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iernes

Guatemala, viernes 6 de enero de 2017

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Cubo blanco

Sentimientos a flor de piel de un ser humano.

ensimismamos y nos invitabas a dialogar. Por aquella época, vos estabas empezando a armar el proyecto cultural “espacio 556” con gente amiga. Te juntabas los viernes con otros artistas, hombres y mujeres, y tu casa se volvía escuela, galería, espacio de intercambio, diálogos y aprendizaje. Siempre nos sentíamos bienvenidos, era tu casa, pero nos la hacías sentir nuestra. Porque eso también eras: la experiencia compartida, el enriquecerse con otras personas, con sus ideas, con sus propuestas, con ese colectivo que se armaba a tu alrededor. Y hoy que lo pienso, creo que el arte era una excusa. Creo que lo que más te gustaba era el vínculo, aquella comunidad que fuiste forjando, porque eras casa, eras escucha, eras silencio. Y nos quedamos más solos ahora que no estás. Como escribió un amigo por aquellos días fatídicos, “nos quedó vacía la tercera”, aludiendo a tu calle, a tu casa, a tu espacio. Siempre estabas pensando en proyectos. Cada vez que te veía me contabas una idea nueva, un camino que querías empezar. Porque eso también eras vos. Un creador permanente. Pensarte es recordar tus planes, las mil y una obras que propusiste, los viajes que realizaste para crear puentes entre artistas. Y pensarte es, además, ligarte a la libertad. Eras sin duda un ser libre. Por eso te gustaba caminar y andar en bicicleta. De hecho, muchas veces cuando pedaleo y siento la brisa golpeando en mi cara, te pienso y por un minuto creo que esa brisa sos vos, bicicleteando al lado mío, ahora que sos luz, que sos viento, que sos en el universo. Y tus silencios, ¿qué decir de tus silencios? Eras un tipo de escuchar más que de hablar y de hacer más que de hablar. Pero lo curioso es que tus silencios siempre, siempre, fueron una invitación a dialogar. Y no, Raúl. Pensándolo bien, me niego a pensarte en pasado. Porque estás en lo que dejaste, en quienes nos reunimos cada tanto en “tu” parque, en esa esquina que algunos decidimos restaurar en tu memoria (y nos gana la rutina y se nos van pasando los meses), estás en la defensa del uso de la bici, en las ideas locas que se nos ocurren a veces desde el arte y para la gente, como vos querías... hasta en los paches de los jueves, seguís estando, Raúl. Y nos toca tomar la posta y hacerte honor, recordarte, seguir tus luchas, pequeñas y enormes a la vez. No quiero que me debás la tristeza; quiero recordarte con alegría, aunque ahora sea difícil, aunque me siga doliendo tu partida. Hasta donde estés, amigo, hermano, gracias por la vida que nos regalaste, por los silencios compartidos, por ser la persona que fuiste, por estas memorias a partir de las cuales nos reunimos. Hasta siempre Raúl.

Chitas popo.

Ejercicio pirata . Refleja la economía informal del país, representado por una pesa de CD.

Sin titulo.

Recuerdo cuando conocí a Raúl, junto a Rolando Madrid y otros. Allí supe que era un chinche… Fue en el penúltimo Festival Manifestarte cuando montaron sin previo aviso una obra de Madrid, por encima del Escenario de Literatura, en el jardín cercano al ingreso de la 12 avenida del Cerrito del Carmen. Al hallarlos y encararlos, me dijeron literalmente que “habían hablado” con el otro encargado del mismo escenario, Maco Luna. No mintieron, hablaron con Luna, a quien tenía esperando por el celular y que me dijo, riendo, que sí, le habían hablado, pero de otras cosas. La obra consistía en una tela roja de unos 60 metros de largo, amarrada, en un extremo, a la copa de una araucaria de casi 10 metros de alto, y por el otro, en la base de otro árbol cercano con un remate de una pieza de metal, similar a una navaja desechable (tipo Gillette), en la que sustituyeron el centro por una representación oscilográfica con la palabra “muerte”. A mí me fascinó por el puente que esta representación lograba entre lo visual y lo literario ,y claro, la obra se quedó. Con Raúl compartí varias cosas, como encontrar a alguien muy temprano en la mañana para desayunar juntos (parece que nadie de mis amistades está despierto a las 6:00 a. m.), andar en bici por la ciudad y levantar mapas de ideas sobre lugares a donde llevaríamos gente por manadas. Hablamos del cuerpo en el arte y me propuso un proyecto como aporte a mis exploraciones y estudios del cuerpo masculino a través de la fotografía. Lo seguí atento, mientras danzó un Butoh envuelto en una nueva tela roja. Recuerdo su ingreso lento en la luz, primero sus manos, luego su rostro, después el torso y por último sus piernas. También, su exploración hecha a la tusa, su delicado manejo para envolverse el sexo con ella y jugar con el agua, el sonido y la luz. Y luego el silencio final, la oscuridad. Ahora, cuando pienso en vos, en nuestro paso lento por esta vida, rojo y tenso como la carne, imagino tu ascenso sobre un ave blanca, luminosa, que entra y te saca con ternura del sopor de ese cubo blanco. Y siento paz. Otro hermano

Revista Viernes 06012017  

Revista Viernes edición 166 del Diario de Centro América, 06 de enero de 2017.

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