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PACIENTE NÚMERO 13 A. Bautista

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Al travestido no le hicimos todo lo que le podíamos haber hecho. Supongo que no estábamos lo suficientemente borrachos como para acabar la faena. En realidad, lo hizo todo él solito y nosotros nos limitamos a decirle lo que tenía que hacer. Primero le aconsejamos que se quitara la ropa para ver si de verdad era como nosotros creíamos que era; y resultó ser exacto a lo que pensábamos. Creo que era del Brasil, o por lo menos de Portugal. Cuando estuvo todo desnudito, el Josan le dijo que enderezara una farola a cabezazos y como el pobre tenía tanto miedo que no le salían ni las quejas ni las peticiones de clemencia, se puso a darle con la cabeza a las farolas y a llorar. Tenía el cráneo abierto cuando paró y me parece que se había reventado los oídos. Luego el Umbapa hizo como si le fuera a arrancar los pezones a mordiscos, y el tío, o la tía, se puso a gritar como una loca y en el pataleo le pegó con una bota al Umbapa en sus partes. Si no hubiera hecho eso, no se habría ganado lo que el Umbapa le dio. Un montón de puñetazos, todos en la cara y en la cabeza y lo iba llevando fuera del parque a patadas hasta que lo dejó tirado en medio de la acera o de la carretera; no me acuerdo porque era de noche y estaba muy oskuro. El cine francés me destroza las tripas. Me hace polvo; no lo aguanto. Es de lo más lento que se puede uno imaginar y lo más insoportable es la música. Los franceses son la leche a la hora de hacer cine. Supongo que eso, el que no me guste el cine, sobre todo el francés, y el que me guste bastante leer, es lo úniko que puedo tener en común con el protagonista de El guardián entre el centeno. Ya sabéis, el libro ese del nota que siempre lo están echando de todos los colegios y tiene un hermano escritor. El chaval se tira siete días para ir a su casa y se pasa la novela contando chorradas de que su hermana pequeña le cae muy bien y cosas así. No es que sea un libro que mate, pero lo lees y se acabó. Si te apetece empiezas otro y como si no hubieras leído nada. Ni bueno ni malo. Supongo que tendría que empezar por decir mi nombre y cosas así; vale, empezaremos por

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eso; como el nota. Me llamo Andrés, pero eso es algo pasajero, como creo que es de pasajera vuestra vida. Yo no creo ser nada excepcional, aunque la gente piensa que soy la hostia porque con veinticuatro años tengo tres carreras y, dejando a un lado la modestia, soy cantidad de inteligente. Tener veinticuatro años y ser virgen es algo que no me preokupa. Si estoy convencido de que la amargura es un estado filosófiko, no puede preokuparme la virginidad. Aunque sea la mía. A mí me resulta muy fácil leer, porque me gusta, y de paso hacer una especie de fotokopia mental de lo que leo. Por eso tengo las carreras de Psikología, Matemátikas y Filología Germana, además de bastantes nociones de Palinología, que es lo de estudiar las cosas a partir del polen fosilizado o algo así, ahora no tengo ganas de pensar, y nociones también de la jilipollez esa de la informática, que creo que es algo que solo sirve para poder fichar a la gente que te cae mal. Pero lo que de verdad me gusta es saber cosas tan inútiles como que el caballo de Calígula se llamaba Incitatus, que Constantino vio la luz del dios de los cristianos entre el veintidós y el veinticuatro de no recuerdo que mes del año trescientos veintitrés o veinticuatro, o que los salmones, a parte de la raspa central, tienen treinta y siete espinas. Las cosas inútiles, las que no sirven para nada, son las que más me gustan, aparte, claro, de las dictaduras y el fascismo. Soy, según dirían los rojos y todos esos, un facha. Aunque soy, en realidad, un facha crónikomoderado. Pero el que tendría que estar aquí en puesto mío es el Umbapa; lo llamamos así porque el tío mide más de dos metros, como el negro de Las minas del rey Salomón. El tío tiene una pistola; bueno, en realidad la pistola es de su hermano, que no la usa porque es pacifista. Un día el Umbapa le pegó un tiro a una mora que estaba recogiendo manzanas en un campo. Ese sí que está loco. El Umbapa es maño. De un pueblo que se llama Brea y que él dice que es cantidad de guapo, aunque salió de allí cuando tenía once meses y no ha vuelto. Seguramente está siempre mosqueado

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porque el gentilicio de los de Brea es Hebreos; y eso es lo que no aguanta, porque es más facha que yo y yo lo consuelo siempre que puedo diciéndole que a los de Cabeza de Villar, que es un pueblo de Avila, los llaman Cabezudos y lo llevan con mucho honor; pero hay más, le digo, los de Dosbarrios, en Toledo, son los Pajareros, y los de Iscar en Valladolid son los Iscariotes, y los de Torquemada en Palencia son los Rabudos; pero los que más gracia le hacen son los de Los Santos, en Badajoz, que son los Agachados. Dice que se los imagina a todos andando de cuclillas por la calle. Se acercó a la mora por delante y cuando estaba a seis pasos, sacó la pistola y la encañonó. Y la mora que no se movía. Le pegó un tiro que le entró limpiamente por el centro del pecho, atravesó por dentro lo que tuviera que atravesar y le salió por la espalda igual de limpio que le había entrado. La bala se fue a incrustar en una manzana y el Umbapa la recogió y se la comió. La manzana. Se comió hasta la bala, pero después la cagó y ahora la lleva colgada del cuello como si fuera una medalla. Como yo no me creía lo que leí no sé dónde sobre El Quijote, una temporada que estuve en cama me dediqué a comprobarlo. Y resulta que era verdad. El Cervantes nombra el nombre de Don Quijote tantas veces como el de Sancho; 2168 veces cada uno. Yo no creo que lo hiciera queriendo, pero si no fue así, el tío estaba como una cabra. Peor que Don Quijote. A mí me habría gustado estar allí cuando Mussolini se inventó el totalitarismo de estado en el 22. El tío era cantidad de limpio; incluso ordenó dejar de besar la mano a las mujeres por cuestión de higiene. Lo de la coca empezó como un juego. Con lo de la mora, íbamos de coca hasta las uñas. Cuando hablamos del tema, el Umbapa siempre me cuenta la misma pelíkula, pero yo no me la creo. Dice que después volvió y le arrancó como pudo todas las vísceras que le parecieron sabrosas. Dice que el corazón es como el de ternera y que el hígado y los riñones, son cantidad de amargos y no se los pudo acabar. Pero yo no me creo que se

