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Juan Llamas

El Caballo Español Recopilación de artículos publicados en 

ExtremaduraPRE

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El Caballo Español Recopilación de artículos publicados en 

ExtremaduraPRE


Este libro recoge la serie de artículos extraídos del libro de Juan Llamas Perdigó Este es el caballo español que bajo el título “El caballo español” han sido publicados en ExtremaduraPRE, la revista de la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española desde el número 11 al 23, entre abril de 2012 y abril de 2016.

© Juan Llamas Perdigó © Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española, para esta edición. © Ilustraciones: Juan Llamas Perdigó Fotografías cedidas por ganaderos de la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española.

Edita: Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española Mercado Regional de Ganados Ctra. Madrid-Lisboa, 10200 TRUJILLO (Cáceres - España) Tel. y Fax +34 927 322 729. Móvil +34 625 196 534 asociacion@extremadurapre.com www.extremadurapre.com www.facebook.com/aeccpre I.S.B.N.: 978-84-697-7137-2 Depósito Legal: CC-348-2017 Maquetación e impresión: Control P.  927 233 223. estudio@control-p.eu

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.


Juan Llamas

El Caballo Español Recopilación de artículos publicados en 

Cáceres · 2017

ExtremaduraPRE


Presentación

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levo casi una década recibiendo y leyendo con mucho interés la revista ExtremaduraPRE que con tanto cariño Carmen Pinilla, sus distintas Juntas Directivas y colaboradores de AECCPRE van sacando a la calle para deleite de los aficionados al caballo de Extremadura y más allá de nuestros límites territoriales donde también llega y se aprecia. No hay número que me falte pues por encargo de la Presidenta me llega un lote para difundirlo entre los aficionados al caballo de la Asociación a la que pertenezco en mi pueblo, Villafranca de los Barros. Es verdad que a veces bromeamos con cada número de la revista por ese carácter de “El Hola del PRE de Extremadura” que tiene. Los reportajes fotográficos de todos los actos, concursos, asambleas y festejos son excelentes y permiten mantener para la posteridad unos agradables recuerdos que a medida que pasen los años se harán más entrañables y apreciados. Pero lo cierto es, que aun manteniendo ese perfil festivo y desenfadado, la revista ExtremaduraPRE ofrece una información seria, técnica y rigurosa sobre ejemplares, ganaderos, normativas, historia, información básica para los criadores, problemas veterinarios… Los artículos que revista a revista han ido apareciendo sobre las características morfológicas del Pura Raza Español firmados por Juan Llamas Perdigó, los he considerado siempre como una joya de la revista. El profundo conocimiento que demuestra el autor sobre esta bella raza de caballos, la amenidad y sencillez del lenguaje, las magníficas fotografías, los adornos poéticos… Han sido siempre para mí de lectura obligada y agradecida. El repaso por las distintas partes de

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la anatomía del caballo PRE, la puesta en valor de las virtudes en cada zona y el señalamiento de los defectos, es seguro que han ayudado a los criadores extremeños en la toma de decisiones en sus ganaderías para mejorar sus animales. Hace ya algunos meses, recomendé a Carmen que recopilara en una revista o libro, los distintos fascículos con los que Juan Llamas nos había ido obsequiando en decenas de revistas. Hoy gracias a las posibilidades que se brindan para la promoción de razas es posible encontrarnos con este interesantísimo libro, que bien seguro va a ser muy apreciado entre los ganaderos, jueces y aficionados. Desde la Junta de Extremadura estaremos siempre apoyando al sector, en todas las materias que nos conciernen y que repercuten sobre el mismo como la formación, sanidad animal, genética, alimentación, comercio, promoción… y confiamos que el Plan Estratégico del Sector Equino que recientemente hemos puesto en marcha sea un motor para el desarrollo del mismo. Enhorabuena a todos los que os habéis esforzado para que salga a la luz y a seguir trabajando por la difusión de esta magnífica raza de caballos que tenemos la suerte de disfrutar en Extremadura. Mérida a 10 de octubre de 2017 Antonio Cabezas García Director General de Agricultura y Ganadería

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Prólogo

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on ilusión y esperanza en un futuro prometedor para las ganaderías de Pura Raza Española que pastan en nuestra querida Extremadura, me atrevo a prologar este libro que recopila los artículos de D. Juan Llamas Perdigó sobre el Caballo Español, que se han venido publicando entre los números 11 y 23 de ExtremaduraPRE, la revista del la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española; publicación que tuvo sus comienzos en 2008 casi como un pequeño boletín en el que recoger actividades, noticias y algunos artículos de interés ganadero, pero con grandes aspiraciones que el paso del tiempo, con la edición de sucesivos ejemplares, ha venido a constatar. Sin duda, la generosidad de tan ilustre autor con la revista, no solo ha llenado páginas de sabiduría, pasión y conocimiento, sino que indudablemente sus escritos y comentarios han contribuido a poner en valor la publicación de la Asociación como depositaria de este tesoro compartido. Muchas gracias, querido Juan, por tu inestimable colaboración con este nuevo proyecto, que viene a completar una aspiración largamente soñada. En esta tierra, en relación a nuestro sector ganadero, nos sentimos arropados por las Instituciones de la Junta de Extremadura, en particular por la Consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio, a través de la Dirección General de Agricultura y Ganadería, siempre puntualmente informada de inquietudes y proyectos. Esta implicación del Director General, D. Antonio Cabezas, apoyando las iniciativas de la Asociación, trasciende las meras responsabilidades institucionales y bien podríamos decir que, a lo largo de los años, se ha convertido en buen amigo de numerosos ganaderos y profesionales del sector, dada su continua presencia en las diferentes convocatorias. Por tanto, expreso el más sincero agradecimiento por este continuado apoyo, así como nuestro compromiso de trabajo para la promoción de Extremadura a través de las ganaderías inscritas en la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española. Mª del Carmen Pinilla Crespo Presidente de AECCPRE

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Introducción

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ace casi treinta años que vio la luz Este es el caballo español. Tenía en contra multitud de ganaderos que criaban caballos alejados de la raza, pero el tiempo ha ido dándome la razón, y sé que ahora ya he ganado la partida. Nada tengo que rectificar. Tan solo comprobar que el caballo español se acerca cada día más al ideal con el que siempre soñé. Ahora la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española, de la mano de Carmen Pinilla, su presidenta, reedita en este libro todos los capítulos que definen cómo debe ser nuestro caballo. Aprende cómo es. Míralo. Moviéndose como solo él sabe hacerlo será el centro de todas las miradas y cualquiera que tenga la suerte de subirse a sus lomos se sentirá en el Cielo sin dejar la Tierra. Juan Llamas

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Índice

PRESENTACIÓN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6 PRÓLOGO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

EL CABALLO ESPAÑOL LA CABEZA DEL CABALLO ESPAÑOL . . . . . . . . . . . . . . . . 14

ExtremaduraPRE nº 11, abril de 2012

EL CUELLO Y LA CRUZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23

ExtremaduraPRE nº 12, agosto de 2012

LA ESPALDA. EL ENCUENTRO Y EL BRAZO . . . . . . . . . . . 31 ExtremaduraPRE nº 13, diciembre de 2012

LAS MANOS ( I ). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35 ExtremaduraPRE nº 14, abril de 2013

LAS MANOS ( II ) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 ExtremaduraPRE nº 15, agosto de 2013

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EL CASCO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48 ExtremaduraPRE nº 16, diciembre de 2013

EL TRONCO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54 ExtremaduraPRE nº 17, abril de 2014

LA GRUPA, EL ANCA Y LA COLA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64 ExtremaduraPRE nº 18, agosto de 2014

LOS PIES. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71 ExtremaduraPRE nº 19, diciembre de 2014

LAS CAPAS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80 ExtremaduraPRE nº 20, abril de 2015

LOS BLANCOS Y OTRAS MARCAS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95 ExtremaduraPRE nº 21, agosto de 2015

LOS REMOLINOS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103 ExtremaduraPRE nº 22, diciembre de 2015

EPÍLOGO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108

ExtremaduraPRE nº 23, abril de 2016

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“Debe examinarse empezando por la cabeza y seguir examinando el cuello, tronco y remos, porque de no hacerlo así, todo es mirar el caballo por una y otra parte sin fijarse en nada.”  (Benito Torres)

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a cabeza actúa como un contrapeso que ayuda al caballo a conseguir el equilibrio deseado en sus evoluciones. Debe tener un volumen y un peso acorde con el cuello y el resto del cuerpo. Ni una cabeza pesada unida a un largo y fino cuello, ni una cabeza pequeña insertada en un cuello corto y grueso cumplirían su objetivo.

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La cabeza, el carácter de mayor fijeza hereditaria, es la parte del esqueleto más conservadora y la más característica expresión del tipo.

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En la utilización del caballo por el hombre, los criterios de selección, en función de las necesidades requeridas, han logrado modelar diferentes formas y tamaños de cabezas. En los caballos de tracción lenta se buscó una cabeza pesada para que, junto a un cuello voluminoso y largo, trasladara el centro de gravedad hacia adelante. En los caballos de silla, cuya cabeza ha de contribuir al mejor equilibrio posible en todas sus evoluciones, ésta ha de tener la medida y la conformación más adecuadas para poder realizar con la mayor facilidad posible

LA CABEZA DEL CABALLO ESPAÑOL Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 11, abril de 2012, pp. 34-42.

los movimientos exigidos por su jinete. Más bien pequeña en las razas de velocidad. Nunca pequeña en otras en las que se busca un equilibrio inestable. En cuanto al perfil frontal del Caballo Español, no es cuestión de citar un interminable rosario de opiniones sobre ello, pero no quiero dejar de citar algunas: Pedro Pablo Pomar, un gran especialista del siglo XVIII, prefería, en su “Memoria en que se trata de los caballos de España”, de 1784, la cabeza “algo grande y ligeramente acarnerada”, a la que hoy día llamaríamos subconvexa. En el siglo XIX, Cubillo, en su “Tratado de Hipología”, excluyó las cabezas “exageradamente acarneradas o demasiadamente pequeñas”, y José María Giles, en su “Manual del Remontista”, de 1842, quería la cabeza “ni muy corta ni muy larga, su volumen regular, la piel delgada y el pelo fino y sentado”. Vamos a examinar con algún detalle las distintas partes de la cabeza de nuestro caballo. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


LA NUCA La nuca, bastante ancha, sin exageración, ha de permitir tal separación de las orejas que su longitud coincida con la distancia existente entre dos líneas verticales que partieran las orejas por la mitad. La tradición española quiere para la nuca del Caballo Español lo mismo que se pide a cualquier caballo de silla: que sea Prominente –para facilitar la función del ligamento cervical y de los músculos extensores del cuello– y, como decía Benito Torres en su “Hipología Militar” de 1887, “redondeada en su parte posterior, para evitar rozaduras y contusiones producidas por la testera de la cabezada”.

LAS OREJAS Las orejas nos van a dar siempre un signo interesante de caracterización racial, y deberemos estar en guardia a la vista de unas orejas demasiado próximas, demasiado flexibles, demasiado anchas y cortas o demasiado largas y finas, y hasta de las que terminan mirándose, es decir, con las puntas curvadas hacia adentro. No olvidaremos que las yeguas suelen tener las orejas algo más largas, delgadas y cercanas entre sí.

como la del árabe, que puede darnos la impresión de estar tocando un trozo de cuero. En caballos de ascendencia cartujana aparecen a veces en las orejas –en una o en ambas– unas excrecencias en su borde exterior, que recuerdan a unos pendientes o zarcillos. Nuestros autores antiguos hacían hincapié en la movilidad de las orejas del Caballo Español, superior a otras razas. El marqués de Arellano, en el siglo XVIII, decía de ellas: “Ni muy grandes ni muy pequeñas, pero sí secas y muy firmes. Hacen ver si tiene o no espíritu el caballo, pues al menor ruido lleva adelante o atrás una u otra oreja; si no tiene espíritu las baja o deja detrás”. Una cabeza magnífica, con el hueso nasal estrecho

Su contorno exterior es, desde su arranque hasta la punta, de una curvatura perfecta. Su contorno interior es igual, aunque cerca de la punta presenta una escotadura pronunciada. La terminación no es nunca puntiaguda, sino roma, como si estuviera limada. Al tacto no es tan gruesa ni afelpada como la de un caballo de raza pesada, ni tan delgada y rígida Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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En la especie equina podemos observar cómo los caballos del Norte poseen unas orejas fuertes, cortas, anchas y peludas, mientras que el árabe, propio de climas calientes, las tiene más largas, finas, aguzadas y desprovistas de pelos largos. El Caballo Español, procedente de un hábitat templado, tiene unas orejas con una conformación equidistante de los dos extremos mencionados. Son algo anchas en su base, de un largo mediano, con cierta consistencia, y bastante separadas como consecuencia de una nuca más bien ancha. La distancia entre el centro de la base de las orejas viene a ser igual que su longitud.

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Una buena cabeza

Cuando el Caballo Español está domado y ha adquirido ya la confianza en su jinete, se la demuestra en la forma que explicaba Guillermo Sampedro: “Cuando el caballo marcha bien colocado, debe llevar las puntas de las orejas inclinadas hacia adelante y hacer con ellas poco movimiento, y es cuando se dice que tiene buena vela; lo que da un aire majestuoso y agracia mucho a nuestros caballos”.

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EL TUPÉ

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Entre las orejas nace el tupé –llamado también melena–, constituído por un mechón de pelos largos, con una implantación que, partiendo de entre las orejas, se va estrechando hacia abajo en forma de cuña hasta terminar a la altura de la base de las mismas. En el español es abundante y largo, proporcionando una buena protección contra posibles insolaciones o una luz demasiado viva. Con su vaivén, cuando el caballo anda o mueve la cabeza, espanta las moscas. Quizá el mosquero, conjunto de finas tiras de cuero que penden de la fronta-

lera, empezó a utilizarse cuando, copiando a franceses e ingleses en nuestra guerra de la independencia, se le cortó el tupé a nuestro caballo, dejándolo indefenso ante los millones de moscas que pueblan nuestro suelo en el verano.

LOS CUERNOS En algunos caballos de procedencia cartujana aparecen en la cabeza protuberancias de consistencia cartilaginosa. Suelen aparecer en las orejas, en su borde exterior, y raramente en forma de dos pequeñas prominencias en la frente, a modo de cuernos incipientes. Lo más frecuente es un solo “cuerno”, del diámetro de un centímetro, en el extremo del tupé.

LA FRENTE Para todos los caballos se ha pedido siempre una frente espaciosa, señal de su desarrollo cerebral. La frente ha de ser también larga, que permita la implantación de un ojo muy distanciado de la oreja. En cuanto a su perfil subconvexo, lo es también transversalmente. No hay más que poner horizontalmente la mano sobre

A veces llega a tener una longitud considerable; se ha descrito el caso de un caballo que tuvo un “cuerno” de unos diez centímetros, en forma parecida a un rabo de cerdo. Las buenas orejas ”miran” adelante Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Nuestros autores apenas han prestado atención a las cuencas de los ojos, y la opinión general puede resumirse en las palabras de Giles: “No deben ser ni muy salientes ni demasiado profundas, pues en ambos casos quitan la hermosura al animal (...)”. Es normal que a medida que el caballo tenga más edad se vayan haciendo más acusadas las cuencas.

LOS OJOS El globo ocular ocupa el hueco que le permite la órbita. Puede afirmarse que la órbita del árabe es circular y la del español ovalada.

Excelente ojo triangular

El párpado superior es el que cierra y abre el ojo, limpiándolo, lubricándolo y proporcionándole la humedad necesaria. Es más grande y grueso que el inferior, sin apenas movilidad y que sólo trabaja cuando el caballo quiere dejar su ojo cerrado, ejerciendo una presión adicional en la unión de los dos párpados. El tercer párpado o membrana nictitante se despliega lateralmente con unos movimientos muy rápidos, para quedar replegado en el rincón lacrimal. Las pestañas son más abundantes en la zona central de los párpados, sobre todo en el superior donde, además de ser más largas, están dispuestas en cuatro Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

filas que se cruzan sin entrelazarse. Las del párpado inferior son escasas y más finas. Nuestros clásicos querían los ojos bien distanciados de las orejas, lo que para ellos significaba, además de una mejor estética, una mayor capacidad craneal, signo de mayor inteligencia. Y debieron intuir que cuanto más adelanEl ojo es expresivo, pero poco racial tados estén –a los lados de la frente– mayor sería la capacidad de visión binocular. Y los querían a flor de cara, no hundidos, con objeto de que pudieran abarcar, hacia los lados y hacia atrás, un mayor ángulo de visión. Nuestros antepasados quisieron unos buenos ojos para un animal al que tanto tuvieron que exigir. Por eso buscaron unas pestañas “largas y pobladas” que estorbaran el paso del polvo y la tierra de un suelo tantos meses del año reseco. Evitaron los ojos “saltones” o “de buey”, posible indicio de miopía o de sangre árabe. Tampoco quisieron los ojos “de cochino”, pequeños, oblicuos, aplanados, situados atrás, con párpados delgados y un área menor de visión, coincidentes muchas veces con un mal temperamento. Evitaron también el ojo “fiero” o “traidor”, el ojo que “descubre una parte del blanco”, y que según Giles “aunque no es defecto esencial, quita a la cara su gracia y hermosura”. Pusieron también atención en el color de los ojos, y no querían los de color marrón claro, ni los “zarcos” (azules), y menos aún los de color cereza, signo de una total despigmentación, todos ellos con poca capacidad de absorción de luz, en un clima donde el sol brilla demasiado. La mejor definición del ojo del Caballo Español, sin duda, la escribió el marqués de Arellano: “Claros, grandes, salidos, negros, rasgados, en figura triangular, alegres, fijos a cualquier objeto, mirando adelante, y las pestañas largas y pobladas”.

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la frente de un Caballo Español para comprobar cómo ésta, adaptándose a su forma, se curva. Si hiciéramos esto con un caballo árabe, la palma de la mano tomaría una forma recta. La frente del español, espaciosa, no ha de tener nunca la amplitud que presenta en el árabe.

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tamente que en cualquier Caballo Español el hueso nasal es más estrecho y marcado que en otras razas.

Un buen “pico de liebre”

En resumen, debemos buscar un ojo que no esté demasiado hundido, ni sea pequeño ni saltón. Ni de cochino ni de buey, y que no quede cerca de la oreja, es decir, que su implantación no sea demasiado alta. Un ojo negro, algo sobresaliente, a ser posible sin blanco y que, visto de lado, nos dé la impresión de un triángulo. Es como si el músculo orbital le diese un pellizco al párpado superior, tirando de él hacia arriba en su parte más cercana al lacrimal.

LA CARA

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La cara ocupa el espacio comprendido entre la frente y los ollares, llegando por los lados hasta los carrillos. Según Giles, “la cara o muserola debe seguir la dirección de la frente, ser graciosa por sus lados, cubierta de una piel delgada, el pelo fino y sentado”.

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El manuscrito anónimo hallado en la biblioteca del Duque de Osuna decía cosas muy sabrosas sobre la cara: “La cara ha de ser larga, derecha, angosta, lisa, descarnada, que vaya en disminución hasta el hocico, y que sea delgada y sin vuelta, derecha hasta la boca”.

EL HOCICO Los ollares constituyen una parte de la región del hocico, que desde ellos va a continuar con la boca y la barba, toda ella de una gran suavidad al tacto. Los ollares son la puerta de entrada del aire que ha de llegar a los pulmones, y deben permitir que éste penetre con facilidad. Esto se ha conseguido en los dos caballos de silla tradicionales –el español y el árabe– con formas absolutamente diferenciadas. El árabe tiene el ollar sobresaliente y redondo. El español consigue este fin con un ollar plegado, nada destacado, bastante alargado, y con tal elasticidad que puede abrirse perfectamente en caso necesario para facilitar la aportación de oxígeno. Se configura como una coma invertida. “Ollares rasgados”, exigía Cubillo, ollares que van a ayudar a definir el perfil de la cabeza. Nos

Giles no llegó a explicar en qué consistía una cara “Graciosa por sus lados”. Quizá se refiriera a una cara enjuta, sin carne, que da una impresión de mayor calidad de raza. Una cara “descarnada” –piel y hueso– nunca da la sensación de una cara basta. Y puede observarse perfecPerfil recto y orejas muy anchas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


LOS LABIOS Los labios del Caballo Español deben ser delgados, muy móviles y firmes. Así estarán, según Benito Torres, “bien unidos, para retener la saliva y evitar que la boca se seque en contacto con el aire”. La reunión de ambos se llama comisura labial.

encontramos otra vez con las correlaciones derivadas de las variantes del perfil subconvexo del español. A mayor convexidad, hocico más largo y ausencia de inflexión entre la cara y el hocico, que tiende a ser más fino, constituyendo un hocico que se llamó desde siempre “acuminado”, es decir, muy pequeño, por comparación al pequeño volumen de un grano de comino. A menor convexidad observaremos un hocico más corto, cierta inflexión entre éste y la cara, y a la vez mayor redondez y mayor volumen, aunque sin llegar nunca al hocico redondo y ancho del árabe. En el árabe, ese extremo de la nariz, que hemos definido como redondo visto de frente, forma, visto de perfil, un perfecto ángulo. En el Caballo Español, en cambio, continúa suavemente la línea de la cara, sin solución de continuidad. Visto de frente, ese extremo de la nariz aparece en el español como partido en medio, alargándose a los lados hacia abajo como en dos colgaduras, conformando lo que se denominó siempre “pico de liebre”. El hocico del Caballo Español es siempre de una gran elasticidad, posiblemente a causa del ejercicio, durante muchos siglos, de una actividad prensil en un medio donde la hierba no crecía demasiado “espesa” y era necesario reunirla antes de morder, con un movimiento en cierto modo similar al brazo izquierdo del segador. En el extremo de la nariz están implantados unos pelos largos, que llamamos bigotes o mostachos. Hay quien, por motivos estéticos, los corta. Es una barbaridad. El caballo no puede ver lo que come, y esos bigotes constituyen para él unas antenas táctiles. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Casi lo mismo venía a decir pocos años después el marqués de Arellano: “la boca limpia, grande y bastante rasgada, y los labios firmes, delgados, y que el superior sobrepuje en tamaño al de abajo”. El efecto estético no dejaba de ser importante: “cuando los labios son carnosos y muy caídos, desgracian la cabeza mejor conformada”. Para Francisco de Laiglesia: “ los labios deben ser delgados, porque siendo carnosos y gruesos hacen almohada sobre las encías o asientos, y estorban el efecto de la brida”. La quijada y su arco son excesivos

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Labios y ollares acusan bastedad

Joseph de Arcos, en sus Comentarios a la Real Ordenanza de Cavalleria del Reyno, publicados en 1757, definió la boca del español como “grande e igualmente rasgada, pero con justa proporción; los labios delgados y que el de arriba sobrepuje al de abajo”.

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¡ole!

El defecto de “labio pendiente”, es decir, del labio posterior caído, no es raro en nuestras yeguas. Giles lo consideraba signo de debilidad. Más bien es de vejez.

LA LENGUA

LAS BARRAS

“su volumen debe ser arreglado a la altura de las barras. Si sobresale del nivel de éstas impide que el bocado obre sobre ellas; y si, por el contrario, es muy delgada, se imprime demasiado fuerte aquél en los asientos y hace la boca muy sensible...”

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Para nuestros antiguos, la buena calidad de una boca no sólo dependía de los labios, sino también de las barras o asientos –porque sobre ellos se asienta la embocadura– , de la lengua y de la barbada, y no quiero dejar de citar alguna muestra de sus opiniones. Sobre las barras, Giles se muestra muy categórico:

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“Barras o asientos: llámense así los espacios sin dientes que se encuentran en la mandíbula posterior entre el colmillo y la primera muela en los machos, y entre el último incisivo y la primera muela en las hembras –ya que éstas carecen de colmillos– ; es el punto donde apoya el cañón de la brida, y donde se hace sentir más la acción de ésta. Deben ser proporcionadas al espesor de la lengua y altura de los labios: si son muy altas y cortantes, el caballo es sensible de boca; y si bajas y gruesas, insensible y pesado a la mano”. Sobre los colmillos, Mançanas puntualizaba: “les faltan a las yeguas y a todas las hembras que tienen cuatro pies”.

La adecuación entre las barras y la lengua era explicada así por Giles:

La lengua ha de ser delgada como los labios y estar bien colocada en su caja, porque en este caso hace el bocado el efecto debido sobre los asientos.

LOS DIENTES No hay nada de especial que decir de los dientes del Caballo Español que no pueda aplicarse a cualquier otra raza caballar. La vitamina D3, proporcionada por una gran exposición a los rayos solares, consigue generalmente una buena calcificación, siendo por ello raros los dientes de color oscuro, así como la mala dirección de los incisivos, llamándose “picón” el caballo cuyos incisivos anteriores sobresalen de los posteriores, y “belfo” en el caso contrario. A veces, como en las demás razas, puede aparecer, por un mal desgaste de Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


las tablas dentarias, alguna excrecencia en una muela, que llega a herir la mucosa, y que se conoce con los nombres de “punta, remolón o diente de lobo”. Otros dos tipos de dientes recibieron también la atención de los antiguos. Se llamó “dentiovejuno” al caballo con dientes estrechos, largos y con sus bordes hacia afuera, como los del ganado lanar, y “dentivano” al que conserva la tabla dentaria sin rasar.

LA BARBA Torres la define como “una protuberancia carnosa, situada entre el labio posterior y el barboquejo. Como corresponde a un caballo de raza seleccionada, está recubierta de piel fina y sensible”. La barba es un signo no despreciable de caracterización racial. En la mayoría de los caballos españoles, el contorno de la barba está formado por dos líneas rectas, que se reúnen en medio de la barba formando un ángulo bien definido, a diferencia de los árabes, en los que tiene un contorno redondeado en la mayoría de los casos.

EL BARBOQUEJO Giles lo define como “el hundimiento que hay encima de la barba, en donde apoya la cadenilla de barbada”.

LA MANDÍBULA De una manera muy simple, podríamos dividir la mandíbula en su parte inferior: –cuerpo de la mandíbula–, donde van implantados dientes y muelas, y en su parte superior, que sirve de base a los carrillos y que se abre hacia los lados en dos partes –las ramas de la mandíbula o quijadas– que dejan entre ellas un espacio hueco conocido con el nombre de canal exterior. La correlación entre las distintas regiones del caballo es una ley que también aquí se cumple. Al árabe, con la frente muy ancha, le corresponden unas quijadas muy abiertas, entre las que cabe un puño cerrado. El Caballo Español, con una frente no tan ancha, posee un canal exterior amplio, aunque no tanto como para que quepa en él un puño cerrado, y que suele ser más estrecho cuanto más convexo es su perfil y más larga es su cara. Hay otra diferenciación clara entre las dos razas. Los músculos maseteros, que recubren las dos quijadas, son muy manifiestos en el árabe, a diferencia del español, en que las quijadas deben ser secas y descarnadas. A las quijadas muy amplias, cargadas de carne, se las conoce con el nombre de “empastadas”. De un caballo con quijadas de contorno muy pobre, faltas de volumen, hasta el punto de borrar la sensación de masculinidad, decimos que es “carichupado”.

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La conformación del barboquejo es importante para el jinete. Antiguamente, cuando la obediencia de un caballo a las riendas de su jinete podía constituir, en un momento determinado, una cuestión de vital transcendencia, el barboquejo era examinado con detenimiento. Se llamaba entonces barbada, “porque toma el nombre de la barbada del freno”. Según José María Giles, “...

no debe ser ni muy saliente ni demasiado plano; pues en el primer caso, siendo demasiada enérgica la impresión de la barbada, molesta mucho al caballo y le hace picotear; y en el segundo, siendo nula o casi nula, el animal es poco obediente a la acción de la brida”.

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UNIÓN DE LA CABEZA CON EL CUELLO

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Apenas hay diferencias, en la unión de cabeza y cuello, entre el caballo español y otras razas de silla. En la zona de unión debe haber una ligera depresión perpendicular, que va desde el atlas hasta la garganta, y que facilitará una mayor facilidad en las flexiones. Decimos, en este caso, que el caballo tiene una cabeza “bien unida” o “bien colocada”. Si apenas se nota esta depresión, y la unión es empastada, la cabeza está “mal unida” o “mal colocada”, dificultándose sus movimientos. Por otro lado, una garganta “cargada” o “empastada” impediría una colocación adecuada de la cabeza, que se facilita, como en cualquier caballo de silla, con una garganta “descargada”.

