nos toca vivir, pero sin los vicios, complicidades, y resentimientos arcaicos de todo tipo hacia abajo o hacia arriba. Como ves, las tareas y retos son enormes. Sólo he señalado las que me parecen más urgentes. El dialogo, la discusión y el trabajo conjunto sólo podrá realizarse en base a propuestas. Si no las hay, si nos refugiamos en la indiferencia, el rumor infundado, el golpe por la espalda, estaremos perdidos. Confío que ese no será el camino.

* Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM.

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MARÍA DEL ROSARIO JIMÉNEZ ALVA*

El post fraude en la Facultad de Medicina

La profesora Rosario Jiménez, de la Facultad de San Fernando, hace una denuncia de algunos aspectos muy puntuales, que lesionan los intereses de estudiantes, trabajadores y docentes de la Facultad de Medicina.

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uego del 2006, cuando fuera elegido Luis Izquierdo como rector en la UNMSM, se continuan cocinando los fraudes en nuestra casa de estudios. Como todos sabemos algunos los ocultan y hacen parecer que no es cierto; pero a otros, docentes, estudiantes y trabajadores nos es absolutamente evidente, y nos sentimos en la obligación de denunciarlos. Desde el inicio de su gestión, que nació con la compra de votos, se estableció una línea de continuidad, que continúa hasta el presente. Los cargos técnicos son prebendas de clientes, que usufructúan del poder y de beneficios económicos inmerecidos, situación que sólo alimenta la voracidad sin fin de las camarillas de defensores abyectos del oftalmólogo, que hacen caso omiso de las funciones que implican los cargos. Abundan los casos que evidencian la situación de desgobierno de la universidad: la ciudad universitaria está en situación de abandono, con extensas áreas expropiadas por la Municipalidad de Lima, a partir de la firma del oprobioso convenio, lesivo al patrimonio de nuestra universidad. Luego, el incumplimiento de la construcción del anhelado hospital docente universitario. después, el escandaloso nepotismo en la propia familia de Izquierdo, de todos conocido. Este texto no pretende abundar en los hechos que derivaron en el fraude de las últimas elecciones para la Asamblea Universitaria, tema ampliamente difundido y explicado, en nuestra universidad, como en los medios de comunicación. Sin embargo, cabe anotar la valiente y digna respuesta de algunos Docentes Principales de Medicina, que sorprendidos por la convocatoria de “nuevas elecciones”, al acudir al Museo de Historia Natural para las mismas, e informarse de los reales hechos, se negaron a participar en este circo. Los acontecimientos posteriores en la Facultad de Medicina, permiten corroborar las intenciones de perpetuación de Izquierdo y sus amigos en

el poder: el triunfo del decano Pedro Wong y cercanos, cuya presencia a su vez favorece arbitrariamente a un grupo de docentes. Se aprecia el nombramiento de nuevas autoridades, como en el Postgrado, ahora a cargo de docentes con escasos años de experiencia académica e insuficiente preparación, lo que se traduce en que, por ejemplo, no puedan gestionar de manera eficaz la recuperación de 25 plazas del Residentado Médico que pertenecieron a San Marcos y que ahora han pasado a universidades privadas como San Martín y Ricardo Palma, en desmedro de la universidad pública. Se aprecia también esto: Pedro Wong, Decano de la Facultad de Medicina, debe asumir la misión de asegurar las mejores condiciones para la alta formación del conjunto de profesionales de la salud que egresan, lo que pasa por asegurar la institucionalidad y normatividad, tanto del Postgrado como del Residentado Médico. Pero esto está en peligro cuando propone que exista el “Residentado Médico directo”, con la consecuencia de la desaparición de la Comisión Nacional del Residen-

tado Médico (CONAREME). Esto, según el especialista en dinosaurios antropófagos, sería una estrategia que limitaría la fuga de médicos recién egresados al extranjero, en busca de mejores oportunidades de trabajo y de formación en post-grado. Pero lo que no se entiende es que esta propuesta significa, entre otras cosas, que el MINSA y la Asociación de Facultades de Medicina que se agrupan en la CONAREME, saldrían de la escena en la regulación de plazas y el control de las exigencias académicas para el ingreso al Postgrado, y del diseño del examen único, dejando este proceso al “libre albedrío” de cada universidad. Sé sabe de la competencia desleal iniciada desde hace años por las universidades privadas frente a las públicas, por lograr plazas de residentado. Esto dejaría en total desventaja a éstas últimas, con la complicidad de algunas autoridades de nuestra universidad. Se aprecia también lo siguiente: algunos trabajadores de la Facultad, vienen quejándose de ser acosados, marginados y excluidos haber trabajado con docentes y autoridades que no parti-

Patio Principal de la Facultad de Medicina, UNMSM

cipan de la camarilla de Izquierdo y de Wong. Están siendo arbitrariamente removidos de sus cargos, sin explicaciones, y colocados en funciones para las que se requieren menores calificaciones, y sus cargos son otorgados a trabajadores cuyo único mérito es su fidelidad, no a la universidad, sino a Wong, sin mostrar competencias o experiencia al respecto. Wong y sus seguidores, solo muestran fidelidad a Izquierdo y a sus propios intereses; y no manifiestan la más mínima preocupación por afrontar desde la gestión los problemas de la Facultad. Para todos es históricamente sabido hasta dónde puede llegarse en la incompetencia y el despropósito en el manejo de instituciones públicas, cuando el ansia de poder se torna ciega y no tiene ningún control social. Peor aún en este caso, cuando la gestión nace espuria e ilegítima. Los antecedentes inmediatos en la conducción de la universidad, nos obligan a estar más alertas y exigentes en cuanto al cumplimiento de las funciones de las autoridades; y, de ser necesario, frenar el ejercicio abusivo de la autoridad; más aún si ya sabemos que esto solo alimenta más poder ilegítimo e incompetente. No permitamos que las autoridades manipulen, mientan o abusen, peor aún en desmedro de los trabajadores o estudiantes; y tampoco permitamos el uso de puestos y cargos solo para medrar y desvalijar a nuestra Facultad, y además, administrarla mal. Se sabe que quienes abusan del poder y usan camarillas, además, y por si eso fuera poco, son incapaces e indolentes en la administración de los bienes públicos. Salvemos lo que aún queda de meritocracia en la universidad, aquel valor compartido aún por la mayoría de estudiantes, trabajadores y docentes de San Marcos y de San Fernando.

* Profesora de la Facultad de Medicina, UNMSM.

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DENUNCIA

Crisis en la Facultad de Odontología

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a crisis organizativa, moral e intelectual, que lamentablemente vivimos en San Marcos, se expresa en que los profesores y estudiantes de una Facultad no sabemos de los excesos y desmanes que existen en las otras Facultades. Y esto en parte por la segmentariedad de los intereses de sus autoridades y por el tedio de muchos profesores y estudiantes. Pero en lo fundamental por la labor desinformadora de la administración central; es decir, del rector Izquierdo, y sus aliados eventuales, que asaltan Facultades o impiden descaradamente, a través de secuaces, las candidaturas legítimas, entre otras vías.

posteriores a las elecciones de decano y directores de unidades de post grado de la universidad, el suscrito ha realizado las diligencias correspondientes oponiéndose a la elección del falso decano de Odontología, así como al Director de la Unidad de Postgrado, dirigiéndome a cada una de las instancias correspondientes:

Una vez transcurrido el tiempo reglamentario, se ha presentado una acción judicial en el 10º Juzgado, mediante una acción contenciosa administrativa en contra de dichos personajes por los siguientes motivos:

1) que doña Antonia Castro  Rodríguez impidió mi candidatura a decano arguyendo que no tenía 40 horas, lo cual es falso, ya que como Coordinador de Departamento asumo las 40 horas desde el momento que ejerzo el cargo el 2 de enero 2010 (El Sr. Izquierdo, fue elegido rector Como Profesor Principal de la Facuando tenía tiempo parcialcultad de Odontología y Coordina20 horas-) dor del Departamento Académico de Estomatología Pediátrica, estoy 2) Que las elecciones en el momenllevando a cabo una acción judicial to de elegir Decano y Director contra el señor rector Luis Fernande Postgrado fueron realizados do Izquierdo Vásquez, el Secretario a mano alzada, contraviniendo General y la Presidenta del Comité el Reglamento General de ElecElectoral de la universidad. ciones del Comité Electoral (Se Previamente, durante los 30 días hizo el reclamo reglamentario y