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la comiese. Una cosa es pegarle un tiro a una indeseable o andar por ahí con banderas y gritando que los negros se piren al Africa o que los moros de mierda no han visto una tía en condiciones en su vida y cuando vienen aquí se dedican a violar lo que pillan, pero que encima de matarlos te los comas, no lo entiendo. Casi no entiendo que alguien los pueda matar. Yo ya sé que si vienen es porque no tienen mas remedio, porque en su tierra están puteados a tope y todo eso, pero que se aguanten o que den un golpe de estado y se hagan fachas. Lo jodido es que si se hacen fachas, cuando nosotros queramos ir allí, aunque sea de vacaciones, nos van a dar la del pulpo. Hasta que nos quedemos blandos. Ya sé que antes he dicho que no me gusta el cine, y menos el francés, pero de las del Clinísbur, no me pierdo ni una. Bueno, no he visto esa del negro que toca la trompeta o el saxo, no sé, ni la del tío que está en Africa de cazador. Me parece que esas son muy serias. Las que me gustan son las que sale con el pistolón y se dedica a poner orden a tiros. Las del oeste y las de Harry el sucio. Ya os he dicho que tengo la carrera de Psikología y por eso sé que lo que tendría que entender de estas pelíkulas es que son un alegato fascistoide y que promueven la violencia y todo eso. Yo no digo que no sea así, lo que pasa es que no las puedo atacar porque yo soy de ideas iguales a lo que reflejan las pelíkulas. Yo creo que aún me mantengo, pero el Umbapa está enganchado hasta las cejas. Tiene a la coca como el eje imprescindible para que su vida pueda seguir girando. A mí me ha relegado a un segundo plano. Se mete hasta 15 gramos diarios, por lo menos, pero como es hijo de papá, no tiene problemas de suministro. Digo que lo de la coca empezó como jugando porque fue así. Un día en casa del padre del Umbapa, que está separado porque la madre es una estrecha y se tira a un seminarista, nos encontramos en un cajón una papelina. Los dos sabíamos lo que era, porque ya estábamos aburridos de los porros y las anfetas, pero no lo habíamos probado nunca. Después llegó su

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padre y nos puso unas rayas, porque el tío también le tira de nariz que da gusto. Como tiene una empresa de exportación, gana cantidad de pasta y nos pasa a su hijo y a mí lo que le pedimos. Seguramente que el taxista era un tío estupendo y tenía familia, y por eso no merecía que le pasase lo que le pasó. Aunque yo no creo en eso del destino, estoy convencido de que los demás no tienen mas remedio que estar supeditados al destino que yo, y gente como yo, les marquemos. No tienen otra salida para poder tirar adelante. El taxi lo paramos poniéndonos en medio de la carretera y el pobre hombre no tuvo mas remedio que parar; pero cuando vio al travestido tirado en la acera, sin ropa y sangrando, quiso seguir circulando pero su reacción llegó tarde. Ya estábamos subidos los cuatro al taxi. El Umbapa en el asiento del acompañante y el Josan, el tío de seguridad de la embajada Americana y yo, en los asientos de atrás. Creo que el hombre tenía familia, porque en un portarretratos que había pegado en la guantera, se veían las fotos de una mujer joven, unos treinta y cinco años, y dos críos que no pasaban los quince entre los dos.//…(I) …// El Umbapa está cantidad de delgado porque apenas come; casi siempre está cansado; por eso, entre lo delgado que está y lo alto que es, cuando se pone la Bomber con hombreras, parece que se haya tragado una percha. Yo no creo que dure mucho, pero él está haciendo planes para ponerse un tabique nasal de platino. Dice que pasa de fumársela, porque a un tío le dio una hemorragia cerebral y

se quedó

pajarito; y lo de la jeringuilla, ni lo menciona. Una vez le dimos una paliza a un mensajero, porque no quiso besar una foto de Hitler. Yo creo que le rompimos un par de costillas y le hicimos polvo la cabeza con las DocMartens. Como fue en el metro, el tío no llevaba puesto el casco y lo jodimos bien. Después fuimos por toda la estación destrozando lo que pillábamos, a patadas o con los bates. Las cámaras esas que controlan los andenes, las descolgamos y estuvimos un rato jugando a fútbol. Pero con