Cabeza óptima, salvo el labio posterior caído

Los autores que estudian otras razas que la española preconizan que el ángulo de unión de cabeza y cuello debe aproximarse a los 90 grados, y que la cabeza del caballo en movimiento, estando en libertad, forma con la horizontal un ángulo de unos 45 grados. Los potros españoles nacen ya “engallados”, con un cuello arriba, bien arqueado, y la cabeza tendiendo a la vertical. Esta disposición especial diferencia al Caballo Español del árabe, con una cabeza que tiende a la horizontalidad. Los caballos con este porte de cabeza se llaman “estrelleros”, o se dice de ellos que “tienden la nariz al viento”. De los caballos que adoptan la postura contraria, es decir, que colocan la cabeza por detrás de la vertical, se dice que “encapotan” o que “arman contra el jinete”.  Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


EL CABALLO ESPAÑOL: “Debe examinarse empezando por la cabeza y seguir examinando el cuello, tronco y remos, porque de no hacerlo así, todo es mirar el caballo por una y otra (Benito Torres) parte sin fijarse en nada.” 

Los grandes herbívoros suelen tener una longitud de cuello proporcional a la de sus extremidades. Ese cuello ha de servir a dos propósitos fundamentales: permitir que la boca llegue al suelo, para comer y beber, permaneciendo el animal de pie, y ayudar a desplazar su centro de gravedad, no sólo en sus evoluciones hacia adelante, hacia atrás o a los lados, sino también en sus transiciones de velocidad. El caballo, como gran herbívoro, debe tener un cuello largo para poder comer de pie. En otro caso no podría estar presto a la huida puesto que, a causa de la rigidez de su tronco, no le daría tiempo a levantarse y salir galopando ante el eventual ataque de un depredador. Las vértebras del cuello del caballo

El cuello del caballo tiene siete vértebras. Están imbricadas de tal manera que el caballo puede relajar todos los músculos del cuello y, en ciertos casos, dormir de pie sin que la cabeza se le caiga. A ello le Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 12, agosto de 2012, pp. 38-45.

ayuda el ligamento o cuerda cervical, de un tejido fibroso de la máxima resistencia. Merecen mencionarse las dos primeras vértebras, el atlas y el axis, porque poseen un juego de mayor amplitud que las demás. La primera de ellas, el atlas, permite que el caballo pueda mover la cabeza arriba y abajo, sin necesidad de tener que mover ninguna de las otras seis vértebras. La segunda, el axis, proporciona al caballo la facultad de girar su cabeza a derecha e izquierda, sin necesitar mover ninguna otra vértebra. El caballo español, siempre que no tenga otros impedimentos –cuello recto, “cuello de ciervo”, garganta empastada, mandíbulas muy cerradas o ausencia de depresión parotídea– goza casi siempre de una gran facilidad, muy conveniente en la doma, para colocar su cabeza en la vertical, debido a la flexibilidad de la articulación del atlas con la cabeza, muy superior a otras razas. A este respecto observa Gómez Lama que “el cuello de ciervo le impide ya a un caballo llamarse español”.

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L CUELLO

EL CUELLO Y LA CRUZ

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Corrección casi absoluta, a falta de menos crinera

La longitud correcta del cuello La longitud del cuello está en íntima relación con la longitud de sus vértebras cervicales. Casi siempre un cuello largo coincide con una cruz retrasada, unas espaldas con vocación de horizontalidad y un dorso corto. Por el contrario, un cuello corto suele ir acompañado de unas espaldas verticales y un dorso largo. ¿Cuál debe ser la longitud correcta del cuello de un caballo? Ya hemos visto que para él, para su vida en libertad, el cuello debe permitirle beber y comer de pie. Los antiguos observaban a los caballos en estos menesteres, desechando a aquellos animales que necesitaban doblar las rodillas, señal evidente de que el cuello era corto.

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El cuello del caballo de silla

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Cuando el caballo debe ser usado por el hombre, los criterios sobre su longitud y conformación pueden variar de los que estableció la naturaleza, en función de las exigencias de su utilización. En cada raza, el cuello ha tomado la conformación que ha

interesado al hombre en virtud de una selección de siglos con vistas a una utilización determinada. En general, un caballo de silla “trabaja” su cuello girándolo a uno y otro lado en sus cambios de dirección, y encogiéndolo y alargándolo no sólo al variar su centro de gravedad hacia adelante o hacia atrás, sino también “tirando” de toda la masa. Lo hace sobre todo en el paso y en el galope, pues es bien sabido que el trote es el único aire –si no se alarga o acorta– en que el jinete puede conservar siempre las riendas con la misma longitud. En el caballo de silla, la longitud y volumen de su cuello debe ir acorde con su alzada y su masa. Un cuello corto y pesado no ayuda suficientemente a trasladar el centro de gravedad del caballo en sus evoluciones y lo hace menos ágil y menos rápido. Como casi siempre coincide con espaldas verticales, produce un tranco más corto. El cuello corto reacciona a las riendas de modo basto, sin delicadeza, por lo que sobra el jinete con tacto en sus manos. En el caso contrario, un cuello muy largo y delgado, sin musculatura, llega fácilmente al cansancio Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Esa tabla musculada indica que está bien entrenado

El cuello del caballo árabe responde plenamente a la utilización que se ha hecho de él: avanzar, avanzar a través del desierto, sin más –ni menos– exigencias que rusticidad, resistencia y buenos cascos. Nunca se le pidieron transiciones, ni piruetas, ni levadas. Nunca necesitó un cuello de cierto volumen que ayudara a todo el cuerpo a trasladar su centro de gravedad. Sus magníficos posteriores se vieron ayudados en su acción de ganar terreno por un cuello ligero y una cabeza pequeña, que aligeraron de peso al tercio anterior. El pura sangre inglés es un longilíneo cuya obligación no es otra que correr más deprisa que los demás. La resistencia dejó paso a la velocidad. Su cuello largo y delgado libera de un peso excesivo a unos miembros anteriores que han de soportarlo, y ayuda, estirándose y encogiéndose, a conseguir una mayor velocidad. El cuello del caballo español El cuello del caballo español tiene sus características propias. No son otras que las que necesita un caballo al que siempre se le exigió poder trabajar muy reunido, presto para dar en cualquier momento un arreón, realizar piruetas y medias piruetas, y parar Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

haciendo raya. Ese necesario y maravilloso equilibrio tiene que ser ayudado por un cuello que colabore, cuanto más mejor, a los cambios de traslación del centro de gravedad. No puede ser un cuello corto y grueso, ni delgado y largo. Debe tener una longitud adecuada y un volumen correcto. Los españoles hemos conseguido, a través de los siglos, el mejor cuello para la doma. Veamos cómo lo describía el marqués de Arellano: “... alto y proporcionado a la talla, elevándose desde su nacimiento, y con disminución en lo grueso hasta la cabeza, para cubrir con ella la mayor parte del cuerpo del jinete.” Con este cuello alto y curvado, y con una cabeza que puede colocarse naturalmente en la vertical, nacen ya los potros españoles, con una colocación que en otras razas costará años de doma.

Caballo encapotado, por la mala colocación de los brazos del jinete

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y no colaboraría entonces con sus movimientos al impulso hacia adelante producido por el tercio posterior. El jinete se encuentra con una difícil coordinación, y ha de manejar las riendas con dulzura, pero con gestos muy amplios.

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Con aquellas frases gráficas del siglo XVI, Pedro de Aguilar definía así lo que para él era un buen cuello: “... han de ser enhiestos y descargados de delante, teniendo el cuello ancho en el nascimiento, y delgado junto a la cabeza, y que les salga del pecho y no de la aguja, porque lo tengan enarcado y bien formado y bien engallado.” Delgado junto a la cabeza... Esto quiere decir una garganta descargada, buen vehículo para que por ella circulen sin dificultad la comida, el agua y el aire, y que permita colocar la cabeza en la vertical.

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Vistos de perfil, hay cuellos cuyo gaznate –es decir, todo su borde inferior– parece nacer de entre las manos. Estéticamente dejan a los caballos sin distinción. Naciendo tan abajo contribuyen a un diámetro excesivo, que recarga de un peso innecesario el tercio anterior, y dificulta las flexiones laterales correctas, propias de los caballos cuyos cuellos

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Quizás el cuello es algo corto

El perfil inferior del cuello es convexo

nacen destacándose limpiamente por encima de las espaldas y los encuentros. Es muy interesante la observación de Pedro de Aguilar de que los cuellos deben ser descargados de delante. Un exceso de masa en el gaznate suele dar al cuello un perfil inferior convexo, con gran facilidad para

Buen ejemplo de un cuello que “nace” arriba del encuentro y termina en una garganta descarnada Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Un buen cuello empieza su curva en la nuca y termina en un suave cambio antes de la cruz. Hay cuellos tan gruesos que parecen nacer en el dorso, tapando la cruz. Ese volumen exagerado da espectacularidad al caballo, pero lo rinde inútil para cualquier trabajo en que se exija algo de velocidad. El “gato”. Por qué existe en el caballo español La crinera -o cerviz- ocupa el borde superior del cuello y está limitada, en su parte inferior, por la depresión que la separa de las tablas. Esa crinera es, con frecuencia, excesivamente gruesa en el Caballo Español, constituyendo un defecto al que llamamos “gato”.

Las dos tablas del cuello –entre la crinera y la gotera yugular– tienen una configuración perfectamente delimitada. En su parte superior nacen cerca de la nuca, y continúan siguiendo una línea casi paralela al borde superior del cuello hasta su terminación cerca de la cruz. En los caballos españoles con “gato” acusado, la depresión que separa la crinera de las tablas nace, como en todos, cerca de la nuca, pero luego toma una línea descendente que se va alejando del borde superior del cuello. La crinera tiene más altura y, al andar el caballo, se bambolea esa masa de grasa. En los casos graves la crinera acaba por tumbarse, normalmente al lado en que caen las crines, calificándose este defecto como “gato vencido”. Los potros de tres años con este defecto quedan inhabilitados como reproductores. Un ligamento muy fuerte recorre toda la línea superior del caballo. La parte comprendida entre la nuca y la cruz se denomina ligamento funicular y también cuerda cervical, porque está formada por dos bandas juntas que adoptan la forma de una cuerda. Juega un papel importante en el soporte del peso de la cabeza y en los movimientos de extensión y contracción del cuello. En los caballos con “gato vencido” esta cuerda da la impresión de haber perdido su elasticidad, de haber dado de sí. Según Gómez Lama,

“... se trata de una lesión deformativa cuya causa es una El índice de transmisibilidad del “gato” parece parálisis muscular que se origina en uno de los lados. Como ser alto, aunque no hay estadísticas fiables. Los hijos consecuencia de la flacidez y falta de de caballos con “gato” lo tienen movimiento que se producen, tiende a con frecuencia, aunque no sabedepositarse en mayor o menor extenmos en qué grado influyen tamsión más cantidad de tejido adiposo bién la misma vida sedentaria y que la normal, lo que determina en la misma alimentación exagerada último extremo la caída hacia un lado de sus padres. Se observan muy del borde superior del cuello.” pocos casos en yeguadas criadas en régimen de explotación Su corrección con el trabajo: extensiva, en las que los potros el “gato vencido” puede desapaviven, hasta lo más tarde posible, recer con el trabajo. He visto un en completa libertad, sin ansias, caballo con este problema manipor parte de su dueño, de consefiesto que, después de pasarse el guir la precocidad necesaria para invierno corriendo liebres, tenía ganar un premio en las secciones el cuello como una piedra.Y otro de uno o dos años en concursos o caballo con problemas derivados Gato incipiente de un cuello blando que hoy día, campeonatos morfológicos. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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Cuello defectuoso, que nace en el esternón

despapar. Es el peor y más desagradable de todos los cuellos, son caballos que dan tirones de la cabeza hacia arriba y, su nuca, en movimientos desordenados, llega sin obstáculos a la cara del jinete. Esos golpes han producido más de una rotura de tabique nasal, y uno así me rompió las gafas.

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a base de trabajo, tiene un cuello duro y firme. No hay mejor remedio, en la mayoría de los casos, que el ejercicio, preferiblemente el galope largo, aire donde más trabaja el cuello. El cuello como carácter sexual secundario El cuello es uno de los caracteres sexuales secundarios más marcados, y nos va a dar en el macho un volumen y una majestuosidad que deriva de su aire de arrogancia y desafío. A la yegua no podemos exigirle ese cuello, que debe ser en ella, por lo general, más delgado, menos curvado y con una colocación menos alta. En otro caso podríamos encontrarnos con problemas de fertilidad y con gestaciones problemáticas. Hay gentes a quienes les encantan las yeguas con cuello de macho. Están en un completo error. El trabajo, al muscular el cuello, puede a veces enmascarar esta característica femenina. Recuerdo un caso en un Campeonato de España, cuando una magnífica yegua nos pareció a los jueces “machorra”. Tenía un importante, musculado, bello y altivo cuello de macho, que le hubiera restado puntos. Aquella musculación nos hizo preguntar a su presentador. Nos dijo que a yegua estaba perfectamente domada. Su trabajo diario le había configurado un cuello que en un principio nos había hecho dudar de su feminidad.

demasiado pobladas –el tupé también–, gruesas, y encrespadas hasta el punto de llegar a rizadas, que no se consideran correctas. Esas crines muy abundantes, ásperas y crespas podrían indicarnos unas gotas de sangre del Norte, sobre todo si van acompañadas de otros signos, como orejas anchas y cortas, un nacimiento demasiado bajo de la cola, cernejas que suben por la parte posterior de las cañas y un tronco cilíndrico. Por contra, a los caballos españoles que presumiblemente tienen alguna gota de árabe se les observa pobreza de cerdas en crines y cola. La costumbre actual es que las crines caigan a la izquierda, aunque no siempre los Caballos Españoles han llevado sus crines en la tabla izquierda del cuello. Hubo sus modas. En el siglo XVII observamos la mayoría de las crines a la derecha. Lo atestiguan los caballos de “Las Lanzas” y los montados por Felipe III, Felipe IV, el Conde-Duque

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Las crines del caballo español

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Las mejores crines son largas, pobladas y sedosas, en mayor grado en los machos que en las hembras. En el Caballo Español las crines suelen ocupar con frecuencia buena parte de la cruz. A veces encontramos crines Cuello y cruz estupendos Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


de Olivares, Margarita de Austria... A partir de entonces, hasta este siglo, no hay preferencias definidas. Los caballos de Carlos IV, de María Luisa y del garrochista, pintados por Goya, llevan las crines a la izquierda. En cambio, el de Fernando VII las lleva a la derecha. Denominaciones de distintos tipos de cuello Esa cabeza tan grande y esa cruz inexistente no dejan apreciar la bondad del cuello

Cuello de gallo o pichón: muy arqueado, es decir, muy arqueada la convexidad superior. Según Benito Torres, los caballos con este cuello son propensos a “encapotar”. Cuello de cisne: muy curvado, largo y delgado. Benito Torres y Bibiano Aránguez recalcan una convexidad más acentuada en la parte del cuello más próxima a la cabeza. En el cisne esta parte toma una dirección descendente. En el caballo también, quedando más alta que la nuca. Cuello de ciervo o cuello al revés: Es cóncavo en su borde superior y convexo en el inferior. A menudo va acompañado de una depresión en el borde superior, cerca de la cruz, que se llama “golpe de hacha”. Casi siempre se da en caballos con la cruz adelantada, y es ajeno a la raza.

LA CRUZ

“Han de ser altos de aguja...” Pedro de Aguilar

La cruz recibe también –como en el toro– la denominación de agujas, y tiene su base anatómica en las apófisis –prolongaciones espinosas– de las primeras vértebras dorsales. El posible origen de su nombre parece ser muy antiguo y provenir de que los caballos de capas claras primitivas -castaños claros, pardos y bayossolían tener “raya de mulo” y “raya cruzada”. Si pudiéramos extender a nuestros pies una de estas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

pieles veríamos cómo, efectivamente, las dos rayas forman una cruz, estando el punto de intersección en la región así denominada. En cuanto a su denominación más castiza de agujas, debe provenir de que la forma puntiaguda de las apófisis mencionadas se asocia mentalmente a la de las agujas. Cuándo comienza a destacarse: la cruz empieza a destacarse en los potros a partir del año, y sigue formándose hasta su completo desarrollo, siendo algo menos destacada en las hembras. La buena cruz: una buena cruz es aquélla que tiene una superficie suficiente como para permitir holgadamente la implantación de los músculos que contraen y extienden el cuello y las espaldas, y que intervienen también en el buen funcionamiento del dorso y del lomo. Pero no todas las cruces tienen por qué ser iguales. La selección del caballo por el hombre ha ido buscando la cruz más conveniente para cada tipo de trabajo. Así, los caballos de tiro poseen una cruz musculada y poco destacada. Una cruz con esta conformación presta más atención a las espaldas y olvida la elevación del cuello, facilitando el arrastre con una posición baja del mismo. Entre los caballos de silla, el pura sangre inglés aparece con frecuencia con una cruz retrasada, destacada y afilada. Esta cruz, casi hueso y piel, con una utilización de muy breve tiempo –unos minutos en una carrera– no precisa de la protección de unos músculos que

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Hay unas pocas denominaciones de cuellos que han sido definidas por todos los autores españoles, aunque éstos no coincidan en alguna de ellas.

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eviten el roce de una silla durante muchas horas de trabajo. El caballo español, como un magnífico prototipo de caballo de silla de trabajo, forjó a través de los siglos la cruz más conveniente para un caballo que ha de tener la velocidad precisa para las faenas con el ganado bravo, la elasticidad en su cuello para que éste ayude a los continuos cambios de su centro de gravedad, y la resistencia para permanecer en el campo, con su jinete encima, sin parar un momento, de sol a sol. Una cruz demasiado alta sería inútil, por su facilidad para ser dañada por la silla y su incapacidad para un trabajo continuado. Una cruz demasiado baja restaría elasticidad a su cuello, sería un estorbo para su elevación e impediría a la silla mantenerse en su sitio, sin hacer de tope en sus desplazamientos hacia adelante. Nuestros autores antiguos no estaban conformes con una cruz casi inexistente. Cubillo Pedía la cruz “más bien alta que baja”, y el marqués de Arellano la quería “realzada, y que salga igual de las espaldas”. Giles se extendía un poco más:

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“Debe ser descarnada y de una elevación proporcionada, facilitando de este modo los movimientos de las espaldas, pues aumentando la fuerza de los músculos del dorso, el caballo marcha con brío y soltura. Cuando es baja se dice “bajo de agujas”; este defecto(...) impidiendo los movimientos de las espaldas hace que forje, sea terrero y se arruine con prontitud. Si es demasiado alta, se nombra “alto de agujas”; el caballo con esta conformación mueve los brazos con mucha gracia, pero se roza con facilidad”.

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Cruz adelantada

la cruz. Todo el tercio anterior ha de trabajar con menor fuerza y elasticidad, acusando en exceso el peso de un jinete que se sienta demasiado delante, a la vez que la escasa longitud del cuello impide una buena maniobrabilidad. Todas estas dificultades pueden verse acrecentadas si además el caballo es alto de grupa, volcando su peso en las manos. Una cruz retrasada, en cambio, suele ir acompañada de un cuello de conveniente longitud, así como de un dorso corto y de una espalda que tiende a la horizontalidad. Este caballo podrá mover con soltura sus miembros anteriores, y todo el tercio anterior trabajará con menos esfuerzo, tanto si el caballo se mueve por sí solo como si va montado, puesto que en este último caso el peso del jinete queda situado razonablemente atrás. 

Cuello, cruz y espalda “de libro”

La cruz adelantada y la cruz retrasada: los exterioristas suelen dividir al caballo, para su estudio, en regiones que se estudian por separado. Estas regiones están muy relacionadas entre sí, condicionándose mutuamente en su forma, tamaño y modo de actuar. Así, una cruz poco destacada, unida a un cuello corto, suele ir acompañada de un dorso largo. De ahí se derivan unas espaldas verticales, un tranco corto en sus anteriores, y una silla que se desplaza fácilmente hacia adelante, con el peligro de rozar Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


EL CABALLO ESPAÑOL:



“Las espaldas, oblicuas, largas; sus músculos bien designados y exentos de grasa; los encuentros, pronunciados...”

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(Cubillo)

LA ESPALDA. EL ENCUENTRO Y EL BRAZO Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 13, diciembre de 2012, pp. 49-52.

A ESPALDA

Todos los autores antiguos se han preocupado siempre en distinguir entre espaldas rectas o verticales –realmente espaldas cuya inclinación tiende a la verticalidad– y espaldas inclinadas u oblicuas –realmente espaldas cuya inclinación tiende a la horizontalidad–. También, a través de multitud de mediciones, con una exagerada preocupación por la equimensión, llegaron a establecer que la medida correcta de la espalda coincidía con Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

El caballo español suele tener espaldas magníficas

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Llamamos espalda a la región que tiene como base la escápula y el cartílago de la escápula, que puede decirse que la une a la cruz.

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La inclinación de la espalda en el español: El caballo español, como buen caballo de silla, suficientemente galopador, goza de una espalda larga y bien inclinada, que forma un ángulo de unos 50 grados con la horizontal. Con ella se adapta perfectamente al terreno desigual -montañas, piedras y arbustos- en el que se crió. Sus manos consiguen con dicha espalda un buen tranco, y también con ella proporciona mayor comodidad para su jinete, puesto que al retrasarle el asiento aleja a éste de los puntos de percusión, es decir, de los cascos anteriores. Ese tranco más libre aminora las posibilidades de esguinces y de pérdida de capacidad muscular, y permite al caballo cubrir mayores distancias con el mismo esfuerzo. Muy buena espalda y un pecho destacado

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la de la cabeza. Así le ocurrió al célebre Bourgelat, quien, por cierto, se sabe que tomó como modelo a un caballo español.

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Por regla general, cuanto más horizontal, más larga es una espalda, y al contrario, cuanto más vertical, más corta es. Por tanto, una espalda que tenga más longitud que la cabeza será una espalda horizontal, consecuencia de una cruz retrasada y causa de un mayor tranco para los miembros anteriores, además de constituir un signo de excelente capacidad pulmonar. Por otra parte, puesto que solamente está unida al tórax por músculos, cartílagos y ligamentos, puede distribuir todos estos mecanismos de unión sobre un área mayor, proporcionando más resistencia y amortiguación contra los impactos secos de los cascos en el momento del apoyo. La espalda vertical, por el contrario, al ser más corta, posee un área menor para los músculos, cartílagos y ligamentos que la unen al tórax. Esos músculos son más rígidos y fibrosos, y, por tanto, mucho menos elásticos.

Su conformación según Aránguez, Giles y de Laiglesia: Aránguez exponía sin dudar su opinión sobre la espalda: “la espalda debe tener una constitución muscular muy potente, sea cualquiera de la actitud de que se trate, aunque será siempre menor en los de marchas rápidas que en los de trabajos de gran potencia, tal como los del tiro pesado; pero siempre sus músculos han de acusar relieve y aparecer consistentes a la presión con los dedos. Una falta de musculatura o el aparecer ésta flácida, es indicio poderoso de que se trata de animales con pobreza orgánica, desnutridos o bastardeados.” No hacía sino coincidir con lo que, un siglo antes, había escrito Giles:

El caballo español suele tener espaldas magníficas

“Deben ser anchas y largas, ni demasiadamente carnosas ni descarnadas; sus movimientos libres y desembarazados... Los caballos que las tienen planas y descarnadas son de poco servicio; este defecto está regularmente acompañado de la estrechez del pecho, cuyas espaldas están muy juntas y experimentan dificultad en sus movimientos, lo que hace decir que las tienen “enclavijadas”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


De Laiglesia, con su opinión, redondea esta cita:

EL BRAZO

“Las espaldas llanas, anchas, libres y movibles indican agilidad y ligereza. Siendo gruesas, carnosas y redondas resulta ser el caballo cargado de espaldas y, por tanto, más aparente para el tiro y para arrastrar grandes masas que para servir de caballo de montar.”

El brazo es la región que tiene por base el hueso húmero, y está limitado superiormente por la espalda, y en la parte inferior por el antebrazo. Advertía Sampedro, en su Novisimo Cabero, que “los aficionados confunden esta parte con el antebrazo, llamando impropiamente, a este último, brazo”.

EL ENCUENTRO Llamamos encuentro a la unión de la escápula con el húmero. Antiguamente se llamó hombro. A nuestros antepasados, con su lenguaje concreto, cuando querían designar una espalda oblicua o inclinada, les bastaba hablar de un hombro alto. De ahí viene la palabra “hombríllo” para referirse a “levantes” en el pecho, como consecuencia de rozaduras del pecho-pretal o de los arreos en animales de tiro.
 espalda musculada y bien dirigida

las manos nacen más cerca de los pies que en otras razas

El juego de la escápula y el húmero: A la hora de ver un caballo español y detectar signos de posible mestizaje, creo de gran interés observar el ángulo que forma la escápula -base de la espaldacon el húmero -base del brazo-.

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Esa facilidad para avanzar se ha de ver tanto más mejorada cuanto mayor sea el ángulo que forman la escápula y el húmero. En el pura sangre inglés oscila alrededor de los 100 grados. En el árabe, que se crió también sólo para ir hacia adelante, la amplitud del

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A una espalda oblicua le corresponde un encuentro saliente y bien pronunciado. Es sabido que a los caballos de tiro pesado les corresponden unos encuentros muy carnosos, y a los de marchas rápidas, descarnados.
Al caballo español le corresponde, por sus características, un encuentro acusado y alto. De Laiglesia quería los encuentros “poco carnosos, pero sin ser faltos de sustancia”.

Esos dos huesos, la escápula y el húmero, están articulados de tal manera que, cuando el caballo avanza, el húmero va girando hacía adelante desde el encuentro, ampliando ese ángulo hasta llegar -sólo teóricamente- hasta los 180 grados, es decir, hasta colocarse el húmero en línea recta con la escápula. No puede pasar de ahí. Se comprende fácilmente que cuanto más verticales sean las escápulas, menos podrán avanzar los miembros anteriores, y que, por el contrario, cuanto más inclinadas sean, más posibilidades de ganar terreno tendrán los miembros anteriores.

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Espalda estupenda, húmero hacia atrás y manos cerca de los pies

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ángulo es similar. Al español, como caballo de silla y, por tanto, galopador, se le construyó también, como a las dos razas aludidas, una espalda horizontal, con un encuentro alto. Pero las necesidades de la doma vaquera -causa y razón del caballo español- no precisaban de una velocidad excesiva. Sin despreciarla, era mucho más importante para el jinete vaquero poder, en cualquier momento, parar, hacer una levada casi a ras del suelo y girar a derecha o izquierda, en un

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puro movimiento de arte y belleza. En resumen, se buscó la inestabilidad, la máxima capacidad de cambiar de aire y de dirección en una décima de segundo. Fue preciso reducir la base de sustentación, la longitud de ese cuadrilátero que forman los cuatro cascos. Con la misma inclinación de espalda que el pura sangre inglés o que el árabe, con las mismas exigencias de bondad en sus aplomos, sólo se podía reducir la base de sustentación haciendo que los miembros anteriores “nacieran” más atrás, más cerca de los posteriores, girando hacia atrás el húmero; es decir, cerrando el ángulo que forma con la escápula, ángulo que en el caballo español anda alrededor de los 80 grados. Si observamos un caballo árabe desde un costado comprobaremos cómo los miembros anteriores parecen seguir la línea inferior del cuello. “Nacen” muy adelantados. En el nuestro se sitúan debajo de la masa, dejando que sobresalga el pecho. En el árabe, por tanto, el húmero, hueso base del brazo, es tendente a la vertical. En el caballo español está dirigido hacia atrás. 

Buena espalda y buen encuentro. La niña endulza esta foto Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


EL CABALLO ESPAÑOL: LAS MANOS ( I ) Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Los antiguos incluían con razón la espalda y el brazo al tratar de las extremidades anteriores, pues es verdad que forman con el resto un conjunto inseparable.Yo me he dejado llevar de la moda actual, para hablar ahora de lo que en lenguaje vulgar se conoce como remos anteriores o simplemente manos. Con sus extremidades anteriores y posteriores, ayudadas por los movimientos de contracción y extensión de su cuello y por la colocación de la cabeza, consigue el caballo su poder de traslación. El tronco no hace casi nada, desde el punto de vista del movimiento es prácticamente inoperante. Podríamos decir que todo su tronco es poco más que una masa inmóvil, una gran carga, que cumple únicamente funciones vegetativas: respirar, producir sangre, bombearla, digerir... Todo ello está de acuerdo con la vida que el caballo ha realizado inveteradamente en libertad, pastando quince o dieciséis horas diarias una hierba que, a través de un pequeño estómago de una capacidad de tan solo unos quince litros, pasa a una enorme masa intestinal de unos treinta metros de longitud. Una vida tranquila, moviéndose solo para comer, en la que pueden transcurrir muchos días sin que el más corto galope altere sus hábitos. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

ExtremaduraPRE nº 14, abril de 2013, pp. 28-35.

