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Revista cr贸nicas/ Noviembre 2013

Primera edicion


Ed. 1/ Noviembre de 2013

Carátula Karoll Cadena Tatiana Rodríguez Heyder Jaimes Fabio Jácome Portada: "El labial no solo sirve para pintarse los labios", por Karoll Cadena, Tatiana Rodríguez, Heyder Jaimes y Fabio Jácome.

Comité editorial Édgar Fabián Amaya Güiza Milányela Camacho Arenas

Agradecimientos Grupo 9­1 del José Celestino Mutis

Periodicidad Única

ISNN 2013­0611

Correspondencia 9cronicas@gmail.com www.9cronica.blogspot.com

BUCARAMANGA, NOVIEMBRE DE 2013 REVISTA 9CRÓNICAS/BUCARAMANGA/ COLOMBIA

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CONTENIDO

PRESENTACION 4 UNA NOCHE EN MAKUMBA 5 Daniela Celeste Moreno Arenas LUCHANDO POR UN SUEÑO Fabio Alexis Jácome Angarita 7 EL VIAJE MENOS ESPERADO Camilo Andrés Fernández Cardozo 10 HISTORIA DE UNA MADRE 13 Shirley Tatiana Rodríguez Vargas CORTADOS CON LA MISMA TIJERA Angélica Johana Mora Pedroza 18 UN SUEÑO CUMPLIDO 22 Martha Eliana arenas Márquez

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PRESENTACiÓN

La revista 9 crónicas surge como una necesidad de mostrar y proyectar el trabajo de escritura realizado por los estudiantes del grado 9­1 del colegio José Celestino Mutis durante el cuarto periodo escolar. Asimismo, con ella buscamos la valoración y motivación de los estudiantes en el proceso de escritura de crónicas y demás textos literarios. La realización de esta revista es pensada bajo la idea de diálogo entre todos los integrantes de la comunidad estudiantil del colegio Celestino Mutis quienes, a través de esta, pueden encontrar en ella un medio para el acercamiento con el proceso de escritura y creación literaria. El objetivo de 9 crónicas es la publicación de los escritos de los estudiantes, quienes a través de un proceso continuo de escritura logran producir textos que cumplen con los requisitos de una narración bien lograda, siguiendo las pautas y normas requeridas. De esta manera, la revista se postula como una fuente de consulta y un punto de partida para todos aquellos que deseen inmiscuirse en el mundo de la producción escrita.

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UNA NOCHE EN MAKUMBA Por Daniela Celeste Moreno Arenas

A las siete de la noche, se abren las puertas de MaKumba. De su interior sale la música combinada por un DJ, se dibujan unas personas felices y otras tristes por los problemas se desahogan con el alcohol. Makumba es un lugar único con muchos adornos y luces en el techo: cada una de las paredes tiene un color distinto, las (las) sillas en frente de la barra y la pista de baile, el lugar más lleno. MakumbA es un lugar de encuentro donde desconocidos llegan a volverse amigos y parejas, estos son los que más duran. En Makumba se hacen muchas cosas: en la barra se toma para celebrar, desahogarse y conocerse; en la pista se baila para amar y sentir una conexión con la pareja de baile, sin una sola palabra; y desde cualquier rincón se mira a los demás. En ese recorrido de la mirada, se conoce lo inesperado del amor, tal como aconteció con “nombre de la señora”: “con una sola mirada conocí al hombre con el que iba a pasar el resto de mi vida”. En Makumba no solo se va a bailar, a divertirse y a conocer un mundo nuevo. No es solo una discoteca, es un espacio en donde todos pueden ser quien realmente son, sin que nadie les impida mostrarse tal cual, pues cada rincón tiene una energía única, que cambia la persona para bien “yo no sé qué me pasaba cuando llegaba a makumba pero era algo inexplicable, sentir cómo todos tus problemas se van cuando entras”.

En Makumba se establece una hermandad entre los bebedores y bailarines, donde los desconocidos siempre están atentos a las preocupaciones ajenas y, al mismo tiempo, dispuestos para prestar ayuda. Por eso son comunes las preguntas ¿quieres bailar?, ¿qué te sucede?, ¿te puedo ayudar en algo?, preguntas que reconfortan y muestran que Makumba es un lugar donde el baile, la risa y el afecto vibran con la música. Por eso su esposo ama Makumba: “Makumba es un lugar lleno de alegría donde un día llegas y sales cambiado o como yo con el amor de tu vida, lástima que la noche se acaba”. Toda esta alegría no se termina al amanecer: se guarda para la noche siguiente. Así, al otro día nueva gente puede conocer la alegría de Makumba y disfrutar de ella. Después de todo, cada vez es más hermoso llegar allí porque es un segundo hogar. Pero como en todo negocio, Makumba también da de comer a varias familias, conformadas por personas alegres, amorosas y honestas. Ellas son los que mantienen Makumba limpio y pulcro para que cuando la gente vaya, se sienta acogida por la magia que allí habita. Allí, también se puede disfrutar de una rica comida en las mesas en forma de rombo y, al mismo tiempo, compartir con los demás. Una palabra describe este lugar: diversión. “nombre de la madre”

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recuerda: “Yo en mi juventud iba y celebraba la mayoría de veces allí. En una de esas celebraciones, me acuerdo que era mi grado, yo conocí al hombre de mi vida. Pues, me acuerdo que estaba sentado y crucé una mirada con él. Pero bastó con solo esa mirada para que él, se enamorara de mí. Lastimosamente a mí me pareció una mirada extraña pero completamente normal a la vez. Así comenzó toda mi historia de amor. Tal vez no me acuerdo de muchos detalles, pero sí me acuerdo que después de un tiempo de tanta insistencia yo lo acepté. Al principio no me gustaba, pero con el tiempo comencé a amarlo y aceptarlo en mi vida”. Agrega que tras conocer al amor de su vida, frecuentaba Makumba, del que tiene un buen recuerdo: “Creo que se ha convertido en un lugar muy importante en mi vida”.

de pasos curiosos a la búsqueda y comprobación de aquella energía que germinaba en su juventud. Como decía Tennessee Williams: “Siempre hay un tiempo para marchar aunque no haya sitio a donde ir”. En otras, siempre hay un tiempo en el que nos tenemos que ir pues para todo hay siempre un fin.

Makumba es una discoteca con muchas cadenas y está en diferentes partes del mundo. Así, personas de otros países pueden disfrutar de este lugar. Esto permite pensar en las muchas experiencias interesantes que han sucedido en el transcurso de todos estos años. Tal vez muchos de los visitantes no han vuelto pero en su corazón tienen la huella indeleble de este lugar. La noche siempre se acaba y llega un nuevo día. Todos vuelven a su vida normal, tal vez con una carga menos. Sin embargo, para todo final hay una despedida y en Makumba se dan las mejores. No solo es un gran espectáculo sino de unos lindos recuerdos que siempre quedaron en las memorias de sus habitantes.

