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Staff Moni

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Miry GPE Vane hearts Laurita PI itxi Verito Nana Maddox Key NnancyC Dannygonzal Sandry Mire Jasiel Odair

Dannygonzal Val_17 florbarbero Jadasa Jane Fany Stgo.

florbarbero Fany Stgo. Anakaren Anty SammyD Kora Mary Am茅lie. Daniela Agrafojo Gabbita Laurita PI Alessandra Wilde Mery St. Clair

M贸ninik


Índice Sinopsis

Capítulo 13

Capítulo 1

Capítulo 14

Capítulo 2

Capítulo 15

Capítulo 3

Capítulo 16

Capítulo 4

Capítulo 17

Capítulo 5

Capítulo 18

Capítulo 6

Capítulo 19

Capítulo 7

Capítulo 20

Capítulo 8

Capítulo 21

Capítulo 9

Capítulo 22

Capítulo 10

Capítulo 23

Capítulo 11

Capítulo 24

Capítulo 12

Epílogo


Sinopsis Una promesa aparentemente inofensiva. La única chica a la que nunca podría olvidar. Collins Drake ejerce control sobre todas las facetas de su vida. Desde su negocio, hasta el satisfacer sus necesidades físicas… todo pasa bajo su control. Así que, cuando una mujer aparece ante su puerta y le recuerda la promesa que se hicieron cuando tenían sólo diez años, eso no debería tener la habilidad de sacudir todo su mundo. Pero lo hace. Porque Mia Monroe no sólo es su mejor amiga de la infancia, no era sólo la chica con la que perdió su virginidad y a la que no ha visto desde entonces, ella es la única excepción a su control perfecto. Y pieza por pieza, está a punto de destrozar sus planes cuidadosamente elaborados. Filthy Beautiful Lies, #4


1 Traducido por NnancyC Corregido por Miry GPE

Últimamente parece que no puedo eyacular. No es por ausencia de esfuerzo de mi parte. Demonios, no. No soy de los que se dan por vencidos, pero a pesar de bombear en mí muy sexy novia supermodelo durante la última hora, intentando cada posición que puedo imaginar, e incluso inventando un par más, no estoy ni cerca de correrme. Joder. Sudor gotea desde mis abdominales y pecho sobre ella, y murmuro una disculpa y embisto más duro, golpeando en su cuerpo una y otra vez mientras intento llegar allí. Ella ya se ha corrido cuatro veces y durante sus dos últimos orgasmos me preguntó si me encontraba cerca. Sí, mentí. Soltando un resoplido final, me quita de encima de ella. —¿Qué mierda, Collins? —Se mueve de la cama, arrojando una almohada en mi cara mientras agarra su bata de seda. Me siento sobre mis talones; desnudo como el día en que nací, preguntándome qué carajo está mal conmigo. Tatianna es alta y delgada, con cabello largo y sedoso, y está en frente y al centro en los bancos de imágenes mentales pornográficas de todos los hombres del mundo cuando se masturban. Esto no tiene nada que ver con ella, o mierda, tal vez sí, no sé. —Escucha, nena, solo me encuentro cansado, ¿de acuerdo? —Corrí diez kilómetros esa mañana y luego hice una sesión brutal de ejercicios de kickboxing con mi hermano menor, Pace. Y diablos, tal vez algo de la conversación que tuvimos mientras arrojábamos golpes y ganchos todavía da vueltas en mi cabeza. Cuando preguntó sobre mi relación con Tatianna, le admití que estaba bastante seguro que ella solo me consideraba su cuenta bancaria personal, y ella


simplemente era un cuerpo caliente en el cual perderme. Solo que recientemente eso tampoco funciona tan bien para mí. Observo desde la cama mientras Tatianna se viste, eligiendo prendas de diseñador del vestidor inmenso que le construí. Lanza algunas prendas al piso antes de finalmente decidirse por un vestido negro y tacones a juego. —Voy a salir —dice en mi dirección. Sé que se siente enojada conmigo, pero, ¿no deberíamos hablar al respecto? ¿No es lo que hacen las parejas? Simplemente asiento. Estoy seguro de que va a salir de compras, su típica actividad de los sábados por la tarde. Después de que se marcha, me ducho y visto, luego me siento solo en la biblioteca, disfrutando de un whisky escocés de cien años. Considero llamar a mis hermanos, pero probablemente están ocupados con sus familias. Recostándome en el sillón de cuero, cierro los ojos. Ejerzo control sobre todas las cosas de mi vida —desde mi empresa, a mis relaciones, hasta la forma en que manejo los negocios— solo mi polla no ha recibido el memorándum. La verga egoísta. Podría hacer una cita para un examen físico —pero estoy seguro que mi médico me dirá que el problema se halla en mi cabeza, no en mi polla. Puedo venirme muy bien con mi propia mano, y no quiero oír por qué piensa que pasa eso. No es algo que me importa examinar, gracias, Doc. Como el hermano mayor en una familia sin madre, y un padre quién trabajaba demasiado, bastante recayó sobre mis hombros. Llevé el timón con mano firme y me aseguré de que mis hermanos se mantuvieran controlados. Y ahora, como el director ejecutivo de una compañía, no es diferente. Raramente tengo tiempo para cosas frívolas, como diversión. Tal vez ahora pago el precio. Olvidé como jodidamente eyacular. Cristo. Estoy sentado solo, disfrutando un trago mientras el sol se hunde en el cielo cuando el timbre suena. Nadie toca el timbre. Mis hermanos entrarían por sí mismos, y las amas de llaves ingresarían por la cochera. Me levanto del sofá y me dirijo al vestíbulo, preguntándome quién demonios se encuentra en mi puerta principal. La abro para encontrar a una jovencita de pie en mi pórtico frontal. Hay algo atractivo y vagamente familiar sobre sus amplios ojos color verde-musgo bordeados de pestañas oscuras. Mi polla se eleva con interés. En serio, ¿ahora? ¿Por


esta chica de cabello castaño que se ve aterrorizada y esperanzada en partes iguales? Permanecemos allí, nuestros ojos recorriendo al otro. ¿Su coche se averió? Parece poco probable que subiera un kilómetro y medio hasta mi entrada privada. Me encuentro a punto de ofrecerle mi teléfono celular cuando habla por primera vez. —¿Collins? —Entrecierra los ojos, como si solo no estuviera viéndome, sino viendo dentro de mí, tan extraño como suena. Su voz tiene un tono conocido. Suave, aunque áspero. Mis recuerdos se abren camino a través de mi neblina inducida por el whisky para localizarla. —¿Gremlin? ¿Eres tú? —Encuentro que soy el único entrecerrando los ojos ahora, intentando entender cómo la chica que solía conocer por ese apodo, se ha transformado en esta criatura hermosa delante de mí. —Ahora es Mia —me corrige con un puchero. —¡Mia, joder! —La atraigo a mis brazos, apretándola contra mi pecho. Todavía tiene la misma altura que cuando éramos adolescentes; apenas alcanzando un metro cincuenta, donde yo he crecido rápidamente a un dominante metro ochenta y cinco. Su postura se relaja una vez que está en mis brazos y deja salir una pequeña risilla. —No pensé que me reconocieras al principio. —Hoy he tenido mucho en mi mente. Además, luces un poco diferente a la última vez que te vi. —La libero y encuentro su mirada, y puedo decir que ambos recordamos la última vez que estuvimos juntos. Teníamos quince años y estábamos bajo la cubierta del barco de mi papá mientras se balanceaba suavemente en el muelle. Ella me dijo que se iba a mudar. Y luego me rogó que tomara su virginidad. Lo cual hice. Mi último recuerdo de ella es con sangre manchando sus muslos y lágrimas empañando sus ojos verde esmeralda. Todavía me siento como una mierda por esa noche. La vergüenza arde calientemente a través de mí, forzándome a volver al presente. Me aclaro la garganta, y Mia parpadea para alejar los recuerdos, que sin duda, nublaron su visión. Si se encuentra aquí en mi umbral en Los Ángeles, tal vez significa que me ha perdonado por esa noche. Crecimos juntos de niños y fuimos prácticamente inseparables desde el momento que tuvimos cinco años de edad. Hasta que se mudó. No la he visto o le he hablado en quince años. Mientras me deleito en su apariencia, me doy cuenta que algunas cosas todavía son iguales: sus ojos verdes que destellan cuando captan la luz y su cabello castaño despeinado que se curva en cualquier dirección, pero algunas otras cosas son definitivamente


nuevas. Esas tetas, por ejemplo. Recordaría esas. Su cintura se ha estrechado y puesto en forma, pero sus caderas han estallado, y sin necesitar que se gire, puedo decir que su culo es redondo y exuberante. La chica tiene curvas que son completamente opuestas a la marimacho esquelética y de rodillas con costras con la que recuerdo jugar mi niñez entera. —¿Qué haces en LA? —pregunto. —Yo… —Inhala profundamente—. Es una larga historia. ¿Puedo entrar? —Por supuesto. —Prácticamente estuve vigilando la puerta como un imbécil. Doy un paso al costado y le doy la bienvenida. Tiene una valija grande, y le ofrezco tomarla, empujándola adentro y dejándola al lado de la puerta principal, ya que no tengo idea de la causa de su presencia. —Tu casa es asombrosa —dice, sus ojos lanzándose a las escaleras curvadas que se elevan sobre nosotros. —Gracias —murmuro. No quiero hablar sobre mi casa, quiero entender por qué está aquí. El brillo travieso en sus ojos se ha atenuado, y pese a que no la he visto en quince largos años, odio la idea de que algo le haya sucedido. Esta mujer una vez significaba todo para mí. Le muestro los alrededores, dándole un breve recorrido del primer piso antes de llevarla a la biblioteca. Mi bebida todavía se halla en la mesa del costado, recordándome mí tarde de mierda. —¿Te gustaría uno? —pregunto. —Claro —dice—. Pero solo si tienes algo un poquito menos masculino que lo que sea que es eso. —Ondea una mano hacia el vaso con la bebida alcohólica color ámbar. —Creo que puedo hacer que suceda. —Voy a la pequeña barra en la esquina de la habitación, y sirvo algo de vodka en un vaso, luego me inclino hasta la mininevera por debajo y agarro latas de refresco lima-limón y jugo de arándano—. ¿Esto funcionará? —pregunto, sosteniéndolos en alto para su aprobación. Asiente y me sonríe. Fue siempre tan fácil hacerla feliz. Le entrego su bebida rosa, y se une a mí, sentándose en el sillón de cuero al otro lado del mío. Viéndola aquí, observándola cruzar sus tobillos, y la forma delicada en que lleva el vaso a sus labios… evoca toda clase de recuerdos. Nuestra relación nunca fue romántica —éramos amigos— mejores amigos. Pero cuando perdí a mi mamá trágicamente en un accidente automovilístico, a la edad de catorce años, fue Mia quien estuvo allí para mí. Era a Mia a quien quería.


Por días no pude comer, no hablé con nadie, ni siquiera con mis hermanos. Recuerdo a Mia sosteniéndome con mi cabeza en su pecho. Escuché sus latidos mientras me acariciaba el pelo y me contaba historias tontas para distraerme. El dolor era tan abrumador, tan intenso, que no sabía cómo ponerlo en palabras. Pero Mia no necesitaba palabras. Ella sabía. Fue después de una de aquellas sesiones que compartimos nuestro primer beso. Se sintió natural, con nada de los ataques torpes y lengua demasiado entusiasta que algunas de mis parejas previas tuvieron. Al instante me puse duro por mi amiga, y eso me confundió demasiado. Nunca la vi como algo más hasta ese momento. Pero algo cambió esa noche, porque a partir de ese día, comencé a fijarme en ella como una mujer desarrollada. La atrapaba mirándome también, sus ojos siguiéndome por el cuarto con una cierta curiosidad brillando en sus profundidades verdes. Fue casi un año después de que mi mamá falleció cuando me dijo que tenía algo importante que contarme, y acordamos encontrarnos una noche en el barco de mi papá. Me senté en su rampa en el muelle, y mientras no había señal de Mia, bajé a la cubierta, sorprendido de encontrar que ya me esperaba allí, sobre la cama plegable. Trepé a su lado, la luna era nuestro único recurso de luz. Con una expresión solemne, me dijo que sus padres se iban a mudar al otro lado del estado, y que no podían permitirse pagar el enviarla a un colegio privado. Recuerdo mi estómago torciéndose en un nudo, y jalarla cerca de mí. No podía soportar la idea de que se fuera. Necesitando arreglarlo, quitar las lágrimas de Mia, llamé a mi padre a su teléfono celular justo entonces. Le pedí que pagara por su educación así se podría quedar en la Academia Linden, pero me mandó a volar. Dijo que habría otras chicas y que no debería dar mi corazón a los quince. Pero él no sabía que le di mi corazón el día que nos conocimos. Teníamos cinco años, y todavía recuerdo la primera vez que posé los ojos en ella. Era tan pequeña, mucho más pequeña que todos los otros de la guardería y era molestada por un par de chicos más grandes. Incapaz de aguantar el pensamiento de alguien tan indefensa siendo herida, me apresuré a su lado. Los grandes ojos verdes que se pegaron a los míos, penetraron en mí, y la sonrisa tonta que se formó en sus labios me hizo entrar. Ese día capturó una parte de mí. Cuando colgué con mi padre, la mirada en los ojos de Mia me dijo que ya sabía la respuesta. Pero las siguientes palabras que salieron de su boca me asombraron. Me dijo que era virgen, lo cual asumí, y que quería que yo fuera su primero.


Dios, solo pensar en esa conversación me trasporta en el tiempo a esa noche húmeda de julio. Mi estómago se enrollaba con nervios, y aunque sabía que probablemente no deberíamos, mi polla se puso tan dura como una roca ante el pensamiento de follarla. De estar dentro de ella como su primero. Esperando que no bajara la mirada y se diera cuenta de la erección estirando mis deportivos pantalones cortos, le dije que no podíamos. Ni siquiera éramos novios, y con ella yéndose el día siguiente, me preocupaba el que se arrepintiera, y no quería que se sintiera mal después. Dijo que no quería que fuera con alguien más y quería tener por siempre el recuerdo de que su primera vez fue conmigo. Hizo un argumento muy convincente, o demonios, tal vez no necesitaba mucho para convencerme. Solo acepté hacerlo porque la hice prometer que estaría bien cuando se fuera al día siguiente. Me prometió que seguiría adelante, aceptaría avanzar, y saldría con otros chicos en su nueva preparatoria. Le creí. Le di un beso lento, presionando mis labios contra los de ella, dándole la oportunidad de cambiar de opinión y apartarse. Solo que no lo hizo. Su lengua lamió mi labio inferior, y cuando abrí la boca, la deslizó dentro y acarició la mía. Mia se sorprendió de que no tuviera un condón conmigo. Asumió que lo hice con unas cuantas chicas de la escuela con las que me toqueteé. Cuando admití que también sería mi primera vez, me miró como si entendiera que ambos dábamos una parte de nosotros mismos al otro. Fui corriendo a mi casa y busqué un condón, volví al barco en cuestión de minutos. Pensando que para el momento que regresara, ella habría cambiado de opinión, pero en su lugar se hallaba desnuda y bajo el edredón, esperando tranquilamente por mí con amplios ojos verdes. Todavía me acuerdo del ceñido apretón alrededor de mi polla, la bocanada de aliento contra mi cuello cuando entré por completo en ella, la forma en que se sintió cuando me vine dentro del látex por primera vez, limpiándola después y preocupándome porque no se había corrido. Mi pecho se oprimió mientras los sentimientos de lujuria se mezclaron con unos de vergüenza. Lo arruiné esa noche. —¿Collins? —pregunta, sacándome de mis pensamientos lejanos. Me aclaro la garganta. —Lo siento. Es tan surrealista verte aquí. Dime que te trajo a LA. ¿Todavía vives en Connecticut? —pregunto. Odio la formalidad de mis preguntas, pero tenemos terreno perdido que cubrir, la mirada asustada en su cara cuando abrí la puerta todavía permanece en mi mente. Toma un gran trago de su bebida. —Esto va a sonar loco… —Se ríe con nerviosismo.


—Mia, te he conocido desde que teníamos cinco. Acostumbrábamos contarnos todo. No sabía si alguien la lastimó… o si huía de algo, pero esperé pacientemente mientras se armaba de valor y tomaba varios tragos de su bebida. —¿Recuerdas esa promesa que nos hicimos? —dice. La observo silenciosamente. Iba a tener que ser más específica. Mierda, han sido quince años. —¿Sobre? —investigo. —Nosotros. Cuando cumpliéramos treinta… —Traga nerviosamente. Tomo una respiración profunda, intentando entender hacia dónde va con esto. —¿Mia? —Cuando teníamos diez. Nos prometimos que si ninguno de nosotros estaba casado para el momento que tuviéramos treinta, nos casaríamos con el otro. El recuerdo deriva hacia mi cabeza. Sus conmovedores ojos verdes mirándome como si fuera su salvador, nuestros meñiques entrelazados en solidaridad. Cristo, prometimos eso, ¿no? La valija en la puerta principal. El hecho que cumplí treinta hace un par de meses. Todo se estrella en mí de una vez, y una sensación de pánico se presiona en mi pecho. Tacones sonando por el piso de madera capturan nuestra atención. —Ahí estás —dice Tatianna, entrando a la biblioteca—. Esta casa es realmente muy grande. —Nota la presencia de Mia y se detiene—. Oh, lo siento, asumí que te encontrabas solo. Hola, soy Tatianna. —Ofrece su mano y Mia se levanta y la estrecha. —Mia. Es un gusto conocerte. Lo siento, debería irme… —Deja su vaso. Me levanto y coloco mis manos en los hombros de Mia. —No tienes que ir a ningún sitio. Estoy seguro que ha sido un largo día de viaje. Por favor, siéntate. Traga saliva y me observa con inquietud. —¿Estás seguro? Asiento. —Totalmente. Suena como si tuviéramos bastante con lo cual ponernos al día. —Después de esa jodida bomba que dejó caer sobre mí, no hay manera que se vaya a ningún lado. Asiente, su sonrisa insegura. —Tatianna, ¿te gustaría dirigiéndome a la barra.

unírtenos

—Claro —dice, su voz monótona.

para

una

bebida?

—pregunto,


Le hago la mezcla de vodka-refresco de arándano que le gusta y le entrego el vaso. Tatianna se sienta al otro lado del cuarto y cruza las piernas, su postura recta como una vara y sus ojos mirando inexpresivamente al frente. Todavía está enojada por lo de antes. Pongo a Mia al tanto sobre los pasados quince años: que ahora mis hermanos y yo vivimos en el área de Los Ángeles y que manejo una exitosa firma de inversiones en el centro. Mi boca dice las palabras, pero mi cerebro todavía sigue intentando comprender el hecho de que apareció aquí después de todos estos años. Ambas mujeres me miran y escuchan, Mia interrumpiendo con preguntas de vez en cuando, riendo felizmente cuando le digo que mis dos hermanos menores sentaron cabeza: Pace con un hijo pequeño y Colton se casó el mes pasado. Mia no ofrece muchos detalles sobre su vida, o qué la incentivó a venir aquí, pero supongo que la presencia de Tatianna la ha despistado. Todavía hay mucho que quiero saber. —Lo siento —interrumpe Tatianna—, ¿quién dijiste que eras? —Mia fue mi mejor amiga cuando éramos niños —respondo por ella, sin gustarme el tono de Tatianna. —Sí. Prácticamente éramos inseparables hasta que tuvimos quince. —¿Qué ocurrió cuando tenían quince? —pregunta Tatianna, sin saber que entró a un campo minado. Mis ojos se fijan con los de Mia y sus mejillas se ruborizan. Puedo decir que recuerda nuestro primer y único encuentro sexual. Todavía me preocupa el haber sido muy duro con ella. La forma en que su pequeño cuerpo tembló en mis brazos después, la sangre que vi entre sus piernas. Me siento enfermo solo de pensarlo. Si hoy tuviera una oportunidad de rehacer las cosas, la follaría tan bien, que nunca se querría ir. Cristo, ¿mi cerebro tomó licencia por enfermedad también? Necesito guardarlo bajo llave. Mia no vino aquí para follar. Repito el mantra en mi cabeza. —Mi familia se mudó —responde Mia, parpadeando y desviando la mirada de mí—. ¿Y tú eres? —cuestiona Mia, y toma un trago de su bebida. Tatianna me frunce el ceño, obviamente infeliz porque no ofrecí esta información. —Soy su novia.


2 Traducido por Panchys Corregido por Vane hearts

—Soy su novia —dice Tatianna. Está respondiendo a mi pregunta, pero su mirada está dirigida a Collins. Doy un sorbo, y su admisión me hace tragar aire, o líquido, por el camino equivocado, dándome un ataque de tos. —Disculpa —tartamudeo entre tosidos—. Lo siento. Por supuesto que lo eres. —Me las arreglo para tener mi respiración bajo control, pero puedo decir que mi cara está roja. Avergonzada no es una palabra lo suficientemente fuerte para lo que siento. ¿¡Tiene una novia!? Quiero morir. Vuelvo a pensar en cuando me dio el tour de su casa. El lugar es increíble y muy bien decorado, pero no había fotos de él con una mujer, no hay flores ni toques femeninos en algún lugar. No había ni siquiera un rincón acogedor donde una chica pueda acurrucarse y leer un libro o una revista de moda. Y cuando Tatianna apareció, seguro de que estaban familiarizados con el otro, pero no de alguna manera que insinuara romance. Sus ojos no permanecen en los del otro, y por lo lejos que estaban sentados, sólo asumí que era una empleada. La casa es lo suficientemente grande que debía tener varios empleados viviendo aquí. Además, yo había estado tan perdida, enfrascada en una conversación con Collins, que apenas me había dado cuenta de lo hermosa que era. Ahora que realmente la miro por primera vez, es obvio que este es el tipo de mujer con la que él saldría. Es alta, delgada y hermosa. De hecho, me parece familiar. Me doy cuenta de que es Tatianna Markov, la mujer cuya foto estaba en la portada de cada revista Vogue que vi en el kiosco del aeropuerto. Mi estómago se hunde cuando los miro, una hazaña difícil ya que están en los extremos opuestos de la habitación. Pero mientras mi mirada flota entre ellos veo algunos gestos familiares. Ambos tienen una postura a juego perfecta. Con


solo observarlos me hace sentarme recta. Sus rostros son duros y frescos, con expresiones neutrales que no dicen nada. Esa es una nueva mirada para Collins. Nunca tuvo una mirada tan fría. Vuelvo a pensar en nuestros años de juventud. Siempre fue un chico serio, pero era fácil poner una sonrisa en su rostro, una de mis cosas favoritas para hacer. La expresión de su rostro ahora es severa e inmóvil. Me alegro de que no se dirige a mí, pero es triste verlo así en absoluto. Tatianna echa su cabello hacia atrás y se vuelve hacia mí. —Así que, ¿qué te trae a Los Ángeles? Mis ojos se mueven a Collins, pero se las arregla para mantener su mirada estoica, sin inmutarse por su pregunta. Presa del pánico, trato de tomar un sorbo de mi bebida pero está vacía. Collins se levanta. —Voy a conseguirte otra. —Da un paso hacia el bar y busca tres vasos más, haciendo otra ronda para cada uno de nosotros. Tomo una respiración profunda, nada para ahogarse. No me gusta mentir, pero no hay forma de que le diga a esta mujer que vine aquí con la esperanza de casarme con su novio. Fue tan estúpido de mi parte venir. Ojalá hubiera tomado tiempo para pensar en lo que hacía en lugar de apresurarme para encontrar el billete más barato en línea. Ni siquiera se me había ocurrido que podría no estar soltero. Aunque siempre me he puesto un poco fuera de control cada vez que Collins estaba involucrado. ¿Por qué ahora debería ser diferente? Pero no voy a compartir algo de esto con Tatianna. Sólo se reiría y me echaría de la casa si hiciera eso. Sus ojos están puestos en mí, esperando a que responda. —Yo… —Busco palabras, cualquier cosa que no sea la verdadera razón por la que vine—. Perdí mi trabajo. —Siento que me hundo en mi silla, incapaz de creer que estoy a punto de admitir a Collins y a su novia que soy una contadora fracasada—. Me despidieron en realidad. —Alguien que por favor me calle. Collins me da una nueva bebida, y tomo varios sorbos fortificantes. —¿Qué hiciste? —pregunta. Él me mira genuinamente perplejo mientras toma asiento frente a mí. Estoy segura que la chica que recuerda nunca hubiera sido tan descuidada como para ser despedida de un trabajo. Supongo que las cosas cambian. —Era una contadora. —Miro mi bebida, revolviéndola con la bombilla—. Mi jefe me engañó con una malversación de fondos. Y yo no tenía manera de demostrarlo.


Collins levanta su mano como si quisiera detenerme. —Siempre hay una forma. Conozco a varios excelentes contadores forenses. Podría ayudarte a contactar a uno. —Se inclina hacia adelante en su silla. La preocupación en sus ojos me dice que me va a ayudar si quiero. Siempre había sido protector conmigo, y me encanta ver ese lado de él otra vez. Muerdo el interior de mi labio, considerando brevemente, pero estoy demasiado humillada por todo el asunto; además, no vale la pena. Era una pequeña cantidad como para no presentar cargos. Lo rechazo. —No vale la pena. Él sólo consiguió un par de miles antes de que... o, mejor dicho “yo” fuese pillada. Tatianna ríe. —El hombre debe apestar para malversar si sólo logró unos pocos miles. Fuerzo una sonrisa, pero unos pocos miles parecen mucho para mí. Se quedaron con mi último cheque de pago para compensar la pérdida. Hubiera sido suficiente para pagar el alquiler al menos unos cuantos meses más. —De todos modos, estoy aquí porque necesitaba un lugar para empezar de nuevo. —Revuelvo mi bebida mientras trato de pensar en cualquier tema de conversación que no sea mi fallida carrera de contabilidad. Tatianna bosteza y se estira en una manera que parece más practicada que real. Definitivamente no es una actriz. Lo tomo como una sugerencia no tan sutil que es hora de que me vaya. Humillada, me pongo de pie. —Debería irme —digo, tragando el último sorbo de mi bebida, y colocándola sobre la mesa más cercana. Me dirijo a la sala y en la dirección que espero me lleve a mi maleta y a la salida. Puede que no tenga el dinero suficiente para más de una noche en un hotel, pero no me puedo quedar aquí. —Espera, Gremli… Mia. Espera, ¿a dónde vas? —Collins me sigue por el pasillo, y agarra mi brazo, obligándome a detenerme. El contacto de su gran mano cerrada alrededor de mi brazo envía escalofríos por mi cuerpo. Ha sido un largo tiempo desde que me tocó tan íntimamente, pero mi cuerpo recuerda esa noche con claridad a la perfección. —No debería haber venido. Tienes… —Sacudo mi mano vagamente, sin saber a lo que me refiero exactamente. Podría ser la increíble casa, la hermosa novia, o la vida perfecta. Cualquiera de ellos me hace sentir pequeña, pero la combinación me hace sentir como si pudiera llorar. Me trago el nudo de mi garganta y me obligo a mirarlo. Él sonríe, haciéndome sonreír.


—Tonterías. Viniste hasta aquí. Quiero que te quedes. Al menos unos días. Tenemos quince años con los que ponernos al día. —Sus ojos se adhieren a los míos, de manera insistente. Me pone caliente. Él todavía tiene la mirada que me hace sentir que soy lo único que importa. ¿Cómo se las arregla para hacer eso, incluso mientras que la hermosa mujer con la que sale está en la habitación de al lado? No sé, pero no puedo decirle que no a él. No cuando me mira de esta manera. Además, la casa es tan grande que debe tener diez dormitorios adicionales, que no es como si lo estuviera echando ni nada. Suspiro. —Está bien. —Sólo de pensar en una cama me pone cansada. Fue un largo día y un aún más largo vuelo. Un bostezo se me escapa. Se recuesta en la puerta de la biblioteca. —Le voy a dar Gremlin el dormitorio púrpura. —¿Quién…? Lo que sea —responde Tatianna en un tono aburrido. Él desliza su mano alrededor de la mía, como si todavía fuéramos niños pequeños, sólo que ahora su mano es mucho más grande, y mis dedos y mi palma son tragadas por su firme agarre. Se siente completamente natural que tome mi mano, y que yo le siga al vestíbulo donde levanta sin esfuerzo mi maleta y la arrastra por las escaleras. Nos aventuramos por un largo pasillo hasta que finalmente se detiene frente a una puerta, la abre y pone mi maleta en el suelo justo en el interior. —Grem… Mia, me alegro de que estés aquí. —Su boca se engancha en una sonrisa juguetona como si pensara que es divertido que parezca que no puede llamarme por mi nombre real. La primera vez que nos conocimos, yo llevaba una camisera de los Gremlins. La anticuada camiseta de segunda mano fue la razón que había tenido para salvarme de ese primer día en el jardín de infantes. Algunos de los otros niños me hacían bromas sobre mi ropa de segunda mano, y él vino a mi rescate. Después le dijo a los otros niños que se fueran, se las arregló para convertir todo el asunto en una broma diciendo que los gremlins eran geniales, luego me llamó Gremlin. No de una manera mala, sino amable. Estaba tan agradecida por el rescate que él podría haberme llamado cualquier cosa ese día, y me habría reído de él. El apodo, por desgracia, quedó. Sonrío. Es un poco raro. Pero también me sonrojo porque estamos solos otra vez. Solo nosotros dos, y me mira de esa manera, una vez más. La forma en que lo hizo la primera vez que se dio cuenta de que yo estaba en la puerta principal. No tenía manera de estar segura, pero sus ojos ardían como si estuvieran recordando nuestra primera y única vez juntos, hace quince años en el bote.


Recordaba aquella noche como si hubiera sucedido ayer. Había estado tan nerviosa, pero tan segura de que era lo correcto, y la única manera de decirle realmente adiós. Fue una manera para que le diera una parte de mí que iba a tener para siempre. Trató de convencerme de lo contrario, a pesar de que me di cuenta por la forma en que sus ojos analizaron a mi cuerpo que quería devorarme. Me sentí tan aliviada cuando finalmente estuvo de acuerdo, y también admitió que era su primera vez. Porque eso significaba que también quería que yo tuviera una parte de él. Una parte que he apreciado todos estos años. Había sido tan caballero y tan cuidadoso conmigo. No puedo decir que fue perfectamente suave, pero tampoco yo. Sin embargo, sus besos fueron cálidos, y sus brazos me mantuvieron cerca mientras nos costaba encontrar la mejor manera de hacer lo que ninguno de nosotros realmente sabía cómo hacer. Pero entonces él tomó el control, colocándose y moviéndose sobre mí. Había sido tan tierno y tan atento; aliviando lentamente y asegurándose de que no me dolía. Asegurándose de que yo estaba bien. Y me dolió, pero sólo un poco, y sólo por un momento. Y entonces fue increíble. La sensación de tenerlo dentro de mí, llenándome. El recuerdo todavía me hace sonrojar. Y sin embargo, después estuvo tan preocupado de haberme hecho daño. Sentí todo, tan completamente cuidada. Pero ahora, tengo treinta. Estoy sola. Y sin trabajo. Y tal vez estoy loca, pero quiero recuperar un poco de mi juventud, y la mejor parte de ello era él. A pesar de que lo saqué de mi cabeza desde hace muchos años, cuando fui creciendo, deseaba compartir mi vida con alguien. No sólo alguien. Él. Collins. Mi primer amor. Mi primer todo. En el fondo, mi corazón sabía lo que mi cuerpo sentía hace tantos años, que estábamos destinados a estar juntos. No sé cómo ni por qué, pero sabía que él finalmente volvería a mi vida cuando fuera el momento adecuado. No puedo evitar preguntarme si deliberadamente evité relaciones serias todos estos años, evitando el compromiso con el fin de cumplir con nuestra promesa el uno al otro. Todo hombre con el que salí en la última década lo comparé con él, y ni uno solo le llegó a los talones. Tan avergonzada como estaba por aparecerme en su puerta sin anunciar, el chico al que anhelaba durante todos estos años es ahora un hombre. Y mi cuerpo toma nota, mi corazón bombeando fuerte mientras me observa. Ahora Collins es más alto, y aunque todavía delgado, sus hombros son amplios, como un nadador olímpico. Sus pómulos y barbilla maduraron y están afilados y sus algunas vez delgados, suaves labios se han rellenado, haciéndolos mucho más apetecibles. Collins siempre se mantuvo de pie y confiado. Su camisa azul marino está lo suficientemente suelta para dejar un poco a mi imaginación y mi imaginación hace cosas malas con sus hermosos abdominales.


Se aclara la garganta. Mis ojos salen de la camisa azul, y me llevan al brillo de sus ojos azules. —No quiero que te molestes por Tatianna. Ella estará bien contigo quedándote aquí. Asiento. —Claro. —Lo dudo, pero no voy a discutir. —Hay toallas limpias en tu cuarto de baño. Si me necesitas, mi habitación está al final del pasillo. —Hay una pausa y sonríe, haciendo que sus ojos brillen—. Es muy bueno verte de nuevo. —Se inclina y me da un abrazo que es un recuerdo de tantas cosas. Nuestra juventud, nuestra sólida amistad y nuestra romántica despedida hace tantos años. Sé que no debo sentirme tan unida a él después de sólo una hora, pero la idea de verlo de nuevo y alejarse a los brazos de Natasha, o Tatianna, o cómo diablos se llame, hace que me den ganas de arrancar mis pendientes y prepararme para una lucha de chicas. Después de varios minutos, en los que puedo sentir su corazón latiendo contra el mío, él me suelta y cierra la puerta, dejándome sola en la habitación. Me vuelvo e inclino mi espalda contra la puerta con la mirada perdida en la habitación y me pregunto lo que realmente estoy haciendo aquí.


3 Traducido por Gise Corregido por Laurita PI

La puerta del cuarto de huéspedes se cierra y solo me quedo ahí, todavía en shock porque Mia se encuentra dentro. Que haya volado hasta Los Ángeles. Y lo más sorprendente de todo es que, después de todos estos años, todavía se encuentra soltera. No es que importe —estoy con Tatianna. Pero aún así, mi corazón se siente lleno al verla de nuevo. A menudo me he preguntado dónde se encontraba, qué hacía. Mierda, me imaginé que ya estaba casada y con un par de niños. Odiaba escuchar que fue erróneamente incriminada y luego despedida de su trabajo. Aunque el trabajo de contable tenía sentido. Siempre fue buena con los números. En los diversos emprendimientos que había comenzado en mi infancia, siempre señalaba mis errores matemáticos. Gracioso, considerando que soy dueño de una de las mejores firmas de inversión en la Costa Oeste. Desciendo las escaleras, pero Tatianna no se encuentra en la biblioteca donde la dejé. La casa se siente fría y tranquila. Me dirijo arriba a la suite principal que ocupa toda el ala oeste del segundo piso. —¿Tatianna? —llamo, cuando no la hallo en el dormitorio. —Estoy aquí —dice desde su vestidor. La encuentro colgando ropa en pequeñas perchas acolchadas de color rosa. Hay media docena de bolsas de compras a sus pies, y rememoro nuestra pelea de esta tarde. —¿Estás bien? —pregunto. Deja lo que se está haciendo y me mira. —¿Quién es esa mujer? —¿Mia? Es una amiga de la infancia. —Nunca saliste con ella, ¿verdad? —Tatianna levanta sus cejas bien cuidadas hacia mí.


—No. —No oficialmente—. Fuimos cercanos al crecer, pero su familia se mudó al otro lado del estado justo antes de empezar la secundaria. ¿Te molesta que se quede aquí? Se encoje de hombros. —No, supongo que no. —Ven aquí. —Abro mis brazos y Tatianna deja caer la prenda que sostiene sobre la alfombra y camina a mis brazos. —Siento lo de antes —susurro, colocando mis labios contra su cuello. Suspira y se apoya contra mí. —Está bien. Sé que tienes muchas cosas en tu mente con lo de la fusión y todo. ¿La fusión? Eso fue hace tres meses. No la corrijo. —Parece que encontraste algunas cosas buenas en tu día de compras de hoy, ¿eh? —Hay bolsas y papel de seda ensuciando el piso del armario. Asiente. —Bergman realizaba una venta de muestras y luego mi diseñador favorito de joyas dio un anticipo de su colección de otoño hoy en el Grove, así que fui hacia allí. —Escucho mientras me cuenta sobre su día, mis pensamientos se alejan—. Solo voy a terminar de guardar todo esto en su lugar, ¿de acuerdo? Asiento. Ama organizar su armario, y sé que puede pasar horas ahí. Lo hice diseñar justo como ella quería —con una luminosa araña de cristal colgando desde arriba, en una pared hay un espejo que va del suelo al techo, y filas y filas de coloridos zapatos de tacón alto descansando en las estanterías al final de la habitación. Todavía me siento demasiado nervioso como para relajarme, así que me dirijo a la sala de estar unida a la suite principal y saco mi teléfono. Trato de averiguar a cuál de mis hermanos llamar mientras Tatianna tararea débilmente en el otro cuarto. Aunque estoy seguro de que Pace recuerda a Mia, él es cinco años más joven, y en el mejor de los casos, sus recuerdos de ella serán irregulares. Colton, entonces. —Nunca adivinarás quien apareció aquí hoy —digo en lugar de un saludo. —¿Un strippergrama1 ? —pregunta. —No. —Me río—. Mia Monroe. Solo le toma un segundo. —¿En serio?

