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Magazín pedagógico

edición

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Bogotá, D. C., Colombia, abril de 2016. ISSN 1794-4937

en esta edición

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la formación de maestros

apuestas desde aspu - upn

Educación formación y paz de maestros en el para el contexto de postacuerdo:

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educación en ciencias

memoria en la escuela

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es posible la literatura la paz educación y formar los diálogos deporte aportar como universo ¿oportunidad pedagogías maestros de paz social, para una como posconflicto a la paz simbólico críticas desde la educaverdadera para la paz ción comunitaria, Escenario de y formación desde la de la paz y la educación? formación de una apuesta en maestros en la construcción de paz tiempos de esperanza...

aprendizaje de maestros en la escuela

Coro y Banda Sinfónica del Departamento de Educación Musical y Banda Sinfónica de Cundinamarca durante la apertura de la “Semana Universitaria de las Culturas” de la UPN, 2015.

Colombia ha protagonizado, durante dos siglos de su historia republicana, una cruenta y prolongada guerra por la independencia, catorce confrontaciones regionales, incontables revueltas internas de los estados federales, al menos nueve grandes guerras civiles nacionales, una atroz violencia interpartidista y un largo conflicto político armado que aún no termina. Y, en el trasfondo de todas estas disputas, una característica común: la lucha por la construcción nacional, por el tipo de Estado y la forma de gobierno, por la expresión y la participación políticas, por la modernización y la democracia. No es, entonces, algo trivial lo que sucede en La Habana. El acuerdo que se logre entre el Gobierno Nacional y las farc, seguido por las conversaciones con el eln, constituyen un quiebre singular en el devenir de nuestra historia; un punto aparte jamás alcanzado en el trasegar de nuestra sociedad: la tramitación pacífica y sin armas de la lucha política por el poder, la posibilidad real de resignificar la democracia. La universidad pública ha entendido cabalmente este momento y llama a través del Sistema Universitario Estatal a respaldar la firma final del acuerdo para la terminación del conflicto político armado y la construcción de

una paz estable y duradera. Pero no solo ello: ofrece su apoyo a los mecanismos que se adopten para su refrendación; dispone su contribución académica en los territorios más afectados por el conflicto para el logro de la paz con justicia social; ha ofrecido su quehacer para impulsar la formación de gestores de paz entre los excombatientes, y ha hecho público su compromiso con las víctimas, la modernización del Estado y el fortalecimiento de los gobiernos locales, entre otras tareas que incluyen la participación activa del estudiantado a través de sus prácticas profesionales, del programa “Manos para la Paz” y de sus propias iniciativas.

La Universidad Pedagógica Nacional, en sentido similar, ha definido como objetivo central en su Plan de Desarrollo Institucional la formación de maestras y maestros para una Colombia en paz. Igualmente, adoptó como eje transversal el compromiso por la construcción de paz con justicia y democracia, incluyendo dos grandes programas con cinco proyectos y múltiples acciones, entre las cuales se destacan: el Observatorio de Derechos Humanos, la propuesta de Cátedras y Escuelas para la Paz, la Convivencia y la Memoria, así como la “Caja de herramientas para el abordaje de pedagogías para la paz y la convivencia”. Actualmente, entre otros ejercicios estratégicos, impulsa la propuesta de participar en la formación básica y profesional de excombatientes, víctimas del conflicto y población afectada —como lo hizo en el proceso adelantado en 1991 con grandes resultados—, y construye con la Universidad de Antioquia la oferta de una Licenciatura en Educación Básica Primaria para la formación de maestros en los lugares más apartados de la geografía

colombiana, principalmente en aquellos que han sido escenario de la guerra. En su interior, la upn trabaja para consolidar una convivencia que articule la prevención, promoción, afirmación y protección de los derechos humanos en los ámbitos educativos, cualificando al mismo tiempo sus licenciaturas y, en general, su labor misional. El Magazín que hoy publicamos se dedica, por las razones expuestas, al tema fundamental de los aportes de la universidad y la educación en la construcción de paz; explora y dialoga desde

En su interior, la upn trabaja para consolidar una convivencia que articule la prevención, promoción, afirmación y protección de los derechos humanos en los ámbitos educativos, cualificando al mismo tiempo sus licenciaturas y, en general, su labor misional.

diversos saberes y con miradas pedagógicas en torno al papel que nos corresponde, y plantea retos para la Colombia que espera el postacuerdo. Para el próximo mes de mayo, mes del maestro, proponemos a los educadores una reflexión profunda sobre la perspectiva que aquí enunciamos, sobre su rol y responsabilidad. Tenemos la certeza de que las próximas celebraciones del Día del Maestro serán las últimas que se realicen en el marco de un país afectado por el conflicto político armado. El acuerdo ya no tiene marcha atrás y el tiempo restante es breve. Pero sin el maestro, sin su participación activa, decidida y comprometida, no es posible un nuevo país. Allí está centrada la apuesta de la Universidad Pedagógica Nacional.

Adolfo León Atehortúa Cruz

Rector adolate@pedagogica.edu.co


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Comité editorial Adolfo León Atehortúa Cruz Rector Piedad Cecilia Ortega Valencia Vicerrectora Académica Sandra Patricia Rodríguez Ávila Vicerrectora de Gestión Universitaria Alejandro Álvarez Gallego Director Instituto Pedagógico Nacional Carlos Ernesto Noguera Ramírez Decano (e) Facultad de Educación Alfonso Torres Carrillo Decano (e) Facultad de Humanidades Ángela Camargo Uribe Profesora Facultad de Humanidades Hadasha A. Cárdenas Garzón Coordinadora Grupo de Comunicaciones

[…] los educadores, entre otros, desean contrarrestar la acrecentada habilidad del capitalismo global para separar la esfera tradicional de la política del ahora poder transnacional, resulta de crucial importancia desarrollar enfoques educativos que rechacen el desmoronamiento de la distinción entre las libertades de mercado y las libertades civiles, una economía de mercado y una sociedad de mercado. Esto sugiere el desarrollo de formas de pedagogía crítica capaces de desafiar al neoliberalismo y a otras tradiciones antidemocráticas incluyendo la creciente criminalización de los problemas sociales, tales como la falta de hogar, al mismo tiempo que restablecen un proyecto democrático radical que provee las bases para imaginar una vida más allá del mundo de los sueños del capitalismo.