El fin es el comienzo de algo bueno. Y Makumba es donde se va a reír, bailar, tomar, cantar, soñar y, lo mejor, descubrir el amor. Por eso muchos han amado Makumba, que ha pasado por muchos obstáculos, como cualquier negocio, pero lo diferente es que muchos apoyan este lugar por que han vivido experiencias inexplicables que han cambiado sus vidas: se han hecho mejores personas. El único problema, según esta pareja, es que los tiempos han cambiado, la gente no es la misma y, tal vez, eso que antes se sentía ya no es igual, porque los principios se han olvidado y, ahora, los escándalos son pan de cada día. “Pero Makumba no tiene final siempre va a estar ahí para cambiarnos a todos los que la visitemos”. Con una gran “Nombre de la señora” reconoce que despedida y una gran sonrisa se sale de este Makumba no es igual pues los tiempos han lugar, porque en Makumba se va a descubrir cambiado. A pesar de ello, invita a las almas lo inesperado.

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LUCHANDO POR UN SUEÑO Por Fabio Alexis Jácome Angarita

Todo empezó cuando iba en segundo grado de primaria. Como siempre atravesaba la cancha de fútbol con mi mamá después del colegio. Un día había vimos un grupo de jóvenes entrenando, cuando llegamos a la casa y mi mamá le contó a mi papá. Ambos me motivaron para que entrenara con ellos. Al día siguiente ellos estaban entrenando y mi mamá me dijo: “Vaya y juegue con ellos”. Yo fui y el profesor me dejó entrenar con ellos. Como era el menor, el profesor me tenía prioridad. Empecé como arquero, ya que me gustaba. El profesor me vio en varias ocasiones y le llamó la atención como tapaba. Un día me dijo: “para la edad que tiene tapa bien”. Sus palabras me dieron más confianza en arco durante los partidos. Con el tiempo los demás jóvenes se empezaron a ir a mejores equipo. Igualmente mis padres decidieron cambiarme de equipo. Comencé a jugar con pelados de mi edad. Yo seguía tapando ya que en ese entonces me gustaba, el profesor del nuevo equipo me vio jugando y poco a poco me fue acomodando en otra posición para jugar. Recuerdo que me decía “es muy bueno con el balón en los pies”. Un día papá se encontró con

un amigo que había jugado a nivel profesional y estaba dirigiendo un equipo, “el pirata Ferrer”. Mi papá decidió llevarme. Una vez dentro, el profesor tomó la decisión de ponerme a jugar en la posición de volante 6. Con el paso de los días, el profesor me puso a jugar con jóvenes de 12 años en liga. Estuve en ‘los piratas’ dos años, después me cambié, por invitación de unos amigos, a otro equipo. El técnico de dicho equipo fue jugador profesional. Allí empecé a jugar de defensa central. Recuerdo que tuve problemas en mi rodilla izquierda, por lo que tuve que parar por un mes para hacer terapias. Volví a las canchas después de un mes. Cuando volví, el profesor del equipo me hizo trabajo aparte en varias ocasiones, para ver si estaba en condiciones de jugar. Me dio el visto bueno y me mandó a tomarme una foto para la liga, para jugar en la categoría sub 14 como defensa central. A medida que entrenaba mejoraba mi físico y mi velocidad. El profesor me cambio de posición nuevamente, esta vez a defensa lateral, ya que pasaba al ataque con facilidad y me entendía con los delanteros. En ese tiempo fuimos a Medellín a jugar partidos amistosos

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Fotografia tomada de www.radiounodigital.com.uy

contra las categorías inferiores del Nacional y Medellín. Ganamos 2 de 3 partidos entre la categoría sub 14 y sub 16. Nos devolvimos dichosos a la ciudad con lo que habíamos hecho en Medellín.

Por segunda ocasión el Divino Amor quedó campeón. Me llamaron como refuerzo a los departamentales. Gracias a Dios y con humildad logramos salir por segunda vez campeones en la categoría infantil.

En el 2011, con el equipo del colegio pudimos llegar hasta cuartos de final de los intercolegiados y el colegio Divino Amor quedó campeón. Me escogieron de refuerzo para los departamentales con otro compañero del colegio, donde quedamos campeones departamentales. El profesor decidió llevarnos al “Torneo de la amistad” en Medellín, donde perdimos la final contra un colegio de Medellín 1­0, del que no recuerdo el nombre. Nos devolvimos muy tristes, ya que la meta era salir campeones. Después, nos preparamos con muchas ganas para lo que se venía: la selección Santander en los nacionales. Allí ganamos dos partidos, empatamos uno y perdimos dos, ocupando el quinto puesto. Al año siguiente, llegamos con el equipo del colegio a la semifinal de los intercolegiados pero nos eliminó el Divino Amor en penaltis.

Ese mismo año, el profesor nos llevó por segunda vez al “torneo de la amistad” con el propósito de conseguir lo que no habíamos conseguido el año anterior. Pasamos invictos y primeros del grupo, logramos pasar a la final, donde nos tocó jugar contra la UPB (Universidad Pontificia Bolivariana). Este partido empezamos perdiendo (1­ 0) por un error nuestros debido a los nervios. En el entre tiempo, el profesor nos dio unas indicaciones que pudimos captar con facilidad. Salimos a jugar el segundo tiempo, logramos remontar el marcador (2­1) y quedamos campeones. Nos devolvimos muy felices y motivados para la ciudad. Nos preparamos fuertemente con la selección Santander para los zonales, que se iban a realizar en Duitama, Boyacá. Sabíamos que el clima nos 8


podía jugar en contra ya que era frío. El primer día jugamos, primero, contra Cundinamarca, perdimos (4­3) por grandes errores del arquero. Nos fuimos para el hotel a tomar un pequeño descanso y el profesor decidió entregarnos una carta de nuestros familiares, que nos motivó. El segundo partido fue contra Meta. A pesar de la motivación y la confianza del arquero, el partido lo perdimos (2­ 1) por dos errores del arquero. Muy tristes por la derrota nos devolvimos para el hotel a descansar. Ya no teníamos posibilidades de clasificar a los nacionales por las dos derrotas, pero no nos queríamos ir sin conseguir una victoria. Al día siguiente, jugamos contra el local, Boyacá. Salimos con actitud positiva y confiamos en nuestro talento, ganamos (3­1). El profesor nos felicitó y nos dio una charla para que siguiéramos luchando, nos quedaba un partido contra Caquetá al día siguiente, partido que íbamos a enfrentar con muchas ganas. Salimos a la cancha con humildad y ansias de victoria, y la obtuvimos (7­0). Aunque no clasificamos a los nacionales, nos devolvimos felices y dándole gracias a Dios por lo que habíamos conseguido. Ese mismo año, unos amigos del equipo viajaron a México. Yo no pude ir, porque no tenía lo recursos económicos suficientes. Fueron a jugar un torneo al que nos habían invitado y salieron campeones. Gracias a esa victoria, el profesor firmó un convenio con el Club Pachuca, un equipo muy reconocido.

