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8 DB.98AlgS OENAÑOSDE lITERATURA ESPAÑOlA EHISPANOAMERICANA

CUBA Ramón de Armas Jorge Fornet . Roberto Fernández Retamar

Poema inédito de

Gabriela Mistral

MARGENES DEL 98 Juan Manuel de Prada - Ant nio Her ández Man el Ma ter - Gr p Cántico Juan Manuel G nzález - Hans-Ge rg Gada er Victori P I - Octavi Paz

A

~~ (Centro Español de Derechos Reprográlicos) •.........................•.•.............................. CON El PATROCINIO DE CEDRO


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ASOCIACiÓN COLEGIAL DE ESCRITORES Andrés Sorel

-H"li§pmW§II'Junta Directiva de la A. C. E. Opinión

Juan Mollá, Santos Sanz Villanueva, Luis Mateo Díez, Raúl Guerra Garrido, Antonio Colinas, Gonzalo Santonja

Antonio Hernández, Félix Grande, Diego Jesús Jiménez, Juan Manuel González, Ramón Hernández mí'ipilUtg[¡]'

Meliano Peraile, Gregorio Gallego, Esther Benítez, Fernando Martínez Laínez, Rafael de Cózar, Víctor Alperi,

rqmmgiligM Ramón Sánchez Lizarralde

.!JM1jntéji'''W4w Jesús Pardo Imili!i6'I"'iiiSljl'P;'M'iEi

Victorino Polo

REDACCIÓN YDISTRIBUCIÓN

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REPÚBLICA DE LAS LETRAS pueden ser reproducidos libremente siempre que se cite su procedencia Imprime: Gráficas Sánchcz, S. G. l. , S. L. • Larra, 19 • 28004 Madrid Depósito Legal: M-8872·1980 1. S. S. N.: 1133·2158


JUNTA DIRECTIVA DE LA A. C. E. PRESIDENTE: JUAN MOLLÁ VICEPRESIDENTES: SANTOS SANZ VILLANUEVA LUIS MATEO DíEZ SECRETARIO GENERAL: ANDRÉS SOREL TESORERO: GREGORIO GALLEGO ASESOR JURíDICO: JUAN MOLLÁ VOCALES: ANTONIO HERNÁNDEZ MELlANO PERAl LE' DIEGO JESÚS JIMÉNEZ ESTHER BENíTEZ FÉLIX GRANDE FERNANDO MARTíNEZ LAíNEZ JUAN MANUEL GONZÁLEZ CONSEJEROS: RAÚL GUERRA GARRIDO ANTONIO COLINAS GONZALO SANTONJA JESÚS PARDO RAMÓN HERNÁNDEZ SECCIONES AUTÓNOMAS ASTURIAS : VíCTOR ALPERI ANDALUCíA: RAFAEL DE CÓZAR . VALENCIA: PEDRO J. DE LA PEÑA TRADUCTORES: VICENTE CAZCARRA AUTORES DE TEATRO: JESÚS CAMPOS GARCíA SOCIOS DE HONOR: ÁNGEL M.a DE LERA DANIEL SUEIRO FRANCISCO GARCíA PAVÓN JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS EDUARDO DE GUZMÁN LAURO OLMO CARMEN BRAVO-VILLASANTE ELENA SORIANO


SUMARIO 5. Editorial

DEL 98 AL 98 CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA

CUBA 9. El año 98: su impacto inmediato en Cuba 39. El síndrome del 98 en la literatura cubana 59. En torno a Cuba y el 98, desde ahora y desde Extremadura

Ramón de Armas Jorge Fornet Roberto Fernández Retamar

MÁRGENES DEL 98: Antecedentes, epígonos y derivados 75. Galería de raros 91 . Bohemios, malditos y noctámbulos

Juan Manuel de Prada Antonio Hernández

OPINiÓN 103. Sobre el lenguaje del grupo "Cántico». (Neutralización de lo prosaico y comparación metafórica) 113. Literatura, arte y símbolo en Hans-Georg Gadamer 130. La embriaguez de la existencia 133. El despertar de la belleza

Manuel Mantero Juan Manuel González José Elgarresta Víctor Corcoba


CRiTICA .. CREACiÓN "" RESEÑAS .. PREMIOS Gabriela Mistral

137. Poema inédito 139. La última novela de Antonio Hernández: Raigosa ha muerto. iViva el Rey! 147. Antonio Prieto: Cómo narrar desde la tradición clásica 151. "La luna hiena», de José Lupiáñez

José Lupiáñez Juan Manuel González José Enrique Salcedo

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159. acta vio Paz. El mágico placer intelectual de lo poético

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Victorino Polo

INFORMAC I ÓN ACE-CEDRO 175. Los derechos del escritor. El pleito de Javier Marías 179. Información CEDRO La edición en español

lNFORMACIÓN .. PREMI,OS y CONVOCATORIAS íNDICE DE ILUSTRACIQNE,S Portada, Temple Hall. Martí con un grupo de patriotas emigrados cubanos. Solapas. La Habana. Paseo de Isabel 11, 1849. - Bahía de La Habana, 1887. Página 4. José M: de Heredia Página 5. José Martí con su hija María Mantilla. Long Island, 1889. Página 7. Alegoría de la República de Cuba. Página 38. Periodistas en la guerra de Cuba. Página 77. Anuncio de la época. Página 82. Anuncio de la Expo de Barcelona de 1929. Página 88. Naranjera sevillana. Página 90. Grupo de niños p'remiados en Galería de disfraces. Círculo de Bellas Artes. 1929. Página 95. Sus Altezas Reales, las Infantas D: Beatriz y D: María Cristina, en 1917. Página 100. Pío Barcja visto por Ricardo Barcja. Página 101. Final de Fútbol en Mestalla. El Español vence ill Real Madrid en 1929.


EDITORIAL ~

editorial

Continuamos en el presente número de. REPÚBLICA DE LAS LETRAS abordando lo que se ha dado en ll amar Conmemoración del 98, y que nosotros definimos como «Del 98 al 98: Cien años de literatura española e hi spanoamericana». y lo hacemos desde una doble pers-

pectiva: por un lado dedicando el grueso de la prese nte publicac ión a Cuba, co n tres estudios realizados por el hi storiador Ramón de Armas, el escritor y crítico Jorge Fornet y el Director de Casa de

la s Am é ricas. R oberto Fernández Retamar. La importancia de Cuba, de su guerra de Independencia co ntra el colo-

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EDITORIAL

nialismo español y de su vinculación literaria y cultural, económica y humana, a nuestro país, es tan palpable, que hemos considerado necesario incluir estos estudios en nuestros análisis de estos cien años literarios. Recogemos también dos de las intervenciones celebradas en el Círculo de Bellas Artes, bajo el epígrafe de «Márgenes del 98»: las de Ju an Manuel de Prada -grabada y transcrita posteriormente- y la de Antonio Hernández. Ilustra esta editorial la figura mayor que ha dado la literatura y la ética cubana: la de José Martí, al que ya dedicamos una REPÚBLICA DE LAS LETRAS Y que aparece con su hija María. Ilustraciones referidas a la guerra hispano-cubana y de principios de siglo, acompañan el número que se completa con valiosos trabajos sobre Octavio Paz, Hans -Georg Gadamer y el Grupo Cántico. Las secciones de opinión, crítica, convocatorias e informativas completan el prese nte volumen que incluye un poema inédito de la poetisa chilena Gabriela Mistral.


DEL 98 AL 98: CIEN Aテ前S EN LAS LITERATURAS ESPAテ前LA E HISPANOAMERICANA

CUBA ,

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RAMON DE ARf(tA 1, _

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NDEZ RETAMAR


EL 98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA ~

N

el ano 98: su impacto inmediat o

en cuba * ramón de armas

Pocas veces se ha visto en la historia de los pueblos que, triunfante la facción revolucionaria, los vencidos no hayan pasado por todas las consecuencias de la de rrota, y que, como sucede en nuestra república, los que fue ron detrac tores de la bandera insurrecta en todas las ocasiones y po r todos los medios de publicidad, sin haber otorgado

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beneplác ito a la obra redento ra de la

Revolución, sean los primeros en el usufructo del patrimonio a título de albaceas vitalicios de l caudal común, o de mentores capacitados de un país en perpetuaminoría. A j uzgar las cosas por el aspecto que presentan en nuestro escenario político, dijérase que los costosos lau reles adq uiridos po r el so ldado libertador se pusieron mustios el mismo día en que atronó los aires la explosión de la victo ria, para reverdece r, ufanos y perdurables, en las sienes de los réprobos. J OSÉ MIR ó ARGENTER

Ya sa bemos : cuand o e l 15 de fe brero de 1898 es tall aba en la B ahía de La Habana el acorazado estadounidense USS Main e, culm inaba un a época en la hi stori a de Cuba, de España y de los Estados Uni dos, y se ini ciaba otra cuyos efectos serían gradualmente percibidos -más temprano, o más tarde- no só lo en el lejano archipiélago de las Filipinas, yen la herm ana Puerto Ri co, sin o, en grabac iones que habrían de depender de c ircun stancias y peculi aridades naci onales, o region ales, o de la políti ca in tern ac ional, por todos los pueblos del con. Conferencia ofreci da el 6 de jun io de 1996 en el Centro Ex tremeño de Estudios y Co laborac ión Iberoameri cana (CEXECI), Cáceres, España.


tinente am e ric a no -y , finalmente,

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de l pl aneta. Había comenzado la era

e armas

de la expansión abierta y declarada de los Estados Unidos, en pos de su propio predomini o econó mico , y tambi én político. En Cuba co nfluye un a doble circun stancia, que escapa a las posiciones ideológicas y a las preferencias políti cas de cada un o de nosotros, y las trasciende: por un a parte, la de haber servido a los E stados U nidos para transitar -po r primera vez en la hi stori a-

el camin o de la do min aci ón y e l soj uzga mi ento neocol o ni a-

les: por e l otro costado, la de haber producido en su seno, después de un largo período de gestac ión que se re monta a la propi a frustrac ión te mporal del proceso liberatorio organi zado y di rigido en sus ini cios por José Martí, y co mo consecuencia de de te rmin adas co ndi c io nes hi stó ri cas, eco nó mi cas y soc iales , la primera revo lució n soc iali sta de l continente. Por esta dob le ci rcun stancia históri ca, pienso que muy fl aco servicio pres taría yo si al desarroll ar este tema acerca de l impacto inmedi ato del año 98 e n la vid a de la sociedad cu bana de e ntonces , no dej ara apuntad as, al mi smo ti e mpo , aquellas q ue tienen en ese mi smo año 98 un momento de excepcional ev idenci a y que, en mi op ini ó n, constituyen las bases (l as claves) de lo que ha sido la evolución de Cuba durante los cien años que en este curso nos pro pone mos abo rdar. Esta tribuna debe abrir espac io a un am pli o debate de ideas: y e n e l aná li sis de la coy untu ra específica del año 98 que me corres ponde efectuar espero poder dejar sufici enteme nte identificadas alg un as de estas claves hi stó ri cas -pa ra que otros colegas la contin úe n o las rebatan, al igual que ustedes sabrán hace rlo, segú n su entender. En relación con e l año 98 co mo momento histó ri co parti cul ar pudi era comenzar por dec ir que -aunque sus as piracio nes en torn o a Cuba vie nen desde los inicios de l pas ado s ig lo , c uando los prim eros s ue ños in co rporac io ni s tas de Jeffers on, y cuando Adams desp ués proclama su conoc id a políti ca de «la f ruta madura»-, pa ra los Estados U nidos esta guerra co ncreta : la que inici aro n en 1898 , había comenzado al menos 12 años antes, en 1886. Es un ex tenso proceso en e l cual no pode mos dete ne rn os mucho, y en c uya exposic ión s igo e l criterio y los datos de expertos estadounidenses tan incuestionabl es co mo e l Almira nte (ret irado) H. G . R ickover, qui e n afirma que e n nov iembre de 1896 e l Nava l Wa r Co ll ege o Escuela Superi or de Guerra de la Marin a de los Estados U nidos hi zo elaborar, co mo parte de l entre namiento de sus ofi ciales-alumnos, un documento contenti vo de las tres pos ibl es es trateg ias bás icas a segu ir e n aq ue ll a coy untura. Seg ún e l doc um e nto, «lo s E stado s


Unidos podían atacar a España en

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Europa, en Filipinas, o en Cuba y

8: CIEN AÑO S

ramón de armas

Puerto Rico».l Podremos hablar de ello, si así lo desean -como de todo lo demásen el tiempo que tenemos asignado para debates . Pero pienso que aquí debo destacar, al menos, lo siguiente: PRIMERO (y ya usted es lo habrá n notado): De lo que se está hablando ahora, en 1896, es de dónde atacar España, si en E uropa, si en el Pacífico, si en las Antillas. Hasta llegó a elaborarse, por la propia Marina de los Estados Unidos, un plan para «tomar las Islas Canarias como base para las operaciones en aguas españolas».2 Ya no se trata solamente de Cuba: de aquella apetecible «manzana madura» que Estados Unidos cons ideraba, desde tantos años atrás, que algún día debía caer en su regazo. Ahora' la guerra es contra España, y el objetivo postbélico es sustituirla en la posesión de los ·restos de su otrora inmedible imperio, en funci ón de la escalada estadounidense hacia la conversión de la república norteamericana en una potencia mundial. Y SEGUNDO: La desigual guerra que los cubanos desatan en pos de su independencia se había iniciado el 24 de feb rero de 1895: casi dos años antes del análi sis de estas tres variantes. Sin embargo, los Estados Unidos no habían dado muestras de propósito alguno de intervenir (n i de, al menos, terciar, ya que de inmediato se proclamaron «neutrales» en todo lo relacionado con aquel confli cto), por los mismos motivos «human itarios» a los que ape larían después, en 1898 -y a los que, por cierto, aún siguen apelando hoy, en otras y más lejanas latitudes del planeta. Más bien parecía que empezaba a cumplirse la advertencia de José Martí, cuando aún estaba la guerra c ubana del 95 en su etapa preparatoria: «Tal vez sea nuestra suerte que un vec in o hábil nos deje desangrar a sus umbrales, para poner al cabo, sobre lo que quede de abono para la tierra , sus manos hosti les, sus manos egoístas e irrespetuosas».) Y así, si el año 98 había comenzado para los Estados Unidos mucho antes de iniciarse la década de los 90, para Cuba, el 98 había tambi én comenzado desde

, H. G. Rickover, How Ih e Ballleship Maill e \Vas Deslroied, Naval Hi story Divis ion, De partament of the Navy, Washington, D. R., 1976, p. 11. " bid., p. 13. J José Maní, Obras Completas, Ed. Nacional de Cuba, La Habana, 1963-1965, t. 1, pp. 195- 196 ( 1886).

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muchos años atrás, al iniciarse en

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e armas

1868 su extenso período de treinta años de guerra (sólo circunstancialmente interrumpidos) por la consecu-

ción de su independencia' con respecto a España. La última etapa de esa epopeya cubana había estallado en 1895. Y no creo sorprender a nadie si afirmo que el año 98 no fue solamente el de la derrota de España en la guerra que, tras sus territorios coloniales, desataron contra ella los Estados Unidos, sino que fue, además, el año en que Cuba perdió, a manos de la intervenci ón militar de Estados Unidos, la decisiva batalla final de aquellos treinta años de lucha. Trataré de exponerlo en el desarrollo de tres aspectos: l . Que el ordenamiento económico y social históricamente establecido en Cuba no daba espac io, entre los grupos (o clases) poseedores de la riqueza y de los principales medios de producción, para la existencia de una fuerte tendencia política nacionali sta, capaz de defender un desarrollo no-dependiente del país, pero sí lo daba a las más comprometidas posturas antinacionales de las que resultaba la modalidad hegemónica entre ellos: la gran burguesía azucarera productora para la exportación. 2. Que, como consecuencia inmediata del 98, quedaron establecidas en Cuba por el gobierno de ocupación militar de los Estados Unidos (al que en lo adelante solo me referiré como Gobierno de ocupación), las bases del devenir posterior de Cuba durante el presente siglo, y de su acontecer político. 3. Que, desde entonces, la lucha por lo que en la época se llamó -siguiendo a José Martí- «la independencia absoluta de Cuba», y que enseguida habría de convertirse en lucha por el logro de la no-dependencia económica, política y cultural de la nación solamente podría estar a cargo -y lo estuvo- de los gru pos y clases que resultaban excluidos por aquel ordenamiento económico y socia l que, como consecuencia de la intervención militar de los Estados Unidos en el año 98, habría de ser ratificado y quedar consolidado en Cuba.

Los antecedentes de la estructura vigente en Cuba a finales del siglo XIX, y determinante, en última instancia, en los acontecimentos que viabilizaron, en el plano político interno, la frustración de la guerra cubana del 95, y el surgimiento de una república dependiente y neocolonial, son -en sus rasgos más generales- similares a los que han tenido validez en todo el mundo colonial hispanoamericano.


A lo largo de todo el exte nso período

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colonial , los te rritorios españoles de

8: CIEN AÑOS ramón de armas

A mé ric a fu e ron constitu yéndo se e n parte integrante de un si stema intern acional de re laciones mercanti les que -ligado al avance gradual de la producc ión e uropea- fue defini é ndose co mo un me rc ado mundi al en desarroll o. Había sido su propi a inclusión violenta (a través del «Desc ubrimi ento») en la vida económi ca e uropea, la que había servido de base a la conformac ión paul atin a de ese mercado mundi al.· De su condici ón inici al de economías centradas alrededor de la ex tracc ión de meta les prec iosos que nutren aquel desarrollo e uropeo, las coloni as hi spanoame ri canas devinieron economías ori entadas haci a la produ cc ión para la ex portac ión de aquell as materi as y productos natural es que Europa demanda, y fu ero n constituyéndose, además, en signi ficati vos y rec ientes mercados de consumo para los artíc ul os manufacturados del Viejo Contin ente. Basada en la propiedad lati fund ia ri a de la tie rra, la producc ión para la ex portación nucleó a su alrededor a terrateni entes ya cri oll os (y a co merciantes importadores o ex portadores cri oll os y españoles), al mi smo ti e mpo que surgían los primeros asomos de un a «burgues ía industri al» que, de ntro de las condi ciones de la época, preparaba rudimentari ame nte las materias prim as para ser ex portadas. E l mercado interno -limitado o inhibido por esa di stribución latifundi ari a de la ti erra que impide el desa rroll o de un num e ro so ca mpes in ado con sufic ie nte capacidad de con sumo- se nutri ó prin cipalmente de artícul os manufacturados metropolitanos, e in gleses y franceses, que ll egaban a las co loni as a través de la orga ni zación monopólica come rcial es pañola. Se co merc ió, ade más, directame nte, con la naci ón que había alcanzado el mayo r desarroll o e n la época: se comerci ó, de contrabando , con los in gleses. Conjugados, todos estos factores condi cionaron un grado de desarro llo en ex tremo incipi ente - yen ex tre mo dependi ente-

del artesa nado, la peque ña bur-

gues ía, la burguesía comerci ante inte rn a, y el ca mpes in ado. Y as í, el luga r que correspondi ó al conjunto de las co loni as es pañolas de Améri ca en la di stribu-

Para un abord aje más a mplio de las ideas aquf sintetizada s, ver e l capftulo «La co lonia qu e ha sobreviv id o e n la Rep úbli ca», en: Ramón de Armas, La re volucióll pospuesta: conten ido y alcan ce de la revoluciól/ martiall a por la il/ depel/dencia, Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, ps. 11 -34.

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DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS

ción internacional del trabajo y de la

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producción, determinó el predominio económico interno de las clases que producen para la exportación.

En Cuba, con la expansión de la producción azucarera de las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX, comenzaron a tener lugar en la economía de la colonia los fenómenos que para el conj unto de los países hispanoamericanos sólo llegarían después de su constitución como repúblicas: la orientación monoproductora de sus economías, y la consolidación y reafirm ación de un a estructura productora orientada hacia la exportación. En el caso de Cuba, y por moti vos que no podremos analizar aquí, se trataba de la producción y exportación de los azúcares y mieles requeridos, fundametalmente, por el mercado estadounidense. Al mismo tiempo, conjuntamente con otras circunstancias, ello marcó para la colonia cubana el surgim iento de la verdadera dimensión económica dellatifundio como fundamental medio de producción dentro de la estructura productora para la exportación, y -ante todo- como medio de coerción económica capaz de asegurar a la producción azucarera, dada la carencia de tierras ocupables o utilizables, la mano de obra li bre tan escasa y necesaria en la colonia. Ello impidió lo que sí sucedió en Europa, y en la América del Norte: en Cuba, la estructura productora no dio espacio, o cabida a la proliferación de un amplio campesinado, sin el cual están excluidos -porque no ex isten los comprado res- la conformación y el desarrollo de un ampli o mercado interno de consumo , y la evolución ulte rior hacia un desarrollo polifacé tico y equibrado de un a economía nacional no-dependiente. Durante el mismo período, queda a su vez fijada la connotación importadora inhe rente a la orientación ex portadora de su economía: antes de terminar el siglo XVIII , ya Cuba importaba, en la misma medida en que importaba azúcar, productos de los que pocos años atrás aún se autoabastecía. 5 U na buena parte de lo importado era ya de procedenci a norteamericana: hacia 1828 , de Estados Unidos procede el 39 por ciento del total: de España, sólo el 26 por ciento. Alejandro de Humboldt advierte -en 1829- esta deformidad productora cubana: «nos e ncontramos con una importación anual de comestibles de s iete y medio millones de pesos » que «exige anualmente a l comercio exterior una

, Ver: Manuel Moreno Fl'uginals, El il/g el/io: el complejo económico-social cl/bal/o deL azúcar, t. 1 ( 1760-1 860), Comisión Nacional Cubana de la UNESCO, La Habana, 1964, pp. 19,27, 77,97 Y Olras.


pobl ación de me nos de un mill ón de

DEL 98 AL 98 : CI EN AÑOS

ho mbres libres, co loca d a s obre e l

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sue lo más fertil , y el más capaz, por s u ex te n s i ó n , d e a lim e nt ar a un a po bl ac ió n po r lo me nos se is veces más considerabl e».6 A s u vez, e l es p a ñ o l R a m ó n d e la Sagra -que nos estudi ó y nos conoció bien- ratif ica en 1860 que Cuba está importando «a prec ios crec idos un sinnúmero de obj etos para la subsistencia y para la industri a, que los ca mpos pod ían sumini strar cas i espontánea mente».7 La vin cul ación co mercial con e l me rcado de los Es tados Unidos ha ido aco mpañada de un a c rec ie nte parti cipac ió n de capital es tadounidense en el auge de la industria azucarera c ubana, junto con el cap ita l crioll o y e l español.

y al ini ciarse la última década de l siglo XIX, ya se ha definido en Cu ba, en sus rasgos fu nd ame ntales, un a estructura econó mi ca ori entada con carácter excl usivo hac.ia la prod ucc ión para la exportación -y están co menzando a darse, además, las c irc un s ta nc ias para su abo rció n po r el ca pita l mo no poli sta de los Estados U nidos. Se trata, en rea lidad, de un a estructura eco nóm ica q ue, basada en e l lati fundi o y en la producción para la ex portac ión, impide e l desarroll o intern o de un a prod ucc ió n nacional para un mercado nac ional -y genera, constan te mente, depe ndenc ia. En efecto, firm e me nte asentadas e n la pro pi edad lati fund iaria de la ti erra, la burguesía terrate ni ente cri oll a, la bu rg uesía azucarera y su co rrespond iente burguesía co me rciante, son portadoras de las relac iones econó mi cas y políticas de de pende ncia con e l país que constituye su princi pal mercado, y cuyos represe ntantes loca les y soc ios menores son. En e ll o, ya se han disue lto las di fere ncias . en tre c ri ollos y españoles, antes vigentes en e l contexto colonia l: en ese sentido, ambos son tan cubanos -o tan anticubanos- como los in tereses que representa n. En su conjun to, todos estos grupos o sec tores de las clases poseedoras de Alejandro de Humbo ldt, Cl/adro estadístico de la Isla de Cl/ba: 1825- 1829, Bayo Libros, La Habana, 1965, p. 78. Ordenadas de acuerdo al monto de cada rubro o regl ón: Alimenticios: Harinas, arroz y legumbres secas ; vinos, licores, aguardientes, aceites; mantequilla, queso; tasajo y jamones; reses , corderos, e tc.; bacalao, pescado sa lado o seco: fru tas secas; ultramarinos. Ma l/l/fact l/ rados: tejidos de algodón y lino; seda: telas de lana: peletería y cueros; madera ex tranjera lab rada o e n tablas . Otros: metales, oro y plata . (p.76). 1 Ramó n de la Sagra, Cl/ba 1860, Com isión Nacional Cubana de la UNESCO, La Haban a, 1963, p. 200.

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los medios de producción componen una gra n burg uesía an tinac ion al que realiza su producción en un mercado exterior condicionado por circ unstan-

cias in te rnacionales, donde sus naturales objetivos de obtención de ganancias máxi mas só lo pueden lograrse mediante e l soste nimi ento de un altísimo ni vel nacional de desempleo entre los trabajadores de su propio país, y un ampli o mercado de fuerza de trabajo barata dentro del mi s mo, con la consiguiente reducción ex tern a de l poder adqui s itivo de las masas trabajadoras y su virtual elimin ación como cons umid ores sign ificantes en e l mercado interno . La condición fundamental de su éxito como productores para la exportación es el abarata miento mayor porsib le de sus costos de producción, yeso sólo pueden lograrlo con la conservación de la propiedad latifundi aria de la tierra que -como instrumen to o medi o de coerc ión económica, pe rmite la ex istencia de grandes masas desprovistas de tierra y de todo otro medio de prod ucción, y obligadas por ta nto a vender su fuerza de trabajo a un precio mínimo, o a entrar en formas semifeudales de relación con los terratenientes latifundi stas. Internamente, estos productores para la ex portac ión son ene migos radi ca les de todo desarrollo industri al armó ni co que pueda contribuir a elim inar e l desequ ilibrio eco nómico interno; y de hecho impid en este desarrollo mediante la conservación de un siempre decreciente poder adqui siti vo en las grandes masas. Constit uye n, en e l c uadro económico y soc ial de Cuba (como e n su caso y momento, en el resto de lo países iberoamericanos) el e lemento portador de la necesidad histórica que determ in a e l desarrollo unil atera l y deforme de la producción en nuestras tierras de América , efectuando e l vínculo entre su propi o país y las economías e in te reses ex tranjeros de los cuales dependen, y en funci ón de los cuales están. Como recordaba Roberto Fernández Retamar, en 188 1 e l Cónsu l norteameri cano en Cuba ya había podido decir: «comercialmente, Cuba se ha convertido en una depe ndencia de los Estados Unidos, aunque políticamente conti núa dependi endo de España» .8En efecto, hacia 1884, los Estados Unidos absorbían el 85 por ciento de la producc ión total de Cuba, y el 94 por cien to de su producción de azúcares y mieles .9 Para Cuba, ello sig ni ficó que, también e n lo adela nte, la economía continuaría creci endo deformada y con absoluta dependencia de los intereses estado uni den-

UI/ited States COl/ sular Reports, 188 1. Aplld. Lenand H. Je nks, ' Nuestra Colol/ia de Cuba, Ed. Palestra , B.s. A.s., 1959, p. 61.


ses. El país se convirtió en un sumi-

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nistrador de azúcar a bajos precios ,

8: CIEN AÑOS ramón de armas

una reserva para el abastecimiento seguro en caso de guerra, y un nuevo mercado para los excedentes financieros y la producción agrícola e industrial de lo s Estados Unidos.'o Pero, para lograrlo, estos hubieron de garantizar primero -en un país cuyas grandes mayorías aspiraban a terminar con la exclusión de que eran objeto dentro del statu quo hasta entonces vigente- la hegemonía política interna de la (desde luego) minoritaria gran burguesía antinacional cubana aliada suya.

11 Desde 1886 -casi 10 años antes del inicio de la revolución de 1895- José Martí había alertado de dónde provenían los peligros que podían conducir a la frustración del movimiento independista cubano, y de los objetivos revolucionarios de justicia social en él contenidos. Ha comprendido muy a tiempo los intereses que se mueven en torno al problema de la independencia de Cuba, y, «v iendo cómo [los Estados Unidos-RA] subordinan a la hacienda la política», ha entendido, también, que «jamás, salvo en lo recóndito de algunas almas generadoras, fue Cuba para los Estados Unidos más que posesión apetecible, sin más inconveniente que sus pobladores». " Pero sabe, además, que la revolución ha de hacerse «no para los que sólo ven en la guerra el adelanto de su poder o de su fortuna»,' 2y ha encaminado toda su actividad -y así lo plantea desde 1887- a «emplear el tiempo que nos queda, en impedir, con una conducta enérgica y previsora, que la revolución que ya se nos viene encima fracase por precipitación o mala dirección nuestra , como ya esperan nuestros astutos enemigos, o caiga, por no haberla sabido dirigir nosotros, en un grupo de cubanos egoístas, que no la han deseado jamás, ni comprenden su espíritu, ni llevan la intención de aporvechar la libertad en beneficio de los humildes, que son los que han sabido defenderla»:') ha encaminado su

10 En torno a las ideas aquí si nteti zadas, ver el capítulo <<la neocoloni a cubana» en: Ramón de Armas, op. cit., pp. 35-56. 11 José Martí, op. cit. , t. 1, p. 195 ( 1886). 12 [bid. , 2, p. 212 (1887). IJ [bid.

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acción revolucionaria -hoy puede

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verse así con claridad- a impedir la caída del poder político en manos de los representantes de los sectores

antinacionales de la burguesía cubana de la época, que se agrupan, fundamentalmente, en el Partido Liberal Autonomista. Habrá en la guerra, desde luego, importantes figuras que serán los portadores de aquella ideología nacionalista que puede corresponder a los potenciales integrantes de un sector de la burguesía productora para el mercado interno, y defensora de un desarrollo no-dependiente del país. Pero, políticamente débil -a consecuencia de su extrema debilidad económica y de su falta de basamento soc ial-, su tendencia es a excluir de la dirección política de la revolución, y no a incluir en ella, a todo elemento directa o potencialmente radical, y naturalmente inclinado a favorecer o auspiciar transformaciones trascendentes de un ordenamiento económico y social del cual no son, en modo alguno, beneficiarios. Los mecanismos implementados para esa exclusión abren, sin embargo, el camino a la penetración política y a la participación real de la burguesía vinculada a la producción para la exportación en los organismos de dirección de la revolución. No podemos detenernos aquí en ese proceso l " pero sabemos que ésta es, dentro de la burguesía cubana, la modalidad hegemónica. Políticamente reaccionaria y sustentadora del autonomismo antiindependentista en la colonia, es defensora a ultranza de la condición dependiente y del ordenamiento social que de ella resulta, y está íntimamente vinculada en su actividad productora a la economía extranjera desarrollada a cuyo servicio está: la economía norteamericana. De ese modo, la intervención de los Estados Unidos en la guerra revolucionaria cubana en el año 98 -y el período de ocupación militar que entonces se abre-, además de resultar una continuación consecuente de la política por ellos sostenida en relación con Cuba durante todo el siglo XIX, representó , en el plano económico interno, el afianzamiento de las relaciones de dependencia con respecto a los Estados Unidos, y de aquella estructura económica -orientada casi exclusivamente hacia la producción para la exportación- que genera dicha dependencia. Y en el plano político representó, para Cuba, la continuación y consolidación del predominio del sector antinacional de la burguesía cubana, y

" Remito al lector al capítulo «La guerra: la doble fru stración », en : Ramón de Armas, Op. cit., donde se analiza este proceso. Ver en particular pp. 91-126.


de sus voceros y representantes políticos: los antiguos autonomistas, refor-

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mistas, integristas y anexionistas de definida y sostenida posición antirrevolucionaria y antiindependentista. En lo uno y en lo otro, el capital estadounidense pudo contar con el apoyo irrestricto de sus aliados naturales cubanos. Ha sido excepcionalmente evidente la disposición y vocación a favor de la anexión o cualquier otro tipo de dependencia política manifestada por importantes figuras surgidas del autonomismo o del reformismo, o ya procedentes de las propias esferas de la dirección civil de la revolución como consecuencia de su paso oportuno (y oportunista) a la misma a partir de 1896- han sido y continúan siendo representantes de esa gran burguesía antinacional que, temerosa y asustada ante el despertar revolucionario de las mayorías nacionales de excluidos por el ordenamiento social y económico de la colonia, no vacila ahora en ahogar abiertamente por cualquier tipo de dependencia política que garantice su hegemonía como clase, la conservación de ese ordenamiento, y su propia vinculación económica ininterrumpida con los Estados Unidos. Citaré solamente un ejemplo, el de José Antonio González Lanuza. Exautonomista, secretario del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York después de la muerte de Martí (y bajo la presidencia de Tomás Estrada Palma), miembro de la Asamblea de Representantes disuelta en 1898, y Secretario de Justicia e Instrucción Pública del Gobierno de Ocupación, no vacila en definir del siguiente modo su posición ante las dos reclamaciones más importantes del independentismo cubano en el momento: «primera, que la intervención americana debe cesar en Cuba lo antes posible (cuanto antes mejor); y segunda, que este país debe constituirse, en el más breve período, en un Estado soberano cuya soberanía, completa, total , no esté sometida a ninguna limitación. No estoy conforme con ninguna de ambas afirmaciones capitales [oo.] Preveo que usted dirá que soy partidario del 'protectorado'. Sea; no discutiré el nombre; hasta confesaré que me parece propio y adecuado a la cosa [oo.] Nuestro íntimo contacto y relación permanente y sólida con los Estados Unidos es cosa ya definitivamente establecida, real y verdadera, traída, preparada, producida al par que por razones geográficas, por una larga serie de acontecimientos históricos; hecho que tomará ya unas , ya otras formas, pero que no nos es dado borrar, ni mucho menos desacaecer. ' 5 " La cita está recog ida po r Rafael ManÍn ez Oni z, Cuba: Los prim eros O/ios de independencia, Editori a l Lux . París, 1921 , t. 1, p. l SS .

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III

Después de usurpar el poder político y garantizar la dirección del Estado cubano por la vía de la fuerza militar y del no-reconocimiento del Ejército Libertador que los recibió como aliados al intervenir en la guerra de Cuba contra España , desde el instante mismo de esa intervención los Estados Unidos acometieron las dos tareas principales a que los abocaba su nueva situación de dominio. Por una parte -y como la más urgente tarea- tienen ·ante sí la desactivación de la revolución de 1895, tanto en lo referente a sus organismos de dirección política como en lo relativo a su organización militar. Por la otra parte, ha de garantizar la consolidación y el perfeccionamiento de la estructura dependiente, previa la introducción de las modificaciones convenientes en la organización polític a de la sociedad cubana -que el casi inevitable triunfo revolucionario puso en evidente peligro-, y que ahora, liberada también de los obstáculos que la dominación colonial española inevitablemente implicaba, debe convertirse en la más efectiva expresión de sus propios intereses de dominación , y de los intereses subordinados del sector de la burguesía cuya hegemonía es ratificada por la solución antirrevolucionaria del proceso iniciado en 1895. Poco más de tres años bastarían al Gobierno de ocupación para alcanzar el cumplimiento de estos dos objetivos fundamentales. La di solución y desarme del Ejército Libertador, la neutralización del Generalísimo Máximo Gómez -su principal figura dirigente-, y el descrédito, la desmoralización y la p'osterior autodisolución de la Asamblea de Representantes que en 1898 sustituyó al Gobierno de la República en Armas , fueron el dificilísimo resultado directo de las hábiles maniobras desplegadas -desde sus posiciones de ocupante militar- por e l Gobierno de ocupación durante los primeros meses de 1899. 16 La di spersión de l Partido Revolucionario Cubano fundado y organizado por Martí entre la emigración cubana y puertorriqueña -y que es disuelto en los últimos meses de 1898 , aún antes de instaurado en Cuba aquel mismo gobierno-, había sido, a su vez, un valioso servicio que prestó a los Estados Unidos quien habría de ser su hombre de confianza como primer presidente de la repúbl ica neocoloni al: Tomás Estrada Palma. Con el PRC desaparecía la organiza-

" Un aná li sis más detall ado de este proceso puede verse en: Sergio Aguirre, «La desapari ción del Ejército Libertador», en su: Eco de camin os, Editorial de Cie ncias Soc iales, La Habana, 1974.


ción que debió haber constituido dentro de las circunstancias cubanas del

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momento- la principal fuerza política de oposición a la reacción pronorteamericana en el poder. No sería dable intentar ahora, dentro de los marcos de esta exposición necesariamente reducida , un análisis pormenorizado de cada una de las modificaciones institucionales introducidas por el Gobierno de ocupac ión en la reorganización del aparato estatal cubano conforme a sus intereses de dominación(J7 Pienso que, sin embargo, sí puedo intentar al menos una puntualización de las principales medidas que le permitieron, en el plano político y en el plano jurídico, llevar a vías de hecho la consolidación de ese dominio. A mi ver, sus acciones más importantes en esa dirección fueron las sig uientes: 1. Conservó las estructuras jurídicas fundamenta les sobre las que se asentaba la dominación colonial española en Cuba, y ratif icó la legislación vigente hasta entonces, complementando su eficiencia por medio de Órdenes militares (eufemísticamente ll amadas Civi l Orders) emitidas en su ca lidad de autoridad suprema sobre e l territorio ocupado, y representante directo del presidente de los Estados Unidos. 2. Conservó el viejo aparato de gob ierno español, al mismo tiempo que dio inicio a la introducción grad ual de modificaciones en la división político-administrativa del país. 3. Llevó a cabo la total militarización de los gobiernos provinciales, cuya autoridad suprema quedó a cargo, sin excepción , de generales del ejército estadounidense de ocupación. 4. Ratificó en sus cargos a los funcionarios loca les que ocupaban posiciones oficiales durante el breve período de Gobierno Autonómico que había tenido . lugar durante los últimos meses bajo la soberanía española en Cuba.

5. Designó, de manera mayoritaria, a antiguos autonomistas, reeformistas , integristas y anexionistas en las más importantes posiciones del aparato de gobierno creado durante la ocupación. (Esto no excluyó que también fueran utilizadas algunas fig uras procedentes de las fi las del independentismo , cuidando de neu-

17 Remito al lector a mi: «Esquema para un análi sis de los partidos po líti cos burgu eses en Cuba: antecedentes , surg imiento y princip ales característi cas (18 99- 1925)) , en: Ramó n de Armas y otros, Los partidos políticos burgueses en Cuba neocolo/lial, / 899-/ 952, Ed . de Ci e nci as Soc iales, La Habana, 1985.

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trali za r s u pres e ncia con la de los ante riormente mencionados). 6. Estableció un código electoral que restringía fu e rte mente e l derecho al

voto y lo limitaba a aque llos cubanos de sexo masc ulino, mayores de veintiún años, que supieran leer y esc ribir y que poseyeran capital o bienes valorados en doscientos cincuenta dólares o más. (A unque de es tos requi sitos estaban excluidos los c iud adanos que pudi e ran de mostrar haber combatido en las filas del Ejérc ito Libertador, semej antes restri cc iones, rec ién terminado un extenso período de guerra que afectó y devastó a todo el país, hicieron posible que en las elecc ion es parciales de junio de 1900 só lo pudi e ra votar e l 7 por 100 de la pob lac ión cubana . Para ser más preciso: de un total de 1.572.797 habitantes, só lo pudieron inscribirse 150.648, y votaron en las elecciones 110.8 16. A su vez, segú n el Censo de pobl ac ión de 1899, de un total de 127.298 habitantes negros en edad electoral, 96.463 (o sea, el 75 por 100) no podrían votar, por ser ana lfabetos . 18 O dicho e n pocas pa labras: adoptó un conjunto de medidas políticas directamente enca minad as a garanti zar -como era su propósi to- la superv ivenci a de l statu qua productivo de antaño establecido; la organización económica y soc ial hi stóricame nte constituid a en aquella colonia española que de hecho era una dependencia económ ica de los Estados Unidos cuando aún no había dejado de ser un a dependencia política de España. A su vez, la base legislativa impuesta hizo posible, al mi smo tiempo, sancionar jurídicamente la ace lerada e incontenida penetrac ión económica que acompañó desde los primeros momentos a la ocupación militar (algunos le han llamado a sus portadores «el segundo ejérc ito de ocu pac ión»), y dar la necesaria ex presión jurídica a las modificaciones que estaban teni e ndo lugar en la esfera de la economía.

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" Historia de Cuba , MINFAR, [La Habana, 1967], pp . 524-526. " Este conjunto de medidas permitió a los Estados Unidos reducir PRONTAMENTE EL NÚMERO DE SUS EFECTIVOS MILITARES EN CUBA. En tre dici embre de 1898 y febrero de 1899 habían enviado a Cuba 15 regimi e ntos de infantería, uno de ingenieros, y cuatro batallones de artill ería : una fuerza considerab lemente mayor que la utili zada para intervenir en la guerra. El número total de sus efectivos militares en Cuba se calcula en 24.000 a principi os de 1899, es e levado a 45.000 e n marzo. y queda reducido a 11.000 antes de qu e termine el año. (Ver: Leza no H. Jenks, op. cit., p. 84, y Hu gh Thomas, Cuba or tiJe Pursuit oJ Freedolll, Eyre & Spott iswoode, London , [1971], P. 438.) Para las orde nes militares de l Gobierno de ocupación hemos utili zado e ntre las dive rsas recopilaciones existentes: Cuba. Gobernador militar, 1899- 1902, Civi l OnJers, [Havana, 1899]. y C uba. Leyes, decretos, etc., Colección Legislativa de la Isla de Cuba: Recopilación de todas las disposicion es publicadas en la Gaceta de la Habana, 1899, establecimiento tipográfico de la Gaceta de la Haba na, LaH abana, 1900, 3' ed ici ó n.


Así, fue a través de Órdenes militares

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tales como las números 34 y 143 , por

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ejemplo, que se garantizó, respec tivamente, el predominio del capital estadouniden se frente al in g lés e n la a mpliación de la red ferrocarrilera que habría de posibilitar ab rir a la ex plotació n azucarera nuevas regiones del territorio cubano, y se confirió carácter legal a las numerosas concesiones mineras que e n poco tiempo pu sieron en manos de las grandes e mpresas estadounidenses la reserva min eral de l país. Otras Órdenes militares, tales como la número 62, por ejemplo , s irvieron de base jurídi ca para privar de tierras a numerosos pequeños propietarios agrícolas, y viabilizaron las confo rmación de l nuevo latifundio neocoloni al imprescindible a un competitivo desarrollo ulterior de la producc ió n azucarera cubana, a cargo esta vez de grandes o medianas compañías es tadounidenses. La inmediata rebaja unil ateral de los arance les c ubanos a favor de los artícul os y productos nortea mericanos (decretada en los primeros momentos de la oc upación) habría de serv ir, e ntre otras, para la consecución de un doble fin . Por un a parte, ratific ar ante la gran burgues ía antin ac ion al cubana (o sea, ante la burguesía azucarera productora para la exportación) la efect iva vinculación total de sus destinos econó mi cos al poderío de su ya ento nces anti gua metrópoli co mercial. Y por e l otro costado -y esto no es menos importante-

gara nti zar la e li-

minac ión , a través de un a inconte nibl e avalancha de productos manufacturados y artículos industriales nortea meri canos, de toda posible competencia extranjera (o sea, no estadounidense) en e l mercado cubano . Pero, ante todo, con ello se log raba reducir al mínim o (o, de hecho, elimin aba) toda posibilidad rea l de surgimi ento y desarro ll o de una burguesía cubana productora para mercado inte rno, cuyos gérmenes aú n habían tenido oportu nidad . de aso mar durante e l período de dependencia coloni al co n respecto a España, y cuya ideo logía política había estado tamb ién presente -como ya he mencionado- en los contenidos naciona li stas de la revolución independenti sta de 1895. Logrados es tos aseg ura mi entos ini cial es básicos en la esfera del orde namiento político y jurídico -y en la esfera econó mi ca-, pudo e ntonces el Gob ierno de ocupación proceder a dej ar sentadas las bases para la in st ituciona li zac ión definitiva de la «democracia representativa» próxima a inaugurarse en Cuba. La Asamblea Constituyente e lecta en septiembre de 1900 -en cuyo seno confluyeron tanto representantes políticos de la gran burguesía antinaciona l como

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ramon

los más honestos voceros de las tendencias nacionalistas participantes en

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la revolución- adoptó, después de tres meses de trabajo, una Ley Constitucional de corte liberal que seguía muy de cerca el modelo de la Ley Fundamenta l de los Estados Unidos. Nada en esta Constitución afectaba -ni podía afectar-, siquiera someramente, el orden a miento económico y social heredado. Todo intento de imprimirl e algún contenido nacionalista, de defensa del interés nacional, había resultado frustrado. Allí estaban, para garantizarlo (y para seña lar los límites a las aspiraciones transformadoras -o simplemente reformistas- de algunos voceros de los intereses nacionalistas más sanos) los representantes políticos de la gran burguesía antinacional. Los mismos que habían abogado por la autonomía bajo la soberanía española, ahora -desde las posiciones de poder implícitas en la ocupación militar de la isla por su s socios económicos-

podían poner condiciones para la futura retira-

da de los ocupantes y el establecimiento de una entidad republicana. Cito a uno de ellos: «La Revolución separatista no .fue más que un movimiento político que tenía un fin único: el de hacer nuestra independencia, poniendo término a la soberanía de España en Cuba [ ... ] La fórmula de independencia fue su sola bandera. Ni anunció ni tuvo el propósito de traer una revolución en la esfera religiosa , de producir una sub levación del orden social que existía, de reformar nuestras instituciones jurídicas fundamentales, de alterar las condiciones históricas en que se desenvolovió nuestra vida colectiva: no quiso alterar y reformar sino lo que fuera necesaria consecuencia de la extinción de la soberanía española y de la fundación de un gobierno repub li cano independiente. Así, por lo menos, se anuncio la revolución: yen esto y sólo en esto nos asociamos hoy los que le fuimos opuestos, » 20 No era cierto. Pero sabían que la presencia militar de su ya antigua metrópoli verdadera podía imponer esa «asociación », antes siempre negada, y garantizar su continuidad en el poder: y pueden por ello rechazar, amenazantes, todo intento de influencia y representación de cualqui er críterio renovador por parte de los elementos revolucionarios, a favor de la inclusión de los intereses históricamente excluidos por aquel ordenamiento. Ahora pueden definir los «objetivos» de la República que combatieron, y reducirlos a los suyos propios. Y no hay rubor al declarar que «este pueblo está

lO

El iseo Giberga, Obras, Rambl a, Bouza y Ca., La Habana, 1931 , l. 2, p. 350-351.


resuelto hace muchos años a realizar

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el ideal de los pueblos libres [ ... ], y

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ha demostrado su deseo de gozar del derecho de votar sus impuestos, hacer sus aranceles, fijar su sistema rentístico y tributario, establecer sus relaciones comerciales, hacer sus tratados de comercio y nombrar sus empleados». Ahora exigen que sea oída «la voz siempre respetable de los hacendados [o productores azucareros y agricultores] [o productores latifundiarios-ra] de la isla de Cuba, dueños de la tierra , poseedores de la industria fundamental del país y elementos de arraigo a quienes hay que reconecer el derecho a proclamarse, con razón, los más interesados en la libertad, el reposo, el progreso y la ventura de una tierra con la que se encuentran íntimamente ligados».

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Ahora, lo que se plantea en la Asablea Constituyente por los representantes y defensores del statu quo dependiente cubano es, precisamente, la inversión más absoluta del reclamo martiano de una república «con todos y para el bien de todos», tras la cual se habían lanzado a la lucha las más amplias mayorías de la población cubana. Ahora, son ellos los que dicen: «En Cuba [ ... ] sólo será posible fundar una patria para los cubanos, cuando se funde por todos y para todos. [ ... ] No: aquí no se ha de fundar una República que para unos sea y no para otros: aquí se ha de fundar una patria para todos; o nada, óigase bien , nada, se podrá fundar j amás. »" Allí está, para garantizarlo, el Gobierno de ocupación militar de los Estados Unidos en Cuba. La república cubana ya no podrá ser aquella de independencia absoluta conscientemente postulada por el proyecto revolucionario martiano. Ahora la república -para llegar a serlo- habrá de aceptar ceñirse al nuevo modelo que en esos momentos nacía: el de una república neocolonial. Demasiado grande era el riesgo de que las imprecisas aspiraciones revolucionarias de las masas populares -y los propios objetivos nacionalistas de los sectores burgueses excluidos o marginados por la estructura productora vigenteafloraran nuevamente a la superficie una vez inaugurada una república independiente. Y faltaba aún a esa futura república el ejército permanente que es el instrumento fundamental de la fuerza del poder estatal. " Rafael Fernández de Castro, Para la historia de Cl/ba , la propaganda literaria, La Habana, 1899, t.I , pp. 480 Y 491-92, respectivamente. 12 Eliseo Giberga, op. cit. t. 2, p. 347.

