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¿POR QUÉ SPINOZA, NIETZSCHE, MERLEAU-PONTY, FOUCAULT Y NANCY?

¿POR QUÉ SPINOZA? A contrapelo de Descartes (Ámsterdam, 1596-1650), Baruch Spinoza (1632-1677) inicia su principal obra, la Ética, no con el “yo” que piensa, sino al contrario, con un conjunto de proposiciones cuyo objetivo es probar que el pensamiento y la extensión, o el espíritu y la materia, no pueden ser sustancias separadas. Dedica la primera parte a la prueba de la perfección de Dios (en una herejía poco disimulada, por la cual sería excomulgado en 1656), y argumenta que la noción de Dios como espíritu anterior a la materia, creador del mundo material, al que dotó de sentido, es incompatible con la idea de la grandeza de Dios: ¿cómo el espíritu podría haber creado materia a partir de sí mismo, sobre todo si la materia es inferior al espíritu? Si Dios fuera verdaderamente omnipresente y todopoderoso, ¿podría haber de verdad un momento de la creación de un mundo al cual Dios no pertenecía? Al inicio de la Parte IV, Spinoza escribe la frase que lo haría tristemente célebre: “Aquel ser eterno e infinito que llamamos Dios o naturaleza”, es decir, tratando a los dos términos como intercambiables. El siguiente paso estaba dado: Spinoza insiste en que la idea de Dios no es más que una proyección de los seres humanos: creemos que somos la causa de nuestras acciones y palabras (es decir, somos creadores), sólo porque somos conscientes de nuestros deseos de hacer o decir algo, sin embargo, ignoramos la causa de nuestros deseos. En nuestra supuesta libertad y trascendencia, nos imaginamos como espejos de nuestro creador, quien entonces funciona como el garante de nuestro engaño (ilusión) de libertad y autodominio. Enseguida, rechaza la idea de que el mundo humano trasciende a la naturaleza, como un reino espiritual de libertad en oposición a la necesidad que rige al mundo material. Esta es la concepción que, para Spinoza, nos impide comprender nuestros afectos, que están regidos por las mismas necesidades que la naturaleza. ¿Y el cuerpo? Para el filósofo, la forma más común en que se piensa que el ser humano se encuentra fuera de la naturaleza es la idea de la separación entre el cuerpo y la mente, idea que él rechaza. Para él, cuerpo y mente son lo mismo; de la misma manera en que escribió “Dios o naturaleza”, podría haber dicho “espíritu o materia”, “mente o cuerpo”. Creemos que cuando el cuerpo realiza una acción, cumple una intención que existía afuera de esa acción y antes de ella. Para Spinoza, ésta es una ilusión: “nadie sabe lo que puede un cuerpo”; para él, nuestro cuerpo es movido por otros cuerpos (y le interesan mucho las formas de la organización corporal social, como los rituales y ceremonias), aunque imaginemos que somos la causa de una acción sobre la cual en realidad no tenemos ningún control. “Las consecuencias políticas de dicha posición son serias. Ya que la mente y el cuerpo son uno mismo, todo aquello que aumente o disminuya el poder del cuerpo para actuar, al mismo tiempo aumenta o disminuye el poder de la mente para pensar. Así, anticipándose a Foucault, Spinoza nos pide investigar la historia social de los cuerpos” (Montag, 2006, p. 5). (Basado en: Warren Montag. (2006). Rene Descartes and Baruch Spinoza: Beginnigns. En Julian Wolfreys [ed.]. Modern European Criticism and Theory: A Critical Guide (pp. 1-7). Edimburgo: Edinburgh University Press; “Dios o naturaleza”, en http://www.filosofiadigital.com/?p=647