El tronco está unido directamente a los huesos de las extremidades posteriores. Si estuviera unido de la misma manera a las extremidades anteriores, la tranquilidad conveniente a sus órganos digestivos se vería afectada por cada tranco que diera el caballo. El problema está resuelto porque no hay una unión directa con los huesos de las extremidades anteriores, sino que ésta se realiza a través de músculos, ligamentos y cartílagos.

Son buenos los antebrazos, las rodillas y las cañas

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A CONEXIÓN ENTRE LAS EXTREMIDADES ANTERIORES Y EL TRONCO

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EL CODO

“Los codillos salientes y separados del cuerpo...” Cubillo

El codo tiene su base en el extremo superior del cúbito, y está localizado exteriormente en la parte superior y posterior del antebrazo. Giles lo definía como: 
“... la eminencia redondeada que se observa detrás y encima del antebrazo; debe ser un poco saliente y estar separado de las costillas, porque de este modo aumenta el brazo de palanca de los músculos del antebrazo y los movimientos se ejecutan con firmeza y agilidad.”


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Los codos muy pegados suelen darse en los caballos estrechos de pecho. Los antebrazos están demasiado juntos. El animal, para conseguir estabilidad, debe abrir sus miembros anteriores, dirigiendo sus cascos hacia afuera, gravitando el peso del tercio anterior sobre la parte interior de los mismos. De los caballos con este aplomo se dice que son “izquierdos”. El lector podrá comprender cuán poco ayudan al caballo estos aplomos defectuosos si intenta correr unos cuantos pasos con las puntas de sus pies dirigidas hacía afuera. Un pecho muy ancho produce, por el contrario, unos codos muy separados, y su consecuencia normal es que los cascos se dirijan hacía adentro. Este tipo de aplomo, que se conoce con el nombre de “estevado”, dificulta también la marcha del caballo. El lector puede comprobarlo corriendo con los pies dirigidos hacia adentro, y comprenderá cómo el peso del caballo ha de recaer en la parte exterior de sus cascos, que inevitablemente ha de desgastarse más.

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Dada la errónea afición de los españoles a los caballos de pecho ancho, es frecuente en la raza española encontrar caballos estevados. Los estrechos de pecho son izquierdos

EL ANTEBRAZO

“El antebrazo musculoso, no muy largo, porque hace al caballo terrero y expuesto a caer en terrenos quebrados” Cubillo

Sampedro definía esta región como “la situada debajo del brazo y encima de la rodilla, cuya base son dos huesos llamados cúbito y radio”. Un buen antebrazo debe ser amplio y musculado, en justa proporción con la anchura del pecho y de acuerdo con el trabajo que debe realizar. Es, por tanto, mucho más musculado y ancho en las razas de tiro. En las razas de silla no se llega a estos volúmenes, guardando la relación dicha con la anchura del pecho. En el español debemos estar atentos a determinados individuos que, con un pecho relativamente ancho, tienen unos antebrazos proporcionalmente delgados, que con frecuencia carecen de musculación, sobre todo en su parte interna. Estos caballos precisarán de un esfuerzo mayor en sus evoluciones, tanto para soportar su propio peso como el de su jinete.

Antebrazos débiles

En cuanto a la longitud del antebrazo, todos nuestros autores antiguos vienen a decir lo mismo, con lo que me basta citar a Torres: “Los defectos son: que aparezca demasiado largo, en cuyo caso la caña, con la cual guarda antagonismo en esta dimensión, es corta. Esta circunstancia es favorable a los caballos de carrera, pero en los aires bajos hace al caballo terrero y le impide marchar por terrenos accidentados, cual cumple a un caballo de guerra en las campañas. Que sea demasiado corto, y por consiguiente la caña larga. Este defecto, cuando es extremado, facilita mucho la elevación del remo, pero el caballo, aunque de aires altos y agradables, adelanta poco terreno en la marcha y se fatiga.” Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


La longitud del antebrazo guarda también, como otras regiones del caballo, una relativa relación con el perfil de la cabeza. Cuanto más acusado sea el perfil subconvexo del caballo español, más corto suele ser el antebrazo.

LA RODILLA “Descarnada dura, unida y que no se toquen ni vean bajo la piel nervios y tendones.”
 Marqués de Arellano Es la región que une antebrazo y caña, constituida por dos filas de huesos, que se conoce también como región carpiana, o simplemente –aunque no sea lo más correcto– carpo.
 La rodilla del caballo español no se diferencia de la de cualquier otro caballo de silla. Su función es, como en todos, la de sostener el peso y colaborar de la mejor manera posible en la eficiencia de los miembros anteriores, no solo con una deseable anchura y con una posición absolutamente dentro del aplomo de todo el miembro anterior, sino también con una estructura ósea que guarde relación con los huesos del antebrazo y de la caña. Nuestros autores antiguos coinciden con Giles: “Debe ser ancha, estar en la misma línea que el antebrazo y cubierta de una piel delgada y flexible: mientras más ancha sea, tanto más se separarán los tendones del eje del movimiento y aumentará su fuerza muscular” El standard oficial de la raza establece para la rodilla una anchura de 33 centímetros, que es evidentemente algo superior a la realidad. Las rodillas defectuosas han recibido de nuestro pueblo unos nombres que siguen en plena vigencia:

– Rodilla nudosa o cercada. Se aprecian en ella vejigas diversas. – Caballo corvo. Aquél cuya rodilla sale hacia adelante de la línea correcta del aplomo. Según Beltrán, “es un signo de debilidad y suele depender de haber trabajado de muy joven o de haberse contraído los músculos extensores o es causado por trabajos excesivos”. Esta posición impropia del miembro anterior aparece, antes o después, en los caballos con tendón débil o tendón degollado, y también en los largos de cuartilla. Un caballo corvo trabaja en llano sus músculos y tendones de la misma forma que si estuviera bajando una cuesta. Tiene más probabilidades de tropezar y caer sobre sus rodillas, que en muchas ocasiones están coronadas.

Corvos de las dos manos

Algo corva la mano derecha

–  Rodilla fofa o empastada. Rodilla redondeada, sin acusar las eminencias óseas, al estar éstas cubiertas por un excesivo tejido conjuntivo subcutáneo. – Rodilla coronada. Rodilla en la que se aprecian señales de antiguas contusiones y golpes. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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–  Rodilla débil. Es la rodilla estrecha y pobre, con una estructura ósea insuficiente.

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– Caballo trascorvo, descopado o con rodillas de carnero. La rodilla queda detrás de la línea del aplomo. El caballo trascorvo trabaja en llano como si estuviera subiendo una cuesta. Ese sobreesfuerzo constante ha de verse reflejado no solo en ligamentos y tendones, sino también en la estructura ósea del menudillo.
En los caballos trascorvos el peso del tercio anterior no se reparte, como ocurre cuando existe un buen aplomo, entre la caña y el tendón, sino que éste se ve sobrecargado. Su esfuerzo es mayor siempre, pero sobre todo en el tercer tiempo del galope, cuando una sola mano no solo soporta el peso de caballo y jinete, sino que debe ayudar a la traslación hacia adelante del conjunto. Ese esfuerzo es máximo cuando el caballo se recibe de un salto. En los casos más acusados, mirando al caballo de lado, la caña del corvo se dirige hacia atrás, y la del trascorvo hacía adelante. No debemos confundir estos defectos con el “remetido de delante” o “remetido de manos”, en el que no solo la caña, sino toda la extremidad anterior, abandona la vertical y apunta hacia atrás, ni tampoco con el “plantado de delante” o “plantado de manos”, en el que antebrazo y caña constituyen una línea recta fuera de la vertical que se dirige hacia adelante.

Algo trascorvo y remetido de delante

En la foto parece ligéramente trascorvo

– Caballo hueco de rodillas. Cuando éstas, vistas desde delante, rompen el aplomo saliéndose hacia afuera. Este defecto es frecuente en caballos que manifiestan raquitismo.
 – Rodillas boyunas. El caso contrario al anterior, cuando éstas, vistas desde delante, quedan dentro de la línea de aplomos. Las rodillas se acercan

Hueco de rodillas

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Remetidos de delante

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LA CAÑA

“Proporcionada a la talla en lo gruesa, dura, seca, y los nervios bien descarnados; en lo que consiste la fuerza, firmeza y hermosura”
 Marqués de Arellano

La caña está delimitada entre la rodilla y el menudillo. Cubillo prefería las cañas “proporcionadas, redondas por delante, anchas y tableadas por los lados; los tendones robustos y limpios”. Esa “caña proporcionada” nos aclara bien poco en cuanto a la longitud deseable para el caballo español. Ya hemos visto cómo nuestros autores antiguos querían el antebrazo corto, lo que implica, a la fuerza, una caña larga. No demasiado larga, pues ya advertía Torres que “origina muchos aires en el caballo, aunque adelanta poco terreno y se fatiga”, y si es corta, “favorece la celeridad, pero hace al caballo terrero”. La caña larga ha sido una constante histórica en el caballo español. Es bien patente en las monedas iberas acuñadas dos siglos antes de Cristo, y en infinidad de pinturas desde la Edad Media hasta nuestros días, en que hasta el standard oficial de la raza nos habla de “caña más bien larga”.

No podía ser de otra manera. La longitud de la caña es una consecuencia más de la adaptación del caballo a su hábitat. El caballo árabe o el caballo de las grandes llanuras europeas no han tenido obstáculos bajo sus pies. El primero anduvo sobre arena, y el segundo se encontró siempre con la misma alfombra de una hierba corta que se mantenía igual todo el año. Ni uno ni otro tuvieron necesidad de elevar sus manos. La causa de que encontremos caballos europeos con cañas largas y elevaciones se debe a la impregnación de sangre española que existe en muchas de sus razas. Ocurre esto mismo en bastantes ejemplares del pura sangre inglés, porque en el nacimiento de esta raza intervinieron las “Royal mares”, las yeguas de propiedad real y procedencia española. España es un país montañoso, lleno de piedras, de arbustos y de matas. Cuando hay hierba, solo en primavera puede alcanzar un metro y medio de altura. A esto se une que las faenas de la trilla se realizaron siempre con yeguas, que necesitaron tener elevaciones para poder salir a flote de aquellos enormes montones de mieses que debían deshacer con sus cascos. El caballo español, para no tropezar en los suelos accidentados en los que se crió, no tuvo más remedio que adaptar sus movimientos a un terreno desigual.

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Poco hueso en rodilla y caña, aunque buen aplomo

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Elevaciones y campaneo: Por otra parte, aparece en las cañas otra correlación más con el perfil de la cabeza. La caña corta corresponde a un perfil cóncavo, y la larga a uno convexo. Teóricamente, cuanto más convexo es el perfil de la cabeza, más larga es la caña y más acusadas las elevaciones. El gusto español por las elevaciones no llegó a pasarse de rosca. El gesto espectacular, llamativo y barroco, produce un desgaste innecesario de energía que aminora la resistencia. En unos tiempos en que el caballo español estaba sometido a durísimas exigencias, donde tenía que dar de sí todo cuanto llevaba dentro, tanto en el campo como en la guerra, se buscó un tipo de caballo con una longitud medía de caña. Otra cosa eran las ferias y las paradas donde, para unas horas, se preferían los caballos “de lucimiento”, que llamaban tanto más la atención cuanto más elevados eran sus aires.
 Nuestros expertos despreciaron siempre, como animal de servicio, al caballo “elevado”; según Marín Alcázar:

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“... un animal quizá muy airoso incluso para paseo y trabajos de picadero, pero sin aplicación para marchas largas y rápidas, y mucho menos para ejercicios violentos, por la fatiga inútil a que dan lugar sus excesivas elevaciones”.

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Cañas cortas

Para criar caballos de comodidad se elegirán padres con las mismas cualidades que los anteriores; variando solo en que sus ancas sean menos elevadas que su cruz, y las cuartillas no tan derechas... y que cuando ande no levanten mucho las manos. Para caballos de lucimiento o de parada, elíjanse los padres de alzar todo lo posible tanto los pies como las manos, para que hagan perfecta armonía”. 
Ascásubi sabía distinguir entre una y otra clase de caballos. 
 Para él:
 “...la elegancia en el caballo de “entrar al pueblo” tiene su importancia, que es mucho menor en el caballo de trabajo”.

En definitiva, dos usos, dos tipos, dos criterios. Porque no todos los caballos españoles valieron Tenemos referencias de los criterios que se adoppara todo. Nuestros antiguos sabían perfectamente taban para criar caballos en el siglo XIX. Pedro diferenciar cualidades, encaminado la cría para de Zabala, en su “Escuela de Caballería”, de 1831, aquello que se buscaba. Cada caballo era funcional distinguía entre caballos corredores –los que se para lo que se quería. Una de la cosas que más requerían para el ganado bravo o la guerra–, cabadesconciertan a los aficionados de hoy día es la llos de lucimiento o parada, y caballos de comodigran versatilidad del caballo español. Claro que es dad. Copio algún párrafo: el caballo del ejecutivo. Para eso es el más noble de todos “De los caballos corredores, se elegirán para los caballos, y por eso fue el padres caballos y yeguas que estén domados y caballo de los viejos reyes y sanos de toda enfermedad hereditaria, como vejide los niños infantes. Pero gas, agriones y otras; que tengan siete cuartas y también fue por su valentía, media (1,567) de alto a lo menos, medidas en carsu resistencia y su rusticidad, tabón (es decir, con bastón), y la correspondiente el caballo de los reyes que anchura; que sus ancas sean robustas y no menos ganaron sus coronas con la elevadas que la cruz, porque en ellas estriba su Las cañas punta de su espada, el caballo fuerza…que no levanten las manos para andar giran hacia afuera, que pudo lidiar el toro bravo resultando izquierdo más de lo necesario, y sobre todo que corran mucho. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Hay otro defecto en las manos del caballo español, que afortunadamente se ve menos cada día. Es el campaneo: el caballo, a cualquier aire, echa sus manos hacia afuera, a partir de la rodilla, en cuanto levanta las manos del suelo. Hay dos tipos de campaneo: el simple, en el que la mano gira desde la rodilla, manteniendo caña y cuartilla la misma dirección hacia afuera, y el campaneo compuesto, en el que la cuartilla se aleja todavía más de la vertical que la caña, visto el caballo desde delante. En el primer caso, caña y cuartilla forman una línea recta. En el segundo, una línea quebrada. ¿Cuándo nació el campaneo? Nadie lo sabe. No ha quedado constancia en ningún tratado, aunque en tiempos de la dominación romana ya existía. Debió extenderse en la época barroca, junto con las elevaciones excesivas, como un medio más de llamar la atención en la feria o en el pueblo. El campaneo se obtenía por selección. El caballo que más campanease se echaba a la yegua que hiciera lo mismo. En pocas generaciones se obtenía, sin fallos, una línea de animales con esta especial forma de mover sus manos. La regla general es que los caballos con elevaciones y campaneo se cargan de vejigas y se rompen antes que los demás. La espectacularidad de sus movimientos incita a muchos criadores a elegirlos para sementales. La selección debe ir en otro sentido, eligiendo primero los de mejor exterior y rendimiento, y luego, entre éstos, los de mayor distinción y vistosidad. Primero buenos, luego bellos, y no al revés. En cuanto al grosor de la caña, Beltrán decía textualmente: “El caballo de silla tiene las cañas óseas delgadas, sobre las cuales solo puede apreciarse la piel por delante y los tendones por detrás; en cambio esta región es muy gruesa en los animales de tiro pesado. Su perímetro constituye, pues, un signo diferencial.” Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

El estándar oficial de la raza establece como media de anchura en la caña 21 centímetros. Es algo exagerada. La caña –como la rodilla, el perímetro torácico y la alzada–, según las mediciones conocidas en lo que va de siglo, ha ido ganando en anchura, aunque sin llegar, como media, a los 21 centímetros. Los caballos españoles premiados en los concursos nacionales celebrados en Madrid en 1913 y 1920 dieron como media 18,5 y 18 cm respectivamente. El diámetro de la caña es fundamentalmente consecuencia de lo que los antiguos llamaban el “hueso caña” –formado por el segundo y tercer metacarpiano– y la distancia a éstos del tendón –tendón del músculo flexor superficial–. Sin un esqueleto fuerte, que puede ser fino sin ser grácil, sin unos tendones bien desarrollados que tengan una superficie ósea lo suficientemente amplia a su disposición para arrancar fuerte, sin un mínimo de musculatura, todo lo demás del caballo no es más que literatura. Los miembros vienen a ser el embudo por el cual tiene que pasar el conjunto de cualidades del caballo –fortaleza, vitalidad y resistencia–. Si el embudo es demasiado estrecho, una gran parte de estas cualidades son desperdiciadas. Las cañas finas: La finura o grosor de cañas y cuartillas no constituye ningún índice de determinación de pureza de raza en el caballo español, a causa de los suelos tan distintos en que puede criarse. Estas circunstancias ya fueron estudiadas por don Pedro Moyano, catedrático de Veterinaria de Zaragoza, al tratar de la subraza marismeña, “con cascos grandes y estoposos” y de la subraza rondeña, de dimensiones generales más reducidas y cascos más pequeños. Cañas muy débiles, y además cuartillón

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y el caballo que aguantaba jornadas agotadoras en la guerra con diez o doce arrobas encima (110 o 138 kilos). Lo que pasa es que la velocidad no fue excesiva, por estar condicionada por otras cualidades. Más velocidad suponía menor capacidad para la reunión y para la resistencia.

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Creo difícil de rebatir la opinión de que el paso de los siglos en un suelo blando y húmedo influyó en los caballos marismeños, al igual que en los franceses de la Camarga, proporcionándoles unas cañas más anchas y unos cascos con una mayor base de sustentación. En cambio, la Serranía de Ronda, de suelo pedregoso, pendientes escarpadas y clima frío, modeló un caballo con tendencia a la hipometría, con una caña delgada y un casco pequeño y duro, que dieron firmeza a las evoluciones en suelo inseguro, de la misma forma que se han configurado las extremidades del rebeco o la capra hispánica. De todas formas, lo importante es la calidad del hueso. La realidad es que los caballos sufren continuamente contusiones e impactos en sus extremidades, y luego unos lo acusan y otros no. Es normal que los sobrehuesos y sobrecañas se generalicen en determinadas yeguadas, puesto que las causas suelen ser comunes para los ejemplares de una misma agrupación. La falta de sol, praderas agotadas con bajo contenido mineral o una inadecuada relación calcio-fósforo son factores importantes en la producción de huesos pequeños, frágiles y porosos, en los que las posibilidades de exóstosis son mucho mayores. Aplomos: La dirección de la caña debe ser como la exigida a cualquier otro caballo: la vertical, el único aplomo correcto. Cuando la caña toma una dirección defectuosa, se debe casi siempre a una conformación indeseable de los huesos de la rodilla o de la caña, o a una unión incorrecta de ambas.

rodilla, pero hay dos casos que no he leído en los tratados de anatomía equina y que no dejan de ser frecuentes. En el primero de Buenos ellos, el aplomo aplomos es correcto en antebrazo y rodilla, y las cañas también bajan verticalmente, pero no nacen del centro de la rodilla, sino hacia los lados. La imaginaria línea vertical parte exactamente en dos antebrazo y rodilla, pero las cañas se separan. El segundo caso se refiere a la desviación o vuelta torsional, hacia afuera, de las cañas. El aplomo parece correcto a causa de la verticalidad de todo el miembro anterior, pero las cañas giran hacia el exterior, haciendo al caballo izquierdo. Aránguez señalaba como otra condición esencial de la caña, denotadora de energía y distinción, la sequedad o limpieza, “pues una caña fofa, gruesa y con una cantidad de pelo excesiva, significa falta de nobleza, temperamento linfático y bastardía”. Sin llegar a tanto, quiero llamar la atención hacia esa “cantidad de pelo excesiva” que en determinados individuos sube desde las cernejas, por la parte posterior de las cañas, agrupada en forma de mechas onduladas. Es un signo inequívoco de antecedentes de raza pesada con características acusadas de este tipo. 

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Las manos del caballo deben quedar, vistas lateralmente, como partidas en dos por una imaginaria línea vertical que arrancara del centro de la parte superior del antebrazo y terminase en el menudillo.

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Si miramos al caballo de frente, otra línea imaginaria vertical debe partir en dos la extremidad anterior, desde el nacimiento del antebrazo hasta la palma de los cascos. Ya hemos visto buena parte de los defectos de las manos al estudiar el antebrazo y la

Las rodillas rompen el buen aplomo y se aproximan Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


EL CABALLO ESPAÑOL: LAS MANOS ( II ) Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

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Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 15, agosto de 2013, pp. 39-43.

L TENDÓN

Desde la rodilla hasta el menudillo corre, paralelo al hueso, lo que vulgarmente se llama tendón, aunque su base anatómica está formada por los tendones perforante y perforado. Sampedro explicaba cómo debían ser: “Deben ser gruesos, aparentes y estar muy separados de la caña, pues de este modo aumentan considerablemente la fuerza de los músculos, separándolos del eje del movimiento, y la caña adquiere una forma aplanada vista lateralmente.”

– Tendón eslabonado. Tendón con varios y sucesivos abultamientos.
 – Tendón débil o falto. Tendón pegado a la caña, poco desarrollado y con una trayectoria, visto de perfil, de adelante a atrás y de arriba a abajo.


“Debe exigir el standard (de la raza) tendones secos, bien destacados y fuertes, así como articulaciones bien desarrolladas y absolutamente libres de todo empastamiento. Pasando los dedos pulgar e índice por los lados del tendón apreciaremos su separación del hueso, su constitución uniforme en toda su longitud y la carencia de abultamientos o de diferente grosor en su longitud, pudiéndose reconocer osteomas, tendinitis o engrosamiento debidos a las vainas tendinosas, que son defectos graves de la región que ocasionan cojeras capaces de arruinar las extremidades.” La terminología popular aplicó nombres muy claros para designar diversos tipos de tendones defectuosos: Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

El gesto elegante de nuestra raza

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Ascásubi insistía en la calidad:

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–  Caballo degollado de tendones. Copio lo expresado por el doctor Juan del Castillo en un trabajo sobre la tipificación morfológica del caballo español:
 “No disfruta la raza de buenos y excelentes tendones, como sería de desear. Aparece de forma reiterada una depresión, inmediatamente por debajo del carpo y en cara posterior, dirigida oblicuamente de arriba abajo, como si fuera un corte en chaflán en forma de boquilla de flauta, que produce además de la debilidad del tendón la tara que vulgarmente se conoce con el nombre de degollado de tendones.”

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Tendones degollados y cascos muy largos

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Cañas muy cortas y cascos casi encastillados. Hay osificación en los cartílagos laterales de las cuartillas. La mano es correcta Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


De Laiglesia lo denominaba tendón fallido: 
“El tendón, siendo grueso y hallándose bien separado de la caña, contribuye a dar a esta la formación

plana que debe presentar vista de lado. Si se esconde el tendón por bajo de la rodilla, esta prueba de debilidad se llama tendón fallido; y si todo él es pequeño y adherente a la caña, forma el brazo de buey.”

EL MENUDILLO Y LAS CERNEJAS 
“Los menudillos anchos y limpios.” Cubillo

El menudillo ideal debe ser limpio, seco, rodeado de piel fina. En su parte posterior existe una pequeña excrecencia córnea, llamada espolón, cubierta de pelos relativamente largos, que desaparecen en la cuartilla, y que se llaman cernejas. Sampedro, en 1845, hacía esta observación: “En España se acostumbra generalmente a quitar a los caballos las cernejas y el resto del pelo de las cuartillas; pero es preciso conocer que estos pelos los ha destinado la naturaleza para librar al tegumento de las picaduras de algunos reptiles, y de la impresión que produce el frío y humedad en las estaciones que nieva y hiela, por cuya razón se ocasionan erupciones cutáneas en estas partes, y particularmente, los arestines... Esta Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

costumbre será menos perjudicial en los caballos de regalo; pero mucho en los de los regimientos, cuando operan en los países del norte.” Con esa expresión de “caballos de regalo”, Sampedro se refería a los “caballos de vida regalada”, es decir, a los que se regalaba o se les daba la comida y dormían bajo techo. Al caballo de guerra o al semental, que normalmente ejercía sus funciones en libertad, conviviendo todo el año con las

La mano está bien, aunque campanea desde la cuartilla

El tendón, bien separado de la caña...

yeguas, no “se les hacían las cuartillas”, que era y es la expresión usada para cortar o tusar los largos pelos nacidos en el menudillo.
 Las cernejas constituyen en el caballo español un signo importante para su apreciación racial. Nunca son de gran desarrollo, y nunca deben ascender por la parte posterior de la caña, en cuyo caso hay que pensar seriamente en algún lejano ascendiente de raza pesada con estas características.

Cañas débiles que le hacen pisar muy pronto

El menudillo recibe toda clase de reacciones violentas transmitidas por el choque de los cascos con el suelo, y su buen estado

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El menudillo separa la caña de la cuartilla y debe tener un volumen que guarde relación con el de la rodilla. No hay diferencias entre el menudillo de un caballo español y el de otra raza selecta de silla.

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y duración van a depender en buena medida –como los de la rodilla– de la constitución y grado de inclinación de la cuartilla. Un menudillo demasiado grueso suele ir acompañado de cuartillas anchas y cortas, en correspondencia a todo el miembro anterior, más propio de caballos de tiro, y se le denomina “menudillo empastado”. El menudillo “aporrillado”, abultado, recordando con la caña la forma de una porra, a causa de inflamaciones producidas por diversas sinovitis, suele ser la consecuencia de cuartillas de mala dirección, demasiado rectas y cortas, que por falta de amortiguación transmiten directamente las percusiones recibidas pon los cascos.

LA CUARTILLA:

Las rodillas se juntan

La cuartilla larga no tiene más ventaja que la comodidad que proporciona a su jinete. Las manos deben conservar la vertical y no quedar bajo la masa

“Ancha, de mediana longitud y oblicuidad, con la
piel lisa en su cara posterior.” Giles

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“Por mucho que se quiera, la comodidad del jinete no debe basarse en ningún caso en factores negativos que concurren a dar una extrema suavidad, como el riñón largo y las cuartillas largas”.

“la cuartilla ha de ser de un largo y volumen proporcionado. Si es larga, se cansa el caballo, y se llama largo de cuartillas; sí es corta, carece el bruto de cierta elasticidad en sus movimientos.” Según Sampedro, “si las cuartillas son cortas, la reacción es muy fuerte y los movimientos incómodos...” La cuartilla corta es, además, casi siempre recta, desviándose muy poco de la línea de la caña. El choque directo y frontal del hueso de la cuartilla con el de la caña, repetido millones de veces, produce

La cuartilla, por tanto, ha de ser proporcionada a la masa y a la constitución general del caballo. Si es deseable una cuartilla más bien corta y ancha en el caballo de tiro, y ligeramente larga en el caballo de carreras, para nuestro caballo español, un magnífico exponente de los caballos de silla,

Para De Laiglesia,

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Ascásubi, respecto a esto, comentaba:

En efecto, en cualquier movimiento en que el caballo tenga que hacer un esfuerzo considerable, por ejemplo, en un piaffer, en un galope largo o al recibirse de un salto, los tendones ejercen una gran presión sobre el sesamoideo, un pequeño hueso situado en la parte posterior del menudillo. Esta presión es tan grande que no es infrecuente la rotura de este pequeño hueso en los caballos de carreras. Hasta para éstos, a pesar de una falsa opinión generalizada, es perjudicial este tipo de cuartilla. A causa de su debilidad, el ángulo que forma con el menudillo es demasiado cerrado en el momento del apoyo por flexión excesiva y el caballo experimenta una pérdida de fuerza en su acción.

La cuartilla está situada entre el menudillo y la corona. Una buena cuartilla, con las cualidades descritas por Giles, debe cumplir tres finalidades: transmitir la fuerza de impulsión que se origina cuando el casco abandona la tierra, contribuir a la óptima habilidad del caballo para desplazarse por un terreno desigual, y hacer de amortiguador –para caballo y jinete– de los efectos del choque de los cascos contra el suelo.


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calcificaciones excesivas, así como dolor, a causa de la deficiente unión en las estructuras óseas. El caballo evita pisar fuerte, y acaba pronto una vida de trabajo que debió ser duradera. La rodilla acusa también los defectos de este tipo de cuartilla, pues debe sufrir directamente las contusiones contra el suelo que la cuartilla no es capaz de amortiguar. A la larga, el caballo termina corvo, tropezando frecuentemente y perdiendo fuerza y velocidad en su acción.

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La yegua se vence hacia adentro. Quizás su dorso es rígido

Por eso hemos de tener cuidado con las cuartillas que, aun siendo de longitud correcta, tiendan a la horizontalidad, y con los caballos “estaquillados” o “rectos de cuartilla”, en los que ésta tiende a la verticalidad.

