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encuentra la caridad, viajero a.bautista


Miré tras el cristal Miré tras el cristal y descubrí miles de ojos que a través del cristal querían mirarme. Y decoré mis muebles y se los enseñé al vecino. El vecino había decorado sus propios muebles. Eran iguales. Y me acerqué a la mesa y pensé que todos y siempre, estamos condenados a ser vecinos, y a mirar a través del cristal.


Es inútil buscar un responsable Es inútil buscar un responsable, indolente, al que culpar por nuestro dolor. Y sentir venganza por estar avergonzado sin estar seguro. Y que el sol, requiera quien lo escriba y lo describa. Es inútil buscar un responsable, pero ahí está el cielo. Seguro que él tiene la culpa.


Espero algún amigo Espero algún amigo y llega la serpiente y llora y lame, bífida su lengua, mis orejas. Mi horóscopo es granjero y mi casco, de hierro forjado, se funde con el fuego y me hundo. Y mi piel, de ese color que no existe, se deshace entre mis dedos y me duele. Como si fuese de agua.


El tenedor y el tenido En la oscuridad, el tenedor y el tenido contemplan los paisajes aĂşn sin amo. Y en la oscuridad, esperan poder darse la vuelta para acecharse y herirse el uno al otro. El tenedor y el tenido.


Arrastrándome, bajo el puente Arrastrándome, bajo el puente. Rodeado de samaritanos que escupirán sus almas contra mí. Moriré de hambre y de inconstancia pensando en las calles de los negros. Y los mesías se miraran y compadecerán, y seguirán comiendo exquisitos manjares. Y yo, moriré de hambre y de inconstancia pensando en las calles de los negros. Y los ángeles se acercarán para cobrar los impuestos; ya nadie podrá escupir. Los mesías se mirarán en mil espejos para confundir sus rostros y yo, moriré de hambre y de inconstancia buscando las calles de los negros, y los negros sabrán comerme para no morir ellos de hambre, y de inconstancia.


Allí donde echó una flor Allí donde echó una flor, mientras crecía. Mientras vivía. He de traer hoy, quizás mañana a más tardar, la esperanza en que me apoyo. Allí donde se hunden las vidas, las pequeñas vidas, que son odiseas que naufragan; he de traer hoy, quizás mañana a más tardar, todas y tantas vidas que no puedo vivir. Tanta es mi envidia.


Por piedad, he de asesinar a un hombre Por piedad, he de asesinar a un hombre junto a mi casa. He de colgar sus pies y cepillar sus dientes por ofrenda. He de reĂ­r ante las lĂĄgrimas de su mujer y, por piedad, he de hacer mi buena acciĂłn de cada dĂ­a. Por piedad, he de asesinar a un hombre junto a mi casa.


Un vigilante pinta, cada mañana Las tapias del cementerio son bajas, para poderlas saltar y ver nuestras fincas venideras. Y un vigilante pinta, cada mañana, la hierba que, aunque tímida, intenta florecer. Las manos de los muertos abonan las raíces de las flores y las flores sonríen invitándonos a entrar y a vivir. Y todos mis amigos, inútiles, se morirán de odio sin hijos que les saquen los ojos; sin libros que criticar; sin putas que les lloren por llorar. Y todos mis amigos, inútiles, comprarán su finca venidera y descansarán en paz.


Velador de tu sueño en cualquier noche Y después, cuando despiertes y bosteces, y sientas el dolor, el llanto y el cansancio, después, cuando te gires hacia mí, velador de tu sueño en cualquier noche, por eterna que sea, después, intentarás mentir alguna cosa. En realidad, no tienes nada que mentir. Bostezas y te dueles.


Si te propones morir con la luna Si te propones morir con la luna, nadie te llamará la atención. Tú eres la luna. Y no es apasionante morir, por descubrir la amistad. Moscardones revoloteando, pululando a mi alrededor y ensalzando el olor de mi colonia, el buen gusto de mis colores, la exquisita blancura de mi mujer... su próxima víctima. Ya no es bonito ver florecer la amistad.