¿POR QUÉ NIETZSCHE? Filólogo clásico de origen, el filósofo, poeta y músico alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) escribió sobre estética, arte, ética, religión, psicología, política y sociología. Como filósofo, se apartó de la prosa tradicional e incursionó en formas innovadoras y estrategias retóricas para elaborar sus argumentos (aforismos, Zaratustracomo parábolas bíblicas). En uno de sus primeros trabajos, El nacimiento de la tragedia, explica el origen de la tragedia griega en la confluencia de dos tendencias o espíritus del mundo antiguo muy citadas en los escritos sobre danza. El apolíneo, asociado con el sueño y la ilusión, el principio de individuación que limita el caos al recortar del flujo de los fenómenos una porción limitada e individual, es un principio de representación, referido a la tendencia artística y epistemológica que permite que algo sea creado o tome forma. Y el dionisiaco, en contraste con el apolíneo, es la intoxicación. Nietzsche se refiere de distintas formas a éste: a veces lo asemeja a una unidad inconsciente, instintiva y frenética; a veces lo asocia con el olvido y el abandono de sí; y a veces es más ominoso, al recordarnos la crueldad y el absurdo de la existencia. En las cuatro obras que escribió entre 1876 y 1882, entre las cuales figura La gaya ciencia (o El gay saber), Nietzsche utilizó exclusivamente aforismos. En esta etapa elaboró su afamada hipótesis: la muerte de Dios. En el aforismo 125 de La gaya ciencia,ésta es anunciada por un demente que afirma que Dios ha sido asesinado. Quienes lo escuchan no se inmutan, y el hombre infiere que ha hecho su anuncio demasiado pronto. Pero no se trata de un ateísmo simple: para que la emancipación del hombre sea completa, la muerte de Dios lo debe liberar de las restricciones epistemológicas y éticas a las que ha estado sometido por todo sistema metafísico. Si Dios ya no es el centro del universo, la humanidad se verá forzada a crear su propio sentido. En su obra de madurez, Nietzsche comienza un complejo mapa conceptual de la filosofía del futuro. En Así habló Zaratustra introduce su “superhombre”; aquello en lo que el hombre se podría convertir liberándose, por su voluntad, de las perniciosas tradiciones y generando su propio sistema de valores. Y desarrolla el eterno retorno, de importantes implicaciones ontológicas y éticas. Por último, despliega la “voluntad de poder”, término vagamente definido, pero que en la mayoría de los casos se refiere a la esencia de la vida. Interesado sobre todo en la manera en que llegamos a ser lo que somos, Nietzsche elaboró una historia de la moral con un método genealógico. ¿Y el cuerpo? Justo en esa genealogía, Nietzsche ubica el cuerpo como receptor de una larga historia de castigos con los cuales se ha impuesto al hombre una conciencia moral (el legado judeocristiano), una perspectiva que, aparte de su propio valor, será central para la obra de Foucault. (Basado en: Robert C. Holub. (2006). Friedrich Nietzsche (1844-1900). En Julian Wolfreys (ed). Modern European Criticism and Theory: A Critical Guide, (pp. 50-57). Edimburgo: Edinburgh University Press)


¿POR QUÉ MERLEAU-PONTY ? Teniendo como antecedente la fenomenología de Husserl y de Heidegger, [7] el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty (1908-1961) subraya la primacía de la percepción como modo de acceso a la realidad, y se separa de otros fenomenólogos al afirmar la realidad de un mundo que trasciende a nuestra conciencia de él. Enfatizó la base social de los significados, que concibió como intermediarios entre la subjetividad individual pura y la existencia objetiva de las cosas. El concepto que le da unidad al pensamiento de Merleau-Ponty es el del cuerpo en tanto sujeto: la idea de que yo soy mi cuerpo. “Para comprenderla, es necesario distinguir algunas ontologías de la persona: a) para el materialismo la persona es un objeto físico sumamente complejo y todos los supuestos hechos mentales de ella son en realidad hechos físicos, o al menos, son lógicamente dependientes de hechos físicos; b) para el idealismo, la persona es una mente no física o conciencia, y todos los hechos físicos sobre una persona son en realidad hechos mentales, o al menos, son lógicamente dependientes de hechos mentales; c) para el dualismo mente-cuerpo, una persona es esencialmente una mente no física, y contingentemente, un cuerpo no mental. De acuerdo con la idea dualista de la persona, en principio ésta podría sobrevivir a la destrucción de su cuerpo, pero no la destrucción de su mente. “Para Merleau-Ponty, estas tres visiones son erróneas: el materialismo reduce lo mental y subjetivo a lo físico y objetivo; el idealismo reduce lo físico y objetivo a lo mental y subjetivo […] y el dualismo no explica la relación entre ambos.” ( Priest, 1998, p. 57) Merleau-Ponty concibe una subjetividad física. En particular, la fenomenología existencialista de Merleau-Ponty ha resultado una avenida muy visitada para la descripción y búsqueda de sentido de la experiencia corporal en la danza (en el enfoque coreológico, la fenomenología se combina con la semiótica, disciplina que abordaremos en un semestre posterior de este campo 3). (Basado en: Stephen Priest. (1998). Merleau-Ponty. Londres: Routledge.)


¿POR QUÉ MERLEAU-PONTY ?