Henry Giroux

Lucía Bernal Cerquera Coordinadora Grupo Interno de Trabajo Editorial

Proceso editorial Dirección general Hadasha A. Cárdenas Garzón

• Partir de la realidad inmediata de los maestros y relacionarla, en un proceso de ida y vuelta, con la realidad nacional y mundial. No se trata de mirar el mundo de forma abstracta, sino de entenderlo a partir de nuestra cotidianidad. Para lograr este propósito, el diplomado articula de manera creativa los distintos saberes y las diferentes áreas del conocimiento.

Diseño y diagramación Andrés Torres Bohórquez Corrección de estilo John Machado Muñoz Gilberto Barrios

• Impulsar la crítica, la autocrítica, la reflexión y el análisis. El perfil de ser humano que se aspira a construir en este proceso es el de un sujeto creativo, dotado de herramientas para actuar. Apostamos por la formación de hombres y mujeres que piensen por sí mismos, planteen alternativas, tomen iniciativas y lideren procesos.

Fotógrafo Darío Redondo Gutiérrez Impresión El Espectador Agradecimiento Licenciatura en Artes Visuales UPN

Universidad Pedagógica Nacional Calle 72 n.º 11-86 www.pedagogica.edu.co Instagram: @comunidadUPN Twitter: comunidad UPN Facebook: UPNinstitucional El Magazín Pedagógico es un medio de comunicación institucional de la Universidad Pedagógica Nacional.

La Asociación Sindical de Profesores Universitarios de la Universidad Pedagógica Nacional (aspu-upn) es una organización de carácter gremial que por iniciativa de un grupo de maestros de planta y temporales se creó en el año 2010, en un escenario de agudización del modelo educativo neoliberal y en el que la upn afrontaba una de las peores crisis económicas, políticas y académicas de su historia. Administraciones profundamente irresponsables con el manejo de los recursos, antidemocráticas y represivas contra toda forma de pensamiento y acción críticos frente a sus políticas, sumieron a la Universidad en una situación de desesperanza e ingobernabilidad. En medio de ese estado de cosas, aspu-upn emerge con la voz de la dignidad y se asume en la denuncia pero también en la propuesta, construyendo espacios de participación con maestros, trabajadores y estudiantes, movilizándose en defensa de la profesión docente, los derechos humanos y la constante exigencia al Estado colombiano para que cumpla con su obligación de financiar la universidad pública. Nuestra apuesta para la formación de maestros en posibles escenarios de reconciliación está centrada en la defensa de lo público y de la carrera docente a través del diálogo permanente entre diferentes estamentos de la Universidad, así como con diversos sectores sociales. En nuestro gremio creemos en la necesaria formación política y sindical del profesorado en ejercicio y del profesorado en formación, sobre todo en tiempos de postacuerdo. Junto a la Corporación para la Educación y el Desarrollo Sindical y la Investigación Popular (ced-ins), aspu-upn ha configurado una propuesta de diplomado abierto a profesores, trabajadores y estudiantes, que busca: • Educar para la acción; la educación debe servir para transformar la realidad. Para ello se deben buscar y construir herramientas en aras de que esa transformación sea eficaz. Sin la investigación, la organización y la movilización, la educación es estéril.

Jenny Ciprian Sastre Asesora Rectoría

Grupo de Comunicaciones Corporativas Edificio Administrativo Carrera 16A n.º 79-08, piso 8 Teléfono: 594 1894, ext. 217 comunicaciones@pedagogica.edu.co

Junta Directiva ASPU-UPN

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• Entender la educación como proceso que se desarrolla en diferentes escenarios de la vida social: la movilización, la organización, el ocio, la recreación, la confrontación y en los momentos específicos de acción pedagógica que son los eventos educativos. De lo anterior se deriva su carácter de permanencia.

La formación de maestros para la paz desde nuestro diplomado sindical parte de incentivar la cualificación colectiva con base en diálogos de saberes y experiencias que se dan en las aulas, pero también a partir de las luchas educativas y sociales, no obstante las innumerables víctimas de crímenes de Estado y de grupos paramilitares, que en más de medio siglo de conflicto interno les han costado a los movimientos sociales, organizaciones sindicales y agremiaciones de profesores. Ante este panorama, posicionamos la pregunta por el tipo de maestro que se requiere formar y para qué sociedad. Del mismo modo, como aspu-upn, apoyamos la configuración de proyectos en perspectiva de bien-estar y buen vivir como principios fundamentales en la formación de maestros para el postacuerdo. Finalmente, tenemos la convicción de que la formación de docentes en escenarios de paz requiere unas condiciones laborales y académicas dignas para tal ejercicio profesional en el país. Por ello, el diplomado en mención piensa y defiende lo público desde la configuración de otras ciudadanías en justicia y libertad, como único modo de superar el conflicto. 01. Asistentes a la Cátedra de paz UPN construyen un tejido con sus propias definiciones de paz, 2015. 02. Ilustración por Karen Pachón Sánchez, estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales.