Para él, “de nada sirve la generación de energía, ni nada en el caballo, si los pilares que van a sustentar la masa no tienen un mínimo de hueso y de tendones por debajo del cual debe desecharse el animal”.

LA CORONA: “Lisa y sin ninguna irregularidad.” Giles Esta pequeña región une la cuartilla con el casco. Debe seguir la forma redondeada del casco, sin sobresalir ni ofrecer ninguna depresión.

Continuando con los comentarios anteriores, las cuartillas horizontales, o las demasiado flexibles por su debilidad -cuartillas “que gimen”, decían antes- no pueden impedir que en ciertos movimientos violentos, los menudillos toquen el suelo, facilitando la posible fractura de los sesamoidedos. Por otra parte, en el trabajo normal, toda la estructura ósea de las manos se ve aligerada en Algo plantado de delante perjuicio de los tendones, que han de soportar la mayor parte del esfuerzo. Vemos de vez en cuando caballos españoles con buenos corvejones y buenos riñones, con una estructura ósea y muscular correcta, que fallan precisamente en menudillos y cuartillas, y que, con expresión vulgar, “no pueden con su alma”. Por eso Ascásubi aconsejaba juzgar con toda severidad las cuartillas. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Cañas finas

Sampedro explicaba en el siglo pasado: “Lo que debemos entender por corona es la unión del borde superior del casco con la terminación de la piel que cubre el miembro, y que más propiamente se llama rodete.” Así se llama aún vulgarmente a la corona, que presenta con frecuencia exóstosis o sobrehuesos, conocidos como sobremanos para los miembros anteriores y sobrepies para los posteriores. Los sobrehuesos más frecuentes son los originados por la osificación de los fibrocartílagos laterales y que se observan con demasiada frecuencia, viendo el caballo de frente, en forma de unas pequeñas protuberancias por encima del casco. Se las llama, si están sólo a un lado, “clavo”, y si a los dos, “clavo pasado”. 

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sometido a todos los esfuerzos de la doma vaquera o de la alta escuela, hemos de buscar una cuartilla absolutamente proporcionada, carente de pelos largos en su parte posterior, y con una inclinación similar a la de la espalda en sus miembros anteriores, es decir, algo más de cincuenta grados, y unos sesenta grados en los miembros posteriores.

Empieza a ser corvo

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EL CABALLO ESPAÑOL: EL CASCO “Muy lisos y negros, sin que tengan en ellos ningunas arrugas ni cercos.” (Pedro de Aguilar)

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Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 16, diciembre de 2013, pp. 51-56.

L CASCO

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El casco proporciona al caballo un punto de apoyo duro y resistente, prestándole también una amplia y segura base de sustentación, necesaria para su equilibrio.

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de la edad del mismo, pues cuanto más joven es, con más rapidez crecen sus cascos. Si un potro de tres años puede renovar totalmente sus cascos en ocho o nueve meses, un caballo de mediana edad necesitará un año, y casi un año y medio un caballo viejo.

El casco es una materia córnea y viva, que crece de El volumen del casco debe ser proporcionado al arriba abajo, a medida que se desgasta en el ejercicio volumen del caballo. Giles daba sus razones: normal de un caballo en libertad. Sometido al hombre, con trabajos continuos o marchas prolongadas, el casco sufre un desgaste excesivo que debe protegerse con la herradura. En efecto, el casco crece unos ocho milímetros por mes, debiendo herrarse el caballo por término medio cada seis u ocho semanas. Las variaciones dependen no sólo del traSerá una pisada bajo efectuado y de perfecta, con toda los terrenos que pisa la palma el caballo, sino también Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


“Deben ser proporcionados a la alzada, hueso y robustez del animal; la tapa, bajar ensanchándose insensiblemente hasta su borde inferior, ser negruzca, flexible, lisa, reluciente y sin formar hebras ni escamas...” Gesto precioso de esa mano

El volumen del casco depende también de los suelos en que se ha criado el caballo, adaptándose al terreno que pisa. Beltrán lo explicó así: “Los caballos de montaña tienen los cascos reducidos y la parte córnea más dura que los criados en terrenos bajos y húmedos. Los que han crecido en países pantanosos poseen los cascos muy desarrollados y de material blando y estoposo, así como los talones bajos, para aumentar la base de sustentación.”

El herrador se comió los talones

Cristino García Alfonso resumió estos conceptos: “A suelo duro, casco duro y pequeño; a suelo blando, casco blando y grande.” Pero no sólo el tamaño del casco tiene que ver con su dureza. La pared del casco, llamada también tapa o muralla, suele ser más dura y compacta cuanto más oscura. De aquí, de la relación “casco negro, casco duro”, debe venir la antigua preferencia de muchos aficionados por los caballos castaños que no fueran calzados, y la falta de estima no sólo por los cascos blancos, sino también por los de color ámbar o los rayados. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Las lumbres no siguen la dirección de la cuartilla

La elasticidad del casco: los cascos de los pies tienen menos elasticidad que los de las manos. Igual les pasa a los cascos herrados, por la compresión que supone la herradura, que le impide abrirse al casco. En los cascos herrados, si la ranilla no apoya, apenas se dilatan. Cuando la ranilla apoya, la dilatación viene a ser de 1 a 3 mm. Por tanto, la elasticidad –que es mayor cuanto más esfuerzo realiza el casco, y por ende más acusada en el galope que en el paso– se observa mejor en los potros y caballos desherrados, en los que se puede ver cómo se separan los talones, sobre todo en su parte superior. En el momento del apoyo “se aplastan” ligeramente la palma, la ranilla y los candados, y se aproximan los talones. Esa elasticidad amortigua los impactos contra el suelo, y colabora –como las modernas zapatillas de deporte– con el esfuerzo de impulsión, activando además la circulación de los tejidos vasculares. Correcta la dirección de la lumbre, a 45º

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Un caballo de tiro pesado, por tanto, de fuerte constitución, tendrá unos cascos grandes, siendo más reducidos los de un caballo de silla.

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El casco no se desgasta por igual a causa, por una parte, de los aires en que el caballo trabaje más tiempo, y por otra, de la incorrección de los aplomos. En el paso, el caballo se apoya preferentemente con las lumbres y los hombros, desgastando más la parte anterior del casco. En el trote largo y en el galope largo el apoyo es mayor en las cuartas partes y talones, desgastándose más estas partes. En el trote corto y en el galope corto el apoyo se hace por igual con toda la palma del casco, que se desgasta uniformemente. Un buen herraje puede conseguir ocultar unos aplomos defectuosos y, a la larga, corregirlos.Ya he dicho que muchos caballos estrechos de pecho son izquierdos de las manos, es decir, que apoyan las manos dirigiéndolas hacia afuera. Estos cascos se desgastan más por su parte interna, por lo que el herrador, además de rebajar su lado externo para compensar, podría colocar unas herraduras con las ramas internas de mayor grosor. Por el contrario los caballos muy anchos de pecho, con propensión a ser estevados, es decir, a pisar hacia adentro, necesitan un herrado corrector al revés del caso anterior. Las palmas de los cascos se llamaron también antiguamente “suelos” o “pisos” entre los aficionados, y hoy día cualquiera de las dos palabras designa al casco entero.

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Los cascos fueron siempre una preocupación constante de los españoles, que dio lugar a diversas acepciones, para definir los cascos de deficiente conformación:

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“Topino”. Cuartillas verticales

Topino, a causa de talones largos

Pecho muy ancho. Probablemente sea estevado.

Mirando el casco de perfil, éste puede ser topino o pando. El topino adopta una posición más vertical que lo normal. Se debe a que las lumbres son cortas, o los talones son largos, o porque se han retraído los tendones flexores. Este defecto es más frecuente en los cascos de las extremidades posteriores. El caballo hace el apoyo con la parte anterior del casco. Las lumbres, por desgaste, se redondean, y están predispuestas a las razas a consecuencia de que ellas soportan el impacto del casco contra el suelo. El “emballestado” es el grado máximo del topino, en el que el perfil de las lumbres adopta en el apoyo la línea vertical o la sobrepasa. En el pando, el casco es más horizontal de lo normal. Las causas suelen ser unas lumbres muy largas, unos talones muy cortos –o las dos cosas a la vez– y también la distensión de los tendones flexores. El apoyo se hace con los talones, siendo más frecuente este defecto en las manos que en los pies. Tanto en el caso del topino como del pando, lo normal es que el casco siga la dirección de la cuartilla. La cuartilla vertical proporciona con frecuencia cascos

Talones largos Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Pando

topinos, y la horizontal da lugar a cascos pandos. A veces el casco no sigue la dirección de la cuartilla, y podríamos encontrarnos, por ejemplo, con una cuartilla horizontal a la que sigue un casco con tendencia a topino. En inglés se denomina este defecto “broken line”, es decir, línea rota o quebrada. Nosotros no tenemos nombre para él.

Las causas de que un caballo sea izquierdo de manos son variadas. La mayoría de los caballos estrechos de pecho, como ya he dicho, son izquierdos de manos. En este caso el defecto parte del nacimiento del antebrazo. Otras veces los antebrazos tienen un buen aplomo, que se pierde a partir de unas rodillas boyunas. En ambos casos intentar corregir la defectuosidad del aplomo con el herraje sólo conseguiría añadir un nuevo problema al ya existente. Otros caballos izquierdos lo son porque, con un buen aplomo de antebrazos y rodillas, las cañas giran hacia afuera. También puede ocurrir que antebrazos, rodillas y cañas sean correctas, y que el caballo sea izquierdo por la torsión de la cuartilla hacia afuera, que hace

Hay otro defecto del casco, visto de lado. Se trata de los “talones caídos”, expresión que define al casco en el que el perfil de los talones es más horizontal que el perfil de las lumbres, con la consecuencia de que la longitud de la palma es menor que la de la corona, y el casco tiene una superficie de apoyo menor que otro normal.

El caballo izquierdo dirige las lumbres de sus cascos hacia afuera. El defecto puede ser más o menos acusado, y aparecer en las manos o en los pies, aunque es más frecuente en éstos.

Talones caídos, lumbres muy largas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Talones “caídos”

tomar la misma dirección a los cascos. En alguna ocasión tiene la culpa la retracción de la brida externa del ligamento suspensor del menudillo. Y no es extraño que un caballo con buenos aplomos parezca constitucionalmente izquierdo cuando un mal herrador rebaje en exceso la parte interna de los cascos. Sabemos que el caballo estevado es aquel cuyos cascos miran hacia adentro. Puede darse en manos y pies, aunque es más frecuente en aquéllas. Las causas son las contrarias a las del caballo izquierdo, por tratarse del defecto inverso. Los caballos anchos de pecho son estevados en muchos casos. Desde el nacimiento del antebrazo, todo el miembro mira hacia adentro. Otras veces el defecto existe en el

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Mirando al caballo de frente, podemos encontrar dos aplomos defectuosos: el izquierdo y el estevado. Voy a insistir sobre ellos.

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“hueco de rodillas” o en el “hueco de menudillos”, y también puede deberse a la retracción de la brida interna del ligamento suspensor del menudillo, o a un mal herraje, por rebajar en exceso la parte externa del casco.

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No debemos olvidar que los cascos de los pies crecen con más rapidez que los de las manos, así como que los cascos de las manos son más redondos que los de los pies, que adoptan una forma ovalada. Por otro lado, los talones de las manos son más bajos que los de los pies. Una relación correcta entre altura de lumbres y talones podría ser de 3 a 1 en las manos y de 2 a 1 en los pies. Todo buen casco ensancha de arriba abajo. Visto de frente, las líneas laterales de la muralla forman con la vertical un ángulo de 10° a 12° en las manos, y de 6o a 8o en los pies. Por eso el diámetro de la corona suele ser los cinco sextos del diámetro de la palma, en las manos, y los seis séptimos en los pies. Si las medidas de la corona y de la palma difieren mucho, abriéndose el casco, se dice que éste es “desparramado”, y si las medidas se aproximan, se habla del casco “encastillado”. Otra acepción que se oye con frecuencia es la de “cerrado de candados” para referirse realmente a un casco cerrado de talones cuando éstos no mantienen su separación, dando lugar a dolor y claudicaciones por compresión, que no pocas veces tiene su origen en la infausta práctica de nuestros herradores de rebajar las ranillas cuanto pueden.

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Podemos encontrarnos con un casco más grande que el otro del mismo bípedo. El defecto puede ser hereditario, aunque suele deberse a alguna enfermedad del casco. Las malas cualidades de la sustancia córnea dan lugar al casco “estoposo”, demasiado blando, producto frecuente de tierras pantanosas, que suele ser, por adaptación al medio, grande y desparramado, y al casco “seco”, excesivamente duro, vidrioso y quebradizo, propio de un habitat seco y montañoso, con tendencia a agrietarse y a encastillarse.

La muralla del casco puede presentar anomalías, como el desprendimiento de alguna de sus partes, dando lugar al casco “desportillado”, en analogía a un plato viejo que tuviera sus bordes mordidos por los golpes. Ocurre tanto en un casco “estoposo” como en uno “seco”, a causa del tránsito por terrenos demasiado duros con pérdida de una herradura, y también por malos herrajes, con clavos demasiados gruesos, o mal redoblados, o mal colocados, demasiado próximos al borde exterior de la muralla. La muralla puede presentar unas fisuras o grietas verticales, que suelen aparecer en las lumbres, denominándose “razas” y en las cuartas partes, llamándose entonces “cuartos”. Las razas son más frecuentes en las manos, y los cuartos en los pies, produciéndose en mayor medida en los cascos secos y vidriosos. Otro defecto que presenta la muralla son los “ceños”, relieves en número variable, rodeándola por completo, de talón a Si vemos un casco de lado, su inclinación correcta talón, que se extienden paralelamente a la corona, debe seguir a la de la cuartilla, en la misma línea del separados uno de otro por surcos. Si no son eje falangiano. Autores extranjeros hablan de una muy numerosos y existen en los cuatro casinclinación deseable de 45°, si bien en nuestro cos, suelen indicar un cambio de régimen caballo esa dirección es algo más vertical. alimenticio, y son propios de caballos que pasan unos períodos encuadrados y otros “en cerro”. Si hay muchos y no son paralelos, estando más juntos en las lumbres y más separados en los talones, hay que pensar en una pasada infosura, que las gentes del campo llaman “aguadura”. Otra lesión de la muralla es el “galápago”, en la parte de la corona que corresponde a la lumbre, que “comienza pisará mal, con una hinchazón y termina con la salida apoyando antes de un líquido como pus”. los talones

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Hay caballos que contactan, con un remo en movimiento, la parte interior del remo opuesto que se encuentra en apoyo. Corona, menudillo y caña son las regiones frecuentemente afectadas. También hay aquí tres grados. En el más leve, el caballo “se mancha” o “se frota” cuando el contacto es tan leve que no Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Casi pando, por culpa del herraje, con cuartillas verticales

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La planta del casco puede presenpasa de manchar de polvo o de cambiar la dirección del pelo de la región tar diversos aspectos. Normalmente frotada. En el grado medio, donde ya es cóncava, y esta conformación es la hay erosión, el caballo “se toca”, y en que se busca, en evitación de heridas y el grado máximo, se producen hericontusiones a la hora de contactar con das cuando el caballo “se roza”. un suelo pedregoso. Cuando la palma es plana, se dice que el caballo es “palVamos a ver la forma en que un cabamitieso”. En casos extremos, la palma llo español echa las manos hacia adeno es plana, sino convexa, sobresalante. Ya quedó claro que no puede liendo de los bordes de la muralla, ser terrero como el árabe, y que en dando lugar al casco “colmado”. Sigo su avance las manos no deben salir relacionando nombres que emplearon La rodilla rectas y rígidas, sino que es necesanuestros abuelos, como el “hormigui- izquierda mira ria, antes del apoyo, una flexión evillo”, en el que, según Giles, “la palma hacia dentro dente de rodilla. Así debe ser desde se deshace en un polvillo semejante al un punto de vista racial, indepenserrín de carpintero”, o el “juanete”, protuberandientemente de que unas elevaciones excesivas no cia de parte de la palma por existir una exóstosis son deseables para un animal de trabajo por el desen la cara plantar del tejuelo, y del que no suele gaste innecesario que sufre el caballo. existir más de uno por casco en los peores casos. Hay también otra diferencia en la manera de apoyar, La “ranilla podrida”, en la que ésta se reblandece y que puede observarse sin lugar a dudas en un trote macera, disgregándose finalmente en trozos malode trabajo. Las manos del árabe toman contacto con lientes y fétidos, es más frecuente en las cuadras sin el suelo antes de alcanzar la vertical, después de un limpieza, con camas putrefactas. instante en que parece que se quedan detenidas En cuanto a los defectos de las manos en la en el aire, y sus cascos dan la impresión de “tomar marcha, ya he hablado de las excesivas elevaciotierra” con los talones. Las manos del español, en nes y del campaneo. Hay otros defectos en la procambio, están en la vertical cuando apoyan. gresión, que podemos ver también poniéndonos Termino este capítulo insistiendo en los aplomos, delante del caballo. Cuando una mano apoya, la sin olvidar que es muy difícil encontrar en cualotra, en el aire, va aproximando a aquélla el casco, quier caballo la perfección, y más aún si se trata de para pisar por delante más cerca de ella que cuando sus aplomos.  el caballo permanece en estación. En el caso más leve se dice que el caballo “se oscurece”. En el grado medio, parte del casco que permanece atrás queda oculta por el otro: el caballo “se cruza”. Por último, el caso más grave es aquél en que el casco que va por delante se pone en la misma línea del que queda detrás, tapándolo por completo: el caballo “se tapa”.

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EL CABALLO ESPAÑOL: EL TRONCO Formado por las regiones del pecho, el costillar, el vientre, los ijares, el dorso y el lomo.

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L PECHO

“Bulla hinchado el fervoroso pecho, con los músculos fuertes y carnosos; hondo el canal, dividirá derecho los gruesos cuartos limpios y hermosos.”  Pablo de Céspedes

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El pecho es una región limitada en su parte superior por el cuello, en su parte inferior por el esternón, y en las laterales por las axilas y los brazos.

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Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 17, abril de 2014, pp. 21-30.

La conveniencia de su amplitud Es bueno un pecho ancho y alto, indicio claro de una deseable capacidad torácica. El pecho alto significa también el nacimiento alto de la parte inferior del cuello, sin el cual el caballo no sólo pierde distinción, sino que al ser el cuello más grueso en su base, recarga inútilmente el peso de su tercio anterior. Una buena y correcta anchura de pecho, sin exagerar, contribuirá también a que los miembros anteriores no estén demasiado juntos y proporcionen una buena estabilidad al caballo.

Una yegua muy bien proporcionada, capaz de embelesarnos.

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En España gustaron siempre, equivocadamente, los caballos de ancho pecho. Es deseable, por supuesto, un pecho amplio, pero sin exagerar. De la Iglesia expuso su experto criterio: «El excesivo espesor del pecho, y más si los brazos se retiran un tanto atrás, recargará el cuarto anterior con un peso enorme, del cual resultarán la pesadez, el cansancio y la casi inutilidad para ser montado.» Anchura no es sinónimo de profundidad Torres, fijándose en lo que verdaderamente tiene valor en el pecho del caballo, advertía: «La belleza de esta región consiste en que sea amplia, teniendo en cuenta que puede aparecer estrecha ó deprimida lateralmente sin perder su amplitud, por estar compensada la estrechez con la profundidad. El caballo inglés de carrera y el perro galgo, cuya resistencia es bien conocida, presentan un buen ejemplo de esta verdad.» Lo mismo decía, con su laconismo habitual, Cubillo: «El pecho saliente, no confundido por delante con los encuentros y cuello, porque hace pesado al caballo, pero debe ser profundo.» Inconvenientes de un pecho demasiado amplio A pesar de las opiniones autorizadas, sigue habiendo muchos españoles enamorados de esos caballos “muy apartados de remos”, caballos propios para enganches o, en todo caso, para lucimiento. Julio Vicens atacó, en sus “Principios de Zootecnia General aplicados a la cría caballar”, de 1906 –obra premiada por el Ministerio de la Guerra–, estas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Un pecho correcto

creencias erróneas, con palabras que ya reproduje en otra ocasión: «Es gravísimo error, muy general en España, el suponer muy ventajosa lo que llaman la anchura del pecho, o sea, la separación de los brazos visto de frente el caballo, creyéndola excelente para la respiración, sin preocuparse de la profundidad y longitud del pecho en la parte que verdaderamente contribuye a ella, es decir, detrás de los brazos, debiendo ser más acentuada la curva formada por las costillas cuanto más atrás estén situadas, y no teniendo otra influencia la separación entre los brazos, más vulgarmente llamada anchura de pecho, que la de aumentar el peso que han de sostener estos remos, disposición ventajosa para el arrastre y admisible en el tiro no muy ligero, pero de rechazar en absoluto para todos los servicios de silla. Esto explica por qué muchos caballos que, muy estrechos de pecho, parece no debieran resistir nada el trabajo, son muy fuertes, y al contrario muy flojos otros que, mirados según la manera vulgar de ver, debieran disfrutar de unos pulmones incomparables; cosa que habrán observado generalmente todos los lectores que hayan tenido ocasión de ver trabajar duramente, en servicios algo rápidos, a muchos caballos, y cosa que saben perfectamente y llevan a la práctica los contrabandistas, matuteros, etc., dentro de España; gentes que, no dedicándose a escribir, no es fácil contribuyan a deshacer el error.» Esto no implica para que todos los años alcancen buenos premios en tal o cual feria hermosos caballos de ancho pecho y ancho (y pesado) cuello, de elevados y airosos movimientos (lentos y fuera del plano en que deben efectuarse los de las extremidades anteriores), de hermosa grupa redonda (sin músculos, pero con grasa abundante) e incomparablemente fogosos y gallardos (tanto predominio del temperamento nervioso como falta del sanguíneo y muscular). A esto conduce el juzgar a simple vista a

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Pecho ancho

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animales que deben tener como misión el trabajo, como pudiera hacerse con los destinados a la producción de carne o de lana.» Medidas del pecho en caballos y yeguas La realidad se impone, y esas anchuras de pecho tan erróneamente deseadas no aparecen casi nunca. En diciembre de 1982, Alfonso del Castillo publicó en el “Boletín del Caballo Español” un estudio de equimensión sobre una población de 193 caballos, y 342 yeguas. La media obtenida fue, para caballos, de 42,3 cm, y para yeguas, de 39,9 cm. El pecho más ancho en los caballos es, evidentemente –como en casi todas las medidas–, un signo de masculinidad. Denominaciones antiguas de diferentes formas de pechos El pueblo ha usado siempre unas denominaciones muy gráficas para designar el perfil del pecho de los caballos, que puede presentarse en forma convexa, plana o cóncava. Pecho de león. Muy sobresaliente, con un enorme desarrollo muscular. Pecho de gallo. Frecuente en caballos de carrera, sobresale sólo parcialmente en su parte media. Pecho de cabra. Es un pecho hundido, común en caballos de carga, que suele ir acompañado, por correlación, de un dorso “de carpa”, es decir, un dorso con cierta convexidad.

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Pecho plano. Es el pecho bello y normal de un caballo de silla bien constituido.

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L COSTILLAR

Las costillas conforman las caras laterales del tronco. Son dieciocho pares. Todas ellas constituyen un escudo que protege multitud de órganos internos del caballo. Unas costillas de suficiente longitud significan un buen perímetro torácico, capaz de contener unos pulmones de buen volumen. Deben, además, salir de la columna vertebral formando un óvalo correcto. Costillas planas, cilíndricas y ovaladas El costillar plano, que produce un tórax demasiado estrecho, es inaceptable para cualquier tipo de caballo. Además de indicar una deficiente capacidad pulmonar, reduce la estabilidad del caballo, a causa de que sus miembros están demasiado juntos, y es mayor su esfuerzo por conseguir un normal equilibrio. Hace también más difícil el asiento al jinete, por estar sus piernas demasiado juntas al abarcar un caballo “cerrado de costillas”. Un costillar demasiado cilíndrico, como un barril, puede proporcionar una buena capacidad torácica, pero disminuye la habilidad del caballo para sus movimientos laterales, haciéndole perder agilidad, al tener sus miembros demasiado separados. A la vez es incómodo para el jinete, por tener que colocar sus piernas demasiado abiertas. Esta clase de costillas, propia de caballos de mucha masa, es la idónea para el arrastre. Este tipo de caballo presenta para el jinete otra dificultad importante. La silla no se acopla, resbala, y

Una atleta. El pecho sube para conseguir una salida alta del cuello. Excelente riñón. Las costillas salen de la columna vertebral con una curvatura ideal. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


El buen riñón consigue que el caballo meta muy bien sus extremidades posteriores

Las costillas ovaladas son las mejores para llevar peso, tanto si se trata de un jinete como de una carga. El jinete o la carga gozan de mayor estabilidad, con menos posibilidades de moverse hacia los lados. El caballo no necesita ser cinchado en exceso, librándose de posibles mataduras producidas por el roce de la cincha o la silla. Ascásubi defendía de esta manera las costillas correctas: «Hay caballos de buena costilla, con tan buena salida de la columna vertebral que ésta se halla dentro de un verdadero surco formado por las masas musculares que descansan sobre las costillas. A mayor pronunciamiento de la curva de las costillas corresponde una mayor amplitud de caja, constituyendo la costilla bien arqueada una compensación relativa de una falta de hondura de la caja torácica. Generalmente, a costillas bien arqueadas corresponden unas espaldas bien destacadas y libres de la aparente compresión lateral... El riñón, largo y débil, así como la costilla plana, son disimulados por la capa de grasa con que suelen ser presentados estos animales al concurso y que así equivocan a los observadores superficiales.» Las buenas costillas del caballo español El caballo español trabajó durante muchas horas diarias con su jinete encima. Compañeros eternos, Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

soñaron juntos caminos y aventuras hasta el día en que éstas se hicieron realidad. El mundo se les hizo pequeño. El jinete, hecho guerrero, hecho caballero, hermanó razas y propagó el sagrado signo de la Cruz a través de todos los vientos y las brisas de la Tierra. Su caballo iluminó con las chispas de sus cascos senderos ignorados, para transformarlos en rutas de gloria. En esa eterna simbiosis, cuentas interminables de un rosario que sólo tiene Misterios de Amor, el jinete cuidó de su camarada, procurándole una silla con una gran área de contacto que evitara rozamientos por una excesiva presión. Lo cuidó, pero también exigió de él, entre tantas cosas, un costillar perfecto. Por eso se ven muy pocos caballos españoles con dorsos “cortantes”, en arco de ojiva, en la forma en que terminan en punta las ventanas en la arquitectura gótica. Los bastes de la silla no conseguirían un contacto firme, y el canal de la misma podría incidir directamente sobre la columna vertebral. Podemos observar a simple vista, colocándonos delante del caballo, cómo son las costillas. Si tienen buena curvatura, deben sobresalir ligeramente, con su forma redondeada, de las espaldas. Si no las vemos, se tratará de un costillar plano, y si sobresalen demasiado, será señal de que nos encontramos con un tronco en forma de barril. Habrá que estar alerta ante situaciones anormales. Podría engañarnos en primavera un caballo excesivamente grueso, harto de hierba, y con mucha más razón una yegua preñada.

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hay que apretar mucho la cincha. Lo normal es que, después de ir montado un rato, haya que recinchar.

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Aumento paulatino de su perímetro torácico El perímetro torácico de nuestros caballos ha aumentado en los últimos años de forma importante, mucho más que la alzada. Pozo Lora encontró una media de 178,2 cm, para una alzada a la cruz de 154,1 cm, en 1954. Cinco años después, el doctor Gómez Lama proporciona la media de 179,1 cm de perímetro torácico, para una alzada de 156 cm. En 1982, Alfonso del Castillo publica una media de 184,3 cm de perímetro torácico para una alzada media de 156,7 cm. Las medidas obtenidas por mí desde 1979 hasta la fecha vienen a coincidir con estas últimas, aunque carecen del mismo valor por estar hechas sobre una población caballar mucho más reducida. Dejando a un lado las variaciones propias de las mediciones efectuadas en distintas épocas del año, con distinto estado de carnes en los animales, parece deducirse que una mejor y más equilibrada alimentación ha producido un mayor aumento en el perímetro torácico que en la alzada. Correlativamente, el diámetro dorso-esternal, es decir, la distancia del dorso a la cinchera, ha pasado de 64 cm en Pozo Lora a 66 cm en el doctor Gómez Lama y a 68,7 cm para Alfonso del Castillo. Nunca tuvo el caballo español un perímetro torácico pobre, es decir, nunca fue “de pocas cinchas”. Con lo que ha ido ganando en poco más de treinta años, bien se puede decir de él que es ahora un animal “de buenas cinchas”.