Este año, en la liga, categoría sub 16, empezamos con el pie derecho ganándole a un equipo difícil (3­1). Pero nos descuidamos y empezamos a perder puntos. En un partido de inter clases, antes de salir a vacaciones de mitad de año, hice un mal movimiento, sentí un dolor pero no le puse mucho cuidado. El profesor empezó a descuidar un poco los entrenamientos ya que era muy rara la vez que había entrenamiento. Empecé a sentir la molestia cada vez más, así que le dije a mi mamá que me llevara al médico. En el hospital me dijeron que estaba desgarrado, me mandaron cinco inyecciones de ‘tiamina’, pastillas de ‘naproxeno’ y siete días de reposo. De las inyecciones solo me aplique dos por mi miedo a las agujas. Fuimos bajando en la tabla de posiciones de la liga, alcanzamos a estar en el puesto 17 pero con ganas fuimos subiendo hasta el puesto 13. Hoy en día estamos en la reclasificación. Estamos en el grupo más difícil con los 2 primeros de la tabla, pero independientemente de cuál sea el equipo, vamos a salir con muchas ganas, humildad y sacrificio para jugar todos los partidos como una final. Me sigo recuperando de mi desgarre, con el propósito de poder dar todo de mí y sigo luchando por un sueño, el cual es ser un gran futbolista.

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EL VIAJE MENOS ESPERADO Por Camilo AndrésFernández Cardozo

“No les puedo decir que nací drogadicto, pero a los 15 años ya fumaba marihuana. No les puedo decir que era alcohólico, pero a los 14 años ya tomaba tragos. En el 2013, la vida me jugó una mala pasada”. Alex es de Bucaramanga nació el 21 de enero de 1998, de una familia de 4 hermanos y de un temperamento fuerte y alegre. Sus padres le inculcaron buenos valores y el respeto con las demás personas. Pero en el 2012, empezó a ser un poco rebelde con sus padres, hermanos y abuela. Tenía amistades que no le convenían (“eso decían mis padres”), para él eran “buenos amigos”. El problema era que estos amigos fumaban drogas. Pero Alex tenía otros amigos: juiciosos pero para él ellos no eran de su agrado y prefería a los viciosos. “Por creerme el malo ante mis amigos”. Su madre siempre le daba concejos sobre las amistades que debía escoger pero nunca le hizo caso. También su papá le decía y repetía muchas veces que pensara en el futuro que quería para su vida. Y le respondía que ya tenía un futuro previsto y sabía qué quería en la vida. “En realidad, les mentía a ellos, al igual que a mí”. En sus tardes, almorzaba, jugaba playstation y se iba para la calle a buscar

malas cosas que para él estaban bien. Siempre se iba al frente de su casa a sentarse con las peores personas del mundo. A pesar de saber que ellos fumaban marihuana, Alex se hablaba con ellos. Ellos le decían “burro sano”, por qué siempre fumaban delante él y “yo solo me comía el olor y no me arriesgaba a probarla”. Nunca le ofrecieron ni lo obligaron a probar nada. Con el tiempo, dejó de hacer las tareas, no estudiaba y no iba al colegio: excusas para no estudiar. “En mi casa peleaba mucho con mis hermanos y con mis padres”. “Siempre quería tener la razón a todo lo que me decían. Yo nunca hacía las cosas mal, nunca me equivocaba. En realidad, estaba muy equivocado solamente con tener esos amigos”. A principios del 2013, empezó a parchar con el Diego que vive frente de su casa, que también fumaba marihuana. Al principio, a Alex le daba igual que Diego lo hiciera, pensaba que nunca lo haría. Sin embargo, de tanto ir a la casa de su amigo y verlo todas tantas veces fumando yerba, Alex decidió fumar por primera vez. “Fue muy raro y muy confuso, porque yo le pregunté si tenía dosis. Él me dijo sí”. Alex visitó la casa de su amigo, hablaron un

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rato hasta que, finalmente, le preguntó por la marihuana. Conoció el moño, lo cogió y lo prendió. Al comienzo, no sentía nada. Cuando el moño se acabó se quedó en el mueble de la sala sentado y empezó a sentirse mareado, sonreía a cada rato como un bobo y todo me daba vueltas. Llegó un momento donde se preocupó por el daño que le estaba haciendo: “Se me olvidó todo, hasta que me llamaba Alex”. Se fue para su casa como un niño normal entró y se acostó a dormir. El día siguiente vio a sus padres y le dio pena mirarlos a la cara. Esa pena solo le duró 12 horas. Fue cuando empezó a desesperarse por no tener droga a su alcance. Llamó su Diego y cuadraron un segundo encuentro, que fue más calmado y con más adrenalina: “la dosis fue casi el doble al día anterior”. Ese día ‘la traba’ duró más de 2 horas, donde se rió, dijo mentiras y habló. Cuando se le pasó la bobada, llegó a su casa, hizo la comida, le dijo a su papá que estaba haciendo un trabajo del colegio y me acostó a dormir. “La tercera vez no me acordé de mis padres ni del dolor que les podía causar nada”. Solo pensaba en la droga. Fue

donde Diego, que no tenía, por lo que fueron a comprar. Su amigo, al ver que era la tercera vez, le explicaba cómo debía controlarla si quería seguir fumando y cómo debía mantener la dosis, para no seguir buscándolo a él. Fumaron y se fue a casa a dormir. A las 6:00 p.m., tenía que trabajar en la cancha recogiendo balones y “yo con mi dosis en mi bolsillo y volví a fumar con mi amigo al lado”. De ahí en adelante, fue un hábito hacerlo. Alex fumaba demasiado. Por más de 2 horas, hablaba, reía y jugaba fútbol con Diego. Luego se iba a la casa a comer, volvía a salir, se encontraba otra vez con Diego y se quedaba hablando con él y con otro amigo hasta las 12:30 am. Esa misma noche, volvió a ‘chupar’. “Esa vez la dosis fue más, hablamos sobre muchos temas mientras fumábamos y nos divertíamos. Yo entré a casa a la 1:30 de la mañana a dormir”. Un sábado en la tarde, en casa de diego, se habían quedado sin marihuana. “Fue cuando vi raro a Diego, pero no le pregunté nada. Lo dejé sano”. Fumaron lo que tenían. De repente llegó el papá de Diego y a Alex le tocó pasar inadvertido. Cuando llegó a su casa, habló un rato con sus padres y no volvió a saber nada de