AIS recibió el sábado 18 de setiembre un mail del profesor Leoncio Menéndez, de la Facultad de Odontología. Todos estamos obligados a saber de qué se trata. Esto es lo que denuncia:

Visite nuestra página:

Toma estudiantil de la Facultad de Odontología, agosto 2009

aquella instancia acordó desestimar el reclamo). 3) Contraviniendo lo establecido en la administración pública, eligieron a un octogenario el Dr.  Adolfo Merino (quien tiene hasta tres DNI con diferentes fechas de nacimiento) como Director de la Unidad de Post Grado. Una de los fundamentos es que Antonia Castro está acostumbrada a alterar el orden legal por haber usurpado el cargo de la Dirección del Post Grado sin haber tenido el grado académico de Doctor; como

conocemos a la fecha la 4ta. Fiscalía ha aceptado la demanda de usurpación y deberá desfilar ante los tribunales para realizar los respectivos descargos. Esperamos pronto que el Poder Judicial se manifieste por lo expresado y que tengamos una luz al final del túnel para poder cambiar nuestra universidad de tanta ilegalidad. Aprovecho la oportunidad para manifestarle mis saludos a todos los docentes  empeñados en la mejora de nuestra querida institución. Mag. Leoncio Menéndez Méndez

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MANUEL BURGA DÍAZ*

Acerca de una nueva visió

Discurso pronunciado en la Universidad Ricardo Palma al recibir la dis

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e han pedido analizar el tema, Visiones de la Historia Peruana, y debo cumplir con este encargo, pero me limitaré a presentar algunos aspectos del conocido discurso histórico peruano del desencanto y del pesimismo. Desencanto entendido como desilusión y escepticismo como propensión a ver los aspectos más desfavorables de las cosas, pero también hablaré de la nación como el artefacto moderno que nos mantiene juntos y con expectativas comunes. ¿El desencanto y el escepticismo provienen de un análisis objetivo de nuestra historia o de subjetividades personales? ¿O provienen de la constatación de la ausencia de nación? Intentaré ofrecer una respuesta a partir del análisis de cinco casos muy representativos de este discurso histórico: a) Inca Garcilaso de la Vega; b) José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete; c) Pedro Dávalos y Lissón; d) Jorge Basadre; y e) Mario Vargas Llosa. a) Existe una fuerte tendencia en la historiografía peruana a pensar nuestro pasado a partir de la idea garcilasiana, de la historia como historia del bien perdido. El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) formuló, por primera vez esta idea, de manera dramática y testimonial, en su crónica los Comentarios Reales de 1609. Pero en realidad esta manera de presentar la historia no era nueva, la habían inventado (para no decir reinventado) los españoles en sus probanzas durante el proceso de la lucha contra los moros en la Península y para esto era necesario hacer el elogio del derrotado, para demostrar la nobleza de sus acciones militares. Esto se trasladó a los Andes. Lo retomaron los primeros cronistas, soldados o acompañantes de soldados, como Juan Polo de Ondegardo, uno de los que mejor entendió la historia inca al describir su complejidad. El Inca Garcilaso continuó con esta género al preguntarse por qué un imperio tan grande fue derrotado tan fácilmente por una pequeña avanzada hispana y recoge las palabras de un viejo capitán inca, Juan Pechuta, que terminaba sus relatos con las dramáticas palabras, “trocosenos el reinar

en vasallaje”. Se había perdido el Tahuantinsuyo, ese enorme bien y la historia, para ellos, para la mitad indígena del Inca Garcilaso, era una memoria del bien perdido. b) José de la Riva – Agüero y Sánchez Boquete (1783-1858), vivió entre fines de la Colonia y las primeras décadas de la República, escribió las 28 Causas de la Independencia, fue un liberal radical, comprometido con las ideas modernas, primer presidente del Perú. Escribió un extraño libro de 700 páginas, de formato grande, publicado en Paris en 1858, el mismo año en que murió, Memoria y documentos para la historia de la Independencia del Perú y Causas del mal éxito que ha tenido ésta. En 30 capítulos busca demostrar el fracaso de la democracia representativa, el triunfo del caudillismo, las prebendas, las clientelas y la oclocracia (gobierno de la plebe). La principal causa de este desastre, señala, fue la anarquía. La presencia de San Martín, Bolívar, Gamarra, Salaverry, Santa Cruz, Castilla y finalmente Echenique, según él, fue devastadora para el país. Cada uno creó su propia clientela, su plebe, que alteró la institucionalidad democrática. Por qué se pregunta el autor, un sistema político que funcionó en la Grecia de Perícles, en los cantones de Suiza y en la nueva República de los Estados Unidos, no funciona en nuestro país. Este es un caso singular, de un hombre que sufre una profunda metamorfosis política, de ser un liberal radical, convencido del sistema republicano, de la democracia representativa, pasa a ser un defensor del orden, que se pregunta por qué hemos caído más bien en la anarquía. ¿Por qué este retroceso, desilusión, escepticismo en el discurso crepuscular de un hombre de luchó ardorosamente por la independencia? c) Pedro Dávalos y Lissón(1863 1942). Estudiante de San Marcos en el momento de la invasión chilena, y como estudiante combatió en Miraflores, donde resultó herido. Cercano al partido Civil, como muchos universitarios de entonces, escribió biografías de los principales liberales de la República, Castilla, Pardo, y también de Leguía.

Desarrolló su idea de la frustración republicana, cuando los jóvenes intelectuales, críticos del Civilismo, se reunían en el conversatorio universitario de San Marcos. Los intelectuales civilistas como Alejandro Deustua, Manuel Vicente Villarán, Javier Prado y Víctor Andrés Be-

nómicas que han detenido el progreso moral y material del Perú en el primer siglo de su vida independiente, donde se dice todo en el título. Para este autor el progreso moral y material del Perú estaba detenido, una sensación que era ampliamente compartida, tanto que el gobierno de

nado nuestro atraso”, escribir 4 volúmenes q han leído cabalmente. d) Jorge Basadre (1903 siera detenerme en al ideas fundamentales histórico de Basadre, q mos encontrar en sus o

Los funerales de Atahualpa (2005), Marcel Velaochaga. Interpretación launde, eran partidarios de una reforma de la educación para salir del atraso. Lo jóvenes más bien de una reforma económica para terminar con la historia anterior, de frustraciones, que arrebató los derechos a las mayorías campesinas. Dávalos y Lissón, entre 1819 y 1826, publica un extenso estudio, en 4 volúmenes, LA PRIMERA CENTURIA. Causas geográficas, políticas y eco-

Leguía se había autodenominado como Patria Nueva en oposición a la Patria vieja que se buscaba superar. Este mismo año, en su primer volumen, Dávalos y Lissón se preguntaba” ¿Por qué fuimos los primeros ayer? ¿Por qué estamos tan abajo ahora?”. Para responder se propuso escribir “Dos libros: uno que se ocupe de lo que somos al presente y otro de las causas que han origi-

ensayos o libros mayor podemos resumir en su la Independencia com mesa que nos dio razo para vivir en este país, desafortunadamente u incumplida. La segund siones desaprovechada las riquezas coloniales, hacia Europa, como la d no supimos convertirla

* Profesor de la Facultad de CCSS, UNMSM.

