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baila


Zipaquirá _ Colombia. Julio _ Agosto de Dos mil trece. El arte de poner el cuerpo en movimiento. Ana tiene que partir a un viaje. No sabe si vuelve pronto o no vuelva en mucho tiempo, para aprovechar estos días en compañía de su familia cercana, quiere montar una presentación de baile, en el café de su hermana. Me pregunto:¿Porqué tomarse el trabajo de hacer esto? Sus recuerdos la llevan hasta el pueblo donde habían ferias y fiestas. En el parque, de niña, con boticas de colores y unos shorts de color rojo de Hello Kitty, había salido con un amiguito, que la había ido a buscar a su casa para ir a bailar al lado de los bafles, siendo pequeña ella tenia deseos de ir a bailar. Ese es el gusto por el baile. En el colegio participaba en las danzas folclóricas, que su mamá patrocinaba. También bailó los discos de Enrique y Ana: Mi abuelo, En un bosque de la china, La Yenka, izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres. En esas ferias tocaba aprovechar porque no habían discotecas, la gente no las veía con buenos ojos y las hacían cerrar. Ya más grandecita, su grupo de amigos la subía a la tarima para concursar en los bailes y ganarse la media de trago que rifaban. Como ella es abstemia, tenía su barra propia. Hoy en día, aún sus amigos la recuerdan en esos sabrosos tiempos de baile. Puede pasar el loco del pueblo, que al verla empieza a cantar: Una manita aquí, si, si, una manita allá, ajá y Cutibiri, cutibiri, cutibiri, cutibiri, cutibiri pacha. Siempre ha estado presente el tema del baile. Se acompaño del baile el resto de su vida, fiestas, en algunos gimnasios, talleres de danza y tomó clases de Belly Dance, luego encontró la tradición del baile árabe, esto le ayudo a explorar partes de su forma de ser, cosas que nacieron con ella y eso la hace sonreír. La danza le ha ayudado, la anima. Es importante darse cuenta que por medio de la danza puede dejar de tener los pies en la tierra, sentirse sublime, ver que los ojos de la gente están fijos en lo que hace y lograr su atención por unos segundos. Les gusta lo que ella hace, les trasmite buena energía, eso es increíble. Es el alimento de un espíritu artístico. Poder mostrar con movimientos la tristeza, la felicidad, la mantiene en un equilibrio emocional y mental. Ella dice que en este pequeño montaje, sumado al ejercicio de la fotografía, pudo conectarse otra vez, con su ser. A veces se vive para trabajar, para pagar, para los hijos y eso permite que uno se pierda de uno mismo. Estos proyectos le dejan el aviso: Hey! Vive tu vida, aprovecha lo que tienes, tienes cosas especiales. Sentirse bien, vivir la vida como si este fuera el último día. El programa lo llama: Tarde Colombiana con danza, tamal y chocolate. En un pequeño salón inician los ensayos, allí la acompaña Juanito, su amigo y profesor de danza. Dicen que son dieciséis tiempos. uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis. Tienen que contar cuatro tiempos antes de salir. El pateo hay que seguir practicandolo un poco más. Así llegaron a este fanzine las Vueltas Antioqueñas, el Bambubo y el San Juanero. Larga vida al baile. Abó.


vestuario_


maquillaje


luces, camara_ accion


“un sueno cumplido”


Zipacity Fanzine agradece de todo corazón a Ana Paulina Malaver Baracaldo y a Juan Gómez Muñoz por todo el esfuerzo y dedicación para la producción de este onceavo fanzine. Les deseamos lo mejor en sus próximos proyectos. Todas las imágenes son propiedad intelectual de la Zipacity Fanzine. Este fanzine es una idea de Abó. Zipaquirá, Colombia. Agosto de 2013.

agradecimientos a:

www.lazipacity.com


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