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CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA

AJUSTE DE VISIÓN El error de los miopes

Dios es atemporal Así maneja Sus inversiones

¡Cómo cuesta vivir el cristianismo! Y por qué millones de personas lo intentan


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Año 13, número 10

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A N U E S T RO S A M IG O S La vida está jalonada de decisiones, unas triviales, otras trascendentes: «¿Qué me pongo hoy?» «¿Qué voy a desayunar?» «¿Qué carrera debo estudiar?» «¿Me caso con esta persona?» Todas esas decisiones juntas, tanto las grandes como las pequeñas, ponen cierto orden en cada jornada, definen quiénes somos y en gran medida determinan el grado de felicidad y satisfacción de que gozamos. Paradójicamente, suelen ser las decisiones más intrascendentes las que ocupan la mayor parte de nuestro tiempo y atención, mientras que las más medulares, las que más pesan e influyen, a menudo quedan desatendidas o postergadas. «¿Qué quiero conseguir en la vida?» «¿Qué clase de persona aspiro a ser?» Fácilmente puede uno vivir día tras día sin zanjar esos grandes interrogantes: millones de personas lo hacen. Lo malo es que esa forma de abordar la existencia deriva las más veces en desencanto y pesar en lugar de redundar en verdadera satisfacción y felicidad. Yogi Berra1 dijo con cierta cuota de ingenio: «Si no sabes a dónde vas, lo más probable es que acabes en otra parte». No dejes que te pase eso. Descubre qué es lo más importante para ti y persíguelo con tesón. Jesús dijo: «El reino de los Cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, el cual habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró»2. ¿Te has puesto a pensar en cuántas personas vieron esa perla antes que el mercader, sin percatarse de su valor? Otros tal vez ansiaron adquirirla, pero ya habían malgastado todos sus recursos en objetos de mucha menor valía. A otros simplemente les pareció que no merecía la pena pagar tanto por ella. ¿Cuál es tu perla preciosa? ¿Qué sacrificarías para obtenerla? Esas decisiones pertenecen a tu fuero interno; solo tú las puedes tomar, con la ayuda de Dios. En todo caso, esperamos que el presente número de Conéctate sirva para encaminar tus pensamientos. Que Dios te bendiga con lo más excelso de Sus tesoros. Gabriel En nombre de Conéctate 1. Yogi Berra (1925– ) es un ex beisbolista y manager estadounidense, que jugó en las Grandes Ligas 2. Mateo 13:45,46 2

México, Centroamérica: Conéctate A.C. México E-mail: conectate@conectateac.com Tel: (01-800) 714 4790 (nº gratuito) +52 (81) 8123 0605 Chile: Casilla de Correos 14.702 Correo 21, Sucursal La Moneda Santiago Tel: (09) 469 7045 E-mail: conectateconosur@conectate.org Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia: E-mail: conectateconosur@conectate.org Colombia, Venezuela, Ecuador, Antillas: Conéctate Colombia Apartado Aéreo # 85178 Bogotá Colombia Tel: (1) 7586200 E-mail: conectatecoven@conectate.org España: Conéctate Apdo.626 28080 Madrid (34) 658 64 09 48 Resto de Europa: Activated Bramingham Pk. Bus. Ctr. Enterprise Way Luton, Beds. LU3 4BU Inglaterra E-mail: activatedeurope@activated.org Tel: +44 (0) 845 838 1384 Estados Unidos: Activated Ministries PO Box 462805 Escondido, CA 92046–2805 E-mail: info@actmin.org Tel: 1-877-862-3228 (nº gratuito)

Director Gabriel García V. Diseño Gentian Suçi Producción Samuel Keating © Aurora Production AG, 2012 www.auroraproduction.com Es propiedad. Impreso en Taiwán por Ji Yi Co., Ltd. A menos que se indique otra cosa, los versículos citados provienen de la versión Reina-Valera, revisión de 1960, © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizados con permiso.