Apoyamos la configuración de proyectos en perspectiva de bien-estar y buen vivir como principios fundamentales en la formación de maestros para el postacuerdo.

Foto por: Grupo de Comunicaciones


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Todos los colombianos estábamos a la expectativa de que en el mes de marzo se firmara el fin del conflicto armado que por más de 40 años han sostenido los gobiernos de turno con las farc. No obstante, esto no se dio y puso de presente la complejidad del proceso de negociación que aún no agota una amplia agenda de discusión y que sostiene críticas de muchos sectores políticos del país que presionan por la ruptura de un proceso tejido con ingentes esfuerzos. Si bien es cierto que el fin del conf licto armado con la principal fuerza guerrillera del país no representa la materialización de la paz, sí constituye un avance importante con el que todos nos debemos comprometer. Sin duda alguna, la construcción de la paz y los desafíos instalados en un escenario de posconflicto competen a todos(as) y no puede entenderse como un asunto exclusivo de pocos. Por esta razón, desde la formación de maestros de ciencias naturales, también es posible contribuir con la construcción de una sociedad democrática que viva una ética de la justicia, la igualdad y la fraternidad. Esta formación de maestros puede pensarse a partir de un cruce fecundo de conocimientos oriundos de la Educación en Ciencias Naturales y la Educación Ambiental, que comparten la pretensión de formar ciudadanos críticos y responsables frente a las distintas problemáticas de orden tecnocientífico y ambiental que también cruzan distintos elementos del conflicto.

Visto así, el problema es preguntarse qué clase de adultos se quiere potenciar y cómo se podría hacer uso del conocimiento de las ciencias naturales para que sea utilizado por los diversos niños, cada uno a su modo. Es claro que la explotación minera, la privatización del agua, la generación de energías alternativas como biodiésel y bioetanol, entre otros temas, también forman parte de disputas históricas de territorios y riqueza adyacentes al conflicto

Fotos: Grupo Alternancia

colombiano que deben considerarse en la construcción de la paz. En este sentido, desde la Educación en Ciencias Naturales se han desarrollado significativas investigaciones con profesores en ejercicio y en formación inicial, en las cuales se favorece la comprensión de estas problemáticas ambientales para que las actuales generaciones de niños(as) y adolescentes desarrollen sus capacidades de argumentación y toma de decisiones que los vinculen a una participación proactiva en los escenarios públicos. Así, la formación de ciudadanos, en cuanto sujetos empoderados de sus realidades y contextos, se torna un ejercicio real de construcción de cultura de paz. La formación de profesores de ciencias naturales debe propiciar en los futuros maestros el reconocimiento de que el desarrollo cognitivo de los niños o de los jóvenes no implica preparar “pequeños científicos” o “técnicos”, sino más bien implica una formación cultural que les permita participar como ciudadanos en la construcción de una sociedad democrática con un carácter humanista; es decir, donde el reconocimiento de la dignidad individual y de los otros forme parte de las formas de vida cotidiana, más allá de los vínculos utilitarios derivados de la preocupación inmediata de acumular bienes de consumo y riqueza financiera. Visto así, el problema es preguntarse qué clase de adultos se quiere potenciar y cómo se podría hacer uso del conocimiento de las ciencias naturales para que sea utilizado por los diversos niños, cada uno a su modo; qué líneas de trabajo general podemos plantear los profesores, qué criterios para organizarlas, en un intento por propiciar una formación cultural para la vida.

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Si la verdadera riqueza de la nación está en su gente, un objetivo básico de la educación y, por ende, de la Educación en Ciencias Naturales, es aportar a la creación de un ambiente propicio para que todos disfrutemos de una vida prolongada, saludable y creativa. Es decir, que los niños y jóvenes puedan llevar una vida humanamente digna y significativa para cada uno de ellos, y que puedan controlar y planificar sus propias vidas. Debe enseñárseles a reconocer que no son seres pasivos, que pueden elegir y que pueden ser personas autónomas, capaces de comprender el rendimiento y el éxito en función de las oportunidades que se le abren a cada uno de ellos. Lo anterior supone que los futuros profesores de ciencias, a través de su formación, tomen en cuenta la complejidad y el carácter contextual de las realidades; que reconozcan y valoren el anclaje de la actividad científica en una realidad social, hecho que implica el debate y la gestión de los conflictos. Esto supone abordar los lazos entre el saber, la ética y la política en el marco de la educación en ciencias naturales, vista desde la relación entre ciencias, tecnología, sociedad y ambiente.

01. Grupo de investigación de maestras Liceo Carrión. 02. Estudiantes de escuela brasileña participante en proyecto colombo-brasileño de formación de profesores de ciencias. 03. Encuentro de maestros Arealva, Brasil, proyecto colombo-brasileño de formación de profesores de ciencias.

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Leonardo Fabio Martínez Pérez

Profesor Facultad de Ciencia y Tecnología lemartinez@pedagogica.edu.co

Isabel Garzón Barragán

Profesora Facultad de Ciencia y Tecnología igarzon@pedagogica.edu.co


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de la paz y la memoria en la escuela “Lo que logra la literatura es despertar la sensibilidad, pues no estamos leyendo un informe ni una serie de fechas, sino la vida de una persona”, comentaba una estudiante de once luego de acercarnos a los cinco textos seleccionados para trabajar la memoria en Colombia: Abraham entre bandidos (Tomás González), El olvido que seremos (Héctor Abad Faciolince), Vivir sin los otros (Fernando González), El gato y la madeja perdida (Francisco Montaña) y Los ejércitos (Evelio Rosero).

