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Instituto Diversificado por Cooperativa de Enseñanza Coatepeque I.D.C.

NOMBRE: Corina Guadalupe Girón López

Curso: Computación

Catedrática: Sandra Ralda

Carrera: Administración

Grado: 5to.

Sección: “A”


Índice •

1 ………………………………………….....Objetivos de la reforestación

2 …………………………………………….Amenazas

3 ……………………………………………Factores eco geográficos

4…………………………………………. ...Especies repobladoras o

4.1 Matorral

o

4.2 Bosque degradado

o

4.3 Bosque de ribera

o

4.4 De interés económico 5……………………………………………. Impactos ambientales

5.1 Impactos positivos

o

5.1.1 Reducción del uso de bosques naturales como fuente de combustible 

5.1.2 Incremento de los servicios ambientales

5.1.3 Sensibilización ambiental 5.2 Impactos negativos

o 

5.2.1 Impactos de carácter temporal

5.2.2 Impactos inherentes a la agricultura

5.2.3 Impactos sobre ciclo hidrológico de la cuenca

5.2.4 Impactos sobre la estructura del suelo

5.2.5 Conflicto de intereses con otros usuarios del agua

para riego o

5.3 Impactos indirectos 6 …………………………………………….Temas Especiales

• o

6.1 Uso de Especies Exóticas

o

6.2 Temas socioeconómicos

o

6.3 Historia de la reforestación en España

o

6.4 Críticas a la reforestación en España


INTRODUCCIÓN Nuestro país se ha caracterizado desde tiempos remotos, por poseer una gran variedad de flora y en especial de bosques, y es por esta razón que el nombre de Guatemala proviene del vocablo Guauthemallán, que en lengua Náhuatl significa el lugar de bosques o tierra de árboles. A pesar de la inmensidad de recursos naturales que posee nuestro país y de ser de vocación forestal, ya que más de la mitad de sus suelos poseen esa vocación, han sido explotados de manera irracional por lo que en la actualidad los bosques de Guatemala se encuentran amenazados de desaparecer totalmente en un corto tiempo si no se toman las medidas jurídicas, legales y socioeconómicas del caso, ya que según estadísticas del Instituto Nacional de Bosques, en nuestro país actualmente se pierden aproximadamente 90,000 ha de bosques cada año.


LA DEFORESTACION EN GUATEMALA La deforestación es un problema importante a lo largo de los trópicos. El descontrol en la tala de árboles, especialmente de maderas duras y preciosas, cada vez va a más. El cultivo de subsistencia es practicado por millones de gentes, los cuales cultivan la tierra quemando una parte del bosque y plantando cosechas en un suelo aparentemente rico. El problema es que a pesar del aspecto frondoso del bosque, el suelo subyacente no es fértil. Su fertilidad no es inherente, viene de una interacción compleja de las plantas, árboles, bacterias e insectos que viven únicamente en el bosque. Después de quemar el bosque, las cosechas pueden únicamente crecer por un par de años antes de que el suelo se agote y el granjero cambie a otro lugar para quemar otra sección de bosque, dejando detrás un espacio muerto, directamente expuesto al sol abrasador y a la lluvia torrencial. La tierra necesita muchos años para recuperarse y a veces nunca se recupera. Es más, si el mantillo se pierde, la tierra nunca se recuperará del todo y el mantillo terminará en ríos y arroyos, ocasionando un disturbio ecológico adicional río abajo. Aún cuando la fertilidad de la tierra se recuperara, nunca verdaderamente volvería a su estado original, como discutiremos más adelante. El aspecto más triste de la destrucción de bosque es la pérdida de especies. El bosque de lluvia es un laboratorio virtual de bacterias interdependientes, musgos, líquenes, brómelas, epiphytes, árboles e insectos. La mayoría de estos ni siquiera han sido catalogados ni mucho menos estudiados. Algunos de los descubrimientos médicos más beneficiosos, en tiempos recientes, han venido desde formas de vida procedentes del bosque de lluvia. Se ha aprendido que cada parte del bosque contiene algunas especies únicas que evolucionaron y viven únicamente en esta parte del bosque. Cada milla cuadrada del bosque da a conocer nuevas especies únicas en esa área. Cuando esa parte del bosque se destruye, las especies únicas de esa parte se pierden para siempre. Interesadamente, es realmente posible cultivar en el bosque sin ocasionarle un daño serio, pero el método únicamente es practicado por el lacandón, un grupo pequeño de indios. Los lacandones examinan el bosque y seleccionan áreas que desaguan bien. Así, evitan áreas que contienen maderas duras y en las que el suelo se moja demasiado. En Abril, queman una sección del bosque e inmediatamente plantan árboles de crecimiento rápido, tales como papaya y plátano, para proteger el suelo. Luego plantan maíz, ajo, patatas dulces y muchas otras cosechas. Ellos plantan de tal manera que cada pulgada cuadrada del suelo se cubrirá, remedando el estilo del bosque de lluvia, que continuamente protege el suelo. El rendimiento de la tierra permite cosechar


varios años y después vuelve a su estado silvestre. Incluso después, los árboles frutales continúan produciendo. Después de algunos años la tierra se recupera y el mismo proceso puede repetirse. Así, es posible cultivar en el bosque de lluvia sin destruir permanentemente el suelo. Desgraciadamente estos métodos se usan rara vez y seguramente no son compatibles con técnicas modernas de cultivo y maquinaria. Los científicos tienen sospechas de que hay un nexo entre la destrucción de los bosques de lluvia y el calentamiento global del planeta, pero los científicos no han probado aún, convincentemente, el nexo. Más aún, en los círculos científicos el concepto de calentamiento global está abierto todavía a discusión. Sin embargo, el nexo entre los bosques y el clima local es fácilmente observable aquí mismo en Guatemala. Arriba en las montañas de los bosques de lluvia en las Vera paces es fascinante mirar el ciclo de lluvia en el bosque: el sol sale, y uno puede ver el vapor de agua que sale del bosque, condensándose en el cielo y formando más nubes que precipitan la lluvia nuevamente sobre el bosque. El área alrededor de El Rancho, a lo largo de la Carretera Caribeña entre Río Dulce y Ciudad de Guatemala, es un ejemplo de qué puede suceder después del corte total del bosque. Este área tiene el suelo curtido expuesto, matorral ocasional, hierbas amarillas y dos tipos destacados de cactus. Pero en el pasado no era así. Han McLaughlin, un residente de Guatemala por largo tiempo, recuerda los tempranos 80′ cuando era todavía un bosque siempre verde. En el espacio de 20 años, centenares de millas cuadradas de Guatemala se han convertido en un desierto árido y caliente. Los residentes del área pueden recordar cuando había abundantes pinos y las temperaturas eran mucho más bajas. Los efectos locales se observan también en Guatemala capital. Ha crecido muchos en los últimos 20 años y ahora se extiende en todas las direcciones sobre las colinas que la rodean. Los residentes locales se quejan que las temperaturas en la ciudad antes eran mucho más frías, antes de que las colinas de alrededor se cubrieran con el cemento y el asfalto. Hay dos aspectos en el problema que necesitan ser diferenciados. 1) Las compañías de madera que cosechan árboles para ganar beneficios. 2) Las poblaciones Indígenas que practican el “corte y quema” para subsistir cultivando. El primer problema debe ser discutido por los gobiernos y por la gente en las naciones desarrolladas, aquellos quienes suplican los productos hechos con maderas duras tropicales. La solución al segundo problema es la educación y la asistencia. El desmonte no controlado del bosque y el “corte y quema” para cultivos de subsistencia, puede haber sido aceptable cuando la población del mundo era inferior, pero hoy estas prácticas ponen seriamente en peligro los bosques en todo el mundo. La población indígena es receptiva y


comprenden el problema, una vez ellos se han hecho conscientes de el. Pero la educación debe incluir algo más que simplemente concienciación. Millones de gente que practican el “corte y quema” para cultivos de subsistencia tienen familias que alimentar. La educación debe incluir las soluciones que permitan a esta gente cultivar por medio de métodos sustentables. Las causas de la deforestación Las causas reales de la deforestación en Guatemala son, en orden de importancia, el consumo de leña, el avance de la frontera agrícola para cultivos de subsistencia, la tala ilegal, incendios forestales, plagas y enfermedades. Hay que decir las cosas como son. Un camión cargado de madera, a plena luz del día (aunque podría ser de noche una vez se levante una injustificada prohibición), no significa que esté contribuyendo a la deforestación del país. Al contrario, es muy probable que este camión provenga de una plantación forestal que diez años atrás eran pastizales o terreno baldío, pero en donde algún inversionista tomó la decisión de sembrar árboles con la esperanza de cosecharlos y que ahora generan empleo, divisas y hasta beneficios ambientales que antes no se tenían. El término cosecha puede muy bien aplicarse en estos casos, porque el inversionista corrió con los riesgos similares de un productor de, por ejemplo, café o maíz. La diferencia, por supuesto, es la equivocada creencia de que todo camión de madera es evidencia de tala ilegal. Esto no significa, por supuesto, de que no exista deforestación. Por eso es importante subrayar aquí las verdaderas causas de la deforestación. De acuerdo con estudios de la Gremial Forestal (que a su vez se basa en otros estudios de la FAO, CATIE y OEA) la principal causa de deforestación en Guatemala es el consumo de leña, alrededor del 63% de la pérdida de masa boscosa. Esto deviene de una práctica ancestral y que, sin embargo, curiosamente se desconoce que la forma de evitarlo no es tratar de impedirlo (nunca se podría) sino promoviendo la siembra de más árboles, pues al final resulta la forma más económica de hacerlo. También la Gremial Forestal señala que tratar de sustituir el consumo de leña por otro tipo de fuente energética implicaría el desembolso de US $350 millones (alrededor de Q2,800 millones). La razón es simple: el 70% de la población en Guatemala utiliza leña, incluso por motivos culturales, pues aunque se tengan los recursos para comprar estufas de gas, las tortillas cocinadas con leña, por ejemplo, tienen mejor sabor. El avance de la frontera agrícola para cultivos de subsistencia y la tala ilícita son responsables del 27%, aproximadamente. En cuanto al primer aspecto, de todos es conocido que la población corta árboles para sembrar maíz o frijol aunque la tierra sea de vocación forestal y que, por lo mismo, un par de años después no generará el mismo rendimiento para cultivos de subsistencia. Y aunque la tala ilícita es difícil de cuantificar, sobre todo para quienes no están


