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Los escritos acĂĄ publicados obedecen al concurso organizado por esta revista. Bajo ningĂşn concepto deben ser difundidos sin el consentimiento de sus autores. 1


ÍNDICE Plegaria ………………………………………………………………………………….……. 3 Double-edged childhood………………………………………………………….…………. 4 Y será lunes…………………………………………………………………………….…….. 5 Mátame……………………………………………………………………………….……….. 6 Acróstico Nómade …...…………………………………………………………….……….. 7 Siete palabras…………………………………………………………………….………...… 8 Tus labios en prosa …………………………………………………………………………. 9 La monotonía …………………………………………………….……………………….... 10 La dama de negro…………………………………………….………………………….…. 11 Muerte conyugal…………………………………………….……………………………… 12 Soneto tardío……………………………………….……………………………………….. 13 Sueño…………………………………………….…………………………………………… 14 Me ha costado aprender de mí……………………………………………………………. 15


PLEGARIA Con un simple gesto de poesía soltar la voz callada por cañones, oír la gloria pura de la vida silenciar las bombas de los aviones. Con un simple gesto de escribir traer del exilio un verso de lamento, no tener las manos lavadas por el consentimiento. Pudiendo ser, al fin, capaz de dejar fluir una última plegaria, componiendo un verso solo de paz!

Fernanda Mulin (BRASIL)

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Double-edged childhood Llueve a goterones silvestres en ese Londres tan cortejado por mi cenicienta añoranza alevosamente enmarañándome en las trenzas de la desperdiciada niñez Por doquier uno se topa con nubes de tremendo olfato y desgarradora intuición que no escatiman ningún esfuerzo en sacudir racimos de memorias incólumes colgando cabeza abajo entorno al cuello gris antracita del otoño Postrada como un títere en medio del aguacero percebi que el olor que la acera mojada diseminaba no se aleja mucho de aquel novato¨I´m singing in the rain¨ tan primoroso tan radiantemente juvenil y sin embargo tan propenso a caer en el olvido que todo desploma La chiquilina que fui antaño igual no cabería en un mezquino desván junto a las demás herramientas para tapar huecos rendijas y moretones por lo cual me desabroché el vestido de lunares quinceañeros como quien está por despedirse de la todavía caliente mariposa en el estómago que sin cesar me reclama por no haber hecho escala en el polvoriento baúl de los mil y un recuerdos… La dama de hierro

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Y SERÁ LUNES

Vendrá el cartero a mediodía, Traerá tu carta y una sonrisa. Y será lunes. Cogeremos las bicicletas, Nos lanzaremos cuesta abajo, Siempre hacia la costa, Hacia la puesta de sol. Dejaremos el pueblo de lado Para sellar nuestra respuesta. Y así la semana dará comienzo. Será esperanza y luz, Enigma y primavera, Vida y certeza.

Giacomo Puccini

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Mátame. Muero un poco Cada vez que nos besamos, Cuando en la cama jadeamos, Entre besos y caricias, Muero en la cárcel ficticia De tus ojos pasioneros Y agonizo en los esteros Del amor correspondido. Expiro en cada latido De tu corazón amante, Me estremezco, vacilante, Cuando me ofreces tu boca, Quedo inerte, como roca, Tras el choque tu lengua… No obstante, mi voz no mengua Al decirte que te anhelo. Me martiriza el hoyuelo Que se esconde en tus mejillas, ¡Por Dios Santo!, me acribilla Pero a la vez me enamora, Me crucifica la hora Que se escapa tan de prisa Y me aleja de de tu risa Armoniosa y cantarina… Me mata tu voz felina Y tú ronroneo de gata, Me mata, me mata, me mata. Me destruye y me edifica.

