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octubre 2012

enseÑanos a


palabras de Charles F. Stanley

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Amor por la oración La vida, en última instancia, se reduce a una sola cosa: al amor. Deténgase y piense en esta afirmación mientras mira a su alrededor por un momento. Los programas de televisión, las películas, los libros y las revistas, todos parecen estar de acuerdo en que las personas de hoy están buscando un amor duradero que las llene. Pero debajo de la superficie de la vida cotidiana, las personas en todas partes se sienten solas, y temen que siempre será así. Hacen sus compras, van al trabajo, e incluso asisten a la iglesia, mientras se preguntan cuándo desaparecerá el vacío que sienten. No hay nada malo en desear tener un cónyuge, hijos o la esperanza de hacer buenas amistades. Pero ninguna de estas cosas será suficiente para satisfacer nuestra necesidad más profunda o que solo el Señor puede llenar. La vida tiene que ver básicamente con el amor, porque Dios es amor (1 Jn 4:8), y nos hizo para tener una relación con Él. Lo que quizás no sabe, es que esto significa que la oración tiene que ver básicamente, también, con el amor. Tenemos la tendencia a pensar que la comunicación con Dios es una tarea aburrida, algo para lo que no somos buenos; a sentirnos culpables por no hacerlo; y no entendemos por qué debemos tomarnos el trabajo de orar. A muchos de nosotros se nos enseñó desde muy pequeñitos que la oración es simplemente hacer peticiones en un solo sentido a Dios, y nunca hemos crecido en nuestra comprensión de la misma. Pero la oración es mucho más: es la comunión de vida, llena de gracia, con Padre, Hijo y Espíritu Santo. La oración, junto con la fiel lectura de las Sagradas Escrituras, es nuestro recurso más poderoso para tener una experiencia con Dios y crecer en nuestra relación con Él. Es en estos momentos de comunión y de conversación que oímos más claramente su voz, confesando nuestro pecado, pidiendo perdón y recibiendo sanidad para las heridas. La oración impide que nos sintamos solos. Nuestra relación con el Señor, no sólo nos llena a nosotros mismos sino que alcanza a otros también. Su amor infinito produce en nosotros un desbordamiento, una abundancia del corazón que ayudará a saciar la sed del mundo necesitado que está a nuestro alrededor. ¿No es eso algo por lo que vale la pena orar?

tal vez no se ha dado cuenta que la oración se trata de amor”.

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conte nido

Esta publicación de ®

es para la Gloria de Dios

Dr. Charles F. Stanley

a r t Í c u l o s

P residente y F undador

C. Phillip Bowen director e j ecutivo

John E. Courtney, Jr. VICEPRESIDENTE DESARROLLO Y MERCADEO

Cameron Lawrence EDITOR EN JEFE

Victor M. Rodriguez D irector de C ontenido

Martha Alvarez Restrepo E ditora

Nora T. Hernández C oordinadora de mercadeo

Marianela Da Silva D ise ñ adora gr á fica

Steve R. Lindsey D I R E C T O R D E M AT E R I A L E S Y DISTRIBUCIÓN

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Cuando usted ayuna

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La vergüenza

POR charles f. stanley

por Edward T. Welch

Jesús dio por hecho que el ayuno sería una parte de la vida de oración de sus seguidores

¿Está usted demasiado sucio para orar?

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Desde el vientre de la bestia por Winn Collier

Cómo orar cuando la vida se vuelve oscura

David Blahnik GERENTE DE PRODUCCIÓN

OFICINA EE. UU. P.O. Box 48900 Atlanta, Georgia 30362 1-800-303-0033 770-936-6281

La misión de la revista En Contacto

En la portada: Una vereda iluminada por el sol en las afueras de Roma, Italia. Foto por Charles F. Stanley.

secciones

18 poderoso en espíritu 22 Si Él quiere, yo también

Cuando la oración no es tal

P or Ja mi e A . Hu gh e s

P or San dy Fe it

A veces, tocar fondo es la única manera que tenemos de comenzar a mirar hacia arriba.

En cuanto a la oración, la salud espiritual es un asunto del corazón.

es estimular a todo creyente a cultivar una relación más estrecha con el Señor Jesucristo y apoyar la labor de la iglesia local. Lea la versión digital de esta revista en: encontacto.org Comentarios sobre la revista: editor@encontacto.org

Soluciones bíblicas

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encuentro con Jesús

Devocionales diarios extraídos de las predicaciones del Dr. Stanley

PRODUCIDO POR IN TOUCH FOUNDATION, UNA ORGANIZACIÓN DE APOYO A MINISTERIOS EN CONTACTO® Revista En Contacto©, octubre de 2012. Tomo XIII, no1. Todos los derechos reservados. Impresa en los Estados Unidos de América. La revista En Contacto no se hace responsable de la publicación ni EVA NGE LIC A L distribución de ediciones internacionales, ya sea en inglés o traducidas, a no ser que la edición haya sido autorizada por el personal administrativo de la revista In Touch, pu­blicada en los EE.UU. A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina Valera de 1960, Sociedades Bíblicas Unidas. PRESS ASSO C IATION


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 ayuna

cuando usted

Ciñámonos a lo que dice la Biblia: Jesús dio por hecho que el ayuno sería una parte de la vida de oración de sus seguidores. Entonces, ¿por qué somos reacios a ocuparnos de esta práctica? He aquí la manera de comenzar. por c h a r l E S F . S T a N l E Y

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e todas las disciplinas espirituales, ayunar es probablemente la menos comprendida. Esta disciplina rara vez se enseña o se explica en la mayoría de las iglesias hoy, y pocos cristianos saben por qué deben hacerlo o para qué sirve. En una cultura que promueve la satisfacción, no el sacrificio, el ayuno parece fuera de lugar. Pero Jesús nos llama a un nivel de devoción que va más allá de la conveniencia y la comodidad. A pesar de nuestra falta de conocimiento, ayunar era una práctica común tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Moisés ayunó durante cuarenta días cuando estuvo en el monte recibiendo los Diez Mandamientos (Ex 34.28). La reina Ester pidió a los judíos que ayunaran antes de que ella se acercara al rey de Persia en nombre de su pueblo (Est 4.16). Incluso encontacto.org

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Jesús ayunó durante cuarenta días antes de comenzar su ministerio público (Mateo 4.1, 2). Y la iglesia primitiva confiaba en esta práctica al pedir la dirección del Señor para las decisiones importantes (Hch 13.2; 14.23). Esta evidencia bíblica debe llevarnos a considerar seriamente la importancia del ayuno, pero Jesús ofrece aun más incentivo: su enseñanza sobre este tema (Mt 6.16-18). Él comienza diciendo: “Cuando ayunéis”, no “Si ayunáis”. Esto implica que ayunar debe ser una parte vital de nuestra vida cristiana. De hecho, el contexto de la enseñanza de Jesús incluye también instrucciones sobre dar (vv. 1-4) y la oración (vv. 5-15). Ninguno de nosotros excluiría estas prácticas, sin embargo, a veces consideramos que el ayuno es irrelevante o innecesario. El significado más básico del ayuno es no consumir alimentos. También puede aplicarse a otras actividades, tales como abstenerse de diversiones (Dn 6.18) o de la intimidad física entre esposos (1 Co 7.5). Ya que la Escritura no establece normas relativas a la duración de un ayuno, cada persona es libre de determinar su lapso de tiempo. Puede ser abstenerse de una comida o de varias, o incluso renunciar a algunos alimentos durante cierto tiempo. No importa cuál sea la forma, el denominador común es una actitud de súplica humilde delante de Dios.

¿Para qué sirve el ayuno?

Ayunar no es un plan de dieta o una varita mágica para lograr que Dios haga lo que usted quiere. Tampoco tiene el propósito de buscar el perdón. La sangre de Jesús derramada es la única fuente de expiación por los pecados. Sin embargo, como parte del proceso de purificación, el ayuno puede desempeñar un papel al ayudarnos a reconocer y arrepentirnos del pecado. El propósito de la oración y el ayuno es poner nuestros deseos naturales y físicos bajo el control del Espíritu Santo con el objetivo de escuchar a Dios. Cuando nos 6 |

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abstenemos de actividades que nos distraen, somos más capaces de discernir lo que el Señor nos está diciendo. Eso agudiza la mente y aumenta nuestra percepción espiritual.

Jesús nos enseñó cómo ayunar.

Cuando Cristo instruyó a sus seguidores en cuanto el ayuno, su enfoque no estuvo en el método o en la duración, sino en la actitud. En aquellos días, los fariseos seguían una rutina estricta, absteniéndose por lo general de comer los días lunes y jueves. El problema, al menos para algunos, era su motivación. Querían que todos pudieran verlos y alabarlos por su dedicación religiosa. En su esfuerzo por resaltar su piedad, ponían barro y cenizas en sus ropas, y se dejaban el cabello sin peinar. Jesús confrontó su hipocresía con sus enseñanzas en cuanto a la actitud correcta para ayunar: Con sinceridad. El ayuno nunca debe hacerse para exhibir nuestra devoción a Cristo. Se supone que sea un tiempo de comunión íntima y privada con el Señor. Jesús le dijo a la gente que se vistieran normalmente y que no llamaran la atención sobre sí mismos. Aunque nosotros hoy no usamos túnica de penitente y ceniza, podemos ser culpables de falta de sinceridad o farisaísmo por querer que otros vean nuestra sacrificial devoción. En secreto. Jesús nos aconseja ayunar de manera discreta, en vez de publicarlo abiertamente. Sin embargo, esto no significa que usted no pueda decirlo a quienes se ven afectados por su decisión. Por ejemplo, debe hacer saber a las personas cercanas a usted que no va a comer con ellos, si se sirve una comida compartida. El punto es mantener el ayuno entre usted y el Señor tanto como sea posible.


Jesús dijo: “Cuando ayunéis”, no “Si ayunáis”. Ayunar debe ser una parte vital de nuestra vida cristiana.

nos cuenta de que están ahí. Los síntomas son evidentes, pero no la causa; el poder de Dios y su gozo están ausentes, y nos preguntamos por qué parece que Él no responde a nuestras oraciones. Los pecados ocultos llenan lentamente las grietas de nuestra vida espiritual, de manera muy parecida a cómo se acumula el polvo. De la misma manera, el ayuno nos abre los ojos para vernos a nosotros mismos desde la perspectiva de Dios. Los pecados que no habíamos notado antes se vuelven evidentes de repente.

¿Por qué debemos ayunar?

Para tener dirección. Quizás la razón más frecuente que tienen las personas para ayunar, es para recibir dirección de Dios en cuanto a una decisión o situación. Aunque Él ha prometido instruirnos y enseñarnos el camino a seguir (Sal 32.8), a veces no podemos escuchar su voz hasta que lo buscamos diligentemente con oración y ayuno. Por eso necesitamos el proceso de limpieza profunda de un ayuno, para que abramos nuestros oídos espirituales. He entendido que este es un paso necesario, porque el ruido y el desorden del pecado deben ser quitados antes de poder oír de manera precisa la voz de Dios.