involucrados, es innegable la existencia de este ilícito, sobre todo en áreas denominadas “protegidas”. Queda un 7% atribuible a plagas y enfermedades, que por lo general se han registrado más en áreas protegidas por circunstancias que sería largo enumerar, y un 3% a incendios forestales, que desafortunadamente se han provocado por las prácticas habituales de las rozas y por la ausencia de campañas efectivas de prevención y control. Puede quedar en el tintero si existe un porcentaje de deforestación atribuible a la industria o a la tala legal, pero resulta interesante aclarar que este sector es precisamente el que siembra cada vez más árboles, de tal suerte que recupera con creces los árboles sacrificados para producir bienes de beneficio general, como muebles, casas, postes, etc. De hecho, de esto también depende su sobrevivencia y crecimiento, aparte de que la reposición de bosque de parte de la industria es fiscalizada por el Iban y el Copan. Durante miles de años, los humanos han estado jugando un papel cada vez más importante en la deforestación. A través de la historia, un imperio tras otro han cortado bosques para construir sus barcos y viviendas, y como combustible. Una vez que han sido devastados, esos bosques no se han recuperado en mil años o más, y algunos nunca se recuperarán — como en partes del Mediterráneo, el Medio Oriente y Gran Bretaña. La deforestación global se ha acelerado dramáticamente en décadas recientes. Los bosques tropicales de América del Sur y del Sudeste de Asia están siendo cortados y quemados a una tasa alarmante para usos agrícolas, tanto en pequeña como en gran escala, desde enormes plantaciones de palmera aceitera hasta la agricultura de subsistencia de “tumba y quema”. Los fuegos que se inician para estos propósitos frecuentemente arden fuera de control. La llamada “Bruma” en el Sudeste de Asia durante 1997 y otros años fue el resultado de extensos incendios forestales que ardían sin control en los bosques afectados por la sequía. La idea de deforestación crea imágenes de áreas desnudas. Por esto, cuando alguien ve una fotografía de áreas “altamente deforestadas” en partes de los trópicos, ellas se sorprenden al ver que todavía quedan muchos árboles ahí. De hecho, no parecen estar deforestadas. La razón de ello es que por lo menos el 10 por ciento del terreno es cubierto por las copas de los árboles; si el porcentaje de bosque cae por debajo del 10 por ciento, las áreas tropicales son consideradas deforestadas. Pero que existan algunos árboles no significa que el bosque no haya sufrido daños. Cualquier reducción del bosque es un problema para su ecosistema. La deforestación ocurre cuando los bosques son convertidos en granjas para alimentos o cultivos comerciales o usadas para criar ganado. También la tala de árboles para uso comercial o para combustible lleva a la destrucción de los


bosques. La deforestación no tiene que ver solamente con la pérdida de árboles. También tiene un gran impacto sobre el ambiente. Muchas criaturas vivientes dependen de los árboles por lo que, cuando desaparecen los árboles, igualmente desaparecen los animales (biodiversidad disminuida). Se pierden medicinas y materiales potencialmente valiosas, lo mismo que el agua y el aire limpios. Sufren las personas indígenas y, eventualmente, también las economías nacionales. El futuro de las personas y de los bosques están interconectados. Los árboles también almacenan agua y luego la liberan hacia la atmósfera (este proceso es llamado transpiración). Este ciclo del agua es parte importante del ecosistema debido a que muchas plantas y animales dependen del agua que los árboles ayudan a almacenar. Cuando se cortan los árboles, nada puede retener el agua, lo que conduce a un clima más seco. La pérdida de árboles también causa erosión debido a que no hay raíces que retengan el suelo, y las partículas de suelo entonces son arrastradas hacia los lagos y ríos, matando los animales en el agua. La deforestación lleva a un incremento del dióxido de carbono (CO2) en el aire debido a que los árboles vivos almacenan dicho compuesto químico en sus fibras, pero cuando son cortados, el carbono es liberado de nuevo hacia la atmósfera. El CO2 es uno de los principales gases “invernadero”, por lo que el corte de árboles contribuye al peligro del cambio climático. Las zonas ribereñas (= hábitats que rodean los ríos, lagunas y otros cuerpos de agua) son especialmente sensibles a los efectos de la deforestación. Los caminos y las áreas limpias interceptan o desvían el flujo natural del agua, y pueden provocar inundaciones, deslizamientos de tierra y solvatación. Esto conduce a una pérdida en la calidad de agua y una pérdida de hábitat para los peces y de áreas de reproducción. Muchas ciudades han sido construidas alrededor de ríos, destruyendo la cubierta forestal alrededor de estas fuentes de agua. Desgraciadamente, muchos países en desarrollo en las regiones tropicales están tratando de mejorar sus economías a través del uso inadecuado de sus bosques. Brasil ha inundado miles de kilómetros cuadrados de bosque amazónicos con la construcción de represas hidroeléctricas, y se planifican más. Grandes poblaciones de personas muy pobres y bosques tropicales generan conflictos. Un agricultor de subsistencia no puede preocuparse por el ambiente. Pero también las naciones industrializadas destruyen grandes trechos de bosque para ganancias económicas a corto plazo. Quizás la mayor causa potencial de deforestación se encuentre en el futuro: el cambio climático. Si el efecto invernadero eleva la temperatura del planeta, los


bosques no podrán seguir sobreviviendo en sus localidades presentes. Algunos tendrán que subir las laderas montañosas o migrar hacia ambientes más frescos o más húmedos. Pero, a diferencia de las condiciones que siguieron a la última Edad de Hielo, el calentamiento global probablemente suceda demasiado rápidamente para que los bosques puedan adaptarse. Un gran problema ya que por diferentes pero bastantes causas se crea, desde la falta de recursos y la necesidad de talar árboles de las familias pobres que las usan para vender o para ellos mismos hasta la nueva forma que es la creación de fincas y Pistas aéreas para el Narcotráfico. Esto a gran escala crea mucho problema ya que a la hora de un cambio climático fuerte no va a haber ningún soporte para protegerse de ellos, por ejemplo en Puerto Barrios esta el Cerro San Gil, que protege a esta zona de muchas tormentas y Huracanes desviando los vientos y otras cosas. La principal fuente verde de Guatemala está en Petén, y ahí es donde actualmente corren más peligro los bosques por la nueva forma de deforestarlo que es por parte de Narcos, así que el problema es uno de los que se habla mucho, pero se hace poco. Evidentemente, el reportaje que da pie a este titular, hace una interpretación equivocada de los datos del reciente estudio sobre dinámica de la cobertura forestal de Guatemala para el periodo 2006-2010, producido por INAB, CONAP, UVG, URL-IARNA. En nuestra calidad de miembros del Consejo Directivo y del equipo técnico del proceso, debemos aclarar que esta noticia traslada un mensaje que distorsiona la realidad. Como mencioné en un reciente artículo en este mismo espacio, las causas directas y las fuerzas impulsoras de la deforestación siguen operando sin variación, quizá con más potencia, porque la deforestación pasó de 100,000 hectáreas anuales en el periodo 2001-2006 a poco más de 132,000 hectáreas anuales en el periodo 2006-2010. Estas cifras corresponden a una tasa de deforestación del 3.4% anual, una de las más altas de Latinoamérica. La deforestación se refiere al acto de despojar un territorio de plantas forestales. Implica la transformación a otros usos de la tierra. Ocurre en espacios donde muy difícilmente se volverá a establecer una cobertura arbórea porque se ha destinado a otros usos. Todas esas acepciones son inherentes al proceso de deforestación que ocurre en nuestro territorio. En este caso, la deforestación impacta, casi en su totalidad, bosques naturales densos y en mayor proporción, bosques maduros, clave para el resguardo de la biodiversidad nacional y la provisión de otros servicios ambientales fundamentales para el bienestar humano. Estos boques se ubican, en su mayoría también, en el departamento de Petén y buena parte de ellos dentro de las áreas protegidas. La reforestación, por su lado, se refiere al proceso de establecimiento de plantaciones forestales en tierras no arboladas y tiene el propósito no solo de contribuir a restaurar esos espacios sino también de cosechar continuamente