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Diego hasta el lunes. “Le pegué una insultada, porque para mí él me había traicionado y arruinado la vida”. “Creí que nunca se iban a enterar”, pero Diego le contó a mi prima lo que yo hacía con él. Y ella se lo contó a mi mamá. Ese día su mamá lo llamó y le hizo ir al cuarto, donde sus padres lo esperaban. Cuando entró los notó raros: su mamá estaba llorando. “Me preocupé. Lo único que decía fue ‘se enteraron’”. Su madre me preguntó si estaba fumando marihuana, Alex le dio un sí como respuesta. Ella, al escuchar aquella palabra, empezó a llorar sin parar y le decía por qué le había hecho eso. “Yo con un nudo en la garganta no era capaz de hablar”. Después de 1 hora de plática les pidió perdón y se fue a su cuarto a llorar y a reflexionar por el modo para cambiar. “Lo que más me dolía era saber que en una semana me había tirado mi vida por completo y con solo 15 años de edad, por un momento de placer”. El lunes fue al colegio y, en la tarde, se encontró con Diego. Lo insultó, le dijo hasta de qué se iba a morir pero él tranquilamente respondió: “Alex, yo no quiero que usted sufra como yo, por eso le conté a su prima, para hacerle un bien, que no siguiera en eso”. Alex recuerda que con estaba disgustado y le dijo que no le importaba, que no le volviera hablar y se fue. En la noche, su papé lo llevó a una tienda y le pidió disculpas por las expresiones que había dicho el domingo. “Me dio mucho concejos y me dijo que me iba el jueves para un retiro espiritual”. Alex aceptó con los ojos llorosos. Padre e hijo se dieron un abrazo y un beso, que le dieron

fuerza y ánimo. El jueves iba a salir para la finca donde era el retiro. Alex tenía miedo de lo que le pudiera pasar pero, al mismo tiempo, estaba contento porque hacía feliz a su mamá y a sí mismo. Se despidió de su familia y se fue. Cuando llegó a la finca no conocía a nadie, se sentó, comió, escuchó unas charlas y se acostó a dormir. Los tres días siguientes fueron “los mejores de mi vida, porque conocí a Dios. Era lo mejor de este mundo. Pedí perdón y me di cuenta que estaba equivocado. Cuando llegué al barrio perdoné a Diego. No le tengo rencor, le hablo pero no tan bien como antes. Mi mamá y papá me perdonaron y ahora somos una familia con dificultades pero feliz”. Ahora Alex hace parte de una comunidad llamada “Lazos de amor mariano”, se siente feliz, siguiendo a Jesús y a María, luchando por cada día ser mejor hijo y terminando el colegio. “Bien, como mi madre quiere”. De este viaje inesperado, que casi le destruye su vida, Alex guarda una enseñanza “conocer cuáles son los verdaderos amigos y que cada día debo vivirlo como si fuese el último al lado de Dios y mi familia”.

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HISTORIA DE UNA MADRE Por Shirley Tatiana Rodríguez Vargas

““Ya han pasado años y yo sigo aquí como esclava, agotada con muchos dolores en el alma y en cuerpo. He querido decir no más, pero sé que sería algo innecesario; pues nada valdría la pena. Nadie me pone atención, ni mis hijos. Ellos me han dejado sola y aun así sigo trabajando para ellos, aunque ellos solo me ven como una más del montón con desprecio y vergüenza. Pero bueno no sigo protestando más, porque estoy perdiendo tiempo. Me voy a poner a terminar de lavar los baños antes de que lleguen ellos y se pongan bravos”. Carla era una joven de tan solo 15 años. Cursaba noveno grado, cuando soñaba con ser una gran contadora tener mucho dinero y tener una familia hermosa y unida la cual nunca tuvo. Vivía con sus 5 hermanos y solo con Viviana. Su madre puesto que su padre los había abandonado desde que todos eran pequeños. Carla era la mayor de los 5 y desde la vez que su padre los abandonó, empezó a cuidar a sus hermanos puesto que su madre atendía el puesto en donde vendían verduras. A Carla le era muy difícil encargarse de sus hermanos y estudiar a mismo tiempo puesto que sus hermanos eran muy pequeños, la menor tenía tan solo 10 meses de nacida. Pero aun así no pensaba dejar sus estudios. Se las ingeniaba para poder criar a sus hermanos y estudiar. Ella

no se daba la dicha de salir a pasear con sus amigas ni mucho menos comer un helado. El encierro la deprimía muchas veces pero no podía quejarse puesto que al hacerlo su madre la trataría mal o la insultaría. Era costumbre que ante cualquier reclamo su madre le gritaba lo ingrata y desagradecida que era, pues no veía el esfuerzo que le tocaba hacer para darles la comida. Cuando esto sucedía, Carla se encerraba en el baño, el único lugar donde tenía privacidad, y allí rompía en llanto. No hallaba la hora de que crecieran sus hermanos para ella poder, por lo menos, descansar de ellos y, así, poder irse de su casa. Pensaba “a la larga si me voy mi madre no quedará sola puesto que tendrá a mis demás hermanos”. Sus días se le hacían eternos: se levantaba a las 4 de la mañana para hacer el desayuno, después se bañaba, se alistaba, repasaba un poco y se iba a estudiar hasta las 12:30. Apenas llegaba servía el almuerzo, lavaba la loza, cuidaba a su hermanos, hacía el aseo y, por últimos, sus tareas. Todo esto lo terminaba entre las 10:30 o 11 de la noche. Esa era su rutina diaria. Ni un fin de semana podía descansar puesto que tenía atender en el puesto de su madre o trabajar para poder colaborar económicamente en la casa.

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Cuando terminó sus estudios, Carla obtuvo una beca en una de las mejores universidades del país: consiguió uno de los mejores Icfes. Pero le ocurrió algo muy malo: uno de sus hermanos había muerto. Le dio una enfermedad cancerígena que no tenía cura. Su madre quedó en un estado depresivo. Carla, muy triste, rechazó la gran beca para encargarse de la casa. Ella no hallaba qué hacer: quería salir corriendo y no regresar, pero ella tenía un corazón demasiado grande y no quería lastimar ni dejar sufriendo a ninguno de sus seres queridos, y más por la situación que estaban pasando. Fue y consiguió trabajo en un almacén vendiendo ropa. Le iba muy bien puesto que tenía un carisma inigualable. La gente del almacén la apreciaba mucho y ella se sentía muy bien puesto que se sentía acogida y sentía amor, lo que nunca sintió en su familia. Tristemente cerca del almacén montaron la competencia, como consecuencia las ventas bajaron y cada día el trabajo se hacía más pesado. Por tal motivo, el jefe decidió cerrar el almacén. Carla se sentía mal y muy triste. Primero, porque sabía que ya no se volvería sentir como se sentía ahí y, segundo, porque ya no podría llevar plata a la casa ni podrían comer. Ella decidió buscar otro trabajo. Le fue bien puesto que al haber sido una excelentísima empleada su jefe dio buenas referencias y consiguió trabajo de secretaria, que no tenía nada que ver con su antiguo trabajo. Al jefe del nuevo trabajo le impresionó y le llamó la atención cómo el anterior jefe de Carla hablaba bien de ella. Duró una semana sin trabajar y en ese