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Acróstico Nómade

Pareados llevamos el fratricidio en los bolsillos al solo implorar me quiten el cascabel por libre correr y libre beber. Aquel primogénito de desigual familia animal, como la del cuento de Noé, raudo criminalizó lo que era de santos y sucumbió pecaminoso a dar besos navajeros. Nadie negó nunca lo de ambos, es así como hoy excidio mora en nuestro cordón, sin sospechas de lo que me das y tus irises aún se encrespan verdaderamente y mi semblante guarda embustires dolientes. Dar saltos a lo desolado quiero yo, henchir y despoblar los paladares de nadie, desposeer mi cuerpo por ratos, a montones. Mi alma pide guturalmente por masticar cascabeles. Así voy en el cortejo fúnebre, con destino a la fisura que cargo en las manos y sembraré al rezumar sales por ojos. Esta grieta sirve también, como invitación a vivir paladares, a ti. Jengibre

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Siete Palabras

Siete palabras me arrojaste, antes de marchar, con dos rubís tiranos de llanto seguí triste en el lugar deseando asir tu mano, no pudiendo actuar solo logré derramar lágrimas de olvido y copiosa alegría, al divisar con asombro como te girabas y sonreías y tornando tras tus pasos, no recuerdo las siete palabras que dijiste, mientras te ibas. (Por Juan Rivera)

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Tus labios en prosa Si de tus besos hiciera un poema, haría que en cada verso tus labios rimaran de manera armoniosa con los míos y escribiría innumerables “Te Amo” entre las comillas que forma tu boca al sonreír. Usaría como pluma mis dedos y como papel los espacios vacíos en el ondular de tu cabellera que juega a mezclarse con la brisa que seca la tinta indeleble que se cuela hasta tu fino rostro. Olvidaría la métrica intencionalmente solo para que el tiempo se perdiera en el momento mientras nuestros ojos cerrados encierran el deseo alocado, aunque posible, de un poema sin fin. Encerraría tu nombre entre signos de admiración para enfatizar tu belleza que se oculta tímida tras mi ceguera inducida por la pasión de tus palabras mudas y solo entre paréntesis abriría los ojos para contemplar el esbozo desquiciado de tu boca en la mía. Y si la duda comenzara a abrirse entre nosotros, acentuaría en tu cuerpo mis letras para borrar la interrogante absurda que te aleja de mis brazos mientras evadimos los puntos y las comas para que no interrumpan el exquisito trazar de nuestros labios. Y aunque a pesar de mi inquieto anhelo, no pueda escribir en ti eternamente, con puntos suspensivos he de dejar abierto el poema y así poder componer cada día en tus labios uno más hermoso que el anterior. En fin, si de tus besos hiciera un poema con el que quisiera estremecerte, me atrevería a escribir uno y quizás sería este. Ray Hurt

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La monotonía Dos cruces de sal sobre la tierra, de una maceta plástica. cielo embolsado-goteado. Se pega a la pared, la mugre de varios días. Montones de partículas mirando el cielo como yo. Resisto la humedad como resisten los humanos el maltrato verbal. Pero no la deseo. Otras dos cruces de sal, la macetita tragando los cuatro cuchillos, Y los escupitajos del gato, la tarde se pone densa Mi cementerio encapotado con otras crucecitas como la de mi hermano mayor, que no conocí.

El suelo desteñido del patio, me rio sin los labios. La salmuera, salmuerta, secuencia. la memoria de una tela de color verde musgo que se desliza sobre el mango de los cuchillos. Son los muertos, dan señales Una cruz de sal se disuelve La lluvia cae, Las plantas no hablan pero crecen.

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La Dama de Negro.

Sentada en lo alto del cielo estrellado

Más ella no quiere soltar a su presa

La dama de negro se muestra solemne

Odia el amargo elixir de la soledad.

Su aroma es acerbo en medio de la calma

Ella no quiere perder su grandeza

Y la fúnebre noche recién ha empezado.

Aunque sabe que esto no le alcanzará

Su llaga más honda va cobrando vida

jamás

Despacio y doloroso cual espina fría

Entonces se sienta en lo oscuro del cielo

Contempla alrededor suyo la férrea nebli-

Y destila el veneno de su hondo pesar.

na Que ella misma emana de su cruel

La dama de negro no duerme ni sueña

cobardía.