productos madereros para la industria primaria, secundaria o el consumidor final. La reforestación, junto a la regeneración natural de bosques –crecimiento natural de las especies arbóreas en un lugar determinado luego de que se deja en descanso, con o sin cuidados particulares– y las plantaciones de hule, son las tres principales fuentes de “recuperación” de la cubierta forestal que registra el mapa elaborado para Guatemala. La deforestación y la recuperación, entonces, son dos eventos relacionados pero independientes y por lo tanto su vinculación matemática solo es útil para establecer un balance acerca de la cobertura arbórea de un lugar en un momento determinado. Sin embargo, como podrá captar el lector, no puede ser motivo de orgullo nacional la pérdida de bosques naturales de inconmensurable valor para luego pretender recuperarlos con plantaciones de hule, con una regeneración natural cuyo establecimiento definitivo es incierto y con plantaciones forestales que van a estar sujetas a un ciclo continuo de cosecha para satisfacer demandas específicas del mercado. Además, estos eventos de recuperación, en nuestro caso, ocurren en lugares totalmente diferentes de aquellos donde se deforesta. Cuando se relaciona la tasa de deforestación total con la de recuperación a nivel nacional, simplemente se busca establecer un balance entre ambos eventos y un resultado neto de “cobertura arbórea”. Ciertamente ese balance aunque es negativo en poco más de 38,000 hectáreas, mejoró con respecto al último periodo de evaluación. Sin embargo, desde ningún punto de vista, esto significa que la deforestación, en el estricto sentido del término, está disminuyendo. Aclarados estos aspectos, es oportuno mencionar que las causas directas de la deforestación son diversas, pero hay dos motivaciones básicas que resultan dominantes y claves para diseñar soluciones. La primera gira en torno al interés por el espacio territorial y ello implica, casi siempre, el cambio de uso. Estas acciones ocurren, dominantemente, al margen de la ley. Bajo esta motivación, la utilización de los bienes forestales, derivados de la tala, es secundaria. Al amparo de esta motivación, esta la usurpación de tierras derivada de la narcoactividad –principalmente en Petén–, la ganadería, los asentamientos humanos no autorizados y las consecuentes actividades agrícolas de cultivos anuales; y la agricultura de monocultivos como es el caso de la palma africana también en Petén. Los incendios forestales inducidos pueden preceder a algunas de estas causas. La segunda motivación de la deforestación es el bien forestal en sí mismo. Se busca la madera y la leña. El interés en la madera induce la tala de árboles y con ello la deforestación. El interés en la leña no siempre implica deforestación, porque puede obtenerse utilizando solamente partes del árbol sin destruirlo totalmente. Bajo este modelo general de deforestación, la solución demanda, en relación a la primera motivación, control territorial para evitar la expansión de la narcoactividad, desarrollo rural para evitar la expansión de asentamientos humanos producto de la migración rural-rural y para tecnificar la agricultura campesina; promoción y apoyo de los esquemas comunitarios de gestión forestal y fortalecimiento de las capacidades de CONAP e INAB para regular el cambio de uso en las áreas bajo su jurisdicción.


En relación a la segunda motivación de la deforestación, se requieren acciones directas de fiscalización de las industrias forestales y la consecuente cancelación de aquellas que operan ilegalmente –rol clave de las fuerzas de seguridad y la Superintendencia de Administración Tributaria–; la regulación del transporte de productos forestales, revirtiendo la posibilidad del transporte nocturno y modificando el mecanismo de notas de envío; control directo de la comercialización de productos forestales y la provisión de energía moderna para la población rural, periurbana y urbana que depende de leña –con efectos secundarios nefastos para la salud de las personas. Con estas acciones, impulsadas de manera simultánea, continúa y focalizada durante los próximos años, es seguro que este gobierno podría reducir la deforestación, al menos, en un 75% para el año 2015. Ojala quisieran hacerlo y con ello dejar un legado significativo en materia ambiental.

Reforestación ¿Qué es la reforestación?

Reforestar es establecer vegetación arbórea en terrenos con aptitud forestal. Consiste en plantar árboles donde ya no existen o quedan pocos; así como su cuidado para que se desarrollen adecuadamente. Para recuperar la superficie en donde la vegetación natural se ha perdido, se creó el Programa Nacional de Reforestación (Preñare) que depende de la CONAFOR. El Preñare ha significado un cambio importante en las estrategias de reforestación anteriormente implementadas, dando mayor énfasis al uso de especies nativas y al incremento en la supervivencia de los árboles plantados. ¿Qué es la reforestación con participación de la sociedad? Son actividades de plantación que se organizan como parte de las acciones de la Cruzada Nacional por los Bosques y el Agua. Deforestación


¿Qué es la deforestación?

Es el cambio de una cubierta dominada por árboles a una que carece de ellos. Es la eliminación de la vegetación natural. ¿Cuáles son las causas de la deforestación?

Tala inmoderada para extraer la madera. Generación de mayores extensiones de tierra para la agricultura y la ganadería. 3. Incendios. 4. Construcción de más espacios urbanos y rurales. 5. Plagas y enfermedades de los árboles. 1. 2.

¿Cuáles son las consecuencias de la deforestación?

Erosión del suelo y desestabilización de las capas freáticas, lo que a su vez provoca las inundaciones o sequías. • Alteraciones climáticas. • Reducción de la biodiversidad, de las diferentes especies de plantas y animales. • Calentamiento global de la tierra: porque al estar deforestados los bosques, no pueden eliminar el exceso de dióxido de carbono en la atmósfera. •


Qué es la deforestación? Es la disminución o eliminación de la vegetación natural. Las causas principales que producen este problema son: la tala inmoderada para extracción de madera, el cambio de uso de suelo para la agricultura, la ganadería y el establecimiento de espacios urbanos, así como los incendios naturales y provocados, además de las plagas. Un método para revertir el daño causado por la deforestación es la reforestación, que consiste en plantar árboles donde ya no existen o quedan pocos, cuidándolos para que se desarrollen adecuadamente y puedan regenerar un bosque. ¿Por qué son tan importantes los árboles y los bosques? • Favorecen la presencia de agua y la recarga de mantos acuíferos. • Conservan la biodiversidad y el hábitat. • Proporcionan oxígeno. • Protegen el suelo. • Actúan como filtros de contaminantes del aire y del agua. • Regulan la temperatura. • Disminuyen los niveles de ruido. • Proporcionan alimento. • Sirven de materia prima (leña, madera, carbón, papel, resinas, medicinas, colorantes, etcétera). ¿Sabías que...? Plantar árboles es una estrategia importante para reducir los problemas ambientales. Un árbol joven almacena en promedio alrededor de 11.3 kg de carbón atmosférico por año. Toda actividad humana tiene un impacto en la naturaleza; de acuerdo con algunas estimaciones, es necesario plantar y mantener al menos 65 árboles para compensar la cantidad de carbón que aportamos a la atmósfera durante nuestra vida. Desarrollo:


1. El profesor(a) contactará a las dependencias encargadas de los programas de reforestación –municipio, Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesca (sedara), Comisión Nacional Forestal (cenador), etcétera–, con la finalidad de obtener información y material para la reforestación. Si se desea, los profesores también pueden hacer un vivero escolar con especies nativas (ver Anexo 2. Vivero forestal escolar). 2. En clase identificarás áreas de tu localidad donde se hayan hecho proyectos de reforestación y discutirás los beneficios de dicha acción. 3. En grupo elegirán un área de tu localidad que necesite reforestación y planearán una campaña. 4. Una vez definida el área, organizarán sus salidas para plantar los arbolitos, en particular usando especies nativas. Es importante enfatizar que cada equipo se responsabilizará de uno o varios árboles. Pregunta a tus familiares y vecinos si recuerdan algún incendio que haya afectado el paisaje de tu localidad. Impactos ambientales Las reforestaciones y sus componentes que contemplan la siembra de árboles para producción o para proteger el medio ambiente tienen impactos ambientales positivos también negativos. Los productos forestales de la reforestación incluyen: madera, pulpa de celulosa, postes, fruta, fibras y combustibles, las arboledas comunitarias y los árboles que siembran agricultores alrededor de sus viviendas o terrenos. Las actividades orientadas hacia la protección incluyen los árboles sembrados a fin de estabilizar las pendientes y fijar las dunas de arena, las fajas protectoras, los sistemas de agro forestación, las cercas vivas y los árboles de sombra. Impactos positivos Las plantaciones y la reforestación de las tierras deterioradas y los proyectos sociales de siembra de árboles producen resultados positivos por los bienes que se producen y por los servicios ambientales que prestan. Reducción del uso de bosques naturales como fuente de combustible Las plantaciones ofrecen la mejor alternativa a la explotación de los bosques naturales para satisfacer la demanda de madera y otros productos combustibles. Las plantaciones que se realizan para la producción de madera, generalmente emplean las especies de crecimiento más rápido y el acceso y la explotación son más fáciles que en el caso de los bosques naturales pues dan productos más uniformes y comercializables. Asimismo, las plantaciones comunitarias para la producción de leña y forraje, cerca de los poblados, facilitan el acceso de los usuarios a estos bienes y, a la vez, ayudan a aliviar la presión sobre la vegetación local, que puede ser la causa del corte y pastoreo excesivo. El pastoreo se establece, generalmente, en los terrenos marginales o inapropiados para la agricultura (peje. los terrenos forestales existentes o las zonas deterioradas); las plantaciones originan un uso beneficioso y productivo de la tierra que no compite con los usos más productivos. Sakí