Para limpieza. Con el paso del tiempo, hábitos y actitudes pecaminosas pueden fijar su residencia en nuestras vidas sin dar-

Para tener liberación y protección. Los problemas son otro motivo para ayunar. Cada vez que nos encontremos en una situación en la que no podemos hacer nada, debemos seguir el ejemplo del rey Josafat en 2 Crónicas 20. Cuando Judá se vio amena-

Para el Señor. El objetivo es simple, realmente: buscar a Dios. Cuando hacemos un sacrificio para Él, el Señor se deleita en nosotros y promete una recompensa futura. Pero si empezamos a presumir frente a los demás, la alabanza efímera de ellos será la única recompensa que recibamos. Aunque hay muchos motivos para ayunar, creo que se pueden resumir en tres razones básicas:

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zada por tres poderosos enemigos, Josafat convocó a toda la nación para ayunar y clamar a Dios por salvación (v. 3). Y Él, por supuesto, vino a salvarlos. Una y otra vez a lo largo de las Escrituras, el Señor ha protegido a su pueblo cuando se han humillado con oración y ayuno, reconociendo su dependencia de Él. Si Él lo hizo por ellos, lo hará también por usted.

El ayuno honra a Dios y nos beneficia a nosotros.

Ayunar es un privilegio que nos ayuda a acercarnos más al Señor. Si el ayuno no ayudara y favoreciera a la oración, Dios no nos habría llamado a hacerlo. Incluso Satanás reconoce su poder. Él tratará de evitar que usted ayune, porque sabe que eso pondrá al descubierto cualquier cosa que esté impidiendo su efectividad para Dios, y desata el poder divino en su vida. El ayuno también revela quién tiene el control. Si usted no puede pasar por alto una o dos comidas con el fin de escuchar a Dios, tiene que reconocer que su apetito es quien manda. Incluso, si usted no puede ayunar por razones de salud, puede dejar de lado otras cosas para centrar su atención solamente en el Señor. Si desea buscar la dirección de Dios con verdadera humildad descubrirá que ayunar produce una agradable sensación de unidad con Dios. No puedo predecir lo que Dios hará en su vida, pero lo que ganará en última instancia será mucho más que la suma de lo que dio: más de Dios mismo. 8 |

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¿Conoce usted

a Dios?

Ayunar es un re curso que tien en los cristianos para ac ercarse más al Señor, pero si usted no ha puesto su fe en Jesús como su Salvador, es simplemente un ejercicio de autocontro l. Usted necesi ta comenzar una relación co n Dios por med io de su Hijo Jesucristo , quien murió en la cruz para librarle de l pecado y la m ue rt e. Todo lo que necesita es fe para acep tar su regalo de la salvación (Ef 2.8, 9). Pu ede utilizar la siguiente orac ión o sus prop ias palabras: Señor Jesús, creo que tú eres verd aderamente el Hijo de Dios. Confieso que he pecado contra ti en pensamient o, palabra y obra . Te ruego que perdones to dos mis pecado s, y que me permitas vivir en una relación co ntigo a partir de este momento . Te recibo como mi Salvador personal, acepta ndo la obra que realizaste en la cruz. Gracias por salvarme. Ay údame a tener una vida que se a agradable a ti. Amén. Con mucho gu sto le enviarem os nuestro material gratui to “Vida nuev a en Cristo”, para ayudarle a dar el siguie nte paso en su relación co n Dios. Puede llamar al 800-303-0033 , o visitar enco ntacto.org para más info rmación.


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¿Está usted demasiado sucio para orar? por E d w a r d T . We l c h

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igamos que usted tuvo un fracaso monstruoso, o le sucedió algo La raíz de la humillante, o que pecó. Ahora vergüenza parece que todo el mundo le mira La vergüenza es el de forma diferente. ¿Cuál fue su primera sentimiento proreacción? Ocultarse. Cerrar su cuenta de fundo de que usted Facebook. Mudarse a otro país. Eso se llama no es aceptable, por algo que hizo o por vergüenza, y le dan ganas de ponerse una máscara y huir de esas miradas penetrantes. algo que le hicieron. Sentir vergüenza Se siente sucio, e incluso podrido. Pero el asunto se vuelve peor: lo que ve en sus relaciones con los seres humanos, lo encontrará en su relación con el Señor. Esto significa que si evita a otras personas, entonces evitará también a Dios. En otras palabras, a veces podemos sentirnos demasiado sucios para orar. Cuando usted vive con la vergüenza, es posible que interceda por otras personas, pero rara vez orará por usted mismo, a menos que sea para confesar la misma cosa una y otra vez. Después de todo, ¿por qué pedir algo si cree que Dios está disgustado con usted?

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es el resultado de pecados que usted cree que sobresalen del resto. Por ejemplo, todo el mundo ha cruzado una señal de alto, pero no todo el mundo ha robado a una iglesia. Si usted es descubierto, no volverá a sentirse cómodo en la congregación. La confesión por sí sola no ayuda, por lo general, ya que puede que usted crea que el Juez dice: “inocente”, solo porque Jesús murió por usted –no porque sea tierno y misericordioso– y después sale del tribunal sintiéndose indigno todavía. Este sentimiento de indignidad es todavía más profundo cuando alguien ha pecado contra nosotros de una manera humillante.


Cualquier violación sexual hará sufrir vergüenza. Ser rechazado por los padres o los amigos, abandonado por el cónyuge, o ser el blanco de críticas, también pueden causarla. Tal vez usted ha sentido que ha hecho algo muy malo, y entonces inventa toda clase de cosas para confesarlas al Señor, pero nada de esto le hace sentir más limpio o aceptado. No importa lo que haga, la vergüenza sigue estando presente.

Vea y escuche

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i la vergüenza le impide tener comunicación verdadera con Dios, es necesario que reconozca que Él no le ve como usted piensa que lo hace. Las cosas no son siempre lo que parecen ser. Vea a Jesús en acción. Él va en busca de los enfermos y los poseídos por demonios (Lc 4.40, 41), de los marginados, ¿y qué hace? Los toca. Jesús demuestra que está dispuesto a asociarse con este tipo de personas, incluso sin importar lo que piensen los demás. Observe a Jesús con el leproso. Cuando el hombre lo ve, postra su rostro en tierra y le implora: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Jesús extiende su mano y toca el hombre. “Quiero; sé limpio”. (Lc 5:12, 13). Y luego están los “publicanos y pecadores”, o en otras palabras, la verdadera escoria de la sociedad. A solo pocos meses de haber iniciado su ministerio, Jesús ya tiene la fama de ser amigo de estas personas (Lc 7.34), lo que significa que tiene comunión con los más grandes y peores pecadores de la sociedad. Pero no es sólo eso, sino que también come con ellos –una señal concluyente de amistad y aceptación. ¿Está entendiendo el mensaje? Jesús no es como las demás personas. Él es Dios encarnado, que censura a los poderosos y busca a los que se sienten avergonzados. 12 |

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El toque más poderoso

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os evangelios están llenos de impactantes historias acerca de los que luchamos con la vergüenza. Piense en una en particular: la historia de la mujer atormentada durante doce años con una enfermedad que le producía una hemorragia constante (Lc 8.43-48). A pesar de que no tiene nada que confesar, todo el mundo la considera todavía inmunda por las creencias religiosas de la época. Seguramente que debe haber hecho algo terrible para merecer este sufrimiento, razonan. ¡Pero en un momento de gran audacia, y para horror de la muchedumbre, esta mujer extiende su brazo y toca a Jesús! ¿Cómo pudo hacer tal cosa? Las personas como ella deben mantenerse fuera de la ciudad con los leprosos, rechazadas por todos, como debe ser. Pero Jesús se da una vuelta, y le habla a la mujer con ternura. “Hija”, le dice con cariño, “tu fe te ha salvado; ve en paz” (v. 48). Y su hemorragia se detiene al instante. Algo que debemos entender sucedió con la mujer “inmunda”. Cuando ella sacó su brazo de en medio de la multitud y tocó a Jesús, Él dijo: “Alguien me ha tocado; yo sé que de mí ha salido poder” (v. 46 NVI). Este contacto fue como un fuerte abrazo. Ya


¿Está entendiendo el mensaje? Jesús no es como las demás personas. Él es Dios encarnado, que censura a los poderosos y busca a los que se sienten avergonzados. sabemos que a los ojos de la sociedad, esta mujer, en realidad, transmitió su impureza a Jesús. Pero lo que es menos obvio es que Él se ofreció voluntariamente para tomar esa contaminación, esa vergüenza. De todas esas personas infamadas y rechazadas a las que Él ministró, estaba tomando y llevando la totalidad de su suciedad. Y su plan era llevarla a la cruz y darle muerte, de una vez y por todas. Cuando la Escritura nos dice que de Jesús salió poder para la mujer, lo que significa es que Jesús le dio algo: se dio a sí mismo. Jesús da su santidad a quienes vienen para ser tocados por Él. Y en esa santidad hay limpieza, aceptación, protección, seguridad y amor. Lo mismo sucede con nosotros. Para que el intercambio tenga lugar, usted simplemente tiene que creer que Jesús es, quien quita la culpa y la vergüenza. Si usted ha sido violado sexualmente, por ejemplo, y pone su fe en Jesús como el que quitó su vergüenza de la cruz, eso significa que usted está ahora unido a Él. El Señor rompió las cadenas que le mantenían unido a la persona que le violó, y ahora, en vez de eso, Él se une a usted. Lo que le pertenece a Jesús, ahora le pertenece a usted. Y lo mismo se aplica para quienes hemos sido heridos, e incluso si somos nosotros quienes causamos el daño. Lo hecho es ahora parte del pasado. Ahora pertenecemos al Señor y somos nuevas criaturas en Él (2 Co 5.17). La vida de Cristo se convierte en nuestra vida, y en su amor encontramos paz y libertad.