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sión de la historia del Perú

ecibir la distinción de Profesor Honorario el 24 de septiembre de 2010.

o atraso”, terminó por úmenes que aún no se balmente. adre (1903-1980). Quime en algunas de las mentales del discurso Basadre, que las podear en sus obras diversas,

para todos los peruanos. Riquezas de este tipo que aparecerán y desaparecerán durante toda la república. Pero hay otra idea importante en Basadre, que le da perdurabilidad a su discurso, aquella de la república como una arquitectura administrativa para construir una sociedad de

realidad lo que estaba enjuiciando Vargas Llosa era el tiránico gobierno de Odría, entre 1948 y 1956, en el que se hicieron obras, pero que al mismo tiempo se barbarizó la vida política peruana. Las circunstancias personales del autor, el tránsito a la adultez, son muy importantes

pretación libre de la obra Los Funerales de Atahualpa de Luis Montero

ros mayores, y que las umir en su metáfora de encia como una proos dio razones y ganas este país, pero que es amente una promesa La segunda es, las ocarovechadas, tanto con coloniales, que salieron , como la del guano que convertirlas en riqueza

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ciudadanos. El discurso de Basadre retoma ideas anteriores, las muestra, en algunos casos, como constataciones históricas, pero nos dice que todo el tiempo transcurrido no ha sido perdido, porque ha sido tiempo invertido en la construcción de una nación, que parece tan antigua y tan moderna, al mismo tiempo. d) Mario Vargas Llosa, Conversación en la Catedral de 1969. En

para entender su discurso, pero que lo presenta en las palabras del periodista Santiago Zavala, Zavalita, en una extraña conversación con un personaje que servía a la dictadura y que nos permite constatar que muchos elementos del discurso del Inca Garcilaso, Riva-Agüero, Dávalos y Lissón y Jorge Basadre, ya eran parte del imaginario social peruano: desencanto y escepticis-

mo eran parte del sentido común urbano de la clase media limeña. La pregunta de Zavalita, tan dramática, rotunda y reiterativa, ¿Cuándo se jodió el Perú?, parece haber surgido de esos libros y autores anteriores que trataron de encontrar una respuesta: ¿Se jodió el Perú con la Conquista, con anarquía de las primeras décadas de la República, con las ocasiones desaprovechadas por nuestros gobernantes o la secuela de una miseria moral y material que produce más miseria? Los historiadores peruanos hemos estado siempre muy influenciados por estas visiones de la historia del Perú. Una memoria del bien perdido, que llevó a la idealización del Tahuantinsuyo, a la invención de esa aspiración imposible que hemos denominado utopía andina, como una formula política de lucha contra el colonizador, con la esperanza de recrear un orden perdido para resarcir a los que sufrieron el despojo, pero que terminó en la frustración con Túpac Amaru II. El fracaso de la república, convertido en derrota militar frente a Chile, atraso económico, ausencia de industria e incremento de la miseria en el Perú, propio del modelo primario exportador, del cual parecemos cautivos. Todas estas visiones de la historia, de alguna manera, han encauzado nuestra historiografía crítica moderna, la historiografía de mi generación, que enfatizó el bien perdido, el desencanto, el escepticismo y la ausencia de nación. ¿Es necesario replantear estas ideas? ¿Podemos desenmascarar estas visiones? ¿Volver a mirar el proceso de la historia peruana para preguntarnos por lo que realmente sucedió, buscar las razones de nuestra aparente deriva, la que nos ha convertido en uno de los últimos países de América Latina? Necesitamos hacer una nueva historia política del siglo XX, por ejemplo, para saber qué pasó en este siglo. Ahora tengo la impresión que si bien en el siglo XIX conseguimos la Independencia, que la criticamos por que fue una suerte de mezquindad criolla, la apropiación de una victoria por una minoría sedienta de poder y de riqueza; ahora, ya en el siglo XXI, cuando miramos

el XX tenemos la impresión que en este siglo no ocurrió nada tan importante como la Independencia de 1821. Salvo algo que nadie lo puede negar, ahora el Perú es una nación más verdadera, a pesar de si misma, de sus gobernantes, de sus elites. Una situación que indudablemente, como lo sostenía Basadre, lo ha permitido, la República. Todo ese recorrido, por lo tanto, ha tenido una dinámica oculta, una meta inexorable, el cumplimiento de una promesa incumplida, la construcción de una sociedad de ciudadanos, de una verdadera nación. Ahora tenemos que preguntarnos por que ese proceso ha sido tan lento y a veces tan desafortunado. Necesitamos una nueva historia de la nación peruana, de esa gran arquitectura administrativa, una morada de afectos y pasiones, que es lo único que parece haber progresado, de diversas maneras, pero progresado. Ahora el Perú parece más diverso, más habitado por todos, más real y esa es una de las grandes ganancias de nuestra historia en su errático recorrido.

Salvo algo que nadie lo puede negar, ahora el Perú es una nación más verdadera, a pesar de si misma, de sus gobernantes, de sus elites. Una situación que indudablemente, como lo sostenía Basadre, lo ha permitido, la República. Todo ese recorrido, por lo tanto, ha tenido una dinámica oculta, una meta inexorable, el cumplimiento de una promesa incumplida, la construcción de una sociedad de ciudadanos, de una verdadera nación.

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MARIO VARGAS LLOSA*

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Regreso a San Marcos

enía diecisiete años cuando entré a San Marcos a seguir las carreras de Letras y Derecho, la primera por vocación y la segunda por resignadas razones alimenticias. Mi ingreso a esta Universidad fue una manifestación de rebeldía. Mi familia hubiera preferido que estudiara en la Católica, donde iban los jóvenes de ‘buena familia’, donde se trenzaban relaciones provechosas para el futuro, y donde los estudiantes estudiaban, en vez de hacer huelgas y política. Corría 1953 y, en esa época, hacer política era una actividad subversiva en el Perú. La dictadura de Odría (19481956) la había prohibido, además de poner fuera de la ley a todos los partidos, con excepción del suyo. Una Ley de Seguridad Interior sancionaba a los infractores con penas severísimas. La censura tenía embozados a radios y diarios, que rivalizaban en la exaltación áulica del régimen. Con muchos opositores presos y exiliados, y algunos asesinados, la dictadura creía haber impuesto a la sociedad peruana ese letargo cívico que es el ideal y el sustento del autoritarismo. San Marcos era una de las excepciones a este estado de sonambulismo político. El año anterior, 1952, los estudiantes se habían enfrentado a Odría con una huelga que fue reprimida con violencia, y que, decían, causó la muerte del Rector Pedro Dulanto. A raíz de ella, hubo una nueva racha de detenciones y exilios. Los patios de Letras y Derecho pululaban de policías disfrazados de estudiantes, enviados allí como espías por Esparza Zañartu, el Vladimiro Montesinos de entonces, aunque, comparado con este desmesurado rufián, aquél, que nos parecía tan siniestro, era un niño malcriado. Pese a todas estas medidas para domesticar a San Marcos, la Universidad se resistía al avasallamiento, y, en la clandestinidad, hacía política. De este modo, salvaba la dignidad de un país buena parte del cual, por falta de convicciones democráticas, oportunismo o cobardía, aceptaba -como lo haría durante las dictaduras de Velasco y de Fujimori- que una casta de felones lo privara de su libertad. Contrariamente a la mitología, el grueso de los sanmarquinos no se interesaba en la política, aunque en ciertas circunstancias se dejara arrastrar a mítines que decidía una pequeña minoría. Pero esta minoría tenía la sensación, probablemente exacta, de que, aunque la mayoría se abstuviera del quehacer político, contaba

Felix Arias Schreibar, dirigente socialista de San Marcos

con su aval. En comparación con lo que ocurriría después en la historia peruana, la radicalización ideológica de los sesenta y setenta, la lucha subversiva y las acciones terroristas de los ochenta, nuestros empeños de los cincuenta fueron bastante benignos. No iban más allá de imprimir volantes, publicar un periodiquito clandestino, formar círculos de estudios marxistas y, de manera directa e indirecta -academias, centros federados, entidades culturales- ganar adeptos para la revolución. Y discutir, interminablemente, comunistas y apristas, apristas y trotskistas, comunistas y trotskistas, pues hasta discípulos de León Davidovich había en las catacumbas de San Marcos. Cuando digo discutir, hablo de enérgicos intercambios de ideas, pero, también, de consignas y exabruptos, y, a veces, ay, hasta de cabezazos y patadas. Nosotros éramos menos que los apristas pero más que los trotskistas, aunque sin duda no muchos más, y, en todo caso, resultaba imposible saberlo, debido a un sistema compartimentado de organización, diseñado contra la infiltración policial. Este sistema que, más tarde, leyendo a Conrad, me haría soñar retroactivamente haber participado, en la adolescencia, de esas aventuras de conspiradores que pueblan sus historias, nos hacía sentir los esforzados combatientes de un ejército en las sombras, preparando, como los héroes de André Malraux, un mundo mejor.