Incremento de los servicios La reforestación aporta una serie de beneficios y servicios ambientales. Al restablecer o incrementar la cobertura arbórea, se aumenta la fertilidad del suelo y se mejora su retención de humedad, estructura y contenido de nutrientes (reduciendo la lixiviación, proporcionando abono verde y agregando nitrógeno, en el caso de que las especies utilizadas sean de este tipo). Si la falta de leña obliga a que el estiércol se utilice como combustible, en vez de abono para los campos agrícolas, la producción de leña ayudará, indirectamente, a mantener la fertilidad del suelo. La siembra de árboles estabiliza los suelos, reduciendo la erosión hidráulica y eólica de las laderas, los campos agrícolas cercanos y los suelos no consolidados, como las dunas de arena La cobertura arbórea también ayuda a reducir el flujo rápido de las aguas lluvias, regulando, de esta manera, el caudal de los ríos, mejorando la calidad del agua y reduciendo la entrada de sedimento a las aguas superficiales. Debajo de los árboles, las temperaturas más frescas y los ciclos húmedos y secos moderados constituyen un microclima favorable para los microorganismos y la fauna; ayuda a prevenir la laterización del suelo. Las plantaciones tienen un efecto moderador sobre los vientos y ayudan a asentar el polvo y otras partículas del aire. Al incorporar los árboles a los sistemas agrícolas, pueden mejorarse las cosechas, gracias a sus efectos positivos para la tierra y el clima. Finalmente, la cobertura vegetal que se establece mediante el desarrollo de las plantaciones en gran escala y la siembra de árboles, constituye un medio para la absorción de carbono, una respuesta a corto plazo al calentamiento mundial causado por la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera. La incorporación de árboles, como parte de un programa forestal social, puede tener diferentes formas, incluyendo las arboledas comunitarias, las plantaciones en el terreno gubernamental o en las vías de pasaje autorizado, alrededor de los terrenos agrícolas, junto a los ríos y al lado de las casas. Este tipo de plantación causa pocos impactos ambientales negativos. Los árboles dan productos útiles y beneficios ambientales y estéticos. Los problemas comunes que surgen de estas actividades son de naturaleza social. Los árboles sembrados para protección, por ejemplo, como fajas protectoras o guardabrisas o para estabilizar las laderas, controlar la erosión, facilitar el manejo de cuencas hidrográficas, proteger las orillas de los ríos o fijar las dunas de arena, son beneficiosas por naturaleza y proveen protección y servicios ambientales. Si surgen problemas, muy probablemente, serán sociales (cuestiones de tenencia de las tierras y los recursos). Sensibilización ambiental Impulsa la acción ciudadana en defensa del medio ambiente, participando en acciones forestales, sensibilizando a la población, incentivando la participación social y promueve la educación ambiental. Las reforestaciones participativas son plantaciones organizadas por asociaciones de voluntariado ambiental, centros educativos, ayuntamientos, etc. con el objetivo de mejorar, restaurar y conservar espacios naturales degradados. 2


Impactos negativos Las grandes plantaciones comerciales tienen el potencial para causar efectos ambientales negativos de mucho alcance y magnitud. Los peores impactos se sienten donde se han cortado los bosques naturales para establecer plantaciones. Impactos de carácter temporal Con la excepción de los proyectos que emplean siembras de enriquecimiento o plantación debajo de los otros árboles, el terreno destinado a este propósito se prepara, generalmente, limpiando la vegetación competitiva. Los impactos negativos de la preparación del sitio incluyen, no sólo la pérdida de la vegetación existente y los valores ambientales, económicos y sociales que ésta pueda tener, sino también los problemas ambientales relacionados con el desbroce de la tierra: la mayor erosión, la interrupción del ciclo hidrológico, la compactación del suelo, la pérdida de nutrientes y la disminución consiguiente en la fertilidad del suelo. Aunque perjudiciales, muchos de estos efectos pueden ser de corta duración; el sitio comienza a recuperarse una vez que se lo replante y la vegetación se restablezca. Impactos inherentes a la agricultura Las plantaciones son bosques artificiales: los árboles se manejan, esencialmente, como cultivos agrícolas de ciclo largo. Como tales, muchos de los impactos agrícolas negativos que son inherentes en la agricultura, ocurren también en la plantación forestal. La magnitud del impacto depende, en gran parte, de las condiciones existentes en el sitio antes de plantarlo, las técnicas de preparación, las especies sembradas, los tratamientos que se dan durante la rotación, la duración de la misma y los métodos de explotación. Impactos sobre ciclo hidrológico de la cuenca Las actividades de reforestación y forestación en las regiones más áridas, especialmente, pueden agotar la humedad de la tierra, bajar el nivel del agua freática y afectar el flujo básico hacia los ríos. Impactos sobre la estructura del suelo Como cualquier otro cultivo agrícola, las plantaciones de árboles de crecimiento rápido y ciclo corto pueden agotar los alimentos del suelo y reducir la fertilidad del sitio, al eliminar, repetidamente, la biomasa y trastornar el suelo. Este es el caso, también para las rotaciones de ciclo largo, pero los efectos son menos notorios: la compactación de la tierra y los daños que ocurren durante el desbroce del sitio (remoción de la vegetación por medios físicos o quemado), la preparación mecánica y la cosecha. Puede ocurrir erosión en las plantaciones si la cobertura es incompleta o falta monte bajo. La acumulación de hojarasca debajo de las plantaciones aumenta el riesgo de incendio y reduce la infiltración de las agua de lluvia y si predominan una o dos especies en la hojarasca, se puede cambiar las características químicas y bioquímicas del suelo. Las hojas muertas de las plantaciones coníferas (pinos) pueden acidificar el suelo.


Conflicto de intereses con otros usuarios del agua para riego Algunas especies producen toxinas que inhiben la germinación de las semillas de las otras especies. Las plantaciones con riego pueden causar conflicto con los demás usuarios del agua y causar otros impactos ambientales y sociales que son comunes en los proyectos de riego. • Impacto ambiental potencial de proyectos de riego y drenaje El agua de retorno de las plantaciones con riego, ubicadas en las zonas semiáridas, puede ser salina, haciendo que sea menos útil para otros usos y bajando la calidad de las aguas superficiales, pueden contaminar el agua superficial y freática y representar un peligro directo para la salud de todas las personas que las utilicen. Impactos indirectos Los impactos indirectos de las grandes plantaciones comerciales incluyen los resultados de la construcción de los caminos para transportar la madera y de las industrias que la procesan. Uso de Especies Exóticas Las plantaciones y los proyectos de conservación se establecen, a menudo, usando especies exóticas, en vez de las nativas. Esto se hace porque: • crecen más rápidamente que las nativas o tienen características más deseables en cuanto a su uso final; • las semillas de las especies exóticas están disponibles, fácilmente, a través de los proveedores comerciales; o, • sus características de crecimiento y uso final son más conocidas que los de las nativas. Al emplear las especies exóticas por primera vez, siempre existe un riesgo. Si bien han sido muy exitosas en muchos lugares, en otros han causado problemas o esperanzas irreales. Al introducir nuevas plantas a un ambiente nuevo, no siempre prosperan tanto como se desearía. Esto puede ser el resultado de las condiciones inadecuadas en el sitio, que estén en el límite de la tolerancia ambiental de la especie (lluvia, temperatura); o del ataque (a veces devastador) de las plagas o enfermedades contra las cuales la planta tenga poca o ninguna resistencia o la falta de preparación del sitio o deficiencia en la siembra o el mantenimiento. Las especies nativas, a menudo, crecen más lentamente que las exóticas, pero, ordinariamente, son más viables a largo plazo; han sido seleccionadas y refinadas, genéticamente, durante siglos, y se han adaptado a las condiciones locales, por eso, están mejor preparadas para sobrevivir los extremos climáticos y brotes de plagas y enfermedad locales. Ha habido casos en que se ha limpiado la vegetación nativa “de crecimiento lento”, a un costo económico y social considerable, para reemplazarla con plantaciones de especies exóticas “de crecimiento rápido”, pero, al final, su productividad fue inferior a la de la vegetación desbrozada, o no se pudo justificar, en relación con los costos. Además, ha habido otros casos en que el comportamiento


