Issuu on Google+

El humilde señorío de Gilberto Rod Abraham Peralta Vélez

Me convenzo, cada vez más, de que la vida es un colibrí inesperado. El colibrí oculta el adolescente laberinto de la vitalidad: llega maravilloso, solitario, veloz, lleno de sentido y huye dejando un aire de hermosura incomprendida. Como la vida, jamás se le puede asir por completo; enamora y huye, se nos va de las manos del entendimiento. Si acaso pudiéramos agarrarlo, entonces moriría, porque le explotaría el corazón acelerado. La vida, entonces, es aspiración y aleteo, nunca totalidad, nunca respuesta absoluta. Así, de golpe, colibrí inesperado, llegó a mis manos un libro de Gilberto Hojas al aire, a la Rod, escritor zacatecano nacido el 10 de deriva, con vocación y abril de 1910 y muerto en 1990, según convicción, quiere cosechar una dulce y agradecida carta de su y sembrar, reclamar un esposa, Doña Sofía Reyes Rod. Este libro espacio para la literatura se titula Caminos del colibrí y venía con que se encuentra al margen dicha carta, escrita en 1990, además de del canon institucional y de una nota periodística, de 1985, escrita las modas. Cosechar con la por Juan Cervera Sanchís. recuperación de la Caminos del colibrí fue editado literatura desperdigada en por el propio Gilberto Rod, bajo el sello los puestos de las calles, en de Ediciones Khayyam, que ya mucho las librerías de viejo, y dice, en México D.F. en 1956, de manera sembrar con nuevos textos sencilla y arabesca: elegante y de escritores ya olvidados, cuidadosa. De apariencia ocre contiene aún vivos. Un esfuerzo más vivo a un colibrí azul. por difundir una semilla (continúa en la siguiente página)

pequeña de literatura, pero rebosante de nuevos bríos.


Se cumple, a pie juntillas, aquello de Baltasar Gracián: “si breve, dos veces bueno”. Porque los Caminos del colibrí, de Gilberto Rod, el de Zacatecas, es un libro interminable, ya que abarca un ideario, diverso y proverbial, donde cada aforismo expresa una idea redonda, independiente; por ejemplo: “muchos ociosos elegantes sólo conocen el sudor en los puertos marítimos”; como caja china, este poético libro contiene otros tantos libros. La imagen deslumbrante se aúna a la idea; la gota cristalina conforma la expresión de esta lluvia de ideas. Sin amarras, ensaya Gilberto Rod el ideario aforístico. A veces, los recursos poéticos: el giro de una metáfora, la metonímia, la sinécdoque, la sinestesia... estructuran la idea, con suma filigrana, propia de la tradición arabesca de Omar Khayyam, donde la belleza no estaba disociada de la idea, sino la belleza era también idea, pensamiento profundo, intuición del más allá. Se antoja, los Caminos del Colbrí, para nuevas ediciones, de miles de ejemplares, para que cada transeúnte lo lleve en el bolsillo del pensamiento. Quisiera leer otros de los títulos de Gilberto Rod: Trueno verde, Frases en la arena, El amor nació de noche; ojalá en sus caminos el colibrí me encuentre para continuarlo. Presiento el humilde señorío de un hombre, Gilberto Rod, a través de su delicado pensamiento, de su vida llevada con sigilo, casi en completo anonimato, entre tanta moneda falsa y vanagloriado literato. El propio Gilberto Rod dice: “Ser prócer e ignorado. Ser mediocre y por las multitudes aplaudido. Es frecuente tal dislate”. Muy frecuente, pero aquí queda dicho, acaso para olvidarse de nuevo, entre tanta fruslería. Hoja al aire. No. 5 hojaalaire@gmail.com <http://www.hojaalaire.blogspot.com> Editores: Luis Carlos Carabel Abraham Peralta Vélez Berenice Patiño Azules y negros <www.azulesynegros.blogspot.com> Tierra Húmeda <www.tierraumeda.blogspot.com> Noviembre, 2012 México D.F. Hoja Mensual de Literatura

2

Caminos del Colibrí, de Gilberto Rod:

"Tras una muralla de libros habla el sabio; entre un macizo de rosas, canta el poeta". “La moneda va rodando por el sinuoso camino del hombre. El hombre la persigue hasta en el cieno y la órbita del crimen". “El hombre perezoso humilla a su cuerpo y a su espíritu, porque no es otra cosa que un muerto de pie”. “Todo templo es jardín de súplicas”. “Toda mentira es odiosa, menos una: con la que ganáis el pan”. "El hombre debiera ser con el hombre, como la tierra lo es con éste: recibe un grano y devuelve cien".