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Todo comenzó cuando un grupo de maestros de la Universidad Pedagógica Nacional (upn) y del Instituto Pedagógico Nacional (ipn) diseñó una propuesta de investigación y acción pedagógica que consideraba tres momentos: la lectura de un conjunto de novelas que afrontara el conflicto desde los años cincuenta, la organización de encuentros académicos entre escritores, personajes, docentes y estudiantes, y la recreación artística por parte de los jóvenes de los hechos tratados; de este modo se apoyó el trabajo por proyectos promovido por el ipn. La aventura comenzó con encuentros de estudiantes de octavo a once del ipn. Los ejemplares de los libros que se llevaron al colegio se agotaron sin el rigor de la evaluación o la calificación. Emergió el espacio de las tertulias, acompañadas de instalaciones plásticas, en las que la protagonista de uno de los libros manifestó conmovida: “Dentro de todo el dolor de 30 años buscando a nuestros familiares, tener a alguien que lea tu historia es gratificante”; lo que corrobora que la memoria es un acto colectivo, como señala Maurice Halbwach (19771945), tanto por su dimensión social como por la relación que guardamos con el pasado. Evidentemente, es desde la experiencia propia que nos conmovemos con el drama de las víctimas, porque somos hijos, hermanos, tenemos una madre, habitamos una ciudad y hemos visitado algún pueblo colombiano. Así lo indica Roland Barthes: “Tratar al lector como a un personaje; hacer de él un personaje” (Barthes, 2009, p. 56). Aparecieron, entonces, las preguntas: ¿qué estudiar al graduarme? ¿Cómo es mi familia? ¿Qué versión presentan los medios de comunicación? ¿Qué debo hacer? ¿Somos la generación de la paz? Surgió también la pregunta por la identidad del docente en el momento actual. En las áreas de Arte, Ciencias Sociales y Literatura se encontró una conexión con la propuesta. Cada docente y grupo de estudiantes participaron a su manera, preparando y promoviendo un festival de la memoria con muestras artísticas de diferentes formatos y que contó con cerca de 80 obras, dispuestas en un ritual por la vida.

En este escenario, la escuela es un espacio imprescindible para emprender la creación colectiva de sentido frente a nuestras vicisitudes históricas. La emergencia del pasado cobra razón de ser si se asume como una verdadera conmemoración en la que entablamos un compromiso con la reparación de las víctimas y la reconstrucción del tejido social en el país. En este escenario, la escuela es un espacio imprescindible para emprender la creación colectiva de sentido frente a nuestras vicisitudes históricas. Dicha estrategia formativa, que pronto será recogida en un material pedagógico, muestra la importancia de la participación activa de los estudiantes, el encuentro con narradores y víctimas, la labor interdisciplinaria y la investigación. Un proyecto, inscrito en la misión de la upn, que advierte la manera de inventar con las nuevas generaciones la cultura de paz y posconflicto que tanto anhela Colombia. 01. Teatro La Candelaria presenta a los estudiantes el IPN su obra Antígonas. 02. Ritual de apropiación “Festival de la memoria”. 03. Pintura El rostro del olvido.

BLANCA NIDIA PÉREZ DUARTE

Docente Ciencias Sociales ipn bperez@pedagogica.edu.co

EDWIN ANDRÉS TORO RENGIFO

Docente Literatura ipn eatoror@pedagogica.edu.co

FERNANDO GONZÁLEZ SANTOS

Docente Licenciatura de Educación Comunitaria con énfasis en Derechos Humanos upn fgonzalezs@pedagogica.edu.co Referencias

03 Fotos por: Janeth Buitrago

Barthes, R. (2009). El susurro del lenguaje. Barcelona: Paidós. Halbwachs, M. (2004). La memoria colectiva. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.


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Contra la muerte, coros de alegría. Barba Jacob

01 Fotos por: Ximena Velásquez (01) y Miguel Alfonso Peña (02, 03 y 04)

No es que la educación impartida no sea verdadera, es que adviene un país distinto, contrapuesto a las casi ocho décadas de estupor producto de las crueldades de la guerra. La consecuencia, que consideramos lógica, es que se examine profundamente el proyecto educativo de la nación. A la guerra se debe un sinnúmero de comportamientos que muchos tachan de incomprensibles: la ausencia de límites, el cinismo del que delinque, la corrupción, la venganza o justicia a propia mano, la indolencia, la precariedad de los valores, la desesperanza, la insensibilidad social, la trivialidad de nuestra televisión y de la mayoría de los medios de comunicación, la desconfianza en las instituciones y un largo etcétera. Decía el pedagogo español Juan Luis Vives que la primera condición para la paz era la voluntad de lograrla, en ese propósito, la nueva (quizá verdadera educación, como acertadamente propone Jiddu Krishnamurti de quien abrevamos para estas líneas), ha de volver al proyecto de construcción de humanidad y de salvaguarda de la vida. Para iniciar, y como todo asunto que se gesta en la doble acepción de creación y de hazaña, debemos reorganizar el mapa semántico, hacer que un nuevo vocabulario sea el núcleo de la formación de nuevas subjetividades; un lenguaje morada de democracia, de producción de amabilidad, espacios de fiesta, de construcción conjunta de conocimiento y creatividad cultural. Un lenguaje potente para la configuración de

02 proyectos educativos que unan razón y emoción, cuerpo-inteligencia-contemplación, que promuevan el sentipensamiento; un conjunto de palabras que desaten alternativas educativas a modo de ambientes para que florezca solidaridad donde hubo mezquindad; proyectos civilizadores ante la barbarie; causas nobles a la competitividad; unas pedagogías de la hospitalidad, del vínculo, la equidad, la alteridad, la confianza, la benevolencia, el riesgo, la responsabilidad; que antepongan al atajismo, la perseverancia; a la intolerancia dogmática y sectarista, la agudeza de la comprensión; al afán, la delicadeza de las pausas; al ruido, la poesía del silencio y de la quietud. En este paradigma, que está por revelarse, se impone la fecundidad de la vida a la esterilidad propia de la guerra. Por ello, es obligación de los programas de formación docente trazar senderos y generar proyectos formales, no formales, de inves-