impredecible de la especie en el ambiente nuevo ha causado el resultado contrario: la sobreproducción. Las especies exóticas pueden convertirse en malezas, difundiéndose en todas partes, desde el sitio de la población, ocupando áreas donde no son deseadas y volviéndose casi imposibles de erradicar. Se debe probar, en forma amplia, la especie exótica (de varias fuentes), antes de utilizarla con profusión en un área nueva. Especialmente, en el caso de las plantaciones de protección, donde sea fundamental establecer y mantener, rápidamente, la cobertura forestal, se debe intercalar entre las especies exóticas de crecimiento rápido, las especies nativas; estas, aunque más lentas, serán más confiables, a la larga. Hace falta mucho más investigación acerca de las características ambientales y usos finales de muchas de las especies tropicales poco conocidas. Se puede obtener información de la gente del lugar, porque conoce la vegetación nativa. Un problema adicional es que la especie exótica, posiblemente, no será aceptada, localmente, para el uso final para el cual fue centrada (p.ej. postes, leña). Una especie que se utiliza, ampliamente, en un lugar para leña, por ejemplo, quizás no será apropiada para otro sitio donde se emplean diferentes alimentos y métodos de cocción. La percepción de la gente, en cuanto a las cualidades de la madera y de los otros productos forestales, puede tener una base cultural y estar firmemente arraigada. Puede ser muy difícil superar los perjuicios, de cualquier índole, contra una variedad. Antes de introducir una especie en un área, se deberá probar su aceptación local. Temas socioeconómicos Los beneficios socioeconómicos de las grandes plantaciones comerciales incluyen la generación de empleo, más que el manejo de los bosques naturales, pero menos que la agricultura, y, a menudo, ocurren mejoras en la infraestructura y servicios sociales locales. Al igual que las operaciones de explotación forestal de los bosques naturales, tienen aspectos negativos, particularmente, en las áreas remotas. Son los problemas relacionados con la fuerza laboral importada (sobrecargando la infraestructura y servicios sociales locales, causando tensiones sociales y, a veces, raciales, aumentando los problemas de salud, etc.); la mayor monitorización de la economía; y, si las plantaciones impulsan la construcción de caminos, se producirán problemas relacionados con la afluencia no planificada de gente y los cambios sociales por el mayor contacto con el mundo exterior. Las actividades locales de reforestación, tales como las arboledas comunitarias y la siembra de árboles alrededor de las residencias, pueden tener muchos beneficios directos para los individuos y las comunidades. Los proyectos de leña pueden reducir la cantidad de tiempo y el esfuerzo requerido a fin de recolectarla para la cocina, liberando ese tiempo para otras actividades. La producción de forraje puede mejorar el acceso y la disponibilidad de los alimentos para los animales, algo que adquiere mayor importancia durante las temporadas secas. Se pueden obtener ingresos importantes de las ventas de madera, frutas, nueces, fibras u otros productos de los árboles. Se debe cortar los árboles cuando las condiciones del mercado


son favorables, o cuando la madera o el dinero sean más necesarios. Las arboledas comunitarias pueden dar empleo, a corto plazo, a la gente sin tierras y más pobre de la comunidad, principalmente, durante las etapas del establecimiento y explotación de la plantación. Las necesidades de mano de obra y capital, relativamente bajas, después de la siembra y antes de la explotación de los árboles son ventajas para los agricultores, cuando los siembran en sus propios terrenos. Como los árboles pueden ser cultivados en terrenos marginales que son inadecuados para agricultura, o en áreas pequeñas de terrenos no utilizados, no compiten con los trabajos más rentables. Las siembras grandes, sean éstas las plantaciones privadas para la producción comercial de madera o las comunitarias para la producción de leña u otros productos, o las grandes plantaciones de protección (p.ej. para manejar las cuencas hidrográficas o estabilizar dunas de arena) pueden originar problemas por la tenencia de la tierra y los derechos de utilización de la tierra y sus recursos. Los programas para sembrar en los terrenos comunales, a menudo, pasan por alto, o desconocen los derechos tradicionales, en cuanto al uso de la tierra o al pasaje autorizado. Aún las siembras de protección efectuadas en los terrenos deteriorados pueden causar conflictos sociales. Aunque el terreno esté degradado, los nativos (que tal vez estén causando este problema), lo pueden estar utilizando para recoger leña o producir forraje, para pastar el ganado, o como un camino para ellos mismos y para su ganado. El sembrar árboles en esta área y limitar el acceso de la gente, aunque en teoría, sea beneficioso para la comunidad, causará descontento local, si no se busca, como compensación, una alternativa adecuada. Un error común que se comete en los proyectos de plantación y reforestación es el de ignorar la diversidad de los alimentos silvestres (champiñones raíces y tubérculos, verduras frutas y miel, nueces, condimentos, aceites comestibles, etc.) que se encuentran en los bosques, pastos o matorrales incultos, junto a los caminos o cerca de los cultivos, los mismos que las mujeres, singularmente, recolectan y venden. Especialmente, en las áreas áridas y semiáridas, estos alimentos pueden ser claves para la nutrición del hogar, o como fuentes de ingresos durante los períodos de sequía. Los alimentos silvestres tienden a perder su prestigio, cuando las economías se vuelven más monetizadas y urbanizadas, o la gente obtiene más educación formal. En general, se pasa por alto esta oportunidad para aumentar la producción y utilización de estos productos, y se ignora su impacto positivo en la seguridad alimenticia, aún en los proyectos de plantación de árboles, que aparentan objetivos de alivio de la pobreza y la productividad. La evaluación ambiental debe recolectar información sobre la disponibilidad de estos alimentos durante el año, en el área del proyecto, y su uso por los grupos étnicos y económicos, y llamar la atención a los planificadores en cuanto a estos datos. Se olvidan, no sólo los usos actuales de los recursos, sino también, su potencial futuro para genera una selección más amplia de productos. Un error común de los proyectos de plantación que tratan de aliviar la presión sobre las reservas forestales, es el de enfocar la producción en una selección muy limitada de productos a fin de satisfacer las necesidades locales, pero el resultado es que la gente continúa explotando los bosques. Rara vez, los


proyectos de gran escala, tratan de producir materias primas para las empresas locales que generan ingresos, porque se considera que la coordinación de las necesidades dispersas requiere demasiado desarrollo institucional y, por lo tanto, la rentabilidad económica será mínima. Con frecuencia, la propiedad de los árboles y la del terreno donde crece, causa problema. En muchos países, todos los árboles, plantados o silvestres, pertenecen, oficialmente, al Estado, lo cual desalienta la reforestación. Además, al sembrar en un terreno que se suponía era comunitario, cuando, en realidad, ciertas personas tienen derechos sobre el mismo, los productos destinados al beneficio de los miembros de la comunidad, serán reclamados por un número reducido de gente, a menudo, la menos necesitada. Surgen algunos problemas socioeconómicos en los proyectos de “forestación social”, debido a la relativa novedad de esta clase de actividad. A menudo, ni el personal forestal gubernamental, ni la gente local, tienen las habilidades necesarias. Las actividades de la forestación social deberán conseguir que la gente rural participe en las actividades organizadas para producir y manejar sus árboles o bosques, para su propio beneficio. No se puede dar por hecho su participación; deben entender claramente los costos y beneficios de su aporte y no deben haber trabas para la obtención de beneficio. Se requiere una transformación radical de comportamiento para poder cambiar la recolección tradicional de la leña y otros productos naturales, con el cultivo de los mismos bosques. El personal forestal, generalmente, ha sido capacitado para manejar bosques naturales, y tienen la responsabilidad de proteger los bosques comunales; pero, a menudo, no consiguen la confianza de la gente rural, ni poseen las destrezas de comunicación y análisis de sistemas sociales, que requieren para el trabajo de forestación social. Como resultado, surgen muchos problemas. Frecuentemente, se siembran ciertas especies porque las semillas están disponibles, y no por su uso final o la idoneidad del sitio. Una vez establecidas las plantaciones, la gente no sabe cómo cuidarlas, cuando ralearlas o cosecharlas, ni qué hacer con los árboles, una vez cortados. Las plantaciones que se sembraron para un propósito, pueden, eventualmente, ser utilizadas para otro, o no encontrarán uso, porque no existe ningún plan claro. A menudo, la gente que durante generaciones ha cortado los árboles para aumentar su terreno agrícola, no entiende los beneficios de los proyectos forestales que disminuyen tierra de la agricultura. Frecuentemente, no existen los equipos necesarios para explotar y transportar los árboles. Finalmente, hay algunos riesgos económicos relacionados con las plantaciones. Los mercados de los productos forestales son inestables, o pueden desaparecer durante la vida larga de una sola rotación. Pueden cambiar las condiciones políticas y económicas, y esto alterará las prioridades y la distribución de los fondos. Los incendios, los insectos y las enfermedades pueden destruir todos los árboles. Si el mercado baja, se producirá una pérdida neta. El entusiasmo por el proyecto forestal, cuyos beneficios tangibles no se realizarán, sino después de un tiempo relativamente largo (mínimo 3 años), se perderá dadas las necesidades urgentes de la comunidad (peje. papel, madera etc.).