En el desierto no hay árboles En el desierto no hay árboles. No hay nada que quemar; Abel, asesinado, sonríe desde su tumba agradeciendo a su hermano el favor ocasionado. Y su hermano, con el mundo, sigue expiando la culpa de un crimen, que dios cometió.


Soy un muerto espabilado Soy un muerto espabilado, hábil y listo. Las plañideras de mi funeral eran guapas rubias de ojos azules. Se ganaban el sueldo a base de lágrimas. Pero supe conquistarlas y durante mi velatorio, rieron entre suspiros de placer. Todas. Veintitrés. Desde entonces, siempre asisten las mismas cada vez que me muero. Y cada vez traen puesta menos ropa, para que el velatorio no resulte demasiado aparatoso. Y es que yo, soy un muerto muy listo. Sé morirme.


Pronto Pronto, habrá que asesinar al borracho cuando nos quedemos sin dinero. Hemos de pasar sin dejar marcas como no deja marca el sol tras ocultarse. No quedan pruebas del día. No quedan pruebas de mí cuando, tras tantos años, me aparto hacia ti y te sonrío. Sólo me sonrío. Nunca hay motivo para dejar muestras de nuestra existencia. Sólo esos esqueletos cómicos que me rondan cada noche, intentan conquistarme para abusar de mí. Sólo esos esqueletos cómicos dejan pruebas.


Cuando se apague el sol Cuando se apague el sol no tendrá el poeta con qué comparar tu dorado cabello. Sólo los irónicos podremos comparar tu cuerpo, aún por florecer, con el fantasma de tu ilógica existencia. Pero nada será ya comparable.


Yo no he conseguido no respirar Yo no he conseguido no respirar, para que algún dios me marque los latidos. Ni he dominado mi desarme para que vuestros tiros sean mi décima legión. No he idolatrado dolores para poder plagiar vuestras necesidades. Os hablo (os escribo) a vosotros que no estáis; a vuestras reliquias necesitadas. Y es vuestra continua voluntad lo inseguro. No os deseo un buen año. Ojalá las flores pudieran comerse vuestros orgullos. Y a vosotros con ellos.


Me encuentro oyendo rezar Aquí estoy, oyendo rezar, y no encuentro un significado. ¿arderán haciendas? ¿habrá libertos entre los esclavos cuando acabe la oración? Posiblemente, pienso, sea razonable vivir con la promesa de una tierra prometida. Una tierra (en ruinas) prometida. Entonces, vienen los hacinados y fabrican cruces. Después, otros hacinados las queman. Y la oración se quema con ellas. ¿arderán haciendas? ¿habrá libertos entre los esclavos cuando acabe la oración? ¿para qué rezar? Seguiremos quemando dioses, cruces y mesías.


Yo he visto latir el corazón del viento Yo he visto latir el corazón del viento. Se llama pájaro. El corazón. Y cuando voy a volar decido rescatar las motas de polvo que se ahogan; en agua sucia. Quisiera ponerlas al viento y que conocieran también su corazón. Pero el agua sucia esconde los corazones aunque el corazón del viento se llame pájaro.


El reino del dios asesino Adán y Eva eran espiados. Cayeron en desuso y los echaron del poder. Porque ellos mandaban y eran mandados. Salomón quiso reinar y se perdió por la reina del burdel. Dieron parte los espías, cumplieron los formulismos y apagaron otra vez. Todo sin luz. Los espías asesinos de un dios asesino en un reino asesino. El reino del dios asesino.


Un ave sin vuelo y mal herida un tronco de ĂĄrbol; un ave sin vuelo y mal herida; una roca reseca y olvidada una calidad: estar de paso; el hacer uno sĂłlo de estas cosas. Ser curioso. Yo, que soy dueĂąo de todo; yo, que soy el posesivo, el adivino... y no tengo donde caerme muerto.