03 tigación y proyección social encaminados a una educación orientada al trabajo sobre sí mismo, el autocuidado, la creación de conciencia ciudadana, la resiliencia, el perdón, la pertenencia y el corazón. En este contexto se entendería la frase de John Lennon cuando, en una de sus tantas intervenciones al referirse a la paz, decía: “La paz no es algo que deseas, es algo que creas, que haces, algo que eres y algo que regalas”. Si la paz es algo que nos merecemos, un nuevo proyecto educativo ha de ser la contribución para despertar conciencia; es el regalo que nos damos para crear inteligencia de nosotros mismos, rebasar conflictos y las confusiones a que estos dan lugar, para encontrar —como diría el poeta Salinas— nuestro mejor yo. 01. Programa nacional de concertación, Convenio UPN con el Ministerio de Cultura. 02, 03 y 04. Núcleos de formación artística. Convenio UPN con la Alcaldía Local de Engativá.

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Si la paz es algo que nos merecemos, un nuevo proyecto educativo ha de ser la contribución para despertar conciencia.

Miguel Alfonso Peña

Decano (e) Facultad de Bellas Artes malfonso@pedagogica.edu.co


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El Plan de Desarrollo Institucional (pdi), de la Universidad Pedagógica Nacional (upn), ha proyectado su trabajo en el entendimiento de los retos que significan la transformación del Estado, las políticas públicas frente a la formación de educadores y el contexto del país. Dichas consideraciones son armonizadas con la docencia, investigación y proyección social (agenda académica/investigativa), como se verá, tanto en el nivel general de la globalización y el Estado-nacional, como en su papel con el “conflicto armado interno y la construcción de una sociedad en paz” (upn, 2014-2019).

La educación y pedagogías críticas para la paz, deben posibilitar el diálogo, la apertura y el encuentro, para fundamentar que el derecho a la paz en su núcleo esencial es una construcción-proceso y no un punto de llegada-fin, y a su vez, un derecho colectivo de los pueblos.

Foto por: Grupo de Comunicaciones

La coyuntura y el futuro del país se encuentran en el péndulo “guerra-desarrollo-paz” como un gran desafío, en especial cuando la propia existencia de la universidad pública se halla en tensión. Por lo tanto, la gran apuesta para los maestros y la sociedad es pensar en un modelo de educación y de pedagogías críticas para la paz, que debe ponerse ante todo en la función de potenciación de comunidades educativas autónomas y empoderadas con conciencia de globalidad y con profundo sentido democrático. A este punto, vale preguntar: ¿el resultado de las negociaciones del Gobierno Nacional con las insurgencias permitirá generar la movilización social y política sin armas y, además, vincular a los sectores populares marginados de los escenarios de toma de decisiones para transformar injusticias y enfrentar al capital despojador? En nuestro criterio, dar respuesta a este interrogante implica abordar múltiples escenarios, los cuales tendrán variadas respuestas; pero, desde nuestro lugar de educadores, consideramos que uno de ellos es la formación de maestros para que desde las aulas, los barrios, las veredas y el mundo, se generen diálogos de saberes como método en la ruta de promoción de la participación-movilización de la sociedad en la encrucijada de la paz. Entonces, la educación y pedagogías críticas para la paz deben posibilitar el diálogo, la apertura y el encuentro, para demostrar que el derecho a la paz en su núcleo esencial es una construcción-proceso y no un punto de llegada-fin, y a su vez, un derecho colectivo de los pueblos. En otros términos, se trata de entender que la superación de la guerra (que no solo es armada, sino también social) que genera desigualdad y graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos y ambientales en el país, requiere ingentes esfuerzos de los maestros en la formación de personas éticas y políticas para las heterotopías que quieran y puedan organizarse y constituirse en base social para la transformación y defensa del bien común de la humanidad. Esta apuesta formativa de educación para la paz es el desafío que se pregunta por la manera como las comunidades en el territorio nacional apropiarán el momento histórico y por nuestro papel desde la docencia, la investigación y la proyección social, para que los tiempos del “postacuerdo” afiancen aquello que el mismo pdi de nuestra Universidad ha señalado: “Una universidad comprometida con la formación de maestros para una Colombia en paz”. Los desafíos para la formación de maestros consisten en permitir que la educación y la pedagogía críticas para la paz se concreticen transdisciplinaria e interculturalmente y se fortalezcan en escenarios de alta tensión bélica o de violencia