Acrónimo de "striptease" y "telegrama". Es una forma de entrega de mensajes en el que un hombre o una mujer realiza un striptease mientras canta o baila. 1


—Sí. Cada uno espera silenciosamente en el teléfono. Él sabía lo cercanos que éramos cuando crecíamos. Lo que quiere decir que sabe lo mucho que significa para mí. —Explica —dice, finalmente—. ¿Qué ha hecho durante todo este tiempo? ¿Cómo se ve? ¿Por qué se encuentra aquí? —Dispara las preguntas una tras otra. —Se ve increíble. —No sé por qué esas son las primeras palabras que salen de mi boca. Probablemente porque su imagen de pie en mi pórtico delantero se halla grabada en mi cerebro. Atrás ha quedado el delgado e infantil cuerpo de juventud, y en su lugar son curvas generosas y suave carne llena de feminidad—. Es contadora ahora. —No menciono que fue despedida o la promesa secreta de matrimonio que hicimos cuando teníamos diez que vino a cobrar, porque eso es una locura. Es una maldita locura. Y hace latir a mi corazón como si tuviera algún maldito reloj. Tal vez debería programar ese estúpido examen físico después de todo. —¿Todavía continuación.

sientes

algo

por

ella?

—Me

sorprende

preguntando

a

—Claro que no. —Joder —. Estoy con Tatianna. Suspira, y oigo que le dice a Sophie que estará ahí en unos minutos. —Sí, pero ambos sabemos que Tatianna es solo por conveniencia. Por el amor de Dios, has estado enamorado de Mia desde que tenías cinco años. —No estoy enamorado de Mia —Bajo mi voz. Tatianna no necesita escuchar esto. Además, no tengo tiempo para el amor ahora. Es complicado e impredecible. No hago cosas complicadas, o impredecibles. Nunca. Y no iba a empezar ahora. No gracias, joder. —Bueno, ahora que ha vuelto, lo menos que puedes hacer es ser un hombre y follarla finalmente. —Se ríe —Uh, ya me encargué de eso. —Mierda, hombre. Solo ha estado ahí un par de horas, ¿y ya te la follaste? —No, imbécil. Cuando teníamos quince. Fuimos la primera vez del otro. — No tengo idea de por qué le cuento esta información. Supongo que el impactante regreso de Mia a mi vida me ha hecho querer compartirlo. —¿En serio? —dice—. Siempre pensé que Erika Garcia en segundo año fue tu primera. —No. Fue Mia —digo—. En el barco de papá.


—Interesante. Siempre llevé chicas ahí también. —Sé que lo hiciste, pequeño perro cachondo. Pero yo pensé en eso primero. —Maldición, Mia Monroe —dice otra vez. —Así que, ¿qué debería hacer? —pregunto. —Escucha, todo lo que voy a decir es que sé que estuviste loco por ella. Estoy contento de que haya regresado a tu vida. Mierda, recuerdo el año en que se mudó. Fue como si alguien te hubiera sacado la chispa. Como si te hubieran sacado el corazón del pecho. Te deprimiste por seis meses. Tal vez esto es algo bueno. Por una vez, puedes tener un poco de diversión. —¿Diversión? Mira quién habla. —Realmente, Sophie provocó en su vida un gran cambio. Es un hombre diferente ahora. Mucho más alegre y tolerante que antes. —Lo estoy haciendo bien, idiota. Preocúpate por ti mismo —ladra. Quizás tiene razón. No hay motivo para que él y Pace tengan que tener toda la diversión. Puede que sea bueno unirse por una vez. Y si alguien puede sacar esa parte de mí otra vez, será Mia. Infiernos, por lo menos, esto debería ser interesante. —De acuerdo, hombre. Tengo que correr. —Cuelgo preguntándome qué demonios pasará ahora. Mia Jodida Monroe.


4 Traducido por becky_abc2 Corregido por Itxi

Mis ojos viajan sobre la habitación, observándolo todo. Es mucho más grande que una habitación de hotel —a los que estoy acostumbrada de todos modos. Esta habitación es casi del tamaño de mi viejo apartamento. Tres grandes ventanas se extienden hacia los techos abovedados. Hay un vestidor en el armario, un pequeño escritorio de roble y una silla junto a una de las ventanas, una zona de estar a los pies de la cama, un sofá de dos plazas cubiertas con un estampado de flores de color púrpura, y una silla a juego. Ya veo por qué lo llama el dormitorio púrpura. Es sutil, pero la mayoría de los muebles tienen toques de púrpura. Me pregunto si recuerda que es mi color favorito. El pensamiento me hace sonreír. Pero no, sería tonto recordar algo tan ridículo, desde hace tanto tiempo. La cama debe ser de tamaño king. Nunca he dormido en algo tan grande. Me pregunto si en realidad puedo, o si voy a pasar la noche perdiéndome en la extensión de la misma. Por lo menos se ve suave. Muy suave. El edredón de lavanda es tan esponjoso como una nube, me tienta a correr y saltar en él. En lugar de ello, me dirijo por la habitación y miro en el baño incorporado. Es más grande que cualquier cuarto de baño debe ser. Hay un lavabo doble, un jacuzzi con hidromasaje y una ducha separada con más regaderas de las que yo sabría qué hacer. Todo es tanto que siento que mi boca realmente está abierta. Si esto es sólo un dormitorio de invitados, ¿cómo será el dormitorio principal? La familia de Collins siempre fue acomodada cuando estábamos creciendo, pero esto es más que acomodada, esto es ser rico. Me pregunto si hubiera buscado más duro en línea, ¿me lo habría encontrado en la lista de uno de los hombres más ricos vivos? Es intimidante. Siento como si hubiera encontrado una nueva cultura y


no conozco las costumbres o el idioma. Camino sobre la punta de mis pies al otro lado de la habitación, con cuidado de no alterar nada. No tenía idea de que fuera tan rico. Por supuesto Collins era un emprendedor nato. Cuando teníamos seis y la mayoría de los niños abrían puestos de limonada, él descubrió el valor de los helados, combinado con el factor de niño lindo, lo pondría por delante del juego y la organización del vecindario el fin de semana con su puesto de helados. El hombre local de los helados no tuvo ninguna oportunidad, y Collins hizo un dinero. No es como si lo necesitara. No, no me sorprende que lo esté haciendo tan bien. Estoy orgullosa. Siempre tuvo eso en él. Sonrío al pensarlo. Tomo otro vistazo alrededor de la habitación, y mis ojos aterrizan en mi enorme maleta. La que preparé con muchas de mis cosas cotidianas, tantas como pude, y algunos artículos muy importantes que no quería meter en el pequeño espacio de almacén de mis padres. Collins me invitó a pasar unos días, así que haría bien en desempaquetar. Subo mi maleta en la cama, abro la bolsa delantera, y saco mi libro de recuerdos de la infancia, abriéndolo en la primera página en la que hace mucho tiempo pegué la portada de una revista de bodas. El que Collins encontró ese fatídico día escondido debajo de mi colchón. Paso los dedos sobre el papel arrugado, y sonrío mientras recuerdo la promesa que hicimos. Todo comenzó por esta misma revista. La encontré en la casa de mi niñera, y me encantó porque tenía un vestido de novia de color morado en la portada. Nunca entendí por qué las novias siempre vestían de blanco y pensaba que este elegante vestido lavanda era el vestido que usaría cuando me casará. Me gustó tanto que mi niñera me dejó llevar la revista a mi hogar. Había estado escondida debajo de mi colchón, y Collins lo encontró un día cuando estábamos jugando en mi habitación. —¿Quién se va a casar? —preguntó, con los ojos abiertos. La agarré lejos de él, intentando esconderla un poco demasiado tarde. Podríamos haber sido los mejores amigos, pero él aún estaba pasando a través de la fase en la que todas las niñas tienen piojos. Algo a lo que normalmente era inmune, pero aun así, había ciertas cosas que guardé para mí misma. O lo intenté. —Yo lo haré —proclamé en la voz más fuerte que pude. Aun así, sentí que me sonrojaba. Collins arrugó la nariz y frunció el ceño de esa manera que hizo una pequeña arruga sobre su ceja. —De ninguna manera. Rodé los ojos. —No hoy. Pero un día.


—Nunca voy a casarme. Eso es asqueroso —Abrió los ojos. —Sí que lo harás. Todo el mundo lo hace. —Está bien, de acuerdo. Pero si tengo que casarme con alguien, me voy a casar contigo. —Me dio con el dedo en el brazo con tanta fuerza que dolió, sólo un poco. No era a la luz de las velas románticas con champagne y un tipo de propuesta de rodillas, pero a la edad de diez años, era todo lo que necesitaba. Y no cambiaría ese recuerdo por nada. En mi habitación ese día, deliberamos y evolucionamos hasta convertirla en una promesa de que si ninguno de los dos se había casado en el momento que tuviéramos treinta, nos casaríamos. Promesa rosa. Cumplí treinta hace unos meses, y la promesa me acechaba desde el fondo de mi mente desde entonces. Pero, ¿eso significaba que realmente necesitaba gastar los últimos dólares que tenía, en ir corriendo a través del país para ver a Collins? Me pareció una buena idea en ese momento, pero cuanto más lo analizo ahora, más tonto me parece todo esto. Saco mi teléfono y marco el número de mi amiga Leila. —¿Estás realmente allí? Quiero decir, realmente en Los Ángeles —dice a modo de saludo. —Sí —digo. —No puedo creer que te fuiste, chica. Estás loca —grita en su habitual tono sobre emocionado. —Tú eres la que me dijo que debía venir —digo. —¿Y? Estábamos bebiendo. Además, bromeaba al cien por cien y lo sabes. —Vuelvo a pensar en cuando nos reunimos para tomar unas bebidas justo después de que me despidieron. Estábamos hablando sobre mis opciones, o la falta de opciones. Estaba a punto de ser desalojada por falta de pago de la renta. Me ofreció su sofá en el pequeño dormitorio que compartía con su marido y su bebé recién nacido. No, gracias. Entonces sugirió la casa de mis padres, que era aún más pequeña que la de ella. Lo siguiente que salió de su boca fue una broma—: Tal vez deberías trasladarte a Los Ángeles y casarte con ese hombre Collins. Se echó a reír. Pero yo no lo hice. La mención del amor de mi infancia hizo que mis mejillas se calentaran y mi vientre se apretara. Parecía como una opción,


tan buena como cualquier otra. Tal vez incluso mejor. Sólo la idea de ver a Collins de nuevo era muy atractiva. Pero ahora que estaba realmente aquí, me cuestionaba a mí misma. —Ya sé —digo—. No debería haber venido. Tiene novia, y es súper hermosa. —Mia, lo siento. Pero, ¿qué esperabas? Mi romántica interior sabe exactamente lo que esperaba. Él abriría la puerta, me reconocería, y nos casaríamos el día siguiente. —Lo sé. Fue infantil por mi parte venir. —¿Pero estás en su casa? ¿Eso significa que te invitó a quedarte? —Durante unos días. —¿Y tiene un dormitorio de invitados, o un sofá o lo que sea? Me rio. —Es más como una suite de invitados. Lo está haciendo muy bien. Su casa es increíble, Leila. Tiene muchas habitaciones que les da nombre. Estoy en la habitación púrpura. —Bueno, suena como que podrías estar bien allí durante unos días, entonces. Pero recuerda, mi sofá está siempre abierto si necesitas un lugar para dormir. Y si las cosas se ponen raras allí, voy a encontrar una manera de prestarte dinero para un boleto a casa. Sé que lo dice en serio. Leila es una gran amiga, pero no hay manera de dejarles que corten sus pequeños ahorros para que yo vuele a casa. No con su recién nacido y todo. —No lo harás. Voy a estar bien —digo. —La oferta está ahí. —Gracias. Colgamos, y me muerdo el labio mientras reflexiono sobre mi situación. Cuando le dije a Collins lo que hacía aquí, parecía un poco aturdido. No es que alguna vez realmente hablamos de ello ya que fuimos interrumpidos por la llegada de Tatianna. Hay un golpe en la puerta. —Mia, ¿tienes hambre? —dice Collins a través de la puerta. La abro. Él y Tatianna están ahí. —Claro. —Y absolutamente lo estoy. La diferencia de tiempo de cuatro horas significa que mi estómago quiere la cena de ayer. —La cena está lista. Le pedí al cocinero que ponga un plato extra para ti. — Me hace una seña con la mano para que los siga y lo hago. Collins y Tatianna


caminan uno junto al otro, pero se las arreglan para evitar el contacto físico y no dicen una palabra mientras hacemos nuestro camino hasta el comedor. Me pregunto si esta es la forma en que normalmente están juntos, o si he causado esta tensión helada. El Collins que conocía amaba hablar. Algunos días nos pasábamos todo el día tomando turnos contando historias. Claro que hubo momentos en que habíamos estado tranquilos, pero por lo general fue porque estábamos leyendo o viendo algo, o simplemente cansados. El silencio entre ellos parece diferente de alguna manera. No torpe exactamente, pero no se siente cómodo tampoco. Es como que no tienen nada que decirse el uno al otro, por lo que sólo han dejado de hablar. Pero seguro que siempre hay algo de qué hablar. En todos los años que Collins y yo fuimos amigos, no recuerdo que a ninguno de los dos jamás nos faltó cosas interesantes que decir. Collins se detiene en una puerta y me invita a entrar. Después de haber ajustado mis expectativas para asumir que todo es enorme en esta casa, no estoy decepcionada por el tamaño del comedor. Sigo a Tatianna hasta el extremo más alejado de lo que podría ser más propio llamarlo un salón de comedor principal. —Toma asiento. —Collins señala uno de los lugares al final de una mesa lo suficientemente larga para acomodar a veinte personas. Me siento y trato de no abrir demasiado la boca, cuando veo los dos increíbles candelabros de cristal que cuelgan de lo alto, iluminando elegantemente la habitación. Collins toma el asiento de al lado, en la cabecera de la mesa, y Tatianna se sienta al otro lado de él y frente a mí. Apenas quita los ojos de su teléfono mientras se sirve un poco de agua. Me dirijo a Collins, preguntándome si esta es la forma en que ella es normalmente cuando comen la cena, pero él no parece darse cuenta. No puedo dejar de pensar que si estuviera saliendo con alguien tan increíble como Collins, no estaría mirando a mi teléfono cuando él estuviera cerca, estaría contemplándolo. La comida ya está servida en la mesa. Collins coge una botella de vino y me llena el vaso antes de llenar su propia copa. No le ofrece a Tatianna. De hecho, ella no tiene ni siquiera un vaso de vino. La cena es una pechuga de pollo al horno con verduras a la parrilla. Collins lo mira por un momento como si estuviera preparándose psicológicamente a sí mismo, y luego toma su plato y empieza a cortar el pollo en trozos. —¿Cuándo comenzó a gustarte las aves? —le pregunto mientras corto la mía. Como casi cualquier cosa, pero Collins siempre fue un poco quisquilloso, y no le gustaba casi ningún ave. Es más bien una especie de chico de carnes rojas. Mientras tomo mi primer bocado, me doy cuenta de que Tatianna lo mira


fríamente, pero sin decir nada. Mierda. Tal vez le ofendí—. No es que no me encanten, solo quiero decir... supongo que cambiamos con la edad, ¿no? Collins acaba de mascar, y traga su bocado con vino, y luego dice—: Tatianna no come carne roja, por lo que realmente no tenemos en la casa. —Se ve como si estuviera hablando con tristeza sobre una batalla que ha perdido. Supongo que tiene sentido si viven juntos, tienen que comer una gran cantidad de comidas juntos. Pero mirando su plato me doy cuenta que ni siquiera está comiendo la misma cosa. Su plato es más pequeño, y una pila de espinacas y un pequeño tomate cherry que ha sido descuartizado y extendido alrededor del borde para darle color. Tengo que ocultar mi sorpresa. Si ella no está comiendo eso, ¿por qué debería importarle? Me enoja que le obligue con sus preferencias alimentarias. Especialmente si ni siquiera comen lo mismo. ¿Por qué siente la necesidad de cambiarlo? Él era perfecto para empezar. Collins mira su plato, luego hacia ella de manera significativa, pero no dice nada. Me pregunto si también se está dando cuenta de lo estúpido que es. Apuñalo un pedazo de pollo un poco más duro de lo que necesito con mi tenedor, y tomo un bocado. Lo mastico, mentalmente hablando conmigo misma sobre no mirarla durante toda la cena. Esta es su casa también después de todo. Tomo una respiración profunda y le pregunto a Collins acerca de su negocio. Es un poco raro. Siempre fui la chica de números, y sin embargo, aquí está él, dueño de una empresa de inversión. Siendo un poco de friki de los números, lo presiono toda la noche con preguntas sobre el funcionamiento interno de todo. —Collins. —Tatianna salta mientras él toma un bocado—. Tan fascinante cómo es esto, estoy a punto de terminar y tengo que llamar a mi agente. No te importa si los dejo a los dos, ¿verdad? —En este momento, me doy cuenta de que se ha desconectado durante casi toda la conversación. Si su teléfono no había estado ahí para distraerla, me pregunto si en su lugar podría contar las piezas individuales de espinacas en su ensalada en lugar de hablar de su trabajo. —No, adelante —dice. Le besa la mejilla mientras ella besa el aire junto a la suya. Miro su mandíbula marcada y su piel bronceada suavemente. ¿Cómo podía no querer rozar sus labios contra esa línea de la mandíbula? —Encantada de conocerte, Mia —dice mirándome brevemente antes de volver a su teléfono e irse. Probablemente se imagina que esta es la última vez que ella va a verme, y demonios, tal vez lo es. Collins tiene una buena vida, una novia seria, no puedo venir a irrumpir.


De postre, tengo una muy buena imagen de cómo fluye el dinero a través de su empresa de inversión. El friki de Collins sale casi tanto como yo, y nos apoyamos sobre nuestro volcán de chocolate mientras hablamos del funcionamiento interno de su empresa. Sus ojos son vibrantes cuando habla de su negocio, y puedo decir que realmente ama su trabajo. La vida en sus ojos es algo que no he visto en mucho tiempo, y me llena de energía caliente. Cuando la cena termina, me lleva a mi habitación, y me deja en la puerta. —Tengo algunos asuntos que atender antes de acostarme, pero iremos en el yate mañana. Espero que te unas a nosotros. Creo que te encantará. Sólo la idea de estar en un barco con él, me trae imágenes de aquella noche. Me pregunto si también está pensando en eso. Me mira. Estamos a un pie de distancia, pero hay un deseo en sus ojos por acercarse. Estar a solas con él en su yate suena delicioso. Me imagino su cuerpo de adulto perfectamente construido tomando el control y montándome y siento un estremecimiento entre mis piernas. Trago, y me recuerdo que me invitó a ir con él y su novia. —Eso sería divertido —digo. Sonríe y sus ojos revolotean por mi cuerpo brevemente, haciendo que mis mejillas se sonrojen. No miró a Tatianna de esa manera. De hecho, durante la cena apenas intercambiaron una mirada, y mucho menos hablaban entre sí. Tengo que preguntarme si es feliz con ella. Me refiero a que debe ser así, viven juntos. Pero esta noche en la cena, no parecía feliz, al menos no con ella. —Buenas noches —dice. —Hasta mañana. Cierro la puerta y la cabeza me da vueltas. Mi pulso acelerado sólo de la emoción de estar cerca de él. Caigo en la cama y me quedo mirando el techo. Él podría no parecer muy entusiasmado con la promesa que nos hicimos cuando teníamos diez años, pero sí parece genuinamente feliz de verme. No hará daño si me quedo unos días. Me doy la vuelta y busco en mi bolsa que todavía está en la gigantesca cama y saco mi computadora portátil, abriéndola. Tal vez pueda buscar un empleo aquí. Si realmente está con Tatianna, no puedo esperarlo para siempre. Necesito una estrategia de salida. Por si acaso.


5 Traducido por Fany Stgo. Corregido por Verito

Estaciono mi auto en el estacionamiento de la marina y me dirijo por el camino hacia el muelle. Los ojos de Tatianna se encuentran pegados a su teléfono, mientras que los de Mia se encuentran muy abiertos y su cuello se estira para tomar cada centímetro de su entorno. —Oh, guau, esto es… —Se muerde el labio, en busca de una palabra. Sé que esto es muy diferente a como crecimos, pero no quiero que se sienta intimidada. —Tengo una cosa por los barcos. —Le sonrío y espero hasta que comprenda el doble significado. Sus mejillas se enrojecen y mi polla palpita con la memoria de su pequeño cuerpo apretado. Estoy agradecido por la cubierta que proveen mis gafas de sol—. Hoy nos vamos a divertir —añado, recuperándome. —Claro. —Traga saliva y mira a Tatiana, quien nos sigue de cerca, pero se encuentra absorta en algo en su teléfono, como lo ha estado últimamente. —Esta es ella —digo, apuntando hacia arriba por delante a donde se encuentra el buque elegante, cascos blancos descansando sobre el agua. Es grande, pero no grotesco. Solo veintiún metros, lo que en realidad es un poco más pequeño que un yate. Pero tiene espacio para que duerman ocho personas, en cuatro cabinas privadas, que es bastante grande para mi uso recreativo. El personal la tiene lista para nosotros. Los accesorios de cromo han sido pulidos y brillan a la luz del sol, y puedo ver que en la cubierta principal las sillas de la sala han sido equipadas con almohadas y toallas. Le ofrezco una mano a Tatiana y la ayudo a subir. Vuelvo la mirada hacia Mia para ver la que está deteniendo. Sigue de pie en el muelle, su atención enfocada en algo en la popa. —¿Mia? —Bajo las escaleras y voy hacia ella.


Mira las letras cursivas de color púrpura que pinté en la popa, justo encima de la plataforma de natación. —¿Llamaste al barco Gremlin? —pregunta, el asombro en su voz. Me encojo de hombros. —Parecía apropiado. —Cuando compré mi barco, no podía pensar en mejor nombre que el que de mi amiga con quien compartí en tantos buenos momentos, uno de los más importantes en el barco. Sus ojos se abren y encuentran los míos mientras entiende el significado del nombre. —Vamos. —Tomo su mano y la conduzco a las escaleras—. Quiero enseñarte los alrededores. Aprieta mi mano, y me sigue a bordo. Cada centímetro del yate la asombra, y me encanta la emoción vertiginosa que muestra abiertamente. Es refrescante. Parece que su favorita es la sala de cine con su gran pantalla y cómodos sofás. —La intención detrás de esto es para los días de lluvia, pero tenemos tan pocos de esos en el sur de California, que nunca se ha usado. En su mayoría nos quedamos en la terraza —explico. —Estoy segura de que Tatiana y tú vienen y se quedan aquí en la noche solo por diversión, a veces, ¿cierto? Noche de película y palomitas de maíz. Eso sería divertido. Frunzo la frente. —No, en realidad nunca lo he hecho. La confusión de Mia está escrita sobre todo su rostro. Decido continuar el recorrido. Mostrarle los dormitorios se siente demasiado íntimo, especialmente teniendo en cuenta lo que pasó entre nosotros la última vez que estuvimos bajo cubierta, así que apenas los apunto y sigo caminando. Mia se mueve detrás, su mirada pasando por cada habitación absorbiendo cada detalle. Sin importar lo que sucede en mi vida, en mi trabajo, siempre espero que lleguen los domingos. Aire fresco del océano y el cielo azul son buenos para el alma. La guío de regreso. La brisa está empezando a ser más fuerte mientras encendemos el motor y salimos del puerto. La cubierta está equipada con varios sofás y sillas para conversar, hay un jacuzzi a un lado y luego un montón de sillas con cojines mullidos para tomar el sol. Es en donde se quedó Tatiana. Como de costumbre se quitó la parte superior de su traje de baño, sus pequeños pezones puntiagudos apuntan directamente hacia el sol. Se sienta cuando se da cuenta de nuestra llegada.


—Déjame saber si esto te pone incomoda —le dice a Mia, señalando su pecho descubierto—. No me gustan las líneas del bronceado; pero puedo cubrirme si lo prefieres. Mia mira al frente, aparentemente impermutable ante la muestra de Tatiana. —No estoy incómoda. —Mia remueve su camiseta sobre su cabeza y juro que vi toda la cosa en cámara lenta al ritmo de música hipnótica. Estoy hipnotizado. Mia no tiene anda de que avergonzarse. Sus pechos son grande y apenas son contenidos por las copas de su traje de baño púrpura. Si quería seguir el ejemplo y quitarse su bikini, no había manera en la que mi erección pasaría por desapercibida. Ya puedo sentir la agitación de mi polla en mis pantalones cortos y tengo que distraerme con la orden de bebidas. Bajo la mirada a mi polla y la maldigo. —No hoy, maldito —digo en voz baja mientras le pongo hielo a las copas. —¿Qué fue eso? —pregunta Mia, uniéndose a mí. —Nada —espeto—. ¿Qué te gustaría tomar? —¿Tienes limonada? —Claro. Los pechos son una de las pocas áreas donde Tatianna no fue bendecida, sin embargo, eso no significaba que era libre para mirar boquiabierto a las gloriosos pechos redondos de Mia. Pero, Dios mío, es como Navidad. No puedo evitar que mi vista se desvíe hasta sus pechos. Los suaves montículos juntados a penas con esfuerzo, y su escote es abundante. Quiero enterrar mi cara en ellos y darles besos húmedos. Mia en un traje de baño es caliente como el infierno. Me hallo acostumbrado al cuerpo delgado de Tatiana con falta de curvas, y la caja torácica visible. Mia tiene carne suave redondeando, que quiero hincar mis dientes en ella. No puedo dejar de mirar, y espero que las miradas calientes que envío no sean evidentes. —¿Collins? —pregunta Tatianna, llamando mi atención. —¿Sí? —Mi voz sale tensa y demasiado áspera. Aclaro mi garganta y trato de nuevo. —¿Puedo tener agua mineral con gas y una rodaja de pepino? —pregunta. —Claro. —Me dirijo a la cocina buscar un pepino, agradecido por el momento lejos de Mia. No tengo mi idea de por qué me afecta de esta manera, pero sé que tengo que controlarme.


Nos acomodamos para tomar el sol, pero después de una hora sentada tranquilamente en el sol, Mia se declara oficialmente aburrida y se va en busca de algo para entretenerse. Hay cientos de libros y juegos de mesa abordo en un gabinete en el interior, y espero que regrese con uno de esos, pero cuando vuelve dentro de quince minutos, lleva fideos de espuma y uno de los miembros de la tripulación —James, creo— se encuentra adjuntando un gigante tobogán inflable, que ni siquiera sabía que tenía, al lado de la embarcación. —Espero que no te importe, pero le pregunté al capitán si podíamos detenernos para nadar —dice Mia. —¿Nadar? —preguntamos Tatianna y yo al unísono. Tatianna se siente y mira el tobogán adjunto. —Sí, a menos que seas un cobarde —se burla Mia, agitando uno de los fideos hacía mí. Me levanto y me quito mis gafas. —Estoy dentro. —Solo puedo sentarme en el sol durante cierto tiempo. Típicamente por una hora o algo, voy adentro y reviso mi correo electrónico mientras Tatianna continua tomando el sol con un profundo brillo bronceado. —¿En serio vas a bajar por esa cosa? —pregunta Tatianna, mirando el tobogán con desdén. —Claro, ¿por qué no? —Me encojo de hombros. —No me voy a meter en esa agua fría —dice, acostándose nuevamente—. Ustedes dos, diviértanse. —Levanta de nuevo la revista de moda que leía hacia su rostro. Cuando me acerco, Mia me golpea el trasero con uno de los fideos. Una risa inesperada brota de mis labios. Hay algo juguetón y caprichoso en su personalidad. Todavía puede hacer que me olvide y me dejé ir, a pesar de nuestros años separados. Siempre poseyó esa posibilidad. Fue de lo más útil justo después que mi madre falleció. Necesitaba esa levedad más que nunca y Mia me la proveyó. Y supongo que ahora no es diferente. Me gusta que no se comporte como de su edad. —Vamos. Te dejaré ir primero —dice. —¿Dejarme? ¿Eh? —Arqueo una ceja. La levanto y la dejo sobre la parte superior del tobogán. No se me escapa el hecho de que se quitó los pantalones cortos que tuvo toda la tarde. La parte inferior de su traje de baño no combina con su top. Son color verde lima. Y la curva redonda de sus nalgas que se escapa es


muy distractora—. Hacia abajo. —Coloco mis manos en sus brazos y le doy un empujón juguetón mientras la aseguro. —No te atreverías. —Me da una mirada feroz mientras su boca se curva en una sonrisa torcida. —Tal vez no soy tan bueno como me recuerdas. —Eres perfecto —dice, su rostro poniéndose serio por un momento. Ella no puede decir cosas como esa. Es malditamente confuso como. La conversación que tuve con Colton anoche gira en mi cerebro. Estaba convencido de que he estado enamorado de Mia desde niño. —¿Collins? —pregunta, su rostro todavía serio. —Tapate la nariz —le digo y la empujo. Mia va a toda velocidad por el tobogán hacia el océano y justo antes de escuchar el chapoteo, deja escapar un grito divertido. Tomamos turnos deslizándonos por el tobogán inflable, de espaldas, frente, y lados. Golpeamos el agua con fuerza y risa, nadando —o en su caso, como un perrito— hasta la escalera y subimos de nuevo al barco y lo repetimos una y otra vez. Es como si me hubiera transportado a una época más simple. Me siento como si tuviera seis años de edad de nuevo sin una preocupación en el mundo. Ambos tiritamos y el agua salada pica nuestros ojos, pero nuestras sonrisas se rehúsan a desaparecer. Nunca he tenido tanta diversión el yate. Tatianna nos mira ocasionalmente, pero cuando la animo a acompañarnos, ella se gira en su asiento, diciendo que necesita sol en su espalda. —¡El último en llegar al agua es un huevo podrido! —grita Mia y se desliza por el tobogán, volando hacia abajo sobre su estómago. Oigo un chapoteo y nada más. Normalmente sale del agua riéndose. Mi estómago cae. —¿Mia? —Me asomo por la borda del barco. Se encuentra allí, flotando en el agua, pero con una expresión de preocupación. Mierda. Probablemente se lastimó tirándose de esa manera. Tomo un flotador de fideo y voy a toda velocidad por el tobogán hacia ella. Golpeo el agua y nado hasta la superficie, respirando e inmediatamente nadando hacia ella. Se encuentra de espalda hacia mí, a pocos metros de distancia. —¿Mia? ¿Qué pasó? ¿Te encuentras bien? —No vengas aquí —me advierte. ¿Qué demonios? —¿Mia?


—Collins, lo digo en serio. No es una buena nadadora, y cuando veo su cabeza bajo el agua, la envuelvo en mis brazos, asegurando el fideo alrededor de ella. —Ven aquí, te tengo. —No me puedes ver así. Bajo la mirada, tratando de entender a qué se refiere. Jódeme. Su bikini se ha ido. Ido. Y Dios mío, sus pechos son tan gloriosos como los he imaginado. Llenos y redondos con pezones rosados solo pidiendo ser succionados. Fuerte. —Mi bikini se abrió cuando golpeé el agua. Traté de buscarlo, pero creó que se hundió. Gracias, gravedad. —Cariño, ya lo he visto todo antes —le recuerdo. Traga y parpadea hacia mí, pequeñas gotas de agua se aferran a sus pestañas oscuras. —Sí, pero he crecido desde ese entonces. —Créeme, lo noté. Me da un puñetazo en el hombro. —Se serio. —Estoy malditamente cien por ciento serio justo ahora. —Se está alejando, tratando de cubrir su pecho con una mano mientras rema con la otra—. Mia, deja de luchar. Solo te vas a cansar. Hace un pequeño sonido de derrota, y deja de batallar lo suficiente como para acercarla hacia mí. No me hallo totalmente preparado para el calor de su piel desnuda contra mí, los duros picos de sus pezones frotando contra mi pecho desnudo. Envía un reconocimiento instantáneo a mi polla. La alborotadora ha estado buscando una oportunidad para salir y jugar todo el día. Tener a una mujer desnuda en mis brazos no es ninguna competencia para el frío del agua, y el hormigueo cálido se dispara a través de mí, calentándome rápidamente. —Ahí vas. Te tengo. —Mi voz baja. Envuelve sus brazos en mis hombros y avanzo en el agua, fácilmente manteniéndonos a flote con la ayuda de los fideos de espuma. —Eso es. Solo relájate.


—Lo siento. —Shh, está bien. Sus hermosos ojos verdes van a los míos y puedo sentir su corazón latiendo contra mi pecho. El momento se siente lleno de anticipación. Tengo a una Mia semidesnuda en mis brazos, y no puedo dejar de recordar la última vez que estuvimos en esta posición. Una parte de mí se arrepiente. Ella era demasiado joven; yo fui demasiado rudo con ella. Dios, que no daría por volverlo a hacer. No he querido algo tan desesperadamente. Mierda, no sé de dónde vino ese pensamiento. La mantengo cerca y nado lo mejor que puedo hacia la popa de la embarcación y la escalera junto a la plataforma de nadar. Cuando llegamos a la plataforma, me sujeto a la escalera, pero no tengo prisa para separarla de mí, o subirla de nuevo a bordo. Aprieto mis manos alrededor de su cintura. Mia sigue aferrándose a mí, mirándome con curiosidad, esperando a ver a que haré. —¿Estás bien? —pregunto. Asiente. —Me salvaste. Siempre me has salvado —respira, su boca a escasos centímetros de la mía. Envuelve sus piernas alrededor de mi cintura, y su entrepierna roza contra mi erección, arrancando un gemido estrangulado de mi garanta. Sus ojos se abren con sorpresa. —No te muevas —le gruño. Ignorando mi petición, aprieta sus piernas a mi alrededor, su centro frotándose contra mi polla con la más exquisita fricción que pude haber imaginado. Una sensación de salvajismo y deseo incontenible ruge a través de mí. Hace un pequeño sonido de placer en la parte baja de su garganta. Justo cuando me inclino hacia ella, los ojos de Mia se cierran. Nuestras bocas se encuentran en un torrente de besos hambrientos. Sabe a agua salda y sus labios están fríos, pero su lengua es codiciosa, tomando cada roce que le doy e igualándolo con su habilidad seductora. Mis manos pican por tocar sus magníficos pechos, de tirar de sus pezones sexys y escucharla gemir, pero me aferro a ella, incapaz de dejarla ir. Una mano sujeta la escalera para mantenernos a flote y mi boca permanece fusionada a la suya.


Se mece contra mí, el calor de su coño poseyéndome bajo el agua. Deja escapar un pequeño gemido de placer cuando nota lo duro que estoy. Por ella. Solo por ella. —Cristo, Mia —gimo, separando mi boca de la suya. Siento como si fuera a explotar. Desde el momento en que la vi, todo lo que he pensado es poner mis labios sobre los suyos. Cuando encuentra mis ojos, puedo decir que ambos pensamos en lo mismo. Inclusive después de todos estos años, ambos podemos sentirla. La tensión sexual sin explorar quema acaloradamente entre nosotros. La pregunta es, ¿qué voy a hacer al respecto?