De las librerías de viejo

El pueblo como organismo social Ángel Ganivet (Granada, España, 1865-1898) Mi instinto me arrastra a lo ordinario, o mejor a lo popular, a lo que gusta e interesa al pueblo bajo, hasta el punto de que una copla andaluza, gallega o flamenca (de Flandes), me impresiona mil veces más que una poesía o una composición musical de autores que sean reputados por genios. Lo mismo me ocurre con las costumbres, los trabajos, las fiestas y la conversación. En cambio, tomado el pueblo como organismo social, me da cien patadas en el estómago, porque me parece que es hasta un crimen que la gentuza se meta en cosa que no sea trabajar o divertirse. Al mismo tiempo creo que la organización del trabajo con el régimen liberal es insensata; pues someter la vida de los hombres al tira y afloja o al alza y baja del mercado, como si se tratase de manufacturas, será muy liberal, pero es indecoroso para el género humano. Me parece mal que los altos manden a los bajos, hasta el extremo de no haber mandado yo nunca nada a nadie, ni a los criados de mi casa; mi placer es que sean listos y que lo hagan sin que se les diga. Me gusta lo bueno, y aún lo selecto y lo aristocrático; pero no querría ser aristócrata por nada del mundo, y desprecio a los que merodean el trato con gentes de pergaminos. En suma: mi credo no puede reducirse a fórmula razonable, pues se compone de mucho amor y mucho palo para los pequeños, y mucho desprecio y mucha autoridad para los grandes. Despréndese de todo esto, que en el fondo de mi humilde personalidad haya un vergonzoso dualismo, y que partiendo de abajo por instinto y mirando hacia arriba por afición me quedé en medio, en la situación más penosa de todas las que puede haber en la vida, puesto que me revientan por igual los que dejo detrás y los que tengo delante, y no encuentro, aunque lo deseo, a quién mirar con buenos ojos, porque los que están en medio me parecen peores que los precedentes.

Imagen: Papel Cometa

3


El volado

Jorge y Mariana Berenice Patiño Roa

Mariana llevo por nombre, la pureza no me ha sido concedida, gozo con el pasado, el placer lo encuentro cada noche en sábanas que nunca son las mismas. Escribo desnuda, uso por tinta la pulpa de las uvas machacadas con mis pies. Escribo para salvarme de las caricias que le otorgué al último hombre que fingió quererme mientras nos entregamos, por un momento conocí el temor, y recordé a todos lo que se han marchado, muchos de ellos sin mirar atrás. Resistí el silencio, permití los juegos, me condujo al recuerdo del primer amante, los dedos buscaron consuelo en mi piel, penetraron en la mirada y ocultaron en mi sonrisa el cansancio. Escapó de nuevo, detrás de las mentiras vomitó una promesa; volvería, no por mí, sino por lo que mi cuerpo le concedía, abierto a los roces del ayer, al encanto que se encuentra en las palabras. Volvería para devorar esto que no soy, que no reconozco, cuando en la cama se dibuja mi silueta impregnada del olor a recuerdos y cigarrillos. Jorge abandonó los sueños, sus horarios le impidieron volver. Renuncié a los reclamos, a los celos, y a la nostalgia. Me quedé sin nada, usando el collar de invenciones que abandonó en mis piernas, esbozando desenlaces que permitan volver a la mujer de humo, y concedan libertad a la ceguera.

Qué desgracia ser terrestre Luis Carlos Carabel Para Karen Herrera

Qué desgracia haber nacido terrestre. Me lo dijiste siempre. Te disgustaba caminar sólo a dos patas, y no a cuatro, como los caballos o los elefantes. Ni siquiera podías ser terrestre completamente, con verdaderas raíces pegadas a la tierra, o escondida debajo de algún montículo. No, tenías dos patas arrastrándose en la tierra y dos alas surcando el aire. Cuántas veces fantaseaste con aquella lejana vida, adentro de esa bolsa de agua. Y cerrabas los ojos, y nadabas, y llorabas. Otras veces te tirabas al río y te dejabas llevar por la corriente; te sentías tan marina, tan acuática, tan profunda. Yo, que no sé nadar, te miraba desde la orilla, caminaba deprisa para estar ahí cuando decidieras salir del agua. (continúa en la siguiente página)

