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Yo tenía una tía que se llamaba Rosa, aunque todos los sobrinos la llamamos siempre la Tata. A mi tía le descubrieron una enfermedad grave degenerativa cuando era joven que, evidentemente, marcó su vida. No trabajó más que unos pocos años, nunca se casó ni tuvo hijos, y vivió siempre con mi abuela, y cuando mi abuela faltó, sola. Su salud empeoraba constantemente, su calidad de vida iba de mal en peor, y los médicos anunciaron su muerte inminente en varias ocasiones... pero ahí seguía la Tata empeñada en seguir viviendo, para sorpresa de todos! Falleció en 1999, con sesenta y tantos años y creo que disfrutó de su vida, por dolorosa y limitada que fuera, casi hasta el final. La Tata prácticamente crió a mis primos, que aun la cogieron joven, y a mí me quiso y me mimó seguramente más de lo que era razonable! Estaba orgullosísima de mí y siempre decía que yo terminaría siendo "presidenta del Mundo", porque cualquier cosa menos que eso le parecía poco... Cuando iba de vacaciones a Alicante, siempre me esperaban los cromos de la colección Panini de turno, o la revista "Yo, Donald" (que ella llamaba "Yo, pato" para deleite del quiosquero), el estuche con cincuenta accesorios que estaba de moda, o un albornoz de mi color preferido. No era rica, al revés, pero era detallista y pensaba en (o anticipaba) todos mis caprichos. Curiosamente, el sabor que más asocio con mis vacaciones de la infancia en Alicante era de algo que me hacía la Tata. Al revés que mi abuela y mi madre, excelentes cocineras ambas, la Tata era nefasta en la cocina. No le gustaba y no se le daba bien. Pero hacía los mejores bocadillos de filete que se han hecho jamás en toda la historia de la gastronomía. No sé cómo se las arreglaba para que el filete soltara tanto juguito (que no grasa), pero empapaba el pan con el juguito, y luego cortaba en trocitos el filete para quitarle todos los nervios y que resultara más fácil de comer. Lo envolvía en papel de plata para que estuviera tibio, y cuando yo terminaba de bañarme tenía ese bocadillo esperándome en una bandejita encima de la mesa camilla. Todavía me relamo de pensarlo. La Tata tenía una pasión: el cine. Todo el cine, pero muy en particular las películas de los años 50 y 60. Lo que habría disfrutado descargando, viendo y comprando películas si hubiera habido internet entonces!!! Pero estoy hablando de los 90, que no fue hace tanto, pero, queridos amigos, no había ni CDs ni DVDs... Sin embargo, con la ayuda de casetes VHS y de un vídeo normal y corriente, la Tata se hizo una filmoteca absolutamente increíble. Pero increíble. Compraba el TP, la revista de programación de la tele, marcaba las películas que le interesaban, y las grababa.

Presentación 3er aniversario  
Presentación 3er aniversario  

Participación y premios del concurso #cocinadecine de April's Kitch

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