Historia de la reforestación Probablemente la reforestación sea tan antigua como el Hombre. Se sabe que los legionarios romanos tenían órdenes de esparcir por los montes de las tierras conquistadas frutos de árboles, como castañas y bellotas por si en futuras campañas fuesen necesarios alimentos suplementarios para sus ejércitos. También son muy antiguas las disposiciones en las que se obligaba a que por cada árbol cortado se plantasen varios, especialmente a partir del Renacimiento, con el incremento de la construcción naval al generalizarse el comercio marítimo. "Una cosa deseo ver acabada de tratar. Y es lo que toca la conservación de los montes y aumento de ellos, que es mucho menester y creo que andan muy al cabo. Temo que los que vinieren después de nosotros han de tener mucha queja de que se las dejemos consumidas. Y ruego a Dios que no lo veamos en nuestros días." (Felipe II, al Presidente del Consejo de Castilla, 1582). Las primeras repoblaciones sistemáticas con criterios científicos y técnicos son sin embargo recientes, siendo España uno de los países pioneros de las mismas. Tras siglos de mengua de los bosques españoles, por pastoreo, incendios, talas y roturaciones, y a pesar de los intentos para su protección desde el siglo XVI, y especialmente durante el XVIII por ser la madera un sector estratégico para la Armada, la puntilla a los bosques españoles vino del proceso desamortizador de la primera mitad del siglo XIX. A fin de dar liquidez a las arcas del Estado se pusieron en venta cerca de 7 millones de hectáreas de montes públicos incautados previamente a los municipios, al clero y a otras “manos muertas” poco productivas, acabando muchos de ellos roturados. Pocos años después se produjeron espantosas riadas, con gran erosión y pérdida de terrenos, arrastre de materiales y cientos de muertos, acusándose de tales desastres a la falta de cobertura vegetal de los montes, incapaces de retenerlas. Ante esto, se propusieron medidas para proteger las masas arboladas que aún quedaban, realizándose en 1859 la primera Clasificación General de los Montes Públicos, en 1862 el Catálogo de Montes de Utilidad Pública exceptuados de desamortización, y aprobándose en 1877 la Ley de Repoblaciones Forestales, que llegaba a plantear una repoblación forestal masiva del país. También para contener estas catástrofes, al comenzar el siglo XX se crearon las Divisiones Hidrológico – Forestales, embrión de las Confederaciones Hidrográficas, que son los organismos que actualmente gestionan los grandes sistemas hidrográficos españoles. Resultarían ser una notable contribución a la gestión del Medio Natural, hasta tal punto que la Unión Europea acabaría extendiendo la idea a todas las cuencas europeas a través de las Demarcaciones Hidrográficas que establece la Directiva Marco del Agua. No fue sin embargo hasta la Segunda República Española, en los años 30 del siglo XX, cuando comenzó a gestarse un plan realista para reforestar el país: el Plan General para la Repoblación Forestal de España, que no pudo fraguar


hasta concluida la Guerra Civil (1936 - 1939), siendo presentado en 1939 por sus autores D. Luis Ceballos y Fernández de Córdoba y D. Joaquín Giménez de Ambón. El Plan contemplaba un periodo de vigencia de 100 años, con sus correspondientes revisiones. Comenzó a ejecutarse durante la posguerra española, y se desarrolló con más o menos intensidad durante los 40 años de la Dictadura del general Franco, languideciendo durante la Transición. Si en los años 50, por ejemplo, se llegaban a repoblar 150.000 ha al año, en 1989 la cifra no llegó a las 1.000 ha. Estas actividades recibirían en sus primeros tiempos grandes parabienes, llegando a ser modelo internacional de referencia, para acabar siendo fuertemente criticadas al advenimiento de la Democracia, finales de los años 70 y durante los 80, como labores autárquicas, totalitarias y propias del Franquismo. Sin embargo, durante los años 1990, con la Democracia plenamente consolidada, la acción repobladora recobró nuevas fuerzas de la mano de las Comunidades Autónomas, a las que el Estado había transferido las competencias forestales. Más entonadas con los requerimientos ambientales y sociales, y bajo parámetros que favorecían el empleo de especies frondosas autóctonas, los trabajos cofinanciados por la Unión Europea se centraron fundamentalmente en terrenos agrícolas particulares poco productivos, alcanzándose ritmos de reforestación cercanos a los de los años 50. En la actualidad, las labores de forestación y reforestación se engloban dentro de los diferentes planes forestales autonómicos y el Plan Forestal español 2000 – 2032, que de alguna manera, retoma el espíritu original de L. Ceballos y J. X. Ambón. Según datos de la Sociedad Española de Ciencias Forestales, los 12 millones (M) de hectáreas (ha) arboladas que quedaban en 1860 habrían seguido reduciéndose hasta el mínimo histórico de 11 M ha de 1950, incrementándose a partir de entonces hasta los 18 M ha de 2011 (FAO), 3 de las cuales, unos 5 M ha provendrían de trabajos de forestación y reforestación. Críticas a la reforestación Las repoblaciones forestales masivas que se realizaron en España entre los años 40 y 80 del siglo XX fueron posibles por el empleo de técnicas de preparación del terreno en general muy intensivas y de gran impacto ambiental, especialmente sobre el paisaje y la vegetación, a pesar de obtenerse buenos resultados prácticos en cuanto a la pervivencia de las masas. Cabe citar entre ellos los aterrizados, los decapados y los acaballonados. En la actualidad, estos trabajos de preparación incluyen el subsolado del suelo, pero la preparación es puntual para cada pie a implantar. La selección de especies fue, y sigue siendo, objeto de gran polémica entre los propios profesionales forestales, científicos, naturalistas y grupos ecologistas, por el uso masivo de especies del género Pinos frente al de especies frondosas, así como por la inclusión en los trabajos de especies exóticas meramente productoras (Eucaliptus., Pinos radiata, Pseudotsuga menziesii, etc.).


El uso del género Pinos, del cual hay 6 especies autóctonas en la Península Ibérica y otra en las Islas Canarias, se debió en gran medida a las buenas tasas de supervivencia que presentaban frente a las frondosas y a un desarrollo mucho más rápido, que permitía proteger y crear suelo más deprisa, además de proporcionar mayores volúmenes de madera en menos tiempo. La explicación científica a esa mejor supervivencia y desarrollo estaría en que los pinos tienen, en general, mejor capacidad colonizadora de terrenos desnudos que las frondosas, que suelen preferir el crecimiento bajo sombra y necesitan de suelos más desarrollados. Las frondosas se introducen al abrigo de los pinares, y los sustituyen de manera natural a medida que el suelo se hace más profundo y va siendo sombreado. Los pinos quedan así relegados a las peores zonas, más escabrosas, inclinadas y con menos suelo, pero cuando una perturbación acaba con zonas boscosas de frondosas, como una plaga, una enfermedad, una época de grandes sequías o de fríos extremos, o todo ello en conjunto, los pinares re colonizan el terreno y comienza de nuevo el ciclo. La existencia de series de sucesión ecológica vegetal hacia etapas clímax es inestable, y por ello los pinos y otras coníferas han pervivido hasta nuestros días. El debate sobre si los pinos son o no apropiados según qué estaciones forestales sigue abierto. En ciertos círculos incluso se obvia, o simplemente se desconoce, el hecho de que existan varias especies autóctonas de pinos y de otras coníferas, como enebros, sabinas, abetos o cipreses, cuya presencia en la Península Ibérica es anterior a la de las propias frondosas. De hecho, los estudios paleobotánicas a partir de polen en turberas parecen indicar un predominio polínico arbóreo de las coníferas en muchas zonas, principalmente de pie de monte, hasta aproximadamente la Alta Edad Media. Sólo a partir de entonces, cuando se manifiesta una disminución general del polen de árboles forestales y un aumento del polen de gramíneas y plantas de cultivo, es cuando comienza a dominar el de frondosas forestales en dichas zonas. Esto podría responder a la adaptación de los bosques supervivientes a las actividades humanas, principalmente a los incendios reiterados que se intensifican desde esa época, como también atestigua el incremento de deposición de cenizas en las turberas. Las formaciones dominadas porquercineas podrían estar, por tanto, favorecidas por las actividades humanas. La visión estereotipada que a veces tienen ciertos sectores de la Sociedad sobre los pinares ibéricos ha llegado incluso a cuestionar la naturalidad de pinares milenarios, como los de la Sierra de Gredos, donde se han obtenido en turberas registros polínicos de P. silvestres y P. nigra e incluso se han extraído maderas de pino y piñas fósiles con miles de años de antigüedad. 4 El incremento porcentual del polen de frondosas durante la Edad Media, coincidente con el incremento de depósitos de cenizas, se explicaría por los reiterados incendios provocados por motivos agrícolas, ganaderos y bélicos. Por ejemplo, los ganados trashumantes (según una etimología en Castellano significa "ganado que cambia de terreno", pero según otra significa "ganado después del humo") aprovecharían mejor a su paso los terrenos deforestados mediante fuegos reiterados, como se ha continuado