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A mi entender, este es un momento de importancia mayor para la comprensión -y para la explicacióndel carácter de la república que como

consecuencia del año 1898 iba a quedar instituida. El autonomismo cubano había aspirado a conservar el ejército colonial español como brazo armado de la bur"g uesía cubana productora para la exportación en la defensa del orden económico y social establecido. Derrotado ese ejército, los Estados Unidos, y la gran burguesía antinacional cubana que le es aliada, no se habían atrevido a mantener las armas en manos de la tropa de excluidos que constituía el Ejército Libertador que se enfrentó militarmente al ejército español (y aquí estoy incluyendo también, entre los excluidos, a aquellos sectores que resultaban los únicos posibles portadores de una ideología nacionalista). No se atrevían tampoco -desde luego- a organizar y armar nuevamente a parte alguna (aunque fuera reducida) de las masas populares, más allá de la creación de una poco numerosa guardia o policía rural, y una policía urbana de restringido alcance municipal, y compuesta mayormente por españoles. Dentro de la realidad cubana -y a pesar de la intervención-, el Gobierno de ocupación está, ciertamente, imposibilitado de ir a la formación de un fuerte ejército nacional capaz de servir de brazo armado a esa organización económica y política de la sociedad que les interesa mantener intacta, y que, en su propio beneficio, debe ser ratificada, y quedar consolidada. En el contexto cubano que sigue a la intervención del año 98, la única clase social capaz de abogar sin vacilaciones por la conservación del statu quo y de la dependencia respecto a Estados Unidos -la gran burguesía antinacional cubana- no sólo carece en lo absoluto de todo apoyo o basamento social, sino que tiene la oponsición expresa de las demás clases y sectores de la sociedad no vinculados a ella. Los Estados Unidos habrían entonces de necesitar de su propio ejército -el ejército norteamericano--, sus propios mandos militares, y sus propios soldados de fila, para garantizar la continuidad de su dominio, y la permanencia en el poder de sus representantes y asociados menores dentro de la antigua colonia española. Pero además hacerlo sin concitar la oposición de la s potencias europeas que han seguido de cerca el desarrollo de la lucha cubana, y recelan de los verdaderos intereses de la entonces aún


no significativa potencia norteamericana al intervenir en aquella guerra de

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Cuba por su liberación nacional. El mecanismo para conjugar la dependencia real y la independencia formal, estaba ya ideado -y las vías por las que habría de llevarse a cabo el sojuzgamiento neocolonial de Cuba estaban ya definidas

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mucho antes de que

el conjunto de artículos que los resumía, y que sería conocido como Enmienda Platt, le fuera entregado a la Asamblea Constituyente por el Gobernador militar Leonard Wood para su aprobación literal (lograda no sin la protesta de voces patrióticas en el seno de la Asamblea y no sin la oposicón intransigente de algunas prestigiosas figuras del independentismo cubano): la Enmienda, entonces, fue condición sine qua non para la posterior entrega de la dirección del nuevo Estado (supuestamente) indepeódiente a manos (supuestamente) cubanas. Entre los ocho artículos que -como aspectos principales- prohiben a Cuba concertar tratados o convenios con otras naciones y contraer deudas públicas, obligan a la cesión de parte de su territorio para estaciones navales norteamericanas, e imponen la validez de todos los actos realizados por el Gobierno de ocupación, y de todos los derechos adquiridos en virtud de ellos, se destacaba muy en particular el Artículo tercero como verdadero núcleo de la Enmienda, y como expresión sintética de las nuevas relaciones de dominación que habrán de ser conocidas más tarde como neocoloniales. Cito textualmente este artículo: Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección. de vidas, propiedad y libertad individual , y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas por el Gobierno de Cuba. [Quizá no sea suficientemente conocido que a Cuba no se le permitió participar con representación alguna en las negociaciones de dicho Tratado. RA.]

Ver, por ejempl o: <<Info rme de Elihu ROOl, secretari o de la gue rra de 105 Estad os Unidos, a Leo nardo Wood, gobern ador mili tar de Cuba (9 de febrero de 1901 )>> e n : Horte nsia Pi c hard, Docl/l1Ielllos para la Historia de Cl/ba. Ed . de Cie ncias Soc iales , La Habana, 1971, l. 11, p. 107. Según ROOl, «El pueblo Cuba no debe desea r que e n su Ley fund a me ntal se incorpore n prescripciones que en subst ancia sean como sigue [ ... ] » (El subrayado es mío- RA).

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Los argumentos «justificativos» ofi-

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ciales y semioficiales esgrimidos por los Estados Unidos insistían ampliamente en su interés por mantener ale-

jada de Cuba a toda otra potencia extranjera, y en la supuesta defensa de la «integridad nacional » de la nueva república en relación con dichas potencias. Pero todo ese ropaje monroesco abiertamente desplegado servía para ocultar intencionalmente los poderosos segundos objetivos de los Estados Unidos en Cuba: ahora podrían movilizar su propio aparato militar -con la plena sanción del Derecho Internacional- cada vez que la correlación de las fuerzas sociales dentro de Cuba amenazara con poner en peligro su predominio económico, o con la pérdida del poder estatal ejercido en su nombre por la gran burguesía antinacional cubana: cada vez que fuera necesario reprimir a aquellas fuerzas internas -las de los excluidos- que podían en Cuba oponerse a la hasta entonces incontenida penetración económica de los Estados Unidos, y ponerlos en peligro de perder -perdiendo a Cuba- la posibilidad .ya cercana de «lanzarse, con esa fuerza más [es decir, con la fuerza adicional que la explotación de Cuba y Puerto Rico les daría -RA] sobre nuestras tierras de América». Era eso -precisamente eso- lo que José Martí había tratado de impedir con la independencia absoluta de ambas .24 Garantizado ya su «derecho» a intervenir, y organizado también el aparato estatal cubano de acuerdo con sus objetivos, al frente de la nueva república que es constituida el 20 de mayo de 1902 sería instalado un equipo de gobierno capaz de continuar la labor iniciada por el Gobierno de ocupación. Sabemos que la política es, en altísima medida, una expresión concentrada de los intereses económicos. Y la composición del primer gobierno «cubano» expresó con transparencia plena la ratificación y el fortalecimiento de las relaciones económicas vinculadas a la producción orientada hacia la exportación: de un total de dieciséis ministros o secretarios de gobierno que compartieron con Tomás Estrada Palma la dirección del ·nuevo Estado hispanoamericano, nueve habían pertenecido al ya innecesario Partido Liberal Autonomista, seis eran miembros de prominentes familias de la burguesía azucarera criolla, y seis más -incluyendo a figuras que de una u otra forma habían participado en la revolución de 1895- ya habían ocupado ministerios u otros altos cargos durante el Gobierno de ocupación. (Desde luego, en algunas de esas figuras coincidían,dos , e incluso tres , de las características apuntadas). " José Martí, op. cit., l. 4, pp. 167-168 (1895).


Bajo el signo de esa dependencia -y de la hegemonía política interna del

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sector de la burguesía cubana voluntaria y lucrativamente sometido a ellaes que había tenido lugar, durante el período de ocupación, el surgimiento de los principales partidos políticos que tratarán de dirigir la vida del país durante una buena parte del período republicano.

v La calculada intervención de los Estados Unidos en la guerra cubana por la independencia, y la posterior imposición de un gobierno de ocupación militar, representaron una reversión total en la correlación de las fuerzas sociales involucradas en la guerra, y trajeron como consecuencia la consiguiente desaparición de los organismos políticos a través de los cuales actuaban y hallaban expresión de sus intereses las diversas clases, grupos y sectores de la sociedad cubana del momento. Hemos mencionado más arriba cómo fue obtenida, por los Estados Unidos, la disolución de los principales organismos políticos y militares de las fuerzas independentistas. Por su parte, el más consecuente representante de los intereses tradicionales de la gran burguesía antinacional cubana -el Partido (Liberal) Autonomista, cuyas principales figuras compartieron con la metrópoli española la dirección del Estado colonia l, desde enero de aquel mismo año 1898, a través de un intrascendente e impotente Gobierno Autonómico tardíamente concedido e instituido por España-, acometió después de la derrota militar española su propia disolución, y declaró someterse «a los hechos consumados, aceptándolos como . definitivos e irrevocables [.. .], y aceptando igualmente todas sus consecuencias, entre ellas, el nuevo orden político que deriva de dichos hechos». [ ] (Ya nosotros sabemos cuál es ... ) Pero tanto entre los primeros como entre los segundos han quedado vigentes -del mismo modo que la detención de la guerra de independencia ha permitido la supervivencia del viejo ordenamiento económico y soc ial de la colonia- las figuras que de una forma u otra se han destacado como los más activos representantes de cada clase o grupo social, expresando sus intereses y encabezando sus luchas políticas ..

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DEL 98 AL 9 8 : CIEN AÑOS ramo n e armas

Co mi enza e nto nces, de inmedi ato, un reagrupami e nto de las di stintas fuerzas. No habrá, po r e l mo me nto, ni ngún partido ex clu sivamente obrero

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ni e l ca mpes inado podrá dar lu gar (por e l escaso desarroll o que le es permitido dentro de la estructura eco nó mi ca ya anali zada) a manifestac iones políticas propias . Es más : la fuerza mi sma de l obj etivo independenti sta durante tantos años perseg ui do, contri buyó poderosa mente - d ividi e ndo y ag rupando las f ue rzas socia les en dos grandes campos bi e n defin idos: a favo r o en co ntra de la in dependencia- a propi ciar una apare nte conflue ncia de intereses de todos los grupos y clases sociales participa ntes en la guerra. Y de ahí que la represe ntac ión de los sectores más desposeídos de la sociedad cubana haya podido se r asu mi da (ta mbién aparente mente) por los parti dos políti cos burg ueses c uyo surgimi ento está teni endo enton ces lu ga r, y c uya acc ión habrá de co ntinu arse durante las primeras décadas - y aún más- de este siglo. Ell o ayuda a expl icar - y a co mpre nde r- la prese ncia co in cidente, en la mil itancia o e n la di rección de esos pa rt idos, de j efes milita res de l Ejé rcito Libertador, diri gentes po lít icos procede ntes de l Co nsejo de go bi e rn o de la Repúb lica en Armas, ant iguos au to no mi stas, e incl uso, en algunos casos, fi guras rep resentativas de l más ra ncio in tegrismo proes pañol. A la luz de estos ele mentos de anális is, es pos ibl e in tentar un a caracteri zaci ón genera l de la representati vidad sec tori al y cl as ista de las principales ag rupac iones o partidos que surge n d urante el Gobi ern o de oc upac ió n, y a co nsecuencia de la detención del proceso independe nti sta c ubano. l. El Part ido U ni ón De mocrática (no pasemos por alto es te nombre : Uni ó n Democrática) agrupa, en La Habana, a las prin ci pales figuras de l autodi suelto Partido (Liberal) Autonomista, y representa a través de sus voceros tradic ionales los intereses de la gran burgues ía antin ac ional. Au nque e n e l plano políti co tam bi é n é l aboga aho ra por la inde pende ncia, la condic io na a un período de tute laj e estado unide nse capaz de «pre parar» al pueb lo c uba no p ara e l «gob ie rn o pro pi o».

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E n su pro g ram a (y no es to y

Los tres primeros intentos (1899. 1900 Y 190 1) de rundación de part idos obreros rracasaron en muy poco s meses. Retomado s en 1903 y 1904, en este último año q ueda n cons titu idas la Agrupación Socialista de La Habana y otras organizaciones q ue conducirán a la creación posterior del Partido Socialista de Cuba. Acerca de estas organizaciones y de las característi cas y circ unsta ncias de las cIases trabajadoras en Cuba, en la época, ver, por ejemplo: Serg io Aguirre, «Algunas luchas sociales en Cuba republi ca na». en su: op. cit. , pp. 3 17-3 19, 324, y otras. ,. Ver: La Il/ cha , La Habana, 14 de abril de 1899, en : Mario Averhorr Puró n, Los Primeros Partidos Políticos, [Instituto Cuban o del Libro, La Habana , 197 1], p. 3 1-32. También all í: «Programa de l Partido Unión Democrátic3», p. 91-94 . !.I


haciendo un juicio de valor, ni dando

Del

una opinión, sino citando su progra-

8: CIEN AÑOS ramón de armas

ma) , hace depender la definitiva fundación de la república de un prev io ac uerdo o « int e li gencia con los Estados Unidos para dicha fundación, ce lebrando conciertos internacionales que mantengan y afirmen la amistad entre ambos pueblos , les asegure n ventajosas relaciones mercantiles, y den justas garantías a los legítimos intereses de la Unión [los Estados Unidos-RA] que con Cuba se relacionen » . Exige la intangibilidad y el respeto - y de seo hacer énfas is en esto- «de las bases fundamentales del actua l orden socia l», y la conservación de l aparato jurídico en que ha quedado plasm ada, históricamente, su voluntad de clase económicamente hegemónica en la colonia cub ana. Así, rec la ma además -y también lo enfatizo- «la inviolabilid ad y plena eficacia de las leyes vigentes, sin introducir en e llas otras reformas que las de mera adaptación » al cambio de soberanía. Quizá no es posible precisar cuá l surgió primero: s i este programa exautonomista, o la estrateg ia de los Estados Unidos con respec to a la ocupación militar de Cuba. En realidad, las consecuenc ias para el país fueron las mismas, y para el pueblo cubano de e ntonces no debe haber tenido importancia mayor. Cierto es , dicho sea de paso, que los Estados Unidos aún eran considerablemente inexpertos e n el establecimiento de repúblicas neocoloniales, y para ell os la experiencia cubana sirv ió de triste laboratorio para la definición de su camino de dominación e n el siglo que entonces solamente comenzaba. 27 Pero, de hecho como ustedes ya habrán observado- , el programa de los representantes de la gran burguesía antinacional cubana propuso con exactitud cada una de las etapas y medidas que posteriormente habría de ap li car, en la práctica, el Gobierno . de oc upación, y expresa nítidamente la incuestionable contribuc ión de esta modalidad hegemónica y (casi única) de la burguesía cubana al estab lec imi e nto y desarrollo de la nueva dependencia neocolonial. Si n embargo, la falta de apoyo popular y la orfandad de masas de este Partido Unión Democrática -y destaco nuevamente el nombre-

fueron tan grandes,

Al principio de los años ' 60, cl hi storiado r c ubano Jo rge ¡barra denomin ó «El experimento c ubano» a este período de aprendizaje vi ncu lado al Gobierno de oc upació n y los años subsiguientes, en la modelaci ó n de lo que después ll egaría a ser el siste ma de do min ac ión neocoloni al de l impe ri ali smo estadounidense.

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DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS

rarnon de armas

que no pudo concurrir a las elecciones municipales del año 1900 a pesar del apoyo expreso del gobernador militar norteamericano y representan-

te directo del presidente de los Estados Unidos en Cuba, general Leonard Wood. 2. El Partido republicano de La Habana es una de las dos grandes agrupaciones partidistas a las que dio lugar en la capital la tendencia política que aspira a la inmediata constitución de Cuba en república. Su dirigencia agrupó a la mayor parte de los jefes civiles y militares que integraron la autodisuelta Asamblea de Representantes de 1898, y que se habían caracterizado en ella por su raigal contraposición con Máximo GÓmez. Su programa 28 expresa su aspiración de preservar el ordenamiento económico y social garantizado por las estructuras jurídicas surgidas en el período colonial, y también exige «gobernar el país con sujeción a las leyes, manteniendo sustancialmente la legislación civil y criminal vigente». Coincide con los intereses de la gran burguesía antinacional cubana, a través de sus reclamos programáticos -continúo citando directamente de los programas- a favor de la concertación de «tratados de comercio sobre la base de la reciprocidad, muy particularmente con los mercados naturales de nuestros productos, tales como los Estados Unidos y España». Desde luego, los perceptibles factores de coincidencia le condujeron a una rápida coalición con el anteriormente mencionado Partido Unión Democrática (con vistas a las elecciones para la Asamblea Constituyente, y como consecuencia de la falta de apoyo de ambos partidos), y propiciaron las posterior fusión definiti va de ambos, ya después de proclamada la república, en el partido Republicano . 3. El Partido Nacional Cubano, de La Habana, es el único agrupamiento donde hallan expresión política parcial los intereses de aquellos sectores de la burguesía cubana marginados o inhibidos por la gran burguesía antinacional vinculada a la producción para la exportación, y que se corresponden muy particularmente co n los interses de cualquier burguesía industrial productora para mercado interno. Sin embargo, la extrema debilidad que en Cuba tienen estos sectores de orientaci ón y aspiraciones nacionalistas es quizá más claramente perceptible que en ningún otro lugar en el propio programa económico del partido en cuesti ón.

" En: Mario Averhoff Purón, op. cit., pp. 95-98


Allí, conjuntamente con el plantea-

DEL

miento de una débil e imprecisa aspi-

8: CIEN AÑO S ramón de armas

ración a la «protección a nuestros productos agrícolas y fabriles »29 -que de hecho estaría contrapuesta a la avalancha de productos manufacturados y artículos industriales extranjeros que es corolario inevitable de toda actividad productora nacional exclusivamente orientada hacia la exportación- está planteada una incongruente y discordante solicitud de «las mayores franquicias comerciales, basadas en la reciprocidad», aspiración largamente sostenida por la gran burguesía antinacional como máx ima ratificación de su lucrativo vínculo con la economía y el mercado estadounidenses, y claramente incompatible con todo proteccionismo consecuente que represente y proteja los intereses de los productores nac ionales para mercado interno. Esta in superable contradicción está evidenciando, a nuestro ver -desde los inicios mismos de su actividad partidista, y en el contexto de las consecuencias del año 98 en Cuba-, la imposibilidad en que se hallan aquellos sectores nacionali stas de la burgues ía cubana de entonces (y por qué no decirlo desde ahora: y de todó el período republicano neocolonial) de oponerse a la hegemonía de esa gran burguesía antinacional cuyo predominio está siendo consolidado, precisamente, por esa intervención estadounidense que ha frustrado no só lo los objetivos de profunda reparación social de la revolución de José Martí, si no -incluso- esos mismos contenidos nacionalistas de los que eran portadores una buena parte de los hombres que, después de la muerte del Apóstol, tuvieron en sus manos la dirección política del proceso in su rreccion al. De ahí, de esa propia debilidad de los sectores de la burguesía agrupados en el Partido Nacional , la aspiración inicial de esta agrupación política de crear un amplio frente único capaz de «reunir las fuerza s todas del país en una conjunción de fórmulas y bases aceptables para todos ». Pero de ahí, también, la contradictoria e incuestionable cercanía del equipo de direcci ón del partido al primer gobernador militar de Cuba, general Brooke: la ll amad a «Junta Patriótica», que dio origen a este partido, fue la encargada de proponerle los candi datos cubanos que consideraba adecuados para los distintos cargos a c ubrir en el

" Para esta ci ta y las sig ui entes, ver e l «Manifiesto al País» de la convenci ó n Municipa l de La Haban a de l Partido Nac ional Cubano (23 de febrero de 1900), reproducido e n IEID., pp. 82-86.

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DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS

Gobierno de ocupación, función que

ramón de armas

no puede considerarse sino la continuación -en un nuevo plano de acción- de la ya iniciada por esta

burguesía nacionalista desde la dirección política de la guerra cubana del 95, al abrir las puertas -en circunstacias que lamentablemente no podemos ahora abordar30 -

a la penetración en sus filas de elemenetos provenientes del autono-

mismo antindependentista. Las principales figuras dirigentes del Partido Nacional Cubano habrían de derivar con celeridad -una vez constituido el Partido Liberal al que dará origen en 1903- hacia la conformación, conjuntamente con figuras procedentes de otros partidos, de un grupo no menguado de «políticos profesionales» al servicio del sistema de dominación neocolonial -o habrían de apartarse voluntariamente, según el caso, de la política activa. Debíamos haber incluido aquí (si el tiempo lo hubiera permitido) algunas otras consideraciones en torno a las consecuencias que la intervención de los Estados Unidos en la guerra cubana, y el período de gobierno militar que le sigue, tuvieron sobre la vida del país. Pero sí no puedo dejar de señalar, al menos, la que en mi opinión ha sido consecuencia principal de su consolidador apoyo a las fuerzas políticas que, en el contexto cubano de la época, representaban la defensa de aquel ordenamiento económico y social que la victoria de las armas cubanas debió haber modificado, y la intervención impidió. Porque, como acabamos de ver, solamente en uno de los partidos surgidos bajo la dominación de los Estados Unidos pudieron hallar una muy limitada y cuestionable expres ión los interses económicos .fundamentales de aquellos sectores de la burguesía cubana capaces de haber utilizado la independencia política de la nuev a república para propiciar un desarrollo económico no-dependiente, orientado hacia la producción para el mercado interno. La debilidad de sus aspiraciones y el carácter limitado de sus actuac iones independientes reflejan, sin embargo, la impos ibilidad rea l en que se hallaron esos sectores nacionalistas de la burguesía cubana de oponerse en el plano partidista -como tampoco habían podido hacerlo en el plano de la lucha armada revolucionaria- a la hegemonía de la gran burguesía antinacional cubana. Al quedar instaurada en 1902 la república -con las limitaciones e i'mposiciones que hallaron su sanción jurídica internacional a través de la Enmienda Platt- el «derecho» que se autoconcedieron los Estados Unidos para interve-

JO

Remito nuevamente al lector a mi : La Revolució/J pospuesta .... Ed. Cit., pp. 94-126.


nir militarmente en Cuba les servirá para asegurar la subordinación de

DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS ramón de armas

una parte decisiva de las clases dominantes, y para lograr la acordada (o interesada) inhibición de la otra parte. En efecto, una vez que se hizo evidente la continuación de la dependencia a pesar de la retirada formal de las tropas norteamericanas de ocupación, la subsistente amenaza de intervención actuará como elemento paralizante de toda aspiración a las más moderadas modificaciones del orden económico y social, y propiciará el fortalecimiento, en los partidos políticos de la burguesía cubana de la época, de los rasgos que ya, de manera incipiente pero también evidente, los caracterizaron durante el período de ocupación militar directa. Lo dicho es ratificado por un testimonio que, por venir de quien viene, considero totalmente incuestionable . . Durante la segunda intervención militar estadounidense que, dentro de lo establecido y sancionado por la Enmienda Platt aún habría de tener lugar en Cuba (1906-1909) , la ausencia de verdaderas diferencias entre los principiantes partidos de la burguesía cubana actuantes en la recién proclamada república, permitirá al nuevo representante del presidente de los Estados Unidos de Cuba ahora «Gobernador Provisional » norteamericano, Charles Magoon, afirmar: «Los lazos de los partidos no ligan mucho a los individuos en Cuba.Pocas son las bases, si es que hay algunas, que envuelven puntos esenciales de la política nacional, o verdaderas diferencias de principios políticos». Al igual que sucedía con las más importantes figuras de aquellos partidos, en la opinión del nuevo interventor «un individuo podía ser liberal un mes, y moderado [o conservador-RA] al siguiente, y viceversa. El ejército de los Estados Unidos continuaría siendo durante más de treinta años el verdadero brazo armado del sector antinacional de la burguesía cubana que, en el contexto político de la nueva república, garantizada, para los interses de los Estados Unidos, la consolidación de la dependencia. Ello hizo aún más aguda -y más dramática- la exclusión de aquellas amplias mayorías nacionales que nunca encontraron representación en los partidos políticos heredados del período de ocupación militar, y que habían perseguido, durante la guerra que el 98 interrumpió, una auténtica independencia política, y la defensa de un interés genuinamente nacional.

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Aunque ya ello se sale del período

ramón de armas

que analizamos, debo decir que solamente cuando el Ejército Nacional cubano (que comienza a tomar cuerpo

tan tardíamente como 1911) haya demostrado su capacidad para proteger y defender aquel ordenamiento, y aquel nuevo tipo de dependencia -que fueron puestos en grave peligro de desaparición durante el importante período que en la historia de Cuba se conoce como la Revolución del Treinta-, es que podrá ser abolida la Enmienda Platt (1934), y será igualmente posible que el Ejército Nacional, ahora con el nombre de Ejército Constitucional, se convierta en el brazo armado de la dominación estadounidense en Cuba.

y así, tanto el desarrollo de aquella revolución cubana por la independencia que en 1898 interrumpió y frustró la intervención militar, como las propias características que necesariamente adoptó, como consecuencia de ello, el reagrupamiento político de las fuerzas actuantes en la realidad cubana durante el Gobierno de ocupación -y que recibiría como legado tremendo la nueva república neocolonial que de esa ocupación nació-, demostraron plenamente que, en lo adelante, todo intento de transformación, o de simple modificación; del statu quo dependiente cubano, solamente podría estar a cargo de las clases y sectores excluidos por ese ordenamiento económico y social: por los desposeídos a cuyo lado había tomado partido, cuando aún bregaba por organizar la guerra revolucionaria, José Martí. A partir de entonces, ya la lucha no sería por la independencia política que pareciera ser inherente a la propia condición de república, sino por el ejercicio de una soberanía nacional plena, y por alcanzar una auténtica no-dependencia: ni económica, ni política, ni cultural, ni ideológica. Pienso que quizá haya quedado claro que ello no ha dependido (ni podía depender) de voluntad individual alguna, y que estuvo históricamente condicionado por la existencia en Cuba de una base económica y una estructura social que desde su surgimiento inhibe -o mejor decir impide- el desarrollo de aquellos sectores de la burguesía capaces de ser portadores de una política que defienda el interés nacional , y que en su evolución posterior agudizó -en grado cada vez mayor-

la división de la sociedad

cubana en dos polos opuestos y excluyentes: de un lado, la gran burguesía antinacional y proimperialis-


ta, y el propio imperialismo del cual

DEL

depende y del que constituye su alia-

8: C1EN AÑOS ramón de armas

da natural; del otro lado, las grandes masas trabajadoras y desposeídas, en las cuales no estaba excluido, y hubiera sido posible encontrar, un natural -aunque condicionadoapoyo a tal política burguesa favorecedora de un desarrollo capitalista no-dependiente: esas masas pudieran haberse constituido, al menos temporal mente, en la base social necesaria al sector potencialmente nacionalista de la burguesía cubana . Pero es ese mismo sector el que ha estado cabalmente consciente de su propia debilidad, y de que la oposición a la hegemonía de la gran burguesía antinacional y de las fuerzas externas que la sustentan sólo sería históricamente viable por medio de una transformación profunda de la economía y la sociedad cubanas, capaz de involucrar y movilizar tras ella a las masas populares que la realidad cubana excluye (trabajadores urbanos y rurales, pequeña burguesía de las ciudades, campesinado pequeño y medio -con o sin tierras propias): y ha estado también muy consciente de su incapacidad para representar esas masas, dirigirlas; y

~sobre

todo- contenerlas, una vez terminada la lucha. Es más, ya

conocido, durante la propia guerra del 95, el peligro que para sí mismo representa , como sector de la burguesía cubana, y a pesar de su propia vocación nacionalista, la acción independiente de esas masas. Por ello, en aquella realidad de la política cubana que se evidenció con particular claridad y fuerza durante la ocupación militar, la única alternativa de los que alguna vez enarbolaron imposibles ideales nacionalistas fue siempre senci lla, y siempre triste: retirarse - como se retiró una buena parte de las figuras honestas surgidas de la revolución de 1895- de una lucha unívoca cuya falsedad quedó . demostrada en aquel mismo período de gobierno ajeno, o asumir -como asumió de inmediato otra parte, y no pequeña, de ell os- el lamentable papel de «políticos profesionales» al servicio de la organización económica y social consagrada, entonces y (supuestamente) para siempre, por la realidad intervencionista del imperia li smo estadounidense, «j urídicamente » garantizada por los mecanismo de dominación que tan temprana y eficazmente dejó establecidos el Gobierno de ocupación. Era ya para ellos, al mi s mo tiempo, la única vía de enriquecimiento a la que podían acceder, dentro de los estrechos marcos permitidos por la estructura económica superviviente.

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y así, cuando el 20 de mayo de 1902

e armas

e l Genera l en jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, veía arriar del asta mayor del Castillo del

Morro la bandera de las barras y las estrellas, e izaba con sus manos la de la estrella solitaria -que seguía siéndolo precisamente porque resumía y simbolizaba treinta años, imposibles de desconocer, de duro bregar, rifle y machete en ristre, por la independencia absoluta de Cuba-, quiso dar la bienvenida a la naciente república, en medio de la justa (pero confiada) alegría de su pueblo, con solamente cuatro palabras, lacónicas como él mismo. «Creo que hemos llegado», dijo. Pero sabía que no.


OEL 98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA ~

el sindrome del 98 en la literatura cubana

1. EL OCASO DEL MODERNISMO El 11 de noviembre de 1891, el periódico separatista El Porvenir, que aparecía en Nueva York, publicó una crónica titulada «La función de gala». Escrita por Enrique Hernández Miyares, un poeta de segunda fila tal vez más conocido como periodista, es la crónica de una celebración, la primera en la flamante (y aún imaginaria) República de Cuba, del 10 de octubre: La función de gala de anoche dejará hondos recuerdos en la memoria de todos. Jamás desde el plebiscito que noblemente convocara la nación hidalga que fue Metrópoli, y que determinq el deseo de todo un pueblo de preferir gobernarse solo, con los defectos de su raza, pero con dignidad, a ser un estado de los que forman la co losal república sajona, jamás, decíamos, se hablan congregando en un solo punto los componentes de la joven Cuba, nacida ayer en el concierto de las naciones, apadrinada por la que descubrió la América [oo.] Al echar una ojeada por el público, el cronista descubre al Presidente de la República, a quien se limita a describir como «un venerable anciano». Junto a


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él se encuentran intelectuales de la talla de José Joaquín Palma, Julián del Casal, Manuel de la Cruz, Enriq ue José

Varona,

Ramón

Meza,

Raimundo Cabrera y Rafael María Merchán , nombres todos ineludibles en un recuento de la literatura cubana. Al lado de Merchán se halla «otro cubano que ya no ha vuelto a salir del país desde que vino, como quería venir, ciudadano de la patria. José Martí, el escritor hugoniano y el tribuno de las expansiones».' Todo habría sido distinto si esa hubiera sido la historia ; pero, obviamente, se trata de una crónica ficticia. Lo que en 1891 Herná ndez Miyares veía tan cerca, es decir, la independencia de Cuba, como fruto de un extraño plebiscito convocado por España, tardaría aún diez años en llegar, al costo de una guerra devastadora que para unos marcó el fin y para otros el inicio de una época. Esa tragedia de la historia fue una catástrofe para la literatura. Casi una década antes de aparecer la crónica de Hernández Miyares, había salido a la lu z

lsmaelillo, un poemario que vendría a cambiar de forma radical la poesía en nuestra lengua. Eran los primeros pasos de un movimiento q ue, nacido en América, daría ese vuelco que llegaría al clímax con la obra de Rubén Darío. Años después el novelista venezolano Manuel Díaz Rodríguez hablaría de la labor fecundante de Darío en España como el «retorno de las carabelas». «Por él» -agregaría Rodó en 1916- «la ruta de los conquistadores se tom aría del ocaso al naciente».2Lo cierto es que con lsmaelillo el «esc ritor hugoniano y tribuno de las expansiones» de que hablara Hernández Miyares inicia el Modernismo literario; y a fines de esa década, aparecen dos libros de poesía de Julián del Casal quien desde otro extremo del espectro modernista daría a la . literatura cubana, junto con Martí, un a densidad irradiante. Nadie sabe a dónde hubie ran podido conducir ambos esa corriente, en Cub a, pero la guerra o las enfermedades se llevaron a Martí, a Casal y a los di sc ípulos más aventajados de éste, Juana Borrero y Carlos Pío Urbach, cuando todavía tenían mucho que dar de sí. Los cuatro muri ero n en el lapso que va de 1893, fecha de la muerte patética de Casal, a ·1897, año en que Pío Urbach muere de frío y de hambre en la manigua. Para Dulce María Loynaz, «es cosa singular que todos :~s tos bardos

, Los fragmentos de la crónica están citados por José Antonio Portuondo en Capítlllos de !iteratllra cl/bana, La Habana, 1981 , pp. 385 Y 386. Agradezco a Luisa Campuzano haberme faci li tado ésta y otras informaciones. 2 Cit. por Emir Rodríguez Monegal en «Retorno de las carabclas», Universidad de México, 197 1, No. 6, p. 1. Monegal nota que precisamente en 1898, «cuando daba fin a su ensayo sobre la poesía de Rubé n Daría», Rodó, aludiendo el viaje de aquél a España, vaticinaba el triunfo que obtendría all í.


cubanos, que habrían decidido a favor de su patria la trascendental batall a

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librada por las Letras al surgir aquel movimiento ll amado a hacer época, murieran sin alcanzar la madurez de la edad » . Tal vez eso exp licaría lo que, según Loynaz, intrigaba a Pedro Henríquez Ureña y ella resumía del modo siguiente: el hecho de que en Cuba - sa lvo alguna que otra excepción-, a la inversa de lo que ocurre en casi toda América, y maravillosamente en la Península Ibérica, el Modernismo dejó de dar fruto antes de terminar el siglo XIX. No había ya maestros. Y los discípulos se dispersaron pronto porque el cielo anunciaba tempestad. Y así tambi én, siendo, como fuimos, iniciadores, fundadores de la gran reforma, 'a la hora de la cosecha no tuvimos parte en ella. 3 Pero si el ímpetu modernista, tal como lo entendemos, parecía incompatible con el espíritu de la guerra, ésta impul só una mod alid ad literaria de nuevo cuño: la que ha dado en ll amarse «literatura de campaña». La Guerra de los Diez Años había producido a fines de siglo algunos textos claves. Los más conocidos son

A pie y descalzo, de Ramón Roa, y Episodios de la Revolución Cubana, de Manuel de la Cruz, ambos de 1890. Debe quedar claro, sin em bargo, que al hablar de literatura de campaña se invocan tanto di arios escritos cas i al fragor de l combate como memori as o incluso textos de ficción redactados muchos años después de los acontecimientos que narran. De hecho, la mayor parte del corpus de la literatura de campaña refe rida a la guerra del 95 apareció durante la República. Dos de los textos clásicos de esta última guerra son, sin duda, los di arios de campaña de Gómez y Martí. El del primero, que forma parte de un

Diario comenzando en 1868, se extiende hasta el 8 de enero de 1899; e l del segundo va del 9 de abril al 17 de mayo de 1895 , es decir, hasta dos días antes de su caída en combate.

3 «Influenci a de los poetas cubanos en el Moderni smo», Ensayos, La Habna, 1992, p. 30. En el caso cubano, el fin de sig lo fu e -por razones polít icas y militares- es pec ialment e convul so, pero es que la época tambi én lo era . «S i el perfodo qu t: <.:o llli enza alrededo r de 1880», seg ún Grac iela Montaldo, «ha ejercido tanta fa scinac ión en todo el siglo XX y ha creado un a iconografía cargada de sen sualidad y ligereza, no es precisa mente porqu e se tratara de un a época de armonías ; por el contrario, es el núcleo de varias de las tensiones fundamentales de la sociedad contemporánea». La sensibilidad amenazada. Fin de Siglo Y Modernismo. Rosa ri o. 1994. p. 12.

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Hubo también narraciones sobre la

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guerra surgidas a la par de los acontecimientos, entre las que hay algunas escritas desde una óptica contraria a

la Revolución. Es el caso de la novela El separatista, del peninsular Eduardo López Bago, aparecida en 1895, poco después del inicio de las hostilidades. Se trata de una obra de corte naturalista, primera parte de una tetralogía cuyo destino ignoro. En las palabras preliminares el autor advierte que «una vez consagrado a exponer el problema' cubano y nada más que a exponerlo (porque no es nuestra misión dar soluciones), ni en política mis opiniones, ni el patriotismo mi sentimiento, han de entorpecer la mano que maneje el escalpelo .. . » Por supuesto que tales pretensiones de objetividad están lejos de cumplirse en el curso de la acción. Ni siquiera los cubanismos y refranes locales que el autor se apresura a explicar en notas al pie, logran dar autenticidad a una obra cuyos mejores momentos se encuentran en un apéndice: «En toda la América», pontifica el autor, «sólo hay unas islas donde se desarrolle con vida normal el estado social y político. Las islas de Cuba y Puerto Rico que no gozan de tristes independencias, sino de todas las alegrías de la libertad» . Y luego: «Cuando el mundo entero juzgue de esta sublevación, se definirá diciendo con el laconismo de la redacción telegráfica. "En Cuba se han sublevado contra el sentido común"» . El reverso de El separatista podría ser la curiosa novela Episodios de la guerra.

Mi vida en la manigua (Relato del coronel Ricardo Buenamar), fechada ellO de abril de 1898 y publicada ese mismo año en Filadelfia. El libro surgió de una serie de narraciones «circunstanciales e inconexas» que aparecieron en la revista quince nal Cuba y América, dirigida por Raimundo Cabrera. De más está decir que aunque algunos dieron por verídicas estas crónicas y como real a su autor, el nombre de Ricardo Buenamar no es más que un anagrama del de Cabrera. 4 En cuanto a los Episodios ... , narran la historia del tal Buenamar, quien, hijo de un asturi ano integrista y de una cubana separatista, se incorpora a la guerra a raíz de la muerte de M artí. Lo más interesante desde el punto de vista formal es que el libro hace coex istir personajes y crónicas reales e imaginarios , incluye en el texto cartas de la amada que le permiten dar también un panorama de la ciudad y de los e stragos de la Reconcentración -la implacable medida del general Valeriano Weyler-, e inserta fotografías y grabados para otorgarle veracidad al

• Dicho seudónimo sirvió incluso para firmar un libro de versos: Ju veniles. En sayos de rimas de Ricardo Buenamar con /In prólogo de Raim/lndo Cabrera ( 1907).


relato. La narración concluye antes del fin de la guerra; Buenamar ha debido

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8: CIEN AÑOS jorge fornet

salir del país y se apresta a regresar para proseguir la lucha. «Cierro estas páginas », concluye, «que han dejado de ser íntimas formulando un voto ferviente; que mis lectores vean en breve coronada la obra titánica del pueblo cubano por su Independencia [ ... ]». Llama la atención, por tanto, que si bien el prólogo de Nicol ás Heredia está fechado en septiembre, y la dedicatoria del propio Cabrera en octubre, ninguno de los dos haga la más mínima alusión al fin de las hostilidades. Recuérdese que el 12 de agosto se había firmado , a espaldas de los cubanos, el protocolo de paz entre España y los Estados Uhidos. Ese momento, que para ambos escritores debió haber sido importante, pasa, sin embargo, inadvertido. Y es raro, porque a nuestra novelística «se le puede acusar de maniqueismo, de irresponsabilidad, de torpeza, de todo menos de indiferencia».5 Permítanme volver a los diarios de Gómez y Martí para llamar la atención sobre el diálogo implícito que se produce entre ambos, la manera diversa que tienen uno y. otro, como autores de textos, de enfrentar la relación entre los hechos y la página en blanco. La escritura de Martí, claro está, reviste un interés particular. Para él, que no escribe sólo con la intención de dar testimonio, como es usual entre quienes abordan el tema, sino que 10 hace con una clara voluntad de estilo, la redacción del Diario implica una reformulación de su obra y un estímulo para transitar nuevos cauces. Hay un ejemplo que puede ser ilustrativo, y que se ha citado más de una vez. Al final de las anotaciones correspondientes al día 3 de mayo del 95. Máximo Gómez se limita a escribir: «Antes de marchar se formó Consejo de Guerra para juzgar al bandido Masabó que fue ejecutado». El hecho, en realidad, ocurrió al día siguiente, pero como Gómez parece no encontrar nada más de interés hasta el día 5, incluye la historia de Masabó, a manera de apéndice, en el día mencionado. Para Martí, en cambio, el mismo suceso merece especial atención. Lo relata así: Se va Bryson . Poco después , el consejo de guerra de Masabó. Violó y robó. Rafael preside y Mariano acusa . Masabó, sombrío, niega: rostro

, Roberl'O Fri o l: «La novel a c ubana en el siglo XIX" , en Letras. Cultura en Cl/ba, co mp. Ana Cairo Ballester, La Habana, 1989, t. 6, p. 473.

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DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS

brutal. Su defensor invoca

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nuestra llegada, y pide merced. A muerte. Cuando leían la sen tencia, al fondo del gentío, un

hombre pela una caña. Gómez arenga: «Este hombre no es nuestro compañero: es un vil gusano». Masabó, que no se ha sentado, alza con odio los ojos hacia él. Las ·fuerzas, en gran silencio, oyen y aplauden: «¡Que viva! ». Y mientras ordenan la marcha, en pie queda Masabó, sin que se le caigan los ojos, ni en la caja del cuerpo se vea miedo: los pantalones, anchos y ligeros, le vuelan sin cesar, como a un viento rápido. Al fin van, la caballería, el reo, la fuerza entera, a un bajo cercano; al Sol. Grave momento, el de la fuerza callada, apiñada. Suenan los tiros, y otro más, y otro de remate. Masabó ha muerto valiente. ¿Cómo me pongo, Coronel? ¿De frente o de espalda? «De frente». En la pelea era bravo. Esta narración sobrecogedora, seca y cortada, casi cinematográfica, es más que una visión inédita de la guerra. Hay algo patético y absurdo en ese momento en que leen la sentencia y «al fondo del gentío, un hombre pela una caña». La tragedia, lejos de atenuarse con esa imagen, se potencia. Casualmente, el suceso viene a quedar inmediatamente antes del encuentro de Martí y Gómez con Maceo en la Mejorana. Como se sabe, el encuentro suscitó una agria polémica entre Martí y Maceo, que se perfila en las páginas siguientes del Diario, es decir, las del 5 de mayo. Las correspondientes al 6, aquellas en que presuntamente, según algunos han conjeturado, Martí debía reflexionar una vez más sobre el encuentro con Maceo, desaparecieron no se sabe cómo. Esa mutilación del Diario ha creado uno de los vacíos más agónicos en la historia de Cuba. Esas horas que van de la ejecución de Masabó al vacío de las páginas ausentes, definen también una escritura. Martí, el hombre que trece años antes escribiera los versos del Ismaelillo, escribe ahora la contracara de ellos. Es él quien marca los límites; toda la literatura cubana del período se centra entre esos dos polos: los tiernos versos de «Príncipe enano» y la escalofriante ejecución de Masabó y el vacío subs iguiente. Lo demás, es silencio.

2. PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA En el principio, todo fue literatura. No existiendo una razón convincente para que los Estados Unidos entraran en el conflicto que Cuba y España sostenían


desde hacía tres años, hubo que inventarla. Y ahí fue donde vino a

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desempeñar un papel decisivo no el Presidente, ni el Congreso, ni el Ejérc ito de ese país, sino una persona que representaba un poder emergente y que respondía al nombre de William Randolph Hearst. Desde las páginas de un periódico suyo, el New York

Journal, paradigma de la prensa amarilla, se atizaba la entrada de los Estados Unidos en la guerra. La fórmula comercial de Hearst tuvo un éxito sin precedentes; en los días posteriores a la explosión del acorazado Maine e n la bahía de La Habana, el propio Journal duplicó su tiraje: pasó de 416 mil a un millón 38 mil ejemplares. Todavía en los meses posteriores, un incauto reportero enviaba a Hearst el siguiente telegrama: «Todo en calma punto aquí ninguna agitación punto quiero regresar pues no habrá guerra»; a lo que Hearst respondió tajante: «Ruégole seguir ahí punto ponga las fotografías yo pondré la guerra». Poco después, la profecía de Hearst se autocumpliría; en lugar de predecir la «espléndida guerrita», como la llamó el entonces embajador norteamericano en Inglaterra, terminó provocándol a. y con las tropas, por cierto, llegó también el cine. Ya en el mes de febrero, los

fo tógrafos de la Edison habían filmado Burial 01 the Maine Victims, y dos meses más tarde Wreck 01 the Batelship Maine, a las que siguieron numeros as películas que, siendo reconstrucciones, pasaron por documentales . La moda cruzó el Atlántico, y en Francia el mismísimo George Méliés preparó Les quais

de La Habana et 1'explosion du Curassé Maine, L 'épave du Maine y Visite sous-marine du Maine. Ya durante la guerra, los corresponsales de la Vitagraph filmaron la toma de la Loma de San Juan, en Santiago, resultado de la cual es la película luchando con nuestros muchachos en Cuba. El Combate Naval de .

Santiago de Cuba no fue un testimonio de lo ocurrido, sino apenas la reconstrucción de los hechos, en una mesa de trucaje, tomando como modelo las fotografías aparecidas en los diarios de Hearst. Pero tanto el cine como la fotografía desempeñaron un papel importante como elementos de difusión y propaganda, aunque en principio parecieran perseguir los mismos objetivos que los titulares de la prensa amarilla. La s imágene s hicieron del dominio público los horrores de la guerra y de la represión colonial. El filme Cubari Relugees Waiting lar Ratiol1s es un descamado documento de la Reconcentración de Weyler y sus dantescas secue las, esos anticipos de los

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campos de concentración , verdadero genocidio del que quedaron numerosos testimonios gráficos, muchos de ellos de anónimos fotógrafos cubanos que in augura ban, si n proponérselo, un a suerte de «rea li smo crítico» en la fotografía nac ional. 6 Para el público norteamericano se hizo evidente que, después de eso, España «merecía un castigo». Paradójicamente, la primera incursión del cine en un conflicto bélico serviría para justificar la caída de un imperio y el ascenso de otro. La interve nción norteame rican a, deseada por muchos independentistas como fo rma de acelerar sati sfactori amente para Cuba el fin de la guerra, dev ino ocupación y, con ella, frustración para los dos anti guos rivales. El 8 de enero de 1899, Máx imo Gómez conc luía as í su Diario: Tristes se han ido ell os [Los españoles] y tristes he mos quedado nosotros; porque un poder extra nj ero los ha sustituid o. Yo soñaba con la Paz con Españ a, yo esperaba despedir con respeto a los valientes so ldados españoles, con los cuales nos e ncontramos siempre frente a frente en los campos de batalla [ ... ]. Pero los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supi eron endul zar la pena de los venc id os. La situación pues, qu e se le ha creado a este Pueblo, de mi seria material y de apenam iento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más afl icti va, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía. Siete días antes, con el inicio del año, la bandera norteamericana había remplazado a la española en el Castillo del Morro y entraba e n funciones el gobierno interventor. «Las potencialidades revolucionarias de Cuba estaban , por el momento, frustrad as. La revolución de 1895 tenía que quedar pospuesta».7 Las cosas no hubieran cambiado sus tanc ialmente aun en el caso de que la intervención norteamericana careciera de propósitos imperiales, puesto que por más desprendida y poco interesada que fuese, impidió que los cubanos le diesen un a solución autóctona, nacional , al problema capital de su ex istenci a en tanto colo-

María Eugeni a Haya (Marucha) : «Sobre la fotografía cuban a" , Revoluci6n y Cu ltu ra, 1980. No. 93. p. 46. 7 Ramón de Armas: La Revoluci6n pospuesta. Contenido y alcance de la revoluci6n martiana por la independencia, La Habana, 1975, p. 14 1.

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nia. El 98 es, por consiguiente, no la

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plasmación histórica del cese del

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colonialismo español en Cuba, sino la posposición histórica [ ... ] de un anhelo nacional largamente acariciado [ ... ] Para Cuba, El 98 fue un escamoteo, la pérdida de una posibilidad de cambio. Una frustración, no un éxito histórico. 8 En este sentido, también nosotros pudimos haber hablado de Desastre. En 1899, al volver del exilio, el poeta Bonifacio Byrne escribiría «Mi bandera», un poema que, calidades aparte, fue emblemático de la situación de Cuba y aún hoy sigue siendo lectura obligada en las escuelas:

Al volver de distante ribera con el alma enlutada y sombría, afanoso busqué mi bandera ¡y otra he visto además de la mía!

f. .. ] Con lafe de las almas austeras hoy sostengo con honda energía que no deben flotar dos banderas donde basta con una: i la mía! Ese tema, que se mueve dentro de lo que podríamos ll amar el conflicto de las

tres banderas, se desarrolla también en una novela tan mediocre como su título: Carcajadas y sollozos (1906), de Tomás Jústiz, quien en 1900 había presentado, en la Universidad de La Habana, una tesis doctoral titulada ¿ Existe una

literatura cubana?, yen 1941 publicaría una novela sobre la Guerra Civil espa- . ñola: Ecos de una guerra a muerte. La primera gira en torno a un eje dramático que llegó a convertirse en estereotipo y que se resume en el axioma de que los peninsulares pudieron hacerlo todo en Cuba, menos hijos españoles. En efecto, el padre, defensor del régimen colonial, y el hijo , partidario de la independencia, llegan igualmente desconcertados al 98. Al producirse la ocupac ión del país por las tropas norteamericanas, el padre decide abandonar la Isla, no sin antes advertirle a su hijo: «Voveré cuando aquí no flote una bandera que no es ni la • Óscar Loyola Vega : «Tenis muy personales sob re el 98. ¿Co nm emorac ión ? ¿Ce lebración ¿Duelo?». Contracorrientes, 1995, no . 2, p.14.