6 Traducido por Gise Corregido por Nana Maddox

El beso se siente tan correcto, tan perfecto. El agua puede estar fría, pero nuestros cuerpos están en llamas con el calor de la fricción mientras nos presionamos juntos. Los cálidos brazos de Collins me sostienen cerca, y empujo mi pecho y mi centro contra él. Todo mi cuerpo se está recalentando, y siento como si nos estuviéramos fundiendo en un solo ser. Así es de correcto. Cuando Collins de alguna manera se las arregla para alejarse, es como si nos estuviera rasgando en dos. Estoy tan nerviosa, y en una bruma tal que incluso con la separación brusca, todavía lo miro fijamente. Sus ojos coinciden con mi lujuria y mi necesidad. Busco en su rostro cualquier cosa, cualquier razón para que no podamos estar juntos. Porque se siente tan perfecto, él y yo. Puedo verlo en sus ojos, él también lo siente. Esa chispa entre nosotros, esta tentación, este deseo no se ha ido con el tiempo. Mi corazón acelerado y su jadeo sugieren que el calor entre nosotros, no ha desaparecido en absoluto, ha crecido. Antes, hace quince años, éramos dos amigos curiosos. Nos preocupábamos por el otro, claro. Pero aquí, hoy, hay algo más. Apenas han pasado veinticuatro horas desde que llegué aquí, y me siento tan atraída a él que no estoy segura si posiblemente pueda retroceder. Sin embargo, sé que debo. Su cara cambia y sus ojos se mueven hacia el barco. Está recordando a su novia, a quien dejamos en la cubierta. Mi estómago cae, y creo que yo también podría. Si él me soltara ahora mismo, podría hundirme


hasta el fondo del océano. No porque quisiera morir, sino porque sin él, no estaba segura si tendría la energía para vivir. —¿Eres feliz con ella? —pregunto. Él todavía me sostiene, pero me maniobra hacia la escalera. —Yo… —Hace una pausa y me mira suplicante. Y luego ya no puedo leer su rostro. Como si me hubiera dejado afuera—. No lo sé. —Lo dice como si de verdad no estuviera seguro, pero tampoco está seguro de si está listo para terminar con ella. Suspiro y doy la vuelta, agarrando la escalera. Mientras él se aleja, siento el frío del agua rodeándome, y tiemblo. De repente, siento una necesidad urgente de subir por la escalera y entrar en calor. Tiro de mí hacia arriba. Mis dientes castañean como locos. Aunque Tatianna está a la vuelta de la esquina y la tripulación está fuera de vista, me cubro a mí misma lo mejor que puedo y me apresuro hacia la pila de esponjosas toallas nuevas que alguien ha dejado para nosotros. En serio, ¿cuántos miembros del personal están abordo de ésta cosa? me pregunto. —¿Mia? —Collins me ha seguido. Se dirige hacia mí. Agua gotea de su bronceado y musculoso torso. Una escena que había estado disfrutando durante la última hora y de la cual nunca me cansaré. Su cuerpo es tan firme. Su piel es suave y al mismo tiempo caliente al tacto. Bien podría yo arrancar la parte de abajo de mi bikini y entregársela a él. Es casi imposible apartarse, pero lo hago y me apresuro a ponerme mi camiseta. Me siento humillada. Si de verdad se va a quedar con ella, no obtendrá más espectáculos gratis. Nop. —Lo siento, Mia —dice. Pone suavemente su fuerte mano sobre mi hombro y me da la vuelta para enfrentarlo. Me veo obligada a mirar de nuevo sus increíbles ojos azules y esperar que diga algo más. Se frota la mano por el pelo mojado y dice—: Mi vida es complicada. No es tan fácil como lo fue cuando éramos pequeños. No podemos simplemente jurar con el meñique y luego vivir felices para siempre. Sus palabras duelen tanto que me estremezco. No puedo decir si creo en ellas, pero deben estar en lo cierto. Porque las escucho todo el tiempo. Mis padres siempre me dicen que soy una soñadora. Leila dice que soy demasiado romántica. Siempre he tomado los comentarios como golpes juguetones. Pero escucharlos de él, por alguna razón duele. Tal vez es hora de aceptarlos finalmente. Me seco una lágrima y tomo una respiración temblorosa, asintiendo.


—Sí. Lo sé. No es un cuento de hadas; es la vida real. Ustedes dos han estado juntos por un largo tiempo. —Doy un paso atrás y lo despido con señas, cubriendo mis ojos con mi toalla. —Almuerzo —grita Tatianna a la vuelta de la esquina. Los ojos de Collins atrapan los míos. —Lo siento —articula. Quiero decirle que está bien, que estaré bien. Pero no puedo encontrar las palabras porque se siente como si alguien me hubiera golpeado en el estómago. Así que en lugar de ello, solo asiento y lo sigo a la proa donde han dispuesto una mesa para nuestro almuerzo. Afortunadamente, Collins se vuelve a poner su camiseta antes de sentarse. Mi ego está lastimado, y ya va a ser bastante difícil mantener mis ojos lejos de él, incluso cuando no está semidesnudo. —Mi agente programó un par de sesiones de fotos para mí esta semana. No tenemos nada planeado, ¿cierto? —le pregunta Tatianna a Collins. Él me mira antes de contestarle. —Eh, no. Estamos bien. —Eso supuse —Me sonríe y luego a Collins—. Quiero decir, ustedes dos tienen que ponerse al día o lo que sea. No es como si me quisieran por aquí para eso. Pueden pasar algo de tiempo juntos. Ya sabes, hacerle pasar un buen rato a Mia. Me ruborizo, y bajo mi mirada a mi sándwich. Ella no tiene idea qué tan cerca sus palabras me llevan a un nervioso ataque de risa. Aparentemente, tampoco tiene idea de lo que acaba de pasar entre Collins y yo. Su cara no muestra indicio alguno de estar celosa o preocupada de que yo pudiera representar una amenaza para su relación con Collins. Y ahora que la miro, con su cabello perfecto y hermoso rostro—sin mencionar su cuerpo más allá de elegante—no tengo idea de por qué alguien que estaba saliendo con ella querría besarme, mucho menos dejarla por mí. Tal vez Collins tiene razón. Estoy viviendo en un cuento de hadas, y es tiempo de crecer. Además, Collins y yo hemos sido mejores amigos antes, no hay razón por la que no podamos continuar con eso ahora. He aplicado para varios empleos anoche en línea. Si puedo quedarme con alguno, seré capaz de salir de su casa, pronto, y podemos hacer totalmente la cosa de amigos. Creo. Después de haber aclarado su horario con Collins, Tatianna se desconecta una vez más, perdiéndose en su teléfono mientras mordisquea su plato de lechuga.


Dejándonos a Collins y a mí mirándonos en silencio el uno al otro. Y me pregunto por qué había sido tan atrevida de besar al novio de esta mujer. No soy esa clase de persona. No voy atrás de chicos no disponibles, pero entonces, no hay otro chico como Collins Drake. Y yo lo reclamé hace años. Colocando culpa encima de la humillación que ya sentía, me sorprende que pueda comer en absoluto, pero cuando muerdo mi sándwich, descubro lo hambrienta que me habían dejado las actividades de la mañana. No está nada mal para ensalada de pollo. De hecho, me las arreglo para inhalarla. Algo que Collins pareciera estar disfrutando de ver. Estar hambrienta y distraída es una mala combinación, y me las arreglo para morder mi lengua. —Auch—digo. Collins se echa a reír. —Despacio, Mia. No queremos que te ahogues con tu lengua. Le doy una sonrisa sarcástica. Pero me doy cuenta que Collins no está comiendo. Maldita Tatianna y su fetiche de pollo. Él bebe su cerveza, en silencio, y yo me olvido de Tatianna. No puedo evitar mirar sus labios en la botella de cerveza. Me recuerda cuán suaves eran mientras rozaban los míos, y cómo de controlador era su beso. Su boca era tan demandante, y me encantó la manera en que me sostuvo firme mientras tomaba lo que quería de mí. Y él me había deseado en ese momento, en el agua. Lo había sentido, duro como una roca e incluso más grande, mucho más grande de lo que recordaba. Me pongo mojada de tan solo pensar en lo grande que era, presionado contra mí. En el momento en que me di cuenta lo duro que estaba por mí, quise deslizar mi mano dentro de su traje de baño y sentirlo en mis manos. La única cosa deteniéndome era el miedo de soltar mi agarre de hierro alrededor de él. La única cosa que estaba salvándome de caer a las profundidades del Pacífico. Collins escoge ese preciso momento para levantar la vista y encontrar mis ojos. Su mirada arde mientras cae de mis ojos a mi boca. Está pensando en el beso también. —Me divertí en el agua contigo, Mia —dice Collins trayéndome de vuelta al presente. Su voz es lenta y sensual—, no he hecho nada como eso en mucho tiempo. —Sus ojos brillan, y me da una sonrisa desigual. Mi estómago se revuelve mientras mi cuerpo reacciona a sus palabras. Me inclino hacia adelante en mis codos y el deseo por él, por todo esto, asoma la cabeza. Sus ojos destellan en los míos, y por un segundo, se está


preguntando si voy a delatarlo, y a nuestras actividades acuáticas. —No sé cómo puedes pasar cada domingo aquí y no ir a nadar —digo dulcemente. Sus ojos se suavizan y me doy cuenta que está aliviado. Se siente tan bien verlo feliz. Después del almuerzo, Collins me dice que me sienta como en casa antes de marcharse para hacer algo de trabajo. Apenas considero broncearme con Tatianna. No quiero ser la otra mujer, pero tampoco quiero ser su mejor amiga. Además, estoy cansada. No dormí bien anoche, cama extraña y todo eso, y como que él me dijo que me sintiera como en casa, encontraré un buen lugar para tomar una siesta. Voy adentro en busca de una de las muchas habitaciones. Él describió esto como un yate pequeño, pero para mí es enorme. Giro en una esquina esperando encontrar las habitaciones, pero camino directo hacia la cocina donde encuentro a varios de los empleados sentados haciendo sus propios sándwiches para el almuerzo. Estoy a punto de pedir disculpas y dar la vuelta cuando me doy cuenta de que tienen carne asada. —Disculpen —digo mirándola—. ¿Les molestaría si me hago un sándwich? Se encojen de hombros y asienten, así que entro y me las arreglo con el pan, abro el refrigerador para ver qué tipo de comidas tienen. Cuando termino de hacer el sándwich lo parto por la mitad y lo pongo en un plato, y me dirijo hacia el área de lectura cubierta donde sé que Collins está trabajando. Lo encuentro con su computadora, profundamente concentrado, tanto que soy capaz de dejar el sándwich junto a él y salir corriendo justo cuando levanta la vista para verlo. —¡Oye! —me grita. Doy vuelta en la puerta. —Lo siento. No podía soportar la idea de que trabajaras con el estómago vacío. Encuentra mis ojos con una mirada significativa. —Gracias. —No sé si está agradeciéndome por ese beso, o por no decir nada a Tatianna, o por el sándwich. —De nada. Miro con satisfacción mientras da un gran mordisco. —Sabes lo que me gusta. —Estoy bastante segura de que está hablando sobre el sándwich en este momento, pero no puedo evitar sonrojarme.


Asiento y sonrĂ­o. Luego me dirijo abajo para encontrar un buen lugar para una siesta.


7 Traducido por Liillyana Corregido por Key

Estoy sentado en la cama con mi laptop al lado mío, cuando Tatianna avanza lentamente a mi regazo. —Voy a estar fuera durante las próximas noches —susurra, colocando su boca en mi cuello. —¿Dónde es el rodaje esta vez? —pregunto, mirando alrededor de su cabeza para terminar de escribir el correo electrónico que estoy tratando de enviar. —En Utah —dice ella—. Estoy modelando una línea de otoño para Calvin Klein. Siempre me parece interesante cómo planean una temporada por delante. Ella hace el trabajo de trajes de baño en pleno invierno para la primavera siguiente, y en el verano, ella modela abrigos de invierno. —¿Quieres que te lleve al aeropuerto de camino al trabajo por la mañana? — pregunto. Ella se ríe. —No. No es por eso que vine. Voy a estar fuera durante un par de noches. —Menea sus cejas hacia mí—. Quiero un poco. —Su mano se extiende más abajo y agarra mi paquete, dándole un suave apretón. Estoy suave, pero a ella no parece importarle. Lleva sus labios a los míos, y los beso, obedientemente, pero algo en ella se siente mal. —No esta noche —le digo. No hay manera de que me sienta bien siendo íntimo con Tatianna sabiendo que Mia está justo al lado el pasillo—. Estoy cansado, y tengo un par de cosas más para terminar con todo.


—¿Por qué estás tan estresado, cariño? —pregunta ella, presionando sus dedos en mis sienes y frotando ligeramente. —Mm, eso se siente bien. —Cierro los ojos y disfruto de la sensación relajante. Ella continúa frotando ligeramente, moviendo sus manos en mi cabello y masajea mi cuero cabelludo. Siento los labios de Tatianna contra los míos de nuevo y su pelvis presiona en mí. —Vamos, Collins, quiero tener sexo —respira contra mi boca. Sus labios son rígidos y practicados. No sé por qué me estoy dando cuenta ahora después de tres años de salir con ella. No puedo dejar de recordar la sensación de la boca caliente de Mia contra la mía. Sus labios estaban llenos y exuberantes y se movían tan fácilmente contra los míos. Recuerdo sus curvas bronceadas, las pecas en el puente de su nariz, y las gotas de agua que se aferraban a sus pestañas oscuras justo antes de que tomara su boca. Su lengua era tímida al principio, pero cuando profundicé el beso, ella lamió contra mi lengua y luego chupó su boca con un suave tirón. Mi polla endureciéndose con el recuerdo. »Eso es, cariño —dice Tatianna alentada, frotándose contra mi erección. Mierda. Estoy duro, pero no es por Tatianna. La quito de mi regazo y me levanto de la cama. —No me siento bien esta noche. —¿Por qué le estoy mintiendo? —¿Qué está pasando, Collins? —Sus ojos se estrechan hacia los míos y están llenos de confusión. Sé que está recordando la última vez que tuvo relaciones sexuales cuando no podía siquiera tener orgasmo. Para los que todavía no tengo respuesta, porque Mia ni siquiera estaba aquí en ese punto. Mia. Una nueva oleada de recuerdos inunda mi cerebro. La forma en que sus pezones apretados se sentían contra mi pecho, la forma en que su generoso culo se sentía en mis palmas mientras la sostenía en el agua... Ajusto mi erección y me dirijo al baño, cerrando la puerta detrás de mí. Colocando las dos palmas contra la encimera, miro hacia el frente en el espejo. ¿Qué en el infierno está pasando conmigo? Ojos azul oscuro miran hacia mí, con una mirada perdida e insegura. Todo en mi vida es tan exacto y calculado, estoy perdido en lo que me está pasando. ¿Estoy enfermo? ¿Muriendo? Tomo varias respiraciones profundas y me obligo a relajarme. Recorro el baño grande, caminando de un lado a otro mientras trato de despejar mi cabeza.


Anteriormente, a fuera en el agua fría, cuando había besado los suaves labios de Mia, la promesa que habíamos hecho vino corriendo de regreso. No hemos hablado seriamente sobre esa promesa de la infancia, pero mierda, tal vez la necesitamos tener. Es evidente que hay asuntos pendientes entre nosotros, pero la idea del matrimonio es una locura. Teníamos diez años, por el amor de Dios. Uno no puede decidir cómo vas a pasar el resto de tu vida en el quinto grado. Ni siquiera sé si me quiero casar. Nunca he pensado mucho el concepto. Quizás sea hora de hacerlo, también de encontrar una manera de explicarle a Mia que fue una tonta fantasía infantil y por qué eso nunca va a pasar. Ella tendrá que ver la razón. Me hundo en el borde de la bañera de mármol y empujo mis manos en mi pelo. Cristo, ¿cuándo mi vida se ha complicado? Tengo una mujer con la que he vivido desde hace tres años, con quien comparto mi cama, que encaja en mis planes cuidadosamente elaborados. Luego tengo una mujer que me conoce, mi verdadero yo, detrás de toda la mierda corporativa de CEO. Ella ha afectado mi vida por completo en el espacio de 48 horas. Es cálida y entregada, y me siento más ligero en su presencia. Es divertida y fácil de llevar, nada como Tatianna. Tal vez su presencia aquí demostrará ser una buena cosa. Consiguiéndome aligerarme un poco. Cuando vuelvo a entrar al dormitorio, Tatianna está curvada sobre su costado, profundamente dormida. Retiro las sábanas de mi lado de la cama y me arrastro a su lado. Debería despertarla y pedirle disculpas, pero en su lugar, la dejo dormir y agarro mi teléfono de la mesita de noche. Antes de que siquiera de tener tiempo para procesar lo que estoy haciendo, le envío un texto a Mia. Me divertí mucho contigo hoy. Yo también. Su respuesta es casi instantánea. Esto me hace preguntarme si ella está recostada en la cama justo al lado del pasillo pensando en mí, un pensamiento que me hace feliz. Estoy contemplando qué escribir a continuación, cuando otro texto de ella me llega. ¿Por qué me estás enviando mensajes de texto cuando estás en la cama con una supermodelo? Tal vez estar en la cama con una supermodelo no es todo tan bueno como parece. No debes hablar así de tu NOVIA.


No se escapa de mi cuenta de que la palabra novia está en mayúsculas. Lo sé. Lo siento, estoy siendo un idiota. Ella no responde. Espero unos minutos, preguntándome lo que está pasando dentro de su cabeza. Me pregunto si ella piensa que soy una mierda por besarla hoy cuando estoy con alguien más. Me pregunto cuánto tiempo va a durar esto —Tatianna y yo. Ya puedo sentir yo mismo alejándome de ella. Lo único que me da miedo de acabar las cosas con Tatianna es la comprensión de que entonces tendría que hacer frente a mi futuro con Mia. ¿Estoy listo para eso? ¿Quiero un futuro con Mia? Por último, me decido a enviar un texto a Mia otra vez. ¿Me perdonas? Lo hago... Pero Collins, acerca de la promesa de matrimonio que hice... Mi estómago se hunde. Le doy una respuesta apresurada. No vamos a hablar de eso todavía. Está bien.


8 Traducido por Liillyana Corregido por NnancyC

La excursión en yate del domingo fue confusa por decir lo menos. Nombró a su barco Gremlin. Un nombre con el que solía llamarme con tanto cariño. Luego me besó en el agua. Y se mostró tan ávido, tan ansioso de ello. Me había sostenido tan cerca. Y estaba tan duro. Tan sólo recordar el calor y su gruñido mientras presionaba mi núcleo contra él me hace apretar mi sexo. No puedo dejar de pensar en lo bien que se sentiría tener su longitud llenándome. Pero luego me empujó. Quiere quedarse con Tatianna. Si sé algo acerca de Collins, es que siempre consigue lo que quiere. No tiene sentido tratar de influir en él. La eligió, y es el momento para que yo encuentre la paz con eso y siga adelante. Mierda. A la mañana siguiente, Tatianna toma su vuelo y Collins se adentra en el trabajo, dejándome sola en la enorme casa. Me paso el próximo par de días solicitando más puestos de trabajo. Mejorando mi currículum, haciendo un listado de las ofertas de trabajo y buscando sistemáticamente las mejores oportunidades. Sé que la economía sigue siendo débil, pero no tengo tiempo libre ilimitado para buscar un empleo, y no puedo soportar la idea de vivir de Collins para siempre. Las únicas opciones son volar a casa en derrota, o en realidad tratar de sacar adelante este nuevo comienzo que necesito tan desesperadamente. He solicitado diez puestos de trabajo, y tengo pistas sobre otros diez. También me he vuelto loca presionando el botón de actualización en mi correo electrónico con la esperanza de que vaya a tener una oferta de trabajo, o al menos una entrevista. Sin embargo, esa tarde trae algo de alivio. Collins debe sentirse mal por haberme dejado sola en su casa porque envía las medias naranja de sus


hermanos, Sophie y Kylie, a sacarme y mostrarme los alrededores. Normalmente estaría cansada de ser la asignación de una cita para jugar a ciegas, pero estoy desesperada por salir de la casa. Estoy más que un poco impaciente por conocer a Sophie y Kylie. No importa cuántas veces me digo que me estaré mudando y no tendré una oportunidad con Collins, todavía se siente como si estuviera a punto de conocer a "la familia", y me encuentro esperando gustarles de la peor manera. He oído lo suficiente sobre lo bien que están Colton y Pace, y me aterra que hayan conectado con las mujeres estereotipadas de la alta sociedad —de la clase que te miran por encima del hombro. Por otro lado, también estoy un poco preocupada de que pudieran ser más aburridas que Tatianna. Mis temores sobre ellas se desvanecen inmediatamente. Aunque Sophie es joven, es un encanto absoluto y algo más. Kylie está más cerca de mi edad, y le tengo envidia porque es una mujer fuerte y al instante espero que seamos buenas amigas. Vamos a un bar donde, a pesar de que sé que no lo puedo pagar, bajo mi primer cóctel en un esfuerzo por calmar mis nervios. Estoy a punto de pedir un segundo cuando veo los precios en la carta de bebidas. Trato de ocultar mi sorpresa cuando discretamente abro mi billetera y cuento cuánto dinero me queda. —No te preocupes, esta tarde paga Collins —dice Kylie—. Nos dio instrucciones de no dejar que pagues nada. —Me sonríe. —Insisto —digo, porque a pesar de que es más de lo que puedo pagar, no quiero ser una carga para Collins. Sophie se ríe y me hace un gesto con la acostumbradas a todo el dinero que tiran por todas proveníamos de dinero. Colton siempre me dice que por eso; que no necesito preguntar antes de comprar extraño, ¿sabes?

mano. —Tampoco estamos partes. Ninguna de las dos no tengo que preocuparme cosas. Pero todavía se siente

Asiento. No sé exactamente, ya que apenas tengo dinero para mí misma, pero entiendo a qué se refiere. —La riqueza en torno a estos chicos es una locura — le digo—. Siempre supe que Collins era inteligente, y ambicioso, pero aun así es una locura ver cuán bien lo han hecho por sí mismos. —¿Qué te trae a Los Ángeles? —pregunta Kylie. —Perdí mi trabajo —digo. Hablarles de la promesa matrimonial parece demasiado privado. Me gustan, pero recién las conozco. Tomo un sorbo de mi cóctel, esperando que me dé la fuerza para contar esta historia de nuevo. No hay


una buena vuelta para ser despedida. Incluso si no fue mi culpa, sigue siendo humillante—. Me encontré sin dinero y sin un lugar para ir. Así que supongo que se podría decir que vine aquí para un nuevo comienzo. La frente de Kylie se frunce. Dios mío, puedo decir que he dicho algo que no le gusta. El miedo se apresura a través de mí. Niega con la cabeza. —¿Entonces, qué? ¿Viste a tu viejo amigo, Collins, en la lista de los estadounidenses más ricos, y decides venir aquí y vivir de él? Risas nerviosas hacen casi disparar la limonada de vodka por mi nariz. Mierda, esto arde. Mis ojos lagrimean de la quemazón. —Oh, Dios mío, no. Todo es un poco más embarazoso, y... —Me encojo y me ruborizo—... tal vez un poco más loco que eso. —Tomo otro sorbo fortificante de mi bebida. Sophie y Kylie comparten una mirada inquisitiva, luego se inclinan y esperan a que se los explique. Estoy mortificada ante la idea de decirles por qué estoy realmente aquí. En serio, soy una idiota tan romántica. ¿Por qué estoy aquí? Oh, porque mi mejor amigo y yo nos hicimos una promesa de que si los dos estábamos solteros cuando tuviéramos treinta, nos casaríamos entre sí... Sí, suena demasiado loco. ¿Por qué diablos vine? Porque cuando toqué fondo, quería estar con la única persona que me hizo sentir como si valiera algo. Por la forma en que me miran, puedo darme cuenta que nunca confiarían en mí o me aceptarían si no les digo la triste verdad. Respiro profundamente y les cuento mi historia. La de una niña de diez años de edad, que estaba locamente enamorada de su mejor amigo, Collins. Les hablo del momento en mi habitación cuando me clavó un dedo en el brazo y dijo que quería casarse conmigo. Miro mis manos todo el tiempo y siento que sudan mientras cuento la historia que no le he dicho a nadie en mucho tiempo. Cuando termino, levanto la mirada y sus ojos son más suaves y sus sonrisas más ligeras. Puedo ver de inmediato que decirles era lo correcto. Me siento aliviada por haberlo hecho. Estoy desesperada por escuchar sus reacciones. —Aww —Sophie suspira—. Así que es cierto, has conocido a los chicos por siempre. ¿Cómo eran? Kylie se cruza de brazos y se acerca más. —Sí, ¿cómo eran de niños? Pienso en retrospectiva. Para mí fue siempre todo sobre Collins, pero sé que están preguntando por Colton y Pace. —Siempre han sido repugnantes juntos. Tres hermanos creciendo en una casa, hay muchas posibilidades de ser un montón de alboroto. Algunos días iba a jugar con Collins y, la casa se sacudía de juegos


bruscos. Definitivamente fue algo para experimentar. —Sonrío pensando en un momento en particular—. Una vez Colton y Pace luchaban, y casi se desplomaron sobre mí. Collins vio como sucedió, corrió y se lanzó entre mí y la masa ruda y violenta de sus hermanos menores. Mi héroe. —Me sonrojo cuando me doy cuenta que he dicho la última parte en voz alta. Pero sus sonrisas no se han desvanecido y sus miradas curiosas ruegan que les diga más. »A veces, cuando no estaban armando líos —continúo—, hacían esta cosa que ellos llamaban soltar-carcajadas, tratando de decir los mejores chistes, poniendo las muecas más divertidas. Cualquier cosa que podrían hacer para lograr reírse con tanta fuerza que no pudieran respirar. Sophie extiende la mano. —Espera, te refieres a Colton y Pace, ¿verdad? Collins nunca holgazanearía así. —¿Qué quieres decir? —Le doy Sophie una mirada de reojo—. Generalmente él era el instigador. Cuando Pace y Colton eran pequeños, Collins amaba perseguirlos por todos lados haciendo caras tontas con amenazas de cosquillas. Él estaba fuera de control. —Cuando lo digo, pienso en el Collins que conocí cuando era más joven. Le encantaba fingir que hablaba en serio, pero cuando su lado tonto salía, era cuando verdaderamente brillaba. A veces me hacía reír tan fuerte que casi me hacía pis. Trato de imaginar a Collins haciendo eso ahora. Es más difícil de ver, aunque ayer cuando estábamos jugando en el barco, esa chispa había estado allí en sus ojos. Por un tiempo se rio a carcajadas, disfrutando plenamente como me acuerdo de él en todos mis mejores recuerdos. Sophie sonríe y mira a su alrededor, como si tuviera un secreto. —Mia, no sé si se suponía que debía compartir esto contigo, pero Colton dice que Collins está enamorado de ti. Mi cara debe mostrar la conmoción que siento por sus palabras, ya que añade—: Lo dice como una broma, pero puedo decir que hay algo de verdad en lo que dice. —Me guiña un ojo. Kylie ondea la mano e interviene—: Tú eres mucho mejor para él que Tatianna. Quiero decir, ella es agradable, pero tú en verdad te preocupas por él. — Se cruza de brazos y se inclina hacia atrás—. Puedo verlo en tus ojos cuando hablas de él. Trato con mucha fuerza de no internalizar lo que acaban de decir, pero es casi imposible. Que posiblemente él podría sentir lo mismo que yo siento por él, y lo ha sentido todos estos años, sería tan maravilloso. Pero sé que es sólo la


romántica en mí agarrándose a cualquier hilo que pueda, aferrándose a mi felices por siempre: el final de mi cuento de hadas. Cuando el sol comienza su descenso hacia el océano, Kylie anuncia que es hora de dejarme. Tiene que volver a su casa. Y de repente lo comprendo. No tengo una casa. Cuando me lleva de nuevo a la de Collins, empiezo a preguntarme qué diablos todavía estoy haciendo aquí. Collins tomó su decisión. Se queda con Tatianna. No debería quedarme. Podría volver a casa y vivir en el sofá de Leila mientras busco un trabajo. Pero eso no suena nada mejor que lo que estoy haciendo aquí. Y por lo menos aquí mi reputación no ha sido manchada por las mentiras. Tengo una oportunidad de encontrar un nuevo trabajo. No estaría de más, al menos, darle una oportunidad a la ciudad. Además, ni siquiera estoy segura de que él quiera estar con Tatianna. Veo la forma en que están juntos. Veo lo fría que es ella. Y él tampoco está adulándola. La otra noche me envió un mensaje mientras yacía en la cama con ella. Con ella. ¿Por qué me enviaría un mensaje cuando su novia está allí y a punto de salir de la ciudad por varios días? Todavía tengo el último texto que me envió esa noche. Su reacción a mi mención de nuestra promesa de la infancia. No vamos a hablar de eso todavía. ¿Todavía? Cuando le contesté, planeaba librarlo del asunto. Pero parece pensar que hay algo que aún vale la pena hablar. Y se me quedó grabado. De hecho, me está volviendo loca. Cuando Kylie me deja en la entrada de la casa de Collins, determino que lo enfrentaré al respecto. Odio la idea meterme entre Collins y su novia, pero no puedo seguir viviendo en su casa estando en el limbo. No estoy segura de lo que quiere exactamente, pero no creo que quiera a Tatianna. No estoy segura de sí me quiere. Pero necesito saber.


9 Traducido por Miry GPE Corregido por Dannygonzal

Con Tatianna fuera de la ciudad, no hay manera de que pueda volver a casa. ¿Una casa completa solo con Mia? Joder, no. Eso sólo conduciría a problemas, y no estoy dispuesto a ponerme en una situación como esa. Por lo menos soy lo suficientemente inteligente como para saberlo bien. Cuando imagino sus grandes ojos verdes siguiéndome por la habitación, sus suaves curvas que ruegan por mis manos, y la forma en que siempre parece tan preocupada por cómo lo llevo, si he comido suficiente... No sé cómo manejarla. Por una vez en mi vida, estoy perdido sobre qué hacer. Así que después del trabajo, me dirijo a casa de Colton, donde él y Pace disfrutan de una copa en la biblioteca. Recientemente Colton añadió una mesa de billar y un bar, renovándola con eficacia para su refugio masculino personal. ―Ahí está el viejo ―me saluda Pace con una sonrisa. Colton y él han estado bromeando desde que cumplí los treinta. Pace tuvo las pelotas de examinar mi cabello en busca de canas la última vez que nos tomamos unas copas. Imbécil. ―¿Qué pasa, muchachos? ―pregunto, hundiéndome en un sillón de cuero. ―Tú dinos ―dice Colton, entregándome un vaso de whisky―. ¿Mia aún es la compañera de casa de Tatianna y tú? Lo hace sonar como un arreglo sórdido, pero mierda, tal vez lo es. Mis pensamientos sobre ella no son exactamente inocentes. No, más bien son oscuras fantasías que involucran su piel desnuda chocando contra la mía. Aclaro mi garganta y murmuro―: Está bien. ―Pero mi respuesta debió ser demasiado rápida, por que puso en marcha la mierda de Colton.


Él ríe. ―Estás tan lleno de mierda. ¿Cuándo despertarás y te darás cuenta de que Tatianna y tú no tienen nada en común, aparte de buen sexo, y de que la chica de la que has estado enamorado tu vida entera se encuentra justo bajo tu nariz? Me concentro en mi bebida. No le diré a Colt que el sexo no es tan grandioso, de hecho, ni siquiera puedo terminar. ―Pace, ¿qué hay de nuevo contigo? ―pregunto. Colton maldice en voz baja, mientras Pace se ríe de mi obvio intento por cambiar de tema. ―Tratando de dejar embarazada a Kylie ―anuncia con orgullo. ―¿En serio? ―preguntamos Colton y yo al unísono. ―Ustedes aún no se casan ―señalo. Se encoge de hombros. ―Suficientemente cerca. Estamos comprometidos. Sonrío porque odiaba ver la manera en la que Pace siempre solía moverse con las mujeres. Como hombre siempre lo entendí, pero como hermano mayor, tenía que preocuparme por él. Cuando encontró a Kylie, verlo cambiar de mujeriego perpetuo a hombre de familia, fue un alivio. ―Bueno, no debería ser demasiado difícil lograr dejarla embarazada. Dios sabe que has tenido suficiente práctica. ―No te zafarás tan fácilmente, hermano ―dice Colton, volteándose hacia mí. El cabrón me hará hablar de Mia. Trato de tomar otro sorbo de mi bebida y noto que me bebí todo el vaso. Mierda. Colton me sonríe y sostiene la botella de whisky. ―¿Quieres un poco más de esto? Entrecierro ojos. ―Entonces tendrás que hablar con nosotros. Como un adulto. No más de esa mierda de gruñidos y evasivas de hombre de las cavernas. Cuéntanos lo que sucede ―dice Colton. ―Dame el maldito whisky ―gruño. Me la entrega y me sirvo una medida saludable, mientras decido exactamente lo que les diré.


Pace se inclina hacia atrás en su asiento, cruzando sus pies por sus tobillos, y Colton se acondiciona, también poniéndose cómodo. Aquí vamos, al parecer es el maldito tiempo para compartir. »Cuando Mia y yo éramos niños, como que nos prometimos que si ninguno de los dos estaba casado para cuando cumpliéramos treinta, lo haríamos entre nosotros. Colton se atraganta con su licor, tosiendo y escupiendo ruidosamente. ―Tienes que estar bromeando. Pace ríe para sí mismo. ―Eso es jodidamente brillante. Realmente deberías hacerlo. Ninguna de las respuestas es alentadora. Espero que ellos se burlen bastante de mí para que se entretengan con la promesa infantil de Mia, lo cual hacen, pero luego la conversación cambia y los encuentro debatiendo los méritos reales de esa promesa matrimonial, mientras termino vaso tras vaso de whisky. Finalmente, Colton toma la botella y la coloca al otro lado de la habitación. ―Mierda, hombre ―dice Colton―. No tienes que marchar hacia el altar con ella mañana ni nada, pero te conozco. Tienes esa posesiva mirada cavernícola de “mía” cuando hablas de ella. Algo que nunca haces cuando hablas de Tatianna. Estoy confundido e inseguro. Y cuanto más tiempo me siento aquí, más dudoso me vuelvo. Una propuesta de matrimonio infantil es una locura, ¿verdad? Es sólo algo estúpido que dicen los niños, no significa nada. ¿Significa algo? Mia parece creer que sí. Ella vino hasta aquí, sólo meses después de su cumpleaños. Mi corazón late más rápido cuando pienso en ese hecho. Colton pregunta de nuevo sobre Tatianna, y ese es un tema que no estoy dispuesto a discutir. ―Sinceramente, no veo por qué aun estás con ella, hermano ―dice Pace. ―En serio hombre, si no te hace feliz, termina con ella ―añade Colton. Levanto mi copa a los labios, como si más licor me ayudará a averiguar qué hacer. Recostado en mi silla, cierro los ojos y dejo que el alcohol me caliente. Me permito imaginar lo que sería mi vida con Mia en ella. Peligroso para estar seguro. Veo niños corriendo por doquier con su pelo castaño y ojos verdes, los domingos en el yate, mi casa llena de risas y amor. Me conmueve la idea. O tal vez esa sensación de cálido cosquilleo es el alcohol. De cualquier manera, creo que es hora de regresar a casa.


Pace me da un aventón y me deja en la puerta. La casa se encuentra a oscuras y en silencio con Tatianna fuera y con Mia probablemente en la cama para este momento. Me dirijo a mi habitación y me llega un mensaje de texto a mi teléfono. Es Mia. ¿Estás en casa? Sí. ¿Dónde estabas? Hermanos. No sé qué más decir, porque es extraño saber que pasé toda la noche hablando con ellos acerca de las dos mujeres en mi vida y aún no sé dónde estoy parado. Suena divertido. Trataba de averiguar algo de la mierda en mi vida. No tenemos que enviarnos mensajes de texto, ella no está aquí. ¿Nos encontramos en la cocina? Podemos comer mantequilla de maní directamente del frasco como en los viejos tiempos y hablar de eso. Mi corazón golpea contra mis costillas. Tatianna no está en casa, como señaló Mia. Y la idea de verla en este momento me llena de nostalgia. Pero estoy borracho. E incluso a través de la neblina de alcohol, sé que es una muy mala idea. No confío en mí mismo. ¿Con la mantequilla de maní? Contigo. Su respuesta tarda varios minutos en llegar. Oh. Tenemos que hablar mañana, cuando esté sobrio. Está bien.


Cuando despierto por la mañana, se siente como si una rata muerta se hubiera arrastrado por mi garganta y se instaló ahí. Parpadeo contra la fuerte luz y me maldigo por beber tanto anoche. Recuerdo vagamente a Pace dejándome en casa y luego intercambiar mensajes de texto con Mia. Mia. Le dije que hoy hablaríamos las cosas. Con un profundo suspiro, me obligo a salir de la cama, ducharme y vestirme. Es sábado, lo que significa que debería ir a practicar kickboxing, pero con la cantidad de alcohol que consumí anoche, eso no pasará. Bajo las escaleras, necesitando café desesperadamente, y encuentro a Tatianna en la cocina. ―Oh, has vuelto. ―Con todo lo que hay en mi mente últimamente, olvidé que me envió un mensaje sobre el cambio de planes en su viaje. Se pone de puntitas y besa mi mejilla. ―Te dije que volvería hoy. Mientras enciendo la máquina del café, me cuenta todo sobre su viaje. Aparentemente, fue difícil trabajar con el fotógrafo. Eso no es una sorpresa. Tatianna encuentra difícil trabajar con la mayoría de la gente. Girando el tapón de una botella de agua, se gira hacia mí. ―Entonces, ¿qué hicieron Mia y tú mientras no estaba? ¿Alguna cosa emocionante? ―No. ―Mi voz sale dura. Me siento mal por no tener tiempo para mostrarle Los Ángeles. Sé que le encantaría el mercado del agricultor, o una visita a la playa. Tatianna y yo nos sentamos lado a lado en la mesa de desayuno, yo inmerso en un informe de resultados en mi tableta y ella pintándose las uñas en pequeños óvalos. Reviso mi calendario para la próxima semana y le recuerdo nuestro próximo viaje. ―Nos vamos a París el lunes. De repente se gira hacia mí. ―No puedo ir. Tengo una sesión de fotos en Nueva York el lunes y el martes. ―¿De qué hablas? Planeamos este viaje desde hace tres meses. ―He estado cortejando a un inversor internacional y me reuniré con él cara a cara en París, donde se suponía que Tatianna y yo los entretendríamos a él y a su esposa durante toda la semana.