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lo que mejor nos lo pasamos, fue dejando todo blanco con el polvo de los extintores y cuando se acababa el polvo, los tirábamos contra las taquillas. La gente... bueno, a la gente le encanta tener faena mirando para otra parte y de repente a todo el mundo le entra unas ganas irrefrenables de leer los anuncios de publicidad, y los taquilleros tenían unos caretos del copón. Nosotros vamos tranquilos porque como en el metro entra tanto personal, no se quedan con las caras de todos. Ya os he dicho que a mí lo que de verdad me gusta es saber todas las tonterías posibles. Seguramente habrá mucha peña que ya lo sabe, pero Carlos I nació un 24 de febrero y el trono de Castilla lo ocupó también un 24 de febrero; abdicó el 24 de febrero de 1556. Juan de Austria nació el 24 de febrero de 1545, y Carlos se retiró a Yuste el 24 de febrero de 1557. Además, ganaron por él la batalla de Pavía el 24 de febrero de 1525. Ya sé que son chorradas, pero es de curioso que te pees. ¿O no? Aunque pueda parecer lo contrario, no soy un cabeza rapada ni me identifico con lo general de sus consignas. No me gusta el fútbol ni la cerveza. Aunque sea capaz de beberme más de diez litros en una tarde, no me gusta. De verdad. Tampoco me afecta ni me emborracha. Supongo que bebo cerveza igual que podría beber café o disolvente. En las escuelas es donde mejor se cosechan nuestras ideas, porque es el terreno abonado para comerle el coco a los críos. Se dejan manipular en sus tiernas conciencias y por eso es posible conseguir que marginen a los críos indeseables como los negros y los gitanos. Pero la verdad es que un facha que se precie, como yo, tiene que ir en contra de todo lo que sea diferente, ya sea mujer, homosexual, negro, o lo que sea. La excusa que ponemos siempre es la de que el nivel de paro en este país está muy alto y es por culpa de los extranjeros, que ya están sobrando; pero yo no me veo recogiendo uvas o manzanas, o subiendo bombonas de butano a un quinto piso para que después me den dos botones de propina; para eso ya quedan bien los pakistaníes. Lo bueno es que la

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mayoría de esta gente son licenciados en algo o tienen más estudios que yo; pero pasa lo que pasa y se agarran a un clavo ardiendo porque un día en su país, algún valiente se levantó con ganas de juerga y dio un golpe de estado; entonces los pobres tienen que salir por piernas y eso sí que me da pena. Que te tengas que ir de un sitio porque el que manda no piensa como tú. Lo mejor es quedarse y que te quiten de en medio y así no te vas a tocar las pelotas a otro país, o no vienes aquí a jodernos el trabajo. Y si no, también puedes cambiar la forma de pensar. El Umbapa sí que es un cabeza rapada, pero un poco raro. Es una especie de mezcla entre cabeza rapada y punki. Se afeita la cabeza pero se deja una cresta cantidad de ridícula; en vez de ir de delante a atrás, la tiene desde una oreja hasta la otra oreja. Como la montera de un torero, pero de cresta como los indios del Clinísbur. Yo no creo que sea mucho más bestia que el Búfalo Bill o el Aníbal el caníbal que te encuentras cuando lees El silencio de los inocentes. El Josan está escondido en casa de su hermana; lo busca la poli. La hermana del Josan es de esas del rockheavy y siempre va con chupas de cuero y pelos sucios, pero como es su hermano, no tiene más remedio que esconderlo. Lo buscan porque no se presentó en el juzgado cuando le tocaba. Un chaval de la Facultad de Derecho le puso una denuncia. El Josan quería que el chaval besara una foto de Rudolf Hess y como se negaba, le dio una paliza que lo dejó peor de lo que quedó el mensajero. Son los dos de la misma clase y el nota no se cortó un pelo en denunciarle. Lo de la paliza es verdad, porque yo le dejé mi bate de béisbol y lo vi. Después, por la Universidad, decían que sólo le había partido la nariz y un brazo, pero seguro que algo más le rompió porque había mucha sangre y el bate se quedó todo pringoso y manchado. Supongo que si yo fuese un poco más humilde de lo que soy, entendería mejor a la gente; pero como no lo soy, tan humilde, no entiendo que pueda haber un empresario que trate en plan dictatorial a los extranjeros ilegales que tenga

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trabajando. Tampoco entiendo que los extranjeros tengan que andar escondiéndose de la policía y con miedo. Bastante trabajo tienen los pobres defendiéndose de nosotros. Porque uno a uno, creo que somos bastante buenos; yo mismo estaría dispuesto a recoger un extranjero, si es blanco, y a tenerlo en mi casa por un tiempo prudencial; justo lo que tarde en ahorrar para el billete de vuelta a su país. Me podría encargar de prestarle atención sanitaria, orientarlo mínimamente en los papeleos y todo eso; cosas así. Le cobraría poco y haría como que le escuchaba cuando me hablase en su idioma de la riqueza de lo multirracial y la lógica constructiva del futuro. Menuda peste de filósofos. El úniko pájaro capaz de sostener cuatro notas altas a la vez, es el tordo. Ya sé que no viene al caso, pero acabo de acordarme. También acabo de recordar que en el 704, cuando los árabes conquistaron Samarcanda, se encontraron con el papel y desde allí lo distribuyeron por su mundo. Lo que nos deja claro que los árabes no lo descubrieron (el papel como tal);

pero hay que reconocer que

descubrieron casi todo. Y lo que no descubrieron, a lo mejor lo inventaron. Entre otras cosas, la inmigración tardía. Tenemos una especie de juego. Cuando vemos algún mendigo sentado en el suelo pidiendo limosna intentando pasar desapercibido detrás de una lata, yo me acerco como si fuese a echar una moneda y cuando el pobre me va a dar las gracias, el Umbapa viene corriendo y le da una patada al bote y lo manda a tomar por el culo; el mendigo se vuelve loco recogiendo las monedas y nos halaga un montón con sus insultos, porque esos insultos nos cargan las pilas. Es como un juego pero yo hago trampa porque cuando el Umbapa se está riendo y no me ve, le doy al pobre unas monedas e incluso alguna vez le he llegado a dar algún billete. Como por cosas de familia, que en mi caso no están claras, ni a mi colega ni a mí nos hace falta el dinero porque nos sobra, él lo gasta haciendo donaciones a los grupos fachas y comprando cerveza para todo el mundo y yo, cuando voy solo, se lo