Lo más importante

Akio Matsuoka

—He vivido tan ajetreada que no he tenido tiempo de pensar

—me comentó una mujer de cuarenta años que padecía una enfermedad terminal cuando visité una residencia para pacientes desahuciados—. Tendida en esta cama me he dado cuenta de que casi no conozco a mi marido, a mis hijos y a mi suegra, que vive con nosotros. He estado pendiente de atenderlos —haciendo las compras, cocinando, lavando la ropa, limpiando, ayudándolos con las tareas escolares— y, sin embargo, no puedo afirmar que sepa lo que piensan o lo que los preocupa. No sabría decirte cuándo fue la última vez que tuve una conversación profunda con uno de ellos. Escuché un lamento parecido hace poco cuando asistí a un seminario. El conferencista terminó su presentación y hubo una sesión de preguntas y respuestas. Un hombre mayor ya jubilado, que había sido presidente de una gran empresa, se levantó y se dirigió a los más de 100 asistentes. —Tengo 70 años. De momento gozo de buena salud y hace poco me jubilé con una buena pensión. Tenía expectativas de poder distenderme por fin y pasar tiempo con mi familia. Sin embargo, ayer mi señora me pidió el divorcio. Trabajé arduamente toda la vida, siempre pensando en el bienestar de mi familia, a la que quiero mucho. ¿En qué me equivoqué? ¿Por qué ha tenido mi vida este desenlace? Oigo a muchos decir que desean que sus seres queridos sean felices y que ese es el motivo por el que trabajan con tanto ahínco. Lamentablemente, cuanto más se acercan esas personas al éxito, más ocupadas están y menos tiempo pasan con su familia; por ende, menos disfrutan de los beneficios que esperaban que les reportara su inversión. Si bien las intenciones de aquella mujer moribunda y de aquel jubilado pueden haber sido nobles en su momento, la vida que llevaron no logró satisfacer las necesidades afectivas de sus seres queridos. La Biblia dice: «No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque esos son los sacrificios que agradan Dios»1. El término griego traducido en este pasaje como compartir es koinónia, que significa participación, comunión, fraternidad 2. Dicho de otro modo, a Dios le complace que sacrifiquemos algunas cosas a fin de que dispongamos de tiempo para ayudar a los demás, participar en su vida, compartir sus triunfos y dificultades, mantener una relación afectiva con ellos... En resumidas cuentas, le gusta que nos hagamos tiempo para amar. A k io M atsuok a ha sido misionero y voluntar io dur ante 35 años, tanto en el Japón —su país natal— como en el extr anjero. Vive en Tokio. ■ 1. Hebreos 13:16 (NVI) 2. Concordancia Strong 3


Peter Amsterdam

¡CÓMO CUESTA VIVIR EL

CRISTIANISMO!

Ser cristiano puede parecer muy difícil. Buena parte de lo que Jesús enseñó va a contrapelo de nuestra naturaleza humana. Al repasar la lista que incluyo a continuación, pregúntate si lo que dijo Jesús te sale naturalmente.

«¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes»2.

El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor3.

Amen a sus enemigos. Hagan bien a quienes los odian. Bendigan a quienes los maldicen. Oren por quienes los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, vuélvele también la otra. Da a todo el que te pida, y si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. Den prestado sin esperar nada a cambio1.

Jesús enunció todos esos preceptos y espera que los cumplamos. Esa es la cuestión. ¡No es nada fácil! Es obvio que ser seguidor de Jesús cuesta. ¿Por qué estaría alguien dispuesto a hacerlo con lo difícil que es? «¿Qué gano con eso?» Es válido plantearse esa pregunta. Echemos un vistazo a todo el paquete. En primer lugar, es preciso pensar a largo plazo, muy a largo plazo. Las Escrituras establecen claramente que

1. Lucas 6:27–30,35 (NVI)

8. Mateo 6:19–21 (NVI)

2. Lucas 12:15 (NVI)

9. Santiago 1:12 (NBLH)

3. Mateo 20:26

10. Deuteronomio 28:2,12

4. Apocalipsis 22:12 (NVI)

11. Lucas 6:38 (NTV)

5. Colosenses 3:23,24 (NVI)

12. Mateo 6:3,4 (RVR 95)

6. 1 Corintios 3:11–14 (NVI)

13. Juan 15:10

7. Mateo 16:27

14. Mateo 6:10

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en la otra vida habrá recompensas, las cuales estarán relacionadas con nuestra conducta en esta vida terrenal.

¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo Mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho4. Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor5. Nadie puede poner un fundamento diferente del que ya está puesto, que es Jesucristo. Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de


cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa6. El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras7. No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón8. Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque […] recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman9. Además de las recompensas futuras, Dios también nos premia en esta vida.

Vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor tu Dios. […] Te abrirá el Señor Su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos10.

Mi Padre, y permanezco en Su amor13.

Cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público12.

La Biblia deja patente que seremos recompensados, tanto en esta vida como en la otra, por hacer lo que Jesús nos encargó, así no nos salga espontáneamente. Quizás el hecho de que sea tan difícil explica por qué se nos premiará por hacerlo. Acumulamos tesoros en el Cielo tomando ahora decisiones acertadas y viviendo de tal forma que contribuyamos a que venga Su reino y se haga Su voluntad en la Tierra así como se hace en el Cielo14. Es un poco como poner dinero en el banco. Si cada vez que le perdonaras a alguien una ofensa depositaran un cheque en tu cuenta corriente, no te parecería tan difícil hacer lo que dijo Jesús, ¿verdad?