El Grupo Cahuide era el último vestigio de un partido comunista segado por la represión y por la traición de un puñado de dirigentes que se vendieron a Odría. Yo no creo haber conocido a más de una quincena de miembros y mi militancia en sus filas no duró mucho, pero, sin embargo, aquella experiencia me marcó, me educó, me ilusionó y me defraudó de una manera tan profunda, que nunca se me ha olvidado. No la puedo rememorar sin emoción, pues muchas de las cosas que ahora creo, defiendo o aborrezco, tuvieron su semilla en aquella aventura juvenil. Éramos bastante sectarios -el dogma en esos años de ortodoxia estalinista asfixiaba-, pero actuábamos con idealismo, animados por un ardiente anhelo de poner fin al atraso, la injusticia y el despotismo en el Perú. Por eso, dedicábamos a la revolución tanto o más tiempo que a las clases. Pero, para muchos de nosotros, la revolución, antes que tomar por asalto, otra vez, muchas veces, el Palacio de Invierno, era una cuestión de ideas, de libros, de entender, a la luz de la doctrina que había prestigiado José Carlos Mariátegui, y que parecía una llave mágica para conocer las leyes de la historia, la manera más eficaz de transformar la sociedad. Como esos libros prohibidos no se estudiaban en las aulas, y había que procurárselos bajo mano, los estudiábamos en garajes, sótanos, altillos y hasta en par-

ques públicos, en sesiones de las que salíamos roncos de tanto discutir. Aunque los años nos han ido aventando a todos por direcciones diferentes, y a la mayoría de estos compañeros -perdón, camaradas- no los he vuelto a ver, ellos figuran entre mis irreductibles recuerdos sanmarquinos. Héctor Béjar, mi primer instructor en el círculo y su aterciopelada voz de locutor; Podestá, Martínez, Antonio Muñoz. Pero, sobre todo, Lea Barba y Félix Arias Schreiber, con quienes conformamos un trío irrompible. Nos tomaba media hora caminar desde San Marcos a casa de Lea, en Petit Thouars; una hora más hasta la de Félix, en la avenida Arequipa; y a mí, solo, una última media hora hasta la calle Porta. Eran unas caminatas efusivas, dialécticas, entrañables, de intensos intercambios y ferviente amistad, la que por cierto no impedía la pugnacidad crítica. Todavía recuerdo de mi desazón de aquella noche, en que Félix, luego de una violenta discusión sobre el realismo socialista, me lapidó de esta manera: ‘Eres un subhombre’. Nunca me he arrepentido de aquella decisión de ingresar a San Marcos, atraído por esa aureola de institución laica, inconformista y crítica que la rodeaba, y que a mí me seducía tanto como la perspectiva de seguir los cursos de algunas célebres figuras que en ella profesaban. La obligación de una

* Discurso pronunciado en la ceremonia del Honoris Causa de la UNMSM al Dr. Mario Vargas Llosa (17 de abril de 2001) y publicado en el Diario El País, Madrid, 2001.

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universidad no puede ser sólo la de formar buenos profesionales, y menos en un país con los problemas básicos de la civilización y la modernidad sin resolver. Es igualmente imprescindible que contribuya a formar buenos ciudadanos, hombres y mujeres sensibles respecto a la sociedad en que viven, alertas a sus retos, a sus abismales disparidades, y conscientes de su responsabilidad cívica. Una universidad que evita la política es tan defectuosa como aquélla donde sólo se hace política. No era el caso de San Marcos cuando yo frecuenté sus aulas, entre 1953 y 1958. No todavía. Además de tomar las primeras lecciones de civismo y militancia, en la nerviosa clandestinidad, con mis amigos de Cahuide, y de participar en innumerables mítines relámpago contra Odría en el Parque Universitario, La Colmena y la Plaza San Martín, que venían a romper los manguerazos de agua pútrida del aparatoso Rochabus, en mis años de sanmarquino leí y estudié mucho, y puedo asegurar que a la sombra de los portales y palmeras del patio de Letras se forjó mi vocación de escritor. Cuando entré en San Marcos, era un muchacho que amaba la literatura, lleno de incertidumbre sobre mi porvenir. Cuando salí, el adolescente confuso se había convertido en un joven convencido de que su destino era escribir y resuelto a hacer lo imposible para lograrlo. La literatura estaba en el aire de la Facultad, no sólo en las clases y en la polvorienta biblioteca. Se la vivía también a plena luz, cada mediodía, cuando acudían los poetas, los narradores, los dramaturgos, reales o en ciernes, pues el patio de Letras funcionaba como el cuartel general de la literatura peruana. Escuchando a esos adelantados, el primerizo aprendía sobre autores indispensables, libros claves y técnicas de vanguardia, tanto o más que en las clases. Allí oí yo a Carlos Zavaleta mencionar por primera vez a William Faulkner, que sería desde entonces uno de mis autores de cabecera. Y allí descubrí a Joyce, a Camus, a John Dos Passos, a Rulfo, a Vallejo, a Tirant lo Blanc. Allí oí hablar por primera vez de Julio Ramón Ribeyro, que ya vivía en Europa, y conocí a Eleodoro Vargas Vicuña, el autor de los delicados relatos de Nahuín; y al impetuoso Enrique Congrains Martín, un ventarrón con pantalones que fue, antes de narrador, inventor de un sapolio para lavar ollas, y luego, de muebles de tres patas, y que editaba y vendía sus libros, de casa en casa y de oficina en oficina, en contacto personal con sus lectores. Y allí pasamos muchas horas discutiendo sobre Sartre, Borges, Les Temps Modernes parisinos y la revista Sur de Buenos Aires, con Luis Loayza y Abelardo Oquendo, que, aunque de la Católica, venían también a las tertulias pe-

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ripatéticas del patio de Letras. Allí me pusieron mis amigos el apodo de ‘El sartrecillo valiente’ que me llenaba de felicidad. En verdad los narradores estaban en minoría, proliferaban sobre todo los poetas: Washington Delgado, Carlos Germán Belli, Pablo Guevara, Alejandro Romualdo, y algunos que eran ya críticos y profesores, como Alberto Escobar. El teatro no estaba tan bien representado, aunque algunas mañanas hacía sus rápidas apariciones por el patio de Letras, con una galante rosa roja en la mano para homenajear a una estudiante de la que estaba prendado, el afilado perfil de Sebastián Salazar Bondy, hombre de teatro, de poesía, de relatos, crítico, divulgador y promotor de cultura, que sería, años después, íntimo amigo. Enseñar en San Marcos era entonces prestigioso desde el punto de

dición difícilmente hubieran permitido acercarse y conocerse fuera del recinto universitario. Luego, la explosión demográfica estudiantil, las crisis económicas y políticas y la multiplicación de centros de enseñanza superior, han ido desapareciendo esa composición multiclasista y multisectorial que todavía tenía San Marcos cuando yo fui sanmarquino. Hoy, el paisaje universitario se ha descentralizado de manera notable, lo que es magnífico. Pero no lo es que este paisaje reproduzca, al milímetro, los grandes abismos de ingreso y de cultura que separan a los peruanos. Y que en algunos de esos centros, precisamente los de más alto nivel técnico y profesional, los estudiantes vivan a veces en una campana neumática, sin enterarse de los grandes conflictos y traumas del Perú, ni codearse con quienes más los padecen.