4


En otra época querías brincar todo el día, y después hacías que nos subiéramos a los árboles; pasaste tantas tardes mirando el pueblo desde lo alto. Yo sé que volar era lo que preferías, que habrías cambiado todo por hacerlo. Me hiciste sentir la desgracia de nacer humano y no pájaro ni nube. Sentí yo también el enorme peso de este cuerpo torpe, y pude imaginar, con la misma desilusión (no, definitivamente menos) que tú, no ya ser pez o ave, sino agua, aire y fuego, y consumirme en oleadas de aire ardiente, en torbellinos húmedos e hirvientes. Para después aceptarnos dolorosamente terrestres. Qué desgracia, me dijiste aquel día que quisiste intentar lo último, que decidiste probar por última vez tu naturaleza aérea. Qué desgracia ser terrestre. Me llevaste al cerro y me besaste. De pronto sentí crecer detrás mío algo que parecían alas, y sin saber cómo ni de qué manera nos elevamos lentamente, y ya acostumbrados al viento nos alejamos volando de la tierra.

Los nuevos olvidados

Libro abierto

Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda Libro abierto. Memoria. Horizonte de espejos. Llanuras de cristal. Ríos de ensueño. Mares de pensamientos encendidos. Sé de mí que no sé nada de mí. De ti sé que no sé nada de ti. Libro abierto y en blanco. Páginas como nubes huyendo de sí mismas. Escribiré en el aire seguro de que nadie me leerá. Escribiré en el agua un poema de amor con vocación de cielo y escribiré en la arena y en el barro. Libro. Mi libro abierto y tu libro cerrado. Mi corazón de niño adivinando. Tú y yo. Yo y tú.

Nosotros, por siempre y para siempre, viviendo en la palabra no nacida y naciendo y soñando en la palabra, en el verbo musical de la música inaudible de Dios, donde todo es posible e imposible. Memoria y libro abierto donde no hay una coma ni un diminuto punto suspensivo donde pueda instalarse la crueldad infinita del olvido.

5


FLOR-MUJER

Fernando Emilio Saavedra Palma Para todas las flores del mundo que nacen a diario y la MUJER FLOR dimensión paraíso que es edénica y efímera… Lágrima celestial de amores infinitos al día… Equidistante frecuencia erizante al recordarte amada mía… FLOR femenina pistilo pestaña clorofílica… Abundancia a la mar recuerdo de tu cuerpo en vida… Mujer, mujer, FLOR-MUJER de inmenso placer 100% activa… FLOR-MUJER imagen perfecta: …es única… …es cascada… …es soleada… …es amada… …es tejida o bordada… Fibra ÓPTICA del cosmos hecha flor-mujer bella fanerógama… FLOR dimensión paraíso edénica efímera como nuestra vida… ¡MÁS! ¡UF!…qué VIDA.

La hora exacta Leonardo Teja

Tomas el walkman amarillo que ella te regaló y lo arrojas por la ventana para que caiga cuatro pisos. Caes en cuenta del silencio del lugar, de la soledad y de lo inútil que cuelgan los audífonos en tus orejas. Te asomas por la terraza y no alcanzas a ver la radio. Bajas los cuatro pisos con los audífonos en las orejas y encuentras el walkman amarillo salpicado sobre la calle. Nadie repara nada en Semana Santa. Como con un estetoscopio mides los latidos del radioreceptor con los audífonos: está muerto, lo llevas al departamento e intentas revivirlo, pero no hay pulso, no hay señal. Primeros auxilios y las resistencias no responden; reconectas cables, puenteas la batería y 6 (continúa en la siguiente página)