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tuya ni la mía». Vale aclarar que este conflicto de las banderas no aparece con frecuencia en la literatura de la época: lo frecuente, por el contrario, es que la poesía posterior al 98 le cante a la bandera cubana sin percibir a su «acompañante». A Hernández Miyares, en el soneto «Dos banderas», sí parece inquietarles la presencia de la bandera norteamericana, pero su postura está lejos de la indignación de Byrne. 9 Los títulos mismos son ya elocuentes. Para tener una idea de las tendencias dominantes en los sectores militares, políticos e intelectuales una vez terminada la guerra es útil revisar la encuesta realizada por El Fígaro a más de un centenar de personalidades y cuyos resultados aparecieron en esa revista el 30 de abril de 1899. El motivo era determinar qué estatua debía colocarse en el Parque Central para sustituir la de Isabel 11. Aunque los más votados fueron Martí y Céspedes, la dispersión fue tal que el periódico se vio en la obligación de reiterar la encuesta en el público. Junto a aquéllos son también muy votados Colón,IOJosé de la Luz y Caballero (este último es, sorprendentemente, la elección de Máximo Gómez) y abstracciones tales como La Libertad y La Independencia. Coexisten opiniones en las cuales se exige qué el pedestal permanezcan acéfalo hasta tanto cese la intervención , con otras en que la estatua debe ir legitimada, en el pedestal, con el texto de la Resolución Conjunta del Congreso de los Estados Unidos. La más paradójica de todas es la que propone erigir un monumento al preside nte de los Estados Unidos «que tenga la gloria de firmar la procl ama por la cual se declare [oo.] que cesa la ocupación militar, por quedar Cuba constituida en Nación libre e independi ente». En febrero de 1901, tras arduas discusiones, se aprueba finalmente la Constitución de la República con el añadido de la Enmienda Platt. de modo que cuando el 20 de • Hernández Miyares se reriere a las dos enseñas diciendo que «desplegadas ayer en la pelea/plegar hi c ieron la bandera hispana». Y conc lu ye: «el destino las guarda siempre am igas/a despecho de pérridas intri gas .. .lpero que nunca form e n una so la!». 10 Uno de los e ncuestados vota por una es tatua a España, pero es obv io que en el clima reinante las simpatías por la ex-metrópoli deben ir di sfra zadas. Una manera de hacerlo es utilizando, preci samente, la im agen de Col ón. Existe tambi é n, en co nsecue nci a, la reacc ión co ntrari a. Un poeta de ocasión, Ju an B. Ubago , había escrito antes de la guerra, con motivo del cuarto centenario del «descubrimiento», el soneto «Cuba a Colól1», en cuyos dos últimos tercetos se lee: «Lejos de mí e l rencor, a honrarte aspiro:/admiro tu va lor y el ge ni o ad miro/co n que supi s te descubri r un nuevo Mundo.//Pero al mirar mi porvenir incierto/deja que exc lame con el dolor profundo:/-iOj alá no me hubieses desc ubierto !». Una vez concl uid a la dominación es pañ o la y trasladados de Cuba los su puestos restos del Almirante, Ubago esc ribe otro soneto co n igual título que termina así «nunc a jamás, cometeré el ultraje/de maldecir tu nombre y tu memoria;lque es meterse en asunt os de la Hi storia,//de la que siempre te miré bien visto./Pero sí te diré Colón: buen viaje .. .I¡y no te ac uerdes más de que yo ex isto !».


mayo de 1902 asume la presidencia Tomás Estrada Palma y nace, oficial-

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mente, la República de Cuba, lo hace bajo un signo nefasto. «Cuba republicana», diría compungido Enrique José Varona, «parece hermana gemela de Cuba colonial ». Y uno de los intelectuales más notorios de la época, José Antonio Ramos, agregaría: «Cuba libre fue para nosotros, la primera generación intelectual cubana [ ... ] como un despertar para morir, un salto en el vacío». Años después Orestes Ferrara subrayaría: «El cubano ha tenido un complejo de inferioridad nacional desde el día que se constituyó la República. La llamada Enmienda Platt fue de ello la causa primera». Los escritores que preceden a la primera generación republicana debieron enfrentar, por un lado , la tragedi a histórica del país, y, por otro, el vacío creado a raíz de la prematura desaparición de los grandes escritores de finales de siglo. No tuvieron, por supuesto, mucha fortuna. Basta hojear la antología poética

Arpas cubanas, de 1904, en la que se encuentran casi todos los poetas relevantes de entonces -con la lamentable excepción de Luisa Pérez de Zambrana y algún otro- para descubrir que esa poesía no tenía mucho que aportar. Ingresaba como un anacronismo al nuevo siglo y al país. Para Vitier, dada la orfandad que padecieron esos poetas, «el período que va de 1895 a 1913 se nos presenta vacilante, confuso y en términos generales mediocre»." Los jóvenes narradores -víctimas del estupor general- tampoco encuentran asidero. Sólo algunos nombres sobrevivirán al desastre, sobre todo los estudiosos como Fernando Ortiz y los cronistas como José Miró Argenter, que intentaban rescatar e incluso perfilar lo más valioso de la cultura y la historia cubanas. «A través de la historia la sociología y los mitos se buscaba tercamente el rostro de la nacionalidad». '2Es el ensayo, por tanto , el género dominante en esta etapa,

" Lo cubano en la poesía. Letras Cubanas, La Habana, 1970, p. 317. Vitier sólo considera oportuno señalar algunas «débiles orientaciones principales»: 1. La con tinuación de la poesía patriótica, 2. La continuación de la poesía nativista o tipicista, 3. La continuación de la línea del pai saji s mo cuba no, 4. La influenci a directa de Casal. «Nótese» -se apresura a agregar- «que ni la poesía ni la prosa de Martf ejercen ningún influjo en este mo mento». 12 Ambrosio Fomet: En blanco y neg ro, La Habana, 1967, p. 24. El papel de Ortiz ha resultado, a la postre, excepcional. Peter Hulme ha ag regado a los infinit os aportes de aqué l la certeza de que «será leído cada vez más como el gran teórico de las consecuencias cultu ra le s de 1898» . Espectacularmente, <<la gran figura al otro lado de ese año divisorio es José Martí, de cuya obra bien pueden extraerse las bases para una genuina teoría poscoloni al americana». (Casa de las Américas, 1996. No. 202, p. 8)

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y no es raro que muchas de las narraciones o dramas de la época tengan carácter ensayístico. La primera década del siglo ve surgir

obras de algunos de los viejos maestros del ensayo, como Varona o Enrique Pyñeiro, junto con la de nombres que a partir de entones comenzarían a ganar notoriedad: el ya mencionado Ortiz y los narradores Miguel de Carrión y Jesús Castellanos. Pero Carrión escribiría sus mejores novelas a fines de la década siguiente, y Castellanos moriría en 1912, cuando aún no había cumplido los treinta y tres años. La vida le alcanzó, sin embargo, para publicar los cuentos de

De tierra adentro (1906), y las novelas La conjura (1909) y La manigua sentimental (1910). El primero de esos títulos se ha considerado un precusor de la cuentística verdaderamente nacional. Lamentablemente, el año de su aparición fue también el de la segunda intervención norteamericana. El paisaje posterior a la batalla volvería a tornarse oscuro e incierto. 3. LA GENERACIÓN (CUBANA) DEL 98 Como se sabe, en 1908 Gabriel Maura acuñó la expresión de «generación del Desastre», pero no sería hasta 1913 cuando Azorín y Ortega y Gasset utilizarían , cada uno por su lado, un término que hizo fortuna: «generación del 98 ». Ese mismo año la literatura cubana daría un vuelco definitivo. Dos fueron las causas principales: la aparición de la revista Cuba contemporánea en la cual colaboraría lo mejor de la intelectualidad cubana del momento, y la publicación de

Arabescos mentales, libro de Regino Boti que inauguraría un nuevo modo de hacer poesía en Cuba y, de paso, el posmodernismo nacional. Una tercera causa, menos recordada, fue la aparición, dentro de la colección de las Obras de Martí, de Ismaelillo, Versos sencillos (ambos de escasa difusión hasta entonces) y de una parte «apreciable» de los Versos libres, que se mantenían inéditos. Se suele olvidar «que también en 1913 apareció aquel libro de versos de Martí, cuyo impacto no iba a ser pequeño y sobre todo crecería con los años».13 Pero hagamos un paréntesis que nos permita retomar ciertos temas y precisar una cuestión de principios . En su Historia crítica del pensamiento español, José Lui s Abellán resume, para ese momento clave de la vida espiritual de su país, algo que perfectamente podría aplicarse al contexto cubano: «La preocupación

" Roberto Fem ández Retamar: «Rubén Darío en las modernidades de nuestra América» en Para el perfi l definitivo del hombre, La Haban a, 1995, p. 345.


por España y su esencia, las causas de sus males, las posibles soluciones, el

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pasado y el destino histórico de nuestro pueblo, etc., llenan las páginas de todos los escri tores de la época» .'4 Dicho esto habría que preguntarse si existió en Cuba, en rigor, una generación del 98, dado que muchas de las características de la española serían válidas también para la cubana. Entre esas zonas de confluencia están, por ejemplo, el sentimiento de frustración nacional, aunque producido por razones diferentes, como resultado de una guerra y de una historia comunes; el desdén de los escritores por la política y la importancia que algunos de ellos conceden a Nietzsche como «caudillo ideológico»; la labor crítica y de cuestionamiento de la generación anterior. Si en Cuba esa impugnación de las generaciones precedentes ayudó a impulsar la «guerra necesaria», como la llamaría Martí, en España la tarea no fue menos importante. Recuérdense las palabras de Azorín en su texto titulado, precisamente, «La generación del 98 », según las cuales existe una cierta ilusión óptica referente a la moderna literatura española de crítica social y política; se cree generalmente que toda esa bibliografía «regeneradora», que todos esos trabajos formados bajo la obsesión del problema de España, han brotado a raíz del desatre colonial y como consecuencia de él. Nada mas erróneo; la literatura regeneradora, producida en 1898 hasta años después, no es sino una prolongación, una continuación lógica, coherente, de la crítica política y social que desde muchos años antes de las guerras coloniales venía ejerciéndose. El desastre avivó, sí, el movimiento; pero la tendencia era ya antigua. Es por ello que Fernández Retamar considera que Modernismo hispanoamericano y 98 no son sino dos manifestaciones de un mismo fenómeno, el de «la aparición, a menudo confusa, dolorosa o indirecta, de la conciencia de pertenecer a esos países laterales, «secundarios» (dijo Marx), que ahora se llaman subdesarrollados»'5 ... y que en las últimas décadas -agregaría yo- han venido den 0"Historia crítica del pensamiento espaíiol. La crisis contemporán ea 11 (1875- 1936), Barcelona, 1993, t. 7, p. 188. "«Modernismo, 98, subdesarrollo», en Para una teoría de la literatura hispanoamericana, la ed. completa, Santafé de Bogotá. 1995, p. 146.

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minándose, un tanto eufemísticamente, países periféricos . En el caso de Cuba, la situación es atípica. La discontinuidad a que he aludido antes, la

cual provocó un hiato de. más de una década en nuestra literatura, hace que la generación cubana del 98 sea tardía, o mejor -si seguimos a Retamar, para quien debe hablarse de literatura del 98 como equivalente de literatura moder-

nista-, que dicha generación esté dividida en dos partes bastante diferenciadas: la de los primeros modernistas , cuyos nombres paradigmáticos serían Martí y Casal, y la de los que, nacidos el último cuarto de siglo, es decir, después incluso que Machado, el más joven de los noventiochistas, fundaron, en la segunda década de este siglo, el posmodernismo cubano. Son estos últimos, en verdad, los más afines a sus colegas españoles. En el medio, queda esa especie de tierra de nadie en que los mayores tiene ya poco que aportar mientras los más jóvenes no han despuntado aún. Pero volvamos a la figura de Boti. El año en que Maura acuña el término de «generación del Desastre», Boti recibe en una remota ciudad de Cuba una carta del redactor jefe de la revista santiaguera Helios, quien, «con motivo del próximo aniversario del 20 de mayo, y en su conmemoración», lo invita a colaborar «escribiéndonos algún pensamiento alusivo al día». La respuesta de Boti se halla escrita, de su puño y letra, en la parte inferior de esa carta: Los israelitas son un pueblo disperso, irradiado, pero no extinguido. Nosotros somos un pueblo muerto, o cuando menos agónico. El amor al terruño, el instinto de conservación colectiva, se nos ha ido mientras seguimos tras las ambiciones de unos o las bastardías de otros. Y cuando un pueblo está muerto o está agonizante cuadra hablar mejor de sepelio que de epopeya, de mausoleo que de capitolio, de sudario que de bandera. ¿Por qué pues hablar de efemérides? El 20 de mayo ¿no es un epitafio?16 Este mismo hombre, que había comenzado teniendo una intensa vida política, se alejó pronto de ella. Fue en 1913, como ya dije, cuando apareció ese libro de poemas que sería una sacudida para la literatura cubana de entonces . El libro está precedido por un extenso ensayo del autor, puesto a maneta de prólogo, y titulado, provocativa mente, «Yoísmo. Estética y autocrítica de arabescos mentales». Allí comienza diciendo: «Este libro es una profanación». y en efecto, los " Cartas a los orientales (1904-1926), comp. y notas de José M. Fernández Pequeño y Florentina R. Boti y pr61. de José M. Fernández Pequeño. La Habana, 1990, p. 48.


Arabescos ... de Boti profanaron el

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panteón, la adormilada y vetusta poesía de sus contemporáneos, con una «obra anónima» en la que, como él mismo señaló, «han colaborado todos los que escribieron antes que yo». Y es amplia, en verdad, la nómina de poetas con la que este hombre, autorreconocido como ecléctico, dialoga. Sin embargo, al hablar de la poesía española y, una vez más, aunque con otros términos, del «retomo de las carabelas», menciona, sobre todo, autores que en su mayoría sólo son recordados hoy en las histori as de la literatura. Sea por la razón que fuere, olvida a los grandes poetas del 98; y entre los importantes sólo cita a Manuel Machado y a Juan Ramón Jiménez, como deudores de los modernistas hispanoamericanos. Juan Ramón, paradójicamente, ejercería luego una influencia decisiva sobre el grupo poético más renovador que ha existido en Cuba en este siglo: el aglutinado alrededor de la revista Orígenes y de su director, José [ezama Lima. De cualquier modo, Arabescos mentales le devolvió su razón de ser a la literatura cubana; en él, «el sentimentalismo romántico y el dolor ante la crisis nacional son ahogados implacablemente por la opulencia verbal y la deliberada elusión de toda referencia a las circunstancias políticas inmediatas».17 Cuatro años después de haberse publicado el poemario de Boti, en 1917, aparecen los

Versos precursores, de José Manuel Poveda, el otro hito de nuestro posmodemismo. La dignidad de la poesía cubana quedaba a salvo. Poveda, quien fue además un excelente prosista, dedicó en 1910 un ensayo a Valle Inclán. Es, hasta donde sé, el único dedicado por entonces en Cuba a alguna figura del 98. Para él, esa fecha ha traído una España nueva . Pero no una España conquistadora y despótica [ .. .]

esa España es la que ha muerto en Santiago de Cuba: La otra será liberal .

y civilizada, abierta a todas las ideas y a todas las aspiraciones de su siglo, fecunda en todas las más altas manifestaciones de la inteligencia humana. Y esa nueva España, gloriosa por su estirpe, será más gloriosa aún por la fuerza de su genio. Acaso no tenga un nuevo Lepanto; pero es seguro que tendrá nuevos Cervantes.'8

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11

José Antonio Portuondo: Bosquejo histórico de las letras cubanas, La Habana, 1960, p. 49. «Don Ramón del Valle-Inclán », en Prosa, Letras cubanas, La Habana, p. 198.


Sin embargo, aunque creía hallar en

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la literatura españo la del momento nombres portentosos, consideraba que no eran «figuras de renacimiento, no indicaban despertar, no señalaban un punto de partida hacia nuevos horizontes». Y añadía: «Los viejos estaban fatigados, desencantados o agotados [... ] Los jóvenes, en cambio, estaban faltos de derroteros , de orientaciones, de un propósito guiador y absoluto.» '9 Creo que ninguna semejanza entre estas opiniones y la situación de la literatura cubana sea pura coincidencia. Justo entre Arabescos mentales y Versos precursores se publica, en 1915, Ala, de Agustín Acosta, que sería el otro poemario clave del período. Pero Acosta pasaría a la posteridad, sobre todo, por un larguísimo poema de 1926, convertido pronto en un clásico, titulado La zafra, y en el que el campo, como ha dicho Vitier, no es ya paisaje, sino sobre todo economía. Basta recordar la importancia que se concede al papel decisivo y al mismo tiempo incierto del azúcar en los destinos del país: [... ] grano de nuestro bien .. . clave de nuestro mal! se ignora, mientras rauda danzas en la turbina si serás nuestra gloria o serás nuestra ruina [... ] Precisamente entre 1915 y 1920 se vivió, gracias al desmesurado aumento de los precios del azúcar en el mercado mundial, como consecuencia de la guerra en Europa, la Danza de los Millones, ese período de opulencia y despilfarro que fue seguido, como era de esperar por una drástica caída de los precios y el consiguiente período de Vacas Flacas. Si 1913 había sido testigo del surgimiento de una revista y un libro decisivos para el cambio que se produciría en la cultura cubana, 1916, recién estrenada la Danza de los Millones, vería la revista Social, publicación verdaderamente moderna, lujosa y cosmopolita, y un libro de ensayo que se convertiría en el manifiesto de toda una generación: el Manual del perfecto fulanista, de José Antonio Ramós. Es Ramos quien realiza el análisis más riguroso de la situación política del país y quien mejor ejemplifica a un tipo de intelectual cuya actitud, como ha señalado José Antonio Portuondo, no fue la del avestruz, sino la del

francotirador «que quema sus cartuchos en un desesperado acto de heroísmo, con la esperanza un poco ingenua de ir acabando uno a uno con los eneruigos».2o

" lbid, p. 199. lO Cap(lulos de iileralura cuballa, p. 405 .


Pero en sentido general, son los novelistas los que captan mejor el estado

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emocional que predomina en la flamante República. Los adelantados de la primera generación republicana aquellos que en el 98 tenían poco menos de veinte años , como promedio- publicaron novelas históricas y satíricas en las que se afirmaban dos posiciones antitéticas: de una parte, el culto al pasado, que se expresaba exaltando el heroísmo demostrado en la lucha por la independencia; y de la otra, el testimonio de un estado creciente de escepticismo y desaliento, los gérmenes literarios de la famosa «frustración » a que hemos venido haciendo referencia. En las primeras -La insurrección, de Luis Rodríguez Embil, y La manigua

sentimental, de Jesús Castellanos, ambas de 1910, las palabras mambi y manigua adquirieron un aura romántica y resonancias épicas; y en las segundas -El pantano (1905), de Mario Muñoz. La conjura (1909) , de Castellanos , y La conjura de la ciénaga (1923), de Luis Felipe Rodríguez, títulos obviamente alegóricos, metáforas de un naufragio colosal- la sociedad en su conjunto aparecía comp una conspiración monstruosa contra todos aquellos que sostuvieran y trataran de hacer prosperar sus ideales. Bajo la influencia del positivismo y el naturalismo, numerosos escritores «estudian » el «organismo socia l» para denunciar sus «lacras», especialmente el oportunismo y la hipocresía de la moral burguesa. El más notable de los autores de esta corriente -de hecho, el primer gran novelista cubano del siglo- es el médico Miguel de Carrión. Las dos corrientes a que nos referimos antes -dominadas respectivamente por la épica y la sátira- confluyeron de pronto en una novel a emblemática de todo este período, que llegó a convertirse en paradigma narrativo de la crítica social :

Generales y doctores (1920), de Carlos Loveira. Sin duda el autor era tan . escéptico y tan cínico como algunos de sus colegas, pero tal vez su experiencia como obrero ferroviario y su intensa actividad como sindicalista lo inclinaban a preocuparse por el contraste existente entre el «pueblo» y sus gobernantes. En los inicios de la República éstos eran, invariablemente, los generales de la Guerra de Independencia y los profesionales -los «doctores», abogados casi siempre- que los habían apoyado en la manigua o se habían sumado a última hora al carro de los vencedores. Como fresco de toda una época de la vida 2. Cap(tulos de literalllra cubana, p. 405.

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cubana, la novela tiene una estructura previsible; es un tríptico, cada una de cuyas partes remite a un momento preciso del pasado inmediato: «E n días de tristeza y duda», al período que Martí ll amó de la «paz turbulenta», cuando comenzaban a incubarse los gérmenes de la nueva guerra; «En días de fe y heroísmos», a la vida de los cubanos emi grados y a la fase final de la guerra; y «En días de incertidumbre y desconcierto», a un referente que, a estas alturas, no necesito aclarar. El protagonista de Loveira y, en cierta medida, su

alter ego, es Ignacio García, hijo y sobrino de españoles: el padre, un militar que acaba si mpatizando con la causa cubana y el tío - el eterno «tío» de todos los «sobrinos», tanto peni nsulares como criollos-, un bodeguero semianalfabeto y cod icioso que se las arregla para obtener un título de «doctor» y convertirse en acaudalado propi etario. Pese a su estructura -un tanto maniquea-,

Generales y doctores aporta una visión transgresora y sorpresiva al revelar los elementos de corrupción que ya venían incubándose en los años de esfuerzo y sacrificio, es decir, la dosis de sátira y de drama que se ocultaba en el seno de la épica. El noble Ignacio García no tardaría mucho en descubrir que entre los héroes , los cobardes y los oportunistas pasaba un a línea divisora bas tante imprecisa. Ta l vez el autor qui so rendirle un desagravio cuando decidió concluir la novela con un emotivo parlamento en el que Ignacio re itera su confi anza en «las nuevas fuerzas que ya germinan» en el seno del pueblo y su repulsa moral ante la farsa política de aquell a República «comida, como por un cáncer, por la pl aga funesta de los generales y doctores». De hecho, las «nuevas fuerzas» ya estaban a la vista. En el terreno político presentarían sus credencia les en 1923, con la ll amada «Protesta de los Trece», y muy pronto se enfrascarían en la lucha contra el tirano Gerardo Machado, concluida diez años más tarde. En el terreno cultural serían las propul soras de la vanguardia, de una profunda renovación teórica y práctica del di sc urso cubano, tanto artístico como literario, cuyo principal vocero fue la Revista de Avance. No quisiera forzar las semej a nzas pero estoy tentado a decir que hubo en Cuba también una «Generación del 27 » que trazó nuevos rumbos en e l proceso d e desarrollo , no ya de la poesía, sino de toda la cultura cubana. Sea como fuere, lo cierto es que el


síndrome del 98 -la época de la frustración y el desaliento- llegaba a su

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fin. La obra precursora de Fernando Ortiz, y la de los jóvenes escritores de la época -Marinello, Mañach , Carpentier, Novás, Montenegrooo.darían en lo adelante la tónica de nuestra literatura. Fue precisamente Carpentier -con apenas veintidós años- quien redactó un texto ocasional que, sin embargo, podría considerarse el ajuste de cuentas de su generación con el pasado, por lo menos en lo que respecta a España. Se trata de su «Carta abierta a Manuel Aznar sobre el meridiano intelectual de nuestra América», que, como se sabe, alude a la ruidosa polémica suscitada por un artículo de La Gaceta Literaria de Madrid. La carta está fechada el 12 de septiembre de 1927 y apareció en el Diario de la Marina, periódico dirigido a la sazón por el destinatario. Considero «errónea », «mi querido Aznar» -venía a decir en síntesis Carpentier- «la afirmación de que "es una necesidad urgente proponer y exaltar Madrid como meridiano intelectual de Hispano América"[oo .] América tiene [oo.] que buscar meridianos en sí misma, si es que quiere algún meridiano». Fue este espíritu de independencia, de búsqueda de la propia identidad cultural -unido a la lucha contra las manifestaciones imperialistas de los Estados Unidos- lo que dio a la cultura cubana de la época un sello definitivo de autenticidad.

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S8

DEL 98 AL 98: CIEN AÑOS

La

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(ada año se pierden cientos de i deas . de Inno'lilclo n es, de horas

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L 98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA ~

en torno a cuba y el 98, desde ahora y desde extremadura * roberto fernández retamar

Voy a comenzar dedicando estas palabras a la memoria de dos amigos entrañables recientemente desaparecidos. Uno es Tomás Gutiérrez Alea. Titón. Nos conocimos en la adolescencia, y me llenó de admiración, orgul lo y gratitud verlo crecer. Cuando este curso se proyectó por vez primera, hace algún tiempo, Miguel Rojas Mix pensó con toda justicia que Titón debía participar en la pri mera línea de él. La enfermedad que lo llevaría a la muerte no lo permitió. Siento, pues, que voy a hablar también, hasta cierto punto, en nombre suyo. Ambos amamos profundamente a Cuba y a España. Participamos, siendo muchachos, en alguna aventura romántica en favor de esta última; y siempre en muchas en favor de la primera. El año pasado, España lo honró (y se honró a sí misma) concedi é ndole la ciudadanía española, sin tener que renunciar a la cubana: este gran creador rebelde y revolucionario fue enterrado en la Isla donde nació, trabajó y murió . La otra persona a quien dedico estas palabras es José María Val verde, cuya preciosa amistad me fue regalada hace cuarenta y cinco años por Cintio

. Conferencia in augural del curso El 98: las Alltillas espaiiola s de siglo a siglo: CI/ba, ofrecido e n la Universidad Internacional Iberoamericana, Jarandilla de la Vera, Extremadura, entre el l y el 6 de julio de 1996.


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Vitier, quien lo había conocido en España y me anunció que íbamos a ser amigos. Así fue. Primero por libros y cartas. Luego personalmen-

te, durante, su exilio en Canadá. Por último, en España mía, y en Cuba y Nicaragua, cuyas revoluciones defendió con amor y desprendimiento característicos. Me dijo que era comunista (porque Alfonso Comín le hizo posible asumir el marxismo desde su catolicismo), y le gustaba proclamar su condición de español hispanoamericanizado. Pero además y ·sobre todo fue un ser de transparente autenticidad que, como Antonio Machado, anduvo «siempre buscando a Dios entre la niebla ». También pensó Miguel (y pensé yo) traerlo a este curso, precisamente a éste. Y también la enfermedad mortal lo impidió. Quizá Titón y José María no llegaron a conocerse personalmente. En ese caso, se encuentran ahora, al evocarlos en el inicio de estas jornadas a las que ellos hacen ll egar su luz Y su dolor. En personas como ellos encarna el vínculo entre nuestra España y nuestra América que inauguró el 98. Gracias por sus vidas, por sus ejemplos, compañeros del alma, compañeros. En una de sus crónicas sobre la primera conferencia panamericana, celebrada en Wáshington, que tanto lo preocupó, escribió José Martí el 2 de noviembre de 1889: Jamás hubo en América, de la independencia a acá, as unto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendib les, y determinados a extender s us dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, li gadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América españo la; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia. II < ... > Sólo una respuesta unánime y viril, para la que todavía hay tiempo sin riesgos, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de América de la inquietud y perturbación

< ... > en que los tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas venales o débiles, la política secular y confesa de predominio


de un vecino pujante y ambi-

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cioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, < ... > o para obligarlos, como ahora, a comprar lo que no puede vender < ... >. Desde la cuna soñó en estos dominios el pueblo del Norte

< ... >; y cuando un pueblo rapaz de raíz, criado en la esperanza y certidumbre de la posesión del continente, llega a serlo, con la espuela de los celos de Europa y de su ambición de pueblo universal, como la garantía indispensable de su poder futuro, y el mercado obligatorio y único de la producción falsa que cree necesario mantener, y aumentar para que no decaigan su influjo y su fausto, urge ponerle cuantos freno s se puedan fraguar con el pudor de las ideas, el aumento rápido y hábil de los intereses opuestos, el ajuste franco y pronto de cuantos tengan la misma razón de temer, y la declaración de la verdad. La simpatía por los pueblos libres dura hasta que hacen traición a la libertad; o ponen en riesgo la de nuestra patria. Si Martí se manifestaba así en público, no es extraño que la expresión de su alarma subiera de punto en las comunicaciones privadas, lo que se vio , por ejemplo, en las cartas que coetáneamente enviara a su joven compatriota Gonzalo de Quesada y Aróstegui, secretario entonces del delegado argentino a aquella conferencia Roque Sáenz Peña, y luego del propio Martí, cuando éste se hallara al frente del Partido Revolucionario Cubano. El 14 de diciembre de aquel año 1889 escribió Martí a Quesada: Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra -para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más sobe rbia no la hay en los anales de los pueblos libres-: ni mal dad más fría. ¿Morir, para dar pie en qué levantarse a estas gentes que nos empujan a la muerte para su beneficio? Valen más nuestras vidas , y es necesario que la Isla sepa a tiempo esto. i Y hay cubanos, cubanos, que sirven, con alardes disimulados de patriotismo, estos intereses!

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A su fraterno confidente, el mexicano Manuel Mercado, Martí había escrito el 21 de noviembre: «V ivo para mi tierra, la veo en peligro de lo

que más abominable me es, me veo sólo para defenderla», y el 24 de diciembre le añadía: «Lo que casi me ha sacado la tierra de los pies es el peligro en que veo a mi tierra de ir cayendo poco a poco en manos que la han de ahogar < ... > . En mí, es tal vez la pena mayor por serlo el conocimiento, puesto que de tanto tiempo atrás vengo allegando, y guardando, y viendo crecer, las pruebas de mis previsiones < ... >>>. En efecto, Martí llevaba entonces casi diez años de destierro en los Estados Unidos, y había acopiado incontables pruebas de sus previsiones. Para no salirnos de 1889, el 13 de junio escribió en una crónica: «Por la supremacía en Samoa contendrían los Estados Unidos, que en esto no son demócratas ni republicanos.» Y el 16 de noviembre dijo, en carta a su compatriota Serafín Bello, al comentarle la conferencia panamericana: «Llegó ciertamente para este país <los Estados Unidos>, apurado por el proteccionismo, la hora de sacar a plaza su agresión latente, y como ni sobre México ni sobre el Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico, y sobre las Antillas', sobre nosotros .» No podían an unciarse con más pasmosa claridad, nueve años antes de que ocurrieran, los sucesos del 98 . Los ojos del naci ente Imperio estaban hacía tiempo «sobre las islas del Pacífico, y sobre las Antillas». La forma como el águila iba a pasar de los ojos a las garras, las excusas que encontraría o se fabricaría para ello, eran irrelevantes. Lo decisivo es que iba a pasar, y Martí lo sabía, angustiado, e hi zo cuanto pudo para impedirlo. Su tarea era de singular complejidad, ya que en lo inmediato debía obtener la independencia de Cuba con respecto a su vieja metrópoli política, España; y al mi smo tiempo, frenar la expansión de la que ya era, de hecho, su nueva metrópoli comercial. Con respecto a esto últi mo, un informe con sular de los Estados Unidos escrito en 1881 decía con toda claridad: «Comercia lmente, Cuba se ha convertido en un a dependencia de los Estados Unidos, aunque políticamente continúe dependiendo de España. » Este hecho iría en aumento, al extremo de que el año anterior al inicio de la guerra de 1895 , los Estados Unidos adq uirieron el 91,4 por ciento de las exportaciones cubanas de azúcar. Conocedor profundo de la difícil situac ión, Martí se movía en frentes distintos. En las conferencias panamericanas, desenmascaraba las maniobra s del gobi erno estadounidense, valiéndose unas veces de sus artíc ulos periodísticos


publicados de México a la Argentina, y otras de su condicón de cónsul en

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Nueva York de Uruguay. En cuanto a su patria chica, lograba organizar en 1892, tras di ez años de esfuerzos, el Partido Revolucionario Cubano. Este partido se proponía, seg ún el artículo prime ro de sus «Bases», «lograr, con los esfuerzos re unid os de todos lo s hombres de buena vo luntad, la independencia abso lu ta de la Isla de Cuba, y fo mentar y auxi li ar la de Puerto Rico». Pero en la tercera de dichas «Bases» se expresaba la vo luntad de fundar en Cuba un a nación capaz de «cump lir, en la vida hi stórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográ-

fica le señala». Esta última meta iba a se r exp li citada en el trabajo marti ano de 1894 «El tercer año del Partido Revol ucionario Cubano», cuyo elocuente subtítul o re mite a aq ue ll a base tercera: «El alma de la revolución y el deber

de Cuba en América». Ese subtítul o es el hilo rojo del texto. As í lo hace ver qu~

Martí di ga allí que el partido, además de las que corresponden a los pro-

blemas internos del país, tiene un a «misión aún mayor, a que lo obligan la época en que nace y su posición en el crucero universal ». A continuación, añade: Cu ba y Puerto Ri co entrarán a la libertad con compos ición muy diferente, y en época muy distinta , y con respo nsab ilid ades mucho mayores que lo s demás pueblos hi spanoamericanos. Es necesario tener el va lor de la grandeza: y estar a sus deberes. De frai les que le niegan a Co lón la posibilidad de descubrir el paso nuevo está ll eno el mundo < ... >. Lo que importa no es sentarse con los frailes , sin o embarcarse en las carabelas de Colón. < ...> En el fiel de América están las Antill as, que serían, si esc lavas, mero pontó n de la guerra de un a república imperial con tra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder mero fortín de la Roma americana; -y si libres < .. .> sería n en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América espa ñol a aú n a menaza da, y la del honor para la gran república del Norte, que en el desa rrollo de su territorio < ... > hallará más segura grandeza que en la innobl e conq ui sta de sus veci nos menores, y en la pelea inhum ana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predo minio del mundo. < ...> Es un mundo lo que es ta-


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mos equi librando: no sólo dos islas las que vamos a libertar.

< ... > Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna . Quien se levanta hoy en Cuba se levanta para todos los tiempos. Martí sabía bien, como le había esc rito a Quesada, que en los Estados Unidos se fraguaba el plan de precipitar a Cuba a la guerra «para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garant izador», quedarse con la Isla. Se propuso, pues , lograr con el mayor cuidado y la reserva mayor un a guerra de ejecución rápida, que dificultase al máximo el cumplimi ento de tal plan «tenebroso». Con suma discreción había acopiado armas y pertrechos que se re unirían en e l puerto floridano de Fernandina, para ser depositados allí en tres barcos que irían a recoger a los principales jefes de la guerra y los llevarían a la Isla. La discreción absol uta debía garantizar el éxito de la empresa. Pero el 12 de enero de 1895 la Secretaría de Hacienda estadounidense, sospechosamente enterada del plan, ordenó a las autoridades del puerto que detuvieran a los barcos, y ocuparan equipos y pertrechos. Se había evaporado el factor sorpresa. La guerra, que al cabo estalló el 24 de febrero, no sería breve, como la quiso Martí, sino larga y difícil, lo que abrió el flanco que buscaba el enem igo mayor. Martí no la rehuyó, sin embargo, y participó en ell a como un combatiente de primera fila. El 18 de mayo, en el campamento de Dos Ríos, escribió en su última carta a Mercado, que iba a adqui rir valor testamentario, las palabras hoy famosas: «ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber < ... > de impedir a tiempo con la independencia de mi país que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso». Al día s iguiente, murió en combate. El resto, bien conocido, condujo con el inflexible rigor de un destino trágico al 98, an unci ado y denunci ado e n su esencia por el héroe de Dos Ríos. El genio de Martí se reveló poderosamente en aquellos análisis que no sólo le permitieron comprender a fondo la historia que vivía, sino que también nos hacen posible entender los tremendos desafíos del presente. Pero mucho antes de que hubiera nacido Martí ya era sumamente tensa la relación entre la isla de Cuba y su ávido vecino norteño Si el mismo año en que los Estados Unidos obtuvieron su independencia de Inglaterra, es decir en 1783, e l conde de Aranda expresaba con agudeza sus reservas ante «la nueva potencia », que


«mañana será gigante y después un coloso irresistible en aquellas regio-

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nes », para alcanzar dicha meta le era fundamental a la flamante república, entre otras fechorías, arrebatar tierras a España primero, y luego a la América española. El proceso fue descrito por el historiador cubano Ramiro Guerra en libro que no me canso de citar, y se imprimió aquí en España, en 1935: La expansión territorial

de los Estados Unidos a expensas de España y de los países hispanoamericanos. Guerra sostuvo allí, con sólida fundamentación: en América, bajo nuestros ojos, se está desarrollando un nuevo ciclo de dominación colonial. Los países descubiertos y conquistados por los españoles están sometidos, lentamente, a un nuevo proceso colonizador < ... > Quien conozca el proceso desde su origen no puede abrigar duda alguna <oo. de que> el cambio en el estado político de las antiguas colonias españolas no alteró en lo sustancial el conflicto <oo.> que venía produciéndose. Cuando el centinela español fue sustituido por el centinela mexicano en la frontera de Texas, los norteamericanos no hicieron di stingo alguno.!/ La Luisiana pasó a poder de los Estados Unidos en 1803; la Florida occidental, en 1810; la Florida oriental, en 1821 ; Texas, en 1836; Nuevo México y California, en 1848. <oo.> Al terminar el siglo <XIX>, esa labor estaba concluida en lo fundamental. La expansión estaba lista para dirigirse al Sur en un rumbo previsto por Jefferson desde 1805.

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Es capital la alusión de Ramiro Guerra a Thomas Jefferson , gran hombre para los interses dominantes en los Estados Unidos, quien trazó el área que iba a abarcar su país. De esa área, según él, necesariamente debía formar parte Cuba. En 1805 dijo que en caso de hostilidades, «consideraba que las Floridas Occidental y Oriental y sucesivamente la isla de Cuba, cuya posesión es necesaria para la defensa de la Luisiana y la Florida <oo.> serían una fácil conquista». En 1809 añadió que Napoleón, «<a>unque con dificultad, < . .. > consentirá en nuestro recibimiento de Cuba en la Unión < ... y así> tendríamos un imperio


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para la libertad como jamás se ha

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visto otro desde .Ia creación». En 1823 vuel ve a la carga: «la agregación de Cuba a nuestra Confederación

es exactamente lo que se necesita para redondear nuestro poder nacional y llevarlo al más alto grado de interés». Y ese mismo año, al responder a la consulta del presidente Monroe sobre la propuesta del canciller inglés Canning para una declaración conjunta, insistió: «Confieso francamente que siempre he mirado a la isla de Cuba como la agregación más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estado». No en balde ha sido dicho que Cuba se le volvió una obsesión a Jefferson. · Aquell a declaración conjunta le fue birlada al astuto Canning por su homólogo el astuto norteamericano John Quincy Adams , quien ese 1823 había informado al representante diplomático de su país en Madrid que Cuba debía permanecer como coloni a española hasta que, al igual que la fruta madura cae a tierra, cayera inex orablemente en el regazo de los Estados Unidos. Fue Adams quien redactó la que sería conocida como Doctrina Monroe, emitida a finales de ese año, y cuya síntesis es: «América <todo el Hemisferio Occidental> para los americanos <los estadounidenses>>> . En lo adelante, la convicción de que Cuba debía ser absorbida por los Estados Unidos no abandonará a los políticos de presa de esa nación . Cuando en 1845 el periodi sta John Louis O'Sullivan habló de «el derecho de nuestro destino mani-

f iesto para extendernos y poseer la totalidad del continente», tales palabras encon traron pl ena identificación entre aquellos políticos y aun entre muchas otras person as en su tierra -hasta hoy. En el caso concreto de Cuba, datos suficientes sobre las maniobras estadounidenses, desde el quinto decenio del siglo

XIX, para sacarla de las manos de España mediante compra, invasión anexionis ta u otro medio, se hallan por ejemplo en sendos libros de dos diplomáticos es p a ñole s: El 98 d e los am e ricano s (Madrid , 1974), de José Manuel All endesalazar; y La cuestión de Cuba y las relaciones con los Estados Unidos

du rante el reinado de Alfonso XII. Los orígenes del «desastre » de 1898 (Madrid, 1995), de Javier Rubio. Remito a esas obras para no sobrecargar estas líneas con los ejemplos que ambas nos ofrecen de dichas maniobras antecedentes orgánicos del 98, aunque la fecha precisa y los aspectos secundarios es claro que pudieron haber sido otros. Sólo si se saben realidades como las anteriores puede calibrarse con justicia nuestra situación presente. Al sintetizar las relaciones cubano-estadounidenses a lo largo del tiempo, Darcy Ribeiro escribió hace algo más de un cuarto de siglo:


Se deben a Cuba < ... > las dos orientaciones sobresalientes

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sobre la política norteamericana respecto a los demás países del continente. La primera fue la Doctrina Monroe, nacida como un esfuerzo tendente a fundamentar jurídicamente la dominación de la isla. La segunda es la Alianza para el Progreso, formulada como una respuesta al desafío representado por la revolución cubana, tanto en su fisonomía inicial, reformista, como en su formulación definitiva, y que consiste simplemente en un mecanismo financiero de sostenimiento del statu qua, mediante la renovación del pacto con los aliados tradicionales de los yanquis: las viejas oligarquías latinoamericanas para las cuales el sistema vigente es también altamente rentable.!/ En toda la historia de la América independiente se contraponen el gigante del continente y la pequeña isla osada. Nacidos juntos e incluso asociados por la viabilidad económica que la próspera explotación económica de las Antillas dio a las colonias inglesas pobres, continúan polarizadas hasta hoy, como dos personajes históricos disociados en todo pero sin embargo complementarios. Con referencia específica a lo ocurrido a partir del 26 de julio de 1953, había escrito Darcy : allí donde todo parecía adverso, donde era mayor la penetración imperi alista y más alta rentabilidad de los inversionistas norteamericanos, donde la oligarquía local era más servil, exactamente allí fue donde primero se rompió la cadena de la dominación. Y se rompió precisamente porque se estructuró, desde los primeros pasos, como una lucha por la conquista del poder político, entregándose simultáneamente al combate abierto contra la dictadura y contra la ordenación total de la soci edad humana.

< ... >// Ninguna de las dos guerras mundiales ningún acontecimiento internacional tuvo, por esto, mayor impacto sobre Estados Unidos que la revolución cubana. Miradas amplias de esta naturaleza permiten comprender acciones y reacciones estadounidenses tocantes a Cuba que provocan a menudo verdadera perplejidad

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en el mundo. La perplejidad se disi-

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paría con un repaso de la historia. De ahí que sea tan acertada la idea de un curso como éste, en que Cuba es vista

en relación con el 98. Y no para volver la mirada al pasado con riesgo de convertirnos en estatuas de sal, sino para alimentarnos con experiencias vitales, y renovar las fuerzas a fin de ser fieles a los deberes que estamos en la obligación moral de cumplir. Las conferencias que vendrán a continuación arrancan de aquell a fecha traumática, pero se abren a un presente de lucha y creación, y a un porvenir de esperanza . Arrancan de 1898, «año sísmico para el Caribe» (y no sólo para él), como dijera no hace mucho el investigador británico Peter Hulme, ya que ese año fue e l comienzo de la modernidad que se nos impuso. Hulme añadió: «Fernando Ortiz, estoy seguro de ello, será leído cada vez más como el gran teórico de las consecuencias culturales de 1898. La gran figura al otro lado de ese año divisorio es José Martí, de cuya obra bien pueden extraerse las bases para una genuina teoría poscolonial americana. «Hemos extraído tales bases, y muchas otras riquezas, de la obra de Martí. Va a hablarse de nuestra historia a partir de 1898, de nuestras artes y nuestras letras, y de nuestra otra raíz principal, la africana, que en nada contradice a nuestra matriz hispánica, pues esa matriz se ha mostrado adm irablemente plástica para participar en transculturaciones que nos han hecho y nos hacen lo que somos: es si ntom ático que Fernando Ortiz haya sido, a la vez, el iniciador del estudio serio de los aportes africanos a nuestra cult ura y e l presidente de la Institución Hispano Cubana de Cultura, gracias a la cual estuvieron en Cuba figuras como don Ramón Menéndez Pidal, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Pero no me es dable dejar de evocar al menos dos testimonios elocuentís imos debidos a nuestros vecinos del Norte. Uno de esos testimonios habla del sentido del honor que poseen no pocos de ellos, entre los que se cuentan intelectuales muy valiosos. Me refiero al libro del historiador Leland Hamilton Jenks Our CL/han Colony, que apareció en los Estados Unidos en su versión original, en 1928, y fue traducido y publicado en España al año siguiente. Jenks revela allí sin ambages el carácter que a la sazón tenía Cuba: ya no era colonia española, pero de hecho lo era de los Estados Unidos. El segundo testimonio (en realidad, una serie de seudotestimonios) no 'habla de nada parecido al sentido del honor, y por desgracia es lo que suele propinamos el país del «Norte revuelto y brutal », como lo llamó Martí en su última carta a Mercado. Hace treinta y cinco


años, en abril de 1961, recibimos en Cuba la conocida invasión mercenaria

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que al precio de muchas vidas heroicas derrotamos en menos de sesenta y seis horas. La mala memoria colectiva que auspician nuestros enemigos ha querido borrar cómo sus medios, s upuestamente serios y objetivos, reportaron los acontecimientos de entonces, de acuerdo con las agencias UPI y AP. Ofrezco algunos botones de muestra: -

Wáshington, abril 17 (AP). -Fuerzas anticastristas invadieron hoy

Cuba por tres puntos, y la principal ciudad en el extremo oriental de Cuba, Santiago, puede estar ya en manos de los invasores. Los milicianos de Castro, así como el Ejército y la Marina , se han unido a los invasores. -

México, abril 17 (UPI). -El primer Ministro Fidel Castro se ha dado

a la fuga, y su hermano Raúl fue capturado. El General Lázaro Cárdenas gestiona el asilo político de Fidel. -

Miami, abril 18 (UPI). -Fuerzas invasoras aislaron hoy el puerto de

Bayamo, en la costa sur de la provincia de Oriente. <Bayamo está a más de cien kilómetros de la costa>. -

Nueva York, abril 18 (AP). -Agricultores, obreros y milicias <las

cuales por lo visto no estaban formadas ni por agricultores ni por obreros> se unen a los invasores y ayudan a la zona ya liberada que se expande rápidamente. -

Miami , abril 20 (UPI). -El Primer Ministro ha sido incapacitado por

los bombardeos de los aviones el lunes pasado, con un colapso físico y tal vez mental. <Cuando este despacho fue emitido, hacía hora s que había caído el último reducto mercenario, en Playa Girón>. Si entonces la verdad eran clamorosamente distinta de esas falsedades prefabricadas, no hay persona bien nacida que no esté hoy obligada por razones morales a


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poner en tela de juicio la incesante catarata de in famias contra Cuba. Ahora bien, los que pagan a mercenarios de la letra como los que escribie-

ron los despachos anteriores, hacen mucho más que pagarlos. Valiéndose de medios millonarios quieren hacer que mentiras así lleguen a ser verdades . Ante esos propósitos sombríos, hay que dar la razón a lo que no hace aún dos meses dijo García Márquez. Al pregunarles un periodista de Newsweek sobre Cuba revolucionaria, Gabo le respondió imperturbable que si no fuera por ella, quizá los yanquis estarían ya en la Patagonia. Aunque el acuerdo de la Organización de Estados Americanos tomado en los primeros días del pasado junio a propósito del desaguisado llamado «ley» Helms Burton hace ver con esperanza que la cosa no es tan sencilla. Vuelvo al 98. Ese golpe brutal nos obli gó a encontramos con nostros mismos, en lo que los griegos llamaban una anagnórisis. La primera lección que derivamos fue saber quiénes eran, quiénes somos esos «nosotros» . Aunque se ha dicho mucho, no puedo excusarme de insistir en que el 98 implicó una reconcili ación entrañable entre España y sus excolon ias americanas. Rubén Darío, el «indio divino» según Ortega, desde una orilla; el «donquijotesco don Miguel de Unamuno, fuerte vasco», en palabras de Machado, desde la otra, dieron voz superior a tal reconciliación. Permítanme recordar que ambos miraron con particular respeto y admiración a José Martí. Rubén lo llamó fervorosamente «Maestro»; don Miguel se enorgullecía de haber estado entre los primeros en hablar de él en España: y lo hizo con hondura y delicadeza conmovedoras. En ambos encarnó ese nuevo espíritu hecho posible por el 98, cuyo mayor precedente inmediato están en la vida, la obra y e l pensamiento de Martí, muerto tres años antes de la fecha. En el «Manifiesto de Montecristi» había proclamado Martí: «La guerra no es contra el español ». Era, esb sí, contra el coloniali smo ya crepuscular, y contra el emergente imperialismo. Y estaba guiada por el amor, que da a la política en Martí la calidad de un apostolado y la hermosura de una obra de arte. No hay duda de que esta virtud martiana contribuye a explicar la absoluta falta de odio, tras el cese de las hostilidades en 1898, entre quienes se habían enfrentado con las armas durante treinta años. También, sin duda, coadyuvó con intensidad a esa reconciliación entre españoles y cubanos el hecho de que en 1898 la victoria no fuera ni de unos ni de otros, si no del convidado de piedra que durante un siglo había puesto sus ojos codiciosos en la Isla: y no ha dejado de seguir poniéndolos. Antonio Maceo previó el dilema que podría plantearse, y adelantó una solución gordiana. Preguntando sobre cuál sería


su co nducta si los Estados Unidos

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intentaran apoderarse de Cuba, nuestro bravísi mo y altivo General caído en combate hará este año un siglo respondió que esa sería la única coyuntura en q ue su espada estaría al servicio de España. S i a lo anterior se suma la cuantiosa emi gración española a la Isla, que fortalec ió los ya estrechos vínculos

entre españoles y cubanos, es fácil entender por qué Cuba es, sin discusión posible, el más español de los países americanos; mi entras los cubanos recibimos en una España cuyo aire está lleno de «habaneras» un amor que se reserva a fam ili ares queridos. Hasta donde sé, no ex iste en el mundo relación igual entre una ex metrópoli y una excolonia. Los pueblos tienen que superar los desgarramientos que los han dividido, especialmente los que as umen la forma atroz de una conti enda bélica. Bien sabe de eso este país, donde hace seis décadas se in ició una guerra partic ul armente dolorosa, por su condición de civil , y que sin embargo aprendió a restañar heridas e inventó una convivenci a aleccionadora. En cierto sentido, la guerra de independencia de Cuba fue de esa naturaleza, y las palabras recién citadas del irreductible independenti sta Maceo lo demuestran. Era la guerra en el seno de una estirpe mayor que nuestros rasgos locales. La humanidad se articula en tribus y luego en nac iones , y en algunos casos fel ices, por enci ma de unas y otras, lo hace en vastas comunidades que pueden llegar a vivi r milenios , p ue s tienen un esp íritu duradero. Valiéndose de una fel iz metáfora ortegui ana, hace un lustro propuse en Cádiz llamar a esas comunidades, «Atlántidas». Y recordé que España y sus exco loni as americanas constituyen una de esas Atlántidas. Creo que aluden a ella (o al menos al núcleo de ell a) las palabras en que Alfonso Reyes , al hablar de «lo ibérico», dijo que «tiene en sí un valor universal»; que no se le debía confundir «con talo cual . Estado institucional, con talo cual régimen o gobierno que, como todos, ha gozado apogeos y ha padecido decadencias políticas», para concluir: «Lo ibérico es una representación del mundo y del hombre, una estimac ión de la vida y de la muerte fatigosamente elaboradas por el pueblo más fecundo de que queda noticia. »

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En lo personal , este viaj e me regala una felicidad nueva, aunque de origen anti guo . Tengo una deuda particul ar con es ta tierra . Mi madre me decía que

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en nuestra fami li a éramos criollos y

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rellollos , expresión frecuente entre los cubanos, pero no entre el resto de los hispánicos, quienes sin embargo supon go que la entienden: es algo así como recriollos . En efecto, hasta más bisabuelas eran cuban as. Pero con mis bisabuelos entraron los españoles en la fami li a . Mi bisabu e lo Fernández fue un ast uri ano qu e marc hó a hace r la Améri ca, y no pasó de barbero en un a aldea, lo que le ha dado a mi s ojos (q ue nunca lo vieron ) cierto aire de oscuro personaj e del Quijote. Después de todo, hubo un barbero entre quienes esc ulcaron la biblioteca de la criatura de ficción que más amo. En su é poca, además, los barberos sacaban di e ntes y ponían sang uijuelas , lo que les confería un aura misterios a que me te mo que han perdido los fígaros modernos. No es extraño que tuviera un hijo te legrafista, 'Como e l padre de García Márqu ez, y un biznieto poeta . En cuanto a mi bi sabuelo Retamar, no fue a hacer la América. Nacido e n Extremadura , de aqu í sa li ó con la intención de domes ticarnos y de curarnos, porque era capitán médico del Ejército español. Pero en «la siempre fi de lísima» Is la de C ub a (ac laro para los malpensados que e l títul o es añoso y no nos lo pusimos nosotros), enfermó de amor, y fue domesticado por un a bella y ené rg ica dama de la aristocracia camagüeyana, a c uya fam ili a pe rten ecie ro n la intensa Gertrudis Gó mez de Avellaneda y un futuro cardenal .. . y luego, ya e n caída irremediable, perte nece quien les habl a. Así pues , procedo de un militar español, lo que en Cuba es una noble tradición; mi li tares españoles fu eron tanto el pad re de Martí co mo el de Fidel. No quiero concluir sin expresar profunda gratitud a quienes nos han invitado; a quienes han tendido su mano frate rn al a la hostigada Cuba e n estos nuevos momentos de prueba en que los malos insisten en querer castigarnos por el delito de cumplir mandatos martianos co mo el de preservar la segunda independencia, como el de haber echado nuestra suerte con los pobres de la ti erra, como el de defender una estirpe que en 1898 sería lastimada por partid a dobl e; y, desde luego, a la memoria de aq ue l bisabuelo extremeño que en mi patria, ya también suya, fue a dej ar sus huesos y su sie mbra. Mi capitán: le debía este viaje, en cierta forma de regreso, aunque yo s iempre me im ag in o en la España de mi alma; siempre, como mi maravilloso compañero argentino y cubano, sien to bajo mis talones el costillar de Rocinante.