El apóstol Pedro, que sabía acerca de la vergüenza después de negar a Cristo, identifica las bendiciones de este intercambio: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 P 2.9). Es por ello que eso de estar “demasiado sucio” para orar, no es verdad. En vez de eso, Jesús nos ha mostrado una verdad inequívoca: Él tiene un cariño especial por los marginados y los “impuros”, y está siempre deseoso de extender sus brazos en un cálido abrazo. Nosotros simplemente tenemos para recibir su toque. Eso significa decirle: “Sí, confío en ti para que quites mi vergüenza”, o, simplemente, “Ayúdame”. Lo que importa es que usted venga al Señor –tal como está– para hacer esa conexión, y no seguir escondiéndose de Él. Entonces descubrirá que tiene muchas cosas de que hablar abiertamente con Él – oraciones de acción de gracias, pedirle que satisfaga con abundancia sus necesidades personales, y sí, orar por su familia y sus amigos. Ellos también necesitan, desesperadamente, conocer este maravilloso regalo que Jesús selló para nosotros con su muerte y resurrección: su vida por la nuestra; su amor inmutable y sanador –para siempre. Edward T. Welch, M.Div., Ph.D.,es psicólogo y autor de muchos libros, entre ellos Shame Interrupted: How God Lifts the Pain of Worthlessness and Rejection (La vergüenza interrumpida: Cómo Dios quita el dolor del sentirse indigno y rechazado) (New Growth Press, 2012). encontacto.org

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porFE

desde el vientre de la Bestia C贸mo orar Cuando la vida se vuelve osCura por

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En ContaCto

Winn Collier


Estuvieron enterrados vivos

en una pequeña caja de acero, a 3.000 pies [900 metros] bajo tierra durante catorce brutales días. Estaban desesperados, pero al menos no estaban solos. A comienzos de abril de 2006, tres mineros australianos –Larry Knight, Webb Brant y Todd Russell– estaban trabajando en una centenaria mina de oro cuando se produjo un terremoto, matando a Knight y dejando atrapados a los otros dos en una estrecha jaula de seguridad, sepultados por toneladas de escombros y rocas, a más de media milla de distancia de aire puro. Durante dos semanas de agonía, Brant y Russell soportaron el sofocante encierro de su espacio claustrofóbico. La situación era aterradora, y por tener sus extremidades inferiores inmovilizadas por los escombros, pensaron en amputarse las piernas con un cortador de cajas si era necesario que lo hicieran para poder sobrevivir. Para contrarrestar el pánico que se estaba apoderando de ellos, enfrentaron su terrible situación por medio del humor y la música. Al tratar de encontrar una canción cuya letra conocieran ambos, escogieron The Gambler, de Kenny Rogers, y pasaron esas horas horribles recordando el mensaje de esa canción en cuanto a lo inestable que es la tierra que nos rodea. En esos momentos difíciles nos apresuramos a orar, ya sea que estemos acostumbrados a hacerlo o no. Al darse cuenta de la posibilidad real de que nunca más podrían ver a sus familias, ambos hombres escribieron mensajes de amor y afecto sobre su piel, el único pergamino que tenían. Milagrosamente, los mensajes no fueron necesarios. El 25 de abril, después de dos semanas inimaginables de estar enterrados vivos, fueron sacados de esa oscura tumba por manos de rescatistas. Jonás conoció este desesperante encierro. Dios le dijo que fuera a Nínive, pero en vez de eso corrió en dirección contraria. Al llegar a la ciudad portuaria de Jope, cogió un boleto para subir a la primera embarcación que pudo encontrar. La Biblia habla de pistas en cuanto al descenso en espiral de Jonás: Descendió a Jope; después descendió a la embarcación; y luego descendió más (literalmente: “a los confines de”) al interior de la nave (Jon 1.3, 5). En todos los sentidos, Jonás estuvo descendiendo. Pronto descendería también al interior del vientre de un pez.

Dios no iba a permitirle a Jonás que corriera para siempre, y por eso envió una tormenta para que detuviera la huida del hombre. El agua se estrellaba contra la cubierta del barco, y Jonás sabía cuál era la solución. La tormenta podía calmarse, pero los marineros tendrían que lanzarlo al agitado mar. Los hombres se resistieron a hacerlo, pero en un momento de desesperación, antes de que la embarcación se hiciera pedazos, la tripulación arrojó a Jonás por la borda. Dios vino al rescate, aunque de una manera poco convencional: un animal de las profundidades se tragaría a Jonás. Dios tenía “preparado” (y no puedo evitar reírme encontacto.org

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el seÑOr entrÓ en el OsCUrO vientre de la MUerte POr nOsOtrOs, lO QUe siGniFiCa QUe nUnCa entrareMOs en Un lUGar OsCUrO sOlOs.

de esta palabra) un enorme pez para que tuviera de cena al hombre (v. 17). Puesto que sabemos cómo termina la historia, podemos dar un suspiro de alivio por Jonás. Pero si usted es un tipo que es lanzado a las olas furiosas y tragado por una gigantesca criatura marina, nada de esto le parece una buena noticia. Dios “preparó” a Jonás y se ocupó de él, sumergiéndolo en las profundidades, en la muerte. La Biblia nos dice que después de haber sido lanzado al violento abismo y tragado por el animal, Jonás instintivamente se volvió a Dios. “Desde el vientre del pez”, dice el texto, “oró Jonás” (2.1). Cuando estamos más desesperados y más frustrados, cuando todas nuestras maneras habituales de manejar el caos a nuestro alrededor son inútiles, entonces la mayoría de nosotros oramos. La vieja frase dice que uno no encontrará ateos en las trincheras. Usted podría decir lo mismo, de estar en el oscuro vientre de un pez o, en realidad, dentro de cualquier lugar oscuro en que nos encontremos.

Agatón, un cristiano del siglo IV, dijo: “La oración es una batalla hasta el último aliento”. Orar es resistir la tentación a lo que está mal en el mundo y volverse a Dios, quien puede tomar lo que está mal y transformarlo en bien. En el último año, dos matrimonio que son mis amigos, han padecido trágicas crisis debido a la salud de sus hijos. Ambas eran situaciones de vida o muerte. Las dos crisis ensancharon al máximo la fe y el equilibrio mental de los padres. Ambas parejas se encontraron de inmediato orando, y pidiendo también a otros que hicieran lo mismo, por la ayuda de Dios. Esta instintiva súplica no fue provocada por el consejo de un pastor, ni tampoco por haber creído que el hacer eso salvaría la vida de sus hijos. Más


bien, las agónicas oraciones que ofrecían surgían de un profundo dolor que había en sus almas, y de su instintiva y tenaz fe en Aquel que podía realmente ocuparse de toda su angustia. La Biblia nos dice que Jonás oró desde las profundidades de la tumba (v. 2). La traducción cruda dice que Jonás clamó desde “el vientre del Seol”. En el Antiguo Testamento, el Seol representaba el mundo de los muertos. Algunos eruditos dicen que el Seol no era entendido como la vida venidera de la manera que enseña el Nuevo Testamento, sino más bien como un lugar donde la vida ha sido completamente silenciada. El teólogo Philip Cary describe al Seol como “lo que es la muerte antes de todo lo que fuera cambiado por la resurrección de Jesucristo”. En otras palabras, Jonás estaba ahogado en la muerte, y no podía pretender que su situación no fuera desesperada. Como le gustaba decir a Flannery O’Connor: “Usted no puede conseguir algo que sea peor que la muerte”. Desde este lugar, desde las profundidades de la muerte, oró Jonás. Haciéndose eco del lenguaje de los Salmos (el libro de oraciones que desde su infancia lo había instruido en el lenguaje del alma), Jonás oró desde el oscuro vientre del pez, diciendo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares… Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo… (Jon 2.2, 3, 5)

¿Quién de nosotros no conoce estos lugares oscuros, donde las aguas sofocantes nos rodean? Algunas de nuestras pruebas pueden ser causadas por nosotros mismos, como sucedió con Jonás, pero muchas veces no es así. ¿Quién no ha experimentado la aterradora oscuridad que rodea a un padre cuando le pone fin a nuestra sagrada confianza; cuando un jefe nos dice que hemos perdido nuestro trabajo; o cuando el matrimonio enfrenta problemas serios? En esas oscuras situaciones, no tenemos que analizar nuestras palabras o mantener nuestras emociones bajo control. Podemos clamar a Dios (como Jonás) en la angustia, el desconcierto y el terror. El Señor puede manejar cualquier cosa que tengamos que darle.

Porque Jesús soportó el terror de la cruz, no hay oscuridad que padezcamos que Él no haya sufrido antes que nosotros. El Señor entró en el oscuro vientre de la muerte por nosotros, lo que significa que nunca entraremos en un lugar oscuro solos. Este hecho cierto de que Dios actúa a favor nuestro, resuena con las palabras finales de la oración de Jonás desde su oscura tumba: “La salvación es de Jehová” (v. 9). Este es el Dios a quien que oramos: el Dios de Moisés, quien fue librado de la mano de Faraón; de Isaac, quien fue salvado de un altar de sacrificio; de Jonás, quien fue rescatado del vientre oscuro de un pez; y de Jesucristo, quien fue liberado de la tumba, y quien nos ofrece ahora a todos la libertad del poder de la muerte. No sabemos cómo responderá nuestro bondadoso Dios nuestras oraciones. Pero sí sabemos que Dios se inclina hacia nosotros para escuchar, y sabemos que, al final, Él nos rescatará. Es por esta fe y esta esperanza que oramos. Incluso –y especialmente– desde el oscuro vientre de la bestia.

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PODEROSOenESPÍRITU

Si

Él

Quiere, Yo También

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Jamie a. HugHes

la primera noche que no podía sentir mis piernas. Estaba sobre el piso del medio cuarto de baño de mis padres: las losas de cerámica absorbían el calor de mi cuerpo, mientras yacía tumbada en medio de la oscuridad y las lágrimas se acumulaban en mis orejas. Estaba paralizada de la cintura hacia abajo, no porque mis seis pies de altura habían estado encogidos en ese pequeño espacio demasiado tiempo, sino por una lesión en la espalda del tamaño de tres monedas de diez centavos apiladas. En ContaCto


Apenas unos días antes, había sido diagnosticada con esclerosis múltiple, una enfermedad neurológica incurable que había dañado, y seguía dañando, mi sistema nervioso. No hay manera de predecir cuándo o dónde aparecerá, ni qué tan severo será el dolor. Este tipo de noticias es difícil de escuchar pero para mí, era como una sentencia de muerte. Hasta entonces, la única vez que había estado en un hospital tuvo que ver con un uniforme de rayas multicolores, y mis registros médicos eran más cortos que la Segunda Epístola de San Juan. Pero, por causa de dos letras –E y M– [Esclerosis Múltiple] mi vida se convertiría en una existencia de inyecciones, resonancias magnéticas e incertidumbre. Sin razón alguna, mi cuerpo me había traicionado. No es posible que esto esté sucediendo, me decía. Me despertaré mañana y me sentiré normal. Cuando eso no sucedía, me enojaba, me sentía herida, y desesperada. Nada mejoraba. A pesar de mis esfuerzos, quedaba emocionalmente y físicamente amoratada. Hasta el día de mi diagnóstico, me había pasado la vida tallando versiones cada vez más grandes de mí misma como una muñeca matryoshka rusa, hasta que ya no pude reconocer lo pequeña que yo era verdaderamente. Mi salud, mi educación, mi familia y mi estabilidad económica habían servido como cascarones aislantes entre Dios y yo, cegándome a la verdad de que siempre dependería –y seguiría dependiendo– de Él para todo. Hasta que toqué fondo un día, en el piso de ese cuarto de baño, hablando con Dios como nunca lo había hecho. “No puedo, Señor”, le dije. “Esto es demasiado grande, y no voy a sobrevivirlo sola”. Por primera vez en mi vida oré de verdad, fervientemente. En las semanas que transcurrieron entre el saber que tenía la enfermedad y ese momento de oración desesperada, llegué a entender lo impotente que soy; cuán

vacíos eran, en realidad, esos cascarones exteriores que había construido. Mi inteligencia y mi educación, a pesar de lo orgullosa que estaba de ellas, no me servían de nada. Mi familia, con todo su amor, y ninguna cantidad de dinero podía hacerla desaparecer. Cuando Dios terminó de reducir poco a poco esas supuestas defensas, lo que quedó de mí era una versión más pequeña y más humilde de mí misma– libre de falsas ilusiones y aterrorizada por la verdad. Me había criado en la iglesia y recibido a Cristo cuando era una niña, pero hasta ese momento había conocido a Dios sólo en teoría –no en persona. O, para decirlo con las palabras de Job, mis oídos habían oído, pero mis ojos aún no lo habían visto (Job 42.5). Me derrumbé bajo el peso de mi enfermedad. Y en ese momento de quebrantamiento, Dios me repitió las palabras que dijo el apóstol Pablo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co 12.9). Me gustaría decir que ese momento fue una revelación inmediata, y que salí del diminuto cuarto de baño de mis padres convertida en una persona diferente; pero la verdad es que eso tomó tiempo. Necesitaba espacio para respirar, y para entender por que Dios había permitido que esa enfermedad tocara mi vida. Quebrantada por el dolor y la confusión, me había vaciado totalmente. Era allí donde mi Padre celestial quería que yo estuviera, antes de comenzar mi recuperación. Tuve que entregarle mi alma y mi cuerpo antes que Él me devolviera este último. Hoy, doy gracias a Dios por el aguijón en mi carne, el recordatorio constante de mi pequeñez, ya que por la presencia de ese aguijón “estaba yo postrada, y me salvó” (Sal 116.6). Antes de ser disciplinada, tenía planes desmedidos para mi vida, ninguno de los cuales implicaba buscar o servir a Dios. Pero ahora veo la realidad de esas ambiciones: intentos vanagloriosos y poco encontacto.org

