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ESCALERAS A LA LUNA A.LIZZ


Para cada una de las personas que me apoya día a día, por empujarme a conseguir mis sueños. A.Lizz


Elena tiene seis años. Como todos los niños le gusta cantar, bailar, dibujar, jugar al escondite... Pero lo que más le gusta a Elena es mirar la luna despues de que la acuesten en su cama. Como todas las noches, Elena ya llevaba el pijama puesto y estaba lavándose los dientes para irse a la cama. -Buenas noches Elena- decía su madre mientras la arropaba y besaba su frente. -Buenas noches mami- dijo Elena.


La puerta se cerró y Elena se quedó observando la Luna. Mientras la miraba pensaba -¿Donde estarán las escaleras que te llevan a la Luna?. Seguro que están justo debajo de la Luna, por que si estuvieran inclinadas se caeríanSegún Elena las escaleras solo podían estar debajo. Un recuerdo interrumpió su pensamiento: -Mi mama me ha dicho que no existen las escaleras a la Luna. Es imposible que halla una escalera tan larga- le había dicho Carlota esa misma mañana.


Ese pensamiento la ponía triste. ¿Acaso nunca podría subir a la Luna? Mientras Elena seguía pensando en lo que Carlota le había dicho la silueta de algo moviendose por la Luna sacó a Elena de sus pensamientos e hizo que se frotara los ojos. ¡Ahí había algo corriendo por la Luna! -¡Lo sabía!- gritó Elena al tiempo que se tapaba la boca para no despertar a su madre. Elena decidió ir a buscar la escalera. Sólo tenía que andar un poco hasta encontrarse justo debajo de la Luna. Salió de casa y se dispuso a andar en dirección a la Luna, un paso, otro y otro, pero parecía que la Luna nunca se acercaba.


Descansó un rato y siguió su camino. -¡Al fin parece que estoy cerca de la Luna! Dijo Elena, y allí estaban, las había encontrado ¡¡eran las escaleras!!. Mientras corría emocionada hacia las escaleras solo podía pensar en la cara de Carlota cuando se lo contara; Carlota y por tanto su madre, estaban equivocadas. Elena se paró de repente, justo cuando iba a subir por las escaleras... ¿Que pasaba si lo que había en la Luna no le gustaba?, ¿y si estaba llena de hombrecillos verdes del espacio tal y como había visto en la tele la noche anterior?


¡Pero no!, no había llegado hasta allí para irse sin subir. Siempre había soñado con esas escaleras, con subir a la Luna y pasear por ella. ¿Que habría allí?. Su mamá siempre le dice “tienes que ser valiente” porque le daban miedo los toboganes hasta que se tiró por ellos, desde entonces es su columpio favorito del parque. -Tengo que ser valiente- dijo Elena, -sino nunca sabré que hay en la luna- y con ese pensamiento comenzó a subir esas largas escaleras. Los edificios se veían pequeñitos, parecían casi de juguete desde la mitad de la escalera. Llegó a la altura de las nubes y ya no veía las casitas, ¡todo a su alerdedor eran nubes!


Estiró la mano y tocó una -¡vaya que suave!-. La nube era como algodón y olía a fresa, -¿se podrá comer?- y sin terminar la pregunta metió un trocito en su boca -mmm ¡sabe como el algodón de azúcar!- Asique metió un pedacito en el bolsillo de su pantalón y siguió subiendo. Ahí estaba, el final de la escalera, había llegado a la Luna. -¿Y mis zapatos? Se preguntó antes de poner los pies en la Luna. Parece que los había perdido subiendo las escaleras, o quizás salió sin zapatos de su casa, no conseguía recordarlo.


-¿Pinchará?, ¿estará fría?- Se preguntaba mientras ponía un pie en la Luna. Pero ni pinchaba ni estaba fría, el suelo era como una colchoneta gigante. En lugar de caminar daba pequeños saltitos -¡La Luna es una colchoneta gigante!- gritó Elena. Mientras daba botes vió algo grande acercán- dose -¡Vaya un gato gigante!- Este estaba persiguiendo un ovillo de lana muy grande que rodaba y rodaba.


Elena sigui贸 al gato que la llev贸 a un lago, pero este lago no era de agua, estaba lleno de piruletas, y a su alrededor hab铆an unicornios de preciosos colores con el pelo de arcoiris.


Elena no se lo podía creer, y sin darse cuenta estaba sobre uno de los unicornios que la llevaba volando alrededor de la Luna. En la Luna había pequeñas casitas, o al menos eso creía ella, un precioso arcoiris de cristal, un castillo de peces y todas las cosas bonitas que alguien pueda llegar a imaginar. El unicornio comenzó a alejarse de la luna y fué bajando a la tierra. Elena se dió cuenta de que empezaba a amanecer, y el unicornio puso rumbo al hogar de Elena. -Elena, cariño, Elena, ¡buenos días!- dijo la mama de Elena dándole un enorme beso. -¿Has dormido bien?Elena se frotó los ojos -¿ y el unicornio?- Lo buscaba a traves de la ventana, pero no lo veía. ¿Qué unicornio? Jajaja, Elena me parece que aún estas soñando- le dijo su madre mientras le hacía cosquillas.


Elena se levantó y se puso a vestirse cuando de su pijama se cayó el trocito de nube dulce que había guardado para su amiga Carlota. Elena sonrió -va a ser un buen día, le voy a enseñar a Carlota que ayer estuve en la luna y que los sueños se cumplen.


Escaleras a la Luna narra el sueño de Elena, una niña de seis años que busca las escaleras que suben hasta la Luna, ¿será capaz de encontrarlas? Una historia llena de sueños que invita a los más pequeños a seguir soñando.


Escaleras a la luna - Ilustrado por A.lizz  
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