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ANT~C~D~NT~~, ~prGONO~

y

D~RrVADO~

CíRCULO D~ B~lLM ART~~. ~ALA VAll~ rNcLÁN. JW!vQ'!!, 4 dQ Junio - MattQ'!!, 16 dQ Junio ln el pte!:ente año, centenatio de lo!: acontecimiento!: que ocuttietOn en 1C;?9C;? y !:u!: con!:ecuencia!: en el mundo de la cultuta y !:u!: pen!:amiento!:, !:e hace una teflexión !:óbte lo!: intelectuale!: que de!:de una pet!:pectiva ctítica !:e planteaton el tema de l!:paña, abotdandolo en !:u!: a!:pecto!: tria!: !:ignificativo!:: político!:, económico!:, científico!: y cultutale!:. Peto a lo latgo del año !:e plantean CUt!:O!: y !:eminatio!: nucleado!: fundamentalmente en totno a un teducido gtupO de e!:ctitote!: y pen!:adote!: !:ignificativo!: y a vece!: !:e olvida o no !:e tiene en cuenta a otta!: figuta!: que jugatOn un papel fundamental en el de!:attollo de lo!: acontecimiento!: del ptimet tetcio de nue!:ttO !:iglo, o que fuetOn ptecut!:ote!: de !:u!: gtande!: figuta!:. De ahí la nece!:idad de planteat un ciclo que ahonde en lo!: tema!: y te!:cate a e!:a!: figuta!: del olvido, la matginación o el !:ilencio. l!:o ptetendemo!: en e!:ta!: confetencia!:-coloquio!: abietta!: no !:ólo a e!:ctitote!:, !:ino a ptofe!:ote!:, e!:tudiante!: y público en genetal. La A!:ociación Colegial de l!:ctitote!: de l!:paña agtadece al Centto l!:pañol de Detecho!: ReptOgt3fico!:, que pattOcina e!:ta!: Jotnada!:, la po!:ibilidad que le oftece de te!:catat a!:í a otta!: figuta!: tepte!:entativa!: de nue!:tta!: letta!: y tendit homenaje a quiene!:, a vece!: matginado!:f jugatOn un impottante papel a la hota de tegenetat nue!:tta vida litetatia y !:ocial. Igualmente al Cítculo de Bella!: Atte!: que po!:ibilita !:e celebten la!: mi!:ma!: en !:u hi!:tÓtico centto cultutal.


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4- d{! Junio

JU{!V{!~,

1.a LA

Matt{!~,

L/T~RATURA D~L

R~~PLANDOR~~

D~ LA ~~PAÑA N~GRA

D~~M!TR~ ANT~~ D~L D~~M!TR~

JAVI[R r:,GU[RO

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d{! ~duatdo Lóp{!z Bago r:RANCIS!CO GUTI~RR[Z CARBAJO La~ catta~ y diatio~

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9 d{! Junio

RAÚL GU[RRA GARRIDO Mod{!ta: RAMÓN I-l[RNÁND[Z

d{! JO~B

Mattí ANDR~S! ~OR[l

Mod{!ta: VICTORINO POLO Lun{!~,

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15 d{! Junio

4-. a ~L MALDITI~MO,

<l d{! Junio

2. a GAL~RíA D~ RARO~

LA MARGINAL/DAD, ~L P~CADO y L A NOCI-l~

JUAN MANU[L D[ PRADA

LUIS! ANTONIO D[ VILL[NA

VíCTOR fN¡:ANnS!

ANTONIO I-l[RNÁND[l

Mod{!ta: JUAN MANU[L GONZÁL[Z Matt{!~,

16 d{! Junio

5.a I-l~T~RODOXO~.

~RUDITO~ y R~VOLUCIONARIO~

JOS!~ LUIS! AB[lLÁN - GONZALO ~ANTONJA


D L 98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA

ili

árqenes del 98: antecedentes, epigonos y derivados g a 1 e r

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r a r o s

juan manuel de prada(')

Qui siera hacer un a pequeña intromi sión, efecti vamente, en esta galería de raros, de geni os, de curi osos, que acompañaron la literatura de fines de siglo XIX, pri ncipi os del siglo XX . Qu.izá, sociol ógicamente, la estampa de lo raro podría defin ir al escritor bohemio como ese escritor que, en el último tercio del siglo XIX, se subl eva, un poco, contra la burgues ía, contra un a clase ya no emergente si no consolidada, frente a la aristoc racia o a la nobleza, que era la clase decrépi ta, y el escritor bohemi o es ese esc ritor que de repente lanza un gri to de opos ición fre nte a esa soc iedad burguesa, yo la he ll amado «sociedad filistea », filisteo era aquel que era incapaz de considerar el arte, el burgués que por su bagaje espiri tual no lograba entabl ar di álogo con un a producc ión artística. Son escri tores que se oponen a la burguesía y que reniegan de su mecenazgo, digamos. El movi miento bohemi o yo creo que puede considerarse co mo un a espec ie de mov imiento epigonal del Romanticismo, un bohemio sería una especie de romántico llevado hasta el des melenamiento. Fue un movimiento breve que tuvo, como casi todos los movimi entos literarios, su cuna en Francia y que se extendió por toda Europa -cómo no, también por España- a fina les del XIX y principios del XX. Fue un movimiento que, por supuesto, fue degenerando, porque pronto los escri tores se di eron cuenta de que lo que había que hacer era no oponerse a la soc iedad burg uesa si no convertirse en un buen burgués, y así, poco a poco, los escritores fueron variando su estrategia y fueron domesticándose poco a poco. Digamos que el tránsito de ese escritor que se enfrenta a las convenciones de la (1, Transcripci ón literal de la grabación efec tuada en el Círcul o de Bell as Artes, sin rev isar po r el autor. Transcri pci ó n reali zada por Laura Martínez.


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GALERIA DE RAROS

sociedad burguesa con el escritor que

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acepta que tiene que ser un buen burgués para poder seguir escribiendo se daría, sobre todo, en la generación de

la época entre el 98 y el 27. Los escritores del 27 son ya todos o casi todos burgueses, mientras que a los escritores del 98 les tocó vivir la época de transición. En estos momentos surge la figura del bohemio, que también tiene una tipología diversa. Existiría, por ejemplo, el escritor que se plantea la bohemia como un sarampión juvenil, y escritores de este tipo fueron casi todos los miembros de la generación del 98, muy especialmente Valle. Baroja y Azorín fueron bohemios en su juventud, lo que ocurre es que llega un determinado momento en el que se dieron cuenta de que aquella era una actitud estéril y derivaron hacia otras actitudes más complacientes o no -en el caso de Baroja sería una actitud muy poco complaciente-, pero que, desde luego, asume que los modelos vitales de la bohemia estántotalmente periclitados. Existe otro tipo de escritor bohemio que es el que reincide y se obstina en perseverar en esa actitud . Ejemplos de este tipo hay varios y de muy diversa índole, desde el modelo de Villaespesa, célebre poeta modernista que perseveró en una actitud bohemia o que pasó por épocas de bonanza económica y de verdadera riqueza, a escritores hoy en día desconocidos, como pueda ser el citado anteriormente por Víctor Infantes, Pedro Barrantes, del que luego hablaré un poquitín. Estoy ahora trabajando en una semblanza sobre él, pero les avanzaré algún dato sobre su vida y milagros.

y luego, ya por último, existiría una bohemia terminal, o casi casi una bohemia ya con el electrocardiograma plano, una bohemia casi casi catatónica, en la que ya se entrecruzan una fauna diversa de personajes rarísimos, que oscilan entre el loco, el chiflado más absoluto, y el poeta bienintencionado que opta por esa forma de vida ya totalmente desfasada. En definitiva, una galería de pequeños monstruos de la literatura, absolutamente anac rónicos, por supuesto, porque la época de la bohemia ya había pasado. Fueron escritores que desarrollaron su obra a principios del siglo XX, incluso en la década de los años 20. Ya, efectivamente, la bohemia era un armatoste de otro tiempo. Entre los escritores que eligieron la bohemia como sarampión juvenil pero que luego fueron derivando hacia otras actitudes literarias como digo, podríamos hablar aquí de muchos escritores. Quizá un caso muy sonado fue el de Manuel Machado, que llevó una vida, como ustedes saben, muy bohemia, moviéndose en los círculos de Villaespesa y más poetas modernistas, pero que luego derivó hacia otras posiciones literarias.


Entre los personajes que mantuvieron la bohemia como actitud vital hasta el

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día de su defunción hay ejemplos, si no gloriosos, sí bastante reseñables. Quizá el más notorio de todos ellos sea el de Alejandro Sawa. Yo creo que Alejandro Sawa ha sido el gran modelo de escritor bohemio, y creo que con la muerte de Alejandro Sawa se puede decir que muere la bohemia. Alejandro Sawa muere en el año 8, en pleno, digamas, casi casi, cataclismo histórico. Era una época de cambio muy acentuado, y yo creo que es aproximamente en esa fecha donde podríamos señalar con letras de molde casi el final de la bohemia, entendida en su sentido más definitivo y más sincero; luego, ya lo que vino después digamos que fue una bohemia que fue degenerando o decantándose poco a poco hacia la golfemia. Pero junto a Alejandro Sawa hubo otros escritores que gozaron incluso de celebridad en su época. Un caso notorio sería el de Joaquín Dicenta, un escritor que hoyes, como tantos otros, casi un desconocido, pero que en su época gozó de gran fama. Fue un escritor anarquista que escribía una literatura periodística y teatral destinada sobre todo a los obreros y que escribió un drama obrero tremendamente trágico, muy altisonante, llamado Juan Jos é, que fue un gran éxito en su época. Y junto a Joaquín Dicenta había una serie de escritores que se arracimaron en torno a revistas de corte anarquista. La bohemia siempre se ha caracterizado, como no podía ser de otro modo al ser un movimiento literario que se enfrentaba al orde n social establecido, por contar entre sus filas a muchos anarquistas. Casi todos sus escritores cultivaban un anarquismo con diversas variantes, a veces bastante estrambóticas , pero en todos ellos había un fondo de acracia . Junto a Joaq uín Dicenta podríamos citar el caso de la revista Germinal, tomando el título de

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la célebre novela de Emile Zola, en la cual una serie de escritores, entre ellos Dicenta, Zamacois, Manuel Paso y otros muchos hacefl una literatura

panfletaria, una literatura incendiaria, que era muy del gusto de todos ellos. Junto a estos escritores estaba Pedro Barrantes. Pedro Barrantes fue un personaje trágico y disparatado a la vez. Fue un hombre cuyo mayor relumbrón biográfico fue el hecho de que actuaba de hombre de paja de diversos periódicos republicanos y revistas . Pedro Barrantes, que vivió en una especie de limbo etílico durante toda su vida, era reclamado con frecuencia por parte de los directores de este tipo de diarios de corte republicano para firmar artículos que, por su tono incendiario o por su tono demasiado visceral o contrario a las instituciones, sospechaban los directores de estos diarios que podían tener problemas con la censura. Entonces el pobre Pedro Barrantes, a cambio de un duro, firmaba esos artículos y luego, evidentemente, esos artículos, al ser revisados por las autoridades, le reportaban encierros en el calabozo, palizas diversas ... , en fin, una vida bastante triste la de ese Pedro Barrantes. Era un poeta que en su juventud hizo una poesía satírica en la cual sus destinatarios siempre eran los caciques, los políticos de medio pelo, sobre todo los políticos agrarios, aquéllos que tenían su público, sus súbditos en la España rural, y sobre todo también en contra del clero, al que tildaba de complaciente con la monarquía, corrupto y, por supuesto, muy devoto de infringir el sexto mandamiento. Llegó un momento en que Pedro Barrantes se convirtió en una especie de figura grotesca en el Madrid de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Era un hombre, como les digo , totalmente alcoholizado, un hombre cuya única fuente de ingresos eran estas colaboraciones apócrifas en la prensa más sensacionalista y republicana, y era un hombre que ya empezaba un poco a navegar estrepitosamente en las aguas del olvido. Era un hombre que ya llegó un momento en el que ni siquiera era capaz de escribir versos mínimamente coherentes. Se cuenta · de él que iba por los cafés recitando sus poemas disparatados y, como tenía la dentadura postiza, para impresionar a su público antes de recitarlos se la quitaba y empezaba a tartajear esos poemas salpicando y rociando de saliva a sus oyentes, con lo cual convocaba una especie de histeria, sobre todo entre los señoritos y entre las mujeres más refinadas de la época. Su libro más célebre es un libro titulado Delirium tremens, y ya por este título pueden ustedes imaginarse de lo que trata. Son una especie serie de poemas presididos por el signo del alcohol , como paraísos del mal, de secano y castizos, en los cuales se congregan una serie de visiones supuestamente producto del hachís, él dice que del


hachís, pero realmente es del vino más peleón de las tabernas, y una

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serie de poemas donde se congrega una fauna prostibularia, de hampones, de putas, de personajes del subsuelo. [Hay un poema que voy a leer aquí y que da un poco el tono de este libro delirante ya desde el título. Es un poema en el cual los tintes truculentos y macabros se aúnan para crear una atmósfera casi ridícula. Hay en el poema también pinceladas de crueldad y de sadismo mortuorio. Y se titula así: «El enterrador y yo». Se supone que habla Pedro Barrantes:

Delante estoy de la que fue mi amada. Delante estoy de su cadáver frío. Mira, sepulturero abominable hasta qué punto llega mi cinismo que quiero que en presencia de este cuerpo los dos cenemos y bebamos vino. Pon esa mesa aquí, vengan manjares. A mí no se me quita el apetito porque me mire esa mujer abyecta con sus ojos vidriosos y torcidos. ea, cenemos pues, pero incorpórala y que pruebe el jerez, que es exquisito. Mas no en la copa se lo des, que fuese acto para ella demasiado digno. Llena de vino esa porción de cráneo y acércala a sus labios amarillos. Así, házselo tragar. Nada, imposible. Pues pon el cráneo entre sus dedos rígidos, levántale a la altura de su boca cual sifuera a brindar, así, magnífico. Qué actitud más grotesca, ¿ no te ríes ? Ríete, enterrador, cual yo me río.

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La cena terminó. Sigue bebiendo. Yo te daré el ejemplo, haré lo mismo. Ahora, mata a la muerta. ¿ No me ,entiendes? Pues por mi fe que el caso es bien sencillo. Pincha su corazón con tu navaja cual si trataras de matar un vivo, una incisión bien hecha. Pero, tonto, ¿ Qué es eso? ¿ qué te quedas retraído?

Ah, quieres sueldo. Toma, miserable, atesta de monedas tus bolsillos. Prepara el golpe. Bien, has acertado. Diste soberbia puñalada; amigo. De maestro. Ya veo que conoces a la perfección del crimen el oficio. No brota sangre, está coagulada. Extrae ahora la víscera con tino. Que salga entera, ten mucho cuidado. Continúa, rufián. Bravo, has vencido. Trae que lo pise, trae que estruje bajo mis pies el corazón maldito. Ahora ya mi rencor algo apagado -apagado no más, y no extinguido, pues mi odio durará mientras yo existada sepultura a su cadáver mísero. ¿ Qué hablas, imbécil, de lujoso entierro?

Nada de panteón, nada de nichos. A la fosa común, al hoyo grande, adonde van las rameras, asesinos y ladrones, que sólo con el crimen deben estar sus huesos confundidos. Sólo un ataúd, y casi afior de tierra ponla, satisfaciendo mi capricho.


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Para que pueda, palpitante y trémulo, de mi insensato gozo en el delirio, escuchar el festín que los gusanos celebran en su cuerpo envilecido. Ésta es una poesía de Pedro Barrantes que, como les digo, creo que da bastante bien el tono de lo que es su libro, su único libro, porque los otros fueron panfletos o folletos, su único libro y su obra maestra, Delirium tremens. Junto a personajes como Pedro Barrantes había otros mucho más entrañables. Yo nunca dejo de citar al que en cierto modo considero el ángel tutelar, a mi ángel tutelar personal , que es Armando Buscarini . Armando Buscarini fue un chico de un pueblo de Logroño que con mu y pocos años, con apenas trece o catorce años, decide que es poeta, que las musas han descendido sobre él y han tomado posesión de su alma. Era un muchacho prácticamente analfa beto cuyas lecturas se limitaba n a Bécquer, algún moderni sta de segu nda fila y traducciones de los poetas si mbolistas franceses, traducciones casi siempre de baja calidad, como era norma en la época. Además, Buscarini era hijo de madre soltera y de una mujer bastante descocada que se dedicaba a la prostitución, a ofici os limítrofes con la prostitución, y que con trece o catorce años llega a Madrid, absolutamente co nve ncido de que la poesía es su único designio. Empi eza a publicar con muy corta edad libritos y opúsculos que él mismo se pa ga y empieza a venderlos cerca de la Puerta de Alca lá, en un puesteci ll o que instal a sobre la acera, a los viandantes . Vendía muy pocos libros y siempre vivió en la más absoluta miseria, siempre amenazando con suicidarse, con tirarse desde el viaducto, y toda su vida fue una especie de lucha contra el hambre y, sobre todo, contra las enfermedades venéreas y la locura. Todos estos personajes, co mo ustedes pueden imaginar, llevaban una vida tan absolutamente marg in al , tan lind ante con la indigencia más absoluta, que su única manera de procurarse un alivio sentimental o sexual era el trato con prostitutas . Muchos de e ll os muri eron sifilíticos o por comp li caciones de la

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sífilis y Armando Buscarini no fue una excepción . Armando Buscarini, antes de los dieciséis, dieciocho años, enfermó de sífilis, y esta sífilis,

que antes era una enfermedad, si no incurable, al menos muy grave, se le fue complicando con otras enfermedades que hicieron presa en su cuerpo maltrecho hasta degenerar en una esquizofrenia que le hacía pensar que su madre quería asesinarlo, que le metía agujas en el pan y que le daba a beber sustancias venenosas. Armando Buscarini fue un personaje casi diría entrañable, y perdonen lo cursi del adjetivo, en aquel mundo de hampones, en aquel mundo de canalla de principios del siglo XX. Fue amigo de casi todos los grandes poetas del momento, de Pedro Luis de Gálvez, entre otros, de Emilio Camere, todos ellos lo citan en sus libros en muchas ocasiones, porque era un personaje muy pintoresco, y hasta que lo internaron en un manicomio, defendió la dignidad de su oficio. Y la defendió con una certeza a prueba de bomba. Resulta a la vez que patético aleccionar comprobar, cuando leemos sus libros, hasta qué punto defendió Buscarini su literatura. En el año 28 fue internado en un manicomio, y ya toda su vida fue un largo peregrinaje de manicomio en manicomio hasta que en el año 40, con apenas 36 años, murió consumido por la tuberculosis. Su obra, que está integrada por pequeños opúsculos y por folletos de apenas 20 ó 30 páginas, da muy poco de sí. Es una obra que tiene un encanto de ingenuidad, pero evidentemente no es de gran altura literaria. [Pero tiene un poema titulado «Orgullo», que publica por primera vez en un librito titulado Sombras cuando él contaba apenas dieciséis años y que luego iría rescatando en posteriores entregas poéticas, porque se ve que estaba bastante orgulloso de él, un poema, digo, que difiende muy' bien el espíritu de los bohemios, o de cierta bohemia, ese espíritu inquebrantable, de lucha continua. Dice lo siguiente:


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Aunque sufra del mundo los desdenes de mi vida de artista en la carrera, aunque pasen altivos a mi paso los hombres de alma ruin que nunca sueñan, aunque salgan aullando a mi camino los famélicos locos que me acechan con la envidia voraz, aunque en mi lucha hambre y frío sin límites padezca, aunque el mundo me insulte y me desprecie y por loco, quizás, también me crea, aunque rujan tras mí ensordecedoras tympestades de envidia, aunque me vea harapiento y descalzo por las calles inspirando piedad o indiferencia y, en fin, aunque, implacables, me atormenten las más grandes torturas, aunque vea que a mi paso se apartan las mujeres por ver con repugnancia mi pobreza, pero quizá ignorando de mi alma el tesoro de sueños que se alberga, nada me importará. Porque yo siempre caminando sereno por la tierra, con el alma latiendo por la gloria y flotante, a los vientos, mi melena, iré diciendo al mundo con voz fuerte, con voz en la que vibre mi alma entera: es verdad que yo sufro, pero oídme, qué me importa sufrir, si soy poeta.] Éste sería un poco el ejemplo del bohemio tardío, ese personaje que vive en un momento que ya no le pertenece, que defiende una postura literari a que no ti ene


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sentido, pero que pelea por mantenerla hasta el final de sus días. Muchos de estos bohemios terminaron muy malamente. Armando Buscarini,

como les digo, terminó tuberculoso en un manicomio . Gálvez terminó fusilado. Alfonso Vidal y Planas , aunque se marchó a Venezuela, también marchó ya totalmente loco y después de haber sufrido varias estancias en la cárcel. En definitiva, fueron hombres, fueron escritores a quienes esta peculiar concepción de la literatura arrastró a la tragedia. Pero junto a ellos, y ya sobre todo en los años 10 y 20, floreció una galería de personajes ... Ramón Gómez de la Serna, que para la captación de este tipo de personajes tenía una gran intuición, en sus libros sobre el café Pombo da cobijo y hace unas breves semblanzas de este tipo de personajes , que a veces apenas tenían que ver con la literatura, que eran advenedizos de la literatura, o incluso personajes de lo más estrambóticos, desde boticarios a pequeños potentados de provincias que les entraba un día el ramalazo o la locura y querían ser poetas a costa de lo que fuera . Quizá el ejemplo más disparatado de este tipo de escritor -y utilizaresmos la palabra «escritor» entre comillas- y que demuestra hasta qué grado de locura habían llegado ciertos personajes sea Iván de Nogales, un ricachón, casi millonario, de la provincia de Salamanca, que llegó a Madrid con la pretensión vana de triunfar literariamente. A él le he dedicado una semblanza que creo que es divertida, no porque yo le añada ningún tipo de divertimento, sino porque su vida realmente es disparatada y mueve a la hilaridad. Y se la voy a leer. Espero no ex tenderme demasiado y espero que, si me extiendo, ustedes me lo sepan perdonar. Se titula «Iván de Nogales heteroclitorizado y efervescente» y dice lo si guiente: A los arrabales de la literatura, esa ferretería humana donde se amontonan los poetas escacharrados o herrumbrosos, los poetas que esperan el desguace, los poetas que chirrían y los poetas que han extraviado algún tomillo, se puede llegar desde la miseria, pero también desde el esnobismo que proporcionan el dinero y las secuelas de una vida cosmopolita. Juan de Nogales, que siempre firmó «Iván» porque no soportaba la vulgaridad mostrenca de su nombre de pila, pertenece a esta segunda estirpe de tarambanas con la cartera reventona de billetes y el culo inquieto. Practicó, amén de la poesía erótico lírica, el faquirismo genital, el pentecostés de idiomas y dialectos, la convocatoria de hectoplasmas, la filatelia de sellos y estampas pornográficas, el amaestramiento de pulgas, la dieta vegetariana, el diletantismo, el revoloteo teosófi co, el nomadismo sentimental y marítimo con los correspondientes naufragios y gonorreas, el dadaísmo político, la crítica pictórica, la apertura de cuentas corrientes en el Banco Hispano Americano y la peluquería de montes venusinos y sobacos, entre otras muchas disciplinas de gran enjundia y aprovechamiento.


Con esta panoplia de excentricidades, convendrán que merece la pena escu-

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char la semblanza que a continuación le dedico. Iván de Nogales nació en 1884 en Ciudad Rodrigo, provincia de Salamanca, una localidad, según Ramón Gómez de la Serna , «de paletos que hasta muelen la hache de harina y se la comen». En honor a la justicia poética, que es la que nos interesa, creemos que Ciudad Rodrigo no ha parido solamente paletos, sino también escritores amenos y cortesanos como Feliciano de Silva y Cristóbal de Castillejo. Iván de Nogales fue el primogénito de un prócer mirobrigense, aunque oriundo de Sevilla, don Dionisio de Nogales Delicado , terrateniente e hijodalgo, polígrafo de registro costumbrista que pergeñó una historia de la muy noble y leal ciudad de Ciudad Rodrigo, publicada en 1882. La familia Nogales habitaba una mansión o palacio en Villar del Cuerpo, hoy ·Villar de A\cañatos [¿] -los lugareños alternaron la toponimia para evitar palabras malsonantes-, de gran originalidad arquitectónica. Allí creció Iván achicharrado por un sol con pretensiones de barbacoa caníbal, estuprando a las doncellas de la servidumbre, cultivando una imaginación calenturienta, casi candente, que su padre intentó apaciguar mediante la contratación de un pedagogo, un tal Modesto Pérez, escritor de poco fuste que con el tiempo escribiría una semblanza de su pupilo, Ciudad Rodrigo y sus hombres: Juan de Nogales. 1918, en la que encontramos algunos datos esclarecedores y patidifusos que nos explican la psicología y el posterior comportamiento del biografiado . Modesto Pérez e Iván de Nogales, después de las horas consagradas al estudio o a sus sucedáneos, salían a cazar por las posesiones familiares, pero jamás llegaron a emitir un tiro, pues ya en el adolescente Nogales se atisbaban los síntomas de un ecologismo que 10 impul saría a alistarse en varias sociedades anti vivisectoras y vegetarianas. Una vez que el pedagogo fue relevado de su cargo, y un a vez que todas las criadas de la mansión habían sido desfloradas, Ivá n de Nogales dio por conclui do su aprendizaje sedentario. Quería conocer geografías utópic as, quería apa rearse con mujeres de otras razas y desparramar su prole por regiones antípodas o extramuros del mapa, quería ingresar en la marina mercante , también dejando una retahíla de novias llorosas y embarazadas en cada puerto . Dionis io, su progenitor, de natural permi sivo y propenso a la prodigali- . dad, hizo la partición hereditaria y le adjudicó un patrimonio de much os miles de pesetas, pensando, como aquel padre de la parábola, que la oveja volvería al redil una vez esquilmado el último real. No se equivocaba del todo, aunque sólo acertase a medias. Iván de Nogales embarcó, pues, e inició un periplo que le serviría para cultivar las rarezas más inverosímiles y estudiar unas pocas palabras de cada dialecto con que se topaba, las suficientes, en cualquier caso, para chapurrear los rudimentos del lenguaje anatómico. En Viena aprendió a rascar las cuerdas del violín. En Lenber [¿] recibi ó clases de fotografía trascendental, disciplina quc consiste en impresionar placas mediantes la hipnosis y la sugesti ón. En Madagascar alternó con faquires que le recomendaron, para mantener una erección continua, el ensartamiento de agujas en la uretra, truco que más tarde emplearía para rehuir los peligros de la impotencia y el gatillazo. En el Pireo se incorporó a un a colonia naturi sta

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que regentaba un hermano de Isadora Duncan. En Salk Lake juan manuel de prada City convivió con una comunidad de mormones que le contagiarían cierta predilección por la poligamia. Un transbordo en Berlín le bastó para ingresar en la sociedad teosófica de la que luego sería apóstol activísimo tras superar los ritos iniciáticos. También recaló en Nueva York, Baltimore y Filadelfia; en México, Veracruz y La Habana; en Moscú, Nápoles y Cracovia, antes de desembarcar en París , donde se consagraría al pilotaje de aviones y a la pintura. Por doquiera que pasaba, iba dejando el pabellón bien alto, hazaña que se reduce a bagatela si tenemos en cuenta la aguja de la uretra. En París deambuló por el barrio de Montmatre, emborrachándose de un ajenjo que transmitió a su piel una cierta tonalidad enfermiza, casi verdosa, que le otorgaba. en combinación con el bronceado marítimo, un aspecto como de gitano enfermo. Abordó la técnica del óleo y del carboncillo, con el magisterio de pintores más o menos vagabundos, más o menos mendicantes, que le arrebañaron lo s bolsillos, y empezó a emborronar lienzos con retratos de mujeres en cueros, cuadros de un estilo trasnochado, pero no exento de una cierta originalidad, pintados a trozos, como un rompezabezas cubista. El aspecto fragmentario de aquellos desnudos femeninos se debía a la confluencia de inspiraciones. Una italiana le servía como modelo para el pecho; una griega que había conocido en la colonia naturista, para el vientre; una mormon los tobillos; los problemas se agravaban cuando Nogales se disponía a pintarrajear las zonas más estrictamente pudendas : había hendido, en palabras de él, tantas granadas de carne roja con su yatagán desenvainado, que le daba ciertos reparos coger una y desestimar a las otras. Ante estas dificultades selectivas, Nogales tomó por el camino del medio, como no podía ser de otra forma en alguien que había hecho del pansexualismo una relegión confusa. Se casó ante los altares con una portuguesita modosa y fecunda, hija de diplomáticos, llamada Carmen de Quevedo, que con el tiempo le propinaría dos vástagos, Virgilio y Christian, y una monotonía sexual -no había nacido Nogales para hendir una sola granada- que harían inevitable la seperación . Mientras duró el matrimonio, sin embargo, pudo completar sus escarceos pictóricos, que expuso en el Ateno de Madrid con el consiguiente recochineo de las cucarachas y también de aquella turbamulta de bohemios camastrones que amueblaban la cacharrería. Herido en la víscera del orgullo -pero, considerando sus dotes faquirescas, no creemos que le doliese mucho el escarnio- , Nogales trabajó como aprendiz en el estudio de Cecilio Pla, que intentó inculcarle un arte más casto, apuntes paisajísticos, bodegones y otras pijaditas, con resultados nulos. Durante esta primera estancia en Madrid, Nogales frecuentó tímidamente la tertulia sabatina que Ramón había fundado en la s catac umbas del café Pombo para organizar concursos ' de

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pedos y de greguerías, y trabó GALERíA DE RAROS 87 amistad con Don Santiago Alba, aquel estadista que tantos quebrajuan manuel de prada deros de cabeza le causarían al dictador Primo de Rivera. Nogales viaja a Ciudad Rodrigo con la disculpa de present,ar en sociedad a su esposa, pero regresaba para recaudar fondos paternos , y se ve envuelto en varios sarampiones y marejadillas de la política municipal. Fundó y presidió un círculo albista mirobrigense, y se dejó encapuchar por varios amigos de la familia que le hicieron concejal en unas elecciones con pucherazo, y más tarde alcalde, aprovechando la deserción apresurada de su predecesor. Nogales, cuyos orígenes patricios se habían ido diluyendo en un tráfago de viajes y coyundas más o menos democráticas, impregnó sus actuaciones de un reformismo desaforado . Como primera medida de choque, ordenó la incautación de la cosecha de trigo para asegurar el abastecimiento de la ciudad. Ramón, en La sagrada cripta de Pombo, 1924, nos cuenta que hubo una sesión ruidosísima y épica en el Ayuntamiento, en la cual presentó la dimisión con carácter irrevocable. Desengañado por el cerrilismo de sus paisanos, se dejó crecer una melena distribuida en trenchas, prolija de rizos y piojos, que de vez en cuando se teñía de verde y sacaba a pasear por la plaza del pueblo, para escándalo de las be atorras que acudían a la misa vespertina . Lo asaltaban las primeras veleidades literarias y traduce Holocausto de la guerra, seguido de un Himno a Francia del poeta simbolista Estanislav , Foumet [¿J. Pero antes de marcharse a Madrid, montado en un fragoroso automóvil de cientos de caballos, en un vértigo de claxons y melenas que le obstruían la visibilidad, a la conquista de los cafés y las academias . Había mandado imprimir una tarjeta de visita en la que, junto a su nombre y apodo o trabalenguas que él mismo se había adjudicado, Pimpilcalchaute, figuraban sus mil y un oficios y ocupaciones, desde «miembro del club esperantista Globe Trotter» a «accionista del balneario de Retortillo». Esta tarjeta, pero también su cartera repleta de billetes, le abrieron las puertas de la Escuela de Bellas Artes, donde alquilaba los servicios de las modelos para peinarles el pubis con un peinecito de carey. Esta peluquería del pubis dejaba a las muchachas horripiladas y en un estado de enajenación transitoria que propiciaba otras aproximaciones acaso menos inocentes . Al final de la sesión, las muchachas marchaban , erizadísimas de entrepierna, recorridas por un calambre que les duraba semanas. A la vez que practica estas perversiones capilares -todo esto es verdad, eh, no se crean que me lo estoy inventan- , do-, Nogales comienza a cultivar una pose que lo haría celebérrimo en los círculos culturales. A las juntas del Ateneo acude disfrazado de balance, con gráficos de sumas, restas y multiplicaciones, según nos cuenta Ramón Ledesma Miranda en Historias de medio siglo, y visita los antros de la bohemia madrileña dejándose sablear y donando los filetes que le habían cocin ado en el hotel, pues él, obstinado en sus tendencias vegetarianas, sólo cataba la carne en postura decúbito prono o supino. Para transportar estos filetes utilizaba, según el testimonio de Ramón , un pedazo de papel de estraza dobl ado como un papcl de esos que se llevan por exceso de precaución , supon emos que bastante grasiento y marranoide. Sea como fu ere, muchos bohemi os se relamieron con aquel maná que les aliviaba la s noches de Carp anta . Armando Buscarini, por ejemplo , les dedicó su novelita La cortesana de Regina, y una dedicatoria de Buscarini exigía gran con stancia en la dádiv a.


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En 1921, cuando el ultraísmo ya había calado como un a lluvia de Juan manue licores absurdos en la sensibilidad de las nuevas generaciones, Iv án de Nogales decide publicar u n librito de poemas bastante extenso, de un erotismo furioso , que debería figurar entre las cimas de nuestra vanguardia aborigen. Lo tituló Nueces erótico -líricas heteroclitorizadas y efervescentes, y aspiraba a ser el primer volumen de una biblioteca pimpilcalmecautesca que Nogales ya tenía en prensa cerebral, expresión suya , y que hubiese incluid o título s tan in e quívoc os d e s u monom anía com o «Conejarium sentimental » y «La religi ón de la almeja profunda». Iván de Nogales, nos revela César Gonzále Ru ano, hacía vender sus Nuece s erótico-líricas aco mpañ ando el ejemplar de mi cascanueces que entraba en el precio, lo cual lo convierte en precursor del libro con cacharrito. Sólo por es ta condición pionera merecerían estas Nueces eróticolíricas heteroclitorizadas y efervescentes figurar con letras de molde en los anales del arte in teracti vo, pero es que además cuentan con otras virtudes que las convierten en un a pieza delirante, empezando por la dedicatoria , de una virilidad a prueb a de bomba. Voluptuos a, la composic ión que sirve de fronti spi cio al apartado ép ico-lírico es un poema de largo aliento, a pesar de los jadeos que en él proli feran, con absoluto desprecio por el metro y el ritmo y la rim a, pero mu y devoto de los sobacos feme nin os. Y di ce así: «Ah, sí. Recuerdo que mientras quitabas el sostén la había tenido con un óscul o sedi ento, larg uísimo y febril , en su amorosa axila, de un rubio dorado ceni cien to, y del delicioso perfume femeni l por mí tan deseado. Oh , qué li nda cavern a, qué bella oquedad, volvamos a besarla, besémosl a otra , besémosla otra, aún más». Esta preferenc ia por las axilas inten sas, que nadie se había atrevido a ma ni festar en la li te ratura es pañol a a nte s de Noga les, se ría posteriormente secund ada por Buñu el y Agustín Espin osa. No saben lo que se pierden lo s partidarios de la depi laci ó n. Tr as la prospe cc ió n axi l ar, Noga les se d e mora en la fa lda del mo nte, «ve rge l aurienred ado, fresco , qu e seg aban mi s diente s, vid a mía, muñequita de todo mi amor, mujercita de nervi oso acero, vibra un a vez más al unísono co nmi go. No só lo mi carne, sin o mi alm a ha n de co nfund irse con la tu ya, aterciopelada y suave de pájaro ca nt or .Y así dic iendo, sobre el monte tranquil o y admi rabl e, oro tosta do y grana, de rramé m i incienso». Dej and o aparte es a fusión de alma y cuerpo que nos trae a la memoria cierto soneto de Alda na, el poema persevera e n la desc ripci ón de circunstanc ias anató mi cas. Después de ese primer clímax, Noga les vuelve a la carga con sím il es que parece n tomados del Amadís de Gau/a: «Mi s dientes y mi s labios aprisionan la pul pa cora li na de su boca, en ta nto que rampando, rampa nd o, e l pa lad ín de e ns ueño de las vírgenes entre los albos flancos escala

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el monte, por el que baja arroyueGALERíA DE RAROS 89 lo cristalino del espasmo y haci a juan manuel de prada el nac iente, mi valiente caballero ábrese camino con s u acero, lo desconocido no amedrentándole, y avanzando, avanzando, el paladín de ensueño de las dama s por e l mórbido túnel se abre paso, cantando un himno a la vida y vertiéndola, grato ». Así cualquiera , con una ag uj a en la uretra. E n un tono más o menos equidistante se desenvuelven los poemas de esta primer a sección , en lo s que se suceden has ta once di sti ntas dedi catari as , como aquella Elena, model o portuguesa, que con el vaivén que imprime al co ito propicia estos versos de pie quebrado: «Que esto me envenena, me gangrena, me barrena , me condena, y cercena el corazón» . En las secc iones segunda y tercera, el libro apacig ua, y aunque reincide en penetraciones y picotazos, ta mbi én inclu ye poéti ca superflu a: «Mi verso es espontáneo, no me importa la métrica. La métrica es señora apolill ada y vieja», así como una parodi a de León Felipe: «y dej o e n mi casa un rasero, un viejo palanganero, una gorra apolill ada , el tarro de la canel a y el retrato de mi abuela». Para que no decaiga la fiesta , Noga les clausura sus Nueces co n un poema dedicado a don Pío Baraj a, en el que un perrito espía los continentes que su dueña le muestra por debajo de la falda, y en su fidelidad canina exclama: «Guau, guau, hay mucho qe lamer». La publicación de Nueces le acarreó a su autor un a rechifla poco caritat iva, lindante con el desprecio, que lo alzaría de los quehaceres líricos. No obstante, Iván Nogales segui ó alimentando una bi ografía popul osa de pecados contra el sexto mandamiento, que siempre son los peores , los más mortales o los que más mortalmente fasti di an al prójimo que no los pudo cometer. Durante los años 20 se le vio pasear mucho por Madrid, tejiendo mu sarañas, acompañado de un laza rill o algo sarasa a quien ll amaba Guzmancito, que le sacaba lu stre a los zapatos y le rascaba la melena con un tenedor, para ali viárse la de piojos y pensamientos impuros . En 1921, cuando la fiebre ultraísta ya h abía llen ado de cadáveres e l cementeri o de la li teratura, Iv á n de Nogales todavía publicó un par de opúsc ul os sobre as untos pictóricos y teosóficos . En el primero, La mujer, primer pintor de la humanidad, emp leando un a sintaxis del paleo lítico superior, ll ega a la co nclusión de que las pinturas rupestres son obra de manos femeni nas, debido al escaso grosor de su trazo dactilar, pues los hombres trogloditas , afirma, tendrían unas manazas que seg urame nte serían mayo res que las del obrero man ual de hoy . Con estas razones quirománticas despacha Nogales el as unto. En ese mi smo año publica tambi én Nubarrones en la sociedad teosófica, un fo ll eto en el que hace un llamamien to a la unidad de los teósofos , como antes San Pablo hizo un llamamiento a la unidad de los cristianos de Corinto, sin agregación de etiquetas. Para fomentar esta camaradería advierte de las «inj ere ncias bastardas e insidiosas que se han in filtrado en el campo teosófico», de las que menciona «el·culto al sagrado corazó n» y «la creencia en una divinidad caciq ue, vengativa y cruel, que manda hace r tanta degollina y carnicería». Iván de Nogales no creía en e l dios mosaico. Hacía profesión de fe, en cambio, en un a trinidad comp uesta por .el bien , el sensuali smo y la belleza, que dejó de encontrar en España cuando Primo de Rivera empezó a dictar ordenanzas y pragmáticas contra quienes cortejaban y piropeaban a las mujeres


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en público. Murió en Hendaya en 1927, no se sabe si tuberculoso o juan manuel de prada sifilítico o infartado, tres formas de claudicación que admitirían un origen venéreo , a poco que nos pusiésemos a elucubrar. Iván de Nogales heteroclizado y efervescente, rapsoda de coños y zonas limítrofes , habrá encontrado un paraíso donde las nubes tengan consistencia de pluma de ganso para poder beneficiarse a los coros de vírgenes y ángeles y arcángeles, cuyos sobacos serán de una sustancia muy parecida al algodón de azúcar, con pelambreras como penachos de espuma. Su erotismo desquiciado estará causando a estas horas cosquillas entre las faunas celestiales.

y esto es todo los que les quería decir. Muchas gracias.


L98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA ~

enes del 98: antecedentes, epigonos y derivados

bah e m y

os, malditos noctámbulos antonio hernández

Sandra, la del oficio más viejo del mundo, cuando vio que las últimas hojas de su antaña primavera se le canía sin remedio,

co~enzó

a decir que era pintora e incluso

quiso demostrarlo, lo que constituyó un atentado a la sociedad mayor que su mentira. De apache, su vestido pasó al de parisiense de Montmatre coronado con un gorrillo florentino de terciopelo negro, y disfrazada de pintora se presentó en el café con unos lienzos que previamente había violado con la misma indecencia con que a ella la ayudaron a fijarse a una vida gregaria. Corrió la especie de que había sido amante del Pablo Neruda, el premio Nobel , como antes proclamara sin mucho éxito, salvo para la soma, que era hija natural de Negrín, el presidente de la Repúbli ca, y sin encomendarse a Dios ni al diablo, que era quien hasta aquel instante le había demostrado más afecto, o enterarse en qué parte de América se levantaba Macondo como un espejismo sólido de sueño y literatura, aseguró que Gabo, o sea, García Márquez, estaba escribiendo ya su autobiografia. No su biografía, sino tan incardinado en ell a, su autobiografía, como si fueran uno en el trance supremo de amarse sin fisura posible. Sandra, dado su imposible ideal de pintora autónoma, derivó pronto en mar-

chante algo furtiva y ocasional colocando a seres caritativos y solitarios, frecuentadores del café, los cuadros excedentes de cupo que le regalaban los pintores o los que heredó de Viola, el aragonés turbio y ronco, violento, racial y algo apócrifo, como un Goya menor de una Iberia que seguíil1pariendo luz, y lodo y escándalo muy


en consonancia con los que ambos solí-

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an organizar en el café, necesitado Viola de algún reportero del diario Pueblo que le hiciera la propaganda y ella de vivir su película canalla en aquel émulo manchego de París que era el Madrid de los finales de los sesenta. El poblachón manchego le llamaba Carlos Oroza, el poeta maldito de mi poema que, tras acomodarse de médium de un faquir, rapsoda en una compañía de variedades, extra distinguido de televisión y exégeta privado de algunos pintores como Tino Grandío, Cristino de Vera, Pepe Díaz, Alesanco, Jardiel y Quirós, ha declinado en crítico de arte, esforzado trabajo en que se emplea ahora para ganarse el pan que antes se ganaba más honradamente con industrias propias de la más arcana y genuina picaresca con base en los Marcos de Obregón, el buscón don Pablos y el tierno Periquillo Sarmiento, por salir de España. ¡Escribiérale yo el poema consagratorio que le escribí para esto!: una entrada en un diccionario de los pronombres gallegos en la que se puede leer: «Carlos Oroza Fernández, nacido en Burela en 1931. Poeta de gran capacidad de expresión oral, es de destacar su papel como crítico de arte, ya que gracias a él se han dado a conocer algunos interesantes artistas contemporáneos. Con el mismo éxito ha colaborado en diversas exposiciones». En eso, en esas líneas, quedó tanta hambre heroica. Taine dijo que el hambre produce poemas inmortales y que la abundancia únicamente indigestiones y torpezas. Ya ven ustedes: también notas de diccionarios como la que les he leído. Pero no hay carga más pesada que un estómago vacío y sólo se fija en la salsa quien no tiene hambre. De Oroza se puede decir que la derrochó, más no porque la saciedad engendre la repugnancia sino porque las generosidades ajenas no fueron a visitarlo. Era, en fin, la bohemia, o no quererse someter a unas leyes sociales que imponen ganarse el pan con el sudor de la frente. O con el engaño de la astucia: La casa de mi vecino dos puertas tiene a dos calles: cuando el hambre entra por una por la otra la virtud sale.

O ésta que dice: Mira si soy buen gitano que te doy cuatro reales de cuatro y medio que gano.