tiempo su familia tuvo que comer muy poco. Carla se sentía mal puesto que veía cada día el dolor de su madre y hermanos al ver que no podían comer muy bien. Apenas la llamaron para contratarla ella muy entusiasmada fue y presentó la prueba. Le fue muy fácil aprender pues era persona muy inteligente. Al principio, sus compañeros de trabajo la miraban de reojo, ella se sentía muy mal puesto que no quería tener rencores con nadie. Después de un mes por fin se relacionó con sus compañeros y todo fue porque iba pasando con un café y, sin culpa, se tropezó y el café se regó sobre Alexander, un compañero de ella que pasaba en ese momento. Ella muy avergonzada le dijo: ­Discúlpame no fue mi intensión. De verdad lo siento, no me di cuenta perdón­ dijo Carla. ­Tranquila, tranquila. Sé que fue sin intención ­ dijo Alexander en medio de risas. ­ ¿Por qué te ríes? ­ Dijo Carla agachando la mirada. ­ Primero, porque a mí también me sucedió cuando empecé a trabajar acá y, segundo, porque te vez un poco chistosa pidiendo tantas disculpas por tan simple error. Carla le sonrió y le dio las gracias. Sus compañeros se rieron por lo sucedido y se dieron cuenta que Carla era una persona muy humilde y sencilla. Desde ese momento se ganó el cariño de sus compañeros. Desde ahí, cuando tenían tiempo libre, recochaban, se reían, le

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hablaban mucho, le pedían conejos y le tenían mucha confianza. Después de un tiempo Carla había notado un poco raro a Alexander; puesto que pasaba al lado ella, la miraba, le coqueteaba, le sonreía y, de vez en cuando, le mandaba un dulce o flores. A ella se le hacía raro, puesto que nunca la habían tratado así. Una vez le tocó trabajar hasta tarde, al igual que a Alexander. Él, apenas se dio cuenta que solo estaban los dos en la oficina, se le acercó con un café. Ella un poco sonrojada agradeció y preguntó: “¿Por qué me envías chocolates o flores? ¿Por qué me sonríes y me coqueteas cuando pasas por mi lado?”. ­¿Puedo ser sincero contigo? ­ dijo Alexander un poco avergonzado. ­Sí claro, dime ­dijo Carla entusiasmada. ­Es que tú me gustas demasiado. Desde el momento en que pasó el tropiezo del café no dejó de pensar en ti. Me pareces una mujer maravillosa sorprendente y más con todo lo que nos has contado, cómo ha sido tu vida y que aun así sigas de pie y luchando por tus familiares. Eres sorprendente. Carla se quedó callada ante esta declaración. Se escudó diciendo que iba para el baño. Caminando por el pasillo, pensó en si era cierto lo que le decía, que no sabía si decirle que también sentía lo mismo. Tenía muchas dudas en su mente. Cuando salió, él la estaba esperando y como ya iban de salida Alexander sin pensarlo la tomo de la mano y le dio un beso. Carla de

inmediato se alejó y se dirigió para su casa. Toda la noche estuvo pensando en el beso que le había gustado. A la mañana siguiente mientras se dirigía a su escritorio encontró unos chocolates y una nota que decía: “Te espero en la cafetería”. Carla fue y encontró a Alexander, que la saludó con un beso intenso y le propuso que se escaparan unos días. Carla sin pensarlo aceptó. Ese mismo día compraron los tiquetes y se fueron para Cartagena tres días. La pasaron muy bien y en una de esas noches tuvieron una noche de pasión. Aunque Carla se sentía un poco intimidada puesto que era su primera vez, Alexander la trató con mucho cuidado y amor. De vuelta a Bucaramanga, cada uno se fue para su casa. Cuando Carla llegó, su madre la recibió con un grito. Carla, como ya estaba cansada del trato de su madre, empacó su ropa y dejó a su madre con sus hermanos. Llamó Alexander y le contó lo sucedido, y puesto que él vivía solo le dijo que se fuera vivir con él. Ese mismo día, Carla se instaló en la casa de Alexander. Al principio, todo era muy hermoso para Carla: Alexander la hacía sentir como una reina y salían a comer. Todo iba muy bien hasta que una tarde de descanso, a Carla le dieron náuseas y comenzó a marearse, mientras comía un pedazo de ponqué. Carla ya se estaba asustando, no era la primera vez que le sucedía. Empezó a sospechar de un embarazo. Fue a la droguería y se compró una prueba. La respuesta no era la que Carla esperaba: salió positiva. Ella no sabía si decirle a Alexander u ocultárselo. Todo eso sucedió en esa misma tarde.

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Fotografía tomada de www.mujersincadenas.blogspot.com

Cuando ya eran como las 7 de la noche, Carla había decidido contarle Alexander. Llego él, ella lo sentó lo atendió muy bien, le sirvió la comida y en el momento que terminó ella le dijo. Al principio, Alexander se quedó callado, después sonrió y gritó de la felicidad. Todo iba de maravilla: Carla feliz con su embarazo y Alexander cuidándola. En la oficina estaban muy alegres, hasta el día en que le jefe de Carla, don Javier, la llamó a su oficina y le dijo que, tristemente, por su estado tenía que despedirla. Carla le suplicó que no lo hiciera Don Javier aun así le dijo que tenía que irse esa misma tarde. Carla salió llorando. Sus compañeros le preguntaron qué tenía y ella, en medio de llantos, les contó. Sus compañeros le ayudaron a recoger sus cosas y desafortunadamente desde ese día comenzaron a suceder cosas negativas. Desde ahí comenzaron las peleas. Alexander volvía amargado del trabajo,

se quejaba que le tocaba muy duro y que no podía descansar. En una de esas noches de discusión, Carla rompió fuente y se tuvieron que dirigir rápido a la clínica. Esa misma noche nació su hijo Mario. Ella estaba feliz por ser madre. La felicidad duró poco, pues cuando llegaron a la casa, Alexander comenzó quejarse del desempleo de Carla y del duro trabajo que le tocaría para la alimentación de tres bocas. Todas las noches discutían y discutían y Carla se encerraba en el cuarto con su hijo y duraba toda la noche llorando abrazada a su hijo. Pasaron cuatro años, Alexander se había vuelto muy bebedor, casi todos los días llegaba tomado. Una noche mientras Carla dormía, Alexander la cogió y la forzó a que se acostaran. Carla quedó embarazada. Ella decidió tenerlo. Apenas Alexander se enteró se fue de la casa y los dejó solos. A Carla le tocó empezar a trabajar de cocinera: era el único trabajo que había podido conseguir dada su condición. Después le tocó salirse pues ya tenía más de ocho meses de embarazo. Cuando nació su hija Mariana, Carla estaba feliz de haber tenido una hermosa niña pero sentía derrotada: sabía que le tocaría más duro. Apena s cumplida su dieta, buscó trabajo. Lo único que consiguió fue trabajar de empleada. Ganaba muy poco, en ocasiones dejaba de comer pues nunca el dinero le alcanzaba para sustentar la renta, los servicios y la comida. Nunca dejó de darles un estudio a sus hijos, se las rebuscaba para que estudiaran. Ellos se desempeñaron mucho en el estudio, les