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estructural, tal como es nuestra sociedad. Cada campo del conocimiento debe aportar para enfrentar los retos “coyunturales” y garantizar relaciones armonizadas de forma prolongada. La educación para la paz es un núcleo que interconecta múltiples campos del conocimiento y muchas prácticas. Es donde se propician los círculos de la cultura, que es necesario realizar en el quehacer académico de los maestros si pretendemos enfrentar con éxito los retos sociales, políticos y económicos, signos de tiempos de ensamblajes globales y nacionales que alimentan el capitalismo. A partir de lo anterior, nuestra apuesta formativa de maestros ha buscado deslindarse de la comprensión del derecho a la educación vinculada al mercado y la lógica del capital. En esta postura, la formación pretende incidir en la educación de maestros que participen y contribuyan en la creación de espacios de actuación y movilización de la paz, por medio de redes, plataformas o colectivos, en la escuela y fuera de ella. En oposición a la política de formación de “capital humano”, nuestro propósito es formar sujetos políticos y éticos que articulen su práctica pedagógica a los entornos sociales en los cuales se desenvuelve su labor de manera “glocal”, con pensamiento cosmopolita. El reto está en involucrar amplias, novedosas y diferentes prácticas de formación de licenciados. En esta dinámica, la actuación de la upn ha estado dirigida a promover espacios de formación que contemplen la solidaridad en la defensa frente a violaciones de derechos humanos; el fortalecimiento de los vínculos con sectores de víctimas, campesinos, afros, indígenas, obreros y juveniles entre otros; el apoyo en la constitución y organización de grupos estudiantiles y sociales como escenarios de formación y participación como el “Frente Amplio por la Educación… y la Paz”; el apoyo y generación de las primeras negociaciones sindicales para reivindicar y garantizar los derechos a los docentes en la Universidad; la definición e incorporación en el pdi del eje estratégico “Paz con justicia y democracia”, para dar respuesta de política académica a los procesos de negociación entre el Gobierno y las insurgencias; la construcción y orientación del Observatorio (Institucional) de Derechos Humanos, el cual es un escenario de investigación y práctica pedagógica; la formulación de una política de derechos humanos en la Universidad, orientada al buen vivir como mecanismo de apropiación de la Universidad, que incida a partir de allí en la mesa interuniversidades por los derechos humanos; la formulación de la Cátedra Institucional de la Paz, de carácter itinerante, en la que logramos vincular y generar sinergias entre la Universidad, las

organizaciones y movimientos sociales y la escuela; la participación y promoción de la Red de Universidades por la Paz; el acompañamiento desde la educación y la pedagogía de paz al actual diálogo exploratorio entre el eln y el Gobierno Nacional; el diseño de un programa nacional de educación para la paz en el marco de los diálogos de La Habana entre las farc-ep y el Gobierno Nacional, y la formulación de la Maestría en Derechos Humanos, en asocio con colegas del País Vasco, Gernika Gogoratuz y de universidades públicas colombianas, entre otras iniciativas. Aunque estas coordenadas marcan un derrotero en el cual debemos avanzar, es claro que no es suficiente. La upn y las universidades públicas en general, que ofrecen programas de formación de licenciados, se ven en serias dificultades económicas para mantener sus apuestas. En un escenario de postacuerdo, la formación de maestros deberá dar lugar a la existencia de las universidades públicas de manera que la paz como una construcción sea posible, en este caso garantizando el derecho esencial a la educación. Aún son escasos los cupos en las universidades públicas; aún son precarios los recursos que invierte el Gobierno Nacional en la educación de sus ciudadanos. Mientras se privilegie el subsidio a la demanda (por vía de créditos condonables) en detrimento de la garantía de la oferta educativa pública, y no se modifique el lugar común de los últimos treinta años en la política pública de educación, la paz y el postacuerdo serán un espejismo y se agudizarán los conflictos sociales que dieron base al conflicto armado. En esa medida, la educación seguirá ampliando la brecha de inequidad y desigualdad y, por lo tanto, construir una sociedad democrática será un horizonte lejano.

01. Muestra del trabajo del “Costurero de la Memoria”, proyecto mediante el cual víctimas del conflicto construyen comunidades de memoria a través del ejercicio de tejer, 2015.

Helberth Augusto Choachí Gonzalez

Secretario General Coordinador del Observatorio de Derechos Humanos hchoachi@pedagogica.edu.co

Jorge Enrique Aponte Otálvaro Coordinador del equipo de trabajo del eje “Paz con justicia y democracia” japonte@pedagogica.edu.co


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01 Foto por: Johanna Huepa Salcedo Como habitantes de este territorio, estamos hoy ante la enorme responsabilidad de avanzar en la construcción de un país justo, equitativo e incluyente, en el que sean posibles las diversas formas de ser como individuos y colectivos. Necesitamos sanar las huellas profundas causadas por la desigualdad y la guerra, desde la comprensión y transformación de las causas que las originaron y las han perpetuado por tantas décadas. Ante este reto, la Universidad Pedagógica Nacional ha asumido la responsabilidad de formar maestros y maestras comprometidos en su pensar, sentir y hacer con esta historia que nos asiste. Es así como desde hace diez años la upn creó la Licenciatura en Educación Comunitaria con énfasis en Derechos Humanos, que ha dibujado, recorrido y reinventado caminos de esperanza y dignidad, con un morral cargado de compromiso y con la convicción de que la pedagogía para la paz, la diversidad y los derechos humanos nos llevan a la reconstrucción del tejido social y comunitario afectado por el conflicto social y armado en diferentes contextos del país. Este programa académico trabaja desde la perspectiva de las pedagogías críticas, la educación popular y con enfoque de derechos humanos, desarrollando sus experiencias educativas de manera articulada con instituciones educativas, entidades estatales, organizaciones sociales y de víctimas para fortalecer diferentes iniciativas que se enuncian en lo educativo, artístico, político y cultural para el empoderamiento de las personas y las comunidades. Maestros y estudiantes de esta licenciatura realizan, desde los primeros semestres de formación, prácticas pedagógicas investigativas comunitarias, en diferen-

01 Foto por: Ángel Parada Bernal

La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia. Artículo 67 de la constitución política de Colombia de 1991.