Si guardareis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; así como Yo he guardado los mandamientos de

Peter A mster dam y su esposa, M ar ía Fontaine, dir igen el movimiento cr istiano La Familia Inter nacional. ■

Den, y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo: apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La cantidad que den determinará la cantidad que recibirán a cambio11.

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DIOS ES ATEMPORAL Phillip Lynch

He llegado a darme cuenta de que Dios se toma Su tiempo para hacer las cosas. Tal vez sea consecuencia de Su naturaleza eterna. Tiene todo el tiempo del mundo. ¿Por qué habría de apurarse? Dios es un inversionista, no un especulador. Él no compra hoy algo con la intención de venderlo mañana. No cabe duda de que espera que Sus inversiones rindan bastante, pero puede esperar mucho tiempo si es

1. V. Génesis 37. 2. V. Génesis 39. 3. V. Génesis 40. 4. V. Génesis 41. 5. Génesis 42–47:12 6

necesario. Él invierte en las personas y por lo visto no le importa el tiempo que tarde una inversión en dar réditos. Por supuesto, algo que ayuda es el hecho de que Él conoce el futuro. La historia de José en la Biblia retrata eso muy bien. De los once primeros hijos de Jacob, José era el predilecto de su padre; pero era también el menor, o sea, el último mono en el negocio familiar al comienzo de nuestra historia. Resulta que José tuvo dos sueños fantásticos en los que sus hermanos se inclinaban ante él. En una típica reacción de novato ambicioso, el joven José contó sus sueños a sus hermanos. ¿En qué estaría pensando? ¿Qué esperaba que le dijeran: «No pasa na’, hermanito; siéntate a la cabecera de la mesa como presidente de Jacob e Hijos»?

En una reunión secreta del directorio celebrada en ausencia de Jacob —el presidente en funciones—, los hermanos de José lo echaron del mismo y, ni cortos ni perezosos, lo enviaron de esclavo a Egipto1. Sin embargo, lo que parecía ser el fin de Joselito era apenas el principio de la senda que lo conduciría a la gloria. Es cierto que fue una senda extraña, pero ejemplifica los avatares que tuvieron que soportar muchos grandes personajes, la lenta pero exhaustiva formación que obtuvieron en la Escuela de la Desgracia. José escaló posiciones en su nueva carrera hasta que llegó a ser jefe de esclavos en la casa de un alto funcionario del faraón. La Biblia no especifica cuánto tiempo le llevó, pero podemos inferir que fueron unos cuantos años. En el ínterin, aprendió a administrar una importante hacienda.


A José le fue bien hasta que la mujer de su jefe se encaprichó con él. El pobre obró con integridad, pero precisamente por eso se ganó un castigo. Lo acusaron falsamente de acoso sexual y lo echaron sin miramientos a la cárcel. Allí se pudrió por muchos años. A pesar de los pesares, aquello marcó el inicio de su siguiente carrera. El alcaide de la prisión tomó nota de las aptitudes organizativas de José y decidió sacarles provecho, a lo que este accedió más que complacido. Al fin y al cabo, tenía tiempo libre de sobra. A la larga, un presidiario —José— terminó dirigiendo la cárcel. Así y todo, ni eso fue suficiente para sacarlo de allá2. A nosotros no nos cabe ninguna duda de que Dios tenía un designio porque sabemos cómo terminó la cosa; pero eso no quita que para José debió de ser desesperante.

La primera vez que se le presentó una oportunidad de zafarse de aquella situación, el hombre que pudo haber intercedido por él no cumplió lo pactado, y su liberación nunca se materializó3. Transcurrieron dos años más antes de que se le presentara una nueva oportunidad. Esa vez no la dejó pasar. Sus sueños de grandeza lo habían conducido a aquella situación, y fueron otros sueños los que lo libraron de ella. El presidente de Egipto Ltda. —el faraón, que también era muy dado a soñar— se enteró de que José tenía fama de visionario. Prestó oído al plan de 14 años que este presentó y lo nombró director general. Al cabo de siete años de bonanza, el mercado se desplomó; pero para entonces José no solo tenía la empresa bien consolidada, sino que estaba en situación de mantener a flote a toda la población4. Cuando José se enteró de que Jacob e Hijos estaba por quebrar a causa de la recesión, los convenció de que cerraran su sede en la poco rentable tierra de Canaán y se restablecieran en el extranjero, en la tierra de Gosén, como filial de Egipto Ltda. Tal como lo había visualizado en sus sueños muchos años antes, asumió entonces autoridad sobre sus hermanos.