Mario Vargas Llosa

vista social y hasta mundano y sus facultades contaban con las figuras más destacadas de cada disciplina y profesión. Abogados, médicos, economistas, farmacéuticos, dentistas, químicos, físicos, psicólogos, y, por supuesto, los humanistas de todas las especialidades, tenían, como suprema distinción de su carrera, enseñar en San Marcos. Y por eso, aunque los sueldos fueran escuálidos y las condiciones de trabajo sacrificadas, la Universidad podía jactarse de ofrecer a los estudiantes que supieran aprovecharla, la más enjundiosa preparación intelectual. La mejor universidad del Perú, académicamente hablando, era entonces la más popular. Pues, en sus facultades abiertas a todos los sectores sociales, convivían muchachas y muchachos a los que las diferencias de fortuna y con-

En los años cincuenta, San Marcos era aún, en formato reducido, una réplica bastante aproximada de la sociedad peruana y este hecho resultaba, de por sí, pedagógico. Los problemas del Perú repercutían en sus aulas, reverberaban en sus patios, contaminaban sus laboratorios y seminarios, a través de la procedencia versátil de los estudiantes, e impregnaban íntimamente los estudios, las relaciones personales y la marcha de la institución. Fuera cual fuera la especialidad elegida, los sanmarquinos recibían, en sus años universitarios, un curso acelerado sobre la problemática peruana. Si mencionara a los profesores de San Marcos a los que debo algo, la lista sería larga. Pero quiero hacer un recuerdo especial de Raúl Porras Barrenechea, con el que, además de ser

alumno, tuve el privilegio de trabajar, en su casita de la calle Colina invadida de libros y quijotes, de lunes a viernes, todas las tardes, cerca de cinco años. En España, en Francia, en muchos lugares me ha tocado escuchar a sabios expositores, a eminentes maestros. Por ejemplo, a Marcel Bataillon, reconstruyendo, en el Colegio de Francia, los días finales del Incario como si hubiera estado allí, ante un auditorio extasiado con la elegancia de su exposición; o a Dámaso Alonso, en la Complutense de Madrid que, no cuando explicaba filología, sino cuando desmenuzaba un poema de Quevedo, de San Juan de la Cruz o de Góngora, se tornaba un delicado relojero de la lengua, un verdadero rabdomante en pos de aquella humedad íntima del ser donde, según él, nace la poesía. Pero ni ellos, ni ningún otro, fulguran en mi memoria como mi maestro sanmarquino de manos pequeñas, ojos azules y barriguita prominente, que, cuando subía a su pupitre, armado con su panoplia de fichas atiborradas de letras microscópicas, como patitas de araña, y comenzaba a hablar, se convertía en un gigante. A su llamado acudían, prestos, luminosos, diáfanos, los grandes y menudos hechos del pasado peruano. Porras no era un orador, si orador quiere decir regurgitar banalidades y lugares comunes con voz arrulladora y ademanes de domador de circo. Era un sutil expositor, cuyo dominio del idioma daba a su exposición una fluidez de río sereno y poderoso, una gran precisión y sutileza enriquecida por la gracia. Lo que él decía estaba dicho con desenvoltura, ironía, color; pero, además, se apoyaba en una investigación rigurosa y personal de cada tema, de modo que, escuchándolo, sus alumnos teníamos, junto al deslumbramiento por la riqueza de la aventura histórica, la certeza de que aquello no era repetición, enseñanza ya sabida, sino historia gestándose ante nuestros ojos y oídos, en el salón de clases. El Perú, ‘un país antiguo’, como decía José María Arguedas, alcanzó algunas veces en su historia milenaria, la grandeza y la fuerza, aunque nunca, por desdicha, la justicia y la libertad, inseparables de esa flora todavía exótica en su suelo: la cultura democrática. San Marcos es uno de los emblemas de los periodos de auge en la historia nacional. Es la primera universidad que la corona española fundó en América, hace cuatrocientos cincuenta años, con la intención de que fuera un foco espiritual que irradiara sobre todo el continente, un centro neurálgico de recepción, creación y transmisión de la cultura, un semillero de ideas y valores, una formadora de eminencias. Eso ha sido San Marcos en los mejores momentos, cada vez que resucitaba de esas crisis que parecían a punto de extinguirla. Y eso deberá volver a ser en el futuro, cuando, y si, como en un cuento de Borges, el Perú se encuentra por fin, alguna vez, con su escurridizo destino.

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MARIO VARGAS LLOSA*

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Tirant Lo Blanc, una novela sin fronteras

irant lo Blanc tiende un puente entre la Edad Media y el Renacimiento, pues en sus páginas la tradición caballeresca de la novela de aventuras, con su desmesura anecdótica y lo rudimentario de la construcción, se refina y enriquece con sutilezas formales, humor e ironías que anuncian ya la gran literatura narrativa del Siglo de Oro, y muy especialmente a Cervantes, lector aprovechado de Joanot Martorell, a quien homenajeó en el Quijote salvando a su novela de la quema inquisitorial y llamándola “el mejor libro del mundo”. Aunque nacida dentro de la novela de caballerías, Tirant lo Blanc va mucho más lejos que sus congéneres pues el espíritu que la anima, su amplitud de miras y la riqueza de su factura artística le confieren un semblante de modernidad del que carecen las otras, incluso las mejores, como el Amadís de Gaula o Tristán de Leonís. Por eso, la gran novela valenciana, que durante muchos siglos estuvo, por prejuicios absurdos y una política represora contra la lengua en que fue escrita, injustamente arrinconada en bibliotecas y academias, lejos del gran público, ha hecho su reingreso en la vida literaria contemporánea por todo lo alto, conquistando en los últimos treinta años, en su lengua original y en viejas o nuevas traducciones —al castellano, el alemán, el italiano y el francés, entre ellas—, no sólo el interés de la crítica universitaria, también el de esos lectores comunes y corrientes que son los que mantienen a los libros vivos, lozanos y cambiantes o, con su indiferencia, los convierten en piezas de museo. Nada más justo que los lectores de distintos países de la Europa que en estos años trata de disolver sus fronteras y unirse en una comunidad fraterna, multicultural y multirracial, descubran los méritos de esta ambiciosa novela que merece, como pocas, ser calificada de europea. Porque media Europa y todo el Mediterráneo son el escenario por el que se desplaza como por su casa el protagonista de la historia, un hombre que se siente en su patria por igual en Inglaterra o en Bretaña, en Grecia o en España, y que no reconoce otras fronteras entre los seres humanos que las que separan el honor del deshonor, la belleza de la fealdad y la valentía de la cobardía. Es

verdad que, en lo que se refiere a la religión, tabú supremo de esa época de ortodoxias impuestas por la espada y el tormento, no puede mostrar la flexibilidad de que hace gala en lo tocante a las lenguas, las culturas, las costumbres y los ritos de las distintas sociedades por las que circula —la separación entre los creyentes de la verdadera religión y los infieles de la “secta mahomética” es la más rígida en el libro—, pero, incluso en este campo, en el Tirant lo Blanc hay cierto prurito de imparcialidad, pues los reyes y príncipes musulmanes tienen tanto derecho a expresarse y exponer sus creencias como los cristianos, y figuran entre ellos personalidades dignas y simpáticas (aunque casi siempre terminan por desertar su fe y convertirse al cristianismo). Tirant lo Blanc es una novela sin fronteras en muchos sentidos, además del literal de no estar confinada en un solo país o región. Lo es, también, porque en ella alienta ese afán totalizador de las grandes novelas de todos los tiempos que, como el Quijote, La guerra y la paz, La comedia humana, Moby Dick o la saga de Faulkner, parecen querer emular al Ser Supremo en la creación de un mundo tan diverso, complejo y autosuficiente como el mundo real, de una ficción que compita con la vida en su proliferante variedad. Por eso, Tirant lo Blanc produce en el lector que se sumerge en su oceánica lectura una sensación de vértigo: ante sus ojos y su fantasía desfila un universo, como en la pequeña pantalla ideada por Borges en El Aleph donde comparece todo lo que ha sido, es y será. Novela épica y de costumbres, realista y fantástica, militar y erótica, risueña y sentimental, puede ser abordada desde cualquier perspectiva sin que ninguno de los prismas elegidos para analizarla agote su proteica riqueza. Aunque Martorell se valió, para escribirla, de todo el arsenal de temas y tópicos imperantes en la cultura de su tiempo, su novela es mucho más que un reflejo más o menos fiel de la literatura y el mundo que lo formó. Él le impuso un sello propio, a partir de sus experiencias, manías y obsesiones personales, lo que le da un perfil que se distingue nítidamente de otras novelas de aventuras de su época, a menudo indiferenciables. Aunque esto se advierte en muchos