Cuando el dios nazca Cuando el dios nazca los asquerosos labios de los muertos, verdes, escupirรกn los restos del tabaco y besaran sus angustiosas vidas. Y temblarรกn pensando en lo que se aproxima. Se agarrarรกn a sus propios pantalones queriendo gobernar todo el dolor y despreciando a un mal dios que quiere sacarlos de sus vidas. Los asquerosos labios de los muertos, verdes, se verรกn privados de sus almas penitentes y esperaran, al otro lado, a que nazca ese dios para poder hincarle el diente.


Mortalmente torturado Mortalmente torturado, he podido distinguir una urna de cristal. He contemplado mi imagen y he llorado ante semejante espectáculo. Después, me he dejado morir lentamente. Se han olvidado de mí, sumergido en una urna de cristal. No he conseguido romper esos empañados vidrios, pero he salido y ahora, ando por ahí encendido como una antorcha y deseando mi urna de cristal.


He soñado con autopsias medievales He soñado con autopsias medievales ejercidas a las puntas de las lanzas. He vivido experiencias; he enterrado; y he matado vecinos en ventanas que nunca fueron de nadie. He observado a los monos, inocentes, que se amaban asomados a su mundo. Todo era un circo. Pero puedo asegurar que no vi ni un médico; sólo hombres sueltos.


Sufrieron la ira de los dioses Sufrieron la ira de los dioses al salir de la farmacia. Se dijeron: amĂŠmonos aquĂ­ mismo; quien nos vea, sufrirĂĄ su propia envidia. Y sufrieron la ira de los hombres al amarse en plena plaza. Se dijeron: no tienen nada contra nosotros, porque somos sus hermanos. Y los hombres, al saber que eran sus hermanos, los crucificaron. Fue por ir a comprar a la farmacia.


Las mariposas Las mariposas, se empeñaron en ser rojas, y rojas como el fuego las amé. Luego quisieron ser negras y negras como la noche las amé. Y decidieron ser blancas, y blancas como la pureza las amé. Con el tiempo, las mariposas quisieron ser de color. Simplemente. Y ya no las pude amar. Así no... de cualquier color; del color de la culebra ya no las amé. No me ofrecí a caer tan bajo.


Cantan salmos Cantan salmos ¿a quién? Lloran flores ¿por quién? Oran penas ¿de quién? Y cuentan hazañas. ¿Si? Todos sabéis... por don Jesús M. Cristo. (M. de Mesías) El guerrillero a traición. Mata la voz que quieren escuchar, y habrás de lustrar su busto en la plaza mayor.


Todos mis papeles en regla Todos mis papeles en regla no me dan derecho a un lugar privilegiado en el cielo. Bajé hasta los infiernos sin un papel, ni póliza ni recomendación. Sin nada. Allí me dieron un lugar de honor, y pude ver la cola, la inmensa cola, que se confundía con la ignorancia. Amigos míos, hay que ser práctico y ganar adeptos con lo no establecido.


La habitación era luz tenue La habitación es luz tenue; la mujer me mira desde su desnudez; es joven; quizás diecitantos; quizás más; quizás menos. La brisa, por la ventana, mueve las cortinas que no están; nunca han estado. Y la mujer, se fuma un cigarrillo esperando el aviso de tormenta. Y no nos vemos. Desde su piel sensual, morena a latigazos, me mira la mujer. Y la prisa que tiene, sin parecer tenerla, enciende mi temor y alzo mi risa, pensando en los que esperan aporreando la puerta.


La creación está en marcha La creación está en marcha. Es una máscara de cola y de papel; tímida y apocada. Su técnica, el engaño. Está en marcha la creación y está soplando el viento que ha de llevarse el polvo. El polvo reducido. Y la creación se escapa por un roto de mi pantalón. No me preocupa. Lo coseré mañana y mañana crearé porque yo soy la creación. Casi os lo juro.


Todos queremos ser los enviados Todos queremos ser los enviados; los profetas, para exigir aplausos y amar a la mujer y a la mentira. La mujer del pr贸jimo. La mentira de la mujer. S贸lo se puede predicar, cuando se olvida lo predicado.