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voy dando a los pobres y a las organizaciones esas que ayudan a la gente en el extranjero. Casi siempre ayudan a los negros y ahora a los de los países del este. Al taxista le dijimos que nos diera una vuelta por la ciudad y que no se preokupara por cobrar, porque iba a cobrar y de lo lindo. El tío sudaba como una catarata y yo creo que el pelo se le iba poniendo blanco por momentos; pero no decía ni una palabra. Estuvimos dando vueltas con el taxi durante un montón de horas, hasta que por fin, el taxista habló para decir que la aguja de reserva de la gasolina ya estaba pasando al rojo; entonces el Umbapa cogió la caja de la recaudación y le dio dinero para repostar. El poco rato que estuvimos en la gasolinera, hablaba el americano; como sólo sabía inglés, nadie se enteraba de nada y por eso nadie le contestaba. El gasolinero estaba escamadísimo de ver en un taxi a cinco tíos tan diferentes; el americano iba con un traje de la hostia, el Umbapa con el pelo tan raro y el Josan y yo con chubasquero lila y bufanda. El taxista iba de taxista y no levantaba ninguna sospecha. Cuando dejamos atrás la gasolinera, el Josan le dijo al pobre hombre que fuese por la autopista a unos jardines que hay fuera de la ciudad, detrás de un restaurante de bastante lujo; el taxista ya sabía donde era, pero no sabía a lo que iba. En los jardines no había ni gota de luz, pero se medio alumbraban con el cartel de neón del restaurante y a nosotros ya nos sobraba con aquella luz; total, para hacer lo que más o menos se veía venir, tampoco es que necesitáramos unos focos de cine. La última vez que vi Sonrisas y Lágrimas dije: nunca más. La he visto 17 veces, y las 17 veces he salido del cine con los ojos como antorchas de tanto llorar. Es muy bonita con eso de la familia Trap y toda la peña cantando. Con Dumbo me pasa igual; por eso decidí que ya no las vería más, pero no sé si podré resistir la tentación. Supongo que es normal que las situaciones tristes me depriman, pero también me deprime el patinaje y no es una situación triste. Y la familia. También me deprime tener tanta en

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mi entorno. El Umbapa sólo tiene a su padre y a su hermano el pacifista, dejando a un lado a su madre, la que se tira al seminarista, que es como si no la tuviera; como si lo hubiera parido una cachimba de costo; casi no los ve. Mi padre es diplomático y no lo conozco. También me deprimen los hospitales; me parece injusto que la gente se muera como se muere. Si no fuera porque soy un facha y no tengo más remedio que creer en Dios y la iglesia y todo eso, supongo que tendría una mala impresión de la religión. No entendería que se debiera respeto a un Dios que consiente que los negros sean negros, con lo tope que sería que todos fuésemos blanquitos, y se les trate como a negros, que los pobres sean pobres y se les trate como a pobres y, mucho menos entendería, que los ricos seamos ricos y se nos trate como a Dios. Y para qué hablar de los que se están muriendo de cáncer o de la peste esa, sufriendo un montón de dolores y Dios allí, sentado en su trono tocándose las pelotas y mirando a otra parte. Prefiero no seguir hablando de religiones, porque no tengo las ideas claras con lo del terrorismo intelectual y, porque siempre que puedo, voy a misa y rezo por algún motivo noble.//…(II) …// Aunque después de cada capítulo acabo vomitando, me gusta Bucowsky. Tiene mérito que un tío te cuente que se pasa medio libro borracho y el otro medio emborrachándose, y encima le publiquen y lo llamen para dar conferencias en las universidades sobre poesía y tonterías de esas. Tom Sharpe es un cínico que se ríe de su sombra y le gusta mucho que su sombra se ría de él. También me gusta mucho leer los billetes. Sobre todo los de autobús, porque

los encuentro de lo más

impersonal y de lo más abstracto. Creo que ser inteligente, como es mi caso, no me inmuniza contra la ignorancia. Me explico. Si esto fuera un libro de citas, tendría que decir: "La inteligencia, no priva de la ignorancia.", pero dicho así, yo tampoco lo entiendo. De todas formas, si dicho así hay alguien que lo entienda, que no piense que por ello es más inteligente. Ni más ignorante. Supongo que me tenía merecido el

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quemarme la cara y el pelo. Fue poco, pero escuece de la hostia. No creo que sea nada malo lo de ir a quemar extranjeros, pero en el fondo reconozco que es una pasada. La culpa fue del aburrimiento, que a veces nos descontrola; el aburrimiento y la coca. Fuimos andando hasta el camping donde están; 11 kilómetros andando y por la noche, se hacen mejor que de rodillas y con sol, y ayudados de unas cerillitas intentamos pegar fuego a las tiendas de campaña. Pero la tienda que me tocó a mí la habían rociado con alcohol, supongo que para limpiarla, y se me encendió en la cara. Lo más jodido fue que yo estaba allí con todo el pelo en llamas, y la tienda ni se entero porque era de esas que están hechas de material ignífugo. Me

alegré del ridículo

que hicimos, porque aunque está claro que de vez en cuando hay que calentar el ambiente, también está claro que no hay por que quemar a nadie. Por lo menos estábamos unos 300.000 en la manifestación contra en racismo y todas esas cosas. Si me pongo unos tejanos y una camisa de cuadros, también doy el pego de que soy un hippy. Ibamos todos andando con un farol cada uno y como era cuando oskurecía, se te ponía la carne de gallina por la emoción. Hicimos una cadena humana de más de 20 kilómetros. Estaba bien porque podías ver familias enteras o abueletes de cuando la guerra o chavales de instituto con cazadora de leñador canadiense. La gente de las tiendas también puso farolillos en las puertas y en las ventanas, como en Alemania cuando mataban a alguien que iba a saltar el muro, y se oían campanas por todas partes. Era de pelíkula de Fellini. Nadie parecía darse cuenta de que estábamos a cuatro grados bajo cero, pero seguramente estábamos todos borrachos. Cuando acabó la manifestación, como nos aburríamos, (el jodido aburrimiento), nos acercamos al hostal que hay para los que solicitan asilo y tiramos un par de botellas con líquido inflamable; pero no se rompieron y no pasó nada. Quizás no se entienda del todo el que por un lado me quedé tan pancho viendo matar a una mora y por otro, me

