Issuu on Google+

2

Portal Editorial A propósito del recuento de hallazgos científicos del 2016 que consignamos aquí, cabe la reflexión de que la ciencia resulta ser una fuente de enigmas e incertidumbre por aquello de que, a fuerza de evidencias, nos lleva al umbral de lo que ignoramos. En efecto, lo que conocemos gracias a la actividad investigativa guarda la misma proporción que hay en el cosmos entre materia oscura y objetos detectables, o entre lo que brilla y lo que permanece oculto. Y en este sentido debe admitirse que, en esencia, la luz en el universo es excepción. Se podría decir entonces que tanto en la ciencia como en las demás expresiones del quehacer humano, la certeza es, por lo menos, un razonable punto de apoyo para las grandes interrogantes que se nos plantean. De ahí que la búsqueda sistemática sea el camino de la duda cuando busca respuestas más allá de lo que se sabe. Ese será el motor que nos mueva hacia adelante en la cuenta regresiva del presente. Buscar respuestas, errar el tiro, equivocarse, dudar de lo evidente e ir hacia adelante: esa será la única certeza. Por eso ignorar no solo es dejar de buscar respuestas, sino carecer de dudas. Ya se sabe: el que duda, busca, y el que busca, encuentra. Que así sea.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

Guatemala, viernes 6 de enero de 2017

César

Los ja insistentemen ésar Brañas (Guatemala, 1900-1976) tuvo un inicio prometedor como poeta, de ello dan cuenta dos de sus primeros libros: Viento negro (1938) y Figuras en la arena (1941), en los que podemos apreciar su ligazón a los movimientos de la vanguardia del siglo XX. Luego lo gana un afán de perfección formal muy en la línea posmodernista, en el que el sentimiento dominante va del lamento inadvertido a la nostalgia quejumbrosa, que le provocara el no haber asumido lo que alguna vez se trazó como objetivos de vida. Esta renuncia voluntaria marca el prolongado segundo período de su escritura. Recordemos que en su juventud, tal el caso de Asturias y Cardoza, sus pares, Brañas viaja a Europa a empaparse de la “actualidad” que allí se respira, a ponerse “al día”, muy en la concepción intelectual latinoamericana de ese entonces. Sin embargo, su estadía es efímera; pronto Brañas regresa a la protección del terruño, a la rutina del trabajo: periodismo, lectura y escritura. De esta rutina queda excluido el matrimonio y la vida del hogar. Brañas entonces se autodefine como el gran solitario. Se convierte en el que mira transcurrir la vida en los otros. De este sentimiento de impotencia finalmente lo rescata su otra escritura, la que ha desarrollado a lo largo de varias décadas en sus Diarios (de un aprendiz de cínico, de un aprendiz de tímido, de un aprendiz de viejo, etcétera). Es por la vía del esfuerzo crítico que Brañas ingresa en la etapa de sus últimos libros de poesía: Zarzamoras (1957), Jardín murado (s/f) y Cancionerillo de octubre (1966). En ellos, pensamiento y sentimiento logran un admirable equilibrio.

Gal

Hace


Revista Viernes 06012017