haciendo en algunas zonas de España (pez El Bierzo hasta bien entrado el siglo XX (fuegos pastorales, sic). El fuego es un elemento natural inexorablemente unido al ecosistema mediterráneo. La escasez de agua impide una descomposición completa de los restos vegetales, de la biomasa muerta, que se acumula impidiendo la regeneración del bosque, lo que tarde o temprano sucede por incendios naturales debido a la caída de rayos. Tanto las coníferas como las frondosas están adaptadas a ellos, pero siguen estrategias diferentes. Los pinos de genotipos mediterráneos poseen como adaptación al fuego la diseminación por serotinismo, esto es, mediante piñas que se abren con el fuego y dejan caer sus piñones sobre la ceniza. El problema es que si el fuego tiene un periodo de recurrencia "anormal", antes de que los nuevos pinos nacidos lleguen a dar fruto (unos 20 años), o si bien los ganados pululan por los nuevos diseminados comiéndose las plantitas, el pinar o los pinos individuales desaparecen. Por el contrario, la adaptación al fuego de las quercineas mediterráneas (encinas, melojos, quejigos, alcornoques, ...) es por rebrote, de cepa o de raíz, y aunque la reiteración afecta también a esta capacidad, lo cierto es que cualquiera de ellas sería capaz de subsistir a dos incendios en un periodo de 20 años, y al ramoneo posterior del ganado. Lo mismo le pasa al pino canario,Pinus canarienses, que se ha adaptado a los fuegos reiterados que ocasionaban las erupciones volcánicas mediante la estrategia del rebrote y no de la diseminación, de tal manera que un pinar de pino canario puede estar casi completamente regenerado a los 2 o 3 años de un incendio. Por tanto, parece que los incendios reiterados desde hace siglos han alterado el proceso natural de sucesión y regresión ecológica que ocurre en algunos sistemas forestales mediterráneos, en los que ciertamente hay una "tendencia" hacia la dominancia de determinadas especies frondosas, pero han "exagerado" la composición y extensión de algunos ecosistemas dominados por quercineas, que de manera natural tendrían probablemente paisajes diferentes. Como vemos, desde un punto de vista científico y técnico parece absurdo demonizar el empleo de pinos autóctonos en las reforestaciones, especialmente sobre terrenos denudados y erosionados. Pero también es cierto que durante el siglo XX se abusó de ellos y se prescindió prácticamente del empleo de frondosas, posiblemente por miedo al fracaso de actuaciones con especies más exigentes, y también con ciertos objetivos productivistas: durante la posguerra existía un fuerte déficit en el sector primario de la madera y grandes dificultades para el abastecimiento. A este respecto, Luis Ceballos dijo: "Estoy contra el desmedido afán de industrializar los montes creando extensas masas uniformes y coetáneas de coníferas en estado regresivo, que, por serlo, están a merced de una cerilla, de un hongo o de un insecto. El bosque está muy lejos de ser una masa regular y compacta de árboles iguales, monótona y amorfa como puede serlo un campo de trigo; el bosque es una población vegetal pero no un ejército de árboles". Aquel uso masivo de Pinos en las repoblaciones forestales, extendiendo masas mono específicas más allá de las áreas de las que se tenían


referencias históricas, y el "ninguneo" de las quercineas y otras especies en las repoblaciones forestales, acabó generalizando en la sociedad española, y en particular en sus comunidades forestal y científica, una honda discusión aún no resuelta sobre si los pinares empobrecen el suelo y en general la biodiversidad si son más proclives a los incendios forestales, o sobre su extensión natural real. En cualquier caso, la idea inicial de L. Ceballos y J. X. Embún, a través de su Plan General, fue la de acelerar los procesos naturales de sucesión ecológica, de manera que tras el desarrollo de las coníferas se prodigaran bajo ellas las frondosas y el sotobosque, algo que ocurriría de manera natural con el tiempo, si no lo hacía antes la mano del hombre con segundas repoblaciones (o con fuego). El incremento de la superficie forestal de frondosas que se observa en los inventarios forestales parece darles la razón en sus planteamientos. Muchas de las reforestaciones que se han acometido en España en los últimos tiempos, han sido mixtas de pinos como especies colonizadoras y "protectoras", junto con las frondosas como especies "nobles" a establecer. La reforestación es una operación en el ámbito de la silvicultura destinada a repoblar zonas que en el pasado histórico reciente (se suelen contabilizar 50 años) estaban cubiertas de bosques que han sido eliminados por diversos motivos como pueden ser: Explotación de la madera para fines industriales y/o para consumo como plantas. • Ampliación de la frontera agrícola o ganadera. • Ampliación de áreas rurales. • Incendios forestales (intencionales, accidentales o naturales). •

Por extensión se llama también reforestación, aunque sería más correcto el término forestación, a la plantación más o menos masiva de árboles, en áreas donde estos no existieron, por lo menos en tiempos históricos recientes (igualmente, unos 50 años). Conjunto de técnicas que se necesitan aplicar para crear una masa forestal, formada por especies leñosas. 1 Deforestación y Reforestación Hace unos 8,000 mil años el mundo tenía una superficie boscosa de unos 6,000 millones de hectáreas. En la actualidad los bosques de nuestro planeta cubren alrededor de 4,000 millones de hectáreas, lo que equivale al 30% de la superficie terrestre. No más de la mitad de esta área está cubierta por bosques maduros no intervenidos, anteriormente denominados bosques primarios. Dos tercios de los 4,000 millones de hectáreas boscosas se encuentran hoy día en sólo diez países: Australia, Brasil, Canadá, China, la República Democrática del Congo, India, Indonesia, Perú, Rusia y los Estados Unidos de América. Tres de estos países –Rusia, Canadá y Brasil– albergan el 70% de la superficie actual de los bosques maduros no intervenidos. En el siglo XXI, los bosques del mundo todavía no están a salvo y siguen siendo destruidos. La tala y quema ilícita de árboles a gran escala ocurre todos


los días y es la principal causa de la desaparición de nuestros bosques. De hecho, la deforestación (la tala total de bosque) y la degradación (la reducción de la calidad del bosque) resultan en la pérdida anual de unos 15 millones de hectáreas de masa forestal a escala mundial: esto representa casi 0.5% de la cobertura forestal de la Tierra. Tal avance en la deforestación equivale a la desaparición anual de una superficie que supera a la de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte juntas. En términos más simples, se estima que cada dos segundos se destruye el equivalente a la superficie de un campo de fútbol, lo que significa un ritmo de deforestación muy alarmante. Los bosques tropicales están entre los más amenazados del mundo. La desaparición anual de millones de hectáreas de bosques en América Latina, el Caribe, África y el sudeste de Asia sigue siendo una cruda realidad. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, siglas en inglés, de Food and Agricultura Organización), la región de América Latina y el Caribe todavía dispone de abundantes recursos forestales: alrededor del 47% de sus tierras están cubiertas por bosques. Esto representa el 22% de la superficie forestal mundial estimada en el año 2005. En Latinoamérica y el Caribe, la tasa anual de variación de la superficie forestal de 2000 a 2005 fue de -0,51% en comparación con -0,46% en el decenio de los años noventa. De 1990 a 2005, América Latina y el Caribe perdieron alrededor del 64 millones de hectáreas de superficie forestal. En ese período la cobertura boscosa disminuyó del 51% al 47% de la superficie terrestre total en esta región. Sin embargo, la superficie forestal aumentó en un 11% en el Caribe, mientras que disminuyó en un 19% en América Central y un 7% en América del Sur. En el Caribe insular, sólo en Cuba la superficie forestal aumentó entre el 2000 y 2005. Cobertura boscosa de la República Dominicana Se estima que la cobertura boscosa de la República Dominicana rondaba los 40,000 km2 al inicio del siglo XX. Esto correspondía al 83% de la superficie total terrestre del país (48.380 km2). En las décadas de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado, se perdió de un 10 a un 15% de esta masa boscosa, dejando sólo unos 35,000 km2. En la época posguerra, la deforestación se aceleró causando una pérdida de 75 a 85% de la cobertura que había al comienzo del siglo XX. La mayor tasa de destrucción se presentó en las décadas de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado. A finales de esta última década sólo quedaron unos 5,000 km2 bajo cobertura forestal en la República. Luego, en los años noventa, se empezó a revertir este proceso destructivo, recuperando poco a poco la masa boscosa del país. Finalmente, la ley forestal (#203) que fue establecida a finales de los años