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dedique a las donaciones y todo eso; es muy sencillo, yo hago lo que hace todo el mundo, les mando dinero a su país para que tengan algo allí y no vengan aquí a tocarnos las pelotas, y de paso limpio un poco mi conciencia. Cuando veo lo de los niños abandonados que están esperando que alguien los adopte, me entran ganas de ir corriendo y traerme un par, siempre que estén sanos y enteros y sean blancos inmaculados, y me estoy un rato llorando. Y después no entiendo que, por ejemplo, si en un sitio hay quinientos niños para adoptar y entre diputados, senadores, directores generales, subsecretarios, amigos de los subsecretarios y etc., hay 15.000 chupando del bote, adoptando un niño cada treinta personajes, problema resuelto. Sólo tendrían que mantenerlo un día al mes y el gasto sería el mismo que lo que se gastan en galletas para el perro. Lo del Umbapa es desidia por culpa de la coca, pero lo mío es anorexia pura, por culpa de la idiotez. Me han ingresado dos veces, durante siete días cada vez, pero no ha servido de nada. Generalmente a la gente le da por no comer porque se ven

gordos, pero a mí no. Yo

tengo anorexia de lástima. Anorexia

lastimosa. Veo a la gente que se muere de hambre y paso de comer. Creo que, sin darme cuenta, lo que quiero es morirme yo también. La cerveza y las galletas son las que me mantienen vivo. Como es una anorexia rara, hay días que acabo con 4 o 5 paquetes de galletas y me quedo como nuevo, pero, por lo general, no tengo deseo alguno de comer. Mi hipotálamo estará descontrolado al máximo. Tanto el centro del hambre como el centro de la saciedad estarán con borrachera permanente y andarán dando tumbos el uno contra el otro. A la anorexia mental se la considera una enfermedad psíquika y por eso la conozco. Pero ese no es mi caso. La mental es la que tienen las mujeres que quieren adelgazar. Lo

mío debe ser

más que por los

anorexígenos, por los fármacos que me producen la falta de hambre; porque me pongo como loco metiéndome anfetaminas. Quizás no sea anorexia y sólo se deba a

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que no me gusta perder el tiempo comiendo. Hay pocos depósitos conocidos en la zona mediterránea con una cronología tan exhaustiva como la de la zona de Olot, en la Garrotxa. Quizá sólo sea comparable a Grande Pile en Francia o a Padul en Granada. Ya sé que esto no interesa prácticamente a nadie, pero en el período Mesolítico, es en el que sistemáticamente se explotan una serie amplia de recursos, como son los mamíferos, los pájaros, los peces, los caracoles, los frutos, etc.; esto, lo úniko que demuestra es que, como mucho, aún estamos en el Mesolítico. O lo que es lo mismo, desde que un supuesto hombre descubrió la rueda, la humanidad no ha dejado de ir hacia atrás. Es la mejor forma de explicar que el mundo esté como está, y nosotros de palmeros y cantando. El Umbapa se quedó en el taxi, con el taxista, vigilándolo y mirando una revista pornográfica, y nosotros tres bajamos a echar una meada, en batería para ver quién era capaz de mear más lejos; como los críos. Cuando acabó la revista, el Umbapa sacó al pobre hombre del taxi a empujones y lo dejó tirado encima del césped. Yo no sabía que llevaba encima la pistola de su hermano el pacifista y por eso, cuando se la vi en la mano, creo que me asusté un poco. Pensaba que sólo íbamos a asustar al pobrecillo y a robarle el dinero y el taxi para volver a casa. Pero el Umbapa es de los que ha visto muchas de violencia, más que yo, y decía que aquel tío nos había visto la cara y podía reconocernos en una rueda de esas que hace la poli cuando no tiene nada mejor que hacer. Cazar negros y rojos, por ejemplo. Al taxista no le hizo falta desabrocharse la bragueta para mear cuando vio la pistola. Se lo hizo todo encima pero no se puso a llorar ni a pedir compasión ni nada de eso que suelen hacer los cobardes que no están familiarizados con el destino que le ha tocado. Y el destino del taxista era de lo más negro y más crudo que le puede tocar a uno; sea o no taxista. El americano no paraba de reír, que era lo úniko que sabía hacer en nuestro idioma y el Josan se había puesto a vomitar la coca que esnifó

