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yor parte del pueblo de esta Isla no habla un español puro. El idioma es un patois casi incomprensible para un nativo de Barcelona o de Madrid. No posee literatura alguna y tiene muy poco valor como instrumento intelectual. Existe la posibilidad de que sea casi tan fácil educar a este pueblo para que en lugar de su patois adopte el inglés como sería educarlo para que adopte como suya la elegante lengua de Castilla”.74 En 21 de febrero de 1902 se aprobó por la Asamblea Legislativa, integrada totalmente por miembros del Partido Republicano Puertorriqueño, la llamada Ley de Idiomas oficiales, ordenando el uso indistinto de los idiomas español e inglés en el gobierno de Puerto Rico. Esta legislación crea un falso bilingüismo en la esfera oficial.75 Emilio S. Belaval en la opinión disidente de RCA Communications v. Registrador76 explica la realidad social de aquellos tiempos: “Casi todos los nombramientos importantes de los funcionarios del Gobierno Insular eran de potestad presidencial, y recaían en norteamericanos que no poseían el idioma español. La información relacionada con el estado de la vida pública de Puerto Rico, tenía que ser remitida a distintos ministerios del ejecutivo norteamericano, redactada en la lengua inglesa. Más, los organismos oficiales no podían abstraerse a la realidad, que toda la información relacionada con el estado de la vida pública de Puerto Rico, estaba destinada también a servir los fines de una sociedad jurídica, de origen hispánico y que la literatura oficial debía estar escrita en lengua española” En un extenso ensayo titulado Las Torres de Babel, publicado en El Nuevo Día de 12 de julio de 1992, Rafael Castro Pereda señala las consecuencias del bilingüismo espurio a que se nos somete: “Puerto Rico no presenta una situación sociolingüística normal. Como toda cultura interferida, la puertorriqueña ha tenido que enfrentarse a procesos de des-culturización, como el gradual desprestigio y degradación del idioma nacional. La Ley de Idiomas de 1902, impuesta por los poderes de EE.UU., al permitir el uso, indistintamente, del español y el inglés, preparaba el camino para que eventualmente se perdiese el idioma español. La imposición de un falso bilingüismo -en la medida en que resulta una suplantación y no una adición enriquecedoracumple la función de consumar, mediante la prepotencia del inglés y la subordinación económica y política a EE.UU., una lenta, pero demoledora, degradación del idioma español. Esa situación de constante interferencia ha tenido un impacto negativo en la educación y en la expresión de la personalidad individual y colectiva de los puertorriqueños. Por eso los temas del idioma y el bilingüismo resultan tan conflictivos, pero al mismo tiempo relevantes a los grandes debates sobre idioma, cultura e identidad”. En 1903 el segundo Comisionado de Educación, Samuel McCune Lindsay, certificaba cuál iba a ser la política lingüística que implantaría: “La intención del Departamento es organizar las escuelas enteramente a base de la enseñanza en inglés tan pronto como pueda entrenarse a alumnos y maestros suficientemente en el uso de este idioma para convertirlo en el idioma oficial de la escuela”.77 Además de este programa compulsorio de enseñanza en inglés -con sus altas y bajas-, iniciaron un agresivo plan dedicado a exaltar los rasgos de cultura norteamericana, y de 74

Véase, PEDRO CEBOLLERO, La política lingüístico-escolar en Puerto Rico, San Juan, 1957, segunda edición, p. Nilita Vientós Gastón, Bilingüismo como coadyuvante de la confusión isleña, EL MUNDO, 16 de octubre de 1962; Otra vez el bilingüismo, REVISTA DEL INSTITUTO DE CULTURA PUERTORRIQUEÑA, año 1962, número 16, p. 4-10; Luis M. Rodríguez Morales, Bilingüismo: Does it endanger two noble languages?. Véase, Status Commission Hearings before the United States-Puerto Rico Commission on the Status of Puerto Rico, Washington, U.S. Government Printing Office, 1966, 3 vols., Volume 2- Sociocultural factors in relation to the States of Puerto Rico, p. 5. 76 79 D.P.R. 77 (1956). Opinión disidente en p-86. 77 CEBOLLERO, Op. Cit., p. 11. Cf. Report of the Commissioner of Education 1903, p. 21. 75

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