Por miedo a nunca volver a despertar Lleva consigo la frívola memoria

Se deleita algunas noches de la luna llena

Siempre abatida por su ineludible soledad.

Y finge armonía con su rostro iluminado Frívola y huraña recuerda aquel día

Flor Julieta.

En que su único destino le fue arrebatado. La dama de negro no duerme ni sueña Deambula en pensamientos de los que pueden amar Poco a poco los atrapa y los vuelve inseguros La dama no soporta ver al amor triunfar Lo aprendió por ser víctima de su propia ventura Y jamás desea volver a empezar. Sentada en lo alto del cielo estrellado Se consume de a poco su única paz Aquella que siempre alcanzo imaginando Que su perverso mundo no volvería jamás. Algunos le aclaman ¡Oh Dama de Negro! ¡Sal de mi vida, déjame en paz! 11


Muerte conyugal Soy el hijo del vientre La consumaci贸n del d茅bito conyugal; la consumaci贸n como muerte. La muerte conyugal y el desatino descendente. Soy el hijo del vientre.

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Soneto tardío

“Cuando muera, moriré, después del día de mi muerte” Dijo aquel sabio poeta difunto; Afirmando su inevitable luto; Lo mismo hare yo, cuando no pueda volver a verte. Vive, y ríe todo el día, Sin importar de que exista o no para ti un futuro, Aunque el tiempo contado este para uno, Aprecia cada rayo de sol que nos da la vida. Si mi alma no te consigue en el otro universo, No desesperes ya que el tiempo es eterno, Cuando sientas soledad en tu vida, échale una leída a mis versos. Cuando muera no te deprimas solo piensa en todo lo vivido, Pon una rosa en mi ataúd de madera, Y recuerda con vehemencia cuando nos conocimos.

Nicolás González (Venezuela)

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SUEÑO Si intentara la luz con tus recuerdos..., si me saliese cara con la vida..., si pudiera volar con la esperanza..., si me asiera el valor cuando respiras. Te quiero en la dulzura que me anda ante esta ilusión que tengo herida sólo porque el soñar dibuja flores solas, ¡al corazón! a sacudidas. Si pudiera encontrar un sol inmenso – todo para ti como más quería –; si... pudiera arrancarme, en ti, la rabia para entenderme la soltura digna que prosigues, al tú, con sus abrazos que se alertan al ser pura noticia. Si vieras lo que nos madura el cielo... Si tú supieras cuánta fe... es sonrisa para el sueño del mar o el himno tuyo con las lecciones dulces de los días, con las lecciones rosas de los siempres, con las lecciones de lo hondo: guías. Si vieras cómo es la atención de ...Beso – llorando por tu abril y tus mejillas –, si tú vieras lo... que es el dios del mundo, ¡oh!, en todo el amor a la deriva. Si supieras... que, aquí, daría el alma, la decisión perfecta, la utopía, la abrigada del prístino embeleso, la hechizada con fuerte amanecida. Si tú.... me hablaras, eso, del te quiero, ¡ya me serías tú la llama misma! 14

Alaluz


Me ha costado aprender de mí. Me ha costado aprender de mí pues no siempre me entiendo. Me ha costado saber de mí cuando en ti me pierdo. Me pierdo y no me encuentro, hasta que respiro algo distinto al olor de tu piel, como el viento ya extinto entre los dos, entre el sabor al recuerdo de la emoción que aun conquisto. Me ha costado aprender de mí entre tantas dudas que me asfixian, porque la única salida la perdería al soltar tus manos llenas de tesón, pasión que me envician. Todo lo he aprendido de ti entre la bulla de las sabanas, entre las paredes que aun callan cada palabra que digo, porque aún me pregunto si he aprendido los suficiente para que te quedes conmigo. Qique Villar

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poemas  

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