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durante casi todo el viaje. Yo miraba al Umbapa pensando en lo que iba a hacer, el Umbapa miraba al taxista pensando en cómo hacérselo y el taxista tenía los ojos abiertísimos, pero el pobre no miraba a ninguna parte, porque el miedo lo había cegado del todo. Los comunistas no tienen prisa, porque están convencidos de que el futuro político de la humanidad va a desembocar en el socialismo puro. No es que me quiten el sueño las supersticiones, pero creo que merecen un mínimo de respeto aunque sean supersticiones africanas, propias de negros y sin sentido. Todo el mundo tiene el derecho de aceptar lo que le dé la gana, incluidos ellos, allí, por muy ignorantes que sean. Quinientos años antes de Cristo, los asirios ya creían en el mal de ojo. En un pueblo de Inglaterra, y allí no parece que sean, para nada, necesariamente tontos, aún piensan que si viajan de noche y no ponen su capa del revés, las hadas malas harán que se extravíen. También ponen tazas de leche en la puerta, durante la noche, para que la beban los duendes; y no hace tanto tiempo que los ingleses se proveían de discos perforados, de diferentes colores y con diferentes números, con la creencia de que eso les proporcionaría buena suerte. Había un abogado que cuando acusaba, se tapaba el ojo derecho y cuando defendía, el izquierdo. Volviendo a los ingleses, escoceses en este caso, algunos atan trapos rojos a las colas de las vacas para que no las estropeen las brujas. Casi nada. El tocar madera después de decir alguna tontería de la que esperamos buena suerte, no lo inventé yo anteayer; eso ya lo hacían los persas un siglo antes de Cristo, porque creían que los dioses del fuego y la vitalidad vivían entre las vetas de la madera. Estaban como chotas. Me parece que ya me estoy pasando con la superstición, pero no voy a quedarme con las ganas de decir lo de la escalera; pasar por debajo de una, suponía, antiguamente, romper el encanto sagrado del triángulo. Por eso las escaleras son el no va mas de la inutilidad; en realidad, para lo úniko que sirven es

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para bajar una vez estás arriba, o para subir una vez estás abajo. Y bajar y subir y bajar y así hasta que ya estás harto y decides dedicarte al espectáculo. Entre los autores que Hitler puso en la lista de libros para quemar, estaba Freud. Yo lo entiendo, porque el primer libro que no pude acabar de leer fue "Psikoanálisis sexual"; yo tenía once años y no sabía lo que era un psikoanálisis ni tenía idea de nada referente a lo sexual. Ya sé que en la actualidad sigo más o menos igual pero algo he oído. En la lista también estaban Max Brod, Klaus Mann y Ernest Glaeser, pero esos no sé quienes eran, ni me importa no saberlo, porque también serían judíos. Algunas noches nos dedicamos a pegar adhesivos por las paredes o en los postes de la luz. Son de ideología nazi y pone eso de que los extranjeros nos ayuden a acabar con el racismo largándose a su país, o que la igualdad no existirá mientras hayan desiguales y tonterías por el estilo. También llenamos de pegatinas los semáforos, y en las papeleras, el Umbapa las pega fuera y yo las arranco y las tiro dentro sin que me vea.//…(III) …// A veces hacemos de recaderos entre los neonazis de América y los de aquí; vamos a la embajada americana y recogemos el correo. En esa embajada hay un tío de seguridad que es un hitleriano de cuidado y que nos da los recados, los llevamos donde nos dicen y se acabó; no pagan, pero si quisieran pagar, lo haríamos con el mismo gusto. El secreto para una buena ejecución de las ideas, es saber dosificar los ataques a las minorías, para poder acabar arremetiendo contra la sociedad en general. Hay que dejar que la gente, por sí sola, confunda el racismo, la xenofobia, las tensiones culturales, y todo eso; y cuando la gente está tan liada que no se entera, se ataca todo lo que sea diferente y encima te dan medallas. Cualquier excusa es buena. Si no fuera por los que salen sangrando, que los pobres lo tienen que pasar mal porque a nadie le gusta que le abran la cabeza, todo iría sobre ruedas. Y la faena que le damos a los

hospitales y a los médicos en prácticas, llenos de

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gente dando gritos e insultando a las enfermeras. Algunos polis ya me saludan por la calle cuando me ven. Es que me conocen de las manifestaciones, pero no saben si es de las racistas o de las pacifistas; deben estar más liados que yo. A veces tengo pesadillas en las que me veo en la misma mesa con un negro, un oriental, un moro y un gitano. Y la pesadilla, es que me siento

muy a gusto con ellos compartiendo la

comida, los postres y el café. No encuentro que, dejando a un lado el tono de la piel, sean tan diferentes a nosotros como yo mismo quiero hacerme ver; incluso sienten y reaccionan como nosotros cuando están bajo presión. Estará mal pensarlo y mucho peor decirlo, aunque sea por escrito, pero creo que al Umbapa tenían que haberlo metido en la cámara de gas, justo tres minutos después de nacer. Está absolutamente loco. Además juega. Pero juega fuerte; en las máquinas tragaperras, en las apuestas de galgos o en lo que sea. Es un ludópata agresivo, porque cuando gana, se pone peligroso; y siempre gana. Eso es lo que no entiendo. Una persona que está normal se enfada cuando pierde, que es la mayoría de las veces. Pero el Umbapa no; sólo se enfada si gana y lo rompe todo. Si es una tragaperras, le pega fuego y se queda mirando o apaleando al dueño de la máquina. Una vez lo vi estrangular a un perro en las carreras de galgos; con sus manos. Y lo peor es que estaba disfrutando tanto como si se estuviera metiendo medio kilo de coca por la nariz. El perro gimiendo y con la lengua fuera, y todo por ganar la carrera. Me dio lástima porque, aunque no me gusten los animales, encuentro una crueldad andar matándolos sin ton ni son. Lo de que no me gustan los animales, también incluye al Umbapa. Hess, durante la visita del circo americano a Nuremberg, en octubre de 45, dijo que no se acordaba de nada; lo pusieron delante de Papen y de Goering y no los conocía. Le pasaron los documentales que todo el mundo conoce y decía que aquel era él, pero que no sabía qué hacía allí. El caso es que aquello no coló, y le pasó lo que le pasó. Como todos