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Mi enfermedad fue una respuesta a una oración que todavía no había hecho, una súplica que no sabía que era necesario que hiciera.

gratificantes, de construir un imperio para mí sobre el fundamento de la arena movediza. Si el Señor no me hubiera sometido por su gracia a ese momento, sé que al final, con el tiempo, habría llegado a ese mismo lugar doloroso. Al igual que David, caí bajo la mano del Señor y fui sometida a “tres días de peste” en vez de siete años de hambre (2 S 24.10-14). En cierto modo, mi enfermedad fue una respuesta a una oración que todavía no había hecho. Tres meses después de aquella noche en el piso del cuarto de baño, la sensibilidad volvió a las plantas de mis pies –la primera parte de mi cuerpo que se había entumecido. Aparte de rebrotes menores controlados por medicamentos, ahora vivo de manera muy parecida a como lo hacía antes de mi diagnóstico. Todos los impedimentos potenciales que temía no se han manifestado todavía, y los médicos dicen que mi pronóstico es bueno. Sin embargo, mi bienestar no tiene nada que ver con la técnica de ellos ni con mis méritos. El Señor me amó lo suficiente como para permitir que una plaga se acercara a mi tienda (ver el Salmo 91) para atraerme a Él. Pero cuando su propósito se cumplió, lo hizo retroceder tan fácilmente como lo hizo una vez con el Mar Rojo. Santiago dice a los creyentes: “No sabéis lo que será mañana… deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Stg 4.14, 15). Esta declaración condicional resume todo lo que he aprendido a lo largo de ocho años llenos de oración, viviendo con la EM: Si Él quiere, yo también. Pase lo que pase, sé que Dios lo ha permitido para su gloria y para mi santificación. Porque pertenezco a Jesucristo, no vivo en el temor a lo desconocido. En vez de eso, redescubro un milagro cada mañana: soy capaz de caminar, ver y pensar, y mi primer pensamiento es para alabarlo, para glorificar su nombre, con todo lo que soy y con todo lo que hago. La curación que Dios obró en mi cuerpo, es evidencia de la restauración que realizó primero en mi alma. Son dos cosas que no tengo en poco, y oro porque eso nunca cambie.


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octubre 2012 El poder del espíritu que discierne I El poder del espíritu que discierne II EACD- En armonía con Dios (4 CDs) Cómo andar en armonía con Dios I Cómo andar en armonía con Dios II En momentos de prueba I En momentos de prueba II VOLMCD- La vida de oración de un líder ministerial (4 CDs) La oración y la vida personal La oración y el liderazgo La oración y la proclamación La oración y el conflicto LBCD- La buena conciencia (2 CDs) La buena conciencia I La buena conciencia II La buena conciencia III La buena conciencia I La buena conciencia II La buena conciencia III SATACD- El ataque satánico (4 CDs) La estrategia de Satanás I La estrategia de Satanás II La fuerza para estar firmes MACCD- Mensajes acerca del cielo (6 CDs) La vida en el hogar celestial El Dios que se interesa y nos ha preparado el cielo Un lugar llamado cielo Una nación en necesidad de oración

TV 10/07/12 10/14/12 10/21/12 10/28/12

Nuestro Dios de las promesas Las preciosas promesas de Dios El cumplimiento de una promesa Cómo acogerse a una promesa

La buena conciencia ¿Qué es, en realidad, la conciencia? ¿Es algo que han inventado los psicólogos, o tiene la Biblia algo que decir en cuanto a ella? El Dr. Stanley nos enseña, por medio de esta serie, del poder y de la bendición de tener una conciencia limpia y libre de culpa, y enseña cómo escuchar las advertencias de ésta para siempre honrar a Dios. uSerie en 2 CDs | LBCD $8 uSerie en 2 DVDs LBCDVD $16

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solucionesBÍBLICAS

Cuando la oración no es tal En cuanto a la oración, la salud espiritual es un asunto del corazón. por

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sanDY FeiT

o quiero ser la hija mayor!” Esta se ha convertido en mi angustiosa respuesta a la inversión de papeles en que me encuentro –de ser una “madre” para mi madre–, y a las decisiones cada vez más serias que rodean a la atención terminal de una persona. No es que me queje de la tarea. Por el contrario, veo el cuidar de mamá como un privilegio, que no cambiaría con mi hermano o mi hermana, que viven fuera del estado. Pero este es un

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honor severo, y a pesar del apoyo de mis hermanos y de sus visitas tan apreciadas, he estado sintiendo el peso y la soledad de esta responsabilidad. Hay también otra dimensión. Estoy preocupada por mamá, espiritualmente. Por más de tres décadas, Dios me ha estado escuchando pedir, rogar y clamar en favor de ella. Pero con cada día que pasa, mi sueño de ver respondida esta ferviente oración parece menos probable. Como resultado de esto, vivo en la ten-


sión de Marcos 9.24, el versículo donde el padre desesperado grita: “¡Ayúdame en mi poca fe!” (NVI). En este perturbador estado, la línea que hay entre la fe y la duda se vuelve borrosa. Yo estoy segura de que Dios puede, pero no tengo la certeza de que lo hará. Después de todo, he sido testigo de sus milagros en otras personas, así como de la mía, pero también lo he visto decir “no”. Por eso, pienso en lo que sí estoy segura: que no puedo mover la mano de Dios; que no debo abusar de Él, o que no debo tentarlo (Dt 6.16); que la arcilla no tiene por qué decirle al alfarero lo que debe hacer (Is 29.16). Y repaso la manera como Él quiere que oremos. ¿No nos dice el Señor que le presentemos nuestras peticiones (Fil 4.6), y que lo hagamos sin cesar (1 Ts 5.17)? ¿No nos asegura Él que nuestras fervientes oraciones pueden mucho (Stg 5.16)? Así que, le recuerdo su promesa que apoya lo que yo deseo–que Él no quiere que nadie perezca (2 P 3.9); que Él es aquel que “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti 2.4). Y, como nos invita Él en Mateo 7.7, yo sigo pidiendo, buscando y tocando. ¿Por qué, entonces, mi ardor por orar “bien”, me lleva de alguna manera a una situación que está en contra de la intención misma de Dios en cuanto a la oración? Yo soy fervorosa. Sin embargo, con el paso del tiempo, en su silencio que se prolonga, y ahora con el empeoramiento de la condición médica de mamá, mis sinceras súplicas están sonando como peticiones mecánicas. ¿Pudiera ser esto la repetición vana contra la cual nos advierte Mateo 6.7? ¿Creo que por mi mucha palabrería seré oída? Cuando me detengo a pensar en esto honestamente, me doy cuenta de que la desesperación ha convertido a la oración en un frenesí. Dios les dice a sus justos que clamen (Sal 34.17), pero al hacerlo, aún puedo detectar una falta de fe que daña mi

obediencia. O por lo menos, mi celo arruina cualquier posibilidad de “estar quieta”, de “echar de mí la ansiedad” o simplemente de acercarme al Señor para tener descanso (Sal 46.10; 1 P 5.7; Mt 11.29). En el curso de una semana, dos cristianos distintos observaron mi extenuación (¿desesperación?) y me aconsejaron –uno de ellos lo dijo enérgicamente– que dejara de orar por esta petición. Fue una sugerencia que me sacudió. En vez de eso, le dijeron a mi esposo que orara por ese resultado específico, pero a mí me aconsejaron que me centrara en otra cosa: en la fidelidad y la ayuda de Dios, y en las muchas garantías de su amor que se encuentran en las Escrituras. Evidentemente, reconocieron que, en este caso, la oración se había convertido en algo distinto a la oración misma. Me había esfor-

La manera como oraba estaba teñida de incredulidad, y de hecho alimentando mis dudas y mi desasosiego. zado por hacerlo todo conforme a la Biblia, pero al hacerlo, la dependencia de la absoluta confianza en Dios se había convertido en un intento legalista de tener yo el control. A pesar de mis mejores esfuerzos y de mis buenas intenciones, la manera como oraba estaba teñida de incredulidad, y de hecho alimentando mis dudas y mi desasosiego. El consejo de “cesar y desistir” me impactó, al permitirme observar la realidad de cómo me acercaba a Dios en la soledad de mis responsabilidades. Y aunque aún tengo que mejorar, al menos veo que la solución a “ser la mayor” es simplemente venir al Señor, confiada, como un niño pequeño (Mt 19.14). Y la solución a la sensación de sentirme sola, es darme cuenta de que nunca lo estoy. encontacto.org

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lunes

Fuerte y firme por la oración

leer NEHEMÍAS 1.1-11

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ehemías era un hombre que vivía sobre sus rodillas. Cada vez que necesitaba orientación, fuerzas, ayuda o protección, su primera respuesta era la oración. Por su humilde dependencia de Dios, Él pudo usarlo poderosamente para llevar a cabo sus propósitos. Este principio sigue siendo cierto para los creyentes hoy. El Señor puede usarnos de la manera más impresionante si lo buscamos y nos ponemos a su disposición. Para seguir el ejemplo de Nehemías, de dependencia en la oración, debemos primero reconocer a Dios como el Soberano del universo (v.5). Aunque Él es nuestro Padre tierno y Amigo fiel, no debemos olvidar que es también nuestro sublime y exaltado Creador cuya santidad está más allá de nuestra comprensión. Nunca pensemos en Dios como “el de allá arriba”, ni vengamos a su presencia de una manera frívola. Nehemías respetaba la avasallante santidad de Dios, y por eso se acercaba a Él con confesión, reconociendo su pecado, el de su padre y el de Israel (vv. 6, 7). No podemos ocultar, negar o recrearnos en el pecado, y esperar que el Señor escuche y responda nuestras oraciones. La pureza de corazón y el poder de Dios están unidos. Necesitamos la sensibilidad para reconocer cuándo nos hemos desviado, y la disposición para encarar de inmediato al pecado. r e f l e x i Ó n

Foto por Charles F. Stanley 24 |

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La razón por la que Nehemías se mantenía tan fuerte y tan firme, no se debía a sus capacidades naturales, sino a una relación de dependencia del Señor mediante la oración. No se apresure a enfrentar el día sin apartar tiempo para entrar en el trono de Dios para buscar su dirección.