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L VIENTRE

“Breve el vientre rollizo, no pesado ni caído de lados...”  Pablo de Céspedes

El vientre, del que no hay mucho que decir, debe ser proporcional a todo el resto del tronco. Sus variaciones de volumen según la estación

Según el estado de carnes del animal, el volumen del vientre puede presentar variaciones considerables. No es raro en la primavera española, cuando la tierra, después de unas buenas lluvias, se muestra agradecida y explota en un derroche de hierbas y flores, ver cómo la yegua de enorme vientre, a la que creíamos a punto de parir, no es más que una falsa esperanza. El perfil inferior del vientre Si observamos el perfil inferior del caballo español, podemos comprobar que, a partir de unos 5 cm de la cinchera, el vientre toma una ligera, suave y curvada línea ascendente. Corresponde al volumen adecuado de un caballo de silla de amplia capacidad digestiva, que nunca comió alimentos concentrados, y que tuvo que subsistir, la mayor parte del año, con los rastrojos de los cereales, o con la hierba amarillenta que un sol inclemente agostó en pocos días. Denominaciones de sus distintos tipos

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Alguna vez aparece un caballo con un vientre muy abultado y caído, al que se le suele denominar “vientre de vaca” o “vientre derribado”, y que es un defecto propio de cualquier raza.

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Buen perímetro torácico, con la deseada línea ascendente del perfil inferior del vientre

Hay otro tipo de vientre, que toma una curva muy ascendente hacia las ingles, que conocemos como “vientre de galgo” o, más castizamente, “cosido de tripas”. No se ve nunca en animales de tiro, y es propio de animales longilíneos, hipernerviosos, como el pura sangre inglés. Si un caballo español, en su peso correcto, presentase un vientre con tendencia a ser “agalgado”, deberíamos estudiarlo con detalle ante la posibilidad de que, en alguna generación anterior, alguien hubiese inyectado algunas gotas de sangre inglesa. El vientre del español, como decía Cubillo, Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


“debe salir aumentando desde las últimas costillas, y confundirse con los ijares”. De la Iglesia quería que “la cinchera –así se llamaba antiguamente a todo el perfil inferior del vientre– sea proporcionalmente ni muy aguda ni muy redonda”.

el caballo respira, y si aquél es acelerado, después de un esfuerzo prolongado, se dice que el caballo “jadea”. Si esta aceleración del ritmo respiratorio es consecuencia de un esfuerzo mínimo, indicando que la capacidad pulmonar del caballo es muy pobre, se califica a éste como “grueso de aliento”. Beltrán, en su “Ganado caballar”, de 1954, indicaba como síntoma importante el llamado “movimiento entrecortado del ijar”, delatando la presencia del huélfago en el caballo.

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L DORSO “El dorso corto y llano...”  Joseph de Arcos

La región del dorso está limitada por la cruz en su parte anterior, por los lomos o riñones en la posterior, y lateralmente por los costillares.

L

OS IJARES

Los ijares, que responden también al nombre de “vacíos”, están encuadrados entre los lomos, las costillas, el vientre y los miembros posteriores. La conformación de los ijares es acorde con la de los lomos y el vientre. Giles señala que “deben tener el mismo ancho que la longitud de los lomos, estar llenos y al nivel del vientre y las costillas”, indicando una amplia capacidad digestiva que resta posibilidades a los cólicos. Diversos nombres de ijares según su forma

Las vértebras dorsales El dorso tiene su base anatómica en las vértebras dorsales, la extremidad superior de las costillas y una serie de músculos. Las vértebras dorsales son 18. Las primeras, con sus apófisis espinosas destacadas, constituyen la base de la cruz, y las restantes conforman realmente el dorso. Toda la columna vertebral del caballo constituye una cadena ósea, bastante rígida en el tronco, a través de la cual se transmite a éste el impulso creado por los miembros posteriores. Rodea y protege, además, a la médula espinal que desde el cerebro se extiende a lo largo de toda la línea superior del caballo. Las vértebras, indeformables, están unidas

En la terminología nacional existen varias acepciones para designar formas o modos de moverse los ijares. El ijar “arremangado” se corresponde con un vientre muy retraído, un vientre “de galgo”, y podría denotar, como ya he dicho, infusión de sangre inglesa. Es un ijar con una situación más alta de lo normal. Se dice “trasijado” o “estrecho del ijar”, de aquel caballo que lo presenta hundido. Los movimientos de los ijares son acordes con la respiración. “Baten los ijares” al mismo ritmo que Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Pecho magnífico en esta yegua llena de vitalidad

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Cabe mucho ahí dentro. El potro será grande

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asentarse el jinete, sino porque de su cortedad o longitud va a depender la habilidad para los cambios de dirección, de velocidad y de posición en aquellos movimientos en que el caballo necesita elevarse sobre sus pies. Giles resumía así la opinión de su época: Dorso casi “ensillado”

por discos cartilaginosos, algo flexibles, que evitan el pinzamiento de los nervios que, entre cada dos vértebras, salen de la columna vertebral para llegar, ramificándose, a todas las regiones del caballo. La columna vertebral del caballo, en la parte comprendida en el tronco, es muy rígida. Casi no hay flexibilidad más que entre la última vértebra dorsal y la primera lumbar, y luego entre las tres primeras vértebras lumbares. Esta falta de flexibilidad, que por supuesto se acusa mucho menos en los potros, se va acentuando con la edad del caballo, tanto por el acortamiento de las estructuras de unión como por osificaciones de nueva formación entre la vértebras contiguas. Dorsos largos y cortos

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Es importante para un caballo de silla la conformación de su dorso, no sólo porque sobre él va a

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«Dorso. No debe ser muy corto ni excesivamente largo; sus partes laterales redondeadas y seguir una dirección recta desde su origen hasta su terminación. Cuando es corto, los caballos tienen mucha fuerza, pero sus reacciones son duras, y la grupa del jinete tiene que ir sobre las ancas; y cuando muy largo, los movimientos son dulces, pero el caballo es de poca fuerza y fatiga. Si el dorso forma en su centro una curvatura hacia abajo muy pronunciada, se llama “ensillado”, y tiene los mismos inconvenientes que cuando es largo; y si la curvatura es hacia arriba, se dice “dorso de camello”, “de gato” o “de carpa”; los caballos con esta conformación son fuertes, pero sus movimientos muy duros y se matan con facilidad.» Con su lenguaje conciso, Giles lo había dicho todo. En efecto, el dorso largo, evidentemente más débil para aguantar peso, favorece la velocidad y aminora las posibilidades de que el caballo se alcance. El dorso corto permite que el caballo se alcance más fácilmente, pero favorece, como decía Torres, “las múltiples y variadas evoluciones propias del servicio de campaña”. Ahí, en el dorso corto, está la

Dorso excelente Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Dorso y riñón muy buenos

Tampoco es conveniente para un caballo de silla un dorso de extrema cortedad. De la Iglesia vertía sus experiencias con estas palabras: «Si el cuerpo del animal pecare por demasiado corto, su fuerza será más conjunta para sostener un peso; pero careciendo de cierta elasticidad en sus movimientos, será sumamente duro y desagradable bajo su jinete. Para el tiro, la misma aproximación de sus manos al punto de apoyo que deben hacer los pies, lo privará de parte del esfuerzo que necesita contra el peso que pudiera arrastrar. Luego bajo estos principios, un caballo largo es siempre mas aparente para el tiro que otro que fuese mas corto.» Formas del dorso En cuanto a la forma del dorso, decía Torres que “los defectos consisten en que se separe de la horizontal hacia abajo o hacia arriba, originando, respectivamente, el “ensillado” y el “dorso de camello”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

El dorso “ensillado” impide la correcta transmisión de la fuerza y la impulsión originada por el tercio posterior, y su constitución es la peor para aguantar peso. El “dorso de camello”, o convexo, tiene la mejor conformación para soportar carga, aunque es inapropiado para un caballo de silla, por ser extremadamente molesto para el jinete, ya que no amortigua en absoluto los impactos de los cascos contra el suelo. El caballo español debe tener –y normalmente lo tiene– un dorso recto, horizontal, que en su parte más baja se diferencia unos cinco o seis centímetros de la cruz y de la grupa, con la anchura que le da una correcta salida de las costillas, para que nunca se dé el “dorso cortante”, en forma de un tejado a dos aguas. La dirección horizontal del dorso –normal, ni ensillado, ni de carpa– va a estar condicionada por la cruz y por la unión del lomo con la grupa. Si la cruz es más baja que ésta, todo lo que el caballo lleve encima de su dorso tendrá la tendencia de irse hacia adelante. Esta traslación de peso –del peso propio

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agilidad, la capacidad para el quiebro, la levada y las piruetas, características que el caballo español posee en grado máximo.

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del caballo y del peso añadido– ha de acusarse en las espaldas, rodillas, menudillos y en toda la musculatura y sistema tendinoso de los miembros anteriores. Para un caballo con esta conformación es imprescindible la baticola, que acompaña siempre a la silla vaquera con que tradicionalmente se montan los caballos españoles, no porque sean bajos de cruz, sino por la rapidez y variedad de movimientos a que son sometidos en su trabajo con el ganado bravo, movimientos que exigen una silla que no pueda moverse de su sitio. El caso contrario se presenta con el caballo que tiene una cruz más alta que la unión del lomo con la grupa. La silla, con su jinete, tiene tendencia a irse hacia atrás. Este, montando en llano, tiene la continua sensación de estar subiendo una cuesta. Es preciso para estos caballos un pecho pretal, que impida a la silla irse hacia atrás. Estos caballos, al ir recargados en su tercio posterior, presentan con frecuencia debilidad en sus riñones y sus extremidades posteriores. Desarrollo de la columna vertebral a través del crecimiento Ha sido una constante entre los aficionados de todos los tiempos imaginarse, al ver un potro, cómo será cuando sea mayor. Es imposible saber cómo se desarrollará y qué alzada y volumen corporal podrá alcanzar, aunque puede decirse que la longitud de sus vértebras crecerá con uniformidad en toda su columna vertebral. La proporción entre las vértebras cervicales –cuello–, las

dorsales y lumbares –tronco– y las sacras y coxígeas –grupa y cola– ha de permanecer constante a lo largo de toda la vida del animal. Si un potro tiene espaldas largas y oblicuas, cruz retrasada y dorso corto, seguirá con esa constitución cuando sea adulto. Un potro que tenga el cuello corto, el dorso largo y la grupa corta, mantendrá esas proporciones de mayor.

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L LOMO “... los riñones anchos y musculosos...” Cubillo

Al lomo se le conoce también con los nombres de lomos o riñones. Esta región tiene por base las seis vértebras lumbares, y está limitada por el dorso, la grupa y los ijares. Cómo debe ser

El buen lomo del caballo español no varía en absoluto de lo deseado para cualquier buen caballo de silla. Giles, con el mismo criterio que cualquier otro autor, escribía que los lomos o riñones “deben ser robustos, anchos, cortos, flexibles, y seguir la misma dirección que el dorso”. Para De la Iglesia, “los riñones cortos y anchos hacen al caballo fuerte y ligero, y que se reúna con facilidad”. “Deben ser”, decía Giles, y efectivamente lo son, pues es normal encontrar buenos lomos en nuestros caballos, anchos y fuertes, consiguiendo una buena unión con la grupa en la que no hay solución de continuidad.

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Lomos defectuosos

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Riñón largo

A veces aparecen, sobre todo en los caballos de tronco largo, unos lomos poco desarrollados. Vistos de perfil, presentan una hendidura, por falta de musculatura, y se unen a la grupa no formando una suave curva convexa, sino un ángulo. A estos caballos se les llama “despegados de riñones” o “descosidos de riñones”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Hay caballos que al andar zarandean o bambolean a uno y otro lado su tercio posterior, denotando una deficiente capacidad de transmisión del esfuerzo de impulsión originado por sus extremidades. De ellos se dice que tienen sus lomos “desunidos” o “mal unidos”, y que al andar “se mecen”.

tronco corto, con buen dorso y buen riñón

La sensibilidad del lomo La sensibilidad del riñón puede notarse al tacto haciendo fuerza con nuestros dedos en la parte más próxima al dorso, es decir, encima de las tres primeras vértebras lumbares que son, como ya dije, las menos rígidas. Beltrán lo explicaba así: «La sensibilidad del lomo a la presión digital debe ser tal que el animal responda agachándose, aunque no excesivamente. Ello es signo de buena disposición; en cambio, el no responder a esta prueba es indicio de la anquilosis de las vértebras, propia de animales viejos.» En cambio, una flexibilidad exagerada demostraría un estado de hiper-sensibilidad, cuya causa debería investigarse. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Los riñones mantienen una buena curvatura, aunque su grupa alta hará que la silla se vaya hacia adelante.

Su longitud Los riñones, que pueden ser cortos o largos, suelen corresponder en su dimensión a la que tiene el dorso. La suma de la longitud de ambos nos ha de dar troncos cortos o largos. Los caballos se llaman, respectivamente, cortos o largos “de viga” o “de raspa”. A veces, un caballo español puede parecemos largo. Una vez medido, encontramos efectivamente que su alzada es menor que su longitud escápulo-isquial, alargándose, por tanto, el cuadrado en el que se enmarca su morfotipo. No es malo, siempre que esa longitud sea consecuencia de una espalda larga y horizontal y de una grupa larga, ambas cosas deseables. El caballo puede ser largo en su medida total, aunque gozando de medidas correctas en su dorso y en su lomo. 

Bibliografía: ARCOS, JOSEPH DE: Real ordenanza de cavallería. Impr. Antonio Marín. Madrid, 1757. ASCÁSUBI, LUIS DE: El caballo de paso. Lima, Perú, 1968. BELTRÁN, JOSÉ Mª: Ganado caballar. Ed. Salvat. Barcelona, 1954. CASTILLO, ALFONSO DEL: Boletín del caballo español. GILES, JOSÉ Mª: Manual del remontista. Impr. Juan de la Vega. Madrid, 1842. GÓMEZ LAMA, MANUEL: El caballo andaluz. Tip. Artística. Córdoba, 1959. LA IGLESIA, FRANCISCO DE LA: Memoria sobre la cría caballar de España. Impr. León Amarita. Madrid, 1831. VICENS, JULIO: Principios de zootecnia general aplicados a la cría caballar. Ed. Bailly-Bailliere e Hijos. Madrid, 1906.

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Podemos encontrarnos con unos lomos fuertes, partidos longitudinalmente por una ligera depresión. Esa depresión puede estar muy marcada, entre dos prominencias debidas a un extraordinario desarrollo muscular. Esta conformación se conoce con el nombre de “riñones dobles”, y podría indicarnos, junto con otras cosas, unas gotas de sangre de tiro, aunque puede darse, sin sospechas, en caballos entrenados.

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EL CABALLO ESPAÑOL: LA GRUPA, EL ANCA Y LA COLA Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

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Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 18, agosto de 2014, pp. 33-39.

A GRUPA 

“... la grupa, larga y ancha.” Cubillo

La grupa queda encuadrada entre el lomo y la cola, y lateralmente por las ancas, y tiene su base en las cinco vértebras sacras, que están fusionadas.

Aránguez analizó la grupa teniendo en cuenta su longitud, su inclinación, su forma y su anchura, y voy a seguir esta sistemática, que encuentro muy correcta.

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Grupa magnífica,  perfectamente    unida al riñón

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Grupa horizontal, con un nacimiento alto de cola

La longitud En cuanto a la longitud de la grupa, hemos de distinguir entre las grupas largas, convenientes para los caballos de velocidad pura, y las grupas cortas, apropiadas para los caballos de tiro. El nuestro no fue nunca ni una cosa ni otra, sino un caballo que, sin carecer de velocidad, precisó de fuerza, resistencia y agilidad. Por eso su grupa debe ser, como decía Giles, “de mediana longitud”. La inclinación La inclinación de la grupa tiene también que ver con la aptitud para la que se seleccionó cada raza. Si forma con la horizontal un ángulo menor de veinticinco grados, se dice que la grupa es horizontal. Este tipo de grupa proporciona un ángulo femorotibial amplio, que en el pura sangre inglés viene a ser de unos ciento veinte grados. Los ángulos abiertos de las extremidades permiten un gesto más amplio. En el movimiento el tranco puede ser mayor, al posarse el casco más adelante y levantarse más atrás. Permiten, por tanto, mayor velocidad. Esta afirmación no puede hacerse sin ciertas salvedades. En efecto, ángulos articulares abiertos y músculos largos tienen como consecuencia una mayor capacidad de avance en cada tranco, pero también una menor frecuencia, un ritmo menos vivo. Un caballo con ángulos articulares menos abiertos que otro podría, a base de una mayor frecuencia, conseguir mayor velocidad, al menos durante un tiempo corto, pues en otro caso un mayor esfuerzo contiAsociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Yo diría que la grupa parece angulosa.

nuado se traduciría en un menor tiempo de resistencia. Cuando el ángulo que forma la grupa con la horizontal es mayor de treinta y cinco grados, se designa a la grupa como “derribada”, inclinación propia de los caballos de tiro, que da lugar a un ángulo femorotibial más cerrado –con un tranco menos extenso– que suele ser menor de cien grados. La grupa del español es una grupa intermedia, calificada como “oblicua”, que forma un ángulo con la horizontal que oscila alrededor de los treinta grados. Es, según Torres, la adecuada “para un caballo de guerra que más que velocidad extremada, necesita firmeza en las paradas y en las evoluciones rápidas sobre las piernas”. Eso es lo que buscaron siempre nuestros jinetes vaqueros, y para eso se seleccionó, durante más de veinticinco siglos, nuestro caballo: lo primero, la agilidad, la capacidad de Esta grupa carece de redondez

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Tercio posterior muy bueno, aunque la grupa está más alta que la cruz

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quiebro; luego, la mejor combinación posible de velocidad y resistencia. Para eso necesita una grupa que no sea “horizontal” –encuadrada entre los 20° y los 25°– ni tampoco “derribada” –de unos 35°–. La forma La forma de la grupa depende, en parte, de la conformación de sus huesos, pero sobre todo de su desarrollo muscular. A veces la unión del lomo con la grupa es demasiado alta, a causa de que lo es la primera vértebra sacra. Un caballo con tal grupa es calificado de “alto de palomilla”, pues así se nombra esta parte de la grupa. Si los huesos que son base de la grupa están muy destacados, porque el desarrollo muscular es muy escaso, ésta adopta la forma de un tejado a dos aguas, y se denomina “grupa cortante” o “grupa de mula”.

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Hay otro tipo de grupa parecido, en el que las eminencias óseas están bien patentes, aunque existe desarrollo muscular, que se llama “grupa angulosa”.

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Un paquete muscular exagerado en la grupa puede producir un surco que divida a ésta longitudinalmente. Esta grupa se llama “doble”. Antiguamente, las jacas con grupas de esta constitución se llamaban “jacas dobles”, impregnadas, sin duda, de sangre de tiro. Del Castillo Gigante hace una atinada observación en el caso de las “falsas grupas dobles”, en

Dos "culatas" magníficas. Las yeguas extremeñas suelen tener muy buenas grupas, aunque no siempre más bajas que la cruz.

las que la apreciación visual se debe no a un exceso de musculación, sino de grasa, en cuyo caso no hay por qué sospechar infusión de sangre del Norte. La anchura El grado de anchura es el último factor a tener en cuenta en la grupa. Es indeseable una grupa

demasiado estrecha, signo de poco desarrollo en el esqueleto, con una base pobre de inserción de la musculatura necesaria para la propulsión. La grupa demasiado ancha –a la vez que musculada– es propia de caballos de tiro e incorrecta para un caballo de silla, no sólo por una musculatura más rígida Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


y de menor elasticidad, capaz de esfuerzos de gran intensidad en tiempos reducidos, sino porque suele producir un balanceo del tercio posterior incómodo para el jinete. La grupa del español es redondeada, tanto vista de perfil como desde atrás, sin prominencias óseas. Una grupa “angulosa” puede verse en un caballo español enflaquecido, pero una grupa recta, horizontal o derribada deben –junto con otros signos– hacernos dudar de la pureza de raza.

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L ANCA 

“Llena el anca y crecida...”

Pablo de Céspedes

Nuestros autores antiguos dedicaron poca atención al anca. Encuadrada entre el ijar, la nalga, la grupa y el muslo, es una región del caballo que suele quedar condicionada por la conformación de las que la rodean. Así, la grupa redonda del español se corresponde con un anca redonda, del mismo modo que la grupa cortante es propia del caballo “anquimuleño”, o la grupa “derribada” del “anquiderribado”. Aguilar, como experto jinete, las prefería “grandes, y largas, y redondas”. A veces las puntas de las ancas están muy pronunciadas y altas. A los caballos con estas ancas se les llama “ancados”, y también “altos de anca” o “altos de cuadriles”. Al caballo con los cuadriles muy pronunciados, aunque no altos, se le conoce como “anquiboyuno”. Un fuerte traumatismo en una punta del anca puede ocasionar un rebajamiento permanente, que se observa mirando al caballo desde atrás. Al caballo con Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Cola de macho bien poblada

este defecto se le llama “lunanco”, “rebajado”, “despuntado” o “descuadrilado”.Y si las ancas son estrechas, se califican de “almendradas”.

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A COLA

“Largo el trecho de la cola...”  Pablo de Céspedes

La cola tiene su base en el maslo, llamado también “tronco” o más castizamente “macho”, constituido por una serie indeterminada de vértebras coxígeas, cuyo número normal es el de dieciocho. Longitud y anchura El maslo es otra región más del caballo que guarda correlación con el perfil de la cabeza; si éste es convexo, suele corresponderse con un tronco algo más largo que el cóncavo, con vértebras algo más cortas en toda su columna vertebral, de la que forma parte el maslo. Yo he medido cientos de maslos de caballos españoles, que vienen a dar una longitud alrededor de los 50 centímetros, siendo un poco más largos, por supuesto, los pertenecientes a

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La media de anchura de los caballos españoles está alrededor de los 51,5 cm, y la de su longitud, poco más de los 53 cm; en las yeguas es siempre deseable, para facilitar su función procreadora, una grupa algo más amplia, siendo probablemente la única región de mayor medida en la hembra que en el macho. Su anchura media sobrepasa a la de los caballos en más de un centímetro.

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caballos de tronco más largo. El marqués de Arellano quería el macho corto, propio del caballo con tronco corto, y por ello, más ágil en los menesteres de la guerra y el campo. Otro factor a considerar es la anchura del maslo. Los antiguos, repito, tenían la costumbre de medirla con la mano, pues consideraban que un maslo ancho era señal de una columna vertebral fuerte. Aguilar se hizo eco de esta opinión: «... y que sean arregazados (recogidos), y tengan buen nascimiento y buen asiento de cola, y el maslo della gruesso y derecho, y muy poblado de cerdas.» El marqués de Arellano no dudaba en afirmar que “si en el macho tiene fortaleza, manifiesta que la ay en todo el cuerpo”. Nacimiento. Correlación con el perfil cefálico

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El nacimiento del maslo guarda también relación con el perfil de la cabeza. Aunque siempre, en

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La misma alzada y las tres grupas similares, mejoran la calidad de esta cobra

el caballo español, la cola continúa la suave línea descendente de la grupa, debe nacer tanto más abajo cuanto más convexo es el perfil cefálico. Lo correcto es que nazca a la misma altura o algo más abajo que el anca, y que el maslo nazca “escondido”, “encajado” o “embutido”. Las cerdas Las cerdas cumplen su misión de defensa contra toda clase de insectos, que espanta con sus continuos movimientos. El caballo español tiene una cola muy poblada de cerdas largas. Jamás se corta en España el maslo ni las cerdas a un semental, aunque en el campo se hace con frecuencia a los caballos castrados. Sampedro decía, a mitad del siglo pasado:

Grupa alta, nalga estrecha y corvejón débil.

«A nuestros caballos agracia mucho la cola bien poblada de cerdas, por cuya razón la costumbre de cortarlas tiene pocos apasionados en

España, y sólo se hace con aquellos que la tienen muy pobre. Los ingleses y franceses acostumbran a cortar la cola a todos los caballos, porque han conocido que no sirve más que para gastar mucho tiempo en limpiarla; por otra parte todos sus caballos son capones, y no hace en ellos la cola cortada la vista ridícula que en los caballos enteros, y ésta es sin duda la causa de no estar en España tan puesto en uso.» Los caballos “colines” Hasta nuestra Guerra de la Independencia, el español prefirió montar caballos enteros, despreciando a las yeguas, “todas viciosas de cola”. Nuestro ejército no compraba más que caballos enteros. La falta de estos caballos, y el contacto con tropas montadas francesas e inglesas, hizo variar –no mucho– los gustos, y a partir de entonces los españoles empezaron a montar caballos castrados y a cortarles el maslo. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Grupa estupenda, algo horizontal

A estos caballos les llamamos jacas colinas. El año pasado me telefoneó desde Cataluña un joven estudiante de Veterinaria para preguntarme “qué raza era esa de las jacas colinas”. Tuve que explicarle que una jaca no es más que cualquier caballo castrado de silla, y que “colina” o “colín” no significaba otra cosa que el haberle cortado el maslo, y que en España se hace a una cuarta y tres o cuatro dedos de su nacimiento, es decir, a unos 28 centímetros. La cola como factor determinante de la pureza de raza La cola es un elemento importantísimo para calibrar la pureza de raza. Una cola despegada, continuación de una grupa horizontal, nos da la seguridad

de sangre árabe, más próxima o más lejana, bien por infusión directa o a través de intermediarios mestizos o cruzados. No debe preocuparnos que un caballo español, recién salido del box, levante y separe por unos momentos la cola. A veces, y esto se observa bien en los potros de un año por la costumbre española de tusar el maslo, éstos, en sus primeras carreras, lo levantan en una curva al revés de la que pueden adoptar normalmente. En pocos minutos han de pegar su cola, que ha de seguir la curva de la grupa. En ese precioso manuscrito anónimo “Pintura de un potro”, se decía: «La zerda de la cola a de ser gruesa y el macho mui poblado, y la a de traer metida en la caxa y que cimbre con ella entre las piernas y que no aga assa de cántaro con ella, ni la tuerza ni sacuda, y si algo hubiere buelo, sea la parte allá de la punta traiéndola pegada de arriba... que la cola le a de nacer mui baxa y undida...»

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"El arco de potencia" -corvejón, grupa y lomo- consigue esta buena propulsión.

El perfil de la grupa tiende a recto en este estupendo tercio posterior.

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El caballo español no sólo tiene la cola abundante, sino también larga, a veces demasiado. Barbara Currie presentó en 1987 en el “Equestrian Center” de Los Ángeles una potra de tres años a la que hubo que cortarle casi 40 centímetros de cerdas, que arrastraba por el suelo. En muchos caballos de origen cartujano suelen aparecer, cuando la capa es ya absolutamente blanca, entre los diez y quince años, unas verrugas en la parte interna del maslo próxima a su nacimiento, que con el paso del tiempo crecen y proliferan hasta invadir buena parte del mismo, y que en ocasiones obligan a sacrificarlos. Tanto los “cuernos” como este tipo de verrugas se consideran como signos de pureza dentro de la casta cartujana. Acepciones sobre colas No quiero dejarme en el tintero algunas expresiones antiguas relativas a las colas: Cola viciada o torcida. Dirigida permanentemente a uno u otro lado. El caballo inciensa. Cuando su cola se mueve continuamente a uno y otro lado, con movimientos semejantes a los de un péndulo.

Caballo pobre de cola o con cola de rata.  Con cerdas escasas. Rabicano.  Caballo con cerdas blancas en el nacimiento de la cola. 

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El caballo colea.  Cuando mueve la cola sin orden ni concierto. Los movimientos de cola corresponden con frecuencia a problemas de la columna vertebral.

Buena grupa, con la cola bien marcada, aunque el muslo debería ser más musculado.

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EL CABALLO ESPAÑOL: LOS PIES Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

ExtremaduraPRE nº 19, diciembre de 2014, pp. 42-50.

L MUSLO



“Los muslos largos y anchos, y bien formados, con mucha carne por dedentro y defuera dellos.”