Aquellos desalmados hermanos mayores se prosternaron a sus pies, pero José los perdonó, pues entendió que era por su propio bien y por el bien de ellos que Dios había permitido que pasara por todas aquellas peripecias5. ¿Qué hubiera ocurrido si José hubiera logrado ponerse al frente del negocio familiar desde el comienzo? En el mejor de los casos tal vez habría llegado a monopolizar el comercio de la lana en Canaán. Sin duda jamás se habría encumbrado en las altas esferas como sucedió en Egipto, ni Dios se habría servido de él como lo hizo. Todo ese tiempo Dios estuvo invirtiendo en la vida de José. Sin embargo, tuvieron que pasar años de penurias y fracasos antes que pudiera darle su gran oportunidad. Cuando esta se presentó, José ya tenía la cabeza y la habilidad para aprovecharla al máximo. La inversión de Dios rindió beneficios, y las utilidades se multiplicaron enormemente. Por eso, si has perdido la esperanza de hacer realidad tus sueños, piensa en esto: Aunque las cosas hayan cambiado mucho desde la época de José, Dios es atemporal. Phillip Ly nch es novelista y comentar ista de asuntos espir ituales y escatológicos. Vive en el Canadá. ■ 7


Mi boda milagrosa Andrew Mateyak

Jesús dijo que si buscamos

«primeramente el reino de Dios y Su justicia», Él nos dará todo lo que necesitemos1. A todo jefe le conviene darse cuenta cuando un empleado trabaja esforzadamente y con esmero, y recompensarlo con un aumento de sueldo o un ascenso. Dios piensa de la misma manera. Si invertimos tiempo y energías en Su obra, ayudamos a los demás y vivimos como Él nos manda, Él tomará nota de ello y verá que recibamos nuestra recompensa. Por mi vocación de misionero me he pasado la vida compartiendo el amor de Dios con los demás y haciendo todo lo posible por vivir con arreglo a mi fe. Sin embargo, ha habido veces en que comparé mi vida con la de otras personas y me

1. V. Mateo 6:33 2. Salmo 37:4; Efesios 3:20 3. Miqueas 6:8 4. Gálatas 5:14 5. 1 Timoteo 6:10, énfasis añadido 8

puse a pensar si no estaría en mejor situación económica trabajando en un empleo secular. Cuando mi novia y yo decidimos casarnos, nos preguntamos cómo íbamos a costear una boda a la que pudieran asistir todos nuestros familiares y amigos. Decidimos entonces invocar la promesa de nuestro jefe de que Él nos dará todo lo que nos haga falta si primero lo buscamos Él, y Él no nos defraudó. Una amiga de mucho tiempo que habíamos conocido con motivo de nuestras labores misioneras y que se había mudado a otra ciudad se enteró de que nos habíamos comprometido y me llamó: —Felicitaciones a ambos —me dijo—. Mi madre tiene una empresa que organiza bodas en la ciudad donde ustedes viven. Como regalo de matrimonio arreglé con ella para que organice todo el evento. Además de planificar toda la boda —la decoración, los arreglos

florales, etc.—, también se encargó de que un confeccionista hiciera gratuitamente el vestido de novia y mi traje. Otro amigo contrató a un fotógrafo profesional y costeó la torta de bodas, los anillos y el alojamiento en un hotel para los invitados que vendrían de fuera de la ciudad. El día de la boda, cuando entramos en el salón completamente decorado, nos quedamos asombrados de cómo Dios se había valido de esas personas tan generosas para darnos todo lo que necesitábamos. Pero ahí no termina la historia. En vista de que mi mujer nunca había salido del país, yo albergaba secretamente la esperanza de una luna de miel en el extranjero. Encontré unos pasajes promocionales a Macao justo en las fechas indicadas; pero en el mejor de los casos solo tendría los fondos suficientes para el vuelo, no para el alojamiento ni para otros gastos.


EL SECRETO DE LA VIDA Keith Phillips Prácticamente había abandonado la idea cuando un viejo amigo —compañero de séptimo grado— me escribió inesperadamente: —Me enteré de que te vas a casar. ¿A dónde irás de luna de miel? —me preguntó. Le respondí que tenía la ilusión de ir a Macao, pero que probablemente no resultaría. Imagínate mi asombro cuando ese chico, con quien no había tenido comunicación en años, me escribió de vuelta diciéndome que él viajaba frecuentemente a Macao por asuntos de negocios y era socio de un club de hoteles. —Si decides ir a Macao —me dijo—, yo costeo todos los gastos. Dios —el jefe más estupendo que se pueda tener— me concedió los deseos de mi corazón, todo lo que había soñado y más2. ¿Compensa Dios a quienes lo sirven, invirtiendo tiempo, recursos y talentos en Su obra? Sin duda que sí. A ndr ew M ateyak es misionero de La Familia Inter nacional en las Filipinas. ■