―Lo siento, pero no hay manera de que cancele ―dice―. He querido trabajar con ese diseñador desde que vi su adorable línea de botas peludas el otoño pasado. ―No tendrías que cancelarlo si en primer lugar no lo hubieras agendado en la misma fecha que nuestro viaje. Resopla con frustración. »Necesito ser capaz de contar contigo ―digo. ―Y yo necesito que apoyes mi carrera como modelo ―replica en respuesta. ―¿Cuándo no te he apoyado? Me mira, su mirada examinando la mía, pero no responde. Nuestra conversación se halla lejos de terminar, pero tengo que controlar mis emociones antes de hacer algo apresurado.


10 Traducido por Miry GPE Corregido por Sandry

El beber ayer combinado con mi incapacidad para dormir la noche anterior, hace que el dormir toda la mañana suene como una gran opción. Me acuesto con los ojos cerrados en la mullida cama. Es como estar acostada sobre una nube. Estiro los brazos y las piernas, dejando que las suaves sábanas acaricien mi piel. No importa lo mucho que me estire en cualquier dirección, no puedo alcanzar el borde de la cama. Tal extensión de lujo no debería dar lugar a una mala noche. Las palabras “mala noche” ni siquiera comienzan a cubrir la montaña rusa de emociones que experimenté anoche. Mis ojos se abren cuando recuerdo la causa de mi mal descanso. Collins dijo que hablaríamos esta mañana. Sólo puedo asumir que finalmente tendremos una conversación sobre nuestra propuesta de matrimonio de hace veinte años. Una parte de mí quiere pensar positivamente. Tal vez la razón por la que quiere hablar es porque decidió que me quiere en su vida. Mi pulso se acelera con entusiasmo ante la idea, echo las sábanas a un lado y me dirijo a la ducha. El agua es agradable y caliente, me tomo mi tiempo, frotándome de los pies a la cabeza. Si quiere estar conmigo, ¿me besará de nuevo? ¿Tendrá todo el calor y la pasión de nuestro beso robado en el océano? Me afeito las axilas, piernas y el área del bikini. Si compartimos un beso como ese, ¿conducirá a más? Otra noche a solas con él en un barco. Estando a solas con él —en cualquier lugar. Mi pulso se acelera. Por supuesto, nunca será tan fácil como eso. Primero tendrá que arreglar las cosas con Tatianna. Así que tal vez no seremos capaces de estar juntos de inmediato, tal vez me pida que le dé tiempo para terminar las cosas con Tatianna. Han permanecido juntos bastante tiempo, y ella merece que la deje primero. Y eso


es lo correcto por hacer. Salgo de la ducha y me seco con una toalla demasiado esponjosa. Mientras termino de peinarme el cabello, dando los toques finales a mi cuidadosamente elaborada apariencia tipo: lista para tener una conversación seria con el hombre de mis sueños, la otra posibilidad asoma su malvada cabeza, llenando mi estómago con un frío y retorcido temor. Es la opción más realista. Maldita sea la realidad. La odio. Pero sé que es el resultado más probable de nuestra charla. Ya lo dijo: su vida es complicada ahora. —No podemos simplemente jurar con el meñique y luego vivir felices para siempre. —Siento que mis hombros se desploman, y miro a mi triste reflejo en el espejo del baño. Me dirá que lo siente, pero que lo nuestro no funcionará. Collins será agradable, porque siempre ha sido muy bueno conmigo. Pero pedirá eso —porque es vergonzoso y todo— que busque un trabajo y me mude tan pronto como pueda. Me preguntará si estoy bien. De alguna manera, me obligaré a asentir. Me las arreglaré para escapar de él antes de hundirme en una bola y gritar. Collins irá a buscarme, y lo convenceré de que todo está bien. Justo como en todas nuestras pequeñas peleas y malentendidos a través de los años. Tomo una respiración profunda y me examino por última vez en el espejo y arreglo un mechón de cabello —sin estar exactamente segura de por qué me molesto— antes de salir para encontrar a Collins. Mientras bajo las escaleras, me pregunto si realmente tiene que ser así. Porque después de todo este tiempo — después de la locura de volar a través del país para hacer valer esta tonta promesa— él pudo haberse reído de eso. Sencillamente pudo fingir a que todo era una broma estúpida. Y francamente, me siento tan avergonzada por eso que probablemente estaría de acuerdo. Pero no se rio de eso. Pidió hablar de ello. Así que ahora, aquí estoy, medio temblorosa, medio mareada y hecha un lío total. Me dirijo por el pasillo hacia la cocina, donde sé que toma su desayuno. O bien se encuentra a punto de aplastarme, o de darme esperanza de que esto no ha terminado aún.


Opción C. Ninguna de las anteriores. Entro en la cocina para encontrar que Tatianna llegó antes a casa de su sesión. Se sienta junto a Collins en la mesa del desayuno, pintándose las uñas mientras él trabaja en su ordenador. Me esfuerzo para ocultar mi decepción. Mierda. Ella se encuentra sentada muy derecha en la silla, como si tuviera una barra de hierro metida en su vagina. ¿Cuándo ha vuelto? Mi mandíbula se tensa, pero cuando mis ojos se mueven de ella a Collins, mi ira se desvanece y la preocupación la sustituye. Collins parece agotado. Tiene los ojos entrecerrados y sus hombros encorvados como si el mero hecho de estar despierto doliera. También se ve enfadado, pero de qué, no tengo idea. Ninguno de los dos me escucha entrar, ambos aún perdidos en sus tareas. —Collins —digo. Alza su mirada y trata de sonreír, pero su frente se arruga. Su mirada vaga por encima de mi cuerpo, y se congela. Me pregunto si está enojado por algo, o tal vez aprecia el tiempo extra y cuidado que me tomé para arreglarme. Me preparo una taza de café y tomo asiento frente a ellos. —¿Estás bien? —pregunto. Apoya pesadamente su barbilla en su mano y dice—: Tomé uno, tal vez dos, whiskeys de más anoche. Mi rostro se calienta mientras recuerdo nuestros mensajes de texto de anoche. ¿Estaba tan borracho que no sabía lo que decía? Mi corazón se hunde. Probablemente ni siquiera lo recuerda. Todo se encuentra en tu historial de mensajes, le quiero decir. Se supone que hoy tendríamos nuestra charla. Tatianna alza su mirada. —Buenos días, Mia. ¿Dormiste bien? —Sí. —Miento y fuerzo una sonrisa—. Regresaste. Se inclina en un cuenco vacío frente a ella. —Terminamos todo antes de tiempo. Por una vez. —Mira alrededor—. ¿Hay más fruta cortada? —Debió preguntarle a alguien del personal, pero se da cuenta que no hay nadie aquí para servirle, se levanta, dirigiéndose a la nevera. —No lo olvidé —susurra Collins una vez que ella está fuera del alcance del oído.


Sus palabras me llenan de esperanza, y busco cualquier pista en su rostro de lo que piensa. Pero no puedo leerlo. —Encuéntrame atrás, por la hilera de palmeras, en una hora —añade, mirándome a los ojos con tal intensidad que lo siento en lo más profundo de mis entrañas. La tensión es tan espesa entre nosotros que creo que sería muy obvia, pero Tatianna no se da cuenta. Él toma un trago de su café y luego con voz relajada, dice—: ¿Algún gran plan para hoy? —Más búsqueda de empleo. —Me encojo de hombros. Tatianna regresa a la mesa con un plátano pelado. —Tal vez Collins tenga algo para ti. Collins me mira y algo de su tenso estado de ánimo cae. —Claro. Hablaré con Suzanna de Recursos Humanos a ver qué tenemos disponible para alguien tan talentoso como tú. —Mira mis labios de una manera que me hace sentir sucia mientras dice esto. Tomo una respiración profunda y temblorosa. —Eso sería genial, pero no espero que me entreguen sencillamente un trabajo. —Me muerdo el labio. Tatianna se gira hacia Collins. —Sabes, cariño, también tengo algunos talentos geniales. —Ella abre su boca y mete todo el plátano dentro. Intenta ser sexy, pero es demasiado grande para su boca y lucha para masticarlo sin ahogarse con él. Tomo un sorbo de mi café en un esfuerzo por ocultar mi sonrisa. Pero Collins la mira pensativo, luego me mira y sonríe, plantando sus dos manos sobre la mesa como si estuviera a punto de ponerse de pie. —Bueno, siento dejarte comer sola, pero Tatianna y yo tenemos algunas cosas de las que ocuparnos antes de que me vaya. —Oh. Claro —digo. ¿Cosas? ¿Qué cosas? ¿Y qué hay de nuestra conversación? Pero la expresión de Collins permanece en blanco y no me dice nada. Maldita sea su cara de póquer. Sin embargo, el rostro de Tatianna habla suficiente por ambos. Sus ojos de fóllame perforan un agujero a través de la cabeza de Collins y en la pared detrás de él. Ella desliza su brazo por el pecho de él, enganchando su mano alrededor de su cuello. Trato de mirar hacia otro lado, pero encuentro que mi mirada está pegada a ellos en una especie de boquiabierta envidia enfermiza. Él se pone de pie. —Buena suerte con la búsqueda de empleo. Te veré más


tarde. —Tatianna se levanta y lo sigue fuera de la habitación dejándome sola en la cocina. Echo un vistazo alrededor de la gran habitación sin expresión y comprendo que ya no tengo hambre. Mi cara se calienta. Estoy enfadada. Dijo que hablaríamos esta mañana. “Nos vemos en una hora”, dijo. Bueno, si piensa que esperaré mientras se folla a su novia, debe estarme confundiendo con alguien maleable. Empujo mi silla, me levanto y subo rápidamente de nuevo por las escaleras a mi habitación. Para cuando llego a mi habitación, mi visión es completamente borrosa. Me seco las lágrimas mientras cierro la puerta y caigo sobre la cama. ¿Cómo me permití llegar a sentirme tan afectada? Recuerdo cómo Sophie dijo que Colton pensaba que Collins me amaba. No quise hacerlo, pero debo haberme agarrado a eso. Se escabulló en mi subconsciente, y me hizo pensar que tenía una oportunidad, que los vivieron felices para siempre sí existen. Demonios, no sólo eso. Él me llevó a pensar que tenía una oportunidad. ¿De qué otra cosa tendríamos que hablar? Si no está interesado, entonces no hay nada de qué hablar, así que, ¿por qué quiere hablar? Pero esa pregunta ya no importa. Tengo todas las respuestas que necesito en la forma de él follando a su novia en este momento. ¿Por qué otra cosa necesitaba retirarse de repente al dormitorio a solas? Me pongo de pie y encuentro mi maleta y la abro en la cama. La respuesta finalmente se abre camino a través de mi cabeza dura. Es hora de volver a casa.


11 Traducido por Alessandra Wilde Corregido por Mire

Sigo a Tatianna arriba, con la intención de terminar nuestra conversación. Su pequeño truco con el plátano me dice que piensa que subimos aquí a barrer todo debajo de la alfombra. Cuando entramos en nuestra habitación, cierro y le pongo seguro a la puerta. Se vuelve hacia mí, sonriendo, para nada en sintonía con cuán frustrado estoy. Como para evitar cualquier discusión adicional, Tatianna tira de su camiseta sobre su cabeza y se contonea fuera de sus pantalones cortos. —¿Qué demonios estás haciendo? —pregunto. —He estado fuera durante dos días, y ahora estamos a punto de separarnos de nuevo. Pensé que por eso querías venir arriba. Antes de que pueda desabrochar su sujetador, la detengo. —No. Quiero hablar. Siéntate. —Hago un gesto hacia la cama, y Tatianna se sienta a regañadientes en el borde. Le entrego la camiseta que acaba de quitarse y veo como se la pone de nuevo. Sus ojos se fijan en los míos, y su sonrisa se desvanece. No tengo tiempo para sus juegos en este momento. Está acostumbrada a hacer pucheros y conseguir lo que quiere. —¿A dónde va esto, Tatianna? ¿Tú y yo? —¿Qué... qué quieres decir? —pregunta, pareciendo confundida. Nunca he planteado una pregunta cómo esta antes, nunca hablamos de nuestro futuro, pero creo que quizás es el momento. —Creo que tenemos que discutir esta relación. ¿Qué quieres de esto? ¿Cuáles son tus objetivos? —pregunto. —¿Mis objetivos? —Se muerde el labio—. No sé, estar en la portada de la revista InStyle, caminar todos los mayores espectáculos de la Semana de la Moda de Nueva York y Milán el próximo año.


Por primera vez en mi vida, siento un agujero dentro de mí. Un agujero que se profundiza y se hace más grande con cada latido que pasa. Reservar nuestro viaje a París solo refuerza el hecho de que no estoy en su lista de prioridades. Sus metas futuras no mencionan nada de mí, de nosotros, y solo incluyen a sí misma. Es típico de Tatianna, pero está empezando a jodidamente molestarme. Ella no tiene expectativas para el futuro, y si bien a la mayoría de los solteros en mi posición puede que les guste esta especie de arreglo sin compromisos ni expectativas que tenemos, me parece que ya no lo hago más. Quiero oírle decir que no puede vivir sin mí y que me necesita. Hemos estado juntos desde hace varios años, y las cosas no deberían ser tan informales entre nosotros. Nunca nos hemos dicho te amo. La miro, asimilando la forma en que su largo cabello rubio cae casi hasta su cintura, sus ojos azules con forma de almendra, y sus labios pintados de rojo. Me preocupo por ella —odiaría verla lastimada. Sin embargo, me preocupa que no tengo sentimientos tan fuertes como debería. Hemos estado saliendo tanto tiempo que debería saber a estas alturas si la amo. Cuando Mia me mira, siento más calor y emoción entre nosotros de lo que lo siento entre yo y mi novia de tres años. Y Mia solo ha estado en mi vida un puñado de días. Esa realidad hace que algo dentro de mí se agite. Esta desconexión que se ha estado construyendo entre Tatianna y yo sale a la superficie y exige atención. Quiero más. Jodidamente mucho más. Quiero decir, tiene que haber más que esto, ¿verdad? Los ojos llenos de esperanza de Mia me dijeron que sí —si era lo suficientemente hombre para aprovecharlo. Mi vida ha sido desprovista de emoción durante los últimos años ya que mi atención se ha centrado en mi negocio, y sí, he tenido mis necesidades cubiertas con una cálida mujer dispuesta a compartir mi cama, pero carecía de verdadera intimidad. Tatianna me está mirando haciendo pucheros con su labio, obviamente preguntándose si he perdido mi mente. Ella no lo entiende. No me entiende tampoco. Eso implicaría preocuparse por otros aparte de sí misma, lo que nunca hace. Mia captó mi estado de ánimo tenso esta mañana en la cocina, me preguntó si me encontraba bien. Le eché la culpa al whisky de anoche, pero la verdad era que desde que volvió a entrar en mi vida, luciendo francamente pecaminosa, mi cabeza ha estado girando. Me siento en la cama a pocos metros de Tatianna y considero tomarla de la mano, pero realmente no somos del tipo de parejas que se toma de las manos, así que en cambio paso la palma de mi mano a través de la parte trasera de mi cuello.


—Mira, Tatianna... —empiezo, pero estoy sin palabras. Por primera vez en mi vida. Tengo que decirle lo que quiero. El problema es que no estoy seguro de saber qué mierda es eso. En la próxima semana, estaremos en diferentes continentes, tal vez ahora es el momento de tomar un descanso y reflexionar sobre el futuro de esta relación. No tengo ni idea de cómo se va a tomar esto, pero tiene que hacerse. »Quiero que ambos aprovechemos esta semana para pensar en nuestra relación y lo que cada uno quiere. Cuando regreses de París, vamos a tomar una decisión acerca de nuestro futuro. —¿Por qué eso suena tan deprimente? —pregunta. —¿No crees que es extraño que después de tres años de noviazgo, nunca hayamos examinado a dónde va esto? —Me gusta estar contigo —dice, tratando de suavizar las cosas—. ¿Por qué arruinar una buena cosa? Excepto que esta no era una buena cosa de por sí, al menos no para mí. Pero lidiar con mi estado de relación significa que tendré que enfrentarme a mi futuro con Mia. ¿Estoy listo para eso? Joder, es mi amiga y no me gustaría arruinar eso. Sin duda necesitaría esta semana para considerar dónde me dirigía y con quién. Nunca he considerado el matrimonio con mi novia de tres años, y Mia está de regreso en mi vida durante una semana y estoy reordenando todo solo para mantenerla aquí. Eso dice mucho. —Voy a pedirle a Mia que se me una en París —le digo. —No tengo nada de qué preocuparme con ella, ¿verdad? —pregunta Tatianna, entrecerrando los ojos hacia mí. Meneo la cabeza, incapaz de poner en palabras todo lo que está atravesando mi cerebro. Tatianna se levanta de la cama y se me acerca. —Estamos bien juntos, Collins. Sabes que sí. —Se agacha y agarra mi entrepierna, frotando suavemente. Mi pene no responde. —No lo hagas —le advierto. Sacude la cabeza. —Toma esta semana, y piensa las cosas, si quieres. Pero estaré aquí cuando regreses. —Su mano se curva alrededor de mi pene, apretando ligeramente—. Y no dejes que ella ponga un dedo sobre esto. Me levanto de la cama y me quedo allí, sin saber si hay algo más que decir.


Tatianna juega con los largos mechones de su pelo, y la pila de brazaletes de diamantes que le compré tintinea en su antebrazo. No parece molesta en lo más mínimo. —Tengo que ir a hablar con Mia —digo y me dirijo a la puerta.


12 Traducido por Alessandra Wilde Corregido por Jasiel Odair

Aparte del billete de avión y el viaje en taxi a la casa de Collins, no he comprado nada desde que llegué aquí. Así que, ¿por qué mi maldita bolsa no se cierra? Pongo mis dos brazos en la parte superior de mi maleta e inclino todo mi peso sobre ella, pero todavía hay varios centímetros entre los dientes de la cremallera. Nunca voy a conseguir cerrar esta cosa. —Maldición —digo en voz alta y me enderezo para abrir la maleta de nuevo. Justo en la parte superior está mi viejo libro de recuerdos. Es grueso, lleno de fotos, recortes y otros recuerdos. Me dejo caer al lado de mi maleta en la cama y lo reviso. Está lleno de recuerdos de mi infancia. Nunca había pretendido que sea una historia de mi amistad con Collins, pero ahora veo que lo es. Éramos los mejores amigos para siempre y supongo que tiene sentido. Fotos de Collins y yo perdiendo el tiempo en la feria del condado, a los seis años. Collins y yo carcajeándonos en la piscina de sus padres, a los ocho años. Talones de boletos de nuestro primer concierto en vivo, que él compró para mi decimotercer cumpleaños. La foto del vestido de boda color lavanda. Me detengo en la foto. Es un elegante vestido de seda con un toque de encaje. Ahora, nada de esto importa. Toda una historia borrada porque Collins no tiene tiempo para hablar conmigo. Ni siquiera puede pasar todo un desayuno completo sin salir corriendo para tirarse a su novia supermodelo. Obviamente, a él no le importa, ¿por qué habría de hacerlo yo?


Cierro el libro de golpe y arrojo la estúpida cosa contra la puerta, pero fallo. Golpea la pared con un whap, luego cae al suelo. La puerta del dormitorio se abre de golpe, y Collins asoma la cabeza dentro, con cara de preocupación. —¿Mia? — dice—. Lo siento, estaba afuera y oí un ruido fuerte. —Abre la puerta del todo y me mira. Mis brazos se doblan mientras me siento en la cama y miro con cautela al libro de recuerdos tendido en el suelo. Sigue mi mirada hacia abajo, luego me mira y da un paso dentro de la habitación. —¿Qué pasa? —Mira por encima de mí hacia mi maleta—. ¿Te vas? Me muerdo el labio, sabiendo que no tengo ningún derecho de estar enojada con él. Sin embargo, lo estoy. —¿Te has divertido con Tatianna? —pregunto, dándome cuenta de que sueno como una chica loca, pero no me preocupa. Porque él es quien dijo que deberíamos hablar. Así que ahora estoy lista. Vamos a ponerlo todo por ahí. Vamos a hablar. Me mira pensativo por un momento. —¿De qué estás...? Mia, ¿crees que acabo de... con Tatianna? —No se atreve a decirlo, pero no tiene que hacerlo. Veo en sus ojos que él sabe lo que estaba pensando. También puedo decir por la mirada en su cara que no acaba de tener sexo con Tatianna. Paso de sentirme enojada a sentirme como una estúpida y una idiota. Me tapo la cara con las manos. —Collins, lo siento. Soy un maldito desastre. Coge mi libro de recuerdos descartado y me lo trae, sentándose a mi lado en la cama. —Tonta, Gremlin. —Me da un codazo con el hombro—. Siempre dejas volar tu imaginación. Cruzo mis piernas y me vuelvo hacia él en la cama. —No puedo evitarlo. Cada vez que estamos juntos, supongo que me dejo llevar un poco. Se ríe y toma mi mano. El toque envía calor por todo el camino hasta mi brazo. —No eres la única que se ve afectada cuando estamos juntos. —Mira mi boca, luego me mira a los ojos. Lamo mis labios. Está a sólo unos centímetros de distancia, y creo que está a punto de besarme. Quiero que se incline y cierre la distancia, pero se fuerza a cerrar los ojos y respira profundamente. Cuando los abre, se mueve un poco lejos de mí, pero no me suelta la mano, apretándola en su lugar. Espera un latido antes de continuar. —Lamento haberte besado en el agua ese día. —¿Por qué? —pregunto, aunque lo sé.


—No es que no me gustara el beso. —Su voz se hace baja, y me pregunto si está reviviendo el momento—. Simplemente no creo que fuera justo para ti. Estoy con Tatianna. Siento una punzada de dolor cuando sus palabras me golpean. —Ya veo. — Asiento y suelto su mano—. Tienes a Tatianna ahora. No soy una supermodelo, y si eso es lo que quieres, no puedo competir con ella. —Me pongo de pie y comienzo a redoblar mi ropa. Es definitivamente hora de irse. —Oye, deja de empacar —Pone sus manos sobre las mías para detenerme—. ¿Adónde vas? —No sé —le digo. Pero me detengo. —En cuanto a mi relación con Tatianna, no estoy seguro de si ella y yo estamos en la misma página. Acabamos de tener una charla acerca de adonde se dirigen las cosas con nosotros. —Se pasa la mano por la nuca—. Necesito tomar algún tiempo y pensar las cosas. Siento un rayo de esperanza ante sus palabras. La idea de Collins rompiendo con Tatianna, que esté soltero, debe ser emocionante. Pero a medida que busco sus ojos veo que esto es difícil para él. Podría ser que no está listo para dejarla, o que sólo está frustrado porque no está seguro de lo que quiere. De cualquier manera, su lamentable estado no permite que me alegre con esta noticia. Al menos, no mucho. »Pero sobre nuestra promesa. —Su frente se arruga y contengo la respiración con ganas de saber, pero también aterrorizada—. Simplemente no estoy seguro... —Se calla. Pero no necesito que termine la frase. Sé lo que está diciendo. —¿Entonces por qué incluso traerlo a colación de nuevo? —pregunto—. ¿Qué hay que hablar? Se desliza más cerca de mí y llega a mi lado, pero lo piensa mejor. —El que estés aquí, Mia, de pronto de vuelta en mi vida. Es mucho para procesar. Y el matrimonio... —Hace un sonido maldiciendo por lo bajo. —Está bien —interrumpo—. Fue una estúpida promesa de la infancia. No significa nada. —Mi voz se quiebra con las últimas palabras e inhalo bruscamente. No voy a llorar en frente de él. Esta vez sí toma mi mano, presionando su palma contra la mía. —¿Gremlin? Mis ojos se levantan a los suyos.


—No quiero que te vayas a ninguna parte. Te perdí una vez, cuando tenía quince años, y no estoy dispuesto a dejarte ir otra vez. Quédate. Por favor. Todo el tiempo que quieras. Mientras lo necesites. —Pero, ¿no sería extraño con Tatianna? ¿Ella no cree que es raro? —Eres mi mejor amiga, Mia. No hay nada extraño en que estés aquí. Además, esta es mi casa. Yo decido quién se queda y cuánto tiempo. —Entrecierra los ojos cuando me mira, y me pellizca ligeramente el brazo—. Quédate el tiempo que quieras. —Bien —le digo. Una sonrisa se abre camino a mis labios. No me puede pellizcar así, la forma en que lo hizo cuando... No estoy contenta con la forma en que nuestra conversación ha ido, pero el hecho de que no quiere que me vaya es algo. Y, honestamente, todavía no tengo a donde ir, así que también es un alivio. —Bueno —dice—. No desempaques. Quiero que vengas a París conmigo el lunes. Tatianna no puede, y ya hice planes de viaje para dos personas. —Me explica que es un viaje de negocios que ha estado planeando y que ella tiene una sesión. Sus ojos se llenan de irritación cuando habla de su cancelación de última hora. Es frustrante ver cuán poco respeto le tiene a él. Sólo me toma un segundo aceptar con un asentimiento. —¿París? Por supuesto. —Haría cualquier cosa por él, y convencerme de ir a Europa en un viaje gratis no era exactamente una dificultad. —¿Qué es esto? —Tira de mi libro de recuerdos sobre su regazo y lo abre. Se ríe en su puño, con los ojos cada vez más cálidos—. No puedo creer que todavía tengas Los Archivos Gremlin. Estoy tan contento de que trajeras esto. —Me ruborizo por el nombre tonto que tiene para mi libro de recuerdos. Me siento a su lado y él se inclina en lo que puedo ver mientras hojea las páginas. Su brazo roza el mío y me deleito con el calor proveniente de su contacto. Trato de decirme a mí misma que este toque es inocente. Éramos los mejores amigos cuando éramos niños, podríamos simplemente ser amigos de nuevo. Pero a medida que mi cuerpo se inclina al lado suyo, sé que no hay algo de sólo amigos acerca de la forma en que quiero acariciar mi nariz a lo largo de su línea de la mandíbula e inhalar su aroma. En cada nueva página, jadeamos y reímos, recordando el pasado y todos los maravillosos recuerdos. Hace una pausa en la página con los talones de boletos a nuestro primer concierto. —Este fue el mejor espectáculo. Este libro es grandioso. ¿Puedo tomarlo prestado?


—Claro. —Me encojo de hombros. —Mira, tengo que encargarme de algunas cosas para el trabajo, pero estoy muy contento de que vengas a París conmigo. —Sale y cierra la puerta tras él. Me alegro de ir también. Sé lo que lo correcto sería darle el espacio que necesita para pensar acerca de su relación con Tatianna. ¿Pero pasar toda una semana a solas con él en una ciudad romántica como París? La tentación será casi abrumadora.


13 Traducido por Pachi Reed15 Corregido por florbarbero

Cuando llegamos a París, la alegría en el rostro de Mia es increíble. Es como un niño en una tienda de caramelos, sus ojos muy abiertos y su boca curvada en una sonrisa tonta. No puedo evitar dejarme llevar por su emoción, mi propio humor iluminándose a pesar de haber estado aquí muchas veces. Incluso después de un vuelo de doce horas, está llena de energía y lista para explorar. —¿Dónde vamos primero? —pregunta, mientras el conductor del auto va por la carretera que conduce desde el aeropuerto a la ciudad. —Al hotel. —Me rio de ella—. Pensé que podíamos dejar nuestro equipaje, luego te voy a mostrar los alrededores, pero tenemos una cena de negocios en un par de horas. —Está bien. En el viaje en avión aquí, le hablé de Pierre y la firma europea exitosa que dirige. Me gustaría asumir la gestión de las inversiones de su compañía en los Estados Unidos y necesitaba mostrarle por qué eso le beneficiaría. Pero primero tenía que ganármelo. Los franceses son mucho más relacionales cuando se trata de negocios. Ellos no acceden con cualquiera. El nombre de su esposa es Adele, y le explique a Mia que necesitaba que la mantuviera feliz y ocupada. Esposa feliz, vida feliz, y todo eso. Sé que en la noche tendríamos nuestra mente en el juego, pero por ahora, soy feliz de disfrutar de ella en el papel de guía turístico. Cuando llegamos al hotel y entramos en el vestíbulo de mármol opulento, los ojos de Mia se mueven por las elegantes pinturas y los muebles finamente tapizados. Estoy en el mostrador de registro, esperando, mientras el trabajador escribe algo en el teclado.


—Monsieur, la suite king de lujo que ha solicitado ha sido preparada. El botones subirá su equipaje. Mierda. Mi asistente reservó la habitación para mí y Tatianna hace meses, por supuesto que es sólo una habitación, con una cama. —En realidad, necesito una suite más grande… algo con dos dormitorios. Ella mira hacia la pantalla y comienza a escribir de nuevo. —Lo siento, pero estamos completamente llenos en este momento. —Frunce el ceño. —¿Entonces sólo una habitación regular con dos camas? Niega. —No tenemos otra habitación desocupada además de la suite que reservó. —Explica que hay una gran convención de moda ocurriendo esta semana y muchos de los hoteles están llenos. Considero buscar otro hotel, uno fuera de la ciudad, pero con todas mis reuniones realizándose en el distrito financiero, me doy cuenta de que es una tontería. Mia y yo somos adultos. Estará bien que compartamos una habitación. Mierda, solíamos pasar la noche juntos todo el tiempo cuando éramos pequeños. —Bien —le digo a la recepcionista—. Por favor, envíe las maletas. Encuentro a Mia admirando una pintura de óleo al final del vestíbulo. —Los colores son increíbles —dice cuando me acerco. Me encanta cómo puede encontrar tanta alegría en cosas tan sencillas. Me doy cuenta de si estuviera aquí con Tatianna, probablemente estaría quejándose de que nuestra habitación no se encontraba lista, y su nariz estaría atascada en su teléfono. —Tengo algunas noticias —le digo, guiándola hacia el ascensor con mi mano en la parte baja de su espalda. —¿Cuáles? —Mi asistente hizo la reserva hace meses, y ahora el hotel está completamente lleno. Sus cejas se alzan. —¿Y bien? Escúpelo, Collins. —¿Cómo te sientes acerca de compartir cama? —Oh. —Deja escapar una risa nerviosa y se tambalea un poco, su mano curvándose alrededor de la barandilla en el interior del ascensor, como si necesitara el apoyo para permanecer en posición vertical.


Antes de que tenga tiempo de responder, las puertas se abren en nuestro piso. Caminamos en silencio a la habitación, y deslizo la tarjeta en la ranura al lado de la puerta. —Estará bien —le aseguro, haciendo un gesto para que entre delante de mí. —Por supuesto —dice ella. Mi estómago se aprieta en un nudo, porque en el momento en que se cierra la puerta, y estoy solo con Mia, todo lo que quiero hacer es tirarla a la cama y besarla hasta el olvido. Tal vez fue nuestra proximidad en el avión, la forma en que apoyó su cabeza en mi hombro mientras dormía, o que me siento más y más conectado con ella de lo que tengo derecho. No es la mía. Pero mierda, quiero sentir su caliente boca en la mía y suave cuerpo en mis manos. Mierda. Los recuerdos flotan en mi cerebro: cómo su cuerpo se sentía bajo el mío la primera vez que tuvimos sexo, cómo su apretado coño me envolvía como un guante caliente... nadie se sintió nunca tan bien. A pesar de que era nuestra primera vez, y fue un poco torpe, todavía fue la mejor, porque no teníamos sólo algo físico, fue algo que cambió mi vida, era la única persona con quién no tenía intenciones ocultas, fuimos sólo dos personas con verdaderos sentimientos, explorándose el uno al otro. Mataría por otra oportunidad así. Un golpe en la puerta interrumpe mis pensamientos inicuos, y le doy una propina al botones después de que deja nuestras maletas. Aclarándome mi garganta, murmuro algo acerca de limpiarme y me dirijo al cuarto de baño. Cristo, cómo se supone que voy a sobrevivir toda una semana durmiendo al lado de Mia, mirándola salir toda rosada y húmedo de la ducha, escuchando sus sonidos al dormir, rodeado de su olor... Me froto las manos sobre mi cara. Me siento como un adolescente torpe. Así que hago lo único que se me ocurre hacer. Agarro un chorro de gel de baño y empiezo a masturbarme. Mi mano se desliza de arriba hacia abajo mientras agua caliente choca contra mi espalda. Cierro mis ojos y me pierdo en el momento, bombeando mi puño sobre mi polla con movimientos ansiosos. Cuando me imagino el culo y las exuberantes tetas redondas de Mia, me vengo tan duro que tengo que luchar para suprimir el gemido trepándose por mi garganta.


Cuando salgo del baño con una toalla blanca asegurada alrededor de mis caderas, Mia está sentada en el centro de la cama con un mapa de París desplegado delante de ella. —¿Trazando tu ruta? —pregunto, agarrando mi maleta. Ella levanta la vista, ve mi estado desnudo, y sus ojos se abren con sorpresa. —Oh —murmura. —Lo siento, voy a vestirme en el baño, sólo tengo que agarrar mi ropa. Después de cambiarme, nos dirigimos hacia la luz del sol, Mia tomando fotos de todas las catedrales y fuentes con su teléfono, hablando animadamente de lo lindas y pintorescas que son las calles adoquinadas y cafeterías. Estoy a gusto en su presencia, y soy capaz de relajarme antes del gran encuentro de esta noche. Nos detenemos en una pastelería, y le compro un café y un croissant de chocolate, ordenando en francés, algo que he hecho un millón de veces antes, pero por la forma en que Mia levanta sus cejas, se podría pensar que acababa de volar hacia la luna. —¿Por qué no tome clases de francés en la escuela? —dice—. Suena muy elegante. Entonces hunde sus dientes en la corteza de hojaldre y gime mientras mastica. Algo que Tatianna nunca haría. —¡Querido Dios, prueba esto! —dice empujando la masa hacia mí. Me río, pero decido complacerla, y muerdo en el otro lado de la golosina. — Maldita sea, eso está bueno. Después de nuestra pequeña excursión, no tenemos mucho tiempo antes de la cena, así que nos dirigimos de vuelta al hotel. Nos cambiamos en nuestros trajes de noche, y cuando Mia sale del baño, casi me trago mi maldita lengua. —¿Esto está bien? —pregunta. Está usando un vestido negro sin tirantes que cae todo el camino hasta el piso. La mitad inferior es suelta y holgada, pero la parte superior es ceñida al cuerpo y la modesta vista de su escote me hacer dar ganas de ver más. —Eso está bien —dejo salir. Aprieto mi mandíbula y lucho contra el impulso de ajustar mis pantalones. Frunce el ceño y se extiende su mano sobre la tela. —Podría cambiarme... Me detengo frente a ella y pongo mis manos en sus hombros desnudos. — Te ves hermosa —digo, mi tono ablandándose—. No te cambies. Estás perfecta.


—Gracias —susurra, su mirada atrapando la mía—. Te ves increíble. Sin mi consentimiento, mi pulgar comienza a deslizarse de atrás hacia adelante a lo largo de su piel, frotando pequeños círculos a lo largo de su clavícula. —Eres tan suave. Me ofrece una pequeña sonrisa. —Estoy como que media obsesionada con loción para el cuerpo. Le sonrío. —¿Estás lista para esta noche? ¿Te acuerdas de todo lo que te dije sobre Pierre y su esposa? Asiente. —Por supuesto. Todo va a ir muy bien, no te preocupes, Coll. Agarra su bolso de mano y nos dirigimos hacia el ascensor. Todo lo que quiero hacer es tomarla y atacarla en la suite del hotel, pero estoy tratando de utilizar mi mejor comportamiento. Técnicamente aún estoy con Tatianna y no voy a traicionar eso. No engaño, y no me gustaría comenzar una relación con Mia de esa manera, de todos modos. La mirada en sus ojos me dice que si hago un movimiento, ella no me detendrá. Esa información es peligrosa. Llegamos al restaurante temprano, así que guío a Mia hacia la barra. — ¿Quieres tomar una copa primero? —Claro —dice, levantando los dedos del pie y deslizándose sobre el taburete de la barra con gracia. A ella le es tan fácil ir y está dispuesta a todo, eso me calma, a pesar de que estoy a punto de negociar un acuerdo de treinta millones de dólares con un hombre cuyo primer idioma no es el inglés. Cuando la descubrí empacando su maleta hace dos días, dispuesta a huir de casa, algo dentro de mí se quebró. Sabía que no podía dejarla ir. Me di cuenta en ese momento que si perdía a Mia de nuevo, perdería mi conexión con el pasado. Y no quiero eso. Apenas había estado viviendo estos últimos años. Claro, he estado pasando a través de todo, pero nunca fui verdaderamente feliz. Sentado aquí con ella, observándola remover el vino de color rubí en su copa, sé que he tomado la decisión correcta al traerla conmigo. Disfrutamos de una copa de vino juntos, los ojos de Mia flotando sobre el bar y el restaurante. —¿Collins? —pregunta. —¿Umm? —¿Me ayudarás a ordenar si el menú está en francés?