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iba muy bien y apenas graduados empezaron a trabajar. Pero fueron muy egoístas pues el dinero ganado se lo gastaban en fiestas, ropas, cosas materiales y nunca pensaban en su madre. Iban comer y nunca le llevaban. Apenas entraron a la universidad las cosas se complicaron puesto que había días que no llegaban a su casa: se iban a paseos y dejaban a su madre sola, preocupada y angustiada. Todo esto ocasionó que Carla dejara de trabajar, primero, porque ya era mayor de edad y no podía esforzarse tanto; y, segundo, por sus hijos, porque desordenaban la casa con fiestas y Carla le tocaba hacer aseo y el almuerzo.

más y más por su edad. A pesar de todo, sigue cuidando y atendiendo muy bien a sus hijos, alistándoles su almuerzo y teniéndoles siempre ordenada la casa. De su madre y hermanos nunca volvió a saber nada de ellos desde el momento en que los dejó, aunque no hay día en que dejé de pensarlos.

Hoy en día la vida de Carla sigue igual. No ha sido nada fácil su vida de madre cabeza de hogar. Cada día se va cansando

Fotografía tomada de www.mexico.cnn.com

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Cortados c ti Fue un sábado treinta y uno de agosto. Yo estaba con mi padre en la pista de baile de la fiesta de mi tío, cuando llegó un auto. En su interior venía una familia amiga de mi tío. Lo que yo no sabía era que en esa familia se encontraba el hombre que me haría ver la vida desde un punto de vista diferente. Se bajaron todos del auto y, por último, él. Existió una atracción mutua al instante, era casi imposible quitarle la mirada. Se sentó junto a su padre en la mesa que se encontraba en la entrada, su mirada era muy intrigante, quería saber qué pensaba acerca de mí. Cuando terminó la canción mi madre me lo presentó junto con su familia. Sentía muchos nervios y ansiedad por conocerlo. Su madre me pareció una mujer egoísta, su padre un hombre muy amable y él el hombre más tierno, amable y gracioso del mundo, su nombre era Andrés. Yo seguía bailando con mi padre, era imposible no mirarlo. Él estuvo sentado hasta que una mujer lo llamó, lo saludó de beso en su mejilla y le agarró su mano. Yo sentí rabia, muy poca, pero la sentí. Ahora pienso que no era quién para estarlo. Él estuvo

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mucho tiempo sentado al lado de esa extraña mujer, hasta que ella lo invitó a bailar. Yo me encontraba sentada al lado de mi primo, quien también me sacó a la pista de baile. “Sentía un sentimiento extraño”, no sabría cómo describirlo. Yo le dije al mesero que me dejara repartir el alcohol con el fin de conocerlo, llegué a su mesa y repartí el alcohol a todos, no tuve el valor de hablarle, sentía muchos nervios, su prima, que se encontraba a su lado, se dio cuenta de la atracción que existía entre los dos, me dijo que si él no lo hacía, que lo hiciera yo, que lo invitara a bailar. Creo que por orgullo de toda mujer no lo hice. Llegó el| momento en que todos salieron a bailar y solo quedamos él y yo. Me sacó a la pista de baile, bailamos, preguntó mi nombre completo, cuántos años tenía, cuál era mi familia, si tenía pareja, etc. Yo también hice muchas preguntas, pues me inspiró confianza y seguridad, creo que eso fue lo que hizo que abriera mis pensamientos con él. Desde allí no nos queríamos sentar, bailábamos y hablábamos sin parar, hasta que llegó el momento de cantarle el cumpleaños a mi tío. Me


con la misma ijera Por Angélica Johana Mora Pedroza senté en frente de su mesa y cruzábamos miradas, me sentía la mujer más afortunada de la fiesta. Bailamos hasta la hora de la cena. Creía que esas dos o tres horas eran suficientes como para empezarlo a conocer. Alrededor de las tres de la mañana se fue con su familia, se despidió de mi con una beso en la mejilla y con un “te cuidas”. Me parecía la despedida más linda que había tenido en toda mi vida, aunque a simple vista era la despedida más normal del mundo. Esa madrugada no pude dejar de pensar en él, en lo que me dijo, cómo bailaba y se expresaba; podría decir que en el único momento en el que dejé de pensar en él fue cuando fui a la cama. Al día siguiente, su risa y sus palabras eran lo que rodeaba mi cabeza, sin parar inevitablemente. Ese mismo día me encontré con mi mejor amiga, Milena, le conté lo que había pasado la noche anterior. Ella respondió a todo lo dicho con un simple gesto, un gesto de confusión sin pronunciar una sola palabra. Durante los días siguientes, lo único que hice fue pensar en Andrés y en la cara de confusión de Milena, como si supera algo. Yo también llegué a sentirme confundida, no sabía por qué la reacción de Milena. Nunca tuve el valor de preguntarle, pues

había algo que me lo impedía, era temor a saber lo que no quería saber. Debido a mis ganas de saber sobre Andrés, que por cierto eran muchas, empecé a buscar y preguntar acerca de su vida. Empecé por mi tío que conoce muy bien a su familia. También pregunté por amigos o gente que lo conociera. Todo iba bien hasta que mi tío me presentó a la extraña mujer de la fiesta que no me agradó ni un poco. Pero como mi madre siempre ha dicho “no debes juzgar a las personas sin conocerlas”, la juzgué sin saber. Me dijo que era su mejor amiga, casi su hermana. Cuando lo dijo me sentí muy mal. Hice preguntas acerca de la familia de Andrés, de su carrera, de sus amistades, etc. En realidad, ¿de qué me serviría esta información? No lo sé, pero sentía la necesidad de saber cada vez más acerca de