Las coplas son de Ruiz de Alarcón y de Antonio Machado pero la libertad era de

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Oroza aunque la tuviera que pagar con todos los retortijones del mundo. A veces, como Sandra, vendía el cuadro que le había regalado un pintor y entonces era la fiesta en el café como si el rey de las ruinas hubiera encontrado su corona de oro y rápidamente la hubiera canjeado en divisa de potajes y morcones. Ese día, alrededor de ese trono se congregaba el mundo de la galIofa bohemia gijonina: El pintor Gomila, ex gimnasta que perdió la fuerza de sus manos en un accidente, pero que las pudo conservar para el milagro de una inquietante pintura y para sostener los cubiertos de comer --cuchillo y tenedor- con los que pasaportarse al estómago, cuando la ocasión era propicia, un par de huevos fritos con patatas de primero, 10 mismo de segundo y un postre de 10 idéntico sin merma; Torroba, otro pintor que sirvió a la patria de la libertad -la dulce y belicosa Francia- en las trincheras de Dien Bien Fu, tan delgado o famélico que no hubo bala capaz de encontrar materia de blanco en su persona; Perico Beltrán, un genio de Cartagena, guionista y actor con Ferrari y Fernán Gómez, banderiIlero de Antoñete y hombre de plata de Bienvenida, poeta satírico de estimable fortuna y reparador de nuestras purgaciones puesto que, 10 más práctico en su polifacetismo, también era practicante, o sea, ATS, y nos Ilenaba de penicilina y salud por una consumición en la barra; Curro Mejías, torero, el que jamás pinchó sino en la carne ajada de su amante La Curra, decana de un putiferio fino para Terrys y González Byass que acabaría de morir con la llegada de los López y con el Opus Dei a la política; y, por no seguir con elenco tan liberal de pensamiento como lastimado de estómago, Pepe Díaz. Pepe, del que alguien parecido sacó en mi última novela -Raigosa ha muerto. j Viva el rey!- era un pintor manchego que fue a la mili sin saber leer y tras su paso por París y el Partido . Comunista no sólo leía a Nietzsche y a Hegel sino que los explicaba, a su manera y a la manera de Carrillo a su dictado. Cuando alguien cogía un poco de dinero, París era una fiesta. Aquel pedazo de París que era el café Gijón en su ínsula de libertad barata y llena de humo y artistas. Otro que por aqueIlas fechas no podía soñar con 10 que hoy tiene es Umbral, ese pistolero de las letras que, como escritor, casi siempre da en la diana. Entonces malvivía de los muchos artÍCulos sobre sus amigos los artistas, en 10 que empleaba la tercera parte de su tiempo. Las otras dos en crearse una figura de relumbrón, lo que consiguió ciertamente, y en intentar ligar a las extranjeras que al final ligaban el

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periodista Raúl del Pozo, el psiquiatra Javier de Burgos y el cronista taurino José Manuel Carril, si no tan dotados como él para la faena de labia, mejores

mataores, si tampoco tan altos mucho mejor compuestos o con las carnes más estéticamente distribuidas y, desde luego, con bastante menos dioptrías. Umbral , que era algo fantasma en consonancia con su aspecto destartalado, alardeaba de ser el campeón del placer en los campos de pluma que cantara Góngora y, en efecto, si lo mismo se registra en la intensidad y la duración del .quejido femenino, había que concederle el récord pero porque a su extrema delgadez se le salían los huesos del pellejo y los hundía impíos en la carne de su presa. No sé si hambre, mas estrecheces las tuvo todas e incluso fingió hacerse amigo de la ley seca en las noches de Oliver para no evidenciar que de lo que padecía no era del estómago sino del bolsill o. Luego, ganó mucho dinero, y lo sigue ganando, lo que no es óbice para que cada vez escriba mejor y desmienta el cliché gastado que, como un remedo tópico, nos dejara Alej andro Dumas, hijo: «El arte siente necesidad de la soledad, la miseria, la pasión. Es una flor que nace en las rocas y que exige un viento áspero y un terreno duro». Naturalmente que a cualquier escritor le viene muy bien una vida rica en experiencias insólitas, aunque no es menos conveniente poder narrarlas desde la bueria salud en la que colaboren una buena alimentación y un lugar calentito desde el cual recorrer el mundo sin tener que abandon ar las lealtades de la mesa camilla. Umbral, dicho sea para la justicia, nunca ha traicionado su espíritu bohemio, en lo que sigue. Sólo que ahora se puede decir que ya es un bohemio con dacha y muchas acciones en la bolsa, lo que le asegura tanto la vejez como su espléndida escritura un sitio de privilegio en ese Olimpo menor que es la asignatura Historia de Periodismo. Ahí no creo que vaya a estar Hermida, otro que sale en mi poema. Y por tan poca su valía de histrión sin bis cómica que ni siquiera le voy a dar sitio entre estas letras. Sí a su concuñado por unos años, el escritor Manolo Vidal, un genio que en cuanto tuvo dinero cogió carretera y manta hacia Sanlúcar de Barrameda, nobilísima ciudad que fue sitio de veraneo de reyes y validos pero más noble aún por sede de la manzanilla, vino con propiedades curativas con el que Manolo se desquita de sus carencias bohemias en su palacio de las Siervas de la Madre de Dios, una hermosísima casona que compró por dos perras; las que ya ha amortizado exponiéndola a la curiosidad de los turistas japoneses, en lo que hace de cicerone. En Madrid hizo de todo : actor, pintor naif, ayudante de dirección en la compañía de Nuria Espert con el gran Víctor García, encargado de la sección astrológica de una revista, crítico taurino, en lo que sigue como autoridad, crítico de arte, en lo que desistió porque la capacidad de aventura no siempre guarda amistad con el conocimiento, y sobre todo en funciones de


lince, lince para avistar lo mejor de la vida sin tener que comprarlo con las

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honerosidades en que sume el trabajo físico. Poca gente tan viva, tan lista para buscarse el rancho donde no lo había, y para encontrar un techo en cuya puerta antes no pusiera el sereno la llave. Una llave ciclópea, grande como de anuncio luminoso, llevó él colgada al cuello como una cruz de ferralla, la de la casa grande de la vieja universidad madrileña de San Bernardo. Nadie se explica todavía de dónde la sacó pero lo cierto es que con ella abría todas las noches la puerta de su dormitorio, para ser más preciso situado en un armario gigante, en un archivo de la extinta universidad, hasta el que había arrastrado una colchoneta muelle y amparo de sus sueños. Y un sueño cumplido le pareció una mañana de aquellas cuya noche no había dormido solo, sino con una extranjera dadivosa, cuando, muy cerca, tras la puerta del armario mastodóntico, oyó los compases delicados de la tuna cantando Clavelitos, clavelitos de mi corazón, mientras que la extranjera, tan estremecida como entusiasmada, creía ser objeto de una cortés serenata encargada por Manolo. A la tuna se le había concedido aquel lugar para' ensayar sus romanzas de amor y s us pasacalles galanos, y cuando Aftu lV._ Xiimtro Ulrlordlnunu

Manolo Vidal abrió la puerta del armario sus componentes debieron creer que con público y todo. Manolo Vidal, c uya inteli genc ia só lo era comparabl e con su falta de medios para ponerl a el servicio de su arte, tenía una cuchara de palo con la que le sisaba la comida a los c iegos e n e l Sa úco, modesto co medor de la ca ll e Prim al que acudían confiados desde la cercana centra l de la ONCE, y cómico co n tablas suficientes como para hacer con nota representac ión y escarn io de un invidente de Buero Vall ejo, acompañaba con muecas, mohínes y alcocarras el silencioso bull ir de la cuchara entre el plato y su boca . Un prínc ipe de esa

l deEntrodei911 ILUSTRACIÓN MUNDIAL


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estirpe que son los genios. Porque los genios, como prescribió Víctor Rugo, son «un a dinastía . No hay otra. Ellos llevan todas las coronas, incluso las de

espina» que suponen comer en escudilla de ciego como Lázaro de Tormes o cambiar

un guión de cine por quince comidas en un restaurante. Y acaso, ¿no dijo Carlile que el genio es una trascendente capacidad de sufrimiento? Pero acaso no haya que pasarse. Si lo miramos bien los bohemios de nuestro arte han sido unos bohemios - sobre todo los

reci~ ntes-

sindicatos, de nómi-

na. Bohemios de café calentito con bollería fina como hemos visto y salvo en el caso del poeta Adrada, de l que hablaremos más tarde. Porque para calvario, por ejemplo, esa moneda de coherencia que fueron los poetas simbolistas fra nceses, la cual sie mpre mostró su c ru z, hasta la fatalidad. A esta gran cosecha de la poesía francesa en la que Verlaine era puro marsala, le puso la muerte una cara hosca y dura para que no sufriera quiebra «la vida atroz y horrible del mundo» como escribio el último poeta citado: Baudelaire sufrió un ataque de hemiplejía, como consecuencia de sus excesos, del que no se recuperó jamás; Charles Cros, que había conseguido una descripción del fo nógrafo antes de que lo hiciera Edison, muere en la mayor miseria como corresponde a su rango de pura esponja de absenta; Tristan Corbiere descansó para siempre en e l arcón donde solía dormir vestido, algo así como un Manolo Vidal de más suerte pero de mucho peor fortuna por no haber escrito Les Amours Jaunes; Lautremont, el conde enigmático, expira en pura sinto nía con su hermetismo sin que sean establecidas las causas de su muerte; el cuerpo de Germain Nouveau es hallado descarnado y putrefacto entre papeles llenos de versos, Rimbaud, ya se sabe, con una pierna menos; Albert Semain vo lado por la tuberculosis, como Jules Laforge. Su temporada en el infierno la pasaron en la tierra, e n vida, pero s iempre hicieron de su capa un sayo y llevaron su extremada li bertad hasta las últimas consecuencias: pagar un precio que dejaba para siempre sin fo ndos. Aquí, últimamente y que yo sepa, tan alto precio sólo lo ha pagado el poeta gaditano Lolo Adrada, quien desapareció hace diez años sin que, desde entonces, nadie de nuestro ancho entorno haya vuelto a invitarlo a unas copas a cambio de su cháchara experta en poesía, en política, en pintura, en cine y en cuanto se pusiera a tiro de su imaginación incomparable. El mundo de los sueños a cambio de un café, de un bocadillo, de un copazo de aguardiente feroz, de un beso. Porque de e llos vivía o de lo que hacía despertar a los demás a una vida insólita desde la ruina dorada de su bohemia llena de obstáculos y facilidades al mismo tiempo, pletórica de andrajos y purpurina.


Adrada era gaditano, cojo, feo de remate, diletante, marxista-leninista. Tenía

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una melena roja que era causa de tumulto y motivo de escándalo por aquellas fechas contrarreformistas que contrastaba, por más, con su anchurosa calva de hippie demasiado veterano como para serlo. En su cara asimétrica marcada por un accidente, destacaba, como de dragón o de piraña, una boca dentada por tres filas de incisivos; y en su cuello con piel jurásica arrugada de lagarto una cordillera de forúnculos que ya quisieran los alzamientos tibetanos. Así era por mucho que parezca exagerado. Así. Quien se asustó lo sabe. Pero el libro de los gustos es verdad que está en blanco y Adrada, El Lolo, tenía tal capacidad de transfiguración que con el pincel mágico de su labia repintaba su rostro hasta hacerlo de Adonis o realidad asombrosa de ese milagro que asegura cómo el amor es ciego. Arte que tenía o esa propiedad química del olor que hace huir despavoridos a los hombres y acercarse entregada a las mujeres. En fin, lógico si le damos crédito a las últimas investigaciones sobre el atractivo humano las cuales han proclamado una certidumbre: que el amor no entra en primera instancia por los ojos sino por la nariz. Y, eso lo digo yo, por la fantasía. Esas eran las armas irresistibles de El Lolo, y si con una, el olor, las mareaba, con la otra, la labia, las volvía locas. Ejemplo:

a una chica, universitaria y de izquierdas, naturalmente, le enjaretó lo increíble: que había sido en la guerrilla colombiana lugarteniente del mítico Camilo Torres. Y dicho esto ya no hay que aclarar que lo de su cojera no fue trastada de nacimiento o golpetazo de infancia, sino blanco de un tiro. Más de una vez alzó, como un Olones o un Baco de leyenda, la «seda negra de los perdedores» en lo más pino de un fortín de Maracaibo. Y más de una vez se hizo asesor áulico de Santiago Carrillo o de Marcelino Camacho. Como era feo, pobre y desgraciado de una extremidad, pero hablaba con la donosura de sus ancestros en las Cortes gaditanas, solía despertar tanto admiraciones como incomprensiones razonables. Y hasta de quien más lo quería, el novelista Luis Berenguer, encontraba panes y navajazos a partes iguales. «A éste, soltaba Luis en su cara, me lo encuentro por ahí y le echo una limosna». Una vez le compró una gorra de guardacoches y, por contra, hizo gestiones para que lo colocaran en Alfaguara. Pasó el examen, pero nunca más volvió. Adonde siempre volvía era a mi casa de soltero tras sus giras que tenían como punto de abastecimiento su sitio natural de Cádiz. Allí solía reponerse de azares y absentismos permanentes, pero, como en el viaje de vuelta tardaba varios días, cuando llegaba a Madrid ya era otra vez un lúa harapie.nto, famélico y transpirante. Por todas partes se va a Roma, pero por aquellas

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fechas, hablo de finales de los años sesenta que llaman prodigiosos, adonde se iba era a París, patria total de revoluciones sin patria, a Praga, rosa tronchada

de la primavera, o San Francisco, donde la generación beats emborronaba en los mapas todos sus IítTÚtes. Adrada no tenía pasaporte, ni siquiera carné -lo digo en serio; su único documento, el que le enseñaba en su autoestop a la guardia civil de carretera era una foto con don José María Pemán- pero, sin salir de España, había estado en todo el mundo, tenía una antena prodigiosa por la que, a su regreso de Cádiz, nos transtTÚtía que estaba prohibido prohibir, que había que ser realista y pedir lo imposible y que había que llevar la imaginación al poder. La imaginación, y, en su caso, también la gracia, porque eso era lo que hizo después de vivir a mi costa durante dos meses. En cierta ocasión de uno de sus retornos me pidió dormir en casa una noche. Al día siguiente, según él, tenía que poner tempranito mochila y cuerpo rumbo a Barcelona porque le había salido un trabajo en Las Ramblas. Naturalmente que ni tempranito ni tarde porque durmió hasta que yo volví del trabajo y lo desperté para el almuerzo. Así un día y otro día, hasta que no tuve más remedio que preguntarle: «¿Lolo, tú cuándo te vas a ir a Barcelona?». La respuesta, aun a riesgo de mi cartera, no tuve más remedio que acogerla con un ole porque, de sopetón, me dijo casi al par que soltaba una carcajada: «Yo qué sé, joé. ¿Yo soy adivino acaso?». Los personajes raros, curiosos e ilutTÚnados de la época darían para varios libros y yo tengo que ir atronchando. La vida cultural madrileña vivía ya la promesa incumplida de que Franco no podía durar mucho y aquella intuición de la libertad llevaba a los artistas más interesantes por los catTÚnos poco transitados de una experimentación que no abotTÚnaba del todo de nuestra raíz más vetusta y sólida, el clasicismo. En pintura, el grupo El Paso había puesto rumbo hacia la vanguardia generan te, pero, por otro lado, el realismo mágico de Antonio López venía a evidenciar que la regeneración es más segura o acaso conlleva bastante menos riesgos. En la lírica doméstica, plagada de modernismo extemporáneo, se imponía aquel invento devenido en cartón piedra de los novísimos que patentara made in cataluña el Merlín de Canaletas, don José María Castellet. La novela había girado con Martín Santos y con la incorporación de los oriundos -García Márquez, Vargas Llosa, etcétera- del reali smo a palo seco al realismo con imaginación; Tiempo de silencio. La casa verde. Cien años de soledad, y el teatro tradicional, como una flo.r ajada de Inserso,

dejaba paso obligado a aquellas comunas viajeras instituladas Els Comediants, El Joglars y Tábano. La vida española estaba presta para saltar del puchero a la cocina exquisita, el Madrid ya no ganaba copas de Europa y a Borges todavía le sacaba varios palmos


de estatura su gigante paisano Cortázar.

DEL

Pero los poetas de café seguían neoclá-

8: CIEN AÑOS antonio hernández

sicos y manchegos en su redil del café Gijón haciendo pasado y, en el mejor de los casos, como el de Pérez Creus, poemas satíricos. ¿Pertenece acaso este epi grama que sigue a su pluma con navaja?

Aquí descansa la musa académica y profusa de Guillermo Díaz Plaja, por la muerte convertida en lo mismo que fue en vida: en polvo no sino en paja. Los poetas, tímidamente, volvían a tirarse del pelo entre ellos y Carlos Oroza los fustigaba desde su malditismo di ablesco más que demoníaco. Incluso los viejos camaradas de las fl echas se escarnecían entre ellos sabedores de que a su yugo, el dictador, le quedaban, a lo más, dos o tres desfiles de la Victoria. Así, radiográfico, este soneto de Campmany al camaleonismo de Emilio Romero, el Goebels trasumante de la política franquista: Díme Emilio Romero, por tu vida, cuál será hogaFío el sol que más caliente, cuál el ministro más longuipotente, cuál el árbol de sombra más tupida. Díme cómo conjuga a medida el pasado, eljitturo y el presente; cómo llevar al que entra la corriente; cómo espolonearle a la salida. Conservador tenaz, «progre» f ecundo, anteayer liberal, hoy socialista, maiiana reaccionario en un momento. Emilio, cuando dejes este mundo, no habrá perdido Espaiia un periodista. i EspaFía habrá perdido un parlamento!

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La contracultura, Marcusse, el movimiento beats, la luz de ginebra y LSD de Kerouac, Corso, Carolin Kasidi, el teatro de la provocación, etc., etcéra,

para que todo quedara en lo que ha quedado: un par de impares: Terenci Moix, Antonio Gala, los autores más vendidos. Como se ve la bohemia española última no fue terrible y llena de grandeza como la de nuestros vecinos los galos y ni siquiera como su precedente del 98 por la que Valle Inclán dio un personaje para la historia, Max Estrella, o en la que el malagueño Ruiz de Gálvez prostituía a su mujer o cambiaba sonetos de ocasión por bocadillos. Más que bohemia cumplió los trámites de una picaresca casi de guante blanco, aunque con sus momentos cumbres de gracia protagonizados por personajes sin duda atractivos. Lógico, al fin y al cabo, porque la sociedad se ha vuelto átona y proteccionista y, aunque no los lee, ha arbitrado una serie de medidas -los premios literarios y las ayudas al artista- para que sus poetas no se mueran de hambre ni sus pintores de hastío. Sus poetas y pintores bohemios, se entiende, que no todos lo son. En lo que sí se allegan es en su afán de libertad cuando ser libre supone poder trabajar para uno mismo, «en el lugar, modo y tiempo que (se) escoja». Pero no siempre, o mejor dicho casi nunca, se hace realidad el deseo. Para que hubiera un pueblo, como una reserva, de artistas libres sería necesaria la utopía de unos gobernantes sabios. Y por otro lado, siempre el bohemio es también artista, cuestión añadida. Una definición sería la de «persona de costumbres libres y vida irregul ar y desordenada», tampoco ri gurosamente identificable con la consideración que sobre ellos tenía Cervantes, quien escribió que «los bohemios só lo han venido al mundo para ser ladron es» o la idea q ue sob re los mi smos se hizo Baroja al proclamar que «el bohemio no sólo es va nidoso, sino que es un poco ególatra; siente o se forja admiración por sí mismo». De todo habrá, como en la viña del


Señor, e incluso aquél al que le pegue

DEL

la tan modesta ambición de Pessoa:

8: CIEN AÑOS

antonio hernández

«Quien tiene poco, tiene todo; quien quiere nada, es libre; quien no tiene, y no desea, siendo hombre es igual a los dioses». A través de mi testimonio habéis visto algunos ejemplares, que lógicamente no son todos los tipos posibles, de una fauna fantástica que casi siempre se traga el tiempo con sus tentaciones burguesas. Yo también fui bohemio en días idénticos a nubes, como diría Cernuda, y la verdad es que fue un tiempo hermoso, desprendido y, en cuanto a mí, improrrogable: vagar sin ataduras. El poeta, el poeta por antonomasia, lo dejó clavado en su lápida eterna del aire, escrito para siempre en el mismo: -Di a quién quieres más, hombre enigmático, ¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano? -No tengo padre, ni madre, ni hennana, ni hermano. -¿A tus amigos? -Empleáis una palabra cuyo significado me ha sido hasta hoy desconocido. -¿A tu patria? -Ignoro bajo qué latitud se encuentra. - ¿A la belleza? -Amaría de buena gana a esa diosa inmortal. -¿El oro? -Lo aborrezco como vosotros a Dios. - ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero? -Amo las nubes ... Las nubes que pasan ... al lá lejos ... lejos ... ¡las maravillosas nubes!

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Jornada 1. 8 : Andrés Sorel, Victorino Polo, Francisco Gutiérrez Carbajo.

INAUGURACIÓN Y CLAUSURA DE LAS JORNADAS

Jornada de Clausura: Federico Ibáñez, Presidente de CEDRO, Juan Mollá, Presidente de la A. C. E., Gonzalo Santonja, Director de las Jornadas, Pedro J. de la Peña y José Luis Abellán. Fotos: Pedro A. Clemente del Barrio


98 AL 98: CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA ~

sobre el lenguaje del grupo «cántico» (neutralización de 10 prosaico y comparación metafórica)

Una consideración órfica de la vida, como la que tienen los poetas de «Cántico» -ya este nombre, Cántico, dice mucho-, exige a su vez una consideración órfica, musical, del poema. En la primera obra de Ricardo Molina, El Río de los

Angeles, publicada en 1945, hay un poema, titulado «Arts poética», muy significativo. Escribe el poeta: Oh alma mía, sé libre y como águila que azota la plata del aire, elevándose o descendiendo alternativamente sobre los prados quietos y el remolino salvaje del mar, no cuides de los ojos que ciega el vacío luminoso del himno rimado, y, atenta sólo a tu gozo, suscita nueva agitación, nueva música hasta ascender a la plenitud de la armonía .

Nueva música, pues. No el fastigoso «himno rimado», sino la «plenitud de la armonía». Los poetas de «Cántico » se refieren mucho a lo musical: Pablo García Baena dice que la poesía es una flauta , relaciona al antiguo muchacho con la música y la danza, afirma que quiere morir cantando junto al mar, y que la música acompaña la aparición del amor. Julio Aumente habla en sus versos de la «canción de los bosques », del «rumor del campo al amanecer». Juan


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Bernier, de Córdoba sonando al atardecer «como una lira de campanas». Mario López recuerda en el Campo de la Verdad una soleá nocturna ,

«voz de nadie, sangrando nadie sabe/por quién », o una guitarra en los jardines del Alcázar Viejo de Córdoba, que dejaba -su sonido- en la garganta «sabor a flor mordida de azahar o de labios/amargos». Y se refiere a «la luna sin brocal de la danza». Ricardo Molina querrá incorporarse «a la armonía indestructible del universo», relacionará también la música con el amor, invocará a la música como madre para que lo tenga en sus rodillas «armoniosas» y verá, oirá en el flamenco un resplandor evocador del ideal órfico, como s us compañeros de «Cántico» igualmente. Pero la vida no es sólo música de ebriedad por campos de amor o por ciudades y pueblos de Semana Santa. Existe la vida desagradable, y los poetas hablan de ella en sus versos. Cuando se refieren a significados desagradables (para ellos, claro), no escribirán versos maravillosos. ¿Prosaicos, entonces? Procurarán la salvación musical, es decir, fónico-fonética, de los versos de contenido negativo. Hay poetas y críticos para los cuales se necesita una expresión descuidada análoga a la idea: absoluta falta de musicalidad. Dice un gran poeta norteamericano, Lawrence Ferlinghetti, que ese fue el fallo de Eliot y Pound, que tan tremendas consecuencias ha producido en la poesía del siglo XX. Les echa la culpla de haber matado al rui señor. Los poetas de «Cánti co», no renuncian, cuando se trata de un significado negativo, a la salvación de la expresión musical. ¿Tienen razón, no la tienen? Para mí la tienen, y mucho. Pondré un ejemplo: si un conferenciante da una charla sobre algo excremencia l, ¿habrá de hablar con palabras excremenciales? ¿Se vestirá miserablemente, dará la conferencia en una cloaca? Yo he coleccionado muchos versos de los peotas de «Cántico» donde lo desagradable queda compensado musical mete por un uso sabio de lo fónico. Con un ejemplo de cada uno, bastará a modo de invitación al lector interesado para adentrarse en este natural recurso técnico, no difícilmente detectable en los poemas. Juan Bernier, poema «Los suplicantes », escrito en 1943, del libro Una voz

cualquiera (1959). Tema, los niños mendigos que se prostituyen en la ciudad. Cito: Ellos, casi temblando, se prostituyen a los hombres cargados de vino; los que en esta hora, cuando las rameras agotan su jornada de escándalo, desnudan su deseo amparados en la soledad de los si lbidos de los mercancías.


Mientras se rasga la noche par-

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tid a por e l mu gido de toro de

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las locomotoras impaci entes, ellos piden su preci o fríamente, c o mo s i s u pl acer fu ese un mecani smo automáti co y vuelv e n a dormir junto a l fu ego, mi e ntras los ex pre sos hacen trepidar su lecho de tierra. Lenguaje demasiado coloqui al. Y muy sabio. Só lo anali zaré (será bastante) el pri mer verso y el úl timo. El primero tiene 22 síl abas, versícul o que se divide así al oído, rea lmente e n versos autóno mos:

Ellos, casi temblando (7 síl abas, número impar, tan armóni co y frecuente en la poesía e n español).

se prostituyen (nú mero impar, 5 síl abas) . " a los hombres cargados de vino (lO sílabas, dob le de 5, y además en régi me n a napéstico, ta n mu sica l, tan popular, como «D ios te salve, María» .. . y más oraciones e himnos patrióticos). El último verso se descompone así:

y vuelven (3 síl abas, núme ro impar). a do rmir junto al fuego (7 síl abas, anapésticas además). mientras los expresos (6 síl abas). hacen trepidar (6 sílabas, considera ndo que trepidar es palabra oxítona y tiene ahora un a síl aba más)

su lecho de tierra (6 síl abas) . Correlac ión sil ábi ca de los versos o fragmentos de 6 sílabas. Y hay rima interna entre fuego, expresos y lecho. Arte y habi lidad. No suena mal, qué va . Pablo García Baena, «Oda a G regario Pri eto», de Mientras cantan los pájaros (1948). Es un magnífico poema. En la segunda estrofa aparece el hab la coloquial, en versos alejandrinos como todo el poema. Habla coloqu ial y significado negativo en relac ión con las cl ases de aritmética y otras que tomara "en el pasado:

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Recuerdo los . problemas: «Si

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un vendedor de vinos vendiera las arrobas a .. . » Veo las viejas cIases, etc. Aquí hay rima interna (problemas, vendiera, viejas) y hay sobre todo el refinado arte de la aliteración: Recuerdo los problemas : «Si un vendedor de vinos/vendiera las arrobas a .. . » Veo las viejas clases .. . Mario López, «Memoria de un· espada», de Garganta y corazón del Sur (1951). Dice así el fragmento que escojo: y en el salón de la cabeza del toro disecada

la tarde fue tejiendo sus maniatados gritos por las terribles formas de la estopa y sus huecos donde el hocico guardaba siempre un rincón inédito para agrietar la sangre pintada de su muerte. No es tema muy atrayente contemplar esa cabeza de toro disecada, con poIiUa, polvo en el testuz, los congelados ojos de cristal, etc. Son versos alejandrinos o de 14 sílabas, bueno, hay dos amétricos, el primero y el cuarto, de 16 y 15 sílabas. Lo

importante es que exactamente en la cuarta sílaba de cada verso hay un acento: Yen el salón la tarde fue por las terribles donde el hocico para agrietar (Me parece casi ofensivo señalar que se toman en cuenta las sinalefas. Casi ofensivo para el lector medianamente informado). Música, en esos versos de Mario López, correlativa, música pura, la que recibe el nombre de pie peón cuarto o acentuado en cuarta sílaba. Ricardo Molina, «Elegía XXX», de Elegías de Sandua (1948). Habla de Juan Bernier, gran paseante: Con su bufanda azul , su gabardina vieja, su sombrero mojado, su paraguas de seda, a través de los campos cuando el trigo madura, etc.


Fijémonos en el primer verso, en cada

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hemistiquio del alejandrino:

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Con su bufanda (acento en la sílaba cuarta, como en el ejemplo de Mario López). su gabardina (otra vez el acento en la sílaba cuarta). El segundo verso es anapéstico: su sombrero mojado, su paraguas de

seda El tercer verso también es anapéstico: a través de los campos cuando el trigo madura Verso de imágenes positivas, que neutralizan aún más ellos dos versos anteriores. Además, hay rima en un poema que no la tiene: vieja rima con seda. Y rima interna: mojado con campos. Otra buena orquestación, yeso sin señalar las aliteraciones fuera de rima. Julio Aumente, «Octava del Corpus», de El aire que no vuelve (1955) . Aumente recuerda una procesión en la Octava del Corpus: La capilla cantaba motetes y en la calle se oía --casi era una blasfemiaun impío automóvil rasgando con su ruido la nube del silencio y los cantos litúrgicos . El primer verso es muy musical, anapéstico, como es bello el cuarto, en deseo de compensar, neutralizar los otros dos donde está el automóvil que estropea con su sonido el sonido disfrutado de la música religiosa. Pero se oía impío automóvil ruido tienen la misma vocal acentuada, la í (en los versos 2 y 3), como la tiene «capilla» en el verso 1, y además riman «impío» y «ruido»: -ío. También riman «capilla» y «oía»: ía. La onomatopeya del automóvil «rasgando» con su «ruído» el silencio (verso 3) queda resaltada y queda integrada en una armonía superior. Y hay buscadas aliteraciones en los dos primeros versos:

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La capilla cantaba motetes y en la calle se oía -casi era una blasfemia-

El segundo aspecto (y último) que yo quería comentar es el uso del nexo como por los poetas de «Cántico». Me parece uno de los recursos lingüísticos más característicos del grupo; la comparación metafórica. En el n.o I de la revista «Cántico», Ricardo Molina habla de la decadencia de la

imagen y destaca su esencial importancia. Dice que los que piensan a la imagen como adorno superfluo, ellos son los superficiales. Cita a Claudel: «la realidad del uni verso está escrita en metáforas ». Añade Ricardo Molina: «nuestra poesía contemporánea fue hasta poco una poesía de imágenes ... La joven poesía española parece, al contrario, atacada de una pasmosa estirilidad. Este empobrecimiento repercute a su vez en el verbo, en el tema y sobre todo en el metro, acortándolo y restringiéndolo a formas hechas ... pero incapaces para enmascarar. .. el raquitismo poético interno». Los poetas de «Cántico» escriben y describen su realidad, reinventándola, con metáforas. Con metáforas netas y con metáforas que usan el nexo de comparación , especialmente como. No se trata ahora de comparaciones al estilo de, por ej emplo , decir «Córdoba es tan bonita como Florencia», donde los dos planos son reales. Se trata de comparaciones metafóricas, metáforas con símil, de larguísima tradición. Las vemos en la Biblia, en el Cantar de los Cantares, y sobre todo en la descripción del cuerpo de los amantes, y yo creo que estos poetas cordobeses lo han tenido muy en cuenta. Las vemos en los poetas arábigoandaluces, también leídos por ellos. Las vemos en el simbolismo francés, en el atrevimiento increíble de las comparaciones del Canto Sexto de Maldoror. Las vemos en los poetas católicos franceses. En los moderni stas hispánicos . En la Vanguardia, sobre todo en los surrealistas . Entre los surrealistas franceses, el modelo más usado, como ya viera Gerald Mead, es el de «s intagma nominal, más como (u otro nexo de comparación), más sintagma nominal ». Los poetas del 27 hicieron mucho uso del modelo , muchísimo en sus libros surrealistas. Mencionaré a Luis Cernuda: «injuria como luna», «sonrisas como uña s» , «semblantes antiguos como amables escobas ». Vicente Aleixandre:

Espadas como labios es título de un libro suyo. Los naranjos son «relojes como pul sos» . Hablará de «leones como un corazón hirsuto». Dámaso Alonso, en su poesía exi stencial, muestra rasgos muy surrealistas: muchacho «melancólico como un a hiena triste» «Multitud hocicando como un negruzco topo en agonía


su lóbrego camino». Federico García

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Lorca «tiburones como gotas de llan-

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to». «Como un río de leones/su maravillosa fuerza». De todas maneras, en el Lorca más surrealista, el de Poeta

en Nueva York, apenas hay este como. Como en el Rafael Alberti de Sobre

los ángeles. Sorpresa. ¿Más organización? ¿Más económica inmediatez de metáfora directa? Probablemente esto último, al menos en Lorca. Cuando aparece la revi sta «Cántico», el único coetáneo -surreali sta- que escribe libro antes que los otros, Camilo José Cela, sí usa muchos como con metáfora en los versos de Pisando la dudosa luz del día, que se publica en 1945, pero que se escribió en 1936. «Espejos denegridos como sabrosos pastos » . «Sabor del granito como voz en un túnel » . «Crepúsculos amargos de mujeres amargas/desnudadas de lejos como una fiel llegada».

y los de «Cántico». Que comprenden muy bien en la comparación metafórica como, el segundo término de la metáfora puede conquistar una mayor apertura, una mayor autonomía, una mayor libertad semántica. Esto le viene muy bien al verso largo, al versÍCulo. Me explicaré. «Tu piel es un jazmín» (nada nueva metáfora, por otra parte), eso acaba en sí mismo. Pero «tu piel como jazmín» permite desarrollos: «tu piel como jazmín que languidece de lujuria vieja», en fin, ya se entiende mi ilustración, Los poetas de «Cántico» son muy metafóricos en directo y también con el como. Juan Bernier. Se refiere a unos hermoso cabellos que él mira ansiosamente. (Los cabellos) «que vuelan como jirones desgarrados de ámbar y seda» o los que son como una ruina de plata oxidada. Más de Bernier, a la sombra estilística de Lautréamont y sus famosos como: La vida es bella como una atmósfera en una noche de luna donde el halo diáfano del éter dormido es como el respirar puro de un cristalino dios. La vida es bella como un crepúsculo de otoño. La vida es bella como un sistema lógico, como la teoría sin límites de las fuerzas o de las magnitudes.

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La vida es bella como un

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jacinto blanco que espira lentamente.

y ya se citó al principio: Córdoba suena al atardecer «como una lira de campanas». Pablo García Baena: Pensamientos morados como el cáncer. Lágrimas como escamas. Hay un tejido espeso como aromas de mieles y de trigo . (Octubre) lento, como un ciego errante, sollozaba. Frutas de cera roja como remordimientos, palomas como alados pechos níveos. Julio Aumente: Altas blancas montañas, platas de amanecidas, doradas como bronces cuando la noche acecha. y surgen las primeras gotas, sobre la tierra,

de lluvia, como un crimen revelado de arriba. El alma es como cristal que voluntariamente se quiebra. Un 'adiós como un brocado amarillo. Dedos como cuchi llos de jade fríos ,

Mario López:

El'eco de la oración dejada como un lento turbante de emociones.


Era su cuerpo (de Carmen

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Amaya) amargo como la flor

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de la adelfa. (El río Guadalquivir, de noche, pasa) hacia los ásperos olivares del alba como un toro de niebla. De los seres impasibles, los que nada sienten, afirma: ¿Quién no los vio gastando el aire apenas como oscuras estatuas de crepúsculo? Ricardo Molina: La sonrisa (de los ángeles) es bella como una rosa amarilla. Mi alma .. . va como una virgen destrenzada y desnuda por valles y mon. tañas . ¿Qué importan las palabras si tus labios son rojos como la roja adelfa y la flor del granado? El deseo como un pájaro revuela ebrio entre las ramas verdes. La palabra como piedra preciosa. He querido fijarme en dos características de los poetas de «Cántico», de su lenguaje: la musicalidad de su expresión , aun en los cas os de tema negati vo y habla coloquial, y el uso de la metáfora con el como para permitir recrear en la imaginación del lector el mundo sensorial entrelazándose en correspondencias seductoras. Algunos teóricos del nuevo pensamiento occidental podrían decirl e a los de «Cántico» que el postestructuralismo, la postmodemidad en que nos movemos ha hecho desaparecer las «reglas» en favor de la improvisación; que la originalidad ha sido sustituida por la copia; que la naturaleza perdió su protagonismo frente a lo urbano; que nada significa nada, sólo se trata de diferir el

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significante hasta nunca; que la músi-

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ca y el ritmo no cuentan; que el lenguaje ha sido atomizado en un archilenguaje que todo lo abarca ; que la

metáfora es una referencia a algo fuera de la realidad y no sirve. Paul de Man , Jacques Derrida, Fredric Jameson, el mismo Gadamer, le dirían a lo s de «Cántico» que su poesía ha sido superad a por la destrucción de los valores. De los valores es téticos. Pero los de «Cántico» -ignorantes ellos- sólo se dedicaron a hacer del poema un adorable objeto de arte.

CORDOBA,* OCTUBRE

M

CM

X

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1


OPINiÓN ~

teratura, arte y simbolo en hans-georg gadamer juan ma nuel gonzález

En las pág in as de «L a actualid ad de lo bello» Hans-Georg G ada mer ofrece toda una se ri e d e re fl e xi o nes acerca d e l a n a tura leza d e l a rt e, moderno y tradi cio nal, y de su percepc ió n críti ca, t a nto indi v idual co mo colectiv a. Las líneas que integra n esta o bra so n e n rea lid ad un a versión de las lecc io nes dadas con e l títul o de «El arte co mo juego, símbolo y f iesta» e n la esc uela superi o r de Sa lzburgo e n e l vera no de 1974. A part ir de e ll as G ada me r mu es tra s u visión analíti ca de los pro bl e mas de la co nsiderac ió n actu al de l arte, alrededor de la defin ición y captac ió n de lo be ll o, co n un le n g u aje exacto, nada acartónado y capaz de transmitir con se ncil lez los e le me ntos co n-


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OPINION

ceptuales más complejos. Provista de

juan manuel gonzález

una estructura tan lógica como solida , esta obra presenta una reflexión amplia, casi interdisciplinar, carente

de sectarismos y escolásticas, y que no pretende otra cosa que sugerir materiales básicos de análisis; objetivo que logra sin grandilocuencia ni complejidades premeditadas ni artificiales. Escrito sin renunciar a la óptica de cristianismo reformado propio de su autor, este libro no cae sin embargo nunca en diatribas contra nadie, planteamientos anti-agnósticos, ni propuestas tocadas por el misticismo -ni de la ciencia ni parareligioso-, situándose además en una clara tradición de pensamiento occidental. Los conocimientos de la filosofía y la estética clásicos de que hace gala su autor sirven a una mayor comprensión y esclarecimiento de los problemas tratados, y en ningún momento son utilizados con intenciones conservadoras o restrictivas, sino -muy al contrario- como palancas de reflexión acreditadas por su antigüedad y que, al no estar caducas, siguen en uso con las lógicas actualizaciones temporales y de contexto . Inicia sus análisis Gadamer recordando que el problema de la justificación del arte es un tema muy antiguo, pero aún cercano, y subraya como, desde la nueva mentalidad filosófica y las nuevas exigencias de saber planteadas por el socratismo, se le exigió al arte por primera vez una legitimación . Para el estudioso «se trata de un tema viejo y serio que se plantea cada vez que una pretensión de verdad se opone a la forma tradicional que se sigue expresando en la invención poética o en el lenguaje artístico». Fiel a su propia concepción de la historia y del mundo, Gadamer pasa a señalar que el cristianismo y la iglesia dieron un nuevo sentido al lenguaje de los artistas plásticos, y más tarde también a las formas discursivas de la poesía y la narrativa, otorgándole así al arte una nueva legitimación. «Nuestra conciencia cultural -dirá- vive ahora en gran parte de los frutos del arte cristiano medieval y la renovación humanista del arte y la literatura griega y romana, un lenguaje de formas comunes para los contenidos comunes de una comprensión de nosotros mismos». Consciente de que la nueva situación del arte que vivimos en nuestro siglo tiene que ser considerada como la ruptura de una tradición unificada cuya última gran oleada la representó el Siglo XIX, y tal vez añorante de esa tradición unificada, Gadamer indica que «cuando Hegel , el gran maestro del idealismo especulativo, dio sus lecciones de estética, uno de sus motivos introductorios fue la doctrina del carácter de pasado del arte ... Al hablar del carácter de pasa-


do del arte se refería más bien a que

OPINiÓN

el arte ya no se entendía del modo

juan manuel gonzález

espontáneo en que se había entendido en el mundo griego y en su representación de lo divino como algo evidente por si mismo». Y advierte: «La auténtica tesis de Hegel es que para la cultura griega Dios y lo divino se revelaban expresa y propiamente en la forma de su misma expresión artística, y que con el cristianismo y su nueva transcendencia de Dios ya no era posible una expresión adecuada de su propia verdad en el lenguaje de las formas artísticas y en el lenguaje figurativo del discurso poético» . Así, el autor de «La actualidad de lo bello» precisa que la tesis del carácter de pasado del arte entraña que, con el fin de la antigüedad, el arte tiene que aparecer como necesitado de justificación, y esta justificación la llevaron a cabo la iglesia cristiana y la fusión humanista con la tradición antigua en lo que llamamos arte cristiano de occidente. «El arte de entonces, que se justificaba en una unión última con todo el mundo de su entorno, realizaba una integración de la comunidad, la iglesia y la sociedad por un lado, y con la autocomprensión del artista creador por otro», apunta, para resaltar a continuación que «esa integración ha dejado de ser evidente» . Tras comentar esta tesis y sus derivac iones, Gadamer apunta que en el Siglo XIX los artistas comenzaron a sentirse desarraigados en una sociedad que se estaba industrializando y en la que los valores de lo comercial iban impregnándolo todo; una fase histórica en la que cualquier artista vivía en la conciencia de que la

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comunicación entre él y los hombres

OPINION

para los que creaba había dejado de

juan manue

ser algo evidente. El artista del XIX desarrolla una conciencia mesiánica, se siente como una especie de «nuevo redentor» que en su proclama a la humanidad trae un nuevo mensaje de reconciliación , y paga con su marginación social el precio de esta proclama, siendo -hecho esencial y diferenciadorun artista ya sólo para el arte. Gadamer advierte

certeram~nte

luego que «al pensar sobre lo que es el arte

hoy en día tenemos que abarcar tanto el gran arte del pasado y de la tradición como el gran arte moderno, pues éste no solo no se contrapone a aquel, sino que ha extraído de él sus propias fuerzas y su impulso ... Un primer presupuesto será que ambos son arte, que ambos han de ser considerados conjuntamente». Por ello, la memoria y el recuerdo, que recibe en sí el arte del pasado y la tradición de nuestro arte, expresan, según el estudioso, «la misma actividad del espíritu que el atrevimiento de los nuevos experimentos con inauditas formas deformes» ... y se pregunta «¿Q ué se sigue de esta unidad de lo que ha sido con lo que es hoy?». Para aproximarse a la respuesta de tal cuestión, Gadamer empieza por observar que el llamado arte clásico que tenemos a la vista es una producción de obras que, en si mismas, no eran primariamente entendidas como arte, sino como configuraciones que se encontraban en sus respectivos ámbitos, religioso o secular, de la vida, como una ornamentación del modo de vida propio y de los actos consiguientes: el culto, la representación del poderoso, etc. «Pero -indica- desde el momento en que el concepto de arte adoptó el tono que para nosotros le es propio y la obra de arte empezó a existir totalmente por si misma, desprendida de toda relación con la vida, convirtiéndose el arte en arte, desde que el arte no quiso ser ya nada más que arte, comenzó la gran revolución artística, que ha ido acentuándose en la modernidad hasta que el arte se ha liberado de todos los temas de la tradición figurativa y de toda inteligilibidad de la proposición». Sin embargo, Gadamer remarca un hecho singu lar en ese proceso, al señalar que «en las pretensiones del artista moderno hay un agente social nuevo ... es una especie de oposición fronta l a la religión de la cultura burguesa y a su ceremonia l del placer», una oposición en la cual el artista tiene la pretensión de hacer de la nueva concepc ión del arte, a partir de la cual crea, a la vez una nueva solidaridad, una nueva forma de comunicación de todo con todos. En correspondencia con el título original de los textos de las conferencias -desde la estética f ilosófica- la contemplación de tres conceptos «c uy a


importancia es de primer orden»: la

OPINiÓN

vuelta al concepto de juego, la elabo-

juan manuel gonzález

ración del concepto de símbolo -esto es, de la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos-, y la fiesta como el lugar donde se recupera la comunicación de todos con todos. Remontándose a los clásicos, recuerda que para Platón la tarea del filósofo dialéctico era «aprender a ver todo junto en lo uno», pues es tarea de la filosofía encontrar lo común también en lo diferente. Y precisa: «Se trata de la tarea de tender un puente sobre la enorme falla que hay entre la tradición formal y temática de las artes plásticas de occidente y los ideales de los creadores actuales ». De manera inmediata, Gadamer se pregunta sobre como se diferencia el arte de las artes mecánicas, y vuelve otra vez al patrimonio del pensamiento clásico para citar a Aristóteles y su idea de que «la poesía es más filosófica que la historia». Idea que todavía continúa siendo válida si se acepta que mientras la historia sólo narra lo que ha sucedido, la poesía cuenta lo que siempre puede suceder. Nos enseña a ver lo universal en el hacer y el padecer humanos. Y como lo universal es claramente tarea de la filosofía, el arte es más filosófico que la ciencia histórica». Comprende por otra parte Gadamer que arte quiere

decir

bellas

artes, pero lanza la cuestión de ¿qué es lo bello? Y fija que «para nosotros sigue resultando convincente la determinación de lo bello como algo que goza del reconocimiento y de aprobación general ...

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118

OPINION juan manue

De ahí que para nuestra sensibilidad más natural al concepto de lo bello pertenezca el hecho de que no pueda preguntarse por qu é gusta». En ese

sen tido, el estudioso advierte que sin nin guna refere ncia a un fin, sin esperar utilidad alguna, lo be ll o se cumple en un a suerte de autodeterminación y tran spira el gozo de representarse a si mismo. Antes de regresar a los griegos y ap un tar que para éstos el cos mos, el orden del cielo, representa la auté ntic a manifestación vis ibl e de lo bello, a raíz de lo c ual pu ede c reerse que en e l orden regu lar de los cielos poseemos un a de las mayo res manifes tac iones visibles de orden. «Los períodos del año, de los meses, la altern anc ia del día y la noche constituyen las constantes f iab les de la experiencia del orden en nuestra vida, justamente en co ntraste con la equivocid ad y ve rsati lid ad de nuestros propi os afanes y acc iones humanos», admite Gadamer. ... Inte resado por la experiencia de lo bell o, y de su percepción, el autor de este estudi o observa la experienc ia del amor y de la belleza, del amor a la belleza, recordando -en su habitual tono clasicista- que Platón concebía juntas «estas vivencias del amor que despierta con la percepción espiritual de lo bello y del orden verdadero del mundo. É l ll ama bello a lo que más brilla y más nos atrae, por así decirlo, a la visibil idad del ideal. Eso que brill a de tal manera ante todo lo demás, que ll eva en sí tal lu z de verdad y rectitud, es lo que perc ibimos co mo bello e n la naturaleza y en el arte, y lo que nos fuerza a afirmar que eso es lo verdadero». Centrando más el objeto de su investigación , Gadamer afirma que la esencia de lo bello no estriba en su contraposic ión a la realid ad; para él «La verdad no está en una lejanía inalcanzable, sin o que nos sa le al encuentro ... La función ontológica de lo bello cons iste e n cerrar el abi smo ab ierto e ntre lo ideal y lo rea l» . Esta postura, distante de un a perspectiva materiali sta o rea li sta e n sentido estricto, ofrece la posibilidad de conj ugar belleza y realidad, e incluso el ideal de belleza y la necesidad de lo tangible. Como elemento necesario de estas reflex iones, el autor de «La actu alid ad de lo bello» no tiene más remedio que referirse a la estét ica, y e n esa vía hace referenci a a la formación de ésta como disciplina: «La estética co incid e con la aparición del sentido eminente de arte separado del contexto de la práctica productiv a» . Y reconoce que la estética no s urgió -co mo di sc iplina- has ta e l Siglo XVIII , en pl e na época racionalista. Un dato clave al respecto, recog id o e n las pá g inas de «La actualidad de lo bello », es e l relativo a A lexa nd er Bauga rte n, fundador de la estética fi losófica , y su definición de la es tética como «el arte de pen sar be ll amente».