—Por supuesto —le digo, tomándola de la mano. Me sonríe. —No te preocupes. Lo conseguirás. Sonrío, a pesar de mis nervios. En el exterior nadie sabría que estoy tenso y ansioso. Siempre me pongo de esta manera ante un gran trato, pero mis colegas siempre han aplaudido mi capacidad de permanecer tranquilo y sereno. Pero Mia me conoce demasiado bien. Ve directamente a través de mí, al hombre en el interior y de alguna manera sabe que esta noche es importante para mí. Terminamos nuestro vino y nos dirigimos de nuevo hacia la anfitriona. Pierre acaba de llegar. Lo reconozco por la foto encabezando la página web de su empresa. —Es tiempo de actuar, nena —le digo a Mia, tomando su mano y guiándola a la parte delantera del restaurante. —Monsieur Ducharme —digo, justo delante de él. —Ah, Collins Drake —dice, su voz profunda y con fuerte acento—. Por favor, llámame Pierre. Nos damos la mano, nuestros agarres firmes y nuestras miradas centradas en la del otro. Hay un millón de cosas pasando entre nosotros en el apretón de manos aparentemente inocuo. Sus ojos buscan en los míos, como si se preguntara si soy tan bueno como que ha escuchado. Y le doy un gesto imperceptible, como diciendo: Malditamente lo soy. Soltamos nuestras manos, y Mia me sorprende levantándose en sus dedos de los pies y dándole besos al aire a cada una de las mejillas de Pierre, como es la costumbre francesa. —Pierre, soy Mia. Collins me ha contado muchas cosas maravillosas sobre el éxito de tu empresa. Es un placer conocerte. Él mira a Mia, y su boca se enrosca en una sonrisa. —Mia, c'est tres jolie. Hermoso nombre —dice. Nos presenta a Adele y Mia la trata con el mismo saludo y le da un cumplido a su vestido. Pronto estamos charlando alegremente mientras la anfitriona nos lleva más lejos en el restaurante y nos sienta en una mesa en la parte de atrás. Hay un momento de quietud, como si una vacilación tranquila hubiese caído sobre nuestro grupo. Los cuatro somos relativamente extraños. Mientras reagrupo y ordeno mis pensamientos, Mia, como la chica dulce y reflexiva que es, hace un cumplido a su país hermoso. Esto parece romper el hielo. Escucho como Mia hace preguntas inteligentes sobre el arte, la historia, las costumbres locales y el parlamento francés. Ella tiene hambre de conocimiento y es una gran


conversadora. Pierre se inclina hacia adelante sobre sus codos, inmediatamente cautivado con esta hermosa e inteligente mujer. Adele y yo intercambiamos sonrisas corteses, y le pregunto acerca de su trabajo. Ella da clases en la universidad —finanzas. Sonrío, sabiendo que ella y Mia también tendrán mucho que discutir cuando Pierre y yo nos retiremos a la sala con un cigarro más tarde para hablar de negocios. A lo largo de la cena Mia me sigue impresionando. No sólo esta impresionante con ese vestido hasta los pies, sino que ella es profesional, pulida, excelente en hacer una pequeña charla, y pone a todos de buen humor. Es muy diferente de llevar a Tatianna a eventos como este. Estar en la presencia de una supermodelo hace sentir a todos incómodos, desde las mujeres que desean ahorcarla por su cuerpo esbelto hasta los hombres jodiéndola con la mirada toda la noche. Siempre fue un dolor de cabeza. Esto es refrescante y agradable. Acabando el último bocado de mi comida, me doy cuenta de que esto ha sido divertido. En una manera que la mayoría de las cenas de negocios no lo son. Discutimos sobre las tendencias absurdas en la música americana y reímos de las historias tontas de la infancia que Mia contó. El vino fluye fácilmente durante la cena, aunque me he limitado a dos copas, así que estoy lúcido, y me doy cuenta que Mia hace lo mismo. Acepta educadamente cada vaso que Pierre le ofrece, pero toma pequeños sorbos de agua en el medio. No sé qué va a pasar esta noche cuando estemos solos y un poco atontados por el vino. Todo lo que sé es que quiero estar a solas con ella. No puedo evitar que mis ojos vean su boca cuando habla, o que caigan a la parte delantera del vestido, donde sus pechos están ubicados tan seductoramente. Sólo hay una cosa que se interpone en el camino de que Mia y yo regresamos a nuestro hotel: el negocio que tengo que conformar con Pierre. —Vamos. —Lo miro a los ojos y le hago gestos hacia los cuartos traseros. Él asiente. —Sí, vamos. Me inclino hacia abajo y rozo mis labios por la mejilla de Mia. —Eres increíble —le susurro—. ¿Vas a estar bien? Me mira juguetonamente. —Ve por ellos, tigre. Me río, a pesar de que trato de evitarlo. La confianza surge a través de mí y le doy un asentimiento. Mientras llevo a Pierre hacia el salón, puedo sentir los ojos de Mia en mí todo el tiempo, enviando dardos cálidos de placer a través de mí.


14 Traducido por Jasiel Odair Corregido por Fany Stgo.

Esta noche es importante para Collins. No es que él necesite este acuerdo, obviamente, para Collins es más sobre el desafío. Puedo verlo en sus ojos; esto es grande. Quiere este acuerdo. Y lo que Collins quiere, lo consigue. Salir a cenar con él y su potencial cliente me puso nerviosa como el infierno, pero me negué a ser la razón del fracaso, así que me tragué mi miedo, y me sumergí directo en el reto a su lado. La cena fue increíble. Me preocupaba que Pierre y Adele pasaran la noche mirándome con desdén, pero demostraron que a pesar de que son multimillonarios, siguen siendo humanos. Me siguieron la corriente, con todas mis preguntas indiscretas e incluso conté historias tontas sobre Collins cuando era un niño. Para el momento en que Collins y Pierre se excusaron para hablar de negocios, me empezaba a gustar mucho la pareja francesa. Mis ojos siguieron a Collins mientras los hombres regresaban al salón. No puedo evitar preguntarme, mientras observo su paso seguro y relajado, si en otra vida —una donde mi padre no hubiese tenido que mudarnos cuando era una adolescente— estaría aquí como su esposa. Pierre y Adele serían una gran pareja y amigos con nosotros en esa realidad alternativa. —Eres contadora, ¿no? —pregunta Adele, llamando mi atención al presente, a la verdadera realidad. —No —le digo—. Sí —agrego. Me río, incapaz de creer que lo he mantenido toda la noche, sólo para ser disparado con un sí o un no—. Lo he sido. Me encuentro entre trabajos. Eres profesora de economía, ¿no? —Mi pregunta dirige suavemente su atención lejos de mi compleja e indeseable situación, y la lleva a discutir las diferencias en las estructuras económicas europeas.


Se las arregla para hablar durante más de una hora sobre el tema. Pedimos otra botella de vino y, como una friki del dinero, me encuentro fascinada al escuchar cómo las diferencias culturales han ido tejiendo su camino en su marco teórico. —Lo siento. —Se detiene a sí misma—. No quería seguir hablando de esto durante tanto tiempo. Es solo una agradable sorpresa que tengas un fondo de financiación. —Toma un sorbo de vino—. Pierre tuvo la impresión de que eras una modelo o algo por el estilo. Lo admito, me hallaba un poco preocupada, ya que no tendríamos nada de qué hablar. Estoy tan contenta de que me equivoqué. —¿Bromeas? Podría hablar de esto toda la noche —le digo sinceramente. Se siente muy bien saber que hago mi parte, o al menos que no lo estoy estropeando todo miserablemente. Tampoco puedo evitar marcar un punto para el equipo de Mia; con Tatianna no habría ido tan bien si ella hubiera venido. Adele toma un sorbo de su vino, luego mira a la puerta que conduce a los salones privados. La puerta que los hombres pasaron para hablar de su negocio. Sonríe cálidamente y me dice—: Tu marido, Collins, es un hombre muy agradable. Eres una mujer afortunada. —Oh, no —le digo—. Nosotros no estamos casados. —Dios, si solo fuera así. —Pero han estado juntos mucho tiempo, ¿no? Niego con la cabeza. —No. Sólo somos amigos. —Las palabras hacen que mis ojos ardan un poco. La verdad es una mierda. Tomo un sorbo de mi vino y me obligo mantener el control. No quiero hacer que esta noche se vuelva sobre mí, tengo que ser entretenida para Adele. Mantenerla feliz. Adele se inclina hacia delante y pone su mano en mi brazo, entrecerrando los ojos. —Non2 —insiste—. Seguramente están juntos. Veo tu forma de ser. Sus cuerpos se conocen entre sí. Y la forma en que te mira... —Chasquea su muñeca como si fuera un hecho y, de hecho, acabara de casarnos. Luego levanta su copa hacia mí, un brindis sin palabras. Su entusiasmo excesivamente dramático me hace reír. No puedo evitarlo. Brindo con ella y tomo un sorbo. Aun así, tal vez hay algo en lo que ella dice. Si alguien que solo nos acabara de conocer piensa que hemos estado juntos durante años... Recuerdo a Sophie diciéndome que Collins se encuentra enamorado de mí, y ahora este comentario de una extraña, prácticamente. Sin embargo, la forma en que ha me ha mirado toda la noche. Es difícil atraparlo porque es muy hábil en guardar sus emociones, pero lo vi. Tal vez ella lo 2

No, en italiano.


vio también. Varias veces lo atrapé mirándome fijamente, con los ojos llenos de ánimo e interés. Pero su mirada también bajó a mi cuello en una ocasión. Una mirada que envió un hormigueo por todo mi cuerpo. Una mirada que me hizo cruzar las piernas y saborear esa deliciosa sensación pulsátil. Las miradas se volvieron más intensas mientras avanzaba la noche, y la última mirada que me dio antes de que fuera a hablar de negocios con Pierre. Esa mirada de despedida dijo mucho. No te muevas. Trataré contigo más tarde. Revuelvo el último trago de mi vino en la copa y me pregunto si no es obvio para todos. ¿Lo miro con la misma hambre? No sé cómo puedo ocultarlo. Collins y Pierre salen de las habitaciones traseras con sus brazos colgados sobre los hombros del otro como si hubieran estado bebiendo como amigos por siempre, y cantando una canción francesa. Bueno, gritando las palabras de la canción, de todos modos. La expresión del rostro de Collins es ligeramente en guardia, la cual es la única manera en que puedo decir que no se halla totalmente ebrio, pero hay un brillo en sus ojos, y sonríe. No hace falta tener un doctorado para saber que han decidido trabajar juntos. Cuando los ojos de Collins encuentran con los míos, sigue cantando, pero se precipita hacia mí y desliza su brazo alrededor de mi cintura, levantándome sobre mis pies. Se inclina a mi oído, susurrando—: Je t'aime, mon ange3 . —Su aliento en mi cuello envía calor a través de mí. No tengo ni idea de lo que significan las palabras, pero no importa. Si nos quedáramos solos, mi vestido sería en una pila en el suelo en este momento. Respiro profundamente e inestable en un esfuerzo por mantener el control, pero no sirve de nada. Con él tan cerca, puedo oler el humo del cigarro dulce y bourbon en su aliento. Una combinación tan masculina. Mi cuerpo se inclina hacia él sin mi permiso. Mis brazos se envuelven alrededor de su cuello. Nuestras miradas se cruzan. Mi corazón late más rápido de lo humanamente posible. Su mandíbula se aprieta como si estuviera luchando contra el impulso de atacar. —Follement amoureux —dice Adele en voz baja. No sé lo que significa, pero Collins parece que sí. Mira a Adele y Pierre que están de pies también. Collins afloja su agarre alrededor de mi cintura, colocándome un poco más recta. Como si acabara de recordar que no estamos solos. Dios, espero el momento en el que estemos solos.

3

Te amo, mi ángel.


Me muerdo el labio y me obligo a apartar la mirada de Collins, sonriendo una vez más a nuestros compañeros de cena. Adele tira de su chal, Collins se encarga de la etiqueta, y nos despedimos. Entonces estamos solos. El brazo de Collins en mi cintura me guía fuera del restaurante a las calles de París con poca luz. —Hay una parada de taxis. —La voz de Collins es baja y me habla al oído. La parada de taxis se halla a varias cuadras bajando, y él pone un brazo protector alrededor de mí mientras caminamos. Por primera vez en mi vida, me encuentro la lengua trabada. La única cosa que puedo pensar es en Collins. Es como un carrete del momento culminante. El cuerpo mojado de Collins presionado contra mi pecho desnudo en el océano. Sus besos calientes. La imagen de él hoy saliendo de la ducha del hotel con solo una toalla envuelta alrededor de su cintura. Su pecho bronceado y esculpido aún tenía algunas gotas de agua aferrándose a él. Quería ayudarlo a secarse. Infiernos, quiero ducharme con él. Una vez más me encuentro apoyándome en él, presionando el costado de mi cuerpo al de él mientras caminamos. Las farolas le dan a la ciudad un tono rosa. Collins luce tan bien con su traje de chaqueta y corbata. Es como un sueño. Sigo esperando a despertar en mi antiguo apartamento en Connecticut. —¿Tú y Pierre cerraron el acuerdo? —pregunto. —Lo hicimos. —Su cara está relajada y feliz, como no lo he visto en mucho tiempo—. Gracias, eres perfecta —dice, presionando un rápido beso en mi frente mientras caminamos. En la parada de taxis, Collins me ayuda a entrar al coche, siguiéndome de cerca. La pequeña luz del techo de la cabina me muestra la expresión de su cara. Hay tanta hambre en sus ojos. —¿Qué me dijiste allá en el restaurante? —pregunto, sintiendo mi cabeza como si estuviera en una niebla. Toma un momento para considerar mi pregunta. —Mi ángel —dice en voz baja y me pregunto si me está diciendo toda la verdad. —¿Y qué nos dijo Adele antes de salir? —Locamente enamorados —dice, mirándome directamente a los ojos. Mi estómago da un tirón y el deseo inunda la base de mi columna vertebral, enviando un hormigueo de placer en mi mitad inferior.


Es mejor que el conductor conduzca rápido. Y si esto realmente es un sueño, por favor, no me dejen despertar todavía.


15 Traducido por Jane Corregido por Anakaren

En el viaje en taxi de regreso al hotel, no puedo evitar que mis ojos permanezcan en Mia, o que mis manos encuentren las suyas en la oscuridad. Se veía increíble esta noche. Estoy inseguro de lo que sucederá una vez que lleguemos al hotel y parte de mí no quiere que este viaje en taxi llegue a su final. La incertidumbre inunda mis entrañas, haciéndome cuestionar todo. Mi cuerpo sabe lo que quiere que suceda, es mi cabeza, donde se encuentra la incertidumbre. No podía creer que le hubiera susurrado Te amo, mi ángel en el restaurante. Fue en francés, así que ella no sabía lo que decía, pero la honestidad de mis palabras me sorprendió. Ya casi estamos de vuelta a nuestro hotel, así que tomo mi billetera del bolsillo y saco unos cuantos billetes para el conductor. A continuación, saco mi teléfono, una serie de mensajes iluminan la pantalla. Son de Colton, de hace varias horas. Leo cada uno rápidamente. Pensé que Tatianna estaba contigo en París. ¿Qué está pasando hombre? No pensaba decirle que llevaría a Mia en lugar de Tatianna. Pero no veo por qué es importante. Soph y yo estamos en el club nocturno Platinum y Tatianna está aquí, bailando con otro hombre, algún gilipollas que piensa que es el regalo de Dios para la mujer. ¿Qué mierda? Se supone que Tatianna esté en Nueva York, no bailando con Dios sabe quién. Aún más preocupante que eso, es que Colton se moleste en enviarme un mensaje. Si ella bailaba inocentemente, por algo inocente y divertido, no me


enviaría mensajes. Significa que se ha alarmado suficiente por lo que vio esta noche como para avisarme. La inquietud se revuelve dentro de mí. Meto mi teléfono en mi bolsillo cuando el conductor se detiene junto a la acera. Estoy frustrado y confundido, pero Mia y yo acabamos de compartir una gran noche. No quiero quitarle eso. Le extiendo al conductor un fajo de dinero y ayudo a Mia a bajar del auto. —¿Está todo bien? —pregunta, sintiendo el cambio en mi estado de ánimo. —Todo está bien. —Por lo menos estoy tratando de fingir que lo está. Me sonríe, tratando de que mi estado de ánimo feliz regrese. —Deberíamos estar celebrando tu gran trato. ¿Seguro que no quieres salir? —pregunta. —Prefiero ir de nuevo a la habitación. Ella asiente. —Yo también. Dios, lo que quiero hacer con ella cuando volvamos a la habitación. Es como una dulce tortura imaginar cómo se sentirá. Pero si follo a Mia esta noche, no seré mejor que Tatianna, con sus mentiras acerca de estar en Nueva York. Tengo que recordarme a mí mismo que debo manejar una cosa a la vez. Tengo que terminar las cosas con Tatianna, porque cuando tome a Mia, será con la conciencia tranquila. Cuando entramos en la habitación del hotel, el ambiente es tranquilo y suave. Enciendo una lámpara, la que arroja un resplandor tenue en la habitación, luego aflojo mi corbata. Mia se inclina y quita sus zapatos de tacón negro uno por uno, y me da un vistazo del escote que me ha estado tentando toda la noche. Todos los pensamientos de Tatianna y los problemas con los que tengo que lidiar de regreso a Los Ángeles son apartados de mi mente. Somos sólo yo y esta mujer impresionante, con quien comparto una historia profunda, solos en una habitación de hotel alejados de todo el mundo. —Voy a cambiarme —dice ella, agarrando su bolsa de viaje y dirigiéndose al cuarto de baño. No sé si es intencional, pero deja la puerta del baño un poco abierta y me obsequia un show erótico mientras sus dedos deslizan la cremallera lentamente por su espalda y se quita el vestido. Camino tres pasos más cerca del cuarto de baño, luego me obligo a detenerme. Quiero ir a ella, pero sé que no puedo. Mi línea de visión está obstruida, pero puedo ver lo suficiente. El empuje de sus pechos a través de las copas de un sujetador de encaje, la cadena de seda negra entre sus nalgas cuando se da la vuelta. Deshace el broche de su sujetador y lo deja caer al suelo, luego se quita las bragas, bajándolas por sus caderas lentamente, como si


estuviera realizando un striptease sólo para mí. Mi polla se endurece y crece en mis pantalones, empujando contra mi cremallera. Mia es tan hermosa, y ni siquiera lo sabe. Una cualidad que la hace aún más tentadora. Se coloca una camiseta por la cabeza y vuelve a unírseme en el dormitorio. Mi cabeza no me deja olvidar el hecho de que no tiene nada bajo esa camiseta fina. Me quito la chaqueta y gemelos mientras Mia se sienta en el borde de la cama y me mira. La habitación está demasiado tranquila, demasiado llena de deseo. Cuando miro sus grandes ojos verdes, me quita el aliento. Están llenos de tal honestidad, puedo leerla como a un libro. Quiere más. Me desea. Me lleva de nuevo a aquella noche, hace quince años, cuando esos mismos ojos esmeraldas estaban muy abiertos y sin parpadear cuando me pidió que fuera su primero. No importa con quien haya estado entonces. Fui el primer hombre en estar dentro de ella, y ese pensamiento me llena de una extraña sensación de orgullo. —¿Estás segura que esto está bien? —pregunto, mirando de ella, a la cama. Se encoge de hombros y me ofrece una sonrisa tímida. —Solíamos tener pijamadas todo el tiempo, ¿recuerdas? —Claro que me acuerdo. Pero tu madre dejó de permitirte quedarte a dormir desde el año que cumplimos doce. Ella ríe. —Lástima que no supiera que jugábamos te mostraré el mío si me muestras el tuyo desde que teníamos siete. Me río. Dios, las cosas que salen de su boca me matan. —Eso fue sólo una vez, si mal no recuerdo. —Sí, pero recuerdo que lo pediste varias veces. Sólo cedí porque tenía curiosidad. No tenía hermanos. No sabía cómo se veía un chico ahí abajo. —¿Te decepcioné? Ella sonríe, removiendo todo dentro de mí. —Estoy bastante segura que nunca has decepcionado a una mujer en tu vida. La habitación está en silencio por un momento, y sigo desvistiéndome, tirando mis zapatos y quitando mis calcetines. —Fuiste mi primero de muchas maneras —dice ella. Echo un vistazo hacia ella, donde yace de espaldas en la cama. —Y tú la mía —digo. Suspira con nostalgia. —Fue hace un tiempo.


Se siente como ayer. Me aparto de ella, así no puede ver el deseo en mis ojos. Me quito mi camisa y camiseta de algodón, dejándome en mis calzoncillos bóxer momentáneamente. Agarro un par de pantalones cortos deportivos sueltos de mi bolsa y me los coloco, entonces me uno a ella en la cama. —Gracias por esta noche. Me alegro que vinieras conmigo. —De nada —dice ella—. Me alegro de estar aquí. Contigo. —Toca mi mano, es un gesto inocente, pero dadas las circunstancias, con su coño desnudo bajo esa camiseta, y yo sin camisa, es toda la invitación que necesito. Mi polla se endurece de forma visible, formando una carpa en los pantalones finos que llevo. —Mia...—Mi garganta se contrae, y lucho contra una oleada de deseo— . Yo... joder. —Aprieto su mano y la dejo ir. Sus ojos se abren cuando su mirada se desplaza por mi pecho desnudo a mi regazo, y muerde su labio inferior. —Collins... —La emoción y la nostalgia en su voz son inconfundibles. ¿Por qué demonios pensé que podría compartir la cama con esta mujer? no tengo ni idea. Es nuestra primera noche aquí, y quiero follarla hasta dejarla sin sentido en mil posiciones diferentes hasta que ya no pueda sostenerse. Coloca su mano plana contra mi vientre y se encuentra con mi mirada. — Estás excitado —dice. Su tacto es suave, pero aun así puedo sentir el calor de su cálida palma contra mi piel. Su honestidad es hermosa. Sus palabras son simples, pero siempre dice la verdad. —Sí —le digo, con voz ronca—. Estoy en la cama con una mujer hermosa. Parpadea y sus ojos se apartan de los míos. Nunca se le ha dado muy bien tomar un cumplido. Colocando dos dedos debajo de su barbilla, levanto su rostro para que me mire de nuevo. —Eres increíble. La forma en que te veías esta noche. —Trago. Tengo que tomar un momento para serenarme, de lo contrario voy a admitir cosas que están mejor guardadas—. Eres increíble. Y no puedo mentir, me excitas mucho. —Quiero que me beses de nuevo —dice, su lengua humedece su labio inferior. —Confía en mí, lo deseo. —Aprieto los puños a mis costados—. Tengo que lidiar con... —Lo sé —interrumpe—. No sería correcto. —Su tono es triste, pero lleno de comprensión.


Sonrío, apreciando que no vaya a hacer esto más difícil de lo que ya es. En realidad, si me pongo más duro, podría sufrir una combustión espontánea. Mis bolas se sienten pesadas y adoloridas. Tengo que venirme. Levantando una mano a su cara, paso mis dedos por su mejilla, trazando su pómulo, mandíbula, colocando mi pulgar en su labio inferior. Empujo mi pulgar en el calor de su labio inferior afelpado y ella hace un pequeño sonido de necesidad. Está tan excitada, que prácticamente tiembla. Aprieta los muslos y su inhalación rápida de aliento me dice que la pequeña cantidad de fricción fue agradable. Está mojada. Puedo oler su perfume tenue, y quiero enterrar mi cara entre sus piernas, y deleitarme con cada onza de humedad de su coño. Mi mano vuelve a acariciar su mejilla. —Collins —gime, presionando sus muslos juntos. Recuerdo las palabras de Tatianna durante nuestra última conversación. Agarró mi polla ligeramente y dijo no dejará que pusiera un dedo sobre esto. Un mal pensamiento invade mi mente. Si utilizo mi propia mano, no voy a romper mi promesa. Mi cerebro lleno de lujuria sabe que la lógica está mal, pero a nada en mi le importa. —¿Puedes Ella asiente.

hacer

algo

por

mí?

—pregunto,

mi

voz

sin

aliento.

—Quiero que toques tu coño —susurro. Ella inhala, y sus ojos se abren. Empujo mi pulgar en su boca, sus labios se abren aceptándome. Su boca es cálida y húmeda y cuando arremolina su lengua alrededor de mi dedo pulgar, me imagino que es la cabeza de mi polla y suelto un gemido ahogado. Quitando mi pulgar, me agacho y toco mi polla a través de mis pantalones cortos. —Mierda. —Me duele el cuerpo con la necesidad de liberación. Cuando abre la boca para hablar, creo que está a punto de discutir, a decirme que esto es una locura. —¿Vas a...? —Sus ojos caer a mi regazo—. ¿Tocarte también? —pregunta. Asiento. —Si tú frotas ese clítoris hinchado tuyo. —Miro hacia sus piernas descubiertas, todavía presionadas. Traga, y sus ojos tienen este aspecto determinado. Es hermoso. Levanta su camiseta, lentamente, cuidadosamente, ofreciéndome otro show erótico. Mi mirada codiciosa sigue el camino, consumiendo cada centímetro de piel que expone. Está completamente afeitada, y mi boca se derrite sabiendo lo suave que sería en contra de mi cara. Continúa levantando la camisa hasta que puede sacarla


por su cabeza. Agradezco la caída en su vientre suave, y la forma en que sus pechos llenos y pesados se balancean cuando deja caer la camisa sobre el lado de la cama. Una vez que está desnuda, se pone un poco tímida, y me preocupa por un segundo que vaya a echarse atrás. —Tus pechos son hermosos —digo—. Tócalos para mí —susurro. Tentativamente, lleva sus manos a sus pechos y abarca su peso. »Preciosa —murmuro, instándola a seguir. Todavía no está segura, y mordiéndose el labio inferior, sus dedos tocan sus pezones y suelta un suspiro tembloroso. »Eso es todo. Es tan jodidamente caliente verte. Ella rodea sus pezones y estos se endurecen en picos. Sus ojos se cierran y libera un suave suspiro ante el contacto placentero. »¿Eso se siente bien, cariño? —pregunto. Abre los ojos y encuentra los míos. —Sí —murmura. —Buena chica. Baja tu mano derecha por tu vientre. Con sus ojos todavía en los míos, baja la mano. »Lento —digo. Traga y ralentiza sus movimientos, dejando que sus dedos rocen su vientre, luego su hueso de la cadera mientras se mueve más bajo. »Pon tu mano entre tus piernas y dime lo mojada que estás. Sus dedos se sumergen, y ella gime. —Estoy empapada, Collins. Mierda. Necesito tocar mi polla, pero no lo haré hasta que vuelva a pedirlo. Este momento es sobre ella, su placer. Y algo me dice que si no dirijo sus movimientos, animándola, va a detenerse. No puedo hacer eso. —Empuja un dedo dentro por mí —gruño. Lo hace, hundiendo el dedo hasta el nudillo, y deja escapar un gemido mientras sus ojos se cierran. »Dime cómo te sientes —susurro. Inhala fuertemente, moviendo su dedo dentro y fuera. —Yo... Oh, Dios, se siente bien. Ha pasado un largo tiempo.


No estoy seguro de qué hacer con su comentario, ¿ha pasado un largo tiempo desde que tuvo un amante, o desde que se ha tocado? Pero no importa. De cualquier manera, sólo quiero ver que se corra sobre sus dedos mientras estoy a su lado. »Muéstrame —digo. Sus ojos se adhieren a los míos, confundida. »Muéstreme cómo te haces venir —digo. Puedo leer la indecisión en sus ojos. No quiero un show sexy; quiero que se toque como lo hace cuando nadie está mirando. —Quiero verte también. —Mira hacia mis abdominales, donde mi polla se presiona contra los pantalones cortos. Asiento, tratando de alcanzar mi cintura, y luego hago una pausa. Sus ojos vuelven a los míos. —No te vengas hasta que te lo diga —digo. Entonces bajo mis pantalones cortos por mis caderas hasta que mi polla está descansando libremente contra mi estómago. Me tomo en mi mano, acariciando suavemente. Gruño una maldición. Mi pene está tan duro y tan sensible que no me va a tomar mucho tiempo—. Ahora muéstrame cómo te gusta. Retira sus dedos y separa sus labios exteriores hasta que ese manojo de nervios está expuesto, luego se frota con un movimiento circular. En el final de la cama, veo sus dedos doblarse. Demonios, sí. Su respiración aumenta y se vuelve desigual. Quiero que sean mis dedos acariciando su clítoris hasta que se retuerza y se deshaga, pero si no puedo ser yo, entonces verla hacerlo es la siguiente mejor cosa. El pecho de Mia está subiendo y cayendo rápidamente, y sus caderas empujan hacia arriba mientras su mano sigue acariciándose. Sus muslos se abren completamente, ofreciéndome un espectáculo que me hace agua la boca. La reluciente carne rosada está hinchada por la excitación. Quiero tanto hundirme dentro de ella, memorizar la forma en que su coño caliente se siente a mí alrededor. Pero no lo haré. Todavía no. Me observa tirar de mi polla en movimientos largos y fáciles. —¿Estás imaginando que es mi mano sobre ti? —pregunta ella, ligeramente sin aliento. —Demonios, sí —digo, bombeando mi puño sobre la corona y gimo—. Pero usarías tus dos manos. —Es obvio para ambos, dado mi generoso tamaño, y sus delicadas manos—. Y haría que fueras lento, así puedo saborear cada pedacito de


placer, la forma en que tus manos suaves acariciarían mi eje mientras desearías que fuera tu boca. —Mia deja escapar un gemido—. Quiero tomarme mi tiempo, no venirme de inmediato —admito. Los dedos de Mia toman velocidad mientras rodea el brote con un sonido húmedo. »Desearía que fuera mi lengua en tu clítoris —digo—. Podría pasar horas follándote con mi boca. Deja escapar un gemido desesperado, y sé que se está acercando. Sus caderas se mecen con cada golpe. Bombeo mi polla más fuerte. »Eso es todo. Vente por mí cariño, dame todo. Grita, y sus dedos se detienen mientras se viene. Puedo ver los músculos de su coño temblar e imagino lo increíble que se sentiría tenerla apretando mi polla. Me vengo con un gemido ronco, derramándome en mi pecho y abdominales. Después, yacemos al lado del otro, mirándonos mientras mi pulso late en mis oídos. Estoy desesperado por tomarla en mis brazos, pero sé que no puedo. Ella no es mía, aunque acabáramos de compartir un momento increíblemente íntimo. No podría haberle puesto un dedo encima, pero me siento más cerca de ella que nadie. Quiero pedir disculpas, explicar que no deberíamos haber hecho eso. Pero no me arrepiento. Y lo haría de nuevo en un santiamén. Nos acostamos, inmóviles, uno frente al otro durante varios minutos. Mia busca en mis ojos pistas acerca de lo que estoy pensando. —¿Collins? —pregunta, por último, su voz pequeña. Me inclino sobre ella en la cama, apartando el pelo de su cara. —Lo siento si me dejé llevar un poco. Duda, y me pregunto qué podría estar pensando. Pero luego su expresión se aligera. —Esto es mejor que las pijamadas que hicimos cuando teníamos doce. Una risa inesperada retumba en mi pecho y la beso en la frente. —Eso fue jodidamente mejor. ¿Estás bien? Ella asiente. —Estoy muy bien. —Bueno. Voy a lavarme rápidamente. —Me levanto de la cama en busca de algo para limpiarme, sino optar por una ducha. No sé qué pensar sobre el hecho de que no he sido capaz de follar a mi propia novia durante semanas y acabo de venirme como un maldito en mi propia mano con Mia a mi lado. Diez minutos más tarde, salgo con una toalla alrededor de mis caderas y veo a Mia en la cama, vestida una vez más con su camiseta.


—Vamos a dormir un poco. —Me pongo mis pantalones cortos desechados a un lado de la cama y me arrastro a su lado. No tengo ni idea de cómo voy a ser productivo en las reuniones de mañana con Pierre y sus ejecutivos con la imagen erótica de Mia viniéndose en sus propios dedos permanentemente tatuada en mi cerebro. Apago la luz y nos acostamos en silencio unos pocos momentos oscuros antes de sentir la cama moverse ligeramente, cuando Mia se mueve más cerca de mí, liberando un sonido soñoliento. Curva su mano alrededor de la mía y la aprieta. —Buenas noches, Coll —bosteza. —Buenas noches, ángel —me quejo. Me quedo despierto durante mucho tiempo mientras un emociones me golpea sin invitación. Una parte de mí se siente como por lo que le he hecho a Tatianna, sin embargo, el alivio al saber relación ha terminado es inmediato y lo abarca todo, pero sobre todo, que lo estropeé con Mia, una vez más.

torrente de una mierda que nuestra siento como


16 Traducido por Jasiel Odair Corregido por Anty

Sostener su mano parece la cosa más juvenil que podría haber hecho después de lo que Collins y yo acabamos de compartir. Pero quiero tocarlo — necesito sentir una parte de él—, porque de alguna manera eso hace que lo que acabo de experimentar sea más real. Todo mi cuerpo sigue cantando por eso. Nunca me he dado placer a mí misma en frente de alguien antes, y cuando Collins me pidió que lo hiciera, me puse tan nerviosa, no estaba segura de qué hacer, pero su voz ronca me instruyó. Cuando gruñó órdenes, e hice lo que quería, era como si él lo estuviera haciendo, y eso era mucho mejor que estar sola. Fue emocionante, saber que estaba tan excitado por verme tocarme a mí misma. El ardor y hambre desesperada en sus ojos aseguró que yo habría hecho cualquier cosa que hubiese pedido. Y verlo quitarse de un tirón sus pantalones cortos y liberar su polla me tentó más allá de lo creíble. Nuestra primera vez, recordé que era enorme. Había sido tan grande en ese entonces, que incluso después de que el dolor inicial se calmó, fue difícil llevarlo hasta el fondo en un primer momento. Y entonces me había llenado tan profundo, tan excitante. Aun así, cuando me acordaba de eso, pensé que sólo había imaginado su tamaño increíble. Pero realmente es enorme. Pensé que mis recuerdos eran sólo mi imaginación corriendo salvaje, como una de las historias de pesca de mi padre, añadiendo centímetros a cada relato. Pero Collins es aún más grande de lo que recordaba. Maldita sea, su polla ya es razón suficiente para volar por todo el país con mi último centavo. Verlo acariciarse a sí mismo, sabiendo que me imaginaba a mí haciéndolo por él, era tan caliente. Me tomó cada onza de autocontrol no tocarlo. Quería envolver mi mano alrededor de él y sentir su gruesa longitud que estaba segura de que sería caliente al tacto.


Pero sabía que él no quería eso. Quería hacer lo correcto y esperar hasta terminar las cosas con Tatianna. Podía verlo en sus ojos. Incluso después. Sobre todo después. Se sentía tan culpable. Y odiaba ver la culpa en sus ojos. Odiaba que tal vez lo había forzado a hacer algo que no estaba dispuesto a hacer todavía. Así que le dije que me encontraba bien, y lo estaba. Casi.