órdenes, como el del humor, la ironía y ese realismo cotidiano que colorea ciertos episodios, acaso sea en el tratamiento de la vida del cuerpo y los sentidos, de la experiencia sexual, donde Tirant lo Blanc nos sorprende más, por la insólita libertad con que en sus páginas los personajes reivindican sus deseos y se entregan al goce carnal sin remilgos ni remordimientos, como a una exaltante fiesta. Y es también notable la manera como en este libro sale a la superficie el más profundo trasfondo de la vida psicológica, lo que sólo siglos más tarde se describirá como la dimensión inconsciente de la personalidad, esa oscura matriz del espíritu donde se forjan las raíces de la conducta humana. Pero, acaso, destacar todos estos aspectos relevantes e innovadores de Tirant lo Blanc sea menos importante que subrayar lo amena y regocijante que es como novela, lo inesperado y suntuoso de sus aventuras y la rica orfebrería con que se despliegan sus ceremonias, la desmesura con que sus personajes viven sus pasiones y satisfacen sus apetitos. Es verdad que, a veces, la narración se alarga demasiado y que los discursos y parlamentos de los personajes —todos ellos padecen de ecolalia y diarrea verbal, al igual que el narrador— pueden ser excesivos, pero esas larguras eventuales están más que compensadas por la gracia y la elegancia que derro-

chan innumerables episodios —todos aquellos donde aparece la bella y gentil alcahueta Plaerdemavida son una pura delicia— y por el dramatismo épico de sus combates y pasos de armas que nos hacen vivir las acciones guerreras como si estuviéramos en el corazón de la contienda. Una serie de documentos aparecidos en los últimos años, con nuevos datos sobre la biografía del autor de Tirant lo Blanc, el elusivo Joanot Martorell, nos revelan que, además de los desafíos y cartas de batalla que envió a algunos adversarios, hubo en su vida credenciales poco aleccionadoras y que fue un aventurero mezclado en hechos violentos y con cuentas que saldar con la justicia. Tal vez sin haber pasado por ello Joanot Martorell no hubiera podido fantasear una vida tan tremebunda, tan espléndida y tan brutal como la de Tirant. Y todavía menos referirla con la cercanía expresiva y el realismo hechicero con que lo hizo. Los lectores franceses sólo pueden sentirse en su casa en esta novela de un héroe que, a fin de cuentas, es bretón, y en la que encontrarán compatriotas tan delicadas y sutiles como esa reina de Francia de piel tan blanca que se veía al vino descender por su garganta. Ojalá le concedan el recibimiento que se merece.

* El texto es un prólogo escrito en español que ha sido publicado en francés en la edición: Joanot Martorell, TIRANT LO BLANC, 2003.

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AGUSTÍN PRADO ALVARADO*

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Vargas Llosa, San Marcos y el Premio Nobel

l cumplir los dieciséis años, el adolescente Mario Vargas Llosa obtuvo su primer galardón literario: el premio obtenido (un segundo puesto) recaía sobre una obra dramática titulada La huida del inca. Fue estrenada, por única vez, en 1952 en un anfiteatro de Piura; esta pieza teatral estamparía un sello en la biografía literaria del escritor peruano signada por los premios institucionales. Al ingresar, en el verano de 1953, a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Vargas Llosa iniciaría su formación como intelectual y escritor. Una figura capital para su educación universitaria fue, como él siempre lo evoca, Raúl Porras Barrenechea, el insigne historiador de las crónicas de Indias. Fue Porras, decisivamente, quien moldeó en el joven Vargas Llosa su capacidad de trabajo como investigador. Esa metodología le ha servido posteriormente en sus investigaciones para acopiar fuentes y datos previos a la escritura de sus novelas, especialmente las de corte histórico, como La guerra del fin del mundo (1981) o La fiesta del Chivo (2000).

En aquellos años universitarios, la rueda de la Fortuna literaria volvería a sonreírle, pues, un segundo galardón premiaría uno de sus escritos, ahora le correspondería a uno de sus cuentos titulado “Un ajuste de cuentas” (editado después como “El desafío”). El premio era convocado por La Revue Francaise y permitió cumplir una de las quimeras de su vida: conocer París, ciudad mítica para todo aspirante a escritor. En diversos artículos siempre ha recordado este primer viaje en enero de 1958 como un preámbulo de una vida marcada por periplos a los diversos rincones del planeta. Luego de un mes de estancia en la capital francesa, donde conoció a Albert Camus (no pudo conocer a su ídolo literario del momento Sartre, lo haría unos años después), retornó a Lima donde aceleró su anhelo por terminar su carrera en Letras. Se graduó con una tesis sobre Rubén Darío (cuya edición en libro solamente ha circulado en San Marcos) y pugnó por retornar a Europa. Durante sus años universitarios, pudo ser testigo de la producción literaria de la emblemática Generación del 50 (muchos de sus miembros pertenecían

a los claustros sanmarquinos). Sobre ella escribió cuando colaboraba en El Dominical del diario El Comercio. En aquel suplemento, conoció a Abelardo Oquendo quien junto con Luis Loayza y José Miguel Oviedo (a quien conocía desde el colegio) forjarían una perdurable amistad que los llevó a fundar una revista titulada Literatura (de solo tres números). Este trío discutía apasionadamente sobre libros y autores, una de sus polémicas con Loayza se centraba en enfrentar a Borges contra Sartre, como era lógico Vargas Llosa ha reconocido que Loayza tenía toda la razón del mundo cuando proclamaba al maestro argentino como un escritor superior a Sartre. Después de graduarse en San Marcos, obtuvo la beca Javier Prado que le permitió regresar a Europa para seguir estudios doctorales en Madrid. Este viaje iniciaría una etapa medular en su vocación como creador de ficciones. En España, los premios continuarían cobijando sus escritos, pues justamente su primer manojo de cuentos a los que titularía como Los jefes obtuvo el Premio Leopoldo Alas en 1958. Sin embargo, fue el Premio Biblioteca Breve de 1962

otorgado a su primera novela La ciudad y los perros (1963) el que realmente catapultó a la obra literaria y a la figura de Vargas Llosa al reconocimiento internacional: En la década de los sesenta, la del denominado Boom hispanoamericano, fue cuando el novelista peruano compartiría la fama literaria al lado de escritores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Con el recorrido de los años, sus novelas irían cosechando triunfo tras triunfo; paralelamente él era distinguido como Doctor Honoris Causa por las más prestigiosas universidades del mundo (Harvard, Yale, Oxford y UNAM). Su alma máter, San Marcos, le concedió ese título en el año 2001. El Premio Nobel de Literatura anunciado este 7 de octubre del 2010 es el mayor reconocimiento a toda su obra literaria y cierra todo un ciclo de premiaciones iniciado hace medio siglo cuando un acertado jurado que premió la obra de un adolescente no imaginaba que estaba leyendo un escrito de quien se convertiría en el primer Premio Nobel de San Marcos y de la literatura peruana.

Sus cinco novelas más importantes 1. La guerra del fin del mundo (1981). 2. Conversación en La Catedral (1969). 3. La casa verde (1966). 4. La ciudad y los perros (1963). 5. La fiesta del Chivo. (2000) Sus dos libros más importantes de ensayo literario 1. García Márquez: Historia de un deicidio. Barcelona: Barral Editores, 1970. 2. La orgía perpetua: Flaubert y «Madame Bovary». Barcelona: Seix Barral, 1975. Cuatro libros de crítica fundamentales para conocer la obra de Vargas Llosa: Oviedo, José Miguel. Mario Vargas Llosa: la invención de una realidad (3a ed). Barcelona: Seix Barral, 1982. Boldori, Rosa. Vargas Llosa: un narrador y sus demonios. Buenos Aires: Fernando García Cambeiro, 1974.  Kristal, Efrain. Temptation of the Word. The novels of Mario Vargas Llosa. Nashville and London: Vanderbilt University Press, 1998. José Luis Martín. La narrativa de Vargas Llosa. Acercamiento estilístico. Madrid: Editorial Gredos, 1974.

