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'Caso Parmalat' Fernando Fernández de Trocóniz 12-01-2004

La base de la quiebra de la multinacional italiana Parmalat es recurrente desde que existen las empresas y el crédito; es decir, de libro. Financiación sólo con recursos ajenos de una gran expansión industrial, que no da los resultados previstos -añadida a una gestión catastrófica-, ahogamiento financiero y a tapar agujeros, así año tras año. Para sobrevivir, engañar, falsificar, mentir. Es muy parecido a lo que ocurrió en España con Rumasa. Lo que resulta sorprendente es que no se enterara nadie hasta que la pelota financiera fue insostenible y se desencadenó la quiebra. Otra vez vuelven a surgir todos los problemas en torno a las auditorías y para qué sirven. Por supuesto que sirven. Pero repito lo que ya dije con el caso Enron, la contratación de la auditora no puede depender del administrador de la sociedad, tiene que ser absolutamente independiente, directa e indirectamente, y necesariamente limitada en el tiempo. Por otra parte, los llamados consejeros o vigilantes independientes deben serlo de verdad, o sea profesionales y desvinculados tanto de la gestión como de los intereses societarios, con informe separado a los accionistas y a los órganos de control. Aquí se da un problema añadido, que está siendo investigado en estos días, y es que, al parecer, algunos bancos financiadores de Parmalat, conocedores del riesgo progresivo de la compañía, fueron trasladando sus créditos a inversores privados con la fórmula de refinanciar la deuda a bancos con cargo a obligaciones o bonos. Tanto los bonistas como los accionistas están completamente desprotegidos. Una vez que se autoriza por parte de la autoridad supervisora la emisión según el folleto, después no debe darse cuenta nunca del efectivo cumplimiento de los compromisos asumidos en tal folleto, ni siquiera en la memoria de la compañía. Se deja relegado a los analistas y a la cotización en los mercados. La deuda de Parmalat asciende, según parece, a unos 10.000 millones de euros (en libros 'sólo' 7.000), pero es que la totalidad de los activos son, también, 10.000 millones, de los cuales más de 5.300 son basura -la activación de gastos fue constante-. Se dice que se llegó a emitir una factura falsa de venta de leche en polvo a Cuba por una cantidad que bastaría para cubrir la isla entera de tal polvo. Los artificios o falsedades contables acostumbran a ser detectados por los técnicos cuando se trata de gastos, por la implicación fiscal que tienen, pero no cuando son los ingresos lo falseado al alza. El nudo gordiano empieza ahora. Aparte de si los administradores se llevaron el dinero o fuera el agujero para tapar pérdidas sucesivas, o las dos cosas, qué va a pasar con los 35.000 trabajadores del grupo, qué va a pasar con los ganaderos suministradores de leche, qué va a pasar con los accionistas, qué con los acreedores. Lo que resulta palmario es que cuando se reclaman fondos a terceros con apelación pública es necesario justificar adecuadamente la inversión de los fondos, su viabilidad y su seguimiento, ni confundir los riesgos de nuevas operaciones con las ya existentes. Los supervisores se obsesionan exclusivamente con la información privilegiada, pero ya es hora de que se le meta mano a la mala gestión y a la protección auténtica del ahorro no sólo para que se mantenga, sino también para que otorgue los rendimientos comprometidos en un marco de razonabilidad. Ahora mismo hay quien ofrece productos financieros que están a todas luces fuera de mercado y sin embargo se tolera; hay quien sigue haciendo pirámides especulativas y no se entera nadie, hasta que la situación revienta. Entonces todos a hacerse de cruces y a llorar. Más valdría que de una vez por todas se tomaran medidas preventivas serias.

Caso parmalat cinco dias  

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