Jesús dijo que el secreto para ser feliz y alcanzar el éxito en la vida es buscar primeramente el reino de Dios; pero ¿cómo se hace eso hoy en día? ¿Cómo hacemos para vivir una

vida centrada en Dios, lograr algo más que simplemente sobrevivir en este mundo materialista y, a la vez, no perder nuestra identidad? Yo creo que es posible conjugar las tres cosas. «Buscar primeramente el reino de Dios» significa ajustar nuestras prioridades a las Suyas. El primer paso, pues, es determinar sinceramente cuáles son nuestros valores y objetivos en la vida. El paso siguiente es entender qué es prioritario a los ojos de Dios. ¿De qué manera le gustaría a Él que viviéramos? Muchas personas no pasan de ese punto porque piensan que Dios les va a pedir algo indeciblemente difícil o que demandará un enorme sacrificio. En realidad es muy simple lo que Él requiere: «¿Qué pide el Señor de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios»3. «Toda la ley en esta sola palabra se cumple: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”»4. Del dicho al hecho hay largo trecho, pero no por ello deja de ser viable. Es importante disipar también otro concepto erróneo: Dios no se opone al éxito económico. La Biblia no dice que el dinero sea la raíz de todos los males, sino que «el amor al dinero es la raíz de todos los males»5. Dios con todo gusto nos bendice materialmente si empleamos esas bendiciones para «hacer justicia, amar misericordia y humillarnos ante nuestro Dios» y si «amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos». Y en todo eso, ¿podemos todavía conservar nuestra identidad? Claro que sí. Solo que nos vamos a sentir más felices y realizados y vamos a tener objetivos más claros. Dios nos creó de forma que fuéramos una expresión singular de Su amor. No se propone invalidar eso, sino mejorarlo. Cuando nuestros valores coinciden con los Suyos y hacemos nuestras Sus prioridades, salimos ganando sí o sí. ■ 9


¿Alguna vez has pensado en la decisión que tuvo que tomar Moisés para abandonar Egipto? Fue precisamente

la

decisión

Virginia Brandt Berg

«Cosas que ningún ojo vio, ni ningún oído escuchó, ni han penetrado en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman». 1 Corintios 2:9 (RVC) 1. Hebreos 11:24–26 2. Éxodo 2:1–10 3. Hechos 7:22 4. 2 Corintios 8:9 5. Santiago 1:12; Apocalipsis 2:10 6. Salmo 16:11 10

«Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». Romanos 8:18

esa decisión la que hizo de él un gran hombre. A Salomón se lo recuerda por su sabiduría, a Daniel por sus visiones, a David por sus salmos y a Pedro por su celo. En cambio, Moisés alcanzó la celebridad a raíz de la decisión que tomó. En el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos Moisés aparece incluido entre los héroes de la fe: «Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón»1. Moisés, a quien la hija del faraón encontró en una cesta entre los juncos del río Nilo2, se crió en el palacio real, donde gozó de privilegios y opulencia. Pero al hacerse mayor tuvo que tomar una determinación. Era hebreo, no egipcio. Tuvo que escoger entre ser fiel a Egipto, llevando la corona de los faraones, y tomar partido por su pueblo. Aquello seguramente puso al joven Moisés en un grave dilema. Cabe imaginárselo subiendo a algún lugar elevado y observando las luces de la ciudad imperial, el palacio con todas sus riquezas y belleza, con aquellas cosas a las que había estado habituado toda su vida. De ahí me lo figuro volviendo la mirada hacia el sur y contemplando las pirámides, donde los hombres de su pueblo, esclavos del faraón, se mataban


fabricando ladrillos. Al verlos trajinar al son del látigo de los capataces, el corazón de Moisés debía de arder dentro de él. Eran de su mismo linaje; pero si optaba por volver con ellos, tendría que renunciar a las comodidades y lujos de los que siempre había gozado. Vestiría el atuendo de los esclavos y dejaría atrás para siempre a su madrastra, la hija del faraón. La Escritura dice que escogió «antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado». Tengamos en cuenta que aquellos deleites del pecado eran más tentadores de lo que uno pensaría leyendo ese simple pasaje: en aquel entonces Egipto era el lugar más atractivo de la Tierra. Sus bodegas rebosaban de grano, y los tesoros del mundo llenaban sus arcas. Moisés pudo haber heredado todo aquello. Habiendo sido instruido «en toda la sabiduría de los egipcios»3, era perfectamente consciente de lo que entrañaba aquella decisión: renunciar a las riquezas del imperio más poderoso de la Tierra para hacerse esclavo. Pero además de poseer cultura y sabiduría, Moisés tenía visión de futuro: estuvo dispuesto a sacrificar los placeres del presente para obtener recompensas futuras. Tenía «puesta la mirada en el galardón». Sabía que los deleites del pecado eran fugaces y que, en cambio, las recompensas divinas por decidir con acierto serían eternas. Moisés comprendió que, sin el favor de Dios, un millonario es apenas un mendigo. El apóstol Pablo escribió de Jesús: «Por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico»4. Esa misma decisión tomó Moisés.