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los psikópatas, este tío era sumamente inteligente y pretendía llevarse al huerto al tribunal. No soporto el café. Me produce nauseas con sólo olerlo; me viene de cuando era pequeño y estuve enfermo con una infección de orina. Yo tenía dos años, y el médico dispuso que tenía que tomar un jarabe y que la medida exacta era la “una cucharita de café”; de las pequeñas. La tía que se encargaba de mí lo entendió al revés y lo que hacía era darme una cucharada de café, pero de café; molido y crudo. Estaba asqueroso y después de cada toma me pasaba diez minutos vomitando. La que me cuidaba, que era negra, naturalmente, echaba una botella de jarabe en cada comida, para todos los comensales, y así acabamos; con diarrea desmedida y erupciones por todo el cuerpo a causa de la intoxicación. Como era jarabe para niños, la cosa no fue grave, pero resultó bastante incomodo. Yo no lo recuerdo porque era demasiado pequeño, pero de vez en cuando alguien se encarga de recordármelo. Por eso odio el café; no por su color. Creo que los filósofos pedantes, que son la mayoría, son una especie de gilipollas de manual. Se pasan la vida buscando la verdad absoluta, que es una excusa, pero a lo que en realidad se dedican, es a esconder el hecho de que son unos embusteros supremos. Y es por eso que buscan la verdad como úniko remedio para su enfermedad. Podrían dedicarse a rascar su estómago para intentar calmar su hambre; como Diógenes. Creo que la totalidad de los problemas sociales, radican únikamente en dos cosas; primero en el exceso que tenemos de soluciones. Nos sobran soluciones y por eso nos volvemos locos inventando

problemas donde

aplicarlas. Supongo que alguien, alguna vez, ya dijo que los problemas no existen o que sólo existen los problemas que nosotros mismos queremos crearnos; tenía razón. Pero lo que no dijo nunca nadie es que la culpa de la persistente creación de problemas la tiene el Dios Gran Hacedor, por empeñarse en crearnos. La verdad es que nosotros mismos ya somos un problema sin solución. La otra cosa en la que

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radica el mal de la sociedad son las mujeres. Las mujeres son el mal invento de un chapuzas con exceso de costillas. Si se hacen elecciones, las ganan las mujeres porque son mayoría;

siempre

hay mas viudas que

viudos,

porque

el hombre es lo

suficientemente inteligente como para morirse en el momento justo; pero las mujeres no. Si un gobierno hace algo mal, es por culpa de las mujeres porque, como mayoría, son las que eligen a los mandatarios. Cuando los parados de un país suman "X", la cosa se puede solucionar, en parte, fusilando a las mujeres porque de esa "X", más de la mitad son mujeres; el problema del paro se reduce a menos de la mitad con un simple fusilamiento en masa. Además, se solucionaría de paso lo del incremento de natalidad y su consiguiente exceso, ya que quedarían fuera de servicio un montón de madres potenciales. Ya se que esto puede sonar a cruel razonamiento ilógico, pero no me preokupa en absoluto porque lo que pretendo, es precisamente razonar de la forma más ilógica posible, siempre que a la vez sea cruel. No es que odie a nadie en particular, sean negros o mujeres o ambas cosas a la vez, ni que de niño acumulara un odio no expresado para con mi desconocida madre y ahora, a mi edad adulta como diría la psikiatría, tengo la necesidad de exteriorizar algo reprimido durante tanto tiempo; es, simplemente, que a mí me habría gustado ser mujer y poder parir y poder llevar compresas o tampones una vez al mes; pero como consuelo, me queda el hacer unas estupendas tortillas de patatas. El padre de Mussolini era herrero y su madre maestra de escuela; el padre marxista y la madre católica; el padre aprendió a leer de forma autodidacta y a la madre le enseñaron en una escuela; el padre llamó Arnaldo al segundo hijo en honor de un noble del siglo XII que se sublevó contra el Papa y la madre bautizó a escondidas a Benito Mussolini en la iglesia del pueblo. Pero, además, Benito se llamó Benito, porque su padre quiso rendir homenaje a Benito Juárez y a la Revolución Mexicana. Para consuelo de su madre, Benito también

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se hizo maestro; qué se podía esperar de un personaje con semejantes y tan dispares antecedentes familiares. Seguramente por eso, y porque no lo tenía demasiado claro, trabajó Benito de salchichero, de vinatero, de recadero, de albañil, donde no pasó de peón, y de pasada se puso a estudiar Economía política; todo esto lo redondeó metiéndose a periodista. No hay duda de que Mussolini tenía un desbarajuste mental tal, que no tuvo más remedio que regresar a sus orígenes de maestro para enseñar el buen camino a toda una nación. Un gran hombre sin lugar a dudas. Yo, lo úniko que no tengo es futuro; pero tengo todo lo demás. Ya sé que se podría pensar que cuando uno no tiene futuro, en realidad no tiene nada. Eso es una jilipollez digna de los filósofos pedantes. Yo no tengo futuro porque no me da la gana. Si lo quisiera para algo, el futuro, lo compraría; el mío y el de cualquier otro. Pero es algo que jamás me ha interesado. Yo sé, y seguramente soy el úniko que lo sabe, que el futuro es algo inventado por cuatro listos para alentar a los bolcheviques, que es una palabra que en su origen quiere decir mayoritarios y que ha degenerado en lo que ha degenerado, para alentar a los bolcheviques, decía, a que sigan produciendo con vistas a ese futuro mejor, pero que como no existe, es una falacia utópica. Pero yo no me dejo engañar y sigo perteneciendo a los mencheviques, los minoritarios, que es un grupo formado por mí y por la sombra que hace mi sombra. Si algún día llegase a conseguir ser Dios, negro, puta, mujer, mono y fontanero, todo a la vez, creo que ya estaría preparado para morirme. Antes no. Tengo resueltas todas las cuestiones, pero no sé como podría llegar a ser fontanero y por eso no me moriré nunca. Primero le pegó un tiro en un brazo y casi se lo arranca de cuajo; como en Robocop. Después siguió el desmembramiento y le fue disparando al taxista en el otro brazo y en las piernas. El americano reía, el Josan vomitaba y yo miraba las estrellas fugaces. El Umbapa estaba disfrutando como cuando estranguló al perro de las carreras de galgos. Luego

