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Zodiaco. Por su parte, la declinación solar podía estimarse para cada día si se conocía el valor en grados de la inclinación del Ecuador celeste con respecto al plano de la Eclíptica. El cosmógrafo Alonso de Santa Cruz, en su octava manera de calcular distancias en el mencionado Libro de las longitudes, refiere el valor de 23º y medio como la mayor declinación que podía alcanzar el Sol de la línea equinoccial y en el capítulo quinto de la misma obra establece una equivalencia entre cada grado del Zodiaco y cada grado de declinación En general, las tablas de declinación mostraban valores útiles para cuatro años, pero el error se incrementaba a partir de entonces de forma progresiva, ya que el calendario juliano adelantaba por cada año trópico (30) en torno a 11 minutos. Así ocurrió hasta la adopción del calendario gregoriano en 1582. En definitiva, el regimiento del Sol formó parte, a partir de 1520, de la mayoría de los tratados de navegación, donde encontramos tablas de declinación solar adaptadas al uso náutico aunque relativamente actualizadas. LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA La ciencia moderna da un salto crucial a mediados del siglo XVI con la publicación De revolutionibus orbium coelestium de Nicolás Copérnico. Su obra marcó el paso de una concepción del cosmos geocéntrica a otra heliocéntrica. A partir de entonces, se inició un proceso científico cuyos efectos incidieron en la cosmografía con la introducción de la proyección Mercator, los conocimientos astronómicos como el cálculo orbital con Kepler y el mismo Copérnico, la mejora de la medida del tiempo con la reforma gregoriana del calendario, los avances en los instrumentos y técnicas de observación con Tycho Brahe, la aplicación astronómica del telescopio por Galileo. Newton culminó el proceso con la publicación de los Philosophiae naturalis principia matemática en 1687 y la creación del telescopio reflector en 1671, primer instrumento óptico libre de aberración. Sin embargo, este notable desarrollo científico no se correspondió con avances similares en la navegación. En este sentido, el siglo XVII marca un periodo de retroceso europeo de los conocimientos puramente náuticos. En España, muchos marinos carecían de la preparación suficiente y la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de la formación de los pilotos, no podía atender la gran demanda de formación de la época, a pesar de que el Colegio de San Telmo de Sevilla, creado en 1681, tratara de suplir el vacío existente. No es extraño que se hiciera pública tal deficiencia en los términos en que fue expuesta por el Almirante Pedro Porter y Casanate en 1634 en su obra Reparo a errores de la navegación española. Otro tanto fue denunciado anteriormente por Edward Wright en el caso de los pilotos ingleses. En su obra, Certaine Errors in Navigation de 1599, el cartógrafo y matemático inglés destacó las deformaciones producidas en la elaboración de las cartas marinas al aplicar la proyección Mercator, el error de paralaje ocular cuando se determinaba la latitud con la ballestilla y la deficiente corrección de la variación magnética de la aguja. La suma de errores podía superar los cinco puntos en el compás y alcanzar las 200 leguas solamente en la travesía entre las Indias Occidentales y las Azores. Sin embargo, por lo que respecta a España, existen trabajos teóricos de mérito como el Regimiento de navegación de Andrés García de Céspedes de 1602, la Navegación especulativa y práctica de Antonio de Nájera de 1628 o el Norte de la navegación hallado por el cuadrante de reducción de Antonio de Gaztañeta

Astronomía y navegación en los siglos XVI y XVII  

Ensayo histórico

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