Pedro de Aguilar

Mientras que las extremidades anteriores están unidas a la columna vertebral y al tórax por un sistema elástico de músculos y ligamentos, las extremidades posteriores están directamente conectadas a la columna vertebral a través de la pelvis, por lo que pueden transmitir, sin pérdida alguna de fuerza, toda la impulsión originada. El muslo es una región de límites imprecisos, comprendida entre la grupa y el anca, la babilla, la nalga y la pierna. En el muslo se marca a fuego, poco después del destete, con el hierro del criador, en una operación que tiene mucho de rito. Ese día se invita a los ami- Trote lleno de impulsión. gos, y es tradición Pie y mano apoyan a la vez Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

que el hierro lo marque el mismo criador. La costumbre general española es herrar los machos en el muslo izquierdo y las hembras en el derecho. La base ósea del muslo es el fémur, el hueso más robusto del esqueleto, rodeado de importantes masas musculares. La parte interior del muslo, por ser bastante plana, recibe el nombre de “planicie” del muslo, y también el más popular de “bragada”. En el muslo se deben tener en cuenta su longitud, su dirección y su volumen. La longitud viene condicionada por el fémur. A simple vista –y de una manera imprecisa– podríamos medirlo calculando la distancia existente entre la punta de la nalga –el “quijote”– y la punta de la babilla. Por la correlación existente entre las distintas regiones del caballo, una grupa

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corta o larga ha de darnos también un muslo corto o largo. Cuanto más largo es el fémur, más posibilidades tendrá la babilla para desplazarse hacia adelante y hacia atrás, consiguiendo un tranco mayor. La dirección del muslo debe estudiarse desde dos posiciones. Si nos ponemos detrás del caballo podemos ver cómo los fémures se abren de arriba a abajo, estando más separados en la región de la babilla, favoreciendo a ésta su movimiento hacia adelante, sin roces o presiones sobre el tronco. Si vemos el caballo de perfil, comprobaremos cómo a una grupa que tiende a la horizontal corresponde un muslo que tiende a la vertical, con un ángulo ilio-femoral mucho más abierto que en el caso de una grupa derribada. El muslo “recto” o “derecho”, relacionado con una grupa “horizontal”, es ideal para los caballos de velocidad pura, que consiguen un gran tranco. “Meten” mucho los pies, y también “los sacan”. Los caballos de tiro, con grupa “derribada” y, por tanto, con el ángulo mencionado más cerrado, tienen un tranco más corto, aunque los músculos del muslo pueden insertarse de manera más conveniente para el esfuerzo específico que han de desarrollar. Diversos autores, casi todos anglosajones, aconsejan que el caballo de silla tenga equidistantes la babilla, el cuadril y el quijote, formando estos tres puntos, por tanto, un triángulo equilátero.

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En cuanto al volumen del muslo, hemos de rechazar el denominado “débil” o “muslo de rana”. Es aquel que tiene su cara externa plana, sin apenas musculatura aparente. Para un caballo de silla, que requiere cierta dosis de velocidad, tampoco será conveniente un desarrollo extraordinario de los músculos que conforman el muslo, que, sin embargo, hemos de exigir en los caballos de tiro pesado, para que sean capaces de un gran esfuerzo en un momento dado.

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Buenos aplomos en esta yegua con raza

Nuestro caballo queda en medio de los dos extremos analizados. A su grupa inclinada –ni horizontal ni derribada– ha de corresponder un muslo que no tienda ni a la verticalidad ni a la horizontalidad, largo sin exceso, y musculado sin exageración, para que constituya lo que el pueblo llama “una buena culata”, en unión de otras regiones próximas del tercio posterior. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


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A BABILLA “Ha de ser gruesa, redonda y tan abultada que apenas se pueda abarcar con la mano. Cuando es chica y delgada denota debilidad.”

Francisco de Laiglesia

La babilla tiene como base la rótula y la articulación fémuro-tibial. Corresponde a la rodilla humana. En su unión con el vientre hay un repliegue cutáneo, muy elástico, debido a su movilidad, que se llama “pliegue de la babilla”. Es una región complicadísima en la que se ubica la rótula y confluyen el fémur y la tibia. Los tres huesos ven facilitada su relación por meniscos fibrocartilaginosos, cápsulas sinoviales, bolsas subcutáneas y multitud de ligamentos. El caballo puede mover independientemente su antebrazo, la caña de su mano o su menudillo correspondiente. No puede hacer lo mismo con sus pies. Al subir el muslo –por flexión, o mejor, cierre del ángulo fémuro-tibial–, se cierra también el corvejón y la articulación de la caña con el menudillo. No hay diferencias entre la babilla de un buen caballo de silla y la del español. Debe ser fuerte, es decir, voluminosa, sin inflamaciones, algo separada del vientre y ligeramente dirigida hacia afuera. Si está muy pegada, rozará con el vientre cuando se mueva. Los corvejones, en este caso, estarán probablemente separados, y el caballo será estevado de posteriores. Si la babilla está demasiado separada, ésta debe corresponderse con unos corvejones cerrados y con unos cascos de posteriores que miran hacia afuera. La relación entre los movimientos de babilla, corvejón y menudillo, se manifiesta claramente en el caso de una luxación de rótula, pues al bloquearse la articulación del fémur con la tibia se bloquea también la del corvejón, apoyando el casco con las lumbres.

Rodilla "coronada" Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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RemetidO de atrás. El caballo "se alivia" porque sus corvejones no soportan el peso de la masa

A NALGA “ Que no sean estrechos de quijotes.”  Guillermo Sampedro

La nalga es la parte posterior del muslo. La íntima relación entre estas dos regiones ha sido la causa de que los antiguos no las estudiasen por separado. Es una región alargada, que comienza en la cola y termina en la pierna, en el sitio llamado “pliegue de la nalga”. Está separada longitudinalmente del muslo por una depresión, que llamamos “raya de la miseria” incorrectamente, pues aunque aparece en caballos desnutridos también es muy marcada en el pura sangre inglés, con una musculatura desarrollada en sus posteriores. Mirando el caballo de perfil, la silueta de la nalga forma una curva descendente desde el maslo. Cerca de él está la parte más saliente, la “punta de la nalga” o “quijote”, muy pronunciada, casi formando un ángulo en el árabe y sus derivados. En el español, el quijote no destaca. La nalga tiene la suave redondez de su grupa y de sus ancas. El quijote en punta suele corresponder a una grupa angulosa, impropia del español, al que los músculos glúteos y encabritadores le dan la forma redondeada. Para los caballos de velocidad se pide una nalga larga o bien descendida, porque unos músculos largos pueden conseguir una mayor capacidad de

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Bastante bien de atrás, aunque falta redondez en la grupa y en la nalga, y las manos tienen cañas cortas

Buen cuarto trasero

contracción y, por tanto, más impulsión. La nalga larga es muy frecuente en los caballos en cuya crianza ha intervenido el hombre, y se ve muy poco en las razas salvajes. El caballo español se seleccionó por el hombre, pero se crió durante muchos siglos en dehesas comunales hasta los cuatro años. Por eso su nalga tiene una longitud media. La nalga no debe estar carente de musculatura. Esta se observa perfectamente viendo el caballo desde atrás con la cola anudada. Ambos muslos y nalgas bajan como unidos desde el ano o la vulva. Cuanto más abajo se separen, más importantes serán sus masas musculares, constituyendo lo que en nuestro argot se llama “unos buenos calzones”.

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Una pierna larga es deseable para los caballos de velocidad. Los músculos que envuelven la tibia y el peroné pueden ser más largos y conseguir una mayor capacidad de contracción, a la vez que el tranco puede hacerse mayor. Para el tiro pesado se prefiere, en cambio, una pierna más corta. Esta va a dar un tranco más corto y, por tanto, más tiempos de apoyo para la misma distancia, favoreciendo la capacidad de arrastre. En uno y otro caso no puede dejarse a un lado la corrección de aplomos de los posteriores. Visto el caballo de perfil y estando bien cuadrado, la punta del corvejón debe estar exactamente en la línea

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A PIERNA Y EL TENDÓN DE AQUILES

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“Se ha de ir adelgazando a medida que se acerca al corvejón, pero con músculos robustos.”  Marqués de Arellano

La pierna es una región que limita por arriba con la babilla, el muslo y la nalga, y por abajo con el corvejón. Su base ósea está constituida por la tibia y por el peroné, hueso éste menos importante y pegado a la tibia por la parte exterior. La longitud de la pierna puede apreciarse a ojo calculando la distancia entre la babilla y el corvejón.

Tendones bien marcados, con cañas cortas en las manos, de cuartillas cortas y horizontales. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Aplomos muy buenos de los cuatro remos. Excelentes corvejones

vertical tangente a la punta de la nalga. Si el caballo tiene la pierna larga, sólo puede conseguir un buen aplomo si tiene más abierto el ángulo que forman el fémur y la tibia. Sin perder el buen aplomo, aún podría tener ese ángulo más abierto si fuese alto de grupa, es decir, como aquellos caballos cuya conformación está “cuesta abajo”. El caballo de pierna corta sólo puede conseguir el buen aplomo si tiene más cerrado el ángulo fémuro-tibial. A este caballo le llamamos “cerrado” o “quebrado de piernas”. El caso contrario se denomina “derecho de piernas” o “recto sobre las piernas”. Debido a la correspondencia entre las distintas regiones del tercio posterior, cuanto más horizontal sea la grupa más “recto sobre las piernas” será el caballo. Por el contrario, cuanto más derribada sea la grupa, más “quebrado de piernas” será el caballo. Visto desde atrás, el buen aplomo de los posteriores exige que una línea vertical dividida en dos partes

iguales pierna, corvejón, caña, menudillo, cuartilla y casco. Si las piernas se separan más de la cuenta, el caballo es “abierto de piernas”. El caso contrario se llama “cerrado de piernas”. Al tendón de Aquiles se le llama también cuerda tendinosa del corvejón. Visto el caballo de lado, se sitúa en la parte posterior de la pierna, y viene a ser la continuación de la nalga, abarcando desde el pliegue de la misma hasta el corvejón. Debe quedar bien destacado de la pierna. Cuanto más separado esté, más ancha será la pierna, proporcionando mayor grado de energía a la impulsión. Esta separación será tanto mayor cuanto más largo sea el calcáneo, el hueso más grande del corvejón, cuyo extremo superior conforma la punta del corvejón. La capacidad de este tendón para transmitir la impulsión depende también de su volumen, es decir, de su grosor.

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“Han de tener fuerza y resorte, y ser bastante anchos desde su juntura interior hasta la punta de afuera.”  Marqués de Arellano

Un tranco envidiable Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

El corvejón, al que todos los autores conceden extraordinaria importancia, está situado entre la pierna y la caña. El punto anterior donde se pliega, cuando el miembro se contrae, se denomina “pliegue del corvejón”. El punto posterior más prominente se llama

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L CORVEJÓN

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“punta del corvejón”, y la parte hundida que queda entre ésta y el extremo inferior de la pierna, “hoyo del corvejón”. El corvejón debe tener un buen volumen, apreciable a simple vista por la distancia existente entre la punta y el pliegue. Pero el corvejón no sólo debe ser ancho en su parte superior, sino Corvejones también en la inferior, en muy altos, con su unión con la caña. Si no cañas largas en es así, el corvejón “estranposteriores gulado” ofrecerá serios problemas de rendimiento, transmitirá mal la impulsión y será presa fácil de lesiones. Se pide también un corvejón limpio, dotado de una piel fina y adherente, que deje adivinar con claridad sus relieves óseos. Cuando éstos se presentan borrosos, por estar recubiertos en exceso de tejido conjuntivo, el corvejón se denomina “blando” o “empastado”. El corvejón “abierto”, “recto”, “derecho”, o “de perro” es propio de las razas de velocidad, porque facilita la-amplitud del tranco. El corvejón menos abierto es deseable en las razas de tiro. En el nuestro hay que buscar un término medio que participe, hasta donde se pueda, de la velocidad y de la fuerza.

Madre e hijo “abrochados de corvejones”

Casi siempre este tipo de corvejón gira hacia afuera en la última fase del apoyo, en cualquiera de los tres aires, entorpeciendo una buena impulsión. Se le llama “corvejón vacilante”. El caballo ha de flexionar el corvejón con cadencia y regularidad. Determinadas taras, como el esparaván seco –que los antiguos llamaban “de garbanzuelo”–, producen una flexión irregular, exagerada y convulsiva. En estos casos decimos que el caballo “se quema” o que “arpea”. He oído a muchos aficionados mostrar su preferencia por un corvejón “bajo”. Para ellos la caña posterior debe medir la longitud de una mano abierta, es decir, lo que en España se llamó y se llama una cuarta, por ser la cuarta parte de la vara castellana,

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Como ya he explicado, todas las articulaciones de los miembros posteriores están relacionadas, y a una grupa horizontal suelen corresponderle un ángulo fémuro-tibial abierto y un corvejón recto, así como una grupa derribada debe dar una pierna quebrada y un corvejón cerrado.

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Viendo al caballo desde atrás, si los corvejones quedan por dentro de aquellas dos líneas verticales que deben dividir los posteriores en dos partes iguales, tenemos para él multitud de nombres: “zambo”, “zancajoso”, “patojo”, “estrecho” o “cerrado” de corvejones, o el más castizo de “abrochado” de corvejones. El caballo debe ser izquierdo, lógicamente, de posteriores. Si los corvejones quedan por fuera de esas dos líneas verticales, el caballo es “abierto” o “hueco” de corvejones, y estevado de posteriores.

Plantado de manos y también, aunque menos, de atrás Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


nuestra tradicional medida de longitud, que era, en casi todas sus regiones, de 0,8359 metros. Dan como razón que animales como el perro o cualquier felino, con corvejones bajos, son capaces de desarrollar una velocidad comparativamente mayor que el caballo, pero desconocen que la causa no está en la situación del corvejón, sino en la superior elasticidad de su columna vertebral. Para definir si un corvejón es alto o bajo debe relacionarse la distancia desde su punta al suelo con la distancia desde éste a la parte más alta de su grupa. Vamos a comparar dos caballos cuyas grupas tengan la misma altura y cuyos ángulos fémuro-tibiales sean iguales. El corvejón bajo sólo puede conseguirse con una caña corta, pero a costa de una tibia larga. Aunque la caña conserve la verticalidad, el aplomo es malo, porque el corvejón queda fuera de la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Bello ejemplar, sin fuerza en sus extremidades y cuartillas y cascos que tienden a la horizontalidad

masa del caballo. Será difícil para este caballo sobrepasar la huella de las manos con los cascos de sus pies. Si consigue un buen tranco será con un gran esfuerzo, que disminuirá su capacidad para largos recorridos. Por otra parte, al alargarse su base de sustentación, disminuyen su capacidad de maniobra y sus facultades para cambiar su equilibrio. El corvejón alto es la consecuencia de una caña larga y de

una tibia corta. Existe también un mal aplomo, porque el corvejón queda debajo de la masa del caballo. Este pierde capacidad de impulsión, y menudillos y cuartillas se ven sometidos a un esfuerzo innecesario al tener que soportar más peso del debido. La musculatura que envuelve la tibia está demasiado concentrada, y es, por tanto, más rígida. Al ser más corta de lo ideal la distancia entre pies y manos, este caballo

Caña corta de las manos

Mal aplomo de posteriores

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Las cuartillas tienden a la horizontalidad

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Bastante bien de atrás, aunque falta redondez en la grupa y en la nalga y las manos tienen cañas cortas

se alcanza con facilidad, y procura evitarlo elevando sus manos una décima de segundo antes de lo debido.

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¿Cuál es, entonces, la altura correcta del corvejón? Tiene que ser, sin duda, aquella que se derive de la proporción ideal entre las longitudes de la tibia y de la caña. Un experto hombre de caballos americano, Ben K. Green, autor de un maravilloso librito titulado “Horse Conformation”, encontró la manera de apreciarla visualmente: la altura del corvejón es correcta cuando la punta de éste queda a la misma altura que la parte superior de los espejuelos de las manos.

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Remetido de manos

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L RESTO DEL PIE

“Es tan difícil encontrar perfección de aplomos...” 

Roberto Dowdall

Poco hay que decir del resto del pie. La caña es algo más redonda que la de las manos, el casco –como ya dije– menos redondo, y su inclinación algo más tendente a la verticalidad. Debe existir armonía entre las extremidades anteriores y las posteriores, y hemos de comprobar que el caballo guarde proporción entre los diámetros de las cañas de las manos y de los pies.

Remetido de atrás Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Las cañas, que deben mantener la verticalidad estando el caballo en estación, pueden estar desviadas hacia atrás. El caballo está “plantado de atrás”. Su peso no está bien repartido en sus articulaciones, y cuando ande sacará bien los pies, pero no los meterá. Cuando el caballo está “remetido de atrás”, es decir, cuando las cañas se desvían hacia adelante, tampoco hay un buen reparto de peso en sus articulaciones. En uno y otro caso las taras aparecen pronto, aminorándose una vida de trabajo eficiente.

El pie contacta antes que la mano. Coordinación mejorable.

Descoordinación. El pie tocará el suelo antes que la mano. Remetido de atrás

Aunque algunos autores llaman “acodado de corvejones” al caballo que los tenga con un ángulo más cerrado de lo normal, la mayoría de ellos reservan esta acepción para el caballo que remete los pies cuando está en reposo. Es un signo claro de debilidad en los corvejones, y se da casi siempre en los caballos de corvejón estrangulado. Hay aficionados

sin conocimiento que los prefieren porque, según ellos, meten bien los pies y paran mejor que los otros. Es la verdad, pero no toda la verdad, porque estos caballos, en efecto, meten los pies”, pero no los sacan. Los pies se posan en las huellas de las manos, o las sobrepasan, pero el tranco –ese buen tranco que debe abarcar lo que mide el caballo desde la cruz hasta sus quijotes– no es amplio, y el animal avanza menos de lo que sería deseable. Podríamos compararlo con un coche de buenos frenos y poco motor.

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Buenos aplomos

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EL CABALLO ESPAÑOL: LAS CAPAS Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

PRÓLOGO

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 20, abril de 2015, pp. 39-53.

Escribí el libro "Este es el caballo español" –del que Ramón García Matías ha sacado este capítulo– en 1989. Entonces la mayoría de caballos y yeguas eran de capa torda, auque había algo de castaño. En los 90 aparecieron muchos nuevos criadores que optaron –¡ay la novedad!– por capas raras hasta entonces prohibidas o desconocidas. Excepto la pía, que sigue vedada, en cualquier concurso se pude ver de todo, sin que falten las capas diluidas, fáciles de conseguir porque hoy día existen excelentes genetistas que saben lo que hay que hacer. Y es que, como se

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cantaba en una zarzuela, "hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad".

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Piara de castañas encendidas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


“Es el color un mero accidente, el cual nada tiene de común con el constitutivo del (Joseph de Arcos) sujeto, con sus propiedades, ni con sus cualidades.”

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A CAPA, LA PIEL Y EL PELO

Capa es el color del caballo, en el que influyen el pelo y la piel. Aunque capa es su nombre correcto, es frecuente oír hablar a los aficionados del “pelo” de los caballos. El pelo del caballo –excepto cola y crines– cambia dos veces al año. Hay unos apéndices pilosos permanentes en cola, crines, párpados y hocico. Los innumerables pelos que cubren el cuerpo del caballo son estacionales, cambiando en primavera y otoño, en previsión del verano e invierno próximos. El pelo reacciona de forma automática a la temperatura. Con el frío se levanta, envolviendo a la piel en una cámara de aire que hace de cubierta aislante. El pelo del caballo sólo “se pone de pie” con el frío, y nunca por estados emocionales de supervivencia o de ira, como pueden producirse en el perro, el gato u otros animales. Cuando empiezan a subir las temperaturas, el caballo se despoja de su “abrigo”, pierde los pelos largos, y se muestra en pocos días con un pelo corto y sentado, en cuyo brillo colaboran ahora con más vistosidad las glándulas sebáceas. La piel de un animal no tiene el mismo grosor en todas las partes de su cuerpo. El mayor espesor depende unas veces de su conexión con estructuras internas del cuerpo, y otras de la necesidad de protección para ciertas regiones

más expuestas a recibir golpes o contusiones, o que precisan defenderse en mayor medida de los elementos atmosféricos. La piel delgada se sitúa preferentemente en el hocico, los flancos, las ingles, axilas y codillos, regiones que cubren partes muy móviles del caballo, y cuya piel necesita tener una gran elasticidad. Bien saben esto los guarnicioneros, que eligen para riendas y cinchas –los arreos de mayores exigencias, pues de ellos depende, en mayor medida que los demás, la vida del jinete– el cuero de las regiones próximas al dorso y a los lomos, por ser más grueso y menos elástico. En general, la piel de un caballo en buen estado goza de elasticidad. Se puede comprobar observando cómo después de un pellizco recupera inmediatamente su posición inicial, o cómo, si restregamos la piel de sus flancos, ésta resbala sobre las costillas. Un caballo enflaquecido, viejo, y más si está invadido de vermes, presenta un pelo tieso y una piel rígida, que tarda en recuperar su asentamiento. Las razas vulgares tienen una piel gruesa. El caballo español presenta una piel mucho más fina, tanto por haberse desarrollado en un clima templado como por pertenecer a una raza selecta. Las capas pueden ser simples –en las que todos los pelos son del mismo color– y compuestas –en las que se mezclan pelos de dos o más colores–. Las simples se basan en cinco colores –negro, gris,

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Tordo

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rojizo, amarillo y blanco–, aunque hay que diferenciar aquellos casos en que los cabos –crines y cola– y los extremos – extremidades– son de otro color que los pelos que cubren el cuerpo del caballo. Así, entre dos caballos con el mismo color rojizo de pelo, uno será alazán, por tener los cabos y extremos del mismo color o más claros que el cuerpo, y el otro será castaño, por tener los cabos y extremos negros. En las capas compuestas por pelos de dos o tres colores, el predominio de uno u otro, o el modo en que éstos se mezclen –uniformemente o en diferentes formas de agrupación– darán lugar a diferentes nombres de capas. También influyen la intensidad o dilución del color, y el hecho de que a veces la raíz del pelo es de un color y la punta de otro. En mi afán de conservar un pasado del que en tantas cosas podemos sentirnos orgullosos, deseo describir las capas con los nombres que nuestro pueblo usó antiguamente y sigue utilizando hoy día, bellísimos y llenos de tradición, aunque en más de un caso estén abandonados u olvidados.

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Mencionaré también las particularidades que pueden afectar a todas, algunas o alguna capa en particular, sin olvidar las capas que no están admitidas en la Pura Raza Española.

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Obtener la conformidad general en esta materia es imposible, pues no sólo algunas acepciones han ido cambiando de significado a lo largo de los siglos, sino que los autores consultados no se ponen de acuerdo. Es muy difícil, en determinados casos, acertar con el nombre correcto de una capa. Por ejemplo, un negro morcillo que en ciertas épocas del año se aclara o se “oxida” puede confundirse perfectamente con un castaño muy oscuro.

Fue una constante de tiempos pasados atribuir de modo categórico cualidades y defectos a los caballos según su capa y sus blancos, como consecuencia de observaciones tan profundas como inconsecuentes. Así consta en las Partidas de Alfonso X el Sabio, en pleno siglo XIII: «Para ser los cavallos buenos, deben haber en sí tres cosas, la primera ser de buen color, la segunda de buenos corazones, y la tercera haber miembros convenientes...» Pedro de Aguilar, en el XVI, mostraba las preferencias españolas, que duraron siglos, por los castaños: «Como la calidad de los cavallos depende de los quatro elementos, confórmanse con aquel de que mas participan. Si toman del elemento de la tierra mas que de los otros, serán melancólicos, terreros, pesados y viles, como suelen ser los morzillos. E si toman más del elemento del agua, serán flemáticos, blandos y tardíos, como suelen ser los blancos.Y si toman mas del elemento del ayre, serán sanguinos, alegres y ligeros y de templado movimiento, como suelen ser los castaños.Y si toman más del elemento del fuego, serán coléricos, ardientes y veloces, como suelen ser los alazanos.» Hay que esperar al XVIII. Ese “buen color” exigido por los monarcas españoles para la elección de caballos padres en todos sus dominios, hizo reaccionar de este modo al fiel súbdito de “Fernando el Justo, sexto de España” que fue Arcos: «Se han experimentado buenos y malos cavallos de toda suerte de pelo. En lo que debe ponerse el mayor cuidado es en atender a si su disposición es buena, lo qual no puede saberse si no es quando se doma por sugetos inteligentes (entendidos) y no por imperitos, porque estos llenan de resabios á los cavallos, lo que ha dado motivos para atribuir a la naturaleza lo que produce la ignorancia.» Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


NEGRO

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Castaño

Negro morcillo. Menos intenso que el negro azabache, parecido al color de la mora madura. Negro peceño o mal teñido.–Es un negro con reflejos rojizos, que podría confundirse con un castaño muy oscuro. Diríase que es un negro oxidado. Según Giles no es enteramente negro. En muchos casos se han registrado castaños muy oscuros como negros peceños. La decoloración se debe a que en determinadas zonas los pelos negros tienen puntas rojizas.

CASTAÑO La capa castaña, capa simple, recibe este nombre por su similitud al color de la castaña madura. Alguna variedad castaña muy oscura podría ser difícil de distinguir del negro, como ya he dicho, o del alazán muy tostado. También alguna variedad de castaño muy claro podría crear problemas de diferenciación con el bayo. La regla que decide si un caballo es alazán o castaño es que el alazán no tiene nunca los extremos (las extremidades) y los cabos (crines y cola) negros. La diferencia entre el castaño claro y un bayo es que en el castaño la tonalidad del pelo es rojiza, y en el bayo amarilla.Tanto el castaño como el bayo pueden tener, en mayor o menor profusión, mezcla de pelos negros. La capa castaña comprendía el 62 por 100 de los caballos y yeguas del I Tomo del Registro-Matrícula. Hoy día no pasan de la tercera parte del total, tanto porque el castaño perdió el favor del público como porque en su apareamiento con tordo puro, esto es, homocigoto, éste es dominante. En los últimos años esta capa vuelve a estimarse de nuevo. sobre todo desde que en 1984, por primera vez en un campeonato de España, resultó ganador un magnífico caballo de esta capa.

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Es probable que la capa negra no haya existido en España hasta la llegada de caballos del Norte. Sigue siendo una capa rara. Inadvertida en la mayoría de las razas, ha destacado solamente en tres poblaciones caballares: el antiguo caballo de los Países Bajos, antecesor de aquellos “great horses” británicos, en el Kladrub, ya extinto, y en el percherón americano, en el que, por las preferencias de los criadores de Estados Unidos hacia esta capa, alcanza hoy día el 50 por 100 de sus efectivos. Es, por tanto, una capa que podría asociarse, en términos generales, con caballos de gran masa, pudiendo aventurarse que no es una capa tradicional de nuestros caballos. En el I Tomo del Registro-Matrícula del caballo de Pura Raza Española, publicado en 1928, encontré un 17 por 100 de ejemplares negros. En el II Tomo la proporción había descendido al 9 por 100.. La capa negra fue desapareciendo en los caballos españoles porque hasta los años cincuenta los entierros se efectuaban con coches tirados por caballos negros, y la gente experimentaba una especie de rechazo hacia ellos.Ya ha pasado el tiempo suficiente para borrar los malos recuerdos, y ahora vuelven a tener las preferencias del nuevo aficionado. Es normal encontrar alguna marca blanca en la cabeza de los caballos negros, y muy difícil encontrar un negro sin ninguna marca blanca.Ya lo decía un antiquísimo refrán español: «Negro hito (es decir, total) y sin señal, muchos lo buscan y pocos lo han.» La capa negra, que es una capa simple, da lugar a las siguientes variedades: Negro azabache. Es un negro muy intenso y reluciente, como barnizado, parecido por su brillo al mineral de este nombre.

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Cas es un castaño gu nda

Castaño oscuro o peceño

Castaño guinda. Oscuro, de matiz violeta, del color de la guinda madura. Castaño simplemente, o también castaño natural. Del color de la castaña madura. Puede presentar raya de mulo. Castaño encendido o castaño boyuno. Los pelos rojizos son de un tono uniforme y vivo, parecido al pelo rojo del ganado vacuno. En esta capa hay tendencia a presentar menos pelos negros o claros que en otras. No hay cebraduras; sólo en pocas ocasiones una delgada raya de mulo. Los pelos rojizos se encuentran también en el arranque de la cola y hasta en las crines. Castaño claro o castaño melero. Llamado así por tener el color de la castaña sin madurar o el de la miel. No se ven muchos. Suele ser una capa uniforme. A veces “se ensucia”, es decir, se oscurece en determinadas zonas, casi siempre en el dorso. Además de los cabos y extremos negros, comunes a todos los castaños, pueden aparecer cebraduras estrechas: raya de mulo, raya cruzada, y ocasionalmente franjas horizontales en los extremos. Castaño Castaño zaíno. boyuno Se aplica a cualquier castaño,  siempre que no haya un solo pelo o señal de blanco. Esta  denominación ha cambiado

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Desde el punto de vista hereditario, Odriozola distingue entre castaños puros e impuros, y da las siguientes reglas:    Castaño puro con castaño puro o negro da castaños o negros.   Castaño impuro con castaño impuro o negro  puede dar castaño, negro o alazán. Vamos a distinguir las variedades de la capa castaña: Castaño oscuro o peceño. Es más oscuro que el color de la castaña madura. Insisto en que a veces es muy difícil diferenciarlo del negro peceño, por lo que hay que fijarse en una tonalidad rojiza que puede aparecer alrededor de los ojos y en el hocico, axilas, vientre, bragadas y nalgas. Si estos tonos rojos son muy marcados, el caballo se llama “castaño oscuro –o peceño– marcado a fuego” o “dorado a fuego”. Si esta tonalidad no es rojiza, sino blanquecina, como si se hubiese untado con jabón, el caballo se denomina “castaño oscuro –o peceño– lavado”, debiendo manifestarse, a efectos de reseña, las partes que presentan este matiz. Así, un caballo castaño oscuro con los ojos, hocico, axilas, vientre, bragadas y nalgas blanquecinas se denominará “castaño oscuro oji-boci-axi-ventribragui-nalgui-lavado”. En el castaño oscuro con tonalidades rojas marcadas en alguna región, la costumbre ha sido denominarlo “castaño oscuro oji-fuego”, “castaño oscuro oji-boci-fuego”, etc.