En relación con la estética y la bús-

OPINiÓN

queda de la belleza sin ceñirse a los

juan manuel gonzález

dictados de lo estrictamente útil, Gadamer remarca después la variedad del espectro de las creaciones artísticas, los distintos son la música, la palabra, la arquitectura o las artes plásticas, pero manifiesta sin embargo como los medios con que actúa la creación artística humana permiten ver lo mismo bajo luces muy diferentes. Respecto a los perfiles propiamente filosóficos en la experiencia del arte y de lo bello, Gadamer recuerda a Kant para indicar como éste buscaba una respuesta a la pregunta de qué es lo que debe ser vinculante en la experiencia de lo bello, cuando «encontramos que algo es bello», para que no se exprese una mera reacción subjetiva del gusto. Para Gadamer «si yo encuentro bello algo, entonces quiero decir que es bello. O, para decirlo con Kant: exijo la aprobación universal ». La consecución de esa «aprobación universal » implica tanto una técnica de defensa de lo que el experto en alguna de las disciplinas artísticas considera positivo como un instrumento de deslinde entre lo aceptable y «bello» y lo rechazable o negativo; es decir la crítica. El autor de «La actualidad de lo bello» no señala específicamente esta visión de la necesidad de la ~rítica,

pero indica que «la crítica, es decir el diferenciar lo bello de lo menos

bello no es propiamente un juicio posterior, un juicio que subsuma científicamente lo bello bajo conceptos, o que haga apreciaciones comparativas sobre la calidad: la crítica es la experiencia misma de lo bello». Ahora bien, la naturaleza de la crítica, y aún más su función es considerada de muy diversas maneras desde distintas disciplinas y por autores diferentes, con una variedad tal que

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-

=

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OPINiÓN

sería prolijo en um erar aq uí. Sin

juan manuel gonzález

embargo, a título personal y dentro del terreno acotado de la crítica literaria, tal vez la visión más interesante

de ésta sea la de aquellos expertos que señalan como sus objetivos esenciales el encontrar el alma de un libro o el espíritu de un autor, estudi ar éstos, y traducirlos en palabras suficientemente esclarecedoras y atractivas para un posible lector. En el territorio de la crítica literaria -e incluso del ensayo- no conviene por otro lado divorciar a ambos de la intuición «poética», lo primero porque la crítica cartesiana, academicista y sometida a los rígidos esq uemas racionalistas no se ha demostrado que valiera nunca para gran cosa, mientras hoy, en una realidad plural, enormemente rica en formas y conten idos, libre y refractaria a todo canon, su ineficacia es evidente. Y lo segundo por el hecho de que la literatura es en si misma un bien subjetivo, sobre el que el crítico actúa en el fondo personal y subjetivamente; tratar de analizarla constriñéndose a sus contornos for males, objetivizándola a golpes de normativas, parece a todas luces estéril. Volviendo a Gadamer y sus páginas, éste se pregunta : «¿ para qué sirve sentir goce en aquello en lo que se siente goce?», y observa que resulta patente que algo se acepta con satisfacción estética «s in referirse a algo significativo, a algo, en definitiva , comunicable co nce ptualm ente» . Con la proximidad de Kant nuevamente como resorte, Gadamer se ñala cómo aquél hablaba de la belleza auténtica o, según él la llamaba, la «bell eza libre»; libre de conceptos y de signi ficados. Dentro del cauce de las e nseñanzas kantianas, el autor de «La actua lid ad de lo bello» indica como e l filósofo de Konigsberg entendía -en el plano de la definición de arte- al gen io como una fuerza de la naturaleza; el «fa vorito de la naturaleza» le llam aba . Es decir. .. «e l que ha sido favorecido hasta tal punto por la naturaleza que, co mo ell a, crea algo que parecería hec ho según reglas , pero s in adaptarse conscientemente a ellas; más aún: algo que sería tota lmente nuevo, creado según reg las no concebidas tod av ía» . Y de la lectura de Kant, Gadamer concluye con exactitud que «eso es el arte: crear algo ejemp lar sin producirlo meramente por reglas». Una vez estab lecidas estas bases, Gadamer se lan za a indagar acerca de cuál es la base antropológica de nuestra experie nci a del arte, y para alcanzar algun a respuesta al respec to co nsidera que es ta cuestión tienc que ase ntarse en los conceptos de «juego, símbolo y fiesta ». Para e mpezar asume que «el juego es una funci ón elemental de la vid a humana , hasta el punto de que no se puede pensar en absoluto la cultura humana sin


un componente lúdico », y seguid amente advierte que «el arte tiene un

OPINiÓN juan manuel gonzález

elemento lúdico», apuntado después que «el juego implica en primer término un movimiento de vaivén que se repite continuamente». De aquí extrae la idea de que «El automovimiento es el carácter fundamental de lo viviente. El juego aparece entonces como el automovimiento que no tiende a un final o una meta, sino al movimiento en cuanto movimiento, que indica un fenómeno de exceso, de la autorrepresentaci6n del ser viviente». Idea ésta que se acopla sin problemas a la percepción del arte por el arte . Por último Gadamer resalta que «lo particular del juego humano estriba en que el juego también puede incluir en si mismo a la razón. Y la humanidad de nuestro juego reside en que ese juego de movimientos ordena y di sciplina sus propios movimientos de juego como si fueran fines. Esta racionalidad libre de fines es propia del juego humano ... una conducta libre de fines ». Al igual que el verdadero arte, según las observaciones de Gadamer. A continuación, el autor de «La actualidad de lo bello» afirma que «El espectador es algo más que un mero observ ador que contempla lo que ocurre ante él; en tanto que participa en el juego es parte de él ... Toda obra dej a al que la recibe un espacio de juego que tiene que rellenar. Y tenemos que reunir, poner juntas muchas cosas». Llegados a este punto, Gadamer subraya que un cuadro se « Lee » igual que se lee un texto escrito .. . « Se empieza a descifrar un cuadro de la misma manera que un texto . Siempre hay un trabajo de reflexión , lo mismo si mc ocupo de formas tradicionales de creac ión artístic.a que si recibo el desafío de la

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OPINION juan manuel gonzález

creación moderna. El trabajo constructivo del juego de reflexión reside como desafío en la obra en cuanto tal. Por esta razón, me parece que es

falso contraponer un arte del pasado, con el cual se puede disfrutar, y un arte contemporáneo, en el cual uno , en virtud de los sofisticados medios de la creación artística, se ve obligado a participar». Sin entrar en las dimensiones psicológicas y relativistas de esa decodificación y deconstrucción de la obra de arte por el espectador-lector, cabe admitir como un hecho la inutilidad -e imposibilidad metodológica- de contraponer un arte del pasado, «de disfrute», y un arte contemporáneo, «de participación». Para Gadamer -y con razón- «la identidad de la obra no está garantizada por una determinación clásica o formalista cualquiera, sino que se hace efectiva por el modo en que nos hacemos cargo de la construcción de la obra misma como tarea ... Percibir no es recolectar puramente diversas impresiones sensoriales, sino que significa tomar algo como verdadero». Y puntualiza: «Siempre es verdad que hay que pensar algo en lo que se ve, incluso sólo para ver algo. Pero lo que hay aquí es un juego libre que no apunta a ningún concepto». Tras dibujar la comprensión de la obra de arte y lo bello en relación con la noción de juego, el estudioso lleva a cabo una de sus más sugerentes interpretaciones al acercarse al concepto de símbolo. Inicia esta tarea recordando -en el marco de su devoción clasicista- que «s ímbolo» es en principio una palabra técnica de la lengua griega que significa «tablilla de recuerdo», es decir, una «tessera hospitalis» cuya mitad el anfitrión entrega a su huésped, conservando él la otra, para poder reconocerse ambos -o sus descendientes- a lo largo del tiempo y gracias a la reunificación de los dos pedazos repartidos . Bajo esta evocación, el símbolo,"la experienci a de lo simbólico, se representa como un fragmento de ser que promete complementar en un todo íntegro al que se corresponda con él; lo cual imp lica que exjste el otro fragmento, siempre buscando , que complementara en un todo nuestro propio fragmento vital. Según el autor de «la actualidad de lo bello», este «s ignificado » no parece estar ligado ·a condiciones sociales especia les, y para él cabría más bien ligarlo a que la experiencia de lo bello y en particular de lo bello en arte, es la evocación de un orden íntegro posible, dondequiera que éste se encuentre. En la lectura de Gadamer el co ncepto de lo simbólico, tal y como lo entendieron Goethe y Schiller, hace referenci a a la percepción de que lo sim bólico no só lo remite hacía al significado, sino que lo hace ·estar presente: «representa el sig nificado». Por ello ... «En la obra de arte no só lo se remite a algo, sino


que en ella está propiamente aquello

OPINiÓN

a lo que se remite. Con otras pala-

juan manuel gonzález

bras: la obra de arte significa un crecimiento del ser; esto es lo que la distingue de todas las realizaciones productivas humanas en la artesanía y en la técnica». A esta altura de sus consideraciones, Gadamer precisa que «La herramienta es un artículo, lo propio de él es que su producción se puede repetir, que el aparato puede básicamente sustituirse por otro en la función para la que está pensado». Mientras que ... «.La obra de arte es irremplazable». Y consecuentemente ... «En la reproducción como tal ya no hay nada del acontecimiento único que distingue a una obra de arte. En toda obra de arte hay algo así como imitativo. Por supuesto que mímesis no quiere decir aquí imitar algo previamente conocido, sino llevar algo a su representación, de suerte que esté presente ahí en su plenitud sensible. El arte es siempre mímesis, esto es, lleva algo a su representación ». En la óptica del autor de «La actualidad de lo bello» la representación simbólica que el arte realiza no precisa de ninguna dependencia determinada de cosas previamente dadas ... «La esencia de lo simbólico -dirá- consiste precisamente en que no está referido a un fin con un significado que haya de alcanzarse intelectualmente, sino que detenta en

sí su significado » .

Concepción no distante, al igual que otras ya reseñadas , de la idea del arte por el arte, básica en buena parte de las reflexiones de Gadamer. De forma colateral a sus pensamientos sobre el concepto de símbolo y sus derivaciones, el estudio establece que «El arte, ya sea en la forma de la tradición objetual que nos es familiar , ya en la actual, desprendida de la tradición y que tan extraña nos resulta, exige siempre en nosotros un trabajo propio de construcción. El artista ya

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OPINION juan manuel gonzález

no pronuncia el lenguaje de la comunidad, sino que se construye su propia comunidad al pronunciarse en lo más íntimo de si mismo. Se constru-

ye justamente su comunidad, y su intención es que esa comunidad se extienda a todo el mundo habitado, que sea de verdad universal». Formulación que entronca con las anteriores aseveraciones de Gadamer en torno a la necesidad de reconstrucción del arte por el espectador-lector, la función en soledad del artista, y el deseo de universalidad que late en todo verdadero arte. Finalmente, el autor de «La actualidad de lo bello» se aproxima al concepto y hecho de la fiesta remarcando que «Si hay algo asociado a la experiencia de ésta es que se rechaza todo el ais lamiento de unos hacia otros. La fíesta es comunidad, es la presentación de la comunidad misma en su forma más completa ... El trabajo separa y divide, la fiesta congrega y une». Y afi rma desde tal análisis que las expresiones de la fiesta «se asemejan a la experiencia de la obra de arte: la celebración tiene unos modos de representación determinados, existen formas fijas que se llaman usos, usos antiguos, que han ll egado a ser costumbres fijas y ordenadas». Para llegar a concluir: «Aún más que el discurso solemne, lo propio de la solemnidad de la fiesta es el silencio . .. un silencio solemne como el que conlleva la contemplación de la obra de arte». Al término de este triple acercamiento a los conceptos de juego, símbolo y arte, y después de revalorizar el papel de la memoria -esa Mnemosine que es musa implacable de la apropiación por el recuerdo-, Gadamer hace dos observaciones de gran validez para todas las disciplinas artísticas, pero en especial para la creación literaria: lo decisivo de la organicidad del arte y el carácter determinante del «oído interno» para el trabajo y degustación de lo artístico. En el primer aspecto el estudioso confirma la vieja intuición clásica de que «Una obra de arte es de hecho semejante a un organismo vivo: una unidad estructurada en si misma. Cualquiera puede comprender que digamos que una obra de arte es, de algún modo, una unidad orgánica. Quiere decirse que se siente cómo en la visión en el texto o en lo que sea, cada detalle, cada momento está unido al todo, y no semeja algo pegado exteriormente ni desentona como un trozo inerte, arrastrado por la corriente del hacer. Antes bien, está di spuesto alrededor de un centro . Todos sus elementos no están orde nados según un fin tercero, sino que sirven a la propia autoconservación ». Y contjnú a, regresando a las premisas kantianas a l resaltar que e l autor de «Beobachtungen über das Gefühl des Schbnen und Erhabenen » calificó tal


organicidad y unidad como «finalidad sin fin», la cual es propia tanto

OPINiÓN juan manuel gonzález

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de un organismo como de una obra de arte. En esta línea, y por último, Gadamer recupera la que -con razón- toma como «una de las más antiguas definiciones que existen de lo bello en el arte: la afirmación de Aristóteles de que una cosa es bella si no se le puede añadir ni quitar nada». En cuanto a lo que señala como «oído interno», Gadamer efectúa una consideración esencial tanto para la naturaleza del arte, como para los espectadores o creadores de éste. El autor de «La actualidad de lo bello» establece que «Toda reproducción, toda declamación de una poesía, toda representación teatral, por grandes que sean los actores y los cantantes, sólo nos comunicará una experiencia artística efectiva de la obra cuando oigamos en nuestro oído interior algo de todo punto diferente de lo que está sucediendo para nuestros sentidos » . Y remacha: «Sólo lo elevado hasta la idealidad del oído interno, y no las reproducciones, las exhibiciones o las realizaciones mímicas como tales, nos proporcionan el sillar para la construcción de la obra » . Lo acertado de esta percepción de Gadamer es evidente, sobre todo especial para las tareas literarias, donde únicamente lo alzado hasta lo ideal registrado por ese «oído interno» -lejos de las copias y los artificios- proporciona destellos con los que reconocer lo «original » en la propia obra. Las conclusiones que las páginas de esta obra de Gadamer proporcionan son, en general , no sólo relevantcs y claras sino -y muy especialmente- de gran utilidad para la comprensión de la naturaleza del arte y del trabajo artísti-

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OPINION

co interdisciplinar. A modo de resu-

juan manue gonzalez

men, él mismo enumera algunas de tales conclusiones en la parte final de «La actualidad de lo bello».

La primera de éstas es el hecho de que el auténtico enigma que el arte nos presenta es justamente la simultaneidad de presente y pasado ... y la manera en que llega el arte a ser una superación del tiempo. «Por un lado -precisaestá la apariencia histórica del arte, por otro su apariencia progresista. La apariencia histórica puede considerarse como la ofuscación de la cultura, para lo que sólo tiene significado la tradición cultural que nos resulte familiar. Y, a la inversa, la apariencia progresiva vive en una suerte de ofuscación de crítica de las ideologías, al creer el crítico que el tiempo debería empezar de nuevo de hoy para mañana, y exigiendo así que se deje atrás una tradición en la que se está y que ya se conoce perfectamente». La segunda de las conclusiones del texto de Gadamer con especial relieve es la relativa a la consideración del símbolo. Partiendo de que un símbolo es aquello en lo que se reconoce algo, del mismo modo que -con el ejemplo y el significado clásicos- el anfitrión reconoce al huésped por la tessera hospitali s, puede establ ecerse que «reconocer» significa reencontrar algo como lo que ya se conoce. Este «re-conocer» capta, como observa Gadamer, la permanencia en lo fu g itiv o. Y llevar este proceso a su culminación «es propiamente -dice- la función del símbolo y de lo simbólico en todos los lenguajes artísticos» . De ahí que el autor de «La actualidad de lo bello» afirme con claridad: «He intentado mostrar que no es simplemente que haya épocas más ricas , familiarizadas con los símbolos, y épocas más pobres, vacías de contenido simbólico, co mo si el favo r de los ti e mpos pasados y la desgracia del presente fueran meros hechos dados», para finali zar: «Realmente, el símbolo es una tarea de con strucción. Es menes ter aprender primero a deletrear cada obra de arte, luego a leer, y sólo entonces ésta empi eza a hablar». La lectura de estas concl us iones de Gadamer y del proceso reflexivo que engloban las páginas de «La actu alidad de lo bello» acerca de la naturaleza del arte y de su crítica, suscitan a su vez toda un a seri e de cuestiones en relación con la creación literaria, y en especial respecto a la creación poética - la más próxima a s.u concepto de arte desde el campo literario-. En este ámbito de la creación poéti ca, y pudiéndose tomar a ésta como un impulso interdisciplinar que es posible detectar en cualquier for ma de arte, cabe refl exion ar desde otra óptica sobre dos de los elementos cl aves tratados por Gadamer: la memoria y el símbolo.


Respecto a la memoria , y de acuerdo

OPINiÓN

con la apreciación de Gadamer sobre

juan manuel gonzález

esa Mnemo s ine que modela y es musa implacable de la apropiación por el recuerdo, conviene comprender que la poesía -y el resto de las artes- se nutre sin remedio de algo tan insoslay able e imperativo co mo la memoria. En los entrelazamientos, vaivenes y juegos de esa memoria , el poeta, el artista , acuna sus imágenes y sentimientos, los cuida y defiende, y a trechos los transforma o los deja crecer, para finalmente recrearlos en su trabajo. Pero . .. ¿de qué se alime nta a su vez esta me mori a? Además de las experiencias de su autor, de las vividas por otros y por él conocidas, y de las so ñadas , la memoria creativ a se alimenta también de la tradición y del patrimonio cultural de un pueblo. Los límites de nuestra memoria no son materiales, rígidos , entre otras muchas cosas porqu e forma n parte d e un a gra n memoria, la memoria de la Naturaleza -en la acepción am pli a, indivi sibl e, etern a, de este principio-, un a memoria que tal vez só lo p.uede ser evocada medi ante símbolos, y el símbolo es un a de las propiedades e in strumento s característicos de la poesía. Esos símbolos actúan de forma intemporal , y por ell o e n nu es tro prese nte, ya que la gran memoria, de la que todos nos proveemos a través de nuestras diferentes cul turas matrices, los asoc ia co n aco ntec imi entos, lugares, es tados de ánimo, mitos y personajes, rep rese ntat ivo s de pasiones y se ntimientos al ti empo parti cul ares y uni versales. Al jugar co n estos sí mb o los, esa gran memoria y esas pasione s, e l artista, e l poeta, sabedor de que el verdadero arte no es e l mero relato de un a hi storia o de un simple retrato sentimenta l de se mblantes,

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OPINION Juan manue

puede desatar -como nos advirtió en su momento Yeats- unas fuerzas creativas capaces de despertar lo angélico o lo demonjaco que todo ser

humano porta en su interior, y que desde éste configuran nuestra sociedad y nuestra historia. Esa posibilidad, refractaria al limbo de la poesía, artificial, roma, simple y vulgarmente experimentadora, es quizás el principal poder del artista y del poeta ; su palanca de transformación de la realidad y su escudo frente a las invectivas y dictados de lo «útil » y tangible. Yeats, creador carente de prejuicios racionalistas , y visionario -como Blake- sólo en la medida en que su inspiración lo determina, asume por otra parte el aserto de que una emoción no cobra cuerpo o no llega a ser perceptible y activa entre nosotros hasta que no encuentra su expresión propia y definida: en el color, en el sonido , en la forma, en la palabra, o en todos estos elementos al unísono, y de una manera singular; ya que -todos lo sabemos- no hay dos modulaciones o combinaciones de colores, sonidos, formas o palabras que encarnen y expresen exactamente una misma emoción . Así pues, una vez establecido que la memoria del artista y del poeta deriva de una memoria natural , irreductible y extensa, acumulativa , no constreñible a ninguna escuela estilística ni soporte formal , y aceptado que su expresión es en esencia simbólica, cabe admitir la necesidad de que todo creador entienda y reafimente la inspiración de las épocas primigenias o clásicas; es decir: que abrace, practique y desarrolle, en paralelo con su ánima personal, la específica tradición cultural de la que el mismo proviene. Sin embargo, esta entrega a la tradición no debe ser sectaria, ni superficial, ni autom ática. El .reconocimiento y asunción de los vectores de la cultura y la sensibilidad a la que se pertenece no ha de implicar para el artista el rechazo frontal de otras culturas y hechos diferencial es . Con lo propio y antiguo como núcleo verbal, el artista y el poeta pueden aproximarse sin debilidad a los brillos de otras culturas; y aquí es preciso remarcar que únicamente tal debilidad , surgida de la pérdida de la tradición propia, es el caldo de cultivo del que brotan tanto el entreguismo a lo foráneo c o mo la xenofobia cultural. Todo es un gran me stizaje , más un mes ti zaj e limitado , y para el cu a l, por supu esto, hace falta que se conserve n troncos culturales definidos , sin lo que el mesti zaje sería imposi-


ble y toda riqueza diferencial -hasta

OPINiÓN juan manuel gonzález

la de los mismos cruces culturalesse perdería en una amalgama más bien caótica. Otro peligro a evitar en el camino de la entrega a la tradición o a la recuperación de lo clásico es, cómo no, el

mecanismo, el acortamiento, la reproducción rígida de modelos arcaicos. Casi siempre la creación conlleva un prólogo de desolación, de ruptura y aniquilamiento de bases previas, de muerte de lenguajes agotados en el · ir y venir de itinerarios artísticos y trayectorias estilísticas. Toda «destrucción » se vuelve imprescindible para acometer una «reconstrucción» de los signos, perfiles y sensaciones que constituyen las nuevas articulaciones del arte y de la poesía. La memoria, la gran memoria, es el fiel de la balanza para cualquier interacción cultura, artística y poética. Una gran memoria que, por su fidelidad última a lo humano, refleja espontáneamente relaciones estéticás y simbólicas de profundidad entre las diversas culturas y creadores. A pesar de los claros contornos de la memoria propia de cada cultura -de la que se nutren la razón y el inconsciente del artista-, bajo -o sobre- ella hay una gran memoria, cuyos infujos llegan a todos los impulsos artísticos de todas las culturas. Es esa gran memoria la que explica la coincidencia en la utilización de imágenes, símbolos y sentimientos por los artistas y poetas de latitudes y tradiciones alejadas entre sí, incluso en el tiempo. En realidad, todo arte, si es verdadero, es uno y diverso, mestizo y puro, útil e inútil, presente y eterno.

I

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OPINiÓN

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josé elgarresta

1a d e

A

em briaguez 1 a existenc i a

CLAUDIO RODRteuEZ

Desde luego, era un poeta y digo simplemente eso: Poeta, porque de tanto añadirle calificativos hemos llegado a pervertir la expresión, hasta olvidar que en sí misma constituye el mayor milagro que le puede ocurrir a cualquiera, sobre todo si no cree en los milagros y de pronto se tropieza con alguien que le hace intuir que su propia existencia es uno, y no precisamente el menor, de ellos. Yo mismo no recordaba tanta emoción, y tan distinta de todo lo que habitualmente se siente, hasta que asistí a su último recital, que se convirtió en un plácido paseo, junto a él, por las cosas ordinarias de la vida. ¿Ordinarias, he dicho? Lo eran hasta que él las miraba y entonces se convertían en únicas, es decir: Comenzaban a existir por vez primera y entonces la ropa puesta a secar al sol se convertía en un mundo, donde uno había vivido sin saberlo hasta aquel preciso momento, y esa constatación le abría a uno los ojos de tal manera que caminaba y caminaba y todo era nuevo y la experiencia era tan maravillosa que a uno le parecía que podía continuar indefinidamente y tal vez era cierto, porque hasta la muerte cede ante el asombro, o esa sensación le producían a uno aquellos condenados poemas, mejor dicho: Aquella manera de compartir el proceso de su creación , que él llamaba «celebración de la existencia» y ahora comprendo por qué; era esa forma de mirar que hacía ver lo que no se había visto antes, existir lo que no había existido antes, pero observo que me estoy repitiendo y la razón es que no soy capaz de describir algo tan sencillo y tan profundo como lo que


experimenté en aquellos momentos,

OPINIÓN

supongo que para eso estaba él y por

josé elgarresta

eso lo he llamado simplemente poeta. Terminado el acto, alguno de los asistentes aprovechamos la ocasión para llevarnos al poeta a tomar unas copas y, cuando ya íbamos por la tercera o cuarta, uno comentó su afición por la natación, posiblemente pensando que un cambio de tercio no vendría mal a una conversación tan densa como la que habíamos iniciado, pero, para nuestra gran sorpresa, el poeta abordó el tema con verdadero entusiasmo y nos dijo que recientemente había atravesado varias veces seguidas la bahía de la Concha, en San Sebastián, lo que le había valido la admiración de un académico que había participado, junto a él, en diversos actos culturales y quedó tan sorprendido como nosotros ante esta faceta de su personalidad, absolutamente ignorada por la crítica, pero ¿qué sabía la crítica más allá del «e mbudo de la palabra»? iEI espíritu, la «celebración de la existencia», eso era lo importante! Cuando yo nado, dijo, e incorporándose dio cuatro brazadas en el aire que nos obligaron a coger nuestros vasos precipitadamente, soy Neptuno, el dios del mar, y no hace falta que nadie me explique la mitología ni por qué los hombres la crearon, simplemente me dejo ir, dejo que mi cuerpo se exprese a través de mis brazos y mis piernas y entonces noto que el agua me acaricia, las sensaciones táctiles de los delfines iEh! porque también he nadado junto a ellos en un delfinario, todo se borra en mi mente, pero al tiempo soy consciente de todo, me tran sformo en una máquina maravillosamente regulada que no nota el cansancio y puede ir donde quiera, hacer lo que quiera, como la divisa del capitán Nemo en la obra de Julio Verne, «móvil en el elemento móvil », y de pronto me siento ilimitado como las mareas que visitan la playa cuando lo desean y se van sin que nadie ponga coto a su capricho y pobre del que lo haga, porque se convierte en un oficinista de la palabra, como esos críticos que he mencionado antes y a ellos no les habla el agua y se mue re n tan ignorantes del mundo como cuando nacieron, es una pena morir así, au nque también lo es morir de cualquier modo, pero cuando yo nado soy inmortal y esto sólo lo sabemos los nadadores de corazón, que muchas veces no son los que han nacido en la costa, como yo, por ejemplo, que nací en La Mancha, sin más agua que la del cuarto de baño, pero ya desde niño me quedaba sentado, contemplando las viñas que se perdían en el horizonte, un mar amari ll o en Otoño, y me decía que algún día sería como ellas, infinitamente sab io y pacien-

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OPINION jose elgarresta

te, y por ello cuando conocí el nombre que los antiguos habían puesto a la extensión de agua salada más próxima

a

mI

pueblo,

« mar

Mediterráneo», «mar en mitad de la tierra», supe que estaba en lo cierto y que no era el primero ni el último en experimentar esta infinitud característica de los nadadores, que es lo que en realidad somos todos los hombres, o al menos los que no soportamos las vendas sobre los ojos, porque ¿no es lo primero que hacemos al llegar al mundo? ¿nadar dentro del vientre de nuestras madres? Por eso hay humedad en toda emoción, en todo recuerdo . Humedad, lágrimas, niebla .. . y el que no lo comprende, no comprende nada. ¿Verdad? Miró al aficionado a la natación con ojos prominentes y éste, que no había podido asimilar aquel diluvio de ideas, respondió: -Desde luego. Nadar para un poeta debe ser como ... como volar para los pájaros. O como jugar al fútbol para el común de los mortales. -Concluyó con una sonrisa nerviosa. Nunca lo hubiera dicho. El poeta lo miró furioso y replicó: -Yo he s ido delantero centro del equipo de mi pueblo y luego del Re a l Madrid, aficionados, y puedo decir que pocas veces he vibrado como cuando dirigía el juego de mi equipo. Todo, todo pasaba por aquí -señaló la cabeza con el dedo índice de la mano derecha y continuó-o Yo era la columna vertebral de un organ ismo vivo que estaba en todas partes, sin siquiera darme cuenta de ello. De pronto, con un movimiento rápido limpió la mesa y señaló un punto de la misma. - El balón tenía que venir aquí, donde yo lo esperaba para enviarlo al fondo de la portería o pasarlo al espacio libre, donde tenía que estar el compañero mejor situado para j ugarlo y todo ello era simultáneo y necesario. Pensar, correr, chutar eran la mi sma cosa. Uno no se cansaba porque no era consci ente del esfuerzo. Simplemente estaba en el lugar adecuado, porque así tenía que ser. Así procede siempre la naturaleza. Como un torrente que no puede ser contenido. Apuró otro whi sky de un a sentada y continuó: -Si usted lo intenta, como lo es tá hac iendo ahora con esa expres ión meditativa, será arrastrado . La única fo rma de no ser arrastrado por el río es hacerse río . Ya lo decía Jorge Manrique. ¿No? Somos ríos que van a dar a la mar. Hay que beber, embriagarse de vida. Lo otro, escribir, es un subproducto. Y, sirviéndose otra copa, remachó: -No lo olvide: Un subproducto.


OPINION ~

e1 d esp er

t .a r del a b e 1 1 e z a

Hace algún tiempo germinó en el co lectivo mal ag ueño «Corona del Sur», la idea de alentar a los poetas a que diesen s u op ini ón sobre lo que para ellos venía s ignific a ndo la Democracia. E l citado grupo lo forman Man uel Bustos, Juan Fernández González,

Marga rit a

Moreno,

Francisco Pera lto Vicario y Carmen Pe ralto . De setenta autores españo les co nvocado s, respond iero n algo más de la mitad. Y así nac ió e l libro : «Poesía y Democracia - 1997 ». Toda una arboleda de sentim ientos y pasiones, de ca min os y c ielos , de o las y a ires a los derechos del hombre. Poetas de todos los pueblos ofrecen su testimo ni o de vida y poesía, s u exper ie nc ia y su ilusión a co razó n


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OPINiÓN

abierto. Nos abren sus puertas, las de

víctor corcoba

el alma; y, nos resucitan, la amistad como un derecho parnasiano, propio de un estado; el estado de la poesía

solidaria. Su siembra, sembradora de vida, me anima a escalar por los pétalos del amanecer y a encadenarme a su rocío de libertad y a incardinarme a las sílabas de lo que posee poesía. Que lo es todo . Sólo hay que mirar y ver. Es lo propio en el despertar de la belleza, algo que lleva consigo la paz sobre la tierra. Ya dijo Rafael Alberti que «puede la libertad ser libertada.» Los poetas, que lo son como forma de vida y nunca de gobierno ni de pesebre, se desviven por arropar el mundo de blancas palomas. Están en todas las sendas del pueblo y junto a todos . Porque el camino es de la poesía: Cuando el corazón habla no puede haber pérdida de libertad ni tampoco trato desigual. Se dice que el vecindario casi siempre lleva razón. O entra en razón. De ahí lo valioso que es la adquisición del sentir democrático. Que es tanto como decir, de habitar en nosotros , igual que habita la poesía. Solamente hay que verse en ella, vivirla. No se olvide que la democracia, como tal, se debe diferenciar de otros modelos en un reparto de poder más poético que político. La muestra antológica de la «Poesía y Democracia» (en palabras de Francisco Peralto), crece como un florilegio abierto y libertario, que ha sido impreso, porque sus promotores (el grupo «Corona del

SUD»,

han sentido la necesidad de

expresar su opinión en forma lírica, así como por la de alentar una publicación de alta tirada, para que sus obras y sus nombres se difundan por el literario planeta. Vivimos unos tiempos en los que todo el mundo aparenta estar formado. Aunque, tal vez, más en la deformación que en la formación. Sin ir más lejos, un ejemplo basta: tenemos talento para ejercer de demócrata pero, en ocasiones, carecemos de talante porque se carece de tolerancia. No están demás, pues, poemarios de consenso capaces de hacernos ver por dentro nuestro modus vivendi. La mirada de la poesía, al fin y al cabo, es un diálogo de silencios y soledades. Algo necesario para cimentar un futuro donde lo sustancial del sistema de gobierno es la plá,tiCa. Cuando hayamos conseguido que el espíritu democrático profundice en nuestra sociedad como el verso en el poema; la democracia no sólo estará instaurada, será algo consolidado como en poesía lo es la belleza.


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TRIBUNA LATINOAMERICANA

Niño indígena de América ¡Salve América! Esperanza y guía del mundo confundido, donde todos se abrazan como amigos, morando seres, que avizoran un futuro lleno de f e, amor y buen sentido. Fue aquí, donde Dios quiso que naciera, viviendo la lu z del sol resplandeciente, que ilumina las almas y las mentes de la niiiez encantadora que ama y sien/e.

lbri la Mistral colección Pedro Pablo Zegers. Jlical por Enersis)

.10 dt la

Lamento no llevar un hijo en mis enfrailas para amarlo con delirio desbordante, haciendo de él, al hombre que entendiera que sólo el amor, log ra las mej ores maiianas. NIÑO INDÍGENA, que en la sierra vives ufano, acarician.do sueFíos tranquilos y puros, abriendo surcos y, sembrando las semillas, maná di vin o, que sostiene al género humano. Depositar quisiera en tu mente la simiente que germin e, en hálos de prog reso y de cult ura, alejando del mundo la s seíiales de presag ios que destruyen., el bien que hace una criatura.

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TRIBUNA LATINOAMERICANA

El destino en su mandato indescifrable, me trajo a ZACAPOAXTLA, lugar paradisíaco, para estampar un beso en tu alba frente, volcada tu sonrisa en gesto refulgente. Retornaré a mi patria y sus montañas, llevando tu recuerdo y figura solamente, con la satisfacción del deber cumplido, dejándote mi cariño y enseñanza mutuamente. COMALTEPEC, ¡Cuna del indio más grande de tu raza! Juan Francisco, ¡Héroe de la patria en la Batalla de Puebla! Tu nombre en la historia suena a gloria, como chilena, te llevaré en mi corazón cuando me vaya. Dejar quisiera perpetua la huella de mi paso, uniendo a los pueblos del sur con los del norte; haciendo de ¡AMÉRICA! una antorcha de destellos. Procura niño, no se pierda mi ilusión en el ocaso.

Poema inédito atrib uido a GABRIELA MISTRAL, rescatado de su estadía en Zacapoax tl a (Agosto de 1923), y divulgado durante las Primeras Jornadas de Educación, Salud y Deporte realizadas en Noviembre de 1997 en el Estado de Puebla, México. (Aporte del poeta chileno radicado en México, JOSÉ SUÁREZ DONOSO). (Tomado de la Revista FRANCACHELA. Chile, Argentina, Perú. N. 09, 1998)


CRíTICA-NARRATIVA

im

ltima novela de antonio hernández:

ra igosa ha muerto. ¡viva el rey! josé lupiáñez

Poeta de larga trayec toria, escritor y ensayista, Antonio Hernández (Arcos de la Frontera, 1943) ha entregado a la imprenta en los últimos años seis importantes novelas, a las que el autor ha considerado en alguna ocasión como obras de su ciclo andaluz, puesto que todas ellas están inspiradas o conectadas espiritualmente con el sur -leitmotiv de su escritura- tanto por su nacimiento en él, cuanto por vocación y decisión personal y reivindicativa. Me refiero a títulos como La marcha verde

(1988), Nana para dormir francesas (1988), Volverá a reír la primavera (1989), El nombre de las cosas (1992), Sang refría (1994) y La leyenda de Géminis (1994). A dichos títulos hay que añadir este último: Raigosa ha


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CRITICA-NARRATIVA josé lupiáñez

muerto. ¡Viva el rey!, recientemente publicado por la Editorial Centro de Estudios Ramón Areees (Madrid, 1998), que ha sido reconocido con el

Premio Valencia de Literatura «Alfonso el Magnánimo». La diferencia de esta última entrega con respecto a la producción anterior estriba en el hecho de que por primera vez los personajes que adquieren mayor protagonismo no son andaluces, aparte de esa otra manera de contar que persigue, en lo estilístico, una mayor eficacia narrativa, gracias a la contención en el decir que evita el lujo barroco de historias precedentes. En efecto, nos encontramps en el arranque de un nuevo ciclo que se inaugura con este otro texto, en el que el autor explora nuevas posibilidades de contar y en el que se centra en la historia de un personaje singular, contradictorio y rebelde: el poeta Carlos Raigosa, trasunto del poeta gallego Carlos Oroza, a quien conoció y trató en los años de la transición, en el Madrid de finales de los sesenta y comienzos de los setenta. No es la primera vez que aparece Oroza en la obra del escritor gaditano. Ya en su segundo libro de versos Oveja negra (Madrid, 1969) figura un poema titulado «Oda al poeta Carlos Oroza en el Café Gijón », que puede considerarse antecedente de esta novela. Hay que puntualizar, no obstante, que aunque se dan coincidencias entre ambos, . no son estas coincidencias las que persigue el novelista, sino más bien la recreación de un arquetipo, la construcción de un personaje paradigmático de aquellos años difíciles y llenos de esperanza. Quiero decir que no se trata de una biografía encubierta, puesto que no todo lo que se cuenta se refiere al personaje real, que queda como motivo de inspiración, como elemento que da pie a un proyecto más ambicioso: la conformación de un modelo, de una figura, emblema de aquellos tiempos de incertidumbre, de lucha y de tránsito. Raigosa es así el rey de los poetas, el monarca disidente y bohemio, del que se dibuja, a lo largo de toda la obra, su retrato espiritual, un retrato en el que impera más la etopeya que la prosopografía. Ferrolano, dormilón, vanidoso, narcisista, íbero más que celta, proclive a la ensoñación, indolente, niño grande y gran ingenuo, un Werther a la española, Raigosa vive, en libertad condicional, en un sucio apartamento madrileño, ejerciendo de poeta visionario y de periodista ocasional ... He aquí algunas de las características que se anticipan en el primer capítulo y que, a lo largo de toda la historia, se irán enriqueciendo con nuevas apreciaciones y matices. El tiempo narrativo se ciñe a los días de noviembre previos a la muerte de Franco. La escenografía nos remite al Madrid de las tertulias y de los artistas, de las gentes del


espectáculo, de la política y del periodismo, muchos de los cuales aparecen con nombres próximos a los modelos que se toman de aquella realidad y otros, con los suyos verdaderos. A partir de aquí, traza el novelista la epopeya de un personaje lleno de contradicciones y de sueños, que se convierte en el eje primordial del relato. Elige Antonio Hernández la fórmula del narrador omnisciente y presenta a sus personajes en tercera persona. En torno a la figura central de Raigosa giran otros que confluyen e intervienen en la peripecia vital del protagonista, pero que forman parte, también, de ese retablo simbólico de la transición, como elementos que, por sus comportamientos, sus ideologías y sus mezquindades o grandezas, dan pie a una reflexión mayor sobre el papel del artista en aquellos tiempos de cambio. La novela mantiene una técnica progresiva, con predominio del estilo indirecto, que alterna ocasionalmente con los parlamentos y sentencias de los personajes expresados en estilo directo. Esa progresión constructiva echa a mano de la estructura acumulativa que tiende a la enumeración y al eparalelismo sintáctico, muchas veces a base de racimos de preguntas retóricas, por ejemplo: «¿Cómo podía creerse algo importante? ¿Y cómo llegaba a veces a fingir un odio tan grande a los poetas que lo sentía como odio en vez de como amor vestido de su contrario? ¿Si la verdad era lo único que no podía hacer daño, por qué no la practicaba? ¿Por qué creaba enemigos? ¿Se podía permitir la mezquindad del odio si sólo odia a quienes nos hacen sentirnos inferiores?» (Pág., 212). La anticipación del desenlace que ya pregona el título, propicia el despliegue estilístico del autor, que se concentra en la creación de su modelo a lo largo de toda la novela, de forma prioritaria. Para ello se vale de una trama policíaca, . que le sirve de apoyo para distintos propósitos : dinamizar la intriga narrativa, huir de la mera crónica, engendrar a un personaje, ente de ficción arraigado en la experiencia, que será también trasunto del propio autor, sobre todo cuando se reflexiona sobre aspectos mayores de la condición humana: la verdad, la belleza, la virtud, la creación, la muerte, el amor, el destino, etc. De ahí que el contenido reflexivo de la obra sea otro componente esencial. Se ha hablado de novela ensimismada de realismo meditativo, de novela refl e-

xiva, para referirse a este tipo de planteamiento, sin duda próximos al estilo del autor. De hecho es aquí en donde alcanza su discurso cotas de ingenio narrativo


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-;::

CRITICA-NARRATIVA jase lupiáñez

de primer orden y de agudeza en el análisis de caracteres y si tuaciones . Junto al se ntimiento de desengaño y de desarraigo espiritual del personaje,

brillan: el modo en el que estas emociones se nos trasmiten, la lengua utilizada, los recursos que nos sorprenden. Así, por ejemplo, la presencia de un tono sentencioso, que recurre al refranero, al tópico, a la frase hec ha, a la cita de autor; el contagio estilístico de los lenguajes de grupo, con ese desparpajo del slang aplicado a la eficacia de la narración; e l empleo de feísmos, de la ironía y hasta del sarcasmo, cuando no de un humor inteligente, de un humor de tertulia, de un humor periodístico y provocador, portador a veces de contravalores y de subversiones, y otras de grandezas insólitas e inesperadas, son algunas de las claves que manifiestan la voluntad del escritor por acentuar la dimensión estilística de su historia. Junto a todo e llo el indud able acierto en e l manejo de símbolos y de metáforas. La inanición , el hambre, que será verdugo de su protagonista va más allá de lo físico, por ejemplo, y subraya más a lo vi va los perfiles esperpénticos de esa muerte an un ciada : «El era él y la circun stancia de su hambre, él y sus preocupaciones. Él y Carmiña, y e n otra medida menos importante, é l y la puta cara, y e l matrimonio cuya mujer estaba liada con Reinoso, y Samblás y sus hijas jóvenes , bellas, con lenguaje de patros, tua, sua, mua, con música de estanque , con ci snes en los cuell os esbe ltos de tallos florales , él y Margaret y las cejas del periodista Oneto. Y él y su tim idez, y su indecisión, incorreg ibl e salvo en los momentos en que no había más remedio que echarse para ade lante, con dos cojones, cara ll a. Po rque en la vida, o se le echaba cara a la cosa o te la partían sin e l menor problema de conc iencia» (Pág., 152). Pero, e l verdadero e nredo se complica cuando Raigosa com ienza a rec ibir un a seri e de anónimos que le fuer zan a pe rmanece r en su habitación , a la espera de acontec imi entos. El te mo r de que su a mante tan genci al Margaret, la esposa del secretario de e mbaj ada Mr. Buchanan, en qui e n se ve nga de la ofensa permanente de la pérfida Albi ón para con Es paña, o de que su hij a, Carmiña, fruto del matrim o ni o, ya ro to, co n M agdale na, pu edan es tar e n peligro , ,al. haber sido secuestradas, le obl iga n a ell o. Desde aq uí parte la trama que irá mante ni e ndo la te ns ión narrati va hasta e l fin al y que da p ie a l desa rro ll o de l mundo interi or y exteri or de su pro tagoni sta. Desde esa ha bitac ió n qu e co mparte con Roq ue, escudero s imbóli co de su


quijotismo, de quien se malicia ha seducido a su hija, y del que tampoco

CRíTICA-NARRATIV

josé lupiáñez

tiene noticia alguna; desde esa habitación, que es reflejo de su condición espiritual y de su abandono fatalista y maldito, surge la evocación y el contraste de su figura' con aquellos otros personajes que aparecen y desaparecen al hilo de sus ensoñaciones y de sus piruetas especulativas, disparatadas e ingeniosas. Surge de este modo el retablo, al. que antes me refería, compuesto por esa galería de personajes en la que se dan cita: Raúl Reinoso, periodista del diaro de los sindicatos verticales, o el también escritor Mauro Malo de Molina, el pintor Fraidías, Bueno Cedeño, Mancera, Trotiño, Garciamor, etc., contrafiguras de personajes conocidos, que alternarán con otros de nombre real y de aparición más esporádica, tales como Rafael Montesinos, Ory ... o del mundo del espectáculo: Vicente Parra, Sara Montiel, Lucía Bosé, etc., que frecuentan las tertulias del Café de Recoletos o el Oliver, espacios narrativos en los que concurren las vidas variopintas de todos ellos. Las tradiciones literarias en las que se inscribe Antonio Hernández se manifiesta en distintas direcciones. Así esa proximidad a la picaresca, se observa en la referencia a la genealogía del protagonista, por lo demás antihéroe, pequeño delincuente, envuelto en circunstancias adversas, en las que el hambre asoma y hasta llega a matar. ·O en ese juego simbólico de concebir el café como un nuevo patio de pícaros, al modo del de Monipodio cervantino. También a Cervantes nos recuerda el paralelismo Raigosa-Quijote y Roque-Sancho, que incluso se llega a sugerir, en un momento de la novela: «-Uno a uno, amigo Roque, que así dice la regla: divide y vencerás- sermoneó como si fuera Don Quijote y Roque su escudero». (Pág. 171). Y a Quevedo lo acerca el juego conceptista, el gusto por la cosificación en la descripción de personajes, la insistencia satírica, el uso efectista de la hipérbole, el empleo de la germanía, y esa atomización de metáforas y de sentencias, que ilustran situaciones o condensan la experiencia existencial: «el signo inequívoco de la aristocracia no era otra cosa que llevar en las manos un frescor de paraíso» (Pág. 14); «La ruina del hombre es el más triste espectáculo» (Pág. 23), «El dar es el verdadero tener, pero es tener más si se le da a un genio» (Pág. 61), etc. Entre los referentes de nuestro siglo: Valle Inclán, a quien le acerca su tenden cia a la deformación esperpéntica y el indudable paralelismo de Raigosa con el


Max Estrella de Luces de bohemia,

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pero también Casinos Aséns, por la proximidad con su nove la El movi-

miento V. P., y la coincidencia fraterna, aunque de distinto signo, entre Raigosa y el Poeta de los Mil Años. Y Gómez de la Serna, por el juego de las gregerías q ue salpican el texto: «La muerte es la taxidermización del tiempo» (Pág. 56), «los viudos solían tener por sombra la calavera de su esposa» (Pág . 164) Y el propio Cela, por el modo de presentar a los person ajes y la preferencia por e l café, como rompeolas de vidas y destinos . Algo de Cela tienen algunas de las estampas que trazan el perfi l de sus personajes: «Margaret le sonri ó con su pian o. Aparte de tocarlo y ll enar el aire común de una vaga elegía perfumada que remitía al otoño y a los tiempos de las desdichas deli ciosas, daba la impresión de llevarlo puesto en unos dientes jurás icos que desmerecía n en un rostro de ojos glaucos y boca apaisada, con correcc ión, si n alarde, trufado de pecas y con un as cornisas rubias por cejas que no acababan de convencer a Raigosa . En realidad Margaret, o Mrs. Buchanan, no le gustaba mucho, pero daba prestigio poder decir que se era el amante de la se ñora del secretario de embajada de su Graciosa Majestad , la Reina» (Pág .1 2). La novela de Raigosa es un discurso unitario , una etopeya mantenida , que se contrasta con las viñetas de esos otros personajes entre los que se enreda su peripecia vita l, pero es historia sin saltos, a pesar de la subdivisión en di ez capítulos que la estructura. Éstos se concatenan y todos se di spo nen progres ivamente hacia el desenlace fin a l, anticipado en el título. Y es también, en c ie rto modo, un evang elio, un credo; el credo de un hombre vitalista, barroco, geni al y g rotesco . De ahí que la renexión ét ica o la exhibición provocadora que arremete cont ra la moral establecida, e n un acto de tran sgres ión permanente, ocupen muchas de sus páginas. Porque Raigosa es un diside nte que protesta contra la zafiedad del entorno socia l por recortar sus alas. Y es un maldito de provinc ias, que vive la noche crápula del Madrid de aquel tiempo y que muere de hambre, de for ma sórdida y sin heroísmo. Recurrirá antes a una psicó loga argentina para que le desvele las causas de s us co mplejos, baza de la que se sirve e l autor para transmitirnos, desde la ironía, las c laves de su psicología tortuosa. Pero, ante todo, Raigosa es un poeta, un creador y como tal se expresa y lan za sus opiniones inmisericordes contra unos y otros. Rom ánticos , simbolistas, malditos , heterodoxos y


beats, fueron su pasto espiritual. Con él como bagaje y con su atrevimiento de gran tímido no necesita más bríos para enfrentarse a esa juventud hastiada a la que arenga, en una lectura en la Facultad de Derecho, como el profeta que amenaza, como un mesías que difunde su orden nuevo, su evangelio imposible de sueños y de versos . De hecho, con motivo de tal lectura, conocerá a Roque a quien piensa reclutar porque «aquel muchacho podía ser el discípulo que estaba necesitando» (Pág., 158). Son muchos, pues, los momentos en los que la Literatura es motivo de referencia, no sólo porque en cierto modo es parte del destino del protagonista y se vive como pasión, sino porque con la ira santa que caracteriza a este profeta incómodo denuncia los vicios y las bajezas del mundo que se genera en torno a ella. Eso exp li ca la caricaturización de muchos autores, reconocibles por sus hechos y sus obras y por los tics que los identifican yeso explica también los desahogos de Raigosa sobre la condición del escritor. Esta presencia va desde la cita como argumento de autoridad, hasta la expresión de un código personal, de su poética que, en forma de migajas, de máximas, de sentencias, van dispersándose a lo largo de todo el relato: «Pero, ¿qué era la poesía sino una forma de maquillaje aplicada sobre el fracaso? ¿Lo iba a asistir en la muerte como en la vida fue su manantial de sueños contra los ahogos cotidianos?» (Pág. 248) . Y al cabo e l paralelismo final de las muertes, de las dos muertes: la de Franco y la suya. Un sarcasmo último: las páginas de los periódicos se inundan con la noticia de la muerte del caudillo, pero albergan también la necrológica de este otro ferrolano, caudillo a su manera, que con el mismo título de la novela escri be su enemigo íntimo Reinoso, el primero en encontrar su cadáver. . . Novela mayor, bien concebida, bien construida, escrita con la pasión de quien, desde la realidad conocida, vuela hacia el arq uetipo, con la sagacidad del buen esti li sta; novela corrosiva, despiadada, cáustica, pero llena de lirismo, de un lirismo que nos hace reconciliarnos con ese Raigosa indefenso, deicida, lenguaraz y neurótico, y sin embargo profundamente humano gracias a sus contradicciones de personaje total, difícilmente olvidable. Y a través de su mundo con aquel umbral de este último cuarto de siglo de nuestra historia, aquel tiempo, digo, de esperanzas ya un tanto marchitas.


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CRITICA-NARRATIVA

«EL TANGO DEL PERDEDOR» Care Santos. Alba Editorial. 1997.

Después de «La muerte de Kurt Kobian», es esta la primera novela larga de Care Santos (Barce lona, 1970). Con la fuerza narrativa que la caracteriza, en «El Tango del perdedor» la autora nos hace reflexionar sobre las pasiones humanas, más concretamente sobre la crueldad, las maniobras pérfidas, los daños y beneficios que llevan aparejadas. Es, además, un homenaje a la Barcelona de la segunda década del siglo, que como otras tantas cosas añoradas, ya no existe. Ni la ciudad, ni el género artístico de las variedades, entonces engullido por la aparición del cinematógrafo. Historia, entonces, de pérdidas y de perdedores. Perdedores sin remisión. Lo es la protagonista, una bailarina, y lo es su admirador incondicional. Lo sori también, todos los personajes secundarios que desfilan por un mundo que se desmorona pronto. En los años en los que transcurre la novela, las secuelas de la Primera Guerra Mundial son todavía una herida abierta, y para algunos no se cerrará nunca. Los tiempos cambian y evolucionan, se ansían cambios radicales que hagan olvidar el pasado, y para los personajes creados por Care Santos, eso significa caer definitivamente derrotados en la batalla de sus vidas.

«MOSCAS EN EL TINTERO» Sara Pérez-Pavés Edición de autor. 1997. Prólogo de Sabino Fernández Campos. Estos relatos, construidos a través de retazos sueltos e independientes son testimonios rápidos, sinceros y espontáneos, objetivos y meramente testimoniales que, a quienes fueron testigos de los aconteciMoscas en el tintero

mientos que en ellos se recogen, les harán recordar y reconstruir

SI/ro PI,..:..- Ptn-l.,

otros momentos semejantes y sus imprevistas consecuencias. Personajes a veces sencillos, a veces difíciles de definir en sus formas de pensar, e incluso en las relaciones entre ellos mismos, constituyen un conjunto verdadero, y ,todos testigos y protagonistas dentro del mismo entorno y de la 'misma época, todos compartiendo el miedo como el elemento común que sobrevive aún entre los muertos, sin importar el bando en el que cayó.


