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EL TOMATE

El tomate es una hortaliza que contiene propiedades culinarias y para la salud. Es sumamente popular en la cocina guatemalteca y a nivel mundial. Crudo, frito, cocido, en salsa o en zumo el tomate es un alimento nutritivo y refrescante. A continuación te brindaremos más información de esta deliciosa hortaliza, así como una serie de pasos para que puedas cultivarla en tu hogar.

Hay diferentes tipos de tomate: redondo, pera, cereza o ‘cherry’, en rama y de Montserrat, entre otros, pero, a grandes rasgos, todas estas variedades comparten las mismas propiedades nutritivas: son una fuente de potasio, fósforo y magnesio –necesarios para la actividad normal de nervios y músculos–, nos aportan importantes cantidades de vitaminas B1, B2, B5, E y, sobre todo, C y A. Investigaciones recientes muestran su capacidad de prevención de enfermedades como el cáncer. Además de las toxinas que expulsa debido a su efecto diurético, también se encarga de eliminar el ácido úrico y de reducir el colesterol. Por su versatilidad y sabor, el tomate es uno de los alimentos más utilizados en la cocina. Los tomates que compramos en el comercio son cada vez más desabridos y costosos y es por eso que cada día son más personas las que se atreven a sembrar sus propios tomates en sus patios o departamentos, una actividad que requiere algo de tiempo, pero es un esfuerzo mínimo comparado con el sabor y color de un tomate casero libre de químicos.


A continuación te presentamos una serie de 10 pasos a seguir para que puedas sembrar y cultivar tus propios tomates: 1. Consigue macetas, bandejas de semillas u otros plantadores limpios para plantar las semillas. Si vas a trasplantar tu siembra en el exterior, usa recipientes de turba. Probablemente dejes tus siembras en los recipientes cuando las traslades, lo que reduce el riesgo de que la raíz se dañe. Antes de plantar semillas en una bandeja usada, esterilízala con un enjuague hecho con nueve partes de agua y una parte de lavandina. 2. Mezcla cantidades iguales de tierra estéril para macetas, abono y turba para hacer un suelo suelto y bien drenado.

3. Llena tu plantador con la mezcla de tierra, dejando 1/4 pulgada (.635 cm) de espacio entre el borde y la superficie de la tierra. Planta tus semillas a 1/2 pulgada (1.27 cms) de profundidad.

4. Riega la tierra con un suave rocío para evitar sacar las semillas. Cubre el plantador con un trozo de película de plástico transparente. Éste evitará que se evapore el agua y mantendrá el ambiente cálido para las semillas.

5. Humedécelas cuando sea necesario. Las semillas no germinarán si están secas. Coloca el recipiente con las semillas en un lugar cálido. 6. Cuando broten las semillas, quita la cubierta de plástico y mueve el plantador a un lugar donde reciba luz solar. La germinación generalmente sucede entre seis y 14 días después de la siembra. La temperatura ideal para que tu siembra prospere es alrededor de 60 grados Farenheit (15.5 grados Celsius) durante el día con una caída de no más de 20 grados Farenheit a la noche.


7. Riega tu siembra regularmente para evitar que las raíces se sequen. Un método de irrigación efectivo es colocar tu plantador en una bandeja grande con agua y dejar que la tierra absorba la humedad por los orificios de drenaje. 8. Deberás trasplantar tu siembra de tomate ya que superan su recipiente. Cuando las plantas tengan uno o dos hojas reales, comienza a moverlas a recipientes más grandes. 9. Alimenta tu siembra con una planta comercial de tomate o té de abono durante 10 días para promover la producción de frutas. Mantén tus plantas irrigadas entre cada momento de alimentación. 10. Comienza a cosechar tus plantas de tomate dos semanas antes de transplantarlas al exterior. Deja los plantadores afuera por cada vez más horas durante el día, entrándolas a la tarde. Si las mantienes en recipientes internos, continúa regándolas y alimentándolas hasta el momento de la cosecha. Cuando coseches tus tomates toma en cuenta lo siguiente: Debemos elegir los tomates frescos, con la piel lisa y suave al tacto, sin reblandecimientos ni manchas en la piel ya que esto último nos indica que el producto está deteriorado. Si se va a consumir crudo conviene lavarlo con abundante agua y unas gotas de lejía, para eliminar cualquier germen. No necesitan condiciones especiales de conservación, aunque pueden refrigerarse. Entero, se puede guardar -preferentemente en la nevera- de 6 a 8 días y en zumo natural o triturado, se conserva un máximo de dos días. Su piel y su acidez, permiten que no haya pérdidas significativas de vitaminas. El tomate crudo no resulta apto para la congelación ya que se reblandece, aunque si se pueden utilizar para cocidos, guisados y salsas. Fuentes: •

veoverde.com (http://www.veoverde.com/2012/07/planta-tus-propios-tomates-sonmucho-mas-sanos-y-ricos/)

ehowenespanol.com (http://www.ehowenespanol.com/cultivar-tomates-partirsemilla-tomate-como_26445/)

Siembra de tomate  
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