No recuerdo quedarme dormida. Despierto por la mañana con el sol vertiéndose en la suite de hotel a través de sus grandes ventanales. Mi cuerpo se siente relajado y fresco, como que he tenido la primera buena noche de sueño desde que perdí mi trabajo. Me estiro y giro para ver el lado de Collins en la cama vacío. Sabía que estaría en reuniones con Pierre durante todo el día, pero esperaba que pudiera desearle suerte antes de irse. Hay una nota en la almohada a mi lado. Mia, Te veías tan serena, que no quería despertarte. Estaré en reuniones todo el día y parte de la noche. Tal vez vamos a ser capaces de conseguir tragos esta noche después de la cena. Diviértete viendo la ciudad, pero no demasiado. -C PD: Envíame un mensaje si te pierdes o necesitas rescate. La oferta de rescate trae una sonrisa a mi cara. Siempre está ahí para rescatarme si lo necesito. Mi mano se desplaza hacia el lado vacío de Collins. Ojalá pudiéramos salir y ver la ciudad juntos, pero voy a tener que ser mi propia compañía hoy. Estoy emocionada de explorar París, así que me baño y visto en muy poco tiempo. Después de devorar un desmenuzable croissant con un delicioso café, me encuentro pasando la mayor parte del día en el Louvre. No había planeado que tomara tanto tiempo, pero el lugar es tan grande que cada vez que pienso que he


visto todo, hay otro pasillo, piso o edificio que todavía tengo que explorar. Es increíble el número de obras maestras en un solo lugar, una belleza que casi me hace llorar. Guardo la Mona Lisa para el final, y para cuando llego aún es temprano en la noche. Tengo que esperar un poco en fila, lo que me da tiempo para pensar. Realmente pesa el hecho que estoy en París. Hace dos semanas me despidieron de un trabajo por algo que no había hecho. Un trabajo en el que apenas estaba haciendo mis pagos del préstamo de la universidad, y luchando para pagar el alquiler. Nunca habría soñado que estaría aquí, en París, y sin embargo, aquí estoy en esta hermosa ciudad con mi persona favorita. Sonrío para mis adentros, sintiéndome un poco tonta, pero también como la mujer más afortunada del mundo. La fila avanza. Doy unos pasos más cerca. Estoy casi allí. Collins es un hombre increíble. Y después de anoche, estoy bastante segura de que lo único que nos mantiene separados es su necesidad de romper con Tatianna. Espero eso, de todos modos. Pero, ¿y si anoche fue sólo un desliz para él? No hablamos de ello después. En realidad, nunca dijo que iba a terminar con ella. Y yo no quiero presionarlo para que rompa con ella, si eso no es lo que quiere. Tal vez no debería haber permitido que la última noche pasara. Un sentimiento de inquietud se agita dentro de mí. Las personas delante de mí se mueven a un lado y me encuentro frente a la Mona Lisa. He visto imágenes de ella tantas veces, sin embargo, cuando me paso delante de la pintura real, contengo el aliento. Definitivamente puedo ver por qué todo el bombo. Es la sutileza de su expresión lo que realmente me causa piel de gallina. Está sonriendo como si supiera algo que yo no. Estoy medio tentada de preguntarle si sabe lo que estoy haciendo con Collins. ¿Sabe si él quiere quedarse con Tatianna? Pero Mona Lisa no está hablando, y una fila larga espera detrás para verla. Así como mis hombros se desploman con estas preguntas sin respuesta, me dirijo a la salida y salgo a las calles poco iluminadas. Collins dijo que no estaría de vuelta para la cena, así que decido caminar a lo largo del río Sena, con la esperanza de encontrar un buen lugar para comer. La ciudad está llena de turistas y parisinos por igual, disfrutando de la hermosa noche. Mientras poco a poco me abro paso por el río, me doy cuenta que todo el mundo está en pares. La pareja delante de mí va de la mano. En el bulevar, hay un hombre y una mujer sentados en un banco del parque y miran con


nostalgia a los ojos del otro. Paso a otra pareja apoyada en la barandilla, mirando hacia abajo en el río, con los brazos alrededor del otro, acurrucándose cerca. Juntos. Tomando nota de todas las parejas, mi corazón se llena de tristeza. Envuelvo mis brazos a mí alrededor, de repente tengo una sensación de frío, y soledad. He estado vagando por esta romántica ciudad como una tonta enamorada todo el día, pero el hombre del que me he enamorado ni siquiera es mío, y no estoy segura de si alguna vez lo será. El vacío que siento es tan repentino y abrumador que duele, mis ojos se inundan de lágrimas. Hace por lo menos dos semanas tenía un trabajo y un apartamento. Ahora, no tengo nada. Quiero creer que Collins dejará a Tatianna, pero la fría verdad es, no tengo garantías. No tengo idea de lo que viene después.


17 Traducido por pau_07 Corregido por SammyD

Otra habitación está disponible en el hotel y dejé a Mia con la suite, a favor de una habitación para mí donde no tuviera que compartir la cama con una mujer que me tentaba hasta en los huesos. No podía imaginar pasar el resto de la semana luchando contra el impulso de saltar sobre ella cada noche. Sobre todo porque sabía que lo permitiría. Me daría todo, si sólo lo pedía. Siempre fue así. Mi reunión con Pierre y sus asociados fue mejor de lo esperado, por lo que debería llegar alegre, pero dado que Mia y yo llegamos a casa, sentimientos de tristeza se revuelven dentro de mí. Tatianna se encuentra en la cocina cuando llegamos. Chilla y corre hacia mí, echándome los brazos al cuello de forma dramática, y no puedo dejar de sentir que todo es un espectáculo, en lugar de una verdadera muestra de afecto. —Te extrañé —dice, besando mi mejilla en el aire. Ni siquiera puedo reunir las palabras para responderle. Mis ojos siguen los movimientos de Mia. Se aleja de nosotros, pero no antes de que pueda capturar un dejo de tristeza en sus ojos. Se dirige a la nevera y coge una botella de agua. —Bueno, ¿cómo fue? París, ¿verdad? —pregunta. —¿Cómo estuvo New York? —pregunto, mi tono cauteloso. Agita una mano desdeñosa, y me pregunto si va a mentir. —El fotógrafo excéntrico canceló. Me quedé en casa. —Deberías habérmelo dicho. Podría haber venido. —Las palabras saben falsas en mi boca, y sé que no son correctas. Mia fue la compañera perfecta. Sólo


quiero oír a Tatianna admitir que no estuvo ni un poco preocupada por mí, que estuvo yendo de fiesta con Dios sabe quién. Agita la mano de nuevo. —Estoy segura de que Mia ocupó bien mi papel. — Se vuelve hacia Mia—. ¿Cuidaste de mi hombre? Los ojos de Mia se ensanchan y asiente. —Lo hice. —Sus ojos encuentran los míos brevemente, y luego se desvían hacia el suelo. Mierda. Mia no es buena mintiendo. No es ese tipo de persona. Y ahora me siento más como un idiota porque no sólo la usé en París para satisfacer mis propias necesidades, sino que ahora la he puesto en una situación en la que siente que tiene que mentir. —El viaje ha ido bien —le digo, tratando de suavizar el momento incómodo terminado. Mia levanta la vista de nuevo, su mirada encontrando la de Tatianna. — Collins estuvo brillante. Se ganó a Pierre y Adele casi de inmediato. —Tú estuviste increíble —le corrijo. —Espera ¿Quiénes son Pierre y Adele? —pregunta Tatianna. Las cejas de Mia se juntan. —Pierre Ducharme, el director general de Industrias Ducharme... toda la razón del viaje. —Parece sorprendida de que Tatianna no sepa esta información, ya que era tan importante para mí. Tatianna asiente. —Oh. Claro. Así que, ¿fue todo trabajo o tuvieron un poco de diversión? Mia ríe nerviosamente. —Nos lo pasamos muy bien. Collins se aseguró de que fuera perfecto para mí. Muerdo, mi mandíbula apretada con recuerdos del desnudo cuerpo curvilíneo de Mia bailando a través de mi cerebro, su gemido de satisfacción cuando probó un verdadero croque-monsieur por primera vez, el brillo travieso en sus ojos cuando tomó demasiado vino, su carcajada cuando la llevé a la cima de la Torre Eiffel. Intercambio una mirada significativa con Mia, como para comunicar mi placer de que fuera quien estuvo conmigo. La mirada de Tatianna se mueve entre Mia y yo, y su frente se arruga como si acabara de resolver una ecuación difícil. Veo el momento exacto en que algo encaja para ella. Sus manos vuelan a sus caderas y su mirada se estrecha en Mia. —¿Qué es exactamente lo que ha pasado aquí? —pregunta Tatianna a Mia, su tono lleno de veneno helado.


La boca de Mia se cierra de golpe y me mira desesperada, los ojos muy abiertos y salvajes. Al no obtener nada de Mia, Tatianna se vuelve hacia mí. —¿Has estado follándola? —grita. No sé qué coño es lo que me pasa, pero no respondo de inmediato. Acabo de ver a la mujer con la que he pasado los últimos tres años y me pregunto dónde se fue todo el tiempo. Siento como que he construido más recuerdos compartidos, más risas, más diversión con Mia en una semana de los que tengo con Tatianna en tres años. Tatianna deja caer su cabeza para mirar al suelo, y emite un sonido de molesta frustración. Cuando levanta la cabeza, se ríe. —Te encuentras malditamente loco para elegir eso sobre esto. —Hace un gesto entre ella y Mia señalando las diferencias obvias en su físico. Tatianna es alta y esbelta, mientras que Mia es curvilínea y hecha para el placer de un hombre. —No la he follado, como tan delicadamente propones. Pero Mia y yo... — Hago una pausa y tomo aliento, buscando las palabras correctas—. Tenemos que hablar, Tatianna. —Oh, demonios, no —ruge Tatianna—. ¿Cómo te atreves a elegir esa regordeta perdedora plana sobre mí? —Escupe las palabras como una acusación. Mia se contrae de nuevo hacia la pared, abrazando sus brazos a su alrededor y sus ojos se llenan de lágrimas. Doy un paso entre las dos mujeres. —Detente —le digo, mi voz interrumpiendo la de Tatianna. Pongo mi mano en la mejilla de Mia y se inclina hacia mi toque. Quiero decirle que todo va a estar bien, pero retiro mi mano y enfrento a Tatianna—. Nadie le habla a Mia de esa manera. —No puedo dejar de hacer un paralelo entre este momento y el primer día que conocí a Mia. La defendí también. Parece que es instintivo para mí. No voy a dejar que nadie le haga daño. —Se acabó, Tatianna. Hemos terminado. Quiero que te vayas esta noche. —Eres un pendejo de mierda —dice. —Puede ser, pero ambos sabemos que esta relación no va a ninguna parte. No se dirige hacia nada. Es hora de que avancemos. —Lo siento, pero nunca voy a ser un ama de casa, si eso es lo que buscas. Pensé que nos hallábamos en la misma página —ladra. Niego con la cabeza, incapaz de responder. No quiero discutir los puntos más finos de nuestras diferencias frente a Mia. No va a lograr nada, y no voy a


cambiar de opinión. —Voy a hacer que mi asistente te contacte con una empresa de mudanzas. —¿Y dónde exactamente se supone que debo ir? —pregunta. Ah, ahí está, la verdadera razón de por qué se quedó conmigo todo este tiempo. Le he proporcionado una hermosa casa y un estilo de vida extravagante que nunca podría pagar por su cuenta. Quiero decirle que tal vez el hombre con quien se hallaba el pasado viernes por la noche se hará cargo de ella, pero sé que lanzar esa acusación no va a hacer nada de esto mejor. —Supongo que tienes algunas cosas que averiguar en las próximas horas —digo en vez. Agarra su bolso del mostrador y pasa entre nosotros hecha una furia, haciendo chirriar a Mia por la sorpresa.


18 Traducido por pau_07 Corregido por Kora

Mi cerebro desfasado por el horario lucha para comprender lo que acaba de suceder. No me veo capaz de capturar la atención de mi cansado cerebro con esto. Las palabras de Tatianna fueron afiladas y odiosas, su veneno dirigido a mí. Tal vez me lo merecía. ¿No había irrumpido en su vida y los había separado? Pero no tengo ese tipo de poder. No puedo hacer que las personas hagan algo que no quieren hacer. Y desde luego nadie puede hacer que Collins haga algo que no quiere hacer. Aun así, estoy teniendo dificultades para comprender lo que acaba de suceder. ¿Realmente rompió con Tatianna? ¿Justo en frente de mí? Tatianna pasa como una tormenta a mi lado, su cara llena de tanta ira que un pequeño chillido se me escapa, y me estremezco. Sus tacones resuenan por el pasillo y se apresuran a subir los escalones. En algún lugar arriba una puerta se cierra. Mis ojos se quedan fijos mirando el suelo. Quiero mirar a Collins. Quiero saber si está bien, pero tengo miedo de levantar la mirada. Tengo miedo de que vaya a estar enfadado conmigo por venir aquí y arruinar su vida perfecta con su novia supermodelo. Soy una idiota. ¿Por qué vine? Espero que Collins salga tras ella, o que me saque a patadas o algo. En su lugar, se mantiene a unos metros de distancia, apoyado en el mostrador. Cuando por fin reúno el coraje de mirarlo a la cara, veo que ha sacado su teléfono. Sus


rasgos están relajados y no dan información. Escribe un mensaje en su teléfono. Debe estar organizando la mudanza o algo así. Lo observo en silencio, esperando que no haya arruinado por completo nuestra amistad al presentarme aquí y jugar con su vida. Finalmente, levanta la mirada y ve que todavía estoy acurrucada contra la pared. Guarda su teléfono en el bolsillo y viene hacia mí. —Siento que hayas tenido que presenciar eso —se queja. Su voz baja me hace sentir aún peor. —No pasa nada. —Mi propia voz sale temblorosa y tranquila—. ¿Estás bien? Ojos oscuros y profundos llenos de emoción miran fijamente a los míos, y asiente. —Sí. Suena confiado, pero sus ojos y la expresión de su rostro hacen que dude. Es tan cauteloso y serio. Odio eso. ¿Cuándo me he sentido tan insegura alrededor Collins? Nunca. Pone su mano en mi mejilla. —Siento que hayas tenido que lidiar con eso —dice en voz baja. —No te preocupes. No me importa. —No me gustó lo que dijo Tatianna, pero ¿saber que él finalmente se ha librado de esa mujer controladora que no es buena para él? Pasaría por eso de nuevo en un santiamén. No tengo ni idea de qué sucederá a continuación, y tengo miedo de preguntar. Me muerdo el labio, escuchando el sonido de tacones yendo por el piso de arriba y de puertas cerrándose. Collins deja caer su mano, pero sigue cerniéndose sobre mí, mirándome como si estuviera esperando a ver si realmente estoy bien. »¿Te importa si voy arriba y me doy una ducha? —pregunto. Estoy desfasada por el horario y sucia por el largo vuelo. Además, no puedo evitar pensar que Collins debe necesitar estar solo ahora para procesar lo que acaba de terminar. —Por supuesto. —Asiente. Me dirijo hacia la escalera, sintiendo los ojos de Collins en mí todo el tiempo.


La ducha está caliente y el agua me calma mientras me lavo la mugre del largo vuelo. Pero no puedo lavar la culpa que siento por venir aquí en primer lugar. Collins siempre fue tan bueno en salvarme. No es de extrañar que, cuando perdí mi trabajo y no tuve a nadie a quien recurrir, corriese hacia él. Porque si alguien podía arreglar mi vida, era él. Pero ¿es justo por mi parte cargarle con mis problemas? ¿Es justo por mi parte esperar que lo deje todo y me rescate de mi patético destino? ¿Es justo por mi parte esperar que deje todo por lo que ha estado trabajando por construir durante toda su vida solo para salvarme? La respuesta es tan obvia. Diablos, no. A medida que el agua caliente corre por mi espalda busco alguna manera de hacer esto bien, pero no puedo. He venido aquí, de arruinado las cosas y ahora lo único que puedo hacer es dejarlo solo para que tenga tiempo para sanar. Salgo de la ducha y me seco, vistiéndome con una camiseta. Me subo en la cama y estoy a punto de encender la luz cuando suena mi teléfono. Es Leila. —Hola —contesto secamente. —Mia. —Su voz suena preocupada—. ¿Qué pasa? —Ella me puede leer como a un libro. —Creo que podría haber llegado el momento de irme a casa. ¿La oferta de tu sofá sigue en pie? —pregunto. —Por supuesto que lo está, pero ¿qué pasó? —Collins acaba de romper con ella —digo. Leila se queda callada durante un segundo, como si estuviera tratando de entender lo que acabo de decir. Por último, dice—: No lo entiendo. Si está soltero ahora, ¿no es eso lo que querías? Tiene razón. Era lo que yo quería, pero ahora que ha pasado no estoy segura de que sea lo correcto. No creo que sea lo que quiero ahora. —Él está molesto. Me siento como si hubiera arruinado su vida al venir aquí. —No —dice—. Estás pensándolo demasiado. Siempre piensas las cosas demasiado. Te preocupas por él. Él se preocupa por ti. Solo dale un poco de tiempo y espacio. Las rupturas son difíciles. No estoy segura de qué es lo que hay que hacer y se lo digo, pero Leila es insistente. Al final me convence para quedarme un poco más. Quizás pueda ayudarle de alguna manera. Ofrecerle mi apoyo, por lo que vale la pena.


Durante los siguientes dos días le doy espacio a Collins, pasando la mayor parte de mi tiempo buscando más empleos. Él no pasa mucho tiempo en casa, de todos modos, y aun cuando lo está parece haber tenido un día duro en el trabajo, así que no le molesto. He llegado al punto en el que creo que realmente no hay razón para que permanezca más aquí, ya que nunca nos vemos. Hasta que una mañana entra en la cocina con una sonrisa en su rostro. La primera sonrisa suya que he visto en días. No puedo evitar sentirme alentada y excitada por la luz de sus ojos. —Buenas noticias —dice. Se saca un montón de papeles de detrás de la espalda y los coloca frente a mí con un movimiento. —¿Qué es esto? ¿Tus memorias? —pregunto. La pila es gruesa. Niega con la cabeza. —Es un poder notarial, un acuerdo y los documentos justificativos de la investigación de tu despido. —Lo siento, ¿Es qué? —No es que no entienda las palabras que está utilizando; simplemente no tengo ni idea de cómo encajan juntas para tener algún sentido—. ¿Un acuerdo para qué? —Había puesto bajo investigación a tu jefe. Encontraron la prueba que mis abogados necesitaban para negociar un acuerdo para ti. Te pagarán cien mil dólares y acordaron contratarte de nuevo. —¿Tenías bajo investigación a mi jefe? —Tomo un sorbo de mi café de la mañana con la esperanza de que me ayude a entender todo lo que Collins está diciéndome. —Quería que fuera una sorpresa, así que los tuve arreglándolo todo. Todo lo que necesitan de ti es una firma en el documento del poder notarial para que puedan terminar el acuerdo en tu nombre. Collins se ve tan feliz. Sin embargo, mi cara se está poniendo roja, y las lágrimas humedecen mis ojos. Negoció para que yo pudiera recuperar mi antiguo trabajo. Me trago el enorme bulto formándose en mi garganta. Quiero estar feliz. Dios, cómo me gustaría, porque lo está haciendo de nuevo. Él me ha salvado de mi estúpido empleo echado a perder. Debería estar dándole las gracias. Debería recuperar mi trabajo. Me ha hecho un gran favor. Pero no es lo que quiero. No quiero volver a Connecticut. Quiero estar aquí con él. Y, más importante que eso, quiero que él me quiera, también.


Pero supongo que no lo hace. Realmente soy una carga para él. Una en la que está dispuesto a invertir el tiempo y el dinero necesarios para enviarla muy, muy lejos. Limpio temblorosamente una lágrima descendiendo por mi rostro. —Lo siento, Collins. Él alza mi barbilla y se encuentra con mis ojos. —¿Por qué lo sientes? —No debería haber venido —murmuro, limpiando otra lágrima perdida que se me escapa. —¿Por qué no? —Su tono es un suave susurro, y su expresión está llena de preocupación y ternura. —Porque —me las arreglo para decir en un aliento—, embestí contra tu vida perfecta y lo arruiné todo entre tú y Tatianna. Rescatarme no es tu trabajo. Llevando sus dos manos a mi cara, sus palmas cálidas acunan mis mejillas y limpian la última de mis lágrimas. —No has arruinado nada. Ven, siéntate y déjame explicarte algunas cosas. —Está bien —acepto, mi corazón dolorido y mi cabeza dando vueltas con preguntas sin respuesta.


19 Traducido por lorenablanco Corregido por Kora

Guio a Mia dentro de la sala de estar adjunta, mis dedos en la parte baja de su espalda. No tengo ni idea de qué la llevó a romperse, y yo no manejo bien a las mujeres llorando. Nunca lo he hecho. Tal vez es el resultado de haber crecido con dos hermanos. Tal vez es el resultado de estar con Tatianna, quien rara vez mostraba sus emociones. Nos sentamos en el sofá y ella dobla sus piernas debajo suyo sobre el cojín, preparándose para lo que sea que estoy a punto de decirle. Dejo escapar un suspiro y considero cómo empezar. —Tú no arruinaste nada entre Tatianna y yo. Las cosas habían ido deteriorándose desde hacía un largo tiempo. —No le digo que había perdido mi capacidad de tener un orgasmo con ella o que odiaba la falta de preocupación e interés que mostraba por mi vida—. Era cuestión de tiempo que rompiéramos. El estar tú aquí podría haber prolongado la ruptura, de hecho. —¿Qué? —Parpadea hacia mí, esperando a que yo continúe. Asumió que su presencia aceleró mi ruptura con Tatianna cuando en realidad pasó lo contrario. —Cuando apareciste por aquí, mil emociones que no había sentido en quince años corrieron a través de mí, emociones para las que no tenía tiempo o que francamente no quería sentir. Mi vida era fácil. Mi empresa era mi centro y tenía a mis hermanos apoyándome como respaldo. Tatianna era... —Mierda, esto va sonar duro—. Ella estaba ahí para mi placer físico. Mia se estremece, como si alguien le hubiera dado un revés con el puño. Alcanzo su mano y ella me deja cogerla, pero está débil y sin vida en la mía.


»Estas últimas semanas incluso eso no estaba funcionando entre nosotros — admito. Sus cejas se fruncen. —¿Qué quieres decir? —No he dormido con Tatianna desde que llegaste. E incluso antes de eso, me da vergüenza decir... Bueno, digamos que mi cuerpo sabía algo que mi cabeza no. —Está bien... —dice, prolongando las palabras, sus ojos buscando los míos en busca de comprensión. No estoy teniendo ningún sentido, y lo sé. Tomo una profunda respiración y me preparo para empezar de nuevo. —Entonces, ¿por qué te quedaste con ella? —me interrumpe Mía. —Si yo estuviera soltero, no tendría ninguna excusa para no perseguirte. La idea de que tú y yo fuéramos solteros y estuviéramos bajo el mismo techo me asustaba. Se muerde el labio, luciendo insegura. —Por lo tanto, no me quieres aquí. Lo entiendo, Coll. Retomaré mi antiguo trabajo y seguiré adelante. Sacudiendo mi cabeza, tiro de su mano en mi regazo y entrecruzo mis dedos con los suyos, como si eso de alguna manera le demostraría cómo me siento. —Déjame terminar. Ella espera, observándome casi sin respirar, mientras busco las palabras adecuadas. »Cuando apareciste por aquí y me recordaste una promesa que hice cuando tenía diez, me asusté tremendamente. Utilicé mi relación, tan dañada como estaba, como un amortiguador para evitar mis verdaderos sentimientos. Pero quiero más. —¿Más? —pregunta, su tono cauteloso. —Sí. Más. No sé qué significa eso y no puedo tener esta promesa matrimonial pendiendo sobre nuestras cabezas. Antes que nada somos amigos. Y pase lo que pase entre nosotros, no estoy dispuesto a perderte como amiga. Necesito que lo entiendas antes de que las cosas vayan más lejos. —Lo entiendo —Se toma un momento, los ojos muy abiertos, mirándome—. ¿Así que no quieres que me vaya? —pregunta, su tono de voz bajo.


—Por supuesto que no —le digo. Hay mucha tensión sexual sin explorar entre nosotros, pero más que eso: hay sentimientos reales también. Una sensación extraña se apodera de mí y aprieta mi pecho. A ella le importa lo que siento, si estoy comiendo, si estoy feliz. Es un poco como la forma en que mis hermanos me entienden, incluso cuando apenas digo dos palabras a la vez. Mia me entiende. Al verdadero yo. Sé que no me merezco su ternura, la preocupación que me ha mostrado los últimos días cuando mi ex se mudó y me enterré en mi trabajo. Tenía una novia a la que había estado atado durante mucho tiempo, todo porque yo tenía miedo de mi futuro con Mia. Ella es del tipo de para siempre. Y después de que mi madre muriera, yo no quise darle mi corazón a otra mujer. Pero la cosa acerca de Mia es que ya lo tiene. Lo ha tenido todo el tiempo. —Pero ¿por qué me conseguiste mi antiguo trabajo? —pregunta. —Porque no me siento bien conmigo mismo sabiendo que tu nombre ha sido manchado. Porque vas a gastar todo tu tiempo libre buscando un trabajo, y cada vez que hablas de tu pasado tu cara adopta una expresión enfurruñada. Quería que tuvieras opciones. Para no estar atrapada aquí, viviendo conmigo como única opción. Eso es lo que Tatianna hizo. No estoy buscando ser la segunda opción de nadie. —Nunca podrías ser mi segunda opción —susurra—. Fuiste mi primero en todo. Le doy un apretón en la mano. Los remordimientos por la noche en que tomé su virginidad todavía se agitan dentro de mí, pero los empujo a un lado. —¿Estamos de acuerdo? —pregunto. Ella asiente con la cabeza. —Sí, pero ¿qué pasará después? —Eso depende. Si regresas a casa, a tu antiguo puesto de trabajo, nos mantendremos en contacto y nos visitaremos tan a menudo como sea posible. Y si te quedas aquí... tenemos que ponernos al día de un montón de cosas de los últimos quince años. —Si estás seguro de que estás bien con eso, lo cierto es que sí tenemos que ponernos al día de muchas cosas... Los dos nos callamos cuando captamos el significado de este momento. Mia se va a mudar conmigo. Tatianna se ha ido y todo está casi olvidado.


—¿Estás enfadada conmigo por la forma en que manejé las cosas con Tatianna? —pregunto. —No —dice sin dudarlo—. Creo que tenía que suceder de esa manera. Ambos necesitábamos tiempo. Asiento. —Todavía pienso en esa noche, ya sabes. Sus ojos brillan de deseo y danzan con los míos. Sabe exactamente a qué noche me estoy refiriendo. —Yo también. —Todavía me siento como un idiota —admito. —¿Qué? ¿Por qué? —pregunta, como si realmente no lo supiera. —Vi las manchas de sangre en tus muslos. Sé que te hice daño. No sabía qué estaba haciendo y... aún odio que tú no llegaras al orgasmo. —El peso de mi admisión presiona sobre mis hombros. Ha estado enterrada dentro de mí todo este tiempo y se siente bien hablar finalmente sobre ello. —No me hiciste daño. —Sacude la cabeza—. Bueno, me lo hiciste, pero no a propósito. Tu tamaño era... bueno... —Empieza a ponerse nerviosa y cierra la boca. Toma una respiración profunda y luego empieza de nuevo—. Fuiste tan tierno. Fue exactamente lo que quería. Por favor, no te sientas mal por eso. Fuiste cuidadoso. Lo recuerdo perfectamente. No lo arruines para mí. —Tu recuerdo es un poco diferente, entonces —consigo decir. Mi garganta se siente apretada mientras la miro. —Recuerdo el peso de tu cuerpo sobre el mío y cómo me robaste el aliento cuando entraste por primera vez, y entonces cómo encontramos nuestro ritmo y nos movimos juntos. Y la forma en que duró más de lo que pensaba. Mi pecho se hincha de orgullo. Eso me sorprendió también. Recuerdo que pensé que terminaría en un minuto, pero entonces estuve tan preocupado por ella que eso me distrajo del inmenso placer amenazando con abrumarme. —Ven aquí. —La acerco a mí y ella acurruca su cuerpo contra el mío, dejándome sostenerla. Luce hermosa, incluso con sus mejillas manchadas de lágrimas y la nariz rosada. La sostengo de la forma en que debí haber hecho esa noche hace tanto tiempo. El cálido peso de ella contra mi costado alivia algo de mi culpa.


Quiero tenerla en mi regazo y besarla, pero no quiero ir muy deprisa. Algo me dice que ninguno de nosotros necesitaría mucho incentivo para subir al segundo piso y rasgar nuestras ropas. Y teniendo en cuenta que las sábanas que compartí con otra mujer todavía están en la cama, no sería lo correcto. Incapaz de resistir la tentación de su cuerpo caliente presionando el mío, inclino su barbilla, poniendo en ángulo su boca en el punto exacto. Luego me inclino y la beso. Es un beso inocente, mis labios tocando los suyos solo ligeramente, saboreando su dulzura. Pero es un beso que mantiene la promesa de más por venir. Y a pesar de que nos besamos hasta que nos quedamos sin aliento, termina demasiado pronto. Cuando nos separamos, ella se queda pegada a mi costado, con un brazo estirado alrededor de mi cintura, como si no estuviera dispuesta a dejarme ir. —¿Has dicho cien mil dólares? —pregunta, su boca curvándose en una tonta sonrisa. Me rio, a pesar de la intensidad del momento. —Lo hice. Y tú mereces cada centavo por la manera en que arrojaron tu nombre en el fango y te despidieron sin una adecuada investigación. —Gracias por ser mi héroe —dice ella. —Gracias por ser siempre mi Gremlin —Le sonrío y ella me golpea el brazo. —No puedo creer que todavía me llames con ese estúpido apodo. —Hablando de Gremlins, mañana es domingo. E invité a todo el equipo a que se uniera a nosotros en el yate, si estás preparada para ello. —Por supuesto —dice—. Me encantaría.

Se sintió bien aclarar el aire entre Mia y yo anoche. Mejor de lo que pude haber imaginado, en realidad. Así que hoy estoy relajado y feliz mientras abordamos el Gremlin. Pace carga a Max por todo el barco, mostrándole todos los aparatos y perillas mientras Kylie los mira con amor. Colton y Sophie llegan


después y caminan hacia donde Mía y yo estamos de pie junto a la barandilla, mirando el agua. —¡Mia! Me alegro mucho de verte —dice Sophie, tirando de ella en un abrazo. Los ojos de Colton encuentran los míos y él parece entender que Tatianna se ha ido para siempre. —Buena maldita llamada, hermano —dice, golpeando mi espalada. Él y Sophie rara vez se unían a nosotros en el yate cuando éramos solo Tatianna y yo. Él no disfrutaba de su compañía, y no puedo decir que lo culpe. Ahora que soy libre de ella, me siento mejor. Más feliz de lo que había sido en años. Es extraño lo que la presencia de Mia hace por mí. —Pace y Kylie están aquí, creo que justo debajo de la cubierta, mostrándole a Max todo —le digo. Colton asiente. —Bien. Cuando vuelvan tenemos un anuncio que hacer. —Acerca a Sophie a él y comparten una sonrisa secreta. Tengo la sensación de que sé de qué va el anuncio. Solo llevan casados seis semanas y estoy bastante seguro de que follan como conejos. Cuando Pace emerge de la planta baja, Colton los saluda con la mano. Luego coge la mano de Sophie y entrelaza sus dedos con los de ella. —¿Quieres anunciarlo tú o debería hacerlo yo? —le pregunta en voz baja. Nunca lo había visto tan suave y tierno. Una sensación de calor me recorre. —¡Estamos embarazados! —chilla Sophie, como si no pudiera contener el secreto ni un segundo más. —¡Ah! —grita Kylie, lanzándose sobre Sophie mientras la abraza con fuerza. La sonrisa de Mia es amplia y rebota de arriba a abajo, como si estuviera esperando su turno para abrazar a la futura madre. —Buen trabajo, amigo —dice Pace, palmeando a Colton en la espalda. —Felicitaciones —le digo, estrechándole la mano. —Gracias, chicos. Estamos muy emocionados —dice Colton, tirando a Sophie en sus brazos y besándola—. Ella está solo de seis semanas, por lo que aún es pronto, pero estamos en la luna. Pace lanza a Max al aire y le dice que va a tener un primito bebé.


El ambiente es feliz y ligero y estoy enormemente satisfecho de que mis hermanos hayan encontrado tanta felicidad. Las mujeres cogen a Max y se retiran a la proa, donde se encuentran los cojines dispersos para tomar el sol. Ellas hablan con entusiasmo, preguntándole a Sophie cómo se ha estado sintiendo y cuándo es la fecha del parto. Mis hermanos y yo nos sentamos en las tumbonas con vistas al océano. Y a pesar de que es temprano, cuando James trae una bandeja de mojitos helados cada uno de nosotros aceptamos uno. Hay mucho que celebrar hoy. Colton pide que una bebida virgen sea llevada a su esposa. Sonrío, sabiendo que utiliza cualquier excusa que puede para referirse a ella como su esposa. Bebemos nuestras bebidas mientras el yate navega sin esfuerzo a través del agua. —Entonces, ¿cómo van las cosas con Mia ahora que Tatianna ya no está en el cuadro? —pregunta Colton. Echo un vistazo a Mia, que se ha despojado de su ropa y está llevando un bikini turquesa matador. Maldita sea. Un estremecimiento cálido revolotea a través de mí. —Bien —murmuro. Pace se ríe. —Tienes que darnos más que eso, viejo. ¿Están juntos o qué? —Estoy trabajando en ello. —No estoy seguro de qué más decir. Mi cerebro me dice que debería ir lento, explorar a dónde esto podría conducir, mientras que mi cuerpo me grita que la haga mía. Visiones de ella sobre sus manos y rodillas mientras me bombeo dentro de ella por detrás nublan mi visión de lujuria. No sé cuánto tiempo más me podré contener. Quiero saber cómo podrían ser las cosas entre nosotros ahora que los dos estamos más crecidos. Dejo caer una almohada en mi regazo en un intento de ocultar la semierección que lucho por combatir. Pace se ríe. —Todavía no se la ha follado. —Cállate la boca a menos que quieras ser arrojado por la borda —le advierto, mi tono duro y despiadado. Pero maldita sea, al haber estado tan cerca de ella las últimas semanas ha provocado que se meta completamente bajo mi piel. Mis ojos se pierden hacia ella de nuevo. Ella toca suavemente el vientre de Sophie, y a pesar de que no hay nada que indique que esté embarazada, Mia luce completamente asombrada. Es hermosa. No puedo dejar de mirar cómo juega con


Max, haciéndole cosquillas en la barriga y jugando a un juego tonto con él usando gafas de sol. Estoy asombrado, incapaz de apartar la mirada. Será una madre hermosa, y me siento superado por la emoción. Escucho a mis hermanos burlándose de mí, diciéndome que ahora ambos son padres y que es mi turno, pero mi atención se queda capturada en Mia. Ella es hermosa en muchos sentidos. —Disculpen chicos —les digo, levantándome de mi silla y dirigiéndome con un propósito hacia Mia. Cuando llego a ella, extiendo la mano y ella la coge sin dudarlo y la levanto. —¿Collins? —pregunta, dejando que me la lleve de la cubierta. Tengo la sensación de que me dejaría hacerle cualquier cosa en este momento. No respondo por el momento porque tengo miedo de lo que pueda decir. En su lugar continúo guiándola a un camarote. —¿Qué estás...? —¿Confías en mí? —le pregunto, cerrando y bloqueando la puerta del dormitorio detrás de nosotros. —Sí —me dice sin dudarlo. Me doy la vuelta y la enfrento, mi cuerpo presionándola contra la parte posterior de la puerta. Un gruñido primitivo alivia mi garganta mientras mi boca queda muy cerca de la suya. —Tengo miedo de todo esto. De mis sentimientos por ti, de lo que deparará el futuro, de todo eso. Pero sé una cosa. —¿Qué? —pregunta, su pecho subiendo con una inhalación mientras sus labios rozan los míos. —Te necesito —le susurro. Sus ojos imploran los míos durante varios segundos, tratando de averiguar qué es exactamente lo que necesito. Cuando mis manos se asientan en sus caderas y mis dedos se hunden en los bordes de la parte baja del bikini, queda muy claro. »¿Estás de acuerdo con esto? —pregunto, dándole la oportunidad de apartarse. —Yo también te necesito —admite.


Mi corazón salta ante su admisión. Desato las cuerdas en sus caderas y su bikini cae al suelo. Mia me observa de cerca, y al instante comprende que ya no soy el nervioso y torpe adolecente de sus recuerdos. En lo que a mí respecta, esta es nuestra primera vez de verdad. La oportunidad de redimirme a mí mismo y de hacer que sea bueno para ella. Mi mano se desplaza al espacio entre nosotros, frotando ligeramente un dedo sobre su sexo suave. Un murmullo sale de su garganta y siento que crece su humedad. Apenas la he tocado, pero está sensible. Ella está más segura de su cuerpo de lo que recuerdo, empujando sus caderas en mis manos y gimiendo cuando mi dedo hace contacto con su clítoris. La beso profundamente y su lengua golpea la mía mientras la toco. Demonios, sí. Pone sus manos detrás de su cuello y desata las cuerdas que sostienen la parte superior de su bikini. Amando cuán audaz es, lanzo la tela lejos, queriendo que esté completamente desnuda. Su cuerpo se mece contra mi mano mientras desata mis pantalones cortos y empuja su mano dentro. Siento su mano curvándose a mí alrededor y ella jadea. —Me encanta lo grande que eres —dice. Orgullo caliente me llena por completo. Mientras Mia acaricia mi polla, empujo un dedo dentro de ella. Verla hacer esto para sí misma bajo mis órdenes en París ha alimentado mis fantasías cada día desde entonces. Su cuerpo me agarra y hace un sonido de succión húmeda cada vez que bombeo con mis dedos dentro y fuera. —Estás tan mojada para mí —susurro contra sus labios. —Sí. Solo para ti, Collins. Solo para ti. Creo que entiendo lo que me está diciendo. La entiendo de esta manera. Esta excitación y estas ganas. —Todavía tienes el coño más apretado que haya sentido —gruño contra un lado de su cuello. Quiero estar dentro de ella, pero me niego a apresurar los juegos previos como lo hice la primera y última vez que me la follé. Ella gime e inclina la pelvis más cerca. Reconozco sus gritos guturales, señal de que está cerca de su orgasmo ya. —Eso es, aguanta —le susurro. Bajando mi boca a sus pechos, los trato con besos húmedos, chupando sus pezones y chasqueando la lengua a través de sus picos firmes. Mia se rompe, gimiendo mi nombre mientras se corre.