Mario Vargas Llosa, Agustín Prado y la revista sanmarquina Ajos & Zafiros

* Profesor de Literatura de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, UNMSM.

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MANUEL VALLADARES QUIJANO*

Acerca de la Reforma Universitaria en San Antonio Abad del Cusco

La huelga universitaria de 1909

El primer movimiento estudiantil por la reforma universitaria en el Perú y América Latina, fue el que protagonizó la huelga universitaria de 1909 en la ciudad de Cusco. La generación juvenil que preparó y dirigió dicha acción, fue conocida como “Generación de 1909”, “Generación de La Sierra” o “Generación de la Escuela Cuzqueña”. Dicha huelga tuvo lugar en la que por entonces era conocida, entre otras, como Universidad Menor San Antonio Abad del Cusco. Casi medio siglo antes, en la Universidad Mayor de San Marcos habían tenido lugar importantes reformas de carácter secularizador pensadas, decididas y conducidas por sus autoridades y docentes de orientación liberal. El liderazgo de la lucha reformista en la Universidad del Cusco, estaba conformado por estudiantes destacados como Luís E. Valcárcel, José Uriel García, José Gabriel Cosio, Félix Cosio, Rafael Aguilar, Luís Felipe Aguilar, Humberto Luna, Francisco Ponce de León, José Angel Escalante, Juan Guillermo Guevara, Roberto Garmendia, Francisco Pacheco, César Antonio Ugarte, José Mendizábal, Luís Rafael Casanova, Miguel Corazao y otros. En marzo de 1909, ellos habían fundado la Asociación Universitaria. Después de muchas reuniones y debates, proclamaron la huelga el 7 de mayo de ese año, cuestionando en lo fundamental a los grupos de tradición conservadora y retardataria que controlaban el poder en la universidad. El impacto de esos acontecimientos traspasó los límites de la universidad y pronto alcanzó trascendencia local, regional y nacional. Al conocer los sucesos, el Presidente Leguía (1908-1912) ordenó desde Lima la clausura de la Universidad San Antonio Abad. El receso duró cerca de un año. Entre diversas acciones, los huelguistas publicaron la revista La Sierra, destinada a temas y debates de carácter académico e intelectual, como la

Universidad Nacional San Antonio Abad, Plaza de Armas del Cusco

propia reforma, sus fundamentos y perspectivas.

Escenario cusqueño y antecedentes de la reforma

Aquella huelga universitaria, respaldada por jóvenes y destacados docentes, se constituyó en el más importante capítulo de una nueva etapa que ya estaba en marcha en la historia intelectual del Cusco. Una de sus fases más brillantes en la construcción de una nueva universidad, iría por lo menos hasta 1920 año en el que se llevó a cabo en esa ciudad el Primer Congreso Nacional de la Federación de Estudiantes del Perú. Un año antes, había estallado en Lima el movimiento por la reforma universitaria en San Marcos, bajo el impacto continental de las de Córdoba. A lo largo de aquella fase alcanzaron mayor desarrollo la prédica y los movimientos del regionalismo y el indigenismo, en especial en Cusco, presionando por la descentralización, cuestiones a las que estuvieron dedicados los mejores estudios e investigaciones de origen universitario.

El escenario cusqueño estaba caracterizado, desde fines del siglo XIX, por una creciente presencia de corrientes indigenistas y anticlericales influidos, a su vez, por el pensamiento positivista internacional. El antecedente regional más cercano en esa ruta fue la obra de Clorinda Matto de Turner, discípula de don Manuel González Prada y miembro del Círculo Literario. Había publicado Aves sin nido en 1889, novela que se convirtió en la pieza más importante de la narrativa indigenista peruana. Su publicación coincidió precisamente con la ola anticlerical impulsada por los librepensadores fundamentalmente en Lima, Cusco y Arequipa. El periódico El Cuzco publicaba con entusiasmo y valentía los textos anticlericales y de cruzada antiescolástica. Desde inicios del siglo XX, el problema indígena aparecía de manera creciente en las investigaciones y en

las consiguientes publicaciones de artículos científicos dentro y fuera de la Universidad San Antonio Abad. Aparecieron tesis que luego se convertirían en trabajos precursores. Ya desde fines del siglo XIX estas preocupaciones habían sido crecientes en el Centro Científico del Cusco y en la Facultad de Ciencias de la propia universidad. Por ejemplo, el profesor Fortunato L. Herrera fue autor del Ensayo etnográfico acerca de una rama de la raza quechua: Chinchero (Tesis sustentada en diciembre de 1900 y publicada en el Boletín Científico en 1902); Manuel J. Bueno, autor de Etnografía de los indígenas de Ccolquepata (Tesis sustentada en diciembre de 1903); Cosme Pacheco, autor de La condición social del indio peruano y su regeneración por medio de la educación (Tesis sustentada en 1906). Angel Vega Enríquez, fundó en 1901 el periódico El Sol y en 1902 y 1904 éste realizó la primera campaña periodística en defensa de los indígenas de la región cada vez más explotados y dominados

* Profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM.

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El primer núcleo intelectual cusqueño de carácter regional, fue el Centro Científico del Cusco 1897-1907. Fue conocido por su preocupación frente a determinadas cuestiones de carácter nacional y regional: su posición frente al ascenso al poder del Estado de la coalición demócratacivilista, ante la inminente llegada del ferrocarril a la ciudad del Cusco y sus posibles consecuencias locales y regionales. Los integrantes del Centro Científico se sentían en la obligación de plantear soluciones a estos y otros problemas, querían encontrar respuestas a interrogantes como, por ejemplo, ¿por qué era tan notoria la distancia fundamentalmente económica y cultural entre Lima y Cusco? ¿Cuál era la historia de la economía y sociedad regionales durante el siglo XIX post-independencia? ¿Cuáles eran los rasgos particulares del atraso cusqueño al ingresar al siglo XX? ¿qué factores los habrían originado? La mayoría de los estudios sobre dichos problemas fueron publicados en su Boletín Científico, el cual alcanzó 13 números entre 1898 y 1907. Este año, el Centro Científico del Cusco dejó de existir. Luego vendrían las temidas novedades. Al llegar el ferrocarril a la ciudad del Cusco en 1908, se extendieron y acentuaron, como ya habían sido previstos, las tensiones y los conflictos sociales. Se acrecentaba la presencia dominante de los productos importados de origen industrial, que invadían la región desde 1893 al llegar a Sicuani el ferrocarril Arequipa-Puno. Había cierta sensación de prosperidad en el ambiente urbano, pero los problemas más graves tenían lugar en el campo, debido a la expansión de latifundios mediante la usurpación de tierras de comunidades indígenas por cuenta del gamonalismo. El proceso de expansión terrateniente se había reiniciado con fuerza después de la guerra con Chile y, en especial, desde 1895 al llegar al poder del Estado la coalición demócrata-oligárquica. Esta tendencia de expansión latifundista, despojando al indio de sus tierras comunales, se prolongó por varias décadas. Frente a aquellos graves problemas en la región del Cusco, la Universidad San Antonio Abad aparecía aislada y silenciosa. El control de la universidad estaba en manos de autoridades y profesores identificados con los intereses de la Iglesia Católica y con el gamonalismo. La universidad no aparecía como un centro de debate de esos problemas sino, más bien, como garante del sistema de dominación.