Castaño claro

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Castañas encendidas Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


de significado a lo largo de los siglos. Zaíno, que viene del árabe “zain”, era sinónimo de falso o traidor, y no, como ahora, de completo o total. Arcos, en el XVII, escribía extrañado: «Llaman zaínos a los de este pelo porque no tienen mezcla de otro color; pero esto es sin fundamento alguno, puesto que este nombre sólo debe atribuirse al que mira adelante y atrás, por cuyo motivo son maliciosos los caballos de esta clase, y se dice de ellos que miran zaíno.» Castaño acervunado o castaño cervuno.–Es un castaño claro, algo rojizo, con tonos oscuros, de color parecido al ciervo, bien porque hay una mezcla profusa de pelos negros o bien porque los pelos tienen las puntas negras. Castaño lobero, lobito o lobuno.–Algunos autores ignoran esta capa. Otros la mencionan como una variante de la “piel de rata”, con la que realmente no tiene nada que ver. Es una capa “sucia”, es decir, no uniforme, que se oscurece en determinadas regiones, y recuerda la piel del lobo.

Madre y rastra alazanas

La capa alazana constituye un carácter recesivo, que puede desaparecer en los descendientes para volver a surgir inesperadamente en generaciones posteriores. Giles definía en 1842 la capa alazana con precisión: «Es de un color rojizo que tiene mucha analogía con el color de la canela: los cabos y extremos son iguales o casi iguales al fondo de la capa.» Hay una constante española en atribuir al alazán un rojo más fuerte o definido que al castaño.

ALAZÁN La capa alazana, capa simple, constituía el 9 por 100 del total de ejemplares inscritos en el I Tomo del Registro-Matrícula, publicado en 1928. Posteriormente la Orden del Ministerio del Ejército de 15 de septiembre de 1970 definió como prototipo racial “las capas torda y castaña, pudiendo admitirse otras, con excepción de la alazana y la pía”. Es muy posible que la capa alazana se eliminara entonces oficialmente por estimar que pudiera provenir de sangre árabe o bretona, donde se da frecuentemente.

Odriozola daba las siguientes reglas de herencia para la capa alazana:    Negro con alazán puede dar negro, castaño o alazán. Lo más frecuente es castaño.    Castaño puro con alazán puede dar negro o castaño, pero nunca alazán.    Castaño impuro con alazán da mitad de negros y castaños y mitad de alazanes.    Alazán con alazán da siempre alazán. Así se trabajaba en la sección de alazanes de tiro de la yeguada prusiana de Trakehnen. Hoy día el ejemplo más importante como capa exclusiva alazana se da en la raza Suffolk.

Alazán tostado. Muy oscuro, con color semejante al café tostado o al azúcar muy quemado. Alazán guinda. Igual al castaño de este nombre, aunque con los cabos y extremos del mismo color que el pelo. alazana Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Alazán. Es un tono medio, que se define por exclusión de las otras variantes.

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Podemos distinguir las siguientes variedades en la capa alazana:

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Alazán dorado. Claro y brillante, con reflejos como metálicos, bien patentes al sol. Un ejemplo sublime de esta capa es la raza Akhal-Teke.

por transparencia de los vasos sanguíneos. La tradición española no ha tenido en cuenta apenas el color de los ojos – sólo en el caso de los albinos– para distinguir las variedades de blancos, y casi todos los autores coinciden en la siguiente clasificación: Blanco mate o palomita. Es un blanco mate, deslustrado, semejante a la harina, el yeso, la greda o el plumaje blanco de la paloma.

Alazán tostado

Alazán claro. Parecido al castaño claro o melero, aunque con los cabos y extremos del mismo color del pelo. Suele ser de un pálido deslustrado. En la variante más clara, como si estuviera enjabonado, se le llamaba antiguamente “alazán lavado”. Alazán pelo de vaca. Los cabos (crines y cola) son mucho más claros, incluso blanquecinos, sea cual sea la variedad de la capa alazana. Los pelos de las extremidades pueden ser más claros, aunque no es indispensable.

Blanco plateado o plata. Muy brillante y lustroso. El pelo está implantado sobre una piel grisácea, pizarra, recordando el brillo de la plata bruñida. Blanco porcelana. Los pelos están implantados sobre una piel gris-azulada. Giles lo definía como un “azulado bajo parecido al que reflejaba la antigua porcelana que traían de la China”. En la provincia de Málaga recibe la poética y acertada denominación de “blanco jazmín”. Blanco albino. El pelo blanco está implantado sobre una piel sin pig-mentar, rojiza, dando por transparencia un tono rosáceo. El verdadero albino debe tener los ojos color cereza.

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BLANCO

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La capa blanca es una capa simple que precisa no tener ningún pelo de otro color, y ser así desde su nacimiento. Prácticamente todos los caballos blancos que encontramos son tordos que al envejecer han encanecido. La coloración del iris puede estar normalmente pigmentada, es decir, ser de color oscuro, o tener una tonalidad azul claro o verde claro, llamándose estos ojos, respectivamente, zarcos o glaucos. También, en los verdaderos albinos, encontramos los ojos de color cereza,

casi albino

blanco palomita Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Bayos diluidos

BAYO En el siglo XV, Manuel Díez, autor ya citado en esta obra, definió por primera vez el bayo de esta manera: «Debe ser de fino color de paja... y debe haber las crines, colas y cañas prietas (negras), y una veta dende encima de la partidura de las espaldas hasta la cola que sea tan ancha como un dedo poco más o menos. Este es el dicho vayo verdadero que no el castaño claro, como algunos que poco saben suelen tomar por solo ver que tiene la veta y color claro....»

de mulo, rayas cruzadas y franjas horizontales en las extremidades– muy marcadas, en tono negro o casi negro, acompañadas de una zona central de cerdas negras en la cola. Bayo acervunado o cervuno. Es un amarillo marcado en el dorso, grupa y ancas por un pelo igual al del ciervo. Existe una mezcla profusa de pelos

Benito Torres, veterinario militar, lo definía en 1887 como “color amarillento, parecido a la paja de trigo, con los cabos negros”. El bayo es una capa simple muy rara en la raza española. Odriozola encontró seis bayos en el Tomo II del Registro-Matrícula, y creo recordar que en el Tomo XVI no aparecían más de cuatro ejemplares.

Bayo claro

Giles distinguía las siguientes variedades: claro, naranja, acervunado y sucio. Las voy a explicar un poco. Bayo naranja. Semejante al color de la naranja, aunque realmente se parece más al del melocotón. En este caso, como en el anterior, no hay pelos negros repartidos por la piel, o si los hay son muy pocos. En ambos pueden aparecer bayos sin cebraduras –o limitadas a una delgada raya de mulo– y bayos con cebraduras en el grado máximo –raya Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Baya clara

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Bayo claro. De un amarillo muy pálido y deslustrado.

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negros. También el tono acervunado puede darse porque los pelos tienen la base amarillenta y las puntas negras. Los negros en los extremos son muy altos y las cebraduras, si existen, son muy anchas. Bayo sucio. Parecido al bayo acervunado. Los pelos negros o de punta negra no están implantados uniformemente, presentando sin solución de continuidad zonas más oscuras.

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ISABELA

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La leyenda explica así el origen de la denominación de esta capa: «En 1601, cuando la Princesa Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II, que llevó en dote de su matrimonio los estados de Flandes, se encontraba allí al lado de su esposo el Archiduque Alberto, hizo voto de no mudar la camisa hasta la toma de Ostende, que opuso una prolongada resistencia; y de resultas del color que tomó la tela en tan largo sitio adquirió el nombre de color isabela.» No hay ninguna capa en la que los autores estén menos de acuerdo que en ésta. Veamos unos botones de muestra. En 1842, Giles nos dice: «El perla, perlino o isabela es un blanquizco ceniciento deslustrado muy parecido al color de la perla. Los hay claros y oscuros. Los caballos perlas por lo general tienen el temperamento linfático y los ojos azules muy claros, por cuya razón son flojos para el trabajo y su vista delicada y poco segura; estas circunstancias los hacen poco apreciables entre los aficionados, que sólo los utilizan por la particularidad de la capa y suavidad de sus movimientos para los tiros de coche y uso de las señoras.» En 1887, la “Hipología militar” de Benito Torres clasifica al Perla o Isabela como “un amarillo claro, en que los pelos presentan su origen blanco, y lo restante amarillo claro, o viceversa”. Para Odriozola, el Isabela es de un tono amarillento, con cabos del mismo color o de un puro blanco. Romero Escacena, veterinario, autor de “Capas o Pelos del Caballo”, describe en 1954 al Isabela con los cabos y extremos siempre negros.

Para colmo, el “Manual de identificación de caballos” de la FEI describe el Isabela como una capa caracterizada por cabos negros, con el cuerpo amarillo o crema, advirtiendo que para los alemanes las crines y la cola tienen el mismo color que el cuerpo. Centrándonos en los tiempos actuales, hoy día se conoce en España como capa Perla o Isabela el caballo de color amarillento, con los extremos del mismo color o blancos, y los cabos del mismo color, algo más oscuros o algo más claros, que pueden llegar a blancos. Nunca con cabos y extremos negros. Se pueden diferenciar, dentro de esta capa simple, tres grupos de Perlas o Isabelos:    Pelos de un amarillo de poca intensidad, tendiendo a grisáceos u ocres, que recuerdan al color de la cera o de la gamuza.

Perla o isabela

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   Pelos amarillos con cierto tono violáceo, asalmonado, que con frecuencia presentan rodaduras.    Pelos de un amarillo intenso, semejante al melocotón maduro. Esta variedad, si tiene los cabos blancos, es la más estimada por ser la más llamativa. Si bien podrían confundirse a primera vista un alazán claro pelo de vaca y un perla, un examen atento debe descubrir el tono rojizo del pelo del alazán o el tono amarillento del pelo del perla. Los ojos pueden ser otro índice de determinación. En el alazán serán siempre oscuros, y en el perla pueden ser oscuros, zarcos, marrón claro o cereza.

Según Odriozola, las reglas hereditarias de esta capa son las siguientes:

Perla o isabela

   De la unión de dos animales alazanes no nace ningún potro isabela ni perlino, sino solamente alazanes.

RATONERO

   De la unión de dos isabelas nace –tomando una estadística amplia– un 25 por 100 de alazanes, un 50 por 100 de isabelas y un 25 por 100 de perlinos.    De la unión de dos perlinos, nacen perlinos exclusivamente.    De la unión de alazán y perlino, nacen nada más que isabelas.    De la unión de isabela y perlino, nacen un 50 por 100 de isabelas y un 50 por 100 de perlinos. La capa Isabela fue muy estimada en Europa. La atracción por el Isabela pasó a California, donde tomó el nombre de “palomino” y se extendió luego a todos los Estados Unidos de América. Desde que en 1932 se fundó en Reseda, California, The Palomino Horse Association, no dejaron de crearse nuevas asociaciones dedicadas a esta capa en Texas, Oklahoma, Oregon, Iowa y Missouri. El centro neurálgico sigue, sin embargo, en California, bajo un gran lema: “El caballo dorado del Estado dorado”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

San Isidoro lo llamaba “dossinus” –color de burro–, indicando que se trataba de una capa propia de caballos salvajes. El “Libro de fechos de los cavallos” ignora esta capa, y obras posteriores como el “Libro de la Menes-calia” o las del Capitán Aguilar la incluyen entre los bayos y los castaños claros con abundancia de pelos negros. Otros autores la incluyen entre los tordos, lo que hace decir acertadamente a Romero Escacena: «También lo llaman tordo ratón, de cuya calificación debemos prescindir puesto que el tordo es producto de capa mixta y el ratonero es una capa simple; su tono es uniformemente gris, más o menos claro, pero sin perder la uniformidad del color.» Quizá por el error mencionado aparecía algún ratonero en el I Tomo del Registro-Matrícula. Llamado también “piel de rata” o “ceniciento”, por su parecido al color ceniza, es una capa simple que debe tener los cabos y extremos negros y raya de mulo, simple o cruzada, pudiendo tener franjas horizontales en los extremos. Nunca he visto esta capa, salvo en burros.

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Examen aparte dentro del Perla o Isabela, merece la capa denominada “sopa en leche”, de un crema muy pálido, con piel rosa, sin pigmentar, y ojos zarcos o cereza. Estos caballos albinoides, conocidos en California como “cremellos” (de crema), son los que los antiguos autores españoles llamaban “perlinos”, y con más frecuencia “sopa en leche”.

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TORDO

Torda empedrada

los extremos casi negros, y los futuros alazanes de un rojizo oscuro. En los futuros tordos, los extremos son de un tono más claro que el resto de la capa. Hay otro signo complementario para los futuros tordos: los pelos blancos alrededor de los ojos, que aparecen con frecuencia desde el nacimiento. De todas formas, por ahí, alrededor de los ojos, empezará a aclararse la capa, que se irá manifestando paulatinamente, a partir de la primera muda, en la cabeza, en el nacimiento de las crines y en el extremo de la cola. A la vez irán apareciendo pelos blancos por todo el cuerpo, que irán aumentando en número hasta que la capa sea totalmente blanca, aunque el caballo ha de conservar siempre la misma pigmentación de piel.

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Según Giles “se da este nombre a una mezcla más o menos grande del pelo blanco con otros de color”. Se trata, pues, de una capa mixta. Como con tantas otras capas, el nombre que la designa ha ido cambiando a lo largo del tiempo. San Isidoro de Sevilla llamaba al tordo “canus”, es decir, cano. Poco después aparece ya la denominación de “rucio”, que ha sido la clásica durante siglos, y que ahora se emplea sólo para burros. Fue y sigue siendo una capa muy apreciada. Hoy día hay tres tordos por cada castaño, y ambas constituyen, como siempre, la casi totalidad de la raza española.Ya lo decía en 1572 Pedro de Aguilar: «... los cavallos rucios y castaños, que son las colores de que ay mas cavallos.» Pero la capa torda tiene otra característica: la de ir sufriendo una decoloración progresiva hasta terminar, salvo excepciones, siendo blanca. Los potros que han de ser tordos nacen más o menos negros, castaños o alazanes. No es fácil, en un principio, acertar con la que será la capa definitiva, pero hay una serie de signos que pueden permitir que nos adelantemos al tiempo. La regla general es que al nacer son lo contrario de lo que serán. Así, el que nace negro, de un negro intenso, será tordo y acabará blanco. En cambio, si ha de ser negro, nace con la capa ratonera o cenicienta. Los que han de ser castaños o alazanes nacen ya con esas capas, aunque mucho más apagados. Los futuros castaños tienen al nacer

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   Tordo impuro con tordo impuro da un 75 por 100 de tordos y un 25 por 100 de no tordos.    Tordo impuro con castaño puro da un 50 por 100 de tordos y otro 50 por 100 de castaños.    Tordo impuro con castaño impuro da un 50 por 100 de tordos y otro 50 por 100 de castaños o alazanes.    Tordo impuro con alazán da un 50 por 100 de tordos y un 50 por 100 de alazanes, sin que puedan aparecer castaños.    Castaño con castaño, castaño con alazán o alazán con alazán da siempre productos no tordos. En resumen, no nace un tordo si uno de sus padres no lo es. Sobra decir que, aparte de poder presentarse alguna excepción, los tantos por ciento aludidos resultan válidos para colectivos numerosos. En el I Tomo del Registro-Matrícula la capa torda alcanzaba el 19 por 100 de sus efectivos. Hoy día sobrepasa el 70 por 100. La conjugación de la capa inicial con la fase de decoloración da lugar a diversas denominaciones que voy a describir, dando por sentado que para el caballo son transitorias, pues el destino del tordo es, si Dios le da tiempo, terminar blanco. Voy a distinguir aquellos casos en que en la capa inicial predomine el negro, o el rojizo, o una mezcla de blanco, negro y rojizo. Tordos de capa inicial negra. Tordillo.–Tordo y tordillo se asimilaron por su capa al plumaje de dos pájaros. El primero al zorzal (género Turdus) y el segundo al tordo estornino (género Sturnus). Esta denominación aparece por primera vez en el “Libro de fechos de los cavallos”, en su versión del siglo XV, Giles dice que es «una interpolación de blanco y negro, en la que el negro domina enteramente, y se llama tal por parecerse al pájaro llamado así.» Para Torres es tordillo, «cuando predomina tanto el negro que a cierta distancia parece negra la capa.» Tordo oscuro. Predomina el negro, aunque no tanto como en el tordillo. Tordo apizarrado. Es un tordo oscuro con un tinte azulado que recuerda al color de la pizarra.

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Odriozola estableció cinco fases en el camino que el tordo ha de seguir hasta hacerse blanco: 1.a Fase inicial, con la capa de nacimiento. 2.a Después de la primera muda, pelos blancos repartidos por todo el cuerpo. 3.a Fase de equilibrio entre lo coloreado y lo blanco, apareciendo en muchos casos las rosetas o rodaduras, dando el tordo rodado. 4.a Franca minoría de pelos de color, a veces reducidos a motas, que dan el tordo mosqueado si son negras, y el tordo atruchado si son rojizas. 5.a Fase final, blanca o casi blanca. El tiempo en recorrer estas fases es muy variado. Parece ser que los tordos que nacen negros son los que antes terminan blancos. Así ocurre con los Lipizzanos, caballos con un gran porcentaje de sangre española que, naciendo negros, son blancos a los diez años. Odriozola, en cuanto a las reglas hereditarias de la capa torda, distingue entre tordos puros y tordos impuros, denominaciones que concreta a la herencia de la capa.    Tordo puro con tordo puro da siempre tordo.    Tordo puro con negro, castaño o alazán da siempre tordo.

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Tordo plateado. Para Giles es «un pelo blanco implantado en una piel negra que, reflejándose a través del pelo, le da un color semejante a la plata bruñida.» Tordo claro. Predomina el blanco. Tordo sucio. La mezcla de pelos blancos y negros no está repartida con uniformidad, apareciendo unas regiones o zonas más oscuras que otras. Cualquier variedad puede ser, además, sucia. Tordo mosqueado. En España se llamó antiguamente tordo picazo –otra asociación caballo-pájaro, por la picaza o urraca–.

Tordo

Según Giles, «es un pelo blanco sembrado de una infinidad de grupitos de pelo negro que le dan un aspecto manchado muy parecido al que presentaría si e s t u viese el caballo cubierto de moscas.» Tordo rodado.–Define una especial disposición de los pelos blancos y negros. Unos u otros se agrupan formando manchas redondeadas –rosetas, rodaduras o rodales– de un tono más claro o más oscuro que la generalidad de la capa, que resulta vistosísima si el contraste es muy marcado y las crines, son blancas. Antiguamente se llamaba al tordo rodado “habado”, cuando las rodaduras eran del tamaño de las habas. En Extremadura se le llama también “tordo empedrado”. En Andalucía Oriental se usa con frecuencia la denominación de “tordo arroalado”. Tordos de capa inicial rojiza. Tordo vinoso. Mezcla de pelos blancos rojizos, pudiendo haber también pelos negros, pero dando en conjunto una tonalidad oscura parecida a las heces del vino tinto.

Torda

Tordo avutardado. Sobre un fondo relativamente oscuro formado por una minoría de pelos blancos y una mayoría de pelos rojizos oscuros, otros pelos rojizos más vivos se agrupan en motas, sin destacar demasiado. Tordo flor de melocotón. Sobre un fondo claro, mezcla de pelos blancos en mayoría y de pelos rojizos en minoría, destacan unas motas de pelos rojizos de tonalidad más viva. Tordo atruchado. Sobre un fondo blanco destacan las motas de pelos rojizos, en la misma disposición que en el tordo mosqueado.

Tordas

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Tordos con capa inicial de pelos blancos, negros y rojizos. Es la capa que los autores antiguos, y aún ahora, han definido como “ruana”. Tiene variedades, como “flor de romero” y “flor de melocotón”, que describo al hablar del Rosillo.

ROSILLO La denominación de “Rosillo” es muy antigua, pues aparece ya en textos españoles del siglo x. Algunos autores ignoran esta capa, seguramente por ser rara en caballos españoles que, cuando la presentan, son de fuerte constitución, como dejando ver una lejana procedencia de sangre de tiro, que pudiera proceder de los Países Bajos o de Bretaña, donde no es raro encontrar esta capa. Es, como vamos a ver, una mezcla de dos o tres pelos –negro, rojizo y blanco– aunque con dos requisitos: uno de los tres pelos ha de ser necesariamente el blanco, y además, la capa del rosillo no se blanquea nunca.

Tordo con cabos negros

lo llamó, y se lo llama aún, “rubicán” o “rubicano”. El rosillo nace ya con los pelos blancos. Varía ligeramente con la primera muda, adquiriendo entonces la capa que conservará toda la vida. El rosillo presenta muchos menos pelos blancos en la cabeza, extremos y cabos que el tordo. En el rosillo estas regiones suelen ser más oscuras. El extremo de la cola es siempre oscuro, mientras que en el tordo lo primero que clarean son la cabeza y el extremo de la cola. Asimismo la capa del rosillo es siempre uniforme en su tronco y cuello, sin ser nunca mosqueada o rodada, como ocurre en la torda con frecuencia. Odriozola da las reglas hereditarias de esta capa de manera imprecisa, por la frecuente confusión entre tordos y rosillos:    Rosillo con rosillo da una mayoría de rosillos, aunque también nacen tordos y potros de otras capas.    Rosillo con negro, castaño o alazán, da un 50 por 100 de rosillos y un 50 por 100 de las otras capas, con algún tordo incluido.

Muchos autores los llaman también “sabinos”. Ha sido siempre una capa mixta mal comprendida, al confundirse muchas veces con variantes del tordo y con el “entrepelado”, de los que difiere completamente, como vamos a ver a continuación. Entrepelada puede ser cualquier capa con pelos blancos diseminados por todo el cuerpo o en alguna parte del mismo. En el rosillo los pelos blancos están íntima y profusamente mezclados con los otros por todo el cuerpo. Al entrepelado se Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Torda porcelana

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Torda mosqueada

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   Rosillo con tordo puede dar rosillo, tordo u otras capas. Actualmente no hay ningún rosillo inscrito en el Registro-Matrícula. Las variedades del rosillo son las siguientes: Cabeza de moro. Mezcla uniforme de pelos negros y blancos, dando un tono gris pizarra, con cabos, extremos y cabeza mucho más oscuros. Flor de romero. Sobre una mezcla uniforme de pelos blancos y negros hay profusión de motas rojizas de tonalidad morada. Flor de melocotón. Sobre una mezcla uniforme de pelos rojizos y blancos hay profusión de motas rojizas de tonalidad viva. Azúcar y canela. Mezcla uniforme de pelos rojizos tostados y blancos. Esta capa y las dos anteriores pueden aparecer en el tordo en alguna etapa de su vida, si bien éste irá aclarando con el paso de los años, y el rosillo permanecerá siempre igual. Overo. Mezcla uniforme de pelos rojizos claros y pelos blancos.

PÍO

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La capa pía es la única excluida del Libro Genealógico. No es una capa autóctona española, y las primeras referencias aparecen en el XVI. La capa pía debió llegar a la Península tras la invasión española de Europa, donde existían varias áreas de cría de esta capa. La palabra “overo”, como definitoria del pío, emigró a Hispano-América, donde aún se conserva la

antigua denominación española, para dejar paso aquí a la de pío, adaptada del francés o del inglés. Covarrubias, que lo definió en el XVI como “color de cavallo de pellejo remendado”, decía que “el nombre es de la tierra y la lengua de donde vienen”. Para que un caballo se considere pío debe tener manchas blancas extensas en el cuello o en el tronco, o en ambos a la vez, o en cuello o tronco y en las extremidades por encima de las regiones carpiana y tarsiana. Un caballo calzado de las cuatro extremidades, con la cabeza blanca y el resto del cuerpo de otro color, no es realmente un pío. Las denominaciones usuales españolas son las siguientes: Negro pío, castaño pío, alazán pío, etc. Cuando el pelo oscuro está en más cantidad que el blanco se empieza por él. Pío en negro, en castaño, en alazán, etc. Si domina el blanco, se empieza por la palabra pío. Atigrado, tigre o pelo de tigre. Blanco sembrado de manchas regulares redondeadas de pelo oscuro. Pío porcelana. Giles lo define diciendo: «Se compone de un pelo blanco mezclado de manchas grandes de un tordo más o menos azulado que refleja un color parecido al de la porcelana. Este pelo es algo frecuente en los caballos cordobeses, y entre los aficionados es muy estimado.» Lo fundamental en la capa pía es la piel –que presenta unas zonas sin pigmentar y otras pigmentadas–, pudiendo ser los pelos de cualquier color. En el pío porcelana todos los pelos son blancos, aunque, por transparencia, en las zonas de piel pigmentada aparece un tono blanco levemente azulado.

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EL CABALLO ESPAÑOL: LOS BLANCOS y otras MARCAS

B

Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

LANCOS, DIVISAS O SEÑALES

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 21, agosto de 2015, pp. 27-34.

Blancos, divisas o señales, fueron y son palabras empleadas para designar manchas de color blanco sobre capas más o menos oscuras. Se abandonó el nombre de balzanas, empleado hasta bien entrado el XVIII, expresión que probablemente se importó de Francia. Arcos escribía en 1757:

Si bien ahora los blancos, o cualquier otra señal, nos sirven tan sólo como medios de identificación de un animal, antiguamente –como a los remolinos– se les daba una importancia extraordinaria, deduciendo de ellos el carácter y el buen o mal fario del caballo, tanto para él como para su dueño. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Manchas de carne

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«Balzana se llama generalmente el color blanco, ó negro, ó mixto, que suele tener el Cavallo en qualquiera de los pies, en la cola, en las crines, en el muslo y en la frente, y la de los pies vulgarmente se expressa con el nombre de calzado, el qual se forma con el color blanco.»

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BLANCOS EN LA CABEZA Suelen centrarse, en mayor o menor extensión, entre los ojos, extendiéndose hacia abajo. La mayoría de nuestros autores adoptaron la misma sistemática que voy a seguir. Pelos blancos. Son pelos blancos aislados, mezclados con los de la capa, que no llegan a constituir mancha. Casi siempre aparecen entre los ojos o en la frente, aunque pueden darse en otra parte de la cabeza. Estrella. Mancha blanca, más o menos regular, en línea de ojos, o por encima, o por debajo. Lucero. La misma mancha blanca, aunque un poco mayor. La tradición marca la diferencia entre estrella y lucero en el diámetro de la mancha. La blanca, una antigua moneda española –recordemos el dicho “estoy sin blanca”, que seguimos usando–, tenía un diámetro de cuatro centímetros. Si la mancha era más pequeña que la blanca, era una “estrella”. Si era más grande, un “lucero”. Estrella o lucero sucio o entrepelado. Cuando en el centro de la estrella o lucero existen pelos de color mezclados con los blancos. Estrella o lucero con resplandor o radiado. Cuando los límites entre la mancha mancha blanca y la capa no son nítidos, presentándose en ellos una mezcla de pelos blancos y de color.

Estrella

Lucero prolongado

Para Pedro de Aguilar: «Los cavallos que tuvieren estrella blanca en la frente, que no descienda con lista hazia abaxo, y tuvieren otra sobre el rostro, serán desdichados y de mala boca. Pero si tuvieren juntamente blanco el pie de cavalgar –el pie izquierdo–, por ser señal de gran virtud se les quitará del todo aquel defecto.» Aunque no con frecuencia, puede ocurrir que la estrella o lucero continúe hacia abajo en los caballos españoles, dando lugar a los siguientes nombres: Estrella o lucero corrido. Si de la estrella o lucero sale una lista blanca que llega hasta la mitad de la cara. Estrella o lucero prolongado. La lista llega hasta los ollares. Arcos ponía en guardia a sus contemporáneos ante esta señal: «La estrella en la frente es buen indicio estando alta, y lo mismo la lista que desciende por la cara, pero sin que llegue al hocico.» Estrella o lucero perdido. Cuando la lista blanca se interrumpe, volviendo a aparecer. En “Pintura de un potro” se alababa esta señal, que se describía como:

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«la que baxa desde la frente asta casi en medio dé la cara y remata, y luego güelbe á proseguir desde mas abajo asta el ocico.»