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martes

Oración en tiempos de incompetencia

l e e r N ehemías 2 . 1 - 1 0

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miércoles

La oración: Ahorra tiempo

LEER SALMO 143.5-12

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espués que Nehemías se enteró de la desesperada situación de los judíos que habían regresado del exilio a Jerusalén, su corazón estaba agobiado (Neh 1.3, 4). Al conseguir su atención de esta manera, el Señor pudo revelarle a Nehemías lo que Él quería que hiciera. La Escritura no detalla su reacción al darse cuenta de que iba a ser parte de la solución, pero podemos imaginar la sensación de incompetencia que lo envolvió. ¿Cómo podría él ser de ayuda? Ni siquiera estaba cerca de Jerusalén, y en su posición como servidor del rey, no tenía la libertad de hacer las maletas y marcharse. Pero, cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, Él abrirá una puerta para llevar a cabo su voluntad. En este caso, el Señor usó la expresión de tristeza y la desesperada oración de Nehemías para preparar a un rey pagano para que lo enviara en su misión. ¿Cómo responde usted cuando siente que el Señor le está llamando a una tarea que parece estar más allá de sus capacidades? ¿Hace una lista de todas las razones que tiene para no hacerla? Dios ya conoce todo sobre usted y la situación. No le está pidiendo su permiso para proceder, sino que le está llamando a avanzar con fe y obediencia. Él no cometió ningún error al escogerle para la tarea, pero usted cometerá un gran error si se niega a realizarla.

n qué piensa usted cuando se despierta? ¿Se enfocan sus pensamientos en el día que tiene por delante, o se centran en el Señor? Aunque la mayoría de nosotros tiene una vida ocupada que consume gran parte de nuestra atención y nuestro tiempo, lo más importante y lo que nos ahorra más tiempo en el día es el tiempo que pasamos a solas con Dios. Sin embargo, muchos creyentes viven tan apresurados que no piensan que hay tiempo para el Señor. Saltan de inmediato al tráfago de la vida, y después se preguntan por qué están frustrados, confundidos e insatisfechos. Su deseo es obedecer a Dios, pero no se han detenido a recibir sus instrucciones. También hay una falta de conexión, porque han hecho caso omiso de su relación con Él. Nadie puede tener intimidad con Cristo sin una comunicación diaria con Él. Tal vez el problema es nuestra lógica humana. Creemos que pasar tiempo leyendo la Biblia cada mañana nos quitará tiempo y productividad. Sin embargo, cuando buscamos la dirección y la sabiduría de Cristo para el día y lo invitamos a tener el control de nuestra vida, Él logrará más por medio de nosotros, que lo que podemos hacer por nosotros mismos. Él nos dará la sabiduría para tomar buenas decisiones, aumentar nuestras fuerzas y energías, y liberarnos de la ansiedad que consume nuestro tiempo.

r e f l e x i Ó n

r e f l e x i Ó n

Dios le preparará para seguir su llamado. El Espíritu Santo mora en cada creyente, y hace que cumplamos con la misión del Señor. No deje que el sentimiento de incompetencia le impida obedecer, mas bien póngase de rodillas para que pueda levantarse con una visión y un poder renovados.

¿Está usted demasiado ocupado para el Señor? Si es así, se está negando a sí mismo la bendición de tener una relación íntima con Cristo. Si aparta tiempo para Él, recibirá paz y gozo, guiará sus decisiones, le dará sabiduría y poder para obedecer, le volverá más productivo, y le consolará con su amor. encontacto.org

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jueves

Para orar e impactar

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viernes

Una oración para todos

leer 1 JUAN 5.14, 15

l e e r COLOSENSES 1.9-14

ado que la oración es una práctica común de los creyentes, es fácil con el tiempo caer en hábitos que dan como resultado una vida de oración apática y vacía. En vez de tener una conversación dinámica con peticiones bien pensadas, y un oído activo a la respuesta de Dios, nuestras oraciones pueden parecerse más a una lista de compras. La comunicación con el Señor es una parte muy vital de la vida cristiana, y por eso necesitamos examinar lo que estamos haciendo. Comience por hacerse las siguientes preguntas: • ¿Qué tan efectivas son mis oraciones? ¿Está Dios respondiendo mis oraciones, o parece que éstas nunca pasan del techo? • ¿Por quiénes estoy orando? ¿Son la mayoría de mis peticiones por mí mismo, o por los demás? • ¿Qué le pido al Señor que haga? ¿He mirado su Palabra para ver lo que Él quiere, o estoy tratando de que intervenga de acuerdo con mis planes y mis deseos? • ¿Cuándo oro? ¿Solamente en situaciones de emergencia o cuando necesito algo? Si descubrió algún egoísmo en sus oraciones, no es el único. Muchos tenemos problemas para entrar a la presencia de Dios con nuestros ojos centrados en Él. La única manera para orar con impacto, es llenar nuestra mente con la Palabra, para saber así qué quiere hacer el Señor.

Si alguna vez ha estado usted confundido en cuanto a cómo debe interceder por alguien, la oración de Pablo en Colosenses es apropiada para toda persona y toda situación. Porque encaja a la perfección con la voluntad de Dios, usted puede hacer uso de estas peticiones con mucha confianza, tanto a favor de usted como de los demás: • Ser llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. No sólo necesitamos conocer el plan de Dios para nuestras vidas; también se requiere discernimiento para distinguir su voz. • Andar como es digno del Señor, agradándole en todo. Nuestras vidas deben tener como modelo a Aquel que seguimos, para agradarle y darle gloria. • Llevar fruto en toda buena obra. En vez de encerrarnos en nuestro trabajo, posesiones, placeres y planes, debemos contribuir por el bien de los demás. • Crecer en el conocimiento de Dios. Al leer su Palabra, aplicarla a nuestras vidas, y obedecer sus caminos, tendremos una compresión más profunda del Señor. • Fortalecidos con todo poder, para mantenernos firmes. Solo con el poder del Espíritu Santo es posible vivir la vida cristiana. • Dar gracias con gozo al Padre por todo lo que ha hecho por usted. Los creyentes deben caracterizarse por el gozo y la gratitud.

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Su vida de oración puede llegar a ser efectiva y dinámica, si se acerca a Dios con un corazón limpio (Sal 66.18), alinea sus peticiones con Su voluntad, y cree que Él hará lo que dice (Mr 11.24). Entonces podrá orar con absoluta confianza, sabiendo que Él escuchará y responderá sus peticiones.

A menudo, centramos nuestras peticiones en necesidades temporales, pero dejamos de ver la obra espiritual más profunda que Dios quiere hacer. Sus oraciones serán efectivas si cambia el énfasis de las peticiones, a los deseos del Señor. Él le transformará a usted y a las personas por quienes interceda.

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fin de semana

Para aliviar el peso de nuestras cargas l e e r M AT E O 1 1 . 2 8 - 3 0

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lunes

Los deseos de nuestros corazones

LEER S A L M O 1 4 5 . 1 7 - 2 1

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odos llevamos muchas cargas a lo largo de la vida. Algunas pueden referirse a cosas cotidianas como las finanzas o las relaciones, pero podemos también sentirnos abrumados por las incógnitas del futuro. Éstas pueden abrumarnos hasta el punto del agotamiento, si no las manejamos bíblicamente. Jesús sabía lo difícil que sería la vida para nosotros. Después de todo, Él era humano también. Pero nuestro Salvador no quería que lleváramos un peso innecesario, porque sabía que nuestro Padre celestial puede llevarlo por nosotros. Por eso dijo las palabras del pasaje de hoy; son palabras llenas de promesa y de esperanza de alivio. Pero, ¿cómo podemos aplicar de manera práctica lo que nos está diciendo, en medio de las dificultades? Primero, Él quiere que reconozcamos que tenemos una carga específica y que identifiquemos el problema. Finalmente, podemos llevarlo ante Él. Dios nos dice que se lo entreguemos a Él (Sal 55.22), y Dios llevará nuestra carga. Si nos arrodillamos ante Dios en oración, y le pedimos que se ocupe del problema, podemos sentirnos libres de esa carga. Aunque Él puede cambiar las circunstancias, a menudo permite que sigan ahí. Podemos seguir pensando en el problema y vivir con sus implicaciones, pero ya no tendremos que ceder bajo su presión.

i usted pudiera tener cualquier cosa en el mundo, ¿qué sería? Su respuesta revela mucho acerca de quién es usted. El salmista escribe: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Sal 37.4). No hay nada malo en tener deseos; ellos nos motivan a lograr grandes cosas. Pero no todos nuestros anhelos proceden de Dios. Piense en sus aspiraciones, y lo que ellas dicen acerca de quién es usted: • ¿Desea tener una posición de autoridad para llevar las riendas? Anhelar el avance personal para manipular a los demás revela una falta de integridad, mientras que una persona devota ansía la justicia. • ¿Sueña con la fama y la riqueza? Quizás hay un vacío en su espíritu que está tratando de llenar. Pero solo Dios puede satisfacer las insaciables necesidades del corazón humano. • ¿Teme usted pedirle al Señor lo que quiere? Tal vez piensa que Él no le escuchará, pero Dios nos dice que nos acerquemos a su trono con osadía y confianza (He 4.16). Si el Señor no da una respuesta afirmativa a sus oraciones, pídale que los deseos que usted tiene sean conformes a la voluntad de Él. No haga nada por su propia cuenta tratando de lograr lo que quiere. Hay siempre un alto precio a pagar por rebelarse contra Dios.

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¿Está usted llevando una carga pesada? Encuentre alivio en el Salvador, poniendo sus preocupaciones en sus poderosas manos. El Señor Jesús desea que usted tenga paz, incluso en medio de las pruebas. Y ha provisto todo lo que se necesita para ser libre de las cargas. ¿Dejará que Él se las quite?