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estuvo haciendo puntería para ver si acertaba a quitarle las orejas a tiros; no acertó en las orejas, pero le dio al pobre hombre en un ojo y el taxista dejó de quejarse y se jubiló como taxista. Se acabaron las balas y el Umbapa empezó a maldecir y a cagarse en todo el mundo porque no tenía más. Yo estaba llorando viendo al pobre asesinado, y pensando en la mujer y los críos de las fotos del taxi. Tenía ganas de arrancarle los dientes a aquel loco asesino. Con unas tenazas; como se las saca el tío de Prótesis al poli cuando lo tiene a mano para vengarse. También quería cortarle poco a poco por todo el cuerpo con una cuchilla de afeitar; como el de Prótesis. Pero como no tenía ni tenazas ni cuchillas, volvimos a subir al taxi y nos largamos de allí. Dejamos al americano en la embajada, al Josan en casa de su hermana la heavy y el Umbapa y yo le pegamos fuego al taxi delante de su casa y nos fuimos a dormir, porque ya era hora y estaba amaneciendo//…(IV)…// El estar justo un escalón por encima de Dios, no me reporta ninguna ganancia en especial. Al contrario; tengo que soportar muchas más tonterías de las que soportaría Dios si existiese. Ya sé que la historia del mundo está llena de gente que se creía que era Dios. Todos locos. Seguramente estáis esperando que

os diga que estaban todos locos porque, en

realidad, Dios soy yo. Pero eso no os lo puedo decir porque no es verdad. Yo no soy Dios, pero sólo por una cuestión técnica: Dios no existe. Y no me cansare de repetirlo pese a quien pese. Si existiese, yo sería el mejor candidato para ese papel, muy por encima de todos los demás. La Biblia es una buena novela de aventuras; no en vano es el best-seller que más ediciones ha escupido y que más ejemplares a vendido. También es el panfleto que a más suicidios ha incitado aunque todo el mundo se olvide

de decirlo

cuando

habla de ella. O que más

asesinatos,

en masa o

individuales, se ha encargado de encubrir. Todo lo que se ha hecho en nombre de la fe, sea de la fe que sea, ha tenido el consentimiento y el beneplácito de las mayorías. Pero

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eso es algo que yo no he descubierto porque no me gusta entretenerme en descubrir verdades que sólo causan problemas. De todas formas, desde siempre las mayorías han existido en el momento en que se juntaban tres. Lo otro son multitudes y a las multitudes es mejor aniquilarlas. Cuando dijeron en las noticias de la tele que habían encontrado muerto a un taxista, también dijeron que una pareja de novios que estaba dentro de un coche en los mismos jardines, supongo que magreándose, había visto todo lo sucedido. Después dieron la descripción detallada del Umbapa, con su corte de pelo tan especial, y dijeron que uno de nosotros hablaba en inglés. De ahí a localizarnos al Umbapa y a mí, sólo pasaron treinta y siete horas. Los novios nos reconocieron, pero nosotros nos hicimos los locos. Supongo que por eso yo estoy aquí, y el Umbapa en la habitación de al lado. Al Josan lo siguen buscando y él sigue escondido en casa de su hermana; al de la embajada, seguro que su gobierno lo traslada a otro país como ayudante de cocina. Seguirá mensajeando entre neonazis y más neonazis y venga neonazis. Espero que esta sesión acabe pronto, porque con todos los tranquilizantes que me están dando, siempre estoy con sueño.

Andrés Arboleda García Paciente número trece. Expediente número trescientos trece mil cuarenta y siete (313.047)

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PACIENTE NÚMERO:

13

NOMBRE: Andrés Arboleda García SEXO: Varón EDAD: 37 años NACIONALIDAD: española (Barcelona) RAZA: Negra

OBSERVACIONES Y COMENTARIOS: El paciente ingresa en el centro por petición directa y reiterada de la Asociación de Ayuda a la Raza.

Antecedentes

familiares

de

desestabilidad mental. Padre, de origen

desconocido, pero africano, ingresado en el Hospital Psiquiátrico de Bétera (Valencia) y madre ingresada, en régimen abierto, en el Albergue Para Enfermos Mentales de Beer (Bélgica). Tratamiento por Hipnosis.

El paciente, bajo tratamiento

hipnótico, muestra un desmesurado síntoma de

delirio de grandeza. Bajo el mismo tratamiento, algún tipo de desviación imposible de diagnosticar, provoca que su subconsciente exprese con libertad lo que realmente no es, pero sin duda le hubiera gustado ser, así como la disconformidad con el color de su piel y el total rechazo de esta.

A considerar como un Psicótico paranoide con tendencia a la esquizofrenia.

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Tiene

problemas continuos de

contradicción, tanto interna como externa,

provocados por el convencimiento de que carece de identidad. Se le aprecia una cojera psicosomática en ambas piernas, provocada por la rotura de los fémures al ser víctima de una agresión racista, en la que también pierde el lóbulo auditivo izquierdo, todo ello según consta en el informe policial adjunto, así como en el parte médico facilitado por el hospital en el que fue atendido tras la mencionada agresión.

Fuera del estado hipnótico, se le puede considerar como un gregario agradable, pacífico, dócil y depresivo.

El paciente padece a su vez un psitacismo agudo, detectado en las sesiones hipnóticas, que provoca que hable sin saber lo que dice. La falta de lógica con que organiza sus delirios, partiendo de falsas premisas, provoca en él un convencimiento absoluto de la situación que cree estar viviendo, o haber vivido.

El Equipo Médico-Psiquiátrico del Centro propone la reclusión indefinida del paciente, por la propia seguridad del mismo.

Fdo. El equipo médico habitual.//…(V)

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PACIENTE NÚMERO 13  

Memorias de un descerebrado

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