reanimas circuitos hasta que un led rojo enciende. Lo salvaste, ha quedado deforme y sin AM, parece un Frankenstein color canario, tiene costuras de cinta canela pero es tu creación y te acompañará hasta la muerte. Te pones los audífonos y enciendes la radio esperando que algún locutor diga la hora. Y la hora exacta es: 12:32. Informamos que ella, después de dejarlo, también lloró por su causa, pero de felicidad y ahora sueña con enamorarse de verdad… La verdad te revuelve el desayuno en las tripas y cambias de estación, a la que sea, y: La hora exacta es: 12:34. Nos llegó un mail anunciando que tres días después de que salió de casa para buscar su independencia, sus padres rentaron su habitación a un primo, quien tapizó las paredes con cartelones de chicas en bikinis y que presume con los amigos la ropa que usted dejó en el clóset. Desconcertado cambias de estación y escuchas atentamente: La hora exacta es: 12:41. Y los últimos informes indican que en la cocina dentro del segundo cajón de la alacena se encuentra un cuchillo lo bastante grande y lo bastante filoso como para terminar con su existencia este mismo día… Esperas unos minutos con la oscuridad que invade el departamento. Apagas la radio y prendes un cigarro haciéndote a la idea errónea de que es un sueño. Vas a la cocina sólo para revisar el segundo cajón de la alacena: la radio se equivocó, no sólo está ese tu cuchillo tan filosamente descrito por el locutor, también están las cucharas y el sacacorchos. Tienes tu cuello con la medida exacta de la muerte: todo está en su lugar pero, de regreso al sofá, piensas aún en lo de la cocina y terminas por encender de nuevo la radio. No hay señal y la buscas, y la buscas porque está oscuro, y porque ese led ha resultado ser tu Faro de Alejandría desde tu naufragio del sofá, y: La hora exacta es 12:56. Amable radioescucha, nos alegra que aún esté entre nosotros, pero no hay por qué temer; gracias a sus notorios hábitos de ermitaño, ha llamado la atención de tres rufianes de la colonia que se dirigen hacia su departamento en este instante, sin embargo, no es para hacerle compañía, no, sino para hacerse de sus pertenencias y llevárselas en la camioneta que ya han dejado estacionada en la entrada que usted dejó abierta cuando bajó por su radio/rompecabezas. No es necesario que llame a los vecinos porque nadie está en casa y porque los rufianes ya van en el primer piso. Angustiado radioescucha, será un robo con lujo de violencia, porque eso sí, la violencia con la que ellos son capaces de darle muerte, si le encuentran en casa, es todo glamour en comparación con aquella idea suya tan modesta de morir en una cama y anciano por una enfermedad de anciano. Pero no se sienta amenazado por la muerte cuando es la vida quien le hostiga, haciéndole comer de la misma manera en los mismos platos todos los días. Piense que aún tiene ese cuchillo lo bastante grande y lo bastante filoso como para terminar con su vida en este mismo 7 (continúa en la siguiente página)


instante y no dejarle el gusto a los rufianes que ya van en el tercer piso. Decida, que a esta radio se le agotan las baterías y a usted el tiempo… Sostienes el cuchillo entre tus manos, sentado entre la sala y la puerta. Escuchas los ruidos de tu cerradura siendo forzada, desconoces con exactitud la hora, el led rojo del walkman amarillo se apaga. Seguirás sosteniendo el cuchillo mientras tu puerta se abre. Si quieres colaborar:

El día del grito Axel Velasco

Se reciben cualquier tipo de textos, poesía, ensayo, narrativa, diálogos... que

puedan caber en estas Pero también amo esta ciudad desbarrancada Hojas al aire, es decir, no con sus bosques blancos de prostitutas ardiendo, más de dos cuartillas, Amo las hogueras encendidas de sus raíces, Times New Roman, núm. el furor salvaje de sus calaveras, amo sus sombras 12. Con nombre del esparcidas en las paredes, en los rostros oscuros autor, fecha de de sus mujeres y sus hemorragias, de sus canales nacimiento y lugar de de aguas fétidas y sus lagos marchitos procedencia. Oh gran ciudad del grito herrumbrado E-mail: que estalla en el cielo de las cantinas y los hospicios, <hojaalaire@gmail.com> en los orfanatos, en las pulquerías, por debajo de los puentes, Si gustas, lector o en las plazas o en los cementerios, en El templo de Diana colaborador, imprimir o en las escaleras, donde las voces van rodando, sin sentido, estas p��ginas en casa y descendiendo, sin sentido -Dios mío- sin sentido: enardecidas regalarlas a quien gustes, en sus licores de arsénico y sus máscaras de espejos: serás aire de esta amo su risa, terrible y desesperada, esta risa encendida, literatura. El propósito es imantada de antenas y mercados y mujeres estúpidas, amo el asco de sus sexos de letrina: el asco de mi amor perdido: crear una red cada vez más amplia, con los desbarrancado en la ignominia -Aquí no vale nada la vida. recursos posibles. FUEGOS El escritor revolucionario El limosnero juega a la banca: está al Carajo, que se pudre el hombre, y escribo: pendiente del déficit de los bolsillos. revolución, dignidad, justicia. Después me voy a comer un helado. El amor ciega como aquel cuento chino sobre el ladrón poseído: “¿por qué En el camión atiborrado, la muerte se robaste el oro en presencia de tanta siente, no fría, sino sudorosa. Se siente la gente? –Cuando tomé el oro no ví a carne, mas no el alma ajena. Cuerpos, nadie. No vi más que el oro”. cuerpos, ojos de pescados en un féretro colectivo.


Hojas al aire No.5