Dios cuida de nosotros generosamente, pero eso no significa que podemos esperar que nos dé todo lo que queramos. Solo cuando nuestros sueños se alinean con su plan, Él los realiza. Los pensamientos que nos preocupan son un barómetro exacto del estado de nuestra relación con Cristo. encontacto.org

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martes

Un corazón mundano

leer 2 Pedro 2.9-18

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miércoles

Un corazón devoto

l e e r S almo 3 7 . 1 - 8

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ios nos previene en contra de los deseos incorrectos, porque las pasiones pecaminosas pueden producir vacío, sufrimiento, frustración, dolor e incluso la muerte. Los creyentes sabios dejan que el Padre dirija sus anhelos, y luego hacen los cambios que sean necesarios. Los deseos impuros han sido parte de la naturaleza “carnal” desde la caída del hombre, y puede que se nos haga difícil verlos en nosotros mismos. En vez de cosas evidentes como el robo, las drogas o la inmoralidad, esos deseos involucran a menudo más actitudes y conductas sutiles, como desear la caída de un rival, el desprecio a la autoridad (2 P 2.10), la obsesión por las riquezas (1 Ti 6.9), o incluso hablar con palabras infladas y vanas. Puesto que las pasiones mundanas pueden causar gran daño (2 P 2.18), los creyentes deben rechazarlas. Pero no podemos vencer estos deseos con nuestras propias fuerzas. La única manera de vivir con rectitud es someterse al Espíritu de Dios. El Señor conoce nuestros deseos, y entiende los errores sinceros. Cuando un creyente interpreta mal la guía del Espíritu, o recibe un mal consejo, Dios mira el corazón. Puede permitir que suframos las consecuencias de una mala decisión, pero no avergonzará a sus hijos cuando comenten un error sin querer. Él puede convertir una situación mala en algo bueno (Ro 8.28).

l Señor promete que nos dará los deseos de nuestro corazón, pero muchas personas toman este pasaje fuera de contexto, olvidando que sus pensamientos tienen una parte vital en hacer que se cumplan. Como dijo una vez mi madre: “Donde va tu mente, van tus pies; por tanto, ten cuidado con lo que piensas”. ¿Cuál es su responsabilidad cuando se trata de acogerse a las promesas de Dios? 1. Deléitese en el Señor (v. 4). Los cristianos deben regocijarse en Dios y andar en obediencia. El Señor debe tener el primer lugar en su vida antes de poder acogerse a la promesa de este versículo. 2. Encomiende su camino al Señor (v. 5). Permita que Dios cambie cualquier aspecto de sus aspiraciones que no sea la voluntad de Él. Recuerde que cuando Él no responde una oración como usted quiere, es por alguna razón. 3. Confíe en Él (v. 5). Dios es misericordioso, omnisciente, bueno y generoso. Puede confiarle sus esperanzas y sus sueños. 4. Descanse en Él. Confíe en que responderá nuestras oraciones en su tiempo, o que transformará sus aspiraciones para conformarlas a la voluntad de Él. 5. Espere en el Señor con paciencia (v. 7). Jesús esperó treinta años antes de comenzar su ministerio de tres años en la Tierra. De acuerdo con su ejemplo, esperar es uno de los principios clave de la vida cristiana.

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Dios puede salvarnos de los deseos mundanos, pero debemos estar dispuestos a comprometernos con Él y confiar en Él. Cuando ponemos nuestras vidas totalmente en las manos del Padre, podemos reclamar las maravillosas promesas que Él tiene para nosotros, y después descansar en su gracia.

¿Están alineados sus deseos con el propósito y el plan de Dios para su vida? Él anhela dar a sus seguidores bendiciones abundantes y plenitud de gozo. Por tanto, deje que sus sueños se conformen a su voluntad. Solo cuando usted se rinda experimentará lo mejor que tiene el Señor para su vida.

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de 11 Launaprogramación buena conciencia 12 jueves

l e e r 1 T i moteo 1 . 3 - 7

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viernes

¿Se puede confiar en la conciencia?

LEER 1 T i moteo 1 . 1 8 , 1 9

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ios ha dado a cada persona la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Para cada persona, este regalo –conocido como la conciencia– está programado con una serie particular de convicciones y, por tanto, funciona de manera diferente para cada quién. Desde el momento en que comenzamos a procesar las instrucciones y las advertencias, nuestra conciencia está desarrollando un código de conducta por el que vamos a vivir. Ya sea que las figuras de autoridad en la existencia de una persona dieron buenos principios para la vida, o poca orientación de verdadero valor, su conciencia recogió la información. Cuando los niños se convierten en adultos, prestan atención a las palabras y las acciones de los demás. Las personas que nos decepcionan nos enseñan tanto como las que nos causan admiración. La conciencia es una herramienta flexible; puede absorber nueva información y cambiar los valores y las perspectivas de la persona. Es una buena noticia para quienes comenzaron con una programación deficiente, pero encuentran después valiosa dirección bíblica. La flexibilidad es potencialmente mala noticia para quienes se exponen a menudo a la falsedad y a las filosofías vanas. Si desoyen la sabiduría y la verdad, asimilarán las ideas engañosas de la cultura moderna.

eja que la conciencia sea tu guía” es una expresión muy conocida, pero no necesariamente un buen consejo, ya que su brújula moral es solo tan confiable como sean los principios con los que usted la programe. Si usted almacena buena instrucción y formación bíblicas, puede depender de ella para proteger su vida de principio a fin. Pero si utiliza las falsas ideologías de la cultura popular para programar su conciencia, se prepara para el fracaso moral. Nuestro Padre celestial ha dado a cada persona el regalo de la conciencia, para que sea una herramienta del Espíritu Santo –nuestro Guía verdadero. Como tal, ella ha sido creada para evitar que nos descarrilemos. Usted puede confiar en la conciencia solo cuando estos siete criterios se cumplen en usted: 1. Jesucristo es su Señor y Salvador. 2. La Biblia es la base de su conducta. 3. Desea fuertemente obedecer a Dios. 4. Toma sus decisiones en oración. 5. Su conciencia suena como una alarma cuando piensa hacer algo malo en pensamiento o acción. 6. Se siente culpable cuando desobedece. 7. Se siente movido a arrepentirse de su desobediencia. Una conciencia digna de confianza reacciona de inmediato a la desobediencia. No tiene dudas en cuanto a lo que es malo.

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La conciencia no es recurso del todo confiable, pero es una herramienta de Aquel que es absolutamente digno de confianza. El Espíritu Santo trabaja junto con nuestra brújula moral innata. Da dirección cuando la conciencia emite una advertencia, e interpreta la Escritura cuando algo la hiere.

Para desarrollar una conciencia fiable, lea y aplique la Biblia, para que los principios del Señor sustituyan cualquier programación mal hecha. Bajo la guía del Espíritu Santo, su conciencia hará sonar alertas de protección. No ponga su fe en su conciencia solamente, sino en Dios, para que le sirva de guía. encontacto.org

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fin de semana

La carga del pecado l e e r Romanos 5 . 1 2 - 2 1

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as cargas que llevamos vienen en todas formas, tamaños y variedades. Muchas son pesadas, pero hay una carga que es aun más pesada, y que se remonta al huerto del Edén. Desde que Adán y Eva comieron la fruta prohibida (Gn 3.6), todas las personas han nacido con un corazón pecaminoso. El pecado y la santidad no pueden mezclarse. Por tanto, en nuestro estado natural, ninguno de nosotros es capaz de tener comunión con Dios. Peor aun, seguimos haciendo lo malo. La Biblia dice que cada uno de nosotros se ha desviado, como una oveja descarriada de su pastor (Is 53.6). Así que, por sí misma, ninguna persona tiene acceso a Dios. Y no hay nada que nosotros, como seres humanos caídos, podamos hacer para enmendar la situación. Esta es la carga más pesada. Pero nuestro Creador nos amó tanto, que envió a su propio Hijo para vivir una vida perfecta en la Tierra. Jesús merecía tener la comunión con el Padre, pero tomó nuestro pecado y castigo, muriendo en la cruz en lugar nuestro. Pero venció la muerte al levantarse de la tumba a la vida. Su expiación por nuestros pecados es un regalo que está disponible para todo aquel que cree. Él desea que nos veamos libres de la carga de pecado que hay en nuestros corazones. Solo entonces experimentaremos la vida y la libertad verdaderas.

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El arrepentimiento verdadero

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orque deseamos ser más como Jesús, tomamos resoluciones, y tratamos de comportarnos de manera diferente. Sin embargo, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para complacer a Dios, caemos de nuevo en los hábitos viejos. Frustrados, podemos preguntarle: “¿Por qué no puedo cambiar?” Es porque vencer las actitudes y las conductas pecaminosas, comienza con un arrepentimiento verdadero, lo cual tiene tres aspectos. Convicción. El Espíritu Santo nos revelará las áreas en las que hemos pecado, y nos acusará de pecado. El arrepentimiento comienza con comprender en qué cosa nos hemos descarriado. Contrición. La tristeza genuina surge del conocimiento de que hemos pecado contra Él. La infelicidad humana tiene su origen, con frecuencia, en ser sorprendidos haciendo lo malo. Otras veces, nos sentimos desdichados debido a dónde nos han llevado nuestras decisiones, o por la vergüenza de lo que dirán los demás. La contrición verdadera es seguida por la confesión humilde. Compromiso de actuar. El arrepentimiento verdadero es total cuando nos comprometemos de todo corazón a apartarnos de nuestra vieja conducta, y tratar de hacer lo bueno. Dios sabe que no viviremos perfectamente; lo que Él busca es un corazón rendido que quiera obedecerlo.

r e f l e x i Ó n

r e f l e x i Ó n

¿Ha recibido usted el regalo de la salvación de Dios? Jesús le ama tanto, que dio su vida para tener una relación con usted. Si pone su fe en Él y acepta su muerte como la expiación inmerecida por su pecado, Él le perdonará todas sus faltas y le acogerá en la senda de la verdadera vida.

Pablo utilizó palabras fuertes cuando habló de apartarnos de la iniquidad: “Haced morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3.5 NVI). ¿Está arrepentido de verdad, y comprometido a dejar ese pecado de forma permanente? El Espíritu Santo le dará el poder para cambiar.

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martes

El llamado de Dios al arrepentimiento

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miércoles

Dios cumple lo que atañe a usted

LEER S almo 1 3 7 . 7 , 8

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n la parábola del hijo pródigo, el hermano menor pidió recibir su herencia antes de tiempo, para poder vivir según su voluntad. Después que el Padre le dio su parte, tomó muchas decisiones imprudentes que lo llevaron al hambre y a la indigencia. Lo que pasó después ilustra el principio del arrepentimiento según Dios. Después de despilfarrar todo su dinero, el joven se encontró alimentando puercos, uno de los trabajos más bajos. Un día volvió a sus cabales y reconoció su terrible situación. Su arrepentimiento comenzó con la conciencia de que había pecado contra Dios (v.18) y que la situación que vivía era como consecuencia de sus propios actos. Al reconocer su comportamiento pecaminoso, declaró que ya no era digno de ser llamado hijo de su padre. Su sincero arrepentimiento y su confesión llevaron al joven a dejar todo y regresar a su casa. Su arrepentimiento fue completo cuando se volvió de sus viejos caminos y regresó a su padre. El Señor nos llama, del mismo modo, a arrepentirnos y volver a Él. ¡Qué gran bienvenida recibió el hijo pródigo! Después de verlo, el padre se llenó de compasión y corrió a abrazarlo. El hijo recibió perdón y aceptación, dos bendiciones que Dios ofrece a todo aquel que le pida.

avid fue un hombre que enfrentó problemas todo el tiempo. Sus salmos expresan las luchas y frustraciones, pero al final, siempre volvía su enfoque a Dios. La clave de su victoriosa actitud era su fe firme en el Señor. David confiaba en el propósito de Dios. Por eso pudo decir: “Jehová cumplirá su propósito en mí” (v. 8). La única manera cómo podemos avanzar en medio de las dificultades y no ser derrotados, es manteniendo nuestro enfoque en el Señor y su propósito. Él ha prometido hacer una buena obra en nuestras vidas, pero a veces la única manera de hacerlo es en los valles de las dificultades. David confiaba en el poder de Dios. Cuando surgen los problemas, nosotros, también, podemos confiar en que Dios nos salvará, pero puede que no sea escapando de ellos. A veces, Él nos sostiene en medio de la dificultad, acompañándonos en cada paso del camino. David creía en las promesas de Dios. En estos dos versículos, él se recuerda a sí mismo lo que hará el Señor. Nosotros también necesitamos tener promesas de las Escrituras, que nos sirvan de ancla en tiempos difíciles. Las verdades de la Biblia son nuestra posesión más valiosa. La confianza en sí mismo o el consejo de los demás nunca serán iguales a la ayuda que nos ofrece la Palabra de Dios.