Teniendo como antecedente la fenomenología de Husserl y de Heidegger, [7] el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty (1908-1961) subraya la primacía de la percepción como modo de acceso a la realidad, y se separa de otros fenomenólogos al afirmar la realidad de un mundo que trasciende a nuestra conciencia de él. Enfatizó la base social de los significados, que concibió como intermediarios entre la subjetividad individual pura y la existencia objetiva de las cosas. El concepto que le da unidad al pensamiento de Merleau-Ponty es el del cuerpo en tanto sujeto: la idea de que yo soy mi cuerpo. “Para comprenderla, es necesario distinguir algunas ontologías de la persona: a) para el materialismo la persona es un objeto físico sumamente complejo y todos los supuestos hechos mentales de ella son en realidad hechos físicos, o al menos, son lógicamente dependientes de hechos físicos; b) para el idealismo, la persona es una mente no física o conciencia, y todos los hechos físicos sobre una persona son en realidad hechos mentales, o al menos, son lógicamente dependientes de hechos mentales; c) para el dualismo mente-cuerpo, una persona es esencialmente una mente no física, y contingentemente, un cuerpo no mental. De acuerdo con la idea dualista de la persona, en principio ésta podría sobrevivir a la destrucción de su cuerpo, pero no la destrucción de su mente. “Para Merleau-Ponty, estas tres visiones son erróneas: el materialismo reduce lo mental y subjetivo a lo físico y objetivo; el idealismo reduce lo físico y objetivo a lo mental y subjetivo […] y el dualismo no explica la relación entre ambos.” ( Priest, 1998, p. 57) Merleau-Ponty concibe una subjetividad física. En particular, la fenomenología existencialista de Merleau-Ponty ha resultado una avenida muy visitada para la descripción y búsqueda de sentido de la experiencia corporal en la danza (en el enfoque coreológico, la fenomenología se combina con la semiótica, disciplina que abordaremos en un semestre posterior de este campo 3). (Basado en: Stephen Priest. (1998). Merleau-Ponty. Londres: Routledge.)


¿POR QUÉ FOUCAULT?

A Michel Foucault (Francia, 1926-1984), psicólogo de origen, filósofo, historiador de las ideas y crítico, sólo le gustaba para sí la denominación de “arqueólogo”, porque se propuso desplegar un método arqueológico para abordar los problemas del poder y el saber (la locura, la sexualidad, la constitución de las “ciencias humanas”, etc.), oponiéndose a los modelos establecidos de análisis de la historia del pensamiento. Sus influencias: En los años que siguieron a la Segunda Guerra, cuando era estudiante universitario, la vida intelectual francesa estaba dominada por el marxismo y la fenomenología. Formado en esas teorías, en gran medida la obra de Foucault respondería a ellas: en lugar de buscar una verdad única y absoluta, intentó contextualizar e historiar los diferentes tipos de verdad, conocimiento, racionalidad y razón nacidos en las culturas. Tomó de Heidegger y de Canguilhem, a) la idea de que lo que podemos conocer siempre está limitado por el contexto, y b), que la verdad y el conocimiento instituidos no son inevitables (por ejemplo, a menudo las rupturas científicas suceden por azar) y que cambian con la historia. En los años sesenta, el psicoanálisis y el estructuralismo se sumaron a las influencias centrales en el pensamiento de Foucault. Con el estructuralismo, a) comprendió el significado como cuestión de relaciones: los acontecimientos, las ideas y los actos no significan nada en sí mismos, sino que toman su sentido cuando se les relaciona con otros acontecimientos, ideas y actos (idea proveniente de la lingüística de Saussure). Y b) tomó la “muerte del sujeto” (o “muerte del autor” en Roland Barthes), que extendía la noción de Heidegger de que las personas no podemos pensar ni actuar con libertad, porque nuestras ideas y actos son producidos por las estructuras sociales, políticas y culturales en que vivimos: las estructuras piensan y hablan a través de las personas. Con el psicoanálisis, continuó su crítica al sujeto libre, al concebir un hueco de saber imposible de llenar (la “falta” o incompletud, debida al lenguaje). Sin embargo, Foucault negaba que el estructuralismo pudiera revelar todo el significado de algo al analizar todas sus relaciones relevantes: no podría dar cuenta de lo reprimido o de lo imposible de pensar en un periodo determinado. Además, le parecía que el estructuralismo no tomaba en cuenta el cambio y la discontinuidad. Frente al psicoanálisis, su objeción principal se centró en la explicación sexual de la verdad del sujeto, que supuestamente podría ser revelada. Quizá la influencia principal de Foucault sea Nietzsche, en su rechazo a la idea de que la historia se desarrolle racionalmente, con una evolución gradual de formas superiores de la razón. Y de la Ilustración, Foucault recuperó la idea de la crítica como una investigación sobre lo que somos y lo que podríamos ser (en “¿Qué es la Ilustración?” dice: la crítica debe concebirse como una actitud, un ethos, no como un cuerpo de conocimientos acumulables). Las principales áreas de reflexión que abordó Foucault, trabajando entre las fronteras de la sociología, la historia, la lingüística, la política, el psicoanálisis y la filosofía, se pueden agrupar en tres: la cuestión del conocimiento, las relaciones de poder y la cuestión del sujeto.