OPINiÓN-NARRATIVA ~

antonio prieto~ o narrar desde la tradición clásica juan manuel gonzález

La caduca -y artifi cial - oposición que entre narrativa realista, directa y alejada de lo culto, y narrativa idealista, compleja y cultista, se ha establecido por algunos críti cos de corte academkista y pocas miras invéstigadoras, siempre se ha revelado como un error surgido de la comodidad de clasificar por clasificar. Un error que en estos tiempos, indefinibles, amplios y literariamente muy diversos, es menos disculpable que nunca. Hoy las técnicas, estructuras y los discursos narrativos sobrepasan, cuando su calidad es tangible, los afanes clasificatorios y reduccionistas de los observadores vulgarotes de la literatura, y ya no se pueden fijar impunemente fronteras y características inmutables de las variantes actuales de la novelística. Por ello, cabe resaltar en ocasiones cómo un escritor con técnicas modernas, sentido vanguardista del tiempo, lenguaje inteli gible y actual, y capacidad expres ioni sta, puede modelar una novela entroncándola directamente con la tradición clásica de su país y su cultura. Tal es en estos días el caso feliz de Antonio Prieto, reciente ganador del Premio de la Crítica Andaluza, y quien nos ofrece en las páginas de su obra «Isla Blanca» un doble ejemplo de buen hacer narrativo y de reutili zación de los postul ados y estéticas de la tradición clásica con una absoluta vocación de modernidad. En esta novela -impresa por la casa Seix Barral con una hermosa portada teñida de añiles femeninos gracias a un detall e de uno de los más evocadores li enzos de Alm a Tadema-, Prieto realiza una especial fusión de aspectos biográficos y de cierto contacto con el mundo del Renacimiento para constatar la inevitable idea de que lo más triste de la muerte es el olvido. A través de la creación de la figura de un abuelo que siente la necesidad de que su recuerdo permanezca y decide dejar pistas sobre él, pues sabe que lo que es nombrado existe y lo que no se nombra desaparece, el escritor dibuj a un juego de tiempos en el que otros personajes, los nietos del viejo en cuestión, tensan sus propi as experiencias hacia el pasado hasta mostrar como siempre hay una


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OPINION-NARRATIVA

cierta comunión entre la realidad y lo que imaginamos de ella. En lugar de comportarse de una manera lógica y dejar unas memorias, el protagonista ini-

cial dispersa pistas -fotos, cartas .. .-

para que sean halladas de forma fortuita, con-

fiando en el poder del azar y mezclando hechos en principio reales -un crimen en la madrileña calle de Leganitos- con otros fruto de la intuición imaginativa. Así, y con los perfiles de unos nietos que tienen experiencias opuestas y se comunican a su vez mediante cartas, Prieto construye una novela dentro de la novela, cuyo eje dual es el de un viejo personaje que, desde la sombra y por encima del tiempo, logra gracias a su capacidad de crear que su propia historia, amorosa y vital, sea recordada. y todo ello dentro del cauce de un lenguaje culto, «claramente» culto, es decir: accesi-

ble. Un lenguaje que articula una prosa que no se aparta de la tradición clásica, deudora de la creación de una lengua poética que aún puede heredarse -gracias a Garcilaso, a Petrarca, a Horacio ...- . Un lenguaje que viene a demostrar cómo, frente a la ignorancia «canónica» de escritores hiperrealistas a lo neoyorquino y de críticos de salón más o menos londinense, nosotros poseemos no sólo una cultura y unos genes sino también una lengua culta, plena de resonancias, pujante y -sobre todo-literaria. Esa tradición clás ica está presente incluso en el mismo título de la obra: «Isla Blanca»; título que hace referencia a la isla de Feacia, amada por todos los dioses y en consecuencia inexistente. Quizás por ello la isla de Antonio Prieto no es reflejo de una tierra real, a pesar de que tiene detalles tomados del universo litoral y brillante de Mallorca, sino que se aprecia entre las neblinas mediterráneas como un espacio arcádico e ideal al que todos debemos tender. Muy próxima a su anterior novela, «El ciego de Quíos», la actual entrega de Prieto remacha sobre la ya habitual percepción de este autor en tomo a que la persona es el tiempo y éste es uno. En «Isla Blanca» se aplica esta misma idea sobre otro espacio diferente al de «El ciego de Quíos», para desembocar en el aserto de que el tiempo realmente somos nosotros, y en definitiva cuanto más cultura y más sensibilidad se posea, más tiempo se tiene. Para el escritor, al trasluz de las líneas de su novela, el tiempo es algo individual, no se puede ceder a nadie; es lo único verdaderamente intransferible. Prieto intuye sin embargo que lo escrito, sólo lo escrito, conlleva una cierta transferencia del tiempo ... y de ahí el valor de la cultura. El ·narrador intenta así modelar un instrumento para vencer al tiempo, pues cree que al salvar algo del olvido con la escritura y la lectura, se salva algo de uno mismo y de sus personajes. Cree, en suma, y tan ilusoria como ciertamente, que al escribir, al relatar, se derrota por un instante a la muerte. La «Isla Blanca» de Antonio Prieto, con sus contornos inaprensibles, es sin duda uno de esos raros y plateados, bellos instantes.


«CUENTOS Y EPISODIOS».

OPINiÓN-NARRATIVA

Jorge Orellana Mora. Ediciones SIAL. Madrid 1998. 223 págs. En este volumen número 2 de la colección de narrativa de la recién aparecida editori a l SIAL, qu e diri ge n B as ili o Rodrígu e z Cañad a y Jo sé R a món Trujillo. Se compone de dos partes. Una primera que constituye el cuerpo principal del libro, y que conti ene cuentos que suceden en escenari os distintos o indefinidos a veces y que habl an desde de la vida estudiantil en la uni versidad hasta de las aventuras de una médium o, en otra ocasión, de una niña que ha visto a la Virgen. Una segunda parte, mucho más corta, cierra el libro. Ti ene c inco narrac iones para olvidar, ¿o para recordar?, que parecen tener en común el as un to de la dictadura mili tar en Chile, con su secuela de torturas, desaparecidos y resistencia política. Con razó n Jorge Ore ll a na nac ió en Chil e y ti ene las nacionalidades chilena y española. Aunque en la sol apa del libro se le defin e como «hombre de radio y publicidad», yo qui ero aquí atreverme a dec ir que Jorge Orellana es también, y quizá ante todo, un escritor, un excelente narrador de cuentos que consigue interesar al lector, llevarle de la mano por su mundo, que, como él mismo admite en su introducción, está hecho en gran parte de experiencias suyas y de me mo ri as que luego ha sazonado con una parte de invención. Declara también Orellana su desacuerdo con los que pretenden desterrar la anécdota del cuento y su intención de hacer que el lector entre en sus narraciones, sintiendo que los personaj es están vivos, tan vivos como el que lee y sufre y di s- . fruta con ellos, tan vivos como este autor que nos regala histori as casi siempre di vertidas, a veces deliciosas. Define el cuenti sta a los creadores como «hábiles mezcl adores de sus experiencias» y confiesa que la parte inventada en sus narraciones es solo una pizca. Mucho ha vi vido o muchas cosas le han contado a Jorge Orellana, que en estas páginas traza un mosaico fasc inante de recuerdos, muchas veces redactados en primera persona, otras fij ando como protagoni stas a muj eres. Tiene el valor de muchos autores hombres que se atreven a ponerse en la piel de una mujer, en la voz de una mujer, a trazar los sentimientos y carácter de personajes fe meninos, como en el cuento «El método inducti vo», histori a de aprendi zaj e en la solidaridad a través

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OPINION-NARRATIVA

del dolor, de rebelión contra la injusticia, de reivindicación de la condición humana y digna frente al horror de la tortura física y moral.

Otra narración que quiero recordar aquí es «Laura», preciosa historia de amor y de humor entre una mujer que se atreve a confesar lo que siente y un hombre que no se atreve a sentir sin el permiso de una segunda mujer: su madre. El amor y el humor nos llevarán en este episodio hasta más allá de la muerte. Más allá de la tumba irán los dos amores del triángulo y también el odio que forma su tercer lado. En ese cuento de Laura, y también en muchos otros, como en «Todo un caso», «Dura ¡ex » (sed ¡ex) y «La médium» está presente el sexo, tema que el narrador toca

con familiaridad, sin entrar en detalles pero sin permitir tampoco que el lector pierda el interés, consciente de lo vulnerables que somos los humanos cuando entra en el escenario el método de pervivencia de la especie. Yo lo he pasado bien leyendo este libro. Me atrevería, acaso, a quitarle algunos signos de exclamación y a dejar más definidas en algunos cuentos las voces de los personajes. El narrador, ocasionalmente, deja de ser el narrador impersonal de siempre para encarnarse en algún personaje. Pero esto sucede a veces dentro de la misma historia, de modo que quien la lee puede sufrir cierta confusión, por no tener muy claro quién está hablando en ese momento. No es este el caso del cuento «Los dos hermanos», en el que la alternancia de voces está perfectamente ordenada y meditada, constituyendo el mismo mecanismo de la historia. Un problema parecido es el que se plantea por no haberse utilizado algún signo de puntuación para marcar las ocasiones en que un mismo personaje inicia un monólogo y este continúa de párrafo en párrafo. Como el párrafo que no se inicia con guión puede en apariencia corresponder tanto al personaje que está hablando como al narrador tercera persona ornnisapiente tampoco nos queda claro cuando esto pasa de quién es la voz. Pero esa voz, sea de quien sea, nos habla en un tono claro, tiene un no sé qué encantador que nos conduce en este libro rápidamente de cuento a cuento, con ansia devoradora que nos hace sentir a Jorge Orellana en sus palabras cercanas como al pariente querido que nos contaba historias al calor del fuego, como al amigo inteligente que sabe hacer amena la conversación, como a la persona que nos acerca un poco más a los episodios de la vida cotidiana de este siglo que termina, de la que todos somos personajes. Me he preguntado, leyendo el libro, si no es posible que sea yo también un personaje de Orellana, un personaje que escribe estas líneas porque Jorge escribe que las escribe, un personaje que acaso mañana se vea inmerso en alguna historia de amor y muerte, que su autor habrá ya escrito antes de que yo sepa su final. Santiago TENA


CRíTICA - POEsíA ~

« 1 a 1 u n a hiena» , d e j o s e 1u p i a n e z ,

IV

jasé enrique salcedo

La luna hie na, un a d e las úl tim as e ntregas poéticas de José Lupi áñez,

JOSÉ LUPIÁÑEZ

reca lc a co n s u d e m o le d o r títul o có mo la v id a ordin ar ia y mo nótona de todos los días desgasta los íntimos anh elos de esa otra v ida más alta y más inte nsa, y có mo esa vi da ru tin ari a, burl ándose de nuestras inqui etudes profund as, es pera nu es tro fin al co mo víctimas del e ngaño, reducidos a la mi seri a y al despoj o. E n ef ec to, e n es te libr o las n o tas característi cas son la pesadu mbre, lo so mbrío, lo cadu co, la a margura, la fri aldad, el mi edo, la desespe ranza, la nadidad. Pas iones , sueños, idea les, el se ntido heroi co y mítico de la ex istencia pa recen pe rder el e mpuj e de l . pasado , y se co nfro ntan con la anodi-

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CRITICA- POEsíA

na realidad, como vemos e n el poema

jose enrique sa ce o

«Pl aya de Amílcar». Asimismo, se percibe la dimensión mi ste ri osa y oculta de la vida como

juego de ilusiones y enga ños, y por tal moti vo el alm a presie nte cosas amenazantes, incluida la muerte. Por otro lado, hay un balance vital entre el recuerdo y el destin o, entre lo que irremediablemente se perdió y e l incierto futuro, que suscita el deseo, la huida hacia adelante, la ave ntura por espac ios donde domin a la indefini ción, la vaci lac ión, la pérdida de rumbo, que obedece, sin duda, a ese «fondo sin llama de mi alma», del que nos hab la e l poeta en el primer poema. Los tonos elegíacos, reflexivos, interrogantes, dramáticos (aunque sin énfasis) aco mpañan al poeta al tratar es tos temas. Sin e mb argo, hay que destacar la parte del libro titulad a «Jardín efímero», donde los poemas tras lucen mo mentos transitorios más gozosos y optimistas, qui zá porque se ciñen al presente, en contacto con la naturaleza, y momentos en que parecen relucir deseos e id ea les. Parte de la tónica so mbría de La luna hiena se remonta a algunos poe mas de l libro anterior, Núm ero de Venus: «Paisaje», «Mar y av isos de so mbra» y, concretame nte, «Oh Listen Sister» y «Fin de Siglo», donde las presentid as amenazas adqui eren un a dimensión co lectiva. En La luna hiena se ha perdido sobremanera la encendid a sensua lid ad, la musicalidad rotu nda de l verso, el cultismo, las imágenes brill antes y luj osas de Núme ro de Venus, y, ahondando en la desazón de los poemas citados, ex presa más abi erta mente la proximidad al sufrimiento o a la vi da ordi naria de la ci ud ad y de la gente en alg unas imágenes o en poemas co mo «Mudanza » , «Francotirador » , «El país de la s cumbres», «Rapsodia de la anti g ua y nueva desesperanza». En e l poema titulado «Mercader» queda plasmado, a través de la voz de un pequeño comerci ante sin clientes, e l senti r del poeta:

No hemos sido llamados para mayores glorias; este vivir sin tino y sin grandeza apuntala las vidas ... Las horas pasan lentas lle vándose el deseo que alguna vez tuvimos.


En la «Rapsodia», los ancianos hacen

CRíTICA-POESíA

su vida normal, con sus nostalgias y

jasé enrique salcedo

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sus conversaciones monologadas, esperando con temor el momento de la muerte. El poeta los ve detenidamente porque se siente en la misma encrucijada que ellos. Por un nexo de unión , quizá subjetivo, consistente en que, para el lector, los dos poemas evocan lugares del sur, «El país de las cumbres» de La luna

hiena recuerda un tanto «El largo ángelus» de Ladrón de fuego, el primer libro del autor. Pero hay una sensible diferencia: del altivo desdén y la so ledad dolorida de éste, al «deseo de seguir aquí,! entre estas gentes que esconden/ una augusta verdad en sus corazones» de aquél.

Publicado por la colección «E l Juglar y la Luna» lleva una introducci ón de Ángeles Cardona, e ilustraciones de Luana Dogwiler. Escribe Ángeles Cardona: «Poesía de contrastes, como la vida, no se detiene en la luminosidad de un día interminable ; sabe muy bien que el encanto de «los limones

J\NTOLIN YAGüE

amarillos», que disfruta, va a sucumbir por el impacto de «las hiedras voraces» que taparán la pared del norte, y sabe también que la g rac ia conseguida se desplaza, pers iguiendo «la boca dorada», precisamente en la antítesis que representa «la jungla apetitosa del tacto». Antolín Yagüe, n ac ido e n Martín Miguel , Segovia, vive en Barcelona y ej erce de psicólogo. Escribe teatro además de poesía.

LUZ y TIERRA Prólogo de Ángel es Cnrdonil


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CRíTICA-POESíA

En el Instituto de Estudios Modernistas de Valencia José-Carlos Beluin

publica el autor nacido en Benicarló, 1953, este bello poemario, séptimo de sus libros de poesía. De temática amo-

IÚO DE LUZ

rosa, reproducimos uno d.e ellos:

(1981-1996)

GÉNESIS DE AMOR

!

Al amor de la lumbre van surgiendo los besos, olvidando el paso del tiempo

Instituto de &ludio¡ Modernistas

como si nada más existiera que ese resplandor en carne viva manantial de luces y calor de los sentidos. Aprendizaje constante de la eterna lección que deja su huella, ahí, en lo más íntimo de cuanto llevamos y se nos hace urgente compartir.

En 1994 le fue concedido a Rafael Guillén el premio Nacional de Literatura Pre-Textos publica «Los Estados transparentes» en una nueva versión, revisada

y ampliada. Lleva una introducción de Francisco J. PeñasBermejo, e n la que dice: «La poesía repre se nta para Rafael Guill én la posibilidad de ilumin ar, más allá de los límites de la conciencia, sus intuiciones y expresarlas en forma de poema cuando el poeta se encuentra «en situación de llu via», «en personal estado de palabra » como recoge el poema «El origen » ... Una de las constan tes reincidencias de Rafael Guill én es su decidido impulso a forzar los límites y a abrir 'nuevas concepciones de lo real. En varios de sus poemas señala, no el engaño de los sentidos , sino la capacidad que les concede de percepción .


CRíTICA-POESíA ~

1 a

vid a

a

tragos jase luis morante

La posesión del humo

VIOLETA C. RANGEL V Premio de Poesía Ciudad de Córdoba Hiperión, 1998

Buena parte de los ensayos breves de Antonio Tabucchi sobre la obra de Fernando Pessoa analizan la compleja esencia de la heteronimia. Tabucchi defiende que la personalidad múltiple del portugués no es un disfraz literario sino un modo de ser otro sin dejar de ser él mismo. Tal consideración viene a cuento porque Violeta C. Rangel es un heterónimo del onubense Manuel Moya (Fuenteheridos, 1960), codirector de la revista Sin embargo, crítico habitual en

La Mirada el suplemento cultural de El Correo de Andalucía, esporádico narrador y autor de los poemarios La noche extranjera -Premio. Gabriel Celaya

1994--, Las horas expropiadas y Las islas sumergidas. Composiciones firmadas por la misteriosa Violeta habían aparecido fugazmente en distintas revistas y propiciaron su inclusión en un monográfico titulado «Poesía al desnudo», coordinado por Kepa Murúa y Adolfo Marchena, que publicó Factorum en 1997, acompañando a nombres ya reconocidos como


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CRíTICA-POESíA josé luís morante

Concha

García,

Juan .Antonio

González-Iglesias, Neus Aguado o Mercedes Escolano. Allí se cobijaron cinco de los treinta y tres poemas que

agl utina La posesión del humo, cuya redacc ión se fecha entre abril de 1990 y octubre de 1992. En la contraportada se nos muestra con desparpajo las credenciales más llamativas de la demoledora biografía de Violeta C. Rangel : sevillana, nacida en el 68 - ese año mágico que la mitificación ha enaltecido asegurando que fue cierto aquel lema glorioso de «la imaginación al poder»- , eventual trabajadora a destajo en las esquinas menos ilumin adas del barrio chino barcelonés, enferma crónica por activa y por pasiva, e inquilina sin voluntad de otros tantos dispensarios sociales en los que se alojó para reparar alguna avería o tomarse un respiro. Por si algún despi stado hubiera sobreseído esta re lac ión de naufragios , perdiéndose en el simboli smo del dibujo de la cubierta, la propia voz de Violeta C . Rangel vuelve a prese ntar sus papeles en regl a a la autoridad del lector en el poema inaugural de «Días de garrafa», primera secc ión del libro: «VIOLETA: Violeta la del Born,/oficio s us la bore s, /c a rre r de Regomir, antes

Comer~,

a nte s

Aldana/(así hasta doce), antecedentes ti ene,/es tado civi l Charnega (aunque no es cierto/y hasta puedo probarlo), va lor tres mil,/pensión aparte». Los s igui e ntes poemas so n descripci ones muy breves, de gran didactismo e impacto. Son monólogos que enaltecen un friso de personajes con antecedentes que beben la vida a tragos, marcados por el hierro al rojo del rechazo social, la droga y la so ledad ; ap untes de fantasmas que so brellevan su cansancio con escepti cismo y con la convicción de que no hay ninguna esperanza en el futuro: sólo días de garrafa que el tiempo expende a granel y garantizan la segura resaca, la posesión del humo, el rastro circular de la ceni za. Manue l Moya consigue con el he terónimo una catarsis de sus emociones. Vio leta C. Rangel se integra en el texto de la narración en primera persona reforzando la oralidad del discurso y ficc ionaliza su biografía regalándonos un a entrada en primera fila para que as istamos al espectáculo de la miseria. Incluso podría mos aventurar un a interpretación más solidaria del poemario si conviniéramos que Vio leta no es sino un nombre propio elegido al azar, un testimonio clave de un grupo soc ial representado en unas cuantas letras que ha hecho de la marginalidad un estandarte. Hab laría mos así de poesía de contenido, de un verso comprometido que se apoya en unas peculi ares circunstancias personales para provocar un a reflexión general sob re los ag udos contrastes que nublan la sociedad contemporánea. Tendríamos el di scurso ex iste ncial de los arrabales como


útil instrumento para despertar conciencias, aireando estigmas vivencia-

CRíTICA-POESIA josé luis morante

les que presentan los lados más ocultos. Manuel Moya da un bofetón a la hipocresía y jubila las idealizaciones porque sabe que la felicidad es una cima inaccesible. No es difícil aventura'r que las estampas poemáticas están alimentadas por la rabia, la desesperación y el resentimiento . Contemplamos una existencia fuera del sistema que se cisca en el mismo para sobrevivir. No hay puertos salvadores, no hay grietas por donde se pueda respirar un poco de ternura. Es palpable la vieja máxi ma del Horno hominis lupus, aunque de cuando en cuando alguien arrime el hombro para que la desgracia de un fatigoso respirar que sólo merece enterrarse en cal viva sea más llevadera. Poesía radical, realismo sucio, poesía antisistema. Es fácil eti quetar un poemario que se presenta como una estrepitosa bofetada a lo políticamente correcto, a la idílica existencia del pensamiento único de finales de siglo que adormece neuronas navegando por las autopistas informáticas. Si a comienzos de los años noventa fue Roger Wolfe quien primero recorrió en sol itario el corredor sombrío del lumpen, el camino actual del realismo suc io y de lo s segu idores de Bukoswky está mucho más concurrido y presenta bastante menos uniformidad que en sus inicios. Es posible que la mirada es tética de Violeta C. Rangel tenga puntos de intersección con cualquiera de estas etiq uetas, pero también es cierto que su voz se alza con prístina claridad y se si ng ul ariza por varias razones: Violeta no rehúye la truculencia en la elección de argumentos y utili za para desarrollarlos una jerga de choque, los latidos propios de los que viven en el otro horizonte de las convenciones: sexo turbio, drogas y un a cuenta pendiente en el bolsillo para seguir buscando venganza. Motivos sufi cientes para afrontar con los ojos entrecerrados la maniquea luz del nuevo día. La lectura de La posesión del humo me deja una posdata. Encuentro en un estante de mi bibliotec a un libro de Carlos Rangel. Es un libro viejo, editado en Monte Avila e n 1966. Se titula Del bu en salvaje al buen revo,lucionario. La coincidencia del nombre con la misteriosa «c» que sigue a Violeta me hace pensar que tal vez sea el inspirador directo del heterónimo. No es difícil imaginar en esas condiciones una Violeta revolucionaria y provocadora , incitando a los desclasados del suburbio al abierto combate de los cuerpos; una conducta justificable: para morir siempre es preferible la ten sión del abrazo al beso de una bala.

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La Universidad de Málaga publica

ENSAYO

este profundo estudio sobre el tema mitológico y su función en la obra de Lope de Vega. Lo hace a través del

-------------------------l(osflHOIJ'fl/fIIO

-------------------------LOPE DE VEGA y EL MITO CLÁSICO

siguiente recorrido: -Las funciones del mito clásico en los sonetos de rimas, rimas sacras y rimas de

Tomé de Burguillos.- El mito como erdudicción en las mismas. -

El desarrollo de la función com-

parativa del mito clásico. -

Las estructuras alusi-

vas y emblemáticas de la función ejemplificativa en los sonetos. -

La re-creación mítica o la creación

del metamito. -

Aspectos de la función burlesca

en las Rimas de Tomé de Burguillos. Completa el volumen los apéndices y una copiosa sección bibliográfica, además de abundantes notas que complementan el análisis de este interesante estudio científico sobre tan importante período de

-------------------------~ 11 IL "'-fA ]¡,; --------------------------

nuestra literatura.

La editorial lru sigue publicando la obra completa de uno de nuestros fundamentales escritores contemporáneos, Alfonso Sastre. Teatro, narrativa, poesía y versiones con profundo aparato crítico de autores como Peter Weiss o Bertold Brecht, Sean O'Casey, Peter Weiss A1Jon!Oo Sastre!

entre otros. En la presente edición, se ha introducido un estudio

MOCKlNPOTT y

NOCHE DE HUÉSPEDES

de César de Vicente Huidobro especialista en la obra de Sastre, que realiza su adaptación sobre un a traducción del escritor vasco Pablo Sorozábal. Obras, como dice el dramaturgo, pequeñas o consideradas de segunda importancia que no dejan de ser grandes e ilustran sobre el tratamiento que se da, desde el humor crítico, a temas actuales de nuestro tiempo.

((~ " ílMOO

En esta colección ya había aparecido «persecución y asesinato de Jean Paul Marat.


TRIBUNA LATINOAMERICANA ~

)(~ tavio

paz. el mágico placer intelectual de lo oético victorino polo

Si en el principio era el verbo, también pudiera predicarse con igual aceptación que en la raíz de la palabra reside la quintaesencia última de la poesía, y que viene a ser el verbo creador -angelical y placiente- el indescifrable y prometeico misterium, al que hay que ascender tan alto tan alto, como suspira Juan de la Cruz, para dar a la caza alcance tras el amoroso lance inquietador, casi místico. La palabra que puede y debe comunicar; pero por sobre todas las cosas, la palabra incandescente que abrasa y vivifica porque jamás resulta poseída en plenitud, antes al contrario, permanece como la ci udadela, inexpugnable tras la destrucción de todas las murallas, como el inacabable panal que siempre ofrece un poco de su miel cuando semeja por completo vacío.

POESÍA MÁGICA Pues bien, dentro de la poesía hispanoamericana más contemporánea, son dos las tendencias apreciables y definidas: la comunicativa y la mágica, de cuyos significados y pretensiones podría predicarse que la primera es más acabada en el sentido de que intenta decir prácticamente todo , a efectos de una mayor y mejor lectura lineal y de participación directa: el caso de Mario Benedetti sería ejemp lar. La segunda necesita de intermediarios o exégetas para el intento de


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TRIBUNA LATINOAMERICANA

llegar al común de los mortales, por

victorino polo

decirlo de algún modo . Y aquí se inserta de pleno derecho la palabra poética de Octavio Paz: con todos los

riesgos que comporta su cerrada simbología, que le ha valido no pocas acusaciones, incluso de apoeticid ad, a la que habría que añadir la profundidad de pensamiento siempre incorporado, con la ambición de lograr un tipo de poema que no sea sólo caparazón verbal o fermosa cobertura válida en sí misma -con e l evidente riesgo de vacuidad insensible-

sino trascendencia simbólica y

encarnación de la duplicidad humana por antonomasia, un pensar sensible y un sentimi ento reflexivo convergiendo en la palabra decantada. Más o menos así

Oídos con el alma, pasos mentales más que sombras, sombras del pensamiento más que pasos, por el camino de ecos que la memoria inventa. Es la evidente hondura y la deci sión personal asumida de internarse cada vez más en lo profundo, hasta que las e xploraciones toquen el fondo de los abismos o la inquietud se acerque al diluido ser de lo sobrenatural, oculto y desconocido, a la desazón y al éxtasis de la frontera . En cualquier caso, convi ene recordar que comenzó muy joven, adolescente, con un corpus bastante in seguro de poemas , Luna silvestre, para madurar como de improvi so en plen a gue rra civil española con el espléndido, sentimental, duro y dec idido -aristas de la palabra como vehículo exp losivo de la idea y de la rabi a-

¡No pasarán! Y dese mbocar muy pronto en los libros capita les en su

poesía: Raíz de hombre y Entre la piedra y la flor . Es decir, si bien se mira y se ana li za la palabra poéti ca de Octav io Paz, vi ene a resultar que a los treinta años ha logrado la pl ena granazó n de estil o, la cercanía de un mundo propio, el se ll o perso nal intransferibl e, inclu so la estética y la necesari a a ltura de vuelo para dar a la caza alcance.

LA FRONTERA Y EL RÍO U na de las más re pe ti da s ac usac io nes qu e se le han imputado in s iste e n e l hecho de su aparente o rea l d istanc ia mi ento de l mund o y c uanto le conci ern e . Por ej e mp lo, e l títul o A la orilla del mundo parece indi ca r una pos ici ó n inm óvil y e n. c ie rto modo lej a na, rea li dad presunta a la que co ntribu ye n g ran parte


de los símbolos o e lementos referen-

TRIBUNA LATINOAMERICANA

ciales o rec urrentes de su mundo poé-

victorino polo

tico: es pejo , límite, orill a, fro ntera, río . Pero nad a más alejado de la verdad, pu es to qu e Paz intenta fij a r s u parti c ular lucha trág ic a frente a ese mundo, en ocas iones indi fere nte. Lo que sucede es que al no te ner hi storia la fe li c id ad y a l se r e l pe nsa mi e nto lúcido un a fuente que mana y corre de l do lor a la tristeza del reco noc im iento impotente de l ho mbre y cu anto le rodea, la ex pres ió n f in al, la palabra poé ti ca que prete nde su ex pres ión ha de estall ar do lo rid a y, en ci erta mane ra, margin a l y margin ada. Se trasci ende la cl ás ica ne blin a en que se quedan la mayo r parte de los poetas, inc luso los reconoc idos co mo bu e nos, para ll ega r a l hondo sentimi e nto, a la dimensió n ca bal, a la c ru e l e hiri ente corpore izac ió n de las cosas y de l le ng uaj e, si n conces iones , sin fa ntas ía enfe rmi za , con la f ue rza e n oca siones rud a, pero s ie mpre co nve ni e nte, de qui en se sa be ang ust iado y firme y deci dido a l propio tie mpo. Pe ro a l fin al de la escapada, que no lo es, se re ve lan los d os pil a res de s uste ntació n : la f ue rza im ag in ati va y contun dente, s uti l, mati zad a -co mún a c ualqui e r poe ta e n exce lenc ia-

y la más co mpl eta inte li-

genc ia ej erc itad a en e l pensa r de te mas me ta físicos, ya que ta mbi é n, y so bre todo, me tafís ico es e l ho mbre , c uand o se qui ere se r ri g uroso, co nsec ue nte con e l se r de nuestra ex iste nc ia.

y res ul ta e l hecho de q ue se sabe nac iente/ex iste nc ial del se r e n pleni tud, co n la co ntrad icc ió n irrevers ibl e q ue e ll o c o mpo rta, sa b iendo , ade más, qu e n un ca podre mos apre hende r ni un áto mo de sabid uría q ue provenga de ese ser, convenc ido, po r o tra parte, de q ue la existenc ia humana de cada hombre es la únic a pa rte ilumin ad a de c ua nto ex iste. Po r eso la prese nc ia de l es pej o, y no só lo co mo símbo lo qu e va lga pa ra expli car alg unas cosas, s in o a ma ne ra de absoluta neces idad para e l in tento de fij ar un a brizna de la lu z necesaria para la inte lige nc ia viva . L a co nc lu s ió n es s im ple; nos e nc o ntram os in me rsos e n la más co mpl e ta so ledad, s i bi e n no co mo sentim ie nto osc urame nte expe rime ntab le; antes a l co ntra rio , co mo identi fi cac ió n rac iona l izad a e hi stóri ca con e l prop io tiempo, q ue pasa de ser un te ma a la categoría de fuente móv il de todos los probl e ma s ex istentes pos ibl es. A partir de ahí todo es un co mp leto río de imágenes qu e van y vienen en CÍrcu los concéntricos, e n situ ac io nes cíc li cas que se apa recen contradic torias s i son pensadas lóg ica mente, aunque ya sa be mos de anti g uo, qu e la fo rma más decan -


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TRIBUNA LATINOAMERICANA

tada del pensamiento no es precisa-

victorino polo

mente la lógica. Una cadena sin fin de parej as conceptuales y poéticas sobre los potros de la imagen: la sole-

dad que busca compañía, la convicción íntima y la rebeldía de lo social, al amor, donde la mujer e:s vida y tierra inerte al propio tiempo; en suma, el encrespado río de su lirismo serenado en formas cerebrales. Donde, quizá el secreto se encuentre al pretender armonizar las tesis y las antítesis en fecundas y conmovedoras síntesis, cuya encarnación sea la sangre y la savia del . verbo, de la palabra desnudamente poética. y vendrá la búsqueda de otras vidas, de otros modos de pensar, de distintas y

lejanas maneras de entender a los dioses y sus relaciones con los hombres, al indagar lo exótico y lejano, centrado todo en el canto de su instante personal, si bien preocupado por lo colectivo, con lo extrovertido ambulante, por la fe de los demás. Ha experimentado, en su persona y en su pensamiento y praxis poéticos, las singladuras intelectuales propias de nuestro tiempo, que comenzaron en el marxismo y se fueron decantando hacia el descubrimiento y asimilación del Oriente, aunque su intento último es encontrar caminos nuevos y puertos de nuevas acogidas. Con toda la inquietud del pensamiento herido, con la suficiente ternura del hondo sentimiento. Sabiendo que

El murmullo es mental, yo soy mis pasos, Oigo las voces que yo pienso, Las voces que me piensan al pensarlas. Soy la sombra que arrojan mis palabras. SOMBRA DE LA SABIDURÍA A medida que pasan los días y la muerte de Octavio Paz se distancia en el recuerdo inmediato teñido de sen ti mentalidad, resulta más difícil y, a la vez más sencillo hablar de su persona y de su obra. Porque al cabo, fue la encarnación modélica de lo imposible, incluso lo deseable . Pero al propio tiempo, ¿cómo matizar la multitud de facetas que lo hicieron escritor, a medio camino entre la prosa magistral de sus ensayos y la encendida palabra intelectual de su poesía? Fue la escritura elevada magistralmente a sabiduría, de manera que nada humano le fue ajeno y todo constituyó parte de su atención creadora. Los ríos de tinta levantados por su muerte han reflejado posturas muy diversas, en oca-


siones complementarias , a veces con-

TRIBUNA LATINOAMERICANA

tradictorias, paradójicas al menos.

victorino polo

Recojo alg un os de estos calificati vos . Otro escritor muy notorio le ha llamado poeta del pensamiento y no es incierto que lo sea. Pero semejantes descripciones , entiendo, suponen una cierta cerrazón del círculo, sin apenas entrada. Dicho de otro modo, signi fican una limitac ión evidente, porque los adjetivos suelen matizar, pero evidencian un c laro constreñir de l ámbito. Pareciera que serlo del pensamiento excl uye que lo sea del sentimiento. Habrá que dejarlo en lo q ue es realmente: poeta sin adjetivos o con todos ellos acum ulados. Traspasando la frontera y ll egando al hombre , se le ha presentado como un

hombre en su siglo y un hombre de nuestro tiempo. Andamos con los marbetes y las ideas petrificadas en sintagmas que apenas nada significan o añaden a lo elemental de la naturaleza. ¿Cómo pudiera no serlo de su siglo y tiempo ? También ha sido llamado poeta de las dos orillas, poeta de la perduración y po eta de dos mundos, lo qu e esta ría muy bien si fuera n descubrimiento s origi na les. Vengamos a la evidenc ia casi pueri l: un gra n poeta como Paz , sie nd o mexicano , lo será de ambas ori lfas, de los dos mundos hispánico s y también de la perduración , por su esencia y existencia. Algo más alcanza a deci r quien clas if ica s u creac ión como pasión crítica, expresión que excede al juego de palabras, porque la pasión siempre será el centro de lo creativo y poético, mi e ntras que las capacidades críticas -vía conocimiento, sobre todo, para ser prístinos- configu ran una mente de ran go superior y armónicamente desarrollada. Al cabo, me quedo con este rubro : amigo, modelo, maestro. Y lo hago porque encierra todo lo hum ano, lo artístico y el proceso vivo de hom ini zac ión e n e l que andamos inmersos desde todos los orígenes. Al recuerdo vienen los versos de Sor Juana, su amor tan profundo

Quedando, a luz más cierta, el mundo iluminado y yo deSpierta. y ya que han brotado los versos, traigamos a colación unos de Paz, referidos al

hombre

y la' perduración de los sig los


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Soy hombre: duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender, comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea. Suena bastante mal el verso último, pero el conjunto resulta espléndido, profundo, inquietante. Y recuerda mucho a Borges, su pareja en estas lides, cuando escribe Las ruinas circulares, en la que un demiurgo cierra y abre círculos creadores de discípulos en el sueño, hasta que llega a la aterradora y plena de liberación evidencia, o convencimiento, de que otro está soñándolo a él. En todo caso y al final, aquí llega su epitafio, que puede ser el modelo y referencia para todos nosotros, si alcanzamos a entender

Mi casa fueron mis palabras, mi tumba el aire. SUCEDIÓ EN PRIMA VERA Tenía que ocurrir en primavera. Porque ha sido ayer, de buena mañana, cuando alcanzó la muerte a Octavio Paz, el inmenso poeta y feliz autor de la sorprendente Salamandra. Se nos ha muerto del rayo y de la misma vida. Del hemandiano rayo que no cesa. Y mucho más, si cabe, del que dej ara escrito Antonio Machado: el rayo de un camino en la montaiia. Y al cabo, la vida densa, sobreabundante, de sus bienaventurados ochenta y cuatro años, tan ejemplares y profundos. También ocurrió en primavera nuestra última conversación amistosa. El año pasado, fi nalizando abril -nunca debieran existir las premoniciones- habl amos de algunas cosas, de los últimos años, de su recordada visita a Murcia y de la deuda intelectual pendiente que nuestra Universidad, todavía, mantiene con él.


Ahora me interesa el recuerdo y su

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visita. Sucedió, del mismo modo, en la

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primavera anterior al Nobe\. Lo invité con cordialidad y, desde el principio, accedió de todo corazón. Y aquí lo tuvimos, en estas calles y estas aulas, escuchando su palabra magistral y viviendo con él unos

dí~s

generosos

de su propia vida. Y lo hizo con la grandeza de los próceres en el espíritu: completamente gratis et amore. Vino para dos días y permaneció cinco entre nosotros. Y fue una experiencia intelectual impagable. Y una vital y sensible y amistosa experiencia negada para el olvido. Recordaré, tan solo, tres momentos para el gozo. El primero sucedió en el Paraninfo. Lectura comentada de sus poemas -algunos inéditos- que duró una venturosa soireé de dos amplias horas plenas de fervor, entusiasmo y palabra elevada a las alturas. Meses después, aquel recital fue recogido en libro único con sus personales comentarios transcritos al pie de la letra. Después vino la visita al Santuario de la Fuensanta y el correspondiente mon-

tañismo complementario, cuyo reportaje fotográfico constituye un verdadero tesoro de .momentos y sorpresas, de convivencia cercana y familiar, junto a un hombre al que siempre se le ha querido presentar distante y frío. Al cabo, el café junto a más de cien estudiantes en la Plaza de Romea, indescriptible noche. Hablaré, uno de estos días, con el nuevo Rector, para contarle lo pasado y lo presente. Ahora sólo quiero meditar con unos versos de su recital

Tu frente es la terraza que prefiere la luna. El instante es inmenso, el mundo ya es pequeño. UNIVERSO DE PALABRAS También valdría el paradigma Octavio Paz, la palabra del universo, porque una idea clave es la que me embarga para su expresión , aquella que potencia la palabra como el símbolo más claro y la realidad más profunda del universo, no importa el tiempo ni el espacio, en toda edad y en cualquier lugar del mundo que habitamos y vivimos.


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Pues es lo cierto que en época tan

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chata y ramplona como la presente, escuchar una voz cargada de palabras como la de Octavio Paz, reconcilia

con tantas cosas y hace saber que aún es cierta la sab iduría y la sa lvación del hombre. El poeta latino lo dejó bien troquelado: «Hamo sum, humani nihil a me

alienum puto» Y Octavio Paz lo entendió como pocos -de ahí la luz inmensa de su genio- al considerar la pal abra como el centro nuclear de todo , es decir, como la condensación esencial de lo humano y lo divino. Y a su cu ltivo y creación se dedicó sin cortapisas ni fronteras, convencido de ser aquí en la tierra un

«l11edium entre los hombres y los dioses », tal las palabras de Holderlin, otro excelso poeta. Porque la palabra es un vehícu lo y, a la vez misteriosamente, un fin e n sí misma . Para las ideas, para el sentimi ento, para el vivir diario y esca lar, a plena luz, para vivir y ser -en solidaridad- vivido. Para comprenderlo, basta leer su breve poema Hermandad, dedicado en homenaje a Claudia Ptolomeo precisamente

Soy un hombre: duro poco y es eno rme la noche. Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea. Porque al final lo sabemos, la palabra definitiva es la palabra escrita, la que permanece, instaura y crea. Sucede, tamb ién que las palab ra s procede n de lo alto y se hacen raíz en la tierra, en e l propio cuerpo. Octavio Paz lo sabe desde e l origen y a e ll o tiende casi toda su escritura, así sea n versos o ensayos los escritos. Porque al cabo de todo, la gran revelación de la palabra será e l amor. O al contrario, es e l amor quien decide e l azar y la necesidad de todas las palabras. De ahí la muy abundante vena erótica de su poesía, amorosa en dilatada dimensión , para vencer definitivamente la dicotomía muerte/amor, tan bíblica y tan destructora. Así, en un momento de clarividencia, escribe el poema titu lado Pilares, de donde so n estos versos


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En el otro hemisferio la noche es femenina abundante y acuática. Hay islas que llamean en las aguas del cielo. La"hojas del banano vuelven desde la sombra. En mitad del espacio de una yedra de sílabas. Poema encabezado con una cita del poeta inglés John Donne, premonitorias de la palabra, de la muerte y del amor

And whilst our souls negotiate there We like sepulchral statuaes lay ... A la postre, todo el profundo y misterioso sentido de la palabra, de las palabras habladas y escritas, que quintaesencia su meditada idea hecha verso así

Entre lo que veo y digo, entre lo que digo y callo, entre lo que callo y sueíio, entre lo que sueíio y olvido, la poesía. Como recordaba Jorge Guillén, todo hacia la palabra se condensa y determina.

UN MANDARÍN SIN ESCUELA A la hora de la muerte, todo suelen ser alabanzas sin límite ni comedimiento. Y no es bueno que así suceda, porque termina embalsamado el cadáver y envuelta

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en nubes su mag nífica obra . La figura

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y la obra de Octavio Paz, a no dudarlo, merecen los más e ncendidos elogios. Pero era humano , en ocasiones

«fieramente humano», como el ángel del poeta es pañol , otrora tan leído y elogiado, hoy tan reducido a la oscuridad por los mi smos que antes le rendían pleitesía devota. No quisiera que algo parec ido pudi era suceder con el autor de pleites ía devota, autor de Libertad bajo palabra, ya que el talento despi erta las más oscurecidas envidias y e l genio resu lta in soportabl e para los que se consideran pares en la historia. Por eso me ha gustado especialmente un artíc ul o de Mario Vargas Llosa, disidente con Paz sonoramente en los encuentros mex icanos sobre la libertad hace un os años, y ponderado anali sta de su obra en este trance. Y aún me gustó más el título del texto, El último mandarín, eco sin duda de Escuela de mandarines, el hon do libro de Miguel Espin osa y q ue yo transformo e n este e pígrafe. Muy c ierto 10 q ue ap unta Vargas Llosa sobre los últimos mandarines de la c ultura , inc lui dos los dos maestros del prop io Paz. Muy cierto, tambi é n, que los mandarines cu ltura les están co ndenados al ostrac ismo de sus posibl es di scípulos, por la misma naturaleza de las cosas y del hom bre. Octavio Paz fue, s in duda, un cons umado mand arín de la cu ltura e n Méx ico, con in florescenc ias en otras geografías. Afortudamente. Porque, co mo muy bi en ha dicho Augusto Roa Bastos y conde nsado Guillermo Cabrera Infante, Octavio Paz e levó a sabiduría e l conoc imi ento. Y en se mejantes c ircun stancias y tesituras , e l mandarinazgo no es pecaminoso ni castadror, sin o una moderna fo nnali zación de lo socrático con ciertos tonos de autoridad esco lástica. En tal sentido y para los erud itos de toda condi ción, convendría repasar la biografía inte lectua l de Paz, para comp robar que, desde su más te mpra na ju ventud , anduvo preocupado - inte lec tu a l y prácticamente-, de la creac ió n literar ia más depurada, y de los cam in os de la libe rtad cu ltural y de pensamiento , incluso de praxis políti ca comprometida soc ia li sta y so lid aria. Un so lo dato para el recuerdo y la coherencia . Formó parte de la Al ia nza de Int e lect u a les Antifasc istas, por lo qu e asistió y participó con so ltura en e l Congreso celebrado en Valencia en 1937, plena Guerra Civil Españo la. Muy joven, muy audaz , muy co mpro metid o, muy teórico y muy poeta. Despu és transcurren much os años y discurren ab und an tes las ag uas de todos los ríos bajo sus pucntes. Y c incuenta años pasados, cas i como en El Conde de Montec r¡sto, Va le nc ia convoca d~ nuevo la réplica o segund a parte del citado Congreso de Inte lectua les. Es e l

año 1987 y el mundo ha sufrid o y cambiado co n profundidad . Octavio Paz es de


los pocos que sobrev iven y regresa n.

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Pero las voces que le replic an, in cluso

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las de su propi o coro, no son las mi smas ni de parecid a edad , inte reses y condición. En tod o c aso , e l pe nsa mi e nto polític o y soc ia l de Paz h a ex pe rime nt ado ca mbi os s ig ni f ica tivos, para asentar sus rea les en el más puro libe ra li smo occ ide nta l. Ha sid o coherente con su edad y con su madurez. Y eso todo e l mundo se lo reconoce. Y, sin e mbargo, e l camin o de su lite ratura, de su poes ía, ha crec ido con el más puro y clarif icado r o rden ca rtes iano, para organi zar sus apetencias y su c reación, su palabra e n defini tiva, en dos g randes bl oques compl eme ntari os, aunqu e autó no mos y autos ufic ie ntes de mane ra in d ividu al. Por un lado, e l uni ve rso poéti co con su palabra pro te ica crec iend o sin cesa r, ampl iando círcu los , desperta ndo sueños y des broza nd o ca min os para la poste rid ad no so lo pa ra é l. Por otro, el descubrimi e nto de l e nsayo co mo for ma de esc ritura no sólo c ie ntífi ca , s in o f ro nte ri za co n la creac ió n im ag in ati va, de ma ne ra qu e se va reve la nd o como un c onsumado maestro de la modernidad : no en balde sie mpre se reconoció discípulo de Ortega y Gasset y de Alfo nso Reyes, dos ensay istas de la más clara estirpe, a los que ig ualó en ese ca mpo y supe ró con creces e n el li tera ri o, en el poéti co, pese a las brill antes metáfo ras verbales de Ortega y la cince lada prosa de Reyes, co n sus ati sbos de imag in ación. Yo me cons ide ro ig ualmente gratificado con su prosa y su poes ía, venero dob le y sin precio para la tarea educa ti va. Po r lo que sue lo dec ir a mi s alumn os q ue Octav io Paz es un o de los más grandes poetas de l s iglo y el más alto ro turador de ca minos y veredas para los modern os poetas y la poesía en lengua caste ll ana: tanto le de be mos .

UN HOMEN AJE, UN LIBRO Lo rep ito un a vez más. E n es te mu ndo espectacular y magnífico de la lite ratura y de la poes ía, e l mej o r ho me naje q ue podemos hacer a los escritores y poetas es leer sus libros q ue, entre otras pretensiones menos importantes, para eso han sido escritos. Así q ue, la lectura se convierte en el mayor acto de reconoc imi ento y amor hacia los escritores. Pero , al propio ti e mpo, también se revela como una for midabl e manera de autohomenaje para qui e nes somos y nos convertimos día a día e n lec to res . C ua ndo a nuestras manos llega un li bro , ciertamente,


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podemos disolverlo en el aire, camino

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del o lvid o, o podemos retenerlo con cu idado, leerlo con devoción y resul tar pre miado s con una s magnífic as

dosis de hominizac ió n por los caminos del pensamiento y las veredas de la voluntad estética, conformadora, perfectiva y eloc uente. Muri ó Octavio Paz, extraordinario esc ritor. Casi al tiempo , ce lebramos e l rec ue rdo de M iguel de Cervantes a la sombra amiga del Día del libro. En una región de este país mu"Iti color conmemoran a Sant Jordi y lo armonizan regalando un libro y una flor, símbolos ambos de la bell eza en alto grado, perecedera la flor que el poeta cantara «fresca, lozana, pura y o lorosa», perd urable y eterno amigo de l libro, que siempre nos podrá aco mpañar. Hermosa lecc ión- de vida, pensamiento y arte, que tan cumplidamente ha ofrecido Paz a lo largo y ancho de su dil atada y fecunda singladura de esc ritor, de escritor, de ser humano vivo y se ns ible a bi e rto al mundo, de mártir e timol óg ico por una-fe que siempre reconforta: la palabra que hab la y es escuch ada, la palabra que es escrita que sie mpre podrá ser le ída para el gozo. Acepte mos que la rosa florecerá este día, para morir a la tarde dejando su perfu- me a nuestro lado, co mo cendal flotante becqueriano_ Y vayamos al libro posible para este día y, a su sesgo, para siempre compañía incitadora. Recuerdo que al Quijote será necesario volver s ie mpre, para q ue el equilibrio mental y psicoso mático aseg ure su continuidad. Pe ro ahora, ¿qué libro luminoso, entre tantos de Octavio Paz, será oportuno se lecc ionar y e leg ir? La tentación se revel a em ine nte: es conven iente leerl os todos los por él escritos, así de verso cuanto de prosa, desde los primeros inte ntos juveniles y audaces, hasta la madurez magistral y fi losófica, profunda, de los últimos años, casi de los últimos días en que la lúcida me nte trabaja in cluso contra el cuerpo. Reco mi e ndo encontra r una nómina de su producción y, a falta de c ualquier o tro crite ri o se lecti vo, tómese la deci s ión apuntada de leer su obra co mpleta, en la segurid ad que nada fa ltará ni habrá de sob rar e n e l e mpeño _ E ll o no obstante y para se r e uclini ano y presoc rático actua l, recordaré tres títu los abarcadores que ilumin an bi e n su vida y su obra. En primer lugar Libertad baj o palabra, li bro múltipl e y abarcador de otros títulos que integran un ampli o sector de la poesía de Paz, quien sabía eleg ir muy bien sus títul os, ambi guos, espejean tes y con brill antes juegos de palabras.