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r e f l e x i Ó n

El hijo pródigo no se limpió a sí mismo antes de volver al hogar. Simplemente dejó su vieja vida, regresó a casa, y confió en la misericordia de su padre. También el Señor nos llama a arrepentirnos, y nos ofrece perdón cuando nos apartamos de nuestros caminos, y buscamos la santidad (1 Jn 1.9).

Dios asume toda la responsabilidad en hacer lo que nos atañe en tiempo de dificultades. A usted le corresponde creer que Él cumplirá su propósito y promesas, y que su poder es suficiente. Cuando la prueba ha logrado su propósito, Él la quitará. Mientras tanto, siga caminando con sus ojos puestos en Él. encontacto.org

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jueves

Su vida es su tiempo

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en medio de 19 Victoria las dificultades viernes

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uestras vidas se rigen por el tiempo. Es por eso que relojes y calendarios dictan nuestras actividades. Con el paso del tiempo nos preguntamos a dónde se nos fue el día. Cuando aumentan las responsabilidades y las presiones, nos quejamos: “¡No me alcanza el tiempo para hacerlo todo!” Pero la realidad es que Dios nos ha dado suficiente tiempo para hacer lo que Él ha previsto para nuestras vidas. Quizás el problema más grande es saber si estamos utilizando nuestro tiempo para hacer nuestra voluntad o la del Señor. El tiempo es un regalo de Dios, y el Señor nos ha asignado una medida del mismo en el cual vivir y cumplir sus propósitos. Solo tenemos dos opciones: gastarlo temporalmente en nuestros propios intereses, o invertirlo para la eternidad. Dado que el tiempo nunca puede ser recuperado o revertido, es esencial que aprovechemos al máximo todas las oportunidades que nos da el Señor. La clave para invertir en la eternidad, es obedecer el plan de Dios, y no es llenarnos de actividades. Jesús tuvo solo treinta y tres años de vida en la Tierra, pero solamente utilizó los últimos tres para realizar su ministerio mesiánico. Para nosotros, eso parece una pérdida de tiempo, pero Cristo hizo la voluntad del Padre. Fue por eso que pudo decir en la cruz: “Consumado es” (Jn 19.30)

o existe una vida libre de problemas, pero algo dentro de nosotros sigue esperando que sea así. Hay incluso quienes piensan que cuando una persona se vuelve cristiana, Dios quita todas las dificultades. No pasa mucho tiempo sin que aparezca el desengaño. Esto puede deberse a que Dios está en el proceso de limpiar y cambiar viejas actitudes y hábitos que no encajan en la vida de un creyente. La salvación es el inicio de un largo proceso de transformación que dura toda la vida. Hay áreas de nuestra vida que necesitan ser lijadas, tamizadas y modeladas a la semejanza de Cristo, y los problemas son una de las herramientas más efectivas de Dios. Los hombres y las mujeres de la Biblia que Dios utilizó grandemente, sufrieron dificultades y respondieron de una manera correcta. Por ejemplo, el apóstol Pablo entregó toda su vida para servir a Cristo. Fundó y alentó a muchas iglesias, dio respuesta a preguntas teológicas difíciles, y escribió muchas epístolas de la Biblia. Sin embargo, sus sufrimientos superaron cualquiera de los sufrimientos de muchos de nosotros. Parece injusto que Dios permitiera tantas dificultades, pero esto fue lo que lo moldeó y preparó para que fuera un siervo tan efectivo. Sin el sufrimiento, no habría cultivado una relación íntima con Dios, ni habría sido usado tan poderosamente.

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La Biblia asemeja a la vida terrenal a “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Stg 4.14), pero la vida eterna no tiene fin. Es una tontería gastar la vida en una neblina, cuando usted puede cosechar bendiciones eternas obedeciendo la voluntad de Dios.

No sé lo qué usted enfrenta hoy, pero estoy seguro de que Dios puede utilizar eso para acercarlo a Él. Cada dificultad exige una elección. Usted puede desaprovechar su sufrimiento y volverse muy desdichado, o puede dejar que el Señor lo convierta en un siervo suyo valioso y efectivo.

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fin de semana

La mina terrestre del compromiso LEER 1 Re y es 1 1 . 1 - 1 3

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22 Evite el compromiso lunes

LEER P r o v e r b i os 2

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as minas terrestres cuidadosamente camufladas son mortíferas armas de guerra. Si un soldado pisa una, sin darse cuenta, sufrirá lesiones graves o la muerte. Lo que es cierto en las batallas físicas, también lo es en el mundo invisible. En el camino de todo cristiano hay minas terrestres espirituales, que causan un gran daño a los creyentes incautos que las pisan. Uno de tales peligros ocultos es el claudicar o ceder. El rey Salomón es un trágico ejemplo de un hombre que resultó lesionado por esta mina terrestre espiritual. Dios lo preparó con una sabiduría incomparable para que gobernara a Israel, y le dio la tarea de construir su Templo. Pero, a pesar de estas bendiciones, su corazón comenzó a alejarse del Señor. Siguió sus propios deseos, y se casó con muchas mujeres extranjeras que lo llevaron a la idolatría. Su corazón no se apartó de repente, sino que hubo un lento proceso de malas decisiones que violaban los mandamientos de Dios. Muchas veces, pensamos que un pequeño paso que nos aleja de Dios no es tan malo; después de todo, siempre podemos regresar. Pero Satanás está esperando ese paso. Tan pronto como usted lo da, él gana. Ahora tiene un punto de apoyo y redoblará sus esfuerzos para llevarlo aun más lejos. De ahí en adelante, cada paso que usted da es más fácil y pronto estará alegando que eso realmente no es pecado.

unque la tentación de infringir en nuestra posición amenaza a todo creyente, no tenemos que ceder ante ella. Si somos conscientes del peligro y entendemos las consecuencias finales, podemos tomar la decisión de estar vigilantes en obediencia al Señor. El primer paso para combatir esta situación es entender por qué es tan tentador. Es fácil ceder ante la presión de los demás para que tomemos parte en lo que sabemos que Dios ha prohibido, para evitar el rechazo. Pero cualquiera que esté decidido a vivir una vida agradable a Dios, debe estar dispuesto a soportar la persecución (2 Ti 3.12). Otras veces accedemos a actividades que violan nuestra conciencia, solo para evitar el conflicto, pero lograr la paz no debe ser a costa de sacrificar la obediencia a Dios. No obstante, esta tentación no siempre viene de los demás. De hecho, Santiago 1.14 dice que somos atraídos cuando nos dejamos llevar por nuestra propia concupiscencia. ¿Cuántos cristianos han caído en la inmoralidad sexual o la pornografía al ceder ante una segunda mirada? La codicia también nos lleva a cambiar nuestra postura. Si usted miente en su declaración de impuestos, o se lleva algunas pertenencias de la oficina, ha pasado por encima de la línea de obediencia a Dios. Base sus decisiones en la verdad bíblica.

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Dejarse llevar por los demás puede ser dañino. Rompe la comunión con Dios, y por ignorar al Espíritu Santo, sus fuerzas para resistir la tentación se debilitan. Puesto que los incrédulos son dados a ver la hipocresía en los cristianos, eso también arruina su testimonio. No dé ese primer paso.

Para permanecer firmes y no ceder ante otras posturas debe hacer de la Biblia su norma de conducta. Si usted comienza cada día meditando en su Palabra, Él guiará sus pasos. Cuando el Espíritu Santo le da una advertencia, obedezca de inmediato. Acceder a la tentación abre una puerta a Satanás. encontacto.org

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martes

Hacer discípulos

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a Biblia nos enseña que debemos hablar a otros de Jesucristo. Y aunque compartir el evangelio es grandioso, simplemente no es suficiente. Debemos seguir alentando a los nuevos creyentes e invertir en ellos. Muchos no saben dónde comenzar a leer en la Biblia, o cómo pasar tiempo con su Padre celestial. Por supuesto, Dios toma con seriedad la peregrinación de cada creyente, y no dejará insatisfecho a un corazón que lo busque. Al mismo tiempo, tenemos la responsabilidad de invertir en las vidas de hermanos y hermanas espirituales, compartiendo con ellos conocimientos y experiencias. Este tipo de enseñanza se llama discipulado, y es un honor y una gran responsabilidad. Al comenzar este tipo de relación, tenga en cuenta lo siguiente. Primero, asegúrese de pasar siempre tiempo con el Señor, para crecer y vivir en sintonía con su Espíritu. Segundo, esté preparado con un plan. Sus hermanos en Cristo necesitan entender los conceptos básicos, tales como leer la Biblia, la oración, y dónde encontrar el compañerismo. Para los nuevos creyentes encontrar respuestas a sus preguntas, al igual que conocer cuales son sus recursos para responder a sus dudas, es muy importante. Tercero, ayúdele a entender qué puede esperar de la vida cristiana. Mañana veremos las etapas de la peregrinación de un creyente. r e f l e x i Ó n

La mayoría de nosotros aprendimos y tuvimos luchas antes de comenzar a entender los conceptos básicos de la vida en Cristo. No importa cuánto tiempo haya trascurrido desde que creímos, nunca dejamos de necesitar el consejo y el aliento de quienes han recorrido más el camino. 34 |

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miércoles

Nuestro crecimiento como cristianos

l e e r G á latas 2 . 2 0

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n la vida cristiana hay una meta, expresada por Dios de esta manera: “A los que antes conoció… los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro 8.29). Este proceso se conoce como santificación. Se identifican varias etapas en el trayecto hacia esa meta, pero la mayoría de los creyentes no están familiarizados con ellas. Permítame ofrecerle algunas definiciones, para que conozca dónde se encuentra en ese camino, y sepa qué debe esperar. La salvación es la primera etapa de la vida cristiana. Se refiere a nuestra redención del pecado gracias al sacrificio expiatorio de Cristo. Como resultado recibimos el perdón, que nos permite tener una relación con el Todopoderoso. Después, Dios nos da la oportunidad de servirle (Ef 2.10). Fuimos creados para hacer buenas obras en el nombre de Jesús. Luego, el comienzo de la tercera etapa: un sentimiento frustrante de incompetencia. Esta desagradable pero necesaria parte del camino, puede variar en tiempo. Sin ella, nos sentiríamos autosuficientes y orgullosos. Debemos reconocer que, aunque difícil, esta fase es hermosa, porque nos conduce a la mejor parte de nuestra vida espiritual: la total dependencia del Señor Jesús como el Señor de nuestra vida. Y estaremos logrando nuestra meta final: convertirnos en un reflejo de Cristo. r e f l e x i Ó n

Lamentablemente, muchos cristianos no llegan al punto de una absoluta confianza en el Señor. Pablo nos recuerda que fijemos nuestros ojos en la meta de madurez en Cristo (Fil 3.14). Aprender a morir a sí mismo es doloroso pero, irónicamente, es el único camino verdadero a la vida.