En un artículo sobre sí mismo que escribió al principio de los años ochenta bajo el seudónimo “Maurice Florence”, para el Dictionnaire des philosophes, Foucault explicó que su proyecto intelectual era revelar los supuestos sociales, históricos, que moldean los estilos de vida, en tanto fuerzas determinantes de las actitudes básicas de una organización social, y en tanto fuerzas que prescriben el conjunto de concepciones que tenemos de nosotros mismos. Para él, estas fuerzas históricas operan a través de una multiplicidad de prácticas institucionales y estilos lingüísticos, y son tan poderosas, que pueden definir lo que puede considerarse “conocimiento legítimo” para toda una época, con la consecuente exclusión y opresión de lo que diverja de ello. Al revelar cómo lo que se nos presenta como natural, universal e imposible de cambiar en la vida cotidiana, en realidad es producto de prácticas sociales específicas de una época y un lugar, y al exponer los mecanismos de estas construcciones sociales, el pensamiento de Foucault personifica los valores de la liberación. Éstos son algunos conceptos de Foucault directamente vinculados con la cuestión del cuerpo: Biopolítica y biopoder: se refiere a tecnologías, conocimientos, discursos, políticas y prácticas utilizadas para producir y manejar los recursos humanos de un Estado. El biopoder analiza, regula, controla, explica y define al sujeto humano, su cuerpo y comportamiento. Gobierno: se puede entender como una “política del cuerpo” (el modo en que nos comportamos, las relaciones que tenemos con nuestro cuerpo y con los cuerpos de los demás en la sociedad) y también se puede entender de un modo más común, como el modo en que el Estado gobierna a su pueblo. Micropoder: explica cómo los discursos “escriben” el cuerpo o dan forma a los modos en que los cuerpos se comprenden y funcionan. Tecnologías: para Foucault, se refieren a dos funciones o mecanismos: a) los modos en que las sociedades pacifican, dominan y regulan a los sujetos; b) las “tecnologías del yo”, que permiten a los individuos configurar sus cuerpos y pensamientos. (Basado en: Danaher, Geoff, Tony Schirato & Jen Webb. (2000). Understanding Foucault. St. Leonards, N.S.W., Allen & Unwin)


¿POR QUÉ NANCY? El filósofo francés Jean-Luc Nancy (Burdeos, 1940), en su libro Corpus [1992] (2003, Madrid: Ed. Arena Libros) desarrolló su filosofía del cuerpo. Para él, el cuerpo es una certidumbre confundida, hecha astillas: “no tenemos un cuerpo, más bien lo somos”. En su obra, Nancy recorre en su morfología y organización el cuerpo precario, fragmentario, sometido a la temporalidad y la decrepitud. Esta reflexión sobre el cuerpo es una clave para leer el momento posthumano: “El uso y abuso de la imagen del cuerpo en la publicidad, el arte, la prensa y el cine de anticipación aumenta nuestro desasosiego ante un cuerpo humano que sabemos en constante reestructuración y re-diseño, escindido ente [sic] lo natural y lo artificial. El cuerpo pierde así sus dimensiones, su capacidad representativa para acoplarse indiferenciadamente con nuevas máquinas y nuevas sustancias (psicotrópicas) transformándose en un híbrido biológico-químico. Dando paso a la posibilidad de pensar en un cuerpo fragmentado, en un cuerpo cuyos órganos se hayan emancipado, en lo que Deleuze y Guattari llamaron un cuerpo sin órganos”. “El cuerpo es el ser aquí y ahora, es la exposición de la existencia, la superficie. Cada zona del cuerpo tiene en sí misma el valor de lugar de exposición del ser, sin algún telos extrínseco. El cuerpo es la exposición finita de la existencia que en eso se vuelve evidencia. Si para Descartes la verdad del pensamiento es la única clara y distinta, para Nancy la única verdad es la evidencia sensible aquí y ahora de este cuerpo, de esta materia, sin jerarquías, en cada uno de sus lugares.” “El conocimiento del, y por medio del, cuerpo nunca es total y absoluto, sino modal y fragmentado, y la forma del discurso que mejor lleva tal saber es la de un Corpus, justamente, una cartografía, un elenco de las zonas del cuerpo que ofrece un conjunto de acercamientos ecuos, mostrando todo lo que puede ser para nuestra exploración sin programa ni prejuicio. Lo que importa en Corpus no es el todo orgánico, sino las partes constitutivas y sus posibles, en cuanto múltiples, relaciones. Fragmentación, suspensión e interrupción, devienen en importantes características de dicho texto, porque cada parte tiene el mismo valor, y es un lugar de venida a la presencia del cuerpo, y por consecuencia del ser.” (Condensado de Adolfo Vásquez Rocca, Jean-Luc Nancy: la filosofía del cuerpo y las metáforas de la enfermedad. En: http://www.observacionesfilosoficas.net/jeanluc.html , artículo al que te puedes remitir.)

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