Como complemento formal y mucho

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más llamativo, con las notas básica s

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de surrealismo incluidas , Salamandra, que producirá satisfacciones más hondas a quienes busquen las quintaesenci as forma les y las múltipl es re laciones extrapoéticas, encau zadas por los sorprendentes caminos de la poes ía. Al cabo, el que considero su libro de ensayos más acabado y completo, de cincelad a prosa , amplitud y hondura de doctrina y expresión global muy cercana a los mi smos hontanares de la poesía. Es e l amplio y den so volumen Sor Juana In és de la Cruz o las trampas de laJe que tantos campos - no so lo literarios- ilumin a y tan bien define las trazas de la sabiduría que, con la edad, fue perfeccion ando el autor de Topoemas y las formidables Semillas para un Himno.

CONVERSAR ES DIVINO y además, preci sa de va ri as voces. La conversación y e l di álogo descubren la naturaleza más honda y sig nifi cativa del hombre. Porque utili zan e intercambian la voz y la pal abra donde florecen la idea y e l sentimiento. El divino

COIl -

versar de Octavio Paz era impagable cuando se esc uch aba su voz, tan mex icana, y será del mi s mo tenor cada vez que sea leído un verso suyo, un a página de su prosa magnífica. A no dudarlo, e l di á logo más soc rático, la conversación más di vin a que he mos tenido con él, se remonta al año 1989, durante su luminosa Lectura comentada

de poemas, en el Paraninfo de la Universidad. Lectura , como ya indiqué , recogi da en el libro El águila y el viento , pieza va li osa y casi única , porque recoge los comentarios del poeta, tal como sa lieron de su boca aquella hermosa tarde. Pero antes de abundar en el deslumbrante rec ital , deseo traer a co lac ió n otras voces muy queridas por é l y con las que conversó a menudo . Me refiero, en primer lugar, a Juan Rulfo , e l ex traord in ario narrador mex icano tan admirado por Paz y con el que tantos puntos de contacto tiene. Y por so lo citar dos para que la trilogía sea cerrada y perfec ta, como en la kábala creadora, venga e l nomb re g lorioso de Jorge Luis Borges, e l otro gran genio de nuestra literatura hispánica de allende los mares. El auto r de Ficciones y La moneda de hierro comparte co n Rulfo y, so bre todo, con Octavio Paz, la g loria del Descubrimiento y e l gozo de la Libe rtad , por cuanto se refie re a las anc has frontera s creadoras que

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se extienden al Sur de Río Grande.

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Imagino a los tres conversando divi-

namente por las amplias avenidas de los dioses, como auténticos mediums, como formidables demiurgos de la palabra clásica y moderna definitivamente troquel adas. ¿Cuánto daríamos por pasear con ellos y escuchar sus voces y sus palabras? y terminamos con e l magistral concierto de voz, palabra y poesía que

Octavio Paz nos regalara segú n dijimos. Comenzó con un comedido y amable Buenas tardes y continuó con la modulada lectura de veinticinco poemas y sus correpondientes comentarios, algunos de media página, todos enjundiosos y clarificadores , un a excelente guía de lectura escafar. Destacaré tan. solo tres del recorrido. El primero, no en vano titulado Madrugada y que así termina

Todavía estoy vivo en el centro de una herida todavía fresca. Un segundo, precioso y condensado, como vivo haikú

Quieto no en la rama. En el aire, no en el aire. En el instante, el colibrí y el que cerró la lectura

Entre el fin y el comienzo un instante sin tiempo, frágil arco de sangre, puente sobre el vacío. Premonitorias y certeras palabras para su persona, que ya no ha de estar entre nosotros. Pero nos dejó lo perdurable, la gloria inmensa de su poesía. Y también deseo


terminar con las últimas que, aquella

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tarde, tuvimos el gozo de escucharle:

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«Adiós y muchas gracias por todo».

CUANDO CALLA EL CANTOR Cuando calla el cantor ... calla la vida. Son palabras de una hermosa canción de tiempo atrás, casi de antaño, como en las baladas de Franºois Villon, el cada vez más vivo poeta medieval. El cantor es moderno y sus palabras resuenan con todo el vigor de lo creativo y estallan te, plenas de ideas y pletóricas de sentimiento, chorreando vida por los cuatro costados, para llegar a la más completa definición de sí mismo, que es tanto como decir de todos nosotros: «Soy lo que son mis palabras». Dicho y cantado por Octavio Paz, a quien nunca recordaremos bastante. Reflejo y condensación de otras un poco anteriores en el tiempo, aunque no en el corazón , que brillan con igual fulgor: «Hablar por mis palabras y mi sangre». A estas alturas de la vida difícil, un si es no es chata y ramplona incluso para la lírica, que vivan los cantores -aunque mueran en su cuerpo, que al humus regresará- y dejen oír su voz para deleite y solaz de todos, no suele ser pequeña pretensión y alcance. Palabras líricas de Octavio Paz y Pablo Neruda, no importa el momento, pero siempre la canción para que la vida crezca alrededor y todo pueda seguir hablando. Que si la voz y la palabra nos revelan personas en esta tierra, sólo cuando la voz es escuchada y las palabras resuenan frente al mundo y en el interior de cada persona, compartidas siempre que sea posible, no importará la muerte ni sus aparentes y paradójicas victorias irremediables. Pues bien, días después de su muerte, un Paraninfo universitario se llenó de voces nuevas, de cantos bien armonizados y sonoros. Había muerto el cantor mexicano y su voz se extinguió para siempre entre nosotros vivos. Quedaba, sin embargo, lo más importante, por imperecedero y eternal: sus palabras, sus cantos, sus poemas a toda luz, a pleno sol, entre la piedra y el cielo, como los conjuros de los demiurgos memorables, que así crean un totem tribal , como sueñan en ruinas circulares un discípulo perfecto para la perennidad y el sueño. Y pues resonaban las palabras oídas en los cerebros de muchos jóvenes universitarios , fue bueno y muy saludable que propusieran montar un recital en homenaje al autor de Libertad bajo paLabra. Me pareció excelente y se pusieron a la obra con entusiasmo. Los trabajos y los días contemplaron cómo en sayaban un tiempo sin medida, robado a los exámenes cercanos y ominosos . Los veía corre r por

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los pas ill os de la Fac ultad, po r entre

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los árb o les de l pe qu e ño campus. Y algun a vez oí sus voces bien diri gidas y entonadas antes de l rec ital.

Nos convocaron justo a las doce del medi od ía, la hora más clara y más solar, co mo hubi era preferido e l j oven y e l viej o Octav io Paz. Y apagaron todas las luces de neón, di stractivas. Tan sólo dejaron un a lámpara e ncendid a, junto al atril de madera que sos tenía los textos selecc ionados , los poe mas tantas veces leídos y meditados a l sesgo del sentimi ento y la vivencia. Eli gieron mu y bi en las palabras que iban a ser le íd as y lanzadas al viento. Y las leyero n magistrales, las vi vieron con la teatralidad y el dramati smo que hacían al caso. Las paredes de l Paraninfo refl ejaron las músicas que nun ca de bi eron pe rder los versos . A llí pudimos comp ro bar que por algo la mej or poes ía conce ntrada se ll a ma líri-

ca, es dec ir, música q ue antig uamente surgía y se canta ba y se dej aba o ír al son de la lira, porque todo co me nza ba y cerraba círcul os en la música extremada de Fray Lui s, refl ej o de la uni versa l música de las esferas, tan mate mática y armoniosa, que desc ubri ó Pitágoras para el mundo. Una mu y herm osa ses ión de palabras ceñ id as , densas, lumin osas, espec ialmente sono ras. Las palabras de l cantor, tan bi en eleg idas . Y las voces ami gas de los rapsodas, ta n j óve nes , ta n e ntu siastas, ta n mag istrales e n su d icc ió n y canto envolvente. Voces jóve nes de alumn as y de alumn os que resonaro n fuertes en los c laustros uni vers itarios. Pa labras que brotaban de las gargantas como un torre nte sob re las peñas , co mo d ulces ríos' sonoros en e l va ll e, a veces entre los rudos tro ncos de cente nari os pin os, en ocas iones junto a los frág il es y c imbreantes j uncos de la ribera en e l río. Una lecc ión compl e ta en la Uni vers idad . De su amplitud , me gustaría destacar di stintos poe mas , au nque lo sé impos ibl e. Y sin e mb argo, no me res ig no a traer uno a co lación , ta n exce lente y vivo. E l que se ll ama Testimonios, con la mue rte al fo ndo; pero de mane ra especi al el amor, que todo lo inund a y embellece, que a todo le otorga vida y signi ficació n. Termino con sus versos

Por esa viva llama muere el mundo alzado en amorosos resplandores. Reconozco suforma entre las sombras

y me hllndo en su sangre, para siempre. U na vez más. y p ara s ie mpre desde todo e l tie mpo hi stó ri co, e l a mo r e n la libertad medid a.


INFORMACiÓN A.

infermac

,

en

a.

C.

c.

E. ~

e.

--------~~

LOS DERECHOS DEL ESCRITOR EL PLEITO DE JAVIER MARÍAS Reproducimos por su interés, el resultado de la sentencia favorable al escritor Javier Marías, por incumplimiento de contrato. El letrado encargado del caso y que defendió al escritor, fue el abogado experto en Propiedad Intelectual y Presidente de la A. C. E., Juan Mollá. El trabajo que ahora recoge el resultado de .dicha sentencia, fue publicado en el diario «ABe», de Madrid, aunque tuvo amplia repercusión en todos los diarios espaíioles.

EL PLEITO MARÍAS.QUEREJETA REABRE LA POLÉMICA ENTRE LA LITERATURA Y SU ADAPTACIÓN AL CINE El productor deberá indemnizar al escritor con 6 millones por daños morales Madrid. Natividad Pulido El Juzgado de Primera Instancia número 38 de Madrid ha dictado sentencia favorable sobre la demanda presentada por Javier Marías contra la productora cinematográfica Elías Querejeta P. C., S. L., por incumplimiento de contrato. Ésta deberá indemnizar al escritor con seis millones de pesetas y deberá suprimir de los títulos


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INFORMA CiÓN -A. C. E.

de crédito de la película «El último viaje de Robert Rylands» (creada como adaptación de la novela «Todas las almas») cualquier referencia al autor y a su libro.

E l mag istrado-juez de Primera In stancia número 38 de Madrid , Jaime Mirall es, ha di ctado sente ncia, con fech a del 8 de jul io; sobre la de manda presentada por Jav ier Marías. Di cha sente nc ia conside ra pro bado el inc umplimi ento del contrato en dos de sus cl áusul as y es tim a que, tal y como demandaba e l esc ritor, la películ a «E l úl ti mo viaj e de Robert Ryland s», diri gid a por Graci a Que rej eta y producida por E lías Q ue rej eta P.

c., S . L.

(yen cuyos títul os de c rédito fi guraba

«li bre adaptació n de la nove la de Jav ier Marías "Todas las a lmas"» ) «no es la

ada ptación cinema togr áfica que respete el es píritu» de esta obra, como estipula el contrato». La se nte nc ia estima que di cha producto ra ta mpoco cumpli ó con e l co mpro mi so, ex presado en la cláusul a terce ra de l contrato, de in fo rm ar a l escrito r de las diferentes fases del gui ón y reali zac ión de la pe líc ul a, con e l fin de ga ranti zar e l respeto a l es píritu de la nove la. Al co ntra ri o, e l auto r mani fes tó e n su día que ta n sólo se le había e nviado, co n anterioridad al rodaj e, un a vers ión de l gui ón «no defini tiva» y que no fue in formado del rodaj e de la pelíc ul a, ni de la fec ha prev ista pa ra su ex hi bic ió n pú bli ca, ni de su pa rtic ip ac ió n a co nc urso en e l Festiv al de San Sebastián ni de la fec ha de l estreno co me rc ia l.

Contrato resuelto Según la sentenc ia, se da «e l presup uesto de vo luntad de libe rada me nte rebelde en el productor de mandado a l cumplim iento de aq ue ll as dos obli gac io nes contract ua les» . El fa ll o dec lara res ue lto e l co ntrato po r e l in c umplimi e nto de la productora. Por tanto, Ma rías es li bre para ceder, si as í lo desea , los derechos de adpatac ión cine matográfica de «T odas las almas » a otra prod uctora . Asi mi smo, condena a E lías Querej eta, re prese ntante legal de la prod uctora, a indemni zar al esc ritor con se is mil lones de pesetas por daños morales . Le obliga, además, a su pri mir de los títu los de c rédito de la pe líc ul a «E l último viaje de Robert Ry lands » c ualq uier refe re ncia al autor y a su li bro. No es ésta la prim era po lém ica surgida e n to rn o a la es trec ha, pero no s ie mpre bi e n avenida, rel ac ió n entre literatura y c in e. N i será la últim a. L as desavene nci as e ntre los a utores y los direc tores po r las adap tac io nes c ine matográficas de s us obras han s ido muy nume rosa s. Aunq ue bi en es c ie rto que no s ie m-


pre (más bien, en contadas ocasio-

INFORMACiÓN - A. C. E.

nes) han acabado en lo s tribunales. La última pol é mica e nce ndid a al respecto l a prot ago ni zaro n Vicente Aranda y Antonio Gala. El motivo: la adaptación a l cine de «L a pasión turca». El escritor ll egó a afirmar que e l g ui ó n no le g u sta b a, porque le parecía «como un á rbol si n hoj as». Entre las di sc repanci as figuraba, como e n es te caso, «la falta de respeto a l espíritu de la obra». A rand a ll egó, inclu so a cambia r e l fina l de la novela de Antonio Gala.

«Estoy satisfecho: es una sentencia justa y podría sentar precedente» Jav ier Ma rías, en co nversación te lefóni ca con ABC, mos traba ayer su satisfacc ión po r la se nte ncia, au nque dejaba c laro que todo este asunto ha sido muy desagradable para é l: «Ha hab id o un cruce de cartas y artícu los en la Pren sa entre E lías Querejeta y yo, que fue particularm ente desagrad ab le. Llegó a afi rmar que yo mentía y me instó a ir al juzgado, así que le hice caso. No sé si prese ntará rec urso, pero creo que la sentencia es j usta». Sobre todo, porque cree que podría sentar precedente y animar a otros escritores que se hallen en la mi sma situac ió n a presentar demandas. A lgo que, segú n Marías, hacen mu y pocos: «Casi nun ca han trasce ndido a los tribunal es; se han quedado e n protes tas privadas y e n arreg los particulares. Todo depende del contrato que se firme . Seguro q ue a partir de ahora habrá quienes firmen contratos que les deje n las ma nos li bres». Marías rec uerda qu e, e n su caso; e l co ntrato espec ifi caba claramente que la película respetaría e l espíritu de la obra: «Yo no vi reflejada mi nove la e n absoluto en esa película. No es un a adaptación , ni li bre ni nada. Ya dije e n un a ocasión que más que libre, e ra un a adaptac ión loca». «A lg un os productores creen que por adqu irir los derechos de una obra pu eden hacer con e ll a lo que quieran . Podrían darse desviaciones hasta e l punto de convertir, por ejemplo, a una novela en un a lega to nazi», se lamenta el autor de «Todas las a lmas» . Aunque no prevé de momento un a nueva adaptac ión de esta novela, no cierra las puertas a esa pos ibilidad . «Era una cuestión de prin-

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INFORMACiÓN - A. C. E.

cipios», añade Marías,

qui~n

recuer-

da que trató de llegar a un acuerdo amistoso con Querejeta, «pero no hubo manera». Gran aficionado al cine, comenta que hay muy buenas adaptaciones de novelas a la gran pantalla, como la versión de Huston de «Bajo el volcán», de Lowry, incluso películas geni ales basadas en novelas flojas. «No se trata de que sean adaptaciones serviles no lite,rales -dice Marías-, pero tampoco de que no tengan nada que ver con la historia, los personajes o el espíritu del libro». Francia, Alemania e incluso Hollywood han mostrado interés por adaptar al cine algunos de sus libros. «Me sorprende -comenta- , porque mi s novelas no son especialmente cinematográficas, no son fáciles de adaptar. Aunque se ha hecho de todo, hasta "Uli ses", de Joyce».


INFORMACiÓN CEDRO ~

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informacion

cedro

LA EDICIÓN EN ESPAÑOL La Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander es por decimocuarto año consecutivo foro de encuentro de los profesionales de la edi ción. En este XIV encuentro, celebrado entre el 15 y 17 de julio, se han analizando los asuntos más relevantes que afectan en estos momentos al sector editorial español e iberoamericano. Las posibilidades y expectativas que la comunidad latinomericana ofrece al mundo del libro son muchas y variadas . Todos los participantes del curso

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identidad propia de cada país , hace del libro en español. Los ponentes y lo s participantes esbozaron cuál es la realidad editori al españo la , que recientemente se ha está evolucionando satisfactoriamen te en gran .parte de los países .

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INFORMACiÓN -CEDRO

NUEVOS GUSTOS Y NUEVOS CONSUMIDORES El escritor y editor Sealtiel Alatriste

participó en esta mesa redonda, en la que definió el libro como «la desvelación del mundo a través de las palabras» y la lectura como un estímulo para el hombre «leer es como poner a las neuronas a hacer aeróbic ». Alatriste hizo un recorrido por los gustos editoriales de cada época y cómo han influido en la vida cotidiana. También destacó la revolución que supuso en nuestro siglo el paso de la lectura de las clases cultas al resto de la sociedad y de cómo ha cambiado el interés por las publicaciones genéricas a las especializadas y de opinión. Josep M : Boixareu, vicepresidente de CEDRO y editor, también intervino en este debate para explicar cómo influyen las nuevas tecnologías en los gustos ed itori ales, destacando e l papel de una nueva figura e n nuestra sociedad: la «tecnocultura», que ha logrado integrar la tecnología, la humanística y el ocio. Para Boixareu los nuevos hábitos derivados de la implantación de los avances tecnológicos en la difusión de la información han originado una reestructuración de la cultura tradicional a la que se tienen que adaptar los editores; Seleccionándola para cada colectivo y difundiéndola de la forma adecuada. También qui so destacar el paso de la figura de lector a usuario de información y cultura y el enriquecimiento que supone para el sector editorial la autoedición . La directora de CERLAC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe), Carmen Barvo, explicó las tendencias y gustos que imperan en la comunidad latinoamericana mediante al análisis de la producción editorial de varios países, señalando a Brasil , México y Argentina como los mayores productores. El editor Rafael Martínez apoyó la explicación de Barvo, subrayando la importanci a que tiene el libro en español como viaje de ida y vuelta de la cultura entre España y el resto de países iberoamericanos y destacando la importan cia q ue ti e ne la e nseñanza en la formación de los gustos del lector.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y REVISTAS ESPECIALIZADAS La influencia de las rev istas de cultura y pensamiento como instrumentos de intercambio de informac ión en el ámbito iberoamericano también suscitó gran interés entre los as istente. Manuel Ortuño, miembro de la Junta Directiva de CEDRO y preside nte de la Asoc iac ión de Revi stas Culturales de España (ARCE), definió al sector que representa como complemento del libro para la difusión cu ltural , a la vez que comparten medi o, inquietudes y problemas. En su intervención destacó la


calidad de este tipo de publicaciones en

INFORMACiÓN - CEDRO

los países hisp anohablantes, aunque aquejan problemas de incomunicación entre ellas, y el papel de referente que ejercen las editadas en nuestro país. Fernando Rodríguez Lafuente, director ge neral de l Libro , part icipó en esta mesa dedicada a los medios de comunicación y

re~ i stas

especiali zadas en cali -

dad de colaborador e incidi ó en la función de reflejo y memoria de la realidad y de la historia que desempeñan las publicaciones de uno y otro lado del Atlántico. E l director de la rev ista Lápiz, Alberto López, reivi ndi có la contribución que estas edic iones apo rtan al pensamiento actual y defendió a los actuales demandantes de cultura como lectores y no co mo ususari os.

LA EDICIÓN INDEPENDIENTE La ed ición independie nte también aca paró la atenció n del curso y se fijaron los parámetros para definirl a no por e l tamaño de la emp resa si no por e l luga r de ed icióri y e l tipo de catá logo de l q ue disponen . Los ed itores Manuel Borrás, Jordi García, Antonio Rache y F lora Morata ex plicaron sus experiencias como editores independientes y la importancia que ti ene e l mercado iberoamericano para sus publicaciones.

NUEV AS ÁREAS ECONÓMICAS Fermín Vargas , miembro de la Junta Directiva de CEDRO y ed itor, comentó en esta mesa que nos exis ten gra ndes o peq ueñas editori ales sino «buenas o malas» y que el mercado está pidiendo la implantaci ón de e mpresas locales para lo que

es necesa rio conocer e l medi o al que e l ed itor se qui e re dirigir. E l director de la editor ia l Blume a n a li zó las diferent es formas de ll egar a l lector e n Iberoamérica , que pasa desde la libre ría has ta las fil iales.

DERECHOS DE AUTOR Los derechos de autor y la prob le mática que la piratería y la reprografía il ega l supone para la edición, as í como e l importa nte papel que juegan las e ntidades de gestión a este respecto, tanto e n España como en Latinoamé rica , también fu e

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INFORMACiÓN - CEDRO

objeto de análisis en Santander. La presidenta de la Cámara del Libro de Argentina, Ana M. a Cabanellas, presentó una panorámica de la situación

del Derecho de Autor en los diferentes países, en el que en la mayoría siguen la línea de la escuela latina, y cuál es la política que sigue cada uno para evitar el fraude reprográfico en el sector, animando a todos a luchar en contra de la «cultura de la fotocopia». Federico Ibáñez Soler, presidente de CEDRO, Entidad que patrocina estas jornadas junto con el Ministerio de Cultura, y codirector del curso, reclamó una legislación adecuada, la creación de entidades de gestión de derechos reprográficos de Latinoamérica, además de la voluntad política y la responsabilidad de la administración para dar soluciones eficaces al problema que representa la fotoco pia ilegal, que tan negativamente afecta al libro y a la cultura. También diferenció el libro, regulado por el Derecho de Autor, del resto de bienes de consumo. El director general de Propiedad Intelectual de Colombia y el editor mexicano Rugo Setzer reclamaron el correcto uso de las máquinas fotocopiadoras y una legislaci ón que proteja los derechos de los autores y editores.

LA CULTURA IBEROAMERICANA, UN VIAJE DE IDA Y VUELTA Los editores Carmen Barvo, Ana M." Cabanellas, Francisco Pérez González, Alfredo Weisflog, y el también editor y escritor Javier Pradera participaron en esta mesa redonda en la que valoraron positivamente el intercambio cultural que ha süpuesto la edición en España y en el resto de países latinoamericanos . Todos ellos, coincidieron en la importancia que tiene la edición y el libro en español en todo el mundo y, sobre todo, en la comunidad iberoamericana como transmisor de cultura, información y experiencias.

PROMOCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN Las diferentes formas de di stribución de productos ed itoriales y las especificidades de cada una de ell as fueron analizadas en la última ses ión , antes de que el secreta ri o de Estado de Cultura claus urara es te c urso, por editores como Gonzalo Pontón, Ramón Azaola, Juli án Viñuales, Javier Gogeascoechea y el librera argentin o E lvio Vitali .


INFORMACiÓN - PREMIOS Y CONVOCATORIAS ~

JI PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «INMACULADA VIEIRA» VILLA DE EL PEDROSO

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BASES DE LA CONVOCATORIA

Primera: El libro o conjunto de poemas deberá ser original e inédito, y sus derechos no estarán en modo alguno comprometidos con ninguna editorial.

Segunda: Los trabajos deberán presentarse mecanografiados a doble espacio en formato A-4.

Tercera: Podrán concurrir escritores españoles o extranjeros, siempre que los originales estén escritos en lengua castellana.

Cuarta: Las obras serán presentadas por cuadrupli cado, bajo lema o seudónimo escrito junto al título, e irán acompañadas de sobre cerrado en cuyo interior figurará el mismo lema que en la obra, inclu yéndose en su interior los datos personales del autor: nombre, apellidos y número de teléfono.

Quinta: La extensión mínima de los trabajos será de ochocientos versos, siendo libre de elección del autor el tema, la métri ca y la composición de los mismos. Cada autor podrá presentar un máximo de dos obras.

Sexta: El plazo de presentación de origina les fi nalizará el sábado 3 de octubre. PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «INMACULADA VIEIRA» VILLA DE EL PEDROSO Sociedad de Desarrollo Local 41360 El Pedroso (Sevi ll a) Teléfonos (95) 4889301 Y 488 9401

Séptima: El jurado estará compuesto por un presidente, un secretario con voz y voto y cuatro voca les . Su decisión será inapelable. El fallo de hará público el 7 de noviembre a las 2 1 horas.


INFO~MACIÓN premios y convocatorias

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Octava: El pre mio único te ndrá una dotación de : 1.000.000 de pesetas.

Se hará una primera ed ición de tres mil ejemplares de la obra ganadora. A criterio de l Jurado se podrá editar también ediciones especiales .

LA EMPRESA MUNICIPAL DEL SUELO CONVOCA EL PREMIO DE NOVELA RÍO MANZANARES QUE SE REGIRÁ POR LAS SIGUIENTES BASES: Primera: Es obj eto de este certamen premiar la novela original e in édita, que se considere mejor entre las presentadas por escritores españo les o hi spa noameri canos.

Segunda: Las obras, no premiada s anteriormente en nin gú n otro concurso y de un a extensión comprendida entre 100 y 200 páginas, deben tener como marco el ámbito de la c iud ad de Madrid.

Tercera : Las obras se presentarán mecanografiadas a dos espac ios y por una so la cara, tamaño Din A-4, en ejemplar quintuplicado, a la Empresa Municipal de l Suelo, S. A., Pa seo de la Castellana, 52, 5: Planta, desde e l día s iguiente a la fecha de la convocatoria hasta e l 30 de no vie mbre de 1998 a las 14,00 horas. En las ob ras no podrá figurar nombre ni seudón imo conocido del autor, sin o sólo necesariamente un le ma libre mente e legido por éste. Las novel as se presentarán acompañadas de un sobre cerrado, en cuyo exterior fig ure exc lu sivamente e l tít ul o de la obra y e l lema .1.

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XXV ANIVERSARIO DE LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

INFORMACiÓN

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premios y convocatorias

BASES DE LA CONVOCATORIA POESÍA

La Podrán concurrir a l certamen esc ritores de cualqui er nac ionalidad . 2. a La obra presentada deberá es tar escrita e n españo l y será ri gurosa mente inédita y ori g in al, y no habrá sido pre mi ada ni presentada simultánea mente e n o tro u otros certá menes se mej antes. 3. a La ex tensión de las obras no podrá ser in fe ri o r a 300 versos , mecanografi ados y transc ritos e n fo li os por un a sola cara . 4. a La te máti ca será libre.

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o ri g in a les deberán se r presentados po r quin tupli cado ej e mpl ar, conve-

ni ente mente cos id os o enc uade rn ados, po r e l sistema de pli ca, bajo e l le ma o seud ónimo que co nstará c larame nte junto al títul o de la obra tanto e n los orig inales co mo en e l exte ri or de l sobre cerrado . En e l inte ri or de l sobre cada autor inclui rá su no mb re y ape llidos, fo tocop ia de l D . N . 1. , su direcc ión pos ta l, el te léfo no y un a nota bi og ráfica; así co mo una dec larac ión f irmad a e n la que se haga co nsta r que la obra es ri gurosa me nte in édita y ori g in al y no ha sid o pre m iada ni presentada simultánea me nte en otro u otros certá menes se mej antes. Los ori g inal es se entregarán o enviarán por co rreo ce rti fica d o a la «Co mi s ió n p a r a la Ce le br ac ió n d e l XXV A ni ve rsa ri o d e l la UEX » , Rec to rad o, U ni ve rs id ad de Ex tre madura, Av d a. de E lva s, s/n . BADA JOZ; o b ie n : «Co mi s ión para la Ce le brac ió n de l XXV Ani versari o de la

UEX » , Sec reta rí a

Ge ne r a l , U ni ve rs idad

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Ex tre madura, c/ Pi za rro, n.o 8 CÁCE RES. En todo caso de be rá indi carse e n e l so bre pa ra e l P r emio de Poesía

XXV Aniversa rio de la UEX. 6. a E l pl azo pa ra la ad mi s ió n de los o ri g in a les fina lizará

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e l día 3 1 de octubre de 1998. Para las ob ras re m itida s por . correo certi f icado se rá vá lid a como fec ha límite la señal a-

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da si figura en el matasellos.

INFORMACIÓ N premios y convocatorias

7. 3 Se concederá un único Premio indivisible al mejor original presentado , dotado con 500.000 pts. El

Premio podrá ser declarado desierto. Los ejemplares de la obra premiada quedarán en posesión de bi Universidad de Extremadura que podrá promover su publicación a través de Servicio de Publicaciones de la misma, reservándose todos los derechos de autor de la primera edición. 8." El fallo del Premio se hará público con anterioridad al día 28 de enero de 1999, festividad de Santo Tomás de Aquino. 9." Previa solicitud de sus autores, se devolverán las obras no premiadas a portes debidos, que con un plazo máximo hasta el 31 de marzo de 1999. Transcurrido dicho plazo la Comisión para la Celebración del XXV Aniversario no se responsabiliza de las obras no reclamadas. NARRATIVA Idénticas bases con siguiente modalidad. La extensión de las obras no podrá ser inferior a 50 folios, mecanografiados a doble espac io y por una sola cara. En todo caso deberá indi carse en el sobre para el Premio de Narrativa XXV Aniversario de la UEX. Se concederá un úni co Premio indivisible a la mejor narración presentada, dotado con 500.000 pts. El Premio podrá ser declarado desierto. Los ejemplares de la obra premiada quedarán en posesión de la Universidad de Extremadura que podrá promover su publicación a través del Servicio de Publicaciones de la misma, reservándose todos los derechos de autor de la primera edición.

PRIMER PREMIO DE POESÍA MARÍA ISABEL FERNÁNDEZ-SIMAL La Asociación Iberoamericana de Rehabilitación convoca el PRIMER PREMIO DE POESÍA PARA MUJERES, María Isabel Fernández-Simal Dotado con 500.000 pesetas y publicación del libro ganador BASES 1.. Se es tabl ece un pre mio único e indivisible dotado con 500.000 pesetas y la publi caci ón de l libro en la Editorial Torremozas. El Jurado podrá declarar un fin alista y aconsejar su publ icación .


2." Podrán presentarse al mi smo poemarias escritos e n leng ua c as te ll ana

INFORMACiÓN prem ios y convocatorias

por escritoras españolas e ibe roamerican as. 3 ." Cada a utora podrá prese nta r un solo ori gin al, por cuadruplicado y con un a ex te ns ió n mínim a de quini e ntos vers o s. Lo s ori g in a les d e be r á n se r in é ditos y no pre mi ado s e n nin g ún otro certame n. 4 ." L os orig in a les, mecanografiados a dobl e espac io y cos idos o enc uade rn ados se presentarán baj o el le ma y pli ca, y en sobre apa rte consta rá e l lema y título de la o bra y dent ro los d atos pe rsonales de la autora, con indi cació n de su do mi c ili o y teléfono. Se e nviarán po r co rreo a la sig ui ente direcc ión: Asoc iac ión Iberoa me ri cana de Re habilitac ió n P re mi o de Poesía María Isabe l Fe rn ández-S im al A partado de Co rreos 3.0 11. 280S0 Madri d 5." E l plazo de e nvío de los ori g in ales fin ali za rá e l 29 de Septie mbre del prese nte año, co nta bili zá nd ose a tal efec to la fec ha qu e f ig ure e n e l mata se ll os de Correos. 6." E l J urado se hará públi co e l mi smo d ía de l fa llo del pre mi o, martes 17 de Noviem bre, fest ividad de Sa nta Isabe l de Hun gría. 7." Los o ri g in ales no pre mi ados podrá n recogerse según las indi cac iones d ictadas a ta l efecto e l día de l fa ll o del pre mi o. Los no reclamados serán destrui dos. No se mante nd rá correspo nde nc ia a lgun a sob re e l prem io. S." A la ganado ra del prem io se le entregará n 50 ej emp lares de la primera edic ió n. E n caso de prod uc irse nu evas ed ic iones, perc ibirá el lO por l OO de la venta de cada libro e n concepto de derec hos de autor.

PREMIO AZORÍN DE NOVELA 1999 BASES La D iputac ió n Prov inc ial de A li cante, en co laboración con Editorial Pl aneta, S. A. y con e l soporte de otras Inst ituciones públicas y privada s, convoca el Premio Azorín de nove la 1999, que se concederá de ac ue rdo a las s ig ui entes estipu lac iones: Podrán participa r en este concurso todos los esc ritores, c ua lesqu iera que sea su nacionali dad, que presenten novelas originales e inéditas. Quedan exceptuados

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INFORMACiÓN

los que algún año hayan obtenido el

premios y convocatorias

premio «AzorÍn» y las obras de aquellos que hubiesen fallecido antes de anunciarse esta convocatoria. Cada

novel a irá firmada con el nombre y apellidos del autor, o bien con seudónimo, siendo en este último caso indispensable que, en sobre aparte y cerrado, donde figure el seudónimo que emplee e l autor de la novela, vayan expresados su nombre y a pellidos . Dicho sobre permanecerá invariablemente cerrado , a excepción del correspondiente a la novela que obtenga el premio «AzorÍn ». Los originales deberán estar escritos en castellano y su extensión no ha de ser inferior a la de ciento cincuenta páginas tamaño DIN-A4 (210X297 mm.), claramente mecanografiadas a doble espacio y por una sola cara. Se otorgará un premio único de diez millones (10.000.000) de pes eta s a la nove la que por un animidad o en su defecto por mayoría de votos del Jurado, se cons idere con mayores merecimientos. Person al espec iali zado, elegido por la Diputación Provincial de Alicante y Editoria l Pl aneta, S. A., hará una previ a se lecc ió n de novelas finalistas cuy a relación se hará pública con anteri o ridad al fal lo y sobre las que se em itirá la resolución del Jurado. La admisió n de o ri gin ales se efectuará del 30 de septi e mbre al 30 de nov ie mbre del años mil novecientos noventa y oc ho a mbos inc lu sive y e l fa ll o del Jurado, inape lab le, se hará púb li co e n e l transcurso de una f iesta e n la provin c ia de A li ca nt e, e l me s de marzo de mil noveci en to s noventa y nueve. Los escritores que deseen optar al pre mio e ntregarán los orig in ales , por duplicado y senc ill a me nte e ncuade rn ados o cosidos, indi s tintam e ntes e n la Exc ma. Diputación Provincia l de Alicante, ca ll e Tucumán, n.o 8, 03005 ALICANTE o e n las oficinas de Editori al Planeta, S. A. C/. Córcega, núme ro 273-279, 08008 BARCELONA , haci e ndo constar en la cubie rta de los mi smos que concurren al premio objeto de estas bases. A los orig in ales habrá qu e acompañar un a certifi cación suscr it a por e l a uto r, gara nti za nd o que los derechos de publicación de la ob ra presentada no los tiene e n forma a lgu na co mprom e tido s, ni la novela sometida a nin gún otro concurso pendiente de resolución . En las o bras que se presenten co n


seudónimo, podrá con éste suscribirse

INFORMACiÓN

la certificación, pero bajo la plica

premios y convocatorias

correspondiente, el autor, firmando con su propio nombre y a pellidos, será explícitamente responsable de la exactitud de las afirmaciones contenidas en la certificación a que se alude. En el caso de fa ll ar este requisito , aún después de abierta la plica, no podrá ser premiada la novela. Editorial Plantea, S. A . se reserva asimismo el de recho de opción prefere nte para publicar aque ll as obras que presentadas al concurso y no habi e ndo s id o premiadas: pudieran inte resarl e, procediendo a su edici ó n o edicion es, prev io acuerdo con los autores respecti vos.

PREMIOS LITERARIOS CIUDAD DE SAN SEBASTIÁN Al objeto de fomentar la creación y difusión literari as, Fundación Kutxa, Obra Social de Kutxa, Caj a Gipuzkoa San Sebasti án, con la co laboración del Exc mo, Ayuntamiento de Donosti a-S an Sebastián , convoca los Premios Literarios Ciudad de San Sebasti án, correspondientes al año 1999, de ac uerdo con las sigui entes bases:

1. a El ce rtame n es tá abi e rto a la parti cipac ión de esc rito res e n lengua vasca o caste llan a, qui e nes habrán de co nc urrir co n obras o ri gin ales e in éditas, no premi adas e n o tro concurso lite rari o de cualqui er naturaleza o luga r, condic iones que de berán mantene r has ta el mo me nto de l fall o . 2." Los trabajos habrán de presentarse en hojas de form ato DIN A-4, mecanografiadas, a dobl e espacio , y por un a so la ca ra. deberán re mitirse por dupli cado a: Fundación Kutxa. «Pre mi os Lite rari os Ciud ad de San Sebastián 1999». cl 3 1 de Agosto , 30, 20003 Do nos ti a-S an Se bas ti án. E l pl azo de admi sió n de obras se cerrará el 30 de octubre de j 998. 3. a Las obras deberá n ide nti fica rse so lamente co n su títul o. Carecerán po r tan to de detall es que pu edan ide nti ficar al auto r. En sob re ce rrado aparte se in c luirá no ta co n no mbre, ape llid os, direcc ión y telé fo no de l auto r, me ncionándose en e l e xterior el títul o de la obra , ade más de la es pec ialid ad a la q ue co ncurre. 4." Fundación Kutxa des ig nará los jurados para las di stin tas espec ialid ades, siendo su fall o in ape labl e. E l hecho de part ici par en este Conc urso imp li ca la aceptaci ó n de sus bases todas las inc idencias no prev istas e n es tas bases se rán res ue ltas po r los res pecti vos jurados.


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INFORMA CiÓN

5." L a d e terminación de las obras

premios y convocatorias

ganadoras, apertura de plicas y entrega de pre mio s, e n su caso, tendrá n lu gar e n D o no st ia -S an Seb astiá n ,

durante el mes de e nero de 1999. 6." Cualquiera de los premios podrá ser decl arado des ierto si los trabajos presentados no tuvieran el ni vel de calidad requeri do. No será considerada por el jurado cOITespondiente ninguna obra de la que se tenga noticia que haya sido premiada en otro conc urso en el período comprendido entre el término del pl azo de admi sión de las obras y la fecha del fa ll o de los Premios Literarios C iud ad de San

PREMIO S CUF.1\: TO

Sebastián 1999. 7." Fundación Kutxa se reserva, en exc lus iva, el derecho

LITERARIOS

de edición de las ob ras premiadas durante e l plazo de un

CIUDAD

8." Las obras no premiadas no serán devueltas , siendo des-

año contado desde e l momento del fall o.

TEATRO

DE

SA N

truidas desp ués de la proclam ac ió n de ganadores de los Prem ios Literarios Ciudad de San Sebastián 1999. Los Premios Literarios Ci udad de San Sebastián 1999 se convocan en las siguientes especialid ades :

SEBASTIAN Cuentos e n Caste ll ano - XLI Ed ición Para obras de temática y narrac ión libres, con una extensión comprendida entre 6 y 20 hojas DIN A-4. Prem io: Trofeo y 700.000 pesetas brutas. TEATRO EN CASTELLANO - X EDICIÓN Para obras de tema libre y cualquier variedad dramática, concebidas para su represe ntación en los rec intos teatrales habituales, de duración mínima de 75 minutos y máxima de 120. Pre mio: Trofeo y 1.200.000 pesetas brutas. CUENTO EN EUSKERA - XXI EDICIÓN Para obras de te mática y narración libres, con un a extensión comprend ida entre 6 y 20 hoj as DIN AA. Premio: Trofeo y 700.000 pesetas brutas.


TEATRO DE EUSKERA - X

IN FORMAC IÓN

EDICIÓN

premios y convocatorias

Para obras de tema libre y cualquier variedad dramática, concebidas para su representación en los recintos teatrales habituales, de du ración mínima de 75 minutos y máxim a de 120. Premio: Trofeo y 1.200.000 pesetas brutas.

PRIMER PREMIO DE POESÍA CIUDAD DE MÓSTOLES

E l Ayuntami ento de Móstol es, a través de su Co ncej alía de Cultura, conv oca el

«PRIMER PREMIO DE POESÍA DE CIUDAD DE MÓSTOLES 1998», de ac uerdo con las siguie ntes

BASES Podrán con c urrir a es te pre mi o c uantas personas lo deseen, siempre que la o bra esté escrita e n cas te ll ano. Se esta blece n dos úni cos pre mi os dotados con 1.000.000 ptas. Para l e r. premi o y un fin ali sta de 500.000 ptas . Las obras presentadas serán ori ginal es e inédi tas , no habi endo sido premi adas é n otros certáme nes ni o bte nido accés it que o bli g ue a mencionar d icha c irc un stancia en caso de publi cac ión. T anto e l te ma co mo la métri ca será n libres. No se admiti rá n traducc io nes ni adaptac iones. Cada auto r podrá presentar un so lo trabaj o por tripli cado, mecanografiado a dos espac ios po r un a so la ca ra, co n un a ex te nsión mínima de 700 versos y máxima de 1.000. Las obras se presenta rán en mano o po r co rreo en el Centro Cul tural de la Vill a, Pl aza de la Cultura, s/n 28934 Mósto les (Mad ri d). E l plazo de admi s ión de las ob ras abarcará desde la pub li cac ió n de las presentes Bases has ta las 14,00 ho ras de l día 2 de octu bre de 1998, inc lu sive. Las obras ll evarán en su e ncabeza mi e nto el títul o de la mis ma y e l le ma del a utor. Se prese ntarán en sobre ce rrado e n cuya parte ex teri or se hará constar «PRIMER PREMIO D E POESÍA CIUDAD DE MÓSTOLES 1998» y e n su inte ri or se adjuntará o tro sob re q ue contendrá un a no ta co n e l títu lo de la o bra,

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IN FORMA CiÓ N

le ma ado ptado, no mbre y ape llid os

premios y convocatorias

de l autor, do mi cili o, teléfono y copi a de l documento que ac redite fe haci entemente su identidad .

Las obras presentadas serán obj eto de prev ia selección por parte de un Comité de Lec tura. El premi o será concedido por un Jurado , siendo el fa llo que emita éste in apelable. Di cho fall o estará a dispos ición de quien lo desee, sea o no concursante. El Jurado se da rá a conocer con anterioridad al fa ll o y estará co mpuesto por pe rso na lid ades de l mund o lite rari o, des ig nado po r e l A lc a ld e d e l Exc mo. Ay untamiento de Móstoles. E l Ay un ta mi e nto de Mós to les ges ti o nará co n alg un a importante edito ria l la pub li cac ión de la obra ganado ra. Tanto en esta edic ió n como e n suces ivas en c ua lesq ui e ra otras q ue pudi e ran rea li za rse de be rá apa rece r e n prim e ra de cubierta y en lugar destacado de l inte rior, la leyenda: «PRIMER PREMIO DE POESÍA CIUDAD DE MÓSTOLES 1998 ». Las obras presentadas y no premiadas pod rán ser retiradas pe rso nalme nte por sus auto res, o persona deb idamente auto ri zada y ac red itada, en e l plazo de un mes natural, contando a partir de la fec ha e n que se haga pú bli co al fa ll o de l Jurado. No se devolverá n ob ras po r correo. Las obras no retirad as dentro del plazo estab lecido serán dest ruidas. PRIMER PREMIO LITERARIO DE NO VELA COR TA CIUDAD DE MÓSTOLES 1998 El Ayuntam iento de Mósto les, a través de su Concej alía de Cul tura, co nvoca e l «PRIMER PREMIO LITERARIO DE NOVELA CORTA CIU D AD D E MÓSTOLES 1998», de acuerdo con las sigui e ntes BASES Podrán concurrir al certamen, escritores de cua lquier naciona lidad , menores de 35 años, con obras pe rtenec ientes al género de nove la corta, esc ri tas e n caste ll ano. Cada obra constituirá un solo relato, por lo que no se admitirá n conj un tos de narrac io nes. Las ohra

erán originales y rigurosamente inéd itas, no pre miadas anteriormen-

te en ningún o tro co ncurso , ni s uj etas a co mp rom iso a lg un o de ed ic ió n . Tampoco podrán estar pendientes de fallo en cua lquier otro concurso en la fecha en que fina lice el plazo de presentación a éste, ni podrán ser presentadas a


otro certamen hasta que éste sea falla-

INFORMACiÓN

do. Se admitirán obras que hayan

premios y convocatorias

tenido la categoría de finalista o accésit en otro concurso siempre que hubiera sido a título honorífico, sin retribución económica alguna y no estuvieran condicionadas a incluir esa circunstancia en su publicación en caso de que resultasen seleccionadas en este certamen. La técnica narrativa empleada será libre. No se admitirán traducciones, adaptaciones, recreaciones ni refundiciones de otros textos. Cada autor podrá presentar solamente una obra, y tres copias, mecanografiada a doble espacio o mediante impresión informática, por una sola cara, en papel tamaño folio o DIN A-4, DE. 28 A 30 líneas por página y con líneas de 60 a 65 caracteres, perfectamente legibles, convenientemente marginados y con tapas de cartulina o encuadernados. No se admitirán soportes informáticos, salvo en la impresión. La extensión de las obras será de 80 hojas como mínimo y de 120 como máximo. Las obras, sin firmar y si n ningún dato que puede identificar al autor, se presentarán bajo un lema o seudónimo no habitual. En plica aparte, a ser posible e n sobre lacrado, se incluirán los datos identificativos del autor: Nombre, dirección, teléfono , fotocopia del documento Nacional de Identidad o Tarjeta de Residencia o similar. En el exterior de la plica se hará constar el lema o se udónimo y el título de la obra. Al cierre del plazo, el conjunto de plicas será precintado hasta que se pronuncie el fallo. Las obras se presentarán e n mano o por correo certificado, sin re mite, e n el Centro Cultural «V illa de Móstoles» Plaza de la Cultura, s/n., 28934 Móstoles -MADRID- hasta las 14 horas del día 2 de octubre de 1998, e n qu e se rá improrrogablemente cerrado el plazo de admisión. En caso de que fueran remitidas por correo se entenderá la fecha de entrega que figure en el matase llos. La obra y la plica se enviarán dentro de un sobre cerrado, en cuyo exterior se indicará: Para el «PRIMER PREMIO LITERARIO DE NOVELA CORTA CIUDAD DE MÓSTOLES 1998». Se establecerán 2 únicos premios:

• Primer Premio Dotado con 1.000.000 Ptas. • Finalista: Dotado con 500.000 Ptas.

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INFORMACiÓN premios y convocatorias

Los premios serán indivisibles y, excepcionalmente, podrían , declararse desiertos si a juicio del Jurado las obras presentadas no reunieran sufi-

ciente calidad, en cuyo caso no serían acumulables, destinándose su importe a actividades de la Concejalía de Cultura. El autor conservará todos sus derechos sobre la obra ganadora. El Ayuntamiento de Móstoles gestionará con alguna importante editorial la publicación de la obra ganadora, en cuyo caso el autor pactará con la editorial las condiciones de edición, quedando exonerado el Ayuntamiento de cualquier responsabilidad en las relaciones entre autor y editor. Un comité de lectura integrado por person as cualificadas determinará las obras que habrán de pasar a la final y que serán entregadas a los miembros del Jurado. La relación de obras finalistas no será dada a conocer hasta después del fallo, y constarán e n el acta del Jurado los títulos de las mismas , pero no el nombre de sus autores. E l fallo del premio será inapelable y tendrá lugar junto con la entrega de sus dotaciones el 27 de noviembre de 1998. Será obligatoria la asistencia de los autores premiados. El sistema de votación lo determinará el propio Jurado, quien tendrá potestad en sus decisiones , siempre que no contravengan estas Bases.


ÚNETE A CEDRO Entidad de Gestión Colectiva al Servicio de Autores y Editores

A y Eúnica entidad del país

utores editores no pueden controlar individualmente la reproducción indiscriminada de sus obras. .

l Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) es la que gestiona de manera colectiva los derechos de autor en el sector de la obra impresa. Ya son casi 2.500 escritores y 600 editores los que la integran. stá constituida como Asociación E sin ánimo de lucro reconocida como Entidad de Gestión por orden y

del Ministerio de Cultura, de fecha 30 de Junio de 1988.

s

u principal objetivo es la protección de los derechos, irrenunciables para autores y editores, regulados en la Ley de Propiedad Intelectual. nte el inevitable avance tecnológico, CEDRO se presenta A como la única alternativa posible ante los problemas que surjan por la reproducción de obras en la sociedad digital.

(ada año se pierden clenlos de Ideas. de Innondones . de horas de

trabaJo, sacrificio. Cada año se dejan de edllar cientos de publhaclones por el uso Indiscriminado de las 'otocopias. Es un

delito realizar coplas Ilegales, uro es mucho peor no dejar Que nuestra cultura se desarrolle, Que buenas Ideas de hOJ no ,un la luz mañana. Colabora con la Cultura. aunque sólo sea por tus Ideas.

EDRO recauda los derechos derivados de la reproducción de C las obras para su distribución entre los titulares de los mismos. torga licencias, con ciertos límites y bajo remuneración, para el uso de su repertorio. Lucha contra la reprografía ilegal con todos los medios materiales y judiciales a su alcance y, al mismo tiempo, promueve actividades y servicios en beneficio de sus asociados, del mundo del libro y de la cultura en general.

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Centro Español de Derechos Reprográficos

Los interesados pueden dirigirse a nuestras oficinas en: Monte Esquinza, 14 - 3º Dcha. - 28010 Madrid Telf.: 91308 6330 - Fax: 91308 6327


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REP~BLI(A DE LAS Rsoclaclon Colegial de Escritores de España c:~~ Director : RHORES SOREL Consejo de Redaccción . Junta Directiua de la R. C. E. Kaquetacion : GUlllERKO RlOHSO DEL RERl HICO l RS

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Gráficas Sánchez. S . L - 28004 Madrid Legal : M - 8872 - 1980 1133-2158

revista 058  

DEL 98 AL 98 CIEN AÑOS DE LITERATURA ESPAÑOLA E IBEROAMERICANA CUBA

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