Jesús no fue monaguillo y sacristán Jesús no fue monaguillo y sacristán; Jesús fue un engañado. Sus padres, sus amigos, ¿dónde estaban? Papá salió a jugar juegos de azar y los perdió. Sus amigos, los espíritus santos, santísimos, se hacían cosas deshonestas bajo las escaleras y sin luz. Tú baja, le dijeron, que todo está arreglado. Dicen que le cayó una cruz encima; luego la levantaron, ya con él incrustado, y no hubo forma de separarlos. Ni en el cielo ni en la tierra. El uno para la otra. Ni la muerte los separó.


Te pude ver Te pude ver, sin saber ni que existías. No te obligo a que me ames, pero quizás, podría recomendártelo. También te recomiendo ese sol que no existe pero se deja ver. Sólo las putas, los macarras y las flores, tienen el sentimiento de los niños. Lo casi adulterado que extrema lo cruel.


Mi última mujer me está esperando Mi última mujer me está esperando. Y tendrá preparadas las judías y pulirá su amor para darme en bandeja lo eterno de su ser y su persona. Se habrá hecho ese peinado que despeina y olvidará desprecios anteriores, y anteriores mujeres. Y dormirá a los niños para poder acariciarme sola y sin molestias. Mi última mujer... la pobre es tonta, pero con su ignorancia crece en sabiduría. Creo que no iré con ella; voy camino de mi nueva última mujer. Le tendré que enseñar a calentar judías en una lata, después de quitarles las uñas.


No existe Venecia Lágrimas de hielo bebidas por tantos labios. Ni emoción ni sentimiento por no existir Venecia. Ya no existe. Pero todo da igual. Los canales se han hundido entre sus propias aguas. El sueño del cantor y su otra luna, se quedaron sin luz; los guardianes del amor, asesinados por piratas de alianza y los amantes, sin góndolas que saquen sus amores, van en monopatín con escafandra. Tanta es la podredumbre de agua y chapa, que el algodón empapa la sangre de las lágrimas del hielo.


Regálame esa colonia que te gusta Regálame esa colonia que dices que te gusta. Es posible que me haga varonil y refinado. Regálame esa colonia; al fin y al cabo, después eres tú quien se la bebe. Regálame esa colonia que te gusta, y bébela a escondidas. En el lavabo.


No hay por qué enfadarse, amigo No hay por qué enfadarse, amigo; no hay por qué ponerse así. No se trata de ir por ahí opinando sobre lo humano y lo divino. Es preferible no tener opinión. Pero, a pesar de todo, si te empeñas en hacer camino de tu opinión, habrá quien te rebane y te unte de mantequilla y mermelada. Habrá quien te rebane por una sola vez; la justa. Por el cuello. O quien te incendie y después te fusile. O quien se siente en ti contemplando la burla de tu lengua dislocada la nuez de tu garganta y muriendo poco a poco. O quien te preste el gas, cínicamente, o te suba a una cruz, grande y desnuda, y te clave con flores de cristal. No hay que ponerse así por naderías, si nuestra desnudez siempre es la misma. Y ya ves, yo no me enfado por ser el salvador. No hay por qué ponerse así, querido amigo. Y te empeñas en decir: no soy tu amigo.


Tu esclavo ya no quiere Tu esclavo ya no quiere esos manjares que le traes; esos vinos, esas carnes... Y olvidas que fue quien te enseñó. Todo lo olvidas después de oír lo mucho que no hablaba. Ahora es tu prisionero, pero ya no hay guerras de las que escapar; de las que volver. Ya no hay un sitio en el que meter la bala y te da igual. Ahora es tu prisionero y tu posees una flor muerta o un reptil perdido por callejas de huérfanos faroles. No hay señal de una pena. No hay esclavo. Es cuestión de acostumbrarse a las criptas y a los fantasmas de tu amor, que vuela sólo. Y el maestro tiene hambre de lo inútil que no calman tus manjares exquisitos; esos vinos; esas carnes. Porque ahora, eres tú tu propio esclavo.