El panorama actual de búsqueda de la terminación del largo trasegar del conflicto armado en Colombia, a través de los diálogos de paz que se adelantan entre el Gobierno Nacional y las organizaciones insurgentes (farc-ep y eln), con la expectativa de la construcción de una paz estable y duradera, representa un amplio campo de discusión académica respecto al cual se pueden establecer reflexiones y acciones con saldo pedagógico tanto en la escuela como en la sociedad en general. En la escuela se presenta la posibilidad de abordar diversos campos del conocimiento como la historia, política, economía, ética y valores, educación ambiental, ciudadanía y convivencia, entre otros; a partir de la interpretación del conflicto armado colombiano y sus posibles perspectivas de culminación, en clave de la lectura de las agendas de conversaciones establecidas actualmente con las dos agrupaciones subversivas y su permanente desarrollo, proceso en el cual también cobra relevancia el análisis de los escenarios, normatividades, documentos y acuerdos que surgen en ese contexto.

Al respecto, se puede hacer referencia, por ejemplo, a la importancia de la utilización de espacios como los centros de memoria, la asistencia a sus eventos y lectura de sus publicaciones, el aprovechamiento de significativos recursos académicos como el Informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (2015); así como la observación permanente de las comunicaciones surgidas en la mesa de conversaciones de forma conjunta o por parte de cada una de las delegaciones, para realizar el análisis y seguimiento respectivos. Algunas de las reflexiones que se pueden sustraer de los diálogos de paz para presentarlas en el escenario educativo

tes escenarios afectados por la violencia, construyendo de manera creativa y dialógica propuestas pedagógicas contextualizadas, en una perspectiva ética y política de respeto a la dignidad humana, de lucha constante por la realización de los derechos de las personas y comunidades, y de compromiso con un país que nos permita vivir la paz. Allí los estudiantes construyen sus propuestas pedagógicas en alguna de las siguientes líneas de investigación: 1. Identidad, acción colectiva y poder local; 2. Escuela, comunidad y territorio; 3. Arte, comunicación y cultura; 4. Educación, conflicto y territorio, y 5. Memoria, corporalidad y prácticas del buen vivir. A través de las prácticas pedagógicas, la licenciatura ha acompañado experiencias educativas en departamentos como Bolívar, Sucre, Chocó, Antioquia, Norte de Santander, Arauca, Casanare, Boyacá, Cundinamarca, Cauca, Nariño y Putumayo, pues reconocemos que el conflicto social y armado ha generado no solo la disputa territorial entre los diferentes actores de la guerra, sino también ha impactado la vida cotidiana de la gran mayoría de colombianos y colombianas, particularmente de quienes han sido excluidos históricamente. Por eso trabajamos en las zonas rurales y campesinas, consejos co-

están relacionadas con los aprendizajes que deja hasta ahora el avance del proceso en la mesa de conversaciones, el cual se constituye sin duda en la posibilidad de dar un ejemplo fehaciente a la comunidad educativa y la sociedad en general, respecto a la viabilidad de dar prelación a la solución de conflictos de forma pacífica, dialogada y negociada. Asimismo, es un ejemplo sobre la posibilidad de interlocutar en medio de la diversidad, aunque el otro piense de forma distinta, poder escucharlo, respetarlo y considerar sus planteamientos, establecer acuerdos y desacuerdos en medio de la diferencia, con la definición de límites que no supongan el uso de la violencia; además, se constituye en un referente para recalcar valores como la alteridad, el esfuerzo, el liderazgo, la persistencia, la toma acertada de decisiones, entre otros. De otra parte, es oportuno recalcar que la escuela no ha sido en momento alguno ajena al conflicto armado, pues se puede observar que en diferentes ocasiones se ha visto afectada por problemáticas derivadas, tales como la utilización de zonas escolares para el refugio o tránsito de los ejércitos en contienda, las presiones de los distintos actores del conflicto, la ubicación de la comunidad educativa en la inmediación de combates o campos minados, el reclutamiento forzado de menores, entre otras afectaciones, que han devenido en el ámbito educativo en la interrupción del proceso de aprendizaje, incidido en casos de deserción escolar o, de forma más grave, generado situaciones de confinamiento, desplazamiento forzado, amenazas o asesinatos.

munitarios, resguardos indígenas, zonas de biodiversidad, comunidades de paz y barriadas urbano-populares, porque allí nos encontramos con experiencias maravillosas de convivencia y cuidado entre personas y con la naturaleza. En la escuela, la calle, la organización y en la comunidad tiene lugar un educador comunitario, pues es allí donde se resignifican las experiencias y saberes diversos de mujeres, jóvenes, campesinos, afrodescendientes, indígenas, niños y niñas en diálogo con la academia. El compromiso de este programa es, entonces, con los procesos de alfabetización y educación de jóvenes y adultos, con el medio ambiente y la naturaleza, con la formación en derechos humanos, la recuperación de la memoria histórica, el acompañamiento psicosocial y el fortalecimiento organizativo y comunitario. La realización de las prácticas pedagógicas de los educadores comunitarios en formación parten del reconocimiento a las formas que han construido las comunidades para vivir la paz en medio del dolor de la guerra. Valoramos la diversidad y la exigibilidad de los derechos humanos desde una mirada interseccional y apostamos por una sociedad para todos y todas. ¡Por eso seguimos caminando este país, con todo lo necesario en nuestro morral! 01. Movilización por la memoria de las víctimas. Práctica pedagógica en el departamento de Boyacá, 2012.

Sonia Torres Rincón

Coordinadora de la Licenciatura en Educación Comunitaria con énfasis en Derechos Humanos smtorres@pedagogica.edu.co

Johanna Huepa Salcedo

Docente Licenciatura en Educación Comunitaria con énfasis en Derechos Humanos Facultad de Educación jhuepa@pedagogica.edu.co

Igualmente, con los altos índices de desplazamiento interno, o como consecuencia de los programas de desmovilización y reinserción, en la escuela hace presencia una amplia diversidad de víctimas del conflicto, aspecto que ha conllevado a plantear también los retos de la escuela en dicho contexto. En este sentido, se plantea la importancia de incorporar en las instituciones educativas la consecución de iniciativas pedagógicas que cuenten con la participación de los diferentes estamentos de la comunidad educativa, para aportar en la configuración de escenarios de aprendizaje que contribuyan a la búsqueda y exigencia de verdad, justicia, reparación y no repetición, como fundamento de la construcción de una paz estable y verdadera.