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Careto. La lista es ancha y se extiende a los lados de la cara. Antiguamente se llamaba también a estos caballos “cara hermosa”. Semicareto. Cuando esa lista ancha ocupa sólo un lado de la cara, y debe especificarse si es semicareto de la derecha o de la izquierda. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Lunar o blanco entre ollares. Sin necesidad de explicación. Debe especificarse si invade el derecho, el izquierdo o ambos.

Estrella perdida

Mancha de carne. Se trata de manchas de color sonrosado que pueden aparecer, en mayor o menor amplitud, en los labios, en el hocico y hasta en los ojos. Nariz de zorro. Expresión que sólo he visto recogida por Sarazá, que se refiere al hocico rojizo color de fuego que puede encontrarse en un alazán tostado, negro, castaño o bayo.

Careto y bebe

En siglos pasados, algún caprichoso se trajo a España algún caballo con la cabeza blanca, señal que no era apreciada por los expertos, a la que se refirió Arcos: «... el “fazalbo” –también se le llamó malacara–, que es el que tiene toda la cara blanca o la mayor parte, cuyo indicio malo también manifiesta el beber en blanco, que es quando el blanco ocupa la boca.» Arcos habló de otra variedad, que no se describe hoy: «Ay otra señal, que llaman “frente abierta”, la qual es un blanco que ocupa toda la frente –como un enorme lucero–, sin tocar á los ojos, y se dá por buena. Si comprehende á los ojos, se llama zarco el Cavallo que la tiene, y no es buena señal.»

Lucero irregular

Probablemente esos ojos serían azules, y de ahí vendría llamar zarco al caballo, que no sería apreciado porque esos ojos no absorben bien una luz excesiva.

Bebe. La lista puede invadir el labio superior, el inferior, o los dos. Se dice “bebe con el superior”, “con el inferior” o “con los dos”. Cordón. Se denomina así la lista blanca, cuando no existe estrella o lucero. Admite las variantes descritas de “corrido”, “prolongado” y “perdido”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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Mancha de carne en ollar izquierdo

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Lucero, cordón prolongado y bebe

BLANCOS EN LAS EXTREMIDADES

de ellos que “el calzado de la mano de brida significa el poco valor que tiene y la poca estimación que merece”.

Los blancos en las extremidades se conocen con el nombre de calzados. Las creencias antiguas adjudicaron a las distintas clases de calzados –al igual que lo hicieron con los remolinos– toda clase de valoraciones, a veces contradictorias.

De los caballos calzados del pie derecho decía Aguilar: «Los cavallos que tuvieren el pie derecho blanco se dizen Argeles. No ay para que hazer dellos mucha confianca, porque son cavallos sobervios, viciosos y desastrados.»

Potra pisalba

En “Pintura de un potro” se explicó la razón del desprecio hispano hacia estos caballos:

Hoy día hemos olvidado augurios y expresiones antiguas, simplificándolas como veremos después, aunque no deja de ser curioso leer lo que pensaban nuestros abuelos.

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Para Arcos, “el blanco de la mano derecha, que es mano de lanza, es tenido por mala señal”.

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Lo mismo opinaba Aguilar: “Los cavallos que fueren calçados de la mano derecha, aunque suelen ser cavallos rebueltos y de buen sentido, suelen ser desastrados”. Los calzados de la mano izquierda no conseguían mejor valoración: “Serán de poco valor y estima”. También se escribió

«Los argeles, solo en España y no en las demás naciones, los tienen por de mala señal, porque en la batalla de Argel se tubo quenta de que mataron algunos que yban en cavallos de pié derecho blanco, y de aí les quedó el nombre, y desde entonces les tienen por desgraciados...»

Trisalbo con estrella

Los calzados del pie izquierdo tenían más suerte: «El blanco del pie izquierdo,el qual se llama calzado del pie de cavalgar, indica valor,ligereza y buen corazón.» Calzado de la mano de lanza

Los calzados de las dos manos tampoco gustaban. Esta era la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


opinión general, descrita por Aguilar:

Caballo trisalbo, armiñado en las manos

«Los cavallos calçados de ambas manos, que se llaman manialvos, serán desastrados y mal afortunados.Y aunque tengan el uno ó el otro pie blanco, no por esso se les quita su mala calidad. Porque la razón quiere que tengan siempre mas blanco detrás que no delante..» Se decía entonces: “Manos blancas no las quisiera, que solo son buenas para las damas.” Por esa razón gustaban los calzados de los pies: «Los calzados de los dos pies se dan por buena señal, y mucho mejor si tuvieren estrella en la frente. A tales Cavallos se les puede dar el nombre de pisalbos. Si estos no tuvieren estrella, sino una u otra mano blanca, especialmente la derecha, baja la estimación.» Los caballos calzados de la mano y pie del mismo lado

se llamaban “trabados”.

Estrella, cordón prolongado, bebe y trisalbo

Lucero, cordón prolongado, bebe y cuatralbo

Los caballos calzados de mano y pie contrarios se llamaban “trastrabados”. Sigue Arcos explicando: «Los trastravados calzados de la mano izquierda y pie derecho son especie de argeles y aun peores, porque están sujetos á caer; y lo mismo los trastravados de la mano derecha y pie izquierdo, aunque no suelen ser tan malos.» Aquellas descalificaciones no eran gratuitas. Tenía que haber un por qué, que no podríamos comprender hoy si no hubiera sido desvelado por Aguilar: «La razón que dan porque sean tenidos por mal señalados los cavallos travados y trastravados, demás de la experiencia que dellos se tiene, es porque affirman que, engendrados en el vientre de su madre, tienen juntos y apretados los dos pies y manos que tienen blancos, de donde

Hoy día, cuando dejamos a un caballo en un prado para que paste un buen rato, le trabamos las manos. La razón de esa denominación antigua debe venir del hecho de que se trababan los caballos de la mano y el pie del mismo lado con objeto de conseguir de ellos el paso de andadura, y así el término “trabado” pasó a aplicarse, por analogía, a los calzados. «Los que fueren calzados de la mano y pie derecho, son travados, los quales se dan por peligrosos y de poca fuerza. La misma denominación de travados llevan los calzados de la mano y pie izquierdo, cuya señal, sin embargo de ser también mala, no lo es tanto como la derecha.» Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Manchas de carne en ojo y ollar

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Arcos decía de ellos:

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les proviene venirlos á juntar naturalmente cuando los corren y rebuelven.Y desta causa son tenidos por peores los trastravados que los travados, porque teniendo los blancos atravessados, mas confusamente se les pueden rebolver los pies y las manos para caer que á los travados.» Llamaban “trisalbos” a los calzados de tres extremidades: Calzado pisalbo natural

«Los trisalvos calzados de los dos pies y una mano se dan por buenos, pero los trisalvos calzados de las dos manos y un pie, no es buena señal. Nótese que la balzana (el blanco), mientras mas baja y menos exceda a la pastora (el menudillo), tanto mejor será ; y quando tuviere mezcla de pelo negro es mas excelente.También debe advertirse que el blanco no comprehenda a la uña ó casco, porque denota blandura; de que cabe inferir que si la uña es negra es excelente señal, con cuyo motivo pueden ser bellisimos los quatralbos y los demás, que se dan por buenos; y serán mejores si la balzana está armiñada.» La doctrina era uniforme, y Aguilar también hilaba fino en los calzados de los cuatro remos:

Calzado pisalbo bajo

«Los cavallos calcados de todos quatro pies y manos, que se llaman quatralbos, aunque suelen ser cavallos nobles y de buen pensamiento, por ser blandos de caxcos no se loan por buenos. Pero si tuvieran armiños en ellos, deben ser tenidos por buenos, por ser como son muy leales y corredores.» Han cambiado los gustos. Hoy día se quieren los castaños o los negros sin ningún blanco, ni en cabeza ni en extremidades. Antes los preferían calzados. Entre éstos, el orden de prelación podría ser el siguiente: 1.° Calzados del pie izquierdo. 2.° Calzados de los dos pies con estrella o lucero corridos. 3.° Calzados de los dos pies y una mano con estrella o lucero corridos. 4.° Calzados de las cuatro, con cascos negros o al menos con armiños. 5.° No calzados, con estrella o lucero corridos.

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Trisalba

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Todas estas denominaciones, tan claras y expresivas, han perdido vigencia.

Pisalba

Las reseñas se hacen en estos términos:  Principio de calzado o calzado semicircular. La franja blanca, junto a la corona, es pequeña y no la rodea por completo.  Calzado bajo. Ocupa la cuartilla, sin tocar el menudillo.  Calzado o calzado natural. Interesa el menudillo sin sobrepasarlo. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Yegua calzada trisalba

 Calzado alto. Sobrepasa el menudillo, ocupando la caña.  Calzado muy alto. Llega hasta la rodilla o el corvejón, o los sobrepasa. La reseña de las extremidades de un caballo puede abarcar otras particularidades, que paso a relacionar:  Lunar en talón. Pequeña mancha blanca que puede aparecer en uno o más talones.  Armiños. Pequeñas manchas de color oscuro, negras o del color de la capa, de forma redondeada, que aparecen sobre el blanco del calzado, en la cuartilla. Se expresa diciendo “calzado... con armiños” o “calciarmiñado”.  Blancos en los cascos. Franjas blancas verticales, más o menos anchas, que aparecen en los cascos. La zona de unión entre el blanco del calzado y el color

de la capa no es siempre nítida ni sigue una línea definida. Podemos encontrarnos con estos dos casos:  Bordado. Es el calzado que entre el blanco y la capa oscura presenta una lista o cenefa entrepelada.  Festoneado o dentellado. La unión entre el blanco y la capa oscura es nítida, pero irregular, formando picos.

OTRAS MARCAS NATURALES Además de los blancos naturales en cabeza y extremidades, los caballos pueden presentar otros signos o marcas que ayudan a su identificación. Los tratados de exterior suelen colocar aquí las rodaduras, la raya de mulo, la raya cruzada, las cebraduras en las extremidades y la cabeza de moro, de las que ya hablé en Las Capas. Por tanto, sólo me voy a referir a cuatro clases de manchas y a un par de señales más. Manchas nevadas. El reglamento de la FEI las equipara a copos de nieve.

Calzado muy alto del pie de calbagar y lucero

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Manchas carbonadas o carbonaduras. Manchas redondeadas oscuras o negras sobre una capa más clara. Deben ser muy pocas para poder decir, por ejemplo, tordo carbonado, pues en otro caso se trataría de un pío atigrado. No se ven en nuestros caballos puros. Manchas atizonadas o atizonaduras. Franjas oscuras o negras, paralelas y tendiendo a la vertical. Se presentan en otras regiones que las cebraduras, casi siempre en la grupa. Parecen hechas con un tizón.

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Nunca las he visto de ese tamaño, sino más grandes. Son unas manchas blancas o grises claras, ovaladas, de diferente tamaño. Son raras en los caballos españoles, y no tan raras en árabes.

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Remiendos. Manchas de formato irregular. Giles decía: «Llámase remendado al caballo que tiene en su capa una ó mas manchas de diversas figuras y colores, y se le dice tal por la semejanza que tiene con una tela cubierta de remiendos.» No puede haber muchos remiendos para poder hablar de un caballo remendado. Si hay muchos, sería un pío.

Así se describió: «Si se observase una cabidad sin cicatriz, ya sea en la parte antero- inferior del cuello, en la lateral de éste ó en la media del brazo ó muslo, mas arriba ó mas abajo, se le nombrará “golpe de lanza” ó “lanzada”.»

MARCAS ACCIDENTALES Estas marcas no son de nacimiento, como todas las descritas anteriormente. Proceden de un accidente no querido por el caballo, aunque a veces causado intencionadamente por el hombre. Entre ellas pueden citarse las siguientes:

Remendado

Rubicano. Giles lo definió muy bien: «Cuando el caballo tiene algunos pelos blancos diseminados por toda la capa sin orden ni agrupamiento, se llama rubicán; si es en un solo punto se expresará diciendo rubicán en tal ó cual parte, pero si estos pelos aparecen en la cola se dice que el caballo es rabicano.» El rubicano se llama ahora, comúnmente “entrepelado”. Queda por hablar de una hendidura, en la que los pelos que la cubren son del mismo color que el resto de la capa.

Cicatrices, oreja cortada o despuntada, cola cortada, marca a fuego de la ganadería, encabestradura (cicatriz hecha en la cuartilla por una cuerda) y las marcas dejadas por los puntos de fuego. En este último caso se dice del caballo que está “labrado”. Quizá las marcas accidentales más curiosas sean unas pequeñas motas, muy nítidas y muy blancas, descritas por Giles: «... aquellos pelos blancos que salen por las picadas de los tábanos, lo qual sucede á los Potros que nacen en el Verano, que llaman agostizos; y los que tienen semejantes marcas de picadas de tábanos, llaman atabanados.» Hay un tipo especial de manchas blancas accidentales, que se presentan más en la cruz y en el dorso, derivadas de las mataduras producidas por las rozaduras de la silla de montar, en las que el pelo vuelve a nacer blanco.

POST DATA

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Este capítulo se publicó en 1982. No pude incluir lo que aprendí bastantes años después, cuando estaba viviendo en Nicaragua, en el rancho "El Rocío" que me prestó mi amigo César Augusto Lacayo. Tenía a mi disposición catorce caballos españoles perfectamente cuidados, hasta el punto de contar en cada uno de sus boxes con un gran "abanico", como llaman allí al ventilador.

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Una tarde vino a visitarme un viejo mayoral de un rancho cercano. Aunque los caballos estaban ya recogidos, me pidió verlos uno a uno. Hombre de pocas palabras, sólo hizo un breve comentario de cada uno de ellos. —Este tiene buen carácter.

—Este es más nervioso Y no se equivocó con ninguno. —¿Cómo lo sabe, Rafael? —¿Y cómo no lo sabe usted, Don Juan? Es por el remolino de la frente. Si está en línea con los ojos, el caballo es calmo, y si está más arriba, haciendo triángulo con los ojos, el caballo es más difícil. Pasa igual con las reses. Desde entonces, me he fijado en cientos y cientos de caballos. Salvo alguna rara excepción, que hasta podría deberse al maltrato, el pronóstico no falla. Juan Llamas Perdigó Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


EL CABALLO ESPAÑOL: LOS REMOLINOS Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 22, diciembre de 2015, pp. 46-50.

“Pues que la razón de muchas cosas naturales no se puede alcanzar todas veces, por estar tan secreta y oculta a la noticia de los hombres, contentarnos devemos en conoscer sus effectos, ya que nos falta el conoscimiento de su causa.” 

Pedro de Aguilar

EL REY DEL NEPAL Y UNA YEGUA ESPAÑOLA Cuentan que en 1983 una comisión oficial del reino del Nepal seleccionó en Fuentes de Andalucía (Sevilla), después de visitar muchas ganaderías, un caballo y una yegua de Pura Raza Española, llamados “Decidido XI” y “Nerviosa”.

La yegua embarcada no fue la elegida por la comisión. Algún problema de última hora –enfermedad o accidente– decidió al vendedor, ante la imposibilidad de cambiar fechas en un viaje tan complejo, ya programado, a sustituirla por otra, lo más parecida posible. Parece ser que cuando los animales llegaron a Katmandú el disgusto fue mayúsculo. La yegua, para cualquier occidental, no era peor que la elegida, sino todo lo contrario, pero los criterios nepalíes no son los occidentales. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

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En noviembre de ese año se embarcaron con destino a París para seguir viaje en avión a Nueva Delhi y de allí llegar en camión a Katmandú.

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LOS REMOLINOS DE “GODOLPHIN ARABIAN” El cúmulo de supersticiones sobre los remolinos, que nos viene de los árabes, está hoy casi olvidado, aunque fue considerable, y no sólo lleno de contradicciones, sino muchas veces mal interpretado. Hay muchas anécdotas sabrosas. La Revue du Cheval de Selle publicó en su número de enero de 1921 la historia del célebre “Godolphin” –uno de los fundadores del pura sangre inglés– contada por Eugéne Sué.

UN CABALLO PARA UN REY DE LA INDIA Otra anécdota reveladora de la fuerza de estas supersticiones le fue contada al cónsul francés Louis Mercier, después de la Primera Guerra Mundial, por un rico comerciante indio de Aden. Otros indios, de religión musulmana, se encontraban allí en peregrinación, de vuelta de La Meca. Compraron un caballo a un precio exhorbitante para regalárselo a su rey, pues

Remol no que prometía larga v da

sus remolinos garantizaban al dueño una vida centenaria y llena de felicidad. El caballo fue llevado a su presencia. Este se prosternó ante él y luego se levantó para examinarlo con detalle. Cuando fue a verlo por detrás, el caballo respondió a una caricia en la grupa con una coz que le acertó en el corazón y le mató en el acto. El colofón de quien contaba esta historia fue tan preciso como la coz: “¡Dios quiera preservarnos de las falsas interpretaciones!”.

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“Godolphin Arabian” tenía un remolino en el pecho, que presagiaba todos los males para su dueño, mientras que otro signo, el ser calzado, permitía esperar

de él todos los bienes. Su propietario, Agba, estaba encariñado con el caballo porque sólo se fijaba en el signo favorable. El Rey de Túnez, en cambio, no se lo ofreció a Luis XV porque creía en el efecto dominante y maligno del remolino. Por suerte para la historia del pura sangre inglés, la realidad desmintió los malos presagios.

Fotografía cedida por Miguel Tovar Sánchez

La sustituta no tenía los remolinos de la otra, que auguraban toda clase de venturas, según la tradición árabe heredada en el Nepal, para su rey, Biren-dra Bir Bikam Sha Deve.

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Fotografías cedidas por Miguel Tovar Sánchez

Llevará cons go la mala suerte.

Los ant guos no querían remol nos en las s enes.

No era bueno el remol no que el caballo pueda ver.

EL ANDALUZ IBN HUDAIL. LOS BUENOS Y LOS MALOS REMOLINOS

sobre las espaldas ó sobre el coraçon, ó en otra cualquier parte ó lugar donde ellos mismos se los puedan ver...»

El andaluz Ibn Hudail, en quien confluyeron las tradiciones españolas y musulmanas, escribió en 1392 un magnífico tratado de equitación, titulado “Gala de caballeros y blasón de paladines”, cuyo manuscrito se conserva en la biblioteca del monasterio de El Escorial.

Dos siglos después se seguía practicando un examen detallado de los remolinos antes de comprar un caballo, y las creencias sobre su bondad o maldad no habían variado. Joseph de Arcos coincidía con Aguilar:

Consideraba como buenos remolinos los que aparecen en el cuello y en la región interaxilar, signo este último de longevidad. Describía en cambio, como amenazadores, los existentes en la parte inferior del muslo, en la mandíbula –cerca de la oreja– y en el dorso –bajo la silla de montar–, así como los de las rodillas, “signo seguro de que el caballo será robado”. Dos siglos después, en 1572, Pedro de Aguilar ponía en guardia a sus compatriotas con observaciones más precisas: «Ha de ser tenida por mala y desdichada señal quando tuvieren los remolinos cabe las sienes ó en las quixadas, ó

I

Para bn Huda l, buen remol no

«Los tenidos por defectuosos son los que se forman en las sienes, en las quijadas y en las espaldas, y sobre todo en la parte del corazón ....» Pero... ¿No es posible que exista alguna relación de causa a efecto? ¿Será inútil tanto esfuerzo de observación?Yo, que ni creo ni dejo de creer, no puedo dejar de mencionar una carta del general Marey-Monge, que Daumas incluyó en “Los caballos del Sahara”: «Los remolinos y capas de los caballos dan, según los árabes, indicaciones muy útiles. Nosotros hemos visto, hace algunos años, a un labrador recompensado por el Gobierno, por haber encontrado una manera de juzgar, casi con absoluta certeza, si una vaca sería buena o mala lechera, según los remolinos de la grupa. Es posible que los remolinos tengan también para los caballos más valor del que nosotros suponemos...» DEFINICIONES DE REMOLINOS «Son ciertos pelos retorcidos que suelen tener en muchas partes de su cuerpo, del tamaño de una blanca poco mas ó menos. Suelen ser también largos á manera de una pluma, y á estos les llaman espada romana.»

Fotografía cedida por Miguel Tovar Sánchez

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Según el “Reglamento de Equitación Militar” de 1975, “se da el nombre de remolino a una porción de pelos con distinta dirección que los de la región en que se encuentran. Pueden ser concéntricos y excéntricos”.

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Aguilar los definía así:

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LOS ORDINARIOS Y LOS EXTRAORDINARIOS Giles los dividía también en “ordinarios y extraordinarios, siendo los primeros los que tienen generalmente casi todos los caballos, como los de la frente, parte anterior del pecho, etc., y los segundos los que sólo existen en algunos”. LA “ESPADA ROMANA”. LA “DAGA”. LA “ESPADA”. EL “ESPEJO”. LAS “FIGAS”. Alguna vez se encuentran dos remolinos en la frente, que no gustaban a nuestros entendidos, pues “en la frente no ha de aver mas de uno, y quanto mas en medio estuviese de ella sera mejor”. Los remolinos largos –en forma de pluma o de espiga– se llamaron “espada romana” durante siglos. A partir del XIX esta acepción varió su significado, dando a entender tan sólo los que se presentan con esta forma en la parte superior del cuello, cerca de la cerviz, en uno cualquiera de los dos lados.

Si el remolino está situado en la parte media anterior del pecho, se le llama “espejo”. Los mejores, los preferidos, eran unos remolinos muy poco frecuentes.

Fotografía cedida por Miguel Tovar Sánchez

En palabras de Arcos: «... son buenos los que suelen formarse junto al nacimiento de la cola, siendo mejor si hay uno de una parte y otro de otra. A estos llaman “figas”.» A Aguilar, como a todos, le encantaban las “figas”: «También les será gran señal de ánimo y de buena fortuna en qualquier batalla, si tuvieran dos remolinos junto al nascimiento de la cola, teniendo el uno de la una parte y el otro de la otra. Los quales son de tanta virtud que suelen hazer libre al que los tuviere de qualquier mala señal que mostrare en pies ó en manos que denote mal pronóstico.»

Fotografía extraída del libro Éste es el Caballo Español

Espada romana

Fotografía extraída del libro Éste es el Caballo Español

Golpe de lanza

Si apareciera a ambos lados del cuello, la expresión correcta sería “espada romana y daga”.

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Sobre estos remolinos, Aguilar aseguraba que

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“serán venturosos y tanto mas lo serán si les passare de la una a la otra parte”. Cuando la espiga está situada en la parte inferior del cuello se denomina solamente “espada”. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española


Fotografía extraída del libro Éste es el Caballo Español

Espejo

Fotografía extraída del libro Éste es el Caballo Español

Fotografía cedida por Miguel Tovar Sánchez

"Guaya" ten da por mala señal

LAS GAYAS

El marqués de Arellano graduó su mal fario:

En cambio, hay otro tipo de remolino extraordinario, situado en las partes laterales e inferiores del tronco, detrás del codo y junto a la cinchera, que atrajo la aversión de nuestros antiguos, conocido como “gaya”, “guaya” o “flecha”. El criador al que le naciera un potro con estos remolinos bien debía pensar en enviarlo al matadero, pues podía tener la seguridad de que nadie lo querría ni regalado.

«Si está al derecho, no es bueno; si al izquierdo, malo, y en ambos lados, peor.» El autor de “Pintura de un potro” contó sus experiencias sobre estos remolinos: «Ay otros dos mui malos, que señalan traición y flogedad, debajo de las sienes y debajo de la cincha enfrente del codillo, que passa el corazón, que se llaman guayas; y de esta señal ó rremoli-nos, se an de guardar que la tengan los cavallos padres ni las yeguas, por que no se ereden; y es tan conocida la traición que yndica, que poniendo el dedo sobre el remolino, meten la pierna á tirar una coz, aunque asta entonzes no la aian tirado, como muchas beces tengo echa la esperiencia, y e desechado yeguas de esta señal.» 

Francisco Pasqual explicaba sus razones: «Las gayas son dos remolinos que tienen los Cavallos detrás de los codillos, los que no son naturales, y por estar tan inmediatos al corazón, se afligen los que lo tienen... tales Cavallos son de poco valor, por lo que generalmente están destituidos por todos los Autores, assi de Cavalleria como de Albeyteria.» Coincidiendo con la última entrega de la sección “El caballo español” hemos recibido en ExtremaduraPRE, esta buena noticia. A Juan Llamas, nuestras felicitaciones por este éxito y nuestro agradecimiento por las sabias palabras que nos ha permitido extraer de su libro “Éste es el Caballo Español”.

Después de cuatro años de trabajo, en los que se filmaron caballos de muchas ganaderías españolas, Juan Llamas, al alimón con Mario Dirkx, uno de los mejores cámaras del mundo, presentó el pasado mes de noviembre una película titulada “Caballo de reyes, ladrón de corazones” en el Equus Film Festival de Nueva York. Con un jurado americano y en competencia con películas de todo el mundo, “Caballo de reyes, ladrón de corazones” acaba de obtener el Premio al Mejor Documental Ecuestre Internacional Completo. Para esta primavera estará disponible a la venta. Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española

Fotogramas del documental “Caballo de reyes, ladrón de corazones”

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GRAN ÉXITO DE JUAN LLAMAS EN NUEVA  YORK

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EL CABALLO ESPAÑOL: EPÍLOGO

Extracto del libro Éste es el Caballo Español de

Juan Llamas Perdigó

ExtremaduraPRE nº 23, abril de 2016, pp. 27-28.

Fue un día de agosto de 1984. Por la mañana habíamos subastado los yearlings de nuestra yeguada militar de Lore-Toki. Por la tarde vi correr la Copa de Oro en el hipódromo de Lasarte. A la noche, en la cena y después de la cena, se siguió hablando de carreras. Fueron, para mí, demasiadas horas dedicadas al pura sangre. Muy tarde, sin sueño, en el sosiego de mi habitación del hotel San Sebastián, disfrutando desde la ventana la maravillosa vista de la bahía de la Concha, me vino, inexorablemente, la nostalgia del caballo español.

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Le escribí unas cosas con las que quiero concluir este libro, como pequeño homenaje a quien me ha proporcionado tantas horas de dicha.

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I

II Sigue vivo. Si quieres, iluminará con la luz de su encanto los oscuros registros de tu ser, tejiendo a tu alrededor una tela de araña de dulces sensaciones. Será para tus hijos otro niño que juega y no sabe hacer daño. Perdonará como nadie olvidos, errores y tratos indignantes. Su dorso será un trono de plumas que hará suaves el trote y el galope. Pasará por donde nadie pase.

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Aguantará firme allí donde el pavor ahuyente a otros. Descubrirás que la pirueta es fácil, que el paso atrás se puede hacer eterno, que los aires elevados no son sólo monopolio de jinetes eminentes. Al leve toque de tu espuela volará seguro entre las brisas, para que aspires tranquilo fragancias que olvidaste tiempo atrás. Con él será más limpio el perfil de las montañas, más clara la luz de las estrellas, más alegre el trinar del ruiseñor, y más grato el rumor de los arroyos. Y sabrás al fin por qué, para tantos reyes, fue siempre el elegido.

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Ojos que afrontaron sin dudar una flecha que pasó rozando, y captaron el viejo mensaje de una oculta mirada turbadora. Orejas que oyeron el fragor del cañón y el susurro de una frase enamorada. Piel con reflejos de seda que supo de ardores y de heladas. Cascos que abrieron caminos hacia tierras que nadie conocía. Corazón que aceleró latidos al compás de las ansias de su dueño. Aliento infatigable que afirmó voluntades que querían lo imposible. Alma que compartió anhelos de los hombres de hierro de la vieja España, y arrogancia nacida del orgullo de haber conquistado el Orbe entero.

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“El caballo español” constituye una serie de trece artículos que se han ido publicando en ExtremaduraPRE, la revista de la Asociación Extremeña de Criadores de Pura Raza Española, desde el número 11 de abril de 2012 hasta el número 23 de abril de 2016.


Terminรณ de imprimirse este libro el 17 de octubre de 2017 636


JUAN LLAMAS PERDIGÓ, Coronel Interventor de la Jefatura de Cría Caballar y Remonta, Juez Internacional de Pura Raza Española y Juez Nacional de Doma Clásica y Vaquera. Es autor de innumerables libros sobre caballos, como El Caballo Español en Dibujos; Caballo Español, Caballo de Reyes; El habla del Jinete Andaluz o Este es el Caballo Español, del que se han extraído los textos publicados en ExtremaduraPRE, revista de la Asociación Extremeña de Criadores de Caballos de Pura Raza Española, y que se recogen en este libro.

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El Caballo Español- Juan Llamas  

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