Encuentra la caridad, viajero Encuentra la caridad, viajero; encuentra la caridad y disfruta con ella como yo disfruté. Cuando se te acuse de pecar; cuando olvides a tu familia; cuando no te canonicen. No te perderás; el sol y las estrellas te dirán el camino. Encuentra la caridad, viajero, y disfruta con ella como yo disfruté.


Soy el pasajero Soy el pasajero. Una piedra y una flor más en tu camino. Poco puedo ya pretender de ti. No podré ser tu amante pues me tejiste en un telar de espinas de algodón. Pero bordaste al otro pasajero; y lo conozco. Es ese que se funde con la lluvia y se hace barro. Es de los que cuesta amar, porque anda entre las nubes porque es nube. Soy el pasajero y necesito un resguardo que acredite que no estoy oxidado ni olvidado.


Cuando los demonios olviden rezar Cuando los demonios olviden rezar por nosotros, será el momento de reír y llorar lo acontecido. Aun pretendiendo atar mi cuello a la rueda del molino, insistes en decir que siempre estarás pensando en mí. Ya no hay nieve capaz de enjugar mis ojos; no hay nieve capaz de ocultar mis lágrimas.


No hemos inventado nada nuevo No hemos inventado nada nuevo amándonos de oídas. Muchos lo hicieron ya. Pero no sirve hablar de cosas tan atadas. Ya existen las tormentas de colores y no hay duda, de que no hemos inventado nada nuevo amándonos de oídas. Muchos lo hicieron ya.


Un pie en el ahogo Un pie en el ahogo y el otro pie, acariciando las flores. Cuando no sepa que existo, suicídame con dulzura porque se acerca mi guerra. Y seguiré atrapado en los radios de tu rueda y será inútil asomarse a ese otro mundo. Inmenso pozo de las desilusiones. El mago de la lámpara me ofreció sus deseos, y yo sólo elegí la caricia cercana.


No encuentro la forma No encuentro la forma de andar libre. He probado a ser pardo, como el gato, y a meterme en las gotas de la lluvia. Y a posarme en los cables del tendido y a alejarme de la ayuda del templario. Y a nacer muerto, pero con disimulo. He probado a pedir, sin ser mendigo, y ser puta que no exija a su cliente. Pero no encuentro la forma de andar libre por ahĂ­. QuizĂĄs no hay manera de hacerlo.


Se hace tarde Se hace tarde. Demasiado tarde, y seguimos esperando. Ya nos pesa la penumbra en la que estamos escondidos. Pronto llegarรก, y no habrรก cรกrceles que acaben en la aduana del desprecio. Dejaremos correr el viento entre las casas, pero serรก tarde.


Alegra la prisión Alegra la prisión con fresones rojos, dulces. Y nosotros allí débiles como somos. Tenemos que forzar las ataduras y buscar un lugar en la cola del espécimen humano. Vimos llenos los bolsillos de los pobres y supimos que la guerra se perdió. Ellos se ahogaban en sus mandatos, y nosotros, no conocimos la traición porque andábamos a la par. Sin separarnos, porque no existe la distancia. Nos entregaron un mundo, y olvidaron darnos las instrucciones. ¿cómo conseguiremos hacerlo funcionar?


La señora no me acogió La señora no me acogió; me vio morir y suplió mi ausencia. Según ella, yo no pude regresar a por lo mío. Y me quedé sumido en la negrura sin saber a dónde ir. La señora era un témpano de hielo, y la luna un mantón; como una estufa. Entonces descubrí que la señora contaba los billetes arrugados que guardaba en el hueco de su alma. Y un cliente pagaba, sin demora, el calor de mi mirada y mi desprecio. Me olvidé de ella y llegué tarde a mi nueva habitación.


Busco lo mejor en hospedaje Busco lo mejor en hospedaje. Camas lustrosas de bronce y sin herrajes. SĂĄbanas limpias que huelan casi a flores. Sin Ă­dolos que observen mi destreza y paredes del color de la esperanza. Con grandes ventanales. Y allĂ­ espero, deseoso de ti, que nunca llegas.


ENCUENTRA LA CARIDAD, VIAJERO