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jueves

El trabajo del creyente

LEER Romanos 1 2 . 5 - 7

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viernes

La recompensa del creyente

LEER 1 Corintios 3.6-9

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a definición de éxito según el mundo difiere mucho de la de Dios. Tomemos el papel de un pastor, por ejemplo. Sería fácil aceptar elogios en cuanto al crecimiento de la iglesia, ya que muchas personas equiparan la asistencia alta con la efectividad del ministro. Pero el Señor desea que lo obedezcamos con humildad. Ya sea que atraigamos a una multitud o no, el éxito se mide por la obediencia. Esto es diferente para cada creyente. Algunos cristianos tienen tareas muy visibles, y por eso sus esfuerzos son públicos y evidentes. Otros sirven a Cristo de manera callada, menos perceptibles. Dios da dones a sus seguidores, adaptados a la tarea dispuesta para cada uno de ellos. El Espíritu Santo nos revela nuestro llamado, y debemos dar nuestro mejor esfuerzo. Por supuesto, no importa cuál pueda ser la tarea, el resultado no tendrá ningún valor a menos que el Padre le infunda vida. Dios asigna la responsabilidad, da las capacidades y produce el crecimiento. Es el Señor quien merece toda la gloria. Nosotros simplemente somos bendecidos por ser parte de su plan. Debemos estar agradecidos por cualquier cosa que Dios lleve a cabo por medio nuestro. Al darle a Él todo el crédito, no tendremos nunca que sentirnos derrotados. Más bien, tenemos la confianza de que Él logrará su buen propósito.

uestro propósito dado por Dios es glorificar a nuestro Padre celestial. Efesios 2.10 arroja luz en cuanto al medio de lograrlo: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. Como creyentes, somos responsables de hacer la obra del Señor. Un día, estaremos delante del tribunal de Cristo, y rendiremos cuentas de nuestro servicio. “Tribunal” puede ser una palabra intimidante. Pero recuerde que Jesús nos redimió por su muerte y resurrección, y pagó la pena por nuestros pecados. Él recibió nuestro castigo, y ya no enfrentamos la condenación (Ro 8.1). El tribunal de Cristo será para recibir la recompensa que Él dará a cada creyente. En esa evaluación, Dios someterá a prueba nuestras acciones. La Biblia compara esto con probar la calidad de una sustancia por medio del fuego. Después que el fuego consuma los motivos impuros y las tareas sin valor, el Señor dará la recompensa por lo que haya quedado. Desde afuera, puede parecer que tenemos una vida de obediencia, esforzándonos por honrar al Señor Jesús. Muchas tareas parecen abnegadas y estimables, pero debajo de su noble apariencia no tienen la motivación correcta. Puesto que nuestro deseo debe ser agradar a Cristo, podemos pedirle que purifique y cambie nuestro corazón.

r e f l e x i Ó n

r e f l e x i Ó n

La honra estará fuera de lugar, a menos que vaya directamente a Aquel que crea, santifica y sostiene. Dios le creó a usted para realizar tareas específicas que promuevan su reino. Él le dejará ver su poderosa mano en acción. Preste atención a su dirección, y alábelo por todo lo que Él hace.

Piense en sus acciones del día de ayer. ¿Cuánto tiempo y energía invirtió sirviendo a Cristo para gloria de Él? Esto puede incluir cualquier tarea, no solo los esfuerzos relacionados con la iglesia. Pídale a Dios que le revele si actúa con motivo egoísta, que necesita ser puesto bajo la autoridad de Él. encontacto.org

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fin de semana

Cómo crear relaciones duraderas l e e r Romanos 1 2 . 1 0

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uántos amigos de verdad tiene usted? Al principio, puede pensar en muchos nombres, pero cuando más tiempo pase pensando en la pregunta, lo más probable es que ese número disminuya. La realidad es que no tenemos muchos amigos verdaderos, esos que se mantienen leales sin importar las circunstancias que se presenten. Esta confiable intimidad es la que el Señor quiere para nosotros, pero es un raro tesoro. El relato bíblico de David y Jonatán puede ayudarnos a aprender a desarrollar esta clase de relación (1 S 18-20). Su historia demuestra que las amistades genuinas se crean sobre el fundamento del respeto mutuo, el amor emocional, y el compromiso verdadero. Hoy veremos el primer componente. En el compañerismo verdadero debe haber aprecio mutuo de las cualidades de ambas personas. Esto comienza al valorar a todas las personas, sabiendo que fueron creadas a la imagen de Dios y que Él las ama. Después de todo, Jesús eligió morir por ellas, y por eso tienen valor. Pero, al mismo tiempo, la estimación que David y Jonatán se mostraban mutuamente, era mayor que el simple respeto: revelaba admiración por los atributos exaltados en la Biblia, entre éstos la lealtad a la nación de Israel, la valentía en la batalla, y una fe fuerte en Dios.

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lunes

Cómo desarrollar amistades verdaderas

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odas las personas anhelan tener relaciones verdaderas. Dios nos creó con esta necesidad; no fuimos destinados para vivir aislados. Nuestro mundo está tan dirigido por la tecnología, que muchas personas tratan de aliviar su soledad interactuando en las redes sociales de internet”. Esto no puede compararse jamás con el compañerismo humano que el Creador tuvo en mente. Las buenas amistades no se dan por casualidad; exigen un esfuerzo deliberado. Ayer vimos el modelo bíblico de compañerismo agradable a Dios al considerar a David y Jonatán. Veamos ahora dos aspectos más de su relación. Estos dos hombres se tenían un amor emocional mutuo; sus corazones estaban muy unidos (1 S 18.1). Cuando uno de ellos estaba gozoso o triste, el otro sentía lo mismo. También tenían una fidelidad mutua, un tipo de compromiso que implica dar: para mostrarle su lealtad, Jonatán dio a su amigo cosas materiales –su manto y su arma. Pero estos dos hombres también se dieron abnegadamente; Jonatán arriesgó su vida y su futuro reinado para salvar a David de ser ejecutado. Notemos, también, que Jonatán, quien era un príncipe, tomaba la iniciativa con frecuencia. David era un humilde pastor. La condición social no debe ser un estorbo para cultivar una amistad verdadera.

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Piense en la pregunta que le hice al comienzo en cuanto a quienes usted considera “amigos de verdad”. ¿Muestran las características que usted respeta? ¿Admiran ellos, a su vez, las cualidades bíblicas que ven en usted? Este respeto mutuo y bíblico es indispensable para una amistad verdadera.

Fuimos creados para tener compañerismo verdadero basado en el respeto mutuo, el amor genuino, y la fidelidad. Esto requiere tiempo y lealtad desinteresada, y también transparencia, aun en cuanto a nuestras fallas. Tomar ese riesgo exige creer en la otra persona, pero una relación así bien lo vale.

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Ninguna condenación

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miércoles

La naturaleza de la convicción de pecado

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lgunos creyentes están turbados por sentimientos de condenación. O bien piensan que nunca estarán a la altura de las expectativas de Dios para ellos, o están casi a punto de ahogarse en la culpa por sus pecados del pasado. Estas personas no parecen librarse del sentimiento de que Dios está molesto por sus insignificantes esfuerzos de parecerse más a Cristo. El libro de Romanos confronta esta mentira: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8.1). Cuando el Salvador fue a la cruz por nosotros, quitó de nuestros hombros la culpa, y nos convirtió en justos delante de Dios. Esos sentimientos de condenación ya no son nuestros; son de Satanás. Éste acentúa nuestros sentimientos de culpa y de incompetencia, y luego sugiere que así es como el Señor piensa de sus “hijos descarriados”. Nada puede estar más lejos de la verdad. Nuestros pecados fueron borrados, y hemos sido escogidos y amados por Dios. La condenación es solo para quienes rechazan al Señor (Jn 3.36). El pecado es una sentencia de muerte (Ro 6.23). Cualquiera que elija aferrarse al pecado en vez de buscar el perdón divino, sufrirá el castigo: la separación eterna de Dios. Dos sinónimos de condenar son “denunciar” y “maldecir”. Esas palabras describen la declaración de Jesús en cuanto a los incrédulos, en Mateo 25.41: “Apartaos de mí, malditos”.

esús aseguró a sus discípulos que les convenía que Él se fuera para que el Consolador pudiera venir a ellos (Jn 16.7). Dios lo envía para convencer a las personas de su pecado. Puesto que el Espíritu Santo no está limitado por el tiempo o el espacio, puede llegar a cada persona. Sin embargo, su obra es distinta en relación con los creyentes y los no creyentes. En cuanto a los no creyentes, el Espíritu de Dios penetra su corazón y trae a su conciencia que han hecho lo malo. Les revela que, según las normas divinas, han pecado y están condenados por sus transgresiones. La incredulidad es el mayor pecado contra Dios, y por eso cada pinchazo del corazón tiene el propósito de señalar su necesidad del Salvador. Con relación a los creyentes, el Espíritu Santo trata con ellos en base a su relación con Jesucristo, y los convence de su desobediencia a Él. En otras palabras, nos hace conscientes de pecados específicos, y de la actitud del Señor en cuanto a ellos. Pero Él también nos impulsa a arreglar cuentas con Cristo por nuestro pecado, confesándolo y arrepintiéndonos. Una tarea importante del Espíritu Santo, es producir convicción de pecado en los creyentes, pero Él también se goza en hacerlos conscientes de la complacencia del Señor. Dios alaba la vida recta, la obediencia y las acciones de amor en su nombre.

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No hay ninguna condenación para quienes reciben a Cristo como Salvador. El castigo del creyente ya ha sido pagado, y ya no tiene culpa delante de Dios. Conf íe en el amor de Jesucristo, y no haga caso de la mentira de Satanás. Los hijos de Dios están cubiertos por su gracia y el sacrificio en la cruz.

Aunque la convicción de pecado es con frecuencia incómoda, tanto para los incrédulos como para los creyentes, es también una hermosa demostración del amor de Dios. Él desea ponernos en el centro de su voluntad y guardarnos allí. El trabajo del Espíritu Santo hace eso posible, si elegimos obedecer. encontacto.org

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