Su cuerpo tiembla cuando saco mis dedos y ella se balancea sobre sus pies. Continúa moviéndose, y mi cuerpo llora la pérdida de su toque. —Ven aquí, te tengo. La guío encima de la cama y una vez que está acomodada, dejo caer mis pantalones cortos al suelo. Me uno a ella en el centro del colchón y la acerco. Se debería sentir extraño el estar en la cama con Mia, mi amiga, pero es lo más natural del mundo. Levanto su barbilla con la mía y la beso profundamente. Espero que ella entienda que solo he empezado a explorar su cuerpo. Hay mucho más que quiero hacer. Besando un camino desde sus labios a su cuello, a sus pechos, ella se ríe cuando llego a su vientre. —¿Cosquillas? —le pregunto. Sonríe hacia a mí. —Sabes que sí. Tiene razón. Sé que ella tiene cosquillas en su estómago y debajo de los brazos, y que es honesta y amable y tiene el más grande maldito corazón que cualquier persona que haya conocido. Y sé que no cambiaría este momento con ella por nada en el mundo. —Ábrete para mí —le digo, moviendo una de sus piernas y poniéndola sobre mi hombro. —Collins —se queja. —No te pongas tímida conmigo ahora —bromeo. La beso a lo largo del interior de sus muslos, moviéndome de uno al otro—. Después de esa noche en París, necesito probarte. Abre sus piernas para mí y la lamo desde la parte superior hasta que mi lengua encuentra su clítoris hinchado. Gime. —¿Se siente bien? —pregunto. —Sí. —Se las arregla para jadear. Ella pasa sus dedos por mi pelo, presionando mi cabeza. La única cosa que importa es su placer y me sumerjo plenamente en ello, chupando y moviendo mi lengua sobre su carne caliente a un ritmo que se acelera así como mi necesidad de estar dentro de ella se intensifica. No me detengo hasta que está llorando mi nombre y se aferra desesperadamente a mis hombros mientras se deshace.


Mientras los espasmos disminuyen, me alejo, sus cálidos ojos negándose a romper el contacto con los míos mientras me arrastro por su cuerpo, besando su cuello, su cara, sus parpados y cualquier parte de ella que puedo encontrar. —Con ese van dos —le digo—. ¿Crees que puedes manejar más? Ella parpadea hacia mí, aparentemente sorprendida de que yo haya contado sus orgasmos. Sus ojos están vidriosos por la lujuria. —Yo... no lo sé —admite. Me rio misteriosamente y acaricio su cuerpo, pasando mis manos por su piel suave, levantando su culo con mis dos manos. Cuando me presiono contra ella, estimulando su núcleo, un jadeo se le escapa. —Esto es lo que me haces, Mia —gruño cerca de su oído—. ¿Es esto algo que estés dispuesta a enfrentar? Incapaz de hablar, ella asiente mientras un gemido se escapa de sus labios. Estoy tan duro como una roca y listo cuando todos mis retorcidos planes se reducen a polvo en una insoportable parada. No tengo condón. Mia sacude su cabeza, diciéndome que está bien. Solo puedo asumir que ella quiere decir que está en control de natalidad y confía en que estoy libre de enfermedades, que lo estoy, pero su fe en mí es asombrosa. Recorriendo con mis dedos sus largos mechones de pelo, veo sus ojos, tratando de asegurarme de que ella está segura. No habrá vuelta atrás después de esto, y por mucho que odie el estar apresurándome, nosotros pasamos años construyendo este momento exacto. Con ella yaciendo de espaldas, me arrodillo ante ella y me dirijo a mí mismo a su centro. Sus ojos se cierran. —Ábrelos para mí —le digo. Ella abre los ojos y están oscuros de deseo—. Mantenlos abiertos. Quiero que nos mires. Quiero que sepas que soy yo el que está dentro de ti. Gruñe mientras avanzo lentamente y encuentro resistencia. Puedo decir ahora que mis recuerdos de ella ajustándose a mí como un guante caliente no eran exagerados. Es perfecta. Alimenta mi polla, un centímetro cada vez, haciéndome ir lento dentro de ella para que así ella se pueda ajustar. Se retuerce contra la cama y agarra las sábanas. Pero, fiel a mi orden, sus ojos viajan de los míos a donde nuestros cuerpos están unidos. —Eso es. ¿Puedes tomar más de mí? —Quiero moverme a casa fuerte y rápido, pero no me moveré hasta que me diga que está bien. —Por favor, Collins. Lo quiero todo de ti —ruega.


Sigo adelante tan lejos como puedo ir y rozo contra ella, estimulando su clítoris con mi longitud, enterrándome completamente dentro. Su respiración se atrapa en su garganta. Pasan cinco segundos dolorosos en los que sé que no puede respirar y la miro en agonía mientras ella lucha por recuperar el aliento, su boca abierta pero su pecho quieto. —Respira, nena —susurro contra sus labios al inclinarme hacia bajo, retirándome solo una fracción. Su boca se abre y aspira aire. Un suspiro tembloroso y luego otro. Y luego está arañando mi espalda, serpenteando sus piernas alrededor de mi cintura y está retorciéndose contra mí como si no pudiera tener suficiente. Mierda. Incapaz de aguantar más, establezco un ritmo, entrando y saliendo de su calor. Ella es sorprendentemente intoxícate y sé que nunca me voy a recuperar de esto, tanto tiempo como viva. Con un jadeo fuerte y sus dedos en mi pelo, Mia se corre otra vez. Pronto la sigo, gimiendo su nombre con mi cara enterrada contra la suave piel de su cuello.


20 Traducido por Mire Corregido por Mary

No puedo decir cuántas veces me imaginé lo que sería si alguna vez tenía sexo con Collins de nuevo. Incontables veces, cada una era un homenaje a mis recuerdos de nuestra primera vez, y cuán experto y seguro estaría él la próxima vez que nos encontráramos juntos. Cada vez que me imaginaba estando con él, era increíble. Sin embargo, ninguno de esos momentos puede sostener una vela de la forma en que en realidad sucedió. Fue tan atento, tan increíblemente sensible a cada necesidad de mi cuerpo. Sé en un instante, que me ha arruinado para todos los demás hombres. Nunca olvidaré que cuando se vino enterró su cara en mi cuello y gimió mi nombre. Ese sonido en sus labios, en su voz áspera, sopló sobre mi piel, fue uno de los mejores momentos de mi vida. Y ahora, sus fuertes brazos me sostienen cerca, mientras mi cuerpo tiembla en sus brazos. —¿Tienes frío? —pregunta. Sacudo mi cabeza y miro hacia él avergonzada. —Mi cuerpo está todavía... —Suprimo una sonrisa. Él se ríe, besándome en la frente, luego me tira más cerca contra su pecho caliente y desnudo. Nuestra primera vez juntos había sido maravillosa, un recuerdo que sostendré para siempre cerca de mi corazón. Pero esa primera vez, justo después, corrí a vestirme, consciente de que acababa de seducir a mi mejor amigo y huí a casa, con la excusa de que tenía que ayudar a mi familia a empacar para la mudanza al día siguiente. No nos sostuvimos el uno al otro después y no tuvimos tiempo para hablar cómo se sintió.


Aquí estamos, quince años después, y ahora por fin tenemos esa oportunidad de sostenernos el uno al otro. Se siente tan bien, estar aquí en sus fuertes brazos. Sé que soy la mujer más afortunada del mundo, porque en Collins tengo lo mejor de ambos mundos. Él es mi mejor amigo, y ahora mi amante. Me conoce mejor que nadie —por dentro y por fuera. —Tres —digo y le sonrío a través de mis ojos medio cerrados. —Tres veces —se queja y me devuelve la sonrisa. Sabe exactamente lo que estoy contando—. Te debía uno o dos, por aquella vez en el barco de mi padre. — Se hunde y me besa suavemente en los labios. Le devuelvo el beso. —No me debes nada. Te lo dije, esa noche fue perfecta. Una sonrisa relajada se propaga por su cara y me llena de alegría. —Esto también es perfecto. Mientras descanso en sus brazos, hablamos sobre los viejos tiempos, entre besos robados. Aleja el pelo de mi cara tan suavemente, que puedo sentir su preocupación por mí en cada movimiento, cada gesto de ternura. —Gracias por venir con nosotros en el barco hoy. Significa mucho que estés aquí pasando el tiempo con mi familia. Me rio. —No llamaría lo que estamos haciendo en este momento “pasar tiempo con tu familia” —digo, trazando una línea hacia abajo a su pecho firme con mi dedo. Estoy tentada de llevar mi mano más abajo, y ver si puedo seducirlo por más. Pero siento una punzada de culpa y detengo mi mano, en su lugar diciendo— : Hablando de tu familia, tal vez deberíamos volver afuera y unirnos otra vez al grupo. Tú eres el anfitrión y todo. —Gracias a Dios que tiene a un capitán para conducir el barco. Puedo decir que no está listo para terminar nuestro tiempo a solas, ni yo, pero parece razonar. —Está bien, vamos a limpiarnos. —Gruñe mientras se sienta, y me tira en sus brazos. Chillo y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello mientras me lleva al cuarto de baño. En la ducha nos enjabonamos juntos y primero me ayuda a limpiarme, sus ásperas manos se deslizan suavemente sobre mi espalda, mis brazos, mis caderas. Saboreo cada toque suyo, y sus manos disfrutan cada curva de mi cuerpo. Luego yo lo ayudo a limpiarse. Mis manos se deslizan a lo largo de su musculoso cuerpo suave, apreciando sus músculos duros. Su paquete de seis abdominales es demasiado para mí de resistirme y corro mis dedos por su estómago. Él retrocede, riendo. —Lo siento —digo—. Olvidé que también eres cosquilloso.


Rápidamente me tira de espaldas a él. —Ni siquiera tienes que disculparte por tocarme —dice. Se estira detrás de mí y apaga el agua, luego extiende su mano y agarra una toalla, envolviéndola alrededor de mí. Mientras nos vestimos, hay un golpe en la puerta. —¿Chicos, todavía no consiguieron sacarlo de su sistema? —Es Pace. Los ojos de Collins se oscurecen, y puedo ver en su reacción que Pace acaba de romper algún código de chicos, pero luego Collins encuentra mis ojos y su expresión se suaviza una vez más. Collins tira de sus pantalones cortos de nuevo y comprueba para asegurarse de que estoy cubierta por mi bikini antes de abrir la puerta. —Este no es el pequeño bote de papá, hay un montón de otras habitaciones para elegir. —Su voz cae en la última palabra como si no estuviera viendo a quien había esperado tras la puerta abierta. Camino alrededor de él y encuentro a Pace sosteniendo la mano de Max y sonriendo. —Hola, pequeño hombre. —Collins se gira hacia Max—. ¿Qué pasa? —Max y yo estábamos explorando y encontramos la habitación de teatro. Se preguntaba si podríamos ver una película. Tratamos de resolverlo sin ti, pero parece que no podemos encontrar el control remoto, y nada funciona sin esa cosa. —Por supuesto que podemos ver una película —dice Collins. Desliza su mano alrededor de la mía, y todos nos dirigimos al teatro para encontrar a todo el mundo ya allí. Sophie y Colton han reclamado uno de los cuatro sofás para dos, Kylie está sentada en el otro, y Max corre a reunirse con ella. —¿Qué película deberíamos ver? —pregunta Collins mientras saca el control remoto de un panel oculto en la pared. Tomamos uno de los asientos no reclamados y envuelve su brazo a mí alrededor. Me acurruco contra su costado. —¡Gremlins! —grita Max. Me doy cuenta de que es una extraña petición de inmediato. Nací el año en que la película salió, y solo sé sobre ella debido a mi vieja camiseta de segunda mano, la que llevaba la primera vez que Collins me salvó. Sophie se ríe. —¿Cuál es Gremlins? Kylie se vuelve hacia ella. —Es la película por la que Collins llamó a su barco después. Pace da resoplidos de risa. —Sí, eso es correcto, Collins llamó a su barco después de una película de los años ochenta. —Su voz llena con sarcasmo.


Colton se une a él riendo. —Sí, simplemente no puede tener suficiente de esas lindas peludas criaturas. Sophie le da un codazo a Colton en el costado. —¿Qué? ¿Qué es tan gracioso? Pace se está riendo tan fuerte que no puede responder, pero finalmente Colton lo logra. —Llamó a su barco después de su primer amor. —Su voz es una burla. Sophie y Kylie miran a los chicos como si fueran maniáticos. Siento mis mejillas sonrojarse e intento de ocultar mi cara en el pecho de Collins. —Gremlin es su apodo para Mia —termina Colton. —Aww —cantan Sophie y Kylie al mismo tiempo. Sus ojos llenos de envidia. Les doy a las dos una sonrisa tímida. Luego levantó la vista hacia Collins, esperando que esté enojado con sus hermanos por romper el código de chicos de nuevo. Estoy sorprendida de encontrar sus ojos, amables y atentos, mirando amorosamente de vuelta a los míos. Él se ríe y besa la coronilla de mi cabeza. Al parecer, está totalmente de acuerdo con esta ronda de golpes. Y más que eso, no lo está negando. Ni siquiera está avergonzado por sus hermanos llamándome su primer amor. Mis latidos del corazón empiezan a acelerarse, y me estiro y lo beso. —Ugh —dice Pace—. Consigan una habitación. Los otros se ríen. Luego se lo piensa mejor. —Olvídenlo. Nunca volvería a verlos de nuevo. Quédense, pero vamos a mantener las cosas bajo la Guía Paternal. —Se presiona en el sofá para dos junto a Max y Kylie, lanzando su brazo alrededor de Max como para enfatizar por qué estamos guardando las cosas bajo la Guía Paternal. Collins dice—: Bien, Gremlins. —Saca el control remoto y localiza la película fácilmente en uno de sus servicios por satélite. —¿La has visto, verdad? —me pregunta. Niego con la cabeza. —¿Quieres decir que todo este tiempo solo me dejaste llamarte Gremlin, y ni siquiera sentías curiosidad? —Sabía por la camisa que es una linda pequeña criatura peluda.


Collins sacude su cabeza con incredulidad e inicia la película. Atenúa las luces, y me instalo en su lado. Todos los demás también se colocan. Miro a mí alrededor, sintiéndome caliente por su compañía. Sé que no hemos hablado seriamente sobre nuestro futuro, pero aun así, al estar aquí con él y con su familia, todo se siente bien. Me pregunto, y espero que reuniones como esta pudieran convertirse en una tradición. Me encantaría ser capaz de esperar con impaciencia el día de la familia en el barco cada domingo. Me doy cuenta de que cuando me presenté aquí hace varias semanas, me hallaba apenada y avergonzada por mi situación y estoy feliz de encontrar que ya no es el caso. Ahora sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Me siento querida. Y me encanta. Collins se inclina y susurra que debemos pasar la noche en el barco y lo miro, mi corazón lleno a reventar.


21 Traducido por Dannygonzal Corregido por Amélie.

Apago mi computadora, y recojo mis cosas del escritorio. Es viernes, hora de comenzar el fin de semana, y no puedo esperar para pasarlo con Mia. Salir con ella es una experiencia para la que no estaba completamente preparado. Es divertida, fresca y despreocupada. Nada como las mujeres estiradas y llenas de botox con las que he estado desde que me mudé a Los Ángeles. Hemos salido de forma casual por las últimas dos semanas. Fuimos al ballet, hicimos un viaje a una bodega de vino reconocida mundialmente y asistimos a la primera presentación de una colección de joyas de un diseñador, en la que Mia realmente bostezó. Es hora de cambiar mi juego. Esta es Mia. Mi Mia. Y esta noche he conseguido algo perfectamente planeado. O al menos espero hacerlo. Sonriendo para mí mismo mientras me acerco al elevador, les digo adiós a algunos de los empleados dedicados que aún están aquí después de las cinco un viernes. Hubo un sondeo en la oficina sobre mi reciente trasformación. Aparentemente luzco más descansado, sonrío más a menudo, y parezco más feliz. Mierda, incluso un alma valiente preguntó si me había hecho algo en la cara, implicando que me hice una cirugía plástica. Pensaban que ignoraba los susurros y las conversaciones silenciosas que se daban tras las paredes de los cubículos. Pero no lo hacía. De hecho, estaba tan curioso sobre esa transformación como ellos. Al principio, asumieron que mi novia súper modelo de veintitrés años era la responsable de la sonrisa en mi cara. Pero entonces un día vieron a Mia trayéndome el almuerzo, un emparedado de carne de mi tienda preferida, y se dieron cuenta que ya no salía con Tatianna. No dije una palabra. En realidad pensé que todo era bastante gracioso. Además, no era su maldito asunto. Me sentía feliz y diez años más joven, y no era solo el sexo fantástico que estaba teniendo. Era porque Mia sacaba lo mejor de mí. Sonrío mientras paso cerca de una asistente administrativa habladora. Alzo una ceja, su mirada se aleja de la mía y comienza a


escribir rápidamente en su teclado. Tengo la sensación de que si miro de cerca, todo aquello serían palabras sin sentido. ―Buenas noches, señorita Corrigan ―digo. ―Buenas noches, señor ―chilla. Riéndome por lo bajo, presiono el botón del elevador que me llevará al estacionamiento subterráneo. Imaginándome cómo irán los eventos de la noche, no puedo evitar de nuevo la sonrisa de satisfacción que se desenrosca de mi boca. Mia va a estar fuera de sí cuando vea lo que he planeado. También es la noche en la que le diré que quiero que se mude oficialmente conmigo, que no se quede en una habitación de huéspedes con sus cosas guardadas en una maleta que podría remolcar al momento de la noticia, sino que se traslade a mi habitación. Que comparta la casa conmigo. Estoy muy entusiasmado, y sé que si admito eso ante mis hermanos, me acusarían de que me creció una vagina. Pero las cosas bajo mis pantalones nunca han estado mejor. De hecho, me sentía de nuevo como un adolescente, endureciéndome con el mero pensamiento de Mia, sobre todo en momentos inoportunos, como en una reunión. Saco mi celular y le escribo. Tengo algo divertido planeado para esta noche. Vístete casual. Contesta justo mientras entro a mi auto. No puedo esperar para verte. Estoy saliendo del trabajo en este momento. Comenzó a trabajar en el departamento contable de una gran firma de abogados en el centro, y dice que lo ama. Mientras sea feliz. Mia me ha enseñado mucho, lo más importante es que la vida es demasiado malditamente corta para pasarla siendo infeliz. Después de que se quedara dormida anoche en mi cama, agarré los Archivps Gremlin y me senté con su viejo álbum de recortes en mi regazo, deteniéndome en cada fotografía, y en cada palabra garabateada. Las páginas estaban arrugadas, gastadas, y con su suave y femenina esencia aferrada a ellas. Había una imagen de Mia y yo, de hace años. Ella no tenía dos de sus dientes delanteros, pero le sonreía tanto como podía a la cámara. Yo la estaba observando. La mirada en mi cara era de pura diversión. Miré fijamente la foto por mucho tiempo. Me sentía otra vez un niño, como si hubiera recapturado una pieza especial de mi juventud. Un recuerdo en el que no había pensado en muchos años flotó en mi cabeza. Era mi fiesta de cumpleaños, la de los nueve, y después de que mi madre partiera el pastel, le pasé el pedazo más grande a Mia. Mi madre se inclinó y besó mi mejilla, y dijo―: Algún día vas a casarte con esa niña. ―Una emoción que no sentía en años subió por mi garganta, alojando un bulto allí. Cerré el libro y regresé a la cama con Mia,


curvando mi cuerpo alrededor del suyo, con un sentimiento que no podía describir por más que lo intentaba. Las crudas emociones por perder a mi madre estaban frescas en mi mente tanto como los sentimientos recientes por la mujer en mis brazos. Desperté con una sensación grandiosa de propósito y claridad que nunca antes había sentido.

―Solo dime a dónde vamos ―dice Mia, saltando en su asiento. La miro brevemente antes de volver a enfocarme en la carretera. ―Paciencia, pequeña. ―Doy palmaditas sobre su cabeza. Esta noche saqué mi jeep del estacionamiento, un vehículo que no manejaba en meses. El capote está abajo y el aire del océano salado sopla el cabello castaño de Mia mientras cruzamos la autopista de la Costa del Pacifico. Lleva puesto unos pantalones cortos, sandalias y una camiseta color durazno. Se ve linda y por lo menos diez años más joven que sus treinta. Tengo una gorra sobre mis ojos y voy vestido de forma parecida en pantalones cortos y camiseta. Se siente jodidamente bien no tener el traje y la corbata que uso todos los días. ―Casi llegamos ―digo, y entro a la zona del estacionamiento. Los ojos de Mia se iluminan cuando se da cuenta del lugar en el que estamos―. ¿Has estado antes en el Muelle de Santa Monica? ―pregunto. ―No ―dice, sus ojos se abren mientras asimila el paisaje. ―Ven, vas a amarlo. Salimos del auto, y tomo su mano, guiándola hacia el espectáculo y el sonido que aguarda. Los pasos vertiginosos en su caminar y la sonrisa que aún se mantiene me dicen que esta cita es mucho más su tipo de diversión. Mientras caminamos por la playa, el muelle se nota en la distancia, y sus ojos son atraídos por la rueda de la fortuna ubicada al final que da al agua azul por debajo. Vi una vieja fotografía de la atracción en una revista y la pegué en una página de su álbum de recortes. ―¿Vamos a subirnos? ―Señala la cima.


―Si quieres ―digo con mi tono neutral. No puedo hacerle saber lo estúpidamente excitado que esto me tiene―. Pero primero, pensé que tendríamos un picnic en la playa como cena. ―Muevo la mochila que cae de mi brazo. ―Es perfecto, Coll. ―Se para en la punta de sus pies y planta un beso en mi mejilla. Encontramos un lugar tranquilo, lejos de turistas y visitantes. De la mochila, saco una manta y una botella de vino. Mia se sienta y busca dentro de la maleta, sacando el resto de las cosas mientras abro el vino, encuentra dos copas plásticas, un paquete de galletas, un bloque de queso, fresas frescas, tajadas de jamón y galletas dulces. ―Esto es increíble. Eres el mejor novio del mundo. ―Tan pronto como lo dice coloca una mano sobre su boca―. Lo siento. ―No lo hagas. ¿Es lo que soy para ti? Asiente con lentitud. ―Yo… creo. ―Bien. Tú eres todo lo que quiero. ―Me inclino y beso sus labios. Sabe a vino y fresas. Es una combinación intoxicante, y quiero deleitarme con ella, olvidar la separación que hemos puesto ante nosotros. Siento su mano palmear mi mejilla y se aleja después de unos minutos. ―Es mejor que nos comportemos. ―Sus ojos se desvían hacia una pequeña familia con niños que se encuentra en la playa un poco retirada. ―Bien ―me quejo. Se ríe de mí y coloca otra fresa en su boca. ―¿Te gusta más esta cita que ir a la apertura de una diseñador? ―pregunto. Se quita las sandalias y mete sus dedos de los pies en la cálida arena y me envía una mirada atrevida. ―¿Qué crees? Sonrío. ―Lo admitiré, quiero sorprenderte. Supongo que pude haber pensado muchas cosas. ―Tienes que dejar de pensar tanto con la cabeza. ―Colocando su mano sobre mi corazón, se acerca―. Todo lo que necesitas saber está justo aquí. ―Golpea mi pecho con suavidad. ―Estoy comenzando a entender eso ―digo. Escuchar a mi corazón está teniendo mucho más sentido.


Después de que terminamos nuestra comida y la botella de vino, nos dirigimos al muelle, sintiéndome feliz y ligeramente alegre. Las luces y los sonidos de ánimo de los juegos de la feria nos atraen. Vemos a un grupo de niños en un juego de baile por varios minutos antes de que Mia anuncie que quiere que gane para ella un animal gigante de peluche. Aceptando el desafío, camino hacia el juego del martillo, le pago al operador cinco dólares y recojo el pesado mazo. Lanzándole una sonrisa coqueta sobre mi hombro, lo levanto sobre mi cabeza y lo golpeo contra el blanco. Del juego emanan luces y sonidos, las sirenas silban y las campanas suenan. Meto a Mia entre mis brazos mientras el operador me entrega un tiquete para el premio que gané. ―Vamos por tu animal de peluche. ―Mi héroe. ―Toma mi mano y me jala hacia el mostrador en donde descubrimos que mi gran victoria no era suficiente para conseguirle el oso de peluche gigante que quería. El vendedor le entrega un cerdo en miniatura y ambos nos echamos a reír. ―El tamaño es un poco decepcionante ―dice, girando el pequeño animal de peluche sobre su mano. ―Esa es una frase que nunca he escuchado antes. ―Sonrío con suficiencia. Se da cuenta de ello y golpea mi hombro. ―Eres extremadamente engreído. Me encojo de hombros y sonrío. ―No es ser engreído si es la verdad. ―Vamos, niño travieso, me prometiste una vuelta en eso. ―Señala hacia la rueda de la fortuna sobre nuestras cabezas. ―Sí, señora. Vamos. ―Enlazo mis dedos con los suyos y la jalo hacia la rueda. Nos sentamos juntos, Mia grita y se acurruca contra mi cuerpo mientras comenzamos a subir. Cuando nos hallamos en la cima, la rueda para, y disfrutamos de la espectacular vista del sol hundiéndose en el océano. El momento es perfecto y se siente como si el tiempo se hubiera detenido. Amo cómo Mia puede volver cada día una aventura y cómo está totalmente dispuesta a comer de las cosas dulces de la feria y a animar a los pequeños en el juego de baile. Ella me hace feliz. Su perspectiva de la vida es simple y honesta. No es pretenciosa o falsa. Amo lo cálida y dulce que es. La brisa ligera levanta hebras de su cabello, y mientras flota alrededor de su rostro, coloco una mano en su cuello y guío su boca a la mía. Nos besamos profundamente, nuestras lenguas se mueven juntas, y miles de emociones hacen erupción dentro de mí. Una cosa se vuelve absolutamente clara, estoy enamorado


de Mia. Quizás lo he estado todo el tiempo, pero mi cabeza solo está descubriendo en este momento lo que mi corazón siempre supo. Mi pulso golpea en mis oídos al tiempo que la profundidad de este momento me sobrepasa. Mia suelta un pequeño gemido de placer, y me obligo a romper el beso. ―Gremlin… ―gruño. Abre sus ojos, perezosamente, y parpadea. ―Es hora de ir a casa. Puede escuchar el deseo en mi voz, y asiente dos veces. Cuando la rueda se detiene, la ayudo salir, y nos apuramos de regreso al jeep. La necesito como nunca he necesitado nada.

Mia mete sus manos en mi pelo y se levanta sobre los dedos de sus pies para besarme. Tomando con firmeza sus muñecas, las quito y las junto detrás de su espalda, haciendo que sus senos sobresalgan. ―Desvístete y espérame en la cama ―gruño. Gime, pero tan pronto como la suelto, hace lo que le dije, quitándose la ropa pieza por pieza mientras la observo. Hemos aprendido los gustos y las fantasías sexuales del otro. A ella le gusta cuando tomo el control. La hago esperar, girándome y yendo hacia el armario donde me quito la camiseta y la tiro a la canasta. Cuando salgo con mis pantalones cortos desabotonados, y los bajo por mis caderas, los ojos de Mia se abren. Se encuentra recostada sobre uno de sus lados en el centro de la cama, esperándome, como sabía que estaría. ―Hermosa ―susurro, acostándome a su lado y pasando la punta de mi dedo por su columna. Cuando llego a su trasero, se estremece y suspira―. Silencio ―la regaño―. Tengo el control, ¿recuerdas? Se retuerce en la cama, lista para más contacto, pero no se lo daré, no todavía de todas formas. ―Dime lo que quieres ―susurro y pongo mis labios en la base de su cuello. ―A ti ―respira.


―Tienes que hacerlo mejor que eso. ―Esto ―dice, empujando su trasero hacia atrás para frotarse contra mi polla erecta. La exuberante curva de su suave trasero presionando se siente increíble. Estaría contento con solo recostarme aquí y dejarla trabajar contra mí, pero sé que los dos queremos más. Levanto su pierna y la coloco sobre la mía, abriéndola a mí gusto. ―¿Ya estás húmeda para mí? ―pregunto. Nos tocamos en el jeep antes de volver a casa, frotándose en mi regazo. Ponerla en su asiento y abrocharle el cinturón fue una de las cosas más difíciles que he hecho. Quería tomarla duro y rápido, sin importarme nada que nos encontrábamos en el estacionamiento de un parque de diversiones. Afortunadamente, el sentido común ganó. Mia gime y se estira entre nosotros para acariciarme, tocando con la cabeza de mi polla su abertura así puedo sentir lo lista que está para mí. La caliente y placentera sensación me corta como un cuchillo. Joder. Suelto una maldición mientras usa su propia humedad para frotarme desde la base hasta la punta. Plantando un beso húmedo en su cuello, presiono mis caderas hacia adelante, estimulando su clítoris con la cabeza de mi polla. ―¿Estás lista para mí? ―Por favor ―llora. Acomodándome detrás, le doy todo lo que está pidiendo.


22 Traducido por Val_17 Corregido por Daniela Agrafojo

Apenas puedo creer que hayan pasado tres meses completos desde que sorprendí a Collins al aparecer en su puerta con casi todo lo que poseía. Es aún más difícil creer cómo han resultado las cosas desde entonces. Collins y yo compartimos la habitación principal. Lo hemos hecho por unos meses. Todavía se siente un poco extraño tener tanto espacio sólo para dormir, pero cuando se lo comenté a Collins, una sonrisa satisfecha apareció en su cara y gruñó que planeaba hacer mucho más que solo dormir conmigo en esta habitación. Definitivamente cumplió esa promesa. Los sábados, por lo general, pasamos el día juntos, sin embargo, hoy tiene algunas cosas que solucionar en el trabajo, así que no nos veremos hasta más tarde. Yazco en la cama, aun con la perezosa bruma de sábado por la mañana, cuando Collins sale del baño, bien afeitado, usando vaqueros y una camiseta. Se sienta a mi lado en la cama y se inclina, apartando un mechón de pelo de mi cara. ―Puedo levantarme y desayunar contigo ―digo y empiezo a sentarme, pero él me empuja hacia atrás. ―No. Quédate en la cama. Se me hace tarde de todos modos. Comeré en el camino. Lo siento, tengo que irme ―dice, besándome suavemente en los labios. ―Está bien. ―Sonrío, esperando alejar su preocupación―. Has trabajado duro en este negocio, y sé que significa mucho para ti. Además, todavía tenemos esta noche. ―Mia, eres demasiado buena para mí. Niego con la cabeza. ―Sólo lo suficientemente buena. Eso le saca una sonrisa.


―Te veré más tarde. ―Me roba un beso más antes de apresurarse por la puerta. Mientras lo observo irse, me doy cuenta de lo afortunada que soy por tenerlo. A pesar de que fuimos cercanos toda mi infancia, nuestra relación ahora está en un nivel completamente diferente. Conectamos mejor, emocional y físicamente, de lo que jamás soñé. Lo amo profundamente, y aunque no hemos dicho esas palabras aún, sé que ambos lo sentimos. Lo siento cuando me abraza y susurra promesas sobre cuidarme. Él lo siente cuando está de humor para hablar de su madre, y lo escucho con paciencia y sostengo su mano. Somos el uno para el otro en todas las maneras que importan. Abrazo su almohada contra mi pecho, y respiro su olor almizclado que aún persiste. Él es mi roca, mi salvador, y a veces, mi alivio cómico. Siempre ha visto algo en mí que nadie más ve. Empezando por el primer día que nos conocimos. Yo, en pantalones del año anterior que eran cinco centímetros demasiado cortos y una camiseta de segunda mano. Pero Collins no vio nada de eso. Vio a la chica que había debajo. Mi madre me dijo que tenía un corazón de oro, y aunque mi padre siempre me advirtió que eso no te llevaba muy lejos en la vida, Collins vio mi interior y amó todo de mí, lo cual me hizo sentir completa. Podía ser yo y no preocuparme de que todos mis compañeros tuvieran ropa de marca, y que mi familia apenas llegara a fin de mes. Nunca se me ocurrió que podría no estar a su altura, ya que para él, siempre lo estuve. Me estiro una vez más y me levanto de la cama. También tengo que prepararme. Kylie me pidió que fuera con ella y Sophie a hacerme manicura y pedicura. Aunque el embarazo de Sophie va bien en su mayor parte, al parecer sus emociones han estado un poco fuera de control. Sobre todo por el hecho de que se pone a llorar de vez en cuando. Jura que se encuentra bien, y que solo son las hormonas, pero Kylie pensó que sería bueno para las tres salir y pasar un día de chicas en el salón. Sólo para animarla. Collins ha estado tratando de mimarme desde hace meses, ofreciendo comprarme un día de spa. Seguía hablando de cómo pasé algunos momentos difíciles con la pérdida de mi trabajo. Pero no estoy cómoda con que gaste todo ese dinero en mí, incluso si puede permitírselo. Después de la ducha me dirijo a mi enorme armario nuevo. La primera vez que Collins me lo mostró no podía creerlo. ¡Hay un candelabro! La cosa es más grande que mi antiguo dormitorio en Connecticut, y demasiado grande para la pequeña maleta de ropa que traje aquí.


Incluso después de recibir el finiquito de mi último trabajo y comprar algo de ropa nueva para mi trabajo en el despacho de abogados, todavía uso solo un pequeño conjunto de cajones en una esquina, y una pequeña sección para colgar mis vestidos. Me pongo una camiseta sin mangas y unos pantalones cortos, me deslizo las sandalias, agarro mis llaves y el bolso y salgo para encontrarme con las chicas. Cuando llego al salón, ya se encuentran allí. ―Ahí estás ―dice Sophie, su voz es alta y emocionada, y me sonríe ampliamente. Sólo he estado en Los Ángeles por unos meses, pero me encanta lo cercana que me he vuelto con Sophie y Kylie. Les doy abrazos en señal de saludo, y el personal del spa nos prepara tres sillas cercanas para hacernos las pedicuras. Trato de que Sophie se siente en medio, pero quiere sentarse cerca de la ventana, así que termino entre ambas. Hundo mis pies en el agua caliente, y suspiro. Ha pasado un tiempo desde que he hecho algo tan excesivo. Estoy acostumbrada a tener que preocuparme por el alquiler, o el siguiente pago de los préstamos estudiantiles. Todavía tengo préstamos, pero con el sueldo en mi nuevo trabajo, el hecho de que ya no pago alquiler, y el dinero del finiquito que estoy ahorrando, finalmente tengo espacio para respirar financieramente. ―Esto es lo mejor ―dice Sophie mientras se recuesta en su silla. ―¿Cómo te está tratando el pequeño? ―pregunto con entusiasmo, señalando su estómago. Todavía no se le nota, pero hay un resplandor en ella que alude su embarazo. No puedo evitar emocionarme por ella. Sólo hablar de eso trae una sonrisa enérgica a mi cara. ―Oh, bien ―rueda los ojos como si no fuera gran cosa―. Casi me siento culpable porque no he estado enferma en las mañanas o algo así. ―Apuesto a que no puedes esperar para conocer al bebé ―digo. ―Estoy súper emocionada ―dice. Una pequeña lágrima se forma en su ojo. Un recordatorio de que sus hormonas están actuando―. Tal vez algún día, Collins y tú también puedan tener un bebé. Y si tienes uno pronto, podrían jugar juntos. ―Sorbe por la nariz, y otra lágrima cae por su mejilla, pero luego se ríe de sí misma, así que Kylie y yo nos reímos con ella. Sin embargo, me doy cuenta de lo mucho que la envidio. No puedo evitar preguntarme y esperar que algún día Collins y yo tengamos nuestra propia familia. La idea es suficiente para darme una oleada de alegría. Sé que Collins sería un padre genial. Mi corazón se calienta ante la imagen de él persiguiendo a


nuestro pequeño hijo o hija, resucitando al monstruo de las cosquillas sólo para ellos. Por supuesto, aún no hemos hablado de nuestro futuro, no quiero apresurarlo. Por ahora soy feliz simplemente estando con él. Y sé que él también está feliz. Mi teléfono suena y lo reviso para encontrar un mensaje de Collins. Te extraño, Gremlin. Sonrío y les muestro el mensaje a las chicas. ―Asombroso ―dice Kylie. ―No puede enviarte mensajes así ―dice Sophie―. O pasaré todo el maldito día llorando de felicidad. ―Lo siento ―digo. Le respondo el mensaje. También te extraño. No puedo esperar para verte. Vuelve al trabajo. Mientas más pronto termines, más pronto podemos… Kylie se inclina en su silla. ―Pace también quiere que tengamos uno pronto. Cuando lo conocí, nunca habría pensado que sería un hombre de niños, pero es tan malditamente bueno con Max, he tratado de hacerlo esperar hasta después de que nos casemos, pero tampoco quiero esperar. ―Lo sé ―digo―. Tal vez sea por estar cerca de ustedes dos, pero en serio siento que mis ovarios me gritan que tenga un bebé, y pronto. ―Siento que estoy admitiendo mucho, pero no me importa. De alguna manera, ya he comenzado a pensar en Sophie y Kylie como hermanas, así que hablar con ellas se siente correcto. ―Estoy segura de que tú turno llegará pronto ―dice Kylie. Levanta las cejas y sonríe con complicidad. Me rio. ―Eso espero, pero aún no hemos hablado sobre matrimonio. Los ojos de Sophie se amplían y casi salta de su silla. ―Pero quieres casarte con él, ¿verdad? ―Por supuesto ―respondo, sonrojándome. No digo que estoy esperando que algún día, tal vez en un futuro próximo, me lo proponga de nuevo. Ni siquiera tiene que ser romántico o cursi. Podría acurrucarme en su brazo y decirme que quiere que sea su esposa. Quiero ser paciente, porque sé que necesita tiempo para pensar las cosas. Collins no toma decisiones a la ligera. Es prudente y reflexivo.