Pese a que aquella resolución supuso privaciones, sufrimientos y una terrible humillación, prefirió ser el menor de los hijos de Dios aquí en la Tierra y llevar una corona para siempre en el Cielo5. Tomó partido por los hijos de Dios, a fin de comparecer junto a ellos con la cabeza erguida delante del Rey eterno. Si nos imaginamos a Moisés en la escalinata del palacio enfrentándose al faraón, su decisión puede parecer insensata. Sin embargo, si lo visualizamos en la escalinata que conduce al trono de Dios en el Cielo, se hace evidente que fue una decisión magnífica y muy atinada. Aparte de eso, Moisés llegó a ser uno de los principales dirigentes de la Historia, y su influencia se hace sentir hasta el día de hoy. Actualmente muchas personas pecan de miopía al tomar decisiones: solo ven el presente, y por él hipotecan su futuro. No ven el galardón que podría ser suyo. ¿Qué decisiones tomas tú? ¿Eres corto de miras en los asuntos del alma? ¿Sufres de miopía espiritual y vives mayormente para el presente? ¿O guardas en tu pensamiento y en tu corazón la expectativa del gran galardón que Dios ha prometido a quienes le den prioridad y busquen primeramente Su reino? ¿Los placeres te nublan la vista y te impiden ver el gran premio que Dios te tiene reservado? Las realidades de la eternidad son deleites perdurables6. Dios te ama y tiene grandes planes para ti, pero deja la decisión en tus manos. Elige bien. Virginia Br andt Berg (1886 – 1968) fue una evangelizador a y pastor a estadounidense. ■ 11


Hoy es mi cumpleanos Luis Azcuénaga

Hoy cumplo 65 años.

Oficialmente he ingresado a las filas de lo que se denomina la tercera edad. Por lo tanto, a partir de hoy soy un anciano. ¡Qué palabrita más odiosa! La asocio con decrepitud, disminución de las facultades y demencia senil. No describe de manera alguna lo que soy ni lo que siento. ¡Es casi un insulto! Ahora que tengo 65 admito que algunas cosas han cambiado. Tengo barriga, el pelo blanco y unas cuantas mañas. No tengo la misma resistencia de antes, voy un poco más lento, se me olvidan las cosas y a veces hasta me pregunto quién será ese tipo trasnochado y con arrugas que me mira del otro lado del espejo mientras me afeito. Pero a la hora de la verdad todo ello poco cuenta. Pienso que la edad no depende del calendario, sino del corazón. Es una actitud. Uno mismo hasta cierto punto decide qué tan viejo —o joven— quiere ser. 1. Salmo 23:4 12

La pura verdad es que nunca me había sentido tan bien. Mi vida tiene sentido. Me siento realizado. Derivo gran satisfacción de mi profesión y trabajo. Me encanta embarcarme en nuevas empresas y afrontar desafíos. Además me encantan las cosas sencillas: las travesuras de mis nietos, un atardecer, una deliciosa cena, un buen partido de ping-pong, una copa de vino, un paseo por el campo, una estimulante conversación con un amigo, viajar, reír a carcajadas y levantarme tarde de vez en cuando sin sentir remordimiento. ¡Sin duda estoy pasando por la mejor etapa de mi vida! He adquirido experiencia y algo de sabiduría, con frecuencia a fuerza de golpes y equivocaciones. Es maravilloso que ahora tenga una mejor vislumbre de la mano de Dios en mi vida, no solo de las bendiciones que me ha prodigado, que son obvias, sino de las situaciones adversas y sombrías: valles de sombra de muerte,1 depresión y angustia. Ahora agradezco todo eso de corazón,

consciente de que esas adversidades eran necesarias para convertirme en la persona que soy. He aprendido a distinguir las cosas que tienen valor auténtico y perdurable. Sé reconocer lo que satisface plenamente y lo que no. He aprendido la importancia del amor. Es mucho el amor que he experimentado: el de mi pareja, el de mis hijos, el de mis nietos, el de mis amigos. Pero lo que realmente cuenta es que conocí la fuente del amor, al Dios del amor. He aprendido a reconocer las incontables formas de las que Dios se vale para prodigarme Su infinito amor a lo largo de cada día. Si bien todavía no estoy ni un palmo más cerca de comprender la amplitud y profundidad de Su amor, nunca lo había agradecido tanto como ahora. Hay quienes dicen que la vida empieza a los 40. Para mí que empieza a los 65. Luis Azcuénaga es integr ante de La Familia Inter nacional en Colombia. ■


a g b l d j t s z l v n e a f k u o p i s d r a m t z v b y

AJUSTE DE , VISION

Ariana Andreassen

Cuando no me pongo mis gafas, todo lo que está a más de unos metros me hace forzar la vista. Más

allá de esa distancia lo veo todo borroso. Llevo 20 años usando anteojos, pero a veces se dan situaciones en que no puedo o no quiero ponérmelos. En esos casos, irremediablemente se me nubla casi todo lo que pasa a mi alrededor. Una vez mi marido y yo estábamos saliendo de una peluquería cuando, sin saber yo por qué, él empezó a hablar de una amiga nuestra. Lo cierto es que ella había estado en la peluquería con nosotros todo el tiempo; pero mi alcance visual era tan reducido que no la había reconocido. Es fácil discurrir así por la vida, tan enfocados en lo inmediato que no logramos captar lo global. 1. 1 Corintios 13:12 (NTV)