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Rector Giesecke y reformas en marcha La universidad fue reabierta en marzo de 1910. Su nuevo rector era Alberto Giesecke, joven profesional norteamericano, miembro de la Misión Bard, que el gobierno peruano había solicitado a los Estados Unidos para efectuar reformas en el sistema educativo nacional. Con el nuevo rector, designado por el presidente Leguía, quien a su vez habría nombrado algunos nuevos catedráticos, se puso en marcha lo que para entonces sería una avanzada reforma universitaria en San Antonio Abad. Giesecke fue rector a lo largo de 14 años. Desde un comienzo puso en marcha la reforma. Fundó en 1912 la Revista Universitaria que se convirtió probablemente en la más importante revista cusqueña de la primera mitad del siglo XX. En sus páginas fueron publicados los más avanzados estudios e investigaciones de historia, antropología, arqueología, economía, geografía, botánica, biología, etc. destinados básicamente al conocimiento de la realidad local y regional. Entre 1912 y 1920, fueron publicados sus primeros 30 números y en 1927 llegó a su número 50. Se constituyó en una de las fuentes mejor organizadas para estudiar el pensamiento de la “Generación de 1909”, el desarrollo y particularidades del propio proceso reformista universitario, el desarrollo del indigenismo, el regionalismo y el descentralismo cusqueños.

hacia 1903 las tesis sobre la cuestión del indio apenas comenzaban, entre 1909 y 1920 la abrumadora mayoría de ellas estaba dedica a esa temática. En Lima todavía era algo tangencial hablar del problema del indio, de la tierra y del mundo indígena. En la Revista Universitaria No. 36, de marzo de 1922, Cosio publicó una bibliografía sobre aquellas tesis, como anexo de su discurso de orden. Los grandes lineamientos que orientaron la marcha de la universidad en aquella nueva etapa, estaban adscritas a las corrientes de pensamiento predominantes en los planos nacional e internacional a comienzos del siglo XX.

de comunicación para explotar y movilizar recursos naturales de la sierra y de la selva y modernizar la producción agrícola y ganadera. A diferencia de lo que fueron los intelectuales del Centro Científico del Cusco, Giesecke representaba una nueva mentalidad: la que concibe cualquier posibilidad de progreso sólo a condición de que se construya una infraestructura vial moderna. Dicha prédica no siempre fue personal y solitaria. Alimentó las ilusiones de progreso de individuos y segmentos sociales significativos de la región. Quizás se podría decir que ese discurso del progreso sólo expresaba uno de los mitos del positivismo; pero así ocurrió.

El Rector imbuido de las ideas de progreso, correspondientes a la ideología liberal democrática en países capitalistas desarrollados, era uno de los propugnadores de la transformación de las bases materiales de la sociedad, modernizándolas y articulándolas en plano nacional e internacional (Discurso memoria de dic. 1912). La solución del problema indígena debía ocurrir básicamente a través de la educación. Había que establecer sistemas de vías

Sumados a lo anterior, eran desplegados con similar energía y convicción los discursos de la ciencias geográficas y naturales y los discursos del indigenismo. Respecto a la intensa preocupación por la realidad y el destino del indio, Basadre diría: “El acontecimiento fundamental de la vida intelectual peruana en el siglo XX es el crecimiento de la imagen del indio”. El Cusco fue, sin duda, una de las más genuinas sedes del crecimiento de aquella imagen.

El Dr. Luís Valcárcel recordaría en sus Memorias, refiriéndose al papel de Giesecke como rector, que hubo una completa coincidencia entre los ideales propugnados por Giesecke como educador y los defendidos por los estudiantes reformistas. El ejercicio de su alto cargo, significó una orientación renovadora de la vida universitaria en los campos de la enseñanza y la investigación, de la organización y la administración. En la revista La Sierra, Nos. 3 y 4, de julio-agosto de 1910, el Dr Giesecke escribía acerca de “El Estado moderno y la educación”. Allí diría “… bástenos ver que la educación siempre forma parte del programa del Estado moderno …”. Allí menciona los ejemplos de los Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania. Critica la negativa o la resistencia a la descentralización en el Perú por parte de los que manejan el Estado. Un primer balance sobre lo avanzado en la segunda década del siglo XX, en el campo de la investigación universitaria, sobre todo en las tesis, fue presentado por Félix Cosio en sus discurso de 1921 “La misión social de la universidad del Cusco”. Mientras

Dr. Luis E. Valcárcel, en su juventud lider estudiantil de la reforma universitaria cusqueña

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ENCUENTRO

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SUSANA VILLARÁN: esperanza para San Marcos

l jueves 23 de setiembre, a la 1 p.m., tal como habíamos convenido con su asesor para temas urbanos, un grupo de docentes y estudiantes sanmarquinos de Acuerdo Institucional, tuvimos un amigable encuentro con Susana Villarán, entonces candidata a la Municipalidad de Lima. Le pedimos una conversación con un grupo de San Marcos y ella nos propuso un almuerzo de trabajo en el Centro Cultural de la PUCP: así lo hicimos paradójicamente en este lugar, como dijo uno de los estudiantes. Manuel Burga, Zenón Depaz. Javier Armijo y Hugo Sánchez encabezaron el grupo, acompañado por profesores de Medicina, Farmacia, Ciencias Administrativas, Ingeniería Industrial, tres estudiantes y el ingeniero de la UNI José Matías, quien asesoró a los profesores sanmarquinos para buscar una salida técnica y satisfactoria para todos. Le expresamos nuestro apoyo, solidaridad y compromiso con su propuesta municipal, que sabemos buscará afrontar los conocidos problemas de Lima Metropolitana, de una manera integral, sin descuidar

las poblaciones más pobres, ni los terribles problemas del transporte urbano y la dantesca inseguridad ciudadana. Le expusimos que el intercambio vial de Universitaria y Venezuela estaba inconcluso y que producía un malestar diario y permanente a los transeúntes y transportistas que utilizan este importante cruce. Para los sanmarquinos esta situación es un vía crucis que se agravó en 2008, cuando se produjo un rechazo estudiantil a los acuerdos suscritos entre el rector Izquierdo y el representante de EMAPE, el ingeniero Carlos Bustamante, interpósita persona de Castañeda, para hacer sus tropelías. Este obra tiene que desembocar en una solución decorosa para San Marcos, el vecindario local y para todos los usuarios de Venezuela, Amézaga, Universitaria y del intercambio vial. El ensanchamiento de la Venezuela llegó a su límite, igualmente el de Amézaga y Universitaria ya están en su diseño final. San Marcos se ha degradado profundamente: no tiene cerco perimétrico, no tiene entradas vehi-

Reunión del 23 de setiembre de 2010 con Susana Villarán

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José Matías ante Susana Villarán, ahora electa Alcaldesa de Lima.

culares y los estudiantes tienen que Finalmente ellos nos han propuesatravesar largos caminos para llegar to es algo mayor, más trascendente. Hablar de la totalidad, como a sus facultades. ¿Por qué se ha producido esta situa- lo hicimos en algún momento con ción? Por una negociación torpe, el alcalde Andrade, pensar la reproducto de la mentalidad retro- lación de San Marcos con la ciugrada y patrimonialista de Izquier- dad de Lima a través de la gestión do que quiso convertir a Cas- municipal. La función que puede tañeda en parte de su clientela cumplir la Casona en un nuevo entregándole una prebenda de esquema, como centro cultural y 28,640 m2. ¡Qué tal prebenda! educativo de toda la ciudad. Pen¡Como si San Marcos fuera su sar también el papel que puede chacra y Castañeda un aprendiz cumplir el Colegio Real, al lado del de político! Resultado: Izquier- Congreso y de la Escuela de Bellas do fue el tonto útil de Castañe- Artes, como centro de las Culturas da, quien demolió el cerco pe- Peruanas Contemporáneas. Conrimétrico en un acto de fuerza vertir a San Marcos en un centro respaldado en el Convenio. Esto de irradiación para toda la ciudad. es un déjà vu, la pregunta ahora Esas son palabras mayores y no dees ¿qué hacer de una manera in- beríamos tener temor de iniciar el teligente para que San Marcos diálogo. recupere su dignidad? Eso le dijimos a Susana Villarán, devolverle el respeto a la universidad, superar el atropello y establecer los términos de intercambio que corresponden. Como fuera, es necesario conservar la belleza del parque de la Plaza Cívica y elevar la calidad de todo el campus sanmarquino.

Terminemos con las ofensas a San Marcos, de un alcalde ignorante, como Castañeda, que cuando le preguntaron qué había leído de MVLL, respondió con murmuraciones y enmudeció. Todos los que hicieron esta ofensa, Izquierdo, sus aliados y sus pandillas, deben también enmudecer y desaparecer de la memoria sanmarquina.

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Periódico de acuerdo numero 6

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