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él. Después de eso no volví a saber nada de su mejor amiga ni de él. Pasaron alrededor de dos o tres meses, cuando un día en mi red social (Facebook) vi una publicación de Andrés hacia una amiga deseándole feliz cumpleaños: lo reconocí por su nombre y lo confirmé por sus fotos. Lo agregué a mi red social, y enseguida empezamos a hablar, duramos alrededor de hora y media hablando. Desde allí yo no me quería desconectar de mi red social, vivía noche y día, incluso en clase estaba conectada. Empezamos a hablar frecuentemente y cada vez más se hacía corto el tiempo para hablar, a pesar de las largas horas de conversación. Hablábamos de muchas cosas, prácticamente nos “conocíamos”, eso era lo que yo pensaba. Siempre fui sincera con él y pensaba que él lo era conmigo. Después de hablar por Facebook empezamos a hablar por teléfono, dos o tres horas seguidas. No quería dejar de hacerlo ni un instante; pues a su lado me sentía confiada, feliz, segura y afortunada de haberlo conocido. Empezamos a salir alrededor de dos o tres veces por semana: íbamos a cine, a comer helados, a cenar y a un parque de juego. El cuatro de febrero, Andrés me pidió que fuera su novia y sin pensarlo acepté. Cinco días después, yo estaba con Milena sentada en su habitación, en ese preciso instante me llamó Andrés y dijo que iría a casa de mi amiga, sin saber que era Milena. Yo no le había contado a Milena acerca de mi noviazgo, recordando el gesto que había hecho cuando le conté lo de la fiesta. Cuando Andrés llegó se llevó una gran sorpresa, pero la más

sorprendida fui yo, pues Andrés y Milena ya se conocían. Esa tarde los dos tuvieron un comportamiento totalmente extraño, o podría decir anormal. Cuando llegó la noche y Andrés se fue, cenamos. Esa noche yo me quedé en casa de Milena. Antes de ir a la cama, ella dijo que tenía que hablar conmigo acerca de Andrés. Milena empezó por decirme que “las cosas no eran como parecían, no todo lo que Andrés me había dicho era cierto”. Yo estaba confundida, no podía creer nada sin pruebas, pues yo pensaba que lo conocía. Dijo que ella prácticamente había crecido con Andrés, pues fueron vecinos alrededor de doce años y novios ocho meses. Dijo que Andrés tenía novia hacía dos años, Gina, que si yo no la conocía era porque ella estaba estudiando en otra ciudad y que él le juraba amor eterno enfrente de toda su familia. En pocas palabras, ella era su novia oficial y yo, la “segundona”. No quería creer nada de lo que me decía, pero tuvo pruebas que me lo demostraron mediante su red social, su familia y la prueba reina, “Gina”. Me sentía la mujer más tonta, engañada, enojada, confundida, derrotada, sola, condenada a los recuerdos, al engaño y a la inseguridad. Jamás había sentido tanto dolor. Desde allí no quise volver a saber nada de Andrés. Milena me consolaba, trataba de sacarme de mi depresión, pero nunca volví a creer ni confiar en los hombres. Hoy en día no tengo novio, no me quiero casar ni tener hijos. Creo que “todos los hombres están cortados con la misma tijera”.

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UN SUEÑO CUMPLIDO Por Martha Eliana Arenas Márquez

Eran las 12 del medio día de un viernes 11 de octubre, el sonido de las vuvuzelas se escuchaba, todas las personas estaban con su camiseta puesta, la fiebre tricolor se veía reflejada por todas partes y los carros pitaban con tanta emoción: la expectativa de los hinchas de la selección Colombia era grande. Toda la gente tenía mucho interés por verla jugar. Además, con la ilusión de que este día iba a ser un día muy especial para Colombia; porque si ganaba o empataba, clasificaría de manera directa al mundial, sin ir al repechaje. Esto iba a ser una noticia muy importante para toda Colombia, para los más de 45 millones de colombianos. Esta emoción por la tricolor se expresaba por todas las calles de Colombia, según lo que decían las noticias, donde los periodistas motivaban a los transeúntes que se detenían para aparecer en televisión. La emoción por la selección era inmensa. El metropolitano estaba listo para la apertura de sus puertas a todos los aficionados, con el fin evitarles algún retraso y, así, poder ver jugar a la selección. La selección Colombia estaba en su hotel de concentración, alistando todos los detalles para el partido que se venía. Los periodistas se encontraban por toda Barranquilla informando sobre la selección. Las viejas glorias del fútbol

estaban reunidas en ‘La arenosa’, esperaban una buena actuación de nuestra selección frente a los chilenos. Las esperanzas que yo tenía por ver un triunfo de la selección eran grandes. Quería sentir y ver a nuestra selección en un mundial, porque hace 15 años que no va a uno. Para mí esto era grandioso. Cuando ya eran las 2 de la tarde empezó la transmisión por el canal caracol. Yo estaba emocionada. Llegó mi tía y mi tío para ver el partido en la sala de mi casa. Se les notaba tanto su alegría como a mí. Toda esa alegría se veía reflejada en toda Colombia, que estaba a la espera de este grandioso hecho “la clasificaron de Colombia al mundial”. Estábamos preparados para esto, mi tía traía muchas cosas para comer durante el partido y celebrar la próxima victoria de la selección. La selección había llegado al estadio, entraron a sus camerinos a preparar todo para el partido. Empezaron el calentamiento, que duró cerca de unos 20 minutos. Después, salieron a la cancha Chile y Colombia listos para los actos protocolarios. “Este va a ser un día glorioso para Colombia”, dice mi tío. Mi corazón estaba acelerado y mi tía estaba muy emotiva. Ella susurraba una frase “sí, sí,

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Colombia. Sí, sí, caribe”. “Colombia rumbo al mundial”, decíamos con una sonrisa tan grande como la emoción. A las 4 Sonó el himno chileno y lo entonaron más de 1.000 aficionados que llegaron al Metropolitano. Cuando termina, Fanny Lu entona las notas del himno nacional de Colombia. Todo el mundo tenía el corazón en la mano mientras cantaba con mucho orgullo el himno de la patria. Toda mi familia cantaba el himno con ese orgullo patrio que nos caracteriza a los colombianos. Las dos selecciones estaban listas en el campo para empezar el partido. El árbitro dio el pitazo inicial, rodó la pelota y empezó la ilusión de 45 millones de colombianos. El sonido del Canal Caracol se había ido, estaba muy enojada porque quería saber qué decían los comentaristas de la selección. Ya no quería ver el partido, me dio mucha rabia y decía “si no vuelve el sonido, que pierda Colombia”. Mi familia me reprochó lo dicho. Ellos continuaron viendo el partido. LA GRAN DECEPCIÓN Chile empezó con la iniciativa para ir al ataque. Colombia no podía dominar el balón, pero se quedaba atrás: James le entregaba un pase a Teo, quien la mandó por arriba del portero chileno. Fue una oportunidad desperdiciada. Minutos después el partido lo continuaba dominando chile y Colombia nada que encontraba el balón. Mi familia estaba toda angustiada porque chile iba dominando el partido. Yo también estaba angustiada, pero seguía enojada porque no tenía voz el canal. Repetía insistentemente, “hasta que