Cuando se da esa situación, asuntos relativamente pequeños absorben nuestra atención y cobran desmedida importancia. Si nos distanciáramos un poco nos daríamos cuenta de que fuera de nuestro campo visual ocurren hechos que a la larga son mucho más importantes, y tomaríamos conciencia de lo que nos hemos estado perdiendo. Soy una madre joven, y como tal a veces me disgusta que la maternidad no me deje mucho tiempo para mis cosas. Echo de menos la libertad para hacer lo que me plazca. No obstante, cuando me pongo a pensarlo no tardo mucho en darme cuenta de que renunciar a mi independencia es bien poca cosa frente al amor y el cariño que me prodigan mis dos preciosos hijitos, o la satisfacción que siento por ser su madre. A veces somos muy cortos de vista para tener una visión de conjunto.

Otras veces nos vemos envueltos por una neblina, o nos topamos con obstrucciones que nos impiden ver. En otras oportunidades lo que tenemos delante es tan vasto y tan amplio que rebasa nuestra comprensión. Sea como sea, podemos tener la tranquilidad de que Dios lo ve y lo entiende todo clarísimamente, y algún día nosotros también lo comprenderemos. El apóstol Pablo lo expresó muy bien: «Ahora vemos todo de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego [en la otra vida] veremos todo con perfecta claridad. Todo lo que ahora conozco es parcial e incompleto, pero luego conoceré todo por completo, tal como Dios ya me conoce a mí completamente»1. A r iana A ndr eassen es maestr a. Tiene dos hijos y vive en Tailandia. ■ 13


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Reflexiones

Las prioridades de la vida Compilación de Samuel Keating Independientemente de lo que hayas hecho por ti mismo o por la humanidad, si no te consta que manifestaste amor a tu familia y le prestaste atención, ¿qué has logrado? Lee Iacocca (1924– ), empresario y escritor estadounidense Solo quien encuentra un sentido a su vida puede gozar de la existencia y realizarse plenamente. La vida merece la pena cuando hay retos, grandes desafíos, y rebeldías nobles que llevan a apostar por conseguir ser lo mejor posible. Enrique Rojas (1949– ), médico y catedrático de psiquiatría español, autor de varios libros de autoayuda Si hay un pecado contra la vida, quizá no sea tanto desesperar de ella como esperar otra vida y zafarse de la grandeza implacable de esta. Albert Camus (1913–1960), escritor y filósofo francés Ante todo, valora el amor que recibes. Pervivirá aun después de que tu oro y tu buena salud se hayan desvanecido. Og Mandino (1923–1996), escritor estadounidense 14

Dedica tiempo a los seres que amas. Un día de estos dirás: «¡Ojalá lo hubiera hecho!», o: «Gracias a Dios que lo hice». Zig Ziglar (1926– ), autor, vendedor y expositor motivacional estadounidense. En todos mis años de consejero y sicólogo jamás oí a ninguno de mis jóvenes pacientes (los niños) hablar de tiempo de calidad. Lo único que sabe el niño es que quiere tu tiempo y tu atención, ya sea para verlo dar volteretas o para llevarlo a comer un Big Mac. Al tratar de encontrar tiempo para tus hijos, no te preocupes demasiado por la calidad. Dedícales todo el tiempo que puedas, y la calidad vendrá por sí misma. Kevin Leman, sicólogo estadounidense, autor de libros de amplia difusión Muchas personas mueren con su música todavía dentro. ¿Por qué? Con demasiada frecuencia es porque siempre se están preparando para vivir. Antes que se den cuenta, se les acaba el tiempo. Oliver Wendell Holmes (1809–1894), médico, profesor, conferencista y escritor estadounidense

Aprendamos […] que nadie es responsable por hacernos felices, que eso es algo que nos toca a nosotros, a cada uno y que nuestra gran misión en la vida es aprender a amar, dejar huella y ser felices. Pilar Sordo (1965– ), sicóloga y escritora chilena Siempre estamos preparándonos para vivir, pero nunca viviendo. Ralph Waldo Emerson (1803–1882), ensayista, conferencista y poeta estadounidense Cuando naciste, tú lloraste y el mundo se regocijó. Vive de tal forma que cuando mueras, el mundo llore y tú te regocijes. Proverbio chéroqui Recuerda que tienes una sola alma; que tienes una sola muerte que morir […]. Si haces esto, habrá muchas cosas que no te importarán. Santa Teresa de Ávila (1515–1582), religiosa, mística y escritora española ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Jesús en Marcos 8:36 ■