Además, sólo he estado de regreso en su vida por unos meses. Y soy feliz de estar con él. Finalmente agrego―: Parecía necesitar algo de tiempo, así que no he sacado el tema de nuevo. Estoy esperando a que él lo haga. Sophie se relaja en su silla, pero me doy cuenta por primera vez de que su reacción es ligeramente melodramática. Me pregunto si sus hormonas le hacen eso. Después de las pedicuras, nos movemos a las estaciones de uñas para arreglar nuestras manos. Durante todo el asunto, la conversación parece centrarse en los niños y la familia. No estoy segura de quién guía la conversación, ya que parece fluir de manera natural, pero el tema me llena de esperanza y anhelo. No puedo dejar de recordar lo bueno que fue Collins con sus hermanos menores. Me invade un pensamiento feliz por nuestro futuro. Justo cuando terminamos de secar nuestras uñas, la puerta se abre y entra un hombre, sus brazos cargados con rosas rojas de tallo largo. ―Mia Monroe ―dice sobre su paquete. Sorprendida, miro a Kylie y a Sophie. Collins sabía que saldría con ellas hoy, pero nunca le dije a cuál salón íbamos a ir. Sophie se ve bastante culpable. Debió haberle dicho. Con dificultad, acepto el ramo de flores, buscando una tarjeta en el interior.

“He planeado algo especial para esta noche. Ve con Sophie a casa de Colton para prepararte. Te veré allí más tarde” —Collins

Levanto la vista hacia Sophie y noto que la culpa en su rostro ha crecido. ―¿Cuánto tiempo has sabido sobre esto? ―le pregunto. ―Me acojo a la quinta ―dice, riendo. Entrecierro mis ojos hacia ella. ―¿Sabes lo que ha planeado? ―Es una sorpresa. Y estoy embarazada, así que no te hagas ideas sobre tratar de torturarme para que te lo diga. ―Acuna su estómago con un brazo. Me rio. Nos despedimos de Kylie que tiene que recoger a Max de una cita para jugar, luego el repartidor me ayuda a cargar las rosas en mi auto y sigo a Sophie hacia la casa suya y de Colton.


Estacionamos en la calzada circular de en frente, entramos y subimos al segundo piso. Me lleva a una habitación de invitados y me hace sentarme en el vestidor. Mientras me acomodo no puedo evitar emocionarme al ver a Sophie darse prisa. Se lanza hacia el pequeño armario, sólo para salir con una botella de champán en una mano y un vestido de seda color lavanda en la otra. ―Ponte esto ―dice, colgando el vestido en la puerta del armario, luego vuelve su atención a la botella de champán. El vestido es hermoso. Es largo y fluido, pero el corte es simple. Paso mis dedos a lo largo de la tela. Es tan suave, y mi tono favorito de púrpura. Me quito la camiseta sin mangas y los pantalones cortos y me pongo el vestido, notando mientras subo la cremallera que se me ajusta como un guante. ―¿Cómo sabe mi talla de vestido? ―pregunto mientras avanzo hacia el espejo, admirando lo bien que abraza cada una de mis curvas. Sophie me entrega una copa de champán, y ve conmigo mi reflejo en el espejo. Una sola correa se envuelve alrededor de mi cuello, permitiendo un modesto escote en V. La espalda es baja, empezando casi desde mi cintura. ―Perfecto ―dice Sophie―. Es el vestido perfecto, Mia. Tiene razón. Me giro en el espejo, admirándome. ―¿Cómo lo supo? Hay un golpe en la puerta, y ella me guiña el ojo antes de apresurarse a abrirla. Sigo mirando mi reflejo en el espejo, todavía sorprendida de lo mucho que me gusta el vestido con la larga falda fluyendo. ―Puedes acomodarte aquí. ―La voz de Sophie gira mi atención hacia donde está, acompañada por dos mujeres que nunca he visto antes cargadas con maletas que parecen cajas de herramientas. ―¿Qué es esto? ―pregunto. Ahora sé que Collins se ha sobrepasado. ―Ellas son Nicole y Stella. Van a arreglar tu cabello y maquillaje para esta noche. Mi boca se abre. ―No lo creo ―digo―. Collins enloqueció. Sé cómo arreglar mi propio cabello y maquillaje. ―Complácelo esta noche. Dijo que quería consentirte esta vez. Simplemente deja que se salga con la suya ―dice Sophie. Sonrío. ―Supongo que no tengo otra opción. Lo que Collins quiere, lo consigue. ―Me siento con una rabieta exagerada ante el tocador. Sin embargo, es


difícil no sentarse con la espalda recta y sentir la oleada de emoción, dado que Collins puso todo este esfuerzo y atención en algo para mí. Tomo un sorbo de mi champán y observo mientras la estilista instala su equipo a mí alrededor. ―Bien, te veré en un rato ―dice Sophie desde la puerta. ―¿A dónde vas? ―pregunto. ―También tengo que prepararme. ―Sonríe y luego sale, cerrando la puerta detrás de ella.


23 Traducido por florbarbero Corregido por Gabbita

Estoy sentado en la biblioteca de Colton, tomando una copa con mis hermanos mientras pienso que debería estar con ansiedad. En cambio, parece que nuestra conversación me está dando un dolor de cabeza. Arremolino el licor en mi vaso, preguntándome si estoy cometiendo un error. Todo acerca de esto se ha sentido bien, pero sus reacciones están haciendo que me lo pregunte. —Así que has planeado una boda entera, ¿y ni siquiera le propusiste matrimonio? —pregunta Pace, riéndose de mí entre sus manos, como si esta fuera la cosa más malditamente divertida que haya escuchado alguna vez. Colton me mira fijamente, con los ojos abiertos, en una rara muestra de desconcierto, esperando que responda. Como si no hubiera estado aquí conmigo las últimas semanas, ayudándome a planificar toda la maldita cosa. —Básicamente —digo. Se lo pedí hace veinte años. Eso cuenta, ¿no? Arreglé una salida de ella con las chicas, en la planta baja tengo a los del catering y decoradores preparando la casa de Colton como lo hablamos. —Te has vuelto completamente loco, no es así —dijo Colton, saliendo de su silencio sepulcral. —Le di mi palabra cuando teníamos diez años. Solo estoy cumpliendo mi promesa —le digo. —¿Va a enloquecer? —pregunta Pace. —No sé. —No lo creo. Supongo que una parte de mí sabía desde el día en que apareció en mi pórtico, luciendo pequeña y asustada, que invitarla a entrar daría lugar a esto. Ella en un vestido de novia. Yo en un esmoquin. Mis hermanos a


mi lado—. Envíale un mensaje de texto a Sophie, pregúntale cómo van las cosas arriba —le digo a Colton. Colton mira su teléfono y ríe. —¿Qué? —pregunto, se me revuelve el estómago por los nervios por primera vez desde que planeé todo esto. —Sophie dice que la parte más difícil es que el embarazo la ha vuelto tan emocional, que sigue llorando, pero hasta el momento Mia no sospecha nada. Dice que Mia será una novia hermosa. No tengo ninguna respuesta, porque cuando me imagino a Mia en ese vestido de seda hecho a medida, mi boca se seca y se forma un nudo en mi garganta. Tomé la idea de los Archivos Gremlin. De alguna manera, sabía que tenía que casarse con ese vestido. Esa seda color lavanda es exactamente lo que se supone que usaría hoy en día, no un vestido blanco, sobrecargado y pomposo que no pueda quitarle más tarde. —Así que, ¿no estás nervioso en absoluto? —pregunta Pace. Hago un balance de cómo me siento. Nervioso no lo describe. Estoy emocionado. Y listo. —No —respondo. El teléfono de Colton suena y mira la pantalla. —Sophie dice Mia está lista. La seriedad del momento me golpea y lucho contra una oleada de emoción. Cubro algunos detalles de última hora con mis hermanos, discutiendo de los anillos con ellos cuando alguien llama a la puerta sorprendiéndonos. Colton contesta, y veo que es mi asistente. —Todos los invitados están aquí, sentados en la playa, señor —dice. —Es tiempo de irnos —dice Pace y me da una palmada en la espalda. —¿Estás listo para esto, hermano? —pregunta Colton. —Jodidamente sí —digo, sonriendo como un tonto enamorado.


24 Traducido por Jadasa Corregido por Laurita PI

La estilista peina mi cabello en un recogido con ondas, soltando varios rizos, que enmarcan mi rostro. Luego entrelaza violetas frescas, las cuales combinan a la perfección con el vestido. El artista de maquillaje se toma su tiempo, y cuando finalmente termina, me pongo de pie frente al espejo de cuerpo entero del guardarropa, conmocionada. El cabello, el vestido y mi cara, todo combina tan bien. Normalmente no soy de las que piensa tanto en cómo se ve, pero tengo que admitir que la mujer que veo regresándome la mirada, es hermosa. Como una señal, Sophie viene a recogerme tan pronto como mi cambio de imagen se encuentra terminado. En el instante en que entra en la habitación sé que algo ocurre. Usa un vestido de raso color púrpura oscuro, su cabello y maquillaje también han sido arreglados por profesionales. —Cita doble importante —digo. Asiente y sonríe a través de un rostro ligeramente sonrojado. —Vamos, los chicos nos esperan. Miro alrededor del cuarto dándome cuenta de que me falta algo. —No tengo zapatos que vayan con esto. Los ojos de Sophie se abren ampliamente y muerde su labio. —¿Qué número calzas? —Ocho —digo. —Seguro que no entrarás en los míos, siete. Está bien, puedes usar con lo que viniste. —Su voz se pierde mientras sus ojos localizan mis chanclas en la esquina de la habitación donde me las quité.


—No. Está bien —digo, y doy un paso hacia ellas—. Este vestido es lo bastante largo que nadie los verá. —Luego meto mis pies debajo del vestido y se lo muestro. Por un momento, Sophie lo considera, luego asiente. Engancha su brazo con el mío y me guía hacia la planta baja. Supongo que nos dirigiremos al frente para ser recogidas por los chicos, pero hace un giro brusco hacia la parte trasera de la casa. Siento a Sophie extrañamente silenciosa, y no me mira a los ojos. Cuando seca una lágrima de su mejilla, no sé qué pensar. La casa de Colton se encuentra en el océano, la playa literalmente es su patio trasero. Salimos a una vista increíble del Pacífico. Agua azul oscuro que destella por el sol. No tengo absolutamente ninguna idea de por qué Collins querría que saliera con este vestido para ir a correr por la arena, pero por lo menos sé por qué no había zapatos esperando por mí. Kylie nos encuentra al final de los escalones. Usa un vestido que combina con el de Sophie, y sostiene en sus brazos un enorme bulto de seda color lavanda. Mi piel hormiguea con relajada emoción, y me doy cuenta de que mi corazón revolotea como las alas de un colibrí. De alguna manera, mi cuerpo ha descubierto qué ocurre, pero no se molestó en contármelo. Mis piernas han olvidado cómo caminar, y Sophie tiene que ayudarme por el camino a la playa. Es ese momento mágico del día, justo antes del atardecer, y filas de sillas llenan la playa. Las sillas se hallan ocupadas por personas, todas mirando hacia Collins, que se encuentra de pie en un altar, flanqueado por sus hermanos. Cuando llegamos a un punto a varios metros del océano, mis pies se detienen de nuevo. —¿Qué es esto? —pregunto, aunque estoy bastante segura de que mi cerebro lento, por fin, lo ha descubierto. —Es tu boda —dice Sophie. Llora mientras que con Kylie trabajan para desenredar el gran bulto de tela que Kylie ha estado sosteniendo contra su pecho. Es, por supuesto, la cola de mi vestido. Mi vestido de novia. A medida que trabajan para sujetar la cola, me invade una ola de emoción. Cubro mi boca con las manos, incapaz de hablar. —No te olvides de respirar, cariño —dice Kylie. Es cuando me doy cuenta que con esta sorpresa, Collins literalmente me ha dejado sin aliento. Me las arreglo para tomar una respiración temblorosa mientras estoy de pie, mirando con intensidad por el pasillo a Collins cuyos ojos me han encontrado, devolviéndome la mirada. Se cambió la camiseta y los pantalones vaqueros de esta


mañana y ahora viste un esmoquin negro, el cual incluso desde esta distancia lo hace ver tan guapo que anhelo estar a solas con él. Sophie desliza un pedazo de papel en mi mano y mis dedos tiemblan a medida que lo abro y veo que es una nota de Collins.

Gremlin, Una parte de mí ha sabido todo el tiempo que eres la única con quien quería pasar el resto de la eternidad. Desde el primer día en que nos conocimos, he sabido que eres la única para mí. A los cinco años, lo sabía. A los diez años, cuando pensaba que todas las niñas eran repugnantes, lo sabía. Cada vez que sonríes, no puedo evitar sentirme feliz contigo. El sonido de tu risa es una canción que tiene el poder de levantar mi espíritu. Tu alma amable me ha guiado a través de tanto. El día en que te fuiste cuando éramos adolescentes, creí que mi vida se terminó, y por mucho tiempo, pareció que así era. Cuando viniste a caer de vuelta en mi mundo, sacudiste mucho las cosas, al principio no sabía qué pensar, pero ahora sé de qué se trataba. Me enseñaste a cómo vivir de nuevo. Lamento que al idiota que soy, le haya tomado treinta años averiguarlo. Pero todo este tiempo has tenido mi corazón, y tengo la esperanza de que hoy dirás que sí y aceptarás compartir tu vida conmigo. Te amo. Siempre lo he hecho, y siempre lo haré. Mi primera. Mi última. ¿Serás mía para siempre? Collins.

A mitad de camino a través de la lectura de la carta, mis ojos se empañado de lágrimas. —¿Estás bien? —pregunta Kylie. En un intento de procesar todo lo que ocurre, asiento sin comprender. —Bueno, porque es el momento. —Kylie aprieta mi mano antes de darse vuelta y caminar por el pasillo. Sophie me da un abrazo y luego se dirige hacia el altar, poco después seguida por Max quien lleva una pequeña almohada con los anillos. Miro hacia la multitud y veo a mis padres, e incluso Leila y su esposo se encuentran aquí. Otra ola de alegría me impacta cuando me doy cuenta de que también hizo esto. Los


trajo aquí solo para mí. Los ojos de mi mamá se posan en los míos, y su sonrisa es tan grande, que la siento profundo en mi interior. Han pasado tres meses desde que la vi, y me toma cada gramo de autocontrol que tengo que no se me escape una enorme sonrisa y la salude con efusividad. Cuando Max llega al frente, comienza la música suave, y la gente se pone de pie, girando hacia mí. Me doy cuenta de que es mi turno, y siento una ola de pánico. No puedo creer que en verdad vaya a casarme. Hoy. Me atraviesan emociones conflictivas. Esta mañana no tenía ni idea de que estaría de pie aquí, a punto de casarse. Un manojo de nervios recorre mi interior, y se me escapa otro suspiro tembloroso, rogando no desmayarme. Oh Dios, no sé si puedo hacer esto. Todos me observan, esperando ver qué voy a hacer. Levanto mi mirada, y cuando hallo la de Collins, la fuerza y el amor en su mirada me reconfortan, y mi cuerpo se relaja. Sé que esto es lo correcto. Mis pies descubren su propósito, me saco a patadas las chanclas y doy mi primer paso hacia el altar, disfrutando de la sensación de la arena caliente por el sol debajo de mis pies. Los ojos de la gente se posan sobre mí, pero soy incapaz de apartar mis ojos de él; el único hombre que siempre he amado. Cuando me encuentro con él en el altar, toma mis manos entre las suyas y se acerca. El sonido de las olas rompiéndose cerca, me hace notar que si hablamos en voz bastante baja, nuestros invitados no nos escucharían, y nos daría un momento de privacidad. —¿Esto está bien? —susurra, secando una lágrima de mi mejilla con su pulgar. —Es mejor de lo que podía haber imaginado. —Mi voz es calmada y un poco inestable, y mi visión, de nuevo, se nubla de lágrimas. Los ojos de Collins se llenan de preocupación. Sonrío a través de las lágrimas, e intento secarlas, pero no sirve de nada, así que me río. Ante eso, la cara de Collins se ilumina y sonríe. Y puedo ver por la mirada en sus ojos que en verdad me adora, y no hay otro lugar en el que él preferiría estar. Las palabras del oficiante son perfectas, y me sorprende escucharle contar nuestra historia, y la risa colectiva de los invitados cuando les cuenta que hemos estado comprometidos desde hace veinte años. Me las arreglo para controlar la mayoría de mis lágrimas a través de la ceremonia, por lo que cuando es el momento de besarnos, no soy un desastre total. Collins se inclina, tomándome entre sus brazos, y extiendo mis manos alrededor de su cuello. Presiona el beso más dulce contra mis labios. Es suave, lento, y lo prolonga, provocándome con


pequeños lametones. Su mano roza la piel desnuda de mi espalda y lo siento endurecerse contra mi estómago. De inmediato, me doy cuenta que aproximadamente cincuenta de nuestros amigos más cercanos nos observan. Ambos nos tensamos y luego comenzamos a reírnos medio besándonos, lo cual parece ayudar a su situación. Baja la mirada hacia mí a través de sus ojos caídos y gruñe—: Nos encargaremos de eso más tarde. —En una voz muy baja así solo yo puedo escuchar. Después de la boda, nos sacamos fotos cerca de las olas y luego nos unimos a nuestros invitados bajo una gran carpa blanca en la playa detrás de la casa de Colton. Collins ha pensado en todo. Hay un hermoso pastel de varios pisos con flores de color púrpura, una banda tocando jazz suave, y, lo mejor, todos nuestros amigos y familiares. Encuentro a Leila en la pista de baile, y me uno a ella. —Estoy tan contenta de que hayas venido. —La acerco para un abrazo. —Te ves muy feliz —dice, devolviéndome el abrazo—. Estoy contenta de que me hayas escuchado. No estoy segura de sí se refiere a su primer consejo borracho de que debería venir aquí, o después, cuando me animó a quedarme, pero me alegra haber escuchado a Leila, ambas veces, y me siento contenta de que tuviera razón. —Te lo dije, tenías razón —digo. Sonríe, sé que es algo que ha estado esperando escuchar desde que llegó aquí, pero su sonrisa también dice que se siente feliz por mí. Comienza una canción lenta, y Collins aparece a mi lado y me acerca hacia él. No tiene miedo de bailar. Al menos no conmigo. Lenta y sencillamente bailamos, mis brazos alrededor de su cuello y los suyos apoyados en mi cintura. Nuestros cuerpos se conocen el uno al otro, por lo que incluso si no sabemos la canción, nos balanceamos juntos a la perfección. Me siento bendecida por compartir el mejor día de mi vida con todos nuestros seres queridos. Y sé que soy una mujer muy afortunada porque el hombre de mis sueños armó todo esto para mí. Mientras bailamos, mi mano izquierda se apoya sobre su hombro y admiro la manera en que el anillo de diamantes en mi dedo atrapa la luz. —No puedo creer que planeaste todo esto —digo—. Y lo mantuviste en secreto. —Mis hermanos pensaban que estaba un poco loco planificando todo esto sin preguntar primero oficialmente.


—Fue una locura. —Presiono mis labios contra los suyos—. Pero de la mejor manera. —Te amo, Mia —dice, su voz extrañamente cargada de emoción. —También te amo. Siempre lo he hecho —admito. Durante toda la recepción, Collins no se aleja de mi lado. Sus ojos y manos se deslizan por todas las partes de mi vestido, y es obvio que su deseo de estar a solas conmigo compite con mi deseo de estar con él. Muy pronto, Collins anuncia que es el momento de irnos. Aunque he disfrutado de la fiesta con todos, no puedo esperar a tenerlo a solas y fuera de ese esmoquin sexy como el infierno. Nuestros invitados lanzan arroz cuando Collins me ayuda a subir en la limusina que nos espera. Se niega a decirme algo sobre nuestra luna de miel además de que tendremos una. También me asegura que mis vacaciones fueron aprobadas por mi jefe. La información le hace ganar otro beso de mi parte. En verdad, ha pensado en todo. Conforme nos acercamos a nuestro destino comienza a quedar claro que ya no puede ocultarme sus planes. Nos detenemos en el puerto deportivo y Collins me ayuda a salir, guiándome hacia su barco, El Gremlin. Al acercarnos al agua, noto algo y me detengo. —No tenemos ningún equipaje. No hice mis maletas — digo. Collins me conduce a lo largo del muelle. —¿Qué crees que Kylie realizaba mientras te arreglabas? Fue a nuestra casa y empacó todo lo de tu placard que faltaba. Aunque —Su voz se vuelve ronca y gruñe en mi oído—, planeo mantenerte desnuda la mayor parte de las próximas dos semanas. Al instante, mis bragas se humedecen y un pequeño jadeo escapa de mis labios. Collins se ríe y con poco esfuerzo me levanta, haciéndome chillar por la sorpresa. Me acuna en sus brazos y camina hacia la rampa del yate. —Collins — digo inquieta, cerrando los brazos con fuerza alrededor de su cuello. He abordado el barco muchas veces y sabía que la rampa era fuerte, pero me preocupa que al sostenerme, podríamos terminar siendo demasiado pesados arriba. Se detiene y sus ojos se encuentran con los míos. —Está bien, Gremlin. Te tengo. —La seguridad en su voz me recuerda que no tengo nada de qué preocuparme, porque Collins siempre me ha protegido. Nunca ha permitido que algo malo me sucediera, y nunca lo permitirá. Dejo escapar un suspiro relajado y continúa subiendo, dirigiéndose directamente a la cubierta inferior.


No se detiene hasta que llegamos a la suite principal con la puerta cerrada con llave detrás de nosotros. Aún así no me suelta, en seguida, me besa bajándome con suavidad al lado de la cama. Mientras me besa sus manos trazan un camino por la tela de seda lisa de mi vestido. Desabrocha la cremallera lateral y me ayuda a sacármelo, deslizando con cuidado el tirante por encima de mi cabeza, luego deja caer el vestido hasta el suelo. El vestido espalda abierta no me permitió usar un sostén, así que ahora estoy frente a él vistiendo bragas de encaje color púrpura y las chanclas de antes. Parece una extraña combinación para mí. Me río nerviosamente a medida que me saco mis tontos zapatos de playa. También se ríe mientras se saca su chaqueta y desabrocha sus gemelos. —La vida nunca será aburrida contigo. —Avanza un paso, permitiéndome ayudarle con los botones de su camisa. Siempre he pensado que hacer el amor en mi noche de bodas sería un asunto estresante. Con Collins no me siento para nada nerviosa, estoy llena de emoción, y mientras desabrochamos su camisa, ambos notamos nuestra intensa necesidad de estar desnudos, en los brazos del otro, trabajamos más rápido, por fin sacando su camisa y camiseta. Frente a su pecho desnudo, el calor y el deseo llenan mi cuerpo y se fusionan en mi interior. —Sácate las bragas —dice. Hago lo que me ordena, el calor y el deseo aumentan cuando me dice qué hacer. Estoy totalmente desnuda frente a él. Sus ojos asimilan mi cuerpo. Me alegra que recientemente me haya depilado, porque sé que le gusto desnuda. —Sube a la cama. —Su voz es ronca y baja. Descubro que el tono autoritario de su voz es suficiente para humedecerme. Me siento en la cama y me muevo hacia el centro, esperándolo. Sabe que la espera es una tortura para mí, y tiene el placer de burlarse de mí de esta manera. Sus ojos permanecen sobre mi cuerpo y sus manos con cuidado desabrochan su cinturón. Solo observarlo sacarse su ropa lentamente es suficiente para que junte mis piernas, presionándolas, necesitando la liberación. —¿Estás lista para mí? —Sí —digo. —Muéstramelo. Quiero mostrárselo, pero no estoy segura de qué es lo que quiere.


—Toca tus hermosos pechos para mí mientras me desnudo. Dame un espectáculo. Hago lo que dice, ahuecando mis pechos en cada mano, pellizcando mis pezones, los cuales ya están duros. Los estiro y provoco, y se siente tan bien que tengo que apretar mis piernas con más fuerza. —Abre los ojos —dice, su voz suena cerca. No me había dado cuenta de que los he cerrado, y cuando los abro, se encuentra desnudo, y acostado sobre la cama junto a mí. Sus ojos, todavía llenos de deseo, se encuentran con los míos. —Me encargaré desde aquí. —Sus manos acunan mis pechos, acariciándolos mientras se inclina, succionando un pezón a la vez. Arqueo la espalda mientras mi cuerpo es asaltado con más placer del que puede manejar. —¿Estás lista para mí? —pregunta. —Sí —jadeo. Desliza su mano por encima de mi hendidura. —Estás tan húmeda. —Sí, Collins. Te necesito. Por favor. Extiende mis piernas separándolas y se arrodilla entre ellas, frotando la punta contra mi carne húmeda. Gimo, agarro la cabecera con anticipación, y al principio, empuja lentamente. Me he acostumbrado a lo grande que es, pero todavía necesito un poco de tiempo para ser capaz de acomodarme a su tamaño. Se retira, entonces empuja más, mi cuerpo tomando más y más con cada embestida hasta que me llena, y tengo que tomarme un momento para recordarme respirar. —¿Estás bien? —pregunta, su mano ahueca mi mejilla. Después volver a respirar, asiento. Se inclina, me besa suavemente en los labios, luego con lentitud mueve sus caderas, y con cada embestida siento la tensión construyéndose en mi interior mientras se mueve más rápido. Descubro que necesito y puedo tomar más, y me alcanzo su ritmo. Bombea más y más rápido, quiero venirme, pero espero hasta que él esté listo para mí. Contenerse es una tortura, pero finalmente me libera. —Vente para mí, Mia —dice, y lo hago, en un momento increíble de felicidad pura, me aferro a él y me vengo. Continúa bombeando y se viene, abrazándome, llenándome, justo cuando mi éxtasis comienza a calmarse. Luego, me limpia, me acuna en sus brazos, y me sostiene cerca. —Mia, mi Gremlin, mi esposa. —Pasa sus manos a través de mi cabello, sacando los broches que lo han sostenido todo el día—. Señora Drake.


Levanto mi mirada hacia él y sonrió ante el orgullo que veo en sus ojos. —Collins, mi esposo. —Trazo una línea a lo largo de sus suaves abdominales. Se ríe y retuerce cuando me deslizo sobre la sección cosquillas. —¿Fue la boda todo que querías? Porque sé lo importante que es. O al menos parece que recuerdo creer que debía ser importante para ti. Después de todo, comenzaste a guardar revistas de bodas cuando tenías diez años —bromea. Muerdo mi labio inferior, y bajo mi mirada, avergonzada. Pero entonces respondo—: No podría haber sido más perfecta. ¿Cuánto tiempo has estado planeándola? —Por un tiempo —dice, como si no fuera gran cosa. Esta mañana parecía como el mismo de hace unas semanas, cuando se levantó temprano y se preparó para ir a “trabajar”. Debe haber estado preparándolo todo el día para que se encuentre listo. —¿Cómo resultó tu acuerdo de negocios? —¿El acuerdo de negocios? —En el que has estado trabajando tanto en las últimas semanas. —Sonrío juguetonamente. Sus labios se amplían en una sonrisa. —Hasta aquí, bien. No, tacha eso. Es perfecto.


Epílogo Traducido por florbarbero Corregido por Alessandra Wilde

Seis meses después Pace está en la piscina con Max, y Colton se encuentra en la parrilla, cocinando suculentos trozos de camarones y filetes, pero sus ojos se mantienen vagando por su mujer muy embarazada. Reacio a dejar el lado a Mia, he estado rondando cerca de las sillas donde las mujeres están tomando el sol, de vez en cuando yendo a buscar bebidas, protector solar y alimentos para sus crecientes vientres. —Todavía no puedo creer que todas estemos embarazadas al mismo tiempo —dice Mia, colocando su mano sobre su firme vientre redondo. Se ve hermosa, llena con mi hijo, brillante y preciosa. Tuvimos que cambiar nuestra tradición de navegar los fines de semana ya que los estómagos mareados de Kylie y Sophie no lo toleraban. La piscina de Colton ha sido bien utilizada este verano. —No puedo creer que todas somos lo suficientemente valientes como para estar usando trajes de baño durante el embarazo —su burla Kylie—. Por otra parte, Pace no se ha quejado del material extra en mi trasero, dice que es una ventaja añadida. Mentalmente archivo eso en la sección de información que no necesitaba saber sobre los fetiches de mi hermano pequeño. Pero, maldita sea es correcto. Esa es la jodida verdad. Sophie se mueve, intentando conseguir ponerse más cómoda y suspira. — Bueno, mis días bikini se han terminado a partir de hoy, mi corpiño está a punto de estallar, estoy bastante segura. Y me niego a comprar una talla más grande. Cada vez que Sophie tiene que hacer pipí, que es aproximadamente cada quince minutos, Colton deja de hacer lo que está haciendo y la levanta, y ella


rápidamente se contonea al interior para aliviar su sobre-utilizada vejiga. En realidad es bastante adorable, pero cuando le dije eso, me lanzó una mirada de muerte, así que ahora mantengo mi boca cerrada. Mia y Kylie están de cuatro meses, pero Sophie está por dar a luz en cualquier momento. Ella y Colton tendrán una niña, que planean nombrarla Becca Grace en honor de la hermana de Sophie. Creo que es un homenaje conmovedor. Mia y yo hablamos de nombres todos los días, enviándonos mensaje de texto cuando estoy en el trabajo, pero hasta el momento, no estamos seguros. Supongo que una vez nos enteramos qué vamos tener, tendremos las cosas más claras. No quisimos perder tiempo para comenzar nuestra familia. Ambos estamos en los treinta, y queremos tener varios niños, así que Mia abandonó su control de la natalidad, y un par de meses más tarde, estábamos esperando. Las mujeres han pasado la mayor parte de esta mañana hablando de sus problemas de embarazo, un tema al que me he acostumbrado en los últimos meses, pero cuando la conversación a mi alrededor se desplaza hacia el sexo durante el embarazo, Mia se vuelve roja como una remolacha, y tengo que excusarme. Solo hay una determinada cantidad de charla de chicas que puedo tomar. Volveré a ver cómo están, pero necesito una dosis de testosterona antes de que pierda la tarjeta de hombre. Me dirijo hacia Colton y a los olores apetitosos que emanan de la parrilla. — ¿Cómo están? —pregunta cuando me acerco. —Bien. Pero un hombre solo puede tener una determinada cantidad de charla sobre los antojos de alimentos, pezones sensibles y los mejores métodos para la lactancia. —Me estremezco. Las cejas de Colton se disparan, pero antes de que pueda responder, su carcajada nos interrumpe. —¿De qué están hablando ahora? —Sexo —le digo categóricamente. Pace se acerca sosteniendo a Max. Ambos están envueltos en toallas de playa. —¿Qué es tan gracioso allí? —Señala con su cabeza en dirección a nuestras mujeres. —Al parecer, el sexo en el embarazo —comenta Colton. Pace frunce el ceño y mira a Kylie—: Tengo sentimientos encontrados acerca de todo el asunto. —¿Qué quieres decir? —pregunto. Dios sabe que no he sido capaz de mantener las manos fuera de Mia. Entre sus pechos hinchados, sus caderas


redondas, y su aumento del deseo sexual, hemos pasado todos los sábados en la cama. —Amigo. No quiero golpear a mi bebé en la cabeza —admite. Con Colton compartimos una mirada divertida y, a continuación, estallamos en un ataque de risa. Colton saca uno de los camarones de la parrilla y lo sopla hasta que se enfría, y luego se lo ofrece a Max. —Aquí tienes, amigo. Max balbucea algo a Colton, luego mordisquea su camarón antes de caminar dando tumbos hacia su mamá. Con Max entre las mujeres, Colton golpea a Pace en la parte posterior de la cabeza. —No seas idiota, hermano. El bebé está muy lejos dentro del útero. —Tiene razón —le digo—. No hay manera de que tu minúsculo pene dañe al bebé. Pace gruñe en disgusto. —Minúsculo mi culo. Entren a la casa de la piscina chicos, y les mostraré cómo luce un hombre de verdad. —No, gracias —dice Colton, rodando los ojos—. Mi punto es que tu mujer tiene necesidades. Necesidades que estarías satisfaciendo si no fueras un coño — culmina Colton y vuelve a la parrilla. —Las hormonas del embarazo aumentan la libido —dice Colton. —Exacto —confirmo, asintiendo mientras Colton y yo compartimos un choque de puños. Al parecer, Mia y yo no somos los únicos follando como conejos en estos días. Es bueno saberlo. —El almuerzo está casi listo, ¿quieren reunir a las mujeres y al niño? — pregunta Colton. Cruzando el patio de piedra juntos, Pace recoge a Max, mientras me ofrezco para ayudar a Sophie a ponerse de pie. —¿Lista? —le pregunto. Ella asiente y extiende sus manos hacia mí. —Gracias, Coll. —En cualquier momento. —Espero mientras Mia se levanta sobre sus pies y se coloca su vestido de verano—. ¿Lista para el almuerzo? —pregunto, antes de presionar un beso en sus labios. —Absolutamente. Huele increíble. Cuando estamos sentados en la mesa de comedor al aire libre que Colton ha diseñado para dar cabida a múltiples sillas altas, chocamos las copas, brindando por la familia, la salud y los partos seguros de los tres bebés.


—Así que, ¿papá volará a la ciudad pronto? —pregunto, después de tragar un bocado de carne. Ha estado aquí varias veces en los últimos meses, conociendo a Kylie y a su primer nieto después de que ella y Pace se comprometieron, otra vez para mi boda, y luego para la boda de Pace, que sucedió unas semanas más tarde. —Sí, vuela aquí el martes —dice Colton. Sophie pone su mano en la parte superior de su vientre. —Espero hacerlo bien. Todos le sonreímos amablemente, y Colton besa la parte superior de su cabeza. Ha estado convencida de que entró en parto tres veces hasta ahora. —Estarás bien —la anima Kylie—. Una vez que consigas las drogas —dice con un guiño. Veo a Mia cortar la comida en pequeños bocados. —¿Estás comiendo suficiente? —pregunto, dándole de comer un bocado de mi plato. —Estoy comiendo un montón. —Me sonríe. Le beso la mano y le doy a nuestro bebé una suave palmada. Mis hermanos están acostumbrados a verme comportarme todo blando ahora, y rara vez se quejan. Mierda, ellos están en el mismo barco. Es una locura que lo que comenzó como tres hermanos cuya idea de las relaciones era una aventura de una noche sin compromisos y sin expectativas ha crecido hasta convertirse en lo que pronto será una familia de diez. Es un poco sorprendente cuando se piensa en ello. La vida no puede ser un cuento de hadas, existen baches y desvíos en el camino, pero sé que Mia es mi felices para siempre. Es mi para siempre.


Sobre el autor Kendall Ryan es la autora de las novelas románticas eróticas bestselling Unravel me y Make me yours. Es adicta a la lectura y escribe novelas románticas llenas de tensión angustiosa, besos y machos alfa. Vive en Minnesota con un marido adorable y dos cachorros traviesos, uno de los cuales puede ser parte mono. Está trabajando duro en su próxima novela, Resisting her, que saldrá a la venta en de 2013. Puedes encontrar en línea a Kendall en: www.KendallRyanBooks.com o en Twitter como @KendallRyan1.

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