01. Actividades pedagógicas por la paz en instituciones educativas distritales en la ciudad de Bogotá.

Ángel Parada Bernal

Egresado de la Licenciatura en Psicología y Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional. Magíster en Comunicación – Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Doctorando en Estudios Culturales en la Universidad de Santiago de Compostela.


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Foto por: Efraín Serna Caldas

Colombia se juega una de las partidas políticas más importantes de su historia reciente. La guerrilla de las farc-ep y el Gobierno Nacional están a punto de concretar un acuerdo que podría poner punto final a muchos años de confrontaciones; sin embargo, es bueno recordar, como bien ha señalado Vicenc Fisas, que “el acuerdo de paz no es el punto final, sino el de partida para la construcción de la paz y el posconflicto” (Fisas, 2015). Buena parte del sector social que Jorge Eliécer Gaitán llamó el “país nacional”, el de los ciudadanos y ciudadanas de a pie, aquel que más se ha visto afectado por el conflicto político armado, las violencias y la “guerra sucia”, aboga por que los diálogos que se adelantan en La Habana lleguen a buen término, se inicien las conversaciones de paz con el eln, y la política de desestructuración del paramilitarismo se haga clara y contundente. Estos son retos de gran envergadura y demandan del esfuerzo de todos y todas. La Universidad Pedagógica Nacional ha estado dispuesta a asumir el reto que los tiempos y la sociedad le demandan; por ello, al despuntar la década de los 90 del siglo XX, cuando el país intentaba salir de la espiral de violencia y muerte que había vivido en la década anterior, cuando se habían suscrito acuerdos de paz con el m-19, el prt, el Quintín Lame y el epl, cuando la juventud se arriesgaba a abrirle paso a la posibilidad de que Colombia delineara un nuevo rumbo y diera vida a una nueva Constitución nacional, la upn se aprestó a construir un programa de educación para la paz que no solo graduó a cientos de excombatientes como bachilleres, sino que hizo que varios de ellos, convertidos en profesionales, se sumaran a la construcción del país sin el recurso de las armas. Hoy vivimos un momento similar, y desde la Facultad de Educación Física y su Licenciatura en Deporte, nos aprestamos a aportar a la construcción de la paz.

Pero, ¿qué pueden aportar la educación y los deportes en esta tarea? Para responder esta pregunta, queremos recordar las palabras que Nelson Mandela pronunciara en 2007, cuando exjugadores de la estatura de Pelé, Iván Zamorano, Emilio Butragueño y Ruud Gullit se reunieron para jugar al fútbol y para homenajearlo: “El deporte tiene el poder de transformar, de inspirar, de unir a la gente. El deporte tiene más capacidad que los Gobiernos para derribar las barreras raciales y políticas y atraer la reconciliación” (Carlin, 2009). El proyecto Deportes para la Convivencia y la Paz, de la Licenciatura en Deporte, es una apuesta metodológica y pedagógica que, reconociendo en los deportes su instancia material y simbólica, promueve en niñas y niños, jóvenes víctimas de la violencia y la guerra, en adultos actores de la confrontación, y en territorios escenarios del conflicto, una cultura de convivencia, diálogo, exploración de otras formas de resolver los conflictos, habitar el territorio, y fortalecer el cuidado de sí.

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Niños participantes del proyecto Deportes para la Convivencia y la Paz

Centrados en dicha convicción, desde el énfasis en deporte social de nuestra licenciatura, se potencian y exploran los visos pedagógico/educativos que ha de tener una práctica deportiva que permita que las personas y las comunidades, además de ejercitarse físicamente, entrenen su capacidad reflexiva, acrecienten su potencial resiliente y fortalezcan su poder transformador. Esto ha hecho que la Facultad de Educación Física empiece a mirar con otros ojos la formación de maestros y que se apreste a hacer sinergia con el Centro Nacional de Memoria Histórica, la Oficina del Alto Comisionado de Paz y el Ministerio del Posconflicto, a fin de materializar grandes retos de nuestra sociedad: documentar las maneras en que el terror y la violencia han marcado los escenarios y las prácticas deportivas, encontrar con las comunidades las claves para construir un deporte para la convivencia y la paz, y hacer que sus estudiantes se vinculen desde lo pedagógico a la construcción de un país más humano, digno y solidario.

Referencias Carlin, J. (2009). El factor Humano. Barcelona: Seix Barral. Fisas, V. (2015). El acuerdo de paz no es el punto final. Entrevista concedida a El Espectador, mayo 23 de 2015.

Efraín Serna Caldas

Profesor Facultad de Educación Física serna@pedagogica.edu.co

Juan Carlos Ibarra Rodríguez

“El deporte tiene el poder de transformar, de inspirar, de unir a la gente. El deporte tiene más capacidad que los Gobiernos para derribar las barreras raciales y políticas y atraer la reconciliación”. Nelson Mandela

Profesor Facultad de Educación Física jcibarrar@pedagogica.edu.co

Iván Arturo Torres Aranguren

Estudiante Doctorado Interinstitucional en Educación itorres@pedagogica.edu.co

Magazín Pedagógico - Edición N.º 34, 2016  

Periódico Universidad Pedagógica Nacional - Edición N.º 34, 2016

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