Dos cosas me llenan el ánimo de una admiración y un respeto siempre crecientes cuanto más y más aplicadamente reflexiono sobre ellas: sobre mí, el cielo estrellado; dentro de mí, la ley moral. Immanuel Kant1

EL CIELO NOCTURNO

Ejercicio espiritual Abi May

Este ejercicio se puede practicar al atardecer o en la noche, particularmente cuando el cielo esté despejado, tachonado de estrellas, o cuando la luna se vea con claridad. Recomiendo hacerlo al aire libre; si no, puede ser junto a una ventana con vista al exterior. Contempla la inmensidad del cielo. Observa las estrellas que titilan por millones a distancias inconcebibles para la mente humana. Fíjate en la luna, nuestro vecino más cercano en el gran espacio sideral. Quédate así unos minutos. La vista es inmensa y merece tu atención. El Señor, cuyo nombre es majestuoso, ha desplegado Su gloria sobre los cielos. Eso escribió David el salmista2. Vamos a seguir una meditación suya. También él se sentó y observó: «Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, la luna y las estrellas que Tú formaste…»3

Cuando levantas la mirada y contemplas las estrellas, la luna, la inmensidad del firmamento, ¿no te sientes ínfimo, insignificante? David compartió ese sentimiento. No obstante, lo que más merece nuestra atención es la frase siguiente, en la que toma 1. Immanuel Kant (1724–1804)

2. Salmo 8:1

conciencia de algo extraordinario. Dirigiéndose al Señor, declara: «…digo: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra»4.

Por muy insignificante que te consideres, por desdeñable que te sientas ante la grandiosidad del mundo y de la Historia, Dios piensa en ti, se acuerda de ti. El mismo Dios que dio movimiento a Su gran obra universal tiene contados todos tus cabellos5. Conoce tus pensamientos y tus planes6. Está al tanto de tus más íntimas angustias y de tus deseos7. No estás solo en el universo: Dios te conoce y te ama8. Puedes concluir esta meditación sobre el trascendente y virtualmente incomprensible amor de Dios por ti —un simple individuo— exclamando como David: «¡Oh Señor, Señor nuestro, cuán grande es Tu nombre en toda la tierra!»9 A bi M ay es docente, escr itor a y r edactor a habitual de Conéctate. Vive en Gr an Br etaña. ■ 6. Hebreos 4:12

fue un filósofo y antropólogo

3. Salmo 8:3

7. Salmo 38:9

alemán de fines de la

4. Salmo 8:4,5

8. Juan 3:16

Ilustración.

5. Lucas 12:7

9. Salmo 8:9 15


De Jesús, con cariño

¿Qué es la verdad? Hoy en día cada vez se escucha menos esa pregunta milenaria. Algunas personas no se la plantean porque están tan enfrascadas en la satisfacción de sus deseos y necesidades físicas que no se detienen a considerar sus necesidades espirituales. Otros la evitan porque tienen miedo de que la respuesta no sea de su agrado. Otros más no se la plantean porque no creen que tenga respuesta; su avidez innata de la verdad se ha visto aplacada por el descreimiento y el relativismo moral que predominan en las corrientes modernas de pensamiento. Pero ¿acaso deja de existir la verdad por el hecho de que la gente no la ansíe ni la reconozca? ¿Acaso Dios y la dimensión espiritual desaparecen del mapa por el solo hecho de que muchas personas opten por no creer que existen? ¡Claro que no! La verdad sigue siendo la verdad. No depende de las personas que crean en ella. Aunque nadie creyera en ella, seguiría siendo más real y duradera que el mundo que percibes mediante tus cinco sentidos. Lo que tú consideras realidad no es más que un tenue reflejo del mundo real. ¡Esa es una gran verdad! La verdad es la realidad espiritual y está al alcance de todo aquel que la desee. Yo di las claves para encontrarla cuando dije: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Si permaneces en Mi Palabra, conocerás la verdad, y la verdad te hará libre. Pide, y se te dará; busca, y hallarás; llama, y se te abrirá»1. Ábreme tu corazón y recibe vida nueva, vida eterna. Permíteme conducirte a toda la verdad. ¡Déjame ponerte en libertad! 1. Juan 14:6; 8:31,32; Mateo 7:7

Octubre de 2012: Invertir en la eternidad  

¿Qué es lo más importante? ¿Qué esperas de la vida? ¿Qué tipo de persona quieres ser? Este número de la revista se propone ayudarte a revalu...

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