sesenta empezó a dar sus frutos. Esta ley tenía como fin detener la tala del bosque dominicano y fomentar la recuperación de tierras degradadas. De hecho, a través de programas de reforestación se pudo aumentar la superficie de bosques en el país hasta tener unos 13,000 km2 en el año 1998, más del doble de lo que había a mediados de los años ochenta, pero siempre no más de una fracción (30%) de lo que existía hace 100 años. Después de ese período, la superficie forestal de la República Dominicana se estabilizó por unos años, mostrando un equilibrio entre la deforestación y la reforestación. De publicada por la FAO, en el año 2005 la cobertura boscosa dominicana osciló hecho, según la reciente Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales alrededor de 13,760 km2, lo que corresponde a unos 28.5% de la superficie total del país. La tasa anual de variación de la superficie forestal en el país fue de 0 a un 0.5% de disminución por año en el período entre 2000 y 2005. Causas principales de la deforestación La causa principal de la deforestación en América Latina y el Caribe es la conversión de los bosques en extensas tierras agrícolas y ganaderas. Otros factores que influyen en la pérdida de masa forestal en el hemisferio occidental son los incendios forestales, la tala industrial con fines comerciales, la producción de carbón vegetal y leña, la minería incluyendo la explotación de petróleo y gas, la construcción de represas y mega proyectos de infraestructura (por ejemplo, carreteras), la urbanización, el desarrollo costero, y en zonas originalmente cubiertas por bosques de mangle, las granjas camaroneras. En el Caribe son también muy frecuentes las pérdidas de bosque por desastres naturales que generan daños severos a los árboles, erosión del suelo, deslizamientos e inundaciones. Cada par de años los huracanes y tormentas tropicales causan estragos devastadores sobre islas como Cuba, La Española, Jamaica y Puerto Rico, destruyendo sus bosques naturales y plantaciones forestales. Recientemente se ha notado que hay un incremento en la cantidad e intensidad de huracanes y tormentas en la región caribeña, posiblemente originado por la acción humana relacionada con el calentamiento global. En la actualidad se sabe que la deforestación incrementa la temperatura sobre la faz de la Tierra, ya que al talar los árboles el carbono almacenado en los troncos y ramas regresa a la atmósfera. Se calcula que los árboles están compuestos de carbono en un 50% y que la cantidad de carbono almacenado en la biomasa forestal mundial es de unas 283 giga toneladas (Gta.) de carbono, aunque descendió a nivel mundial en 1.1 Gta. anuales entre 1990 y 2005. Para la República Dominicana, la FAO calcula que hay 60 toneladas de carbono en la biomasa por hectárea, lo que resulta en un total de 82 millones de toneladas de carbono para el país. Esta cantidad de carbono forestal se ve distribuido entre un total de 64 millones de metros cúbicos de masa forestal dominicano. A la vez, se estima que la deforestación en el mundo es el responsable de emitir del 25 al 30% de los llamados gases del efecto invernadero que son


liberados a la atmósfera cada año. Esto significa un insumo de unos 1,600 millones de toneladas de gases anualmente. En este sentido, la tala y quema indiscriminada contribuye enormemente al cambio climático que estamos viendo en nuestros tiempos y que causa el calentamiento de la superficie de nuestro planeta con todas sus consecuencias devastadoras. La deforestación y degradación forestal producen efectos adversos sobre la diversidad y ecología de los bosques, amenazando sus múltiples funciones, incluidas la conservación de la diversidad biológica, del suelo y los recursos hídricos, el suministro de madera y de otros productos no forestales, además de servir como áreas de esparcimiento y sumideros de carbono. En resumen, al perder su cobertura forestal, las tierras ven reducida su capacidad para contribuir al mantenimiento del equilibrio ecológico del planeta, lo que afectará de manera negativa al bienestar del ser humano que depende de los servicios ambientales que ofrecen ecosistemas muy valiosos como los bosques tropicales y templados. Gestión de los recursos forestales en RD En cuanto a su producción y consumo forestal, en el año 2004 la República Dominicana exportó un volumen total de 556,000 m3 como leña, mientras se importaba 267,000 m3 en madera aserrada, 31,000 m3 en tableros a base de madera, y 182,000 toneladas en papel y cartón. Simultáneamente produjo 130,000 toneladas en papel y cartón, lo que resultó en un consumo total de 312,000 toneladas de papel y cartón a nivel nacional. Afortunadamente, el ritmo de la pérdida neta de bosque maduro dominicano, originalmente causado por la demanda de productos forestales, se está disminuyendo de manera considerable, gracias a la siembra de plantaciones forestales y a la restauración de los bosques a través de la regeneración natural. El uso actual y la gestión moderna de los bosques demuestran que hay lugares que experimentan progreso y mantienen o recuperan su cobertura boscosa. De la misma manera ayudan en la reducción de la pobreza y a garantizar la sostenibilidad del medio ambiente en la República Dominicana. En los últimos cien años, la República Dominicana ha logrado grandes avances en cuanto a su legislación forestal. La primera Ley Forestal (ley # 4794) apareció en 1907 y consagró la creación de los Guarda campestres. Desde entonces ha habido muchas normas ejecutivas, leyes y regulaciones, cada vez más enfocadas en el manejo forestal sostenible y la conservación de los recursos forestales. Hace diez años, en 1999, se estableció la Ley # 118 mediante la cual la Dirección General Forestal del país pasó a formar parte de la estructura de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARENA). A partir del siglo XXI, la legislación forestal que sirve de marco legal e institucional para el moderno manejo integrado de los bosques dominicanos se fundamenta en cuatro normas jurídicas: a) la Ley # 5856 sobre la Conservación Forestal y Árboles Frutales; b) la Ley # 705 sobre el Control de Corte de Árboles y Operaciones Industriales; c) la Ley # 290 sobre el Incentivo Forestal; y, d) la Resolución # 258 que aprueba el Plan Forestal Nacional.


Ahora, a nivel nacional, la Subsecretaría de Recursos Forestales de SEMARENA funciona como ente gubernamental que se encarga de promover y garantizar la repoblación forestal y el manejo sostenible de los recursos forestales en el marco de la aplicación de la política forestal del Estado y las normas que regulan su aprovechamiento. De la misma manera tiene como tarea el ofrecimiento de la información más actualizada en asuntos forestales, obtenida de investigaciones realizadas en el país y en zonas de otros países que puedan aplicarse en la República Dominicana. Desde finales de los años noventa, ha tenido auge el desarrollo de nuevos proyectos de ley que proponen modernizar al sector forestal, basados en los nuevos conceptos de desarrollo económico sostenible, socialmente más justo y ambientalmente harmonioso. En el año 2003, por ejemplo, fue presentado al Congreso Nacional el proyecto de Ley de Fomento Forestal. Cinco años después, se contó con un anteproyecto todavía más elaborado que establecía un amplio marco legal que permita que en diez años el país sea autosuficiente en materia de producción maderera. Este anteproyecto cubre muchos temas forestales de interés nacional incluyendo la producción forestal sostenible y el pago por servicios ambientales. El borrador del anteproyecto fue discutido en el 2007 a través de la Mesa de Diálogo sobre Bosques (MDB) y luego en la Cámara Forestal, y en este momento está siendo modificado de acuerdo a nuevas sugerencias al proyecto, antes de ser enviado al Congreso para su conocimiento y sanción. En el anteproyecto se prevé la creación de un fondo de desarrollo forestal y el establecimiento de un instituto descentralizado para el fomento de la producción de bienes y servicios de los bosques con fines comerciales. Con estos esfuerzos, la República Dominicana está tomando el liderazgo en materia del manejo integrado forestal en el Caribe insular. Programas de Reforestación En la última década la República Dominicana ha hecho muchos esfuerzos para repoblar el país con bosques y plantaciones forestales, a través de sus programas de reforestación. Un hito importante en la historia moderna es la publicación en 1994 del manual para la reforestación en la República Dominicana, escrita por Andrea Trechel y publicada por la Fundación Agricultura y Medio Ambiente. Más recientemente, SEMARENA declaró octubre como mes de la reforestación. Como parte de este esfuerzo se propone forestar durante este mes y con gran intensidad, las fincas que fueron deforestadas en el pasado y las orillas de los ríos que pasan por las mismas. Además, en la República se celebran ahora las denominadas Jornadas Nacionales de Reforestación que toman lugar el último sábado de cada mes en todo el territorio dominicano, con lo que se siembran miles de árboles de diferentes especies. Otro esfuerzo particular es la recuperación del Cachón de la Rubia en Santo Domingo Este, donde se creó el “Bosque de la Mujer”. Aquí, un grupo de mujeres sembró una cantidad de árboles con nombres femeninos como la caoba, la penda, la ceiba, la anacahuita y la palma cana, entre otras. Otras iniciativas de reforestación – cubriendo una superficie de más de 100 km2 – están en camino a Constanza, Jarbaca, Las Matas de Farfán, Maimón, Polo, Salcedo, San José de Ochoa, San Juan, Santiago y Villa Altagracia. A la vez se


estima que las cuencas hidrográficas del país que se encuentran en una situación crítica y requieren de proyectos de reforestación abarcan una superficie de aproximadamente 6,000 hectáreas. Esto indica que todavía queda mucho por hacer para que el país –que de por sí es, en su mayoría, de vocación forestal– tenga un paisaje funcional donde los bosques sean manejados de manera sostenible, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y ofreciendo los valiosos bienes y servicios ecológicos.

CONCLUSIONES El ser humano es el principal responsable de la pérdida y destrucción de los bosques, como consecuencia del indebido manejo de los recursos forestales tanto a nivel nacional como a nivel mundial. Guatemala posee características topográficas únicas, que la hacen ser un país eminentemente de vocación forestal, de una inmensa riqueza en cuanto a flora se refiere, ya que existen algunas especies forestales que solamente se encuentran en este país. Debido a la deforestación que sufren los bosques guatemaltecos en la actualidad, existe un gran número de especies forestales que se encuentran en peligro de extinción, dentro las cuales algunas son endémicas de la región, por lo que si no se les da la protección legal correspondiente podrían desaparecer para siempre del país.


BibliografĂ­a: http://es.wikipedia.org/wiki/Reforestaci%C3%B3n


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