vuelva el sonido no le va a ir bien a Colombia”. Mis palabras desilusionaban a todos, porque ellos tenían la esperanza de un triunfo, tan importante para clasificar. Hay muchas imprecisiones en la selección Colombia y pierde muy fácil el balón. Al minuto 17 pitaron penal a favor de chile: David Ospina tuvo que derribar a Eduardo Vargas. Mi tío estaba preocupado por esto. Alegaba que eso no era penal: “El chileno exageró mucho la caída para que se la pitaran dentro del área”. Sin embargo, los comentaristas decían que “era una jugada indiscutible y clarísima”. Todos estábamos tan angustiados por el momento que nos cogimos de la mano para pasar el susto, tal vez, creyendo que así ayudaríamos a atajar el balón. Pero de nada sirvió: Arturo Vidal marcó. Todos desilusionados emitimos con una voz de tristeza: “gol de chile”. El marcador estaba (0­1) a favor de Chile, que ocupaba el segundo lugar de la tabla posiciones de la eliminatoria con 28 puntos. Mi familia decía “Colombia es muy malo. Si clasifica no podrá pasar a la siguiente fase”. En cambio, yo no perdía mis ilusiones, sabía que le iba ir bien a Colombia. Pasaron 5 minutos desde el penal y el chileno Alexis Sánchez marcó el segundo gol a favor de los chilenos. Colombia no se recuperaba de estos goles, no era capaz de ganar los rebotes ni de recuperar el balón, mientras Chile tocaba la pelota. Aunque yo estaba preocupada por el resultado, sentía que me daba lo mismo. No era la única: todos estaban aburridos, porque querían ver a su selección ganando o al menos empatando para poder clasificar. En el Metropolitano de

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UNA HISTÓRICA

REMONTADA

En el segundo tiempo, la tensión se mantenía en todos los rostros. Colombia tuvo un buen comienzo: salió con otra actitud y ahora pelea todos los balones. Nos preguntábamos ¿Pékerman que les habrá dicho para que salieran con esta buena actitud? Hicieron dos cambios: Salió Aguilar y Medina, entraron Guarín y Macnelly Torres. Estos cambios hicieron que nuestra selección tuviera una nueva cara. Llamé a mis tíos para que siguieran viendo el partido, porque ahora sí estaba interesante. Mi mamá estaba al lado de nosotros, ella sentía mucha alegría que nos contagiaba. También tenía la camiseta del tricolor, orgullo patrio.

Barranquilla, la gente no sabía qué hacer: no quería ver a su selección perdiendo, trataban de animarlos. Pasaron 9 minutos desde del último gol de chile, el árbitro pitó falta en contra de Colombia. Mi tía enojada protestó “pero ni siquiera lo tocó”. Tiro libre a favor de chile. Mi familia estaba con los pelos de punta, era tanto el nerviosismo Colombia tuvo muchas oportunidades de por otro gol, que finalmente llegó con para meter el gol: con pases profundos de Alexis Sánchez, encargado de cobrar el tiro Macnelly Torres. Chile intentaba atacar, y mandarlo al fondo de la red. pero Colombia seguía con la presión en el arco, pero sin precisión. El árbitro le sacó El árbitro solo pitaba faltas y sacaba tarjeta roja a un chileno, Carlos Carmona, tarjetas amarillas. A los 48 minutos terminó por meterle la mano al balón. Chile quedó la primera parte. Toda la gente estaba con 10 jugadores en la cancha, lo que decepcionada con la mala actuación de facilitó el trayecto a Colombia. Yo deseaba Colombia. Llegó mi mamá para ver la que, por lo menos, se diera un empate. Mis segunda mitad del partido. En mi casa familiares decían “eso es justo para estábamos tristes, en especial mis tíos que Colombia, por que está jugando muy bien”. alegaban: “para qué nos colocamos la Cada vez que un jugador se acercaba al arco camiseta”. Se la iban a quitar y no querían gritábamos con tanta emoción, que hasta los ver la segunda parte, porque no tenían la vecinos nos escuchaban. Nuestros gritos se ilusión de una mejora por parte de unían al de muchos más y al sonido de las Colombia. Cuando volvió el sonido del vuvuzelas. canal, me alegré y dije: “Ahora sí Colombia puede jugar bien”. Pékerman hizo su último cambio: retiró a

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Carlos Sánchez e ingresó a Carlos Bacca. Fue un buen cambio –pensé. Al minuto 67 el árbitro pitó ‘tiro libre’ a favor de Colombia. Lo cobró Fredy Guarín. El balón no entró al arco, se estrelló en el palo. James se la pasó a Pablo Armero y él se la pasó a Teo quien marcó el primer gol de Colombia. Miles de voces se unieron para gritar una sola palabra, la que alegraba corazones y las esperanzas de un mundial, ¡Gol! Mi tío dijo “con otros 2 goles más podemos empatar”. Al minuto 72 pitaron penal a favor de Colombia. Falcao cogió el balón para cobrar el penal, tiró el balón a la izquierda del arquero y, nuevamente, todo un estadio y un país se unió en una voz para cantar gol. Gritábamos con tanta fuerza, nos abrazamos e incluso lloramos. Ya solo estábamos a 1 gol para estar en el mundial. Fue grande la alegría que sentimos cuando hicieron este gol, teníamos mucha ilusión que Colombia clasificara. Este día iba a ser histórico

­pensamos. Tras el segundo gol, Colombia se volvió el dueño del juego. Además, contaba con una ventaja: tenía un jugador más en la cancha. Llegó una nueva posibilidad para Colombia, un tiro libre de costado. James Rodríguez levantó un centro. No hubo peligro. Luego James trató de llegar al arco pero el arquero Bravo lo tumbó. El árbitro pitó otro penal a favor de Colombia. “¿Vieron cómo arquero como tumbo a james?”, protesté y agregué, “Le agarró los pies, fue a destiempo del balón”. Falco, nuevamente, se alistó para cobrar el penal. Esta vez tiró el balón al centro del arco y terminó al fondo de la red. Falcao se emocionó mucho, se quitó la camiseta y el árbitro le sacó tarjeta amarilla. Mi familia lloró de alegría. No podían creer lo que había sucedido, Colombia pudo recuperarse de una derrota segura. En la calle, se escuchaban los pitos de los carros que pasaban emocionados, las vuvuzelas

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que no faltaban y los gritos de alegría de la gente. Yo no lo podía creer, “esta selección es grande”.

mundial? ¿Llegaremos al menos a cuartos de final o a la semifinal?”. Por ahora, solo queda esperar la llegada del mundial.

Tras el empate, el partido se durmió. Colombia ni Chile querían ganar, ambos se conformaban con el empate, les servía a los dos. Al minuto 92, el árbitro pitó y dio fin al partido. “COLOMBIA CLASIFICÓ AL MUNDIAL DE BRASIL 2014”, gritábamos muy fuerte. Un día histórico para Colombia: luego de ir perdiendo (3­0) pudo remontar el marcador y empatar, para asegurar la clasificación al mundial. Todos emocionados por la gran hazaña de la selección, celebrábamos el empate como un triunfo. Ahora, lo único que ronda por la cabeza de todos los hinchas de corazón es “¿Pasaremos a la siguiente fase del

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Revista 9crónicas  

La revista 9 crónicas surge como una necesidad de mostrar y proyectar el trabajo de escritura realizado por los estudiantes del grado 9-1 de...

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